Relatos de la Gran Historia – 1: Las estrellas como el campo de la creación

Cerámica huecoide

Cerámica de la cultura huecoide, tomada en El Fortín del Conde de Mirasol, en Vieques. Fotografía cortesía de Jaro Nemčok, http://nemcok.sk/?pic=11703.

El cosmos es todo lo que es, o lo que era
o lo que será. Acompáñame.
~ Carl Sagan, Cosmos

Distintas mitologías

Cuando Cristóbal Colón llegó por segunda vez al Caribe, ya no estaba con la Niña, la Pinta y la Santa María, sino ahora tenía una flota para la conquista del territorio lo que los taínos en aquel momento llamaban Bohío o Beneque, pero que él bautizó con el nombre de La Isla Española. Fue el primero en comprender la lengua de nativos americanos. Él describe su misión de la siguiente manera:

Yo, fray Ramón, pobre ermitaño de la Orden de San Jerónimo, por mandado del ilustre señor Almirante, Virrey y Gobernador de las islas y de la tierra firme de las Indias [Cristóbal Colón], escribo lo que he podido averiguar y saber acerca de las creencias e idolatría de los indios, y cómo veneran a sus dioses, lo cual trataré en la presente relación.

Así, escribió el primer libro de investigación antropológica de los amerindios, en este caso taínos, titulado: Relación acerca de las antigüedades de los indios las cuales, con diligencia, como hombre que sabe la lengua de ellos, las ha recogido por mandato del Almirante (1498). Al publicar sobre la “idolatría” de esta cultura arahuaca, podemos contemplar desde esta ventana literaria, el rico imaginario de estos habitantes. Desgraciadamente, hoy sabemos que su exposición tiene serias limitaciones, entre ellas, sus prejuicios personales y su narración notablemente incompleta. Para remediar lo mejor posible la situación, los historiadores y antropólogos han hecho comparaciones con las culturas que habitaban el norte de Suramérica. Sabemos que estas influencias se dieron gracias, en parte, a las olas migratorias de amerindios desde esa parte del continente, que luego, se fueron estableciendo en las Antillas. La afinidad cultural se ve, por ejemplo, en la cultura salaloide o la huecoide, que nos ha dejado un hermoso legado en la isla de Vieques. (Robiou Lamarche, Taínos y Caribes 80; Rodríguez López 1)

Atabey

Representación pictórica de Atabey, la diosa suprema de los Taínos, la diosa de la tierra y la fertilidad.

El mito sostenido por los taínos y que se nos revela tras una investigación erudita de diversas fuentes (la principal siendo la de Fray Ramón Pané), no tiene nada que envidiarle al griego. El proceso de creación tuvo cuatro etapas, no podremos cubrirlas todas. En la primera, existió Yaya, el Sumo Espíritu, tal vez localizado en los cielos, del que se derivó Yúcahu Bagua Maórocoti (“Ser de la Yuca, Mar, Sin Antecesor Masculino”). Era hijo de la deidad Atabey, madre de las aguas. Muchos piensan que el hecho de que Yaya tuviera madre de donde derivaba su autoridad, refleja el hecho de que la sociedad taína era matrilineal: la autoridad es del hombre, pero se heredaba por vía materna. Un ejemplo de ello es que, si un cacique moría y no tenía descendencia masculina, la herencia la recibía el hijo de su hermana mayor. De hecho, el lugar de Atabey era privilegiado, ya que había creado los cielos y, posteriormente, parió a Yucahú, junto a su otro hijo, Guaca.

Yaya tuvo un hijo llamado Yayael, quien tuvo cuatro gemelos con Itiba Cahubaba, Madre Paridora, que había muerto en el parto. En un momento dado, Yayael quiso matar a su padre, por lo que Yaya lo destierra. Cuando regresó, Yaya mató a su hijo y colocó sus huesos en una calabaza o higuera que se encontraba en el techo de un bohío, donde se transformaron en peces. De hecho, la calabaza era recipiente de un número indefinido de peces y mucha agua. En un momento dado, aprovechando que Yaya se había ido, los gemelos bajaron la calabaza, devoraron varios de los peces y rápidamente fueron colgarla de nuevo. Al romperse accidentalmente, se vació todo su contenido, lo que se convirtió en el mar y sus criaturas. (Pané, caps. intro., IX-X; Robiou Lamarche, Taínos y caribes 83-85)

Los taínos pensaban que habían salido de la isla Bohío, un organismo femenino, de cuyo útero había surgido la creación, junto a Guahayona y Anacacuya, dos ancestros míticos. Anacacuya llegó a ser el primer cacique, pero Guahayona (el primer bohíque o chamán taíno) lo lanzó al mar. El último llegó a la isla de Matininó y dejó a las mujeres taínas allí para evitar el incesto y la edogamia entre los taínos. En la cuarta etapa, los hijos de estas mujeres llorarón junto a un arroyo, y, de tanto lagrimar, se fueron tornando en unas ranas llamadas “tonas“. Los hombres disgustados por haberse quedado sin mujeres, en una lluvia torrencial, vieron a cuatro seres asexuados y resbaladizos bajar por uno de los árboles de jobo. Después de atarlos, un pájaro carpintero, inriri, talló el sexo de las mujeres y fue de este modo que los hombres resolvieron su problema. (Pané, caps. II-VIII; Robiou Lamarche, Taínos y caribes 87-92)

Cajón de Muertos

La ceremonia santera de Cajón de Muertos, en La Habana, Cuba. Foto cortesía de Jorge Royan (CC-BY-SA 3.0 Unported).

Con el baile del areito se perduraría este fantástico relato mítico. Sin embargo, no es el único. Hemos recibido una fuerte herencia africana, tales como la de la religión Yoruba, cuyas raíces se encuentran en un área de lo que hoy es Nigeria, y cuyas creencias se han asumido sincréticamente en la santería caribeña. Los yoruba creen en los orishas, deidades, de los cuales el supremo es Olodumare (Olorun u Olofi), conocedor absoluto del universo. (Cabán 10, 61) Cuando miró la superficie, vio que estaba demasiado mojada como para crearlo. Otro orisha, Obatalá, le solicitó crear tierra seca para que en ella habitaran los seres humanos. Animado por la profecía de Orunmila, hijo de Olodumare, y con la ayuda de otros orishas, bajó hasta quedar sobre las aguas gracias a una cadena de oro, con un caracol lleno de arena, una gallina blanca, un gato negro y una nuez de palma. Por varios días, echó la arena en las aguas, mientras que la gallina la esparcía por su alrededor, creando así, la primera superficie terrenal. Cuando soltó la cadena, le llamó al terreno “Ifé” y sembró la nuez, para que creciera en un árbol. Mientras que el gato le acompañaba, llegó hasta el punto de aburrirse, por lo que deseó forjar figuras a su semejanza. En un momento dado, se embriagó con el jugo de la palma y continuó con su obra creadora sin darse cuenta de que estas figuras estaban deformes. Cuando notó lo ocurrido, le pidió a Olodumare que les diera vida con su aliento. De esas figuras, salió la humanidad.

En la civilización mesopotámica y del Mediterráneo tenemos relatos, en parte parecidos, en parte bien distintos a estos. En Enuma Elish, vemos cómo se desató una batalla en el cielo, cuyo resultado llevó a que el dios Marduk divideiera a la diosa madre, el monstruo acuático Tiamat, en dos. Con una parte forma el firmamento de los cielos y con el otro la superficie de la Tierra. Como los dioses no querían encargarse las labores de la tierra, Marduk creó a los seres humanos a partir de la sangre del consorte de Tiamat, Kingu, y de arcilla terrenal, formando unas figuras de barro a las que les dio vida, los seres humanos.

En la mitología hebrea, vemos ecos de aspectos de esta mitología cuando Dios creó el mundo a partir del “caos de las aguas”, dividiéndolas para crear las aguas encima del firmamento y las de las profundidades (tehom, palabra afín al nombre Tiamat), de esta última emergieron la superficie de la tierra y los océanos. Elohim formó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza. (Gén 1:1-2:4a) En otro relato hebreo de la creación, solo había tierra desierta, donde Yahveh decidió crear primero al hombre a partir del barro, haciéndole ser vivo. Después, creó las plantas y los animales y, a lo último, su compañera. (Gén. 2)

Representación de la creación en Dendera

Representación de la burbuja de la creación en el templo de Hathor, Dendera. Imagen cortesía de Olaf Tausch. (CC-BY 3.0)

En el Antiguo Egipto, una versión de la creación (la de Heliópolis) se pensaba que, al principio, permeaban las aguas de la nada, representadas por el dios Nun. De allí, emergió una flor de loto que, cuando floreció, surgió de ella una burbuja de donde salió el dios Atón-Ra, el dios sol, representado en ocasiones como una serpiente (un animal que se renueva a sí mismo cada mañana al mudar su piel). De la burbuja y por acción de Atón, surgió el mundo, sostenido eternamente por Nun. De Nun y Atón, surgieron las demás deidades del panteón egipcio.

Cada uno de estos mitos expresa en el fondo unas vivencias, cosmovisión, usos y costumbres de cada pueblo que las forma y en distintas épocas. Hoy día, existe un debate entre los antropólogos y científicos sociales, especialmente en la sociología de la religión, en cuanto a qué debería considerarse “mito” o “mitológico”. De acuerdo con Nahum Sarna (1923-2005), un erudito bíblico, hace falta distinguir entre los conceptos de “mitología” y “mito”.  La “mitología” es la historia biográfica de los dioses, mientras que “mito” es una historia tradicional que alega haber ocurrido en un momento primordial y pretende explicar un ritual presente. En ambos casos, su función es explicativa:

  1. Teogonía: explica el origen de los dioses, las potencias detrás de las fuerzas naturales
  2. Cosmogonía y cosmología: explica el origen y organización de los fenómenos naturales
  3. El origen del poder político
  4. El origen cúltico: cada mito y mitología le da sentido a los rituales.

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“El mejor mito”

Frecuentemente, se presenta al mito como algo opuesto a la razón. Una vez más, estos son esquemas explicativos, con su logística interna. Factualmente, no pueden ser todos correctos simultáneamente: uno excluye lógicamente a los otros. Tomados ellos mismos en un sentido literal, pueden trivializarse y no revelan el mundo que ellos potencialmente pueden darnos a conocer. Sin embargo, mirados atentamente, descubrimos que cada uno es una visión del cosmos adoptado por un grupo o un pueblo, lo que forma un lente cultural por el que se mira el mundo. Las religión o creencias que en ello se fundamentan, ayudan a esa sociedad a forjar su propia identidad, su enlazamiento social interno, su relación con otras sociedades y el mundo en general.

Para que los pueblos tengan identidad y relación con otros grupos y el cosmos, necesitan forjar un pasado que explique su presente y los oriente a su futuro. Ese es el rol del mito a nivel social. Por eso, en el proceso evolutivo humano, la cultura, la mitología y los mitos son formas de adaptación y resolución de problemas en distintos contextos y épocas. Sin embargo, soluciones míticas que funcionaban bien en el pasado, son disfuncionales en el presente, especialmente cuando sus interpretaciones chocan con una cosmovisión basada en el genuino conocimiento actual.

Loyal D. Rue

Loyal D. Rue

Por otro lado, los mitos y mitologías revelan algo importante y hermoso de la humanidad. Ellos fueron inspiración de música, literatura, bailes, edificaciones, arte y formas de pensamiento. El filósofo de la religión, Loyal Rue, concibe la cultura como una consecuencia y extensión de la historia natural. Hoy día, se ha perdido el valor del mito, por lo que muchas personas (especialmente jóvenes) rechazan estas herencias del pasado. Nos dice Rue que gran parte de ello se debe a que estos relatos están empotrados en una cosmología arcaica, que no es real. Muchos de los valores morales, artísticos y culturales que se encuentran en estas tradiciones, pierden el interés de la gente porque tropieza con el conocimiento científico actual. Los antivalores que les acompañan, que han sido adoptados acríticamente por la sociedad, debido a que sistemas de pensamiento y religiones las cargan en el presente, se riñen con los valores éticos que los humanos hemos desarrollado a medida que hemos evolucionado culturalmente. Rue le llama a esta indiferencia actual, “amitia“. Por lo tanto, dice él, todo lo genuinamente precioso que queremos rescatar de los mitos religiosos y de nuestras tradiciones, debe reconceptuarse con base en “una historia natural de todos”, aquella que abraza y valora el pasado actual y real, mientras que permite reinterpretar con nuevos fundamentos los mitos del presente y del pasado.

A esto es lo que se ha conocido como la Gran Historia (en inglés The Great StoryBig History) o la historia que abraza, incorpora, pero trasciende todas las demás historias. Esta Gran Historia procura a conocer nuestro pasado real, según conocida mediante las ciencias (eidéticas, naturales, sociales y humanísticas), de una manera inspiradora, que nos mueva a actuar para un mejor futuro. Con base en esta Gran Historia y mediante criterios racionales, podemos establecer lo que el teólogo Hans Küng llamaba “consenso básico minimal”, un consenso fundamental de determinados valores, normas y actitudes que permitan la convivencia de diversas sociedades. (46)

E. O. Wilson

E. O. Wilson. Fotografía cortesía de Jim Harrison y la Public Library of Science (PLoS) (CC-BY 2.5).

Desde esa perspectiva, el biólogo Edward O. Wilson expresaba en su libro, On Human Nature, que la épica de la evolución es el mejor mito que podemos tener. (201)  “Mito”, en este sentido, significa una gran narrativa que involucra todo el drama del pasado y que nos brinda significado a nuestras vidas. Esta debería ser la plataforma de la que deben nutrirse los creyentes religiosos y los no creyentes, como lazo por el cual actuemos por una  causa común.

Contrario al mito y las religiones de fe ciega en unos dogmas, las ciencias factuales (naturales y sociales) actúan de cierta manera buscando dos cosas: la búsqueda de una teoría lógicamente coherente que dé cuenta de la mejor manera posible de los acontecimientos del cosmos, incluyendo la historia de la humanidad y sus expresiones humanísticas. Suponen un naturalismo metodológico, es decir, la premisa de la carencia de lo sobrenatural. De su existencia o inexistencia actual, no puede decirse nada absolutamente certero, pero sí se ha podido constatar que proceder de esta manera, sin partir lo sobrenatural como premisa, ha sido altamente fructífero.

El científico es como un detective, mira hasta el mínimo detalle para inferir, a partir de la información que tiene, lo que aproximadamente pasó. Inevitablemente, su teoría de lo que ocurrió, no necesariamente coincida en todos los detalles con la evidencia colectada, trata de abarcarlas lo mejor posible. Al igual que las mitología, este nuevo mito de la Gran Historia utiliza mucha imaginación y creatividad. Neil DeGrasse Tyson, en el primer episodio de la serie televisiva, Cosmos, resume cómo los científicos forjan paulatinamente la aventura de la Gran Historia:

Para este viaje, necesitamos imaginación, pero la imaginación sola no es suficiente. Porque la realidad de la naturaleza es más maravillosa que cualquier cosa que podamos imaginar. Esta aventura es posible por generaciones de buscadores que se adhieren estrictamente a un conjunto sencillo de reglas: poner a prueba las ideas mediante observación experimental, construye sobre esas ideas que pasen la prueba, rechaza las que fracasen, persigue la evidencia a donde conduzca y cuestiónalo todo. Acepta estos términos y el cosmos es tuyo.

La génesis de los elementos

Tales de Mileto

Representación de Tales de Mileto en la obra Illustrerad verldshistoria utgifven, vol. I, de E. Wallis (1874).

