Los jurados no deciden lo que es ciencia

Fotografía de un tribunal

Ayer, 10 de agosto de 2018, en un tribunal de  San Francisco, California, un jurado decidió en contra de Monsanto, que debía pagarle a DeWayne Johnson una suma de $289 millones en daños y perjuicios. Johnson es un hombre de 46 años, víctima de linfoma no hodgkiniano (NHL por sus siglas en inglés) y se alega que obtuvo esa enfermedad, debido al nivel de frecuencia con que rociaba el herbicida Roundup® en su ámbito laboral. La situación de esta persona es desgarradora, ya que su cáncer es terminal.

Por otro lado, se encuentra una gran compañía como Monsanto, una corporación con un nombre que ya es equivalente a la del mismo Satán, que en ocasiones ha infligido daños directa o indirectamente (piénsese en la elaboración del agente naranja, el venta de PCBs, ha acosado a periodistas en torno a algunos de sus productos y no ha sido deferente a científicos y agricultores en cuanto a su manejo de su pesticida Xtend®, entre otros incidentes).

Logo de Monsanto

Logotipo actual de Monsanto

El peso de este caso descansaba en dos piezas de “evidencia”.  La primera, involucra los llamados “Monsanto Papers”, una serie de correos electrónicos y documentos internos que se han hecho disponibles al público gracias a la Ley de Libertad de Información (FOIA). El argumento de los abogados demandantes era que estos documentos presentaban evidencia contundente de que Monsanto había ocultado información en torno a la genotoxicidad de su producto, Roundup®. No solo eso, sino que demostraba de que la compañía probablemente tenía la costumbre de “escribir artículos” para que ciertos expertos los publicaran bajo su nombre (en inglés se conoce a esta costumbre antiética, ghostwriting).

Gran parte de esto lo analizamos en otro artículo que escribimos al respecto. En resumen, no está claro que la compañía realmente haya efectuado ghostwriting propiamente, aunque, en algunos casos, la evidencia parece indicar fuertemente que sí. Todos los científicos involucrados se han defendido al respecto. El caso más reciente fue el de Henry Miller, quien, en un momento de exceso de labores, le había expresado a un empleado de Monsanto en torno a las ideas, opiniones y puntos que quería que aparecieran en un artículo. Después recibió el borrador de esa persona, que él subsecuentemente modificó y corrigió para publicación. “Ergo“, el contenido del artículo tiene su origen en las ideas de Miller y no fue ghostwriting. Toda esta explicación es bastante cuestionable y cualquier persona razonable podría desconfiar de tal autodefensa a la luz de los correos electrónicos. Otros de los científicos mencionados en los mensajes fue Gary M. Williams. La New York Medical College (NYMC) investigó el asunto y determinó que no hubo violación ética (aunque las particularidades de este asunto se han mantenido confidenciales para respetar la intimidad Williams). David J. Kirkland también ha negado haber recibido documento alguno de la compañía que haya publicado bajo su nombre. Finalmente, está un empleado de Monsanto, William Heydens, quien afirmó que hizo unas contribuciones menores, unas ediciones, a un artículo que consideró la EPA para la reanudación de la licencia del glifosato. Esto se ha reportado mal en la propaganda anti Monsanto, de que Heydens había editado un ghostwriting hecho por la corporación.

Otra revelación pertinente de los Monsanto Papers, y que discutimos en otra entrada, es que una de las empleadas, Donna Farmer, había dicho en uno de los mensajes electrónicos es que no podía decir con certeza ante la prensa que Roundup® no fuera cancerígeno. Esta aserción, que  se ha sacado mucho de contexto, no se refiere al glifosato, sino más bien a los sulfactantes que acompañan el producto, que la corporación no había hecho los estudios al respecto, aunque todo indicaba que no eran genotóxicos (así mismo aparece en los mensajes electrónicos).  De hecho, como vimos en esa entrada, pudimos ver muy claramente en su intercambio que  creían en su producto, que no estaban “ocultando” que el producto fuera genotóxico. Al contrario, se afanaban por que los medios de comunicación tuvieran la información científicamente correcta. Sin embargo, lo que sí se le puede reprochar a Monsanto es la manera de convencer al público al respecto, especialmente si llevó a cabo esta actividad de ghostwriting.

Edificio del IARC

Edificio del IARC en Francia. Foto cortesía de Rystheguy de Wikimedia Commons. CC-BY-SA 3.0.

El segundo tipo de evidencia presentada es la famosa monografía de la la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), en la que determinaba que el glifosato debía considerarse “probable cancerígeno”. En su comunicado, la IARC mencionó a algunos experimentos en particular en los que encontró “evidencia limitada” de correlación entre la dosis de glifosato y ciertas incidencias de cáncer, en particular el NHL. En otro artículo, hemos llevado a cabo un análisis exhaustivo de cada uno de los casos, para inferir que, en realidad, la IARC no tenía evidencia alguna para llegar a esa convicción. Ninguna agencia de salud y seguridad alimentaria de prestigio del mundo coincidió con su análisis y conclusión, ni tan siquiera la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), Health Canada o la Autoridad de Protección Ambiental de Nueva Zelanda.  Aun con todo, esta evidencia extraordinariamente floja estableció la vinculación causal entre el glifosato y el NHL en la mente de los miembros del jurado.

La combinación de esta monografía, con la razonable sospecha de ghostwriting, y la mala comprensión de los mensajes electrónicos, llevaron a la desafortunada decisión de ayer. ¿Como lo sabemos? Porque así se ha dejado saber en Twitter. Michael Stiles, un analista de operaciones residente en Costa Rica, publicó en su cuenta secciones de una transcripción del caso al respecto.

¿Qué revelan estas secciones?  Bien sencillo, que DeWayne Johnson había desarrollado micosis fungoide, que se considera un tipo extremadamente raro de linfoma no hodgkiano. De hecho, los mismos abogados de Monsanto habían resaltado este hecho de que, debido a la manera en que se desarrolla esta enfermedad, es mucho más probable que hubiera empezado a desarrollarse desde antes de comenzar a laborar asperjando Roundup®.

Un detalle que hay que añadir es que el Dr. Christopher Portier estuvo defendiendo la evaluación de los estudios que hizo la IARC. Sin embargo, Portier ha sido un activista afiliado a la Environmental Defense Fund (que está contra el uso del glifosato) y que ha estado recibiendo una buena cantidad de dinero asesorando a firmas litigantes, para defender la monografía de la IARC, aun cuando, como estadístico, ese no es su expertise.

Parece que el jurado no tuvo en cuenta estos importantes detalles a la hora de deliberar al respecto. Por otro lado, el juez ha expresado su parecer en torno a la posible peligrosidad (hazard) y riesgo (risk) en relación con las conclusiones de la IARC, y ha visto la monografía como evidencia inadecuada para el caso.

¿Cómo han respondido los científicos en general ante esta decisión? Veamos:

El mismo proceso judicial estuvo repleto de información técnica en torno a los estudios de la EPA y de las agencias reguladoras europeas, sobre sus deficiencias, entre otros. No sería sorpresa si esta información fue abrumadora para los miembros del jurado que, usualmente, no son expertos en el tema. El testimonio de Johnson le añadió un elemento emocional a todo este asunto, llevando a su veredicto.

Monsanto ha afirmado que apelará la decisión y, desde mi muy personal punto de vista, creo que esta decisión del jurado será revocada. Aun si fueran ciertas todas las acusaciones de ghostwriting y aun si fuera cierto que Monsanto ha abusado de sus oponentes (como se ha podido constatar en algunos casos) y aun si algunos estudios tuvieran deficiencias, eso no cambia en absoluto la calidad científica que se tiene hasta ahora. Hay miles de estudios que periódicamente se han hecho en torno al glifosato. En PubMed, ya se va aproximando a los 2,900, y que contienen estudios que sí le hallan genotóxicos y otros que no. Cuando excluimos los estudios preliminares y los de revistas predadoreas, consideramos los estudios de mayor calidad, como los de cohorte, las revisiones científicas y metaanálisis, el resultado es que no hay evidencia alguna que el glifosato esté vinculado al cáncer y mucho menos al NHL.

Una vez más, esto no excluye con 100% de certeza que el glifosato sea genotóxico, puede serlo. Sin embargo, es sumamente improbable, dado que no hay evidencia sólida alguna de que lo sea. Compárese la siguiente gráfica del aumento del uso del glifosato en Estados Unidos, con las tendencias de incidencias de cáncer en ese país.  Con eso los dejo.

Aumento del uso del glifosato en Estados Unidos

Aumento del uso del glifosato en Estados Unidos (Benbrook, 2016, p. 8).

Las tendencias de incidencias y mortandad por cáncer por sexo.

Las tendencias de incidencias y mortandad por cáncer por sexo (Siegel, Miller, & Jemal, 2017, p. 12).

Mientras el uso agrícola y, por ende, el consumo de glifosato ha aumentado considerablemente a través de los años en Estados Unidos, el número de incidencias de cáncer se ha estabilizado y está disminuyendo.

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Referencias

Benbrook, C. (2 de febrero de 2016). Trends in glyphosate herbicide use in the United States and globally. Environmental Sciences Europe28(1), 3. doi: 10.1186/s12302-016-0070-0.

Siegel, R. L., Miller, K. D., & Jemal, A. (enero/febrero 2017). Cancer statistics, 2017. CA. Cancer Journal for Clinicians67(1), 7–30. doi: 10.3322/caac.21387.

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PRABIA: Conferencia sobre edición genética y GMO (Actualizada)

PRABIA

Logotipo de PRABIA

El pasado viernes, 29 de junio de 2018, se dio en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez, una conferencia en torno a la edición genética y los llamados “organismos genéticamente modificados” (OGMs). Esta conferencia fue posible gracias a PRABIA (Puerto Rico Agricultural Biotechnology Industry Association), una organización sin fines de lucro, producto de los esfuerzos del varios sectores corporativos para instruir al público en torno a los temas más controversiales de la biotecnología.

Information Technology and Innovation Foundation (ITIF)

Logotipo de la Information Technology and Innovation Foundation (ITIF)

Este grupo trajo a nuestra tierra, un experto en el tema, Luther Val Giddings, de la Information Technology and Innovation Foundation (ITIF). uno de los think tanks más importantes que promueven innovaciones tecnológicas. Aunque diferimos de algunas de sus posiciones, esta organización, junto al think tank ecomodernista, The BreakThrough Institute, han apuntado al hecho de que Estados Unidos se va a quedar atrás en el desarrollo de tecnologías noveles para beneficiar el medio ambiente en relación con otros países, algo de lo que estamos totalmente de acuerdo.

La exposición del Dr. Giddings era en sí más corta que lo que muchos esperábamos, pero, aun así, fue efectiva para los que asistieron a la conferencia. Entre las cosas que expuso, se discutió el el problema terminológico de lo que es un OGM y que hemos discutido a saciedad en este blog: todos somos “organismos genéticamente modificados” ya que, estrictamente hablando, somos resultado de mutaciones genéticas a partir de nuestros ancestros en la cadena evolutiva. También somos transgénicos, ya que gran parte de nuestro ADN está formado gracias a transposones, material genético proveniente de virus.

Señaló que los alimentos genéticamente modificados han ayudado a mejorar la calidad de vida de los agricultores, reducir la cantidad de pesticidas usados y mermar considerablemente las emisiones de bióxido de carbono al ambiente. Puso esta aserción dentro del contexto de un claro proceso histórico milenario de la ingeniería genética de nuestros alimentos por los seres humanos, sea por selección artificial, hibridización y otros métodos.

Sirius Black

Foto policial de Sirius Black, de la película Harry Potter and the Prisoner of Azkaban. Imagen usada por uso legítimo (fair use) para ilustrar a los lectores.

Procedió después a explicar la tecnología de edición genética, CRISPR-Cas9, tratando de presentar los aspectos más técnicos de dicha tecnología de la manera más sencilla posible, específicamente utilizando referentes culturales, tales como una foto de Sirius Black, de una de las películas de Harry Potter. Para mayores detalles, descubrí que también se halla esta explicación sencilla en una página de la ITIF.

Haciendo una cordial invitación a que le preguntaran sobre los temas discutidos, especialmente a aquellos que sostuvieran posiciones opuestas a las de él, abrió la sección de preguntas y respuestas. Las preguntas se dirigieron en su mayoría a explorar su conocimiento sobre posibles aplicaciones de edición genética para resolver ciertos problemas agrícolas. Además, algunas personas expresaron tres tipos de preocupaciones. La primera tenía que ver sobre la posibilidad de que los grupos antiOGM aceptaran la edición genética, ya que no involucraba transgénesis. Giddins correctamente afirmó que muchos de los opositores se acercan, en principio, irracionalmente en torno al tema, por lo que es bien difícil hacerles cambiar de parecer. La segunda preocupación de algunas personas del público era la compra de equipos de CRISPR para que el público pudiera editar genéticamente, algo que puede exacerbar el miedo social a estas “manipulaciones genéticas”. Giddings indicó que, aun con tales equipos, sin un lugar, conocimiento o instrumentalidades apropiadas, tal uso del CRISPR sería en la mayoría de los casos, un ejercicio inútil. Finalmente, también se le preguntó sobre la posibilidad de la desregular las restricciones excesivas sobre la biotecnología. Aunque Giddins expresó cierto titubeo debido al comportamiento algo incierto de la administración del Presidente Donald Trump, nos dijo que parecía que habían buenas señales de que eventualmente se van a reducir tales limitaciones federales.

Al final, Brenda Carrión, la directora de PRABIA, mencionó que la presentación diapositiva de Giddings se le enviaría a los que lo solicitaran. Le solicitaremos eventualmente permiso al Sr. Giddins para que este blog se provea el archivo correspondiente, para beneficio del público. Si así lo concede, la haremos disponible en esta entrada.

Abajo están las fotos de la actividad. Todas están disponibles bajo la licencia Creative Commons Atribución 4.0 o posterior.

 


Actualización:

Recibí respuesta del Dr. Val Giddings y me dio el permiso para compartir sus dos diapositivas digitales en esta entrada en el blog. El primer archivo es de su presentación el 28 de junio de 2018 en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.  La segunda, la de la actividad en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez.

  1. Diapositiva de la actividad de 28 de junio de 2018 en UPR-Río Piedras (PDF)
  2. Diapositiva de la actividad de 29 de junio de 2018 en UPR-Mayagüez (PDF)

El experimento de Séralini: refutado por tres experimentos

 

Gilles-Éric Séralini

Gilles-Éric Séralini (2013). Foto cortesía de Thomas Jouanneau. CC-BY-SA 4.0.

Gilles-Éric Séralini es una de las figuras más controversiales en lo que respecta a toda la discusión de los alimentos transgénicos u organismos genéticamente modificados (OGMs). En un momento dado, en el 2012, en una movida inusual, convocó a una conferencia de prensa para “dar a conocer” los resultados de un experimento que, en el mejor de los casos, no pasaba de ser preliminar. Además, para impresionar al público y, muy especialmente a la prensa, le requirió a dichos miembros a firmar un documento de confidencialidad con el propósito de mostrarles fotografías.

Eventualmente, estas fotos se conocieron internacionalmente debido a que imprimieron en la mente de muchos una imagen aterradora de los OGMs y el famoso herbicida de la “malvada” Monsanto, Roundup®. Esta foto que, posteriormente, se dio a conocer al público representó, para muchos, la evidencia contundente de que los OGMs eran potencialmente peligrosos para la humanidad.

Retratos de tres de las ratas con tumores

Retratos de tres de las ratas con tumores según aparecen Séralini et al., 2014, p. 11 (la segunda vez que se publico el estudio en cuestión). En el estudio original se utilizaron estas mismas imágenes en un orden distinto (Séralini et al., 2012, p. 4226)

El estudio que publicó, causó una protesta airada de la comunidad científica, porque el diseño del experimento fue muy deficiente, por lo que era errada su conclusión de que el maíz transgénico y Roundup® causó las incidencias de tumores en las Ratas Sprague-Dawley™ albinas (Séralini et al., 2012, p. 4230).  Hemos explicado con detalles el problema en otra entrada de este blog.

No solo los científicos se molestaron con Séralini y compañía, sino que los organismos reguladores de todos los lugares rechazaron sus conclusiones. Entre ellos, se destacó  la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA por sus siglas en inglés), que afirmaba lo siguiente:

The assessments of Member States and EFSA revealed an overall agreement. The study as reported by Séralini et al. was found to be inadequately designed, analysed and reported. The authors of Séralini et al. provided a limited amount of relevant additional information in their answer to critics published in the journal Food and Chemical Toxicology. Taking into consideration Member States’ assessments and the authors’ answer to critics, EFSA reaches similar conclusions as in its first Statement (EFSA 2012). The study as described by Séralini et al. does not allow giving weight to their results and conclusions as published. Conclusions cannot be drawn on the difference in tumour incidence between treatment groups on the basis of the design, the analysis and the results as reported. Taking into consideration Member States’ assessments and the authors’ answer to critics, EFSA finds that the study as reported by Séralini et al. is of insufficient scientific quality for safety assessments. EFSA concludes that the currently available evidence does not impact on the ongoing re-evaluation of glyphosate and does not call for the reopening of the safety evaluations of maize NK603 and its related stacks. EFSA’s evaluation of the Séralini et al. article is in keeping with its role to review relevant scientific literature for risk assessment on an ongoing basis to ensure that the advice it provides is up-to-date.

Esto llevó eventualmente a que se retirara el artículo de Séralini de la revista que lo publicó.

Estudio retirado

Estudio retirado

A pesar de ello, otra revista académica convino con Séralini para volver a publicar el estudio, pero con la conclusión correcta, que el experimento no era concluyente (Séralini et al., 2014). Esto se dio sin arbitraje por pares, bajo una licencia de acceso abierto. Para entonces, ya el daño estaba hecho. Este estudio preliminar sería, junto a la monografía de la IARC en torno al glifosato, uno de los pilares que llevó a varios países del mundo a forjar política pública en cuanto a los OGMs y el glifosato.
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Tres intentos europeos de reproducir los resultados de Séralini et al. (2012)

Bandera de Europa

Bandera de Europa

A pesar de todo, denunciar es fácil, pero en las ciencias, nunca es suficiente rechazar un estudio. Necesita ser reproducido con un diseño adecuado y mejores controles. En Europa, se establecieron tres proyectos importantes y bien financiados (€ 10 millones) para reproducir el experimento de Séralini et al. (2012). Veamos cada uno de estos experimentos.
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GMO90+

GMO90+

Logotipo de GMO90+

Se estableció en el 2013 un consorcio de expertos científicos que buscaban explorar la posibilidad de que variantes de maíz OGM dejaran unos marcadores biológicos predictivos específicos de toxicidad, que ayudaran a determinar el riesgo que estos representan alimentariamente. Este era un proyecto apoyado y financiado por el Ministerio Francés de Ecología, Desarrollo Sostenible y Energía.

Para ello, escogieron dos variantes de maíz transgénico:

  • Maíz MON810: Este maíz produce Bt, un insecticida natural proveniente de la bacteria conocida como Bacillus thuringiensis y cuya toxina solo afecta a algunos insectos, tal como el taladro o el gusano cogollero.
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  • Maíz NK603: Este es maíz resistente a glifosato, mejor conocido bajo la marca comercial Roundup Ready®. Este fue el maíz utilizado por el famoso experimento de Séralini.

Contrario a Séralini et al. (2012), se determinó que el grupo iba a seguir la normativa de la EFSA y otras convencionales en cuanto al experimento en cuestión. Para reducir los factores ambientales que afectaran ambas variantes, crecieron ambas variantes en el mismo lugar.

Después, se escogería muestras de ratas Wistar para darles de comer ambas variantes por seis meses. Los alimentos de maíz se harían mediante doble ciego, cuyo código sería confidencialmente mantenido por el monitor del experimento y la persona contacto entre la compañía que administraría el experimento, Toxalim, y el grupo GMO90+ (GMO90+, 2015, p. 67). Además, durante el proceso, se recogerían muestras de orina, sangre, tejidos de piel y gónadas, intestinos, entre otros.

La muestra de ratas totalizaban 480, 240 machos y 240 hembras.  Se repartieron en 8 grupos de 30/30,  a las que se les dio alimentos con distintas proporciones de maíz transgénico y Roundup® de la siguiente manera:

tabla1_gmo90+

INRA, n.d., p. 6.

Las ratas se sacrificarían durante distintos periodos del experimento para recoger las muestras en cuestión y analizarlas (GMO90+, 2015, p. 41, 64; INRA, n. d., pp. 8-11).

¿Cuál fue el resultado?  Sencillamente, no encontró diferencia alguna de biomarcadores de toxicidad de las ratas que ingirieron maíz transgénico o dosis de glifosato con el grupo control.
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GMO Risk Assessment and Communication of Evidence

GRACE

Logotipo de GRACE

La organización GMO Risk Assessment and Communication of Evidence (GRACE) es un proyecto financiado por la Unión Europea y aprobado por esta en el 2012 y cuyas labores terminaron en noviembre de 2015.  El grupo llevó a cabo dos experimentos (Zeljenková et al., 2014; Zeljenková et al., 2016).

Rata Wistar

Rata Wistar

Una vez más, en cuanto a ambos experimentos, GRACE se ha mantenido dentro de los parámetros establecidos por la EFSA y otras normativas. El primer experimento consistía en pruebas experimentales de noventa días con maíz MON810. Se escogieron ratas Wistar para esta actividad.

Los granos fueron sembrados y cosechados en Cataluña, España, fueran transgénicos o no. Se utilizaron 160 ratas por cada prueba experimental, con 16 animales por género y se les administró un tipo alimentación de toxicidad subcrónica. En las dos pruebas experimentales, se distribuyó el alimento de las ratas de la siguiente manera (Zeljenková et al., 2014, p. 2291):

  • Primera prueba experimental
    • control (alimentos con 33% de maíz producido por Monsanto),
    • consumidores de alimento con 33% transgénicos (22% de una variante y 11% de otra variante de maíz producido por Monsanto),
    • consumidores de alimento con  33% transgénicos (solo una variante),
    • consumidores de maíz convencional 1 (maíz producido por DuPont, Pioneer Hi-Bred)
    • consumidores de maíz convencional 2 (maíz producido por Koipesol Semillas)
  • Segunda prueba experimental
    • control (alimentos con 33% de maíz Pioneer Hi-Bred)
    • consumidores de alimento con 33% transgénicos (22% de una variante y 11% de otra variante Pioneer Hi-Bred)
    • consumidores de alimento con 33% transgénicos (solo una variante Pioneer Hi-Bred)
    • consumidores de maíz convencional 1 (una tercera variante Pioneer Hi-Bred, no transgénica)
    • consumidores de maíz convencional 2 (maíz no transgénico de Monsanto)

Se les hizo a las ratas análisis de orina, tejidos de piel, gónadas, entre otras pruebas.¿Resultado? No hubo efecto de toxicidad en ninguno de los casos durante 90 días.

El grupo de GRACE no se detuvo ahí. Para fines de accesibilidad de esta información y la total transparencia al público, la hicieron disponible en una base de datos, Central Access Database for Impact Assessment of Crop Genetic Improvement Technologies (CADIMA).

Más tarde, GRACE llevó a cabo otro experimento en el que alimentaron periódicamente a ratas (toxicidad crónica) con transgénicos por un año. Esta vez, el diseño fue mucho más sencillo (Zeljenková et al., 2016, p. 2532).

