¿Qué sabemos históricamente del nacimiento de Jesús? – 8

Serie: 123456, 7

Imagen de nacimiento
Imagen de nacimiento. Foto original de Gerhard Gellinger en Pixabay.

El nacimiento como un Diatessaron

En Estados Unidos, durante los años 80, se publicó famoso un libro de Johnston Chancey llamado, La vida de Jesús en estéreo. Bajo este título interesante, el autor se propuso lograr un proyecto particular y que parecía innovador: el de reconciliar los evangelios de una manera que presentara la vida de Jesús coherentemente, pero sin negar la facticidad del contenido de los textos. La idea es que cada evangelio presentaba una manera distinta de presentar los hechos, así como en el estéreo, una de las bocinas emite unos sonidos y la otra, otros y, en su conjunto, terminan armonizándose en música.

¿Cómo Chancey solía reconciliar estos escritos? Por ejemplo, tomemos las negaciones de Pedro. En uno de los textos, el Evangelio de Marcos, Pedro negó a Jesús tres veces antes de que el gallo cantara dos veces y así ocurrió. (Mc. 14:26-31,66-72) Pero en el de Mateo, Jesús le adivirtió a Pedro de que antes que el gallo cantara [¡punto!], le negaría tres veces. (Mt. 26:30-35;69-75) ¿Cómo se podía resolver esta discrepancia? Haciendo que Pedro negara a Jesús seis veces, tres de ellas antes de que el gallo cantara una vez y otras tres antes de que cantara dos veces. Uno no puede dejar de levantar una ceja escéptica ante una solución tan creativa como esa.

Esto no es nada nuevo en el cristianismo. Piénsese en las llamadas siete palabras de Jesús en la cruz que varias denominaciones cristianas suelen recitar o recordar. Algunas de las “palabras” o, mejor dicho, frases aparecen en los evangelios de Marcos y Mateo. Lucas aporta una visión estoica de Jesús, por lo que eliminó o minimizó todo el contenido marcano que presentaba un Mesías sufriente, colocó otras escenas y puso otras palabras en boca de Jesús. Finalmente, el Evangelio de Juan nos muestra un salvador en su momento de gloria, por lo que se elimina totalmente toda alusión a agonía y sufrimiento; el Mesías estuvo en control pleno de todo lo acontecido hasta el final, por lo que coloca otras palabras de Jesús. Combinen, pues, todas las frases que encontramos en todos los evangelios y obtenemos las siete palabras … que no se encuentran completas en ninguno ellos. (Ehrman, Misquoting Conclusion)

Al igual que hoy, en la Antigüedad, muchos devotos cristianos notaron las discrepancias factuales de estos textos. Uno de ellos, llevó a cabo lo que podríamos considerar la versión más antigua de La vida de Jesús en estéreo. Esta obra fue escrita por Taciano el Sirio (ca. 120-180 EC), llamada Diatessaron (Concordancias) (ca. 170 EC). Este escrito, publicado en griego y sirio, se volvió tan popular que en algunas congregaciones sustituyó la lectura de los evangelios mismos.

Sin embargo, hubo varios diatessarones visuales artísticos y populares para recordar todos los pasajes relacionados al nacimiento de Jesús. El más visible, el invento de Francisco de Asís, los nacimientos. Veamos:

  1. El pesebre: no se encuentra en el Evangelio de Mateo, sí en el de Lucas
  2. La adoración de los pastores: no se encuentra en el Evangelio de Mateo, sí en el de Lucas
  3. La estrella de Belén: no se encuentra en el Evangelio de Lucas, sino en el de Mateo
  4. La adoración de los Magos: no se encuentra en el Evangelio de Lucas, sino en el de Mateo
  5. El anuncio público de los ángeles: no se encuentra en el Evangelio de Mateo, sí en el de Lucas

No obstante eso, hay unos elementos de los nacimientos que no aparecen en ninguno de los evangelios. Por ejemplo, los Magos son tres reyes. La mula y el buey manteniendo caliente al Niño con su aliento. En algunos nacimientos católicos y en algunas imágenes de José, se muestra sosteniendo una vara o un cayado florido. ¿De dónde salieron estos detalles? Pues, de otros textos.

Los textos apócrifos

El encuentro de Joaquín y Ana
El encuentro de San Joaquín y Santa Ana en el arco dorado, por Vittorio Carpaccio. Imagen cortesía de la Galería de la Academia de Venecia (CC-BY SA 4.0).

El divulgador español Antonio Piñero, suele decir que los capítulos 1 y 2 del Evangelio de Mateo y el 1 y 2 de Lucas pueden decirse que son, propiamente hablando, los primeros evangelios apócrifos del cristianismo temprano. Aunque no nos suscribimos a esta perspectiva, entendemos su punto. Estos capítulos fueron el comienzo de toda una serie de literatura que buscaba rellenar unos vacíos de la historia de Jesús. (Piñero, “Los evangelios apócrifos” 413-415) Podemos mencionar muchos de estos apócrifos dedicados a la infancia de Jesús:

  • El Protoevangelio de Jacobo (ca. 150 EC): Este escrito, atribuido a Jacobo, el hermano de Jesús, relata las infancias de María y Jesús.
  • El Evangelio de la Infancia, de Tomás (ca. 150 EC): Atribuido a un tal “Tomás el Israelita”, relata acontecimientos de la infancia de Jesús, teniendo como base narrativa los capítulos 1 y 2 del evangelio lucano. Es bastante entretenido, ya que presenta al Niño Jesús casi como un clon de Dennis the Menace. No solo hacía travesuras a los adultos y niños, sino que también llegó a matar a uno … y lo resucitó.
  • El Evangelio Árabe de la Infancia (ca. 390 EC): Este texto contienen elementos de los cuatro evangelios. En este escrito, una vez Jesús ha nacido, él le hablaba a su madre describiéndose como el Verbo Encarnando. A su vez, asocia varios eventos de la infancia que prefigurarían lo que le ocurriría durante el ministerio y la muerte de Jesús. Además, presentaba al Jesús adolescente como un filósofo y científico helenístico, quien discutía con los sabios judíos de su época.
  • La Vida de Juan el Bautista (390 EC): Esta es una expansión considerable de la vida de Juan el Bautista. Su autor, Serapión, el obispo de Tmuis, utilizó como referentes el Evangelio de Lucas y el Protoevangelio de Jacobo.
  • El Evangelio de Pseudo Mateo (ca. 600-625 EC): Reproduce el relato del Protoevangelio de Jacobo con elementos de los evangelios de Mateo y de Lucas, pero añadiendo mucho más material.
  • La Historia de José el Carpintero (ca. siglos VI y VII EC): En este libro, Jesús se encontraba con sus discípulos en el Huerto de los Olivos y les habló de la virginidad de su madre, María, el rol de su padre, José y de sus cuatro hermanos (Judas, Justo, Jacobo y Simón) y sus dos hermanas (Asia y Lidia). Se basaba fundamentalmente en el Protoevangelio de Jacobo.

Para propósitos de nuestra discusión, nos concentraremos exclusivamente en el Protoevangelio de Jacobo y en el de Pseudo Mateo.

El Protoevangelio de Jacobo

El Protoevangelio de Jacobo se divide en dos partes: la primera se concentra en el nacimiento y adolecencia de María. La otra se enfoca en el nacimiento de Jesús. Los especialistas en estos textos antiguos afirman que este escrito puede considerarse el segundo texto que idealiza a María, la madre de Jesús. Ya hemos visto cómo el Evangelio de Lucas presentaba a María como una profetisa, recipiente de la bendición divina de ser la madre de Jesús por intervención del Espíritu Santo e intentaba suavizar los pasajes marcanos referentes a las tensiones entre el Mesías y su familia. El Protoevangelio es una continuación de ese proceso. Mientras que en Lucas se acentuaba la concepción virginal de Jesús, este escrito apócrifo enfatizaba el nacimiento virginal. Todas las citas provienen de la edición hecha por Piñero en la publicación, Todos los evangelios.

La historia comienza con una pareja de ancianos, Joaquín y Ana. Devotos judíos dedicados a Yahveh, no habían tenido hijos. Tras lamentos y oraciones, Ana recibió un anuncio:

“Ana, Ana, el Señor ha escuchado tu plegaria. Concebirás y darás a luz, y se hablará de tu descendencia en toda la tierra.”

[Luego le dijo a Joaquín:] “Joaquín, Joaquín, el Señor Dios ha escuchado tu plegaria. Baja aquí, pues he aquí que Ana, tu mujer, va a concebir en su vientre”. (Protoevangelio 4:1,2)

Se dio el milagro y, a los nueve meses, nació María, momento de regocijo para su pareja. Sus padres celebraron sus seis meses (cuando ella dio sus primeros siete pasos) y el año cumplido, presentándole Joaquín su hija a los sacerdotes y escribas. En cuanto a esta ocasión, Ana compuso un cántico enalteciendo el hecho de que Dios le había levantado de su humillación. Más adelante, a los tres años, ella fue presentada en el Templo de Jerusalén, donde fue recibida por los sacerdotes. Uno de ellos la bendijo, más adelante, se sentó en el tercer peldaño de los escalones del altar y bailó. Fue, pues, dedicada a Dios y se le trató con cariño “en la casa de Israel”.

Cuando fue a cumplir los doce años, los sacerdotes se preocuparon por que ya estaba en la etapa en que comenzaría sus periodos mensturales y no querían que, por causa de ella, hubiera algo impuro en presencia del Templo. Un ángel le reveló al sacerdote Zacarías que ya era hora de ponerle en manos de un buen hombre:

Zacarías, Zacarías, sal y convoca a los viudos del pueblo; que cada uno traiga una vara y aquel sobre quien el Señor manifieste un prodigio, con él se casará. (Protoevangelio 8:3)

Llegaron los viudos convocados para ver quién podía ser candidato a custodiar a María, llevando consigo sus respectivas varas. Milagrosamente, al desenvolver la varande José, salió volando de ella una paloma. José describió su situación de la siguiente manera:

Tengo hijos y soy anciano, mientras ella es una jovencita; no vaya a convertirme en motivo de risa ante los hijos de Israel. (Protoevangelio 9:2)

A los dieciséis años, tuvo la revelación relatada por el Evangelio de Lucas mientras estaba llenando un cántaro con agua. Llena de regocijo, visitó a Isabel con quien se quedó por tres meses.

Por otro lado, José quiso repudiar a María tras saber que estaba embarazada, ya que era objeto de sospecha por parte del sacerdocio jerusalemita de haber violado una virgen. Se le apareció un ángel tranquilizándole, de que ella había concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.

Los sacerdotes no querían creerle el embarazo milagroso de María, por lo que les dio a beber, a José y a María, “las aguas de la prueba del Señor” para mostrar sus pecados. (Protoevangelio 16:1) Ambos permanecieron sanos, señal de que estaban diciendo la verdad.

Debido al censo del emperador Augusto, José se veía en la necesidad de registrarse él y a María. Por motivo del embarazo, tenían que utilizar una cueva que servía en ese momento como pesebre. Como ella estaba a punto de dar a luz, José salió a buscar una comadrona. Tras encontrarla, José le contó todos los milagros que le acontecieron. No sorprende, pues, que la ella se resistiera a tal noticia. Cuando los dos regresaron a la cueva, el lugar estaba rodeado de una nube luminosa. Al retirarse el fenómeno, había aparecido el Niño Jesús recién nacido. La comadrona le avisó del prodigio a otra, llamada Salomé, quien se expresó también con suma incredulidad. Para comprobar lo dicho, Salomé … “metió su dedo en la naturaleza de María” (Protoevangelio 20:1), comprobando que lo alegado era correcto. Jesús había nacido mientras María había permanecido virgen. Sin embargo, en el momento que lo hizo, fue castigada por su incredulidad. A pesar de ello, se sanó tras arrodillarse y recibir al bebé Jesús en sus brazos.

Finaliza el Protoevangelio con el recibimiento de los Magos de Oriente, la huida de la familia a Egipto a raíz del aviso de una futura persecución por parte de Herodes y el asesinato de Zacarías por parte de los agentes del rey, tras haber escondido a su hijo Juan.

El Evangelio de Pseudo Mateo

José, el padre de Jesús
Según el Evangelio de Pseudo Mateo, José, el padre de Jesús, fue un anciano muy entrado en edad que fue escogido por Dios cuando, en una prueba del Sumo Sacerdote del Templo, la vara que tenía su nombre, había florecido. Esto era señal que debía casarse con la bien jovencita Virgen María. Pintura de Juspe de Ribera (1603). Cortesía del Museo de Brooklyn.

Las bases del Protoevangelio de Jacobo fueron, sin duda los primeros capítulos de los evangelios de Mateo y Lucas. Su autor quiso armonizar ambos relatos en uno, idealizar el rol de María y aumentar su contenido dramático.

Sobre la base de este texto se erigiría otro muy popular en el cristianismo varios siglos después, el Evangelio de Pseudo Mateo. Como podrán sospechar, el escrito alega tener como autor al apóstol Mateo. El texto hace algunas variantes significativas que cuajaron profundamente en el espíritu del cristianismo europeo medieval hasta nuestros días.

No entraremos en su contenido con lujo de detalles, pero sí enfatizaremos algunas de las variantes pertinentes para nuestro tema. He aquí algunas de ellas:

  • Tras ser notificados por el ángel de Dios, Joaquín y Ana se encontraron ante el arco dorado del Templo de Jerusalén.
  • Hay una idealización mucho mayor de María como una niña madura en su dedicación en la oración. Teniendo tres años, se dedicaba como alguien de treinta. Se entregaba también a su industria textil, al conocimiento de la Ley de Moisés, a la recitación de los Salmos y a la caridad. Por ello, era considerada superior a las demás vírgenes del Templo de Jerusalén.
  • María hizo en su infancia un voto de virginidad perpetua ante los sacerdotes.
  • A los catorce años (no a los doce), los sacerdotes habían preparado una estrategia de casarla con un viudo de la tribu de Judá que la custodiara. Se convocó a unos cuantos para que llevaran varas en donde grabaran sus nombres, para colocarlas en el Santo de los Santos. Milagrosamente, la vara de José había florecido, señalándole como el elegido por Dios para que se casara con María.
  • La primera comadrona tiene el nombre de Zelomí.
  • A los tres días del nacimiento de Jesús, salió María de la cueva y entró en un establo, colocando a su bebé en el pesebre. Allí, un buey y un asno le adoraron. Esto se hizo para que se cumpliera la profecía de Isaías: “Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo; pero Israel no conoce, mi pueblo no discierne.” (Is. 1:3)

Este evangelio también relata la circuncisión de Jesús en el Templo, su presentación a Simeón y Ana, la manifestación a los Magos de Oriente, la huída a Egipto y otros relatos de la infancia. Estos últimos se inspiran en el Evangelio de la Infancia de Tomás, donde incorpora muchas de la travesuras del Salvador.

Recapitulación: La dimensión histórica de todas las antiguas narraciones de la Navidad

Lo que podemos determinar históricamente de Jesús y Juan el Bautista

Los resultados de la crítica que hemos hecho en esta serie, podemos determinar como históricos los siguientes puntos:

  1. El padre y la madre de Jesús se llamaban José y María respectivamente. Probablemente, ambos pertenecieron a la tribu de Judá.
  2. José trabajó como un tipo de artesano (tekton), pudo haber sido carpintero.
  3. Lo más verosímil es que Jesús fuera el primogénito y que tuvo hermanos y hermanas —que no fueron “primos”— sino hijos de la pareja. De estos hermanos, los nombres que se nos dan son Jacobo, Josés, Judas y Simón. No conocemos en absoluto los nombres de las hermanas. Dado que Jesús era el primogénito de José, es muy dudoso que sus hermanos fueran hijos de un matrimonio anterior.
  4. La información más temprana que tenemos de Jesús fue que vivió en Nazaret, algo que reconocen todos los evangelistas. Ante la suma improbabilidad de que la pareja viviera en Belén, o viajara a allí para que naciera Jesús, lo más probable es que naciera en Nazaret.
  5. El silencio que tenemos de las fuentes más tempranas en torno a la infancia de Jesús tambié sugiere muy fuertemente que su nacimiento no fue nada extraordinario y que su familia entera no estaba enterada de que él era el Mesías. Esto se atestigua por la información incómoda de la noticia marcana de que sus hermanos y su madre pensaban que Jesús se había vuelto loco. También se corrobora este hecho cuando tenemos en cuenta que Jacobo, solo se volvió apóstol tras haber tenido una experiencia revelatoria de la resurrección de su hermano.
  6. Juan y Jesús no estaban emparentados. Históricamente, Jesús comenzó siendo discípulo de Juan y este, a su vez, desconocía por completo el carácter mesiánico de aquel.

Todo lo anterior, lo discutimos de lleno en la primera entrada de esta serie.

¿Cuáles noticias pueden ser verosímiles, pero que podemos afirmar con menos seguridad que lo anterior?

  1. Jesús es descendiente de David, información que aparece primero en una de las cartas paulinas. De las genealogías que aparecen en los evangelios de Mateo y Lucas, ninguna es fiable.
  2. Zacarías e Isabel parecen haber sido los verdaderos nombres de los padres de Juan el Bautista.
  3. Ambos eran de la tribu de Leví, descendientes de Aarón, lo que refuerza el hecho de que Jesús y Juan no eran parientes. José no era de esa tribu sacerdotal y, con toda probabilidad, tampoco lo era María.
  4. Aunque se debe tomar con pinzas, tanto Mateo como Lucas afirman que Juan y Jesús nacieron en la época en que Herodes todavía estaba vivo. Esto coloca la fecha del nacimiento de Jesús aproximadamente del 7 al 4 AEC.

Todo lo demás que encontramos en los evangelios de Mateo y Lucas es puramente legendario.

¿Unas tradiciones tempranas en torno a la infancia de Jesús?

No obstante las enormes diferencias entre los evangelios de la infancia, Mateo y Lucas, hay unas semejanzas que no han escapado del ojo de los expertos del Nuevo Testamento.

  • Los padres están comprometidos a casarse, pero todavía no han convivido ni han llevado a cabo acto sexual alguno. (Mt. 1:18; Lc. 1:27,34)
  • José es de ascendencia davídica. (Mt. 1:16,20; Lc. 1:27,32; 2:4)
  • Hay alguna anunciación angélica del futuro nacimiento del Mesías. (Mt. 1:20-23; Lc. 1:30-35)
  • La concepción virginal de Jesús. (Mt. 1:20, 23, 25; Lc. 1:34)
  • La concepción es por obra del Espíritu Santo. (Mt. 1:18,20; Lc. 1:35)
  • El ángel dice que el hijo sería llamado Jesús. (Mt. 1:21; Lc. 1:31)
  • El ángel afirma que Jesús será el Salvador. (Mt. 1:21; Lc. 2:11)
  • El nacimiento de Jesús se dio cuando José y María empezaron a convivir. (Mt. 1:24-25; Lc. 2:5-6)
  • El nacimiento tuvo lugar en Belén. (Mt. 2:1; Lc. 2:4-6)
  • El nacimiento se asociaba a los días de Herodes el Grande. (Mt. 2:1; Lc. 1:5)
  • Jesús se crió en Nazaret. (Mt. 2:23; Lc. 2:39) (Brown, El nacimiento 29)

Estas semejanzas se han utilizado, en ocasiones, como atestiguamiento múltiple de que Jesús debió haber nacido en Belén y no en Nazaret. Sin embargo, esa posición es minoritaria, ya que el criterio de múltiple atestiguamiento pierde su fuerza ante la inverosimilitud histórica de ambos relatos. Ante el hecho de su casi total improbabilidad y su interés apologético de presentar a Jesús como nacido en la ciudad de su ancestro, no hay razón alguna para pensar que Jesús nació en otro lugar que no fuera Nazaret.

No obstante esta objeción, las diferencias entre los evangelios de Mateo y Lucas es lo suficiente como para afirmar que ninguno de los autores leyó al otro. Por otro lado, las semejanzas son suficientes para poder señalar una tradición previa que es imposible de reconstruir actualmente. Como hemos visto, algunos elementos que tienen en común son o pueden ser históricos, pero esta tradición primitiva de la infancia de Jesús debe haber sido legendaria. Pudo haberse originado entre el 60 y el 80 EC, ya que no se menciona nada de ellos en las cartas de Pablo ni en las fuentes del Evangelio de Marcos, los textos cristianos más antiguos que tenemos. (Brown, El nacimiento 29-33)

¿Aportación histórica de los apócrifos?

El compromiso matrimonial de José y María, un fresco del pintor Giotto di Bondone. José sostiene una vara florida con una paloma, recordando los escritos del Protoevangelio de Jacobo y el Evangelio de Pseudo Mateo.

Hoy día, fuera de estudiosos católicos y ortodoxos sumamente conservadores, la posición unánime de todos los expertos es que es muy improbable, a un nivel casi convergente a cero, que estos textos aporten información histórica alguna que sea fiable. La historia de los padres de María, Joaquín y Ana, se adapta a las famosas historias que hemos discutido, de la pareja infértil, que Dios milagrosamente le otorga hijos, llegan a ser grandes figuras: el caso de Abraham y Sara, los padres de Sansón, los padres de Samuel, los padres de Juan el Bautista y los padres de Jesús. Debido a lo tardías de las fuentes y la notable falta de datos sobre la ascendencia de María en el primer siglo, es casi imposible que un autor sepa los nombres reales de sus padres. Irónicamente, a pesar de esta ahistoricidad de su relato, hoy la Iglesia Católica venera ambos en los días en que se les conmemora.

Es más, integra otros aspectos legendarios que se inspiran en relatos de la Biblia Hebrea. La historia de la selección de José como esposo o custodio de María no pasa de ser una versión del mismo relato que vemos en el libro de Números, de cómo Yahveh mostró su favor a Aarón ante los príncipes patriarcas de las tribus de Israel utilizando varas. (Núm. 17:16-26)

Tampoco podemos tomar como histórica la edad avanzada de José, dato que ciertamente se dirige a afianzar la creencia de que José y María no pudieron haber tenido acto sexual alguno debido a la ancianidad del primero. En otras palabras, lo que se quiere defender en el caso del Protoevangelio de Jacobo era el nacimiento virginal de Jesús y en el caso del Evangelio de Pseudo Mateo, la virginidad perpetua de María. Estos y otros textos tuvieron un impacto significativo en la gradual idealización de María en lo que evolucionó en un culto mariano en el cristianismo. Estos cultos marianos continúan en la tradición católica romana y las orientales hasta hoy día.

Además de estos textos, hay información adicional por parte de varios historiadores, como Tertuliano, que también afectaron la tradición de la Navidad al pensar que los Magos de Oriente eran reyes. Su razonamiento es resultado de la fuerte sugerencia implícita de Mateo, de que los Magos cumplían con la entrega de los obsequios al Niño, como se predecía que harían los Reyes de la tierra. Gradualmente, esto evolucionó a la visita de Tres Reyes de distintas naciones, que adoptaron distintos nombres dependiendo de la tradición. En la que nos ha llegado, sus nombres fueron Gaspar, Melchor y Baltasar. Por supuesto, ninguna de estas figuras es histórica.

Conclusión y reflexión

En suma, es muy poco lo que podemos considerar histórico de las narraciones de la Navidad. El 99% de los relatos no nos dicen nada del nacimiento e infancia de Jesús que sea históricamente fiable.

En esta etapa, podemos escuchar a varios amigos creyentes decir que esto en sí no importa, son sólo parábolas. El problema es que los evangelios nunca nos dicen en ningún momento. Hay cierta posibilidad de considerar al relato de la infancia mateano como un midrash haggadah, ya que tiene una estructura narrativa que se asemeja a muchas tradiciones en torno a Moisés y que el autor aplicaba a Jesús. En tal caso, un lector de la época podría reconocerlo como un relato que reinterpretaba la Biblia Hebrea.

Por otro lado, eso no es lo que encontramos en el de Lucas. De hecho, su autor adoptaba el estilo de los historiadores, nos dice que consultó documentos fiables, nos afirma claramente que interactuó con los testigos oculares, puso indicadores históricos, ciertos acontecimientos claves del pasado de Judea, entre otros. “Lucas” intentaba convencer al lector de que todo lo que decía de los relatos era correcto. No hay estructura ni contenido de un midrash. Al contrario, él nos afirma que todo lo que escribía habí sido debidamente verificado. Sin embargo, su relato no es históricamente plausible, está cargado de su interés teológico y su consulta a testigos oculares (especialmente la madre de Jesús) no es creíble. Si alguien dijera que “Lucas” intentaba engañar al lector, esa sería una inferencia perfectamente razonable, porque él no quería que entendiéramos su relato como una parábola. Si hay alguna razón de por qué muchos cristianos de buena fe creen en su narración, se debe precisamente a que el autor hizo todo lo posible para hacer creer que su evangelio era puramente producto de su labor investigativa y que respetaba en todo momento los hechos acontecidos. Un examen crítico de los textos, como el que hemos hecho en esta serie, revela que no fue así.

En cuanto a su aportación literaria, ambas narraciones sirven como obertura de sus respectivos evangelios. En la versión mateana, vemos una cosmovisión judeohelenilística, de un Jesús que evidencia su estatus de Mesías, cumpliendo las profecías de la Biblia Hebrea. Simultáneamente, los personajes recuerdan los comienzos de Israel, pero con un giro a favor de los gentiles. En la narrativa lucana. observamos el tema recurrente de cómo el Mesías salvaría a Israel y establecería como prioridad a los pobres, humildes y marginados del mundo. “Lucas” nos presenta una visión del futuro Reino de Dios en uno de plena justicia y compasión, tanto para los judíos cristianos como para los gentiles convertidos.

Desde esta perspectiva, la carencia de historicidad de los relatos del nacimiento de Jesús no debe convertirse en un pretexto para rechazar de plano la Navidad como hermosa época de celebración de los puertorriqueños. Sin creer en ellos, los nacimientos recogen de los evangelios el mensaje de la esperanza justicia para los pobres, aspiración a realizarlo mueve a todos los que nos consideramos humanistas. Este es un momento de amor familiar y de compartir dentro de nuestro contexto cultural de cristiano. Aprovechemos un tiempo tan importante para estar inmersos en alegría, especialmente en un momento tan difícil como este. Tampoco rechacemos los tesoros de la literatura castellana (pensemos en el Auto de los Reyes Magos), de las artes o de la música basados en estos relatos. Forman parte de nuestra herencia cultural y como tal deben ser atesorados y expresados en estas ocasiones muy especiales.

Con ese espíritu, les deseamos feliz Navidad, un buen año 2019 y muchas bendiciones el día de Reyes.

Los tres reyes y la bandera de PUerto Rico

Referencias

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¿Qué sabemos históricamente del nacimiento de Jesús? – 7

Serie: 12345, 6

María y José buscando dónde quedarse.
La Virgen María y San José buscando dónde quedarse, un grabado de Joseph Parrocel. Imagen cortesía de la Wellcome Collection. (CC-BY 4.0).

