¿Fue el Éxodo un acontecimiento histórico? – 3

Josué pasando por el Río Jordán
Josué pasando por el Río Jordán con el Arca de la Alianza (1800)- Imagen pintada con óleo por Benjamin West. Cortesía de la Galería de Arte de Nueva Gales del Sur.

Partes de la serie: 1, 2

Para muchos que han leído los artículos de esta serie, ya el asunto de “si hubo un Éxodo” está “resuelto”. Sin embargo, los historiadores ven esto como algo muy lejos de resolverse. Si no hubo Éxodo ni conquista, ¿cómo fue que apareció Israel como pueblo étnico? Hay muchos cabos sueltos sin resolver:

  • Toda la evidencia acumulada arqueológica apunta que los israelitas evolucionaron culturalmente de los cananeos del área. Los cananeos no fueron invadidos. ¿Cómo se dio esa evolución?
  • Los cananeos eran adoradores del dios ’Ēl, también conocido como ’Ēl-ʿElyōn (traducido frecuentemente como “Dios (’Ēl) de las Alturas”, pero terminaron acogiendo como su nombre Yhvh ’Ĕlohim (probablemente pronunciado “Yahveh ’Ĕlohim”). ¿Por qué ocurrió?
  • Si el Éxodo no ocurrió —al menos como aparece en la Biblia Hebrea—, ¿qué sucedió realmente?
  • De todos los héroes que pudieron haber tenido los israelitas para su ficticio Éxodo, ¿por qué nombrarlo bajo un nombre egipcio, Mošeh (Moisés)? Peor, ¿por qué después de inventarlo con ese nombre, tuvieron que fabricar una historia para explicarlo como un nombre hebreo, cuando la evidencia lingüística demuestra que tal explicación no funciona?
  • ¿Por qué el hermano y la hermana del héroe israelita también tienen nombres egipcios, ’Ahărōn (Aarón) y Miryām (Miriam)?
  • ¿Por qué en tan poco tiempo, del 1200 a.e.c. al 1000 a.e.c. hubo una memoria tradicional muy fuerte de algún Éxodo y su héroe?
  • El Pentateuco nos habla del Monte Sinaí (u Horeb) como el punto clave donde se cimentó la alianza del dios Yahveh ’Ĕlohim con su pueblo. Sin embargo, en el relato del encuentro de Moisés con Yahveh, este le dijo que su gente debía rendirle culto en un monte en Madián. (Éxodo 3:12)
  • En Madián existía un pueblo conocido como los šasū, que habitaban una región llamada “Yhv (pronunciado “Yaju”), cuyo nombre sospechosamente está a una letra de “Yhvh”.
  • La referencia más antigua que tenemos del Éxodo sobrevive en el capítulo 15 del libro del Éxodo conocido como el Canto del Mar. En el Canto del Mar no hay referencia alguna a un Éxodo masivo o una llegada a una Tierra Prometida, sino al monte donde se encuentra el Templo de Jerusalén. Solo menciona a Yahveh, pero no utiliza el término “’Ĕlohim”. ¿Qué explica todo esto?
  • Después del Canto del Mar, el relato más antiguo del Éxodo es la fuente yahvista. Sin embargo, no habla en absoluto de plagas en Egipto. Los elementos claves legales de la Alianza por los que se conocería el Pentateuco (e.g. la circuncisión, el decálogo, etc.) son muy débiles en sus tradiciones.

Intentaremos responder algunas de estas preguntas durante el resto de esta serie. Hay mucha tela por donde cortar. Por ahora, nos interesa comenzar por donde la evidencia arqueológica nos orienta: los orígenes del Antiguo Israel.

¿Cómo surgió Israel?

Decadencia de Egipto como potencia

Cinco cartas de Amarna
Cinco cartas de Amarna en el Museo Británico. Foto cortesía de Osama Shukir Muhammed Amin. (CC-BY-SA 4.0).

En cuanto a Egipto, tenemos varias fuentes de conocimiento de los diversos periodos históricos. Unas son las fuentes arquitectónicas y artísticas, que son la evidencia física de edificios, estructuras y arte que los egipcios nos legaron. También se encuentran lo que algunos historiadores —como Heródoto— nos dijeron con relación a las creencias, narrativas y su estilo de vida. Asimismo, hemos encontrado una variedad de documentos —una muy buena parte en papiro o grabados en arcilla— que nos hablan de la dinámica de la vida comercial, política y religiosa de diversas épocas. Para la época que nos concierne, no hay fuentes más importantes que las “Cartas de Amarna”, un conjunto de correspondencias de Egipto que se encuentran en escritura cuneiforme y que nos hablan de distintas situaciones en diferentes momentos históricos de su dominio sobre otras regiones. Una de estas regiones es la cananea, la que posteriormente se conocería como Israel. Estos escritos son preciosos porque es la rarísima ocasión en que los historiadores de la antigüedad pueden tener una visión mucho más clara de lo ocurrido por parte de los testigos de estos acontecimientos. Se conoce como las Cartas de Amarna porque se descubrieron en un archivo al que se le ha denominado el Archivo Real de Amarna.