Las ciencias y la filosofía puras  (es decir, depuradas de lo mitológico) comenzaron en la Grecia Antigua. En esa época, vivió un ser humano, aparentemente, extraordinario y que, tal vez, algunos de ustedes han escuchado de pasada, llamado Tales de Mileto (ca. 624 a. C.-ca. 546 a. C.). Nacido en Mileto, había dedicado su vida a las matemáticas y la astronomía. De él carecemos muchas fuentes fiables. La información mejor conocida de él proviene del gran filósofo Aristóteles y le atribuyó a él, el inicio de la discusión sobre la génesis de las cosas. Según Aristóteles, Tales afirmaba que el comienzo de todo lo existente es el agua y que los demás elementos se derivaron de ella. (983b) Actualmente, los historiadores tienen sus dudas, a raíz de otras fuentes y teniendo en consideración una de sus actividades predilectas: viajar. De las muchas noticias dudosas que se tienen de él, los especialistas sostienen que probablemente viajó a Egipto y a Caldea, donde se familiarizó con las teogonías y cosmogonías de estas civilizaciones. Tuvo en cuenta los relatos en torno al comienzo de todo en las aguas de Nu, o en las aguas del caos o de la nada y cómo de ellas emergió la tierra.  Además, como griego, estaba plenamente familiarizado con la teogonía de los dioses, con los progenitores, Océano y Tetis. Probablemente, sostuvo históricamente las siguientes dos aserciones que nos han llegado hasta hoy:

En el principio, todo era agua.

La Tierra se tiende sobre el agua como un leño.

Esta última parece haber sido la explicación de los temblores. (Bernabé 43-49)

Es una cosmología sencilla, pero errada. Los terrenos son formaciones geológicas, no son algo que flota sobre el agua. Pero lo que hace a Tales tan espectacular es una ruptura que creó en su época: forjó un mito sin mitología. Tenía una especie de explicación del origen de la Tierra, pero sin recurrir a los dioses ni a sus cosmogonías. Hasta donde sabemos, fue en ese preciso momento que nacieron las ciencias fácticas y la filosofía en el mismo campo del saber.

La primera busca conocer los acontecimientos del universo físico, la última, una reflexión racional de la experiencia en búsqueda de la verdad y el desarrollo de instrumentos intelectuales para ello. Esta es una ciencia eidética que lidia con las ideas, los universales como objetos del conocimiento intelectivo, buscando posibilidades e imposibilidades, necesidades y contingencias, sus consecuencias lógicas y su relación con la factualidad. Ellas han tenido un rol protagónico a la hora de desarrollar esas técnicas intelectivas muy bien explotadas por las ciencias naturales y sociales.

Por otro lado, las ciencias fácticas, primero, como parte de la filosofía y, después, aparte de ella, fue desarrollando distintos modelos del origen del mundo y de los elementos. Piénsese en la cosmología de Platón en su Timeo o el geocentrismo de Aristóteles y Ptolomeo, e, incluso, las especulaciones de Giordano Bruno. Este proceso continuó hasta hoy día, cuando los científicos han rastreado nuestra historia cósmica a un cierto “comienzo”, una aparente fluctuación en un campo cuántico.

Curvatura del espaciotiempo

Curvatura del espaciotiempo cuatridimensional (aquí representado bidimensionalmente) causado por la Tierra. Un satélite como la luna, se desliza alrededor de la Tierra gracias a la curvatura del espacio tiempo. Nosotros caemos gracias a ella también. Imagen cortesía de Johnstone de Wikimedia Commons (CC-BY-SA 3.0 Unported)

De allí no sabemos mucho, excepto que hubo una gran explosión, hace 13.82 mil millones de años (Ade et al. 31), en la que no solo la energía primordial se comenzó a expandir, sino que también el espaciotiempo (un entorno cuatridimensional que se deforma o desfigura según la presencia de materia y energía) comenzó a expandirse. La imagen que los cosmólogos gustan utilizar para darle una idea al público, es la de cuando se toma un globo, se le dibuja con un marcador unos puntos alrededor de este y se le empieza a soplar. Usted verá que no solo los puntos se expanden, sino también la superficie del globo. Igualmente ocurre con la materia y energía, que están en una superficie espaciotemporal que se está expandiendo.

¿Qué ocurrió antes de esa explosión primordial? En cuanto a esta pregunta, debemos encogernos los hombros y decir con toda humildad intelectual, que no sabemos. ¿Qué provocó la fluctuación cuántica? Tampoco sabemos. ¿Qué otro misterio no sabemos de este comienzo? Algo que todavía los cosmólogos no han podido responder adecuadamente es el nivel de orden energético que hubo en el comienzo. Un fenómeno muy conocido en el ámbito de la cosmología es la noción de entropía, es decir, la medición del grado de probable desorden que puede entrar un sistema.  Una de las leyes universales (en este caso leyes estadísticas) es la segunda ley de la termodinámica: que todo sistema energético siempre tenderá a un aumento de entropía, es decir, al incremento del grado de probabilidad de desorden a medida que pasa el tiempo, hasta su eventual estabilización termal. ¿Por qué ocurre?  Por la sencillísima razón de que hay infinitamente muchas más maneras de que un sistema esté en desorden que en orden.

¿Qué significa esto en nuestro contexto cósmico? Que cuando ocurrió la Gran Explosión, al principio hubo un estado de entropía bajo, es decir, de bajo grado de potencial de orden y, por ende, de alto orden. A medida que pasa el tiempo, la energía se transforma y disemina de tal manera, que hace cada vez más improbable la reconfiguración cualquier orden particular. Aquí presento un vídeo que lo explica muy bien.

Es decir, si se adopta un orden particular (el que sea), el sistema evolucionará en cada vez mayor desorden en relación con este y se vuelve cada vez menos probable la reconfiguración física de ese orden por sí mismo a medida que pase el tiempo. Este es un proceso irreversible, por lo que es altamento probable que veamos siempre a un huevo romperse y desparramarse en el suelo si se cae de una mesa, pero es altamente improbable que veamos el huevo recogerse a sí mismo, rearmarse y subir antigravitacionalmente a la mesa de donde se originó sin aplicar una energía externa que lo haga.

El alto grado de orden al comienzo de la Gran Explosión es un misterio, ya que la enorme complejidad del universo y, en particular, la Tierra, parece mucho más ordenada que cualquier cosa que emerja instantáneamente de una explosión. Sin embargo, la ley implica necesariamente que hubo un grado óptimo de orden al mismo comienzo del cosmos y que lo que vemos hoy día (el cosmos en su totalidad), es un menor grado de orden (un grado mayor de entropía que antes). Nadie ha podido explicar este enigma.

Eso no significa que después de una explosión tuviera que haber “puro desorden”. Al contrario, en subsistemas, pueden haber variaciones energéticas que propicien mayor orden, aunque el sistema como un todo tienda al desorden. Este fue uno de los descubrimientos de Ilya Prigogine cuando estudió estructuras disipativas. Si uno hierve el agua a cierta temperatura, las moléculas de agua hacen posible que se autoorganice  el sistema en celdas exagonales. Esto sucede porque se provee mayor energía de menor entropía a un sistema de mayor entropía, y eso permite que las moléculas se autoorganicen. A estas estructuras se les conoce coo las células de Bérnard.

Imaginen, pues, que esta organización se dio en muchos subsistemas del cosmos. De acuerdo con los cosmólogos, en el mismo instante de la explosión, hubo variaciones diminutas (como leves “arrugas”) en el espaciotiempo que propiciaron que el hidrógeno formado segundos después de la explosión se formara paulatinamente en galaxias y las primeras estrellas.

Fondo cósmico de microondas

El satélite Planck Surveyor generó esta imagen de diminutas fluctuaciones de temperatura en el fondo cósmico de microondas, presumiblemente generadas por la gran explosión. Estas variaciones se deben a leves fluctuaciones en el espaciotiempo que se dieron después de la Gran Explosión. Fotografía cortesía de la Agencia Espacial Europea y la NASA (CC-BY-SA 4.0).

La combinación de estas variaciones de densidad de la energía primordial y el hecho de que el universo esté extremadamente lejos del equilibrio termal de máxima entropía (dentro de 10¹⁰⁰⁰ años o un 1 con mil ceros después), el cosmos se vuelve en un lugar inherentemente creador y creativo. Veamos este proceso emergente:

  1. Época de Planck, de 0 a 10⁻⁴³ segundos: Un periodo exento de leyes físicas. Aquí se encuentran unificadas las cuatro fuerzas fundamentales del universo: la gravitacional, la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil.
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  2. Época de la gran unificación, de 10⁻⁴³ a 10⁻³⁶ segundos: Este es el periodo en que la gravedad se separa de las tres otras fuerzas. Se forman los leptones y quarks.
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  3. Época inflacionaria, de 10⁻³⁶ a 10⁻³² segundos: Se separa la fuerza nuclear fuerte de las demás y ocurre una expansión acelerada que los cosmólogos llaman “inflación“. En esta etapa, se distribuyen los quarks y los leptones por todo el universo.
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  4. Época electrodébil, de 10⁻³² a 10⁻¹² segundos: En lo que se siguen separando la fuerza nuclear fuerte, empiezan a formarse nuevas partículas, como los bosones Higgs, que le otorgan masa a diversos campos cuánticos. El universo se volvió menos energético y se redujo considerablemente la velocidad de expansión.
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  5. Época quark, de 10⁻¹² a 10⁻⁶ segundos: El cosmos se enfría y, en el proceso, se forman quarks, electrones y neutrinos. Las cuatro fuerzas ya se diferencian unas de las otras, pero la temperatura es demasiado alta como para que los quarks se unan para formar partículas más masivas.
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  6. Época hadrónica, 10⁻⁶ a 1 segundo: La temperatura del universo continúa decreciendo dramáticamente, por lo que se forman hadrones a partir de los quarks, se forman los primeros pares de protones y antiprotones, electrones y positrones, neutrones y antineutrones. Estos interactúan y muchos (no todos) de estos pares se aniquilan mutuamente.
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  7. Época leptón, 1 segundo a 3 minutos: Continúan las interacciones entre particulas de leptones y antileptones, generando a su vez fotones. En esta época, son los leptones como el electrón (y su par, los antileptones como el positrón) los que dominan el universo. La mayoría de estos se aniquilan mutuamente debido a su interacción. Los fotones creados también interactúan entre sí, forjando nuevos pares de leptones y antileptones.
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  8. Época de nucleosíntesis, de 3 a 20 minutos: De los protones y neutrones, se forman los primeros isótopos nucleares de hidrógeno (hidrógeno, deuterio y tritio), helio y litio. El hidrógeno es el que predomina, pero todavía no hay interacción entre protones, electrones, fotones y neutrones.
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  9. Época fotónica,  de 20 minutos a 240,000 años: Una época dominada por plasma (gas de partículas ionizadas) y fotones. Estos permean el universo mientras que sigue descendiendo la temperatura cósmica promedio.
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  10. Época de recombinación y desacoplamiento, de 240,000 a 400,000 años: Los núcleos de los isótopos de hidrógeno y de helio atraen los electrones y forman sus niveles de energía, en la medida que la temperatura del universo continúa decreciendo. De esta manera, empiezan a neutralizarse las partículas del universo y se forman los primeros átomos. Al final de este periodo, el 75% de estas particulas son de hidrógeno y 25% de helio, con minucias de litio. Del final de esta época es que proviene la imagen del Planck Surveyor que vemos arriba.
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  11. Época oscura, de 400,000 a 150,000,000 años: Periodo en que dejan de prevalecer los fotones y el universo se halla oscuro, dominado por plasma y átomos de hidrógeno. Los cosmólogos piensan que aquí ya debió haber estado presente la llamada “materia oscura”, que no sabemos todavía en qué consiste.
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    Cuásar

    Cuásar a unos 10 mil millones de años luz, localizado en la constelación Cráter. Imagen cortesía del Smithsonian Institution en Estados Unidos.

  12. Época de reionización, de 150 millones a 1 mil millón de años: Se forman los primeros cuásares, galaxias enanas que reionizan el universo y empieza a dominar el estado de plasma ionizado. También surgieron las primeras estrellas, inicialmente pequeñas en tamaño, pero que se volvieron enormes en el proceso de fusión nuclear (100 veces la masa de nuestro sol) y duraron muy poco tiempo: ellas duraron 1 millón de años se piensa que nuestro sol durará hasta 5 millones.
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Estas primeras estrellas están compuestas en su mayoría de hidrógeno, con un poco de helio. Estas son masivas y enormes cuando se les compara con las que vemos hoy.  Sirvieron como las fábricas de todos los elementos naturales que conocemos. A su vez, también aparecen las galaxias como agrupaciones de esas estrellas.
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La “vida” de las estrellas y los elementos

Daniel Roberto Altschuler

Daniel Roberto Altschuler

El físico reconocido y exdirector del Observatorio de Arecibo, Daniel Roberto Altschuler, describe a las estrellas como el lugar donde se “cocinan” los elementos (17, 31-39, 42-57). Esto ocurre porque las estrellas son resultado de concentración gravitacional del hidrógeno y helio primordial creados en algunas de estas etapas del universo.

A medida que fueron creciendo de tamaño, la fuerza gravitacional fue comprimiendo su material que paulatinamente elevó su temperatura considerable (a 10,000 ⁰K). Durante ese proceso, las moléculas de hidrógeno se separan en átomos y, eventualmente, empezó a darse el proceso de fusión nuclear.  Se empieza a formar una protoestrella que fusiona núcleos de hidrógeno en helio, liberando una enorme cantidad de energía al universo. Cuando este proceso de liberación de energía de fusión se puede mantener gracias a la fuerza gravitacional que atrae sus partículas al centro, y su radiación puede empujar el polvo que la rodea, entonces puede decirse que estamos hablando de una estrella.

N81/Pilares de la Creación

A la izquierda, tenemos el objeto N81, una nube de hidrógeno en donde se observa cómo se están formando protoestrellas. A la derecha una estructura llamada “Pilares de la Creación”, que se encuentra en la Nebulosa Águila; en la parte superior izquierda, tenemos una estructura en que se sabe que se están formando protoestrellas. NASA, ESA/Hubble y el Hubble Heritage Team hacen disponibles estas imágenes (CC-BY 4.0).

Esta creatividad cósmica no se limita al interior de las estrellas. A medida que ha pasado el tiempo, las galaxias (el conjunto de estrellas) forman cúmulos. Estos a su vez forman supercúmulos, creando toda una rica jerarquía de creatividad a todos los niveles. Para darles una idea de esto, vean la siguiente imagen. (Peebles)

Imagen de galaxias

Cada uno de esos puntos en la imagen, no representan estrellas, sino galaxias. Cada punto contiene un promedio de 100 mil millones de estrellas.

Cada punto de ellos representa una galaxia y contiene un promedio de 100 mil millones de estrellas. Como pueden ver también, estas galaxias no están dispersas caóticamente, sino que se hallan altamente estructuradas, en parte gracias a las “arrugas” originarias de la Gran Explosión.

Nuestra galaxia, la Vía Láctea, tiene esa cantidad aproximada de estrellas. Esta pertenece a un supercúmulo al que los astrónomos han denominado Laniakea (un nombre en hawaiano que significa “cielo inmensurable”).

Ahora, ¿qué pasa con las estrellas mismas? ¿Cómo “cocinan” ellas los elementos? En realidad, las estrellas son parte de la historia.  He aquí una ilustración de todo el proceso.

Origen de los elementos

Origen de los elementos. (c) 2018, Pedro M. Rosario Barbosa (CC-BY-SA 4.0+).

  • Estrellas azules, blancas o amarillas: En general, las estrellas que surgen de las nebulosas de hidrógeno pueden ser azules, en los que hay un proceso de fusión de hidrógeno a helio a una temperatura que varía de 5,000⁰K a 30,000⁰K. Si es menor de 5,000⁰K, la estrella se ve amarilla. La temperatura de la estrella es la que les da su color en particular. Nuestro sol es una estrella blanca, porque está emitiendo toda clase de colores que lumínicamente que se combinan y se ve blanca. Solo parece amarilla a nuestros ojos porque nuestra atmósfera crea esa impresión. La temperatura de su superficie es aproximadamente 5,800⁰K. Por otro lado, cuando una estrella llega a una temperatura de 11,000⁰K, entonces adopta el color azul.
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  • Estrellas rojas y rojas gigantes / Estrellas azul-blancas: A medida que se acaba la fusión de hidrógeno en helio, la estrella colapsa y comienza a fusionar el helio en carbono (tres átomos de helio pueden producir un átomo de carbono) y en un momento dado se expande, aumentando su tamaño considerablemente y se enrojece. Cuando esto ocurre, se fusionan los núcleos atómicos y se forman el carbono, el nitrógeno y el oxígeno. Nuestro sol será una de esas estrellas y se piensa que durante su etapa de estrella roja, aumentará de tamaño hasta ocupar (y no se sabe si rebasar) la órbita de la Tierra. Se piensa que en las postrimerías de su tiempo de vida, el viento solar estará despidiendo carbono, nitrógeno y oxígeno al espacio. Eventualmente, se convertirá en una enana blanca, es decir, un residuo altamente denso de plasma en el que ocurre un proceso conocido como  presión de degeneración electrónica, en la que los electrones contrarrestan la fuerza gravitacional. En esta etapa no ocurre más fusión nuclear, pero continúa emitiendo calor.
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    Nebulosa hélice

    Nebulosa hélice, localizada en la constelación de Acuario, resultado de que el material fuera despedido de una estrella. El centro rojo es el polvo que rodea a una enana blanca, que está presente como un punto blanco diminuto en el centro. Foto cortesía de la NASA.

