Una mirada crítica a Lo siento mucho, pero … Jesús nunca existió de Ricardo Alonso Zavala Toia – 2(2)

Portada
Portada del libro, Lo siento mucho, pero … Jesús nunca existió de Ricardo Alonso Zavala Toia.

1ra. parte de la serie ; 2da. parte de la serie (1)

Las religiones mistéricas

Un pequeño preámbulo

Alexamenos graffitti
Graffitti del siglo III EC que se burla de un cristiano. Dice en griego: “Αλεξαμενος ςεβετε Θεον” (Alexamenos adora a su dios).

Como es sabido hoy día, en la diáspora, el cristianismo se expandió rápidamente en el siglo I a unos niveles que todavía sorprenden a los historiadores de la Antigüedad. Por supuesto, esta expansión no era mucha numéricamente, pero el establecimiento de pequeñas congregaciones por todo el Mediterráneo, especialmente en Oriente, fue bien significativo. Estas iglesias (comunidades) se solían reunir al principio en las casas de creyentes y después en estructuras para su culto.

Para el siglo II, ya el cristianismo se había extendido lo suficiente como para ser uno de los sectores más despreciados en el Imperio Romano. Como vimos, Tácito no tuvo nada bueno qué decir de ellos, Plinio el Joven lo veía como una secta peligrosa. Gran parte de esto tuvo que ver con que en Roma, los cristianos tuvieran que actuar en la clandestinidad, haciendo secretas sus actividades. Esto llevó a la sociedad romana a rumorar una serie de acusaciones. Por ejemplo les acusaban de:

  • Ser ateos
  • Llevar actos incestuosos
  • Matar a un bebés en sus ceremonias y comérselos

Si bien estas acusaciones parecen extremadamente raras, esta información recogida por Tertuliano sí tiene base histórica, pero, como hemos dicho en la subsección anterior, su dimensión factual sale a relucir una vez aplicamos la crítica histórica y literaria. ¿Cómo pueden ser los cristianos acusados de “ateísmo”, si ellos creían en un dios y, simultáneamente, sostenían a Jesús de Nazaret era una suerte de divinidad? Nótese que la acusación de “ateísmo” no tenía nada que ver con lo que los cristianos pensaran, sino lo que no hacían. Ellos rehusaban rendirle culto a los dioses paganos y al emperador, algo que era muy mal visto en la sociedad romana. Para esta, el no hacerlo ponía en juego la seguridad y prosperidad del Imperio. Por ende, se les veía como adversarios y sospechosos ante la ley.

El misterio de la acusación de incesto se desvanece cuando tenemos en cuenta que los cristianos se llamaban “hermanos” y “hermanas” entre sí y se saludaban con un beso. Nuestra perplejidad en cuanto a la ingestión de infantes se evapora cuando nos damos cuenta de que el llamado “sacrificio” e “ingestión” del supuesto niño tiene que ver con la rememoración de la muerte vicaria de Jesús en la cruz y la ingestión del “cuerpo” del “Hijo de Dios” —sacado de contexto, se entendía el “hijo” como un “niño”—.

El cristianismo en general era una organización abierta y receptiva a nuevos miembros de la gentilidad. El apologista Justino Mártir tuvo que escribirle al emperador Antonino Pío para disipar muchas dudas en torno a las ceremonias y creencias cristianas cristianas. Además, entre los mismos cristianos, circulaban documentos muy importantes, muchos de ellos han sido conservados, tales como la colección de cartas de Pablo, los evangelios, las cartas de Ignacio de Antioquía, 1 Clemente, entre otros. Sin embargo, eran en los lugares en los que eran prohibidas sus prácticas, que tuvieron que mantener sus acciones en secreto. Desde que el Emperador Nerón hizo ilegal el cristianismo en Roma, las reuniones eran secretas, al igual que ocurrió cuando el Emperador Trajano ilegalizó ciertas asociaciones, tal como nos dice Plinio el Joven. No obstante ello, los documentos conservados de esa época ponen en buena perspectiva los rumores que se hacían contra ellos.

Si nos preguntamos cómo algo tan inofensivo llevó a opiniones tan desorbitadas, debemos tener en cuenta que los cristianos no eran los únicos que tenían este problema, los cultos misterios compartían semejantes difamaciones. Desgraciadamente, para conocerlos, no somos tan afortunados. Sus documentos, rituales, cultos, etc., se han perdido para la historia.

Aquí nos encontramos con un problema con el mitismo en general y del que hablamos en nuestra subsección anterior, que exagera su certeza en cuanto a tales prácticas. Debido a que los cultos mistéricos eran inherentemente secretos y se prohibía la divulgación de sus actividades al vulgo, todo lo que tenemos como fuente primarias hallazgos arqueológicos, rumores del vulgo y puras conjeturas de parte de adversarios en cuanto a lo que llevaban a cabo. Es raro toparse con alguna documentación que revele lo que realmente llevaban a cabo en sus reuniones. Tan escasa es la información al respecto que cualquier aserción de parte de las autoridades, de rumores registrados por historiadores o por cristianos, debe tomarse con pinzas. No tenemos documentos que nos digan realmente lo que llevaron a cabo. No contamos con apologistas de dichos rituales mistéricos, como los tenemos en el caso del cristianismo. Esto nos invita a mirar la evidencia con mucha humildad intelectual: realmente no sabemos tanto de los cultos mistéricos como quisiéramos. Los historiadores en general lo saben de este inconveniente, pero el público no tanto. Claro, siempre hay uno que otro historiador que muestra más certeza que la que debería tener. Sin embargo, como laico en el tema, me percato de que hay bastante debate sobre la mayoría de sus creencias, características y rituales.

Visiones mitistas de los cultos paganos

Meme popular sobre la Navidad
Meme popular sobre la Navidad.

Del lado del mitismo, hay dos posturas en torno al ámbito pagano y su influencia sobre el cristianismo.

1. Una versión extrema de los misterios

Orfeo crucificado.
Un talismán de Orfeo crucificado presumiblemente antiguo. Fue popular en el siglo XIX, pero se perdió a raíz de la Segunda Guerra Mundial. Muchos dudan de su autenticidad como talismán antiguo órfico: 1. Orfeo es representado con el estilo medieval y renacentista de la crucifixión de Jesús; 2. Los rasgos de la crucifixión son sospechosamente similares a la representación del signo alquímico medieval del elemento mercurio; 3. No existe literatura alguna en la que se relate la crucifixión de Orfeo. Por estas razones, virtualmente todos los expertos de la Antigüedad coinciden de que este talismán se trata de una falsificación.

Desgraciadamente, esta es la versión a la que nuestro autor, Ricardo Alonso Zavala Toia, se suscribe, como nos podemos percatar en los capítulos de la cuarta parte, titulada, “El Jesús mitológico”. Los capítulos en que esto se nota más son el capítulo 2, titulado “Cristianismo y sincretismo religioso”, el capítulo 3, titulado, “¿Quién es realmente el `Hijo de Dios’?”, el capítulo 4, “Otras razones que confirman que Jesús es en realidad un dios solar”.

En estos capítulos se hace unas afirmaciones descabelladas, basándose en autoridades altamente cuestionables, de que hubo una variedad de dioses que nacieron de una virgen el 25 de diciembre, fueron anunciados por divinidades, tuvieron 12 discípulos, se llamaron el “Buen Pastor”, se les conocía como el “Logos”, etc. Es decir, que Jesús no es otra cosa que un plagio de otras deidades. (Zavala 165)

Esta es una posición proviene de James George Frazer, The Golden Bough, publicado en dos volúmenes en 1890 y en tres, en 1900. Es en esta obra que aparece la noción de los “dioses que mueren y resucitan” como una constante de las deidades paganas, además de un énfasis a los cultos solares. Por la manera de presentar este tema, no es sorpresa que hubo gente que vinculó este tipo de deidades con Jesús. Aunque hoy algunos expertos mantienen de una manera laxa —¡bien laxa!— la categoría de “dioses que mueren y resucitan”, está claro que nadie se suscribe hoy día a la labor antropológica de Frazer. El mismo autor tuvo que reconocer que bastante de su trabajo era especulativo.

Estas posiciones extremas también se basan en la obra decimonónica de Gerald Massey, un poeta —no experto—, que afirmaba en 1883 que los relatos sobre Jesús se basaban en gran medida en el mito de Horus, atribuyéndole que se había hecho bautizar por Anup, tenía doce apóstoles, etc. Luego, en el siglo XX, esta noción fue expandiéndose a otros dioses hasta culminar en YouTube con el famoso documental, Zeitgeist, de Peter Joseph, que afirma que una variedad de dioses nacieron el 25 de diciembre, fueron bautizados, crucificados, resucitados, etc.

No voy a repetir aquí lo que ya he indicado con mucho más detalle en un artículo anterior, que sencillamente ninguno de los supuestos dioses o personajes sagrados mencionados por el documental nacieron el 25 de diciembre. La única excepción a esta regla no es mencionada, la deidad Sol Invictus, divinidad adorada en Roma por varios emperadores. Puede ser que el mitraísmo haya adoptado esta fecha para el nacimiento de Mitra cuando, por sincretismo, pero no lo sabemos con seguridad. Nadie sabe a ciencia cierta cuando y por qué el cristianismo adoptó el 25 de diciembre para celebrar el nacimiento de Jesús, aunque se sospecha que se debió a un intento de las autoridades de cristianizar las festividades de la Saturnalia o para cambiar el significado de la fiesta a Sol Invictus. Fuera de ese caso, ni Horus, ni Buda, ni Atis, ni Dionisio, ni Hércules, ni ningún otro nació el 25 de diciembre. Tampoco es cierto que estos dioses, nacieron de una virgen —salvo una que otra excepción—, se sacrificó por la “paz del mundo”, se llamaba “Buen Pastor”, etc. Ningún historiador profesional suscribe esta convicción. No hay evidencia alguna de ello. Para todos los efectos, estos señalamientos desmitifican los capítulos 2 y 3 de la cuarta parte del libro de Zavala.

Un inconveniente para el mitismo: Frecuentemente, muchos mitistas resaltan el parecido que tiene Jesús como el “Buen Pastor” con deidades que eran pastores. Aun suponiendo que los evangelistas se inspiraran en la figura de David como pastor o de otras deidades, ellos mismos aportan un dato que no cabe en ese tipo de explicación: Jesús era un tekton (un artesano o carpintero) o hijo de un tekton. Los mitistas no proveen explicación alguna de por qué el evangelista Marcos y los demás escogieran esta profesión para un Jesús inventado. ¿Por qué no inventarse un “Jesús pastor”? Este hecho ha llevado a pensar al 99.99999% de los estudiosos del Nuevo Testamento de que la explicación más plausible es que este es un dato genuinamente histórico, no ficticio, que aportan los evangelistas.

En torno a Jesús específicamente, haré unos cuantos señalamientos que desmontan los capítulos del libro de Zavala:

  • En cuanto al capítulo 4 de la cuarta parte, él usa iconografías y citas de la Biblia Hebrea para demostrar que Jesús era, en realidad, una deidad solar. El problema con las iconografías es que son anacrónicas, porque se crearon siglos después de los Evangelios.
  • En cuanto el uso de la Biblia Hebrea, si bien no demuestran que Jesús existió, como afirmamos en la primera parte de esta serie de artículos, cabe señalar que tampoco demuestran su inexistencia. El hecho de que se utilice la luz o el sol como metáfora para Yahveh, no dice nada en torno al Jesús histórico.
  • Zavala malentiende lo que significa la frase de Jesús de que “verán al hijo del hombre que viene sobre las nubes del cielo con poder y gloria”. (Mateo 24:30; versión primitiva en Mc. 14:62) Nuestro autor dice que esta es una “clarísima alusión al dios solar”. (180) Todos y cada uno de los expertos en el Nuevo Testamento difieren de esa opinión, porque saben que Jesús se estaba refiriendo aquí a la figura del “hijo de hombre” que aparece en el libro de Daniel junto al “anciano de los días”. (Dn. 7:9-28) Aunque este “hijo de hombre” —trasliterado al griego incorrectamente en el Nuevo Testamento como “el Hijo del Hombre”— simbolizaba a Israel como suprema autoridad mundial, para Jesús era un supremo juez que vendría en las nubes a juzgar a las naciones, restauraría a Israel con sus doce tribus y le daría la suprema autoridad al Mesías. (Mc. 8:38; 13:24-27; Mt. 25:31-32; Lc. 17:23-24; 21:35-36)
  • El número doce para los discípulos más cercanos de Jesús no tiene nada que ver con astrología. La razón para pensarlo es que no hay alusión alguna, en ningún sitio, en torno a las constelaciones astrológicas. Por supuesto, hubo sectores judíos que adoptaron la astrología, de eso tenemos evidencia en los Rollos del Mar Muerto. Pero, ¿cómo sabemos que los esenios utilizaban la astrología? Sencillo, porque así lo dejaban saber en sus documentos. Este no es el caso de los evangelios. No hay evidencia alguna de que Jesús o sus discípulos usaran la astrología como base de su mensaje. Si esto es así, entonces, ¿por qué Jesús tenía doce discípulos cercanos? Si prestamos atención a los textos del Nuevo Testamento, ellos nos darán la respuesta:

Os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración [i.e. cuando Israel sea restaurada con sus doce tribus], cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

Mt. 19:28

En otras palabras, cuando el Hijo del Hombre juzgara a las naciones, le tocaría a los doce discípulos juzgar a las doce tribus. Toda la visión expuesta de ello es puramente de escatología apocalíptica, no hay rastro alguno de astrología. Aun así, puede haber algún tipo de ánimo de relacionar a las doce tribus con la astrología, pero eso sería irse más allá de la evidencia a un terreno puramente especulativo.

  • Tampoco es adecuado el uso del Evangelio de Juan y su referencia a Jesús como la “luz del mundo” como evidencia de que este era una deidad solar. En primer lugar, de todos los evangelios, es el más tardío. No hay señal alguna de que Jesús hubiera sido una deidad solar para los Evangelios Sinópticos. De todos los evangelios, es Juan es el que tiene la teología más exaltada del Mesías hasta el punto de considerarle la Palabra encarnada. La expresión de Jesús como luz del mundo se debe a que su autor concibe a Jesús como el Logos como análogo a la Sabiduría Divina expresada en la Palabra creadora de Dios como una hipóstasis de Dios. La palabra hipóstasis se refiere a esta tendencia judía de convertir un atributo de Dios en una entidad autónoma de este. Para ello, el autor del evangelio no utiliza el paganismo como referencia, sino más bien al libro de la Septuaginta, Sabiduría de Salomón, en la que alude a cómo la luz de Dios, la Sabiduría Divina que narra en el texto cómo iluminaba a los hijos de Israel en medio de las tinieblas. Por esta luz fue que vivieron. (Sab. 17-18:4; compárese con Jn. 8:12)

2. Una visión más moderada, pero errada

Diosa Ishtar/Inanna
Diosa Ishtar/Inanna. Imagen animada cortesía de Nina Paley. (CC0)

Por otro lado, hay una visión mucho más moderada de la misma tesis, basándose precisamente en los mitos de los dioses que “mueren y resucitan”. Esta visión sugiere que hay una duda razonable de la existencia de Jesús debido a que ha adoptado la forma de una deidad que muere y resucita, tal como se veía en los cultos mistéricos. Estas labores académicas son usualmente mejor instruidas en el tema. En el ámbito mitista, como he indicado en nuestro primer artículo de la serie, los que mejor se destacan en relación con el tema son Robert Price y Richard Carrier. Hago la salvedad de que D. M. Murdock o Acharya S. tiene las credenciales académicas, pero en vez de insertarse dentro de la corriente principal de su campo en aportaciones serias al tema, se ha aferrado a posiciones extremadamente marginales en relación con los cultos grecorromanos y no interactúa genuinamente con material relacionado con el campo neotestamentario.

Por otro lado, Price tiene las credenciales de erudito del Nuevo Testamento, pero, como indicamos en nuestra subentrada anterior, la posición de Price, aun dentro del mitismo académico, es más marginal que marginal. Como demostré allí, realmente no hace las debidas cualificaciones en sus investigaciones y sus aserciones, aunque informadas, deben tomarse con pinzas debido a su lectura muy tendenciosa de la evidencia antigua.

Finalmente, nos queda Richard Carrier. No repetiremos aquí lo que hemos dicho en nuestro primer artículo. De su labor académica, se puede decir que todo su caso se basa en una exageración de certeza sobre su interpretación de las fuentes primarias dentro de un ámbito donde no hay certeza entre los estudiosos o que, para los expertos en general, su visión es mucho más débil que lo que quiere proyectar. Esto no ha pasado inadvertido por varios escritores en el ciberespacio, algunos simpatizantes de su posición. Le he dicho siempre a mis amistades que donde Carrier afirme absoluta certeza o donde él se vea en la necesidad de exagerar su énfasis de que se basa en una autoridad académica reconocida, se le ponga un signo de interrogación al lado. Ya hemos visto la manera en que ha dependido excesivamente de la obra de Dennis R. MacDonald. Esta crítica también se extiende a su uso y abuso de posiciones muy marginales de otros académicos.

A partir de lo que he leído hasta ahora de su frondoso libro, On the Historicity of Jesus (Sobre la historicidad de Jesús) me encuentro frecuentemente de acuerdo con él en la mayoría de lo que dice. De hecho, sostengo que el cristianismo fue más influenciado por los cultos mistéricos de lo que muchos eruditos conservadores y algunos más liberales están dispuestos a admitir. El caso de Carrier es que el cristianismo surgió a raíz de la influencia del paganismo sobre la sociedad judía de la época. Sin embargo, aunque en su libro, él tiende a ser un poco más comedido, su lectura de las fuentes primarias —es decir, documentos antiguos— suele ser notablemente tendenciosa, y, en algunas ocasiones, raya en engañosa.

Un ejemplo de ello tiene que ver con la manera en la que utiliza ciertos términos, convierte sus significados en términos tan laxos y flexibles que podrían abarcar cualquier tipo de narrativa. Por ejemplo, él señala que hay ejemplos de dioses o semidioses paganos que pasaron por una “pasión”. Para él, esto incluye al Mitra grecorromano, que se le representa matando a un toro, como si hubiera pasado alguna “dificultad” que logró “superar” matándolo. Él incluye aquí tanto el sufrimiento o dolor que padezca cualquier dios, semidiós o héroe, hasta cualquier tipo de dificultades o lucha. Sin embargo, bajo esa noción, cualquier héroe, semidiós o dios de cualquier lugar —Europa, Asia, África, América Precolombina— ha pasado por momentos difíciles, luchas y hasta muertes. No solo esto incluiría a dioses como Orfeo o un semidiós como Heracles, sino también a patriarcas judíos como Abraham, Jacob, José, Moisés, David, entre muchos otros. Por otro lado, supongamos que omitimos por completo la narrativa de la resurrección y supongamos, para efectos del argumentos de que existió un Jesús. ¿Alguien podría argumentar, en serio, que si existió Jesús, no debió haber tenido dificultades superables en su vida, de otra manera hubiera adoptado el patrón de “un dios que muere y resucita”? Al definir el término “pasión” de esa manera, el presunto valor de relacionar la pasión de Jesús con la de algún héroe o divinidad pagana es cero.

Se podría objetar que a la pasión y superación a la que se refiere Carrier es a una que “salve” a la humanidad, así, estas entidades fantásticas se convierten en “salvadores”. Hasta cierto punto, estoy de acuerdo, coincido con que en la literatura hebrea no había en sí una noción de salvación vicaria antes del cristianismo. Por otro lado, tal crítica ignora que muchas de estas llamadas “pasiones” paganas no son para la salvación de seguidores paganos sino que tienen que ver con los ciclos de la naturaleza, la fertilidad de la tierra, los cultivos y las estaciones del año, como sucede con los misterios eleusinos —basados en el mito de Deméter y Perséfone—. (Piñero, Año I 154-158) En otros casos, es pura conjetura; por ejemplo, no tenemos ningún relato de la llamada “pasión” de Mitra, ni tenemos idea alguna de si esa noción era salvífica para los mitraístas grecorromanos. (Alvar, “El misterio de Mitra” 500) Para que la alternativa de Carrier sea viable, habría que flexibilizar más todavía la noción de “salvación” —hacerla lo más vaga posible: de que tal “pasión” en sentido extremadamente laxo salva a la humanidad “de alguna forma”— para poder abarcar casos en los que claramente el centro del culto pagano no es una pasión o sufrimiento vicario como el de Jesús, sino que sostiene explicaciones etiológicas de los ciclos naturales, entre otros asuntos. (Carrier 98-99)

Otro ejemplo de ello es el de la diosa Inana (Ishtar), su pasión y muerte se parecen a la de Jesús. La diosa desciende al inframundo donde los anuna —jueces del inframundo— la matan y cuelgan su cuerpo como un pedazo de carne mediante un gancho. Por tres días y tres noches queda colgada hasta que volvió a la vida eventualmente. Carrier afirma que la palabra para “gancho” es la misma que para la de “clavo”. Además, ella era “hija de Dios” que resucitó tras dársele comida y agua de la vida, algo similar a una “eucaristía”. El mismo Carrier reconoce que el vínculo cultural entre la diosa Inana y la noción de la muerte y resurrección de Jesús es extremadamente escasa, aunque piensa que no es una casualidad. (Carrier 45-47) Ahí pues, empieza a adoptar un lenguaje tendencioso para decir que, así como Inana “descendió al inframundo, fue crucificada y resucitó al tercer día”, Jesús también hizo lo mismo. Aunque en el libro, él suele ser más cuidadoso, en sus conferencias no lo es tanto. Mucha gente se ha dado cuenta de su intencionado juego de palabras para sugerir fuertemente una analogía entre ambos relatos. Carrier no contempla otras alternativas a partir de estudios recientes. Por ejemplo, en las cartas de Pablo encontramos lo que se considera confesiones prepaulinas —es decir, declaraciones de fe que Pablo cita y que fueron compartidas por las congregaciones antes de que él escribiera sus cartas—. Las comunidades primitivas pensaban que Jesús fue sepultado, algo que no ocurrió con Inana, y Dios le resucitó, pero no vía “una eucaristía”. Jesús fue sepultado, Inana no. (1 Cor. 15:3-8)

Los tres días en que permanecieron muertos sí puede ser coincidencia. En fin, dentro de la apocalíptica judía, se pensaba que al final de los tiempos, los muertos resucitarían. Los cristianos primitivos, apocalíticos en fin, vieron la resurrección de Jesús como una señal de que ya era el fin de los tiempos y que la intervención de Yahveh para restaurar a Israel estaba pronta a ocurrir. Es más, veían en Jesús una primicia de lo que le pasaría a los creyentes al final de los tiempos, algo que veremos más tarde con Pablo. En ese sentido, puede ser que la creencia de que Jesús haya resucitado al tercer día se base en el profeta Oseas:

Venid, volvamos a Yahveh, él ha desgarrado, pero nos curará; él ha herido, pero nos vendará. Dentro de dos días nos dará vida, al tercer día nos hará resurgir y viviremos en su presencia.

Os. 6:1-2

Es perfectamente posible que Oseas mismo se haya inspirado en el mito de Inana. Como señala Carrier, en el caso de los profetas Jeremías y Ezequiel, vemos algunas de sus críticas al culto a Inana y Tamuz. (Carrier 46) Sin embargo, no vemos tales influencias en el cristianismo primitivo. ¿Qué es más probable? ¿Que los primeros cristianos se basaron en la Biblia Hebrea, la cual consultaban constantemente, o que se refirieran al mito de Inana, que nunca citaron en ningún otro caso? En fin, la confesión prepaulina a la que aludimos dice que Jesús resucitó al tercer día, “según las Escrituras”. (1 Cor. 15:4)

Finalmente, como en muchos casos, Carrier se atiene a categorías de las que la mayoría de estudiosos de las religiones se han alejado, tales como el famosa clase de héroe Rank-Raglan, bajo la que él alega que Jesús cae. (Carrier 235-253) Como hemos visto, este tipo de categorías elásticas bien generales pierden rigor en su carácter explicativo en cuanto a la supuesta dependencia narrativa entre relatos y mitos debido a que se diseñan para ajustarlas a la situación que se desee. (Ellwood x; Northup 5-6)

En otras palabras, aun la corriente más moderada que desea establecer paralelismos entre los dioses y Jesús es exagerada, especialmente cuando falla en tener en cuenta una serie de factores que son inconvenientes a su caso mitista. Esto también incluye sus tesis en torno a la Eucaristía, porque falla cuando establece la celebración de una cena como influencia pagana sin tener en cuenta las reuniones ceremoniales con estructuras judías, lo que le lleva a no dar cuenta de prácticas de la cena que llevaban ciertos cristianos que reflejan la estructura de un kiddush y que parecen haber sido previas a la forma paulina de la Eucaristía (véase un artículo donde trato el tema).

También muestra la misma conducta tendenciosa en cuanto al relato de Isis y Osiris, al igual que de los cultos órficos/dionisiacos y de los misterios en general. Finalmente, no tiene en cuenta la crítica literaria neotestamentaria que ayuda a establecer, usando las cartas de Pablo, una distinción entre el cristianismo palestinense y el promulgado por Pablo y cómo este último utilizó recursos paganos, tal vez algunos mistéricos, para predicar su mensaje cristiano a los gentiles. Así que esa falta de cualificación le lleva erradamente a la idea de que los cristianos palestinenses —Jacobo, Pedro, Juan y los demás— sostenían un tipo de culto mistérico judío. En realidad, el contenido teológico de una divinidad que desciende, se encarna, muere, resucita y asciende a un estado más alto, a la vez que el nuevo significado eucarístico y del bautismo, de unir la congregación a Jesús, su muerte y resurrección vía el bautismo, tienen todas dimensiones judías pero con algunas “paganizaciones” por parte de judeohelenistas y Pablo mismo. Esto lo discutiremos más adelante. No obstante esto, sería una falacia pensar que los palestinenses pensaban lo mismo.

La categoría de los “dioses que mueren y resucitan”

Quisiera añadir brevemente que, a pesar de las críticas de Robert Price y Richard Carrier al uso que hizo Bart D. Ehrman de la refutación de la categoría de “dioses que mueren y resucitan”, él no hizo otra cosa que describir la situación actual entre los expertos de la Antigüedad. Gracias a un artículo escrito por el erudito Jonathan Z. Smith, la mayoría se ha alejado de ese tipo de clasificación. (Ehrman, Did Jesus 183-185; véase también Smith, Drudgery Divine) En el caso de Osiris, este muere, pero cuando resucita es en el inframundo, no en el mundo terreno, como en el caso de Jesús. Perséfone nunca muere ni resucita, sino que visita el inframundo y emerge de este, la explicación etiológica de las temporadas naturales depende de los sentimientos de Deméter en relación con ello, quien tampoco muere ni resucita. Algo similar ocurre con Adonis, que en una temporada con Afrodita en los cielos y después con Perséfone en el inframundo. Antes de la época de Jesús, parece que habían relatos de dioses grecorromanos que morían y no resucitaban, o desaparecían, entre otros. Igual pasa con otros dioses de otras civilizaciones, tales como Tamuz y Marduk.

Esto no significa que todos los eruditos estén de acuerdo con esta perspectiva de Smith. Por ejemplo, en el caso de Antonio Piñero, Tryggve N. D. Mettinger, Eugenio Gómez Segura, vemos que ellos consideran que los tipos de dioses que “mueren y resucitan” influenció el cristianismo, especialmente vía Pablo, quien adoptó este motif cultural de la época. Aunque mi posición no está bien definida en cuanto a este tema —aun cuando mi tendencia es la de escepticismo ante la noción— para efectos del argumento y facilitar la discusión, supondré que este motif, en un sentido bien laxo, de dioses que “mueren y resucitan” es correcto y que el judeohelenismo, tal vez Pablo en particular, lo aplicó a Jesús. Esto nos lleva al siguiente tema.

La comprensión de Pablo de Tarso por parte de Zavala

Pablo escribiendo una epístola - Valentin de Boulogne
Pablo escribiendo una epístola, probablemente de Valentin de Boulogne (1618-1620)

¿Quién era Pablo el Apóstol?

Sobre los particulares y estudio minucioso del tema según lo entiendo, refiero al lector o lectora al mi libro Pablo el Emisario: odiado e incomprendido. Por ahora, voy a resumir la figura de Pablo haciendo la salvedad de que dependo mucho más en sus siente cartas auténticas —Romanos, Gálatas, 1 y 2 Corintios, 1 Tesalonicenses, Filipenses y Filemón— y no a Hechos de los Apóstoles. Como conocen plenamente los estudiosos en el tema, Hechos no es fiable en una gran diversidad de aspectos de la vida primitiva del cristianismo, aunque sí aporta alguna información importante —descubrible en parte por el criterio de dificultad— además de proveer coordenadas para conocer el orden de sucesos del cristianismo primitivo y de la vida de Pablo.

El Apóstol, como le llamaba Tomás de Aquino, desde un punto de vista histórico, fue un judío que creció en un ámbito helenístico, nacido en Tarso y que se desarrolló en el ámbito helenista. No es plausible que fuera un fariseo agente de las autoridades del Templo de Jerusalén, en parte, porque el liderato judío en Jerusalén era saduceo. Tampoco es plausible que él hubiera perseguido al cristianismo en Jerusalén ni tampoco hubiera sido enviado por dichas autoridades a Damasco (Siria) a arrestarlos, dado que estaba fuera de la jurisdicción de las autoridades de Judea. Ambos supuestos acontecimientos fueron resultado de la viva creatividad del autor de Hechos.

No hay duda de que Pablo fue perseguidor rabioso de los primeros cristianos, pero él no fue enviado a Damasco desde Jerusalén, sino que probablemente vivía en Damasco. Es más probable que les castigara en las sinagogas pegándoles con una vara 49 o, quizás, formando parte de gangas clandestinas para acosarlos, lastimarlos o matarlos. A pesar de ello, él alegaba haber recibido una revelación de Jesús resucitado enviándole a predicar a los gentiles algo que él llamaba, “mi evangelio”. (Gál. 1) ¿En qué consistía este evangelio?

  • Yahveh le prometió a Abraham que tendría una gran descendencia que constituiría el Pueblo Elegido, que le entregaría la tierra palestinense para que se establecieran allí y que sería bendición de “numerosas gentes” o “naciones”. Las dos primeras promesas se cumplieron, pero faltaba la última. La buena noticia —nos dice Pablo— es que la muerte y resurrección del Mesías le abría las puertas a los gentiles a que ingresaran a ser “hijos de Abraham” en plena igualdad con los judíos. (Gál. 3:6-18; 23-29; Rom. 4)
  • Jesús vivió y murió bajo la Ley de Moisés, haciéndose, bajo esta, una maldición por haber muerto crucificado, así como los gentiles se habían vuelto maldición bajo la Ley por no cumplir con sus preceptos. Mediante la fe en Jesús muerto y crucificado, factor común entre cristianos judíos y gentiles, Yahveh liberó a los gentiles de la observancia de algunas prescripciones de la Ley, a saber, la circuncisión, la observancia del sábado y la dieta kosher. Esta es la gracia espiritual concedida por Dios mediante la fe en Jesús para superar la debilidad de la carne tanto en judíos como gentiles, producto de nuestras acciones pecaminosas. (Gál. 4:1-11; 5:1-12; Rom. 1-3; 6; 8)
  • Esta gracia concedida a todos los cristianos, les hacía iguales ante el Mesías, eran adoptados como hijos de Abraham e hijos de Dios, teniendo a Jesús como el primero entre varios hermanos. Los judíos conservarían el conocimiento y la observancia de la Ley y sus obras, pero solo en virtud de la fe en el Mesías. Por otro lado, los gentiles, por gracia divina, obedecerían la parte moral de la Ley, que Dios escribió en sus corazones. (Gál. 5:1-12; Rom. 9-11)
  • Cuando regrese el Mesías al final de los tiempos, este restaurará a Israel con sus doce tribus en el cielo, los que se salven —Israel y los gentiles conversos— serían transformados físicamente de cuerpos materiales a espirituales, en un ámbito en el que desaparecería el dominio del pecado y prevalecería la voluntad del Espíritu Divino, por lo que no habría muerte. (1 Tes. 4-5:11; 1 Cor. 15:12-58)

Según Pablo, este evangelio es nuevo y no le fue dado por ninguna persona, sino directamente de la boca de Jesús resucitado en una experiencia revelatoria. (Gál. 1:11-12)

Nótese que en ningún momento Pablo rechazaba la Ley Mosaica y se veía a sí mismo como judío observante. (Gál. 5:1-3) Sin embargo, puede comprenderse entonces el roce frecuente que tenía con muchos de los cristianos palestinenses que entendían que era requisito de conversión la circuncisión, la observancia del Sábado y del kosher. Este choque se extendía también al liderato jerosolimitano —particularmente Jacobo, el hermano de Jesús, y Pedro—, aun cuando este acordó con Pablo y Bernabé el eximir a los gentiles del requisito de la circuncisión, siempre y cuando hubiera solidaridad económica con la congregación de Jerusalén. (Gál. 2; véase Orlando y el correspondiente documental)

Parte de su evangelio incluía una cristología particular. Parece ser que la cristología de las autoridades jerusalemitas veía que Jesús nació ser humano, judío, que fue exaltado a la posición de Señor cósmico en el momento de la resurrección, lo que ocurre como resultado de haber sido adoptado como Hijo por parte de Dios. Esta confesión primitiva que no era paulina, pero que él citaba, aparece en varios lugares en el Nuevo Testamento. (Gál. 4:4; Rom. 1:3-4; Hch. 5:30-31; 13:32-33) Por otro lado, Pablo sostenía que Jesús era un ser divino preexistente —¿tal vez un ángel? (Gál. 4:14)— que se despojó de su ser divino para volverse humano, morir en la cruz, resucitar y ser exaltado a una posición superior a la que estaba originalmente, obteniendo el título de “Señor” —recordemos que este era un título exclusivo para Dios—. (Flp. 2:6-11) De esta manera, los creyentes se veían bajo un solo Dios creador y súbditos de un régimen de un solo Señor que sostenía la existencia del cosmos. (1 Cor. 8:6)

Habiendo hecho un resumen medio photo-finish en cuanto a la vida y teología de Pablo, ya tenemos base para discutir la manera que él es tratado por Zavala.

¿Fue Pablo gnóstico?

Folios del Apócrifo de Juan
Folios del Apócrifo de Juan, de la Biblioteca de Nag Hammadi. Imagen cortesía del Museo Copto, Egipto.

¿Qué es el gnosticismo?

El estado de situación actual en torno al tema del gnosticismo en el mundo académico es uno muy difícil. Nadie está de acuerdo en cuanto a las minucias que definen el término. Algunas posiciones son muy abarcadoras, que reúnen bajo este movimientos tales como el de Basílides, Valentín, Manes, Marción de Sinope, los mandeístas, los setistas, entre muchos otros. Otros eruditos, como David Brakke, que afirma que los gnósticos son un grupo distinto a los de Valentín, Basílides y otros. Una experta como Karen King afirma que definir lo que es el “gnosticismo” es una empresa fútil. Según unos, el Evangelio de Tomás es un texto gnóstico y según otros no. Según unos, los documentos hermetistas de Nag Hammadi son gnósticos, para otros no.

Esto se debe a que el término “gnóstico” aparece por primera vez en la literatura apologética y patrística cristiana del siglo II, especialmente en las obras de Ireneo de Lyon, donde intentaba escribir contra estos sectores cristianos y describía en qué consistían sus creencias. La otra fuente es la Biblioteca de Nag Hammadi y otros textos antiguos (e.g. el Evangelio de Judas, el Evangelio de María) que parecen compartir algunos factores comunes. Usualmente se describe a esta biblioteca como “gnóstica”, cuando en realidad la diversidad de textos no lo establecen con plena certeza. Hay textos que sí parecen corresponder o se relacionan con la descripción de Ireneo, pero hay algunos que son de otro género —e.g. los textos herméticos, el Evangelio de Tomás—.

Hubo un intento de establecer alguna especie de consenso entre especialistas en el Congreso de Mesina de 1966, sin hablar de que no ha tenido mucho éxito entre los académicos. (Bianchi; King) Como resultado, tenemos distintos modelos del desarrollo del gnosticismo, factor que incide en nuestra crítica a Zavala. Sin embargo, debemos concederle que él consultó a una autoridad reconocida en el tema, Francisco García Bazán y su definición de lo que es el gnosticismo es una de muchas posturas dominantes en el mundo académico. (Zavala Toia 68-69)

El supuesto gnosticismo de Pablo según lo presenta Zavala

Nos dice Zavala que la teología paulina tiene muchas características gnósticas (solo voy a citar unos casos):

Utiliza a menudo expresiones como pneuma (espíritu), gnosis (conocimiento divino), doxa (gloria), sophia (sabiduría), teleioi (los iniciados).

Zavala Toia 69

El problema es que reúne aquí una serie de términos que eran comunes también en el judaísmo —espíritu, gloria—, que eran comunes también en el judeohelenismo inspirado en la Septuaginta —sophia—. Solo un término, “teleioi” es más descriptivo de los iniciados en religiones mistéricas. Sin embargo, también es utilizado por todo el Nuevo Testamento y cada autor lo utilizaba en sentidos distintos, por ejemplo, como cuando se presenta a los teleioi como aquellos que están preparados moralmente a perfección para la pronta venida del Reino de Dios. (Heb. 6:1) En ese caso, teleioi adquierió una dimensión judía de consagración a Dios mediante la fe, no gnóstica. El sentido paulino tampoco es una noción gnóstica, sino, al revés, que los valentinianos y los gnósticos lo adquirieron de Pablo.

Claramente en 1 Cor. 12:31 aconseja a sus seguidores: “… aspiren a los carismas más elevados, y yo quisiera mostrarles un camino que los supera a todos.” La palabra carisma se deriva del término makarismos. W. Burkert, explica: “Una de las características principales de los misterios es el makarismos”…

69-70

Aquí hay dos equivocaciones. En mi opinión, basándome en el Wayne A. Meeks, Jean Héring y Senén Vidal, estoy convencido —repito, teniendo en cuenta mi inexpertise— de que 1 Cor. 12:31b-14:1a es una interpolación pospaulina en un texto de Pablo. (Vidal, Las cartas auténticas 327-333; Piñero, Guía Pablo 317-319) Según esta perspectiva, la frase “… y yo quisiera mostrarles un camino que los supera a todos” o, más precisamente, “pero voy a mostraros un camino más excelente” es un puente que hizo el interpolador del capítulo 12 al capítulo 13 de 1 Corintios. Eso no quita que el resto de los capítulos 12 y 14 —consistentes entre sí, pero no con el cap. 13— sí se hable de carismas. Por otro lado, “makarismos” y términos relacionados son más bien sinónimos de “bendición”. (Gál. 4:15; Rom. 1:25; 9:5)

Ahora bien, hago la salvedad, en aras de la honestidad, de que la mayoría de los estudiosos de Pablo no ven en el cap. 13 una interpolación. Si Zavala desea descartar el señalamiento que acabo de hacer, no me ofende si lo hace. Sin embargo, los carismas de los que Pablo habla adquieren un sentido helenístico, en particular estoico, de las congregaciones: los carismas del Espíritu de Dios son resultado de que la gracia divina (caris) con la que cada creyente adquiría una facultad espiritual, por lo que le permitía cumplir con alguna función de la congregación, de la misma manera que un órgano cumple una función dentro de un organismo vivo. (1 Cor. 12) Una vez más, la palabra “caris” en griego, de donde proviene “carisma, es un término utilizado en la Septuaginta para traducir “el favor de Dios” del hebreo de la Biblia Hebrea. El concebir la repartición de estos carismas para una funcionalidad orgánica le da toques estoicistas.

Finalmente, como apunté en la primera parte de la crítica, Zavala confunde el gnosticismo con las religiones mistéricas. Y esta es una instancia de ello.

En 1 Corintios 4:1, Pablo se autocalifica como uno de los “… administradores de los misterios de Dios“. G. A. Wells explica que el culto alejandrino de Serapis y su consorte Isis, estaba muy extendido en el mundo grecorromano de entonces, de lo que se infiere que resulta muy posible que Pablo fuera un “administrador de los misterios” de Serapis. También agrega que el emperador Adriano escribió lo siguiente sobre los ciudadanos de Alejandría: “aquí ves cristianos que adoran a Serapis y adoradores de Serapis que se hacen llamar obispos de Cristo.”

70

Esto es incorrecto y revela una razón adicional de por qué recomiendo no confiar en G. A. Wells. (Alvar, “La negación” 92-93) En primer lugar, volvemos a señalar la confusión entre cultos misterios y gnosticismo. En segundo lugar, es altamente improbable que Pablo participara de los cultos de Serapis e Isis, aunque puede ser que estuviera familiarizado con ellos. En la época de Pablo, no habían epíscopos (obispos), ya que no los menciona cuando hablaba de las autoridades de Jerusalén, los apóstoles o sus congregaciones (1 Cor. 12; 15:5; Gál. 2). Los “epíscopos” se formaron en una etapa posterior del cristianismo del siglo I, por eso es que se mencionaban en las epístolas pastorales (1 y 2 Timoteo y Tito), escritas a finales del siglo I y principios del II EC. Esto coincide con la época de la expresión de Adriano, emperador que vivió en el siglo II EC. Finalmente, Pablo le tenía un odio visceral a los cultos paganos en general. Cualquier vistazo a los primeros capítulos de la Carta a los Romanos y a las epístolas a los Corintios lo deja bien claro, especialmente cuando denuncia muy duramente a varios miembros de sus congregaciones que participaban en dichas actividades y cuando buscaban de justicia de los paganos en torno a asuntos internos de las comunidades. (Rom. 1:18-2:29; 1 Cor. 6; 8-10) Participar de los cultos de Serapis era impensable para Pablo.

Refiriéndose a Dios, en Hechos 17, 28, Pablo dice: “En realidad no está lejos de cada uno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos, como dijeron algunos poetas suyos: `somos del linaje de Dios,'”

70

Tampoco esto es correcto. Como bien sabe todo estudioso de Hechos de los Apóstoles —y del Evangelio de Lucas—, su autor adopta una concepción estoicista del mundo, en la que la divinidad está presente en todo lugar y de la que formamos parte. Esta es una noción panenteísta de Dios. Esta no es una idea gnóstica, porque para los gnósticos, el verdadero Dios no puede participar del pervertido y decadente mundo material. Tampoco es una noción de los cultos mistéricos, sino del estoicismo y movimientos afines.

