El impacto de las elecciones sobre las ciencias

Donald Trump y Ricardo Rosselló

A la izquierda, Donald Trump. Foto cortesía de Michael Vadon CC-BY-SA 2.0 / A la derecha, Ricardo Rosselló Nevárez. Foto cortesía de Edgardo Colón CC-BY-SA 4.0.

Los resultados de las elecciones del 2016 de Estados Unidos y Puerto Rico son noticias devastadoras en lo que concierne al ámbito de las ciencias, la lucha por los derechos humanos y la educación.
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Primera parada: Puerto Rico

En Puerto Rico, los resultados de las candidaturas a la gobernación no sorprendieron a nadie. Lo que sí dejó perplejos a algunos analistas políticos es el grado de insatisfacción que siente la población puertorriqueña con los partidos tradicionales. Más aun, fue refrescante la noticia de que una candidata independiente Alexandra Lúgaro, quien se autodefinió como atea, independentista y a favor del canabis (asunto del que hablaremos en otro artículo), haya obtenido el favor de una porción significativa de los votantes boricuas. Además, por primera vez en mucho tiempo, ningún candidato a la gobernación ganó por más del 42% de los votos. El Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y el Partido del Pueblo Trabajador (PPT) juntos no lograron llegar ni al 3% de los votos.  El Prof. Bernabe decidió no volver a postularse para el próximo cuatrienio como candidato a la gobernación, mientras que el PIP comienza el ya el acostumbrado ritual de “autoevaluación” para concluir que el resto del mundo está mal excepto el partido y así reinscribirse (mi predicción, espero estar equivocado).

Esto lanza varias señales. Una de ellas es que ya los puertorriqueños están perdiéndole el miedo a candidatos que se autodenominan públicamente ateoso que no profesan creencia alguna en alguna religión formalizada. Es más, me consta personalmente que han habido políticos agnósticos o ateos en la legislatura, pero que aun así no lo expresaron públicamente. Ya es tiempo para ellos “salir del closet“.

No debemos perder de vista que hubo un alto nivel de abstención en Puerto Rico. Sin embargo, es importante mencionar el hecho de que la cifra de 45% de los electores es algo inflada. No olvidemos que el Tribunal Supremo de Puerto Rico determinó que se incluyeran a aquellos que no votaron en las elecciones pasadas. Para este año, ya algunos de ellos habían abandonado nuestro archipiélago.

Dadas estas circunstancias, hay que señalar que Rosselló debe estar conciente de que, como cabeza de la rama ejecutiva, él no tiene un mandato fuerte para la estadidad o su programa de gobierno, ya que el PNP obtuvo votos muy por debajo de la mayoría absoluta y casi a la par con el PPD. Sin embargo, sus planes parecen girar en torno a esa propuesta de estatus y ese va a ser el grueso de la discusión durante los próximos años, además de su impotencia ante la todopoderosa Junta de Control Fiscal.

Además, las semillas de ciertos contribuyentes a su candidatura empezaron a dar frutos. El predicador evangélico Jorge Raschke se reunió con Rosselló para felicitarle por su triunfo.

Es interesante ver que la primera preocupación del nuevo ejecutivo como política pública no es comenzar el proceso de solicitar la estadidad al Congreso (de hecho, tiene la visión equivocada de que el Presidente es el que la concede … o algo parecido). No, la primera gestión es la de cambiar algunos aspectos de la carta circular en torno a la enseñanza con perspectiva de género en las escuelas públicas. Obviamente activistas feministas, como María Dolores Fernós reaccionaron ante este tipo de declaraciones afirmando muy correctamente que el Dr. Rosselló no entiende mucho del tema y que de lo que se trata la carta circular es el énfasis en la igualdad de dignidad de todo ser humano independientemente de su sexo o género. Nada de esto debe extrañar al público, ya que en su campaña Rosselló se comprometió ideológicamente como “católico cristiano” (whatever that means) a estar en contra de la enseñanza con perspectiva de género.

