¿Cómo sabemos que la Tierra no apareció hace 6,000 años o 10,000 años?

En Puerto Rico, tenemos la desgracia de que todavía nuestras clases de ciencias en Puerto Rico adolecen de ciertas deficiencias. Aunque en este momento no recuerdo en qué fecha ocurrió (aunque sí sé que fue hace algunos años durante este cuatrienio), en una entrevista con Julio Rivera Saniel, un radiooyente llamó a su programa para preguntarle al presente Secretario de Educación, Rafael Román Meléndez, en torno a si se enseñaba creacionismo o evolución en las escuelas públicas. La respuesta no pudo ser más decepcionante: afirmaba que el Departamento de Educación estaba abierto a todas formas de pensamiento al respecto.

La separación de iglesia y estado es una disposición constitucional por la que debe regirse el Departamento de Educación. En la Carta de Derechos de la Constitución del ELA dice muy claramente:

No se aprobará ley alguna relativa al establecimiento de cualquier religión ni se prohibirá el libre ejercicio del culto religioso. Habrá completa separación de la iglesia y el estado. (Art. II. Secc. 3).

Esta disposición es una formulación explícita de la primera enmienda de la Carta de Derechos de la Constitución de Estados Unidos:

El Congreso no aprobará ley alguna por la que adopte una religión oficial del estado o prohíba el libre ejercicio de la misma, o que restrinja la libertad de expresión o de prensa, o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a pedir al gobierno la reparación de agravios.

¿Qué significa separación de iglesia y estado? Significa que el estado no impondrá de manera alguna creencia religiosa o cosmovisión (sea cristiana, judía, agnóstica o atea) a sus ciudadanos. Esto no significa que la religión debe suprimirse. Al contrario, es para garantizar la libertad de cualquier persona a creer lo que así le parezca.

Contrario a lo que algunos religiosos piensan, las ciencias naturales no sostiene una cosmovisión atea o estrictamente materialista, sino que mantiene un método por el cual se busca la mejor explicación posible dentro el marco de un naturalismo metodológico. Este tiene como objetivo explicar los fenómenos del universo desde la naturaleza misma, sin sostener la existencia o inexistencia de una entidad o entes sobrenaturales. Dicho método no implica necesariamente la adopción de una filosofía naturalista, aunque sí es plenamente consistente con ella. Sin embargo, una concepción deísta podría ser consistente con esta perspectiva también.

GodfreyKneller-IsaacNewton-1689

Isaac Newton (1642-1723), explicó desde un naturalismo metodológico el movimiento de la Tierra, los astros y los demás cuerpos celestes

Hay una razón para adoptar el naturalismo metodológico: porque ha probado ser más fructífero para el conocimiento de la naturaleza que los supuestos sobrenaturalistas. Para ilustrar nuestro punto, veamos la evolución del pensamiento científico de Galileo a Newton. Galileo solía pensar que la Tierra y los planetas giraban alrededor del sol debido a una fuerza divina que así lo impulsaba. ¿Qué hubiera pasado si un pensador de la categoría de Isaac Newton hubiera adoptado tal supuesto en su investigación filosófica? Sencillamente, al Newton pensar que toda órbita planetaria era de fuerza divina, no hubiera descubierto que la fuerza gravitacional (¡natural!) del sol y de los planetas juega un rol principalísimo a la hora de explicar el movimiento de esos cuerpos. Tampoco hubiera formulado sus leyes de movimiento ni la ley de gravitación.  Ni hubiera formulado una teoría gravitacional capaz de explicar tanto el movimiento de los cuerpos celestes como las mareas, el comportamiento de la luna, entre otros.

Otro ejemplo que nos sirve de ejemplo, es la convicción decimonónica de que el calor del sol era producido por la potencia de Dios porque, de otra forma, no se podía explicar por qué su fuego no había terminado de quemar su combustible. No fue hasta el descubrimiento de la radiación (¡natural!) que se pudo explicar por qué el “combustible solar” no se consumía con la rapidez esperada.

Desde esta perspectiva, el naturalismo metodológico parece obtener muchos mejores resultados y permite la formulación de cuerpos teoréticos y leyes que pueden predecir o explicar el comportamiento de los objetos naturales. No hay postura sobrenaturalista que sea tan efectiva en este sentido tan importante. Esto no impide que a nivel subjetivo haya personas o, incluso, científicos que adopten una cosmovisión o convicción espiritual o religiosa consistente con estos hallazgos científicos, pero ciertamente la incorporación del sobrenaturalismo en las ciencias impiden la operación científica y su progreso en el sentido ya expuesto.

Las formulaciones teoréticas de las ciencias son falibles. En un sentido real, son productos creativos de la mente de los científicos que buscan las mejores explicaciones posibles a unos fenómenos naturales. Sin embargo, como diría el filósofo Edmund Husserl, los cuerpos teoréticos formulados en las ciencias son “ficciones cum fundamento in re” es decir, con fundamento en las cosas mismas. Son las cosas mismas mas unos criterios de reglas de juego lógica y racionalmente fundadas que nos dirigen a las mejores teorías posibles.

Esto no significa que los antiguos no conocían un poco de este tipo de conocimiento. La teoría primigenia de muchos antiguos acádicos, babilonios, cananeos y ugaríticos sostenía una cosmovisión de que la Tierra era plana. Esa era la mejor explicación que tenían en esa época. Los mismos antiguos israelitas coincidieron esta perspectiva en las mismas escrituras de la Biblia Hebrea, tal como se ilustra aquí:

Cosmología de los antiguos israelitas.

Cosmología de los antiguos israelitas. (c) 2016. Pedro M. Rosario Barbosa. CC-BY-SA 4.0. Ver detalles al final del artículo.

Para más detalles sobre cómo los eruditos llegaron a este modelo, véase nuestro primer artículo en torno al Arca de Noé.

Aun así, los fenicios, quienes dominaron el comercio mediterráneo por muchos siglos, notaron variaciones en la estrella polar (referente del norte) que parecían más consistentes con la visión de una Tierra esférica. Además, esta era una convicción sostenida por muchos antiguos mesopotámicos y los mejores sabios del Imperio Romano.

De todos los antiguos, fue Eratóstenes, un matemático libio, el que pudo fundamentar esta convicción de la redondez terrestre científicamente usando unos principios muy elementales de geometría. Como los principios de esta disciplina eran ampliamente compartidos entre los cosmólogos de la época, sus conclusiones fueron sólidas aun cuando no se tenían los medios de observar la esfera terrestre desde el espacio como lo podemos hacer hoy día.

Es por ello y por muchos otros argumentos que durante el Medioevo la esfericidad de la Tierra se daba como un hecho en el ámbito culto e intelectual. Tenemos afirmaciones contundentes de Agustín de Hipona, Hugo de San Victor, Anselmo de Canterbury, Hildegarda de Bingen, Tomás de Aquino y Dante Alighieri al respecto. A Dios se le solía representar en el Medioevo con una esfera en sus manos o a sus pies como creador del cosmos. Los manuscritos medievales atestiguan el hecho de que esta era una convicción muy bien compartida en esa época.

Cosmovisión medieval de la esfericidad de la Tierra

Representaciones medievales de la Tierra esférica (presione para versión agrandada). En la parte superior izquierda, tenemos una ilustración de hombres caminando alrededor de la Tierra (Manuscrito: Imagen del Mundo por Gossuin de Metz, s. XIV); en la parte superior derecha una ilustración de las estaciones y la Tierra esférica en un libro de Hildegarda de Bingen (Liber divinorum operum, s. XII); en la parte inferior una representación de pérdida de línea de visión de un barco debido a la esfericidad de la Tierra (De sphaera mundi, s. XIII). A la derecha, la cosmovisión de Dante en La divina comedia.

