Marcharán contra buenas tecnologías, aunque pueda lesionar una posible soberanía alimentaria de Puerto Rico

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El problema de la “soberanía alimentaria”

El novelista Uwe Pörksen y el crítico social, Iván Illich, hablaban de lo que llamaban “palabras amebas” o “palabras plásticas“. (Cayley 253-259; Poerksen) Estas son términos que se suelen usar y repetir en distintos contextos, en ocasiones muy dispares, adquiriendo significados diversos. Se convierten en modas que tienen un impacto social al ser pronunciadas, modificando la actitud de una conversación o escrito. Aun con eso, tras un pequeño rasguño de su significado revela que, en el fondo, lo que dicen es poco o nada. Como las amebas o como el plástico, se adoptan y se estiran para usarse en cualquier circunstancia. Yo añadiría que muchas de ellas tienden confundir la conversación en vez de aclararla. Uno de esos términos plásticos que están de moda en Puerto Rico es el de “soberanía alimentaria”. Lo he criticado antes cuando hablamos de la obra de Naomi Klein y aquí voy a extenderme más al respecto.

Vamos a poner en perspectiva lo que es “soberanía” para acordar, al menos provisionalmente, lo que significa “soberanía alimentaria”. Como muy bien nos recuerda el independentismo en Puerto Rico, “soberanía” se refiere a la capacidad que tiene un pueblo de gobernarse a sí mismo. Siguiendo esa línea clara de pensamiento, un pueblo manda sobre su propia tierra y su destino, está ejerciendo ese principio de la soberanía. Si no tiene esa capacidad, entonces no es soberano. El hecho colonial es uno que no es negado a estas alturas por nadie en Puerto Rico, excepto por algunos sectores del Partido Popular Democrático que continúan soñando con que en 1952 se resolvió el problema del estatus. La presencia de la Junta de Control Fiscal y la ley de cabotaje desmitifican crudamente estos ejercicios de autoengaño.

Ahora bien, ¿qué quiere decir entonces “soberanía alimentaria”? Es razonable derivar de lo anterior que se trata del uso de la tierra por parte de un pueblo que se gobierna a sí mismo para dictaminar una política pública de producción, consumo propio y exportación de sus propios alimentos, preferiblemente de manera sostenible. Estrictamente hablando, Puerto Rico no tiene soberanía alimentaria, porque no tiene soberanía política. Si los puertorriqueños no somos soberanos, no podemos establecer políticas públicas propias para fines agrícolas. Así que, bien entendida, una soberanía alimentaria es imposible bajo el coloniaje.

Ahora bien, como reconocen el estadoísmo, el independentismo y los soberanistas libreasociacionistas, esto no quiere decir que no haya espacio para establecer política pública. De hecho, si quisiéramos, podríamos estructurar la economía de tal manera que la pusiera a producir más, aun dentro de nuestras severas limitaciones. Eso podría lanzarnos en un rumbo hacia la muy deseada “soberanía alimentaria” para un futuro Puerto Rico soberano y libre.

Ahora, ¿qué entienden muchos por “soberanía alimentaria”? Aquí perdimos totalmente su significado genuino, para anejar a este término, de manera conceptualmente incoherente, una serie de convicciones: estar en contra de la explotación de nuestras tierras por las grandes corporaciones, la prohibición a sustancias como el glifosato, el establecimiento de cooperativas agrícolas orgánicas y la promoción de la permacultura, entre otros. Esto parecería ser una política coherente a primera vista, al menos desde un punto de vista ideológico. Impedir la explotación de nuestras tierras por compañías extranjeras, la prohibición del glifosato —originada por una compañía extranjera—, el establecimiento de cooperativas agrícolas suena a economía autosostenible y de la producción orgánica como una manera de conservar las tierras.

De hecho, sin hacer un análisis crítico de estas perspectivas a la luz de la evidencia científica al respecto, ha llevado a muchos movimientos soberanistas a “marchas contra Monsanto” y a llevar a cabo actividades contra la tecnología transgénica y uso eficiente de pesticidas. Contrario a lo que piensan, estas actividades suponen premisas que, de hecho, amenazarían cualquier intento de una futura “soberanía alimentaria”.

El costo de la agricultura orgánica para África y Latinoamérica

Mercado agrícola
Mercado agrícola. Imagen cortesía de skeeze, de Pixabay.

Como dijimos en otra ocasión, contrario a lo que se quiere proyectar al público, la Organización de Naciones Unidas no promueve los cultivos orgánicos, en gran medida porque sus costos, tanto para los pobres como para la Tierra, son bien conocidos. La posición oficial del organismo de la Organización de Alimentos y Agricultura (FAO) de ese organismo internacional establece que la producción orgánica es inviable para la alimentación mundial.

La producción orgánica en general, aunque no en todos los casos, suele ser mucho más ineficiente que la convencional. Ese mero factor implica que su expansión en el mercado añadirá, no reducirá, los costos de los alimentos, haciéndolos más inaccesibles a los pobres. Como consecuencia, no se puede alegar que la producción orgánica está en sintonía con una aspiración a la justicia social a nivel mundial. De hecho, fomentarlos sería la antítesis directa de una aspiración a que más personas en el mundo puedan comer y acceder a una mejor calidad de vida.

Este factor de la falta de eficiencia de producción agrícola orgánica se ha constatado una y otra vez en la literatura científica como, por ejemplo, los casos de Estados Unidos, Austria, Alemania y Europa en general. De hecho, un metaanálisis reciente confirma que, a nivel mundial, la producción de alimentos orgánicos es en promedio 15% menos eficiente que el convencional. En unas revisiones científicas, el promedio es de 20 a 30%. Esto no significa que la agricultura orgánica deba descartarse a priori. Dentro de esa misma industria, se buscan maneras valiosas de que sus prácticas de sostenibilidad se incorporen más a la agricultura industrial, cerrando así la brecha entre esta y la convencional a medida que pase el tiempo. Por otro lado, el impedimento del uso de nuevas tecnologías de modificación genética y ciertos pesticidas hace este proceso uno mucho más lento y dañino.

Como bien saben los economistas, las ineficiencias cuestan. Este costo pasa a la sociedad de una manera u otra. El alto costo de la producción orgánica hace que su mercado se dirija a las clases altas, al sector de la clase media que pueda pagarla, a las élites de las áreas urbanas y a los países industrializados. Este último factor pasa inadvertido para muchos propagandistas de ideología verde que piensan que la agricultura orgánica en los países pobres hará que sus agricultores puedan autosostenerse. Sin embargo, los estudiosos del tema saben que la exportación principal de la producción orgánica de los países africanos se destina a Europa y sus élites nacionales. (Paarlberg intro., caps. 1, 3) El caso de África demuestra muy claramente que la promoción de alimentos orgánicos tiene el efecto de aumentar la brecha entre ricos y pobres, no su reducción.

En el caso de Latinoamérica, este hecho adopta también otra forma. Ya se han empezado a vincular las políticas verdes europeas con la destrucción natural de Suramérica. El rechazo de Europa a tecnologías, como los cultivos transgénicos, el glifosato y la prohibición de los pesticidas neonicotinoides, además de los incentivos de la industria orgánica, ha reducido por mucho el rendimiento de los cultivos en general de ese continente. Como resultado, Europa ha aumentado considerablemente su importación de alimentos de otras partes del mundo, particularmente de Latinoamérica. Si hubiera una política pública científicamente fundamentada con las mejores tecnologías agrícolas, muy probablemente hubieran maximizado la producción utilizando cada vez menos cantidad de terreno, pero aumentando sus exportaciones. Esto hubiera minimizado el impacto a la naturaleza en Europa y su externalización a otros lugares del mundo. Sin embargo, al limitar cada vez más estas tecnologías, la importación de soja de Brasil para el ganado ha tenido un serio impacto en el Amazonas. Por años, este hecho fue reconocido por la organización Amigos de la Tierra, que irónicamente se ha opuesto a los transgénicos y ha promovido la producción orgánica, promoviendo así el incremento exponencial de terreno agrícola. A raíz de un futuro del tratado de libre comercio entre Europa y los países de Mercosur, recientemente, 600 científicos europeos expresaron serias preocupaciones sobre el impacto que esto tendría sobre los ecosistemas de Latinoamérica.

Como recientemente han encontrado científicos suecos y alemanes, a la hora de evitar las emisiones de gases de invernadero, las ineficiencias de la producción orgánica significan que es menos efectiva en relación con la agricultura convencional.

Como si no fuera suficiente, gradualmente se ha estado reconociendo el hecho de que, aun cuando ha aumentado el mercado de alimentos orgánicos, los agricultores en general no se han beneficiado mucho de su práctica.

Por otro lado, la evidencia es abundantísima de que los cultivos transgénicos han ayudado a sacar a muchos agricultores de la miseria en diversos países del mundo. Metaanálisis y otros estudios lo han demostrado una, otra y otra vez. Además, como han indicado varios estudios, también han evitado las emisiones de gases de invernadero. Para el 2016, previno emisiones equivalentes a la de 16.75 millones de carros en la carretera.

Beneficio para los agricultores pobres
Beneficio de los transgénicos para los agricultores pobres a nivel mundial. (Klümper y Qaim 5)

La tecnología del uso de pesticidas: el asunto del glifosato

Administración de pesticidas a un cultivo
Administración de pesticidas a un cultivo. Imagen cortesía del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA).

La actitud de agencias públicas de salud a nivel internacional sobre la determinación de la IARC

El uso del glifosato se ha convertido en un asunto mucho más contencioso de lo usual a raíz de las recientes demandas contra Bayer, debido a que su producto, Roundup, lo contiene como ingrediente activo. El hecho de que la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC), una rama de la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo haya clasificado en el año 2015 como probable carcinógeno y que las botellas de Roundup no hubieran incluido un sello que lo estipulara, ha llevado a Monsanto/Bayer a unos aprietos. Según la evidencia científica, no debería pasar por este calvario de litigaciones.

La monografía de la IARC, donde se hizo la determinación, ha sido seriamente criticada o diferida por cada agencia pública de salubridad y de riesgo del mundo, incluyendo a la OMS. He resumido en un artículo anterior las serias deficiencias de la monografía que llevaron a una conclusión errada. Veamos lo que estas agencias de salubridad y seguridad tienen que decir:

The Meeting concluded that the long-term dietary exposure to residues of glyphosate from uses that have been considered by JMPR is unlikely to present a public health concern. …

The Meeting concluded that it was unnecessary to establish an ARfD for glyphosate, and therefore an IESTI for glyphosate was not calculated. The Meeting therefore concluded that short-term dietary exposure to glyphosate residues is unlikely to present a risk to consumers.

pp. 27-28
  • La Agencia Europea de Químicos (ECHA), a petición de la EFSA, hizo una evaluación minuciosa de los estudios en relación con el glifosato y llegó a la conclusión de que no había evidencia de relación causal entre el glifosato o cualquier tipo de cáncer. Vale indicar que, al igual que la IARC, su evaluación fue de peligrosidad (hazard) y no de riesgo (peligrosidad + exposición). Aun así, su conclusión difiró de la IARC.
  • Health Canada, a raíz de las conclusiones de la IARC, hizo una reevaluación de la genotoxicidad del glifosato y concluyó, una vez más, que no había relación alguna entre esta sustancia y cualquier otro tipo de cáncer.

Se podría continuar haciendo una lista extensa de autoridades de salud y de manejo de sustancias a nivel mundial que llegan exactamente a la misma conclusión: que no hay evidencia creíble de una vinculación entre el glifosato y algún tipo de cáncer, incluyendo el NHL. Esto incluye a autoridades europeas, incluyendo instituciones científicas de prestigio que, unánimemente coinciden con esta apreciación. No hay ni una agencia, NI UNA, que esté de acuerdo con las conclusiones de la IARC.

El manifiesto conflicto entre la IARC y la OMS

OMS y Roundup
Logotipo de la Organización Mundial de la Salud. A la derecha, galones de Roundup (Cortesía de Mike Mozart en Flickr, CC-BY 2.0)

Por cierto, en estos mismos días, la OMS y la FAO decidieron inquirir las operaciones de la IARC, debido al fuerte desacuerdo que la OMS tiene con su rama. Es más, la OMS estableció unas restricciones a la IARC de no reevaluar aquellas sustancias que ya habían sido debidamente escrutadas por las reuniones conjuntas de la OMS y la FAO. ¿Razón? Del documento de su decisión se desprende que muchas autoridades políticas alrededor del mundo confundían las opiniones de la OMS y las de la IARC. La Comisión del Codex Alimentarius de ambas organizaciones le aconsejaron a los países del mundo a tener cierta cautela con las monografías de la IARC que reevaluaran sustancias ya estudiadas por las reuniones conjuntas de la OMS y la FAO.

The Representative of WHO also reported on the evolution of the relations between the WHO Headquarters and the International Agency for Research on Cancer (IARC), which is the specialized cancer agency of the WHO, having a membership of 26 countries and enjoying a certain autonomy. The Representative recalled that some foodborne chemical hazards had been evaluated by both JMPR/JECFA and the IARC, with apparently divergent outcomes, resulting in sending confusing messages to risk managers and the general public. While highlighting the interim Standard Operating Procedure that was adopted by the Governing Council of the IARC in May 2018, following discussions with WHO on the need to reduce the risks of duplication of work between WHO HQ-based programmes and the IARC, the Representative noted that such risks have not been totally eliminated. The Representative therefore encouraged the participating countries of the IARC to exercise appropriate oversight through the IARC Governing Council to ensure that the IARC would not duplicate and undermine the work of JMPR and JECFA on chemicals in food.

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¿”Soberanía alimentaria” prohibiendo el glifosato?

No obstante eso, tanto en la prensa como en los programas de comentarios, el criterio para una política pública en torno al glifosato tiene que ver con los juicios por jurado contra Monsanto/Bayer, algo que hemos criticado en otras ocasiones. En estos casos, al jurado le falta instrucción en acercamiento toxicológico y epidemiológico a este tipo de sustancias, se mezcla a su vez con el miedo infundido por los mismos abogados litigantes, resultando en unos veredictos desastrosos desde un punto de vista científico. De hecho, debe llamar la atención de que algunas firmas de abogados militantes antitransgénicos tienen a gente que ha hecho campañas contra las vacunas, tales como Robert Kennedy, Jr., llevando a la actual epidemia de sarampión y otros males que se habían erradicado hace tiempo. ¿Deberían ser estos abogados los guías para una sana política pública? ¿No podría esto invitar al público a pensar en cuanto a la gente que sostiene estas posiciones científicamente cuestionables?

Las políticas de prohibición del glifosato, propuestas por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), por políticas europeas y de algunos estados de la Unión, como en algunos condados de California, tienen implicaciones desastrosas desde un punto de vista de costos económicos para el mantenimiento de infraestructura, la agricultura y el medio ambiente. Por supuesto, el PIP se ampara en estas políticas, pero con muy poca reflexión en torno a su débil base científica —e.g. invoca el experimento de G. E. Séralini, que hemos desmitificado— y sobre una falta de reflexión en torno a lo que ocurriría en el futuro desde un punto de vista científico y económico.

Como hemos mostrado una y otra vez, a pesar del incremento de glifosato en nuestros alimentos, las incidencias de cáncer ha dejado de subir. En el caso del NHL, están decreciendo lentamente.

Aumento del uso del glifosato en Estados Unidos
Aumento del uso del glifosato en Estados Unidos (Benbrook 8).
Incidencias de cáncer y mortandad por cáncer
Incidencias de cáncer y mortandad por cáncer. (Siegel et al. 13)

Esto es comprendido hasta por muchos de los científicos que están a favor de la agricultura orgánica y en contra de los transgénicos. Por ejemplo, gracias a la publicación de mensajes electrónicos de Charles Benbrook, un partidario de la agricultura orgánica que había sido pagado por la industria para sus artículos, nos percatamos de que él le reveló a su grupo antitransgénico que estaba totalmente en contra de la total prohibición del glifosato. Según él, dicha prohibición conllevaría que los agricultores volvieran a la utilización de pesticidas mucho más peligrosos y tóxicos como el Paraquat.

Mensaje electrónico de Charles Benbrook
Mensaje electrónico de Charles Benbrook, disponible por la Ley de Libertad de Información (FOIA)

Traducción:

Pete y todos …

Estoy casi estupefacto a cuánto han cambiado dramática y rápidamente las actitudes en relación con el glifosato, y sí nuestro buen trabajo ha sido parte de lo que ha quebrado el barniz mitológico de la seguridad del GLY [glifosato]. La carta de Chris Portier y todos en relación con la controversia del cáncer IARC-EFSA también ha sido bien poderosa.

Quisiera compartir también una cosa. En muchos países, especialmente fuera [de Estados Unidos], la acción rápida para prohibir el GLY llevará al uso incremental del paraquat. Aunque me alegra ver cómo aumenta la presión para un uso juicioso del GLY, personalmente yo no apoyo una prohibición total, lejos de eso [el sentido de, “not even close“]. Las alternativas químicas son de orden de magnitud peores, en términos de ambos, riesgo a la salud humana y al medio ambiente.

De hecho, Benbrook tiene razón. Como hemos indicado en otro lugar, el aumento del uso del glifosato ha llevado a sustituir otros herbicidas que son mucho más tóxicos al medio ambiente y a la salud humana.

