Visita a la exhibición educativa Oceánica en el Ecoexploratorio

El sábado pasado, 4 de agosto de 2018, tuve la oportunidad de visitar el Ecoexploratorio de Plaza las Américas, donde se llavaba a cabo su exhibición educativa Oceánica. Esto me pareció apropiado tras la declaración del gobierno de Puerto Rico a agosto como el mes de las ciencias marinas.

He sido amigo del Ecoexploratorio desde marzo de este año y quería explorar el lugar al que había contribuido.

Como usualmente ocurre los fines de semana, había una serie de actividades en el lugar. En primer lugar, usted va a ser recibido por un dinosaurio, anunciándole el nombre de la actividad del día: “Planeta Agua”. Es un nombre lógico, dado que la inmensa mayoría de la superficie de nuestro planeta está dominada por el agua. Este es un comienzo que ayuda a ambientar al público al tema de los océanos.

Entrada al ecoexploratorio

Entrada al Ecoexploratorio de Plaza las Américas (c) 2018, Pedro M. Rosario Barbosa (CC-BY 4.0+)

Me encontré con un público que ya estaba disfrutando de una exposición en la Sala del Océano. Tomé ese recorrido, en el que una de las científicas marinas que trabaja en el Museo, nos habló de los océanos y los diversos animales que allí viven. Tuvimos la oportunidad de ver y (en algunos casos) tocar algunos de los restos de animales que se mostraban, entre ellos, un cráneo y una costilla de un manatí, una mandíbula de tiburón, un caparazón de un tinglar y varios restos de esponjas marinas.

 

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También tuve la fortuna de participar de otra presentación en torno a los ciclos del agua, presentado por otra de las científicas ambientales. Para que comprendieran este ciclo de evaporación, condensación y precipitación, se les repartió a los niños unas bolsas con agua, diseñadas para que las colgaran en sus casas al sol y vieran ese proceso. Además, también participaron de una actividad de simulación de precipitación (usando un vaso, agua, jabón de afeitar y un tinte, ¡muy creativo!).

Confieso que todo esto me hizo regresar a mi infancia. Aunque no participé directamente de estas actividades, sí me regocijó mucho ver cómo los niños se desenvolvían, preguntaban y aprendían en todo este proceso. Al final, hubo un rap (una canción sobre los ciclos del agua) y se le invitó a todos los presentes a bailarlo.

 

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Además de todo lo mencionado arriba, el Ecoexploratorio también está equipado con varios espacios de entretenimiento para conocer mejor nuestro planeta. Puede usted sumergirse en el agua y ver los tiburones bajo el agua, ser meteoróloga,  jugar en computadoras para ayudar a Coralina a recoger la basura para el reciclaje, entre otras sorpresas.

 

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Mientras tanto, en Mayagüez se daba también la actividad de Ruta Planeta Digital en el Mayagüez Mall, y que continuará este mes.

Ruta Planeta Digital

Ruta Planeta Digital

Esta aventura continúa los días:

  • 11 de agosto en Plaza Guayama
  • 18 de agosto en Plaza Caribe
  • 25 de agosto en Aguadilla Mall

Cada fin de semana, se aprovecha el Back to School para ayudar a preparar al público durante la temporada de huracanes.

 


El Ecoexploratorio que se encuentra en Plaza las Américas es una muestra al público de lo que será la localidad final de su edificio en el Distrito de Convenciones para convertirse en un Museo de las Ciencias en Puerto Rico. Según me informó una de las científicas, parece ser que abrirá antes de que finalice este año.

La rostro público de este importante proyecto es la meteoróloga Ada Monzón. Sin embargo, también está detrás de ello, en su Junta de Directores, José Alonso, Carlos Fernández, Alexis Molinares, Roselly Ramseyer Torres, Rachid Molinary, Ignacio Álvarez y Manuel Cidre.

En el momento, hay tres tipos de membresía:  Familiar de cinco personas ($100), de adulto ($40) y estudiante ($15). Sus beneficios incluyen una entrada gratis al museo por un año para recorridos guiados, actividades y charlas educativas. No solo eso, sino que los miembros reciben 10% de descuento en talleres educativos y 10% de descuento en actividades de cumpleaños.

Seguirá exhibiéndose Oceánica hasta el 31 de diciembre de 2018. Visítenla y también exploren su portal cibernético.

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El glifosato, Monsanto y el más reciente escándalo de la IARC – 1

OMS y Roundup

Logotipo de la Organización Mundial de la Salud. A la derecha, galones de Roundup (Cortesía de Mike Mozart en Flickr, CC-BY 2.0)

Declaración de conflictos de intereses: Este artículo no fue financiado por empresa alguna. A tono con lo que decimos en la sección del “Propósito del portal“, no hay conflictos de intereses asociados a este escrito.

mamyths

Campaña Marcha Contra Mitos. http://www.mamyths.org/

El uso del glifosato como yerbicida ha penetrado en todas las esferas de nuestra vida. Esto no se debe al amplio uso en la agricultura debido a la siembra de productos resistentes a glifosato (entre ellos, los cultivos Roundup Ready® de Monsanto), sino también en cuanto a su uso por parte de los gobiernos y personas privadas con el propósito de mantener espacios libres de malezas.

Sin embargo, para el año 2015, una rama de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC por sus siglas en inglés) dio a conocer al público que clasificaba al glifosato como 2A, es decir, como probable carcinógeno para los seres humanos.

La reacción de muchos sectores del público se dejó sentir, especialmente los ambientalistas, partidos verdes, “alternativos” y de izquierda en general. En Puerto Rico, nutricionistas como Vilma Calderón, candidatos a la gobernación como María de Lourdes Santiago, partidarios del Partido del Pueblo Trabajador, sectores del Partido Popular Democrático y algunos del Partido Nuevo Progresista se han expresado por esta y otras razones en contra del uso del glifosato por parte de los municipios y del gobierno para lidiar con las malas hierbas. Los argumentos en contra de esta prácitca van desde pésimos, ignorantes y torpes criterios toxicológicos (e.g. que el glifosato es altamente tóxico porque originalmente se utilizó para limpiar tuberías), hasta alegatos de que causa autismo, depresión, obesidad, diabetes, celiaquía… y todos los males del universo (algo que hemos refutado) y, ahora, “probable cancerígeno”.

Por otro lado, algunos de ellos y otros afines ideológicamente han lanzado ataques ad hominem a cualquier persona que apoye el uso del glifosato, como un “pagado por Monsanto”. En muchos casos, se le imputa inmerecidamente sin que brote de la frente de la persona ni una sola gota de sudor en investigar si realmente la persona vende sus servicios a la compañía.

Más recientemente, en el año pasado (2017), una organización antiOGM y que milita por etiquetar productos transgénicos llamada U.S. Right to Know (USRTK) publicó en su portal cientos de páginas de correspondencia electrónica y otra documentación conocida como los “Papeles de Monsanto” (Monsanto Papers) donde pretende demostrar que efectivamente Monsanto “sabía” que el glifosato podía ser genotóxico y que no había seguridad plena de que no lo fuera. Estos Papeles son producto de un caso que se ha llevado a un tribunal de California acusando a Monsanto de que su producto Roundup® produjo limfoma no-Hodgkin a cerca de 2,000 personas (cerca de 300 demandas consolidadas en una). Este juicio está ante el juez de distrito Vince Chhabria para determinar si realmente las autoridades reguladoras y la misma compañía han investigado, analizado y publicado la evidencia concerniente al glifosato y su presunta asociación con este tipo de cáncer.

En estos Papeles publicados, se puede ver que ejecutivos de Monsanto hablaban de pagarle a científicos independientes o escribirles artículos para que ellos pusieran su nombre en él, lo que se conoce en la jerga en inglés como “ghostwriting“.

Irónicamente, esa misma evidencia entre otros factores han hecho que se descubriera que los científicos de la IARC tenían intereses financieros (e ideológicos) que también pudieron haber influenciado su opinión, como veremos en el último artículo de esta serie.

Científicos de ambos lados se han embarrado en todo este proceso. El propósito de esta serie es descubrir (hasta donde nos es posible) lo que ha ocurrido en estos dos últimos años al respecto. En esta primera parte, vamos a hacer un recuento histórico de lo ocurrido. En la segunda parte, le echaremos un vistazo crítico a la monografía publicada por la IARC. La tercera parte consistirá en ver las posibles razones externas al escrito en torno a las conclusiones de la IARC y las consecuencias del escrito a nivel mundial. Toda esta crónica revela una batalla corporativa de ambos lados, que desean influenciar o distorsionar la evidencia científica a su favor.
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El consenso actual de la comunidad científica en cuanto al glifosato

Hay más de 2,700 estudios en torno al glifosato. Aquellos de cohorte debidamente controlados, las revisiones científicas y los metaanálisis de esta literatura coinciden en que no hay evidencia alguna de que el glifosato sea genotóxico, (vean también este artículo de 1999, este del 2008este del 2012, este de 2015, este de 2016,  este del 2017 y el más reciente estudio de cohorte independiente publicado el año pasado), convicción que comparten prácticamente todas las agencias de seguridad alimentaria del mundo (no solo la Agencia de Protección Ambiental federal) que han llevado a cabo muchas de estas revisiones (e.g. la EFSA con su estudio, la Agencia de Químicos Europea,  el Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania y Health Canada).

Para colmo del asunto, la OMS no está de acuerdo con su rama, la IARC. Según el informe conjunto del 2016 de la OMS y de la Organización de Alimentos y Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), no hay evidencia alguna de que el glifosato sea genotóxico.

Los activistas antitransgénicos apelan constantemente (como un mantra) al famoso experimento de G.-E. Séralini en que “demuestra” que la ingestión de glifosato y OGMs le produjo tumores a ratas Sprague-Dawley®. Los científicos en general no estuvieron impresionados. ¿Por qué? Aquí lo explico con más detalles.

La ciencia en este caso, es sólida, pero esto no significa que no hayan habido malas mañas de ambos lados en este combate.
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Trasfondo de la controversia

Logo Roundup Ready Corn

Logotipo del maíz Roundup Ready, distribuido por la compañía Monsanto.

