La propaganda antivacunas se asoma en estas navidades

En estos días, se dice que hay una noticia que ha hecho “temblar” a la industria farmacéutica: la FDA admite que las vacunas causan autismo.

Joaquin Phoenix en shock

Joaquin Phoenix en shock (de la película Signs)

Como era de esperarse, esta noticia se regó por las redes sociales.

Entrada en Facebook

Entrada de la noticia en Facebook.

Claro está, en estos casos de alta controversia, la realidad suele ser distinta.

En primer lugar, se habla de un “anuncio de la FDA”. No hay ningún comunicado de prensa que “anuncie” la vinculación entre el trastorno de espectro autista (TEA) con la vacuna triple vírica (MMR por sus siglas en inglés) o con cualquier otra vacuna.

Segundo, de lo que se trata es un documento en torno a la vacuna marca Tripedia®, que no es MMR, sino de difteria, Bordetella pertussi y tétano (DTaP por sus siglas en inglés) desarrollada por Sanofi Pasteur.

Parece que debido a la enorme controversia suscitada por el documento, la FDA decidió removerla de su portal. ¿Es para esconder “la verdad”? No. ¿Cómo lo sé? Como se trata de un documento público, los antivacunas se han encargado de reproducirlo para que sus lectores se cercioren. Decidimos también proveerlo en nuestro portal, porque nos interesa echarle un vistazo. Aquí se encuentra para descargar.

Veamos.

Para el público promedio, casi nada de esta información es pertinente para su interés, especialmente por el alto nivel de tecnicismos. Sin embargo, la parte incriminante se encuentra en la página 11 del documento. Sin lugar a dudas nos dice lo siguiente:

Adverse events reported during post-approval use of Tripedia vaccine include idiopathic thrombocytopenic purpura, SIDS, anaphylactic reaction, cellulitis, autism, convulsion/grand mal convulsion, encephalopathy, hypotonia, neuropathy, somnolence. and apnea (mi énfasis).
Tripedia_fda1
Este es el momento en que invade en los aires un glorioso “¡AJÁAAAA!” de mucha gente, muy parecido al de Toribio cuando descubre que su querida anda en “malos pasos”.

Toribio (Kakukómicos)

¿Qué podría desmentir este momento tan glorioso en que la FDA hace tal admisión en un documento oficial?
Nuestra respuesta: el documento mismo. En la siguientes dos oraciones, el escrito nos dice:
Events were included in this list because of the seriousness or frequency of reporting. Because these events are reported voluntarily from a population of uncertain size, it is not always possible to reliably estimate their frequencies or to establish a causal relationship to components of Tripedia vaccine.

Tripedia_fda2

La FDA no está admitiendo absolutamente nada. Al contrario, como los científicos saben de sobra, la confianza en informes de personas que diagnostican algún mal sin la debida preparación es extremadamente baja: en la mayoría de los casos los reportes de individuos sin preparación médica o científica usualmente se hace sin tener en cuenta una variedad de factores, sin controlar variables de geografía, población, calidad de vida, estatus social, clima, estudio epidemiológico, memoria selectiva, entre muchos más. Por ende, la FDA no puede inferir la vinculación del Tripedia® con algunas de estas enfermedades a partir de una evidencia tan pobre.

No hay evidencia científica alguna de que las vacunas causen TEA por varias razones:

  • Como hemos argumentado en otro lugar, la mayor parte del aparente incremento de la tasa de TEA se debe a la reclasificación de ciertos males mentales a TEA (véase este enlace, este, este y este).
    .
  • Cuando se controla con este factor en mente, se descubre que no ha habido ningún incremento de TEA a nivel mundial, ni tan siquiera en los Estados Unidos o Europa durante la década del 2005 al 2015: la tasa se ha mantenido en 7.5 por cada 1000 personas.
    .
  • Factores genéticos (tales como se ven en este estudio, este, este, este y este) parecen prevalecer en cuanto al TEA, al igual que exposición a ciertas variables prenatales y ambientales (como se puede ver en este estudio y este).
    .
  • Las revisiones científicas y metaanálisis (la literatura científica más sólida) no encuentran vinculación alguna entre las vacunas y el TEA (e.g. este metaanálisis que agrupa estudios que cubren a 1.26 millones de niños). Vean más en este portal.
    .
  • El único estudio notable en la prensa que hace tal vinculación y que fue publicado en una revista de prestigio, fue retirado: el artículo de Andrew Wakefield, que contiene múltiples errores fatales.

Ahora bien, siempre hay alguna posibilidad (aunque la probabilidad sea realmente escasa) de tal vínculo causal. Sin embargo, le toca a los que se oponen a ciertas vacunas demostrar su punto y hacer el trabajo duro al respecto.