    Las estrellas rojas gigantes, también se producen diminutas cantidades de berilio y boron. Otras estrellas son azul-blancas (también conocidas como supergigantes azules), en las que su proceso de fusión de hidrógeno es extremadamente rápido y, por ende, son de muy corta duración. Sin embargo, en estas estrellas y en algunas gigantes rojas, no solo se producen helio, carbono, nitrógeno y oxígeno, sino también sodio, magnesio, aluminio, silicio, neónfósforo, azufre, cloro, potasio, calcio, manganesohierro, entre otros elementos.
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  • Supernova: Cuando la estrella comienza a acumular hierro, en vez de despedir energía, este elemento la absorbe, llevando a su contracción y, después, rebota en una explosión, una supernova. En el periodo de máxima contracción y en el rebote, se forman el níquel, cobre, oro, plata, zincmercurioplomotoriouranio y muchos de los demás elementos más pesados. Por acción de la explosión de la supernova, se diseminan todos ellos en el espacio.  En muchos casos, puede ser que se conserve el centro de estas estrellas en la forma de una estrella neutrónica. Si la estrella fuera lo suficientemente masiva, se podría convertir en un agujero negro. Las estrellas neutrónicas son menores, mucho más densas y con más poder gravitacional que las enanas blancas. Por cierto, hablando de ellas, una buena parte del níquel y hierro que existe en el universo, también provienen de las supernovas de enanas blancas. Varios de los elementos pesados también pueden ser creados por la interacción entre nebulosas y estrellas neutrónicas.
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Nuestro sistema solar empezó a formarse aproximadamente hace 5 mil millones de años. Los elementos que nos componen aquí en la Tierra no provienen del sol, sino de un número indeterminado de estrellas anteriores a él. En un momento dado, la nebulosa que formó el Sistema Solar, recogió muchos de estos elementos de estrellas que ya habían “perecido” y mediante un proceso violento y brutal, paulatinamente se fue formando una protoestrella, que se tornó en nuestro sol y, además, se formaron los planetas que giran alrededor de este, los satélites que revolucionan alrededor de ellos, además del cinturón de asteroides, el cinturón de Kuiper y la nube de Oort. De lo que se convirtió en el tercer planeta, emergimos nosotros.

El resto del universo continúa aumentando espaciotemporalmente, no solo por acción de la inercia comenzada por la explosión primordial, sino también por la llamada energía oscura, una energía que ningún científico sabe en qué consiste, pero que acelera su expansión. Por hoy, se piensa que el 68% del universo es energía oscura, el 27% materia oscura y el remanente 5% es la materia que conocemos.
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Reflexión

El proceso evolutivo del universo es algo que conocemos solo parcialmente. Lo que acabo de exponer es una sobresimplificación de todo lo que ocurrió durante 13.8 mil millones de años. Esto es necesario por razones didácticas. Sin embargo, no debe tomarse como información infalible. No he hablado, por ejemplo, de la formación de elementos por concepto de vida media. Tampoco sabemos por qué prevalece más la materia que la antimateria en el cosmos. No me he referido a ciertos elementos que también aparecen en la tabla periódica y que se formaron durante estos años (e.g. el argón, el fluor, el vanadio, el iridio o el platino). Tampoco hablo de procesos más complejos que se dieron dentro de las mismas estrellas (e.g. las diversas cáscaras de las estrellas y los elementos predominantes que las componían). Lo que ustedes leen en Wikipedia en torno a la evolución del universo también sobresimplifica y también lo hizo Neil DeGrasse Tyson en el primer episodio de la fabulosa serie, Cosmos (2014).

Sin embargo, este es el comienzo del Relato de la Gran Historia. El pastor unitario universalista, Michael Dowd, y la bióloga, Connie Barlow, ambos religiosos naturalistas, la caracterizan como el relato de la historia cambiante (the story of the changing story). ¿Por qué “cambiante”? Porque desde un punto de vista puramente naturalista, la Gran Historia cambia en la medida que las ciencias intentan dar cuenta de vieja evidencia de manera más sofisticada o de la nueva y que no se ha tenido en cuenta antes. La Gran Historia no es otra cosa que la mejor teoría científica más abarcadora posible que explica el presente. Muchas personas prefieren “verdades fijas”, pero la comunidad científica prefiere someterse humildemente a la evidencia que ser intransigente con su cosmovisión.

Desde el punto de vista del conocimiento, nunca tenemos absoluta certeza de todo. Por lo tanto, siempre es el deber del conocedor es cuestionar y no aceptar nada si no justifica con evidencia intelectiva (en el caso de las ciencias eidéticas deductivas) o empírica científicamente cualificada (en el caso de las ciencias fácticas). Esta es la imagen aproximada que tenemos hoy de la evolución del universo, pero podría cambiar en un futuro.

Evolución del universo

Evolución del universo, basado en una imagen de la NASA (CC0)

Esto inspira a muchos, pero no a todos. Hay personas en este mundo que no encuentran sentido existencial en un universo como este, porque todo actúa por mera inercia de las leyes físicas, sin que encuentre en él significado alguno para su vida. Ven la perspectiva, de manera muy similar a esta descripción de Richard Dawkins:

En un universo de fuerzas físicas ciegas y replicación genética, alguna gente se va a lastimar, otras personas tendrán suerte, y no hay motivo ni razón para ello, ni cualquier justicia.  El universo que observamos tiene precisamente las propiedades que deberíamos esperar si no hay, en el fondo, ningún designio, ni propósito, ni maldad ni bondad, nada sino una indiferencia ciega e despiadada. (River Out of Eden 132-133, mi traducción)

Entendemos a Dawkins. Las leyes operan ciegamente sobre todos nosotros sin importale criterio moral alguno, de bondad o maldad. La amoralidad de la ley gravitacional afecta a justos e injustos exactamente de la misma manera.

Aun con todo, hay algo que se pierde de perspectiva, aun cuando las leyes de la física sean ciegas, ellas permiten la emergencia de seres que tienen la capacidad de otorgar esa significación que tanto se busca en el universo: usted, yo y la humanidad entera. Si se me protesta porque buscamos significado en el universo y, tal vez, en el más allá, mi respuesta es: nosotros somos literalmente la viva encarnación del universo.

¿No me creen?  Piensen en lo siguiente: el elemento más abundante de la materia visible del universo (74%), la mayoría de los átomos que nos componen son de hidrógeno (66%), aunque en masa componen el 10% de nuestro ser. El 25% de nosotros se compone de átomos de oxígeno, también uno de los elementos menos abundantes del universo (1%), aunque es el 61% de nuestra masa. El 10% de los átomos que nos componen es carbono, el más creativo de los elementos, y es de los menos abundantes en el cosmos (0.5%), pero es el 23% de nuestra masa. El hidrógeno en nosotros proviene en su mayoría de la Gran Explosión primordial, el resto, de las estrellas. El calcio en nuestros huesos y el hierro en nuestra sangre provienen de supergigantes azules y rojas.  Cada vez que respiramos, e inhalamos el oxígeno y el nitrógeno en el aire, estamos de cierta manera comulgando con estrellas rojas, estamos integrando a nuestro ser lo que ellas continúan fabricando en el espacio.

Somos seres de luz. Nuestros electrones absorben la luz recibida del sol y otras fuentes lumínicas, suben y bajan de niveles de energía, emitiendo luz como resultado. Somos polvo de estrellas. Somos literalmente emergencias del universo mirando el mundo, disfrutando de aus paisajes, leyendo, escribiendo, bailando y yendo al teatro o al cine. Somos el cosmos que mira a las estrellas, extáticos de asombro por su belleza.

https://pxhere.com/en/photo/955561

Una persona contemplando el aurora borealis en el cielo nocturno. https://pxhere.com/en/photo/955561

El propio cuerpo te revela, en sus átomos y moléculas, un relato maravilloso y real de nuestro origen. Utilizamos los instrumentos de humildad intelectual que ofrece las ciencias y llegaremos a ubicarnos dentro de esa extraordinaria narrativa que es el universo.

Desde esta perspectiva, tú eres un ser especial. No solo porque tienes la capacidad de aprender de esta narrativa, sino también puedes contarla a otros, de manera no muy distinta a la de nuestros ancestros con sus mitologías. De todos los animales que hay sobre la faz de la Tierra, somos los únicos capaces de relatarlo. Escucha lo que cada átomo de tu ser tiene que decir de tu pasado y tu presente. Desde la Gran Historia, eres parte de un emergente universo inherentemente creativo, al igual que lo eres tú. Somos la naturaleza descubriendo su propia naturaleza. (Dowd cap. 16) El mito de la Gran Historia se distingue de otros mitos precisamente porque pone rigurosamente sus ideas a prueba y se transforma en la medida que una comunidad de conocedores está dispuesta a su cambio de parecer con fundamento en la evidencia.

Si esto es así, esto significa que  eres el universo que se da a sí mismo significado. Cuando el ministro unitario universalista, Rev. James I. Ford, nos dice metafóricamente que reconozcamos que estamos entretejidos unos con los otros. Esta verdad metafórica nos indica que todos provenimos del mismo lugar, venimos de una misma estirpe cósmica, que somos hijos de las estrellas. ¿Cuál parentezco sería más bello y noble que este? Reconociendo a los demás humanos como semejantes y velando por nuestro deber hacia los ecosistemas y hábitats, nos corresponde darle significado al universo aceptando nuestra responsabilidad con este. Sé siempre una inspiración de sentido de la vida para los demás.

Desde los comienzos de la humanidad, las religiones han supuesto seres supramundanos que le otorgan ese sentido a la vida humana. Lo hermoso de esta perspectiva naturalista es que la humanidad siempre se ha dado a sí misma sentido dentro y fuera de los sistemas religiosos. Sin embargo, hoy día, muchos sectores religiosos  y los que no lo son, pueden tener como base común el conocimiento factual del mundo y principios racionales, con los que nutrir nuestras vidas e, inclusive, tradiciones religiosas: darles nuevo significado a nociones de antaño, propiciar cambios que nos estimulen a cambiar el presente para el bienestar de las futuras generaciones.

Esto no significa que podamos convencer a todo el mundo de esta narrativa. Siempre habrá en toda sociedad e individuo que quiera persistir en interpretaciones arcaicas. Sin embargo, el fomentar de diversas maneras el bienestar global y aumentando la calidad educativa, podrá llevar a muchos, dentro y fuera de sus tradiciones religiosas o no religiosas, a adoptar unas bases firmes para un mejor futuro. Debemos aspirar a pasar de una fe ciega a una fe evidencial.

En fin, todos compartimos igual materia, energía y la mayor capacidad de realizar nuestras aspiraciones y sueños. La Totalidad de la Realidad es ese tapiz donde podemos tejer todos nuestros relatos, espiritualidades, aspiraciones, diversidades de vida, formas de pensamiento y tradiciones culturales.

Seamos capaces de reconocer que, con base en esta gnosis, nosotros debemos aspirar a ser la bondad y esperanza que constantemente buscamos en el mundo. A esto, digamos siempre “Amén”.

Nuestra reflexión no termina aquí. Continuaremos.

Contemplación del universo

Contemplación del universo. Imagen original de trasfondo cortesía de Good Free Photos. (c) 2018, Pedro M. Rosario Barbosa (CC-BY-SA 4.0+).

Nota final: Existe literatura para niños que les enseña este conocimiento de forma amena y hermosa. El libro que recomiendo está fuera de circulación, pero su autora la ha hecho disponible digitalmente para propósitos educativos. Pueden descargarlo aquí. Gracias a Michael Dowd y Connie Barlow por hacerlo disponible en su portal The Great Story.

 

Referencias

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La cognición matemática – 1

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En estos días, las ciencias cognitivas han prosperado a la luz de ciertos descubrimientos en relación con la mente humana. Esto ha permitido formular nuevas preguntas en cuanto a la relación cerebro y mente, cómo emerge la conciencia, entre otros asuntos interesantes.

De todos los problemas planteados por este campo y por la neurología, ninguno es tan fascinante como el de conocer los números. Hoy los científicos cognitivos se asombran que bebés de días o meses de nacido tengan lo que se ha denominado “sentido de número”. Lo mismo contemplan en animales no humanos, a veces descubriendo que tienen facultades matemáticas más avanzadas de lo que se pensaban.

Por otro lado, se han presentado varias propuestas en relación con este tema. Lo asombroso de ellas es que todas las propuestas se autoproclaman antirealistas o antiplatonistas. Para orientar a los lectores, ¿qué es el realismo?, ¿qué es el platonismo? El realismo matemático es una posición que afirma que los conceptos matemáticos tienen como referentes a objetos abstractos como realmente existentes. Hasta el momento hay dos vertientes realistas en filosofía de las matemáticas:

  1. Platonismo: Argumenta que dichos objetos matemáticos son entidades atemporales y esencialmente distintas e independientes de las temporales.
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  2. Aristotelismo: En este caso se argumenta que los números son objetos abstractos que encontramos junto a los objetos físicos. Esta fue una vez la posición de la filósofa Penélope Maddy en su libro Realism in Mathematics. Ella ya ha cambiado de parecer al respecto y ahora sostiene una perspectiva naturalista de las matemáticas (véase su libro Naturalism in Mathematics). Hasta donde sé, no hay otro filósofo que apoye esta perspectiva.

Para complicar el asunto, no hay un solo tipo de platonismo, hay varios. Por ejemplo, Gottlob Frege sostenía la existencia de los números en calidad de objetos lógicos, entidades saturadas que podían definirse puramente a partir de definiciones y axiomas lógicos. Como ya hemos discutido en otro lado, esta perspectiva logicista no prosperó. El filósofo canadiense James Robert Brown sostiene un punto de vista platonista no logicista, pero se parece mucho al fregueano en cuanto a que sostiene que los números son entidades saturadas. Otros platonistas son estructuralistas de distintos tipos, tales como Edmund Husserl y Jerrold Katz quienes sostienen que los objetos matemáticos son estructuras objetuales (es decir estructuras que relacionan objetos de cualquier tipo). Hay otros estructuralistas como lo son Michael Resnik, que identifican los números con lugares dentro de estructuras abstractas.

Obviamente el platonismo en todas sus vertientes tiene el mismo problema: si los conceptos matemáticos se refieren a objetos atemporales y abstractos, ¿cómo los conocemos? Para el filósofo antirealista Paul Benacerraf, ese es un gran problema para una filosofía satisfactoria. Sin embargo, como él bien reconoce, la vertiente antirealista tiene el problema de no poder dar cuenta por completo de la solidez de las verdades matemáticas que sí puede brindar el platonismo.

Ninguno de los científicos cognitivos que adoptan posiciones antirealistas del “sentido de número” consulta los problemas filosóficos al respecto. Solamente suponen que lo abstracto no puede existir en el mundo, que el postulado de una cognición platonista contradice cualquier evolución del cerebro vía selección natural y que los números son construcciones cerebrales.