En cuanto a las ciencias como campo, no creemos que Rosselló vaya a afectar las ciencias mediante sus visiones ideológicas. Sin embargo, existe una gran preocupación en cuanto al estatus de la Universidad de Puerto Rico bajo la supervisión de la Junta. Se podría afectar el acceso a fondos estatales o federales para los fines de la investigación científica.

Seguro que los grupos de derechos humanos y otros tendrán mucho que luchar en los próximos 4 años, pero nada … NADA … se compara con el problema inmenso que representa la elección de Donald Trump en Estados Unidos.
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Segunda parada: Los Estados Unidos

El triunfo de Donald Trump fue prácticamente inesperado para el mundo entero, no solo para los Estados Unidos. Debido al sistema vigente, pero anacrónico y obsoleto, de los colegios electorales, la candidata demócrata Hillary Clinton ganó el voto popular, pero perdió el de los electores. Esta sería la cuarta ocasión que un presidente gana por colegio electoral a pesar del favor de la mayoría de la población estadounidense. Algunos están hablando de fascismo y dictadura, pero el Prof. Ángel Rosa nos recuerda que estas racciones son un tanto exageradas. Aun con un Congreso republicano, es muy improbable que Trump haga “lo que le dé la gana”.

No obstante la matización, no podemos bajar la guardia ante esta novel situación política. Tan pronto fue electo, Trump comenzó el proceso de selección de la gente que le acompañará en el ejecutivo y su lista no es nada agradable.

Durante su campaña política, él intentó desacreditar el carácter antropogénico del cambio climático. En ocasiones, hizo alegatos extraños e ignorantes como los siguientes:

Aunque algunos tenían esperanza de que no hiciera buena su promesa, Trump comenzó por escoger a Myron Ebell como director de transición de poder en la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Las voces de la comunidad científica no se hicieron esperar. La versión cibernética de la revista divulgativa Scientific American publicó un artículo al respecto, señalando que Ebell es un llamado “escéptico” de la antropogénesis del cambio climático y miembro del Center for Energy and Environment, un tanque ideológico conservador en torno a temas del ambiente.

Eso no es todo. Aunque parezca increíble, Trump considera nominar a su exrival de primarias Ben Carson para liderar el Departamento de Educación federal. Carson es un neurocirujano procedente de un sector fundamentalista protestante en los Estados Unidos, quien ha dedicado sus energías al combate de la enseñanza de la teoría de la evolución neodarwiniana en las clases de ciencias en las escuelas públicas de Estados Unidos. También niega explícitamente la antropogénesis del cambio climático o la mera existencia de este. No solo eso, sino que en una predicación, fue tan lejos como para postular la hipótesis de que las pirámides probablemente fueron construidas por el patriarca hebreo José para guardar los granos que necesitaba Egipto para los siete años de sequía…

… y que Satanás inventó la teoría de la Gran Explosión (Big Bang).

Tengamos eso en cuenta cuando pensemos que Ben Carson puede ser que termine a cargo de la educación de los niños estadounidenses a nivel nacional.

Lo mismo se puede decir del vicepresidente electo Mike Pence, quien no solo sostiene perspectivas semejantes a las mencionadas, sino que las ha defendido abiertamente en el Congreso de los Estados Unidos.

Además, Pence tampoco cree que fumar tabaco o cigarrillo sea dañino a la salud. Para el horror de la comunidad LGBTI, también favorece las desacreditadas “terapias” de conversión de homosexuales a heterosexuales.

Hay otras noticias que parecen indicar que la presidencia de Trump va a estar caracterizada en parte por un intento de crear una teocracia republicana.

Ante este panorama, el futuro cuatrienio se ve difícil tanto en los ámbitos de las ciencias como de los derechos humanos. Esto implica que activistas bien orientados en cuanto a estos temas tenemos que salir a la calle a defender la razón y las ciencias en estos tiempos en los que se asoma de nuevo la oscuridad racional, intelectual y espiritual.

¿Favorece la ONU la agricultura orgánica?