Mientras tanto, la diseminación de noticias fraudulentas por la red, difícilmente les vindica en toda esta discusión.

Vean más en los portales FactCheck y Snopes.com.

Referencias

American Academy of Pediatrics. (30 de abril de 2016). Aerial spraying to combat mosquitoes linked to increased risk of autism in children: New study finds a community’s use of airplanes to spread pesticide each summer may pose a greater risk of autism spectrum disorder and developmental disorders among children born in the area. ScienceDaily. https://www.sciencedaily.com/releases/2016/04/160430100405.htm.

Baxter, A. J., Brugha, T. S., Erskine, H. E., & Scheurer, R. W. (febrero de 2015). The epidemiology and global burden of autism spectrum disorders. Psychological Medicine, 45, 3, 601-613. doi: https://doi.org/10.1017/S003329171400172X.

Chaste, P., & Leboyer, M. (2012). Autism risk factors: genes, environment, and gene-environment interactions. Dialogues in Clinical Neuroscience, 14, 3, 281-292.

Doja, A. & Roberts, W. (noviembre de 2006). Immunizations and autism: a review of the literature. Canadian Journal of Neurological Sciences, 33, 4, 341-346. doi: 10.1017/S031716710000528X.

Freitag, C. M., Staal, W., Klauck, S. M., Duketis, E., & Waltes, R. (2010). Genetics of autistic disorders: review and clinical implications. European Child & Adolescent Psychiatry, 19, 3, 169–178. doi: 10.1007/s00787-009-0076-x.

Gardener, H., Spiegelman, D., & Buka, S. L. (agosto de 2011). Perinatal and neonatal risk factors for autism: a comprehensive meta-analysis. Pediatrics, 128, 2, 344–355. doi: 10.1542/peds.2010-1036.

Hansen, S. N., Schendel, D. E., & Parner, E. T. (enero de 2015). Explaining the Increase in the Prevalence of Autism Spectrum Disorders: The Proportion Attributable to Changes in Reporting Practices. JAMA Pediatrics, 169, 1, 56-62. doi: 10.1001/jamapediatrics.2014.1893.

Hviid, A., Stellfeld, M., Wohlfahrt, J., et al. (2003) Association between thimerosal-containing vaccine and autism. Journal of the American Medical Association, 290, 13, 1763-1766. doi: 10.1001/jama.290.13.1763.

Losh, M., Sullivan, P. F., Trembath, D., & Piven, J. (septiembre de 2008). Current developments in the genetics of autism: from phenome to genome. Journal of Neuropathology & Experimental Neurology, 67, 3, 829-837. doi: 10.1097/NEN.0b013e318184482d.

Madsen, K. M., Lauritsen, M. B., Pedersen, C. B., et al. (septiembre de 2003). Thimerosal and the occurrence of autism: negative ecological evidence from Danish population-based data. Pediatrics, 112, 3, 604-606. doi: 10.1542/peds.112.3.e174.

Polyak, A., Kubina, R. M., & Girirajan, S. (22 de julio de 2015). Comorbidity of intellectual disability confounds ascertainment of autism: implications for genetic diagnosis. American American Journal of Medical Genetics, Part B, 168B, 600–608. doi: 10.1002/ajmg.b.32338.

Rutter, M. (febrero de 2000). Genetic studies of autism: from the 1970s into the millennium. Journal of Abnormal Child Psychology, 28, 1, 3-14. doi: 10.1023/A:1005113900068.

Rutter, M. (enero de 2005). Incidence of autism spectrum disorders: Changes over time and their meaning. Acta Paediatrica, 94, 2-15. doi: 10.1111/j.1651-2227.2005.tb01779.x.

Rutter, M., Macdonald, H., Le Couteur, A., et al. (enero de 1990). Genetic factors in child psychiatric disorders—II. Empirical findings. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 31, 1, 39-83. doi: 10.1111/j.1469-7610.1990.tb02273.x.

Szatmari, P. (marzo de 1999). Heterogeneity and the genetics of autism. Journal of Psychiatry and Neuroscience, 24, 2, 159–165. PMID: 10212560.

Taylor, B. (9 de agosto de 2006). Vaccines and the changing epidemiology of autism. Child: Care, Health and Development, 32, 5, 511-519. doi: 10.1111/j.1365-2214.2006.00655.x.

Taylor, L. E., Swerdfeger, A. L., & Eslick, G. D. (17 de junio de 2014). Vaccines are not associated with autism: An evidence-based meta-analysis of case-control and cohort studies. Vaccines, 32, 29, 3223-3224. doi: 10.1016/j.vaccine.2014.04.085.

