La ciencia de los OGMs – 2: Ratas, tumores y el fiasco de Séralini

Serie – “La ciencia de los OGMs” — Parte 1

Declaración de conflicto de intereses: Ningún artículo de esta serie fue financiado por empresa pública o privada alguna. A tono con lo que decimos en la sección del “Propósito del portal“, no hay conflictos de intereses asociados a estos artículos.

ADVERTENCIA: Este artículo contiene las imágenes fuertes de ratas albinas con tumores. El lector o la lectora ya lo sabe de antemano.

mamyths

Campaña Marcha Contra Mitos. http://www.mamyths.org/

Si ustedes han leído el primer artículo de nuestra serie, se habrán topado con nuestra referencia a la revisión de los mejores estudios hechos en torno a animales por un periodo de 29 años (Van Eenennaam et al., 2014). Sabemos que habrá uno que otro que se habrá rascado un poco la cabeza o levantado una ceja escéptica debido a que sí han habido noticias de que los OGMs impregnados con glifosato son cancerígenos y que se ha demostrado en laboratorios.  Si escuchan la radio, a lo mejor ustedes alcanzan escuchar a algunos nutricionistas “expertos” en el tema que afirman categóricamente que es así, debido a que un científico en Francia, Gilles-Éric Séralini, pudo mostrar ante todo el mundo la “verdad detrás de los transgénicos”, que Monsanto nos está matando, que el incremento de cáncer durante todos estos años se debe entre otras al consumo de transgénicos con partículas de un “cancerígeno” (el glifosato). Hay personas quienes pronuncian el nombre “Séralini”  en casi cada respiro cada vez que se habla de los transgénicos y del glifosato.

¡Tal vez a los autores de Eenennam et al, 2014, que incluían a 100 millardos de animales se les escapó un caso! De hecho, no se les deslizó de sus manos. Al contrario, mencionan algunos “estudios” (en un sentido BIEN laxo) al respecto entre los que se incluye el que vamos a discutir (Van Eenennaam et al, 2012, pp. 4262-4263).

He escrito una versión mucho más detallada de todo este incidente (conocido en inglés como el “Séralini affair“). Como se dijo en mi primer artículo de esta serie, aquí solamente nos vamos a atener estrictamente a lo que dicen los científicos profesionales en torno al tema y por qué el estudio en cuestión no convenció a nadie en la comunidad científica, ni tan siquiera mucha de la minoría de aquellos científicos que son escépticos de los OGMs en general.

El “incidente de Séralini” (“Séralini affair“)

Gilles-Éric Séralini

Gilles-Éric Séralini (2013). Foto cortesía de Thomas Jouanneau. CC-BY-SA 4.0.

Gilles-Éric Séralini es profesor de biología molecular de la Universidad de Caen y que desde algún tiempo se ha dedicado al tema de los transgénicos, destacándose por estudios diseñados para poner en duda su seguridad. Aquí no cuestionaremos en lo absoluto la legitimidad de la posición de escepticismo en relación con los transgénicos. Es y seguirá siendo una posición legítima en un mundo en que también hay científicos que tienen una confianza ciega en ello. La dialéctica entre estos dos sectores y las diversas posiciones intermedias son necesarias para el quehacer científico. Lo que sí cuestionamos es tomar por absolutamente ciertos aquellos experimentos que tienen notorias fallas. En algunos casos, se cuestionaría si varias de estas existen a propósito para que un experimento tenga un resultado predeterminado, asunto que rayaría en la deshonestidad. Este cuestionamiento se profundiza si tal procedimiento se hizo con el propósito de persuadir al público de que los resultados obtenidos son fiables y, por consiguiente, manipula a la sociedad para que se creen políticas públicas cuyos fundamentos científicos son tan firmes como la arena movediza.

Una vez más, no nos interesan las intenciones de Séralini, sino la calidad del experimento, cómo se proyectaron sus resultados ante el público y la reacción de la comunidad científica y las autoridades gubernamentales ante su divulgación.

Breve exposición de lo ocurrido en el experimento (en “arroz y habichuelas”)

Esta sección es para aquellos interesados en estos detalles que son tanto más técnicos. Para aquellos lectores que quieran saber de lleno el meollo del problema, siéntanse en la libertad de brincar esta sección.

El experimento se centra en el consumo de maíz transgénico junto a ciertas dosis del yerbicida marca Roundup® de la compañía Monsanto, cuyo ingrediente potente es el glifosato. Séralini y su equipo utilizaron para ello 200 ratas Sprague-Dawley™ albinas: 100 machos y 100 hembras. Cada grupo se subdividía en diez:

  • El grupo control: Este es un grupo de 10 ratas (5 machos y 5 hembras) a las que se les dio agua sin Roundup® y maíz no transgénico sin Roundup®.
    .
  • Hay a su vez 60 ratas a las que se les administraron diferentes porcentajes de maíz transgénico de Monsanto (Roundup Ready®):
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    • Veinte (20) de esas ratas consumieron alimentos con 11% de maíz transgénico: 10 lo consumió con Roundup® y 10 no.
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    • Otras 20 ratas consumieron maíz en que el 22% era transgénico: 10 de esas ratas lo consumirían con Roundup® y 10 no.
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    • Las restantes 20 ratas consumieron maíz en el que el 33% era transgénico: 10 de esas ratas lo consumirían con Roundup® y 10 no.
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  • A los últimos tres grupos de 10 se les dio maíz no transgénico, pero bebieron agua con distintas concentraciones de Roundup®.
    • 10 con agua cuya concentración de Roundup® era 1.1 x 10⁻⁸ %
    • 10 con agua con una concentración de Roundup® era 0.09 %
    • 10 con agua con una concentración de 0.5%

El tiempo de duración del experimento era de dos años (Séralini et al., 2012, pp. 4221, 4222-4223).

He aquí los resultados:

  • Cerca del 50% de las ratas machos y 70% de las hembras murieron prematuramente debido a los tumores (Séralini et al., 2012, p. 4223).
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  • Solo el 20% de las ratas machos y el 30% de las hembras del grupo control murieron prematuramente debido a los tumores (Séralini et al., 2012, p. 4223).
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  • Muchas de las ratas terminaron con tumores cuyos tamaños alcanzaban a ser el 25% de su peso corporal (Séralini et al., 2012, p. 4223).
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  • Otros de los resultados de presentaron de manera confusa y la mayoría no mostraba correlación alguna entre la salud de las ratas y la cantidad de maíz transgénico consumido por ellos (Séralini et al., 2012, pp. 4223-4228).

La publicación del estudio incluía el retrato de las ratas con tumores.

Retratos de tres de las ratas con tumores

Retratos de tres de las ratas con tumores según aparecen Séralini et al., 2014, p. 11, CC-BY 4.0 (la segunda vez que se publico el estudio en cuestión). En el estudio original se utilizaron estas mismas imágenes en un orden distinto (Séralini et al., 2012, p. 4226).

En la misma página en que aparece la imagen, también se mostraban fotografías de los tumores en sí y de sus células (Séralini et al., 2012, pp. 4226-4227), además de unas gráficas que no incluiremos aquí debido a que sería demasiado complicado y extenso el explicarlas (aun para muchos de los científicos que leyeron el estudio, las gráficas eran tremendamente confusas) (Séralini et al., 2012, pp. 4224-4225).

Un procedimiento inusual de la publicación de los datos

Los que sean científicos y que estén leyendo sobre este experimento, probablemente ya se hayan preguntado por qué se incluyen fotos semejantes. Como todo profesional sabe, ninguna de estas imágenes aporta información alguna que sea pertinente al estudio. Además, al tomar fotografías solamente de las ratas que ingirieron maíz transgénico o Roundup® (ninguno del grupo control) puede tener el efecto de impresionar al lector quitando de esa forma el énfasis debido en los datos y el diseño del experimento. El presentar estudios sin imágenes es algo usualmente ajeno a la experiencia del público que suele ver en las revistas de divulgación (Muy InteresanteScientific American, etc.) muchísimas imágenes precisamente diseñadas para impresionar (positivamente) a sus lectores. En las ciencias es distinto. El añadir imágenes con el objetivo de impresionar, pero que no aportan ninguna información científica alguna a a un artículo de una revista académica científica es muy mal visto.

Sin embargo, algunos han sospechado que el blanco de los retratos de las ratas y los tumores no es la comunidad científica, sino el público promedio. ¿Cómo lo sabemos? Pues el equipo de Séralini decidió hacer una conferencia de prensa, es decir, quería anunciar a la prensa y al público los “hallazgos” del estudio. Esto no es lo usual cuando se publica un estudio. Instancias como estas son extremadamente raras.

No solo eso, sino que también Séralini hizo algo que era más insólito: le solicitó a los miembros de la prensa que firmaran acuerdos de confidencialidad para que pudieran acceder al artículo antes de que se publicara, obviamente para que vieran las imágenes en cuestión. La prensa inexperta evidentemente se impresionó ante las imágenes (Arjó et al., 2013, pp. 256, 265, 268; Butler, 2012).

Una vez se publicó el estudio, se mostraron los retratos de las ratas con tumores, los retratos de los tumores y el movimiento antitransgénico hizo fiesta contra de Monsanto. La inmensa mayoría de la comunidad científica a nivel mundial respondió airada. Como respuesta, los antitransgénicos recurrieron al ejercicio de una falacia (que en su caso, desgraciadamente, es demasiado frecuente) a la que llamaremos Reductio ad Monsantum:

Definición de Reductio ad Monsantum: Es el acto de un antiOGM de acusar de ser comprado por Monsanto (o la compañía que se desea demonizar) a un científico, miembro de la prensa o a un divulgador cuando llega a una conclusión que a ese antiOGM no le gusta, no importa si dicha conclusión es científicamente válida y respaldada por la evidencia.

Pero, ¿por qué la reacción adversa de parte de los expertos en este campo?  ¡Veamos!

Los problemas fatales del experimento

Todas las objeciones en torno al experimento radican en el diseño. El lector de nuestro blog no tiene que leer todas las objeciones en cuestión. Con la primera bastará, pero para el curioso añadiremos más después de esa. Veamos:

  1. Las ratas seleccionadas para el experimento son notablemente propensas a tumores.

Las inmensa mayoría de las ratas Sprague Dawley™ albinas desarrollan numerosos tumores durante un periodo corto de dos años. Esto ha sido estudiado a saciedad por la comunidad científica. Por ejemplo,  en un experimento que se llevó a cabo en los años 50, se descubrió que la tasa de incidencias de tumores de ratas hembras bajo situación control (es decir, sin someterlas a ninguna variable que normalmente llevaría a cualquier otro animal a una mayor propensidad a tumores) es cerca del 56 %. En el caso de otras, una dieta especial rica en grasas llevó a que el 80% de ellas desarrollara tumores, un número aproximado al que obtuvo Séralini.

En otro experimento llevado a cabo en los años 70, solo se midió la propensidad a tumores en un periodo de un año y seis meses. ¿Su resultado? El 45 % de las ratas habían desarrollado tumores y en una proporción semejante a la reportada por Séralini: las ratas hembras tenían el doble de tumores que los machos.

En otro experimento que se llevó a cabo en esa década y se publicó en 1979, donde se revelaba que el 81 % de las ratas Sprague Dawley albinas terminaron con tumores en un lapso de tiempo de 2 años.

Esto no es nada sorprendente para los toxicólogos y oncólogos que han trabajado con estas ratas. Hay una amplia literatura de sus distintas incidencias de tumores bajo diversas circunstancias.

¿Qué significa esto? Pues, algo muy sencillo: que en el mejor de los casos, el experimento no es concluyenteNO demuestra que los transgénicos y el Roundup® sean cancerígenos. Es más, este resultado es consistente con otros estudios que demuestran que no hay mayor incidencia estadística de cáncer en animales de laboratorio cuando ingieren transgénicos con o sin Roundup® (véase este artículo y este metaanálisis).

El asunto es todavía peor. Una de las gráficas del artículo parecería indicar que si una rata macho ingiere agua con Roundup®, alargaría su tiempo de vida. Obviamente, este resultado es absurdo, pero demuestra cuan mal diseñado estaba el experimento. No solamente los datos reflejan este patrón, hay otras anomalías (e.g. que mientras más maíz transgénico ingerían las ratas, menor era el tamaño de sus tumores).

Pero si este es el hecho, entonces, ¿por qué no se tiene en cuenta que el grupo control tuvo menos incidencias de tumores que en los demás casos? El problema es que con tantas variables examinadas en el experimento, el tamaño de las muestras para cada caso era demasiado pequeño para establecer una diferencia significativa estadística entre los grupos. Además, dentro del contexto de los demás estudios en torno a las ratas Sprague Dawley albinas, se puede sostener que el Roundup® y el maíz transgénico no conllevaron incremento alguno estadístico en cuanto a las incidencias de tumores.

Aun con todo esto, Séralini concluyó que la evidencia parecía indicar que el maíz transgénico y el Roundup® aumentaban las incidencias de tumores en las ratas (¡!) (Séralini et al., 2012, p. 4230).

Por eso, se señaló que los datos del experimento estaban mal analizados y mal evaluados y que obviamente la conclusión era estaba errada.

El que esté satisfecho con esta explicación para descartar este experimento como genuino, siéntase en la libertad de saltar a la próxima sección. Los que se quieran quedarse para conocer cuáles son las demás objeciones del llamado “estudio”, pueden quedarse un ratito más:

  1. Séralini no siguió la guía europea (de la OECD) para establecer grupos controles adecuados, algo que, como hemos visto, vició el experimento desde punto de vista de su diseño.
    .
  2. En su aviso de declaración de conflictos de intereses, a Séralini se le olvidó señalar que CRIIGEN y la Fundación para el Progreso Humano, dos organizaciones antitransgénicas, financiaron su estudio.
    .
  3. Algunos han planteado que Séralini y su equipo pudieron haber cometido distintas faltas de código de ética en relación con las ratas, debido a que (¿por motivos puramente publicitarios?) dejó crecer sus tumores hasta el extremo y sin ponerlas a dormir en un cierto tiempo razonable. Esto es cruel por infligir sufrimiento innecesario para dichos animales de laboratorio (véase Arjó et al., 2013).