Reducción del uso de Alachlor
Reducción del uso de Alachlor (Fuente: US Geological Survey — Departamento del Interior de Estados Unidos).
Reducción de uso de Cyanazine
Reducción de uso de Cyanazine (Fuente: US Geological Survey – Departamento del Interior de Estados Unidos)
Reducción del uso de Fluazifop
Reducción del uso de Fluazifop (US Geological Survey – Departamento del Interior de los Estados Unidos)
Reducción del uso de Metolachlor para el maíz y la soya
Reducción del uso de Metolachlor para el maíz y la soya (Fuente: US Geological Survey – Departamento del Interior)
La reducción temporera del uso de Metribuzín
La reducción temporera del uso de Metribuzín para soya, vegentales y frutas (Fuente: US Geological Survey – Departamento del Interior de Estados Unidos)
Reducción del uso de Nicosulfuron
Reducción del uso de Nicosulfuron para el maíz (Fuente: US Geological Survey – Departamento del Interior de Estados Unidos)

Ahora bien, los que repiten el mantra de la “soberanía alimentaria” usualmente tienen en mente la prohibición del glifosato, el proyecto de ley del PIP es un caso de ello. Sin embargo, contrario a Benbrook, no se han detenido a ver los estudios de lo que eso ha implicado en áreas donde se ha prohibido la sustancia y el impacto de lo que eso representaría en el futuro. Por ejemplo, algunos condados y ciudades de California se han perjudicado con el uso de pesticidas —por cierto, algunos, orgánicos— en parte por su alto costo en relación con el glifosato, también en parte a su menor efectividad y mayor grado de toxicidad. Véase, por ejemplo, el caso de Petaluma. En Australia, la situación no ha sido la mejor. En ese sentido, no conozco ningún caso en el que la prohibición del glifosato haya beneficiado a población alguna más que perjudicado, sea para mantenimiento de infraestructura o en la agricultura. Al contrario, todas las proyecciones son de un alto costo para ambas actividades. Por ejemplo, véase este estudio hecho para el Reino Unido. Académicos de la Universidad de Ruhuna han llegado a conclusiones semejantes en el caso de la prohibición del glifosato en Sri Lanka. Otro estudio deja saber cuáles serían las consecuencias para la agricultura, el medio ambiente y la naturaleza:

  • Habría un perjuicio ambiental por el aumento de uso de pesticidas en términos absolutos, debido a que las alternativas al glifosato son más tóxicas y menos eficientes.
  • Eso iría acompañado por un aumento de emisiones de gases de invernadero, debido a la emisión por el uso de más combustibles y menor capacidad de secuestro de carbono en los suelos. Esto implicaría la emisión de 234,000 millones kg de bióxido de carbono. Sería el equivalente de añadir 11.77 millones de carros en la carretera.
  • El beneficio mundial de tales prohibiciones sería negativo, costaría alrededor de $7,408 millones al año.
  • Las ineficiencias aumentarían el terreno agrícola a nivel mundial por 762,000 por hectáreas. Este sería aproximadamente el 84% del área de Puerto Rico.
  • Tales aumentos de tamaño de terreno para la agricultura significaría una deforestación de 167,000 hectáreas.
  • Habría una mayor erosión de los suelos, porque sería más difícil llevar a cabo estrategias de agricultura de no talado.

Tal vez, para muchos, el evitar el glifosato para conservar la “soberanía alimentaria” tiene que ver con el hecho de que Roundup es una marca de Bayer. En tal caso, estaríamos dependiendo de una compañía privada. Sin embargo, el glifosato no es solo producto de Bayer, también los venden compañías rivales. Como el glifosato ya no está bajo patentes en territorio estadounidense, los empresarios puertorriqueños podrían crear sus propios productos basados en el herbicida.

Esto no significa que deberíamos depender completamente de esta sustancia. Al contrario, como se ha visto abundantemente, tal dependencia excesiva ha llevado a malezas resistentes a ella. Esto nos lleva al siguiente asunto.

La Universidad de Puerto Rico debería ser clave para una futura, genuina soberanía alimentaria

Torre de la Universidad de Puerto Rico
Torre de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Fotografía cortesía de Moebiusuibeom-en en Wikimedia Commons.

No se puede exagerar la enorme importancia del rol de una universidad pública donde hayan científicos servidores públicos que, con o sin compañías privadas, provean buenos estudios y dejen rodar su creatividad para el bienestar de todos. Esta clase de académicos podría poner a Puerto Rico en el mapa del mundo científico si se le ofrecen a la institución los incentivos correctos y el capital apropiado para ello.

No obstante eso, tanto la Junta de Control Fiscal como el gobernador Ricardo Rosselló, han llegado a acuerdos para aplicarle el “remedio” de la austeridad a un instrumento necesario para el desarrollo científico, económico y cultural de Puerto Rico. Estos son acercamientos miopes, puramente contables, sin considerar la dimensión cualitativa de la inversión que es la UPR del impacto que tiene sobre los municipios y el país.

Varias de las maneras para ayudar la UPR es mediante la ingeniería química, buscando alternativas al glifosato que sean razonables, más amigables al medio ambiente y de menos impacto a la salud de las personas. Además, podría diseñar para nuestros agricultores estrategias de rotación de pesticidas y otras con el objetivo de evitar malezas resistentes a ellas. El añadir tecnologías que aumenten la precisión de ataques a pestes, reduciendo exponencialmente el uso de los pesticidas, en combinación con estrategias de rotación de cultivos, entrecultivos, cultivos de cobertura, reciclaje de nutrientes, entre otros, podría resultar ser positivo para nuestros agricultores.

Una de las razones por las que muchas personas quieren prohibir los transgénicos es por los supuestos problemas de las patentes de las semillas. Aunque hay bastante de sus llamados “perjuicios” que no pasan de ser leyendas urbanas, la labor científica de ingeniería genética por una universidad pública es particularmente valiosa. Ejemplo de ello nos lo da el caso de la judía transgénica resistente al virus del mosaico dorado, transmitido por la mosca blanca, y hecha por científicos brasileños y son libres de patentes para los agricultores del país. Esto se logró gracias al equipo de Francisco Aragão, quien trabaja para una institución pública, la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (EMBRAPA).

Papaya con el virus de manchas anulares
Papaya con el virus de manchas anulares. (Fuente: Gonsalves et al.)

Lo mismo ocurrió en Hawai’i cuando se creó la papaya resistente al virus de manchas anulares. El Dr. Dennis Gonsalves y su equipo de la Universidad de Hawaii la crearon para salvar la industria agrícola. Además, la Papaya Rainbow es libre de patentes para los agricultores hawaianos.

¡Eso es soberanía alimentaria! Este es el ofrecimiento de los recursos de las ciencias para el beneficio de nuestros agricultores, los puertorriqueños y la humanidad. Para utilizar otra palabra de moda, empoderamos a los agricultores boricuas.

No solo eso, al igual que la insulina humana creada por bacterias transgénicas, podríamos establecer programas ambiciosos de producir fármacos y vacunas. ¿Por qué no?

¿Son estos los planes de la campaña de los “soberanistas alimentarios”? Desgraciadamente no. Veamos.

Los planes de los “soberanistas”

Anuncio de presentaciones en la Casa Soberanista
Anuncio del Movimiento Unión Soberanista sobre presentaciones en la Casa Soberanista.

En primer lugar, para calentar los motores, habrá una presentación contra el glifosato en la Casa Soberanista. Sin duda, esto estará acompañado por sus respectivos anuncios en la radio y la televisión sobre los supuestos peligros de los transgénicos y el glifosato. Además, invitarán para la marcha contra Monsanto que se dará un par de días después.

Anuncio de marcha contra Monsanto
Anuncio de marcha contra Monsanto

Lo siguiente es un sarcasmo. ¡Quedan debidamente advertidos!

En el sábado 18 de mayo, habrá una marcha de protesta contra una compañía que ya no existe. Partirá desde los portones de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez, tal vez porque ahí hay una facultad que coopera con compañías semilleras extranjeras. Claro, me imagino que tras el ataque a la UPR por parte de la Junta de Control Fiscal y el gobernador de Puerto Rico, lo que le hace falta a nuestro patrimonio educativo es terminar con tales cooperaciones y con ello, cercenarse más fondos a su fisco, ¿verdad?

Después, me imagino que soñarán con el “paraíso” que era Puerto Rico cuando los jibaritos bajaban con su carreta cantando alegres el “le lo lai” todas las mañanas, antes de que entraran los malvados transgénicos y pesticidas a nuestro archipiélago. Esto es señal de “lo mucho” que hemos aprendido de La barraca de Vicente Blasco Ibáñez, de La charca de Manuel Zeno Gandía, o de La resaca y de La llamarada de Enrique Laguerre.

Por último, me imagino que en el destino de la marcha, la Plaza Colón, van a vender productos orgánicos. Así, aseguraremos que Puerto Rico “reduzca” su dependencia en las importaciones, ¿verdad?

Así se quiere defender la “soberanía alimentaria” como base de una futura soberanía de nuestra nación.

Parte no sarcástica.

¡Qué pena!

Tal vez, después de marchar, les invito a sus participantes a ver un documental, Food Evolution, respaldado la comunidad científica y narrada por Neil Degrasse Tyson. Está disponible en Amazon o Google Play. Después de verlo, les aconsejo meditar muy seriamente sobre las consecuencias de promover las marchas como la que acaban de hacer sobre los pobres de África y otros lugares del mundo.

A mis amistades soberanistas e independentistas, cuya mayoría simpatiza con las causas socialistas en Latinoamérica, les dejaré este vídeo de Rafael Correa sobre la prohibición de transgénicos en Ecuador.

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Muchas gracias.

Referencias

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Treu, Hanna, et al. “Carbon Footprints and Land Use of Conventional and Organic Diets in Germany”. Journal of Cleaner Production, vol. 161, 10 de septiembre de 2017, pp. 127-142. doi: 10.1016/j.jclepro.2017.05.041.

Wambugu, Florence y Daniel Kamanga, editores. Biotechnology in Africa. Emergence, Initiatives and Future. Springer, 2014.

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Su desayuno nutritivo contiene glifosato y por qué usted no debería preocuparse

Cereal

Cereal. Foto cortesía del Servicio de Investigación Agrícola, del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

Recientemente, un jurado decidió que la compañía Monsanto debía pagar $289 millones en daños y perjuicios a Dewayne “Lee” Johnson, por no haber etiquetado sus botellas de RoundUp® en torno a su probable genotoxicidad. Este resultado descabellado no se sostiene a nivel científico.

Hasta el mismo juez del caso reconoció que era floja la evidencia de que el glifosato estuviera ligado al linfoma no hodgkiano (NHL), según se presentaba en la monografía de la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC), una rama de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es más, ninguna otra agencia del mundo (¡ni una!) coincide con la posición de la IARC, ni tan siquiera su organismo madre, la OMS (WHO/FAO, 2016, pp. 19-28).

Pues, se le ha puesto la cereza al tope a todo este bizcocho con un estudio publicado recientemente por el Environmental Working Group (EWG) en torno a muestras de diversos productos de desayuno, vendidos en los supermercados, que contienen trazas de glifosato (Temkin, 2018). Veamos lo que encontraron:

  • Se examinaron varias muestras, cada una de cereales de marcas distintas. Cuarenticinco de ellos, producidos convencionalmente, mientras que otros 16 eran orgánicos.
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  • Se detectaron trazas de glifosato en 43 de los convencionales y 5 de los orgánicos.
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  • Hubo casos en los que las trazas superaban los límites de seguridad estipulados por el EWG (160 ppb —es decir 160 partes por mil millones): 31 de los convencionales y 0 de los orgánicos.

Esta evidencia parece alarmante.

¡Oh no!

Rostro aterrorizado

Rostro aterrorizado

Estamos ingiriendo más glifosato que debemos, en una dosis superior a la determinada por el EWG. ¡Corramos a las montañas! ¡Salvémonos!

Kevin huyendo

Imagen gif, cortesía de Griphy.

¡Esperen! … ¡Témbol! …  Antes de salir corriendo, tenemos que hacer unas preguntas pertinentes.

¿Qué significa que la dosis sea superior a la determinada como segura por el EWG?

¿Es el EWG una agencia de gobierno?  No.

¿Es una agencia internacional de seguridad alimentaria? No.

¿Establece el EWG algún tipo de normativa nacional estadounidense o internacional que sea considerada por algún organismo salubrista o gobierno?  No.

Entonces, ¿qué es ese organismo? El EWG es una entidad sin fines de lucro o una organización no gubernamental que aboga por mejorar la calidad del consumo, que sea más consistente con el bienestar del medio ambiente. El interés es, por supuesto, loable. Pero, como en el caso de Greenpeace, Friends of the Earth y otros, vale preguntarse si es un estudio serio o uno de carácter propagandístico. Su autora es una toxicóloga asociada a causas ambientales. En principio, no debemos poner en duda su integridad, sino que debemos tener en cuenta que hay científicos que trabajan para muchas de estas entidades. Sin embargo, en algunos casos, un número de ellos puede cegarse ideológicamente y llegar a conclusiones erradas. Veamos si este es uno de esos casos.

En primer lugar, el estudio no se publicó en ninguna revista académica respetada, sino en un portal. Segundo, no fue revisado por pares independientes para aumentar su grado de credibilidad. La revisión o arbitraje por pares no garantiza que lo que se diga sea infalible, pero sí es un paso muy importante a la hora de establecer un grado de credibilidad de lo que se publica. Claro, ahí no terminan los cuestionamientos, sino que siempre existe la posibilidad de debatir su contenido en esa revista o en otras.

Ahora bien, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) ha examinado todo un rango de aplicación de glifosato muy superior al límite de EWG, a saber, 0.1 a 310 ppm (partes por millón), un tanto inferior a la dosis que consume el ganado mediante su pienso (400 ppm), según la EPA y también según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) (Benbrook, 2016, p. 9; EFSA, 2018, pp. 4, 9, 12). Note el lector laico el cambio de unidades, de partes por mil millones (ppb) a partes por millón (ppm). La cifra de 310 ppm es muy superior a la de 160 ppb (=0.16 ppm).

En otras palabras, en general, las agencias internacionales han encontrado que aun en el caso del ganado, una dosis de 400 ppm al día no les perjudica en la salud. En el caso de los seres humanos, podríamos ingerir hasta 310 ppm de glifosato al día, sin que esto nos intoxique. De hecho, si vemos los resultados del EWG en cuanto a los productos en que encontraron trazas de glifosato superiores a 160 ppb, vemos que estas cantidades son muy inferiores a las que hemos visto. Veamos algunos ejemplos:

  • Quaker Dinosaur Eggs, Brown Sugar, Instant Oatmeal contenían trazas de glifosato de 620 ppb (=0.62 ppm) y 780 ppb (=0.78 ppm).
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  • Cheerios Toasted Whole Grain Oat Cereal tenía cantidades de 470 ppb (=0.47 ppm), 490 ppb (=0.49 ppm) y 530 ppb (=0.53 ppm).
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  • Giant Instant Oatmeal, Original Flavor tenía una cantidad de 760 ppb (=0.76 ppm).
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  • Quaker Old Fashioned Oats daba 390 ppb (=0.39 ppm), 1100 ppb (=1.1 ppm) y 1300 ppb (=1.3 ppm).

Los números nos muestran que la cantidad de glifosato en nuestros cereales es extremadamente insignificante para que nos intoxique. En ese sentido, es falso lo que afirma el EWG, a saber, que hay “demasiado glifosato” en los cereales de niños y que esto representa un problema de seguridad alimentaria.

EWG

Logotipo del EWG

Este tipo de noticias no es nuevo, ya que hace algunos años se diseminó una información similar, de la que hablamos en otro lugar. Para darles una idea de cuan insignificantes son estas trazas, piense en lo siguiente: para empezar a sentir los efectos tóxicos del glifosato, un adulto debería haberse servido 1,270 platos al día y un niño 635 platos al día. Probablemente, en tal caso, ambos morirían de sobredosis de cereales ingeridos el primer día antes que de sobredosis de glifosato. Así que cuando las dos compañías, General Mills y Quaker, respondieron al EWG diciendo que sus productos están dentro de los parámetros de regulación alimentaria y que sus cereales son seguros, estaban diciendo la verdad.

Si este es el caso, ¿de dónde el EWG obtiene el número mágico de 160 ppb? Ellos lo explican. Utilizan una evaluación de riesgo de genotoxicidad para el glifosato propuesto por los científicos de California e incluye los factores de seguridad propuestos por la Ley de Protección de Calidad de Alimentos y, a partir de ahí, establecen un punto de seguridad de 0.01 mg/día (160 ppb al día). Admite el EWG, que esta cifra está muy por debajo que la determinada por la EPA.

Como es de esperarse, este tipo de manipulación de cifras de seguridad ha sido duramente criticada por expertos. Notorio es el hilo de tuits de Tamar Haspel. Pueden darle al siguiente tuit para verlo completo.

Haspel resalta varias cosas en sus tuits. En primer lugar, EGW comete el error de hacerle caso a una propuesta, no una regulación californiana. ¿Por qué escogió esa propuesta, que no es regulación? El EGW no justifica en absoluto esta medida, pero la impresión de ella es que se debe a que su número es bastante bajo. Esta propuesta surge a raíz de la aprobación de Proposición 65, en la que se requiere etiquetar una serie de sustancias para advertir que son posibles cancerígenas, entre ellas, el glifosato. Pues Science for Healthy California propuso un límite de riesgo no significativo de 1.1 mg al día, que es varias veces menos que lo permitido por la EPA para el consumo de un adulto (1.75 mg por kilogramo por día ≈ 140 mg al día).