En esas cartas se hacen referencia a unas gentes que crearon problemas en Egipto que se les conocía como los ʿápiru (o jápiru). Con este nombre se designaba a un conjunto de bandoleros, mercenarios, proscritos, entre otros que le crearon dolores de cabeza a los mismos egipcios y a otros lugares de Medio Oriente. Algunos eruditos piensan que este nombre ʿápiru constituye la raíz para la palabra ‘ibhri en hebreo antiguo, de donde procede la palabra “hebreo” en castellano. Se conoce de su existencia como un grupo de nómadas arameos gracias a los escritos sumerios. Los testimonios más tempranos se hallan de los escritos del 1822 a.e.c. al 1763 a.e.c. Aunque este historial parece coincidir con la procedencia de las raíces hebreas en Mesopotamia, tal como alega la mitología hebrea en el Génesis con Abraham, parece que el término ʿápiru designa más bien a un estatus social y no a una etnia. Por ahora, no hay seguridad plena de si los antiguos israelitas procedían de estos grupos. (Dever, Beyond the Texts 80, 106, 108; Finkelstein y Silberman cap. 4)

Otras fuentes que no son las Cartas de Amarna nos hablan de otra agrupación interesante para la época a cuyos miembros se les conocía como los ʿyksós (o jicsós). Ellos parecían ser de proveniencia fundamentalmente cananea y hurrita que lograron establecerse en Egipto y dominar gran parte de la región hasta establecer una monarquía. Lograron forjar unas redes comerciales que les hizo prosperar por un buen tiempo desde la caída del Reino Medio de Egipto (siglo XVII a.e.c.) hasta la mitad del siglo XVI a.e.c. Algunos han postulado la hipótesis de que estos ʿyksós pudieron haber provenido de Canaán por razón de José, el famoso administrador de Egipto hijo de Jacob. Sin embargo, parece que esta propuesta no es viable. (Geobey) No tenemos evidencia extra bíblica de la administración de José en Egipto, algo que es aceptado por la mayoría de los expertos del Pentateuco. (Moore y Kelle 92) Lo que sí nos parece interesante es que estas gentes ocuparon las regiones de Rameses y Pithom, los dos lugares mencionados por el Éxodo como construidos por esclavos hebreos. (Éxodo 1:11) (Finkelstein y Silberman cap. 4)

Egipcios golpean a espías šasū
Unos egipcios capturan y golpean a espías šasū. Fotografía de 1905.

Aun otros textos egipcios nos hablan de un pueblo conocido como los šasū, un grupo nómada compuesto de varias gentes. Sus actividades se extienden desde la tierra palestinense hasta Egipto, donde causaron muchos problemas. Tras unas batallas contra ellos, Ramsés III esclavizó a los sobrevivientes, provenientes de la región de Yhv (Yaju) localizada en Madián al sureste del territorio palestinense, esto es, justo al noroeste de la Península Arábiga. Los egipcios se refirieron dos veces al triunfo sobre estos šasū bajo el reinado de Amenhotep III y de Ramsés II. El nombre de la procedencia de esta gente, Yhv, parece indicar que este era el nombre del dios al que le rendían culto. Algunos eruditos, con razón, han identificado al dios Yhv, con Yahveh (Yhvh). Esta apreciación coincide con un dato ofrecido por la Biblia Hebrea de que el culto a Yahveh tenía su origen en un monte en Śeʿir, en Edom y en la región de Madián donde habitaban comunidades de šasū. (Jueces 5:4; Deuteronomio 33:2) Además, el hecho de que dieran culto a un dios cuyo nombre es cercano al de Yahveh y del hecho que muchos fueron esclavos, algunos expertos piensan que los šasū de Yhv fueron los ancestros de los antiguos hebreos. Otros piensan que ellos propiamente no fueron hebreos, pero debieron haber formado parte de un complejo social que, de alguna manera, estaba vinculada a los cananeos del sur del área palestinense. Dicho complejo junto a los cananeos norteños podría llamarse “protoisraelita”. (Dever, Beyond the Texts 102, 106; Finkelstein y Silberman cap. 4)

Imagen de los Pueblos del Mar y el ejército de Ramsés III
Relieve de los Pueblos del Mar y el ejército de Ramsés III. Imagen en el dominio público.

Desde 1550 a.e.c., Egipto entró en una época dorada de prosperidad que duró hasta aproximadamente 1250 a.e.c., cuando la gran potencia experimentó una debacle política y económica, tanto en su territorio como en las regiones dominadas. Algunas causas de la debacle que sufrió posteriormente, especialmente en el siglo XII a.e.c. son fuertemente discutidas por los historiadores. Se sabe a ciencia cierta que después de Ramsés II hubo disputas por el trono que debilitaron considerablemente el poder de Egipto como potencia. Le sucedieron al faraón su hijo Merneptah y, posteriormente, Ramsés III, quienes tuvieron que lidiar con ciertos adversarios e insurrecciones, incluyendo en la región de Canaán. La estela de Merneptah, que hemos discutido en nuestro artículo anterior, nos habla precisamente de una de estas campañas contra las insurrecciones.