Hoy día, tenemos evidencia abundante y hasta visual  de que la cosmovisión de la Tierra plana es sencillamente falsa. Sin embargo, antes del viaje al espacio, teníamos relativa certeza de esto. ¿Por qué? Porque toda la evidencia (especialmente la matemática) apuntaba en esa dirección y esta evidencia era objetiva.

¿Qué queremos decir que era “objetiva”? Sencillamente que era aceptada como válida por la comunidad intelectual o científica con base en la experiencia. De eso es que se trata la ciencia.

Aun con todo esto hay algunos charlatanes que con espíritu negacionista prentenden popularizar la idea de que la Tierra es plana hoy día (véase este caso, este y este).

¿Realmente sugiere el señor Secretario de Educación que debería enseñarse la “teoría” de la Tierra plana a los estudiantes de escuelas pública?s ¡A fin de cuentas, tenemos que estar absolutamente abiertos a enseñar todas las perspectivas en la clase de ciencias! ¿Verdad?
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¿Cómo sabemos que la Tierra es más antigua que hace 10,000 años?

La evidencia de que la Tierra es más antigua que lo nos dice la Biblia Hebrea se desprende indirectamente de los datos disponibles, así como los antiguos y medievales infirieron la redondez de la Tierra con base en  criterios objetivamente adoptados por la comunidad científica, la comunidad del conocimiento, con base en la experiencia.

Una de las evidencias actuales para conocer la edad de la Tierra tiene que ver con lo que ya conocemos en relación con las fuerzas del universo. Hay cuatro tipo de fuerzas interactivas en el cosmos:

  • La fuerza gravitacional
  • La fuerza electromagnética
  • La fuerza nuclear fuerte
  • La fuerza nuclear débil

Para propósitos de la discusión solo me concentraré en las dos últimas.

Cada elemento se identifica con su número atómico, es decir, el número de protones que tiene cada átomo de dicho elemento. Sin embargo, también encontramos que los neutrones (partículas de carga neutral) se encuentran en el núcleo atómico. La masa atómica es la suma de la masa de los protones y neutrones en un átomo. Por ejemplo, el átomo de hidrógeno, que usualmente solo tiene un proton, tiene una masa atómica de 1, mientras que el helio normalmente tiene dos protones y dos neutrones, por lo que tiene una masa atómica de 4.

La fuerza que mantiene a los protones y los neutrones unidos en el átomo se conoce como fuerza nuclear fuerte. Sin embargo, el número de neutrones de cada elemento puede variar. Por ejemplo, todos los átomos de carbono tienen seis protones, pero algunos pueden tener seis neutrones, otros siete y otros ocho: a cada una de estas variantes se les llama isótopos. Teniendo consideración a su masa atómica, se les llama carbono 12, carbono 13 y carbono 14 correspondientemente.

Dependiendo del número de neutrones, puede ser que haya una inestabilidad nuclear que lleva al decaimiento de ese átomo debido a otra fuerza conocida como fuerza nuclear débil. En tal caso, el átomo emite radiación. Una sustancia rica en un tipo de isótopos que decaen suele ser radioactiva. Como resultado, el carbono 14, que tiene un exceso de dos neutrones, es radioactivo. Cuando decae un isótopo inestable, usualmente se estabiliza convirtiéndose en otro elemento. Por ejemplo, el carbono 14 decae en nitrógeno 14.

Decaimiento alfa

Decaimiento alfa, un isótopo inestable emite una partícula alfa (el núcleo atómico de helio).

Lo que es interesante de este asunto es que ningún isótopo se tarda en decaer el mismo periodo que otro. Aquí es donde entra el concepto de vida media nuclear, es decir, el tiempo que toma en que decaiga la mitad de los isótopos de ese elemento en una sustancia. El tiempo de este decaimiento es exacto y perfectamente predecible: no importa las condiciones del tiempo, la exposición a agua o a fuego, etc., la vida media de un isótopo inestable siempre será la misma. Por eso, podemos saber cuál es la vida media de los isótopos inestables que encontramos en la naturaleza o de los que se producen en laboratorio. Al medir su decaimiento, sabemos que la vida media de unos isótopos pueden ser de unas horas, de unos días, de años, de millones de años, o billones de años.

El biólogo de células, Kennet R. Miller, nos invita a mirar a ciertos isótopos inestables que sabemos que han existido en la Tierra desde el mismo principio y que no son producto de degradación de otros isótopos o producidos en laboratorio:

Vanadio-50 —- Vida media: 6.0 x 10¹⁵ años (i.e. … 6,000,000,000,000,000 años)
Neodimio-144 —- Vida media: 2.5 x 10¹⁵ años (i.e. … 2,500,000,000,000,000 años)
Hafnio-174 —- Vida media: 2.0 x 10¹⁵ años (i.e. … 2,000,000,000,000,000 años)
Platino-192 —- Vida media: 1.0 x 10¹⁵ años (i.e. … 1,000,000,000,000,000 años)
Indio-115 —- Vida media: 6.0 x 10¹⁴ años (i.e. … 600,000,000,000,000 años)
Gadolinio-152 —- Vida media: 1.1 x 10¹⁴ años (i.e. … 110,000,000,000,000 años)
Telurio-123 —- Vida media: 1.2 x 10¹³ años (i.e. … 12,000,000,000,000 años)
Platino-190 —- Vida media: 6.9 x 10¹¹ años (i.e. … 690,000,000,000 años)
Lantano-138 —- Vida media: 1.12 x 10¹¹ años (i.e. … 112,000,000,000 años)
Samario-147 —- Vida media: 1.06 x 10¹¹ años (i.e. … 106,000,000,000 años)
Rubidio-87 —- Vida media: 4.88 x 10¹⁰ años (i.e. … 48,800,000,000 años)
Renio-187 —- Vida media: 4.3 x 10¹⁰ años (i.e. … 43,000,000,000 años)
Lutencio-176 —- Vida media: 3.5 x 10¹⁰ años (i.e. … 35,000,000,000 años)
Torio-232 —- Vida media: 1.4 x 10¹⁰ años (i.e. … 14,000,000,000 años)
Uranio-238 —- Vida media: 4.47 x 10⁹ años (i.e. … 4,470,000,000 años)
Potasio-40 —- Vida media: 1.25 x 10⁹ años (i.e. … 1,250,000,000 años)
Uranio-235 —- Vida media: 7.04 x 10⁸ años (i.e. … 704,000,000 años)
Plutonio-244 —- Vida media: 8.2 x 10⁷ años (i.e. … 82,000,000 años)

Aunque estos datos parezcan insignificantes, Miller nos señala que tienen muy fuertes consecuencias. Como por ejemplo, ¿hay isótopos inestables naturales que sean más jóvenes que el plutonio 244? Pudieron haber existido, pero no están presentes.

Esto es lo que implican estos datos:

  • La Tierra no es infinitamente antigua, de otra manera ya todos estos isótopos hubieran decaído y se hubieran convertido en otros elementos.
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  • La Tierra no es joven (10,000 o 6,000 años). Si este hubiera sido el caso, entonces hubiéramos encontrado isótopos inestables más jóvenes que 80,000,000 años (como el hafnio 182 o el plomo 205).
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  • La Tierra no es más joven que 80,000,000 de años.

Esto ya es refutación de cualquier reclamo de una Tierra joven. Según todas las investigaciones hechas hasta ahora, esto es perfectamente consistente con el señalamiento de que la Tierra tiene 4.4 mil millones de años de antigua.
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Conclusiones

Con base en la evidencia, la teoría de la Tierra joven se hace insostenible. Aun así, vale preguntarse si este asunto debería sostenerse en el salón de clases de ciencias en una escuela pública. Por más que un sector bíblico literalista alegue lo contrario, la visión bíblica hebrea responde a una cosmovisión antigua que ya no tiene vigencia. Esto no solamente vale para la teoría de la Tierra plana o de la Tierra joven, sino que también se extiende a la teoría creacionista o de designio inteligente.