  • control (alimento con 33% de una variante de maíz de Monsanto)
  • consumidores de alimento con 33% de maíz transgénico (11% de una variante y 22% de otra producida por Monsanto)
  • consumidores de alimento con 33% de maíz transgénico (una sola variante de maíz de Monsanto)
  • consumidores de alimento con 33% de maíz convencional (producido por Koipesol Semillas)

Una vez más, se les hizo análisis de orina, tejidos de gónadas, de piel, sangre, etc.  ¿Resultado?  No hubo efecto alguno en cuanto al consumo de maíz transgénico a los órganos de las ratas. Una vez más, pudieron proveer los datos vía CADIMA.
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GM plants Two Year Safety Testing (G-TwYST)

GTwYST

Logotipo de GTwYST

GM Plants Two Year Safety Testing (G-TwYST) es el que nos queda por discutir. En este caso, todavía no tenemos los detalles, sino lo que se ha revelado en un comunicado de prensa.  Sin embargo, sí sabemos que este grupo se formó y fue financiado por la Unión Europea (particularmente la EFSA) para que explorara las consecuencias toxicológicas de cierto maíz transgénico, particularmente del NK603 y los vestigios de Roundup® en sus granos.

También sabemos que el grupo llevó a cabo dos de toxicidad subcrónica de 90 días y otro de toxicidad crónica de un año. En los primeros dos experimentos, se agruparían las ratas por género y por tipo de alimentos con maíz transgénico en distintas proporciones 11%, 33% y 50%. El experimento de un año investigó la potencial toxicidad y genotoxicidad  de maíz transgénico al administrarlo a grupos de ratas mediante alimentos con 11% y de 33% de maíz transgénico. En ambos casos, también se evaluaron los resultados de alimentos con o sin trazas de Roundup®.

Según el comunicado, ambos experimentos llevados a cabo por G-TwYST revelaron que no hay riesgos potenciales por el consumo del maíz NK603.
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Implicaciones

Nada de esto señala algo nuevo para la comunidad científica en torno a los OGMs o transgénicos, pero sí pone en evidencia una vez más lo que es el consenso internacional al respecto. Ahora bien, sí coloca ante los ojos del público, unos estudios mucho más sólidos que el de Séralini que confirman la convicción de que ni los OGMs en general ni el glifosato son genotóxicos.

Por otro lado, trae a colación la necesidad de limitar más la experimentación con animales, especialmente en casos en que la potencial o carencia de toxicidad y genotoxicidad de sustancias son hartamente conocidas. Esta inquietud, publicada por EuropaBio, parte en el fondo del maltrato de G. E. Séralini a las ratas de su experimento, ya que permitió que sufrieran los tumores que crecieron hasta un 25% de la masa de su cuerpo. Por ello, los científicos europeos han solicitado que la Unión Europea volviera a una sana política de tener en cuenta las ciencias cuando se trata de política pública en relación con la biotecnología.

En cuanto a Puerto Rico se refiere, estos resultados experimentales parecen no haber hecho impacto alguno en la opinión pública, y la prensa del país está totalmente apagada en cuanto al tema. Esta carencia de información crea terreno fértil para que siga proliferando propaganda antitransgénica y, con ello, políticas públicas absurdas que, a la larga, perjudicarán a los puertorriqueños: la prohibición del glifosato, el establecimiento de moratorias para producir o importar transgénicos, entre otras medidas descabelladas. Cuando de alimentación se trata, nos arrodillamos y rendimos pleitesía a cuanta persona aparece en radio o televisión atemorizando al público en torno a los alimentos. En una época de crisis económica, ese sería recorrer un camino conducente a un precipicio alimentario.
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Referencias

European Food Safety Authority (EFSA). (octubre de 2015). Shaping the future
of food safety, together. Proceedings of the 2nd EFSA Scientific Conference
Milan, Italy, 14–16 October 2015 EFSA Journal13(10), s1310  doi: 10.2903/j.efsa.2015.s1310.

GMO90+. (febrero de 2015). Recherche de biomarqueurs prédictifs d’effets biologiques dans l’étude de toxicité sub-chronique des OGM chez le rat. Recuperado de http://www.recherche-riskogm.fr/sites/default/files/projets/2015_02_13_gmo90plus_en_ligne.pdf.

Institute National de la Recherche Agronomique (INRA). (n.d.).  Tender technical specification – GMO90+ Project:  Six-month genetically modified maize feeding – Experimental study. Recuperado de http://docplayer.net/7057577-Gmo90-project-six-month-genetically-modified-maize-feeding-in-rats-experimental-study.html.

Séralini, G.-E., Clair, E., Mesnage, R., Gress, S., Defarge, N., Malatesta, M., Hannequin, D. & Spiroux de Vendômois, J. (noviembre de 2012). Long term toxicity of a Roundup herbicide and a Roundup-tolerant genetically modified maize (Retracted). Food and Chemical Toxicology, 50(11), 4221-4231. doi: 10.1016/j.fct.2012.08.005. Recuperado de http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0278691512005637.

Séralini, G.-E., Clair, E., Mesnage, R., Gress, S., Defarge, N., Malatesta, M., Hannequin, D. & Spiroux de Vendômois, J. (14 de junio de 2014). Republished study: long-term toxicity of a Roundup herbicide and a Roundup-tolerant genetically modified maize. Environmental Sciences Europe, 26(14). Recuperado de http://www.enveurope.com/content/26/1/14.

Schiemann, J., Steinberg, P., & Salles, B. (diciembre de 2014). Facilitating a transparent and tailored scientific discussion about the added value of animal feeding trials as well as in vitro and in silico approaches with whole food/feed for the risk assessment of genetically modified plants. Archives in Toxicology, 88(12), 2067–2069. doi: 10.1007/s00204-014-1375-7.

Zeljenková, D., Ambrušová, K., Bartušová, M., Kebis, A., Kovrižnych, J., Krivošíková, Z., … Steinberg, P. (diciembre de 2014). Ninety-day oral toxicity studies on two genetically modified maize MON810 varieties in Wistar Han RCC rats (EU 7th Framework Programme project GRACE). Archives of Toxicology88(12), 2289-2314. doi: 10.1007/s00204-014-1374-8.

Zeljenková, D., Aláčová, R., Ondrejková, J., Ambrušová, K., Bartušová, M., Kebis, A., … Steinberg, P. (octubre de 2016). One-year oral toxicity study on a genetically modified maize MON810 variety in Wistar Han RCC rats (EU 7th Framework Programme project GRACE). Archives of Toxicology90(10), 2531-2562. doi: 10.1007/s00204-016-1798-4.

Monsanto (1901-2000 / 2000-2018) – RIP

Bayer y la Tuma de Monsanto

Bayer y la Tuma de Monsanto / (c) 2018, Pedro M. Rosario Barbosa / CC-BY-SA 4.0

En el día 7 de junio de 2018, murió Monsanto de una vez “para siempre”.  ¿Qué fue lo que sucedió?  Aquí, ya lo habíamos discutido: Monsanto fue adquirido por la empresa Bayer, compañía farmacéutica, pero que a su vez ha penetrado el mercado de la agroindustria. De hecho, por años ha desarrollado productos que competían con los de Monsanto, el más notable es su producto basado en glifosato.

¿Por qué se da esto? Por varias razones. La principal es la fusión de diversas corporaciones agroindustriales y de ingeniería química a nivel mundial o por su adquisición por entidades con alto nivel de capital. Por ejemplo, Syngenta fue adquirido por el ChemChina, una corporación del gobierno chino y ahora es Syngenta Global.  Por otro lado, Dow y Dupont se fusionaron por $130 mil millones en la empresa DowDupont, convirtiéndose en el 2017 en la empresa dominadora en ventas de productos agroindustriales. La gigante alemana BASF tenía unos activos valorados en € 79 mil millones (≈ $ 93 mil millones), mientras que decidió comprarle semillas y ciertos químicos a Bayer, que, a su vez, desarrolla semillas resistentes a la sequía.

Ante este nuevo panorama, Monsanto estuvo en unas serias desventajas.  Contrario a lo que afirman muchos activistas, Monsanto no está metido en todos nuestros alimentos, apoderándose del universo. Al contrario, al lado de los monstruos corporativos que acabo de mencionar, en el 2017, Monsanto estaba en una situación bastante modesta. Por ejemplo, el total de activos de la compañía era de $21 mil millones con un ingreso anual de 2 mil millones. Para darles una idea del “dominio” de la empresa en el mercado, les muestro una ilustración que representa el tamaño de ingresos de la empresa en relación con otras corporaciones no agroindustriales.

Ingresos de Monsanto (2013)

Gráfica del ingreso bruto de varias compañías (en millardos). Fuente: Franklin Veaux en Quora.

Por otro lado, Bayer no solo se beneficia de la compra de semillas y otros productos por parte de BASF, sino que contaba con unos activos que totalizan los € 75 mil millones (≈ $ 88 mil millones), que es una baja si consideramos que el año anterior (2016) tenía un total de € 82 mil millones (≈ $ 96 mil millones). Los productos de Monsanto se venden bien. La marca Roundup® sigue dominando en el mundo de los herbicidas, un obstáculo que Bayer nunca pudo superar con sus productos. Las semillas resistentes a glifosato y Bt son muy populares entre los agricultores a nivel mundial, por lo que representaría, para su deño, una enorme ventaja en el contexto agrícola mundial.

La fusión finalmente se dio y todo lo relacionado con Monsanto es ahora de Bayer. Debido a la mala fama que tiene el nombre de “Monsanto” ante el público, se determinó sepultarla.
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Un poco de historia

La Monsanto que acaba de perecer no es la Monsanto original, sino otra compañía que asumió el nombre. Por lo tanto, hay que establecer ciertas distinciones a la hora de comprender su historia.
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El “antiguo” Monsanto (1901-2000)

Monsanto (Old)

Logotipo del “antiguo” Monsanto

Monsanto fue fundado en 1901 como una compañía de ingeniería química, en St. Louis, Misuri, los Estados Unidos, por John Francis Queeny. Años antes, había entrado a trabajar en una compañía de productos químicos en St. Louis. Allí, se casó con Olga Mendes Monsanto, hija de un hombre de negocios llamado Don Emmanuel Mendes Monsanto, quien llegó a trabajabar en la industria del azúcar en Vieques, St. Thomas y las Islas Vírgenes.

Olga Mendez Monsanto y John Francis Queeny.

Olga Mendez Monsanto y John Francis Queeny.

Para 1902, Monsanto recibía ingresos sustanciales gracias a su producción de la sacarina, que había sido inventada y mercadeada solo en Alemania. Este es un endulzador que servía (y sirve todavía) como sustituto del azúcar. Su comprador principal fue la Coca-Cola, que en ese momento vendía el líquido como una especie de jarabe “milagroso” para la cura de ciertos males. Además, Monsanto solía producir la vanilina y cafeína para la Coca-Cola y otras empresas en el mercado.

Más adelante, en 1919, Monsanto empieza a expandir sus operaciones hacia Gales, donde colaboró con otra compañía para continuar la producción de vanilina, sacarina y ácido salicílico, químico con el que llegó a sintetizar la aspirina (medicamento creado por primera vez el siglo anterior).

En la próxima década, compró un territorio en Illinois, fundó e incorporó un pueblo llamado precisamente “Monsanto” con el objetivo de minimizar el pago de impuestos y evitar regulaciones.  Fue en esta década que la empresa empezó la producción de ácido sulfúrico y otro químico que se volvería un dolor de cabeza posteriormente, el policlorobifenilos (PCB).

En el año 1929, se vendieron las acciones de Monsanto como resultado de la baja estrepitosa de la bolsa. En 1935, fue adquirida por la Swann Chemical Company en Alabama (para mayor producción de PCBs) y, en 1936, por Thomas & Hochwalt Laboratories. La empresa se dedicó en gran medida a producir plástico y goma, además de los otros químicos. Vale añadir que, por esa adquisición, estuvo mucho más cerca de operaciones del ejército, tales como el Proyecto Manhattan y asistió de cierta manera en la fabricación de armas nucleares.

Durante los años 1944 a 1960, hubo un incremento de fabricación de químicos, entre ellos, el  poliestireno y otros dos que llegarían a ser controversiales, el herbicida ácido 2,4-diclorofenoxiacético (2,4-D) y el dicloro difenil tricloroetano (DDT). Algunas de estos se utilizaron para fines militares, otros por razones de salubridad. El DDT era un excelente insecticida y bastante inocuo para los seres humanos si no estaban expuestos por un largo tiempo (Agarwal et al., 2012, p. 20). Sin embargo, afectaba a ciertos insectos, lo que repercutió en la población de pájaros. Como resultado de eso y la publicacion de Silent Spring de Rachel Carson, Monsanto y otras compañías tuvieron que finalizar con la producción del pesticida. Durante los años 70, se prohibió por completo. Más adelante, se conocieron los efectos adversos del PCB sobre la salud humana, por lo que Monsanto también dejó de fabricarlo a mediados de esa década. Finalmente, fue prohibido por el gobierno federal a finales de esos años.

Helicóptero Huey asperjando agente naranja.

Helicóptero Huey asperjando agente naranja durante la Guerra de Vietnam.

Como ya hemos indicado, durante los años 50 y 60, Monsanto, junto a otras compañías, estuvo estrechamente vinculado al ejército de Estados Unidos para la producción del agente naranja. Esta mezcla incluye el químico de 2,4-D y otro llamado 2,4,5-triclorofenoxiacético (2,4,5-T). Ambos herbicidas eran considerados relativamente inocuos, por lo que parecían ser ideales para la defoliación de los bosques de Vietnam. Sin embargo, en ese proceso, tan temprano como en 1952, Monsanto le dejó saber al ejército que en la fabricación de la mezcla, se estaba colando otro químico peligroso: el 2,3,7,8-tetraclorodibenzo-p-dioxina (TCDD) y que usualmente acompañaba al 2,4,5-T, aun en cantidades ínfimas. Tras la presión de organizaciones científicas y pacifistas, cesó este tipo de operaciones en 1971 (Shuck, 1987, pp. 16-20).

Aun con todo, en la década del 60, científicos de Monsanto también descubrieron el proceso para sintetizar a nivel industrial L-Dopa, un aminoácido que se logró utilizar para tratar la enfermedad del Parkinson. Debido a este logro, dos miembros del equipo de químicos, William S. Knowles y Ryōji Noyori, ganaron el Premio Nóbel de Química en el 2001 junto a K. Barry Sharpless. Además, también aportó fondos de investigación para inventos que pudieran servir de tratamientos oncológicos.

Para los años 70 y 80, Monsanto estuvo interesado invertir en la agroindustria. En 1970, uno de sus científicos, Joseph E. Franz, descubrió que el glifosato (una sustancia que había sido descubierta hacía unos años) tenía propiedades importantes como herbicida. A partir de ese descubrimiento, en 1974, hizo disponible este químico bajo la marca de Roundup®. Al lograr comercializarlo, tras solicitar una patente sobre su proceso de sintetizarlo, el gobierno federal se la concedió.

Logo de Roundup

Logotipo del yerbicida Roundup

Durante la década del 80, también descubrieron que ciertas bacterias descomponían el glifosato una vez llegaba al suelo y eque ran resistente al herbicida. Tras un examen atento, se dieron cuenta de que el origen de este atributo era genético. Mediante experimentos, la empresa logró, para 1983, crear la primera planta transgénica resistente a glifosato. Esto fue ideal para los agricultores, porque ahora podían deshacerse de las malezas con el glifosato sin arruinar los cultivos que querían comercializar. Simultáneamente, tenían el beneficio de que este nuevo pesticida era inocuo en relación con otros utilizados en la industria.

También, en los años 80, Monsanto compró G. D. Searle & Company, la empresa que sintetizó el aspartame y comenzó a mercadear la sustancia bajo la subsidiaria, Nutrasweet Company.

Finalmente, para los años 90, empezó a producir hormonas tales como somatotropina bovina (BST), también llamada hormona del crecimiento bovina (rBGH). Así, las vendió bajo la marca comercial POSILAC®. Esta es la época en que comenzó modestamente un movimiento de demonización a Monsanto. En esta etapa embrionaria, los grupos de derechos de animales y de consumidores plantearon, correctamente, que esta hormona creaba distress a las vacas.  La hormona les hacía producir más leche de lo usual, hasta el punto de lastimar sus ubres y producirles mastitis (inflamación e infección de las ubres). En Europa, el Comité Científico sobre la Salud y Bienestar de los Animales concluyó en un informe que las vacas sufrían tremendamente con la administración de la hormona, algo que no se debía exclusivamente a la mastitis, sino también a otros problemas fisiológicos que causaba.

Esto llevaba a otras preocupaciones para los científicos, defensores de los consumidores y el público en general. Para evitar que estas infecciones, se les administraba antibióticos. Como la evolución de las bacterias no se detiene, había una posibilidad real de que el público ingiriera esos antibióticos y ser víctimas de bacterias resistentes a estos.  De hecho, cuando un equipo del noticiero FOX quiso investigar en torno a este tema, aparentemente Monsanto los acosó hasta el punto en que no se les renovó el contrato y quedaran fuera de la estación. Finalmente, demandaron a FOX por los sucesos ocurridos.

Aun con todo, Akre y Wilson no son exactamente santos. Durante esa década del 90 y la siguiente, los dos reporteros fueron algo así como un misterio, tanto en su trasfondo personal como su relación.  Probablemente, pensaban incluir una mezcla de detalles genuinamente científicos, pero mezclados con sensacionalismo. A pesar del mal de la mastitis generadas a las vacas, los “investigadores” no tenían evidencia alguna (fuera de unos estudios mal leídos) de que la hormona fuera genotóxica o que esta o los antibióticos pasaban a la leche humana. En tales casos, Monsanto se preocupaba por los efectos que eso tendría sobre su negocio y usó todos los medios posibles (rayando en el acoso) para que Akre y Wilson no publicaran su noticia. Así que, hay que tomar su testimonio con pinzas. A fin de cuentas, FOX procedió a hablar del problema de todas formas, pero sin Akre ni Wilson. Finalmente, la pareja no pudo persuadir al jurado (el mismo que les premió los $450,000) del resto de lo que alegaban. Solo les concedió el dinero por su estatus de “whistleblowers” y ya saben lo que sucedió después.

En su última etapa, en 1999, Monsanto fue adquirida por la compañía Pharmacia & Upjohn, y ahí terminó.

Solo estaba interesada en integrar toda una variedad de productos químicos concernientes a la síntesis de medicinas. Nutrasweet fue vendida y Pharmacia decidió que todo lo concerniente a la agroindustria fuera una compañía nueva que heredaría el nombre.

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El segundo Monsanto (2000-2018)

Logotipo de Monsanto

Logotipo de Monsanto del segundo Monsanto

El segundo Monsanto se estableció como una compañía exclusivamente de la agroindustria. A partir del 2000, ya la patente sobre la síntesis de glifosato había expirado en el 2000 y, en ese sentido, no podía seguir teniendo el monopolio sobre el químico, por lo que se vio en la situación de que su producto, Roundup® compitiera con otros en el mercado. Sin embargo, sí sostenía las patentes relacionadas con la producción de semillas transgénicas resistentes a glifosato o que generen el insecticida Bt para la protección de la planta. En ese sentido, Monsanto ponía a la venta de los agricultores los siguientes productos en su versión transgénica:

  • maíz
  • canola
  • algodón
  • soya
  • alfalfa
  • remolacha
  • sorgo
  • trigo (todavía no disponible en el mercado)

Durante la década del 2000, Monsanto continuó comprando algunas otras compañías para hacer más eficiente su productividad y expandir el mercado de sus productos. En el 2005 compró Emergent Genetics, en el 2007, Delta and Pine Land Company y en el 2008,  De Ruiter. Fue en este último año que Monsanto decidió vender su producción de hormona bovina y marca POSILAC® a Elli Lilly.

Logo Roundup Ready Corn

Logotipo del maíz Roundup Ready, distribuido por la compañía Monsanto.

Desafortunadamente, por el nombre, esta nueva Monsanto llevaba consigo una mala reputación creada por parte de varios grupos que lo pintan como la gran bestia del Apocalipsis que lleva sobre sí la gran ramera que se embriagaba de la sangre de los agricultores.  En algunos círculos, se llegó a alegar que “Monsanto era la dueña” de los alimentos del mundo.  Cuando se mira la lista, es obvio que Monsanto solo se lucraba de la venta de los cultivos más atractivos económicamente para los agricultores (en inglés “cash crops“).  Lo mismo hacían competidores tales como Syngenta, Bayer, Dow, Dupont y otros más. Su negocio tampoco se limitó a los transgénicos, sino también a otras semillas convencionales no transgénicas y hasta semillas orgánicas. De hecho, en un momento dado, Greenpeace vendía semillas orgánicas de Monsanto.

Durante sus operaciones hasta el 2018, se fue montando toda una campaña en contra de la compañía, lo que limitó su acceso a Europa. Los partidos verdes lo hicieron, de tal manera, que se estableció una moratoria a la producción de todos los alimentos transgénicos en el continente. Esto es algo que benefició mucho a las desventajadas BASF, Bayer, Syngenta y otros, ante la entrada de productos transgénicos de Monsanto.  Lo malo en todo este caso, es que, años después, algunas de ellas también tuvieron que sufrir la campaña en contra de los productos transgénicos de las corporaciones europeas (véase el caso de la papa Amflora®). BASF en particular tuvo que mover sus operaciones a Estados Unidos para continuar sus investigaciones con transgénicos. Por hoy, España es la única productora de transgénicos en Europa.

Stop Farmer Suicide

Foto cortesía de Jan Satyagraha (2012), GFDL.

El experimento de Gilles-Eric Séralini le echó más gasolina a toda la condenación irracional a la compañía, muy a pesar de que fue rechazado virtualmente por todo el mundo en la comunidad científica por su paupérrimo diseño y su fin propagandístico. También habían empezado a surgir voces en India contra el algodón Bt transgénico, supuestamente porque había estimulado el suicidio masivo de agricultores indios, debido a los altos costos de las semillas. Aun cuando hubo organizaciones internacionales serias que desmintieron esta leyenda urbana y, aun cuando un escéptico respetado de la propaganda a favor de los transgénicos desmintió este asunto, la falsedad de esta tesis todavía perdura. A pesar de ello, se ha documentado los dos más grandes beneficios de los transgénicos a los indios:  la reducción drástica de la administración de insecticidas para las cosechas de algodón y su aumento de ingresos y calidad de vida.

Por otro lado, la inversión en el desarrollo de cultivos resistentes a glifosato, ha ayudado a reducir sustancialmente el uso de pesticidas más tóxicos para el medio ambiente y los seres humanos. Además, el uso eficiente del glifosato y el uso del Bt para evitar el uso de insecticidas ha logrado sacar del medio ambiente, no solo los tóxicos y la contaminación que eran usuales en la agricultura, sino también la reducción sustancial de emisión de bióxido de carbono. Para el 2016, los transgénicos removían el equivalente a las emisiones de CO2 que hubieran hecho 16.7 millones de carros en la carretera en un año (Brookes & Barfoot, 2018).

No obstante ello, no toda la represalia por la mala fama fue suficiente. La Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC), una rama de la Organización Mundial de la Salud (OMS) radicó un informe que catalogaba al glifosato 2A (probable cancerígeno). La monografía fue rechazada por las agencias reguladoras más importantes de Europa, Asia y Estados Unidos, incluyendo a la misma OMS.