Hay gente como George Lakoff que van muchísimo más allá y hacen algunas aserciones torpes en torno al tema. Aunque su propuesta sicológica es interesantísima y merece mucha atención (creo que es en gran medida correcta), él entiende que con ello condena el platonismo y, para sorpresa del que aquí escribe, pondría en “serios aprietos” a la filosofía analítica. Su argumento es que si su teoría es correcta pondría en peligro la concepción correspondentista de la verdad, ya que hay conceptos matemáticos de las que se pueden decir verdades que no tienen referente. Desgraciadamente para Lakoff, la filosofía analítica no se compone exclusivamente de platonistas y correspondentistas. Es más, cualquier revisión de la literatura analítica concluiría que predominan (especialmente en el ámbito anglosajón) posiciones antiplatonista y que desde ellas se busca dar cuenta del conocimiento matemático. W. V. O. Quine, figura insigne en la tradición, no era platonista ni correspondentista. Además, Lakoff se le olvida que existen otras teorías de la verdad tales como la coherentista, la pragmática, la de redundancia, entre otras. Por cierto, la teoría correspondentista no es exclusiva de la filosofía analítica, muchas vertientes de la continental también comparten esa convicción.

Lakoff también afirma que un punto de vista antiplatonista y antiobjetivista de las matemáticas no caería en relativismo por el hecho de que todos los seres humanos compartimos la misma estructura cerebral que permite la misma cognición de números. Es increíble que a las alturas del siglo XXI volvemos a un refrito ya propuesto desde el siglo XVIII y que fue refutado por Husserl en el primer volumen de sus Investigaciones lógicas. Como señala el filósofo, se cae en relativismo cuando se adopta esa posición. Es lo que él llamó “relativismo específico”, es decir, el enlazar las verdades lógicas (y por extensión las matemáticas) a las estructuras mentales de una especie. Eso significa que es posible que otras especies tengan su mente estructurada a pensar de otra manera. Sin embargo, levantaríamos la ceja escéptica ante cualquier argumento de que considere perfectamente admisible y racional que otra especie sostenga como verdad “2+2=3” (en nuestro sentido de esos números), una aserción claramente falsa, no importa la especie que la piense.

Las objeciones al platonismo son comprensibles. Sin embargo, es solo unas cuantas propuestas platonistas que son inviables para la cognición. Aquí abordaremos una posición platonista estructuralista como la propuesta por Edmund Husserl y Jerrold Katz. Sostenemos que esta posición, con un fuerte énfasis en Husserl, aclarará cualquier problema en torno a la cognición.
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¿Qué son los objetos matemáticos?

Si vamos a hablar de la cognición de números o del “sentido de número”, tenemos que buscar primero una definición satisfactoria para entender cómo podemos conocerlos.

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¿Los objetos matemáticos como conjuntos?

Es prácticamente una posición consensuada entre los filósofos de las matemáticas que los objetos matemáticos se pueden reducir a números y estos a su vez a conjuntos. Aunque se puede ver claramente por qué se piensa eso, Husserl y Benacerraf presentan objeciones importantes.

Comencemos primero con las de Benacerraf. En su clásico ensayo “What Numbers Could Not Be”, él problematiza toda la discusión en torno a la reducibilidad de los números a conjuntos. Aunque tal reducción suena sencilla, en realidad es más complicada que lo que parece. Por ejemplo, pueden utilizarse dos teorías distintas para dar cuenta de la iteración de números. Dependiendo de la teoría, dicha iteración que representa el 1, 2, 3, etc., podría ser según la teoría A: {∅}, {{∅}}, {{{∅}}}, etc.; y según la teoría B: {∅}, {∅,{∅}}, {∅, {∅}}, {∅, {∅, {∅}}}, etc. Dado este hecho, la reducibilidad de los números a conjuntos se vuelve un problema serio. Cuando Benacerraf escribió su artículo, él pensaba que esto refutaba “el platonismo”. Sin embargo, lo único que logró refutar es ciertas formas de platonismo que reducían los números a conjuntos. Sin embargo, esta crítica no alcanza a platonismos no reduccionistas.

Ahora veamos las observaciones de Husserl. En 1887, defendió su disertación doctoral titulada Sobre el concepto de número y que se expandió después en el primer volumen de una obra inconclusa titulada Filosofía de la aritmética, publicado en 1891. Allí intentaba dar cuenta de la objetividad de las matemáticas suponiendo que los objetos matemáticos eran productos de la mente humana. Sin embargo, en su mente siempre hubo una tensión entre el matemático y el sicólogo. Husserl se formó en matemáticas y se había codeado con la crême-de-la-crême de su tiempo: fue discípulo de Karl Weierstrass y Leopold Kronecker, tuvo como mentores y amigos a Leo Königsberger y Georg Cantor y conocía muy bien a Felix Klein, Ernst Zermelo y David Hilbert. De hecho, por quince años Husserl perteneció al Círculo de Hilbert. Además, omo ha resaltado la filósofa e investigadora Stefania Centrone, en su obra temprana Husserl propuso por primera vez en la historia la noción más general de función recursiva. Debido a que su literatura temprana ha sido tan poco estudiada a través de los años, la gloria de la enunciación de este concepto matemático se la llevó Stephen Kleene, quien la propuso y probó casi 50 años después (Centrone 47, 54-61).

El Husserl matemático otorgaba una objetividad a los números, que el Husserl sicólogo admitía solo en calidad de fabricación mental. Para él, los números no eran completamente ficciones, ya que se basaban en la captación de conjuntos de objetos de la experiencia humana. Si tengo “tres” lápices, o “cinco” personas al frente de mí, o “muchos” asistentes a la conferencia, entonces eso significa que los números se definen en términos de grupos o conjuntos de objetos que podemos percibir sensiblemente. El sentido de número lo adquirimos cuando abstraemos esos elementos sensibles y retenemos la forma (es decir, los conjuntos) que son base de los números cardinales. Debido a las limitaciones perceptivas de los objetos sensibles, se requiere un sistema signos que posibilite la computación aritmética. Los números se definirían recursivamente y se asignan reglas computacionales para obtener resultados fiables a nivel puramente algorítmico. De allí podemos derivar todos los conceptos y verdades matemáticas utilizadas en la aritmética.

Edmund Husserl

Edmund Husserl (1900). Foto cortesía de los Archivos de Husserl en Lovaina.

Sin embargo, en el invierno de 1890, un año antes de la publicación de su Filosofía de la aritmética, ya Husserl había abandonado su empresa. En una carta que le escribió a su mentor y amigo Carl Stumpf, le hizo saber que la aritmética no podía reducirse a números cardinales. Eso se debe en parte a que existen otros conceptos matemáticos perfectamente legítimos tales como los números ordinales, que no pueden reducirse a los cardinales. Además, hay otros tipos de números que no son constituibles con base en objetos sensibles tales como fracciones, números negativos, raíces negativas, números irracionales, entre otros. Todos estos números “imposibles” serían estrictamente productos imaginarios. Sin embargo, cuando se les relaciona con los números cardinales y se les asigna reglas matemáticas consistentes con ellos, estas nociones “contradictorias” se vuelven plenamente consistentes y se pueden usar científicamente. Es decir, es imposible reducir a todos estos conceptos a la noción de número cardinal y, por ende, al de conjuntos.
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Las entidades matemáticas como formas objetuales

Husserl también estaba preocupado por el asunto de la cognición de los números como tal para poder explicar su validez científica. Para ello distinguió entre dos esferas formales, a saber la de los significados y la de los objetos. En la esfera de los significados se encuentran las verdades, es decir, proposiciones que se cumplen en los objetos a los que se refieren. En la de los objetos, encontramos las formas de darse los objetos. Nuestro enfoque en esta discusión es en cuanto a esta esfera.

En Investigaciones lógicas (1900/1901), Husserl sostiene una perspectiva platonista de estas formas. Para entender en términos sencillos de lo que se trata, nos dice que lo que percibimos “de golpe” no son “datos sensoriales” (momentos de color, olor, sonido), sino estados de cosas (en alemán Sachverhalte). Es decir, yo no percibo tonalidades de blanco cuando miro a la pared, sino que veo la pared al frente de mí, esta  computadora sobre el escritorio, y otros estados de cosas parecidos. Todo estado de cosas tienen dos componentes:

  • Componente material: los objetos sensibles
  • Componente formal: la estructura formal que relaciona esos objetos

Husserl señala tabién que estas relaciones no son arbitrarias, sino que son constituidas por el entendimiento con base evidente en los objetos sensibles dados.

Nota aclaratoria: En la fenomenología husserliana, constitución no es lo mismo que creación. Sí, en el acto de relacionar objetos hay una actividad creadora mental innegable. Desde un punto de vista constitucional podemos hablar del “origen” de los números. Sin embargo, lo que valida la relación como tal es que se halla fundada en la esfera objetual, en lo que se da con evidencia sensorial o intelectiva.

Husserl llama “intuición sensible” a la percepción o imaginación de objetos sensibles. Denomina “intuición categorial” a la intuición de las formas objetuales en estados de cosas. Así que desde el punto de vista de aprehensión de fenómenos (es decir, desde un punto de vista fenomenológico), llevamos a cabo actos categoriales mixtos (intuición sensible y la categorial) en que se nos dan simultáneamente objetos sensibles y sus formas categoriales (formas objetuales) en estados de cosas. También añade a la lista una “intuición eidética” por la que nos percatamos con evidencia la posibilidad o imposibilidad, necesidad o contingencia, de ciertos objetos materiales o ciertas relaciones formales.

Vamos a intentar poner este asunto lo más en “arroz y habichuelas” posible. Por ejemplo, tenemos ante nosotros a María y Marta.

Siluetas

Los dos objetos sensibles constituidos son María y Marta que tienen ya una protorelación con base en la manera en que se nos dan, a esto Husserl llama situación (Sachlage). Puedo decir que María es más alta que Marta o que Marta es más baja que María. Con ambas aserciones nos referimos a dos estados de cosas distintos respectivamente que tienen como base una misma situación. ¿Por qué dos estados de cosas? Porque relacionamos formalmente los mismos objetos sensibles de manera distinta. Podemos ver sensiblemente a María y Marta, pero con base en esta percepción entendemos que una es más alta que la otra o que la segunda es más baja que la primera. Puedo también constituir otro estados de cosas:  el conjunto de Marta y María, la primera es María y después Marta de izquierda a derecha; o primero es Marta y después María de derecha a izquierda, etc. Todas estas palabras “conjunto”, “mayor”, “menor”, “primero”, “después”, etc. son formas objetuales, son estructuras formales de estados de cosas. Ellas no se perciben sensiblemente sino que se fundan en lo sensiblemente dado.

Vale decir que por intuición eidética sabemos que es perfectamente posible que si María es más alta que Marta, entonces esta última es más baja que María. Es imposible que si María es más alta que Marta, entonces Marta sea más alta que María. Como insiste Husserl en su obra, la captación o percepción de necesidades y posibilidades se nos dan instantáneamente y no son producto de hábito o costumbre. Jerrold Katz lo describe perfectamente de la siguiente manera:

Consider the pigeon-hole principle. Even mathematically naive people immediately see that, if m things are put into n pigeon-holes, then, when m is greater than n, some hole must contain more than one thing. We can eliminate prior acquaintance with the proof of the pigeon-hole principle, instantaneous discovery of the proof, lucky guesses, and so on as “impossibilities.” The only remaining explanation for the immediate knowledge of the principle is intuition (45).

Para Husserl, las bases de las matemáticas son las formas objetuales mismas, las estructuras formales de los estados de cosas. Estas pueden representarse mediante signos y se pueden asignar reglas para llevar a cabo operaciones computacionales. Sin embargo, una de las cosas que insistía Husserl era que dichos procedimientos de computación no son arbitrarios sino que son evidentemente necesarios. Nuestro entendimiento conoce al instante su necesidad con base en el darse posible en estados de cosas.  Por ende, la legitimidad de los procesos matemáticos descansa en su absoluta verdad atemporal válida siempre y para todo ser racional con total independencia de las especies que sean y de sus facultades mentales. Así como es una verdad atemporal que todo círculo es redondo, es verdad atemporal que todo objeto (el que sea) siempre se tiene que dar de acuerdo a unas estructuras formales que se relacionan de manera posible o necesaria con otros objetos y estados de cosas. Husserl llama matemática teorética (como extensión de la lógica teorética) a este lado atemporal de las matemáticas que legitima la corrección de actos computacionales mentales.
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Las estructuras madre de las matemáticas

Como hemos visto, Husserl incluye a los conjuntos como estructuras objetuales. Esta es una perspectiva semejante a la de Nicolai Bourbaki, un grupo de personas que designaban a estas estructuras formales como “estructuras madre”, aunque no les otorgaban ontología como hacía Husserl.   El rechazo al reduccionismo nos indica que para Husserl el conjunto no era las única estructura madre, sino que era una de muchas. Entre las que identificó en sus obras se encuentran: conjuntos, número cardinal, número ordinal, todo y partes, unidad y pluralidad, relación y objeto (en sentido general). Ninguna de estas formas es reducible a la otra.

Afirma Husserl que aunque estas estructuras forman los estados de cosas, las matemáticas no tratan de estados de cosas que involucren objetos sensibles. Las matemáticas investigan las relaciones posibles y necesarias de las formas objetuales en su pureza. Mediante la sustitución de los objetos sensibles por “indeterminados” (variables), podemos obtener la forma objetual pura. A este acto llamaba Husserl “abstracción categorial”, por la que podemos constituir categorías puras. Para todos los efectos, esta perspectiva provee una epistemología platonista de los conceptos matemáticos: todo lo que requiere es intuición categorial y abstracción categorial para la constitución de objetos matemáticos y la intuición eidética para investigar sus relaciones esenciales.

También reconoció la necesaria relación entre la verdad y la existencia. Toda proposición que tenga como referente a objetos debe suponer su existencia (lo que los filósofos conocemos como “el compromiso ontológico”). Husserl adoptó una suerte de teoría correspondentista en que considera verdadero todo juicio que se cumple en un estado de cosas correspondiente. Si esto es así, todo juicio matemático verdadero tiene como referente a estructuras formales existentes y objetivas. En otras palabras, tienen existencia ideal.

… los objetos ideales existen verdaderamente. Es evidente que no solo tiene sentido hablar de tales objetos (por ejemplo: del número 2, de la cualidad de rojez, del principio de [no] contradicción y otros semejantes) y representarlos como dotados de predicados, sino que también aprehendemos intelectivamente ciertas verdades categóricas, que se refieren a estos objetos ideales. Si estas verdades valen, tiene que existir todo aquello que presupone objetivamente su validez. Si veo con intelección que 4 es número par, que el predicado enunciado conviene realmente al objeto ideal 4, entonces este objeto no puede ser una mera ficción, una mera “façon de parler“, una nada (Investigaciones 309).

Fundándose en la noción de “objeto cualquiera”, para Husserl las formas objetuales son cada una de ellas el fundamento de sus respectivos campos de investigación matemáticas:  el conjunto es base de la teoría de conjuntos, los números cardinales son la base de la aritmética de números cardinales, los números ordinales son la base de la teoría de números ordinales, el todo y las partes fundamentan la mereología y así por el estilo. Esto no impide en absoluto que en matemática formal se busquen las relaciones entre distintos tipos de formas objetuales, como la de conjuntos de números cardinales, o entre conjuntos, todos y partes.  Para Husserl, la lógica formal tiene como correlato a la matemática formal y juntas constituyen la mathesis universalis soñada por los filósofos racionalistas como G. W. Leibniz.
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Primeras conclusiones

El lector tal vez se sorprenda de que la epistemología platonista por la que abogamos no suene demasiado místico o misterioso, sino que sea sorprendentemente ordinario. Que podemos reconocer estructuras formales con base en objetos sensiblemente dados es tal vez lo más trivial que se pueda señalar para un asunto que parecería ser demasiado complicado.