Eso no significa que los estudiantes no desarrollen una cosmovisión religiosa o espiritual consistente con la teoría de la evolución o la teoría de la Tierra antigua. Sin embargo, no todas las cosmovisiones y convicciones religiosas coinciden con las ciencias. Independientemente de las protestas de los padres, de los pastores o de los mismos estudiantes, las clases de ciencias en las escuelas públicas tienen el deber de atenerse estrictamente a lo que sostiene el consenso científico en torno al tema: acuerdo derivado de la evidencia, teorías cum fundamento in re, y de criterios objetivos y racionales.

Si el estudiante quiere atemperar su vida espiritual a las mejores teorías científicas, primero debe informarse qué es lo que realmente sostiene la comunidad científica en general. A fin de cuentas, el mismo Kenneth R. Miller es científico y católico romano. Si el estudiante no desea hacerlo, es su libertad religiosa que debe ser respetada por el estado. Aun en este caso, el estado tiene la obligación de darle a conocer las mejores teorías científicas.

Esa es la función de las escuelas públicas de una sociedad secular donde vale la separación de iglesia y estado.
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Referencia

Miller, Kenneth. Finding Darwin’s God: A Scientist’s Search for Common Ground Between God and Evolution. New York: Harper Perennial, 2007.
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Sobre la imagen de la cosmovisión antigua hebrea

La imagen utilizada para este artículo se publica bajo la siguiente licencia de Creative Commons: Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional. Pueden descargar los archivos en dos formatos de compresión que pueden descomprimir con el programa 7zip:

El(Los) relato(s) del diluvio universal – 3

Las aguas menguando, pintura por Thomas Cole (1829)

Las aguas menguando, pintura por Thomas Cole (1829). Imagen cortesía del Smithsonian American Art Museum.

Artículos de esta serie: 1 y 2

En nuestros artículos hemos visto que en el libro del Génesis hay dos historias del diluvio mezcladas en un solo relato: la historia de un autor yahvista (J) y la otra de un autor sacerdotal (P). En la segunda parte de la serie presentamos solamente la versión J, en esta tercera hablaremos la narración de P.
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El relato de P

Esta es la historia de Noé:

Noé fue el varón más justo y cabal de su tiempo. Noé andaba con Elohim. Noé engendró tres hijos: Sem Cam y Jafet.

La tierra estaba corrompida en la presencia de Elohim: la tierra se había llenado de violencias. Elohim miró a la tierra y vio que estaba viciada: todas las criaturas tenían una conducta viciosa sobre la tierra.

Dijo, pues, Elohim a Noé: “He decidido acabar con todo ser viviente, porque la tierra está llena de violencias por culpa de ellos. Por eso, he decidido exterminarlos de la tierra. Hazte un arca de maderas resinosas. La haces de cañizo y calafateas por dentro por dentro y por fuera con betún. Así es como la harás: su longitud será de trescientos codos; su anchura de cincuenta codos; y su altura, de treinta codos. Harás al arca una cubierta y a un codo la rematarás por encima: pondrás la puerta del arca en su costado, y harás un primer piso, un segundo y un tercero.

“Por mi parte, voy a traer el diluvio, las aguas sobre la tierra, para exterminar todo viviente que tiene hálito de vida bajo el cielo: todo cuanto existe en la tierra perecerá. Pero contigo estableceré mi alianza: Entrarás al arca junto con tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos. Meterás al arca una pareja de cada ser viviente para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra. De cada especie de aves, de cada especie de ganados y de cada especie de reptiles entrarán contigo sendas parejas para sobrevivir. Tú mismo procúrate toda suerte de víveres y hazte acopio para que os sirvan de comida a ti y a ellos.”  Así lo hizo Noé. Ejecutó todo lo que le había mandado Elohim.

De los animales puros, de los animales que no son puros, de las aves y de todo lo que repta, sendas parejas de cada especie entraron con Noé en el arca, machos y hembras, como había mandado Elohim a Noé.

El año seiscientos de la vida de Noé, el mes segundo, el día diecisiete del mes, se hendieron todas las fuentes de las profundidades, y las compuertas del cielo se abrieron.

Aquel mismo día entró Noé en el arca con sus hijos, Sem, Cam y Jafet, su mujer y las tres mujeres de sus hijos. Con ellos entraron los animales de cada especie, los ganados de cada especie, los reptiles de cada especie que reptan sobre la tierra y las aves de cada especie: toda clase de pájaros y seres alados. Entraron, pues, con Noé en el arca sendas parejas de todos los vivientes en los que hay aliento de vida. Y los que iban entrando eran macho y hembra de cada especie, como Elohim se lo había mandado.

Pereció todo ser viviente: lo que repta por la tierra, junto con aves, ganados, animales y todo lo que pulula sobre la tierra, así como toda la humanidad. Las aguas inundaron la tierra por espacio de ciento cincuenta días.

Se acordó Elohim de Noé y de todos los animales y ganados que estaban con él en el arca. Elohim hizo que un viento azotara la tierra, y las aguas decrecieron. Se cerraron las fuentes del abismo y las compuertas del cielo.

Al cabo de ciento ciento cincuenta días, las aguas habían menguado; y al día diecisiete del mes séptimo varó el arca sobre los montes de Ararat. Las aguas siguieron menguando paulatinamente hasta el mes décimo, y el día primero del décimo mes asomaron las cumbres de los montes.

Y [Noé] soltó un cuervo, que estuvo saliendo y volviendo hasta que se secaron las aguas sobre la tierra.

El año seiscientos uno de la vida de Noé, el día primereo del primer mes, se secaron las aguas de encima de la tierra. El día veintisiete del segundo mes quedó seca la tierra.

Habló entonces Elohim a Noé en estos términos: “Sal del arca con tu mujer y tus hijos y las mujeres de tus hijos. Saca contigo todos los animales de toda especie que te acompañan, aves, ganados y todos los reptiles que reptan sobre la tierra. Que pululen sobre la tierra y sean fecundos y se multipliquen sobre ella.” Salió, pues, Noé con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos. También salieron del arca, por familias, todos los animales, todos los ganados, todas las aves y todos los reptiles que reptan sobre la tierra.

Elohim bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: “Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra. Infundiréis temor y miedo a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo, a todo lo que repta por el suelo y a todos los peces del mar. Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde. Solo dejaréis de comer la carne con su vida, es decir, con su sangre. Yo os prometo reclamar vuestra propia sangre; la reclamaré a todo animal y al hombre a todos y a cada uno reclamaré la vida humana.

Quien vertiere sangre de hombre,
por otro hombre será su sangre vertida,
porque a imagen de Elohim
hizo Él al hombre.

Vosotros, pues, sed fecundos y multiplicaos: extendeos por la tierra y dominad en ella.

Dijo Elohim a Noé y a sus hijos: “He pensado establecer contigo mi alianza con vosotros y con vuestra futura descendencia, y también con todo ser vivo que os acompaña: las aves, los ganados y todas las alimañas que hay con vosotros, con todo lo que ha salido del arca, todos los animales de la tierra. Establezco mi alianza con vosotros: nunca más volverá a seer aniquilada la vida por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.”

Dijo Elohim: “Esta es la señal de la alianza que establezco para futuras generaciones entre yo y vosotros y todo ser vivo que os acompaña: Pongo mi arco en las nubes, que servirá de señal de la alianza entre yo y la tierra. Cuando yo anuble con nubes la tierra, entonces se verá el arco en las nubes y me acordaré de la alianza que media entre yo y vosotros y todo ser vivo. Ya no habrá más aguas diluviales que exterminen la vida. Pues en cuanto aparezca el arco en las nubes, yo lo veré y me acordaré de la alianza perpetua entre Elohim y todo ser vivo, toda la vida que existe sobre la tierra.”

