¿Quién fue realmente José Celso Barbosa?

Nota:  Este es un artículo que originalmente publiqué hace algunos años, transformado y extendido sustancialmente y corregido gracias a críticas recibidas. Le agradezco mucho a la gran historiadora, Ivonne Acosta, por enviarme, hace algunos años, un correo electrónico al respecto . También abundo más sobre algunos errores que han aparecido a nivel popular recientemente en relación con José Celso Barbosa y otros que siguen perpetuándose. El estilo de este escrito es informal, añadiendo fuentes donde entiendo que quizá haya duda o curiosidad en los lectores o para indicar de dónde saqué alguna cita. Si hay errores factuales, son míos todos y agradezco corrección.

Aclaro que en cuanto a las opiniones expresadas en este artículo, todas ellas son mías. No deben interpretarse como el parecer de la familia Barbosa. Ellos van por su rumbo y yo voy por el mío.

Finalmente, deseo indicar que escribo esto a raíz de ciertos desaciertos históricos que expresó el gobernador en relación con el prócer. Debe corregirse este problema y, para eso, está este blog. Sobre las declaraciones del gobernador, quisiera también señalar que no podemos ser ingenuos ante la equivocada opinión de que Barbosa fue rechazado por la Universidad de Puerto Rico por ser negro. Ese es un ataque disimulado a la universidad pública del país.


José Celso Barbosa

José Celso Barbosa

A medida que pasa el tiempo, la pregunta de quién fue José Celso Barbosa (o Ramón Power y Giralt, o Ramón Emeterio Betances, o Luis Muñoz Rivera, o José de Diego) es uno que debe pasar siempre por el crisol de la renovada y cada vez más sofisticada historiografía.  En muchos casos, historiadores de décadas atrás pudieron haber proyectado al pasado la situación y los prejuicios de su presente.

Por ejemplo, Lidio Cruz Monclova, presentaba a Ramón Power y Giralt como un autonomista en nuestro sentido del término, como un militar político que se encontraba en el sector reformista, en contraposición al conservador. El historiador excluía el favor a la independencia en Puerto Rico en la población criolla y lo presentaba como una influencia extranjera a la situación de Puerto Rico. Por otro lado, el exsenador novoprogresista, Orlando Parga, ha afirmado que la autonomía de Power era, de hecho, “asimilista”, porque aspiraba a convertir a Puerto Rico en provincia española.

Todos estos puntos se pueden debatir. Como señala el historiador Francisco Moscoso, se comete un error histórico si se establece una división tajante entre el reformismo y el independentismo en la época de Power, dentro de la realidad del régimen de José Bonaparte y el aprisionamiento del rey Fernando VII en París. Moscoso ha traído a colación una revisión de la postura tradicional en torno al “reformismo” de Ramón Power y Giralt al encontrar documentación en la que se revela que este insigne personaje histórico parecía ocultar información en torno a las insurrecciones que ocurrían en Venezuela. Tampoco el fin de Power era asimilista en nuestro sentido actual del término, sino que quería que Puerto Rico se volviera provincia española para ganar autonomía. Además, recordemos que el cabildo de San Germán había demandado para las Instrucciones a las Cortes de Cádiz, que la independencia fuera un derecho a considerar si no se restituía al rey Fernando VII y España quedaba anexada a Francia.  Además, durante ese periodo (1809-1811), se desató en Hispanoamérica una revolución en Venezuela. En Puerto Rico, se conspiró para una insurrección independentista que se llevaría a cabo en la Navidad de 1811 y no llegó a concretarse, debido a la llegada de una embarcación de soldados españoles (cerca de cuatro mil) en vías a Suramérica, específicamente a lidiar con el problema revolucionario venezolano (Moscoso 2003, 15-21; véase también Mattei Filardi 2017, 57-62).

Otro error común entre historiadores, en los que a veces proyectan realidades del presente al pasado, es el alegato de que en el Partido Unión de Puerto Rico, liderado por Luis Muñoz Rivera, sostenía a la estadidad, la autonomía y la independencia como opciones de self-government. Esto se ha repetido muchas veces en los textos de historia (e.g. Scarano 2008, 508). Sin embargo, el historiador Luis Mattei Filardi ha señalado que la documentación sobre la Base Quinta menciona solo a la estadidad y a la independencia bajo un protectorado estadounidense como las únicas formas de self-government adoptadas por el partido (ver documentos en Bothwell 1979, I-1:286-287). Cuando se perpetuó la Ley Foraker (1900), se aprobó la Ley Olmsted de 1909, y la Ley Underwood de 1913, el Partido Unión descartó la estadidad dejando solamente la independencia, como protesta (Mattei Filardi 2017, 95, 96; ver documentación en Bothwell 1979, I-1:340-341; ver Hernández Aponte 2013, 205; ver también, en cuanto a la Ley Underwood a Lugo Amador 2016, 315-317).

Estos y otros errores más se deben en parte a estos tipos de proyecciones al pasado. El problema se agrava con los que no son historiadores. Por ejemplo, si se le preguntara a algún puertorriqueño promedio, no muy conocedor de su historia, cuál era el ideal de estatus del líder socialista (mencionando esa palabra controversial), Santiago Iglesias Pantín, jurarían que es la independencia, porque la mayoría de los socialistas actuales son independentistas. Se equivocarían rotundamente en ese juicio, ya que su ideal era la estadidad. Cuando Matienzo Cintrón renunció a la estadidad y optó por la independencia del país, ¿renunció, por ende, a la americanización de Puerto Rico? Al contrario, él veía la americanización como un imperativo bajo la independencia. Si esto deja perplejo a los lectores, tengamos en consideración que cuando ahora pensamos en “americanización”, no nos viene a la mente lo mismo que pensaba Matienzo en 1912 (Lugo Amador 2016, 310-311). De hecho, el término “americanización” como lo pensaban muchos puertorriqueños entonces, no era el mismo que pensaban distintos sectores políticos estadounidenses.

Lo mismo ocurre cuando afirman que Barbosa fue un buen hombre y político porque se crió en un hogar cristiano. Sin embargo, Barbosa no era exactamente el mejor amigo del clero puertorriqueño, en parte porque fue discriminado racialmente por uno de sus miembros cuando era estudiante en el Seminario Conciliar de San Juan. En realidad, él sostenía valores fuertemente progresistas y modernistas, frente a lo que veía como el atraso tecnológico y político de España, del cual el clero católico formaba parte. Toda su vida, participó en causas progresistas como participante de movimientos clandestinos, la masonería y como promotor del ingreso como estado de la Unión, cuya constitución incluía en su Primera Enmienda, la separación de iglesia y estado. Lo mismo ocurre con el juicio de mucha gente cuando ve una inconsistencia o, incluso, hipocresía de Barbosa al favorecer la autonomía “auténtica” bajo España, pero la asimilación bajo Estados Unidos. Al contrario, podríamos decir que una era perfectamente consistente con la otra.

¡El contexto es todo!  Esto vale en las ciencias y también la historia. Veamos a Barbosa en contexto.
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I

Durante el siglo XIX, Puerto Rico pasó por una etapa de mucha tensión política con España. Debemos recordar que estaba dominado por una enorme potencia que, en aquel momento, rivalizaba con Portugal, Gran Bretaña y, gradualmente, con los recién nacidos Estados Unidos.

Según el historiador, Fernando Picó, la monarquía británica ya no se interesaba tanto colonizar la Isla, porque, en tal caso, la posición que iba a ocupar Puerto Rico  en cuanto a la producción azucarera rivalizaría a la de las demás islas británicas. Además, en 1797, los ingleses invadieron territorio puertorriqueño por última vez, y salieron tras dos semanas de presencia en nuestra tierra. Tampoco intentó atacar otro territorio español en ese momento o posteriormente, especialmente cuando cooperó con ciertas fuerzas políticas de Francia y España para recuperar las monarquías borbónicas de ambos países.

En el caso de Estados Unidos, desde el mismo principio, estuvo interesado en Puerto Rico por razones comerciales, después, militares.  El periodista Jesús Dávila nos señala que Estados Unidos y Gran Bretaña estuvieron interesados en ayudar al gran revolucionario, Francisco de Miranda, en sus esfuerzos contra el poderío español. Representantes de las dos potencias entraron en un pacto secreto con él en París en 1799 (a lo que Dávila llama, Pacto de Miranda), en el que se le prometía proveerle a Miranda municiones y soldados para su lucha liberadora. Sin embargo, pedían a cambio, tres territorios: Trinidad, Margarita y Puerto Rico. Dado que a Inglaterra no le interesaba, es razonable pensar que Estados Unidos era el poder más interesado en nuestro archipiélago (Dávila 2000, 45-55; cita a Santovenia 1935, 24-25). Estados Unidos también estaba en un proceso de expansión hacia el oeste y al sur, frustrando los esfuerzos del establecimiento de repúblicas hispanas en norteamérica: la República de Amelia, la República de Barataria y la República de Galveston (Dávila 2000, 57-112). Después, adquirió a Florida y le quitó territorio a México, estableciendo como estados a Texas, Nuevo México, Nevada, Colorado, Utah, Arizona, y California. Con esta sed territorial, no debería sorprender que también tuviera la vista puesta en las Antillas.

Simón Bolívar, el gran revolucionario de las Américas, desconoció el Pacto de Miranda e incluyó a Puerto Rico dentro de su agenda de liberación de los países de Latinoamérica. El Libertador contaba con María de las Mercedes Barbudo, su espía y primera líder del independentismo en Puerto Rico. Más adelante, también tendría como aliado a Roberto Cofresí Ramírez de Arellano.

Escudo de armas de la dinastía Borbón-Anjou.

Escudo de armas de la dinastía Borbón-Anjou.

Francia y España estuvieron vinculadas por años debido a que estaba dominada por los reyes Borbones desde el siglo anterior. Sin embargo, cuando se desató la Revolución Francesa, el rey francés fue depuesto, comenzando un proceso de vaivenes políticos que desembocó en el régimen de Napoleón Bonaparte. De ahí, conquistó a España, secuestró al rey Fernando VII y declaró que José Bonaparte I, rey José I.  Esto desató una furia en toda Hispanoamérica y las colonias aprovecharon la nueva coyuntura histórica para enviar representantes a las Cortes de Cádiz (un gobierno paralelo provisional) para hacer las debidas peticiones.

Como he indicado en la introducción, fue en este momento que comenzó a plantearse, en Puerto Rico, su independencia de España como una movida patriótica, pero también como un acto de rechazo a la monarquía de José I y un signo de lealtad al rey Fernando VII. Ramón Power y Giralt luchaba por presentar ideales liberales de avanzada para el mejoramiento de la situación política y económica de Puerto Rico. Cuando, finalmente, el poder del “Rey Deseado” fue restaurado en 1814, tras derrocar a hermano de Napoleón, los logros de las Cortes fueron ignorados por completo. En 1815, se decretó la Real Cédula de Gracias, que, en parte tenía como fin, neutralizar demográficamente a los movimientos independentistas de Puerto Rico al invitar a sectores de las élites Latinoamericanas que estaban siendo desplazadas por las distintas revoluciones transatlánticas. El otro propósito del decreto era el de incentivar la economía, mediante la importación de nueva tecnología y la liberalización temporal del comercio.

Miguel de la Torre y Pando

Retrato de Miguel de la Torre y Pando (1826).

No solo eso, sino que más tarde, en 1822, Miguel de la Torre, gran rival de Bolívar y derrotado de la Batalla de Carabobo, fue escogido por la monarquía española para gobernar a Puerto Rico. Por establecer una red de espionaje en Puerto Rico y el Caribe, De la Torre tenía fama de ser paranoico. Sin embargo, desde su perspectiva, su preocupación estaba bien justificada: por un lado, sabía que Estados Unidos estaba interesado en Puerto Rico y, por otro, también conocía bien la agenda inconclusa de Bolívar. Debido a ello, tuvo éxito al documentar la actividad subversiva de Mercedes Barbudo y la exilió a Cuba en 1824. También implementó el gobierno de las tres “B”s: baile, botella y baraja, con el objetivo de divertir a la población de cualquier intento de conspiración. Finalmente, Cofresí fue capturado por Estados Unidos en República Dominicana y entregado a España, en particular, a Miguel de la Torre, como un acto diplomático de buena fe ante el bochorno que pasó por la invasión no autorizada de Fajardo por parte del militar estadounidense, capitán y comodoro, David Porter (el “Foxardo Affair“).

El gobierno de De la Torre terminó en 1837. En ese año, en España, comenzó a regir una Constitución más liberal bajo la regencia de Isabel II, cuyos cambios no se extendían a las únicas dos colonias que le quedaban a España: Cuba y Puerto Rico. En cambio, se hizo una promesa de “leyes especiales” que nunca se concretaron. En Puerto Rico, se decretó el “Código Negro”, bajo el gobernador Juan Prim, en donde intentaba degradar la “raza africana” y presentaba una serie de medidas punitivas contra los esclavos rebeldes. Otro gobernador, Juan de la Pezuela, comenzó a implementar el sistema de libretas de jornaleros, que pretendía incentivar el trabajo, aunque fuera en unas condiciones paupérrimas. El disgusto de la clase política del sector criollo, en particular por los abusos de los gobiernos, el problema de la esclavitud y la falla en no proveer las “leyes especiales”, fue acumulándose hasta el punto que un sector conspiró para levantarse en armas con el Grito de Lares. Tras la neutralización de la insurrección, Ramón Emeterio Betances, entonces fuera de Puerto Rico, permaneció en el exilio y muchos puertorriqueños sufrieron cárcel.

Sin embargo, hubo algunos aires de cambio en España. Poco antes del Grito de Lares, ocurrió la Revolución Septembrina en 1868. Se depuso a Isabel II y comenzó lo que se conoce como el Sexenio Democrático, que fue el primer intento de establecer una España democrática que llevó eventualmente a la Primera República Española (1873-1874). Aun con un clima inestable, se intentaron promover políticas de avanzada en España y sus colonias. Puerto Rico llego a tener representantes a las Cortes que promovieron sus causas liberales. Según Moscoso, este suceso y el suceso de Lares, fueron elementos importantes para las históricas reformas:

  • se abole la esclavitud
  • se abole la libreta de jornaleros
  • se abolen las facultades omnímodas de los gobernadores
  • rige la Carta de Derechos de la Constitución Española de 1869
  • se establece la libertad de expresión y prensa en Puerto Rico
  • se establece la libertad de asociación (ley de reunión)
  • se establece la libertad de culto
  • se otorga el derecho a ser representados por partidos políticos que no fueran independentistas (Moscoso 2003, 74; véase también Hernández Aponte 2013, 42-43).

Habría que añadir que el Grito de Yara en Cuba, en el mismo año que el de Lares, y la lucha independentista allí desatada (por diez años) también debió haber tenido un impacto en la política de la España republicana a sus colonias (Mattei Filardi 2017, 75).

Durante este periodo importante, se pudieron establecer dos partidos políticos importantes: el Partido Liberal Reformista, que después se conocería como el Partido Federal Reformista, y el Partido Liberal Conservador, que, por motivo de confusión, cambió su nombre a Partido Español Incondicional.

Sin embargo, tras la restauración de la monarquía borbónica en España, en 1874, se dio un retroceso a muchos de los logros de la etapa republicana. Por ejemplo, en Puerto Rico, se le devolvió a los gobernadores sus facultades omnímodas y, para los efectos prácticos, el poder del voto lo ejercían los incondicionales, que eran los más beneficiados del comercio español. Además, se fomentó el llamado “cunerismo”, la elección de representantes a Cortes que no eran residentes de nuestra tierra. En ese momento cobró fuerza el reformismo en la forma de autonomismo, liderado entonces por Román Baldorioty de Castro. Barbosa se integró a la vida política dentro de ese ámbito de alta tensión social.
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II

José Celso Barbosa nació en Bayamón, el 27 de julio de 1857, hijo de don Hermógenes Barbosa, un albañil, y doña Carmen Alcalá, una ama de casas, ambos católicos. Su tía, Lucía Triano o “Mamá Lucía”, también contribuyó a su formación en su niñez y fue instruido en el catolicismo. En 1870, fue admitido en el  Seminario Conciliar de San Juan, una institución jesuita, donde sufrió discriminación por parte del clero, pero se graduó con honores. En 1875, se mudó a Nueva York, con la intención de hacerse abogado.

José Celso Barbosa

Foto de José Celso Barbosa (1880), Cortesía de la Biblioteca Histórica Bentley de la Universidad de Michigan.

Su experiencia en Estados Unidos, de sus notables avances políticos y tecnológicos muy por encima de lo que vivía Puerto Rico bajo España, le impresionó profundamente. Sin embargo, no debe ser sorpresa el hecho de que allá también tuvo que enfrentarse al racismo estadounidense. Debido a que se enfermó por un invierno al que no estaba preparado, se solía atender con un médico. Él le recomendó que desistiera del derecho y que estudiara medicina.  Esto se debe a que en Estados Unidos, aun en el Norte, no se fomentaba la abogacía por los derechos de los afroamericanos. Sin embargo, sí habían hospitales que necesitaban a médicos negros para que atendieran a pacientes afroamericanos. Tras ser rechazado en la Universidad de Columbia (por su color), ingresó a la Universidad de Michigan en 1877, donde se graduó con la nota más alta de su clase (valedictorian), en 1880. Esto le convierte en el primer puertorriqueño en matricularse en medicina en la Universidad de Michigan (University of Michigan History 2010, 131, 264-265). Por cierto, también es menester mencionar que en 1903, también recibió de la misma universidad, el título honorario de Maestro en Artes. Finalmente, la Universidad de Puerto Rico le dio un doctorado honoris causa en leyes, cumpliéndose así el sueño de Barbosa (Ramos 2018, 0:45-0:46).

Nota aparte:  Ya con esto se desmitifica tres de las aserciones del gobernador Ricardo Rosselló. Barbosa era puertorriqueño que emigró en un momento dado a los Estados Unidos, no al revés. Él fue rechazado por la Universidad de Columbia, no por la Universidad de Puerto Rico, al contrario, le otorgó su grado en leyes. Inicialmente, Barbosa no pensaba ser médico, sino abogado; se volvió médico, porque no podía obtener el título de abogado en Estados Unidos.

Román Baldorioty de Castro

Román Baldorioty de Castro según ilustrado por el libro de texto de historia de Puerto Rico de Paul Miller (1922).

Cuando regresó a Puerto Rico, empezó a participar activamente en la política. De 1885 a 1886, hubo un colapso económico debido a la caída de los precios del azúcar y tensiones tarifarias con otros países europeos y Estados Unidos. España llevó a aumentar la tarifa de su importación al café producido en nuestro archipiélago. Además, las Cortes habían decidido mantener a sus territorios cautivos a la venta de los productos españoles. Cuando el autonomismo se quiso definir en las filas del Partido Liberal Reformista, se convocó a una asamblea en Ponce el 7 de marzo de 1887. Allí se oficializó la autonomía como el objetivo de la organización política y cambió su nombre al de Partido Autonomista Puertorriqueño. En este tiempo, también se debatió en torno al tipo de autonomía que se quería adoptar para Puerto Rico.  Aunque Baldorioty era de la opinión de que debería moverse al canadiense, muchos adoptaron más bien al modelo propuesto por el autonomismo cubano, que era más restringido y en el que aplicaban todas las leyes provinciales. Baldorioty se resignó a ello en la asamblea.