El énfasis en el lado objetual del conocimiento matemático y no en las facultades o procesos mentales que lo hacen posible tiene la intención de señalar unas fallas cruciales de los supuestos acercamientos antiplatonistas de algunos científicos cognitivos:

  1. En primer lugar, sostenemos que las intuiciones que hemos discutido (sensibles, categoriales y eidéticas) son todas productos de la selección natural. No hay razón alguna para pensar que una epistemología platonista requiera unas facultades sobrenaturales para percibir objetos abstractos. Al contrario, argumentamos que es precisamente por selección natural que es posible el desarrollo gradual de un cerebro que por supervivencia pueda percibirentender a nivel rudimentario los estados de cosas que representen de una u otra forma un reto para su existencia. El relojero ciego de la evolución va creando así los mecanismos de computación que hacen posible el llamado “sentido de número” (término que a veces confunde la intuición categorial con la eidética). Debido a accidentes históricos de nuestros antepasados, fueron desarrollando facultades de cálculo y ejecución que permiten ya las bases para el desarrollo de las matemáticas como las conocemos. Sin embargo, esta computación tiene como base los estados de cosas con los que los organismos deben enfrentarse en el proceso de sobrevivencia.
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  2. Lo segundo es que no hay lugar a dudas que los actos de constitución de formas objetuales (números, conjuntos, etc.) son actos mentales y que requieren de la interacción modular de nuestra mente humana. Sin embargo, su verdad no depende de esta, sino de su necesidad y posibilidad ideales. No confundamos los actos mentales con la validez de sus contenidos: el acto de constituir la mesa con la mesa misma, o el acto de constituir el dos con el dos en sí. Los estados de cosas (no el cerebro humano) son la base cognitiva ya que sus objetos tienen que darse de ciertas maneras o formas y no de otras. Intelectivamente podemos reconocer  y comprender la diferencia entre ellos. Las relaciones necesarias y posibles entre dichas formas tampoco depende de reglas que arbitrariamente les asignamos, sino que tienen como objeto la preservación de las verdades matemáticas deductivamente a partir de axiomas (verdades reconocidas eidéticamente como autoevidentes, e.g. “x + y = y + x“).
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  3. Corrimiento del perihelio de Mercurio

    Representación (exagerada) del corrimiento del perihelio de Mercurio. Ilustración cortesía de Rainer Zenz.

    En tercer lugar, también falla en dar cuenta cómo es posible que las matemáticas determinen las relaciones objetuales en el universo (en otras palabras, como diría Galileo, “por qué el universo está escrito con números”). El que el cerebro humano pueda computar números no explica este fenómeno, ya que deja fuera el factor de la obediencia de todos los objetos del universo a las relaciones formales matemáticas. Sí, Lakoff argumenta que las matemáticas no están afuera porque no hay “elipses allá afuera” y la órbita de los planetas no es realmente pura elipse.  Estamos totalmente de acuerdo, pero eso se debe a la interacción compleja entre objetos físicos conocidos y desconocidos. Además, su falta de adaptación a nuestras figuras idealizadas y divergencias de nuestros modelos se deben a nuestro desconocimiento de ciertas variables físicas de esta complejísima interacción entre objetos. Es un problema cognitivo, no objetual. Sin embargo, dichas interacciones  están matemáticamente determinadas, aun si desconocemos algunas variables de dichas interacciones. Por eso, toda teoría científica debe ajustarse a las matemáticas y no al revés.
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  4. Cuarto, como explicaremos con mayor detalle en la siguiente entrada de esta serie, este tipo de epistemología platonista explica muy bien por qué los animales no humanos y los bebés tienen un “sentido de número”.  Una vez más, tiene que ver con la génesis constitutiva de estados de cosas. Cuando un animal abre sus ojos al mundo, lo ve organizado y ordenado en unas protorelaciones que le permiten reconocer grupos o relaciones numéricas entre objetos. Lo mismo ocurre con los bebés cuando son “sensibles” a la integración o eliminación de un elemento de algún conjunto. Las formas “conjunto” y “número” se dan en cualquier estado de cosas a nivel rudimentario gracias a poder intuir categorialmente (intuición categorial mixta) al momento de percibirlo.
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  5. Finalmente, si seguimos la filosofía de Husserl, parecería que el término “sentido de número” es equivocado. Si hay estructuras formales matemáticas que no son numéricas, pero que sí son formas objetuales, entonces debemos utilizar otro término. Sugiero (¡por supuesto!) “intuición categorial”. A su vez, debemos identificar distintos tipos de actos categoriales y sus formascorrespondientes: el acto de agrupar y los conjuntos, el orden de las cosas y los números ordinales, la enumeración cardinal y los números cardinales, la identificación del todo y sus partes, etc.

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Referencias

Benacerraf, Paul. “Mathematical Truth”. En Benacerraf y Putnam, pp. 403-420.

—. “What Numbers Could Not Be”. En Benacerraf y Putnam, pp. 272-294.

Benacerraf, Paul y Hilary Putnam, editores. Philosophy of Mathematics. Selected Readings. 2da. ed., Cambridge UP, 1983.

Centrone, Stefania. Logic and Philosophy of Mathematics in the Early Husserl. Springer, 2010.

Husserl, Edmund. Early Writings in the Philosophy of Logic and Mathematics. Editado y traducido por Dallas Willard, Kluwer, 2004.

—. Experiencia y juicio. Investigaciones acerca de la genealogía de la lógica. Traducido por Jan Reuter. U Nacional Autónoma de México, 1980.

—. Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica. Libro Primero: Introducción general a la fenomenología pura. Traducido por José Gaos y refundido por Antonio Zirión Quijano, U Nacional Autónoma de México / Fondo de Cultura Económica, 2013.

—. “Letter from Edmund Husserl to Carl Stumpf”. Early Writings, pp. 12-19.

—. Introduction to Logic and Theory of Knowledge. Lectures 1906/1907. Traducido por Claire Ortiz Hill, Springer, 2008.

—.  Investigaciones lógicas. Traducido por Manuel García Morente y José Gaos, Alianza, 2006.

Katz, Jerrold. Realistic Rationalism. MIT P, 1998.

 

Evolución: aparece una nueva especie ante los ojos de los científicos

Las crónicas de un viaje y una idea estupenda…

Si fuera a darle un premio a quien tuvo la mejor idea
que haya existido, se la daría a Darwin, frente a Newton
y Einstein y cualquier otro. De un solo golpe, la idea de
la evolución por selección natural unifica el ámbito de
la vida, el significado y el propósito con el ámbito del
espacio y tiempo, causa y efecto, mecanismo y ley física.
—Daniel C. Dennett (filósofo)
Darwin’s Dangerous Idea:
Evolution and the Meanings of Life
(1995)

Charles Darwin

Charles Darwin. Retrato creado por George Richmond.

Este es un cuadro hecho después de que un clérigo británico llamado Charles Darwin regresara de un largo viaje en un barco llamado el H. M. S. Beagle (1831-1836).

Viaje del HMS Beagle

Ruta del viaje del H. M. S. Beagle. Imagen creada por Sémhur de Wikimedia Commons. CC-BY-SA 4.0.

Uno de los lugares donde este barco estacionó fue en el archipiélago de las islas Galápagos. Darwin publicó sus impresiones e investigaciones en torno a su recorrido en una de sus dos obras más conocidas, El viaje del Beagle (1839).

Los pinzones encontrados por Darwin en las Galápagos

Los pinzones encontrados por Darwin en las Galápagos–2da. edición de El viaje del Beagle (1845)

Durante su travesía, obtuvo muestras de diversos animales, entre ellos, varios pájaros parecidos que había visto en las islas Galápagos. Darwin no era exactamente el mejor catalogador del mundo y tampoco disciplinado a la hora de organizarse para ello. Además, su inexperiencia en el asunto le llevó a unos cuantos errores a la hora de darles nombres a las quince especies de pájaros que encontró en las Galápagos. Pensó que unos eran pinzones,  otros, mirlos y aun otros, pepíteros. Él presentó muestras de estas aves en 1837 a la Sociedad Zoológica de Londres. Tras consultar a unos especialistas en el tema, le señalaron que algunos no eran distintos tipos de pájaros, sino que todos eran distintas especies de pinzones.

Sorprendido, Darwin se preguntaba cómo era posible que no fueran distintos tipos de pájaros, sino más bien especie del mismo género de pinzones que tenían distintos picos perfectamente ajustados a su medio ambiente. El que habitaba en una de las islas tenía un pico que era lo suficientemente fuerte para romper las nueces. Otro de una isla adyacente tenía un pico distinto que permitía que recogiera las semillas para ingerirlas. En un tercer caso, el pico podía conseguirle comida dentro de la ranura de los árboles, etc.  ¿Cómo era esto posible?

Muchos naturalistas de la época ya aceptaban la evolución de los organismos como un hecho. Entre ellos se destacaba el mismo abuelo de Darwin, Erasmus Darwin, quien contemplaba la posibilidad de que los animales de sangre caliente descendieran de microorganismos. Otra perspectiva que era bien popular era la de Jean-Baptiste Lamarck, quien concebía la evolución teleológicamente, es decir, como una progresiva modificación de los organismos para que se ajustaran al medio ambiente y cuyos rasgos están diseñados para cumplir un propósito.

Darwin pensaba que Lamarck estaba fundamentalmente equivocado.  Muy a pesar del marco religioso de su época (en la élite, el deísmo era bastante popular) él quiso buscar una salida a este enigma. Lamarck admite un proceso evolutivo, pero no explica cómo se desarrollaron especies distintas de pinzones. Darwin postuló un mecanismo distinto. La evolución de los seres vivos no ocurre de manera “progresiva”, no hay progreso entre los pinzones, sino unos ajustes a las distintas realidades ambientales que les permiten sobrevivir. Y allí está la clave de todo.

La teoría desarrollada por Darwin, antes de la publicación de su primera obra El viaje del Beagle, se ilustra en esta página histórica.

Árbol de la vida

Anotaciones de Darwin. La ilustración de la aparición de nuevas especies de acuerdo con la teoría darwiniana de descendencia con modificación (1837)

A esta teoría se le conoce como descendencia con modificación e intenta dar cuenta de lo que Darwin vio en las Galápagos y otros lugares más. Por ejemplo, los pinzones viajan por el aire a distintas regiones del archipiélago, unos territorios geográficamente cercanos. De alguna manera, surgen variantes en la especie, cuyos rasgos pueden ser o no ventajosos para los individuos. Aquellos que desarrollen características que se ajusten al ambiente, tienden a sobrevivir; aquellas que no, tienden a perecer. De esa manera, de una población de pinzones pueden emerger dos especies distintas. Esto es lo que se conoce como selección natural. Hoy día llamamos especiación al surgimiento de dos o más especies a partir de una cepa. En otras palabras, es un diseño natural sin designio alguno. La evolución no es teleológica, sino teleonómica: hay una ilusión de cumplimiento de propósito, pero la modificación se debe a las mismas leyes naturales y físicas ciegas que diseñan de manera accidental los picos de los pinzones con tal de que cumplen sus respectivos fines sin el designio de alguna fuerza extraña a la naturaleza.

Por eso, la evolución no toma la forma lineal progresiva, sino que cada organismo es la rama de un frondoso arbusto de la vida. En ese sentido, el ser humano no es “la culminación” de toda la creación, sino una diminuta rama en un inmenso árbol evolutivo. A esta conclusión llegó también Alfred Russel Wallace cuando quería publicar un ensayo en 1858 proponiendo esta misma solución. Tras conocer que Darwin había llegado antes a esa misma teoría, le estimuló para que publicara un libro al respecto. De allí que Darwin publicara su segunda obra, un abstracto llamado El origen de las especies (1859). Fue Wallace el que acuñó el término “darwinismo” para designar esta propuesta.

Hoy día se sabe la teoría de Darwin estaba incompleta. A pesar de que él estuvo muy cerca de formular una visión genética de la evolución, no fue hasta que los científicos del siglo XX elaboraron una teoría nueva que se logró fusionar la idea de la descendencia con modificación con la teoría genética que comenzó a elaborarse con el monje Gregor Mendel. Al resultado de esto se le ha llamado “neodarwinismo” y es una de las reformas más significativas a la teoría de la descendencia con modificación sostenida hoy día. Para que la evolución sea posible, hace falta replicadores e interactores. El código genético (ácido desoxirribonucleico – ADN) reproduce los genes, es decir, aquellas unidades de patrones del ADN que permiten producir rasgos en un organismo. Esto, junto a la interacción ambiental de los individuos, es lo que posibilita la aparición de nuevas especies. Algunos evolucionistas también proponen a los grupos como posibles interactores, aunque este ha sido un punto de controversia discutido hoy.

Las especies de pinzones fueron posibles en gran medida porque su aislamiento mutuo permitió el desarrollo de sus rasgos particulares según su interacción con el medio ambiente. Su ambiente determina cuáles genes que originan estas características pasan a la próxima generación.

La aparición de una nueva especie de pinzón

Geospiza fortis

Un Geospiza fortis, uno de los pinzones clasificados por Darwin en su viaje a los Galápagos. Foto atribuida a putneymark en Flickr. CC-SA 2.0.

Los mecanismos de evolución propuestos por Darwin y reformados por la comunidad científica se han observado en la naturaleza, a veces ante los mismos ojos de la comunidad científica. Este fue uno de los casos recientes dados a conocer en nuestro día de Acción de Gracias en un artículo en Science. Aquí está la ficha:

Lamichaney, S., Han, F., Webster, M. T., Andersson, L., Grant, B. R., & Grant, P. R. (23 de noviembre de 2017). Rapid hybrid speciation in Darwin’s finches. Science, eaao4593. doi: 10.1126/science.aao4593.

Los autores de este artículo documentan el hecho de que dos especies distintas de pinzones lograron aparearse y producir una nueva especie a la que denominaron “Big Bird”. Una de las especies de las Galápagos se apareaba con una especie residente en la isla volcánica Daphne Mayor (al norte de Santa Cruz) y que había sido catalogada por Darwin, la Geospiza fortis. Tras un análisis genético de un “Big Bird” se descubrió que la hibridación se dio con otra especie catalogada por Darwin, la Geospiza conirostris, de la isla Española, una de las Galápagos. Nuestro conocimiento de ello fue gracias a que se había secuenciado el genoma de las quince especies de pinzones de Darwin.

La hibridación de dos especies raras veces genera una nueva especie. Cuando logran obtener crías, lo que suele pasar es que su prole no puede reproducirse. Ejemplo de ello lo vemos con las mulas. Sin embargo, esta hibridación exitosa ha permitido la producción de una especie ave que puede adaptarse a un ambiente al que ha podido sobrevivir. Su aislamiento poblacional se debe en parte a los hábitos distintos a las demás especies de aves de la isla y que, a su vez no pueden tener prole al aparearse con ellas.

Este fenómeno ocurrió dentro del lapso de 36 años en que la Geospiza fortis inmigró a esta región. lo que significa que la evolución de los pinzones puede ocurrir en dos generaciones, un periodo muy corto de tiempo.

Para más detalles, lean la mejor noticia en torno a este tema en ScienceDaily.

Referencias

Darwin, C. (1989). The voyage of the Beagle. Penguin.

Dennett, D. C. (1995). Darwin’s dangerous idea: evolution and the meanings of life. NY: Simon & Schuster. Recuperado de Amazon.com.

Lamichaney, S., Han, F., Webster, M. T., Andersson, L., Grant, B. R., & Grant, P. R. (23 de noviembre de 2017). Rapid hybrid speciation in Darwin’s finches. Science, eaao4593. doi: 10.1126/science.aao4593. Recuperado de: http://science.sciencemag.org/content/early/2017/11/20/science.aao4593.

Marsh, G. (25 de febrero de 2015). Darwin’s finches get their genes sequenced. Scientific American. Recuperado de: https://www.scientificamerican.com/espanol/noticias/darwin-s-finches-get-their-genomes-sequenced/.

Princeton University. (24 de noviembre de 2017). New species can develop in as little as two generations, Galapagos study finds. ScienceDaily. Recuperado de http://www.sciencedaily.com/releases/2017/11/171124084320.htm.

Wallace, A. R. (1889). Darwinism. Recuperado de: https://en.wikisource.org/wiki/Darwinism_(Wallace).

 

 

La ciencia de la redistribución de riquezas: 1 – Fundamentos

William Muir y sus gallinas

Competencia y cooperación desde un punto de vista evolutivo

David S. Wilson - Evolution for Everyone

David Sloan Wilson y su libro – Evolution for Everyone. Él ha sido partidario y uno de los responsables en revivir la perspectiva de selección de grupos.

Imaginémonos que un barco se hunde y se salvan dos náufragos en una isla. Uno de ellos es un puro egoísta, el otro es un puro altruista y cooperador. ¿Qué pasaría si apareciera una situación competitiva entre el egoísta y el cooperador? Probablemente el egoísta haría un fricasé del altruista. Es sumamente baja la probabilidad de que este último sobreviva.

