Humanistas se expresan en contra de las llamadas “terapias de conversión”

Humanistas Seculares de Puerto Rico

Hoy, la presidenta de Humanistas Seculares de Puerto Rico (HUSE), Eva Quiñones, se expresó a nombre de la organización en torno al rechazo legislativo a enmendar el Código Civil de Puerto Rico para prohibir las llamadas “terapias de conversión” (terapias de reorientación sexual) en Puerto Rico. Aquí reproducimos su escrito:

Re: Terapias de “Conversión”

Eva Quiñones
Eva Quiñones

En tiempos recientes, se ha hablado mucho de este tema ya que unos buscan prohibirlas y otros buscan que se sigan permitiendo, como en la actualidad. La que lleva la voz cantante en este asunto es Zoé Laboy, y esto va de la mano con legislación similar que se ha aprobado en varios estados.

Veamos. Estas “terapias”, por su naturaleza misma, son secretas y ocultadas por los que las proponen y realizan. Es virtualmente imposible tener data de la ocurrencia de algo como esto, sin embargo, es un secreto a voces que no solo ocurren, sino que, específicamente, son promovidas desde las iglesias. Lo que no es secreto es que no funcionan, son traumatizantes, humillantes y muy dañinas a quienes se las dan, sobre todo si son menores de edad.

¿Por qué las iglesias (no todas, de seguro) promueven estas terapias? Porque ven esto de “hombre que yace con hombre, como si fuera mujer”, como una abominación, y aunque no veamos a ninguna iglesia en Puerto Rico buscando que el remedio a esta abominacion sea el que manda la Biblia, sabemos que la homosexualidad no es una enfermedad ni una patología sujeta a ser “curada”. De hecho, en ningún lugar de la Biblia vemos que puede ser curada, sino que al ordenar que sean matados, parten de la premisa de que no es curable, sino eliminable. ¿Qué dice la Biblia al respecto? En Levítico 20:13 tenemos la expresión mas clara, pero no única, en cuanto a la homosexualidad:

“Si alguien se acuesta con varón como los que se acuestan con mujer, los dos han cometido abominación; ciertamente han de morir. Su culpa de sangre sea sobre ellos.” [Nueva Biblia Latinoamericana].

Levitico 18:22 repite el sentimiento al decir

“No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación.”

De forma no menos dramática, en Romanos 1: 26,27 nos dicen:

“¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales”

Pero de aquí lo que podemos asumir es que si son dejados con vida, el castigo es que no heredarán algún pedazo de bienes raíces místico.

No vemos a ningún grupo religioso en la isla abogando por la inclusión de la homosexualidad como delito en nuestro Código Penal, cosa que el caso de Lawrence v. Texas, 539 U.S. 558 (2003) efectivamente abolió, ni a estatuir el castigo bíblico correspondiente, afortunadamente. Sin embargo, inventarse terapias seudocientíficas para lidiar con un problema que no existe nos parece absurdo. Es apliamente sabido que las organizaciones y grupos profesionales de la salud con base científica no tienen métodos reconocidos para curar la homosexualidad, principalmente porque no lo reconocen como una enfermedad ni patología. De existir alguno, estos no son avalados por la comunidad científica. En resumen, según la American Psychiatric Association Task Force on Appropriate Therapeutic Responses to Sexual Orientation,

“there are no studies of adequate scientific rigor to conclude whether or not such methods work to change sexual orientation. The longstanding consensus of the behavioral and social sciences, and the health and mental health professions is that homosexuality and bisexuality are per se normal and positive variations of human sexual orientation.” Research consistently failed to provide any empirical or scientific basis for regarding them as disorders or abnormalities.” {No existen estudios con la suficiente rigurosidad científica para concluir si estos métodos (las terapias de conversión) funcionan para cambiar la orientación sexual. El consenso de larga data de las ciencias del comportamiento y sociales, y de las profesiones de la salud y salud mental es que la homosexualidad y la bisexualidad son per se normales y son variantes positivas de la orientación sexual humana. Las investigaciones fallan consistentemente en encontar alguna base empírica o científica para considerarlas como desórdenes o anormalidades}.

Ante esta expresión tan contundente de la APA, solo nos queda resaltar que la data al respecto indica que las terapias de conversión reflejan un intento de los grupos, usualmente religiosos, de reparar y remover unas conductas sexuales que consideran como defectos morales o espirituales. La data también indica claramente que estos esfuerzos por cambiar la orientación sexual son infructuosos. Además, los individuos sometidos a terapias de conversión reportan angustias, sentimientos de culpabilidad, inadecuacidad, frustración, depresión, autoimagen negativa, entre otras.

La Organización Panamericana de la Salud (parte de la Organización Mundial de la Salud – World Health Organization) hace eco del consenso científico mundial de que la homosexualidad no es una patología, pero añade en el 2012 que

“The organization further called “on governments, academic institutions, professional associations and the media to expose these practices and to promote respect for diversity.” They further noted that adolescents have sometimes been forced to attend these therapies involuntarily, being deprived of their liberty and sometimes kept in isolation for several months, and that these findings were reported by several United Nations bodies. Additionally, the organization recommended that such malpractices be denounced and subject to sanctions and penalties under national legislation, as they constitute a violation of the ethical principles of health care and violate human rights that are protected by international and regional agreements. {La organización también llama a los gobiernos, instituciones académicas, asociaciones profesionales y a los medios a exponer estas prácticas y a promover el respeto por la diversidad. Además, notaron que los adolescentes han sido a veces forzados a asistir a estas terapias involuntariamente, han sido privados de su libertad y aislados en ocasiones por algunos meses, y que estos hallazgos han sido reportados por varios cuerpos de las Naciones Unidas. Adicionalmente, la organización recomienda que estas malas prácticas sean denunciadas y sujetas a sanciones y penalidades bajo la legislación nacional, porque constituyen violaciones a los principios éticos del cuidado de la salud y que violan los derechos humanos que son protegidos por acuerdos internacionales y regionales.}

Notamos el repudio y rechazo internacional a estas prácticas, no solo por no ser necesarias y sin base científica, sino porque son dañinas a las personas, sobre todo a los mas jóvenes, y porque constituyen violaciones a los derechos humanos de los que son sometidos a ellas. Como humanistas, repudiamos la existencia de estas seudoterapias y nos oponemos contundentemente a que sean permitidas en Puerto Rico. El consenso internacional nos puede informar de manera suficiente de la crueldad de estos tratamientos, y de su inefectividad, a falta de data local que por su naturaleza secretiva e ideológica es difícil pero no imposible de conseguir. Lo que no dudamos es que son terapias falsas promovidas por algunos grupos con base de fe, cosa que se demuestra al ver que son estos grupos los que mayormente las promueven y/o realizan, mediándose de profesionales o líderes religiosos inescrupulosos, y que NO FUNCIONAN.

Exhortamos, debido a la falta de acción de los cuerpos legislativos de nuestra isla, a que las organizaciones y grupos de profesionales de la salud monitoreen de cerca esta situación, y que sancionen a aquellos que ofrecen o promueven estas terapias dentro del ámbito de la salud de forma contundente. No tienen base ni origen salubrista alguno, por lo que no deben ser consideradas como prácticas aceptadas en nuestra sociedad. También exhortamos a aquellos que han sufrido estos tratamientos a que acusen y le reclamen públicamente a los que los han torturado con estas terapias malvadas, y que sepan que no estarán solos, que son seres humanos con derecho a vivir y amar consentidamente como su conciencia les dicte, y que desde el Humanismo, los apoyamos no solo en la búsqueda de la prohibición de estos tratamientos, sino también en la vindicación de todas las sexualidades libres y consentidas.

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Cartas sobre Albizu y Barbosa discutidas en La voz del Centro

Pedro Albizu Campos hablando en un mitin nacionalista (sin fecha). Foto cortesía de Center for Puerto Rican Studies, Hunter College, CUNY.
Pedro Albizu Campos hablando en un mitin nacionalista (sin fecha). Foto cortesía de Center for Puerto Rican Studies, Hunter College, CUNY.

Este artículo es solo mi reacción personal en torno al programa del domingo pasado, 24 de febrero de 2019, de La voz del Centro, moderado por Ángel Collado Schwarz. Esto no representa de manera alguna la opinión de la familia Barbosa.

En el programa del domingo pasado de La voz del Centro, se discutió un par de cartas que salieron a la luz recientemente, en las que se hacía referencia a un encuentro que hubo entre el joven, Pedro Albizu Campos y el ya mayor, José Celso Barbosa. El investigador que descubrió esta correspondencia fue Fray Mario Rodríguez León.

Rodríguez tuvo en sus manos la documentación de un nacionalista, Juan Jaca Hernández. El militante independentista le entregó una carpeta que le hizo la Policía de Puerto Rico (las infames carpetas de subversivos), donde había dos cartas, una del 30 de noviembre de 1961 dirigida a su hermana, Bernarda Jaca y otra dirigida a su hijo, Juan Alberto Jaca, fechada el 21 de enero de 1962. Según ambas, se hace referencia al encuentro que hemos mencionado.

En aquella época, Barbosa estaba viviendo en el Viejo San Juan y tenía unos 61 años, mientras que Albizu tenía unos 24 años. Este último militaba en la facción independentista del Partido Unión y no era todavía muy conocido en esos círculos ni el líder nacionalista con el que estamos familiarizados hoy.

José Celso Barbosa y Alacán
Fotografía de José Celso Barbosa y Alacán

Según la correspondencia, Barbosa le invitó a Albizu a su casa con el objetivo de hablar de la posibilidad de la fundación de un partido en pro de la independencia de Puerto Rico. Además, las cartas revelan que era el deseo de Albizu que esta reunión no se diera a conocer al público hasta que el País fuera independiente. Jaca le dio a conocer esta información a su hermana e hijo, porque, muy a pesar de la petición del líder nacionalista, se debía dar a conocer quién era realmente José Celso Barbosa. La segunda carta es especialmente enfática, de que Barbosa y Albizu habían acordado que, tras regresar Albizu a la Isla de sus estudios de derecho en Harvard, se debía fundar un nuevo partido político que abogara por la independencia de Puerto Rico. Desafortunadamente, cuando había regresado Albizu de su instrucción académica en los Estados Unidos, ya Barbosa había muerto en 1921.

Además de lo anterior, las cartas también nos revelan que Juan Barbosa, el hijo de José Celso, y Albizu eran tan cercanos, que se consideraban hermanos. Rodríguez nos dice que no sabía nada de la relación tan cercana entre ambos.

Reacción

Los que hayan leído mi entrada sobre José Celso Barbosa saben más o menos qué voy a decir e indicar. Solo hay dos aspectos de esta revelación que me sorprenden. Uno es que no sabía en absoluto de esta reunión entre Barbosa y Albizu, algo que dudo que conozca la familia Barbosa. La pregunta pertinente, y que ha sido formulada por Rodríguez, ¿qué vio Barbosa en Albizu que habló con él de la creación de un partido político independentista? Lo otro es que yo no sabía que uno de los hijos de Barbosa fuera tan cercano a Albizu.

En cuanto a lo que afirma Juan Alberto Jaca en sus cartas, debemos tener unas cosas en mente a la hora de cualificar estos documentos históricos. En primer lugar, dudamos que Jaca o Albizu se inventaran una información que tiene tan profundas implicaciones históricas, especialmente cuando se mantuvo en secreto por mucho tiempo y que, supuestamente, no se daría a la luz pública hasta que Puerto Rico fuera independiente.

Por otro lado, lo que se dice aquí depende de dos cosas: de la memoria y comunicación de palabra. En cuanto a la memoria se refiere, refuerzo el debido cuidado que se necesita a la hora de tomar los alegatos verbatim, ya que, como han demostrado los psicólogos cognitivos, el cerebro es experto en el sublime, inconciente arte de modificación de recuerdos. Por otro lado, la transmisión de información por palabra tampoco es un proceso fiable, algo que se puede constantar fácilmente con un experimento tan elemental como el juego de teléfono. Ambos elementos podrían indicar que, puede ser posible, que la noticia se haya exagerado un poco.

Ahora bien, en caso de que el contenido de estas cartas sean 100% correctas, ¿debería sorprendernos? De hecho, no. El que conozca a Barbosa sabe que fue un autonomista toda su vida. Él concebía la estadidad, no como una disolución de una nación soberana en otro país distinto. Al contrario, la manera en que describía la estadidad era casi como una independencia en la que Puerto Rico retendría una soberanía plena, pero en unión federada con los demás estados de la Unión. Como describí en mi artículo sobre él, su posición en torno a la soberanía bajo la estadidad era ingenua, incluso bajo los estándares de aquel tiempo.

Lo otro que debemos tener en cuenta es que, para 1918, Barbosa estaba desilusionado con la política de Estados Unidos a Puerto Rico. Por un lado, tras la aprobación de la Ley Jones en el Congreso, se impuso una ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños, pero que para nada alteraba la relación de subordinación con la metrópoli ni tampoco involucraba una futura promesa de estadidad. Era, para todos los efectos, la perpetuidad del coloniaje. Otra razón de su decepción era que se llevó a cabo una expansión de un puñado de corporaciones azucareras, que enajenaron sustancialmente de los puertorriqueños su oportunidad de forjar capital nativo. A los abogados de estas empresas, Barbosa les llamaba “hijos ajenos”. Finalmente, la independencia siempre estuvo en su mente en caso de que la estadidad no se concediera a Puerto Rico.

No creo que Barbosa fuera nacionalista al final de su vida. Nunca lo fue. Tampoco pienso que se convirtiera a la independencia al final de su vida, él murió con la convicción de que la estadidad era posible. Sin embargo, conjeturo que sí tenía en mente el hecho de que la independencia debía ser una opción para el pueblo de Puerto Rico, si Estados Unidos le negaba la estadidad. Por supuesto, él no era creyente del coloniaje, sea bajo la Ley Jones, ni tampoco apoyaría el contemporáneo, bajo la forma del llamado “Estado Libre Asociado”.

Lo que sí sospecho es que, si hay información que corrobore lo establecido en esa carta, puede ser que datos adicionales se pueden encontrar en el archivo de Pilar Barbosa. Personalmente sostengo que si él viera con la claridad prístina de hoy, que el gobierno federal le resta sustancialmente los poderes a los estados de la Unión, él dejaba de creer en la estadidad. Si viviera hoy día, ciertamente no sería estadoísta. (Una vez más, este es mi parecer personal).

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141 Premios Nóbel denuncian a Greenpeace

Premios Nóbel vs. Greenpeace

En este blog, hemos estado velando el conteo de ganadores del Premio Nóbel que denuncian las acciones de Greenpeace contra los alimentos producto de ingeniería genética y, en particular, su campaña irracional contra el arroz dorado.

Arroz dorado
Arroz dorado (Foto cortesía del International Rice Research Institute)

Para los que no conozcan la causa, el arroz dorado es un alimento transgénico, cuya ingeniería permite que produzca β-caroteno (37 µg/g), un químico que es antecesor de la vitamina A. Su fin es el que los agricultores de Asia y Oceanía tengan acceso a un alimento básico que les sirva para remediar, en el público, la epidemia de ceguera y muertes por falta de vitamina A. Las compañías involucradas eximieron de pago de regalías por sus ideas patentadas a cualquier agricultor u organización agrícola que generara un ingreso igual o menor a la cantidad anual de $10,000.00 estadounidenses. Aunque en nuestro contexto económico, esto parezca demasiado bajo, en el asiático, vuelve este alimento uno prácticamente libre de patentes para los agricultores. No se les prohibirá guardar sus semillas y las empresas no actuarán para limitar el mercado asiático de arroz para beneficiarse. Esto ha hecho al acceso al arroz dorado una de las causas humanitarias más importantes del mundo. El arroz ya ha sido aprobado por las autoridades de salud de Asia, Oceanía y Estados Unidos.

Mapa - Deficiencia de Vitamina A
Mapa que ilustra los países donde se padece de deficiencia de vitamina A y su nivel de gravedad.

Desgraciadamente, grupos verdes que, erradamente, han escogido hacer campañas científicamente infundadas contra los transgénicos, le han declarado la guerra a este arroz. Entre estos, se destaca el grupo político internacional Greenpeace, que ha obstaculizado, de diversas maneras, su siembra, principalmente por presiones políticas para establecer regulaciones contra un alimento beneficioso para la salud humana. Otros grupos verdes han optado por la destrucción de los campos donde se siembran.

No sorprende, pues, que esto haya levantado en la comunidad científica, el disgusto y rechazo a este talante irresponsable. Como manifestación de reprensión, la comunidad científica ha escrito una carta contra estos esfuerzos de Greenpeace y ha sido respaldada por varios ganadores del Premio Nóbel en medicina, en otras ramas de las ciencias naturales, en economía, literatura, entre otros.