Durante estos años, ya Barbosa era masón y formaba parte de sociedades secretas que buscaban boicotear estos productos españoles y fomentar los productos locales.  Estas sociedades se conocían como La Boicotizadora, La Torre del Viejo y los Secos (en oposición a los “mojados”, es decir, los comerciantes peninsulares). Estos no solo publicaban contra los negocios peninsulares, sino que también los incendiaban y vandalizaban. Barbosa fundó La Torre del Viejo y publicaba bajo el nombre de “El Viejo de la Torre”. El gobernador de entonces, Romualdo Palacio, responsabilizó a los autonomistas de estos movimientos y hubo una ola de arrestos, torturas y muertes de muchos de sus miembros. Por eso, a 1887 se le conoce como el Año Terrible de los Compontes, ya que muchos autonomistas fueron torturados, golpeados y sometidos a estiramientos de brazos y humillaciones para “componer” o “arreglar” a los que el gobierno consideraba subversivos. Palacio también decidió encerrar a Baldorioty en el Morro. Barbosa le visitaba en calidad de médico, le mantenía al día y servía de vínculo entre él y los autonomistas.

La respuesta del pueblo a lo acontecido no fue favorable a España. Algunos autonomistas se radicalizaron. Otros se volvieron separatistas en distintas modalidades: algunos, añorando ser un futuro estado de la Unión norteamericana, otros perpetuaban el sueño de Betances de una Confederación Antillana y, aun otros, de que hubiera una República de Puerto Rico. El descontento fue tan generalizado en la población, que llevó a España a remover a Palacio de su puesto y escoger a otro gobernador.

Bandera del cooperativismo

La presente bandera del cooperativismo

Sin embargo, Barbosa siempre estuvo a favor de la independencia económica de los puertorriqueños y no favorecía a los intereses peninsulares. No hay mejor testimonio de esto que cuando promovió el cooperativismo en Puerto Rico. Se ha dicho que Barbosa ayudó a fundar la primera cooperativa de Puerto Rico. En realidad, la primera cooperativa establecida en nuestra tierra no fue fundada por él. Santiago Andrade, un carpintero de profesión, inspirado en los Pioneros de Rochdale, formó, en 1873, una sociedad de socorros mutuos conocida como “Los Amigos del Bien Público”.  No es casualidad que este acontecimiento ocurriera ese año, ya que era resultado de la liberalización experimentada en Puerto Rico bajo el régimen de la Primera República Española. En 1877, se fundó en Mayagüez, la Sociedad de Socorros Mutuos de Trabajadores. También, en ese pueblo, se fundó en 1891, la sociedad benéfica conocida como La Choza Amiga. En 1894 fue que Barbosa ayudó a fundar en San Juan la cooperativa El Ahorro Colectivo, que integraba diversas empresas bajo su techo. Nos dicen Francisco Catalá Oliveras y Carmen Rivera Izcoa:

Para el año 1896, [El Ahorro Colectivo] contaba con una tienda de provisiones, un almacén y una panadería, sumadas a la gestión del ahorro y préstamo (Catalá Oliveras y Rivera Izcoa 2010, 58).

Además, fue Barbosa el que dio a conocer el valor de la labor de Andrade. Otras figuras como Salvador Brau, Eugenio María de Hostos y Rosendo Matienzo Cintrón, fueron fieles partidarios del cooperativismo.

Práxedes Mateo Sagasta

Práxedes Mateo Sagasta

Tras el fallecimiento de Baldorioty en 1889, Luis Muñoz Rivera y José Celso Barbosa se convirtieron en incuestionables líderes del autonomismo. Sin embargo,  tenían dos visiones distintas de cómo obtener dicha relación con España. Muñoz tenía una visión más pragmática, pero mediante unos recursos que Barbosa cuestionó muy fuertemente. Muñoz sugería que la mejor estrategia era la de aprovechar la alternancia que se daba entre Antonio Cánovas del Castillo y Práxedes Mateo Sagasta. Un pacto con el Partido Liberal de España, vía su presidente, Sagasta, podría llevar a que nuestro archipiélago consiguiera la tan deseada autonomía.

Barbosa ha pasado a la historia como el “idealista utópico” de la política de aquel entonces, a veces sin que se cuestione esa injusta reputación. Si uno mira las razones para su oposición, difícilmente se justifica esa perspectiva.  Veamos las razones por la que se opuso al Pacto Sagastino:

  • El pacto haría que el Partido Autonomista perdiera su debida autonomía y se convertiría en un ala local del Partido Liberal Fusionista continental. Aunque lo que tenía pensado Muñoz era que finalmente los autonomistas pudieran acceder al poder (¡por fin!) para que el gobierno se moviera en dirección favorable a los autonomistas, Barbosa argumentaba que tal movida haría perder la identidad del partido como aspirante a una verdadera autonomía.
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  • Barbosa sabía que a raíz de la Segunda Guerra de Independencia de Cuba, por motivos de intereses económicos y de dominio del Caribe, Estados Unidos presionaría a España para que se le concedieran mayores poderes a Cuba y que, por “rebote” político, llegaría la autonomía a Puerto Rico. En todo caso, se debería dejar que la inercia diplomática corriera su curso.
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  • Con el Pacto Sagastino, el Partido Autonomista dejaría de ser un partido de tendencia republicana para integrarse a un partido monarquista. Esto contradecía la aspiración a un gobierno con separación de poderes.
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  • Bajo los gobiernos monarquistas, Puerto Rico nunca consiguió nada, sino bajo los republicanos españoles. Bajo el Sexenio Democrático y la República Española, Puerto Rico tuvo su mejor gobierno con la concesión de los más amplios derechos (abolición de la esclavitud, derecho a la expresión, asociación, libre culto) a los que Sagasta se oponía. Por otro lado, mientras Sagasta fue presidente del Consejo de Ministros (1885-1890), no hizo nada para remediar los abusos del gobierno, incluyendo lo ocurrido en el Año Terrible de los Compontes.
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  • Barbosa tenía una razón adicional y personal: Sagasta se oponía al derecho al sufragio de los negros en los territorios.

Muñoz adoptó una posición pragmática para resolver, aun parcialmente, el problema del dominio peninsular en Puerto Rico. Para él, la única manera de llegar al poder era vía el Pacto. Por otro lado, Barbosa acusaba a Muñoz de oportunismo y de querer colocar a gente de su facción en posiciones de poder en Puerto Rico. En el Partido Autonomista hubo una división final. En febrero de 1897, en el Teatro Municipal de San Juan, la mayoría de los delegados votó a favor del Pacto Sagastino. La facción antipactista no aceptó tal resolución y decía Barbosa que se llevaba con él la auténtica bandera del autonomismo. Del lado de Muñoz, se disolvió el Partido Autonomista, para después formar el Partido Liberal Puertorriqueño, mientras que el partido de Barbosa adoptaba el nombre del Partido Autonomista Puro u Ortodoxo.

Tras el asesinato de Cánovas del Castillo en agosto de 1897, Sagasta asciende al poder. Allí, el 25 de noviembre de ese año, presentó ante las Cortes un proyecto de autonomía para Cuba y Puerto Rico. Las razones para ello, respondían más a la situación de tensión internacional que tenía España con Estados Unidos que su lealtad a Muñoz y su grupo. Como bien Barbosa había predicho, en 1897, Estados Unidos protestó el trato inhumano del gobierno español a los insurgentes cubanos y exigía remedio inmediato a la situación. Sagasta utilizó el proyecto de autonomía como una medida que podría solucionar, aunque fuera parcialmente, la situación (Lugo Amador 2016, 232-233). Sin embargo, la Carta Autonómica, del 2 de febrero de 1898, se tomó en Puerto Rico como un gran triunfo de Muñoz sobre la “utopía” de Barbosa. La posición dominante de la historiografía puertorriqueña sostiene que fue gracias a Muñoz que se dio la Carta Autonómica. Sin embargo, otros historiadores, como Pilar Barbosa e Ivonne Acosta, nos recuerdan que en Cuba no hubo ningún equivalente al Pacto Sagastino. Además, el mismo Sagasta violentó el Pacto para reconciliar los grupos de Muñoz y de Barbosa, porque los tiempos de guerra con Estados Unidos exigían su unión política.
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III

Iglesia San José

La Iglesia San José y el daño causado por las fuerzas navales estadounidenses durante el bombardeo de San Juan (1898).

El régimen de la Carta Autonómica se vio frustrado por la Guerra Hispanoamericana ocurrida en 1898 a raíz de la explosión del Maine. El 12 de mayo de 1898, en la Bahía de San Juan sonaron los cañones de una flota estadounidense que comenzó a dispararle a la isleta e impactó varios edificios de la capital. Uno de los que se llevó un susto en el proceso fue el mismo Barbosa, quien estaba transportándose en una lancha de Bayamón a San Juan, para atender de alguna manera las víctimas del bombardeo.

Meses después, durante el gobierno militar estadounidense, los partidos de Muñoz y de Barbosa cambiaron su nombre a Partido Federal Americano y el Partido Republicano Puertorriqueño respectivamente. Actualmente, muchos llaman a Barbosa el “padre” de la estadidad para Puerto Rico. La realidad es que es padre del “movimiento” que perdura hasta nuestros días, pero no del ideal de la estadidad como tal. Ambos partidos, fueron estadoístas. Sin embargo, en ambos casos, la estadidad se veía en términos autonomistasComo indiqué al principio del artículo, el posterior Partido Unión, veía a la estadidad como una forma de self-government.

Una vez más, el contexto es todo. La manera en que ambos, Muñoz y Barbosa veían la estadidad era más bien como  formar parte de una institución política caracterizada por ser una federación de estados autónomos o independientes, en el que el gobierno federal no era altamente interventor como en la actualidad. Para todos los efectos, Barbosa aspiraba a una república libre, pero en unión federada a otras repúblicas o estados soberanos. De esa manera, se veía a Estados Unidos se veía como una república de repúblicas. En otras palabras, para ninguno de los líderes puertorriqueños, Estados Unidos era una nación y no lo veían como una amenaza a la identidad política puertorriqueña. En palabras de Barbosa:

Nosotros somos regionalistas, separatistas, independentistas… pero somos regionalistas, separatistas, independentistas al modo que lo son las naciones o estados que forman el pueblo de los Estados Unidos de América (citado en Meléndez 1993, 58).

Entonces, ¿por qué diferían Muñoz y Barbosa en cuanto a sus ideales de estadidad?

  1. Diferían en cuanto al liderato. Bajo el gobierno de Estados Unidos se perpetuó el conflicto personal entre ellos, degenerándose a medida que pasaba el tiempo.
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  2. La composición demográfica de ambos partidos difería significativamente.  El Partido Federal era favorecido en general por los intereses de los hacendados y, en este nuevo panorama, las corporaciones estadounidenses de producción agrícola del azúcar. Por otro lado, el Partido Republicano era favorecido, en general, por profesionales como médicos, abogados e ingenieros.
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  3. El Partido Republicano local se afilió al continental. Hay múltiples razones para eso. En primer lugar, Barbosa aprovechaba la coyuntura política de Estados Unidos en el que se encontraba en el poder el Presidente William McKinley, para ganar el favor del gobierno estadounidense. Además, contrario al Partido Demócrata de entonces, el republicanismo era progresista, promovía activamente la industria y los avances tecnológicos y tenía representación afroamericana en sus filas. En esta época el Partido Demócrata no era el partido de los afroamericanos, eso ocurriría mucho después, desde mediados de la década de 1960. Al contrario, a principios del siglo XX, el Partido Republicano era visto como la organización de Abraham Lincoln, quien terminó con la esclavitud en el Sur.
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Ambos partidos locales se llevaron una sorpresa desagradable cuando, en vez de la concesión de la estadidad favorecida por la inmensa mayoría de Puerto Rico, el Congreso optó por crear un gobierno civil colonial con la ley que usualmente conocemos como la Ley Foraker (1900). Esta creaba una “ciudadanía de Puerto Rico”, equivalente a la de un súbdito (subject) o nacional (national) bajo la jurisprudencia estadounidense. Muchos esperaban que se extendiera la ciudadanía estadounidense como primer paso para la eventual estadidad. También establecía un ejecutivo nombrado por el Presidente de Estados Unidos, un Consejo Ejecutivo, nombrados por el Presidente, de los cuales 5 debían ser puertorriqueños y una Cámara de Delegados, completamente electa por los puertorriqueños.

Durante los años bajo el gobierno militar, Barbosa y los republicanos facilitaron a los estadounidenses implementar un proceso de “americanización”, pensando que el gobierno civil colonial sería la transición debida a la estadidad. Una vez más, el término “americanización” no se entendía de una sola manera en Puerto Rico ni en Estados Unidos. Los republicanos del Consejo Ejecutivo, durante los años 1900 a 1904, concurrieron a adelantar la agenda estadounidense, pero, en cuanto a los intereses económicos y políticos locales, no pudieron avanzar mucho.

Para Barbosa, más importante bajo la estadidad era la independencia económica, como una base sólida para una independencia política bajo la estadidad. Contrario a su experiencia en España, favorecía la introducción de la práctica científica y tecnológica que hubo en Puerto Rico a principios del siglo XX. El impulso de la educación en inglés (que, para él,  conviviría con el español) y las transformaciones radicales de la jurisprudencia y estructura política interna de Puerto Rico, eran elementos necesarios para vivir en un ambiente mucho más próspero y estable. Las libertades políticas y económicas de “la raza” anglosajona (“raza” en un sentido grupal cultural, no del actual),  eventualmente mejorarían la vida de los puertorriqueños y les facilitaría conseguir la independencia económica que necesitaban para participar de un mundo totalmente distinto al que se vivió bajo España. Pensaba él, que los puertorriqueños debían impregnarse del “espíritu anglosajón”, estableciendo un gobierno republicano, con las tres ramas de gobierno y el libre mercado competitivo, beneficiándose de un mercado común con Estados Unidos. Por otro lado, la identidad puertorriqueña quedaría protegida y cobijada como “patria regional” dentro de la federación de los estados de la Unión. Esta es la americanización por la que Barbosa tanto abogaba. Desde esa perspectiva, no sorprende en lo absoluto que él, en los primeros años de la invasión norteamericana, su partido estuviera tan dispuesto a propiciar la apertura a nuevas instituciones políticas y el capital.

Forma escrita por José Celso Barbosa

Forma escrita por José Celso Barbosa (1910), Cortesía de la Biblioteca Histórica Bentley de la Universidad de Michigan.

Eso no fue lo que vio luego, cuando los intereses corporativos fueron destruyendo ese sueño y continuaron las políticas coloniales de la metrópoli. Ante el acaparamiento de la economía rural por las centrales azucarera, el resto de su vida, Barbosa se expresaría en repetidas ocasiones altamente insatisfecho con la dirección de la política estadounidense. En 1913, el Partido Republicano se desvinculó del continental, al percatarse que a ese sector político estadounidense no le interesaba en lo absoluto la situación de Puerto Rico. Recordemos que ese es el año de la Ley Underwood y la exclusión de la estadidad de la Base Quinta del Partido Unión. El Partido Republicano no renunció a la estadidad, pero respondió desafiliándose del partido continental y le declaró enemigo de los ideales perseguidos por el Partido Republicano Puertorriqueño (Bothwell 1979, I-1:337-338).

Empezó a hablar de los puertorriqueños influenciados con los intereses corporativos foráneos como los “hijos ajenos” y recordó los tiempos de su participación en el movimiento boicotizador de “La Torre del Viejo”.

Aserción en 1910: Mas el verdadero peligro está en esas grandes empresas industriales si a tiempo no se vigilan, investigan y repelen…; el azúcar, el trabajo, y más tarde el café, serán controlados por esas grandes sociedades; pequeños terratenientes convertidos en mayordomos.

Afirmación en 1918:  Es necesario unir todas las simpatías, todos los esfuerzos de nuestros amigos, para un fin común:… salvar a nuestros hijos de la esclavitud económica, para que, dejando de ser agregados en la finca propia, pasen a ser dueños y administradores de su propia tierra…

Y es necesario que cese en Puerto Rico la actual situación en la que solamente un pequeño número de puertorriqueños escapados del naufragio colonial, tienen hoy verdadera influencia, riqueza y prestigio; y en cambio, una colonia extranjera continúa siendo la más rica e influyente y ocupa el puesto más saliente en la vida de nuestro pueblo; y la entidad puertorriqueña se esfuma en lo relativo a la vida económica; y la mayoría de sus habitantes continúa en la esclavitud económica, sometidos al poder del dinero de los hijos ajenos, cuyas riquezas los hacen poderosos e influyentes como en el pasado. Bajo la bandera americana, en lo político, gozamos de las mismas libertades, de los mismos derechos y prominencias de cualquier ciudadano americano, pero en lo económico, muy poco hemos avanzado, y no se puede ser dueño de un país sin ser dueño de sus riquezas…

Si hemos de hacer una patria nuestra, si nuestros hijos han de ser libres y felices en su tierra, tienen indispensablemente que ser dueños y señores de las riquezas de su patria. No hay independencia política sin la independencia económica … (citado en Meléndez 1993, 60-61).

Imagen de la National Geographic Magazine (1906)

Imagen de la National Geographic Magazine (1906)

El mismo Barbosa se dio cuenta de posibles errores pasados: los “hijos ajenos” explotaron su ideal político noble para favorecer su bolsillo, sin interés alguno en el bienestar de sus compatriotas:

[El éxito de los hijos ajenos se] debe en gran parte a que hemos vivido soñando y persiguiendo constantemente un ideal … de constituir una patria libre para nuestros hijos, sin darnos cuenta de que mientras realizábamos esa labor de alto patriotismo, los otros, los ajenos, esos quienes no les importaba nada nuestro status presente o futuro, aprovechaban la oportunidad del nuevo día, para acaparar las industrias, el comercio, y las tierras, y se adueñaban del país … (citado en Meléndez 1993, 62).

Debemos también discutir una movida lamentable del Partido Republicano, las famosas “turbas republicanas”. Un grupo de republicanos, dirigidos por José Mauleón y Castillo llevaron a cabo ataques a Muñoz Rivera y su grupo, nutriéndose del tono vitriólico que caracterizaba su rivalidad con Barbosa y viceversa. Mediante motines, actos violentos armados y vandalismo, estuvieron amenazando las actividades y la misma vida de Muñoz. En un momento dado, llegaron a destruir la imprenta de La Democracia, la publicación del sector político muñocista. Aunque tras los actos, se arrestaban a sus participantes, se les solía dejar libres al otro día. Parece que Barbosa no estaba contento con estas acciones de Mauleón y otros, pero en vez de denunciarlo públicamente, culpó a Muñoz de lo sucedido, particularmente por disgustar al pueblo con “groserías” en su periódico, que el Partido Republicano no tenía la culpa y que él no se hacía responsable de cómo reaccionaba la gente ante sus escritos. En un momento dado, Muñoz tuvo que salir del país y mudarse a Nueva York por la escalada de la violencia. Esta debe considerarse una página oscura de la historia del Partido Republicano y, aunque Barbosa no fuera participante directo, pudo haber actuado mejor públicamente para reducir el nivel de la violencia (véase Negrón-Portillo 1990).

