Los transgénicos y el cambio climático

Modificación genética
Imagen cortesía de Ciencias Españolas (KoS). (CC-BY-SA 3.0 Unported).

Las tecnologías de ingeniería genética han sido clave para la reducción de emisiones de gases de invernadero, disminuyendo así el impacto de la agricultura al medio ambiente y, muy especialmente, en relación con el calentamiento global y sus efectos en la forma de cambio climático. Varios estudios han reiterado ese punto una y otra vez.

Algunos de estos estudios son pagados por la industria que labora transgénicos, pero su contenido ha sido recibido con beneplácito por la comunidad científica gracias a la solidez de sus números y su evidencia científicamente cualificada. Casi cada año, Graham Brookes y Peter Barfoot, de PG Economics, publican unos artículos investigativos que ponen al día la información disponible en torno al impacto ambiental de los transgénicos a nivel mundial. En el más reciente, pagado por Bayer, señala que del 1996 al 2018, ha habido un decenso de emisiones de bióxido de carbono que sería el equivalente a remover 15.27 millones de automóviles de las carreteras.

Las razones para ello son varias:

  • Hay mayor eficiencia en la producción agrícola: La eficiencia se debe a factores que explicaremos a continuación. El punto a enfatizar es que mientras más eficiente sea el proceso productivo, menos energía hace falta para llevar a cabo ese proceso. Además, para los consumidores, esto siempre representará una ventaja de bajos costos en el bolsillo.
  • La calidad de las semillas es notablemente superior: Las semillas que usualmente venden las compañías para los agricultores, sean transgénicas o no —incluyendo las variantes orgánicas— están en condiciones óptimas para la siembra. Esto de por sí no solo responde a ciertas demandas efectivas en el mercado de consumidores, sino también a la demanda efectiva por parte de agricultores que quieren mejores semillas. Mejores semillas significan mejor rendimiento y esto hace una diferencia en la huella de carbono por concepto de la cantidad de energía requerida para eso.
  • Se reduce la administración de pesticidas: Uno de los factores que consume energía es la administración de pesticidas que se necesitan para obtener una cosecha exitosa y un mayor rendimiento. Muchos de los transgénicos se han diseñado precisamente para atacar algunas de las plagas, especialmente de insectos, mediante sus variantes de Bt. Además, el uso de herbicidas como el glifosato solo requieren un mínimo de administración en las etapas tempranas y no como en otros casos los que hay que administrar pesticidas múltiples veces para tener un efecto equivalente. Esto significa un ahorro considerable para los agricultores ya que tanto el Bt y el glifosato son de muy baja toxicidad, en el caso del último se consigue muy barato, y previene que los agricultores utilicen pesticidas cancerígenos o mucho más tóxicos.
  • Prácticas amigables al medio ambiente: Una gran ventaja del uso del glifosato y de otros herbicidas es que le han permitido a los agricultores técnicas de no talado (no till farming). Los agricultores que lo llevan a cabo no solo previenen la erosión de los suelos, sino también secuestran bióxido de carbono en el proceso, logrando así reducir la emisión de gases de invernadero.

Según nuestros autores, por estas razones, han habido 775.4 millones de kg de menos pesticidas durante el periodo de 1996 a 2018 que lo que se hubieran utilizado sin transgénicos, esto es una reducción de un 8.3 %. De hecho, los autores utilizan el Cociente de Impacto Ambiental (EIQ por sus siglas en inglés) que se utiliza en ciencias agrícolas y ambientales, y demuestran una reducción del impacto de pesticidas en el medio ambiente de un 18.5%. Otro factor que mucha gente no tiene en cuenta es que a mayor rendimiento por unidad de terreno, menor es la necesidad de terreno de cultivo y permite el crecimiento de la flora y la fauna en terrenos desocupados para fines agrícolas o urbanos.

