El gobierno se queda corto en su conteo de muertos por María

Casa inundada como resultado del paso de María.

Casa inundada como resultado del paso de María. Foto: Yuisa Ríos y FEMA

Si no fuera poco el bochorno que ha pasado el gobierno de Puerto Rico a nivel internacional con el contrato a Whitefish, ahora pasamos uno más grande todavía procedente de los pasillos académicos de Harvard. Ayer por la mañana, se publicó cibernéticamente un estudio de la Universidad de Harvard, de la cual participó un puertorriqueño de la Universidad Carlos Albizu, y cuya ficha es la siguiente:

Kishore, N., Marqués, D., Mahmud, A., Kiang, M. V., Rodriguez, I., Fuller, A.,  Ebner, P., Sorensen, C., Racy, F., Lemery, J., Maas, L., Leaning, J., Irizarry, R. A., Balsari, S.,  & Buckee, C. O. (29 de mayo de 2018). Mortality in Puerto Rico after Hurricane Maria. The New England Journal of Medicine, doi: 10.1056/NEJMsa1803972.

Este no es un suceso “light” del cual el gobernador puede sacudirse un poco y así recuperar su imagen.  No, este artículo se publicó en una de las revistas de mayor índice de impacto del mundo. La hemos utilizado como referencia en otros artículos de este blog, especialmente aquellos relacionados con el zika (véase esta entrada y esta).

El mundo le ha dado la atención que amerita. He aquí solo un puñado:

El tema también está vivo en YouTube, especialmente cuando lo trae a colación uno de los vlogeros más conocidos, Philip De Franco.

De acuerdo al gobierno de Puerto Rico, el Secretario de Seguridad Pública de Puerto Rico, Héctor Pesquera y el Secretario de Salud, Rafael Rodríguez Mercado, el número de muertos relacionados al huracán María son 64.

Recordemos que en aquel entonces, la catástrofe natural coincidió con un momento tenso entre la entonces Superintendente de la Policía de Puerto Rico, Michelle Hernández, y el secretario Pesquera en torno a sus áreas de jurisdicción de la policía. Esto llevó eventualmente a la renuncia de la Superintendente de su puesto. Dicho evento no puede pasar inadvertido, ya que es muy posible que este problema pudo haber incidido  en los esfuerzos de recuperación del país. Debería investigarse más al respecto.

Hay que decir que el Centro del Periodismo Investigativo (CPI) hizo una excelente labor al no perder de vista el asunto de los muertos. El 28 de septiembre de 2017, el CPI sacó a relucir el hecho de que el gobierno no estaba contabilizando debidamente la cantidad de muertos por el huracán. A pesar de la insistencia de Pesquera, para el 7 de diciembre de 2017, el CPI notó que el número real de muertos era muy superior al admitido por el gobierno. El CPI también reveló que, para sorpresa de los puertorriqueños, este asunto se estaba discutiendo con lujo de detalles en Estados Unidos, en parte gracias al Instituto de Estadísticas y el Center for Puerto Rican Studies de la Universidad de la Ciudad de Nueva York. He aquí su estudio:

Santos-Lozada, A. R., & Howard, J. T. (27 de diciembre de 2017). Estimates of excess deaths in Puerto Rico following Hurricane Maria. doi: 10.17605/OSF.IO/S7DMU. (Fecha de la versión 5).

Véase también un artículo de sus autores en enero de 2018 en respuesta a las objeciones de Pesquera.

El noticiero CNN buscó información de las muertes llamando a 112 funerarias en Puerto Rico, llegando a identificar (hasta el 19 de octubre) a cerca de 499 muertos, probablemente por el huracán María. En Estados Unidos, esto se ha convertido también en un problema político, en parte por los encontronazos del Presidente Trump con la alcaldesa de San Juan y por felicitar al gobierno de Puerto Rico por el número tan bajo de muertos.

Antes de entrar en el estudio de Harvard, quisiera hacer una cuasi defensa del Secretario de la Salud, cuyas palabras (me temo) se han sacado de contexto. El secretario dijo en un momento dado en septiembre de 2017 (poco después del paso del huracán):

Siempre, todos los días fallece gente por X o Y razón en los hospitales …

(Mueren) por sus condiciones, eso pasa todos los días; y te voy a decir algo más, pasó también cuando Katrina, pasó también en Harvey. Son cosas que no se pueden evitar. Todos los días en los hospitales fallecen pacientes.

La selección de palabras fue desafortunada, pero creo que sé qué quiso decir. Lo que él intenta expresar es que, cuando se buscan cuáles fueron las víctimas de María, no basta hacer un mero conteo de muertes que ocurren después. Tiene que haber una estimación cualitativa a ver si la muerte en cuestión fue por el huracán o por otras consideraciones (e.g. un ataque al corazón de alguien que se moriría de todas formas con o sin María), algo que ocurre todos los días y que coincide con desastres. Así que, para determinar un número oficial, hace falta una evaluación por caso. Sin embargo, aun dando esta interpretación por buena, hay que cuestionar que el secretario se suscriba a la cifra de 64 muertos, por lo que ha llevado a que varios políticos también le exijan la renuncia.

The New England Journal of Medicine

Logotipo de The New England Journal of Medicine

A pesar de la exótica insistencia del secretario Rodríguez Mercado de respaldar la cifra de 64 muertos, sí tiene razón cuando afirma que establecer una relación causal es muy difícil.  Lo que digo no debe verse como una defensa total de sus aserciones. Su noción de “muertes por María” parece referirse a las pérdidas humanas directas del huracán y que son constatables vía certificados de defunción. No tiene en cuenta las muertes indirectas causadas el huracán vía otros factores directos, falta de electricidad, comunicación, servicios médicos y agua. La falta de electricidad nada más, implica toda una serie de variantes de causas, desde inhalación de monóxido de carbono de las plantas eléctricas, hasta la falla de aparatos de los que muchos enfermos dependen. La falta de agua tiene implicaciones de salubridad, y así por el estilo.

En otras palabras, después de que Héctor Pesquera afirmó que la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín, era una irresponsable por decir que se estaban muriendo personas en Puerto Rico, resulta que ella tenía razón. Ahora son varios de los sectores del pueblo que le piden, correctamente, la renuncia a Pesquera.

Ahora, ¿qué tiene que decirnos el estudio en discusión? El artículo nos revela la metodología utilizada. De una muestra tomada de 3299 hogares en todo Puerto Rico (usando dos programas de computadoras que seleccionan los mejores hogares en cuestión), se les invitó a personas a llenar una encuesta. Estas entrevistas se dieron desde el 17 de enero al 24 de febrero del 2018. La virtud de estas entrevistas es que se concentraron más en las áreas montañosas y rurales, lugares donde era difícil la comunicación y la provisión de agua y energía eléctrica. La forma de la encuesta se encuentra en el apéndice del artículo (libremente disponible para el público) y todos los detalles de la selección de muestras su distribución en nuestro archipiélago, entre otros detalles.

Es bien interesante que entre los recursos utilizados por la encuesta, se encuentra OpenStreetMap, una especie de Wikipedia de mapas que está disponible al público y que es de código libre y abierto (pp. 3, A6). No señalo esto como una falla. Al contrario, es una virtud, porque provee referencias muy detalladas de los edificios, casas, calles, carreteras e, incluso, callejones y vías para correr bicicletas.

Dada la encuesta, se calculó la tasa de muertes que hubo del 20 de septiembre al 31 de diciembre del 2017 y se comparó con la del mismo periodo en el 2016. Estos últimos se obtuvieron de los datos del Departamento de Salud y fueron provistos por el Instituto de Estadísticas (pp. 3-4). Mediante sus cálculos, obtuvieron el siguiente resultado:

Our results indicate that the official death count of 64 is a substantial underestimate of the true burden of mortality after Hurricane Maria. Our estimate of 4645 excess deaths from September 20 through December 31, 2017, is likely to be conservative since subsequent adjustments for survivor bias and household-size distributions increase this estimate to more than 5000. (p. 6)

En otras palabras, el número de muertos no es 4,645, sino que debería ser más de 5,000. (Ese debió haber sido el titular de las noticias). Al contrario, el número 4,645 parece ser muy conservador y, a pesar de ello, muy distante de la cifra oficial de 64 muertos.

Es pertinente señalar, que aquí los investigadores tuvieron muy en cuenta la diversidad de posibles causas de estas muertes, no solo el paso del meteoro, sino todos los efectos que, a su vez, causaron las bajas de vidas: falta de comunicación y servicios médicos (la causa principal), falta de electricidad, situaciones de salubridad, entre otros. Por ende, es un panorama mucho más completo que el que presenta el gobierno hasta hoy.
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El estudio de George Washington

Nada de esto debió considerarse una sorpresa. El número de 64 muertos suena a lo que claramente es manipulación estadística típica del gobierno de Puerto Rico. Las protestas del Secretario de Seguridad, Pesquera, es señal cierta de que quieren convencer a la población y al mundo de que se tomaron todas las medidas apriopiadas para el paso del fenómeno, sin que hubiera duda de negligencia. Además, se convirtió en una especie de balón político de la administración nuevoprogresista para desacreditar a la alcaldesa de San Juan.

Inmediatamente después de que se dio a conocer el estudio de Harvard por los medios, el gobierno enfatizó que hay uno comisionado por este y que lo llevan a cabo científicos de la Universidad de George Washington,  específicamente el Milken Institute School of Public Health. Se supone que dicho estudio estuviera listo para darse a conocer, pero se ha atrasado su publicación.

No obstante ello, el equipo de George Washington publicó un comunicado respondiendo al publicado por Harvard. Allí, le dio la bienvenida a esta valiosa contribución, pero resalta unas diferencias metodológicas importantes, principalmente el hecho de que el de Milken no se basa en entrevistas, sino en certificados de defunción. Señala que el suyo será mucho más exacto, aunque ha sido marcadamente más tedioso. Según la organización, el estudio de Harvard tiene unas deficiencias,  ya al llevar a cabo la encuesta (dada la realidad del desastre) debió haber sido apropiado que los investigadores reportaran las muertes en intérvalos más amplios y, desde ahí, proveer un margen de incertidumbre.  La cifra de 4,600 cae dentro de ese margen, por lo que el número puede ser menor o mayor. El equipo de George Washington asegura que su método es mucho más certero y que va a proveer un margen de error más pequeño.

Como dicen en Castilla la Vieja, “¡Ya veremos!”

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USDA: Borrador de futuro etiquetado de alimentos OGM

Scientifically Illiterate VerifiedEn Puerto Rico, hay grupos y políticos muy conocido que han militado para exigir etiquetar los productos transgénicos. Hemos discutido un caso particular en el que un legislador proponía hacerlo para todo “organismo genéticament modificado”, pero el término estaba tan mal definido, que para todos los efectos, rotularía cada alimento que se venda en el supermercado. En ese mismo artículo presentamos nuestras objeciones al etiquetado en relación con este tema.  A esto añadimos que no ha habido ningún caso de etiquetado de transgénicos a nivel mundial que le haya servido al público. Al contrario, le ha echado gasolina a la propaganda antitransgénica y promovido la ignorancia científica en cuanto a la ingeniería genética de los alimentos.

En Estados Unidos, el proceso de permitir etiquetado de OGMs ha ido avanzando a pasos de tortuga, pero ha recorrido bastante camino. Por ejemplo, en el 2014, el gobierno de Vermont pasó una ley que requería etiquetar todo producto OGM y que entró en efecto en el 2016. En los productos vendidos en ese estado, aparece el aviso: “Partially produced with genetic engineering“.  Ese fue el primer paso. Después se ha intentado pasar en otros estados tales como California, en donde se derrotó la iniciativa de Proposition 37.