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Desde hace algún tiempo, en las redes sociales se ha estado diseminando la noticia de que las Naciones Unidas favorece la agricultura ecológica, conocida también como orgánica. Según estas fuentes, en el año 2013, la Conferencia de las Naciones Unidas de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) radicó un informe titulado Wake Up Before It Is Too Late: Make Agriculture Truly Sustainable Now for Food Security in a Changing Climate Wake Up Before It Is too Late - UNCTAD(Despierta, antes de que sea tarde: Hagamos la agricultura verdaderamente sostenible ahora para seguridad alimentaria ante un clima cambiante) y que recomienda la agricultura orgánica como la que puede salvar a la humanidad del hambre. Según algunos, el documento Wake up es un espaldarazo oficial de las Naciones Unidas a este tipo de iniciativas de política pública.

La pregunta que debemos hacernos es, ¿es ese el caso? Lo dudamos mucho y la razón de ello nos la da el mismo documento. Una vez descargamos su archivo PDF , podemos ir a la página 3 (de las 341 que contiene) y encontramos lo siguiente (los recuadros son nuestro énfasis):

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Traducción al español (perdonen si no es la mejor traducción):

Los puntos de vista que se expresan en los siguientes artículos en esta Revisión son de sus autores y no necesariamente reflejan las posiciones de sus organizaciones o instituciones respectivas. Por lo tanto, las perspectivas expresadas en en esta Revisión deben atribuírsele a los autores y no a cualquier institución o a la UNCTAD o a sus estados miembros.

Cualquier referencia a alguna compañía y a sus actividades no debe ser presentado como un endoso por la UNCTAD o por sus autores o sus instituciones, de la compañía o sus actividades.

En otras palabras, sí es cierto que este informe lleva el sello de las Naciones Unidas, porque la conferencia se dio con su auspicio, pero esto no representa su posición oficial.

Si esta es la situación, entonces, ¿cuál es la verdadera posición de las Naciones Unidas al respecto? Por ahora, lo más cercano a una opinión oficial la podemos encontrar en el portal de la Organización de Alimentos y Agricultura de las Naciones Unidas (FAO), donde dice exactamente lo contrario a lo alegado. En un comunicado de las Naciones Unidas del 2007 titulado “FAO advierte insuficiencia de agricultura orgánica en lucha contra el hambre”, su portavoz nos dice, entre otras cosas:

… “no se puede alimentar a seis mil millones de personas hoy en día y a nueve mil millones en 2050 sin un uso sensato de productos químicos”.

Casi 31 millones de hectáreas, o aproximadamente el 2% de las tierras agrícolas de todo el mundo, fueron cultivadas en 2005 sin usar productos químicos, y generaron ventas por alrededor de 24.000 millones de dólares.

“No hay una solución única al problema de alimentar a los pobres y hambrientos,” dijo Diouf. Agregó que cuando se usan fertilizantes deben escogerse los productos apropiados, y aplicarse en cantidades adecuadas, de la manera correcta y en el momento oportuno”.

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¿Por qué la FAO adopta una posición desfavorable ante la agricultura orgánica (o “ecológica”)?

Si se le presta atención a los factores científicos de todo este asunto, en vez de al mero sentimiento de “unión  y conexión con la naturaleza” al que apelan muchos con los que hablo sobre este tema, podremos ver cuál es el problema.

A muchos se les olvida el componente económico de la dinámica de distribución de alimentos. Desgraciadamente, cuando la gente escucha la palabra “economía”, usualmente piensan en dinero. Se les olvida que la economía es algo mucho más amplio que este factor, sino que tiene que ver con la distribución inteligente de recursos escasos. Eso incluye la manera en que se reparte la materia y energía en la población mundial. Esta energía toma la forma de alimentos (energía para el ser humano), energía muscular, energía eléctrica, entre otros. El dinero es solo un componente de la economía que mide el valor de todos los recursos escasos, es decir la riqueza material y energética que circula en calidad de mercancía. Desde esta perspectiva, todo recurso escaso en el mundo se puede medir en dólares y centavos.