Para el 2016, el número de estos ganadores del Nóbel sumaba 110. En febrero de 2018, 129. Un año después (en la actualidad), este número aumentó a 141. Del lado de otros científicos y ciudadanos, cuyo número asciende a 13,092, hemos hecho nuestra muy modesta contribución añadiendo una firma.

Alrededor del mundo, hay también intentos de crear alimentos básicos con los mismos fines humanitarios. Para África, se han creado (pero no hecho disponible todavía) la yuca dorada y el guineo dorado. ¿Por qué no se ha hecho disponible todavía? Vean el documental (¡aprobado por científicos!) llamado Food Evolution y ahí pueden tener una idea.

Según datos de las Naciones Unidas, hoy, más de una tercera parte de los niños del mundo padecerá de deficiencia de vitamina A. Bastante de ello se combate vía suplementación, pero no ha sido suficiente.

En el año 2014, unos economistas publicaron un estudio de cuánto le costó hasta aquel entonces, la oposición de la disponibilidad del arroz dorado al mercado indio. Se calculó dicha externalidad a unos $199 millones, lo que significaba de 1.4 a 2 millones años de vida en una década para tan solo un 30% de esa población.

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Muchas gracias.

Discusión en Mayagüez sobre la posibilidad de Reactores Modulares Pequeños (SMR) nucleares en PR

En una época como al nuestra, en que se consideran siempre las fuentes renovables como alternativas al consumo de energía fósil, se falla en incluir la discusión de Puerto Rico en torno a otra alternativa de energía, una que hemos discutido bastante en este blog: la energía nuclear.

El experto ambiental y en energía nuclear, James Conca, ha recomendado para Puerto Rico, la instalación de reactores modulares pequeños (SMR por sus siglas en inglés), específicamente los diseñados por la compañía NuScale.

NuScale

Representación de una central nuclear modular NuScale (Fuente: NuScale).

NuScale

Logotipo de NuScale

Este sistema tiene un sistema de seguridad pasiva muy sencilla. Si ocurre cualquier huracán, terremoto o maremoto (tsunami), el reactor no necesita respaldo eléctrico alguno, el agua enfriaría la reacción nuclear y, una vez evaporada, la convección continuaría el proceso de enfriamiento indefinidamente. Esta falta de necesidad de respaldo eléctrico fue reconocida preliminarmente por la Comisión Reguladora Nuclear de Estados Unidos (NRC). Más recientemente, en agosto de este año (2018), la NRC también reconoció que, en el caso de los SMRs como los de NuScale, en el peor escenario de derretimiento y escape de combustible, el área de desalojo de emergencia (Emergency Planning Zone) no sería mayor que el de los límites de la planta. Bajo tales condiciones, SMRs como los de NuScale o los de Westinghouse, serían buenos para algunos de los planes que se tienen para establecer microredes en Puerto Rico.  Lo mismo puede decirse de los diseñados por X-energy, que también cuentan con seguridad pasiva y que pueden establecerse en medio de una ciudad.

 

The Nuclear Alternative Project

Logotipo del Nuclear Alternative Project

Es comprensible que el público tenga preguntas y preocupaciones. La buena noticia es que va a haber una actividad donde puede presentarlas. El evento se llevará a cabo en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez, donde habrá un panel de ingenieros expertos en energía nuclear y otras personas que contribuirán al diálogo. El tema a discutirse: Small Modular Reactors: A feasible option for Puerto Rico? (“SMRs: ¿una opción viable para Puerto Rico?”) Entre los expertos, estará José Reyes, una de las mentes que concibieron el reactor de NuScale, Otros miembros,  Estarán allí también, Donald Hoffman, presidente ejecutivo de Excel Services Corporation, Jeffrey Harper, vicepresidente de X-energy, Eddie Guerra, ingeniero estructural de ARUP, Abdul Dulloo, director del Plant Technology & Product Development de Westinghouse, Scott Singer, de PAR Systems, David Sledzik, de Hitachi y General Electric, Carlos Fernandes de McConnel Valdés y Ángel Reyes, de Exelon. La actividad estará moderada por Jesabel Rivera de The Nuclear Alternative Project. Los temas a tratarse serán:

  • Manejo de desperdicio nuclear
  • Avances de tecnología de seguridad
  • Terremotos y maremotos
  • Impacto ambiental
  • Manejo y operación de un SMR
  • La política pública de energía de Puerto Rico
  • Financiamiento
  • Percepción pública y responsabilidad social
  • Ciberseguridad
  • Regulaciones federales
  • Desarrollo económico
  • Solar & Viento & Nuclear

Esta actividad se hace con la colaboración de la United Nuclear Industry Alliance, el Departamento de Ingienería Civil y Agrimesura de UPR Mayagüez y The Nuclear Alternative Project.

Aquí pueden registrar su asistencia a la actividad, que se llevará a cabo el martes, 30 de octubre, de 5:00pm a 8:00pm.

Anuncio actividad de Mayagüez

Economista desmiente falsedades sobre las leyes de cabotaje

Embarcación estadounidense

Embarcación estadounidense

Se publicó hoy, en el portal de El Nuevo Día, una excelente columna de opinión del Dr. José Caraballo Cueto, profesor de la Universidad de Puerto Rico en Cayey. Lo que hace este escrito especial, es que se centra en desmitificar muchas falsedades que se han dicho  y repetido frecuentemente en cuanto a la ley de cabotaje o la Ley Jones de 1920. He aquí la lista de los planteamientos que refuta:

  • Las leyes de cabotaje no inflan el costo de la transportación.
  • Los precios de alimentos en el estado de Florida son similares a los de Puerto Rico.
  • Los economistas no están de acuerdo.
  • Los que se oponen son los izquierdistas.
  • Las leyes de cabotaje no impiden que vengan barcos de otros países.
  • Las embarcaciones extranjeras no cumplen con los estándares de calidad.
  • Gracias a estas leyes, Puerto Rico cuenta con un servicio dedicado.
  • Los precios de venta son similares porque los costos son similares.
  • Eliminar las leyes de cabotaje no redundará en una disminución automática al consumidor.

Tras las respuestas breves, pero claras, de Caraballo, los argumentos a favor de la ley de cabotaje se desploman como un edificio construido en arena.

Este artículo y el otro, en que discute la deuda y el proceso de desindustrialización de Puerto Rico, plantean la necesidad de una restructuración interna del gobierno para mejorar su capacidad de captación de impuestos, atracción de inversión extranjera y la incentivación del comercio local. Sin embargo, también presentan un caso muy poderoso para discutir el tema del estatus de Puerto Rico como un asunto impostergable.

Recomiendo la lectura de ambos artículos para una reflexión seria sobre el futuro de nuestro adorado archipiélago.

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Los jurados no deciden lo que es ciencia (actualizado)

Fotografía de un tribunal

Ayer, 10 de agosto de 2018, en un tribunal de  San Francisco, California, un jurado decidió en contra de Monsanto, que debía pagarle a DeWayne Johnson una suma de $289 millones en daños y perjuicios. Johnson es un hombre de 46 años, víctima de linfoma no hodgkiniano (NHL por sus siglas en inglés) y se alega que obtuvo esa enfermedad, debido al nivel de frecuencia con que rociaba el herbicida Roundup® en su ámbito laboral. La situación de esta persona es desgarradora, ya que su cáncer es terminal.

Por otro lado, se encuentra una gran compañía como Monsanto, una corporación con un nombre que ya es equivalente a la del mismo Satán, que en ocasiones ha infligido daños directa o indirectamente (piénsese en la elaboración del agente naranja, el venta de PCBs, ha acosado a periodistas en torno a algunos de sus productos y no ha sido deferente a científicos y agricultores en cuanto a su manejo de su pesticida Xtend®, entre otros incidentes).

Logo de Monsanto

Logotipo actual de Monsanto

El peso de este caso descansaba en dos piezas de “evidencia”.  La primera, involucra los llamados “Monsanto Papers”, una serie de correos electrónicos y documentos internos que se han hecho disponibles al público gracias a la Ley de Libertad de Información (FOIA). El argumento de los abogados demandantes era que estos documentos presentaban evidencia contundente de que Monsanto había ocultado información en torno a la genotoxicidad de su producto, Roundup®. No solo eso, sino que demostraba de que la compañía probablemente tenía la costumbre de “escribir artículos” para que ciertos expertos los publicaran bajo su nombre (en inglés se conoce a esta costumbre antiética, ghostwriting).

Gran parte de esto lo analizamos en otro artículo que escribimos al respecto. En resumen, no está claro que la compañía realmente haya efectuado ghostwriting propiamente, aunque, en algunos casos, la evidencia parece indicar fuertemente que sí. Todos los científicos involucrados se han defendido al respecto. El caso más reciente fue el de Henry Miller, quien, en un momento de exceso de labores, le había expresado a un empleado de Monsanto en torno a las ideas, opiniones y puntos que quería que aparecieran en un artículo. Después recibió el borrador de esa persona, que él subsecuentemente modificó y corrigió para publicación. “Ergo“, el contenido del artículo tiene su origen en las ideas de Miller y no fue ghostwriting. Toda esta explicación es bastante cuestionable y cualquier persona razonable podría desconfiar de tal autodefensa a la luz de los correos electrónicos. Otros de los científicos mencionados en los mensajes fue Gary M. Williams. La New York Medical College (NYMC) investigó el asunto y determinó que no hubo violación ética (aunque las particularidades de este asunto se han mantenido confidenciales para respetar la intimidad Williams). David J. Kirkland también ha negado haber recibido documento alguno de la compañía que haya publicado bajo su nombre. Finalmente, está un empleado de Monsanto, William Heydens, quien afirmó que hizo unas contribuciones menores, unas ediciones, a un artículo que consideró la EPA para la reanudación de la licencia del glifosato. Esto se ha reportado mal en la propaganda anti Monsanto, de que Heydens había editado un ghostwriting hecho por la corporación.

Otra revelación pertinente de los Monsanto Papers, y que discutimos en otra entrada, es que una de las empleadas, Donna Farmer, había dicho en uno de los mensajes electrónicos es que no podía decir con certeza ante la prensa que Roundup® no fuera cancerígeno. Esta aserción, que  se ha sacado mucho de contexto, no se refiere al glifosato, sino más bien a los sulfactantes que acompañan el producto, que la corporación no había hecho los estudios al respecto, aunque todo indicaba que no eran genotóxicos (así mismo aparece en los mensajes electrónicos).  De hecho, como vimos en esa entrada, pudimos ver muy claramente en su intercambio que  creían en su producto, que no estaban “ocultando” que el producto fuera genotóxico. Al contrario, se afanaban por que los medios de comunicación tuvieran la información científicamente correcta. Sin embargo, lo que sí se le puede reprochar a Monsanto es la manera de convencer al público al respecto, especialmente si llevó a cabo esta actividad de ghostwriting.

Edificio del IARC

Edificio del IARC en Francia. Foto cortesía de Rystheguy de Wikimedia Commons. CC-BY-SA 3.0.

El segundo tipo de evidencia presentada es la famosa monografía de la la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), en la que determinaba que el glifosato debía considerarse “probable cancerígeno”. En su comunicado, la IARC mencionó a algunos experimentos en particular en los que encontró “evidencia limitada” de correlación entre la dosis de glifosato y ciertas incidencias de cáncer, en particular el NHL. En otro artículo, hemos llevado a cabo un análisis exhaustivo de cada uno de los casos, para inferir que, en realidad, la IARC no tenía evidencia alguna para llegar a esa convicción. Ninguna agencia de salud y seguridad alimentaria de prestigio del mundo coincidió con su análisis y conclusión, ni tan siquiera la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), Health Canada o la Autoridad de Protección Ambiental de Nueva Zelanda.  Aun con todo, esta evidencia extraordinariamente floja estableció la vinculación causal entre el glifosato y el NHL en la mente de los miembros del jurado.

La combinación de esta monografía, con la razonable sospecha de ghostwriting, y la mala comprensión de los mensajes electrónicos, llevaron a la desafortunada decisión de ayer. ¿Como lo sabemos? Porque así se ha dejado saber en Twitter. Michael Stiles, un analista de operaciones residente en Costa Rica, publicó en su cuenta secciones de una transcripción del caso al respecto.

¿Qué revelan estas secciones?  Bien sencillo, que DeWayne Johnson había desarrollado micosis fungoide, que se considera un tipo extremadamente raro de linfoma no hodgkiano. De hecho, los mismos abogados de Monsanto habían resaltado este hecho de que, debido a la manera en que se desarrolla esta enfermedad, es mucho más probable que hubiera empezado a desarrollarse desde antes de comenzar a laborar asperjando Roundup®.

Un detalle que hay que añadir es que el Dr. Christopher Portier estuvo defendiendo la evaluación de los estudios que hizo la IARC. Sin embargo, Portier ha sido un activista afiliado a la Environmental Defense Fund (que está contra el uso del glifosato) y que ha estado recibiendo una buena cantidad de dinero asesorando a firmas litigantes, para defender la monografía de la IARC, aun cuando, como estadístico, ese no es su expertise.

Parece que el jurado no tuvo en cuenta estos importantes detalles a la hora de deliberar al respecto. Por otro lado, el juez ha expresado su parecer en torno a la posible peligrosidad (hazard) y riesgo (risk) en relación con las conclusiones de la IARC, y ha visto la monografía como evidencia inadecuada para el caso.

¿Cómo han respondido los científicos en general ante esta decisión? Veamos:

En el mundo hispano, Rosa Porcel Roldán, del blog La ciencia de Amara, escribió un artículo en relación con este tema. Muchos científicos hispanohablantes aprovecharon la ocasión para expresarse.

El mismo proceso judicial estuvo repleto de información técnica en torno a los estudios de la EPA y de las agencias reguladoras europeas, sobre sus deficiencias, entre otros. No sería sorpresa si esta información fue abrumadora para los miembros del jurado que, usualmente, no son expertos en el tema. El testimonio de Johnson le añadió un elemento emocional a todo este asunto, llevando a su veredicto.

Monsanto ha afirmado que apelará la decisión y, desde mi muy personal punto de vista, creo que esta decisión del jurado será revocada. Aun si fueran ciertas todas las acusaciones de ghostwriting y aun si fuera cierto que Monsanto ha abusado de sus oponentes (como se ha podido constatar en algunos casos) y aun si algunos estudios tuvieran deficiencias, eso no cambia en absoluto la calidad científica que se tiene hasta ahora. Hay miles de estudios que periódicamente se han hecho en torno al glifosato. En PubMed, ya se va aproximando a los 2,900, y que contienen estudios que sí le hallan genotóxicos y otros que no. Cuando excluimos los estudios preliminares y los de revistas predadoreas, consideramos los estudios de mayor calidad, como los de cohorte, las revisiones científicas y metaanálisis, el resultado es que no hay evidencia alguna que el glifosato esté vinculado al cáncer y mucho menos al NHL.

Una vez más, esto no excluye con 100% de certeza que el glifosato sea genotóxico, puede serlo. Sin embargo, es sumamente improbable, dado que no hay evidencia sólida alguna de que lo sea. Compárese la siguiente gráfica del aumento del uso del glifosato en Estados Unidos, con las tendencias de incidencias de cáncer en ese país.  Con eso los dejo.

Aumento del uso del glifosato en Estados Unidos

Aumento del uso del glifosato en Estados Unidos (Benbrook, 2016, p. 8).

Las tendencias de incidencias y mortandad por cáncer por sexo.

Las tendencias de incidencias y mortandad por cáncer por sexo (Siegel, Miller, & Jemal, 2017, p. 12).

Mientras el uso agrícola y, por ende, el consumo de glifosato ha aumentado considerablemente a través de los años en Estados Unidos, el número de incidencias de cáncer se ha estabilizado y está disminuyendo.

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Referencias

Benbrook, C. (2 de febrero de 2016). Trends in glyphosate herbicide use in the United States and globally. Environmental Sciences Europe28(1), 3. doi: 10.1186/s12302-016-0070-0.

Siegel, R. L., Miller, K. D., & Jemal, A. (enero/febrero 2017). Cancer statistics, 2017. CA. Cancer Journal for Clinicians67(1), 7–30. doi: 10.3322/caac.21387.

¿Quién fue realmente José Celso Barbosa?

Nota:  Este es un artículo que originalmente publiqué hace algunos años, transformado y extendido sustancialmente y corregido gracias a críticas recibidas. Le agradezco mucho a la gran historiadora, Ivonne Acosta, por enviarme, hace algunos años, un correo electrónico al respecto . También abundo más sobre algunos errores que han aparecido a nivel popular recientemente en relación con José Celso Barbosa y otros que siguen perpetuándose. El estilo de este escrito es informal, añadiendo fuentes donde entiendo que quizá haya duda o curiosidad de parte de los lectores o para indicar de dónde saqué alguna cita. Si hay errores factuales, son míos todos y agradezco corrección.