Ya para entonces, empezaron a aparecer como una amenaza los llamados “Pueblos del Mar”. No se sabe a ciencia cierta quiénes fueron, pero sí representaron un estrago para el debilitado Egipto. La hipótesis más tentativa en torno a quiénes fueron sostiene que consistían en una confederación de pueblos que invadian varias regiones del Mediterráneo Oriental durante el periodo de 1200 al 900 a.e.c. Según los historiadores, se ha formulado la hipótesis de que los filisteos —posterior enemigos de los israelitas— formaron parte de estos Pueblos del Mar. (Dever, Beyond the Texts 132-140) Otros postulan que después de que los micénicos ocuparan varias de las islas del Mar Egeo, para el 1100 a.e.c. parece que se unieron a esta confederación de Pueblos del Mar en calidad de mercenarios. Es para esta época que se calcula que fue la famosa Guerra de Troya reportada por La ilíada. (Strauss intro.)

No obstante la innegable contribución de los Pueblos del Mar a debilitar a Egipto, los historiadores insisten que reducirlo todo a la invasión de los Pueblos del Mar es sobresimplificar el asunto. Algunos estudiosos nos invitan a ser cautelosos y mirar a otras variables que también ocurrieron en esa convulsa época. Algunas Cartas de Amarna nos hablan de algunas acciones de insurrección en tierra cananea ya tan temprano como el siglo XIII a.e.c. Otros textos y otra evidencia científicamente cualificada parece señalar a una probable sequía, conflictos políticos entre reinados vasallos, un probable terremoto en el área del sur del Levante mediterráneo (ca. 1200 a.e.c.), la interrupción de comercio marítimo y la desploblación de ciertas regiones urbanas como resultado de ello. El experto en el tema, Eric Cline, sostiene que fue durante este periodo en que se formó la “tormenta perfecta” en que ocurrieron todos estos males. (Ver también Dever, Beyond the Texts 110-111)

El fin de una era y el comienzo de otra

Estela de Merneptah en Egipto
Estela de Merneptah en Egipto. Foto de autor desconocido. (CC-BY-SA 3.0).

Como hemos visto, la evidencia más antigua que tenemos de la existencia de Israel es la estela de Merneptah, fechada aproximadamente para el 1208 a.e.c. Sabemos que no hubo incursión alguna masiva de hebreos ni aniquilaron todos los pueblos que perecieron de acuerdo a lo que afirman el Pentateuco y del Libro de Josué.

Si ese es el caso, pues, ¿qué ocurrió? Desde el punto de vista arqueológico es realmente un misterio y la evidencia de la emergencia de algo llamado “Israel” no es del todo clara. Como hemos indicado, no hubo invasión sino que, en el mejor de los casos hubo ataques a varios pueblos que eran centros urbanos en el área de lo que hoy se conoce coo el Antiguo Israel: ’Afeq, Lakiš, Bet-’Ēl y Ḥaṣor. En el caso de tres de ellas, los invasores no se han podido identificar y, en el caso de Ḥaṣor hubo un ataque muy peculiar que no tiene las características de una invasión. El eminente arqueólogo Amnon Ben-Tor le ha atribuido esta destrucción a las hordas de israelitas que penetraban a lo que eventualmente se conocería como Israel. Sin embargo, ante la escasísima evidencia de ello y a la luz de otras características extrañas, para Sharon Zuckerman, codirectora de excavaciones de Ḥaṣor difiere. Para ella, parece que el ataque no fue resultado de una invasión y sino más bien de un manifiesto rechazo a las clases altas que habitaban las altas planicies.

En el caso específico de Ḥaṣor, hubo un templo, varios edificios públicos, palacios, y fortificaciones. En las bajas planicies, del que hay evidencia de presencia de población más humilde —incluyendo clientela y esclavos— se encontraban también algunos templos y otras estructuras. Todo esto es consecuente con lo que el libro de Josué reporta, de que era la cabeza política visible de la región y pueblos adyacentes. (Josué 11:10)

Sin embargo, para la estratificación correspondiente a la época aproximada del año 1250 a.e.c., los arqueólogos encontraron estructuras afectadas por el fuego de la destrucción y se encontraron estatuas —de dioses y monarcas— decapitadas y con las manos destruidas. Esto revela que hubo toda una intención de hostilidad particular al monarca o a los dioses de Ḥaṣor, no una mera destrucción de parte de unos invasores. Zuckerman ha llamado esto el “Ritual de Terminación“, un acto ritual en el que se marcaba el fin de un gobierno y que tomaba lugar en sitios que se saqueaban y reconstruían. Esto es bastante conocido para aquellos expertos en el pasado antiguo mediooriental. En Ḥaṣor, no hay señal alguna de guerra o lucha contra invasores foráneos. No se ha encontrado arma alguna relacionada con la guerra, sea por potestades aledañas o nómadas extranjeros. De hecho, en esta misma época, notamos en las altas planicies, donde habitaban las élites, un total abandono y desacralización. Varios de las recámaras que solían ocupar imágenes fueron rellenados, como una clara señal de que dicho dios o monarca no sería honrado ahí más en ese lugar. Otras estructuras fueron significativamente alteradas para impedir que se llevaran a cabo rituales de antaño. Según Zuckerman y la mayoría de los arqueólogos, este es el modelo que mejor da cuenta de la evidencia: una rebelión desde dentro de Ḥaṣor dirigida contra la nobleza y la monarquía de las altas planicies.