Más reacciones …

No solo los científicos se molestaron, sino también la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA por sus siglas en inglés) tronó contra el artículo publicado y expresó lo siguiente:

The assessments of Member States and EFSA revealed an overall agreement. The study as reported by Séralini et al. was found to be inadequately designed, analysed and reported. The authors of Séralini et al. provided a limited amount of relevant additional information in their answer to critics published in the journal Food and Chemical Toxicology. Taking into consideration Member States’ assessments and the authors’ answer to critics, EFSA reaches similar conclusions as in its first Statement (EFSA 2012). The study as described by Séralini et al. does not allow giving weight to their results and conclusions as published. Conclusions cannot be drawn on the difference in tumour incidence between treatment groups on the basis of the design, the analysis and the results as reported. Taking into consideration Member States’ assessments and the authors’ answer to critics, EFSA finds that the study as reported by Séralini et al. is of insufficient scientific quality for safety assessments. EFSA concludes that the currently available evidence does not impact on the ongoing re-evaluation of glyphosate and does not call for the reopening of the safety evaluations of maize NK603 and its related stacks. EFSA’s evaluation of the Séralini et al. article is in keeping with its role to review relevant scientific literature for risk assessment on an ongoing basis to ensure that the advice it provides is up-to-date.

Ante todas las objeciones presentadas por científicos expertos, por la EFSA y otros, la revista Food and Chemical Toxicology procedió a retirar el artículo.

Estudio retirado

Estudio retirado

Obviamente, los movimientos antitransgénicos respondieron con su usual Reductio ad Monsantum.

De muerto a zombi

Como frecuentemente ocurre en el movimiento antiOGM y otros bien característicos de algunas seudociencias, no importa cuan malos hayan sido estos experimentos y se hayan demostrado su falsedad a saciedad, pueden convertirse en la bandera de alguna causa. Lo otro que ocurre es que suelen convertirse en lo que el médico David Gorski llama “estudios zombis“, es decir, unos “estudios” hartamente refutados que “reviven” después de muertos.

Séralini y su equipo no se dieron por vencidos. Lo que hicieron fue hacer unas modificaciones cosméticas al estudio para volverlo a publicar en otra revista académica, en esta ocasión en la Environmental Sciences Europe.  Lo que es extraño es que en esta ocasión se dio a conocer sin arbitraje por pares (peer-review), algo que no es usual. El argumento que esgrimió la junta editorial de la revista es que no lo necesitaba porque ya había sido arbitrado por Food and Chemical Toxicology. Lo otro que llama la atención, es que en esta segunda ocasión, Séralini corrigió su conclusión y afirmaba que sus resultados no eran concluyentes. Desgraciadamente, llega a la convicción correcta cuando el daño social vía los medios ya está hecho y el estudio previo con sus conclusiones incorrectas se ha convertido en un estandarte de los militantes antiOGMs.

Desde entonces, Séralini y otros han utilizado este mismo estudio para sustanciar otros alegatos en torno a los OGMs y Roundup®.

A pesar de que hoy día algunos científicos utilizan el artículo de Séralini para mostrar cómo no llevar a cabo un experimento, alguna gente en Puerto Rico y en el mundo siguen pregonando a su favor como si hubiera sido (como dirían en inglés) el “smoking gun” contra Monsanto y el daño que “representan” los OGMs.

Lo más triste es que algunos partidos políticos de Puerto Rico y varios grupos ecologistas están bien conformes con un experimento rechazado por la inmensa mayoría de los científicos a nivel mundial. Sin lugar a dudas, esta actitud es un genuino ejercicio del negacionismo contra las ciencias.

Referencias

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Monsanto culpable de ecocidio … gracias a un tribunal de embuste

¿Juicio a Monsanto?

Imagen que hago disponible al dominio público.

El año pasado se constituyó en la Haya un tribunal para juzgar a la empresa multinacional Monsanto por crímenes contra la humanidad y ecocidio.  En esta semana, alcanzó una determinación en torno a Monsanto y que pudimos predecir, sin guille alguno de ser síquicos, que Monsanto iba a salir culpable.

¡Claro!  Una de las cosas que revelan el nivel de  “seriedad” y “objetividad” de todo el proceso que se llevó a cabo es el hecho de que se le invitó a personal de la compañía a testificar… ante un panel que estaba bajo un cartel que decía “Mon$anto” con signo de dólar y utilizando la letra “Comic Sans” (algo que es más apropiado para Pre-Kinder o para la empresa creadora de crayolas para niños, pero no para un tribunal que pretende ser serio).

Logotipo del

Logotipo del “Mon$anto Tribunal”

La empresa Monsanto hizo muy bien al decidir no participar en lo que a todas luces era una farsa.

Lo triste es que esta es una de las muchas instancias en que hay una lucha entre industrias que solo quieren dinero, pero se disfrazan de “justicia social”. La industria orgánica, que es prácticamente la que organizó este fraude, lucha muy bien y efectivamente mediante la explotación de la falacia de la apelación a lo natural. Obviamente, no están juzgando a Monsanto, sino a la ficción que dichas empresas han forjado y que a todas luces “confirmó” en dicho juicio en La Haya.

No se movió un solo dedo para al menos ofrecer un mínimo de evidencia positiva de alguna contribución ambiental por parte de la empresa. Por ejemplo, la venta de productos transgénicos que producen Bt y que protegen a los cultivos de ciertos insectos es una instancia. Esto ha ayudado a reducir considerablemente el uso de insecticidas, lo que simultáneamente, ha impedido mayores emisiones de bióxido de carbono al medio ambiente. El uso del glifosato, una sustancia degradable, de muy baja toxicidad y no carcinógena, ha sustituido una enorme cantidad de herbicidas de igual o mayor grado de toxicidad para los cultivos y la salud humana (para mayores detalles véase el artículo del Credible Hulk al respecto).

El impacto de la adopción de transgénicos por los agricultores.

El impacto de la adopción de transgénicos por los agricultores. Los resultados se refieren a los cultivos genéticamente modificados incluyendo a los tolerantes a herbicidas y resistentes a insectos. *** indica significación estadística al nivel de un 1 % (Fuente: Klümper & Qaim, 2014).

Reducción del uso de Alachlor

Reducción del uso de Alachlor para maíz y soya (Fuente: US Geological Survey — Departamento del Interior de Estados Unidos).

Reducción del uso de Fluazifop

Reducción del uso de Fluazifop para la soya y el algodón (Fuente: US Geological Survey – Departamento del Interior de los Estados Unidos)

Reducción del uso de Metolachlor para el maíz y la soya

Reducción del uso de Metolachlor para el maíz, pasto y paja (Fuente: US Geological Survey – Departamento del Interior).

La reducción temporera del uso de Metribuzín

La reducción temporera del uso de Metribuzín para soya, vegentales y frutas (Fuente: US Geological Survey – Departamento del Interior de Estados Unidos)

Reducción del uso de Nicosulfuron

Reducción del uso de Nicosulfuron para el maíz (Fuente: US Geological Survey – Departamento del Interior de Estados Unidos)

Uno de los pocos herbicidas cuyo consumo no se ha reducido, desgraciadamente, es el del atrazín, que es considerado por la EPA un posible cancerígeno y que se degrada muy lentamente.

La reducción considerable del uso de pesticidas en general (especialmente en el caso de los insecticidas), el poquísimo esfuerzo que se requiere para utilizar el glifosato y las técnicas de no talado han posibilitado la remoción de cerca de 22.4 mil millones de kilogramos de gases de invernadero que de otra forma estarían presentes por el sector agrícola.  Eso sería el equivalente a remover las emisiones de 10 millones de carros por un año entero (Brookes & Barfoot, 2016, 123-124, 126-128, 148-149). A la misma vez, se evita la erosión de los suelos, aumenta la producción en menos área de terreno, lo que implica a su vez la conservación de ecosistemas naturales que no serán impactados por la agricultura.

En otras palabras, los productos de Monsanto (y, vale decir, de otras compañías) han prevenido un desastre ambiental que ciertamente hubiera ocurrido sin la presencia de las diversas tecnologías hoy utilizadas en la agricultura.

Aclaramos que eso no significa, que Monsanto alcanzó un nivel de autosostenibilidad que necesita la agricultura. En el presente no existe ninguna agricultura que sea autosostenible y a la vez permanezca a la par con la aspiración de la reducción de pobreza a nivel mundial dentro del contexto de una población mundial en constante aumento. Por ello, todavía hace falta maximizar los recursos provistos por la ingeniería química, la ingeniería genética y fomentar ciertas técnicas agrícolas para conservar el terreno y reducir el uso de abono y agua para los cultivos. Ciertamente, como ya hemos indicado, la agricultura orgánica está muy lejos de llegar al nivel de satisfacción del mercado de la llamada “agricultura convencional” ya que su rendimiento es marcadamente bajo y, en algunos casos, empeora la situación del empobrecimiento de los suelos y agrava otros problemas mediantes pesticidas orgánicos  (como el uso del cobre como fungicida en viñeros orgánicos) o insecticidas orgánicos que amenazan a los polinizadores (como el pyrethrin, la rotenona, el azadirachtin y el spinosad).

Ahora bien, al mal llamado “Monsanto Tribunal” no le importa en absoluto todos estos estudios que corroboran los hechos mencionados arriba, aun cuando provengan de gobiernos y fuentes independientes. No podemos decir que Monsanto jamás haya afectado al medio ambiente. La antigua Monsanto fue una de las compañías que ayudó a la creación del agente naranja (aunque el mayor responsable de ello fuera el Departamento de Defensa de Estados Unidos). y sintetizó el químico Alachlor, mercadeado bajo la marca “Lasso”, que se usó en la agricultura en Europa hasta que  fue prohibida debido a efectos tóxicos.

Sin embargo, ¿de allí a un ecocidio?  ¡Por favor!  Hay empresas a nivel mundial que han hecho peor que Monsanto … miles de veces peor.  Por ejemplo, las empresas relacionadas con las computadoras han fomentado el tipo de minería de extracción de metales pesados y sustancias tóxicas que  han matado a personas o las ha sometido a la esclavitud o han utilizado servidumbre infantil. No hemos visto tribunales (aunque sean de mentiras) contra ellas … tal vez porque el tener computadoras, tabletas y móviles es demasiado conveniente para esas personas “amantes de la naturaleza”. La empresa Exxon ha fomentado el negacionismo de la autoría humana del cambio climático, promoviendo cuando puede el consumo de carbón a nivel mundial. Nótese que tampoco ha habido un “Exxon Tribunal” para esa empresa, a pesar de que bastante prueba de sus actividades anticientíficas han salido a relucir durante esta y la pasada década. Las consecuencias de lo que ha hecho esta empresa han sido nada menos que nefastas, especialmente en un momento como el actual en el que el cambio climático es un asunto que necesita atenderse con urgencia.

Lamentablemente, todo este espectáculo del “Mon$anto Tribunal” no es otra cosa que una manera de decirle al público que en “La Haya” se condenó a Monsanto por crímenes contra la humanidad. Así, se confunde a los oyentes cuando dichas cabecillas aleguen que “Se encontró culpable a Monsanto de ecocidio y crímenes contra la humanidad en un tribunal de La Haya”, sin decirle que dicho suceso no fue en el Tribunal Internacional de la Haya.

Y mientras se gastan energías en esa pérdida de tiempo y dinero, en Tanzanía se quemó toda una siembra de maíz resistente a la sequía, por la sencilla razón de que era transgénico. Esa acción garantiza que ni en África ni en California se siembre algo que podría representar mayores ingresos a los agricultores y así aliviar el problema del hambre en temporada de sequía. De paso, ayudaría a reducir considerablemente el enorme consumo de agua por el sector agrícola. Todavía en Uganda se sigue luchando contra la marchitez del guineo, del que sí existen remedios vía la transgénesis artificial para lidiar con el problema.

Una vez más, los “verdes” pueden comer bien mientras condenan a mucha gente a que siga pasando hambre.

¡Qué desgracia!

Referencias

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No ha habido incremento significativo de casos de autismo

Campaña de concienciación sobre el autismo

Campaña de concienciación sobre el autismo

En años recientes se ha desatado una campaña de concienciación en cuanto al tema del autismo. Esta noción de “autismo” ha evolucionado por décadas y hoy es conocido por el nombre de “trastorno del espectro autista” (TEA en castellano o ASD por sus siglas en inglés). Hoy día podemos entender que no hay un solo tipo de manifestación de “autismo”, sino que hay distintas formas de mostrarse en los niños. Según el portal “Espectro Autista“, podemos citar a la siquiatra Lorna Wing cuando nos dice que el TEA…

…abarca desde las personas más profundamente retrasadas, tanto física como mentalmente… hasta las personas más capaces, realmente inteligentes pero con grandes dificultades sociales como su única y sutil discapacidad. Se superpone con las dificultades de aprendizaje y se difumina en la excéntrica normalidad.

¿Qué es el TEA exactamente? Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH por sus iniciales en inglés), le caracteriza de la siguiente manera:

El ASD es un trastorno neurológico y del desarrollo complejo que se manifiesta en la infancia y afecta cómo una persona actúa e interactúa con otras, se comunica y aprende. El ASD afecta la estructura y el funcionamiento del cerebro y el sistema nervioso. Dado que afecta el desarrollo, el ASD se considera un trastorno del desarrollo. El ASD puede estar presente durante toda la vida de una persona.

Las personas con este trastorno tienen:

  • problemas para comunicarse e interactuar con otras personas;
  • intereses restringidos y conductas repetitivas.

Diferentes personas con autismo pueden tener síntomas diferentes. Por este motivo, el autismo se conoce como un trastorno espectral, es decir, que hay una gama de características similares en personas diferentes con el trastorno. En este sitio web se utilizan “ASD” y “autismo” con el mismo significado.

El autismo constituye uno de los más grandes temores de los países industrializados del siglo XXI, junto al cáncer, la obesidad, la diabetes, la alergia al gluten, la celiaquía, la envenenamiento por químicos, entre otros. El miedo al TEA no es uno que sea necesariamente irracional. Uno no quiere que su hijo o hija, hermano o hermana, amigo o amiga viva en una dificultad para convivir socialmente, desenvolverse y poder laborar normalmente.

