Marcharán contra buenas tecnologías, aunque pueda lesionar una posible soberanía alimentaria de Puerto Rico

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El problema de la “soberanía alimentaria”

El novelista Uwe Pörksen y el crítico social, Iván Illich, hablaban de lo que llamaban “palabras amebas” o “palabras plásticas“. (Cayley 253-259; Poerksen) Estas son términos que se suelen usar y repetir en distintos contextos, en ocasiones muy dispares, adquiriendo significados diversos. Se convierten en modas que tienen un impacto social al ser pronunciadas, modificando la actitud de una conversación o escrito. Aun con eso, tras un pequeño rasguño de su significado revela que, en el fondo, lo que dicen es poco o nada. Como las amebas o como el plástico, se adoptan y se estiran para usarse en cualquier circunstancia. Yo añadiría que muchas de ellas tienden confundir la conversación en vez de aclararla. Uno de esos términos plásticos que están de moda en Puerto Rico es el de “soberanía alimentaria”. Lo he criticado antes cuando hablamos de la obra de Naomi Klein y aquí voy a extenderme más al respecto.

Vamos a poner en perspectiva lo que es “soberanía” para acordar, al menos provisionalmente, lo que significa “soberanía alimentaria”. Como muy bien nos recuerda el independentismo en Puerto Rico, “soberanía” se refiere a la capacidad que tiene un pueblo de gobernarse a sí mismo. Siguiendo esa línea clara de pensamiento, un pueblo manda sobre su propia tierra y su destino, está ejerciendo ese principio de la soberanía. Si no tiene esa capacidad, entonces no es soberano. El hecho colonial es uno que no es negado a estas alturas por nadie en Puerto Rico, excepto por algunos sectores del Partido Popular Democrático que continúan soñando con que en 1952 se resolvió el problema del estatus. La presencia de la Junta de Control Fiscal y la ley de cabotaje desmitifican crudamente estos ejercicios de autoengaño.

Ahora bien, ¿qué quiere decir entonces “soberanía alimentaria”? Es razonable derivar de lo anterior que se trata del uso de la tierra por parte de un pueblo que se gobierna a sí mismo para dictaminar una política pública de producción, consumo propio y exportación de sus propios alimentos, preferiblemente de manera sostenible. Estrictamente hablando, Puerto Rico no tiene soberanía alimentaria, porque no tiene soberanía política. Si los puertorriqueños no somos soberanos, no podemos establecer políticas públicas propias para fines agrícolas. Así que, bien entendida, una soberanía alimentaria es imposible bajo el coloniaje.

Ahora bien, como reconocen el estadoísmo, el independentismo y los soberanistas libreasociacionistas, esto no quiere decir que no haya espacio para establecer política pública. De hecho, si quisiéramos, podríamos estructurar la economía de tal manera que la pusiera a producir más, aun dentro de nuestras severas limitaciones. Eso podría lanzarnos en un rumbo hacia la muy deseada “soberanía alimentaria” para un futuro Puerto Rico soberano y libre.

Ahora, ¿qué entienden muchos por “soberanía alimentaria”? Aquí perdimos totalmente su significado genuino, para anejar a este término, de manera conceptualmente incoherente, una serie de convicciones: estar en contra de la explotación de nuestras tierras por las grandes corporaciones, la prohibición a sustancias como el glifosato, el establecimiento de cooperativas agrícolas orgánicas y la promoción de la permacultura, entre otros. Esto parecería ser una política coherente a primera vista, al menos desde un punto de vista ideológico. Impedir la explotación de nuestras tierras por compañías extranjeras, la prohibición del glifosato —originada por una compañía extranjera—, el establecimiento de cooperativas agrícolas suena a economía autosostenible y de la producción orgánica como una manera de conservar las tierras.

De hecho, sin hacer un análisis crítico de estas perspectivas a la luz de la evidencia científica al respecto, ha llevado a muchos movimientos soberanistas a “marchas contra Monsanto” y a llevar a cabo actividades contra la tecnología transgénica y uso eficiente de pesticidas. Contrario a lo que piensan, estas actividades suponen premisas que, de hecho, amenazarían cualquier intento de una futura “soberanía alimentaria”.

El costo de la agricultura orgánica para África y Latinoamérica

Mercado agrícola
Mercado agrícola. Imagen cortesía de skeeze, de Pixabay.

Como dijimos en otra ocasión, contrario a lo que se quiere proyectar al público, la Organización de Naciones Unidas no promueve los cultivos orgánicos, en gran medida porque sus costos, tanto para los pobres como para la Tierra, son bien conocidos. La posición oficial del organismo de la Organización de Alimentos y Agricultura (FAO) de ese organismo internacional establece que la producción orgánica es inviable para la alimentación mundial.

La producción orgánica en general, aunque no en todos los casos, suele ser mucho más ineficiente que la convencional. Ese mero factor implica que su expansión en el mercado añadirá, no reducirá, los costos de los alimentos, haciéndolos más inaccesibles a los pobres. Como consecuencia, no se puede alegar que la producción orgánica está en sintonía con una aspiración a la justicia social a nivel mundial. De hecho, fomentarlos sería la antítesis directa de una aspiración a que más personas en el mundo puedan comer y acceder a una mejor calidad de vida.

Este factor de la falta de eficiencia de producción agrícola orgánica se ha constatado una y otra vez en la literatura científica como, por ejemplo, los casos de Estados Unidos, Austria, Alemania y Europa en general. De hecho, un metaanálisis reciente confirma que, a nivel mundial, la producción de alimentos orgánicos es en promedio 15% menos eficiente que el convencional. En unas revisiones científicas, el promedio es de 20 a 30%. Esto no significa que la agricultura orgánica deba descartarse a priori. Dentro de esa misma industria, se buscan maneras valiosas de que sus prácticas de sostenibilidad se incorporen más a la agricultura industrial, cerrando así la brecha entre esta y la convencional a medida que pase el tiempo. Por otro lado, el impedimento del uso de nuevas tecnologías de modificación genética y ciertos pesticidas hace este proceso uno mucho más lento y dañino.

Como bien saben los economistas, las ineficiencias cuestan. Este costo pasa a la sociedad de una manera u otra. El alto costo de la producción orgánica hace que su mercado se dirija a las clases altas, al sector de la clase media que pueda pagarla, a las élites de las áreas urbanas y a los países industrializados. Este último factor pasa inadvertido para muchos propagandistas de ideología verde que piensan que la agricultura orgánica en los países pobres hará que sus agricultores puedan autosostenerse. Sin embargo, los estudiosos del tema saben que la exportación principal de la producción orgánica de los países africanos se destina a Europa y sus élites nacionales. (Paarlberg intro., caps. 1, 3) El caso de África demuestra muy claramente que la promoción de alimentos orgánicos tiene el efecto de aumentar la brecha entre ricos y pobres, no su reducción.

En el caso de Latinoamérica, este hecho adopta también otra forma. Ya se han empezado a vincular las políticas verdes europeas con la destrucción natural de Suramérica. El rechazo de Europa a tecnologías, como los cultivos transgénicos, el glifosato y la prohibición de los pesticidas neonicotinoides, además de los incentivos de la industria orgánica, ha reducido por mucho el rendimiento de los cultivos en general de ese continente. Como resultado, Europa ha aumentado considerablemente su importación de alimentos de otras partes del mundo, particularmente de Latinoamérica. Si hubiera una política pública científicamente fundamentada con las mejores tecnologías agrícolas, muy probablemente hubieran maximizado la producción utilizando cada vez menos cantidad de terreno, pero aumentando sus exportaciones. Esto hubiera minimizado el impacto a la naturaleza en Europa y su externalización a otros lugares del mundo. Sin embargo, al limitar cada vez más estas tecnologías, la importación de soja de Brasil para el ganado ha tenido un serio impacto en el Amazonas. Por años, este hecho fue reconocido por la organización Amigos de la Tierra, que irónicamente se ha opuesto a los transgénicos y ha promovido la producción orgánica, promoviendo así el incremento exponencial de terreno agrícola. A raíz de un futuro del tratado de libre comercio entre Europa y los países de Mercosur, recientemente, 600 científicos europeos expresaron serias preocupaciones sobre el impacto que esto tendría sobre los ecosistemas de Latinoamérica.

Como recientemente han encontrado científicos suecos y alemanes, a la hora de evitar las emisiones de gases de invernadero, las ineficiencias de la producción orgánica significan que es menos efectiva en relación con la agricultura convencional.

Como si no fuera suficiente, gradualmente se ha estado reconociendo el hecho de que, aun cuando ha aumentado el mercado de alimentos orgánicos, los agricultores en general no se han beneficiado mucho de su práctica.

Por otro lado, la evidencia es abundantísima de que los cultivos transgénicos han ayudado a sacar a muchos agricultores de la miseria en diversos países del mundo. Metaanálisis y otros estudios lo han demostrado una, otra y otra vez. Además, como han indicado varios estudios, también han evitado las emisiones de gases de invernadero. Para el 2016, previno emisiones equivalentes a la de 16.75 millones de carros en la carretera.

Beneficio para los agricultores pobres
Beneficio de los transgénicos para los agricultores pobres a nivel mundial. (Klümper y Qaim 5)

La tecnología del uso de pesticidas: el asunto del glifosato

Administración de pesticidas a un cultivo
Administración de pesticidas a un cultivo. Imagen cortesía del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA).

La actitud de agencias públicas de salud a nivel internacional sobre la determinación de la IARC

El uso del glifosato se ha convertido en un asunto mucho más contencioso de lo usual a raíz de las recientes demandas contra Bayer, debido a que su producto, Roundup, lo contiene como ingrediente activo. El hecho de que la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC), una rama de la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo haya clasificado en el año 2015 como probable carcinógeno y que las botellas de Roundup no hubieran incluido un sello que lo estipulara, ha llevado a Monsanto/Bayer a unos aprietos. Según la evidencia científica, no debería pasar por este calvario de litigaciones.