Vista aérea de Ḥaṣor
Vista aérea de Tel-Ḥaṣor, restos de la Era de HIerro I (1200-1000 a.e.c.). La ciudad de las altas planicies en el centro, la región de las bajas planicies, parte superior derecha de la foto. Imagen en el dominio público.

La evidencia sugiere que hubo una disolución de los poderes políticos y de las ciudades durante el periodo de 1250 al 1150 a.e.c. en toda la región cananea, lo que podría dar cuenta de los ataques a ’Afeq, Lakiš, Bet-’El en este momento de los siglos XIII y XII a.e.c. Asimismo, no estaría la situación fuera de sintonía con la crisis social y política experimentada en toda la región de la Luna Fértil, desde Egipto hasta Mesopotamia precisamente durante este tiempo. ¿Qué fue lo que sucedió específicamente en estos lugares? Fuera de la evidencia arqueológica, no sabemos nada, ya que no hay documentación escrita de estos sucesos en Canaán. Fuera de un breve ataque reportado por Merneptah a un grupo de israelitas en este periodo, no tenemos nada adicional.

Una vez aniquiladas, ocurre algo interesante: durante el periodo del 1200 al 1000 a.e.c., empiezan a aparecer pueblos pequeños en todo el territorio del área palestinense con especial concentración en varios lugares al sur de del norte (lo que eventualmente se llamaría el Reino de Israel) donde se terminarían estableciendo diez de las doce tribus de Israel. ¿Quiénes fueron estos nuevos habitantes? Tampoco sabemos a ciencia cierta, pero el consenso de los expertos es que se trata de unas nuevas gentes que habían forjado una identidad propia, algo que se refleja tanto en sus casas, edificios y artefactos. Todos los arqueólogos coinciden de que este nuevo pueblo no se destacó en nada artísticamente excepcional ni elaborado. Solo podemos decir que no tenían un gobierno centralizado y no parecían tener autoridad política o religiosa. Los expertos han llamado a esta población “protoisraelita” y a la identidad étnica de estas gentes “proto Israel”. El área sur estaba relativamente deshabitada y colindaba con pueblos madianitas y edomitas con los que compartía un trasfondo cultural semita y muy probablemente, algunos de los pueblos que los habitaban, como los šasū, podrían ser algunas de las gentes que según algunos arqueólogos también podrían denominarse de alguna forma “protoisraelitas”.

División de las Tribus de Israel según Josué
División de las tribus de Israel según el Libro de Josué. Imagen modificada de la original en versión español, que a su vez es modificada de la versión original en hebreo, cuyo autor es Janz de Wikimedia Commons. (CC-BY-SA 3.0 Unported).

Esta población floreció muy significativamente en un periodo de dos siglos, a un nivel que superó la población original cananea. La población inicial debió haber sido alrededor de 10,000 personas en toda la región en el siglo XII a.e.c. Para el final del siglo XI a.e.c., la población había aumentado de 20,000 (el número más conservador) hasta 150,000 personas, especialmente en el área que hoy se conoce como la Cisjordania. Esto no se puede explicar del crecimiento natural de la población cananea. Además, como ya hemos visto, hubo también un cambio cultural durante este periodo. Tal acontecimiento sugiere fuertemente que hubo gentes de varios lugares que se asentaron en esta región, aprovechando el vacío dejado por la disolución de las potencias cananeas. Da la casualidad que la Biblia Hebrea habla de este periodo de descentralización, la época de los jueces. (Dever, Beyond the Texts 153-154; Finkelstein y Silberman cap. 4) De ellos hablaremos en nuestro próximo artículo.

Trasfondo cultural y religioso de 1200 al 1000 a.e.c.

El politeísmo israelita

Muchos han intentado explicar el monoteísmo de Israel apelando a la época de los reyes egipcios, especialmente en el caso de Amenotep IV, mejor conocido como Akhenatón, quien gobernó durante el siglo XIV a.e.c., desde el 1353 al 1336 a.e.c. Según se sabe, este gobernante impuso el culto exclusivo al dios Atón, el dios sol. Algunos han visto como una instancia en el que los antiguos hebreos —que supuestamente habitaban Egipto en ese momento— aprendieron del culto a un solo dios exclusivo, algo que reprodujeron en la llamada “Tierra Prometida”.