No obstante ello, existen los recursos científicos para ayudar a aquellos padres que deseen lidiar con este problema singular. Sin embargo, los medios de comunicación y la sociedad en general han sido las cómplices (sabiéndolo o no) de la explotación de estos miedos y, muy especialmente, de estos niños autistas. En Francia, algunos sicoanalistas los utilizan para confirmar las versiones más descabelladas propuestas en ese campo, a expensas de lo que se ha descubierto en torno al tema a nivel clínico y experimental.

En otros casos, podemos encontrar la iglesia Genesis II, promotora del MMS (creada por un exseguidor de la Iglesia de la Cienciología, Jim Humble), que le vende a los padres la idea de curar a los niños autistas mediante un enema de cloro. La más grande propulsora de este tipo de actividad es Kerri Rivera, quien ahora anda fugitiva en México debido a unas causas para arresto  por diseminar dicho mensaje altamente perjudicial para los niños autistas. Muchos ya han sido víctimas, con consecuencias en ocasiones letales.

Por cierto, no podemos olvidar que el movimiento March Against Monsanto en Estados Unidos solía promover este tipo de remedios para los niños autistas como alternativa a “Big Pharma” y (¡obviamente!) “Monsanto” (¡acuérdense que Monsanto tiene que estar metido en todo, aunque realmente no lo esté!). Agradecemos que eventualmente se diera cuenta del error irresponsablemente cometido para terminar su promoción. Sin embargo, gracias a su apoyo temporero mediante su diseminación por las redes sociales, ahora la iglesia del MMS está explotando a los pobres de Uganda, de donde proceden falsos reportes de alegadas curaciones.

March Against Monsanto y la Iglesia MMS

March Against Monsanto promocionando en Facebook a Kerri Rivera y los enemas de cloro para los niños autistas.

En este blog también hemos denunciado la utilización de los niños autistas y de los temores sociales al autismo para fomentar causas anticientíficas y que desembocarán en mayores males. Este ha sido el caso de personas como Stephanie Seneff, quien se especializa en publicar artículos de dudosa validez científica, prácticamente todos ellos fundamentados en recopilaciones de datos —lo que se conoce en inglés como p-hacking—  con el propósito de establecer correlaciones donde muy probablemente no hay relaciones causales. Personas como Seneff y sus colegas, se dedican a emitir comunicados de prensa que tienen la intención de impresionar al público para que piense que estos datos implican una fuerte correlación entre ciertos químicos y diversas enfermedades, aunque ellos no hayan hecho los experimentos requeridos para poner a prueba la posible causación. Usando la metodología de Seneff, podemos establecer el altísimo nivel de correlación entre la cantidad de personas que han muerto al caerse de sus camas en Estados Unidos y la cantidad de abogados en Puerto Rico. Evidentemente, se quiere dar la impresión de un nexo causal, pero la correlación es pura coincidencia estadística.

Correlación espúrea

Gráfica por Tyler Vigen (http://www.tylervigen.com/spurious-correlations), CC-BY 4.0

De la misma manera, se podría argumentar que la cantidad de glifosato que se aplica al maíz y la soya transgénicos se puede correlacionar (casi perfectamente) con el aumento de TEA en la población estadounidense, tal y como sugieren Stephanie Seneff y sus colegas al implicarlo con la siguiente gráfica:

Glifosato & autismo

Correlación entre el aumento del uso de glifosato y las incidencias de autismo. Fuente: Swanson et al., 2014, p. 27.

Sin embargo, como discutimos en otra entrada de nuestro blog, este tipo de correlación puede ser engañoso si no se hacen las debidas cualificaciones. No obstante ello, se sigue alegando de que el aumento del TEA a nivel mundial puede darse parcialmente por el aumento del uso del glifosato como herbicida en cultivos de transgénicos. Seneff, abusando el prestigio del Massachusetts Institute of Technology (MIT), nos predice que para el año 2025, la mitad de los niños estadounidenses será autista por ello.

Igualmente ocurre en días recientes, en parte gracias a la elección del empresario Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, un negacionista de la seguridad de las vacunas. Con él, se abre de nuevo la discusión del tema seudoproblemático de la vinculación entre las vacunas MMR y el TEA. Podemos señalar a los protagonistas actuales de la esfera pública en este seudodebate en Estados Unidos, a saber: Robert Kennedy, Jr., Robert De Niro y la misma Seneff. Trump parece haberle sugerido a Kennedy que forme parte de una comisión para estudiar “el caso”.

Robert Kennedy, Jr., Robert De Niro y Stephanie Seneff

Robert Kennedy, Jr. (foto cortesía de R. Kennedy, Jr.), Robert De Niro (foto cortesía de Georges Biard) y Stephanie Seneff (foto cortesía de Inner Eye).

Seneff ha añadido el elemento de la vacunación como contribuyente al llamado “aumento” del TEA. Robert Kennedy, Jr. y Robert De Niro han suscrito el trabajo descreditado y desprestigiado de Andrew Wakefield  que pretendía argumentar que el timerosal enlaza a la vacuna MMR con el TEA (Wakefield, et al, 1998).  En el caso particular de De Niro, promovió el documental conspiracionista Vaxxed: From Cover-Up to Catastrophe para que se presentara en el Sundance Film Festival.

Tan reciente como ayer, Kennedy y De Niro publicaron un comunicado de prensa en el que ofrecen una cierta cantidad de dinero ($ 100,000) para la persona que demuestre que las vacunas son seguras. A los dos se les olvida que nadie puede probar con absoluta certeza de que alguna medida de política pública sea 100% segura. Lo que sí puede hacerse es un análisis de riesgos para tomar aquellas medidas que sean las más seguras para el público en aras de evitar un riesgo mayor. El riesgo de enfermedad por la vacunas MMR es ínfimo, casi inexistente, en relación con el genuino peligro letal que representan enfermedades como la gripe o la polio. De hecho, este es un seudoproblema en otro sentido muy importante: a pesar de que no hay evidencia alguna de que las vacunas con timerosal causen autismo, dicha sustancia ha estado ausente de las vacunas MMR desde hace algunas décadas (desde 1992 en Dinamarca, desde el 2001 en Estados Unidossin impacto alguno sobre el aumento de incidencias de TEA.

Si este es el caso, entonces la pregunta es, ¿qué causa el TEA?

Posibles causas del TEA

Por lo pronto, nadie sabe con absoluta certeza todos los elementos del complejo de causas del TEA. Sin embargo, ya se ha podido demostrar que una gran parte de la causa parece ser genética. Una de las primeras señales de ello se pudieron observar en estudios de casos de gemelos separados al momento de nacer. Cuando uno de los gemelos era autista, aumentaba significativamente la probabilidad de que el otro también lo fuera (véase también este estudio). Hoy día, la evidencia científica parece indicar fuertemente que son múltiples genes los responsables del fenómeno del TEA (e.g. este estudio y este).

Pueden haber diversos factores prenatales y ambientales que posibilitan el autismo que van de la diabetes materna, la edad de los padres, la exposición a ciertos químicos, entre otros. No se ha podido demostrar la vinculación entre la vacunación y el incremento gradual del TEA a través de los años. Una de las más recientes revisiones científicas que se hizo de la literatura al respecto, que da cuenta del análisis de 1.26 millones de casos de niños investigados, concluye que no hay tal nexo.

Sin embargo, a pesar de todos estos factores cabe preguntarse, a qué se debe entonces el aumento del TEA que se ha estado reportando durante las últimas décadas. Varios estudios comparativos y revisiones científicas parecen indicar que la razón de ello se debe a lo que este servidor llama un “espejismo estadístico”. Parece ser que el aumento dramático se debe a una mera reclasificación de otras enfermedades mentales al TEA (véase también este artículo y este). En tal caso, el aumento de la tasa de incidencia de TEA puede ser ínfimo o inexistente.

Girirajan_graph_7-2015

Imagen cortesía de la Penn State University.

Se hizo un estudio ejemplar en Dinamarca y encontró que el aumento de más del 60% de las incidencias del TEA reportados se debe a dicha reclasificación.

Finalmente, hace 3 años atrás, salió a la luz un estudio que hace un análisis comparativo en torno a la pregunta de si realmente ha habido un aumento significativo de la tasa de incidencias del TEA una vez aclarado el factor de la reclasificación. Su resultado indica que no es así. Al contrario, dicha tasa ha permanecido estable durante los últimos 20 años (7.5 por cada 1000 personas desde el 1990 hasta el 2010). Steve Novella explica más al respecto.

Conclusión

Contrario a lo que se ha propagandizado por muchos partidarios antivacunas, antitransgénicos, antiglifosato, anti … de todo, no ha habido aumento alguno de la tasa de población autista en el mundo. El aparente crecimiento de incidencias del TEA es solo eso, un espejismo, el número de personas que caen bajo el espectro autista ha permanecido estable, el resto es más bien producto de un proceso de reclasificación de otras enfermedades mentales a TEA. Todo lo demás no es otra cosa que pura histeria fomentada por personas mal informadas o por sociópatas que se lucran de explotar a los autistas, especialmente a los niños.

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Referencias

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Bayer compra a Monsanto y lo que eso implica

Bayer & Monsanto

Recientemente, la multinacional Bayer compró a Monsanto por $66 millardos. Inmediatamente, todos los sectores sociales reaccionaron, desde el mercado hasta los grupos verdes. Aunque este se puede considerar el “final” de Monsanto, los antiOGMs no salieron a celebrar la ocasión. De hecho, la compra de la “todopoderosa” Monsanto, que según algunos ingenuos en las redes sociales tenía el monopolio de todos los alimentos del mundo, fue adquirida por una más gigante.
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Monsanto no era tan grande

Como he argumentado en otro lugar, contrario a lo que muchos han supuesto, Monsanto era gigante, pero su tamaño era realmente modesto cuando se le compara con otras gigantes. Una tabla comparativa pone en perspectiva este punto, también enlazaré cada dato con su respectiva documentación:

Compañía Activos (millardos) Ingresos Netos (millardos)
Monsanto $ 23.457 (2014) $ 14.361 (2013)
Syngenta AG $ 19.929 (2014) $ 15.134 (2014)
Bayer AG € 51.34 ≈ $ 66.02  (2012)  € 39.76 ≈ $ 51.13 (2012)
DuPont  $ 51,449 (2013) $ 35.734 (2013)
Dow Chemical $ 69.501 (2013) $ 57.080 (2013)
Archer Daniels Midland $ 43.752 (2013) $ 89.804 (2013)
BASF € 71.36 ≈ $ 94.76 (2014) € 74.33 ≈ $ 98.71  (2014)
Agrium $ 17.108 (2014)  $16 (2014)

Como podemos ver, Monsanto no era tan poderosa como muchos de sus detractores quieren presentarla y está muy lejos de haber monopolizado los alimentos a nivel mundial. Al contrario, Monsanto solo concentraba sus esfuerzos en productos agrícolas rentables (“cash crops“) tales como el maíz, la soya, la canola, entre otros.
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Razones para la fusión

Sobre la fusión, no hay gran misterio. Para octubre del año pasado (2015), Monsanto estaba perdiendo dinero. Hay varias razones para ello, he aquí las más citadas en el ámbito del mercado:

  • Un factor que se menciona es el hecho de que hubo un descenso dramático del costo del maíz y la soya, dos de los productos mejor vendidos por Monsanto, especialmente en sus modalidades transgénica Bt, Roundup Ready o ambas. También bajó el precio del trigo, trabajado por Monsanto experimentalmente para crear su vertiente transgénica. Sencillamente, el mercado está saturado de algunos cash crops y eso afectó su bolsillo.
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  • Los agricultores estadounidenses están experimentando una baja en ingresos. En agosto del año pasado (2015), el mismo Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) proyectaba una reducción de aproximadamente el 36%. ¿Cuán serio es este problema? El periódico, The New York Times, cita a un agricultor estadounidense:

    “We’re producing our crops at a loss now, just like the oil guys are pumping oil at a loss,” Mr. Halcomb, who grows corn, soybeans, wheat and barley on his 7,000-acre family farm, said by telephone on Wednesday. “You can’t cut your costs fast enough.”

    Debido a esto, los agricultores han reducido su compra de las semillas en general, por lo que hay una reducción en el sector agrícola.
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  • Monsanto pensaba adquirir a su rival Syngenta por $46 millardos y expandir su sector de pesticidas. Esta fusión no se concretizó.

Ante este panorama, la conocida empresa de agroindustria tuvo ante sí un futuro bastante sombrío.

Por otro lado, tiene otra serie de dificultades en términos de relaciones públicas. Como he indicado en otra entrada, el Monsanto existente es otra compañía distinta al antiguo Monsanto. Aun así, el segundo Monsanto decidió llevar el nombre del antiguo y, con este, la carga de casos en su contra (merecida o inmerecidamente). Además, llevó también consigo la mala reputación del antiguo, por lo que esta empresa agrícola se veía en el discurso público tras los lentes de la empresa química. A pesar de que su producto estrella, el glifosato (marca comercial Roundup®) ya no estaba patentado y había otras empresas como Bayer y DuPont vendiéndolo a los agricultores, se intentaba demonizar al glifosato por el mero hecho de estar vinculado históricamente a Monsanto. A esto se le añade un falso tribunal a celebrarse este año que “juzgará” en la Haya  a Monsanto por “crímentes contra la humanidad”, aunque, en mi opinión, es todo un espectáculo. Organizaciones seudocientíficas como “Nada santo sobre Monsanto” y “March Against Monsanto” dedican todas sus energías desprestigiar a esta compañía. ¡Y no hablemos de la cantidad de documentales de poca o ninguna credibilidad contra Monsanto y los transgénicos en general! Este problema de relaciones públicas no ha podido ser superada por la empresa y hace de su nombre la fuente innecesaria de estas molestias. Su fusión con Bayer, elimina esta dificultad.