Reiteró Elohim a Noé: “Esta es la señal de la alianza que he establecido entre yo y toda la vida que existe sobre la tierra.”

(Gén. 6:9-22; 7:8-9,11,13-16a,21,24; 8:1-2a,3b-5,7,13a,14-19;9:1-17).
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Comentarios

Como sabe cualquier erudito especialista en la Biblia Hebrea, el estilo del autor P es muy árido y repetitivo, algo compensado frecuentemente con su obsesión con las medidas físicas y temporales y exponiendo ciertos objetos significativos con todo con lujo de detalles. Notemos que solo utiliza la palabra “Elohim” para referirse a Dios y que en ningún momento lo llama “Yahveh”, consistencia que mantendrá hasta Éx. 6:2-3, donde Dios le revela su nombre a Moisés. Además, también la mente del autor P se fija en detalles concernientes a “la alianza” de Yahveh con ciertos personajes históricos y hace que la normativa que sea consistente con los demás textos compuestos por él. Por ejemplo, aquí encontramos la llamada “Alianza de Noé“, es decir, la alianza que Yahveh hace con Noé de no destruir la tierra mediante un diluvio, mientras que el ser humano se compromete a cierta normativa, específicamente en relación con los alimentos:

“Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde. Solo dejaréis de comer la carne con su vida, es decir, con su sangre” (Gén. 9:4).

Cuando los gentiles se estaban convirtiendo al cristianismo en el siglo I  d.C. debido a la actividad de Bernabé y Pablo de Tarso, una de las solicitudes que se les hizo desde la iglesia de Jerusalén era que se siguiera la Alianza de Noé (Hch. 15:29), ya que era una exigencia de Yahveh a todos los seres humanos como descendientes de Noé, no solo a su pueblo escogido, Israel.

Otra cosa que podemos ver es que P hace una muy fuerte alusión a la cosmología de su tiempo. Utilicemos la ilustración que presentamos en el primer artículo de nuestra serie.

Cosmología de los antiguos israelitas.

Cosmología de los antiguos israelitas. (c) 2016. Pedro M. Rosario Barbosa. CC-BY-SA 4.0. Ver detalles al final del artículo.

Aquí utiliza dos aspectos importantes para dar cuenta del diluvio: el mismo Yahveh abrió y cerró las fuentes (manantiales) de la Tierra y las “compuertas” del cielo para la inundación. Esto es algo que no encontramos en el relato J, ya que este solo nos habla de la “lluvia” provocada por Yahveh.

También vemos unos interesantísimos paralelismos entre las dimensiones del arca dictadas por Yahveh y las que dio en torno al Tabernáculo (mishkán), una estructura que supuestamente era transportada por los antiguos hebreos durante su travesía por el desierto en su éxodo desde Egipto (Éx.25-27; El texto E le llamaba “Tienda de la Reunión” (‘ohel mo`ed) (Éx.33:7-10)). Parece que ambas instrucciones tienen en consideración las proporciones dimensionales de la una y la otra. También parece aludir bastante en el vocabulario al Arca de la Alianza. Este portal presenta estos paralelismos muy bien, aunque aclaro que no suscribo su interés apologético religioso. Estos paralelismos son muy importantes, no solo porque reflejan la consistencia narrativa del autor P, sino porque, como bien muestra Richard Elliott Friedman, el Tabernáculo está relacionado con la estructuración del primer Templo de Jerusalén, el construido por Salomón y del que el autor de P participaba como parte del liderato sacerdotal de ese entonces.

Sabemos que P propuso su historia como una alternativa al relato J debido a que no estaba conforme religiosamente con el conjunto tradicional JED (el texto con el que contaba en el siglo VII y VI a.C.). Su versión intenta corregir deficiencias de la narración J: por ejemplo, intenta corregir el número de animales que entraron al arca. Si fuera el caso que Noé salvó solo a los animales que iba a sacrificar o devorar más tarde, no se comprendería la preservación de todos los animales que existen hoy día. La solución de P era la de salvar a una pareja de cada especie de animal en la Tierra. Nótese también que en J, solo la humanidad era perversa. Sin embargo, para P, no solo la humanidad sino todas las criaturas eran perversas. Esto explica la necesidad de exterminarlas.

Una vez más, el estudio de estos relatos son una ventana para que la luz del análisis racional de estos textos nos lleven a comprender la mentalidad de las castas sacerdotales del pasado. Además, muestran la ahistoricidad de ambos relatos y la falacia de pensar que este evento haya ocurrido como acontecimiento histórico como quiere insistir Ken Ham con su réplica del arca de Noé.

Espero que hayan disfrutado esta breve travesía al pasado mediooriental.
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Bibliografía

Arens, Eduardo. La Biblia sin mitos: Una introducción crítica. Lima, Perú: Asociación Hijas de San Pablo / Centro de Estudios y Publicaciones, 2014.

Biblia de Jerusalén. Bilbao, España: Desclée de Brower, 2009.

Friedman, Richard Elliott. Who Wrote the Bible? US: HarperOne, 1997.

El(Los) relato(s) del diluvio universal – 2

Los animales entrando al arca.

Cuadro de Leandro Bassano. Los animales entrando al arca.

Vamos ahora a ver cuál es el relato del diluvio universal como lo presenta la tradición yahvista (J) (utilizo la traducción de la Biblia de Jerusalén del 2009). Tengamos en cuenta que el texto J fue editado por un autor afín a la tradición sacerdotal (P), por lo que aparecen algunos vacíos de información en el relato.
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El relato de J

Cuando la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas, vieron a los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran atractivas, y tomaron por mujeres a las que prefirieron de entre todas ellas. Entonces dijo Yahveh: “No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne, que sus días sean ciento veinte años.” Los nefilim aparecieron en la tierra por aquel entonces (y también después), cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y estas les dieron hijos: estos fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos.

Viendo Yahveh que la maldad del hombre cundía en la tierra y que todos los proyectos de su mente eran puro mal de continuo, le pesó a Yahveh de haber creado al hombre en la tierra, y se indignó en su corazón. Así pues, dijo Yahveh: “Voy a exterminar de sobre la faz del suelo al hombre que he creado —desde el hombre hasta los ganados, los reptiles, y hasta las aves del cielo—, porque me pesa haberlos hecho.” Pero Noé halló gracia ante los ojos de Yahveh.

[Se omite la narración de las órdenes de Yahveh para la creación del arca y el proceso de fabricación del arca.]

Yahveh dijo a Noé: “Entra en el arca con toda tu familia, porque tú eres el único justo que he visto en esta generación. De todos los animales puros tomarás para ti siete parejas, macho y hembra, y de todos los animales que no son puros, una pareja, macho y hembra. Asimismo de las aves del cielo, siete parejas, machos y hembras para que sobreviva su casta sobre la faz de toda la tierra. Porque dentro de siete días haré llover sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré de sobre la faz del suelo todos los seres que hice.” Noé ejecutó todo lo que le había mandado Yahveh.

Noé entró al arca, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hjos, para salvarse de las aguas del diluvio. A la semana, las aguas del diluvio se precipitaron sobre la tierra y estuvo descargando la lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. Yahveh cerró la puerta detrás de Noé.  El diluvio descargó sobre la tierra durante cuarenta días. Crecieron las aguas y levantaron el arca, que se alzó de encima de la tierra. Las aguas arreciaron y crecieron mucho sobre la tierra, mientras el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. Las aguas arreciaron muchísimo sobre la tierra, hasta el punto que los montes más altos que hay debajo del cielo quedaron cubiertos. El nivel de las aguas sobrepasó quince codos, quedando cubieros los montes. Todo cuanto respira hálito vital, todo cuanto existe en tierra firme murió. Yahveh exterminó todo ser que había sobre la faz del suelo, desde el hombre hasta los ganados, incluidos los reptiles y las aves del cielo: todos fueron exterminados de la tierra. Solo quedaron Noé y los que con él estaban en el arca.