Ahora bien, ¿no comparte Pablo una influencia estoicista? La respuesta es afirmativa, pero para él esta visión de Dios como el todo en todo no es algo presente, sino futuro. En una combinación interesante de estoicismo con judaísmo apocalíptico, Pablo dice muy claramente que al final de los tiempos, cuando el Mesías le entregue el reinado del cosmos a Yahveh, entonces Dios será todo en todo. (1 Tes. 2:12; 1 Cor. 15:24-28,50) Cuando el autor de Lucas-Hechos escribe sus libros (80-110 EC), el cristianismo como movimiento ya se había frustrado por que no se había cumplido la llegada del Reino de Dios. Lo que indicaba este autor, aunque atribuyera su visión de mundo a Pablo, era que el Reino ya había llegado, ahora Dios es todo en todo (e.g. Lc. 17:20-22) Por ende, la cita de Hechos no expresa teología paulina, sino lucana. (Fitzmyer, Los Hechos II:279-284)

Pablo predica la doctrina gnóstica de ilusionismo y afirma que Jesús no vino como persona, sino “en una carne semejante” (Romanos 8, 3).

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Esto es incorrecto y se desprende bien de los textos paulinos que Jesús tuvo cuerpo con carne humana, que en la resurrección fue transformado en un cuerpo físico espiritual. Zavala saca al pasaje de contexto. Más tarde, discutiremos con más lujo de detalles la antropología paulina. Baste con indicar que Pablo se estaba refiriendo al hecho de que nuestro cuerpo material, nuestra “carne”, fue afectada por el pecado, llevándole a la muerte eventual. (Rom. 5; 7:7-25) Al contrario, Jesús fue dado un cuerpo material, pero … en palabras de Pablo …

En efecto, Dios, enviando a su propio Hijo en una carne semejante a la del pecado, y en orden de abolir el pecado, condenó el pecado en la carne.

Rom. 8:3

Pablo dice muy claro que el cuerpo del Mesías no fue afectado por el pecado, por lo que Jesús no tenía que asumir la muerte. Aun así, tenía una carne semejante a la nuestra, pero se despojó de su aspecto decadente, fue crucificado, para que con su sangre y sacrificio se rescataran a los creyentes en él de las garras del pecado (noción vicaria de la salvación). Según la carne, era “hijo de mujer” —una frase con la que indicaba que era un ser humano, el uso de tal frase común, véase: Job. 14:1; Mt. 11:11, Lc. 7:28— y descendiente de David. (Rom 1:3-4; Gál. 4:4)

Lo que Zavala parece tener en mente es el movimiento docético, que decía que Jesús solo parecía tener cuerpo, pero esta claramente no es la postura paulina. Eso es así, no solo por que acabamos de discutir, sino porque Pablo también reconocía la existencia de cristianos que habían conocido a Jesús “según la carne”, mientras que ahora él y sus congregaciones lo conocían según el espíritu. (2 Cor. 5:16)

Por cierto, esta tampoco era una posición definitoria del gnosticismo. En algunos escritos gnósticos, o algunos afines, Jesús aparece besando a Jacobo, su hermano, a María (¿Magdalena?), o pidiéndole a Judas que deseaba morir para escapar de su cuerpo —en el Apócrifo de Jacobo, el Evangelio de Felipe y el Evangelio de Judas respectivamente—. Todas estas tenían el objetivo de expresar físicamente una revelación única de Jesús a esos personajes neotestamentarios.

Otros argumentos:

  • El nombre de Pablo aparece en los textos de Nag Hammadi. (Zavala Toia 69) Eso significa muy poco. Aparecen también textos a nombre de Juan, Jacobo, Pedro, Felipe y Tomás. ¿Puede alguien con dos dedos de frente pensar que Jacobo, el hermano de Jesús, o Pedro fueron gnósticos? Si no puede ser así históricamente, ¿por qué lo sería Pablo solo con base en que su nombre aparece en unos libros atribuidos a él?
  • Sí, en el pasaje 1 Cor. 13, Pablo —yo sostengo que un autor desconocido— adopta un lenguaje algo platónico, pero un platonismo vulgarizado, como diría Antonio Piñero. Se hace alusión a una visión platónica cuando afirma que ahora se ve como en un espejo —es decir, desfiguradamente—, pero que después se vería con claridad. Sin embargo, lo único que revela el pasaje es que estaba influenciado por la cultura helenística, no es nada específico de los misterios o de los gnósticos.

Evaluando el mérito del supuesto “Pablo gnóstico”

Imagen de la deidad basilideana de Abraxas
Imagen de la deidad basilideana de Abraxas.

La idea de que Pablo era gnóstico no es nueva. Tal vez la obra más representativa de esta postura en el ámbito académico es la de Hyam Maccoby en dos de sus obras, The Mythmaker y Paul and Hellenism. De acuerdo con él, hay unos elementos gnósticos en la teología paulina, incluyendo su antisemitismo. (Maccoby 1-53) No voy a entrar en los detalles, solo me limitaré a decir que no sé de nadie en el mundo académico actual que esté de acuerdo con él (¿quizás Robert Price?) Además, para alguien que pensaba que Israel se salvaría —vean la sección en que explico el evangelio paulino—, él no era muy antisemita.

Gran parte de la razón de por qué nadie supone que Pablo era gnóstico se debe a que, hoy día, se sabe que el gnosticismo era un fenómeno del siglo II EC, no del siglo I EC. Hay tres razones para ello:

  • Nuestro primer reporte de la existencia de los gnósticos como corriente religiosa procede de los escritos de Ireneo de Lyon, al final del siglo II EC.
  • La primera alusión clara a movimientos centrados en la gnosis —en vez de la fe en Cristo— proviene de la carta pseudopaulina, 1 Timoteo: “Evita las palabrerías profanas, y también las objeciones de la falsa ciencia [gnosis]; algunos que la profesaban se han apartado de la fe” (6:20-21) Esta carta fue escrita a finales del siglo I o principios del II EC.
  • Todos los textos gnósticos que conocemos datan del siglo II o III EC.

Lo que sí puedo indicar es que entre los académicos ha habido una distinción del movimiento de la “gnosis” y del “gnosticismo”. Para los académicos en general, no son lo mismo. Según ellos, la gnosis como un movimiento amorfo de corrientes religiosas diferentes se puede caracterizar de la siguiente manera:

… un movimiento sincrético que tiene sus primeras manifestaciones en el siglo I de nuestra era, y que florece con esplendor en el siglo II, en especial en aquellas versiones que se relacionan con religiones conocidas en esos dos siglos: el judaísmo y el cristianismo….

…. El vocablo expresa más bien un conjunto de ideas o concepciones religiosas que mantienen entre sí cierta coherencia, que suelen mostrarse juntas y que aparecen como elementos constitutivos de ciertas religiones específicas del mundo antiguo, a las que podemos caracterizar más o menos como “gnósticas” o “gnosticizantes”, según el grado de asimilación de ese conjunto de ideas.

Piñero et al. 1:33, 34-35

Entiendo por gnosis judaica una exégesis del Antiguo Testamento que adapta los dogmas bíblicos a las categorías del pensamiento helenístico, principalmente platónico. El ámbito principal de esta interpretación es la cosmología, con apertura, es decir, con atención también hacia la antropología y la teodicea.

Montserrat Torrents, Los gnósticos I:intro.; Piñero, Gnosis 287.

Algunos piensan que la gnosis como movimiento tuvo sus raíces en el judaísmo. En parte porque no todos los textos gnósticos son cristianos, o algunos que fueron originalmente judíos y después “cristianizados” por copistas. Lo otro es que los gnósticos atribuían su fundación a varios personajes que aparentemente pertenecían a la gnosis, todos ellos con nombres judíos: Simón el Mago, Menandro, Dositeo y Cleobio. Además asocian sus grupos a nombres relacionados a personajes del Génesis: Adán, Set, Caín, Sem, Noé. Finalmente, ellos citan este libro bíblico constantemente para hablar de su teogonía, cosmogonía y cosmología. (Piñero, Gnosis 291-293)

Otros eruditos, como el influyente David Brakke, no están de acuerdo:

  • Sobre los textos supuestamente “cristianizados”, para los estudiosos es difícil distinguir entre la parte cristianizada y la que no. En fin, los presuntos textos judíos primitivos contienen la palabra “Cristo”, que aunque no era exclusiva del cristianismo, sí se le asociaba con este movimiento para el tiempo en que estos textos fueron escritos y con sus supuestos añadidos son consistentes con el estilo “revelatorio” distintivo del gnosticismo.
  • No es convincente el hecho de que los judíos presenten a su Dios bíblico como uno malvado o defectuoso.

Para Brakke, el gnosticismo parece haber sido el resultado de la interacción entre judíos y gentiles que, da la casualidad, era bastante intensa en el caso del cristianismo primitivo, especialmente en el cristianismo posterior a la destrucción de Jerusalén. Según él, muchos de los judíos fundadores del gnosticismo debieron conocer elementos de la doctrina cristiana y las elaboraron. Eso era normal en una Antigüedad donde se daba mucho sincretismo, aun dentro del judaísmo helenístico. (Brakke, Gnosticism vid. 19)

Personalmente, en mi muy inexperta opinión, me inclino a este punto de vista. Aunque respeto mucho a Rudolph, a Piñero, a Montserrat y a otros muchos estudiosos del tema, la supuesta “gnosis” del siglo I designa a algo que no es preciso, elemento crítico que ellos así lo reconocen. No hay grupos en el siglo I que se denominen “gnósticos” ni era una corriente coherente. Me parece más viable pensar que el gnosticismo fue resultado de una serie de ideas de distintas corrientes judeohelenísticas de la época que fueron gradualmente gravitando unas con otras hasta forjar el gnosticismo como movimiento en el siglo II. El cristianismo fue, tal vez, el epicentro más poderoso donde se dio esta interacción entre pensamiento judío, especialmente judeohelenístico, y corrientes filosóficas como la neoplatónica y la estoica.

Sigo en gran medida a Brakke en esta discusión, aunque lo que sigue también es válido en el caso de Piñero, Montserrat Torrents y García Bazán. Uno de los grandes distintivos del gnosticismo es una teogonía y cosmogonía particular. Según el gnosticismo, existe un mundo espiritual designado como el Pleroma, donde está el verdadero Dios, donde forja a una deidad menor femenina llamada Barbeló. De la unión de los dos salen diversas deidades menores llamadas “eones” y que creaban en pares (eón masculino-eón femenino). Uno de los eones femeninos, Sabiduría (Sofía) decide separarse de su pareja y formar un mundo distinto al del Pleroma. Ella engendra a una criatura conocida como Yaltabaoth o Ialdabaoth, que formó el cosmos material según lo encontramos en el Génesis. Este era el dios de la Biblia Hebrea, quien capturaba almas del Pleroma y para aprisionarlas en cuerpos físicos, condenándoles a la ignorancia y rigiéndoles vía demonios conocidos como los “arcontes“. Para los gnósticos, la salvación se halla en la gnosis, es decir, en el conocimiento de esta información para la eventual purificación y retorno al Pleroma. En el caso del gnosticismo cristiano, Jesús era un eón que vino al mundo a revelar esta información. La salvación de los gnósticos no se hallaba de manera alguna en su crucifixión y resurrección, sino del conociento de la gnosis revelada por él a varios de sus discípulos —María Magdalena, Judas, Jacobo, Juan— y transmitidas a todos los miembros de una congregación gnóstica.

Le pregunto a usted, estimado lector, ¿este mito se parece en algo … en lo que sea … a lo que dice Pablo en sus cartas? Mi respuesta es que es bien poco en lo que se asemejan. Hay una que otra noción tangencial entre Pablo y los gnósticos. Sin lugar a dudas, él fue un referente preferido para ellos, pero Pablo mismo no era gnóstico ni de lejos suscribiría tales cosmovisiones.

¿Hablaba Pablo de un “Cristo gnóstico”? La antropología paulina

Cristo Cósmico
Un fresco del Cristo Cósmico rodeado por los signos del zodiaco, Monasterio de Svetitskhoveli en Georgia. Imagen cortesía de Diego Delso (CC-BY-SA 4.0)

Pues, sorprendentemente, algunas personas pueden responder afirmativamente a la pregunta de si Pablo era gnóstico. Esto tiene que ver con conceptos que aparecen en las cartas paulinas, pero que fueron recogidos por los gnósticos y movimientos afines, los elaboraron para sus propios fines, creanso así confusión entre muchos autores no especializados en el tema. Para entender esto, necesitamos adentrarnos un poco en la antropología paulina, ¿cómo concebía Pablo al ser humano?

Como hemos indicado, la mentalidad paulina es fundamentalmente judía, pero afectada por su ámbito helenístico. Si tenemos en cuenta que Pablo nació en Tarso, en Cilicia, no sorprende en absoluto la fuerte influencia del estoicismo que encontramos en sus cartas. Tarso era un centro muy importante de filosofía estoica en el Mediterráneo, piénsese en, Crisipo cuyo padre era de Tarso, Zenón de Tarso, Antipatro de Tarso y Atenodoro de Tarso, además de que Tarso fue un lugar donde Augusto César eligió a un estoico para regir la ciudad. (Pigliucci) Es más, puede ser que Pablo escogiera la labor manual de curtidor porque esa actividad era bien vista por los estoicos. (Bartolomé 120; Hch. 18:1-3; 1 Tes. 2:9; 1 Cor. 4:12) No solo eso, sino, como bien dice Antonio Piñero, vemos en Pablo un “platonismo vulgarizado”, es decir, que el Apóstol no era platónico formalmente hablando, pero sí fue influenciado por el lenguaje platónico que solía permear en el día a día helénico y en escritos griegos. No olvidemos que Pablo era un judío culto que aprendió a leer y escribir en griego.

Tenemos que señalar también que la noción paulina de muerte vicaria, de que alguien muere en sustitución por otro, o por la salvación de otro, era algo muy ajeno al judaísmo y no existe evidencia de ello en ningún texto de la Biblia Hebrea. Esta noción es una que permeaba en la literatura pagana por siglos —por cierto, tampoco algo distintivo de las religiones mistéricas—. Con un ánimo sincrético, en el que mezcla el sacrificio judío con el pago vicario grecorromano, Pablo conviertió el “sacrificio vicario” del Mesías en el centro de su evangelio. Sobre el tema, recomiendo el ensayo de Henk S. Versnel, “Making Sense of Jesus’ Death. The Pagan Contribution“. (Piñero, Guía Pablo 119-129)

Teniendo esto en mente, debemos indicar que cuando Pablo utilizaba los términos, “cuerpo” (soma), “carne” (sarx), “alma” (psyché) y “espíritu” (pneuma), los entendía de una manera judeohelenista, aunque no de manera consistente. Por ejemplo, en Pablo vemos una tensión en la que coexiste la creencia de que el alma es algo físico que termina en el momento de la muerte, explicando así la necesidad de la resurrección física al final de los tiempos. Por otro lado, también aparece inesperadamente una experiencia misma de Pablo —un episodio de epilepsia del lóbulo temporal … mi inexperta opinión— de una elevación de él al “tercer cielo”, aunque “no sabe” si con el cuerpo o sin él. (2 Cor. 12:1-5; Sanders, Paul 411-413) Pablo identifica varias dimensiones del ser humano (el listado no es exhaustivo):

  • cuerpo: Con este término, Pablo se refiere a un organismo físico viviente, en contraste con la “carne” que, dependiendo del contexto en el Nuevo Testamento, puede querer decir naturaleza o la sustancia material que lo compone. Para Pablo, la carne es decadente porque ha sido “herida” (metafóricamente hablando) o afectada por el pecado personal, producto de nuestras malas acciones. Debido a eso, el cuerpo material, invadido por el pecado, estaba condenado a la muerte.
  • alma: Este es el pensamiento que rige el cuerpo, la interioridad del ser humano que es intangible. En el judaísmo, el alma no se concebía como algo que podía apartarse del cuerpo, como pensaban varias filosofías helenísticas dualistas, como el platonismo. Por eso, en la escatología apocalíptica, al igual que la de Jesús, se hablaba de la salvación al final de los tiempos, cuando resucitaran los muertos por parte de Yahveh para su eventual juicio. No había una creencia así como la que actualmente sostienen muchos sectores cristianos, de que “el alma va al cielo” en lo que llega el Juicio Final.
  • espíritu: Cada vez que Pablo utilizaba el término —excepto cuando cita una que otra confesión prepaulina— significa una sustancia semejante divina y de naturaleza celeste. Nótese que no equivale a “alma”. En cuanto a la oposición carne-espíritu que encontramos en las epístolas paulinas, hay admitidamente una influencia platónica, pero vulgarizada. Pablo no era platónico formalmente y, enfatizamos, detestaba a la filosofía como profesión aunque, irónicamente, fuera influenciado por esta. (e.g. 1 Cor. 1:18-30) Para Pablo, la fe en Jesús crucificado y resucitado, le abría a los judíos y gentiles a actuar según el Espíritu de Dios, en oposición a actuar según la carne. (Piñero, Guía Pablo 130-135)

Dada estas distinciones, ahora podemos entender adecuadamente la visión que Pablo sostenía de la resurrección de Jesús, que era ajeno al “Cristo gnóstico”. Esto es un poco difícil de digerir debido a nuestra manera actual de entender el cuerpo físico como sinónimo de material y el espíritu como algo intangible. Esta no es la visión judeohelenista ni la paulina. Sostenía Pablo que cuando Dios resucitó a Jesús, le transformó su cuerpo de uno material a uno espiritual, es decir, el cuerpo físico dejó de ser uno carnal para pasar a ser uno espiritual.

¿”Cuerpo espiritual”? ¿Y eso con qué se come? No sé y no me detendré a explicar algo tan “inefable” (¿o absurdo?) como eso, pero mi punto tiene que ver con entender a Pablo. Afirma él que, en virtud de la entrega vicaria del Mesías a la muerte y su resurrección, al final de los tiempos, lo mismo va a sucederle a aquellos judíos y gentiles que creyeran en él: los que hayan muerto, resucitarán y, entonces; todos los que murieron (resucitados) y los que todavía vivieran experimentarían la transformación de cuerpo carnal (afectado por el pecado) a uno celestial, espiritual. El cuerpo no dejará de ser físico, sino que su naturaleza o esencia se transformará. De esa manera, los creyentes serían corporales cuando se estableciera el Reino de Dios, pero la carne no lo heredaría. (1 Cor. 15:12-53)

Por otro lado, la antropología gnóstica sí es mucho más cercana a la platónica, en la que el espíritu debía abandonar la prisión malévola del cuerpo, para librarse del dominio de los arcontes de Ialdabaoth.

Pues, a partir de esta distinción entre la antropología paulina y la gnóstica, podemos ver que Zavala no tuvo en cuenta esta antropología a la hora de juzgar a Pablo como un gnóstico que adoraba a un Jesús espiritual, en el sentido gnóstico.

Eso no impedía que los gnósticos y otros sectores cristianos afines utilizaran la antropología paulina, cambiándole su significado. Por ejemplo, Valentín tomó la antropología paulina para distinguir entre los hombres que son carnales, los que son psíquicos y los que son espirituales. Sin embargo, una vez más, esto no hizo a Pablo gnóstico o valentino.

Nota final: Pablo y los misterios

Hades y Perséfone
Hades y Perséfone. Imagen en dominio público.

Quisiera atender algunos elementos de los planteamientos de Zavala, para que no passen inadvertidos. Nos dice Zavala en su libro cuando caracteriza a los gnósticos:

Hablamos de sabiduría entre los iniciados”, frase que es intencionalmente mal traducida como: “Hablamos de sabiduría entre los perfectos.” (1 Corintios 2, 6), que continua [sic.]: “Hablamos de sabiduría entre los perfectos, pero no de sabiduría de este mundo ni de los príncipes de este mundo, abocados a la ruina; sino que hablamos de una sabiduría de Dios, misteriosa, escondida, destinada por Dios desde antes de los siglos para nuestra gloria, desconocida de todos los príncipes de este mundo —pues de haberla conocido no hubieran crucificado al Señor de la Gloria” (1 Cor. 2:6-8)

J.E. Brandon, respecto a los versículos nos dice:

El verdadero significado de este pasaje queda oscurecido por dos puntos de mayor importancia. La palabra griega que aquí se ha traducido por mundo’, individualmente en sus formas singular o plural, es aion, que no se refiere a este mundo físico o Tierra, sino el `tiempo’ o la `edad’ . Por consiguiente, el empleo de aion por parte de Pablo demuestra que pensaba en un sistema esotérico de edades del `mundo’. Seguidamente, las palabras que se han traducido por `los príncipes del mundo’ (archon tes tou aionos toutou) no se refieren, como se supone vulgarmente, a las autoridades romanas y judías que condenaron a Jesús a la muerte, sino a seres demoníacos que se asociaban con los planetas y, según se creía, gobernaban la vida de los hombres. … Pablo imaginaba a la humanidad esclavizada por los seres demoniacos y relacionados con fenómenos astrales, a los que describe utilizando términos tales como arcontes tou aionos toutou y stoicheis tou kosmou (`los poderes fundamentales del universo’). En consecuencia, la humanidad había sido rescatada de esta esclavitud mortal por el ser divino, al que, encarnado en la persona de Jesús, habían crucificado erróneamente los arcontes, que, es de suponer, al excederse involuntariamente en sus derechos, perdieron su control sobre los hombres.

Zavala-Toia 72-74

Confieso que no sé quién es J. E. Brandon y he intentado buscar su obra sin éxito. Como Zavala no provee fuente, no puedo verificar dónde este autor lo dice y en qué contexto. Ahora bien, parte de la crítica de Brandon depende fuertemente de la traducción que se use. De hecho, reconozco que muchas traducciones suelen ser un poco tendenciosas, dependiendo del sector religioso que sea y la calidad de la editorial religiosa que la labore. Sin embargo, la traducción aquí criticada se puede ver en todos lugares, especialmente por expertos profesionales. Aquí no hay engaño intencionado, la palabra aion puede querer decir un periodo temporal —en cuyo caso, se refiere a la era actual— o puede adquirir el sentido del mundo actual. (Attridge y Meeks 1 Cor. 2:7-8; Biblia de Jerusalén 1675) En cuanto al significado de la palabra griega “arcontes” —la misma utilizada por los gnósticos— es debatido entre los mismos expertos. La mayoría parece inclinarse a pensar de que se trata de deidades menores o demoníacas que se encontraban en las esferas sublunares. aunque también reconoce que puede referirse a las fuerzas romanas terrenales. (Piñero, Guía Pablo 256-258; Vidal, Las cartas auténticas 251) Aunque, personalmente, me inclino a la última, la primera es perfectamente válida. Esta creencia de que los arcontes controlaban las potencias mundiales no era exclusiva de los gnósticos, sino que ellos lo heredaron del apocalipticismo judío. Dado que la crucifixión era una pena romana terrenal hartamente conocida, lo que Pablo nos está diciendo aquí es que las fuerzas demoníacas sublunares controlaron las potencias políticas romanas para la crucifixión de Jesús; así, sin saberlo, por desconocer los misteriosos planes divinos, contribuyeron a su futura destrucción al final de los tiempos.

Mi razón para pensar de que la palabra arcontes se refiere a autoridades romanas la mencionó Bart Ehrman en su debate con Robert Price: en Romanos 13:3, vemos una mención de los arcontes como fuerzas a ser obedecidas, porque promovían un orden social. Si los arcontes fueran entidades demoníacas, para Pablo, no tendría mucho sentido el obedecerlas, dadas su maldad. Al contrario, aunque él detestaba las autoridades paganas y así lo hace constar, parece que en Roma, el cristianismo y otras sectas judías eran detestadas por la población y se les atribuía desorden y alboroto. Pablo estaba buscando aconsejar el orden público para evitar represalias romanas. Huellas de este desprecio romano lo vemos cuando se dio la expulsión de judíos bajo el Emperador Claudio —algo que Pablo tenía en cuenta— y el uso de los cristianos como chivos expiatorios por parte de Nerón. Por ende, en una carta dirigida precisamente a las congregaciones romanas, se recomendaba el respeto a las autoridades. (Horsley 58; Vidal, Las cartas auténticas 198) No obstante eso, debemos tener en consideración que por esta misma razón y otras, algunos expertos consideran esta perícopa como parte de una interpolación, aunque la mayoría se inclina a que no es un añadido por un copista. (Piñero, Guía Pablo 508-509; Vidal, Las cartas auténticas 191, 197-198)

De todos modos ay algo que debe llamarnos la atención del pasaje de 1 Corintios y en otros citados por Zavala, el uso de la palabra “misterio“. Debemos dejar claro que este término tampoco es exclusivo de las religiones mistéricas. Al contrario, una vez más, la palabra griega para ello aparece en la Septuaginta. (Dan. 2:18-19) La idea es que Dios tenía un plan sabio para la humanidad desde antes de crear el cosmos y que fue revelado a aquellos que reciben el evangelio, en este caso, el evangelio paulino. Sin embargo, este y otros términos relacionados con los iniciados mistéricos, se utilizaron a propósito por Pablo en un contexto social en que se promovían los cultos misterios.

Ahora bien, arriba habíamos descartado que este vocabulario refleje el hecho de que Pablo participaba en los misterios de Serapis, algo que es altísimamente improbable. Sin embargo, lo que no se les ocurre a los mitistas es que probablemente Pablo utilizaba ese lenguaje porque quería competir con los cultos mistéricos. Richard Carrier dice que muchos aspectos del cristianismo se parecen a los misterios, ¿por qué? Acabo de señalar por qué. El público de Pablo no es judío, sino gentil y pagano. Este detalle significa que no podía predicarle a su público como si fuera judío, sino más bien utilizaba los recursos helenísticos que él conocía muy bien, para “venderle un producto” —no en sentido derogatorio— a los paganos.

Por eso es que Piñero habla de una “misteriosofía paulina” donde reformuló las palabras de Jesús en la última cena y presentaba el bautismo como una iniciación, para así atraer a un público que gravitaba en distintas modas cúlticas. Además, casó estos rituales cristianos con su perspectiva vicaria de la salvación por medio de la cruz, algo que también era cónsono con su pensamiento grecorromano. Según la experta, Paula Fredriksen, Pablo no buscaba paganizar el judaísmo, sino más bien hacer el judaísmo accesible a los paganos, de manera que estos se judaizaran en cuanto a sus convicciones —exceptuando la circuncisión, la observancia del Sábado y el kosher— y se dedicaran plenamente al culto al Dios supremo hebreo. Véase los detalles de esto en su libro, Paul: The Pagans Apostle.

Si fuera cierto que Pablo seguía los patrones de “dioses que mueren y resucitan” —un gran “si“—, se debe en parte a que quiere presentar a un Jesús que, aunque no era Dios, sí era un ente divino que se encarnó, murió, resucitó y fue exaltado en el cielo, añadiendo el elemento vicario judeohelenístico en el proceso. Siguiendo el pensamiento helenístico-estoico, concebía a las congregaciones como organismos donde sus constituyentes participaban del cuerpo de Jesús en virtud de la celebración de la Eucaristía y de su muerte vicaria al beber el vino. (Maccoby 54-128; Piñero, Guía Pablo 304-313) Esto no pasa de ser una tremenda labor de marketing.

Conferencia de Antonio Piñero (2011) donde explica el clamoroso éxito de Pablo de Tarso.

Concluiremos con nuestra última parte de nuestra crítica a Zavala en nuestra próxima entrada de esta serie.

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Una mirada crítica a Lo siento mucho, pero … Jesús nunca existió de Ricardo Alonso Zavala Toia – 2(1)

1ra. parte de la serie ; 2da. parte de la serie

Portada
Portada del libro, Lo siento mucho, pero … Jesús nunca existió de Ricardo Alonso Zavala Toia.

Esta es la continuación de nuestra serie en torno al libro de Ricardo Alonso Zavala Toia, Lo siento mucho, pero … Jesús nunca existió. Este escrito supone todo lo discutido en la primera parte. Así que, antes de comentar, agradecería a cualquier lector o lectora que, por favor, la lea. Recuerdo que esta no es propiamente una reseña, sino una mirada crítica al libro y que no se hace con la intención de ser un ataque personal a su autor, sino de corregir una serie de afirmaciones que no solo son de él, sino que andan rondando desde hace mucho tiempo y que es hora de cuestionar. Como escéptico, puedo dudar de los escépticos cuando no llevan a cabo su labor con el mismo esmero que lo hacen en otros casos, sino que se inclinan —sin querer o no— a una convicción compartida, pero errada, entre grupos de librepensadores, agnósticos, ateos y humanistas.

Como hemos visto en la primera parte, hay unos notorios errores metodológicos del autor de Lo siento mucho, pero … Jesús nunca existió. En síntesis:

  • Hay instancias en que exagera la solidez de su caso y no conoce la literatura académica en torno a los asuntos que discute.
  • Parece que para Zavala hay solo dos grupos de especialistas: los “apologistas” y los negacionistas de la historicidad de Jesús o de algunos eventos de la Biblia. La designación de quién es quién en estas dos categorías es arbitraria y confusa.
  • Zavala no hace la debida distinción entre expertos genuinos e inexpertos en el tema. Esto hace que le otorgue mayor peso a opiniones de inexpertos y a un puñado de académicos que sostienen posiciones extremadamente marginales y los valora por encima de opiniones muy bien establecidas consensuadamente por académicos respetados.
  • Zavala desconoce los géneros religiosos y literarios que son objeto de su crítica.
  • En el texto, varias de sus tesis se tratan de manera inconsistente, además de otros problemas menores, como la confusión del significado de ciertos términos y la manera en que lee sus fuentes secundarias.

Una vez más, hago la salvedad de que no soy historiador o erudito bíblico, no pretendo ser uno. Soy filósofo, pero me especializo en filosofía de las ciencias y epistemología, lo que me permite apreciar la actividad de los historiadores como científicos —es decir, como proveedores de conocimiento—. Si en algún momento en mi análisis cometo algún error y es corregido por algún historiador o erudito, que se sienta libre de hacerlo.

No obstante lo anterior, al menos en calidad de filósofo familiarizado con este tema en particular, puedo señalar los graves problemas del libro, independientemente de las áreas en que estoy de acuerdo con Zavala (vea nuestra entrada anterior). Ahora bien, debido a la cantidad de errores, he decidido crear una “subserie” de la segunda parte, que consistirá de tres partes:

  1. Errores concernientes a labor historiográfica en general, la arqueología, el origen y la interpretación de los textos del Nuevo Testamento y el tema de los historiadores antiguos, incluyendo a Flavio Josefo.
  2. Errores en relación con Pablo, los gnósticos, los cultos mistéricos y el cristianismo como un tipo de culto solar.
  3. Errores históricos de la visión conspiracionista que Zavala sostiene de la Iglesia Católica.

Debido a la enorme carga laboral este semestre, cada uno de estos artículos tardará mucho en redactarse. Les ruego paciencia.

Para aquellos que les interesen los errores del libro sin entrar a los temas historiográficos, pueden saltarse las siguientes dos secciones.

Algunos apuntes importantes en torno a la historiografía y el arte de construir la historia

Templo de Baal en Palmira

Templo de Baal en Palmira. Imagen sacada de Open Clipart.

La razón por la que mucha gente no sabe qué significa hacer historiografía es la misma de por qué tampoco conoce la práctica de las ciencias naturales. Un estudiante de física de intermedia o escuela superior, tiene un libro en que se le da la ciencia “ya hecha”, con todos los conceptos establecidos. Se habla del átomo, de cómo los electrones se organizan en niveles de energía, o que una estrella en particular se compone fundamentalmente de hidrógeno y helio. Sin embargo, muy raras veces se les explica cómo fue que se descubrieron estos hechos. Igualmente, muchos abrimos los libros de historia y se nos presenta una narración de lo que muchos suponemos que son “los hechos”.

Esta manera de aproximar ambas disciplinas conlleva sus respectivos problemas. El no familiarizarse con el procedimiento científico y no entender la logística de ese proceso, lleva muy frecuentemente a que la gente piense que los científicos solo están proponiendo una especie de “dogma” de lo que la gente debe creer por … [complete el pensamiento con su teoría conspiracionista favorita]. De la misma manera, la gente tiene una idea rotundamente equivocada de cómo es que procede la historia. A veces se repiten frases que fácilmente se vuelven clichés: “La historia la escriben los vencedores”, dicen mucho. Bueno, en parte eso es cierto, pero la historiografía contemporánea nos ayuda a depurar esa narrativa de los “vencedores” para descubrir, en el proceso, la historia de los “vencidos” y la relación entre ambos.

Tanto las teorías científicas e históricas son ambas construcciones humanas. El filósofo Edmund Husserl solía describir a las teorías científicas en general como ficciones cum fundamento in re —latín para “con fundamento en la cosa”. (Husserl, Investigaciones 82-83) Toda teoría es, estrictamente hablando, una ficción, pero, a diferencia de un cuento de hadas, esta tiene una función explicativa de estados de cosas existentes. Se requiere que cumpla con requisitos de lógica formal y varios principios primordiales racionales y razonables de tal manera que pueda explicar el fenómeno dado. La teoría atómica contemporánea es producto de esta búsqueda ardua de dar cuenta de espectros de la luz, de la electricidad, del efecto fotoeléctrico, de la estructura molecular de las partículas más elementales de los compuestos, entre otros fenómenos. Esa teoría atómica, es la que nos revelan nuestros libros de física. Su texto es en realidad un cuerpo teórico que explica sus objetos materiales y energéticos que compone el cosmos que nos circunda.

En historia, sucede lo mismo. La narrativa que leemos sobre la Antigua Grecia y Roma no es sino una teoría explicativa, estructurada de manera narrativa y sucesiva que le da sentido a unos datos provenientes de unos acontecimientos del pasado. Sin embargo, contrario a las ciencias físicas y el resto de las disciplinas naturales, la historia tiene dos dificultades muy serias:

  1. Las ciencias naturales tienen la fortuna de poder diseñar experimentos que pongan a prueba hipótesis formuladas a partir de teorías establecidas. Estos experimentos son repetibles con el objetivo de confirmar o refutar resultados anteriores obtenidos por otros científicos. Por esencia, la historia es irrepetible: César cruzó el Rubicón solo una vez; la Segunda Guerra Púnica ocurrió solo una vez; la conquista de América en el Renacimiento ocurrió solo en esa época. No podemos volver a repetir estos acontecimientos porque tanto la realidad política, social, económica y de voluntades subjetivas de los involucrados fue única en un momento en el tiempo. Además, veremos que, aunque es imposible predecir acontecimientos futuros como lo hace la física, puede predecir hallazgos del pasado —como veremos más adelante—, pero su factor predictivo es significativamente mucho más débil que en las ciencias naturales.
  2. El objeto de análisis de las ciencias naturales está literalmente a nuestro alrededor ahora y siempre. Los átomos, el tiempo, el espacio, los seres vivos, la química, etc. nos rodean veinticuatro horas al día, siete días a la semana. El objeto de estudio de la historia es mucho, mucho, menor porque trata de acontecimientos que quedaron siempre en el pasado y cuya evidencia son documentos, restos arqueológicos, edificaciones y costumbres culturales del presente.

No obstante estos límites, el problema es aun peor. Si usted, que está leyendo estas líneas, se sienta a pensar de la enorme cantidad de acontecimientos que ocurrieron en el pasado y se contrasta con la cantidad de evidencia histórica con la que contamos, llegamos a una conclusión muy triste: la cantidad de evidencia de ese enorme pasado son realmente migajas. El tiempo, los animales, la humanidad, el curso de la naturaleza, entre otros factores, han destruido documentos, obras arquitectónicas, tradiciones, usos y costumbres, etc. Piense también que bastante de los tesoros del pasado están justo debajo de nuestras casas, centros comerciales, edificios y carreteras. En Giza, Egipto no solo tenemos las pirámides como monumentos, bastante del pasado del Antiguo Egipto está para siempre enterrado bajo los suburbios del Cairo.

En el caso de Tierra Santa, en la región de Israel y Palestina, el problema es aun muchísimo peor. Debido a los siglos y milenios en que ha sido un centro de peregrinaje y cultos religioso de las tres religiones abrahámicas, se han prohibido excavaciones en lugares sagrados, se han destruido casas y restos anteriores para construir iglesias sobre ciertos puntos claves de veneración. Algunos lugares se declaran puntos históricos de eventos de dudosa facticidad histórica (la Iglesia de la Natividad). La rivalidad entre israelíes y palestinos empeoran aun la situación para cualquier intento de indagación arqueológica. Es un milagro —metafóricamente hablando— que tengamos la cantidad de evidencia con la que contamos para poder confirmar, refutar o cualificar con mayor cuidado, muchos de los relatos bíblicos.

Por otro lado, la documentación con la que contamos debe ser siempre examinada a la luz de criterios historiográficos. A veces, el escéptico promedio piensa que los documentos de la Biblia son los únicos que “mienten”, porque están viciados a favor de una perspectiva judía o cristiana, fueron modificados por tradición oral o transmisión escrita, o se escribieron décadas o siglos después del momento en que ocurrieron los eventos. Lo que no se sabe es que esos mismos problemas ocurren con todos nuestros documentos antiguos. Variando en grado de gravedad, todos y cada uno de ellos tienen prejuicios, agendas, errores factuales, leyendas, contradicciones … en otras palabras, de todo lo que se puede encontrar en la Biblia. Todos ellos “mienten” en el mismo sentido que los mitistas le atribuyen a los libros de la Biblia; en fin, todos los libros de la Biblia son documentos antiguos, por ende, todos tienen estos mismos defectos. Para cualquier historiador de la Antigüedad, esto es de esperarse.

Pues, ¿qué cuenta como documento histórico? Cualquier cosa que se mire desde un punto de vista histórico. Un relato mítico puede ser un documento histórico vía crítica literaria. Gracias al examen de La épica de Gilgamesh, que es esencialmente falso desde un punto de vista puramente factual, puede ser una puerta de entrada a un periodo histórico en el que podemos conocer sus rituales, su visión de mundo, los significados de su simbología, su teogonía, su cosmogonía, sus preconcepciones, sea de su autor o autores del relato, su función social, sus distintas capas de modificación, de momentos históricos, políticos, con alusiones a acontecimientos particulares factuales, etc. Todos estos elementos tienen que ver con lo que conocemos como la crítica literaria de escritos antiguos, en este caso, mesopotámicos.

Fragmento P52
Fragmento ℘⁵², parte de una página de un códice del Evangelio de Juan. (ca. 150 EC)

Nada de esto es distinto cuando se trata de, por ejemplo, del Evangelio de Juan. Para un muy detallado análisis del texto, recomiendo el libro de Senén Vidal, Evangelio de las Cartas de Juan, publicado por Ediciones Mensajero. El texto tiene algunos defectos, especialmente cuando habla de la formación gradual de la “Gran Iglesia” petrina al término del siglo I y principios del II, una convicción de la que la inmensa mayoría de los expertos dudan. Fuera de esa parte de su obra que parece tener matices apologéticos, el resto de la obra es una joya de exégesis bíblica y una aportación valiosa para cualquier estudioso del evangelio y las epístolas juánicas. Refiero cordialmente a Zavala Toia —y a los mitistas en general— a leer la obra y ver que, aun bajo la premisa de que el evangelio fuera toda una ficción, podemos conocer de las tradiciones fragmentarias que son su base, que nos dicen algo del origen de sus congregaciones fundacionales, la fecha probable en que dichas fuentes fueron compiladas y reunidas. Además, podemos conocer de lleno la situación relacional y conflictiva entre el judaísmo, el cristianismo primitivo y las congregaciones juánicas en particular, sus tensiones con grupos externos tales como los discípulos de Juan el Bautista o los docetas. De hecho, podemos saber de la evolución de sus pugnas internas y externas. Recomiendo la famosa obra de Raymond Brown, La comunidad del discípulo amado, para un estudio minucioso de muchos de estos conflictos.

Lo mismo se ha hecho con los Rollos del Mar Muerto y con los textos gnósticos de Nag Hammadi a los que Zavala Toia le gusta apelar. Muchos de estos textos definitivamente no son fiables a la hora de hacerle caso a la literalidad de lo que narran. Sin embargo, bastante de su historia sí se puede descubrir utilizando las herramientas intelectuales de la crítica literaria y la historiografía.

Todo esto significa algo que una muy buena parte de los mitistas (no todos) no quiere entender. Todo documento antiguo es fuente histórica si el acercamiento por parte del experto es crítica, busca las razones detrás de los relatos de los acontecimientos, las contradicciones, las motivaciones, las costumbres, las tensiones que expresa el texto. Esto se compara y contrasta con otros documentos más o menos bien fijados temporalmente y otros marcadores importantes del pasado, para construir una teoría que narre lo que más probablemente ocurrió.

Desde esta perspectiva, el concepto del “Jesús histórico” no es sino una herramienta intelectual que tiene una función explicativa de la evidencia que contamos. Desde la historiografía y la crítica literaria, si se afirmara que existió, es porque esa es la mejor explicación de la evidencia. Lo mismo si los expertos hipotetizan que no existió. La pregunta es, ¿cuál de estas dos opciones tiene mayor valor explicativo?

Consejo: Si alguien quiere pasar por ese maravilloso placer de hacer una crítica literaria a la Biblia Hebrea y cómo eso nos puede revelar la historia del Antiguo Israel, sin necesidad de tomar la Biblia literalmente, no dejo de recomendar el hermoso libro al respecto, Who Wrote the Bible? de Richard Elliott Friedman. La primera vez que lo leí, me sentí que estaba leyendo una novela detectivesca. De hecho, lo es; eso es esencialmente lo que hacen todos los historiadores.

El problema de las discusiones acaloradas en cuanto a algunos temas.

Todo lo anterior significa que en cualquier problema histórico, debe haber grados de probabilidad de que algo haya ocurrido o no, de acuerdo con la evidencia debidamente cualificada por la metodología historiográfica y la crítica literaria. El múltiple testimonio es uno de sus criterios, es decir, que un dato es respaldado por más de una fuente independiente. Véase nuestro artículo en torno a las fuentes independientes.

Ahora bien, del lado historicista, siempre han habido muchos excesos, al igual que del lado mitista. El sector fundamentalista y bien conservador de la crítica bíblica ha exagerado la importancia de la literalidad de la Biblia en general. De aquellos que somos más escépticos, también hemos caído en errores. Por ejemplo, en medio del debate acalorado acerca del tema de la historicidad de Jesús, Antonio Piñero afirmó: “Hay más pruebas de la existencia de Jesús que la de Julio César”. Obviamente, eso es incorrecto. El mismo Piñero reconoce que se equivocó. César escribió un libro de índole propagandística, La Guerra de la Galia, donde narra su versión de lo acontecido durante sus luchas contra los galos. Hay muchas fuentes que atestiguan las obras de César, tanto en su tiempo como en momentos posteriores. Tenemos monedas acuñadas a su nombre, al igual que bustos bien realistas de su rostro, detalles embarazosos y sublimes. Tenemos toda la evidencia necesaria para inferir con certeza que César existió. Esta es la mejor explicación de los restos dejados del pasado imperial romano.