Lo que es raro en muchos análisis es que no se mencione todavía un problema común que tienen Bayer y Monsanto. Estas dos empresas no son las únicas en proceso de fusión, sino  que también lo están haciendo Dow y DuPont por una suma de $130 millardos. No hay seguridad de que esta actividad se consuma, dada la preocupación de las autoridades de regulación en la Unión Europea y los Estados Unidos. También significa un verdadero golpe para la inversión en investigación y desarrollo de esas compañías.
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Factores que debemos vigilar

El futuro del glifosato y la marca Roundup®

Lo obvio es comenzar por una preocupación básica en el mundo de la agricultura: el futuro de la marca Roundup y el famoso glifosato. Como hemos dicho, después que caducó la patente de Monsanto sobre este herbicida, Bayer produjo sus propios productos con glifosato para los agricultores que lo desearan. Así, esta y otras empresas (tales como DuPont, Dow y Syngenta) se volvieron competidoras de Monsanto.

Sin embargo, en años recientes, Bayer a mostrado una ambivalencia en torno a esta sustancia y sacó su producto de circulación en Estados Unidos, aunque no en Gran Bretaña. Reconoce que es un buen herbicida, pero señala el problema de las malezas resistentes a glifosato, que ha aumentado considerablemente en Estados Unidos y en el mundo a medida que pasan los años.

Cuando Bayer hace este planteamiento, hay que tomarle en serio. La compra de Monsanto por esta multinacional coincide con una publicación reciente que hace un estudio científico en torno a los efectos de los cultivos transgénicos sobre medio ambiente. He aquí su ficha:

Perry, E. D., Ciliberto, F., Hennesy, D. A. & Moschini, G. (2016, 31 ago.). Genetically engineered crops and pesticide use in U.S. maize and soybeans. Science Advances, 2, 8,  e1600850. doi: 10.1126/sciadv.1600850.

Este trabajo nos revela que gracias a las variantes Bt de varios cultivos, ha habido un descenso dramático de aplicación de insecticidas a los cultivos. Sin embargo, por el uso constante del glifosato, el problema de la resistencia de malezas se vuelve un verdadero problema para el medio ambiente. A medida que aparecen más malezas de este tipo, más los agricultores se ven en la necesidad de combinar el glifosato con otros químicos para prevenir su aparición en los cultivos. Este punto es importante debido a la necesidad de desarrollar técnicas de no labranza (no till) para evitar la erosión del suelo y su secuestro de carbono. Los cultivos de transgénicos resistentes a glifosato han podido facilitar esta práctica.

A la luz de ello, ¿cuál va a ser la política de Bayer al respecto? Tendremos que esperar, pero se sabe que ha diseñando un programa conocido como Respect the Rotation™, con la que no solo promueve la rotación de cultivos, sino también la rotación de sus características de resistencias a pesticidas y la rotación de pesticidas. ¿Utilizará Bayer la marca Roundup® para estos fines o utilizará la de Liberty®? ¿Creará o utilizará otros pesticidas para evitar estos tipos de malezas? Veremos qué ocurre en los próximos meses.
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El algodón Bt en la India

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Foto cortesía de Yann, en Wikimedia.org

A pesar de la diseminada leyenda urbana del vínculo de Monsanto con los suicidios de los agricultores en la India, en realidad este sector social ha notado una mejoría de ingresos y de calidad de vida por la presencia del algodón Bt en sus vidas. Aun así, hay quejas de agricultores que  desean utilizar la tecnología, pero que no quieren pagar los altos costos de las semillas de algodón Bt. En negociaciones con la multinacional, esta se ha negado a reducir los precios so pretexto de que la producción de estas semillas no eran rentables por los costos del desarrollo de nuevas variedades de Bt, tales como Bollgard II Roundup Ready Flex. El gobierno indio sospecha que más bien, los altos costos responden al monopolio que tiene la multinacional sobre la producción de algodón. Ante el tranque de negociaciones, Monsanto rehusó renovar us licencias para la venta de su nuevo producto.

 El gobierno indio decidió en el año 2015 fijar los precios del algodón Bt para beneficio de los agricultores y fomentar el algodón nativo (Desi kapaas). Esto representa un nuevo reto para Bayer. ¿Podrá Bayer reducir los costos de las variedades de algodón Bt? ¿Consideraría Bayer y otras compañías competir por los precios de algodón promovidos por el gobierno indio? Este asunto lo veremos en los próximos años.
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Lo que sí podemos saber

Mientras el público especula sobre el futuro, lo que sí sabemos es que Bayer desea invertir mucho más en la industria agrícola, tal como lo deja saber su página en torno a su adquisición de Monsanto: su objetivo es la consecución de una agricultura sostenible (o al menos eso nos quiere mostrar). Además, la compañía piensa invertir una gran cantidad de capital en investigación y desarrollo. ¿Cuál va a ser su curso de acción para esas aspiraciones? Veremos en los próximos meses.

¿El glifosato vinculado al autismo y todas las enfermedades modernas?

Stephanie Seneff

Stephanie Seneff. Foto cortesía de Inner Eye. CC-BY 3.0 Unported.

En nuestro segundo artículo de este blog, respondí a unos planteamientos en torno a la relación de Hillary Clinton con Monsanto. Allí hice una breve referencia a los estudios de Stephanie Seneff, a la  que las agrupaciones antitransgénicos en general han abrazado acríticamente.

Aunque no pensaba escribir nada al respecto esta semana (y descansar del tema de los OGMs y concentrarme en el tema de la neurología y la Parguera), un muy querido amigo me señaló ese estudio, un artículo extenso que intentaba vincular el glifosato con toda una serie de enfermedades tales como el Parkinson, el autismo, la diabetes, el cáncer, entre otros.

Para cierto sector del público, estos estudios adoptan casi el carácter de “prueba irrefutable” de que el glifosato debe ser prohibido en Puerto Rico y en otros lugares del mundo. Esta ha sido la posición de María de Lourdes Santiago en el Senado y el PIP como partido, al igual que el de otros grupos políticos tales como el PPT, algunos en el PPD y, sospecho, que en el PNP. Todas las denuncias descansan exclusivamente en estos estudios. Hay otros artículos que “confirman” los de Seneff, aunque podrían describirse mejor como unos reciclados más elegantes que han sido publicados en revistas de pobrísima reputación.

Seneff ha escrito mucho, pero prácticamente todos sus artículos tienen exactamente los mismos defectos. No podemos analizarlos todos, así que en nuestra exposición haremos un análisis de dos de ellos y descubriremos por qué nadie (como diría el Lic. Ignacio Rivera, es “NADIE” con acento en la “N” de “ŃADIE“) en la comunidad científica le da el menor crédito (con excepción tal vez de dos o tres científicos activistas). También descubriremos por qué hasta una periodista anti Monsanto poco le faltaba para caracterizar a uno de los estudios de Seneff como “ciencia basura”. Lo siguiente que voy a presentar ha sido expuesto ya por científicos competentes (a los que citaré o enlazaré), pero intentaré exponer sus argumentos aquí lo mejor posible en “arroz y habichuelas” para beneficio del público.
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La ficha del primer artículo bajo evaluación

Comencemos con la ficha del artículo:

Samsel, A. & Seneff, S. (2013, April 18). Glyphosate’s Suppression of Cytochrome P450 Enzymes and Amino Acid Biosynthesis by the Gut Microbiome: Pathways to Modern Diseases. Entropy, 15, 1416-1463. doi: doi:10.3390/e15041416.

Se puede acceder en esta página del portal de la revista Entropy:  http://www.mdpi.com/1099-4300/15/4/1416.
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Los primeros problemas del artículo

¿Quiénes son Anthony Samsel y Stephanie Seneff? El primero se identifica como un científico independiente y consultor sobre contaminación industrial. Datos que están disponibles en el ciberespacio nos revelan que él se jubiló aparentemente en el 2012, aunque parece seguir contribuyendo con su asesoría a grupos ambientales. Seneff se identifica como académica que trabaja en el Laboratorio de Ciencias Computacionales e Inteligencia Artifical en el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Seneff en particular no es especialista en toxicología.

Acto seguido, la misma editorial de la revista Entropy nos lanza esta advertencia:

Note added by the Publisher: The editors of the journal have been alerted to concerns over potential bias in opinions and bias in the choice of citation sources used in this article. We note that the authors stand by the content as published. Since the nature of the claims against the paper concern speculation and opinion, and not fraud or academic misconduct, the editors would like to issue an Expression of Concern to make readers aware that the approach to collating literature citations for this article was likely not systematic and may not reflect the spectrum of opinions on the issues covered by the article. Please refer to our policy regarding possibly controversial articles.

En otras palabras, ya de entrada la misma editorial nos dice que los “hallazgos” de Samsel y Seneff no llegan a nivel fraude, pero en el mejor de los casos son “speculation and opinion“, así que no estamos hablando del resultado de experimentación que realmente se llevó a cabo. Es más, nos dice que los lectores tienen que tener en cuenta que el estudio muestra una posición prejuiciada y que NO fue sistemático a la hora de citar la literatura científica.

Esto no es nuevo en el caso de Stephanie Seneff. En otra ocasión publicó otro artículo en Entropy donde establecía el vínculo entre ciertas vacunas y el autismo, aun cuando las mejores revisiones científicas y metaanálisis han refutado este alegato. Esto también atrajo mucha crítica de los científicos en general y la editorial MDPI puso también este mismo aviso de alerta. Para todos los efectos, la comunidad científica la ve más como una propulsora de seudociencia que otra cosa.

Y hablando de editoriales, ¿dónde se publicó este estudio? En la revista Entropyuna publicación en línea que es de libre acceso y provista por la editorial MDPI. Muchos académicos alrededor del mundo han tenido serias dudas sobre la reputación de la editorial y de la revista en particular. En un momento dado, Jeffrey Beall incluyó a esta editorial como “posible, probable o potencial editorial predatoria”, aunque se vio forzado a retirarlo por una demanda de MDPI.  Desgraciadamente, Entropy tiene la característica de ser una revista cuya temática cubre demasiados temas totalmente dispares, lo que impide un arbitraje por pares (peer-review) efectivo. Tal vez por ello, Seneff ha publicado 6 otros artículos allí además de los dos que hemos mencionado. No sorprende que este artículo de Seneff se haya utilizado como un ejemplo de cómo detectar revistas académicas fraudulentas o de pobre arbitraje por pares.

Ahora, piensen en lo siguiente: Una revista académica de muy pobre calidad dice que el artículo publicado es de muy baja calidad…  ¡Se necesita ser realmente de MUY pobre calidad para llegar a ese nivel!
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El argumento principal del artículo

Glifosato

Representación de la molécula del glifosato.

El artículo se centra en el glifosato y sus efectos inmediatos en el sistema digestivo. Se sabe que esta sustancia inhibe ciertas enzimas necesarias para el metabolismo de las plantas. Esto se conoce bien a nivel molecular y la información sobre ello está libremente disponible al público. Esto lo hace un gran herbicida con un nivel de toxicidad bien bajo en relación con otros pesticidas en el mercado (LD50 = 5,600 mg/kg en el caso de ratas de laboratorio). Algunos han ido más allá y han dicho que esta sustancia es lo más cercano a un “herbicida ideal“.

Sin embargo, lo que llama la atención es que Samsel y Seneff estipulan que las propiedades del glifosato van más allá del mero efecto del metabolismo de las plantas y que también inhibe una enzima conocida como citocromo P450 o CIP 450, una proteína que se pueden hallar en un gran número de bacterias, incluyendo a algunas que se encuentran en nuestro sistema digestivo (pp. 1417-1418, 1425-1427).

¿Llevaron a cabo algún experimento que así lo demuestre? Para sorpresa del lector, realmente no hay ninguno. Se puede buscar en vano todas las páginas del estudio por algún experimento u ofrecimiento de datos nuevos para una discusión científica. No hay ninguno. Solamente se basa en un estudio científico (del que hablaremos más tarde).

No obstante este vacío, los autores alegan que tal inhibición afecta el metabolismo xenobiótico al prevenir que la flora intestinal limpie del sistema ciertas toxinas, particularmente los xenobióticos. En general el hígado humano remueve estas sustancias tóxicas y son expulsadas vía la exhalación, el sudor, la orina y las heces. Según Samsel y Seneff, la inhibición del P450 permite la proliferación de xenobióticos y crea un efecto cascada de intoxicación del cuerpo humano.

En el resumen del texto encontramos la introducción del neologismo “entropía semiótica exógena” (exogenous semiotic entropy). Este término hizo que muchos expertos en el mundo levantaran su ceja escéptica simultáneamente. Mis queridos lectores, ¿no han escuchado ustedes ese término? ¡No se preocupen! Antes de este artículo, ningún científico lo había escuchado antes. Esto levanta en principio serios cuestionamientos en relación con la aserción de que el glifosato es un caso “textbook” de “entropía semiótica exógena”. Habría que preguntar a cuál libro de texto se refieren … antes de este estudio no ha habido libro de texto en el mundo que hablara de ese concepto. ¿De dónde sacan que es un “textbook case“? La frase en sí misma es un sin sentido y se sospecha que probablemente se pensaba utilizar el término “entropía biosemiótica exógena”, es decir, la degradación de señales biológicas por sustancias externas al sistema bioquímico del cuerpo. Sin embargo, por alguna razón, definen el término así:

… the disruption of homeostasis by environmental toxins.

No abunda más en ello y en todo el artículo no aparece elaboración alguna en torno a este concepto de “entropía semiótica exógena”, aunque sí hace varias referencias a la “biosemiótica”.
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El estudio en el que se fundamenta

Si no llevaron a cabo experimento alguno, habría que preguntarse si ha habido alguno que haya demostrado la inhibición del P450 por el glifosato. Aquí nuestros autores se basan solamente en uno (pp. 1426, 1453):

Abass, K., Turpeinen, M. & Pelkonen, O. (2009, Aug.). An evaluation of the cytochrome P450 inhibition potential of selected pesticides in human hepatic microsomes. Journal of Environmental Science and Health, Part B, 44, 6, 553-63. doi:10.1080/03601230902997766. Puede acceder el estudio aquí (no es de libre acceso).

De todas las cientos de referencias que utilizan Samsel y Seneff, esta es la única que ha puesto a prueba experimentalmente el efecto del glifosato con el P450. De acuerdo con este estudio, el glifosato no inhibió ninguna enzima CIP con excepción de la 2c9. Sin embargo, cuando se tiene en cuenta la cantidad tan extremadamente ínfima que es consumida por los seres humanos en los alimentos diariamente, sencillamente no es plausible que el glifosato llegue al nivel de inhibir sustancialmente el CIP2C9. Así lo ha dejado saber bioquímico Derek Lowe.
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El truco: La evidencia de correlación, pero no de causación

Cómo minar datos

Antes de continuar con el tema principal, creo que deberíamos discutir otro experimento que algunos investigadores llevaron a cabo para descubrir unos problemas en los que podrían caer inadvertidamente los científicos si no tienen cuidado.

