La homosexualidad y la Biblia Hebrea: Orígenes

Lot escapa de Sodoma

“Lot escapa de Sodoma” por Gustave Doré

En mi artículo anterior, mencioné el hecho de que hay un elemento particular de odio a la homosexualidad en las religiones abrahámicas: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Lo que inició este tipo de deprecio a actividades homosexuales fueron ciertos pasajes en la Biblia Hebrea que se escribieron en un contexto histórico que todavía permanece mayormente desconocido para nosotros. Sin embargo, gracias a la arqueología y al estudio intensivo de las civilizaciones que se formaron en el Medio Oriente y en el Mediterráneo, algunos eruditos ya tienen una idea del sentido original de estos textos. La respuesta puede sorprender a muchos.

Lo que haré en este artículo es exponer la teoría que muchos de los expertos en la Antigüedad sostienen hoy día. Noten que en este caso, el análisis será estrictamente histórico, no teológico ni religioso. Para una discusión con mayor lujo de detalles con sus referencias, léase los capítulos 8 y 10 de mi libro Pablo el Emisario: Odiado e incomprendido. Todos los pasajes bíblicos citados aquí provienen de la Biblia de Jerusalén (2009).
.

La sociedad que originó al Antiguo Israel

Es sabido por la mayoría de los arqueólogos y eruditos de la Biblia Hebrea que ciertos eventos de la magnitud relatada por los libros de Éxodo y de Josué nunca ocurrieron. No hubo una invasión masivamente genocida de hebreos contra pueblos enteros por parte de israelitas nómadas. No hay rastro alguno de un gran éxodo de esclavos de Egipto dirigidos por un príncipe egipcio, Moisés, desde antes del Mar de las Cañas hasta las afueras del Río Jordán. Los historiadores y especialistas en la Biblia Hebrea se hallan hoy divididos en torno a si realmente hubo algún tipo de éxodo de esclavos, aunque hay un fuerte consenso de que no hubo una travesía de millones de personas hasta Tierra Santa por cuarenta años en la época de Moisés y Josué (1275-1208 a.C.). Los que piensan que pudo haber habido un éxodo usualmente lo atribuyen a un grupo pequeño de guerreros, fuertemente influenciados por la cultura egipcia, que se familiarizó con la religión de un pueblo conocido como los shasu en Madián, donde adoraban al dios Yaju, o Yahveh. Más adelante se integraron a la sociedad cananea, adoradora del dios El, lo que llevó gradualmente a un proceso sincrético para que ambas deidades se volvieran una: Yahveh Elohim (Éx. 6:2-3).

Sin embargo, los arqueólogos han evaluado los artefactos que han encontrado y han puesto en duda el modelo de invasión de Canaán por parte de los antiguos hebreos bajo el mando de Moisés y Josué. La evidencia sugiere que es imposible que hayan invadido y derrotado Négueb, Sijón, Jericó, Ay y Jasor (Núm. 12:1-3, 21-32; Jos. 6-11). De lo que sí hay abundante evidencia arqueológica en tierra cananea es de una rebelión contra las monarquías vasallas de Egipto y las castas altas. Una vez eliminado el dominio de estos reyes, las diversas tribus cananeas de la Era de Hierro I (1200-1000 a.C.) fueron extendiendo su población por todo el territorio norte de lo que después se conocería como Israel.

Lo que llama la atención –y que es sumamente pertinente a nuestro tema– tiene que ver con el nuevo estilo de vida adoptado por los cananeos al denominar como “Israel” a este nuevo territorio. Cuando se examina la evidencia arqueológica de las casas y las villas que datan de esta época, los expertos notan que no hay estructuras arquitectónicas de autoridad política. Para todos los efectos, las tribus israelitas establecieron una sociedad igualitaria. El libro de Jueces confirma esta dimensión de la vida israelita, ya que en ese texto se nota un periodo de tiempo en el que Israel carecía de reyes. Al contrario, en momentos difíciles y de hostilidad (especialmente por su tensión con los filisteos), los israelitas escogían a un jefe militar temporero, un “juez”, para defenderse contra fuerzas enemigas. Por cierto, el libro de Jueces atribuye la unificación de las tribus en una “nación”, Israel, a una mujer juez llamada Déborah, a la que un himno le denominaba “Madre de Israel” (Jue. 4-5).

