Relatos de la Gran Historia – 1: Las estrellas como el campo de la creación

Cerámica huecoide

Cerámica de la cultura huecoide, tomada en El Fortín del Conde de Mirasol, en Vieques. Fotografía cortesía de Jaro Nemčok, http://nemcok.sk/?pic=11703.

El cosmos es todo lo que es, o lo que era
o lo que será. Acompáñame.
~ Carl Sagan, Cosmos

Distintas mitologías

Cuando Cristóbal Colón llegó por segunda vez al Caribe, ya no estaba con la Niña, la Pinta y la Santa María, sino ahora tenía una flota para la conquista del territorio lo que los taínos en aquel momento llamaban Bohío o Beneque, pero que él bautizó con el nombre de La Isla Española. Uno de los frailes que le acompañó fue el primero en comprender la lengua de nativos americanos. Él describe su misión de la siguiente manera:

Yo, fray Ramón, pobre ermitaño de la Orden de San Jerónimo, por mandado del ilustre señor Almirante, Virrey y Gobernador de las islas y de la tierra firme de las Indias [Cristóbal Colón], escribo lo que he podido averiguar y saber acerca de las creencias e idolatría de los indios, y cómo veneran a sus dioses, lo cual trataré en la presente relación.

Así, escribió el primer libro de investigación antropológica de los amerindios, en este caso taínos, titulado: Relación acerca de las antigüedades de los indios las cuales, con diligencia, como hombre que sabe la lengua de ellos, las ha recogido por mandato del Almirante (1498). Al publicar sobre la “idolatría” de esta cultura arahuaca, podemos contemplar desde esta ventana literaria, el rico imaginario de estos habitantes. Desgraciadamente, hoy sabemos que su exposición tiene serias limitaciones, entre ellas, sus prejuicios personales y su narración notablemente incompleta. Para remediar lo mejor posible la situación, los historiadores y antropólogos han hecho comparaciones con las culturas que habitaban el norte de Suramérica. Sabemos que estas influencias se dieron gracias, en parte, a las olas migratorias de amerindios desde esa parte del continente, que luego, se fueron estableciendo en las Antillas. La afinidad cultural se ve, por ejemplo, en la cultura salaloide o la huecoide, que nos ha dejado un hermoso legado en la isla de Vieques. (Robiou Lamarche, Taínos y Caribes 80; Rodríguez López 1)

Atabey

Representación pictórica de Atabey, la diosa suprema de los Taínos, la diosa de la tierra y la fertilidad.

El mito sostenido por los taínos y que se nos revela tras una investigación erudita de diversas fuentes (la principal siendo la de Fray Ramón Pané), no tiene nada que envidiarle al griego. El proceso de creación tuvo cuatro etapas, no podremos cubrirlas todas. En la primera, existió Yaya, el Sumo Espíritu, tal vez localizado en los cielos, del que se derivó el nombre o el concepto de la deidad. Yúcahu Bagua Maórocoti (“Ser de la Yuca, Mar, Sin Antecesor Masculino”). Era hijo de la deidad Atabey, madre de las aguas. Muchos piensan que el hecho de que Yaya tuviera madre de donde derivaba su autoridad, refleja el hecho de que la sociedad taína era matrilineal: la autoridad es del hombre, pero se heredaba por vía materna. Un ejemplo de ello es que, si un cacique moría y no tenía descendencia masculina, la herencia la recibía el hijo de su hermana mayor. De hecho, el lugar de Atabey era privilegiado, ya que había creado los cielos y, posteriormente, parió a Yucahú, junto a su otro hijo, Guaca.

Yaya tuvo un hijo llamado Yayael, quien tuvo cuatro gemelos con Itiba Cahubaba, Madre Paridora, que había muerto en el parto. En un momento dado, Yayael quiso matar a su padre, por lo que Yaya lo destierra. Cuando regresó, Yaya mató a su hijo y colocó sus huesos en una calabaza o higuera que se encontraba en el techo de un bohío, donde se transformaron en peces. De hecho, la calabaza era recipiente de un número indefinido de peces y mucha agua. En un momento dado, aprovechando que Yaya se había ido, los gemelos bajaron la calabaza, devoraron varios de los peces y rápidamente fueron colgarla de nuevo. Al romperse accidentalmente, se vació todo su contenido, lo que se convirtió en el mar y sus criaturas. (Pané, caps. intro., IX-X; Robiou Lamarche, Taínos y caribes 83-85)

Los taínos pensaban que habían salido de la isla Bohío, un organismo femenino, de cuyo útero había surgido la creación, junto a Guahayona y Anacacuya, dos ancestros míticos. Anacacuya llegó a ser el primer cacique, pero Guahayona (el primer bohíque o chamán taíno) lo lanzó al mar. El último llegó a la isla de Matininó y dejó a las mujeres taínas allí para evitar el incesto y la edogamia entre los taínos. En la cuarta etapa, los hijos de estas mujeres llorarón junto a un arroyo, y, de tanto lagrimar, se fueron tornando en unas ranas llamadas “tonas“. Los hombres disgustados por haberse quedado sin mujeres, en una lluvia torrencial, vieron a cuatro seres asexuados y resbaladizos bajar por uno de los árboles de jobo. Después de atarlos, un pájaro carpintero, inriri, talló el sexo de las mujeres y fue de este modo que los hombres resolvieron su problema. (Pané, caps. II-VIII; Robiou Lamarche, Taínos y caribes 87-92)

Cajón de Muertos

La ceremonia santera de Cajón de Muertos, en La Habana, Cuba. Foto cortesía de Jorge Royan (CC-BY-SA 3.0 Unported).

Con el baile del areito se perduraría este fantástico relato mítico. Sin embargo, no es el único. Hemos recibido una fuerte herencia africana, tales como la de la religión Yoruba, cuyas raíces se encuentran en un área de lo que hoy es Nigeria, y cuyas creencias se han asumido sincréticamente en la santería caribeña. Los yoruba creen en los orishas, deidades, de los cuales el supremo es Olodumare (Olorun u Olofi), conocedor absoluto del universo. (Cabán 10, 61) Cuando miró la superficie, vio que estaba demasiado mojada como para crearlo. Otro orisha, Obatalá, le solicitó crear tierra seca para que en ella habitaran los seres humanos. Animado por la profecía de Orunmila, hijo de Olodumare, y con la ayuda de otros orishas, bajó hasta quedar sobre las aguas gracias a una cadena de oro, con un caracol lleno de arena, una gallina blanca, un gato negro y una nuez de palma. Por varios días, echó la arena en las aguas, mientras que la gallina la esparcía por su alrededor, creando así, la primera superficie terrenal. Cuando soltó la cadena, le llamó al terreno “Ifé” y sembró la nuez, para que creciera en un árbol. Mientras que el gato le acompañaba, llegó hasta el punto de aburrirse, por lo que deseó forjar figuras a su semejanza. En un momento dado, se embriagó con el jugo de la palma y continuó con su obra creadora sin darse cuenta de que estas figuras estaban deformes. Cuando notó lo ocurrido, le pidió a Olodumare que les diera vida con su aliento. De esas figuras, salió la humanidad.