Hubo un estudio bien particular de Steve Greenberg donde hace una indagación en el tema de lo que se conoce como “el prejuicio del investigador” (researcher bias). Este autor formuló una hipótesis ridícula cuya falsedad no se ha puesto en duda por nadie en la comunidad científica:

La β-amiloide es producida por y hiere a los músculos esqueletales de los pacientes con inclusión de miositis corporal.

No se preocupen por el significado de estos términos, todo lo que tienen que saber es que la comunidad médica sabe que esto es 100% falso.

A pesar de ello, Greenberg demuestra que se puede escoger prejuiciadamente estudios preliminares en revistas académicas (cuya inmensa mayoría está totalmente equivocada) y que, irónicamente, pueden servir de soporte para esta implausible hipótesis.

¿Cómo logró escoger los estudios convenientes? Se pueden identificar cuatro factores que cualquier investigador puede manipular convenientemente:

  1. Las variables a observarse
  2. La selección del momento en que se dejan de colectar los datos
  3. La selección de las comparaciones a llevarse a cabo
  4. La selección del tipo de análisis estadístico

Con la manipulación de estos factores, se pueden minar datos y estudios y con los que puede apoyarse cualquier hipótesis, por más descabellada, ridícula e implausible que sea. De hecho, Matthew Schragg y su equipo encontraron que esto era efectivamente lo que había ocurrido en muchos de los estudios de la enfermedad de Alzheimer que llegaban a manos de los investigadores. Este punto lo presenta de manera bien clara el neurólogo y escéptico Steven Novella.

Mediante esta actividad de minería de estudios y de datos, se pueden establecer una variedad de correlaciones con dudosa vinculación causal. Un gran número de estas son espúreas. De hecho, se ha publicado un libro con gráficas de correlaciones espúreas de este tipo como las siguientes:

Correlación espúrea

Gráfica por Tyler Vigen (http://www.tylervigen.com/spurious-correlations), CC-BY 4.0

Correlación espúrea

Gráfica por Tyler Vigen (http://www.tylervigen.com/spurious-correlations), CC-BY 4.0

Correlación espúrea

Gráfica por Tyler Vigen (http://www.tylervigen.com/spurious-correlations), CC-BY 4.0

Les recuerdo que la razón de por qué Samsel y Seneff recibieron un alerta de la editorial era porque precisamente ellos llevaron a cabo una minería de datos y estudios para establecer lo que ante la comunidad científica son correlaciones espúreas entre el aumento del uso del glifosato en la agricultura y varias enfermedades crónicas.

Por cierto, da la mera casualidad que todas las enfermedades crónicas mencionadas en el estudio son exactamente las que le preocupa al público contemporáneo en los países industrializados: la enfermedad de Alzheimer, obesidad, diabetes, cáncer, enfermedades del corazón, depresión, autismo, infertilidad, entre otros.

O sea que la obesidad y la diabetes no se deben al excesivo consumo de azúcar, grasa, poco ejercicio y una vida sedentaria … No. ¡Se debe al glifosato! La depresión no se debe a razones neuronales, psicológicas o sociales. ¡Se debe al glifosato! El glifosato parece ser una sustancia extraordinaria, ¡el único compuesto que da de todo! ¡¿Quién lo diría?!

Debido a que Seneff y otros hacen todo tipo de correlaciones, por falta de espacio y tiempo nos ocuparemos solo de algunas.
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Correlaciones espúreas

El glifosato y las abejas

De acuerdo con Samsel y Seneff, las abejas sufren mundialmente lo que se ha conocido como el desorden del colapso de colonias de abejas (CCD por sus siglas en inglés). Todas las fuentes están de acuerdo de que la incidencia más reciente se comenzó a reportar en el 2006. Samsel y Seneff están de acuerdo (pp. 1426-1427). Sin embargo, no hay correlación alguna entre el incremento del uso del glifosato y el CCD, aun cuando ellos dicen que la hay. Por ahora utilizaré la siguiente imagen que se basa en el estudio de Samsel y Seneff, para ilustrar mi punto.

Glifosato & autismo

Correlación entre el aumento del uso de glifosato y las incidencias de autismo. Fuente: Swanson et al., 2014, p. 27.

Para el presente caso, solo prestaremos atención a la línea roja que indica el incremento del uso de glifosato en la agricultura. (No se preocupen, hablaremos de la supuesta correlación entre el autismo y el glifosato más adelante). Noten que está constantemente aumentando. Si hay una relación causal entre el glifosato y el CCD, deberíamos ver un descenso significativo de colmenas correlacionado con el ascenso del uso del glifosato.  Veamos los datos de la Organización de Alimentos y Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) en cuanto a la fluctuación del número de colmenas en Estados Unidos.

Colmenas en Estados Unidos

Número de colmenas en Estados Unidos. Fuente: FAOSTAT

¿Dónde está la supuesta correlación entre el aumento del glifosato y el descenso del número de colmenas? Simplemente no existe.
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El glifosato y las incidencias de los trastornos de espectro autista

¿Y qué sucede donde sí hay correlación?

Una vez más, veamos la gráfica que correlaciona el aumento del uso del glifosato con autismo. La correlación es indudable, pero ¿establece causación? Samsel y Seneff utilizan un estudio que establece una vinculación entre el autismo y los procesos metabólicos (pp. 1421-1425, 1434-1435). Sin embargo, una buena parte de la literatura científica señala que el autismo parece un fenómeno más vinculado a factores genéticos que a otros factores, como se puede apreciar en los estudios de gemelos separados al momento de nacer (por ejemplo, véase este artículo académico y la página del National Institutes of Health): si un niño sufre de algún tipo de autismo es más probable que su gemelo idéntico también lo padezca.

Además, desde hace algunos años se ha ido acumulando evidencia de que el aumento dramático de los casos de autismo parece ser una ilusión estadística. Hay una fuerte sospecha de que una parte significativa de dicho incremento se debe a la reclasificación de ciertas enfermedades mentales. Por ejemplo, un estudio descubrió que en Estados Unidos, hubo un efecto estadístico cuando los problemas de incapacidad intelectual se reclasificaron como trastornos de espectro autista (TEA).

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Imagen cortesía de la Penn State University.

Se llevó a cabo un estudio similar en Dinamarca y se descubrió que la reclasificación de otras condiciones mentales a TEA daba cuenta del 60% del incremento de incidencias de autismo en ese país. Dado estos y muchos otros factores, la correlación entre el incremento del uso del glifosato y el aumento de incidencias de autismo no pasa de ser una coincidencia estadística. No hay ninguna evidencia de relación causal entre el glifosato y el aumento de incidencias de autismo.

No obstante todos estos estudios que totalmente refutan sus aserciones, Seneff se ha hecho famosa por “calcular” que para el año 2025, la mitad de la población infantil estadounidense será autista. ¡Sublime exageración a la luz de lo que acabamos de presentar! Si fuéramos igual que ella, cosa que no somos, hubiéramos advertido al público en torno a la correlación entre el aumento de TEA y el de la venta y consumo de alimentos orgánicos.

organic_autism

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El glifosato y el cáncer

Samsel y Seneff también pretendieron vincular el glifosato con las incidencias de cáncer. No sorprende que el estudio haciera alusión al famoso artículo de Guilles-Eric Séralini que en aquel momento era recién publicado (p. 1417). En este experimento, Séralini y su equipo utilizaron ratas Sprague-Dawley para administrarles distintas cantidades  maíz  transgénico con glifosato, maíz sin glifosato y agua con distintas dosis de glifosato. No haré aquí todo el análisis, ya que lo he hecho en otro lugar.

Lo único que indicaré son los factores claves de por qué nadie (otra vez, ŃADIE) le creyó a Séralini y su artículo tuvo que ser retirado de la revista académica original donde se publicó:

  • Séralini escogió un tipo de rata albina (Sprague-Dawley) que es particularmente propensa a tumores. En un espacio de dos años,  cerca del 50% de las ratas machos y 70% de las hembras que ingirieron transgénicos y glifosato murieron debido a tumores, algunos que alcanzaban el 25% de la masa corporal de los roedores. Sin embargo, esto no dista de la tasa de incidencias que suelen obtener de este tipo de ratas sin ingerir glifosato durante ese mismo periodo de tiempo. Véase este estudio sobre un experimento en el que murieron el 81% de las ratas Sprague-Dawley por tumores desarrollados durante un periodo de más de dos años.  Vean también este otro estudio en el que en un periodo mucho más corto, un año y seis meses, el 45% ya padecía de tumores: la tasa de incidencia de tumores en las hembras era el doble de la de los machos. En un estudio específico, se advierte que su incidencia de tumores varía dependiendo de sus fuentes comerciales y debe tenerse sumo cuidado a la hora de usarse para fines de investigaciones relacionadas con cáncer.
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  • En su conferencia de prensa, a Séralini se le olvidó mencionar que ciertas ratas del grupo control (es decir, el grupo que no consumió ni transgénicos ni glifosato) también tuvieron tumores y, curiosamente, no mostró su fotografía en el artículo. (Por cierto, las fotografías no añadían ninguna información científica adicional; Séralini puso las que le convenía para impresionar a los lectores, al público y a los periodistas durante su conferencia de prensa.)
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  • Aun cuando la tasa de incidencia de tumores en el grupo control fue menor (20% machos y 30% hembras), el número de variables trabajadas por el equipo de Séralini era tan grande que, para todos los efectos, la cantidad de sus muestras de ratas era extremadamente baja para que los resultados fueran estadísticamente significativos. Es obvio que ignoró por completo las guías de la OECD al respecto.

Demás está decir que no solo hubo una tormenta de críticas al estudio, sino que la Autoridad de Seguridad Alimentaria Europea (la EFSA) condenó enérgicamente el experimento y algunos han planteado un cierto quebrantamiento de normativa ética. Séralini volvió a publicar el artículo (inexplicablemente sin arbitraje), esta vez con la conclusión correcta: que del experimento no se podía derivar ninguna conclusión en torno a los transgénicos o al glifosato.

Por cierto, a Séralini también le gusta publicar en revistas predatorias y de muy baja reputación. En uno de sus episodios más recientes, publicó en la revista Scholarly Journal of Agricultural Sciences publicada por Scholarly Journals International (considerada por Beall editorial predatoria) y desapareció justo el día después de que un artículo de Séralini fuera publicado allí. ¿Razón de ello? La revista no había pagado los costos de su dominio. Pueden leer sobre este episodio aquí.

Así que Samsel y Seneff quisieron utilizar a Séralini como indicio de que el glifosato provoca cáncer. Ellos se basaron en una variedad de estudios que hoy día se contemplan como prejuiciados a la luz de la evidencia acumulada por revisiones científicas extensas y metaanálisis. Estos mismos análisis desmienten aserciones de que el glifosato esté vinculado al cáncer, como por ejemplo, este reciente artículo publicado el mes pasado. Aunque no es independiente porque fue financiado por Monsanto, está en total acuerdo con la literatura científica más sólida en cuanto a este tema y coincide con las revisiones científicas hechas por la FAO y la Organización Mundial de la Salud. Y aunque una rama de esta última, la IARC, haya clasificado al glifosato como “probablemente cancerígeno” (2A), esto se hizo a pesar de las objeciones de muchos especialistas a nivel mundial, especialmente del Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania. Algunos científicos han cuestionado el compromiso ideológico y la ética de algunos de sus miembros (véase también esta condena). Por lo pronto, el consenso científico en relación con el glifosato es que no es cancerígeno.

En resumen, no se ha podido establecer vínculo alguno entre el incremento de uso del glifosato y el aumento de cáncer en la población estadounidense.

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El glifosato y la enfermedad celíaca

En otro artículo que Samsel y Seneff publicaron posteriormente (y que algunos sospechan que fue autoplagiado), utilizaron la siguiente imagen para demostrar la correlación entre el incremento del uso del glifosato y el aumento de incidencias de celiaquía.

Incidencethousands-jpg

La ficha de este nuevo artículo es la siguiente:

Samsel, A. & Seneff, S. (2013). Glyphosate, Pathways to Modern Diseases II:
Celiac Sprue and Gluten Intolerance. Interdisciplinary Toxicology, 6, 159-184. doi: 10.2478/intox-2013-0026

Antes de continuar con este artículo, quisiera preguntar, ¿dónde lo publicaron? Se hizo disponible en la revista Interdisciplinary Toxicology, considerada una revista predatoria de malísima reputación. ¡Wow! ¡Qué talento tienen Samsel y Seneff para seguir publicando en revistas de mala calidad!

En cuanto a la relación que ellos establecen entre el glifosato y la celiaquía y la intolerancia al gluten, prácticamente se apoyan en un solo estudio (Senapati et al., 2009) al que el público puede acceder aquí. La razón de por qué los científicos no toman el estudio de Senapati en serio se explica con lujo de detalles aquí, pero resumimos las objeciones en los siguientes puntos:

  • El equipo de Senapati expuso a los peces a relativamente altas dosis de glifosato (4 mg/L). Estas no son las dosis a las que un pez se expone en la realidad, ya que suelen ser mucho más bajas.
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  • El glifosato tiene la cualidad de degradación, incluso si cae en el agua. Sin embargo, en el experimento, a los peces se les cambiaba el agua con la misma dosis de glifosato.
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  • La sustancia usada por Senapati no era puro glifosato diluido en agua, sino un producto conocido como Mera-71, desarrollado en la India. No solo contiene glifosato sino también tensoactivos o sulfactantes.
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  • Los síntomas sufridos por los peces son consistentes con los tensoactivos, no con el glifosato. De hecho, el Mera-71 se usa para lidiar con malezas terrestres y se desalienta su uso en el agua, precisamente debido a que los tensoactivos perjudican la salud de los peces.
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  • A pesar de todo lo anterior, los peces sobrevivieron.

