¿Beneficios de la meditación?

Imagen de Misra Rajesh

Imagen cortesía de Misra Rajesh.

La meditación es una actividad que se ha adoptado por sectores religiosos de todo tipo. En el occidente judeocristiano algo semejante a meditación se ha adoptado, tales como la reflexión en torno a los misterios del rosario, la práctica de la oración en silencio, el orar o rezar en un ambiente calmado y oscuro de alguna capilla o iglesia, ejercicios espirituales, entre otros.

Buda en posición de loto.

Siddharta Gautama (Buda) en posición de loto, meditando. Imagen cortesía de Charles Rondeau.

Ahora bien, el énfasis en la meditación como tal es producto de la fascinación social por las religiones orientales. Religiones como el budismo, el hinduísmo, el jainismo y otros han enfatizado la importancia de la meditación como una manera de despejar la mente de toda preocupación, mejoría de concentración y aclaración de todo curso de acción. En el caso particular del budismo, estos ejercicios pueden llevar al practicante a alcanzar al conocimiento verdadero de la disolución del yo como una ilusión. Algunos alegan que la meditación, con la ayuda de un mantra, puede ayudar a energizar los chakras y paulatinamente despertar a una realidad ajena a nuestras sensaciones y percepciones físicas. En la mayoría de los casos se alega que la meditación promueve la conexión con los demás y por ende la empatía, la compasión y otras virtudes espirituales.

Lo más interesante es que muchos eminentes secularistas y ateos también promueven la meditación. En su libro Waking Up, el llamado “nuevo ateo” o uno de los “cuatro jinetes” del ateísmo Sam Harris sugiere la meditación como una medida para experimentar la disolución del yo, una verdad también sostenida por él desde su especialidad como neurólogo. Por otro lado, Robert Wright va por la misma línea en su libro Why Buddhism is True. De acuerdo con él, esta es la culminación de sus reflexiones a partir de su publicación The Moral Animal, un excelente libro para entender nuestro comportamiento como producto de la evolución neodarwiniana. El budismo enseña cómo nuestra mente está predispuesta al dukkha (la insatisfacción) y cómo ciertas prácticas (entre ellas la meditación y la vida moral) nos permiten deshacernos de ella.

Como religioso naturalista, un servidor practica la meditación con enfoque en la pertenencia individual al universo, al Gran Todo del cual todo lo que existe es parte. A nivel anecdótico (y tómese el testimonio como eso) esto ha ayudado a ajustar mi pensamiento y espiritualidad a la Realidad, sin tener en cuenta la existencia de nada sobrenatural o aspirar a un “Nirvana“. Muchos religiosos naturalistas, desde Michael Dowd hasta Ursula Goodenough promueven lo que llaman en inglés “mindfulness“, la introspección por la que silenciosamente reflexionamos en nuestra respiración y los procesos vitales. Es allí donde incrementa nuestra conciencia de nuestra participación en el universo tal y como es presentado por las ciencias. Se puede forjar una ética basada en nuestra conexión con otros y con el universo que nos rodea sin negar en absoluto el conocimiento empírico.

¿Y qué tiene que decir la ciencia sobre la meditación? Los hallazgos científicos no son nada alentadores para los que la practicamos. Recientemente salieron a la luz un artículo científico en cuanto al tema y un metaanálisis en torno a sus pretendidos efectos sobre el carácter. Ambos le echan un balde de agua fría a nuestro entusiasmo sobre el tema. He aquí la ficha:

Kreplin, U., Farias, M. & Brazil, I. A. (5 de febrero de 2018). The limited prosocial effects of meditation: A systematic review and meta-analysis. Scientific Reports, 8, 2403. doi: 10.1038/s41598-018-20299-z.

Van Dam, D. T., Vugt, M. K., Vago, D. R., Schmalzl, L., Saron, C. D., Olendzki, A., Meissner, T., Lazar, S. W., Kerr, C. E., Gorchov, J., Fox, K. C. R., Field, B. A., Britton, W. B., Brefczynski-Lewis, J. A., & Meyer, D. E. (10 de octubre de 2017). Mind the hype: A critical evaluation and prescriptive agenda for research on mindfulness and meditation. Perspectives on Psychological Science, 13, 1, 36-61. doi: 10.1177/1745691617709589.

Ambos estudios continúan el patrón histórico de escasa evidencia de los beneficios de la meditación.

 

Steven Novella

Steven Novella, neurólogo y activista escéptico.