Como en Europa y en otros lugares, se podría extender estas legislaciones para el etiquetado, y puede ser que incremente el número de personas con tal solicitud a sus respectivas legislaturas. Esto llevaría a una política dispar entre estados por el etiquetado de productos, algo que encarecería la provisión de alimentos en Estados Unidos. Este problema llevó a que, en el 2016, el Presidente Barack Obama firmara una ley de etiquetado, en la que se aspira a que el gobierno federal uniforme esa práctica. A pesar de que esta era una medida hasta cierto punto de “consenso”, ambos lados del debate social se sintieron frustrados ante esta normativa debido a la ambigüedad de ciertos aspectos de su contenido.

La ley dispone que le toca al Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) diseñar una etiqueta que acompañe a los productos que contengan elementos derivados de la bioingeniería. En un periodo de dos años, la USDA debe ya tener la reglamentación apropiada para la regulación de estos alimentos en el mercado.

Recientemente, el 3 de mayo de este año (2018), la USDA sometió un borrador de la regulación con los diseños candidatos a ser usados para el etiquetado. Como dispone la ley, ahora el Departamento está abierto a la opinión del público al respecto hasta el 3 de julio.  He aquí los diseños en cuestión.

Símbolos: Candidatos 2-A

Símbolos: Candidatos 2-A

Símbolos candidatos: 2-B

Símbolos candidatos: 2-B

Símbolos candidatos: 2-C

Símbolos candidatos: 2-C

He aquí unas cuantas impresiones. En primer lugar, aun con la postura anti etiquetado que asumimos, encantan los diseños 2-A y 2-B. La selección de las iniciales “BE” y “Bioengineered”, me parecen acertadas, ya que el término es mucho más cercano a una política racional de regulación de alimentos bioingenierizados mediante transgénesis y ARNi. También me gusta que “BE” hace que la USDA no participe del término científica y legalmente confuso “GMO”. Además, la ventaja del uso de estos diseños es que no presentan un panorama sombrío de los alimentos productos de la bioingeniería, sino que sugierenn el bienestar del medio ambiente y la salud.

Aun con todo, en otro nivel, persiste cierta confusión. La ley, define “bioengineering” de la siguiente manera:

‘(1) BIOENGINEERING—The term ‘bioengineering’, and any similar term, as determined by the Secretary, with respect to a food, refers to a food—
‘‘(A) that contains genetic material that has been modified through in vitro recombinant deoxyribonucleic acid (DNA) techniques; and
‘‘(B) for which the modification could not otherwise be obtained through conventional breeding or found in nature.

Científicamente hablando, este término es demasiado ambiguo, ya que existen otras técnicas de bioingeniería tales como mutagénesis inducida y CRISPR. ¿Serán etiquetados también? ¿Serán etiquetadas también los productos orgánicos que sean resultado de mutagénesis inducida? Por tanto, el término “bioengineered” debe verse en este caso como uno legal para propósitos de regulación y no científico.

Por otro lado, algunos productores de alimento están preocupados por ciertas lagunas en la ley y la regulación, lo que les lleva a una cierta incertidumbre con relación a distinguir en unos casos específicos aquellos alimentos que requieren rotularse y los que no.

Non GMO

Etiqueta de que cierto alimento no contiene alimento OGM.

Otro grave defecto, mencionado por Amanda, la Farmer’s Daughter USA, es que deja la puerta abierta al fraude de los sellos de “Non-GMO Verified”, una medida que está ahí puramente para vender y, en ocasiones, vender más caro, sin beneficio alguno para los consumidores. En fin, hay todo tipo de productos que llevan el sello, creando la impresión equivocada de que en el mercado hay trigo OGM, o que hay lechuga OGM, o sal OGM, o agua OGM. Deben establecerse regulaciones que asuman mejor la orientación canadiense y de manera más firme, que prohiba colocarle el sello de “Non-GMO” a productos que no tienen equivalentes que sean o contengan elementos resultado de la ingeniería genética.

Veremos pronto cuáles determinaciones tomará la USDA en cuanto a las futuras regulaciones.  Seguramente, la discusión de la publicación del borrador y de los símbolos también son contenciosos.

El glifosato, Monsanto y el más reciente escándalo de la IARC – 2

 Número de la serie: 1

Declaración de conflictos de intereses: Este artículo no fue financiado por empresa alguna. A tono con lo que decimos en la sección del “Propósito del portal“, no hay conflictos de intereses asociados a este escrito.

mamyths

Campaña Marcha Contra Mitos. http://www.mamyths.org/

La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene una rama conocida como la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC por sus siglas en inglés) que colecta y evalúa información en torno a incidencias de cáncer en todo el mundo. Para ello, periódicamente, publica monografías en las que evalúa la peligrosidad (hazard) de un químico de producir cáncer por su cuenta o cuando se mezcla con otros químicos en el ambiente. Para ello hace una escala que identifica su grado de genotoxicidad (si afecta el genoma y posibilita el cáncer) de acuerdo a la evidencia disponible:

  • Grupo 1: Los químicos de este grupo son cancerígenos para los seres humanos.
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  • Grupo 2A: Los químicos de este grupo son probables cancerígenos para los seres humanos. Esto significa que hay suficiente evidencia  (pero limitada) de que el químico en cuestión produce algún tipo de cáncer a animales y que el mecanismo que lo hace posible también se halla presente en los seres humanos.
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  • Grupo 2B: Los químicos de este grupos son posibles cancerígenos para los seres humanos. Hay limitada, pero inadecuada, evidencia de que el químico en cuestión produce algún tipo de cáncer en animales.
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  • Grupo 3: Los químicos de este grupo no son clasificables como cancerígenos para los seres humanos. Hay evidencia limitada e inadecuada de que el químico sea cancerígeno para los seres humanos y para los animales.
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  • Grupo 4: Los químicos de este grupo no son genotóxicos.

Como dijimos en el primer artículo de nuestra serie, con base en este sistema de gradación de peligrosidad (hazard) de las sustancias, en el año 2015, anunció en The Lancet Oncology que radicaría una monografía, en torno a la posible genotoxicidad de una serie de sustancias, entre ellas, el glifosato. En la sección pertinente, nos dice lo siguiente:

For the herbicide glyphosate, there was limited evidence of carcinogenicity in humans for non-Hodgkin lymphoma. The evidence in humans is from studies of exposures, mostly agricultural, in the USA, Canada, and Sweden published since 2001. In addition, there is convincing evidence that glyphosate also can cause cancer in laboratory animals. On the basis of tumours in mice, the United States Environmental Protection Agency (US EPA) originally classified glyphosate as possibly carcinogenic to humans (Group C) in 1985. After a re-evaluation of that mouse study, the US EPA changed its classification to evidence of non-carcinogenicity in humans (Group E) in 1991. The US EPA Scientific Advisory Panel noted that the re-evaluated glyphosate results were still significant using two statistical tests recommended in the IARC Preamble. The IARC Working Group that conducted the evaluation considered the significant findings from the US EPA report and several more recent positive results in concluding that there is sufficient evidence of carcinogenicity in experimental animals. Glyphosate also caused DNA and chromosomal damage in human cells, although it gave negative results in tests using bacteria. One study in community residents reported increases in blood markers of chromosomal damage (micronuclei) after glyphosate formulations were sprayed nearby.

Este tipo de alegato sorprendió a la comunidad científica. Algunos especularon que tuvieron en cuenta el nefasto experimento de Séralini, pero los científicos esperaron a su eventual publicación en The Lancet, para ver de qué se trataba todo el asunto.   La monografía original (del 2015) no se encuentra, pero una revisión de esta ya está libremente disponible en línea. Las páginas que nos conciernen van de la 321 a la 412.

Myles Power

Myles Power en la actividad QED, 2015. Foto modificada del original. El original cortesía de Nederlandse Leeuw, de Wikimedia Commons.

La evidencia mostrada por la monografía revela que la situación es un tanto más modesta de lo que se pensaba. Estas observaciones que voy a hacer en el blog se basan en aquellas ya hechas por otros científicos. Los más notables a nivel popular son dos científicos vlogeros, Myles Power y James Gourney, quienes publicaron primero en su blog, The League of Nerds, en segundo lugar en su podcast y finalmente en el vlog de Myles Power. Lamentablemente, como ya la refutación de esta monografía está ampliamente disponible en el cibererspacio, este artículo que escribo será en su mayoría “un refrito” de lo que ellos y otros científicos han indicado.  De hecho, Gourney y Power resumen tan bien los problemas que tiene la monografía, que asumiremos casi la misma estructura de su argumento, aunque con notables diferencias en cuanto al contenido.

Nota: Myles Power produce vídeos informativos de alta calidad para el público. Me honro en decir que he sido su “patrón” en Patreon (en la medida que mi presupuesto lo ha permitido). Por favor, mediante su página en Patreon, colabore con él para que continúe su excelente labor de informar al público desde una perspectiva genuinamente escéptica y científica.

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El criterio de posible peligrosidad (hazard)

Una de las constantes quejas de la comunidad científica a la IARC es su criterio de peligrosidad (hazard) y no el de riesgo (risk). Esto es algo que han señalado también expertos reguladores. La crítica se incrementó significativamente, no a raíz de la crítica a su monografía sobre el glifosato, sino a partir de la manera en que esta organización incluyó la carne procesada en el Grupo 1. Esto significa que la carne procesada tiene  la misma peligrosidad (hazard) que:

  • el tabaco
  • el plutonio
  • el asbesto
  • el alcohol

Obviamente, algo está mal en este panorama. ¿Quiere decir esto que comer carne procesada conlleva “el mismo riesgo” que la exposición al asbesto o al plutonio? Evidentemente, no. La misma OMS se ha visto obligada a responder a muchas de estas inquietudes en torno a este tema, incluyendo el del consumo de carnes procesadas.

En otras palabras, en general, el público no entiende qué significa que una sustancia sea peligrosa “hazard“, el criterio por el que se deja guiar la IARC, y su diferencia con el nivel de riesgo. Al agrupar la carne procesada junto al plutonio, todo lo que quiere decir es que ambos son genotóxicos, pero eso no significa que tienen el mismo grado de genotoxicidad.  Como hemos explicado en otro lugar, la dosis hace al veneno. Lo mismo vale con los cancerígenos. El grado de genotoxicidad por la exposición a carne procesada es ínfimo comparado con el grado de genotoxicidad por la exposición al plutonio o al tabaco.

El grave defecto de estos criterios de la IARC es que no hace una distinción de grados de  riesgo (risk). El riesgo de obtener cáncer por exposición a radiación ionizante es mayor que el de comer carne procesada. El riesgo de obtener cáncer por tabaco o por asbesto es mayor que comer un emparedado de boloña, que es insignificante. Otro ejemplo, el alcohol (etanol) es cancerígeno y muchas de las bebidas embriagantes contienen carcinógenos adicionales tales como el acetaldehído. Pero …  por alguna razón, no hemos visto los que marchan contra el glifosato hacer un acto de resistencia contra las bebidas alcohólicas. Ninguno piensa dos veces en tomarse una cervecita en el chinchorro más cercano.

Es más, ni protestan contra el café, que además de contener una toxina tan o más potente que el naled, contiene ácido caféico, un posible cancerígeno, del que se ha obtenido evidencia de genotoxicidad. (Hirose et al.) No he visto manifestaciones en contra del café.  Al contrario, esta es la misma gente que apoya o suele trabajar voluntariamente en la cosecha del café puertorriqueño. No pienso que esto sea algo malo. Mientras más se coopere con nuestra languidaciente industria del café, mejor.  Yo seguiré consumiendo mi cafecito todas las mañanas. Sin embargo, me hace sonreír el doble estándar cuando aparece el tema del glifosato.

¿Qué piensan algunos miembros de la IARC al clasificar al glifosato como 2A? El portal de U. S. News publicó un artículo en que entrevistó a uno de los miembros de la IARC en torno al tema:

“I don’t think home use is the issue,” said Kate Guyton of IARC. “It’s agricultural use that will have the biggest impact. For the moment, it’s just something for people to be conscious of.”

También la Sociedad Americana del Cáncer se expresó sobre este problema y de cómo la clasificación de alguna sustancia como cancerígena no debería significar automáticamente una prohibición como política pública, ni debería ser evitada a toda costa.