En su usual actividad de minería y selección prejuiciada de datos, Samsel y Seneff pasaron por alto el dato de los tensoactivos y decían que los síntomas sufridos por el sistema digestivo de los peces “recordaba” a la celiaquía, por lo que alegaban que los síntomas fueron producidos exclusivamente por el glifosato (p. 159).

Peter Ollins, en un artículo publicado en su ya difunto blog (UltimateGlutenFree.com), pero rescatado por GMO Answers, explica por qué el estudio no demuestra que el glifosato causa celiaquía. La gráfica de las incidencias de enfermedad celíaca que vimos hace poco es engañosa. Ollins entra en detalle sobre los diversos problemas del “estudio”, pero he aquí quiero destacar algunos de los más importantes:

  • En primer lugar, Samsel y Seneff no proveen las fuentes de sus datos para la gráfica, lo que hace prácticamente imposible verificarlos (Paul K. Strode también se queja de ello).
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  • En segundo lugar, las barras amarillas representan el número de personas con celiaquía que fueron dadas de alta en los hospitales. Ese número no representa la tasa de incidencia de esa enfermedad en los Estados Unidos (una señal más de minería de datos).
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  • En el caso de la celiaquía y de intolerancia al gluten, ellos dicen que su incidencia es del 5%, cuando en realidad la de la intolerancia es de 0.6% y la de celiaquía, el 0.71%, muy semejantes a las que encontramos en Europa.
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  • En ningún momento se trata el problema de exposición de la población al glifosato como tal y cómo eso puede correlacionarse con la incidencia de celiacos y de personas intolerantes al gluten. Dado a que la celiaquía no es un problema que se desarrolla en un instante, sino que toma años, la tasa de exposición al glifosato y la de incidencias de celiaquía no deberían ser los mismos simultáneamente. Los síntomas de celiaquía deberían aparecer años después de la exposición. Debido a esto, si la gráfica en cuestión fuera correcta, lo que precisamente implicaría es que el glifosato no es causante de la celiaquía en la población estadounidense y que la correlación es coincidencia estadística.

Ollins también expresa una cierta sorpresa por la carencia de profesionalismo científico que muestra en todo el artículo.
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Conclusión

Debido a falta de tiempo y espacio, no he podido atacar todos los alegatos de Stephanie Seneff y algunos de los académicos que han publicado con ella.  No se excluye con 100% de seguridad que el glifosato no cause estos males, pero la evidencia que ellos han mostrado hasta el día de hoy es ninguna. Sus trabajos publicados han sido ampliamente rechazados por la inmensa mayoría de los científicos a nivel mundial y muestran un prejuicio contra una sustancia.

Aunque el glifosato sí es tóxico, su nivel de toxicidad es extremadamente bajo y no es una razón de preocupación para el consumidor ni para el público en general. Esto no quiere decir que el uso excesivo de glifosato no cree problemas (como las mal llamadas “supermalezas”). Sin embargo, el no desarrollar una normativa de uso prudente de esta sustancia y proceder a prohibirla completamente utilizando los trabajos de Seneff como fundamento de política pública son medidas sumamente insensatas.
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Referencias

Swanson N. L., Leu, A., Abrahamson, J., & Wallet, B. (2014). Genetically engineered crops, glyphosate and the deterioration of health in the United States of America. Journal of Organic Systems, 9, 2.

Senapati, T., Mukerjee, A. K., & Ghosh, R. (2009). Observations on the effect of glyphosate based herbicide on ultra structure (SEM) and enzymatic activity in different regions of alimentary canal and gill of Channa plunctatus (Bloch). Journal of Crop and Weed, 5, 1, 236-245.

Superstición alimentaria: El sinsentido de etiquetar OGMs

Non GMO

Etiqueta de que cierto alimento no contiene alimento OGM.

Para apuntarse una a nivel político, especialmente en la época electoral, algunos legisladores se han lanzado en la misión de “proteger” nuestro bienestar nutricional al legislar para que la industria rotule los alimentos que hayan sido procesados o que contengan elementos que hayan sido genéticamente modificados vía ingeniería genética (OGMs, organismos genéticamente modificados). Recientemente, Ricardo Llerandi Cruz, representante del PNP, radicó un proyecto de ley, P. de la C. 2654 (descarguen aquí copia del documento), para etiquetar cualquier empaque que contenga alimentos OGMs. De acuerdo con una noticia del periódico Metro, este legislador justifica esta movida:

“Este proyecto es de vital importancia para el desarrollo económico y mejorar la calidad de vida de nuestra gente. No hay ninguna razón para que se quede en el tintero, ninguna. Si un producto es homogenizado, pausterizado, o decenas de otros procesos se les exige se indique en la etiqueta. Sin embargo, no se exige el mismo requisito para los productos OGM. En Puerto Rico no existe reglamento alguno o ley que obligue a que se le informe al consumidor el origen del alimento que compra. La gente tiene el derecho a saber si el alimento fue genéticamente creado o no”

Diferimos de esta posición. No todo el proceso que ha pasado un alimento es motivo de etiquetación. Por ejemplo, ni la legislación presente ni la que propone él etiquetan el proceso de mutagenización inducida. No se rotula si el alimento fue producido vía fertilizante artificial o animal, ni tampoco se rotula si vino de alguna finca pequeña o grande, ni el proceso de transportación ni mercadeo.

Estamos de acuerdo de que deben etiquetarse aquellos productos que han sido homogeneizados y pasteurizados. ¿Por qué? Porque estos son procesos que  inciden en la salud del consumidor. La leche no pasteurizada representa un asunto de seguridad alimentaria. Leche no homogeneizada también. Este no es el caso de los OGMs.

Amistades a las que valoro mucho cuestionan mi convicción de por qué no deberían rotularse los OGMs. “Si son tan buenos”, me dicen, “¿por qué no deberíamos etiquetarlos? A lo mejor el público aprende a escoger los OGMs cuando vean que no son ninguna amenaza.”  Veamos los argumentos que más se esgrimen y por qué esta pregunta es sumamente ingenua:
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  1. Los OGMs pueden representar un problema de seguridad porque involucra procesos que no son naturales.

Nos dice el Rep. Llerandi Cruz,

Los OGM son aquellos cuyo genoma es alterado de una forma que no hubiese ocurrido naturalmente.

Así mismo está definido en el proyecto de ley. Le informamos al representante que esa definición tan laxa de “OGM” prácticamente involucra a todos los alimentos que compramos en el supermercado (incluyendo a los orgánicos). No hay uno solo que no haya sido alterado genéticamente por mano humana.  Esto incluye a los animales. Las reses, el pollo, el maíz, el arroz, la lechuga, la zanahoria, las habichuelas, el trigo, el guineo, la sandía, etc., TODO ha sido producto de la mano humana. Para muestras, un botón basta: en las siguientes imágenes vemos a la izquierda las versiones naturales y a la derecha los productos que compramos en el supermercado (resultado de miles de años de domesticación y de mutaciones genéticas de las especies naturales).

Teosinte y maíz convencional

Foto de la izquierda es imagen alterada de un teosinte (el maíz silvestre), sacada de la fotografía de John Doebley y publicada bajo la CC-BY 3.0. A la derecha, maíz convencional, foto de Anthony Appleyard, disponible bajo la CC-BY-SA 3.0. Esta imagen está disponible a mi nombre bajo CC-BY-SA 3.0.

Zanahoria silvestre y la convencional

Imagen cortesía de Ru-zhi Zhang, Wen-yuan Zhu y de la Indian Journal of Dermatology, Venereology and Leprology, publicada bajo la licencia CC-BY-NC-SA 3.0.

Un uro y una vaca

A la izquierda un uro, el ancestro extinto del ganado vacuno contemporáneo (Foto cortesía de Jaap Rouwenhorst CC-BY-SA 3.0); a la derecha, una vaca (Foto: USDA).

Y hay ejemplos de sobra para cada alimento que encontramos en el supermercado. Así que si los “OGM” se definen de la manera descrita por el honorable legislador, prácticamente habría que etiquetar en el supermercado TODO alimento proveniente de cualquier ser vivo.

Sin embargo, hay algo más que muestra la confusión del distinguido legislador. Dice él:

“Estos organismos son sometidos a un proceso en el cual el polen de una especie es transferido a otra especie relacionada con el objetivo de lograr un nuevo cultivo con el propósito de realizar una recombinación genética. También son denominados OGM aquellos organismos sometidos a procedimientos de fusión celular. Los OGM tienen el propósito de crear determinados rasgos deseados en los cultivos. A tales fines, se ha definido un OGM como un animal, planta u organismo cuya estructura genética ha sido alterada mediante el uso de la ingeniería genética.”

Antoine Nicholas Duchesne

Antoine Nicholas Duchesne (1747-1827)

Así también aparece en el proyecto de ley. ¡Oh Dios mío! ¡Entonces tendríamos que etiquetar todas las fresas! El tipo de fresas que compramos en el supermercado no es natural, sino que se produjo en Francia durante el siglo XVIII bajo la Corte del Rey Luis XV, usando el polen de dos especies de fresas que crecen en distintas partes del mundo y que no se hubieran cruzado ni en un portal de citas por Internet (que me perdone J. M. Mulet por robarme su chiste). El botánico de la corte francesa, Antoine Nicholas Duchesne cruzó la Fragaria chiloensis que se daba al norte de Chile y la  Fragaria virginiana que se originaba en Virginia, Estados Unidos. Como resultado, obtuvo la Fragaria ananasa, la fresa que compramos en el supermercado. Más tarde, mediante mutagénesis inducida por colchicina, se logró crear el llamado “fresón de Douglas” en 1979 (más joven que yo …¡me estoy poniendo viejo!) que es el que tiene su punta blanquecina. De acuerdo con la prensa de 1985, las fresas de Douglas eran consideradas las mejores del mercado. ¿Ha habido algún tipo de problema de salud con alguna de estas fresas? La respuesta es un rotundo “No“. Sin embargo, según el legislador que estamos discutiendo, deberíamos etiquetar todas las fresas. ¿Por qué? Pues, porque sí.

Así que el legislador parece estar un poco confundido con lo que quiere decir las siglas OGM. Aunque el término “organismos genéticamente modificados” es un disparate desde el punto de vista científico –ya que desde la perspectiva neodarwinista aceptada por todos los biólogos compententes, todos los organismos existentes son genéticamente modificados a partir de otros organismos–, en realidad se refiere a aquellos organismos destinados a ser alimentos y que han sido modificados por dos tipos de ingeniería genética:

  • Tansgénesis: transmisión artificial de un gen de un organismo a otro. De aquí provienen los llamados “transgénicos”.
  • ARN mensajero (ARNm): estrategia para apagar la producción de alguna proteína o para la expresión de una cierta proteína.

Las siglas OGM (como usualmente se entiende) no cubren ni selección natural o artificial, ni técnicas de hibridización ni ningún tipo de mutagénesis inducida.

Para mayor detalles sobre las técnicas de modificación genética, recomendamos la lectura sencilla, pero obligada en cuanto a este tema, del texto Food and You: A Guide To Modern Agricultural Biotechnology de la American Council on Science and Health y que está disponible para descarga gratuita. Véase específicamente de las páginas 12 a la 24.
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  1. El etiquetado OGM informaría a los consumidores sobre lo que están consumiendo.

De hecho, no. No lo hace. La discusión del punto refuta este alegato. La ingeniería genética no es un ingrediente en el alimento que nos nutre o envenena, sino un proceso adicional de modificación genética. Como política pública, un etiquetado solo tiene sentido si constituye un problema de seguridad alimentaria.

Ahora bien, si hiciera falta etiquetar a los OGMs (propiamente entendido), ¿qué significaría? Que se utilizaron unas técnicas particulares, a saber transgénesis, ARNm o una combinación de ambas. ¿Especifica la etiqueta cuál es cuál? No. ¿Informa la etiqueta al público su distinción de otros métodos de ingeniería genética en cuanto a la salud? No.

Habría que preguntar entonces si hay algún tipo de problemas de seguridad de alguna índole en torno a los OGMs. La opinión de todas las instituciones de reputación en los cinco continentes: África, América, Europa, Asia y Oceanía, es que, por el momento, los productos OGMs que están en el mercado son seguros para el consumo mundial. Esto constituye un consenso abrumador de la comunidad científica a nivel mundial. El consenso es tan grande (y a veces mayor) que en el caso del asunto del cambio climático (e.g. en el caso de la AAAS, el 87% de los científicos piensa que el cambio climático es antropogénico y el 88% piensa que los OGMs en el mercado son seguros).

Ahora, si el consenso de la comunidad científica es errado (como puede ocurrir, aunque lo dudo mucho en este caso específico), entonces la pregunta sería: ¿cuál es la evidencia provista por los grupos antiOGM de que estos efectivamente causan daño al público de cualquier manera? A lo sumo, ellos pueden proveer artículos que muestran experimentos mal llevados a cabo, publicados en revistas de bajo impacto, desprestigiadas o en revistas predatorias. Sin embargo, cuando buscan evidencia en la literatura científica más sólida –a saber, revisiones científicas y metaanálisis–, la evidencia que proveen es ninguna (véase, por ejemplo este artículo y este).
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  1. En Europa se etiquetan y, en ocasiones, se declaran zonas libres de OGMs.

El distinguido representante del PNP, Llerandi Cruz, dice:

“Etiquetar los alimentos que contiene OGM ya es un requisito en los países que comprenden la Unión Europea”

Europa tiene el mérito de ser bastante progresista, en gran medida gracias al éxito de las economías mixtas, excelente sistemas educativos e instituciones universitarias. Todos estos aspectos han hecho más avanzadas las sociedades europeas. Ellas han liderado la inversión en energía limpia y renovable, la enseñanza de la evolución y una fuerte conciencia en la antropogénesis del cambio climático.

Todo esto está muy bien y como socialdemócrata veo los beneficios de todo ello. Sin embargo, Europa no es perfecta, ni tan siquiera en el área de las ciencias. Señal clara de ello fue una encuesta que se llevó a cabo en la que se le preguntaba a los europeos si era cierto o falso la siguiente aserción:

Los tomates ordinarios no contienen genes, mientras que los genéticamente modificados sí.

Solo el 36% de los encuestados contestó correctamente la pregunta, en Estados Unidos fue el 57%.