Norman Borlaug

Norman Borlaug, padre de la Revolución Verde

Esto aplica también al asunto de si los alimentos deben producirse convencionalmente o mediante la agricultura orgánica. Para alimentar 7 mil millones de personas en el mundo, nos topamos con la interrogante de cuál es la manera más eficiente para hacer que alimentos lleguen a la mayor parte de la población. Desde la Revolución Verde, la industria alimentaria ha adoptado medidas para ser cada vez más eficiente a la hora de producir más alimentos. Esta es una de las instancias en que los intereses de la industria coinciden con el bienestar público. Dicha inversión implica un ahorro considerable de energía mediante la diseminación eficiente de alimentos y un mayor espacio para el crecimiento de la naturaleza. A muchos le sorprenderá este último alegato, pero recordemos que desde un punto de vista de espacio cultivable y el económico, la industria quiere maximizar la producción en relación con el tamaño de mercado disponible. Este hecho significa que si aumenta exponencialmente la tasa de rendimiento agrícola por área de terreno,  esto inevitablmente lleva a la utilización de cada vez menos área de terrenos, así librando muchos hábitats de la deforestación y de la actividad y contaminación humanas.

Aun con todo, la llamada “agricultura convencional” no es perfecta, ya que se estimula el uso de nitrógeno derivado del petróleo y de pesticidas relativamente tóxicos para los agricultores y, en ocasiones, para el público. La agricultura orgánica (o “ecológica”) surgió como una respuesta a estas preocupaciones. ¿Qué cuenta como “orgánico” en este sentido? Usualmente la definición del término se estipula por ley, pero en su línea general se utilizan medidas para reducir el uso de pesticidas y fertilizantes sintéticos y adoptar solamente los naturales. Además, para disminuir el uso de estos tóxicos, se utilizan también otras técnicas tales como rotación de cultivos, cultivos asociados (intercropping), reciclaje de nutrientes, cultivo de cobertura, entre otros. Todos estos factores son importantes para la conservación de los terrenos. De hecho, ya varios agricultores convencionales han incorporado algunas de estas técnicas con mucho éxito y algunas compañías han estado impulsando programas para preservar las tierras y fomentar la biodiversidad en el proceso.

Por otro lado, algunos agricultores orgánicos quieren operar con la menor maquinaria posible, con el menor grado de pesticidas posibles y maximizar el uso de composta o estiércol de ganado. Además, con contadas excepciones, rechazan en principio el uso de cultivos transgénicos, sea por convicción o porque sus productos serían descertificados de la categoría de “orgánico” o “ecológico”. Sin que esto sea suficiente, a veces la selección de venta en ciertos mercados hace más ineficiente su transportación o su cotejo por las autoridades de sanidad, lo que lleva en no pocos casos a la diseminación de epidemias por contaminación viral o bacteriana (véase el caso de la mal llamada “Crisis del Pepino” en el 2011).

Esto lleva a que la actividad de cultivo orgánico sea mucho más ineficiente que los cultivos convencionales en general. Revisiones científicas como esta confirman nuestro punto. En promedio, los orgánicos tienen 20 a 30% menor rendimiento que los convencionales. Un estudio más minucioso a partir de los datos ofrecidos por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) revela que, salvo en contadas excepciones, en la inmensa mayoría de los casos el rendimiento de estos cultivos es menor y, en ocasiones, significativamente inferior, que los correspondientes convencionales.

Esto se debe a que la dinámica para este tipo de agricultura requiere mayor energía. La FAO reconoce precisamente este punto cuando dice:

  • Production costs for organic foods are typically higher because of greater labour inputs per unit of output and because greater diversity of enterprises means economies of scale cannot be achieved;

Como cualquier economista señalaría, mientras mayor energía se utilice para producir una mercancía, mayor valor adquiere. Simultáneamente esta inversión energética se refleja en el precio. El mero hecho de que se consuma mayor energía cuando se le compara con la agricultura convencional significa que tenemos que cuestionar el supuesto beneficio ambiental o humano que esto implica.