El Evangelio de Lucas nos dice lo siguiente, después de hablarnos del nacimiento de Juan el Bautista:

Sucedió en aquellos días que salió un decreto de parte de César Augusto de que fuera censada toda la tierra habitada [es decir, todos los dominios romanos]. Este primer censo sucedió siendo gobernador de Siria Quirinio. E iban todos a censarse, cada uno a su propia ciudad. Subió también José desde Galilea, desde la ciudad de Nazaret a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David, para censarse con María, su esposa, que estaba encinta.

Y sucedió que, estando ellos allí, se cumplieron los días de que ella diera a luz. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el alojamiento. (Lc. 2:1-7)

A este tipo de información, el historiador experto de la Antigua Roma levantaría su ceja escéptica y exclamaría: “¡¡¡¡¿Qué quéeeeeeeeeeeeeeeee?!!!! ¡¿Qué disparate es este?! ¡¿En serio?!”

Los problemas del “censo de Augusto”

Trasfondo histórico

Mosaico de María y José registrándose en el censo ante Quirinio.
Mosaico bizantino de la Iglesia de San Salvador de Cora, en Istambul. Representa a María y José registrándose en el censo ante Quirinio.

Como hemos discutido en nuestra exposición sobre el relato mateano, Herodes el Grande murió para el año 4 AEC, dejándole el dominio de sus territorios a sus hijos:

  • Antipas dominaba el área de Galilea y Perea.
  • Filipo II, Iturea y Traconítida
  • Arquelao, al comienzo, Judea y después, Samaría e Idumea

Arquelao demostró rápido ser un gobernante incompetente. Mientras planificaba buscar el beneplácito del emperador Octavio Augusto César, al principio fue bastante moderado con la población y toleraba las quejas de la población. Sin embargo, las solicitudes de las masas incrementaron hasta el punto en el que creyó prudente aplastar muy violentamente unas manifestaciones sediciosas, eliminando así a unos tres mil fariseos. Además, canceló la celebración de la Pascua, actividad que usualmente levantaba los sentimientos nacionalistas judíos. A pesar de las objeciones de los judíos y del mismo Antipas sobre su trato a la población, Augusto le otorgó lo solicitado por el etnarca y extendió su dominio a Samaría e Idumea. Sofocar cualquier alza contra un vasallo romano era algo muy bien visto en Roma.

La mala noticia para Arquelao es que, mientras estaba en Roma, hubo un vacío de autoridad en Judea y se suscitaron más manifestaciones de resistencia, algunos en el mismo Templo de Jerusalén. Debido a que el gobernante se vio incapaz de controlar a las multitudes, se recurrió a uno de los más crueles, pero efectivos, jefes militares romanos, el legado propretor de Siria, Publio Quintilio Varo. Este crucificó a dos mil rebeldes en las afueras de las murallas de Jerusalén, como ejemplo de lo que les ocurriría a los sediciosos en caso de continuar sus levantamientos contra Roma. (Fredriksen 32-35)

El disgusto con la incompetencia de Arquelao, de no haber sabido manejar los levantamientos, llevó a varias de las autoridades judías a solicitarle a Roma una autonomía. ¿Qué significa esto? Esto significa que querían convertir a los dominios de Arquelao en un lugar regido directamente por gobernante romano, en vez de un monarca vasallo. Lo solicitado se cumplió cuando se depuso del poder a Arquelao y el dominio de Judea y Samaría se colocó en manos del gobernante, Publio Sulpicio Quirinio, para que administrara un censo. Según Josefo, este censo se dio después de que Octavio derrotara a Marco Antonio en la Batalla de Accio (31 AEC). Eso coloca la fecha de la deposición y censo en el 6 EC …

… y ahí es donde las cosas se complican un poco históricamente para el Evangelio de Lucas. (Josefo, La guerra II: 253-279)

La imposibilidad histórica del relato lucano

Problemas de fechas

Esta es una parte en que el Evangelio de Lucas no solo contradice al relato del Evangelio de Mateo, sino también consigo mismo. De acuerdo con “Mateo”, Jesús nació en las postrimerías del gobierno de Herodes el Grande, alrededor del 7 al 4 AEC (Mt. 2:1), esto es algo que lo confirma el escrito lucano cuando nos habla del nacimiento de Juan el Bautista. (Lc. 1:5) Para efectos del argumento, supongamos que el anuncio del ángel a Zacarías ocurrió en el 4 AEC y que María quedó embarazada al sexto mes de espera de Isabel. Entonces, de la muerte de Herodes hasta el nacimiento de Jesús podemos calcular que este debió haber nacido en el 3 AEC., después de la muerte de Herodes, lo que significaría que nada de lo que afirma el Evangelio de Mateo en torno a los Magos y la muerte de los inocentes de Belén pudo haber tenido lugar. Por otro lado, tampoco coincidiría con el momento en que Quirinio se volvió gobernador de Siria ni con el censo (6 EC). El asunto empeora si empujamos la fecha más atrás, del 7 al 6 AEC para que coincida con Mateo, supuesto que haría el evento mucho más distante del censo de Quirinio, que ocurriría de doce a trece años después.

El problema del registro para el censo en Belén

Al comienzo del relato de la concepción de Jesús, “Lucas” nos ha dicho que María vivía en Nazaret, en Galilea. En la cita que estamos discutiendo, se nos dice que José y María tuvieron que viajar de Nazaret a Belén. Pues, se confirma una vez más que ambos vivían en Nazaret, no en Belén. Esto, pues, contradice a Mateo, quien pone a la familia de Jesús viviendo en esa ciudad.

¿Y por qué viajaban a Belén? Para registrarse en el censo “de Augusto”, algo requerido para todo el Imperio. Solo que hay varios problemas con esta aserción. En primer lugar, históricamente, no fue un censo para todo el Imperio Romano, sino solo de la región dominada por Quirinio. En segundo lugar, la razón del registro de José en Belén … ¡es una locura!

Piénsenlo … ¿por qué fue a Belén? Porque, a pesar de que vivía en Nazaret de Galilea, tenía que ir a la ciudad de su ancestro David … Quiero recordarles que David vivió mil años antes del nacimiento de Jesús (ca. 1000 AEC). ¿El imperio romano le exigía a sus ciudadanos que se registraran en las ciudades que vivieron sus ancestros de hacía mil años antes? ¡¡¿Para qué?!!! ¿Realmente necesitaba eso para cobrar impuestos?

Imagínense que mañana, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se le ocurre la “salomónica” idea (como esas que se le suelen ocurrir a menudo) de que para el próximo censo, cada ciudadano estadounidense tiene que registrarse en el lugar que vivieron sus ancestros hace mil años atrás. Queridos lectores, ¿a dónde irían ustedes?

Una posible explicación

Hemos visto en nuestra entrada anterior, que “Lucas” estaba obsesionado con vincular a Jesús con su ancestro David. ¿Por qué hizo que naciera en Belén? Algunos utilizan el razonamiento mateano y afirman que debió nacer ahí para que se cumpliera alguna profecía. Una vez más, enfatizamos que, en ningún momento, el Evangelio de Lucas habla de alguna profecía. El propósito del evangelista era el de presentar a Jesús como el legítimo rey sucesor de David en virtud de ser descendiente de él. Esto se afianza literariamente haciendo que Jesús naciera en Belén.

Esto sería algo muy fácil de inventar si no fuera por un inconveniente. Al igual que “Mateo”, “Lucas” sabe muy bien que Jesús y su familia no vivían en Belén, sino en Nazaret. Esto es algo que él admite en su escrito. Sin embargo, él quería que Jesús naciera en Belén. ¿Cómo resolvió él ese problema? Escogió el censo de Quirinio como punto de partida de la resolución. Históricamente, todo ciudadano debía registrarse en el lugar en que vivían, pero el texto lucano lo cambió para que se registraran cada uno en su ciudad ancestral.

Esto crea otro problema, ¿cómo puede ser que alguien como José, que vivía en Galilea, fuera de la jurisdicción de Quirinio, tuviera que registrarse en un censo en Belén de Judea? La respuesta de “Lucas” era bien sencilla: en vez de que el censo se limitara al territorio de Quirinio, ahora era Augusto mismo el que mandataba un censo para “toda la tierra habitada”, el Imperio Romano completo. Ahora sí, José estaba “obligado” a registrarse en Belén para que, convenientemente, allí naciera el Mesías en la ciudad del gran rey David.

Algunos especialistas apologistas que han intentado resolver esta evidente discrepancia histórica/ Tomemos, por ejemplo, el caso de Darrell Bock en el siguiente vídeo.

El problema con este tipo de explicación es que no hay evidencia alguna de que el emperador Augusto comenzara un censo del Imperio en el 6 o 4 AEC. Josefo nos dice muy claramente que el censo en Siria ocurrió como consecuencia del nuevo gobierno de Quirinio, con el propósito de actualizar sus datos y cobrar los impuestos. Tampoco explica el sin sentido de por qué José, viviendo en Nazaret, se vio obligado a viajar a Belén para registrarse. Tampoco se da cuenta de por qué María acompañaba a su marido, especialmente cuando estaba embarazada y a punto de dar a luz.

La posición de que esto era un invento literario del autor del evangelio lucano constituye una opinión mayoritaria entre los expertos del Nuevo Testamento. Puede ser que la base del relato haya sido una composición anterior a la redacción de “Lucas”, pero, sin lugar a dudas, el evangelista alteró la tradición original para fines teológicos (que colocaba el nacimiento de Jesús en Nazaret) para que el galileo naciera en Belén (Borg y Crossan 144-148; Bovon I: 170-175; Brown, El nacimiento 431-437; Fitzmyer II: 195-197; Gómez Acebo 60-62; Meier I: 226)

La revelación a los pastores

La anunciación a los pastores, por Abraham Hondlus
La anunciación a los pastores, por Abraham Hondlus (1663).

Si bien el Evangelio de Mateo nos habla de los Magos de Oriente, el de Lucas nos habla de los pastores.

Y había unos pastores en aquella región, que estaban al aire libre y velaban las velas de la noche sobre su rebaño. Y un ángel del Señor se presentó a ellos y la gloria del Señor los rodeó de resplandor. Y temieron con gran temor. Y el ángel les dijo:

— No temáis, pues mirad que os anuncio la buena nueva de una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador, que es el Mesías Señor. Y esta es la señal para vosotros: encontraréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

Y de repente apareció con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababan a Dios y decían:

—¡Gloria en lo más alto a Dios, y en la tierra, paz a los hombres agradables a Dios! (Lc. 2:8-14)

Acto seguido, fueron a Belén y visitaron el pesebre donde estaba reposando el niño, algo que impresionó mucho a María. Tanto así, que decía:

Y María guardaba todas estas palabras, ponderándolas en su corazón. (Lc. 2:19)

Significado de la anunciación y reverencia de los pastores

El tema de fondo es, de nuevo, uno de los temas preferidos de “Lucas”, la revelación y preferencia de Dios por los pobres en detrimento de los poderosos. Sin embargo, utilizando el término “Señor” con atributos divinos, como alguien que se le da gloria, como alguien que es anunciado por un ejército celeste, da a entender que este autor estaba contrastando al Mesías recién nacido con el Emperador Augusto. Esto se refuerza con la integración del término “salvador”, otro de los nombres asociados con la cabeza absoluta del Imperio. El contraste se da precisamente porque el texto integra al emperador dentro del mismo comienzo del relato del nacimiento de Jesús. Son los humildes pastores los que reciben esta noticia grandiosa, en el que se estaba hablando de un señor cósmico y nada menos que el “salvador del mundo”. ¿Qué se les da como señal? Un bebé acabado de nacer que reposa en un pesebre. Esta situación paradójica resalta cómo la revelación estaba destinada a los pobres, quienes eran capaces de entender prístinamente la buena noticia. Esta nunca se reveló a los poderosos y ricos del mundo (Gómez Acebo 64-65)

La estructura de este anuncio a los pastores es la misma que la que encontramos en el anuncio de Zacarías y el de María:

  • Aparición sorpresiva del ángel del Señor
  • Los pastores sintieron miedo
  • El ángel les dice que no teman
  • Les da un mensaje
  • Les da una señal de que lo dicho es verdadero
  • Hay un cántico (Borg y Crossan 150-151; Fitzmyer II: 203)

Dado este panorama, cabe preguntar, ¿por qué pastores? ¿Por qué no otros tipos de pobres? Porque su rol literario es el de reconocer a su rey, descendiente de David, que antes de ser monarca, era pastor. Él fue literalmente salvador de sus ovejas de las amenazas de osos, leones y filisteos. (1 Sam. 17:14-15,20,28,34-36; Borg y Crossan 144-165; Bovon I: 191-194; Brown, El nacimiento 439-451; Fitzmyer II: 200-202)

La presentación de Jesús en el Templo

Presentación de Jesús en el Templo (siglo XII)
Un esmaltado del siglo XII representando la presentación del Niño Jesús en el Templo. A la izquierda, se encuentran José, María y Jesús y, a la derecha, el sacerdote Simeón y la profetisa Ana. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes en Tbilisi, Georgia.

El relato de la presentación del recién nacido Jesús en el Templo comienza mencionando la necesidad de sus padres de purificarse y circuncidar al bebé primogénito en el Templo, según estaba prescrito en la Ley de Moisés. Lo describe de la siguiente manera:

Y, cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a le ley de Moisés, lo subieron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, según está escrito en la ley del Señor:

Todo varón que abre la matriz será llamado santo para el Señor. [Éx. 13:2,12,15]

y para ofrecer un sacrificio, conforme a lo dicho en la ley del Señor

Un par de tórtolas y dos pichones. [Lev. 12:8]

Hay varios problemas con este alegato. Uno de ellos es que, de acuerdo con la Torah, José no era impuro, sino la madre. Ella había dado a luz y había derramado sangre, por lo que debía ser ritualmente purificada. Otro problema es que mezcla el rito de purificación con el rescate del primogénito varón, que solicitaba el pago de cinco siclos al Templo, pero no su visita. (Meier I: 222)

Había en el templo dos personas, un hombre justo, Simeón y una profetisa, Ana. En el caso de Simeón, él había recibido un anuncio del Espíritu Santo de que no moriría sin ver al Mesías en el Templo de Jerusalén. Una vez lo vio, exclamó el cántico conocido hoy como el Nunc dimittis.

Ahora, Dueño [Despotés, Δεσπότης], despides en paz a tu siervo,

según tu palabra.

Porque mis ojos vieron tu salvación

la que preparaste ante todos los pueblos;

una luz para revelación de las naciones

y para gloria de tu pueblo Israel. (Lc. 2:29-32)

Esto impresionó a los padres de Jesús y el piadoso siervo de Dios le dijo a María:

He aquí que este está puesto para caída y surgimiento de muchos en Israel y para signo de contradicción —y una espada atravesará tu misma alma—, para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones. (Lc. 2:33-35)

En este pequeño relato, vemos una miniestructura lucana de la que estamos familiarizados: anuncio-señal-cántico. El cántico contiene alusiones a Isaías, especialmente una parte en que sugiere la manifestación de Jesús a los gentiles (“a todos los pueblos”), glorificando así a Israel. (Is. 40:5; 49:6)

Lo que hace este episodio inusual es el hecho de que contiene una sección que alude a que una espada atravesaría el alma de María, la madre de Jesús. Debido a la usual traducción en algunas biblias de que una espada le atravesaría “el corazón”, este ha sido tema preferido de católicos alrededor del mundo, incluyendo las iconografías del Inmaculado Corazón de María. Sin embargo, esa frase interrumpe súbitamente la idea que estaba expresando Simeón, lo que ha llevado a algunos a pensar de que se trata en una interpolación de “Lucas”. Su intención era la de expresar el hecho de que María viviría lo suficiente para presenciar el ministerio duro y la muerte de su hijo. No se dirige a José, porque este habría muerto antes de que Jesús comenzara su ministerio. (Fitzmyer II: 261-263)

En torno a que Jesús sería un signo de contención, estos versos recuerdan fuertemente a unas palabras que Jesús dijo de sí mismo y que el evangelista citaba en su texto principal:

¿Pensáis que vine a echar paz en la tierra? No vine a echar paz, sino espada. No vine a echar paz, sino espada. Pues vine a dividir al hijo contra el padre y a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra. (Lc./Q 12:41-43)

El relato de la presentación en el Templo termina con el encuentro con la profetisa Ana. Reproducimos aquí el contenido, ya que es muy breve:

También estaba allí la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Esta era de edad muy avanzada: había vivido con un marido siete años después de su soltería y había estado viuda hasta los ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, dando culto noche y día con ayunos y oraciones. Presentándose también a aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba de él [el Niño Jesús] a todos los que aguardaban la redención de Jerusalén. (Lc. 2:36-38)

Podemos preguntarnos, ¿cuál es el rol de este pasaje tan breve que no contribuye mucho a la narrativa principal? Si se han fijado, la estructura de estas narrativas se presenta una duplicidad de personajes:

  • Zacarías y María (cántico sobre la salvación)
  • Isabel y María (encuentro)
  • Juan y Jesús (encuentro entre Isabel y María)
  • Los ángeles y Simeón (cántico de alabanza)
  • Simeón y Ana (presentación en el Templo) (Fitzmyer II: 249)

Así, con la profetisa anunciando a todos los genuinos buscadores de la salvación, “Lucas” terminaba toda esta serie de relatos asociados al nacimiento de Jesús. Finalizó, pues, con estas palabras:

Y cuando cumplieron todo conforme a la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Y el niño crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría. (Lc. 2:39-40)

Este final le pone un clavo en el ataúd a cualquier esperanza de conciliar los relatos de Lucas y Mateo. Algunos podrían postular que, a lo mejor, José y María vivían en Nazaret (Lucas), pero que tras el registro en el censo, ellos decidieron vivir en Belén, donde recibirían a los Magos de Oriente (Mateo). Sin embargo, lo que el Evangelio de Lucas nos dice es que la familia regresó a Nazaret, presumiblemente porque continuaría su vida allí.

Terminaremos esta serie en nuestra próxima entrada, que se redactará el año que viene.

¡Feliz Año 2019!

Referencia

Biblia de Jerusalén. 4ta. ed., Ed. Kindle, Desclée de Brower, 2009.

Borg, Marcus J. y John Dominic Crossan. La primera Navidad. Lo que los evangelios enseñan realmente acerca del nacimiento de Jesús. Verbo Divino, 2007.

Boring, Eugene M. An Introduction to the New Testament. History, Literature, and Theology. Westminster John Knox, 2012.

Bornkamm, Günter. Jesús de Nazaret. Sígueme, 1975.

Bovon, François. El Evangelio de Lucas. Sígueme, 1995, 4 vols.

Brown, Raymond. Introducción al Nuevo Testamento. Trotta, 2002, 2 vols.

—. El nacimiento del Mesías. Cristiandad, 1982.

Brown, Raymond et al. María en el Nuevo Testamento. Sígueme, 1986.

Casey, Maurice. Jesus of Nazareth. T & T Clark, 2010.

Ehrman, Bart. Jesus. Apocalyptic Prophet of the New Millenium. Oxford UP, 1999.

—.  The Orthodox Corruption of Scripture. The Effect of Early Christological Controversies on the Text of the New Testament. Ed. Google Books, Oxford UP, 1993.

Fitzmyer, Joseph. El Evangelio de Lucas. Cristiandad, 2005, 4 vols.

—. Hechos de los Apóstoles. Sígueme, 2003, 2 vols.

Flavio Josefo. Antigüedades judías. Akal, 1999, 2 vols.

—. La guerra de los judíos. Gredos, 1997, 4 vols.

Fredriksen, Paula. When Christian Were Jews. The First Generation. Yale UP, 2018.

Gebara, Ivone y María Clara Bingemer. Mary, Mother of God, Mother of the Poor. Wipf & Stock, 2004.

Gómez Acebo, Isabel. Lucas. Verbo Divino, 2008.

Meier, John. Un judío marginal. Verbo Divino, 1998 – 2015, 5 vols.

Miller, Philip M. “The Least Orthodox Reading Is to Be Preferred. A New Canon for New Testament Textual Criticism?” En Wallace, pp. 57-89.

Pagola, José Antonio. Jesús. Aproximación histórica. PPC, 2013.

Peppard, Michael. The Son of God in the Roman World. Divine Sonship in Its Social and Political Context. Oxford UP, 2011.

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—. Guía para entender el Nuevo Testamento. Trotta, 2011.

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Piñero, Antonio y Eugenio Gómez Segura, editores. La verdadera historia de la pasión según la investigación y el estudio histórico. EDAF, 2008.

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Shillington, V. George. An Introduction to the Study of Luke-Acts. 2da. ed., Bloomsbury T & T Clark, 2015.

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Vidal, Senén. Las cartas auténticas de Pablo. Mensajero, 2012.

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—. Jesús el Galileo. Sal Terrae, 2006.

 —. Nuevo Testamento. Sal Terrae, 2015.

¿Qué sabemos históricamente del nacimiento de Jesús? – 5

Serie: 123, 4

Flavio Josefo (1817) por William Whiston
Un grabado en madera de Flavio Josefo (1817), ilustrado por William Whiston en sus traducciones del historiador judío.

El prólogo al Evangelio de Lucas

Una de las cosas distintivas del Evangelio de Lucas es su intento de convencer al lector de que lo que está expresando es justo lo que ocurrió según la mejor evidencia que “tiene” de ello. Por eso, en varias ocasiones, su autor comienza con un prólogo general o colocando un punto de referencia histórico a los acontecimientos que nos relata. He aquí unos casos:

Puesto que muchos intentaron redactar una narración sobre los hechos que se han realizado entre nosotros, según nos transmitieron los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la palabra, me pareció también a mí, que he seguido desde el comienzo todo cuidadosamente, escribirte por orden, excelente Teófilo, para que conozcas la seguridad de las palabras en las que fuiste instruido (Lc. 1:1-4)

El año decimoquinto del gobierno de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la región de Traconitide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo los sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. (Lc. 3:1-2)

El primer caso es el que nos llama la atención en este momento, porque “Lucas” está adoptando un tipo de apertura del texto muy típico de autores de su época. (Vidal, Nuevo Testamento 341-342) Aquí presentamos un ejemplo de la apertura de un libro de historia de Flavio Josefo, para darles una idea de ello:

Excelentísimo Epafrodito:

En mi historia de las Antigüedades judías creo que he dejado suficientemente claro para todo el que quiera leer la obra la antigüedad de nuestra raza, la incontaminada pureza de su sangre y cómo llegó a instalarse en esta tierra donde habitamos en la actualidad. Nuestra historia abarca un periodo de 5,000 años; y yo la escribí en griego, a base de datos de nuestra literatura sagrada. Pero como veo que algunos, influidos por las calumnias maliciosamente difundidas por ciertos tipos, tratan de desacreditar determinadas afirmaciones mías sobre nuestros orígenes, y aducen como prueba de la relativa modernidad de nuestra raza el hecho de que los más conspicuos historiadores griegos no hayan considerado digna de mención, considero que es mi deber escribir un breve tratado sobre estos puntos, para dejar a nuestros detractores convictos de difamación y falsedad calculada, para corregir la ignorancia de los demás y para instruir adecuadamente a todo el que desee conocer la verdad sobre los orígenes de nuestra raza. (citado en Fitzmyer I: 13 y Gómez Acebo 20)

En ambos casos, el del Evangelio de Lucas y el de Josefo, podemos observar una estructura aproximada (Gómez Acebo 20):

  1. Precedentes: Hablando de lo que otros han escrito.
    1. Existencia de otros relatos
    2. Fuentes: testigos oculares
  2. Contribución del autor:
    1. Método
    2. Propósito

Así que no hay duda de que el autor del evangelio lucano tiene como intención, no relatar un midrash hagádico, como en el caso del Evangelio de Mateo, sino que aspira a afianzar nuestra confianza en que lo que dice el texto efectivamente ocurrió.

Narraciones de dos nacimientos milagrosos

Trasfondo de dos grupos apocalíticos en conflicto

El bautismo de Jesús, por Adi Holzer.
El bautismo de Jesús, por Adi Holzer (1997). Licencia: El dueño de los derechos de autor sobre este archivo, Adi Holzer, le permite a cualquier utilizarlo para cualquier propósito, bajo la condición de que se le atribuya apropiadamente. Se permite la redistribución, obra derivada, uso comercial y cualquier otro propósito.

De los cuatro evangelistas, no solo el Evangelio de Lucas es el único en darnos una apertura como la que vimos, sino que también es la rara vez que comienza con el nacimiento de … de … ¡Juan el Bautista! ¡Qué extraño! ¿Y qué aprovecha el hablar de esta narración? ¿Qué tiene que ver esto con el nacimiento de Jesús? Aquí, “Lucas” estaba utilizando una estrategia muy hábil para responder a muchos críticos del cristianismo.

Lo que mucha gente no sabe es que, aun en una época tardía del siglo I, rondaban muchos discípulos del Bautista en ámbitos judío palestinenses y en la diáspora. Parece que, cuando clausuraba el siglo I y empezaba el II, el número de seguidores del Bautista había aumentado significativamente y habían modificado un poco su memoria para engrandecerle, tal vez hasta el punto de presentarle como Mesías. (Gómez Acebo 86, 88)

A fin de cuentas, lo que sabemos históricamente es que Jesús siguió al Bautista y se dejó bautizar por él. Esto no es algo trivial y plantea unos asuntos muy embarazosos para el cristianismo. Podríamos resumir uno de ellos de la siguiente manera: Si Jesús se dejó bautizar por el Bautista (como está claramente atestiguado en múltiples fuentes (Mc. 1:1-:13, Lc./Q 3:7-9,16b-17, 21-22), entonces, ¿no significaba eso que Jesús confesó que pecaba, que se arrepintió y que se hizo discípulo del Bautista? (Mc. 1:4-5; Lc./Q 3:7-9) En tal situación, los discípulos del Bautista, con toda probabilidad, se preguntaban, “¿con qué autoridad los cristianos afirmaban que Jesús era el Mesías, si fue discípulo de nuestro maestro?”

Para empeorar el asunto, parece que el mismo Bautista no estaba consciente de que Jesús era el Mesías, algo que los mismos discípulos sabían:

Al oír Juan acerca de todo eso, envió por medio de sus discípulos a decirle:

—¿Eres tú el que iba a venir, o esperamos a otro? (Lc./Q 7:18-19)


En el contexto de las acaloradas tensiones con estos discípulos de Juan a finales del siglo I, cada uno de los evangelistas manejó esta información incómoda del bautismo de Jesús a su manera, cada vez intentando alejar más a Jesús del hecho de ser bautizado por Juan.