Ahora bien, supongamos que un barco se hunde y da la casualidad de que todos los altruistas nadan a una isla y los egoístas a otra (y no hay chance de que un altruista o un egoísta pueda ir de una isla a otra), ¿qué ocurriría? Al revés … parecería que la isla de los egoístas estaría sumida en caos social, mientras que la de los cooperadores sobreviviría.

¿Qué ocurriría entonces si un egoísta nada desde su isla a la de los cooperadores? Entonces la cosa se complica.  Este es uno de los razonamientos de lo que se conoce como selección de grupos, perspectiva propuesta originalmente por Charles Darwin en su obra El origen del hombre (The Descent of Man) como una manera de explicar el posible origen del altruismo humano y su preocupación por la moral:

No ha de olvidarse que aunque un excelente nivel de moralidad apenas otorga ligera ventaja al individuo y a sus hijos sobre los demás individuos de la misma tribu, el aumento del número de hombres dotados de buenas condiciones y el progreso del nivel de moralidad concede ciertamente inmensa superioridad a una tribu sobre otra. Una tribu que cuenta muchos miembros que poseyendo en alto grado espíritu de patriotismo, lealtad, obediencia, valor y simpatía se hallen dispuestos siempre a ayudarse unos a otros y a sacrificarse por el bien general, triunfará sobre la mayoría de las otras tribus; y no otra cosa es selección natural (Darwin, 1871/1966, p. 186).

En otras palabras, “los egoístas le ganan a los cooperadores dentro del grupo, mientras que los cooperadores le ganan a los egoístas entre grupos; todo lo demás es un comentario”, repiten los científicos E. O. Wilson y David S. Wilson constantemente. Esta cooperación dentro de los grupos no ocurre bajo cualquier circunstancia, sino bajo condiciones bien específicas. Cualquier mezcla de los dos entra en asuntos complejos que revela una gran verdad, a su vez bien elemental: el triunfo de cualquier sociedad en relación con otra depende del grado de cooperación que haya dentro de ellas y las medidas de incentivos, restricciones o coerciones que muevan a los individuos a la cooperación.

Hoy día el tema de la “selección de grupos” o, mejor dicho, selección multinivel, es muy contencioso (hasta el punto de rayar en personalismos). Algunos como Douglas Futuyma lo ven como una modalidad de adaptación inclusiva, otros como David S. Wilson lo ven como compatible con ese y otros mecanismos de adaptación, otros como E. O. Wilson y Richard Dawkins los ven como incompatibles desde ambos lados del espectro. Eso será tema para otro día. En el ámbito evolucionista no hay una visión consistente en torno al asunto.

Nota aparte: Para aquellos interesados en saber los argumentos en contra de la selección de grupos, véase el excelente artículo de Steven Pinker al respecto (vean también los comentarios de académicos de reputación al respecto al pie del escrito). Para el argumento a favor, véase la serie de artículos de David S. Wilson, titulada “Truth and Reconciliation for Group Selection“. En el presente, mi posición es que al menos cuando se trata de descendencia con modificación, pueden existir interactores a diversos niveles de grupos, pero teniendo como base la adaptación inclusiva (“selección de parentesco”).

Como sea que los evolucionistas miren este tema, es posible tomar algunos modelos trabajados por sus partidarios para una discusión sensata de este tema. Para efectos de la discusión, asumamos la posición de los economistas Hodgson y Knudsen (2010), de que podemos tomar un punto medio entre la perspectiva génica de la selección natural y la de selección de grupos – Para que haya evolución de seres cooperadores hace falta dos factores:

  1. El replicador:  en este caso, el código genético, el ADN
  2. El interactor:  el individuo, el grupo de más bajo nivel, el grupo de más alto nivel, etc. (pp. 93-109).

Bajo este esquema cabe la adaptación inclusiva (lo que llaman en la jerga biológica como “selección de parentesco”), por la que, desde el punto de vista génético, se ven intentos de forjar grupos con base en herencia (parentesco) y de ahí en adelante pueden formarse grupos de más alto nivel. Una perspectiva parecida es la que sostiene Peter Singer para explicar la expansión del círculo de solidaridad desde la especie humana.

A partir de esta perspectiva informal, observamos en laboratorio el punto traído por Darwin. William M. Muir (2013) de la Universidad de Purdue –y partidario de la selección de grupos– trabajó en torno al egoísmo y la cooperación entre grupos de gallinas a la hora de producir huevos. Cada jaula tenía 9 gallinas. De cada grupo, seleccionó a aquellas que individualmente producían más huevos y las juntó en una nueva jaula. Y así fue por 3 generaciones. En otros casos, Muir decidió escoger aquellos grupos que más producían.

En otras palabras, por generaciones, Muir puso a competir a gallinas individuales, mientras que otras gallinas compitieron en calidad de grupos con otras conjuntos de gallinas. ¿Resultado? Las gallinas que competían individualmente entre ellas por la producción de huevos terminaron así:

Gallinas de William Muir

El estado de las gallinas que compitieron individualmente por la producción de huevos. (c) 2013, William M. Muir.

¿En qué estado se encontraban las gallinas que competían entre grupos?

Las gallinas de William Muir

El estado de las gallinas que compitieron como grupo por la producción de huevos. (c) 2013, William M. Muir.

¿Qué ocurrió? Según Muir, las que competían dentro del grupo, entraron en una dinámica adversativa tan grande que algunas asesinaban a las otras. Esa es la razón por las que quedaron vivas eran un total de tres maltrechas. Eso sí, a nivel individual cada una producía mucho más que las de las demás jaulas.

Por otro lado, en calidad de grupo, estas gallinas sicópatas llegaron a producir menos huevos que las gallinas que competían entre grupos.  En otras palabras las gallinas que cooperaban para competir con otros grupos aumentó su producción de huevos por 160% en solo unas cuantas generaciones. Ahora bien, dentro del grupo se veía el siguiente panorama:

  • Gallinas que no producían en absoluto. Estas son los que se llaman en la jerga en inglés como “free riders” (en español, los polizones o consumidores parásitos), es decir, personas que prosperan exclusivamente debido a la producción de otros.
  • Gallinas que producían poco.
  • Gallinas que producían mucho.

En otras palabras, no es la sociedad de los individuos más productores y de competidores los que más triunfan, sino más bien la sociedad imperfecta donde haya mayor nivel de solidaridad. Para efectos de la discusión definiré “solidaridad” como aquel complejo de reciprocidad social que redunda en la mayor ganancia para todos (o la mayoría).

La mejor sociedad: la imperfecta

Según la seudofilósofa Ayn Rand, la mejor sociedad es aquella en la que prevalece el autointerés, donde el egoísmo es la virtud a ser adoptada por todo individuo.  Algunos anarquistas como Piotr Kropotkin o un economista como Karl Marx veían la mejor sociedad en la que se distribuyen las riquezas de manera estrictamente justa: provisión de riqueza justamente proporcional a lo que se produce. Las soluciones de ambos extremos del espectro filosófico-económico nunca han podido llevar estrictamente a la praxis –al menos sin convertir sus sociedades en cerradas y sin un nivel de coerción estatal que desemboquen en notables violaciones a los derechos humanos. Esto se dio en países con ideologías diversas tales como la Rusia estalinista, la China maoista, el Chile de Pinochet o el Haití de los Douvalier. Por otro lado, las mejores economías suelen ser aquellas que mezclan principios del capitalismo, el socialismo, el cooperativismo y otros arreglos (e.g. destacándose entre ellos los países nórdicos).

Todo esto se debe a que el ser humano es un hijo de la evolución por vía de descendencia con modificación.  Para muchos científicos, esta aserción no pasa de ser una perogrullada, pero tiene importantísimas consecuencias en nuestra vida cotidiana y que demasiado frecuentemente se pasan por alto. Hemos heredado el hecho de que parece que descendemos de mamíferos poligínicos, es decir, que descendemos de animales en que los machos luchan entre ellos por acceso a las hembras. No solo llegan a ese beneficio sino que también luchan por el liderato de las manadas. Finalmente, no podemos olvidar de las riñas por consumir recursos escasos. Tales tipos de competencia llevan frecuentemente a que prevalezcan consideraciones egoístas por encima de las altruistas.

Sin embargo, como los experimentos de Frans de Waal y otros han mostrado repetidas veces, también hay un factor de la naturaleza humana que le importa factores relacionados con la justicia, especialmente en calidad de altruismo recíproco como forma de solidaridad.

Si creamos un sistema económico que suponga a los seres humanos como egoístas perfectos, entonces estará abocado al fracaso. De acuerdo al economista Robert H. Frank (2011), esto ocurre por dos razones:

  • Contrario a lo que algunos suponen, el sentido de justicia puede ser un criterio posicional importante en la mente de mucha gente. Esto se puede ver claramente en el caso del juego del ultimátum.
  • Tampoco tiene en consideración externalidades que se dan a la hora de distribuir riqueza estrictamente de acuerdo al nivel de producción (Preface; capítulo 8).

Debido a ambos factores de nuestra naturaleza humana, la mejor medida es la redistribución de riquezas como el mejor mecanismo solidario dentro de un sistema capitalista o de libre mercado en que la competencia entre empresas (es decir, entre grupos de trabajos) es la norma. Como veremos en el próximo artículo de esta serie, dicha redistribución ocurre dentro de las empresas. Sin embargo, a nivel estatal también ocurre dado que la competencia entre empresas puede externalizar de maneras detrimentales a la sociedad. Vía los impuestos y la reglamentación estatal, se utilizan distintos mecanismos de redistribución para reducir lo mejor posibles dichas externalidades y fomentar la solidaridad entre distintos sectores económicos y sociales.

Francisco Catalá Oliveras

Francisco Catalá Oliveras. (Tomado por mí en el Comité del Partido Independentista Puertorriqueño en el 2011 y disponible para el dominio público).

El resultado es que a diferentes niveles tenemos algún grado de economía mixta y muy compleja. Ir a los extremos de hacer una economía perfectamente competitiva o perfectamente justa, sería a la postre disfuncional.  Esta es una de las consecuencias necesarias de los puntos más importantes de una brillante obra del economista Francisco Catalá Oliveras titulada Elogio de la imperfección. Allí, el distinguido académico nos recuerda el cuento de Jorge Luis Borges, “Funes el memorioso” donde nos relata cómo Funes no podía pensar debido a que tenía una memoria perfecta: al no poder olvidar, no podía conceptuar (olvidar diferencias), por lo que no podía pensar. La imperfección del olvido es requisito fundamental para pensar. De ahí, Catalá Oliveras (2007) acuña la expresión “Síndrome de Funes” que consiste en dos cosas:

  • Creer que la perfección es posible
  • Creer que de ser posible, sería funcional (pp. 10-14).

Usualmente, los extremos del espectro político o económico suelen padecer del Síndrome de Funes. Catalá nos aclara que debemos buscar mejorar situaciones imperfectas en la medida de lo posible (p. 12), pero esto no debe confundirse con la búsqueda de la perfección. Por eso, he postulado lo que llamo “el Principio Catalá Oliveras“:  para que un sistema funcione, debe ser imperfecto.

Ahora bien, no toda imperfección funciona y no debe inferirse por ello que no se remedien ciertas imperfecciones que crean males sociales.  Por ejemplo, el tener polizones sociales es un problema, siempre los tendremos en un sistema de libre mercado. Sin embargo, el buscar reducir este problema lo mejor posible no debe equivaler a, por ejemplo, eliminar por completo cualquier asistencia del estado.  Un exceso de bienestar del estado o un programa mal ejecutado puede ser un problema, especialmente si fomenta el ocio, la marginación y la criminalidad.

Por otro lado, aun para gobiernos conservadores de cualquier parte del mundo, ha sido extremadamente difícil desmantelar todo el aparato estado benefactor, no solo porque parte de su base política persiste gracias a ello, sino porque así se podrían evitar males sociales mayores: miseria de aquellos que no consiguen empleo, mayor mercado informal, niños sin hogar, mayor prostitución, esclavitud sexual, restricciones a servicios de salud para los necesitados, mayor criminalidad, falta de circulación de capital en los mercados, entre otros. Gran parte de la reducción de la pobreza en diversos países ha sido gracias al aparato de asistencia social gubernamental. El incremento de la pobreza debido a la reducción gubernamental se pueden observar prístinamente en lugares donde se han llevado a cabo políticas de austeridad sin medidas sensatas para salvaguardar a la población y muy especialmente los más pobres. Tales políticas también han impedido una pronta recuperación de dichas regiones, tal como lo han reconocido economistas del Fondo Monetario Internacional en el 2011 y en el 2013.

Como diría Aristóteles (1985), toda virtud es el justo medio entre dos extremos (pp. 160-175). Para alcanzar dicha moderación, tenemos que abandonar el vicio de pensar en términos de extremos: sea un neoliberalismo puro o un socialismo puro. La mejor aproximación suele ser un acercamiento casuístico: es decir, ver cada situación por caso y presentar las mejores soluciones que se conciban dentro de un programa solidario de país. Ese es el mejor criterio para ponderar en cuanto a decisiones a tomarse colectivamente.

Referencias

Aristóteles. (1985). Ética nicomáquea / Ética audemia. Madrid: Editorial Gredos.

Catalá, F. (2007). Elogio de la imperfección. PR: Ediciones Callejón.

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El experimento Miller-Urey y nuevas claves para el origen de la vida

La abiogénesis y la teoría de la generación espontánea

Francesco Redi

Francesco Redi

La teoría de la abiogénesis, que dice que la vida puede proceder de lo que no está vivo, es una muy antigua. Sin embargo, por milenios solamente se favoreció una variante de esta:  la teoría de la generación espontánea. Desde la época de Aristóteles se pensaba que la vida podía brotar espontáneamente de lo que cosas inertes. Durante el Renacimiento, obtuvo un nuevo auge ante evidencia que parecía indicar que esta teoría era correcta. Por ejemplo, si se colocaba carne podrida a la interperie, en un momento dado saldrían larvas de moscas de su interior.

Un científico italiano llamado Francesco Redi puso esa aserción en duda porque pensaba que probablemente la carne podrida atraía a las moscas para dejar huevecillos. Posteriormente, las larvas saldrían de los huevos creando la impresión de que de la carne podrida se originaban las moscas. Así que diseñó un experimento para poner su hipótesis a prueba. Colocó pedazos de carne podrida en una serie de frascos abiertos y otros en frascos cerrados. Efectivamente, los de los cerrados no llegaron a tener larvas de moscas.

El experimento de generación espontéanea

El experimento de generación espontánea. Imagen de Daniele Pugliesi. CC-BY-SA 3.0 Unported.

Aun con ello, Redi todavía mantenía abierta la posibilidad de que los microorganismos se originaran espontáneamente de materia inerte.

Esta convicción mantenida por siglos, fue finalmente refutada por el gran biólogo del siglo XIX, Louis Pasteur. Este reconocido autor del proceso de la pasteurización de la leche creó un tipo de frasco peculiar llamado “frasco del cuello de cisne”.

Frasco de cuello de cisne

Frasco de cuello de cisne – por Yassine Mrabet y disponible bajo la GNU FDL 1.2+.

La idea es que tras hervir la sustancia que se encontraba en el interior, esta no podría entrar en contacto con microorganismos que estarían atascados en el cuello del frasco. Se pudo demostrar que efectivamente que la sopa inerte no producía microorganismos, por lo que dejó refutada de una vez la teoría de la generación espontánea aun a niveles microscópicos. Así que Pasteur propuso la siguiente ley para la biología: los organismos vivos solo pueden proceder de otros organismos vivos.

Retrato de Charles Darwin

Retrato de Charles Darwin

Sin embargo, eso no significa que la noción de abiogénesis desapareció. Al contrario, Charles Darwin y Alfred Russell Wallace) descubrieron cómo evolucionaban los seres vivos mediante selección natural, en un proceso al que se describe no por el término “evolución” sino más apropiadamente por el de “descendencia con modificación“. Esta propuesta apareció en un abstracto extenso llamado El origen de las especies (1859) por Darwin y en un ensayo de Wallace titulado “Sobre la tendencia de variedades de apartarse indefinidamente de su tipo original”. Ambos pudieron explicar parcialmente el hecho de que las especies se originaran de grupos previos que eventualmente sufrieron unas modificaciones que le llevaban a su supervivencia. Dado a factores ambientales, variantes fenotípicas, migración, entre otros, de un grupo salen dos o más especies. Muchos de los cambios fenotípicos que tienen los organismos pueden producir unas nuevas funciones dadas bajo unas circunstancias específicas: un proceso que hoy se conoce con el término “exaptación”. Es decir, todas nuestras características físicas fueron desarrollándose paso a paso de órganos que combinados asumen funciones nuevas, dentro de un proceso que tomó miles de millones de años.