La monografía de la IARC, donde se hizo la determinación, ha sido seriamente criticada o diferida por cada agencia pública de salubridad y de riesgo del mundo, incluyendo a la OMS. He resumido en un artículo anterior las serias deficiencias de la monografía que llevaron a una conclusión errada. Veamos lo que estas agencias de salubridad y seguridad tienen que decir:

The Meeting concluded that the long-term dietary exposure to residues of glyphosate from uses that have been considered by JMPR is unlikely to present a public health concern. …

The Meeting concluded that it was unnecessary to establish an ARfD for glyphosate, and therefore an IESTI for glyphosate was not calculated. The Meeting therefore concluded that short-term dietary exposure to glyphosate residues is unlikely to present a risk to consumers.

pp. 27-28
  • La Agencia Europea de Químicos (ECHA), a petición de la EFSA, hizo una evaluación minuciosa de los estudios en relación con el glifosato y llegó a la conclusión de que no había evidencia de relación causal entre el glifosato o cualquier tipo de cáncer. Vale indicar que, al igual que la IARC, su evaluación fue de peligrosidad (hazard) y no de riesgo (peligrosidad + exposición). Aun así, su conclusión difiró de la IARC.
  • Health Canada, a raíz de las conclusiones de la IARC, hizo una reevaluación de la genotoxicidad del glifosato y concluyó, una vez más, que no había relación alguna entre esta sustancia y cualquier otro tipo de cáncer.

Se podría continuar haciendo una lista extensa de autoridades de salud y de manejo de sustancias a nivel mundial que llegan exactamente a la misma conclusión: que no hay evidencia creíble de una vinculación entre el glifosato y algún tipo de cáncer, incluyendo el NHL. Esto incluye a autoridades europeas, incluyendo instituciones científicas de prestigio que, unánimemente coinciden con esta apreciación. No hay ni una agencia, NI UNA, que esté de acuerdo con las conclusiones de la IARC.

El manifiesto conflicto entre la IARC y la OMS

OMS y Roundup
Logotipo de la Organización Mundial de la Salud. A la derecha, galones de Roundup (Cortesía de Mike Mozart en Flickr, CC-BY 2.0)

Por cierto, en estos mismos días, la OMS y la FAO decidieron inquirir las operaciones de la IARC, debido al fuerte desacuerdo que la OMS tiene con su rama. Es más, la OMS estableció unas restricciones a la IARC de no reevaluar aquellas sustancias que ya habían sido debidamente escrutadas por las reuniones conjuntas de la OMS y la FAO. ¿Razón? Del documento de su decisión se desprende que muchas autoridades políticas alrededor del mundo confundían las opiniones de la OMS y las de la IARC. La Comisión del Codex Alimentarius de ambas organizaciones le aconsejaron a los países del mundo a tener cierta cautela con las monografías de la IARC que reevaluaran sustancias ya estudiadas por las reuniones conjuntas de la OMS y la FAO.

The Representative of WHO also reported on the evolution of the relations between the WHO Headquarters and the International Agency for Research on Cancer (IARC), which is the specialized cancer agency of the WHO, having a membership of 26 countries and enjoying a certain autonomy. The Representative recalled that some foodborne chemical hazards had been evaluated by both JMPR/JECFA and the IARC, with apparently divergent outcomes, resulting in sending confusing messages to risk managers and the general public. While highlighting the interim Standard Operating Procedure that was adopted by the Governing Council of the IARC in May 2018, following discussions with WHO on the need to reduce the risks of duplication of work between WHO HQ-based programmes and the IARC, the Representative noted that such risks have not been totally eliminated. The Representative therefore encouraged the participating countries of the IARC to exercise appropriate oversight through the IARC Governing Council to ensure that the IARC would not duplicate and undermine the work of JMPR and JECFA on chemicals in food.

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¿”Soberanía alimentaria” prohibiendo el glifosato?

No obstante eso, tanto en la prensa como en los programas de comentarios, el criterio para una política pública en torno al glifosato tiene que ver con los juicios por jurado contra Monsanto/Bayer, algo que hemos criticado en otras ocasiones. En estos casos, al jurado le falta instrucción en acercamiento toxicológico y epidemiológico a este tipo de sustancias, se mezcla a su vez con el miedo infundido por los mismos abogados litigantes, resultando en unos veredictos desastrosos desde un punto de vista científico. De hecho, debe llamar la atención de que algunas firmas de abogados militantes antitransgénicos tienen a gente que ha hecho campañas contra las vacunas, tales como Robert Kennedy, Jr., llevando a la actual epidemia de sarampión y otros males que se habían erradicado hace tiempo. ¿Deberían ser estos abogados los guías para una sana política pública? ¿No podría esto invitar al público a pensar en cuanto a la gente que sostiene estas posiciones científicamente cuestionables?

Las políticas de prohibición del glifosato, propuestas por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), por políticas europeas y de algunos estados de la Unión, como en algunos condados de California, tienen implicaciones desastrosas desde un punto de vista de costos económicos para el mantenimiento de infraestructura, la agricultura y el medio ambiente. Por supuesto, el PIP se ampara en estas políticas, pero con muy poca reflexión en torno a su débil base científica —e.g. invoca el experimento de G. E. Séralini, que hemos desmitificado— y sobre una falta de reflexión en torno a lo que ocurriría en el futuro desde un punto de vista científico y económico.

Como hemos mostrado una y otra vez, a pesar del incremento de glifosato en nuestros alimentos, las incidencias de cáncer ha dejado de subir. En el caso del NHL, están decreciendo lentamente.

Aumento del uso del glifosato en Estados Unidos
Aumento del uso del glifosato en Estados Unidos (Benbrook 8).
Incidencias de cáncer y mortandad por cáncer
Incidencias de cáncer y mortandad por cáncer. (Siegel et al. 13)

Esto es comprendido hasta por muchos de los científicos que están a favor de la agricultura orgánica y en contra de los transgénicos. Por ejemplo, gracias a la publicación de mensajes electrónicos de Charles Benbrook, un partidario de la agricultura orgánica que había sido pagado por la industria para sus artículos, nos percatamos de que él le reveló a su grupo antitransgénico que estaba totalmente en contra de la total prohibición del glifosato. Según él, dicha prohibición conllevaría que los agricultores volvieran a la utilización de pesticidas mucho más peligrosos y tóxicos como el Paraquat.

Mensaje electrónico de Charles Benbrook
Mensaje electrónico de Charles Benbrook, disponible por la Ley de Libertad de Información (FOIA)

Traducción:

Pete y todos …

Estoy casi estupefacto a cuánto han cambiado dramática y rápidamente las actitudes en relación con el glifosato, y sí nuestro buen trabajo ha sido parte de lo que ha quebrado el barniz mitológico de la seguridad del GLY [glifosato]. La carta de Chris Portier y todos en relación con la controversia del cáncer IARC-EFSA también ha sido bien poderosa.

Quisiera compartir también una cosa. En muchos países, especialmente fuera [de Estados Unidos], la acción rápida para prohibir el GLY llevará al uso incremental del paraquat. Aunque me alegra ver cómo aumenta la presión para un uso juicioso del GLY, personalmente yo no apoyo una prohibición total, lejos de eso [el sentido de, “not even close“]. Las alternativas químicas son de orden de magnitud peores, en términos de ambos, riesgo a la salud humana y al medio ambiente.

De hecho, Benbrook tiene razón. Como hemos indicado en otro lugar, el aumento del uso del glifosato ha llevado a sustituir otros herbicidas que son mucho más tóxicos al medio ambiente y a la salud humana.

Reducción del uso de Alachlor
Reducción del uso de Alachlor (Fuente: US Geological Survey — Departamento del Interior de Estados Unidos).
Reducción de uso de Cyanazine
Reducción de uso de Cyanazine (Fuente: US Geological Survey – Departamento del Interior de Estados Unidos)
Reducción del uso de Fluazifop
Reducción del uso de Fluazifop (US Geological Survey – Departamento del Interior de los Estados Unidos)
Reducción del uso de Metolachlor para el maíz y la soya
Reducción del uso de Metolachlor para el maíz y la soya (Fuente: US Geological Survey – Departamento del Interior)
La reducción temporera del uso de Metribuzín
La reducción temporera del uso de Metribuzín para soya, vegentales y frutas (Fuente: US Geological Survey – Departamento del Interior de Estados Unidos)
Reducción del uso de Nicosulfuron
Reducción del uso de Nicosulfuron para el maíz (Fuente: US Geological Survey – Departamento del Interior de Estados Unidos)

Ahora bien, los que repiten el mantra de la “soberanía alimentaria” usualmente tienen en mente la prohibición del glifosato, el proyecto de ley del PIP es un caso de ello. Sin embargo, contrario a Benbrook, no se han detenido a ver los estudios de lo que eso ha implicado en áreas donde se ha prohibido la sustancia y el impacto de lo que eso representaría en el futuro. Por ejemplo, algunos condados y ciudades de California se han perjudicado con el uso de pesticidas —por cierto, algunos, orgánicos— en parte por su alto costo en relación con el glifosato, también en parte a su menor efectividad y mayor grado de toxicidad. Véase, por ejemplo, el caso de Petaluma. En Australia, la situación no ha sido la mejor. En ese sentido, no conozco ningún caso en el que la prohibición del glifosato haya beneficiado a población alguna más que perjudicado, sea para mantenimiento de infraestructura o en la agricultura. Al contrario, todas las proyecciones son de un alto costo para ambas actividades. Por ejemplo, véase este estudio hecho para el Reino Unido. Académicos de la Universidad de Ruhuna han llegado a conclusiones semejantes en el caso de la prohibición del glifosato en Sri Lanka. Otro estudio deja saber cuáles serían las consecuencias para la agricultura, el medio ambiente y la naturaleza:

  • Habría un perjuicio ambiental por el aumento de uso de pesticidas en términos absolutos, debido a que las alternativas al glifosato son más tóxicas y menos eficientes.
  • Eso iría acompañado por un aumento de emisiones de gases de invernadero, debido a la emisión por el uso de más combustibles y menor capacidad de secuestro de carbono en los suelos. Esto implicaría la emisión de 234,000 millones kg de bióxido de carbono. Sería el equivalente de añadir 11.77 millones de carros en la carretera.
  • El beneficio mundial de tales prohibiciones sería negativo, costaría alrededor de $7,408 millones al año.
  • Las ineficiencias aumentarían el terreno agrícola a nivel mundial por 762,000 por hectáreas. Este sería aproximadamente el 84% del área de Puerto Rico.
  • Tales aumentos de tamaño de terreno para la agricultura significaría una deforestación de 167,000 hectáreas.
  • Habría una mayor erosión de los suelos, porque sería más difícil llevar a cabo estrategias de agricultura de no talado.