Menos atestiguado y mucha menos evidencia arqueológica tenemos de Aníbal, el gran rival romano de origen cartaginés. Hay un fuerte debate entre los especialistas de Aníbal debido a que los hallazgos arqueológicos que tenemos de él son sorprendentemente escasos. Para una persona que lideró una fuerte batalla hasta a nivel de poner a Roma hasta casi de rodillas, y que contó con tribus ibéricas y galas en su campaña, con elefantes, armas y animales de guerra, el no encontrar restos ha dejado perplejos a los arqueólogos. Tenemos una moneda cuya efigie tipográfica es la de Hércules y que podrían reprentar a Aníbal, pero las monedas en sí no lo dicen. Sin embargo, tenemos monedas relacionadas a sus parientes. Las fuentes que nos relatan lo que hizo, algunas de ellas que datan de la época de Aníbal. Todas ellas confirman que fue un enemigo formidable de Roma, pero los relatos se contradicen entre sí. Algunos de los diálogos que presentan estas fuentes parecen más a estereotipos de ficciones romanas. Esto es una señal de que gran parte de nuestras fuentes han ficcionalizado (propagandísticamente) las acciones de Aníbal para favorecer a los vencedores romanos (e.g. Escipión el Africano). Aun con las contradicciones de nuestras fuentes y la carencia de hallazgos arqueológicos, se le considera a Aníbal un personaje histórico que tuvo un impacto importante en la vida de la República Romana.

Hay otros personajes que los historiadores consideran que existieron, de los que no tenemos hallazgos arqueológicos, pero que hay buenas razones para pensar que fueron reales: Tales de Mileto, Anaxímenes de Mileto, Anaximandro, Heráclito de Éfeso, Pitágoras de Samos, Salomón, entre otros. La primera referencia a Tales de Mileto fue hecha por Aristóteles, quien escribió siglo y medio después de que viviera. Otros, que parecen haber dependido de fuentes independientes, escribieron siglos después de él. Uno de ellos (Diógenes Laercio) escribió 900 siglos después de él. A Tales se le adscribe haber formulado la primera teoría cosmogónica sin teogonía —algo inusual en este tiempo—, algo que parecería verosímil según sus circunstancias, pero también se le atribuye algunos logros inverosímiles como el de haber predicho un eclipse solar partícular. (Bernabé 43-49; O’Grady)

Noten que para determinar tentativamente lo que pudo haber ocurrido, son pertinentes unos criterios historiográficos. Uno de ellos es el criterio de verosimilitud —según el contexto histórico conocido— nos sirve para indicar que algo probablemente ocurrió. Con esto, los historiadores distinguen lo verosímil de lo que aparente ser ficticio. Podemos también utilizar el criterio de discontinuidad, es decir, se pueden considerar históricos dichos o hechos de un personaje reportado por algún escritor o historiador, pero cuya información no parece proceder de tradiciones culturales previas, sea del personaje o del autor que habla de él. En el caso de Tales, podemos ver que el postular una cosmogonía o estructura cósmica sin recurrir a los dioses no parece provenir de tradiciones anteriores a Grecia, ni proviene del mismo Aristóteles, sino que debe verse como un caso auténtico de una postura adoptada por Tales. Esto puede ser verosímil desde la historia. Es menester no olvidarse que muchos historiadores purgan los elementos distintivamente aristotélicos de su primera fuente y hacen una labor comparativa con otras fuentes para tener una idea de lo que Tales dijo, pero en sus propios términos.

De hecho, estos criterios y otros han sido ampliamente utilizados para determinar que Jesús sí existió. Él no está tan bien atestiguado como César y Aníbal, pero está mucho mejor atestiguado que Tales de Mileto o Pitágoras.

Entran también a colación otros elementos que son compartidos entre las ciencias naturales y la historia, por ejemplo, la Navaja de Ockam. La narrativa histórica nos debe explicar, en los términos más sencillos y económicos posibles, el cuerpo evidencial más amplio posible. También es preferible cualquier hipótesis que esté de acuerdo con el cuerpo teórico prevaleciente en las ciencias, las hipótesis históricas que se propongan deben estar de acuerdo con las teorías históricas muy bien establecidas y fijadas por la evidencia.

Aclaro que ninguno de estos criterios, ni otros que podríamos mencionar (e.g. el criterio de dificultad, discutido más adelante) está libre de problemas. Estos asuntos se debaten todavía en el ámbito de la erudición bíblica y se refinan mediante el proceso de debate.

Por ahora, el consenso de los especialistas de la Antigüedad es que Jesús existía y que llevó a cabo ciertas actividades en Galilea y Judea parecen ser la mejor explicación de los datos disponibles y no las diversas versiones propuestas del mitismo, sea académico o no. Nuestra crítica expondrá algunas de las razones de por qué esto es así.

Los errores del libro de Zavala Toia

Cristo crucificado entre signos de interrogación

Sobre Nazaret

Según esta información la Nazaret antigua habría estado levantada sobre un cerro, con un precipicio, lo cual es totalmente inexacto. En efecto, de acuerdo a la historia, hasta hace muy poco Nazaret solo ocupaba la base de una [sic.] valle y la parte baja de una ladera que limita la ciudad por el noroeste. Pero, como no podía ser de otra manera, la moderna industria del turismo ha diseñado supuestos despeñaderos donde actualmente se revive la leyenda.

Zavala Toia 149

No obstante las múltiples excavaciones que se han realizado en la actual Nazaret, nunca se ha encontrado la sinagoga referida en el Evangelio de Lucas, ni de otro edificio de ningún tipo que permita afirmar, [sic.] que durante el primer siglo d.C. hubiera existido población alguna en este lugar.

149

Hasta el tercer siglo de nuestra era, la zona donde hoy existe una ciudad llamada Nazaret, era un cementerio o necrópolis. Esto se halla plenamente demostrado por la arqueología. Ahora bien, si tenemos en cuenta que la ley judía prohibía que los cementerios estuvieran ubicados en lugares habitados, podemos concluir que en ese lugar no hubo ciudad alguna en el tiempo de Jesús.

149

La primera vez que se menciona a Nazaret como una realidad geográfica viene del obispo y Padre de la Iglesia Eusebio (263-339 d.C.), conocido por su carácter de fabulador, tramposo e inventor de las llamadas “mentiras piadosas”.

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Hay varios problemas con todas estas aserciones. Estamos de acuerdo de que Eusebio de Cesarea no es un historiador de fiar, pero difícilmente su obra debe echarse al zafacón. Al igual que en el caso de Tales, o de Aníbal o del mismo Julio César, los historiadores actuales han desarrollado maneras de distinguir el grano de la paja, lo verosímil de lo inverosímil, lo que probablemente ocurrió de lo legendario. No todo lo que dice Eusebio es mentira, aunque sí tenemos que ser sumamente cautelosos a la hora de usarlo como fuente histórica.

En cuanto al Evangelio de Lucas, es harto sabido que su descripción de Nazaret no es de fiar. En primer lugar, los relatos de la Natividad como se presentan en dicho escrito son altamente legendarios y escritos después de la composición del texto principal del evangelio. Esta es la posición de la inmensa mayoría de los críticos bíblicos, véase la discusión en detalle en mi serie sobre la historicidad de la Navidad en partes 4, 5 y 6.

En el caso del episodio en que Jesús va a la sinagoga y se revela como Mesías, esa narración ha sido reconocida entre los expertos como resultado de una composición a partir de varias fuentes, una de ellas partiendo de de una tradición primitiva probablemente tomada del Evangelio de Marcos y otras fuentes, pero que “Lucas” (sea quien haya sido) elaboró considerablemente. Es más, la versión más primitiva que tenemos disponible del encuentro entre la población de Nazaret y la predicación de Jesús, nos la relata el Evangelio de Marcos, donde no se nos habla de sinagogas ni de llevar a Jesús a un precipicio. Sí tenemos noticias de que sus habitantes quedaron asombrados de lo que decía Jesús y dudaban de él. Además se nos dice que su familia pensaba que estaba loco. La cita de Isaías provista por el evangelio es una que muy probablemente Jesús no leyó, porque “Lucas” lo reproduce de la Septuaginta, una versión de la Biblia Hebrea escrita en griego, aunque, sin duda, la versión hebrea debió haberse leído en las sinagogas de Galilea. Además, la cita escogida de Isaías es cónsona con uno de los temas recurrentes en ese evangelio, por lo que se puede dudar de la fiabilidad de ese acontecimiento. (Mc. 6:1-6a; Bovon I:293-303; Fitzmyer, El Evangelio II:417-422, 424-426, 424-426)

Para los eruditos, otra razón no confiar en el relato es … que no es geográficamente exacto. (Bovon I: 309; Fitzmyer, El Evangelio II:446-447). Además, una característica del Evangelio de Lucas y de Hechos de los Apóstoles es que solían presentar a los judíos como hostiles a Jesús o sus discípulos y a lo que su mensaje representaba. Así que, lo que para el Evangelio de Marcos era pura duda de parte de los nazarenos, se convirtió en un acto hostil que amenazaba la vida del Mesías. Si nuestro análisis es correcto, entonces el pasaje de Lucas no es criterio para determinar la geografía de Nazaret.

Otro punto que quisiera resaltar es que, desde el punto de vista estrictamente arqueológico, Nazaret sí existió. Varias excavaciones que se han hecho, parecen indicar fuertemente que lo han encontrado. Hay dos casas con patio de la época de Jesús. Se han encontrado cisternas, una granja, cerámica y monedas de diversas épocas, algunas de ellas del tiempo de Jesús. Estos artefactos se han encontrado en excavaciones alrededor del llamado “Pozo de María”, que, por cierto, no es el único pozo en el área, hay varios más. Según el arqueólogo Ken Dark, una de las casas con patio tenía una inusual evidencia de ser centro de culto religioso cristiano desde antes del siglo IV. Esto corrobora no solo que el lugar es muy probable que haya sido Nazaret, sino que los cristianos lo reconocían como tal desde antes de los tiempos de Eusebio. Véase detalles en el artículo de Pfann, Voss y Rapuano, “Surveys and Excavations at the Nazareth Village Farm (1997-2002): Final Report“. Además, como señala Dark, la influencia pagana por parte de Séforis fue casi inexistente, algo que es plenamenete consistente con el perfil de Jesús que ha sido laborado por historiadores expertos en el Jesús histórico. (Dark, “Has Jesus’ Nazareth”)

De acuerdo a los hallazgos, ¿cómo era Nazaret en la época de Jesús? Lo que todo el mundo se esperaba a partir del análisis crítico de los Evangelios. Según el Evangelio de Juan, Nazaret parece haber sido un lugar sin importancia, totalmente insignificante. No es mencionado en mapas romanos ni en ningún otro lugar en las Escrituras, ni estaba asociado a ninguna profecía de tipo alguno. Sencillamente, no podía ser la gran cosa. La arqueología corroboró tales expectativas críticas. Nazaret no era sino una aldea de aproximadamente cincuenta casas.

La primera mención extrabíblica de que esta región era la de Sexto Julio Africano citado por Eusebio —este no la inventó—. (Eusebio 33-38; 1.7.1-16) Por cierto, los parientes de Jesús vivieron en condiciones típicas de la dura realidad rural de Galilea, como atestigua un incidente relatado por Hegesipo (110-180 EC) y citado por Eusebio. Según Hegesipo, los nietos de Judas, el hermano de Jesús, tuvieron que indicarle al Emperador Domiciano que no tenían aspiraciones a la realeza davídica y tuvieron que mostrarle las marcas corporales de sus medios de subsistencia en el campo. (Eusebio 151-153; 3.19-20) El corazón del relato es muy verosímil, aunque haya sido adornado por Eusebio. El hecho de que Jesús y su familia se consideraban a ellos mismos descendencia de David es atestiguado por gran parte de nuestras fuentes primarias, incluyendo un credo prepaulino citado en una de las cartas de Pablo. (Rom. 1:3-4; Mc. 10:48; 12:35-37; Mt. 1:1; Lc. 1:31-33; Jn. 7:42, 2 Tim. 2:8; Apoc. 5:5) Esto no valida las genealogías ficticias que encontramos en los evangelios de Mateo y Lucas, pero el dato de que Jesús y su familia se consideraban a sí mismos descendientes de David, parece tener validez histórica.

Hay dos máximos opositores de los descubrimientos de Nazaret, el del geólogo Frank Zindler y el otro, el pianista profesional, René Salm. Bastante de lo que dice Zindler, se basa en Salm. Ninguno de los dos ha sido adiestrado y entrenado en arqueología. En una movida altamente inusual en el mundo arqueológico y académico, se le permitió a un inexperto, Salm, publicar dos escritos —una reseña de un artículo publicado en un número anterior y un artículo— en una revista académica de arqueología donde expresó sus dudas en torno a la manera que se ha manejado la investigación y se ha interpretado el conjunto de hallazgos arqueológicos. Ken Dark y los arqueólogos que dieron el informe final de todos los datos llegaron a la misma conclusión al ver las expresiones de Salm y el libro que él había escrito sobre el tema:

Salm’s personal evaluation of the pottery, which he rehearses from his book The Nazareth Myth, reveals his lack of expertise in the area as well as his lack of serious research in the sources. By ignoring or dismissing solid ceramic, numismatic and literary evidence for Nazareth’s existence during the Late Hellenistic and Early Roman period, it would appear that the analysis which René Salm includes in his review, and his recent book must, in itself, be relegated to the realm of `myth’, Salm has created a myth himself.

Pfann y Rapuano 108

Salm betrays a lack of understanding of the conventional process of archaeological publication … field systems are notoriously hard to date using archaeological evidence and this does not make Salm’s argument for a post-Second Temple date for the settlement at Nazareth any more credible

Dark, “Nazareth Village” 110, 111

… there is no hint that Salm has qualifications – nor any fieldwork experience – in archaeology.

Dark, “Review” 141

Ahora bien, como bien establecí desde el principio, no soy arqueólogo ni pretendo serlo. No voy a hablar de los detalles del “debate” aquí, ya que no conozco a profundidad ni tengo la pericia para evaluar si uno u otro lado está en lo correcto. Sin embargo, prefiero darle mayor peso a los arqueólogos de Nazaret bajo los siguientes criterios:

  • En el campo de la arqueología, especialmente en relación con un tema tan contencioso como el de los “lugares sagrados” del territorio palestinense antiguo, no es correcto afirmar que hubo esfuerzos por parte de los franciscanos de esconder evidencia inconveniente para el catolicismo. La arqueología, como toda ciencia, es una empresa en la que participan múltiples arqueólogos de distintos ideales políticos y religiosos. Todos ellos verifican la integridad de lo publicado en revistas arbitradas.
  • En nuestra serie anterior, mencioné a Israel Finkelstein y William G. Dever, quienes debaten fuertemente sobre la evidencia descubierta por ambos (y otros). Ambos, al igual que la inmensa mayoría de los arqueólogos, están de acuerdo de que si existió un Moisés que ha sido base de leyendas posteriores, este no puede encontrarse desde la arqueología. Finklestein, que ha excavado en Jerusalén y en otros lugares, ha concluido algo muy inconveniente para el Estado de Israel: que no hubo monarquía unificada bajo David y Salomón. A pesar de esa conclusión, nadie le ha impedido a Finkelstein continuar su labor arqueológica. ¿Qué quiere decir esto? Que contrario a lo que la gente de mentalidad conspiranoica se imagina, ni el gobierno de Israel ni otras instancias “fuerzan” a los arqueólogos a llegar a conclusiones inconvenientes para el establishment político o religioso.
  • También es inverosímil que en labores arqueológicas recientes, haya forcejeo de parte del Vaticano u otros movimientos religiosos para ocultar evidencia arqueológica. Este tipo de mentalidad la promovieron Michael Baigent y Richard Leigh en un libro titulado, The Dead Sea Scrolls Deception (en español, El escándalo de los Rollos del Mar Muerto o La conpiración del mar Muerto). Basándose casi exclusivamente en los estudios fallidos de Robert Eisenman, que interpretaba a la comunidad esenia de Qumrán como cristianos primitivos y que el Vaticano, vía los dominicos de la Escuela Bíblica de Jerusalén, estaban ocultando muchos de los rollos que decían la verdad en cuanto al cristianismo primitivo. Desgraciadamente, para ellos, ya el gobierno israelí y la Escuela Bíblica estaban en el proceso de publicar todo el contenido de los documentos. Hoy día, los textos se pueden acceder en línea. De hecho, todos los textos de Qumrán han sido traducidos al español por Florentino García Martínez y publicados por la Editorial Trotta. Todas las acusaciones de Eisenman, Baigent y Leigh han sido debidamente desmentidas en el libro de Otto Betz y Rainer Riesner, Jesus, Qumran and the Vatican. En otras palabras, el Vaticano está pendiente de los hallazgos arqueológicos, pero ni los controla ni los esconde en Israel o Palestina.
  • Puramente desde un punto de vista escéptico, aun cuando no queramos aceptar ciegamente la interpretación arqueológica que se nos ha dado, tenemos que cualificar las fuentes. Aquellas autoridades que dicen que Nazaret existió son arqueólogos y han hecho su labor, aquellas que insisten que Nazaret no existió y no estuvo habitado hasta después del Segundo Templo no son arqueólogos ni han sido adiestrados para ello. Por lo tanto, el peso de la credibilidad debe recaer sobre los arqueólogos, no en aquellos que no lo son.
  • Como hemos visto, en la arqueología hay muchas diferencias, muchas de ellas acaloradas. William Dever e Israel Finkelstein se han dicho de casi todo. Hay debates arqueológicos en cuanto a si el rey Ezequías fue el que creó o usó los sistemas de agua que estaban debajo de Jerusalén. Sin embargo, ¿hay algún debate —¡el que sea!— en torno a los hallazgos arqueológicos de Nazaret entre los mismos arqueólogos? La respuesta es negativa. Sencillamente, no hay debate alguno al respecto. Parecería que aquellos que sí saben de lo que hablan no tienen problema alguno en admitir que tenemos suficiente para decir que Nazaret existió y sirvió de asentamiento rural donde, muy probablemente, creció Jesús.

A todo esto añádesele que la información de que Jesús provenía de Nazaret era embarasoza para muchísimos cristianos. ¿No debía el Mesías nacer en Belén? (Mi 5:2) Este dato llevó a dos de los evangelistas a inventar dos historias totalmente contradictorias para intentar explicar cómo pudo ser posible que Jesús fuera de ese lugar, pero a su vez nacido en Belén, como prometían las profecías de la Biblia Hebrea. (Mt. 1-2; Lc. 1-2) En el Evangelio de Juan, se nos invita a ignorar ese hecho incómodo y a basarnos en las obras de Jesús para convencernos de su mesianismo. (Jn. 1:46-51; 10:38; 14:12) Marcos ignora cualquier nacimiento de Jesús en Belén y dice meramente que procede de Nazaret. (Mc. 1:9) Por ende, el dato de la proveniencia de Nazaret pasa el criterio de múltiple testimonio (porque Marcos y Juan solo rechazan su nacimiento en Belén) y el de dificultad. Este último criterio consiste en el hecho de que la información en cuestión es una muy conocida y que incomodaba al narrador, pero que este intentaba evadir o explicar de alguna manera que fuera consistente con su perspectiva.

Finalmente, el que Jesús haya provenido de Nazaret tiene sentido geográfico. A pesar de que el Evangelio de Marcos decía que Juan el Bautista realizaba su predicación en Judea, la realidad es que llevó a cabo sus actividades en Galilea. Los evangelios y Flavio Josefo nos dicen que él fue arrestado por Herodes Antipas, cuyos dominios eran Galilea y Perea. Es plausible que Jesús, viviendo en Galilea, hubiera escuchado de Juan y su predicación, fuera a verle, se convirtiera a su mensaje y se dejara bautizar por él, convirtiéndose así en su discípulo.

El uso del término “Nazareno”

Para Zavala, el término “Nazareno” para describir a Jesús no se refiere a algún lugar geográfico. Una de las explicaciones que ofrece se basa en el Evangelio según Felipe: el término “Nazareno” es el nombre del medio entre “Jesús” y “Cristo”, Jesús es el que dice la verdad. (47; Piñero, Todos pt. III, cap.2; Zavala Toia 150-151). Es bien curiosa esta interpretación, pero adolece de lo que habíamos indicado en nuestro artículo anterior de la serie, una deficiencia de criterios metodológicos. La pregunta histórico crítica que le hago a Zavala es la siguiente: ¿por qué debemos preferir la interpretación de un evangelio escrito a finales del siglo III EC, en vez de la los escritos de la segunda mitad del siglo I EC? ¿No deberíamos darle más peso histórico a aquellos documentos más cercanos a los hechos relatados que aquellos que son más lejanos?

Zavala nos provee otra explicación. La palabra “Nazareno” puede provenir de “netzer” que significa rama. Jesús era una rama del tronco de Jesé, es decir, descendiente del rey David. (Zavala Toia 152) Esta es una interpretación ingeniosa que hace Frank Zindler en torno a este tema. El problema es que las tradiciones que son la base del Evangelio de Marcos, de Q, M, L y de Juan —, fuentes totalmente independientes unas de otras— tratan a Nazaret como un lugar geográfico. (En cuanto a Q, Robinson, Hoffmann y Kloppenborg 110-111) Sencillamente, no existe base crítica literaria alguna para interpretar el término “Nazareno” como uno “alegórico”.

Las versiones de los evangelios no son fiables

Códice Vaticanus
Códice Vaticanus exhibido en Varsovia. Imagen cortesía de Leszek Jańczuk. (CC-BY-SA 4.0)

En primer lugar [los Evangelios] … han sido elaborados (redactados) por los propios interesados, lo cual los desvirtúa como prueba plena … Evidentemente, se trata de una prueba interesada, que no tiene valor probatorio alguno y que, por lógica elemental, no podría otorgar certidumbre. …

Pongámonos en el supuesto que aceptamos que el Nuevo Testamento podría considerarse como prueba. Lo primero que tendríamos que dilucidar es: ¿Cuál de las 1,700 versiones del Nuevo Testamento es la que deberíamos aceptar por verdadera? Si partimos del hecho cierto que dichos evangelios contienen un total de 400,000 errores, estamos frente a una prueba viciada (si bien, de los 400,000 errores el 90% no son significativos, lo cual nos deja un saldo de 40,000 errores que sí lo son. El Nuevo Testamento contiene cerca de 190,000.

Zavala Toia 27

Sobre lo primero que dice, es cierto que los libros del Nuevo Testamento fueron escritos por partes interesadas. ¿Y por qué debería ser esto un problema en principio? Zavala gusta de comparar el proceso de investigación bíblica con un tribunal. La fiscalía y la defensa presentan ambos evidencia y, a la hora de presentar textos sobre ella, ambos textos se escriben por dos partes muy interesadas. No escuchamos al juez diciéndole a los abogados: “Lo siento, pero rechazo los argumentos de ambos porque sus documentos fueron redactados por ustedes, que son partes interesadas en ganar el caso.” Al contrario, le corresponde al juez mirar los argumentos objetivamente, escuchar los lados correspondientes y dar razón al que tenga mayor peso. Igualmente pasa en la crítica literaria del Nuevo Testamento y la historiografía del cristianismo primitivo. Todas nuestras fuentes están sesgadas, pero le corresponde al historiador o historiadora mirar la documentación objetivamente de acuerdo a unos criterios que garantizan un grado de seriedad a la hora de evaluarlos.

Además, desde la práctica de historiográfica de la Antigüedad, en ocasiones, puede ser sencilla la investigación histórica si primero identificamos el sesgo literario del autor de un documento, para entonces identificar aquellos elementos incómodos para ellos, que intentarán explicar de alguna manera —criterio de dificultad—. Como hemos visto, el hecho de que Jesús viviera en Nazaret es uno de estos hechos embarazosos. Otro caso que podemos mencionar es cuando Hechos de los Apóstoles nos presenta un panorama idealizado de la iglesia primitiva en la que todo el mundo se llevaba con todo el mundo sin ningún problema. Sin embargo, el autor de Hechos tiene que lidiar con la información incómoda de que desde el mismo principio hubo disputas entre los grupos que él llama “hebreos” y “helenistas”, dos grupos cristianos que estaban obligados a comer aparte. (Hechos 2:42-47; 4:32-34; 6:1-7) De ahí podemos inferir que el marco literario que nos presenta Hechos, de casi perfecta armonía entre los miembros de la familia cristiana es uno fundamentalmente falso y que parte de lo que lo hace engañoso es la tensión que había entre los judíos palestinenses y judeohelenistas o gentiles convertidos al cristianismo. Por cierto, esta división continuó por mucho tiempo hasta el punto de que el mismo Pablo tuvo que defender a los gentiles conversos de la actitud exclusivista de la comunidad jerusalemita. (Gál. 2)

Obteniendo un dato a partir de los sesgos de los evangelistas

Otro de los sucesos incómodos para los evangelistas, pero que tuvieron que reconocer en sus escritos, es que Jesús se dejó bautizar por Juan el Bautista, convirtiéndose, de esa manera, en su discípulo. De acuerdo con el Evangelio de Mateo, cuando él fue a bautizarse por Juan, este reconocía que aquel era el Mesías. Juan le preguntó a Jesús cómo era posible que fuera digno de bautizarle. Sin embargo, mucho más adelante, en el mismo evangelio, Juan, desde la cárcel, le preguntaba a Jesús si él era el Mesías. (Mt. 3:13-15; 11:2-3) ¿No contradice este relato el anterior? El hecho de que Jesús fuera bautizado por Juan está atestiguado por las fuentes más tempranas, Marcos y Q. Sin embargo, la manera que los evangelistas trataron este tema muy incómodo demuestra su sentir a medida que pasaron las décadas del primer siglo:

  • Marcos (escrito ca. 70 EC): Juan afirma que su bautismo es uno de conversión, arrepentimiento y limpieza de todos los pecados. (Mc. 1:1-8) Sin embargo, cuando llegaba Jesús, él fue bautizado y vio el espíritu de Dios entrando en él, designándole como el futuro rey “Mesías” (el significado del término de “hijo amado”). En otras palabras, el evangelista, cambió el significado del bautismo de Jesús a uno de la unción de un rey davídico, utilizando la misma terminología real y del “Siervo de Dios”. (2 Sam. 7:14; Sal. 2:7)
  • Mateo (ca. 80-90 EC): Como hemos visto, Juan le pidió una explicación a Jesús de por qué él le debería bautizar. La respuesta de Jesús no contesta la pregunta, sino que nos deja en suspenso. (Mt. 3:13-15)
  • Lucas (ca. 80-90 EC): El autor hace que Jesús sea bautizado después del arresto de Juan. (Lc. 3:19-22)
  • Juan (ca. 90-100 EC): En este evangelio, el tema del bautismo de Jesús no aparece. Es Juan, no Jesús, el que ve al espíritu declararlo Mesías. (Jn. 1:29-37)

¿Qué significa todo esto? Que el Bautista practicaba la inmersión de conversión de pecados, que Jesús fue a bautizarse por Juan por esa misma razón y que Juan no sabía que este era el Mesías porque consideraba a Jesús, su discípulo. Es más, según el primer evangelio escrito, Jesús comenzó su actividad mesiánica, después de que Juan fuera arrestado. (Mc. 1:14-15)

Una vez más, no es un asunto de si todo lo que dicen los evangelios sea históricamente correcto. Ninguno es literalmente fiable, quiero dejar eso claro. Más bien, el problema es con cuáles herramientas historiográficas contamos para distinguir lo fantasioso de lo histórico, lo ficticio de lo real. Una vez más, lo que hace historia no es si los documentos dicen algo verídico, sino cómo los historiadores se acercan de manera crítica a los textos. En los casos ya discutidos, hemos identificado el sesgo de cada evangelista y cómo esto nos ayuda a identificar unos datos históricos.

El problema de los errores en los evangelios

En cuanto a los “errores de los evangelios”, parece que con los números que Zavala nos da, confunde dos temas distintos: por un lado, la fiabilidad de lo que dicen los evangelios y, por otro, el número de variantes entre manuscritos del Nuevo Testamento. La inmensa mayoría de ellas son realmente insignificantes y producidas por descuidos normales que ocurren en el proceso de reproducir manualmente un texto. Algunas de ellas, aunque con mayor significancia, a la hora de traducirlas, no hacen diferencia alguna. Otras variantes sí son graves, pero los eruditos están de acuerdo de cuál pudo haber sido el texto original. Sin embargo, eso reduce el número de variantes restantes a las que son viables, cambian el significado del verso (incluso del texto), pero que los estudiosos no están de acuerdo de cuál podría ser la versión original. Estas constituyen menos de 1%. (Wallace, “Lost” 42)

No sé de dónde Zavala saca que hay 190,000 errores en el Nuevo Testamento, algo que contradice numéricamente lo que acababa de decir anteriormente, que había 400,000 errores. Cita en un momento dado a Misquoting Jesus, pero no he encontrado esa cifra de 190,000 en esa referencia. Lo que debemos tener en cuenta es que estas 400,000 variantes no se encuentran todas en nuestro Nuevo Testamento, sino que se encuentran entre manuscritos, no en ellos.

Los evangelios como imitación de epopeyas de la Antigüedad

Vasija representando una escena de La odisea
Vasija representando una escena de La odisea. Imagen cortesía del Museo Británico.

Robert M. Price, ex Ministro de la Iglesia Bautista, en el año 2000, publicó su magnífica obra: Deconstructing Jesus, en la que realiza una interesante comparación de los evangelios con las novelas románticas de la antigüedad [sic.]…

Zavala Toia 53

En los últimos años, el Profesor de la Claremont School of Theology, Dennis R. MacDonald, ha profundizado este tema y ha probado que el Evangelio de Marcos y los hechos de los Apóstoles están basados en las novelas épicas de homero (La Iliada y la Odisea), con lo que prácticamente termina de probar que el Jesús de los Evangelios no es más que el héroe actualizado de la antigua “farándula”.

Zavala Toia 54

Hay varios problemas con esta perspectiva. Sin lugar a dudas, está fuera de discusión que todos los evangelistas utilizaron formas narrativas o préstamos de diversas fuentes externas a las tradiciones de Jesús. Por ejemplo, hoy día se sostiene que Judas era histórico, es un dato testimoniado por casi todas nuestras fuentes evangélicas: Marcos, M, L y Juan. Sin embargo, dudan de los detalles particulares de su traición y de lo que hizo después. Por ejemplo, un estudio minucioso parece revelar que en la versión del Evangelio de Mateo, se le dan a Judas las treinta monedas de plata para que se cumpliera, Zac. 11:13. Judas se ahorca cuando se arrepiente de lo hecho, (Mt, 27:5-9) algo que recuerda mucho a la manera que lo hizo Ajitófel, quien traicionó al rey David. (2 Sam. 15:1-37; 17:23) Por otro lado, la versión lucana, (Hch. 1:15-19) en la que tomó su dinero para comprar un campo, donde murió por una caída, recuerda fuertemente a la manera en que se describe en 2 Macabeos, la muerte de Antíoco Epífanes (8:9-12) y la descripción de cómo es que mueren los impíos. (Sab. 4:19) Como podemos ver, todas estas actividades de Judas parecen basarse en la Septuaginta, un referente común de todos los evangelistas. (Piñero, “El relato” 148-150)

Hay otros pasajes que recuerdan mucho a ciertas escenas de La odisea y a La eneida, esto es más transparente en Hechos de los Apóstoles, cuando los romanos estaban llevando a Pablo prisionero a Roma. (Hch. 27:1-8) El hecho de viajar de Medio Oriente a la Península Italiana parece recordar un poco a Eneas, quien naufraga en Cartago, para, más tarde, terminar de cumplir su destino en el Lacio. El naufragio en Cartago, a su vez, está basado en la La odisea, en donde Odiseo sufre varios percances y es prisionero de la ninfa Calisto, pero nada detenía su destino, el llegar a Ítaca. Esta estructura narrativa del típico naufragio del héroe homérico era ampliamente adoptada por la literatura grecorromana, algo de lo que “Lucas” estaba muy familiarizado. (Bornkamm, Pablo 151-153; Fitzmyer, Los Hechos II:502-504)

Por otro lado, esto no significa que los relatos evangélicos sean clones de epopeyas homéricas. Joseph Fitzmyer señala que hay unas notables diferencias que se deben a dos cosas: elementos de la visión teológica del autor y datos históricos que estaba acomodando a la estructura narrativa asumida por el autor. (Fitzmyer, Los Hechos II:503-504) Hechos tampoco se basaba exclusivamente en Homero, hemos visto en uno de los ejemplos anteriores que se fundamentaba en las narraciones de la Septuaginta (entre otros).

Entremos, pues, a lo que nos compete. Zavala discute primero a Robert Price y después presenta a Denis MacDonald como uno que ha profundizado el tema, “demostrando de una vez y por todas” que Jesús no es otra cosa que un héroe homérico. Aquí vale detenerse un poco y ser cautelosos. La posición de MacDonald, se ve entre los críticos del Nuevo Testamento como una exagerada, pero respetable y, cuando se le compara con la de Price, es mucho más moderada. De hecho, una de las cosas que le disgusta a MacDonald es la manera en que los mitistas han abusado de su obra. Zavala cita el caso de Richard Carrier quien, en su obra On the Historicity of Jesus, descansa su parecer en las perspectivas de MacDonald. (Zavala Toia 56) En su publicación más reciente, Mythologizing Jesus, MacDonald nos dice lo siguiente:

The indebtedness of Mark and Luke to the Homeric epics does not call into question Jesus’ existence; the Evangelists simply injected him with narrative steroids to let him compete with the mythological heroes of Greeks and Romans. As we noted in Justin’s tortured logic, this literary rivalry became an embarrassment and remains so for many modern Christians, who insist that the Evangelists inherited their information from reliable eyewitnesses.

MacDonald, Mythologizing 10, mi énfasis

Early Christians elevated Jesus of Nazareth into a superhero with powers beyond those of mortals, but they never forgot that he also was a Jewish teacher who taught people to be honest, just, kind, and compassionate. … In this respect, Jesus was different from Greek gods, who infamously engaged in warfare against mortals, destroyed people out of jealousy, and abused them to satisfy their passions and whims.

MacDonald, Mythologizing 11, mi énfasis

En otras palabras, para MacDonald, detrás del superhéroe, hay un hombre predicador moral importante e histórico. A la hora de acercarse a los evangelios, él nos aconseja tener cuidado de no tomarlos literalmente, ya que hay bastante que no puede considerarse que haya ocurrido. Esto no solo se ve en Hechos, sino también en el Evangelio de Marcos que, al igual que La eneida, emula primero a La odisea y después a La ilíada. (MacDonald, The Homeric Epics)

Ahora bien, habiendo dicho lo anterior, debemos también indicar que, aunque su posición es respetada en el campo de la crítica bíblica y que su obra hace una valiosa y novedosa aportación académica, los expertos en general consideran que su obra exagera demasiado los supuestos elementos homéricos en los evangelios. La supuesta sobreabundancia de paralelismos entre el Evangelio de Marcos, por dar un ejemplo, y los textos homéricos realmente podrían constituir “el talón de Aquiles” de su propuesta —frase usada por Sandnes. Una cosa es alegar que se aprendía a escribir narraciones en griego utilizando a Homero —algo que es cierto—, pero eso no hace que cada narración sea una copia al carbón de La ilíada y La odisea. (Sandnes; Winn)

¿Quiere saber algo, mi querido lector? Usted no necesita ser un gran erudito para darse cuenta de la fragilidad de la tesis de MacDonald. No tiene que recurrir a demasiada literatura ni leer a académicos de renombre. Usted solo necesita tres textos, La odisea de Homero, La eneida de Virgilio y el Evangelio de Marcos. Siéntese a leer los tres textos. Luego compare La odisea con La eneida y, después, La odisea con el Evangelio de Marcos.

Desde la misma Antigüedad se sabía que una parte significativa de La eneida (Libros I al IV) reproduce de manera muy marcada las situaciones y la trama que encontramos en La odisea: ambas obras comienzan in media res, el héroe Eneas está destinado a ir al Lacio, pero queda varado en Cartago, al igual que Odiseo está destinado a regresar a Ítaca, pero naufragó en la isla de Calisto; los dos son atendidos por mujeres de autoridad que se enamoran de ellos (Calisto y Dido); Eneas y Odiseo tuvieron que tratar con Polifemo, el cíclope; los dos también son condenados, a ser víctimas de tormentas y vagar por las aguas; Atenea o Minerva mediaba ante Zeus o Júpiter por los dos héroes en sus respectivas narraciones; ambos conocían la profecía de lo que el destino les deparaba; Hera o Juno opera en contra de Odiseo y Eneas en sus respectivas obras; los dos se encuentran con Caribdis; etc…. Vaya usted libro por libro y escriba las escenas paralelas. Es más, noten que en el proceso de Eneas narrar su historia a Dido, hay varias alusiones explícitas a La odisea.

Muy bien. Ahora quiero que comparen La odisea con el Evangelio de Marcos. Tendrán ustedes la sensación de que están leyendo dos relatos totalmente distintos. Haga el ejercicio de cuántas escenas paralelas usted encuentra entre ambas obras. Cuando las encuentren, por favor, escríbanme, realmente quiero saber.

Poniendo a prueba la tesis de MacDonald con un ejemplo

Ahora bien, no es que MacDonald no haya intentado señalar los paralelos, pero esto en la mayoría de las ocasiones (al menos cuando se trata del Evangelio de Marcos), los casos no son convincentes y las supuestas semejanzas se sienten forzadas. Voy a utilizar un ejemplo de uno de los muchos que puedo identificar como problemático (recalco que no soy experto en el tema, pero me parece genuinamente difícil de sostener), el caso del bautismo de Jesús. Dice Marcos textualmente:

El Bautismo de Jesús por Lambert Sustris (1552)
El Bautismo de Jesús por Lambert Sustris (1552)

En cuanto salió del agua [después de bautizado], vio que los cielos se rasgaban y que el espíritu [literalmente “viento”], en forma de paloma, bajaba sobre él. Entonces se oyó una voz que venía de los cielos: “Tú eres mi Hijo amado; en ti me compazco.”

Mc. 1:10-11 (Biblia de Jerusalén)

Es interesante que no se nos diga nada del nacimiento o crecimiento de Jesús (sus llamados “años silenciosos”). Esto daría la impresión de que el relato mesiánico de Jesús comienza in media res. Esto no es correcto. La razón es que el autor del Evangelio de Marcos (llamémosle “Marcos”, aunque realmente no sabemos quién fue) pensaba que la labor mesiánica de Jesús comenzó en este preciso momento, no desde antes. Este fue el momento en que fue limpiado de los pecados por el bautismo de Juan e invadido por el espíritu de Dios para llevar a cabo sus obras —predicaciones sabias extraordinarias, sanaciones, caminatas sobre las aguas, entre otras—, preparándole así para ser el futuro rey de Israel (de esto último hablaremos un poco más tarde). Para “Marcos”, Jesús nunca mostró nada extraordinario antes de este acontecimiento. (Mc. 3:20-21,31-35; 6:1-6) No es como en La ilíada, que comienza al décimo año de la Guerra de Troya o La odisea, diez años después de haber terminado, mientras que el héroe estaba atrapado por la ninfa Calipso. De entrada, esto ya nos alerta a un problema de presentar al Evangelio de Marcos como un texto homérico: la manera en que comienza su libro es dramáticamente distinto a la de Homero. Recordemos también que el Evangelio de Marcos es cronológicamente nuestro primer Evangelio y tiene un desconocimiento total de un “nacimiento virginal” o un nacimiento en Belén. Todo indica que él pensaba que Jesús provenía de Nazaret, por lo que, muy probablemente, nació y se crió allá. (Mc. 1:9)

De hecho, me adelanto a decir que se podría defender que en el evangelio hay una especie de “travesía” del héroe a su destino. Así como Aquiles se creció personalmente, relegando a un segundo plano su iracundia al final de la obra o así como Odiseo viajó y cumplió la profecía de llegar a Ítaca, el Evangelio de Marcos es un relato de cómo su “héroe” (invadido por el espíritu de Dios) se preparó para el momento culminante que es su pasión y crucifixión. Desde un punto de vista literario, se sabe que hubo un relato básico de la pasión previo al Evangelio de Marcos y que el evangelista lo utilizó literariamente al final de su escrito como el “destino” del héroe, en este caso, Jesús. (Piñero, “El relato” 137-138) Así que podría decirse que el Evangelio asume una estructura narrativa grecorromana del “héroe” que es conducido a su destino por fuerzas supramundanas: Jesús es llevado por el Espíritu gradualmente hasta su destino, la cruz y la resurrección. De hecho, hoy día se piensa que “Marcos” era grecoparlante y escribía pensando dentro de una matriz cultural grecorromana. Pero, ¿es este pasaje específicamente “homérico”?

¿Cómo MacDonald defiende la tesis de que este texto imita a Homero o a la épica griega? En el capítulo 2 de Mythologizing Jesus, nos dice que antes del Evangelio de Marcos, el espíritu (viento) Divino nunca había sido representado por un ave. Sin embargo, los dioses han sido representados como aves en la literatura homérica, como en el caso de La odisea. MacDonald nos dice que si leemos el relato del bautismo de Jesús y del comienzo de La odisea, los paralelos entre ambos “son sorprendentes” (striking). (21) Esa aserción elevó mi ceja escéptica a un nivel que rebasó el techo de mi oficina, pero continuemos. He aquí los paralelos:

  • Atenea y el espíritu de Dios vuelan como pájaros a donde los jóvenes (Telémaco y Jesús).
  • Atenea le asegura a Telémaco que él es el hijo de Odiseo, mientras que el espíritu de Dios le dice a Jesús que es su hijo.
  • Telémaco confronta a los pretendientes a casarse con su madre para establecer la autoridad del hogar de su padre; Jesús empoderado, anuncia el Reino de Dios. (MacDonald 21)

Sin embargo, los llamados “paralelismos” olvidan las muy dramáticas diferencias. La odisea nos dice que Telémaco tenía unos veinte años cuando Atenea se le apareció. De hecho, sí, Atenea se había convertido en pájaro cuando viajó a donde Telémaco, pero cuando habló con él, tenía la forma de Mentes, el rey de los tafios. No tienen que creerme, léanlo por ustedes mismos en el libro I de la obra (Homero 41-57) Finalmente, la transmutación de Atenea en pájaro no es de extrañarse. Aunque La odisea no es explícita al respecto, se sabe que Atenea se solía trasnformar en lechuza y se le representaba de esa manera.