No hay lugar a dudas que el cuido de la tierra en la mayoría de las ocasiones (no en todos los casos) existe mejor en la industria orgánica, tal y como lo reconoce la FAO. Sin embargo, para permanecer “competitivo” en un mercado en que los alimentos orgánicos necesariamente tienen que ser más caros solamente por este factor, significa que tienen que buscar medidas “baratas” para lidiar con este penoso problema, tales como disfrutar de exenciones contributivas y otros incentivos.  Por ejemplo, sin uso de la soya transgénica resistente a glifosato, la práctica de no labranza se hace virtualmente difícil en el caso del grano no transgénico, aunque no totalmente imposible si se integran ciertas tecnologías. La restricción al uso de pesticidas naturales en ocasiones puede ser menos efectiva que las alternativas no orgánicas. Aun con todo, los precios en general no logran bajar lo suficiente para competir con los productos convencionales.

Tales ineficiencias implican mayor uso de terreno, no solo para obtener el mismo nivel de producción que la agricultura convencional, sino también para obtener los nutrientes. Se puede remediar en parte el problema usando cultivos de cubierta, pero otros tipos de cultivos requieren muchos más nutrientes. Se podría utilizar composta, que tiene que integrar la producción orgánica de ciertos otros cultivos para ello. Sin embargo, la composta contribuye más al cambio climático de lo que originalmente se pensaba. El aumento de uso de estiércol implica necesariamente mayor uso de terrenos para la crianza de ganado, un problema ambiental debido al alto nivel de consumo de hierba o pienso que necesita y por su emisión de metano, agravando así el efecto de invernadero y, por ende, el calentamiento global. Todos estos factores conllevan una reducción considerable de los ecosistemas naturales para dedicarlos exclusivamente para la agricultura.

El problema no termina ahí. De acuerdo con la FAO, podemos añadir otros ingredientes en cuanto a la inversión energética en alimentos orgánicos:

  • Post-harvest handling of relatively small quantities of organic foods results in higher costs because of the mandatory segregation of organic and conventional produce, especially for processing and transportation;
  • Marketing and the distribution chain for organic products is relatively inefficient and costs are higher because of relatively small volumes.

En otras palabras, hay que invertir más energía por concepto de separación de los alimentos orgánicos de los convencionales. Mientras mayor es la energía invertida, no solo nos lleva a precios más altos, sino también a un mayor uso de combustibles (usualmente fósiles). Hoy día se sabe que si se quiere evitar el cambio climático, tiene que invertirse significativamente en la intensificación de la producción de alimentos en cada vez menos hectáreas de terrenos cultivables. La Revolución Verde, que ha sido tan condenada por los partidarios de la agricultura orgánica, ha logrado precisamente eso (véase este estudio al respecto, este y este).

La agricultura orgánica va exactamente en el sentido opuesto a lo que se debería aspirar. Es por ello que muchos científicos argumentan que a pesar de reconocer el innegable beneficio de la agricultura orgánica o “agroecología” a la tierra y la biodiversidad en el campo, la misma ineficiencia energética que implica neutraliza su valor ambiental.

La ventaja de la agricultura convencional es que puede adoptar las mejores medidas para cuidar el suelo y ya hay agricultores convencionales que están adoptando esas prácticas, pero no tienen que abandonar toda la tecnología disponible para hacer su labor productiva muy eficiente. Esto se debe a que no hay definición de lo que sea “convencional” y, por ello, la tarea es flexible a la hora de ser eficiente y proteger los suelos. La desventaja de la agricultura orgánica es que se niega a usar la mayor parte de dichas tecnologías y está usualmente estancada en los límites que ella misma se impone.

Por estas y otras razones, el costo de los alimentos orgánicos permanecerán muy altos en el futuro previsible. Los convencionales, incluyendo aquellos que utilizan ingeniería genética, serán de muy bajo costo porque son más eficientes. Son estos últimos los que serán más accesibles a los pobres y tendrán mejores oportunidades de alimentar al mundo.

Precisamente esto y no más explica la posición de la FAO.