Este desconocimiento de genética básica (de escuela superior) por parte de la mayoría de los europeos es notoria en relación con los Estados Unidos:

eu_v_us

Así que la respuesta adecuada a la aserción de que en Europa se etiquetan o prohíben OGMs es, “Sí, ¿y qué?

La Comisión EuropeaSi en Europa hay “zonas libres de transgénicos” o “zonas libres de OGMs” tiene todo que ver con política y nada con las ciencias. En este renglón, los países europeos le han dado la espalda a los científicos y ha ignorado a propósito las diferentes declaraciones oficiales provenientes de las instituciones de mayor reputación y prestigio del mundo. Un caso importante es el de la Comisión Europea cuando examinó la evidencia científica en torno al impacto de una década de alimentos OGM, llegando a la conclusión de que son tan seguros como los alimentos convencionales. Lo mismo puede decirse de las declaraciones de la Sociedad Real, la Sociedad Real de Medicina, la Academia de Agricultura de Francia, la Unión de Academias Alemanas de Ciencias y Humanidades, el Ministerio de Educación y de Investigación Federal Alemán, la Academia Pontificia de las Ciencias,  la Academia Nacional de Ciencias | Academia Licea, el Centro de Biología de la Academia de Ciencias de la República Checa, Academias Europeas | Consejo de Asesoría de Ciencias (representante de un total de 28 academias de prestigio en toda Europa), entre otras organizaciones de renombre mundial.

Así que, apelar a Europa en este caso no es gran cosa. En cuanto a este tema, Europa ha caído en la demagogia de ciertos intereses económicos y políticos que han atemorizado a un público que carece literacia científica en genética, llevándolesasí a oponerse irracionalmente a los OGMs.
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  1. Otros países hacen el etiquetado por razones de salud

Nos dice el legislador:

“… También [el etiquetado se practica] en China, Rusia, Australia, Japón y 64 otras naciones.”

Sí, ¿y qué?

A fin de cuentas, la inmensa mayoría de las instituciones de reputación de todos estos países opinan exactamente lo mismo que los científicos del resto del mundo, que los OGMs son seguros. No hace falta etiquetar. China en particular es una de las mayores productoras de alimentos transgénicos para el ganado y la exportación, pero su academia de ciencias ha dicho contundentemente que los OGMs son seguros.

“Una simple etiqueta que nos informe qué estamos introduciendo en nuestro organismo tiene que ser un derecho, no una opción.”

Informar al público con la verdad y el conocimiento científico genuino es un derecho, pero etiquetar bajo un serio desconocimiento de la historia y las ciencias detrás de los alimentos no lo es.

Lo único distintivo de un OGM es haber pasado por un número limitado de técnicas de ingeniería genética. Si ninguno de los OGMs representa un problema para la salud, ¿para qué etiquetarlos? No existe tal cosa como introducir en nuestro organismo “ingenio genético”. Y aun si fuera creado por una transgénesis o por un ARNm, cualquier científico diría que el genoma es deshecho en el estómago gracias a los jugos gástricos.

Si informar al público es el objetivo de esta legislación, ¿por qué mejor no sofisticar la literacia científica del público al respecto? ¿Por qué no consultar con los mejores científicos del mundo, a que se dirijan al público y que hablen del tema? ¿Por qué no utilizar material basado en las mejores autoridades a nivel mundial? Si el representante PNP no está en la disposición de hacer nada de esto, entonces su objetivo es político, no uno geniunamente de información al público.
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  1. Los OGMs utilizan pesticidas tales como el glifosato o generan el insecticida Bt y, por tanto, son un problema de salud pública.

Aunque creo que el miedo al glifosato es extremadamente exagerado (y hablaré de eso en otra ocasión), quiero refutar este argumento de otra manera. Voy a partir de unas premisas para que el público vea lo míope que es la política de etiquetado de OGMs:

  • Para efectos del argumento, voy a conceder que el glifosato es un problema de seguridad alimentaria.
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  • Para efectos del argumento, voy a conceder que los OGMs que producen Bt son un riesgo significativo a la salud (aun cuando por décadas se ha usado en forma bacteriana por la industria orgánica).

Aun concediendo estas dos premisas, se puede ver más claramente la torpeza de un etiquetado por las siguientes razones:

En otras palabras, la etiqueta de OGM falla en proteger la salud del público de pesticidas en general. Si la preocupación es el glifosato, ¿por qué no etiquetar los alimentos tratados con glifosato? Si la preocupación es la producción de Bt (un insecticida que no nos afecta porque no tenemos los receptores para envenenarnos), ¿por qué no etiquetar aquellos alimentos que produzcan o hayan sido tratados con Bt (incluyendo los alimentos orgánicos)?
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Conclusión

Nos preguntamos por qué el Rep. Llerandi Cruz ha enviado un comunicado de prensa sobre el P. de la C. 2654 a estas alturas, cuando prácticamente al final de la sesión legislativa y no hay chance alguno para que se apruebe el proyecto. Partiendo de ese hecho y del factor ignoramitocrático del proyecto en cuanto a la naturaleza de los OGMs, todo parece indicar que se sometió para complacer a cierto sector del pueblo que se identifica como antiOGM y pescar así algunos votos en las próximas elecciones.

No solo vimos que las políticas de etiquetado parten de la más crasa ignorancia en torno a los OGMs, sino que si se aprobara el proyecto como está, se desataría un caos en la industria alimentaria en Puerto Rico:  Si el proyecto de ley define los OGMs como lo hace el legislador, entonces todos los alimentos (incluyendo los orgánicos) serían etiquetados OGMs y el público estaría sumamente confundido al respecto.

Esto es lo que sucede cuando se quiere establecer política pública fundada en la ignorancia y en supersticiones alimentarias.

Hillary, Monsanto y mala información

En la revista cibernética 80 grados, acaba de salir un artículo titulado “Hillary y Monsanto ante la coyuntura electoral” de la nutricionista Vilma G. Calderón. Lo que quiero hacer aquí es corregir lo que entiendo que son errores que permean por su artículo y que espero sea una base para un mejor debate y reflexión al respecto. No corregiré todos los errores, porque eso haría nuestra exposición demasiado larga.

Antes de comenzar quisiera aclarar una vez más lo que ya he indicado en el enlace del “Propósito del portal“, ya que la crítica de que uno “está comprado por Monsanto o por la industria” se vuelve común en ciertos diálogos inanes cuando cierto sector no tiene argumentos a su favor.

Declaración de conflicto de intereses

El portal en sí es financiado exclusivamente por el administrador, Pedro M. Rosario Barbosa, cuyo salario proviene principalmente de su labor docente en la Universidad de Puerto Rico en Cayey. Fuera del caso de donaciones que puedan provenir de individuos [y hasta ahora nadie lo ha hecho, este es un portal “recién nacido”], el portal no es financiado de manera alguna por otra entidad o compañía privada de índole alguna. Declaro que no hay conflictos de intereses en cuanto a ninguno de los artículos escritos por el administrador.

Quiero añadir que este escrito es pura iniciativa mía. Nadie de la industria me ha contactado para absolutamente nada.

En lo que estamos de acuerdo

Como independentista no participo en primarias presidenciales. No solo las considero coloniales, sino que ha sido obvio por años que esta es una inversión onerosa para Puerto Rico que después se traduce en la total indiferencia de los presidentes de Estados Unidos a través de los años. No tengo que abundar mucho en este tema, ya que cualquier ojeada a la historia desde el final de la Guerra Fría hasta hoy demuestra a saciedad esta verdad sencilla.

Sin embargo, si pudiera votar en las primarias, también estaría de acuerdo con Calderón en votar por Bernie Sanders y no por Hillary Clinton. Con todas las diferencias que he tenido con el primero, parece estar genuinamente más interesado en el bienestar de Puerto Rico que la Sra. Clinton, quien representa un establishment que siempre ha hecho caso omiso a los intereses de los puertorriqueños.

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El libro Republic, Lost por Lawrence Lessig. Foto de Lessig, cortesía del  Lessig Equal Citizens Exploratory Committee.

También estoy de acuerdo de que hay que acabar con el inversionismo político, que inclina a los políticos en general a favorecer los intereses de la industria y no los del pueblo. Esto ha llevado a unos costos sociales bien altos, especialmente la debacle del mundo financiero en el 2008 y el inversionismo de compañías de combustibles fósiles para fomentar una política pública de negacionismo en torno al cambio climático. Por eso siempre recomendaré la lectura obligada del libro de Lawerence Lessig, Republic, Lost: How Money Corrupts Congress-and a Plan to Stop ItEl inversionismo político, desde donde se quiera ver, es sumamente negativo ya que corrompe el sistema democrático adoptado por un pueblo y lo convierte esencialmente en una oligarquía donde los ricos siempre tienen el mollero y la ventaja. Por tanto, dejo claro que nunca será bueno que Monsanto, Goldman Sachs o Exxon Mobile inviertan políticamente. El pueblo tiene la obligación de activarse y elegir personas que no tengan dichas ataduras corporativas.

En lo que estamos en desacuerdo

Todos tenemos derecho a nuestras opiniones, pero no a “nuestros hechos”. Si vamos a aceptar o denunciar a Monsanto, tiene que ser con base en hechos y muy sólidamente establecido por la historia y por las ciencias en general. Veamos los problemas del artículo en torno a Hillary y Monsanto:

1. Monsanto y Monsanto son dos compañías distintas

Es interesante notar que una de las más grandes fallas de muchos de los grupos antitransgénicos y anti Monsanto es que no hacen una distinción entre dos compañías distintas, una compañía llamada Monsanto y otra llamada con el mismo nombre. La primera creó los PCBs y participó en la fabricación del agente naranja, la segunda se dedica exclusivamente a la agroindustria. Si esto sorprende a los lectores es porque usualmente no están familiarizados con la historia completa de Monsanto.

  1. Se fundó Monsanto en 1901 como una industria química, dedicada a la investigación y creación de químicos. Fue fundado John Francis Queeny cuyo suegro se llamaba Emmanuel Mendes de Monsanto, cuyas operaciones en el siglo XIX y principios del XX estaban en Vieques.  Desde entonces hasta finales de los años 90, Monsanto siguió siendo la misma entidad legal..
    Fue durante este periodo industrial que Monsanto fabricó los llamados PCBs (obtenidos de otra compañía), el DDT y estuvo asociado al Departamento de Defensa de los Estados Unidos para la fabricación del agente naranja y armas nucleares.
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  2. Durante los años 90, Monsanto pasó por unos periodos de transición para vender su producto Nutrasweet y ser una compañía adquirida por Pharmacia & Upjohn, especialmente interesada por la manufactura de Celebrex y otros químicos afines a la industria de la medicina. Por este periodo, Monsanto había dejado de existir.
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  3. No obstante su provecho de la tecnología de Monsanto, Pharmacia no estaba interesada de manera alguna en la agroindustria. En el 2002, terminó de crearse la “nueva Monsanto” que heredó todos los productos químicos y biotecnológicos relacionados con la agroindustria, pero que es legalmente distinta a la “antigua Monsanto”. Mientras tanto, Pfizer adquirió a Pharmacia en el 2003.
Logos de Monsanto

A la izquierda, el logotipo del antiguo Monsanto; a la derecha, el del nuevo.

Las omisiones en torno a la historia de Monsanto, especialmente con el objetivo de demonizarlo, pasa por alto esta distinción entre dos corporaciones distintas, aunque en cierto sentido una sea considerada continuación de la otra.  Malentendidos en torno a la historia de Monsanto ha llevado a varias leyendas urbanas en las redes sociales, entre las cuales se encuentra que Pfizer es dueña de Monsanto.

2. Sobre las sustancias nocivas a la salud y las que no

En cuanto a la antigua Monsanto, no se puede refutar la aserción de que ha producido sustancias de las que se han acusado de ser extremadamente dañinas para la salud. No hablaré de todas las sustancias mencionadas (eso me tomaría más de un artículo en este blog). Sin embargo, veamos algunos de los casos mencionados (y otros no mencionados):