Tetradracma
Tetradracma (ca. 410 AEC) que representa a la diosa Atenea. En su reverso, vemos la lechuza con los caracteres griegos Alpha, Theta y Epsilon, las tres letras del nombre griego “Athena”. Imagen cortesía de CGB.fr. (Detalles de licencia, CC-BY-SA 3.0 Unported).

Por otro lado, Jesús no estaba en la situación de Telémaco, ni de lejos. El evangelista no nos dice nunca si era joven, no nos dice su edad. Jesús había escuchado de Juan, fue a donde él, se bautizó, limpiándose así de sus pecados para ser posteriormente invadido por el espíritu de Yahveh en forma de paloma, al ser declarado “hijo de Dios”. Esto le llevaría a hacer una proclamación apocalíptica judía.

Sí, Atenea le aseguraba a Telémaco ser el hijo de Odiseo, porque había sido engendrado por él. Sin embargo, para “Marcos”, Jesús no era “hijo de Dios” hasta el momento en que fue declarado así por Él tras bautizarse. Esto significa dos cosas:

  1. Al declarársele hijo de Dios, en el contexto grecorromano, eso significaba que Dios le adoptaba como hijo. Esto no es poca cosa. En el siglo I EC, la adopción por parte de una familia significaba que el adoptado, por sus méritos, había sido ingresado a la casa de la familia y heredaba todos las potestades, fortunas y beneficios que son propios del pater familias. En el pasaje marcano, en el acto divino de adoptar a Jesús, Dios le entregaba a él todos sus poderes y beneficios, de ahí la infusión de Su espíritu. Esta visión de adopción, no solo era común en el mundo grecorromano, sino que no era muy ajena al pensamiento judío de la época. (Peppard 86-131)
  2. Como era descendiente de David, la adopción como “hijo de Dios” le hacía a Jesús Mesías, es decir, aquel que en el futuro reinaría a un Israel restaurado, continuando así la dinastía davídica. Como veremos dentro de poco, esto aparece así en la Septuaginta, la versión griega de la Biblia Hebrea. En ese escrito —y en la versión hebrea—, cuando Dios hizo a David rey de Israel, le adoptó como hijo, le dio todo el dominio divino sobre Su pueblo. (2 Sam. 7:14; Sal. 2:7). En la Septuaginta sobresale del Salmo 110, “El Señor [Dios] le dijo a mi Señor [i.e. al rey] …” El pasaje presenta a Dios otorgándole el título del título de “Señor” al rey, que es reservado en la Biblia Hebrea a Dios (ver la cita en el mismo evangelio, Mc. 12:36).

Muy bien, pero fuera de eso, ¿es la simbología escogida “homérica”? No, es de la Biblia Hebrea, específicamente la Septuaginta. El acto de Dios de abrir las compuertas o “rasgar los cielos” aparece en numerosas ocasiones en esa versión del Antiguo Testamento. En Isaías 63:19-64:1, “Trito-Isaías” (quien sea que haya sido) le pedía a Dios que “rasgara” los cielos y “descendiera” a la tierra, exactamente la misma imagen que vemos en el Evangelio de Marcos. De hecho, otra señal de que Marcos se basaba en Isaías es que la forma de la oración exclamada por Dios desde el cielo, que es la misma que la de un pasaje de Isaías que hablaba sobre el “Siervo de Yahveh”:

Este es mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él para que dicte el derecho a las naciones [i.e. como dominador de naciones subyugadas].

Is. 42:1-2

La infusión de Jesús por el espíritu de Yahveh en el momento del bautismo estaba basado en un pasaje bíblico —presente en la Septuaginta— en la que Dios invadió con su espíritu a David en el momento en que fue ungido por el profeta Samuel. (1 Sam. 16:13) ¿Qué significa esto? Lo que ya hemos indicado. “Marcos” le cambió el significado al bautismo de Jesús para darle el mismo carácter de un acto de la unción de un rey davídico. La infusión del espíritu precisamente fue lo que movió a Jesús a comenzar a predicar el Reino de Dios, es decir, la visión restauracionista y apocalíptica judía del futuro Reino de Israel.

Nótese también que, en el Evangelio de Marcos, Jesús es el único que tuvo la visión y la experiencia auditiva. Ni el Bautista ni ninguno de los allí presentes vieron el acontecimiento. Esto es algo importante para la narrativa, no homérica, del “secreto mesiánico”: que la identidad de Jesús como Mesías estaba escondida al público y era incomprendida por sus seguidores.

¿Y qué hay de la paloma? Es cierto que en ningún lugar el espíritu de Dios aparece en forma de paloma en el Antiguo Testamento. Sin embargo, sí es reminiscente a pasajes como Génesis 1:3, en la que el espíritu (viento) de Dios “volaba” sobre las aguas. La paloma era también signo de augurio para los griegos y romanos y, simultáneamente, nos recuerda a la señal de salvación de Noé, su familia y los animales que le acompañaban. (Gén. 8:8-12)

Por cierto, todo lo anterior —la versión marcana del bautismo de Jesús como una instancia adopcionista y la infusión del espíritu de Dios como comienzo de su ministerio y los demás elementos— es algo que es ampliamente aceptado en la erudición bíblica académica. Usted va a encontrar esta exposición en cualquier curso al respecto, no importa a la institución académica de reputación a la que vaya. (Brown, Introducción 133-135; Collins; Ehrman, The Orthodox 108-251; Gnilka I: 56-63; Meier II:146-159; Peppard 86-131; Puente Ojea, El Evangelio 41-46)

Ante tantos evidentes paralelos con la Septuaginta y las escasísimas alusiones “homéricas”, nos rascamos la cabeza de asombro y nos preguntamos, ¿qué hace pensar a MacDonald, que es más probable que el relato del bautismo —¡y el resto del evangelio!— sea “homérico” en vez de basarse en la forma de elección davídica mezclada con la profecía de Isaías que aparece en la Septuaginta?

Ahora, si pudiera decir que esta es la única instancia en que encuentro este problema, tal vez MacDonald tendría mucho más razón. Sin embargo, en su libro, aparecen otros ejemplos en que podría hacerse exactamente el mismo análisis, llegando a la misma conclusión: aunque la forma de redacción del Evangelio puede ser helenística (no necesariamente homérica), el contenido es marcadamente de origen judeohelenístico con elementos que sin duda provienen de noticias judeopalestinenses. Esta misma queja que tengo del libro de MacDonald es la que tienen virtualmente el resto de los estudiosos y expertos del Nuevo Testamento. La pregunta que deberíamos hacer entonces es por qué encuentra Richard Carrier este trabajo de MacDonald como suficientemente sólida para su la posición mitista —incluso a nivel bayesiano—, llevando a su vez a Zavala Toia a conclusiones erróneas.

Recuerdo que he descrito la obra de MacDonald como moderada al lado de la de Robert Price. Así que Price, diríamos los puertorriqueños, es algo de “grandes ligas”.

Robert Price

Robert M. Price (2010). Imagen cortesía del mismo Price. (CC-BY 3.0 Unported)
Robert M. Price (2010). Imagen cortesía del mismo Price. (CC-BY 3.0 Unported)

De Price hablaremos más en la segunda subsección de este artículo (en la entrada siguiente). Bástenos hacer unas indicaciones importantes en torno a él. De todos los mitistas, él parece ser el único que tiene título especialista de Nuevo Testamento, los demás académicos son de áreas afines. Llama la atención que es el único experto en Nuevo Testamento —que yo sepa— que sostiene esta perspectiva. Sin embargo, no es la única razón de por qué es tan controversial.

Durante un debate que tuvo con el erudito Bart D. Ehrman, donde este “hizo fricasé” de la posición de Price y se rió de él —aunque como shock ante lo que decía que con la intención de ofender—, Price reveló que sostenía unas posiciones bien “exóticas” —por ponerlo cortésmente— y decimonónicas de los evangelios, de Pablo y sus cartas:

De hecho, durante ese debate, afirmaba Price que el hecho de que “Marcos” utilizara la Biblia Hebrea como fuente de referencia implicaba necesariamente una influencia persa en su pensamiento. Algo de esto es verosímil. El apocalipticismo marcano se funda en el apocalipticismo judío, que a su vez se inspiró en aspectos del zoroastrianismo persa. De eso no hay lugar a dudas; la visión dualista del conflicto entre las fuerzas del bien (de Dios) y del mal provienen de ahí. “Marcos” pudo haber recibido esto desde la Septuaginta, documento que él conocía muy ampliamente. De hecho, el apocalipticismo sostenido por este escritor era de índole judeohelenista, de orientación paulina. Sin embargo, otra cosa que me parece muy exagerada es decir que el evangelista modeló el bautismo de Jesús de acuerdo al relato de la inmersión de Zoroastro, algo que está totalmente ausente de la Septuaginta. No he leído las justificaciones de Price para pensar eso, ya que no hay influencia persa alguna que se parezca a un episodio del bautismo de Jesús que no sea la unción hecha por Samuel a David, unos versos que se escribieron antes del dominio persa de Judea. Él admite que todo esto es pura especulación, pero mi pregunta es por qué es más probable que “Marcos” haya basado el relato del evangelio en el relato sobre Zoroastro, del cual el evangelista no da señal alguna de haber conocido, en vez de un escenario en que “Marcos” lo fundamentó literariamente en la escena en que Samuel ungía a David que se encuentra en la Septuaginta. En este caso, ¿por qué deberíamos suspender la regla epistemológica de la inferencia a la mejor explicación?

He leído algunas de las obras de Price. Muchas de las críticas que he hecho a MacDonald se aplican a Price, lo único que el caso de este empeora exponencialmente debido a que parte de posiciones que hace tiempo han sido refutadas por la crítica desde hace muchísimo tiempo. Una vez más, algunas de sus posiciones se basan en tesis extremadamente marginales (fringe) dentro del campo.

Por ejemplo, en su libro The Amazing Colossal Apostle, él afirma muy correctamente que la historia de la llamada “conversión” de Pablo que encontramos en Hechos de los Apóstoles es totalmente ficticia. Al igual que “Marcos”, “Lucas” también conocía la Septuaginta, especialmente uno de los libros distintivos de esa versión de la Biblia Hebrea, 2 Macabeos. Allí se relata la conversión de Heliodoro al judaísmo, con elementos que recuerdan al relato de la conversión paulina en Hechos. (2 Mac 8) Además, “Lucas” también da fuertes señales de ser conocedor de la literatura grecorromana, por lo que no sorprendería que, muy probablemente, también se basaba parcialmente en la narración de Las bacantes, de Eurípides. El hecho de esta adaptación literaria del acontecimiento histórico —al menos, en el caso de 2 Macabeos— es algo que es ampliamente aceptado por la inmensa mayoría de los eruditos y exégetas del Nuevo Testamento. (Borg y Crossan 30-35; Bornkamm, Pablo 45-59; Fitzmyer, Los Hechos II:13-32; Piñero, Guía 29-44; Vidal, Pablo 34-57) Price critica a su colega, Gerd Lüdeman de haberle creído al relato lucano de la llamada “conversión”. (Price, The Amazing cap. 1) Irónicamente, Lüdeman hizo un análisis del episodio, mostrando por qué no es creíble. (Lüdeman, Acts cap. 22) Es más, el libro de Price se publicó en el 2012 y el primer capítulo se dirigía a evaluar el estatus de los estudios paulinos contemporáneos, pero su modus operandi deja mucho que desear. ¿Por qué no evaluó de Lüdeman su libro sobre Hechos de los Apóstoles (Acts), publicado en el 2005 y mejor analizado, el cual Price pudo haber accedido? ¿Por qué evaluó sus aserciones de un libro previo que no era sobre el tema de Hechos? ¿No es esto injusto con Lüdeman? Lo mismo su crítica a los demás autores.

A pesar del buen análisis de Price de cómo el episodio de la llamada “conversión” paulina toma prestado de la literatura previa, perspectiva ampliamente aceptada por la crítica, se le vuela la barda con otras hipótesis especulativas. Es muy conocido que aunque Pablo no habla de una conversión “vía Damasco” —la parte ficticia—, sí habla en varias ocasiones de su nueva vocación a raíz de sus visiones del Jesús resucitado. (Gál. 1:13-14,22-24); Sin embargo, Price alega que todos los textos de la “conversión” en las cartas de Pablo son adiciones posteriores (¡!) Por ejemplo, se basa en John C. O’Neill de que los pasajes que mencioné de Gálatas son inserciones de un autor desconocido, cuya intención era la de engrandecer a Pablo. Solo que hay un problema, según la inmensa mayoría de los críticos, el estilo, la motivación, la descripción, visión teológica, etc. son todos del mismo autor de la epístola de Gálatas, es decir, Pablo. Sí, los pasajes engrandecen a Pablo, pero es menester mencionar que este misionero era todo menos humilde y su tendencia era la de engrandecerse y afirmar su autoridad como apóstol. Sin embargo, mucho más tarde, Price nos dice que Pablo no escribió la carta a los Gálatas. Con toda honestidad, no puedo pensar en ningún exégeta contemporáneo que comparta la opinión de Price. Es más, dentro del mitismo académico que ha estudiado a fondo las cartas paulinas, parece que él es el único que lo sostiene. Ni tan siquiera Richard Carrier comparte esta opinión. ¡No en balde Ehrman se rió, al quedarse en shock de que Price no pensaba que Gálatas fuera escrita por Pablo!

Price afirma categóricamente que no hay señal alguna de las influencias de las cartas paulinas en los escritores del siglo II EC, algo que hasta me sobresaltó. De ahí formuló que todas las cartas eran tardías del siglo I o del siglo II EC. (Price, The Amazing “Deconstructing Paul”, ver también Deconstructing Jesus cap. 3) Pero, ¿qué piensa él sobre la evidencia dada por la crítica de que las cartas paulinas son de la década del 50 EC, que gradualmente fueron compiladas y que el colectivo de ellas —además de unas seudopaulinas— ya estaban circulando a finales del siglo I EC? Cuando formuló su extraña hipótesis, ¿tuvo en cuenta a los trabajos de Harry Gamble y Günter Zuntz? ¿No sería eso evidencia de que al menos siete de las cartas paulinas son mucho más tempranas que la compilación? ¿Y qué hay de la convicción de la iglesia tardía del siglo I EC de abandonar la observancia de la Ley Mosaica, una radicalización exagerada de las cartas auténticas paulinas y, por ende, una elaboración mayor de estas epístolas? ¿No es eso evidencia de la innegable influencia de una versión más exagerada de la perspectiva paulina previa? Por estas y muchas más razones, si las tesis mitistas son marginales desde la crítica bíblica, Price es mucho más marginal que marginal.

Él toma estas posiciones virtualmente en todas sus obras que he podido leer, a veces tomando medidas sin cualificarlas en absoluto. Por ejemplo, en el capítulo 3 de su libro, Deconstructing Jesus, Price nos habla del mitraísmo grecorromano, que representaba a la deidad Mitra matando a un toro y cómo se recordaba ritualmente ese momento mediante la práctica del taurobolium: se dejaba bañar al “iniciado” con la sangre de un toro cortado y destripado. Para Price, esto es un “Christ Cult“. (Price, Deconstructing Jesus cap. 3) Solo que hay un pequeño problema, de hecho, uno mencionado por apologistas cristianos —sí, en este caso, me refiero a cristianos conservadores dedicados a la apología del cristianismo—. Como elaboraremos en nuestra próxima entrada, los cultos mistéricos, como cualquier otra sociedad religiosa, evolucionaba y cambiaba a medida que pasaban los años. Del mitraísmo grecorromano no sabemos gran cosa, pero evolucionó de la misma manera que el judaísmo y el cristianismo, cambiaron en el curso de la historia. Partiendo de esta premisa, no podemos afirmar que la costumbre del taurobolium siempre practicada en el mitraísmo desde el mismo principio en que existió (ca. 200 AEC). Dado este panorama, la cautela no tomada por Price es aconsejable, por lo que debemos ver todo el asunto desde la evidencia que tenemos disponible:

  • Originalmente, el taurobolium parece haber nacido del culto a Venus Celeste, en Asia Menor, en el año 134 EC, un siglo después de que el cristianismo se diseminara por todo el Mediterráneo.
  • Esta costumbre se integró a los cultos de Atis y Cibeles, en Roma, durante la época del emperador Antonino Pío (ca. 158-159 EC). Esto es posterior al cristianismo.
  • Hay una inscripción en Roma de aproximadamente el 160 EC que se refiere al taurobolium.
  • Parece ser que la integración del taurobolium para los iniciados del mitraísmo es del siglo IV EC, mas de tres siglos después de haber emergido el cristianismo. (Komoszewski, Sawyer y Wallace 232-235; Olson y Miesel 147-150; Wagner 266)

Corrección: Tras investigar más, me di cuenta de que aquí hay un error. La creencia de que el mitraísmo adoptó el taurobolium procede del escritor cristiano Prudencio. Hoy día, la mayoría de los expertos del mitraísmo grecorromano reconoce que la atribución de la práctica del taurobolium a los cultos de Mitra puede ser propaganda cristiana. No hay evidencia alguna de que esta religión mistérica lo practicaba.

Hacemos la salvedad de que, contrario a los apologistas cristianos, no excluimos a priori ninguna interacción entre el cristianismo y los misterios durante la época del siglo I EC. De hecho, es posible que desde el judeohelenismo que vivía en la urbanidad, se pudieron haber tomado ideas de los misterios, pero adaptadas a la base judía del cristianismo primitivo. Existe evidencia circunstancial de ello y las expondremos en nuestro próximo artículo. Sin embargo, en lo que respecta al taurobolium, esa posibilidad queda excluida, porque esta costumbre parece haber sido un fenómeno del siglo II EC. Price no hizo esa cualificación en su obra, como las incontables ocasiones que debió haberlo hecho.

De hecho, Price se embarra mucho más que MacDonald en lo que en crítica literaria se llama “paralelomanía”, es decir, el esfuerzo de intentar encontrar paralelos de los evangelios, por más tangenciales que sean, en otras religiones. (Sandmel) Reconozco que, por ejemplo, en el Evangelio de Mateo encontramos muchos ejemplos de midrash hagádico. En este mismo blog hemos visto un caso en particular, su narración de la Navidad (partes 2 y 3). Sin embargo, esto no quiere decir que todos los datos ofrecidos en ese evangelio sean midrashim, o que los demás evangelios también sean meros refritos de narraciones del Antiguo Testamento. Para adentrarse en más críticas de ejemplos de la paralelomanía que hace Price, además del abuso que hace del criterio de desemejanza, recomiendo la lectura del capítulo 7 del libro de Bart Ehrman, Did Jesus Exist?

A partir de todo lo dicho anteriormente, le aconsejo a Zavala tome con pinzas cualquier cosa que digan MacDonald, Price y Carrier en relación con este tema, ya que sus perspectivas no son fiables.

El problema de los historiadores romanos y Flavio Josefo

Nos dice Zavala:

Increíble, el hombre más famoso de la tierra, del que —seamos o no cristianos— debemos admitir que ha sido la persona más importante de nuestra era, el responsable de la religión más grande del planeta, es un total desconocido para la historia. Mientras más lo buscamos menos lo encontramos; no existen huellas y no hay absolutamente nada que pruebe en forma indubitable o certera que se trata de un personaje histórico.

Zavala Toia 93

Como hemos visto al comenzar este capítulo, la época en la que supuestamente Jesús estuvo en la tierra, fue una de las más reportadas por historiadores, filósofos y otros, que nos han dejado su monumental obra. Dentro de este desarrollo del pensamiento, habría sido lógico esperar que los hechos milagrosos y sobrenaturales que relatan los Evangelios, llamaran la atención a los testigos presenciales, sino que debieron haber trascendido a todos los rincones del mundo romano y aldrededores y que —por supuesto— debieran merecer el reportaje, comentario y atención de aquellos testigos de la historia que dejaron sus obras para la posteridad. Pues, bien, la realidad es que nadie vio nada, nadie escuchó nada y, por supuesto, nadie se dio la molestia de escribir acerca de tales acontecimientos.

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Este ha sido uno de los argumentos más sonados del lado mitista de la discusión: si Jesús fue algo tan grande, ¿no habría sido registrado por algún historiador de la época?

Como veremos más abajo, la aserción de Zavala es demasiado negativa en relación con la evidencia que tenemos disponible. Sin embargo, hace falta mencionar algunas cosas antes de pasar a algunas refutaciones.

  • Contrario a lo que postula el mitismo, es de esperarse que las fuentes romanas no hablaran de Jesús, por más grandes que hayan sido sus hazañas. Uno de los puntos que es entendido por todos los historicistas académicos, es que los romanos tenían un total desprecio por los judíos, por tanto, a ellos les importaba muy poco lo que pasara en tierras palestinenses. Aun en el periodo de revueltas e insurrecciones, quien nos notifica de esto es Josefo (un judío), ningún historiador romano se molestó en hablar del tema. De hecho, el eminente historiador judío nos habla de Eleazar el exorcista, quien llevó a cabo taumaturgia ante el emperador Vespasiano. ¿Se molestó algún historiador romano en registrar el evento? No, porque les importó un comino. En resumen, la razón de por qué los historiadores romanos del siglo I EC no hablaron de Jesús es por algo bien sencillo: porque no le daban importancia alguna a ningún judío palestinense … ¡punto!
  • Este desprecio por lo palestinense se extiende a los gobernantes de Judea. Tenemos constancia arqueológica de que existieron Poncio Pilatos y Caifás, el Sumo Sacerdote saduceo de Jerusalén durante la época de Jesús. ¿Cuántas veces aparecen mencionados Pilatos y Caifás en fuentes romanas del primer siglo? Cero.
  • Es más, tenemos constancia de que Flavio Josefo exitió debido a sus escritos. ¿Cuántas veces aparece mencionado Josefo por otros autores de su época? Cero.

Como muy bien argumentó Bart Ehrman en su debate con Price, Josefo es mejor atestiguado que Jesús debido a que nos dejó múltiples escritos. Sin embargo, cuando buscamos otras fuentes romanas sobre Josefo, resulta que Jesús es mejor atestiguado históricamente que Josefo: tenemos cuatro evangelios cuyas fuentes (fuentes de Marcos, Q, L, M, fuentes básicas de Juan y las cartas auténticas paulinas) son anteriores a los primeros cuarenta años del movimiento jesuano y, de ellas, unas cuantas se remiten a un periodo muy temprano del cristianismo primitivo palestinense. Para todos los efectos, la existencia de Jesús es mejor atestiguada que la de cualquier otro judío palestinense de su época.

Ahora bien, Zavala entra en un análisis de las fuentes romanas y judías sobre Jesús. Para ahorrar tiempo y espacio, voy a tomar un ejemplo de cada uno para ilustrar cómo él maneja mal la información con la que contamos, al depender demasiado en literatura mitista.

Las fuentes históricas romanas: el caso de Tácito

Publio Cornelio Tácito
Estatua de Publio Cornelio Tácito en el Edificio del Parlamento de Austria. Imagen cortesía de Pe-Jo, de Wikimedia Commons.

Zavala nos cita al historiador Publio Cornelio Tácito, utilizaré la traducción provista por Zavala:

… ni por todos los medios humanos, ni por donativos del príncipe, ni por las expiaciones a los dioses disminuía la creencia infamante que el incendio había sido provocado. Por ello, para eliminar tal rumor, Nerón buscó unos culpables y castigó con las penas más refinadas a unos a quienes el vulgo odiaba por sus maldades y llamaba cristianos. El que les daba este nombre, Cristo, había sido condenado a muerte durante el imperio de Tiberio por el procurador Poncio Pilato. Esta funesta superstición, reprimida por el momento, volvía a extenderse no solo por Judea, lugar del origen del mar, sino también por la Ciudad (Roma), a donde confluyen desde todas partes y donde proliferan toda clase de atrocidades y vergüenzas.

Zavala 103-104

Zavala piensa increíble que Tácito, que escribió los volúmenes de los Anales, no haya escrito un solo párrafo a Jesús. Señala que en cuanto a los años 14 EC hasta 37 EC, el historiador romano no haya mencionado tampoco a Jesús. A estos dos planteamientos señalamos lo que hemos indicado, que los historiadores romanos del siglo I no solían hablar de ningún judío palestinense de la época.

Zavala también señala que los Padres de la Iglesia nunca mencionaron la existencia de este párrafo. Ellos lo hubieran mencionado en defensa de la tesis de la historicidad de Jesús. Sin embargo, lo que a él se le pierde de perspectiva es que nadie en la época de los Padres de la Iglesia dudaba de la existencia de Jesús. Sus temas eran más bien de índole teológica, no histórica. Además, lo señalado por Tácito en torno a Jesús es algo que todos los cristianos ya conocían hacía siglos, lo que hubiera sido irrelevante apelar a Tácito, cuando tenían las fuentes evangélicas que narraban del proceso de condena por parte de Pilatos. Citar a Tácito sería para ellos totalmente redundante.

Ahora bien, hay una sección de ese pasaje que se piensa que fue una interpolación, que es cuando dice: “El que les daba este nombre, Cristo, había sido condenado a muerte durante el imperio de Tiberio por el procurador Poncio Pilato.” Esta es una posición respetable, adoptada por algunos eruditos debido a que interrumpe la logística del párrafo. (Piñero, Aproximación 32-33) Sin embargo, la mayoría de los estudiosos concurre con la opinión de que esta oración le pertenece al texto. La razón es porque el texto original parece haber sido “Cristus” que es parecido a “Cristo”. A partir del análisis de uno de los manuscritos, se ha formulado la hipótesis de que, en vez de “cristianos”, el original decía “crestianos”. El nombre “Cristus” pudo haber sido una corrección al término vulgar que llamaba a los seguidores de Jesús, “crestianos”. (Van Voorst cap. 2)

Finalmente, nos dice Zavala:

Quien hizo la interpolación, otorga a Pilatos el cargo de “Procurador”, cuando en realidad era “Prefecto”. Este error jamás habría provenido de Tácito.

Zavala Toia 105

Esto es falso. Al contrario, este era un error bastante común entre historiadores judíos y romanos de finales del siglo I y principios del siglo II. Los regímenes de los prefectos romanos duraron hasta el año 41 EC, cuando Judea adquirió autonomía nominal y estuvo bajo el dominio vasallo de Herodes Agripa hasta el 44 EC. Después de eso, especialmente tras los problemas causados por las políticas de Calígula, Judea fue anejada al poderío romano y el emperador comenzó a nombrar procuradores. Los historiadores como Tácito, conocían de la procuradoría de Judea porque vivió gran parte de su vida familiarizado con ese título. Así que lo que hizo Tácito hizo fue proyectar al pasado su realidad presente y presentar a Pilatos como procurador.

Una vez más, este era un error bien común. El mismo Josefo, que vivió en el área de Palestina, también cayó en él en múltiples ocasiones en relación con varios gobernantes de Judea, incluyendo a Pilatos (e.g. Josefo, Antigüedades II:1083-1084, 1087-1088 / XVIII:29-35, 55).

Un último punto que debemos mencionar es que otra razón para pensar que no hubo una interpolación cristiana es que la oración en cuestión aparece dentro de un pasaje con un tono tan despectivo de Tácito en relación con el cristianismo. Le caracteriza como una “funesta superstición” que fue atraída a Roma como cualquier “chusma” (textualmente: “atrocidades y vergüenzas”). Un copista cristiano tendería a suavizarlo o neutralizarlo. Por lo tanto, es mucho más probable que esta cita sea auténtica de Tácito y así ha sido tratada por la inmensa mayoría de los historiadores de la Antigüedad. Además, un cristiano probablemente no olvidaría mencionar específicamente la manera en que murió Jesús, la crucifixión. Sin embargo, el contenido del párrafo se limita a decir que este “fue condenado a muerte” por Pilatos.

Como conclusión, aunque Tácito no escribió los Anales en el siglo I, sino el II, sí nos brinda la información de la existencia de “Cristo”, es decir, de Jesús de Nazaret, como la razón por la que sus seguidores se llamaban “crestianos”. Así que contamos con al menos una fuente romana de alquien que vivió en el siglo I, pero que escribió en el II, que sí nos da un dato sobre Jesús, especialmente, en el periodo de tiempo que vivió y que fue condenado a muerte.

Al igual que el caso de Tácito, Zavala repite los mismos argumentos superficiales de los mitistas en todos y cada uno de los historiadores romanos que menciona.

Las fuentes históricas judías: Flavio Josefo

Flavio Josefo
Un grabado en madera de Flavio Josefo (1817), ilustrado por William Whiston en sus traducciones del historiador judío.

El problema de los dos pasajes en que Josefo menciona a Jesús es uno muy extenso y altamente técnico, especialmente, en lo que se refiere al Testimonium Flavianum. Por tanto, lo que han hecho muchos eruditos es abreviar todo ese malestar técnico para el público promedio y presentar las hipótesis más fuertes en torno este tema. He aquí el consenso de los especialistas en Josefo:

  • El pasaje de Jacobo (Santiago), el que dice que es hermano de Jesús, llamado “Cristo”, es plenamente auténtico. El conjunto del pasaje no se entiende bien sin la frase “llamado `Cristo'”.
  • La versión del textus receptus del Testimonium Flavianum es parcialmente auténtico, pero manipulado por copistas cristianos de alguna manera.

Continuando las hipótesis mitistas, Zavala piensa que “el llamado `Cristo'” en el pasaje de Jacobo es un añadido posterior al texto de Josefo, mientras que toda la sección del Testimonium es una falsificación por parte de algún cristiano. Veamos cada uno de estos casos independientemente:

El pasaje de Jacobo

Jesus y Jacob
Iconografía representando a Jesús y Jacob como gemelos.

El contexto en el que Josefo nos habla, el procurador Festo había muerto y, ante la ausencia de un gobernante romano, el Sumo Sacerdote, Anán, creyó pertinente llevar a cabo una ejecución ilegal. Nos dice el pasaje de Jacobo lo siguiente (haré la cita completa mucho más extensa por razones que se harán obvias):

Pues bien, Anán, dado su carácter, como creyó disponer de una ocasión pintiparada por haber muerto Festo y encontrarse Albino todavía en camino, instituyó un consejo de jueces, y tras presentar ante él al hermano de Jesús, el llamado “Cristo”, de nombre Jacobo, y a algunos otros, presentó contra ellos la falsa acusación de que habían transgredido la ley y, así, los entregó a la plebe para que fueran lapidados. Pero los que parecían ser los más moderados de los habitantes de los habitantes de la ciudad y los más escrupulosos cumplidores de las normas legales apenas soportaron esta acción. Por lo que enviaron recado secretamente ante el rey para exhortarlo a que ordenara a Anán que no continuara con tales acciones, puesto que tampoco la primera que había realizado en esa línea de comportamiento había sido correcta. Y algunos de ellos fueron incluso al encuentro de Albino, quien hacía el viaje por tierra desde Alejandría, y, al verlo, le informaron de que Anán no estaba autorizado a instituir un consejo de jueces sin el visto bueno del propio Albino. Entonces este, convencido por sus alegaciones, envió a Anán una carta que rezumaba ira, en la que le amenazaba con exigirle responsabilidades. Y el rey Agripa a causa de ello lo despojó de la dignidad de Sumo Sacerdote, cargo que había ocupado durante tres meses, y lo sustituyó por Jesús, hijo de Damneas….

Flavio Josefo 1234-1235; XX:199-205

Algunos mitistas suponen que la frase “el llamado `Cristo'” fue una interpolación posterior de algún cristiano. Ante este pasaje, nos dice Zavala:

a. Solo prueba que alguna vez habría existido un hombre llamado Jacobo, que fue hermano de Jesús, a quien se le conocía como Cristo. En esta época hubo muchos “cristos”, algunos de los cuales —como veremos más adelante— se llamaban Jesús (Yeshua en hebreo).

b. No se refiere directamente al Jesús de los Cristianos.

c. De acuerdo a la tradición cristiana, el hermano de Jesús (Santiago), no murió apedreado, por lo que —de ser cierto el texto— se refiere a otra persona totalmente distinta.

d. Más parece ser una interpolación tardía dado que Josefo era poco dado a la utilización del término “Cristo” o “Cristos“.

Zavala 95

Sin embargo, ninguno de estos argumentos vale. En primer lugar, está la tradición cristiana notificada por Hegesipo: que Jacobo el Justo murió siendo echado por los fariseos del pináculo del Templo en público y, posteriormente, apedreado y golpeado con un mazo. El problema es que todo este relato tradicional intenta reconciliar una serie de leyendas sobre la muerte de Jacobo. Es inverosímil que los fariseos y escribas hayan efectuado sus acciones debido a que los saduceos eran los líderes del Templo en aquel momento y en ese momento no permitían ese tipo de desorden. También encontramos en él elementos recogidos del Evangelio de Lucas y otros lugares: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. (Lc. 23:34) Por otro lado, no encontramos esos problemas legendarios en el pasaje de Jacobo en Antigüedades judías.

En cuanto a lo alegado por Zavala, no hubo “muchos cristos” durante la época llamados “Yeshua”. Es más, buscamos en vano por el libro un listado de “cristos” llamados “Yeshua” y todo lo que pudimos encontrar fue la mención de un taumaturgo con ese nombre en el Talmud, pero no era propiamente hablando un “cristo”, es decir, una persona que se consideraba candidata a ser rey de un futuro Israel restaurado. Jesús de Nazaret sí se consideró históricamente de esa manera. Sobre si el Yeshua del Talmud es el mismo Jesús de Nazaret es un tema que no tocaremos, porque este texto es uno demasiado tardío para nuestro interés, sus raíces se hallan en la discusión de La misná durante los siglos III y IV EC.

Ahora bien, si no bastaran los argumentos que presentó, Zavala continúa esgrimiendo la tesis mitista de que la frase “llamado `Cristo'” es una interpolación posterior, sea intencional o, como dice Richard Carrier, fue un comentario erróneamente insertado en el texto. En ambos casos, los mitistas argumentan que el “Jesús” del que habla Josefo, se refiere al “hijo de Damneas”. Veamos ahora por qué esto no es aceptado por la inmensa mayoría de los eruditos:

  • En primer lugar, los cristianos estaban más acostumbrados a llamar a Jacobo como “el Justo” (véase Hegesipo) o la forma escriturística, “el hermano del Señor” (Gál. 1:19) Ninguna de las dos es la forma que encontramos en el pasaje de Jacobo.
  • Como fue señalado por la especialista en Josefo, Alice Whealey, para el tiempo de la supuesta interpolación (siglos II y III), la información de que Jesús tenía hermanos se estaba volviendo cada vez más inconveniente para los cristianos, especialmente porque querían defender la virginidad perpetua de María. Es poco probable que algún cristiano devoto añadiera el “llamado `Cristo'”, al menos a propósito.
  • La frase “llamado `Cristo'” tiene en el original un tono mucho más escéptico. ¿No hubiera sido más conveniente a un interpolador que lo hubiera añadido a drede, “Jesús, el que era Cristo”?
  • Cualquiera de las dos hipótesis de la inserción en el texto (sea a propósito o por error) supone que Josefo tomó una única excepción a un patrón que siempre fue constante en todas sus obras: la de introducir un nombre por primera vez con una “apelación patronímica” (hermano de …, hijo de …, llamado …, etc.), para después prescindir de ella excepto en casos en que fuera necesario un contraste entre dos o más personas con el mismo nombre. Por el contrario, cualquiera de las propuestas mitistas nos pide que pensemos que el Jesús, del que Jacobo es hermano, se introduce sin una apelación patronímica, para después introducirla en el texto poco más adelante. En ese caso, le preguntamos a los mitistas, ¿por qué haría Josefo tal excepción … repito … única en todas sus obras? No sería mucho más probable que Josefo continuara el mismo patrón e introdujo “llamado `Cristo'” por primera vez para contrastar ese Jesús con el que es “hijo de Damneas” mencionado más adelante?

Por estas razones, la alegada inserción de “llamado `Cristo'” no funciona para nada ni desde el punto de vista de la crítica literaria ni el de la historia. Sencillamente, es un sinsentido.

A esto se añade que Pablo mismo fue testigo de la existencia de Jacobo, el hermano de Jesús (textualmente: “el hermano del Señor”) cuando era cabeza de la iglesia de Jerusalén. Las cartas atestiguan que él vio a Jacobo en su primera visita al lugar (Gál. 1:19) y en una segunda vez para lidiar con el problema de la observancia de la Ley Mosaica por parte de los gentiles. (Gál. 2:1-10) Esto se dio antes del año en que ocurrió la muerte del Jacobo del que habla Josefo, el 62 EC.

Ahora bien, concedemos algo bien importante y es que Josefo no suele utilizar el título “Cristo” en su obra. Justo después del pasaje de Jacobo, Josefo no se detiene a explicar quién es este Jesús “llamado `Cristo'”. La explicación más plausible para el uso de esta situación excepcional se debe a que él ya había hablado de este Jesús antes. El único lugar que se le ocurre a los estudiosos donde pudo haber discutido el tema es en el mismo lugar donde aparece el Testimonium Flavianum.

El Testimonium Flavianum

El nombre "Yeshua" en hebreo
El nombre “Yeshua” en hebreo (CC0)

Si bien el pasaje de Jacobo no es controversial entre los especialistas, el Testimonium sí lo es. Para simplificar la discusión y no entrar demasiado en ello, cuando hable del Testimonium Flavianum, me estoy refiriendo al textus receptus (que citaremos más adelante), no a ninguna otra versión del texto. Los expertos sostienen tres puntos de vista, uno decisivamente mayoritario y dos significativamente minoritarios:

  • La mayoría sostiene que el texto tiene unas partes originales escritas por Josefo.
  • Hay dos minorías que sostienen:
    • Que el texto es totalmente genuino
    • Que el texto es una total falsificación

El debate mayor que ocurre hoy día no es en torno a si es totalmente genuino o falsificado, sino más bien cuáles secciones del Testimonium son auténticas y cuáles no. He aquí el textus receptus del pasaje en cuestión:

Por estas fechas vivió Jesús, un hombre sabio, si es que procede llamarlo hombre. Pues fue autor de hechos extraordinarios y maestro de gentes que gustaban de alcanzar la verdad. Y fueron numerosos los judíos e igualmente numerosos los griegos que ganó para su causa. Este era el Cristo. Y aunque Pilato lo condenó a morir en la cruz por denuncia presentada por las autoridades de nuestro pueblo, las gentes que lo habían amado anteriormente tampoco dejaron de hacerlo después, pues se les apareció vivo de nuevo al tercer día, milagro este, así como otros más en número infinito que los divinos profetas había predicho de él. Y hasta el día de hoy todavía no ha desaparecido la raza de los cristianos, así llamados en honor a él.

Flavio Josefo II:1089 / XVIII:63-64

De este pasaje, nos dice Zavala lo siguiente:

a. Josefo fue un historiador que nació y murió judío, por lo que resulta imposible que se hubiera referido a Jesús como “Cristo”….

b. El párrafo en mención, interrumpe la secuencia lógica del relato de Josefo…. Si quitamos del contexto el “Testimonium Flavianum”, recién se recupera la ilación de los conceptos.

c. El primero en mencionar la existencia de esta referencia es Eusebio (260 a 339 d.C.), lo cual resulta sumamente extraño y sospechoso. En efecto, si tenemos en cuenta que la obra de Josefo fue escrita entre los años 93 y 94, de ser cierto que dicho párrafo estuvo en el original de la obra, definitivamente habría sido citado por los Padres de la iglesia durante el segundo y tercer siglo, en el que se produjeron los más acalorados debates respecto a la historicidad de Jesús. Cabe decir, finalmente, que la sospecha de la interpolación y su autoría recaen sobre el mismo Eusebio, Obispo harto conocido por otras interpolaciones, falsificaciones y lo que el [sic.] mismo bautizó como “mentiras piadosas”.

d. Si Jesús existió y fue el extraordinario personaje que realizó los milagros y los hechos sobrenaturales que se le atribuyen, resulta inaudito que en una obra de 20 Tomos [sic.], como lo es Antigüedades Judías y otra anterior “La Guerra de los Judíos“, de igual envergadura, Josefo sólo se dedicara a Jesús en un párrafo mal escrito.

Zavala Toia 96-96

Creo que nadie estaría en desacuerdo con ese punto (a). Es altamente improbable, rayando en imposibilidad, de que Josefo hiciera unas aserciones tan abiertas a favor de Jesús como el Cristo (i.e. el Mesías).

En cuanto al punto (b), las interrupciones de secuencias de narración no son inusuales en Josefo, por lo tanto, en este caso, es sensato buscar razones adicionales para pensar que este es un texto interpolado.

En cuanto a (c), hacemos una vez más la aclaración de que en el siglo II y III nadie dudaba de la historicidad de Jesús; al contrario, era un dato aceptado por todos. Sucede aquí lo mismo que afirmamos del texto de Tácito, probablemente no se solía mencionar el Testimonium porque era totalmente innecesario para los debates de índole teológica que se estaban dando en esa época. Por lo que los expertos piensan que decía el Testimonium originalmente, el texto no daba ninguna información adicional a la ya provista con mucho mayor detalle en los evangelios. Pues, no sorprende que no lo citaran. Otra cosa muy importante es que el conjunto de libros que parece haber circulado mucho más entre los Padres de la Iglesia era La guerra judía, parece que los de las Antigüedades judías no fueron tan consultados. ¿Será, tal vez, por la presencia del Testimonium, quizás una versión que presentaba a Jesús en términos negativos?

Hoy día, los estudiosos de Josefo tienen una posición mayoritaria, pero admitidamente tentativa, de que hay unos textos interpolados que han transformado el texto original. Si eliminamos las frases y oraciones sospechosas, podemos obtener el siguiente pasaje:

Por estas fechas vivió Jesús, un hombre sabio, [si es que procede llamarlo hombre. Pues] fue autor de hechos extraordinarios y maestro de gentes que gustaban de alcanzar la verdad. Y fueron numerosos los judíos e igualmente numerosos los griegos que ganó para su causa. [Este era el Cristo]. Y aunque Pilato lo condenó a morir en la cruz por denuncia presentada por las autoridades de nuestro pueblo, las gentes que lo habían amado anteriormente tampoco dejaron de hacerlo después, [pues se les apareció vivo de nuevo al tercer día, milagro este, así como otros más en número infinito que los divinos profetas había predicho de él]. Y hasta el día de hoy todavía no ha desaparecido la raza de los cristianos, así llamados en honor a él.

Lo que tenemos como resultado es un texto mucho más neutral, que es consistente con la visión y el estilo de Flavio Josefo.

Ahora, aun con todo, esto se continúa discutiendo a fondo porque no todo el mundo está satisfecho con esta solución. Uno de los problemas es que solo toma en consideración la posibilidad de que el copista cristiano pudo haber añadido texto, pero no se contempla que se hayan removido ciertas palabras claves para cambiar el sentido del texto. Lo otro es que la frase “este era el Cristo” tuvo que haber formado parte del texto de alguna manera, porque solo así entendemos la última oración, de que los “cristianos” fueron llamados así en honor a “Cristo”. Sacar las frases en cuestión parecería, a prima facie, ser la medida más simple de lidiar con el Testimonium, pero puede dejar fuera otra evidencia importante.