El problema con esta perspectiva es que aparentemente los protoisraelitas no se dieron por enterado. Al contrario, en muchos aspectos, heredaron de las deidades cananeas de la época y áreas circundantes. A muchos se les olvida que el panteón de los dioses era bastante amplio en aquella época: para los antiguos, todos los dioses existen. Si no me creen, vayan a la misma Biblia. Dios (Yahveh ’Ĕlohim) habla con otros dioses semejantes a él. (Génesis 1:26; 3:22; 11:6) Yahveh enjuiciaba y mataba a otros dioses, acto que se reflejaba en la tierra mediante la aniquilación de los pueblos que les rendían culto. (e.g. Éxodo 12:12; Isaías 24:21; Salmo 82:1,6-7) Manda no tener a otros dioses delante de él, no que no se creyeran en la existencia de los demás dioses. (Éxodo 20:3; Deuteronomio 5:7) El único pasaje en toda la Biblia Hebrea que podría considerarse inequívocamente monoteísta podemos encontrarlo en Isaías 44:6, pero los estudiosos están de acuerdo de que pertenece a un texto cuyo autor se le ha denominado “Deutero Isaías” (caps. 40-55 del libro de Isaías), que se escribió a finales del exilio de los judíos en Babilonia (ca. 550-539 a.e.c.), que es siglos mucho más tarde de la época que nos concierne.

La evidencia arqueológica, textual y lingüística nos sugiere que los protoisraelitas no rompieron completamente con el panteón cananeo. Al contrario, gran medida continuó siendo un aspecto fundamental de su vida cotidiana. En la zona de la Antigua Ugarit y Fenicia, áreas al norte de proto Israel y en el pasado cananeo, se veneraba un panteón de dioses cuya cabeza era el dios ’Ēl.

Representación del dios ’Ēl
Estatua que representa al dios ’Ēl. Exhibición en el Museo del Instituto Oriental de la Universidad de Chicago (2014). Foto dedicada al dominio público, cortesía de Daderot de Wikimedia Commons.

’Ēl era considerado la cabeza de los dioses del panteón cananeo, y se le representaba en el arte y la literatura como un Toro. De hecho, el reconocido arqueólogo Amihai Mazar descubrió en un altar localizado en Dotán, datado para el siglo XII a.e.c. donde se encontraba un toro, muy probablemente porque en dicho altar se le llevaba a cabo culto a ’Ēl. El hecho de que se encontrara en un altar israelita tan temprano puede indicar que a Yahveh también se le identificaba con ’Ēl, hipótesis que se reforzará con evidencia que discutiremos más abajo.

Toro encontrado en Tel Dan
Toro encontrado en Tel Dan por Amihai Mazar en un altar israelita del siglo XII. Foto cortesía de Nathaniel Ritmeyer. (CC-BY 4.0)

En la literatura ugarítica y cananea, ’Ēl tenía una consorte llamada Ašerâh y todo nos indica que el resto de los dioses eran sus hijos, las deidades que regían las demás naciones. De hecho, en la misma Biblia tenemos residuos de esta creencia en la manera en que Yahveh ’Ĕlohim dispersó a la humanidad tras la confusión de lenguas en Babel. (Génesis 11:8) Nos dice el Deuteronomio que solo reservó a Israel para él, mientras que repartió las naciones entre sus hijos:

Cuando ʿElyōn asignó a las naciones herencia,
cuando separó a los hijos de Adán,
fijó las fronteras de los pueblos
según el número de los hijos de ’Ĕlohim [o de los dioses (’ĕlohim)]*
Pues el lote de Yahveh fue su pueblo,
Jacob fue su porción hereditaria.

Deuteronomio 32:8-9 (Los pasajes de Salmos 82:1,6-7, Isaías 24:21 y otros abonan a esta interpretación).

*Cambio mío de la versión Cantera-Iglesias: Hay manuscritos que dicen “hijos de ’Ēl” o “hijos de ’Ĕlohim” en vez de “hijos de Israel” (que aparece en las Biblias más convencionales). La razón de la preferencia por la primera alternativa es que la segunda no tiene sentido. El cambio de “hijos de los ’ĕlohim” (bĕnê ’ĕlohim) a “hijos de Israel” probablemente tuvo la intención de ocultar el sentido politeísta del texto. (Cantera e Iglesias 191; Barker 5-6; Day 20, 22; Friedman, The Exodus cap. 5)

La Biblia Hebrea hace múltiples referencias a los hijos de Yahveh y cómo estos forman parte de las huestes celestes e, incluso, toman la iniciativa de llevar a cabo actos sexuales con las mujeres humanas, algo no muy distinto a la mitología griega y de otros pueblos. Según el Génesis, de esta unión entre dioses y humanos, aparecieron héroes que eran semidioses y nefilim, cuyo significado más probable eran “gigantes” o algún otro tipo de ser semidivino. (Génesis 6:4; cf. Núm 13:33) Según la mitología cananea y ugarítica, ’Ēl y Ašerâh tenían setenta hijos, lo que nos indica que para los israelitas, ellos gobernaban setenta naciones. Lo anterior se corrobora con Génesis 10, donde se puede ver con claridad el surgimiento de setenta naciones. (Day 20, 23-24)