Finalmente, la situación de la Primera Guerra Mundial, y la preocupación por la posible invasión de Alemania a Culebra, llevó a Estados Unidos a considerar hacer a los puertorriqueños ciudadanos estadounidenses. Con tal fin, se aprobó la Ley Jones, que no solo hacía eso, sino que reformaba el sistema de gobierno. Tanto el Partido Unión como el Republicano, rechazaron unánimemente esta imposición unilateral del Congreso. Miembros del Partido Unión lo rechazaban por imponer una ciudadanía cuya fuente era colonial, además de perpetuar el coloniaje. El rechazo del republicanismo era otro, Barbosa consideraba la Ley Jones como una burla al pueblo puertorriqueño y un esfuerzo de convertir a los puertorriqueños en dependientes perpetuos de “un pueblo extraño” (citado en Meléndez 1993, 60). Aun así, los republicanos vieron la ciudadanía estadounidense como un paso a la estadidad, aun cuando algunos congresistas afirmaban explícitamente que no debía entenderse de esa manera. En vano solicitaron al Congreso un compromiso de otorgación futura de la estadidad.

Tras toda una vida luchando por un estatus autonómico, primero bajo España y después por la estadidad bajo los Estados Unidos, Barbosa murió en 1921 decepcionado con Estados Unidos.
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IV

Busto de José Celso Barbosa

Busto de José Celso Barbosa. Imagen cortesía de Tony the Marine, de Wikimedia Commons (CC-BY-SA 3.0 Unported).

José Celso Barbosa merece su puesto de prócer, ya que es padre ideológico de todo un movimiento en Puerto Rico y ayudó a forjar la actual nación puertorriqueña.

Sin embargo, como nos advierte el Dr. Luis Lugo Amador, no debemos endiosar a nuestros próceres o patriotas (Lugo Amador 2016, 186). No son dioses, sino personas de carne y hueso, con virtudes y defectos, hijos de su herencia genética y entorno ambiental y cultural. Podemos ver, en general, sus virtudes y sus defectos.

Su virtud mayor era la consistencia de su cosmovisión y principios políticos. Desde su comienzo en la política hasta su muerte, la visión barbosista siempre fue consistente: se debe promover un estado de derechos, el establecimiento de un sistema republicano de gobierno, promoción de la independencia económica, avances médicos, científicos y tecnológicos, buscando el más amplio autonomismo para Puerto Rico, etc. En ese sentido, Barbosa era plenamente predecible en cuanto a los valores políticos a los que se siempre aferraba.

Tenía también múltiples defectos. Uno de ellos era la extrema ingenuidad sobre lo que era Estados Unidos y sus propósitos. Sí, Barbosa pudo ver muy claramente bajo España la autonomía que desembocaría en Cuba y Puerto Rico. Sin embargo, bajo Estados Unidos, parece haber estado bastante cegado de su idea de lo que era ese país: una república de repúblicas con un mínimo, de lo mínimo, de lo mínimo de intervención federal en la vida de los estados. De hecho, esa era la realidad de los estados de la Unión antes de la Guerra Civil de la década de 1860. Tras el Norte haber ganado, el intervencionismo federal comenzó, en parte, por la inclusión de algunas enmiendas a la Constitución estipulando ciertas prohibiciones a los estados. Además, Barbosa vivía durante la misma época del progresismo estadounidense, en el que el gobierno federal intervenía más para asegurar mejores condiciones laborales, fomentar la educación pública, fomentar los avances de la medicina, restringir y estimular áreas de la economía, entre otros. La ingenuidad de Barbosa era compartida por otros líderes que veían la estadidad como casi equivalente a la independencia. Esto no solo deja perplejos a los historiadores puertorriqueños actualmente, sino también a personas de su tiempo. En 1904, nos dice L. S. Rowe en cuanto a su investigación de las relación colonial entre Puerto Rico y Estados Unidos:

The natives could not be made to believe that in matters of public education, public charities, and sanitation, State governments were exercising an increasing control over the action of local authorities, nor could they be made to see that the American system, instead of being the extremely decentralized government of the early years of the century, was becoming one in which the central government [el gobierno federal] sets standards of efficiency and holds the local authorities to strict account for the maintenance of those standards (Rowe 1904, 155).

Más al punto, contrario a lo que nuestros políticos pensaban, esta corriente progresista no era compatible con la conservación de la identidad puertorriqueña. Bastante de ese movimiento, se movía desde una perspectiva WASP.

Por ejemplo, la educación pública fue en parte un combate de los sectores protestantes vía el gobierno como una reacción al Tercer Concilio Plenario de Baltimore de 1884, que decretaba el establecimiento y expansión de las escuelas católicas. Las autoridades estadounidenses extendieron esas mismas actitudes a Puerto Rico al promover la separación de iglesia y estado (Hernández Aponte 2013, 97-99, 104-106). Esta era la época de los terribles boarding schools en los que se forzaban a los niños nativoamericanos a asimilarse por completo a la cultura anglosajona, abandonando así sus viejas costumbres. Algunos progresistas también buscaban asimilar a inmigrantes, despojándoles lo mejor posible de la cultura que no era considerada aceptable para Estados Unidos. El programa conocido como Hull House tenía ese propósito de ir desvaneciendo la identidad cultural de los inmigrantes para facilitar su asimilación a la cultura estadounidense. El sistema educativo a los negros estadounidenses dejaba mucho qué desear en esta época. No perdamos de perspectiva que Puerto Rico también se discutía en las Conferencias del Lago Mohonk desde la invasión norteamericana; estas conferencias se originaron para discutir asuntos relacionados a la integración de nativoamericanos y otros grupos étnicos. Barbosa había asumido algo de esta retórica al hablar de la superioridad de la “raza” anglosajona en contraste con la cultural latina, que consideraba bien atrasada. Que los puertorriqueños debían impregnarse del “espíritu anglosajón”, dentro de un régimen de plena igualdad de derechos.

Gradualmente, Barbosa se dio cuenta de que el plan de los norteamericanos era la de la explotación de la población boricua en ara de los intereses coloniales, no la estadidad. De hecho, cuando las fuerzas del General Miles invadieron a Puerto Rico, virtualmente todos se entusiasmaron con la idea de la estadidad, especialmente tras su conocida Proclama. En ese momento, no tenían en cuenta que Miles tenía ya un récord extenso con los nativoamericanos de hacer promesas a nombre de Estados Unidos que jamás se cumplieron —además de haber puesto a soldados en una posición que desembocó en la vil masacre de los sioux en Wounded Knee. El único en darse cuenta de que la llamada “concesión de libertades” de Miles era una patraña, era Betances, quien residía, en aquel momento, en París y que murió poco después del acontecimiento.

Puerto Rico fue objeto del interés que tenía Estados Unidos en expandir su poderío hacia el sur, patrón que vemos en el siglo XIX. En aquel momento, Cuba se convirtió en punto clave de los intereses azucareros de Estados Unidos, además de que esa isla y Puerto Rico eran considerados puntos estratégicos militares. Tras la Guerra Hispanoamericana, Estados Unidos estuvo en una situación de ser una potencia colonizadora en la que chocaban intereses corporativos, comerciales y militares, política internacional, actitudes racistas  y tensión cultural con los antillanos. Esta interacción llevó a una política colonial que mantuviera a Puerto Rico como propiedad de la metrópoli, sin formar parte de la Unión. La novedad de la situación era inesperada para Barbosa, Muñoz y otros líderes políticos, porque el patrón mostrado en el pasado era que Estados Unidos incorporaba sus territorios y, después, los hacía estado. Con la Ley Foraker y la Ley Jones, se hizo claro para muchos de ellos, incluyendo a Barbosa, que la política imperial era mantener a Puerto Rico como colonia indefinidamente.

En cuanto a la americanización, todavía hay problemas entre los historiadores tratando de entender el concepto como fue tratado en la matriz social estadounidense y la puertorriqueña. Por ejemplo, para muchos estadounidenses, significaba la asimilación cultural de grupos étnicos o religiosos dentro de un marco de una noción de superioridad cultural blanca, protestante y anglosajona (WASP). Algunas de ellas significaban el abandono total de su identidad cultural anterior, en otros casos, la conservación de aquellos elementos culturales que fueran armonizables con la convivencia con estadounidenses. En Puerto Rico, había distintas visiones de lo que era la americanización, todas ellas involucraban algún nivel de renuncia al estilo de vida y el atraso cultural y tecnológico que se vivía bajo España, vivir en una sociedad de avanzada de libre mercado y estado de derechos, con avances médicos, científicos y tecnológicos. Sin embargo, la constante aceptada en el discurso político de americanización era la conservación de la identidad cultural puertorriqueña. Para Barbosa, el proceso de americanización incluía la vida en un ambiente de libertades individuales para crear una economía independiente que fuera base para la independencia política bajo la estadidad. Al comienzo, pensó que las políticas estadounidenses eran un curso de trancisión para ello, después se dio cuenta de que ese no era el caso. De paso, pensaba que el espíritu anglosajón que permeaba la cultura estadounidense ayudaría a forjar la identidad puertorriqueña.

Otros, como Matienzo Cintrón, llegaban a la conclusión de que bajo el coloniaje estadounidense se vivía una falsa americanización y, eventualmente, favorecieron la independencia para que hubiera una genuina americanización. Para Matienzo, la americanización no debía entenderse en términos de la erosión de la “esencia” cultural puertorriqueña, sino en los de la consecución de libertades políticas, derechos democráticos, educación laica y derechos sindicales. Eso no depende de una estadidad, también debía darse bajo la independencia (Lugo Amador 2016, 290-291).

La Iglesia Católica enfrentó en numerosas ocasiones el problema de la americanización en Estados Unidos y Puerto Rico y la entendía en otros términos: no solo como un proceso usualmente contrario a los intereses del catolicismo, sino como una disolución de la identidad cultural puertorriqueña forjada bajo el catolicismo y la hispanidad. James H. Blenk fue designado por el Vaticano para ser obispo de Puerto Rico (1899-1906), tenía como misión conservar el perfil católico hispanoamericano de Puerto Rico y le dio prioridad a esa misma identidad cultural y cosmovisión; además, la Iglesia había estructurado su normativa a los decretos del Concilio Plenario de América Latina. Blenk no movió un dedo para estructurarlo según los decretos del Tercer Concilio Plenario de Baltimore, lo que hubiera conducido una “americanización” institucional del catolicismo en Puerto Rico (Collado Schwarz, González Nieves y Dávila 2004, 23:53; Hernández Aponte 2013, 196-197, 203; Silva Gotay 2012, 205). Es más, Blenk decidió dirigirse en español a un público —aun cuando el gobernador le solicitó que lo hiciera en inglés— a favor de la necesidad de la americanización de Puerto Rico, pero que era algo que no se debía darse, si eso significaba un choque con el carácter y la identidad de cultural de los puertorriqueños (Hernández Aponte 2013, 384-385; Silva Gotay 2012, 196). No es casualidad, pues, que fue en el periodo de 1912 a 1913, cuando Matienzo Cintrón participó en la fundación del Partido de la Independencia y cuando el Partido Unión dejó la independencia sola en la Base Quinta como opción de estatus, que Blenk se pronunció públicamente a favor de la independencia de Puerto Rico, aunque, para entonces, ya no era obispo de Puerto Rico (Hernández Aponte 2013, 202-203; Silva Gotay 2012, 220-221).

Barbosa y el Partido Republicano en general, preferían la estadidad, no solo por la americanización, sino también por los beneficios de inversión que ella conllevaría para el desarrollo de un Puerto Rico autónomo y soberano. Sin embargo, si el Congreso rechazaba la estadidad, estaba dispuesto a solicitar la independencia. De hecho, por mucho tiempo, esa era la filosofía republicana. Esto llegó hasta el punto que, cuando se propuso el Proyecto Tydings (1936), que proponía unas condiciones adversas para la opción independencia, el líder estadoísta republicano, Rafael Martínez Nadal, afirmaba que si se daba el referéndum propuesto, se debía votar por la independencia como refugio de la dignidad puertorriqueña.

En mi opinión, a partir de la historia y los dichos de Barbosa (los expresado aquí y los demás), es claro que, si él viviera hoy, sería soberanista. De hecho, su ideal de estadidad de aquel momento se acerca bastante a la de una libre asociación soberana. Sin embargo, creo hubiera preferido una independencia con una relación política cercana a los Estados Unidos. No se puede argumentar que hubiera apoyado el Estado Libre Asociado actual (ni tan siquiera uno “mejorado”), porque es otra forma de perpetuar la colonia. Tampoco hubiera aceptado la estadidad como es posible actualmente. Él le daba prioridad, hasta el punto de la ingenuidad, a la no intervención federal en campos que debía dominar un estado soberano. Ha llovido desde los tiempos de la Era Progresista a la actualidad, lapso de tiempo en el que el gobierno federal virtualmente ha acaparado muchas de las variables autónomas que antes estaban en manos de los estados. Hoy existe una fuerte normativa reguladora federal, que ha dictado las condiciones para los beneficios de sus transferencias federales.

Él hubiera estado de acuerdo con un cierto grado de aportación del gobierno federal a un Estado de Puerto Rico, pero jamás hubiera usado tales transferencias como propaganda para mantener una dependencia económica en Estados Unidos. Lo menciono, porque esta visión de “la estadidad para los pobres”, con el que actualmente se valora ese estatus para aumentar el nivel de dependencia económica, era algo totalmente ajeno a sus ideales. Como hombre de avanzada, Barbosa estaría en contra de la intervención de las iglesias en asuntos del estado. Tampoco hubiera sido muy favorecedor de los subsidios exagerados a corporaciones extranjeras, sino que hubiera intentado fomentar los negocios locales, incluyendo al sector cooperativista. Finalmente, como creyente en la “armonía entre el capital y el trabajo”, tampoco hubiera favorecido la reducción de los beneficios adquiridos por los trabajadores y el sector sindical, fueran en el sector público o el privado. Demás está decir que todavía el Congreso de los Estados Unidos explota ideológicamente a los líderes estadoístas, con una esperanza de estadidad, para fines de ellos, no los de los puertorriqueños. En resumen, ni la estadidad actual como estatus, ni el movimiento estadoísta actual, comparten los ideales de Barbosa, aun cuando, irónicamente, sean sus descendientes ideológicos.

En este sentido, este prócer tiene bastante qué decirle a los puertorriqueños hoy día. Para eso están estas figuras de la historia. Sin embargo, para comprender  bien a Barbosa, debemos ver sus acciones y palabras en sus términos y su situación histórica. Escuchemos siempre lo que tiene que decirnos desde su perspectiva progresista e ilustrada. Barbosa, al igual que Muñoz Rivera, José de Diego, Matienzo Cintrón, Salvador Brau, María de las Mercedes Barbudo, Baldorioty de Castro, Segundo Ruiz Belvis, Ramón Emeterio Betances, Ramón Power y Giralt, entre otros grandes hombres y mujeres de Puerto Rico, le pertenece a todos los borinqueños.
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El problema estructural de la deuda – Lo que los analistas ignoran

En días recientes, se ha debatido mucho en torno a quiénes deben cargar la responsabilidad fiscal de la deuda y por qué. Esta cuestión involucra varios niveles de responsabilidad: política, jurídica, fiscal, ética, etc.

Se ha pasado inadvertido o se ha discutido muy fugazmente un escrito importante del colega y economista, José Caraballo Cueto en El Nuevo Día titulado, “¿Qué causó la crisis de la deuda?“.  Este escrito hace referencia a un estudio publicado por él y otro reconocido economista, Juan Lara. He aquí la ficha:

Caraballo-Cueto, J. & Lara, J. (18 de mayo de 2018). Deindustrialization and unsustainable debt in middle-income countries: the case of Puerto Rico. Journal of Globalization and Development, 8(2), 20170009. doi: 10.1515/jgd-2017-0009.

El documento per se no está libremente disponible al público, pero sí existe un equivalente disponible en su portal de ResearchGate.net (Caraballo & Lara, 2016).

La importancia del estudio radica en su interpretación de los datos y su contraste con las distintas razones usualmente esgrimidas para explicar la existencia de la presente deuda que los puertorriqueños estaremos obligados a pagar. Las opiniones varían: se debe a la rampante corrupción, al gigantismo gubernamental, al esquema estado benefactor, al estatus, a la corrupción, a las transferencias federales a individuos, entre otros. El problema con cada una de estas explicaciones es que no exploran los detalles específicos que llevaron a que se acumulara la deuda hasta tal punto de ser un problema para el mercado de bonos municipales en los Estados Unidos.

Sin lugar a dudas, el mal manejo fiscal tuvo un rol significativo en la acumulación de la deuda, pero, dicen los estimados académicos, que existe más bien debido a su incapacidad de ajustarse a un problema estructural, no coyuntural. El cambio de la estructura fiscal de Puerto Rico, específicamente la eliminación de los beneficios de la sección 936 del Código de Rentas Internas de Estados Unidos, llevó a un proceso de desindustrialización. El gobierno no fue capaz de adaptarse ni buscar alternativas a dicha disposición federal para incentivar la economía.

Para comprender la situación, necesitamos echarle una ojeada a la historia. Desde los comienzos de la relación colonial entre Puerto Rico y Estados Unidos, los esquemas de incentivos industriales han pasado por varias etapas. La primera, concentraba los esfuerzos en incentivar la inversión de compañías agrícolas estadounidenses, principalmente en la producción de azúcar. Esto se logró vía la devaluación del peso provincial de Puerto Rico ante el dólar, la compra de vastas cantidades de terrenos y la proletarización de los agricultores. Esta primera etapa es la que llama el economista, Francisco Catalá, el primer enclave. Tanto las exportaciones como las importaciones dependían fuertemente del mercado estadounidense. Esto benefició enormemente a las empresas,  porque habían incorporado  adelantos tecnológicos para el mayor rendimiento por acre. La riqueza como tal de la producción del azúcar se concentró en cuatro corporaciones norteamericanas. En 1921, se aprobó en el Congreso la sección 262 del Código de Rentas Internas federal, cuyo fin era hacer más competitivas las corporaciones estadounidenses en relación con empresas de otras naciones establecidas en sus colonias. Con esta sección se buscaba darles exención contributiva sobre sus ganancias obtenidas en los territorios que no fueran repatriadas.

Después de la Segunda Guerra Mundial, muchas de las disposiciones de la sección 262 se reformularon en la sección 931, algo que el gobierno local, con una nueva ley y un programa de incentivos industriales, logró forjar con el propósito de industrializar nuestro archipiélago. Este fue el segundo enclave. Debido a las crisis internacionales y petroleras, a la búsqueda de algún mecanismo que posibilitara la repatriación de los eurodólares depositados en bancos europeos, y resolver el problema de inflación de los años 70 en Puerto Rico, se maximizaron los beneficios al capital estadounidense legislando la sección 936. Esta eximía de impuestos federales la repatriación de las ganancias obtenidas en los territorios.