Uno de los que más ha trabajado este tópico en el mundo de habla española es el historiador del cristianismo, Fernando Bermejo Rubio, quien resume algunos hallazgos que deberían tomarse en cuenta. No solo la discusión del Testimonium depende de manuscritos que contamos de las Antigüedades judías, sino también los manuscritos que lo citan. Por ejemplo, en el Codex Parisinus Graecus, del siglo XV, tiene una versión de La historia eclesiástica de Eusebio y que tiene una variante importante del texto citado del Testimonium. Al comenzar Eusebio su cita del Testimonium, parece introducir en griego un pronombre indefinido después de “Jesous“, es decir, “Jesous tis“, que se podría traducir como “un cierto Jesús”, algo que coincide con el estilo de Josefo. Bermejo argumenta que no es probable que este artículo indefinido provenga de mano cristiana, porque le añade un tono escéptico. (Bermejo Rubio, La invención 24; “La naturaleza” 277-278)

Es más, hay otras versiones textuales que le añaden un tono mucho más escéptico en torno a Jesús. Está bien documentado que el Padre de la Iglesia, Jerónimo, en su versión latina de la cita del Testimonium en La historia eclesiástica de Eusebio, en vez de “este era el Cristo”, dice, “et credebatur esse Christus“, es decir, “y se creía que era el Cristo”. Esto se corrobora en dos manuscritos de la traducción de Rufino de Aquilea de los manuscritos de La historia eclesiástica. Lo mismo ocurre con el manuscrito de Miguel el Sirio (s. XII), donde aparece la misma frase. A la luz de la evidencia, es muy probable que manos cristianas hayan manipulado la frase “se creía que era el Cristo” para que dijera “este era el Cristo”. (Bermejo Rubio, La invención 24; “La naturaleza” 266)

Es más, si suponemos que el lenguaje de Josefo es relativamente constante, puede ser que el contenido del pasaje no sea neutral, sino negativo. ¿Dónde aparece el Testimonium? Aparece dentro del contexto de una serie de acontecimientos que Josefo consideraba desafortunados por tumultos iniciados por ciertos personajes, a los que él tenía relativo desprecio. De hecho, la oración del párrafo siguiente al Testimonium acentúa esa negatividad: “Por las mismas fechas otro suceso espantoso sacudió a los judíos …”. (Josefo, Antigüedades II:1087-1093 / XVIII:55-89; Piñero, Aproximación 31) Bermejo también señala que la frase “ton hedonei talethe dechomenon” (“maestro de gentes que gustaban de alcanzar la verdad”), a primera vista, parece positiva. Sin embargo, en otros lugares, Josefo utiliza la expresión “hedonei dechesthai” en contextos negativos. (Josefo, Antigüedades II:1070-1071 / XVII:329; II:1079 / XVIII:6) También, cuando dice “que ganó gente para su causa”, esa es una expresión que Josefo también utilizada negativamente en otros lugares. ya que el verbo en griego “epágomai” tiene el sentido de “descarriar” o “seducir”. (Josefo, Antigüedades I:55 / I:207; I:331 / VI:196; I:627 / XI:199; II: XVII:327; Bermejo Rubio, La invención 24; “La naturaleza” 276) También, el hecho de añadir la crucifixión, con todo lo que eso implicaba en el ámbito romano, pinta a Jesús como un criminal sedicioso. (Ehrman, Did Jesus cap. 2) Si tenemos en cuenta el texto de Tácito, parecería que la palabra “cristianos” tiene también un sentido negativo, porque en la sociedad romana se les juzgaba como una superstición desdeñable.

Finalmente, si eliminamos todo lo referente a la resurrección, veremos que la última oración complementa la frase anterior: “… las gentes que lo habían amado anteriormente tampoco dejaron de hacerlo después, y hasta el día de hoy todavía no ha desaparecido la raza de los cristianos, así llamados en honor a él.” Si se lee en contexto, parece que el sentido de esta perícopa es la sorpresa de parte de Josefo de que, a pesar de haber Jesús sido ejecutado de la manera más humillante posible, todavía había gente que le creía en él y le seguía. Bermejo señala que la palabra griega para referirse al amor de sus seguidores, “agapao“, es usada por Josefo en sentido menos intenso o deprecatorio o “de contentarse con”. (Josefo, Antigüedades II:1088 / XVIII:60; II:1119 / XVIII:242; II:1120 / XVIII:245; II:1140 / XVIII:361; Bermejo Rubio, “La naturaleza” 276-277)

Aunque podríamos continuar haciendo observaciones, ya tenemos suficiente para tener una idea —aunque sea parcial— de cómo se debió haber leído y entendido el párrafo original (sentido que he puesto entre corchetes):

Por estas fechas vivió un cierto Jesús, un hombre sabio, pues fue autor de hechos extraordinarios y maestro de gentes que gustaban de alcanzar la verdad. Y fueron numerosos los judíos e igualmente numerosos los griegos que ganó [sedujo] para su causa y se creía que era el Cristo. Y aunque Pilato lo condenó a morir [humillado públicamente] en la cruz [debido a sedición] por denuncia presentada por las autoridades de nuestro pueblo, las gentes que lo habían amado anteriormente [sorprendentemente] tampoco dejaron de hacerlo después. Y hasta el día de hoy todavía no ha desaparecido la raza de los “cristianos” [secta supersticiosa], así llamados en honor a él.

Hoy día se sabe que Orígenes, en Contra Celso, citaba el pasaje de Jacobo, pero afirmaba categóricamente que Josefo no creía que Jesús era el Mesías. ¿No será porque él leyó esta versión negativa (o alguna parecida) del Testimonium? (Bermejo Rubio, “La naturaleza” 262, 267) Teniendo en cuenta de que Orígenes vivió antes de Eusebio, ¿no sería esto, pues, evidencia de que el Testimonium es anterior a Eusebio?

Continuaremos nuestras observaciones al libro de Zavala en nuestra próxima entrada …

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Muchas gracias.

References

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Una mirada crítica a Lo siento mucho, pero … Jesús nunca existió de Ricardo Alonso Zavala Toia – 1

Portada
Portada del libro, Lo siento mucho, pero … Jesús nunca existió de Ricardo Alonso Zavala Toia.

Algunas amistades del ámbito ateo y humanista de Puerto Rico me pidieron que escribiera una reseña sobre este libro. Esta no es propiamente una reseña, sino una mirada crítica a la obra. En general, una reseña intenta ser crítica, pero breve. Creo que lo que los peticionarios desean ver es una versión más elaborada y detallada de por qué este libro realmente no hace ningunos favores a la causa del libre pensamiento, del ateísmo militante y el humanismo.

No debe entenderse este escrito como un ataque personal al autor, sino más bien un examen concienzudo y respetuoso de su contenido, con el mejor ánimo de corregir los distintos problemas históricos y factuales de este escrito. Debido a la naturaleza de las equivocaciones y errores de distinto tipo, he decidido escribir una serie de dos partes. Esta es la primera.

Finalmente, como se me ha pedido, esta entrada se compartirá en el foro de Facebook de Ateístas de Puerto Rico. También lo haré con el de Humanistas Seculares de Puerto Rico.

En estas últimas décadas, no ha habido tema que despierte más pasiones entre creyentes cristianos y grupos de no creyentes que el de la existencia de Jesús. En la disciplina de la Historia Antigua y de la erudición bíblica, a la postura que la niega se le conoce como el mitismo y mientras la que lo afirma, historicismo. El mitismo es una corriente predominante en grupos militantes de libre pensamiento, agnosticismo y ateísmo que emergió hace algunos siglos y, a pesar de que ha sido rechazada por la inmensa mayoría de los académicos a través del tiempo hasta la actualidad, vuelve a asomarse en los círculos ateos, agnósticos, humanistas, escépticos y librepensadores.

A pesar de que hay una ínfima minoría de académicos que defiende el mitismo, una muy buena parte de este movimiento se deja guiar por personas que no son autoridades en el tema, que carecen de las destrezas intelectuales de rigor historiográfico y del trasfondo histórico crítico para evaluar qué es histórico y qué no. Algunos de estos son de carácter conspiracionista y que proponen unas versiones totalmente inverosímiles, en general movidas por un sentimiento anticristiano. En otros casos, se siguen a unos pocos formados en el campo, pero que son considerados “marginales” (fringe) por el resto de los expertos.

En este caso, examinaremos la visión de una persona no formada en la disciplina, Ricardo Alonso Zavala Toia, cuya obra se titula, Lo siento mucho, pero … Jesús nunca existió.

Antes de tocar el tema, quisiera hacer las siguientes aclaraciones para que los lectores sobre mí y poner las cartas sobre la mesa:

  • No soy erudito bíblico ni historiador de la Antigüedad. No pretendo serlo. Lo mejor que puedo decir es que escribí un libro sobre este tipo de temas, titulado Pablo el Emisario: Odiado e incomprendido, que considero uno de carácter divulgativo. Un erudito eminente del Nuevo Testamento (Dr. Ediberto López) y otros académicos me han dicho que, a pesar de unos errores (que en el presente estoy corrigiendo), el libro ha sido una valiosa contribución al estudio de Pablo de Tarso en Puerto Rico. El Dr. López lo asignó una vez a sus estudiantes del Seminario Evangélico para su evaluación crítica, algo que considero un verdadero honor. Fuera de eso, mi labor principal es filosófica y concierne a la filosofía de las ciencias y la ética.
  • Soy naturalista religioso y pertenezco a una congregación Unitaria Universalista. Como naturalista, niego lo sobrenatural. Además, los principios de mi iglesia no requieren en absoluto la creencia en Jesús o en Dios, aun cuando sus raíces sean cristianas. Como unitario universalista, constantemente me relaciono con personas de distintos ideales espirituales y religiosos. En mi vida personal, soy un humanista religioso y me relaciono con los demás desde esa posición espiritual.
  • Aunque soy historicista, es decir, pienso que es altamente probable que Jesús sí existió, no creo que fuera Dios ni ningún ser divino de índole alguna. Tampoco pienso que sea, en general, un modelo ético a seguir y muchos de sus valores conflijen con principios ilustrados y humanistas por los que abogo.

Ahora bien, en el prólogo de su libro, Zavala nos dice lo siguiente:

Tengo la formación de Abogado y, por tanto, voy a presentar el caso como si lo estuviera presentando a un tribunal. Analizaré todos los argumentos y evaluaré la prueba buscando convencer al jurado. No pretendo agotar el tema y establecer una única verdad; mucho se ha dicho y escrito sobre este asunto, mucho se seguirá diciendo y escribiendo, lo realmente importante es que tú también participes del diálogo.

Zavala Toia prólogo (mi énfasis)

Es en esta nota de humildad que escribo esta crítica, para fomentar el diálogo del cual pienso participar. No tengo el placer de conocer al Sr. Zavala Toia, pero lo que aquí sigue no tiene la intención de ser un ataque personal, sino una invitación a considerar la evidencia de la manera que los historiadores lo hacen. En fin, por más que se quiera presentar esta discusión como un tribunal, los historiadores en general no se aproximan a los documentos como se hace en un juicio por jurado.

En lo que estamos de acuerdo

Dos hombres dándose la mano en acuerdo
Dos hombres dándose la mano en acuerdo. (Dominio público).

Zavala parece ser un autor ateo reconocido por movimientos librepensadores y humanistas. Este no es el primer libro que ha escrito, hubo uno anterior que se llama Cristianismo. La estafa más grande. Dudo que haya sido la “estafa más grande”, aunque eso pueda ser debatible. Los errores de la obra que estamos examinando son las mismas de aquella.

De entrada, vamos a estar de acuerdo con él en cuanto a algunas aserciones que hace en su obra. Lo siguiente no es una lista exhaustiva de nuestros puntos de convergencia:

  • De Jesús no tenemos ninguna evidencia arqueológica directa que corrobore que haya existido.
  • Los evangelios no son biografías en el sentido histórico más riguroso del término, sino instrumentos de diseminación del mensaje de sus respectivos autores y congregaciones. Con toda razón, se puede decir que son de carácter propagandístico.
  • El evangelista que escribió el Evangelio de Marcos, definitivamente tenía problemas con la geografía de Galilea y sus alrededores. También es pertinente el hecho de que ese escritor no haya dicho nada en torno al nacimiento milagroso y virginal de Jesús ni tampoco de su ascensión a los cielos.
  • Si Jesús existió, aquellos que postulan esta posición son los que deberían demostrarlo, no tanto aquellos que lo niegan.
  • Los errores de transmisión han afectado el contenido y la comprensión de los textos neotestamentarios y, por eso, no se puede decir que representan a los originales fidedignamente. La mayoría de los errores que encontramos en los manuscritos, el 90% son inofensivos, pero otros son deliberados o que, aunque no intencionados, no se puede decidir cuál fue el texto original. El proceso de edición, omisión, compilación, interpolación, entre otros, ha distorsionado los textos, a veces alterando su sentido original.
  • Las traducciones en inglés, español y otros idiomas, añaden otros niveles de malinterpretación de lo que los textos neotestamentarios significan.
  • Hay falsificaciones en el Nuevo Testamento, por ejemplo, unas cartas o relatos que pretenden haber sido escritos por ciertos autores que realmente no lo fueron: Hechos de los Apóstoles (alega ser escrito por un compañero de misión de Pablo), Colosenses, Efesios, 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito, 1 y 2 Pedro, Santiago y Judas. Muchos apologistas utilizan el término “pseudoepigráfico” para designarlos, debido a la carga moral que implica el de “falsificación”. Sin embargo, como demuestra Bart Ehrman en su obra Forgery and Counterforgery, la intención de estos autores era la de engañar a sus lectores para que adoptaran la perspectiva teológica y eclesiástica de sus respectivos autores. Además, contrario a lo que afirman los apologistas, en la Antigüedad, esta práctica de falsificación era condenada en cada instancia que se descubría.
  • En general, los pastores y sacerdotes que se instruyen sobre el tema y que lo conocen, no lo discuten con su feligresía, cuya mayoría cree (dependiendo en varios grados de literalidad o interpretación bíblica) que es Palabra de Dios.
  • Coincido con Zavala de que la Biblia dista mucho de ser producto de un ser bondadoso, sino que es un libro muy humano.
  • El Antiguo Testamento no aporta nada para descubrir si Jesús no existió. Sin embargo, esta aserción la sostengo con cierto cuidado, ya que cuando se excluyen ciertos pasajes de los evangelios que parafrasean la Septuaginta, podríamos obtener algunos dichos de Jesús que podrían ser auténticos. Además, esa versión griega de la Biblia Hebrea ayuda a poner en perspectiva histórica y literaria, el posible origen de ciertos relatos.
  • La Sábana de Turín tampoco es prueba de que Jesús haya existido. Existe una fuerte evidencia de que es una falsificación medieval. (Borrini y Garslaschelli; Christen; Damon et al.; Gove; Schafersman)

Problemas fundamentales de la obra

Questioning

Amicus Plato, sed magis amica veritas
~ Aristóteles

Ya habiendo establecido los asuntos en los que estamos de acuerdo, tenemos que entrar ahora a los problemas fundamentales del autor. De hecho, estos son los mismos que tiene su otro escrito, Cristianismo. La estafa más grande. Reitero, lo siguiente no es un ataque personal, sino que se infiere de lo que se desprende del texto.

El denominador común de todos los errores es su “metodología”, algo por el que todo escéptico debe velar. ¿Cuál es la metodología adoptada por el autor? En cuanto a la selección de su evidencia, espero no exagerar cuando digo que el único criterio de Zavala es que sea contenido que hable del pasado en los términos más anticristianos posibles y que llegue a conclusiones inconvenientes para el cristianismo en general. Fuera de eso no hay ningún otro criterio metodológico.

Aun en el caso de los tribunales, la selección de evidencia a favor o en contra de un acusado, requiere un alto nivel de rigor. No puede ser cualquier “evidencia”. Por ende, tanto el abogado que las presente como el juez deben cualificarla bien con base en los hechos constatados por todas las partes. En este libro, hay solo cualificación cuando le conviene a la perspectiva presentada por el autor. De otra manera, no hay intento de cualificación alguna. Esto es, en resumen el problema del libro.

Para describir cómo se manifiesta el problema, veamos los siguientes hábitos del autor, con al menos un ejemplo de cada uno (de muchos que uno podría mencionar de cada caso):

  • Instancias en que exagera la solidez de su caso y no conoce la literatura académica en torno a los asuntos que discute.

Aunque nos concentraremos en la evaluación de Zavala del Nuevo Testamento, hay un ejemplo muy claro de esto (¡entre muchos!) en cuanto a su manera de aproximarse al contenido del Antiguo Testamento. Él afirma que en este momento (o al menos hasta el 2016), los arqueólogos Israel Finkelstein y Neil Albert Silberman, en su libro, La Biblia desenterrada (Finkelstein y Silberman) aseguran que no existió un reino unificado bajo los reyes Saúl, David y Salomón. Esto es correcto. El problema es lo que dice Zavala en un momento dado:

La Biblia desenterrada, publicada en el año 2001, que constituye una obra extraordinariamente importante y en mi criterio definitiva sobre el tema demuestra que …

Ha transcurrido ya 15 años de la divulgación de la obra de Finkelstein y Silberman y hasta este momento ningún apologista de la historicidad de los relatos de la Biblia se ha atrevido a refutar sus conclusiones.

Zavala 86, 92 (mi énfasis)

Siendo justos con Zavala, él mismo confiesa que su juicio sobre esta obra como “definitiva” es según su “criterio” (aunque no especifica cuál). Sin embargo, en arqueología y en historia, raras veces nos encontramos con “obras definitivas” sobre un tema. Más frecuentemente, obras que se consideran “definitivas” se desmontan con nueva evidencia o con la rigorización de la metodología científica o historiográfica.

El segundo pasaje que hemos citado refleja una notable ignorancia de la literatura y del debate en torno a este tema. Amihai Mazar y William G. Dever han cuestionado muy seriamente la interpretación que hace Finkelstein de la evidencia arqueológica. (Finkelstein y Mazar) De hecho, la mayoría de los arqueólogos del Antiguo Israel piensa que Finkelstein está muy equivocado. (Meyers) La colección más actualizada de la suma de los hallazgos arqueológicos hasta el 2017 fue publicada en ese año por Dever en Beyond the Texts, en la que, utilizando la misma evidencia arqueológica debidamente cualificada, muestra por qué la visión de Finkelstein sobre la antigüedad de Israel y Judá es errada. Claro, debemos ser justos con Zavala, el libro que estamos examinando se publicó un año antes que el de Dever. Sin embargo, estas observaciones y discrepancias aparecen desde hacía mucho antes, en un libro que detalla el debate, (Finkelstein y Mazar) y en otras obras de Dever. (What Did the Biblical; Who Were) Antes de tildar a Dever de “apologista” judío o cristiano, recuerdo que él es humanista secular. Debemos señalar que también ha habido un aumento de cúmulo de evidencia arqueológica reciente que muestra una urbanización de áreas claves del Antiguo Israel precisamente en la época en que la Biblia Hebrea afirma que hubo un reino davídico unificado. No hay lugar a dudas de que esta literatura bíblica sobre estos reyes, como propaganda, exagera mucho la “gloria” de la época de David y Salomón, pero, por otro lado, tampoco es que no hubo nada.

¿Qué significa todo esto? Que a la hora de intentar refutar a religiosos, tenemos que adoptar una posición mucho más humilde ante la evidencia. No hay nada en la academia que no haya sido retada en algún nivel. Sin lugar a dudas, todo lo anterior está siendo debatido acaloradamente —hasta el punto de ataques ad hominem— y las políticas relacionadas a las excavaciones siriofenicias y siriopalestinenses están contaminadas de tensiones políticas de ambos lados, al igual que este tipo de discusión en la exégesis bíblica. Puede ser que Zavala, por las razones que sea, no esté de acuerdo con Dever, Mazar u otros. Por otro lado, no vale decir que una obra sea la autoridad “definitiva” sobre el tema que sea. Tampoco se puede alegar que la interpretación arqueológica que hacen Finkelstein y Silberman no ha sido respondida por “apologistas” (whatever that means).

  • Parece que para Zavala hay solo dos grupos de especialistas: los “apologistas” y los negacionistas de la historicidad de Jesús o de algunos eventos de la Biblia. La designación de quién es quién en estas dos categorías es arbitraria y confusa.

El asunto de cuál investigador o biblista sea apologeta o no es un asunto muy complejo y delicado en la academia. Es claro que el extremo fundamentalista, que toma la Biblia lo más literal posible, es rechazado por el grueso de especialistas en la investigación neotestamentaria. En el ámbito académico mismo, hay un espectro de posiciones en torno a los diversos libros del Nuevo Testamento. Esto es, sin dudas, saludable. Mientras más diversas las perspectivas —dentro de lo razonable— más se pueden observar elementos que posteriormente se integran a la conversación y el debate académico, que permiten comprender mejor estos textos bíblicos y sus implicaciones históricas.

Claro está, hay una parte de ese espectro que es conservadora y busca maximizar la veracidad factual del contenido de estos textos con el objetivo de reafirmar la fe de las personas. A estos expertos se les puede llamar propiamente apologistas cristianos. De estos, hay de todas las denominaciones cristianas, desde la católica hasta la evangélica: César Vidal Manzanares, Dan Wallace, Craig Evans, Larry Hurtado, Joseph O’Callaghan, José Bover, entre muchos otros. En el ámbito hispano y católico, me parece que Vidal es el mejor conocido de este grupo. Es interesante que Zavala le incluye como una de las referencias a consultar. Esto de por sí, no es nada malo. Con todas las discrepancias que se pueda tener de sus perspectivas religiosas o políticas, Vidal tiene el calibre de experto de Nuevo Testamento y ha hecho valiosas contribuciones a discusiones y debates en torno al tema. También recomiendo la lectura de su libro Los evangelios gnósticos. Sin embargo, es llamativo que en ningún momento, Zavala interactúa con el material de Vidal, sea esa u otras obras. En fin, muchos de estos genuinos apologistas cristianos han contribuido mucho a nivel académico y sus posiciones no deben ser a priori despreciadas. Por otro lado, sus posiciones que huelan a apología deben ser miradas con sumo cuidado. A veces, este mismo celo por la fe, en ocasiones, les ha cegado lo suficiente como para que ocurran momentos desafortunados o malinterpretaciones de la evidencia arqueológica o bíblica.

Por otro lado, para mi sorpresa, Zavala afirma que Antonio Piñero Sáenz es un “apologista cristiano” o “apologista católico”. (153, 194) ¡¿En serio?! En numerosas ocasiones, Piñero se ha autodefinido públicamente como un escéptico crítico, agnóstico y racionalista. Además, no solo ha sido un filólogo y un escritor muy prolífico, sino que es uno de los comunicadores no apologéticos más importantes de España y del mundo hispanoparlante. De hecho, él forma parte de un grupo de expertos del Nuevo Testamento que está trabajando arduamente en una versión no confesional de este conjunto de textos. Con todas las diferencias que personalmente tengo con algunas interpretaciones de Piñero en torno a Jesús y a Pablo de Tarso, si Zavala hubiera basado su información en sus libros, hubiera evitado una enorme cantidad de errores.

Por otro lado, él reconoce la autoridad de personas bien respetadas en el campo, como Bart D. Ehrman, al que describe en ocasiones como “gran conocedor” del tema, pero también sorprendentemente lo describe como “apologista del cristianismo”. (28, 144) Todo el mundo sabe que él es ateo, agnóstico y humanista secular. (Ehrman, Did Jesus 266-267) El defender la existencia de Jesús le hace, por supuesto, historicista, pero no lo hace ni remotamente un “apologista cristiano”.

Parece ser que Zavala trata el término “apologista” como sinónimo de historicista. En realidad, el término “apologista” se refiere a aquellos que quieren ir más allá del ámbito académico e histórico y abogan por una doctrina particular. César Vidal es un apologista católico. Piñero no lo es. Craig Evans es un apologista cristiano. Ehrman no lo es.

Es más, hay muchos expertos católicos y protestantes que, aunque sean pastores o sacerdotes, llevan a cabo una obra crítica ejemplar en torno a la historicidad de Jesús que no es apologética y que, en ocasiones, ha representado un choque con las autoridades de sus respectivas iglesias. Este ha sido el caso de John Meier, Raymond Brown, E. P. Sanders o John Dominic Crossan. Por supuesto, no todos tienen el mismo grado de desprendimiento de los textos bíblicos, pero se puede notar un alto nivel de seriedad a la hora de evaluar los textos del Nuevo Testamento. Por ejemplo, Senén Vidal fue un gran erudito que adoptó posiciones que no necesariamente eran afines al catolicismo, pero, por otro lado, hizo algunas interpretaciones del Nuevo Testamento que huelen a intentos de legitimar el papado. En el caso de Ehrman, uno encuentra una postura casi minimalista de la historicidad de Jesús. De la interacción de todo el espectro de opiniones, tenemos una visión mucho más dinámica de la conversación y debate entre las autoridades en el tema.

También vale señalar que una buena parte de los historicistas no es cristiana. Algunos estudiosos son judíos (e.g. Paula Fredriksen, Hyam Maccoby, Amy-Jill Levine) y otros son ateos (e.g. Gonzalo Puente Ojea, Bart Ehrman, Antonio Piñero, Fernando Bermejo, José Montserrat, R. J. Hoffman, Gerd Lüdemann, Maurice Casey). Ninguno de ellos se considera “apologista” cristiano. Ninguno de ellos fuerza cierta interpretación de los textos con el objetivo de confirmar la fe de feligresía alguna.

Esto nos lleva, a su vez a otro problema.

  • Zavala no hace la debida distinción entre expertos genuinos e inexpertos en el tema. Esto hace que le otorgue mayor peso a opiniones de inexpertos y a un puñado de académicos que sostienen posiciones extremadamente marginales y los valora por encima de opiniones muy bien establecidas de académicos respetados.

Al igual que este servidor, Zavala es un no experto en el tema del Nuevo Testamento. Esto invita a los que no somos eruditos a tener una muy buena dosis de humildad ante las autoridades académicas que, contrario a nosotros, dedicaron toda una vida a estudiar hebreo, arameo, griego, copto, latín, entre otros idiomas antiguos y a adiestrarse intelectualmente para cualificar debida y críticamente a los textos bíblicos (entre otros).

Como Zavala es abogado, voy a presentar mi argumento de la siguiente manera. Imagínese que usted es un abogado o abogada que tiene un cliente que es inocente de una acusación que se le imputa. Casi todos los abogados que conozco han tenido la penosa experiencia de toparse con clientes que creen saber más que la debida autoridad legal. A veces, ellos pueden tomar acciones que para ellos les parece razonable, pero el abogado —sabiendo cómo se bate el cobre en el sistema— les dice que esas medidas podrían empeorar la situación. Por ejemplo, en Estados Unidos y Puerto Rico, todo acusado tiene derecho a permanecer callado y que ese silencio no se le cuente en su contra. Un cliente se sentiría que guardar una información que demuestra su inocencia sería una señal de culpabilidad dentro de su contexto social. Se preguntaría: “Si no he hecho nada malo, ¿por qué me tengo que callar? ¿Qué pensarán los demás de mi silencio?”. Sin embargo, como el cliente no estudió leyes, no conoce las consecuencias de lo que eso implicaría: especialmente cuando nada de lo que diga a favor suyo cuenta para los tribunales, pero lo haría si dijera algo en contra suya. De ahí que: “… todo lo que diga puede contarse en su contra”. (La advertencia Miranda)

Lo mismo ocurre con el problema de la historicidad de Jesús. Si el 99.99% de los expertos en Nuevo Testamento, Historia de la Antigüedad, Cristianismo, etc. de las universidades más prestigiosas del mundo dicen que Jesús existió —es decir, el historicismo es el consenso abrumador de los expertos en general— esto debería ser un motivo para que el mitista vuelva a pensar su posición. Hay veces que algunas propuestas mitistas pueden parecer, a la primera, razonables. Sin embargo, si esos criterios se llevaran a cabo a todo lo que dicen nuestros libros de texto, en algunos casos eliminaría una enorme porción de lo que consideramos historia —volúmenes de historia antigua se volverían folletos de unas cuantas páginas. En otros casos, lo que abogaría sería violentar la evidencia disponible. Todavía en otros, sería establecer interpretaciones a conveniencia.

Para ser justos, es preciso distinguir entre dos tipos de mitistas:

  1. Mitistas expertos: Por ahora, los mitistas que podemos decir que son expertos con el debido título y expertise en los campos pertinentes o áreas a fines son, por ahora, Robert Price, Richard Carrier y Thomas Thomson. De estos tres, el que ha sido formado en erudición bíblica propiamente es Robert Price. Richard Carrier es especialista en historia y literatura grecorromana, pero no propiamente especialista en el Nuevo Testamento. Esto no invalida a priori sus contribuciones al tema, pero los problemas que los académicos tienen en su contra consisten principalmente en que adopta unas interpretaciones controversiales y, en ocasiones, muy marginales de unos textos claves para su caso. Procede también a exagerar la solidez de sus argumentos hasta el punto de hiperbolizar la importancia de sus estudios. Esto tampoco es un problema grande en el mundo académico, si no fuera por que las críticas que ha recibido en el ciberespacio y en otros lugares, han sido respondidas por él con una inusual estridencia. Este factor, algunas de sus acciones y su actitud mordaz han torpedeado (a mi juicio, para siempre) cualquier chance de que ingrese a enseñar en alguna universidad. En el caso de Thomas L. Thomson, su dominio es la Biblia Hebrea. Él ha sostenido una posición extremadamente minimalista que ha sido muy criticada por los biblistas en general. También sostiene el mismo grado de minimalismo cuando discute el Nuevo Testamento. Aun con todo, si hay algo común entre estos mitistas académicos, es que, al menos, intentan utilizar autoridades del Nuevo Testamento pertinentes para sus discusiones y tienen un grado mucho mayor de cuidado a la hora de opinar sobre algunos asuntos. Lo más seguro hayan más mitistas académicos en Historia Antigua, Nuevo Testamento y áreas investigativas afines. Sin embargo, el hecho de que estos tres sean los únicos que hayan sobresalido, de los miles de expertos a nivel mundial, nos dice algo de cómo los especialistas, en general, piensan de los argumentos que ellos presentan.
  2. Mitistas no expertos: Estas son personas que no tienen ni el adiestramiento intelectual ni el bagaje académico en cuanto a la literatura neotestamentaria y que se han dedicado a diseminar propuestas mitistas notablemente más inverosímiles desde el punto de vista histórico. En algunos casos tienen el grado, pero adoptan posiciones extremas de sus respectivos campos, para entonces aplicarlos al mitismo. Este es el caso de D. M. Murdock o Acharya S. (especialista en Antigüedad griega, pero no interactúa efectivamente con expertos del Nuevo Testamento), Earl Doherty (bachillerato en Historia Antigua), G. A. Wells (profesor de alemán), Michel Onfray (filósofo), Barbara G. Walker (tejedora y militante escéptica), Frank Zindler (editor y publicador), René Salm (pianista), Timothy Freke (charlista motivador espiritual), Peter Gandy (maestro en clásicos), David Fitzgerald (periodista), entre otros. Aunque, en particular Doherty y Wells intentan hacer un buen trabajo al presentar sus posiciones, los expertos en Nuevo Testamento señalan los serios problemas de sus acercamientos a textos antiguos y del Nuevo Testamento. En otros casos, los problemas son más profundos y hasta descabellados, usualmente cuando recurren a tesis conspiracionistas históricamente inverosímiles.

Si Zavala se hubiera restringido a los mitistas formados, creo que no hubiera caído en tantos errores. Sin embargo, los problemas de su comprensión histórica se debe en gran parte a que él no sabe distinguir o establecer una debida valoración entre la opinión consensuada de expertos y los representantes de posiciones marginales.

El problema es aun peor. En vez de atenerse a autores más contemporáneos o la literatura investigativa reciente en torno al tema, él cita como autoritativas ciertas obras escritas en el siglo XIX o de principios y mediados del siglo XX, casi como si no hubiera habido algún tipo de evolución significativa de la investigación historiográfica en torno a Jesús o que esta literatura ya sea obsoleta a la luz de nuevas investigaciones. Por ejemplo, cita a John Remsberg, quien escribió en 1909, o Gerald Massey, que escribió en 1911. (Zavala Toia 135, 162)

Esto nos lleva al otro problema.

  • Zavala desconoce los géneros religiosos y literarios que forman parte de su crítica.

En un momento dado, Zavala dice que no hay solo cuatro evangelio, sino cincuentaitrés. (47) Sin embargo, allí incluye unos textos que no son evangelios, tales como los diversos apocalipsis, ciertas cartas (epístolas), hechos de apóstoles y libros tales como El Libro de Enoc, el Pastor de Hermas (ambos del género literario apocalíptico), entre otros. Zavala incluye en la lista el Canon Muratori, pero este no es un evangelio como tal, sino un listado escrito del siglo II que establece los libros que su congregación de proveniencia aceptaba como autoritativo para propósitos litúrgicos.

¿Qué es un evangelio? Un evangelio, como se entiende en la actualidad, es un género literario de textos que se centran en un tipo de biografía teologizada expositiva de Jesús o de aspectos de su vida y mensaje y que propagandiza su buena nueva. Este género literario puede incluir cartas, pero no cualquier alegada epístola escrita por algún apóstol, sino alguna que tenga que ver con algún suceso de la vida o muerte de Jesús, por ejemplo, la Carta de Jesús al Rey Abgaro o las Actas de Pilato. ¿Quería Zavala una lista completa de los evangelios? El mismo Piñero ha editado un libro que se llama precisamente Todos los evangelios, en la que presenta en castellano todos los evangelios que nos han llegado hasta hoy. En este proyecto participaron un número significativo de especialistas: Gonzalo del Cerro, Eugenio Gómez Segura, Fernando Bermejo, Antonio Piñero, Francisco García Bazán, José Montserrat y Antonio Martínez Castro. ¿Cuántos documentos evangélicos existen hasta el día de hoy?:

  1. Cuatro evangélicos canónicos (excluimos a Hechos de los Apóstoles, aunque sea una continuación del Evangelio de Lucas)
  2. Cuarentaisiete apócrifos
  3. Dos que no son propiamente evangelios, sino solo de nombre (Evangelio de los Egipcios y Evangelio de la Verdad)
  4. Veintiún fragmentos de textos perdidos
  5. El texto hipotético “Q”

Por tanto, excluyendo los dos que no son propiamente evangelios, tenemos aproximadamente 52 evangelios y 21 fragmentos que aparentemente fueron de textos evangélicos que no podemos identificar. Excluimos también el Evangelio de Taciano, el llamado Diatessaron, por ser una compilación de los cuatro canónicos.

La entremezcla de evangelios con otros textos apócrifos, algunos que no tienen nada que ver con el cristianismo (e.g. El Libro de Enoc), no es la única confusión que vemos en el libro de Zavala. También vemos la de fundir dos tipos de pensamiento religioso distintos. Por ejemplo, el capítulo séptimo de la Segunda Parte, “¿Qué valor probatorio tienen las epístolas de Pablo?” constantemente confunde dos vertientes religiosas, una helenística y otra judeohelenística, a saber, los cultos mistéricos y el gnosticismo. En nuestro próximo artículo de esta serie, mostraré que las conclusiones a las que llega, de que Pablo se refería a un Cristo gnóstico y no uno histórico, ignora por completo la antropología judía y judeohelenística de la época. Por ahora, me limitaré a indicar que en la época de Pablo solo había unas nociones en el ámbito judeohelenístico que nutrieron lo que llegó a ser el pensamiento gnóstico cristiano. Algunos han llegado a hablar de un gnosis judía ya formada en el siglo I EC. Pablo no era gnóstico, sino que parece haber respondido a muchas ideas gnostizantes judías y concibió el cristianismo apocalipticista como una alternativa al gnosticismo. Algunas de las cartas atribuidas a él, del último tercio del siglo I EC, sí tienen algunas características gnostizantes (Colosenses y Efesios). Sin embargo, esta corriente religiosa dentro del cristianismo es más bien un fenómeno de finales del siglo I y del siglo II y III. Sí, en los años sesenta y ochenta se solía argumentar que el gnosticismo cristiano había nacido temprano en el siglo I, tal vez antes. (Maccoby caps. 1 y 2; Pagels) Este asunto todavía se debate, porque depende de lo que se quiera decir con el término “gnosticismo”, noción que, dicen algunos expertos, debe ser reformada para que sea historiográficamente útil o abandonada. (Brakke 19-28) Sin embargo, viendo la evidencia disponible de lo que hoy día consideramos “gnósticos” distintivamente cristianos, esta nos indica fuertemente que esta corriente en el cristianismo era más un fenómeno del siglo II, tal vez del último tercio del siglo I EC en el mejor de los casos. Ninguno de los evangelios gnósticos cristianos aludidos por los documentos patrísticos ni los encontrados en Nag Hammadi datan más temprano del siglo II o de la última parte del siglo I EC (Barnstone y Meyer 3, 6-7; Montserrat-Torrents I:intro. gen.; C. Vidal, intro.)

Sin embargo, Zavala no solo no tiene esto en cuenta, sino que lo combina de manera confusa con los cultos mistéricos y los mitos de los dioses que “mueren y se levantan”. (Zavala Toia 69-78) El problema es que el gnosticismo y los misterios son dos corrientes muy distintas que se dieron en el ámbito helenístico. Pablo mismo parece haber conocido corrientes mistéricas, pero su pensamiento se dirigía a establecer su cristianismo y evangelio como alternativa a los cultos mistéricos. En el próximo artículo, nos concentraremos más en los problemas de la categoría de los dioses que “mueren y resucitan”.

  • Hay inconsistencias graves en el texto de Zavala.

Zavala no presenta su caso de manera consistente. Tomemos de nuevo el del séptimo capítulo de la segunda parte de su obra. El texto comienza ofreciéndonos una información correcta, que, actualmente, hoy se piensa que del Apóstol Pablo solo contamos con siete cartas auténticas: Romanos, Gálatas, 1 y 2 de Corintios, Filipenses, 1 Tesalonicenses y Filemón. Las demás cartas del corpus paulinum son falsificaciones (2 Tesalonicenses, Colosenses, Efesios, 1 y 2 Timoteo y Tito) o son falsamente atribuidas a él (Hebreos). (Zavala Toia 63) Sin embargo, más adelante, para probar el carácter “gnóstico” y “mistérico” de Pablo, cita a Colosenses y a Efesios como evidencia. (74, 75) ¿Son las cartas de Colosenses y Efesios auténticas para Zavala o no? No se nos dice.

Una nota aparte: Nótese la falta de atención de Zavala a la hora de escribir en torno a estos temas. Tras haber aceptado implícitamente que 2 Tesalonicenses es una falsificación, argumenta en una nota al calce que conocemos sobre la circulación de falsas cartas paulinas debido al pasaje 2 Tes. 2:2. (63) Sin embargo, hoy se acepta que el falsificador de 2 Tesalonicenses se estaba refiriendo a la carta auténtica de Pablo, 1 Tesalonicenses. En otras palabras, un falsificador que se está haciendo pasar por Pablo —y que, por cierto, trata de imitar el estilo de 1 Tesalonicenses— estaba desautorizando una carta auténtica paulina. (Ehrman, Forgery 250-271; Piñero, Guía 414-416; S. Vidal 25-26)

Lo mismo pasa con la manera que tiene él de fechar los evangelios. No solo no es inconsistente, sino que algunas de sus propuestas de fechas son insostenibles. Por ejemplo, él dice que los Evangelios fueron redactados entre el 70 y el 150 (¡!) EC, basándose en una obra que (confieso) no he visto ni leído, cuyo título es realmente The Original Jesus de Elmar Gruber y Holger Kersten y que cuestiono como fuente —asevera la improbable influencia del budismo en el cristianismo. No obstante nuestra objeción, si Zavala nos está citando este libro correctamente, Gruber y Kersten tienen razón cuando dicen que el Evangelio de Juan puede datar de un momento temprano del siglo II. Sin embargo, Zavala, en repetidas ocasiones, indica el año 150 EC como su fecha de composición, algo que contradice a Grube, Kersten y a la inmensa mayoría de los expertos). ¿Qué le hace pensar que fue escrito tan tarde?

Por lo menos, voy a dar tres argumentos para pensar que el Evangelio de Juan fue escrito mucho más temprano (95-110 EC). El primero es que las epístolas de Ignacio de Antioquía (100-110 EC) parecen lidiar por problemas causados por los mismos grupos que parece atacar el redactor de la epístola 1 Juan. Los grupos en cuestión parecen haber tomado el Evangelio de Juan como autoritativo, pero brindándole una interpretación que el autor de 1 Juan ve como heterodoxa. Esto colocaría la redacción de la carta hacia el 100 al 110 EC, mientras que el Evangelio sería más temprano. Además, Ignacio discute ideas juánicas que andaban flotando en las congregaciones y que él las utilizaba, aunque no hay evidencia contundente de que él hubiera leído el Evangelio de Juan. Esto significa que Ignacio y el autor de 1 Juan pudieron haber sido contemporáneos y, en ambos casos, hay indicación de que el Evangelio fue escrito a finales del siglo I o principios del II. (Brown 94, 101-102, 147-154; Metzger cap. 3) El segundo argumento es de evidencia interna, que muestra que los últimos redactores del Evangelio de Juan intentaban responder a controversias que habían florecido a finales del siglo I y principios del II EC. Por ejemplo, el evangelio hace alusión a que los cristianos eran expulsados de las sinagogas a nombre de Jesús. (Jn. 16:2-4) Esto nos indica que estos versos se escribieron, mínimo, en los años 80-90 EC, durante o después del llamado “Concilio” de Jamnia (70-90 EC). La teología del Logos, ya adoptada explícitamente por el último redactor evangélico lo colocaría a finales del siglo I o principios del II. El tercer argumento es nuestro fragmento más temprano de cualquier texto cristiano que ha sobrevivido hasta hoy día, ℘⁵². Aunque se debate la fecha todavía, una buena parte de los papirólogos y paleógrafos lo datan a alrededor del 125-150 EC. Hoy día se concede por la buena parte de los eruditos que esta pieza no permite que hablemos de una redacción de los evangelios más allá del 130 EC. (Piñero, Guía 398-400)

Por cierto, el asunto de las fechas no es exactamente un dogma de fe. Antes, la mayoría de los eruditos pensaba que Hechos de los Apóstoles fue escrito en la década del 90 EC. Sin embargo, en años recientes, se está volviendo paulatinamente mayoritaria una opinión de que fue escrito más tarde, alrededor del 110 EC. (Pervo) No basta postular una fecha, hay que saber justificarla. ¿De dónde sacó Zavala la fecha de 150 EC? No sabemos.