Y cesó la lluvia del cielo. Poco a poco retrocedieron las aguas de sobre la tierra. Al cabo de cuarenta días, abrió Noé la ventana que había hecho en el arca y soltó a la paloma, para ver si habían menguado las aguas de la superficie terrestre. La paloma, no hallando donde posar el pie, tornó donde él, al arca, porque aún había agua sobre la superficie de la tierra. Así que alargó su mano, la tomó y la metió consigo en el arca. Esperó otros siete días y volvió a soltar la paloma fuera del arca. la paloma regresó al atardecer trayendo en el pico un ramo verde de olivo, por donde conoció Noé que había menguado las aguas de encima de la tierra. Aún esperó otros siete días y volvió a soltar la paloma, que ya no regresó donde él. Se secaron las aguas de encima de la tierra.

[Omisión del relato del desembarco de Noé, su familia y los animales]

Noé construyó un altar a Yahveh, tomó de todos los animales puros y de todas las aves puras y ofreció holocaustos en el altar. Al aspirar Yahveh el calmante aroma, dijo para sí: “Nunca más volveré a maldecir el suelo por causa del hombre, porque las trazas del corazón humano son malas desde su niñez, ni volveré a destruir a los seres vivientes, como he hecho.

“Mientras dure la tierra,
sementera y siega,
frío y calor,
verano e invierno,
día y noche
no cesarán.”

(Gén. 6:1-8; 7:1-5,7,10,12,16b-20,22-23; 8:2b-3a,6,8-12,13b,20-22)
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Discusión

Este es el texto más temprano que tenemos en torno al diluvio y vemos muchas ideas muy afines a las diversas mitologías del Mediterráneo. Por ejemplo, los “hijos de Dios” o las divinidades supramundanas se involucraron sexualmente con mujeres terrestres, generando los “nefilim” (probablemente traducidos como “gigantes”) famosos héroes de la antigüedad. Para aquellos instruidos en literatura griega y romana antigua, esto les recordará a la manera en que Zeus y otros dioses sostenían actos sexuales con mujeres humanas y ellas daban a luz a héroes: Hércules es un ejemplo de ello.

Este es el relato más corto y cambia un poco el giro que se solía tener en torno a historias similares en el Medio Oriente. En el poema mesopotámico, La épica de Gilgamesh (2100 a.C.), los dioses no destruyen a la humanidad por razones relacionadas con el comportamiento moral de los seres humanos. Al contrario, de lo que se quejaban los dioses era de que estas “nuevas criaturas” prácticamente hacían demasiado ruido. Lo que sí es una característica muy distintiva del autor J y que parece haber sido novel en el Antiguo Medio Oriente es la idea de que Yahveh destruyó a la humanidad debido a la maldad humana, mientras que salvó a los justos de dicha aniquilación. Algo semejante ocurre en el relato J de Sodoma y Gomorra: se destruye a Sodoma mientras que los ángeles de Yahveh salvan a Lot y su familia.

Lo que resulta curioso del relato es que, de acuerdo con J, Dios aniquiló a todos los seres vivos de la tierra, excepto los del arca. Sin embargo, como hemos visto, el número de animales que sobrevivió fue bastante limitado. ¿Qué hizo Noé después de desembarcar del arca? Sacrificar a animales de todos los puros que trajo consigo en el arca. ¿Cómo sobrevivieron entonces? ¿Cómo se da cuenta de la supervivencia de los demás animales a partir de unos poquitos?

No obstante estas preguntas, el relato permite asomarnos a la mentalidad de los israelitas antiguos en particular en relación con la mitología que se desarrollaba a su alrededor.

¿Cómo compara esto con el relato P? Veremos en nuestro próximo artículo.

 

El(Los) relato(s) del diluvio universal – 1

the-dove-sent-forth-from-the-ark-1866¿Sucedió realmente el diluvio universal como nos lo relata la Biblia? Lo dudamos mucho. Todos los estudios que se han llevado a cabo han determinado que es una imposibilidad arqueológica, genética, climática, física en todos los sentidos posibles. El National Center for Science Education ha publicado un artículo, una selección de lectura de un texto sobre el tema, que provee más allá de toda duda la ahistoricidad de tal acontecimiento.

A pesar de ello, Ken Ham, el pastor literalista que mantiene el portal creacionista de Answers in Genesis, recientemente fabricó su versión del arca de Noé en Estados Unidos con el objetivo de convencer a la gente de que una embarcación como esa pudo haber sido real. Sin embargo, el arca como tal no flotaría nunca (es más un museo que un arca( y no podría enjaular a dinosaurios. Sí, él presenta figuras de dinosaurios enjaulados en el arca. Para estas y otras observaciones, lean este artículo por Erik Ortiz y vean los vídeos correspondientes.

Lo que sí quiero hacer aquí es otra aproximación al problema del relato bíblico, específicamente su origen y cómo puede dar cuenta del relato del diluvio en el libro del Génesis. Como cualquiera puede darse cuenta de una lectura cuidadosa del texto, no todos los detalles del relato cuadran bien. A prima facie nos encontramos a veces con dos notorias contradicciones, por ejemplo (los textos citados son de la Biblia de Jerusalén del 2009):

  1. No estamos seguros cuántas parejas de animales entraron al arca de Noé:

Dijo, pues, Dios a Noé: “… Meterás en el arca una pareja de cada ser viviente para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra. De cada especie de aves, de cada especie de ganados y de cada especie de reptiles entrarán contigo sendas parejas para sobrevivir” (Gén. 5:13a,19-20).

Yahveh dijo a Noé: “… De todos los animales puros tomarás para ti siete parejas, macho y hembra, y de todos los animales que no son puros, una pareja, macho y hembra. Asimismo de las aves del cielo, siete parejas, machos y hembras para que sobreviva su casta sobre la faz de la tierra” (Gén. 7:1a,2-3)

  1. No se sabe el número de días que duró el diluvio.

El diluvio descargó sobre la tierra durante cuarenta días (Gén. 7:17).

Las aguas inundaron la tierra por espacio de ciento cincuenta días (Gén 7:24).

Poco a poco retrocedieron las aguas sobre la tierra. Al cabo de ciento cincuenta días, las aguas habían menguado (Gén. 8:3).

Al cabo de cuarenta días, abrió Noé la ventana que había hecho en el arca … (Gén. 8:9).

Usualmente los no creyentes se burlan de las contradicciones bíblicas, pero lo que resulta más fascinante es descubrir por qué están allí. ¿Por qué razón aparecen esas contradicciones en el relato del diluvio?
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La creación del Pentateuco (la Torah)

El Pentateuco (los primeros cinco libros de la Biblia Hebrea: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) no fue escrito por un solo autor ni en una sola época. Es en realidad un cúmulo de tradiciones que se fueron forjando a medida que avanzaba el tiempo. Veamos cada una de ellas brevemente:

  • Tradición yahvista (J): Parece haberse originado entre los siglos X y IX a.C. Se destaca porque desde el mismo principio del Génesis se refiere a Dios con el nombre de “Yahveh”.
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  • Tradición elohísta (E): Difiere de la yahvista en que en el Génesis se refiere a Dios con el nombre de “Elohim” (literalmente “dioses”, para referirse a la multiplicidad de potencias divinas en una sola deidad) hasta que Dios le revela su nombre a Moisés en Éxodo 3:14-15. Se piensa que se originó en la época de los reyes Jeroboam (del norte) y de Roboam (del sur) durante el siglo X a.C.
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  • Tradición deuteronómica (D): Para el siglo VII a.C., por circunstancias históricas, parece que existía un texto que juntó las dos tradiciones anteriores (JE) y surgió en la corte del Rey Josías una tercera denominada “deuteronómica”, ya que es responsable en gran parte del libro del “Deuteronomio” y de su código legal. El texto claramente se concibe como una continuación de JE y fue el que adoptó el Rey Josías para sus reformas religiosas.
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  • Tradición sacerdotal (P): La mayoría de los biblistas piensa que la tradición sacerdotal tuvo lugar durante el exilio de los judíos a Babilonia durante el siglo VI a.C. Esta tradición llama también a Dios “Elohim” en el Génesis hasta la revelación de su nombre a Moisés en Éxodo 6:2-3. Esta tradición se caracteriza por su estilo altamente repetitivo, su legalismo, su concepción distante de Dios y su énfasis en los aspectos rituales de la religión judía. Además, crea su propia versión de la inmensa mayoría de las mismas historias que vemos en el texto JED.

