Luto: Muerte de un gran historiador

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Perdonen por el atraso en publicar artículos en el blog. Me ha ocupado mucho el tiempo de finales de clases y no he podido dedicarme tanto a varios problemas apremiantes que está pasando nuestro archipiélago. Tan pronto me desocupe, me verán escribiendo más frecuentemente.

Aun con todo, creo meritorio dedicarle unas palabras en cuanto al reciente deceso del gran historiador y sacerdote jesuita, Fernando Picó. Nacido en 1941, se destacó por ser un investigador incansable, un escritor prolífico y uno de los más grandes representantes de la Nueva Historia en Puerto Rico. Tuve la dicha de tomar clases con él y me atrevo a decir que todos los que hemos pasado por historia (en mi caso particular, graduada) hemos tenido la dicha de estar ante su humilde presencia.

Como buen cristiano, no solo dedicó su vida al sacerdocio, sino también a su entrega a los demás, especialmente a los más marginados. Gran amigo, gran académico, gran persona … nos despedimos de él. Sin embargo, es de esas personas que se van para quedarse, especialmente con su precioso legado a nuestro terruño puertorriqueño y la historiografía contemporánea de nuestra nación. Que descanse en paz.

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La Torre Grenfell: cuando ciertas medidas “verdes” son mortales

La Torre Grenfell

La Torre Grenfell a las 4:37 am el 14 de junio de 2017. (Foto cortesía de Natalie Oxford).

Durante la madrugada del 14 de junio de 2016 ocurrió una desgracia en Londres que revela el problema de establecer prioridades inadecuadas por razones ideológicas, es decir, establecer una política “verde” sin velar por otras variables de la ecuación de la seguridad pública.

Poco antes de la 1:00 am se inició un fuego que cobró la vida de más de 30 personas (cifras de hoy). ¿Causa? Por ahora, todo parece indicar que se debe a una decisión de revestir el edificio con unos paneles compuestos de aluminio (ACP por sus siglas en inglés) y que tienen la siguiente estructura:

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Estas son esencialmente dos capas de aluminio cuyo centro no está hecho de aluminio, sino de un producto llamado Reynobold, que viene en una variedad flamable. Si el interior es no es resistente al fuego, entonces representa sin dudas un peligro para los inquilinos del edificio. Según prácticamente todas las noticias que han salido, el interior de las placas tenían Reynobold flamable, por lo que pudo haber actuado como una chimenea que diseminaba el fuego por todo el exterior del edificio. No se sabe a ciencia cierta lo que inició el fuego, aunque parece que se originó en el cuarto piso. Esta no es la primera vez que ocurre un incidente como este, hay una larga historia de inseguridad de esta clase de placas de aluminio. El problema se agrava con el hecho de que por razones costoefectivas, se escogió a las placas flamables y no las que contenían Reynobold a prueba de fuego.

De hecho, esta fue una iniciativa tomada el año pasado debido a la política pública británica que le requiere a los edificios la adopción de medidas “verdes” o  energéticamente “sostenibles” con el fin de ahorrar energía. El diseño de las placas permitían aislamiento térmico, permitiendo un uso más eficiente de energía. De acuerdo con las empresas que proveyeron e instalaron los paneles, todo había cumplido con los estándares de seguridad que se velan en el Reino Unido. En otros países, tales como Estados Unidos y Alemania, han prohibido este tipo de recurso de aislamiento térmico por ser inseguro y flamable. Además, por meses se había advertido que la estructura era esencialmente insegura. Ahora el temor se incrementa en el Reino Unido, ya que hay otros edificios que tomaron medidas similares.

Esto nos brinda (desgraciadamente) una lección bien dura cuando se toman medidas a las que se etiquetan “verdes” o “sostenibles” y no hay suficiente precaución. Como todo arquitecto sabe, ser “verde” o “sostenible” no puede ser la única variable que cuente a la hora tomar una decisión en torno al diseño de un edificio, sino que entran en consideración muchas otras variables, entre ellas la de seguridad.  Alguna de la prensa derechista antiambientalista ha hecho fiesta con este incidente, pero debemos ser más cautelosos. No todo puede ser las políticas de “sostenibilidad”, se hicieron malísimas decisiones a la hora de seleccionar las placas para revestir el edificio.