  • Hay otros tipos de problemas menores en el texto de Zavala.

En el libro de Zavala hay otros tipos de confusiones en las que, confieso, también yo caigo, especialmente si leo de prisa sin deternerme a entender lo que estoy mirando. Por ejemplo, en un momento dado, Zavala le atribuye a Piñero el negar la existencia de Nazaret hasta el siglo IV. Como referencia, solo nos pone la dirección donde se encuentra el blog del filólogo, pero no la dirección exacta donde lo afirma. (153) Intrigado por esta sugerencia que me parecía implausible —habiendo yo leído a Piñero y habiendo visto que en ningún lugar él negaba la existencia de esa aldea— busqué la información en su blog. Aquí se encuentra la página a la que se refiere Zavala. Como se puede ver, Piñero no afirma que Nazaret no existía previo al siglo IV. La aserción forma parte de una pregunta de un lector a Piñero, esto lo indica la etiqueta “Pr.” (pregunta). Cuando llegamos al área de su respuesta (“R.”), Piñero nos dice categóricamente:

Nazaret se impone, pues, como un dato de la tradición que los evangelistas no pudieron obviar a pesar de las dificultades “¿De Nazaret puede salir algo bueno?”, Jn 1,46.

Nazaret estuvo habitada desde el neolítico. Hasta hace poco, del siglo I sólo había restos arqueológicos de una suerte de alquería con un lagar o una prensa de vino, de aproximadamente el 50 a.C. o d.C. Últimamente, como ha hecho notar la prensa se ha descubierto una casa tallada parte en la roca y parte al aire libre, del siglo I d.C. Que fuera la casa de Jesús es otra cosa, e improbable. Pero parece haber restos, pues, del siglo I d.C.
En síntesis: es más que difícil que los evangelistas (los cuatro) hubieran inventado a todas luces molesto para un mesías.

https://www.tendencias21.net/crist/Nazaret-no-empezo-a-existir-hasta-el-siglo-IV-Consumia-Jesus-drogas-Compartir-90-19-de-abril-de-2015-Preguntas-y_a1798.html

Hay otros errores textuales, tales como citas de archivos de su computadora personal, algo que debió haber corregido la editorial (e.g. nota al calce 48, pp. 75-76). Esta es más responsabilidad de la editorial que del autor.

Otros errores conciernen al no conocer el verdadero significado de ciertos términos. Zavala cae en el muy frecuente y muy popular, pero incorrecto, error de equivaler el término “inmaculada concepción” a la “concepción virginal de Jesús”. (29, 170, 215, 235) La doctrina de la inmaculada concepción de María, formulada ex cathedra por el Papa Pío IX en su bula titulada Ineffabilis Deus (1854), afirma que María fue concebida sin mancha de pecado original. Los evangelistas no pudieron haber conocido este dogma contemporáneo del catolicismo, porque no se había formulado para el siglo I EC. El dogma de la concepción virginal de Jesús es otra cosa y sí se funda en los relatos de los evangelios de Mateo y Lucas. Irónicamente, Zavala confunde las dos nociones en numerosas ocasiones, aun cuando tiene el significado del término “inmaculada concepción” ante sus ojos. (213-215) Dejo para el próximo artículo de esta serie la discusión de la frecuentísima confusión mitista entre la concepción virginal de Jesús como fue presentada en los evangelios y la concepción extraordinaria (mágica o milagrosa) de ciertas deidades o semideidades, cuyas madres no fueron vírgenes.

Algunas equivocaciones parecen desprenderse de no captar bien algunas aserciones de los eruditos. Por ejemplo, en el capítulo sexto de la parte dos, nos dice:

Los Evangelios de Mateo y Lucas, además de no haber sido escritos por testigos directos de los hechos que relatan, en un 90% son una copia del Evangelio de Marcos.

Zavala 57

Cuando leí este pasaje, me extrañé mucho. No indica fuente alguna, por lo que no pude corroborar de dónde sacó tan bizarra información. Ciertamente, los evangelios de Mateo y Lucas incorporan a Marcos, pero no componen el 90% de sus respectivos textos. Sin embargo, tras pensarlo un poco, parece que Zavala malinterpretó el dato que leyó. Probablemente, su fuente indicaba que el 90% del texto marcano se puede encontrar en los de Mateo y Lucas, que es otra cosa.

Lo que tenemos hasta ahora …

Notemos que todavía no hemos entrado en los planteamientos del texto, que, según nuestra perspectiva, están equivocados. Por ahora, hemos visto los errores metodológicos, de confusión de términos, de confusión de corrientes religiosas, de autoridades y no autoridades en estos temas, de géneros literarios, entre otros. Recuerdo que los casos que presento de su texto son solo unos cuantos de muchos ejemplos que se podrían sacar.

Como se podrá imaginar usted, la suma de estos problemas llevarán inevitablemente a afectar sustancialmente el planteamiento de Zavala. En nuestro próximo artículo de la serie, veremos cómo y por qué esto no favorece a la causa del ateísmo, del libre pensamiento ni del humanismo.

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Muchas gracias.

Referencias

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Zavala Toia, Ricardo Alonso. Lo siento mucho, pero … Jesús nunca existió. Ed. Kindle, Cuervo, 2016.

Una mirada a Fátima: El último misterio

Tras varios años circulando en países hispanos, finalmente llegó a Puerto Rico el filme Fátima: El último misterio. Este documental fue producido por Producciones Goya, fue dirigido por Andrés Garrigó y los escritores fueron, Pedro Delgado, Andrés Garrigó y Josemaría Muñoz. La advocación de Nuestra Señora de Fátima ha sido uno que ha calado en la cultura católica puertorriqueña y que apela mucho a los sectores más devotos y conservadores del catolicismo en Estados Unidos e Hispanoamérica. Esta producción es una viva manifestación de estos valores en relación con: el marianismo, el comunismo y los ataques a la familia. Para tratar el documental, daré información de los sucesos de los que trata. El lector está debidamente advertido.

El documental utiliza como base narrativa un suceso ficticio, pero que quiere ilustrar en términos sencillos el significado de las presuntas apariciones de María, la Madre de Jesús, en Fátima, Portugal. Eva Higueras juega el papel de Mónica, una editora de material fílmico, que tiene el problema de que ninguna serie de televisión le encarga una labor. Una persona llamada “María”, le tiene un nuevo encargo que se lo llevaría Víctor, rol asumido por el actor Fran Calvo. Estos dos desarrollan rápido cierta química, aunque no son los únicos personajes del relato. Mónica, agnóstica por la muerte de su mamá y su esposo, pasa una travesía espiritual a la fe católica, vía su edición de escenas de un vídeo en torno a la Virgen de Fátima. Durante el proceso, ella tiene también un encontronazo con su hijo, quien insiste en guiar la motocicleta sin su casco de protección. Ella le advierte, le regaña. A pesar de ese choque, salió corriendo en la moto sin que su madre se diera cuenta y tiene un accidente. Sin embargo, para su sorpresa, en el hospital ella se enteró de que él tenía el casco puesto y, dentro de este, una estampa de Nuestra Señora de Fátima.

Esta trama parece salida de las series mañaneras del Divino Niño o de la Virgen de la Guadalupe. Esta historia del documental nos confunde, al igual que esas novelas religiosas, ya que si estas devociones realmente fueran tan efectivas y milagrosas, ¿por qué habría necesidad de inventar este tipo de relatos? En fin, la base narrativa que acabamos de resumir no es un fin en sí, sino que ayuda a desarrollar el tema que se quiere exponer al público, tanto los acontecimientos de las apariciones como aquellos eventos históricos relevantes que confirman el contenido del mensaje mariano.

El contenido del mensaje de María

Francisco y Jacinta dos Santos
Beatos Francisco y Jacinta Marto a ser canonizados este fin de semana, representados así en la Iglesia de Santo Domingo en Lisboa, Portugal. Junto a Lucía dos Santos, ellos alegaron haber visto a la Virgen María en Cova da Iría. (Foto cortesía de José Luiz Bernardes Ribeiro – CC-BY-SA 3.0)

Sobre la aparición per se, no necesitamos repetir los sucesos, ya que hemos escrito al respecto. En resumen, tres pastorcitos de Fátima, Portugal, reportaron una serie de apariciones de la Virgen María que culminó con el famoso milagro del sol, en el que se reportaba que el sol se había “bailado” en el cielo.

El documental tiene a las tres partes de un solo secreto de Nuestra Señora, más popularmente conocidos como los “tres secretos de Fátima”. En nuestro artículo sobre el tema ya las he presentado y explicado con lujos de detalles sus respectivos problemas. Para efectos de este artículo, los describiré de manera sencilla:

  1. Primer secreto (o primera parte del secreto): Una visión del infierno.
  2. Segundo secreto (o segunda parte del secreto): La Virgen le solicitaba al Papa y al clero la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón, de otra forma, Rusia esparciría sus errores por el mundo.
  3. Tercer secreto (o tercera parte del secreto): Lucía tuvo una visión en cuanto a la destrucción del mundo, en el que un ángel apuntó a la Tierra diciendo las palabras: “Penitencia, penitencia, penitencia”. Vio un obispo vestido de blanco subir una montaña, implorar ante una cruz y ser asesinado. Tras él, fueron muertos varios obispos, sacerdotes y seglares. Bajo la cruz, habían dos ángeles con envases donde recogieron la sangre de estos mártires.

El filme usó varios efectos especiales que son bien básicos, pero efectivos en la gran pantalla. Además, consulta una gran cantidad de intelectuales y testigos presenciales de muchos de los acontecimientos históricos para sustanciar lo que los católicos devotos a la advocación mariana consideran confirmación del mensaje mariano. Estos eventos del pasado son, a saber:

  • La Primera Guerra Mundial
  • La Revolución Bolchevique
  • Una aurora boreal que se vio en Fátima y en el mundo
  • El cambio de la situación de la Segunda Guerra Mundial después de 1942
  • El impedimento histórico de que Portugal se contagiara con la Guerra Civil Española
  • La retirada de los soldados soviéticos de Austria.
  • El impedimento histórico de que Portugal fuera víctima de un potencial gobierno comunista en la Revolución de los Claveles
  • La crisis de los misiles en Cuba
  • La fundación de la Militia Immaculatae por Maximiliano Kolbe
  • El intento de asesinato de Juan Pablo II
  • Se impidió un plan soviético para iniciar una Tercera Guerra Mundial
  • La caída del bloque soviético
  • El futuro terrorismo del extremismo islámico

En cuanto a este asunto, podemos ver que el denominador común es la Guerra Fría, especialmente el peligro que representaban el bloque soviético y el comunismo y un eventual conflicto nuclear.

La atribución de acontecimientos a las “predicciones marianas”

Imagen del Inmaculado Corazón de María
Imagen del Inmaculado Corazón de María

La primera y la segunda parte del secreto fueron “revelados” por Lucía en 1941. Esto significa que ella tenía conocimiento de las consecuencias de lo que Rusia haría entre 1917 y 1941, que si el Papa y los obispos a nivel mundial, no le consagraban esta potencia mundial a su Inmaculado Corazón, entonces “esparciría sus errores” por el mundo. Ante este mensaje “tan” urgente de la Virgen, se le preguntó a Lucía por qué no había dicho nada antes de 1941, respuesta: porque el clero nunca se lo preguntó.

¿En serio? Según ella, las tres partes del secreto que ella, supuestamente, conocía desde el principio requerían acción del Papa. En el caso de la última, sellada dentro de un sobre, debía darse a conocer después de 1960. En este, alegadamente, ella vio destrucción y asesinatos de personas del clero y seglares. En cuanto al segundo secreto, ¿no se le ocurrió a ella decirle nada al Santo Padre por veinticuatro años? ¿En serio? Y sobre la tercera parte, ¿no hubiera sido útil también darlo a conocer antes de 1960, aunque fuera tan solo al Papa?

Solamente con no tener argumento válido para no haber revelado el segundo secreto, se revela un componente que, de ser cierto, pone en tela de juicio la integridad ética de la vidente y las consecuencias de tal silencio en términos de sangre de gente inocente. También habría que preguntarle tanto a Dios y a la Virgen por qué le confiarían este mensaje tan importante a alguien que al menos Dios sabría que no tomaría la iniciativa de revelárselo aunque sea al obispo que le supervisaba o al Papa por un periodo de veinticuatro años. ¿Por qué no se le aparecería la Virgen al Papa Benedicto XV, el Vicario de Cristo en ese momento, para informarle que Lucía tenía un mensaje muy importante para él? Es más, ¿por qué la Virgen no prescindió de Lucía en su totalidad y no le dio su mensaje al Papa directamente? ¡León XIII afirmaba haber tenido una aparición! ¿Por qué no Benedicto XV? ¿Por qué ella adoptaría la manera más ineficiente y que conllevaría más vidas perdidas para divulgar su mensaje? Como dicen por ahí, “¡misteriosos son los caminos del Señor!”

Por otro lado, lo que hace mejor sentido de la manera en que se revelaron los secretos es que sencillamente, en 1917, ella no conocía ninguno. Ella se inventó estas tres partes del secreto posteriormente, inspirándose en las circunstancias históricas que le rodearon. Por ejemplo, tomemos de nuevo la segunda parte y notemos sus detalles peculiares. Durante el momento de las apariciones, el papa era Benedicto XV (1914-1922), lo cual torna a toda esta discusión en un problema interesante. El secreto revelaba que si Rusia no era consagrada al Inmaculado Corazón junto a todos los obispos, habría una guerra peor a la Primera Guerra Mundial después de Pío XI. Ahora bien, imagínense un mundo que, desde el principio, ella hubiera revelado el segundo secreto, ¡eso hubiera sido impresionante! Desde el principio, Lucía demostraba que conocía el nombre del siguiente Papa y que después de Pío XI ocurriría la Segunda Guerra Mundial. Si la Virgen hubiera predicho el futuro de una manera tan exacta y eso se hubiera conocido antes de los eventos, hubiera captando la atención de los escépticos. No obstante ello, la excusa de Lucía —“porque nadie le preguntó”— se convirtió en el pretexto para no haberlo revelado antes. En 1941, ya se sabían varias cosas: la Segunda Guerra Mundial ocurrió durante el periodo del papado de Pío XII, que gobernó la Iglesia después de Pío XI, algo que Lucía conocía de sobra cuando escribió sus memorias.

Además, según su razonamiento, si no se le hacía caso a la Virgen y no se cumplía con sus consejos, se advertía el terrible escenario de destrucción, con el asesinato del Papa (el obispo vestido de blanco), obispos, sacerdotes, etc. Ese día nunca llegó. Puede ser que “llegue” en algún futuro, pero sin tiempo preciso, es imposible saber con certeza la fortaleza de la predicción. A medida que pasa el tiempo, la cantidad de cosas que potencialmente podrían ocurrir puede aumentar, podrían ocurrir de aquí a cincuenta, cien, doscientos años. De hecho, la “predicción” es lo suficientemente vaga como para se interprete cualquier cosa como un cumplimiento total o parcial de su contenido. Por ejemplo, el balazo que sufrió el Papa Juan Pablo II ha sido interpretado por muchos como un cumplimiento parcial de esta “profecía”.

En otras palabras, esto tiene las características de un vaticinium ex eventu, esto es, que el autor o autora de un escrito (en este caso, Lucía) ya conocía los acontecimientos de los que hablaba en el momento que redactó el segundo secreto y atribuyó las presuntas predicciones a la Virgen en 1917. Sin embargo, como no conocía aquellos posteriores a 1941, el potencial profético se vuelve significativamente vago.

Se me podría preguntar, ¿qué hay entonces de la predicción de la diseminación de “los errores de Rusia” por el mundo? Una vez más, el presunto “error” del comunismo ya se había diseminado por toda Europa y América para 1941. En todos los países, hubo distintas tendencias marxistas y partidos políticos comunistas por todo lugar. Esto atemorizaba a los católicos de la época (incluyendo a Lucía) por su persecución a las religiones establecidas. El problema es que, desde la perspectiva del siglo XXI, los creyentes solo se fijan en los efectos de la Segunda Guerra Mundial y cómo Rusia dominó a gran parte de Europa por un tiempo, con las consecuencias terribles que eso tuvo en sus respectivos países.

¡Ah! Pero el documental nos dijo que, contrario a lo esperado, no hubo naciones aniquiladas tras la Segunda Guerra Mundial, contrario a lo predicho por la segunda parte del secreto. Todo indicaba que Polonia hubiera desaparecido por las tensiones entre las mismas potencias mundiales que deseaban dominarla. ¿Cuáles son los argumentos que esgrimen los creyentes en la Virgen de Fátima para que no se cumpliera la profecía?

Sor Faustina y la pintura de la Divina Misericordia.
A la izquierda una pintura de Sor Faustina Kowalska, a la derecha, la primera pintura que se hizo de la Divina Misericordia, en la que aparece Jesús, en acto de bendecir, con dos rayos saliendo de su Sagrado Corazón, que representan el agua y la sangre que brotaron de este cuando fue atravesado por la lanza de un soldado.

La respuesta que nos brindan ellos es realmente un tipo de razonamiento que los filósofos de las ciencias llamamos “salvar la teoría”, en contraposición a “salvar el fenómeno”. Desde la perspectiva de la filosofía de las ciencias, una teoría es más sólida o menos sólida dependiendo del grado en que se usa como fundamento para formular hipótesis predictivas exitosas. Puede ser que si tal hipótesis fallara, se deba a que la teoría de la que es parte no sea sólida. Sin embargo, muchos científicos pueden recurrir a lo que se conoce como una “hipótesis ad hoc“, es decir, una hipótesis que se añade al cuerpo teórico para explicar por qué la hipótesis anterior falló. A esta tendencia se le llama, “salvar una teoría“. Esto contrasta con el propósito de una teoría científica que es “salvar el fenómeno”, es decir, el explicarlo. Toda teoría tiene una función explicativa y la manera de contrastarla es que se utilice como base lógica para formular hipótesis que se pongan a prueba.

¿Cómo los creyentes en la aparición de la Virgen de Fátima dan cuenta de que la Virgen falló en su predicción en torno a la eliminación de naciones del mapa tras la Segunda Guerra Mundial? Primera respuesta, la segunda parte del secreto decía que “si mi mensaje no es atendido” se aniquilarían naciones. Como veremos más adelante, Pío XII “atendió” el mensaje … imperfectamente, pero “lo atendió”. La segunda a la que apelan los creyentes para explicar el fallo concierne a algo que la Virgen no predijo, pero que se añade, muy convenientemente, a la teoría de las apariciones: que Sor Faustina, vidente de la Divina Misericordia, rezó y oró por Polonia. Solo la oración de Sor Faustina bastó para evitar el aniquilamiento del país. Si eso es correcto, ¿entonces por qué se le requiere la oración a todo el mundo, si con una persona basta? Esto no tiene sentido.

Si esta fuera la única falla, pero se cumplía con el resto de las predicciones, este todavía sería motivo para sentarse a ponderar sobre la veracidad de las apariciones. Este no es el caso. Piensen en lo que vimos en nuestro artículo anterior y este:

  • El famoso milagro del sol, aun si fuera un fenómeno localizado al lugar de las apariciones, parece no haber ocurrido. Esto explica mejor por qué mucha gente no vio nada y los que alegaron haber sido testigos de algo inusual, no lograron ponerse de acuerdo en cuanto a qué fue lo que vieron.
  • Las predicciones genuinas que podrían ser potencialmente corroboradas por científicos e historiadores, son realmente tan vagas que cualquier ocurrencia de la historia puede verse como cumplimiento parcial o total de estas predicciones.
  • Las mejores “predicciones” que alegadamente hizo la Virgen se escribieron en las memorias de Lucía después de acontecidos los hechos. Las peores predicciones —sea que no ocurrieron en absoluto o son demasiado vagas para corroborarlas— se hicieron en relación con un futuro que ella no conocía. Esto también se considera un vicio —tanto en ciencias como en historia— de vaticinium ex eventu.

Estos no son los únicos problemas en relación con la aparición. Este documental lo demuestra.

La dimensión confirmatoria y no falsable de las apariciones de la Virgen de Fátima

Fátima: El último misterio
Fátima: El último misterio

Carl G. Hempel, uno de los más importantes representantes del positivismo lógico, proponente del modelo nomológico deductivo y gran filósofo de las ciencias, notó el problema del carácter confirmatorio de muchas teorías que se proponían en su tiempo. Este problema es lo que él llamó, la paradoja de la confirmación. Si yo dijera: “Todos los cuervos son negros” y miro a un árbol verde, entonces este hecho de que otra cosa (que no sea cuervo) no sea negra (sino verde) confirmaría que los cuervos son negros. Por ende, confirmar algo no es suficiente para fortalecer nuestra confianza en una teoría, sino que tiene que haber instancias en los que sea posible su potencial refutación (como hemos argumentado en la sección anterior).

Todo el documental recurre a otro vicio, el de la confirmación —total o parcial— en casos convenientes, pero procura “salvar la teoría” en casos inconvenientes. Por ejemplo, dice el documental que el hecho de que las apariciones ocurrieran en 1917 tenía un gran significado, porque era el año en que Rusia se convertía en un país comunista bajo el bolchevismo. Sin embargo, como vimos, según la evidencia documental disponible, no tenemos noticia alguna sobre el significado de la Revolución Bolchevique para las apariciones de Fátima sino hasta 1941, cuando Lucía escribió sobre los supuestos “secretos” de la Virgen.

El impedimento de que la Guerra Civil Española contagiara políticamente a Portugal se toma como una “confirmación” de que la Virgen protegía a dicho país. Sin embargo, llama la atención de que ella no dijera una sola palabra ni de Hitler, ni de Mussolini ni de Franco. En el caso de este último, la Virgen ni se molestó por los “errores del franquismo”, a saber, las violaciones de derechos humanos que el régimen llevaba a cabo con el beneplácito del sector más conservador del catolicismo, que se aprovechó de ese periodo histórico.

En 1938, se vio una aurora borealis rojiza que devotos relacionaron con la Segunda Guerra Mundial. Una vez más, esto es un fenómeno raro, pero no desconocido en las ciencias. ¿Predijo la Virgen esa aurora borealis? Según los creyentes, esto ocurrió cuando se habló de ello en la segunda parte del secreto. No sorprendería que nuestra primera objeción a esta interpretación es que este es otro caso de vacticinium ex eventu, en 1941 Lucía le atribuyó a la Virgen el haber predicho el extraño fenómeno ocurrido en 1938. Lo segundo es que este es un fenómeno perfectamente natural y que puede explicarse sin recurrir a lo sobrenatural. No es un asunto de por qué la aurora borealis roja apareció en ese momento histórico, sino cuál es la probabilidad de que este tipo de fenómeno celeste aparezca en cualquier momento histórico. Respuesta: muy alta. (¿Han escuchado hablar de la “falacia de la lotería“?)

Como bien dice el documental, el Papa Pío XII no cumplió con los términos marianos de la consagración de Rusia. Sin embargo, dice que esta consagración permitió que se le diera un giro a los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, de uno de avance del Eje a uno del progreso de los Aliados. ¿Cuál es el problema con esta explicación? Que es una especulativa a la luz de explicaciones mucho más sólidas a partir de los acontecimientos hartamente conocidos por historiadores profesionales a nivel mundial. La consagración a Rusia en 1941 es lo de menos. En ese mismo año, Japón atacó a los Estados Unidos en Pearl Harbor. Recordemos también que Hitler y Stalin pactaron un acuerdo de no agresión mutua durante la guerra, que duró de 1939 a 1941. Tras la terminación del Pacto Molotov-Ribbentrop, Stalin se unió a los esfuerzos de los Aliados contra los nazis. Estos dos elementos —entre otros— fueron los que contribuyeron al giro en contra de Alemania, Italia y Japón.

Claro, siempre se puede arguir que, tal vez, la mano de Dios, gracias a la intercesión de la Virgen, intervino misteriosamente para que se diera este giro. Sin embargo, eso abre la puerta a una colección de preguntas inconvenientes como, por ejemplo, por qué Dios actuaría a favor de Estados Unidos, Inglaterra y Rusia bajo la condición (algo excéntrica) de que se le consagrara solo a Rusia, cuando el Papa hacía cualitativamente algo muchísimo mejor: le consagraba el mundo al corazón de María. ¿No sería mejor consagrar el mundo que una sola nación? Las acciones de Japón, de Rusia y Alemania durante este periodo histórico son perfectamente explicables según las motivaciones de sus respectivos líderes e intereses nacionales. Si Dios y la Virgen intervinieron en el asunto, ¿qué implicaciones tendría esto ante el argumento (presentado repetidamente por creyentes) sobre el presunto respeto que estas dos figuras tienen al libre albedrío humano? Si interviene para guiar las acciones humanas, ¿no sería eso una contradicción con esa convicción? Y para salvar la mayoría de las vidas, ¿por qué Dios no le haría las cosas más fáciles al Papa y que como representante de la Iglesia (que se supone que es, Sumo Pontífice al fin), pueda hacerlo solo? ¿No tenía conciencia Dios de las circunstancias particulares del papado en una situación tan tensa en Roma en relación con Mussolini, que era un aliado de Alemania? Nada de esto tiene sentido y demasiado complicado. ¡Navaja de Ockam!

El hecho de que no se llevó a cabo el alza del comunismo en la Revolución de los Claveles también se tomó como confirmación de lo que la Virgen alegadamente le estaba revelando a Lucía en ese momento. Según la madre de Cristo, cuando hubiera 1,000,000 de familias portuguesas que rezaran el rosario, la Revolución terminaría. Después, la Virgen se le apareció a Lucía diciendo que se había cumplido lo solicitado y que la Revolución acabaría. Ante el historial que hemos visto de la vidente, habría que preguntar cuál es la evidencia de cuándo Lucía alegó esto por primera vez. Si la evidencia más temprana muestra que la primera vez que lo dijo fue después de que terminara la Revolución, la predicción no nos impresionaría. Sería otro ejemplo más de vacticinium ex eventu. Además, ¿quién puede corroborar que un millón de familias rezaban el rosario en aquel momento para evitar una guerra civil?

Toda la crítica anterior se aplica al resto de los acontecimientos que discute el documental. El último caso que menciona interroga sobre la intención de la Reina del Cielo de aparecerse en Fátima, nombre árabe. No nos dice, pero parece implicar el documental que hubo una especie de “adelanto” de los problemas contemporáneos con el terrorismo del extremismo musulmán. Sin embargo, si este fuera el caso de alguna advertencia, ¿por qué no la hizo más evidente en sus mensajes?

Total, parece que ningún acontecimiento añade a la credibilidad de las apariciones de la Virgen o la falta de ella. Para su crédito, en el documental aparece un académico diciendo que nadie puede establecer con certeza científica la convicción de que la historia fue afectada de manera tan dramática a partir de las apariciones de Fátima. Ese es un detalle de fe.

Una amenaza peor que mil bombas atómicas alrededor del mundo

Virgen María y pareja lesbiana.
La Virgen María contemplando a pareja lesbiana. A la izquierda, la Mater Dolorosa de Cornelis de Vos (1620), a la derecha, una gráfica de una pareja lesbiana.

El final de la película habla de la degradación de los valores de la familia y cómo la misma vida del mundo se halla amenazada por la crisis de esta unidad fundamental de la sociedad. El divorcio y el matrimonio de las parejas LGBT+ representan algo peor que el comunismo soviético, que una guerra nuclear. ¿Cómo lo sabemos? Pues, porque Jacinta, una de las videntes, había dicho que, en el futuro, la humanidad adoptaría “modas que ofenderían a Dios”, propiciando los pecados de la carne, porque son los que más llevan las almas al infierno. Nada más ambiguo que tal “profecía”. Estas modas incluyen los matrimonios de las personas LGBT+. Según Lucía, la “batalla final” entre Dios y Satanás, se dará en el campo de la familia.

Esto llama la atención, dado a que uno pensaría más bien en otros problemas éticos de mayor importancia y que, de hecho, están afectando a la Iglesia Católica como nunca antes en su historia: el problema de la pederastia y el ocultamiento de casos por parte del clero. Esto no es un problema de “homosexuales” dentro de la institución, sino de un ejercicio de poder de personas de autoridad a los más indefensos. El matrimonio LGBT+ se da entre adultos que pueden consentir. Sin embargo, como que a Dios y a la Virgen se acordaron de las atrocidades del régimen soviético, pero se les olvidó convenientemente que había que salvar la vida a unos pequeños que no pueden consentir y han sido violados. El Evangelio de Marcos le atribuye a Jesús la siguiente advertencia:

Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, le iría mejor si le pusieran al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que lo echasen al mar.

Marcos 9:42 (Biblia de Jerusalén)

No obstante esto, nos dice el documental que Rusia se encuentra entre los países que lucha en contra de la ideología de género, porque esta nueva moda es una “alocada destrucción de la humanidad”. Claro, al documental se le olvida añadir el pequeño detalle de que esta defensa rusa de la “moral de la familia” se hace mediante violaciones a los derechos humanos, movidos fundamentalmente por la homofobia.

Conclusión: Cómo Mónica hubiera actuado si hubiera seguido el ejemplo de la Virgen

En el documental, las escenas en que Mónica le advertía a su hijo sobre correr la moto sin el casco —para evitar un gran mal— es figura de las advertencias marianas en torno a lo que le deparará el mundo si no siguen sus consejos. Sin embargo, a la luz de lo que hemos visto, observamos que esa analogía es deficiente.

Lo siguiente es una mejor analogía: Imagínense que para tal advertencia, Mónica decidiera hacerse invisible y que solo se le aparece a Víctor para advertirle al hijo de ella que se pusiera el casco si quería correr moto. Claro, si Víctor se lo dijera al instante, el hijo se preguntaría muy razonablemente por qué su mamá no se lo diría a él directamente. Pero esta manera de presentar la situación todavía no es perfecta. Supongamos que no solo Mónica se niega aparecerse a su hijo para darle la debida advertencia, sino que Víctor decide que va a guardar el mensaje en secreto hasta veinticuatro años después. Debido a su decisión, poco después de él haber recibido el mensaje, el hijo de Mónica no recibe el mensaje, decide correr la moto sin casco, tiene un accidente y, por daño cerebral, no puede moverse adecuadamente, dañado de por vida. Pasados los veinticuatro años, se da el siguiente diálogo entre Víctor y él:

—¿Te va bien después de todos estos años?— pregunta Víctor.

—Sí, es que debí haberme puesto el casco, era muy joven con ideas locas. Debí haber tenido más cuidado.

—Pues, déjame decirte que tu madre se me apareció antes del accidente para que yo te dijera que te pusieras el casco.

—¡¿Que qué?! Y, ¿por qué no me lo dijiste antes?

—Es que tú no me preguntaste.

—¡Estás loco! ¿Cómo sé de seguro que mi mamá se te apareció? ¡No la he visto desde mucho antes del accidente! ¿Cómo tuviste contacto con ella?

—Ten fe en tu madre invisible y en mi autoridad. Misteriosos son sus caminos.

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Muchas gracias.

El Vaticano eliminó 14 libros de la Biblia en 1684 … ¿en serio?

Biblia abierta
Biblia abierta. Fotografía cortesía de Petr Kratochvil.

En el ciberespacio, viajan noticias de mundos alternos con historias inverosímiles y disparatadas. Una de ellas afirma que bajo las malignas garras del Papa y sus obispos, en 1684, la Biblia sufrió unos cambios. La Iglesia quería ocultar catorce libros que le eran contraproducentes a su causa. A saber:

  • 1 Esdras
  • 2 Esdras
  • Tobías
  • Judit
  • El resto del libro de Esther
  • Sabiduría de Salomón
  • Eclesiástico
  • Baruc con la epístola de Jeremías
  • El canto de los 3 jóvenes
  • El relato de Susana
  • Bel y el dragón
  • La oración de Manasés
  • 1 Macabeos
  • 2 Macabeos

¿Cómo sabemos que eso es cierto? Bien sencillo, porque lo dicen portales muy fiables, pulcros, que jamás le mentirían al público con tal de crear sensacionalismo y, así, ganar dinero vía anuncios expuestos al tráfico de gente o compritas en sus tiendas … algo así como AnonHQ, o Código Oculto, o Misterio.tv, o Humans are Free o esa gran fuente de sabiduría infalible y conocimiento que nunca falla … YouTube (¡Sonrisa sarcástica!) Además, la noticia está regada por toda la Internet. ¿Quieren ver? ¡Miren!

Pantallazo
Pantallazo de listado de la noticia de que el Vaticano eliminó libros de la Biblia en 1684.
Pantallazo
Pantallazo de listado de la noticia de que el Vaticano eliminó libros de la Biblia en 1684.

Tras ver “tanta evidencia”, ¡¿cómo es posible que esta información pueda ser falsa?!

¿Por qué la Iglesia ocultó estos libros en sus biblias? Para que el público no leyera información inconveniente. ¿Y por qué? Por ejemplo, si usted lee el libro de Sabiduría de Salomón 2:1-24 verá que Salomón estaba hablando de Jesús (¿?), porque habla del “hijo del Altísimo”, que posee conocimiento del Altísimo y, en un momento dado, fue muerto de manera vergonzosa. En ese libro, su autor (Salomón) aboga por su muerte.

¡Qué escándalo! ¿Cómo Salomón habló de manera tan despectiva del “hijo del Altísimo”, Jesús, quien vivió 900 años después de él? Es que la corrupta Iglesia quería ocultar esa información embarazosa para que el público jamás se enterara. ¡Malvado clero!

Emperador Papa-tine
Emperador Papa-tine (Imagen satírica que circula por la Internet).

Ummm… claro, esto nos lleva a una pregunta, tal vez inconveniente. La explicación provista en el artículo parece explicar muy bien la supresión de uno de esos libros, el de Sabiduría de Salomón. La pregunta es, ¿y por qué la Iglesia sacó los demás? Nunca se nos explica.

Y, es más, ¿cuándo se escribió Sabiduría de Salomón? La evidencia interna, en griego del siglo I AEC (no en hebreo antiguo del siglo X AEC), demuestra que el libro se escribió … en el siglo I AEC o el I EC, es decir, poco antes de que Jesús naciera o era contemporáneo a este. Un vistazo al texto de Sabiduría también pone en contexto la cita que supuestamente hace inferir que Salomón era “cruel”.

Pero los impíos invocan a la muerte con gestos y palabras; haciéndola su amiga, se perdieron; se aliaron con ella y merecen ser sus secuaces. Razonando erróneamente, se decían: “Corta y triste es nuestra vida; la muerte del hombre no tiene remedio y de nadie consta que haya vuelto de la tumba. … etc.

Sab. 1:16-2:1

En otras palabras, la larga cita del capítulo 2 que le sigue a este pasaje, no pretende ser una opinión de Salomón, sino solo palabras que el autor del libro atribuye a los “impíos”, es decir, a aquellos no dedicados al culto a Dios.

¡Ups! ¡Qué tremenda metida de pata!

Habría que explorar qué otras cosas están mal en ese artículo … publicado en esos portales que, “evidentemente”, como es usual, “investigan” antes de hacer disponible la “información”.

Veamos.

Detective

Corroborando el alegato

Pues, como siempre trabajo con una Biblia católica, la Biblia de Jerusalén, quise verificar esta información indudable, incorregible e infalible, de los nunca-demostrado-que-se-equivocan portales que revelan todo lo del mundo oculto y que solo Dios sabe cómo ellos se enteran.

Aquí está una Biblia católica (algo maltratada a raíz de un accidente que tuvo durante el huracán María), pero que, con excepción de la cubierta, está prácticamente intacta como pueden ver en las siguientes fotografías.

Cubierta de mi Biblia de Jerusalén
Cubierta de mi Biblia de Jerusalén
Página de Portada de la Biblia de Jerusalén
Página de Portada de la Biblia de Jerusalén

Una vez que abro el índice, ¿qué encuentro? … ¡¡¡Oh no!!!

Joaquin Phoenix en shock
Joaquin Phoenix en shock (de la película Signs)
Índice de la Biblia de Jerusalén
Índice de la Biblia de Jerusalén
Índice de la Biblia de Jerusalén
Índice de la Biblia de Jerusalén

Pueeeees … parece que esos infalibles portales exóticos del mundo misterioso se equivocaron (¡no puede ser!). Así que los libros 1 y 2 de Macabeos, Judit, Tobías, Sabiduría, Baruc, Esdras y Eclesiástico son, de hecho, parte de la Biblia católica y siempre lo han sido. No hubo ninguna época en que la Iglesia Católica sacó estos libros de la Biblia.

A lo mejor ustedes dirán, “¡¿Pero qué hay de los demás libros?! Prof. Rosario, usted es un illuminati y está ocultando información. ¿Dónde están, Bel y el dragón, o el relato de Susana, o el canto de Manasés, el libro 2 Esdras, o el resto del libro de Ester o la carta de Jeremías?”

Pues veamos …

El canto de los tres jóvenes

Si usted explora el capítulo 3 del libro de Daniel en cualquier Biblia católica, usted verá el Cantico de los tres jóvenes.

Biblia de Jerusalén - Cántico de los Tres Jóvenes
Biblia de Jerusalén – Cántico de los Tres Jóvenes
Biblia de Jerusalén - Cántico de los Tres Jóvenes
Biblia de Jerusalén – Cántico de los Tres Jóvenes

El relato de Susana; Bel y el dragón

Cualquier Biblia católica contiene los dos libros, el del Relato de Susana y el de Bel y el dragón. Estos se encuentran al final, en los dos últimos capítulos del libro de Daniel.

Biblia de Jerusalén y el Relato de Susana
Biblia de Jerusalén – El relato de Susana
Biblia de Jerusalén - Bel y el dragón
Biblia de Jerusalén – Bel y el dragón

El “resto” del libro de Ester

Lo que se describe, a veces, como el “resto” del libro de Ester, se encuentra en todas las Biblias católicas, usualmente intercalado en el libro de Ester primitivo. Para distinguir un texto del otro, se pone este “resto” del texto en itálicas. Aquí pueden ver dos ejemplos de ello en la Biblia de Jerusalén.

Biblia de Jerusalén - Añadidos a Ester
Biblia de Jerusalén – Añadidos a Ester
Biblia de Jerusalén - Añadidos a Ester
Biblia de Jerusalén – Añadidos a Ester

La carta de Jeremías

La carta de Jeremías se coloca en casi todas las Biblias católicas al final del libro de Baruc. La única excepción que he visto a esta regla ha sido la traducción de Luis Alonso Schökel y sus derivados (e.g. La Biblia de Nuestro Pueblo) que tiene la carta como un texto separado.

Biblia de Jerusalén - La carta de Jeremías
Biblia de Jerusalén – La carta de Jeremías

¿Qué hay de la Oración de Manasés y 2 Esdras?

La Oración de Manasés nunca fue parte íntegra del canon católico, al igual que 2 Esdras, también es conocido como el Apocalipsis de Esdras. Sin embargo, la Iglesia no los “ocultó”, sino, sencillamente no las incluyó en su canon. Durante la época del primer al cuarto siglo, algunos círculos cristianos habían incluido a 2 Esdras en sus textos. Algunas denominaciones, como las iglesias coptas y algunas orientales rusas y eslavas, lo conservan bajo el nombre de “3 Esdras” o “4 Esdras”. Algunas de estas también preservaron la Oración de Manasés.

¿De dónde el artículo sacó el año 1684 como el momento de supresión de estos libros?

Desgraciadamente, del mismo orificio corporal donde salió el resto de los alegatos.

Pero yo tengo una Biblia … ¡y no aparecen esos libros!

Sí, lo sé, yo también tengo otra Biblia donde no aparecen estos libros. Vean esta Biblia que encontré en la Universidad donde laboro, una edición de Casiodoro de Reina – Cipriano de Valera, altamente popular.

Biblia, Reina-Valera
Biblia, Reina-Valera
Biblia, Reina-Valera
Biblia, Reina-Valera

He aquí el índice de esta versión de la Biblia …

Índice de la Biblia, Reina-Valera
Índice de la Biblia, Reina-Valera

Esta carencia de libros en su Biblia tiene una explicación muy sencilla, usted no tiene una Biblia católica, sino una Biblia protestante. Fueron los padres del protestantismo, en particular Lutero, que quisieron adoptar un canon distinto al católico, “sacando” aquellos textos cuya ausencia se le quiere achacar a la Iglesia Católica.

El catolicismo heredó de la decisión que se hicieron en el Sínodo Romano del 382, del Concilio de Hipona (393 EC) y del Concilio de Cártago (398 EC) para decidir el canon de lo que hoy conocemos como Nuevo Testamento. Hago un recuento de ello en este artículo. Simultáneamente, el cristianismo en general (desde el siglo I) ha dependido de la versión griega de la Biblia Hebrea, conocida como la Septuaginta o la Versión de los LXX. Este texto incluía todos los libros del canon de la Biblia Hebrea, pero incluyó otros textos que los judíos y protestantes consideran apócrifos, pero que los católicos consideran deuterocanónicos, a saber, 1 y 2 Macabeos, Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc y añadidos a Daniel y al libro de Ester. ¡Qué casualidad que estos son los mismos libros de los que estamos hablando, ¿verdad?!

Retrato de Martín Lutero por Lucas Cranach el Viejo
Retrato de Martín Lutero por Lucas Cranach el Viejo

Entonces, ¿por qué el protestantismo removió estos libros? En aquel momento convulso para la Iglesia Católica, esta utilizaba pasajes para legitimar actividades corruptas, como la venta de indulgencias. Por ejemplo, se utilizaba un pasaje de 2 Macabeos para fomentar la oración por los muertos, una de las bases doctrinales de las indulgencias (2 Mac. 12:46). Martín Lutero, la gran figura reformista del Renacimiento, procuraba deslegitimar el texto en cuestión y deseaba alguna base para rechazarlo. Finalmente, lo logró, al argumentar que los deuterocanónicos no estaban incluidos en el canon hebreo. Así que desautorizó los textos adicionales de la Septuaginta y preservó solo los de la Biblia Hebrea.

Conclusión

Como unitario univesalista, saco provecho de todo lo mejor que tienen que ofrecer libros religiosos, incluyendo los deuterocanónicos y los demás de la Biblia en general. Sin embargo, como humanista y no creyente, me importa poco si deben estar incluidos en la Biblia o no. Aprendo espiritualmente mucho de la Biblia cristiana en general, pero, para mí, dista muy lejos de ser “palabra de Dios”.