Continúa Haspel diciéndonos que, después de obtener esa cifra de 1.1 mg al día, el EGW lo dividió por 10. Eso es debido a que algunas de las regulaciones reducen el número (como medida de seguridad) a 1 por 1,000,000, mientras que en california es 1 por 100,000. La división por 10 compensaba ese hecho.  Esto no es suficiente, porque estas son cifras para adultos, hay que reducirla más para niños. Así que se dividís, de nuevo, entre 10. Sin embargo, nos dice Haspel, esto tampoco es satisfactorio. ¡Había que cambiar las unidades para que la cifra final se viera GRANDE! Así que en vez de hablar de miligramos o de partes por millón … iba a utilizar partes por mil millones. De todo esto, obtenemos “160 ppb”.  No sé por qué no escogieron partes por billón (ppt), el número hubiera sido mucho más impresionante (160,000 ppt, ¡wow!) Por cierto, Maggie Fox y otros han descubierto también esta maña del EGW, vea el artículo de NBC aquí.

Este estudio del EWG no sirve para mucho, fuera de ofrecer algunos datos, y tiene un puro valor propagandístico, cuyo fin es el de atemorizar al público. La táctica ha dado resultado. Aunque los datos ofrecidos no son un problema en ellos mismos, la manera de presentarlos al público, lo es. Muy a pesar de lo que dice EGW, el eliminar el glifosato de la agricultura o cambiar alimentos convencionales por orgánicos no altera para nada los efectos toxicológicos de los alimentos a la salud de los consumidores (Winter & Katz, 2011).
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¿Por qué no debemos atemorizarnos por ingerir el glifosato en nuestra comida?

En cuanto a la famosa monografía de la IARC que designa al glifosato como “probable cancerígeno”, en particular, en relación con el NHL, hemos hecho nuestro análisis aquí. En resumen, esa rama de la OMS no tiene base para afirmar que la sustancia deba catalogarse de esa manera. Sin embargo, aquí me encantaría exponer las razones sencillas de por qué nadie debe preocuparse en cuanto a la ingestión del glifosato en nuestra comida y por qué nuestros hijos no se van a afectar.
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1. La IARC afirma que el riesgo de cáncer por glifosato en consumidores es minúsculo

Edificio del IARC

Edificio del IARC en Francia. Foto cortesía de Rystheguy de Wikimedia Commons. CC-BY-SA 3.0.

Según los mismos científicos de la IARC, los consumidores no deben preocuparse en absoluto de la genotoxicidad del glifosato, ya que (como hemos visto) las cantidades de este en nuestros alimentos es extremadamente insignificante. Su preocupación principal es, más bien, la exposición de los agricultores, jardineros y otros a la sustancia. Dice Kate Guyton, una científica que dirigió los esfuerzos de la monografía:

“I don’t think home use is the issue … It’s agricultural use that will have the biggest impact. For the moment, it’s just something for people to be conscious of.”

Así que, aun si se pensara que las conclusiones de la IARC fueran correctas, a la organización no le preocupa el uso o el consumo cotidiano.

Recordemos también que la Sociedad Americana del Cáncer nos dice que no sería buena política pública la prohibición total del glifosato con base en lo dicho por la IARC.
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2. No hay aumento significativo de incidencias de cáncer en los Estados Unidos, aun cuando ha habido un incremento considerable del uso del glifosato

He aquí una gráfica que representa el aumento de la aplicación del glifosato en la agricultura en los Estados Unidos.

Aumento del uso del glifosato en Estados Unidos

Aumento del uso del glifosato en Estados Unidos (Benbrook, 2016, p. 8).

He aquí la totalidad de incidencias y de mortandad por cáncer en Estados Unidos.

Las tendencias de incidencias y mortandad por cáncer por sexo.

Las tendencias de incidencias y mortandad por cáncer por sexo (Siegel, Miller, & Jemal, 2017, p. 12).

Dado a que la mayoría de la población estadounidense consume productos en los que se encuentra la detestada sustancia, la gráfica de incidencias de cáncer debió haber incrementado. Ese no es el caso. Sencillamente, no hay asociación alguna entre la administración del glifosato y algún tipo particular de cáncer.
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3. El glifosato no está asociado al linfoma no-hodgkiano

Como hemos visto, ha habido un aumento considerable de la aplicación de glifosato en áreas agrícolas y muchos gobiernos, municipios y condados lo han adoptado como medida para lidiar con yerbas y malezas. Pues, la pregunta es, ¿ha habido un aumento sustancial de NHL?

Al contrario, el número de incidencias de NHL, es muy pequeño (4% de la totalidad de incidencias de cáncer), especialmente cuando se compara con otros tipos de cáncer.

Totalidad de incidencias de tipos de cáncer

Totalidad de incidencias de tipos de cáncer en hombres y mujeres (Siegel, Miller, & Jemal, 2017, p. 13).

En cuanto al NHL, sus casos ya habían dejado de aumentar a finales de los años noventa y se han mantenido estables, mientras que el número de muertes por NHL se ha reducido (Shiels et al. 2013).

Si esto es así, entonces, ¿por qué la IARC y otros vinculan ciertas incidencias del glifosato con el NHL?

Andrew Kniss, profesor e investigador de la Universidad de Wyoming, nos explica muy bien este asunto. En el caso de la monografía de la IARC, él nos representa, de la siguiente manera, los datos de la relación entre el cáncer y el glifosato que allí aparecen.

Cancer-glyphosate relationship

La relación cáncer-glifosato. Imagen cortesía de Andrew Kniss, reproducido con su permiso. Gráfica original en esta página.

Para que entiendan la gráfica de bosque de datos preparado por Kniss, cada punto representa el riesgo relativo de obtener cáncer que tienen los expuestos al glifosato en relación con los que no. Aquellos puntos a la izquierda de la línea (1.0), significa que, en promedio, aquellos que han sido expuestos al químico tienen menos probabilidad de desarrollar cáncer que aquellos que no. Los que están a la derecha, quieren decir que, en promedio, aquellos que han sido expuestos tienen mayor probabilidad de desarrollar cáncer que aquellos que no.  Sin embargo, esta gráfica muestra solo los puntos, pero no su rango de incertidumbre, por lo que es una sobresimplificación. Si la línea del rango de incertidumbre cruza la línea de 1.0, eso significa que la evidencia es demasiado débil como para vincular algún tipo de cáncer al glifosato. Eso es lo que ocurre en cada caso de los puntos que están a la derecha.

De todos estos casos, notamos los de NHL, que tienen una cantidad considerable de puntos a la derecha. Verlo así, a primera vista, sugeriría algún tipo de vinculación del glifosato con el NHL. Sin embargo, cuando tomamos estos puntos y buscamos su rango de incertidumbre, vemos que la evidencia de tal lazo es muy débil.

Estudios de casos controlados de NHL

Estudios de casos controlados de NHL. Imagen cortesía de Andrew Kniss, reproducido con su permiso. Gráfica original en esta página.

Como pueden ver, en la mayoría de los casos, los rangos de incertidumbre son cercanos al 1.0 o cruzan la línea. Sin embargo, el hecho de tanto puntos se hallen a la derecha, sin duda, requiere algún tipo de estudio mucho más riguroso y de mayor calidad, como un estudio de cohorte. Este fue el caso del estudio llevado a cabo por el Agricultural Health Study (Andreotti et al., 2018). Veamos su gráfica:

Bosque de datos de la relación NHL-glifosato según el Agricultural Health Study.

Bosque de datos de la relación NHL-glifosato según el Agricultural Health Study. Imagen cortesía de Andrew Kniss, reproducido con su permiso. Gráfica original en esta página.

¿Que es un estudio de cohorte? Es un estudio epidemiológico y, en este caso, toxicológico, que busca establecer relación causal entre variables de poblaciones de individuos que comparten determinados atributos o exposición. El estudio siguió a un total de 54,251 agricultores que asperjaron herbicidas, de los cuales 44,932 utilizaron glifosato. En el texto se distinguieron cuatro subgrupos por grado de exposición (Q1 son los menos expuestos y Q4 los más). La gráfica nos muestra, más allá de toda duda, que en todos los casos, en promedio, aquellos que aplicaron glifosato a cualquier grado de exposición, tuvieron menos probabilidad de desarrollar NHL que aquellos que no lo rociaron.
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¿Qué quiere decir todo esto?

Todo lo anterior significa dos cosas: primero, que un jurado hizo una malísima decisión con base en una monografía cuyas conclusiones han sido muy cuestionadas, además de estudios de pobre calidad; segundo, que usted ni sus niños obtendrán NHL ni ningún otro tipo de cáncer comiendo Cheerios con trazas insignificantes de glifosato.

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Referencias

Andreotti, G., Koutros, S., Hofmann, J. N., Sandler, D. P., Lubin, J. L., Lynch, C. F., … Freeman, L. E. B. (1 de mayo de 2018). Glyphosate use and cancer incidence in the Agricultural Health Study. Journal of the National Cancer Institute, 110(5), pp. 509-516. doi: 10.1093/jnci/djx233.

Benbrook, C. (2 de febrero de 2016). Trends in glyphosate herbicide use in the United States and globally. Environmental Sciences Europe28(3). doi: 10.1186/s12302-016-0070-0.

European Food Safety Authority (EFSA). (17 de mayo de 2018). Evaluation of the impact of glyphosate and its residues in feed on animal health. EFSA Journal16(5), e05283. doi: https://doi.org/10.2903/j.efsa.2018.5283.

IARC. (2017). IARC Monographs on the Evaluation of Carcinogenic Risks to Humans. Vol. 112: Some Organophosphate Insecticides and Herbicides. IARC. Recuperado de  https://monographs.iarc.fr/wp-content/uploads/2018/07/mono112.pdf.

Kniss, Andrew. (11 de agosto de 2018). Glyphosate and cancer – revisited. A plant out of place [Entrada en blog]. Recuperdado de https://plantoutofplace.com/2018/08/glyphosate-and-cancer-revisited/.

Shiels, M. S., Engels, E. A., Linet, M. S., Clarke, C. A., Li, J., Hall, H. I., … Morton, L. M. (junio de 2013). The epidemic of Non-Hodgkin Lymphoma in the United States: Disentangling the effect of HIV, 1992–2009. Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention, 22(6), 1069–1078. doi: 10.1158/1055-9965.EPI-13-0040.

Siegel, R. L., Miller, K. D., & Jemal, A. (enero/febrero 2017). Cancer statistics, 2017. CA. Cancer Journal for Clinicians67(1), 7–30. doi: 10.3322/caac.21387.

Temkin, A. (15 de agosto de 2018). Breakfast with a dose of Roundup?
Weed killer in $289 million cancer verdict found in oat cereal and granola bars. Environmental Working Group. Recuperado de  https://www.ewg.org/childrenshealth/glyphosateincereal/.

Winter, C. K. & Katz, J. M. (2011). Dietary exposure to pesticide residues from commodities alleged to contain the highest contamination levels. Journal of Toxicology2011. doi: 10.1155/2011/589674.

World Health Organization (WHO)/Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO). (2016). Pesticide residues in food 2016 -Report: 2016— Special Session of the Joint FAO/WHO Meeting on Pesticide Residues. Rome: World Health Organization and Food and Agriculture Organization of the United Nations. Recuperado de http://www.fao.org/3/a-i5693e.pdf.

Los jurados no deciden lo que es ciencia (actualizado)

Fotografía de un tribunal

Ayer, 10 de agosto de 2018, en un tribunal de  San Francisco, California, un jurado decidió en contra de Monsanto, que debía pagarle a DeWayne Johnson una suma de $289 millones en daños y perjuicios. Johnson es un hombre de 46 años, víctima de linfoma no hodgkiniano (NHL por sus siglas en inglés) y se alega que obtuvo esa enfermedad, debido al nivel de frecuencia con que rociaba el herbicida Roundup® en su ámbito laboral. La situación de esta persona es desgarradora, ya que su cáncer es terminal.

Por otro lado, se encuentra una gran compañía como Monsanto, una corporación con un nombre que ya es equivalente a la del mismo Satán, que en ocasiones ha infligido daños directa o indirectamente (piénsese en la elaboración del agente naranja, el venta de PCBs, ha acosado a periodistas en torno a algunos de sus productos y no ha sido deferente a científicos y agricultores en cuanto a su manejo de su pesticida Xtend®, entre otros incidentes).

Logo de Monsanto

Logotipo actual de Monsanto

El peso de este caso descansaba en dos piezas de “evidencia”.  La primera, involucra los llamados “Monsanto Papers”, una serie de correos electrónicos y documentos internos que se han hecho disponibles al público gracias a la Ley de Libertad de Información (FOIA). El argumento de los abogados demandantes era que estos documentos presentaban evidencia contundente de que Monsanto había ocultado información en torno a la genotoxicidad de su producto, Roundup®. No solo eso, sino que demostraba de que la compañía probablemente tenía la costumbre de “escribir artículos” para que ciertos expertos los publicaran bajo su nombre (en inglés se conoce a esta costumbre antiética, ghostwriting).

Gran parte de esto lo analizamos en otro artículo que escribimos al respecto. En resumen, no está claro que la compañía realmente haya efectuado ghostwriting propiamente, aunque, en algunos casos, la evidencia parece indicar fuertemente que sí. Todos los científicos involucrados se han defendido al respecto. El caso más reciente fue el de Henry Miller, quien, en un momento de exceso de labores, le había expresado a un empleado de Monsanto en torno a las ideas, opiniones y puntos que quería que aparecieran en un artículo. Después recibió el borrador de esa persona, que él subsecuentemente modificó y corrigió para publicación. “Ergo“, el contenido del artículo tiene su origen en las ideas de Miller y no fue ghostwriting. Toda esta explicación es bastante cuestionable y cualquier persona razonable podría desconfiar de tal autodefensa a la luz de los correos electrónicos. Otros de los científicos mencionados en los mensajes fue Gary M. Williams. La New York Medical College (NYMC) investigó el asunto y determinó que no hubo violación ética (aunque las particularidades de este asunto se han mantenido confidenciales para respetar la intimidad Williams). David J. Kirkland también ha negado haber recibido documento alguno de la compañía que haya publicado bajo su nombre. Finalmente, está un empleado de Monsanto, William Heydens, quien afirmó que hizo unas contribuciones menores, unas ediciones, a un artículo que consideró la EPA para la reanudación de la licencia del glifosato. Esto se ha reportado mal en la propaganda anti Monsanto, de que Heydens había editado un ghostwriting hecho por la corporación.

Otra revelación pertinente de los Monsanto Papers, y que discutimos en otra entrada, es que una de las empleadas, Donna Farmer, había dicho en uno de los mensajes electrónicos es que no podía decir con certeza ante la prensa que Roundup® no fuera cancerígeno. Esta aserción, que  se ha sacado mucho de contexto, no se refiere al glifosato, sino más bien a los sulfactantes que acompañan el producto, que la corporación no había hecho los estudios al respecto, aunque todo indicaba que no eran genotóxicos (así mismo aparece en los mensajes electrónicos).  De hecho, como vimos en esa entrada, pudimos ver muy claramente en su intercambio que  creían en su producto, que no estaban “ocultando” que el producto fuera genotóxico. Al contrario, se afanaban por que los medios de comunicación tuvieran la información científicamente correcta. Sin embargo, lo que sí se le puede reprochar a Monsanto es la manera de convencer al público al respecto, especialmente si llevó a cabo esta actividad de ghostwriting.

Edificio del IARC

Edificio del IARC en Francia. Foto cortesía de Rystheguy de Wikimedia Commons. CC-BY-SA 3.0.

El segundo tipo de evidencia presentada es la famosa monografía de la la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), en la que determinaba que el glifosato debía considerarse “probable cancerígeno”. En su comunicado, la IARC mencionó a algunos experimentos en particular en los que encontró “evidencia limitada” de correlación entre la dosis de glifosato y ciertas incidencias de cáncer, en particular el NHL. En otro artículo, hemos llevado a cabo un análisis exhaustivo de cada uno de los casos, para inferir que, en realidad, la IARC no tenía evidencia alguna para llegar a esa convicción. Ninguna agencia de salud y seguridad alimentaria de prestigio del mundo coincidió con su análisis y conclusión, ni tan siquiera la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), Health Canada o la Autoridad de Protección Ambiental de Nueva Zelanda.  Aun con todo, esta evidencia extraordinariamente floja estableció la vinculación causal entre el glifosato y el NHL en la mente de los miembros del jurado.

La combinación de esta monografía, con la razonable sospecha de ghostwriting, y la mala comprensión de los mensajes electrónicos, llevaron a la desafortunada decisión de ayer. ¿Como lo sabemos? Porque así se ha dejado saber en Twitter. Michael Stiles, un analista de operaciones residente en Costa Rica, publicó en su cuenta secciones de una transcripción del caso al respecto.

¿Qué revelan estas secciones?  Bien sencillo, que DeWayne Johnson había desarrollado micosis fungoide, que se considera un tipo extremadamente raro de linfoma no hodgkiano. De hecho, los mismos abogados de Monsanto habían resaltado este hecho de que, debido a la manera en que se desarrolla esta enfermedad, es mucho más probable que hubiera empezado a desarrollarse desde antes de comenzar a laborar asperjando Roundup®.