Aunque su evaluación de la evidencia de genotoxicidad del glifosato ha sido seriamente cuestionada por expertos por múltiples fallas, la monografía sentó las bases para ciertas demandas. La organización US Right to Know logró publicar unos documentos conocidos como los “Monsanto Papers“, en los que se descubren algunas movidas éticamente cuestionables de la compañía. Los documentos revelan que los empleados de la empresa sí pensaban que el glifosato no era cancerígeno y que los sulfactantes, aunque no sean biodegradables, eran inofensivos para los seres humanos o el medio ambiente en las dosis que se administraban. El problema no era la ciencia del glifosato, eso estaba bastante bien establecido. El asunto candente era que las conversaciones descubiertas indicaban que Monsanto estaba escribiéndole artículos a ciertos científicos para que los publicaran bajo sus nombres (ghostwriting). A pesar de que no es delito, sí es un escándalo ético importante.  Varios de los implicados han negado que esto sea cierto. No obstante, uno de ellos apareció en los e-mails solicitandole un artículo a Monsanto cuya base fuera escrita por la empresa,. Por ello, su blog fue removido de Forbes.

Por otro lado, también revelan los documentos que Monsanto ayudó a coordinar una respuesta de los científicos atacando el trabajo de Séralini. Sin lugar a dudas, hubo tal coordinación, pero eso no quiere decir que esa no fuera la opinión genuina de los científicos. El trabajo de Séralini raya en “ciencia basura”. Sin embargo, esto se propagandizó en las redes como “evidencia” de que la compañía estaba tratando de ocultad “la verdad sobre el glifosato”.

Todo esto finalmente desembocó en una serie de demandas de víctimas del limfoma no hodgkiano que, en parte gracias a la monografía de la IARC, responsabilizaban al PCB y al glifosato por su enfermedad. En uno de los casos, Monsanto tuvo que pagar $46.5 millones. El que evalúa la relación causal con el glifosato tendrá bajo consideración ciertos experimentos recientes que desmienten al de Séralini (uno de ellos, comisionado por la Unión Europea) y un estudio de cohorte.

Aunque las ventas de sus semillas iban bastante bien en Estados Unidos, Suramérica y Asia. La empresa se vio en aprietos en el campo de sus ventas en India. Estaban apareciendo cada vez más orugas rosadas, resistentes al algodón Bt y empezaron a perderse algunas de las cosechas.  Monsanto, vía la subsidiaria Mahyco, quería proveerle mejores semillas para que fueran más efectivas, pero a un precio más caro. En abril de este año (2018), un tribunal de Delhi determinó que se prohibirían las patentes para las semillas y que su precio sería determinado por el ministro de agricultura. Esto representa un golpe duro para Monsanto.

Logotipo de la soya transgénica Roundup Ready 2 Xtend

Logotipo de la soya transgénica Roundup Ready 2 Xtend

Por otro lado, Monsanto enfrentó problemas debido a que había hecho disponible un transgénico resistente a un herbicida conocido como dicamba.  Aunque el glifosato continúa siendo exitoso, su uso extenso ha conllevado la aparición de 38 especies nuevas de malezas resistentes a glifosato. Desde esa perspectiva, hacían falta cultivos resistentes a otros herbicidas, tales como el dicamba y el 2,4-D. El problema es que el transgénico resistente a dicamba se hizo disponible antes de la fórmula de dicamba preparada por Monsanto para reducir el nivel de volatilidad (“vapor grip“). Debido a esto, muchos agricultores empezaron a utilizar el dicamba normal, y otros cultivos vecinos se vieron afectados. Aunque Monsanto argumentaba que su fórmula especial (Roundup Xtend®), parte de un sistema de cultivos Xtend®, prevenía la volatilidad hasta un 90%, la comunidad científica y los agricultores le respondían diciendo que el problema era precisamente el otro 10%. La naturaleza privativa y propietaria de la fórmula de Monsanto les impide a los científicos investigar más al respecto. Como resultado, los estados de  Misuri, Arkansas y Tenesí restringieron el uso de dicamba. Surgieron cuatro nuevas demandas contra la corporación para restituir los cultivos perdidos.  Monsanto cometió el error de descartar demasiado rápido la queja de los agricultores, mientras que BASF y DuPont estuvieron en la disposición de trabajar al respecto con sus respectivas fórmulas de dicamba. Para más sobre este asunto, escuchen este podcast.

Este mal paso, combinado con la mala reputación a nivel público, combinada con la mala fama inmerecida por ciertas teorías conspiratorias descabelladas (e.g. que Monsanto derivó el glifosato del agente naranja para limpiar tuberías; que se dedica a demandar a agricultores, que es dueña de toda la base alimentaria del mundo; que quiere exterminar la humanidad, etc.) y otras que sí son merecidas, por sus dificultades en India y Argentina, entre otros factores, lo prundente era poner la compañía a la venta.  En un momento dado, Monsanto intentó comprar a Syngenta sin éxito.

Luego apareció Bayer, interesado en comprar a Monsanto.  El proceso de fusión con Bayer comenzó el año pasado y concluyó este 7 de junio. De ahora en adelante, Bayer asumirá las ventas de transgénicos y otros productos de Monsanto, mientras que desaparece el tan repudiado nombre.

Muerte del segundo Monsanto

Reflexiones

Evidentemente, esta no es toda la historia de los dos Monsantos. Sin embargo, de aquí se puede hacer la pregunta:  ¿fueron algunos de los Monsantos “la corporación criminal más grande que ha existido en la historia de la humanidad”?  Difícilmente. Estas no pasaron de ser corporaciones promedio.  Tuvieron ambas sus luces y sus sombras. Entre las luces, podemos mencionar:

  • La fabricación de la sacarina,
  • la aspirina, que ha salvado vidas
  • el aspartamo (que, junto a la sacarina, no constituye peligro alguno)
  • la aportación financiera para fines de remedios oncológicos
  • la producción de glifosato
  • transgénicos resistentes a glifosato
  • transgénicos Bt
  • vías químicas para hacer posibles tratamientos para la enfermedad del Párkinson
  • otras más que no hemos discutido…

Otras cosas que han hecho, son sombras:

  • La síntesis de PCB y contaminación de las aguas por ello,
  • la participación en la creación de bombas nucleares
  • la asistencia en la síntesis del agente naranja, a pesar de la toxina que le acompañaba,
  • la hormona bovina,
  • la manera inicial en que impidieron que dos reporteros hablaran del tema
  • la aparete práctica de escribirle artículos a científicos,
  • hacer disponibles transgénicos resistentes a dicamba antes de tiempo,
  • malas respuestas de Monsanto a quejas de agricultores y científicos
  • … otras más que no hemos discutido

Para bien o para mal, los dos Monsantos hicieron su aportación (buena y mala), y, para fines de la historia, se cerró ese capítulo en el siglo XXI.

Ahora bien, este final no es uno que deseaban sus oponentes.  Ellos no querían que Monsanto contribuyera a que otra corporación se hiciera más grande. Además, los activistas perdieron el nombre “Monsanto” para sus campañas, por lo que ahora van a intentar convertir a Bayer en la nueva cara del “enemigo”. Ya comenzaron a hacerlo. Como es empresa alemana, ya están asociándolo a los nazis (especialmente a su pasado oscuro con ese partido nefasto). Este sector reaccionario siempre necesitará algún “enemigo”.

Irónicamente, me imagino que muchos de ellos estarán utilizando clones de IBM (computadoras Dell, HP, Lenovo, etc.) para interactuar con la red y escribir sus artículos.  IBM fue una empresa que también cooperó con los nazis (especialmente con los campos de concentración), pero sospecho que, en ese caso, a ellos no les importará usar clones de su tecnología. Ni tan siquiera les moverá a ello el hecho de que los materiales para crear sus ordenadores contaminan mucho más el ambiente que todo el glifosato administrado en 1000 hectáreas de cultivos. Who cares?!

Veremos cómo se va a restructurar la empresa Bayer a partir de esta fusión y todo lo bueno (y malo) que tenga que brindarnos en el futuro.
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Referencias

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Andreotti, G., Koutros, S., Hofmann, J. N., Sandler, D. P., Lubin, J. H., Lynch, C. H., Lerro, C. C., … Beane Freeman, L. E. (9 de noviembre de 2017). Glyphosate use and cancer incidence in the Agricultural Health Study. Journal of the National Cancer Institute, djx233. doi: 10.1093/jnci/djx233.

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Brookes, G. & Barfoot, P. (2018). Environmental impacts of genetically modified (GM) crop use 1996–2016: Impacts on pesticide use and carbon emissions. GM Crops &
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Schuck, Peter.  (1987). Agent Orange on Trial: Mass Toxic Disasters in the Courts.  Cambridge, UK: The Belknap Press of Harvard University Press.

Séralini, G.-E., Clair, E., Mesnage, R., Gress, S., Defarge, N., Malatesta, M., Hannequin, D. & Spiroux de Vendômois, J. (noviembre de 2012). Long term toxicity of a Roundup herbicide and a Roundup-tolerant genetically modified maize (Retracted). Food and Chemical Toxicology, 50, 11, 4221-4231. doi: 10.1016/j.fct.2012.08.005.

Yun, Oliver. (22 de noviembre de 2005). Profile of William S. Knowles. Proceedings of the National Academy of Sciences, 102, 47, 16913–16915. doi: 10.1073/pnas.0507546102.

USDA: Borrador de futuro etiquetado de alimentos OGM

Scientifically Illiterate VerifiedEn Puerto Rico, hay grupos y políticos muy conocido que han militado para exigir etiquetar los productos transgénicos. Hemos discutido un caso particular en el que un legislador proponía hacerlo para todo “organismo genéticament modificado”, pero el término estaba tan mal definido, que para todos los efectos, rotularía cada alimento que se venda en el supermercado. En ese mismo artículo presentamos nuestras objeciones al etiquetado en relación con este tema.  A esto añadimos que no ha habido ningún caso de etiquetado de transgénicos a nivel mundial que le haya servido al público. Al contrario, le ha echado gasolina a la propaganda antitransgénica y promovido la ignorancia científica en cuanto a la ingeniería genética de los alimentos.

En Estados Unidos, el proceso de permitir etiquetado de OGMs ha ido avanzando a pasos de tortuga, pero ha recorrido bastante camino. Por ejemplo, en el 2014, el gobierno de Vermont pasó una ley que requería etiquetar todo producto OGM y que entró en efecto en el 2016. En los productos vendidos en ese estado, aparece el aviso: “Partially produced with genetic engineering“.  Ese fue el primer paso. Después se ha intentado pasar en otros estados tales como California, en donde se derrotó la iniciativa de Proposition 37.

Como en Europa y en otros lugares, se podría extender estas legislaciones para el etiquetado, y puede ser que incremente el número de personas con tal solicitud a sus respectivas legislaturas. Esto llevaría a una política dispar entre estados por el etiquetado de productos, algo que encarecería la provisión de alimentos en Estados Unidos. Este problema llevó a que, en el 2016, el Presidente Barack Obama firmara una ley de etiquetado, en la que se aspira a que el gobierno federal uniforme esa práctica. A pesar de que esta era una medida hasta cierto punto de “consenso”, ambos lados del debate social se sintieron frustrados ante esta normativa debido a la ambigüedad de ciertos aspectos de su contenido.

La ley dispone que le toca al Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) diseñar una etiqueta que acompañe a los productos que contengan elementos derivados de la bioingeniería. En un periodo de dos años, la USDA debe ya tener la reglamentación apropiada para la regulación de estos alimentos en el mercado.

Recientemente, el 3 de mayo de este año (2018), la USDA sometió un borrador de la regulación con los diseños candidatos a ser usados para el etiquetado. Como dispone la ley, ahora el Departamento está abierto a la opinión del público al respecto hasta el 3 de julio.  He aquí los diseños en cuestión.

Símbolos: Candidatos 2-A

Símbolos: Candidatos 2-A

Símbolos candidatos: 2-B

Símbolos candidatos: 2-B

Símbolos candidatos: 2-C

Símbolos candidatos: 2-C

He aquí unas cuantas impresiones. En primer lugar, aun con la postura anti etiquetado que asumimos, encantan los diseños 2-A y 2-B. La selección de las iniciales “BE” y “Bioengineered”, me parecen acertadas, ya que el término es mucho más cercano a una política racional de regulación de alimentos bioingenierizados mediante transgénesis y ARNi. También me gusta que “BE” hace que la USDA no participe del término científica y legalmente confuso “GMO”. Además, la ventaja del uso de estos diseños es que no presentan un panorama sombrío de los alimentos productos de la bioingeniería, sino que sugierenn el bienestar del medio ambiente y la salud.

Aun con todo, en otro nivel, persiste cierta confusión. La ley, define “bioengineering” de la siguiente manera:

‘(1) BIOENGINEERING—The term ‘bioengineering’, and any similar term, as determined by the Secretary, with respect to a food, refers to a food—
‘‘(A) that contains genetic material that has been modified through in vitro recombinant deoxyribonucleic acid (DNA) techniques; and
‘‘(B) for which the modification could not otherwise be obtained through conventional breeding or found in nature.

Científicamente hablando, este término es demasiado ambiguo, ya que existen otras técnicas de bioingeniería tales como mutagénesis inducida y CRISPR. ¿Serán etiquetados también? ¿Serán etiquetadas también los productos orgánicos que sean resultado de mutagénesis inducida? Por tanto, el término “bioengineered” debe verse en este caso como uno legal para propósitos de regulación y no científico.

Por otro lado, algunos productores de alimento están preocupados por ciertas lagunas en la ley y la regulación, lo que les lleva a una cierta incertidumbre con relación a distinguir en unos casos específicos aquellos alimentos que requieren rotularse y los que no.

Non GMO

Etiqueta de que cierto alimento no contiene alimento OGM.

Otro grave defecto, mencionado por Amanda, la Farmer’s Daughter USA, es que deja la puerta abierta al fraude de los sellos de “Non-GMO Verified”, una medida que está ahí puramente para vender y, en ocasiones, vender más caro, sin beneficio alguno para los consumidores. En fin, hay todo tipo de productos que llevan el sello, creando la impresión equivocada de que en el mercado hay trigo OGM, o que hay lechuga OGM, o sal OGM, o agua OGM. Deben establecerse regulaciones que asuman mejor la orientación canadiense y de manera más firme, que prohiba colocarle el sello de “Non-GMO” a productos que no tienen equivalentes que sean o contengan elementos resultado de la ingeniería genética.

Veremos pronto cuáles determinaciones tomará la USDA en cuanto a las futuras regulaciones.  Seguramente, la discusión de la publicación del borrador y de los símbolos también son contenciosos.

El glifosato, Monsanto y el más reciente escándalo de la IARC – 2

 Número de la serie: 1

Declaración de conflictos de intereses: Este artículo no fue financiado por empresa alguna. A tono con lo que decimos en la sección del “Propósito del portal“, no hay conflictos de intereses asociados a este escrito.

mamyths

Campaña Marcha Contra Mitos. http://www.mamyths.org/

La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene una rama conocida como la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC por sus siglas en inglés) que colecta y evalúa información en torno a incidencias de cáncer en todo el mundo. Para ello, periódicamente, publica monografías en las que evalúa la peligrosidad (hazard) de un químico de producir cáncer por su cuenta o cuando se mezcla con otros químicos en el ambiente. Para ello hace una escala que identifica su grado de genotoxicidad (si afecta el genoma y posibilita el cáncer) de acuerdo a la evidencia disponible:

  • Grupo 1: Los químicos de este grupo son cancerígenos para los seres humanos.
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  • Grupo 2A: Los químicos de este grupo son probables cancerígenos para los seres humanos. Esto significa que hay suficiente evidencia  (pero limitada) de que el químico en cuestión produce algún tipo de cáncer a animales y que el mecanismo que lo hace posible también se halla presente en los seres humanos.
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  • Grupo 2B: Los químicos de este grupos son posibles cancerígenos para los seres humanos. Hay limitada, pero inadecuada, evidencia de que el químico en cuestión produce algún tipo de cáncer en animales.
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  • Grupo 3: Los químicos de este grupo no son clasificables como cancerígenos para los seres humanos. Hay evidencia limitada e inadecuada de que el químico sea cancerígeno para los seres humanos y para los animales.
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  • Grupo 4: Los químicos de este grupo no son genotóxicos.

Como dijimos en el primer artículo de nuestra serie, con base en este sistema de gradación de peligrosidad (hazard) de las sustancias, en el año 2015, anunció en The Lancet Oncology que radicaría una monografía, en torno a la posible genotoxicidad de una serie de sustancias, entre ellas, el glifosato. En la sección pertinente, nos dice lo siguiente:

For the herbicide glyphosate, there was limited evidence of carcinogenicity in humans for non-Hodgkin lymphoma. The evidence in humans is from studies of exposures, mostly agricultural, in the USA, Canada, and Sweden published since 2001. In addition, there is convincing evidence that glyphosate also can cause cancer in laboratory animals. On the basis of tumours in mice, the United States Environmental Protection Agency (US EPA) originally classified glyphosate as possibly carcinogenic to humans (Group C) in 1985. After a re-evaluation of that mouse study, the US EPA changed its classification to evidence of non-carcinogenicity in humans (Group E) in 1991. The US EPA Scientific Advisory Panel noted that the re-evaluated glyphosate results were still significant using two statistical tests recommended in the IARC Preamble. The IARC Working Group that conducted the evaluation considered the significant findings from the US EPA report and several more recent positive results in concluding that there is sufficient evidence of carcinogenicity in experimental animals. Glyphosate also caused DNA and chromosomal damage in human cells, although it gave negative results in tests using bacteria. One study in community residents reported increases in blood markers of chromosomal damage (micronuclei) after glyphosate formulations were sprayed nearby.

Este tipo de alegato sorprendió a la comunidad científica. Algunos especularon que tuvieron en cuenta el nefasto experimento de Séralini, pero los científicos esperaron a su eventual publicación en The Lancet, para ver de qué se trataba todo el asunto.   La monografía original (del 2015) no se encuentra, pero una revisión de esta ya está libremente disponible en línea. Las páginas que nos conciernen van de la 321 a la 412.

Myles Power

Myles Power en la actividad QED, 2015. Foto modificada del original. El original cortesía de Nederlandse Leeuw, de Wikimedia Commons.

La evidencia mostrada por la monografía revela que la situación es un tanto más modesta de lo que se pensaba. Estas observaciones que voy a hacer en el blog se basan en aquellas ya hechas por otros científicos. Los más notables a nivel popular son dos científicos vlogeros, Myles Power y James Gourney, quienes publicaron primero en su blog, The League of Nerds, en segundo lugar en su podcast y finalmente en el vlog de Myles Power. Lamentablemente, como ya la refutación de esta monografía está ampliamente disponible en el cibererspacio, este artículo que escribo será en su mayoría “un refrito” de lo que ellos y otros científicos han indicado.  De hecho, Gourney y Power resumen tan bien los problemas que tiene la monografía, que asumiremos casi la misma estructura de su argumento, aunque con notables diferencias en cuanto al contenido.

Nota: Myles Power produce vídeos informativos de alta calidad para el público. Me honro en decir que he sido su “patrón” en Patreon (en la medida que mi presupuesto lo ha permitido). Por favor, mediante su página en Patreon, colabore con él para que continúe su excelente labor de informar al público desde una perspectiva genuinamente escéptica y científica.

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El criterio de posible peligrosidad (hazard)

Una de las constantes quejas de la comunidad científica a la IARC es su criterio de peligrosidad (hazard) y no el de riesgo (risk). Esto es algo que han señalado también expertos reguladores. La crítica se incrementó significativamente, no a raíz de la crítica a su monografía sobre el glifosato, sino a partir de la manera en que esta organización incluyó la carne procesada en el Grupo 1. Esto significa que la carne procesada tiene  la misma peligrosidad (hazard) que:

  • el tabaco
  • el plutonio
  • el asbesto
  • el alcohol

Obviamente, algo está mal en este panorama. ¿Quiere decir esto que comer carne procesada conlleva “el mismo riesgo” que la exposición al asbesto o al plutonio? Evidentemente, no. La misma OMS se ha visto obligada a responder a muchas de estas inquietudes en torno a este tema, incluyendo el del consumo de carnes procesadas.

En otras palabras, en general, el público no entiende qué significa que una sustancia sea peligrosa “hazard“, el criterio por el que se deja guiar la IARC, y su diferencia con el nivel de riesgo. Al agrupar la carne procesada junto al plutonio, todo lo que quiere decir es que ambos son genotóxicos, pero eso no significa que tienen el mismo grado de genotoxicidad.  Como hemos explicado en otro lugar, la dosis hace al veneno. Lo mismo vale con los cancerígenos. El grado de genotoxicidad por la exposición a carne procesada es ínfimo comparado con el grado de genotoxicidad por la exposición al plutonio o al tabaco.

El grave defecto de estos criterios de la IARC es que no hace una distinción de grados de  riesgo (risk). El riesgo de obtener cáncer por exposición a radiación ionizante es mayor que el de comer carne procesada. El riesgo de obtener cáncer por tabaco o por asbesto es mayor que comer un emparedado de boloña, que es insignificante. Otro ejemplo, el alcohol (etanol) es cancerígeno y muchas de las bebidas embriagantes contienen carcinógenos adicionales tales como el acetaldehído. Pero …  por alguna razón, no hemos visto los que marchan contra el glifosato hacer un acto de resistencia contra las bebidas alcohólicas. Ninguno piensa dos veces en tomarse una cervecita en el chinchorro más cercano.

Es más, ni protestan contra el café, que además de contener una toxina tan o más potente que el naled, contiene ácido caféico, un posible cancerígeno, del que se ha obtenido evidencia de genotoxicidad. (Hirose et al.) No he visto manifestaciones en contra del café.  Al contrario, esta es la misma gente que apoya o suele trabajar voluntariamente en la cosecha del café puertorriqueño. No pienso que esto sea algo malo. Mientras más se coopere con nuestra languidaciente industria del café, mejor.  Yo seguiré consumiendo mi cafecito todas las mañanas. Sin embargo, me hace sonreír el doble estándar cuando aparece el tema del glifosato.

¿Qué piensan algunos miembros de la IARC al clasificar al glifosato como 2A? El portal de U. S. News publicó un artículo en que entrevistó a uno de los miembros de la IARC en torno al tema:

“I don’t think home use is the issue,” said Kate Guyton of IARC. “It’s agricultural use that will have the biggest impact. For the moment, it’s just something for people to be conscious of.”

También la Sociedad Americana del Cáncer se expresó sobre este problema y de cómo la clasificación de alguna sustancia como cancerígena no debería significar automáticamente una prohibición como política pública, ni debería ser evitada a toda costa.

¿Por qué?  Porque estamos expuestos a cancerígenos todo el tiempo.   Virtualmente casi todo lo que comemos tiene algún cancerígeno. Estamos inhalando cancerígenos, y hasta recibimos del sol radiación ionizante sobre nuestra piel. Como en todo, la dosis hace al veneno, por lo que nuestra invitación es siempre a la moderación. Recordemos que tanto en los alimentos convencionales como en los orgánicos, las toxinas y cancerígenos que contienen son producidos por los alimentos mismos (99.99 %); solo una cantidad ínfima (0.01%) es una aportación humana.

La exposición al glifosato parece ser algo de los que muchos de los miembros de la IARC no se preocupan mucho. El riesgo real, dice al menos un miembro, es en la producción agrícola; no es en el consumo ni en el uso cotidiano en los hogares. Sin embargo, como la organización no hace una evaluación de grado de riesgo (risk) sino que presenta evidencia de peligrosidad (hazard), su clasificación ha llevado a cierta gente a pensar que su uso debe ser evitado a toda costa. Partidos políticos, organizaciones ambientalistas, nutricionistas radiales y otros grupos, han puesto el grito en el cielo por el uso del glifosato por los municipios. Aunque esta práctica de eliminar malezas con el yerbicida debe ser bien regulada, aun si fuera cierto que fuera cancerígeno, no debería ser prohibido, ya que el riesgo de obtener cáncer de dicha sustancia es ínfimo, al menos de acuerdo con la IARC.