La eficiencia energética es necesaria para reducir lo más que podamos las emisiones de gases de invernadero al medio ambiente. Sin embargo, tenemos que ser cautos y pensar bien cuando se nos vende una alternativa como “verde” o “sostenible”, ambos términos que en estos días se han convertido más para mercadotecnia de ciertos productos que alegan ser buenos para el medio ambiente. El acercamiento casuístico de cualquier decisión nos invita a mirar el contexto de los edificios en cuestión y las mejores medidas ambientales sin perder de vista la seguridad, el bienestar de los inquilinos, la mejor economía energética, entre otros factores. Cuando algún vendedor se les acerque para venderles productos etiquetados con estas palabras, siéntanse libres de ponerles un signo de interrogación e investigar si es verdad lo alegado. En este caso, había evidencia de sobra de que los paneles eran inseguros. En tal caso, ignorar su historial y poner lo “verde” o “sostenible” por delante de la seguridad produjo resultados que ni son verdes ni sostenibles.

¡Nuestro blog cumple un año!

Pedro M. Rosario Barbosa

El blog Razón y política pública en Puerto Rico nació hace un año en como la actividad de un profesor de filosofía de una universidad cayeyana que no tenía más nada qué hacer con su tiempo. Nuestro primer artículo sentó la pauta del tono de nuestros artículos: desmitificar de las seudociencias, alertar al público en cuanto a medidas de política pública que se están tomando con base en falsa información y discutir temas interesantes en torno a razón, ciencias, política pública y escepticismo.

Les quiero dar las gracias a todas aquellas personas que han contribuido de una u otra forma en este blog: a aquellos que han señalado errores de texto (mejorando así la calidad de lo presentado), a otros que han donado para el mantenimiento de este portal y, muy especialmente, a todos amigos, colegas y otros lectores que han expresado su apoyo a esta iniciativa. No tienen idea de cómo sus palabras animan para continuar con esta labor. Como siempre, cualquier ayuda, aclaración, crítica constructiva será bienvenida.

En este blog hay un compromiso de mantener vivas las discusiones que afectan el día a día de los puertorriqueños y demás lectores interesados. Seguiremos informando al público en torno a las discusiones que se siguen dando en el ámbito científico, filosófico y político; todo esto enmarcado desde la perspectiva ya estipulada en este portal.

Muchas gracias por todo.

Cordialmente,

Prof. Pedro M. Rosario Barbosa

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Estados Unidos se retira del Acuerdo de París y lo que eso significa

 

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Creado por mí a partir de la labor de L.tak de Wikimedia Commons.  © 2017, Pedro M. Rosario Barbosa. Disponible bajo la licencia CC-BY-SA 4.0.

Ayer, 1 de junio de 2017, Donald J. Trump hizo oficial su retiro del Acuerdo de París de 2015.

En un artículo hablamos de cómo a pesar de unas fallas de registro de datos de un satélite, todos los demás factores que se pudieron predecir del calentamiento global apuntaban claramente a que el fenómeno era antropogénico, es decir, distintivamente de origen humano, no natural. A principios de los años 90, ya las autoridades mundiales estaban convencidas de que este era un problema real y exigía un acuerdo global para lidiar con el problema del cambio climático. Para eso, se formó lo que se conoce como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en 1992 (CMNUCC).

Gracias a las actividades de concienciación por parte del CMNUCC  y los resultados de los informes del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), las naciones tomaron el asunto en serio, aunque el conjunto de intereses económicos y políticos de cada país produjeron un documento bastante aguado en cuanto a política global contra la emisión de gases de invernadero conocido como el Protocolo de Kioto de 1997 (he aquí el texto). De todos los países que firmaron, solo Canadá abandonó dicho protocolo y Estados Unidos no pudo ratificarlo en el Congreso. Esto es significativo, porque en aquel momento Estados Unidos era el país de mayor emisión de gases de invernadero, entre los que se destacan el bióxido de carbono y el metano.

Durante todo ese tiempo, debido al progreso del calentamiento global, se pueden mencionar algunos factores de impacto ambiental, tales como el derretimiento de la cubierta de hielo en Groenlandia y las capas en Antártica (este más lento de lo que originalmente se estimaba). Se piensa que el hielo del Ártico (que contribuye al enfriamiento del planeta al reflejar los rayos del sol al espacio) se habrá derretido casi completamente para el periodo entre el año 2020 y 2030 (Overland & Wang, 2013). El deshielo ya ha llegado a unos niveles en los que se proyecta una deformación significativa de la corteza terrestre (Nield et al., 2014).

Aunque este hecho contribuye significativamente al alza de los océanos a nivel mundial, el factor más importante es el calentamiento de los océanos debido a la expansión termal de las aguas. Esta variable aporta mucho más al aumento del nivel del mar (Albritton et al., 2001, p. 31; IPCC, 2013, 1137-1205).

Tendencias globales del alza del nivel del mar.

Tendencias globales del alza del nivel del mar. (Imagen cortesía de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA)).