En la civilización mesopotámica y del Mediterráneo tenemos relatos, en parte parecidos, en parte bien distintos a estos. En Enuma Elish, vemos cómo se desató una batalla en el cielo, cuyo resultado llevó a que el dios Marduk divideiera a la diosa madre, el monstruo acuático Tiamat, en dos. Con una parte forma el firmamento de los cielos y con el otro la superficie de la Tierra. Como los dioses no querían encargarse las labores de la tierra, Marduk creó a los seres humanos a partir de la sangre del consorte de Tiamat, Kingu, y de arcilla terrenal, formando unas figuras de barro a las que les dio vida, los seres humanos.

En la mitología hebrea, vemos ecos de aspectos de esta mitología cuando Dios creó el mundo a partir del “caos de las aguas”, dividiéndolas para crear las aguas encima del firmamento y las de las profundidades (tehom, palabra afín al nombre Tiamat), de esta última emergieron la superficie de la tierra y los océanos. Elohim formó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza. (Gén 1:1-2:4a) En otro relato hebreo de la creación, solo había tierra desierta, donde Yahveh decidió crear primero al hombre a partir del barro, haciéndole ser vivo. Después, creó las plantas y los animales y, a lo último, su compañera. (Gén. 2)

Representación de la creación en Dendera

Representación de la burbuja de la creación en el templo de Hathor, Dendera. Imagen cortesía de Olaf Tausch. (CC-BY 3.0)

En el Antiguo Egipto, una versión de la creación (la de Heliópolis) se pensaba que, al principio, permeaban las aguas de la nada, representadas por el dios Nun. De allí, emergió una flor de loto que, cuando floreció, surgió de ella una burbuja de donde salió el dios Atón-Ra, el dios sol, representado en ocasiones como una serpiente (un animal que se renueva a sí mismo cada mañana al mudar su piel). De la burbuja y por acción de Atón, surgió el mundo, sostenido eternamente por Nun. De Nun y Atón, surgieron las demás deidades del panteón egipcio.

Cada uno de estos mitos expresa en el fondo unas vivencias, cosmovisión, usos y costumbres de cada pueblo que las forma y en distintas épocas. Hoy día, existe un debate entre los antropólogos y científicos sociales, especialmente en la sociología de la religión, en cuanto a qué debería considerarse “mito” o “mitológico”. De acuerdo con Nahum Sarna (1923-2005), un erudito bíblico, hace falta distinguir entre los conceptos de “mitología” y “mito”.  La “mitología” es la historia biográfica de los dioses, mientras que “mito” es una historia tradicional que alega haber ocurrido en un momento primordial y pretende explicar un ritual presente. En ambos casos, su función es explicativa:

  1. Teogonía: explica el origen de los dioses, las potencias detrás de las fuerzas naturales
  2. Cosmogonía y cosmología: explica el origen y organización de los fenómenos naturales
  3. El origen del poder político
  4. El origen cúltico: cada mito y mitología le da sentido a los rituales.

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“El mejor mito”

Frecuentemente, se presenta al mito como algo opuesto a la razón. Una vez más, estos son esquemas explicativos, con su logística interna. Factualmente, no pueden ser todos correctos simultáneamente: uno excluye lógicamente a los otros. Tomados ellos mismos en un sentido literal, pueden trivializarse y no revelan el mundo que ellos potencialmente pueden darnos a conocer. Sin embargo, mirados atentamente, descubrimos que cada uno es una visión del cosmos adoptado por un grupo o un pueblo, lo que forma un lente cultural por el que se mira el mundo. Las religión o creencias que en ello se fundamentan, ayudan a esa sociedad a forjar su propia identidad, su enlazamiento social interno, su relación con otras sociedades y el mundo en general.

Para que los pueblos tengan identidad y relación con otros grupos y el cosmos, necesitan forjar un pasado que explique su presente y los oriente a su futuro. Ese es el rol del mito a nivel social. Por eso, en el proceso evolutivo humano, la cultura, la mitología y los mitos son formas de adaptación y resolución de problemas en distintos contextos y épocas. Sin embargo, soluciones míticas que funcionaban bien en el pasado, son disfuncionales en el presente, especialmente cuando sus interpretaciones chocan con una cosmovisión basada en el genuino conocimiento actual.

Loyal D. Rue

Loyal D. Rue

Por otro lado, los mitos y mitologías revelan algo importante y hermoso de la humanidad. Ellos fueron inspiración de música, literatura, bailes, edificaciones, arte y formas de pensamiento. El filósofo de la religión, Loyal Rue, concibe la cultura como una consecuencia y extensión de la historia natural. Hoy día, se ha perdido el valor del mito, por lo que muchas personas (especialmente jóvenes) rechazan estas herencias del pasado. Nos dice Rue que gran parte de ello se debe a que estos relatos están empotrados en una cosmología arcaica, que no es real. Muchos de los valores morales, artísticos y culturales que se encuentran en estas tradiciones, pierden el interés de la gente porque tropiezan con el conocimiento científico actual. Los antivalores que les acompañan, que han sido adoptados acríticamente por la sociedad, debido a que sistemas de pensamiento y religiones las cargan en el presente, se riñen con los valores éticos que los humanos hemos ido descubriendo a medida que hemos evolucionado culturalmente. Rue le llama a esta indiferencia actual, “amitia“. Por lo tanto, dice él, todo lo genuinamente precioso que queremos rescatar de los mitos religiosos y de nuestras tradiciones, debe reconceptuarse con base en “una historia natural de todos”, aquella que abraza y valora el pasado actual y real, mientras que permite reinterpretar con nuevos fundamentos los mitos del presente y del pasado.