El organismo afirma que se ha detectado un ligero aumento de incidencias de cáncer por dosis. Pero, como todo buen investigador sabe, algunos animales como ciertas ratas de laboratorio son diferentes a los humanos. En ciertas especies, con tan solo darles vitamina C, desarrollan cáncer de la vegiga. Por esto, los modelos de animales suelen fallar frecuentemente si no se tienen unos aspectos en cuenta.

A la luz de esto, ¡qué actitud más extraña y anticientífica de algunos de los que marcharon contra Monsanto el pasado sábado 19 de mayo!

A pesar de esto, con todas las reservas ya mencionadas, los científicos tuvieron un problema muy serio aceptando las conclusiones de la IARC.
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Examen crítico de la monografía

El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania

Logotipo de El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania

Lo primero que varios científicos han resaltado es lo selectiva que fue la IARC a la hora de redactar su monografía. En primer lugar, la IARC solo quiso considerar aquellos informes  que estuvieran disponibles al público para evaluar la posible peligrosidad del glifosato.

En el proceso, excluyó algunos estudios de alta reputación y que no encontraban vínculo alguno entre el glifosato y el cáncer. Entre ellos se destaca el del Instituto Federal de Evaluación de Riesgos en Alemania (BfR), cuya colección de datos es la más amplia y abarcadora de todos los informes públicos (discutimos su informe en el artículo pasado de esta serie). A pesar de que este documento alemán ya estaba disponible en el 2014, la IARC lo ignoró para el 2015. Esta actitud de omisión no se limita al tema del glifosato. Reuters ha reportado sobre su omisión de estudios claves en torno al benceno.

Aun con lo que considera, algunos científicos afirmaron que en el mejor de los casos, la evidencia de que el glifosato es “probable cancerígeno” es escasa.

Aquí se encuentra una versión puesta al día del 2016 de la monografía original publicada en el 2015. Según la IARC, todavía refleja la opinión del primer escrito. La persona que desee leerla, puede hacerlo y seguir la discusión.  Ahora nos esforzaremos por examinar los elementos de la monografía que llevaron a la IARC a calificar al glifosato de probable carcinógeno.

¡Veamos!

Detective

El comunicado de prensa publicado en The Lancet Oncology (Guyton et al.) nos da una pista de los estudios utilizados por la IARC para justificar su punto. Esencialmente utiliza una serie de alegatos basados en estudios claves para sustentar sus conclusiones. Siguiendo a Gourney y a Power, podemos enumerar los seis alegatos y cómo la IARC los trata en su monografía.
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Primer alegato

In male CD-1 mice, glyphosate induced a positive trend in the incidence of a rare tumour, renal tubule carcinoma. (Guyton et al. 491)

There was a positive trend in the incidence of renal tubule carcinoma and of renal tubule adenoma or carcinoma (combined) in males in one feeding study in CD-1 mice. (IARC 396)

La monografía se refiere a este documento en particular de la EPA de abril de 1985. En  él, se hace referencia a dos estudios en particular. En uno, se suministró a 50 ratones CD-1® machos y 50 hembras alimento con glifosato por un periodo de dos años.  Esto produjo un resultado de 5 ratones machos con cáncer renal en los que consumieron mayor cantidad de alimentos con glifosato. Esto lo hace el 10% del total. Sin embargo, posteriormete, se notó en otro informe de diciembre de 1985 que  en realidad, uno de esos tumores era del grupo control, no del grupo experimental. Dado este hecho, este último informe de la EPA afirma que no había diferencia significativa entre las incidencias del grupo control y el experimental.

¿Cómo la IARC evaluó el experimento? Solo haciéndole caso al de abril y comparándolo con otro estudio  en el que la incidencia de cáncer en ese experimento fue de 1 ratón CD-1® de 725 en total o 0.13 % (Chandra y Frith).

En palabras simples, lo que hizo la IARC fue ignorar el hecho de que en el experimento al que se refiere la FDA, a los ratones CD-1® les ocurren estas incidencias de cáncer, aun cuando fueran del grupo control. Los resultados muestran que no hubo diferencia estadística significativa entre el grupo control y el grupo experimental. Y así lo reconoce la IARC, pero añade:

The pathology report for these additional sections (EPA, 1985b) indicated the same incidence of renal tubule adenoma as originally reported, with no significant increase in incidence between the control group and treated groups by pairwise comparison. However, as already reported above, the test for linear trend in proportions resulted in a significance of P = 0.016. (353)

Sin embargo, debido a la normativa adoptada para seleccionar el puñado de estudios en relación con el glifosato, ignora por completo un informe de 1993 no publicado, disponible para las autoridades públicas, incluyendo a la OMS (Atkinson et al.), en donde se hizo un experimento semejante. Allí se demostraba que no hubo diferencia significativa entre ratones de grupo experimental y grupo control por consumo de glifosato.

Lo interesante de todo este asunto es que aun cuando se alega que no se tuvo en cuenta a Atkinson et al. por no estar disponible al público, la OMS lo tuvo en cuenta para un informe conjunto con la Organización de Alimentos y Agricultura (FAO) del 2004 y publicado en el 2006. Resume el estudio en las páginas 121-122 y concluye:

Owing to the lack of a dose–response relationship, the lack of statistical significance and the fact that the incidences recorded in this study fell within the historical ranges for controls, these changes are not considered to be caused by administration of glyphosate.

In conclusion, administration of glyphosate to CD-1 mice for 104 weeks produced no signs of carcinogenic potential at any dose. (WHO 122, mi énfasis)

Este informe estaba a su alcance y disponible, aunque no fuera público. ¿Por qué la IARC no utilizó las conclusiones de ese informe de la OMS/FAO?

Además, también hubo una nueva revisión de los datos del experimento al que se refieren los informes de la EPA, y esta agencia estadounidense volvió a radicar un informe en 1986. Allí observó lo siguiente:

This PWG firmly believes and unanimously concurs with the original pathologist and reviewing pathologist that the incidences of renal tubular-cell neoplasms in this study are not compound [glifosato] related. (8, mi énfasis)

Spontaneous chronic renal disease is commonly seen in aged mice. It consists of a spectrum of lesions which may occur individually or in various combinations in any particular kidney. Individual lesions reported by the OP [patólogo original] in this study and listed in his updated report may be components of this complex. Chronic interstitial nephritis, a term used by the OP, is a summary and redundant diagnosis which encompasses several of the individual components and should not be singled out for statistical analysis.

Many animals in this study had proliferative, cystic lesions of the parietal layer of Bowman’s capsule and of the proximal convoluted tubules. Those changes were apparently more severe in control than treated animals.

Based on the review of all high dose and control male kidneys, and the PWG did not observe an increase in incidence of severity of non-neoplastic lesions in the kidney of high dose animals. The PWG concurs with OP that there is no evidence that these lesions were compound [glifosato] induced or related. (9, énfasis del original, mis negrillas)

A pesar de esto, por alguna razón, la IARC, aun citando este informe de la EPA de 1986, se empecina en referirse a una “tendencia positiva” que supuestamente está relacionada con la dosis, aun cuando el grupo de la IARC reconoce que las incidencias de los tumores no son estadísticamente significativas.  (350-353) Y a la luz de otros experimentos, la evidencia sugiere fuertemente que el glifosato no fue la causa de esta “tendencia lineal positiva”, aun si tuviéramos en cuenta el estudio de Chandra et al.
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Segundo alegato

Glyphosate increased pancreatic islet-cell adenoma in male rats in two studies. (Guyton et al. 491)

Additional analyses by the EPA (1991a) (using the Cochran–Armitage trend test and Fisher exact test, and excluding rats that died or were killed before week 55) revealed a statistically significant higher incidence of pancreatic islet cell adenoma in males at the lowest and highest doses compared with controls: lowest dose, 8/45 (18%; P = 0.018; pairwise test); intermediate dose, 5/49 (10%); highest dose, 7/48 (15%; P = 0.042; pairwise test) versus controls, 1/43 (2%). (IARC 360, nuestro enlace añadido; ver también p. 396)

Rata Sprague-Dawley

Rata Sprague-Dawley. Foto cortesía de Jean-Etienne Minh-Duy Poirrier. CC-BY-SA 2.0 Gen.

Sobre el primer estudio en que muestra el incremento de tumores de células de los islotes pancreáticos en Sprague-Dawley™ machos, especialmente uno de ellos que la IARC describe como una “tendencia positiva significativa en incidencias de adenoma hepatocelular”. ¿Es esto indicativo de algo serio?

Muy buena pregunta, a la que la IARC misma responde (¡sorprendentemente!) de la siguiente manera:

The range for historical controls for pancreatic islet cell adenoma reported in males at this laboratory was 1.8–8.5%. [The Working Group noted that there was no statistically significant positive trend in the incidence of these tumours, and no apparent progression to carcinoma.] There was also a statistically significant positive trend in the incidence of hepatocellular adenoma in males (P = 0.016) and of thyroid follicular cell adenoma in females (P = 0.031). [The Working Group noted that there was no apparent progression to carcinoma for either tumour type.] (IARC 350-360, mi énfasis)

En otras palabras, este experimento no cuenta como evidencia de que el glifosato contribuye a la formación de tumores. Cuando nos preguntamos, entonces, por qué la IARC tuvo en cuenta este estudio para clasificar el glifosato como probable cancerígeno, nos sentimos como Lipio.

Lipio

Lipio confundido (De vídeo del Club de Sunshine, cortesía de Tocino.tv)

De hecho, el informe de la OMS/FAO del 2006 también hace referencia a este experimento y concluye de la misma manera que la IARC:

The incidences of this lesion were 1 out of 58 (2%), 8 out of 57 (14%), 5 out of 60 (8%), and 7 out of 59 (12%) in males in the control group and at the lowest, intermediate and highest dose, respectively. The historical-control range for this tumour at the testing laboratory was 1.8–8.5%, but a partial review of studies reported recently in the literature revealed a prevalence of 0–17% in control males with several values being ≥ 8%. More importantly, the incidences of islet cell adenomas clearly did not follow a dose-related trend in the treated groups of males, as indicated by the lack of statistical significance in the Peto trend test. It should be noted that there was also considerable inter- group variability in the numbers of females with this tumour (5 out of 60, 1 out of 60, 4 out of 60 and 0 out of 59 in the control group and at the lowest, intermediate and highest doses, respectively). There was no evidence of dose-related pancreatic damage or pre-neo-plastic lesions. The only pancreatic islet cell carcinoma found in this study occurred in a male in the control group, thus indicating a lack of treatment-induced neoplastic progression. Taken together, the data support the conclusion that the occurrence of pancreatic islet cell adenomas in male rats was spontaneous in origin and unrelated to administration of glyphosate. (WHO 126, mi énfasis)

Pues, ahí quedó la IARC dejándonos muchas preguntas en torno a la consideración de estos experimentos para colocar el glifosato en la clasificación 2A.
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Tercer alegato

A glyphosate formulation promoted skin tumours in an initiation-promotion study in mice. (Guyton et al. 491)

Groups of 20 male Swiss mice [age at start not reported; body weight, 12–15 g] were given a glyphosate-based formulation (glyphosate, 41%; polyethoxylated tallowamine, ~15%) (referred to as glyphosate in the article) that was dissolved in 50% ethanol and applied onto the shaved back skin. (George et al., 2010) … All mice were killed at 32 weeks. Skin tumours were observed only in group III (positive control, DMBA + TPA, 20/20) and group VIII (DMBA + glyphosate, 8/20; P < 0.05 versus
group VI [DMBA only, 0/20]. (IARC 354)

Para explicar lo que dice aquí, consideremos que el experimento del que habla consiste en ocho grupos de ratas Sprague-Dawley® y se expusieron a distintas dosis y combinaciones de sustancias.  Además del glifosato, pusieron a prueba también una sustancia llamada 12-O-tetradecanoylphorbol-13-acetato (TPA), que es un propiciador de tumores, y un cancerígeno llamado, 7,12-Dimethylbenz(a)anthraceno (DMBA). En seis de los casos (incluyendo a aquellos en los que se administró glifosato) no hubo señal de cáncer de la piel.  Solo hubo casos de cáncer en dos de los grupos: el grupo III, que combinaba el DMBA con el TPA y el grupo VIII en el que se combinó el DMBA con el glifosato. La monografía procede a contrastar este último grupo con el VI (en el que solo se administró DMBA). Dado que en el grupo VI no hubo incidencias y en el VIII sí, entonces eso podría querer decir que el glifosato, de alguna manera, produjo el tumor de piel. Nos dicen los autores de la IARC:

The glyphosate formulation tested appeared to be a tumour promoter in this study. (354)

Uno diría, ¡AJÁAAAAA!  ¡FINALMENTE TENEMOS LA EVIDENCIA DE QUE EL GLIFOSATO ES CANCERÍGENO!

Toribio (Kakukómicos)

Toribio (Kakukómicos)

No obstante nuestro regocijo, todo este entusiasmo se desvanece, cuando vemos lo próximo que tiene que decir la monografía.

The design of the study was poor, with short duration of treatment, no solvent controls, small number of animals, and lack of histopathological examination. The Working Group concluded that this was an inadequate study for the evaluation of glyphosate. (354, mi énfasis)

Asi que el valor de este experimento para conocer los efectos del glifosato es exactamente ninguno.
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Cuarto alegato

A second study reported a positive trend for haemangiosarcoma in
male mice. (Guyton et al. 491).

La IARC hace referencia a un experimento reportado en el informe de la OMS/FAO del 2006. (WHO 122-123)  El equipo nota también que hay una tendencia positiva al aumentar la dosis. Sin embargo, nos dice lo siguiente:

In another study reported to the Joint FAO/WHO Meeting on Pesticide Residues (JMPR), groups of 50 male and 50 female CD-1 mice [age at start not reported] were given diets containing glyphosate…. There was an increase in the incidence of haemangiosarcoma in males – 0/50, 0/50, 0/50, 4/50 (8%) [P < 0.001, Cochran–Armitage trend test], and in females – 0/50, 2/50 (4%), 0/50, 1/50 (2%) [not statistically significant], and an increase in the incidence of histiocytic sarcoma in the lymphoreticular/haemopoietic tissue in males – 0/50, 2/50 (4%), 0/50, 2/50 (4%), and in females – 0/50, 3/50 (6%), 3/50 (6%), 1/50 (2%) [not statistically significant for males or females]. (IARC 353, mi énfasis)

Acto seguido nos dice que este informe “es adecuado”. Este es el momento en que nos rascamos la cabeza confundidos.  No nos dice cuál era la edad inicial de los ratones CD-1®. ¿No sería esto pertinente para poder explicar las instancias de hemangiosarcoma? Además, la misma OMS y la FAO nos dicen de este experimento:

Owing to the lack of a dose–response relationship, the lack of statistical significance and the fact that the incidences recorded in this study fell within the historical ranges for controls, these changes are not considered to be caused by administration of glyphosate. (WHO 122)

Así que el glifosato no es responsable del incremento de hemangiosarcoma en los ratones, contrario a la interpretación de la IARC.
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Quinto alegato

Case-control studies of occupational exposure in the USA, Canada, and Sweden reported increased risks for non-Hodgkin lymphoma that persisted after adjustment for other pesticides. (Guyton et al. 491)

Two large case–control studies of NHL from Canada and the USA, and two case–control studies from Sweden reported statistically significant increased risks of NHL in association with exposure to glyphosate. For the study in Canada, the association was seen among those with more than 2 days/year of exposure, but no adjustment for other pesticides was done. The other three studies reported excesses for NHL associated with exposure to glyphosate, after adjustment for other pesticides  (IARC 395)

Es decir, la IARC excluye el estudio de Canadá, pero valida los otros tres. Aquí podríamos encontrar evidencia del alegato central para la calificación de 2A: que hay evidencia  suficiente de que el glifosato produzca linfoma no hodgkiniano (NHL por sus siglas en inglés).  Veamos los tres estudios en cuestión.

Veamos por qué la OMS y la FAO no dicen esto.
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Primer estudio: McDuffie et al.

Este es un estudio canadiense, en el que los autores demuestran de manera limitada que la presencia de NHL de gente expuesta al glifosato era proporcional a la cantidad de glifosato administrada. El estudio dice:

Table 8 shows the frequency of exposure to selected individual herbicides, insecticides, fungicides, and fumigants, stratified by the average number of days per year of exposure. In general, the results of these dose-response analyses are consistent with the exposed/nonexposed findings. Those compounds for which we found statistically significant case-control differences also have elevated ORs based on strata of the variable “days per year of exposure” (mecoprop, dicamba, malathion, DDT, captan, carbon tetrachloride, and sulfur). The
exceptions were 2,4-D, for which there was no dose-response relationship, and glyphosate, which was not significant for exposure but for which we demonstrated a dose-response relationship. (1160, mi énfasis)

Esto de por sí, ya parece importante para su caso.  Sin embargo, cuando examinamos este párrafo atentamente, nos damos cuenta que no se controló debidamente para excluir otros factores. La carencia de control se “justifica” debido a que la exposición no era significativa. Sin embargo, no podemos estar seguros ahora si el glifosato causó el NHL, porque no hubo los debidos controles.

Este fue un serio defecto señalado por el informe OMS/FAO del 2006.

Widely used pesticides, like glyphosate, have recently become a focus of epidemiological research. In the past few years several epidemiological studies have been published that reported weak associations of glyphosate with lymphopoeitic cancers (Nordstrom et al., 1998; Hardell & Erikson, 1999; McDuffie et al., 2001) … However, the results of these studies do not meet generally accepted criteria from the epidemiology literature for determining causal relationships. Generally, the associations were rather weak and rarely statistically significant. Control for potential confounding factors, including other pesticides, was not possible owing to limited available information and small numbers of subjects. It was not measured whether there actually was any internal exposure or the extent of such exposure and, accordingly, a possible dose–response relationship could not be evaluated. (WHO 157, mi énfasis)

En otras palabras, esto debería considerarse evidencia insuficiente del vínculo entre la exposición al glifosato y las incidencias de NHL. McDuffie et al. no puede utilizarse para establecer relación causal.
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Segundo estudio:  Eriksson et al.

Este estudio publicado en el 2008, tiene una muestra extremadamente limitada de  29 exposiciones y 18 del grupo control. Doce personas estuvieron expuestas al glifosato en menos de 10 días y 17 más de 10 días. ¿Resultado? Hubo un incremento de incidencias de NHL a mayor exposición.

¿Cantamos “Eureka”?  Difícilmente.  Primero, la IARC no pudo excluir la posibilidad de la intervención de otros factores, aunque, según esta agencia de salud, el estudio controló para estas variables (IARC 347). Sin embargo, uno de los problemas principales fue que la muestra no era lo suficientemente grande y su exposición era de solo días.  Un informe de la Autoridad de Protección Ambiental de Nueva Zelanda deja muy bien establecido el problema de que estos datos no eran lo suficientemente fiables para establecer con seguridad una relación causal entre el pesticida y el incremento de NHL, ya que los participantes (suecos) variaban en edad (18-74 años). A esta agencia le pareció curioso que la IARC caracterizaba este estudio como un “large study”  sin añadir que la muestra de las exposiciones al herbicida era realmente pequeña. (Environmental Protection Authority 3)  Otros artículos, especialmente uno comisionado por Monsanto, han indicado que el grupo que tuvo más de 10 días de exposición no fue debidamente controlado para considerar otros pesticidas. También señalan que hay un prejuicio sistemático en dicho estudio, debido a que cada uno de los pesticidas evaluados fue relacionado con el NHL, algo que es improbable (Acquavella et al. 36).

En resumen, la IARC parece intentar usar Eriksson et al. como evidencia “satisfactoria” de que puede haber un vínculo causal entre el glifosato y el NHL, a pesar de que tiene serias deficiencias y no fue debidamente controlado. Eriksson et al. es un estudio grande y que considera distintos persticidas (como afirma la IARC), pero cuando trata del glifosato como tal, la muestra es demasiado pequeña y no hubo los debidos controles.
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Tercer experimento: De Roos et al. (2003)

Este es un estudio que examinó el efecto de 47 pesticidas, entre ellos, el glifosato. (De Roos, “Integrative”) ¿Cuántas personas formaron parte de las muestras? Eran 36 personas y 69 controles, en los que se detectó una diferencia en NHL. (5)  Una vez más, estamos ante exactamente el mismo problema de Eriksson et al., la muestra es demasiado pequeña para inferir una relación causal. Nos dice la IARC:

The strengths of this study when compared with other studies are that it was large,  population-based, and conducted in farming areas. Potential confounding from multiple exposures was accounted for in the analysis.  (336, 346)

¡¿Otra vez?! No hay duda de que el estudio abarca un gran número de la población. Sin embargo, en lo que concierne específicamente al glifosato, la muestra no es tan grande. De hecho, es ínfima. ¿Por qué en esta ocasión la IARC no reconoció, como en otras ocasiones, que la evidencia en este caso era limitada?

¿Qué hace falta entonces? Algo que Anneclaire J. De Roos y sus colegas se dieron cuenta, pero que, por alguna razón, la IARC no:  que hace falta un estudio de cohorte. Es decir, hace falta estudiar una población sustancialmente grande (cohorte), con los debidos controles, para conocer el efecto de una sustancia específica sobre dicha población. Por eso, llevó a cabo otro estudio publicado en el 2005. (De Roos et al., “Cancer Incidence”)

Este es un artículo muy importante debido a que los estudios de cohorte se consideran de mayor calidad, y más cuando están debidamente controlados. El escrito tiene en cuenta los datos de una población de 57,311 personas (agricultores) ¿Pudo De Roos encontrar relación entre el glifosato el NHL?  Veamos lo que dice el resumen:

Glyphosate exposure was not associated with cancer incidence overall or with most of the cancer subtypes we studied. (49)

El texto aclara que no hay asociación alguna entre el glifosato y el NHL (52).

Nota aparte: Ahora bien, no se puede ignorar un pequeño detalle de ese estudio: hubo un pequeño número de casos de mieloma múltiple (MM). De Roos y su equipo señalaron qur el estudio sugiere tal asociación, pero también notó que el número de casos no es lo suficientemente significativo para enlazar al pesticida con la enfermedad. Además, menciona que el MM es muy común en la práctica de la agricultura. Los autores recomendaron más investigación en cuanto a esta posibilidad (De Roos et al., “Cancer Incidence” 51-53). Finalmente, en una respuesta a un estudio comisionado por Monsanto, estos mismos autores afirmaron que los estimados de casos de MM eran informativos, pero no eran precisos. Por ende, el proyecto de la Agricultural Health Study (AHS), que recopiló los datos en cuestión, debía atemperarse para ver si había alguna vinculación causal (Burstyn y De Roos). Dicho estudio de la investigación salió recientemente el año pasado y no encontró asociación alguna entre el glifosato y el MM (Andreotti et al., 515).

Volviendo a la monografía de la IARC, esta tiene como referencia a De Roos 2005 (331, 335) y correctamente decide no incluir los casos de mieloma múltiple por ser una evidencia muy limitada. Es más (y esto sorprende), coincide con un análisis hecho por un estudio comisionado por Monsanto (of all people!) sobre los problemas de asociar el glifosato con el MM (IARC 335). Sin embargo, se olvidó (¿convenientemente?) de que este estudio de cohorte no halló vínculo alguno entre el glifosato y el NHL. Por ser de cohorte, se supone que este estudio tenga prioridad sobre el estudio de De Roos et al. del 2003, pero sorprendentemente la IARC no da este paso. ¿Por qué?