Aclaro que en cuanto a las opiniones expresadas en este artículo, todas ellas son mías. No deben interpretarse como el parecer de la familia Barbosa. Ellos van por su rumbo y yo voy por el mío.

Finalmente, deseo indicar que escribo esto a raíz de ciertos desaciertos históricos que expresó el gobernador en relación con el prócer. Debe corregirse este problema y, para eso, está este blog. Sobre las declaraciones del gobernador, quisiera también señalar que no podemos ser ingenuos ante la equivocada opinión de que Barbosa fue rechazado por la Universidad de Puerto Rico por ser negro. Ese es un ataque disimulado a la universidad pública del país.


José Celso Barbosa

José Celso Barbosa

A medida que pasa el tiempo, la pregunta de quién fue José Celso Barbosa (o Ramón Power y Giralt, o Ramón Emeterio Betances, o Luis Muñoz Rivera, o José de Diego) es uno que debe pasar siempre por el crisol de la renovada y cada vez más sofisticada historiografía.  En muchos casos, historiadores de décadas atrás pudieron haber proyectado al pasado la situación y los prejuicios de su presente.

Por ejemplo, Lidio Cruz Monclova, presentaba a Ramón Power y Giralt como un autonomista en nuestro sentido del término, como un militar político que se encontraba en el sector reformista, en contraposición al conservador. El historiador excluía el favor a la independencia en Puerto Rico en la población criolla y lo presentaba como una influencia extranjera a la situación de Puerto Rico. Por otro lado, el exsenador novoprogresista, Orlando Parga, ha afirmado que la autonomía de Power era, de hecho, “asimilista”, porque aspiraba a convertir a Puerto Rico en provincia española.

Todos estos puntos se pueden debatir. Como señala el historiador Francisco Moscoso, se comete un error histórico si se establece una división tajante entre el reformismo y el independentismo en la época de Power, dentro de la realidad del régimen de José Bonaparte y el aprisionamiento del rey Fernando VII en París. Moscoso ha traído a colación una revisión de la postura tradicional en torno al “reformismo” de Ramón Power y Giralt al encontrar documentación en la que se revela que este insigne personaje histórico parecía ocultar información en torno a las insurrecciones que ocurrían en Venezuela. Tampoco el fin de Power era asimilista en nuestro sentido actual del término, sino que quería que Puerto Rico se volviera provincia española para ganar autonomía. Además, recordemos que el cabildo de San Germán había demandado para las Instrucciones a las Cortes de Cádiz, que la independencia fuera un derecho a considerar si no se restituía al rey Fernando VII y España quedaba anexada a Francia.  Además, durante ese periodo (1809-1811), se desató en Hispanoamérica una revolución en Venezuela. En Puerto Rico, se conspiró para una insurrección independentista que se llevaría a cabo en la Navidad de 1811 y no llegó a concretarse, debido a la llegada de una embarcación de soldados españoles (cerca de cuatro mil) en vías a Suramérica, específicamente a lidiar con el problema revolucionario venezolano (Moscoso 2003, 15-21; véase también Mattei Filardi 2017, 57-62).

Otro error común entre historiadores, en los que a veces proyectan realidades del presente al pasado, es el alegato de que en el Partido Unión de Puerto Rico, liderado por Luis Muñoz Rivera, sostenía a la estadidad, la autonomía y la independencia como opciones de self-government. Esto se ha repetido muchas veces en los textos de historia (e.g. Scarano 2008, 508). Sin embargo, el historiador Luis Mattei Filardi ha señalado que la documentación sobre la Base Quinta menciona solo a la estadidad y a la independencia bajo un protectorado estadounidense como las únicas formas de self-government adoptadas por el partido (ver documentos en Bothwell 1979, I-1:286-287). Cuando se perpetuó la Ley Foraker (1900), se aprobó la Ley Olmsted de 1909, y la Ley Underwood de 1913, el Partido Unión descartó la estadidad dejando solamente la independencia, como protesta (Mattei Filardi 2017, 95, 96; ver documentación en Bothwell 1979, I-1:340-341; ver Hernández Aponte 2013, 205; ver también, en cuanto a la Ley Underwood a Lugo Amador 2016, 315-317).

Estos y otros errores más se deben en parte a estos tipos de proyecciones al pasado. El problema se agrava con los que no son historiadores. Por ejemplo, si se le preguntara a algún puertorriqueño promedio, no muy conocedor de su historia, cuál era el ideal de estatus del líder socialista (mencionando esa palabra controversial), Santiago Iglesias Pantín, jurarían que es la independencia, porque la mayoría de los socialistas actuales son independentistas. Se equivocarían rotundamente en ese juicio, ya que su ideal era la estadidad. Cuando Matienzo Cintrón renunció a la estadidad y optó por la independencia del país, ¿renunció, por ende, a la americanización de Puerto Rico? Al contrario, él veía la americanización como un imperativo bajo la independencia. Si esto deja perplejo a los lectores, tengamos en consideración que cuando ahora pensamos en “americanización”, no nos viene a la mente lo mismo que pensaba Matienzo en 1912 (Lugo Amador 2016, 310-311). De hecho, el término “americanización” como lo pensaban muchos puertorriqueños entonces, no era el mismo que pensaban distintos sectores políticos estadounidenses.

Lo mismo ocurre cuando afirman que Barbosa fue un buen hombre y político porque se crió en un hogar cristiano. Sin embargo, Barbosa no era exactamente el mejor amigo del clero puertorriqueño, en parte porque fue discriminado racialmente por uno de sus miembros cuando era estudiante en el Seminario Conciliar de San Juan. En realidad, él sostenía valores fuertemente progresistas y modernistas, frente a lo que veía como el atraso tecnológico y político de España, del cual el clero católico formaba parte. Toda su vida, participó en causas progresistas como participante de movimientos clandestinos, la masonería y como promotor del ingreso como estado de la Unión, cuya constitución incluía en su Primera Enmienda, la separación de iglesia y estado. Lo mismo ocurre con el juicio de mucha gente cuando ve una inconsistencia o, incluso, hipocresía de Barbosa al favorecer la autonomía “auténtica” bajo España, pero la asimilación bajo Estados Unidos. Al contrario, podríamos decir que una era perfectamente consistente con la otra.

¡El contexto es todo!  Esto vale en las ciencias y también la historia. Veamos a Barbosa en contexto.

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I

Durante el siglo XIX, Puerto Rico pasó por una etapa de mucha tensión política con España. Debemos recordar que estaba dominado por una enorme potencia que, en aquel momento, rivalizaba con Portugal, Gran Bretaña y, gradualmente, con los recién nacidos Estados Unidos.

Según el historiador, Fernando Picó, la monarquía británica ya no se interesaba tanto colonizar la Isla, porque, en tal caso, la posición que iba a ocupar Puerto Rico  en cuanto a la producción azucarera rivalizaría a la de las demás islas británicas. Además, en 1797, los ingleses invadieron territorio puertorriqueño por última vez, y salieron tras dos semanas de presencia en nuestra tierra. Tampoco intentó atacar otro territorio español en ese momento o posteriormente, especialmente cuando cooperó con ciertas fuerzas políticas de Francia y España para recuperar las monarquías borbónicas de ambos países.

En el caso de Estados Unidos, desde el mismo principio, estuvo interesado en Puerto Rico por razones comerciales, después, militares.  El periodista Jesús Dávila nos señala que Estados Unidos y Gran Bretaña estuvieron interesados en ayudar al gran revolucionario, Francisco de Miranda, en sus esfuerzos contra el poderío español. Representantes de las dos potencias entraron en un pacto secreto con él en París en 1799 (a lo que Dávila llama, Pacto de Miranda), en el que se le prometía proveerle a Miranda municiones y soldados para su lucha liberadora. Sin embargo, pedían a cambio, tres territorios: Trinidad, Margarita y Puerto Rico. Dado que a Inglaterra no le interesaba, es razonable pensar que Estados Unidos era el poder más interesado en nuestro archipiélago (Dávila 2000, 45-55; cita a Santovenia 1935, 24-25). Estados Unidos también estaba en un proceso de expansión hacia el oeste y al sur, frustrando los esfuerzos del establecimiento de repúblicas hispanas en norteamérica: la República de Amelia, la República de Barataria y la República de Galveston (Dávila 2000, 57-112). Después, adquirió a Florida y le quitó territorio a México, estableciendo como estados a Texas, Nuevo México, Nevada, Colorado, Utah, Arizona, y California. Con esta sed territorial, no debería sorprender que también tuviera la vista puesta en las Antillas.

Simón Bolívar, el gran revolucionario de las Américas, desconoció el Pacto de Miranda e incluyó a Puerto Rico dentro de su agenda de liberación de los países de Latinoamérica. El Libertador contaba con María de las Mercedes Barbudo, su espía y primera líder del independentismo en Puerto Rico. Más adelante, también tendría como aliado a Roberto Cofresí Ramírez de Arellano.

Escudo de armas de la dinastía Borbón-Anjou.

Escudo de armas de la dinastía Borbón-Anjou.

Francia y España estuvieron vinculadas por años debido a que estaba dominada por los reyes Borbones desde el siglo anterior. Sin embargo, cuando se desató la Revolución Francesa, el rey francés fue depuesto, comenzando un proceso de vaivenes políticos que desembocó en el régimen de Napoleón Bonaparte. De ahí, conquistó a España, secuestró al rey Fernando VII y declaró que José Bonaparte I, rey José I.  Esto desató una furia en toda Hispanoamérica y las colonias aprovecharon la nueva coyuntura histórica para enviar representantes a las Cortes de Cádiz (un gobierno paralelo provisional) para hacer las debidas peticiones.

Como he indicado en la introducción, fue en este momento que comenzó a plantearse, en Puerto Rico, su independencia de España como una movida patriótica, pero también como un acto de rechazo a la monarquía de José I y un signo de lealtad al rey Fernando VII. Ramón Power y Giralt luchaba por presentar ideales liberales de avanzada para el mejoramiento de la situación política y económica de Puerto Rico. Cuando, finalmente, el poder del “Rey Deseado” fue restaurado en 1814, tras derrocar a hermano de Napoleón, los logros de las Cortes fueron ignorados por completo. En 1815, se decretó la Real Cédula de Gracias, que, en parte, tenía como fin neutralizar demográficamente a los movimientos independentistas de Puerto Rico al invitar a sectores de las élites Latinoamericanas que estaban siendo desplazadas por las distintas revoluciones transatlánticas. El otro propósito del decreto era el de incentivar la economía, mediante la importación de nueva tecnología y la liberalización temporal del comercio.

Miguel de la Torre y Pando

Retrato de Miguel de la Torre y Pando (1826).

No solo eso, sino que más tarde, en 1822, Miguel de la Torre, gran rival de Bolívar y derrotado de la Batalla de Carabobo, fue escogido por la monarquía española para gobernar a Puerto Rico. Por establecer una red de espionaje en Puerto Rico y el Caribe, De la Torre tenía fama de ser paranoico. Sin embargo, desde su perspectiva, su preocupación estaba bien justificada: por un lado, sabía que Estados Unidos estaba interesado en Puerto Rico y, por otro, también conocía bien la agenda inconclusa de Bolívar. Debido a ello, tuvo éxito al documentar la actividad subversiva de Mercedes Barbudo y la exilió a Cuba en 1824. También implementó el gobierno de las tres “B”s: baile, botella y baraja, con el objetivo de divertir a la población de cualquier intento de conspiración. Finalmente, Cofresí fue capturado por Estados Unidos en República Dominicana y entregado a España, en particular, a Miguel de la Torre, como un acto diplomático de buena fe ante el bochorno que pasó por la invasión no autorizada de Fajardo por parte del militar estadounidense, capitán y comodoro, David Porter (el “Foxardo Affair“).

El gobierno de De la Torre terminó en 1837. En ese año, en España, comenzó a regir una Constitución más liberal bajo la regencia de Isabel II, cuyos cambios no se extendían a las únicas dos colonias que le quedaban a España: Cuba y Puerto Rico. En cambio, se hizo una promesa de “leyes especiales” que nunca se concretaron. En Puerto Rico, se decretó el “Código Negro”, bajo el gobernador Juan Prim, en donde intentaba degradar la “raza africana” y presentaba una serie de medidas punitivas contra los esclavos rebeldes. Otro gobernador, Juan de la Pezuela, comenzó a implementar el sistema de libretas de jornaleros, que pretendía incentivar el trabajo, aunque fuera en unas condiciones paupérrimas. El disgusto de la clase política del sector criollo, en particular por los abusos de los gobiernos, el problema de la esclavitud y la falla en no proveer las “leyes especiales”, fue acumulándose hasta el punto que un sector conspiró para levantarse en armas con el Grito de Lares. Tras la neutralización de la insurrección, Ramón Emeterio Betances, entonces fuera de Puerto Rico, permaneció en el exilio y muchos puertorriqueños sufrieron cárcel.

Sin embargo, hubo algunos aires de cambio en España. Poco antes del Grito de Lares, ocurrió la Revolución Septembrina en 1868. Se depuso a Isabel II y comenzó lo que se conoce como el Sexenio Democrático, que fue el primer intento de establecer una España democrática que llevó eventualmente a la Primera República Española (1873-1874). Aun con un clima inestable, se intentaron promover políticas de avanzada en España y sus colonias. Puerto Rico llego a tener representantes a las Cortes que promovieron sus causas liberales. Según Moscoso y otros historiadores, este suceso y el de Lares, fueron elementos importantes para las históricas reformas:

  • se abole la esclavitud
  • se abole la libreta de jornaleros
  • se abolen las facultades omnímodas de los gobernadores
  • rige la Carta de Derechos de la Constitución Española de 1869
  • se establece la libertad de expresión y prensa en Puerto Rico
  • se establece la libertad de asociación (ley de reunión)
  • se establece la libertad de culto
  • se otorga el derecho a ser representados por partidos políticos que no fueran independentistas (Moscoso 2003, 74; véase también Hernández Aponte 2013, 42-43).

Habría que añadir que el Grito de Yara en Cuba, en el mismo año que el de Lares, y la lucha independentista allí desatada (por diez años) también debió haber tenido un impacto en la política de la España republicana a sus colonias (Mattei Filardi 2017, 75).

Durante este periodo importante, se pudieron establecer dos partidos políticos importantes: el Partido Liberal Reformista, que después se conocería como el Partido Federal Reformista, y el Partido Liberal Conservador, que, por motivo de confusión, cambió su nombre a Partido Español Incondicional.

Sin embargo, tras la restauración de la monarquía borbónica en España, en 1874, se dio un retroceso a muchos de los logros de la etapa republicana. Por ejemplo, en Puerto Rico, se le devolvió a los gobernadores sus facultades omnímodas y, para los efectos prácticos, el poder del voto lo ejercían los incondicionales, que eran los más beneficiados del comercio español. Además, se fomentó el llamado “cunerismo”, la elección de representantes a Cortes que no eran residentes de nuestra tierra. En ese momento cobró fuerza el reformismo en la forma de autonomismo, liderado entonces por Román Baldorioty de Castro. Barbosa se integró a la vida política dentro de ese ámbito de alta tensión social.

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II

José Celso Barbosa nació en Bayamón, el 27 de julio de 1857, hijo de don Hermógenes Barbosa, un albañil, y doña Carmen Alcalá, una ama de casas, ambos católicos. Su tía, Lucía Triano o “Mamá Lucía”, también contribuyó a su formación en su niñez y fue instruido en el catolicismo. En 1870, fue admitido en el  Seminario Conciliar de San Juan, una institución jesuita, donde sufrió discriminación por parte del clero, pero se graduó con honores. En 1875, se mudó a Nueva York, con la intención de hacerse abogado.

José Celso Barbosa

Foto de José Celso Barbosa (1880), Cortesía de la Biblioteca Histórica Bentley de la Universidad de Michigan.

