Opinión: La AEE y la privatización

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En días recientes, el mundo entero, desde el Weather Channel, pasando por los periódicos principales de Estados Unidos hasta Rusia todo el mundo ha sido testigo del mal manejo (por ponerlo diplomáticamente) del contrato de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) con Whitefish. Dicho documento insólito está ahora bajo investigación en el Congreso de Estados Unidos.

Todo este escándalo ocurre cuando han pasado más de cuarenta días y gran parte del país no tiene electricidad, algo que da testimonio de dos cosas: del grado del azote del huracán María y de la inexplicable negligencia del gobierno estatal y del federal en atender ese y otros problemas. Esto no ha pasado inadvertido a los ojos de distintas personas conocidas a nivel internacional, desde periodistas de ciencias como Carl Zimmer hasta celebridades tales como Kim Kardashian y Cher (especialmente, en relación a las aserciones de nuestro gobernador).

Ante tanta incompetencia de todos lados, los puertorriqueños sienten dolor y resignación. No importa a dónde uno vaya, si al colmado Econo, a las guaguas “pisicorre” o a Plaza las Américas, uno ve un rostro de tristeza en la gente en cuyas conversaciones no faltan las preguntas: “¿Te llegó el agua? ¿Te llegó la luz?” Además, en medio del sudor por las noches, las picaduras de mosquitos y la incomunicación por falta de señal telefónica o Internet, reina el desánimo. El aliento inicial que nos ofrecía la frase: “Puerto Rico se levanta” ha sido sustituido por el cinismo. Es en este ámbito que es perfectamente comprensible la convicción de ciertas personas inmersas en el olor del asfixiante diesel y en el ruido del generador del vecino, de que deberían privatizar la AEE.

¿Debería ser así?

Me acuerdo de los días en que no tenía carro y solía tomar la guagua de la ruta 1 para ir de Río Piedras a San Juan. Durante esos días se había desatado todo un debate político en torno a la posible privatización de la Autoridad Metropolitana de Autobuses (AMA). Lo que se hizo eventualmente fue privatizar la ruta 1, algo que costaría considerablemente más que los usuales 25 centavos. Esta ruta cayó en manos del Metrobús y, efectivamente, cobró más. Al inicio, el mayor pago implicaba mayor dolor en el bolsillo. Sin embargo, lo que resultaba interesante es que a medida que pasaba el tiempo, ese mayor gasto me importaba cada vez menos. ¿Por qué? No era un asunto de hábito, sino otro elemento. La ruta funcionaba mejor que antes: pasaba casi religiosamente cada media hora (a veces en pares), era eficiente, fiable y llegaba casi siempre a tiempo a su destino. En otras palabras, había un sentido de que el mayor pago rendía.

Ante esto, algunos de ustedes pensarán que ahora hablaré a favor de la privatización. Nada más lejos de la verdad. Solo lo menciono para señalar que dicha medida no debe descartarse en principio, sino más bien debería haber más prudencia en cuanto al tema, especialmente midiendo los beneficios de ciertas corporaciones públicas con el servicio que estas rendirían en manos privadas, sin excluir otras alternativas: la cooperativización o la administración por parte de empleados, entre otras.

La privatización de la Telefónica de Puerto Rico (PRT), ahora en manos de Claro, ha tenido resultados mixtos. Por un lado, la empresa ha tenido que competir con otras que se encuentran hoy en el mercado de móviles y en este renglón (en general) la libre selección ha beneficiado a los puertorriqueños. Desgraciadamente, en cuanto a las líneas telefónicas de la PRT, forjaron un monopolio. En cuanto a su servicio de Internet, estaba a punto de someterse a la competencia del ahora fenecido servicio cibernético de PrepaNet. Allí perdió Puerto Rico. Los sindicatos de la PRT tampoco tuvieron las mismas relaciones obrero-patronales como efecto de la venta.

Promesa rota

El libro Promesa rota de Francisco A. Catalá Oliveras

Cuando reflexionamos al respecto, debemos tener en cuenta que las corporaciones públicas tienen una función social importante. Aquí les invito a leer el libro Promesa rota: una mirada institucionalista a partir de Tugwell, del distinguido economista Francisco Catalá Oliveras y publicado por Ediciones Callejón. El gobernador Rexford G. Tugwell solía tomar una postura keynesiana de línea dura que usualmente movía a sus adversarios a acusarle de comunista. Fue gracias a Tugwell, los intereses del entonces Partido Popular Democrático (PPD) con Luis Muñoz Marín en el senado y los intereses de la Marina estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, que se crearon las corporaciones públicas y se pusieron los servicios básicos en manos del estado. Esto permitió la electificación de muchas de las áreas rurales, algo que ayudaba a mejorar la calidad de vida de los puertorriqueños del siglo XX. Este suceso posibilitó también a la industrialización de Puerto Rico, cuyas bases contributivas Tugwell llegó a cuestionar (con mucha razón). No es que no hubiera energía eléctrica en el país antes de la Autoridad de Fuentes Fluviales (1941). sino que solo operaba en las áreas urbanas (donde había mucha mayor demanda efectiva) y no se veía rentable extender la cablería eléctrica a áreas del campo y las montañas. Como bien señala Catalá en su libro, muchas de las explosiones de prosperidad del sector privado desde entonces han sido posibles gracias a las inversiones del estado como la AEE.  Lo mismo ocurrió décadas después bajo el gobierno de Rafael Hernández Colón  cuando adquirió de la PRT. Con esta infraestructura extendida y sólida no es sorpresa que las compañías locales y foráneas encontraran a nuestro archipiélago un lugar propicio para la inversión de alta intensidad capital. Aun con todos los pesares presentes de estas compañías públicas, nos beneficiamos todos los días de esos frutos del estado benefactor de mediados del siglo XX.

Sin embargo, en la medida que el bipartidismo ha ido arraigándose en el país, el fantasma de la privatización comenzaba a merodear en la mente de los boricuas. Iróncamente, fue bajo la última década que gobernó Hernández Colón, que se gastó dinero público en la propaganda para vender la PRT, supuestamente para usar esas ganancias para beneficiar las escuelas públicas. ¿Se acuerdan de las tirillas de Fortunata?

Luego, bajo los dos términos del Dr. Pedro Rosselló se vendieron corporaciones y facilidades públicas a diestra y siniestra, algo que coincidía con la fiebre del neoliberalismo que arropaba a los países del mundo tras el fin de la Guerra Fría. Se podría decir que gran parte de estas medidas fueron desastrosas, como la venta de CDTs, de hospitales en la ruralía y el colocar la administración de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) en manos de Ondeo, En algunos casos, el gobierno se vio en la necesidad de readquirir algunos de los edificios, y en otros hubo cierres. El gobierno tuvo que retomar la administración de la AAA tras dos años de mala administración por parte de Ondeo. Todo esto conllevó un costo altísimo para los puertorriqueños (que contribuyó a nuestra debacle económica), aportó al deterioro de los servicios básicos y el desgaste de la confianza en el gobierno.

¿Es buena la privatización? ¿Es mala la privatización? Depende. Como en toda medida de política pública, hay que tomar los asuntos por caso y no adoptar posiciones simplistas y universalistas: que todo tiene que estar en manos del gobierno o todo tiene que estar en manos privadas. El acercamiento casuístico, que exige examen crítico de dichos casos, es medular para cualquier análisis, especialmente cuando se quiere hacer estudio honesto de lo que funcionó o no de cada ocurrencia

No obstante esto, es menester recordarle al público lo que el lingüista y crítico social Noam Chomsky (con quien diferimos en muchas cosas) suele decir:  “La privatización no significa que se va tomar una institución pública y se le va a dar a una persona amable. Se toma una institución pública y se le da a una tiranía que no rinde cuentas (al público).” El primer deber fiscal y jurídico de cualquier corporación es a sus accionistas, no al público. El éxito o no de una compañía de contribuir al bienestar del público solo dependerá en la medida que el gobierno cree las condiciones que limitan sus externalidades y maximizan su servicio.

Hoy día, la confianza pública en que el gobierno lleve a cabo las restricciones debidas al sector privado se encuentra bien lacerada. Para recuperar esa seguridad en las instituciones públicas, hace falta la transparencia. Hoy más que cualquier otro momento, gozamos de suficiente tecnología para ello: dentro de lo razonable, estos contratos deberían estar disponibles en línea para el escrutinio y la mayor fiscalización del gobierno por parte del público.

A corto plazo, la AEE es para todos los efectos prácticos un monopolio público que, de venderse, se tornaría en un monopolio privado. Por el escándalo de Whitefish y por la falta de capital del gobierno para poder mantenerlo, puede ser que pronto se encuentre en el mercado para su compra por parte del mejor postor. Es indudable que con su privatización aumentará el costo de la electricidad, particularmente para pagar su deuda. Esto repecutirá en todas las esferas económicas por lo costoso que sería operar en Puerto Rico y desincentivará la inversión privada. La emigración que resultaría de ello seguiría desinflado numéricamente la población del país, lo que contribuiría a la espiral descendiente de la economía, el empobrecimiento de gran sector del pueblo y empeoraría el trecho entre gente adinerada y los pobres. La falta de interés por parte del gobierno federal de atender los problemas apremiantes de Puerto Rico no nos conduce a un panorama optimista.

La privatización ha probado no ser una vara mágica para resolver en principio problemas sistémicos de corporaciones públicas, pero nos enfrentamos a eso. Podría aliviar ciertos síntomas que han resultado del bipartidismo y la politización de la AEE. Por otro lado, el desánimo de los puertorriqueños ha hecho que muchos respondan con la frase cotidiana: “¡Que se chave!”, pero como dice la gente en los países angloparlantes: “Be careful what you wish for. You may get it.”

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¿Los orígenes impíos de la Biblia?

Biblia abierta

Biblia abierta. Fotografía cortesía de Petr Kratochvil.

David Sloan Wilson, ateo como muchos otros, ha expresado reparos en torno a ciertas figuras del ateísmo militante cuando, dentro de su activismo, se alían a ciertas ideas y narrativas que son convenientes desde un punto de vista ideológico a expensas de la realidad. En tales casos, el ateísmo se vuelve en lo que llamó una “religión disimulada” (stealth religion). Como toda religión, es funcional en cuanto a que logra agrupar a unas personas de ideales y sentimientos afines para moverlos a actuar de alguna manera ventajosa. Sin embargo, tienen como subproducto el adoptar una visión que se escapa de la realidad.

En cuanto al humanismo, ateísmo y agnosticismo militante, no he visto un mejor ejemplo de lo anterior que el de la Biblia.  Los agnósticos y ateos suelen ganar argumentos contra los religiosos en lo que concierne a la irracionalidad de muchos pasajes bíblicos, su carencia de apego a la historia, su cosmovisión totalmente distorsionada, la inmoralidad de Yahveh y sus profetas, los errores del mismo Jesús y sus discípulos, entre otros asuntos relatados en ese texto sagrado.  Sin embargo, cuando se trata de aspectos importantes de la erudición bíblica y de la historiografía del cristianismo primitivo, muchos no creyentes caen en pura ideología a veces incorporando las perspectivas más marginales (fringe) de esas disciplinas.

El asunto es más grave todavía si se incluyen elementos que ningún historiador o erudito con dos ojos de frente defendería en serio públicamente.  Este es el caso del artículo “The Bible’s Ungodly Origins” (Los orígenes impíos de la Biblia) publicado primero en el World Union of Deists y reproducido en el portal de Church and State. Aquí vamos a presentar un contraste histórico con el contenido de ese escrito.

Típicos malentendidos en torno al Emperador Constantino

Estatua de Constantino

Pedazo de la Estatua de Constantino. Dicha estatua se forjó presentando a Constantino como el dios Sol Invictus. Foto cortesía de Jean-Christophe Benoist. CC-BY-SA 2.5.

El artículo muestra una de las tendencias generalizadas a nivel popular en este tipo de discusiones: la idea de que Constantino era cristiano y que oficializó el cristianismo en el Imperio. Lo segundo es falso por razones que diremos más adelante. En cuanto a lo primero, este se ha convertido en un asunto contencioso entre los eruditos y su consenso es que Constantino probablemente mezcló sus convicciones en torno a la deidad Sol Invictus con ciertos aspectos del cristianismo (Tollinchi 425). Aun así, esto no es del todo claro.  El sector más conservador de los expertos en cuanto a este tema argumenta que hubo una trancisión (no del todo teológicamente sofisticada) de esa religión pagana al cristianismo (Olson y Miesel 138-139). El sector más escéptico de su supuesta conversión a esta religión en esta etapa temprana de su imperium argumenta que la naturaleza sincrética del culto a Sol Invictus era favorable para que el emperador reconceptuara al dios cristiano como una manifestación de Sol Invictus, por lo que este gobernante se consideraba favorecido por este dios (Kee 20-22).

El asunto en cuestión es difícil en el debate entre historiadores por las siguientes razones:

  • Aun en la obra de Eusebio (Historia eclesiástica y Vida de Constantino), los historiadores han mostrado una notoria falta de referencia a Cristo en sus documentos y en sus discursos. De hecho, en la Vida de Constantino, solo hay dos claras referencias a Cristo en los discursos de Constantino: uno en que apelaba a la unión entre los cristianos  como conclusión del Concilio de Nicea y el otro cuando se bautizó al final de su vida, acontecimiento que algunos historiadores han puesto en duda (Castillo).  En todos los demás casos habla en términos mucho más ambiguos de “Dios”, “Señor” y de la “Iglesia de Dios” (III:18; IV:62).
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  • Constantino nunca estableció el cristianismo como la religión oficial del Imperio, sino que lo legalizó, al igual que otras religiones mediante el Edicto de Milán.  Fue con el Emperador Teodosio Magno, con su Edicto de Tesalónica de 380 d.C., que el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano.
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  • La mayoría de los hallazgos arqueológicos apuntan a la devoción constantiniana a Sol Invictus: Eusebio de Cesarea atribuye el triunfo de Constantino en la Batalla del Puente Milvio a su devoción cristiana, pero en su Arco de Triunfo no hay vestigio alguno de ello; al contrario hay referencias claras a Sol Invictus.
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    Sol Invictus en el Arco de Constantino

    Sol Invictus en el Arco de Constantino. (Foto cortesía de MM en Wikimedia Commons. CC-BY-SA 3.0).

    También hay referencias claras en otros artefactos tales como monedas alusivas al dios Sol (y a otras deidades paganas), su estatua (como Sol Invictus) y legislaciones (contrario a lo afirmado por Eusebio de Cesarea, en el Código Teodosiano aparece la legislación constantiniana en torno al domingo como día de fiesta en honor al dios Sol; Imperatori Theodosiani Codex 2.8.1).

    Moneda de Constantino

    Moneda acuñada en la época de Constantino. En el reverso aparece Sol Invictus y dice: SOLI INVICTO COMITI (Sol Invicto, mi ministro). Foto cortesía del Classical Numismatic Group, CC-BY-SA 3.0 Unported.

    La única instancia en que aparecería un símbolo cristiano (el chi-rho: ☧) es esta moneda.

    Moneda de Constantino

    Moneda de Constantino acuñada en el 337 d.C. que celebra su triunfo sobre Licinio (Ramskold 19). Ahí aparece el lábaro con el símbolo chi-rho ☧. Palabras al reverso SPES PVBLICA (“esperanza del pueblo”), CONS (acuñado en Constantinopla) (Foto cortesía del Classical Numismatic Group, CC-BY-SA 3.0 Unported).

    Aun así se despiertan interrogantes.  Comencemos indicando que en la primera ocasión en que aparece el chi-rho en las monedas ocurre en un contexto claramente pagano, en las que el rey Ptolomeo III acuñaba la cabeza del dios Zeus-Amón (Amón-Ra era un dios solar egipcio en esta época) y en su reverso el águila con el chi-rho.
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    En segundo lugar, esto aparece brevemente antes de la muerte del emperador, cuando historiadores sospechan que se convirtió al cristianismo y se dejó bautizar.
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    En tercer lugar, esta moneda en particular es tan extremadamente rara, que ya han aparecido especialistas cuestionando ciertas monedas SPES PVBLIC que se han comprado en el mercado actual y que parecen haber sido falsificadas.
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    En cuarto lugar, aun con todo, el símbolo chi-rho no es claramente cristiano en la época constantiniana. Eso se debe a que a pesar del testimonio de Eusebio (que no es fiable) y el del historiador cristiano Lactancio (que relata un sueño del emperador en que vio el chi-rho), el emperador mismo mantuvo explícitamente y en público que vio una aparición de Sol Invictus junto a la diosa Victoria (esto se relata en una parte del documento conocido como el Panegyrici Latini; la parte que lo relata se escribió para el 310 d.C. Ver el texto en latín; leer traducción de J. G. Sang). Esta última deidad le entregó un par de coronas que significaban larga vida. Este relato parece corresponder a una medalla constantiniana acuñada para el 320 d.C. (después de su supuesta conversión en el 312 d.C.) en que Sol Invictus le corona (Angelova 117, 120-121). Esta interpretación lo confirma la Gemma Constantiniana del 315 d.C. en que aparece Victoria en gesto de coronar a Constantino.
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    Hoy día algunos historiadores piensan que tanto Lactancio como Eusebio basaron sus versiones cristianas en esta visión pagana. Lactancio describe cómo en sueños Constantino vio el chi-rho como un “signo celeste” (XLIV). Eusebio en particular utilizaba el lenguaje solar para describir el chi-rho y el lábaro. (I:28-36; Bardill 170). A la luz de esto, es posible que el chi-rho originalmente pudiera haber sido un símbolo solar y que indicaba su relación particular con el dios Sol (Kee 20-22, 117-118, 141-152). Puede ser también que el cristianismo se apropiara de este símbolo por que la “P” y la “X” juntas pueden interpretarse como un monograma con las dos primeras letras de Cristo en griego. Aun así, se sabe que en el siglo IV los cristianos representaron en un momento dado a Cristo como el dios sol, tal como lo muestra un mosaico en la tumba de los Julios. De hecho, en vida de Constantino, aparece una moneda tesalonicense con una representación solar curiosamente semejante al chi-rho (319 d.C.) (Bardill 171-172). Por ahora, el consenso entre los expertos en torno a este monograma parece ser que su presencia en medallas y monedas es un signo de victoria (especialmente tras vencer a Licinio), pero su supuesto significado cristiano en la época del emperador es discutible (Bruun; Ramskold 20-21).
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  • Constantino sí intervino en la vida cristiana, especialmente convocando los concilios (e.g. Concilio de Arlés y el Primer Concilio de Nicea). Excepto por el hecho de que por primera vez el poder imperial irrumpe de esa manera en la esfera del cristianismo, es menester indicar que esto no era nada nuevo en el Imperio. Desde la época de Octavio Augusto César, al emperador se le consideraba pontífice máximo, la suma autoridad religiosa del imperio. De hecho, lo único que hacía como emperador era favorecer al sector cristiano que fue leal a él (al que llamaba “Iglesia de Dios”).  Por ejemplo, en el norte de África, fue partidario de la “Iglesia de Dios” contra los donatistas, ya que este último sector cristiano era antiimperial.