El texto final del Pentateuco mezcló las cuatro tradiciones en cinco libros y probablemente apareció después del regreso de los judíos a tierra Palestina en el 539 a.C. Los judíos empezaron a considerar a estos cinco libros como la “Torah” o la “Ley de Moisés”.

Este proceso de edición explica en gran medida el fenómeno de los dobletes en el Pentateuco, es decir, cuando el texto repite dos o más veces el mismo relato o dos o más versiones del mismo acontecimiento. Esto explica las contradicciones en el relato del diluvio. No estamos tratando con un relato coherente sobre el arca de Noé sino probablemente de dos que fueron mezclados en uno más extenso. Por ejemplo, un relato sostendría que el diluvio duró cuarenta días y el otro ciento cincuenta. Hoy día se piensa que el texto presenta dos versiones distintas: la de J y la de P.
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La cosmología de los antiguos hebreos

Una cosa que se desconoce mucho a la hora de evaluar los textos bíblicos, incluyendo los del diluvio universal, es la cosmología de los antiguos hebreos. Utilizaré la siguiente ilustración para la discusión:

Cosmología de los antiguos israelitas.

Cosmología de los antiguos israelitas. (c) 2016. Pedro M. Rosario Barbosa. CC-BY-SA 4.0. Ver detalles al final del artículo.

En el ámbito del antiguo medio oriente, los israelitas compartían más o menos la misma cosmología que los acadios y babilonios de la época. Esto se confirma con las muchas descripciones que hace la Biblia en torno a la estructura misma del mundo:

  • División entre el océano celeste y el océano terrestre mediante un firmamento, es decir, una superficie firme (sólida) que mantiene las aguas del cielo alejadas de la tierra y los océanos terrestres. De hecho, Dios camina por el firmamento de vez en cuando (Gén. 1:6-8; Amós 9:6; Job. 22:13 ; 37: 18; Sal. 148:1; Prov. 8:27-28).
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  • Dios hace que llueva abriendo las compuertas del firmamento (Gén. 7:11; 8:2; Amós 9:6; Sal. 78:23).
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  • De allí aparece la tierra como superficie seca que sobresale del océano terrestre y está rodeado por este (Gén. 1:9).
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  • El océano tiene un círculo de contención (Job 26:10).
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  • La tierra es plana (el horizonte es la frontera entre la luz y la oscuridad) y se ve circular ante los ojos de Dios en los cielos (Job 26:10; Prov. 8:27).
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  • Hay pilares de la tierra que la sostienen en su lugar sobre las aguas de las profundidades (1 Sam. 2:8; Job. 38:4,6; Sal. 104:15; Sal. 136:6).
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  • Hay aguas encima de los cielos (del firmamento) y debajo de la tierra, en “las profundidades” (Gén. 7:11; 8:2; Éx. 20:4; Is. 14:15; Prov. 8:28).
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  • Las fuentes y manantiales existen porque hay conductos desde las aguas de las profundidades hasta la superficie. Estas también tienen compuertas que se abren y se cierran (Gén. 7:11; 8:2).
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  • Existen pilares que sostienen al firmamento en su lugar (2 Sam. 2:28; Job. 26:11).
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  • Existen seres debajo de la tierra, en el sheol, el inframundo, donde habitan los muertos (Is. 14:15; Flp. 2:8; Apoc. 5:2-3).
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  • Existe un ámbito divino, un “tercer cielo”, donde habita Yahveh y otros seres divinos (Gén. 1:26; 3:22; Job. 22:13; Sal 82:1; 2 Cor. 12:2). Para los antiguos israelitas, estos seres divinos eran otros dioses, para el judaísmo del siglo I y II d.C. ángeles, tal vez concebidos como deidades menores (“hijos de Dios”) o criaturas divinas bajo el mandato de Yahveh y que rigen el cosmos y las naciones (Gén. 3:24; 6:2; Deut. 32:8; Job 1:9-12; Sal. 80:1; Apoc. 4-6; 12:7-9).

Este último punto sorprende a muchos creyentes, ya que usualmente se sostiene que los antiguos israelitas eran monoteístas estrictos. La verdad que no era hasta el siglo II d.C. que se podía hablar de un judaísmo monoteísta en sentido estricto.

En el comienzo, parece ser que en el Medio Oriente antiguo, en el ámbito cananeo previo a la existencia del Antiguo Israel, se veneraba a un Dios llamado El y que se interpretaba como la divinidad suprema que se sentaba en el trono de los demás dioses. Estos últimos se concebían como dioses nacionales. Esto no es algo extraño en el mundo antiguo. Al contrario, en el caso de los griegos tenemos tipos similares, en el que Zeus es el dios supremo, mientras que, por ejemplo, Atenea era la diosa de Atenas, o Roma era la diosa protectora de la ciudad con el mismo nombre. Muchos eruditos piensan que originalmente Yahveh, como dios nacional, era originalmente un “hijo de El”, o una deidad subordinada al régimen de El. Más adelante, después del surgimiento del primitivo Israel, mediante un proceso sincrético, El y Yahveh se volvieron en uno y el mismo dios nacional promovido por la casta sacerdotal levita y, especialmente, por los reyes durante la época de la monarquía. Desde entonces, al dios nacional se le conoció como “Yahveh Elohim”, supremo dios que se encuentra por encima de los demás dioses (Éx. 6:2-3). Más adelante, los demás dioses se convertirían en deidades menores o en ángeles.

Es en este contexto cosmológico que debemos entender los dos relatos del diluvio en el Génesis. En los próximos dos artículos, redactaré las dos historias del diluvio. La primera, la de la tradición J, es la versión más temprana; la de la P es la más elaborada y tardía.

Bibliografía

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Sicre, José Luis. Introducción al Antiguo Testamento. Estrella, España: Editorial Verbo Divino 2011.

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Sobre la imagen

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La homosexualidad y la Biblia Hebrea: Orígenes

Lot escapa de Sodoma

“Lot escapa de Sodoma” por Gustave Doré

En mi artículo anterior, mencioné el hecho de que hay un elemento particular de odio a la homosexualidad en las religiones abrahámicas: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Lo que inició este tipo de deprecio a actividades homosexuales fueron ciertos pasajes en la Biblia Hebrea que se escribieron en un contexto histórico que todavía permanece mayormente desconocido para nosotros. Sin embargo, gracias a la arqueología y al estudio intensivo de las civilizaciones que se formaron en el Medio Oriente y en el Mediterráneo, algunos eruditos ya tienen una idea del sentido original de estos textos. La respuesta puede sorprender a muchos.