Es un asunto bien curioso, porque aunque no cita la fuente, también hace referencia al experimento de cohorte en su comunicado de prensa y la IARC dice explícitamente que este experimento no halló evidencia alguna de enlace causal entre el glifosato y el NHL. (Guyter et al. 491)
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Conclusión en cuanto al trato de la IARC a los tres experimentos

La evidencia provista por todos estos tres estudios es seriamente limitada y no pueden usarse para establecer vínculo alguno entre el glifosato y el NHL.  En todos los casos, inexplicablemente la IARC falla en señalar que los estudios son limitados o que hay unos de mejor calidad que no encuentran evidencia alguna de relación causal entre el glifosato y el NHL.

Si están irritados por esto, lamento informarles que el colmo está por venir.
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Sexto alegato

One study reported increases in blood markers of chromosomal damage (micronuclei) in residents of several communities after spraying of glyphosate formulations. (Guyter et al. 491)

Bolognesi et al. (2009) studied community residents (137 women of reproductive age and their 137 spouses) from five regions in Colombia…. The frequency of micronucleus formation in peripheral blood lymphocytes was significantly increased, compared with baseline levels in the same individuals, after aerial spraying with glyphosate-based formulations in each of the three regions. (IARC 365-366)

One of these studies examined chromosomal damage (micronucleus
formation) in circulating blood cells before and after aerial spraying with glyphosate-based formulations and found a significant increase in micronucleus formation after exposure in three out of four different geographical areas (IARC 397)

Esta vez no soy yo el que va a refutar este alegato.  Dejaré que el autor principal del estudio, Keith R. Solomon, lo diga en una entrevista en la que vehementemente declaró sobre la IARC:

They stated there was evidence of genotoxicity and they quoted one paper to support that statement … There’s no evidence that glyphosate is genotoxic…. They (IARC) got this totally wrong. They said the study showed there was a relationship…. It’s certainly a different conclusion than the one we came to. (Mi énfasis. Véase también el resumen del estudio).

¡Ouch!

Vergüenza ajena

¿Pero de dónde sale entonces que la IARC interpreta esto como evidencia “suficiente” para clasificar al glifosato como 2A?  Para empeorar la situación, la misma IARC nos indica por qué Solomon y su equipo llegaron a la conclusión opuesta. Se trata del estudio de una comunidad colombiana que fue afectada por la aspersión de glifosato en plantaciones de coca.  ¿Están preparados para ver cómo la IARC interpreta los resultados? Respiren hondo …

… the increase in frequency of micronucleus formation observed immediately after spraying was not consistent with the rates of application used in the regions, and there was no association between self-reported direct contact with pesticide sprays and frequency of binucleated cells with micronuclei. (IARC 366)

¡¿Qué ca…rayos le pasa a la IARC?!
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Conclusión

Podemos resumir la evidencia acumulada por la IARC en cuanto a los estudios presentados y evaluados:

  • Utiliza el criterio de posible peligrosidad (hazard), pero no mide el grado de riesgo (risk) de las sustancias evaluadas.  Por ende, el público y funcionarios gubernamentales se desorientan en torno a si una sustancia tiene un nivel de genotoxicidad significativo o si el riesgo para la población es ínfimo.  Esto de por sí es un problema a la hora de establecer una sana política pública.
    .
  • La IARC ignoró experimentos que fueron considerados previamente válidos por la OMS y la FAO supuestamente porque no estaban públicamente disponibles. Esto le llevó a contar como positivo el incremento de incidencias de cáncer en unos animales de laboratorio.
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  • La IARC parece haber ignorado los informes del organismo del que forma parte, la OMS, que llegaba a conclusiones distintas a la de su monografía.
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  • Por esa misma razón, la IARC descartó la colección más amplia en torno al glifosato, documento que fue forjado por El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania.
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  • La IARC inexplicablemente contó como “suficiente” los estudios o colecciones de datos que utilizaron muestras pequeñas o no debidamente controladas.
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  • En un caso específico, prefirió un estudio más deficiente a expensas de uno de cohorte.
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  • La IARC contó como “suficiente” evidencia de probable  genotoxicidad un estudio que llegó a la conclusión opuesta.

¡No en balde la comunidad científica y las agencias reguladoras a nivel mundial estuvieron furiosas ante las conclusiones de la monografía!

¿Qué movió a la IARC a actuar de esta manera? Ese será el tema de nuestro próximo artículo de nuestra serie.

Fun fact:. ¿Sabían ustedes que la monografía de la IARC descartó el experimento de Séralini y dijo que era muy deficiente? (355)  Le dedico este “Fun fact” a todos aquellos que, para mostrar que el glifosato es “altamente tóxico”, utilizan simultáneamente el experimento de Séralini y la monografía de la IARC “como evidencia”.

Referencias

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Bolognesi, C. et al. “Biomonitoring of Genotoxic Risk in Agricultural Workers from Five Colombian Regions: Association to Occupational Exposure to Glyphosate”. Journal of Toxicology and Environmental Health. Part A, vol. 72, núms. 15-16, 2009, pp. 986-997. doi: 10.1080/15287390902929741.

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La FDA aprueba el arroz dorado

Instituto Internacional de Investigación del Arroz

Logotipo del Instituto Internacional de Investigación del Arroz

Hoy, el Instituto Internacional de Investigación del Arroz (IRRI por sus siglas en inglés) comunicó a la prensa que, en Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Drogas (FDA) ha aprobado, para el consumo, el arroz dorado, un transgénico que produce β-caroteno, un antecesor de la vitamina A. Este comunicado se dio al recibir una carta de la FDA fechada el 24 de mayo de 2018 (ayer) en la que afirma que, a partir de la evidencia que se tiene y ha dispuesto IRRI, no hay problemas de seguridad para su consumo humano o animal (en caso que estuviera presente en sus alimentos).

El arroz dorado es un producto transgénico que produce β-caroteno con el objetivo de que provea a sus consumidores vitamina A. El público asiático más pobre consume el arroz, por su abundancia en ese continente y su bajísimo costo. Sin embargo, tal alimento solo le provee de carbohidratos, pero no muchos nutrientes. Como resultado, sin acceder a mejores alimentos nutritivos, muchos caen en la deficiencia de vitamina A (DVA), llevándoles (especialmente a los niños) a la ceguera y, más adelante, la muerte. Por el momento, hay diversos programas de desarrollo de alimentos con β-caroteno o vitamina A como nutrientes, para aliviar el problema a nivel mundial, específicamente Asia y África.

De la producción del nutriente, el arroz obtiene su aspecto “dorado”.  Debido a que esta es una iniciativa humanitaria, las compañías que tienen patentes sobre las tecnologías usadas para crearlo,han renunciado a ellas para permitir su producción por parte de agricultores que generen $10,000 estadounidenses o menos. Ellos podrán sembrarlo gratuitamente y guardar sus semillas si así lo desean.

Arroz dorado

Arroz dorado (Foto cortesía del International Rice Research Institute)

Este arroz no ha estado disponible en el mercado en gran medida por la oposición de ciertos grupos ambientalistas, tales como Greenpeace. La comunidad científica en general ha reaccionado en contra de su actitud intransigente e irracional. Al presente, hay 131 premios Nóbel que le han solicitado que desista de su activa obstaculización para la investigación y disponibilidad de este alimento. A esto se añaden cerca de 12,700 científicos y ciudadanos (entre ellos, este servidor) que apoyan esta iniciativa. Por lo pronto, la Food Standards Australia-New Zealand ha sido la otra agencia que ha dado un paso para hacerlo disponible en Nueva Zelanda y Australia. A medida que pasen los años, veremos la EFSA y otros organismos semejantes hacer lo mismo.

Lo triste de toda esta historia es que el arroz se podrá hacer disponible primero  en aquellos países en donde no se necesita.  El público asiático todavía no tiene acceso a este importante alimento.  Esperemos que pronto, las potencias asiáticas, especialmente India y China, comiencen a aprobar el mercadeo de este transgénico y así abra las puertas para su adopción por otros países tales como Bangladesh, Malasia y Filipinas.

El glifosato, Monsanto y el más reciente escándalo de la IARC – 1

OMS y Roundup

Logotipo de la Organización Mundial de la Salud. A la derecha, galones de Roundup (Cortesía de Mike Mozart en Flickr, CC-BY 2.0)

Declaración de conflictos de intereses: Este artículo no fue financiado por empresa alguna. A tono con lo que decimos en la sección del “Propósito del portal“, no hay conflictos de intereses asociados a este escrito.

mamyths

Campaña Marcha Contra Mitos. http://www.mamyths.org/

El uso del glifosato como yerbicida ha penetrado en todas las esferas de nuestra vida. Esto no se debe al amplio uso en la agricultura debido a la siembra de productos resistentes a glifosato (entre ellos, los cultivos Roundup Ready® de Monsanto), sino también en cuanto a su uso por parte de los gobiernos y personas privadas con el propósito de mantener espacios libres de malezas.

Sin embargo, para el año 2015, una rama de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC por sus siglas en inglés) dio a conocer al público que clasificaba al glifosato como 2A, es decir, como probable carcinógeno para los seres humanos.

La reacción de muchos sectores del público se dejó sentir, especialmente los ambientalistas, partidos verdes, “alternativos” y de izquierda en general. En Puerto Rico, nutricionistas como Vilma Calderón, candidatos a la gobernación como María de Lourdes Santiago, partidarios del Partido del Pueblo Trabajador, sectores del Partido Popular Democrático y algunos del Partido Nuevo Progresista se han expresado por esta y otras razones en contra del uso del glifosato por parte de los municipios y del gobierno para lidiar con las malas hierbas. Los argumentos en contra de esta prácitca van desde pésimos, ignorantes y torpes criterios toxicológicos (e.g. que el glifosato es altamente tóxico porque originalmente se utilizó para limpiar tuberías), hasta alegatos de que causa autismo, depresión, obesidad, diabetes, celiaquía… y todos los males del universo (algo que hemos refutado) y, ahora, “probable cancerígeno”.

Por otro lado, algunos de ellos y otros afines ideológicamente han lanzado ataques ad hominem a cualquier persona que apoye el uso del glifosato, como un “pagado por Monsanto”. En muchos casos, se le imputa inmerecidamente sin que brote de la frente de la persona ni una sola gota de sudor en investigar si realmente la persona vende sus servicios a la compañía.

Más recientemente, en el año pasado (2017), una organización antiOGM y que milita por etiquetar productos transgénicos llamada U.S. Right to Know (USRTK) publicó en su portal cientos de páginas de correspondencia electrónica y otra documentación conocida como los “Papeles de Monsanto” (Monsanto Papers) donde pretende demostrar que efectivamente Monsanto “sabía” que el glifosato podía ser genotóxico y que no había seguridad plena de que no lo fuera. Estos Papeles son producto de un caso que se ha llevado a un tribunal de California acusando a Monsanto de que su producto Roundup® produjo limfoma no-Hodgkin a cerca de 2,000 personas (cerca de 300 demandas consolidadas en una). Este juicio está ante el juez de distrito Vince Chhabria para determinar si realmente las autoridades reguladoras y la misma compañía han investigado, analizado y publicado la evidencia concerniente al glifosato y su presunta asociación con este tipo de cáncer.

En estos Papeles publicados, se puede ver que ejecutivos de Monsanto hablaban de pagarle a científicos independientes o escribirles artículos para que ellos pusieran su nombre en él, lo que se conoce en la jerga en inglés como “ghostwriting“.

Irónicamente, esa misma evidencia entre otros factores han hecho que se descubriera que los científicos de la IARC tenían intereses financieros (e ideológicos) que también pudieron haber influenciado su opinión, como veremos en el último artículo de esta serie.

Científicos de ambos lados se han embarrado en todo este proceso. El propósito de esta serie es descubrir (hasta donde nos es posible) lo que ha ocurrido en estos dos últimos años al respecto. En esta primera parte, vamos a hacer un recuento histórico de lo ocurrido. En la segunda parte, le echaremos un vistazo crítico a la monografía publicada por la IARC. La tercera parte consistirá en ver las posibles razones externas al escrito en torno a las conclusiones de la IARC y las consecuencias del escrito a nivel mundial. Toda esta crónica revela una batalla corporativa de ambos lados, que desean influenciar o distorsionar la evidencia científica a su favor.
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El consenso actual de la comunidad científica en cuanto al glifosato

Hay más de 2,700 estudios en torno al glifosato. Aquellos de cohorte debidamente controlados, las revisiones científicas y los metaanálisis de esta literatura coinciden en que no hay evidencia alguna de que el glifosato sea genotóxico, (vean también este artículo de 1999, este del 2008este del 2012, este de 2015, este de 2016,  este del 2017 y el más reciente estudio de cohorte independiente publicado el año pasado), convicción que comparten prácticamente todas las agencias de seguridad alimentaria del mundo (no solo la Agencia de Protección Ambiental federal) que han llevado a cabo muchas de estas revisiones (e.g. la EFSA con su estudio, la Agencia de Químicos Europea,  el Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania y Health Canada).

Para colmo del asunto, la OMS no está de acuerdo con su rama, la IARC. Según el informe conjunto del 2016 de la OMS y de la Organización de Alimentos y Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), no hay evidencia alguna de que el glifosato sea genotóxico.

Los activistas antitransgénicos apelan constantemente (como un mantra) al famoso experimento de G.-E. Séralini en que “demuestra” que la ingestión de glifosato y OGMs le produjo tumores a ratas Sprague-Dawley®. Los científicos en general no estuvieron impresionados. ¿Por qué? Aquí lo explico con más detalles.

La ciencia en este caso, es sólida, pero esto no significa que no hayan habido malas mañas de ambos lados en este combate.
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Trasfondo de la controversia

Logo Roundup Ready Corn

Logotipo del maíz Roundup Ready, distribuido por la compañía Monsanto.

El glifosato ha sido objeto de disputas por mucho tiempo. Varias razones se han esgrimido, pero podemos simplificarlas a dos:

  • Su asociación con la empresa Monsanto, tanto la antigua como la nueva. Aunque no fue la compañía la que descubrió el glifosato, sí fue la dueña de su patente por muchos años, beneficiándose de su venta. No solo eso, cuando se fue convirtiendo en una agroindustria y descubrió las bacterias que descomponían el glifosato en el suelo, logró descubrir el material genético que hacía propicia esa característica y, vía transgénesis, pudo generar cultivos resistentes a glifosato; de ahí las semillas Roundup Ready®.
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  • Ciertos estudios preliminares con animales, incluyendo algunos hechos por Monsanto, parecían indicar que el glifosato era cancerígeno (1985). Cuando la Agencia de Protección Ambiental (EPA) federal se retractó de ello, muchos comenzaron a sospechar de la influencia de Monsanto en cuanto a esta decisión. Cuando la IARC publicó su monografía, proliferaron relatos de cómo Monsanto persuadió a dicha agencia a “suprimir” esta información importante. Esta narrativa fue impulsada por el grupo Food Democracy Now. Varias otras organizaciones antitransgénicas se basaron en ella (aquí está su informe).

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La revisión de la EPA de 1985

Nuestra saga no comienza en el año 2015, sino en 1985, cuando la EPA evaluó dos experimentos hechos con ratas Sprague Dawley® y ratones CD-1® y concluyó que había evidencia muy limitada de que el glifosato causaba cáncer. No podemos exponer aquí todos los detalles de los experimentos en cuestión, pero resumiremos los resultados y la interpretación de los científicos de la EPA  en cuanto al experimento que nos concierne. El estudio, que involucraba una muestra 198 ratones CD-1®, detectó un aumento significativo de cáncer especialmente intestinal y en otros órganos.

Sin embargo, contrario a lo que han hecho recientemente otros científicos, la EPA tuvo en cuenta que la dosis de glifosato dada a ellos era inadecuada para el estudio (4,500 mg/kg/día). Los tumores renales que se veían en las ratas podían provenir de otras toxinas no carcinógenas presentes en sus órganos y concluyó (contra la interpretación de Monsanto) que había evidencia muy limitada de que el glifosato aumentara ligeramente las incidencias de cáncer en ratas machos. Por ello, la EPA había clasificado al glifosato como Grupo C (es decir, posible cancerígeno).

Sin embargo, al año siguiente, tras consultar con varios expertos, la EPA determinó que no había asociación alguna entre el glifosato y las incidencias de cáncer en las ratas.  Tras experimentos adicionales (por ejemplo, véase el informe de 1990) y varias algunas revisiones (véase esta de 1991), la EPA concluyó que al glifosato había que clasificarlo en el Grupo E (es decir, no había evidencia clara de que fuera carcinógeno). Experimentos y revisiones subsiguientes han apoyado estas conclusiones (Williams et al. 2016, pp. 3-4). Esto incluyó tanto a la Comisión Europea como a agencias de salud canadienses y la OMS (EPA, 1993, 2013; European Commission, 2002; Health and Welfare Canada, 1991; Health Canada, 2015; WHO, 1994).

Ahora bien, se podría argumentar que la interacción de Monsanto con la EPA influyó en el proceso decisional de dicha agencia. El problema con este argumento es que ya para entonces, el hecho de que hubiera agencias internacionales de reputación que apuntaban en la misma dirección demostraba la mayor probabilidad de que la EPA había llegado a la conclusión correcta.

A pesar de ello, esto se ha interpretado por los activistas y grupos antiOGM como “evidencia” de cuan lejos pueden llegar los tentáculos de la empresa Monsanto.
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Informes y metaanálisis desde el 2000 y el 2016

En el año 2000, se publicó un informe (Williams et al., 2000) en torno a los efectos del glifosato sobre los seres humanos. Entre otras cosas, el estudio hace toda una revisión científica de la literatura y encuentró lo siguiente:

  • No hay preocupación alguna en cuanto a la toxicidad del glifosato para los seres humanos.
  • La absorción del glifosato por parte del sistema digestivo humano es ninguno y su totalidad es expulsada por el cuerpo humano.
  • Los mejores experimentos con animales han demostrado repetidas veces que el glifosato no se bioacumula.
  • El glifosato por sí solo o en combinación con los demás químicos del Roundup® no daban señal alguna de ser genotóxicos.
  • No hay evidencia alguna de su impacto en la reproducción y desarrollo de los seres humanos y animales cuando se consideran las dosis presentes en los alimentos.
  • Varios experimentos han mostrado que no es disruptor endocrino.
  • Roundup® no constituye amenaza alguna al ser humano.

Sin embargo, los grupos antiOGM cuestionaron este informe. Su objeción principal era la presencia y las actividades de uno de los autores, Gary M. Williams, del Departamento de Patología del  New York Medical College, Valhalla. Su nombre aparece en los Papeles de Monsanto, que son particularmente valiosos para ambos grupos (a favor y en contra de los OGMs) como veremos en otro artículo. Sin embargo, sí revela algo que es muy importante para los consumidores y es la intención de Monsanto en el 2015 de “escribir informes” para que científicos llamados “independientes” los publicaran a favor del glifosato.

De esta discusión, no hay lugar a dudas. Véase el intercambio de mensajes electrónicos en este documento, página 203, donde un ejecutivo de Monsanto decía lo siguiente:

An option would be to add Greim and Kier or Kirkland to have their names on the publication, but we would be keeping the cost down by us doing the writing and they would just sign their names so to speak. Recall this is how we handled Williams Kroes & Munro 2000. (Mi énfasis)

Esto también parece lanzar sombra en torno a la revisión científica del 2016 en la que él participó (Williams et al., 2016).

Aunque esto puede ser considerado por algunos “a smoking gun” de que Monsanto escribió un informe en el que Williams (y compañía) le pusieron la firma, se puede dudar este alegato. El colegio de medicina donde Williams labora afirma que llevó a cabo una indagación al respecto y no encontró evidencia de que Monsanto escribiera el informe del 2000. Por razones de privacidad, el colegio ha decidido no divulgar los detalles de la investigación.

Aunque tal medida es comprensible, esta falta de divulgación y el que Williams rehúse hablarle a la prensa, crea duda en la opinión pública sobre la integridad de dicha investigación. Esta preocupación del público no es irrazonable. Por otro lado, en lo que concierne a la revisión científica del 2016, Williams no fue el único que participó, también estuvo acompañado de otros científicos independientes y formó parte de uno de cuatro paneles de expertos que ponderaron en torno a los resultados de la IARC en relación con el glifosato, y muchos de ellos no están ligados a Monsanto financieramente. Es extremadamente dudoso que el artículo en cuestión sea casi una copia al carbón de algo escrito por la corporación.

Otro científico que fue mencionado en los Papeles (y que citamos) es David J. Kirkland, toxicólogo que participó en William et al., 2016 y quien niega rotundamente haber sido pagado o sometido algún estudio escrito por la compañía. Según él, no pondría en juego su prestigio llevando a cabo tal movida a favor de una corporación. No obstante sus negaciones, también quedó manchado ante la opinión pública.

Finalmente, está Dr. William Heydens y otros expertos de Monsanto, que dijeron haber participado en la redacción de Williams et al., 2000. Sin embargo, Heydens describió el proceso de la siguiente manera:

I made some minor editorial contributions to that 2000 paper that do not mount to the level of a substantial contribution or an intellectual contribution and, thus, I was only recognized in the acknowledgements and not as an author, and that was appropriate for the situation. …It was things like editing relatively minor things, editing for formatting, just for clarity, really just for overall readability to make it easier for people to read in a more organized fashion.

Esta caracterización es algo muy lejos de “ghostwriting“, pero con testimonios como ese, persisten las dudas. La compañía publicó un comunicado negando que sus empleados hayan escrito sustancialmente el documento.

Otro nombre que apareció, pero en relación con otro trabajo escrito, fue el de Ellen Chang:

Per our phone call with John the other day, the next two most important things that we need to do are the Meta-analysis publication and the Ag Health Study Follow-up publication, assuming we can get our hands on the data in a reasonable timeframe. I feel confident that we will have organizational support for doing these projects, so I think we need to start setting them up now.

For the meta-analysis, please contact Elizabeth, let her know we would like her/Ellen to do this, and get a cost estimate from her.

Efectivamente, Chang publicó el metaanálisis en el 2016. El problema con este señalamiento es que tanto Chang como su colega Elizabeth Detzell fueron honestas en la declaración de conflictos de intereses: el metaanálisis fue financiado por Monsanto, las dos han laborado contratadas como un servicio de consulta, y que la inclusión de las sugerencias de la corporación quedaba a discreción de ellas. En ningún momento alegaban que el estudio era independiente. Su reputación, pues, queda incólume y la aceptación del metaanálisis por parte de la comunidad científica puede ser testimonio de su imparcialidad. De hecho, el metaanálisis no se mantuvo oculto y se publicó en una revista académica arbitrada, libremente disponible y a la vista del público. Allí incluye la metodología utilizada, los criterios para filtrar los artículos bajo escrutinio, su discusión, etc. Su conclusión es plenamente consistente con revisiones científicas hechas por gobiernos y por científicos independientes de todo el mundo.

Es interesante que los objetores del glifosato no hayan combatido el contenido mismo de este escrito, sino más bien su financiación. Contrario a la malicia de cierta gente, no deberíamos empezar preguntándonos quién financió un estudio, sino buscando las fallas en un artículo. Por ejemplo, algunos científicos han publicado estudios en contra de una antropogénesis del cambio climático, se han mostrado las fallas notables de sus análisis y entonces se interrogó sobre quiénes los financiaron (la industria petrolera). La financiación no determina que un estudio “en principio” está mal, sino solo indica la posible motivación de la aparición de ciertas fallas claves para llegar a una conclusión equivocada.