Ahora bien, no obstante estos bienes, los autores reconocen el creciente problema de la aparición de malezas tolerantes al glifosato en los últimos 15 años. En tal caso, los expertos, los gobiernos y las empresas semilleras le recomiendan a los agricultores variar el uso de herbicidas y otras medidas para lidiar con este tipo de malezas. El uso de pesticidas más costosos o más tóxicos deterioran el EIQ de muchas de esas áreas agrícolas. Aunque este es un punto que los oponentes de los transgénicos explotan mucho para prohibir los pesticidas y transgénicos, los autores señalan que aun con todo y ese problema, los transgénicos han representado un adelanto ambiental para la agricultura. Esto todavía puede verse en el ámbito agrícola hoy día en el caso de la siembra de maíz transgénico (tolerante al glifosato):

Maíz convencional vs. trangénico
Comparación de EIQ por hectárea en el caso del maíz convencional vs. trangénico tolerante a herbicidas. Fuente: Brookes & Barfoot (2020). Licencia: CC-BY-NC-ND 4.0.

Recientemente, se ha divulgado un estudio independiente que confirma estos hallazgos, aunque todavía no ha pasado por arbitraje por pares, pero se espera que se publique relativamente pronto en alguna revista académica. El estudio fue publicado por Emma Kovak y Dan Blaustein-Rejto de The Breakthrough Institute —un think tank ecomodernista— y Matin Qaim, de la Universidad de Göttingen, en Alemania.

Menciono este estudio porque esta es otra, de muchísimas instancias, en que la política pública europea choca de frente con la evidencia científica. Es sabido que la inmensa mayoría de las organizaciones científicas, universitarias y del estado de Europa de reputación se han expresado abrumadoramente a favor de los transgénicos. Asimismo, las agencias de seguridad de prestigio europeas o los mismos estudios llevados a cabo por la Comisión Europea demuestran más allá de toda duda de que los transgénicos son en general seguros. A pesar de todo lo anterior, las potencias europeas, presionados por grupos ambientalistas, se obstinan en la excesiva regulación y la prohibición bajo la mentalidad de que son peligrosas para el medio ambiente y el público, además de aferrarse a una mala ejecución del “principio de precaución”. De hecho, en algunos lugares se han creado “zonas libres de transgénicos” que no han sido del todo exitosos. Una verdadera zona libre de transgénicos pondría en juego la vida de los diabéticos, ya que no podrían acceder a la insulina; o la vida del público en general al no tener acceso a algunas vacunas contra el COVID-19.

Lo que Kovak, Qaim & Blaustein-Rejto (2021) muestra es que estas políticas europeas, lejos de beneficiar al medio ambiente, lo que han hecho es añadir considerablemente numerosas ineficiencias que implicaron un aumento considerable de uso de energía. Como resultado, han aumentado sus aportaciones de bióxido de carbono y otros gases de invernadero al medio ambiente por unas 33 millones de toneladas, un incremento de 7.5%. Esto es equivalente a lo que emitirían de 10 a 20 plantas de carbón al año. Una señal de ello es que la prohibición a la siembra de transgénicos supone un menor rendimiento agrícola cuando se le compara con los datos que tenemos de dichos cultivos. No solo eso, sino que señalan el daño a la naturaleza al aumentar considerablemente tanto la aplicación de pesticidas como el tamaño de terreno de cultivos que de otra manera podría estar disponible para el crecimiento de los ecosistemas naturales. El grupo destaca que esta reticencia a adoptar cultivos transgénicos en Europa representa una pérdida para el continente cuando se le compara con los mercados asiáticos además del naciente —y muy en pañales— cultivo de transgénicos africanos.

Añado también algo a la discusión: La reducción de uso de transgénicos y otras políticas agrícolas en Europa ha externalizado este problema a América Latina, especialmente a Brasil. Debido a que Europa (con excepción de España, una variante muy limitada de maíz Bt) no siembra transgénicos, para poder alimentar el ganado europeo, necesita importar transgénicos de ese país. Esto ha llevado a una aceleración de la deforestación del Amazonas que no ocurriría de manera tan dramática si Europa le hubiera hecho caso a sus científicos.

Los autores del estudio esperan que su trabajo le lleve a la Unión Europea y sus países a reevaluar su política pública irracional contra los beneficios de estas tecnologías.

Referencias

Brookes, G. & Barfoot, P. (24 de julio de 2020). Environmental impacts of genetically modified (GM) crop use 1996–2018: impacts on pesticide use and carbon emissions. GM Crops & Food 11(4), 215-241. doi: 10.1080/21645698.2020.1773198.

Kovak, E., Qaim, M., & Blaustein-Rejto, D. (10 de febrero de 2021). The climate benefits of yield increases in genetically engineered crops. bioRXiv. doi: 10.1101/2021.02.10.430488.

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