Aun así, la sociedad israelita antigua no era totalmente igualitaria. No obstante Déborah como la “Madre de Israel”, estas tribus relegaban a las mujeres a un rol bajo. En primer lugar, la poligamia era una práctica hartamente permitida en esas sociedades. Aquellos hombres que fueran pudientes, podían tener más de una esposa, siempre y cuando pudiera cuidar de ellas. Es más, el arreglo matrimonial de una joven al hijo de otra familia o el concubinato permitían estrechar lazos entre familias, clanes o reinos (los “dominios” de David y Salomón fueron realmente influencias de poder vía lazos con varios reinos y tribus). En segundo lugar, a las mujeres y a las hijas se les trataba en términos prácticos como propiedad, lo que llevó a muchos autores de la Torah a estipular provisiones para evitar ciertos abusos y elevarlas más de un rango de simple pertenencia (e.g. Éx. 21:7-11; Núm. 27:4; 30:11-16; Deut. 21:10-14; 22:23-27).
.

Funcionarios y sacerdotes forjan las Sagradas Escrituras

Debido a la inestabilidad de una sociedad igualitaria, las tribus decidieron optar por una monarquía. La primera fue la de Saúl, a la que le sucedería eventualmente la de David y su hijo Salomón, reyes que unificaron a las tribus del norte y las del sur. Durante este proceso se afianzaron los sacerdocios de Siló (probablemente musitas) y de Jerusalén (aarónidas), ambos levitas. De estos dos sacerdocios se derivaron tres de las cuatro tradiciones que compusieron la Torah hebrea (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) entre otros libros sagrados. La primera tradición en formarse fue la yahvista (J), producida probablemente por funcionarios de la monarquía davídica o, lo más probable, la salomónica. Sin embargo, las otras tres, las levíticas, fueron la elohísta (E), la deuteronomista (D) y la sacerdotal (P), de acuerdo al orden que aparecieron según el modelo mayoritariamente adoptado por los especialistas de la Biblia Hebrea.

Es en este contexto que debemos entender los pasajes usualmente más citados para condenar la conducta homosexual por parte de los religiosos conservadores y fundamentalistas.
.

Sodoma y Gomorra

Hombres de Sodoma se agolpan frente a la puerta de Lot.

Hombres de Sodoma se agolpan frente a la puerta de Lot. Imagen por Phillip Medhurst. Cortesía de la Colección del Revdo. Philip De Vere en la Corte de St. George’s, Kidderminster, Inglaterra. CC-BY-SA 3.0.

En cuanto a los textos bíblicos relacionados con el tema actual de la homosexualidad, tenemos el relato de Sodoma y Gomorra (Gén. 19), compuesto por algún autor J. En él, se nos cuenta que Yahveh había determinado destruir la ciudad de Sodoma debido a que “su pecado es gravísimo” (Gén. 18:19). Del diálogo entre Yahveh y Abraham se desprende que la ciudad completa (con la excepción de Lot y su familia) estaba inmersa en maldad. La deidad decidió enviar a dos ángeles para avisarle a Lot y a su familia que debían abandonar Sodoma lo más pronto posible, ya que iba a ser destruida. Cuando los ángeles fueron recibidos, nos dice el Génesis:

No bien [Lot y los ángeles] se habían acostado [para comer], cuando los hombres de la ciudad, los sodomitas, rodearon la casa, desde el mozo hasta el viejo, todo el pueblo sin excepción. Llamaron voces a Lot y le dijeron: “¿Dónde están los hombres que han venido adonde ti esta noche? Sácalos, para que abusemos de ellos.”

Hay que aclarar que en este caso, por el término “hombres” (más bien “multitud” {’anašim}) debe entenderse en hebreo indistintamente como varones y mujeres. Como respuesta a la amenaza, Lot ofreció a su hija para que fuera abusada, en vez de los “forasteros”. Ante la negativa de la ciudad, los ángeles salieron y cegaron a la multitud. Después, la familia huyó con las instrucciones angelicales de que no miraran atrás durante la destrucción de la ciudad. Desobedeciendo a las órdenes de Yahveh, la esposa de Lot se transformó en una estatua de sal.

¿Cómo debemos entender esta narración? Pues, contrario a lo que muchos religiosos conservadores sostienen, de lo que menos se trata este texto es de la homosexualidad. Al contrario, el tema principal es el de la injusticia al forastero. El abuso sexual a los extranjeros era bastante común en aquella época, porque –como explicaremos más adelante– se les consideraba inferiores a los habitantes de la ciudad. El texto bíblico nunca afirma que la multitud era “homosexual” sino más bien malvada. Así lo comprendieron por mucho tiempo los profetas más importantes de la Biblia Hebrea y que fueron contemporáneos con muchos de los escritos de la Torah. Tomemos la comparación que hace Isaías de un Israel malvado con Sodoma y Gomorra:

De no haberme dejado Yahveh Sebaot un residuo minúsculo,
seríamos como Sodoma,
parecidos a Gomorra.