  • La aspirina: Aunque no es mencionada en el artículo que estamos analizando, no quiero dejar este caso inadvertido. Aún si se dijera que no hay “nada santo sobre Monsanto“, debemos señalar que entre las contribuciones a la medicina, manufacturó comercialmente la aspirina, algo que ha salvado millones de vidas alrededor del mundo y podría seguir salvando decenas de miles de vidas al año si no hubiera tanto estigma contra esta sustancia. Pregúntenle a Rosie O’Donnell.
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  • La sacarina: Fue durante los años 20 y 30 que Monsanto elaboró y comercializó a nivel industrial la sacarina, un sustituto del azúcar. Por más que se repita que la sacarina es adversa a la salud, toda la evidencia científica apunta a que no es así. Al contrario, aunque no tenga valor nutricional, si algo ha hecho es mejorar la calidad de vida de aquellos que sufren diabetes es  la sacarina. Su mala fama se debe a que aparentemente causaba indirectamente cáncer de la vegiga a ratas de laboratorio. Sin embargo,  tras investigaciones se sabe que eran animales susceptibles a cáncer de la vegiga con muchas otras sustancias consideradas benignas para los seres humanos (e.g. vitamina C, véase también este estudio y este). Por más que la Internet opine lo contrario, sencillamente no existe ninguna evidencia del supuesto vínculo entre el consumo de sacarina y el cáncer en humanos.
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  • El aspartame: El aspartame ha sido una de las sustancias más injustamente condenadas desde los años 80. Snopes.com hace el recuento del origen de muchas de las leyendas urbanas y que hoy se repiten en las redes de comunicación sin evidencia alguna. Supuestamente, se había establecido una correlación entre el aumento de tumores cerebrales en seres humanos y el consumo de aspartame. Sin embargo, las investigaciones subsiguientes enfatizaron el hecho de que dicho aumento había comenzado a principios de los años 70, cerca de una década antes de la comercialización del aspartame en refrescos de dieta. Además, muchos de los estudios indicaron que la mayoría de estas incidencias cancerosas ocurrieron en personas de edad avanzada, quienes no eran muy fanáticos de refrescos de dieta. Sencillamente los datos estadísticos y de laboratorio han refutado este alegato (véase este estudio, este y este). En el 2005,  la EFSA (la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) llevó a cabo una extensa revisión científica de la literatura publicada en torno al cáncer y el aspartame y encontró que el aspartame sí causa cáncer en ratas, pero no en los seres humanos. Concluyó que no hay evidencia alguna del supuesto vínculo entre el aspartame y el cáncer. Esto es confirmado por la Sociedad Americana del Cáncer.
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  • PCBs: No se puede negar que Monsanto produjo PCBs a grandes escalas. Tampoco se puede negar que los PCBs crearon unos enormes problemas ambientales y de salud durante los años 50, 60 y 70. Sus estragos todavía se sufren hoy día. Por lo tanto, no tengo ningún problema con que muchos hayan demandado a Monsanto (ya que el segundo Monsanto carga la responsabilidad fiscal y legal del primero).
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  • DDT: En cuanto al DDT, la actitud ambientalista contra esta sustancia casi siempre ha sido irracional. Aunque hay evidencia de que hizo daño ambiental en el uso agrícola y cierta leve toxicidad en humanos, se disparó desde los años 50 una campaña de miedo para prohibir el DDT en todas las esferas, aun cuando es muy baja su toxicidad para los seres humanos y a pesar de que salvó y hubiera seguido salvando cientos de miles de vidas, especialmente en cuanto al control de la malaria (véase esta referencia y esta; véase también la perspectiva de la Organización Mundial de la Salud aquí). Esta campaña de terror comenzó con unos alegatos del libro Silent Spring por Rachel Carson, pero que no eran respaldados de manera alguna por ningún estudio científico. En algunos lugares del mundo el DDT erradicó la malaria.  No obstante ello, sí es importante señalar que no se debe descansar exclusivamente en ningún insecticida o abusar de este (sea DDT o cualquier otro) como remedio para lidiar con el problema de la malaria a nivel mundial. La higiene, la limpieza, el acceso a agua limpia y el cuidado de la salud son elementos importantes.
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  • Agente naranja: El agente naranja es una mezcla de dos sustancias, una 2,4-D y la otra 2,4,5-T. Las dos son herbicidas que el Depto. de Defensa estadounidense esperaba que fuera a afectar los bosques en Vietnam con el propósito de poder ver mejor a las fuerzas enemigas y afectar sus cultivos. Sin embargo, los estragos del agente naranja son harto conocidos. Esto se debió en gran medida a un contaminante (TCDD) que estaba presente junto a los otros dos herbicidas. De hecho, desde 1952, la antigua Monsanto había advertido al Departamento de Defensa mediante memorandos que el agente naranja estaba contaminado con la dioxina y que podría afectar adversamente la salud de seres humanos. En 1963, la armada estadounidense también descubrió que 2,4,5-T tiene el efecto de producir cloracné (Schuck 1987, 17). Más tarde, la Sociedad Americana del Cáncer dejó saber al público que, tras varios estudios al respecto, el compuesto 2,4,5-T también era cancerígeno, lo cual podía explicar la emergencia de cáncer en las víctimas del agente naranja. La antigua Monsanto tuvo que pagar fuera de los tribunales, aunque no se responsabilizaba de la manera en que el Departamento de Defensa utilizó el agente naranja. En este último punto, Monsanto estaba equivocado.
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  • 2,4-D: Del agente naranja, el único componente que se sigue utilizando continuamente como herbicida es el 2,4-D. La razón de ello es que su nivel de toxicidad es muy bajo y su impacto en la salud humana y en el medio ambiente es limitado. Hoy día la comunidad científica se halla dividida en torno a si es cancerígeno o no, aunque la mayoría se inclina a que no. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), una rama de la Organización Mundial de la Salud) ha clasificado el 2,4-D como “posiblemente cancerígeno (2B)” debido a que cuando se tienen en cuenta a más de setenta años de estudios hay una escasísima evidencia de que es carcinógeno. La Agencia de Protección Ambiental federal (EPA), la EFSA y otras agencias reguladoras de otros gobiernos del mundo están en desacuerdo con la IARC en este aspecto. Siempre se quiere demonizar al 2,4-D por haberse utilizado como componente del agente naranja, pero por sí sola esta sustancia es relativamente inocua.
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  • El glifosato: De todas los herbicidas elaborados por Monsanto y por cualquier otra organización, tal vez esta sea la más inocua que hay en el mercado, pero irónicamente la más demonizada.  Este producto se comercializa mucho por Monsanto bajo la marca de Roundup® del cual el glifosato es uno de los componentes. No voy a entrar en todo el historial de demonización (eso es una serie de artículos aparte), sino que me limitaré a lo que dice Calderón en su artículo: que la IARC lo ha considerado “probable cancerígeno (2A)”.
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    • En primer lugar, hay que señalar que como la patente sobre el glifosato expiró en el 2000, Monsanto no es el único que se lucra con él, sino que Bayer también lo utilizaba, así como SyngentaDuPont y Dow. Así que ya señalar a Monsanto como la única que comercia glifosato es un error. Calderón no lo ha alegado así, pero quiero mantener claro ese punto.
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    • En segundo lugar, debemos mencionar el hecho de que en cuanto a este asunto la credibilidad del IARC está en serios problemas, porque el consenso de la comunidad científica es que no hay ninguna relación entre el glifosato ni las incidencias de cáncer.  Es más, la IARC está ahora embarrada, casi a nivel de escándalo, por varias razones:
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      1. Porque han salido a la luz pública los serios defectos de la evidencia presentada en su monografía para catalogar al glifosato como 2A.

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      2. Porque la IARC ignoró (¿a propósito?) una de las revisiones científicas más abarcadoras en torno al glifosato a nivel mundial llevada a cabo por el Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania. Esto es inexplicable si el IARC solamente quería tener en cuenta revisiones científicas recientes hechas por gobiernos y exclusivamente financiadas con fondos públicos. El Instituto protestó la decisión del IARC al catalogar al glifosato como probable cancerígeno 2A.
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      3. Porque también ha salido a la luz pública que aquellos que tuvieron el poder de hacer la decisión estaban ideológicamente comprometidos con causas antitransgénicas y anti Monsanto. A la gente se le olvida que el conflicto de intereses ideológicos es tan serio como el económico.
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      4. Contrario a lo dicho por Calderón, la Organización Mundial de la Salud no comparte la posición de su rama, la IARC. Ya han salido declaraciones de la OMS y de la FAO (Organización de las Naciones Unidas de Alimentos y Agricultura) y han concluido que el glifosato no es cancerígeno.

En cuanto a este último tema, quisiera decir también que Calderón usa como referente una lista de artículos. Inicialmente pensaba que eran metaanálisis o revisiones científicas en torno a la toxicidad del glifosato en la que se alega constituyen “estudios independientes”. Cuando reviso el primer enlace, lo que veo es una antología en torno a la toxicidad del glifosato y de pesticidas, no un metaanálisis o un estudio crítico de estas fuentes. Lo señalo porque mientras miraba el listado de la antología, me di cuenta que se incluyeron varios artículos que aparecen en revistas predatorias y desprestigiadas (e.g. OMICS, Scientific Research, Academic Research Journals), otras que rayan en predación y que están incluidas en PubMed, pero todavía los científicos las ven como desprestigiadas (e.g. MDPI), otros artículos son preliminares (e.g. Savitz et al., 1997 de la lista) y que han sido debidamente refutados mediante metaanálisis o revisiones científicas más sólidas (e.g. este estudio independiente y este independiente), algunos de los artículos aparentemente tienen un vínculo falso o han sido removidos (e.g. Mesnage et al. 2012b), entre otros problemas. Es obvio que el autor de la antología no evaluó la calidad de  los estudios que incluyó.

En cuanto al segundo enlace que nos provee Calderón, su fuente proviende de GreenMedInfo, una organización “procáncer”, antivacunas, antimedicina, anti … de todo lo que sea convencional. El trabajo en sí parece una actividad de minar datos y selección conveniente de estudios individuales de tal manera que el glifosato luzca mal, sin evaluación cualitativa alguna del contexto de la literatura científica en que los datos y estudios aparecen. La mayoría involucran ratas, experimentos con embriones, placentas, etc. Muchos de estos estudios han sido criticados porque no tienen en cuenta la fisiología de las ratas (algunas que están ya predispuestas a tumores) o no tienen en cuenta el consumo realista de glifosato en el ser humano y otros organismos vivos.

En cuanto al tercer enlace se dirige a una revista de mala reputación (The Journal of Organic Systems) apoyado por la industria orgánica, no está debidamente arbitrada, por lo que no está incluida en PubMed. El artículo no es un estudio independiente, ya que algunos de los autores participan de manera directa de la industria orgánica. El artículo per se también es cuestionable. Se establece una variedad de correlaciones entre el aumento de soya y maíz genéticamente modificado con diferentes enfermedades contemporáneas, viéndolas desde un punto de vista puramente numérico, sin cualificar ninguna. Por ejemplo, establece una correlación entre el aumento de producción de soya y maíz transgénicos con el aumento del autismo (p. 27). Sin embargo, a los autores del estudio se les olvida que hay estudios sólidos más recientes que indican que el aumento de niveles de autismo se debe a una ilusión estadística causada por una reclasificación de enfermedades mentales (véase esta página, este artículo y este). Correlación no es causación y sin la evaluación cualitativa adecuada, este estudio es inútil. Es más, personalmente considero que es fundamentalmente reciclado del estudio de Stephanie Seneff que ha sido muy criticado, especialmente por muchos que están en contra de Monsanto (e.g. esta periodista del Huffington Post).

3. Sobre el tribunal de embuste

Calderón también menciona el hecho de que Monsanto va a ser juzgado por crímenes contra la humanidad en un tribunal de la Haya. Solamente que se le olvidó decir que no es en el Tribunal de la Haya, sino en un tribunal que van a hacer activistas anti Monsanto. Sin menor esfuerzo mental o creerme psíquico, creo que Monsanto va a salir culpable. No por que realmente haya sido criminal, sino porque se contarán testimonios (evidencia anecdótica), estará en el calor antitransgénico, no habrá abogado o abogada de defensa para Monsanto, etc. Es un truco publicitario que no va más allá del puro teatro y que no tiene nada que ver con la realidad. De esa manera pueden decir “Monsanto salió culpable en un tribunal de la Haya.” ¡Por favor!

4. Sobre los documentales

Con un toque de emoción se nos habla de documentales como evidencia de que Monsanto es malo y perverso. Creo que he visto todos (El mundo según Monsanto, GMO OMG, etc.) y ninguno me ha impresionado. El problema con los documentales es que, aun los mejores, tienen el defecto de estar sesgados a un punto de vista sin darle suficiente tiempo al oponente para que argumente su punto. Como resultado, se obtendrá en el mejor de los casos evidencia anecdótica decontextualizada de los demás datos científicos a los que el público no tiene acceso cuando está viéndolo. Los documentales son altamente selectivos y utilizan recursos visuales y retóricos para persuadir al público a una opinión particular.

Por tanto, los documentales no son de fiar si no están respaldados por la mejor evidencia científica.

5. La capacidad de limpieza no es criterio de toxicidad

Calderón repite ciertas aserciones que también las he escuchado de boca de la Senadora del PIP, María de Lourdes Santiago, dice así:

El glifosato es tan tóxico que originalmente se quería utilizar para limpieza de tuberías.

Confieso que no soy experto en toxicología, pero voy a apostar a que el criterio de limpieza no es uno que se tenga en cuenta a la hora de determinar toxicidad. El agua es útil para limpiar, pero es inocuo en las cantidades que lo ingerimos todos los días. Por otro lado, si bebemos aceite de carro o mercurio nos intoxicaremos bastante rápido, sin embargo ni el aceite de carro ni el mercurio son útiles para limpiar (hasta donde sé).

Lo único que determina la toxicidad de una sustancia es la dosis que se ingiere que desemboque en la muerte de un organismo. Por ahora, el estándar es LD50, es decir, cuánta dosis consumirían los animales de laboratorio para sea letal para el 50% de ellos. Mientras menor sea la dosis de LD50, más tóxica es la sustancia.

¿Cuán tóxico es el glifosato? Responderemos de la siguiente manera: El boricua promedio se levanta todos los días para beber café, que contiene un insecticida –la cafeína–, porque nos despierta y nos alegra cada mañana. Como buen puertorriqueño no he renunciado a ese ritual solamente porque la cafeína sea insecticida o que el ácido caféico sea cancerígeno (según el IARC, es categoría 2B …  ¿deberíamos prohibir el café?)

¿Cuál es el LD50 de la cafeína? En el caso de las ratas, 192 mg/kg. ¿Cuál es el nivel de toxicidad del glifosato? En el caso de las ratas, 5,600 mg/kg. Es decir, necesitamos ingerir 29 veces más glifosato para lograr el equivalente de la dosis letal de la cafeína. Es más, han habido individuos que se han tratado de suicidar ingiriendo glifosato y la mayoría ha sobrevivido.

Conclusión

Hemos establecido que hay errores en el artículo de Hillary y Monsanto publicado en 80 grados. Aunque a Monsanto se le pueda denunciar por abusos corporativos en el pasado y en el presente, esta compañía está muy lejos de ser el monstruo de siete cabezas y diez cuernos que quiere liquidar a la humanidad con glifosato y aspartame. De hecho, al lado de otras compañías (e.g. Nestlé, Exxon Mobile, entre otros), Monsanto es uno de los menos malos en relación con la salud humana y el medio ambiente. Demonizar a esa corporación nos distrae de ciertas discusiones que deberíamos tener en cuanto a diversos problemas ecológicos y los agrícolas. La demonización de los transgénicos en general sin discriminación alguna podría incluso atrasar medios efectivos para combatir el problema del hambre del mundo, la desnutrición y el cambio climático.

¿Qué hay de todo lo relacionado con la ley de rotulación considerado por el Congreso? Eso será tema para otra ocasión.

Con todo y los reparos al artículo, sí estamos fundamentalmente de acuerdo de que debemos elegir políticos que no se dejen sobornar por las grandes corporaciones y poner las restricciones debidas para evitar sus abusos.

Referencias

Schuck, Peter. 1987. Agent Orange on Trial: Mass Toxic Disasters in the Courts. Cambridge: The Belknap Press of Harvard University Press.