El glifosato ha sido objeto de disputas por mucho tiempo. Varias razones se han esgrimido, pero podemos simplificarlas a dos:

  • Su asociación con la empresa Monsanto, tanto la antigua como la nueva. Aunque no fue la compañía la que descubrió el glifosato, sí fue la dueña de su patente por muchos años, beneficiándose de su venta. No solo eso, cuando se fue convirtiendo en una agroindustria y descubrió las bacterias que descomponían el glifosato en el suelo, logró descubrir el material genético que hacía propicia esa característica y, vía transgénesis, pudo generar cultivos resistentes a glifosato; de ahí las semillas Roundup Ready®.
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  • Ciertos estudios preliminares con animales, incluyendo algunos hechos por Monsanto, parecían indicar que el glifosato era cancerígeno (1985). Cuando la Agencia de Protección Ambiental (EPA) federal se retractó de ello, muchos comenzaron a sospechar de la influencia de Monsanto en cuanto a esta decisión. Cuando la IARC publicó su monografía, proliferaron relatos de cómo Monsanto persuadió a dicha agencia a “suprimir” esta información importante. Esta narrativa fue impulsada por el grupo Food Democracy Now. Varias otras organizaciones antitransgénicas se basaron en ella (aquí está su informe).

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La revisión de la EPA de 1985

Nuestra saga no comienza en el año 2015, sino en 1985, cuando la EPA evaluó dos experimentos hechos con ratas Sprague Dawley® y ratones CD-1® y concluyó que había evidencia muy limitada de que el glifosato causaba cáncer. No podemos exponer aquí todos los detalles de los experimentos en cuestión, pero resumiremos los resultados y la interpretación de los científicos de la EPA  en cuanto al experimento que nos concierne. El estudio, que involucraba una muestra 198 ratones CD-1®, detectó un aumento significativo de cáncer especialmente intestinal y en otros órganos.

Sin embargo, contrario a lo que han hecho recientemente otros científicos, la EPA tuvo en cuenta que la dosis de glifosato dada a ellos era inadecuada para el estudio (4,500 mg/kg/día). Los tumores renales que se veían en las ratas podían provenir de otras toxinas no carcinógenas presentes en sus órganos y concluyó (contra la interpretación de Monsanto) que había evidencia muy limitada de que el glifosato aumentara ligeramente las incidencias de cáncer en ratas machos. Por ello, la EPA había clasificado al glifosato como Grupo C (es decir, posible cancerígeno).

Sin embargo, al año siguiente, tras consultar con varios expertos, la EPA determinó que no había asociación alguna entre el glifosato y las incidencias de cáncer en las ratas.  Tras experimentos adicionales (por ejemplo, véase el informe de 1990) y varias algunas revisiones (véase esta de 1991), la EPA concluyó que al glifosato había que clasificarlo en el Grupo E (es decir, no había evidencia clara de que fuera carcinógeno). Experimentos y revisiones subsiguientes han apoyado estas conclusiones (Williams et al. 2016, pp. 3-4). Esto incluyó tanto a la Comisión Europea como a agencias de salud canadienses y la OMS (EPA, 1993, 2013; European Commission, 2002; Health and Welfare Canada, 1991; Health Canada, 2015; WHO, 1994).

Ahora bien, se podría argumentar que la interacción de Monsanto con la EPA influyó en el proceso decisional de dicha agencia. El problema con este argumento es que ya para entonces, el hecho de que hubiera agencias internacionales de reputación que apuntaban en la misma dirección demostraba la mayor probabilidad de que la EPA había llegado a la conclusión correcta.

A pesar de ello, esto se ha interpretado por los activistas y grupos antiOGM como “evidencia” de cuan lejos pueden llegar los tentáculos de la empresa Monsanto.
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Informes y metaanálisis desde el 2000 y el 2016

En el año 2000, se publicó un informe (Williams et al., 2000) en torno a los efectos del glifosato sobre los seres humanos. Entre otras cosas, el estudio hace toda una revisión científica de la literatura y encuentró lo siguiente:

  • No hay preocupación alguna en cuanto a la toxicidad del glifosato para los seres humanos.
  • La absorción del glifosato por parte del sistema digestivo humano es ninguno y su totalidad es expulsada por el cuerpo humano.
  • Los mejores experimentos con animales han demostrado repetidas veces que el glifosato no se bioacumula.
  • El glifosato por sí solo o en combinación con los demás químicos del Roundup® no daban señal alguna de ser genotóxicos.
  • No hay evidencia alguna de su impacto en la reproducción y desarrollo de los seres humanos y animales cuando se consideran las dosis presentes en los alimentos.
  • Varios experimentos han mostrado que no es disruptor endocrino.
  • Roundup® no constituye amenaza alguna al ser humano.

Sin embargo, los grupos antiOGM cuestionaron este informe. Su objeción principal era la presencia y las actividades de uno de los autores, Gary M. Williams, del Departamento de Patología del  New York Medical College, Valhalla. Su nombre aparece en los Papeles de Monsanto, que son particularmente valiosos para ambos grupos (a favor y en contra de los OGMs) como veremos en otro artículo. Sin embargo, sí revela algo que es muy importante para los consumidores y es la intención de Monsanto en el 2015 de “escribir informes” para que científicos llamados “independientes” los publicaran a favor del glifosato.

De esta discusión, no hay lugar a dudas. Véase el intercambio de mensajes electrónicos en este documento, página 203, donde un ejecutivo de Monsanto decía lo siguiente:

An option would be to add Greim and Kier or Kirkland to have their names on the publication, but we would be keeping the cost down by us doing the writing and they would just sign their names so to speak. Recall this is how we handled Williams Kroes & Munro 2000. (Mi énfasis)

Esto también parece lanzar sombra en torno a la revisión científica del 2016 en la que él participó (Williams et al., 2016).

Aunque esto puede ser considerado por algunos “a smoking gun” de que Monsanto escribió un informe en el que Williams (y compañía) le pusieron la firma, se puede dudar este alegato. El colegio de medicina donde Williams labora afirma que llevó a cabo una indagación al respecto y no encontró evidencia de que Monsanto escribiera el informe del 2000. Por razones de privacidad, el colegio ha decidido no divulgar los detalles de la investigación.

Aunque tal medida es comprensible, esta falta de divulgación y el que Williams rehúse hablarle a la prensa, crea duda en la opinión pública sobre la integridad de dicha investigación. Esta preocupación del público no es irrazonable. Por otro lado, en lo que concierne a la revisión científica del 2016, Williams no fue el único que participó, también estuvo acompañado de otros científicos independientes y formó parte de uno de cuatro paneles de expertos que ponderaron en torno a los resultados de la IARC en relación con el glifosato, y muchos de ellos no están ligados a Monsanto financieramente. Es extremadamente dudoso que el artículo en cuestión sea casi una copia al carbón de algo escrito por la corporación.

Otro científico que fue mencionado en los Papeles (y que citamos) es David J. Kirkland, toxicólogo que participó en William et al., 2016 y quien niega rotundamente haber sido pagado o sometido algún estudio escrito por la compañía. Según él, no pondría en juego su prestigio llevando a cabo tal movida a favor de una corporación. No obstante sus negaciones, también quedó manchado ante la opinión pública.

Finalmente, está Dr. William Heydens y otros expertos de Monsanto, que dijeron haber participado en la redacción de Williams et al., 2000. Sin embargo, Heydens describió el proceso de la siguiente manera:

I made some minor editorial contributions to that 2000 paper that do not mount to the level of a substantial contribution or an intellectual contribution and, thus, I was only recognized in the acknowledgements and not as an author, and that was appropriate for the situation. …It was things like editing relatively minor things, editing for formatting, just for clarity, really just for overall readability to make it easier for people to read in a more organized fashion.

Esta caracterización es algo muy lejos de “ghostwriting“, pero con testimonios como ese, persisten las dudas. La compañía publicó un comunicado negando que sus empleados hayan escrito sustancialmente el documento.

Otro nombre que apareció, pero en relación con otro trabajo escrito, fue el de Ellen Chang:

Per our phone call with John the other day, the next two most important things that we need to do are the Meta-analysis publication and the Ag Health Study Follow-up publication, assuming we can get our hands on the data in a reasonable timeframe. I feel confident that we will have organizational support for doing these projects, so I think we need to start setting them up now.

For the meta-analysis, please contact Elizabeth, let her know we would like her/Ellen to do this, and get a cost estimate from her.

Efectivamente, Chang publicó el metaanálisis en el 2016. El problema con este señalamiento es que tanto Chang como su colega Elizabeth Detzell fueron honestas en la declaración de conflictos de intereses: el metaanálisis fue financiado por Monsanto, las dos han laborado contratadas como un servicio de consulta, y que la inclusión de las sugerencias de la corporación quedaba a discreción de ellas. En ningún momento alegaban que el estudio era independiente. Su reputación, pues, queda incólume y la aceptación del metaanálisis por parte de la comunidad científica puede ser testimonio de su imparcialidad. De hecho, el metaanálisis no se mantuvo oculto y se publicó en una revista académica arbitrada, libremente disponible y a la vista del público. Allí incluye la metodología utilizada, los criterios para filtrar los artículos bajo escrutinio, su discusión, etc. Su conclusión es plenamente consistente con revisiones científicas hechas por gobiernos y por científicos independientes de todo el mundo.

Es interesante que los objetores del glifosato no hayan combatido el contenido mismo de este escrito, sino más bien su financiación. Contrario a la malicia de cierta gente, no deberíamos empezar preguntándonos quién financió un estudio, sino buscando las fallas en un artículo. Por ejemplo, algunos científicos han publicado estudios en contra de una antropogénesis del cambio climático, se han mostrado las fallas notables de sus análisis y entonces se interrogó sobre quiénes los financiaron (la industria petrolera). La financiación no determina que un estudio “en principio” está mal, sino solo indica la posible motivación de la aparición de ciertas fallas claves para llegar a una conclusión equivocada.

Finalmente, tenemos que incluir otras aserciones de miembros dentro de la misma empresa. Este es el caso de la toxicóloga de Monsanto, Donna Farmer. Ella es la persona de la empresa que se encarga de estudios de seguridad y toxicidad de sus productos. En los Papeles aparece ella diciendo las siguientes palabras:

… you cannot say that Roundup does not cause cancer-we have not done carcinogenicity studies with “Roundup”.