Su experiencia en Estados Unidos, de sus notables avances políticos y tecnológicos muy por encima de lo que vivía Puerto Rico bajo España, le impresionó profundamente. Sin embargo, no debe ser sorpresa el hecho de que allá también tuvo que enfrentarse al racismo estadounidense. Debido a que se enfermó por un invierno al que no estaba preparado, se solía atender con un médico. Él le recomendó que desistiera del derecho y que estudiara medicina.  Esto se debe a que en Estados Unidos, aun en el Norte, no se fomentaba la abogacía por los derechos de los afroamericanos. Sin embargo, sí habían hospitales que necesitaban a médicos negros para que atendieran a pacientes afroamericanos. Tras ser rechazado en la Universidad de Columbia (por su color), ingresó a la Universidad de Michigan en 1877, donde se graduó con la nota más alta de su clase (valedictorian), en 1880. Esto le convierte en el primer puertorriqueño en matricularse en medicina en la Universidad de Michigan (University of Michigan History 2010, 131, 264-265). Por cierto, también es menester mencionar que en 1903, también recibió de la misma universidad, el título honorario de Maestro en Artes. Finalmente, la Universidad de Puerto Rico le dio un doctorado honoris causa en leyes, cumpliéndose así el sueño de Barbosa (Ramos 2018, 0:45-0:46).

Nota aparte:  Ya con esto, se desmitifican tres de las aserciones del Gobernador Ricardo Rosselló. Barbosa era puertorriqueño que emigró en un momento dado a los Estados Unidos, no al revés. Él fue rechazado por la Universidad de Columbia, no por la Universidad de Puerto Rico, al contrario, le otorgó su grado en leyes. Inicialmente, Barbosa no pensaba ser médico, sino abogado; se volvió médico, porque no podía obtener el título de abogado en Estados Unidos.

Román Baldorioty de Castro

Román Baldorioty de Castro según ilustrado por el libro de texto de historia de Puerto Rico de Paul Miller (1922).

Cuando regresó a Puerto Rico, empezó a participar activamente en la política. De 1885 a 1886, hubo un colapso económico debido a la caída de los precios del azúcar y tensiones tarifarias con otros países europeos y Estados Unidos. España llevó a aumentar la tarifa de su importación al café producido en nuestro archipiélago. Además, las Cortes habían decidido mantener a sus territorios cautivos a la venta de los productos españoles. Cuando el autonomismo se quiso definir en las filas del Partido Liberal Reformista, se convocó a una asamblea en Ponce el 7 de marzo de 1887. Allí se oficializó la autonomía como el objetivo de la organización política y cambió su nombre al de Partido Autonomista Puertorriqueño. En este tiempo, también se debatió en torno al tipo de autonomía que se quería adoptar para Puerto Rico.  Aunque Baldorioty era de la opinión de que debería moverse al canadiense, muchos adoptaron más bien al modelo propuesto por el autonomismo cubano, que era más restringido y en el que aplicaban todas las leyes provinciales. Baldorioty se resignó a ello en la asamblea.

Durante estos años, ya Barbosa era masón y formaba parte de sociedades secretas que buscaban boicotear estos productos españoles y fomentar los productos locales.  Estas sociedades se conocían como La Boicotizadora, La Torre del Viejo y los Secos (en oposición a los “mojados”, es decir, los comerciantes peninsulares). Estos no solo publicaban contra los negocios peninsulares, sino que también los incendiaban y vandalizaban. Barbosa fundó La Torre del Viejo y publicaba bajo el seudónimo de “El Viejo de la Torre”. El gobernador de entonces, Romualdo Palacio, responsabilizó a los autonomistas de estos movimientos y hubo una ola de arrestos, torturas y muertes de muchos de sus miembros. Por eso, a 1887 se le conoce como el Año Terrible de los Compontes, ya que muchos autonomistas fueron torturados, golpeados y sometidos a estiramientos de brazos y humillaciones para “componer” o “arreglar” a los que el gobierno consideraba subversivos. Palacio también decidió encerrar a Baldorioty en el Morro. Barbosa le visitaba en calidad de médico, le mantenía al día y servía de vínculo entre él y los autonomistas.

La respuesta del pueblo a lo acontecido no fue favorable a España. Algunos autonomistas se radicalizaron. Otros se volvieron separatistas en distintas modalidades: algunos, añorando ser un futuro estado de la Unión norteamericana, otros perpetuaban el sueño de Betances de una Confederación Antillana y, aun otros, de que hubiera una República de Puerto Rico. El descontento fue tan generalizado en la población, que llevó a España a remover a Palacio de su puesto y escoger a otro gobernador.

Bandera del cooperativismo

La presente bandera del cooperativismo

Sin embargo, Barbosa siempre estuvo a favor de la independencia económica de los puertorriqueños y no favorecía a los intereses peninsulares. No hay mejor testimonio de esto que cuando promovió el cooperativismo en Puerto Rico. Se ha dicho que Barbosa ayudó a fundar la primera cooperativa de Puerto Rico. Él mismo hablaba de la primera cooperativa establecida en nuestra tierra fundada por Santiago Andrade, un carpintero de profesión que, inspirado en los Pioneros de Rochdale, formó, en 1873, una sociedad de socorros mutuos conocida como “Los Amigos del Bien Público” (Parrilla 2003, 266-275).  No es casualidad que este acontecimiento ocurriera ese año, ya que era resultado de la liberalización experimentada en Puerto Rico bajo el régimen de la Primera República Española. En 1877, se fundó en Mayagüez, la Sociedad de Socorros Mutuos de Trabajadores. También, en ese pueblo, se fundó en 1891, la sociedad benéfica conocida como La Choza Amiga. En 1894 fue que Barbosa ayudó a fundar en San Juan la cooperativa El Ahorro Colectivo, que integraba diversas empresas bajo su techo. Nos dicen Francisco Catalá Oliveras y Carmen Rivera Izcoa:

Para el año 1896, [El Ahorro Colectivo] contaba con una tienda de provisiones, un almacén y una panadería, sumadas a la gestión del ahorro y préstamo (Catalá Oliveras y Rivera Izcoa 2010, 58).

Otras figuras como Salvador Brau, Eugenio María de Hostos y Rosendo Matienzo Cintrón, fueron fieles partidarios del cooperativismo.

Práxedes Mateo Sagasta

Práxedes Mateo Sagasta

Tras el fallecimiento de Baldorioty en 1889, Luis Muñoz Rivera y Barbosa se convirtieron en incuestionables líderes del autonomismo. Sin embargo,  tenían dos visiones distintas de cómo obtener dicha relación con España. Muñoz tenía una visión más pragmática, pero mediante unos recursos que Barbosa cuestionó muy fuertemente. Muñoz sugería que la mejor estrategia era la de aprovechar la alternancia que se daba entre Antonio Cánovas del Castillo y Práxedes Mateo Sagasta. Un pacto con el Partido Liberal de España, vía su presidente, Sagasta, podría llevar a que nuestro archipiélago consiguiera la tan deseada autonomía.

Barbosa ha pasado a la historia como el “idealista utópico” de la política de aquel entonces, a veces sin que se cuestione esa injusta reputación. Si uno mira las razones para su oposición, difícilmente se justifica esa perspectiva.  Veamos las razones por la que se opuso al Pacto Sagastino:

  • El pacto haría que el Partido Autonomista perdiera su debida autonomía y se convirtiera en un ala local del Partido Liberal Fusionista continental. Aunque lo que tenía pensado Muñoz era que finalmente los autonomistas pudieran acceder al poder (¡por fin!) para que el gobierno se moviera en dirección que se alejara del sector peninsular, Barbosa argumentaba que tal movida haría perder la identidad del partido como aspirante a una verdadera autonomía..
  • Barbosa sabía que a raíz de la Segunda Guerra de Independencia de Cuba, por motivos de intereses económicos y de dominio del Caribe, Estados Unidos presionaría a España para que se le concedieran mayores poderes a Cuba y que, por “rebote” político, llegaría la autonomía a Puerto Rico. En todo caso, se debería dejar que la inercia diplomática corriera su curso..
  • Con el Pacto Sagastino, el Partido Autonomista dejaría de ser un partido de tendencia republicana para integrarse a un partido monarquista. Esto contradecía la aspiración a un gobierno con separación de poderes..
  • Bajo los gobiernos monarquistas, Puerto Rico nunca consiguió nada, sino bajo los republicanos españoles. Bajo el Sexenio Democrático y la República Española, Puerto Rico tuvo su mejor gobierno con la concesión de los más amplios derechos (abolición de la esclavitud, derecho a la expresión, asociación, libre culto) a los que Sagasta se oponía. Por otro lado, mientras Sagasta fue presidente del Consejo de Ministros (1885-1890), no hizo nada para remediar los abusos del gobierno, incluyendo lo ocurrido en el Año Terrible de los Compontes..
  • Barbosa tenía una razón adicional y personal: Sagasta se oponía al derecho al sufragio de los negros en los territorios.

Muñoz adoptó una posición pragmática para resolver, aun parcialmente, el problema del dominio peninsular en Puerto Rico. Para él, la única manera de llegar al poder era vía el Pacto. Por otro lado, Barbosa acusaba a Muñoz de oportunismo y de querer colocar a gente de su facción en posiciones de poder en Puerto Rico. En el Partido Autonomista hubo una división final. En febrero de 1897, en el Teatro Municipal de San Juan, la mayoría de los delegados votó a favor del Pacto Sagastino. La facción antipactista no aceptó tal resolución y decía Barbosa que se llevaba con él la auténtica bandera del autonomismo. Del lado de Muñoz, se disolvió el Partido Autonomista, para después formar el Partido Liberal Puertorriqueño, mientras que el partido de Barbosa adoptaba el nombre del Partido Autonomista Puro u Ortodoxo.

Tras el asesinato de Cánovas del Castillo en agosto de 1897, Sagasta asciende al poder. Allí, el 25 de noviembre de ese año, presentó ante las Cortes un proyecto de autonomía para Cuba y Puerto Rico. Las razones para ello, respondían más a la situación de tensión internacional que tenía España con Estados Unidos que su lealtad a Muñoz y su grupo. Como bien Barbosa había predicho, en 1897, Estados Unidos protestó el trato inhumano del gobierno español a los insurgentes cubanos y exigía remedio inmediato a la situación. Sagasta utilizó el proyecto de autonomía como una medida que podía solucionar, aunque fuera parcialmente, la situación (Lugo Amador 2016, 232-233). Sin embargo, la Carta Autonómica, del 2 de febrero de 1898, se tomó en Puerto Rico como un gran triunfo de Muñoz sobre la “utopía” de Barbosa. La posición dominante de la historiografía puertorriqueña sostiene que fue gracias a Muñoz que se dio la Carta Autonómica. Sin embargo, otros historiadores, como Pilar Barbosa e Ivonne Acosta, nos recuerdan que en Cuba no hubo ningún equivalente al Pacto Sagastino. Además, el mismo Sagasta violentó el Pacto para reconciliar los grupos de Muñoz y de Barbosa, porque los tiempos de guerra con Estados Unidos exigían su unión política.

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III

Iglesia San José

La Iglesia San José y el daño causado por las fuerzas navales estadounidenses durante el bombardeo de San Juan (1898).

El régimen de la Carta Autonómica se vio frustrado por la Guerra Hispanoamericana ocurrida en 1898 a raíz de la explosión del Maine. El 12 de mayo de 1898, en la Bahía de San Juan sonaron los cañones de una flota estadounidense que comenzó a dispararle a la isleta e impactó varios edificios de la capital. Uno de los que se llevó un susto en el proceso fue el mismo Barbosa, quien estaba transportándose en una lancha de Bayamón a San Juan, para atender de alguna manera las víctimas del bombardeo.

Meses después, durante el gobierno militar estadounidense, los partidos de Muñoz y de Barbosa cambiaron su nombre a Partido Federal Americano y el Partido Republicano Puertorriqueño respectivamente. Actualmente, muchos llaman a Barbosa el “padre” de la estadidad para Puerto Rico. La realidad es que es padre del “movimiento” que perdura hasta nuestros días, pero no del ideal de la estadidad como tal. Ambos partidos, fueron estadoístas. Sin embargo, en ambos casos, la estadidad se veía en términos autonomistasComo indiqué al principio del artículo, el posterior Partido Unión, veía a la estadidad como una forma de self-government.

Una vez más, el contexto es todo. La manera en que ambos, Muñoz y Barbosa veían la estadidad era más bien como  formar parte de una institución política caracterizada por ser una federación de estados autónomos o independientes, en el que el gobierno federal no era altamente interventor como en la actualidad. Para todos los efectos, Barbosa aspiraba a una república libre, pero en unión federada a otras repúblicas o estados soberanos. De esa manera, se veía a Estados Unidos se veía como una república de repúblicas. En otras palabras, para ninguno de los líderes puertorriqueños, Estados Unidos era una nación y no lo veían como una amenaza a la identidad política puertorriqueña. En palabras de Barbosa:

Nosotros somos regionalistas, separatistas, independentistas… pero somos regionalistas, separatistas, independentistas al modo que lo son las naciones o estados que forman el pueblo de los Estados Unidos de América (citado en Meléndez 1993, 58).

Entonces, ¿por qué diferían Muñoz y Barbosa en cuanto a sus ideales de estadidad?

  1. Diferían en cuanto al liderato. Bajo el gobierno de Estados Unidos se perpetuó el conflicto personal entre ellos, degenerándose a medida que pasaba el tiempo..
  2. La composición demográfica de ambos partidos difería significativamente.  El Partido Federal era favorecido en general por los intereses de los hacendados y, en este nuevo panorama, las corporaciones estadounidenses de producción agrícola del azúcar. Por otro lado, el Partido Republicano era favorecido, en general, por profesionales como médicos, abogados e ingenieros..
  3. El Partido Republicano local se afilió al continental. Hay múltiples razones para eso. En primer lugar, Barbosa aprovechaba la coyuntura política de Estados Unidos en el que se encontraba en el poder el Presidente William McKinley, para ganar el favor del gobierno estadounidense. Además, contrario al Partido Demócrata de entonces, el republicanismo era progresista, promovía activamente la industria y los avances tecnológicos y tenía representación afroamericana en sus filas. En esta época el Partido Demócrata no era el partido de los afroamericanos, eso ocurriría mucho después, desde mediados de la década de 1960. Al contrario, a principios del siglo XX, el Partido Republicano era visto como la organización de Abraham Lincoln, quien terminó con la esclavitud en el Sur..
  4. Lo obvio, que el Partido Republicano continental no favorecía el monarquismo (como tampoco el Demócrata), sino un esquema de separación de poderes, el tipo de gobierno al que Barbosa aspiraba..

Ambos partidos locales se llevaron una sorpresa desagradable cuando, en vez de la concesión de la estadidad favorecida por la inmensa mayoría de Puerto Rico, el Congreso optó por crear un gobierno civil colonial con la ley que usualmente conocemos como la Ley Foraker (1900). Esta creaba una “ciudadanía de Puerto Rico”, equivalente a la de un súbdito (subject) o nacional (national) bajo la jurisprudencia estadounidense. Muchos esperaban que se extendiera la ciudadanía estadounidense como primer paso para la eventual estadidad. También establecía un ejecutivo nombrado por el Presidente de Estados Unidos, un Consejo Ejecutivo, nombrados por el Presidente, de los cuales 5 debían ser puertorriqueños y una Cámara de Delegados, completamente electa por los puertorriqueños.

Durante los años bajo el gobierno militar, Barbosa y los republicanos facilitaron a los estadounidenses implementar un proceso de “americanización”, pensando que el gobierno civil colonial sería la transición debida a la estadidad. Una vez más, el término “americanización” no se entendía de una sola manera en Puerto Rico ni en Estados Unidos. Los republicanos del Consejo Ejecutivo, durante los años 1900 a 1904, concurrieron a adelantar la agenda estadounidense, pero, en cuanto a los intereses económicos y políticos locales, no pudieron avanzar mucho.

Para Barbosa, más importante bajo la estadidad era la independencia económica, como una base sólida para una independencia política como nación unida la gran federación norteamericana. Contrario a su experiencia en España, favorecía la introducción de la práctica científica y tecnológica que hubo en Puerto Rico a principios del siglo XX. El impulso de la educación en inglés (que, para él,  conviviría con el español) y las transformaciones radicales de la jurisprudencia y estructura política interna de Puerto Rico, eran elementos necesarios para vivir en un ambiente mucho más próspero y estable. Las libertades políticas y económicas de “la raza” anglosajona (“raza” en un sentido grupal cultural, no del actual),  eventualmente mejorarían la vida de los puertorriqueños y les facilitaría conseguir la independencia económica que se necesitaba para participar de un mundo totalmente distinto al que se vivió bajo España. Pensaba él, que los puertorriqueños debían impregnarse del “espíritu anglosajón”, estableciendo un gobierno republicano, con las tres ramas de gobierno y el libre mercado competitivo, beneficiándose de un mercado común con Estados Unidos. Por otro lado, la identidad puertorriqueña quedaría protegida y cobijada como “patria regional” dentro de la federación de los estados de la Unión y, bajo esas condiciones, llegaría a su punto de definición cultural. Esta es la americanización por la que Barbosa tanto abogaba. Desde esa perspectiva, no sorprende en lo absoluto que él, en los primeros años de la invasión norteamericana, su partido estuviera tan dispuesto a propiciar la apertura a nuevas instituciones políticas y el capital.