A esto es lo que se ha conocido como la Gran Historia (en inglés The Great StoryBig History) o la historia que abraza, incorpora, pero trasciende todas las demás historias. Esta Gran Historia procura a conocer nuestro pasado real, según conocida mediante las ciencias (eidéticas, naturales, sociales y humanísticas), de una manera inspiradora, que nos mueva a actuar para un mejor futuro. Con base en esta Gran Historia y mediante criterios racionales, podemos establecer lo que el teólogo Hans Küng llamaba “consenso básico minimal”, un consenso fundamental de determinados valores, normas y actitudes que permitan la convivencia de diversas sociedades. (46)

E. O. Wilson

E. O. Wilson. Fotografía cortesía de Jim Harrison y la Public Library of Science (PLoS) (CC-BY 2.5).

Desde esa perspectiva, el biólogo Edward O. Wilson expresaba en su libro, On Human Nature, que la épica de la evolución es el mejor mito que podemos tener. (201)  “Mito”, en este sentido, significa una gran narrativa que involucra todo el drama del pasado y que nos brinda significado a nuestras vidas. Esta debería ser la plataforma de la que deben nutrirse los creyentes religiosos y los no creyentes, como lazo por el cual actuemos por una  causa común.

Contrario a la mitología y las religiones de fe ciega en unos dogmas, las ciencias factuales (naturales y sociales) actúan de cierta manera buscando una teoría lógicamente coherente que dé cuenta, de la mejor manera posible, los acontecimientos del cosmos, incluyendo la historia de la humanidad y sus expresiones humanísticas. Suponen un naturalismo metodológico, es decir, la premisa de la no participación de lo sobrenatural en los procesos naturales. De su existencia o inexistencia actual, no puede decirse nada absolutamente certero, pero sí se ha podido constatar que proceder de esta manera, sin partir lo sobrenatural como premisa, ha sido altamente fructífero.

El científico es como un detective, mira hasta el mínimo detalle para inferir, a partir de la información que tiene, lo que aproximadamente pasó. Inevitablemente, su teoría de lo que ocurrió, no necesariamente coincida en todos los detalles con la evidencia colectada, trata de abarcarlas lo mejor posible. Al igual que las mitología, este nuevo mito de la Gran Historia utiliza mucha imaginación y creatividad. Neil DeGrasse Tyson, en el primer episodio de la serie televisiva, Cosmos, resume cómo los científicos forjan paulatinamente la aventura de la Gran Historia:

Para este viaje, necesitamos imaginación, pero la imaginación sola no es suficiente. Porque la realidad de la naturaleza es más maravillosa que cualquier cosa que podamos imaginar. Esta aventura es posible por generaciones de buscadores que se adhieren estrictamente a un conjunto sencillo de reglas: poner a prueba las ideas mediante observación experimental, construye sobre esas ideas que pasen la prueba, rechaza las que fracasen, persigue la evidencia a donde conduzca y cuestiónalo todo. Acepta estos términos y el cosmos es tuyo.

La génesis de los elementos

Tales de Mileto

Representación de Tales de Mileto en la obra Illustrerad verldshistoria utgifven, vol. I, de E. Wallis (1874).

Las ciencias y la filosofía puras  (es decir, depuradas de lo mitológico) comenzaron en la Grecia Antigua. En esa época, vivió un ser humano, aparentemente, extraordinario y que, tal vez, algunos de ustedes han escuchado de pasada, llamado Tales de Mileto (ca. 624 a. C.-ca. 546 a. C.). Nacido en Mileto, había dedicado su vida a las matemáticas y la astronomía. De él carecemos muchas fuentes fiables. La información mejor conocida de él proviene del gran filósofo Aristóteles y le atribuyó a él, el inicio de la discusión sobre la génesis de las cosas. Según Aristóteles, Tales afirmaba que el comienzo de todo lo existente es el agua y que los demás elementos se derivaron de ella. (983b) Actualmente, los historiadores tienen sus dudas, a raíz de otras fuentes y teniendo en consideración una de sus actividades predilectas: viajar. De las muchas noticias dudosas que se tienen de él, los especialistas sostienen que probablemente viajó a Egipto y a Caldea, donde se familiarizó con las teogonías y cosmogonías de estas civilizaciones. Tuvo en cuenta los relatos en torno al comienzo de todo en las aguas de Nu, o en las aguas del caos o de la nada y cómo de ellas emergió la tierra.  Además, como griego, estaba plenamente familiarizado con la teogonía de los dioses, con los progenitores, Océano y Tetis. Probablemente, sostuvo históricamente las siguientes dos aserciones que nos han llegado hasta hoy:

En el principio, todo era agua.

La Tierra se tiende sobre el agua como un leño.

Esta última parece haber sido la explicación de los temblores. (Bernabé 43-49)

Es una cosmología sencilla, pero errada. Los terrenos son formaciones geológicas, no son algo que flota sobre el agua. Pero lo que hace a Tales tan espectacular es una ruptura que creó en su época: forjó un mito sin mitología. Tenía una especie de explicación del origen de la Tierra, pero sin recurrir a los dioses ni a sus cosmogonías. Hasta donde sabemos, fue en ese preciso momento que nacieron las ciencias fácticas y la filosofía en el mismo campo del saber.

La primera busca conocer los acontecimientos del universo físico, la última, una reflexión racional de la experiencia en búsqueda de la verdad y el desarrollo de instrumentos intelectuales para ello. Esta es una ciencia eidética que lidia con las ideas, los universales como objetos del conocimiento intelectivo, buscando posibilidades e imposibilidades, necesidades y contingencias, sus consecuencias lógicas y su relación con la factualidad. Ellas han tenido un rol protagónico a la hora de desarrollar esas técnicas intelectivas muy bien explotadas por las ciencias naturales y sociales.

Por otro lado, las ciencias fácticas, primero, como parte de la filosofía y, después, aparte de ella, fue desarrollando distintos modelos del origen del mundo y de los elementos. Piénsese en la cosmología de Platón en su Timeo o el geocentrismo de Aristóteles y Ptolomeo, e, incluso, las especulaciones de Giordano Bruno. Este proceso continuó hasta hoy día, cuando los científicos han rastreado nuestra historia cósmica a un cierto “comienzo”, una aparente fluctuación en un campo cuántico.