Logo de Monsanto

Logotipo actual de Monsanto

Parecería que no hay nada más qué decir en torno al tema y que Monsanto nunca hizo los estudios de genotoxicidad del glifosato. Esta aseveración se convirtió en el “Field Day” en la prensa estadounidense y de otros países. Sin embargo, los Papeles también incluyen una entrevista que se le hizo en torno a esta aserción. Ella señala allí que no estaba hablando del glifosato, este solo es un ingrediente del producto Roundup®, sino de una serie de sulfactantes que acompañan el controversial químico. Monsanto no había hecho los estudios pertinentes en torno a los sulfactantes, por lo que no podía decir a ciencia cierta que Roundup® no fuera de alguna manera carcinógeno. Sin embargo, nos dice que ella no creía que los sulfactantes lo fueran.

Por otro lado, en los mensajes electrónicos, ella reconoció que los sulfactantes no eran biodegradables (aunque el glifosato sí lo fuera) y que la recomendación de la Comisión Europea para su probición no se debía a problemas de seguridad, sino a asuntos políticos en Europa (véase páginas 85-94 de este documento). En este último caso, el alegato es plenamente plausible, ya que la Comisión Europea se ha visto varias veces confirmando la seguridad de los alimentos transgénicos, convicción que ha sido ignorada por el Parlamento Europeo y varios de los países miembros por razones puramente políticas (véase nuestra discusión al respecto aquí). La posibilidad es bien fuerte de que la Comisión haya recomendando su prohibición por razón de presiones políticas, no de evidencia científica.

Esta controversia con Monsanto tampoco no es el único. Tras la publicación de los Papeles y la posible intervención indebida de la compañía en el quehacer científico, esta acusación de “ghostwriting” tuvo peso a la hora de la decisión de un juez de Fresno de autorizarle al estado de etiquetar productos transgénicos tratados con glifosato. Eso se debe a que aparentemente vio que un regulador de la EPA fue convencido de la falta de toxicidad del químico debido al documento de Williams et al., 2000.

Toda esta saga todavía no ha terminado en California.
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La controversia continúa con acusaciones de plagio

El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania

Logotipo de El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania

El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania (BfR) se vio “embarrado” también con el tema, especialmente gracias al artículo de Williams et al., 2000. Esto se debe a que es hoy día, la institución es sospechosa de haber plagiado de la solicitud a la EFSA por parte de Monsanto para el relicenciamiento de su producto RoundUp®, específicamente las secciones del informe del BfR:

  • B.6.4.8
  • B.6.5.3
  • B.6.6.12

Según un analista experto en plagio, Stefan Weber, parece que su informe rendido a la EFSA, para relicenciar el glifosato para su uso de Europa, plagió datos en cada una de estas secciones, ya que citó directamente del texto de Monsanto y el artículo en discusión sin hacer la debida atribución. Esto violenta la normativa misma de la agencia europea de regulación de alimentos. Según Weber, esto puede indicar que BfR podría estar ocultando el verdadero origen de los datos. He aquí su análisis.

Esto ha causado el revuelo esperado en un caso tan contencioso como este. El 22 de septiembre del año pasado (2017), la EFSA lanzó un comunicado reafirmando la calidad del informe rendido. Afirma que estos pasajes alegadamente plagiados son parte de un dossier que contiene una revisión y evaluación del producto hechos por la compañía, combinados con los artículos arbitrados pertinentes (entre ellos Williams et al., 2000). Según es uso y costumbre, el texto del dossier es el punto de partida de la revisión y evaluación hecha por los organismos reguladores tales como la EFSA y deben aparecer en el informe. De hecho, la EFSA señala que es en la revisión del organismo público evaluador incluye tachaduras, modificaciones y comentarios, evaluación que se lleva a cabo de manera independiente de la compañía solicitante.

Por otro lado, el BfR también negó la acusación de plagio, diciendo lo siguiente:

Both in Europe and worldwide, it is a standard and recognised practice in assessment procedures not only in the area of plant protection products for assessment authorities to also integrate relevant passages from submitted documents in their assessment reports following critical review. The subdocuments of the assessment report therefore also contain text passages of this kind from publicly available literature sources that were submitted by the applicants as part of the legally required literature research. This is also evident from the headings of the various chapters and sections.

En otras palabras, el BfR hizo lo que siempre se ha hecho en estos casos y es partir del dossier de la compañía y evaluarlo críticamente. Esto implica el rechazo de ciertas partes del dossier (cuando aparece con tachaduras) y la introducción de artículos adicionales en torno al tema en cuestión (tal como indica Weber). Este procedimiento que es entendido como estándar en la comunidad científica, no constituye plagio porque es un entendido en la comunidad científica en torno a la práctica.
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Reflexión

Todo este relato conlleva la discusión de un tema serio y es la interacción entre la industria con la academia y las ciencias. Bajo cualquier estándar, en muchos sentidos, hoy el proceso de discusión científica en todos los campos es más transparente que en cualquier momento en el pasado. Sin embargo, eso no implica que se hayan desterrado completamente las oscuridades de antaño.

Lo que esta experiencia nos demuestra es que, ante la opinión pública, parece que ocurrió una intervención indebida y antiética de parte de Monsanto en la discusión y debates científicos en torno al glifosato. La evidencia disponible lo sugiere muy fuertemente y dada la negativa de algunas de las personas implicadas a aclarar los asuntos, el público queda en la oscuridad de información en torno a lo acontecido. Una corporación no debe preparar documentos que se presenten como independientes, y aquel científico que diga que dicho documento es suyo, compromete muy seriamente su credibilidad. Eso no significa que no se consulte debidamente en ocasión de aclarar algunos puntos importantes, que es lo que alegan Monsanto y Kirkland.

Ahora bien, aun asumiendo lo peor, que hubo una intervención indebida hasta el punto de un “ghostwriting“, ¿quiere decir esto que los datos ofrecidos en estos estudios son malos? Nadie se ha detenido a pensar esta pregunta. ¿Es que Monsanto intentó “ocultar” la verdadera información en torno al glifosato como carcinógeno? La evidencia que muestra USRTK con sus Papeles es rotundamente negativa. La intervención indebida de la compañía, si ocurrió como alega USRTK, se debió a una preocupación por su marca comercial RoundUp® y sus productos transgénicos resistentes a glifosato. Sin embargo, en vez de “ocultar” información, lo que demuestran los Papeles es un esfuerzo de mayor exposición de los datos genuinos en torno al producto y que fueran aceptados por la comunidad científica. Véase las páginas 88-90 del PDF que hemos discutido y en el que USRTK no ha hecho el debido énfasis (mis comentarios entre corchetes[]):

I didn’t find anything on the Australian site either …however take this question S. It is not Roundup that is taken up it is glyphosate. It stops the synthesis of 3 amino acids (they are used to make proteins) and this “process” is also found in microbes and fungi. (p. 88)

[Esto es 100 % correcto, lo que hace el glifosato es detener la síntesis de tres aminoácidos en ciertas plantas: la fenilalanina, la tirosina y el triptófano.]

Thanks Neil. Honi has already have pointed out the flaws in the studies, but there can’t be any harm in doing so again. Studies on the safety of Roundup is a good approach, but I believe there are also some on glyphosate’s benefits for the environment (even if the surfactant is not biodegradable). It’s a shame the Scott’s guy is blaming us too!! (p. 89)

[Como ya indicamos, ellos indican que no hay estudios sobre los sulfactantes como posibles cancerígenos y resaltan que el glifosato es biodegradable y beneficioso al ambiente, aunque los sulfactantes no lo sean.]

The reporter has printed the correct information that “Glyphosate is biodegradable but the surfactant is not”. However, then she goes into a sensationalism mode quoting “studies” that suggest Roundup is not safe, which is probably derived from her interview of the Fremantle activist. I feel the response to FH needs to reiterate that her statement on biodegradability is correct, reiterate that Roundup is safe (and
provide references), and if there are flaws in any of the studies quoted, point out these flaws. (p. 89)

[En otras palabras, estos empleados de Monsanto no están diciendo que es cierto que el glifosato no es biodegradable y que RoundUp es carcinógeno. Lo que están diciendo es que el reportaje al que se refieren tenía información correcta, pero tenía mala información en cuanto unos estudios que cita dicho artículo. Una vez más, en ningún momento vemos que el personal de Monsanto está “ocultando” información.]

En otras palabras, los empleados de Monsanto creen en su producto. No quieren diseminar información incorrecta al público.

Entonces, ¿por qué tanta planificación de respuesta a un artículo de periódico? La respuesta es sencilla. Es una mezcla entre paranoia y relaciones públicas. No sería una exageración decir que Monsanto es la compañía más demonizada del mundo. No perdamos de perspectiva que, como toda corporación, su fin es maximizar sus ganancias al menor costo posible. Desde esta perspectiva, la compañía deseaba salvar su marcas comerciales RoundUp® y RoundUp Ready®, especialmente cuando este último es su mayor fuente de ingresos debido a la venta de transgénicos. Por ende, quiere atajar la publicación de los resultados científicos en torno a su producto RoundUp®, especialmente en relación con el glifosato, que es el ingrediente activo del yerbicida. Insistimos, los datos son genuinamente científicos y veraces, el medio para hacerlos públicos es la fuente de nuestras dudas.

Estrategias como esta y otros tipos de interacción entre el mundo comercial y el científico deben ser temas discutidos constantemente en el ámbito de la bioética y la ética empresarial. Aunque en este caso particular, el propósito de Monsanto de diseminar información correcta en torno al glifosato era buena, el medio escogido para ello no lo fue. Además, en el futuro, esta y otras corporaciones podrían decidir diseminar información incorrecta e inconveniente para sí.

Hay un aspecto que debe tenerse en cuenta también en cuanto a lo que concierne a Monsanto y al BfR. El mundo ha cambiado debido al desarrollo del ciberespacio, eso significa varias cosas:

  1. Ya no se puede continuar asumiendo que los textos científicos van a permanecer detrás de una muralla solo para la torre de marfil de los expertos. Hoy día, hay que suponer que el público va a leer los informes en cuestión. Eso significa que tanto los propulsores como detractores de la tecnología, sean conocedores de las ciencias o no —estos últimos grandes manipuladores de la opinión pública, como veremos más adelante—, van a acceder de una forma u otra a estos tipos de informes.
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  2. La comunidad científica, especialmente las editoriales de revistas académicas, deben discutir muy seriamente cómo publicar estudios haciendo las debidas advertencias al público y a la prensa.  Por ejemplo, si sale un comunicado de prensa sobre un estudio preliminar, resaltar el carácter preliminar de dichos estudios y no tomarlos como evidencia firme. En casos como las publicaciones del BfR, se debe orientar a los lectores en torno al proceso de evaluación de los dossier corporativos para que no ocurran malentendidos.
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  3. Aun con todo lo mencionado, siempre va a haber gente que por razones financieras o ideológicas falsee la opinión científica. En tales casos, es menester que hayan científicos disponibles para la prensa, que se dediquen una parte sustancial de su tiempo exclusivamente para mantenerse al día en torno a temas controversiales y hacerse disponibles para el público: prensa, conferencias, entre otros. También tienen que ir acompañados de un fondo que les provea defensa legal de algunos intereses, especialmente de los asociados a defender a los divulgadores científicos de ataques de organizaciones anticientíficas. Gente como Jeffrey Beall o David Gorski, o blogs como Science-Based Medicine y otros han tenido que enfrentarse a todo tipo de demandas debido a ello.