Un detalle que hay que añadir es que el Dr. Christopher Portier estuvo defendiendo la evaluación de los estudios que hizo la IARC. Sin embargo, Portier ha sido un activista afiliado a la Environmental Defense Fund (que está contra el uso del glifosato) y que ha estado recibiendo una buena cantidad de dinero asesorando a firmas litigantes, para defender la monografía de la IARC, aun cuando, como estadístico, ese no es su expertise.

Parece que el jurado no tuvo en cuenta estos importantes detalles a la hora de deliberar al respecto. Por otro lado, el juez ha expresado su parecer en torno a la posible peligrosidad (hazard) y riesgo (risk) en relación con las conclusiones de la IARC, y ha visto la monografía como evidencia inadecuada para el caso.

¿Cómo han respondido los científicos en general ante esta decisión? Veamos:

En el mundo hispano, Rosa Porcel Roldán, del blog La ciencia de Amara, escribió un artículo en relación con este tema. Muchos científicos hispanohablantes aprovecharon la ocasión para expresarse.

El mismo proceso judicial estuvo repleto de información técnica en torno a los estudios de la EPA y de las agencias reguladoras europeas, sobre sus deficiencias, entre otros. No sería sorpresa si esta información fue abrumadora para los miembros del jurado que, usualmente, no son expertos en el tema. El testimonio de Johnson le añadió un elemento emocional a todo este asunto, llevando a su veredicto.

Monsanto ha afirmado que apelará la decisión y, desde mi muy personal punto de vista, creo que esta decisión del jurado será revocada. Aun si fueran ciertas todas las acusaciones de ghostwriting y aun si fuera cierto que Monsanto ha abusado de sus oponentes (como se ha podido constatar en algunos casos) y aun si algunos estudios tuvieran deficiencias, eso no cambia en absoluto la calidad científica que se tiene hasta ahora. Hay miles de estudios que periódicamente se han hecho en torno al glifosato. En PubMed, ya se va aproximando a los 2,900, y que contienen estudios que sí le hallan genotóxicos y otros que no. Cuando excluimos los estudios preliminares y los de revistas predadoreas, consideramos los estudios de mayor calidad, como los de cohorte, las revisiones científicas y metaanálisis, el resultado es que no hay evidencia alguna que el glifosato esté vinculado al cáncer y mucho menos al NHL.

Una vez más, esto no excluye con 100% de certeza que el glifosato sea genotóxico, puede serlo. Sin embargo, es sumamente improbable, dado que no hay evidencia sólida alguna de que lo sea. Compárese la siguiente gráfica del aumento del uso del glifosato en Estados Unidos, con las tendencias de incidencias de cáncer en ese país.  Con eso los dejo.

Aumento del uso del glifosato en Estados Unidos

Aumento del uso del glifosato en Estados Unidos (Benbrook, 2016, p. 8).

Las tendencias de incidencias y mortandad por cáncer por sexo.

Las tendencias de incidencias y mortandad por cáncer por sexo (Siegel, Miller, & Jemal, 2017, p. 12).

Mientras el uso agrícola y, por ende, el consumo de glifosato ha aumentado considerablemente a través de los años en Estados Unidos, el número de incidencias de cáncer se ha estabilizado y está disminuyendo.

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Referencias

Benbrook, C. (2 de febrero de 2016). Trends in glyphosate herbicide use in the United States and globally. Environmental Sciences Europe28(1), 3. doi: 10.1186/s12302-016-0070-0.

Siegel, R. L., Miller, K. D., & Jemal, A. (enero/febrero 2017). Cancer statistics, 2017. CA. Cancer Journal for Clinicians67(1), 7–30. doi: 10.3322/caac.21387.

La FDA aprueba el arroz dorado

Instituto Internacional de Investigación del Arroz

Logotipo del Instituto Internacional de Investigación del Arroz

Hoy, el Instituto Internacional de Investigación del Arroz (IRRI por sus siglas en inglés) comunicó a la prensa que, en Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Drogas (FDA) ha aprobado, para el consumo, el arroz dorado, un transgénico que produce β-caroteno, un antecesor de la vitamina A. Este comunicado se dio al recibir una carta de la FDA fechada el 24 de mayo de 2018 (ayer) en la que afirma que, a partir de la evidencia que se tiene y ha dispuesto IRRI, no hay problemas de seguridad para su consumo humano o animal (en caso que estuviera presente en sus alimentos).

El arroz dorado es un producto transgénico que produce β-caroteno con el objetivo de que provea a sus consumidores vitamina A. El público asiático más pobre consume el arroz, por su abundancia en ese continente y su bajísimo costo. Sin embargo, tal alimento solo le provee de carbohidratos, pero no muchos nutrientes. Como resultado, sin acceder a mejores alimentos nutritivos, muchos caen en la deficiencia de vitamina A (DVA), llevándoles (especialmente a los niños) a la ceguera y, más adelante, la muerte. Por el momento, hay diversos programas de desarrollo de alimentos con β-caroteno o vitamina A como nutrientes, para aliviar el problema a nivel mundial, específicamente Asia y África.

De la producción del nutriente, el arroz obtiene su aspecto “dorado”.  Debido a que esta es una iniciativa humanitaria, las compañías que tienen patentes sobre las tecnologías usadas para crearlo,han renunciado a ellas para permitir su producción por parte de agricultores que generen $10,000 estadounidenses o menos. Ellos podrán sembrarlo gratuitamente y guardar sus semillas si así lo desean.

Arroz dorado

Arroz dorado (Foto cortesía del International Rice Research Institute)

Este arroz no ha estado disponible en el mercado en gran medida por la oposición de ciertos grupos ambientalistas, tales como Greenpeace. La comunidad científica en general ha reaccionado en contra de su actitud intransigente e irracional. Al presente, hay 131 premios Nóbel que le han solicitado que desista de su activa obstaculización para la investigación y disponibilidad de este alimento. A esto se añaden cerca de 12,700 científicos y ciudadanos (entre ellos, este servidor) que apoyan esta iniciativa. Por lo pronto, la Food Standards Australia-New Zealand ha sido la otra agencia que ha dado un paso para hacerlo disponible en Nueva Zelanda y Australia. A medida que pasen los años, veremos la EFSA y otros organismos semejantes hacer lo mismo.

Lo triste de toda esta historia es que el arroz se podrá hacer disponible primero  en aquellos países en donde no se necesita.  El público asiático todavía no tiene acceso a este importante alimento.  Esperemos que pronto, las potencias asiáticas, especialmente India y China, comiencen a aprobar el mercadeo de este transgénico y así abra las puertas para su adopción por otros países tales como Bangladesh, Malasia y Filipinas.

Aumenta el número de ganadores del Nóbel contra acciones de Greenpeace

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Hace dos años publicamos una entrada sobre una carta firmada por 110 ganadores del Premio Nóbel solicitándole a Greenpeace que cesara sus ataques contra el arroz dorado. Este es un transgénico que produce β-caroteno, un antecesor de la vitamina A. El objetivo es el de proveer a los asiáticos pobres de un alimento asequible que les nutra con vitamina A. Hoy día se enferman, quedan ciegas y mueren cientos de miles de personas alrededor del mundo por carecer del nutriente.

Arroz dorado

Arroz dorado (Foto cortesía del International Rice Research Institute)

Recientemente, se añadieron otros diecinueve otros laureados, elevando el número a 129. A medida que va pasando el tiempo, Greenpeace empeora su imagen pública y está irreparablemente manchada ante la comunidad científica internacional. Estas 129 firmas son testimonio de ello y están en armonía con el consenso a nivel internacional de las ciencias en torno a la seguridad de los alimentos modificados por ingeniería genética. Aun con todo y los obstáculos de ciertos grupos, el arroz dorado estará disponible en Australia y Nueva Zelanda. Esperamos que este sea un buen comienzo para mejorar la salud y salvar la vida de muchas personas alrededor del mundo con ingeniería genética.

Reflexión para el año 2018: elementos para un programa de país desde la razón y las ciencias (Opinión al día, v. 08012018)

Nuevas: Gracias a unas personas que se han tomado la gentileza de leer nuestro escrito han provisto una serie de críticas, algunas que fueron bien recibidas. Se ha modificado este artículo a la luz de sus recomendaciones. No tengo el permiso para revelar sus nombres, pero les agradezco con toda mi alma comunicar su parecer. Obviamente, ellos no necesariamente se solidarizan con todo lo que dice el escrito.

 

Bandera de Puerto Rico

En Puerto Rico hemos elegido varios caminos que nos han llevado a la ruina actual. El huracán María no fue la autora de nuestra condición sino que ha puesto al descubierto toda la ralea que subyacía en nuestro país. He aquí un pequeño resumen de ella:

  1. La relación colonial que existe entre Puerto Rico y Estados Unidos nos ha dejado a merced de la voluntad del gobierno estadounidense, actualmente dominado por el Partido Republicano en sus ramas legislativa y ejecutiva.
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  2. La segunda desgracia de Puerto Rico es que en cuanto a asuntos medulares del país, nuestro liderato es incapaz de ponerse de acuerdo en algo … en lo que sea … en un momento de emergencia y prevalece la dinámica intra e interpartidista por encima del bienestar puertorriqueño. Si hay una legislatura PNP y un gobernador PPD, hay “gobierno dividido” (2005-2008 bajo Aníbal Acevedo Vilá). Si hay una legislatura PPD y un gobernador PPD, entonces hay “gobierno dividido” (2012-2016 bajo Alejandro García Padilla). Y, como en la actualidad, si hay una legislatura PNP y un gobierno PNP, también hay “gobierno dividido” (y no quiero discutir la distancia entre el ejecutivo y la Comisionada Residente). No hay esperanza de una acción conjunta para llevar al Congreso un solo mensaje de qué queremos.
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  3. La tercera desgracia es el bochorno de la corrupción, asunto que ha explotado a nivel internacional con el escándalo de la contratación de Whitefish.  De eso no necesitamos abundar mucho. Por los lugares recónditos de la Milla de Oro y en otros lugares particularmente cercanos a Fortaleza, el Capitolio y las alcaldías llevan a cabo el tipo de inversionismo político que desemboca en este tipo de contratos cuestionables.
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  4. La cuarta desgracia es que a pesar de que los puertorriqueños coincidamos en la mayoría de los remedios para la situación económica y política del país, la dinámica social nos reduce a la política chiquita “de cafetín” (como diría el Lic. Ignacio Rivera). Esto nos condena a dos cosas: 1. a no tener fijo un programa de país que no esté sujeto a los vaivenes partidistas y 2. a una desestabilización perpetua de la economía del país … con todo lo que eso conlleva, incluyendo el crecimiento de la pobreza, la emigración, el desempleo y la criminalidad.

En este blog tenemos la misión de mirar todos estos temas de manera crítica, escéptica, racional y científica. Sin embargo, con todo ello, nadie tiene la verdad agarrada por el mango y todos estamos sujetos a nuestros prejuicios de uno u otro grado. No obstante, debemos contribuir al menos pensar un nuevo país.

Sin pretender ser exaustivo ni ofrecer todas las respuestas o incluso acertar en todo, he aquí algunas de nuestras sugerencias.

Aclaración: Lo que sigue es un artículo para la discusión. No pretende tener todos los elementos que deberían entrar en juego ni tener la razón en todo. Gran parte de lo que se expone está fuertemente respaldada por evidencia científica. Otra parte intenta acertar (lo mejor informadamente posible) en torno a ciertos asuntos, pero puedo fallar en el intento. En suma, esta es la perspectiva de un filósofo puertorriqueño y no más que eso.

El estatus

En la radio suelen pulular ciertos llamados “infantes brillantes” de la política que se exasperan cuando se habla del tema del estatus, especialmente en lo que concierne a la economía. La solución, dicen ellos, no tiene nada que ver con el estatus; todo lo que hay que hacer es invertir en la educación, tal como hizo Singapur … y … “¡ya está!” Para que se entienda nuestra respuesta a este planteamiento “genial”, quiero recordar al padre de la economía política, Adam Smith cuando nos decía en el capítulo 3 de su fabulosa obra La riqueza de las naciones que la división de trabajo depende en gran medida de la extensión del mercado. Un corolario de esta tesis es que mientras mayor es la extensión del mercado, más oportunidades aparecerán para la creación de empleos.

Globo terrestre

Decía José de Diego que Puerto Rico forma parte de la bola del mundo. Esto era cierto para principios del siglo XX y también hoy día cuando prevalece un mayor rompimiento de fronteras mediante lo que suele llamarse “globalización”. Muchos de los primeros pensadores puertorriqueños decimonónicos se adelantaron a su tiempo. El ideal de la Confederación Antillana es un antecesor de ciertas ideas que se han estado discutiendo en Latinoamérica en relación con el Caribe. Este planteamiento que tomaba la forma de confederación política era respaldado por Ramón Emeterio Betances, Eugenio María de Hostos y el mismo De Diego. Además, contrario a la mayoría de los políticos puertorriqueños actuales, los iluminaban los principios de la Ilustración, de la razón y las ciencias.

A pesar de ello, no fue por ahí que se desenvolvió la historia y no repetiré lo que ocurrió en Puerto Rico a nivel económico, social y político. Otros ya lo han hecho (Dietz; Irizarry Mora; Catalá Oliveras, Promesa rota). Puerto Rico ha tenido una vida centenaria bajo el coloniaje, primero bajo España y después bajo Estados Unidos. Dominados por este último desde 1898, su relación política fue definida con la aprobación de la Ley Foraker en 1900 y ha dictado la pauta de estos últimos 117 años.  A pesar de que los dos partidos políticos mayoritarios de entonces, a saber el Partido Federalista de Muñoz Rivera y el Partido Republicano de Barbosa, eran estadoístas, Estados Unidos decidió que Puerto Rico sería un territorio no incorporado. Como en todo, esta decisión del Congreso de los Estados Unidos se debió a una interacción de diversos intereses económicos, culturales y políticos. Tal proceso que desembocó en esta propuesta antidemocrática implica que Puerto Rico no es parte de, pero sí perteneciente a los Estados Unidos (Downes v. Bidwell 182 US 244 (1901)). El más reciente episodio que confirma una vez más de que ese sigue siendo el caso fue la reciente aprobación en el Congreso de la reforma contributiva republicana que considera a Puerto Rico como país foráneo para propósitos contributivos. La mal llamada “extensión” de la ciudadanía estadounidense no mejoró para nada ese tipo de relación colonial y sin esperanza alguna por la estadidad.

Entre 1898 y 2017 solo hubo un periodo de oro (1945-1995), pero sostenido por una economía puramente artificial. En la esfera política, el Congreso aprobó la Ley 600, por la que Puerto Rico pasó de ser un territorio no organizado a un territorio organizado. Se aprobó una “constitución” de avanzada local, pero que no estrictamente hablando la ley suprema de Puerto Rico. La “más que manda” es la constitución estadounidense, la misma que se rige por la famosa “Cláusula Territorial”. Evidencia de ello es la creación de una Junta de Supervisión Fiscal cuyos poderes son superiores a los de este gobierno precisamente por designio del Congreso de Estados Unidos.

A nivel económico, se creó todo un programa de atracción de capital estadounidense con Operación Manos a la Obra y que utilizó como herramienta principal la sección 931 del Código de Rentas Internas federal, que eximía a empresas estadounidenses del pago por contribuciones sobre ganancias en su territorio. Esto culminó en la sección 936, que eximía no solo sobre ganancias en Puerto Rico, sino también su repatriación a su compañía matriz. Esto le dio a nuestro archipiélago un oasis de prosperidad y urbanización desde mediados de los años cuarenta hasta los años noventa. Este esquema tiene poco que ver con el “bienestar” de los puertorriqueños sino a los intereses estadounidenses, especialmente en el contexto de la Guerra Fría.

Sí, es cierto que la educación universitaria y su atracción de las mejores cabezas de América Latina y España posibilitaron el avance intelectual y tecnológico que estimuló la economía del país, pero, contrario a lo que alegan infantes dotados en la radio, esa no era la única estrategia económica. Tal sugerencia no tiene en cuenta los siguientes factores:

  1. Para todos los efectos, en los años cuarenta, cuando comenzó el despegue de la inversión económica de Estados Unidos en Puerto Rico, nuestra metrópoli no tenía rival económico alguno fuera de la Unión Soviética. Europa y Asia estaban devastadas por la Segunda Guerra Mundial.
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  2. No habían en esa época tratados de libre comercio que otorgaran libre acceso al mercado norteamericano. Aun en los cincuenta y sesenta, el número de estos tratados era bajísimo.
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  3. Durante los años 30 y 40, en parte por razones militares y de dominio, Estados Unidos invirtió en infraestructura lo que permitió la posterior extensión de la energía eléctrica, acueductos y carreteras para toda la isla grande (véase la literatura al respecto en Rodríguez Beruff, Strategy; Rodríguez Beruff y Bolívar Fresneda).

Esta situación posibilitó dicha inversión y permitió por muchos años el eslogan del Partido Popular Democrático en torno al Estado Libre Asociado (ELA): mercado común, moneda común, defensa común y ciudadanía común.