A la par con estos esfuerzos, durante estos años, la aportación de transferencias federales otorgadas (es decir, las que no son devengadas como derechos adquiridos), eran considerables porque, a pesar del crecimiento económico, la tasa de participación laboral ha sido históricamente muy baja (ahora anda por el 39%, en Estados Unidos es el 63%).

Tasa de participación laboral en PR

Tasa de participación laboral en Puerto Rico. Fuente: Irizarry Mora, 2011, p. 213. Reproducido con el propósito de ilustrar (fair use).

Sin embargo, se derogó la sección 936 en 1996 debido a varias fuerzas políticas. En el Congreso se escuchaban las quejas en torno a las excesivas ganancias de las corporaciones, sin tributar de manera alguna al fisco estadounidense. Se empezó a ver la sección 936 como una especie de “mantengo corporativo”. Además de dicho abuso, la gradual apertura del mercado estadounidense a la libre entrada de productos de distintos países del Caribe y otros, fue erosionando los beneficios de la sección 936 debido al cambio del contexto de acceso al mercado estadounidense con la Iniciativa de la Cuenca del Caribe. No obstante ello, los beneficios de la sección 936 se salvaron temporeramente por la idea de implementar “plantas gemelas” en el Caribe. Sin embargo, las reformas contributivas planificadas por el Presidente Bill Clinton, el Área de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA) y la planificación de una futura Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) hacían difícil justificar la continuación de estos beneficios a los territorios.

La eliminación de dicha sección, sin una alternativa de incentivos económicos, llevó a una etapa de desindustrialización de Puerto Rico, suceso que continúa hasta nuestros días. Simultáneamente, podemos ver que las transferencias federales a Puerto Rico, especialmente las otorgadas, han ido disminuyendo paulatinamente a medida que han pasado los años (con la notable excepción de las transferencias de FEMA después del huracán María).

Transferencias federales a Puerto Rico

Tabla de transferencias otorgadas (línea roja) y devengadas (línea negra) a individuos (fair use). Fuente: Irizarry Mora, 2011, p. 220.

No nos olvidemos que no han faltado propuestas a granel, por parte de políticos locales al gobierno federal, para crear alguna concesión de beneficios tipo 936: las zonas empresariales, la sección 30A, la sección 956, la sección 933A, entre otros. Aun en casos en que los dos partidos mayoritarios han cabildeado juntos por algún tipo de beneficio, el Congreso de Estados Unidos se ha negado a concederlo. Todo esto ha descapitalizado la banca en Puerto Rico y ha prolongado una depresión desde el 2006. No es casualidad, nos dicen Caraballo y Lara, que fue en el 2005 que las casas acreditadoras empezaron a amenazar al gobierno con degradar la calificación a los bonos  de Puerto Rico.

En Puerto Rico, cuando se discuten estos asuntos en la calle y en la prensa, frecuentemente solemos caer en la falacia de que distintos gobiernos en Puerto Rico han emitido bonos irresponsablemente sin tener fuentes de repago. Esta es la impresión que nos crea, por ejemplo, El Nuevo Día, cuando nos presenta la siguiente gráfica:

Gráfica del aumento de la deuda

Gráfica del aumento de la deuda sin ajuste por inflación (Imagen cortesía de El Nuevo Día).

Sin embargo, Caraballo y Lara nos revelan con sus hallazgos que, antes de la eliminación de la sección 936, los gobiernos  estuvieron manejando relativamente bien la deuda y que su aumento en números absolutos es solo aparente porque suponemos que el valor del dólar permaneció constante a través de los años. Cuando se hace el debido ajuste por inflación, vemos claramente que la deuda bajó desde mediados de la década del setenta hasta 1987,  luego se mantuvo estable hasta la mitad de los años noventa y desde entonces se disparó.

Gráfica de deuda de Puerto Rico

Gráfica de variables económicas de Puerto Rico a través de los años (Caraballo & Lara, 2016, p. 26).

Podemos ver que es precisamente en la década del noventa, cuando se eliminaron los beneficios de la sección 936, que empezó subir significativamente la deuda de Puerto Rico (Total Debt). Nótese también que, bajo las administraciones del PPD y del PNP, hubo una reducción del tamaño gubernamental y su fuerza laboral (empgov/pob16). Contrario a lo estipulado por la ideología conservadora de la economía, nada de eso conllevó mejoría económica o reducción de la deuda. Esto lo podemos constatar con la reducción de empleos en el sector de la manufactura (manu/pob).

Hacía falta seguir invirtiendo y manteniendo la infraestructura a nivel estatal y municipal, pero no había dinero en el Fondo General para esos fines.

Ingresos del gobierno de Puerto Rico de fuentes locales

Ingresos del gobierno de Puerto Rico de fuentes locales (Caraballo & Lara, 2016, p. 27).

Como puede verse en esta gráfica, a raíz de la desindustrialización, hubo una caída significativa de los ingresos gubernamentales, que ni tan siquiera el IVU logró detener. Solo hubo un aumento significativo de ingresos cuando se legisló (como resultado de una negociación con el Departamento del Tesoro federal) un impuesto temporero de un 4% sobre las ganancias de las corporaciones foráneas en Puerto Rico, remediándolo con un crédito por contribuciones foráneas.

Una vez más, esto demuestra que la desindustrialización implicó una baja de ingresos al fisco, por lo que el gobierno tuvo que recurrir a más préstamos. En “arroz y habichuelas”, nos dice Caraballo Cueto en su columna en El Nuevo Día:

… si usted devenga un salario alto de su trabajo y lo despiden inesperadamente, su deuda personal aumentará. Eso no es un problema mayor si consigue otro buen trabajo en los meses subsiguientes y salda esa deuda. El problema fue que esta economía no consiguió ese buen trabajo nuevo: ese nuevo modelo económico vigoroso no se halló y, peor aún, la discusión pública apenas aborda el tema. La negligencia mayor del gobierno y de otros actores económicos no radica tanto en la administración fiscal pública como en haber manejado esta depresión como coyuntural y no como estructural.

En el estudio que los dos economistas publicaron, se hace una serie de recomendaciones de manejo de fisco local, pero también se enfoca en asuntos estructurales, incluyendo el del estatus político de Puerto Rico (no voy a mencionar todas sus sugerencias):

  • En el futuro, Puerto Rico, debería adoptar medidas defensivas en caso de debilitamiento estructural. Algunas de estas medidas pueden incluir que, en época de economía boyante, se creen unas reservas destinadas a estimular la economía en momentos recesionarios, para que el estado no comience a lidiar con el problema dependiendo de préstamos externos.
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  • Hace falta un cambio estructural fiscal que vuelva a industrializar nuestro archipiélago para estimular la producción y que lleve a los recaudos necesarios para el pago de la deuda.
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  • Se pueden permutar los bonos actuales por bonos vinculados al Producto Doméstico Bruto (GDP-indexed bonds) a una tasa de interés razonable y cuyo pago tenga en cuenta la rapidez o lentitud de la recuperación económica.
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  • Un cambio del estatus político de Puerto Rico, que, dependiendo en qué dirección sea, se permita negociar con el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos mecanismos para la refinanciación o tener acceso a los mercados de capital o instituciones internacionales.

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Reflexión y opinión personal

A raíz de este y otros estudios, se puede ver con claridad, que el éxito y el fracaso económico de Puerto Rico dependen fuertemente de las determinaciones del Congreso de los Estados Unidos.  El Congreso republicano, de orientación filosófica en la falaz creencia en la responsabilidad fiscal individual, ve el asunto estrictamente como uno coyuntural, en que la estructura fiscal de Puerto Rico no es el problema, sino las decisiones tomadas a nivel administrativo.  Aun así, tal perspectiva, les rebota en el mercado de bonos municipales, algo que quieren enfrentar imponiendo medidas de austeridad que han mostrado, una y otra vez, no funcionar para propósitos de estimulación económica y la ulterior paga de deudas.

El estudio al que hemos hecho referencia abona al hecho de que la estructura, no la coyuntura, es el factor principal que nos ha traído a donde estamos:

  • Contrario a lo que cree el público en general (y muchos mal llamados “analistas —¿analistos?— políticos”) antes de la eliminación de los beneficios de la sección 936, los gobernantes manejaron bien la deuda de Puerto Rico. Cuando se hace el debido ajuste a la inflación, no se puede decir que los gobernantes pidieron más deuda que la que podían pagar.
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  • La industrialización y desindustrialización de Puerto Rico tuvieron elementos coyunturales, pero se dieron por razones fundamentalmente estructurales.
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    • Coyunturales: Cuando se dio el paso a la industrialización de Puerto Rico, bajo la sección 931, Europa y Asia estaban destruidos por la guerra, Puerto Rico era el único que tenía libre mercado con los Estados Unidos y libre entrada a ese país. Además, había desarrollado una buena infraestructura por las necesidades militares del momento y el desarrollo tecnológico que conllevó la Segunda Guerra Mundial. A mediados de los años 40, Estados Unidos se hallaba como suma potencia del lado capitalista del globo. Por otro lado, hoy día, Puerto Rico se encuentra en un mundo multipolar, con un incremento del dominio económico asiático, con muchos países que tienen libre acceso al mercado estadounidense (especialmente los de América Latina), con la existencia de redes de tratados de libre comercio y acuerdos preferenciales internacionales.
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    • Estructurales: Puerto Rico tiene una estructura económica que dificulta su participación en un mundo globalizado como este. En los años 40 y 50, la estructura no le imposibilitó beneficiarse de su relación colonial con los Estados Unidos. Al contrario, los intereses estadounidenses del momento, permitieron formular una política fiscal que era cónsona con el crecimiento económico de Puerto Rico. Todo eso cambió al transformarse el mercado internacional, hasta el punto en que Estados Unidos, actualmente, tiene poco o ningún interés por Puerto Rico, fuera del pago de la deuda. Por este y otros factores que hemos discutido, se eliminó la sección 936 y, con ello, comenzó el proceso de la desindustrialización de Puerto Rico.
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  • Aun si los puertorriqueños hubieran elegido a los mejores gobernadores de la historia, el punto que nos traen Caraballo y Lara es que, debido al problema estructural que llevó a la desindustrialización, les hubiera llevado igual a recurrir a fuentes externas de financiamiento por necesidad. En palabras de Caraballo en su columna de opinión:

… al colapsar el modelo económico, se redujeron los recaudos gubernamentales que fueron compensados con deuda. La mala administración fue un exacerbante, pero aun una sana administración pública no hubiese evitado la crisis.

Todas las variables importantes para nuestra economía están en manos de Estados Unidos: política monetaria, bancaria, laboral, comercial internacional, energética, de cabotaje, de inmigración y emigración, de transportación, de salario mínimo, etc. (véase declaraciones de Joseph Stiglitz en relación con algunas de estas variables).  Aunque gozamos de “autonomía fiscal”, es decir, de no pagar impuestos federales, la falta de control de estas variables nos impide aprovechar la situación global presente y las oportunidades que esta nos brinda. Por otro lado, el no pertenecer a la Unión estadounidense, nos impide participar efectivamente de diseñar legislación federal a nuestro favor, de una asignación más razonable del presupuesto estadounidense y un trato equivalente al de estados en cuanto a programas federales. Cuando tenemos todo esto en consideración, es claro que Estados Unidos es principal responsable de la situación fiscal del país y, por ende, responsable último fiscal de la deuda.

Bajo la estadidad, los fondos de transferencia federal adicionales a los que reciben actualmente los puertorriqueños podría aliviar la situación de muchos individuos en Puerto Rico. Además, podría ser cobijado con los beneficios financieros que le acompaña a cada estado de la Unión. Sin embargo, esa opción de estatus se ha encontrado ante una muralla congresional desde 1898 y ahora más que nunca. No debemos perder de perspectiva que hasta el Presidente Trump fue más explícito de lo esperado cuando, a raíz del desastre del huracán María, afirmaba que Puerto Rico le cuesta al presupuesto estadounidense. Aun antes de María, los congresistas mismos, aun el mismo amigo de la estadidad, Don Young, se han expresado en torno a su frialdad ante la idea de otorgarle la estadidad a un territorio económicamente devastado. Sin embargo, aun si Puerto Rico tuviera una economía vibrante para ser estado, se hubiera encontrado con dos obstáculos formidables. El primero sería el fútil intento de convencer a 24 o 25 estados de la Unión de ello, ya que un Puerto Rico estado haría que participaran menos del presupuesto federal y, de hecho, algunos perderían sillas legislativas para que nuestros legisladores las ocuparan en la Cámara de Representantes (suponiendo que no se revisara la disposición que limita su número de miembros a 435). Los senadores de estos mismos estados permanecerían firmes contra cualquier posibilidad de otorgarle la estadidad a Puerto Rico. Además, la admisión de Puerto Rico como estado, que sería predominantemente demócrata, no estaría pareado con la admisión de algún otro estado que fuera republicano. Este ha sido uno de los grandes impedimentos de la admisión del Distrito de Columbia como el estado 51, a pesar de que en el referéndum del 2016, ganara con un aplastante 85.8%.

Dada esa puerta cerrada y que necesitamos buscar maneras de incentivar la economía e insertarnos en el mercado global, entiendo que debemos comenzar a dirigirnos hacia un estatus de soberanía propia (sea en la forma de libre asociación soberana o independencia). Nadie se llame a engaños. En cualquiera de los dos casos, de una u otra forma, tendremos que pagar la deuda. Tampoco digamos que este proceso sería la panacea económica. Si no hay plan integral y de pueblo bajo cualquier estatus, el futuro siempre será una desesperanzador.  Sin embargo, si podemos negociar con el Congreso un proceso de transición serio, bien planificado, que no trastoque significativamente los acuerdos de pago de una deuda consolidada, tendríamos mayores oportunidades de obtener fuentes de capital y de expansión de mercado para reactivar nuestra economía.

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Referencias

Caraballo, J. & Lara, J. (octubre 2016). From deindustrialization to unsustainable debt: The case of Puerto Rico.  https://www.researchgate.net/publication/309736965_From_deindustrialization_to_unsustainable_debt_The_Case_of_Puerto_Rico.

Catalá Oliveras, F. (abril de 2010). La economía de Puerto Rico: del enclave colonial al imperativo de la Independencia. En R. Berríos Martínez, F. Martín García, & F. Catalá Oliveras, Puerto Rico. Nación Independiente. (pp. 49-98). PR: Editora Corripio.

Catalá Oliveras, F. (2013).  Promesa rota. Una mirada institucionalista a partir de Tugwell. Puerto Rico: Ediciones Callejón.

Collins, S. M., Bosworth, B., & Soto-Class, M. A. (Eds.) (2006). The Economy of Puerto Rico. Restoring Growth. PR/US: Center for the New Economy / Brookings Institution Press.

Dietz, J. L. (1989). Historia económica de Puerto Rico. PR: Ediciones Huracán.

Gallisá, C. (2015). La deuda. Una crisis política. PR: CG Editores.

Gautier Mayoral, C., Rivera Ortiz, A. I., & Alegría, I. E. (Comps.). (1990). Puerto Rico en la economía política del Caribe. PR: Ediciones Huracán.

Irizarry Mora, E. (2011). Economía de Puerto Rico. México: McGraw-Hill.

Rodríguez Beruff, J. (2007). Strategy as politics. Puerto Rico on the eve of the Second World War. PR: Editorial de la Universidad de Puerto Rico.

Reflexión para el año 2018: elementos para un programa de país desde la razón y las ciencias (Opinión al día, v. 08012018)

Nuevas: Gracias a unas personas que se han tomado la gentileza de leer nuestro escrito han provisto una serie de críticas, algunas que fueron bien recibidas. Se ha modificado este artículo a la luz de sus recomendaciones. No tengo el permiso para revelar sus nombres, pero les agradezco con toda mi alma comunicar su parecer. Obviamente, ellos no necesariamente se solidarizan con todo lo que dice el escrito.

 

Bandera de Puerto Rico

En Puerto Rico hemos elegido varios caminos que nos han llevado a la ruina actual. El huracán María no fue la autora de nuestra condición sino que ha puesto al descubierto toda la ralea que subyacía en nuestro país. He aquí un pequeño resumen de ella:

  1. La relación colonial que existe entre Puerto Rico y Estados Unidos nos ha dejado a merced de la voluntad del gobierno estadounidense, actualmente dominado por el Partido Republicano en sus ramas legislativa y ejecutiva.
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  2. La segunda desgracia de Puerto Rico es que en cuanto a asuntos medulares del país, nuestro liderato es incapaz de ponerse de acuerdo en algo … en lo que sea … en un momento de emergencia y prevalece la dinámica intra e interpartidista por encima del bienestar puertorriqueño. Si hay una legislatura PNP y un gobernador PPD, hay “gobierno dividido” (2005-2008 bajo Aníbal Acevedo Vilá). Si hay una legislatura PPD y un gobernador PPD, entonces hay “gobierno dividido” (2012-2016 bajo Alejandro García Padilla). Y, como en la actualidad, si hay una legislatura PNP y un gobierno PNP, también hay “gobierno dividido” (y no quiero discutir la distancia entre el ejecutivo y la Comisionada Residente). No hay esperanza de una acción conjunta para llevar al Congreso un solo mensaje de qué queremos.
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  3. La tercera desgracia es el bochorno de la corrupción, asunto que ha explotado a nivel internacional con el escándalo de la contratación de Whitefish.  De eso no necesitamos abundar mucho. Por los lugares recónditos de la Milla de Oro y en otros lugares particularmente cercanos a Fortaleza, el Capitolio y las alcaldías llevan a cabo el tipo de inversionismo político que desemboca en este tipo de contratos cuestionables.
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  4. La cuarta desgracia es que a pesar de que los puertorriqueños coincidamos en la mayoría de los remedios para la situación económica y política del país, la dinámica social nos reduce a la política chiquita “de cafetín” (como diría el Lic. Ignacio Rivera). Esto nos condena a dos cosas: 1. a no tener fijo un programa de país que no esté sujeto a los vaivenes partidistas y 2. a una desestabilización perpetua de la economía del país … con todo lo que eso conlleva, incluyendo el crecimiento de la pobreza, la emigración, el desempleo y la criminalidad.

En este blog tenemos la misión de mirar todos estos temas de manera crítica, escéptica, racional y científica. Sin embargo, con todo ello, nadie tiene la verdad agarrada por el mango y todos estamos sujetos a nuestros prejuicios de uno u otro grado. No obstante, debemos contribuir al menos pensar un nuevo país.

Sin pretender ser exaustivo ni ofrecer todas las respuestas o incluso acertar en todo, he aquí algunas de nuestras sugerencias.

Aclaración: Lo que sigue es un artículo para la discusión. No pretende tener todos los elementos que deberían entrar en juego ni tener la razón en todo. Gran parte de lo que se expone está fuertemente respaldada por evidencia científica. Otra parte intenta acertar (lo mejor informadamente posible) en torno a ciertos asuntos, pero puedo fallar en el intento. En suma, esta es la perspectiva de un filósofo puertorriqueño y no más que eso.