El incremento de 6 metros de los océanos.

El incremento de 6 metros de los océanos para el año 2100, las áreas afectadas están en rojo (Imagen cortesía de la NASA).

Ante el aumento de la temperatura promedio de la Tierra, el peligro de que se vuelva irreversible, que redunde en inundaciones de terrenos bajos en diversos países del mundo, además de la falla de las expectativas del Protocolo de Kioto y el final del segundo periodo de dicho acuerdo en el 2020,  ciento noventaicinco países del mundo (con excepción de Siria y Nicaragua) firmaron el Acuerdo de París de 2015 (aquí está el texto).

El Presidente Barack Obama fue uno de los protagonistas de este proceso al comprometerse a que Estados Unidos redujera las emisiones de gases de invernadero por un 26% para el año 2025. Además, afirmaba que habría una repartición de cerca de $3 millardos para ayudar a otros países a encauzarlos a la energía verde. China prometió reducir sus emisiones por 20% para el año 2030.  Como ya hemos hecho referencia, Nicaragua se negó a firmar el Acuerdo debido a que no incluía mecanismos de penalización para aquellos países que rehusaran cumplirlo.  Esas aserciones fueron proféticas.

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Imagen cortesía de L.tak de Wikimedia Commons.

En el año 2016 ganó en las elecciones estadounidenses un candidato que para el 2012 había dicho lo siguiente:

Ayer, el presidente de Estados Unidos informó que se retiraba del Acuerdo de París entre otras razones por dos cosas: primero, porque supuestamente el acuerdo representaría una desventaja de Estados Unidos ante el resto del mundo y, en segundo lugar, porque hay un estudio del Massachusetts Institute of Technology (MIT) que indica que la contribución de dicho acuerdo internacional sería marginal para evitar las emisiones del cambio climático.

Este es el abstracto del estudio en cuestión:

Sokolov, A., Paltsev, S., Chen, H., & Monier, E. (2016). Climate Impacts of the Paris Agreement. Geophysical Research Abstracts, 18, EGU2016-8016.

Los autores del estudio difieren de su opinión. Según la noticia, la diferencia entre lo que quiere conseguir el Acuerdo de París y un escenario donde no hay política global ante el cambio climático sería de 0.6⁰C a 1.1⁰C para el año 2100. Aunque la diferencia parezca una minucia, en realidad no lo es. Cada incremento de la temperatura promedio de la Tierra impacta un número de factores climáticos que agravan el problema. Sin la ejecución del Acuerdo, afirman nuestros autores, puede ser que el aumento de temperatura fuera de 5⁰C, algo que sería catastrófico para el planeta.

Hay algunos comentaristas tales como Bjørn Lomborg, el llamado “Ambientalista Escéptico” y presidente del think tank Copenhagen Consensus Center, que ve en este retraimiento de Estados Unidos un paso de esperanza para que empresarios y gobiernos se muevan en direcciones más efectivas que el Acuerdo de París. Al igual que el Protocolo de Kioto, Lomborg piensa que carece de garras para ejecutar políticas necesarias para lidiar con el problema del cambio climático. Aunque estamos de acuerdo con su frustración por la inefectividad del Protocolo de Kioto, la atención restringida a ciertas alternativas renovables y la falta de instrumentos jurídicos internacionales para poner el Acuerdo en vigor, en este debate, estoy más de acuerdo con la Baronesa Bryony Worthington de que Lomborg es demasiado optimista.

Lo que se pierde de perspectiva es que el presidente de los Estados Unidos es visto ante los ojos internacionales como una persona sumamente caprichosa, egocéntrica en el sentido más riguroso de ese término, con una visión de mundo infantil, sumamente descuidado con la inteligencia doméstica e internacional y cuyas perspectivas no corresponden a la realidad como ha sido presentada por las ciencias. Aquí no se trata de si ahora se abren nuevas puertas para intentar medidas más eficientes para remediar los problemas más apremiantes en cuanto al calentamiento global. El punto es que el Pres. Trump desea eliminar ciertas restricciones comerciales que él entiende, son injustas para Estados Unidos y volver a las épocas doradas de antaño de la mítica bonanza de la industria estadounidense gracias a la minería del carbón y la producción de combustibles fósiles. Como bien previó Nicaragua, la falta de penalización en el Acuerdo hace que no haya consecuencias comerciales o políticas dirigidas a los Estados Unidos por retractarse de su compromiso.

A partir todo lo que hemos mencionado, desde una perspectiva ambiental, la cosa no pinta bien para Puerto Rico como territorio de los Estados Unidos.