Lo que haré en este artículo es exponer la teoría que muchos de los expertos en la Antigüedad sostienen hoy día. Noten que en este caso, el análisis será estrictamente histórico, no teológico ni religioso. Para una discusión con mayor lujo de detalles con sus referencias, léase los capítulos 8 y 10 de mi libro Pablo el Emisario: Odiado e incomprendido. Todos los pasajes bíblicos citados aquí provienen de la Biblia de Jerusalén (2009).
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La sociedad que originó al Antiguo Israel

Es sabido por la mayoría de los arqueólogos y eruditos de la Biblia Hebrea que ciertos eventos de la magnitud relatada por los libros de Éxodo y de Josué nunca ocurrieron. No hubo una invasión masivamente genocida de hebreos contra pueblos enteros por parte de israelitas nómadas. No hay rastro alguno de un gran éxodo de esclavos de Egipto dirigidos por un príncipe egipcio, Moisés, desde antes del Mar de las Cañas hasta las afueras del Río Jordán. Los historiadores y especialistas en la Biblia Hebrea se hallan hoy divididos en torno a si realmente hubo algún tipo de éxodo de esclavos, aunque hay un fuerte consenso de que no hubo una travesía de millones de personas hasta Tierra Santa por cuarenta años en la época de Moisés y Josué (1275-1208 a.C.). Los que piensan que pudo haber habido un éxodo usualmente lo atribuyen a un grupo pequeño de guerreros, fuertemente influenciados por la cultura egipcia, que se familiarizó con la religión de un pueblo conocido como los shasu en Madián, donde adoraban al dios Yaju, o Yahveh. Más adelante se integraron a la sociedad cananea, adoradora del dios El, lo que llevó gradualmente a un proceso sincrético para que ambas deidades se volvieran una: Yahveh Elohim (Éx. 6:2-3).

Sin embargo, los arqueólogos han evaluado los artefactos que han encontrado y han puesto en duda el modelo de invasión de Canaán por parte de los antiguos hebreos bajo el mando de Moisés y Josué. La evidencia sugiere que es imposible que hayan invadido y derrotado Négueb, Sijón, Jericó, Ay y Jasor (Núm. 12:1-3, 21-32; Jos. 6-11). De lo que sí hay abundante evidencia arqueológica en tierra cananea es de una rebelión contra las monarquías vasallas de Egipto y las castas altas. Una vez eliminado el dominio de estos reyes, las diversas tribus cananeas de la Era de Hierro I (1200-1000 a.C.) fueron extendiendo su población por todo el territorio norte de lo que después se conocería como Israel.

Lo que llama la atención –y que es sumamente pertinente a nuestro tema– tiene que ver con el nuevo estilo de vida adoptado por los cananeos al denominar como “Israel” a este nuevo territorio. Cuando se examina la evidencia arqueológica de las casas y las villas que datan de esta época, los expertos notan que no hay estructuras arquitectónicas de autoridad política. Para todos los efectos, las tribus israelitas establecieron una sociedad igualitaria. El libro de Jueces confirma esta dimensión de la vida israelita, ya que en ese texto se nota un periodo de tiempo en el que Israel carecía de reyes. Al contrario, en momentos difíciles y de hostilidad (especialmente por su tensión con los filisteos), los israelitas escogían a un jefe militar temporero, un “juez”, para defenderse contra fuerzas enemigas. Por cierto, el libro de Jueces atribuye la unificación de las tribus en una “nación”, Israel, a una mujer juez llamada Déborah, a la que un himno le denominaba “Madre de Israel” (Jue. 4-5).

Aun así, la sociedad israelita antigua no era totalmente igualitaria. No obstante Déborah como la “Madre de Israel”, estas tribus relegaban a las mujeres a un rol bajo. En primer lugar, la poligamia era una práctica hartamente permitida en esas sociedades. Aquellos hombres que fueran pudientes, podían tener más de una esposa, siempre y cuando pudiera cuidar de ellas. Es más, el arreglo matrimonial de una joven al hijo de otra familia o el concubinato permitían estrechar lazos entre familias, clanes o reinos (los “dominios” de David y Salomón fueron realmente influencias de poder vía lazos con varios reinos y tribus). En segundo lugar, a las mujeres y a las hijas se les trataba en términos prácticos como propiedad, lo que llevó a muchos autores de la Torah a estipular provisiones para evitar ciertos abusos y elevarlas más de un rango de simple pertenencia (e.g. Éx. 21:7-11; Núm. 27:4; 30:11-16; Deut. 21:10-14; 22:23-27).
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Funcionarios y sacerdotes forjan las Sagradas Escrituras

Debido a la inestabilidad de una sociedad igualitaria, las tribus decidieron optar por una monarquía. La primera fue la de Saúl, a la que le sucedería eventualmente la de David y su hijo Salomón, reyes que unificaron a las tribus del norte y las del sur. Durante este proceso se afianzaron los sacerdocios de Siló (probablemente musitas) y de Jerusalén (aarónidas), ambos levitas. De estos dos sacerdocios se derivaron tres de las cuatro tradiciones que compusieron la Torah hebrea (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) entre otros libros sagrados. La primera tradición en formarse fue la yahvista (J), producida probablemente por funcionarios de la monarquía davídica o, lo más probable, la salomónica. Sin embargo, las otras tres, las levíticas, fueron la elohísta (E), la deuteronomista (D) y la sacerdotal (P), de acuerdo al orden que aparecieron según el modelo mayoritariamente adoptado por los especialistas de la Biblia Hebrea.

Es en este contexto que debemos entender los pasajes usualmente más citados para condenar la conducta homosexual por parte de los religiosos conservadores y fundamentalistas.
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Sodoma y Gomorra

Hombres de Sodoma se agolpan frente a la puerta de Lot.

Hombres de Sodoma se agolpan frente a la puerta de Lot. Imagen por Phillip Medhurst. Cortesía de la Colección del Revdo. Philip De Vere en la Corte de St. George’s, Kidderminster, Inglaterra. CC-BY-SA 3.0.

En cuanto a los textos bíblicos relacionados con el tema actual de la homosexualidad, tenemos el relato de Sodoma y Gomorra (Gén. 19), compuesto por algún autor J. En él, se nos cuenta que Yahveh había determinado destruir la ciudad de Sodoma debido a que “su pecado es gravísimo” (Gén. 18:19). Del diálogo entre Yahveh y Abraham se desprende que la ciudad completa (con la excepción de Lot y su familia) estaba inmersa en maldad. La deidad decidió enviar a dos ángeles para avisarle a Lot y a su familia que debían abandonar Sodoma lo más pronto posible, ya que iba a ser destruida. Cuando los ángeles fueron recibidos, nos dice el Génesis:

No bien [Lot y los ángeles] se habían acostado [para comer], cuando los hombres de la ciudad, los sodomitas, rodearon la casa, desde el mozo hasta el viejo, todo el pueblo sin excepción. Llamaron voces a Lot y le dijeron: “¿Dónde están los hombres que han venido adonde ti esta noche? Sácalos, para que abusemos de ellos.”

Hay que aclarar que en este caso, por el término “hombres” (más bien “multitud” {’anašim}) debe entenderse en hebreo indistintamente como varones y mujeres. Como respuesta a la amenaza, Lot ofreció a su hija para que fuera abusada, en vez de los “forasteros”. Ante la negativa de la ciudad, los ángeles salieron y cegaron a la multitud. Después, la familia huyó con las instrucciones angelicales de que no miraran atrás durante la destrucción de la ciudad. Desobedeciendo a las órdenes de Yahveh, la esposa de Lot se transformó en una estatua de sal.

¿Cómo debemos entender esta narración? Pues, contrario a lo que muchos religiosos conservadores sostienen, de lo que menos se trata este texto es de la homosexualidad. Al contrario, el tema principal es el de la injusticia al forastero. El abuso sexual a los extranjeros era bastante común en aquella época, porque –como explicaremos más adelante– se les consideraba inferiores a los habitantes de la ciudad. El texto bíblico nunca afirma que la multitud era “homosexual” sino más bien malvada. Así lo comprendieron por mucho tiempo los profetas más importantes de la Biblia Hebrea y que fueron contemporáneos con muchos de los escritos de la Torah. Tomemos la comparación que hace Isaías de un Israel malvado con Sodoma y Gomorra:

De no haberme dejado Yahveh Sebaot un residuo minúsculo,
seríamos como Sodoma,
parecidos a Gomorra.