Curvatura del espaciotiempo

Curvatura del espaciotiempo cuatridimensional (aquí representado bidimensionalmente) causado por la Tierra. Un satélite como la luna, se desliza alrededor de la Tierra gracias a la curvatura del espacio tiempo. Nosotros caemos gracias a ella también. Imagen cortesía de Johnstone de Wikimedia Commons (CC-BY-SA 3.0 Unported)

De allí no sabemos mucho, excepto que hubo una gran explosión, hace 13.82 mil millones de años (Ade et al. 31), en la que no solo la energía primordial se comenzó a expandir, sino que también el espaciotiempo (un entorno cuatridimensional que se deforma o desfigura según la presencia de materia y energía) comenzó a expandirse. La imagen que los cosmólogos gustan utilizar para darle una idea al público, es la de cuando se toma un globo, se le dibuja con un marcador unos puntos alrededor de este y se le empieza a soplar. Usted verá que no solo los puntos se expanden, sino también la superficie del globo. Igualmente ocurre con la materia y energía, que están en una superficie espaciotemporal que se está expandiendo.

¿Qué ocurrió antes de esa explosión primordial? En cuanto a esta pregunta, debemos encogernos los hombros y decir con toda humildad intelectual, que no sabemos. ¿Qué provocó la fluctuación cuántica? Tampoco sabemos. ¿Qué otro misterio no sabemos de este comienzo? Algo que todavía los cosmólogos no han podido responder adecuadamente es el nivel de orden energético que hubo en el comienzo. Un fenómeno muy conocido en el ámbito de la cosmología es la noción de entropía, es decir, la medición del grado de probable desorden que puede entrar un sistema.  Una de las leyes universales (en este caso leyes estadísticas) es la segunda ley de la termodinámica: que todo sistema energético siempre tenderá a un aumento de entropía, es decir, al incremento del grado de probabilidad de desorden a medida que pasa el tiempo, hasta su eventual estabilización termal. ¿Por qué ocurre?  Por la sencillísima razón de que hay infinitamente muchas más maneras de que un sistema esté en desorden que en orden.

¿Qué significa esto en nuestro contexto cósmico? Que cuando ocurrió la Gran Explosión, al principio hubo un estado de entropía bajo, es decir, de bajo grado de potencial de orden y, por ende, de alto orden. A medida que pasa el tiempo, la energía se transforma y disemina de tal manera, que hace cada vez más improbable la reconfiguración cualquier orden particular. Aquí presento un vídeo que lo explica muy bien.

Es decir, si se adopta un orden particular (el que sea), el sistema evolucionará en cada vez mayor desorden en relación con este y se vuelve cada vez menos probable la reconfiguración física de ese orden por sí mismo a medida que pase el tiempo. Este es un proceso irreversible, por lo que es altamento probable que veamos siempre a un huevo romperse y desparramarse en el suelo si se cae de una mesa, pero es altamente improbable que veamos el huevo recogerse a sí mismo, rearmarse y subir antigravitacionalmente a la mesa de donde se originó sin aplicar una energía externa que lo haga.

El alto grado de orden al comienzo de la Gran Explosión es un misterio, ya que la enorme complejidad del universo y, en particular, la Tierra, parece mucho más ordenada que cualquier cosa que emerja instantáneamente de una explosión. Sin embargo, la ley implica necesariamente que hubo un grado óptimo de orden al mismo comienzo del cosmos y que lo que vemos hoy día (el cosmos en su totalidad), es un menor grado de orden (un grado mayor de entropía que antes). Nadie ha podido explicar este enigma.

Eso no significa que después de una explosión tuviera que haber “puro desorden”. Al contrario, en subsistemas, pueden haber variaciones energéticas que propicien mayor orden, aunque el sistema como un todo tienda al desorden. Este fue uno de los descubrimientos de Ilya Prigogine cuando estudió estructuras disipativas. Si uno hierve el agua a cierta temperatura, las moléculas de agua hacen posible que se autoorganice  el sistema en celdas exagonales. Esto sucede porque se provee mayor energía de menor entropía a un sistema de mayor entropía, y eso permite que las moléculas se autoorganicen. A estas estructuras se les conoce coo las células de Bérnard.

Imaginen, pues, que esta organización se dio en muchos subsistemas del cosmos. De acuerdo con los cosmólogos, en el mismo instante de la explosión, hubo variaciones diminutas (como leves “arrugas”) en el espaciotiempo que propiciaron que el hidrógeno formado segundos después de la explosión se formara paulatinamente en galaxias y las primeras estrellas.

Fondo cósmico de microondas

El satélite Planck Surveyor generó esta imagen de diminutas fluctuaciones de temperatura en el fondo cósmico de microondas, presumiblemente generadas por la gran explosión. Estas variaciones se deben a leves fluctuaciones en el espaciotiempo que se dieron después de la Gran Explosión. Fotografía cortesía de la Agencia Espacial Europea y la NASA (CC-BY-SA 4.0).

La combinación de estas variaciones de densidad de la energía primordial y el hecho de que el universo esté extremadamente lejos del equilibrio termal de máxima entropía (dentro de 10¹⁰⁰⁰ años o un 1 con mil ceros después), el cosmos se vuelve en un lugar inherentemente creador y creativo. Veamos este proceso emergente:

  1. Época de Planck, de 0 a 10⁻⁴³ segundos: Un periodo exento de leyes físicas. Aquí se encuentran unificadas las cuatro fuerzas fundamentales del universo: la gravitacional, la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil.
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  2. Época de la gran unificación, de 10⁻⁴³ a 10⁻³⁶ segundos: Este es el periodo en que la gravedad se separa de las tres otras fuerzas. Se forman los leptones y quarks.
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  3. Época inflacionaria, de 10⁻³⁶ a 10⁻³² segundos: Se separa la fuerza nuclear fuerte de las demás y ocurre una expansión acelerada que los cosmólogos llaman “inflación“. En esta etapa, se distribuyen los quarks y los leptones por todo el universo.
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  4. Época electrodébil, de 10⁻³² a 10⁻¹² segundos: En lo que se siguen separando la fuerza nuclear fuerte, empiezan a formarse nuevas partículas, como los bosones Higgs, que le otorgan masa a diversos campos cuánticos. El universo se volvió menos energético y se redujo considerablemente la velocidad de expansión.
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  5. Época quark, de 10⁻¹² a 10⁻⁶ segundos: El cosmos se enfría y, en el proceso, se forman quarks, electrones y neutrinos. Las cuatro fuerzas ya se diferencian unas de las otras, pero la temperatura es demasiado alta como para que los quarks se unan para formar partículas más masivas.
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  6. Época hadrónica, 10⁻⁶ a 1 segundo: La temperatura del universo continúa decreciendo dramáticamente, por lo que se forman hadrones a partir de los quarks, se forman los primeros pares de protones y antiprotones, electrones y positrones, neutrones y antineutrones. Estos interactúan y muchos (no todos) de estos pares se aniquilan mutuamente.
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  7. Época leptón, 1 segundo a 3 minutos: Continúan las interacciones entre particulas de leptones y antileptones, generando a su vez fotones. En esta época, son los leptones como el electrón (y su par, los antileptones como el positrón) los que dominan el universo. La mayoría de estos se aniquilan mutuamente debido a su interacción. Los fotones creados también interactúan entre sí, forjando nuevos pares de leptones y antileptones.
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  8. Época de nucleosíntesis, de 3 a 20 minutos: De los protones y neutrones, se forman los primeros isótopos nucleares de hidrógeno (hidrógeno, deuterio y tritio), helio y litio. El hidrógeno es el que predomina, pero todavía no hay interacción entre protones, electrones, fotones y neutrones.
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  9. Época fotónica,  de 20 minutos a 240,000 años: Una época dominada por plasma (gas de partículas ionizadas) y fotones. Estos permean el universo mientras que sigue descendiendo la temperatura cósmica promedio.
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  10. Época de recombinación y desacoplamiento, de 240,000 a 400,000 años: Los núcleos de los isótopos de hidrógeno y de helio atraen los electrones y forman sus niveles de energía, en la medida que la temperatura del universo continúa decreciendo. De esta manera, empiezan a neutralizarse las partículas del universo y se forman los primeros átomos. Al final de este periodo, el 75% de estas particulas son de hidrógeno y 25% de helio, con minucias de litio. Del final de esta época es que proviene la imagen del Planck Surveyor que vemos arriba.
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  11. Época oscura, de 400,000 a 150,000,000 años: Periodo en que dejan de prevalecer los fotones y el universo se halla oscuro, dominado por plasma y átomos de hidrógeno. Los cosmólogos piensan que aquí ya debió haber estado presente la llamada “materia oscura”, que no sabemos todavía en qué consiste.
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    Cuásar

    Cuásar a unos 10 mil millones de años luz, localizado en la constelación Cráter. Imagen cortesía del Smithsonian Institution en Estados Unidos.

  12. Época de reionización, de 150 millones a 1 mil millón de años: Se forman los primeros cuásares, galaxias enanas que reionizan el universo y empieza a dominar el estado de plasma ionizado. También surgieron las primeras estrellas, inicialmente pequeñas en tamaño, pero que se volvieron enormes en el proceso de fusión nuclear (100 veces la masa de nuestro sol) y duraron muy poco tiempo: ellas duraron 1 millón de años se piensa que nuestro sol durará hasta 5 millones.
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Estas primeras estrellas están compuestas en su mayoría de hidrógeno, con un poco de helio. Estas son masivas y enormes cuando se les compara con las que vemos hoy.  Sirvieron como las fábricas de todos los elementos naturales que conocemos. A su vez, también aparecen las galaxias como agrupaciones de esas estrellas.
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La “vida” de las estrellas y los elementos

Daniel Roberto Altschuler

Daniel Roberto Altschuler

El físico reconocido y exdirector del Observatorio de Arecibo, Daniel Roberto Altschuler, describe a las estrellas como el lugar donde se “cocinan” los elementos (17, 31-39, 42-57). Esto ocurre porque las estrellas son resultado de concentración gravitacional del hidrógeno y helio primordial creados en algunas de estas etapas del universo.

A medida que fueron creciendo de tamaño, la fuerza gravitacional fue comprimiendo su material que paulatinamente elevó su temperatura considerable (a 10,000 ⁰K). Durante ese proceso, las moléculas de hidrógeno se separan en átomos y, eventualmente, empezó a darse el proceso de fusión nuclear.  Se empieza a formar una protoestrella que fusiona núcleos de hidrógeno en helio, liberando una enorme cantidad de energía al universo. Cuando este proceso de liberación de energía de fusión se puede mantener gracias a la fuerza gravitacional que atrae sus partículas al centro, y su radiación puede empujar el polvo que la rodea, entonces puede decirse que estamos hablando de una estrella.

N81/Pilares de la Creación

A la izquierda, tenemos el objeto N81, una nube de hidrógeno en donde se observa cómo se están formando protoestrellas. A la derecha una estructura llamada “Pilares de la Creación”, que se encuentra en la Nebulosa Águila; en la parte superior izquierda, tenemos una estructura en que se sabe que se están formando protoestrellas. NASA, ESA/Hubble y el Hubble Heritage Team hacen disponibles estas imágenes (CC-BY 4.0).

Esta creatividad cósmica no se limita al interior de las estrellas. A medida que ha pasado el tiempo, las galaxias (el conjunto de estrellas) forman cúmulos. Estos a su vez forman supercúmulos, creando toda una rica jerarquía de creatividad a todos los niveles. Para darles una idea de esto, vean la siguiente imagen. (Peebles)

Imagen de galaxias

Cada uno de esos puntos en la imagen, no representan estrellas, sino galaxias. Cada punto contiene un promedio de 100 mil millones de estrellas.

Cada punto de ellos representa una galaxia y contiene un promedio de 100 mil millones de estrellas. Como pueden ver también, estas galaxias no están dispersas caóticamente, sino que se hallan altamente estructuradas, en parte gracias a las “arrugas” originarias de la Gran Explosión.

Nuestra galaxia, la Vía Láctea, tiene esa cantidad aproximada de estrellas. Esta pertenece a un supercúmulo al que los astrónomos han denominado Laniakea (un nombre en hawaiano que significa “cielo inmensurable”).

Ahora, ¿qué pasa con las estrellas mismas? ¿Cómo “cocinan” ellas los elementos? En realidad, las estrellas son parte de la historia.  He aquí una ilustración de todo el proceso.

Origen de los elementos

Origen de los elementos. (c) 2018, Pedro M. Rosario Barbosa (CC-BY-SA 4.0+).