Escuchad la palabra de Yahveh,
regidores de Sodoma;
oíd la torah [ley] de nuestro Elohim [Dios],
pueblo de Gomorra.

Vuestras manos están llenas de sangre:
lavaos, purificaos,
apartad vuestras fechorías de mi vista,
desistid de hacer el mal
y aprended a hacer el bien:
buscad lo justo,
reconoced los derechos del oprimido,
haced justicia al huérfano,
abogad por la viuda
(Is. 1:9-10,15b-17).

Otro profeta que lo entendió de la misma manera era Ezequiel:

Por mi vida –oráculo de Adonay Yahveh–, que tu hermana Sodoma y sus hijas no obraron como habéis obrado tú y tus hijas. El crimen de tu hermana Sodoma y sus hijas fue: orgullo, voracidad, indolencia nacida de una vida placentera; no socorrieron al pobre y al indigente, se enorgullecieron y cometieron abominaciones ante mí. Por eso las hice desaparecer, como tú has visto (Ez. 16:48-50).

Finalmente, debemos señalar que en una historia paralela en el libro de Jueces, se presenta otra situación en la que unos hombres de una ciudad deseaban abusar a un extranjero, el anfitrión ofrece a su esposa y a la concubina del extranjero para su abuso, lo que efectivamente estos perversos llevaron a cabo (Jue 19:15-27). Si estos hombres eran abusadores “homosexuales”, ¿por qué abusaron a las mujeres? Una vez más, el tema subyacente es el de una injusticia que se quería llevar contra el forastero por ser considerado inferior en el contexto de esa población.
.

Los pasajes de Levítico

Los otros pasajes que usualmente se citan para condenar las actividades homosexuales en general provienen del libro de Levítico, cuyo texto es casi completamente de la tradición P. Veamos:

No te acostarás con varón como con mujer: es una abominación (Lev. 18:22).

Si un varón se acuesta con otro varón, como se hace con una mujer, ambos han cometido una a abominación y deben morir. Su sangre caerá sobre ellos (Lev. 20:13).

Estos dos pasajes se han asociado erróneamente como una confirmación del sentido del relato de Sodoma y Gomorra. Sin embargo, como cualquier erudito en la Biblia Hebrea puede señalar, la narración de las dos ciudades malvadas fue escrita por un narrador J, mientras que estas prohibiciones fueron escritas por un autor P siglos más tarde.

Antes de proceder, debemos poner en perspectiva estos fragmentos dado el contexto social que hemos discutido. Por ejemplo, en Levítico se prohíbe explícitamente el acto sexual entre varones, pero buscamos en vano cualquier pasaje en ese documento o en la Biblia Hebrea en el que se condenen actos sexuales entre mujeres. Esto se debe, una vez más, a una sociedad poligámica, en la que los varones no solamente gozaban de tener actos sexuales con más de una mujer, sino también de participar y disfrutar del acto sexual entre ellas. En relación con esto último, lo único que encontramos en Levítico es lo siguiente:

No tomarás por esposa a una mujer y a su hermana cuando todavía vive la primera: harías a la segunda rival de la primera al descubrir también su desnudez (Lev. 18:18).

Fuera de eso, no hay ninguna otra prohibición de actos lésbicos.

¿Por qué a las mujeres se les permite, pero a los varones no? La respuesta es sencilla: la penetración.
.

El significado de la penetración en la Antigüedad

El problema de citar estos pasajes sin tener en cuenta su debido contexto lleva a toda una serie de confusiones. Los pasajes de Levítico no explican en lo absoluto el razonamiento o las justificaciones detrás de los mandatos de Yahveh. Dado este panorama, no tenemos de otra que recurrir a textos extrabíblicos y descubrimientos arqueológicos en áreas cercanas a la región palestina para tener una mejor idea de a cuál realidad estaban respondiendo los antiguos israelitas.

Erastes y Erómenos

Un erastes en un acto pederasta con un erómenos. Dibujo en una ánfora ateniense del siglo V a.C., ahora en las Colecciones Estatales de Antigüedades en Münich, Alemania. Foto cortesía de Haiduc, de Wikimedia Commons. CC-BY-SA 3.0.