Wakefield, A. J., Murch, S. H., Anthony A., et al. (28 de febrero de 1998). Ileal-lymphoid-nodular hyperplasia, non-specific colitis, and pervasive developmental disorder in children. Lancet 351, 9103, 637–41. doi: 10.1016/S0140-6736(97)11096-0.

Advertisements

Cuando revistas predatorias retiran estudios antivacunas fatulos …

Vacunación contra la tifoidea

Dr. Schreiber de San Agustín, California, inoculando contra la tifoidea.

En el portal de Science-Based Medicine, David Gorski nos informa de la retirada de dos estudios (que en el fondo eran uno solo) que pretendían demostrar que las vacunas efectivamente enferman a los vacunados. Esto tiene que ver con el famoso seudoestudio de Andrew Wakefield publicado en The Lancet, que supuestamente vinculaba la vacuna triple vírica (MMR) con el autismo y con el aumento del trastorno del espectro autista (TEA).

Sin embargo, queremos recalcar que las revisiones científicas y metaanálisis que incluyen a más de 1.2 millones de niños no muestran relación alguna entre la vacuna triple vírica y el llamado “aumento” del TEA, supuesto incremento que ya hemos desmentido. Aun así, el sector antivacunas insiste en avanzar con su causa.

Al igual que muchos de los científicos antitransgénicos o negacionistas del cambio climático en general, aquellos que son antivacunas suelen publicar en revistas predatorias o desprestigiadas para dar la apariencia de que se ha dado a conocer información importante en alguna revista “científica arbitrada”. Hemos escrito ya sobre el serio problema de las revistas predatorias y el enorme problema que han creado en términos de política pública.

David Gorski, M.D.

David Gorski, M.D. Foto cortesía de él, CC-BY-SA 4.0.

Gorski nos habla de lo que él denomina “estudios zombis”, es decir, estudios que han sido retirados por revistas, pero que “resurgen” del ámbito de los muertos y aparecen en una segunda revista de peor prestigio. Un ejemplo de ello fue el caso del estudio de Gilles Éric Séralini (del que hablaremos la semana que viene) en que supuestamente mostraba una asociación causal entre alimentos transgénicos con glifosato y unos tumores de unas ratas. El estudio fue retirado por serias deficiencias, pero volvió a publicarse en otra revista de peor prestigio y sin arbitrar. Además, Séralini sigue publicando artículos —incluyendo en revistas predatorias— utilizando ese como base, a pesar de que en la segunda vez que publicó el artículo en cuestión concluyó que de los datos no podía derivarse nada.

Otro ejemplo es el que nos trajo Gorski con su artículo, esta vez dirigido al público antivacunas. El autor principal es Anthony R. Mawson, perteneciente a la causa antivacunas y que llevó a cabo una colecta en línea para financiar el estudio. Una vez se llegó a la cifra deseada, él y otros autores publicaron el estudio en una editorial predatoria de la que hablamos casi un año atrás, una revista de Frontiers. He aquí la ficha del escrito:

Mawson, A. R., Ray, B. D., Bhuiyan, A. R., & Jacob, B. (21 de noviembre de 2016). Vaccination and health outcomes: A survey of 6- to 12-year-old vaccinated and unvaccinated children based on mothers’ reports. Frontiers in Public Health, 4, 270. doi: 10.3389/fpubh.2016.00270.

Cuando Frontiers retiró el artículo, el enlace cibernético asignado a este dejó de funcionar y da error. Aquí se encuentra el PDF de la versión provisional.

El estudio en sí consistía en la administración de un cuestionario a madres voluntarias para saber si sus niños mostraron síntomas de enfermedad después de la vacunación de sus hijos.  El portal desmitificador, Snopes.com, mencionó los varios  factores principales de cómo se llevó a cabo el estudio y su eventual publicación:

  1. Hay un notorio conflicto de intereses debido a la manera en que se financió. Prácticamente la totalidad del dinero provenía de los grupos antivacunas.
    .
  2. Los autores en cuestión ya tenían una opinión formada al respecto. Esto en sí no es nada malo siempre y cuando el diseño del experimento fuera lo suficientemente riguroso para no inclinar los datos a los prejuicios formados.
    .
  3. El diseño del experimento era fatal, ya no se hizo una selección azarosa de distintas poblaciones de madres para administrar el cuestionario. Al contrario, se seleccionaron a varias madres que practicaban “homeschooling” y cuyo parecer en torno a las vacunas ya estaba formado.
    .
  4. Se publicó en una revista altamente cuestionada por la comunidad científica. El artículo fue arbitrado por un quiropráctico, profesión cuya comunidad en general es hostil a las vacunaciones.