Divulgación reciente: una causa probable del declive apícola

Apicultor

Apicultor. Foto por Davarona, Wikimedia.org

El 15 de septiembre, en Scientific Reports del portal de Nature.com, se publicó un artículo de acceso abierto sobre nuevos hallazgos en torno a las posibles causas del declive de las colonias de abejas en Norteamérica, Europa y otras partes del mundo. He aquí la ficha:

Traynor, K. S., Pettis, J. S., Tarpy, D. R.,  Mullin, C. A., Frazier, J. L.,  Frazier, M. & van Engelsdorp, D. (2016, 16 sept.). In-hive Pesticide Exposome: Assessing risks to migratory honey bees from in-hive pesticide contamination in the Eastern United States. Scientific Reports, 6, 33207. doi: 10.1038/srep33207.

El estudio independiente confirma lo que muchos científicos tales como Lynn Dicks, Jarmo Ketola, Kati Hakala, Lauri Ruottinen, Helen Thompson y divulgadores como  Jon Entine han sospechado y lo que algunas compañías como Bayer y Syngenta han señalado en sus pruebas de campo: parece que no son los neocotinoides (“neonics“) los causantes principales de la muerte inexplicada de abejas en varias partes del mundo, aunque sí puede involucrar otras clases de pesticidas.

El escrito libremente accesible en línea muestra el escaso impacto de los neocotinoides sobre las abejas, pero sí el efecto acumulativo de ciertos insecticidas y, muy especialmente, fungicidas en la cera de las colmenas a medida que los polinizadores interactúan con algunos cultivos. De hecho, los autores han  encontrado una correlación clara entre el grado de mortandad apícola con la acumulación de estos tipos de pesticidas en las colonias. Esto puede significar que dichos tóxicos, no necesariamente los neocotinoides, juegan un rol significativo en el colapso de las colonias apícolas.

No obstante ello, todavía hacen falta mejorar los modelos utilizados para continuar la búsqueda de las causas de estos declives y requiere saber si los resultados son semejantes en otros casos examinados por científicos en Estados Unidos y alrededor del mundo.

Científicos se oponen a proyecto en La Parguera

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En mayo de este año se radicó el P. del S. 1621, en el que se planifica crear una “Zona de Planificación Especial Turística de las Casetas y Muelles sobre el agua y terrenos de dominio público de La Parguera”.

En sí, el proyecto de ley permitiría el arrendamiento por un periodo de 40 años para el uso de las zonas marítimas de la Parguera, lugar donde se han construido casas ilegalmente, incluyendo casas de veraneo. De acuerdo a sus oponentes, esto constituye en términos prácticos una nueva forma de privatización en esta zona. El proyecto de ley fue rechazado por 25 integrantes de la comunidad científica, algo que no detuvo su aprobación legislativa.

El número de científicos que se han opuesto a este proyecto ha aumentado considerablemente y ellos le han solicitado al gobernador que lo vete.

Parte de las razones que esgrimen son las siguientes:

  • Parte de la Zona de Planificación incluye a una sección de la Reserva Natural de La Parguera del Bosque Estatal de Boquerón.
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  • Existe una realidad de cambio climático, algo que ha provocado el aumento del nivel del agua a través de los años.
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  • Este mismo cambio climático llevará al fortalecimiento de ciertos fenómenos climáticos, tales como los huracanes..

El consenso en la comunidad científica en torno a la antropogénesis del cambio climático está prácticamente fuera de discusión, al igual que sus preocupaciones en torno al aumento del nivel de los océanos.

Una vez más, estamos ante un proyecto que parece ignorar las consecuencias de lo que probablemente ocurrirá si nuestros legisladores y el gobernador deciden no hacerle caso a lo que los científicos profesionales tienen que decir en cuanto a este tema: muchas de estas casas eventualmente se inundarán y serán destruidas por los huracanes.  Simultáneamente se desataría un desastre ecológico en un área de reserva natural.