Ya ese eslogan es totalmente inválido ante la realidad de la globalización:

  • Mediante el rompimiento de las fronteras económicas, hoy hay una complejísima red de tratados de todo tipo que permiten el libre comercio entre países y, por ende, el libre flujo de capital: la Unión Europea, NAFTA, CAFTA, la Unión Africana, el BRICS, la Organización de Cooperación de Shangái, Mercosur, UNASUR, AFTA, etc. Además, países como Chile, Perú, Singapur y otros, tienen tratados de libre comercio con Estados Unidos. En el caso de República Dominicana, no solo tiene libre acceso al mercado estadounidense, sino también es objeto de inversión china y tiene libre acceso al mercado europeo. El mismo Dr. Joseph Stiglitz en la Universidad de Puerto Rico que nos dijo que la creación de NAFTA fue un gran shock económico para Puerto Rico.
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  • La Unión Europea tiene el euro como moneda de cambio. Panamá y Ecuador tienen el dólar estadounidense como moneda oficial. Argentina tuvo el dólar como moneda oficial y cuando no le convino volvió a su actual peso argentino. Sin embargo, como afirmaba el Dr. Joseph Stiglitz en la Universidad de Puerto Rico, estar atado a una moneda que no se controla es un gran problema para las finanzas locales. Esto también ha sido señalado como un problema por otros economistas (Collins, Bosworth y Soto-Class 20, 29).
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  • Estados Unidos tiene tratados de defensa con varios países del mundo.
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  • Debido a los tratados de libre comercio que se han establecido a nivel mundial, el asunto de la ciudadanía se ha flexibilizado, aun en el caso tan conservador como el de Estados Unidos. Ya la doble ciudadanía o más se están volviendo cada vez más comunes. Así lo reconoce la jurisprudencia estadounidense (Kawakita v. United States, 343 US 717 (1952)).

Ante este panorama el ELA ha sido un rotundo fracaso. Por todo lo mencionado, Puerto Rico no puede competir efectivamente a nivel global. Si lo que quiere su máximo desempeño en el mercado tiene que trabajar con el asunto del estatus. Puerto Rico en este momento no tiene en sus manos las variables económicas fundamentales para su revolución económica. En el presente, el gobierno federal domina: seguro social, retiro, servicio militar, moneda, inmigración, emigración, zonas de desastres, concierto de tratados políticos, militares o económicos, cabotaje, poder arancelario, regulaciones de bancos, puertos, comunicaciones (televisión, telefonía, internet), política contributiva, salario mínimo, política exterior, entre otros.

Todo esto nos ha impedido insertarnos de manera efectiva en los mercados mundiales, por lo que quedamos cada vez más aislados del mundo, incluyendo el mercado estadounidense. Se nos hace cada vez más difícil atraer capital por tener competencia con países como Singapur e Irlanda.  Nuestra exportación se ve paulatinamente reducida en la medida que muchos países del mundo han adquirido libre acceso al mercado que nos dábamos el lujo de lucirnos de que teníamos un “exclusive“. La ley de cabotaje contribuye sustancialmente al problema, costándonos desde una cantidad de $700 millones hasta, de acuerdo con la economista Rosario Rivera, cerca de $1.5 mil millones al año.

No hay acceso a los mercados y se nos cierran oportunidades, lo que significa que el problema del desempleo se agravará.

A pesar de ello, entre muchos líderes populares, hasta otros “analistas” que andan por ahí diciendo que lo del estatus es secundario … que primero hay que hacer a Puerto Rico rico (perdonando la redundancia) y después hablar del estatus. Sin embargo, después de ver este panorama del lugar cada vez más marginal que ocupa nuestro archipiélago en el mundo por falta de poderes, ¿me pueden decir en serio que el estatus es puramente secundario? ¿En serio? ¿”El estatus no tiene nada que ver”, pero Estados Unidos nos impide ir a la quiebra o forjar una ley de quiebras local? ¿”El estatus no tiene nada que ver”, pero el Congreso utiliza su poder para imponer por encima de nuestra Constitución una junta fiscal para que le paguemos a los bonistas?… ¿pero que tenemos que ir al Congreso para solicitarle beneficios especiales para “salvar” nuestra economía (ni tan siquiera para estimularla)?

Mientras tanto, la Comisionada Residente recibió el puertazo en sus narices recientemente por parte de una mayoría republicana congresional ante la propuesta de considerar a Puerto Rico “doméstico” como una manera de colar la estadidad por la cocina. La Comisión de la Igualdad (un Plan Tenesí “wannabe“) está silente y predecimos que este organismo no logrará nada. Los plebiscitos no han sido más que un mal gasto de dinero. El Congreso insiste en tratar a Puerto Rico como un país foráneo. A esto combínese la aserción del Presidente Donald Trump en su visita a Puerto Rico en que decía sin el menor signo de bochorno que los puertorriqueños le cuestan a los Estados Unidos. Esto no pinta bien ni para el estadoísmo ni para los que abogan por un ELA con “unión permanente”. Por otro lado, el independentismo y el libre asociacionismo, ambos abogados por la soberanía separada, están en una posición minoritaria y sumamente dividida. Sobre esto, la periodista Wilda Rodríguez ha dicho más que suficiente al respecto y en unas partes de su artículo da en el clavo:

Ese ha sido nuestro talón de Aquiles. Que no nos podemos explicar la independencia desde aplacar las necesidades de la gente, sino desde nuestra retórica intelectual del socialismo y el patriotismo, que puede ser bastante lúgubre.

Cuando nos piden explicar cómo sería la economía en la república no podemos responder con un tratado de economía. Tenemos que hablar en arroz y habichuelas y no lo hemos sabido hacer porque nos empeñamos en explicar primero lo que es la lucha de clases y el neoliberalismo. En que hagan primero profesión de fe contra el coloniaje y por la muerte del tirano. Cuando llegamos a la respuesta concreta ya el paisano está roncando o se nos ha ido del lado.

Un país sumido en la desesperación, en gran parte por el problema del estatus encuentra el inconveniente de divisiones incluso dentro de los partidos y las ideologías políticas. Cuando se va al Congreso de los Estados Unidos, la respuesta (o mejor dicho, la excusa) es siempre la misma: “Pónganse primero ustedes de acuerdo y después vengan a hablar del estatus.” Lo más cercano a una solución a este problema es una Asamblea de Estatus (o una Asamblea de Pueblo) que sirva de mecanismo negociador con el Congreso de los Estados Unidos para que el mudo hable claro en torno a las opciones que está dispuesto a darle a Puerto Rico. Esta es una idea que debe fomentarse y explicarse bien en “arroz y habichuelas” al pueblo, no solo hacerle ver cómo el problema del estatus afecta cada esfera de su vida, sino que se le explique esta herramienta jurídica procesal, para empujarla al liderato de los partidos grandes (ambos sumamente reacios a llevarla a cabo). Coincido con la periodista Rodríguez de que esto debe hacerse en coordinación política con los boricuas que residen en Estados Unidos. De otra manera, el Congreso no tomará este asunto en serio.

Es importante recalcar que si se hace o no de acuerdo al Derecho Internacional en cada detalle no debe ser pretexto para una movida política potencialmente importante para la descolonización de Puerto Rico. El purismo en los movimientos políticos raras veces ha llevado a algo productivo.
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Política energética

NuScale

Representación de una central nuclear modular NuScale (Fuente: NuScale Power).

Cualquier interés por resolver problemas energéticos debe mirar el tema desde un lente genuinamente científico. Se debe forjar una red que provea energía estable y barata. Uno de los graves problemas que nos impide atraer más efectivamente capital extranjero es el costo de la electricidad. Es claro que no importa el programa futuro para la energía eléctrica, habrá una transición a dos cambios fundamentales de la energía eléctrica: la creación de microredes y la transición a gas. En cuanto a lo primero, el huracán María ha revelado lo ineficiente que es la estructura centralizada actual, por lo que la creación de microredes será un gran adelanto.

Por otro lado, todos están de acuerdo desde hace más de una década de que Puerto Rico debería llevar a cabo su transición de petróleo a gas como fuente energética principal. En opinión de los ambientalistas, la provisión de gas es mucho más eficiente tanto energética como ambientalmente, pero debe ser en todo caso una medida temporera (con esto estamos totalmente de acuerdo). El consumo de gas no despide el nivel de gases de invernadero del carbón o del petróleo, además de que no contamina tanto el ambiente y su extracción es relativamente segura. Sin embargo, eso no lo detiene de despedir gases de invernadero a la hora de consumir, pero recordemos también el problema de coladeros de metano, un gas de invernadero peor que el bióxido de carbono.

De lo que claramente discrepamos de nuestros amigos ambientalistas es en cuanto a la futura transición de gas a “energía renovable”. Depende de la energía renovable que estemos hablando. El uso de plantas hidroeléctricas y quema de biomasa pueden ser algo prometedoras, aunque en el caso de esta última, depende de cuál biomasa y el grado de contaminación del ambiente. Los paneles solares son buenos para reducir consumo de combustibles fósiles en algunos lugares individuales, tales como Casa Pueblo. Compañías grandes como Google quieren depender de tecnología solar, pero usando ineficientemente grandes espacios para ella.

Desde un punto de vista ecomodernista queremos reducir lo mejor posible los espacios de actividad humana y maximizar los de la naturaleza. El problema de la intermitencia eólica y solar, además del enorme costo de las baterías de resguardo y su intermitencia es que su mantenimiento de todo el sistema es todavía bastante costoso y ocupa mucho espacio que de otra manera serían para dejárselo a la naturaleza. En Puerto Rico sí debe haber lugar para todas estas opciones. Lugares como Vieques y Culebra se beneficiarían con energía de viento y placas solares. Sin embargo, para el nivel de alta demanda energética del país, no solo de individuos sino de áreas industriales y centros comerciales, esto claramente no es suficiente.

Puerto Rico necesita moverse del gas a una coordinada red de renovables y otras fuentes energéticas que estén respaldadas con energía nuclear. También debemos considerar la exploración de fuentes geotermales, pero la tecnología ha avanzado hoy lo suficiente como para considerar la nuclear como más viable económicamente y la más segura. Como hemos visto en nuestro artículo sobre el fracaso del programa alemán de apagar todas las plantas y sustituirlas por renovables, el no tener en cuenta esta importante fuente de energía contribuye al consumo de carbón y otras fuentes de gases de invernadero. A finales del año pasado, un economista alemán de alto calibre, anunció el fracaso inevitable del Energiewende. El otro caso de ello es California, cuya insistencia en cerrar plantas nucleares le ha llevado a consumir más carbón, muy a pesar de su inversión en renovables.

En la revista Forbes en su versión cibernética, se ha hecho una muy buena sugerencia de ir pensando en utilizar en un futuro las plantas modulares que pronto podrían ser autorizadas por agencias federales tales como las de NuScale Power. Este tipo de planta está habilmente diseñada para utilizar la física como motor de la energía nuclear mientras que simultáneamente es su salvaguarda en caso de cualquier incidente (terremoto, huracán, etc.) que afecte el servicio eléctrico. En otro artículo hablamos de los detalles de esta planta. Para todos los efectos, es un reactor a prueba de accidentes nucleares.

 

Bajo este régimen libre de gases de invernadero y con una reducción considerable de contaminantes al medio ambiente, podríamos utilizar carros eléctricos sin preocuparnos por sus efectos al medio ambiente.

Una estrategia como esta, podría no solo convertir la red de electricidad de Puerto Rico en una de las más estables, sino que también su bajo costo podría hacerlo más atractivo para el capital foráneo, más rentable para los negocios locales y (¡quién sabe!) nos podría convertir en mejores exportadores de energía eléctrica. En este aspecto, deberíamos seguir la pauta dejada por Francia, en vez de imitar los intentos fracasados de Alemania y California. Además, debemos explotar mejor a PrepaNet para que compita más efectivamente en el mercado tanto local como internacional.

Nevis y Monserrat, más pequeñas que Puerto Rico han iniciado proyectos de energía geotermal. Algunos amigos han sugerido explorar esa alternativa seriamente. Sin embargo, se debe ver el asunto de su rentabilidad. Establecer energía termal en esas islitas no es demasiado costoso ya que están en zonas volcánicas, no así Puerto Rico. Algunos plantean el nivel de electricidad derivada de energía termal en el futuro sería muy bajo.
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Agricultura

En Puerto Rico, el sector agrícola vive sus momentos más difíciles, especialmente cuando el huracán María arruinó áreas agrícolas en el 2017. A pesar de ello, desde mucho antes de los efectos del meteoro, la agricultura del país se ha enfrentado a tres serios obstáculos para su desarrollo. El primero es la entrada cada vez mayor de productos de Latinoamérica y de otros lugares al mercado estadounidense y otros gracias a los tratados de libre comercio. El segundo, es un buen sector del pueblo que subestima el valor de la producción agrícola para las necesidades alimentarias de Puerto Rico. El tercero, son sectores políticos que desean rechazar y demonizar ciertas formas de tecnología que podrían ser beneficiosas para los agricultores y el medio ambiente.

Estos últimos desean regresar a momentos de antaño en que todo el mundo vivía más feliz, estable y saludable. Desgraciadamente, las estadísticas no favorecen esta interpretación del pasado, especialmente los que tienen que ver con la longevidad promedio en Puerto Rico. Hoy comemos mejor y tenemos mejor salud que en cualquier otro momento de nuestra historia.

Promedio de Expectativa de Vida - Puerto Rico (Imagen cortesía del Banco Mundial)

Promedio de Expectativa de Vida – Puerto Rico (Imagen cortesía del Banco Mundial)

Además, la lectura de La charcaGarduña de Manuel Zeno Gandía y La resaca y La llamarada de Enrique Laguerre (solo varios de muchísimos ejemplos de la literatura puertorriqueña) aclarará cualquier duda en torno a cuan “felices” éramos en el pasado. Es más, el retorno “a la naturaleza” sin electricidad ni vida urbana que ha representado estos últimos meses ha deteriorado el ánimo de los puertorriqueños, hasta el punto que varios han ido a otros países (especialmente Estados Unidos) donde sí hay electricidad. Cualquier retorno a las condiciones del siglo XIX sería objetivamente detrimental para los puertorriqueños.

Aquí abogamos por políticas con base en evidencia científicamente cualificada y, si se puede, con  base en  el consenso de la comunidad a nivel internacional. He aquí lo que la evidencia cientifica nos tiene que decir al respecto:

  • La Revolución Verde (siguiendo la pauta establecida por José Miguel Mulet, la segunda y tercera revoluciones verdes) ha salvado la vida de miles  de millones de personas alrededor del mundo, un logro que desafía las predicciones malthusianas más pesimistas (Mulet, ComerTransgénicos). Hoy día están muriendo de hambre cerca de 800 millones de personas, pero sin la Revolución Verde hoy estarían muriendo 2.1 mil millones (Lacadena 422). Esto no significa que todo sea perfecto, ya que algunos pesticidas y fertilizantes producidos a nivel industrial crean problemas de salud y al medio ambiente (piénsese en las zonas muertas del golfo de México). Sin embargo, sin la Revolución Verde, la devastación natural hubiera sido mucho mayor a la hora de alimentar la humanidad.
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  • Hay un consenso muy bien establecido en las ciencias que la agricultura orgánica no es muy productiva, que no añade valor nutricional significativo a los alimentos y que es imposible escalarlo sin  dañar muy buena parte de la naturaleza. La segunda revolucion verde ha logrado achicar el tamaño de la tierra necesario para los cultivos en  general, dándole así mayor espacio a la naturaleza, algo que es positivo  desde nuestra perspectiva ecomodernista. Contrario a lo que muchas veces se repite en línea, la ONU no favorece la agricultura orgánica para el futuro en gran medida por las razones ya estipuladas. Experiencias recientes con los alimentos orgánicos revela que su rendimiento es significativamente menor, por lo que para alimentar la población mundial actual se requeriría más inversión energética y mayor consumo de recursos naturales (véase este ejemplo en que rehusar utilizar ciertos pesticidas sintéticos implica mayor consumo ineficiente de agua y no es la primera vez que ocurre en Hawaii). Ambos factores siempre implicarán mayores costos para los consumidores que los alimentos producidos por la agricultura convencional. En caso de “acaparar el mercado”, la producción orgánica inevitablemente cerrará la puerta alimentaria a millones de personas y veremos la cifra de 800 millones de hambrientos subir considerablemente. Además, el uso de composta contribuye al cambio climático, ya que suele liberar metano. Aun así, algunos  sectores políticos del país  desean repartir tierras para uso “agroecológicos” y fomentar las cooperativas agrícolas. Aunque no nos oponemos en principio a medidas como esta, debemos tener cuidado de aprender de experiencias similares en otros países. De eso hablamos en otra entrada de este blog.
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  • Como definimos en  otro  artículo, cuando hablamos de organismos  genéticamente  modificados (OGMs) nos estamos refiriendo a los alimentos transgénicos y a los que se han modificado por ARNi. El consenso científico es  firme en que no hay evidencia alguna de que los OGMs sean menos seguros que los alimentos convencionales. Aun cuando tenemos claros casos de enfermedades y muertes registrados a nivel global debido a los alimentos orgánicos (véase el caso de la llamada “Crisis del Pepino“), el total de animales y de seres humanos enfermos o muertos que han sido afectados por el consumo  de OGMs no ha despegado de cero. En lo que concierne a la agricultura, el testimonio de la inmensa mayoría de los estudios, metaanálisis y revisiones científicas que se han hecho dan testimonio de que ha sido para mejor. En general, los OGMs han representado mayor eficiencia de de uso de terreno en cuanto a inversión de energía y rendimiento. Además, el testimonio de la inmensa mayoría de los agricultores es que ha mejorado su calidad de vida por varios factores: el aumento de ingreso económico neto que representa el mayor rendimiento, la reducción de pesticidas (especialmente insecticidas), el uso de pesticidas menos tóxicos (yerbicidas como el glifosato), la mejora en  salud, entre otros factores. En la India (donde irónicamente se alega que hay suicidios por los transgénicos), hay mayores índices de mejoría de vida: los agricultores producen más y adquieren más terrenos, sus hijos pueden ir a la escuela, comen más, etc.