Cuando miramos a las prácticas sexuales de diferentes sociedades del Medio Oriente de aquella época y del Mediterráneo podemos encontrar un tema común: los varones que penetran (los activos) son privilegiados o se encuentran en un estrato superior a los que son penetrados (los pasivos), quienes no son privilegiados o que son de estrato inferior. Las mujeres no penetran, los hombres lo hacen. En parte esa puede ser una razón por la que a las mujeres se les veía históricamente como inferiores.

Podemos ver ejemplo de ello en la mitología egipcia, especialmente la relación tensa entre Horus y Set, en la que este último engañó al joven Horus para violarlo; abuso clásico de un adulto (posición privilegiada) a un joven (inferior). Podemos ver también esto en la práctica pederasta en la Antigua Grecia. Los maestros podían tener relaciones pederastas con sus discípulos, lo mismo que ciertos adultos que llevaban actos sexuales con jóvenes con “su consentimiento”. Al activo se le conocía como “erastes” y al pasivo “erómenos“. Este tipo de relaciones cesaban cuando los jóvenes cumplían los dieciocho años, es decir, la edad en que ya se podían considerar adultos y, por ende, iguales a los demás adultos. Es importante señalar que durante la relación de pederastía no se suponía que al joven varón le gustara el ser penetrado, porque tal placer era mal visto. Es más, si no cesaban la pederastía con su antiguo erastes e insistía el erómenos en ser penetrado, esto se veía como una degradación y, ante la sociedad, el mismo estatus del de una mujer. De allí que a veces se les consideraran “afeminados”. También hemos visto cómo los libros de Génesis y de Jueces nos hablan del deseo de abuso de una multitud a unos forasteros precisamente porque se les veía como inferiores, algo que el texto bíblico claramente condena como una injusticia. La violación siempre fue en todas las épocas, y más en el contexto bélico de la Antigüedad, un instrumento de guerra. La violación no solo es un golpe moral contra el penetrado o la penetrada, sino también una señal de derrota.

Cuando vemos los mandatos de Levítico podemos considerarlos como únicos en el mundo mediooriental. No había otro lugar en el Medio Oriente o en el Mediterráneo que condenara la actividad homosexual de varones. Sin embargo, hay otra cosa que hacía a los antiguos israelitas únicos en esa matriz social: su sociedad igualitaria. En otras palabras, rechazaban las actividades homosexuales entre varones porque, en el contexto de aquella época, significaba una distinción entre ellos por estratos sociales, algo que los israelitas consideraban intolerable e injusto. Esta convicción se conservó aun cuando posteriormente empezaron a aparecer monarcas y sectores más privilegiados de esa sociedad, algo que los mismos profetas israelitas condenaban.
.

Conclusión

La Biblia Hebrea ha sido la que ha llevado a las religiones abrahámicas en general a su tendencia a condenar las actividades homosexuales. Sin embargo, sus orígenes no han sido comprendidos adecuadamente debido a nuestra propia ignorancia del contexto social de esa época. Irónicamente, las actividades homosexuales entre varones tienen poco que ver con la homosexualidad como se entiende hoy día ni tiene que ver con el asunto del matrimonio homosexual. Tiene más que ver con una percepción de injusticia cuando varones en una sociedad igualitaria asumían roles sexuales típicos de sociedades desiguales.

Obviamente, la historia en torno a la condena de las actividades homosexuales no termina aquí. En algunos artículos posteriores hablaremos del tema de la homosexualidad en el Nuevo Testamento de la Biblia Cristiana.
.

Bibliografía

Ben-Tor, Amnon. La arqueología del Antiguo Israel. Madrid: Ediciones Cristiandad, 2004.

Biblia de Jerusalén. Bilbao: Desclée de Brower, 2009.

Dever, William G. What Did the Biblica Writers Know & When Did They Know It?–What Archaeology Can Tell Us about the Reality of Ancient Israel. MI: William B. Eerdmans, 2001.

—. Who Were the Early Israelites and Where Did They Come From? MI: William B. Eerdmans, 2003.

Friedman, Richard Elliott. Who Wrote the Bible? US: HarperOne, 1997.

Friedman, Richard Elliott y Shawna Dolansky. The Bible Now. NY: Oxford University Press, 2011.

Ramírez, Rafael L. Dime capitán: Reflexiones sobre la masculinidad. PR: Ediciones Huracán, 1993.

Sanders, E. P. Paul: The Apostle’s Life, Letters, and Thought. Minneapolis: Fortress Press, 2011.

Sicre, José Luis. Introducción al Antiguo Testamento. Estrella: Editorial Verbo Divino, 2011.