Finalmente, tenemos que incluir otras aserciones de miembros dentro de la misma empresa. Este es el caso de la toxicóloga de Monsanto, Donna Farmer. Ella es la persona de la empresa que se encarga de estudios de seguridad y toxicidad de sus productos. En los Papeles aparece ella diciendo las siguientes palabras:

… you cannot say that Roundup does not cause cancer-we have not done carcinogenicity studies with “Roundup”.

Logo de Monsanto

Logotipo actual de Monsanto

Parecería que no hay nada más qué decir en torno al tema y que Monsanto nunca hizo los estudios de genotoxicidad del glifosato. Esta aseveración se convirtió en el “Field Day” en la prensa estadounidense y de otros países. Sin embargo, los Papeles también incluyen una entrevista que se le hizo en torno a esta aserción. Ella señala allí que no estaba hablando del glifosato, este solo es un ingrediente del producto Roundup®, sino de una serie de sulfactantes que acompañan el controversial químico. Monsanto no había hecho los estudios pertinentes en torno a los sulfactantes, por lo que no podía decir a ciencia cierta que Roundup® no fuera de alguna manera carcinógeno. Sin embargo, nos dice que ella no creía que los sulfactantes lo fueran.

Por otro lado, en los mensajes electrónicos, ella reconoció que los sulfactantes no eran biodegradables (aunque el glifosato sí lo fuera) y que la recomendación de la Comisión Europea para su probición no se debía a problemas de seguridad, sino a asuntos políticos en Europa (véase páginas 85-94 de este documento). En este último caso, el alegato es plenamente plausible, ya que la Comisión Europea se ha visto varias veces confirmando la seguridad de los alimentos transgénicos, convicción que ha sido ignorada por el Parlamento Europeo y varios de los países miembros por razones puramente políticas (véase nuestra discusión al respecto aquí). La posibilidad es bien fuerte de que la Comisión haya recomendando su prohibición por razón de presiones políticas, no de evidencia científica.

Esta controversia con Monsanto tampoco no es el único. Tras la publicación de los Papeles y la posible intervención indebida de la compañía en el quehacer científico, esta acusación de “ghostwriting” tuvo peso a la hora de la decisión de un juez de Fresno de autorizarle al estado de etiquetar productos transgénicos tratados con glifosato. Eso se debe a que aparentemente vio que un regulador de la EPA fue convencido de la falta de toxicidad del químico debido al documento de Williams et al., 2000.

Toda esta saga todavía no ha terminado en California.
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La controversia continúa con acusaciones de plagio

El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania

Logotipo de El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania

El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania (BfR) se vio “embarrado” también con el tema, especialmente gracias al artículo de Williams et al., 2000. Esto se debe a que es hoy día, la institución es sospechosa de haber plagiado de la solicitud a la EFSA por parte de Monsanto para el relicenciamiento de su producto RoundUp®, específicamente las secciones del informe del BfR:

  • B.6.4.8
  • B.6.5.3
  • B.6.6.12

Según un analista experto en plagio, Stefan Weber, parece que su informe rendido a la EFSA, para relicenciar el glifosato para su uso de Europa, plagió datos en cada una de estas secciones, ya que citó directamente del texto de Monsanto y el artículo en discusión sin hacer la debida atribución. Esto violenta la normativa misma de la agencia europea de regulación de alimentos. Según Weber, esto puede indicar que BfR podría estar ocultando el verdadero origen de los datos. He aquí su análisis.

Esto ha causado el revuelo esperado en un caso tan contencioso como este. El 22 de septiembre del año pasado (2017), la EFSA lanzó un comunicado reafirmando la calidad del informe rendido. Afirma que estos pasajes alegadamente plagiados son parte de un dossier que contiene una revisión y evaluación del producto hechos por la compañía, combinados con los artículos arbitrados pertinentes (entre ellos Williams et al., 2000). Según es uso y costumbre, el texto del dossier es el punto de partida de la revisión y evaluación hecha por los organismos reguladores tales como la EFSA y deben aparecer en el informe. De hecho, la EFSA señala que es en la revisión del organismo público evaluador incluye tachaduras, modificaciones y comentarios, evaluación que se lleva a cabo de manera independiente de la compañía solicitante.

Por otro lado, el BfR también negó la acusación de plagio, diciendo lo siguiente:

Both in Europe and worldwide, it is a standard and recognised practice in assessment procedures not only in the area of plant protection products for assessment authorities to also integrate relevant passages from submitted documents in their assessment reports following critical review. The subdocuments of the assessment report therefore also contain text passages of this kind from publicly available literature sources that were submitted by the applicants as part of the legally required literature research. This is also evident from the headings of the various chapters and sections.

En otras palabras, el BfR hizo lo que siempre se ha hecho en estos casos y es partir del dossier de la compañía y evaluarlo críticamente. Esto implica el rechazo de ciertas partes del dossier (cuando aparece con tachaduras) y la introducción de artículos adicionales en torno al tema en cuestión (tal como indica Weber). Este procedimiento que es entendido como estándar en la comunidad científica, no constituye plagio porque es un entendido en la comunidad científica en torno a la práctica.
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Reflexión

Todo este relato conlleva la discusión de un tema serio y es la interacción entre la industria con la academia y las ciencias. Bajo cualquier estándar, en muchos sentidos, hoy el proceso de discusión científica en todos los campos es más transparente que en cualquier momento en el pasado. Sin embargo, eso no implica que se hayan desterrado completamente las oscuridades de antaño.

Lo que esta experiencia nos demuestra es que, ante la opinión pública, parece que ocurrió una intervención indebida y antiética de parte de Monsanto en la discusión y debates científicos en torno al glifosato. La evidencia disponible lo sugiere muy fuertemente y dada la negativa de algunas de las personas implicadas a aclarar los asuntos, el público queda en la oscuridad de información en torno a lo acontecido. Una corporación no debe preparar documentos que se presenten como independientes, y aquel científico que diga que dicho documento es suyo, compromete muy seriamente su credibilidad. Eso no significa que no se consulte debidamente en ocasión de aclarar algunos puntos importantes, que es lo que alegan Monsanto y Kirkland.

Ahora bien, aun asumiendo lo peor, que hubo una intervención indebida hasta el punto de un “ghostwriting“, ¿quiere decir esto que los datos ofrecidos en estos estudios son malos? Nadie se ha detenido a pensar esta pregunta. ¿Es que Monsanto intentó “ocultar” la verdadera información en torno al glifosato como carcinógeno? La evidencia que muestra USRTK con sus Papeles es rotundamente negativa. La intervención indebida de la compañía, si ocurrió como alega USRTK, se debió a una preocupación por su marca comercial RoundUp® y sus productos transgénicos resistentes a glifosato. Sin embargo, en vez de “ocultar” información, lo que demuestran los Papeles es un esfuerzo de mayor exposición de los datos genuinos en torno al producto y que fueran aceptados por la comunidad científica. Véase las páginas 88-90 del PDF que hemos discutido y en el que USRTK no ha hecho el debido énfasis (mis comentarios entre corchetes[]):

I didn’t find anything on the Australian site either …however take this question S. It is not Roundup that is taken up it is glyphosate. It stops the synthesis of 3 amino acids (they are used to make proteins) and this “process” is also found in microbes and fungi. (p. 88)

[Esto es 100 % correcto, lo que hace el glifosato es detener la síntesis de tres aminoácidos en ciertas plantas: la fenilalanina, la tirosina y el triptófano.]

Thanks Neil. Honi has already have pointed out the flaws in the studies, but there can’t be any harm in doing so again. Studies on the safety of Roundup is a good approach, but I believe there are also some on glyphosate’s benefits for the environment (even if the surfactant is not biodegradable). It’s a shame the Scott’s guy is blaming us too!! (p. 89)

[Como ya indicamos, ellos indican que no hay estudios sobre los sulfactantes como posibles cancerígenos y resaltan que el glifosato es biodegradable y beneficioso al ambiente, aunque los sulfactantes no lo sean.]

The reporter has printed the correct information that “Glyphosate is biodegradable but the surfactant is not”. However, then she goes into a sensationalism mode quoting “studies” that suggest Roundup is not safe, which is probably derived from her interview of the Fremantle activist. I feel the response to FH needs to reiterate that her statement on biodegradability is correct, reiterate that Roundup is safe (and
provide references), and if there are flaws in any of the studies quoted, point out these flaws. (p. 89)

[En otras palabras, estos empleados de Monsanto no están diciendo que es cierto que el glifosato no es biodegradable y que RoundUp es carcinógeno. Lo que están diciendo es que el reportaje al que se refieren tenía información correcta, pero tenía mala información en cuanto unos estudios que cita dicho artículo. Una vez más, en ningún momento vemos que el personal de Monsanto está “ocultando” información.]

En otras palabras, los empleados de Monsanto creen en su producto. No quieren diseminar información incorrecta al público.

Entonces, ¿por qué tanta planificación de respuesta a un artículo de periódico? La respuesta es sencilla. Es una mezcla entre paranoia y relaciones públicas. No sería una exageración decir que Monsanto es la compañía más demonizada del mundo. No perdamos de perspectiva que, como toda corporación, su fin es maximizar sus ganancias al menor costo posible. Desde esta perspectiva, la compañía deseaba salvar su marcas comerciales RoundUp® y RoundUp Ready®, especialmente cuando este último es su mayor fuente de ingresos debido a la venta de transgénicos. Por ende, quiere atajar la publicación de los resultados científicos en torno a su producto RoundUp®, especialmente en relación con el glifosato, que es el ingrediente activo del yerbicida. Insistimos, los datos son genuinamente científicos y veraces, el medio para hacerlos públicos es la fuente de nuestras dudas.

Estrategias como esta y otros tipos de interacción entre el mundo comercial y el científico deben ser temas discutidos constantemente en el ámbito de la bioética y la ética empresarial. Aunque en este caso particular, el propósito de Monsanto de diseminar información correcta en torno al glifosato era buena, el medio escogido para ello no lo fue. Además, en el futuro, esta y otras corporaciones podrían decidir diseminar información incorrecta e inconveniente para sí.

Hay un aspecto que debe tenerse en cuenta también en cuanto a lo que concierne a Monsanto y al BfR. El mundo ha cambiado debido al desarrollo del ciberespacio, eso significa varias cosas:

  1. Ya no se puede continuar asumiendo que los textos científicos van a permanecer detrás de una muralla solo para la torre de marfil de los expertos. Hoy día, hay que suponer que el público va a leer los informes en cuestión. Eso significa que tanto los propulsores como detractores de la tecnología, sean conocedores de las ciencias o no —estos últimos grandes manipuladores de la opinión pública, como veremos más adelante—, van a acceder de una forma u otra a estos tipos de informes.
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  2. La comunidad científica, especialmente las editoriales de revistas académicas, deben discutir muy seriamente cómo publicar estudios haciendo las debidas advertencias al público y a la prensa.  Por ejemplo, si sale un comunicado de prensa sobre un estudio preliminar, resaltar el carácter preliminar de dichos estudios y no tomarlos como evidencia firme. En casos como las publicaciones del BfR, se debe orientar a los lectores en torno al proceso de evaluación de los dossier corporativos para que no ocurran malentendidos.
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  3. Aun con todo lo mencionado, siempre va a haber gente que por razones financieras o ideológicas falsee la opinión científica. En tales casos, es menester que hayan científicos disponibles para la prensa, que se dediquen una parte sustancial de su tiempo exclusivamente para mantenerse al día en torno a temas controversiales y hacerse disponibles para el público: prensa, conferencias, entre otros. También tienen que ir acompañados de un fondo que les provea defensa legal de algunos intereses, especialmente de los asociados a defender a los divulgadores científicos de ataques de organizaciones anticientíficas. Gente como Jeffrey Beall o David Gorski, o blogs como Science-Based Medicine y otros han tenido que enfrentarse a todo tipo de demandas debido a ello.

Sobre este último punto, no puedo hacer mayor énfasis. Necesitamos que los científicos salgan de sus laboratorios y que interactúen con el público y la prensa. La labor informativa de las mejores voces que la ciencia debe ofrecer tiene que estar lo más accesible posible al público y este lo va a agradecer. Tres grandes ejemplos de ello han sido Kevin Folta (blog y podcast) y Kenneth R. Miller en los Estados Unidos y José Miguel Mulet en España e Hispanoamérica.

Ya se han ido para siempre los días en que los académicos podíamos encerrarnos en nuestra torre de marfil (o peor, nuestro archipiélago de marfil). No es suficiente publicar en revistas académicas, sino también en blogs, vlogs, vídeos, charlas, libros, publicidad, etc. y de una manera que el público pueda entender.

Si no se tienen cuenta estos puntos bien importantes, sucede como ocurrió con la monografía del IARC del 2015 y su abuso por parte de grupos antitransgénicos. En nuestro próximo artículo, evaluaremos críticamente una sección de ese escrito y por qué la comunidad científica se indignó ante su evaluación del glifosato hasta el punto en que el organismo madre, la OMS, rehusó hacerle caso.

Esa sección  involucra, no solamente una intervención indebida de una industria en el quehacer científico, sino también conflictos de intereses y, muy especialmente,  falseamiento del panorama del cúmulo de la evidencia científica. La falta del sector antiOGM es mucho mayor que la de Monsanto en relación con el tema del glifosato.
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Referencias

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Aumenta el número de ganadores del Nóbel contra acciones de Greenpeace

nobelvgreen

Hace dos años publicamos una entrada sobre una carta firmada por 110 ganadores del Premio Nóbel solicitándole a Greenpeace que cesara sus ataques contra el arroz dorado. Este es un transgénico que produce β-caroteno, un antecesor de la vitamina A. El objetivo es el de proveer a los asiáticos pobres de un alimento asequible que les nutra con vitamina A. Hoy día se enferman, quedan ciegas y mueren cientos de miles de personas alrededor del mundo por carecer del nutriente.

Arroz dorado

Arroz dorado (Foto cortesía del International Rice Research Institute)

Recientemente, se añadieron otros diecinueve otros laureados, elevando el número a 129. A medida que va pasando el tiempo, Greenpeace empeora su imagen pública y está irreparablemente manchada ante la comunidad científica internacional. Estas 129 firmas son testimonio de ello y están en armonía con el consenso a nivel internacional de las ciencias en torno a la seguridad de los alimentos modificados por ingeniería genética. Aun con todo y los obstáculos de ciertos grupos, el arroz dorado estará disponible en Australia y Nueva Zelanda. Esperamos que este sea un buen comienzo para mejorar la salud y salvar la vida de muchas personas alrededor del mundo con ingeniería genética.

Reflexión para el año 2018: elementos para un programa de país desde la razón y las ciencias (Opinión al día, v. 08012018)

Nuevas: Gracias a unas personas que se han tomado la gentileza de leer nuestro escrito han provisto una serie de críticas, algunas que fueron bien recibidas. Se ha modificado este artículo a la luz de sus recomendaciones. No tengo el permiso para revelar sus nombres, pero les agradezco con toda mi alma comunicar su parecer. Obviamente, ellos no necesariamente se solidarizan con todo lo que dice el escrito.

 

Bandera de Puerto Rico

En Puerto Rico hemos elegido varios caminos que nos han llevado a la ruina actual. El huracán María no fue la autora de nuestra condición sino que ha puesto al descubierto toda la ralea que subyacía en nuestro país. He aquí un pequeño resumen de ella:

  1. La relación colonial que existe entre Puerto Rico y Estados Unidos nos ha dejado a merced de la voluntad del gobierno estadounidense, actualmente dominado por el Partido Republicano en sus ramas legislativa y ejecutiva.
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  2. La segunda desgracia de Puerto Rico es que en cuanto a asuntos medulares del país, nuestro liderato es incapaz de ponerse de acuerdo en algo … en lo que sea … en un momento de emergencia y prevalece la dinámica intra e interpartidista por encima del bienestar puertorriqueño. Si hay una legislatura PNP y un gobernador PPD, hay “gobierno dividido” (2005-2008 bajo Aníbal Acevedo Vilá). Si hay una legislatura PPD y un gobernador PPD, entonces hay “gobierno dividido” (2012-2016 bajo Alejandro García Padilla). Y, como en la actualidad, si hay una legislatura PNP y un gobierno PNP, también hay “gobierno dividido” (y no quiero discutir la distancia entre el ejecutivo y la Comisionada Residente). No hay esperanza de una acción conjunta para llevar al Congreso un solo mensaje de qué queremos.
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  3. La tercera desgracia es el bochorno de la corrupción, asunto que ha explotado a nivel internacional con el escándalo de la contratación de Whitefish.  De eso no necesitamos abundar mucho. Por los lugares recónditos de la Milla de Oro y en otros lugares particularmente cercanos a Fortaleza, el Capitolio y las alcaldías llevan a cabo el tipo de inversionismo político que desemboca en este tipo de contratos cuestionables.
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  4. La cuarta desgracia es que a pesar de que los puertorriqueños coincidamos en la mayoría de los remedios para la situación económica y política del país, la dinámica social nos reduce a la política chiquita “de cafetín” (como diría el Lic. Ignacio Rivera). Esto nos condena a dos cosas: 1. a no tener fijo un programa de país que no esté sujeto a los vaivenes partidistas y 2. a una desestabilización perpetua de la economía del país … con todo lo que eso conlleva, incluyendo el crecimiento de la pobreza, la emigración, el desempleo y la criminalidad.

En este blog tenemos la misión de mirar todos estos temas de manera crítica, escéptica, racional y científica. Sin embargo, con todo ello, nadie tiene la verdad agarrada por el mango y todos estamos sujetos a nuestros prejuicios de uno u otro grado. No obstante, debemos contribuir al menos pensar un nuevo país.

Sin pretender ser exaustivo ni ofrecer todas las respuestas o incluso acertar en todo, he aquí algunas de nuestras sugerencias.

Aclaración: Lo que sigue es un artículo para la discusión. No pretende tener todos los elementos que deberían entrar en juego ni tener la razón en todo. Gran parte de lo que se expone está fuertemente respaldada por evidencia científica. Otra parte intenta acertar (lo mejor informadamente posible) en torno a ciertos asuntos, pero puedo fallar en el intento. En suma, esta es la perspectiva de un filósofo puertorriqueño y no más que eso.

El estatus

En la radio suelen pulular ciertos llamados “infantes brillantes” de la política que se exasperan cuando se habla del tema del estatus, especialmente en lo que concierne a la economía. La solución, dicen ellos, no tiene nada que ver con el estatus; todo lo que hay que hacer es invertir en la educación, tal como hizo Singapur … y … “¡ya está!” Para que se entienda nuestra respuesta a este planteamiento “genial”, quiero recordar al padre de la economía política, Adam Smith cuando nos decía en el capítulo 3 de su fabulosa obra La riqueza de las naciones que la división de trabajo depende en gran medida de la extensión del mercado. Un corolario de esta tesis es que mientras mayor es la extensión del mercado, más oportunidades aparecerán para la creación de empleos.

Globo terrestre

Decía José de Diego que Puerto Rico forma parte de la bola del mundo. Esto era cierto para principios del siglo XX y también hoy día cuando prevalece un mayor rompimiento de fronteras mediante lo que suele llamarse “globalización”. Muchos de los primeros pensadores puertorriqueños decimonónicos se adelantaron a su tiempo. El ideal de la Confederación Antillana es un antecesor de ciertas ideas que se han estado discutiendo en Latinoamérica en relación con el Caribe. Este planteamiento que tomaba la forma de confederación política era respaldado por Ramón Emeterio Betances, Eugenio María de Hostos y el mismo De Diego. Además, contrario a la mayoría de los políticos puertorriqueños actuales, los iluminaban los principios de la Ilustración, de la razón y las ciencias.

A pesar de ello, no fue por ahí que se desenvolvió la historia y no repetiré lo que ocurrió en Puerto Rico a nivel económico, social y político. Otros ya lo han hecho (Dietz; Irizarry Mora; Catalá Oliveras, Promesa rota). Puerto Rico ha tenido una vida centenaria bajo el coloniaje, primero bajo España y después bajo Estados Unidos. Dominados por este último desde 1898, su relación política fue definida con la aprobación de la Ley Foraker en 1900 y ha dictado la pauta de estos últimos 117 años.  A pesar de que los dos partidos políticos mayoritarios de entonces, a saber el Partido Federalista de Muñoz Rivera y el Partido Republicano de Barbosa, eran estadoístas, Estados Unidos decidió que Puerto Rico sería un territorio no incorporado. Como en todo, esta decisión del Congreso de los Estados Unidos se debió a una interacción de diversos intereses económicos, culturales y políticos. Tal proceso que desembocó en esta propuesta antidemocrática implica que Puerto Rico no es parte de, pero sí perteneciente a los Estados Unidos (Downes v. Bidwell 182 US 244 (1901)). El más reciente episodio que confirma una vez más de que ese sigue siendo el caso fue la reciente aprobación en el Congreso de la reforma contributiva republicana que considera a Puerto Rico como país foráneo para propósitos contributivos. La mal llamada “extensión” de la ciudadanía estadounidense no mejoró para nada ese tipo de relación colonial y sin esperanza alguna por la estadidad.

Entre 1898 y 2017 solo hubo un periodo de oro (1945-1995), pero sostenido por una economía puramente artificial. En la esfera política, el Congreso aprobó la Ley 600, por la que Puerto Rico pasó de ser un territorio no organizado a un territorio organizado. Se aprobó una “constitución” de avanzada local, pero que no estrictamente hablando la ley suprema de Puerto Rico. La “más que manda” es la constitución estadounidense, la misma que se rige por la famosa “Cláusula Territorial”. Evidencia de ello es la creación de una Junta de Supervisión Fiscal cuyos poderes son superiores a los de este gobierno precisamente por designio del Congreso de Estados Unidos.

A nivel económico, se creó todo un programa de atracción de capital estadounidense con Operación Manos a la Obra y que utilizó como herramienta principal la sección 931 del Código de Rentas Internas federal, que eximía a empresas estadounidenses del pago por contribuciones sobre ganancias en su territorio. Esto culminó en la sección 936, que eximía no solo sobre ganancias en Puerto Rico, sino también su repatriación a su compañía matriz. Esto le dio a nuestro archipiélago un oasis de prosperidad y urbanización desde mediados de los años cuarenta hasta los años noventa. Este esquema tiene poco que ver con el “bienestar” de los puertorriqueños sino a los intereses estadounidenses, especialmente en el contexto de la Guerra Fría.

Sí, es cierto que la educación universitaria y su atracción de las mejores cabezas de América Latina y España posibilitaron el avance intelectual y tecnológico que estimuló la economía del país, pero, contrario a lo que alegan infantes dotados en la radio, esa no era la única estrategia económica. Tal sugerencia no tiene en cuenta los siguientes factores:

  1. Para todos los efectos, en los años cuarenta, cuando comenzó el despegue de la inversión económica de Estados Unidos en Puerto Rico, nuestra metrópoli no tenía rival económico alguno fuera de la Unión Soviética. Europa y Asia estaban devastadas por la Segunda Guerra Mundial.
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  2. No habían en esa época tratados de libre comercio que otorgaran libre acceso al mercado norteamericano. Aun en los cincuenta y sesenta, el número de estos tratados era bajísimo.
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  3. Durante los años 30 y 40, en parte por razones militares y de dominio, Estados Unidos invirtió en infraestructura lo que permitió la posterior extensión de la energía eléctrica, acueductos y carreteras para toda la isla grande (véase la literatura al respecto en Rodríguez Beruff, Strategy; Rodríguez Beruff y Bolívar Fresneda).

Esta situación posibilitó dicha inversión y permitió por muchos años el eslogan del Partido Popular Democrático en torno al Estado Libre Asociado (ELA): mercado común, moneda común, defensa común y ciudadanía común.