  • Estrellas azules, blancas o amarillas: En general, las estrellas que surgen de las nebulosas de hidrógeno pueden ser azules, en los que hay un proceso de fusión de hidrógeno a helio a una temperatura que varía de 5,000⁰K a 30,000⁰K. Si es menor de 5,000⁰K, la estrella se ve amarilla. La temperatura de la estrella es la que les da su color en particular. Nuestro sol es una estrella blanca, porque está emitiendo toda clase de colores que lumínicamente que se combinan y se ve blanca. Solo parece amarilla a nuestros ojos porque nuestra atmósfera crea esa impresión. La temperatura de su superficie es aproximadamente 5,800⁰K. Por otro lado, cuando una estrella llega a una temperatura de 11,000⁰K, entonces adopta el color azul.
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  • Estrellas rojas y rojas gigantes / Estrellas azul-blancas: A medida que se acaba la fusión de hidrógeno en helio, la estrella colapsa y comienza a fusionar el helio en carbono (tres átomos de helio pueden producir un átomo de carbono) y en un momento dado se expande, aumentando su tamaño considerablemente y se enrojece. Cuando esto ocurre, se fusionan los núcleos atómicos y se forman el carbono, el nitrógeno y el oxígeno. Nuestro sol será una de esas estrellas y se piensa que durante su etapa de estrella roja, aumentará de tamaño hasta ocupar (y no se sabe si rebasar) la órbita de la Tierra. Se piensa que en las postrimerías de su tiempo de vida, el viento solar estará despidiendo carbono, nitrógeno y oxígeno al espacio. Eventualmente, se convertirá en una enana blanca, es decir, un residuo altamente denso de plasma en el que ocurre un proceso conocido como  presión de degeneración electrónica, en la que los electrones contrarrestan la fuerza gravitacional. En esta etapa no ocurre más fusión nuclear, pero continúa emitiendo calor.
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    Nebulosa hélice

    Nebulosa hélice, localizada en la constelación de Acuario, resultado de que el material fuera despedido de una estrella. El centro rojo es el polvo que rodea a una enana blanca, que está presente como un punto blanco diminuto en el centro. Foto cortesía de la NASA.

    Las estrellas rojas gigantes, también se producen diminutas cantidades de berilio y boron. Otras estrellas son azul-blancas (también conocidas como supergigantes azules), en las que su proceso de fusión de hidrógeno es extremadamente rápido y, por ende, son de muy corta duración. Sin embargo, en estas estrellas y en algunas gigantes rojas, no solo se producen helio, carbono, nitrógeno y oxígeno, sino también sodio, magnesio, aluminio, silicio, neónfósforo, azufre, cloro, potasio, calcio, manganesohierro, entre otros elementos.
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  • Supernova: Cuando la estrella comienza a acumular hierro, en vez de despedir energía, este elemento la absorbe, llevando a su contracción y, después, rebota en una explosión, una supernova. En el periodo de máxima contracción y en el rebote, se forman el níquel, cobre, oro, plata, zincmercurioplomotoriouranio y muchos de los demás elementos más pesados. Por acción de la explosión de la supernova, se diseminan todos ellos en el espacio.  En muchos casos, puede ser que se conserve el centro de estas estrellas en la forma de una estrella neutrónica. Si la estrella fuera lo suficientemente masiva, se podría convertir en un agujero negro. Las estrellas neutrónicas son menores, mucho más densas y con más poder gravitacional que las enanas blancas. Por cierto, hablando de ellas, una buena parte del níquel y hierro que existe en el universo, también provienen de las supernovas de enanas blancas. Varios de los elementos pesados también pueden ser creados por la interacción entre nebulosas y estrellas neutrónicas.
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Nuestro sistema solar empezó a formarse aproximadamente hace 5 mil millones de años. Los elementos que nos componen aquí en la Tierra no provienen del sol, sino de un número indeterminado de estrellas anteriores a él. En un momento dado, la nebulosa que formó el Sistema Solar, recogió muchos de estos elementos de estrellas que ya habían “perecido” y mediante un proceso violento y brutal, paulatinamente se fue formando una protoestrella, que se tornó en nuestro sol y, además, se formaron los planetas que giran alrededor de este, los satélites que revolucionan alrededor de ellos, además del cinturón de asteroides, el cinturón de Kuiper y la nube de Oort. De lo que se convirtió en el tercer planeta, emergimos nosotros.

El resto del universo continúa aumentando espaciotemporalmente, no solo por acción de la inercia comenzada por la explosión primordial, sino también por la llamada energía oscura, una energía que ningún científico sabe en qué consiste, pero que acelera su expansión. Por hoy, se piensa que el 68% del universo es energía oscura, el 27% materia oscura y el remanente 5% es la materia que conocemos.
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Reflexión

El proceso evolutivo del universo es algo que conocemos solo parcialmente. Lo que acabo de exponer es una sobresimplificación de todo lo que ocurrió durante 13.8 mil millones de años. Esto es necesario por razones didácticas. Sin embargo, no debe tomarse como información infalible. No he hablado, por ejemplo, de la formación de elementos por concepto de vida media. Tampoco sabemos por qué prevalece más la materia que la antimateria en el cosmos. No me he referido a ciertos elementos que también aparecen en la tabla periódica y que se formaron durante estos años (e.g. el argón, el fluor, el vanadio, el iridio o el platino). Tampoco hablo de procesos más complejos que se dieron dentro de las mismas estrellas (e.g. las diversas cáscaras de las estrellas y los elementos predominantes que las componían). Lo que ustedes leen en Wikipedia en torno a la evolución del universo también sobresimplifica y también lo hizo Neil DeGrasse Tyson en el primer episodio de la fabulosa serie, Cosmos (2014).

Sin embargo, este es el comienzo del Relato de la Gran Historia. El pastor unitario universalista, Michael Dowd, y la bióloga, Connie Barlow, ambos religiosos naturalistas, la caracterizan como el relato de la historia cambiante (the story of the changing story). ¿Por qué “cambiante”? Porque desde un punto de vista puramente naturalista, la Gran Historia cambia en la medida que las ciencias intentan dar cuenta de vieja evidencia de manera más sofisticada o de la nueva y que no se ha tenido en cuenta antes. La Gran Historia no es otra cosa que la mejor teoría científica más abarcadora posible que explica el presente. Muchas personas prefieren “verdades fijas”, pero la comunidad científica prefiere someterse humildemente a la evidencia que ser intransigente con su cosmovisión.

Desde el punto de vista del conocimiento, nunca tenemos absoluta certeza de todo. Por lo tanto, siempre es el deber del conocedor es cuestionar y no aceptar nada si no justifica con evidencia intelectiva (en el caso de las ciencias eidéticas deductivas) o empírica científicamente cualificada (en el caso de las ciencias fácticas). Esta es la imagen aproximada que tenemos hoy de la evolución del universo, pero podría cambiar en un futuro.