Podemos convenir de que, a pesar de las reservas y objeciones que se pueda tenerle a la Iglesia Católica, una cosa que no debemos tolerar es la mentira. Esto implica que aquellos portales irresponsables que constantemente nos están mintiendo, metiéndonos teorías conspiratorias sin base evidencial alguna, sean denunciados y boicoteados.

Parte de nuestra labor es investigar a fondo este tipo de asuntos, pero noten que una noticia como la que estamos discutiendo, tan diseminada por el ciberespacio, puede ser tan fácilmente refutada si tan solo la persona va a una librería católica y cotejara el índice de cualquier Biblia que allí se vende. No es difícil. Si se topan con una información tan inverosímil como esta, verifiquen de una manera tan sencilla, si está a su alcance.

Les aseguro que no tardarán mucho en conocer con mayor seguridad, cuál es el tipo de conspiración que les miente constantemente y verifiquen si tienen muchos anuncios en su portal (con los que ganan dinero) o una tiendita para que les compren.

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Muchas gracias.

Nina Paley publica película animada Seder-Masochism

La Diosa Madre vs. el Dios Abrahámico, imagen cortesía de Nina Paley.
Afiche de la película Seder-Masochism, imagen cortesía de Nina Paley.

Nina Paley y Sita Sings the Blues

Antiayer, el 24 de enero de 2019, la autora de cómics y activista por la cultura libre, Nina Paley, publicó en el ciberespacio un filme animado llamado Seder-Masochism (Masoquismo Séder). Disponible en la Internet gracias a Archive.org, la película es toda una sátira que cuestiona, de principio a fin, las religiones abrahámicas. Esta publicación se hizo antes de lo planificado, ya que, al principio, se había anunciado que estaría en línea el último día de enero.

Nina Paley, imagen cortesía de Kippelboy, en Wikimedia Commons.
Nina Paley, imagen cortesía de Kippelboy, en Wikimedia Commons.

Como partidario de la cultura libre y del conocimiento abierto, conozco a Paley desde hace algún tiempo. Ella aboga por que toda obra sea reproducible, que hacerlo no conlleva un odio a su valor cultural, sino una expresión de amor hacia esta. Esto lo expresa en su vídeo animado (de Mimi y Eunice) en torno al tema.

Canción, “Copying Isn’t Theft”, cortesía de Nina Paley (CC-BY-SA 3.0).

Su perspectiva es tan radical, que ha chocado con la opinión de otra gran figura de la cultura libre, al menos en el área de software, Richard M. Stallman. Esta eminente figura, creador del término “software libre” (free software) y del Proyecto GNU, sostiene unos puntos de vista moderados de los derechos de autor, pero, usualmente, se le ve como demasiado radical. Paley lo es mucho más, al sugerir que toda obra cultural debería ser reproducible y, esencialmente, en el dominio público. Esto llevó a ambos a un conocido debate que, para sorpresa de muchos de nosotros, no fue filmado y no se tomó audio de la ocasión para colocarlo en la red.

No es la primera vez que Paley publica una película libre donde planteaba algunos asuntos religiosos. La primera se titulaba Sita Sings the Blues, en la que combinaba el Ramayana, su vida personal y los blues de Annette Hanshaw. Aunque, inicialmente, hizo disponible el vídeo bajo una licencia de Creative Commons, al final, decidió dedicarla al dominio público. Por su uso de las canciones de Hanshaw bajo derechos de autor, ella tuvo que pagar una suma aproximada de US$ 70,000.

Sita Sings the Blues por Nina Paley

Su filme levantó voces de protesta en la comunidad india y se la caracterizaron como ofensiva. Se le preguntó a Paley, cómo se sentiría ella si alguien hiciera una película burlándose de su herencia religiosa. De allí, surgió la idea de la película recientemente publicada en las redes.

Su nueva animación, Seder Masochism, promete muchas más manifestaciones de grupos de las tres religiones abrahámicas criticadas, ya que se lanza más fuertemente contra ellas en general. Esto es significativo, debido a que Paley es de ascendencia judía y fue criada en ese ambiente. Actualmente, ella es atea y librepensadora, al igual que su padre y considera al judaísmo (como otras religiones) una forma de adoctrinamiento infantil. La resistencia hacia la obra se ha dejado sentir. En estos días, se estaba presentando en el Miami Jewish Festival y se había programado mostrarla en el Elles Tournent Dames Draaien a finales de este mes, por lo que ella se comprometía a no hacerla disponible en el ciberespacio hasta finales de enero. Sin embargo, ella anunció su publicación antiayer con esta entrada en su cuenta de Facebook.

Como indica el título, la base narrativa es el Séder, una ceremonia de la Pascua judía, que conmemora el Éxodo de israelitas del cautiverio egipcio y su paso por el Mar Rojo, guiados por Moisés. Ese relato lo combina con música y una grabación de una conversación que Paley sostuvo su padre. Paley justifica su uso legal de las canciones bajo el concepto de “uso legítimo” (fair use) con el propósito de parodiar. Ella está abierta a la posibilidad de que este filme podría sea formalmente ilegal.

En 2012, difundió el primer segmento de la película, que circuló en las redes sociales y se llama “This Land Is Mine”, basada en la canción de Pat Boone para la película Exodus. Allí se representa la invasión de la región geográfica de Palestina por diversos pueblos y potencias a través de la historia en el siguiente orden: los humanos primitivos, los cananeos, los egipcios, los asirios, los israelitas, los babilonios, Alejandro Magno, los macedonios, los ptolomeos, los seléucidas, los israelitas (golpe de los Macabeos o “Martillos”), los romanos, los bizantinos, los árabes (califato), los cruzados cristianos, los mamelucos egipcios, los turcos otomanos, los árabes (una generalización grotesca del siglo XIX), los británicos, los palestinos, los sionistas judíos, los palestinos del PLO/Hamas/Hezbola, los militares israelíes, terroristas guerrilleros y el Ángel de la Muerte. Se le quedaron los persas (539-332 AEC).

Vídeo: Segmento de Seder-Masochism, “This Land Is Mine”, cortesía de Nina Paley

Más tarde, publicó otros vídeos. En uno de ellos, al son de las Pointer Sisters, varias imágenes de diosas se le aparecieron a Moisés invitándole a adorarle como alternativa al dios abrahámico. Las imágenes que aparecen son las siguientes: Isis, la Mujer sentada de Çatalhöyük, la Venus de Willendorf, la Venus de Hohle Fels, una diosa (¿o sacerdotisa?) minóica, Ishtar, entre otras.

Vídeo: Segmento de Seder-Masochism, “You Gotta Believe”, cortesía de Nina Paley.

Los dos vídeos resumen lo que esencialmente es Seder Masochism. Aunque, al principio, los pequeños segmentos publicados no estaban entrelazados en términos narrativos, Paley las vinculó entre sí para formar un solo relato. La historia como tal se inspira, además del Éxodo, en los libros The Creation of Patriarchy de Gerda Lerner y The Language of the Goddess de Marija Gimbutas. En ambos libros, se establece una posición antropológica que permeó en la academia por años de que, antes de la era agrícola, lo que regía eran unas sociedades primitivas matriarcales en la que prevalecían las figuras de las diosas madre y su actitud era más cercana a la naturaleza; más adelante, con la era agrícola y la escritura, se ahogó la adoración a las diosas y se estableció un sistema patriarcal que degradaba a las mujeres. Históricamente, este alegato ya ha sido refutado por la antropología más reciente y, por otro lado, también se ha cuestionado la versión bíblica del Éxodo. En cuanto a lo primero, sí existieron (y existen todavía) sociedades matrifocales y matrilineales, pero no hay evidencia clara de sociedades matriarcales (véase el origen de esa noción en esta referencia). En cuanto al último punto, aunque es muy posible que haya ocurrido algún acontecimiento mucho más modesto, la mayoría de los historiadores lo consideran legendario.

Dejando al lado el aspecto histórico, aun con lo indicado, ¿qué tal el contenido artístico de la película? Veamos.

Diosa (¿sacerdotisa?) minoica bailando, cortesía de Nina Paley.
Diosa (¿sacerdotisa?) minoica bailando. Imagen cortesía de Nina Paley.

La película animada

Imagen representante de los elementos que heredó Nina Paley de su padre. Gráfica cortesía de Paley.
Imagen representante de los elementos que heredó Nina Paley de su padre. Gráfica cortesía de Paley.

Es muy difícil tratar de manera breve esta obra artística, porque hay mucho que Paley quiere decir en ella con pocas escenas seleccionadas del Pentateuco. Sí, algunos de nosotros que nos sumergimos hasta lo hondo de la historia israelita, reconocemos los errores históricos, por ejemplo, de que el becerro de oro estaba dedicado a alguna deidad femenina. Nos damos la cabeza contra la pared de la misma manera que un astrofísico se hala los pelos cuando ve Star Wars y escucha los ruidos en el espacio. Sin embargo, ese no es el punto que desea expresar Paley en su arte. He aquí los puntos más importantes (al menos como lo he entendido):

  • Hay una bivalencia entre el ámbito religioso femenino matriarcal, armónico, cíclico, holístico natural, con la dinámica patriarcal, explotadora de la naturaleza y que originó al dios abrahámico.
  • Hay belleza y sabiduría en la herencia judía, que se pueden apreciar en ceremonias como el Séder de la Pascua, su música religiosa y los rezos e invocaciones en hebreo.
  • Las religiones abrahámicas se basan en historias que, aunque tienen elementos espirituales e inspiradores, son absurdas y presuntuosas en cuanto a sus fundamentos míticos y culturales.
  • Estas creencias, especialmente en cuanto a su reclamo territorial, aun cuando afirman su pacifismo, han sido extremadamente destructivas para la región israelí/palestina y la humanidad.
  • Las religiones abrahámicas, combinándose con el capitalismo destructivo, han apagado el sentido holístico que nos une a la naturaleza como nuestra Gran Madre y al cosmos.

La estructura narrativa, comienza con un hermosísimo arte representativo del estado primigenio natural, que evoca a la Tierra como la Gran Madre (tema que también aparece fugazmente en el comienzo de Sita Sings the Blues), combinado con una canción búlgara folclórica. La narración termina con la canción “The Land Is Mine” de Pat Boone con el famoso vídeo de la historia de Israel y un final celebratorio de la naturaleza y la Gran Madre.

Durante toda esta interpretación del Éxodo, Paley la impregna con imágenes y acontecimientos marcadamente satíricos y humor negro: Moisés habla con Dios en un monte fálico, el rostro de Dios basado en la pirámide (con el ojo providencial) del billete del dólar estadounidense, las diosa comiéndose a los templos de las religiones abrahámicas, los israelitas circuncidando y matando a hombres, mujeres y animales en medio de una música bailable y alegre, imágenes de la Virgen María viendo un trasero, entre otros. Además, podemos apreciar ciertas vinculaciones de acontecimientos bíblicos con sucesos relativamente recientes, tales como la destrucción del becerro de oro combinada con vídeos del daño a la imagen de un Buda por el grupo ISIS, de monumentos y arte antiguo en Iraq; o la canción de 10cc “The Things We Do for Love” (por amor a Dios) junto a escenas de la agresión a las Torres Gemelas, ceremonias del Ku Klux Klan, etc. Paley es irreverente sin escrúpulos.

En la narración, toda la trama del Éxodo simboliza la culminación del despegue de los seres humanos de la naturaleza, de la dignidad de la tierra, para convertirse en una lucha fraticida por terrenos y riquezas. La agricultura comenzó ese proceso de explotación bajo creencias que evolucionaron en una noción de deidad patriarcal, que es, para todos los efectos, destructiva. Sin embargo, esto no se limita solo al territorio que hoy es Israel, sino a cualquier tipo de intento de legitimación de ocupación y conquista invocando su visto bueno divino. Tal manera de pensar es absurda y tonta.

A pesar de todo esto, ella intercala las escenas con con una explicación de los elementos y las etapas del Séder, conectándolas con los eventos del Éxodo. Para ello, utiliza una pintura de la Última Cena que, según los algunos evangelios, era un Séder de Pascua. Paley también presenta audio de ciertos momentos de conversación con su padre en torno a su herencia judía. Es interesante que ella utiliza la figura de Dios para representar a su padre y un cabrito de sacrificio para representarse a ella. Eso contrasta con toda la narración que, después de todo el historial de conquista de “Tierra Santa”, al final, ella encuentra su paz en la figura maternal de la naturaleza y el universo.

Por esto último, la estructura de la narración es cíclica: regresa de donde partió, cerrando así el círculo de la película mediante una canción de un espiritual afroamericano y una oración judía en conmemoración su padre.

Si sienten que les he contado la película, la sorpresa para ustedes es que no. No lo he dicho todo. A pesar de toda la carga simbólica, Paley hace que el filme sea todo un deleite para la vista y el oído del público. Toda la presentación es visualmente hermosa con música de muy buen gusto, lo que merece ser visto.

Sin dudas, los ateos y humanistas la disfrutarán. Por otro lado, los creyentes podrán utilizar esta ocasión para reflexionar en cuanto a la coincidencia y disparidad de cada credo entre lo que afirma y lo que hace. Independientemente de las creencias personales, Paley hizo una contribución al mundo que, al hacerlo dominio público, queda libre de las murallas de los derechos de autor.

Pueden ver y descargar la película en Archive.org. Al vídeo, le acompaña un libro que también está bajo el dominio público. Disfruten ambos.

¿Qué sabemos históricamente del nacimiento de Jesús? – 8

Serie: 123456, 7

Imagen de nacimiento
Imagen de nacimiento. Foto original de Gerhard Gellinger en Pixabay.

El nacimiento como un Diatessaron

En Estados Unidos, durante los años 80, se publicó famoso un libro de Johnston Chancey llamado, La vida de Jesús en estéreo. Bajo este título interesante, el autor se propuso lograr un proyecto particular y que parecía innovador: el de reconciliar los evangelios de una manera que presentara la vida de Jesús coherentemente, pero sin negar la facticidad del contenido de los textos. La idea es que cada evangelio presentaba una manera distinta de presentar los hechos, así como en el estéreo, una de las bocinas emite unos sonidos y la otra, otros y, en su conjunto, terminan armonizándose en música.

¿Cómo Chancey solía reconciliar estos escritos? Por ejemplo, tomemos las negaciones de Pedro. En uno de los textos, el Evangelio de Marcos, Pedro negó a Jesús tres veces antes de que el gallo cantara dos veces y así ocurrió. (Mc. 14:26-31,66-72) Pero en el de Mateo, Jesús le adivirtió a Pedro de que antes que el gallo cantara [¡punto!], le negaría tres veces. (Mt. 26:30-35;69-75) ¿Cómo se podía resolver esta discrepancia? Haciendo que Pedro negara a Jesús seis veces, tres de ellas antes de que el gallo cantara una vez y otras tres antes de que cantara dos veces. Uno no puede dejar de levantar una ceja escéptica ante una solución tan creativa como esa.

Esto no es nada nuevo en el cristianismo. Piénsese en las llamadas siete palabras de Jesús en la cruz que varias denominaciones cristianas suelen recitar o recordar. Algunas de las “palabras” o, mejor dicho, frases aparecen en los evangelios de Marcos y Mateo. Lucas aporta una visión estoica de Jesús, por lo que eliminó o minimizó todo el contenido marcano que presentaba un Mesías sufriente, colocó otras escenas y puso otras palabras en boca de Jesús. Finalmente, el Evangelio de Juan nos muestra un salvador en su momento de gloria, por lo que se elimina totalmente toda alusión a agonía y sufrimiento; el Mesías estuvo en control pleno de todo lo acontecido hasta el final, por lo que coloca otras palabras de Jesús. Combinen, pues, todas las frases que encontramos en todos los evangelios y obtenemos las siete palabras … que no se encuentran completas en ninguno ellos. (Ehrman, Misquoting Conclusion)

Al igual que hoy, en la Antigüedad, muchos devotos cristianos notaron las discrepancias factuales de estos textos. Uno de ellos, llevó a cabo lo que podríamos considerar la versión más antigua de La vida de Jesús en estéreo. Esta obra fue escrita por Taciano el Sirio (ca. 120-180 EC), llamada Diatessaron (Concordancias) (ca. 170 EC). Este escrito, publicado en griego y sirio, se volvió tan popular que en algunas congregaciones sustituyó la lectura de los evangelios mismos.

Sin embargo, hubo varios diatessarones visuales artísticos y populares para recordar todos los pasajes relacionados al nacimiento de Jesús. El más visible, el invento de Francisco de Asís, los nacimientos. Veamos:

  1. El pesebre: no se encuentra en el Evangelio de Mateo, sí en el de Lucas
  2. La adoración de los pastores: no se encuentra en el Evangelio de Mateo, sí en el de Lucas
  3. La estrella de Belén: no se encuentra en el Evangelio de Lucas, sino en el de Mateo
  4. La adoración de los Magos: no se encuentra en el Evangelio de Lucas, sino en el de Mateo
  5. El anuncio público de los ángeles: no se encuentra en el Evangelio de Mateo, sí en el de Lucas

No obstante eso, hay unos elementos de los nacimientos que no aparecen en ninguno de los evangelios. Por ejemplo, los Magos son tres reyes. La mula y el buey manteniendo caliente al Niño con su aliento. En algunos nacimientos católicos y en algunas imágenes de José, se muestra sosteniendo una vara o un cayado florido. ¿De dónde salieron estos detalles? Pues, de otros textos.

Los textos apócrifos

El encuentro de Joaquín y Ana
El encuentro de San Joaquín y Santa Ana en el arco dorado, por Vittorio Carpaccio. Imagen cortesía de la Galería de la Academia de Venecia (CC-BY SA 4.0).

El divulgador español Antonio Piñero, suele decir que los capítulos 1 y 2 del Evangelio de Mateo y el 1 y 2 de Lucas pueden decirse que son, propiamente hablando, los primeros evangelios apócrifos del cristianismo temprano. Aunque no nos suscribimos a esta perspectiva, entendemos su punto. Estos capítulos fueron el comienzo de toda una serie de literatura que buscaba rellenar unos vacíos de la historia de Jesús. (Piñero, “Los evangelios apócrifos” 413-415) Podemos mencionar muchos de estos apócrifos dedicados a la infancia de Jesús:

  • El Protoevangelio de Jacobo (ca. 150 EC): Este escrito, atribuido a Jacobo, el hermano de Jesús, relata las infancias de María y Jesús.
  • El Evangelio de la Infancia, de Tomás (ca. 150 EC): Atribuido a un tal “Tomás el Israelita”, relata acontecimientos de la infancia de Jesús, teniendo como base narrativa los capítulos 1 y 2 del evangelio lucano. Es bastante entretenido, ya que presenta al Niño Jesús casi como un clon de Dennis the Menace. No solo hacía travesuras a los adultos y niños, sino que también llegó a matar a uno … y lo resucitó.
  • El Evangelio Árabe de la Infancia (ca. 390 EC): Este texto contienen elementos de los cuatro evangelios. En este escrito, una vez Jesús ha nacido, él le hablaba a su madre describiéndose como el Verbo Encarnando. A su vez, asocia varios eventos de la infancia que prefigurarían lo que le ocurriría durante el ministerio y la muerte de Jesús. Además, presentaba al Jesús adolescente como un filósofo y científico helenístico, quien discutía con los sabios judíos de su época.
  • La Vida de Juan el Bautista (390 EC): Esta es una expansión considerable de la vida de Juan el Bautista. Su autor, Serapión, el obispo de Tmuis, utilizó como referentes el Evangelio de Lucas y el Protoevangelio de Jacobo.
  • El Evangelio de Pseudo Mateo (ca. 600-625 EC): Reproduce el relato del Protoevangelio de Jacobo con elementos de los evangelios de Mateo y de Lucas, pero añadiendo mucho más material.
  • La Historia de José el Carpintero (ca. siglos VI y VII EC): En este libro, Jesús se encontraba con sus discípulos en el Huerto de los Olivos y les habló de la virginidad de su madre, María, el rol de su padre, José y de sus cuatro hermanos (Judas, Justo, Jacobo y Simón) y sus dos hermanas (Asia y Lidia). Se basaba fundamentalmente en el Protoevangelio de Jacobo.

Para propósitos de nuestra discusión, nos concentraremos exclusivamente en el Protoevangelio de Jacobo y en el de Pseudo Mateo.

El Protoevangelio de Jacobo

El Protoevangelio de Jacobo se divide en dos partes: la primera se concentra en el nacimiento y adolecencia de María. La otra se enfoca en el nacimiento de Jesús. Los especialistas en estos textos antiguos afirman que este escrito puede considerarse el segundo texto que idealiza a María, la madre de Jesús. Ya hemos visto cómo el Evangelio de Lucas presentaba a María como una profetisa, recipiente de la bendición divina de ser la madre de Jesús por intervención del Espíritu Santo e intentaba suavizar los pasajes marcanos referentes a las tensiones entre el Mesías y su familia. El Protoevangelio es una continuación de ese proceso. Mientras que en Lucas se acentuaba la concepción virginal de Jesús, este escrito apócrifo enfatizaba el nacimiento virginal. Todas las citas provienen de la edición hecha por Piñero en la publicación, Todos los evangelios.

La historia comienza con una pareja de ancianos, Joaquín y Ana. Devotos judíos dedicados a Yahveh, no habían tenido hijos. Tras lamentos y oraciones, Ana recibió un anuncio:

“Ana, Ana, el Señor ha escuchado tu plegaria. Concebirás y darás a luz, y se hablará de tu descendencia en toda la tierra.”

[Luego le dijo a Joaquín:] “Joaquín, Joaquín, el Señor Dios ha escuchado tu plegaria. Baja aquí, pues he aquí que Ana, tu mujer, va a concebir en su vientre”. (Protoevangelio 4:1,2)

Se dio el milagro y, a los nueve meses, nació María, momento de regocijo para su pareja. Sus padres celebraron sus seis meses (cuando ella dio sus primeros siete pasos) y el año cumplido, presentándole Joaquín su hija a los sacerdotes y escribas. En cuanto a esta ocasión, Ana compuso un cántico enalteciendo el hecho de que Dios le había levantado de su humillación. Más adelante, a los tres años, ella fue presentada en el Templo de Jerusalén, donde fue recibida por los sacerdotes. Uno de ellos la bendijo, más adelante, se sentó en el tercer peldaño de los escalones del altar y bailó. Fue, pues, dedicada a Dios y se le trató con cariño “en la casa de Israel”.

Cuando fue a cumplir los doce años, los sacerdotes se preocuparon por que ya estaba en la etapa en que comenzaría sus periodos mensturales y no querían que, por causa de ella, hubiera algo impuro en presencia del Templo. Un ángel le reveló al sacerdote Zacarías que ya era hora de ponerle en manos de un buen hombre:

Zacarías, Zacarías, sal y convoca a los viudos del pueblo; que cada uno traiga una vara y aquel sobre quien el Señor manifieste un prodigio, con él se casará. (Protoevangelio 8:3)

Llegaron los viudos convocados para ver quién podía ser candidato a custodiar a María, llevando consigo sus respectivas varas. Milagrosamente, al desenvolver la varande José, salió volando de ella una paloma. José describió su situación de la siguiente manera:

Tengo hijos y soy anciano, mientras ella es una jovencita; no vaya a convertirme en motivo de risa ante los hijos de Israel. (Protoevangelio 9:2)

A los dieciséis años, tuvo la revelación relatada por el Evangelio de Lucas mientras estaba llenando un cántaro con agua. Llena de regocijo, visitó a Isabel con quien se quedó por tres meses.

Por otro lado, José quiso repudiar a María tras saber que estaba embarazada, ya que era objeto de sospecha por parte del sacerdocio jerusalemita de haber violado una virgen. Se le apareció un ángel tranquilizándole, de que ella había concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.

Los sacerdotes no querían creerle el embarazo milagroso de María, por lo que les dio a beber, a José y a María, “las aguas de la prueba del Señor” para mostrar sus pecados. (Protoevangelio 16:1) Ambos permanecieron sanos, señal de que estaban diciendo la verdad.

Debido al censo del emperador Augusto, José se veía en la necesidad de registrarse él y a María. Por motivo del embarazo, tenían que utilizar una cueva que servía en ese momento como pesebre. Como ella estaba a punto de dar a luz, José salió a buscar una comadrona. Tras encontrarla, José le contó todos los milagros que le acontecieron. No sorprende, pues, que la ella se resistiera a tal noticia. Cuando los dos regresaron a la cueva, el lugar estaba rodeado de una nube luminosa. Al retirarse el fenómeno, había aparecido el Niño Jesús recién nacido. La comadrona le avisó del prodigio a otra, llamada Salomé, quien se expresó también con suma incredulidad. Para comprobar lo dicho, Salomé … “metió su dedo en la naturaleza de María” (Protoevangelio 20:1), comprobando que lo alegado era correcto. Jesús había nacido mientras María había permanecido virgen. Sin embargo, en el momento que lo hizo, fue castigada por su incredulidad. A pesar de ello, se sanó tras arrodillarse y recibir al bebé Jesús en sus brazos.

Finaliza el Protoevangelio con el recibimiento de los Magos de Oriente, la huida de la familia a Egipto a raíz del aviso de una futura persecución por parte de Herodes y el asesinato de Zacarías por parte de los agentes del rey, tras haber escondido a su hijo Juan.

El Evangelio de Pseudo Mateo

José, el padre de Jesús
Según el Evangelio de Pseudo Mateo, José, el padre de Jesús, fue un anciano muy entrado en edad que fue escogido por Dios cuando, en una prueba del Sumo Sacerdote del Templo, la vara que tenía su nombre, había florecido. Esto era señal que debía casarse con la bien jovencita Virgen María. Pintura de Juspe de Ribera (1603). Cortesía del Museo de Brooklyn.

Las bases del Protoevangelio de Jacobo fueron, sin duda los primeros capítulos de los evangelios de Mateo y Lucas. Su autor quiso armonizar ambos relatos en uno, idealizar el rol de María y aumentar su contenido dramático.

Sobre la base de este texto se erigiría otro muy popular en el cristianismo varios siglos después, el Evangelio de Pseudo Mateo. Como podrán sospechar, el escrito alega tener como autor al apóstol Mateo. El texto hace algunas variantes significativas que cuajaron profundamente en el espíritu del cristianismo europeo medieval hasta nuestros días.

No entraremos en su contenido con lujo de detalles, pero sí enfatizaremos algunas de las variantes pertinentes para nuestro tema. He aquí algunas de ellas:

  • Tras ser notificados por el ángel de Dios, Joaquín y Ana se encontraron ante el arco dorado del Templo de Jerusalén.
  • Hay una idealización mucho mayor de María como una niña madura en su dedicación en la oración. Teniendo tres años, se dedicaba como alguien de treinta. Se entregaba también a su industria textil, al conocimiento de la Ley de Moisés, a la recitación de los Salmos y a la caridad. Por ello, era considerada superior a las demás vírgenes del Templo de Jerusalén.
  • María hizo en su infancia un voto de virginidad perpetua ante los sacerdotes.
  • A los catorce años (no a los doce), los sacerdotes habían preparado una estrategia de casarla con un viudo de la tribu de Judá que la custodiara. Se convocó a unos cuantos para que llevaran varas en donde grabaran sus nombres, para colocarlas en el Santo de los Santos. Milagrosamente, la vara de José había florecido, señalándole como el elegido por Dios para que se casara con María.
  • La primera comadrona tiene el nombre de Zelomí.
  • A los tres días del nacimiento de Jesús, salió María de la cueva y entró en un establo, colocando a su bebé en el pesebre. Allí, un buey y un asno le adoraron. Esto se hizo para que se cumpliera la profecía de Isaías: “Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo; pero Israel no conoce, mi pueblo no discierne.” (Is. 1:3)

Este evangelio también relata la circuncisión de Jesús en el Templo, su presentación a Simeón y Ana, la manifestación a los Magos de Oriente, la huída a Egipto y otros relatos de la infancia. Estos últimos se inspiran en el Evangelio de la Infancia de Tomás, donde incorpora muchas de la travesuras del Salvador.

Recapitulación: La dimensión histórica de todas las antiguas narraciones de la Navidad

Lo que podemos determinar históricamente de Jesús y Juan el Bautista

Los resultados de la crítica que hemos hecho en esta serie, podemos determinar como históricos los siguientes puntos:

  1. El padre y la madre de Jesús se llamaban José y María respectivamente. Probablemente, ambos pertenecieron a la tribu de Judá.
  2. José trabajó como un tipo de artesano (tekton), pudo haber sido carpintero.
  3. Lo más verosímil es que Jesús fuera el primogénito y que tuvo hermanos y hermanas —que no fueron “primos”— sino hijos de la pareja. De estos hermanos, los nombres que se nos dan son Jacobo, Josés, Judas y Simón. No conocemos en absoluto los nombres de las hermanas. Dado que Jesús era el primogénito de José, es muy dudoso que sus hermanos fueran hijos de un matrimonio anterior.
  4. La información más temprana que tenemos de Jesús fue que vivió en Nazaret, algo que reconocen todos los evangelistas. Ante la suma improbabilidad de que la pareja viviera en Belén, o viajara a allí para que naciera Jesús, lo más probable es que naciera en Nazaret.
  5. El silencio que tenemos de las fuentes más tempranas en torno a la infancia de Jesús tambié sugiere muy fuertemente que su nacimiento no fue nada extraordinario y que su familia entera no estaba enterada de que él era el Mesías. Esto se atestigua por la información incómoda de la noticia marcana de que sus hermanos y su madre pensaban que Jesús se había vuelto loco. También se corrobora este hecho cuando tenemos en cuenta que Jacobo, solo se volvió apóstol tras haber tenido una experiencia revelatoria de la resurrección de su hermano.
  6. Juan y Jesús no estaban emparentados. Históricamente, Jesús comenzó siendo discípulo de Juan y este, a su vez, desconocía por completo el carácter mesiánico de aquel.

Todo lo anterior, lo discutimos de lleno en la primera entrada de esta serie.

¿Cuáles noticias pueden ser verosímiles, pero que podemos afirmar con menos seguridad que lo anterior?

  1. Jesús es descendiente de David, información que aparece primero en una de las cartas paulinas. De las genealogías que aparecen en los evangelios de Mateo y Lucas, ninguna es fiable.
  2. Zacarías e Isabel parecen haber sido los verdaderos nombres de los padres de Juan el Bautista.
  3. Ambos eran de la tribu de Leví, descendientes de Aarón, lo que refuerza el hecho de que Jesús y Juan no eran parientes. José no era de esa tribu sacerdotal y, con toda probabilidad, tampoco lo era María.
  4. Aunque se debe tomar con pinzas, tanto Mateo como Lucas afirman que Juan y Jesús nacieron en la época en que Herodes todavía estaba vivo. Esto coloca la fecha del nacimiento de Jesús aproximadamente del 7 al 4 AEC.

Todo lo demás que encontramos en los evangelios de Mateo y Lucas es puramente legendario.

¿Unas tradiciones tempranas en torno a la infancia de Jesús?

No obstante las enormes diferencias entre los evangelios de la infancia, Mateo y Lucas, hay unas semejanzas que no han escapado del ojo de los expertos del Nuevo Testamento.

  • Los padres están comprometidos a casarse, pero todavía no han convivido ni han llevado a cabo acto sexual alguno. (Mt. 1:18; Lc. 1:27,34)
  • José es de ascendencia davídica. (Mt. 1:16,20; Lc. 1:27,32; 2:4)
  • Hay alguna anunciación angélica del futuro nacimiento del Mesías. (Mt. 1:20-23; Lc. 1:30-35)
  • La concepción virginal de Jesús. (Mt. 1:20, 23, 25; Lc. 1:34)
  • La concepción es por obra del Espíritu Santo. (Mt. 1:18,20; Lc. 1:35)
  • El ángel dice que el hijo sería llamado Jesús. (Mt. 1:21; Lc. 1:31)
  • El ángel afirma que Jesús será el Salvador. (Mt. 1:21; Lc. 2:11)
  • El nacimiento de Jesús se dio cuando José y María empezaron a convivir. (Mt. 1:24-25; Lc. 2:5-6)
  • El nacimiento tuvo lugar en Belén. (Mt. 2:1; Lc. 2:4-6)
  • El nacimiento se asociaba a los días de Herodes el Grande. (Mt. 2:1; Lc. 1:5)
  • Jesús se crió en Nazaret. (Mt. 2:23; Lc. 2:39) (Brown, El nacimiento 29)

Estas semejanzas se han utilizado, en ocasiones, como atestiguamiento múltiple de que Jesús debió haber nacido en Belén y no en Nazaret. Sin embargo, esa posición es minoritaria, ya que el criterio de múltiple atestiguamiento pierde su fuerza ante la inverosimilitud histórica de ambos relatos. Ante el hecho de su casi total improbabilidad y su interés apologético de presentar a Jesús como nacido en la ciudad de su ancestro, no hay razón alguna para pensar que Jesús nació en otro lugar que no fuera Nazaret.

No obstante esta objeción, las diferencias entre los evangelios de Mateo y Lucas es lo suficiente como para afirmar que ninguno de los autores leyó al otro. Por otro lado, las semejanzas son suficientes para poder señalar una tradición previa que es imposible de reconstruir actualmente. Como hemos visto, algunos elementos que tienen en común son o pueden ser históricos, pero esta tradición primitiva de la infancia de Jesús debe haber sido legendaria. Pudo haberse originado entre el 60 y el 80 EC, ya que no se menciona nada de ellos en las cartas de Pablo ni en las fuentes del Evangelio de Marcos, los textos cristianos más antiguos que tenemos. (Brown, El nacimiento 29-33)

¿Aportación histórica de los apócrifos?

El compromiso matrimonial de José y María, un fresco del pintor Giotto di Bondone. José sostiene una vara florida con una paloma, recordando los escritos del Protoevangelio de Jacobo y el Evangelio de Pseudo Mateo.

Hoy día, fuera de estudiosos católicos y ortodoxos sumamente conservadores, la posición unánime de todos los expertos es que es muy improbable, a un nivel casi convergente a cero, que estos textos aporten información histórica alguna que sea fiable. La historia de los padres de María, Joaquín y Ana, se adapta a las famosas historias que hemos discutido, de la pareja infértil, que Dios milagrosamente le otorga hijos, llegan a ser grandes figuras: el caso de Abraham y Sara, los padres de Sansón, los padres de Samuel, los padres de Juan el Bautista y los padres de Jesús. Debido a lo tardías de las fuentes y la notable falta de datos sobre la ascendencia de María en el primer siglo, es casi imposible que un autor sepa los nombres reales de sus padres. Irónicamente, a pesar de esta ahistoricidad de su relato, hoy la Iglesia Católica venera ambos en los días en que se les conmemora.

Es más, integra otros aspectos legendarios que se inspiran en relatos de la Biblia Hebrea. La historia de la selección de José como esposo o custodio de María no pasa de ser una versión del mismo relato que vemos en el libro de Números, de cómo Yahveh mostró su favor a Aarón ante los príncipes patriarcas de las tribus de Israel utilizando varas. (Núm. 17:16-26)

Tampoco podemos tomar como histórica la edad avanzada de José, dato que ciertamente se dirige a afianzar la creencia de que José y María no pudieron haber tenido acto sexual alguno debido a la ancianidad del primero. En otras palabras, lo que se quiere defender en el caso del Protoevangelio de Jacobo era el nacimiento virginal de Jesús y en el caso del Evangelio de Pseudo Mateo, la virginidad perpetua de María. Estos y otros textos tuvieron un impacto significativo en la gradual idealización de María en lo que evolucionó en un culto mariano en el cristianismo. Estos cultos marianos continúan en la tradición católica romana y las orientales hasta hoy día.

Además de estos textos, hay información adicional por parte de varios historiadores, como Tertuliano, que también afectaron la tradición de la Navidad al pensar que los Magos de Oriente eran reyes. Su razonamiento es resultado de la fuerte sugerencia implícita de Mateo, de que los Magos cumplían con la entrega de los obsequios al Niño, como se predecía que harían los Reyes de la tierra. Gradualmente, esto evolucionó a la visita de Tres Reyes de distintas naciones, que adoptaron distintos nombres dependiendo de la tradición. En la que nos ha llegado, sus nombres fueron Gaspar, Melchor y Baltasar. Por supuesto, ninguna de estas figuras es histórica.

Conclusión y reflexión

En suma, es muy poco lo que podemos considerar histórico de las narraciones de la Navidad. El 99% de los relatos no nos dicen nada del nacimiento e infancia de Jesús que sea históricamente fiable.

En esta etapa, podemos escuchar a varios amigos creyentes decir que esto en sí no importa, son sólo parábolas. El problema es que los evangelios nunca nos dicen en ningún momento. Hay cierta posibilidad de considerar al relato de la infancia mateano como un midrash haggadah, ya que tiene una estructura narrativa que se asemeja a muchas tradiciones en torno a Moisés y que el autor aplicaba a Jesús. En tal caso, un lector de la época podría reconocerlo como un relato que reinterpretaba la Biblia Hebrea.

Por otro lado, eso no es lo que encontramos en el de Lucas. De hecho, su autor adoptaba el estilo de los historiadores, nos dice que consultó documentos fiables, nos afirma claramente que interactuó con los testigos oculares, puso indicadores históricos, ciertos acontecimientos claves del pasado de Judea, entre otros. “Lucas” intentaba convencer al lector de que todo lo que decía de los relatos era correcto. No hay estructura ni contenido de un midrash. Al contrario, él nos afirma que todo lo que escribía habí sido debidamente verificado. Sin embargo, su relato no es históricamente plausible, está cargado de su interés teológico y su consulta a testigos oculares (especialmente la madre de Jesús) no es creíble. Si alguien dijera que “Lucas” intentaba engañar al lector, esa sería una inferencia perfectamente razonable, porque él no quería que entendiéramos su relato como una parábola. Si hay alguna razón de por qué muchos cristianos de buena fe creen en su narración, se debe precisamente a que el autor hizo todo lo posible para hacer creer que su evangelio era puramente producto de su labor investigativa y que respetaba en todo momento los hechos acontecidos. Un examen crítico de los textos, como el que hemos hecho en esta serie, revela que no fue así.

En cuanto a su aportación literaria, ambas narraciones sirven como obertura de sus respectivos evangelios. En la versión mateana, vemos una cosmovisión judeohelenilística, de un Jesús que evidencia su estatus de Mesías, cumpliendo las profecías de la Biblia Hebrea. Simultáneamente, los personajes recuerdan los comienzos de Israel, pero con un giro a favor de los gentiles. En la narrativa lucana. observamos el tema recurrente de cómo el Mesías salvaría a Israel y establecería como prioridad a los pobres, humildes y marginados del mundo. “Lucas” nos presenta una visión del futuro Reino de Dios en uno de plena justicia y compasión, tanto para los judíos cristianos como para los gentiles convertidos.

Desde esta perspectiva, la carencia de historicidad de los relatos del nacimiento de Jesús no debe convertirse en un pretexto para rechazar de plano la Navidad como hermosa época de celebración de los puertorriqueños. Sin creer en ellos, los nacimientos recogen de los evangelios el mensaje de la esperanza justicia para los pobres, aspiración a realizarlo mueve a todos los que nos consideramos humanistas. Este es un momento de amor familiar y de compartir dentro de nuestro contexto cultural de cristiano. Aprovechemos un tiempo tan importante para estar inmersos en alegría, especialmente en un momento tan difícil como este. Tampoco rechacemos los tesoros de la literatura castellana (pensemos en el Auto de los Reyes Magos), de las artes o de la música basados en estos relatos. Forman parte de nuestra herencia cultural y como tal deben ser atesorados y expresados en estas ocasiones muy especiales.

Con ese espíritu, les deseamos feliz Navidad, un buen año 2019 y muchas bendiciones el día de Reyes.

Los tres reyes y la bandera de PUerto Rico

Referencias

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¿Qué sabemos históricamente del nacimiento de Jesús? – 7

Serie: 12345, 6

María y José buscando dónde quedarse.
La Virgen María y San José buscando dónde quedarse, un grabado de Joseph Parrocel. Imagen cortesía de la Wellcome Collection. (CC-BY 4.0).

El Evangelio de Lucas nos dice lo siguiente, después de hablarnos del nacimiento de Juan el Bautista:

Sucedió en aquellos días que salió un decreto de parte de César Augusto de que fuera censada toda la tierra habitada [es decir, todos los dominios romanos]. Este primer censo sucedió siendo gobernador de Siria Quirinio. E iban todos a censarse, cada uno a su propia ciudad. Subió también José desde Galilea, desde la ciudad de Nazaret a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David, para censarse con María, su esposa, que estaba encinta.

Y sucedió que, estando ellos allí, se cumplieron los días de que ella diera a luz. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el alojamiento. (Lc. 2:1-7)

A este tipo de información, el historiador experto de la Antigua Roma levantaría su ceja escéptica y exclamaría: “¡¡¡¡¿Qué quéeeeeeeeeeeeeeeee?!!!! ¡¿Qué disparate es este?! ¡¿En serio?!”

Los problemas del “censo de Augusto”

Trasfondo histórico

Mosaico de María y José registrándose en el censo ante Quirinio.
Mosaico bizantino de la Iglesia de San Salvador de Cora, en Istambul. Representa a María y José registrándose en el censo ante Quirinio.

Como hemos discutido en nuestra exposición sobre el relato mateano, Herodes el Grande murió para el año 4 AEC, dejándole el dominio de sus territorios a sus hijos:

  • Antipas dominaba el área de Galilea y Perea.
  • Filipo II, Iturea y Traconítida
  • Arquelao, al comienzo, Judea y después, Samaría e Idumea

Arquelao demostró rápido ser un gobernante incompetente. Mientras planificaba buscar el beneplácito del emperador Octavio Augusto César, al principio fue bastante moderado con la población y toleraba las quejas de la población. Sin embargo, las solicitudes de las masas incrementaron hasta el punto en el que creyó prudente aplastar muy violentamente unas manifestaciones sediciosas, eliminando así a unos tres mil fariseos. Además, canceló la celebración de la Pascua, actividad que usualmente levantaba los sentimientos nacionalistas judíos. A pesar de las objeciones de los judíos y del mismo Antipas sobre su trato a la población, Augusto le otorgó lo solicitado por el etnarca y extendió su dominio a Samaría e Idumea. Sofocar cualquier alza contra un vasallo romano era algo muy bien visto en Roma.