¿Por qué?  Porque estamos expuestos a cancerígenos todo el tiempo.   Virtualmente casi todo lo que comemos tiene algún cancerígeno. Estamos inhalando cancerígenos, y hasta recibimos del sol radiación ionizante sobre nuestra piel. Como en todo, la dosis hace al veneno, por lo que nuestra invitación es siempre a la moderación. Recordemos que tanto en los alimentos convencionales como en los orgánicos, las toxinas y cancerígenos que contienen son producidos por los alimentos mismos (99.99 %); solo una cantidad ínfima (0.01%) es una aportación humana.

La exposición al glifosato parece ser algo de los que muchos de los miembros de la IARC no se preocupan mucho. El riesgo real, dice al menos un miembro, es en la producción agrícola; no es en el consumo ni en el uso cotidiano en los hogares. Sin embargo, como la organización no hace una evaluación de grado de riesgo (risk) sino que presenta evidencia de peligrosidad (hazard), su clasificación ha llevado a cierta gente a pensar que su uso debe ser evitado a toda costa. Partidos políticos, organizaciones ambientalistas, nutricionistas radiales y otros grupos, han puesto el grito en el cielo por el uso del glifosato por los municipios. Aunque esta práctica de eliminar malezas con el yerbicida debe ser bien regulada, aun si fuera cierto que fuera cancerígeno, no debería ser prohibido, ya que el riesgo de obtener cáncer de dicha sustancia es ínfimo, al menos de acuerdo con la IARC.

El organismo afirma que se ha detectado un ligero aumento de incidencias de cáncer por dosis. Pero, como todo buen investigador sabe, algunos animales como ciertas ratas de laboratorio son diferentes a los humanos. En ciertas especies, con tan solo darles vitamina C, desarrollan cáncer de la vegiga. Por esto, los modelos de animales suelen fallar frecuentemente si no se tienen unos aspectos en cuenta.

A la luz de esto, ¡qué actitud más extraña y anticientífica de algunos de los que marcharon contra Monsanto el pasado sábado 19 de mayo!

A pesar de esto, con todas las reservas ya mencionadas, los científicos tuvieron un problema muy serio aceptando las conclusiones de la IARC.
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Examen crítico de la monografía

El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania

Logotipo de El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania

Lo primero que varios científicos han resaltado es lo selectiva que fue la IARC a la hora de redactar su monografía. En primer lugar, la IARC solo quiso considerar aquellos informes  que estuvieran disponibles al público para evaluar la posible peligrosidad del glifosato.

En el proceso, excluyó algunos estudios de alta reputación y que no encontraban vínculo alguno entre el glifosato y el cáncer. Entre ellos se destaca el del Instituto Federal de Evaluación de Riesgos en Alemania (BfR), cuya colección de datos es la más amplia y abarcadora de todos los informes públicos (discutimos su informe en el artículo pasado de esta serie). A pesar de que este documento alemán ya estaba disponible en el 2014, la IARC lo ignoró para el 2015. Esta actitud de omisión no se limita al tema del glifosato. Reuters ha reportado sobre su omisión de estudios claves en torno al benceno.

Aun con lo que considera, algunos científicos afirmaron que en el mejor de los casos, la evidencia de que el glifosato es “probable cancerígeno” es escasa.

Aquí se encuentra una versión puesta al día del 2016 de la monografía original publicada en el 2015. Según la IARC, todavía refleja la opinión del primer escrito. La persona que desee leerla, puede hacerlo y seguir la discusión.  Ahora nos esforzaremos por examinar los elementos de la monografía que llevaron a la IARC a calificar al glifosato de probable carcinógeno.

¡Veamos!

Detective

El comunicado de prensa publicado en The Lancet Oncology (Guyton et al.) nos da una pista de los estudios utilizados por la IARC para justificar su punto. Esencialmente utiliza una serie de alegatos basados en estudios claves para sustentar sus conclusiones. Siguiendo a Gourney y a Power, podemos enumerar los seis alegatos y cómo la IARC los trata en su monografía.
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Primer alegato

In male CD-1 mice, glyphosate induced a positive trend in the incidence of a rare tumour, renal tubule carcinoma. (Guyton et al. 491)

There was a positive trend in the incidence of renal tubule carcinoma and of renal tubule adenoma or carcinoma (combined) in males in one feeding study in CD-1 mice. (IARC 396)

La monografía se refiere a este documento en particular de la EPA de abril de 1985. En  él, se hace referencia a dos estudios en particular. En uno, se suministró a 50 ratones CD-1® machos y 50 hembras alimento con glifosato por un periodo de dos años.  Esto produjo un resultado de 5 ratones machos con cáncer renal en los que consumieron mayor cantidad de alimentos con glifosato. Esto lo hace el 10% del total. Sin embargo, posteriormete, se notó en otro informe de diciembre de 1985 que  en realidad, uno de esos tumores era del grupo control, no del grupo experimental. Dado este hecho, este último informe de la EPA afirma que no había diferencia significativa entre las incidencias del grupo control y el experimental.

¿Cómo la IARC evaluó el experimento? Solo haciéndole caso al de abril y comparándolo con otro estudio  en el que la incidencia de cáncer en ese experimento fue de 1 ratón CD-1® de 725 en total o 0.13 % (Chandra y Frith).

En palabras simples, lo que hizo la IARC fue ignorar el hecho de que en el experimento al que se refiere la EPA, a los ratones CD-1® les ocurren estas incidencias de cáncer, aun cuando fueran del grupo control. Los resultados muestran que no hubo diferencia estadística significativa entre el grupo control y el grupo experimental. Y así lo reconoce la IARC, pero añade:

The pathology report for these additional sections (EPA, 1985b) indicated the same incidence of renal tubule adenoma as originally reported, with no significant increase in incidence between the control group and treated groups by pairwise comparison. However, as already reported above, the test for linear trend in proportions resulted in a significance of P = 0.016. (353)

Sin embargo, debido a la normativa adoptada para seleccionar el puñado de estudios en relación con el glifosato, ignora por completo un informe de 1993 no publicado, disponible para las autoridades públicas, incluyendo a la OMS (Atkinson et al.), en donde se hizo un experimento semejante. Allí se demostraba que no hubo diferencia significativa entre ratones de grupo experimental y grupo control por consumo de glifosato.

Lo interesante de todo este asunto es que aun cuando se alega que no se tuvo en cuenta a Atkinson et al. por no estar disponible al público, la OMS lo tuvo en cuenta para un informe conjunto con la Organización de Alimentos y Agricultura (FAO) del 2004 y publicado en el 2006. Resume el estudio en las páginas 121-122 y concluye:

Owing to the lack of a dose–response relationship, the lack of statistical significance and the fact that the incidences recorded in this study fell within the historical ranges for controls, these changes are not considered to be caused by administration of glyphosate.

In conclusion, administration of glyphosate to CD-1 mice for 104 weeks produced no signs of carcinogenic potential at any dose. (WHO 122, mi énfasis)

Este informe estaba a su alcance y disponible, aunque no fuera público. ¿Por qué la IARC no utilizó las conclusiones de ese informe de la OMS/FAO?

Además, también hubo una nueva revisión de los datos del experimento al que se refieren los informes de la EPA, y esta agencia estadounidense volvió a radicar un informe en 1986. Allí observó lo siguiente:

This PWG firmly believes and unanimously concurs with the original pathologist and reviewing pathologist that the incidences of renal tubular-cell neoplasms in this study are not compound [glifosato] related. (8, mi énfasis)

Spontaneous chronic renal disease is commonly seen in aged mice. It consists of a spectrum of lesions which may occur individually or in various combinations in any particular kidney. Individual lesions reported by the OP [patólogo original] in this study and listed in his updated report may be components of this complex. Chronic interstitial nephritis, a term used by the OP, is a summary and redundant diagnosis which encompasses several of the individual components and should not be singled out for statistical analysis.

Many animals in this study had proliferative, cystic lesions of the parietal layer of Bowman’s capsule and of the proximal convoluted tubules. Those changes were apparently more severe in control than treated animals.

Based on the review of all high dose and control male kidneys, and the PWG did not observe an increase in incidence of severity of non-neoplastic lesions in the kidney of high dose animals. The PWG concurs with OP that there is no evidence that these lesions were compound [glifosato] induced or related. (9, énfasis del original, mis negrillas)

A pesar de esto, por alguna razón, la IARC, aun citando este informe de la EPA de 1986, se empecina en referirse a una “tendencia positiva” que supuestamente está relacionada con la dosis, aun cuando el grupo de la IARC reconoce que las incidencias de los tumores no son estadísticamente significativas.  (350-353) Y a la luz de otros experimentos, la evidencia sugiere fuertemente que el glifosato no fue la causa de esta “tendencia lineal positiva”, aun si tuviéramos en cuenta el estudio de Chandra et al.
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Segundo alegato

Glyphosate increased pancreatic islet-cell adenoma in male rats in two studies. (Guyton et al. 491)

Additional analyses by the EPA (1991a) (using the Cochran–Armitage trend test and Fisher exact test, and excluding rats that died or were killed before week 55) revealed a statistically significant higher incidence of pancreatic islet cell adenoma in males at the lowest and highest doses compared with controls: lowest dose, 8/45 (18%; P = 0.018; pairwise test); intermediate dose, 5/49 (10%); highest dose, 7/48 (15%; P = 0.042; pairwise test) versus controls, 1/43 (2%). (IARC 360, nuestro enlace añadido; ver también p. 396)

Rata Sprague-Dawley

Rata Sprague-Dawley. Foto cortesía de Jean-Etienne Minh-Duy Poirrier. CC-BY-SA 2.0 Gen.

Sobre el primer estudio en que muestra el incremento de tumores de células de los islotes pancreáticos en Sprague-Dawley™ machos, especialmente uno de ellos que la IARC describe como una “tendencia positiva significativa en incidencias de adenoma hepatocelular”. ¿Es esto indicativo de algo serio?

Muy buena pregunta, a la que la IARC misma responde (¡sorprendentemente!) de la siguiente manera:

The range for historical controls for pancreatic islet cell adenoma reported in males at this laboratory was 1.8–8.5%. [The Working Group noted that there was no statistically significant positive trend in the incidence of these tumours, and no apparent progression to carcinoma.] There was also a statistically significant positive trend in the incidence of hepatocellular adenoma in males (P = 0.016) and of thyroid follicular cell adenoma in females (P = 0.031). [The Working Group noted that there was no apparent progression to carcinoma for either tumour type.] (IARC 350-360, mi énfasis)

En otras palabras, este experimento no cuenta como evidencia de que el glifosato contribuye a la formación de tumores. Cuando nos preguntamos, entonces, por qué la IARC tuvo en cuenta este estudio para clasificar el glifosato como probable cancerígeno, nos sentimos como Lipio.