Tal vez, para muchos, el evitar el glifosato para conservar la “soberanía alimentaria” tiene que ver con el hecho de que Roundup es una marca de Bayer. En tal caso, estaríamos dependiendo de una compañía privada. Sin embargo, el glifosato no es solo producto de Bayer, también los venden compañías rivales. Como el glifosato ya no está bajo patentes en territorio estadounidense, los empresarios puertorriqueños podrían crear sus propios productos basados en el herbicida.

Esto no significa que deberíamos depender completamente de esta sustancia. Al contrario, como se ha visto abundantemente, tal dependencia excesiva ha llevado a malezas resistentes a ella. Esto nos lleva al siguiente asunto.

La Universidad de Puerto Rico debería ser clave para una futura, genuina soberanía alimentaria

Torre de la Universidad de Puerto Rico
Torre de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Fotografía cortesía de Moebiusuibeom-en en Wikimedia Commons.

No se puede exagerar la enorme importancia del rol de una universidad pública donde hayan científicos servidores públicos que, con o sin compañías privadas, provean buenos estudios y dejen rodar su creatividad para el bienestar de todos. Esta clase de académicos podría poner a Puerto Rico en el mapa del mundo científico si se le ofrecen a la institución los incentivos correctos y el capital apropiado para ello.

No obstante eso, tanto la Junta de Control Fiscal como el gobernador Ricardo Rosselló, han llegado a acuerdos para aplicarle el “remedio” de la austeridad a un instrumento necesario para el desarrollo científico, económico y cultural de Puerto Rico. Estos son acercamientos miopes, puramente contables, sin considerar la dimensión cualitativa de la inversión que es la UPR del impacto que tiene sobre los municipios y el país.

Varias de las maneras para ayudar la UPR es mediante la ingeniería química, buscando alternativas al glifosato que sean razonables, más amigables al medio ambiente y de menos impacto a la salud de las personas. Además, podría diseñar para nuestros agricultores estrategias de rotación de pesticidas y otras con el objetivo de evitar malezas resistentes a ellas. El añadir tecnologías que aumenten la precisión de ataques a pestes, reduciendo exponencialmente el uso de los pesticidas, en combinación con estrategias de rotación de cultivos, entrecultivos, cultivos de cobertura, reciclaje de nutrientes, entre otros, podría resultar ser positivo para nuestros agricultores.

Una de las razones por las que muchas personas quieren prohibir los transgénicos es por los supuestos problemas de las patentes de las semillas. Aunque hay bastante de sus llamados “perjuicios” que no pasan de ser leyendas urbanas, la labor científica de ingeniería genética por una universidad pública es particularmente valiosa. Ejemplo de ello nos lo da el caso de la judía transgénica resistente al virus del mosaico dorado, transmitido por la mosca blanca, y hecha por científicos brasileños y son libres de patentes para los agricultores del país. Esto se logró gracias al equipo de Francisco Aragão, quien trabaja para una institución pública, la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (EMBRAPA).

Papaya con el virus de manchas anulares
Papaya con el virus de manchas anulares. (Fuente: Gonsalves et al.)

Lo mismo ocurrió en Hawai’i cuando se creó la papaya resistente al virus de manchas anulares. El Dr. Dennis Gonsalves y su equipo de la Universidad de Hawaii la crearon para salvar la industria agrícola. Además, la Papaya Rainbow es libre de patentes para los agricultores hawaianos.

¡Eso es soberanía alimentaria! Este es el ofrecimiento de los recursos de las ciencias para el beneficio de nuestros agricultores, los puertorriqueños y la humanidad. Para utilizar otra palabra de moda, empoderamos a los agricultores boricuas.

No solo eso, al igual que la insulina humana creada por bacterias transgénicas, podríamos establecer programas ambiciosos de producir fármacos y vacunas. ¿Por qué no?

¿Son estos los planes de la campaña de los “soberanistas alimentarios”? Desgraciadamente no. Veamos.

Los planes de los “soberanistas”

Anuncio de presentaciones en la Casa Soberanista
Anuncio del Movimiento Unión Soberanista sobre presentaciones en la Casa Soberanista.

En primer lugar, para calentar los motores, habrá una presentación contra el glifosato en la Casa Soberanista. Sin duda, esto estará acompañado por sus respectivos anuncios en la radio y la televisión sobre los supuestos peligros de los transgénicos y el glifosato. Además, invitarán para la marcha contra Monsanto que se dará un par de días después.

Anuncio de marcha contra Monsanto
Anuncio de marcha contra Monsanto

Lo siguiente es un sarcasmo. ¡Quedan debidamente advertidos!

En el sábado 18 de mayo, habrá una marcha de protesta contra una compañía que ya no existe. Partirá desde los portones de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez, tal vez porque ahí hay una facultad que coopera con compañías semilleras extranjeras. Claro, me imagino que tras el ataque a la UPR por parte de la Junta de Control Fiscal y el gobernador de Puerto Rico, lo que le hace falta a nuestro patrimonio educativo es terminar con tales cooperaciones y con ello, cercenarse más fondos a su fisco, ¿verdad?

Después, me imagino que soñarán con el “paraíso” que era Puerto Rico cuando los jibaritos bajaban con su carreta cantando alegres el “le lo lai” todas las mañanas, antes de que entraran los malvados transgénicos y pesticidas a nuestro archipiélago. Esto es señal de “lo mucho” que hemos aprendido de La barraca de Vicente Blasco Ibáñez, de La charca de Manuel Zeno Gandía, o de La resaca y de La llamarada de Enrique Laguerre.

Por último, me imagino que en el destino de la marcha, la Plaza Colón, van a vender productos orgánicos. Así, aseguraremos que Puerto Rico “reduzca” su dependencia en las importaciones, ¿verdad?

Así se quiere defender la “soberanía alimentaria” como base de una futura soberanía de nuestra nación.

Parte no sarcástica.

¡Qué pena!

Tal vez, después de marchar, les invito a sus participantes a ver un documental, Food Evolution, respaldado la comunidad científica y narrada por Neil Degrasse Tyson. Está disponible en Amazon o Google Play. Después de verlo, les aconsejo meditar muy seriamente sobre las consecuencias de promover las marchas como la que acaban de hacer sobre los pobres de África y otros lugares del mundo.

A mis amistades soberanistas e independentistas, cuya mayoría simpatiza con las causas socialistas en Latinoamérica, les dejaré este vídeo de Rafael Correa sobre la prohibición de transgénicos en Ecuador.

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Muchas gracias.

Referencias

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Seufert, Verena et al. “Comparing the Yields of Organic and Conventional Agriculture.” Nature, vol. 485, 10 de mayo de 2012, pp. 229–232. doi: 10.1038/nature11069.

Siegel, R. L., et al. “Cancer Statistics, 2018”. CA. Cancer Journal for Clinicians, vol. 68, núm. 1, 4 de enero de 2019, pp. 7–30. doi: 10.3322/caac.21442.

Treu, Hanna, et al. “Carbon Footprints and Land Use of Conventional and Organic Diets in Germany”. Journal of Cleaner Production, vol. 161, 10 de septiembre de 2017, pp. 127-142. doi: 10.1016/j.jclepro.2017.05.041.

Wambugu, Florence y Daniel Kamanga, editores. Biotechnology in Africa. Emergence, Initiatives and Future. Springer, 2014.

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141 Premios Nóbel denuncian a Greenpeace

Premios Nóbel vs. Greenpeace

En este blog, hemos estado velando el conteo de ganadores del Premio Nóbel que denuncian las acciones de Greenpeace contra los alimentos producto de ingeniería genética y, en particular, su campaña irracional contra el arroz dorado.

Arroz dorado
Arroz dorado (Foto cortesía del International Rice Research Institute)

Para los que no conozcan la causa, el arroz dorado es un alimento transgénico, cuya ingeniería permite que produzca β-caroteno (37 µg/g), un químico que es antecesor de la vitamina A. Su fin es el que los agricultores de Asia y Oceanía tengan acceso a un alimento básico que les sirva para remediar, en el público, la epidemia de ceguera y muertes por falta de vitamina A. Las compañías involucradas eximieron de pago de regalías por sus ideas patentadas a cualquier agricultor u organización agrícola que generara un ingreso igual o menor a la cantidad anual de $10,000.00 estadounidenses. Aunque en nuestro contexto económico, esto parezca demasiado bajo, en el asiático, vuelve este alimento uno prácticamente libre de patentes para los agricultores. No se les prohibirá guardar sus semillas y las empresas no actuarán para limitar el mercado asiático de arroz para beneficiarse. Esto ha hecho al acceso al arroz dorado una de las causas humanitarias más importantes del mundo. El arroz ya ha sido aprobado por las autoridades de salud de Asia, Oceanía y Estados Unidos.

Mapa - Deficiencia de Vitamina A
Mapa que ilustra los países donde se padece de deficiencia de vitamina A y su nivel de gravedad.

Desgraciadamente, grupos verdes que, erradamente, han escogido hacer campañas científicamente infundadas contra los transgénicos, le han declarado la guerra a este arroz. Entre estos, se destaca el grupo político internacional Greenpeace, que ha obstaculizado, de diversas maneras, su siembra, principalmente por presiones políticas para establecer regulaciones contra un alimento beneficioso para la salud humana. Otros grupos verdes han optado por la destrucción de los campos donde se siembran.

No sorprende, pues, que esto haya levantado en la comunidad científica, el disgusto y rechazo a este talante irresponsable. Como manifestación de reprensión, la comunidad científica ha escrito una carta contra estos esfuerzos de Greenpeace y ha sido respaldada por varios ganadores del Premio Nóbel en medicina, en otras ramas de las ciencias naturales, en economía, literatura, entre otros.

Para el 2016, el número de estos ganadores del Nóbel sumaba 110. En febrero de 2018, 129. Un año después (en la actualidad), este número aumentó a 141. Del lado de otros científicos y ciudadanos, cuyo número asciende a 13,092, hemos hecho nuestra muy modesta contribución añadiendo una firma.