 

Referencias

Albritton, D. L. et al. (2001). Technical summary: A report accepted by Working Group I of the IPCC but not approved in detail. Recuperado en  http://www.mct.gov.br/upd_blob/0006/6662.pdf.

Hansen, J., Sato, M., Hearty, P., Ruedy, R., Kelley M., Masson-Delmotte, V., Russell, G. , Tselioudis, G., Cao, J., Rignot, E., Velicogna, I., von Shuckmann, Kharecha, P., Legrande, A. N., Bauer, M., & Lo, K.-W. (2016). Ice melt, sea level rise and superstorms: evidence from paleoclimate data, climate modeling, and modern observations that 2⁰C global warming is highly dangerous. Atmospheric Chemistry and Physics, 16, 6, 3761-3812. doi: 10.5194/acp-16-3761-2016. Recuperado en http://www.atmos-chem-phys.net/16/3761/2016/.

IPCC. (2013). Climate change 2013: The physical science basis. Recuperado en https://www.ipcc.ch/report/ar5/wg1/.

Nghiem, S. V.,  Rigor, I. G., Clemente-Colón, P., Neumann, G., & Lia, P. P. (agosto de 2016). Geophysical constraints on the Antarctic sea ice cover. Remote Sensing of Environment, 181, 281–292. doi: 10.1016/j.rse.2016.04.005. Recuperado en http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0034425716301481.

Nield, G. A., Barletta, V. R.,  Bordonic, A., Kinge, M. A., Whitehousef, P. L., Clarkea, P. J., Domackg, E., Scambosh, T. A., & Berthieri, E. (1 de julio de 2014). Rapid bedrock uplift in the Antarctic Peninsula explained by viscoelastic response to recent ice unloading. Earth and Planetary Science Letters, 397, 32–41. doi: 10.1016/j.epsl.2014.04.019. Recuperado en http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0012821X14002519.

Overland, J. E. & Wang, M. (28 de mayo de 2013). When will the summer Arctic be nearly sea ice free? Geophysical Research Letters, 40, 10, 2097–2101. doi: 10.1002/grl.50316. Recuperado en http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/grl.50316/full.

Sokolov, A., Paltsev, S., Chen, H., & Monier, E. (2016). Climate Impacts of the Paris Agreement. Geophysical Research Abstracts, 18, EGU2016-8016. Recuperado en http://meetingorganizer.copernicus.org/EGU2016/EGU2016-8016.pdf.

Lo que te quieren ocultar de la vitamina B17

Como sabe todo investigador YouTubero el establishment médico está intentando ocultar la verdad detrás de la vitamina B17, también conocida como laetril, una modificación de la molécula natural de amigdalina.

Molécula de amigdalina

Molécula de amigdalina

Laetril

Molécula de laetril

En realidad, lo que quiere esconder el establishment farmacéutico (Gran Farma) es que la vitamina que estamos discutiendo tiene el potencial de remediar el cáncer y otros males. Para proteger estos intereses, la Administración de Alimentos y Drogas de Estados Unidos (FDA) ha prohibido su uso para tratar tumores y otros males. Los hospitales y los médicos hacen lo posible de disuadir a los pacientes de su consumo. Así nos lo ha dejado saber el sapientísimo portal Natural News, razón por la que venden un complejo de remedios detoxificantes que incluye la vitamina B17.  Además, la cuenta de Facebook de March Against Monsanto revela esta gran verdad.

¡Deberíamos usarlo! Varios nutricionistas en Puerto Rico, algunos que tienen lugares importantes en la radio, confían en GreenMedInfo. Es en ese portal donde encontramos un artículo en que nos dice que la vitamina B17 ha sido muy efectiva para tratar el cáncer. Joseph Mercola ha promovido un documental sobre este malvado encubrimiento por parte del gobierno federal.

Así que la gente debería consumir amigdalina, la vitamina B17 que nos provee la naturaleza y que se encuentra en las semillas de las manzanas, en el kernel de los albaricoques y de los melocotones. ¡Lo natural es bueno!, ¿verdad?

… mmm….. pensándolo bien…

¡Eviten a toda costa la vitamina B17!

¿Qué está ocurriendo aquí? ¿Por qué el gobierno federal ha prohibido el uso de la vitamina B17 como remedio para el cáncer?

Una posible explicación es la dada por todos estos individuos de que el cáncer se puede curar con dicha vitamina y a Gran Farma no le gusta. La otra explicación, mucho más plausible, es que el gobierno desea protegernos de envenenamiento por cianuro.

¡Ahora estamos hablando!