Ya ese eslogan es totalmente inválido ante la realidad de la globalización:

  • Mediante el rompimiento de las fronteras económicas, hoy hay una complejísima red de tratados de todo tipo que permiten el libre comercio entre países y, por ende, el libre flujo de capital: la Unión Europea, NAFTA, CAFTA, la Unión Africana, el BRICS, la Organización de Cooperación de Shangái, Mercosur, UNASUR, AFTA, etc. Además, países como Chile, Perú, Singapur y otros, tienen tratados de libre comercio con Estados Unidos. En el caso de República Dominicana, no solo tiene libre acceso al mercado estadounidense, sino también es objeto de inversión china y tiene libre acceso al mercado europeo. El mismo Dr. Joseph Stiglitz en la Universidad de Puerto Rico que nos dijo que la creación de NAFTA fue un gran shock económico para Puerto Rico.
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  • La Unión Europea tiene el euro como moneda de cambio. Panamá y Ecuador tienen el dólar estadounidense como moneda oficial. Argentina tuvo el dólar como moneda oficial y cuando no le convino volvió a su actual peso argentino. Sin embargo, como afirmaba el Dr. Joseph Stiglitz en la Universidad de Puerto Rico, estar atado a una moneda que no se controla es un gran problema para las finanzas locales. Esto también ha sido señalado como un problema por otros economistas (Collins, Bosworth y Soto-Class 20, 29).
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  • Estados Unidos tiene tratados de defensa con varios países del mundo.
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  • Debido a los tratados de libre comercio que se han establecido a nivel mundial, el asunto de la ciudadanía se ha flexibilizado, aun en el caso tan conservador como el de Estados Unidos. Ya la doble ciudadanía o más se están volviendo cada vez más comunes. Así lo reconoce la jurisprudencia estadounidense (Kawakita v. United States, 343 US 717 (1952)).

Ante este panorama el ELA ha sido un rotundo fracaso. Por todo lo mencionado, Puerto Rico no puede competir efectivamente a nivel global. Si lo que quiere su máximo desempeño en el mercado tiene que trabajar con el asunto del estatus. Puerto Rico en este momento no tiene en sus manos las variables económicas fundamentales para su revolución económica. En el presente, el gobierno federal domina: seguro social, retiro, servicio militar, moneda, inmigración, emigración, zonas de desastres, concierto de tratados políticos, militares o económicos, cabotaje, poder arancelario, regulaciones de bancos, puertos, comunicaciones (televisión, telefonía, internet), política contributiva, salario mínimo, política exterior, entre otros.

Todo esto nos ha impedido insertarnos de manera efectiva en los mercados mundiales, por lo que quedamos cada vez más aislados del mundo, incluyendo el mercado estadounidense. Se nos hace cada vez más difícil atraer capital por tener competencia con países como Singapur e Irlanda.  Nuestra exportación se ve paulatinamente reducida en la medida que muchos países del mundo han adquirido libre acceso al mercado que nos dábamos el lujo de lucirnos de que teníamos un “exclusive“. La ley de cabotaje contribuye sustancialmente al problema, costándonos desde una cantidad de $700 millones hasta, de acuerdo con la economista Rosario Rivera, cerca de $1.5 mil millones al año.

No hay acceso a los mercados y se nos cierran oportunidades, lo que significa que el problema del desempleo se agravará.

A pesar de ello, entre muchos líderes populares, hasta otros “analistas” que andan por ahí diciendo que lo del estatus es secundario … que primero hay que hacer a Puerto Rico rico (perdonando la redundancia) y después hablar del estatus. Sin embargo, después de ver este panorama del lugar cada vez más marginal que ocupa nuestro archipiélago en el mundo por falta de poderes, ¿me pueden decir en serio que el estatus es puramente secundario? ¿En serio? ¿”El estatus no tiene nada que ver”, pero Estados Unidos nos impide ir a la quiebra o forjar una ley de quiebras local? ¿”El estatus no tiene nada que ver”, pero el Congreso utiliza su poder para imponer por encima de nuestra Constitución una junta fiscal para que le paguemos a los bonistas?… ¿pero que tenemos que ir al Congreso para solicitarle beneficios especiales para “salvar” nuestra economía (ni tan siquiera para estimularla)?

Mientras tanto, la Comisionada Residente recibió el puertazo en sus narices recientemente por parte de una mayoría republicana congresional ante la propuesta de considerar a Puerto Rico “doméstico” como una manera de colar la estadidad por la cocina. La Comisión de la Igualdad (un Plan Tenesí “wannabe“) está silente y predecimos que este organismo no logrará nada. Los plebiscitos no han sido más que un mal gasto de dinero. El Congreso insiste en tratar a Puerto Rico como un país foráneo. A esto combínese la aserción del Presidente Donald Trump en su visita a Puerto Rico en que decía sin el menor signo de bochorno que los puertorriqueños le cuestan a los Estados Unidos. Esto no pinta bien ni para el estadoísmo ni para los que abogan por un ELA con “unión permanente”. Por otro lado, el independentismo y el libre asociacionismo, ambos abogados por la soberanía separada, están en una posición minoritaria y sumamente dividida. Sobre esto, la periodista Wilda Rodríguez ha dicho más que suficiente al respecto y en unas partes de su artículo da en el clavo:

Ese ha sido nuestro talón de Aquiles. Que no nos podemos explicar la independencia desde aplacar las necesidades de la gente, sino desde nuestra retórica intelectual del socialismo y el patriotismo, que puede ser bastante lúgubre.

Cuando nos piden explicar cómo sería la economía en la república no podemos responder con un tratado de economía. Tenemos que hablar en arroz y habichuelas y no lo hemos sabido hacer porque nos empeñamos en explicar primero lo que es la lucha de clases y el neoliberalismo. En que hagan primero profesión de fe contra el coloniaje y por la muerte del tirano. Cuando llegamos a la respuesta concreta ya el paisano está roncando o se nos ha ido del lado.

Un país sumido en la desesperación, en gran parte por el problema del estatus encuentra el inconveniente de divisiones incluso dentro de los partidos y las ideologías políticas. Cuando se va al Congreso de los Estados Unidos, la respuesta (o mejor dicho, la excusa) es siempre la misma: “Pónganse primero ustedes de acuerdo y después vengan a hablar del estatus.” Lo más cercano a una solución a este problema es una Asamblea de Estatus (o una Asamblea de Pueblo) que sirva de mecanismo negociador con el Congreso de los Estados Unidos para que el mudo hable claro en torno a las opciones que está dispuesto a darle a Puerto Rico. Esta es una idea que debe fomentarse y explicarse bien en “arroz y habichuelas” al pueblo, no solo hacerle ver cómo el problema del estatus afecta cada esfera de su vida, sino que se le explique esta herramienta jurídica procesal, para empujarla al liderato de los partidos grandes (ambos sumamente reacios a llevarla a cabo). Coincido con la periodista Rodríguez de que esto debe hacerse en coordinación política con los boricuas que residen en Estados Unidos. De otra manera, el Congreso no tomará este asunto en serio.

Es importante recalcar que si se hace o no de acuerdo al Derecho Internacional en cada detalle no debe ser pretexto para una movida política potencialmente importante para la descolonización de Puerto Rico. El purismo en los movimientos políticos raras veces ha llevado a algo productivo.
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Política energética

NuScale

Representación de una central nuclear modular NuScale (Fuente: NuScale Power).

Cualquier interés por resolver problemas energéticos debe mirar el tema desde un lente genuinamente científico. Se debe forjar una red que provea energía estable y barata. Uno de los graves problemas que nos impide atraer más efectivamente capital extranjero es el costo de la electricidad. Es claro que no importa el programa futuro para la energía eléctrica, habrá una transición a dos cambios fundamentales de la energía eléctrica: la creación de microredes y la transición a gas. En cuanto a lo primero, el huracán María ha revelado lo ineficiente que es la estructura centralizada actual, por lo que la creación de microredes será un gran adelanto.

Por otro lado, todos están de acuerdo desde hace más de una década de que Puerto Rico debería llevar a cabo su transición de petróleo a gas como fuente energética principal. En opinión de los ambientalistas, la provisión de gas es mucho más eficiente tanto energética como ambientalmente, pero debe ser en todo caso una medida temporera (con esto estamos totalmente de acuerdo). El consumo de gas no despide el nivel de gases de invernadero del carbón o del petróleo, además de que no contamina tanto el ambiente y su extracción es relativamente segura. Sin embargo, eso no lo detiene de despedir gases de invernadero a la hora de consumir, pero recordemos también el problema de coladeros de metano, un gas de invernadero peor que el bióxido de carbono.

De lo que claramente discrepamos de nuestros amigos ambientalistas es en cuanto a la futura transición de gas a “energía renovable”. Depende de la energía renovable que estemos hablando. El uso de plantas hidroeléctricas y quema de biomasa pueden ser algo prometedoras, aunque en el caso de esta última, depende de cuál biomasa y el grado de contaminación del ambiente. Los paneles solares son buenos para reducir consumo de combustibles fósiles en algunos lugares individuales, tales como Casa Pueblo. Compañías grandes como Google quieren depender de tecnología solar, pero usando ineficientemente grandes espacios para ella.

Desde un punto de vista ecomodernista queremos reducir lo mejor posible los espacios de actividad humana y maximizar los de la naturaleza. El problema de la intermitencia eólica y solar, además del enorme costo de las baterías de resguardo y su intermitencia es que su mantenimiento de todo el sistema es todavía bastante costoso y ocupa mucho espacio que de otra manera serían para dejárselo a la naturaleza. En Puerto Rico sí debe haber lugar para todas estas opciones. Lugares como Vieques y Culebra se beneficiarían con energía de viento y placas solares. Sin embargo, para el nivel de alta demanda energética del país, no solo de individuos sino de áreas industriales y centros comerciales, esto claramente no es suficiente.

Puerto Rico necesita moverse del gas a una coordinada red de renovables y otras fuentes energéticas que estén respaldadas con energía nuclear. También debemos considerar la exploración de fuentes geotermales, pero la tecnología ha avanzado hoy lo suficiente como para considerar la nuclear como más viable económicamente y la más segura. Como hemos visto en nuestro artículo sobre el fracaso del programa alemán de apagar todas las plantas y sustituirlas por renovables, el no tener en cuenta esta importante fuente de energía contribuye al consumo de carbón y otras fuentes de gases de invernadero. A finales del año pasado, un economista alemán de alto calibre, anunció el fracaso inevitable del Energiewende. El otro caso de ello es California, cuya insistencia en cerrar plantas nucleares le ha llevado a consumir más carbón, muy a pesar de su inversión en renovables.

En la revista Forbes en su versión cibernética, se ha hecho una muy buena sugerencia de ir pensando en utilizar en un futuro las plantas modulares que pronto podrían ser autorizadas por agencias federales tales como las de NuScale Power. Este tipo de planta está habilmente diseñada para utilizar la física como motor de la energía nuclear mientras que simultáneamente es su salvaguarda en caso de cualquier incidente (terremoto, huracán, etc.) que afecte el servicio eléctrico. En otro artículo hablamos de los detalles de esta planta. Para todos los efectos, es un reactor a prueba de accidentes nucleares.

 

Bajo este régimen libre de gases de invernadero y con una reducción considerable de contaminantes al medio ambiente, podríamos utilizar carros eléctricos sin preocuparnos por sus efectos al medio ambiente.

Una estrategia como esta, podría no solo convertir la red de electricidad de Puerto Rico en una de las más estables, sino que también su bajo costo podría hacerlo más atractivo para el capital foráneo, más rentable para los negocios locales y (¡quién sabe!) nos podría convertir en mejores exportadores de energía eléctrica. En este aspecto, deberíamos seguir la pauta dejada por Francia, en vez de imitar los intentos fracasados de Alemania y California. Además, debemos explotar mejor a PrepaNet para que compita más efectivamente en el mercado tanto local como internacional.

Nevis y Monserrat, más pequeñas que Puerto Rico han iniciado proyectos de energía geotermal. Algunos amigos han sugerido explorar esa alternativa seriamente. Sin embargo, se debe ver el asunto de su rentabilidad. Establecer energía termal en esas islitas no es demasiado costoso ya que están en zonas volcánicas, no así Puerto Rico. Algunos plantean el nivel de electricidad derivada de energía termal en el futuro sería muy bajo.
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Agricultura

En Puerto Rico, el sector agrícola vive sus momentos más difíciles, especialmente cuando el huracán María arruinó áreas agrícolas en el 2017. A pesar de ello, desde mucho antes de los efectos del meteoro, la agricultura del país se ha enfrentado a tres serios obstáculos para su desarrollo. El primero es la entrada cada vez mayor de productos de Latinoamérica y de otros lugares al mercado estadounidense y otros gracias a los tratados de libre comercio. El segundo, es un buen sector del pueblo que subestima el valor de la producción agrícola para las necesidades alimentarias de Puerto Rico. El tercero, son sectores políticos que desean rechazar y demonizar ciertas formas de tecnología que podrían ser beneficiosas para los agricultores y el medio ambiente.

Estos últimos desean regresar a momentos de antaño en que todo el mundo vivía más feliz, estable y saludable. Desgraciadamente, las estadísticas no favorecen esta interpretación del pasado, especialmente los que tienen que ver con la longevidad promedio en Puerto Rico. Hoy comemos mejor y tenemos mejor salud que en cualquier otro momento de nuestra historia.

Promedio de Expectativa de Vida - Puerto Rico (Imagen cortesía del Banco Mundial)

Promedio de Expectativa de Vida – Puerto Rico (Imagen cortesía del Banco Mundial)

Además, la lectura de La charcaGarduña de Manuel Zeno Gandía y La resaca y La llamarada de Enrique Laguerre (solo varios de muchísimos ejemplos de la literatura puertorriqueña) aclarará cualquier duda en torno a cuan “felices” éramos en el pasado. Es más, el retorno “a la naturaleza” sin electricidad ni vida urbana que ha representado estos últimos meses ha deteriorado el ánimo de los puertorriqueños, hasta el punto que varios han ido a otros países (especialmente Estados Unidos) donde sí hay electricidad. Cualquier retorno a las condiciones del siglo XIX sería objetivamente detrimental para los puertorriqueños.

Aquí abogamos por políticas con base en evidencia científicamente cualificada y, si se puede, con  base en  el consenso de la comunidad a nivel internacional. He aquí lo que la evidencia cientifica nos tiene que decir al respecto:

  • La Revolución Verde (siguiendo la pauta establecida por José Miguel Mulet, la segunda y tercera revoluciones verdes) ha salvado la vida de miles  de millones de personas alrededor del mundo, un logro que desafía las predicciones malthusianas más pesimistas (Mulet, ComerTransgénicos). Hoy día están muriendo de hambre cerca de 800 millones de personas, pero sin la Revolución Verde hoy estarían muriendo 2.1 mil millones (Lacadena 422). Esto no significa que todo sea perfecto, ya que algunos pesticidas y fertilizantes producidos a nivel industrial crean problemas de salud y al medio ambiente (piénsese en las zonas muertas del golfo de México). Sin embargo, sin la Revolución Verde, la devastación natural hubiera sido mucho mayor a la hora de alimentar la humanidad.
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  • Hay un consenso muy bien establecido en las ciencias que la agricultura orgánica no es muy productiva, que no añade valor nutricional significativo a los alimentos y que es imposible escalarlo sin  dañar muy buena parte de la naturaleza. La segunda revolucion verde ha logrado achicar el tamaño de la tierra necesario para los cultivos en  general, dándole así mayor espacio a la naturaleza, algo que es positivo  desde nuestra perspectiva ecomodernista. Contrario a lo que muchas veces se repite en línea, la ONU no favorece la agricultura orgánica para el futuro en gran medida por las razones ya estipuladas. Experiencias recientes con los alimentos orgánicos revela que su rendimiento es significativamente menor, por lo que para alimentar la población mundial actual se requeriría más inversión energética y mayor consumo de recursos naturales (véase este ejemplo en que rehusar utilizar ciertos pesticidas sintéticos implica mayor consumo ineficiente de agua y no es la primera vez que ocurre en Hawaii). Ambos factores siempre implicarán mayores costos para los consumidores que los alimentos producidos por la agricultura convencional. En caso de “acaparar el mercado”, la producción orgánica inevitablemente cerrará la puerta alimentaria a millones de personas y veremos la cifra de 800 millones de hambrientos subir considerablemente. Además, el uso de composta contribuye al cambio climático, ya que suele liberar metano. Aun así, algunos  sectores políticos del país  desean repartir tierras para uso “agroecológicos” y fomentar las cooperativas agrícolas. Aunque no nos oponemos en principio a medidas como esta, debemos tener cuidado de aprender de experiencias similares en otros países. De eso hablamos en otra entrada de este blog.
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  • Como definimos en  otro  artículo, cuando hablamos de organismos  genéticamente  modificados (OGMs) nos estamos refiriendo a los alimentos transgénicos y a los que se han modificado por ARNi. El consenso científico es  firme en que no hay evidencia alguna de que los OGMs sean menos seguros que los alimentos convencionales. Aun cuando tenemos claros casos de enfermedades y muertes registrados a nivel global debido a los alimentos orgánicos (véase el caso de la llamada “Crisis del Pepino“), el total de animales y de seres humanos enfermos o muertos que han sido afectados por el consumo  de OGMs no ha despegado de cero. En lo que concierne a la agricultura, el testimonio de la inmensa mayoría de los estudios, metaanálisis y revisiones científicas que se han hecho dan testimonio de que ha sido para mejor. En general, los OGMs han representado mayor eficiencia de de uso de terreno en cuanto a inversión de energía y rendimiento. Además, el testimonio de la inmensa mayoría de los agricultores es que ha mejorado su calidad de vida por varios factores: el aumento de ingreso económico neto que representa el mayor rendimiento, la reducción de pesticidas (especialmente insecticidas), el uso de pesticidas menos tóxicos (yerbicidas como el glifosato), la mejora en  salud, entre otros factores. En la India (donde irónicamente se alega que hay suicidios por los transgénicos), hay mayores índices de mejoría de vida: los agricultores producen más y adquieren más terrenos, sus hijos pueden ir a la escuela, comen más, etc.
    Agricultores de algodón Bt vs. los de algodón no-Bt

    Agricultores de algodón Bt vs. los de algodón no-Bt (Fuente: Qaim y Kouser, “Genetically” 2).

    Se puede constatar precisamente esto mismo a nivel mundial en los países llamados “en vías de desarrollo”.

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    Beneficio para los agricultores pobres

    Beneficio para los agricultores pobres (Klümper y Qaim, “A Meta-Analysis” 5)

    Ejemplo de ello también lo vemos con los cultivos de berenjena transgénica, que aumentó el ingreso de sus cultivadores en Bangladesh mientras que lograron reducir el uso de pesticidas por un 80 % o más.  Lo mismo se puede decir de la papaya transgénica (la Papaya Rainbow) que salvó la industria hawaiiana, sin hablar de la vida económica de los agricultores que habían sido devastados por un virus. Además, con la eficiencia de manejo de energía del cultivo de transgénicos, se ha podido evitar la emisión de cerca de 26.2 mil millones de kilogramos de bióxido de carbono a la atmósfera, lo que sería equivalente a evitar las emisiones de 11.9 millones de carros por un año (Brookes y Barfoot).
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    Todo esto indica que Puerto Rico debe usar la mejor tecnología disponible, incluyendo OGMs, CRISPR-Cas9 entre otros (mutagénesis inducida, hibridación, selección artificial, etc.) si desea exportar productos agrícolas lo más baratos posible (dada la realidad de la ley de cabotaje y la feroz competencia en el mercado estadounidense a nivel mundial) mientras que, simultáneamente le proveemos mejor ingreso para nuestros agricultores e impactamos menos el medio ambiente.

Sobre esta última sugerencia, espero muchas respuestas, especialmente de parte de la izquierda política y grupos ambientalistas. Algunos de ellos nos invitan a mirar a otros países. Pues, hagamos eso mismo. Bajo el gobierno de Lula da Silva de Brasil y de los Kirschner en Argentina, ambos gobiernos de izquierda convirtieron a sus respectivos países en potencias mundiales en relación con los alimentos modificados por ingeniería genética. De hecho, son las dos potencias mundiales de exportación agrícola provenientes de transgénicos después de Estados Unidos.

Países productores de OGMs en el 2016

Países productores de OGMs en el 2016 (ISAAA 5-6).

Recordemos también que la prensa cubana exageraba un poco cuando describía a los transgénicos como el genocidio de nuestros tiempos (¡¿?!) y se ha vendido la idea de que Cuba era un país que ha tenido “éxito” con la agricultura orgánica. Irónicamente era el país cuya población mayoritaria favorecía a los transgénicos (el 79 %, Paarlberg cap. 1) y es uno de los países que más invierte en biotecnología, incluyendo los transgénicos, gracias al Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología en la Habana  (véase esta noticia, esta, esta y esta). Después de que el presidente boliviano Evo Morales se pronunció por una Bolivia “libre de transgénicos”. También aprovechó la ocasión para hacer declaraciones homofóbicas como, por ejemplo, que los transgénicos eran responsables de la homosexualidad y la calvicie. A pesar de estas afirmaciones tan bochornosas ganándole el repudio internacional, firmó una ley contra los transgénicos. Sin embargo, ahora se discute en Bolivia la vuelta a la siembra de OGMs debido a los bajos rendimientos de la producción de cultivos no transgénicos. Aun con todo, la ley no era efectiva y señal de eso es la exportación de $1.2 millones en cultivos transgénicos en Bolivia (vea la tabla arriba). Tampoco le ha impedido firmar un acuerdo con Rusia para la creación de un reactor nuclear para la modificación genética de alimentos vía mutagénesis inducida y otros propósitos. Por cierto, también contempla la futura creación de plantas nucleares para proveer energía eléctrica. Bajo el gobierno de Rafael Correa se elevó a nivel constitucional una prohibición de alimentos transgénicos en Ecuador, decisión por la que se arrepintió. Ninguna de estas decisiones de estos gobiernos es un misterio; Correa nos dice al respecto.

Dejo fuera el tema de la desastrosa política antitransgénica de Venezuela para pasar a otras discusiones.

Para hacer una política realmente productiva en el área de la agricultura, parece necesaria una aproximación impositiva sobre terrenos baldíos para estimular el uso más eficiente de estos. Esto, en combinación con medidas inteligentes y no fundamentalistas de cuido de terreno que podemos aprender de los mundos convencional, orgánico y agroecológico, se pueden utilizar todo tipo de alimento genéticamente modificado (cualifiquen como OGMs o no), especialmente para atender los problemas más importantes de nuestros agricultores. Además, debemos incentivar la siembra de alimentos con mayor aporte calórico (esto me lo señaló una amiga agrónoma). Finalmente, no podemos excluir la siembra de organismos modificados genéticamente para la producción de medicamentos y vacunas.

En muchos casos se habla de la “soberanía alimentaria” como un eslogan que se utiliza en contra de compañías como Monsanto, Dow, Syngenta, etc. Este término se ha convertido en un concepto más propagandístico que otra cosa. Sembrar orgánico o agroecológico no nos va a dar “mayor soberanía” sobre nuestros suelos ni va a ser la clave de triunfo contra las “malvadas multinacionales”.

Dosis de realidad: mientras las multinacionales utilicen las medidas más eficientes de producción agrícola y los agrosoberanistas sigan utilizando las más ineficientes, ganarán las multinacionales siempre.

No hay soberanía alimentaria, porque no hay soberanía política (véase nuestra sección sobre el estatus arriba).