Todo lo indicado arriba es que lo más que tenía Constantino en su mente era la unificación de su imperio, NO la doctrina cristiana. Si quieren muestra, tomen por ejemplo cuando explotaron los conflictos entre los cristianos por la llamada “herejía de Arrio”. Debido a que el llamado “debate” amenazaba con resquebrajar su imperio, envió una carta a Arrio y a Alejandro (el obispo de Alejandría) en el que describía la disputa en torno a la naturaleza de Cristo en los siguientes términos: “… es irrelevante … los fomenta la charlatanería de un ocio baldío … dogmas en demasía abstrusos … locuacidad incontinente … cosas nimias e ínfimas … mezquinas y hueras disputas verbalísticas … algo que rezuma vulgaridad, y en vez de acordar con la sensatez de sacerdotes y hombres prudentes, armoniza más con las tonterías propias de chiquillos …” etc. (Vida de Constantino, II:63-72).

¿Fue Constantino el que forjó la Biblia?

La respuesta corta a esa pregunta es: No. Contrario a nociones simplistas de ambos lados del seudodebate (el creyente y el no creyente), el Nuevo Testamento se compiló mediante todo un proceso altamente complejo.

Este proceso comenzó en el año 50 d.C. con la carta de Pablo de Tarso a los tesalonicenses (1 Tesalonicenses). Él escribió de 10 a 14 cartas distintas que sobreviven todavía en nuestras Biblias. Durante la década del 60 d.C. después de la muerte de Pablo, alguien (no se sabe quién) tomó sus epístolas, las alteró para que sumaran siete cartas (siete es número sagrado) y comenzó a circularlas en el Mediterráneo (probablemente con Éfeso y Roma como epicentros). Así que ya para mediados de la década del 60 d.C., tenemos las siete cartas paulinas circulando: Romanos, Gálatas, 1 Tesalonicenses, Filipenses, 1 y 2 Corintios y Filemón. Debido a que se basan en los escritos genuinos paulinos, frecuentemente los eruditos se refieren a ellas como las “auténticas”.

Simultáneamente, probablemente se forjaron  distintas tradiciones en torno a Jesús mezcladas con relatos y enseñanzas de origen judeohelenista que se comenzaron a concretar durante el último tercio del siglo I con los cuatro evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Por cierto, cada uno de estos libros tuvo sus correspondientes procesos de compilación y edición por parte de sus autores o editores.  Quien haya escrito el Evangelio de Lucas probablemente publicó también dos ediciones de los Hechos de los Apóstoles (tal vez una de las ediciones data su autoría del 110 d.C.)

Durante toda esa evolución de los escritos, el conjunto de epístolas paulinas fue creciendo en la medida que se añadieron otras cartas: 2 Tesalonicenses, Colosenses y Efesios (las cartas deuteropaulinas).  No solo eso, sino que aparte de ese conjunto, un autor desconocido que escribió a nombre de Pablo, publicó las llamadas “cartas pastorales”:  Tito y 1-2 Timoteo (tritopaulinas).  También es menester mencionar que después del 70, tal vez como resultado de la persecución de Nerón y la destrucción de Jerusalén, un autor cristiano desconocido escribió una homilía de consuelo que hoy se conoce como la Carta a los Hebreos, erróneamente atribuida a Pablo.

Otros cristianos, mayoría judeohelenista durante el periodo del 80 al 110 d.C. escribieron las llamadas “cartas universales”: Santiago, 1 y 2 Pedro, 1, 2, y 3 Juan y Judas.  Por último, al final del siglo I, se publicó el Apocalipsis de Juan.

Podemos constatar que los cristianos empezaron a utilizar algunos de estos escritos como parte de sus liturgias o como autoridades. Eso se puede ver ya claramente desde principios del siglo II en adelante en varios escritos. También empezaron a circular otros tipos de literatura cuya autoridad se disputaba en la época, mayormente falsificaciones atribuidas a varios apóstoles o figuras vinculadas a Jesús (en una ocasión a Jesús mismo): el Evangelio de Tomás, la Carta de Bernabé, 1 Clemente, el Protoevangelio de Santiago, el Pastor de Hermas, el Apocalipsis de Pedro, las Seudoepístolas clementinas, etc.  Sin embargo, no fue la Iglesia “ortodoxa” (por ponerle un nombre) la que estableció el primer canon, sino más bien un pensador heterodoxo llamado Marción de Sinope (85 – 160 d.C.). Él utilizó las cartas paulinas que se estaban circulando en el Mediterráneo (las diez cartas: siete auténticas y las tres deuteropaulinas), las alteró y las juntó con una versión alterada del Evangelio de Lucas. Este canon data aproximadamente de la cuarta década del siglo II.

Canon Muratori

La última página del Canon Muratori según publicada por Samuel Prideaux Tragelles (1868).

Más adelante encontramos el llamado Canon Muratori, manuscrito encontrado por L. A. Muratori y que data del siglo VIII d.C., pero que expertos datan su contenido al siglo II o III (mucho antes de Constantino). Allí aparecen los cuatro evangelios que conocemos, Hechos de los Apóstoles, están ya 13 epístolas atribuidas a Pablo (las 7 auténticas, las 3 seudopaulinas y las pastorales), además de Santiago, 1 y 2 Juan, Apocalipsis de Juan, el Pastor de Hermas, Sabiduría de Salomón y el Apocalipsis de Pedro. Esto es consistente con las aserciones de Ireneo de Lyon que fijaba la autoridad de los evangelios en los cuatro conocidos.

Finalmente, llegamos a la famosa compilación hecha bajo la época de Constantino. Contrario a lo alegado por el autor del artículo “The Bible’s Ungodly Origins”, el Concilio de Nicea no tuvo rol alguno en todo este proceso. Ni tan siquiera se discutió remotamente el asunto de la canonicidad. Nos reiteramos en que a Constantino no le importaba la doctrina cristiana, sino más bien su alianza política con el cristianismo. Ante las divisiones políticas de los cristianos debido a asuntos doctrinales, Constantino quiso remediar la situación mediante dos recursos:  su poder de sumo pontífice para convocar el Concilio de Nicea (325 d.C.) para que arreglaran su asunto doctrinal (él era indiferente ante un lado de la discusión o el otro); y en el 332 d.C., quiso delegar en Eusebio de Cesarea la compilación de aquellos libros que fueran comunes para los cristianos.  Nótese que dicha colección no era el Nuevo Testamento que nosotros tenemos hoy.  Por ejemplo, allí se incluían los cuatro evangelios, Hechos de los Apóstoles, el corpus paulinum (incluyendo a Hebreos), 1 Juan, 1 Pedro, la Carta de Bernabé, el Pastor de Hermas y el Apocalipsis de Juan. Parece que fue esta edición la que integró la Carta de Hebreos para que el corpus paulinum sumara 14 (7+7).

Hay que señalar que la necesidad de esta compilación se debió a la plaga de textos (falsificaciones) atribuidos a los apóstoles, sosteniendo posturas totalmente dispares y que eran motivo de división entre los cristianos: el Evangelio de Judas, el Evangelio de la Verdad, el Evangelio Copto de Pedro, el Evangelio de María Magdalena, etc. Por ende, la selección de los libros arriba mencionados tenía la función de ver cuál era el denominador común de las liturgias cristianas del imperio como factor crucial para su armonización.  Sin embargo, Constantino mismo no escogió esos libros. Toda la evidencia indica que Eusebio y compañía fueron los que escogieron aquellos que eran bastante tradicionales en todas las iglesias cristianas del Imperio.

No fue hasta el obispo de Alejandría, Atanasio, que apareció el primer canon del Nuevo Testamento como lo conocemos hoy día (367 d.C.). Más adelante, en Roma se celebró un sínodo adoptando ese mismo canon neotestamentario y los libros de la Septuaginta para las liturgias de iglesias romanas (382 d.C.).  Finalmente los concilios de Hipona (393 d.C.) y Cartago (397 d.C.) siguieron esa misma ruta.

Así que, en todo caso, el rol que jugó Constantino en cuanto al canon neotestamentario fue históricamente uno marginal.

Otros errores …

Ya con lo expuesto arriba, podemos ver claramente que el autor del artículo “The Bible’s Ungodly Origins” está desinformado e históricamente desorientado.  Con esto no quiero decir que ahora todos debemos afirmar que la Biblia es “palabra divina”.  Sin embargo, parece que sus orígenes radican en unos niveles de complejidad más serios (aquí he presentado un “crash course” de la formación del canon; para más detalles, recomiendo el libro de Bruce Metzger, The Canon of the New Testament y el de Antonio Piñero, Guía para entender el Nuevo Testamento).  Sin embargo, hay otros errores adicionales en el artículo que criticamos:

  • El texto hace referencia a John Dominic Crossan, erudito distinguido miembro del Jesus Seminar. Sí es cierto que de acuerdo con él, Constantino quería crear una compilación neotestamentaria para ayudarle a unificar el imperio.  Sin embargo, él jamás estaría de acuerdo con el resto de lo que el artículo alega. La falla del autor de no decir dónde es que termina la opinión de Crossan puede llevar a los lectores a unas serias confusiones.
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  • Menciona la refutación de Brian Show de que el Concilio de Nicea no tuvo nada que ver con el canon neotestamentario.  Sin embargo, el autor continúa empecinándose de que Constantino fue el que aprobó el canon, algo que es manifiestamente falso.
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  • Cita a H. G. Wells en torno al Concilio de Nicea … y es irrelevante, ya que dicho sínodo cristiano no discutió absolutamente nada en torno al canon.
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  • Cita a Thomas Paine.  Las citas son genuinas, pero irrelevantes al tema en cuestión, ya que Paine ni vivió en la época de Constantino ni tuvo los recursos historiográficos en torno al emperador o al canon que tenemos hoy día. Solo se utiliza con propósitos retóricos para afirmar el deísmo. No tenemos nada en contra del deísmo per se, pero no tiene nada que ver con el mal uso de información presumiblemente histórica.

Una vez más, lo peor que pueden hacer ciertos no creyentes para intentar refutar las religiones en general (en particular el cristianismo) es crear toda una red de creencias falsas con escasos fundamentos históricos.  Los no creyentes también estamos sujetos a parcialidad y prejuicios personales, por lo que siempre tenemos que guiarnos por las mejores investigaciones disponibles hoy día.

 

Referencias

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Brown, Raymond. Introducción al Nuevo Testamento. 2 vols, Trotta, 2002.

Bardill, Jonathan. Constantine, Divine Emperor of the Christian Golden Age. Cambridge UP, 2011.

Bruce, F. F. The Canon of Scripture. InterVarsity, 1988.

Bruun, Patrick. “The Christian Signs on the Coins of Constantine.” Arctos, ser. 2, vol. 3, 1962, pp. 5-35.

Castillo, Pepa.  Año 312. Constantino: emperador, no cristiano. E del Laberinto, 2010.

Conzelmann, Hans. Hermeneia: Acts of the Apostles. Fortress, 1988.

Ehrman, Bart D. Forgery and Counterforgery. The Use of Literary Deceit in Early Christian Polemics.  Oxford UP, 2013.

Epp, Eldon Jay. The Theological Tendency of Codex Bezae Cantabrigiensis in Acts. Wipf & Stock, 1966.

Eusebio de Cesarea. Historia eclesiástica. Texto bilingüe, traducido por Argimiro Velasco-Delgado, Biblioteca de Autores Cristianos, 2008.

—. Vida de Constantino. Traducido por Martín Gurruchaga, Gredos, 1994.

Evans, Craig A. y Emanuel Tov, editores. Exploring the Origins of the Bible: Canon Formation in Historical, Literary, and Theological Perspective. Baker Academic, 2008.

Gamble, Harry Y. Books and Readers in the Early Church: A History of Early Christian Texts Yale UP, 1997.

Kee, Alistair. Constantine versus Christ. SCM P, 1982.

Lactancio. Sobre la muerte de los perseguidores. Traducido por Ramón Teja, Gredos, 1982.

Metzger, Bruce M. The Canon of the New Testament: Origins, Development, and Significance. Clarendon, 1997.

Olson, Carl E. y Sandra Miesel. The Da Vinci Hoax, Exposing the Errors in The Da Vinci Code. Ignatius, 2004.

Piñero, Antonio. Guía para entender el Nuevo Testamento. Trotta, 2011.

Piñero, Antonio y Jesús Peláez. El Nuevo Testamento: Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos. El Almendro / Fundación Epsilon, 1995.

Ramskold, Lars. “Highly Deceptive Forgeries of Constantine’s SPES PVBLIC Coinage.” The Celator, dic. de 2009, pp. 18-32.

Ruiz Bueno, Daniel. Padres apostólicos. Biblioteca de Autores Cristianos, 1993.

Tollinchi, Esteban. La metamorfosis de Roma. E de la U de Puerto Rico, 1998.

Vidal, Senén. Las cartas auténticas de Pablo. Mensajero, 2012.

Zuntz, Günter. The Text of the Epistles: A Disquisition Upon the Corpus Paulinum. Wipf & Stock, 2007.

Recomendación: El mito de la persecución cristiana

Libro: The Myth of Persecution

Candida R. Moss, The Myth of Persecution. How Early Christians Invented a Story of Martyrdom. HarperOne, 2013.

En una época como esta, en la que el gobierno de Puerto Rico promueve activamente actividades de ayuno durante la temporada de Cuaresma, logra forjar iglesias-escuela e intenta darle la vuelta a la legalización del matrimonio homosexual por parte del Tribunal Supremo federal, se hace pertinente la lectura de un libro como el de Candida MossThe Myth of Persecution (El mito de la persecución).  En el fondo, lo que mueve a muchos de los intereses religiosos puertorriqueños a que senadores y representantes legislen de esta manera es la ideología del sacrificio y la persecución.  Según algunos cristianos, Puerto Rico ha renegado de Cristo y está persiguiendo a los cristianos cada vez que se saca a Dios de la esfera pública.  El problema es que esto no es persecución.

Jesús de Nazaret murió en la Cruz como subversivo y desde tiempos de los primeros cristianos, definió ese retrato de muerte como un ideal. Desde la muerte (genuinamente histórica) de Pablo de Tarso y, muy probablemente, los apóstoles, Jacob hijo de Zebedeo, Juan su hermano, Pedro y Jacob el hermano de Jesús, los cristianos se fueron aferrando cada vez más a una ideología que buscaba imitar el destino del Maestro. De ahí en adelante, la Iglesia (especialmente la católica) nos narra la historia de muchos testigos de la religión cristiana que murieron por su fe valientemente ante las atroces persecuciones que desataron los diversos emperadores sobre estas iglesias….

Sin embargo, como muestra Moss en su obra The Myth of Persecution, ninguno de estos relatos expresa lo que históricamente sucedió. ¿Realmente Roma lanzó una campaña de siglos de persecución contra los cristianos en todos los lugares del imperio?  Moss pone en duda esa mentalidad atribuida a sus gobiernos. Parecería más bien que en la mayoría de los casos en que ocurrió algo parecido a lo alegado, la razón de los arrestos o persecución no eran exactamente por la fe. De hecho, ante la carencia de persecución, a veces quedaban totalmente defraudados. En una ocasión, un grupo de cristianos se agolpaban a la puerta del gobernador de Asia Cneo Arrio Antonino exigiéndole que los arrestara y los condenara a muerte. Ante tal solicitud extraña, les envió un mensaje diciendo que afuera podían brincar de un precipicio o podían usar sogas con las que podían ahorcarse ellos mismos.

En otros casos, hay dudas en torno a las verdaderas intenciones de la legislación romana cuestionada. En otros, las narraciones fueron totalmente ficticias. Hubo algunas que copiaron tradiciones sobre otras figuras insignes, como la de Siddharta Gautama.

Este pasado ficticio de mártires de la fe, que mueve el corazón de los cristianos de hoy para sentirse perseguidos (aunque realmente no lo estén), se desmitifican en The Myth of Persecution.

Es muy poco en lo que estoy en desacuerdo con Moss.  Mi único reparo ante sus aserciones radican en la figura del Emperador Nerón. Ella presenta dudas serias en torno a la caracterización hecha de él por un historiador posterior.  Sin embargo, otros textos cristianos (como el Apocalipsis de Juan) dejan claro que el ideal de martirio estaba ya bastante vivo ante la persecución desatada por los Romanos y, en un momento dado de la historia, los judíos en tierra palestina.