Alrededor del mundo, hay también intentos de crear alimentos básicos con los mismos fines humanitarios. Para África, se han creado (pero no hecho disponible todavía) la yuca dorada y el guineo dorado. ¿Por qué no se ha hecho disponible todavía? Vean el documental (¡aprobado por científicos!) llamado Food Evolution y ahí pueden tener una idea.

Según datos de las Naciones Unidas, hoy, más de una tercera parte de los niños del mundo padecerá de deficiencia de vitamina A. Bastante de ello se combate vía suplementación, pero no ha sido suficiente.

En el año 2014, unos economistas publicaron un estudio de cuánto le costó hasta aquel entonces, la oposición de la disponibilidad del arroz dorado al mercado indio. Se calculó dicha externalidad a unos $199 millones, lo que significaba de 1.4 a 2 millones años de vida en una década para tan solo un 30% de esa población.

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Muchas gracias.

Alarma por el cierre prematuro de plantas nucleares

Imagen de la planta nuclear del Cañón Diablo en California.
Imagen de la planta nuclear del Cañón Diablo en California (2009). Fotografía cortesía de Mike Baird de Morro Bay, Estados Unidos. (CC-BY 2.0)

Desde el incidente de Fukushima, el movimiento antinuclear ha logrado anotarse una serie de logros, convenciendo a muchos gobiernos en Europa, América y Asia de desistir el apoyo a las plantas nucleares que están funcionando en este momento. La mayor parte de eso se debe a que los temores del público, combinados con una agresiva campaña por parte de ciertos grupos, ha sido exitoso en sobreregular el sector de la producción nuclear de electricidad, aumentando así artificialmente los costos hasta el punto de hacer varios de sus proyectos de construcción inviables o excesivamente onerosos. También, por iniciativas políticas, se han querido cerrar prematuramente plantas nucleares. El caso más reciente en Estados Unidos es el de la planta del Cañón Diablo, en California, que provee energía limpia a una gran parte de los californianos y que se va a sustituir por combustibles fósiles. Ya hemos visto el caso de Alemania, que, tras decomisar plantas nucleares, se ha visto en la necesidad de remover poblaciones y destruir naturaleza para extraer el carbón marrón (el peor carbón existente) para proveerle energía a su población.

Para sorpresa de muchos, una de las organizaciones que siempre ha militado en contra de la apertura de nuevas plantas nucleares, The Union of Concerned Scientists, ha levantado su voz de alerta, retractándose parcialmente de sus posturas (aunque la organización no lo admita) en contra de estas plantas. ¿Por qué? Por lo que hemos indicado una y otra vez en este blog: porque la energía que antes proveían las plantas está siendo sustituida por la de combustibles fósiles, en particular, el carbón; las renovables, aun con lo baratas que son hoy día, no escalan lo suficientemente rápido como para sustituir el carbón, el petróleo, el gas o la energía nuclear.

La organización publicó un informe de 88 páginas en noviembre del año pasado (2018). En él, se hace un análisis de lo que ha llevado al cierre de estas estaciones en Estados Unidos. Menciona en particular las siguientes razones:

  • Las dificultades de costoefectividad de operar las plantas nucleares, cuando se le compara con el gas natural, que es mucho más barato.
  • La reducción de la demanda efectiva de electricidad
  • El aumento de costo de operaciones de las plantas, a medida que incrementan los requerimientos de seguridad y mantenimiento
  • El abaratamiento de las fuentes renovables (Clemmer, Richardson, Sattler & Lockbaum, 2018, pp. 1, 2-4)

La alarma se debe a que la UCS reconoce que las fuentes nucleares proveen la mayoría de la energía limpia de los Estados Unidos. Las renovables no pueden escalar a la par con las decomisiones, lo que aumenta el riesgo del consumo de combustibles fósiles, específicamente el consumo de gas, para satisfacer las necesidades energéticas de la población. En otras palabras, aun cuando se aumente considerablemente la provisión de energía renovable y el gas como medidas más saludables para el ambiente que el carbón o el petróleo, el cierre de estas fuentes energéticas nucleares contribuirían al cambio climático.

Este informe no afirma, como mucha gente ha malentendido, que todas las plantas nucleares estadounidenses deben permanecer abiertas. Con espíritu cauto, sus autores hacen un análisis de aquellas plantas que son viables y costoefectivas, distinguiéndolas de aquellas que no lo son.

Estatus de las plantas nucleares en Estados Unidos.
Este es un panorama del estatus de las plantas nucleares en Estados Unidos (Clemmer et al., 2018, p. 2). Reproducido por concepto de uso legítimo de obras bajo derechos de autor (fair use), con el propósito de ilustrar lo discutido en el texto del blog.

He aquí algunos de sus hallazgos:

  • Para sufragar la costoefectividad de las plantas que no son viables económicamente, costaría $4 mil millones en total por los próximos cinco años.
  • Las plantas que están con más riesgo de cerrar son las que tienen un solo reactor.
  • Siete de los estados tienen plantas que no son costoefectivas y que en un tiempo corto cerrarán.
  • La mayoría de las compañías dueñas de las plantas ya han programado cerrarlas por no ser viables económicamente.
  • Los precios del gas natural y el aumento de los costos de mantenimiento de las plantas nucleares ha hecho que las compaǹías decidan cerrarlas. (Clemmer et al., 2018, pp. 2-4)

De acuerdo con la UCS, la falta de una política pública que acompañe la decisión de cerrar estas plantas, sin proveer alternativas limpias a corto plazo, probablemente será detrimental para el medio ambiente. Aun en el caso de aquellos reactores que deberían ser clausurados, no se tiene alternativa limpia viable programada para sustituirlos.

Entre las consideraciones que deben incluirse en cualquier programa que atienda este problema se debe incluir una diversificación de fuentes energéticas, una política sensata de reducción de emisiones de CO2, un impuesto a su emisión y medidas que incentivos o subsidios que prevenga el cierre prematuro de las plantas nucleares que siguen siendo, por hoy, la fuente más importante de energía limpia en el mundo. Para la UCS, a la postre, estos beneficios excederán el costo de mantener las nucleares abiertas. El soporte financiero a estas unidades debe tener en consideración su seguridad para el público, la protección de los consumidores y el aumento del uso de fuentes renovables.

Referencia

Clemmer, S., Richardson, J., Sattler, S., & Lochbaum, D. (noviembre de 2018). The nuclear power dilemma. Declining profits, plant closures, and the threat of rising carbon emissions. Cambridge, MA: Union of Concerned Scientists. http://www.ucsusa.org/nucleardilemma.

Actividad humanista en UPR-Mayagüez

Anuncio de actividad, ¿Tu Dios existe?
Anuncio de actividad, ¿Tu Dios existe?

Como anunciamos hace unos días, se llevó a cabo la actividad humanista, ¿Tu Dios existe?, organizada por la Secular Humanist Association de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez. Allí, participamos Eva Quiñones, de Humanistas Seculares de Puerto Rico, Gerardo Rivera, Vicepresidente de la Secular Humanist Association de la UPR Mayagüez, Daniel Altschuler, físico y catedrático del Departamento de Física de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, Miriam Laracuente, ingeniera industrial MBA y PHR y este servidor, Pedro M. Rosario Barbosa, profesor de filosofía en el Depto. de Humanidades, Universidad de Puerto Rico en Cayey.

Panelistas
Panelistas de la actividad, ¿Existe tu Dios? De izquierda a derecha, Eva Quiñones, Gerardo Rivera, Miriam Laracuente, Daniel Altschuler y Pedro Rosario​. Foto cortesía de Gerardo M/ Rivera Chaparro, reproducido y alterado con su permiso.

​La actividad consistía en presentarnos y responder a ciertas preguntas preparadas por nuestra anfitriona, la secretaria de la organización, Natalia Torres y aquellas formuladas por el público.

Lo interesante de la actividad es que el público era mixto. No solo se componía de gente que era no creyente, sino que también se podían identificar creyentes de diversas tendencias, personas interesadas en teología, filosofía, ciencias y otros campos. La conversación entre los panelistas y el público fue, en todo momento, una de altura y respeto. Además, la mayoría de los temas se centraron en el acuerdo de todos los presentes, creyentes y no creyentes, del desarrollo de la habilidad del recto pensar, del estudio de la filosofía y las ciencias, la identificación de falacias, los criterios de racionalidad y la razonabilidad, de ética, entre otros.

En mi opinión, el hecho de que participara el público fue el factor principal que llevó al éxito de la actividad. Esta comenzó aproximadamente a las 5:00pm y terminó cerca de las 9:30pm, la mayoría del público se quedó hasta el final. Eso significa que, no solo estaban interesados en las respuestas de las preguntas que habíamos preparado, sino también de las suyas. Algunos de los miembros del público comentaban de su experiencias de su desconversión, o de inquietudes suyas dentro de su religión o de exploración científica o filosófica de alguna perspectiva creyente. 

Aquí hay un vídeo de un segmento de la actividad.

Aun con todo, debemos hacer unas autocríticas:

  1. Los panelistas debemos ser fieles a las reglas que nosotros hemos mismos hemos establecido. Hasta una persona del público nos llamó la atención sobre eso. Quedamos que nadie podía hablar más de una vez por pregunta y sin que los demás hayan hablado. Lamento decir, que fue el que escribe, el primero en solicitar un “turno de privilegio” para aclarar un punto filosófico. Reflexionando sobre el momento, creo que eso no fue lo correcto. En la última parte del conversatorio, la regla brilló por su ausencia.
  2. Lo otro es que, aunque el público estaba bien interesado en nuestras respuestas, tampoco debemos poner a prueba su paciencia. Debemos ser más precisos, cortos, concisos y al grano en muchas de nuestras respuestas. Solo debemos extendernos más, si la pregunta así lo exige.
  3. Debemos ser un poco más cautelosos con nuestras respuestas. Por ejemplo (utilizando un caso en particular), cuando se preguntó si la Biblia podía usarse como evidencia de la existencia de Dios, una de las panelistas respondió diciendo si los cómics de Spiderman son evidencia de que Spiderman existe. El miembro del público, que era adventista del séptimo día, esperaba una respuesta más detallada y cuidadosa. Hasta cierto punto entiendo la respuesta de la panelista: el hecho de que un texto existe, de por sí, no es evidencia de que lo dice, efectivamente ocurrió. Por otro lado, nadie duda que Spiderman es ficción creada por Stan Lee y otros, pero la Biblia es un libro más complejo, ya que hay partes que son, históricamente hablando, ficción, y hay otras que sí tienen claras bases de hechos acontecidos.  En parte, este tipo de cuidado requiere algo difícil, intentar ponernos en los zapatos del que pregunta para responder, sin sonar indebidamente desdeñosos.