Forma escrita por José Celso Barbosa

Forma escrita por José Celso Barbosa (1910), Cortesía de la Biblioteca Histórica Bentley de la Universidad de Michigan.

Eso no fue lo que vio luego, cuando los intereses corporativos fueron destruyendo ese sueño y continuaron las políticas coloniales de la metrópoli. Ante el acaparamiento de la economía rural por las centrales azucarera, el resto de su vida, Barbosa se expresaría en repetidas ocasiones altamente insatisfecho con la dirección de la política estadounidense. En 1913, el Partido Republicano se desvinculó del continental, al percatarse que a ese sector político estadounidense no le interesaba en lo absoluto la situación de Puerto Rico. Recordemos que ese es el año de la Ley Underwood y la exclusión de la estadidad de la Base Quinta del Partido Unión. El Partido Republicano no renunció a la estadidad, pero respondió desafiliándose del partido continental y le declaró enemigo de los ideales perseguidos por el Partido Republicano Puertorriqueño (Bothwell 1979, I-1:337-338).

Empezó a hablar de los puertorriqueños influenciados con los intereses corporativos foráneos como los “hijos ajenos” y recordó los tiempos de su participación en el movimiento boicotizador de “La Torre del Viejo”.

Aserción en 1910: Mas el verdadero peligro está en esas grandes empresas industriales si a tiempo no se vigilan, investigan y repelen…; el azúcar, el trabajo, y más tarde el café, serán controlados por esas grandes sociedades; pequeños terratenientes convertidos en mayordomos.

Afirmación en 1918:  Es necesario unir todas las simpatías, todos los esfuerzos de nuestros amigos, para un fin común:… salvar a nuestros hijos de la esclavitud económica, para que, dejando de ser agregados en la finca propia, pasen a ser dueños y administradores de su propia tierra…

Y es necesario que cese en Puerto Rico la actual situación en la que solamente un pequeño número de puertorriqueños escapados del naufragio colonial, tienen hoy verdadera influencia, riqueza y prestigio; y en cambio, una colonia extranjera continúa siendo la más rica e influyente y ocupa el puesto más saliente en la vida de nuestro pueblo; y la entidad puertorriqueña se esfuma en lo relativo a la vida económica; y la mayoría de sus habitantes continúa en la esclavitud económica, sometidos al poder del dinero de los hijos ajenos, cuyas riquezas los hacen poderosos e influyentes como en el pasado. Bajo la bandera americana, en lo político, gozamos de las mismas libertades, de los mismos derechos y prominencias de cualquier ciudadano americano, pero en lo económico, muy poco hemos avanzado, y no se puede ser dueño de un país sin ser dueño de sus riquezas…

Si hemos de hacer una patria nuestra, si nuestros hijos han de ser libres y felices en su tierra, tienen indispensablemente que ser dueños y señores de las riquezas de su patria. No hay independencia política sin la independencia económica … (citado en Meléndez 1993, 60-61).

Imagen de la National Geographic Magazine (1906)

Imagen de la National Geographic Magazine (1906)

El mismo Barbosa se dio cuenta de posibles errores pasados: los “hijos ajenos” explotaron su ideal político noble para favorecer su bolsillo, sin interés alguno en el bienestar de sus compatriotas:

[El éxito de los hijos ajenos se] debe en gran parte a que hemos vivido soñando y persiguiendo constantemente un ideal … de constituir una patria libre para nuestros hijos, sin darnos cuenta de que mientras realizábamos esa labor de alto patriotismo, los otros, los ajenos, esos quienes no les importaba nada nuestro status presente o futuro, aprovechaban la oportunidad del nuevo día, para acaparar las industrias, el comercio, y las tierras, y se adueñaban del país … (citado en Meléndez 1993, 62).

Debemos también discutir una movida lamentable del Partido Republicano, las famosas “turbas republicanas”. Un grupo de republicanos, dirigidos por José Mauleón y Castillo llevaron a cabo ataques a Muñoz Rivera y su grupo, nutriéndose del tono vitriólico que caracterizaba su rivalidad con Barbosa y viceversa. Mediante motines, actos violentos armados y vandalismo, estuvieron amenazando las actividades y la misma vida de Muñoz. En un momento dado, llegaron a destruir la imprenta de La Democracia, la publicación del sector político muñocista. Aunque tras los actos, se arrestaban a sus participantes, se les solía dejar libres al otro día. Parece que Barbosa no estaba contento con estas acciones de Mauleón y otros, pero en vez de denunciarlo públicamente, culpó a Muñoz de lo sucedido, particularmente por disgustar al pueblo con las “groserías” de su periódico, que el Partido Republicano no tenía la culpa y que él no se hacía responsable de cómo reaccionaba la gente ante sus escritos. En un momento dado, Muñoz tuvo que salir del país y mudarse a Nueva York por la escalada de la violencia. Esta debe considerarse una página oscura de la historia del Partido Republicano y, aunque Barbosa no fuera participante directo, pudo haber actuado mejor públicamente para reducir el nivel de la violencia (véase Negrón-Portillo 1990).

Finalmente, la situación de la Primera Guerra Mundial, y la preocupación por la posible invasión de Alemania a Culebra, llevó a Estados Unidos a considerar hacer a los puertorriqueños ciudadanos estadounidenses. Con tal fin, se aprobó la Ley Jones, que no solo hacía eso, sino que reformaba el sistema de gobierno. Tanto el Partido Unión como el Republicano, rechazaron unánimemente esta imposición unilateral del Congreso. Miembros del Partido Unión lo rechazaban por imponer una ciudadanía cuya fuente era colonial, además de perpetuar el coloniaje. El rechazo del republicanismo era otro, Barbosa consideraba la Ley Jones como una burla al pueblo puertorriqueño y un esfuerzo de convertir a los puertorriqueños en dependientes perpetuos de “un pueblo extraño” (citado en Meléndez 1993, 60). Aun así, los republicanos vieron la ciudadanía estadounidense como un paso a la estadidad, aun cuando algunos congresistas afirmaban explícitamente que no debía entenderse de esa manera. En vano solicitaron al Congreso un compromiso de otorgación futura de la estadidad.

Tras toda una vida luchando por un estatus autonómico, primero bajo España y después por la estadidad bajo los Estados Unidos, Barbosa murió en 1921 decepcionado con Estados Unidos.

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IV

Busto de José Celso Barbosa

Busto de José Celso Barbosa. Imagen cortesía de Tony the Marine, de Wikimedia Commons (CC-BY-SA 3.0 Unported).

José Celso Barbosa merece su puesto de prócer, ya que es padre ideológico de todo un movimiento en Puerto Rico y ayudó a forjar la actual nación puertorriqueña.

Sin embargo, como nos advierte el Dr. Luis Lugo Amador, no debemos endiosar a nuestros próceres o patriotas (Lugo Amador 2016, 186). No son dioses, sino personas de carne y hueso, con virtudes y defectos, hijos de su herencia genética y entorno ambiental y cultural. Podemos ver, en general, sus virtudes y sus defectos.

Su virtud mayor era la consistencia de su cosmovisión y principios políticos. Desde su comienzo en la política hasta su muerte, la visión barbosista siempre fue consistente: se debe promover un estado de derechos, el establecimiento de un sistema republicano de gobierno, promoción de la independencia económica, avances médicos, científicos y tecnológicos, buscando el más amplio autonomismo para Puerto Rico, etc. En ese sentido, Barbosa era muy predecible en cuanto a los valores políticos a los que siempre sostuvo.

Tenía también múltiples defectos. Uno de ellos era la extrema ingenuidad sobre lo que era Estados Unidos y sus propósitos. Sí, Barbosa pudo ver muy claramente bajo España que la autonomía que desembocaría en Cuba y Puerto Rico. Sin embargo, bajo Estados Unidos, parece haber estado bastante cegado de su idea de lo que era ese país: una república de repúblicas con un mínimo, de lo mínimo, de lo mínimo de intervención federal en la vida de los estados. De hecho, esa era la realidad de los estados de la Unión antes de la Guerra Civil de la década de 1860. Tras el Norte haber ganado, el intervencionismo federal comenzó, en parte, por la inclusión de algunas enmiendas a la Constitución estipulando ciertas prohibiciones a los estados. Además, Barbosa vivía durante la misma época del progresismo estadounidense, en el que el gobierno federal intervenía más para asegurar mejores condiciones laborales, fomentar la educación pública, fomentar los avances de la medicina, restringir y estimular áreas de la economía, entre otros. La ingenuidad de Barbosa era compartida por otros líderes que veían la estadidad como casi equivalente a la independencia. Esto no solo deja perplejos a los historiadores puertorriqueños actualmente, sino también a personas de su tiempo. En 1904, nos dice L. S. Rowe en cuanto a su investigación de las relación colonial entre Puerto Rico y Estados Unidos:

The natives could not be made to believe that in matters of public education, public charities, and sanitation, State governments were exercising an increasing control over the action of local authorities, nor could they be made to see that the American system, instead of being the extremely decentralized government of the early years of the century, was becoming one in which the central government [el gobierno federal] sets standards of efficiency and holds the local authorities to strict account for the maintenance of those standards (Rowe 1904, 155).

Más al punto, contrario a lo que nuestros políticos pensaban, esta corriente progresista no era compatible con la conservación de la identidad puertorriqueña. Bastante de ese movimiento, se movía desde una perspectiva WASP.

Por ejemplo, la educación pública fue en parte un combate de los sectores protestantes vía el gobierno como una reacción al Tercer Concilio Plenario de Baltimore de 1884, que decretaba el establecimiento y expansión de las escuelas católicas. Las autoridades estadounidenses extendieron esas mismas actitudes a Puerto Rico al promover la separación de iglesia y estado (Hernández Aponte 2013, 97-99, 104-106). Esta era la época de los terribles boarding schools en los que se forzaban a los niños nativoamericanos a asimilarse por completo a la cultura anglosajona, abandonando así sus viejas costumbres. Algunos progresistas también buscaban asimilar a inmigrantes, despojándoles lo mejor posible de la cultura que no era considerada aceptable para Estados Unidos. El programa conocido como Hull House tenía ese propósito de ir desvaneciendo la identidad cultural de los inmigrantes para facilitar su asimilación a la cultura estadounidense. El sistema educativo a los negros estadounidenses dejaba mucho qué desear en esta época. No perdamos de perspectiva que Puerto Rico también se discutía en las Conferencias del Lago Mohonk desde la invasión norteamericana; estas conferencias se originaron para discutir asuntos relacionados a la integración de nativoamericanos y otros grupos étnicos. Barbosa había asumido algo de esta retórica al hablar de la superioridad de la “raza” anglosajona en contraste con la cultural latina, que consideraba bien atrasada. Que los puertorriqueños debían impregnarse del “espíritu anglosajón”, dentro de un régimen de plena igualdad de derechos.

Gradualmente, Barbosa se dio cuenta de que el plan de los norteamericanos era la de la explotación de la población boricua en aras de los intereses coloniales, no la estadidad. De hecho, cuando las fuerzas del General Miles invadieron a Puerto Rico, virtualmente todos se entusiasmaron con la idea de la estadidad, especialmente tras su conocida Proclama. En ese momento, no tenían en cuenta que Miles tenía ya un récord extenso con los nativoamericanos de hacer promesas a nombre de Estados Unidos que jamás se cumplieron —además de haber puesto a soldados en una posición que desembocó en la vil masacre de los sioux en Wounded Knee. El único en darse cuenta de que la llamada “concesión de libertades” de Miles era una patraña, era Betances, quien residía, en aquel momento, en París y que murió poco después del acontecimiento.

Puerto Rico fue objeto del interés que tenía Estados Unidos en expandir su poderío hacia el sur, patrón que vemos en el siglo XIX. En aquel momento, Cuba se convirtió en punto clave de los intereses azucareros de Estados Unidos, además de que esa isla y Puerto Rico eran considerados puntos estratégicos militares. Tras la Guerra Hispanoamericana, Estados Unidos estuvo en una situación de ser una potencia colonizadora en la que chocaban intereses corporativos, comerciales y militares, política internacional, actitudes racistas  y tensión cultural con los antillanos. Esta interacción llevó a una política colonial que mantuvo a Puerto Rico como propiedad de la metrópoli, sin formar parte de la Unión. La novedad de la situación era inesperada para Barbosa, Muñoz y otros líderes políticos, porque el patrón mostrado en el pasado era que Estados Unidos incorporaba a sus territorios y, después, los hacía estado. Con la Ley Foraker y la Ley Jones, se hizo claro para muchos de ellos, incluyendo a Barbosa, que la política imperial era mantener a Puerto Rico como colonia indefinidamente.

En cuanto a la americanización, todavía hay problemas entre los historiadores tratando de entender el concepto como fue tratado en la matriz social estadounidense y la puertorriqueña. Por ejemplo, para muchos estadounidenses, significaba la asimilación cultural de grupos étnicos o religiosos dentro de un marco de una noción de superioridad cultural blanca, protestante y anglosajona (WASP). Algunas de ellas significaban el abandono total de su identidad cultural anterior, en otros casos, la conservación de aquellos elementos culturales que fueran armonizables con la convivencia la sociedad allí residente. En Puerto Rico, había distintas visiones de lo que era la americanización, todas ellas involucraban algún nivel de renuncia al estilo de vida y el atraso cultural y tecnológico que se vivía bajo España, vivir en una sociedad de avanzada de libre mercado y estado de derechos, con avances médicos, científicos y tecnológicos. Sin embargo, la constante aceptada en el discurso político de americanización era la conservación de la identidad cultural puertorriqueña. Para Barbosa, el proceso de americanización incluía la vida en un ambiente de libertades individuales para crear una economía independiente que fuera base para la independencia política bajo la estadidad. Al comienzo, pensó que las políticas estadounidenses eran un curso de trancisión para ello, después se dio cuenta de que ese no era el caso. De paso, pensaba que el espíritu anglosajón que permeaba la cultura estadounidense ayudaría a forjar la identidad puertorriqueña.

Otros, como Matienzo Cintrón, llegaban a la conclusión de que bajo el coloniaje estadounidense se vivía una falsa americanización y, eventualmente, favorecieron la independencia para que hubiera una genuina americanización. Para Matienzo, la americanización no debía entenderse en términos de la erosión de la “esencia” cultural puertorriqueña, sino en los de la consecución de libertades políticas, derechos democráticos, educación laica y derechos sindicales. Eso no depende de una estadidad, también debía darse bajo la independencia (Lugo Amador 2016, 290-291).

La Iglesia Católica enfrentó en numerosas ocasiones el problema de la americanización en Estados Unidos y Puerto Rico y la entendía en otros términos: no solo como un proceso usualmente contrario a los intereses del catolicismo, sino como una disolución de la identidad cultural puertorriqueña forjada bajo el catolicismo y la hispanidad. James H. Blenk fue designado por el Vaticano para ser obispo de Puerto Rico (1899-1906), tenía como misión conservar el perfil católico hispanoamericano de Puerto Rico y le dio prioridad a esa misma identidad cultural y cosmovisión; además, la Iglesia había estructurado su normativa a los decretos del Concilio Plenario de América Latina. Blenk no movió un dedo para estructurarlo según los decretos del Tercer Concilio Plenario de Baltimore, lo que hubiera conducido una “americanización” institucional del catolicismo en Puerto Rico (Collado Schwarz, González Nieves y Dávila 2004, 23:53; Hernández Aponte 2013, 196-197, 203; Silva Gotay 2012, 205). Es más, Blenk decidió dirigirse en español a un público —aun cuando el gobernador le solicitó que lo hiciera en inglés— a favor de la necesidad de la americanización de Puerto Rico, pero que era algo que no se debía darse, si eso significaba un choque con el carácter y la identidad de cultural de los puertorriqueños (Hernández Aponte 2013, 384-385; Silva Gotay 2012, 196). No es casualidad, pues, que fue en el periodo de 1912 a 1913, cuando Matienzo Cintrón participó en la fundación del Partido de la Independencia y cuando el Partido Unión dejó la independencia sola en la Base Quinta como opción de estatus, que Blenk se pronunció públicamente a favor de la independencia de Puerto Rico, aunque, para entonces, ya no era obispo de Puerto Rico (Hernández Aponte 2013, 202-203; Silva Gotay 2012, 220-221).