Recomiendo encarecidamente este libro para comprender mejor la mentalidad de algunos cristianos que en vez de investigar seriamente si verdaderamente hay o no una persecución, lo que hacen es añorar por esos tiempos ficticios, aun dentro un contexto político actual que en ocasiones se ha mostrado indiferente a sus reclamos.

También recomiendo otras obras de Moss que van por la misma línea, tales como:  Ancient Christian Martyrdom: Diverse Practices, Theologies, and TraditionsThe Other Christs: Imitating Jesus in Ancient Christian Ideologies of Martyrdom.

Luto: Muerte de un gran historiador

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Perdonen por el atraso en publicar artículos en el blog. Me ha ocupado mucho el tiempo de finales de clases y no he podido dedicarme tanto a varios problemas apremiantes que está pasando nuestro archipiélago. Tan pronto me desocupe, me verán escribiendo más frecuentemente.

Aun con todo, creo meritorio dedicarle unas palabras en cuanto al reciente deceso del gran historiador y sacerdote jesuita, Fernando Picó. Nacido en 1941, se destacó por ser un investigador incansable, un escritor prolífico y uno de los más grandes representantes de la Nueva Historia en Puerto Rico. Tuve la dicha de tomar clases con él y me atrevo a decir que todos los que hemos pasado por historia (en mi caso particular, graduada) hemos tenido la dicha de estar ante su humilde presencia.

Como buen cristiano, no solo dedicó su vida al sacerdocio, sino también a su entrega a los demás, especialmente a los más marginados. Gran amigo, gran académico, gran persona … nos despedimos de él. Sin embargo, es de esas personas que se van para quedarse, especialmente con su precioso legado a nuestro terruño puertorriqueño y la historiografía contemporánea de nuestra nación. Que descanse en paz.

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Opinión: Lo que debería ser la noticia de la semana…

Muy a pesar de la más crasa violación de la disposición constitucional de la separación de iglesia y estado, la Cámara de Representantes de Puerto Rico promovió la celebración de oraciones y actividades religiosas en varios municipios durante la temporada de Cuaresma. La razón de ello, según sus favorecedores, es aliviar el problema económico de Puerto Rico por esa vía.

Podemos decir empíricamente que dicha movida no funcionó en lo absoluto a ningún nivel. (Bajo el riesgo de caer en la pedantería, perdonen indicar lo obvio, pero asombra la frecuencia con la que la gente se olvida la inefectividad de actividades como esta). También constatamos el hecho de que su efecto neto fue negativo en dos sentidos:

  • Se estimula la teocracia gubernamental prejuiciada a favor de un sector religioso en particular (el cristiano) en detrimento de otros sectores, sean religiosos o no. Así, se lacera por completo la garantía de la libertad de todos de ejercer la religión que queramos o la de no practicar ninguna.
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  • A sabiendas de que todo era una distracción para no atender de manera efectiva y genuina la crisis económica, los políticos que paraticiparon de esa farsa le sacaron millaje político al sector religioso cristiano de Puerto Rico. Sin lugar a dudas, algunos de estos legisladores y alcaldes sabrán que con actividades como esta, el pueblo se olvidará de algunas de sus fechorías y volverán a elegirlos de nuevo en el 2020.

En otras palabras, el pueblo perdió políticamente.

FB_IMG_1493640491297Ahora bien, tras este evidente fracaso de querer solucionar nuestra depresión económica con oraciones, se llevó a cabo un “paro general” el 1 de mayo. Aunque este no es uno en el sentido clásico (es decir, detener la actividad económica del país mediante obstaculizaciones en todas partes de Puerto Rico), la marcha que se llevó a cabo ese día se destacó por el orden y la organización. Luego de terminada la actividad, ocurrió lo que todos ya sabemos: un grupo de jóvenes encapuchados comenzaron a vandalizar edificios en la Milla de Oro.

Algunas personas han levantado un número de planteamientos válidos en torno a la actividad. Uno de ellos tiene que ver con la notable rapidez con la que el Banco Popular de Puerto Rico (BPPR) radicó una demanda a prácticamente todas las organizaciones y personas que participaron en la marcha. Dado que esto se vio como un acoso a los demandados y de que evidentemente tal medida se caería ante cualquier juez con dos dedos de frente, el BPPR se vio en la necesidad de enmendar su demanda para corregir el problema.

Otros aspectos de la noticia permanecen oscuros, por lo que habrá que esperar a las investigaciones oficiales —e imaginamos que algunas no oficiales— en torno a las personas involucradas. Por ahora, se ha anunciado el arresto de alrededor de cincuenta sospechosos en relación con los incidentes (algunos de ellos, estudiantes). Unas de las fotografías ya están disponibles en línea.

Primeros arrestados por vandalismo

Primeros arrestados por el vandalismo en la Milla de Oro. De izquierda a derecha: Valeria Herrera Huyke, Jorge Santana Valentín, Carlos Alejandro Farmer del Toro.

Además de los jóvenes cuyas fotografías salieron en línea, se mencionaron otros nombres: Nina Alejandra Droz Franco, Andrés Cortés Ortiz, Miguel Vargas, Dennis Montalvo Concepción y algunos otros.

Sobre este último se han levantado dudas en las redes sociales. Según afirmaba antiayer el periódico El Nuevo Día, de los diez arrestados, al Sr. Montalvo fue al único que se liberó. Sin embargo, se suponía que el martes se presentara ante fiscalía por agredir a un policía, “daños a la propiedad, obstrucción a la justicia y violación a la Ley de Tránsito”.  Nos dice la noticia:

De otra parte Dennis Montalvo Concepción, de 31 años, no acudió hoy al Cuerpo de Investigación Criminal de San Juan, a donde fue citado para ser sometido a una rueda de confrontación ya que se le investiga por incitación a motín y cometer daños contra el edificio que alberga la empresa Liberty en Hato Rey.

En las redes sociales, se han circulado sus fotos y las aserciones de una persona que afirma que su presencia durante los acontecimientos vandálicos es extraña, ya que este estudiante era un estadoísta del corazón del rollo, “pro USA”.  También se publicó una foto del Sr. Montalvo con el logo de la campaña electoral de Ricardo Rosselló.  Se ha invitado a la gente a “llegar a sus propias conclusiones”.

El problema es que sin una investigación formal, usualmente las especulaciones en las redes sociales llegan a conclusiones erradas. (La película The Circle, aunque aburrida y algo confusa, ilustra perfectamente este punto).  Extraoficialmente, se nos ha dicho que la persona parece no ser un infiltrado. En realidad, no conocemos sus motivos para participar en la marcha, pero esperamos que no se pierda de vista el rol que jugó él en todo este caso. La noticia más reciente al respecto publicada por El Vocero revela que se le ha identificado como uno de los vándalos que rompió los cristales de uno de los bancos. Sin embargo, lo más extraño de todo ese texto es que afirma que no aparecen los agentes que arrestaron a varios de los atacantes.

Sin lugar a dudas, esto le echó más gasolina a la teoría de la “infiltración” por parte de agentes provocadores de la policía.  Parte de este alegato se ha podido confirmar sin lugar a dudas cuando la misma Superintendente admitió ante la prensa que habían oficiales vestidos de civil en la marcha.

Lo que no dudamos es que la inmensa mayoría de los que marcharon no tenían intención alguna de llevar a cabo actos de violencia. Y, de hecho, hay vídeos en los que se ve que los manifestantes reprobaban dicho comportamiento.

Abogados y abogadas observadores confirmaban que los actos violentos se dieron después de terminada la actividad de la marcha. La American Civil Liberties Union (ACLU) denunció algunos actos de la policía a la hora de advertir y arrestar a los vándalos que se separaron de la manifestación principal.

Por otro lado, el gobernador Ricardo Rosselló, “enojado”, afirmaba que se a “los responsables” del asunto pagarían por lo ocurrido, mientras que temerariamente intimidaba a los jueces de los tribunales si “dejaban caer los casos”. Esto es una vez más una amenaza a la vida democrática puertorriqueña y ha sido debidamente repudiada por el presidente del Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico. De hecho, durante esa rueda de prensa tan desafortunada, fue el periodista de Caribbean Business el que hizo la pregunta de mayor sustancia en relación con el tema.

Esto también se dio tras un fin de semana en que el gobernador emitió por los medios de comunicación dos mensajes de advertencia a los manifestantes del 1 de mayo, sin elaborar de manera alguna en torno al problema del manejo de la deuda. Sin embargo, estos y otros asuntos que discutiremos más adelante revelan que todo lo sucedido apunta a algo más grave que pintar con spray o romper cristales.

El contexto de los acontecimientos: la verdadera noticia

Desgraciadamente por las limitaciones de la misma prensa, raras veces se conectan los acontecimientos al contexto social en que ocurren. Es este escenario lo que más alarma, más allá de lo ocurrido en la Milla de Oro.

En Estados Unidos, el Presidente Trump (… perdonen, me da trabajo poner esas dos palabras juntas …) lanzó dos twits que implicaban lo que todos sabemos desde hace tiempo y es que en cuanto a la crisis de la deuda, Puerto Rico está realmente solo y no recibirá ayuda alguna del gobierno federal al respecto.

Este mero hecho, anuncia para los puertorriqueños una enorme crisis humanitaria en el área de salud. Literalmente, la gente enfermará y morirá por falta de medicinas y otros recursos médicos.

En el caso de la Universidad de Puerto Rico, la mayoría de su Junta de Gobierno rehusó aprobar el plan fiscal de la institución, por lo que se prevé que en el futuro quedará bajo el mando de un síndico.

Recientemente, algunos bonistas han demandado al gobierno de Puerto Rico por no pagar la deuda concerniente a la Corporación del Fondo de Interés Apremiante (Cofina) y otras porciones de la deuda de $73 millardos. Esto se dio después del tiempo concedido para renegociar la deuda. Como respuesta, el gobierno solicitó a la Junta de Control Fiscal que se acogiera al Título III provisto por la ley PROMESA (un mecanismo parecido al de una quiebra oficial y que es aplicable a los territorios) para que el gobierno quede a merced de un juez que restructurará la deuda. La Junta a su vez accedió a la petición. Esto significa que de ahora en adelante, el gobierno será un mero espectador de lo que ocurra. Dicha acción implicará recortes presupuestarios en todas las áreas del gobierno de Puerto Rico, con un efecto adverso a la economía. La Junta de Control Fiscal, institución que dudosamente representa el interés real de los puertorriqueños, será nuestra abogada ante dicho juez.

Obviamente, esta medida es mucho mejor que la alternativa, a saber, que el gobierno se someta a las crecientes demandas de unos bonistas con los que no podrá negociar de buena fe. El resultado de ello sería peor sin lugar a dudas, pero no alienta en absoluto a lo que ocurra de aquí en adelante.

Por otro lad, no apreciar estos factores evade la discusión de los siguientes puntos:

  • En las redes sociales se está planificando otro paro nacional, esta vez en el día del plebiscito de estatus pautado para el 11 de junio.
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  • Las medidas que se tomen a partir de junio tendrán una repercusión social en Puerto Rico que el gobierno intentará lidiar a nivel policíaco.
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  • La amenaza del ejecutivo a la rama judicial puede ser un preludio de un tipo de autoritarismo que crecerá a medida que se recrudezca la crisis.
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  • Por acción o reacción social, aumentará el nivel de violencia en Puerto Rico (sean o no por agentes provocadores gubernamentales o por oposición de varios sectores del espectro político).
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  • Sin lugar a dudas habrá una crisis humanitaria en Puerto Rico de grandes proporciones que no se ha visto desde la época de la Gran Depresión, lo que conllevará varias cosas: gente que perderá todo y no conseguirá empleos; cierre de más negocios en Puerto Rico agravando la espiral de la depresión; una crisis médica  y un aumento exponencial de la emigración.
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  • Podrían desaparecer varios municipios de Puerto Rico.
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  • Va a pulular la privatización de corporaciones y servicios públicos.

Quisiéramos tener un mejor panorama, pero eso es lo que prevemos si no enfrentamos seriamente lo que se avecina pronto. Lo que sí opinamos es que los puntos mencionados deberían ser el mayor enfoque de las noticias en los próximos meses y años, ya que esto es mucho más serio que la quema de banderas, cristales rotos o pintura de spray en las paredes. Sin embargo, acusar a la alcaldesa de San Juan de tomar parte de estos actos de violencia, evidencian a todas luces que el gobernador desea politiquear y no tratar estos asuntos en serio.

Nota aparte: Para añadir a estas desgracias, Gabriel Rivera, un estudiante que participaba de la huelga de la Universidad de Puerto Rico, se suicidó recientemente. Vaya nuestro pésame a su familia. Si usted conoce a alguien que ha mostrado señales de potencial suicidio, por favor considere llamar a los teléfonos de ayuda:  Línea Programa de Ayuda Sicosocial (PAS) 1-800-981-0023 / Suicide Prevention Life Line – Red Nacional 1-888-628-9454, 1-800-273-8255 / Inspira (Línea de consulta en crisis) 787-644-0559, 787-448-5651.

Otra evidencia contra la tesis de la crux simplex …

En uno de los artículos sobre Jesús de Nazaret se resaltó la evidencia contra la creencia de los testigos de Jehová de que la crucifixión que padeció históricamente el Nazareno era en una crux simplex. Según ellos, el uso de la crux immissa como aquella en la que murió Jesús provino del emperador Constantino en el siglo IV. Sin embargo, mostramos el famoso Alexamenos Graffitto en la que se representa a Jesús como un hombre con cabeza de asno crucificado en una crux immissa y que esta era una evidencia temprana de que para los cristianos Jesús no murió en una crux simplex.

Alexamenos graffitti

Graffitti del siglo III d.C. que se burla de un cristiano. Dice en griego: “Αλεξαμενος ςεβετε Θεον” (Alexamenos adora a su dios).

Sin embargo, la revista cibernética Bible History Daily llamó la atención recientemente a otro tipo de evidencia, esta vez por escrito, de un papiro conocido como P75 en la que se constata el uso de un “staurograma” (⳨), un símbolo que combina las letras “tau” (T) y “rho” (P) en griego. Se abrevia la palabra griega para crucifixión “stauron” (σταυρον) de la siguiente manera (Ϲ⳨ΟΝ) con un ligamento sobre esta palabra.

P._Bodmer_XIV-XV,_staurogram

P75 es un papiro mucho más temprano (s. II) que el Alexámenos Graffitto (s. III). Una vez más, esto es evidencia de que los cristianos estaban bien claros en el tipo de cruz que ellos creían que había muerto Jesús.

El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 6

La serie, partes 1, 2, 34 y 5

La noche de Gólgota -- por Vasily Petrovich Vereshchagin (1869)

La noche de Gólgota — por Vasily Petrovich Vereshchagin (1869)

La tradición más antigua de sepultura y resurrección

Uno de los elementos que hacen más valiosas las cartas auténticas paulinas es que Pablo frecuentemente nos cita las tradiciones más antiguas con las que contamos en torno al tema de la muerte y resurrección de Jesús.

En primer lugar os transmití lo que por mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas {Pedro} y luego a los Doce; que después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los que todavía la mayor parte viven, aunque otros ya murieron. Luego se apareció a Jacobo {el hermano de Jesús}; más tarde, a todos los apóstoles (1 Cor. 15:3-7).

¿Cómo sabemos que esto proviene de una tradición ajena a la de Pablo? Si tomamos los versos del 3b al 5, obtenemos una estructura inconfundible tradicional que contrasta la muerte y sepultura con la resurrección y su aparición a Pedro. Compárese los versos (a), (b) (c) y (d) de la primera estrofa con los correspondientes de la segunda:

1(a) Cristo murió
1(b) por nuestros pecados
1(c) según las Escrituras
1(d) que fue sepultado

2(a) que {Cristo} resucitó
2(b) al tercer día
2(c) según las Escrituras
2(d) que se le apareció a Cefas

Todos los relatos que vemos en torno a su sepultura y tumba vacía en los evangelios son relatos posteriores a esta tradición. Algunos disputan la historicidad de este contenido. Otros afirman que es perfectamente consistente con el primero de nuestros evangelios (el de Marcos) muy a pesar de que los recuentos evangélicos se contradigan entre sí. ¿Acaso Jesús no se les apareció a las mujeres primero? O, como afirmaría Ehrman en su obra How Christ Became God, tal vez la carencia de mención de José de Arimatea como contraste literario al nombre de Cefas es señal que no hubo un tal personaje y que, en definitiva, a lo mejor Jesús no fue sepultado.

Veamos este asunto más a fondo.

La sepultura

Es verosímil que la crucifixión haya tomado lugar antes de la Pascua, incluso el día antes (en relación con esto, el Evangelio de Juan —como diríamos los puertorriqueños— “la pegó”, aunque por razones puramente teológicas). Recordemos que la cronología evangélica es inverosímil y que todo este proceso de juicio a Jesús hasta que llegó a manos de Poncio Pilatos pudo haber tomado días, pero ciertamente no de un día para otro. Sin embargo, puede ser posible que Pilatos atendiera su caso dos días antes o el día antes de la Pascua. En primer lugar, el juicio romano se dio en Jerusalén, no en Cesarea Maritima en las costas de Samaría, la sede de su autoridad. Como hemos dicho en otros artículos, la presencia romana en la Ciudad de David incrementaba debido a los exabruptos nacionalistas que solían ocurrir de vez en cuando durante esa temporada. Nadie como Pilatos para garantizar el orden.