En suma, la actividad fue una gran experiencia para todos los que participamos. Ya existe el interés de que hagamos esa actividad en la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, y en la Universidad de Puerto Rico en Cayey. 

Panelistas de la actividad humanista
Panelistas de la actividad humanista, ¿Existe tu Dios?: Gerardo M. Rivera Chaparro, Eva Quiñones, Miriam Laracuente, Pedro M. Rosario Barbosa, Daniel Altschuler.  Foto cortesía de Gerardo M/ Rivera Chaparro, reproducido con su permiso.

Finalmente, quisiera decir que realmente fue un regocijo y un honor poder compartir con todos los panelistas. Además, crear nuevas amistades siempre es un momento de gracia y felicidad. Agradezco la hermosa nueva amistad de Miriam Laracuente y, es un gran privilegio, no solo crear un lazo de amistad, sino también compartir con el Dr. Altschuler. Espero que me perdone los $20.00 que le induje a pagar para que comprara el libro de Steven Novella y su grupo, The Skeptic’s Guide to the Universe, aunque no me arrepiento. Lo sé … ¡iré al infierno!

Los panelistas nos volveremos a presentar muy pronto. ¡Pendientes!

Este jueves, una actividad en UPR Mayagüez

Logotipos de la Secular Humanist Association y la Secular Student Alliance
Logotipos de la Secular Humanist Association y la Secular Student Alliance

Este jueves 29 de noviembre, habrá un conversatorio en el que participaremos:

  • Eva Quiñones (Presidenta de Humanistas Seculares de Puerto Rico)
  • Gerardo Rivera (Vice-Presidente de la Secular Humanist Association)
  • Daniel Altschuler (Prof. Catedrático del Departamento de Física de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras)
  • Pedro M. Rosario Barbosa (Prof. de Filosofía del Departamento de Humanidades, de la Universidad de Puerto Rico en Cayey)
  • Miriam Laracuente (Ingeniera industrial MBA y PHR)

En el conversatorio, se nos harán preguntas en relación con temas afines al ateísmo,, agnosticismo y humanismo. Ven y visítanos a las 5:00pm en el Anfiteatro Figueroa Chapel, de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez. Invita la Secular Humanist Association de UPR Mayagüez, miembro de la Secular Student Alliance.

Anuncio de la actividad en UPR Mayagüez

Discusión en Mayagüez sobre la posibilidad de Reactores Modulares Pequeños (SMR) nucleares en PR

En una época como al nuestra, en que se consideran siempre las fuentes renovables como alternativas al consumo de energía fósil, se falla en incluir la discusión de Puerto Rico en torno a otra alternativa de energía, una que hemos discutido bastante en este blog: la energía nuclear.

El experto ambiental y en energía nuclear, James Conca, ha recomendado para Puerto Rico, la instalación de reactores modulares pequeños (SMR por sus siglas en inglés), específicamente los diseñados por la compañía NuScale.

NuScale

Representación de una central nuclear modular NuScale (Fuente: NuScale).

NuScale

Logotipo de NuScale

Este sistema tiene un sistema de seguridad pasiva muy sencilla. Si ocurre cualquier huracán, terremoto o maremoto (tsunami), el reactor no necesita respaldo eléctrico alguno, el agua enfriaría la reacción nuclear y, una vez evaporada, la convección continuaría el proceso de enfriamiento indefinidamente. Esta falta de necesidad de respaldo eléctrico fue reconocida preliminarmente por la Comisión Reguladora Nuclear de Estados Unidos (NRC). Más recientemente, en agosto de este año (2018), la NRC también reconoció que, en el caso de los SMRs como los de NuScale, en el peor escenario de derretimiento y escape de combustible, el área de desalojo de emergencia (Emergency Planning Zone) no sería mayor que el de los límites de la planta. Bajo tales condiciones, SMRs como los de NuScale o los de Westinghouse, serían buenos para algunos de los planes que se tienen para establecer microredes en Puerto Rico.  Lo mismo puede decirse de los diseñados por X-energy, que también cuentan con seguridad pasiva y que pueden establecerse en medio de una ciudad.

 

The Nuclear Alternative Project

Logotipo del Nuclear Alternative Project

Es comprensible que el público tenga preguntas y preocupaciones. La buena noticia es que va a haber una actividad donde puede presentarlas. El evento se llevará a cabo en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez, donde habrá un panel de ingenieros expertos en energía nuclear y otras personas que contribuirán al diálogo. El tema a discutirse: Small Modular Reactors: A feasible option for Puerto Rico? (“SMRs: ¿una opción viable para Puerto Rico?”) Entre los expertos, estará José Reyes, una de las mentes que concibieron el reactor de NuScale, Otros miembros,  Estarán allí también, Donald Hoffman, presidente ejecutivo de Excel Services Corporation, Jeffrey Harper, vicepresidente de X-energy, Eddie Guerra, ingeniero estructural de ARUP, Abdul Dulloo, director del Plant Technology & Product Development de Westinghouse, Scott Singer, de PAR Systems, David Sledzik, de Hitachi y General Electric, Carlos Fernandes de McConnel Valdés y Ángel Reyes, de Exelon. La actividad estará moderada por Jesabel Rivera de The Nuclear Alternative Project. Los temas a tratarse serán:

  • Manejo de desperdicio nuclear
  • Avances de tecnología de seguridad
  • Terremotos y maremotos
  • Impacto ambiental
  • Manejo y operación de un SMR
  • La política pública de energía de Puerto Rico
  • Financiamiento
  • Percepción pública y responsabilidad social
  • Ciberseguridad
  • Regulaciones federales
  • Desarrollo económico
  • Solar & Viento & Nuclear

Esta actividad se hace con la colaboración de la United Nuclear Industry Alliance, el Departamento de Ingienería Civil y Agrimesura de UPR Mayagüez y The Nuclear Alternative Project.

Aquí pueden registrar su asistencia a la actividad, que se llevará a cabo el martes, 30 de octubre, de 5:00pm a 8:00pm.

Anuncio actividad de Mayagüez

Declaración en aras de transparencia

The Nuclear Alternative Project

Logotipo del Nuclear Alternative Project

Como he dejado muy claro en la sección de “Declaración de conflictos de intereses” en la página de “Propósito del portal“:

… el portal no es financiado de manera alguna por otra entidad o compañía privada. Fuera de artículos relacionados con la Universidad de Puerto Rico, declaro que no hay conflictos de intereses en cuanto a los demás artículos.

Por ahora, esa continúa siendo la realidad de este blog. Fuera de mis ingresos como profesor en la Universidad de Puerto Rico, donaciones a este blog, alguna compensación por preparación de publicación de libros de profesores y de la publicación de mis libros, no tengo beneficios adicionales provenientes de otra entidad pública o privada.

Recientemente, he decidido unir mis esfuerzos a los de The Nuclear Alternative Project para promover la consideración de la energía nuclear para Puerto Rico. Tuve la fortuna de poder hablar Jesabel Rivera, estratega de salud pública del grupo, y me parece que esta organización está bien motivada para hablar de este tema. Según lo ya acordado, mi labor será puramente voluntaria, sin recibir un solo centavo.

De hecho, la organización es una exclusivamente de voluntarios que entendemos que Puerto Rico necesita considerar muy seriamente la alternativa nuclear. Este blog parte de una filosofía ecomodernista, que procura de buscar fuentes de energía abundante que sean limpias y que cedan espacio a la naturaleza. La energía nuclear, junto a algunas otras (especialmente renovables) podrían representar ese tipo de adelanto energético para nuestro archipiélago.

De ahora en adelante, si comparto anuncios del Proyecto sobre actividades a darse en Puerto Rico en relación con el tema, quede claro que se hace sin aportación económica alguna de parte del grupo.

 

¡Feliz Día del Humanismo!

Día Mundial del Humanismo

El humanismo es una filosofía de vida progresiva que, sin sobrenaturalismo, afirma nuestra capacidad y responsabilidad de llenar una vida ética de realización personal que aspire al mayor bien de la comunidad”

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Hoy, 21 de junio de 2018 se celebra el día del Humanismo! Así que a todos mis amigos, y hermanos humanistas religiosos y seculares, les envío un cordial saludo.

El glifosato, Monsanto y el más reciente escándalo de la IARC – 1

OMS y Roundup

Logotipo de la Organización Mundial de la Salud. A la derecha, galones de Roundup (Cortesía de Mike Mozart en Flickr, CC-BY 2.0)

Declaración de conflictos de intereses: Este artículo no fue financiado por empresa alguna. A tono con lo que decimos en la sección del “Propósito del portal“, no hay conflictos de intereses asociados a este escrito.

mamyths

Campaña Marcha Contra Mitos. http://www.mamyths.org/

El uso del glifosato como yerbicida ha penetrado en todas las esferas de nuestra vida. Esto no se debe al amplio uso en la agricultura debido a la siembra de productos resistentes a glifosato (entre ellos, los cultivos Roundup Ready® de Monsanto), sino también en cuanto a su uso por parte de los gobiernos y personas privadas con el propósito de mantener espacios libres de malezas.

Sin embargo, para el año 2015, una rama de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC por sus siglas en inglés) dio a conocer al público que clasificaba al glifosato como 2A, es decir, como probable carcinógeno para los seres humanos.

La reacción de muchos sectores del público se dejó sentir, especialmente los ambientalistas, partidos verdes, “alternativos” y de izquierda en general. En Puerto Rico, nutricionistas como Vilma Calderón, candidatos a la gobernación como María de Lourdes Santiago, partidarios del Partido del Pueblo Trabajador, sectores del Partido Popular Democrático y algunos del Partido Nuevo Progresista se han expresado por esta y otras razones en contra del uso del glifosato por parte de los municipios y del gobierno para lidiar con las malas hierbas. Los argumentos en contra de esta prácitca van desde pésimos, ignorantes y torpes criterios toxicológicos (e.g. que el glifosato es altamente tóxico porque originalmente se utilizó para limpiar tuberías), hasta alegatos de que causa autismo, depresión, obesidad, diabetes, celiaquía… y todos los males del universo (algo que hemos refutado) y, ahora, “probable cancerígeno”.