Lipio

Lipio confundido (De vídeo del Club de Sunshine, cortesía de Tocino.tv)

De hecho, el informe de la OMS/FAO del 2006 también hace referencia a este experimento y concluye de la misma manera que la IARC:

The incidences of this lesion were 1 out of 58 (2%), 8 out of 57 (14%), 5 out of 60 (8%), and 7 out of 59 (12%) in males in the control group and at the lowest, intermediate and highest dose, respectively. The historical-control range for this tumour at the testing laboratory was 1.8–8.5%, but a partial review of studies reported recently in the literature revealed a prevalence of 0–17% in control males with several values being ≥ 8%. More importantly, the incidences of islet cell adenomas clearly did not follow a dose-related trend in the treated groups of males, as indicated by the lack of statistical significance in the Peto trend test. It should be noted that there was also considerable inter- group variability in the numbers of females with this tumour (5 out of 60, 1 out of 60, 4 out of 60 and 0 out of 59 in the control group and at the lowest, intermediate and highest doses, respectively). There was no evidence of dose-related pancreatic damage or pre-neo-plastic lesions. The only pancreatic islet cell carcinoma found in this study occurred in a male in the control group, thus indicating a lack of treatment-induced neoplastic progression. Taken together, the data support the conclusion that the occurrence of pancreatic islet cell adenomas in male rats was spontaneous in origin and unrelated to administration of glyphosate. (WHO 126, mi énfasis)

Pues, ahí quedó la IARC dejándonos muchas preguntas en torno a la consideración de estos experimentos para colocar el glifosato en la clasificación 2A.
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Tercer alegato

A glyphosate formulation promoted skin tumours in an initiation-promotion study in mice. (Guyton et al. 491)

Groups of 20 male Swiss mice [age at start not reported; body weight, 12–15 g] were given a glyphosate-based formulation (glyphosate, 41%; polyethoxylated tallowamine, ~15%) (referred to as glyphosate in the article) that was dissolved in 50% ethanol and applied onto the shaved back skin. (George et al., 2010) … All mice were killed at 32 weeks. Skin tumours were observed only in group III (positive control, DMBA + TPA, 20/20) and group VIII (DMBA + glyphosate, 8/20; P < 0.05 versus
group VI [DMBA only, 0/20]. (IARC 354)

Para explicar lo que dice aquí, consideremos que el experimento del que habla consiste en ocho grupos de ratas Sprague-Dawley® y se expusieron a distintas dosis y combinaciones de sustancias.  Además del glifosato, pusieron a prueba también una sustancia llamada 12-O-tetradecanoylphorbol-13-acetato (TPA), que es un propiciador de tumores, y un cancerígeno llamado, 7,12-Dimethylbenz(a)anthraceno (DMBA). En seis de los casos (incluyendo a aquellos en los que se administró glifosato) no hubo señal de cáncer de la piel.  Solo hubo casos de cáncer en dos de los grupos: el grupo III, que combinaba el DMBA con el TPA y el grupo VIII en el que se combinó el DMBA con el glifosato. La monografía procede a contrastar este último grupo con el VI (en el que solo se administró DMBA). Dado que en el grupo VI no hubo incidencias y en el VIII sí, entonces eso podría querer decir que el glifosato, de alguna manera, produjo el tumor de piel. Nos dicen los autores de la IARC:

The glyphosate formulation tested appeared to be a tumour promoter in this study. (354)

Uno diría, ¡AJÁAAAAA!  ¡FINALMENTE TENEMOS LA EVIDENCIA DE QUE EL GLIFOSATO ES CANCERÍGENO!

Toribio (Kakukómicos)

Toribio (Kakukómicos)

No obstante nuestro regocijo, todo este entusiasmo se desvanece, cuando vemos lo próximo que tiene que decir la monografía.

The design of the study was poor, with short duration of treatment, no solvent controls, small number of animals, and lack of histopathological examination. The Working Group concluded that this was an inadequate study for the evaluation of glyphosate. (354, mi énfasis)

Asi que el valor de este experimento para conocer los efectos del glifosato es exactamente ninguno.
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Cuarto alegato

A second study reported a positive trend for haemangiosarcoma in
male mice. (Guyton et al. 491).

La IARC hace referencia a un experimento reportado en el informe de la OMS/FAO del 2006. (WHO 122-123)  El equipo nota también que hay una tendencia positiva al aumentar la dosis. Sin embargo, nos dice lo siguiente:

In another study reported to the Joint FAO/WHO Meeting on Pesticide Residues (JMPR), groups of 50 male and 50 female CD-1 mice [age at start not reported] were given diets containing glyphosate…. There was an increase in the incidence of haemangiosarcoma in males – 0/50, 0/50, 0/50, 4/50 (8%) [P < 0.001, Cochran–Armitage trend test], and in females – 0/50, 2/50 (4%), 0/50, 1/50 (2%) [not statistically significant], and an increase in the incidence of histiocytic sarcoma in the lymphoreticular/haemopoietic tissue in males – 0/50, 2/50 (4%), 0/50, 2/50 (4%), and in females – 0/50, 3/50 (6%), 3/50 (6%), 1/50 (2%) [not statistically significant for males or females]. (IARC 353, mi énfasis)

Acto seguido nos dice que este informe “es adecuado”. Este es el momento en que nos rascamos la cabeza confundidos.  No nos dice cuál era la edad inicial de los ratones CD-1®. ¿No sería esto pertinente para poder explicar las instancias de hemangiosarcoma? Además, la misma OMS y la FAO nos dicen de este experimento:

Owing to the lack of a dose–response relationship, the lack of statistical significance and the fact that the incidences recorded in this study fell within the historical ranges for controls, these changes are not considered to be caused by administration of glyphosate. (WHO 122)

Así que el glifosato no es responsable del incremento de hemangiosarcoma en los ratones, contrario a la interpretación de la IARC.
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Quinto alegato

Case-control studies of occupational exposure in the USA, Canada, and Sweden reported increased risks for non-Hodgkin lymphoma that persisted after adjustment for other pesticides. (Guyton et al. 491)

Two large case–control studies of NHL from Canada and the USA, and two case–control studies from Sweden reported statistically significant increased risks of NHL in association with exposure to glyphosate. For the study in Canada, the association was seen among those with more than 2 days/year of exposure, but no adjustment for other pesticides was done. The other three studies reported excesses for NHL associated with exposure to glyphosate, after adjustment for other pesticides  (IARC 395)

Es decir, la IARC excluye el estudio de Canadá, pero valida los otros tres. Aquí podríamos encontrar evidencia del alegato central para la calificación de 2A: que hay evidencia  suficiente de que el glifosato produzca linfoma no hodgkiniano (NHL por sus siglas en inglés).  Veamos los tres estudios en cuestión.

Veamos por qué la OMS y la FAO no dicen esto.
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Primer estudio: McDuffie et al.

Este es un estudio canadiense, en el que los autores demuestran de manera limitada que la presencia de NHL de gente expuesta al glifosato era proporcional a la cantidad de glifosato administrada. El estudio dice:

Table 8 shows the frequency of exposure to selected individual herbicides, insecticides, fungicides, and fumigants, stratified by the average number of days per year of exposure. In general, the results of these dose-response analyses are consistent with the exposed/nonexposed findings. Those compounds for which we found statistically significant case-control differences also have elevated ORs based on strata of the variable “days per year of exposure” (mecoprop, dicamba, malathion, DDT, captan, carbon tetrachloride, and sulfur). The
exceptions were 2,4-D, for which there was no dose-response relationship, and glyphosate, which was not significant for exposure but for which we demonstrated a dose-response relationship. (1160, mi énfasis)

Esto de por sí, ya parece importante para su caso.  Sin embargo, cuando examinamos este párrafo atentamente, nos damos cuenta que no se controló debidamente para excluir otros factores. La carencia de control se “justifica” debido a que la exposición no era significativa. Sin embargo, no podemos estar seguros ahora si el glifosato causó el NHL, porque no hubo los debidos controles.

Este fue un serio defecto señalado por el informe OMS/FAO del 2006.

Widely used pesticides, like glyphosate, have recently become a focus of epidemiological research. In the past few years several epidemiological studies have been published that reported weak associations of glyphosate with lymphopoeitic cancers (Nordstrom et al., 1998; Hardell & Erikson, 1999; McDuffie et al., 2001) … However, the results of these studies do not meet generally accepted criteria from the epidemiology literature for determining causal relationships. Generally, the associations were rather weak and rarely statistically significant. Control for potential confounding factors, including other pesticides, was not possible owing to limited available information and small numbers of subjects. It was not measured whether there actually was any internal exposure or the extent of such exposure and, accordingly, a possible dose–response relationship could not be evaluated. (WHO 157, mi énfasis)

En otras palabras, esto debería considerarse evidencia insuficiente del vínculo entre la exposición al glifosato y las incidencias de NHL. McDuffie et al. no puede utilizarse para establecer relación causal.
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Segundo estudio:  Eriksson et al.

Este estudio publicado en el 2008, tiene una muestra extremadamente limitada de  29 exposiciones y 18 del grupo control. Doce personas estuvieron expuestas al glifosato en menos de 10 días y 17 más de 10 días. ¿Resultado? Hubo un incremento de incidencias de NHL a mayor exposición.

¿Cantamos “Eureka”?  Difícilmente.  Primero, la IARC no pudo excluir la posibilidad de la intervención de otros factores, aunque, según esta agencia de salud, el estudio controló para estas variables (IARC 347). Sin embargo, uno de los problemas principales fue que la muestra no era lo suficientemente grande y su exposición era de solo días.  Un informe de la Autoridad de Protección Ambiental de Nueva Zelanda deja muy bien establecido el problema de que estos datos no eran lo suficientemente fiables para establecer con seguridad una relación causal entre el pesticida y el incremento de NHL, ya que los participantes (suecos) variaban en edad (18-74 años). A esta agencia le pareció curioso que la IARC caracterizaba este estudio como un “large study”  sin añadir que la muestra de las exposiciones al herbicida era realmente pequeña. (Environmental Protection Authority 3)  Otros artículos, especialmente uno comisionado por Monsanto, han indicado que el grupo que tuvo más de 10 días de exposición no fue debidamente controlado para considerar otros pesticidas. También señalan que hay un prejuicio sistemático en dicho estudio, debido a que cada uno de los pesticidas evaluados fue relacionado con el NHL, algo que es improbable (Acquavella et al. 36).

En resumen, la IARC parece intentar usar Eriksson et al. como evidencia “satisfactoria” de que puede haber un vínculo causal entre el glifosato y el NHL, a pesar de que tiene serias deficiencias y no fue debidamente controlado. Eriksson et al. es un estudio grande y que considera distintos persticidas (como afirma la IARC), pero cuando trata del glifosato como tal, la muestra es demasiado pequeña y no hubo los debidos controles.
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Tercer experimento: De Roos et al. (2003)

Este es un estudio que examinó el efecto de 47 pesticidas, entre ellos, el glifosato. (De Roos, “Integrative”) ¿Cuántas personas formaron parte de las muestras? Eran 36 personas y 69 controles, en los que se detectó una diferencia en NHL. (5)  Una vez más, estamos ante exactamente el mismo problema de Eriksson et al., la muestra es demasiado pequeña para inferir una relación causal. Nos dice la IARC:

The strengths of this study when compared with other studies are that it was large,  population-based, and conducted in farming areas. Potential confounding from multiple exposures was accounted for in the analysis.  (336, 346)

¡¿Otra vez?! No hay duda de que el estudio abarca un gran número de la población. Sin embargo, en lo que concierne específicamente al glifosato, la muestra no es tan grande. De hecho, es ínfima. ¿Por qué en esta ocasión la IARC no reconoció, como en otras ocasiones, que la evidencia en este caso era limitada?

¿Qué hace falta entonces? Algo que Anneclaire J. De Roos y sus colegas se dieron cuenta, pero que, por alguna razón, la IARC no:  que hace falta un estudio de cohorte. Es decir, hace falta estudiar una población sustancialmente grande (cohorte), con los debidos controles, para conocer el efecto de una sustancia específica sobre dicha población. Por eso, llevó a cabo otro estudio publicado en el 2005. (De Roos et al., “Cancer Incidence”)

Este es un artículo muy importante debido a que los estudios de cohorte se consideran de mayor calidad, y más cuando están debidamente controlados. El escrito tiene en cuenta los datos de una población de 57,311 personas (agricultores) ¿Pudo De Roos encontrar relación entre el glifosato el NHL?  Veamos lo que dice el resumen:

Glyphosate exposure was not associated with cancer incidence overall or with most of the cancer subtypes we studied. (49)

El texto aclara que no hay asociación alguna entre el glifosato y el NHL (52).