Barbosa y el Partido Republicano en general, preferían la estadidad, no solo por la americanización, sino también por los beneficios de inversión que ella conllevaría para el desarrollo de un Puerto Rico autónomo y soberano. Sin embargo, si el Congreso rechazaba la estadidad, estaba dispuesto a solicitar la independencia. De hecho, por mucho tiempo, esa era la filosofía republicana. Esto llegó hasta el punto que, cuando se propuso el Proyecto Tydings (1936), que proponía unas condiciones adversas para la opción independencia, el líder estadoísta republicano, Rafael Martínez Nadal, afirmaba que si se daba el referéndum propuesto, se debía votar por la independencia como refugio de la dignidad puertorriqueña.

En mi opinión, a partir de la historia y los dichos de Barbosa (los expresado aquí y los demás), es claro que, si él viviera hoy, sería soberanista. De hecho, su ideal de estadidad de aquel momento se acerca bastante a la de una libre asociación soberana. Sin embargo, creo hubiera preferido una independencia con una relación política cercana a los Estados Unidos. No se puede argumentar que hubiera apoyado el Estado Libre Asociado actual (ni tan siquiera uno “mejorado”), porque es otra forma de perpetuar la colonia. Tampoco hubiera aceptado la estadidad como es posible actualmente. Él le daba prioridad, hasta el punto de la ingenuidad, a la no intervención federal en campos que debía dominar un estado soberano. Ha llovido desde los tiempos de la Era Progresista a la actualidad, lapso de tiempo en el que el gobierno federal virtualmente ha acaparado muchas de las variables autónomas que antes estaban en manos de los estados. Hoy existe una fuerte normativa reguladora federal, que ha dictado las condiciones para los beneficios de sus transferencias federales.

Él hubiera estado de acuerdo con un cierto grado de aportación del gobierno federal a un Estado de Puerto Rico, pero jamás hubiera usado tales transferencias como propaganda para mantener una dependencia económica en Estados Unidos. Lo menciono, porque esta visión de “la estadidad para los pobres”, con el que actualmente se valora ese estatus para aumentar el nivel de dependencia económica, era algo totalmente ajeno a sus ideales. Como hombre de avanzada, Barbosa estaría en contra de la intervención de las iglesias en asuntos del estado. Tampoco hubiera sido muy favorecedor de los subsidios exagerados a corporaciones extranjeras, sino que hubiera intentado fomentar los negocios locales, incluyendo al sector cooperativista. Finalmente, como creyente en la “armonía entre el capital y el trabajo”, tampoco hubiera favorecido la reducción de los beneficios adquiridos por los trabajadores y el sector sindical, fueran en el sector público o el privado. Demás está decir que todavía el Congreso de los Estados Unidos explota ideológicamente a los líderes estadoístas, con una esperanza de estadidad, para fines de ellos, no los de los puertorriqueños. En resumen, ni la estadidad actual como estatus, ni el movimiento estadoísta actual, comparten los ideales de Barbosa, aun cuando, irónicamente, sean sus descendientes ideológicos.

En este sentido, este prócer tiene bastante qué decirle a los puertorriqueños hoy día. Para eso están estas figuras de la historia. Sin embargo, para comprender  bien a Barbosa, debemos ver sus acciones y palabras en sus términos y su situación histórica. Escuchemos siempre lo que tiene que decirnos desde su perspectiva progresista e ilustrada. Barbosa, al igual que Muñoz Rivera, José de Diego, Matienzo Cintrón, Salvador Brau, María de las Mercedes Barbudo, Baldorioty de Castro, Segundo Ruiz Belvis, Ramón Emeterio Betances, Ramón Power y Giralt, entre otros grandes hombres y mujeres de Puerto Rico, le pertenece a todos los borinqueños.

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Comentario y reseña de The Battle for Paradise de Naomi Klein

Naomi Klein y sus obras

Foto de Naomi Klein a la derecha, cortesía de Mariusz Kubik (CC-BY 3.0 Unported).

Hace algunas semanas, se estuvo hablando mucho del libro más reciente de Naomi KleinThe Battle for Paradise, en torno a la situación de Puerto Rico a la luz de la situación producida por el paso del huracán María por nuestro archipiélago. Este comentario quiere poner su contenido desde la perspectiva sostenida por la autora en otras de sus obras, para luego hacer una reseña de ese texto.

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El marco teórico de Naomi Klein

Naomi Klein

Naomi Klein en Varsovia, Polonia, en 2008. Foto cortesía de Mariusz Kubik (CC-BY 3.0 Unported).

Klein es una reportera canadiense que comenzó a ser conocida por su crítica social en su libro No Logo, una mirada interesante al mercadeo de los logotipos y marcas comerciales, y su invasión de los espacios urbanos y públicos para maximizar la venta de productos corporativos y multinacionales. Desde entonces, siempre es una referencia importante de crítica  cultural en las ciencias sociales, por ser una expresión poderosa contra la ola globalizadora de finales del siglo XX y principios del XXI.

Escribió una segunda obra, mucho menos conocida, titulada, Fences and Windows, en la que elabora más ciertas discusiones de No Logo, pero esta vez, adentrándose más en el fenómeno de la globalización.  Tampoco se conoce mucho un documental que ayudó a filmar junto a su esposo, Avi Lewis, llamado The Take. El filme trata de los acontecimientos de “la toma” ilegal de trabajadores argentinos y cooperativización de las fábricas en donde solían trabajar. El movimiento para ello se dio tras el cierre de varias manufactureras a raíz de la caída de la economía argentina, dada la extrema corrupción que se dio bajo la incumbencia de uno de los presidentes anteriores, Carlos Menem. Tales tomas fueron legalizadas una vez Néstor Kirchner, socialdemócrata y peronista, llegó al poder.

No Logo

Cubierta del libro, No Logo.

Sin embargo, la travesía de su discusión de crítica al capitalismo, tomó dos giros muy importantes, resultado de sus dos obras, The Shock DoctrineThis Changes Everything.  La primera, motivada por la invasión de Estados Unidos a Irak y el desastre de Nueva Orleans tras el paso del huracán Katrina. Examina acontecimientos del pasado y el presente, de cómo el corporatismo capitalista aprovecha oportunidades de desastre, de “shock“, para reconstruir y convertir una región o país en un paraíso neoliberal. La obra se inspira en los acontecimientos de Chile, en los que, tras Estados Unidos propiciar un golpe de estado contra el gobierno de Salvador Allende, los Chicago Boys propusieron un documento que habían preparado, conocido como “el ladrillo”, que consistía en extensos programas de privatización, beneficios a la burguesía chilena e inversión de multinacionales estadounidenses. Este “ladrillo” se empezó a implementar bajo el gobierno dictatorial de Augusto Pinochet, con la aprobación y asistencia de los Estados Unidos. Para el economista, Milton Friedman, debía aprovecharse cualquier momento de shock social (real o percibido) para que el colectivo de un país, en una condición de “tabla rasa“, adoptara una economía de libre mercado lo más pura posible y desregulada por el estado. Él llamaba a esto, “terapia shock“, mientras que Klein le llama, “la doctrina shock“. Aquí hay un documental al respecto.

La otra obra, entra en la discusión del cambio climático y su relación con el capitalismo y la globalización.  En este escrito, ella hace una crítica extensa al capitalismo por propiciar el cambio climático a nivel mundial. Además, allí sugiere utilizar la crisis del cambio climático para cambiar nuestra conducta a una más amigable y armoniosa con la naturaleza. En cuanto a este tema, también hay un documental.

Finalmente, el libro más reciente que ha salido al mercado, No Is Not Enough, trata de las políticas programáticas de la presidencia de Donald Trump y la derecha republicana estadounidense.

Cubierta de The Economist, Pro Logo

Cubierta de la revista, The Economist (8 de septiembre de 2001) imitando la cubierta del libro de Naomi Klein, con el titular “Pro Logo”.

Aunque todas estas obras hacen sus debidas aportaciones a los diversos temas, y los expone de una manera muy ingeniosa y perspicaz, no han dejado de lloverle las críticas. La revista, The Economist, dedicó unas cuantas páginas a refutar algunos alegatos de No Logo. La compañía Nike creó toda una página cibernética para responder a sus planteamientos en cuanto a las estrategias de mercado adoptadas por la empresa en relación con su logotipo.  Su libro, The Shock Doctrine, aunque fue recibido en ocasiones calurosamente por el público, tuvo una aceptación tibia de eminencias como la del economista estadounidense, Joseph Stiglitz. En otros casos, fue patente la hostilidad contra su exposición. Me limitaré a señalar lo que la autora admite fugazmente, pero se olvida el resto del libro, y es que dinámicas como la de la doctrina shock no son exclusivas del corporatismo posmoderno, sino también de otras ideologías puristas. (Klein, The Shock 22-23) Históricamente, otras personas de otras ideologías económicas han sostenido perspectivas o llevado a cabo acciones similares. Puedo mencionar, la matanza de los dacios bajo las 13 legiones del emperador Trajano, para convertir a Dacia en una segunda Roma (hoy Rumania). De este acontecimiento, todavía contamos con su pilar, un verdadero monumento artístico a un genocidio. Tómese también las matanzas de Stalin para imponer su visión de un sistema socialista marxista-leninista en la población rusa y terminar con sus rivales. Además, como hemos argumentado en otras ocasiones (sin ánimo alguno de justificar asesinatos y matanzas por crueles dictadores fascistas y de derecha), la expansión del corporatismo alrededor del mundo (con o sin shock) ha sacado a mucha gente de la pobreza extrema. Esto es un hecho que nadie puede refutar. Por otro lado, el capitalismo corporativo también genera otros males sociales y globales, entre ellos, el incremento de la contaminación del ambiente, la extinción de muchos seres vivos, la emisión de gases de invernadero y el aumento de la brecha espectacular entre los super ricos y los pobres a nivel global.

En lo personal, con coincidencias y diferencias, siempre he disfrutado de la lectura de estos libros.  Siento muy especial aprecio por Klein, debido a su manera, en ocasiones muy novel, de ver los acontecimientos mundiales y económicos. Contrario a lo que piensan muchos de sus críticos, ella no es una “conspiracionista”, algo que, correctamente, ella rechaza. Su crítica se dirige, más bien, a un análisis estructural de la logística de la dinámica capitalista, que a su vez es fomentada por las élites que se benefician de ella. Aunque podemos diferir de si eso es éticamente bueno o malo, o si falta este o aquel detalle, si sobresimplifica o no, en general no hay nada malo en ver los eventos mundiales desde esa perspectiva en particular. Siempre he percibido de Klein que honestamente piensa lo que escribe, lleva a práctica lo que afirma y, en muchos casos, es de las personas más desprendidas para ayudar a causas meritorias “de abajo” (en inglés “grass roots“). No importa cuánto se difiera de ella, es una de las voces que vale la pena escuchar.

Habiendo dicho esto, no es sorpresa de que todas las obras de Klein tengan exactamente el mismo defecto, están notablemente sesgadas contra capitalismo como sistema. No hay problema con criticar el sistema capitalista global, en este ámbito hay mucha tela de dónde cortar. Sin embargo, tal posición no debería comprometer indebidamente los hechos que hay que tener en consideración.

Portada de This Changes Everything

Portada de This Changes Everything

Para ilustrar este punto, quiero dedicarle un poco de tiempo a su libro, This Changes Everything, obra en torno al cambio climático.  Este libro comienza hablándonos del desinterés inicial de la autora en cuanto al tema. Tras unos acontecimientos, decidió echarle un vistazo al asunto, estudió y suscribió prácticamente los hallazgos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) en torno al hecho de que el calentamiento global, del que se deriva el cambio climático, es antropogénico. Afirma, correctamente, que estas conclusiones representan el consenso de la comunidad científica. El problema se presenta cuando Klein concibe al capitalismo como lo “opuesto” o la “antítesis” del clima.

Me parece que esta es una falsa oposición entre conceptos. Por ejemplo, sí es cierto que el capitalismo lleva al mayor consumo de energía, pero se ignora el hecho de que, para ahorrar dinero y, así, generar mayor ganancia, además de cumplir con regulaciones, muchas corporaciones optan por medidas más eficientes en cuanto al uso de energía. Eso ha llevado, en muchas ocasiones (no en todas), a la adopción de tecnologías que ahorren energía y, por ende, a la descarbonización de su consumo energético.

Decarbonización energética

Descarbonización energética (Pinker, “Enlightenment Environmentalism”; Enlightenment Now, 142-143).

 

Emisión de bióxido de carbono por unidad de PDB en dólares

Emisión de bióxido de carbono por unidad de PDB en US$. Imagen cortesía de Our World in Data (CC-BY-SA 4.0).

Eso no significa que esta movida ya resuelve el problema del cambio climático. Al contrario, los gases de invernadero continúan emitiéndose y acumulándose, incrementando su presencia en la atmósfera. Lo que no cabe duda es que si sus emisiones no se hubieran reducido, entonces el problema sería hoy muchísimo mayor.

Emisiones globales de bióxido de carbono

Emisiones globales de bióxido de carbono. Gráfica cortesía de Our World in Data (CC-BY-SA 4.0).

Igualmente ocurre con la apreciación cuestionable de Klein en cuanto a los impuestos pigouvianos sobre las emisiones de bióxido de carbono al medio ambiente o equivalentes en el mercado. Ella parece condenar esta medida de libre mercado ya que, en experiencias anteriores de estrategias “cap-and-trade“, el mercado de licencias de topes de emisiones de contaminantes, las tecnologías adoptadas conllevaban mayores emisiones de bióxido de carbono. Ella ve el cap-and-trade como una sugerencia ideológica de la Environmental Defense Fund (EDF). (Klein, This Changes Everything  cap. 6) Sin embargo, ella confunde el problema de la estructura de las relaciones de producción capitalista con un problema estrictamente tecnológico. La realidad es que, por más que se acuse de ideológico y derechista el origen de las políticas de cap-and-trade (y, de hecho, lo fue), ellas lograron reducir la cantidad de emisiones de bióxido de azufre responsables de la lluvia ácida. (Barreca, Neidell y Sanders; Chang et al.) ¿Por qué? Porque el no colocar un precio al aire, creaba una conducta de su abuso desmesurado. Al ponerle precio, le pone un costo para las compañías, que eran las que más contaminaban el ambiente. El impuesto o el precio que tenían que pagar, les creaba una motivación para invertir en tecnologías más limpias y más ecológicas. (Dorris y Mount; Frank cap. 11) El problema estrictamente  tecnológico de si estas generaron más bióxido de carbono, no es realmente un obtáculo para ponerle impuesto o hacer otro cap-and-trade a las emisiones de gases de invernadero, siempre y cuando existan tecnologías más eficientes y alternativas que aceleren significativamente el proceso de descarbonización, como la energía nuclear y varias de las renovables (dependiendo de la situación). Klein no provee argumento tecnológico alguno para estar en contra de esta medida. Es más, ella descarta explícitamente el factor tecnológico y lo convierte en uno puramente industrial y de sociedad de consumo. Ella pretende sostener su perspectiva como científica sin presentar alternativa viable alguna al statu quo.

This alignment of economic interests … fundamentally shaped how these green groups conceived of the climate challenge from the start. Global warming was not defined as a crisis being fueled by overconsumption, or by high emissions industrial agriculture, or by car culture, or by a trade system that insists that vast geographical distances do not matter—root causes that would have demanded changes in how we live, work, eat, and shop. Instead, climate change was presented as a narrow technical problem with no end of profitable solutions within the market system, many of which were available for sale at Walmart …

… Put another way, the refusal of so many environmentalists to consider responses to the climate crisis that would upend the economic status quo forces them to place their hopes in solutions … that are either so weak or so high-risk that entrusting them them with our collective safety constitutes what can only be describe as magical thinking.

I do not question the desire on the part of these self-styled pragmatists to protect the earth from catastrophic warming. But between the Heartlanders who recognize that climate change is a profound threat to our economic and social systems and therefore deny its scientific reality, and those who claim climate change requires only minor tweaks to business-as-usual and therefore allow themselves to believe in its reality, it’s not clear who is more deluded. (This Changes Everything, cap. 6).