Por otro lado, algunos de ellos y otros afines ideológicamente han lanzado ataques ad hominem a cualquier persona que apoye el uso del glifosato, como un “pagado por Monsanto”. En muchos casos, se le imputa inmerecidamente sin que brote de la frente de la persona ni una sola gota de sudor en investigar si realmente la persona vende sus servicios a la compañía.

Más recientemente, en el año pasado (2017), una organización antiOGM y que milita por etiquetar productos transgénicos llamada U.S. Right to Know (USRTK) publicó en su portal cientos de páginas de correspondencia electrónica y otra documentación conocida como los “Papeles de Monsanto” (Monsanto Papers) donde pretende demostrar que efectivamente Monsanto “sabía” que el glifosato podía ser genotóxico y que no había seguridad plena de que no lo fuera. Estos Papeles son producto de un caso que se ha llevado a un tribunal de California acusando a Monsanto de que su producto Roundup® produjo limfoma no-Hodgkin a cerca de 2,000 personas (cerca de 300 demandas consolidadas en una). Este juicio está ante el juez de distrito Vince Chhabria para determinar si realmente las autoridades reguladoras y la misma compañía han investigado, analizado y publicado la evidencia concerniente al glifosato y su presunta asociación con este tipo de cáncer.

En estos Papeles publicados, se puede ver que ejecutivos de Monsanto hablaban de pagarle a científicos independientes o escribirles artículos para que ellos pusieran su nombre en él, lo que se conoce en la jerga en inglés como “ghostwriting“.

Irónicamente, esa misma evidencia entre otros factores han hecho que se descubriera que los científicos de la IARC tenían intereses financieros (e ideológicos) que también pudieron haber influenciado su opinión, como veremos en el último artículo de esta serie.

Científicos de ambos lados se han embarrado en todo este proceso. El propósito de esta serie es descubrir (hasta donde nos es posible) lo que ha ocurrido en estos dos últimos años al respecto. En esta primera parte, vamos a hacer un recuento histórico de lo ocurrido. En la segunda parte, le echaremos un vistazo crítico a la monografía publicada por la IARC. La tercera parte consistirá en ver las posibles razones externas al escrito en torno a las conclusiones de la IARC y las consecuencias del escrito a nivel mundial. Toda esta crónica revela una batalla corporativa de ambos lados, que desean influenciar o distorsionar la evidencia científica a su favor.
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El consenso actual de la comunidad científica en cuanto al glifosato

Hay más de 2,700 estudios en torno al glifosato. Aquellos de cohorte debidamente controlados, las revisiones científicas y los metaanálisis de esta literatura coinciden en que no hay evidencia alguna de que el glifosato sea genotóxico, (vean también este artículo de 1999, este del 2008este del 2012, este de 2015, este de 2016,  este del 2017 y el más reciente estudio de cohorte independiente publicado el año pasado), convicción que comparten prácticamente todas las agencias de seguridad alimentaria del mundo (no solo la Agencia de Protección Ambiental federal) que han llevado a cabo muchas de estas revisiones (e.g. la EFSA con su estudio, la Agencia de Químicos Europea,  el Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania y Health Canada).

Para colmo del asunto, la OMS no está de acuerdo con su rama, la IARC. Según el informe conjunto del 2016 de la OMS y de la Organización de Alimentos y Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), no hay evidencia alguna de que el glifosato sea genotóxico.

Los activistas antitransgénicos apelan constantemente (como un mantra) al famoso experimento de G.-E. Séralini en que “demuestra” que la ingestión de glifosato y OGMs le produjo tumores a ratas Sprague-Dawley®. Los científicos en general no estuvieron impresionados. ¿Por qué? Aquí lo explico con más detalles.

La ciencia en este caso, es sólida, pero esto no significa que no hayan habido malas mañas de ambos lados en este combate.
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Trasfondo de la controversia

Logo Roundup Ready Corn

Logotipo del maíz Roundup Ready, distribuido por la compañía Monsanto.

El glifosato ha sido objeto de disputas por mucho tiempo. Varias razones se han esgrimido, pero podemos simplificarlas a dos:

  • Su asociación con la empresa Monsanto, tanto la antigua como la nueva. Aunque no fue la compañía la que descubrió el glifosato, sí fue la dueña de su patente por muchos años, beneficiándose de su venta. No solo eso, cuando se fue convirtiendo en una agroindustria y descubrió las bacterias que descomponían el glifosato en el suelo, logró descubrir el material genético que hacía propicia esa característica y, vía transgénesis, pudo generar cultivos resistentes a glifosato; de ahí las semillas Roundup Ready®.
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  • Ciertos estudios preliminares con animales, incluyendo algunos hechos por Monsanto, parecían indicar que el glifosato era cancerígeno (1985). Cuando la Agencia de Protección Ambiental (EPA) federal se retractó de ello, muchos comenzaron a sospechar de la influencia de Monsanto en cuanto a esta decisión. Cuando la IARC publicó su monografía, proliferaron relatos de cómo Monsanto persuadió a dicha agencia a “suprimir” esta información importante. Esta narrativa fue impulsada por el grupo Food Democracy Now. Varias otras organizaciones antitransgénicas se basaron en ella (aquí está su informe).

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La revisión de la EPA de 1985

Nuestra saga no comienza en el año 2015, sino en 1985, cuando la EPA evaluó dos experimentos hechos con ratas Sprague Dawley® y ratones CD-1® y concluyó que había evidencia muy limitada de que el glifosato causaba cáncer. No podemos exponer aquí todos los detalles de los experimentos en cuestión, pero resumiremos los resultados y la interpretación de los científicos de la EPA  en cuanto al experimento que nos concierne. El estudio, que involucraba una muestra 198 ratones CD-1®, detectó un aumento significativo de cáncer especialmente intestinal y en otros órganos.

Sin embargo, contrario a lo que han hecho recientemente otros científicos, la EPA tuvo en cuenta que la dosis de glifosato dada a ellos era inadecuada para el estudio (4,500 mg/kg/día). Los tumores renales que se veían en las ratas podían provenir de otras toxinas no carcinógenas presentes en sus órganos y concluyó (contra la interpretación de Monsanto) que había evidencia muy limitada de que el glifosato aumentara ligeramente las incidencias de cáncer en ratas machos. Por ello, la EPA había clasificado al glifosato como Grupo C (es decir, posible cancerígeno).

Sin embargo, al año siguiente, tras consultar con varios expertos, la EPA determinó que no había asociación alguna entre el glifosato y las incidencias de cáncer en las ratas.  Tras experimentos adicionales (por ejemplo, véase el informe de 1990) y varias algunas revisiones (véase esta de 1991), la EPA concluyó que al glifosato había que clasificarlo en el Grupo E (es decir, no había evidencia clara de que fuera carcinógeno). Experimentos y revisiones subsiguientes han apoyado estas conclusiones (Williams et al. 2016, pp. 3-4). Esto incluyó tanto a la Comisión Europea como a agencias de salud canadienses y la OMS (EPA, 1993, 2013; European Commission, 2002; Health and Welfare Canada, 1991; Health Canada, 2015; WHO, 1994).

Ahora bien, se podría argumentar que la interacción de Monsanto con la EPA influyó en el proceso decisional de dicha agencia. El problema con este argumento es que ya para entonces, el hecho de que hubiera agencias internacionales de reputación que apuntaban en la misma dirección demostraba la mayor probabilidad de que la EPA había llegado a la conclusión correcta.

A pesar de ello, esto se ha interpretado por los activistas y grupos antiOGM como “evidencia” de cuan lejos pueden llegar los tentáculos de la empresa Monsanto.
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Informes y metaanálisis desde el 2000 y el 2016

En el año 2000, se publicó un informe (Williams et al., 2000) en torno a los efectos del glifosato sobre los seres humanos. Entre otras cosas, el estudio hace toda una revisión científica de la literatura y encuentró lo siguiente:

  • No hay preocupación alguna en cuanto a la toxicidad del glifosato para los seres humanos.
  • La absorción del glifosato por parte del sistema digestivo humano es ninguno y su totalidad es expulsada por el cuerpo humano.
  • Los mejores experimentos con animales han demostrado repetidas veces que el glifosato no se bioacumula.
  • El glifosato por sí solo o en combinación con los demás químicos del Roundup® no daban señal alguna de ser genotóxicos.
  • No hay evidencia alguna de su impacto en la reproducción y desarrollo de los seres humanos y animales cuando se consideran las dosis presentes en los alimentos.
  • Varios experimentos han mostrado que no es disruptor endocrino.
  • Roundup® no constituye amenaza alguna al ser humano.

Sin embargo, los grupos antiOGM cuestionaron este informe. Su objeción principal era la presencia y las actividades de uno de los autores, Gary M. Williams, del Departamento de Patología del  New York Medical College, Valhalla. Su nombre aparece en los Papeles de Monsanto, que son particularmente valiosos para ambos grupos (a favor y en contra de los OGMs) como veremos en otro artículo. Sin embargo, sí revela algo que es muy importante para los consumidores y es la intención de Monsanto en el 2015 de “escribir informes” para que científicos llamados “independientes” los publicaran a favor del glifosato.

De esta discusión, no hay lugar a dudas. Véase el intercambio de mensajes electrónicos en este documento, página 203, donde un ejecutivo de Monsanto decía lo siguiente:

An option would be to add Greim and Kier or Kirkland to have their names on the publication, but we would be keeping the cost down by us doing the writing and they would just sign their names so to speak. Recall this is how we handled Williams Kroes & Munro 2000. (Mi énfasis)

Esto también parece lanzar sombra en torno a la revisión científica del 2016 en la que él participó (Williams et al., 2016).

Aunque esto puede ser considerado por algunos “a smoking gun” de que Monsanto escribió un informe en el que Williams (y compañía) le pusieron la firma, se puede dudar este alegato. El colegio de medicina donde Williams labora afirma que llevó a cabo una indagación al respecto y no encontró evidencia de que Monsanto escribiera el informe del 2000. Por razones de privacidad, el colegio ha decidido no divulgar los detalles de la investigación.