Sobre este último punto, no puedo hacer mayor énfasis. Necesitamos que los científicos salgan de sus laboratorios y que interactúen con el público y la prensa. La labor informativa de las mejores voces que la ciencia debe ofrecer tiene que estar lo más accesible posible al público y este lo va a agradecer. Tres grandes ejemplos de ello han sido Kevin Folta (blog y podcast) y Kenneth R. Miller en los Estados Unidos y José Miguel Mulet en España e Hispanoamérica.

Ya se han ido para siempre los días en que los académicos podíamos encerrarnos en nuestra torre de marfil (o peor, nuestro archipiélago de marfil). No es suficiente publicar en revistas académicas, sino también en blogs, vlogs, vídeos, charlas, libros, publicidad, etc. y de una manera que el público pueda entender.

Si no se tienen cuenta estos puntos bien importantes, sucede como ocurrió con la monografía del IARC del 2015 y su abuso por parte de grupos antitransgénicos. En nuestro próximo artículo, evaluaremos críticamente una sección de ese escrito y por qué la comunidad científica se indignó ante su evaluación del glifosato hasta el punto en que el organismo madre, la OMS, rehusó hacerle caso.

Esa sección  involucra, no solamente una intervención indebida de una industria en el quehacer científico, sino también conflictos de intereses y, muy especialmente,  falseamiento del panorama del cúmulo de la evidencia científica. La falta del sector antiOGM es mucho mayor que la de Monsanto en relación con el tema del glifosato.
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Referencias

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La consecuencia nefasta del accidente de Fukushima (no es lo que la gente piensa)

Planta nuclear de Fukushima Daichi, Japón.

Planta nuclear de Fukushima Daichi, Japón.

Lo acontecido

El día 11 de marzo de 2011 ocurrió un maremoto en Japón como resultado del terremoto Tohoku a las 14:46 JST o 05:46 UTC. Este acontecimiento interrumpió el proceso de fisión nuclear de la planta de energía de Fukushima Daichi, lo que hizo que se activaran medidas de seguridad, específicamente los generadores eléctricos de resguardo.  Sin embargo, el maremoto inundó algunos de ellos mal colocados en el edificio. Como resultado, hubo tres derretimientos de combustible nuclear y la liberación de material radiactivo proveniente de las unidades 1, 2 y 3 de la planta. Las autoridades intentaron apagar el fuego de la planta, por lo que bastante de estos isótopos cayeron al mar. Para todos los efectos, después del incidente de Chernobyl en 1986, este derretimiento se encuentra entre los peores desastres nucleares de la historia.

Esto tuvo consecuencias a nivel ecológico, ya que los ecosistemas marinos fueron afectados con la radiación, lo que perjudicó la industria de la pesca japonesa. En tierra, hubo una reducción considerable de la fauna del lugar. Lidiar con toda la situación le ha costado a los japoneses cerca de US$100 mil millones. Todo el proceso de limpieza, decomisión, etc., asciende a la cifra de US$187 mil millones. Aunque el asunto se ha controlado bastante bien y con medidas bastante costosas, a estas alturas Japón todavía no ha salido de la situación debido a que pueden haber potenciales fallas estructurales que podrían agravar la situación.

En este blog abogamos por ecomodernismo y, como tal, adoptamos la posición a favor de la energía nuclear como fuente de energía. Sin embargo, esto no impide reconocer los enormes problemas que representa el accidente de Chernobyl y los problemas que emergieron debido a la explosión de Fukushima. Estas situaciones se tienen que tomar en consideración a la hora de deliberar sobre la adopción de la energía nuclear como fuente de electricidad para toda una población. Después de todo, a pesar de que nadie murió de envenenamiento por radiación en Fukushima, sí muchos perdieron sus hogares, empleos, sus logros y en ocasiones toda una vida.

Desde esta perspectiva, se entiende perfectamente bien por qué la población japonesa es extremadamente reacia a mantener y crear plantas nucleares en su territorio.

… y empiezan las leyendas urbanas

Una cosa es esto y la otra es toda la sarta de leyendas urbanas que se han forjado desde entonces hasta el día de hoy en torno a dicho desastre.

Una de ellas tiene que ver con la siguiente imagen:

Traducción del twit:

La [flor] de la derecha creció y se dividió en 2 tallos y cada uno con 2 flores conectadas entre sí, teniendo una serie de 4 flores conectadas. A la izquierda, una tiene 4 tallos que crecieron vinculados entre sí y tiene una flor z en forma de anillo. La dosis atmosférica es de 0.5 μSv/h a 1m sobre tierra.”

Inmediatamente, el público le atribuyó este fenómeno a Fukushima. En el portal desmitificador, Snopes.com, se escribió un artículo señalando que, aunque no se puede descartar que haya sido efecto de la radiación, este tipo de fenómenos es bien común en las margaritas.

En otros casos, la gente sigue utilizando esta imagen de la National Oceanic Atmospheric Administration (NOAA) como evidencia de lo mucho que se ha expandido la radiación de Fukushima en el Océano Pacífico.

Mapa del maremoto del 11 de marzo de 2011.

No obstante ello, esta imagen lo que muestra es las corrientes provocadas por el maremoto que afectó al Japón, no la diseminación de material radiactivo en el Océano Pacífico.

También se ha usado la siguiente imagen para sembrarle miedo al público, a pesar de que desconocemos de dónde procede:

fukushima_radiation_nuclear_fallout_map

La famosa activista, Helen Caldicott, le encanta usar esta imagen, no importa cuántas veces se ha intentado corregirle al respecto. Este mapa también falsea información, debido a no tiene en cuenta en lo absoluto el patrón de los vientos ni de circulación de las aguas del Pacífico. Además, las cifras mencionadas de días y concentración de la radiación son sacadas de la manga y nunca ocurrió. Esta ilustración está hábilmente diseñada para atemorizar al público. Para más detalles, vean la opinión de un científico experto en este tema:

Nota personal: Si quieren más vídeos como este, pueden ir al portal de Thunderf00t en Patreon.com y contribuir a su causa.

Otros de los miedos que intentan infundir al público es a partir de casos reales. Por ejemplo, el caso de peces que aparecieron muertos en Alaska, que se ha intentado vincular al desastre de Fukushima para alarmar el público.

Alex Jones, de Info Wars

Alex Jones, de Info Wars. Evidentemente, una de las voces más racionales de la radio… o al menos eso dicen sus seguidores.

No podía faltar el gran talento de NaturalNews para fomentar la histeria en cuanto al tema. Info Wars de Alex Jones no se quedó atrás. El gran David “Aguacate” Wolfe (¿lo conocen? … ¿el que dice que la fuerza gravitacional es una toxina y que la Tierra es plana? ¡Ese mismo!) resaltaba el hecho de que se encontraron salmones con tumores, ignorando el hecho de que los salmones, como los humanos, pueden padecer también del mal del cáncer por razones fortuitas.

Sin embargo, los científicos saben mejor que esto. La razón por la que no ligan inmediatamente este fenómeno a Fukushima es evidente, aunque no para el público promedio. Por razones que explicaremos en la próxima sección, el nivel de radiación de Fukushima en las aguas del Pacífico son tan insignificantes que no explican dichas muertes. De hecho, las agencias concernientes, entre ellas la Food & Drug Administration (FDA), no han encontrado rastro alguno de contaminación de radiación en los peces en Alaska (véase el informe completo de la FDA al respecto). El mismo fenómeno se ha dado en el caso de los leones marinos y las aves marinas.

Lo que sí parece explicarla es que la temperatura del océano ha aumentado considerablemente debido a la absorción del calor producido por el calentamiento global. Esto se ha reportado una, otraotra, otraotra vez por la prensa y confirmado oficialmente este año (2017) por la Watershed Watch Salmon Society. Además, a veces ni se tiene en cuenta de que en años recientes, el salmón ha sido víctima de infecciones y parásitos.

El asunto es uno más complicado todavía para los que piensan que las muertes masivas de salmón se deben a Fukushima. Este fenómeno se ha estado reportando desde mucho antes del incidente nuclear, desde 1970 y, a nivel mundial, no solo en el Pacífico. También se ha reportado en el Mar del Norte, en el Báltico y en otros lugares.

¿Por qué no debemos preocuparnos tanto por Fukushima?

Ahora bien, hay sitios en Internet que le mantienen consciente de que el material radiactivo ya ha contaminado una tercera parte de las aguas de los océanos a nivel mundial. Esta noticia se da a la luz de la realidad de que dichas sustancias siguen saliendo de la planta y llegando hasta el Pacífico hoy día.

Fuera de los factores reales de potenciales nuevos incidentes en Fukushima si el asunto no se trata adecuadamente, no deberíamos preocuparnos tanto al respecto.  Sí, Fukushima ha contaminado el aire y las aguas con su material radiactivo y ha sido un desastre ecológico, pero no uno que no sea subsanable. Sí, el material liberado es altamente radiactivo, sin lugar a dudas. Eso es mala noticia, pero a su vez buena noticia. Mientras más radiactivo sea un isótopo, menor es su vida media.

Decaimiento alfa

Decaimiento alfa, un isótopo inestable emite una partícula alfa (el núcleo atómico de helio).

¿Qué es la vida media? Eso lo explicamos en un artículo hace algún tiempo. A manera de repaso, la vida media de un material radiactivo es el tiempo que este toma en que decaiga la mitad de los isótopos de ese elemento en una sustancia no radiactiva. Es decir, si tengo 1 gramo de un isótopo X y su vida media es de 1,000 años, eso significa que dentro de mil años, la mitad de se gramo habrá decaído y la otra se mantendría radiactiva. Dentro de 2,000 años, solo un cuarto del gramo original continuará radiactivo, dentro de 3,000 años, un octavo continuará radiactivo y así sucesivamente hasta que toda la sustancia haya decaído por completo. Esto se debe a que el núcleo de los átomos, compuestos por protones y neutrones, se mantiene sujeto por la fuerza nuclear fuerte. Sin embargo, debido a otro factor, la fuerza nuclear débil, el núcleo atómico decae si es inestable.