  • Evangelio de Marcos (ca. 70 EC): A pesar de mencionar que el bautismo de Juan era uno de arrepentimiento y de confesión de pecados, en el caso de Jesús, el evangelista cambió el significado para convertirlo en algo análogo a una unción, en el que Dios le adoptaba como hijo suyo. En este relato, Jesús es el que vio el cielo abrirse y al Espíritu divino eligiéndole como hijo. (Mc. 1:10-11) Es más, no comenzó su ministerio hasta después de arrestado el Bautista. (Mc. 4:14) Todo esto se nos narra muy fugazmente sin mayores explicaciones de por qué Jesús quiso ser bautizado por Juan o por qué esperó a que Juan fuera arrestado para comenzar su ministerio.
  • Evangelio de Mateo (ca. 80-90 EC): Incluye el relato de Marcos y algunos elementos de Q, pero con una notable diferencia. Introduce un diálogo en el que Juan reconoce a Jesús como el Mesías y le cuestiona su intención de bautizarse. A esto, Jesús le dio una (no-)contestación: “Permítelo ahora. Pues así nos es conveniente cumplir toda justicia”. (Mt. 3:15) En otras palabras, “así lo quiere Dios, no lo cuestiones, haz lo que dice”. Desgraciadamente, este pequeño diálogo mantiene el inexplicable misterio, no lo aclara.
  • Evangelio de Lucas (ca. 85-100 EC): Jesús se bautizó y tuvo su visión del Espíritu Santo adoptándole como hijo. Sin embargo, esto ocurrió después de que Juan fuera arrestado. Así, “Lucas” desvincula el bautismo de Jesús de la actividad de arrepentimiento y conversión proclamado por Juan. (Lc. 3:19-22)
  • Evangelio de Juan (ca. 90-100 EC): Jesús no parece haber sido bautizado por Juan. Es más, Juan fue el que vio al Espíritu descender sobre Jesús, por lo que instruyó a sus discípulos a seguirle. (Jn. 1:29-34)

De hecho, el Evangelio de Juan estaba tan reñido con los discípulos del Bautista, que en las últimas dos ediciones del texto (de donde proceden los famosos monólogos de Jesús y los textos de cristología elevada), contienen versos dirigidos a argumentar en contra de lo que reclamaban los bautistas. Por ejemplo:

Surgió un hombre enviado por Dios, de nombre Juan. Este vino para dar testimonio: para testificar acerca de la luz, a fin que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el testigo de la luz (Jn. 1:6-7)

Juan da testimonio sobre [la Palabra – Logos (Λόγος)] y ha gritado diciendo:

—Este era aquel de quien dije: “El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque era anterior a mí” (Jn. 1:15)

Y este es el testimonio de Juan …:

—Yo no soy el mesías (Jn. 1:19a, 20)

[Habla Juan] Vosotros mismos me sois testigos de que dije: “Yo no soy el mesías, sino que he sido enviado delante de él”. Quien tiene a la novia es el novio y el amigo del novio, que está allí y lo escucha, ,se alegra mucho por la voz del novio. Esa alegría mía, pues, ha sido completa. Él [Jesús] tiene que crecer y yo, disminuir. (Jn. 3:28-30)

[Una multitud decía] Juan, ciertamente, no hizo ningún milagro … (Jn. 10:41)

… y así por el estilo. Además, presentaba a los discípulos de Juan como “envidiosos” en relación con los seguidores de Jesús. (Jn. 3:22-26) (Brown, La comunidad 30-31, 68-70)

“Lucas” sabía que existían discípulos de Juan dispersados en el Mediterráneo, probablemente después de la destrucción de Jerusalén. Sin embargo, parece documentar su presencia mucho antes del acontecimiento. (Hch. 19:1-7)

Nota: El pasaje en cuestión presenta una situación idealizada y, según algunos críticos, lo más probable es que esta comunidad “bautista”, en realidad era cristiana prepaulina. Sin embargo, presenta esta ocasión para caracterizar a los bautistas (a lo que “Lucas” respondía) como un grupo de fe imperfecta que necesitaba cristianizarse. (Fitzmyer, Hechos 323-328; Vidal, Nuevo Testamento 726-727)

En su capítulo 3 del Evangelio, “Lucas” también presentaba a un Juan que iba a tono el mensaje lucano a favor de los pobres y en contra de las injustas autoridades judías y agentes del Imperio. (Lc. 3:10-14) Sin embargo, su relato del nacimiento del Bautista y el de Jesús representa su manera de lidiar con los problemas que tenía con los bautistas. (Vidal, Jesús 15-18) Allí “demuestra” que Jesús era mejor que Juan.

Estructura de los relatos de la infancia de Juan y Jesús

Abraham, Dios y dos ángeles, por Gustave Doré (1852)
Abraham, Dios y dos ángeles, por Gustave Doré (1852)

Los relatos de la concepción de Jesús y de Juan son paralelos, ya que ambos se modelan en la versión de la Septuaginta de una serie de narraciones de la Biblia Hebrea:

  • El relato del encuentro de Abraham con el Ángel de Yahveh (y otros dos) avisándole que milagrosamente su esposa, Sara, concebiría y daría luz a un hijo, Isaac. (Gén. 18:1-15, 21:1-7)
  • El relato de la concepción de Sansón (Jc. 13:2-25)
  • El relato de Ana y la concepción de Samuel (1 Sm. 1-2:11) (Borg y Crossan 118-121)

La estructura narrativa de las dos narraciones de Juan y Jesús es la siguiente:

  • Presentación de los padres, que de alguna manera no tienen o no pueden tener hijos
  • Aparición de un ángel
    • Les dice que no teman
    • Les dice que tendrán un hijo
    • Les dice el nombre que le pondrán
    • Les dice que será grande
  • El padre o la madre expresa duda o interrogante
  • El padre o la madre pronuncian un canto muy parecido al Canto de Ana, según la Septuaginta. (1 Sam. 2:1-10)

Hasta ahí las semejanzas, razón por lo que los eruditos se refieren a los dos relatos como dípticos. Donde difieren es en lo siguiente:

  • El ángel responde a la duda:
    • Penaliza al padre de Juan por dudar, haciéndole mudo.
      • Juan es hijo de sangre de sus padres, pero quedará lleno del Espíritu Santo para predicar, convirtiéndose en “profeta del Altísimo”
    • Satisface la duda de la madre de Jesús
      • Jesús será llamado “Hijo de Dios” porque será fruto del Espíritu de Dios sin intervención de varón.
  • Situación de responder al ángel:
    • El padre de Juan estuvo mudo
    • María respondió con su Fiat (Borg y Crossan 115; Brown, El nacimiento 254-256; Fitzmyer, El Evangelio II: 57-58)

El patrón entre ambas narraciones es tan llamativo que algunos han postulado la posibilidad de que, originalmente, existió el relato del nacimiento de Juan como una fuente independiente y que el autor del Evangelio de Lucas la adaptó para sus fines, creando una historia paralela de Jesús. (Vidal, Jesús 18-19) Otros afirman que, posiblemente, los dos relatos se generaron independientemente, inspirados casi en el mismo conjunto de los pasajes de la Septuaginta y que Lucas los armonizó para sus fines literarios. (Bovon I: 75) Aun otros sostienen la hipótesis de que el relato de la infancia del Bautista se originó en grupos cristianos afines a sus discípulos. (Fitzmyer, El Evangelio 62-63) Sin duda, los detalles de ambos relatos y de la armonización de Lucas, sugieren que se compuso en varias etapas (mínimo dos).

  1. Dos anunciaciones de concepción
    1. Anunciación sobre Juan el Bautista; el embarazo de Isabel y alabanza a Dios
    2. Anunciación sobre Jesús, alabanza (por Isabel) del embarazo de María
  2. Dos relatos de nacimiento/circuncisión/imposición del nombre y futura grandeza
    1. Relato sobre Juan el Bautista, su crecimiento
    2. Relato sobre Jesús, crecimiento y madurez (Brown, El nacimiento 258)

Relato del nacimiento de Juan el Bautista

El nacimiento de Juan el Bautista, por Tintoretto
El nacimiento de Juan el Bautista, por Tintoretto (1563). Imagen cortesía de Didier Descouens (CC-BY-SA 4.0)

Este es el relato que más recuerda al de Abraham, debido a que alude a la vejez de los padres de Juan, llamados Zacarías e Isabel, pero por la manera de presentar la escena, se parece al de la concepción de Samuel. (Borg y Crossan 115) Si recordamos que los capítulos 1 y 2 del Evangelio de Lucas se escribieron después del Evangelio, podemos decir que puede haber algún grano de historicidad en cuanto al nombre de Zacarías, ya que “Lucas” nos lo informa en el capítulo 3 (el que originalmente fue el primer capítulo de su Evangelio). Su mención en ese lugar sería redundante si ya conocemos los relatos de los capítulos 1 y 2 (Lc. 3:2) (Fitzmyer, El Evangelio II: 311) No sabemos con certeza si el nombre “Isabel” es el verdadero nombre de la madre de Juan, pero parece ser un dato histórico o tradicional. (Brown, El nacimiento 273-275) “Lucas” nos brinda también una información importante, la ascendencia de Juan el Bautista era levítica, de dinastía aarónida y que, probablemente, Zacarías pudo haber sido algún sacerdote rural marginado del sacerdocio del templo. (Vidal, Jesús 22-23)

El Evangelio de Lucas colocaba la concepción de Juan en “los días de Herodes, rey de Judea”, es decir, poco antes del 4 AEC. Isabel era estéril y ella y su esposo eran ancianos. De acuerdo con el relato, mientras estaba oficiando su deber sacerdotal ante una multitud, se le apareció “un ángel del Señor”, el ángel Gabriel (Lc. 1:19), revelándole que Dios había escuchado sus ruegos y que le concedería tener un hijo al que llamaría “Juan”. Este sería “grande ante el Señor”, no bebería vino ni ninguna otra bebida alcohólica (manteniendo la disciplina sacerdotal, Lev. 10:8-11), estaría lleno del Espíritu de Dios desde el vientre de su madre y convertiría a muchos al dios de Israel, con el mismo ímpetu y poder de Elías. (Lc. 1:13-17)

Zacarías expresó dudas, debido a su incredulidad, lo que llevó al ángel a castigarle con que permaneciera mudo hasta el nacimiento de su hijo. Isabel concibió y, durante cinco meses, estuvo oculta diciendo: “Así ha actuado conmigo el Señor, en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres”. (Lc. 1:20-25) Este dato de los cinco meses tiene una función en la narrativa lucana, que explicaremos en nuestra próxima entrada.

Por ahora, prosigamos con la versión lucana del nacimiento de Juan. Ocho días después de que Isabel diera a luz, circuncidaron al bebé y le preguntaron a sus padres, cuál nombre le pondrían al niño. Isabel reveló el nombre de “Juan”, lo que fue recibido por una protesta: “Nadie hay de tu parentela que se llame con ese nombre”. (Lc. 1:57-61) Le preguntaron a Zacarías cuál sería su nombre, y respondió por escrito: “Juan es su nombre” (Lc. 1:63)

En ese momento, se le “soltó la lengua” (dejó de ser mudo) y lleno del Espíritu Santo, dijo:

Bendito el Señor Dios de Israel,

porque visitó y liberó a su pueblo.

Y nos suscitó una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

como habló por boca

de sus santos profetas desde antiguo:

la salvación de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian.

Para efectuar misericordia con nuestros padres

y para acordarse de su santa alianza,

del juramento que juró

a Abrahán, nuestro padre.

Para concedernos que, sin temor,

liberados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

ante él todos nuestros días.

Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo,

pues irás delante del Señor a preparar sus caminos.

Para dar a su pueblo el conocimiento de la salvación,

por el perdón de sus pecados,

por las entrañas de misericordia de nuestro Dios,

con las que nos visitará la aurora desde la altura.

Para iluminar a los que están asentados

en tiniebla y sombra de muerte,

para dirigir nuestros pies

hacia un camino de paz. (Lc. 1:68-79)

Este hermoso cántico, conocido hoy día como el Benedictus, tiene la función de prefigurar poéticamente la función de Juan el Bautista como el que prepara el camino para el eventual comienzo de la actividad mesiánica de Jesús. Hay varios aspectos muy importantes de este extenso pasaje y que vale la pena señalar. Claramente, “Lucas” toma muchos de los temas del Canto de Ana en la Septuaginta y expande algunos, especialmente los que tienen que ver con la justicia social y liberación que brindaría Dios a su pueblo.

Además, el verso que vincula a Juan con Elías, se basa en varios otros textos de la Septuaginta en los que alude a la importancia de ese profeta. (Mal. 3:1, 23-24; Eclo 48:10) (Brown, El nacimiento 284-285)

Nótese también, una vez más, cuál es el tipo de soteriología sostenida por el Evangelio de Lucas de los versos 76-79: no la de salvación por muerte vicaria, sino la del verdadero conocimiento de la salvación, de tal manera que aquellos del público que estuvieran en las tinieblas fueran atraídos al perdón y la misericordia divinas. Como discutimos en la entrada pasada, el tema recurrente en este escrito es la muerte de Jesús como víctima de una injusticia, que movería a los judíos y, muy especialmente, los gentiles (en la oscuridad) a dirigir sus caminos hacia el Dios israelita.

Finalmente, termina la narración de Lucas con este breve pasaje:

El niño crecía y se fortalecía en espíritu. Y estaba en los desiertos, hasta el día de su manifestación a Israel. (Lc. 1:80)

El propósito de esta perícopa es el de servir de puente de la infancia a su predicación, narrada en el capítulo 3. Esto contrastará con el relato de la infancia de Jesús, en la que “Lucas” se concentrará en la manera en que Jesús se desarrolló intelectual y espiritualmente, aun siendo muy joven.

Continuaremos …

Referencias

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Borg, Marcus J. y John Dominic Crossan. La primera Navidad. Lo que los evangelios enseñan realmente acerca del nacimiento de Jesús. Verbo Divino, 2007.

Boring, Eugene M. An Introduction to the New Testament. History, Literature, and Theology. Westminster John Knox, 2012.

Bornkamm, G. Jesús de Nazaret. Sígueme, 1975.

Bovon, François. El Evangelio de Lucas. Sígueme, 1995, 4 vols.

Brown, Raymond. La comunidad del discípulo amado. Sígueme, 1991.

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Fitzmyer, Joseph. El Evangelio de Lucas. Cristiandad, 2005, 4 vols.

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Gómez Acebo, Isabel. Lucas. Verbo Divino, 2008.

Maccoby, Hyam. Paul and Hellenism. SCM Press, 1991.

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Miller, Philip M. “The Least Orthodox Reading Is to Be Preferred. A New Canon for New Testament Textual Criticism?” En Wallace, pp. 57-89.

Pagola, José Antonio. Jesús. Aproximación histórica. PPC, 2013.

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Wallace, Daniel B, editor. Revisiting the Corruption of the New Testament. Manuscript, Patristic, and Apocryphal Evidence. Kregel, 2011.

¿Qué sabemos históricamente del nacimiento de Jesús? – 4

Serie: 1, 2, 3

Lucas Evangelista
San Lucas de Giustino Manescardi (1751-53), en Scuola Grande dei Carmini, en Italia. Foto cortesía de: Didier Descouens (CC-BY-SA 4.0 Internacional)

Un nuevo autor

Hoy comenzaremos hablando del autor del segundo relato del nacimiento de Jesús que encontramos en el Nuevo Testamento.

Tradicionalmente, la segunda narrativa se encuentra en el Evangelio de Lucas. ¿Quién fue históricamente Lucas? Nuestro conocimiento de él es marcadamente limitado. El nombre “Lucas” aparece tres veces en las cartas atribuidas a Pablo. Una de ellas, aparece en una carta auténtica de Pablo, Filemón, donde nos dice.

Te saluda Éprafas, mi compañero de prisión en Cristo Jesús. Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores. (Fil. 23-24)

Al menos, históricamente, todo lo que sabemos de Lucas es que fue colaborador de Pablo. Sin embargo, en una de las cartas cuya autoría todavía se disputa, Colosenses, nos da, tal vez, un poquito más de información.

Os saluda Lucas, el médico querido, y Demas (Col. 4:14)

A partir de este pasaje, podemos imaginarnos que, probablemente, Lucas fue un médico de Pablo. Esta convicción suele reforzar con el hecho de que, de todos los Evangelios, este es el único que nos habla del episodio en que Jesús sudaba gotas “como de sangre”, algo que un médico sabría que ocurre. (Lc. 22:43-44). El problema con esta explicación es que se disputa entre los eruditos que el pasaje aludido fue una interpolación posterior al texto del evangelista (Bovon IV: 340-344; Ehrman, The Orthodox 390-402; Fitzmyer IV: 398-401; Gómez Acebo 593-594; Miller 82; Vidal, Nuevo Testamento 469) Personalmente, me sitúo en el campo de los que dudan la autenticidad de estos versos, por razones que explicaré más adelante.

El tercer pasaje donde aparece el nombre de “Lucas” es en otra carta seudopaulina y dice lo siguiente:

Solo Lucas está conmigo … (2 Tim. 4:11)

Estas particularidades, que parecen no aportar nada al contenido de la espístola, son maneras de darle al escrito un aire de autenticidad ante los lectores. Sin embargo, 2 Timoteo (al igual que 1 Timoteo y Tito) se ven, por la inmensa mayoría de los expertos, como un documento seudoepigráfico o falsificación, escrito a principios del siglo II EC. Este verso (como los demás de la sección de recomendaciones y despedidas) se funda en tradiciones que ya existían cuando se escribió el documento, a saber, que Lucas (el presunto autor de Hechos de los Apóstoles) era acompañante de Pablo. (Ehrman, Forgery 55-56, 310-346; Vidal, Nuevo Testamento 1078)

Por otro lado, el autor del Evangelio de Lucas, que es también el mismo del de Hechos de los Apóstoles, nunca nos dice su nombre. Desde esta perspectiva, este Evangelio se publica anónimamente. Por otro lado, sí nos quiere convencer que él era acompañante de viaje de Pablo, el Apóstol, en sus viajes. (Hch. 16:10-17; 20:5-15; 21:1-18; 27:1-28:16; el Códice Beza añade 11:28) Sin embargo, la mayoría de los críticos está convencida de que este alegato es casi seguramente falso. Parte de la razón para pensarlo es que hay numerosas contradicciones entre lo que dice su autor con lo que nos afirma Pablo en sus cartas auténticas. Según la mayoría de los estudiosos, el autor no parece haber leído ninguna de las cartas paulinas y no parece sostener muchos aspectos de su teología. (Theissen y Metz 51; Piñero, Guía Nuevo Testamento 356-357) En su obra sobre falsificaciones, Bart Ehrman no duda en calificar a los Hechos de los Apóstoles como una falsificación, porque pretendía ser escrito por alguien que alegaba haber sido acompañante y ayudante de Pablo, pero no lo era. (Ehrman, Forgery 415-441)

Sí sabemos que, después de las cartas auténticas de Pablo, el Evangelio de Lucas y Hechos (en adelante, Lucas-Hechos) constituye la obra más grande del Nuevo Testamento escrito por un solo autor. En total, suma el 27.5 % del volumen de la colección neotestamentaria. (Boring 556)

Ahora bien, como en otras ocasiones, nos referiremos a este autor desconocido como “Lucas”, entre comillas. ¿Quién fue? ¿Qué se puede decir de él a partir de los textos de Lucas-Hechos? Por el estilo y la estructura narrativa, además de por el idioma en que escribe, él fue muy probablemente un cristiano helenista de origen gentil — solo unos cuantos estudiosos piensan que, a lo mejor, fue un cristiano judeohelenista—, familiarizado con mitologías grecorromanas, filosofía e historia gentiles, además de la Septuaginta, la que usa bastante en su escrito (Bovon 31-35, 39-42, 99-104; Fitzmyer I: 71-111; Gómez Acebo 13-16)

Su punto de vista es fundamentalmente paulino y, de hecho, es un gran admirador del Apóstol. Sin embargo, al igual que “Mateo”, “Lucas” se aparta aún más de muchos aspectos de su teología. Por ejemplo, su cristología no es una encarnacionista, como la de Pablo. Para el Apóstol de los gentiles, Jesús era un ente divino que se encarnó, sufrió la cruz, resucitó y ahora, se encuentra en el estatus de Señor cósmico. (Flp. 2:6-11). Sin embargo, “Lucas” sostuvo tres perspectivas cristológicas distintas sobre la naturaleza de su filiación divina, ninguna de ellas, encarnacionista. Dos de ellas son adopcionistas, la otra es la que discutiremos más a fondo en esta serie.

  • 1. La primera perspectiva adopcionista es que Jesús se volvió Hijo de Dios en el momento de la resurrección. Esta es una convicción muy temprana del cristianismo palestinense y que aparece en dos textos de Hechos:

[Habla Pedro] El dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero. A ese, Dios lo exaltó con su derecha como jefe y salvador, para conceder a Israel el arrepentimiento y el perdón de los pecados (Hch. 5:30-31)

[Pablo habla] … Y nosotros os anunciamos la buena nueva de la promesa hecha a los padres. Porque esa nos la cumplió Dios a nosotros, los hijos de aquellos, resucitando a Jesús, como también está escrito en el salmo segundo:

Mi Hijo eres tú,

yo te he engendrado hoy. (Hch. 13:32-33)

  • 2. La segunda perspectiva es la de que concibe a Jesús como adoptado en el momento de su bautismo, después de que Juan el Bautista fuera arrestado:

Mientras era bautizado todo el pueblo, sucedió que, al ser bautizado Jesús y mientras oraba, se abrió el cielo, y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma corporal como una paloma, y se produjo una voz desde el cielo:

Mi hijo eres tú,

yo te he engendrado hoy.

(Lc. 3:21-22; mi desacuerdo con Vidal y mi acuerdo con la Biblia de Jerusalén, justificación para ello en Ehrman, The Orthodox 137-147)

  • 3. La tercera cristología, concibe a Jesús como Hijo de Dios en virtud de la acción del Espíritu Santo en María sin intervención humana. Es decir, Jesús no era una entidad preexistente a su concepción, sino que era un ser divino por ser fruto de Dios mismo en ese instante milagroso.

De eso, hablaremos más adelante, pero es claro que, en las tres instancias, su postura no es paulina.

Lo otro en que difiere de Pablo, es en la total ausencia de la salvación debido a la muerte vicaria de Jesús. En el Evangelio de Lucas, solo hay dos instancias en que se hace alusión al rescate vía la muerte del Mesías. La primera es en la Última Cena, en la que Jesús habla del pan como su “cuerpo dado por vosotros” y la copa de vino como la “copa de la nueva alianza por mi sangre, vertida por vosotros”. (Lc. 22:19b-20) Hoy, muchos exégetas piensan que estos versos fueron añadidos al texto, en parte, porque se halla ausente en algunos manuscritos. Además, en Hechos, “Lucas” nunca habla de la Eucaristía como celebración del pan y el vino como cuerpo y sangre de Jesús entregados vicariamente. Al contrario, habla de la práctica de la “partir el pan”, sin hacer alusión alguna al vino. (Hch. 2:42) Sin el pasaje que hemos indicado de la cena, el vino se ofrece primero y el pan (o la comida) después, adoptando así la estructura de un kiddush (קדוש) judío y muy afín a la que encontramos en el documento del siglo II, la Didajé, que, por cierto, tampoco contiene palabra alguna en torno al sacrificio vicario del Mesías. (Maccoby 90-128; Piñero, “¿La verdadera?” 181-193)

Además, aunque la forma y gran parte del contenido narrativo adoptado en el Evangelio de Lucas nos recuerde al Siervo Sufriente de Isaías, este mantiene esa asociación con el sufrimiento a un mínimo y solo resaltaba la salvación por el triunfo del Mesías sobre su victimización en la cruz mediante su resurrección y exaltación del Mesías. (Powell 66-76) En la única ocasión en que “Lucas” cita directamente al Siervo Sufriente de Isaías, tiene el mayor cuidado de dejar fuera cualquier alusión a un siervo que paga el rescate por otros. (Hch. 8:32-33) El autor utiliza esa cita para presentar a Jesús como una víctima que sufrió una injusticia y que fue vindicada por Dios. (Ehrman, The Orthodox 409-432) Su razón para adoptar esta perspectiva es que “Lucas” miraba a Jesús desde una perspectiva helenística como superior a cualquier otra figura de héroe pagano admirado por los gentiles de su tiempo. Aquí no se resaltaba el sufrimiento sino la actitud estoica del Mesías ante sus momentos difíciles. (Powell 63-66)

La Agonía en el Jardín, de El Greco.
La agonía en el jardín de Getsemaní, de El Greco (1590). Imagen cortesía del Museo de Arte de Toledo.

El otro pasaje en que presenta a Jesús sufriendo es en el momento en que fue consolado por un ángel, mientras sudaba gotas “como de sangre”. Esos versos parecen no pertenecer al texto, por varias razones. La primera, su ausencia es consistente con el tono del texto, que es el de presentar a un Jesús que acepta estoicamente su crucifixión y muerte como víctima de una injusticia, lo que muchos eruditos llaman una “pasión sin pasión” (passionless passion). Esta convicción se refuerza cuando nos fijamos que todos los detalles marcanos en torno a la agonía y el distrés que sufría Jesús se suavizaron o eliminaron por completo. (Lc. 22:39-42,45; cf. Mc. 14:32-42) Finalmente, tampoco se halla ese pasaje en varios de los manuscritos neotestamentarios que tenemos. (Ehrman, The Orthodox 390-402; Fitzmyer IV: 398-401)

En otras palabras, la soteriología de “Lucas” es bastante peculiar y muy apartada de la de Pablo. En toda su obra, notamos un patrón recurrente: la buena noticia se revelaba primero a los judíos, quienes usualmente lo rechazaban, por lo que los predicadores tornaban después a los gentiles. De hecho, si vemos una hostilidad hacia los sabios y líderes judíos en el Evangelio de Mateo, la riña contra ellos en Lucas es mucho mayor. Hoy día, a partir de la evidencia que nos ofrece el Códice Beza, muchos eruditos sospechan muy fuertemente que “Lucas” publicó dos ediciones de Hechos de los Apóstoles. El segundo parece ser un 8% más largo que el primero y el 40% de los añadidos es antijudío. (Epp 177)

Por cierto, debemos notar que el Evangelio de Lucas parece tener una preferencia por los marginados de la sociedad judía, en contraste con sus autoridades y los ricos (e.g. Lc. 4:16-30, 7:11-17; 10:21-24, 29-37; 11:37-53; 16:1-31; 17:20-37; 18:1-27). Esta preferencia se expresa de una manera muy característica del pensamiento helenístico de su época. (Gómez Acebo 17; Powell 91-102)

Finalmente, debemos notar que el protagonista (indirecto en el Evangelio y directo en Hechos) es el Espíritu Santo. Es por el Espíritu de Dios que comenzó el mesianismo de Jesús en el momento de su bautismo o, como veremos, por haber posibilitado su concepción. En Hechos, fue por la acción del Espíritu Santo en Pentecostés que los discípulos de Jesús empezaron a convertir a los judíos y gentiles al mensaje del Mesías.