Evolución del universo

Evolución del universo, basado en una imagen de la NASA (CC0)

Esto inspira a muchos, pero no a todos. Hay personas en este mundo que no encuentran sentido existencial en un universo como este, porque todo actúa por mera inercia de las leyes físicas, sin que encuentre en él significado alguno para su vida. Ven la perspectiva, de manera muy similar a esta descripción de Richard Dawkins:

En un universo de fuerzas físicas ciegas y replicación genética, alguna gente se va a lastimar, otras personas tendrán suerte, y no hay motivo ni razón para ello, ni cualquier justicia.  El universo que observamos tiene precisamente las propiedades que deberíamos esperar si no hay, en el fondo, ningún designio, ni propósito, ni maldad ni bondad, nada sino una indiferencia ciega e despiadada. (River Out of Eden 132-133, mi traducción)

Entendemos a Dawkins. Las leyes operan ciegamente sobre todos nosotros sin importale criterio moral alguno, de bondad o maldad. La amoralidad de la ley gravitacional afecta a justos e injustos exactamente de la misma manera.

Aun con todo, hay algo que se pierde de perspectiva, aun cuando las leyes de la física sean ciegas, ellas permiten la emergencia de seres que tienen la capacidad de otorgar esa significación que tanto se busca en el universo: usted, yo y la humanidad entera. Si se me protesta porque buscamos significado en el universo y, tal vez, en el más allá, mi respuesta es: nosotros somos literalmente la viva encarnación del universo.

¿No me creen?  Piensen en lo siguiente: el elemento más abundante de la materia visible del universo (74%), la mayoría de los átomos que nos componen son de hidrógeno (66%), aunque en masa componen el 10% de nuestro ser. El 25% de nosotros se compone de átomos de oxígeno, también uno de los elementos menos abundantes del universo (1%), aunque es el 61% de nuestra masa. El 10% de los átomos que nos componen es carbono, el más creativo de los elementos, y es de los menos abundantes en el cosmos (0.5%), pero es el 23% de nuestra masa. El hidrógeno en nosotros proviene en su mayoría de la Gran Explosión primordial, el resto, de las estrellas. El calcio en nuestros huesos y el hierro en nuestra sangre provienen de supergigantes azules y rojas.  Cada vez que respiramos, e inhalamos el oxígeno y el nitrógeno en el aire, estamos de cierta manera comulgando con estrellas rojas, estamos integrando a nuestro ser lo que ellas continúan fabricando en el espacio.

Somos seres de luz. Nuestros electrones absorben la luz recibida del sol y otras fuentes lumínicas, suben y bajan de niveles de energía, emitiendo luz como resultado. Somos polvo de estrellas. Somos literalmente emergencias del universo mirando el mundo, disfrutando de aus paisajes, leyendo, escribiendo, bailando y yendo al teatro o al cine. Somos el cosmos que mira a las estrellas, extáticos de asombro por su belleza.

https://pxhere.com/en/photo/955561

Una persona contemplando el aurora borealis en el cielo nocturno. https://pxhere.com/en/photo/955561

El propio cuerpo te revela, en sus átomos y moléculas, un relato maravilloso y real de nuestro origen. Utilizamos los instrumentos de humildad intelectual que ofrece las ciencias y llegaremos a ubicarnos dentro de esa extraordinaria narrativa que es el universo.

Desde esta perspectiva, tú eres un ser especial. No solo porque tienes la capacidad de aprender de esta narrativa, sino también puedes contarla a otros, de manera no muy distinta a la de nuestros ancestros con sus mitologías. De todos los animales que hay sobre la faz de la Tierra, somos los únicos capaces de relatarlo. Escucha lo que cada átomo de tu ser tiene que decir de tu pasado y tu presente. Desde la Gran Historia, eres parte de un emergente universo inherentemente creativo, al igual que lo eres tú. Somos la naturaleza descubriendo su propia naturaleza. (Dowd cap. 16) El mito de la Gran Historia se distingue de otros mitos precisamente porque pone rigurosamente sus ideas a prueba y se transforma en la medida que una comunidad de conocedores está dispuesta a su cambio de parecer con fundamento en la evidencia.

Si esto es así, esto significa que  eres el universo que se da a sí mismo significado. Cuando el ministro unitario universalista, Rev. James I. Ford, nos dice metafóricamente que reconozcamos que estamos entretejidos unos con los otros. Esta verdad metafórica nos indica que todos provenimos del mismo lugar, venimos de una misma estirpe cósmica, que somos hijos de las estrellas. ¿Cuál parentezco sería más bello y noble que este? Reconociendo a los demás humanos como semejantes y velando por nuestro deber hacia los ecosistemas y hábitats, nos corresponde darle significado al universo aceptando nuestra responsabilidad con este. Sé siempre una inspiración de sentido de la vida para los demás.

Desde los comienzos de la humanidad, las religiones han supuesto seres supramundanos que le otorgan ese sentido a la vida humana. Lo hermoso de esta perspectiva naturalista es que la humanidad siempre se ha dado a sí misma sentido dentro y fuera de los sistemas religiosos. Sin embargo, hoy día, muchos sectores religiosos  y los que no lo son, pueden tener como base común el conocimiento factual del mundo y principios racionales, con los que nutrir nuestras vidas e, inclusive, tradiciones religiosas: darles nuevo significado a nociones de antaño, propiciar cambios que nos estimulen a cambiar el presente para el bienestar de las futuras generaciones.

Esto no significa que podamos convencer a todo el mundo de esta narrativa. Siempre habrá en toda sociedad e individuo que quiera persistir en interpretaciones arcaicas. Sin embargo, el fomentar de diversas maneras el bienestar global y aumentando la calidad educativa, podrá llevar a muchos, dentro y fuera de sus tradiciones religiosas o no religiosas, a adoptar unas bases firmes para un mejor futuro. Debemos aspirar a pasar de una fe ciega a una fe evidencial.

En fin, todos compartimos igual materia, energía y la mayor capacidad de realizar nuestras aspiraciones y sueños. La Totalidad de la Realidad es ese tapiz donde podemos tejer todos nuestros relatos, espiritualidades, aspiraciones, diversidades de vida, formas de pensamiento y tradiciones culturales.