Ciertos especialistas en derecho también han señalado los problemas jurídicos del proyecto y el precedente que establecería en el ámbito legal. También se ha opuesto la Federación de Pescadores de Puerto Rico.

Le toca ahora al gobernador decidir si firma o no este proyecto de ley.

Entre los científicos y especialistas que firmaron la petición al gobernador se encuentran:

  • Félix Aponte Ortiz, Ph.D. Olanificador ex miembro de la Junta de Gobierno de la Junta de Planificación
  • Richard Appledoorn, Ph.D.
  • Maritza Barreto, Ph.D., Presidenta de la Red de Playas de Puerto Rico
  • Elvira Cuevas, Ph.D. Directora del Centro de Ecología Aplicada y Conservación de la Universidad de Puerto Rico
  • Miguel Canals Silander, Ph.D. Director del Laboratorio de Ingeniería Oceánica de la UPR en Mayagüez
  • Pedro Gelabert, Ph.D. Ex Secretario del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), presidente de la Junta de Calidad Ambiental, y director de la Oficina del Caribe de la Agencia Federal de Protección Ambiental (EPA).
  • Fernando Gilbes Santaella, Ph.D.
  • Edwin Hernández, Ph.D.
  • Christa von Hillebrandt-Andrade, Ph.D.
  • Javier Laureano, Ph.D. Director Ejecutivo del Programa del Estuario de la Bahía de San Juan
  • Robert Mayer, Ph.D. Director del Centro de Conservación y Restauración Ecológica Costera de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Aguadilla
  • Olga Mayol, Ph.D. Departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
  • Elvia Meléndez Ackerman, Ph.D. Departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Puerto Rico
  • Rafael Méndez Tejera, Ph.D. de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Carolina
  • José Molinelli Freytes, Ph.D. Geomorfólogo.
  • Alida Ortiz, Ph.D.
  • Ernesto Otero, Ph.D. Director del Departamento de Ciencias Marinas de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez
  • Vance Vicente, Ph.D.

Biodiversidad de la fauna en Puerto Rico y el Caribe

Cada vez que converso con algunos historiadores o leo algunos libros de texto de historia, me llama la atención la manera en que describen la flora y la fauna de Puerto Rico. Por ejemplo, en el libro de Francisco Scarano, Puerto Rico: cinco siglos de historia (año 2008), dice lo siguiente:

Comparada con otros países, la fauna de Puerto Rico es pobre (p. 24).

Nota: No he revisado la edición más reciente del libro, así que hago esta crítica haciendo la salvedad de que es posible que el texto haya cambiado.

Esto no es solo una convicción de Scarano, sino que todavía es una generalizada en la historiografía actual.

biodiversidadPor ello, recomiendo el libro de Rafael L. Joglar, Biodiversidad de Puerto Rico: Vertebrados terrestres y ecosistemas (2005). Con este valioso texto, bellamente ilustrado a color, no solo nos familiarizamos con la fauna de Puerto Rico, sino que también discute muchos aspectos que usualmente desconocemos de esta, por ejemplo:

  • En Puerto Rico podemos encontrar cerca de 26,400 especies de plantas, hongos y animales. El grado de biodiversidad es mucho mayor en relación con países más grandes tales como Cuba, Brasil, Colombia o Ecuador.
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  • El número de anfibios por metro cuadrado del archipiélago puertorriqueño es mayor que el de cualquier isla de las Antillas Mayores.
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  • El número de especies de reptiles del Caribe insular (500) es mayor que el de Estados Unidos y Canadá juntos (340) y el de Europa (200). Solamente el número de especies de reptiles en Puerto Rico es 55. En Puerto Rico contamos con 16 especies distintas de coquíes, entre otros.

Creo que este libro es imprescindible para conocer de manera rigurosa la historia de Puerto Rico y los ecosistemas con los que los nativos arcaicos y arauacos, los habitantes europeos, criollos, africanos, asiáticos y descendientes interactuaban. También nos brinda una oportunidad de darnos cuenta de la importancia de conservar estos ecosistemas para el disfrute y bienestar de futuras generaciones.