El estatus

En la radio suelen pulular ciertos llamados “infantes brillantes” de la política que se exasperan cuando se habla del tema del estatus, especialmente en lo que concierne a la economía. La solución, dicen ellos, no tiene nada que ver con el estatus; todo lo que hay que hacer es invertir en la educación, tal como hizo Singapur … y … “¡ya está!” Para que se entienda nuestra respuesta a este planteamiento “genial”, quiero recordar al padre de la economía política, Adam Smith cuando nos decía en el capítulo 3 de su fabulosa obra La riqueza de las naciones que la división de trabajo depende en gran medida de la extensión del mercado. Un corolario de esta tesis es que mientras mayor es la extensión del mercado, más oportunidades aparecerán para la creación de empleos.

Globo terrestre

Decía José de Diego que Puerto Rico forma parte de la bola del mundo. Esto era cierto para principios del siglo XX y también hoy día cuando prevalece un mayor rompimiento de fronteras mediante lo que suele llamarse “globalización”. Muchos de los primeros pensadores puertorriqueños decimonónicos se adelantaron a su tiempo. El ideal de la Confederación Antillana es un antecesor de ciertas ideas que se han estado discutiendo en Latinoamérica en relación con el Caribe. Este planteamiento que tomaba la forma de confederación política era respaldado por Ramón Emeterio Betances, Eugenio María de Hostos y el mismo De Diego. Además, contrario a la mayoría de los políticos puertorriqueños actuales, los iluminaban los principios de la Ilustración, de la razón y las ciencias.

A pesar de ello, no fue por ahí que se desenvolvió la historia y no repetiré lo que ocurrió en Puerto Rico a nivel económico, social y político. Otros ya lo han hecho (Dietz; Irizarry Mora; Catalá Oliveras, Promesa rota). Puerto Rico ha tenido una vida centenaria bajo el coloniaje, primero bajo España y después bajo Estados Unidos. Dominados por este último desde 1898, su relación política fue definida con la aprobación de la Ley Foraker en 1900 y ha dictado la pauta de estos últimos 117 años.  A pesar de que los dos partidos políticos mayoritarios de entonces, a saber el Partido Federalista de Muñoz Rivera y el Partido Republicano de Barbosa, eran estadoístas, Estados Unidos decidió que Puerto Rico sería un territorio no incorporado. Como en todo, esta decisión del Congreso de los Estados Unidos se debió a una interacción de diversos intereses económicos, culturales y políticos. Tal proceso que desembocó en esta propuesta antidemocrática implica que Puerto Rico no es parte de, pero sí perteneciente a los Estados Unidos (Downes v. Bidwell 182 US 244 (1901)). El más reciente episodio que confirma una vez más de que ese sigue siendo el caso fue la reciente aprobación en el Congreso de la reforma contributiva republicana que considera a Puerto Rico como país foráneo para propósitos contributivos. La mal llamada “extensión” de la ciudadanía estadounidense no mejoró para nada ese tipo de relación colonial y sin esperanza alguna por la estadidad.

Entre 1898 y 2017 solo hubo un periodo de oro (1945-1995), pero sostenido por una economía puramente artificial. En la esfera política, el Congreso aprobó la Ley 600, por la que Puerto Rico pasó de ser un territorio no organizado a un territorio organizado. Se aprobó una “constitución” de avanzada local, pero que no estrictamente hablando la ley suprema de Puerto Rico. La “más que manda” es la constitución estadounidense, la misma que se rige por la famosa “Cláusula Territorial”. Evidencia de ello es la creación de una Junta de Supervisión Fiscal cuyos poderes son superiores a los de este gobierno precisamente por designio del Congreso de Estados Unidos.

A nivel económico, se creó todo un programa de atracción de capital estadounidense con Operación Manos a la Obra y que utilizó como herramienta principal la sección 931 del Código de Rentas Internas federal, que eximía a empresas estadounidenses del pago por contribuciones sobre ganancias en su territorio. Esto culminó en la sección 936, que eximía no solo sobre ganancias en Puerto Rico, sino también su repatriación a su compañía matriz. Esto le dio a nuestro archipiélago un oasis de prosperidad y urbanización desde mediados de los años cuarenta hasta los años noventa. Este esquema tiene poco que ver con el “bienestar” de los puertorriqueños sino a los intereses estadounidenses, especialmente en el contexto de la Guerra Fría.

Sí, es cierto que la educación universitaria y su atracción de las mejores cabezas de América Latina y España posibilitaron el avance intelectual y tecnológico que estimuló la economía del país, pero, contrario a lo que alegan infantes dotados en la radio, esa no era la única estrategia económica. Tal sugerencia no tiene en cuenta los siguientes factores:

  1. Para todos los efectos, en los años cuarenta, cuando comenzó el despegue de la inversión económica de Estados Unidos en Puerto Rico, nuestra metrópoli no tenía rival económico alguno fuera de la Unión Soviética. Europa y Asia estaban devastadas por la Segunda Guerra Mundial.
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  2. No habían en esa época tratados de libre comercio que otorgaran libre acceso al mercado norteamericano. Aun en los cincuenta y sesenta, el número de estos tratados era bajísimo.
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  3. Durante los años 30 y 40, en parte por razones militares y de dominio, Estados Unidos invirtió en infraestructura lo que permitió la posterior extensión de la energía eléctrica, acueductos y carreteras para toda la isla grande (véase la literatura al respecto en Rodríguez Beruff, Strategy; Rodríguez Beruff y Bolívar Fresneda).

Esta situación posibilitó dicha inversión y permitió por muchos años el eslogan del Partido Popular Democrático en torno al Estado Libre Asociado (ELA): mercado común, moneda común, defensa común y ciudadanía común.

Ya ese eslogan es totalmente inválido ante la realidad de la globalización:

  • Mediante el rompimiento de las fronteras económicas, hoy hay una complejísima red de tratados de todo tipo que permiten el libre comercio entre países y, por ende, el libre flujo de capital: la Unión Europea, NAFTA, CAFTA, la Unión Africana, el BRICS, la Organización de Cooperación de Shangái, Mercosur, UNASUR, AFTA, etc. Además, países como Chile, Perú, Singapur y otros, tienen tratados de libre comercio con Estados Unidos. En el caso de República Dominicana, no solo tiene libre acceso al mercado estadounidense, sino también es objeto de inversión china y tiene libre acceso al mercado europeo. El mismo Dr. Joseph Stiglitz en la Universidad de Puerto Rico que nos dijo que la creación de NAFTA fue un gran shock económico para Puerto Rico.
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  • La Unión Europea tiene el euro como moneda de cambio. Panamá y Ecuador tienen el dólar estadounidense como moneda oficial. Argentina tuvo el dólar como moneda oficial y cuando no le convino volvió a su actual peso argentino. Sin embargo, como afirmaba el Dr. Joseph Stiglitz en la Universidad de Puerto Rico, estar atado a una moneda que no se controla es un gran problema para las finanzas locales. Esto también ha sido señalado como un problema por otros economistas (Collins, Bosworth y Soto-Class 20, 29).
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  • Estados Unidos tiene tratados de defensa con varios países del mundo.
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  • Debido a los tratados de libre comercio que se han establecido a nivel mundial, el asunto de la ciudadanía se ha flexibilizado, aun en el caso tan conservador como el de Estados Unidos. Ya la doble ciudadanía o más se están volviendo cada vez más comunes. Así lo reconoce la jurisprudencia estadounidense (Kawakita v. United States, 343 US 717 (1952)).

Ante este panorama el ELA ha sido un rotundo fracaso. Por todo lo mencionado, Puerto Rico no puede competir efectivamente a nivel global. Si lo que quiere su máximo desempeño en el mercado tiene que trabajar con el asunto del estatus. Puerto Rico en este momento no tiene en sus manos las variables económicas fundamentales para su revolución económica. En el presente, el gobierno federal domina: seguro social, retiro, servicio militar, moneda, inmigración, emigración, zonas de desastres, concierto de tratados políticos, militares o económicos, cabotaje, poder arancelario, regulaciones de bancos, puertos, comunicaciones (televisión, telefonía, internet), política contributiva, salario mínimo, política exterior, entre otros.

Todo esto nos ha impedido insertarnos de manera efectiva en los mercados mundiales, por lo que quedamos cada vez más aislados del mundo, incluyendo el mercado estadounidense. Se nos hace cada vez más difícil atraer capital por tener competencia con países como Singapur e Irlanda.  Nuestra exportación se ve paulatinamente reducida en la medida que muchos países del mundo han adquirido libre acceso al mercado que nos dábamos el lujo de lucirnos de que teníamos un “exclusive“. La ley de cabotaje contribuye sustancialmente al problema, costándonos desde una cantidad de $700 millones hasta, de acuerdo con la economista Rosario Rivera, cerca de $1.5 mil millones al año.

No hay acceso a los mercados y se nos cierran oportunidades, lo que significa que el problema del desempleo se agravará.

A pesar de ello, entre muchos líderes populares, hasta otros “analistas” que andan por ahí diciendo que lo del estatus es secundario … que primero hay que hacer a Puerto Rico rico (perdonando la redundancia) y después hablar del estatus. Sin embargo, después de ver este panorama del lugar cada vez más marginal que ocupa nuestro archipiélago en el mundo por falta de poderes, ¿me pueden decir en serio que el estatus es puramente secundario? ¿En serio? ¿”El estatus no tiene nada que ver”, pero Estados Unidos nos impide ir a la quiebra o forjar una ley de quiebras local? ¿”El estatus no tiene nada que ver”, pero el Congreso utiliza su poder para imponer por encima de nuestra Constitución una junta fiscal para que le paguemos a los bonistas?… ¿pero que tenemos que ir al Congreso para solicitarle beneficios especiales para “salvar” nuestra economía (ni tan siquiera para estimularla)?

Mientras tanto, la Comisionada Residente recibió el puertazo en sus narices recientemente por parte de una mayoría republicana congresional ante la propuesta de considerar a Puerto Rico “doméstico” como una manera de colar la estadidad por la cocina. La Comisión de la Igualdad (un Plan Tenesí “wannabe“) está silente y predecimos que este organismo no logrará nada. Los plebiscitos no han sido más que un mal gasto de dinero. El Congreso insiste en tratar a Puerto Rico como un país foráneo. A esto combínese la aserción del Presidente Donald Trump en su visita a Puerto Rico en que decía sin el menor signo de bochorno que los puertorriqueños le cuestan a los Estados Unidos. Esto no pinta bien ni para el estadoísmo ni para los que abogan por un ELA con “unión permanente”. Por otro lado, el independentismo y el libre asociacionismo, ambos abogados por la soberanía separada, están en una posición minoritaria y sumamente dividida. Sobre esto, la periodista Wilda Rodríguez ha dicho más que suficiente al respecto y en unas partes de su artículo da en el clavo:

Ese ha sido nuestro talón de Aquiles. Que no nos podemos explicar la independencia desde aplacar las necesidades de la gente, sino desde nuestra retórica intelectual del socialismo y el patriotismo, que puede ser bastante lúgubre.

Cuando nos piden explicar cómo sería la economía en la república no podemos responder con un tratado de economía. Tenemos que hablar en arroz y habichuelas y no lo hemos sabido hacer porque nos empeñamos en explicar primero lo que es la lucha de clases y el neoliberalismo. En que hagan primero profesión de fe contra el coloniaje y por la muerte del tirano. Cuando llegamos a la respuesta concreta ya el paisano está roncando o se nos ha ido del lado.

Un país sumido en la desesperación, en gran parte por el problema del estatus encuentra el inconveniente de divisiones incluso dentro de los partidos y las ideologías políticas. Cuando se va al Congreso de los Estados Unidos, la respuesta (o mejor dicho, la excusa) es siempre la misma: “Pónganse primero ustedes de acuerdo y después vengan a hablar del estatus.” Lo más cercano a una solución a este problema es una Asamblea de Estatus (o una Asamblea de Pueblo) que sirva de mecanismo negociador con el Congreso de los Estados Unidos para que el mudo hable claro en torno a las opciones que está dispuesto a darle a Puerto Rico. Esta es una idea que debe fomentarse y explicarse bien en “arroz y habichuelas” al pueblo, no solo hacerle ver cómo el problema del estatus afecta cada esfera de su vida, sino que se le explique esta herramienta jurídica procesal, para empujarla al liderato de los partidos grandes (ambos sumamente reacios a llevarla a cabo). Coincido con la periodista Rodríguez de que esto debe hacerse en coordinación política con los boricuas que residen en Estados Unidos. De otra manera, el Congreso no tomará este asunto en serio.

Es importante recalcar que si se hace o no de acuerdo al Derecho Internacional en cada detalle no debe ser pretexto para una movida política potencialmente importante para la descolonización de Puerto Rico. El purismo en los movimientos políticos raras veces ha llevado a algo productivo.
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Política energética

NuScale

Representación de una central nuclear modular NuScale (Fuente: NuScale Power).

Cualquier interés por resolver problemas energéticos debe mirar el tema desde un lente genuinamente científico. Se debe forjar una red que provea energía estable y barata. Uno de los graves problemas que nos impide atraer más efectivamente capital extranjero es el costo de la electricidad. Es claro que no importa el programa futuro para la energía eléctrica, habrá una transición a dos cambios fundamentales de la energía eléctrica: la creación de microredes y la transición a gas. En cuanto a lo primero, el huracán María ha revelado lo ineficiente que es la estructura centralizada actual, por lo que la creación de microredes será un gran adelanto.

Por otro lado, todos están de acuerdo desde hace más de una década de que Puerto Rico debería llevar a cabo su transición de petróleo a gas como fuente energética principal. En opinión de los ambientalistas, la provisión de gas es mucho más eficiente tanto energética como ambientalmente, pero debe ser en todo caso una medida temporera (con esto estamos totalmente de acuerdo). El consumo de gas no despide el nivel de gases de invernadero del carbón o del petróleo, además de que no contamina tanto el ambiente y su extracción es relativamente segura. Sin embargo, eso no lo detiene de despedir gases de invernadero a la hora de consumir, pero recordemos también el problema de coladeros de metano, un gas de invernadero peor que el bióxido de carbono.

De lo que claramente discrepamos de nuestros amigos ambientalistas es en cuanto a la futura transición de gas a “energía renovable”. Depende de la energía renovable que estemos hablando. El uso de plantas hidroeléctricas y quema de biomasa pueden ser algo prometedoras, aunque en el caso de esta última, depende de cuál biomasa y el grado de contaminación del ambiente. Los paneles solares son buenos para reducir consumo de combustibles fósiles en algunos lugares individuales, tales como Casa Pueblo. Compañías grandes como Google quieren depender de tecnología solar, pero usando ineficientemente grandes espacios para ella.

Desde un punto de vista ecomodernista queremos reducir lo mejor posible los espacios de actividad humana y maximizar los de la naturaleza. El problema de la intermitencia eólica y solar, además del enorme costo de las baterías de resguardo y su intermitencia es que su mantenimiento de todo el sistema es todavía bastante costoso y ocupa mucho espacio que de otra manera serían para dejárselo a la naturaleza. En Puerto Rico sí debe haber lugar para todas estas opciones. Lugares como Vieques y Culebra se beneficiarían con energía de viento y placas solares. Sin embargo, para el nivel de alta demanda energética del país, no solo de individuos sino de áreas industriales y centros comerciales, esto claramente no es suficiente.

Puerto Rico necesita moverse del gas a una coordinada red de renovables y otras fuentes energéticas que estén respaldadas con energía nuclear. También debemos considerar la exploración de fuentes geotermales, pero la tecnología ha avanzado hoy lo suficiente como para considerar la nuclear como más viable económicamente y la más segura. Como hemos visto en nuestro artículo sobre el fracaso del programa alemán de apagar todas las plantas y sustituirlas por renovables, el no tener en cuenta esta importante fuente de energía contribuye al consumo de carbón y otras fuentes de gases de invernadero. A finales del año pasado, un economista alemán de alto calibre, anunció el fracaso inevitable del Energiewende. El otro caso de ello es California, cuya insistencia en cerrar plantas nucleares le ha llevado a consumir más carbón, muy a pesar de su inversión en renovables.

En la revista Forbes en su versión cibernética, se ha hecho una muy buena sugerencia de ir pensando en utilizar en un futuro las plantas modulares que pronto podrían ser autorizadas por agencias federales tales como las de NuScale Power. Este tipo de planta está habilmente diseñada para utilizar la física como motor de la energía nuclear mientras que simultáneamente es su salvaguarda en caso de cualquier incidente (terremoto, huracán, etc.) que afecte el servicio eléctrico. En otro artículo hablamos de los detalles de esta planta. Para todos los efectos, es un reactor a prueba de accidentes nucleares.

 

Bajo este régimen libre de gases de invernadero y con una reducción considerable de contaminantes al medio ambiente, podríamos utilizar carros eléctricos sin preocuparnos por sus efectos al medio ambiente.

Una estrategia como esta, podría no solo convertir la red de electricidad de Puerto Rico en una de las más estables, sino que también su bajo costo podría hacerlo más atractivo para el capital foráneo, más rentable para los negocios locales y (¡quién sabe!) nos podría convertir en mejores exportadores de energía eléctrica. En este aspecto, deberíamos seguir la pauta dejada por Francia, en vez de imitar los intentos fracasados de Alemania y California. Además, debemos explotar mejor a PrepaNet para que compita más efectivamente en el mercado tanto local como internacional.

Nevis y Monserrat, más pequeñas que Puerto Rico han iniciado proyectos de energía geotermal. Algunos amigos han sugerido explorar esa alternativa seriamente. Sin embargo, se debe ver el asunto de su rentabilidad. Establecer energía termal en esas islitas no es demasiado costoso ya que están en zonas volcánicas, no así Puerto Rico. Algunos plantean el nivel de electricidad derivada de energía termal en el futuro sería muy bajo.
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Agricultura

En Puerto Rico, el sector agrícola vive sus momentos más difíciles, especialmente cuando el huracán María arruinó áreas agrícolas en el 2017. A pesar de ello, desde mucho antes de los efectos del meteoro, la agricultura del país se ha enfrentado a tres serios obstáculos para su desarrollo. El primero es la entrada cada vez mayor de productos de Latinoamérica y de otros lugares al mercado estadounidense y otros gracias a los tratados de libre comercio. El segundo, es un buen sector del pueblo que subestima el valor de la producción agrícola para las necesidades alimentarias de Puerto Rico. El tercero, son sectores políticos que desean rechazar y demonizar ciertas formas de tecnología que podrían ser beneficiosas para los agricultores y el medio ambiente.

Estos últimos desean regresar a momentos de antaño en que todo el mundo vivía más feliz, estable y saludable. Desgraciadamente, las estadísticas no favorecen esta interpretación del pasado, especialmente los que tienen que ver con la longevidad promedio en Puerto Rico. Hoy comemos mejor y tenemos mejor salud que en cualquier otro momento de nuestra historia.