Nota aparte: Ahora bien, no se puede ignorar un pequeño detalle de ese estudio: hubo un pequeño número de casos de mieloma múltiple (MM). De Roos y su equipo señalaron qur el estudio sugiere tal asociación, pero también notó que el número de casos no es lo suficientemente significativo para enlazar al pesticida con la enfermedad. Además, menciona que el MM es muy común en la práctica de la agricultura. Los autores recomendaron más investigación en cuanto a esta posibilidad (De Roos et al., “Cancer Incidence” 51-53). Finalmente, en una respuesta a un estudio comisionado por Monsanto, estos mismos autores afirmaron que los estimados de casos de MM eran informativos, pero no eran precisos. Por ende, el proyecto de la Agricultural Health Study (AHS), que recopiló los datos en cuestión, debía atemperarse para ver si había alguna vinculación causal (Burstyn y De Roos). Dicho estudio de la investigación salió recientemente el año pasado y no encontró asociación alguna entre el glifosato y el MM (Andreotti et al., 515).

Volviendo a la monografía de la IARC, esta tiene como referencia a De Roos 2005 (331, 335) y correctamente decide no incluir los casos de mieloma múltiple por ser una evidencia muy limitada. Es más (y esto sorprende), coincide con un análisis hecho por un estudio comisionado por Monsanto (of all people!) sobre los problemas de asociar el glifosato con el MM (IARC 335). Sin embargo, se olvidó (¿convenientemente?) de que este estudio de cohorte no halló vínculo alguno entre el glifosato y el NHL. Por ser de cohorte, se supone que este estudio tenga prioridad sobre el estudio de De Roos et al. del 2003, pero sorprendentemente la IARC no da este paso. ¿Por qué?

Es un asunto bien curioso, porque aunque no cita la fuente, también hace referencia al experimento de cohorte en su comunicado de prensa y la IARC dice explícitamente que este experimento no halló evidencia alguna de enlace causal entre el glifosato y el NHL. (Guyter et al. 491)
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Conclusión en cuanto al trato de la IARC a los tres experimentos

La evidencia provista por todos estos tres estudios es seriamente limitada y no pueden usarse para establecer vínculo alguno entre el glifosato y el NHL.  En todos los casos, inexplicablemente la IARC falla en señalar que los estudios son limitados o que hay unos de mejor calidad que no encuentran evidencia alguna de relación causal entre el glifosato y el NHL.

Si están irritados por esto, lamento informarles que el colmo está por venir.
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Sexto alegato

One study reported increases in blood markers of chromosomal damage (micronuclei) in residents of several communities after spraying of glyphosate formulations. (Guyter et al. 491)

Bolognesi et al. (2009) studied community residents (137 women of reproductive age and their 137 spouses) from five regions in Colombia…. The frequency of micronucleus formation in peripheral blood lymphocytes was significantly increased, compared with baseline levels in the same individuals, after aerial spraying with glyphosate-based formulations in each of the three regions. (IARC 365-366)

One of these studies examined chromosomal damage (micronucleus
formation) in circulating blood cells before and after aerial spraying with glyphosate-based formulations and found a significant increase in micronucleus formation after exposure in three out of four different geographical areas (IARC 397)

Esta vez no soy yo el que va a refutar este alegato.  Dejaré que el autor principal del estudio, Keith R. Solomon, lo diga en una entrevista en la que vehementemente declaró sobre la IARC:

They stated there was evidence of genotoxicity and they quoted one paper to support that statement … There’s no evidence that glyphosate is genotoxic…. They (IARC) got this totally wrong. They said the study showed there was a relationship…. It’s certainly a different conclusion than the one we came to. (Mi énfasis. Véase también el resumen del estudio).

¡Ouch!

Vergüenza ajena

¿Pero de dónde sale entonces que la IARC interpreta esto como evidencia “suficiente” para clasificar al glifosato como 2A?  Para empeorar la situación, la misma IARC nos indica por qué Solomon y su equipo llegaron a la conclusión opuesta. Se trata del estudio de una comunidad colombiana que fue afectada por la aspersión de glifosato en plantaciones de coca.  ¿Están preparados para ver cómo la IARC interpreta los resultados? Respiren hondo …

… the increase in frequency of micronucleus formation observed immediately after spraying was not consistent with the rates of application used in the regions, and there was no association between self-reported direct contact with pesticide sprays and frequency of binucleated cells with micronuclei. (IARC 366)

¡¿Qué ca…rayos le pasa a la IARC?!
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Conclusión

Podemos resumir la evidencia acumulada por la IARC en cuanto a los estudios presentados y evaluados:

  • Utiliza el criterio de posible peligrosidad (hazard), pero no mide el grado de riesgo (risk) de las sustancias evaluadas.  Por ende, el público y funcionarios gubernamentales se desorientan en torno a si una sustancia tiene un nivel de genotoxicidad significativo o si el riesgo para la población es ínfimo.  Esto de por sí es un problema a la hora de establecer una sana política pública.
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  • La IARC ignoró experimentos que fueron considerados previamente válidos por la OMS y la FAO supuestamente porque no estaban públicamente disponibles. Esto le llevó a contar como positivo el incremento de incidencias de cáncer en unos animales de laboratorio.
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  • La IARC parece haber ignorado los informes del organismo del que forma parte, la OMS, que llegaba a conclusiones distintas a la de su monografía.
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  • Por esa misma razón, la IARC descartó la colección más amplia en torno al glifosato, documento que fue forjado por El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania.
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  • La IARC inexplicablemente contó como “suficiente” los estudios o colecciones de datos que utilizaron muestras pequeñas o no debidamente controladas.
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  • En un caso específico, prefirió un estudio más deficiente a expensas de uno de cohorte.
    .
  • La IARC contó como “suficiente” evidencia de probable  genotoxicidad un estudio que llegó a la conclusión opuesta.

¡No en balde la comunidad científica y las agencias reguladoras a nivel mundial estuvieron furiosas ante las conclusiones de la monografía!

¿Qué movió a la IARC a actuar de esta manera? Ese será el tema de nuestro próximo artículo de nuestra serie.

Fun fact:. ¿Sabían ustedes que la monografía de la IARC descartó el experimento de Séralini y dijo que era muy deficiente? (355)  Le dedico este “Fun fact” a todos aquellos que, para mostrar que el glifosato es “altamente tóxico”, utilizan simultáneamente el experimento de Séralini y la monografía de la IARC “como evidencia”.

Referencias

Acquavella, John, et al. “Glyphosate Epidemiology Expert Panel Review: A Weight of Evidence Systematic Review of the Relationship Between Glyphosate Exposure and Non-Hodgkin’s Lymphoma or Multiple Myeloma”. Critical Reviews in Toxicology. vol 46, núm. S1, 28 de septiembre de 2016, pp. 28-43. doi:  10.1080/10408444.2016.1214681.

Ames, Bruce N., Margie Profet y Lois Swirsky Gold. “Dietary Pesticides (99.99% All Natural)”. Proceedings for the National Academy of Science, vol. 87, octubre de 1990, pp. 7777-7781,

Andreotti, Gabriella, et al. “Glyphosate Use and Cancer Incidence in the Agricultural Health Study”. Journal of the National Cancer Institute, vol. 110, núm. 5, 1 de mayo de 2018, pp. 509–516. doi: 10.1093/jnci/djx233

Atkinson, C. et al. “Glyphosate: 104 Week Dietary Carcinogenicity Study in Mice”. Unpublished report núm. 7793, 1993.

Bolognesi, C. et al. “Biomonitoring of Genotoxic Risk in Agricultural Workers from Five Colombian Regions: Association to Occupational Exposure to Glyphosate”. Journal of Toxicology and Environmental Health. Part A, vol. 72, núms. 15-16, 2009, pp. 986-997. doi: 10.1080/15287390902929741.

Burstyn, Igor y Anneclaire J. De Roos. “Visualizing the Heterogeneity of Effects in the Analysis of Associations of Multiple Myeloma with Glyphosate Use. Comments on Sorahan, T. Multiple Myeloma and Glyphosate Use: A Re-Analysis of US Agricultural Health Study (AHS) Data”. Int. J. Environ. Res. Public Health 2015, 12, 1548–1559″. International Journal of Environ Research and  Public Health, vol. 14, núm. 1, enero de 2017, pág. 5. doi: 10.3390/ijerph14010005.

Chandra, M. y C. H. Frith. “Spontaneous Renal Lesions in CD-1 and B6C3F1 Mice”. Experimental and Toxicologic Pathology, vol. 46, núm 3, 1994, pp. 189–198. doi: 10.1016/S0940-2993(11)80080-1.

Cressey, Daniel. “Widely Used Herbicide Linked to Cancer”. Nature. doi: 10.1038/nature.2015.17181.

De Roos, A. J. et al. “Cancer Incidence among Glyphosate-Exposed Pesticide Applicators in the Agricultural Health Study”. Environmental Health Perspectives, vol. 113, núm. 1, enero de 2005. pp. 49–54. doi: 10.1289/ehp.7340.

—. “Glyphosate Results Revisited: De Roos et al. Respond”. Environmental Health Perspectives, vol. 113, núm. 6, junio de 2005. pp. A366–A367. doi:

—. “Integrative Assessment of Multiple Pesticides as Risk Factors for Non-Hodgkin’s Lymphoma Among Men”. Occupational and Environmental Medicine, vol. 60, e11, 2003. doi: 10.1136/oem.60.9.e11.

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Eriksson, M. et al. “Pesticide exposure as risk factor for non-Hodgkin lymphoma includinghistopathological subgroup analysis”. International Journal of Cancer, vol. 123, 2008. pp. 1657–1663

George, J. et al. “Studies on glyphosate-induced carcinogenicity in mouse skin:
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Guyton, Kathryn T. et al. “Carcinogenicity of Tetrachlorvinphos, Parathion, Malathion, Diazinon, and Glyphosate”. The Lancet Oncology, vol. 16, núm. 5, pp. 490–491, doi: 10.1016/S1470-2045(15)70134-8.

Hirose, M. et al. “Carcinogenicity of Antioxidants BHA, Caffeic Acid, Sesamol, 4-Methoxyphenol and Catechol at Low Doses, Either Alone or in Combination, and Modulation of Their Effects in a Rat Medium-Term Multi-Organ Carcinogenesis Model”.  Carcinogenesis, vol. 19, núm. 1, 1 de enero de 1998, pp. 207–212. doi: 10.1093/carcin/19.1.207.

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McDuffie, Helen H. et al. “Non-Hodgkin’s Lymphoma and Specific Pesticide Exposures in Men”. Cancer Epidemiology, Biomarkers and Prevention, vol. 10, núm. 11, noviembre de 2001, pp. 1155–1163.

Solomon, Keith R. et al. “Coca and Poppy Eradication in Colombia: Environmental and Human Health Assessment of Aerially Applied Glyphosate”. Reviews of Environmental Contamination and Toxicology, vol. 190, 2007. pp. 43-125. doi: 10.1007/978-0-387-36903-7_2.

Sorahan, Tom. “Multiple Myeloma and Glyphosate Use: A Re-Analysis of US Agricultural Health Study (AHS) Data”. International Journal of Environ Research and  Public Health, vol. 12, núm. 2, pp. 1548–1559. doi: 10.3390/ijerph120201548.

Tarone, Robert E. “On the International Agency for Research on Cancer Classification of Glyphosate as a Probable Human Carcinogen.” European Journal of Cancer Prevention : the Official Journal of the European Cancer Prevention Organisation. vol. 27, núm. 1, enero de 2018, pp. 82-87. doi: 10.1097/cej.0000000000000289.

World Health Organization (WHO). Pesticide Residues in Food – 2004: Joint FAO/WHO Meeting on Pesticide Residues. Evaluations 2004. Part II—Toxicological. World Health Organization, 2006. http://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/43624/9241665203_eng.pdf;jsessionid=90CB9E7F084653F583866B79422987F6?sequence=1

La FDA aprueba el arroz dorado

Instituto Internacional de Investigación del Arroz

Logotipo del Instituto Internacional de Investigación del Arroz

Hoy, el Instituto Internacional de Investigación del Arroz (IRRI por sus siglas en inglés) comunicó a la prensa que, en Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Drogas (FDA) ha aprobado, para el consumo, el arroz dorado, un transgénico que produce β-caroteno, un antecesor de la vitamina A. Este comunicado se dio al recibir una carta de la FDA fechada el 24 de mayo de 2018 (ayer) en la que afirma que, a partir de la evidencia que se tiene y ha dispuesto IRRI, no hay problemas de seguridad para su consumo humano o animal (en caso que estuviera presente en sus alimentos).