¿Cuáles fueron los isótopos liberados por la planta de Fukushima, cuál es su correspondiente vida media, y la cantidad liberada? Cifras del 2012:

  • Cesio-134: 2.0652 años (vida media) / 1×1016 Bq (al aire) / 3.5×1015 Bq (al agua)
  • Cesio-137: 30.05 años / 1×1016 Bq / 3.6×1015 Bq
  • Yodo-131: 8.0197 días / 5×1017 Bq / 1.1×1016 Bq

Fuente: Tokyo Electric Power Company (TEPCO)

La inmensa mayoría del material liberado en Fukushima fue yodo-131 y cesio-134 cuyas vidas medias muy cortas y a estas alturas (seis años después) sus cantidades de radiación son insignificantes. Los isótopos más persistentes son los de cesio-134, cuyas cantidades se deben haber diluido significativamente en el agua.

Debido a ello, todas las autoridades científicas de prestigio han señalado que nadie en Estados Unidos debe preocuparse en absoluto al respecto, ya que el daño ecológico que representó el incidente de Fukushima es muy limitado hasta el punto de que su efecto sobre la mayoría de la vida marina en el Pacífico, los demás océanos, sus ecosistemas y el ser humano es insignificante.

Si esto es así, ¿entonces por qué tanto alarmismo por los llamados “medios alternativos”? Esa es una muy buena pregunta. Tal vez porque en el caso de algunos de ellos, el temor les sirve para vender cosas de sus tienditas. Por ejemplo, Natural News vende pastillas de yodo contra la radiación, e Info Wars vende lo suyo también. No olvidemos que, contrario a lo que estos individuos insinúan, ellos se han hecho millonarios a expensas de la salud mental y de ánimo de sus lectores y oyentes.

Entonces, ¿cuál es la consecuencia más seria del incidente de Fukushima?

El peor efecto de Fukushima no es físico, sino más bien social. Hemos visto miles de veces las imágenes del maremoto de Fukushima y el desastre que eso implicó, pero mezclados con la información de la explosión de la planta de Fukushima. Hemos escuchado que en ese lugar cerca de 15,000 personas murieron. Como resultado, muchos piensan que ese perjuicio se debió a la radiación. Sin embargo, cuando buscamos la información, los desafortunados murieron debido al terremoto, al maremoto y a las estampidas de personas. Ninguno murió por radiación. Es más, el nivel de radiación recibido por la población no supera el que usted obtendría al someterse a unos rayos-X para un laboratorio.

Sin embargo, el ser humano es malísimo estadístico y se deja impresionar por las imágenes que encuentra en los medios: los salmones con tumores, los salmones muertos, las margaritas deformes, Fukushima abandonado, la nube de hongo de una bomba nuclear (nunca hubo dicha nube en Fukushima, pero la gente se lo imagina) … Esto influencia la manera en que razonamos y calculamos “estadísticamente” en nuestra mente, es una logística más basada en el miedo que en números.

Somos malísimos estadísticos por dejarnos llevar mucho por nuestra falible intuición. Yo les pregunto a ustedes: ¿cuál empleo es más riesgoso: el de taxista o el de reparador de techos? La respuesta es: el de taxista. ¿Por qué? Porque mueren más personas por accidentes de tránsito (35,092, el año 2015) que cayéndose de los tejados (37 promedio del 1992 a 1998). Sin embargo, no es usual para nosotros treparnos en los techos para reparar algo, pero sí estamos acostumbrados a conducir todos los días, frecuentemente con la familia entera, no importa cuáles sean las estadísticas de muertes. A la persona promedio nunca se le ocurre decir: “No conduciré nunca, porque el periódico dice que ayer alguien murió por accidente de tránsito.”

Lo mismo ocurre  con asuntos más complejos como los de la búqueda de una fuente de energía de la que se pueda depender y reducir el gravísimo problema del cambio climático. Se ha querido fomentar la energía renovable, especialmente la energía solar y del viento, como resolución al problema … y…

… pues …

… aquí me voy a detener un momento y para colocar el vídeo de dos de los grandes ideólogos ambientalistas bien reconocidos para que sean ellos los que les hablen a ustedes sobre la energía nuclear. Primero el Dr. James Lovelock, formulador de la teoría de Gaia:

Y el Dr. James Hansen (famoso por haber sido arrestado numerosas veces por desobediencia civil contra las grandes empresas de combustibles fósiles):

Ambos son científicos de muy buena reputación, de muy buenas credenciales en varios grupos ambientalistas y de izquierda. Ambos son luchadores contra el cambio climático pero, contrario a los demás verdes, reconocen las limitaciones inherentes de muchas de las alternativas renovables como la energía eólica y la solar.

El problema de ambos es básicamente el mantenimiento y la intermitencia. No siempre hay viento y no siempre hay sol disponible, lo que requiere a su vez un respaldo con algún combustible (usualmente una fuente de energía fósil). La energía nuclear es necesaria si queremos abandonar los combustibles fósiles, mientras que queremos tener disponible energía para el futuro, eliminar la miseria y pobreza y reducir considerablemente las emisiones de gases de invernadero que provocan el cambio climático.

¿Cuán segura es la energía nuclear? Recordemos que la noción de “seguridad” no es una absoluta, sino relativa: en ciencias usualmente se evalúa diciendo “X es más seguro que Y“. Como hemos visto, la energía nuclear no es absolutamente segura, pero sí es la más segura de todas las alternativas de fuente de energía. ¿Cuántas plantas nucleares hay en el mundo? Cerca de 450. ¿Cuántas han fallado? Tres: Green Mile Island, Chernobyl y Fukushima. En el caso de Green Mile Island, nadie murió y no hubo exposición letal de radiación. Es más, contrario a los otros dos casos, esa planta de los Estados Unidos no causó ninguna crisis. En el caso de Chernobyl, hay cerca de 4,000 enfermos por ello y cerca de 60 muertes asociadas a ese incidente de 1986. Nadie murió por la radiación de Fukushima.

¿Qué hay de las demás fuentes energéticas? Cuando se les compara con las plantas nucleares, no les llegan ni a los talones. En un ánalisis hecho por James Conca, en la revista Forbes, utilizando fuentes científicas, se pudo hacer una tabla del riesgo de muertes que representan las diversas fuentes energéticas. La energía nuclear salió como la más segura de todas las fuentes mencionadas: carbón, petróleo, gas, potencia hidroeléctrica, geotermal, solar y viento. Esta apreciación la han tenido desde hace tiempo los científicos de la NASA. Esto parecería inverosímil, pero como malos estadísticos que somos, nos dejamos guiar por nuestra intuición e imágenes en los medios de comunicación …  no por la evidencia.

Solo cuando vemos las estadísticas objetivas vemos cuán injustos somos con la energía nuclear. Por ejemplo, muchos ecologistas no dejan de recomendar el uso de energía hidroeléctrica, muy a pesar de una falla que tuvo este modelo en Italia en 1963, acontecimiento que cobró la vida de 1,917 personas. En 1975, la represa china Banqiao falló hasta el punto de que murieron cerca de 171,000 personas y desplazó a unas 11 millones. Sin embargo, no hemos visto campaña alguna tan agresiva como la que se ha desatado contra la energía nuclear. La biomasa ha representado también un problema de salud bastante grande y ha causado muchas muertes. Cerca de 53,000 muertes ocurren cada año por las emisiones de los vehículos, pero no vemos marchas contra los vehículos en general. La creación de placas solares ha sido objeto de protestas en China por la contaminación ambiental causada por su fabricación. Otras personas más han muerto o se han perjudicado por instalarlas en sus hogares (Stericycle, 2015, p. 4).

En Estados Unidos, la energía con base en carbón ha sido el responsable del fallecimiento de cerca de 7,500 personas al año (estadísticas del 2014): esto se debe en gran medida por accidentes de minería, exposición a partículas tóxicas y radiación. Si las plantas nucleares tuvieran esa clase de récord, probablemente las hubieran cerrado a nivel mundial hace tiempo. Si combinamos todos las fuentes fósiles, todas ellas matan a más personas que los accidentes de tráfico, las guerras y los asesinatos combinados. Es más, con base en estas estadísticas se puede saber cuántas vidas ha salvado la energía nuclear en relación con las que se hubieran perdido con energía de combustibles fósiles. El mismo James Hansen ha hecho los estudios (Kharetcha & Hansen, 2013).

El promedio de vidas salvadas por las energía nuclear (1971-2009)

El promedio de vidas salvadas por las energía nuclear (1971-2009). Fuente: Karetcha & Hansen, 2013.

Aun con todo esto, ¿no sería mejor sostener toda la energía eléctrica con energía eólica y solar? Aparentemente no (por el momento). Las políticas energéticas de Alemania lo demuestran prístinamente.

Una de las más graves consecuencias del accidente de Fukushima fue que propició las condiciones sociales para la mayor oposición a la energía nuclear por parte de las organizaciones y partidos verdes a nivel mundial. En Francia, hubo mayor presión para cerrarlas, pero gracias a los cables de WikiLeaks, sabemos que su gobierno llegó a un acuerdo con los verdes: el gobierno permitiría la oposición de los verdes a los transgénicos todo lo que quisieran, siempre y cuando redujeran la presión política contra las plantas nucleares (véase el número 10 de dicho comunicado de España a Estados Unidos).

Comunicado de España a Estados Unidos

Comunicado de España a Estados Unidos.

Sin embargo, Alemania no hizo similar acuerdo. Por presiones políticas de los verdes, tras el incidente de Fukushima, finalmente se llegó a la decisión de cerrar todas las plantas nucleares de ese país y sustituirlas por energía renovable. Por ahora, este tipo de programa ha probado ser un fracaso. El comienzo del cierre de dichas plantas hicieron que se abrieran nuevas fuentes de energía con base en carbón. Y sí, a pesar de ello, Alemania ha reducido sus emisiones de carbono a medida que ha fomentado la energía renovable, pero muy ligeramente. La inversión en fotovoltaicos ha sido cerca de unos $130 mil millones y hoy día estos generan solo el 5 % de la electricidad alemana (¡¿$130 mil millones ≈ 5 % de electricidad?!). Las mismas fuentes oficiales del gobierno le han señalado al primer ministro alemán en el 2014 que era un grave error cerrar las nucleares mientras que simultáneamente se fomentaban las renovables (ver la carta oficial). Como resultado, Alemania no va a cumplir con su objetivo de reducción de emisiones de bióxido de carbono para el año 2020.