    Agricultores de algodón Bt vs. los de algodón no-Bt

    Agricultores de algodón Bt vs. los de algodón no-Bt (Fuente: Qaim y Kouser, “Genetically” 2).

    Se puede constatar precisamente esto mismo a nivel mundial en los países llamados “en vías de desarrollo”.

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    Beneficio para los agricultores pobres

    Beneficio para los agricultores pobres (Klümper y Qaim, “A Meta-Analysis” 5)

    Ejemplo de ello también lo vemos con los cultivos de berenjena transgénica, que aumentó el ingreso de sus cultivadores en Bangladesh mientras que lograron reducir el uso de pesticidas por un 80 % o más.  Lo mismo se puede decir de la papaya transgénica (la Papaya Rainbow) que salvó la industria hawaiiana, sin hablar de la vida económica de los agricultores que habían sido devastados por un virus. Además, con la eficiencia de manejo de energía del cultivo de transgénicos, se ha podido evitar la emisión de cerca de 26.2 mil millones de kilogramos de bióxido de carbono a la atmósfera, lo que sería equivalente a evitar las emisiones de 11.9 millones de carros por un año (Brookes y Barfoot).
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    Todo esto indica que Puerto Rico debe usar la mejor tecnología disponible, incluyendo OGMs, CRISPR-Cas9 entre otros (mutagénesis inducida, hibridación, selección artificial, etc.) si desea exportar productos agrícolas lo más baratos posible (dada la realidad de la ley de cabotaje y la feroz competencia en el mercado estadounidense a nivel mundial) mientras que, simultáneamente le proveemos mejor ingreso para nuestros agricultores e impactamos menos el medio ambiente.

Sobre esta última sugerencia, espero muchas respuestas, especialmente de parte de la izquierda política y grupos ambientalistas. Algunos de ellos nos invitan a mirar a otros países. Pues, hagamos eso mismo. Bajo el gobierno de Lula da Silva de Brasil y de los Kirschner en Argentina, ambos gobiernos de izquierda convirtieron a sus respectivos países en potencias mundiales en relación con los alimentos modificados por ingeniería genética. De hecho, son las dos potencias mundiales de exportación agrícola provenientes de transgénicos después de Estados Unidos.

Países productores de OGMs en el 2016

Países productores de OGMs en el 2016 (ISAAA 5-6).

Recordemos también que la prensa cubana exageraba un poco cuando describía a los transgénicos como el genocidio de nuestros tiempos (¡¿?!) y se ha vendido la idea de que Cuba era un país que ha tenido “éxito” con la agricultura orgánica. Irónicamente era el país cuya población mayoritaria favorecía a los transgénicos (el 79 %, Paarlberg cap. 1) y es uno de los países que más invierte en biotecnología, incluyendo los transgénicos, gracias al Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología en la Habana  (véase esta noticia, esta, esta y esta). Después de que el presidente boliviano Evo Morales se pronunció por una Bolivia “libre de transgénicos”. También aprovechó la ocasión para hacer declaraciones homofóbicas como, por ejemplo, que los transgénicos eran responsables de la homosexualidad y la calvicie. A pesar de estas afirmaciones tan bochornosas ganándole el repudio internacional, firmó una ley contra los transgénicos. Sin embargo, ahora se discute en Bolivia la vuelta a la siembra de OGMs debido a los bajos rendimientos de la producción de cultivos no transgénicos. Aun con todo, la ley no era efectiva y señal de eso es la exportación de $1.2 millones en cultivos transgénicos en Bolivia (vea la tabla arriba). Tampoco le ha impedido firmar un acuerdo con Rusia para la creación de un reactor nuclear para la modificación genética de alimentos vía mutagénesis inducida y otros propósitos. Por cierto, también contempla la futura creación de plantas nucleares para proveer energía eléctrica. Bajo el gobierno de Rafael Correa se elevó a nivel constitucional una prohibición de alimentos transgénicos en Ecuador, decisión por la que se arrepintió. Ninguna de estas decisiones de estos gobiernos es un misterio; Correa nos dice al respecto.

Dejo fuera el tema de la desastrosa política antitransgénica de Venezuela para pasar a otras discusiones.

Para hacer una política realmente productiva en el área de la agricultura, parece necesaria una aproximación impositiva sobre terrenos baldíos para estimular el uso más eficiente de estos. Esto, en combinación con medidas inteligentes y no fundamentalistas de cuido de terreno que podemos aprender de los mundos convencional, orgánico y agroecológico, se pueden utilizar todo tipo de alimento genéticamente modificado (cualifiquen como OGMs o no), especialmente para atender los problemas más importantes de nuestros agricultores. Además, debemos incentivar la siembra de alimentos con mayor aporte calórico (esto me lo señaló una amiga agrónoma). Finalmente, no podemos excluir la siembra de organismos modificados genéticamente para la producción de medicamentos y vacunas.

En muchos casos se habla de la “soberanía alimentaria” como un eslogan que se utiliza en contra de compañías como Monsanto, Dow, Syngenta, etc. Este término se ha convertido en un concepto más propagandístico que otra cosa. Sembrar orgánico o agroecológico no nos va a dar “mayor soberanía” sobre nuestros suelos ni va a ser la clave de triunfo contra las “malvadas multinacionales”.

Dosis de realidad: mientras las multinacionales utilicen las medidas más eficientes de producción agrícola y los agrosoberanistas sigan utilizando las más ineficientes, ganarán las multinacionales siempre.

No hay soberanía alimentaria, porque no hay soberanía política (véase nuestra sección sobre el estatus arriba).

Soberanía alimentaria (bien entendida) es el poder que tiene un país de dictar política pública sobre sus suelos para la siembra, la venta y el comercio de alimentos. De eso es que estamos hablando. Aunque Puerto Rico ahora no tenga poder último sobre sus tierras y comercio de alimentos, sí tiene un espacio para establecer ciertos reglamentos para ello. Necesitamos una política que establezca un eslabonamiento más efectivo del capital foráneo con la economía local de manera que estas compañías contribuyan a Puerto Rico no solo contributivamente (y así desincentivar los excesos de los subsidios contributivos), sino también con la provisión de productos que realmente atiendan los problemas de nuestros agricultores dada la realidad tropical del país. Por ejemplo, la siembra de piña en Puerto Rico se halla seriamente amenazada por la costarricense, en parte por la participación de Costa Rica en el CAFTA (del cual Puerto Rico no participa, véase nuestra sección sobre el estatus). Una parte de esa amenaza se debe a que se quiere importar semillas de Costa Rica a Puerto Rico, lo que aumenta el riesgo de que aparezca una enfermedad a la que las piñas costarricenses son susceptibles. Sin embargo, podemos imitar la obra de Dennis Gonsalves y su equipo con las papayas de Hawaii, hacer nuestras piñas resistentes a dicha enfermedad y proveerlas libre de costo a un precio asequible a nuestros piñacultores. ¡Qué lindo sería ese panorama para ellos y cuánta ventaja tendría Puerto Rico a nivel global en ese caso!

En caso de entrar en conflicto entre los intereses de los agricultores con alguna multinacional, necesitamos que la Universidad de Puerto Rico sea la alternativa. Este fue el caso de la India cuando no pudo negociar con una subsidiaria de Monsanto precios más asequibles para nuevas variantes de algodón Bt transgénico. El sector público brasileño ha tenido un rol clave en el desarrollo de frijoles transgénicos resistentes a plagas tales como el virus de la mosca blanca. Muchas de estas semillas se proveen a muy bajo costo a los agricultores. ¡Eso es soberanía alimentaria!
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Otros factores a tener en cuenta

El uso de glifosato

Esta es una minucia, pero necesita discutirse. En un arranque a muchos sectores políticos del país, especialmente al independentismo, se quiere prohibir el glifosato con base en una declaración de una rama de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC por sus siglas en inglés) que en una monografía lo clasificó como probable cancerígeno (2A). Esta monografía y otros artículos sumamente cuestionables desde la perspectiva de la inmensa mayoría de los científicos (véase nuestra discusión de algunos de ellos aquí, aquí y aquí) están dictando política pública. La monografía ha sido desmitificada por científicos competentes y hoy hay un escándalo en torno a algunos de los autores y asesores del IARC por ello. De eso hablaremos en otro artículo.

En toda esta discusión se nos olvida que la OMS no está de acuerdo con su rama y lo mismo puede decirse de prácticamente todas las agencias de regulación de alimentos y salud más importantes del mundo. La OMS y la Organización de Alimentos y Agricultura de la ONU (FAO) no respaldan al IARC, asimismo la Agencia de Protección Ambiental federal (EPA), Health Canada, la Autoridad de Seguridad Alimentaria de Europa (EFSA), la Agencia de Químicos Europea, el Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania, entre otros. Hay estudios recientes, algunos de muy buena calidad, como los de cohorte, que no han encontrado incremento significativo de cáncer a personas expuestas al glifosato (véase este estudio). Todos los datos reseñados en revisiones científicas y metaanálisis no ha logrado establecer vínculo alguno entre el glifosato y el cáncer.

No obstante el consenso científico en torno al glifosato, se quiere prohibir. Usualmente el mantenimiento urbano los llevan a cabo los municipios. La experiencia del pasado y el presente nos dicen que sustituir el glifosato (sin justificación científica alguna) o el 2,4-D (otra sustancia relativamente inocua que se demoniza debido a su asociación con el agente naranja), conllevará mayores gastos para unos municipios que hoy día están quebrados. Si no pueden costearlos, entonces los asumirá un gobierno central, que también está quebrado. En otro artículo, hablamos del caso de Petaluma y de Australia. En una decisión más reciente, contra la evidencia provista por la EFSA, el presidente de Francia anunció que iba a prohibir el uso del glifosato. Italia irá por la misma ruta. Esto se hace sin haber evidencia alguna que señale que el glifosato sea carcinógeno, la movida es puramente de naturaleza política. Se propone como alternativa un yerbicida orgánico llamado ácido pelargónico. La evidencia disponible al respecto indica que es relativamente inocuo pero altamente costoso, no solo por el precio sino por ser menos efectivo, lo que implicaría mayor aplicación de la sustancia para que dé resultados equivalentes a los del glifosato.

La propuesta de la prohibición del glifosato en Puerto Rico, especialmente por parte del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y otros sectores, cuando su producción es muy barata por estar libre de patentes, sería un gravísimo error fiscal y salubrista. Hasta que sea inviable su uso para mantenimiento y agricultura por la aparición de resistencias, es todavía la mejor opción y la más costoefectiva para el país.
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La salud

Símbolo de salud

Imagen cortesía de Free Clip Arts World.

Se ha discutido a saciedad el problema fiscal del sistema de salud de Puerto Rico. Se añora los tiempos del sistema anterior legado por Guillermo Arbona, y  se hace evidente el costo del actual, que fundamentalmente data del gobierno de Pedro Rosselló. Debido a la situación fiscal del gobierno, si no se recibe dinero federal para financiarlo, el sistema de salud colapsará este mismo año en el 2018. Esto representará un desastre salubrista muy serio y un gasto adicional que los puertorriqueños no podremos costear.

Se quiere volver al sistema Arbona, al menos en cuanto a la regionalización de los servicios de salud. Sin embargo, también se ha promovido la idea de un sistema de salud universal como los hay en otros países del mundo. Hay sistemas mixtos tales como los de Singapur (lugar número 2 en eficiencia), Francia (lugar 15), Australia (lugar 10) y Alemania (lugar 39) y Canadá (lugar 16), aunque hay también de medicina socializada, como el Reino Unido (lugar 21) (vean esas cifras en Bloomberg). Hemos dicho al comienzo de nuestra discusión sobre la agricultura que hoy estamos comiendo mejor y gozamos de mejor salud que en cualquier otro momento de nuestra historia. Eso es estrictamente cierto. Sin embargo, estamos a casi a la par con Estados Unidos (lugar 50) y simultáneamente estamos peor que los países mencionados en términos de longevidad de vida. Esta gráfica nos lo dice todo.

Gráfica de expectativa de vida

Gráfica de expectativa de vida (Cortesía de Google y el Banco Mundial)

El pertenecerle a uno de los países más ineficientes en cuanto a la provisión de salud para su gente es un gran problema colonial, especialmente cuando bastante de nuestro sistema de salud actual se diseña con la esperanza de que reciba dinero federal.

Fuera de esto, el sistema de salud actualmente sufre de lo que el economista Robert H. Frank llamaba “la bifurcación de Darwin” (Darwin’s wedge): hay sistemas que permiten el tipo de competencia descrito por Adam Smith que desembocan en los precios más bajos posibles y sirven al individuo y a la sociedad; pero también hay sistemas en los que, por externalidades posicionales, la competencia genera mayores costos sociales aunque beneficie individualmente a unos cuantos (Frank, The Darwin 16-29). Los hospitales no compiten por precios más bajos, sino por más y mayor calidad de equipo y recursos médicos, lo que en ocasiones genera un enorme costo social, especialmente para cualquier paciente que se atienda en ellos. Simultáneamente, los seguros privados procuran brindar la menor cantidad de dinero posible en casos de emergencias de su clientela con el objetivo de beneficiar al máximo a sus accionistas. De estos esquemas procede el modelo de HMO y de “cuidado dirigido” (“managed care“) que ha dado mucho que discutir y que en ocasiones ha sido objeto de escándalo en los Estados Unidos.

Gasto en salud, % del PDB

Gasto en salud, % del PDB (Imagen cortesía del Peterson-Kaiser Tracker)

Gasto en salud per cápita

Gasto en salud per cápita (Imagen cortesía del Peterson-Kaiser Tracker)

Un seguro universal con pagador único o bajo ciertas formas mixtas de contribución privada y pública es la manera más eficiente de colocar restricciones a todos estos abusos del sector privado de la salud. Como resultado, en los países mencionados, el costo de cubrir a toda su población implica gastos públicos significativamente más bajos que el sistema estadounidense que beneficia tan solo una porción de su población. En Puerto Rico, el sistema de salud público tiene un intermediario que absorbe una buena cantidad del presupuesto que se asigna en aras de beneficiar a la gente que es demasiado pobre para pagar un seguro médico privado.

Cualquier futuro plan de salud probablemente involucrará un plan de transición bien estructurado que desembocará en un sistema que consuma menos recursos del fisco público y atienda las necesidades por regiones. El plan deberá enfocarse en la prevención y cubrir las necesidades básicas de los pacientes y el sector privado podrá vender cubiertas adicionales. Los ingresos de cualquier sistema que se establezca probablemente involucrará una política impositiva progresiva para poder mantenerse. El sistema actual sencillamente no es sostenible.

Para mayores detalles, véase como ejemplo la sección de salud del programa del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), que de todos los programas de gobierno de los partidos existentes es la propuesta mejor detallada y elaborada.
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Desigualdad social

La desigualdad social ha sido un problema histórico (Toro; Segarra-Alméstica; Weiskoff y Wolff). Nuestra experiencia con María y las medidas de austeridad que incrementarán a medida que pase el tiempo no harán otra cosa que agravar más la situtación. Pertenecer a un país que, entre los industrializados, es el que más sufre de este mal no va a ser consuelo a nadie: el  0.1 % de su población en el 2007 tenía el mismo ingreso 220 veces mayor que el promedio del 90 % de la población más pobre; el 1% de los estadounidenses ganó 93 % de ingresos adicionales en el 2010 (después de la crisis del 2008) cuando se le compara al 2009 (Stiglitz cap. 1). Esto también se añade a otro mal a nivel global. De acuerdo con la organización Oxfam, 8 personas en el mundo ganan aproximadamente lo mismo que la mitad más pobre de la humanidad.

Aun antes del huracán y los estragos de las políticas austeras, Puerto Rico tenía un mayor grado de desigualdad económica por hogar que el estado más pobre de Estados Unidos, el Distrito de Columbia y el estado de Nueva York (Toro 38). La tasa de participación laboral es una de las más bajas del mundo (40 %), lo que lanza muy serias dudas en torno a la cifra de desempleo (noviembre de 2017) que solo atiende a aquellos que buscan empleos (10.8 %) (cifra del Bureau of Labor Statistics). Está demás decir que hay una cantidad considerable de personas que han optado por la emigración.

Aun antes del huracán María, gobiernos de los dos partidos mayoritarios optaron por proveer incentivos para atraer la inversión de ciertos millonarios, tales como John Paulson, quien participó en propiciar la debacle mundial del 2008. Esta estrategia económica no obtuvo resultado alguno a nivel macroeconómico y parece que lo que había detrás era la teoría reaganiana del goteo (trickle-down economics), una tesis 100 % libre de evidencia científica y que a nivel social ha logrado generar más desperdicio de riquezas por parte de las clases altas que beneficios sociales (Frank, The Darwin 158-160). La razón de ello radica en que el sistema capitalista libre de restricciones fomenta la competencia entre gente de clase alta en la que no gotea riqueza “hacia abajo”, sino más bien los costos. Mientras más gasten los de arriba, más gastan los de las clases sociales inferiores aunque estas no adquieran mayores ingresos. A esto se le conoce como “goteo de consumo” (trickle-down consumption) o “efecto del gasto” (expenditure cascade) (Bertrand y Morse; Frank, Falling Behind prefacio, cap. 1; Frank y Crook; Frank, Levine y Dijk).