El arroz dorado es un producto transgénico que produce β-caroteno con el objetivo de que provea a sus consumidores vitamina A. El público asiático más pobre consume el arroz, por su abundancia en ese continente y su bajísimo costo. Sin embargo, tal alimento solo le provee de carbohidratos, pero no muchos nutrientes. Como resultado, sin acceder a mejores alimentos nutritivos, muchos caen en la deficiencia de vitamina A (DVA), llevándoles (especialmente a los niños) a la ceguera y, más adelante, la muerte. Por el momento, hay diversos programas de desarrollo de alimentos con β-caroteno o vitamina A como nutrientes, para aliviar el problema a nivel mundial, específicamente Asia y África.

De la producción del nutriente, el arroz obtiene su aspecto “dorado”.  Debido a que esta es una iniciativa humanitaria, las compañías que tienen patentes sobre las tecnologías usadas para crearlo,han renunciado a ellas para permitir su producción por parte de agricultores que generen $10,000 estadounidenses o menos. Ellos podrán sembrarlo gratuitamente y guardar sus semillas si así lo desean.

Arroz dorado

Arroz dorado (Foto cortesía del International Rice Research Institute)

Este arroz no ha estado disponible en el mercado en gran medida por la oposición de ciertos grupos ambientalistas, tales como Greenpeace. La comunidad científica en general ha reaccionado en contra de su actitud intransigente e irracional. Al presente, hay 131 premios Nóbel que le han solicitado que desista de su activa obstaculización para la investigación y disponibilidad de este alimento. A esto se añaden cerca de 12,700 científicos y ciudadanos (entre ellos, este servidor) que apoyan esta iniciativa. Por lo pronto, la Food Standards Australia-New Zealand ha sido la otra agencia que ha dado un paso para hacerlo disponible en Nueva Zelanda y Australia. A medida que pasen los años, veremos la EFSA y otros organismos semejantes hacer lo mismo.

Lo triste de toda esta historia es que el arroz se podrá hacer disponible primero  en aquellos países en donde no se necesita.  El público asiático todavía no tiene acceso a este importante alimento.  Esperemos que pronto, las potencias asiáticas, especialmente India y China, comiencen a aprobar el mercadeo de este transgénico y así abra las puertas para su adopción por otros países tales como Bangladesh, Malasia y Filipinas.

Ayudemos a Andrea Avilés Cordero

Andrea Avilés Cordero

Andrea Avilés Cordero

Karolinska Institutet

Logotipo de Karolinska Institutet

Recientemente, en el periódico Metro, apareció un titular: “Estudiante de la UPR es la primera boricua en ser aceptada en prestigiosa universidad científica de Suecia“. Allí se nos informa de la estudiante Andrea Avilés Cordero, inteligente, desprendida y talentosa y que se graduará (¿graduó?) de Biología en la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras. Ella fue aceptada en el reconocido Karolinska Institutet, que es una de las organizaciones médicas más prestigiosas del mundo. Su asamblea de médicos  otorga Premio Nóbel de Fisiología o Medicina.

La joven ha participado en grupos tales como March of Dimes, MedLife, La Fondita de Jesús y el Hospital del Niño. Ahora ella necesita su ayuda, especialmente en esta época en que necesitamos más mujeres en STEM y que, simultáneamente, resalten la importancia de la preparación en ciencias de nuestro sistema universitario público.  Los préstamos para matricularse en Suecia solo cubren el 15 % de los costos. Ella necesita su ayuda.

Para ayudarle, se le ha creado una página en GoFundMe.  Para contribuir a su causa, vayan a https://www.gofundme.com/boricua-en-suecia.

El glifosato, Monsanto y el más reciente escándalo de la IARC – 1

OMS y Roundup

Logotipo de la Organización Mundial de la Salud. A la derecha, galones de Roundup (Cortesía de Mike Mozart en Flickr, CC-BY 2.0)

Declaración de conflictos de intereses: Este artículo no fue financiado por empresa alguna. A tono con lo que decimos en la sección del “Propósito del portal“, no hay conflictos de intereses asociados a este escrito.

mamyths

Campaña Marcha Contra Mitos. http://www.mamyths.org/

El uso del glifosato como yerbicida ha penetrado en todas las esferas de nuestra vida. Esto no se debe al amplio uso en la agricultura debido a la siembra de productos resistentes a glifosato (entre ellos, los cultivos Roundup Ready® de Monsanto), sino también en cuanto a su uso por parte de los gobiernos y personas privadas con el propósito de mantener espacios libres de malezas.

Sin embargo, para el año 2015, una rama de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC por sus siglas en inglés) dio a conocer al público que clasificaba al glifosato como 2A, es decir, como probable carcinógeno para los seres humanos.

La reacción de muchos sectores del público se dejó sentir, especialmente los ambientalistas, partidos verdes, “alternativos” y de izquierda en general. En Puerto Rico, nutricionistas como Vilma Calderón, candidatos a la gobernación como María de Lourdes Santiago, partidarios del Partido del Pueblo Trabajador, sectores del Partido Popular Democrático y algunos del Partido Nuevo Progresista se han expresado por esta y otras razones en contra del uso del glifosato por parte de los municipios y del gobierno para lidiar con las malas hierbas. Los argumentos en contra de esta prácitca van desde pésimos, ignorantes y torpes criterios toxicológicos (e.g. que el glifosato es altamente tóxico porque originalmente se utilizó para limpiar tuberías), hasta alegatos de que causa autismo, depresión, obesidad, diabetes, celiaquía… y todos los males del universo (algo que hemos refutado) y, ahora, “probable cancerígeno”.

Por otro lado, algunos de ellos y otros afines ideológicamente han lanzado ataques ad hominem a cualquier persona que apoye el uso del glifosato, como un “pagado por Monsanto”. En muchos casos, se le imputa inmerecidamente sin que brote de la frente de la persona ni una sola gota de sudor en investigar si realmente la persona vende sus servicios a la compañía.

Más recientemente, en el año pasado (2017), una organización antiOGM y que milita por etiquetar productos transgénicos llamada U.S. Right to Know (USRTK) publicó en su portal cientos de páginas de correspondencia electrónica y otra documentación conocida como los “Papeles de Monsanto” (Monsanto Papers) donde pretende demostrar que efectivamente Monsanto “sabía” que el glifosato podía ser genotóxico y que no había seguridad plena de que no lo fuera. Estos Papeles son producto de un caso que se ha llevado a un tribunal de California acusando a Monsanto de que su producto Roundup® produjo limfoma no-Hodgkin a cerca de 2,000 personas (cerca de 300 demandas consolidadas en una). Este juicio está ante el juez de distrito Vince Chhabria para determinar si realmente las autoridades reguladoras y la misma compañía han investigado, analizado y publicado la evidencia concerniente al glifosato y su presunta asociación con este tipo de cáncer.

En estos Papeles publicados, se puede ver que ejecutivos de Monsanto hablaban de pagarle a científicos independientes o escribirles artículos para que ellos pusieran su nombre en él, lo que se conoce en la jerga en inglés como “ghostwriting“.

Irónicamente, esa misma evidencia entre otros factores han hecho que se descubriera que los científicos de la IARC tenían intereses financieros (e ideológicos) que también pudieron haber influenciado su opinión, como veremos en el último artículo de esta serie.

Científicos de ambos lados se han embarrado en todo este proceso. El propósito de esta serie es descubrir (hasta donde nos es posible) lo que ha ocurrido en estos dos últimos años al respecto. En esta primera parte, vamos a hacer un recuento histórico de lo ocurrido. En la segunda parte, le echaremos un vistazo crítico a la monografía publicada por la IARC. La tercera parte consistirá en ver las posibles razones externas al escrito en torno a las conclusiones de la IARC y las consecuencias del escrito a nivel mundial. Toda esta crónica revela una batalla corporativa de ambos lados, que desean influenciar o distorsionar la evidencia científica a su favor.
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El consenso actual de la comunidad científica en cuanto al glifosato

Hay más de 2,700 estudios en torno al glifosato. Aquellos de cohorte debidamente controlados, las revisiones científicas y los metaanálisis de esta literatura coinciden en que no hay evidencia alguna de que el glifosato sea genotóxico, (vean también este artículo de 1999, este del 2008este del 2012, este de 2015, este de 2016,  este del 2017 y el más reciente estudio de cohorte independiente publicado el año pasado), convicción que comparten prácticamente todas las agencias de seguridad alimentaria del mundo (no solo la Agencia de Protección Ambiental federal) que han llevado a cabo muchas de estas revisiones (e.g. la EFSA con su estudio, la Agencia de Químicos Europea,  el Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania y Health Canada).

Para colmo del asunto, la OMS no está de acuerdo con su rama, la IARC. Según el informe conjunto del 2016 de la OMS y de la Organización de Alimentos y Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), no hay evidencia alguna de que el glifosato sea genotóxico.

Los activistas antitransgénicos apelan constantemente (como un mantra) al famoso experimento de G.-E. Séralini en que “demuestra” que la ingestión de glifosato y OGMs le produjo tumores a ratas Sprague-Dawley®. Los científicos en general no estuvieron impresionados. ¿Por qué? Aquí lo explico con más detalles.

La ciencia en este caso, es sólida, pero esto no significa que no hayan habido malas mañas de ambos lados en este combate.
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Trasfondo de la controversia

Logo Roundup Ready Corn

Logotipo del maíz Roundup Ready, distribuido por la compañía Monsanto.

El glifosato ha sido objeto de disputas por mucho tiempo. Varias razones se han esgrimido, pero podemos simplificarlas a dos:

  • Su asociación con la empresa Monsanto, tanto la antigua como la nueva. Aunque no fue la compañía la que descubrió el glifosato, sí fue la dueña de su patente por muchos años, beneficiándose de su venta. No solo eso, cuando se fue convirtiendo en una agroindustria y descubrió las bacterias que descomponían el glifosato en el suelo, logró descubrir el material genético que hacía propicia esa característica y, vía transgénesis, pudo generar cultivos resistentes a glifosato; de ahí las semillas Roundup Ready®.
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  • Ciertos estudios preliminares con animales, incluyendo algunos hechos por Monsanto, parecían indicar que el glifosato era cancerígeno (1985). Cuando la Agencia de Protección Ambiental (EPA) federal se retractó de ello, muchos comenzaron a sospechar de la influencia de Monsanto en cuanto a esta decisión. Cuando la IARC publicó su monografía, proliferaron relatos de cómo Monsanto persuadió a dicha agencia a “suprimir” esta información importante. Esta narrativa fue impulsada por el grupo Food Democracy Now. Varias otras organizaciones antitransgénicas se basaron en ella (aquí está su informe).

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La revisión de la EPA de 1985

Nuestra saga no comienza en el año 2015, sino en 1985, cuando la EPA evaluó dos experimentos hechos con ratas Sprague Dawley® y ratones CD-1® y concluyó que había evidencia muy limitada de que el glifosato causaba cáncer. No podemos exponer aquí todos los detalles de los experimentos en cuestión, pero resumiremos los resultados y la interpretación de los científicos de la EPA  en cuanto al experimento que nos concierne. El estudio, que involucraba una muestra 198 ratones CD-1®, detectó un aumento significativo de cáncer especialmente intestinal y en otros órganos.

Sin embargo, contrario a lo que han hecho recientemente otros científicos, la EPA tuvo en cuenta que la dosis de glifosato dada a ellos era inadecuada para el estudio (4,500 mg/kg/día). Los tumores renales que se veían en las ratas podían provenir de otras toxinas no carcinógenas presentes en sus órganos y concluyó (contra la interpretación de Monsanto) que había evidencia muy limitada de que el glifosato aumentara ligeramente las incidencias de cáncer en ratas machos. Por ello, la EPA había clasificado al glifosato como Grupo C (es decir, posible cancerígeno).