Planes de alcanzar su objetivo de emisiones de gas de invernadero

Planes de alcanzar su objetivo de emisiones de gas de invernadero. Nótese que desde el 2011 para el 2016 la diferencia de emisiones no ha sido lo suficiente para llegar a su meta.

Aun con este escenario, para poder cumplir con esta reducción, Alemania se ha visto en la necesidad de importar energía eléctrica de fuentes nucleares de Francia y la República Checa.

A nivel mundial, ninguna de las dos alternativas renovables (eólica y solar) está remotamente disponible para sustituir el total de energía que consumen los seres humanos, fenómeno que irá incrementando a medida que pasen los años y la población mundial salga de la pobreza (véase este artículo y su segunda parte). Al contrario, parece ser que los países que descansan más en la alternativa nuclear y las plantas hidroelécricas parecen ser más limpias que las que descansan en energía eólica y solar, ya que necesitan la asistencia de combustibles fósiles.

¿Y si todos los datos científicos de Fukushima son resultado de una gran conspiración?

Aunque parezca increíble, hay gente a la que se le pueden lanzar todos los datos del universo que confirman que lo que hemos señalado de Fukushima, pero no falta el que postule una teoría conspiratoria al respecto.

Pues, sería en ese caso una conspiración bien interesante. Tendría que incluir a literalmente toda la gente alrededor del mundo que recoja muestras y analice las aguas para medir el nivel de isótopos provenientes de Fukushima. Sí, incluyo aquí a todo el mundo, ya que hay “científicos ciudadanos” que recogen muestras para velar que lo predicho por las instituciones de reputación se puedan poner a prueba de acuerdo con los datos obtenidos …  ¡Y usted … sí USTED … puede participar!  Así de “cerrada” es “la conspiración”. Existe un programa con base en voluntarios que recoge muestras para que los científicos la analicen en sus laboratorios.  Visite el portal Our Radioactive Ocean para más detalles.

Conclusión general

El desastre de Fukushima en el 2011 fue sin lugar a dudas un desastre ecológico y cambió la vida de muchos japoneses para siempre. A pesar de ello, es un evento desafortunado cuyas consecuencias negativas se irán reduciendo paulatinamente a medida que pasen los años. Sin embargo, el desastre más grande producto de ese incidente es nuestra reacción a este. En una época de emergencia, en que necesitamos con urgencia reducir las emisiones de gases de invernadero, por puro miedo y sin hacer el análisis de riesgos, hemos promovido políticas públicas que descartan la fuente de energía más segura y limpia.

No es que no usemos otras fuentes de energía. Necesitamos en general las fuentes renovables, incluyendo la energía eólica y la solar, las fuentes hidroeléctricas y la termal. Sin embargo, sin la energía nuclear, no llegaremos a reducir lo suficiente para evitar las serias consecuencias del calentamiento global. Debido a la explosión de la planta de Fukushima, prevalece una confusión en relación con el tema de la energía nuclear.

Ya es hora de mirar fríamente este tema, en vez de compartir en las redes sociales cuanto alegato se ha querido diseminar para difundir miedo.

Actualización (9 de mayo 2017): La cifra que originalmente usé de 30,000 al año de muertos por la quema de carbón se basaba en un informe del 2000 del Clean Air Task Force. Sin embargo, de acuerdo con su último informe, el número de muertos se ha reducido considerablemente a  7,500 al año. Por ende, atemperé la cifra del artículo a los últimos hallazgos.

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El impacto de las elecciones sobre las ciencias

Donald Trump y Ricardo Rosselló

A la izquierda, Donald Trump. Foto cortesía de Michael Vadon CC-BY-SA 2.0 / A la derecha, Ricardo Rosselló Nevárez. Foto cortesía de Edgardo Colón CC-BY-SA 4.0.

Los resultados de las elecciones del 2016 de Estados Unidos y Puerto Rico son noticias devastadoras en lo que concierne al ámbito de las ciencias, la lucha por los derechos humanos y la educación.
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Primera parada: Puerto Rico

En Puerto Rico, los resultados de las candidaturas a la gobernación no sorprendieron a nadie. Lo que sí dejó perplejos a algunos analistas políticos es el grado de insatisfacción que siente la población puertorriqueña con los partidos tradicionales. Más aun, fue refrescante la noticia de que una candidata independiente Alexandra Lúgaro, quien se autodefinió como atea, independentista y a favor del canabis (asunto del que hablaremos en otro artículo), haya obtenido el favor de una porción significativa de los votantes boricuas. Además, por primera vez en mucho tiempo, ningún candidato a la gobernación ganó por más del 42% de los votos. El Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y el Partido del Pueblo Trabajador (PPT) juntos no lograron llegar ni al 3% de los votos.  El Prof. Bernabe decidió no volver a postularse para el próximo cuatrienio como candidato a la gobernación, mientras que el PIP comienza el ya el acostumbrado ritual de “autoevaluación” para concluir que el resto del mundo está mal excepto el partido y así reinscribirse (mi predicción, espero estar equivocado).

Esto lanza varias señales. Una de ellas es que ya los puertorriqueños están perdiéndole el miedo a candidatos que se autodenominan públicamente ateoso que no profesan creencia alguna en alguna religión formalizada. Es más, me consta personalmente que han habido políticos agnósticos o ateos en la legislatura, pero que aun así no lo expresaron públicamente. Ya es tiempo para ellos “salir del closet“.

No debemos perder de vista que hubo un alto nivel de abstención en Puerto Rico. Sin embargo, es importante mencionar el hecho de que la cifra de 45% de los electores es algo inflada. No olvidemos que el Tribunal Supremo de Puerto Rico determinó que se incluyeran a aquellos que no votaron en las elecciones pasadas. Para este año, ya algunos de ellos habían abandonado nuestro archipiélago.

Dadas estas circunstancias, hay que señalar que Rosselló debe estar conciente de que, como cabeza de la rama ejecutiva, él no tiene un mandato fuerte para la estadidad o su programa de gobierno, ya que el PNP obtuvo votos muy por debajo de la mayoría absoluta y casi a la par con el PPD. Sin embargo, sus planes parecen girar en torno a esa propuesta de estatus y ese va a ser el grueso de la discusión durante los próximos años, además de su impotencia ante la todopoderosa Junta de Control Fiscal.

Además, las semillas de ciertos contribuyentes a su candidatura empezaron a dar frutos. El predicador evangélico Jorge Raschke se reunió con Rosselló para felicitarle por su triunfo.

Es interesante ver que la primera preocupación del nuevo ejecutivo como política pública no es comenzar el proceso de solicitar la estadidad al Congreso (de hecho, tiene la visión equivocada de que el Presidente es el que la concede … o algo parecido). No, la primera gestión es la de cambiar algunos aspectos de la carta circular en torno a la enseñanza con perspectiva de género en las escuelas públicas. Obviamente activistas feministas, como María Dolores Fernós reaccionaron ante este tipo de declaraciones afirmando muy correctamente que el Dr. Rosselló no entiende mucho del tema y que de lo que se trata la carta circular es el énfasis en la igualdad de dignidad de todo ser humano independientemente de su sexo o género. Nada de esto debe extrañar al público, ya que en su campaña Rosselló se comprometió ideológicamente como “católico cristiano” (whatever that means) a estar en contra de la enseñanza con perspectiva de género.

En cuanto a las ciencias como campo, no creemos que Rosselló vaya a afectar las ciencias mediante sus visiones ideológicas. Sin embargo, existe una gran preocupación en cuanto al estatus de la Universidad de Puerto Rico bajo la supervisión de la Junta. Se podría afectar el acceso a fondos estatales o federales para los fines de la investigación científica.

Seguro que los grupos de derechos humanos y otros tendrán mucho que luchar en los próximos 4 años, pero nada … NADA … se compara con el problema inmenso que representa la elección de Donald Trump en Estados Unidos.
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Segunda parada: Los Estados Unidos

El triunfo de Donald Trump fue prácticamente inesperado para el mundo entero, no solo para los Estados Unidos. Debido al sistema vigente, pero anacrónico y obsoleto, de los colegios electorales, la candidata demócrata Hillary Clinton ganó el voto popular, pero perdió el de los electores. Esta sería la cuarta ocasión que un presidente gana por colegio electoral a pesar del favor de la mayoría de la población estadounidense. Algunos están hablando de fascismo y dictadura, pero el Prof. Ángel Rosa nos recuerda que estas racciones son un tanto exageradas. Aun con un Congreso republicano, es muy improbable que Trump haga “lo que le dé la gana”.

No obstante la matización, no podemos bajar la guardia ante esta novel situación política. Tan pronto fue electo, Trump comenzó el proceso de selección de la gente que le acompañará en el ejecutivo y su lista no es nada agradable.

Durante su campaña política, él intentó desacreditar el carácter antropogénico del cambio climático. En ocasiones, hizo alegatos extraños e ignorantes como los siguientes:

Aunque algunos tenían esperanza de que no hiciera buena su promesa, Trump comenzó por escoger a Myron Ebell como director de transición de poder en la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Las voces de la comunidad científica no se hicieron esperar. La versión cibernética de la revista divulgativa Scientific American publicó un artículo al respecto, señalando que Ebell es un llamado “escéptico” de la antropogénesis del cambio climático y miembro del Center for Energy and Environment, un tanque ideológico conservador en torno a temas del ambiente.

Eso no es todo. Aunque parezca increíble, Trump considera nominar a su exrival de primarias Ben Carson para liderar el Departamento de Educación federal. Carson es un neurocirujano procedente de un sector fundamentalista protestante en los Estados Unidos, quien ha dedicado sus energías al combate de la enseñanza de la teoría de la evolución neodarwiniana en las clases de ciencias en las escuelas públicas de Estados Unidos. También niega explícitamente la antropogénesis del cambio climático o la mera existencia de este. No solo eso, sino que en una predicación, fue tan lejos como para postular la hipótesis de que las pirámides probablemente fueron construidas por el patriarca hebreo José para guardar los granos que necesitaba Egipto para los siete años de sequía…

… y que Satanás inventó la teoría de la Gran Explosión (Big Bang).