Fuentes del Evangelio de Lucas

San Lucas pintando un retrato de la Virgen María, de Guercino (1652-1653). Esta creencia surge de la convicción de muchos cristianos de que Lucas evangelista conoció personalmente a María y que utilizó sus dotes de artista para pintar su retrato. Varios íconos de la Virgen se vendían en el Medioevo como pinturas de Lucas. Imagen cortesía del Museo Nelson-Atkins.

¿Cuáles fueron las fuentes del Evangelio de Lucas en cuanto a las noticias sobre Jesús? Comparte dos con el Evangelio de Mateo y la otra es propia de esa obra.

  • El Evangelio de Marcos: El evangelista lucano utilizó a Marcos como una de sus fuentes principales. Este le proveyó un cierto orden de narración, además de corregirle el estilo y darle un giro teológico suyo a las narraciones.
  • El documento Q: Este es el segundo escrito principal que comparte con el Evangelio de Mateo y parece que, de los dos, fue más leal a las palabras y orden de estaba escrito. Es por eso que muchos exégetas citan a Q tomando como referente el Evangelio de Lucas.
  • La fuente L: Esta fuente está constituida por textos que encontramos exclusivamente en el Evangelio de Lucas. Algunas de las secciones pueden ser de fuentes prelucanas (escritas u orales) y otras, incluyendo los relatos de la infancia, aparentemente proceden de su autor. (Brown, Introducción I: 356-362; Gómez Acebo 14-15; Piñero, Guía Nuevo Testamento 356)

En el catolicismo romano y otras denominaciones cristianas, se piensa que María, la madre de Jesús, fue una posible fuente de los relatos de la infancia lucano. Esta convicción se debe a que en el texto del evangelio se insinúa eso. (Lc. 1:2; 2:19,51) Expertos afirman, por razones que se harán obvias en esta serie, que es altamente dudoso que ese haya sido el caso. En fin, si María hubiera sido tal origen del relato, entonces tenía una pésima memoria. (Brown et al. 111-113; 146-151)

¿Por qué es importante saber todo esto? Porque nos permiten entender la mentalidad del autor, su contexto social y su propósito a la hora de escribir su relato de la Navidad … que parece que fue añadido por el autor después de haber escrito su Evangelio y Hechos.

Lucas 1-2: El texto originalmente no intencionado del autor

Sí … aunque parezca increíble, la mayoría de las autoridades en Nuevo Testamento ha llegado a la conclusión de que, originalmente, la intención del autor era comenzar su Evangelio en el capítulo 3. Algunos van hasta más lejos, al decir que los capítulos 1 y 2, donde se nos narra la historia de la concepción e infancia de Jesús, es posterior a Hechos de los Apóstoles. Hay discrepancias en cuanto a qué eso significa en cuanto a lo que “Lucas” tenía en mente, pero el consenso en torno al tema es abrumador. (Bovon I: 71; El nacimiento 224-248; Fitzmyer II: 45, 51-57; Gómez Acebo 27; Powell 32-34)

He aquí algunas razones para pensarlo:

  • Los versos 3:1-2 adoptan la forma de introducción típica de historiadores de la época. Es casi como si estuviera comenzando una narración, no continuando el hilo de los capítulos anteriores.
  • El capítulo 3 comienza con la predicación de Juan el Bautista, que, da la casualidad, era la misma manera en que comenzaba el Evangelio de Marcos.
  • Como vimos arriba, en el capítulo 3, el evangelio parece adoptar una posición adopcionista de ser declarado “hijo de Dios” en el momento del bautismo. Eso choca de frente con el relato de la infancia, que alega que Jesús era hijo de Dios por ser fruto del Espíritu Santo. (Lc. 1:35)
  • Los relatos de la infancia hacen a Juan el Bautista y a Jesús de Nazaret parientes, conociéndose desde el mismo vientre de sus madres. (Lc. 1:40-41,44) Sin embargo, el texto principal del evangelio parece ignorar esto y Juan no parece conocer el significado de la actividad de Jesús. (Lc. 7:18-19)
  • María es la principal testigo de los hechos extraordinarios y milagrosos de la infancia de Jesús. Sin embargo, el Evangelio de Lucas parece reproducir una versión suavizada del relato marcano de la tensión entre Jesús y sus familiares, incluyendo a su madre. (Lc. 8:19-21)
  • No se entiende por qué Lucas no coloca su versión de la genealogía de Jesús antes de su narración de la concepción de Jesús, adoptando una estructura similar a la del Evangelio de Mateo. (Lc. 3:23-28) Es casi como si la genealogía, que aparece en el capítulo 3, se mencionara por ser el comienzo de los relatos del ministerio de Jesús como hijo de Dios, justo después de su bautismo (el momento en que es adoptado).
  • Otros aspectos de la narración de la infancia no se vuelven a discutir en ninguna otra parte del texto principal (e.g. el nacimiento en Belén).
  • En muchos aspectos literarios, los relatos de la infancia están más ligados a Hechos de los Apóstoles que al texto principal del Evangelio de Lucas. Por ejemplo:
    • Nadie habla por acción del Espíritu Santo en el texto principal del Evangelio, sino que este es el agente iniciador de la actividad de Jesús. Sin embargo, la acción de “hablar por acción del Espíritu divino” sí está presente en los relatos de la infancia y en Hechos (Lc. 1:15,41,67,80; 2:25-27; Hch. 2:17)
    • Los ángeles se hallan ausentes en el texto lucano principal. Sin embargo, en las narraciones de la infancia y Hechos, hay múltiples instancias de apariciones y acciones angelicales. (Lc. 1:11,26; 2:9; Hch. 5:19; 8:26; 10:3; 12:7; 27:23) (Bovon I:73, ; Brown, El nacimiento 244-248; Fitzmyer II: 52-57)

Estas y otras razones han llevado a varios autores a pensar que, si el evangelio no tuviera los capítulos 1 y 2, todo el mundo pensaría legítimamente que no faltaba nada del texto. Además, su fuerte vínculo literario con Hechos, ha hecho pensar que las narraciones de la infancia fueron redactadas después de haber escrito ese libro.

Todas estas observaciones nos brindan un mejor panorama ante los capítulos que vamos a tratar en las próximas entradas del blog. Sin embargo, a diferencia del caso del Evangelio de Mateo, ahora no estamos tratando con un midrash. El autor nos quiere convencer de que está haciendo historia.

Discutiremos este y otros aspectos en nuestra próxima entrada de esta serie. ¡Hasta la próxima!

Referencias

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Borg, Marcus J. y John Dominic Crossan. La primera Navidad. Lo que los evangelios enseñan realmente acerca del nacimiento de Jesús. Verbo Divino, 2007.

Boring, Eugene M. An Introduction to the New Testament. History, Literature, and Theology. Westminster John Knox, 2012.

Bornkamm, G. Jesús de Nazaret. Sígueme, 1975.

Bovon, François. El Evangelio de Lucas. Sígueme, 1995, 4 vols.

Brown, Raymond. El Evangelio de Juan. Cristiandad, 1999, 2 vols.

—. Introducción al Nuevo Testamento. Trotta, 2002, 2 vols.

—. El nacimiento del Mesías. Cristiandad, 1982.

Brown, Raymond et al. María en el Nuevo Testamento. Sígueme, 1986.

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—.  The Orthodox Corruption of Scripture. The Effect of Early Christological Controversies on the Text of the New Testament. Ed. Google Books, Oxford UP, 1993.

Epp, Eldon Jay. The Theological Tendency of Codex Bezae Cantabrigiensis in Acts. Cambridge UP, 1966.

Fitzmyer, Joseph. El Evangelio de Lucas. Cristiandad, 2005, 4 vols.

Flavio Josefo. Antigüedades judías. Akal, 1999, 2 vols.

Gómez Acebo, Isabel. Lucas. Verbo Divino, 2008.

Maccoby, Hyam. Paul and Hellenism. SCM Press, 1991.

Meier, John. Un judío marginal. Verbo Divino, 1998 – 2010, 5 vols.

Miller, Philip M. “The Least Orthodox Reading Is to Be Preferred. A New Canon for New Testament Textual Criticism?” En Wallace, pp. 57-89.

Pagola, José Antonio. Jesús. Aproximación histórica. PPC, 2013.

Piñero, Antonio. Año I. Israel y su mundo cuando nació Jesús. Laberinto, 2008.

—. Guía para entender el Nuevo Testamento. Trotta, 2011.

—. Guía para entender a Pablo de Tarso. Una interpretación del pensamiento paulino. Trotta, 2015.

—. “¿La verdadera historia de la Pasión de Jesús?” Piñero y Gómez Segura, pp. 163-234.

Piñero, Antonio y Eugenio Gómez Segura, editores. La verdadera historia de la pasión según la investigación y el estudio histórico. EDAF, 2008.

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Shillington, V. George. An Introduction to the Study of Luke-Acts. 2da. ed., Bloomsbury T & T Clark, 2015.

Theissen, Gerd y Annette Metz. El Jesús histórico. Sígueme, 1999.

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—. Hechos de los Apóstoles y orígenes cristianos. Ed. Kindle, Sal Terrae, 2015.

—. Jesús el Galileo. Sal Terrae, 2006.

 —. Nuevo Testamento. Sal Terrae, 2015.

Wallace, Daniel B, editor. Revisiting the Corruption of the New Testament. Manuscript, Patristic, and Apocryphal Evidence. Kregel, 2011.

La salvación vicaria de Jesús – 1

La crucifixión

La crucifixión (por Philippe de Champaigne, 1644-1646)

En la llamada “Semana Mayor” decidimos hacer una serie corta en cuanto a una de las creencias más importantes que se tienen del cristianismo, la noción de la salvación vicaria o redentora de Jesús. Eruditos de renombre y probos han investigado en torno a este tema y aquí vamos a exponer una de las tendencias más recientes de la crítica histórica y literaria del Nuevo Testamento.

Notemos que por siglos se ha mirado a Jesús como el Mesías que debía venir a la Tierra para liberar a los judíos de su opresión, específicamente del pecado introducido a la humanidad gracias a nuestros primeros padres, Adán y Eva. En el cristianismo occidental, esta idea tomó la forma de lo que se llegó a conocer como la doctrina del pecado original. Aunque muchos atribuyen la idea exclusivamente a Agustín de Hipona, la realidad es que lo que él hizo fue formalizar una noción de pecado humano que muchas mentes cristianas estaban entreteniendo por siglos antes de que naciera el obispo africano.

En sus cartas a los Gálatas y a los Romanos, Pablo el Apóstol hablaba de cómo nuestros primeros padres propiciaron el pecado, razón por la que la muerte entró en el mundo. Jesús crucificado fue ese ser divino, Hijo de Dios, que se redujo a sí mismo a la condición humana para morir vicariamente en la Cruz. Así se hizo maldición de acuerdo con la Torah, razón por la que la fe en el Mesías crucificado relevaba a los gentiles de la observancia de algunas disposiciones de la Torah. Más adelante, esto tomó la forma de un Jesús que era el eterno Logos divino que fue entregado por Dios Padre, se encarnó para ser glorificado en la Cruz y así salvar vicariamente a la humanidad. Los Padres de la Iglesia elaboraron más esta teología de diversas maneras, pero Agustín, en su rivalidad contra las ideas de Pelagio, argumentaba que el bautismo era necesario para borrar el pecado original de nuestros padres. Esto sucede debido a la gracia divina concedida por la muerte vicaria del Hijo de Dios.

Se suele creer que existía en el ámbito hebreo esta noción de redención por mucho tiempo.  La muerte de Jesús se veía como el acto concluyente de la costumbre judía de sacrificios de animales en el Templo. Sin embargo, ya hay varios investigadores serios (algunos de ellos independientes) que le han puesto un signo de interrogación a este reclamo. Entre los eruditos en cuestión se encuentran Hyam Maccoby, Henk S. Versnel y, visiblemente en el mundo hispano, Antonio Piñero. Su conclusión: el judaísmo carecía de noción de muerte vicaria en su literatura; este concepto es puramente helenístico (Maccoby, The Mythmaker 110-111; Paul and Hellenism  55-89; Versnel, “Making Sense”; “La muerte”; Piñero “La verdadera” 175-176).

Nota aclaratoria: En cuanto a Maccoby, hay que señalar que aunque fue un importante estudioso experto del Talmud y de la teología de Pablo, una buena parte de sus aserciones iconoclastas no pueden sostenerse hoy. Es evidente que él veía a Pablo de Tarso como “el fundador” del cristianismo, afirmación que la inmensa mayoría de los eruditos toman con pinzas. También afirmaba que este Apóstol forjó su teología a partir de los textos gnósticos populares en su tiempo. Hoy día se sabe más allá de toda duda que el gnosticismo parece haberse formado a finales del siglo I y se popularizó en algunos sectores judíos y cristianos en el siglo II. Contrario a lo que dice Maccoby, Pablo sí fue judío, pero jamás estuvo atraído a la secta saducea ni persiguió clandestinamente a los cristianos de Damasco viajando a esa población siria para denunciarlos a los romanos. Sin embargo, eso no quiere decir que Maccoby no haya aportado de diversas maneras valiosas a la discusión. Por ejemplo, son importantes sus observaciones en cuanto a sus señalamiento a la falta de instrucción farisea de Pablo, su noción vicaria soteriológica, la Eucaristía y otros aspectos bien importantes de las diversas doctrinas cristianas del primer siglo.

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¿Qué es muerte vicaria?

El sacrificio de Ifigenia

El sacrificio de Ifigenia de Leonaert Bramer (1623)

Henk S. Versnel define el término “muerte vicaria” de la siguiente manera:

Por muerte vicaria o soteriológica entiendo aquella muerte deliberadamente buscada o aceptada, que debe ser incondicional y al mismo tiempo dirigirse explícitamente —o interpretarse a posteriori como dirigida— a garantizar la salvación de otro u otros del destino o de la muerte presente o venidera (Versnel, “Making Sense” 16-17; “La muerte” 41, citado en Piñero 176).

En este sentido, cualquier persona que se entregue a sí misma en rescate de otro puede actuar vicariamente. Su derramamiento de sangre en la muerte representa la salvación de otros. Hoy día, este es el corazón del cristianismo en general, especialmente la mayoría de aquellas denominaciones cuya doctrina es de estirpe paulina.

Las narrativas de muertes vicarias pueden encontrarse por doquier en el mundo grecorromano en la Antigüedad. Por ejemplo, podemos ver ejemplos de ello en casos de héroes que escogen morir por otros o por su patria (Versnel, “Making Sense” 22-23):

  • Tragedias de Eurípides:
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    • Ifigenia en Áulide: Ifigenia, hija de Agamenón, ofrece sacrificarse a sí misma para que hubiera vientos que favorecieran la expedición de los aqueos a Troya.
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    • Las fenicias: El rey Creonte está dispuesto a morir para “rescatar” a su gente. Su hijo Meneceo está en la disposición de morir por su tierra.
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    • Los Heráclidas: Macaria quiere entregar su vida en sacrificio por sus hermanos.
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    • Alcestis: Alcestis ofrece su vida en sacrificio para que su esposo Admeto continuara con vida.
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  • En la tradición romana, el padre fundador de la gens Valeria ofrece su vida para salvar a su hijos tomando para sí sus enfermedades (27).
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  • De acuerdo con el historiador Heródoto, como forma de sacrificio propio el rey Leónidas de Esparta se queda atrás de los restantes de los 300 soldados que enfrentaron al ejército de Jerjes. Esto lo hizo al enterarse que los espartanos vencerían a los persas si sus reyes morían (27).

Ejemplos como estos y más podemos encontrarlos en muchos relatos conocidos y repetidos en las culturas grecorromanas en el Mediterráneo. Sin embargo, tal forma de pensar está notablemente ausente del judaísmo.
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La evidencia (o falta de ella) de la noción de sacrificio vicario en el judaísmo palestino del siglo I

El rechazo al sacrificio humano

Abraham sacrificando a Isaac

Abraham sacrificando a Isaac por Laurent de La Hire (1650).

Una cosa que puede describir muchos aspectos de los ideales del judaísmo es su exclusivismo en relación con los demás pueblos del Mediterráneo. Para los judíos, el culto a Yahveh tenía que ser distinto a lo que se practica en los pueblos paganos. Uno de los temas en los que querían distinguirse era el de los sacrificios humanos, práctica bastante común en otros pueblos.

De hecho, hay una muy conocida escena en que Yahveh le pide a Abraham el sacrificio de Isaac su único hijo. La base del relato parece proceder de la fuente elohísta (E) ya que utiliza el nombre hebreo “Elohim” para referirse al dios hebreo, pero no tiene el estilo de la tradición sacerdotal (P). Lo que hace este relato interesante es que el pasaje es interrumpido en el verso 11 por un texto de algún interpolador. Esto también lo sabemos en parte porque utiliza el nombre “Yahveh” para nombrar a Elohim, algo que no es característico de la fuente E hasta la aparición de Yahveh a Moisés (Éx. 3:14-15). Después de la interpolación (vv. 11-18) dice el texto E:

Volvió Abrahán al lado de sus mozos y emprendieron la marcha juntos hacia Berseba (Gén. 22:19).

Isaac no vuelve a aparecer en ningún otro texto de E posterior.

¿Qué sucedió aquí? Algunos autores han sugerido que en la versión original de E, Abraham realmente efectuó el sacrificio y que el interpolador cambió el texto (Friedman, Commentary Génesis 22:1-19). ¿Por qué ocurriría esto? Presumiblemente porque en la época de E (922-722 a.C.) se aceptaba que su patriarca hubiera llevado a cabo un sacrificio en honor al dios tribal Yahveh. Sin embargo, es perfectamente posible que en ese mometo y etapas ulteriores gradualmente la sugerencia de sacrificios de infantes se volviera más tabú hasta el punto de ser rechazado completamente en la religión hebrea (Friedman, The Bible intro.).  La versión final de esta historia en vez de apoyar la aceptabilidad del sacrificio humano, la rechaza.

Con esta oposición a la matanza humana en honor a Yahveh, se lanza por el risco cualquier noción de sacrificio vicario en el judaísmo como podemos constatar en varios textos. Varios textos bíblicos dejan claro que solo el que cometió el pecado o el crimen es el que paga por ello:

Al día siguiente, Moisés dijo al pueblo: “Habéis cometido un gran pecado. Ahora subiré a Yahveh; acaso pueda obtener el perdón para vuestro pecado.”

Moisés volvió a Yahveh y dijo: “Este pueblo ha cometido un gran pecado al hacerse un dios de oro. Pero ahora, ¡si quieres perdonar su pecado…!, si no, bórrame del libro que has escrito.” Yahveh respondió a Moisés: “Al que haya pecado contra mí, lo borraré yo de mi libro. Ahora ve y conduce al pueblo adonde te he dicho. Mi ángel irá delante de ti, mas llegará un día en que los castigaré por su pecado” (Éx. 32:30-35).

No serán ejecutados los padres por culpa de los hijos ni los hijos serán ejecutados por culpa de los padres. Cada cual será ejecutado por su propio pecado (Deut. 24:16; ver también 2 Re.14:6 y 2 Crón. 25:4; Versnel, “Making Sense” 5).

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La práctica de sacrificios por pecados en la Antigua Israel

Hyam Maccoby, Antonio Piñero y otros han señalado los enormes problemas que se enfrentaba el cristianismo (judeohelenista) ante el judaísmo palestino cuando alegaba que la muerte de Jesús era un sacrificio expiatorio por los pecados del mundo. Veamos lo que sí se acostumbraba hacer por siglos en el Antiguo Israel (Maccoby, Paul and Hellenism 68; Piñero, Guía 121-122):

  • Los sacrificios expiatorios usualmente se hacen por faltas inadvertidas pasadas. Estas requieren confesión de que se pecó, arrepentimiento y reparación antes del sacrificio, ya que este solo tiene una función purificadora (Lev. 5-6).
    .
  • Las faltas voluntarias solo se transfieren a un chivo expiatorio que nunca es
    sacrificado, sino expulsado en el Yom Kippur para Azazel (“la total remoción”) (Lev. 6, 16, 23:26-32; Núm. 29:7-11).
  • Los sacrificios del Templo son para purificar el Santuario de toda impureza
    proveniente de pecados. Sin embargo, hay pasajes de la Biblia Hebrea que
    podrían interpretarse como limpiezas del pecado mismo, tales como este:

Porque la vida de la carne está en la sangre, y yo os he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras vidas, pues la expiación por la vida se hace con la sangre (Lev. 17:11).

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Pasajes bíblicos que aparentan sostener una noción de sacrificio vicario

A estas alturas, el lector poldría preguntarse de dónde, pues, viene la idea de que el sacrificio de Jesús es equivalente a la de un novillo sacrificado “para limpiar los pecados del mundo”. ¿De dónde proviene la idea de que en la Biblia Hebrea y otros textos judíos aparecen nociones del sacrificio vicario?
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El Siervo Sufriente

Uno de los textos más importantes a los que se remiten algunos autores del Nuevo Testamente es el del Siervo Sufriente según aparece en el texto de Deutero Isaías (Is. 40-55), especialmente el capítulo 53, aludido en Hechos de los Apóstoles (8:32-33)

¿Quién creyó en nuestra noticia? ¿A quién le fue revelado el brazo poderoso de Yahveh? Creció ante él como un retoño, como raíz en tierra reseca. No tenía pariencia ni presencia; (le vimos) y carecía de aspecto que pudiésemos estimar. Despreciado, marginado, hombre doliente y enfermizo, como de taparse el rostro para no verle. Despreciable, un Don Nadie.

¡Y de hecho cargó con nuestros males y soportó todas nuestras dolencias! Nosotros le tuvimos por azotado, herido por Dios y humillado. Mas fue herido por nuestras faltas, molido por nuestras culpas. Soportó el castigo que nos regenera y fuimos curados con sus heridas. Todos errábamos como ovejas, cada uno marchaba por su camina y Yahveh descargó sobre él la culpa de todos nosotros. Fue oprimido y humillado, pero él no abrió la boca. Como cordero llevado al degüello, como oveja que va a ser esquilada, permaneció mudo, sin abrir la boca.

Detenido, sin defensor y sin juicio, ¿quién se ocupó de su generación? Fue arrancado de la tierra de los vivos herido por las rebeldías de su pueblo; pusieron su tumba entre malvados, su sepultura entre malhechores. Por más que no cometió atropellos ni hubo nunca mentiras en su boca, Yahveh quiso quebrantarlo con males. Si se da a sí mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, su mano ejecutará el designio de Yahveh. Después de sufrir, verá la luz, el justo se saciará de su conocimiento. Mi Siervo justificará a muchos, pues las culpas de ellos soportará (Is. 53:1-11).

Todo esto suena vicario. Para los cristianos, esto predice que el Mesías será el que llevará consigo las culpas de su pueblo. Sin embargo, hace falta una lectura más atenta del contexto del pasaje para darse cuenta del error. Por ejemplo, “Mesías” proviene de la palabra “mashíah” que significa “ungido”. El único “ungido” al que Deutero Isaías hace referencia es Ciro de Persia (Is. 45:1).  Entonces, ¿quién es el Siervo de Yahveh? Israel mismo personificado:

Y tú, Israel, siervo mío, Jacob, a quien yo elegí… Yo te tomé del confín de la tierra. Te llamé de remotas regiones y te dije: “Siervo mío eres tú, te he elegido y no te he rechazado” (Is. 41:8-9).

Vosotros sois mis testigos —oráculo de Yahveh— y mi siervo a quien he elegido (43:10)

Ahora escucha, Jacob, siervo mío, Israel, a quien yo elegí. Esto dice Yahveh que te creó, que te plasmó en el seno y te ayuda: “No temas, siervo mío, Jacob. Yesurún a quien yo elegí…” (Is. 44:1-2)

Acuérdate de esto, Jacob, y tú, Israel que eres mi siervo (44:21).

A causa de mi siervo Jacob y de Israel, mi elegido … (45:4).

“¡Yahveh ha rescatado a su siervo Jacob!” (48:20)

Me dijo: “Tú eres mi siervo Israel, en tí se manifestará mi gloria” (49:3).

Este es solo un puñado de pasajes en que claramente Israel es el Siervo de Yahveh. El propósito de Deutero Isaías es sostener la esperanza en el rescate del pueblo de Yahveh que sufre bajo las garras de los babilonios mediante su ungido, Ciro de Persia.

En otras palabras, la expiación de todos los descendientes de Israel ocurre por el sufrimiento de la nación de Israel. Es Israel mismo el que paga sus propios pecados, algo que es perfectamente consistente con la actitud de los antiguos israelitas contra los sacrificios humanos y vicarios.
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La muerte de Eleazar y de los siete hermanos

Los otros pasajes a los que usualmente se recurre pertenecen a un libro deuterocanónico de 2 Macabeos (visto como apócrifo por judíos y cristianos protestantes). Se piensa que se escribió del 130 al 63 a.C. Muchos de los que sostienen la perspectiva de que este libro presenta a Eleazar y a los siete hermanos como aquellos que murieron para la salvación de su patria, pierden una cosa de perspectiva: los Macabeos mueren por la preservación de la Torah (la conservación de la normativa mosaica).

{Habla Eleazar:} … Por eso, al abandonar ahora valientemente la vida, me mostraré digno de mi ancianidad, dejando a los jóvenes un ejemplo noble al morir por las leyes venerables y santas” (2 Mac. 6:27-28)

Cuando el [primer hermano] hizo así su tránsito (fue muerto), llevaron al segundo al suplicio y, después de arrancarle la piel de la cabeza con los cabellos, le preguntaban: “¿Vas a comer antes de que tu cuerpo sea torturado miembro a miembro?” Él, respondiendo en su lenguaje patrio, dijo: “¡No!”… Al llegar a su último suspiro, dijo: “Tú criminal, nos privas de la vida presente, pero el Rey del mundo, a nosotros que moriremos por sus leyes, nos resucitará a una vida eterna” (7:7-9)

¿Qué esperáis?  No obedezco el mandato del rey, sino el mandadto de la Ley dada a nuestros antepasados por medio de Moisés. …Yo como mis hermanos, entrego mi cuerpo y mi vida por las leyes de mis antepasados, invocando a Dios para que pronto se muestre propicio con nuestra nación y que tú con pruebas y azotes llegues a confesar que él es el único Dios (7:30, 37).