Sin embargo, al año siguiente, tras consultar con varios expertos, la EPA determinó que no había asociación alguna entre el glifosato y las incidencias de cáncer en las ratas.  Tras experimentos adicionales (por ejemplo, véase el informe de 1990) y varias algunas revisiones (véase esta de 1991), la EPA concluyó que al glifosato había que clasificarlo en el Grupo E (es decir, no había evidencia clara de que fuera carcinógeno). Experimentos y revisiones subsiguientes han apoyado estas conclusiones (Williams et al. 2016, pp. 3-4). Esto incluyó tanto a la Comisión Europea como a agencias de salud canadienses y la OMS (EPA, 1993, 2013; European Commission, 2002; Health and Welfare Canada, 1991; Health Canada, 2015; WHO, 1994).

Ahora bien, se podría argumentar que la interacción de Monsanto con la EPA influyó en el proceso decisional de dicha agencia. El problema con este argumento es que ya para entonces, el hecho de que hubiera agencias internacionales de reputación que apuntaban en la misma dirección demostraba la mayor probabilidad de que la EPA había llegado a la conclusión correcta.

A pesar de ello, esto se ha interpretado por los activistas y grupos antiOGM como “evidencia” de cuan lejos pueden llegar los tentáculos de la empresa Monsanto.
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Informes y metaanálisis desde el 2000 y el 2016

En el año 2000, se publicó un informe (Williams et al., 2000) en torno a los efectos del glifosato sobre los seres humanos. Entre otras cosas, el estudio hace toda una revisión científica de la literatura y encuentró lo siguiente:

  • No hay preocupación alguna en cuanto a la toxicidad del glifosato para los seres humanos.
  • La absorción del glifosato por parte del sistema digestivo humano es ninguno y su totalidad es expulsada por el cuerpo humano.
  • Los mejores experimentos con animales han demostrado repetidas veces que el glifosato no se bioacumula.
  • El glifosato por sí solo o en combinación con los demás químicos del Roundup® no daban señal alguna de ser genotóxicos.
  • No hay evidencia alguna de su impacto en la reproducción y desarrollo de los seres humanos y animales cuando se consideran las dosis presentes en los alimentos.
  • Varios experimentos han mostrado que no es disruptor endocrino.
  • Roundup® no constituye amenaza alguna al ser humano.

Sin embargo, los grupos antiOGM cuestionaron este informe. Su objeción principal era la presencia y las actividades de uno de los autores, Gary M. Williams, del Departamento de Patología del  New York Medical College, Valhalla. Su nombre aparece en los Papeles de Monsanto, que son particularmente valiosos para ambos grupos (a favor y en contra de los OGMs) como veremos en otro artículo. Sin embargo, sí revela algo que es muy importante para los consumidores y es la intención de Monsanto en el 2015 de “escribir informes” para que científicos llamados “independientes” los publicaran a favor del glifosato.

De esta discusión, no hay lugar a dudas. Véase el intercambio de mensajes electrónicos en este documento, página 203, donde un ejecutivo de Monsanto decía lo siguiente:

An option would be to add Greim and Kier or Kirkland to have their names on the publication, but we would be keeping the cost down by us doing the writing and they would just sign their names so to speak. Recall this is how we handled Williams Kroes & Munro 2000. (Mi énfasis)

Esto también parece lanzar sombra en torno a la revisión científica del 2016 en la que él participó (Williams et al., 2016).

Aunque esto puede ser considerado por algunos “a smoking gun” de que Monsanto escribió un informe en el que Williams (y compañía) le pusieron la firma, se puede dudar este alegato. El colegio de medicina donde Williams labora afirma que llevó a cabo una indagación al respecto y no encontró evidencia de que Monsanto escribiera el informe del 2000. Por razones de privacidad, el colegio ha decidido no divulgar los detalles de la investigación.

Aunque tal medida es comprensible, esta falta de divulgación y el que Williams rehúse hablarle a la prensa, crea duda en la opinión pública sobre la integridad de dicha investigación. Esta preocupación del público no es irrazonable. Por otro lado, en lo que concierne a la revisión científica del 2016, Williams no fue el único que participó, también estuvo acompañado de otros científicos independientes y formó parte de uno de cuatro paneles de expertos que ponderaron en torno a los resultados de la IARC en relación con el glifosato, y muchos de ellos no están ligados a Monsanto financieramente. Es extremadamente dudoso que el artículo en cuestión sea casi una copia al carbón de algo escrito por la corporación.

Otro científico que fue mencionado en los Papeles (y que citamos) es David J. Kirkland, toxicólogo que participó en William et al., 2016 y quien niega rotundamente haber sido pagado o sometido algún estudio escrito por la compañía. Según él, no pondría en juego su prestigio llevando a cabo tal movida a favor de una corporación. No obstante sus negaciones, también quedó manchado ante la opinión pública.

Finalmente, está Dr. William Heydens y otros expertos de Monsanto, que dijeron haber participado en la redacción de Williams et al., 2000. Sin embargo, Heydens describió el proceso de la siguiente manera:

I made some minor editorial contributions to that 2000 paper that do not mount to the level of a substantial contribution or an intellectual contribution and, thus, I was only recognized in the acknowledgements and not as an author, and that was appropriate for the situation. …It was things like editing relatively minor things, editing for formatting, just for clarity, really just for overall readability to make it easier for people to read in a more organized fashion.

Esta caracterización es algo muy lejos de “ghostwriting“, pero con testimonios como ese, persisten las dudas. La compañía publicó un comunicado negando que sus empleados hayan escrito sustancialmente el documento.

Otro nombre que apareció, pero en relación con otro trabajo escrito, fue el de Ellen Chang:

Per our phone call with John the other day, the next two most important things that we need to do are the Meta-analysis publication and the Ag Health Study Follow-up publication, assuming we can get our hands on the data in a reasonable timeframe. I feel confident that we will have organizational support for doing these projects, so I think we need to start setting them up now.

For the meta-analysis, please contact Elizabeth, let her know we would like her/Ellen to do this, and get a cost estimate from her.

Efectivamente, Chang publicó el metaanálisis en el 2016. El problema con este señalamiento es que tanto Chang como su colega Elizabeth Detzell fueron honestas en la declaración de conflictos de intereses: el metaanálisis fue financiado por Monsanto, las dos han laborado contratadas como un servicio de consulta, y que la inclusión de las sugerencias de la corporación quedaba a discreción de ellas. En ningún momento alegaban que el estudio era independiente. Su reputación, pues, queda incólume y la aceptación del metaanálisis por parte de la comunidad científica puede ser testimonio de su imparcialidad. De hecho, el metaanálisis no se mantuvo oculto y se publicó en una revista académica arbitrada, libremente disponible y a la vista del público. Allí incluye la metodología utilizada, los criterios para filtrar los artículos bajo escrutinio, su discusión, etc. Su conclusión es plenamente consistente con revisiones científicas hechas por gobiernos y por científicos independientes de todo el mundo.

Es interesante que los objetores del glifosato no hayan combatido el contenido mismo de este escrito, sino más bien su financiación. Contrario a la malicia de cierta gente, no deberíamos empezar preguntándonos quién financió un estudio, sino buscando las fallas en un artículo. Por ejemplo, algunos científicos han publicado estudios en contra de una antropogénesis del cambio climático, se han mostrado las fallas notables de sus análisis y entonces se interrogó sobre quiénes los financiaron (la industria petrolera). La financiación no determina que un estudio “en principio” está mal, sino solo indica la posible motivación de la aparición de ciertas fallas claves para llegar a una conclusión equivocada.

Finalmente, tenemos que incluir otras aserciones de miembros dentro de la misma empresa. Este es el caso de la toxicóloga de Monsanto, Donna Farmer. Ella es la persona de la empresa que se encarga de estudios de seguridad y toxicidad de sus productos. En los Papeles aparece ella diciendo las siguientes palabras:

… you cannot say that Roundup does not cause cancer-we have not done carcinogenicity studies with “Roundup”.

Logo de Monsanto

Logotipo actual de Monsanto

Parecería que no hay nada más qué decir en torno al tema y que Monsanto nunca hizo los estudios de genotoxicidad del glifosato. Esta aseveración se convirtió en el “Field Day” en la prensa estadounidense y de otros países. Sin embargo, los Papeles también incluyen una entrevista que se le hizo en torno a esta aserción. Ella señala allí que no estaba hablando del glifosato, este solo es un ingrediente del producto Roundup®, sino de una serie de sulfactantes que acompañan el controversial químico. Monsanto no había hecho los estudios pertinentes en torno a los sulfactantes, por lo que no podía decir a ciencia cierta que Roundup® no fuera de alguna manera carcinógeno. Sin embargo, nos dice que ella no creía que los sulfactantes lo fueran.

Por otro lado, en los mensajes electrónicos, ella reconoció que los sulfactantes no eran biodegradables (aunque el glifosato sí lo fuera) y que la recomendación de la Comisión Europea para su probición no se debía a problemas de seguridad, sino a asuntos políticos en Europa (véase páginas 85-94 de este documento). En este último caso, el alegato es plenamente plausible, ya que la Comisión Europea se ha visto varias veces confirmando la seguridad de los alimentos transgénicos, convicción que ha sido ignorada por el Parlamento Europeo y varios de los países miembros por razones puramente políticas (véase nuestra discusión al respecto aquí). La posibilidad es bien fuerte de que la Comisión haya recomendando su prohibición por razón de presiones políticas, no de evidencia científica.

Esta controversia con Monsanto tampoco no es el único. Tras la publicación de los Papeles y la posible intervención indebida de la compañía en el quehacer científico, esta acusación de “ghostwriting” tuvo peso a la hora de la decisión de un juez de Fresno de autorizarle al estado de etiquetar productos transgénicos tratados con glifosato. Eso se debe a que aparentemente vio que un regulador de la EPA fue convencido de la falta de toxicidad del químico debido al documento de Williams et al., 2000.

Toda esta saga todavía no ha terminado en California.
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La controversia continúa con acusaciones de plagio

El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania

Logotipo de El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania

El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania (BfR) se vio “embarrado” también con el tema, especialmente gracias al artículo de Williams et al., 2000. Esto se debe a que es hoy día, la institución es sospechosa de haber plagiado de la solicitud a la EFSA por parte de Monsanto para el relicenciamiento de su producto RoundUp®, específicamente las secciones del informe del BfR:

  • B.6.4.8
  • B.6.5.3
  • B.6.6.12

Según un analista experto en plagio, Stefan Weber, parece que su informe rendido a la EFSA, para relicenciar el glifosato para su uso de Europa, plagió datos en cada una de estas secciones, ya que citó directamente del texto de Monsanto y el artículo en discusión sin hacer la debida atribución. Esto violenta la normativa misma de la agencia europea de regulación de alimentos. Según Weber, esto puede indicar que BfR podría estar ocultando el verdadero origen de los datos. He aquí su análisis.

Esto ha causado el revuelo esperado en un caso tan contencioso como este. El 22 de septiembre del año pasado (2017), la EFSA lanzó un comunicado reafirmando la calidad del informe rendido. Afirma que estos pasajes alegadamente plagiados son parte de un dossier que contiene una revisión y evaluación del producto hechos por la compañía, combinados con los artículos arbitrados pertinentes (entre ellos Williams et al., 2000). Según es uso y costumbre, el texto del dossier es el punto de partida de la revisión y evaluación hecha por los organismos reguladores tales como la EFSA y deben aparecer en el informe. De hecho, la EFSA señala que es en la revisión del organismo público evaluador incluye tachaduras, modificaciones y comentarios, evaluación que se lleva a cabo de manera independiente de la compañía solicitante.