Escuchad la palabra de Yahveh,
regidores de Sodoma;
oíd la torah [ley] de nuestro Elohim [Dios],
pueblo de Gomorra.

Vuestras manos están llenas de sangre:
lavaos, purificaos,
apartad vuestras fechorías de mi vista,
desistid de hacer el mal
y aprended a hacer el bien:
buscad lo justo,
reconoced los derechos del oprimido,
haced justicia al huérfano,
abogad por la viuda
(Is. 1:9-10,15b-17).

Otro profeta que lo entendió de la misma manera era Ezequiel:

Por mi vida –oráculo de Adonay Yahveh–, que tu hermana Sodoma y sus hijas no obraron como habéis obrado tú y tus hijas. El crimen de tu hermana Sodoma y sus hijas fue: orgullo, voracidad, indolencia nacida de una vida placentera; no socorrieron al pobre y al indigente, se enorgullecieron y cometieron abominaciones ante mí. Por eso las hice desaparecer, como tú has visto (Ez. 16:48-50).

Finalmente, debemos señalar que en una historia paralela en el libro de Jueces, se presenta otra situación en la que unos hombres de una ciudad deseaban abusar a un extranjero, el anfitrión ofrece a su esposa y a la concubina del extranjero para su abuso, lo que efectivamente estos perversos llevaron a cabo (Jue 19:15-27). Si estos hombres eran abusadores “homosexuales”, ¿por qué abusaron a las mujeres? Una vez más, el tema subyacente es el de una injusticia que se quería llevar contra el forastero por ser considerado inferior en el contexto de esa población.
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Los pasajes de Levítico

Los otros pasajes que usualmente se citan para condenar las actividades homosexuales en general provienen del libro de Levítico, cuyo texto es casi completamente de la tradición P. Veamos:

No te acostarás con varón como con mujer: es una abominación (Lev. 18:22).

Si un varón se acuesta con otro varón, como se hace con una mujer, ambos han cometido una a abominación y deben morir. Su sangre caerá sobre ellos (Lev. 20:13).

Estos dos pasajes se han asociado erróneamente como una confirmación del sentido del relato de Sodoma y Gomorra. Sin embargo, como cualquier erudito en la Biblia Hebrea puede señalar, la narración de las dos ciudades malvadas fue escrita por un narrador J, mientras que estas prohibiciones fueron escritas por un autor P siglos más tarde.

Antes de proceder, debemos poner en perspectiva estos fragmentos dado el contexto social que hemos discutido. Por ejemplo, en Levítico se prohíbe explícitamente el acto sexual entre varones, pero buscamos en vano cualquier pasaje en ese documento o en la Biblia Hebrea en el que se condenen actos sexuales entre mujeres. Esto se debe, una vez más, a una sociedad poligámica, en la que los varones no solamente gozaban de tener actos sexuales con más de una mujer, sino también de participar y disfrutar del acto sexual entre ellas. En relación con esto último, lo único que encontramos en Levítico es lo siguiente:

No tomarás por esposa a una mujer y a su hermana cuando todavía vive la primera: harías a la segunda rival de la primera al descubrir también su desnudez (Lev. 18:18).

Fuera de eso, no hay ninguna otra prohibición de actos lésbicos.

¿Por qué a las mujeres se les permite, pero a los varones no? La respuesta es sencilla: la penetración.
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El significado de la penetración en la Antigüedad

El problema de citar estos pasajes sin tener en cuenta su debido contexto lleva a toda una serie de confusiones. Los pasajes de Levítico no explican en lo absoluto el razonamiento o las justificaciones detrás de los mandatos de Yahveh. Dado este panorama, no tenemos de otra que recurrir a textos extrabíblicos y descubrimientos arqueológicos en áreas cercanas a la región palestina para tener una mejor idea de a cuál realidad estaban respondiendo los antiguos israelitas.

Erastes y Erómenos

Un erastes en un acto pederasta con un erómenos. Dibujo en una ánfora ateniense del siglo V a.C., ahora en las Colecciones Estatales de Antigüedades en Münich, Alemania. Foto cortesía de Haiduc, de Wikimedia Commons. CC-BY-SA 3.0.

Cuando miramos a las prácticas sexuales de diferentes sociedades del Medio Oriente de aquella época y del Mediterráneo podemos encontrar un tema común: los varones que penetran (los activos) son privilegiados o se encuentran en un estrato superior a los que son penetrados (los pasivos), quienes no son privilegiados o que son de estrato inferior. Las mujeres no penetran, los hombres lo hacen. En parte esa puede ser una razón por la que a las mujeres se les veía históricamente como inferiores.

Podemos ver ejemplo de ello en la mitología egipcia, especialmente la relación tensa entre Horus y Set, en la que este último engañó al joven Horus para violarlo; abuso clásico de un adulto (posición privilegiada) a un joven (inferior). Podemos ver también esto en la práctica pederasta en la Antigua Grecia. Los maestros podían tener relaciones pederastas con sus discípulos, lo mismo que ciertos adultos que llevaban actos sexuales con jóvenes con “su consentimiento”. Al activo se le conocía como “erastes” y al pasivo “erómenos“. Este tipo de relaciones cesaban cuando los jóvenes cumplían los dieciocho años, es decir, la edad en que ya se podían considerar adultos y, por ende, iguales a los demás adultos. Es importante señalar que durante la relación de pederastía no se suponía que al joven varón le gustara el ser penetrado, porque tal placer era mal visto. Es más, si no cesaban la pederastía con su antiguo erastes e insistía el erómenos en ser penetrado, esto se veía como una degradación y, ante la sociedad, el mismo estatus del de una mujer. De allí que a veces se les consideraran “afeminados”. También hemos visto cómo los libros de Génesis y de Jueces nos hablan del deseo de abuso de una multitud a unos forasteros precisamente porque se les veía como inferiores, algo que el texto bíblico claramente condena como una injusticia. La violación siempre fue en todas las épocas, y más en el contexto bélico de la Antigüedad, un instrumento de guerra. La violación no solo es un golpe moral contra el penetrado o la penetrada, sino también una señal de derrota.

Cuando vemos los mandatos de Levítico podemos considerarlos como únicos en el mundo mediooriental. No había otro lugar en el Medio Oriente o en el Mediterráneo que condenara la actividad homosexual de varones. Sin embargo, hay otra cosa que hacía a los antiguos israelitas únicos en esa matriz social: su sociedad igualitaria. En otras palabras, rechazaban las actividades homosexuales entre varones porque, en el contexto de aquella época, significaba una distinción entre ellos por estratos sociales, algo que los israelitas consideraban intolerable e injusto. Esta convicción se conservó aun cuando posteriormente empezaron a aparecer monarcas y sectores más privilegiados de esa sociedad, algo que los mismos profetas israelitas condenaban.
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Conclusión

La Biblia Hebrea ha sido la que ha llevado a las religiones abrahámicas en general a su tendencia a condenar las actividades homosexuales. Sin embargo, sus orígenes no han sido comprendidos adecuadamente debido a nuestra propia ignorancia del contexto social de esa época. Irónicamente, las actividades homosexuales entre varones tienen poco que ver con la homosexualidad como se entiende hoy día ni tiene que ver con el asunto del matrimonio homosexual. Tiene más que ver con una percepción de injusticia cuando varones en una sociedad igualitaria asumían roles sexuales típicos de sociedades desiguales.

Obviamente, la historia en torno a la condena de las actividades homosexuales no termina aquí. En algunos artículos posteriores hablaremos del tema de la homosexualidad en el Nuevo Testamento de la Biblia Cristiana.
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Bibliografía

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