Jesús fue condenado a la crucifixión y murió ese mismo día después de haber pasado (posiblemente) algunos días de prisión y maltrato por parte de los soldados. Después de un desangrado considerable y del espantoso dolor que debió haber pasado en la Cruz, podía ser que para velar por el día de Pascua (recuerden que para los judíos de esa época, “el día siguiente” comenzaba a las 6:00 de la tarde, no a la medianoche) el Sanedrín solicitara que se descolgara a los muertos en la cruz, ya que no debían estar expuestos en esa noche de fiesta.

En cuanto a este punto, hay un debate muy interesante entre eruditos del Nuevo Testamento. John Dominic Crossan y Bart D. Ehrman (este último de manera más cualificada) piensan que los romanos no hicieron excepción alguna en cuanto a la crucifixión y que probablemente dejaron los cuerpos a la interperie para que fueran depredados por animales. La razón de ello es que fuera de unos casos constatados por Filón de Alejandría y Josefo, no habría motivo alguno para que los romanos respetaran las formalidades culturales locales. La idea de que Pilatos ayudara a guardar las formalidades de la Pascua sería bien improbable. Ya hemos visto cómo solía tratar a la población en caso que se resistiera por razón alguna. A él le importaba muy poco este asunto. La crucifixión tenía la intención de humillar a los rebeldes, ¿qué razón tendría Pilatos para permitir que se les descolgara de la cruz en la temporada más nacionalista de Jerusalén?

Del otro lado de la discusión, se encuentra prácticamente el consenso de los historiadores y exégetas del Nuevo Testamento. ¿Por qué discuto a Crossan y Ehrman? Porque el peso de sus argumentos en este caso es importante. Sin embargo, en el otro lado, aunque predominen algunos estudiosos conservadores y confesionales, esto no significa en absoluto que todos ellos tengan un cociente de inteligencia bajo (y si creen que sí, les invito cordialmente a estudiar hebreo, arameo, griego koiné y copto, mas paleografía, historiografía antigua, filología, filosofía antigua, escritos apócrifos, etc. …  se pasarán toda una vida estudiando …  como ellos lo han pasado). Al contrario, son brillantes eruditos y a ellos le debemos gran parte de lo que discutimos en artículos previos. ¿Qué tienen que decir ellos al respecto?

En primer lugar, debemos comprender la relación entre Roma y Judea para entender cómo Pilatos tenía que relacionarse con los judíos. Judea es para todos los efectos una de las provincias de las excepciones. Contrario a lo que nos indican las películas de Jesucristo, los romanos no estaban paseando todo el tiempo por Jerusalén en grandes números para intimidar al público todos los días. Su presencia incrementaba para el periodo de Pascua, pero el resto del tiempo, la guardia estaba bajo la supervisión del Sumo Sacerdote (en este caso, Caifás). Por otro lado, Pilatos gobernaba desde un lugar más pacífico, Cesarea Maritima en las costas de Samaría. Con contadas excepciones, los romanos también solían respetar las tradiciones judías del Templo y de todas partes de sus dominios, siempre y cuando pagaran el tributo debido al Imperio. Este era el acuerdo que habían establecido con los sacerdotes saduceos y, por tal motivo, esta casta era odiada por fariseos, esenios y otros sectores sociales. Pero, ¿por qué Roma no forzaba el estilo de vida romano o actividades típicas de su cultura o, al menos, la tan admirada helenística? En primer lugar, Antíoco Epífanes intentó hacerlo primero y fracasó ante una guerra de guerrillas nacionalista bajo los Macabeos.

En segundo lugar, debemos recurrir de nuevo a lo que nos tiene que decir el historiador Flavio Josefo. ¿Se acuerdan que Pilatos masacró a un número de personas en una multitud por utilizar el Dinero Sagrado para un acueducto?  Pues, antes de eso ocurrió este incidente:

Cuando Pilato fue enviado por Tiberio como procurador {error histórico: fue prefecto} a Judea, llevó de noche a escondidas a Jerusalén las efigies de César, que se conocen por el nombre de estandartes. Este hecho produjo al día siguiente un gran tumulto entre los judíos. Cuando lo vieron los que se encontraban allí, se quedaron atónito porque habían sido profanadas sus leyes, que prohíben la presencia de estatuas en la ciudad. Además, un gran número de gente del campo acudió también allí ante la indignación que esta situación había provocado entre los habitantes de la ciudad. Se dirigieron a Cesarea y pidieron a Pilato que sacara de Jerusalén los estandartes y que observara las leyes tradicionales judías. Pero como Pilato se negó a ello, los judíos se tendieron en el suelo, boca abajo, alrededor de su casa y se quedaron allí sin moverse durante cinco días y sus correspondientes noches.

Al día siguiente Pilato tomó asiento en la tribuna de un gran estadio y convocó al pueblo como si realmente desease darles una respuesta. Entonces hizo a los soldados la señal acordada para que rodearan con sus armas a los judíos. Estos se quedaron estupefactos al ver inesperadamente la tropa romana formada en tres filas a su alrededor. Mientras, Pilato les dijo que les degollaría, si no aceptaban las imágenes de César y dio a los soldados la señal de desenvainar sus espadas. Pero los judíos, como si se hubiesen puesto de acuerdo, se echaron al suelo todos a la vez con el cuello inclinado y dijeron a gritos que estaban dispuestos a morir antes que no cumplir sus leyes. Pilato, que se quedó totalmente maravillado de aquella religiosidad tan desmedida, mandó retirar enseguida los estandartes de Jerusalén (Josefo, La guerra II:169-174).

En otras palabras, había una razón por la que Roma pensaba que era más eficiente respetar las leyes judías y cobrar el Tributo que imponerles costumbres romanas.  Pilatos pensaba que él era el hombre para lograrlo y claramente se equivocó.

No solo eso, la masacre que llevó a cabo en Jerusalén fue un caso excepcional debido a que, contrario a los estandartes, el acueducto pudo haber sido una genuina necesidad con la que no se contaba con los recursos económicos, así que utilizó el recurso disponible en manos de los sacerdotes saduceos. Fuera de este episodio de los estandartes y el de años más tarde la imposición de las estatuas de Calígula, Roma mantenía una política de “manos afuera” en relación con Jerusalén: que el Sumo Sacerdote mantuviera el orden y que se observaran las leyes mosaicas, siempre y cuando ese orden no fuera contrario al dominio romano y al pago tributario. Además, se les solicitaba que ofrecieran sacrificios y oraciones por el bienestar del emperador. Tanto Josefo como Filón de Alejandría nos dejan constancia de que en muchas ocasiones los judíos le solicitaban a Pilatos velar por sus leyes patrias como lo habían hecho muchos reyes y emperadores hasta ese momento.

Craig A. Evans, exégeta protestante bien respetado en su campo, nos informa que la Torah dice bien explícitamente que debían sepultar los cadáveres antes de la puesta de sol (Deuteronomio 21:22-23), algo que recordaba con mucho énfasis la comunidad de Qumrán (11Q19 64:7-13a). Él trae a colación el hecho de que Josefo narraba cómo durante la Guerra Judía, varios judíos bajaban a crucificados para sepultarlos, tal como exigía la Torah. Ehrman no estuvo de acuerdo con su argumento, específicamente por la falta de cualificaciones a las aserciones de Josefo.

Nota personal e inexperta: Los diez argumentos que numera Ehrman rozan un poco con el hiperescepticismo, aunque no son en ellos mismos irrazonables. Aun subrayando mi carencia de expertise en cuanto a este tema y que, tal vez, no tenga suficiente información al respecto, me parece que tampoco hay razones de peso para poner en duda que Pilatos respetaba al menos algunas tradiciones judías. De otra manera, los judíos estarían en perpetua queja ante el Imperio. Aquí está el enlace de su blog en el que responde a este planteamiento de Evans.  (Si no pueden ver todo el artículo, únanse a su blog por un costo módico de $7.95 cada tres meses. El dinero completo se dona a Médicos Sin Fronteras y CARE, entre otras organizaciones sin fines de lucro. A cambio de ello, tienen acceso a las opiniones de uno de los exégetas más respetados de Estados Unidos).  Pueden ver más de sus respuestas a Evans aquí  (tampoco me convence mucho) y aquí (nope).

Sin embargo, el análisis de Evans también falla significativamente en algunos puntos. Por ejemplo, muestra como evidencia el hallazgo de Yeojanan (del que hablamos en nuestro artículo anterior), cuyas piernas fueron quebrantadas por los romanos para que muriera más rápido. Él afirma que probablemente se debió a que no estaba muriéndose “a tiempo” (por así decirlo) y los romanos tomaron medidas al respecto. ¿Por qué razón sería? Lo más probable porque tenían que bajar su cadáver de la cruz antes del atardecer. Una observación muy importante que hace Ehrman es que este condenado pertenecía aparentemente a una élite judía y sus familiares pudieron haber influenciado la decisión del gobernador para enterrarlo. Ese no era el caso de Jesús, quien no era pudiente y cuya familia no se encontraba en Jerusalén, sino en Galilea. ¿Por cuánto tiempo estuvo Yeojanan crucificado? ¿Cuáles crímenes cometió?  No tenemos constancia de ello. Es más, la persona que hizo el análisis de los huesos —Joe Zias— afirma que su quebrantamiento ocurrió después de su muerte.

Finalmente, Evans argumenta que se han encontrado clavos de crucifixión en varios osuarios, lo que indica que se solían sepultar honrosamente a cadáveres de crucificados, en vez de dejarlos a la interperie por mucho tiempo. Sin embargo, como bien señala Ehrman —respaldado por la autoridad de un experto en el tema— estos clavos no se guardaban porque los cadáveres fueran de crucificados, sino porque eran más bien una especie de talismanes: específicamente se pensaba que dichos clavos espantaban a los espíritus malignos. El clavo que ilustra Craig en su artículo es del osuario de Caifás (quien jamás fue crucificado).

Este fascinante debate continúa, sin embargo, en mi —muy inexperta— opinión (y, por favor, tómenla cum granus salis) es que sí se descolgó el cadáver de Jesús después de haber muerto y que fue enterrado por un tal José de Arimatea. En ese aspecto, estoy de acuerdo con la mayoría de los historiadores y exégetas. La razón de ello la explica el erudito James G. McGrath en su libro electrónico (muy didáctico) The Burial of Jesus, donde explica “en arroz y habichuelas” lo que expondremos ahora.

El relato cepa de los demás sinópticos proviene de Marcos y nos dice lo siguiente:

Ya al atardecer, como era la Preparación, es decir: la víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro respetable del Consejo {Sanedrín}, que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. Se extrañó Pilato de que ya estuviese muerto y, llamando al centurión, le preguntó si había muerto hacía tiempo; informado por el centurión, concedió el cuerpo a José. Este compró una sábana y lo descolgó de la cruz; lo envolvió luego en ella y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en una roca. Finalmente hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de Josés se fijaron dónde lo ponían (Marcos 15:42-47)

Otros evangelios hicieron de José un seguidor de Jesús, algo que realmente no está claro en este texto, ya que Jesús no era el único que predecía la “llegada del Reino de Yahveh” sino uno de muchos apocalipticistas de su tiempo. Sobre si José era o no seguidor de Jesús, el texto es admitidamente ambiguo, lo que nos lleva a pensar que a lo sumo era un apocalipticista del Sanedrín que no era seguidor de Jesús. El otro dato que parece ser significativo es que a Pilatos se le dio la información que “hacía tiempo” Jesús había fallecido.

Nótese en cuanto a todo esto, que los discípulos habían huído y no podían solicitar un entierro honorable a Jesús.  Sus familiares parecen haber estado en Galilea en el momento, por lo que tampoco lo solicitaron. Sin embargo, el interés de José de Arimatea parecía ser estrictamente jurídico-religioso (no quería que hubiera un cadáver colgando antes del atardecer, ya que había que cumplir con la normativa de Moisés). Nótese que en ningún momento Marcos nos dice lo que otros evangelios alegaban: que la sábana estaba “limpia” y que el sepulcro era “nuevo” (Mateo 27:60; Juan 19:40-41); o que era acompañado de Nicodemo (Juan 19:39); o que envolvió al cadáver con dulces aromas según la tradición judía de sepultar (Juan 19:40-41).

En otras palabras, sale a relucir de nuevo el criterio de incomodidad o dificultad, de que los evangelistas posteriores han intentado embellecer el relato original sobre José de Arimatea para que parezca que Jesús fue sepultado por un discípulo respetuoso de su Maestro … y no como el miembro de un Sanedrín que buscaba velar por la ley patria que sepultó a Jesús con una sábana (si limpia o no, no sabemos) en un sepulcro común y corriente. Es más, contrario a lo alegado por el Evangelio de Juan, todo indica que se le sepultó sin los debidos rituales judíos de honor; es decir, se le estaba tratando como a un criminal.

¿Cómo sabemos que fue así?  Sencillo, porque según Marcos, Jesús fue preparado para la muerte en vida. Este es el relato de la “unción” en Betania, en la que Jesús decía que ese perfume era para prepararlo para la muerte. ¿Por qué añadiría Marcos este relato inverosímil? Porque sabe que José de Arimatea no le lavó ni le ungió; así que apologéticamente Marcos narraba un “acontecimiento” en el que sí se le ungió para la muerte para una sepultura digna y honrosa donde José nunca se la dio (Marcos 14:3-9). No solo eso, Marcos también incluye el relato de las mujeres que fueron el domingo (el tercer día) para limpiarlo según la normativa judía … ¿y qué sucedió? Lo que ellas jamás se esperaban …

La proclamación de la resurrección

Aparición de Cristo a María Magdalena -- por Alexander Andreyevich Ivanov (1835)

Aparición de Cristo a María Magdalena — por Alexander Andreyevich Ivanov (1835)

¡OK, mis queridos lectores sabiondos!  Ustedes se deben acordar que les di una asignación. Les pregunto otra vez: Contrario a lo que alega la película The Case for Christ, ¿por qué el criterio de testimonio múltiple no aplicaba a los relatos de la resurrección en los evangelios?

Respuesta a la asignación (Spoilers!):

Si han leído los cuatro relatos de la resurrección podrán concluir que en el caso de los sinópticos, los tres son muy parecidos (con pequeñas variantes), lo que sugiere que los tres tienen una fuente común. En este caso, Mateo y Lucas están copiando de la misma fuente: Marcos.  Así que en el caso de los sinópticos, no vale el criterio de testimonio múltiple, ya que el relato cepa cuenta solo como un testimonio. En el caso de Juan, el relato es tan distinto al de los de los sinópticos y tan impregnado de la teología del autor que no es fiable históricamente. Aunque proceda en última instancia de una fuente distinta, ha sido bien alterado para descansar históricamente en ella y contarla para un testimonio múltiple (asunto todavía debatido entre los eruditos). Además, hay elementos que indican que la aparición a María Magdalena está atada a la glorificación corporal de Jesús y al relato sinóptico de la incredulidad de los discípulos a las mujeres.

El más temprano de los evangelios, el de Marcos, nos dice lo siguiente…  y, por favor, manténgase atentos hasta el final:

Pasado el Sábado, María Magdalena, María la de Jacobo y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarlo. Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, fueron al sepulcro. Se decían unas a otras: “¿Quién nos retirará la piedra del sepulcro?” Pero, al alzar la mirada, vieron que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande. Al entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dijo: “No os asustéi; sé que buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Pero ha resucitado, ya no está aquí. Ved el lugar donde lo pusieron. Id, sin embargo, a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea: allí lo veréis, como os dijo.” Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo (Marcos 16:1-8).

¡Punto!  Créanlo o no, ese es el final del Evangelio de Marcos. Todos los exégetas reconocen que los versos que siguen fueron una interpolación posterior, probablemente de algún copista cristiano que deseaba concluir el relato con algo más satisfactorio. Nótese que en este texto, Jesús no se le aparece en lo absoluto a las mujeres. Nos dice, por otro lado, que Jesús se les aparecería a los discípulos en Galilea. Eso coincide completamente con la narrativa más temprana que tenemos sobre la resurrección de Jesús … la de Pablo. ¿Se acuerdan de la cita que mencionamos al principio?  Jesús se le apareció resucitado primero a Pedro y después a los demás.

¿Es histórica esta visita de las mujeres al sepulcro?  Es difícil saberlo, aunque personalmente me inclino a que no. ¿Por qué? Porque de principio a final está demasiado apegado al motif literario del autor. Como afirmamos en varios artículos, Marcos intentaba explicar cómo Jesús nunca se autoproclamó Mesías (al menos en público), además de que resaltaba la incomprensión por parte de los discípulos y otros en torno a sus verdaderas intenciones y su mensaje, de que sus oyentes hacían todo lo contrario a lo solicitado, a veces llegando al punto de su continua irritación (Marcos 1:25,34,41; 3:2,13; 7:6-12,18-20,27,36; 8:11-12,16-21,26,29-30 … etc). El incidente del sepulcro vacío es la culminación de dicha incompresión de los discípulos por el hecho de haber huído, porque fueron las mujeres, no los varones más cercanos al Maestro, las primeras en recibir la noticia … Y para colmo, ellas tampoco entendían lo que pasó porque, con su temor, ni se calmaron ni le dijeron nada a nadie (todo lo opuesto a lo que les solicitaba el hombre).