Tengamos eso en cuenta cuando pensemos que Ben Carson puede ser que termine a cargo de la educación de los niños estadounidenses a nivel nacional.

Lo mismo se puede decir del vicepresidente electo Mike Pence, quien no solo sostiene perspectivas semejantes a las mencionadas, sino que las ha defendido abiertamente en el Congreso de los Estados Unidos.

Además, Pence tampoco cree que fumar tabaco o cigarrillo sea dañino a la salud. Para el horror de la comunidad LGBTI, también favorece las desacreditadas “terapias” de conversión de homosexuales a heterosexuales.

Hay otras noticias que parecen indicar que la presidencia de Trump va a estar caracterizada en parte por un intento de crear una teocracia republicana.

Ante este panorama, el futuro cuatrienio se ve difícil tanto en los ámbitos de las ciencias como de los derechos humanos. Esto implica que activistas bien orientados en cuanto a estos temas tenemos que salir a la calle a defender la razón y las ciencias en estos tiempos en los que se asoma de nuevo la oscuridad racional, intelectual y espiritual.

¿Favorece la ONU la agricultura orgánica?

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Desde hace algún tiempo, en las redes sociales se ha estado diseminando la noticia de que las Naciones Unidas favorece la agricultura ecológica, conocida también como orgánica. Según estas fuentes, en el año 2013, la Conferencia de las Naciones Unidas de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) radicó un informe titulado Wake Up Before It Is Too Late: Make Agriculture Truly Sustainable Now for Food Security in a Changing Climate Wake Up Before It Is too Late - UNCTAD(Despierta, antes de que sea tarde: Hagamos la agricultura verdaderamente sostenible ahora para seguridad alimentaria ante un clima cambiante) y que recomienda la agricultura orgánica como la que puede salvar a la humanidad del hambre. Según algunos, el documento Wake up es un espaldarazo oficial de las Naciones Unidas a este tipo de iniciativas de política pública.

La pregunta que debemos hacernos es, ¿es ese el caso? Lo dudamos mucho y la razón de ello nos la da el mismo documento. Una vez descargamos su archivo PDF , podemos ir a la página 3 (de las 341 que contiene) y encontramos lo siguiente (los recuadros son nuestro énfasis):

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Traducción al español (perdonen si no es la mejor traducción):

Los puntos de vista que se expresan en los siguientes artículos en esta Revisión son de sus autores y no necesariamente reflejan las posiciones de sus organizaciones o instituciones respectivas. Por lo tanto, las perspectivas expresadas en en esta Revisión deben atribuírsele a los autores y no a cualquier institución o a la UNCTAD o a sus estados miembros.

Cualquier referencia a alguna compañía y a sus actividades no debe ser presentado como un endoso por la UNCTAD o por sus autores o sus instituciones, de la compañía o sus actividades.

En otras palabras, sí es cierto que este informe lleva el sello de las Naciones Unidas, porque la conferencia se dio con su auspicio, pero esto no representa su posición oficial.

Si esta es la situación, entonces, ¿cuál es la verdadera posición de las Naciones Unidas al respecto? Por ahora, lo más cercano a una opinión oficial la podemos encontrar en el portal de la Organización de Alimentos y Agricultura de las Naciones Unidas (FAO), donde dice exactamente lo contrario a lo alegado. En un comunicado de las Naciones Unidas del 2007 titulado “FAO advierte insuficiencia de agricultura orgánica en lucha contra el hambre”, su portavoz nos dice, entre otras cosas:

… “no se puede alimentar a seis mil millones de personas hoy en día y a nueve mil millones en 2050 sin un uso sensato de productos químicos”.

Casi 31 millones de hectáreas, o aproximadamente el 2% de las tierras agrícolas de todo el mundo, fueron cultivadas en 2005 sin usar productos químicos, y generaron ventas por alrededor de 24.000 millones de dólares.

“No hay una solución única al problema de alimentar a los pobres y hambrientos,” dijo Diouf. Agregó que cuando se usan fertilizantes deben escogerse los productos apropiados, y aplicarse en cantidades adecuadas, de la manera correcta y en el momento oportuno”.

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¿Por qué la FAO adopta una posición desfavorable ante la agricultura orgánica (o “ecológica”)?

Si se le presta atención a los factores científicos de todo este asunto, en vez de al mero sentimiento de “unión  y conexión con la naturaleza” al que apelan muchos con los que hablo sobre este tema, podremos ver cuál es el problema.

A muchos se les olvida el componente económico de la dinámica de distribución de alimentos. Desgraciadamente, cuando la gente escucha la palabra “economía”, usualmente piensan en dinero. Se les olvida que la economía es algo mucho más amplio que este factor, sino que tiene que ver con la distribución inteligente de recursos escasos. Eso incluye la manera en que se reparte la materia y energía en la población mundial. Esta energía toma la forma de alimentos (energía para el ser humano), energía muscular, energía eléctrica, entre otros. El dinero es solo un componente de la economía que mide el valor de todos los recursos escasos, es decir la riqueza material y energética que circula en calidad de mercancía. Desde esta perspectiva, todo recurso escaso en el mundo se puede medir en dólares y centavos.

Norman Borlaug

Norman Borlaug, padre de la Revolución Verde

Esto aplica también al asunto de si los alimentos deben producirse convencionalmente o mediante la agricultura orgánica. Para alimentar 7 mil millones de personas en el mundo, nos topamos con la interrogante de cuál es la manera más eficiente para hacer que alimentos lleguen a la mayor parte de la población. Desde la Revolución Verde, la industria alimentaria ha adoptado medidas para ser cada vez más eficiente a la hora de producir más alimentos. Esta es una de las instancias en que los intereses de la industria coinciden con el bienestar público. Dicha inversión implica un ahorro considerable de energía mediante la diseminación eficiente de alimentos y un mayor espacio para el crecimiento de la naturaleza. A muchos le sorprenderá este último alegato, pero recordemos que desde un punto de vista de espacio cultivable y el económico, la industria quiere maximizar la producción en relación con el tamaño de mercado disponible. Este hecho significa que si aumenta exponencialmente la tasa de rendimiento agrícola por área de terreno,  esto inevitablmente lleva a la utilización de cada vez menos área de terrenos, así librando muchos hábitats de la deforestación y de la actividad y contaminación humanas.

Aun con todo, la llamada “agricultura convencional” no es perfecta, ya que se estimula el uso de nitrógeno derivado del petróleo y de pesticidas relativamente tóxicos para los agricultores y, en ocasiones, para el público. La agricultura orgánica (o “ecológica”) surgió como una respuesta a estas preocupaciones. ¿Qué cuenta como “orgánico” en este sentido? Usualmente la definición del término se estipula por ley, pero en su línea general se utilizan medidas para reducir el uso de pesticidas y fertilizantes sintéticos y adoptar solamente los naturales. Además, para disminuir el uso de estos tóxicos, se utilizan también otras técnicas tales como rotación de cultivos, cultivos asociados (intercropping), reciclaje de nutrientes, cultivo de cobertura, entre otros. Todos estos factores son importantes para la conservación de los terrenos. De hecho, ya varios agricultores convencionales han incorporado algunas de estas técnicas con mucho éxito y algunas compañías han estado impulsando programas para preservar las tierras y fomentar la biodiversidad en el proceso.

Por otro lado, algunos agricultores orgánicos quieren operar con la menor maquinaria posible, con el menor grado de pesticidas posibles y maximizar el uso de composta o estiércol de ganado. Además, con contadas excepciones, rechazan en principio el uso de cultivos transgénicos, sea por convicción o porque sus productos serían descertificados de la categoría de “orgánico” o “ecológico”. Sin que esto sea suficiente, a veces la selección de venta en ciertos mercados hace más ineficiente su transportación o su cotejo por las autoridades de sanidad, lo que lleva en no pocos casos a la diseminación de epidemias por contaminación viral o bacteriana (véase el caso de la mal llamada “Crisis del Pepino” en el 2011).

Esto lleva a que la actividad de cultivo orgánico sea mucho más ineficiente que los cultivos convencionales en general. Revisiones científicas como esta confirman nuestro punto. En promedio, los orgánicos tienen 20 a 30% menor rendimiento que los convencionales. Un estudio más minucioso a partir de los datos ofrecidos por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) revela que, salvo en contadas excepciones, en la inmensa mayoría de los casos el rendimiento de estos cultivos es menor y, en ocasiones, significativamente inferior, que los correspondientes convencionales.

Esto se debe a que la dinámica para este tipo de agricultura requiere mayor energía. La FAO reconoce precisamente este punto cuando dice:

  • Production costs for organic foods are typically higher because of greater labour inputs per unit of output and because greater diversity of enterprises means economies of scale cannot be achieved;

Como cualquier economista señalaría, mientras mayor energía se utilice para producir una mercancía, mayor valor adquiere. Simultáneamente esta inversión energética se refleja en el precio. El mero hecho de que se consuma mayor energía cuando se le compara con la agricultura convencional significa que tenemos que cuestionar el supuesto beneficio ambiental o humano que esto implica.

No hay lugar a dudas que el cuido de la tierra en la mayoría de las ocasiones (no en todos los casos) existe mejor en la industria orgánica, tal y como lo reconoce la FAO. Sin embargo, para permanecer “competitivo” en un mercado en que los alimentos orgánicos necesariamente tienen que ser más caros solamente por este factor, significa que tienen que buscar medidas “baratas” para lidiar con este penoso problema, tales como disfrutar de exenciones contributivas y otros incentivos.  Por ejemplo, sin uso de la soya transgénica resistente a glifosato, la práctica de no labranza se hace virtualmente difícil en el caso del grano no transgénico, aunque no totalmente imposible si se integran ciertas tecnologías. La restricción al uso de pesticidas naturales en ocasiones puede ser menos efectiva que las alternativas no orgánicas. Aun con todo, los precios en general no logran bajar lo suficiente para competir con los productos convencionales.

Tales ineficiencias implican mayor uso de terreno, no solo para obtener el mismo nivel de producción que la agricultura convencional, sino también para obtener los nutrientes. Se puede remediar en parte el problema usando cultivos de cubierta, pero otros tipos de cultivos requieren muchos más nutrientes. Se podría utilizar composta, que tiene que integrar la producción orgánica de ciertos otros cultivos para ello. Sin embargo, la composta contribuye más al cambio climático de lo que originalmente se pensaba. El aumento de uso de estiércol implica necesariamente mayor uso de terrenos para la crianza de ganado, un problema ambiental debido al alto nivel de consumo de hierba o pienso que necesita y por su emisión de metano, agravando así el efecto de invernadero y, por ende, el calentamiento global. Todos estos factores conllevan una reducción considerable de los ecosistemas naturales para dedicarlos exclusivamente para la agricultura.