Daré un ejemplo final, el de la agricultura. Para ella, la agricultura industrial es claramente una amenaza y un componente importante del cambio climático. A pesar de ello, ignora evidencia clara de que, en muchos países, ha habido una reducción significativa de terrenos para el mayor rendimiento de cultivos, se está dando una ligera merma del uso de fertilizantes y una disminución significativa en el uso de pesticidas. Klein añade acríticamente a su libro, leyendas urbanas en torno a los mal llamados “organismos genéticamente modificados” (OGMs) o, mejor dicho, transgénicos. De acuerdo a ella, las semillas “genéticamente modificadas” llevan a los agricultores a endeudarse y a que las corporaciones utilicen la excusa de la sequía o las hambrunas para impulsar estos cultivos lucrativos (cap. 1)  No tengo acceso al libro de Christian Parenti, Tropic of Chaos, que es de donde ella saca esa aserción. Sin embargo, esto suena muy sospechosamente a lo que alegan activistas antitransgénicos como Vandana Shiva, de que las semillas antitransgénicas y “terminator” han llevado al edeudamiento de los indios y, con ello, a su suicidio. Hoy día sabemos que la supuesta evidencia de ello ha sido seriamente cuestionada y, simultáneamente, se han señalado varios factores mucho más significativos, tales como la desregulación de los bancos en la India y la irregularidad de las lluvias monsónicas, entre otros factores. En fin, en varios capítulos de su libro (4, 5 y 13), ella rechaza la modificación genética como recurso importante para auxiliar económicamente a los agricultores y reducir el impacto de la siembra de cultivos en general al medio ambiente. De hecho, ella señala que la agricultura industrial en África no se usa para nutrir a los africanos sino para su venta en Europa. Lo que ella no tiene en consideración es que en ese continente la producción orgánica, que ella tanto favorece, hace exactamente lo mismo, mientras que previene a los agricultores y científicos africanos (no las megacorporaciones) de utilizar biotecnología para atender sus necesidades más urgentes. (Paarlberg cap. 3)

Todo esto nos ilustra una cosa muy importante: aunque Klein es reportera, su visión es notablemente sesgada de tal manera que afecta su credibilidad. Mientras en This Changes Everything continuamente pontifica en torno a las conclusiones científicas de la IPCC y la realidad científica del cambio climático, solo lo hace cuando le conviene ideológicamente. Cuando no le conviene, argumenta que no trata de buscar “milagros tecnológicos” por la ciencia, sino de cambiar el estilo de vida de todo el globo. ¡Ese es el punto! La ciencia, en sí misma, no importa. Lo que le interesa es que el cambio climático hace la función de catalizador de un cambio de vida a nivel mundial.

Ella no puede dejar de ver la realidad desde lentes empañados de ideología verde y no nota que algunas apreciaciones de los hechos que sostiene están rotundamente equivocadas. Por ejemplo, ella dice que la energía solar en Ontario, Canadá, logró cerrar las plantas de carbón, pero ignora convenientemente que fueron realmente unas plantas nucleares, de gas e hidroeléctricas las que lo hicieron. La energía solar tiene solo un rol extremadamente marginal en ello, porque genera solo el 1% de la energía canadiense. Ella describe el “milagro alemán” en gloriosos términos: cómo Alemania está clausurando todas las plantas nucleares, pero no menciona la apertura de las de lignito (carbón marrón). (cap. 2; cap. 4) Ausente se encuentra cualquier critica antiextraccionista a gobiernos de izquierda de Suramérica, que son anticapitalistas, pero que también se sostienen, gracias a la extracción y venta de combustibles fósiles y otras materias primas. En un escape del romanticismo del pasado, adopta la retórica de cómo los indígenas tomaban de la tierra y después devolvían lo tomado, sin tener en cuenta las implicaciones de la segunda ley de la termodinámica: el fenómeno de la entropía  siempre implicará (de una u otra forma) cada vez mayor cantidad de energía para devolverle a la tierra lo que extraímos de ella. (cap. 12)

Klein cita a James Hansen como una gran autoridad en el ámbito de las ciencias en lo que concierne al cambio climático, pero cuando se le pregunta sobre el parecer de Hansen en torno a la energía nuclear, ella se escuda en las iniciativas “grass roots“, descentralizadas y “menos riesgosas” (¿en serio?). (cap. 1; cap. 2; cap. 3; cap. 4; cap. 9)

¡Ciencia a coveniencia! Esta es la razón por la que tomaré con pinzas muchas aserciones que Klein hace en su libro sobre Puerto Rico, ya que, claramente, ella no es objetiva y no tiene ninguna respuesta científicamente coherente a lo que ella percibe como problemas en el mundo. Aquí hay una crítica más detalladaThis Changes Everything, aunque su tono es, admitidamente, mucho más hostil que el mío.

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Reseña de The Battle for Paradise

The Battle for Paradise de Naomi Klein

Portada de The Battle for Paradise, libro escrito por Naomi Klein.

Ficha: Naomi Klein. The Battle for Paradise. Puerto Rico Takes on the Disaster Capitalists. Haymarket Books, 2018.

En esta obra, la conocida reportera, Naomi Klein, atiende una instancia en que Puerto Rico a caído en una cadena de shocks social es, siendo el más palpable, el causado por el huracán María. Además, discute los planes de ciertos “capitalistas del desastre”, que desean aprovechar la ocasión para transformar a Puerto Rico en algo que corresponda mejor a su ideología neoconservadora e intereses económicos.

El libro es relativamente corto y se divide en ocho pequeños capítulos:  “A Solar Oasis”, “Invasion of the Puertopians”, “An Island Weary of Outside Experiments”, “Welcome to Magic Land”, “Shock-After-Shock-After-Shock Doctrine”, “Desperation, Distraction, Despair, and Disappearance”, “The Islands of Sovereignty Converge”, y “Race Against Time”. Los capítulos no están enumerados y, contrario a otras de sus otras obras, no están cargados de referencias. Más bien narran su experiencia en nuestro archipiélago y sus impresiones a partir de lo que vio en los pueblos y áreas urbanas que la autora visitó.

Vale indicar también otros elementos. A pesar de que me baso en su obra en inglés (que fue la que compré en Kindle), también hay una versión en español titulada, La batalla por el paraíso: Puerto Rico y el capitalismo del desastre. Las versiones en carpeta blanda y la digital están a un costo muy barato, a saber $5.00. No debemos olvidar tampoco, que el libro fue producido por la Lannan Foundation y el Wallace Action Fund. Todas las regalías colectadas a partir de la venta de este libro se dirigen a JunteGente, para ayudar a la recuperación de Puerto Rico. Indiquemos de una vez, que JunteGente también es una coordinación de organizaciones que son anticapitalistas y anti neoliberales.

Bastante de la discusión de Naomi Klein consiste en el contraste entre los movimientos “de abajo” o “grass roots” para resolver los problemas causados por el huracán María y las iniciativas empresariales de lo que ella llama “Puertopians”, millonarios que toman la oportunidad del desastre para convertir a Puerto Rico en un paraíso para esa clase social. En este aspecto, el libro es particularmente valioso, porque le revela a muchos lectores, entre ellos muchos estadounidenses, una dimensión que usualmente no conocen de la política de Estados Unidos hacia Puerto Rico.

Durante el libro, ella discute cómo el huracán María presentó una valiosa oportunidad para que ciertas organizaciones crearan unidades de solidaridad. Comienza por el ejemplo de Casa Pueblo y la infraestructura creada con paneles solares, que le proveyeron (y continúan proveyendo) energía eléctrica para cargar móviles a la población circundante. También nos habla de distintos proyectos agroecológicos, como el de Dalma Cartagena, el Proyecto de Apoyo Mutuo Mariana y la Organización Boricuá de Agricultura Ecológica, iniciativas como el proyecto universitario PAReS, y otros. De acuerdo con Klein y muchos de los miembros de estas organizaciones, esta es la soberanía política que se construye desde la tierra. Debido a que la mayoría de los alimentos provienen de fuera y su transportación es muy limitada, la producción alimentaria se vuelve imperativa para ser autónomos y poder autodeterminarnos con la producción local. (“A Solar Oasis”; “The Islands of Sovereignty Converge”)

Por el otro lado, se encuentran varios intereses adversos a los puertorriqueños, entre ellos, el poder colonial de los Estados Unidos y sus abusos de nuestra tierra, especialmente para propósitos experimentales: los relacionados con sustancias anticonceptivas, con la conversión de Puerto Rico en modelo económico caribeño, con el uso de humanos para medicamentos a ser vendidos por las farmacéuticas. Klein correctamente afirma que el colonialismo no es otra cosa que múltiples capas experimentales y de control, que lesionan la cultura, el poder y la autoconfianza de los puertorriqueños. (“Welcome to Magic Land”) Y, como muy bien presenta ella en el libro, una de esas expresiones coloniales es la ley federal conocida como PROMESA, con la que el Congreso pone al gobierno de Puerto Rico bajo la sindicatura de la Junta de Supervisión Fiscal. Este organismo coloca a Puerto Rico en un régimen de austeridad, mientras que varios sectores sociales abogan por una auditoría independiente de los casi $70 mil millones de su deuda. Todo esto se agrava significativamente con el paso del huracán María y la situación de desesperación en nuestro territorio. (“Shock-After-Shock-After-Shock Doctrine”; “Desperation, Distraction, Despair, and Disappearance”)

Ella también discute algunos de los asuntos acontecidos y que nos son conocidos: los intentos de inversionistas (objetivistas randianos) de convertir a Puerto Rico en un paraíso para las criptomonedas (Cryptoland), el proceso de negociación con bonistas y las iniciativas de privatización de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), los desaciertos del conteo de muertos por parte del gobierno, la necesidad de microredes energéticas alimentadas con fuentes energéticas renovables, entre otros factores.

Todo esto, le presenta un panorama parcial al público estadounidense sobre lo que ocurrió (y, en algunos sentidos, todavía ocurre) en Puerto Rico tras el desastre de María. En ese sentido, este libro es una contribución a que esa sociedad conozca mejor lo que estamos pasando y lo que ocurrirá en los próximos años.

Lamentablemente, el texto también está impregnado de ideología, mucha de la que hemos discutido en la sección anterior. Por ejemplo, se enfoca en esfuerzos agroecológicos en contraste a la presencia de las multinacionales, entre las que se encuentra, la odiada compañía cuyo nombre empieza con la “M” de “Monsanto”. (“An Island Weary of Outside Experiments”) Como parte desde la óptica discutida, y solo se enfoca en lo que se fundamente en las bases populares, nunca se pregunta si esas multinacionales pueden servir también para aportar a la economía local. Por ejemplo, si se les puede aplicar una mayor tasa de impuestos. Además, como han sugerido varios economistas, se podrían avivar más las empresas más pequeñas y medianas locales si se estableciera un eslabonamiento económico con las multinacionales. Es decir, nos conviene abandonar la estrategia económica de continuar ofreciendo exenciones contributivas para establecer enclaves de estas multinacionales, algo que hemos llevado a cabo desde tiempos de Operación Manos a la Obra. Aparentemente, Klein no le interesó consultar algún economista sobre ese neurálgico tema.

Tampoco contempla la posibilidad de la derogación de la ley de cabotaje como una manera de incentivar la inversión de capital extranjero, aliviar a los pequeños y medianos negocios y mejorar el costo de vida de los puertorriqueños.

Ella no plantea el problema que conlleva, en principio, proponer que las tierras dedicadas a la agricultura (específicamente “agroecológica”, al menos como la entienden muchos de sus partidarios) sean las que provean abastecimiento de la población y, simultáneamente, el uso de renovables invasivas de la naturaleza, como son las placas solares y los molinos de viento para aliviar la necesidad energética del pueblo. (“Race Against Time”)  En ningún momento nos da detalles de cómos estos usos terrenales armonizan con la aspiración ambientalista de maximizar el espacio de tierras para reservas naturales.

Además, como es de esperarse, ella utiliza a Alemania y Dinamarca como ejemplos a seguir en el ámbito energético. (“Desperation, Distraction, Despair and Disappearance”) Como hemos señalado en otras ocasiones, Alemania es un mal modelo, porque ha optado cerrar sus plantas nucleares y abrir plantas de carbón, al no poder compensar con placas solares y energía eólica. Dinamarca, tiene un buen récord en cuanto al uso de energía eólica (que compone más del 41% de la energía producida), gracias al constante flujo del viento. Por otro lado, la energía solar no suple el grado de electricidad que muchos quisieran (un 4.2%). Se espera que en el futuro, sí consumobde energía fósil sea sustituida por la biomasa, especialmente en la forma de pellets de madera. Sin embargo, al igual que Alemania, la intermitencia de su sistema tiene que estar apoyada por combustibles fósiles y le lleva a importar energía de otros países (algo que también hace Alemania). Actualmente, Francia y Canadá han sentado mejor pauta de energía limpia.

El capítulo sobre la soberanía muestra cómo la izquierda (mucha de ella independentista) ha perdido su norte. El libro refleja ideológicamente ese problema. No tiene una noción clara de lo que es soberanía. Se habla de “múltiples soberanías” como la “soberanía energética”, la “soberanía alimentaria”, la “soberanía educativa”, entre otras. Esto es pura fantasía. Supongamos, para efectos del argumento, que es posible abastecer alimentariamente a la población con productos agroecológicos producidos en Puerto Rico. Ahora bien, si queremos un Puerto Rico próspero e incrementar su producción de alimentos, tiene que exportarlos a otros países. Pregunta, ¿cómo Puerto Rico podrá competir efectivamente en el mercado estadounidense con la ley de cabotaje impuesta? ¿Cómo se podrá competir a nivel interno cuando los productos costarricenses entran con un precio muy barato a Puerto Rico gracias al CAFTA? ¿Podemos colocar aranceles a estos productos para que los nuestros puedan competir en el mercado local? Estas tres preguntas indican un serio problema con el estatus actual por carencia de soberanía política. El tamaño del mercado determina cómo se estructura la producción interna de nuestro archipiélago. Por tanto, no existe tal “soberanía alimentaria”. Lo mismo la “soberanía energética”, no vale la pena utilizar ese término si no tenemos poder de estructurar energéticamente a Puerto Rico, comprar  los combustibles o paneles solares a precios más baratos, o vender nuestro servicio eléctrico a otros países de manera más efectiva. Es más, por las serias limitaciones del servicio eléctrico, no podemos abaratarlo más, para aliviar a las pequeñas y medianas empresas y atraer inversión de capital extranjero.  Y así por el estilo.  Si no hay soberanía política, no habrá nunca soberanía alimentaria, energética, educativa, etc.

Finalmente, en el capítulo “Race Against Time”, Klein dice algo muy importante.

The trouble is that movements, unlike capital, tend to move slowly.

Y ahí yace la virtud del capital. Los movimientos de base comunitaria son esenciales para cualquier democracia saludable, ya que pueden atender sus necesidades con mayor sentido de humanidad, especialmente en momentos de crisis. Sin embargo, como he dicho en otro lugar, mientras que estos grupos (especialmente de izquierda) continúen adoptando las estrategias más ineficientes de agricultura y administración energética, el interés de las élites (que siempre buscan las vías más eficientes para hacerlo valer) ganará cualquier pelea. Es como en Raiders of the Lost Ark, cuando Indiana Jones, con una eficiente pistola, resolvió fácilmente el problema del ser enfrentado con un ineficiente sable turco. Es más, mientras Puerto Rico no tenga un programa de país en el que coincidan las diferentes ideologías políticas y representantes de la sociedad civil, no va a haber un esfuerzo coordinado para superar la crisis.

En resumen, Naomi Klein hizo una gran aportación al dar a conocer el tema de Puerto Rico al público estadounidense. Parte del libro hace un muy buen diagnóstico del problema. La otra parte del libro está empañada ideológicamente, razón por la que no le ofrece a los puertorriqueños una respuesta coherente en torno a la lucha contra las adversidades del coloniaje bajo los Estados Unidos, las arbitrariedades de la Junta de Supervisión Fiscal y la incompetencia gubernamental local.

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Muchas gracias.

Referencias

Barreca, Alan I., Matthew Neidell y Nicholas J. Sanders. “Long-Run Pollution Exposure and Adult Mortality: Evidence from the Acid Rain Program”. National Bureau of Economic Research, Working Paper, núm. 23524, junio de 2017. doi: 10.3386/w23524.

Boisvert, Will. “The Left vs. the Climate. Why Progressives Should Reject Naomi Klein’s Pastoral Fantasy — and Embrace Our High-Energy Planet.” The BreakThrough Institute. 18 de septiembre de 2014. https://thebreakthrough.org/index.php/programs/energy-and-climate/the-left-vs.-the-climate.

Chan, Gabriel, et al. The SO2 Allowance Trading System and the Clean Air Act Amendments of 1990: Reflections on Twenty Years of Policy Innovation. Harvard Environmental Economics Program, enero de 2012.  https://sites.hks.harvard.edu/m-rcbg/heep/papers/SO2-Brief_digital_final.pdf.

Dorris, Gary y Timothy D. Mount.   Redesigning Environmental Strategies to Reduce the Cost of Meeting Urban Air Pollution Standards. Núm. WP96-o4ci, abril de 1996. http://publications.dyson.cornell.edu/research/researchpdf/wp/1996/Cornell_Dyson_wp9604.pdf.

Frank, Robert H. The Darwin Economy. Liberty, Competition, and the Common Good. Ed. Kindle, Princeton UP, 2011.