Por otro lado, el BfR también negó la acusación de plagio, diciendo lo siguiente:

Both in Europe and worldwide, it is a standard and recognised practice in assessment procedures not only in the area of plant protection products for assessment authorities to also integrate relevant passages from submitted documents in their assessment reports following critical review. The subdocuments of the assessment report therefore also contain text passages of this kind from publicly available literature sources that were submitted by the applicants as part of the legally required literature research. This is also evident from the headings of the various chapters and sections.

En otras palabras, el BfR hizo lo que siempre se ha hecho en estos casos y es partir del dossier de la compañía y evaluarlo críticamente. Esto implica el rechazo de ciertas partes del dossier (cuando aparece con tachaduras) y la introducción de artículos adicionales en torno al tema en cuestión (tal como indica Weber). Este procedimiento que es entendido como estándar en la comunidad científica, no constituye plagio porque es un entendido en la comunidad científica en torno a la práctica.
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Reflexión

Todo este relato conlleva la discusión de un tema serio y es la interacción entre la industria con la academia y las ciencias. Bajo cualquier estándar, en muchos sentidos, hoy el proceso de discusión científica en todos los campos es más transparente que en cualquier momento en el pasado. Sin embargo, eso no implica que se hayan desterrado completamente las oscuridades de antaño.

Lo que esta experiencia nos demuestra es que, ante la opinión pública, parece que ocurrió una intervención indebida y antiética de parte de Monsanto en la discusión y debates científicos en torno al glifosato. La evidencia disponible lo sugiere muy fuertemente y dada la negativa de algunas de las personas implicadas a aclarar los asuntos, el público queda en la oscuridad de información en torno a lo acontecido. Una corporación no debe preparar documentos que se presenten como independientes, y aquel científico que diga que dicho documento es suyo, compromete muy seriamente su credibilidad. Eso no significa que no se consulte debidamente en ocasión de aclarar algunos puntos importantes, que es lo que alegan Monsanto y Kirkland.

Ahora bien, aun asumiendo lo peor, que hubo una intervención indebida hasta el punto de un “ghostwriting“, ¿quiere decir esto que los datos ofrecidos en estos estudios son malos? Nadie se ha detenido a pensar esta pregunta. ¿Es que Monsanto intentó “ocultar” la verdadera información en torno al glifosato como carcinógeno? La evidencia que muestra USRTK con sus Papeles es rotundamente negativa. La intervención indebida de la compañía, si ocurrió como alega USRTK, se debió a una preocupación por su marca comercial RoundUp® y sus productos transgénicos resistentes a glifosato. Sin embargo, en vez de “ocultar” información, lo que demuestran los Papeles es un esfuerzo de mayor exposición de los datos genuinos en torno al producto y que fueran aceptados por la comunidad científica. Véase las páginas 88-90 del PDF que hemos discutido y en el que USRTK no ha hecho el debido énfasis (mis comentarios entre corchetes[]):

I didn’t find anything on the Australian site either …however take this question S. It is not Roundup that is taken up it is glyphosate. It stops the synthesis of 3 amino acids (they are used to make proteins) and this “process” is also found in microbes and fungi. (p. 88)

[Esto es 100 % correcto, lo que hace el glifosato es detener la síntesis de tres aminoácidos en ciertas plantas: la fenilalanina, la tirosina y el triptófano.]

Thanks Neil. Honi has already have pointed out the flaws in the studies, but there can’t be any harm in doing so again. Studies on the safety of Roundup is a good approach, but I believe there are also some on glyphosate’s benefits for the environment (even if the surfactant is not biodegradable). It’s a shame the Scott’s guy is blaming us too!! (p. 89)

[Como ya indicamos, ellos indican que no hay estudios sobre los sulfactantes como posibles cancerígenos y resaltan que el glifosato es biodegradable y beneficioso al ambiente, aunque los sulfactantes no lo sean.]

The reporter has printed the correct information that “Glyphosate is biodegradable but the surfactant is not”. However, then she goes into a sensationalism mode quoting “studies” that suggest Roundup is not safe, which is probably derived from her interview of the Fremantle activist. I feel the response to FH needs to reiterate that her statement on biodegradability is correct, reiterate that Roundup is safe (and
provide references), and if there are flaws in any of the studies quoted, point out these flaws. (p. 89)

[En otras palabras, estos empleados de Monsanto no están diciendo que es cierto que el glifosato no es biodegradable y que RoundUp es carcinógeno. Lo que están diciendo es que el reportaje al que se refieren tenía información correcta, pero tenía mala información en cuanto unos estudios que cita dicho artículo. Una vez más, en ningún momento vemos que el personal de Monsanto está “ocultando” información.]

En otras palabras, los empleados de Monsanto creen en su producto. No quieren diseminar información incorrecta al público.

Entonces, ¿por qué tanta planificación de respuesta a un artículo de periódico? La respuesta es sencilla. Es una mezcla entre paranoia y relaciones públicas. No sería una exageración decir que Monsanto es la compañía más demonizada del mundo. No perdamos de perspectiva que, como toda corporación, su fin es maximizar sus ganancias al menor costo posible. Desde esta perspectiva, la compañía deseaba salvar su marcas comerciales RoundUp® y RoundUp Ready®, especialmente cuando este último es su mayor fuente de ingresos debido a la venta de transgénicos. Por ende, quiere atajar la publicación de los resultados científicos en torno a su producto RoundUp®, especialmente en relación con el glifosato, que es el ingrediente activo del yerbicida. Insistimos, los datos son genuinamente científicos y veraces, el medio para hacerlos públicos es la fuente de nuestras dudas.

Estrategias como esta y otros tipos de interacción entre el mundo comercial y el científico deben ser temas discutidos constantemente en el ámbito de la bioética y la ética empresarial. Aunque en este caso particular, el propósito de Monsanto de diseminar información correcta en torno al glifosato era buena, el medio escogido para ello no lo fue. Además, en el futuro, esta y otras corporaciones podrían decidir diseminar información incorrecta e inconveniente para sí.

Hay un aspecto que debe tenerse en cuenta también en cuanto a lo que concierne a Monsanto y al BfR. El mundo ha cambiado debido al desarrollo del ciberespacio, eso significa varias cosas:

  1. Ya no se puede continuar asumiendo que los textos científicos van a permanecer detrás de una muralla solo para la torre de marfil de los expertos. Hoy día, hay que suponer que el público va a leer los informes en cuestión. Eso significa que tanto los propulsores como detractores de la tecnología, sean conocedores de las ciencias o no —estos últimos grandes manipuladores de la opinión pública, como veremos más adelante—, van a acceder de una forma u otra a estos tipos de informes.
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  2. La comunidad científica, especialmente las editoriales de revistas académicas, deben discutir muy seriamente cómo publicar estudios haciendo las debidas advertencias al público y a la prensa.  Por ejemplo, si sale un comunicado de prensa sobre un estudio preliminar, resaltar el carácter preliminar de dichos estudios y no tomarlos como evidencia firme. En casos como las publicaciones del BfR, se debe orientar a los lectores en torno al proceso de evaluación de los dossier corporativos para que no ocurran malentendidos.
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  3. Aun con todo lo mencionado, siempre va a haber gente que por razones financieras o ideológicas falsee la opinión científica. En tales casos, es menester que hayan científicos disponibles para la prensa, que se dediquen una parte sustancial de su tiempo exclusivamente para mantenerse al día en torno a temas controversiales y hacerse disponibles para el público: prensa, conferencias, entre otros. También tienen que ir acompañados de un fondo que les provea defensa legal de algunos intereses, especialmente de los asociados a defender a los divulgadores científicos de ataques de organizaciones anticientíficas. Gente como Jeffrey Beall o David Gorski, o blogs como Science-Based Medicine y otros han tenido que enfrentarse a todo tipo de demandas debido a ello.

Sobre este último punto, no puedo hacer mayor énfasis. Necesitamos que los científicos salgan de sus laboratorios y que interactúen con el público y la prensa. La labor informativa de las mejores voces que la ciencia debe ofrecer tiene que estar lo más accesible posible al público y este lo va a agradecer. Tres grandes ejemplos de ello han sido Kevin Folta (blog y podcast) y Kenneth R. Miller en los Estados Unidos y José Miguel Mulet en España e Hispanoamérica.

Ya se han ido para siempre los días en que los académicos podíamos encerrarnos en nuestra torre de marfil (o peor, nuestro archipiélago de marfil). No es suficiente publicar en revistas académicas, sino también en blogs, vlogs, vídeos, charlas, libros, publicidad, etc. y de una manera que el público pueda entender.

Si no se tienen cuenta estos puntos bien importantes, sucede como ocurrió con la monografía del IARC del 2015 y su abuso por parte de grupos antitransgénicos. En nuestro próximo artículo, evaluaremos críticamente una sección de ese escrito y por qué la comunidad científica se indignó ante su evaluación del glifosato hasta el punto en que el organismo madre, la OMS, rehusó hacerle caso.

Esa sección  involucra, no solamente una intervención indebida de una industria en el quehacer científico, sino también conflictos de intereses y, muy especialmente,  falseamiento del panorama del cúmulo de la evidencia científica. La falta del sector antiOGM es mucho mayor que la de Monsanto en relación con el tema del glifosato.
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Referencias

Andreotti, G., Koutros, S., Hofmann, J. N., Sandler, D. P., Lubin, J. H., Lynch, C. H., Lerro, C. C., De Roos, A. J., Parks, C. G., Alavanja, M. C., Silverman, D. T., & Beane Freeman, L. E. (9 de noviembre de 2017). Glyphosate use and cancer incidence in the Agricultural Health Study. Journal of the National Cancer Institute, djx233. doi: 10.1093/jnci/djx233. Recuperado de: https://academic.oup.com/jnci/article/doi/10.1093/jnci/djx233/4590280.

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Otro triunfo para NuScale

NuScale

Representación de una central nuclear modular NuScale (Fuente: NuScale).

Recientemente, la empresa NuScale Power™ anunció recientemente (el 30 de abril de 2018) que el reactor modular diseñado por la empresa ha sido el primero en aprobar la Fase 1 de la Revisión de la Comisión Reguladora Nuclear de Estados Unidos (NRC) una de las partes más importantes y difíciles del proceso de entrar en el mercado.

Esto ocurre a solo meses de que este mismo organismo reconociera que este hábil diseño no necesita en absoluto respaldo eléctrico de seguridad para evitar accidentes nucleares y derretimiento del combustible (como ocurrió en Chernobyl, Three Miles Island y Fukushima). El diseño de seguridad pasiva deja que la física actúe por su cuenta sin intervención humana alguna en caso de una situación similar a la de Fukushima. En tal caso, constuido para que el calor sea absorbido por el agua y, posteriormente, se enfría al permitir la circulación de aire y la emisión de calor por convección.

En este blog, hemos abogado por la adopción de un curso de acción que nos mueva del consumo de carbón y petróleo a gas, y, finalmente, a energía nuclear junto a fuentes renovables. Dado al hecho de que se espera que estos módulos se producirán masivamente y a gran escala, puede ser que para la próxima década deprecie lo suficiente como para ser viable económicamente para Puerto Rico. Con este tipo de fuente limpia de energía, se podría utilizar como base de desarrollo económico al proveer energía sumamente barata, mientras que haría que Puerto Rico se una a una lucha efectiva contra el calentamiento global y el cambio climático.

También hemos señalado que intentar convertir a Puerto Rico en un duplicado del Energiewende alemán sería un enorme error, dado el mal historial que eso ha tenido en Alemania. Francia y Suecia han sentado mejor pauta al optar por mantener sus plantas nucleared para una producción de energía limpia. Sin embargo, tanto el gobernador como algunos otros políticos (de su partido y de otros), se mantienen (o se quieren mantener) al margen de lo que los números realmente reflejan en torno al incentivo indebido de energía solar y eólica.

Esperamos que alguien en el gobierno despierte y preste atención a estos nuevos sucesos en el ámbito de la energía nuclear. Este es un momento histórico a nivel mundial.