Seamos capaces de reconocer que, con base en esta gnosis, nosotros debemos aspirar a ser la bondad y esperanza que constantemente buscamos en el mundo. A esto, digamos siempre “Amén”.

Nuestra reflexión no termina aquí. Continuaremos.

Contemplación del universo

Contemplación del universo. Imagen original de trasfondo cortesía de Good Free Photos. (c) 2018, Pedro M. Rosario Barbosa (CC-BY-SA 4.0+).

Nota final: Existe literatura para niños que les enseña este conocimiento de forma amena y hermosa. El libro que recomiendo está fuera de circulación, pero su autora la ha hecho disponible digitalmente para propósitos educativos. Pueden descargarlo aquí. Gracias a Michael Dowd y Connie Barlow por hacerlo disponible en su portal The Great Story.

 

Referencias

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Nuevo radiotelescopio en China

El radiotelescopio de Arecibo

El radiotelescopio de Arecibo

Recientemente salió la noticia de que en China se abrirá un nuevo radiotelescopio, el más grande del mundo, algo que es una enorme contribución para la humanidad.

La mala noticia es que esto podría añadir un problema adicional para nuestro Observatorio en Arecibo, ya que muchos contemplan al radiotelescopio como obsoleto.

Sin embargo, esto no tiene que garantizar su eventual cierre en pocos años. Muchos astrónomos alrededor del mundo necesitan tiempo para utilizar algún telescopio que esté a su disposición para sus estudios e investigación. Además, el Observatorio sigue siendo un atractivo para muchos turistas alrededor del mundo y queremos mantenerlo abierto.

El futuro del Observatorio es incierto a dentro de nuestro contexto local (especialmente a la luz de la depresión económica de Puerto Rico y la normativa que adopte la Junta de Control Fiscal) y el internacional. Veamos qué ocurrirá en los próximos años.

Nuevo libro: La búsqueda de exoplanetas

Searching for Habitable Worlds

Searching for Habitable Worlds: An Introduction, por Abel Méndez y Wilson González Espada.

El periódico El Nuevo Día nos informó ayer de una  nueva publicación en torno al tema de los exoplanetas por dos científicos puertorriqueños, Abel Méndez, Catedrático Asociado en Física y Director del Laboratorio de Habitabilidad Planetaria en la Universidad de Puerto Rico en Arecibo, y Wilson González Espada, Catedrático Asociado en Física y Educación Científica en Morehead State University. El libro se titula, Searching for Habitable Worlds: An Introduction (La búsqueda de mundos habitables: Una introducción).

El libro consiste en una exposición introductoria en cuanto a qué son los exoplanetas, cómo se pueden identificar, cuántos se han encontrado por el momento y cuáles son los planes en el futuro en relación con el beneficio para la especie humana de una posible visita de esos planetas. Para facilitar su fin didáctico y el disfrute del lector, el libro está lleno de ilustraciones a color. Ahora está a la venta en el portal de la editorial Morgan & Claypool Publishers, además de en Amazon.com y Barnes & Noble.

Problemas con el Observatorio de Arecibo

Arecibo_Observatory_Aerial_ViewEl observatorio Radiotelescopio de Puerto Rico se está convirtiendo en otra víctima de la crisis económica de Puerto Rico y de los graduales recortes de gastos en ciencias que ha estado llevando a cabo el gobierno de los Estados Unidos. Además, también ha caído en el problema común de cualquier tecnología creada durante la segunda mitad del siglo pasado: sus facilidades son consideradas obsoletas cuando se les compara con aquellas que han sido modernizadas.

Históricamente, desde 1970 el Observatorio era financiado por la Fundación Nacional de las Ciencias de Estados Unidos (NSF por sus siglas en inglés) y la Administración Nacional del Espacio y la Aereonáutica de Estados Unidos (NASA). Sin embargo, la NASA fue reduciendo gradualmente sus fondos y, desde el año 2006, la NSF ha recomendado menos fondos para su mantenimiento. Más tarde, en el 2011, este organismo gubernamental también terminó el contrato de administración de la Universidad de Cornell. Aunque la NSF continúa el financiamiento, han habido varios intentos del gobierno de Puerto Rico y de  organizaciones académicas públicas y privadas para la financiar y administrar el Observatorio. Hoy día, su dirección está en manos de tres organizaciones con fines mayormente académicos e investigativos: el Instituto Internacional de Investigación de Stanford (SRI International), la Asociación de Universidades de Investigación Espacial y la Universidad Metropolitana de Puerto Rico (UMET).

La reducción considerable de fondos federales y el planteamiento de su eventual eliminación ha llevado a muchos a una seria preocupación en torno a lo que es, no solo un importante instrumento de conocimiento del universo, sino también una fuente de fondos para Puerto Rico. De acuerdo con un reportaje de Carlos Antonio Otero para El Vocero, el Observatorio recibe alrededor de $10 a $12 millones, de los cuales dos terceras partes provienen de la NSF. Según otro reportaje de Pedro Bosque Pérez para El Nuevo Día, esta inversión representa una aportación de $145 millones a la economía de Puerto Rico.

La sospaecha del eventual cierre se fortaleció con la renuncia del físico Robert Kerr a la dirección del Observatorio en octubre del año pasado. Además, la NSF está tomando los pasos correspondientes al eventual cierre de las facilidades, incluyendo un estudio de sus consecuencias ecológicas y ambientales. La NSF convocó a unas vistas públicas en relación con este tema para la semana pasada y se llevaron a cabo en el hotel Double Tree by Hilton y en el Colegio de Ingenieros y Agrimesores de Puerto Rico. Inicialmente se pensaba terminar el contrato de la administración del Observatorio en octubre del 2016, pero se extendió 18 meses más, dándole un respiro temporero a las facilidades en lo que se toman ciertas decisiones. El rector de la UMET, Carlos Padín Bibiloni, informó a la prensa que en ahora está estableciendo vínculos con entidades privadas y públicas, relaciones con otras universidades y organizaciones científicas para mantener el Observatorio abierto al público.

Con todo, el futuro definitivo de este recurso astronómico es incierto. Algunos pueden considerar su tecnología obsoleta, pero todavía sigue siendo un medio de investigación valioso para muchos astrónomos y una fuente de descubrimientos importantes que son afines a la seguridad de nuestro planeta como, por ejemplo, muchos de los asteroides cuyas órbitas son cercanas a la de la Tierra. Para muchos puertorriqueños, el Radiotelescopio sigue siendo una fuente de inspiración para la investigación científica del cosmos.