Sabemos que en la época de los siglos XIV o XIII a.e.c. a Yahveh no se le identificaba al dios supremo cananeo, sino más bien una deidad del área sureña, en Edom, donde se encontraban los šasū. Algunos especialistas han especulado que originalmente ’Ēl y Yahveh fueron dos dioses apartes y que el último era uno de los hijos del primero. (Barker 4-10) Ba’al también se comprendía como un dios que estaba subordinado a ’Ēl de alguna manera. Parece que fue en este periodo de 1200 a 1000 a.e.c. que hubo una iniciativa sincrética de algunos grupos, tal vez influenciados por pueblos del sur en el proceso de definición identitaria de asociar a ’Ēl con Yahveh. Parece que los israelitas, en un acto de reafirmación de ser hijos del dios ’Ēl, empezaron a emplear su nombre propio en plural, es decir, ’Ĕlohim. Algunos han conjeturado que el origen del nombre se debe a que los autores bíblicos intentaron ocultar el politeísmo antiguo al convertir la manera en que denominaban a los dioses ’ĕlohim al convertir ese término en un nombre propio. Sin embargo, parece más bien que ese nombre indicaba que ’Ēl era superior por tener todas las potencias divinas. El sincretismo como tal es corroborado en el pasaje del Éxodo:

Yo soy Yahveh. Me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como ’Ēl-Šadday,* pero no por mi nombre de Yahveh no me di a conocer a ellos.

Éxodo 6:3

*El significado de “Šadday” es oscuro. Usualmente se traduce por “todopoderoso”, pero algunos expertos piensan que significa “del desierto” o “de los montes”. Nadie sabe a ciencia cierta su significado.

La consorte de Yahveh: Ašerâh

Señal de este sincretismo es que se llegó a asociar a ’Ašerâh con el culto a Yahveh, aun en el mismo Templo que se construiría bajo el rey Salomón. (2 Reyes 23:14) Hubo un marcado desprecio a dicho culto hasta el punto de que el rey Josías se aseguró de destruirlo. Hay también otras señales en la Biblia Hebrea de un intento de censurar toda mención positiva de la diosa. Por ejemplo, veamos el siguiente pasaje que es muy antiguo y que se supone que sea un canto de bendición de Moisés hacia los israelitas, quienes estaban a punto de entrar en la Tierra Prometida:

Yahveh vino del Sinaí
y los fulguró desde Śeʿir;
resplandeció desde el monte Parán,
y llegó a Meribah de Qadéš,
con una ley de fuego en su diestra para ellos.

Deuteronomio 33:2

Debido a muchos arcaísmos que son de difícil traducción y a que parece haber sufrido corrupción textual, el canto de Moisés que se encuentra en el capítulo 33 del Deuteronomio se considera uno de los escritos más antiguos con los que contamos del hebreo. Algunos han fechado esta obra lírica hebrea al siglo X a.e.c. (Cross y Freedman 64) Ahora bien, la última línea del verso que citamos ha sido de una difícilísima traducción en parte por el muy oscuro término hebreo “’aš dot“, que en hebreo originalmente debió escribirse “אשדת”, el cual usualmente se traduce por “ley de fuego” en las Biblias, pero del que nadie está seguro de su verdadero significado. Se han sugerido un sinnúmero de maneras de resolver el problema y no existe consenso de cómo solucionarlo. (72)

Una de las respuestas más intrigantes es que, teniendo en cuenta de que el hebreo antiguo no tenía marcas diacríticas para las vocales, podemos fijarnos que dos de las consonantes de esta frase se parecen muchísimo a otras dos del alefato hebreo. La que corresponde a nuestra letra “d”, el dálet (ד) se parece mucho a la que correspondería a nuestra letra “r”, el reš (ר), y la que corresponde a la letra “t”, el tau (ת) es muy semejante al que corresponde a nuestra letra “h”, el he (ה). Sería algo muy sencillo para un escriba cambiar —intencionada o accidentalmente— el original “אשרה” (es decir, ’Ašerâh) por “’aš dot” (אשדת). Lo que impresiona de esta hipótesis es que ahora el pasaje tiene pleno sentido.

Yahveh vino del Sinaí
y los fulguró desde Śeʿir;
resplandeció desde el monte Parán,
y llegó a Meribah de Qadéš,
con ’Ašerâh a su diestra para ellos.

Deuteronomio 33:2

Si esta hipótesis es correcta —por ahora solo especulativa— significaría que el poeta original que compuso esta canción veía a la diosa ’Ašerâh a la diestra de Yahveh como su consorte, además de ser mediadora y protectora de “ellos”, es decir, de los hebreos, los israelitas. (Bible’s Buried Secrets 00:38:30-00:40:10)

Hay evidencia mucho más directa de que esta asociación probablemente se llevó a cabo para la época entre el 1200 al 600 a.e.c. En el área del Sinaí se encontraron dos inscripciones referentes a Yahveh y ’Ašerâh. Uno de ellos se encuentra en un sitio conocido como Kuntillet ‛Ajrud, localizado a 50 km. al sur de Kadeš-barnea cerca de un camino que conduce a Gaza, en Israel. En unas excavaciones que se llevaron a cabo en el periodo de 1975 al 76, se encontraron unas edificaciones que databan de los siglos IX al VIII a.e.c. Allí se encontró una vasija que contenía la siguiente imagen en tinta roja.