Promedio de Expectativa de Vida - Puerto Rico (Imagen cortesía del Banco Mundial)

Promedio de Expectativa de Vida – Puerto Rico (Imagen cortesía del Banco Mundial)

Además, la lectura de La charcaGarduña de Manuel Zeno Gandía y La resaca y La llamarada de Enrique Laguerre (solo varios de muchísimos ejemplos de la literatura puertorriqueña) aclarará cualquier duda en torno a cuan “felices” éramos en el pasado. Es más, el retorno “a la naturaleza” sin electricidad ni vida urbana que ha representado estos últimos meses ha deteriorado el ánimo de los puertorriqueños, hasta el punto que varios han ido a otros países (especialmente Estados Unidos) donde sí hay electricidad. Cualquier retorno a las condiciones del siglo XIX sería objetivamente detrimental para los puertorriqueños.

Aquí abogamos por políticas con base en evidencia científicamente cualificada y, si se puede, con  base en  el consenso de la comunidad a nivel internacional. He aquí lo que la evidencia cientifica nos tiene que decir al respecto:

  • La Revolución Verde (siguiendo la pauta establecida por José Miguel Mulet, la segunda y tercera revoluciones verdes) ha salvado la vida de miles  de millones de personas alrededor del mundo, un logro que desafía las predicciones malthusianas más pesimistas (Mulet, ComerTransgénicos). Hoy día están muriendo de hambre cerca de 800 millones de personas, pero sin la Revolución Verde hoy estarían muriendo 2.1 mil millones (Lacadena 422). Esto no significa que todo sea perfecto, ya que algunos pesticidas y fertilizantes producidos a nivel industrial crean problemas de salud y al medio ambiente (piénsese en las zonas muertas del golfo de México). Sin embargo, sin la Revolución Verde, la devastación natural hubiera sido mucho mayor a la hora de alimentar la humanidad.
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  • Hay un consenso muy bien establecido en las ciencias que la agricultura orgánica no es muy productiva, que no añade valor nutricional significativo a los alimentos y que es imposible escalarlo sin  dañar muy buena parte de la naturaleza. La segunda revolucion verde ha logrado achicar el tamaño de la tierra necesario para los cultivos en  general, dándole así mayor espacio a la naturaleza, algo que es positivo  desde nuestra perspectiva ecomodernista. Contrario a lo que muchas veces se repite en línea, la ONU no favorece la agricultura orgánica para el futuro en gran medida por las razones ya estipuladas. Experiencias recientes con los alimentos orgánicos revela que su rendimiento es significativamente menor, por lo que para alimentar la población mundial actual se requeriría más inversión energética y mayor consumo de recursos naturales (véase este ejemplo en que rehusar utilizar ciertos pesticidas sintéticos implica mayor consumo ineficiente de agua y no es la primera vez que ocurre en Hawaii). Ambos factores siempre implicarán mayores costos para los consumidores que los alimentos producidos por la agricultura convencional. En caso de “acaparar el mercado”, la producción orgánica inevitablemente cerrará la puerta alimentaria a millones de personas y veremos la cifra de 800 millones de hambrientos subir considerablemente. Además, el uso de composta contribuye al cambio climático, ya que suele liberar metano. Aun así, algunos  sectores políticos del país  desean repartir tierras para uso “agroecológicos” y fomentar las cooperativas agrícolas. Aunque no nos oponemos en principio a medidas como esta, debemos tener cuidado de aprender de experiencias similares en otros países. De eso hablamos en otra entrada de este blog.
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  • Como definimos en  otro  artículo, cuando hablamos de organismos  genéticamente  modificados (OGMs) nos estamos refiriendo a los alimentos transgénicos y a los que se han modificado por ARNi. El consenso científico es  firme en que no hay evidencia alguna de que los OGMs sean menos seguros que los alimentos convencionales. Aun cuando tenemos claros casos de enfermedades y muertes registrados a nivel global debido a los alimentos orgánicos (véase el caso de la llamada “Crisis del Pepino“), el total de animales y de seres humanos enfermos o muertos que han sido afectados por el consumo  de OGMs no ha despegado de cero. En lo que concierne a la agricultura, el testimonio de la inmensa mayoría de los estudios, metaanálisis y revisiones científicas que se han hecho dan testimonio de que ha sido para mejor. En general, los OGMs han representado mayor eficiencia de de uso de terreno en cuanto a inversión de energía y rendimiento. Además, el testimonio de la inmensa mayoría de los agricultores es que ha mejorado su calidad de vida por varios factores: el aumento de ingreso económico neto que representa el mayor rendimiento, la reducción de pesticidas (especialmente insecticidas), el uso de pesticidas menos tóxicos (yerbicidas como el glifosato), la mejora en  salud, entre otros factores. En la India (donde irónicamente se alega que hay suicidios por los transgénicos), hay mayores índices de mejoría de vida: los agricultores producen más y adquieren más terrenos, sus hijos pueden ir a la escuela, comen más, etc.
    Agricultores de algodón Bt vs. los de algodón no-Bt

    Agricultores de algodón Bt vs. los de algodón no-Bt (Fuente: Qaim y Kouser, “Genetically” 2).

    Se puede constatar precisamente esto mismo a nivel mundial en los países llamados “en vías de desarrollo”.

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    Beneficio para los agricultores pobres

    Beneficio para los agricultores pobres (Klümper y Qaim, “A Meta-Analysis” 5)

    Ejemplo de ello también lo vemos con los cultivos de berenjena transgénica, que aumentó el ingreso de sus cultivadores en Bangladesh mientras que lograron reducir el uso de pesticidas por un 80 % o más.  Lo mismo se puede decir de la papaya transgénica (la Papaya Rainbow) que salvó la industria hawaiiana, sin hablar de la vida económica de los agricultores que habían sido devastados por un virus. Además, con la eficiencia de manejo de energía del cultivo de transgénicos, se ha podido evitar la emisión de cerca de 26.2 mil millones de kilogramos de bióxido de carbono a la atmósfera, lo que sería equivalente a evitar las emisiones de 11.9 millones de carros por un año (Brookes y Barfoot).
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    Todo esto indica que Puerto Rico debe usar la mejor tecnología disponible, incluyendo OGMs, CRISPR-Cas9 entre otros (mutagénesis inducida, hibridación, selección artificial, etc.) si desea exportar productos agrícolas lo más baratos posible (dada la realidad de la ley de cabotaje y la feroz competencia en el mercado estadounidense a nivel mundial) mientras que, simultáneamente le proveemos mejor ingreso para nuestros agricultores e impactamos menos el medio ambiente.

Sobre esta última sugerencia, espero muchas respuestas, especialmente de parte de la izquierda política y grupos ambientalistas. Algunos de ellos nos invitan a mirar a otros países. Pues, hagamos eso mismo. Bajo el gobierno de Lula da Silva de Brasil y de los Kirschner en Argentina, ambos gobiernos de izquierda convirtieron a sus respectivos países en potencias mundiales en relación con los alimentos modificados por ingeniería genética. De hecho, son las dos potencias mundiales de exportación agrícola provenientes de transgénicos después de Estados Unidos.

Países productores de OGMs en el 2016

Países productores de OGMs en el 2016 (ISAAA 5-6).

Recordemos también que la prensa cubana exageraba un poco cuando describía a los transgénicos como el genocidio de nuestros tiempos (¡¿?!) y se ha vendido la idea de que Cuba era un país que ha tenido “éxito” con la agricultura orgánica. Irónicamente era el país cuya población mayoritaria favorecía a los transgénicos (el 79 %, Paarlberg cap. 1) y es uno de los países que más invierte en biotecnología, incluyendo los transgénicos, gracias al Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología en la Habana  (véase esta noticia, esta, esta y esta). Después de que el presidente boliviano Evo Morales se pronunció por una Bolivia “libre de transgénicos”. También aprovechó la ocasión para hacer declaraciones homofóbicas como, por ejemplo, que los transgénicos eran responsables de la homosexualidad y la calvicie. A pesar de estas afirmaciones tan bochornosas ganándole el repudio internacional, firmó una ley contra los transgénicos. Sin embargo, ahora se discute en Bolivia la vuelta a la siembra de OGMs debido a los bajos rendimientos de la producción de cultivos no transgénicos. Aun con todo, la ley no era efectiva y señal de eso es la exportación de $1.2 millones en cultivos transgénicos en Bolivia (vea la tabla arriba). Tampoco le ha impedido firmar un acuerdo con Rusia para la creación de un reactor nuclear para la modificación genética de alimentos vía mutagénesis inducida y otros propósitos. Por cierto, también contempla la futura creación de plantas nucleares para proveer energía eléctrica. Bajo el gobierno de Rafael Correa se elevó a nivel constitucional una prohibición de alimentos transgénicos en Ecuador, decisión por la que se arrepintió. Ninguna de estas decisiones de estos gobiernos es un misterio; Correa nos dice al respecto.

Dejo fuera el tema de la desastrosa política antitransgénica de Venezuela para pasar a otras discusiones.

Para hacer una política realmente productiva en el área de la agricultura, parece necesaria una aproximación impositiva sobre terrenos baldíos para estimular el uso más eficiente de estos. Esto, en combinación con medidas inteligentes y no fundamentalistas de cuido de terreno que podemos aprender de los mundos convencional, orgánico y agroecológico, se pueden utilizar todo tipo de alimento genéticamente modificado (cualifiquen como OGMs o no), especialmente para atender los problemas más importantes de nuestros agricultores. Además, debemos incentivar la siembra de alimentos con mayor aporte calórico (esto me lo señaló una amiga agrónoma). Finalmente, no podemos excluir la siembra de organismos modificados genéticamente para la producción de medicamentos y vacunas.

En muchos casos se habla de la “soberanía alimentaria” como un eslogan que se utiliza en contra de compañías como Monsanto, Dow, Syngenta, etc. Este término se ha convertido en un concepto más propagandístico que otra cosa. Sembrar orgánico o agroecológico no nos va a dar “mayor soberanía” sobre nuestros suelos ni va a ser la clave de triunfo contra las “malvadas multinacionales”.

Dosis de realidad: mientras las multinacionales utilicen las medidas más eficientes de producción agrícola y los agrosoberanistas sigan utilizando las más ineficientes, ganarán las multinacionales siempre.

No hay soberanía alimentaria, porque no hay soberanía política (véase nuestra sección sobre el estatus arriba).

Soberanía alimentaria (bien entendida) es el poder que tiene un país de dictar política pública sobre sus suelos para la siembra, la venta y el comercio de alimentos. De eso es que estamos hablando. Aunque Puerto Rico ahora no tenga poder último sobre sus tierras y comercio de alimentos, sí tiene un espacio para establecer ciertos reglamentos para ello. Necesitamos una política que establezca un eslabonamiento más efectivo del capital foráneo con la economía local de manera que estas compañías contribuyan a Puerto Rico no solo contributivamente (y así desincentivar los excesos de los subsidios contributivos), sino también con la provisión de productos que realmente atiendan los problemas de nuestros agricultores dada la realidad tropical del país. Por ejemplo, la siembra de piña en Puerto Rico se halla seriamente amenazada por la costarricense, en parte por la participación de Costa Rica en el CAFTA (del cual Puerto Rico no participa, véase nuestra sección sobre el estatus). Una parte de esa amenaza se debe a que se quiere importar semillas de Costa Rica a Puerto Rico, lo que aumenta el riesgo de que aparezca una enfermedad a la que las piñas costarricenses son susceptibles. Sin embargo, podemos imitar la obra de Dennis Gonsalves y su equipo con las papayas de Hawaii, hacer nuestras piñas resistentes a dicha enfermedad y proveerlas libre de costo a un precio asequible a nuestros piñacultores. ¡Qué lindo sería ese panorama para ellos y cuánta ventaja tendría Puerto Rico a nivel global en ese caso!

En caso de entrar en conflicto entre los intereses de los agricultores con alguna multinacional, necesitamos que la Universidad de Puerto Rico sea la alternativa. Este fue el caso de la India cuando no pudo negociar con una subsidiaria de Monsanto precios más asequibles para nuevas variantes de algodón Bt transgénico. El sector público brasileño ha tenido un rol clave en el desarrollo de frijoles transgénicos resistentes a plagas tales como el virus de la mosca blanca. Muchas de estas semillas se proveen a muy bajo costo a los agricultores. ¡Eso es soberanía alimentaria!
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Otros factores a tener en cuenta

El uso de glifosato

Esta es una minucia, pero necesita discutirse. En un arranque a muchos sectores políticos del país, especialmente al independentismo, se quiere prohibir el glifosato con base en una declaración de una rama de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC por sus siglas en inglés) que en una monografía lo clasificó como probable cancerígeno (2A). Esta monografía y otros artículos sumamente cuestionables desde la perspectiva de la inmensa mayoría de los científicos (véase nuestra discusión de algunos de ellos aquí, aquí y aquí) están dictando política pública. La monografía ha sido desmitificada por científicos competentes y hoy hay un escándalo en torno a algunos de los autores y asesores del IARC por ello. De eso hablaremos en otro artículo.

En toda esta discusión se nos olvida que la OMS no está de acuerdo con su rama y lo mismo puede decirse de prácticamente todas las agencias de regulación de alimentos y salud más importantes del mundo. La OMS y la Organización de Alimentos y Agricultura de la ONU (FAO) no respaldan al IARC, asimismo la Agencia de Protección Ambiental federal (EPA), Health Canada, la Autoridad de Seguridad Alimentaria de Europa (EFSA), la Agencia de Químicos Europea, el Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania, entre otros. Hay estudios recientes, algunos de muy buena calidad, como los de cohorte, que no han encontrado incremento significativo de cáncer a personas expuestas al glifosato (véase este estudio). Todos los datos reseñados en revisiones científicas y metaanálisis no ha logrado establecer vínculo alguno entre el glifosato y el cáncer.

No obstante el consenso científico en torno al glifosato, se quiere prohibir. Usualmente el mantenimiento urbano los llevan a cabo los municipios. La experiencia del pasado y el presente nos dicen que sustituir el glifosato (sin justificación científica alguna) o el 2,4-D (otra sustancia relativamente inocua que se demoniza debido a su asociación con el agente naranja), conllevará mayores gastos para unos municipios que hoy día están quebrados. Si no pueden costearlos, entonces los asumirá un gobierno central, que también está quebrado. En otro artículo, hablamos del caso de Petaluma y de Australia. En una decisión más reciente, contra la evidencia provista por la EFSA, el presidente de Francia anunció que iba a prohibir el uso del glifosato. Italia irá por la misma ruta. Esto se hace sin haber evidencia alguna que señale que el glifosato sea carcinógeno, la movida es puramente de naturaleza política. Se propone como alternativa un yerbicida orgánico llamado ácido pelargónico. La evidencia disponible al respecto indica que es relativamente inocuo pero altamente costoso, no solo por el precio sino por ser menos efectivo, lo que implicaría mayor aplicación de la sustancia para que dé resultados equivalentes a los del glifosato.

La propuesta de la prohibición del glifosato en Puerto Rico, especialmente por parte del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y otros sectores, cuando su producción es muy barata por estar libre de patentes, sería un gravísimo error fiscal y salubrista. Hasta que sea inviable su uso para mantenimiento y agricultura por la aparición de resistencias, es todavía la mejor opción y la más costoefectiva para el país.
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La salud

Símbolo de salud

Imagen cortesía de Free Clip Arts World.

Se ha discutido a saciedad el problema fiscal del sistema de salud de Puerto Rico. Se añora los tiempos del sistema anterior legado por Guillermo Arbona, y  se hace evidente el costo del actual, que fundamentalmente data del gobierno de Pedro Rosselló. Debido a la situación fiscal del gobierno, si no se recibe dinero federal para financiarlo, el sistema de salud colapsará este mismo año en el 2018. Esto representará un desastre salubrista muy serio y un gasto adicional que los puertorriqueños no podremos costear.

Se quiere volver al sistema Arbona, al menos en cuanto a la regionalización de los servicios de salud. Sin embargo, también se ha promovido la idea de un sistema de salud universal como los hay en otros países del mundo. Hay sistemas mixtos tales como los de Singapur (lugar número 2 en eficiencia), Francia (lugar 15), Australia (lugar 10) y Alemania (lugar 39) y Canadá (lugar 16), aunque hay también de medicina socializada, como el Reino Unido (lugar 21) (vean esas cifras en Bloomberg). Hemos dicho al comienzo de nuestra discusión sobre la agricultura que hoy estamos comiendo mejor y gozamos de mejor salud que en cualquier otro momento de nuestra historia. Eso es estrictamente cierto. Sin embargo, estamos a casi a la par con Estados Unidos (lugar 50) y simultáneamente estamos peor que los países mencionados en términos de longevidad de vida. Esta gráfica nos lo dice todo.

Gráfica de expectativa de vida

Gráfica de expectativa de vida (Cortesía de Google y el Banco Mundial)

El pertenecerle a uno de los países más ineficientes en cuanto a la provisión de salud para su gente es un gran problema colonial, especialmente cuando bastante de nuestro sistema de salud actual se diseña con la esperanza de que reciba dinero federal.

Fuera de esto, el sistema de salud actualmente sufre de lo que el economista Robert H. Frank llamaba “la bifurcación de Darwin” (Darwin’s wedge): hay sistemas que permiten el tipo de competencia descrito por Adam Smith que desembocan en los precios más bajos posibles y sirven al individuo y a la sociedad; pero también hay sistemas en los que, por externalidades posicionales, la competencia genera mayores costos sociales aunque beneficie individualmente a unos cuantos (Frank, The Darwin 16-29). Los hospitales no compiten por precios más bajos, sino por más y mayor calidad de equipo y recursos médicos, lo que en ocasiones genera un enorme costo social, especialmente para cualquier paciente que se atienda en ellos. Simultáneamente, los seguros privados procuran brindar la menor cantidad de dinero posible en casos de emergencias de su clientela con el objetivo de beneficiar al máximo a sus accionistas. De estos esquemas procede el modelo de HMO y de “cuidado dirigido” (“managed care“) que ha dado mucho que discutir y que en ocasiones ha sido objeto de escándalo en los Estados Unidos.

Gasto en salud, % del PDB

Gasto en salud, % del PDB (Imagen cortesía del Peterson-Kaiser Tracker)

Gasto en salud per cápita

Gasto en salud per cápita (Imagen cortesía del Peterson-Kaiser Tracker)

Un seguro universal con pagador único o bajo ciertas formas mixtas de contribución privada y pública es la manera más eficiente de colocar restricciones a todos estos abusos del sector privado de la salud. Como resultado, en los países mencionados, el costo de cubrir a toda su población implica gastos públicos significativamente más bajos que el sistema estadounidense que beneficia tan solo una porción de su población. En Puerto Rico, el sistema de salud público tiene un intermediario que absorbe una buena cantidad del presupuesto que se asigna en aras de beneficiar a la gente que es demasiado pobre para pagar un seguro médico privado.

Cualquier futuro plan de salud probablemente involucrará un plan de transición bien estructurado que desembocará en un sistema que consuma menos recursos del fisco público y atienda las necesidades por regiones. El plan deberá enfocarse en la prevención y cubrir las necesidades básicas de los pacientes y el sector privado podrá vender cubiertas adicionales. Los ingresos de cualquier sistema que se establezca probablemente involucrará una política impositiva progresiva para poder mantenerse. El sistema actual sencillamente no es sostenible.