Aunque el libro 2 Macabeos es de origen judeohelenista y encontramos en él algunas expresiones típicas de muerte griega por la patria, pero no hallamos ocasión alguna de ofrecimiento vicario. Una vez más, esto es algo totalmente consistente con el pensar judío (Piñero, Guía 118; Versnel, “Making Sense” 5-20, 45-57).
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4 Macabeos

El Menora de Hannukah

El Menorah de Hannukah. Foto cortesía de Gil Dekel. (CC-BY 4.0). Este candelabro rememora la dedicación del Templo a Yahveh después de la rebelión macabea.

Finalmente se encuentra el libro 4 Macabeos, texto que no se encuentra en ninguna de las biblias confesionales excepto la Iglesia Ortodoxa. Allí  podemos encontrar un pasaje que sugiere derramamiento de sangre por otros. El pasaje en cuestión dice lo siguiente:

¿Quiénes no admiraron a estos atletas de la ley divina? ¿Quiénes no se sorprendieron? El mismo tirano [Antíoco IV Epífanes] y todo el consejo quedaron maravillados de su virtud y perseverancia. Por ella están nahora situados junto al trono divino y viven la bienaventurada eternidad. Dice Moisés: “Todos los que han sido santificados están bajo sus manos”. Y ellos, que se santificaron por causa de Dios, no solo fueron honrados con tal honor, sino también con el de lograr que por ellos los enemigos no dominaran a nuestro pueblo, que el tirano fuera castigado y nuestra patria purificada: se convirtieron, por así decir, en víctima expiatoria a cambio del pecado de nuestra nación. Por la sangre de estas personas respetuosas de lo sagrado y por su muerte propiciatoria la divina providencia salvó al antes malvado Israel (4 Mac. 17:16-22).

Lo que hace a este texto importante es que ya vemos en 4 Macabeos una noción de sacrificio vicario en textos judeohelenistas. ¿Cuándo fue escrito este texto? Por ahora, se sugiere que fue escrito entre el 20 y el 130 d.C., no antes de eso. Lo interesante del asunto, es que Versnel sostiene que lo más probable se escribió alrededor del aǹo 100 d.C. o después. Por ende, significativamente después de los primeros textos cristianos, es decir, las cartas donde Pablo de Tarso propone la perspectiva del Mesías como víctima. Esto podría sugerir dos cosas:

  • Para el primer siglo, se dio la conjunción entre la expiación por pecados y la muerte vicaria en el judeohelenismo.
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  • Dependiendo de la fecha que los eruditos terminen asignando al texto de 4 Macabeos, puede ser que el sector cristiao judeohelenista haya sido el originador de esta concepción de Jesús.
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  • A partir de la evidencia documental que tenemos disponible, todo parece apuntar a Pablo como el origen de esta perspectiva (Piñero, Guía 119-129; “La verdadera” 175-176; Versnel, “Making Sense” 43-46, 76-81).

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Referencias

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Maccoby, Hyam. The Mythmaker. Paul and the Invention of Christianity. Barnes & Noble, 1986.

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Piñero, Antonio. Guía para entender a Pablo de Tarso. Trotta, 2015.

—. “¿La verdadera historia de la Pasión de Jesús?” Piñero y Segura, pp. 163-234.

Piñero, Antonio y Eugenio Gómez Segura, editores. La verdadera historia de la pasión según la investigación y el estudio histórico. EDAF, 2008.

Versnel, Henk S. “Making Sense of Jesus’ Death. The Pagan Contribution.”   Academia.eduhttps://www.academia.edu/4714278/MAKING_SENSE_OF_JESUS_DEATH.

—. “La muerte de Jesús como acontecimiento de salvación: influencias paganas en la doctrina cristiana.” Del Coliseo al Vaticano: Claves del cristianismo primitivo, editado por Rafael Urías Martínez y Elena Muñiz Grijalvo. Fundación José María Lara, 2005, pp. 33-56.

El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 6

La serie, partes 1, 2, 34 y 5

La noche de Gólgota -- por Vasily Petrovich Vereshchagin (1869)

La noche de Gólgota — por Vasily Petrovich Vereshchagin (1869)

La tradición más antigua de sepultura y resurrección

Uno de los elementos que hacen más valiosas las cartas auténticas paulinas es que Pablo frecuentemente nos cita las tradiciones más antiguas con las que contamos en torno al tema de la muerte y resurrección de Jesús.

En primer lugar os transmití lo que por mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas {Pedro} y luego a los Doce; que después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los que todavía la mayor parte viven, aunque otros ya murieron. Luego se apareció a Jacobo {el hermano de Jesús}; más tarde, a todos los apóstoles (1 Cor. 15:3-7).

¿Cómo sabemos que esto proviene de una tradición ajena a la de Pablo? Si tomamos los versos del 3b al 5, obtenemos una estructura inconfundible tradicional que contrasta la muerte y sepultura con la resurrección y su aparición a Pedro. Compárese los versos (a), (b) (c) y (d) de la primera estrofa con los correspondientes de la segunda:

1(a) Cristo murió
1(b) por nuestros pecados
1(c) según las Escrituras
1(d) que fue sepultado

2(a) que {Cristo} resucitó
2(b) al tercer día
2(c) según las Escrituras
2(d) que se le apareció a Cefas

Todos los relatos que vemos en torno a su sepultura y tumba vacía en los evangelios son relatos posteriores a esta tradición. Algunos disputan la historicidad de este contenido. Otros afirman que es perfectamente consistente con el primero de nuestros evangelios (el de Marcos) muy a pesar de que los recuentos evangélicos se contradigan entre sí. ¿Acaso Jesús no se les apareció a las mujeres primero? O, como afirmaría Ehrman en su obra How Christ Became God, tal vez la carencia de mención de José de Arimatea como contraste literario al nombre de Cefas es señal que no hubo un tal personaje y que, en definitiva, a lo mejor Jesús no fue sepultado.

Veamos este asunto más a fondo.

La sepultura

Es verosímil que la crucifixión haya tomado lugar antes de la Pascua, incluso el día antes (en relación con esto, el Evangelio de Juan —como diríamos los puertorriqueños— “la pegó”, aunque por razones puramente teológicas). Recordemos que la cronología evangélica es inverosímil y que todo este proceso de juicio a Jesús hasta que llegó a manos de Poncio Pilatos pudo haber tomado días, pero ciertamente no de un día para otro. Sin embargo, puede ser posible que Pilatos atendiera su caso dos días antes o el día antes de la Pascua. En primer lugar, el juicio romano se dio en Jerusalén, no en Cesarea Maritima en las costas de Samaría, la sede de su autoridad. Como hemos dicho en otros artículos, la presencia romana en la Ciudad de David incrementaba debido a los exabruptos nacionalistas que solían ocurrir de vez en cuando durante esa temporada. Nadie como Pilatos para garantizar el orden.

Jesús fue condenado a la crucifixión y murió ese mismo día después de haber pasado (posiblemente) algunos días de prisión y maltrato por parte de los soldados. Después de un desangrado considerable y del espantoso dolor que debió haber pasado en la Cruz, podía ser que para velar por el día de Pascua (recuerden que para los judíos de esa época, “el día siguiente” comenzaba a las 6:00 de la tarde, no a la medianoche) el Sanedrín solicitara que se descolgara a los muertos en la cruz, ya que no debían estar expuestos en esa noche de fiesta.

En cuanto a este punto, hay un debate muy interesante entre eruditos del Nuevo Testamento. John Dominic Crossan y Bart D. Ehrman (este último de manera más cualificada) piensan que los romanos no hicieron excepción alguna en cuanto a la crucifixión y que probablemente dejaron los cuerpos a la interperie para que fueran depredados por animales. La razón de ello es que fuera de unos casos constatados por Filón de Alejandría y Josefo, no habría motivo alguno para que los romanos respetaran las formalidades culturales locales. La idea de que Pilatos ayudara a guardar las formalidades de la Pascua sería bien improbable. Ya hemos visto cómo solía tratar a la población en caso que se resistiera por razón alguna. A él le importaba muy poco este asunto. La crucifixión tenía la intención de humillar a los rebeldes, ¿qué razón tendría Pilatos para permitir que se les descolgara de la cruz en la temporada más nacionalista de Jerusalén?

Del otro lado de la discusión, se encuentra prácticamente el consenso de los historiadores y exégetas del Nuevo Testamento. ¿Por qué discuto a Crossan y Ehrman? Porque el peso de sus argumentos en este caso es importante. Sin embargo, en el otro lado, aunque predominen algunos estudiosos conservadores y confesionales, esto no significa en absoluto que todos ellos tengan un cociente de inteligencia bajo (y si creen que sí, les invito cordialmente a estudiar hebreo, arameo, griego koiné y copto, mas paleografía, historiografía antigua, filología, filosofía antigua, escritos apócrifos, etc. …  se pasarán toda una vida estudiando …  como ellos lo han pasado). Al contrario, son brillantes eruditos y a ellos le debemos gran parte de lo que discutimos en artículos previos. ¿Qué tienen que decir ellos al respecto?

En primer lugar, debemos comprender la relación entre Roma y Judea para entender cómo Pilatos tenía que relacionarse con los judíos. Judea es para todos los efectos una de las provincias de las excepciones. Contrario a lo que nos indican las películas de Jesucristo, los romanos no estaban paseando todo el tiempo por Jerusalén en grandes números para intimidar al público todos los días. Su presencia incrementaba para el periodo de Pascua, pero el resto del tiempo, la guardia estaba bajo la supervisión del Sumo Sacerdote (en este caso, Caifás). Por otro lado, Pilatos gobernaba desde un lugar más pacífico, Cesarea Maritima en las costas de Samaría. Con contadas excepciones, los romanos también solían respetar las tradiciones judías del Templo y de todas partes de sus dominios, siempre y cuando pagaran el tributo debido al Imperio. Este era el acuerdo que habían establecido con los sacerdotes saduceos y, por tal motivo, esta casta era odiada por fariseos, esenios y otros sectores sociales. Pero, ¿por qué Roma no forzaba el estilo de vida romano o actividades típicas de su cultura o, al menos, la tan admirada helenística? En primer lugar, Antíoco Epífanes intentó hacerlo primero y fracasó ante una guerra de guerrillas nacionalista bajo los Macabeos.

En segundo lugar, debemos recurrir de nuevo a lo que nos tiene que decir el historiador Flavio Josefo. ¿Se acuerdan que Pilatos masacró a un número de personas en una multitud por utilizar el Dinero Sagrado para un acueducto?  Pues, antes de eso ocurrió este incidente:

Cuando Pilato fue enviado por Tiberio como procurador {error histórico: fue prefecto} a Judea, llevó de noche a escondidas a Jerusalén las efigies de César, que se conocen por el nombre de estandartes. Este hecho produjo al día siguiente un gran tumulto entre los judíos. Cuando lo vieron los que se encontraban allí, se quedaron atónito porque habían sido profanadas sus leyes, que prohíben la presencia de estatuas en la ciudad. Además, un gran número de gente del campo acudió también allí ante la indignación que esta situación había provocado entre los habitantes de la ciudad. Se dirigieron a Cesarea y pidieron a Pilato que sacara de Jerusalén los estandartes y que observara las leyes tradicionales judías. Pero como Pilato se negó a ello, los judíos se tendieron en el suelo, boca abajo, alrededor de su casa y se quedaron allí sin moverse durante cinco días y sus correspondientes noches.

Al día siguiente Pilato tomó asiento en la tribuna de un gran estadio y convocó al pueblo como si realmente desease darles una respuesta. Entonces hizo a los soldados la señal acordada para que rodearan con sus armas a los judíos. Estos se quedaron estupefactos al ver inesperadamente la tropa romana formada en tres filas a su alrededor. Mientras, Pilato les dijo que les degollaría, si no aceptaban las imágenes de César y dio a los soldados la señal de desenvainar sus espadas. Pero los judíos, como si se hubiesen puesto de acuerdo, se echaron al suelo todos a la vez con el cuello inclinado y dijeron a gritos que estaban dispuestos a morir antes que no cumplir sus leyes. Pilato, que se quedó totalmente maravillado de aquella religiosidad tan desmedida, mandó retirar enseguida los estandartes de Jerusalén (Josefo, La guerra II:169-174).

En otras palabras, había una razón por la que Roma pensaba que era más eficiente respetar las leyes judías y cobrar el Tributo que imponerles costumbres romanas.  Pilatos pensaba que él era el hombre para lograrlo y claramente se equivocó.

No solo eso, la masacre que llevó a cabo en Jerusalén fue un caso excepcional debido a que, contrario a los estandartes, el acueducto pudo haber sido una genuina necesidad con la que no se contaba con los recursos económicos, así que utilizó el recurso disponible en manos de los sacerdotes saduceos. Fuera de este episodio de los estandartes y el de años más tarde la imposición de las estatuas de Calígula, Roma mantenía una política de “manos afuera” en relación con Jerusalén: que el Sumo Sacerdote mantuviera el orden y que se observaran las leyes mosaicas, siempre y cuando ese orden no fuera contrario al dominio romano y al pago tributario. Además, se les solicitaba que ofrecieran sacrificios y oraciones por el bienestar del emperador. Tanto Josefo como Filón de Alejandría nos dejan constancia de que en muchas ocasiones los judíos le solicitaban a Pilatos velar por sus leyes patrias como lo habían hecho muchos reyes y emperadores hasta ese momento.

Craig A. Evans, exégeta protestante bien respetado en su campo, nos informa que la Torah dice bien explícitamente que debían sepultar los cadáveres antes de la puesta de sol (Deuteronomio 21:22-23), algo que recordaba con mucho énfasis la comunidad de Qumrán (11Q19 64:7-13a). Él trae a colación el hecho de que Josefo narraba cómo durante la Guerra Judía, varios judíos bajaban a crucificados para sepultarlos, tal como exigía la Torah. Ehrman no estuvo de acuerdo con su argumento, específicamente por la falta de cualificaciones a las aserciones de Josefo.

Nota personal e inexperta: Los diez argumentos que numera Ehrman rozan un poco con el hiperescepticismo, aunque no son en ellos mismos irrazonables. Aun subrayando mi carencia de expertise en cuanto a este tema y que, tal vez, no tenga suficiente información al respecto, me parece que tampoco hay razones de peso para poner en duda que Pilatos respetaba al menos algunas tradiciones judías. De otra manera, los judíos estarían en perpetua queja ante el Imperio. Aquí está el enlace de su blog en el que responde a este planteamiento de Evans.  (Si no pueden ver todo el artículo, únanse a su blog por un costo módico de $7.95 cada tres meses. El dinero completo se dona a Médicos Sin Fronteras y CARE, entre otras organizaciones sin fines de lucro. A cambio de ello, tienen acceso a las opiniones de uno de los exégetas más respetados de Estados Unidos).  Pueden ver más de sus respuestas a Evans aquí  (tampoco me convence mucho) y aquí (nope).

Sin embargo, el análisis de Evans también falla significativamente en algunos puntos. Por ejemplo, muestra como evidencia el hallazgo de Yeojanan (del que hablamos en nuestro artículo anterior), cuyas piernas fueron quebrantadas por los romanos para que muriera más rápido. Él afirma que probablemente se debió a que no estaba muriéndose “a tiempo” (por así decirlo) y los romanos tomaron medidas al respecto. ¿Por qué razón sería? Lo más probable porque tenían que bajar su cadáver de la cruz antes del atardecer. Una observación muy importante que hace Ehrman es que este condenado pertenecía aparentemente a una élite judía y sus familiares pudieron haber influenciado la decisión del gobernador para enterrarlo. Ese no era el caso de Jesús, quien no era pudiente y cuya familia no se encontraba en Jerusalén, sino en Galilea. ¿Por cuánto tiempo estuvo Yeojanan crucificado? ¿Cuáles crímenes cometió?  No tenemos constancia de ello. Es más, la persona que hizo el análisis de los huesos —Joe Zias— afirma que su quebrantamiento ocurrió después de su muerte.

Finalmente, Evans argumenta que se han encontrado clavos de crucifixión en varios osuarios, lo que indica que se solían sepultar honrosamente a cadáveres de crucificados, en vez de dejarlos a la interperie por mucho tiempo. Sin embargo, como bien señala Ehrman —respaldado por la autoridad de un experto en el tema— estos clavos no se guardaban porque los cadáveres fueran de crucificados, sino porque eran más bien una especie de talismanes: específicamente se pensaba que dichos clavos espantaban a los espíritus malignos. El clavo que ilustra Craig en su artículo es del osuario de Caifás (quien jamás fue crucificado).

Este fascinante debate continúa, sin embargo, en mi —muy inexperta— opinión (y, por favor, tómenla cum granus salis) es que sí se descolgó el cadáver de Jesús después de haber muerto y que fue enterrado por un tal José de Arimatea. En ese aspecto, estoy de acuerdo con la mayoría de los historiadores y exégetas. La razón de ello la explica el erudito James G. McGrath en su libro electrónico (muy didáctico) The Burial of Jesus, donde explica “en arroz y habichuelas” lo que expondremos ahora.

El relato cepa de los demás sinópticos proviene de Marcos y nos dice lo siguiente:

Ya al atardecer, como era la Preparación, es decir: la víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro respetable del Consejo {Sanedrín}, que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. Se extrañó Pilato de que ya estuviese muerto y, llamando al centurión, le preguntó si había muerto hacía tiempo; informado por el centurión, concedió el cuerpo a José. Este compró una sábana y lo descolgó de la cruz; lo envolvió luego en ella y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en una roca. Finalmente hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de Josés se fijaron dónde lo ponían (Marcos 15:42-47)

Otros evangelios hicieron de José un seguidor de Jesús, algo que realmente no está claro en este texto, ya que Jesús no era el único que predecía la “llegada del Reino de Yahveh” sino uno de muchos apocalipticistas de su tiempo. Sobre si José era o no seguidor de Jesús, el texto es admitidamente ambiguo, lo que nos lleva a pensar que a lo sumo era un apocalipticista del Sanedrín que no era seguidor de Jesús. El otro dato que parece ser significativo es que a Pilatos se le dio la información que “hacía tiempo” Jesús había fallecido.

Nótese en cuanto a todo esto, que los discípulos habían huído y no podían solicitar un entierro honorable a Jesús.  Sus familiares parecen haber estado en Galilea en el momento, por lo que tampoco lo solicitaron. Sin embargo, el interés de José de Arimatea parecía ser estrictamente jurídico-religioso (no quería que hubiera un cadáver colgando antes del atardecer, ya que había que cumplir con la normativa de Moisés). Nótese que en ningún momento Marcos nos dice lo que otros evangelios alegaban: que la sábana estaba “limpia” y que el sepulcro era “nuevo” (Mateo 27:60; Juan 19:40-41); o que era acompañado de Nicodemo (Juan 19:39); o que envolvió al cadáver con dulces aromas según la tradición judía de sepultar (Juan 19:40-41).

En otras palabras, sale a relucir de nuevo el criterio de incomodidad o dificultad, de que los evangelistas posteriores han intentado embellecer el relato original sobre José de Arimatea para que parezca que Jesús fue sepultado por un discípulo respetuoso de su Maestro … y no como el miembro de un Sanedrín que buscaba velar por la ley patria que sepultó a Jesús con una sábana (si limpia o no, no sabemos) en un sepulcro común y corriente. Es más, contrario a lo alegado por el Evangelio de Juan, todo indica que se le sepultó sin los debidos rituales judíos de honor; es decir, se le estaba tratando como a un criminal.

¿Cómo sabemos que fue así?  Sencillo, porque según Marcos, Jesús fue preparado para la muerte en vida. Este es el relato de la “unción” en Betania, en la que Jesús decía que ese perfume era para prepararlo para la muerte. ¿Por qué añadiría Marcos este relato inverosímil? Porque sabe que José de Arimatea no le lavó ni le ungió; así que apologéticamente Marcos narraba un “acontecimiento” en el que sí se le ungió para la muerte para una sepultura digna y honrosa donde José nunca se la dio (Marcos 14:3-9). No solo eso, Marcos también incluye el relato de las mujeres que fueron el domingo (el tercer día) para limpiarlo según la normativa judía … ¿y qué sucedió? Lo que ellas jamás se esperaban …

La proclamación de la resurrección

Aparición de Cristo a María Magdalena -- por Alexander Andreyevich Ivanov (1835)

Aparición de Cristo a María Magdalena — por Alexander Andreyevich Ivanov (1835)

¡OK, mis queridos lectores sabiondos!  Ustedes se deben acordar que les di una asignación. Les pregunto otra vez: Contrario a lo que alega la película The Case for Christ, ¿por qué el criterio de testimonio múltiple no aplicaba a los relatos de la resurrección en los evangelios?

Respuesta a la asignación (Spoilers!):

Si han leído los cuatro relatos de la resurrección podrán concluir que en el caso de los sinópticos, los tres son muy parecidos (con pequeñas variantes), lo que sugiere que los tres tienen una fuente común. En este caso, Mateo y Lucas están copiando de la misma fuente: Marcos.  Así que en el caso de los sinópticos, no vale el criterio de testimonio múltiple, ya que el relato cepa cuenta solo como un testimonio. En el caso de Juan, el relato es tan distinto al de los de los sinópticos y tan impregnado de la teología del autor que no es fiable históricamente. Aunque proceda en última instancia de una fuente distinta, ha sido bien alterado para descansar históricamente en ella y contarla para un testimonio múltiple (asunto todavía debatido entre los eruditos). Además, hay elementos que indican que la aparición a María Magdalena está atada a la glorificación corporal de Jesús y al relato sinóptico de la incredulidad de los discípulos a las mujeres.

El más temprano de los evangelios, el de Marcos, nos dice lo siguiente…  y, por favor, manténgase atentos hasta el final:

Pasado el Sábado, María Magdalena, María la de Jacobo y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarlo. Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, fueron al sepulcro. Se decían unas a otras: “¿Quién nos retirará la piedra del sepulcro?” Pero, al alzar la mirada, vieron que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande. Al entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dijo: “No os asustéi; sé que buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Pero ha resucitado, ya no está aquí. Ved el lugar donde lo pusieron. Id, sin embargo, a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea: allí lo veréis, como os dijo.” Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo (Marcos 16:1-8).

¡Punto!  Créanlo o no, ese es el final del Evangelio de Marcos. Todos los exégetas reconocen que los versos que siguen fueron una interpolación posterior, probablemente de algún copista cristiano que deseaba concluir el relato con algo más satisfactorio. Nótese que en este texto, Jesús no se le aparece en lo absoluto a las mujeres. Nos dice, por otro lado, que Jesús se les aparecería a los discípulos en Galilea. Eso coincide completamente con la narrativa más temprana que tenemos sobre la resurrección de Jesús … la de Pablo. ¿Se acuerdan de la cita que mencionamos al principio?  Jesús se le apareció resucitado primero a Pedro y después a los demás.

¿Es histórica esta visita de las mujeres al sepulcro?  Es difícil saberlo, aunque personalmente me inclino a que no. ¿Por qué? Porque de principio a final está demasiado apegado al motif literario del autor. Como afirmamos en varios artículos, Marcos intentaba explicar cómo Jesús nunca se autoproclamó Mesías (al menos en público), además de que resaltaba la incomprensión por parte de los discípulos y otros en torno a sus verdaderas intenciones y su mensaje, de que sus oyentes hacían todo lo contrario a lo solicitado, a veces llegando al punto de su continua irritación (Marcos 1:25,34,41; 3:2,13; 7:6-12,18-20,27,36; 8:11-12,16-21,26,29-30 … etc). El incidente del sepulcro vacío es la culminación de dicha incompresión de los discípulos por el hecho de haber huído, porque fueron las mujeres, no los varones más cercanos al Maestro, las primeras en recibir la noticia … Y para colmo, ellas tampoco entendían lo que pasó porque, con su temor, ni se calmaron ni le dijeron nada a nadie (todo lo opuesto a lo que les solicitaba el hombre).

Además, hay muchas sospechas en torno al relato mismo del sepulcro vacío. En todo caso, Jesús parece haber indicado que después de la resurrección los cuerpos serían como los de los ángeles (Mc. 12:24a,25). Esto se confirma con el hecho de que la doctrina más temprana que tenemos de la resurrección aparece en las cartas de Pablo. Una vez más, comprendiendo la doctrina jesuana desde un marco judeohelenístico, lo sumerge en una teoría muy curiosa de la dualidad carne-espíritu. Para Pablo, la resurrección sería sin lugar a dudas fisica, pero su sustancia cambiaría: dejaría de ser un cuerpo material (carnal) para convertirse en uno espiritual. De hecho, para él, la resurrección de Jesús fue en un cuerpo espiritual, al igual como el del primer hombre antes de pecar contra Yahveh, al igual que el de los ángeles (cuya naturaleza era espiritual, no carnal) (1 Tes. 4:15-18; 1 Cor. 15:42-55).

Podría ser que originalmente para los discípulos, el “cuerpo carnal” de Jesús quedara sepultado, mientras que fue resucitado en uno espiritual. O podría ser que los discípulos sostuvieron que su Maestro se les aparecía con un cuerpo glorificado, totalmente renovado del físico. Todos los evangelios coinciden que él se les apareció con algunas propiedades sobrenaturales (traspasaba paredes, aparecía y desaparecía, nadie le reconocía, etc.)

¿Qué hay de los 500 testigos?

Una de las cosas de la película de The Case for Christ que hizo que mi quijada cayera al suelo es el que el periodista, Lee Strobel, no le pusiera signos de interrogación a esa información y diera el dato por bueno. ¿En serio? ¿No conoce el fenómeno humano, desgraciadamente frecuente, de la exageración?

Sabemos que antes de Pablo, hubo algunos que experimentaron tal visión se consideraron enviados por Jesús para el anuncio del Reino. A estos se les conocieron como “Apóstoles”, del griego “apóstolos” (ἀπόστoλος) que significa “emisario” o “enviado”. Este título no se le confiere solo a los Doce discípulos más cercanos, sino también probablemente a otros como José Bernabé, Andrónico y Junia (Rom. 16:7), entre otros. Ahora bien, ¿500 personas?, ¡muy dudoso! Eso suena al mismo tipo de exageración que vemos en Hechos de los Apóstoles cuando nos dice que en Pentecostés convirtieron los Doce a tres mil personas en Jerusalén (Hechos 2:41).

El Martirio de San Pedro -- por Caravaggio (1601)

El Martirio de San Pedro — por Caravaggio (1601). Este cuadro evoca a la ocasión en que Pedro había solicitado ser crucificado cabeza abajo.