Dado este hecho, no debería ser sorpresa que el puertorriqueño consume demasiado.  Barry Bosworth y Susan Collins señalan que esto se da en las esferas pública y privada (47). William J. Baumol reportó que para el 2004, los puertorriqueños gastaban cerca del 98 % de sus ingresos, algo que describió como un “love-affair with consumption” (74). Esto contrasta significativamente con países como Singapur, que tiene una política bastante agresiva de ahorro (40 % del ingreso nacional, Collado Schwarz 53). Gracias a estas medidas, cuando Singapur cayó en recesión económica por la debacle del 2008, pudo tomar medidas al respecto e invertir cerca de $14 mil millones en su recuperación. Los fondos provistos por el gobierno federal para el Plan para la Recuperación de Puerto Rico fue la mitad de esa cantidad (Collado Schwarz 28). Esto se debe a que debido a sus serias limitaciones fiscales, Puerto Rico tendía a utilizar dinero prestado para gastos recurrentes. El mal de la corrupción contribuyó a la debacle. Por ende, no había dinero para subsanar una depresión económica como la que sufrimos desde el 2006.

Este tipo de arreglo económico no puede remediarse si el país no logra conseguir la creación de más empleos debido a sus serias limitaciones comerciales cada vez más grandes dentro del contexto del ámbito internacional (véase nuestra discusión del estatus). Las transferencias otorgadas de parte del gobierno federal en Puerto Rico se destinan en parte a compensar por muchos de estos problemas estructurales que implica la presente relación territorial con los Estados Unidos, lo que nos condena a una situación de extrema dependencia.

Sin embargo, exacerbar el problema con una mayor desigualdad no beneficia a nadie. Aquí sugerimos el remedio propuesto por el economista Robert H. Frank de un impuesto por consumo distinto al que existe actualmente. Para Frank, se debería hacer un impuesto por consumo progresivo que reduzca el gasto excesivo que hay al tope de la sociedad y redistribuirlo en la forma de inversión en infraestructura, salud, educación, universidad, entre otros. Esta medida ayudará a matar varios pájaros de un tiro: reducirá el efecto del gasto, fomentará el ahorro, proveyendo a la banca dinero que posibilite la liquidez financiera y se contarían con mayores recursos para invertir (Frank, The Darwin 76-81). Joseph Stiglitz también ha sugerido remediar ciertas externalidades negativas vía impuestos por valor de terreno de una manera parecida a la sugerida por Henry George hace más de un siglo, aunque más abarcadora: se debe imponer también al uso de recursos naturales (cap. 8). Este tipo de impuesto es más efectivo en áreas urbanas.

Finalmente, tampoco debemos olvidar algo que el Centro para la Nueva Economía y varios economistas nos recuerdan: la necesidad de revaluar la política de exenciones contributivas. Los economistas no están seguros que muchas de estas exenciones y subsidios hayan rendido los frutos prometidos y que se ha creado todo un mercado de exenciones que beneficia a las multinacionales, pero no a Puerto Rico.
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Brecha salarial

En cuanto a la desigualdad por género, en Estados Unidos se ha reducido significativamente hasta el punto en que ya ha quedado una brecha muy estrecha entre la diferencia salarial entre hombres y mujeres. Esto significa que la mayoría de la diferencia de ingresos entre los hombres y las mujeres se debe a la libre selección de empleos por parte de las mujeres y el costo económico de dedicarse al cuido de los hijos. A medida que siga evolucionando la economía de ese país, se espera que la brecha de ingresos se reduzca todavía más.

Eso no significa que la discriminación contra las mujeres haya desaparecido, hay indicios de que permanece en ciertos círculos (e.g. Moss-Racusin et al). Sin embargo, hay mayor conciencia hoy de la necesidad de evaluar por mérito y no por aquello que esté entre las piernas. Ese ha sido el gran triunfo del movimiento feminista y de mujeres que han luchado por su espacio laboral.

En el caso de Puerto Rico, afortunadamente hemos seguido este patrón que se ha visto en muchos lugares del mundo. Sin embargo, con todo, economistas como el Dr. José Caraballo-Cueto, de la Universidad de Puerto Rico en Cayey y Eileen Segarra de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, han encontrado que aunque ha habido una reducción de la brecha salarial, y la mediana salarial de las mujeres supera a la de los hombres, todavía continúa existiendo. Esta discriminación se da en profesiones en las que abundan más las mujeres y las madres trabajadoras.

Los economistas aconsejan que para remediar algunas de estas situaciones hace falta enmendar la Ley de Igualdad Salarial para que también atienda casos de promociones a más altos puestos. También recomiendan la enseñanza de equidad de género en las escuelas públicas y privadas. Vale añadir a esta opinión que el marco teórico para esta enseñanza debe estar sujeta a una autocrítica a la luz del debate científico al respecto, ya que algunas de las discusiones que se contempla exclusivamente desde la perspectiva constructivista social sin mirar ciertos aspectos de la herencia genética y otros factores.
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Educación

No me siento experto para aconsejar en el campo de la escuela primaria y secundaria. Sí limito mi comentario a indicar que el propósito de la educación de Puerto Rico solo se puede definir si hay un programa de país que le dé sentido. Dado que han habido personas competentes e incompetentes que han dirigido el Departamento de Educación con cada vez mayor dificultades, en la mayoría de los casos por razones político partidistas, lo que conviene en todo caso es rehacer el sistema. ¿Cómo? Allí los expertos dirán su parecer, pero dentro del marco de un programa que le provea dirección al país. En este escrito, espero proveer parte de ese marco.

Torre de la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras

Torre de la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras

En cuanto a la Universidad de Puerto Rico, este debería ser uno de los grandes protagonistas de cualquier impulso económico de nuestro país. Tiene intelectuales y científicos de primera categoría que nos ayudan a entender la situación actual y ofrecer alternativas al público.

En el presente, su estructura actual se presta a vaivenes político partidistas debido a la manera en que se nombran los miembros de la Junta de Gobierno y de cómo fluye la dinámica de poder político desde ese organismo hacia los departamentos.  Esto necesitaría una reforma universitaria integral más democrática en que haya una relación dialógica entre la esfera pública representada por la Junta de Gobierno y los universitarios: que los directores sean electos por sus departamentos, los decanos por sus respectivas facultades y los rectores por los senados académicos. Simultáneamente se debería dar mayor autonomía política y fiscal a los recintos y estructurar la universidad a la nueva realidad económica de Puerto Rico.

Por otro lado, debe haber una nueva actitud de la facultad universitaria para dirigirse al público, es decir, dar a conocer lo que puede aportar a sus regiones de servicio y al país. Varios de los recintos universitarios, además de proveer educación, también han sido fuentes de soluciones para varias comunidades en nuestro archipiélago. Sin embargo, siempre podemos ofrecer más. Es mediante la Universidad de Puerto Rico y universidades privadas que se podría mejorar considerablemente la provisión de alimentos modificados genéticamente sea por hibridación, selección artificial, mutagénesis, transgénesis o CRISPR-Cas9: para que rindan más, metabolicen más efectivamente los nutrientes de los fertilizantes (¡o produzcan sus propios nutrientes!) o que emitan menos gases de invernadero, etc. Aprendiendo del sector agroecológico también se puede combinar esto con la búsqueda de medios más eficientes de reciclaje de fertilizantes, técnicas de intercultivos, rotación de cultivos, técnicas de reducción de usos de pesticidas, técnicas de no talado, u otros. Esto ayudaría a construir unas bases firmes para una futura soberanía alimentaria en el verdadero sentido del término.

Ya están en pie programas de investigación y creación tecnológica de avanzada que el público desconoce por completo. La ignorancia de tales asuntos es de tal magnitud, que debido al mal académico del archipiélago de marfil (término acuñado por David Sloan Wilson), los académicos mismos no sabemos en absoluto lo que nuestros colegas de otros departamentos o facultades están haciendo. A pesar de que hay conciencia en la academia de que esto es así y que debería publicarse más efectivamente, se ha hecho muy poco para eso. Hace falta mayor agresividad en la diseminación de información al respecto, especialmente en las redes sociales. Por pura observación podemos percatarnos que los puertorriqueños están dispuestos a reproducir noticias que nos llenan de orgullo cuando hay logro en los deportes, en la tecnología, la medicina y las ciencias.

Las humanidades deben jugar un rol importante a la hora de aportar al país. El arte, el drama, el cine y la música reviven a un país en ocasiones deprimidas como esta, nos unifica culturalmente, nos vincula con el Caribe y es fuente de admiración para aquellos que nos visitan de todas partes del mundo. No va a haber recuperación económica si decae o muere su espíritu cultural y nacional.

La Universidad no puede limitarse a ser un instrumento de creación de capital destinado a migrar al extranjero. Eso es inevitable en un ambiente en que las oportunidades de empleo son escasas. Por ende, científicos sociales, expertos en administración de empresas y otros deberían buscar aquellos espacios del mercado, especialmente en cuanto a la llamada “economía del conocimiento” que podamos exportar y que brinde oportunidades de eslabonar el capital extranjero a la economía puertorriqueña, además de crear oportunidades para que florezca la economía local.

Finalmente, la Universidad puede ser un centro importante de cultura libre, fomentando la programación de software libre o de código abierto para las distintas necesidades del país. A la misma vez, debe promover incentivos para la creación de literatura libre y conocimiento abierto bajo licencias permisivas que puedan servir de referencia para los estudiantes y al país en general (e.g. libros de física, de filosofía y de economía bajo licencias de Creative Commons). Esto beneficiará a los estudiantes a la hora de invertir en libros impresos o electrónicos, ya que actualmente están siendo explotados por las editoriales comerciales multinacionales.  Además, se deberían digitalizar y publicar en el ciberespacio las tesinas, tesis de maestría y doctorales para que estén disponibles al público. Organizaciones como la Universidad Complutense de Madrid tienen, desde hace mucho tiempo, una política semejante. Se pueden establecer también ciertas políticas de colocar en línea todo producto artístico, musical, dramático o literario que desde hace años no se explotan comercialmente.
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Predicciones (nota cínica)

Esta es mi lista de deseos para este año. Sé que casi nada de esto se cumplirá en absoluto:

  • En cuanto al estatus, el gobernador está determinado a utilizar la futura fracasada Comisión de la Igualdad. Así que este será el curso de acción divisivo del país, no una Asamblea de Status.
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  • “¡¿Reactor nuclear?!  ¡NO! No queremos un Fukushima en Puerto Rico.” Así saldrán las hordas ante la propuesta, sin evaluar la planta modular NuScale ni averiguar cómo compara con el famoso reactor de Japón. Solo quieren “las renovables”, lo que nos va a estancar en el consumo del gas para el futuro.
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  • En cuanto a la agricultura, fuera de permitir que las multinacionales experimenten con los transgénicos, el gobierno no tocará ese asunto ni con una vara larga porque la propuesta es altamente impopular. Pues, seguiremos perdiendo ante una feroz competencia en el mercado mundial ni proveeremos a nuestros agricultores la mejor tecnología posible para beneficiarles.
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  • Sobre el sistema de salud … pues, colapsará y a Dios que reparta suerte. Solo el universo sabe si en el futuro se hará una reforma de salud apropiada.
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  • Sobre la brecha salarial, la legislatura (especialmente la Cámara de Representantes) tiene un liderato cercano al fundamentalismo cristiano, no se fomentará la educación con perspectiva de género ni se ocupará de atender los problemas de ascenso de mujeres a puestos más altos.
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  • El compromiso que los partidos mayoritarios han mostrado hacia las élites de Puerto Rico le disuadirán de adoptar un impuesto por consumo progresivo y tampoco estará inclinado a una imposición por valor terrenal.
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  • La educación seguirá desorientada sin un programa de país y lo mismo ocurrirá con la Universidad de Puerto Rico, que es un microcosmos de lo que ocurre a nivel macro.

No me creo Rukmini, pero creo que acertaré en la mayoría de los casos. ¡Feliz Año Nuevo!
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El arroz dorado es aprobado, un feliz año nuevo en Oceanía y Asia

José Miguel Mulet Salort

José Miguel Mulet, 2016. Foto cortesía de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV Radiotelevisión-YouTube) CC-BY 4.0+.

En su blog Tomates con genes, el biotecnólogo J. M. Salort nos da una buena noticia, especialmente cuando cae como anillo al dedo a la época navideña y de año nuevo. Las autoridades alimentarias de Nueva Zelanda y  Australia (Food Standards Australia-New Zealand) han aprobado el arroz dorado para el consumo humano. He aquí el  informe.

Para los que no sean conocedores del tema, el arroz dorado es una planta transgénica que produce beta-caroteno, que es un antecesor de la vitamina A. Debido al grado de pobreza que se sufre en Asia, muchos asiáticos no pueden comprar las verduras y alimentos necesarios para obtener vitamina A. Al contrario, llenan su hambre con el arroz, un alimento básico muy barato, pero que no contiene los nutrientes que necesitan para sobrevivir. El arroz dorado (llamado así por el color que  adoptan por la presencia de  beta-caroteno) que se hace disponible gratuitamente a agricultores que ganen US$10,000 o menos, salvaría a millones de personas que mueren diariamente por falta de vitamina A.

Este transgénico  ha sido el grano de la discordia debido a que organizaciones que se hacen llamar “verdes” y que supuestamente están a favor del medio ambiente como Greenpeace, se han opuesto al arroz dorado por su fanatismo antitransgénico y han promovido  la destrucción de siembras experimentales de arroz dorado para impedir que llegen al público. La organización fue desmoralizada por 110 premios nóbeles que le solicitaron a Greenpeace cesar sus ataques al arroz dorado, como reseñamos en otra entrada de este blog.

Arroz dorado

Arroz dorado (Foto cortesía del International Rice Research Institute)

Este es un momento histórico en que se puede demostrar que la biotecnología salva vidas.  Este no es el único caso. Por ejemplo, la insulina humana provista a muchas personas con diabetes existe por bacterias transgénicas y salvan  vida todos los días actualmente.

Espero que esta entrada les anime en medio de tantas dificultades en Puerto Rico, pero debemos regocijarnos cuando muchos científicos se convierten en héroes (algunos anónimos y otros no tanto) que rescatan a su prójimo de las  garras de la enfermedad y la muerte. ¿Qué más puede ser tan  lindo en una época como la de Navidad y Año Nuevo? Vean otros proyectos similares al del arroz dorado en esta entrada.

 

Respuesta al Dr. Fernando Cabanillas en torno al glifosato y la ingeniería genética de los alimentos

Non GMO

Etiqueta de que cierto alimento no contiene ingredientes OGM.

El domingo pasado, el Dr. Fernando Cabanillas publicó un artículo en El Nuevo Día titulado “Alimentos `non-GMO’: ¿moda o inquietud legítima?” Contrario a otros escritos en la prensa que tratan el tema, el contenido de la opinión es más equilibrado que lo usual con un genuino intento de exponer al público su convicción médica en torno a los famosos Organismos Genéticamente Modificados (OGMs) y la interrogante sobre si debería consumirse productos de OGMs (o GMOs por sus siglas en inglés) o si todo es una moda producto de una engañosa mercadotecnia.

Antes de comenzar con nuestra crítica, quisiera enfatizar que nuestra exposición es respetuosa hacia un médico al que los puertorriqueños deberían escuchar en cuanto a muchos otros asuntos en relación con la medicina. No solamente estamos ante un experto que tiene los conocimientos científicos para llevar a cabo su labor, sino que también es un ser humano que verdaderamente ama al pueblo y que quiere lo mejor para su bienestar. Nada de lo que digamos aquí representa un demérito a su gran labor y obra.

Para mostrar la buena fe en esta discusión, comencemos por lo bueno que nos brinda su publicación. En primer lugar, podemos percatarnos que en cuanto a la seguridad de los OGMs en sí mismos, el distinguido médico está muy bien orientado. Es un consenso abrumador en la comunidad científica que los OGMs (es decir, los transgénicos y los alimentos modificados por ARNi) son seguros. Esto llega hasta el punto en que 110 laureados del Premio Nóbel han solicitado a Greenpeace que cese sus actividades en contra del arroz dorado. A la luz de esto, el Dr. Cabanillas nos dice muy acertadamente:

El primer punto que debe quedar claro es que, contrario a lo que muchos piensan, ingerir los genes alterados de un GMO no nos causará problemas. No se nos caerá un brazo ni nos crecerá una planta en la oreja. No nos dará cáncer ni nos convertiremos en “Mutant Ninja Turtles”. Greenpeace está indisputablemente equivocada en su postura en contra de todos los GMO. No hay evidencia científica que pruebe que su postura es correcta.

No obstante ello, entra en el tema de la controversia actual en torno al glifosato, una de las sustancias que más están asociadas a los OGMs y a la multinacional Monsanto (hoy, propiedad de Bayer). A su vez, el glifosato está asociado al producto de dicha corporación, el yerbicida Roundup®.

Logo de Roundup

Logotipo del yerbicida Roundup

El Dr. Cabanillas describe con exactitud cuál es el uso de esta tecnología que contiene al glifosato como ingrediente activo. Sin embargo, en cuanto a la dicusión del tema, él comete un error factual bastante común cuando trae a colación este delicado tema: que, según él, en el 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró al glifosato “probablemente cancerígeno”. Este dato no es correcto. Fue una rama de la OMS la que lo hizo, a saber, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC por sus siglas en inglés, véase aquí su monografía).