Dado este fenómeno, se puede explicar perfectamente bien cómo unos seres vivos proceden de otros, algo consistente con la ley propuesta por Pasteur. Sin embargo, Darwin especulaba si era posible la existencia de alguna serie de combinaciones químicas que paso a paso hicieron que emergieran los primeros organismos, de manera muy similar al de descendencia con modificación (Miller & Lazcano, 2002, p. 78).

Aleksandr Oparin, J. B. S. Haldane, Stanley Miller y Harold C. Urey

En la Unión Soviética, durante los años 20, un científico llamado Aleksandr Oparin formuló la famosa teoría de la “sopa primordial”. Por cierto, él no fue el único en hacerlo, porque J. B. S. Haldane también la formuló de manera más refinada y aparte de Oparin y basándose en la observación de Darwin. De acuerdo con su visión, no hay tal cosa como una “división” tajante entre los procesos químicos y los seres vivos. Ambos investigadores postulaban que en el pasado hubo un a combinación de sustancias químicas que hicieron posible la gradual (no espontánea) aparición de la vida por primera vez en el planeta Tierra. Esta combinación de químicos primordiales incluían el agua, diversas formas de energía (la radiactiva, la eléctrica, entre otras) y cuya dinámica posibilitaba que se formaran moléculas cada vez más complejas, hasta que hubiera un sistema químico que, paso por paso, originaría el primer ser vivo simple. A esto se le conoció como la hipótesis Oparin-Haldane.

Durante los años 50, fueron Stanley Miller y Harold C. Urey (su profesor) los primeros que llevaron a cabo un experimento para poner a prueba esta hipótesis.

Experimento Miller-Urey

Experimento Miller-Urey. (c) 2017, Pedro M. Rosario Barbosa. Derivado del dibujo de Carny de Wikimedia Commons. CC-BY-SA 2.5.

Crearon un aparato que simulaba, dentro de sus obvios límites, la dinámica que se presumiblemente se daba en la Tierra para forjar las moléculas dadoras de vida. En un frasco se simulaba el agua (H2O) del océano primordial, cuyo vapor circularía y se combinaría con hidrógeno (H2), amoníaco (NH3) y metano (CH4). Se aplicaba energía mediante electricidad y calor para simular la radiación y la electricidad que muy probablemente tuvieron lugar durante ese proceso. Lo que buscaban Stanley y Urey era poner a prueba la primera etapa de la hipótesis Oparin-Heldane, a saber, que de estas moléculas simples del océano primordial surgirían moléculas más complejas.

Stanley Miller (1999)

Stanley Miller (1999)

Al pasar una semana solamente, ya se habían producido moléculas más complejas, muchas de ellas aminoácidos, que son los componentes de las proteínas, los bloques de construcción de la vida como la conocemos. Los resultados sorprendieron a los bioquímicos, dado el hecho de que se solía pensar que los aminoácidos solo podían formarse en los seres vivos. Ahora se podía constatar que tal proceso es perfectamente posible por procesos que involucran sustancias que actúan por la mera interacción energética y molecular.

No obstante este gran paso para la historia de la ciencia, los componentes químicos no parecían ser lo suficiente para generar la vida en un periodo de tiempo.  Aun así, mayores estudios de nuestro sistema solar han provisto algunas pistas que señalan con optimismo otros elementos que pudieron haber contribuido a la formación de moléculas orgánicas más complejas, tal vez a una rapidez mucho mayor que las previstas por la hipótesis Oparin-Haldane.

Por ejemplo, la manera en que los planetas orbitan alrededor del sol y que giran sobre su propio eje parecen indicar que las primeras etapas de la formación de nuestro Sistema Solar eran bastante violentas. Una Tierra primitiva debió haber recibido constantes bombardeos de meteoros y cometas por todos lados, además de erupciones volcánicas de su interior que pudieron hacer que emergieran moléculas orgánicas, entre varios otros acontecimientos. Un ejemplo de la violencia que sufrio nuestro planeta son las indicaciones de que la luna se pudo haber formado debido a la colisión de la Tierra con otro planeta del tamaño de Marte (Canup, 2012).

Jennifer Blank

Jennifer Blank (Foto cortesía de la NASA)

Ahora bien, intuitivamente veríamos todo el proceso violento como puramente destructivo. Uno podría decir que a tal nivel, parecería que de la sopa orgánica producida por el experimento Miller-Urey no se habrían producido moléculas más complejas. Sabemos mediante varios descubrimientos a partir de los estudios de meteoros, cometas y polvo cósmico, que nuestro Sistema Solar está repleto de azúcares, lípidos y muchos tipos de materia orgánica, algunas que pudieron haber aparecido en la Tierra gracias a dichas colisiones. Pues, la científica, Jennifer G. Blank, diseñó un experimento que puso esa hipótesis a prueba. Tomó exactamente un producto orgánico que mezclaba a cinco de los aminoácidos más comunes que pueden encontrarse en cualquier ser viviente y lo mantuvo bajo continua colisión con una especie de rifle cuyas “balas” contenían unos químicos orgánicos que podemos encontrar en cometas. Dicho químico chocaba violentamente con los aminoácidos. ¿El resultado? Aminoácidos, moléculas orgánicas sencillas y unas mucho más complejas, los péptidos (algunos de los cuales juegan un rol importante para la vida en la Tierra). Pueden conocer más sobre los experimentos con este folleto.

Obviamente, experimentos como los que hemos mencionado son un una ínfima parte de todos aquellos dirigidos al tema de la abiogénesis. La búsqueda por esa “sopa primordial” y las condiciones que posibilitaron el origen de la vida continúan. Todavía no hemos llegado al final de nuestro relato.

El mundo ARN

ARN

Molécula de ARN

Más allá de lo que hemos expuesto, los científicos en general especulan sobre cuál tipo de mundo pudo haber originado la vida. Sin embargo, la siguiente pregunta es cómo comenzó la vida. Según una hipótesis altamente favorecida, se piensa que lo que la pudo haber iniciado fue la formación del primer replicante. Sin algo que se replique, es imposible que se comenzara el proceso evolutivo. El mejor candidato a ello es lo que se conoce como el ácido ribonucleico (ARN). Su molécula se halla en nuestras células y es la principal responsable de enviar la información determinada por el ácido desoxirribonucleico (ADN) para la síntesis de proteínas en los ribosomas. A esta molécula emisaria se le conoce como ARN-mensajero o ARNm. También persiste el ARN en otros lugares, no solo en organismos vivos, sino también en virus, cuya inserción en nuestras células puede causar estragos.

¿Pudo la sopa primordial producir este primer replicante?

Descubrimiento reciente

Hace unas semanas atrás, la Proceedings for the National Academy of Sciences (PNAS) dio a conocer con antelación a la publicación del estudio, un artículo en el que se reporta que algunos científicos checkos examinaron los resultados químicos del experimento Miller-Urey y, para su sorpresa incluye también las moléculas nucleobases del ARN: uracil, citocina, adenina y guanina (Ferus et al, 2017). Este descubrimiento es uno de los más grandes pasos en cuanto a la comprensión del origen de la vida en la Tierra.

Todo parece indicar que no es tan difícil que emergiera la vida terrestre como mucha gente se imagina.

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El impacto de las elecciones sobre las ciencias

Donald Trump y Ricardo Rosselló

A la izquierda, Donald Trump. Foto cortesía de Michael Vadon CC-BY-SA 2.0 / A la derecha, Ricardo Rosselló Nevárez. Foto cortesía de Edgardo Colón CC-BY-SA 4.0.

Los resultados de las elecciones del 2016 de Estados Unidos y Puerto Rico son noticias devastadoras en lo que concierne al ámbito de las ciencias, la lucha por los derechos humanos y la educación.
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Primera parada: Puerto Rico

En Puerto Rico, los resultados de las candidaturas a la gobernación no sorprendieron a nadie. Lo que sí dejó perplejos a algunos analistas políticos es el grado de insatisfacción que siente la población puertorriqueña con los partidos tradicionales. Más aun, fue refrescante la noticia de que una candidata independiente Alexandra Lúgaro, quien se autodefinió como atea, independentista y a favor del canabis (asunto del que hablaremos en otro artículo), haya obtenido el favor de una porción significativa de los votantes boricuas. Además, por primera vez en mucho tiempo, ningún candidato a la gobernación ganó por más del 42% de los votos. El Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y el Partido del Pueblo Trabajador (PPT) juntos no lograron llegar ni al 3% de los votos.  El Prof. Bernabe decidió no volver a postularse para el próximo cuatrienio como candidato a la gobernación, mientras que el PIP comienza el ya el acostumbrado ritual de “autoevaluación” para concluir que el resto del mundo está mal excepto el partido y así reinscribirse (mi predicción, espero estar equivocado).

Esto lanza varias señales. Una de ellas es que ya los puertorriqueños están perdiéndole el miedo a candidatos que se autodenominan públicamente ateoso que no profesan creencia alguna en alguna religión formalizada. Es más, me consta personalmente que han habido políticos agnósticos o ateos en la legislatura, pero que aun así no lo expresaron públicamente. Ya es tiempo para ellos “salir del closet“.

No debemos perder de vista que hubo un alto nivel de abstención en Puerto Rico. Sin embargo, es importante mencionar el hecho de que la cifra de 45% de los electores es algo inflada. No olvidemos que el Tribunal Supremo de Puerto Rico determinó que se incluyeran a aquellos que no votaron en las elecciones pasadas. Para este año, ya algunos de ellos habían abandonado nuestro archipiélago.

Dadas estas circunstancias, hay que señalar que Rosselló debe estar conciente de que, como cabeza de la rama ejecutiva, él no tiene un mandato fuerte para la estadidad o su programa de gobierno, ya que el PNP obtuvo votos muy por debajo de la mayoría absoluta y casi a la par con el PPD. Sin embargo, sus planes parecen girar en torno a esa propuesta de estatus y ese va a ser el grueso de la discusión durante los próximos años, además de su impotencia ante la todopoderosa Junta de Control Fiscal.

Además, las semillas de ciertos contribuyentes a su candidatura empezaron a dar frutos. El predicador evangélico Jorge Raschke se reunió con Rosselló para felicitarle por su triunfo.

Es interesante ver que la primera preocupación del nuevo ejecutivo como política pública no es comenzar el proceso de solicitar la estadidad al Congreso (de hecho, tiene la visión equivocada de que el Presidente es el que la concede … o algo parecido). No, la primera gestión es la de cambiar algunos aspectos de la carta circular en torno a la enseñanza con perspectiva de género en las escuelas públicas. Obviamente activistas feministas, como María Dolores Fernós reaccionaron ante este tipo de declaraciones afirmando muy correctamente que el Dr. Rosselló no entiende mucho del tema y que de lo que se trata la carta circular es el énfasis en la igualdad de dignidad de todo ser humano independientemente de su sexo o género. Nada de esto debe extrañar al público, ya que en su campaña Rosselló se comprometió ideológicamente como “católico cristiano” (whatever that means) a estar en contra de la enseñanza con perspectiva de género.

En cuanto a las ciencias como campo, no creemos que Rosselló vaya a afectar las ciencias mediante sus visiones ideológicas. Sin embargo, existe una gran preocupación en cuanto al estatus de la Universidad de Puerto Rico bajo la supervisión de la Junta. Se podría afectar el acceso a fondos estatales o federales para los fines de la investigación científica.

Seguro que los grupos de derechos humanos y otros tendrán mucho que luchar en los próximos 4 años, pero nada … NADA … se compara con el problema inmenso que representa la elección de Donald Trump en Estados Unidos.
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Segunda parada: Los Estados Unidos

El triunfo de Donald Trump fue prácticamente inesperado para el mundo entero, no solo para los Estados Unidos. Debido al sistema vigente, pero anacrónico y obsoleto, de los colegios electorales, la candidata demócrata Hillary Clinton ganó el voto popular, pero perdió el de los electores. Esta sería la cuarta ocasión que un presidente gana por colegio electoral a pesar del favor de la mayoría de la población estadounidense. Algunos están hablando de fascismo y dictadura, pero el Prof. Ángel Rosa nos recuerda que estas racciones son un tanto exageradas. Aun con un Congreso republicano, es muy improbable que Trump haga “lo que le dé la gana”.

No obstante la matización, no podemos bajar la guardia ante esta novel situación política. Tan pronto fue electo, Trump comenzó el proceso de selección de la gente que le acompañará en el ejecutivo y su lista no es nada agradable.

Durante su campaña política, él intentó desacreditar el carácter antropogénico del cambio climático. En ocasiones, hizo alegatos extraños e ignorantes como los siguientes:

Aunque algunos tenían esperanza de que no hiciera buena su promesa, Trump comenzó por escoger a Myron Ebell como director de transición de poder en la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Las voces de la comunidad científica no se hicieron esperar. La versión cibernética de la revista divulgativa Scientific American publicó un artículo al respecto, señalando que Ebell es un llamado “escéptico” de la antropogénesis del cambio climático y miembro del Center for Energy and Environment, un tanque ideológico conservador en torno a temas del ambiente.

Eso no es todo. Aunque parezca increíble, Trump considera nominar a su exrival de primarias Ben Carson para liderar el Departamento de Educación federal. Carson es un neurocirujano procedente de un sector fundamentalista protestante en los Estados Unidos, quien ha dedicado sus energías al combate de la enseñanza de la teoría de la evolución neodarwiniana en las clases de ciencias en las escuelas públicas de Estados Unidos. También niega explícitamente la antropogénesis del cambio climático o la mera existencia de este. No solo eso, sino que en una predicación, fue tan lejos como para postular la hipótesis de que las pirámides probablemente fueron construidas por el patriarca hebreo José para guardar los granos que necesitaba Egipto para los siete años de sequía…

… y que Satanás inventó la teoría de la Gran Explosión (Big Bang).

Tengamos eso en cuenta cuando pensemos que Ben Carson puede ser que termine a cargo de la educación de los niños estadounidenses a nivel nacional.

Lo mismo se puede decir del vicepresidente electo Mike Pence, quien no solo sostiene perspectivas semejantes a las mencionadas, sino que las ha defendido abiertamente en el Congreso de los Estados Unidos.

Además, Pence tampoco cree que fumar tabaco o cigarrillo sea dañino a la salud. Para el horror de la comunidad LGBTI, también favorece las desacreditadas “terapias” de conversión de homosexuales a heterosexuales.

Hay otras noticias que parecen indicar que la presidencia de Trump va a estar caracterizada en parte por un intento de crear una teocracia republicana.

Ante este panorama, el futuro cuatrienio se ve difícil tanto en los ámbitos de las ciencias como de los derechos humanos. Esto implica que activistas bien orientados en cuanto a estos temas tenemos que salir a la calle a defender la razón y las ciencias en estos tiempos en los que se asoma de nuevo la oscuridad racional, intelectual y espiritual.

Las neurociencias, la memoria y la jurisprudencia – 1

Uno de los problemas grandes que tiene la jurisprudencia actual en el mundo tiene que ver con un cierto órgano de nuestro cuerpo que es bien falible y que muy frecuentemente nos engaña: nuestro cerebro.

Ceerebro humano.

Cerebro humano. Imagen cortesía del Database Center for Life Science (DBCLS). CC-BY-SA 2.1 JP.

Bastante de nuestras experiencias, testimonio, recuerdos, percepciones, entre otros factores dependen de este frágil, pero fascinante órgano. Para comprender nuestros defectos veámoslo desde un punto de vista evolutivo.
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La evolución y nuestro cerebro

La razón de estas imperfecciones se debe a que el cerebro fue un producto de la evolución y se construyó gradualmente por millones de años vía exaptaciones por las que sus partes asumieron diversas funciones. Sus cientos de partes se categorizan hoy día en cuatro regiones básicas que representaremos de la siguiente manera.