Además, hay muchas sospechas en torno al relato mismo del sepulcro vacío. En todo caso, Jesús parece haber indicado que después de la resurrección los cuerpos serían como los de los ángeles (Mc. 12:24a,25). Esto se confirma con el hecho de que la doctrina más temprana que tenemos de la resurrección aparece en las cartas de Pablo. Una vez más, comprendiendo la doctrina jesuana desde un marco judeohelenístico, lo sumerge en una teoría muy curiosa de la dualidad carne-espíritu. Para Pablo, la resurrección sería sin lugar a dudas fisica, pero su sustancia cambiaría: dejaría de ser un cuerpo material (carnal) para convertirse en uno espiritual. De hecho, para él, la resurrección de Jesús fue en un cuerpo espiritual, al igual como el del primer hombre antes de pecar contra Yahveh, al igual que el de los ángeles (cuya naturaleza era espiritual, no carnal) (1 Tes. 4:15-18; 1 Cor. 15:42-55).

Podría ser que originalmente para los discípulos, el “cuerpo carnal” de Jesús quedara sepultado, mientras que fue resucitado en uno espiritual. O podría ser que los discípulos sostuvieron que su Maestro se les aparecía con un cuerpo glorificado, totalmente renovado del físico. Todos los evangelios coinciden que él se les apareció con algunas propiedades sobrenaturales (traspasaba paredes, aparecía y desaparecía, nadie le reconocía, etc.)

¿Qué hay de los 500 testigos?

Una de las cosas de la película de The Case for Christ que hizo que mi quijada cayera al suelo es el que el periodista, Lee Strobel, no le pusiera signos de interrogación a esa información y diera el dato por bueno. ¿En serio? ¿No conoce el fenómeno humano, desgraciadamente frecuente, de la exageración?

Sabemos que antes de Pablo, hubo algunos que experimentaron tal visión se consideraron enviados por Jesús para el anuncio del Reino. A estos se les conocieron como “Apóstoles”, del griego “apóstolos” (ἀπόστoλος) que significa “emisario” o “enviado”. Este título no se le confiere solo a los Doce discípulos más cercanos, sino también probablemente a otros como José Bernabé, Andrónico y Junia (Rom. 16:7), entre otros. Ahora bien, ¿500 personas?, ¡muy dudoso! Eso suena al mismo tipo de exageración que vemos en Hechos de los Apóstoles cuando nos dice que en Pentecostés convirtieron los Doce a tres mil personas en Jerusalén (Hechos 2:41).

El Martirio de San Pedro -- por Caravaggio (1601)

El Martirio de San Pedro — por Caravaggio (1601). Este cuadro evoca a la ocasión en que Pedro había solicitado ser crucificado cabeza abajo.

La tradición que vimos al principio afirma que los Doce discípulos experimentaron apariciones de su parte. Sin embargo, hay tradiciones de la incredulidad de algunos (Lucas 24:38-43; Juan 20:24-29; Hechos 1:3). Puede ser que Pedro y otros más hayan tenido visiones de Jesús y el resto respondiera al principio con escepticismo. Lo próximo que podemos saber con relativa seguridad es que dichas visiones tuvieron lugar en Galilea (dato que nos ofrece Marcos) que era donde probablemente huyeron los discípulos una vez fracasado el proyecto jesuano. Sin embargo, su experiencia de la resurrección (fuera por visiones o por alguna otra razón), les motivó para establecer su centro de operaciones en Jerusalén, lugar donde comenzaría la restauración de Israel eventualmente, al mando de Jacobo (el hermano de Jesús), de Pedro y de Juan (Gál. 2:9). ¿Qué ocurrió con los demás? Probablemente Jacobo el hijo de Zebedeo y hermano de Juan murió bajo el gobierno de Herodes Agripa (Hechos 12:1-2). Después de la reunión que se dio en Jerusalén (el llamado “Concilio de Jerusalén”) parece que Juan murió martirizado, según aparece un vaticinium ex-eventu en uno de los evangelios que les anunciaba la manera que habrían de morir (Marcos 10:39).  Sobre el resto no tenemos información fiable alguna excepto, tal vez, el martirio de Pedro (probablemente en Roma) crucificado bajo Nerón (Juan 21:17-19).

Se forjaron congregaciones bajo su supervisión y fuera de ella (como muchas de las que se establecieron en la gentilidad), pero de alguna forma vinculadas a la comunidad jerosolimitana. Más tarde, en el Mediterráneo se fueron forjando distintas cristologías, visiones en torno a la ley patria judía (la Torah), la resurrección, la relación carne y espíritu, el sacrificio vicario del Mesías, el Reino de Dios, etc. La muerte de Jacobo, el hermano de Jesús, bajo las autoridades judías y la destrucción de Jerusalén marcaron el final de esa congregación y solo quedaron algunas pocas fieles a sus raíces judías en la gentilidad, pero el resto gravitó más al pensamiento helenístico, especialmente por obra de las congregaciones paulinas. Así, todo el movimiento apocalíptico de corte nacionalista, radicado en la Torah, en la restauración de las doce tribus de Israel, en un Hijo del Hombre que iba a someter a todos los enemigos paganos a la merced de la gran potencia israelita, pasó gradualmente a uno no apocalíptico, que tenía una comprensión platónica y estoica de la llegada de Jesús y del Reino de Dios y bien antijudía.

¿Cómo ocurrió esto con lujo de detalles? Pues, queridos lectores, ese es un tema para otra ocasión.

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 5

La serie, partes 1, 2, 3 y 4

¿Quién era Poncio Pilatos?

¿Qué es la verdad? - por Nicolai Ge (1890)

¿Qué es la verdad? – por Nicolai Ge (1890)

Si alguien me preguntara cuánto tardó el interrogatorio del prefecto romano, Poncio Pilatos a Jesús, les podría decir que no más de cinco minutos. El diálogo debió haber sido algo así:

—Dicen los sacerdotes del Sanedrín que tú te has autodenominado Rey de los Judíos. ¿Qué tienes que decir al respecto? ¿Aceptas las acusaciones? ¿Eres el Rey de los Judíos?— diría Pilatos

— Tú lo dices.

— ¡Crucifíquenlo!

Ese sería el final del relato. Pienso que algo bien parecido fue lo que realmente ocurrió. Contrario a nuestra cultura de derechos, el Imperio Romano no tenía tal cosa como derecho a un juicio, a un abogado, un jurado de sus pares, etc.

¿Qué clase de persona fue Poncio Pilatos? Una tal vez muy distinta a la que vemos en los evangelios y en otros escritos cristianos. Para ilustrarlo, vean el siguiente pasaje de las Antigüedades judías de Flavio Josefo:

Pilato provocó otra revuelta al gastar el Tesoro Sagrado, que se llama Corbán, en la construcción de un acueducto para traer el agua desde una distancia de cuatrocientos estadios. El pueblo se indignó ante este proceder y, como Pilato se hallaba entonces en Je­rusalén, rodeó su tribuna dando gritos en su contra. Sin embargo Pilato, que había previsto ya este motín, distribuyó entre la multitud soldados armados, vestidos de civil, y les dio la orden de no hacer uso de las espadas, sino de golpear con palos a los sublevados. Desde su tribuna él dio la señal
convenida. Muchos judíos murieron a golpes y otros mu­chos pisoteados en su huida por sus propios compatriotas. La muchedumbre, atónita ante esta desgraciada matanza, quedó en silencio (II:175-177).

¡Ahí tienen a Poncio Pilatos! Era un hombre con una actitud férrea, sin misericordia. Es difícilmente el tipo de persona que hubiera pensado dos veces la pena de crucifixión ante una admisión explícita de un tal Jesús de que se consideraba Rey de los Judíos.

Hoy día la pena de muerte a una sola persona le cuesta miles, a veces millones, de dólares en procedimientos judiciales. Sin embargo, en la Antigüedad y ante el Imperio Romano, especialmente contra rebeldes antirromanos, la vida era bien barata. Cuando la Guerra Judía terminó con la destrucción de Jerusalén, el hijo del emperador Vespasiano, Tito, mandó a crucificar a tanta gente, que se les acabó la leña a los romanos (Ehrman, Jesus 223-224).

Lo que encontramos en los evangelios es otra cosa.  Vemos a un Pilatos que vacilaba ante los alegatos de los sacerdotes, que se resignaba ante las autoridades judías y se lavaba las manos o que se los entregaba a los líderes judíos para que fueran ellos los que le crucificaran (¡!¿? – Juan 19:15-16). Además, según estos escrito, era tan difícil el problema para él, que consultó a las multitudes a ver si soltaban a Jesús o a un sedicioso llamado Barrabás, porque y cito:

Cada Fiesta [Pilatos] les concedía la libertad de un preso, el que pidieran (Marcos 15:6).

Esto era impensable para los romanos, dado que todo sedicioso era condenado a la crucifixión sin otras consideraciones. Además, tampoco hay evidencia alguna en ninguna de nuestras demás fuentes de que existiera esta costumbre.

Aunque los evangelios, Flavio Josefo y el historiador Tácito nos dicen que Pilatos era procurador de Judea, en realidad era un prefecto. ¿Cómo lo sabemos? Se ha encontrado una inscripción con el nombre de Poncio Pilatos que así lo establece.

Inscripción de Poncio Pilatos

Inscripción de Poncio Pilatos. Foto cortesía de Marion Doss.

La inscripción, que aparece parcial, dice lo siguiente:

[DIS AVGUSTI]S TIBERIEVM
[…PO]NTIVS PILATVS
[…PRAEF]ECTVS IVDA[EA]E
[…FECIT D]E[DICAVIT]

El divino Augusto Tiberio
… Poncio Pilatos
Prefecto de Judea
… ha dedicado

Como casi siempre ocurre, la evidencia arqueológica debe privilegiarse por encima de la evidencia documental.

Desgraciadamente, de un Poncio Pilatos inmisericorde, los cristianos fueron exonerándolo más a él y culpando más a los judíos de la muerte de Jesús. Tanto es así que hoy día, hay iglesias cristianas que han canonizado a Pilatos. ¿Qué explica tal exoneración?

  • La destrucción de Jerusalén fue el mayor detonador de las tensiones más agresivas entre judíos y cristianos gentiles. Solo quedaron los fariseos y los cristianos como ramas del judaísmo. Desde mucho antes, algunas de las sinagogas judías estaban expulsando a cristianos y castigándoles con 39 golpes con varas (apaleamiento), como ocurrió con Pablo de Tarso (2 Cor. 11:24).
    .
  • El número de cristianos era mucho mayor en la gentilidad, en áreas dominadas por Roma que en Judea. Esto significó que dada la hostilidad de ambos (judíos y romanos), sentirían la presión social de ser mejores personas ante las autoridades romanas.
    .
  • En la región romana de Palestina, el cristianismo era una forma de resistencia judía antirromana, pero en la medida que en la gentilidad siguió integrando a miembros de todos los estratos sociales, se percibían cada vez menos como judíos y no tan antirromanos.
    .
  • Esto último llevó a una teología paulina mal entendida. Contrario a Pablo, quien afirmaba que la Torah estaba vigente y que los judíos estaban obligados a observarla, varias vertientes paulinas después de su muerte comenzaron a decir que la Torah había sido abolida. Que la muerte de Jesús había nulificado la Ley mosaica y que los judíos (quienes los expulsaban y maltrataban en las sinagogas) habían traicionado a su Mesías, debido a que sus autoridades lo habían mandado a matar.
    .
  • Finalmente, el contenido apocalíptico de los evangelios fue menguando a medida que pasaron los años:  en Marcos y Mateo hay un fuerte apocalipticismo, que se reduce considerablemente en Lucas y casi desaparece por completo en Juan. Igual con varias de las cartas pospaulinas.
    .

Este fue el inicio de un odio cada vez mayor a los judíos y, en particular, a los fariseos. Los fariseos llevaron a cabo unas reformas religiosas que probablemente incluían el expulsar a cristianos, movida que aumentaba a medida que pasaba el tiempo. Ya ustedes tienen la contestación de por qué en Juan (el evangelio más tardío de de los cuatro, 95-100 d.C.) no son los saduceos, sino los fariseos los que siempre quieren matar a Jesús y los que participaron de su muerte.

Como manera de simpatizar con los romanos y culpar más a los judíos, apareció el relato de Barrabás, la exoneración gradual de Poncio Pilatos y la cada vez mayor demonización de los judíos en los escritos cristianos.

La crucifixión

Cristo crucificado -- por Diego Velázquez (1632)

Cristo crucificado — por Diego Velázquez (1632)

La crucifixión era un proceso nada fácil para el condenado a muerte y la inmensa mayoría de los crucificados moría. Contrario a la impresión que quiere dar la película The Case for Christ (¡no se me ha olvidado!) hubo casos de supervivencia a un proceso de crucifixión, como por ejemplo, tres conocidos de Flavio Josefo que fueron crucificados por las autoridades romanas. Después de que mediara por ellos, fueron bajados de la cruz con vida (Josefo, Autobiografía 75).

Lo que sí se puede decir es que en el caso particular de Jesús, es altamente improbable que hubiera quedado con vida. En primer lugar, los evangelios nos cuentan verosímilmente que Jesús fue latigado, coronado con espinas y burlado por los soldados romanos. La latigación solamente podía dejar a una persona débil. El látigo era el flagrum romano, que consiste en una serie de flagelos de cuero con bolas de plomo al final, que tenían la función de arrancar la carne del flagelado con cada golpe que se le diera. Muchos se podían desangrar en el proceso o desmayarse del dolor.

Contrario a las usuales imágenes en las que se representa a Jesús cargando la cruz entera, en realidad parece que debió haber cargado lo que se conoce como el patibulum, es decir, la pieza horizontal de la cruz. Una vez el condenado llegaba al lugar de la crucifixión, se colocaba en un árbol o una columna de madera que ya estaba colocada en el lugar donde iba a ser colgado. El patibulum podía colocarse encima de la columna para formar una T (crux commissa) o un poco más abajo como usualmente se representa a Jesús (crux immissa).

Los testigos de Jehová suelen argumentar que la cruz en la que se colgó Jesús fue una crux simplex (es decir, solo con la columna vertical) y que la idea de que fue crucificado en una crux immissa provino del Emperador Constantino.

Representación de la crux simplex

Representación de la crux simplex en la obra De Cruce Libri Tres de Justus Lipsius (1629)

Esete alegato se debe a que los evangelios utilizaban la palabra griega “staurós” (σταυρός) para designar a  una columna en la que se coloca a un condenado o castigado.  El problema es que antes de la costumbre de la crucifixión romana, este significado era preciso. Sin embargo, como ocurre lingüísticamente, cambió de significado. En textos como los de Josefo en comparación con los reportes que encontramos en la obra latina del filósofo Séneca, se desprende que “staurós” también adquirió otros significados para referirse a distintas formas de crucifixión. Esto se debe a que usualmente tenía la constante de colgarlo en una especie de columna o un árbol. De esa manera, en griego, staurós se convirtió en un término referente a distintas formas de crucifixión en una columna. Aparentemente, si seguimos el testimonio del mismo Séneca, los romanos eran muy creativos: algunos de los condenados eran crucificados al revés, otros en forma de X, otros en forma de Y, etc. (Séneca, Sobre la consolación, 6.20.3)

Lo segundo que tenemos que señalar es que es falso que Constantino, por su devoción a Sol Invictus, haya inventado que Jesús murió en la crux immissa. Contrario a lo alegado, tenemos evidencia de que los cristianos veneraban la cruz cristiana como la conocemos hoy y toma la forma de un graffitti (el Alexamenos Graffitto):

Alexamenos graffitti

Graffitti del siglo III d.C. que se burla de un cristiano. Dice en griego: “Αλεξαμενος ςεβετε Θεον” (Alexamenos adora a su dios).

Este graffitti se creó cuando la práctica de la crucifixión estaba vigente y como una burla a un cristiano llamado “Alexámenos”. En espíritu satírico se representa a Jesús como un asno. Lo que llama la atención en este caso es que tenemos evidencia contundente de que varias décadas o un siglo antes de Constantino, los cristianos pensaban que Jesús había muerto en una crux immissa, no en una simplex.

Sin embargo, eso no indica que la representación que se hace en las iglesias sea exacta. Es muy probable que se crucificara a Jesús en una columna o en un árbol de la siguiente manera:

Jesús crucificado en una cruz immissa

Jesús crucificado en una crux immissa — Imagen cortesía de Roberto Betanzo S.

Muy probablemente, Jesús fue clavado en las muñecas (concebidas en aquella época como parte de la mano) ya que fue entre huesos que podían sujetar el peso del condenado. Es muy probable que se le crucificara, no exactamente arriba de los pies, sino por los talones. La razón por la que se piensa eso es que hace décadas atrás se descubrió un osuario con los huesos de un condenado a la cruz llamado Yeojanan ben Ha-galgula. Aparentemente, esta víctima fue sujetada por los brazos y clavada por los talones.  Entre los huesos, se encontró el del talón atravesado por un clavo. Puede ser que hubiera alguna especie de “asiento” de madera para que el crucificado descansara.

Contrario a lo que mucha gente pensaría (por Hollywood o las estampas religiosas) no se colocaban las cruces en lugares aislados, sino en localizaciones estratégicas para que el público pudiera verlas. El punto de la crucifixión es el humillar de la forma más denigrante al condenado, mientras que se le recuerda al público lo que sucedería si se atreven rebelarse contra Roma o violentar el orden establecido (especialmente en el caso de los esclavos).  Tampoco las columnas eran altas, lejanas del suelo. Al contrario, eran lo suficientemente cercanas como para que los chacales y las aves de rapiña comieran de los cadáveres una vez murieran de sofocación.