Soberanía alimentaria (bien entendida) es el poder que tiene un país de dictar política pública sobre sus suelos para la siembra, la venta y el comercio de alimentos. De eso es que estamos hablando. Aunque Puerto Rico ahora no tenga poder último sobre sus tierras y comercio de alimentos, sí tiene un espacio para establecer ciertos reglamentos para ello. Necesitamos una política que establezca un eslabonamiento más efectivo del capital foráneo con la economía local de manera que estas compañías contribuyan a Puerto Rico no solo contributivamente (y así desincentivar los excesos de los subsidios contributivos), sino también con la provisión de productos que realmente atiendan los problemas de nuestros agricultores dada la realidad tropical del país. Por ejemplo, la siembra de piña en Puerto Rico se halla seriamente amenazada por la costarricense, en parte por la participación de Costa Rica en el CAFTA (del cual Puerto Rico no participa, véase nuestra sección sobre el estatus). Una parte de esa amenaza se debe a que se quiere importar semillas de Costa Rica a Puerto Rico, lo que aumenta el riesgo de que aparezca una enfermedad a la que las piñas costarricenses son susceptibles. Sin embargo, podemos imitar la obra de Dennis Gonsalves y su equipo con las papayas de Hawaii, hacer nuestras piñas resistentes a dicha enfermedad y proveerlas libre de costo a un precio asequible a nuestros piñacultores. ¡Qué lindo sería ese panorama para ellos y cuánta ventaja tendría Puerto Rico a nivel global en ese caso!

En caso de entrar en conflicto entre los intereses de los agricultores con alguna multinacional, necesitamos que la Universidad de Puerto Rico sea la alternativa. Este fue el caso de la India cuando no pudo negociar con una subsidiaria de Monsanto precios más asequibles para nuevas variantes de algodón Bt transgénico. El sector público brasileño ha tenido un rol clave en el desarrollo de frijoles transgénicos resistentes a plagas tales como el virus de la mosca blanca. Muchas de estas semillas se proveen a muy bajo costo a los agricultores. ¡Eso es soberanía alimentaria!
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Otros factores a tener en cuenta

El uso de glifosato

Esta es una minucia, pero necesita discutirse. En un arranque a muchos sectores políticos del país, especialmente al independentismo, se quiere prohibir el glifosato con base en una declaración de una rama de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC por sus siglas en inglés) que en una monografía lo clasificó como probable cancerígeno (2A). Esta monografía y otros artículos sumamente cuestionables desde la perspectiva de la inmensa mayoría de los científicos (véase nuestra discusión de algunos de ellos aquí, aquí y aquí) están dictando política pública. La monografía ha sido desmitificada por científicos competentes y hoy hay un escándalo en torno a algunos de los autores y asesores del IARC por ello. De eso hablaremos en otro artículo.

En toda esta discusión se nos olvida que la OMS no está de acuerdo con su rama y lo mismo puede decirse de prácticamente todas las agencias de regulación de alimentos y salud más importantes del mundo. La OMS y la Organización de Alimentos y Agricultura de la ONU (FAO) no respaldan al IARC, asimismo la Agencia de Protección Ambiental federal (EPA), Health Canada, la Autoridad de Seguridad Alimentaria de Europa (EFSA), la Agencia de Químicos Europea, el Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania, entre otros. Hay estudios recientes, algunos de muy buena calidad, como los de cohorte, que no han encontrado incremento significativo de cáncer a personas expuestas al glifosato (véase este estudio). Todos los datos reseñados en revisiones científicas y metaanálisis no ha logrado establecer vínculo alguno entre el glifosato y el cáncer.

No obstante el consenso científico en torno al glifosato, se quiere prohibir. Usualmente el mantenimiento urbano los llevan a cabo los municipios. La experiencia del pasado y el presente nos dicen que sustituir el glifosato (sin justificación científica alguna) o el 2,4-D (otra sustancia relativamente inocua que se demoniza debido a su asociación con el agente naranja), conllevará mayores gastos para unos municipios que hoy día están quebrados. Si no pueden costearlos, entonces los asumirá un gobierno central, que también está quebrado. En otro artículo, hablamos del caso de Petaluma y de Australia. En una decisión más reciente, contra la evidencia provista por la EFSA, el presidente de Francia anunció que iba a prohibir el uso del glifosato. Italia irá por la misma ruta. Esto se hace sin haber evidencia alguna que señale que el glifosato sea carcinógeno, la movida es puramente de naturaleza política. Se propone como alternativa un yerbicida orgánico llamado ácido pelargónico. La evidencia disponible al respecto indica que es relativamente inocuo pero altamente costoso, no solo por el precio sino por ser menos efectivo, lo que implicaría mayor aplicación de la sustancia para que dé resultados equivalentes a los del glifosato.

La propuesta de la prohibición del glifosato en Puerto Rico, especialmente por parte del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y otros sectores, cuando su producción es muy barata por estar libre de patentes, sería un gravísimo error fiscal y salubrista. Hasta que sea inviable su uso para mantenimiento y agricultura por la aparición de resistencias, es todavía la mejor opción y la más costoefectiva para el país.
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La salud

Símbolo de salud

Imagen cortesía de Free Clip Arts World.

Se ha discutido a saciedad el problema fiscal del sistema de salud de Puerto Rico. Se añora los tiempos del sistema anterior legado por Guillermo Arbona, y  se hace evidente el costo del actual, que fundamentalmente data del gobierno de Pedro Rosselló. Debido a la situación fiscal del gobierno, si no se recibe dinero federal para financiarlo, el sistema de salud colapsará este mismo año en el 2018. Esto representará un desastre salubrista muy serio y un gasto adicional que los puertorriqueños no podremos costear.

Se quiere volver al sistema Arbona, al menos en cuanto a la regionalización de los servicios de salud. Sin embargo, también se ha promovido la idea de un sistema de salud universal como los hay en otros países del mundo. Hay sistemas mixtos tales como los de Singapur (lugar número 2 en eficiencia), Francia (lugar 15), Australia (lugar 10) y Alemania (lugar 39) y Canadá (lugar 16), aunque hay también de medicina socializada, como el Reino Unido (lugar 21) (vean esas cifras en Bloomberg). Hemos dicho al comienzo de nuestra discusión sobre la agricultura que hoy estamos comiendo mejor y gozamos de mejor salud que en cualquier otro momento de nuestra historia. Eso es estrictamente cierto. Sin embargo, estamos a casi a la par con Estados Unidos (lugar 50) y simultáneamente estamos peor que los países mencionados en términos de longevidad de vida. Esta gráfica nos lo dice todo.

Gráfica de expectativa de vida

Gráfica de expectativa de vida (Cortesía de Google y el Banco Mundial)

El pertenecerle a uno de los países más ineficientes en cuanto a la provisión de salud para su gente es un gran problema colonial, especialmente cuando bastante de nuestro sistema de salud actual se diseña con la esperanza de que reciba dinero federal.

Fuera de esto, el sistema de salud actualmente sufre de lo que el economista Robert H. Frank llamaba “la bifurcación de Darwin” (Darwin’s wedge): hay sistemas que permiten el tipo de competencia descrito por Adam Smith que desembocan en los precios más bajos posibles y sirven al individuo y a la sociedad; pero también hay sistemas en los que, por externalidades posicionales, la competencia genera mayores costos sociales aunque beneficie individualmente a unos cuantos (Frank, The Darwin 16-29). Los hospitales no compiten por precios más bajos, sino por más y mayor calidad de equipo y recursos médicos, lo que en ocasiones genera un enorme costo social, especialmente para cualquier paciente que se atienda en ellos. Simultáneamente, los seguros privados procuran brindar la menor cantidad de dinero posible en casos de emergencias de su clientela con el objetivo de beneficiar al máximo a sus accionistas. De estos esquemas procede el modelo de HMO y de “cuidado dirigido” (“managed care“) que ha dado mucho que discutir y que en ocasiones ha sido objeto de escándalo en los Estados Unidos.

Gasto en salud, % del PDB

Gasto en salud, % del PDB (Imagen cortesía del Peterson-Kaiser Tracker)

Gasto en salud per cápita

Gasto en salud per cápita (Imagen cortesía del Peterson-Kaiser Tracker)

Un seguro universal con pagador único o bajo ciertas formas mixtas de contribución privada y pública es la manera más eficiente de colocar restricciones a todos estos abusos del sector privado de la salud. Como resultado, en los países mencionados, el costo de cubrir a toda su población implica gastos públicos significativamente más bajos que el sistema estadounidense que beneficia tan solo una porción de su población. En Puerto Rico, el sistema de salud público tiene un intermediario que absorbe una buena cantidad del presupuesto que se asigna en aras de beneficiar a la gente que es demasiado pobre para pagar un seguro médico privado.

Cualquier futuro plan de salud probablemente involucrará un plan de transición bien estructurado que desembocará en un sistema que consuma menos recursos del fisco público y atienda las necesidades por regiones. El plan deberá enfocarse en la prevención y cubrir las necesidades básicas de los pacientes y el sector privado podrá vender cubiertas adicionales. Los ingresos de cualquier sistema que se establezca probablemente involucrará una política impositiva progresiva para poder mantenerse. El sistema actual sencillamente no es sostenible.

Para mayores detalles, véase como ejemplo la sección de salud del programa del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), que de todos los programas de gobierno de los partidos existentes es la propuesta mejor detallada y elaborada.
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Desigualdad social

La desigualdad social ha sido un problema histórico (Toro; Segarra-Alméstica; Weiskoff y Wolff). Nuestra experiencia con María y las medidas de austeridad que incrementarán a medida que pase el tiempo no harán otra cosa que agravar más la situtación. Pertenecer a un país que, entre los industrializados, es el que más sufre de este mal no va a ser consuelo a nadie: el  0.1 % de su población en el 2007 tenía el mismo ingreso 220 veces mayor que el promedio del 90 % de la población más pobre; el 1% de los estadounidenses ganó 93 % de ingresos adicionales en el 2010 (después de la crisis del 2008) cuando se le compara al 2009 (Stiglitz cap. 1). Esto también se añade a otro mal a nivel global. De acuerdo con la organización Oxfam, 8 personas en el mundo ganan aproximadamente lo mismo que la mitad más pobre de la humanidad.

Aun antes del huracán y los estragos de las políticas austeras, Puerto Rico tenía un mayor grado de desigualdad económica por hogar que el estado más pobre de Estados Unidos, el Distrito de Columbia y el estado de Nueva York (Toro 38). La tasa de participación laboral es una de las más bajas del mundo (40 %), lo que lanza muy serias dudas en torno a la cifra de desempleo (noviembre de 2017) que solo atiende a aquellos que buscan empleos (10.8 %) (cifra del Bureau of Labor Statistics). Está demás decir que hay una cantidad considerable de personas que han optado por la emigración.

Aun antes del huracán María, gobiernos de los dos partidos mayoritarios optaron por proveer incentivos para atraer la inversión de ciertos millonarios, tales como John Paulson, quien participó en propiciar la debacle mundial del 2008. Esta estrategia económica no obtuvo resultado alguno a nivel macroeconómico y parece que lo que había detrás era la teoría reaganiana del goteo (trickle-down economics), una tesis 100 % libre de evidencia científica y que a nivel social ha logrado generar más desperdicio de riquezas por parte de las clases altas que beneficios sociales (Frank, The Darwin 158-160). La razón de ello radica en que el sistema capitalista libre de restricciones fomenta la competencia entre gente de clase alta en la que no gotea riqueza “hacia abajo”, sino más bien los costos. Mientras más gasten los de arriba, más gastan los de las clases sociales inferiores aunque estas no adquieran mayores ingresos. A esto se le conoce como “goteo de consumo” (trickle-down consumption) o “efecto del gasto” (expenditure cascade) (Bertrand y Morse; Frank, Falling Behind prefacio, cap. 1; Frank y Crook; Frank, Levine y Dijk).

Dado este hecho, no debería ser sorpresa que el puertorriqueño consume demasiado.  Barry Bosworth y Susan Collins señalan que esto se da en las esferas pública y privada (47). William J. Baumol reportó que para el 2004, los puertorriqueños gastaban cerca del 98 % de sus ingresos, algo que describió como un “love-affair with consumption” (74). Esto contrasta significativamente con países como Singapur, que tiene una política bastante agresiva de ahorro (40 % del ingreso nacional, Collado Schwarz 53). Gracias a estas medidas, cuando Singapur cayó en recesión económica por la debacle del 2008, pudo tomar medidas al respecto e invertir cerca de $14 mil millones en su recuperación. Los fondos provistos por el gobierno federal para el Plan para la Recuperación de Puerto Rico fue la mitad de esa cantidad (Collado Schwarz 28). Esto se debe a que debido a sus serias limitaciones fiscales, Puerto Rico tendía a utilizar dinero prestado para gastos recurrentes. El mal de la corrupción contribuyó a la debacle. Por ende, no había dinero para subsanar una depresión económica como la que sufrimos desde el 2006.

Este tipo de arreglo económico no puede remediarse si el país no logra conseguir la creación de más empleos debido a sus serias limitaciones comerciales cada vez más grandes dentro del contexto del ámbito internacional (véase nuestra discusión del estatus). Las transferencias otorgadas de parte del gobierno federal en Puerto Rico se destinan en parte a compensar por muchos de estos problemas estructurales que implica la presente relación territorial con los Estados Unidos, lo que nos condena a una situación de extrema dependencia.

Sin embargo, exacerbar el problema con una mayor desigualdad no beneficia a nadie. Aquí sugerimos el remedio propuesto por el economista Robert H. Frank de un impuesto por consumo distinto al que existe actualmente. Para Frank, se debería hacer un impuesto por consumo progresivo que reduzca el gasto excesivo que hay al tope de la sociedad y redistribuirlo en la forma de inversión en infraestructura, salud, educación, universidad, entre otros. Esta medida ayudará a matar varios pájaros de un tiro: reducirá el efecto del gasto, fomentará el ahorro, proveyendo a la banca dinero que posibilite la liquidez financiera y se contarían con mayores recursos para invertir (Frank, The Darwin 76-81). Joseph Stiglitz también ha sugerido remediar ciertas externalidades negativas vía impuestos por valor de terreno de una manera parecida a la sugerida por Henry George hace más de un siglo, aunque más abarcadora: se debe imponer también al uso de recursos naturales (cap. 8). Este tipo de impuesto es más efectivo en áreas urbanas.

Finalmente, tampoco debemos olvidar algo que el Centro para la Nueva Economía y varios economistas nos recuerdan: la necesidad de revaluar la política de exenciones contributivas. Los economistas no están seguros que muchas de estas exenciones y subsidios hayan rendido los frutos prometidos y que se ha creado todo un mercado de exenciones que beneficia a las multinacionales, pero no a Puerto Rico.
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Brecha salarial

En cuanto a la desigualdad por género, en Estados Unidos se ha reducido significativamente hasta el punto en que ya ha quedado una brecha muy estrecha entre la diferencia salarial entre hombres y mujeres. Esto significa que la mayoría de la diferencia de ingresos entre los hombres y las mujeres se debe a la libre selección de empleos por parte de las mujeres y el costo económico de dedicarse al cuido de los hijos. A medida que siga evolucionando la economía de ese país, se espera que la brecha de ingresos se reduzca todavía más.

Eso no significa que la discriminación contra las mujeres haya desaparecido, hay indicios de que permanece en ciertos círculos (e.g. Moss-Racusin et al). Sin embargo, hay mayor conciencia hoy de la necesidad de evaluar por mérito y no por aquello que esté entre las piernas. Ese ha sido el gran triunfo del movimiento feminista y de mujeres que han luchado por su espacio laboral.

En el caso de Puerto Rico, afortunadamente hemos seguido este patrón que se ha visto en muchos lugares del mundo. Sin embargo, con todo, economistas como el Dr. José Caraballo-Cueto, de la Universidad de Puerto Rico en Cayey y Eileen Segarra de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, han encontrado que aunque ha habido una reducción de la brecha salarial, y la mediana salarial de las mujeres supera a la de los hombres, todavía continúa existiendo. Esta discriminación se da en profesiones en las que abundan más las mujeres y las madres trabajadoras.

Los economistas aconsejan que para remediar algunas de estas situaciones hace falta enmendar la Ley de Igualdad Salarial para que también atienda casos de promociones a más altos puestos. También recomiendan la enseñanza de equidad de género en las escuelas públicas y privadas. Vale añadir a esta opinión que el marco teórico para esta enseñanza debe estar sujeta a una autocrítica a la luz del debate científico al respecto, ya que algunas de las discusiones que se contempla exclusivamente desde la perspectiva constructivista social sin mirar ciertos aspectos de la herencia genética y otros factores.
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Educación

No me siento experto para aconsejar en el campo de la escuela primaria y secundaria. Sí limito mi comentario a indicar que el propósito de la educación de Puerto Rico solo se puede definir si hay un programa de país que le dé sentido. Dado que han habido personas competentes e incompetentes que han dirigido el Departamento de Educación con cada vez mayor dificultades, en la mayoría de los casos por razones político partidistas, lo que conviene en todo caso es rehacer el sistema. ¿Cómo? Allí los expertos dirán su parecer, pero dentro del marco de un programa que le provea dirección al país. En este escrito, espero proveer parte de ese marco.

Torre de la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras

Torre de la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras

En cuanto a la Universidad de Puerto Rico, este debería ser uno de los grandes protagonistas de cualquier impulso económico de nuestro país. Tiene intelectuales y científicos de primera categoría que nos ayudan a entender la situación actual y ofrecer alternativas al público.

En el presente, su estructura actual se presta a vaivenes político partidistas debido a la manera en que se nombran los miembros de la Junta de Gobierno y de cómo fluye la dinámica de poder político desde ese organismo hacia los departamentos.  Esto necesitaría una reforma universitaria integral más democrática en que haya una relación dialógica entre la esfera pública representada por la Junta de Gobierno y los universitarios: que los directores sean electos por sus departamentos, los decanos por sus respectivas facultades y los rectores por los senados académicos. Simultáneamente se debería dar mayor autonomía política y fiscal a los recintos y estructurar la universidad a la nueva realidad económica de Puerto Rico.

Por otro lado, debe haber una nueva actitud de la facultad universitaria para dirigirse al público, es decir, dar a conocer lo que puede aportar a sus regiones de servicio y al país. Varios de los recintos universitarios, además de proveer educación, también han sido fuentes de soluciones para varias comunidades en nuestro archipiélago. Sin embargo, siempre podemos ofrecer más. Es mediante la Universidad de Puerto Rico y universidades privadas que se podría mejorar considerablemente la provisión de alimentos modificados genéticamente sea por hibridación, selección artificial, mutagénesis, transgénesis o CRISPR-Cas9: para que rindan más, metabolicen más efectivamente los nutrientes de los fertilizantes (¡o produzcan sus propios nutrientes!) o que emitan menos gases de invernadero, etc. Aprendiendo del sector agroecológico también se puede combinar esto con la búsqueda de medios más eficientes de reciclaje de fertilizantes, técnicas de intercultivos, rotación de cultivos, técnicas de reducción de usos de pesticidas, técnicas de no talado, u otros. Esto ayudaría a construir unas bases firmes para una futura soberanía alimentaria en el verdadero sentido del término.

Ya están en pie programas de investigación y creación tecnológica de avanzada que el público desconoce por completo. La ignorancia de tales asuntos es de tal magnitud, que debido al mal académico del archipiélago de marfil (término acuñado por David Sloan Wilson), los académicos mismos no sabemos en absoluto lo que nuestros colegas de otros departamentos o facultades están haciendo. A pesar de que hay conciencia en la academia de que esto es así y que debería publicarse más efectivamente, se ha hecho muy poco para eso. Hace falta mayor agresividad en la diseminación de información al respecto, especialmente en las redes sociales. Por pura observación podemos percatarnos que los puertorriqueños están dispuestos a reproducir noticias que nos llenan de orgullo cuando hay logro en los deportes, en la tecnología, la medicina y las ciencias.

Las humanidades deben jugar un rol importante a la hora de aportar al país. El arte, el drama, el cine y la música reviven a un país en ocasiones deprimidas como esta, nos unifica culturalmente, nos vincula con el Caribe y es fuente de admiración para aquellos que nos visitan de todas partes del mundo. No va a haber recuperación económica si decae o muere su espíritu cultural y nacional.

La Universidad no puede limitarse a ser un instrumento de creación de capital destinado a migrar al extranjero. Eso es inevitable en un ambiente en que las oportunidades de empleo son escasas. Por ende, científicos sociales, expertos en administración de empresas y otros deberían buscar aquellos espacios del mercado, especialmente en cuanto a la llamada “economía del conocimiento” que podamos exportar y que brinde oportunidades de eslabonar el capital extranjero a la economía puertorriqueña, además de crear oportunidades para que florezca la economía local.

Finalmente, la Universidad puede ser un centro importante de cultura libre, fomentando la programación de software libre o de código abierto para las distintas necesidades del país. A la misma vez, debe promover incentivos para la creación de literatura libre y conocimiento abierto bajo licencias permisivas que puedan servir de referencia para los estudiantes y al país en general (e.g. libros de física, de filosofía y de economía bajo licencias de Creative Commons). Esto beneficiará a los estudiantes a la hora de invertir en libros impresos o electrónicos, ya que actualmente están siendo explotados por las editoriales comerciales multinacionales.  Además, se deberían digitalizar y publicar en el ciberespacio las tesinas, tesis de maestría y doctorales para que estén disponibles al público. Organizaciones como la Universidad Complutense de Madrid tienen, desde hace mucho tiempo, una política semejante. Se pueden establecer también ciertas políticas de colocar en línea todo producto artístico, musical, dramático o literario que desde hace años no se explotan comercialmente.
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Predicciones (nota cínica)

Esta es mi lista de deseos para este año. Sé que casi nada de esto se cumplirá en absoluto:

  • En cuanto al estatus, el gobernador está determinado a utilizar la futura fracasada Comisión de la Igualdad. Así que este será el curso de acción divisivo del país, no una Asamblea de Status.
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  • “¡¿Reactor nuclear?!  ¡NO! No queremos un Fukushima en Puerto Rico.” Así saldrán las hordas ante la propuesta, sin evaluar la planta modular NuScale ni averiguar cómo compara con el famoso reactor de Japón. Solo quieren “las renovables”, lo que nos va a estancar en el consumo del gas para el futuro.
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  • En cuanto a la agricultura, fuera de permitir que las multinacionales experimenten con los transgénicos, el gobierno no tocará ese asunto ni con una vara larga porque la propuesta es altamente impopular. Pues, seguiremos perdiendo ante una feroz competencia en el mercado mundial ni proveeremos a nuestros agricultores la mejor tecnología posible para beneficiarles.
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  • Sobre el sistema de salud … pues, colapsará y a Dios que reparta suerte. Solo el universo sabe si en el futuro se hará una reforma de salud apropiada.
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  • Sobre la brecha salarial, la legislatura (especialmente la Cámara de Representantes) tiene un liderato cercano al fundamentalismo cristiano, no se fomentará la educación con perspectiva de género ni se ocupará de atender los problemas de ascenso de mujeres a puestos más altos.
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  • El compromiso que los partidos mayoritarios han mostrado hacia las élites de Puerto Rico le disuadirán de adoptar un impuesto por consumo progresivo y tampoco estará inclinado a una imposición por valor terrenal.
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  • La educación seguirá desorientada sin un programa de país y lo mismo ocurrirá con la Universidad de Puerto Rico, que es un microcosmos de lo que ocurre a nivel macro.

No me creo Rukmini, pero creo que acertaré en la mayoría de los casos. ¡Feliz Año Nuevo!
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