Inscripción sobre Yahveh y ’Ašerâh
Dibujo representando unos bez con una inscripción sobre Yahveh y ’Ašerâh. Imagen: Meshel 53. Reproducido por uso legítimo (fair use) con propósitos educativos; no hay equivalente bajo una licencia permisiva disponible.

La imagen nos presenta unas deidades egipcias enanas conocidas como Bes, que usualmente eran patronos de ls fiestas egipcias. Nadie sabe a ciencia cierta si representan a un dios y a su consorte —noten que la figura en el centro tiene dos círculos en el pecho, una posible señal de que se trata de una figura femenina (el apéndice debajo de ellos no es un pene). Esta interpretación se refuerza con una figura aparentemente femenina a mano derecha que toca una especie de lira. En la parte superior izquierda de la imagen encontramos una inscripción con caracteres fenicios, pero en idioma hebreo que dice:

“Yo te he bendecido por Yahveh de Šomron [Samaria] y su ’Ašerâh”.

En esa misma vasija se encuentra también la imagen de un becerro siendo amamantado por una vaca. Como ya indicamos, el toro solía ser una representación del dios ’Ēl en la Antigua Canaán. De hecho, se sabe que el autor de dicho dibujo estaba imitando exactamente el arte fenicio que representaba a una vaca amamantando a su becerro. Este dibujo tan sencillo y rudimentario en esta vasija no es otra cosa que un rico manjar sincrético cultural.

En otros artefactos yeso también aparecen mencionados Ba’al, ’Ēl y “Yahveh de Teman”, uno de ellos dice:

“Que te alarguen los días y que sean satisfechos … recuenta a Yahveh de Teman y su ’Ašerâh”.

Hay algunos expertos que se encuentran escépticos ante el empleo del término “’Ašerâh” para referirse a una diosa, sino más bien a un tipo de árbol al que se le llamaba “’ašerâh“. En fin, en otros pedazos de yeso encontramos la figura de un árbol, quizás este es el ’ašerâh del que se hablaba. Aquí está representado de manera estilizada:

Árbol de la Vida - ’Ašerâ
Dibujo en una de las vasijas de yeso excavados en Kuntillet ‛Ajrud. (Shanks 34). Reproducido por uso legítimo (fair use) con propósitos educativos; no hay equivalente bajo una licencia permisiva disponible.

A lo mejor todos estos pasajes que hemos mencionado lo aluden es a un árbol, no a la diosa. Sin embargo, si vamos de nuevo a la evidencia arqueológica, parece que hay una asociación entre el árbol ’ašerâh y la diosa.

Esto lo podemos ver, por ejemplo, en el artefacto de terracota que se ilustra en este artículo cibernético (por cierto, recomiendo que lean ese artículo de Eugenio Gómez Segura). Esto parece un soporte de tres pies de alguna estatua donde se colocaba incienso, una base fechada para el siglo X a.e.c y que se encontró en Taanaj. Si miramos su base, veremos a una mujer y a ambos lados unos leones. En la cabeza de la mujer, vemos un pelo estilizado o una peluca que era típica de pequeñas figuras femeninas que se han encontrado por toda la región de Israel precisamente para la época de Salomón, en el siglo X a.e.c. Estas figuras con este tipo de peluca se asocia con Hathor, una diosa egipcia que es precisamente la equivalente a la diosa cananea ’Ašerâh. En el tercer nivel de abajo hacia arriba, entre dos leones se encuentra un árbol, del cual unos cabros se están nutriendo. El tema de los leones y de los cabros nutriéndose de un árbol estilizado es casi exactamente el mismo que se encuentra en el dibujo ilustrado.

También hubo otra inscripción, descubierta por William Dever a finales de la década de 1960. Obtenida de un vendedor de restos arqueológicos excavados ilegalmente, la inscripción funeraria lee:

Uryaju el hombre rico tenía escrito
Bendito sea Uryaju por Yahveh
¡y su ’Ašerâh de los enemigos, le salvó!
[escrito] por Onyaju.
… [y por] su [’Aše]r[âh]

Dever, Did God Have a Wife? 43; Dever, “Iron Age”.

Rastreó esta evidencia a Khirbet el-Kôm, en un lugar cercano a Hebrón, uno de los centros más importantes del antiguo Judá. Se lo notificó a sus colegas y mentores en el Hebrew Union College. Les sugirió que probablemente se estaba refiriendo a la famosa consorte del dios ’Ēl y que era evidencia del sincretismo entre ese dios cananeo y Yahveh. Según Dever, no solo los arqueólogos estaban menos que entusiasmados con dicha interpretación controversial, sino que le insistieron de que la ’ašerâh de la que se hablaba era un árbol.