Para mayores detalles, véase como ejemplo la sección de salud del programa del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), que de todos los programas de gobierno de los partidos existentes es la propuesta mejor detallada y elaborada.
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Desigualdad social

La desigualdad social ha sido un problema histórico (Toro; Segarra-Alméstica; Weiskoff y Wolff). Nuestra experiencia con María y las medidas de austeridad que incrementarán a medida que pase el tiempo no harán otra cosa que agravar más la situtación. Pertenecer a un país que, entre los industrializados, es el que más sufre de este mal no va a ser consuelo a nadie: el  0.1 % de su población en el 2007 tenía el mismo ingreso 220 veces mayor que el promedio del 90 % de la población más pobre; el 1% de los estadounidenses ganó 93 % de ingresos adicionales en el 2010 (después de la crisis del 2008) cuando se le compara al 2009 (Stiglitz cap. 1). Esto también se añade a otro mal a nivel global. De acuerdo con la organización Oxfam, 8 personas en el mundo ganan aproximadamente lo mismo que la mitad más pobre de la humanidad.

Aun antes del huracán y los estragos de las políticas austeras, Puerto Rico tenía un mayor grado de desigualdad económica por hogar que el estado más pobre de Estados Unidos, el Distrito de Columbia y el estado de Nueva York (Toro 38). La tasa de participación laboral es una de las más bajas del mundo (40 %), lo que lanza muy serias dudas en torno a la cifra de desempleo (noviembre de 2017) que solo atiende a aquellos que buscan empleos (10.8 %) (cifra del Bureau of Labor Statistics). Está demás decir que hay una cantidad considerable de personas que han optado por la emigración.

Aun antes del huracán María, gobiernos de los dos partidos mayoritarios optaron por proveer incentivos para atraer la inversión de ciertos millonarios, tales como John Paulson, quien participó en propiciar la debacle mundial del 2008. Esta estrategia económica no obtuvo resultado alguno a nivel macroeconómico y parece que lo que había detrás era la teoría reaganiana del goteo (trickle-down economics), una tesis 100 % libre de evidencia científica y que a nivel social ha logrado generar más desperdicio de riquezas por parte de las clases altas que beneficios sociales (Frank, The Darwin 158-160). La razón de ello radica en que el sistema capitalista libre de restricciones fomenta la competencia entre gente de clase alta en la que no gotea riqueza “hacia abajo”, sino más bien los costos. Mientras más gasten los de arriba, más gastan los de las clases sociales inferiores aunque estas no adquieran mayores ingresos. A esto se le conoce como “goteo de consumo” (trickle-down consumption) o “efecto del gasto” (expenditure cascade) (Bertrand y Morse; Frank, Falling Behind prefacio, cap. 1; Frank y Crook; Frank, Levine y Dijk).

Dado este hecho, no debería ser sorpresa que el puertorriqueño consume demasiado.  Barry Bosworth y Susan Collins señalan que esto se da en las esferas pública y privada (47). William J. Baumol reportó que para el 2004, los puertorriqueños gastaban cerca del 98 % de sus ingresos, algo que describió como un “love-affair with consumption” (74). Esto contrasta significativamente con países como Singapur, que tiene una política bastante agresiva de ahorro (40 % del ingreso nacional, Collado Schwarz 53). Gracias a estas medidas, cuando Singapur cayó en recesión económica por la debacle del 2008, pudo tomar medidas al respecto e invertir cerca de $14 mil millones en su recuperación. Los fondos provistos por el gobierno federal para el Plan para la Recuperación de Puerto Rico fue la mitad de esa cantidad (Collado Schwarz 28). Esto se debe a que debido a sus serias limitaciones fiscales, Puerto Rico tendía a utilizar dinero prestado para gastos recurrentes. El mal de la corrupción contribuyó a la debacle. Por ende, no había dinero para subsanar una depresión económica como la que sufrimos desde el 2006.

Este tipo de arreglo económico no puede remediarse si el país no logra conseguir la creación de más empleos debido a sus serias limitaciones comerciales cada vez más grandes dentro del contexto del ámbito internacional (véase nuestra discusión del estatus). Las transferencias otorgadas de parte del gobierno federal en Puerto Rico se destinan en parte a compensar por muchos de estos problemas estructurales que implica la presente relación territorial con los Estados Unidos, lo que nos condena a una situación de extrema dependencia.

Sin embargo, exacerbar el problema con una mayor desigualdad no beneficia a nadie. Aquí sugerimos el remedio propuesto por el economista Robert H. Frank de un impuesto por consumo distinto al que existe actualmente. Para Frank, se debería hacer un impuesto por consumo progresivo que reduzca el gasto excesivo que hay al tope de la sociedad y redistribuirlo en la forma de inversión en infraestructura, salud, educación, universidad, entre otros. Esta medida ayudará a matar varios pájaros de un tiro: reducirá el efecto del gasto, fomentará el ahorro, proveyendo a la banca dinero que posibilite la liquidez financiera y se contarían con mayores recursos para invertir (Frank, The Darwin 76-81). Joseph Stiglitz también ha sugerido remediar ciertas externalidades negativas vía impuestos por valor de terreno de una manera parecida a la sugerida por Henry George hace más de un siglo, aunque más abarcadora: se debe imponer también al uso de recursos naturales (cap. 8). Este tipo de impuesto es más efectivo en áreas urbanas.

Finalmente, tampoco debemos olvidar algo que el Centro para la Nueva Economía y varios economistas nos recuerdan: la necesidad de revaluar la política de exenciones contributivas. Los economistas no están seguros que muchas de estas exenciones y subsidios hayan rendido los frutos prometidos y que se ha creado todo un mercado de exenciones que beneficia a las multinacionales, pero no a Puerto Rico.
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Brecha salarial

En cuanto a la desigualdad por género, en Estados Unidos se ha reducido significativamente hasta el punto en que ya ha quedado una brecha muy estrecha entre la diferencia salarial entre hombres y mujeres. Esto significa que la mayoría de la diferencia de ingresos entre los hombres y las mujeres se debe a la libre selección de empleos por parte de las mujeres y el costo económico de dedicarse al cuido de los hijos. A medida que siga evolucionando la economía de ese país, se espera que la brecha de ingresos se reduzca todavía más.

Eso no significa que la discriminación contra las mujeres haya desaparecido, hay indicios de que permanece en ciertos círculos (e.g. Moss-Racusin et al). Sin embargo, hay mayor conciencia hoy de la necesidad de evaluar por mérito y no por aquello que esté entre las piernas. Ese ha sido el gran triunfo del movimiento feminista y de mujeres que han luchado por su espacio laboral.

En el caso de Puerto Rico, afortunadamente hemos seguido este patrón que se ha visto en muchos lugares del mundo. Sin embargo, con todo, economistas como el Dr. José Caraballo-Cueto, de la Universidad de Puerto Rico en Cayey y Eileen Segarra de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, han encontrado que aunque ha habido una reducción de la brecha salarial, y la mediana salarial de las mujeres supera a la de los hombres, todavía continúa existiendo. Esta discriminación se da en profesiones en las que abundan más las mujeres y las madres trabajadoras.

Los economistas aconsejan que para remediar algunas de estas situaciones hace falta enmendar la Ley de Igualdad Salarial para que también atienda casos de promociones a más altos puestos. También recomiendan la enseñanza de equidad de género en las escuelas públicas y privadas. Vale añadir a esta opinión que el marco teórico para esta enseñanza debe estar sujeta a una autocrítica a la luz del debate científico al respecto, ya que algunas de las discusiones que se contempla exclusivamente desde la perspectiva constructivista social sin mirar ciertos aspectos de la herencia genética y otros factores.
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Educación

No me siento experto para aconsejar en el campo de la escuela primaria y secundaria. Sí limito mi comentario a indicar que el propósito de la educación de Puerto Rico solo se puede definir si hay un programa de país que le dé sentido. Dado que han habido personas competentes e incompetentes que han dirigido el Departamento de Educación con cada vez mayor dificultades, en la mayoría de los casos por razones político partidistas, lo que conviene en todo caso es rehacer el sistema. ¿Cómo? Allí los expertos dirán su parecer, pero dentro del marco de un programa que le provea dirección al país. En este escrito, espero proveer parte de ese marco.

Torre de la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras

Torre de la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras

En cuanto a la Universidad de Puerto Rico, este debería ser uno de los grandes protagonistas de cualquier impulso económico de nuestro país. Tiene intelectuales y científicos de primera categoría que nos ayudan a entender la situación actual y ofrecer alternativas al público.

En el presente, su estructura actual se presta a vaivenes político partidistas debido a la manera en que se nombran los miembros de la Junta de Gobierno y de cómo fluye la dinámica de poder político desde ese organismo hacia los departamentos.  Esto necesitaría una reforma universitaria integral más democrática en que haya una relación dialógica entre la esfera pública representada por la Junta de Gobierno y los universitarios: que los directores sean electos por sus departamentos, los decanos por sus respectivas facultades y los rectores por los senados académicos. Simultáneamente se debería dar mayor autonomía política y fiscal a los recintos y estructurar la universidad a la nueva realidad económica de Puerto Rico.

Por otro lado, debe haber una nueva actitud de la facultad universitaria para dirigirse al público, es decir, dar a conocer lo que puede aportar a sus regiones de servicio y al país. Varios de los recintos universitarios, además de proveer educación, también han sido fuentes de soluciones para varias comunidades en nuestro archipiélago. Sin embargo, siempre podemos ofrecer más. Es mediante la Universidad de Puerto Rico y universidades privadas que se podría mejorar considerablemente la provisión de alimentos modificados genéticamente sea por hibridación, selección artificial, mutagénesis, transgénesis o CRISPR-Cas9: para que rindan más, metabolicen más efectivamente los nutrientes de los fertilizantes (¡o produzcan sus propios nutrientes!) o que emitan menos gases de invernadero, etc. Aprendiendo del sector agroecológico también se puede combinar esto con la búsqueda de medios más eficientes de reciclaje de fertilizantes, técnicas de intercultivos, rotación de cultivos, técnicas de reducción de usos de pesticidas, técnicas de no talado, u otros. Esto ayudaría a construir unas bases firmes para una futura soberanía alimentaria en el verdadero sentido del término.

Ya están en pie programas de investigación y creación tecnológica de avanzada que el público desconoce por completo. La ignorancia de tales asuntos es de tal magnitud, que debido al mal académico del archipiélago de marfil (término acuñado por David Sloan Wilson), los académicos mismos no sabemos en absoluto lo que nuestros colegas de otros departamentos o facultades están haciendo. A pesar de que hay conciencia en la academia de que esto es así y que debería publicarse más efectivamente, se ha hecho muy poco para eso. Hace falta mayor agresividad en la diseminación de información al respecto, especialmente en las redes sociales. Por pura observación podemos percatarnos que los puertorriqueños están dispuestos a reproducir noticias que nos llenan de orgullo cuando hay logro en los deportes, en la tecnología, la medicina y las ciencias.

Las humanidades deben jugar un rol importante a la hora de aportar al país. El arte, el drama, el cine y la música reviven a un país en ocasiones deprimidas como esta, nos unifica culturalmente, nos vincula con el Caribe y es fuente de admiración para aquellos que nos visitan de todas partes del mundo. No va a haber recuperación económica si decae o muere su espíritu cultural y nacional.

La Universidad no puede limitarse a ser un instrumento de creación de capital destinado a migrar al extranjero. Eso es inevitable en un ambiente en que las oportunidades de empleo son escasas. Por ende, científicos sociales, expertos en administración de empresas y otros deberían buscar aquellos espacios del mercado, especialmente en cuanto a la llamada “economía del conocimiento” que podamos exportar y que brinde oportunidades de eslabonar el capital extranjero a la economía puertorriqueña, además de crear oportunidades para que florezca la economía local.

Finalmente, la Universidad puede ser un centro importante de cultura libre, fomentando la programación de software libre o de código abierto para las distintas necesidades del país. A la misma vez, debe promover incentivos para la creación de literatura libre y conocimiento abierto bajo licencias permisivas que puedan servir de referencia para los estudiantes y al país en general (e.g. libros de física, de filosofía y de economía bajo licencias de Creative Commons). Esto beneficiará a los estudiantes a la hora de invertir en libros impresos o electrónicos, ya que actualmente están siendo explotados por las editoriales comerciales multinacionales.  Además, se deberían digitalizar y publicar en el ciberespacio las tesinas, tesis de maestría y doctorales para que estén disponibles al público. Organizaciones como la Universidad Complutense de Madrid tienen, desde hace mucho tiempo, una política semejante. Se pueden establecer también ciertas políticas de colocar en línea todo producto artístico, musical, dramático o literario que desde hace años no se explotan comercialmente.
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Predicciones (nota cínica)

Esta es mi lista de deseos para este año. Sé que casi nada de esto se cumplirá en absoluto:

  • En cuanto al estatus, el gobernador está determinado a utilizar la futura fracasada Comisión de la Igualdad. Así que este será el curso de acción divisivo del país, no una Asamblea de Status.
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  • “¡¿Reactor nuclear?!  ¡NO! No queremos un Fukushima en Puerto Rico.” Así saldrán las hordas ante la propuesta, sin evaluar la planta modular NuScale ni averiguar cómo compara con el famoso reactor de Japón. Solo quieren “las renovables”, lo que nos va a estancar en el consumo del gas para el futuro.
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  • En cuanto a la agricultura, fuera de permitir que las multinacionales experimenten con los transgénicos, el gobierno no tocará ese asunto ni con una vara larga porque la propuesta es altamente impopular. Pues, seguiremos perdiendo ante una feroz competencia en el mercado mundial ni proveeremos a nuestros agricultores la mejor tecnología posible para beneficiarles.
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  • Sobre el sistema de salud … pues, colapsará y a Dios que reparta suerte. Solo el universo sabe si en el futuro se hará una reforma de salud apropiada.
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  • Sobre la brecha salarial, la legislatura (especialmente la Cámara de Representantes) tiene un liderato cercano al fundamentalismo cristiano, no se fomentará la educación con perspectiva de género ni se ocupará de atender los problemas de ascenso de mujeres a puestos más altos.
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  • El compromiso que los partidos mayoritarios han mostrado hacia las élites de Puerto Rico le disuadirán de adoptar un impuesto por consumo progresivo y tampoco estará inclinado a una imposición por valor terrenal.
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  • La educación seguirá desorientada sin un programa de país y lo mismo ocurrirá con la Universidad de Puerto Rico, que es un microcosmos de lo que ocurre a nivel macro.

No me creo Rukmini, pero creo que acertaré en la mayoría de los casos. ¡Feliz Año Nuevo!
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Comunicado de Humanistas Seculares de PR

Humanistas Seculares de Puerto RicoRecientemente salió en El Nuevo Día un comunicado de sectores religiosos denunciando al gobernador Ricardo Rosselló de no haber cumplido su compromiso político con ellos. A esto, Humanistas Seculares de Puerto Rico (HUSE) responde con su comunicado que aquí reproducimos:

[Comunicado de Prensa – Para divulgación inmediata]
Humanistas Seculares de Puerto Rico – @HumanistasPR

La organización Humanistas Seculares de Puerto Rico condena, deplora y se opone enérgicamente al contenido del comunicado publicado hoy en el periódico El Nuevo Día, donde unos grupos fundamentalistas amenazan públicamente al gobernador Ricardo Rossello por, alegadamente y al igual que su padre, el ex gobernador Pedro Rosello, de “malabarismos de satisfacer dos grupos esencialmente encontrados”, “imponer la conducta homosexual” y de no cumplir con los concordatos con sectores teocráticos formados durante la campaña electoral del 2016 de que eliminaría el memorando del Departamento de Educación donde se establece la enseñanza con perspectiva de género, entre otras disposiciones de corte teocrático. Insultan además a varias funcionarias, por su sexualidad o por su “ineptitud crasa”, suponemos que, por proponer ideas de igualdad, equidad o inclusión, de corte moderno y racional. El comunicado también desinforma en cuanto a que acusan a Johanne Vélez de ser parte de un caso para “forzar el matrimonio homosexual en Puerto Rico”, cuando el caso que decidió que las parejas del mismo sexo se podían casar ya se decidió en el Tribunal Supremo de Estados Unidos, y ella no fue parte de él. Se llama Overgefell v. Hodges, del 2015, de completa aplicación en nuestra isla. También la tildan de ser una “super secretaria” nombrada por el gobernador, para “adelantar la agenda de convencer a los puertorriqueños de que la conducta homosexual es normal y digna”.

El nefasto comunicado establece que en PR hay tensiones ideológicas entre las iglesias protestantes y la católica, e invita a las distintas denominaciones cristianas a ser enemigas, recordándonos que, históricamente, cuando las iglesias han tomado control de los gobiernos, las otras religiones han sido pisoteadas y desprestigiadas. Las guerras que han sido peleadas por diferencias religiosas han dejado un saldo de millones de muertos, de hostilidades insalvables y de sociedades destruidas por los soldados de una religión en particular, que buscan el poder, y sigue siendo así hoy en día.

El comunicado es, esencialmente, una amenaza al gobernador de que se comporte en violación a las mejores costumbres de inclusión y decencia hacia todos los ciudadanos, promover pugnas entre católicos y protestantes, oponerse irracionalmente a una planta que lejos de causar daño, causa procesos judiciales innecesarios y encarcelamientos por delitos no violentos que no afectan a terceros. Le recuerdan que cumpla con unos acuerdos inconstitucionales de promover unas agendas teocráticas, mientras felicitan a una Cámara de Representantes que en vez de preocuparse por la buena gobernanza de todos los ciudadanos y de ser inteligentes en la creación de leyes que nos ayuden a salir de la debacle fiscal, se preocupan por crear más privilegios para ciertas iglesias, que a fin de cuentas salen del bolsillo de todos los demás contribuyentes y ciudadanos. Los suscribientes pretenden, abusivamente, hablar en nombre de los todos los creyentes, cuando no todas las iglesias en Puerto Rico buscan tratar como inferiores a otros ciudadanos por su sexualidad, por el uso de una planta, ni por no creer en dioses o religiones. Los suscribientes tienen pretensiones de poder que están en clara violación de nuestra Constitución que además de decir que habrá libertad de culto, dice que habrá completa separación entre iglesias y estado.

Le hacemos un llamado al gobernador de que le ponga freno a estos religiosos con aspiraciones de poder político y que recuerde que nuestra isla tiene diversidad de creencias religiosas, cultos y un número de personas sin creencias religiosas que cada día aumenta más. Nuestra constitución es el documento magno que debe regir no solo las actuaciones del pueblo ante sus líderes políticos, sino sus obligaciones inquebrantables hacia TODOS LOS CIUDADANOS.

Finalmente, le recordamos a los teócratas que LA BIBLIA ES PARA ALGUNOS, PERO LA CONSTITUCIÓN ES PARA TODOS.

Humanistas Seculares de Puerto Rico es una organización que reúne ateos, agnósticos y librepensadores, que promueve la separación de iglesia y estado, la lógica, razón, ciencia, derechos humanos y los valores universales del humanismo secular. Para mas información, visite http://www.humanistaspr.org.