Se nos dice que las mujeres que solían seguir a Jesús (María la Madre de Jacobo, María Magdalena y Salomé), quienes le auspiciaban económicamente (Lucas 8:1-3), le estaban mirando de lejos (Marcos 15:40-41), no a los pies de la cruz, como reclamaba el evangelio de Juan (19:25-27). El reporte más temprano que tenemos de lo que allí aconteció nos dice que los romanos se burlaban de él, al igual que los dos ladrones crucificados con él (Marcos 15:27-32). Ninguno de los dichos de Jesús en la cruz en los evangelios puede tomarse con certeza como histórico debido a que coinciden demasiado con la teología de los autores. Por ejemplo, cuando Marcos afirma que gritaba: “Eloí, Eloí, lama sabactaní” (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?), se estaba evocando al Salmo 2, cuyo tema central tenía que ver precisamente con un tipo de maltrato injusto parecido al de Jesús. Es perfectamente posible que haya gritado esta frase como recuerdo de dicho pasaje bíblico, pero no lo podemos conocer con certeza. Los demás dichos atribuidos a Jesús parecen también teológicamente motivados.

Sobre la hora que murió, tampoco sabemos, debido a que el Evangelio de Juan basa su momento de muerte en su cristología de Jesús como el Cordero de Yahveh que se sacrificaba a las 3:00pm en la tarde anterior a la Pascua.

¿Qué pasó después de ello? Veremos más sobre este tema en nuestro próximo artículo.

Continuará …

Bibliografía

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 3

La serie: partes 1 y 2

Recapitulando …

Una vez tenemos claro el mensaje de Jesús, podemos tener un perfil más o menos fiable de quién fue, según los criterios de historicidad de las que hablamos en la parte 1 de nuestra serie:

  • Jesús probablemente nació y se formó en Nazaret de Galilea, región bajo el dominio del rey vasallo Herodes Antipas. Esta zona conocía por ser un lugar muy propicio para el surgimiento de guerrilleros, profetas y apocalipticistas que predicaban la pronta llegada del Reino de Yahveh. Este mensaje era profundamente antirromano. Entre estos se encontraban Judas de Galilea, sus hijos, Juan el Inmersor y el mismo Jesús de Nazaret.
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  • Cuando comenzó a asociarse con estas corrientes, Jesús se conmovió ante el mensaje de Juan, confesó que pecó, se arrepintió, se hizo bautizar por él y se convirtió en su discípulo.
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  • Cuando Antipas arrestó al Inmersor, Jesús comenzó a predicar su mensaje del Reino de Yahveh, que era concebido según una teología de restauración: en la culminación de los tiempos vendría el Hijo del Hombre a juzgar a las naciones y a reestablecer a Israel con sus doce tribus.
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  • Jesús probablemente pensaba que el Hijo del Hombre le pondría en el trono como rey de los judíos y que a sus doce discípulos cercanos se establecerían como jueces de las doce tribus.
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  • Esta concepción del Reino de Yahveh era uno de justicia: de amor a Dios sobre todas las cosas y personas; y amor en igualdad de condiciones para todos sus miembros. Su mensaje era profundamente nacionalista y la observancia de la Torah (la Ley de Moisés) era central. Sin embargo, la Torah debía ser interpretada de tal manera que respondiera mejor al mandato del amor, que es lo que realmente entrañaba. De allí que el Decálogo fuera importante, asimismo la observancia del Sábado y el kosher, siempre y cuando fuera para servicio de los hijos de Israel, no al revés.
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  • Jesús predicaba abiertamente el rechazo al pago de impuestos a gobiernos foráneos como el Imperio Romano, ya que la primera lealtad era al padre de todos los israelitas, Yahveh, y a su pueblo.

Así, pues, tenemos ya todos los elementos básicos para entender los últimos hechos de Jesús.

Los últimos días (¿o meses?) de Jesús

Problema con el periodo de tiempo

Una de los agudas tensiones entre los eruditos contemporáneos es el problema del tiempo que tomó la llamada “última semana” de Jesús: una serie de acontecimientos que llevó eventualmente a su arresto y ejecución. Por ejemplo, tomemos tres asuntos conocidos:

  1. Hay contradicciones en nuestras fuentes en torno a cuándo se llevó a cabo la Última Cena y la crucifixión. Por ejemplo, Marcos nos dice que la Última Cena, presentada como una cena pascual, ocurrió “el primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual” (14:12). Sin embargo, esto es errado, porque se supone que el cordero se sacrificaba el día anterior al de los ázimos.Si vamos al Evangelio de Juan, el asunto es todavía mucho más confuso. La cena tomó lugar uno o dos días antes de la Pascua. ¿Por qué sería eso? Si se estudia este libro, podremos ver que se centra en la noción vicaria de Jesús como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). ¿Cuándo muere Jesús? Al día siguiente de la cena, a las 3:00 de la tarde el día antes de la Pascua. ¿Por qué? Porque a esa hora es que se sacrificaba el cordero. En otras palabras, el tiempo fijado por ese evangelio está teológicamente motivado.Entonces, ¿es más veraz el recuento de Marcos a pesar de su error?  No. No hay manera alguna que el Sanedrín llevara a cabo un juicio contra Jesús en un momento ajetreado para los sacerdotes ante la concurrencia a nivel internacional de judíos que iban a ese lugar a celebrar la Pascua (se calcula de unos 150,000 a unas 200,000 personas). En otras palabras, estamos ante unas serias dificultades para determinar el momento en que se llevó a cabo la Última Cena y la crucifixión de Jesús.
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  2. Según los evangelios sinópticos (Marcos, Mateo, Lucas) y Juan, Jesús llevó a cabo su “entrada triunfal” al comienzo de la semana Pascual o en un momento cercano (tal como conmemoramos cada Domingo de Ramos). Más tarde discutiremos el pasaje con lujo de detalles, pero en cuanto al tiempo se refiere, es sumamente inverosímil que este hecho como está relatado en los evangelios haya ocurrido de esa manera. Si Jesús hubiera sido recibido como rey por parte de sus seguidores en Jerusalén en temporada cercana a la Pascua, los soldados romanos le hubieran arrestado allí mismo. Ese periodo de tiempo era uno en el que Roma estaba en alerta, debido a que el sentir nacionalista se exacerbaba y solían haber manifestaciones de resistencia antirromana.
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  3. No es verosímil tampoco que se le hubiera llevado a cabo dos juicios a Jesús (uno ante el Sanedrín y otro ante Poncio Pilatos) de un día para otro y menos en la época de Pascua.

En otras palabras, toda la supuesta semana en que ocurrieron todos estos acontecimientos a la vez, no pudo haber ocurrido en ese periodo tan corto de tiempo. En vez de una semana, tal vez estemos hablando de varias semanas o … ¡meses! Hay indicaciones de que Jesús entró a Jerusalén meses antes de ser arrestado y ejecutado.

La entrada triunfal en Jerusalén

La entrada de Jesús a Jerusalén - por Giotto de Bondone (1305)

La entrada de Jesús a Jerusalén – por Giotto de Bondone (1305)

Bastante se ha escrito en torno a este acontecimiento, especialmente cuándo ocurrió. El relato primitivo con el que contamos es el de Marcos y dice:

Cuando se aproximaban a Jerusalén cerca ya de Betfagé y Betania, al pie del monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos con este encargo: “Id al pueblo que tenéis enfrente y, no bien hayáis entrado en él, encontraréis un pollino atado, sobre el que no ha montado todavía ningún hombre. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: `¿Por qué hacéis eso?’, decid: `El Señor lo necesita, pero lo devolverá en seguida’.” Fueron y encontraron el pollino atado junto a una puerta, fuera, en la calle, y lo desataron. Algunos de los que estaban allí les dijeron: “¿Qué hacéis desatando el pollino?” Ellos les contestaron según les había dicho Jesús y les dejaron.  Llevaron el pollino ante Jesús, echaron encima sus mantos y se sentó sobre él. Muchos extendieron sus mantos por el camino; otros, follaje cortado de los campos. Los que iban delante y los que le seguían, gritaban: “¡Hossana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!” Jesús entró en Jerusalén, en el Templo, y, después de observar todo su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania (11:1-11).

Lo primero que salta a la vista es lo inverosímil que es el relato desde el comienzo hasta el final. Imagínense que de repente se daña mi carro y necesito transportación. Como ayuda, mis amistades (con toda su sabiduría) se presentan a un dealer de automóviles, toman las llaves de un Toyota para llevárselo diciéndole al dueño del negocio: “¡No se preocupe! ¡Es que nuestro amigo [sin mencionar nombre] lo necesita! Se lo devolveremos más tarde”, sin especificar quiénes son ellos, si me conoce el dueño, etc.

Lo otro que hay que destacar es que la necesidad del pollino radica en el cumplimiento de la profecía de Zacarías (9:9). Aquí se muestra el interés de Marcos (y con él los demás evangelistas) de que Jesús entrara en Jerusalén como todo un rey. El asunto se agrava con el hecho de que este episodio tiene una función literaria de contrastar la manera cómo es tratado Jesús como “rey” por una población que después decidirá condenarle como pretendiente a ser rey a la hora de escoger contra él ante Pilatos.

Finalmente, es altamente improbable que un público en Jerusalén que no conocía bien a Jesús le recibiera con tanta algarabía y recitando al Salmo 118 (v. 25). Una vez más, si este hubiera sido el caso, sin vacilación alguna, Jesús habría sido arrestado allí mismo por parte de los soldados romanos.

¿Qué ocurrió entonces? El relato puede tener una base histórica, pero menos grandiosa que lo que nos presenta Marcos. Insistimos, esto no pudo haber ocurrido en temporada de Pascua o en la semana anterior. Eso no excluye que hubiera ocurrido durante otra festividad. El uso de palmas y ramas en todos los relatos evangélicos parecen apuntar a que la “entrada triunfante” a Jerusalén ocurrió durante la Fiesta de los Tabernáculos (el Sukkot, סֻכּוֹת). Hasta el día de hoy, se acostumbra el uso de palmas y ramas traídas desde el Jordán hasta Jerusalén. La frase del Salmo 118:25 también forma parte de dicho festejo. Los evangelios citan de Zacarías (9:9), donde también aparecen versos alusivos a la celebración del Sukkot (14:4,16)  (Brown, El Evangelio 787).

El Evangelio de Juan así lo niega, presentando con argumentos que Jesús no podía subir a Judea todavía para esa celebración porque “los judíos lo querían matar” (Juan 7:1-13). Sin embargo, esto no es verosímil. El único momento en ese evangelio en que Jesús hizo algo en Jerusalén que fuera causante de resentimiento fue la expulsión de los mercaderes del Templo (Juan 1) que sucede al principio de ese escrito, mucho antes de la “entrada triunfal”. Los sinópticos nos dicen, más verosímilmente, que ocurrió después de la entrada de Jesús a Jerusalén. Para el evangelista Juan, el suceso de la “purificación del Templo” es el motivo por el que “los judíos quieren matarle”. Desde un punto de vista histórico, no es creíble tal animosidad, dado que Jesús todavía no había llevado a cabo actividad subversiva alguna en el Templo.

¿Qué significa todo esto? Probablemente el evangelista tiene información de que el momento en que Jesús entró a Jerusalén fue, durante el festejo del Sukkot, algo a todas luces inconveniente para su cristología, que necesitaba literariamente que Jesús entrara a Jerusalén cinco días antes de la Pascua, para que muriera como cordero sacrificado el día antes de esta (Juan 12:1,12).

Ahora bien, ¿qué es el Sukkot? Es una celebración de 7 días que se da en el mes de Tishrei (alrededor de septiembre-octubre) y que recuerda el tiempo en que el pueblo hebreo estuvo vagando en el desierto por 40 años hasta llegar a Tierra Santa. Se llama “Fiesta de los Tabernáculos” porque la población solía salir de las casas a crear tiendas o tabernáculos de palma o de ramas de árboles. Si este es el caso, Jesús entró a Jerusalén meses antes de la Pascua.

Nota aparte: Cuando veo discutido el tema, a veces frustra ver a los exégetas diciendo “no podemos probarlo” o “no podemos estar seguros” de que fuera durante el  Sukkot. Sin olvidar que bajo el criterio de desemejanza, el de dificultad y el de coherencia esta propuesta es viable …  muchas veces en la historia de la Antigüedad no podemos “probar” o mostrar evidencia fuerte del 95% de lo que se sostiene, debido a la inherente escasez de evidencia de las narrativas que se forjan para explicar los fenómenos de los que se trata de dar cuenta. Todo lo que podemos hacer por el momento es adoptar aquellas hipótesis históricas que parezcan más sensatas y verosímiles ante lo que conocemos del pasado. Dado ese hecho, parecería que la hipótesis de que Jesús entró en Jerusalén el día del Sukkot es más viable que aquella que supone que ocurrió en un momento cercano a la Pascua con todas las dificultades explicativas y de coherencia histórica que ello supone.  ¿Navaja de Ockam?

Volviendo al tema, ¿por qué un pollino? Puede ser que Jesús lo utilizara en su viaje a Jerusalén (nada raro en esa época). Puede ser que entrara montado en un pollino porque quería cumplir con la profecía de Zacarías —asociado al Sukkot, como ya hemos discutido— o sencillamente necesitaba un animal de transporte a la hora de entrar a la Gran Ciudad de David en medio de la multitud.

No importa cuál haya sido la motivación, el recuerdo de este acontecimiento se distorsionó por alguna razón. Como conocen los científicos cognitivos, muchas veces la mente tiene la tendencia de acercar dos eventos relativamente disociados por el tiempo o el espacio haciendo que parezcan mucho más cercanos de lo que realmente eran. A esto se le llama el efecto telescopio y, en este relato, vemos una posible instancia de un “efecto telescopio progresivo” (en el que se acercan dos o más acontecimientos temporalmente), ajustado por razones cristológicas al acontecimiento de la Pascua. Quien haya escrito la tradición más primitiva donde radica la que conocemos del primer evangelio, probablemente la redactó después de tres años de ocurrido como mínimo, ya que así es como suele ocurrir el efecto telescopio progresivo (Janssen et al.). Es más, sostenemos lo mismo de todo el relato de la Pasión que vemos en Marcos por las razones expuestas por la subsección anterior.

La Última Cena

La Última Cena - por William Blake (1799)

La Última Cena – por William Blake (1799). Hecho con témpera, esta es una de las rarísimas instancias en que se representa visualmente la manera en que los judíos solían cenar en el siglo I. Se sale del estereotipo artístico tipo Da Vinci en que doce discípulos y un maestro se sientan de un lado de una mesa para 26 personas con el propósito de posar para el lienzo.

Prácticamente todos los exégetas están de acuerdo que de que el incidente de la “purificación del Templo” debió haber ocurrido en algún momento cercano al arresto de Jesús y que, muy probablemente, fue el motivo por el que las autoridades jerosolimitanas le arrestaron días después y con ayuda de Judas Iscariote.

Tal vez la motivación de ello sería que durante todos sus meses en Jerusalén, se sintió frustrado por no haber convertido a muchas personas a su mensaje. Hay un vivo recuerdo de las palabras proféticas de Jesús contra esa ciudad:

¡Jerusalén, Jerusalén!, la que asesina a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina a su pollada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, vuestra casa va a quedar desierta (Q{Lucas 13:34-35a // Mateo 23:37-38a}).

Pues, Jesús era inteligente y estaba perfectamente consciente de que su aventura en el Templo contra los cambistas y vendedores podría traerle consecuencias nefastas para él y sus discípulos.  Sin embargo, como era característico de Jesús, como la posible dramatización su realeza al entrar a Jerusalén en el festejo del Sukkot, la de la destrucción del Templo al atacar ese recinto, ahora quería dramatizar otra cosa:  dramatizar un banquete mediante la celebración de una cena.

¡Ojo! La Última Cena no fue un Séder de Pascua. ¿Cómo lo sabemos? Sencillo: en ninguno de los relatos aparecen los elementos rituales para la Pascua. ¿Dónde está el cordero sacrificado? No se nos dice. ¿El pan sin levadura? ¿Las hierbas amargas? ¿Las cuatro copas de vino? No se nos dice nada.

Entonces, ¿de qué es la cena? Probablemente esto nos lo revelan los evangelios sinópticos cuando afirma Jesús:

Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba, nuevo, en el Reino de Dios (Marcos:14:28 // Mateo 26:29 // Lucas 22:16).

Este detalle indica que aquí Jesús está utilizando la cena para dramatizar el festejo y el banquete que habría cuando llegara el Reino de Yahveh. Para comprender esto, hay que señalar que a él le gustaba comparar al futuro Reino de Dios con un gran banquete donde todos estaban invitados a unirse (Q{Lucas 14:15-24 // Mateo 22:1-14; Lc. 22:29-30}). Es decir, la cena vivía ese momento del Reino de Yahveh, que estaba tan pronto a llegar, y que Jesús afirmaba que no  volvería a beber vino con sus discípulos hasta el momento de la renovación de Israel. En esencia se trata de una cena de despedida.

¿Qué fue lo que ocurrió en esa cena? La versión más primitiva nos llega de una de las cartas de Pablo, 1 Corintios, escrita para la década del 50 (20 años antes del Evangelio de Marcos) y que es fundamento de todos los relatos sinópticos. Nos dice Pablo de Tarso:

Porque yo recibí del Señor lo que os transmití: que el Señor, la noche en que fue entregado, tomó pan, dio gracias, lo partió y dijo: “Este es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.” Asimismo, tomó el cáliz después de cenar y dijo: “Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en memoría mía” (1 Cor. 11:23-27).