Hoy Dever se arrepiente de no haber permanecido firme en torno a lo que hoy es opinión mayoritaria de los especialistas del Antiguo Israel.

Centros de adoración

Las "alturas" de Meguiddó
Las “alturas” de Meguiddó. Foto cortesía de Eitan Ferman. (CC-BY-SA 3.0).

Una cosa que ha intrigado a los arqueólogos por décadas es encontrar en la época de los jueces y, aun, en la de los primeros reyes —Saúl, David y Salomón— rastros de templos activos en todas partes de Tierra Santa donde se llevaban a cabo cultos y sacrificios. Esto no se supone que ocurriera, especialmente en la época de David y Salomón, porque el centro de todo culto a Yahveh era Jerusalén. Al menos, esa es la impresión que nos quiere dar la Biblia Hebrea.

A pesar de ello, encontramos, por ejemplo, el templo erigido en la ciudad de Dan en los “lugares altos” o “los altos” (en hebreo bamah), aparentemente construido por motivo de la aparición de una deidad cananea en el lugar. Allí tenemos evidencia de que sacerdotes llevaban a cabo sacrificios, algo que no se suponía que se hiciera en Dan, sino en Jerusalén. Igual pasaba en Beer Sheva, en Taanaj, en Tell-el Farah, en Meguiddó y otros lugares. Además, tenemos utensilios que eran utilizados por sacerdotes en estos lugares, pero, según la Biblia Hebrea, se supone que los sacerdotes operaran exclusivamente en el Templo de Jerusalén.

Veamos que en una época en que la Biblia Hebrea prohíbe todo tipo de imágenes, encontramos también toda serie de figurillas, estatuas, y representaciones de plantas, animales y seres humanos. Hemos visto que representaciones de dioses, de ’Ēl (i.e. Yahveh ’Ĕlohim), de ’Ašerâh, de plantas y animales. Todo esto contradice el mandato divino supuestamente dado a Moisés en el Sinaí:

No te fabricarás escultura ni imagen alguna de lo que existe en los cielos por arriba o de lo que existe en la tierra por abajo, o de lo que hay en las aguas bajo la tierra. No te postrarás ante ellas ni las servirás; pues Yo, Yahveh, tu dios, soy un ’Ēl celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generación respecto a quienes me odian, y, en cambio, uso de misericordia hasta la milésima con quienes me aman y guardan mis mandamientos.

Éxodo 20:5-6

Parece que los israelitas no se dieron por enterados. Al contrario, para ellos, todo esto era la norma y continuación de lo que esta población siempre había practicado, pero con un énfasis en ser súbditos del dios máximo Yahveh, pero reconociendo y rindiéndole culto a otros dioses. Como hemos dicho en secciones anteriores, ¡hasta en el Templo de Jerusalén se le rendían culto a algunas de estas deidades! De hecho, cuando pensamos bien todas las insistentes prohibiciones que encontramos en el Pentateuco y los demás libros sagrados, se hace palpable la razón de esas restricciones: la generalidad de los israelitas practicaba lo que la élite prohibía, algo que no le gustó para nada a los autores bíblicos.

Peor aun, una de las cosas señaladas por algunos eruditos es que fuera del Pentateuco, cuando vemos los textos preexílicos —anteriores al exilio de judíos a Babilonia— Moisés no es mencionado en una sola ocasión como parte integrante de la religión hebrea por parte de ningún profeta de la época. (Barker 13) No solo eso, sino que no hay ninguna evidencia arqueológica de la relevancia del Éxodo o de Moisés en templos, estructuras arquitectónicas y artesanías. Esto sin duda es un enigma que pide a gritos una explicación. Este dato continúa erosionando la confianza de los expertos en torno a la existencia de un Éxodo o, incluso, la existencia de Moisés.

Lo que nos revela todo esto

Este no es el mundo del pasado israelita que se nos dice en la Biblia Hebrea, sino que ha sido uno configurado a los ideales de los escritores en diversas épocas. Hoy día, ya no es controversial la aceptación de que Yahveh tenía una consorte de la cual tuvo múltiples hijos y que el politeísmo era ampliamente aceptado en todo el territorio de Israel durante una época que la Biblia Hebrea nos dice que no debió haber existido. Para todos los efectos, la religión israelita fue en gran medida una continuación de la religión cananea, aunque visiblemente más identificado con la relación entre un pueblo con su dios Yahveh ’Ĕlohim.

Como diría Dever:

The Bible was written by the elites … they re-wrote the history of Israel, although they had whole sources, and that’s the story we have today. Now, I ask you to remember that the Bible is a “minority report”, written by a small committee. It provides a picture of what Israel should have been, but never was. It would have been had they been in charge! But they never were. … It is an Israel that is a later construct.

De ese tema hablaremos en esta serie. Por ahora, nos queda hablar de la mujer que fue considerada “madre de Israel”, no Moisés. De eso hablaremos en nuestro próximo artículo.

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Muchas gracias.

Bibliografía

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