Klein, Naomi. The Battle for Paradise. Puerto Rico Takes on the Disaster Capitalists. Ed. Kindle, Haymarket Books, 2018.

—. This Changes Everything. Capitalism vs. the Climate. Ed. Kindle, Simon & Schuster, 2014.

—. The Shock Doctrine. The Rise of Disaster Capitalism. Ed. Kindle, Picador, 2007.

Paarlberg, Robert. Starved for Science. How Biotechnology Is Being Kept Out of Africa. Ed. Kindle, Harvard UP, 2008.

Pinker, Steven. “Enlightenment Environmentalism. The Case for Ecomodernism.” The BreakThrough Journal, núm. 8, invierno de 2018.  https://thebreakthrough.org/index.php/journal/past-issues/no.-8-winter-2018/enlightenment-environmentalism.

—. Enlightenment Now. The Case for Reason, Science, Humanism, and Progress. Ed. Kindle, Viking, 2018.

Stiglitz, Joseph. “Bleakonomics.” New York Times, 30 de septiembre de 2007.  https://www.nytimes.com/2007/09/30/books/review/Stiglitz-t.html.

El gobierno se queda corto en su conteo de muertos por María

Casa inundada como resultado del paso de María.

Casa inundada como resultado del paso de María. Foto: Yuisa Ríos y FEMA

Si no fuera poco el bochorno que ha pasado el gobierno de Puerto Rico a nivel internacional con el contrato a Whitefish, ahora pasamos uno más grande todavía procedente de los pasillos académicos de Harvard. Ayer por la mañana, se publicó cibernéticamente un estudio de la Universidad de Harvard, de la cual participó un puertorriqueño de la Universidad Carlos Albizu, y cuya ficha es la siguiente:

Kishore, N., Marqués, D., Mahmud, A., Kiang, M. V., Rodriguez, I., Fuller, A.,  Ebner, P., Sorensen, C., Racy, F., Lemery, J., Maas, L., Leaning, J., Irizarry, R. A., Balsari, S.,  & Buckee, C. O. (29 de mayo de 2018). Mortality in Puerto Rico after Hurricane Maria. The New England Journal of Medicine, doi: 10.1056/NEJMsa1803972.

Este no es un suceso “light” del cual el gobernador puede sacudirse un poco y así recuperar su imagen.  No, este artículo se publicó en una de las revistas de mayor índice de impacto del mundo. La hemos utilizado como referencia en otros artículos de este blog, especialmente aquellos relacionados con el zika (véase esta entrada y esta).

El mundo le ha dado la atención que amerita. He aquí solo un puñado:

El tema también está vivo en YouTube, especialmente cuando lo trae a colación uno de los vlogeros más conocidos, Philip De Franco.

De acuerdo al gobierno de Puerto Rico, el Secretario de Seguridad Pública de Puerto Rico, Héctor Pesquera y el Secretario de Salud, Rafael Rodríguez Mercado, el número de muertos relacionados al huracán María son 64.

Recordemos que en aquel entonces, la catástrofe natural coincidió con un momento tenso entre la entonces Superintendente de la Policía de Puerto Rico, Michelle Hernández, y el secretario Pesquera en torno a sus áreas de jurisdicción de la policía. Esto llevó eventualmente a la renuncia de la Superintendente de su puesto. Dicho evento no puede pasar inadvertido, ya que es muy posible que este problema pudo haber incidido  en los esfuerzos de recuperación del país. Debería investigarse más al respecto.

Hay que decir que el Centro del Periodismo Investigativo (CPI) hizo una excelente labor al no perder de vista el asunto de los muertos. El 28 de septiembre de 2017, el CPI sacó a relucir el hecho de que el gobierno no estaba contabilizando debidamente la cantidad de muertos por el huracán. A pesar de la insistencia de Pesquera, para el 7 de diciembre de 2017, el CPI notó que el número real de muertos era muy superior al admitido por el gobierno. El CPI también reveló que, para sorpresa de los puertorriqueños, este asunto se estaba discutiendo con lujo de detalles en Estados Unidos, en parte gracias al Instituto de Estadísticas y el Center for Puerto Rican Studies de la Universidad de la Ciudad de Nueva York. He aquí su estudio:

Santos-Lozada, A. R., & Howard, J. T. (27 de diciembre de 2017). Estimates of excess deaths in Puerto Rico following Hurricane Maria. doi: 10.17605/OSF.IO/S7DMU. (Fecha de la versión 5).

Véase también un artículo de sus autores en enero de 2018 en respuesta a las objeciones de Pesquera.

El noticiero CNN buscó información de las muertes llamando a 112 funerarias en Puerto Rico, llegando a identificar (hasta el 19 de octubre) a cerca de 499 muertos, probablemente por el huracán María. En Estados Unidos, esto se ha convertido también en un problema político, en parte por los encontronazos del Presidente Trump con la alcaldesa de San Juan y por felicitar al gobierno de Puerto Rico por el número tan bajo de muertos.

Antes de entrar en el estudio de Harvard, quisiera hacer una cuasi defensa del Secretario de la Salud, cuyas palabras (me temo) se han sacado de contexto. El secretario dijo en un momento dado en septiembre de 2017 (poco después del paso del huracán):

Siempre, todos los días fallece gente por X o Y razón en los hospitales …

(Mueren) por sus condiciones, eso pasa todos los días; y te voy a decir algo más, pasó también cuando Katrina, pasó también en Harvey. Son cosas que no se pueden evitar. Todos los días en los hospitales fallecen pacientes.

La selección de palabras fue desafortunada, pero creo que sé qué quiso decir. Lo que él intenta expresar es que, cuando se buscan cuáles fueron las víctimas de María, no basta hacer un mero conteo de muertes que ocurren después. Tiene que haber una estimación cualitativa a ver si la muerte en cuestión fue por el huracán o por otras consideraciones (e.g. un ataque al corazón de alguien que se moriría de todas formas con o sin María), algo que ocurre todos los días y que coincide con desastres. Así que, para determinar un número oficial, hace falta una evaluación por caso. Sin embargo, aun dando esta interpretación por buena, hay que cuestionar que el secretario se suscriba a la cifra de 64 muertos, por lo que ha llevado a que varios políticos también le exijan la renuncia.

The New England Journal of Medicine

Logotipo de The New England Journal of Medicine

A pesar de la exótica insistencia del secretario Rodríguez Mercado de respaldar la cifra de 64 muertos, sí tiene razón cuando afirma que establecer una relación causal es muy difícil.  Lo que digo no debe verse como una defensa total de sus aserciones. Su noción de “muertes por María” parece referirse a las pérdidas humanas directas del huracán y que son constatables vía certificados de defunción. No tiene en cuenta las muertes indirectas causadas el huracán vía otros factores directos, falta de electricidad, comunicación, servicios médicos y agua. La falta de electricidad nada más, implica toda una serie de variantes de causas, desde inhalación de monóxido de carbono de las plantas eléctricas, hasta la falla de aparatos de los que muchos enfermos dependen. La falta de agua tiene implicaciones de salubridad, y así por el estilo.

En otras palabras, después de que Héctor Pesquera afirmó que la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín, era una irresponsable por decir que se estaban muriendo personas en Puerto Rico, resulta que ella tenía razón. Ahora son varios de los sectores del pueblo que le piden, correctamente, la renuncia a Pesquera.

Ahora, ¿qué tiene que decirnos el estudio en discusión? El artículo nos revela la metodología utilizada. De una muestra tomada de 3299 hogares en todo Puerto Rico (usando dos programas de computadoras que seleccionan los mejores hogares en cuestión), se les invitó a personas a llenar una encuesta. Estas entrevistas se dieron desde el 17 de enero al 24 de febrero del 2018. La virtud de estas entrevistas es que se concentraron más en las áreas montañosas y rurales, lugares donde era difícil la comunicación y la provisión de agua y energía eléctrica. La forma de la encuesta se encuentra en el apéndice del artículo (libremente disponible para el público) y todos los detalles de la selección de muestras su distribución en nuestro archipiélago, entre otros detalles.

Es bien interesante que entre los recursos utilizados por la encuesta, se encuentra OpenStreetMap, una especie de Wikipedia de mapas que está disponible al público y que es de código libre y abierto (pp. 3, A6). No señalo esto como una falla. Al contrario, es una virtud, porque provee referencias muy detalladas de los edificios, casas, calles, carreteras e, incluso, callejones y vías para correr bicicletas.

Dada la encuesta, se calculó la tasa de muertes que hubo del 20 de septiembre al 31 de diciembre del 2017 y se comparó con la del mismo periodo en el 2016. Estos últimos se obtuvieron de los datos del Departamento de Salud y fueron provistos por el Instituto de Estadísticas (pp. 3-4). Mediante sus cálculos, obtuvieron el siguiente resultado:

Our results indicate that the official death count of 64 is a substantial underestimate of the true burden of mortality after Hurricane Maria. Our estimate of 4645 excess deaths from September 20 through December 31, 2017, is likely to be conservative since subsequent adjustments for survivor bias and household-size distributions increase this estimate to more than 5000. (p. 6)

En otras palabras, el número de muertos no es 4,645, sino que debería ser más de 5,000. (Ese debió haber sido el titular de las noticias). Al contrario, el número 4,645 parece ser muy conservador y, a pesar de ello, muy distante de la cifra oficial de 64 muertos.

Es pertinente señalar, que aquí los investigadores tuvieron muy en cuenta la diversidad de posibles causas de estas muertes, no solo el paso del meteoro, sino todos los efectos que, a su vez, causaron las bajas de vidas: falta de comunicación y servicios médicos (la causa principal), falta de electricidad, situaciones de salubridad, entre otros. Por ende, es un panorama mucho más completo que el que presenta el gobierno hasta hoy.
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El estudio de George Washington

Nada de esto debió considerarse una sorpresa. El número de 64 muertos suena a lo que claramente es manipulación estadística típica del gobierno de Puerto Rico. Las protestas del Secretario de Seguridad, Pesquera, es señal cierta de que quieren convencer a la población y al mundo de que se tomaron todas las medidas apriopiadas para el paso del fenómeno, sin que hubiera duda de negligencia. Además, se convirtió en una especie de balón político de la administración nuevoprogresista para desacreditar a la alcaldesa de San Juan.

Inmediatamente después de que se dio a conocer el estudio de Harvard por los medios, el gobierno enfatizó que hay uno comisionado por este y que lo llevan a cabo científicos de la Universidad de George Washington,  específicamente el Milken Institute School of Public Health. Se supone que dicho estudio estuviera listo para darse a conocer, pero se ha atrasado su publicación.

No obstante ello, el equipo de George Washington publicó un comunicado respondiendo al publicado por Harvard. Allí, le dio la bienvenida a esta valiosa contribución, pero resalta unas diferencias metodológicas importantes, principalmente el hecho de que el de Milken no se basa en entrevistas, sino en certificados de defunción. Señala que el suyo será mucho más exacto, aunque ha sido marcadamente más tedioso. Según la organización, el estudio de Harvard tiene unas deficiencias,  ya al llevar a cabo la encuesta (dada la realidad del desastre) debió haber sido apropiado que los investigadores reportaran las muertes en intérvalos más amplios y, desde ahí, proveer un margen de incertidumbre.  La cifra de 4,600 cae dentro de ese margen, por lo que el número puede ser menor o mayor. El equipo de George Washington asegura que su método es mucho más certero y que va a proveer un margen de error más pequeño.

Como dicen en Castilla la Vieja, “¡Ya veremos!”

USDA: Borrador de futuro etiquetado de alimentos OGM

Scientifically Illiterate VerifiedEn Puerto Rico, hay grupos y políticos muy conocido que han militado para exigir etiquetar los productos transgénicos. Hemos discutido un caso particular en el que un legislador proponía hacerlo para todo “organismo genéticament modificado”, pero el término estaba tan mal definido, que para todos los efectos, rotularía cada alimento que se venda en el supermercado. En ese mismo artículo presentamos nuestras objeciones al etiquetado en relación con este tema.  A esto añadimos que no ha habido ningún caso de etiquetado de transgénicos a nivel mundial que le haya servido al público. Al contrario, le ha echado gasolina a la propaganda antitransgénica y promovido la ignorancia científica en cuanto a la ingeniería genética de los alimentos.

En Estados Unidos, el proceso de permitir etiquetado de OGMs ha ido avanzando a pasos de tortuga, pero ha recorrido bastante camino. Por ejemplo, en el 2014, el gobierno de Vermont pasó una ley que requería etiquetar todo producto OGM y que entró en efecto en el 2016. En los productos vendidos en ese estado, aparece el aviso: “Partially produced with genetic engineering“.  Ese fue el primer paso. Después se ha intentado pasar en otros estados tales como California, en donde se derrotó la iniciativa de Proposition 37.

Como en Europa y en otros lugares, se podría extender estas legislaciones para el etiquetado, y puede ser que incremente el número de personas con tal solicitud a sus respectivas legislaturas. Esto llevaría a una política dispar entre estados por el etiquetado de productos, algo que encarecería la provisión de alimentos en Estados Unidos. Este problema llevó a que, en el 2016, el Presidente Barack Obama firmara una ley de etiquetado, en la que se aspira a que el gobierno federal uniforme esa práctica. A pesar de que esta era una medida hasta cierto punto de “consenso”, ambos lados del debate social se sintieron frustrados ante esta normativa debido a la ambigüedad de ciertos aspectos de su contenido.

La ley dispone que le toca al Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) diseñar una etiqueta que acompañe a los productos que contengan elementos derivados de la bioingeniería. En un periodo de dos años, la USDA debe ya tener la reglamentación apropiada para la regulación de estos alimentos en el mercado.

Recientemente, el 3 de mayo de este año (2018), la USDA sometió un borrador de la regulación con los diseños candidatos a ser usados para el etiquetado. Como dispone la ley, ahora el Departamento está abierto a la opinión del público al respecto hasta el 3 de julio.  He aquí los diseños en cuestión.

Símbolos: Candidatos 2-A

Símbolos: Candidatos 2-A

Símbolos candidatos: 2-B

Símbolos candidatos: 2-B

Símbolos candidatos: 2-C

Símbolos candidatos: 2-C

He aquí unas cuantas impresiones. En primer lugar, aun con la postura anti etiquetado que asumimos, encantan los diseños 2-A y 2-B. La selección de las iniciales “BE” y “Bioengineered”, me parecen acertadas, ya que el término es mucho más cercano a una política racional de regulación de alimentos bioingenierizados mediante transgénesis y ARNi. También me gusta que “BE” hace que la USDA no participe del término científica y legalmente confuso “GMO”. Además, la ventaja del uso de estos diseños es que no presentan un panorama sombrío de los alimentos productos de la bioingeniería, sino que sugierenn el bienestar del medio ambiente y la salud.

Aun con todo, en otro nivel, persiste cierta confusión. La ley, define “bioengineering” de la siguiente manera:

‘(1) BIOENGINEERING—The term ‘bioengineering’, and any similar term, as determined by the Secretary, with respect to a food, refers to a food—
‘‘(A) that contains genetic material that has been modified through in vitro recombinant deoxyribonucleic acid (DNA) techniques; and
‘‘(B) for which the modification could not otherwise be obtained through conventional breeding or found in nature.

Científicamente hablando, este término es demasiado ambiguo, ya que existen otras técnicas de bioingeniería tales como mutagénesis inducida y CRISPR. ¿Serán etiquetados también? ¿Serán etiquetadas también los productos orgánicos que sean resultado de mutagénesis inducida? Por tanto, el término “bioengineered” debe verse en este caso como uno legal para propósitos de regulación y no científico.

Por otro lado, algunos productores de alimento están preocupados por ciertas lagunas en la ley y la regulación, lo que les lleva a una cierta incertidumbre con relación a distinguir en unos casos específicos aquellos alimentos que requieren rotularse y los que no.

Non GMO

Etiqueta de que cierto alimento no contiene alimento OGM.

Otro grave defecto, mencionado por Amanda, la Farmer’s Daughter USA, es que deja la puerta abierta al fraude de los sellos de “Non-GMO Verified”, una medida que está ahí puramente para vender y, en ocasiones, vender más caro, sin beneficio alguno para los consumidores. En fin, hay todo tipo de productos que llevan el sello, creando la impresión equivocada de que en el mercado hay trigo OGM, o que hay lechuga OGM, o sal OGM, o agua OGM. Deben establecerse regulaciones que asuman mejor la orientación canadiense y de manera más firme, que prohiba colocarle el sello de “Non-GMO” a productos que no tienen equivalentes que sean o contengan elementos resultado de la ingeniería genética.

Veremos pronto cuáles determinaciones tomará la USDA en cuanto a las futuras regulaciones.  Seguramente, la discusión de la publicación del borrador y de los símbolos también son contenciosos.