Señoras y señores, no existe la “vitamina B17”, por más que se promueva en los portales “holísticos”, “naturales”, “verdes” y todo lo que vaya por esa línea. La persona que le recomiende a usted la ingestión de vitamina B17 o es ignorante o quiere explotarle su ignorancia para venderle un producto (como vimos en el caso de Natural News) o simplemente quiere envenenarle. Ni la amigdalina ni el laetril son vitaminas. Es casi como si sus favorecedores fueran ellos los que escondieran la información de su toxicidad.

¿Qué son vitaminas? La vitamina es un nutriente que necesita nuestro cuerpo, pero que este no puede producir por su cuenta a partir de los alimentos. Por ejemplo, ¿no han notado que no necesitan darle jugo de naranja a sus perros y gatos? Eso es porque ellos pueden generar el ácido ascórbico (la vitamina C) que se encuentra en muchas frutas. Al contrario, como primates que somos (al igual que otros) necesitamos la vitamina C, ya que el gen que posibilita la producción de este nutriente está afectado, por lo que necesitamos consumir alimentos con vitamina C para evitar el escorbuto.

No necesitamos en lo absoluto ni la amigdalina ni el laetril. Es más, el problema con estas sustancias es que se generan cianuro de hidrógeno y puede envenenar a los pacientes de cáncer. Los resultados de los ensayos clínicos es que el leatril no ha aliviado los síntomas del cáncer o curarlo. Es más, un estudio Cochrane (que son los estudios de más alto calibre que existen en la medicina) ha corroborado por una revisión científica rigurosa la convicción de que el laetril no tiene efecto alguno sobre el cáncer.

hay evidencia abundante de envenenamiento con cianuro a la hora de tratar a pacientes con amigdalina o laetril: como en este estudio, este, este, este, este, este, este, este, etc.

Por favor, eviten el consumo de semillas o kernel de manzanas, albaricoque, melocotón entre otras frutas.

Referencias

Carter, J. H., McLafferty, M. A., & Goldman, P. (febrero de 1980). Role of the gastrointestinal microflora in amygdalin (laetrile)-induced cyanide toxicity. Biochemical Pharmacology, 29, 3, 301-304. Recuperado en http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/0006295280905043.

Dorr, R.T. & Paxinos, J. (septiembre de 1978). The current status of laetrile. Annals of Internal Medicine, 9, 3, 389-397. doi: 10.7326/0003-4819-89-3-389. Recuperado en http://annals.org/aim/article/692293/current-status-laetrile.

Greenberg, D. M.  (15 de febrero de 1980). The case against laetrile: the fraudulent cancer remedy. Cancer, 45, 4, 799-807. doi: 10.1002/1097-0142(19800215)45:43.0.CO;2-6. Recuperado en http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/1097-0142(19800215)45:4%3C799::AID-CNCR2820450432%3E3.0.CO;2-6/abstract.

Lerner, I. J. (marzo de 1981). Laetrile: A lesson in cancer quackery. CA, 31, 2, 91–95. doi: 10.3322/canjclin.31.2.91. Recuperado en http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.3322/canjclin.31.2.91/abstract.

Milazzo, S., Lejeune, S., & Ernst, E. (junio de 2007). Laetrile for cancer: a systematic review of the clinical evidence. Supportive Care in Cancer, 15, 6, 583-95. doi: 10.1007/s00520-006-0168-9.  Recuperado en https://link.springer.com/article/10.1007%2Fs00520-006-0168-9.

Milazzo, S. & Horneber, M. (28 de abril de 2015). Laetrile treatment for cancer. The Cochrane Library. doi: 10.1002/14651858.CD005476.pub4. Recuperado en http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/14651858.CD005476.pub4/abstract.

Moertel, C. G., Fleming, T. R., Rubin, J., Kvols, L. K., Sarna, G., Koch, R., Currie, V. E., Young, C. W., Jones, S. E, & Davignon, J. P. (1982). A clinical trial of amygdalin (Laetrile) in the treatment of human cancer. New England Journal of Medicine, 306, 201-206. doi: 10.1056/NEJM198201283060403. Recuperado en http://www.nejm.org/doi/pdf/10.1056/NEJM198201283060403.

Schmidt, E. S., Newton, G. W., Sanders, S. M., Lewis, J. P., & Conn, E. E. (6 de marzo de 1978). Laetrile toxicity studies in dogs. JAMA, 239, 943-947. Recuperado en https://jamanetwork.com/journals/jama/article-abstract/358590.

Unproven methods of cancer management: Laetrile (mayo de 1991). CA, 41, 3, 187–192. doi: 10.3322/canjclin.41.3.187. Recuperado en http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.3322/canjclin.41.3.187/abstract.