 

Opinión: Lo que debería ser la noticia de la semana…

Muy a pesar de la más crasa violación de la disposición constitucional de la separación de iglesia y estado, la Cámara de Representantes de Puerto Rico promovió la celebración de oraciones y actividades religiosas en varios municipios durante la temporada de Cuaresma. La razón de ello, según sus favorecedores, es aliviar el problema económico de Puerto Rico por esa vía.

Podemos decir empíricamente que dicha movida no funcionó en lo absoluto a ningún nivel. (Bajo el riesgo de caer en la pedantería, perdonen indicar lo obvio, pero asombra la frecuencia con la que la gente se olvida la inefectividad de actividades como esta). También constatamos el hecho de que su efecto neto fue negativo en dos sentidos:

  • Se estimula la teocracia gubernamental prejuiciada a favor de un sector religioso en particular (el cristiano) en detrimento de otros sectores, sean religiosos o no. Así, se lacera por completo la garantía de la libertad de todos de ejercer la religión que queramos o la de no practicar ninguna.
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  • A sabiendas de que todo era una distracción para no atender de manera efectiva y genuina la crisis económica, los políticos que paraticiparon de esa farsa le sacaron millaje político al sector religioso cristiano de Puerto Rico. Sin lugar a dudas, algunos de estos legisladores y alcaldes sabrán que con actividades como esta, el pueblo se olvidará de algunas de sus fechorías y volverán a elegirlos de nuevo en el 2020.

En otras palabras, el pueblo perdió políticamente.

FB_IMG_1493640491297Ahora bien, tras este evidente fracaso de querer solucionar nuestra depresión económica con oraciones, se llevó a cabo un “paro general” el 1 de mayo. Aunque este no es uno en el sentido clásico (es decir, detener la actividad económica del país mediante obstaculizaciones en todas partes de Puerto Rico), la marcha que se llevó a cabo ese día se destacó por el orden y la organización. Luego de terminada la actividad, ocurrió lo que todos ya sabemos: un grupo de jóvenes encapuchados comenzaron a vandalizar edificios en la Milla de Oro.

Algunas personas han levantado un número de planteamientos válidos en torno a la actividad. Uno de ellos tiene que ver con la notable rapidez con la que el Banco Popular de Puerto Rico (BPPR) radicó una demanda a prácticamente todas las organizaciones y personas que participaron en la marcha. Dado que esto se vio como un acoso a los demandados y de que evidentemente tal medida se caería ante cualquier juez con dos dedos de frente, el BPPR se vio en la necesidad de enmendar su demanda para corregir el problema.

Otros aspectos de la noticia permanecen oscuros, por lo que habrá que esperar a las investigaciones oficiales —e imaginamos que algunas no oficiales— en torno a las personas involucradas. Por ahora, se ha anunciado el arresto de alrededor de cincuenta sospechosos en relación con los incidentes (algunos de ellos, estudiantes). Unas de las fotografías ya están disponibles en línea.

Primeros arrestados por vandalismo

Primeros arrestados por el vandalismo en la Milla de Oro. De izquierda a derecha: Valeria Herrera Huyke, Jorge Santana Valentín, Carlos Alejandro Farmer del Toro.

Además de los jóvenes cuyas fotografías salieron en línea, se mencionaron otros nombres: Nina Alejandra Droz Franco, Andrés Cortés Ortiz, Miguel Vargas, Dennis Montalvo Concepción y algunos otros.

Sobre este último se han levantado dudas en las redes sociales. Según afirmaba antiayer el periódico El Nuevo Día, de los diez arrestados, al Sr. Montalvo fue al único que se liberó. Sin embargo, se suponía que el martes se presentara ante fiscalía por agredir a un policía, “daños a la propiedad, obstrucción a la justicia y violación a la Ley de Tránsito”.  Nos dice la noticia:

De otra parte Dennis Montalvo Concepción, de 31 años, no acudió hoy al Cuerpo de Investigación Criminal de San Juan, a donde fue citado para ser sometido a una rueda de confrontación ya que se le investiga por incitación a motín y cometer daños contra el edificio que alberga la empresa Liberty en Hato Rey.

En las redes sociales, se han circulado sus fotos y las aserciones de una persona que afirma que su presencia durante los acontecimientos vandálicos es extraña, ya que este estudiante era un estadoísta del corazón del rollo, “pro USA”.  También se publicó una foto del Sr. Montalvo con el logo de la campaña electoral de Ricardo Rosselló.  Se ha invitado a la gente a “llegar a sus propias conclusiones”.

El problema es que sin una investigación formal, usualmente las especulaciones en las redes sociales llegan a conclusiones erradas. (La película The Circle, aunque aburrida y algo confusa, ilustra perfectamente este punto).  Extraoficialmente, se nos ha dicho que la persona parece no ser un infiltrado. En realidad, no conocemos sus motivos para participar en la marcha, pero esperamos que no se pierda de vista el rol que jugó él en todo este caso. La noticia más reciente al respecto publicada por El Vocero revela que se le ha identificado como uno de los vándalos que rompió los cristales de uno de los bancos. Sin embargo, lo más extraño de todo ese texto es que afirma que no aparecen los agentes que arrestaron a varios de los atacantes.

Sin lugar a dudas, esto le echó más gasolina a la teoría de la “infiltración” por parte de agentes provocadores de la policía.  Parte de este alegato se ha podido confirmar sin lugar a dudas cuando la misma Superintendente admitió ante la prensa que habían oficiales vestidos de civil en la marcha.

Lo que no dudamos es que la inmensa mayoría de los que marcharon no tenían intención alguna de llevar a cabo actos de violencia. Y, de hecho, hay vídeos en los que se ve que los manifestantes reprobaban dicho comportamiento.

Abogados y abogadas observadores confirmaban que los actos violentos se dieron después de terminada la actividad de la marcha. La American Civil Liberties Union (ACLU) denunció algunos actos de la policía a la hora de advertir y arrestar a los vándalos que se separaron de la manifestación principal.

Por otro lado, el gobernador Ricardo Rosselló, “enojado”, afirmaba que se a “los responsables” del asunto pagarían por lo ocurrido, mientras que temerariamente intimidaba a los jueces de los tribunales si “dejaban caer los casos”. Esto es una vez más una amenaza a la vida democrática puertorriqueña y ha sido debidamente repudiada por el presidente del Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico. De hecho, durante esa rueda de prensa tan desafortunada, fue el periodista de Caribbean Business el que hizo la pregunta de mayor sustancia en relación con el tema.

Esto también se dio tras un fin de semana en que el gobernador emitió por los medios de comunicación dos mensajes de advertencia a los manifestantes del 1 de mayo, sin elaborar de manera alguna en torno al problema del manejo de la deuda. Sin embargo, estos y otros asuntos que discutiremos más adelante revelan que todo lo sucedido apunta a algo más grave que pintar con spray o romper cristales.

El contexto de los acontecimientos: la verdadera noticia

Desgraciadamente por las limitaciones de la misma prensa, raras veces se conectan los acontecimientos al contexto social en que ocurren. Es este escenario lo que más alarma, más allá de lo ocurrido en la Milla de Oro.

En Estados Unidos, el Presidente Trump (… perdonen, me da trabajo poner esas dos palabras juntas …) lanzó dos twits que implicaban lo que todos sabemos desde hace tiempo y es que en cuanto a la crisis de la deuda, Puerto Rico está realmente solo y no recibirá ayuda alguna del gobierno federal al respecto.

Este mero hecho, anuncia para los puertorriqueños una enorme crisis humanitaria en el área de salud. Literalmente, la gente enfermará y morirá por falta de medicinas y otros recursos médicos.

En el caso de la Universidad de Puerto Rico, la mayoría de su Junta de Gobierno rehusó aprobar el plan fiscal de la institución, por lo que se prevé que en el futuro quedará bajo el mando de un síndico.

Recientemente, algunos bonistas han demandado al gobierno de Puerto Rico por no pagar la deuda concerniente a la Corporación del Fondo de Interés Apremiante (Cofina) y otras porciones de la deuda de $73 millardos. Esto se dio después del tiempo concedido para renegociar la deuda. Como respuesta, el gobierno solicitó a la Junta de Control Fiscal que se acogiera al Título III provisto por la ley PROMESA (un mecanismo parecido al de una quiebra oficial y que es aplicable a los territorios) para que el gobierno quede a merced de un juez que restructurará la deuda. La Junta a su vez accedió a la petición. Esto significa que de ahora en adelante, el gobierno será un mero espectador de lo que ocurra. Dicha acción implicará recortes presupuestarios en todas las áreas del gobierno de Puerto Rico, con un efecto adverso a la economía. La Junta de Control Fiscal, institución que dudosamente representa el interés real de los puertorriqueños, será nuestra abogada ante dicho juez.

Obviamente, esta medida es mucho mejor que la alternativa, a saber, que el gobierno se someta a las crecientes demandas de unos bonistas con los que no podrá negociar de buena fe. El resultado de ello sería peor sin lugar a dudas, pero no alienta en absoluto a lo que ocurra de aquí en adelante.

Por otro lad, no apreciar estos factores evade la discusión de los siguientes puntos:

  • En las redes sociales se está planificando otro paro nacional, esta vez en el día del plebiscito de estatus pautado para el 11 de junio.
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  • Las medidas que se tomen a partir de junio tendrán una repercusión social en Puerto Rico que el gobierno intentará lidiar a nivel policíaco.
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  • La amenaza del ejecutivo a la rama judicial puede ser un preludio de un tipo de autoritarismo que crecerá a medida que se recrudezca la crisis.
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  • Por acción o reacción social, aumentará el nivel de violencia en Puerto Rico (sean o no por agentes provocadores gubernamentales o por oposición de varios sectores del espectro político).
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  • Sin lugar a dudas habrá una crisis humanitaria en Puerto Rico de grandes proporciones que no se ha visto desde la época de la Gran Depresión, lo que conllevará varias cosas: gente que perderá todo y no conseguirá empleos; cierre de más negocios en Puerto Rico agravando la espiral de la depresión; una crisis médica  y un aumento exponencial de la emigración.
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  • Podrían desaparecer varios municipios de Puerto Rico.
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  • Va a pulular la privatización de corporaciones y servicios públicos.

Quisiéramos tener un mejor panorama, pero eso es lo que prevemos si no enfrentamos seriamente lo que se avecina pronto. Lo que sí opinamos es que los puntos mencionados deberían ser el mayor enfoque de las noticias en los próximos meses y años, ya que esto es mucho más serio que la quema de banderas, cristales rotos o pintura de spray en las paredes. Sin embargo, acusar a la alcaldesa de San Juan de tomar parte de estos actos de violencia, evidencian a todas luces que el gobernador desea politiquear y no tratar estos asuntos en serio.

Nota aparte: Para añadir a estas desgracias, Gabriel Rivera, un estudiante que participaba de la huelga de la Universidad de Puerto Rico, se suicidó recientemente. Vaya nuestro pésame a su familia. Si usted conoce a alguien que ha mostrado señales de potencial suicidio, por favor considere llamar a los teléfonos de ayuda:  Línea Programa de Ayuda Sicosocial (PAS) 1-800-981-0023 / Suicide Prevention Life Line – Red Nacional 1-888-628-9454, 1-800-273-8255 / Inspira (Línea de consulta en crisis) 787-644-0559, 787-448-5651.

El impacto de las elecciones sobre las ciencias

Donald Trump y Ricardo Rosselló

A la izquierda, Donald Trump. Foto cortesía de Michael Vadon CC-BY-SA 2.0 / A la derecha, Ricardo Rosselló Nevárez. Foto cortesía de Edgardo Colón CC-BY-SA 4.0.

Los resultados de las elecciones del 2016 de Estados Unidos y Puerto Rico son noticias devastadoras en lo que concierne al ámbito de las ciencias, la lucha por los derechos humanos y la educación.
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Primera parada: Puerto Rico

En Puerto Rico, los resultados de las candidaturas a la gobernación no sorprendieron a nadie. Lo que sí dejó perplejos a algunos analistas políticos es el grado de insatisfacción que siente la población puertorriqueña con los partidos tradicionales. Más aun, fue refrescante la noticia de que una candidata independiente Alexandra Lúgaro, quien se autodefinió como atea, independentista y a favor del canabis (asunto del que hablaremos en otro artículo), haya obtenido el favor de una porción significativa de los votantes boricuas. Además, por primera vez en mucho tiempo, ningún candidato a la gobernación ganó por más del 42% de los votos. El Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y el Partido del Pueblo Trabajador (PPT) juntos no lograron llegar ni al 3% de los votos.  El Prof. Bernabe decidió no volver a postularse para el próximo cuatrienio como candidato a la gobernación, mientras que el PIP comienza el ya el acostumbrado ritual de “autoevaluación” para concluir que el resto del mundo está mal excepto el partido y así reinscribirse (mi predicción, espero estar equivocado).

Esto lanza varias señales. Una de ellas es que ya los puertorriqueños están perdiéndole el miedo a candidatos que se autodenominan públicamente ateoso que no profesan creencia alguna en alguna religión formalizada. Es más, me consta personalmente que han habido políticos agnósticos o ateos en la legislatura, pero que aun así no lo expresaron públicamente. Ya es tiempo para ellos “salir del closet“.

No debemos perder de vista que hubo un alto nivel de abstención en Puerto Rico. Sin embargo, es importante mencionar el hecho de que la cifra de 45% de los electores es algo inflada. No olvidemos que el Tribunal Supremo de Puerto Rico determinó que se incluyeran a aquellos que no votaron en las elecciones pasadas. Para este año, ya algunos de ellos habían abandonado nuestro archipiélago.

Dadas estas circunstancias, hay que señalar que Rosselló debe estar conciente de que, como cabeza de la rama ejecutiva, él no tiene un mandato fuerte para la estadidad o su programa de gobierno, ya que el PNP obtuvo votos muy por debajo de la mayoría absoluta y casi a la par con el PPD. Sin embargo, sus planes parecen girar en torno a esa propuesta de estatus y ese va a ser el grueso de la discusión durante los próximos años, además de su impotencia ante la todopoderosa Junta de Control Fiscal.

Además, las semillas de ciertos contribuyentes a su candidatura empezaron a dar frutos. El predicador evangélico Jorge Raschke se reunió con Rosselló para felicitarle por su triunfo.

Es interesante ver que la primera preocupación del nuevo ejecutivo como política pública no es comenzar el proceso de solicitar la estadidad al Congreso (de hecho, tiene la visión equivocada de que el Presidente es el que la concede … o algo parecido). No, la primera gestión es la de cambiar algunos aspectos de la carta circular en torno a la enseñanza con perspectiva de género en las escuelas públicas. Obviamente activistas feministas, como María Dolores Fernós reaccionaron ante este tipo de declaraciones afirmando muy correctamente que el Dr. Rosselló no entiende mucho del tema y que de lo que se trata la carta circular es el énfasis en la igualdad de dignidad de todo ser humano independientemente de su sexo o género. Nada de esto debe extrañar al público, ya que en su campaña Rosselló se comprometió ideológicamente como “católico cristiano” (whatever that means) a estar en contra de la enseñanza con perspectiva de género.

En cuanto a las ciencias como campo, no creemos que Rosselló vaya a afectar las ciencias mediante sus visiones ideológicas. Sin embargo, existe una gran preocupación en cuanto al estatus de la Universidad de Puerto Rico bajo la supervisión de la Junta. Se podría afectar el acceso a fondos estatales o federales para los fines de la investigación científica.

Seguro que los grupos de derechos humanos y otros tendrán mucho que luchar en los próximos 4 años, pero nada … NADA … se compara con el problema inmenso que representa la elección de Donald Trump en Estados Unidos.
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Segunda parada: Los Estados Unidos

El triunfo de Donald Trump fue prácticamente inesperado para el mundo entero, no solo para los Estados Unidos. Debido al sistema vigente, pero anacrónico y obsoleto, de los colegios electorales, la candidata demócrata Hillary Clinton ganó el voto popular, pero perdió el de los electores. Esta sería la cuarta ocasión que un presidente gana por colegio electoral a pesar del favor de la mayoría de la población estadounidense. Algunos están hablando de fascismo y dictadura, pero el Prof. Ángel Rosa nos recuerda que estas racciones son un tanto exageradas. Aun con un Congreso republicano, es muy improbable que Trump haga “lo que le dé la gana”.

No obstante la matización, no podemos bajar la guardia ante esta novel situación política. Tan pronto fue electo, Trump comenzó el proceso de selección de la gente que le acompañará en el ejecutivo y su lista no es nada agradable.

Durante su campaña política, él intentó desacreditar el carácter antropogénico del cambio climático. En ocasiones, hizo alegatos extraños e ignorantes como los siguientes:

Aunque algunos tenían esperanza de que no hiciera buena su promesa, Trump comenzó por escoger a Myron Ebell como director de transición de poder en la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Las voces de la comunidad científica no se hicieron esperar. La versión cibernética de la revista divulgativa Scientific American publicó un artículo al respecto, señalando que Ebell es un llamado “escéptico” de la antropogénesis del cambio climático y miembro del Center for Energy and Environment, un tanque ideológico conservador en torno a temas del ambiente.

Eso no es todo. Aunque parezca increíble, Trump considera nominar a su exrival de primarias Ben Carson para liderar el Departamento de Educación federal. Carson es un neurocirujano procedente de un sector fundamentalista protestante en los Estados Unidos, quien ha dedicado sus energías al combate de la enseñanza de la teoría de la evolución neodarwiniana en las clases de ciencias en las escuelas públicas de Estados Unidos. También niega explícitamente la antropogénesis del cambio climático o la mera existencia de este. No solo eso, sino que en una predicación, fue tan lejos como para postular la hipótesis de que las pirámides probablemente fueron construidas por el patriarca hebreo José para guardar los granos que necesitaba Egipto para los siete años de sequía…

… y que Satanás inventó la teoría de la Gran Explosión (Big Bang).

Tengamos eso en cuenta cuando pensemos que Ben Carson puede ser que termine a cargo de la educación de los niños estadounidenses a nivel nacional.

Lo mismo se puede decir del vicepresidente electo Mike Pence, quien no solo sostiene perspectivas semejantes a las mencionadas, sino que las ha defendido abiertamente en el Congreso de los Estados Unidos.

Además, Pence tampoco cree que fumar tabaco o cigarrillo sea dañino a la salud. Para el horror de la comunidad LGBTI, también favorece las desacreditadas “terapias” de conversión de homosexuales a heterosexuales.

Hay otras noticias que parecen indicar que la presidencia de Trump va a estar caracterizada en parte por un intento de crear una teocracia republicana.

Ante este panorama, el futuro cuatrienio se ve difícil tanto en los ámbitos de las ciencias como de los derechos humanos. Esto implica que activistas bien orientados en cuanto a estos temas tenemos que salir a la calle a defender la razón y las ciencias en estos tiempos en los que se asoma de nuevo la oscuridad racional, intelectual y espiritual.

Más científicos puertorriqueños para el futuro

En el periódico El Nuevo Día de hoy (12 de junio de 2016), se nos informa de una muy buena noticia en relación con las ciencias en Puerto Rico y cómo se están formando a los jóvenes de escuelas públicas y privadas como futuros científicos. En el artículo, se nos informa sobre un campamento de verano de educación científica en temas tales como biotecnología, la educación y salud.

Les invito a que lean el artículo.