Aunque tal medida es comprensible, esta falta de divulgación y el que Williams rehúse hablarle a la prensa, crea duda en la opinión pública sobre la integridad de dicha investigación. Esta preocupación del público no es irrazonable. Por otro lado, en lo que concierne a la revisión científica del 2016, Williams no fue el único que participó, también estuvo acompañado de otros científicos independientes y formó parte de uno de cuatro paneles de expertos que ponderaron en torno a los resultados de la IARC en relación con el glifosato, y muchos de ellos no están ligados a Monsanto financieramente. Es extremadamente dudoso que el artículo en cuestión sea casi una copia al carbón de algo escrito por la corporación.

Otro científico que fue mencionado en los Papeles (y que citamos) es David J. Kirkland, toxicólogo que participó en William et al., 2016 y quien niega rotundamente haber sido pagado o sometido algún estudio escrito por la compañía. Según él, no pondría en juego su prestigio llevando a cabo tal movida a favor de una corporación. No obstante sus negaciones, también quedó manchado ante la opinión pública.

Finalmente, está Dr. William Heydens y otros expertos de Monsanto, que dijeron haber participado en la redacción de Williams et al., 2000. Sin embargo, Heydens describió el proceso de la siguiente manera:

I made some minor editorial contributions to that 2000 paper that do not mount to the level of a substantial contribution or an intellectual contribution and, thus, I was only recognized in the acknowledgements and not as an author, and that was appropriate for the situation. …It was things like editing relatively minor things, editing for formatting, just for clarity, really just for overall readability to make it easier for people to read in a more organized fashion.

Esta caracterización es algo muy lejos de “ghostwriting“, pero con testimonios como ese, persisten las dudas. La compañía publicó un comunicado negando que sus empleados hayan escrito sustancialmente el documento.

Otro nombre que apareció, pero en relación con otro trabajo escrito, fue el de Ellen Chang:

Per our phone call with John the other day, the next two most important things that we need to do are the Meta-analysis publication and the Ag Health Study Follow-up publication, assuming we can get our hands on the data in a reasonable timeframe. I feel confident that we will have organizational support for doing these projects, so I think we need to start setting them up now.

For the meta-analysis, please contact Elizabeth, let her know we would like her/Ellen to do this, and get a cost estimate from her.

Efectivamente, Chang publicó el metaanálisis en el 2016. El problema con este señalamiento es que tanto Chang como su colega Elizabeth Detzell fueron honestas en la declaración de conflictos de intereses: el metaanálisis fue financiado por Monsanto, las dos han laborado contratadas como un servicio de consulta, y que la inclusión de las sugerencias de la corporación quedaba a discreción de ellas. En ningún momento alegaban que el estudio era independiente. Su reputación, pues, queda incólume y la aceptación del metaanálisis por parte de la comunidad científica puede ser testimonio de su imparcialidad. De hecho, el metaanálisis no se mantuvo oculto y se publicó en una revista académica arbitrada, libremente disponible y a la vista del público. Allí incluye la metodología utilizada, los criterios para filtrar los artículos bajo escrutinio, su discusión, etc. Su conclusión es plenamente consistente con revisiones científicas hechas por gobiernos y por científicos independientes de todo el mundo.

Es interesante que los objetores del glifosato no hayan combatido el contenido mismo de este escrito, sino más bien su financiación. Contrario a la malicia de cierta gente, no deberíamos empezar preguntándonos quién financió un estudio, sino buscando las fallas en un artículo. Por ejemplo, algunos científicos han publicado estudios en contra de una antropogénesis del cambio climático, se han mostrado las fallas notables de sus análisis y entonces se interrogó sobre quiénes los financiaron (la industria petrolera). La financiación no determina que un estudio “en principio” está mal, sino solo indica la posible motivación de la aparición de ciertas fallas claves para llegar a una conclusión equivocada.

Finalmente, tenemos que incluir otras aserciones de miembros dentro de la misma empresa. Este es el caso de la toxicóloga de Monsanto, Donna Farmer. Ella es la persona de la empresa que se encarga de estudios de seguridad y toxicidad de sus productos. En los Papeles aparece ella diciendo las siguientes palabras:

… you cannot say that Roundup does not cause cancer-we have not done carcinogenicity studies with “Roundup”.

Logo de Monsanto

Logotipo actual de Monsanto

Parecería que no hay nada más qué decir en torno al tema y que Monsanto nunca hizo los estudios de genotoxicidad del glifosato. Esta aseveración se convirtió en el “Field Day” en la prensa estadounidense y de otros países. Sin embargo, los Papeles también incluyen una entrevista que se le hizo en torno a esta aserción. Ella señala allí que no estaba hablando del glifosato, este solo es un ingrediente del producto Roundup®, sino de una serie de sulfactantes que acompañan el controversial químico. Monsanto no había hecho los estudios pertinentes en torno a los sulfactantes, por lo que no podía decir a ciencia cierta que Roundup® no fuera de alguna manera carcinógeno. Sin embargo, nos dice que ella no creía que los sulfactantes lo fueran.

Por otro lado, en los mensajes electrónicos, ella reconoció que los sulfactantes no eran biodegradables (aunque el glifosato sí lo fuera) y que la recomendación de la Comisión Europea para su probición no se debía a problemas de seguridad, sino a asuntos políticos en Europa (véase páginas 85-94 de este documento). En este último caso, el alegato es plenamente plausible, ya que la Comisión Europea se ha visto varias veces confirmando la seguridad de los alimentos transgénicos, convicción que ha sido ignorada por el Parlamento Europeo y varios de los países miembros por razones puramente políticas (véase nuestra discusión al respecto aquí). La posibilidad es bien fuerte de que la Comisión haya recomendando su prohibición por razón de presiones políticas, no de evidencia científica.

Esta controversia con Monsanto tampoco no es el único. Tras la publicación de los Papeles y la posible intervención indebida de la compañía en el quehacer científico, esta acusación de “ghostwriting” tuvo peso a la hora de la decisión de un juez de Fresno de autorizarle al estado de etiquetar productos transgénicos tratados con glifosato. Eso se debe a que aparentemente vio que un regulador de la EPA fue convencido de la falta de toxicidad del químico debido al documento de Williams et al., 2000.

Toda esta saga todavía no ha terminado en California.
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La controversia continúa con acusaciones de plagio

El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania

Logotipo de El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania

El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania (BfR) se vio “embarrado” también con el tema, especialmente gracias al artículo de Williams et al., 2000. Esto se debe a que es hoy día, la institución es sospechosa de haber plagiado de la solicitud a la EFSA por parte de Monsanto para el relicenciamiento de su producto RoundUp®, específicamente las secciones del informe del BfR:

  • B.6.4.8
  • B.6.5.3
  • B.6.6.12

Según un analista experto en plagio, Stefan Weber, parece que su informe rendido a la EFSA, para relicenciar el glifosato para su uso de Europa, plagió datos en cada una de estas secciones, ya que citó directamente del texto de Monsanto y el artículo en discusión sin hacer la debida atribución. Esto violenta la normativa misma de la agencia europea de regulación de alimentos. Según Weber, esto puede indicar que BfR podría estar ocultando el verdadero origen de los datos. He aquí su análisis.

Esto ha causado el revuelo esperado en un caso tan contencioso como este. El 22 de septiembre del año pasado (2017), la EFSA lanzó un comunicado reafirmando la calidad del informe rendido. Afirma que estos pasajes alegadamente plagiados son parte de un dossier que contiene una revisión y evaluación del producto hechos por la compañía, combinados con los artículos arbitrados pertinentes (entre ellos Williams et al., 2000). Según es uso y costumbre, el texto del dossier es el punto de partida de la revisión y evaluación hecha por los organismos reguladores tales como la EFSA y deben aparecer en el informe. De hecho, la EFSA señala que es en la revisión del organismo público evaluador incluye tachaduras, modificaciones y comentarios, evaluación que se lleva a cabo de manera independiente de la compañía solicitante.

Por otro lado, el BfR también negó la acusación de plagio, diciendo lo siguiente:

Both in Europe and worldwide, it is a standard and recognised practice in assessment procedures not only in the area of plant protection products for assessment authorities to also integrate relevant passages from submitted documents in their assessment reports following critical review. The subdocuments of the assessment report therefore also contain text passages of this kind from publicly available literature sources that were submitted by the applicants as part of the legally required literature research. This is also evident from the headings of the various chapters and sections.

En otras palabras, el BfR hizo lo que siempre se ha hecho en estos casos y es partir del dossier de la compañía y evaluarlo críticamente. Esto implica el rechazo de ciertas partes del dossier (cuando aparece con tachaduras) y la introducción de artículos adicionales en torno al tema en cuestión (tal como indica Weber). Este procedimiento que es entendido como estándar en la comunidad científica, no constituye plagio porque es un entendido en la comunidad científica en torno a la práctica.
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Reflexión

Todo este relato conlleva la discusión de un tema serio y es la interacción entre la industria con la academia y las ciencias. Bajo cualquier estándar, en muchos sentidos, hoy el proceso de discusión científica en todos los campos es más transparente que en cualquier momento en el pasado. Sin embargo, eso no implica que se hayan desterrado completamente las oscuridades de antaño.

Lo que esta experiencia nos demuestra es que, ante la opinión pública, parece que ocurrió una intervención indebida y antiética de parte de Monsanto en la discusión y debates científicos en torno al glifosato. La evidencia disponible lo sugiere muy fuertemente y dada la negativa de algunas de las personas implicadas a aclarar los asuntos, el público queda en la oscuridad de información en torno a lo acontecido. Una corporación no debe preparar documentos que se presenten como independientes, y aquel científico que diga que dicho documento es suyo, compromete muy seriamente su credibilidad. Eso no significa que no se consulte debidamente en ocasión de aclarar algunos puntos importantes, que es lo que alegan Monsanto y Kirkland.