Puede ser que se argumente que por ser parte de la OMS, eso automáticamente cuenta como opinión de dicho cuerpo internacional. El problema es que la opinión del IARC no es la de la OMS. De acuerdo con este último, no hay evidencia alguna de que el glifosato sea cancerígeno. Esto lo dejó muy claro en un informe escrito junto a la Organización de Alimentos y Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) y dado a conocer en el 2016, es decir, después de la publicación de los hallazgos del IARC (aquí se encuentra el escrito).

En medio de su artículo, el buen doctor nos dice que es extraño que la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y el IARC llegaron a conclusiones distintas. Él dice, muy acertadamente que han habido ciertas cuestiones planteadas en cuanto a los intereses de algunos miembros de la agencia de cáncer internacional.

Es imperativo preguntar sobre las intenciones de la industria al respecto y también en cuanto al cambio que hubo en varias agencias alrededor del mundo de máximo de consumo de 0.1 mg/kg a 20 mg/kg de glifosato, especialmente cuando no medió estudio nuevo al respecto. Sin embargo, la pregunta que debería hacerse la gente es si hacían falta nuevos datos para tal incremento en este límite de seguridad. El nivel de toxicidad del glifosato es extremadamente bajo (LD50 de 5600 mg/kg en ratas) y en las cantidades que usualmente aparecen en los alimentos, es prácticamente inofensivo. Se ha observado que se puede alimentar a una rata 31 mg/kg de glifosato al día y no se observan efectos adversos; se puede alimentar a un perro 500 mg/kg al día sin observar efecto adverso alguno. Tal incremento de presencia de glifosato por las agencias gubernamentales no debería alarmar a los seres humanos. Otros reportes de cantidades “alarmantes” de glifosato en alimentos como Cheerios o comida para bebés han exagerado la nota. Según unos “estudios” que andan circulando por ahí, se sugiere que una caja de Cheerios puede tener hasta un máximo de 1,125.3 por billón (de glifosato). Ese número parece impresionante hasta que nos damos cuenta de que para al menos empezar a sentir los efectos tóxicos del glifosato, un adulto debería haberse servido 1270 platos al día y un niño 635 platos al día.

Nota para los lectores:  LD50 es un indicador de toxicidad, usualmente medido en miligramos por kilogramos. LD50 indica la dosis letal por la que perece la mitad (50%) de los animales del laboratorio. Mientras más alto el número, menos tóxica es la sustancia. Mientras más bajo el número, más tóxica. Para que tengan idea de la toxicidad del glifosato, compárese el número dado arriba con el nivel de toxicidad de la fructosa (4,000 mg/kg), de la sal de mesa (3,000 mg/kg),  y el de la cafeína (192 mg/kg).

Edificio del IARC

Edificio del IARC en Francia. Foto cortesía de Rystheguy de Wikimedia Commons. CC-BY-SA 3.0.

A partir de las disímiles conclusiones de la EPA y del IARC, debemos preguntarnos legítimamente cómo sabemos  quién tiene la razón. A esto, nos dice el Dr. Cabanillas:

Solo se puede determinar a través de estudios epidemiológicos de personas expuestas, comparándolas con los que nunca han estado expuestos. El único estudio prospectivo, el Agricultural Health Study, patrocinado por el Instituto Nacional de Cáncer de EE. UU., sugirió que este producto no causa cáncer, mientras que otros seis estudios concluyeron que está asociado con linfoma, mieloma y tricoleucemia. Siete estudios adicionales determinaron que no existe relación estadísticamente significativa. El tema se complica porque hay una correlación entre el número de días de exposición al glifosato y el riesgo de desarrollar cáncer. Cuando esto se toma en consideración, la relación con estos trastornos se fortalece. También preocupa que el proceso de desarrollar cáncer es lento. Puede tomar décadas antes de que aparezca, por tanto, las conclusiones de algunos estudios puede que sean prematuras.

Sin embargo, enumerar estudios y mencionar que algunos han asociado el glifosato con ciertos males no es señal de que exista relación alguna, especialmente si las estadísticas no tienen en cuenta otros factores. Se pueden tener estudios de cohorte que sigan a agricultores por un largo periodo de tiempo (como el que recientemente se ha dado a conocer este mes y que no refleja aumento significativo de cáncer tras el uso del glifosato). Las revisiones científicas y metaanálisis hechos por científicos independientes, por empresas y agencias gubernamentales son pertinentes (ejemplos, este y este). Es necesario indicar que no solo la EPA, sino también la EFSA, Health Canada, la Agencia de Químicos Europea,  el Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania, entre otros han adoptado la posición de que no hay evidencia de genotoxicidad por parte del glifosato. Para todos los efectos, el IARC está solo en cuanto a su interpretación de los datos. Es más, aun cuando el Dr. Cabanillas hace la pregunta perfectamente válida sobre la carencia de nuevos estudios para ciertas determinaciones de la EPA, es menester apuntar al hecho de que la IARC también había dicho en años anteriores que el glifosato no era cancerígeno y que la monografía del 2015 no incluyó datos nuevos para su conclusión. Los defectos de la monografía son hartos conocidos en la comunidad científica (no solo Monsanto) y hasta algunos científicos han creado vídeos al respecto.

Además, el IARC tenía un texto borrador que inicialmente proponía que el glifosato no era genotóxico o carcinógeno. Una investigación de Reuters revela que dicho borrador pasó por una serie de ediciones claves para cambiar su posición.

Esto no significa que Monsanto sea un santo (aunque tampoco apoyaremos la actitud fanática y de dogma de fe de ciertos sectores sociales de que no hay “nada santo sobre Monsanto”). Documentos confidenciales dados a conocer a la luz recientemente revelan que posiblemente escribieron informes bajo la firma de científicos (en un caso particular, la investigación no encontró evidencia de ello), además de influenciar indebidamente en estudios que supuestamente eran independientes. A pesar de ello, de esos mismos documentos se desprende claramente que sus miembros creen firmemente que el glifosato no es cancerígeno, lo que confirma nuestra convicción. Ellos creen en su producto. Sin embargo, en un momento dado discutieron cómo no habían hecho los estudios de genotoxicidad de los sulfactantes usados por Roundup®, por lo que se sugirió que no se podría decir que ese yerbicida no fuera genotóxico (esto ocurrió en el 2003). De hecho, tampoco hay evidencia alguna de incremento de cáncer en humanos por el uso de los sulfactantes. Sobre todo esto y más hablaré en futuras entradas en este blog bien pronto.

A pesar de esto, la evidencia por el momento es clara de que el glifosato no debería ser objeto de alarma de parte del público. Esto es así, no solo porque aun si el glifosato fuera cancerígeno, el riesgo de terminar con cáncer es ínfimo, dada su escasa presencia en los alimentos. Debemos recordar también que todo el tiempo ingerimos sustancias altamente tóxicas y cancerígenas como, por ejemplo, ácido caféico (que se encuentra en el café que ingerimos todas las mañanas, salsa de manzana y vino tinto), el alcohol (cerveza, whisky, etc.), entre otros. El 99.99% de los pesticidas y carcinógenos que ingerimos es provisto por la naturaleza misma.

A la luz de lo ya expuesto, no hace falta cundir el pánico por el incremento de la presencia de glifosato en nuestro sistema. La evidencia es consistente de que no bioacumula y es excretado por el cuerpo humano. Llamar a etiquetar productos que contengan glifosato, como sugiere el Dr. Cabanillas, no mejorará la calidad de salud de los puertorriqueños. Es más, tendría consecuencias nefastas para los agricultores que dependen de este producto y cuya prohibición implicaría el uso de yerbicidas muchísimo más tóxicos. Simultáneamente, conllevaría la presencia en el mercado de alimentos con sustancias más tóxicas. En este sentido muy importante, la escasísima cantidad de glifosato en los alimentos es sencillamente inocua.

Respetamos al distinguido médico, pero por estas y otras razones diferimos de su opinión.

 

Recomendación: La izquierda Feng-Shui

La izquierda Feng-Shui por Mauricio José Schwarz

La izquierda Feng-Shui por Mauricio José Schwarz

Mauricio-José Schwarz es un periodista, escritor y fotógrafo mexicano que se destaca a nivel internacional por su defensa de la razón y de las ciencias, cofundador de  Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica y del Círculo Escéptico en España. Hoy día publica en sus blogs No que importe y  El retorno de los charlatanes y publica vídeos en su canal de YouTube, El rey va desnudo.

El título del libro La izquierda Feng-Shui establece muy bien el tono del escrito.  He aquí la ficha:

Schwarz, Mauricio-José. La izquierda Feng-Shui. Cuando la ciencia y la razón dejaron de ser progres. Ariel, 2017.

Schwarz hace una crítica necesaria a la izquierda, no solo la española o la mexicana, sino también en todos los lugares. De hecho, me atrevería a decir que todo lo mencionado en el libro es aplicable a la izquierda puertorriqueña. Antes la izquierda política representaba lo mejor de los valores de la Ilustración y su empeño en utilizar la razón y las ciencias como mecanismos para cambiar el mundo a uno más justo. Sin embargo, desde el siglo XX para acá, un cierto sector de la izquierda ha abrazado ciertas falsas creencias, sean religiosas o seculares, para someterse a la sinrazón y a ciertos ideales puristas.

Este es un libro de excelente labor periodística —viniendo de Schwarz, es de esperarse— en donde hace dos cosas muy importantes. En primer lugar, nos lanza en un viaje al pasado para tener una visión más clara de dónde proceden muchas de estas creencias irracionales ponderadas por un sector actual de la izquierda. En segundo lugar, se encarga de refutar muchas de estas creencias con base en la historia y las ciencias.

Aunque no necesariamente un servidor comparta su convicción de que la izquierda debería rechazar las religiones en general (marginaría políticamente a religiosos que sí queremos luchar por una genuina justicia con los instrumentos de la razón y de las ciencias), todas las críticas deben tomarse en serio. El libro es una introspección muy importante que se deben hacer los sectores más vociferantes para ver si realmente están creando un mundo de justicia o si están agravando la situación de los pobres.

Hubo dos grandes sorpresas en la lectura.  Primeramente, no sabía cuán empotradas están las creencias de Helena Blavatsky en muchas de las creencias religiosas orientalistas que se han puesto de moda en Occidente. Schwarz deja bien claro el hecho de que muchas de las visiones valorizadas hoy día por los que rechazan las religiones occidentales tienen su raíz en esta persona que se destacó mucho por crear un mundo esotérico ficticio del pasado.

Otra cosa que me dejó perplejo personalmente es su denuncia al pensador Iván Illich, que fue por años amigo de mi familia. Illich fue un sacerdote católico austriaco que fue famoso en Puerto Rico  (y a nivel mundial) por denunciar ciertas posturas del Vaticano en torno a varios temas, entre ellos el de los contraceptivos, mientras era rector de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico. Dicho caso estuvo a la par en fama con el que se llevó a cabo contra Hans Küng y Leonardo Boff. No obstante mi afecto por Illich, Schwarz tiene toda la razón a la hora de denunciarlo por hacer un mal diagnóstico de la sociedad moderna y de la resolución de sus “problemas”.  Su libro Némesis médica aportó a que personalmente este servidor rechazara la medicina contemporánea en un momento dado y sé de varios que les ha inspirado lo mismo. Aun con la fama de La desescolarización de la sociedad, es menester señalar que la desescolarización es precisamente una malísima solución a cualquier problema pedagógico del mundo moderno. De hecho, contrario a lo que pensaba él, la tecnología actual podría cambiar por completo algunos aspectos de la escolarización tradicional (especialmente con la presencia del mundo virtual). Tanto la medicina como la tecnología han mejorado para bien al mundo.

En cuanto al texto, hace la debida crítica a la tesis de que “todo lo natural es bueno”, además de fijar unos términos que deberíamos utilizar más frecuentemente en nuestras discusiones de política pública, tales como “el principio de la purísima concepción”: el mandato de que toda propuesta que se haga no conlleve problema alguno a ningún nivel bajo ninguna circunstancia. Otra palabra fabulosa que debería emplearse de aquí en adelante es la “neofobia” (fobia a lo nuevo).

Tampoco falta en la discusión su correcta crítica al llamado “posmodernismo” y las posturas de constructivismo social extremo que adoptan muchos de sus partidarios. En general, ellos tienden a rechazar las nociones de verdad y objetividad, no solo en las ciencias sino también en la ética.

En cuanto a aspectos negativos, son poquísimos los que voy a criticar, insignificantes y no modifican para nada el resto de la lectura.  Algunos son de naturaleza técnica: por ejemplo, dice que dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno forman la molécula de H2O. En realidad, son dos átomos de hidrógeno y el de oxígeno (capítulo 4). Lo otro es en cuanto a la historia de Monsanto, en la que no distingue (al menos a nivel jurídico) el antiguo Monsanto (la corporación que trabajaba con ingeniería química) y la actual Monsanto (la corporación que trabaja en la agroindustria).

Como es de esperarse, habla de todo lo concerniente a lo esotérico, las vacunas, los transgénicos, la medicina contemporánea, las toxinas, Monsanto, la Coca-Cola, el Reiki, el pensamiento positivo, entre otros temas. Al final, nos deja con varias preguntas para el futuro, para este servidor, las más difíciles son las concernientes a la tensión entre el respeto a las diversas culturas (especialmente las indígenas) y la necesidad de proveerles los medicamentos y la tecnología que necesitan para vivir y persistir en esta época.

La izquierda Feng-Shui es un libro extraordinario que sorprenderá mucho al lector con el manjar de información que tiene que ofrecernos. Además, el prólogo escrito por J. M. Mulet es refrescante y muy pertinente, especialmente cuando este mismo año publicó su libro (también extraordinario) Transgénicos sin miedo.

La propaganda antiOGM y las revistas de pobre reputación

En varios artículos de este blog (incluyendo uno de nuestra serie sobre los OGMs), hemos tratado ad nauseam el tema de cómo en general el movimiento antitransgénico descansa casi exclusivamente en revistas predatorias, de muy bajo impacto o de muy mala reputación.

Hace algunos días se llegó a aprobar para publicación un artículo revisado por pares al respecto, aunque todavía no se ha publicado en la revista en cuestión. Este artículo no es independiente, pero su revisión científica ha sido respaldada por los expertos en el campo de la biotecnología. He aquí su ficha:

Sánchez, M. A., Parrott, W. A. (15 de julio de 2017). Characterization of scientific studies usually cited as evidence of adverse effects of GM food/feed. Plant Biotechnology Journal (publicado en línea). doi: 10.1111/pbi.12798.

El primer autor, M. A. Sánchez, es miembro de la Asociación Gremial ChileBio CropLife, organización chilena financiada por compañías que trabajan en biotecnología. El segundo autor  trabaja en el sector público, en el Departamento de Ciencias de Cultivo y Suelos de la Universidad de Georgia e invierte parte de su tiempo para la divulgación científica junto a las organizaciones  International Food Biotechnology Committee y CropLife International.

Estudio retirado

Estudio de G. E. Séralini retirado (2012).

En este artículo se expone el hecho de que de todas las publicaciones que concluyen daños por parte de los cultivos OGMs constituyen cerca del 5% de lo publicado en este área. Los autores cuestionan el hecho de que en la opinión pública se echa una sombra sobre todos los OGMs en general, aunque sean muy pocos estudios. Ese bajo porcentaje se publica usualmente en revistas fraudulentas o de muy bajo impacto (ocasionalmente sin ningún impacto) y en general con errores metodológicos que descalifican la validez de su texto. Varios escritos también se publican informalmente en línea sin arbitraje por pares. En otras ocasiones no se han podido reproducir los resultados. En unos casos en que sí se han publicado artículos desfavorables a los OGMs en revistas serias, un buen número de ellas los han retirado. En contraste con ese 5%, el otro 95% constituye el corazón del consenso científico en cuanto a los OGMs. Esto significa que después de más de 20 años de siembra de este tipo de cultivos, no hay literatura que realmente refute el hecho de que son tan seguros como los convencionales.

Para ambos autores, el seudodebate en torno a los OGMs está guiado más bien por consideraciones ideológicas y políticas que genuinamente científicas. En general, la discusión hace un juicio sobre todos los OGMs en vez de un acercamiento más racional, el casuístico, es decir, debe verse por caso. Al final, mencionan los artículos más citados en el seudodebate y el problema científico que tiene cada uno.

He aquí otros problemas comunes con los escritos:

  • Usualmente los escriben los mismos autores y utilizan como pilar aquellos estudios del mismo círculo antiOGM.
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  • Algunos reclamaban no tener conflictos de intereses, aunque un vistazo a sus credenciales o su trasfondo los delataba.
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  • Algunos no mencionaban sus fuentes de financiación.
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  • Aquellos que sí lo hacían, estaban siendo sufragados por organizaciones notorias por su oposición a los OGMs.
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  • Los errores metodológicos no son meros accidentes de ciertos estudios, sino que violan la normativa o la convención más elemental para mantener la calidad de los estudios.
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  • Algunos de los más citados no hicieron experimento alguno, sino que especulan.
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  • Algunos no aclaran cuáles variedades de cultivo OGM se están examinando.
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  • Usualmente los experimentos no están debidamente controlados y tampoco hay un buen uso de razonamiento estadístico.

Estos y otros errores más nos dan una idea de por qué no debemos tomar seriamente los estudios emblemáticos del movimiento antiOGM.