La tradición que vimos al principio afirma que los Doce discípulos experimentaron apariciones de su parte. Sin embargo, hay tradiciones de la incredulidad de algunos (Lucas 24:38-43; Juan 20:24-29; Hechos 1:3). Puede ser que Pedro y otros más hayan tenido visiones de Jesús y el resto respondiera al principio con escepticismo. Lo próximo que podemos saber con relativa seguridad es que dichas visiones tuvieron lugar en Galilea (dato que nos ofrece Marcos) que era donde probablemente huyeron los discípulos una vez fracasado el proyecto jesuano. Sin embargo, su experiencia de la resurrección (fuera por visiones o por alguna otra razón), les motivó para establecer su centro de operaciones en Jerusalén, lugar donde comenzaría la restauración de Israel eventualmente, al mando de Jacobo (el hermano de Jesús), de Pedro y de Juan (Gál. 2:9). ¿Qué ocurrió con los demás? Probablemente Jacobo el hijo de Zebedeo y hermano de Juan murió bajo el gobierno de Herodes Agripa (Hechos 12:1-2). Después de la reunión que se dio en Jerusalén (el llamado “Concilio de Jerusalén”) parece que Juan murió martirizado, según aparece un vaticinium ex-eventu en uno de los evangelios que les anunciaba la manera que habrían de morir (Marcos 10:39).  Sobre el resto no tenemos información fiable alguna excepto, tal vez, el martirio de Pedro (probablemente en Roma) crucificado bajo Nerón (Juan 21:17-19).

Se forjaron congregaciones bajo su supervisión y fuera de ella (como muchas de las que se establecieron en la gentilidad), pero de alguna forma vinculadas a la comunidad jerosolimitana. Más tarde, en el Mediterráneo se fueron forjando distintas cristologías, visiones en torno a la ley patria judía (la Torah), la resurrección, la relación carne y espíritu, el sacrificio vicario del Mesías, el Reino de Dios, etc. La muerte de Jacobo, el hermano de Jesús, bajo las autoridades judías y la destrucción de Jerusalén marcaron el final de esa congregación y solo quedaron algunas pocas fieles a sus raíces judías en la gentilidad, pero el resto gravitó más al pensamiento helenístico, especialmente por obra de las congregaciones paulinas. Así, todo el movimiento apocalíptico de corte nacionalista, radicado en la Torah, en la restauración de las doce tribus de Israel, en un Hijo del Hombre que iba a someter a todos los enemigos paganos a la merced de la gran potencia israelita, pasó gradualmente a uno no apocalíptico, que tenía una comprensión platónica y estoica de la llegada de Jesús y del Reino de Dios y bien antijudía.

¿Cómo ocurrió esto con lujo de detalles? Pues, queridos lectores, ese es un tema para otra ocasión.

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 5

La serie, partes 1, 2, 3 y 4

¿Quién era Poncio Pilatos?

¿Qué es la verdad? - por Nicolai Ge (1890)

¿Qué es la verdad? – por Nicolai Ge (1890)

Si alguien me preguntara cuánto tardó el interrogatorio del prefecto romano, Poncio Pilatos a Jesús, les podría decir que no más de cinco minutos. El diálogo debió haber sido algo así:

—Dicen los sacerdotes del Sanedrín que tú te has autodenominado Rey de los Judíos. ¿Qué tienes que decir al respecto? ¿Aceptas las acusaciones? ¿Eres el Rey de los Judíos?— diría Pilatos

— Tú lo dices.

— ¡Crucifíquenlo!

Ese sería el final del relato. Pienso que algo bien parecido fue lo que realmente ocurrió. Contrario a nuestra cultura de derechos, el Imperio Romano no tenía tal cosa como derecho a un juicio, a un abogado, un jurado de sus pares, etc.

¿Qué clase de persona fue Poncio Pilatos? Una tal vez muy distinta a la que vemos en los evangelios y en otros escritos cristianos. Para ilustrarlo, vean el siguiente pasaje de las Antigüedades judías de Flavio Josefo:

Pilato provocó otra revuelta al gastar el Tesoro Sagrado, que se llama Corbán, en la construcción de un acueducto para traer el agua desde una distancia de cuatrocientos estadios. El pueblo se indignó ante este proceder y, como Pilato se hallaba entonces en Je­rusalén, rodeó su tribuna dando gritos en su contra. Sin embargo Pilato, que había previsto ya este motín, distribuyó entre la multitud soldados armados, vestidos de civil, y les dio la orden de no hacer uso de las espadas, sino de golpear con palos a los sublevados. Desde su tribuna él dio la señal
convenida. Muchos judíos murieron a golpes y otros mu­chos pisoteados en su huida por sus propios compatriotas. La muchedumbre, atónita ante esta desgraciada matanza, quedó en silencio (II:175-177).

¡Ahí tienen a Poncio Pilatos! Era un hombre con una actitud férrea, sin misericordia. Es difícilmente el tipo de persona que hubiera pensado dos veces la pena de crucifixión ante una admisión explícita de un tal Jesús de que se consideraba Rey de los Judíos.

Hoy día la pena de muerte a una sola persona le cuesta miles, a veces millones, de dólares en procedimientos judiciales. Sin embargo, en la Antigüedad y ante el Imperio Romano, especialmente contra rebeldes antirromanos, la vida era bien barata. Cuando la Guerra Judía terminó con la destrucción de Jerusalén, el hijo del emperador Vespasiano, Tito, mandó a crucificar a tanta gente, que se les acabó la leña a los romanos (Ehrman, Jesus 223-224).

Lo que encontramos en los evangelios es otra cosa.  Vemos a un Pilatos que vacilaba ante los alegatos de los sacerdotes, que se resignaba ante las autoridades judías y se lavaba las manos o que se los entregaba a los líderes judíos para que fueran ellos los que le crucificaran (¡!¿? – Juan 19:15-16). Además, según estos escrito, era tan difícil el problema para él, que consultó a las multitudes a ver si soltaban a Jesús o a un sedicioso llamado Barrabás, porque y cito:

Cada Fiesta [Pilatos] les concedía la libertad de un preso, el que pidieran (Marcos 15:6).

Esto era impensable para los romanos, dado que todo sedicioso era condenado a la crucifixión sin otras consideraciones. Además, tampoco hay evidencia alguna en ninguna de nuestras demás fuentes de que existiera esta costumbre.

Aunque los evangelios, Flavio Josefo y el historiador Tácito nos dicen que Pilatos era procurador de Judea, en realidad era un prefecto. ¿Cómo lo sabemos? Se ha encontrado una inscripción con el nombre de Poncio Pilatos que así lo establece.

Inscripción de Poncio Pilatos

Inscripción de Poncio Pilatos. Foto cortesía de Marion Doss.

La inscripción, que aparece parcial, dice lo siguiente:

[DIS AVGUSTI]S TIBERIEVM
[…PO]NTIVS PILATVS
[…PRAEF]ECTVS IVDA[EA]E
[…FECIT D]E[DICAVIT]

El divino Augusto Tiberio
… Poncio Pilatos
Prefecto de Judea
… ha dedicado

Como casi siempre ocurre, la evidencia arqueológica debe privilegiarse por encima de la evidencia documental.

Desgraciadamente, de un Poncio Pilatos inmisericorde, los cristianos fueron exonerándolo más a él y culpando más a los judíos de la muerte de Jesús. Tanto es así que hoy día, hay iglesias cristianas que han canonizado a Pilatos. ¿Qué explica tal exoneración?

  • La destrucción de Jerusalén fue el mayor detonador de las tensiones más agresivas entre judíos y cristianos gentiles. Solo quedaron los fariseos y los cristianos como ramas del judaísmo. Desde mucho antes, algunas de las sinagogas judías estaban expulsando a cristianos y castigándoles con 39 golpes con varas (apaleamiento), como ocurrió con Pablo de Tarso (2 Cor. 11:24).
    .
  • El número de cristianos era mucho mayor en la gentilidad, en áreas dominadas por Roma que en Judea. Esto significó que dada la hostilidad de ambos (judíos y romanos), sentirían la presión social de ser mejores personas ante las autoridades romanas.
    .
  • En la región romana de Palestina, el cristianismo era una forma de resistencia judía antirromana, pero en la medida que en la gentilidad siguió integrando a miembros de todos los estratos sociales, se percibían cada vez menos como judíos y no tan antirromanos.
    .
  • Esto último llevó a una teología paulina mal entendida. Contrario a Pablo, quien afirmaba que la Torah estaba vigente y que los judíos estaban obligados a observarla, varias vertientes paulinas después de su muerte comenzaron a decir que la Torah había sido abolida. Que la muerte de Jesús había nulificado la Ley mosaica y que los judíos (quienes los expulsaban y maltrataban en las sinagogas) habían traicionado a su Mesías, debido a que sus autoridades lo habían mandado a matar.
    .
  • Finalmente, el contenido apocalíptico de los evangelios fue menguando a medida que pasaron los años:  en Marcos y Mateo hay un fuerte apocalipticismo, que se reduce considerablemente en Lucas y casi desaparece por completo en Juan. Igual con varias de las cartas pospaulinas.
    .

Este fue el inicio de un odio cada vez mayor a los judíos y, en particular, a los fariseos. Los fariseos llevaron a cabo unas reformas religiosas que probablemente incluían el expulsar a cristianos, movida que aumentaba a medida que pasaba el tiempo. Ya ustedes tienen la contestación de por qué en Juan (el evangelio más tardío de de los cuatro, 95-100 d.C.) no son los saduceos, sino los fariseos los que siempre quieren matar a Jesús y los que participaron de su muerte.

Como manera de simpatizar con los romanos y culpar más a los judíos, apareció el relato de Barrabás, la exoneración gradual de Poncio Pilatos y la cada vez mayor demonización de los judíos en los escritos cristianos.

La crucifixión

Cristo crucificado -- por Diego Velázquez (1632)

Cristo crucificado — por Diego Velázquez (1632)

La crucifixión era un proceso nada fácil para el condenado a muerte y la inmensa mayoría de los crucificados moría. Contrario a la impresión que quiere dar la película The Case for Christ (¡no se me ha olvidado!) hubo casos de supervivencia a un proceso de crucifixión, como por ejemplo, tres conocidos de Flavio Josefo que fueron crucificados por las autoridades romanas. Después de que mediara por ellos, fueron bajados de la cruz con vida (Josefo, Autobiografía 75).

Lo que sí se puede decir es que en el caso particular de Jesús, es altamente improbable que hubiera quedado con vida. En primer lugar, los evangelios nos cuentan verosímilmente que Jesús fue latigado, coronado con espinas y burlado por los soldados romanos. La latigación solamente podía dejar a una persona débil. El látigo era el flagrum romano, que consiste en una serie de flagelos de cuero con bolas de plomo al final, que tenían la función de arrancar la carne del flagelado con cada golpe que se le diera. Muchos se podían desangrar en el proceso o desmayarse del dolor.

Contrario a las usuales imágenes en las que se representa a Jesús cargando la cruz entera, en realidad parece que debió haber cargado lo que se conoce como el patibulum, es decir, la pieza horizontal de la cruz. Una vez el condenado llegaba al lugar de la crucifixión, se colocaba en un árbol o una columna de madera que ya estaba colocada en el lugar donde iba a ser colgado. El patibulum podía colocarse encima de la columna para formar una T (crux commissa) o un poco más abajo como usualmente se representa a Jesús (crux immissa).

Los testigos de Jehová suelen argumentar que la cruz en la que se colgó Jesús fue una crux simplex (es decir, solo con la columna vertical) y que la idea de que fue crucificado en una crux immissa provino del Emperador Constantino.

Representación de la crux simplex

Representación de la crux simplex en la obra De Cruce Libri Tres de Justus Lipsius (1629)

Esete alegato se debe a que los evangelios utilizaban la palabra griega “staurós” (σταυρός) para designar a  una columna en la que se coloca a un condenado o castigado.  El problema es que antes de la costumbre de la crucifixión romana, este significado era preciso. Sin embargo, como ocurre lingüísticamente, cambió de significado. En textos como los de Josefo en comparación con los reportes que encontramos en la obra latina del filósofo Séneca, se desprende que “staurós” también adquirió otros significados para referirse a distintas formas de crucifixión. Esto se debe a que usualmente tenía la constante de colgarlo en una especie de columna o un árbol. De esa manera, en griego, staurós se convirtió en un término referente a distintas formas de crucifixión en una columna. Aparentemente, si seguimos el testimonio del mismo Séneca, los romanos eran muy creativos: algunos de los condenados eran crucificados al revés, otros en forma de X, otros en forma de Y, etc. (Séneca, Sobre la consolación, 6.20.3)

Lo segundo que tenemos que señalar es que es falso que Constantino, por su devoción a Sol Invictus, haya inventado que Jesús murió en la crux immissa. Contrario a lo alegado, tenemos evidencia de que los cristianos veneraban la cruz cristiana como la conocemos hoy y toma la forma de un graffitti (el Alexamenos Graffitto):

Alexamenos graffitti

Graffitti del siglo III d.C. que se burla de un cristiano. Dice en griego: “Αλεξαμενος ςεβετε Θεον” (Alexamenos adora a su dios).

Este graffitti se creó cuando la práctica de la crucifixión estaba vigente y como una burla a un cristiano llamado “Alexámenos”. En espíritu satírico se representa a Jesús como un asno. Lo que llama la atención en este caso es que tenemos evidencia contundente de que varias décadas o un siglo antes de Constantino, los cristianos pensaban que Jesús había muerto en una crux immissa, no en una simplex.

Sin embargo, eso no indica que la representación que se hace en las iglesias sea exacta. Es muy probable que se crucificara a Jesús en una columna o en un árbol de la siguiente manera:

Jesús crucificado en una cruz immissa

Jesús crucificado en una crux immissa — Imagen cortesía de Roberto Betanzo S.

Muy probablemente, Jesús fue clavado en las muñecas (concebidas en aquella época como parte de la mano) ya que fue entre huesos que podían sujetar el peso del condenado. Es muy probable que se le crucificara, no exactamente arriba de los pies, sino por los talones. La razón por la que se piensa eso es que hace décadas atrás se descubrió un osuario con los huesos de un condenado a la cruz llamado Yeojanan ben Ha-galgula. Aparentemente, esta víctima fue sujetada por los brazos y clavada por los talones.  Entre los huesos, se encontró el del talón atravesado por un clavo. Puede ser que hubiera alguna especie de “asiento” de madera para que el crucificado descansara.

Contrario a lo que mucha gente pensaría (por Hollywood o las estampas religiosas) no se colocaban las cruces en lugares aislados, sino en localizaciones estratégicas para que el público pudiera verlas. El punto de la crucifixión es el humillar de la forma más denigrante al condenado, mientras que se le recuerda al público lo que sucedería si se atreven rebelarse contra Roma o violentar el orden establecido (especialmente en el caso de los esclavos).  Tampoco las columnas eran altas, lejanas del suelo. Al contrario, eran lo suficientemente cercanas como para que los chacales y las aves de rapiña comieran de los cadáveres una vez murieran de sofocación.

Se nos dice que las mujeres que solían seguir a Jesús (María la Madre de Jacobo, María Magdalena y Salomé), quienes le auspiciaban económicamente (Lucas 8:1-3), le estaban mirando de lejos (Marcos 15:40-41), no a los pies de la cruz, como reclamaba el evangelio de Juan (19:25-27). El reporte más temprano que tenemos de lo que allí aconteció nos dice que los romanos se burlaban de él, al igual que los dos ladrones crucificados con él (Marcos 15:27-32). Ninguno de los dichos de Jesús en la cruz en los evangelios puede tomarse con certeza como histórico debido a que coinciden demasiado con la teología de los autores. Por ejemplo, cuando Marcos afirma que gritaba: “Eloí, Eloí, lama sabactaní” (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?), se estaba evocando al Salmo 2, cuyo tema central tenía que ver precisamente con un tipo de maltrato injusto parecido al de Jesús. Es perfectamente posible que haya gritado esta frase como recuerdo de dicho pasaje bíblico, pero no lo podemos conocer con certeza. Los demás dichos atribuidos a Jesús parecen también teológicamente motivados.

Sobre la hora que murió, tampoco sabemos, debido a que el Evangelio de Juan basa su momento de muerte en su cristología de Jesús como el Cordero de Yahveh que se sacrificaba a las 3:00pm en la tarde anterior a la Pascua.

¿Qué pasó después de ello? Veremos más sobre este tema en nuestro próximo artículo.

Continuará …

Bibliografía

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 4

La serie, partes 1, 2 y 3

La agonía del Huerto de los Olivos

La agonía en el jardín (1898) por Frans Schwartz

La agonía en el jardín (1898) — por Frans Schwartz

Uno de los episodios más conmovedores en la literatura neotestamentaria es la famosa agonía en el Huerto de los Olivos en Getsemaní. Marcos nos relata lo siguiente:

Fueron a una propiedad, llamada Getsemaní, y dijo a sus discípulos:  “Sentaos aquí, mientras yo hago oración.” Tomó consigo a Pedro, Jacobo y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Les dijo entonces:  “Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad.” Él se adelantó un poco, cayó en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora. Decía: “¡Abbá, Padre!, todo es posible para ti: aparta de mi esta copa, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.” Volvió después y los encontró dormidos. Dijo entonces a Pedro: “Simón, ¿ya estás dormido?, ¿ni una hora has podido velar?  Velad y orad, para que no caigáis en la tentación; que el espíritu está pronto; pero la carne es débil.” Y alejándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras. Volvió otra vez y los encontró dormidos, poues sus ojos estaban cargados. Ellos no sabían qué contestarle. Volvió por tercera vez y les dijo: “Ahora ya podéis dormir y descansar: Basta ya. Llegó la hora. Sabed que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores (Marcos 14:32-41).

El primer problema con el que nos enfrentamos con este pasaje es que, según el texto, los discípulos estaban dormidos cuando Jesús se había alejado a orar. No había manera alguna de que ellos se enteraran de lo que él le había implorado a Yahveh. Es más, el problema de la oración es que parece asumir la copa (de la sangre de Jesús) como símbolo de la acción vicaria por la que él estaba a punto de pasar. Como afirmamos en nuestro artículo pasado, esto es sumamente improbable porque el pensamiento del derramamiento de sangre por otros era ajeno al judaísmo y, muy probablemente, bien alejado de la mente de Jesús. Las palabras de Jesús a sus discípulos también son problemáticas, ya que suponen la dualidad helenística entre carne y espíritu como oposiciones: el primero como problema para el segundo. No se excluye que haya algún nucleo histórico al respecto, ya que hay expresiones parecidas (no idénticas) en algunos textos judíos. Además, también hay otras indicaciones del origen semítico del relato, hay expresiones en los textos de Qumrán (e.g. 1 QH 8, 32)) como la del “alma estar triste hasta la muerte”. También lo muestra la palabra aramea “Abbá“, para referirse a Yahveh como su Padre.

A medida que avanza el tiempo de redacción de los evangelios, ellos van a recurrir a un patrón que es lo que los exégetas llaman “pasión sin pasión” (en inglés “passionless passion“). Por ejemplo, en Lucas, aparece la escena en que Jesús suda gotas como sangre y llega un ángel a consolarlo (Lucas 22:43-44). El problema es que hoy día se reconoce que esos versos fueron un añadido posterior a dicho libro del Nuevo Testamento. Cuando se sacan y se vuelven a leer el episodio de la “agonía de Jesús” junto al resto de la historia de la Pasión, vemos que él no se postra, sino que se arrodilla y su actitud es estoica desde que le ora a Yahveh hasta que muere en la cruz. Le pide a Dios que “si quiere”, le remueva la copa. En ningún momento se percibe que “sufre” y es objeto de compasión de Poncio Pilatos, de las mujeres que se encuentran con él de camino al Gólgota y finalmente de uno de los dos criminales crucificados con él. Una vez más, la teología de Lucas no es la de derramamiento vicario o de sufrimiento de parte de Jesús, sino que está interesado en presentar un Jesús estoico, modelo de una muerte noble. Con ella, Jesús atraería a todos los gentiles a donde él, en contraposición a los judíos, quienes terminaron alejándose de él.

En el Evangelio de Juan, hay menos pasión todavía, ya que no es Jesús el que se postra, sino los soldados en el momento en que Jesús anuncia su carácter divino (“Yo soy” – Juan 18:5-9). De hecho, en un momento dado en ese evangelio, Jesús niega que vaya a solicitarle a Yahveh escapar de la Cruz (Juan 12:27).  Es más, en el texto, él está tan en control de toda la situación, que cuando expira dice: “Todo se ha cumplido” (Juan 19:30). Esto se debe a que su autor quiere ver en la crucifixión un momento de glorificación del Mesías, para él el Logos (Palabra) de Dios (Juan 1:1-3; 3:14-15).

En los tres casos (Marcos, Lucas y Juan) debemos tener cuidado, debido a que todos estos relatos descansan en el supuesto de que Jesús sabía lo que iba a ocurrir y estos escritores pudieron haber redactado lo que los estudiosos llaman “vaticinium ex eventu“, es decir, que forjaron un relato que puede tener algún núcleo factual, pero cambiando los acontecimientos de tal manera en que el Mesías ya conociera por adelantado lo que iba a ocurrir.

El rol de Judas

La traición de Judas

Judas traiciona a Jesús con un beso, mientras que Pedro levanta la espada y Judas se ahorca (1504) — Iluminación del manuscrito Peniarth 482D (Imagen cortesía de la Biblioteca Nacional de Gales)

Uno de los problemas más discutidos en el ámbito de la erudición del Nuevo Testamento es el rol que tuvo Judas a la hora de traicionar a Jesús. No parece verosímil que Jesús supiera quién le iba a traicionar con antelación a su arresto. Por tal razón, no debemos tomarlo como histórico.

¿Por qué Judas entregó a Jesús? Todavía no se sabe a ciencia cierta. Pudo haber sido por dinero, porque según los relatos, recibió 30 monedas de plata. Sin embargo, muy poco se puede sacar a nivel histórico de este relato porque parece haber sido modelado a la luz de dos pasajes, uno en el Génesis, en el que se presenta la venta de José por parte de sus hermanos a unos ismaelitas (Génesis 37:25-28) y otro en Zacarías, en el que el profeta personifica a Yahveh y representa su reproche a Israel y que incluye la paga de treinta siclos de plata como jornal (Zacarías 11:7-14).

Los dos relatos de su muerte discrepan significativamente y son igualmente inverosímiles. En el Evangelio de Mateo se nos dice lo siguiente:

Entonces Judas, el que lo entregó, viendo que había sido condenado, fue presa del remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos. Les dijo: “He pecado entregando sangre inocente.” Ellos respondieron: “A nosotros , ¿qué? Tú verás.” Judas tiró las monedas en el Santuario. Después se retiró  y fue y se ahorcó. Los sumos sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: “no es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre.” Después de deliberar; compraron con ellas el Campo del Alfarero, para dar sepultura en él a los forasteros. Por esta razón ese campo se llamó “Campo de Sangre” (Mateo 27:3-8).

Mateo procede a citar a Zacarías 11:12-13, aunque por alguna razón le atribuye la cita a Jeremías. Todos los eruditos reconocen que la historia se modeló según el relato de Ajitófel cuando traicionó al rey David (2 Samuel 15:1-37; 17:23).

El segundo relato de la muerte de Judas aparece en Hechos de los Apóstoles, donde se nos dice lo siguiente por boca de Pedro:

[Judas] era uno de los nuestros y había obtenido un puesto en este ministerio. Pero, tras haber comprado un campo con el dinero que le dieron por su crimen, cayó de cabeza, reventó por medio y todas sus entrañas se esparcieron. Todos los habitantes de Jerusalén se enteraron de lo ocurrido, hasta el punto que llamaron a quel terreno Haqueldamá, que en su lengua quiere decir “Campo de Sangre” (Hechos 1:18-19).

El problema con este pasaje no es solo que suena fantástico que sus entrañas se hubieran esparcido al caer “de cabeza”, sino porque también parece inspirarse en el Segundo libro de los Macabeos en torno a la muerte de Antíoco IV Epífanes (2 Macabeos 9:8-10; véase también Jeremías 32:9 y Sabiduría 4:19).

A nivel histórico no tenemos idea alguna de sus motivaciones para entregar a Jesús o de qué manera Judas Iscariote estaba vinculado al famoso “Campo de Sangre”. Se sabe que probablemente hubo alguna relación, pero parece que permanecerá debajo de las arenas del pasado. Lo que sí podemos saber con relativa seguridad es que Judas besó a Jesús como indicador para los soldados prenderlo esa noche. Lo que extraña mucho es cómo salieron a arrestarlo:

… cuando de pronto se presentó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo armado con espadas y palos. Venían de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y ancianos (Marcos 14:43).

Este pasaje no debe pasar inadvertido, ya que si Jesús y sus discípulos hubieran sido pacíficos, no habría necesidad de capturarlo con espadas y palos. Para algunos exégetas esta es una fuerte señal de que Jesús y sus discípulos eran mucho más que unos meros apocalipticistas predicadores.

Hay otros factores que son interesantes:

  • No es creíble el alegato de uno de los evangelios: que en el arresto participaron fariseos (Juan 18:3). Históricamente la autoridad política y religiosa de Jerusalén estaba en manos de los saduceos. Una vez más, este error histórico se explica en que el texto está dejando entrever una tensión entre cristianos primitivos y fariseos al final del siglo I.
    .
  • Parece que hubo un conflicto entre los discípulos de Jesús y los guardias armados, debido a que hubo un incidente en que uno de ellos le cortó la oreja al siervo del Sumo Sacerdote con una espada (tardíamente se le atribuiría este acto a Pedro). Esto confirma una vez más que los discípulos no eran meros predicadores, sino también tenían toda la intención de combatir armados. Sin embargo, con excepción de Pedro y uno que otro discípulo, al final terminan huyendo y dejando solo a su Maestro (Marcos 14:50).
    .
  • El Evangelio de Marcos nos incluye un episodio extrañísimo del intento de un arresto por parte de las autoridades a un hombre envuelto en una sábana que se escapó de sus manos y salió corriendo desnudo (Marcos 14:51-52). Hay quienes ven en este hombre a aquel que les anunció a las mujeres que Jesús había resucitado (Marcos 16:5). No se sabe si la existencia de este hombre en el Getsemaní sea histórica o algún recurso literario para contrastarlo con la noticia de la resurrección, aunque usualmente los historiadores no toman su aparición en el sepulcro vacío de Jesús como algo ocurrido.

El juicio ante el Sanedrín

Osuario de Caifás

Osuario de Caifás. A la derecha, aparece la inscripción “Kaifa” (קפא) (Foto cortesía del Museo de Israel y a Deror Avi). Se hace disponible esta imagen bajo la licencia CC-BY-SA 3.0.

El Sanedrín de sacerdotes saduceos tenían una cabeza política y religiosa sumamente poderosa: Caifás. Recordemos que muchos veían a dicho sector como marionetas de los romanos. Fue escogido para su puesto por el prefecto de Judea, Valerio Grato, como sustituto de Eleazar (18 d.C.). Permaneció en su posición para la época en que gobernó el siguiente prefecto, Poncio Pilatos.