En cuanto a este relato, le siguen muy de cerca los evangelios de Marcos y Mateo.  Hay graves dificultades con este panorama y es que un acontecimiento así es impensable en el judaísmo, por dos razones:

  • Incluye una perspectiva vicaria del derramamiento de sangre por el sacrificio de Jesús, un pensamiento realmente ajeno a la cultura judía y muy característica de la mentalidad pagana. Por muerte vicaria entendemos lo siguiente:

… aquella muerte deliberadamente buscada o aceptada, que debe ser incondicional y al mismo tiempo dirigirse explícitamente —o interpretarse a posteriori como dirigida— a garantizar la salvación de otro u otros del destino o de la muerte presente o venidera” (Versnel, “Making Sense” 226-227; “La muerte” 41).

Usualmente se utilizan tres argumentos para apoyar la idea de que el judaísmo favorecía esta noción. El primero es el poema del Siervo Sufriente (específicamente Isaías 53). Sin embargo, en la cultura judía de aquella época, solo aquel que haya cometido el pecado puede arrepentirse, sufrir y morir por ello (Éxodo 32:30–33, Deuteronomio 24:16; 2 Reyes 14:6; 2 Crónicas 25:4).  No vale un sustituto de la persona y este poema es consistente con esa convicción. El Siervo Sufriente no es una persona distinta a los pecadores que va a rescatar, sino que es Israel mismo, quien carga sus culpas, sufre y finalmente será restaurado (Isaías 44:1,2,21; 48:20b; 49:3).  Se utiliza también como argumento el Salmo 22 como evidencia de pensamiento vicario, dado que Yahveh salvará al que sufre después de su tormento. Sin embargo, se cae en el mismo error que en el caso del Siervo Sufriente, ya que más bien habla de cómo Yahveh hará justicia por la injusticia cometida contra un inocente. Finalmente, se utiliza como evidencia de muerte vicaria a 2 Macabeos, debido a que se dice que los héroes judíos murieron por su patria. En verdad, si nos fijamos en los detalles, se nos dice que los Macabeos murieron por la normativa sagrada de la patria, no como sustitutos de los miembros de esa patria misma (2 Macabeos 6:28; 7:9,37-38) (Piñero, Guía para entender a Pablo 118; Versnel “La muerte” 43-55).

Aunque este asunto sigue siendo debatido, advierten algunos eruditos que no es imposible que haya una influencia gentil y pagana en un lugar como Jerusalén, que era cosmopolita y sujeto a influencias provenientes de judeohelenistas. A fin de cuentas, la primera posible instancia que podemos ver de muerte vicaria en la literatura judía es en 4 Macabeos, un documento influenciado por el pensamiento helenístico, que  contiene un pasaje de muerte vicaria (4 Macabeos 17:20-22). Sin embargo, es más probable que el pensamiento helenístico pagano influenció el cristianismo primitivo judeohelenístico de la diáspora y que de alguna manera modificó el recuerdo de la Última Cena y de la muerte de Jesús hasta el punto de que se convirtió en una perspectiva dominante del actual cristianismo: la comprensión de Jesús inspirada por Isaías 53 (entendido vicariamente) en la que el Mesías se convertía en el Siervo Sufriente que, como cordero al degüello, padece y muere para rescate de otros.

  • Más decisivo todavía es el enorme problema del lenguaje de “beber sangre”, sea entendido literal o metafóricamente. Esto era un fuerte tabú para el judaísmo del primer siglo, especialmente por los diversos pasajes en que se prohíbe terminantemente la ingestión de sangre, “porque es vida” (Lev. 17). Es más, en su nacionalismo, el judaísmo mantenía el rechazo a los sacrificios humanos como un gran distintivo en relación con el ámbito pagano (véase Cahill). De hecho, hay evidencia bien fuerte de que algunos cristianos y los judíos en general rechazaron tajantemente la mera idea (aunque fuera simbólica) de “comer carne” y “beber sangre” (Esto se puede ver en Juan 6:52,60,66; Brown, La comunidad 44, 51, 66, 70; El Evangelio 577).

Como si no fuera suficiente, hay otro problema más: el orden en que se presentan el pan y el vino … se hace al estilo grecorromano, no el judío. En el relato paulino, el pan se presenta antes del vino. Un buen número de eruditos (especialmente los confesionales) lo ven como una manera de Jesús de romper con la “alianza previa” para establecer una nueva. Sin embargo, hasta ahora hemos visto cómo Jesús siempre reafirmaba la Torah y se veía observante de ella.  No tiene ninguna intención de romper con ella y menos instaurar “otra alianza”. Sencillamente, no tiene sentido que él tomara la iniciativa de llevar a cabo esa maroma.

Sin embargo, una cosa que se ha mencionado en cuanto a este tema, especialmente planteado por John Dominic Crossan, Hyam Maccoby, entre otros y rescatado por Antonio Piñero en el mundo hispanoparlante: hay dos tradiciones distintas de la ceremonia de la Eucaristía practicada por los cristianos primitivos. Una de ellas es recordada por Pablo y los evangelios de Marcos y Mateo. La otra aparece en un documento cristiano del siglo II llamado Didajé y en el Evangelio de Lucas. Veamos a este último primero (porque “los últimos serán los primeros”  😉 ).

Bart D. Ehrman señala que el Evangelio de Lucas y Hechos de los Apóstoles —provenientes del mismo autor— no se suscriben a la perspectiva vicaria judeohelenista, sino más bien una teología en la que Jesús muere como manera de atraer conversos (Ehrman, The Orthodox 187-211). Debemos tener el cuenta también el hecho de que la versión lucana que está en nuestras Biblias tiene un segmento ausente en algunos de nuestros mejores manuscritos (Lucas 22:19b-20; Ehrman, The Orthodox 198-209). Por ambas razones, se piensa que el texto original lucano de la Última Cena nos dice:

Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles y les dijo:

“Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer; porque os digo que ya no volveré a comerla que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.”

Tomó luego la copa, y dio gracias y dijo: “Tomad esto y repartidlo entre vosotros; porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.”

Tomó luego el pan, dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: “Este es mi cuerpo” (Lucas 22:14-19a)

Los versos 19b-20 fueron un añadido posterior por algún copista cristiano.

En otras palabras, Lucas toma el texto marcano y lo invierte para que se presente la copa del vino primero sin hacer referencia alguna a derramamiento de sangre vicario.

La Didajé o la Enseñanza de los Doce Apóstoles es un texto del siglo II, cuyo contenido sobre la Eucaristía es muy iluminador, ya que se presenta el vino primero y el pan despuéssin hacer referencia alguna a la muerte vicaria de Jesús, ni nada que tenga que ver con el pan como cuerpo y el vino como sangre.

Un shékel de plata representando el cáliz de Kiddush

Un shékel de plata representando el cáliz de Kiddush (66-73 d.C.) – Imagen cortesía del Forum Ancient Coins.

Antonio Piñero (basado en la obra de Hyam Maccoby) sostiene que la ceremonia de la Eucaristía en la Didajé y en Lucas adquiere la estructura de un Kiddush (קדוש), ritual que se suele celebrar en el Sábado o en algún día de fiesta en el que se bendice a la copa de vino primero y al pan después (Maccoby 90-128; Piñero, “¿La verdadera?” 181-193). John Dominic Crossan también destaca que en la Eucaristía de la Didajé, después de comer (y hartarse de comida) se pronuncian unas palabras de acción de gracias que se parecen mucho a las del Birkat Ha-Mazon (ברכת המזון), que usualmente los judíos hacen después de las comidas (The Historical Jesus cap.14). De hecho, esta interpretación de la Didajé goza del amplio consenso de los expertos en este documento. Parece ser que Lucas invirtió el orden en que se presentaban el pan y el vino porque quería ajustarlo a lo que practicaba su congregación, una Eucaristía parecida al Kiddush sin el contenido de sacrificio vicario. Tal vez su práctica pudo haber sido parecida a la que nos presenta la Didajé.

No obstante la versión paulina de los acontecimientos de la Última Cena, parece que Pablo también conoce el orden ritual del Kiddush para la conmemoración de la cena del Señor. Crossan apunta a los siguientes dos pasajes (presten atención al orden en que mencionan el pan y el vino):

La copa que bedecimos, ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Entonces, si el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? (1 Corintios 10:16-17)

No podeis beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios (1 Corintios 10:21) (The Birth of Christianity 438-439).

Por ende, parece ser que lo que celebró Jesús con sus discípulos fue un Kiddush judío de despedida como una manera de anunciar y dramatizar el banquete que existiría bajo el Reino de Dios, con él como Rey y sus discípulos como los jueces de las tribus de Israel. Todo indica que esto se hizo sin alusión alguna al pan como su cuerpo y menos a su sangre derramada vicariamente. Parece ser que la tradición expuesta por Pablo tiene origen judeohelenístico debido a su marcado trasfondo grecorromano. En opinión de unos pocos exégetas, el origen pudo ser de Pablo mismo. Esa es una discusión para otra ocasión.

Continuaremos con nuestra discusión, esta vez los pormenores del arresto, juicio y muerte de Jesús …

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 2

La serie: parte 1

En nuestra entrada anterior, dejamos claro los criterios de historicidad de los acontecimientos relatados en los evangelios, a saber: el criterio de desemejanza o de discontinuidad, el criterio de dificultad o incomodidad, el criterio de testimonio múltiple y el criterio de coherencia. Enfatizamos el hecho de que cada uno de estos  criterios es útil, pero bajo muchas circunstancias pueden ser problemáticos y su uso tiene que pasar necesariamente por el crisol de la discusión y el debate entre expertos.

Nota aparte:  Me parece que la serie para el público en torno a este tema de Antonio Piñero y Fernando Bermejo, me parece la más seria y completa que he visto hasta ahora. El valor que le damos a esta serie es debido a que es visible para el público hispanoparlante. Aquí está el artículo principal de Fernando Bermejo y aquí está la serie de artículos por Antonio Piñero: 1, 2, 3, 4, 5, 6. 7

Teniendo esto en cuenta, procedamos a nuestro segundo artículo que dará un panorama muy general (y sin entrar en demasiados detalles) en torno a las enseñanzas y actos de Jesús que le llevaron a la crucifixión.

La predicación del Reino de Yahveh por Juan el Inmersor

Juan bautizando a Jesús - Jacopo Tintoretto (s. XVI)

Juan bautizando a Jesús – Jacopo Tintoretto (s. XVI)

En su fabulosa obra Un judío marginal, John P. Meier afirma muy acertadamente que no podemos comprender a Jesús sin echarle una ojeada a Juan el Inmersor (el Bautista) (II/1: 34, 51, 139). Según los expertos, son los evangelios sinópticos (los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas) los que nos proveen la versión más veraz en torno al Inmersor. Ni tan siquiera el historiador Flavio Josefo, que nos brinda información valiosa sobre él, llega a ese nivel de fiabilidad. Josefo presenta a un Juan que era famoso por “enseñar las virtudes” y llevar una buena vida, casi como si fuera un filósofo helenístico, para después decirnos que Herodes Antipas (rey vasallo que gobernaba a Galilea y Perea) le temía y le había arrestado por alguna posible rebelión.

Cualquiera que tenga dos dedos de frente se preguntaría por qué un cuasi-filósofo-helenístico-que-enseña-virtudes sería una amenaza para Antipas. Podemos buscar la respuesta en vano en la narración de Josefo, pero sí se halla en los evangelios sinópticos donde las fuentes primarias que usamos (en este caso Marcos y Q) nos revelan bastante del mensaje apocalíptico de Juan (Marcos 1:1-8; Q{Lucas 3:7-9 // Mateo 3:7-10}; Q{Lucas 3:16b-17 // Mateo 3:11-12}). Allí se nos dice que Juan predicaba la pronta llegada de alguien al que denominaba “el más fuerte” y que juzgaría a todas gentes que rehusaran cambiar sus vidas y “enderezar lo torcido” ante Yahveh. El hecho de que su predicación fuera en el Río Jordán no es un accidente: ese es el lugar donde afirma la Biblia Hebrea que Josué y los hebreos entraron a la Tierra Prometida (Josué 3-4).

Los hijos de Israel cruzando el Río Jordán - Gustave Doré

Los hijos de Israel cruzando el Río Jordán – Gustave Doré (1883).

La perspectiva de Juan se comprende mejor desde una antropología judía, bien distinta a la que nuestra cultura juzga desde nuestra herencia helenística (i.e. la separación de alma y cuerpo). Para los judíos el alma designa la vida interior de una persona y, dependiendo de la vertiente judía que se favoreciera, era inseparable del cuerpo.  En otros casos, el alma terminaba en el sheol, un ámbito subterráneo y frío donde ellas dormían en lo que esperaban su eventual resurrección. El pecado no solo afectaba al alma, sino también al cuerpo mismo. Por eso es que en la lectura nos enfrentamos a ocasiones en que aparece la gente preguntándose qué pecado ha cometido alguien para terminar enfermo (e.g. Juan 9:1-3) o un Jesús que afirmaba que debemos desmembrar esa parte de nuestro cuerpo que “caiga” para entrar puros al Reinado de Yahveh (Mateo 5:29-30). La preparación de la llegada del nuevo orden mundial presto a llegar exige cumplir con lo que dispone la Torah: confesar que se pecó, arrepentirse de los pecados, limpiarse (bautizarse o sumergirse) en las aguas del Jordán para la purificación física del cuerpo, además de un compromiso de llevar una vida de acuerdo a la Torah. Al salir de las aguas del Jordán, el creyente podía formar parte del Reino de Yahveh, del nuevo Israel pronto a llegar. Aquellos que no aceptaran el mensaje del profeta, iban a ser arrojados al fuego “que nunca se apaga”. Aquellos que aceptaran la transformación íntegra de sus vidas, recibirían de “el más fuerte” su inmersión en el Espíritu de Yahveh (“Espíritu de santidad”).

Como dijimos en nuestra entrada anterior, usando el criterio de dificultad, además del de testimonio múltiple y coherencia, podemos tener relativa seguridad de que Jesús fue discípulo de Juan, que se comprendía a sí mismo como pecador, que confesó sus pecados, se arrepintió y fue inmerso.

De hecho, por el mismo criterio de dificultad podemos también aseverar que, contrario a lo alegado por los evangelios Mateo y Juan, el Inmersor no sabía del carácter mesiánico de Jesús, ya que una de nuestras fuentes (Q) nos dejan claro que cuando supo de lo que Jesús estaba haciendo, Juan envió desde la cárcel a sus discípulos a preguntarle (tal vez con alguna nota de sarcasmo), “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?” (Q{Lucas 7:19 // Mateo 11:3}). Esta ignorancia del mesianismo de Jesús se confirma con el hecho de que tenía discípulos que no conocían del mesianismo jesuano y, como han resaltado investigaciones recientes, los cristianos y ellos sostuvieron agrias disputas acerca de ese mismo tema.

¿Quién era Jesús?

Una vez Juan fue arrestado, Jesús comenzó su predicación del Reino de Yahveh con independencia del movimiento del Inmersor, pero llevando una variante de su mensaje a áreas tales como Galilea, Perea, Decápolis, con especial centro en Cafernaúm. Durante todo ese tiempo, parece haberse concentrado en las aldeas y pueblos rurales en vez de las grandes ciudades como Séforis.

Al principio se le debió haber conocido por Yeshúa bar Yosef (Jeshúa [יֵשׁוּעַ] hijo de José). Su nombre es una variante de Yehoshua [יְהוֹשֻׁעַ] (Josué) que significa “Yahveh salva”. En griego, se debió haber pronunciado aproximadamente “Iesús” [Ἰησοῦς]. Debido a su proveniencia de Nazaret, en aquel momento una pequeña aldea rural de no más de 50 casas, probablemente se le conoció como “Yeshúa Ha-Notzri” [יֵשׁוּעַ הַנָּצְרִי] (Jesús de Nazaret). Debido al carácter fantástico de los relatos de la infancia de los evangelios de Mateo y Lucas, su incompatibilidad mutua y su falta de correspondencia con la historia, además de su motivación cristológica, todo parece indicar que el dato de que nació en Belén tiene origen puramente apologético. Por los criterios de coherencia y de dificultad, parece mucho más probable que haya nacido en Nazaret, ya que una de las protestas que se le presentaban a los cristianos era la dificultad de que un Mesías rey proviniera de un lugar tan insignificante como Nazaret (e.g. Juan 1:45-46). Puede ser que el apodo “de Nazaret” haya tenido inicialmente la mala intención de señalar a Jesús como una persona que pretendía profetizar, pero que provino de un lugar tan nimio. Se sabe que probablemente el apodo con el que al principio se conocían a los cristianos, “nazoreos” (en griego “Ναζωραῖος”) o “nazarenós” (en griego “Ναζαρηνός”), pudo ser también originalmente peyorativo.

El sermón de la montaña por Carl Bloch (1876)

El sermón de la montaña por Carl Bloch (1876)

Es menester señalar que Jesús no era muy seguido durante su predicación en Galilea. Al contrario, parece que su familia –madre y hermanos– inicialmente rechazaba su doctrina y pensaba que se había vuelto loco y, como respuesta, Jesús se alejaba de su familia para escoger a sus discípulos y oyentes como su nueva familia (Marcos 3:20-21,31-34). De hecho, aunque abogaba por la Torah y su mandamiento de honrar padre y madre, en ocasiones afirmaba que había que poner al Reino de Yahveh por encima de la familia, por lo que era de esperarse divisiones familiares en el proceso (Marcos 10:19,29-31; Q{Lucas 9:59-60 // Mateo 8:21-22}; Q{Lucas 14:26 // Mateo 10:37}; Q{Lucas 12:49,51,53 // Mateo 10: 34-36}). Contrario a lo que muchos sostienen hoy día, Jesús no era exactamente “profamilia” en relación con la pronta llegada del Reino y su aproximación a la gente es lo que hoy podríamos considerar “sectárea”. Sencillamente, el Reino de Yahveh era tan importante, que había que dejarlo todo, incluyendo a la familia, para poder participar de él.