Para mayores detalles en torno a las fallas, pueden leer este artículo y el publicado por Gorski en Science-Based Medicine. Varios científicos y un sector del público lo consideró este estudio chatarra y la editorial Frontiers fue el blanco de múltiples críticas al respecto. Por eso, Frontiers tuvo que hacer una declaración pública vía Twitter.

Como resultado, se retiró el estudio y el acontecimiento fue reportado en Retraction Watch.

Sin embargo, a pesar de su súbita desaparición, el estudio “revivió” en otra revista, esta vez publicada por una editorial de mucha peor calidad, Open Access Text. Esta es su ficha:

Mawson, A. R., Ray, B. D., Bhuiyan, A. R., & Jacob, B. (24 de abril de 2017). Pilot comparative study on the health of vaccinated and unvaccinated 6- to 12-year-old U.S. children. Journal of Translational Science, 3, 3. doi: 10.15761/JTS.1000186.

Sus datos fueron publicados también en un artículo aparte en la misma revista predatoria:

Mawson, A. R., Ray, B. D., Bhuiyan, A. R., & Jacob, B. (24 de abril de 2017). Preterm birth, vaccination and neurodevelopmental disorders: a cross-sectional study of 6- to 12-year-old vaccinated and unvaccinated children. Journal of Translational Science, 3, 3. doi: 10.15761/JTS.1000187.

La razón de por qué tengo que proveer los estudios como archivos en nuestro portal y no en la fuente original es que los dos artículos en cuestión no se encuentran en las direcciones cibernéticas asignadas por la revista (un mal típico de las editoriales predatorias). Como los artículos se publican bajo una licencia de Creative Commons (aunque es curioso que no digan cuál de todas es), no se comete violaciones a derechos de autor el proveerlos en este blog.

Tal vez la ausencia de dichos artículos se explica por el señalamiento hecho por Retraction Watch de que Open Access Text parece haber retirado ambos artículos.

Breve reflexión

Aunque este asunto de los artículos zombis pueda sonar jocoso, en realidad es un asunto muy serio.

Estos son estudios fatulos publicados en revistas en el mejor de los casos desprestigiadas, en el peor se dedican a explotar a científicos y lectores. Su contenido carente de material científico y datos falsos se convierten en criterio para decidir política pública. Todo gobierno tiene un panel de expertos en torno a estos temas que saben mucho mejor en cuáles publicaciones confiar y en cuales no. Sin embargo, la población en general no goza de la misma sabiduría. Cuando estos asuntos se convierten en movimientos políticos ruidosos, el público tiende a hacerles caso y a exigir a sus gobernantes (electoralmente comprometidos) a que ignoren a los expertos.

Estos artículos como los de Andrew Wakefield y otros, tenidos como mártires de “Gran Farma”, han sido responsables de que en Estados Unidos se hayan desatado brotes de enfermedades que se pensaban que no se verían más en ese país, tales como el sarampión. Personas tales como Robert F. Kennedy, Jr. y Robert De Niro quienes financian estos grupos no mejoran la situación.

La publicación de estos artículos fatulos ha afectado las políticas en torno al calentamiento global, en cuanto a ingeniería genética, la provisión de vacunas y medicamentos, entre otros asuntos. El hecho de que la prensa frecuentemente descanse sus reportajes en estudios preliminares, en vez de revisiones científicas, metaanálisis y estudios rigurosamente controlados, revela una seria deficiencia de ese campo aun en el ámbito de reporteros especializados en divulgar sobre las ciencias.

En otras palabras, las revistas predatorias y la falta de literacia científica se han convertido en la era cibernética en una genuina amenaza para la salud pública. Por ende, los gobiernos y las Naciones Unidas deberían formar sus respectivos comités con científicos conocedores de estos asuntos y otros expertos para figurar alguna manera viable de contrarrestar estos males sin socavar la libertad de expresión ni los derechos humanos en general.

Sobre este tema, véase también los artículos de David Gorski, M.D. en su blog:

Referencias

Hawkes, D. (14 de junio de 2016). Calls by alternative medicine practitioners for vaccinated vs unvaccinated studies is not supported by evidence. Vaccines, 34, 28, 3223-3224. doi: 10.1016/j.vaccine.2015.12.031.

Taylor, L. E.,  Swerdfeger, A. W., & Eslick, G. D. (17 de junio de 2014). Vaccines are not associated with autism: An evidence-based meta-analysis of case-control and cohort studies. Vaccines, 32, 29, 3623–3629. doi: 10.1016/j.vaccine.2014.04.085.

Wakefield, A. J., Murch, S. H., Anthony A., et al. (28 de febrero de 1998). Ileal-lymphoid-nodular hyperplasia, non-specific colitis, and pervasive developmental disorder in children. Lancet 351, 9103, 637–41. doi: 10.1016/S0140-6736(97)11096-0.