¿Qué pasó específicamente en el juicio?  No sabemos, debido a que los diálogos contienen elementos que no parecen ser factuales. Sabemos que probablemente algunas de las acusaciones son correctas, como vimos en el segundo artículo de nuestra serie. Puede ser que haya sido arrestado por el incidente con los cambistas en el Templo, es decir la dramatización jesuana de su futura destrucción, cuyo significado se tomaría como una amenaza a nivel institucional.

Cristo ante Caifás -- por Mattias Stom (1630)

Cristo ante Caifás — por Mattias Stom (1630)

Sin embargo, empañan los lentes de la historia el que los evangelios nos digan que en el Sanedrín se le acusó a Jesús de blasfemia por autodenominarse Mesías y decir que “el Hijo del Hombre estaba pronto a llegar en las nubes”. El problema radica es que dicha autodesignación  “Mesías” no caía en aquella época bajo leyes de blasfemia. Ante los ojos del Sanedrín (el consejo de sacerdotes) podría ser una falsedad, pero no propiamente una blasfemia (Marcos 14:62-64).

Lo otro que debemos señalar es la inverosimilitud de un juicio llevado a cabo durante la noche de Pascua o la anterior. Todo apunta en que fue en un momento cercano y anterior a dicha fiesta. Durante la Pascua habría bastante ajetreo por su labor ritual y sacrificial para atender a 150,000 o 200,000 personas ese día. Sencillamente, era imposible llevar a cabo un juicio y menos de un día al otro.

Finalmente, debido al dominio romano en la región, aun si los sacerdotes hubieran encontrado alguna falta grave, a ellos no les correspondía la pena de muerte. Presumiblemente, tras obtener la información de que Jesús prohibía a sus seguidores pagar el impuesto debido a Roma y que Jesús andaba autoproclamandose Mesías y “Rey de los Judíos”, lo llevaron a la autoridad correspondiente que  podía condenarle a muerte: el prefecto romano, Poncio Pilatos.

Continuará …

Bibliografía

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 3

La serie: partes 1 y 2

Recapitulando …

Una vez tenemos claro el mensaje de Jesús, podemos tener un perfil más o menos fiable de quién fue, según los criterios de historicidad de las que hablamos en la parte 1 de nuestra serie:

  • Jesús probablemente nació y se formó en Nazaret de Galilea, región bajo el dominio del rey vasallo Herodes Antipas. Esta zona conocía por ser un lugar muy propicio para el surgimiento de guerrilleros, profetas y apocalipticistas que predicaban la pronta llegada del Reino de Yahveh. Este mensaje era profundamente antirromano. Entre estos se encontraban Judas de Galilea, sus hijos, Juan el Inmersor y el mismo Jesús de Nazaret.
    .
  • Cuando comenzó a asociarse con estas corrientes, Jesús se conmovió ante el mensaje de Juan, confesó que pecó, se arrepintió, se hizo bautizar por él y se convirtió en su discípulo.
    .
  • Cuando Antipas arrestó al Inmersor, Jesús comenzó a predicar su mensaje del Reino de Yahveh, que era concebido según una teología de restauración: en la culminación de los tiempos vendría el Hijo del Hombre a juzgar a las naciones y a reestablecer a Israel con sus doce tribus.
    .
  • Jesús probablemente pensaba que el Hijo del Hombre le pondría en el trono como rey de los judíos y que a sus doce discípulos cercanos se establecerían como jueces de las doce tribus.
    .
  • Esta concepción del Reino de Yahveh era uno de justicia: de amor a Dios sobre todas las cosas y personas; y amor en igualdad de condiciones para todos sus miembros. Su mensaje era profundamente nacionalista y la observancia de la Torah (la Ley de Moisés) era central. Sin embargo, la Torah debía ser interpretada de tal manera que respondiera mejor al mandato del amor, que es lo que realmente entrañaba. De allí que el Decálogo fuera importante, asimismo la observancia del Sábado y el kosher, siempre y cuando fuera para servicio de los hijos de Israel, no al revés.
    .
  • Jesús predicaba abiertamente el rechazo al pago de impuestos a gobiernos foráneos como el Imperio Romano, ya que la primera lealtad era al padre de todos los israelitas, Yahveh, y a su pueblo.

Así, pues, tenemos ya todos los elementos básicos para entender los últimos hechos de Jesús.

Los últimos días (¿o meses?) de Jesús

Problema con el periodo de tiempo

Una de los agudas tensiones entre los eruditos contemporáneos es el problema del tiempo que tomó la llamada “última semana” de Jesús: una serie de acontecimientos que llevó eventualmente a su arresto y ejecución. Por ejemplo, tomemos tres asuntos conocidos:

  1. Hay contradicciones en nuestras fuentes en torno a cuándo se llevó a cabo la Última Cena y la crucifixión. Por ejemplo, Marcos nos dice que la Última Cena, presentada como una cena pascual, ocurrió “el primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual” (14:12). Sin embargo, esto es errado, porque se supone que el cordero se sacrificaba el día anterior al de los ázimos.Si vamos al Evangelio de Juan, el asunto es todavía mucho más confuso. La cena tomó lugar uno o dos días antes de la Pascua. ¿Por qué sería eso? Si se estudia este libro, podremos ver que se centra en la noción vicaria de Jesús como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). ¿Cuándo muere Jesús? Al día siguiente de la cena, a las 3:00 de la tarde el día antes de la Pascua. ¿Por qué? Porque a esa hora es que se sacrificaba el cordero. En otras palabras, el tiempo fijado por ese evangelio está teológicamente motivado.Entonces, ¿es más veraz el recuento de Marcos a pesar de su error?  No. No hay manera alguna que el Sanedrín llevara a cabo un juicio contra Jesús en un momento ajetreado para los sacerdotes ante la concurrencia a nivel internacional de judíos que iban a ese lugar a celebrar la Pascua (se calcula de unos 150,000 a unas 200,000 personas). En otras palabras, estamos ante unas serias dificultades para determinar el momento en que se llevó a cabo la Última Cena y la crucifixión de Jesús.
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  2. Según los evangelios sinópticos (Marcos, Mateo, Lucas) y Juan, Jesús llevó a cabo su “entrada triunfal” al comienzo de la semana Pascual o en un momento cercano (tal como conmemoramos cada Domingo de Ramos). Más tarde discutiremos el pasaje con lujo de detalles, pero en cuanto al tiempo se refiere, es sumamente inverosímil que este hecho como está relatado en los evangelios haya ocurrido de esa manera. Si Jesús hubiera sido recibido como rey por parte de sus seguidores en Jerusalén en temporada cercana a la Pascua, los soldados romanos le hubieran arrestado allí mismo. Ese periodo de tiempo era uno en el que Roma estaba en alerta, debido a que el sentir nacionalista se exacerbaba y solían haber manifestaciones de resistencia antirromana.
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  3. No es verosímil tampoco que se le hubiera llevado a cabo dos juicios a Jesús (uno ante el Sanedrín y otro ante Poncio Pilatos) de un día para otro y menos en la época de Pascua.

En otras palabras, toda la supuesta semana en que ocurrieron todos estos acontecimientos a la vez, no pudo haber ocurrido en ese periodo tan corto de tiempo. En vez de una semana, tal vez estemos hablando de varias semanas o … ¡meses! Hay indicaciones de que Jesús entró a Jerusalén meses antes de ser arrestado y ejecutado.

La entrada triunfal en Jerusalén

La entrada de Jesús a Jerusalén - por Giotto de Bondone (1305)

La entrada de Jesús a Jerusalén – por Giotto de Bondone (1305)

Bastante se ha escrito en torno a este acontecimiento, especialmente cuándo ocurrió. El relato primitivo con el que contamos es el de Marcos y dice:

Cuando se aproximaban a Jerusalén cerca ya de Betfagé y Betania, al pie del monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos con este encargo: “Id al pueblo que tenéis enfrente y, no bien hayáis entrado en él, encontraréis un pollino atado, sobre el que no ha montado todavía ningún hombre. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: `¿Por qué hacéis eso?’, decid: `El Señor lo necesita, pero lo devolverá en seguida’.” Fueron y encontraron el pollino atado junto a una puerta, fuera, en la calle, y lo desataron. Algunos de los que estaban allí les dijeron: “¿Qué hacéis desatando el pollino?” Ellos les contestaron según les había dicho Jesús y les dejaron.  Llevaron el pollino ante Jesús, echaron encima sus mantos y se sentó sobre él. Muchos extendieron sus mantos por el camino; otros, follaje cortado de los campos. Los que iban delante y los que le seguían, gritaban: “¡Hossana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!” Jesús entró en Jerusalén, en el Templo, y, después de observar todo su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania (11:1-11).

Lo primero que salta a la vista es lo inverosímil que es el relato desde el comienzo hasta el final. Imagínense que de repente se daña mi carro y necesito transportación. Como ayuda, mis amistades (con toda su sabiduría) se presentan a un dealer de automóviles, toman las llaves de un Toyota para llevárselo diciéndole al dueño del negocio: “¡No se preocupe! ¡Es que nuestro amigo [sin mencionar nombre] lo necesita! Se lo devolveremos más tarde”, sin especificar quiénes son ellos, si me conoce el dueño, etc.

Lo otro que hay que destacar es que la necesidad del pollino radica en el cumplimiento de la profecía de Zacarías (9:9). Aquí se muestra el interés de Marcos (y con él los demás evangelistas) de que Jesús entrara en Jerusalén como todo un rey. El asunto se agrava con el hecho de que este episodio tiene una función literaria de contrastar la manera cómo es tratado Jesús como “rey” por una población que después decidirá condenarle como pretendiente a ser rey a la hora de escoger contra él ante Pilatos.

Finalmente, es altamente improbable que un público en Jerusalén que no conocía bien a Jesús le recibiera con tanta algarabía y recitando al Salmo 118 (v. 25). Una vez más, si este hubiera sido el caso, sin vacilación alguna hubiera sido arrestado allí mismo por parte de los soldados romanos.

¿Qué ocurrió entonces? El relato puede tener una base histórica, pero menos grandiosa que lo que nos presenta Marcos. Insistimos, esto no pudo haber ocurrido en temporada de Pascua o en la semana anterior. Eso no excluye que hubiera ocurrido durante otra festividad. El uso de palmas y ramas en todos los relatos evangélicos parecen apuntar a que la “entrada triunfante” a Jerusalén ocurrió durante la Fiesta de los Tabernáculos (el Sukkot, סֻכּוֹת). Hasta el día de hoy, se acostumbra el uso de palmas y ramas traídas desde el Jordán hasta Jerusalén. La frase del Salmo 118:25 también forma parte de dicho festejo. Los evangelios citan de Zacarías (9:9), donde también aparecen versos alusivos a la celebración del Sukkot (14:4,16)  (Brown, El Evangelio 787).

El Evangelio de Juan así lo niega, presentando con argumentos que Jesús no podía subir a Judea todavía para esa celebración porque “los judíos lo querían matar” (Juan 7:1-13). Sin embargo, esto no es verosímil. El único momento en ese evangelio en que Jesús hizo algo en Jerusalén que fuera causante de resentimiento fue la expulsión de los mercaderes del Templo (Juan 1) que sucede al principio de ese escrito, mucho antes de la “entrada triunfal”. Los sinópticos nos dicen, más verosímilmente, que ocurrió después de la entrada de Jesús a Jerusalén. Para el evangelista Juan, el suceso de la “purificación del Templo” es el motivo por el que “los judíos quieren matarle”. Desde un punto de vista histórico, no es creíble tal animosidad, dado que Jesús todavía no había llevado a cabo actividad subversiva alguna en el Templo.

¿Qué significa todo esto? Probablemente el evangelista tiene información de que el momento en que Jesús entró a Jerusalén fue durante el festejo del Sukkot, algo a todas luces inconveniente para su cristología, que necesitaba literariamente que Jesús entrara a Jerusalén cinco días antes de la Pascua, para que muriera como cordero sacrificado el día antes de esta (Juan 12:1,12).

Ahora bien, ¿qué es el Sukkot? Es una celebración de 7 días que se da en el mes de Tishrei (alrededor de septiembre-octubre) y que recuerda el tiempo en que el pueblo hebreo estuvo vagando en el desierto por 40 años hasta llegar a Tierra Santa. Se llama “Fiesta de los Tabernáculos” porque la población solía salir de las casas a crear tiendas o tabernáculos de palma o de ramas de árboles. Si este es el caso, Jesús entró a Jerusalén meses antes de la Pascua.

Nota aparte: Cuando veo discutido el tema, a veces frustra ver a los exégetas diciendo “no podemos probarlo” o “no podemos estar seguros” de que fuera durante el  Sukkot. Sin olvidar que bajo el criterio de desemejanza, el de dificultad y el de coherencia esta propuesta es viable …  muchas veces en la historia de la Antigüedad no podemos “probar” o mostrar evidencia fuerte del 95% de lo que se sostiene, debido a la inherente escasez de evidencia de las narrativas que se forjan para explicar los fenómenos de los que se trata de dar cuenta. Todo lo que podemos hacer por el momento es adoptar aquellas hipótesis históricas que parezcan más sensatas y verosímiles ante lo que conocemos del pasado. Dado ese hecho, parecería que la hipótesis de que Jesús entró en Jerusalén el día del Sukkot es más viable que aquella que supone que ocurrió en un momento cercano a la Pascua con todas las dificultades explicativas y de coherencia histórica que ello supone.  ¿Navaja de Ockam?

Volviendo al tema, ¿por qué un pollino? Puede ser que Jesús lo utilizara en su viaje a Jerusalén (nada raro en esa época). Puede ser que entrara montado en un pollino porque quería cumplir con la profecía de Zacarías —asociado al Sukkot, como ya hemos discutido— o sencillamente necesitaba un animal de transporte a la hora de entrar a la Gran Ciudad de David en medio de la multitud.

No importa cuál haya sido la motivación, el recuerdo de este acontecimiento se distorsionó por alguna razón. Como conocen los científicos cognitivos, muchas veces la mente tiene la tendencia de acercar dos eventos relativamente disociados por el tiempo o el espacio haciendo que parezcan mucho más cercanos de lo que realmente eran. A esto se le llama el efecto telescopio y, en este relato, vemos una posible instancia de un “efecto telescopio progresivo” (en el que se acercan dos o más acontecimientos temporalmente), ajustado por razones cristológicas al acontecimiento de la Pascua. Quien haya escrito la tradición más primitiva donde radica la que conocemos del primer evangelio, probablemente la redactó después de tres años de ocurrido como mínimo, ya que así es como suele ocurrir el efecto telescopio progresivo (Janssen et al.). Es más, sostenemos lo mismo de todo el relato de la Pasión que vemos en Marcos por las razones expuestas por la subsección anterior.

La Última Cena

La Última Cena - por William Blake (1799)

La Última Cena – por William Blake (1799). Hecho con témpera, esta es una de las rarísimas instancias en que se representa visualmente la manera en que los judíos solían cenar en el siglo I. Se sale del estereotipo artístico tipo Da Vinci en que doce discípulos y un maestro se sientan de un lado de una mesa para 26 personas con el propósito de posar para el lienzo.

Prácticamente todos los exégetas están de acuerdo que de que el incidente de la “purificación del Templo” debió haber ocurrido en algún momento cercano al arresto de Jesús y que, muy probablemente, fue el motivo por el que las autoridades jerosolimitanas le arrestaron días después y con ayuda de Judas Iscariote.

Tal vez la motivación de ello sería que durante todos sus meses en Jerusalén, se sintió frustrado por no haber convertido a muchas personas a su mensaje. Hay un vivo recuerdo de las palabras proféticas de Jesús contra esa ciudad:

¡Jerusalén, Jerusalén!, la que asesina a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina a su pollada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, vuestra casa va a quedar desierta (Q{Lucas 13:34-35a // Mateo 23:37-38a}).

Pues, Jesús era inteligente y estaba perfectamente consciente de que su aventura en el Templo contra los cambistas y vendedores podría traerle consecuencias nefastas para él y sus discípulos.  Sin embargo, como era característico de Jesús, como la posible dramatización su realeza al entrar a Jerusalén en el festejo del Sukkot, la de la destrucción del Templo al atacar ese recinto, ahora quería dramatizar otra cosa:  dramatizar un banquete mediante la celebración de una cena.

¡Ojo! La Última Cena no fue un Séder de Pascua. ¿Cómo lo sabemos? Sencillo: en ninguno de los relatos aparecen los elementos rituales para la Pascua. ¿Dónde está el cordero sacrificado? No se nos dice. ¿El pan sin levadura? ¿Las hierbas amargas? ¿Las cuatro copas de vino? No se nos dice nada.

Entonces, ¿de qué es la cena? Probablemente esto nos lo revelan los evangelios sinópticos cuando afirma Jesús:

Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba, nuevo, en el Reino de Dios (Marcos:14:28 // Mateo 26:29 // Lucas 22:16).

Este detalle indica que aquí Jesús está utilizando la cena para dramatizar el festejo y el banquete que habría cuando llegara el Reino de Yahveh. Para comprender esto, hay que señalar que a él le gustaba comparar al futuro Reino de Dios con un gran banquete donde todos estaban invitados a unirse (Q{Lucas 14:15-24 // Mateo 22:1-14; Lc. 22:29-30}). Es decir, la cena vivía ese momento del Reino de Yahveh, que estaba tan pronto a llegar, y que Jesús afirmaba que no  volvería a beber vino con sus discípulos hasta el momento de la renovación de Israel. En esencia se trata de una cena de despedida.

¿Qué fue lo que ocurrió en esa cena? La versión más primitiva nos llega de una de las cartas de Pablo, 1 Corintios, escrita para la década del 50 (20 años antes del Evangelio de Marcos) y que es fundamento de todos los relatos sinópticos. Nos dice Pablo de Tarso:

Porque yo recibí del Señor lo que os transmití: que el Señor, la noche en que fue entregado, tomó pan, dio gracias, lo partió y dijo: “Este es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.” Asimismo, tomó el cáliz después de cenar y dijo: “Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en memoría mía” (1 Cor. 11:23-27).

En cuanto a este relato, le siguen muy de cerca los evangelios de Marcos y Mateo.  Hay graves dificultades con este panorama y es que un acontecimiento así es impensable en el judaísmo, por dos razones:

  • Incluye una perspectiva vicaria del derramamiento de sangre por el sacrificio de Jesús, un pensamiento realmente ajeno a la cultura judía y muy característica de la mentalidad pagana. Por muerte vicaria entendemos lo siguiente:

… aquella muerte deliberadamente buscada o aceptada, que debe ser incondicional y al mismo tiempo dirigirse explícitamente —o interpretarse a posteriori como dirigida— a garantizar la salvación de otro u otros del destino o de la muerte presente o venidera” (Versnel, “Making Sense” 226-227; “La muerte” 41).

Usualmente se utilizan tres argumentos para apoyar la idea de que el judaísmo favorecía esta noción. El primero es el poema del Siervo Sufriente (específicamente Isaías 53). Sin embargo, en la cultura judía de aquella época, solo aquel que haya cometido el pecado puede arrepentirse, sufrir y morir por ello (Éxodo 32:30–33, Deuteronomio 24:16; 2 Reyes 14:6; 2 Crónicas 25:4).  No vale un sustituto de la persona y este poema es consistente con esa convicción. El Siervo Sufriente no es una persona distinta a los pecadores que va a rescatar, sino que es Israel mismo, quien carga sus culpas, sufre y finalmente será restaurado (Isaías 44:1,2,21; 48:20b; 49:3).  Se utiliza también como argumento el Salmo 22 como evidencia de pensamiento vicario, dado que Yahveh salvará al que sufre después de su tormento. Sin embargo, se cae en el mismo error que en el caso del Siervo Sufriente, ya que más bien habla de cómo Yahveh hará justicia por la injusticia cometida contra un inocente. Finalmente, se utiliza como evidencia de muerte vicaria a 2 Macabeos, debido a que se dice que los héroes judíos murieron por su patria. En verdad, si nos fijamos en los detalles, se nos dice que los Macabeos murieron por la normativa sagrada de la patria, no como sustitutos de los miembros de esa patria misma (2 Macabeos 6:28; 7:9,37-38) (Piñero, Guía para entender a Pablo 118; Versnel “La muerte” 43-55).

Aunque este asunto sigue siendo debatido, advierten algunos eruditos que no es imposible que haya una influencia gentil y pagana en un lugar como Jerusalén, que era cosmopolita y sujeto a influencias provenientes de judeohelenistas. A fin de cuentas, la primera posible instancia que podemos ver de muerte vicaria en la literatura judía es en 4 Macabeos, un documento influenciado por el pensamiento helenístico, que  contiene un pasaje de muerte vicaria (4 Macabeos 17:20-22). Sin embargo, es más probable que el pensamiento helenístico pagano influenció el cristianismo primitivo judeohelenístico de la diáspora y que de alguna manera modificó el recuerdo de la Última Cena y de la muerte de Jesús hasta el punto de que se convirtió en una perspectiva dominante del actual cristianismo: la comprensión de Jesús inspirada por Isaías 53 (entendido vicariamente) en la que el Mesías se convertía en el Siervo Sufriente que, como cordero al degüello, padece y muere para rescate de otros.

  • Más decisivo todavía es el enorme problema del lenguaje de “beber sangre”, sea entendido literal o metafóricamente. Esto era un fuerte tabú para el judaísmo del primer siglo, especialmente por los diversos pasajes en que se prohíbe terminantemente la ingestión de sangre, “porque es vida” (Lev. 17). Es más, en su nacionalismo, el judaísmo mantenía el rechazo a los sacrificios humanos como un gran distintivo en relación con el ámbito pagano (véase Cahill). De hecho, hay evidencia bien fuerte de que algunos cristianos y los judíos en general rechazaron tajantemente la mera idea (aunque fuera simbólica) de “comer carne” y “beber sangre” (Esto se puede ver en Juan 6:52,60,66; Brown, La comunidad 44, 51, 66, 70; El Evangelio 577).

Como si no fuera suficiente, hay otro problema más: el orden en que se presentan el pan y el vino … se hace al estilo grecorromano, no el judío. En el relato paulino, el pan se presenta antes del vino. Un buen número de eruditos (especialmente los confesionales) lo ven como una manera de Jesús de romper con la “alianza previa” para establecer una nueva. Sin embargo, hasta ahora hemos visto cómo Jesús siempre reafirmaba la Torah y se veía observante de ella.  No tiene ninguna intención de romper con ella y menos instaurar “otra alianza”. Sencillamente, no tiene sentido que él tomara la iniciativa de llevar a cabo esa maroma.

Sin embargo, una cosa que se ha mencionado en cuanto a este tema, especialmente planteado por John Dominic Crossan, Hyam Maccoby, entre otros y rescatado por Antonio Piñero en el mundo hispanoparlante: hay dos tradiciones distintas de la ceremonia de la Eucaristía practicada por los cristianos primitivos. Una de ellas es recordada por Pablo y los evangelios de Marcos y Mateo. La otra aparece en un documento cristiano del siglo II llamado Didajé y en el Evangelio de Lucas. Veamos a este último primero (porque “los últimos serán los primeros”  😉 ).

Bart D. Ehrman señala que el Evangelio de Lucas y Hechos de los Apóstoles —provenientes del mismo autor— no se suscriben a la perspectiva vicaria judeohelenista, sino más bien una teología en la que Jesús muere como manera de atraer conversos (Ehrman, The Orthodox 187-211). Debemos tener el cuenta también el hecho de que la versión lucana que está en nuestras Biblias tiene un segmento ausente en algunos de nuestros mejores manuscritos (Lucas 22:19b-20; Ehrman, The Orthodox 198-209). Por ambas razones, se piensa que el texto original lucano de la Última Cena nos dice:

Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles y les dijo:

“Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer; porque os digo que ya no volveré a comerla que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.”

Tomó luego la copa, y dio gracias y dijo: “Tomad esto y repartidlo entre vosotros; porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.”

Tomó luego el pan, dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: “Este es mi cuerpo” (Lucas 22:14-19a)

Los versos 19b-20 fueron un añadido posterior por algún copista cristiano.

En otras palabras, Lucas toma el texto marcano y lo invierte para que se presente la copa del vino primero sin hacer referencia alguna a derramamiento de sangre vicario.

La Didajé o la Enseñanza de los Doce Apóstoles es un texto del siglo II, cuyo contenido sobre la Eucaristía es muy iluminador, ya que se presenta el vino primero y el pan despuéssin hacer referencia alguna a la muerte vicaria de Jesús, ni nada que tenga que ver con el pan como cuerpo y el vino como sangre.

Un shékel de plata representando el cáliz de Kiddush

Un shékel de plata representando el cáliz de Kiddush (66-73 d.C.) – Imagen cortesía del Forum Ancient Coins.

Antonio Piñero (basado en la obra de Hyam Maccoby) sostiene que la ceremonia de la Eucaristía en la Didajé y en Lucas adquiere la estructura de un Kiddush (קדוש), ritual que se suele celebrar en el Sábado o en algún día de fiesta en el que se bendice a la copa de vino primero y al pan después (Maccoby 90-128; Piñero, “¿La verdadera?” 181-193). John Dominic Crossan también destaca que en la Eucaristía de la Didajé, después de comer (y hartarse de comida) se pronuncian unas palabras de acción de gracias que se parecen mucho a las del Birkat Ha-Mazon (ברכת המזון), que usualmente los judíos hacen después de las comidas (The Historical Jesus cap.14). De hecho, esta interpretación de la Didajé goza del amplio consenso de los expertos en este documento. Parece ser que Lucas invirtió el orden en que se presentaban el pan y el vino porque quería ajustarlo a lo que practicaba su congregación, una Eucaristía parecida al Kiddush sin el contenido de sacrificio vicario. Tal vez su práctica pudo haber sido parecida a la que nos presenta la Didajé.

No obstante la versión paulina de los acontecimientos de la Última Cena, parece que Pablo también conoce el orden ritual del Kiddush para la conmemoración de la cena del Señor. Crossan apunta a los siguientes dos pasajes (presten atención al orden en que mencionan el pan y el vino):

La copa que bedecimos, ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Entonces, si el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? (1 Corintios 10:16-17)

No podeis beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios (1 Corintios 10:21) (The Birth of Christianity 438-439).

Por ende, parece ser que lo que celebró Jesús con sus discípulos fue un Kiddush judío de despedida como una manera de anunciar y dramatizar el banquete que existiría bajo el Reino de Dios, con él como Rey y sus discípulos como los jueces de las tribus de Israel. Todo indica que esto se hizo sin alusión alguna al pan como su cuerpo y menos a su sangre derramada vicariamente. Parece ser que la tradición expuesta por Pablo tiene origen judeohelenístico debido a su marcado trasfondo grecorromano. En opinión de unos pocos exégetas, el origen pudo ser de Pablo mismo. Esa es una discusión para otra ocasión.