Modelo cuatriuno del cerebro

Ilustración de Nancy Margulies. Cortesía de Michael Dowd y Connie Barlow. Fuente: http://www.thegreatstory.org.

Esta manera de ver el cerebro humano fue desarrollada a partir de la propuesta del neurólogo Paul MacLean.Veamos cada región con más lujo de detalles:

1.  El complejo-R

complejo-r

El complejo-R (o reptílico) es el complejo de partes de nuestro cerebro que fue básico de nuestros ancestros reptiles. Este consiste en el cerebelo y la columna vertebral y, entre ambos, manejan todas nuestras necesidades básicas: respiración, movimientos básicos, la “memoria muscular” (lo que nuestro cuerpo se acostumbra hacer cotidianamente: correr bicicleta, conducir, escribir, entre otros), la intepretación de ciertos estímulos como agradables, hostiles o de peligro, la manera de reaccionar ante estos estímulos y las necesidades básicas de comida y apareo.
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2. El sistema límbico

s-limbHay una región bien importante que consiste en el hipocampo, la amígdala, el grupo nuclear anterior y la corteza límbica. Algunas de estas partes neurológicas ya estaban presentes en algunos reptiles prehistóricos como se ha podido constatar mediante los estudios de fósiles. MacLean solía creer que heredamos esta región de las formas más primitivas de los mamíferos y que su función era la de regular todas las operaciones primordiales que tienen que ver con los sentimientos, especialmente los de empatía. Esta emoción particular fue posible en nuestros ancestros debido al hecho de que las hembras aprendieron a tener empatía por sus crías y con otros miembros de su grupo. Esta parte de nuestro cerebro nos permite dar el toque emocional a las respuestas del complejo-R tales como el apareo, el conflicto, la huída y la búsqueda de alimento. De aquí proviene una muy buena parte de las razones por las que llevamos a cabo algunas acciones que no nos explicamos por qué las hicimos.
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3. El neocórtex

monoEl neocórtex es la parte de nuestro cerebro que se desarrolló en diversos animales, incluso entre los primates. A veces se le llama en inglés “the monkey brain” o “the monkey mind“, porque es el nombre dado por los budistas a la mente que está pensando en cualquier lugar o en cualquier momento excepto en el aquí y ahora. En ese caso, la mente sería como un mono, “brincando de rama en rama”. Nuestro neocórtex tiene la cualidad de estar “brincando” de un pensamiento a otro constantemente, por lo que necesita ser disciplinado mediante meditación y concentración en los factores que ocurren ante sí. Esta estructura orgánica se divide en dos hemisferios. El izquierdo se especializa en el uso de símbolos y procesos de información, especialmente en lo que concierne a análisis lógicos de eventos o situaciones cotidianas. El derecho se especializa en emociones de más alto nivel. El neocórtex es la parte del cerebro que aparentemente se desarrolló por la necesidad que tuvieron nuestros ancestros de calcular su respuesta ante diferentes estímulos y la elaboración de emociones de más alto grado. Esta es la parte de nuestro cerebro que racionaliza nuestras acciones. Si hacemos algo y no sabemos por qué, el neocortex intenta explicar la acción: “Yo hice eso porque …” y usualmente la explicación no corresponde necesariamente con el verdadero motivo de lo que hicimos.
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4. La parte ejecutiva

ejecutivoTal vez la parte más desarrollada en los seres humanos y es la corteza prefrontal de nuestro neocórtex. Esta es la parte que lleva a cabo las “funciones ejecutivas” del cerebro humano: las funciones más avanzadas y complejas donde ideamos planes y asociamos ideas y pensamientos, donde adquirimos la memoria inmediata, formamos nuevos recuerdos y proyectamos al futuro. Gracias a la parte ejecutiva, tenemos una experiencia de “autoconciencia” (de un “yo”). Aquí es donde los sentimientos pasan de ser meros mecanismos de supervivencia a sentimientos subjetivos. Su capacidad de proyección al futuro nos permite establecer planes y proyectos de vida de acuerdo con nuestra experiencia pasada y nuestros deseos presentes.

En otras palabras, estas cuatro partes de nuestro cerebro no se reparten por igual, sino que está organizado jerárquicamente según ha evolucionado por millones de años.
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Cerebro y mente

computer_mind

El modelo que prevalece en la neurociencias, en las ciencias cognitivas y en la filosofía de la mente es la teoría computacional del cerebro. Esto significa que nuestro cerebro prácticamente se dedica a procesar información gracias a los procesos bioquímicos que lleva a cabo todos los días. De este proceso que lleva a cabo nuestro cerebro es que emerge la mente humana. Muchos neurólogos y científicos cognitivos definen la mente como la actividad del cerebro, aunque no sea todo lo que el cerebro hace (por ejemplo, el emitir calor). La concepción del cerebro como cientos de órganos especializados interconectados implica una teoría modular de la mente: cada parte del cerebro genera una función computacional que, en coordinación con los demás módulos, llevan a una operación relativamente coherente.

Por ende, cosas tales como percibir visualmente no es obra de una sola parte del cerebro. El neurólogo V. S. Ramachandran nos dice que prácticamente una tercera parte de nuestro cerebro (33%) se dedica solamente a las operaciones involucradas con la visión. Una parte de nuestro cerebro se dedica a asignar distintos colores a cierta información que obtenemos vía los ojos, otra parte de nuestro cerebro se dedica a la percepción de movimiento, otra a la visión conciente, otras más al reconocimiento visual (que involucra su conexión a las partes emocionales de nuestro cerebro), etc.

Eso significa que todo lo que percibimos es realmente construido mentalmente. Los colores no están realmente “allá fuera” sino que es la manera en que nuestro cerebro interpreta información y que es rellenada por el cerebro mismo si percibe que está incompleta.  Una evidencia elemental de ello es el siguiente experimento:

Nuestros ojos tienen unos defectos y el más notable es lo que se denomina “punto ciego”, un lugar de convergencia de músculo y nervio óptico que no recibe información externa. Para ello, el cerebro llena la falta de información construyendo un complemento visual. Aquí abajo hay una imagen. He aquí las instrucciones:

Ustedes pueden ver un punto y una cruz. Tápense el ojo derecho, observen siempre la cruz y acérquense directamente a la pantalla poco a poco hasta que vean desaparecer el punto. Ese es el punto ciego.

punto_ciego_exper

Noten que cuando el punto desaparece, el cerebro rellena esa parte visual con un espacio blanco. El sistema visual no es objetivo y es realmente muy fácil engañar el cerebro.

Los magos tienen mucho éxito precisamente porque explotan estas deficiencias visuales y mentales. Casi todos los trucos involucran el hecho de que el cerebro no puede prestarle atención a toda la información que percibe, sino que debe estar atento a un asunto o unos pocos más simultáneamente. Una vez que presta atención a algo, nuestra mente ignora el resto de lo que ocurre. Un mago astuto pone la atención del espectador precisamente donde no va a llevar a cabo su maña para entonces hacerla donde este no la va a percibir.

No solamente eso, sino que el cerebro también tiene un modelo teorético de lo que el mundo externo debería ser. El cerebro constantemente busca patrones consistentes con ese modelo. Por ejemplo, utilicemos la siguiente ilusión óptica.

optical-illusion

A lo mejor no verán claramente de qué se trata esta imagen, pero gradualmente cobrará sentido. La mente eventualmente puede ver caballos. Sin embargo, una vez nuestro cerebro le atribuye ese significado a la imagen, se nos hace difícil no ver los caballos. Nuestro cerebro insistirá en ese significado porque es el único que parece cumplir con su expectativa de un patrón significativo de acuerdo a su modelo teorético del mundo.  Las ilusiones ópticas no son otra que imágenes que desafían el modelo teorético visual de nuestra mente.
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El ser humano como un ente narrativo

Nuestra conciencia, nuestro “yo”, no es otra cosa que un resultado emergente de procesos mentales. Detrás de nuestra conciencia ocurren millones de eventos neuronales de los cuales nuestro “yo” jamás se da cuenta. Sin embargo, nuestra conciencia es posible porque nuestra mente sintetiza sucesos pasados en la memoria con el presente y una proyección hacia el futuro.

Dado este hecho, el modelo de mundo mental incluye también una dimensión narrativa por incluir el factor temporal. Aquí la memoria juega un rol bien importante, ya que fijamos nuestra identidad de acuerdo a nuestras experiencias pasadas. Sin embargo, contrario a lo que muchos creen, lo que recordamos es también una construcción. Nuestra memoria es defectuosa porque nuestro modelo de mundo es altamente falible. En muchos casos, los recuerdos han sido modificados consciente o inconscientemente y nuestra mente rellena muchos vacíos de información del pasado sin que nos demos cuenta. Esta narrativa está influenciada por factores instintivos (complejo-R), factores emocionales (sistema límbico) y racionalizaciones (neocórtex).

De esto hablaremos en nuestro próximo artículo, pero vale la pregunta, “¿y qué tiene que ver esto con la ley y los procesos judiciales?” El siguiente vídeo les dará una pista de ello. Espero que lo disfruten.

 

Descendencia con modificación (o ¡matemos a los simios caminantes!)

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En el curso de Principios de Ética que imparto, discuto en un momento dado la teoría de la evolución neodarwiniana con el propósito de que mis estudiantes comprendan las razones del comportamiento humano en varias esferas sociales a partir de la herencia institiva y neuronal de nuestros ancestros. Aunque la discusión es relativamente breve (no puedo dedicarle todo el curso a Darwin), quiero que se familiaricen con sus conceptos fundamentales. A pesar de ello, me enfrento constantemente a un obstáculo para que ellos entiendan los puntos básicos de la teoría.

Denme una peseta por cada ocasión que se ha utilizado esta imagen para ilustrar la evolución humana ¡y sería millonario!

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Para sorpresa de muchos, lo que voy a señalar es que esta imagen está totalmente equivocada y que está muy lejos de representar la propuesta de Charles Darwin y los evolucionistas contemporáneos. Mis pobres estudiantes tienen que tomar una prueba corta al respecto y marco la contestación mala si osan escoger esta imagen como la mejor representación de la evolución del ser humano. A fin de cuentas, es evidencia de que no leyeron el material asignado. Lo sé. ¡Soy terrible!
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Lo que realmente sostenía Darwin

Contrario a lo que mucha gente esperaría, Darwin no fue el primero en idear la noción de “evolución”. Al contrario, para principios del siglo XIX, ya varios naturalistas y clérigos del Imperio Británico habían llegado a la conclusión de que la Tierra era mucho más antigua que los 8,000 años postulados por la información bíblica. Todo parecía indicar más allá de toda duda una edad terrestre mayor a la de cien mil años, tal vez millones de años. Dado este problema, los naturalistas pudieron ver con claridad que la Tierra “evolucionaba”. Los estratos geológicos mostraban claras señales de cambios geomorfológicos a través de un lento, pero larguísimo periodo de tiempo.

¿Qué hay entonces del origen de la vida? Otro problema al que se enfrentaban los naturalistas no era meramente señales de cambio geomorfológicos, sino también de diversas especies extintas que correspondían a las capas geológicas en cuestión. Claramente, los organismos evolucionaron, pero –y aquí está el detalle– nadie conocía el mecanismo de cambio gradual a través del tiempo. Además, el estudio taxonómico de dichos animales extintos llevaron poco a poco a la conclusión de que los seres vivos del presente provenían de los que existieron en el pasado. Este tema era obviamente un tabú en el ámbito cristiano y victoriano del Imperio Británico. No obstante ello, los naturalistas no se desalentaron al buscar las causas de dicho cambio.

Uno de los investigadores más destacados y brillantes del siglo XIX fue Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829) quien desarrolló una teoría de herencia de características adquiridas a la que hoy conocemos como “lamarckismo”.  Esta proponía que ciertas características se heredaban en la medida que fueran más útiles para la vida de un organismo en un ambiente dado y que la próxima generación podía heredar. La visión lamarckiana se parece al ícono de la evolución humana (la “marcha” del mono al humano).

Árbol de especiación

Árbol de especiación por selección natural, con las palabras “I think” escritas por Darwin en su libreta (1837).

Charles Darwin no estaba convencido por esta propuesta, en gran medida porque dejaba muchos cabos sueltos. Primero, no se explicaba cómo en el proceso evolutivo se “escogían” aquellas características que fueran “útiles” para un organismo y aquellas que no. Segundo –y más al grano–, no se explicaba en lo absoluto la presencia de características inútiles en los organismos en general (insectos que tienen alas de más, el apéndice humano, entre otros). Finalmente, tampoco explicaba en absoluto la abundancia de especies relacionadas entre sí. Ya para 1837, Darwin había puesto por escrito lo que se conocería en términos técnicos como “la hipótesis de la filogénesis”. De acuerdo con su propuesta, los organismos evolucionan vía selección natural y mediante especiación: este último concepto significa el evento por el cual de una especie de organismos vivos –por razones geográficas, ambientales o de diversa índole–, a través de los años se bifurca en otras especies. Así que la propuesta de evolución no es como la de una serie “lineal” de primates que “culmina” en el ser humano. La imagen más exacta es la de un arbusto en la que el ser humano no ocupa un lugar “supremo” del proceso evolutivo, sino una ramita de ese frondosísimo arbusto. Por esta misma razón, no es preciso llamar a la teoría darwiniana “teoría de la evolución”, sino más bien “teoría de descendencia con modificación“, que es un tipo de teoría de evolución.

Charles Darwin y Alfred Russell Wallace

A la izquierda, Charles Darwin; a la derecha, Alfred Russell Wallace. Ambos son considerados los padres de la teoría de descendencia con modificación.

A pesar, de su formulación, nunca llegó a publicar su propuesta hasta que en 1858 ocurrió un incidente. Otro naturalista llamado Alfred Russell Wallace envió a Darwin un artículo con el propósito de publicación titulado “On the Tendency of Varieties to
Depart Indefinitely From the Original Type” (“Sobre la tendencia de variedades [de organismos] a divergir indefinidamente de su tipo original”), en donde proponía exactamente la teoría de descendencia con modificación. Darwin se comunicó con Wallace para dejarle saber que había llegado a la misma propuesta anteriormente y por separado. Debido a ello, Wallace invitó a Darwin a dar a conocer su perspectiva científica, lo que llevó a la publicación de un abstracto que hoy conocemos como El origen de las especies mediante la selección natural (1859).

Árbol filogenético

Árbol filogenético como aparece en El origen de las especies (1859).

Desde esta perspectiva, es erróneo lo que usualmente se dice en la calle: “Darwin propuso que el hombre desciende del chimpancé”, “Los evolucionistas creen que los hombres descienden del mono”. De hecho no. Ningún ser humano proviene del chimpancé. Lo que estipulamos los que favorecemos la teoría de descendencia por modificación es que el chimpancé y el ser humano tienen un ancestro común. Los monos actuales y los seres humanos también compartimos un ancestro común –mucho más lejano que el que compartimos con los chimpancés–.
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¿De dónde provino la famosa imagen de la evolución del hombre?

El usual ícono de la transformación del mono o simio menor al ser humano proviene de una mala comprensión de esta imagen publicada por un texto titulado The Evolution of Man publicado por Ernst Haeckel (1879).

Comparación taxonómica

Comparación taxonómica que aparece en el libro de Ernst Haeckel, The Evolution of Man (1879).

Esta ilustración de Haeckel no muestra la evolución del hombre a partir del gibbon, el orangután, el chimpancé o el gorila, sino que él la utiliza para comparar las estructuras esqueléticas entre el ser humano y el resto de los simios mayores. Esto lo utilizaba como un dato para justificar la convicción de que todos los simios mayores compartimos un ancestro en común.

Desgraciadamente, a nivel popular, esto no se comprendió bien y se tomó esta imagen como la ilustración de la evolución del ser humano a través de los años. No ayudó mucho el cabezote de la página que hace alusión al título del libro y no a la evolución del hombre per se.

Así que matemos a los simios caminantes … Lo que realmente hace la imagen es confundir al público en cuanto a la propuesta de Darwin y no permite un diálogo fructífero con aquellos que no comprenden la teoría de descendencia con modificación.

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