El neurólogo escéptico Steven Novella ha publicado sendas entradas en sus blogs en Science-Based Medicine y Neurologica en relación con los artículos. Novella señala que Van Dam et al. (2017) muestra claramente las serias limitaciones metodológicas para diseñar experimentos de mindfulness.

En primer lugar, no hay una definición operacional o funcional de “mindfulness“, requisito indispensable para poder poner a prueba cualquier alegato en un experimento controlado. He aquí varios ejemplos de las diversas maneras en las que se quiere definir “mindfulness“:

  • distancia/repercepción sicológica
  • control decentralizador o inhibidor
  • conciencia discriminatoria no conceptual
  • aceptación y reintegración
  • atención enfocada
  • decentralización
  • meta-conciencia

Ante definiciones tan dispares de lo que es “mindfulness” se hace sumamente difícil saber cuáles variables se deberían controlar en un experimento.

Esto nos lleva a un segundo problema, debido a que tal definición no existe, se hace difícil evaluar sistemáticamente los experimentos que tengan que ver con meditaciones o “mindfulness” para sacar cualquier conclusión al respecto.

Aun con todas las objeciones, hay un metaanálisis específicamente sobre el ejercicio de la meditación mindfulness (Kreplin et al., 2018). Los investigadores se enfocaron en las siguientes variables prosociales que, según algunos partidarios, son fomentadas por este ejercicio espiritual: la compasión, la empatía, la agresión, la conexión (con otras personas o el mundo) y el prejuicio. He aquí los hallazgos:

  • Se nota una mejora muy modesta en cuanto a la compasión y la empatía.
    .
  • No hubo efecto alguno en cuanto a las variables de agresión, conexión o prejuicio.
    .
  • El análisis de los estudios que reportaron efectos positivos de la meditación tenían problemas metodológicos y pudieron ser influenciados por prejuicios de los maestros de los diversos ejercicios de meditación. Esto puede indicar a su vez que la meditación per se no tiene valor alguno en fomentar la compasión o la empatía sino el contexto en el que ocurre o según se enseña.
    .
  • Los estudios en general que examinan el fenómeno de la meditación o el mindfulness están plagados de problemas metodológicos debido a la  inherente oscuridad terminológica y a los reportes de los practicantes. Los investigadores llaman “neblina teorética” a estas confusiones.

En resumen, como diría Novella, los beneficios de la meditación parecen ser los mismos que los de ver televisión: relajarse, tomarse un tiempo para uno, enfocarse en algo y olvidarse del mundo.

Esto no significa que si la meditación ayuda a la espiritualidad de alguna persona, entonces no se practique. Lo que sí significa es que debemos ser humildes ante la evidencia científicamente cualificada y aceptar que muchas de las alegaciones y el hype que provienen de ciertas religiones, movimientos espirituales y distintos sectores sociales no pueden ser corroborados. Esto debe cuestionar en principio el gasto enorme de cierta gente en seminarios o talleres para enseñar meditación, especialmente bajo promesas de mejora personal.

Además de las observaciones de los dos estudios mencionados, deseo echar un tercer balde de agua fría, esta vez dirigidos a Robert Wright y a Sam Harris. Aunque sí creo que puede haber una espiritualidad naturalista y recoger lo más valioso del budismo y otras filosofías orientales, el valor epistémico que ofrece la meditación para “saber” de la inexistencia del “yo” es exactamente ninguna. La misma mente que nos engaña a pensar que existe un “yo” sustancial que concebiblemente puede separarse del cuerpo (a la Descartes) también podría crear una ilusión de su inexistencia.  Estos no son sino estados alterados de conciencia, pero que en sí mismos no ofrecen información alguna en torno a la realidad del “yo”. Además, en filosofía de la mente y en las ciencias cognitivas se han formulado modelos en los que el “yo” es una realidad epifenoménica o emergente, pero sin suponer necesariamente que es sustancia (en el sentido metafísico del término). La meditación en sí no ofrece manera alguna de indicar cuál modelo mental sea el correcto. Experimentar que nuestro ego se disuelve es una cosa, otra es que esto cuente como un “insight” de nuestra realidad.

Es más, la meditación no tiene valor epistémico alguno en ninguna esfera del diario vivir. A lo sumo, la meditación solo permite concentrar nuestros pensamientos en la Realidad que nos circunda cuando es orientada por las ciencias. Sin embargo, por sí sola, no ha dado señales de mejorar nuestro conocimiento del mundo o nuestro carácter.

(Presento el vídeo porque en líneas generales estoy de acuerdo con Schwarz, pero hago la salvedad de que mal caracteriza el dukkha según es enseñado por el budismo y su relación con los deseos).

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