Continuaremos con nuestra discusión, esta vez los pormenores del arresto, juicio y muerte de Jesús …

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 2

La serie: parte 1

En nuestra entrada anterior, dejamos claro los criterios de historicidad de los acontecimientos relatados en los evangelios, a saber: el criterio de desemejanza o de discontinuidad, el criterio de dificultad o incomodidad, el criterio de testimonio múltiple y el criterio de coherencia. Enfatizamos el hecho de que cada uno de estos  criterios es útil, pero bajo muchas circunstancias pueden ser problemáticos y su uso tiene que pasar necesariamente por el crisol de la discusión y el debate entre expertos.

Nota aparte:  Me parece que la serie para el público en torno a este tema de Antonio Piñero y Fernando Bermejo, me parece la más seria y completa que he visto hasta ahora. El valor que le damos a esta serie es debido a que es visible para el público hispanoparlante. Aquí está el artículo principal de Fernando Bermejo y aquí está la serie de artículos por Antonio Piñero: 1, 2, 3, 4, 5, 6. 7

Teniendo esto en cuenta, procedamos a nuestro segundo artículo que dará un panorama muy general (y sin entrar en demasiados detalles) en torno a las enseñanzas y actos de Jesús que le llevaron a la crucifixión.

La predicación del Reino de Yahveh por Juan el Inmersor

Juan bautizando a Jesús - Jacopo Tintoretto (s. XVI)

Juan bautizando a Jesús – Jacopo Tintoretto (s. XVI)

En su fabulosa obra Un judío marginal, John P. Meier afirma muy acertadamente que no podemos comprender a Jesús sin echarle una ojeada a Juan el Inmersor (el Bautista) (II/1: 34, 51, 139). Según los expertos, son los evangelios sinópticos (los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas) los que nos proveen la versión más veraz en torno al Inmersor. Ni tan siquiera el historiador Flavio Josefo, que nos brinda información valiosa sobre él, llega a ese nivel de fiabilidad. Josefo presenta a un Juan que era famoso por “enseñar las virtudes” y llevar una buena vida, casi como si fuera un filósofo helenístico, para después decirnos que Herodes Antipas (rey vasallo que gobernaba a Galilea y Perea) le temía y le había arrestado por alguna posible rebelión.

Cualquiera que tenga dos dedos de frente se preguntaría por qué un cuasi-filósofo-helenístico-que-enseña-virtudes sería una amenaza para Antipas. Podemos buscar la respuesta en vano en la narración de Josefo, pero sí se halla en los evangelios sinópticos donde las fuentes primarias que usamos (en este caso Marcos y Q) nos revelan bastante del mensaje apocalíptico de Juan (Marcos 1:1-8; Q{Lucas 3:7-9 // Mateo 3:7-10}; Q{Lucas 3:16b-17 // Mateo 3:11-12}). Allí se nos dice que Juan predicaba la pronta llegada de alguien al que denominaba “el más fuerte” y que juzgaría a todas gentes que rehusaran cambiar sus vidas y “enderezar lo torcido” ante Yahveh. El hecho de que su predicación fuera en el Río Jordán no es un accidente: ese es el lugar donde afirma la Biblia Hebrea que Josué y los hebreos entraron a la Tierra Prometida (Josué 3-4).

Los hijos de Israel cruzando el Río Jordán - Gustave Doré

Los hijos de Israel cruzando el Río Jordán – Gustave Doré (1883).

La perspectiva de Juan se comprende mejor desde una antropología judía, bien distinta a la que nuestra cultura juzga desde nuestra herencia helenística (i.e. la separación de alma y cuerpo). Para los judíos el alma designa la vida interior de una persona y, dependiendo de la vertiente judía que se favoreciera, era inseparable del cuerpo.  En otros casos, el alma terminaba en el sheol, un ámbito subterráneo y frío donde ellas dormían en lo que esperaban su eventual resurrección. El pecado no solo afectaba al alma, sino también al cuerpo mismo. Por eso es que en la lectura nos enfrentamos a ocasiones en que aparece la gente preguntándose qué pecado ha cometido alguien para terminar enfermo (e.g. Juan 9:1-3) o un Jesús que afirmaba que debemos desmembrar esa parte de nuestro cuerpo que “caiga” para entrar puros al Reinado de Yahveh (Mateo 5:29-30). La preparación de la llegada del nuevo orden mundial presto a llegar exige cumplir con lo que dispone la Torah: confesar que se pecó, arrepentirse de los pecados, limpiarse (bautizarse o sumergirse) en las aguas del Jordán para la purificación física del cuerpo, además de un compromiso de llevar una vida de acuerdo a la Torah. Al salir de las aguas del Jordán, el creyente podía formar parte del Reino de Yahveh, del nuevo Israel pronto a llegar. Aquellos que no aceptaran el mensaje del profeta, iban a ser arrojados al fuego “que nunca se apaga”. Aquellos que aceptaran la transformación íntegra de sus vidas, recibirían de “el más fuerte” su inmersión en el Espíritu de Yahveh (“Espíritu de santidad”).

Como dijimos en nuestra entrada anterior, usando el criterio de dificultad, además del de testimonio múltiple y coherencia, podemos tener relativa seguridad de que Jesús fue discípulo de Juan, que se comprendía a sí mismo como pecador, que confesó sus pecados, se arrepintió y fue inmerso.

De hecho, por el mismo criterio de dificultad podemos también aseverar que, contrario a lo alegado por los evangelios Mateo y Juan, el Inmersor no sabía del carácter mesiánico de Jesús, ya que una de nuestras fuentes (Q) nos dejan claro que cuando supo de lo que Jesús estaba haciendo, Juan envió desde la cárcel a sus discípulos a preguntarle (tal vez con alguna nota de sarcasmo), “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?” (Q{Lucas 7:19 // Mateo 11:3}). Esta ignorancia del mesianismo de Jesús se confirma con el hecho de que tenía discípulos que no conocían del mesianismo jesuano y, como han resaltado investigaciones recientes, los cristianos y ellos sostuvieron agrias disputas acerca de ese mismo tema.

¿Quién era Jesús?

Una vez Juan fue arrestado, Jesús comenzó su predicación del Reino de Yahveh con independencia del movimiento del Inmersor, pero llevando una variante de su mensaje a áreas tales como Galilea, Perea, Decápolis, con especial centro en Cafernaúm. Durante todo ese tiempo, parece haberse concentrado en las aldeas y pueblos rurales en vez de las grandes ciudades como Séforis.

Al principio se le debió haber conocido por Yeshúa bar Yosef (Jeshúa [יֵשׁוּעַ] hijo de José). Su nombre es una variante de Yehoshua [יְהוֹשֻׁעַ] (Josué) que significa “Yahveh salva”. En griego, se debió haber pronunciado aproximadamente “Iesús” [Ἰησοῦς]. Debido a su proveniencia de Nazaret, en aquel momento una pequeña aldea rural de no más de 50 casas, probablemente se le conoció como “Yeshúa Ha-Notzri” [יֵשׁוּעַ הַנָּצְרִי] (Jesús de Nazaret). Debido al carácter fantástico de los relatos de la infancia de los evangelios de Mateo y Lucas, su incompatibilidad mutua y su falta de correspondencia con la historia, además de su motivación cristológica, todo parece indicar que el dato de que nació en Belén tiene origen puramente apologético. Por los criterios de coherencia y de dificultad, parece mucho más probable que haya nacido en Nazaret, ya que una de las protestas que se le presentaban a los cristianos era la dificultad de que un Mesías rey proviniera de un lugar tan insignificante como Nazaret (e.g. Juan 1:45-46). Puede ser que el apodo “de Nazaret” haya tenido inicialmente la mala intención de señalar a Jesús como una persona que pretendía profetizar, pero que provino de un lugar tan nimio. Se sabe que probablemente el apodo con el que al principio se conocían a los cristianos, “nazoreos” (en griego “Ναζωραῖος”) o “nazarenós” (en griego “Ναζαρηνός”), pudo ser también originalmente peyorativo.

El sermón de la montaña por Carl Bloch (1876)

El sermón de la montaña por Carl Bloch (1876)

Es menester señalar que Jesús no era muy seguido durante su predicación en Galilea. Al contrario, parece que su familia –madre y hermanos– inicialmente rechazaba su doctrina y pensaba que se había vuelto loco y, como respuesta, Jesús se alejaba de su familia para escoger a sus discípulos y oyentes como su nueva familia (Marcos 3:20-21,31-34). De hecho, aunque abogaba por la Torah y su mandamiento de honrar padre y madre, en ocasiones afirmaba que había que poner al Reino de Yahveh por encima de la familia, por lo que era de esperarse divisiones familiares en el proceso (Marcos 10:19,29-31; Q{Lucas 9:59-60 // Mateo 8:21-22}; Q{Lucas 14:26 // Mateo 10:37}; Q{Lucas 12:49,51,53 // Mateo 10: 34-36}). Contrario a lo que muchos sostienen hoy día, Jesús no era exactamente “profamilia” en relación con la pronta llegada del Reino y su aproximación a la gente es lo que hoy podríamos considerar “sectárea”. Sencillamente, el Reino de Yahveh era tan importante, que había que dejarlo todo, incluyendo a la familia, para poder participar de él.

Para empeorar la situación, tampoco su mensaje caló hondo en su villa natal, Nazaret (Marcos 6:1-6). En general, tenemos noticias de continuos rechazos y fracasos de su predicación en Galilea (incluyendo a Cafernaúm) y regiones adyacentes (Marcos 6:11; 8:12,38; 9:19; Q{Lucas 10:10-12 // Mateo 10:14-15}; Q{Lucas 10:13-15 // Mateo 11:21-24}). Eventualmente, tras mucho tiempo de predicación, y tras la amenaza de arresto y ejecución por parte de Antipas (Lucas 13:31-33), Jesús decidió ir a predicar a Judea.

La predicación jesuana del Reino de Yahveh

Al igual que Juan el Inmersor, Jesús sotenía una escatología de la restauración de las doce tribus de Israel en la Tierra al final de los tiempos. La selección de doce discípulos cercanos a él no era puro accidente. Jesús esperaba la pronta llegada de un ser del ámbito celeste llamado “el Hijo del Hombre” del cual hablaba el libro de Daniel en la Biblia Hebrea (Daniel 7). En aquella época, el “Hijo del Hombre” no era un título mesiánico, sino más bien el nombre del supremo juez quien, a nombre de Yahveh, acogerá a los que ingresarán al nuevo Israel y condenará a aquellos que no estuvieran preparados física (por inmersión) y espiritualmente (moral) para la llegada del Reino de Yahveh. De hecho, a pesar de que los evangelistas continuamente intentan identificar a Jesús con el Hijo del Hombre de diversas maneras, se cuelan versos o pasajes completos en los que Jesús habla del Hijo del Hombre como si fuera alguien distinto a sí mismo (e.g. Marcos 8:38; Marcos 13:24-27; Q {Lucas 12:8-9 // Mateo 10:32-33}; Q {Lucas 17:23-24 // Mateo 24:26-27}; Mateo 25:31-32; Lucas 21:34-36). Así como Juan decía que “el más fuerte” llegaría en cualquier momento, Jesús sostenía que el Hijo del Hombre vendría “como un ladrón en la noche”, en la ocasión  menos esperada (Q{Lucas 12:39-40 // Mateo 24:43-44}) o como un repentino rayo en el firmamento (Q{Lucas 17:23-24 // Mateo 24:26-27}).

Para Jesús, hay diversos signos de que el Reino de Yahveh se estaba acercando: los exorcismos que llevaban a cabo a nombre del Hijo del Hombre y de Yahveh, las numerosas curaciones milagrosas que (para los testigos) estaban ocurriendo ante sus ojos y la transformación personal de numerosos “pecadores” desde publicanos hasta prostitutas, quienes eran los llamados a la conversión. Su mensaje estaba dirigido principalmente a los marginados de la sociedad, un factor común que podemos hallar como múltiples testimonios en todas nuestras fuentes: Marcos, Q, M, L y Juan (Marcos 1:40-45; 2:1-12; 3:1-12; 5:1-43; 7:24-30; 8:22-26; 9:14-29; 10:46-52; Q {Lucas 7:1-10 // Mateo 7:28a; 8:5-10,13}, {Lucas 7:18-19,22-23 // Mateo 11:2-6}, {Lucas 11:14-15.17-20 // Mateo 9:32-34; 12:25-28}, {Lucas ; Lucas 7:36-50; 15:1-2; Mt. 21:31; Juan 4:46-53).

Contrario al régimen vigente, Jesús predicaba con todas sus fuerzas, un Reino de Yahveh que fuera justo para los oprimidos, donde todos eran invitados a participar —como en una gran cena— (Q {Lucas 14:15-24 // Mateo 22:2-6,9-10}). En tal caso, como difícil es para un rico entrar al Reino de Yahveh, serían los marginados los más grandes afortunados. De ahí su dicho: “todo el que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado” (Q{Lucas 14:11 // Mateo 23:12}). En el fondo, hallamos este mensaje en las famosas “bienaventuranzas”:

Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.

Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados.

Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis.

Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo por causa del hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataron sus antepasados a los profetas (Q{Lucas 20-23 // Mateo 5:3,5-6,10-11}).

Otra nueva costumbre jesuana es la de referirse a Yahveh como padre. Esto debe comprenderse dentro de su concepción de salvación, no individual, sino colectiva. Al final de los tiempos, irrumpirá Yahveh en la historia desde el cielo y el colectivo de Israel se salvará y se restablecerá en la Tierra como potencia dominante. Desde la perspectiva del judaísmo de su época, Israel es el primogénito de Yahveh, por ende, su hijo con derecho a gobierno sobre las naciones (Éxodo 4:22). Es de esa manera que debemos comprender lo que aparenta ser la versión original del Padre Nuestro:

Padre,

santificado sea tu Nombre,

venga tu Reino,

danos cada día nuestro pan cotidiano,

y perdónanos nuestros pecados,

porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe,

y no nos dejes caer en tentación (Q{Lucas 11:2b-4 // Mateo 6:9-13).

Desde esta perspectiva, todo creyente en Jesús debía considerarse hijo de Yahveh.

Finalmente, hay que aclarar que Jesús se consideraba a sí mismo seguidor de la Torah entera. Contrario a lo que muchos han supuesto, Jesús nunca devaluó la ley mosaica ni pensaba que había de ser superada, sino que se veía en todo momento observante de ella. Hay pasajes en que Jesús afirmaba que ni una yod (la letra más pequeña del hebreo, “י”) se caería de la Torah. Al contrario, su misión era llevarla a la culminación (Q{Lucas 16:17 // Mateo 5:18}). Sin embargo, como muchos de los rabinos de su época, su interpretación de la Torah podía ser distinta a la de los demás rabinos de su época. Para sorpresa de muchos, Jesús era afín al pensamiento fariseo y, como era costumbre en su época, debatía continuamente en torno a cómo interpretar el escrito mosaico para que fuera práctico para los pobres y marginados. Lo que no cabe duda es que para Jesús, el corazón de la Torah es el amor: amor a Yahveh y su Reino sobre cualquier otra cosa o persona; y el amor al prójimo como un igual. No solo esta apreciación aparece atestiguada en todas nuestras fuentes independientes evangélicas, sino también fuera de los evangelios (Marcos 12:28-34; Gálatas 5:14; Romanos 5:8,9b-10; Santiago 2:8; Juan 15:12).

La actividad subversiva de Jesús

A pesar de que los evangelios nos presentan en general a un Jesús manso con discípulos que todo lo que les interesa es desentrañar las enseñanzas de su rabino, hay indicios de que era algo más que eso y que muchas de sus acciones y predicaciones le llevaron eventualmente a su muerte. Su mensaje de un gobierno de Israel por encima de las demás naciones era de facto mensaje sospechoso para los romanos y sus aliados, pero era más o menos usual en Galilea y Judea.

La manera en que podemos aproximarnos a este tema es viendo las acusaciones que se formularon en su contra para poder ver exactamente dónde radicaba el problema para las autoridades judías y las romanas. Aclaro que lo que sigue es mi perfil particular de Jesús basándome en lo que ciertos expertos han teorizado y que bastante de estos asuntos todavía se hallan bajo un intenso debate.

Que no se le pagara tributo a César

La moneda de tributo - por Tiziano (1515)

La moneda de tributo – por Tiziano (1515)

Hay una acusación que solo aparece en Lucas y que puede iluminarnos en cuanto a las actividades de Jesús. Cuando el profeta apocalíptico está ante el prefecto, Poncio Pilatos, nos dice Lucas:

Comenzaron a acusarle, diciendo: “Hemos encontrado a este alborotando a nuestro pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es el Mesías rey” (Lucas 23:2).

¿Por qué es esto extraño? Porque si se lee el evangelio lucano, uno tendrá la impresión de un Jesús pacífico y ejemplar en cuanto a temperamento y relación con los gentiles. Puede ser que tal esfuerzo del autor de ese evangelio por proyectar esa imagen sea en parte respuesta a dicha acusación.

¿Prohibía Jesús el pago tributario?  Lo interesante es que la respuesta a esa pregunta parece proceder del Evangelio de Marcos, que nos narra el siguiente acontecimiento que parece haber ocurrido en Galilea:

Enviaron entonces donde él a algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Al llegar, le dijeron:

“Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa de nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?”

Mas él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo:

“¿Por qué me tentáis?  Traedme un denario, que lo vea.”

Cuando lo trajeron, les preguntó:

“¿De quién son esta imagen y la inscripción? ”

Ellos respondieron:

“Del César.”

Jesús les dijo entonces: “Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios” (Marcos12:13-17)

Muchos han visto en esta enseñanza como un endoso jesuano a la separación de Iglesia y estado. Personalmente, me encantaría que fuera así, pero dicha perspectiva no pasa de ser un anacronismo. Se debe tener en cuenta que era inconcebible en esa época separar la política de la fe. El Reino de Yahveh que deseaba Jesús era uno claramente teocrático.

Si no significa eso, ¿entonces que quiere decir? Si hubo fariseos tras esta trampa es algo que debemos poner entre signos de interrogación, ya que el evangelio se produjo en una época de gradual tensión entre diversos sectores del judaísmo (70 d.C.), en particular el fariseísmo y el cristianismo. El texto puede reflejar un cierto desprecio que siente el autor hacia el sector fariseo.  Sin embargo, puede tomarse como noticia el hecho de que aparecieran herodianos para tenderle la trampa a Jesús:  si él alegaba que debía pagarse el tributo a César, entonces traicionaba su mensaje del Reino de Dios y a Yahveh mismo; si alegaba que no debía pagarse impuestos a Roma, entonces era condenable por sedición ante las autoridades romanas. Jesús astutamente cambió el tema del tributo a la moneda. De esa manera, le podía decir a sus oyentes que la moneda se le podía devolver (no dar … no entregar … no pagar … sino devolver) al César y que, por otro lado, a Yahveh hay que devolverle lo suyo. Dentro del contexto de su mensaje apocalíptico, ¿qué habría que devolverle a Dios? Sencillo: las tierras palestinenses, su pueblo y su lealtad, es decir, al Israel renovado (Puente Ojea, El Evangelio 114-121).

Más adelante, puede ser que el Evangelio de Marcos o alguna fuente helenística del evangelista, tradujo el “devolved” arameo por un término técnico de pago tributario “apodídomi” (aquíἀποδίδωμι), que parecía implicar que, para Jesús, lo que correspondía hacer era pagar el debido tributo al César en lo que llegaba el Reino de Dios. Véase este asunto con más lujo de detalles aquí.

Otros pasajes podrían abonar a esta interpretación. Por ejemplo, el teólogo Porfirio Miranda aportó al tema en su famoso librito El comunismo en la Biblia, cuyo contenido se intepreta a todas luces desde un sesgo ideológico notable y no teniendo mucho cuidado desde el punto de vista de la exégesis del Nuevo Testamento. Eso no quita que pudo haber llegado a la conclusión correcta en cuanto a este tema y que coincide perfectamente con la acusación que estamos inquiriendo (Miranda, El comunismo 68-72).  Después de reflexionar sobre el incidente del tributo a César, Miranda nos dice:

Antes del incidente en cuestión, Jesús ya había proclamado: “Nadie puede servir a dos señores, porque o bien odiará a uno y amará al otro, o se adherirá al uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero {Mammón} (Q {Lucas 16:13 // Mateo 6:24}). Quien ha enseñado eso de manera tan categórica, no puede después salirnos con que hay que reconocer y cumplir con el emperador y al mismo tiempo con Dios. Cuando dice “no podéis servir a Dios y al dinero”, toda la fuerza está en el “y”…. Pero el dato más importante para la interpretación de la frase sobre César es que la autoridad civil está presentemente encarnada en un dinero que Jesús pide que le muestren…. La sentencia “no podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6,24) fue pronunciada utilizando el verbo arameo `abad, que significa tanto servir como adorar … (71-72, mi énfasis).

Que el Templo de Jerusalén sería destruido

Cristo expulsa a los cambistas del Templo, por Nicolas Colombel (1681)

Cristo expulsa a los cambistas del Templo, por Nicolas Colombel (1681)

Una de las más importantes acusaciones se hizo ante el Sanedrín judío y nos dice Marcos:

Algunos, levantándose, dieron contra él este falso testimonio: “Nosotros le oímos decir: `Yo destruiré este Santuario {el Templo de Jerusalén} hecho por hombres y en tres días edificaré otro no hecho por hombres'” (Marcos 14:57).

¿Es esta acusación factual? El autor del evangelio marcano dice que es falso. Sin embargo, otro escrito parece diferir y trataba de explicar esta acusación tomada muy en serio, no como un falso testimonio (Juan 2:19-20). Si seguimos la pista dejada por el Evangelio de Juan, parecería que Jesús dijo esto durante el ataque que llevó a cabo contra los cambistas del Templo y de la que tienen testimonio todos los evangelios.

Una vez fracasa su actividad en Galilea, Jesús decide ir a Jerusalén. De su famosa entrada, hablaremos en la tercera parte de esta serie. Después de su “entrada triunfal”, Jesús decide atacar a los vendedores y cambistas del Templo.

Llegaron a Jerusalén: Una vez allí, entró Jesús en el Templo y comenzó a echar fuera a los vendedores y compradores, volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedoresde palomas, y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba diciendo:

“¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración [para todas las gentes]? ¡Pero vosotros la tenéis hecha una cueva de bandidos!”

Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas, que buscaban la forma de poder matarle. Y es que tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina (Marcos 11:15-18).

Hoy se sabe que la frase entre corchetes “para todas las gentes” fue un añadido posterior al evangelio. Tampoco es creíble que impidió la dinámica de todo el Templo, un recinto demasiado grande para que lo controlaran solo 13 hombres. Sin embargo, sí es creíble que ocurrió algo de menor grado.

Por años, dicho ataque fue un enigma para los exégetas del Nuevo Testamento. Los cambistas cambiaban la moneda con la efigie de César y otros tipos de imágenes (prohibido para los judíos dentro del Templo) por una aceptable para la ofrenda del Templo. Los vendedores proporcionaban la manera más eficiente de proveer animales para los sacrificios, difícil de llevar a cabo de otra manera. Entonces, ¿por qué el ataque?¿De dónde procede la acusación de ser bandidos? Los cambistas cobraban por el cambio, pero eso es normal para toda labor en aquel momento. No hacerlo, sería disfuncional.

El gran erudito E. P. Sanders señala que todo cae en su sitio cuando se tiene en consideración que Jesús era un apocalipticista que miraba al sacerdocio del Templo como cómplice del orden establecido de los Romanos. Mientras Poncio Pilatos estaba en la región de Samaría, en Cesarea Maritima, le tocaba al Sanedrín, dominado por los saduceos, dirigir los asuntos de Jerusalén y guardaba el orden social en alianza con el Imperio Romano. Desde esa perspectiva, el significado del Templo dedicado a Yahveh ha sido profanado por los saduceos, a los que Jesús no les tenía el mínimo aprecio. Varios apocalipticistas veían al Templo como una institución impura y contaminada por dichas relaciones políticas. Por ejemplo, los de Qumrán veían al Templo como profanado por un “Sacerdote Malvado”, presumiblemente por un sacerdote favorecido por la dinastía asmonea y quien le robaba a los pobres sus posesiones (1 QpHab 11:7; 12:8ss; CD 4:6-8). Los fariseos eran marginados de la autoridad del Templo, precisamente porque eran apocalipticistas que rehusaban participar de dicha relación política. El vuelco de las mesas y la violencia con la que se manifestó Jesús dramatizaban (simbólicamente) el hecho de que el Hijo del Hombre y, con él, el Reino de Yahveh, estaba bien cerca y que el Templo edificado por Herodes sería destruido. El orden que regía el Templo terminaría, se purificaría de todos los elementos profanos y se reedificaría una vez fuera restaurado Israel (Sanders, Jesus and Judaism 174-211).

También es un poco enigmático el hecho de que nadie lo arrestara en el momento. Lo que sospechan Fernando Bermejo y Antonio Piñero es que probablemente los mismos discípulos de Jesús estaban armados y con las armas protegían a su rabino mientras él atacaba a las mesas de los animales y cambistas. El que pudieran tener armas no sorprende mucho, dado que el evangelio lucano nos revela que algunos de ellos habían comprado armas y Marcos nos dice que uno de ellos tenía una espada cuando arrestaron a Jesús (Lucas 22:35-38; Marcos 14:47).

Jesús Nazareno: Rey de los Judíos

La tercera acusación con la que coinciden todas nuestras fuentes es que de alguna manera, Jesús se había autodenominado rey. En ninguna instancia Jesús lo negaba. Algunos han sugerido que Jesús preparó su entrada a Jerusalén para que se viera que cumplía la profecía de Zacarías, que decía que el rey de Jerusalén entraría montado en un borrico, hijo de un asna (Zacarías 9:9). Por razones que explicaremos en la siguiente entrada, parece que esto no era suficiente para prenderle.

Dado que Jesús nunca se autoproclamó rey ni Mesías en público (nuestra fuente más temprana, Marcos, así lo establece: que Jesús mandaba a callar y mantener silencio al respecto), inevitablemente nos lleva a la conclusión de que Jesús debió haberlo revelado en privado. Que, según él, el Hijo del Hombre le pondría en el trono como suma autoridad real bajo el beneplácito de Yahveh; que sería rey israelita de todos los judíos.

Uno de los discípulos (Judas Iscariote), desilusionado con Jesús por razones que permanecerán oscuras para la historia, decidió reunirse con funcionarios del Sanedrín en privado y revelar el secreto. Eso y el incidente del Templo fueron suficientes para que las autoridades judías le arrestaran, especialmente para prevenir algún incidente durante la Pascua. La acusación de hablar contra el tributo a César mas la autoproclamación de rey, ante la negativa de Jesús de defenderse, fueron suficientes para que el liderato judío llevara a Jesús ante Poncio Pilatos y este a su vez le condenara a la crucifixión.

Continuaremos mañana nuestra discusión …

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