La mala noticia para Arquelao es que, mientras estaba en Roma, hubo un vacío de autoridad en Judea y se suscitaron más manifestaciones de resistencia, algunos en el mismo Templo de Jerusalén. Debido a que el gobernante se vio incapaz de controlar a las multitudes, se recurrió a uno de los más crueles, pero efectivos, jefes militares romanos, el legado propretor de Siria, Publio Quintilio Varo. Este crucificó a dos mil rebeldes en las afueras de las murallas de Jerusalén, como ejemplo de lo que les ocurriría a los sediciosos en caso de continuar sus levantamientos contra Roma. (Fredriksen 32-35)

El disgusto con la incompetencia de Arquelao, de no haber sabido manejar los levantamientos, llevó a varias de las autoridades judías a solicitarle a Roma una autonomía. ¿Qué significa esto? Esto significa que querían convertir a los dominios de Arquelao en un lugar regido directamente por gobernante romano, en vez de un monarca vasallo. Lo solicitado se cumplió cuando se depuso del poder a Arquelao y el dominio de Judea y Samaría se colocó en manos del gobernante, Publio Sulpicio Quirinio, para que administrara un censo. Según Josefo, este censo se dio después de que Octavio derrotara a Marco Antonio en la Batalla de Accio (31 AEC). Eso coloca la fecha de la deposición y censo en el 6 EC …

… y ahí es donde las cosas se complican un poco históricamente para el Evangelio de Lucas. (Josefo, La guerra II: 253-279)

La imposibilidad histórica del relato lucano

Problemas de fechas

Esta es una parte en que el Evangelio de Lucas no solo contradice al relato del Evangelio de Mateo, sino también consigo mismo. De acuerdo con “Mateo”, Jesús nació en las postrimerías del gobierno de Herodes el Grande, alrededor del 7 al 4 AEC (Mt. 2:1), esto es algo que lo confirma el escrito lucano cuando nos habla del nacimiento de Juan el Bautista. (Lc. 1:5) Para efectos del argumento, supongamos que el anuncio del ángel a Zacarías ocurrió en el 4 AEC y que María quedó embarazada al sexto mes de espera de Isabel. Entonces, de la muerte de Herodes hasta el nacimiento de Jesús podemos calcular que este debió haber nacido en el 3 AEC., después de la muerte de Herodes, lo que significaría que nada de lo que afirma el Evangelio de Mateo en torno a los Magos y la muerte de los inocentes de Belén pudo haber tenido lugar. Por otro lado, tampoco coincidiría con el momento en que Quirinio se volvió gobernador de Siria ni con el censo (6 EC). El asunto empeora si empujamos la fecha más atrás, del 7 al 6 AEC para que coincida con Mateo, supuesto que haría el evento mucho más distante del censo de Quirinio, que ocurriría de doce a trece años después.

El problema del registro para el censo en Belén

Al comienzo del relato de la concepción de Jesús, “Lucas” nos ha dicho que María vivía en Nazaret, en Galilea. En la cita que estamos discutiendo, se nos dice que José y María tuvieron que viajar de Nazaret a Belén. Pues, se confirma una vez más que ambos vivían en Nazaret, no en Belén. Esto, pues, contradice a Mateo, quien pone a la familia de Jesús viviendo en esa ciudad.

¿Y por qué viajaban a Belén? Para registrarse en el censo “de Augusto”, algo requerido para todo el Imperio. Solo que hay varios problemas con esta aserción. En primer lugar, históricamente, no fue un censo para todo el Imperio Romano, sino solo de la región dominada por Quirinio. En segundo lugar, la razón del registro de José en Belén … ¡es una locura!

Piénsenlo … ¿por qué fue a Belén? Porque, a pesar de que vivía en Nazaret de Galilea, tenía que ir a la ciudad de su ancestro David … Quiero recordarles que David vivió mil años antes del nacimiento de Jesús (ca. 1000 AEC). ¿El imperio romano le exigía a sus ciudadanos que se registraran en las ciudades que vivieron sus ancestros de hacía mil años antes? ¡¡¿Para qué?!!! ¿Realmente necesitaba eso para cobrar impuestos?

Imagínense que mañana, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se le ocurre la “salomónica” idea (como esas que se le suelen ocurrir a menudo) de que para el próximo censo, cada ciudadano estadounidense tiene que registrarse en el lugar que vivieron sus ancestros hace mil años atrás. Queridos lectores, ¿a dónde irían ustedes?

Una posible explicación

Hemos visto en nuestra entrada anterior, que “Lucas” estaba obsesionado con vincular a Jesús con su ancestro David. ¿Por qué hizo que naciera en Belén? Algunos utilizan el razonamiento mateano y afirman que debió nacer ahí para que se cumpliera alguna profecía. Una vez más, enfatizamos que, en ningún momento, el Evangelio de Lucas habla de alguna profecía. El propósito del evangelista era el de presentar a Jesús como el legítimo rey sucesor de David en virtud de ser descendiente de él. Esto se afianza literariamente haciendo que Jesús naciera en Belén.

Esto sería algo muy fácil de inventar si no fuera por un inconveniente. Al igual que “Mateo”, “Lucas” sabe muy bien que Jesús y su familia no vivían en Belén, sino en Nazaret. Esto es algo que él admite en su escrito. Sin embargo, él quería que Jesús naciera en Belén. ¿Cómo resolvió él ese problema? Escogió el censo de Quirinio como punto de partida de la resolución. Históricamente, todo ciudadano debía registrarse en el lugar en que vivían, pero el texto lucano lo cambió para que se registraran cada uno en su ciudad ancestral.

Esto crea otro problema, ¿cómo puede ser que alguien como José, que vivía en Galilea, fuera de la jurisdicción de Quirinio, tuviera que registrarse en un censo en Belén de Judea? La respuesta de “Lucas” era bien sencilla: en vez de que el censo se limitara al territorio de Quirinio, ahora era Augusto mismo el que mandataba un censo para “toda la tierra habitada”, el Imperio Romano completo. Ahora sí, José estaba “obligado” a registrarse en Belén para que, convenientemente, allí naciera el Mesías en la ciudad del gran rey David.

Algunos especialistas apologistas que han intentado resolver esta evidente discrepancia histórica/ Tomemos, por ejemplo, el caso de Darrell Bock en el siguiente vídeo.

El problema con este tipo de explicación es que no hay evidencia alguna de que el emperador Augusto comenzara un censo del Imperio en el 6 o 4 AEC. Josefo nos dice muy claramente que el censo en Siria ocurrió como consecuencia del nuevo gobierno de Quirinio, con el propósito de actualizar sus datos y cobrar los impuestos. Tampoco explica el sin sentido de por qué José, viviendo en Nazaret, se vio obligado a viajar a Belén para registrarse. Tampoco se da cuenta de por qué María acompañaba a su marido, especialmente cuando estaba embarazada y a punto de dar a luz.

La posición de que esto era un invento literario del autor del evangelio lucano constituye una opinión mayoritaria entre los expertos del Nuevo Testamento. Puede ser que la base del relato haya sido una composición anterior a la redacción de “Lucas”, pero, sin lugar a dudas, el evangelista alteró la tradición original para fines teológicos (que colocaba el nacimiento de Jesús en Nazaret) para que el galileo naciera en Belén (Borg y Crossan 144-148; Bovon I: 170-175; Brown, El nacimiento 431-437; Fitzmyer II: 195-197; Gómez Acebo 60-62; Meier I: 226)

La revelación a los pastores

La anunciación a los pastores, por Abraham Hondlus
La anunciación a los pastores, por Abraham Hondlus (1663).

Si bien el Evangelio de Mateo nos habla de los Magos de Oriente, el de Lucas nos habla de los pastores.

Y había unos pastores en aquella región, que estaban al aire libre y velaban las velas de la noche sobre su rebaño. Y un ángel del Señor se presentó a ellos y la gloria del Señor los rodeó de resplandor. Y temieron con gran temor. Y el ángel les dijo:

— No temáis, pues mirad que os anuncio la buena nueva de una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador, que es el Mesías Señor. Y esta es la señal para vosotros: encontraréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

Y de repente apareció con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababan a Dios y decían:

—¡Gloria en lo más alto a Dios, y en la tierra, paz a los hombres agradables a Dios! (Lc. 2:8-14)

Acto seguido, fueron a Belén y visitaron el pesebre donde estaba reposando el niño, algo que impresionó mucho a María. Tanto así, que decía:

Y María guardaba todas estas palabras, ponderándolas en su corazón. (Lc. 2:19)

Significado de la anunciación y reverencia de los pastores

El tema de fondo es, de nuevo, uno de los temas preferidos de “Lucas”, la revelación y preferencia de Dios por los pobres en detrimento de los poderosos. Sin embargo, utilizando el término “Señor” con atributos divinos, como alguien que se le da gloria, como alguien que es anunciado por un ejército celeste, da a entender que este autor estaba contrastando al Mesías recién nacido con el Emperador Augusto. Esto se refuerza con la integración del término “salvador”, otro de los nombres asociados con la cabeza absoluta del Imperio. El contraste se da precisamente porque el texto integra al emperador dentro del mismo comienzo del relato del nacimiento de Jesús. Son los humildes pastores los que reciben esta noticia grandiosa, en el que se estaba hablando de un señor cósmico y nada menos que el “salvador del mundo”. ¿Qué se les da como señal? Un bebé acabado de nacer que reposa en un pesebre. Esta situación paradójica resalta cómo la revelación estaba destinada a los pobres, quienes eran capaces de entender prístinamente la buena noticia. Esta nunca se reveló a los poderosos y ricos del mundo (Gómez Acebo 64-65)

La estructura de este anuncio a los pastores es la misma que la que encontramos en el anuncio de Zacarías y el de María:

  • Aparición sorpresiva del ángel del Señor
  • Los pastores sintieron miedo
  • El ángel les dice que no teman
  • Les da un mensaje
  • Les da una señal de que lo dicho es verdadero
  • Hay un cántico (Borg y Crossan 150-151; Fitzmyer II: 203)

Dado este panorama, cabe preguntar, ¿por qué pastores? ¿Por qué no otros tipos de pobres? Porque su rol literario es el de reconocer a su rey, descendiente de David, que antes de ser monarca, era pastor. Él fue literalmente salvador de sus ovejas de las amenazas de osos, leones y filisteos. (1 Sam. 17:14-15,20,28,34-36; Borg y Crossan 144-165; Bovon I: 191-194; Brown, El nacimiento 439-451; Fitzmyer II: 200-202)

La presentación de Jesús en el Templo

Presentación de Jesús en el Templo (siglo XII)
Un esmaltado del siglo XII representando la presentación del Niño Jesús en el Templo. A la izquierda, se encuentran José, María y Jesús y, a la derecha, el sacerdote Simeón y la profetisa Ana. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes en Tbilisi, Georgia.

El relato de la presentación del recién nacido Jesús en el Templo comienza mencionando la necesidad de sus padres de purificarse y circuncidar al bebé primogénito en el Templo, según estaba prescrito en la Ley de Moisés. Lo describe de la siguiente manera:

Y, cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a le ley de Moisés, lo subieron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, según está escrito en la ley del Señor:

Todo varón que abre la matriz será llamado santo para el Señor. [Éx. 13:2,12,15]

y para ofrecer un sacrificio, conforme a lo dicho en la ley del Señor

Un par de tórtolas y dos pichones. [Lev. 12:8]

Hay varios problemas con este alegato. Uno de ellos es que, de acuerdo con la Torah, José no era impuro, sino la madre. Ella había dado a luz y había derramado sangre, por lo que debía ser ritualmente purificada. Otro problema es que mezcla el rito de purificación con el rescate del primogénito varón, que solicitaba el pago de cinco siclos al Templo, pero no su visita. (Meier I: 222)

Había en el templo dos personas, un hombre justo, Simeón y una profetisa, Ana. En el caso de Simeón, él había recibido un anuncio del Espíritu Santo de que no moriría sin ver al Mesías en el Templo de Jerusalén. Una vez lo vio, exclamó el cántico conocido hoy como el Nunc dimittis.

Ahora, Dueño [Despotés, Δεσπότης], despides en paz a tu siervo,

según tu palabra.

Porque mis ojos vieron tu salvación

la que preparaste ante todos los pueblos;

una luz para revelación de las naciones

y para gloria de tu pueblo Israel. (Lc. 2:29-32)

Esto impresionó a los padres de Jesús y el piadoso siervo de Dios le dijo a María:

He aquí que este está puesto para caída y surgimiento de muchos en Israel y para signo de contradicción —y una espada atravesará tu misma alma—, para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones. (Lc. 2:33-35)

En este pequeño relato, vemos una miniestructura lucana de la que estamos familiarizados: anuncio-señal-cántico. El cántico contiene alusiones a Isaías, especialmente una parte en que sugiere la manifestación de Jesús a los gentiles (“a todos los pueblos”), glorificando así a Israel. (Is. 40:5; 49:6)

Lo que hace este episodio inusual es el hecho de que contiene una sección que alude a que una espada atravesaría el alma de María, la madre de Jesús. Debido a la usual traducción en algunas biblias de que una espada le atravesaría “el corazón”, este ha sido tema preferido de católicos alrededor del mundo, incluyendo las iconografías del Inmaculado Corazón de María. Sin embargo, esa frase interrumpe súbitamente la idea que estaba expresando Simeón, lo que ha llevado a algunos a pensar de que se trata en una interpolación de “Lucas”. Su intención era la de expresar el hecho de que María viviría lo suficiente para presenciar el ministerio duro y la muerte de su hijo. No se dirige a José, porque este habría muerto antes de que Jesús comenzara su ministerio. (Fitzmyer II: 261-263)

En torno a que Jesús sería un signo de contención, estos versos recuerdan fuertemente a unas palabras que Jesús dijo de sí mismo y que el evangelista citaba en su texto principal:

¿Pensáis que vine a echar paz en la tierra? No vine a echar paz, sino espada. No vine a echar paz, sino espada. Pues vine a dividir al hijo contra el padre y a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra. (Lc./Q 12:41-43)

El relato de la presentación en el Templo termina con el encuentro con la profetisa Ana. Reproducimos aquí el contenido, ya que es muy breve:

También estaba allí la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Esta era de edad muy avanzada: había vivido con un marido siete años después de su soltería y había estado viuda hasta los ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, dando culto noche y día con ayunos y oraciones. Presentándose también a aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba de él [el Niño Jesús] a todos los que aguardaban la redención de Jerusalén. (Lc. 2:36-38)

Podemos preguntarnos, ¿cuál es el rol de este pasaje tan breve que no contribuye mucho a la narrativa principal? Si se han fijado, la estructura de estas narrativas se presenta una duplicidad de personajes:

  • Zacarías y María (cántico sobre la salvación)
  • Isabel y María (encuentro)
  • Juan y Jesús (encuentro entre Isabel y María)
  • Los ángeles y Simeón (cántico de alabanza)
  • Simeón y Ana (presentación en el Templo) (Fitzmyer II: 249)

Así, con la profetisa anunciando a todos los genuinos buscadores de la salvación, “Lucas” terminaba toda esta serie de relatos asociados al nacimiento de Jesús. Finalizó, pues, con estas palabras:

Y cuando cumplieron todo conforme a la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Y el niño crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría. (Lc. 2:39-40)

Este final le pone un clavo en el ataúd a cualquier esperanza de conciliar los relatos de Lucas y Mateo. Algunos podrían postular que, a lo mejor, José y María vivían en Nazaret (Lucas), pero que tras el registro en el censo, ellos decidieron vivir en Belén, donde recibirían a los Magos de Oriente (Mateo). Sin embargo, lo que el Evangelio de Lucas nos dice es que la familia regresó a Nazaret, presumiblemente porque continuaría su vida allí.

Terminaremos esta serie en nuestra próxima entrada, que se redactará el año que viene.

¡Feliz Año 2019!

Referencia

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¿Qué sabemos históricamente del nacimiento de Jesús? – 6

Serie: 1234, 5

El segundo díptico: la concepción de Jesús

La Anunciación con San Emidio, por Carlo Crivelli (1486). Hay una apertura del cielo en el que los ángeles revolotean circularmente durante la Anunciación. No se trata de un ovni, sino de un tema artístico muy común en el Medioevo y el Renacimiento (véase este, este, este, y este caso). Para mayor resolución, pueden ir a esta página. Imagen cortesía de la Galería Nacional.

El segundo díptico de la narración de Lucas ya entra de lleno en lo que concierne a la concepción de Jesús.

El comienzo de este, empieza por donde el Evangelio de Lucas nos dice que Isabel pasó cinco meses oculta. ¿Qué pasó en el sexto mes? Un ángel se le apareció a una “virgen” (παρθένος) llamada María, que vivía en Nazaret y estaba desposada con José, un descendiente del rey David. El ángel le saludó y le informó que concebiría y daría a luz un hijo, y le llamaría Jesús. Este sería llamado “Hijo del Altísimo”, heredaría el trono de su antepasado David y que reinaría en Israel para siempre. Dado que María estaba solo desposada, pero no había “conocido” a su esposo todavía (es decir, no había llevado acto sexual alguno con él), le preguntó al agente divino, cómo sería eso posible. El ángel le explicó:

El Espiritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te dará sombra. Por lo cual, también lo nacido santo, será llamado Hijo de Dios. (Lc. 1:35, mi énfasis)

Después, le animó a María, informándole que, para Dios, nada es imposible y, como evidencia de ello, mostraba cómo Isabel, siendo estéril y anciana, ya tenía seis meses de embarazada. A la solicitud del ángel, María dio su Fiat: “He aquí la sierva [o esclava] del Señor, que me suceda según tu palabra” (Lc. 1:26-38)

Después del acontecimiento, María marchó a Judea (a algún pueblo o ciudad desconocida), para visitar a Isabel. Cuando se encontraron, Juan el Bautista brincó desde el vientre de su madre, haciéndole exclamar: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! Y, ¿de dónde me viene a mí esto: que la madre de mi Señor venga a mí?” Y de ahí, María procede a cantar el Magníficat:

Engrandece mi alma al Señor,

y se gozó mi espíritu por Dios, mi Salvador.

Porque se fijó en la humillación de su sierva [o esclava].

Pues he aquí que desde ahora

me felicitarán todas las generaciones.

Porque me hizo cosas grandes el Poderoso,

y Santo es su nombre.

Y su misericordia,

por generaciones y generaciones,

para los que lo respetan.

Ejerció fuerza con su brazo:

dispersó a los arrogantes

en el pensamiento de su corazón.

Derribó a soberanos de tronos

y exaltó a los humildes.

Y hambrientos sació de bienes

y a ricos despidió vacíos.

Acogió a Israel, su siervo,

para acordarse de la misericordia

—como habló a nuestros padres—

en favor de Abrahán y su descendencia para siempre. (Lc. 1:46-55)

Termina el díptico afirmando que María se quedó con Isabel, tres meses.

¿Por qué, en el Evangelio de Lucas, María es una virgen?

Razones provistas desde un trasfondo judeohelenista

Tras ver esta parte del relato, nos preguntamos, ¿por qué María es virgen en el Evangelio de Lucas? La reacción natural es la de proveer las mismas razones que las del Evangelio de Mateo: “Lucas” se está basando en la versión Septuaginta de Isaías 7:14, en donde dice la palabra “parthénos” en vez de “mujer joven” o “doncella”. Sin embargo, hay un problema con esta explicación, en el texto, “Lucas” nunca apela a esa profecía. Sencillamente, no era esa la vía que él escogió para dar sentido al acto divino.

Lo que sí podemos decir es que, al ser un díptico, junto al relato de la concepción y nacimiento de Juan el Bautista, debemos correlacionar ambas narraciones. Dios hizo fértil a Isabel para que tuviera un hijo, pero, presumiblemente, Juan el Bautista fue el fruto del acto sexual entre Zacarías y ella. Sin embargo, en esta historia, ocurre algo mucho mejor, Jesús fue concebido por ser fruto del acto (no sexual) del Espíritu divino y María, sin intervención alguna de José. Gabriel le dijo a Zacarías, que su hijo sería “profeta del Altísimo”, pero le informó a María que su bebé sería “hijo del Altísimo”. Zacarías no le creyó al ángel por dudar; María sí le creyó al ángel, pero no sabía cómo iba a concebir sin intervención de varón. De hecho, María superaba la incredulidad de Sara, la esposa de Abraham, quien se rió de la mera idea de la concepción de Isaac. (Gén. 18:12-15) Zacarías quedó mudo por el ángel, por lo que no pudo responderle, pero María sí pudo responderle con su Fiat. Para todos los efectos, “Lucas”, con el ánimo de engrandecer a Jesús, deseaba romper y superar las tradicionales historias milagrosas de la concepción de Isaac, de Sansón, de Samuel y de Juan el Bautista.

Reiteramos lo que indicamos hace dos entradas, que no hay rastro aquí de teología encarnacionista. ¿Por qué era Jesús, Hijo de Dios? ¿Porque era una entidad preexistente que se “encarnó” en el vientre de María en el momento de la concepción? El texto, en sí, no nos da tanto margen para esa interpretación. No afirma en ningún sitio que el Espíritu Santo haría que un ser divino se encarnara. Al contrario, el Espíritu Santo (es decir, la manifestación de la actividad santificadora de Dios) intervendría para que ella concibiera un hijo humano, pero, simultáneamente de naturaleza divina. Este origen divino radica en el acto milagroso de Dios, obrando como padre de su Hijo, en el momento de la concepción. El texto dice que, el Espíritu del Altísimo le “cubriría con su sombra”, una figura que en la Biblia Hebrea significa la presencia y protección de Dios (e.g. Éx. 13:21; 40:34-38). (Borg y Crossan 118-121; Bovon I: 104; Brown, El nacimiento 299-305,309-326; Brown et al. 117-127; Fitzmyer II: 100-103)

La otra razón por la que Jesús era “hijo del Altísimo” era también porque era descendiente de David por parte de José. La genealogía que proveyó en el capítulo 3, que, por cierto, no coincide en absolutamente nada con el de Mateo hasta el rey David, afirma inequívocamente su descendencia del gran monarca. Sin embargo, para insinuar la salvación de la humanidad, incluyendo a los gentiles, traza la ascendencia de Jesús hasta Adán. (Lc. 3:23-38) El hecho de que Mateo utilice a “Jacob” como el nombre del abuelo de Jesús y Lucas utilice a “Helí”, ha llevado a un dolor de cabeza a los creyentes más cercanos al fundamentalismo. En ocasiones, argumentan que la genealogía que aparece en Lucas es la de María, mientras que la de Mateo, la de José. Sin embargo, eso no es lo que nos dice la narración lucana. Sencillamente los dos textos se contradicen mutuamente, contienen ciertos anacronismos y algunas omisiones. No sabemos en realidad quién era el abuelo de Jesús ni tenemos idea de cuál fue la cadena de ascendentes desde José hasta David o, incluso, mucho antes. (Brown, El nacimiento 81-89) Con esta genealogía, “Lucas” deseaba resaltar que Jesús era descendiente de David por parte de padre (en virtud de adopción) y, simultáneamente, afirmaba la universalidad de la salvación humana: judíos y gentiles podían salvarse por Jesús. Sin embargo, no podemos olvidarnos que subraya también su filiación divina al mencionar que Adán era “hijo de Dios”. (Lc. 3:38)

En las palabras del ángel a María, “Lucas” mantiene en mente, múltiples veces, el Salmo 2 para referirse a Jesús como hijo de Dios rey. (Sal. 2:1-2,7; Lc. 3:22; 9:35; Hch. 4:25-26; 13:33) Esto se corrobora cuando examinamos cómo “Lucas” basó parte de lo que el ángel le dijo, de lo que le dijo Yahveh a Natán en torno a David:

Comparación entre el texto de 2 Samuel y la perícopa de Lucas 1. (Fitzmyer II: 101)
Comparación entre el texto de 2 Samuel y la perícopa de Lucas 1. (Fitzmyer II: 101; ver también, Brown, El nacimiento 320)

En calidad de eso, el Espíritu Santo descendería en María, así como el espíritu de Yahveh descendería sobre el tronco de Jesé, es decir, la estirpe de David. (Is. 11:1-2)

Así que en el Evangelio de Lucas tenemos las siguientes razones por las que Jesús era hijo de Dios:

  • Fue concebido por la acción de Dios (Lc. 1:35)
  • Porque fue descendiente de David, quien era un “hijo” para Dios. Al descender de la estirpe davídica, Jesús heredó esa filiación monárquica. (Lc. 1:32-33; 3:31-32)
  • Porque descendía de Adán, que era hijo de Dios. (Lc. 3:38)
  • Porque fue engendrado por Dios en el momento del bautismo (Lc. 3:22)
  • Porque fue hecho hijo de Dios (Señor) en el momento de la resurrección (Hch. 5:30-31;13:32-33)

¡¿Qué más se puede pedir desde una perspectiva judeohelenista?!

Razones provistas para el público pagano

Marte y Rhea Silvia, por Peter Paul Rubens (ca. 1617)
Marte y Rhea Silvia, por Peter Paul Rubens (ca. 1617). Imagen cortesía del Museo de Liechtenstein.

Por otro lado, no podemos abstraer el texto de la realidad cultural circundante de “Lucas”, un cristiano de origen gentil y fuertemente influenciado por una realidad grecorromana. Como hemos argumentado en otro lugar de esta serie, uno de los grandes logros de Pablo de Tarso fue el intento de “vender” (sin sentido peyorativo) su evangelio a los pueblos gentiles, con el objetivo de que abandonaran su paganismo y se convirtieran al verdadero dios, el de Israel. Podríamos decir que, en parte, “Lucas” también comparte esa misión. De hecho, la otra razón por la que escribe los capítulos 1 y 2 en su Evangelio, es para demostrar que el dios cristiano y el héroe, Jesús, son mejores que los dioses y héroes grecorromanos.

¿Qué es un héroe dentro de ese contexto gentil? Hoy día, gracias a los cómics, un “héroe” se define por su carácter: es alguien que podría tener algunos poderes especiales o no, pero se presenta como un ente altruista que intenta salvar a otros. Ese no es el “héroe” grecorromano. Para la Antigua Grecia y la sociedad romana antigua, un héroe es un humano o semidiós que descendía de los dioses y cuyas fuerzas se dedicaron a salvar a los suyos, a aquellos que estuvieran bajo su protección. Al presentar a Jesús como hijo de Yahveh y de María, “Lucas” nos presenta al Mesías como alguien análogo a los héroes semidioses.

Además, la selección de María como una virgen, puede aludir a leyendas grecorromanas. En la Antigua Grecia, prevalecía un gran número de mitos en los que se relataban cómo los dioses interactuaban sexualmente con los seres humanos. Zeus, en particular, hacía lo suyo a la menor provocación, pues, de ahí, aparecieron grandes héroes: Heracles, Perseo, etc. Se hablaba de héroes de deidades inferiores que llevaron actos sexuales con humanos, tales como las ninfas. Piénsese en el caso de Aquileo, hijo de Tetis (una ninfa) y Peleo. La cultura israelita primitiva tampoco estuvo ajena a este modo de pensar sobre las divinidades. En los textos más primitivos del Génesis, en épocas en las que prevalecía el henoteísmo, podemos encontrar el origen de los héroes, como frutos de los humanos y de los “hijos de Yahveh”, algo que el dios israelita consideraba abominable. (6:1-4) En todos estos casos, los héroes fueron concebidos prodigiosamente por intervención divina. Enfatizo, estos semidioses y héroes provienen de concepciones que son resultado del acto sexual entre dioses y humanos, pero, en ninguno de los casos estamos hablando de concepciones virginales.

De hecho, contrario a lo que cierta gente ha estado diciendo, el tema de la virginidad como estatus de las madres de semidioses no era uno recurrente en la mitología grecorromana. Aun en el caso de los cultos mistéricos, el asunto de la virginidad de las diosas madre se halla ausente en los casos de los cultos eleusinos, los de Atis y Cibeles, los de Isis y los de Mitra. (Piñero, Año I 153-180) Si alguna de estas figuras adquiría el título de “virgen”, usualmente era como resultado de un sincretismo con otras diosas que eran vistas típicamente vírgenes. Esta mezcla se daba en una etapa muy posterior a los relatos mitológicos fundantes de estas religiones. Otras deidades raras veces concibieron vírgenes. Las que sí, en parte, las hacen creadoras del cosmos existente, o, como se llama técnicamente, forman parte de una partenogénesis del universo. Tómese de ejemplo, la diosa Neith. Sin embargo, el Evangelio de Lucas no alude en absoluto a esta partenogénesis. Más bien tiene en mente otros elementos culturales bien conocidos en el Imperio Romano.

Uno de ellos es el mito de Rómulo y Remo. Numitor, rey del Alba Longa, a la orilla del Río Tíber, fue depuesto por su hermano, Amulio, mató al hijo del monarca y aseguró que su hija, Rea Silvia, no tuviera descendientes, obligándole a ser una virgen vestal. En aquella época, las vírgenes vestales tenían que permanecer célibes por un periodo de treinta años, por lo que este villano aseguraba la imposibilildad de que ella tuviera hijos. Poco se sospechaba él que, contrario a sus expectativas, ella terminaría concibiendo dos hijos, unos gemelos, Rómulo y Remo. Según los historiadores, Tito Livio y Plutarco, ella alegaba haber sido violada por el dios Marte. Tras una serie de eventos, Rómulo y Remo depusieron a Amulio, restauraron el gobierno de Numitor y, más adelante, Rómulo fundó Roma, asentándola en una de las famosas siete colinas cercanas al Tíber. (Tito Livio I: 13-16; Plutarco I: 45-46)

No podemos perder de vista que el cristianismo (fuera palestinense o gentil) era una respuesta al régimen de los emperadores, partiendo de Octavio Augusto César. De acuerdo con la literatura de su época, él era considerado “hijo del divino” (divi filius), hijo del deificado César (por adopción) y asimismo los demás emperadores. (Peppard 37-44) Virgilio haría que el emperador descendiera de Eneas, el divino héroe troyano, hijo de Afrodita. Además, según el historiador Suetonio, también debemos recordar una información que solía circular socialmente, que la madre de Augusto, Acia, se había quedado dormida en una bañera y fue penetrada por una serpiente del templo de Apolo, convirtiéndose así en madre del “divino” Octaviano. (Borg y Crossan 97-100, 121-124) Mientras se tejían estas leyendas de propaganda política, el cristianismo palestinense y algunos sectores helenísticos respondían a eso, que Jesús era hijo del dios supremo, del que estaba por encima de cualquier dios grecorromano, el dios de Israel. ¿Por qué? Porque fue adoptado por esa divinidad suprema y le hizo señor de todo el cosmos. Posteriormente, autores cristianos como “Mateo” y “Lucas” superarían la cristología adopcionista.

Con su narración de la concepción del Mesías, “Lucas” presentaba a María como una virgen que concibió por obra de Dios, algo que mandaba múltiples mensajes a un público gentil: el Mesías, Jesús, es mejor que cualquier otro héroe grecorromano, mejor que el fundador de Roma, Rómulo y hasta superior al mismo emperador, porque:

  • En el caso de esta virgen, María, ella no fue violada. Ella consintió y Dios actuó sin llevar a cabo el acto sexual alguno. De esta manera, el dios supremo, Yahveh, tenía una superioridad moral por encima de los demás dioses, incluyendo a Marte y a Apolo. La erudita, Paula Fredriksen, llama “megateísmo” a esta tesis, de que el dios cristiano era vastamente y cualitativamente superior a las demás deidades. Esto se ve claramente en el pensamiento lucano, que le añadía la dimensión moral a su narración.
  • Jesús era superiorísimo a cualquier otro héroe, semidiós y emperador, porque era hijo directo del dios supremo (no meramente por adopción).
  • Este héroe, Jesús, también era superior porque salvaría a la humanidad, a Israel primero y a los gentiles se les abrirían las puertas a ser rescatado por reconocer y alabar al verdadero Dios. (Borg y Crossan 121-124)

Este mensaje de salvación está resumido en el Magnificat.

El encuentro entre María e Isabel

La visita de María a Isabel por Josef Adam Mölk (1773)
La visita de María a Isabel, por Josef Adam Mölk (1773), fresco en la iglesia de of Maria Langegg, en Austria. Imagen cortesía de Uoaei1, de Wikimedia Commons (CC-BY-SA 3.0 Austria)

La mención de los “seis meses” de embarazo en la narración anterior y este relato del encuentro entre María e Isabel como parientas es, sin duda, una invención de “Lucas”.

Muy poco conocido por el público (especialmenete el católico romano) es que hubo un insignificante debate entre especialista, sobre si Isabel o María fue la que enunció el Magníficat. Eso se debe a cierta evidencia a partir de algunos manuscritos antiguos latinos: después del saludo de regocijo de Isabel a María (Lc. 1:42-45), en vez de, “Y dijo María”, se encuentra “Y dijo Isabel” (Lc. 1:46a). No voy a tratar todos los asuntos técnicos en torno al asunto, baste indicar que hay buenos argumentos de ambos lados del debate. Algunos deciden por “Isabel” por una de dos razones, o porque la lectura más difícil debe ser la preferida por los estudiosos o porque hay sospechas de que, posiblemente, no haya habido texto ahí originalmente. La mayoría de los expertos se inclinan a que la frase cae mejor si se le atribuye el canto a María. Hay toda una argumentación para ello, pero solo indicaré tres razones para eso.

  1. La que canta se ve a sí misma como sierva o esclava del Señor, una aserción que María hizo de sí misma cuando aceptó lo dicho por el ángel. (Lc. 1:38)
  2. Sin perder de perspectiva de que “Lucas” quería hacer lucir a María superior a Isabel —ergo a Jesús más que a Juan— tiene pleno sentido que ella dijera: “… desde ahora, me felicitarán todas las generaciones” (Lc. 1:48-49)
  3. Todos los mejores manuscritos antiguos griegos incluyen el versículo, “Y María dijo …” La atribución a Isabel solo aparece en algunos de los latinos. (Brown et al. 137-147)

Puede ser que el Magníficat proviniera de un cántico tradicional que “Lucas” introdujo en su escrito, pero, definitivamente, su contenido se basó en el Canto de Ana, en esta ocasión, de manera mucho más transparente que el Benedictus. Sin embargo, “Lucas” intercalaba en sus palabras, versos provenientes de los Salmos con el objetivo de darle más fuerza al mensaje y enriquecer poéticamente los versos (Bovon I: 122-123; ejemplos, Sal. 2:33; 3:12; 4:23; 15:20 – “los que le temen”; Sal. 12:6; 17:21 – “Israel su siervo”).

El Magníficat toca prácticamente los temas de justicia divina que tanto caracterizan el Evangelio de Lucas, pero en un nivel inusualmente militante, dando por hecho la derrota de los poderosos y la exaltación de pobres y humildes. Además, se trae a colación que se acordó de su siervo, el pueblo de Israel y la promesa de salvación hecha por Yahveh a Abraham “para siempre”.

La estancia de María con Isabel por tres meses

Finalmente, nos dice el texto, que María se quedó en casa de Isabel por tres meses. Algunos piensan que esto es planificado por el evangelista para establecer una relación entre este acontecimiento y varios eventos que involucraban el Arca de la Alianza. Estas figuras aparecen en algunos lugares del texto, dicen ellos (muy especialmente el mariólogo, René Laurentin):

  • El Espíritu cubrió a María, de la misma manera que lo hizo con el Arca en el pasado. (Lc. 1:35; Éx. 40:34-38)
  • Isabel le expresó a María una actitud de humildad ante la presencia de la madre “del Señor”, de la misma manera en que David exclamó su humildad ante la presencia del Arca. (Lc. 1:43; 2 Sam. 6:9)
  • María se quedó tres meses con Isabel, de la misma manera que el Arca se estuvo tres meses con Obededom. (Lc. 2 Sam. 6:11) [Esta es la razón por la que “Lucas” necesitaba que el encuentro entre María e Isabel ocurriera al sexto mes.]

Por hoy, algunos eruditos expresan serios reparos a esta interpretación. Se esgrime para ello varios factores:

  • La nube que era presencia de Yahveh, no limitaba esa protección al Arca. La cubierta de Dios aparece en varias instancias en la Biblia Hebrea en muy diversas circunstancias. (Brown, El nacimiento 338-339)
  • Se olvida que el Evangelio de Lucas quería establecer una mayor asociación con David que con el Arca de la Alianza, por lo que se pasa por alto, 2 Sam. 24:21, las palabras de Arauná el Jebuseo a David: “¿Cómo mi señor rey viene a su siervo?”
  • El salto de Jesús y Juan en el vientre de sus madres recuerda a cuando Esaú y Jacob saltaron en el de Rebeca, prefigurando, cada uno a su manera, sus respectivos destinos. (Gén. 25:23-24) (Brown, El nacimiento 358-359)

Desde esta perspectiva, los “tres” meses, pueden no ser alusión a nada, sino que el autor del evangelio pretendía hacer una continuación de la sección del relato de la concepción de Juan el Bautista, en la que Isabel llevaba cinco meses de embarazo. (Brown et al. 133-134)

Evaluación de la historicidad y un sentido actual del relato

María de la Liberación, por el pintor sacerdote claretiano, Maximino Cerezo Barredo.
María de la Liberación, por el pintor sacerdote claretiano, Maximino Cerezo Barredo.

De todo el relato, podríamos mencionar algunos datos históricos o tentativamente históricos:

  • Histórico
    • Los nombres de los padres de Jesús: José y María. Esto está atestiguado en múltiples fuentes.
  • Tentativamente histórico
    • La última parte del reinado de Herodes el Grande como punto de referencia de la concepción y el nacimiento de Jesús. No es del todo seguro, pero el hecho de que dos evangelios lo mencionen, el de Mateo y Lucas, puede ser un “eco” de algún dato en torno al momento de su nacimiento.
    • Los nombres de los padres de Juan el Bautista, Zacarías e Isabel, ambos pertenecientes a la tribu levítica y de estirpe aarónida.

Fuera de estos datos, nada más de los dípticos puede considerarse histórico, ya que ambos descansan demasiado en las narrativas de la Biblia Hebrea, particularmente de la Septuaginta. Puede ser que Lucas haya fabricado su historia de la concepción de Jesús con base en la del Bautista, o puede ser que ambas procedan de dos fuentes aparte. Aun en este último caso, Lucas armonizó ambas narraciones y creó un puente entre ellas con la visita de María a Isabel. Además, pretendió vincular a Jesús y a Juan por parentesco, a pesar de que deja claro que Jesús no pertenecía a una estirpe sacerdotal y Juan, sí.

Por cierto, no debemos olvidar la insistencia de “Lucas” de enlazar fuertemente a Jesús con David. Para cuando él escribe estos capítulos de la natividad (Lc. 1-2), ya había forjado su propia genealogía de Jesús y colocado antes del comienzo de su ministerio, donde se aseguraba en mencionar el nombre del gran monarca, además de hacerle hijo de Dios por haber creado a su antepasado, Adán.

Por otro lado, históricamente hablando, seguramente, ni Zacarías cantó su Benedictus ni María su Magnificat y no sabemos con seguridad cuán ligados estaban estas piezas literarias a los que se le atribuían su autoría.

Lo que sí es claro, es la repercusión que esta parte del relato lucano ha tenido en el espíritu y la imaginación de los cristianos a través de la historia, especialmente el público católico. El Magníficat es, tal vez, uno de los cánticos más conocidos del Nuevo Testamento debido a que fue dicho por la madre de Jesús, hoy día venerada en el corazón del catolicismo. La Legión de María lo tiene entre sus rezos principales. También tiene un rol litúrgico en otras denominaciones cristianas, como el anglicanismo y el luteranismo.

En tiempos más recientes, el Magníficat ha sido una fuente de inspiración para la Teología de la Liberación en Latinoamérica. La atribución del cántico a María la ha tornado en símbolo de liberación para todos aquellos que sean pobres y oprimidos. Se vuelve así, en vez de un símbolo de conquista (como en antaño), en una expresión de una dimensión de la salvación de Dios. Esto se da dentro de un contexto en el que el mensaje cristiano permaneció, por siglos, desconectado de la realidad económico-política de los pobres y miserables, mientras que se relegaba el evangelio meramente al ámbito de la espiritualidad. Desde esa perspectiva, el canto de María se refiere a una justicia aquí y ahora, no una que espera ser conseguida después de la muerte en el paraíso. (Silva Gotay 160-161, 166-175)

El teólogo de la liberación que más visiblemente ha trabajado el tema de la narración de la infancia lucana desde la Teología de la Liberación, ha sido Leonardo Boff, específicamente en dos de sus obras más significativas de mariología: primero, El rostro materno de Dios y depués, El Ave María. En ambas, innova un punto de vista pneumatológico de la Virgen, en la que se reconceptúa su relación con el Espíritu Santo. Según él, así como el divino Logos se encarnó en Jesucristo, el Espíritu Santo se pneumatizó en la Virgen María. Hay una diferencia cualitativa entre ambos casos. En el primero, el Logos es Jesucristo, pero el Espíritu Santo no es la Virgen María, hay una distinción ontológica entre Creador y criatura en el último caso. Sin embargo, el Espíritu Santo, al invadir a María, asumió su feminidad humana, corporal, sicológica y espiritual para sí, así como la Palabra encarnada adoptó la humanidad de los varones. Así, el Yahveh que se expresaba en la Biblia Hebrea con rasgos de madre, puede expresar su maternidad con todo su esplendor en la Virgen María, la madre de Cristo. Esta nueva pneumatología mariana, producto de una hermenéutica muy interesante, puede ser muy liberador para las mujeres, especialmente en el catolicismo romano. Hoy día, aun con la presente crisis eclesiástica, las autoridades se han negado a permitirle a las mujeres a ser sacerdotes o diaconisas. Esta candidatura al clero es algo que Boff y los teólogos de la liberación en general, siempre han favorecido. (Eclesiogénesis 106-136)

Otros teólogos y teólogas han trabajado también extensamente en torno al mensaje liberador, tanto en la identificación de la humanidad y situación de pobreza que pasó María de Nazaret, su alto contenido militante del Magníficat y su afirmación de hacer la voluntad divina para la liberación de los oprimidos de ciertos aspectos culturales androcentristas y misóginas. (Gebara y Bingemer) En otros casos, esta reflexión ha llevado a algunos teólogos a ofrecer una visión mucho más naturalista y menos teológicamente dogmática de María y Jesús (e.g. Balasuriya), lo que les ha llevado a la desautorización de enseñar teología y a la excomunión por parte de las autoridades vaticanas.

No obstante estos giros teológicos y nuestro favor a un ícono liberador de María, siempre tenemos que distinguir entre la hermenéutica de las Escrituras dirigida a adaptar su significado espiritual para los seres humanos del siglo XXI y, por otro lado, lo que “Lucas” tenía en mente cuando relataba sobre la concepción milagrosa de Jesús. Esto es algo que, sin duda, los teólogos sensatos tienen en cuenta. Aun si queremos pensar que María fue fiel discípula de su hijo y cumplidora de la voluntad de Dios, no olvidemos que tal convicción es inconsistente con la mejor evidencia histórica que tenemos.

Continuaremos con el relato del nacimiento de Jesús en nuestra próxima entrada …

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