Para empeorar la situación, tampoco su mensaje caló hondo en su villa natal, Nazaret (Marcos 6:1-6). En general, tenemos noticias de continuos rechazos y fracasos de su predicación en Galilea (incluyendo a Cafernaúm) y regiones adyacentes (Marcos 6:11; 8:12,38; 9:19; Q{Lucas 10:10-12 // Mateo 10:14-15}; Q{Lucas 10:13-15 // Mateo 11:21-24}). Eventualmente, tras mucho tiempo de predicación, y tras la amenaza de arresto y ejecución por parte de Antipas (Lucas 13:31-33), Jesús decidió ir a predicar a Judea.

La predicación jesuana del Reino de Yahveh

Al igual que Juan el Inmersor, Jesús sotenía una escatología de la restauración de las doce tribus de Israel en la Tierra al final de los tiempos. La selección de doce discípulos cercanos a él no era puro accidente. Jesús esperaba la pronta llegada de un ser del ámbito celeste llamado “el Hijo del Hombre” del cual hablaba el libro de Daniel en la Biblia Hebrea (Daniel 7). En aquella época, el “Hijo del Hombre” no era un título mesiánico, sino más bien el nombre del supremo juez quien, a nombre de Yahveh, acogerá a los que ingresarán al nuevo Israel y condenará a aquellos que no estuvieran preparados física (por inmersión) y espiritualmente (moral) para la llegada del Reino de Yahveh. De hecho, a pesar de que los evangelistas continuamente intentan identificar a Jesús con el Hijo del Hombre de diversas maneras, se cuelan versos o pasajes completos en los que Jesús habla del Hijo del Hombre como si fuera alguien distinto a sí mismo (e.g. Marcos 8:38; Marcos 13:24-27; Q {Lucas 12:8-9 // Mateo 10:32-33}; Q {Lucas 17:23-24 // Mateo 24:26-27}; Mateo 25:31-32; Lucas 21:34-36). Así como Juan decía que “el más fuerte” llegaría en cualquier momento, Jesús sostenía que el Hijo del Hombre vendría “como un ladrón en la noche”, en la ocasión  menos esperada (Q{Lucas 12:39-40 // Mateo 24:43-44}) o como un repentino rayo en el firmamento (Q{Lucas 17:23-24 // Mateo 24:26-27}).

Para Jesús, hay diversos signos de que el Reino de Yahveh se estaba acercando: los exorcismos que llevaban a cabo a nombre del Hijo del Hombre y de Yahveh, las numerosas curaciones milagrosas que (para los testigos) estaban ocurriendo ante sus ojos y la transformación personal de numerosos “pecadores” desde publicanos hasta prostitutas, quienes eran los llamados a la conversión. Su mensaje estaba dirigido principalmente a los marginados de la sociedad, un factor común que podemos hallar como múltiples testimonios en todas nuestras fuentes: Marcos, Q, M, L y Juan (Marcos 1:40-45; 2:1-12; 3:1-12; 5:1-43; 7:24-30; 8:22-26; 9:14-29; 10:46-52; Q {Lucas 7:1-10 // Mateo 7:28a; 8:5-10,13}, {Lucas 7:18-19,22-23 // Mateo 11:2-6}, {Lucas 11:14-15.17-20 // Mateo 9:32-34; 12:25-28}, {Lucas ; Lucas 7:36-50; 15:1-2; Mt. 21:31; Juan 4:46-53).

Contrario al régimen vigente, Jesús predicaba con todas sus fuerzas, un Reino de Yahveh que fuera justo para los oprimidos, donde todos eran invitados a participar —como en una gran cena— (Q {Lucas 14:15-24 // Mateo 22:2-6,9-10}). En tal caso, como difícil es para un rico entrar al Reino de Yahveh, serían los marginados los más grandes afortunados. De ahí su dicho: “todo el que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado” (Q{Lucas 14:11 // Mateo 23:12}). En el fondo, hallamos este mensaje en las famosas “bienaventuranzas”:

Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.

Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados.

Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis.

Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo por causa del hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataron sus antepasados a los profetas (Q{Lucas 20-23 // Mateo 5:3,5-6,10-11}).

Otra nueva costumbre jesuana es la de referirse a Yahveh como padre. Esto debe comprenderse dentro de su concepción de salvación, no individual, sino colectiva. Al final de los tiempos, irrumpirá Yahveh en la historia desde el cielo y el colectivo de Israel se salvará y se restablecerá en la Tierra como potencia dominante. Desde la perspectiva del judaísmo de su época, Israel es el primogénito de Yahveh, por ende, su hijo con derecho a gobierno sobre las naciones (Éxodo 4:22). Es de esa manera que debemos comprender lo que aparenta ser la versión original del Padre Nuestro:

Padre,
santificado sea tu Nombre,
venga tu Reino,
danos cada día nuestro pan cotidiano,
y perdónanos nuestros pecados,
porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe,
y no nos dejes caer en tentación (Q{Lucas 11:2b-4 // Mateo 6:9-13).

Desde esta perspectiva, todo creyente en Jesús debía considerarse hijo de Yahveh.

Finalmente, hay que aclarar que Jesús se consideraba a sí mismo seguidor de la Torah entera. Contrario a lo que muchos han supuesto, Jesús nunca devaluó la ley mosaica ni pensaba que había de ser superada, sino que se veía en todo momento observante de ella. Hay pasajes en que Jesús afirmaba que ni una yod (la letra más pequeña del hebreo, “י”) se caería de la Torah. Al contrario, su misión era llevarla a la culminación (Q{Lucas 16:17 // Mateo 5:18}). Sin embargo, como muchos de los rabinos de su época, su interpretación de la Torah podía ser distinta a la de los demás rabinos de su época. Para sorpresa de muchos, Jesús era afín al pensamiento fariseo y, como era costumbre en su época, debatía continuamente en torno a cómo interpretar el escrito mosaico para que fuera práctico para los pobres y marginados. Lo que no cabe duda es que para Jesús, el corazón de la Torah es el amor: amor a Yahveh y su Reino sobre cualquier otra cosa o persona; y el amor al prójimo como un igual. No solo esta apreciación aparece atestiguada en todas nuestras fuentes independientes evangélicas, sino también fuera de los evangelios (Marcos 12:28-34; Gálatas 5:14; Romanos 5:8,9b-10; Santiago 2:8; Juan 15:12).

La actividad subversiva de Jesús

A pesar de que los evangelios nos presentan en general a un Jesús manso con discípulos que todo lo que les interesa es desentrañar las enseñanzas de su rabino, hay indicios de que era algo más que eso y que muchas de sus acciones y predicaciones le llevaron eventualmente a su muerte. Su mensaje de un gobierno de Israel por encima de las demás naciones era de facto mensaje sospechoso para los romanos y sus aliados, pero era más o menos usual en Galilea y Judea.

La manera en que podemos aproximarnos a este tema es viendo las acusaciones que se formularon en su contra para poder ver exactamente dónde radicaba el problema para las autoridades judías y las romanas. Aclaro que lo que sigue es mi perfil particular de Jesús basándome en lo que ciertos expertos han teorizado y que bastante de estos asuntos todavía se hallan bajo un intenso debate.

Que no se le pagara tributo a César

La moneda de tributo - por Tiziano (1515)

La moneda de tributo – por Tiziano (1515)

Hay una acusación que solo aparece en Lucas y que puede iluminarnos en cuanto a las actividades de Jesús. Cuando el profeta apocalíptico está ante el prefecto, Poncio Pilatos, nos dice Lucas:

Comenzaron a acusarle, diciendo: “Hemos encontrado a este alborotando a nuestro pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es el Mesías rey” (Lucas 23:2).

¿Por qué es esto extraño? Porque si se lee el evangelio lucano, uno tendrá la impresión de un Jesús pacífico y ejemplar en cuanto a temperamento y relación con los gentiles. Puede ser que tal esfuerzo del autor de ese evangelio por proyectar esa imagen sea en parte respuesta a dicha acusación.

¿Prohibía Jesús el pago tributario?  Lo interesante es que la respuesta a esa pregunta parece proceder del Evangelio de Marcos, que nos narra el siguiente acontecimiento que parece haber ocurrido en Galilea:

Enviaron enconces donde él a algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Al llegar, le dijeron:

“Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa de nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?”

Mas él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo:

“¿Por qué me tentáis?  Traedme un denario, que lo vea.”

Cuando lo trajeron, les preguntó:

“¿De quién son esta imagen y la inscripción? ”

Ellos respondieron:

“Del César.”

Jesús les dijo entonces: “Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios” (Marcos12:13-17)

Muchos han visto en esta enseñanza como un endoso jesuano a la separación de Iglesia y estado. Personalmente, me encantaría que fuera así, pero dicha perspectiva no pasa de ser un anacronismo. Se debe tener en cuenta que era inconcebible en esa época separar la política de la fe. El Reino de Yahveh que deseaba Jesús era uno claramente teocrático.

Si no significa eso, ¿entonces que quiere decir? Si hubo fariseos tras esta trampa es algo que debemos poner entre signos de interrogación, ya que el evangelio se produjo en una época de gradual tensión entre diversos sectores del judaísmo (70 d.C.), en particular el fariseísmo y el cristianismo. El texto puede reflejar un cierto desprecio que siente el autor hacia el sector fariseo.  Sin embargo, puede tomarse como noticia el hecho de que aparecieran herodianos para tenderle la trampa a Jesús:  si él alegaba que debía pagarse el tributo a César, entonces traicionaba su mensaje del Reino de Dios y a Yahveh mismo; si alegaba que no debía pagarse impuestos a Roma, entonces era condenable por sedición ante las autoridades romanas. Jesús astutamente cambió el tema del tributo a la moneda. De esa manera, le podía decir a sus oyentes que la moneda se le podía devolver (no dar … no entregar … no pagar … sino devolver) al César y que, por otro lado, a Yahveh hay que devolverle lo suyo. Dentro del contexto de su mensaje apocalíptico, ¿qué habría que devolverle a Dios? Sencillo: las tierras palestinenses, su pueblo y su lealtad, es decir, al Israel renovado (Puente Ojea, El Evangelio 114-121).

Otros pasajes podrían abonar a esta interpretación. Por ejemplo, el teólogo Porfirio Miranda aportó al tema en su famoso librito El comunismo en la Biblia, cuyo contenido se intepreta a todas luces desde un sesgo ideológico notable y no teniendo mucho cuidado desde el punto de vista de la exégesis del Nuevo Testamento. Eso no quita que pudo haber llegado a la conclusión correcta en cuanto a este tema y que coincide perfectamente con la acusación que estamos inquiriendo (Miranda, El comunismo 68-72).  Después de reflexionar sobre el incidente del tributo a César, Miranda nos dice:

Antes del incidente en cuestión, Jesús ya había proclamado: “Nadie puede servir a dos señores, porque o bien odiará a uno y amará al otro, o se adherirá al uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero {Mammón} (Q {Lucas 16:13 // Mateo 6:24}). Quien ha enseñado eso de manera tan categórica, no puede después salirnos con que hay que reconocer y cumplir con el emperador y al mismo tiempo con Dios. Cuando dice “no podéis servir a Dios y al dinero”, toda la fuerza está en el “y”…. Pero el dato más importante para la interpretación de la frase sobre César es que la autoridad civil está presentemente encarnada en un dinero que Jesús pide que le muestren…. La sentencia “no podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6,24) fue pronunciada utilizando el verbo arameo `abad, que significa tanto servir como adorar … (71-72, mi énfasis).

Que el Templo de Jerusalén sería destruido

Cristo expulsa a los cambistas del Templo, por Nicolas Colombel (1681)

Cristo expulsa a los cambistas del Templo, por Nicolas Colombel (1681)

Una de las más importantes acusaciones se hizo ante el Sanedrín judío y nos dice Marcos:

Algunos, levantándose, dieron contra él este falso testimonio: “Nosotros le oímos decir: `Yo destruiré este Santuario {el Templo de Jerusalén} hecho por hombres y en tres días edificaré otro no hecho por hombres'” (Marcos 14:57).

¿Es esta acusación factual? El autor del evangelio marcano dice que es falso. Sin embargo, otro escrito parece diferir y trataba de explicar esta acusación tomada muy en serio, no como un falso testimonio (Juan 2:19-20). Si seguimos la pista dejada por el Evangelio de Juan, parecería que Jesús dijo esto durante el ataque que llevó a cabo contra los cambistas del Templo y de la que tienen testimonio todos los evangelios.

Una vez fracasa su actividad en Galilea, Jesús decide ir a Jerusalén. De su famosa entrada, hablaremos en la tercera parte de esta serie. Después de su “entrada triunfal”, Jesús decide atacar a los vendedores y cambistas del Templo.

Llegaron a Jerusalén: Una vez allí, entró Jesús en el Templo y comenzó a echar fuera a los vendedores y compradores, volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedoresde palomas, y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba diciendo:

“¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración [para todas las gentes]? ¡Pero vosotros la tenéis hecha una cueva de bandidos!”

Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas, que buscaban la forma de poder matarle. Y es que tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina (Marcos 11:15-18).

Hoy se sabe que la frase entre corchetes “para todas las gentes” fue un añadido posterior al evangelio. Tampoco es creíble que impidió la dinámica de todo el Templo, un recinto demasiado grande para que lo controlaran solo 13 hombres. Sin embargo, sí es creíble que ocurrió algo de menor grado.

Por años, dicho ataque fue un enigma para los exégetas del Nuevo Testamento. Los cambistas cambiaban la moneda con la efigie de César y otros tipos de imágenes (prohibido para los judíos dentro del Templo) por una aceptable para la ofrenda del Templo. Los vendedores proporcionaban la manera más eficiente de proveer animales para los sacrificios, difícil de llevar a cabo de otra manera. Entonces, ¿por qué el ataque?¿De dónde procede la acusación de ser bandidos? Los cambistas cobraban por el cambio, pero eso es normal para toda labor en aquel momento. No hacerlo, sería disfuncional.

El gran erudito E. P. Sanders señala que todo cae en su sitio cuando se tiene en consideración que Jesús era un apocalipticista que miraba al sacerdocio del Templo como cómplice del orden establecido de los Romanos. Mientras Poncio Pilatos estaba en la región de Samaría, en Cesarea Maritima, le tocaba al Sanedrín, dominado por los saduceos, dirigir los asuntos de Jerusalén y guardaba el orden social en alianza con el Imperio Romano. Desde esa perspectiva, el significado del Templo dedicado a Yahveh ha sido profanado por los saduceos, a los que Jesús no les tenía el mínimo aprecio. Varios apocalipticistas veían al Templo como una institución impura y contaminada por dichas relaciones políticas. Por ejemplo, los de Qumrán veían al Templo como profanado por un “Sacerdote Malvado”, presumiblemente por un sacerdote favorecido por la dinastía asmonea y quien le robaba a los pobres sus posesiones (1 QpHab 11:7; 12:8ss; CD 4:6-8). Los fariseos eran marginados de la autoridad del Templo, precisamente porque eran apocalipticistas que rehusaban participar de dicha relación política. El vuelco de las mesas y la violencia con la que se manifestó Jesús dramatizaban (simbólicamente) el hecho de que el Hijo del Hombre y, con él, el Reino de Yahveh, estaba bien cerca y que el Templo edificado por Herodes sería destruido. El orden que regía el Templo terminaría, se purificaría de todos los elementos profanos y se reedificaría una vez fuera restaurado Israel (Sanders, Jesus and Judaism 174-211).

También es un poco enigmático el hecho de que nadie lo arrestara en el momento. Lo que sospechan Fernando Bermejo y Antonio Piñero es que probablemente los mismos discípulos de Jesús estaban armados y con las armas protegían a su rabino mientras él atacaba a las mesas de los animales y cambistas. El que pudieran tener armas no sorprende mucho, dado que el evangelio lucano nos revela que algunos de ellos habían comprado armas y Marcos nos dice que uno de ellos tenía una espada cuando arrestaron a Jesús (Lucas 22:35-38; Marcos 14:47).

Jesús Nazareno: Rey de los Judíos

La tercera acusación con la que coinciden todas nuestras fuentes es que de alguna manera, Jesús se había autodenominado rey. En ninguna instancia Jesús lo negaba. Algunos han sugerido que Jesús preparó su entrada a Jerusalén para que se viera que cumplía la profecía de Zacarías, que decía que el rey de Jerusalén entraría montado en un borrico, hijo de un asna (Zacarías 9:9). Por razones que explicaremos en la siguiente entrada, parece que esto no era suficiente para prenderle.

Dado que Jesús nunca se autoproclamó rey ni Mesías en público (nuestra fuente más temprana, Marcos, así lo establece: que Jesús mandaba a callar y mantener silencio al respecto), inevitablemente nos lleva a la conclusión de que Jesús debió haberlo revelado en privado. Que, según él, el Hijo del Hombre le pondría en el trono como suma autoridad real bajo el beneplácito de Yahveh; que sería rey israelita de todos los judíos.

Uno de los discípulos (Judas Iscariote), desilusionado con Jesús por razones que permanecerán oscuras para la historia, decidió reunirse con funcionarios del Sanedrín en privado y revelar el secreto. Eso y el incidente del Templo fueron suficientes para que las autoridades judías le arrestaran, especialmente para prevenir algún incidente durante la Pascua. La acusación de hablar contra el tributo a César mas la autoproclamación de rey, ante la negativa de Jesús de defenderse, fueron suficientes para que el liderato judío llevara a Jesús ante Poncio Pilatos y este a su vez le condenara a la crucifixión.

Continuaremos mañana nuestra discusión …

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