El problema no termina ahí. De acuerdo con la FAO, podemos añadir otros ingredientes en cuanto a la inversión energética en alimentos orgánicos:

  • Post-harvest handling of relatively small quantities of organic foods results in higher costs because of the mandatory segregation of organic and conventional produce, especially for processing and transportation;
  • Marketing and the distribution chain for organic products is relatively inefficient and costs are higher because of relatively small volumes.

En otras palabras, hay que invertir más energía por concepto de separación de los alimentos orgánicos de los convencionales. Mientras mayor es la energía invertida, no solo nos lleva a precios más altos, sino también a un mayor uso de combustibles (usualmente fósiles). Hoy día se sabe que si se quiere evitar el cambio climático, tiene que invertirse significativamente en la intensificación de la producción de alimentos en cada vez menos hectáreas de terrenos cultivables. La Revolución Verde, que ha sido tan condenada por los partidarios de la agricultura orgánica, ha logrado precisamente eso (véase este estudio al respecto, este y este).

La agricultura orgánica va exactamente en el sentido opuesto a lo que se debería aspirar. Es por ello que muchos científicos argumentan que a pesar de reconocer el innegable beneficio de la agricultura orgánica o “agroecología” a la tierra y la biodiversidad en el campo, la misma ineficiencia energética que implica neutraliza su valor ambiental.

La ventaja de la agricultura convencional es que puede adoptar las mejores medidas para cuidar el suelo y ya hay agricultores convencionales que están adoptando esas prácticas, pero no tienen que abandonar toda la tecnología disponible para hacer su labor productiva muy eficiente. Esto se debe a que no hay definición de lo que sea “convencional” y, por ello, la tarea es flexible a la hora de ser eficiente y proteger los suelos. La desventaja de la agricultura orgánica es que se niega a usar la mayor parte de dichas tecnologías y está usualmente estancada en los límites que ella misma se impone.

Por estas y otras razones, el costo de los alimentos orgánicos permanecerá muy alto en el futuro previsible. Los convencionales, incluyendo aquellos que utilizan ingeniería genética, serán de muy bajo costo porque son más eficientes. Son estos últimos los que serán más accesibles a los pobres y tendrán mejores oportunidades de alimentar al mundo.

Precisamente esto y no más explica la posición de la FAO.

Divulgación reciente: una causa probable del declive apícola

Apicultor

Apicultor. Foto por Davarona, Wikimedia.org

El 15 de septiembre, en Scientific Reports del portal de Nature.com, se publicó un artículo de acceso abierto sobre nuevos hallazgos en torno a las posibles causas del declive de las colonias de abejas en Norteamérica, Europa y otras partes del mundo. He aquí la ficha:

Traynor, K. S., Pettis, J. S., Tarpy, D. R.,  Mullin, C. A., Frazier, J. L.,  Frazier, M. & van Engelsdorp, D. (2016, 16 sept.). In-hive Pesticide Exposome: Assessing risks to migratory honey bees from in-hive pesticide contamination in the Eastern United States. Scientific Reports, 6, 33207. doi: 10.1038/srep33207.

El estudio independiente confirma lo que muchos científicos tales como Lynn Dicks, Jarmo Ketola, Kati Hakala, Lauri Ruottinen, Helen Thompson y divulgadores como  Jon Entine han sospechado y lo que algunas compañías como Bayer y Syngenta han señalado en sus pruebas de campo: parece que no son los neocotinoides (“neonics“) los causantes principales de la muerte inexplicada de abejas en varias partes del mundo, aunque sí puede involucrar otras clases de pesticidas.

El escrito libremente accesible en línea muestra el escaso impacto de los neocotinoides sobre las abejas, pero sí el efecto acumulativo de ciertos insecticidas y, muy especialmente, fungicidas en la cera de las colmenas a medida que los polinizadores interactúan con algunos cultivos. De hecho, los autores han  encontrado una correlación clara entre el grado de mortandad apícola con la acumulación de estos tipos de pesticidas en las colonias. Esto puede significar que dichos tóxicos, no necesariamente los neocotinoides, juegan un rol significativo en el colapso de las colonias apícolas.

No obstante ello, todavía hacen falta mejorar los modelos utilizados para continuar la búsqueda de las causas de estos declives y requiere saber si los resultados son semejantes en otros casos examinados por científicos en Estados Unidos y alrededor del mundo.

Científicos se oponen a proyecto en La Parguera

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En mayo de este año se radicó el P. del S. 1621, en el que se planifica crear una “Zona de Planificación Especial Turística de las Casetas y Muelles sobre el agua y terrenos de dominio público de La Parguera”.

En sí, el proyecto de ley permitiría el arrendamiento por un periodo de 40 años para el uso de las zonas marítimas de la Parguera, lugar donde se han construido casas ilegalmente, incluyendo casas de veraneo. De acuerdo a sus oponentes, esto constituye en términos prácticos una nueva forma de privatización en esta zona. El proyecto de ley fue rechazado por 25 integrantes de la comunidad científica, algo que no detuvo su aprobación legislativa.

El número de científicos que se han opuesto a este proyecto ha aumentado considerablemente y ellos le han solicitado al gobernador que lo vete.

Parte de las razones que esgrimen son las siguientes:

  • Parte de la Zona de Planificación incluye a una sección de la Reserva Natural de La Parguera del Bosque Estatal de Boquerón.
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  • Existe una realidad de cambio climático, algo que ha provocado el aumento del nivel del agua a través de los años.
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  • Este mismo cambio climático llevará al fortalecimiento de ciertos fenómenos climáticos, tales como los huracanes..

El consenso en la comunidad científica en torno a la antropogénesis del cambio climático está prácticamente fuera de discusión, al igual que sus preocupaciones en torno al aumento del nivel de los océanos.

Una vez más, estamos ante un proyecto que parece ignorar las consecuencias de lo que probablemente ocurrirá si nuestros legisladores y el gobernador deciden no hacerle caso a lo que los científicos profesionales tienen que decir en cuanto a este tema: muchas de estas casas eventualmente se inundarán y serán destruidas por los huracanes.  Simultáneamente se desataría un desastre ecológico en un área de reserva natural.

Ciertos especialistas en derecho también han señalado los problemas jurídicos del proyecto y el precedente que establecería en el ámbito legal. También se ha opuesto la Federación de Pescadores de Puerto Rico.

Le toca ahora al gobernador decidir si firma o no este proyecto de ley.

Entre los científicos y especialistas que firmaron la petición al gobernador se encuentran:

  • Félix Aponte Ortiz, Ph.D. Olanificador ex miembro de la Junta de Gobierno de la Junta de Planificación
  • Richard Appledoorn, Ph.D.
  • Maritza Barreto, Ph.D., Presidenta de la Red de Playas de Puerto Rico
  • Elvira Cuevas, Ph.D. Directora del Centro de Ecología Aplicada y Conservación de la Universidad de Puerto Rico
  • Miguel Canals Silander, Ph.D. Director del Laboratorio de Ingeniería Oceánica de la UPR en Mayagüez
  • Pedro Gelabert, Ph.D. Ex Secretario del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), presidente de la Junta de Calidad Ambiental, y director de la Oficina del Caribe de la Agencia Federal de Protección Ambiental (EPA).
  • Fernando Gilbes Santaella, Ph.D.
  • Edwin Hernández, Ph.D.
  • Christa von Hillebrandt-Andrade, Ph.D.
  • Javier Laureano, Ph.D. Director Ejecutivo del Programa del Estuario de la Bahía de San Juan
  • Robert Mayer, Ph.D. Director del Centro de Conservación y Restauración Ecológica Costera de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Aguadilla
  • Olga Mayol, Ph.D. Departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
  • Elvia Meléndez Ackerman, Ph.D. Departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Puerto Rico
  • Rafael Méndez Tejera, Ph.D. de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Carolina
  • José Molinelli Freytes, Ph.D. Geomorfólogo.
  • Alida Ortiz, Ph.D.
  • Ernesto Otero, Ph.D. Director del Departamento de Ciencias Marinas de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez
  • Vance Vicente, Ph.D.

Biodiversidad de la fauna en Puerto Rico y el Caribe

Cada vez que converso con algunos historiadores o leo algunos libros de texto de historia, me llama la atención la manera en que describen la flora y la fauna de Puerto Rico. Por ejemplo, en el libro de Francisco Scarano, Puerto Rico: cinco siglos de historia (año 2008), dice lo siguiente:

Comparada con otros países, la fauna de Puerto Rico es pobre (p. 24).

Nota: No he revisado la edición más reciente del libro, así que hago esta crítica haciendo la salvedad de que es posible que el texto haya cambiado.

Esto no es solo una convicción de Scarano, sino que todavía es una generalizada en la historiografía actual.

biodiversidadPor ello, recomiendo el libro de Rafael L. Joglar, Biodiversidad de Puerto Rico: Vertebrados terrestres y ecosistemas (2005). Con este valioso texto, bellamente ilustrado a color, no solo nos familiarizamos con la fauna de Puerto Rico, sino que también discute muchos aspectos que usualmente desconocemos de esta, por ejemplo:

  • En Puerto Rico podemos encontrar cerca de 26,400 especies de plantas, hongos y animales. El grado de biodiversidad es mucho mayor en relación con países más grandes tales como Cuba, Brasil, Colombia o Ecuador.
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  • El número de anfibios por metro cuadrado del archipiélago puertorriqueño es mayor que el de cualquier isla de las Antillas Mayores.
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  • El número de especies de reptiles del Caribe insular (500) es mayor que el de Estados Unidos y Canadá juntos (340) y el de Europa (200). Solamente el número de especies de reptiles en Puerto Rico es 55. En Puerto Rico contamos con 16 especies distintas de coquíes, entre otros.

Creo que este libro es imprescindible para conocer de manera rigurosa la historia de Puerto Rico y los ecosistemas con los que los nativos arcaicos y arauacos, los habitantes europeos, criollos, africanos, asiáticos y descendientes interactuaban. También nos brinda una oportunidad de darnos cuenta de la importancia de conservar estos ecosistemas para el disfrute y bienestar de futuras generaciones.