Ahora bien, aun asumiendo lo peor, que hubo una intervención indebida hasta el punto de un “ghostwriting“, ¿quiere decir esto que los datos ofrecidos en estos estudios son malos? Nadie se ha detenido a pensar esta pregunta. ¿Es que Monsanto intentó “ocultar” la verdadera información en torno al glifosato como carcinógeno? La evidencia que muestra USRTK con sus Papeles es rotundamente negativa. La intervención indebida de la compañía, si ocurrió como alega USRTK, se debió a una preocupación por su marca comercial RoundUp® y sus productos transgénicos resistentes a glifosato. Sin embargo, en vez de “ocultar” información, lo que demuestran los Papeles es un esfuerzo de mayor exposición de los datos genuinos en torno al producto y que fueran aceptados por la comunidad científica. Véase las páginas 88-90 del PDF que hemos discutido y en el que USRTK no ha hecho el debido énfasis (mis comentarios entre corchetes[]):

I didn’t find anything on the Australian site either …however take this question S. It is not Roundup that is taken up it is glyphosate. It stops the synthesis of 3 amino acids (they are used to make proteins) and this “process” is also found in microbes and fungi. (p. 88)

[Esto es 100 % correcto, lo que hace el glifosato es detener la síntesis de tres aminoácidos en ciertas plantas: la fenilalanina, la tirosina y el triptófano.]

Thanks Neil. Honi has already have pointed out the flaws in the studies, but there can’t be any harm in doing so again. Studies on the safety of Roundup is a good approach, but I believe there are also some on glyphosate’s benefits for the environment (even if the surfactant is not biodegradable). It’s a shame the Scott’s guy is blaming us too!! (p. 89)

[Como ya indicamos, ellos indican que no hay estudios sobre los sulfactantes como posibles cancerígenos y resaltan que el glifosato es biodegradable y beneficioso al ambiente, aunque los sulfactantes no lo sean.]

The reporter has printed the correct information that “Glyphosate is biodegradable but the surfactant is not”. However, then she goes into a sensationalism mode quoting “studies” that suggest Roundup is not safe, which is probably derived from her interview of the Fremantle activist. I feel the response to FH needs to reiterate that her statement on biodegradability is correct, reiterate that Roundup is safe (and
provide references), and if there are flaws in any of the studies quoted, point out these flaws. (p. 89)

[En otras palabras, estos empleados de Monsanto no están diciendo que es cierto que el glifosato no es biodegradable y que RoundUp es carcinógeno. Lo que están diciendo es que el reportaje al que se refieren tenía información correcta, pero tenía mala información en cuanto unos estudios que cita dicho artículo. Una vez más, en ningún momento vemos que el personal de Monsanto está “ocultando” información.]

En otras palabras, los empleados de Monsanto creen en su producto. No quieren diseminar información incorrecta al público.

Entonces, ¿por qué tanta planificación de respuesta a un artículo de periódico? La respuesta es sencilla. Es una mezcla entre paranoia y relaciones públicas. No sería una exageración decir que Monsanto es la compañía más demonizada del mundo. No perdamos de perspectiva que, como toda corporación, su fin es maximizar sus ganancias al menor costo posible. Desde esta perspectiva, la compañía deseaba salvar su marcas comerciales RoundUp® y RoundUp Ready®, especialmente cuando este último es su mayor fuente de ingresos debido a la venta de transgénicos. Por ende, quiere atajar la publicación de los resultados científicos en torno a su producto RoundUp®, especialmente en relación con el glifosato, que es el ingrediente activo del yerbicida. Insistimos, los datos son genuinamente científicos y veraces, el medio para hacerlos públicos es la fuente de nuestras dudas.

Estrategias como esta y otros tipos de interacción entre el mundo comercial y el científico deben ser temas discutidos constantemente en el ámbito de la bioética y la ética empresarial. Aunque en este caso particular, el propósito de Monsanto de diseminar información correcta en torno al glifosato era buena, el medio escogido para ello no lo fue. Además, en el futuro, esta y otras corporaciones podrían decidir diseminar información incorrecta e inconveniente para sí.

Hay un aspecto que debe tenerse en cuenta también en cuanto a lo que concierne a Monsanto y al BfR. El mundo ha cambiado debido al desarrollo del ciberespacio, eso significa varias cosas:

  1. Ya no se puede continuar asumiendo que los textos científicos van a permanecer detrás de una muralla solo para la torre de marfil de los expertos. Hoy día, hay que suponer que el público va a leer los informes en cuestión. Eso significa que tanto los propulsores como detractores de la tecnología, sean conocedores de las ciencias o no —estos últimos grandes manipuladores de la opinión pública, como veremos más adelante—, van a acceder de una forma u otra a estos tipos de informes.
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  2. La comunidad científica, especialmente las editoriales de revistas académicas, deben discutir muy seriamente cómo publicar estudios haciendo las debidas advertencias al público y a la prensa.  Por ejemplo, si sale un comunicado de prensa sobre un estudio preliminar, resaltar el carácter preliminar de dichos estudios y no tomarlos como evidencia firme. En casos como las publicaciones del BfR, se debe orientar a los lectores en torno al proceso de evaluación de los dossier corporativos para que no ocurran malentendidos.
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  3. Aun con todo lo mencionado, siempre va a haber gente que por razones financieras o ideológicas falsee la opinión científica. En tales casos, es menester que hayan científicos disponibles para la prensa, que se dediquen una parte sustancial de su tiempo exclusivamente para mantenerse al día en torno a temas controversiales y hacerse disponibles para el público: prensa, conferencias, entre otros. También tienen que ir acompañados de un fondo que les provea defensa legal de algunos intereses, especialmente de los asociados a defender a los divulgadores científicos de ataques de organizaciones anticientíficas. Gente como Jeffrey Beall o David Gorski, o blogs como Science-Based Medicine y otros han tenido que enfrentarse a todo tipo de demandas debido a ello.

Sobre este último punto, no puedo hacer mayor énfasis. Necesitamos que los científicos salgan de sus laboratorios y que interactúen con el público y la prensa. La labor informativa de las mejores voces que la ciencia debe ofrecer tiene que estar lo más accesible posible al público y este lo va a agradecer. Tres grandes ejemplos de ello han sido Kevin Folta (blog y podcast) y Kenneth R. Miller en los Estados Unidos y José Miguel Mulet en España e Hispanoamérica.

Ya se han ido para siempre los días en que los académicos podíamos encerrarnos en nuestra torre de marfil (o peor, nuestro archipiélago de marfil). No es suficiente publicar en revistas académicas, sino también en blogs, vlogs, vídeos, charlas, libros, publicidad, etc. y de una manera que el público pueda entender.

Si no se tienen cuenta estos puntos bien importantes, sucede como ocurrió con la monografía del IARC del 2015 y su abuso por parte de grupos antitransgénicos. En nuestro próximo artículo, evaluaremos críticamente una sección de ese escrito y por qué la comunidad científica se indignó ante su evaluación del glifosato hasta el punto en que el organismo madre, la OMS, rehusó hacerle caso.

Esa sección  involucra, no solamente una intervención indebida de una industria en el quehacer científico, sino también conflictos de intereses y, muy especialmente,  falseamiento del panorama del cúmulo de la evidencia científica. La falta del sector antiOGM es mucho mayor que la de Monsanto en relación con el tema del glifosato.
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Referencias

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El ateísmo afroamericano en Estados Unidos

Mandisa L. Thomas

Mandisa L. Thomas (Foto: Pedro M. Rosario Barbosa / CC-BY-SA 4.0+)

Durante el periodo del 22 al 24 de febrero, la presidenta de Black Nonbelievers, Inc., Mandisa L. Thomas dio conferencias en la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez, en la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana y en la Asamblea de Ateístas de Puerto Rico en el Colegio de Ingenieros y Agrimesores de Puerto Rico. En las tres ocasiones, ella relataba su realidad de atea dentro de un entorno afroamericano muy apegado a su religiosidad.

Ella como tal no creció dentro de una religión formal, pero sí en un ambiente neuyorkino en el que se espera que los de ascendencia africana sean fuertemente religiosos y ligados a sus congregaciones. La religión define a la comunidad negra de Estados Unidos. Aproximadamente el 80 % se identifica como religioso. En tal ambiente es sumamente difícil ser atea.

Thomas entiende que la religión es detrimental para los afroamericanos por varias razones. En primer lugar, esconde una historia horripilante y sangrienta marcada por una suerte de esclavitud en el que el cristianismo era impuesto por los amos. Tras la abolición de dicha institución, los negros en general encontraban fuente de sostenimiento y solidaridad en las iglesias. En ese espacio, tenían maneras para expresarse y para ascender su capacidad económica y política. En parte como reacción a este fenómeno se fundó el Ku Klux Klan (KKK), una organización cristiana racista cuyas actividades incluían la cacería y linchamiento de “personas de color” a nombre de perpetuar la pureza de la raza blanca.

Por mucho tiempo se utilizó la Biblia para justificar todas estas actividades. Se quería seguir propagando la imagen de un Dios que era blanco. En tales condiciones, los negros se veían a sí mismos de alguna manera subordinados a un ser distintos a ellos y más parecidos a sus antiguos amos.

Black Nonbelievers, Inc.

Logotipo de Black Nonbelievers, Inc. https://blacknonbelievers.wordpress.com/

Más allá de este pasado doloroso, afirma Thomas que la religión ha lacerado las comunidades afroamericanas y han sido secuestradas por el cristianismo y el islam. Ninguna de ellos les hace reflexionar sobre las razones por las que son predominantemente cristianas o islámicas. Simultáneamente promueven la homofobia, el sexismo, la hipocresía, entre otros males. También suelen pasar por alto las acciones más perversas de sus líderes, tales como abusos sexuales y el maltrato emocional.

Otro punto que ella recalca es que a nivel económico estas iglesias han aportado muy poco. Al contrario, por concepto de diezmo u ofrenda toman mucho dinero de la comunidad mientras que devuelven muy poco de valor.

Para Thomas, toda esta situación previene que los afroestadounidenses busquen verdaderas soluciones a sus problemas más apremiantes. Ser un negro o negra no creyente es un verdadero reto para una sociedad particular de Estados Unidos que lo considera una traición a su piel, su ascendencia y su comunidad. Por ello, Thomas invita al público a ayudar su causa y que no imaginemos que los puertorriqueños no podemos ayudar de alguna forma. Al contrario, organizaciones ateas, humanistas y no creyentes pueden dar a conocer esta realidad y aportar mediante recursos o donaciones.