El glifosato, Monsanto y el más reciente escándalo de la IARC – 1

OMS y Roundup

Logotipo de la Organización Mundial de la Salud. A la derecha, galones de Roundup (Cortesía de Mike Mozart en Flickr, CC-BY 2.0)

Declaración de conflictos de intereses: Este artículo no fue financiado por empresa alguna. A tono con lo que decimos en la sección del “Propósito del portal“, no hay conflictos de intereses asociados a este escrito.

mamyths

Campaña Marcha Contra Mitos. http://www.mamyths.org/

El uso del glifosato como yerbicida ha penetrado en todas las esferas de nuestra vida. Esto no se debe al amplio uso en la agricultura debido a la siembra de productos resistentes a glifosato (entre ellos, los cultivos Roundup Ready® de Monsanto), sino también en cuanto a su uso por parte de los gobiernos y personas privadas con el propósito de mantener espacios libres de malezas.

Sin embargo, para el año 2015, una rama de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC por sus siglas en inglés) dio a conocer al público que clasificaba al glifosato como 2A, es decir, como probable carcinógeno para los seres humanos.

La reacción de muchos sectores del público se dejó sentir, especialmente los ambientalistas, partidos verdes, “alternativos” y de izquierda en general. En Puerto Rico, nutricionistas como Vilma Calderón, candidatos a la gobernación como María de Lourdes Santiago, partidarios del Partido del Pueblo Trabajador, sectores del Partido Popular Democrático y algunos del Partido Nuevo Progresista se han expresado por esta y otras razones en contra del uso del glifosato por parte de los municipios y del gobierno para lidiar con las malas hierbas. Los argumentos en contra de esta prácitca van desde pésimos, ignorantes y torpes criterios toxicológicos (e.g. que el glifosato es altamente tóxico porque originalmente se utilizó para limpiar tuberías), hasta alegatos de que causa autismo, depresión, obesidad, diabetes, celiaquía… y todos los males del universo (algo que hemos refutado) y, ahora, “probable cancerígeno”.

Por otro lado, algunos de ellos y otros afines ideológicamente han lanzado ataques ad hominem a cualquier persona que apoye el uso del glifosato, como un “pagado por Monsanto”. En muchos casos, se le imputa inmerecidamente sin que brote de la frente de la persona ni una sola gota de sudor en investigar si realmente la persona vende sus servicios a la compañía.

Más recientemente, en el año pasado (2017), una organización antiOGM y que milita por etiquetar productos transgénicos llamada U.S. Right to Know (USRTK) publicó en su portal cientos de páginas de correspondencia electrónica y otra documentación conocida como los “Papeles de Monsanto” (Monsanto Papers) donde pretende demostrar que efectivamente Monsanto “sabía” que el glifosato podía ser genotóxico y que no había seguridad plena de que no lo fuera. Estos Papeles son producto de un caso que se ha llevado a un tribunal de California acusando a Monsanto de que su producto Roundup® produjo limfoma no-Hodgkin a cerca de 2,000 personas (cerca de 300 demandas consolidadas en una). Este juicio está ante el juez de distrito Vince Chhabria para determinar si realmente las autoridades reguladoras y la misma compañía han investigado, analizado y publicado la evidencia concerniente al glifosato y su presunta asociación con este tipo de cáncer.

En estos Papeles publicados, se puede ver que ejecutivos de Monsanto hablaban de pagarle a científicos independientes o escribirles artículos para que ellos pusieran su nombre en él, lo que se conoce en la jerga en inglés como “ghostwriting“.

Irónicamente, esa misma evidencia entre otros factores han hecho que se descubriera que los científicos de la IARC tenían intereses financieros (e ideológicos) que también pudieron haber influenciado su opinión, como veremos en el último artículo de esta serie.

Científicos de ambos lados se han embarrado en todo este proceso. El propósito de esta serie es descubrir (hasta donde nos es posible) lo que ha ocurrido en estos dos últimos años al respecto. En esta primera parte, vamos a hacer un recuento histórico de lo ocurrido. En la segunda parte, le echaremos un vistazo crítico a la monografía publicada por la IARC. La tercera parte consistirá en ver las posibles razones externas al escrito en torno a las conclusiones de la IARC y las consecuencias del escrito a nivel mundial. Toda esta crónica revela una batalla corporativa de ambos lados, que desean influenciar o distorsionar la evidencia científica a su favor.
.

El consenso actual de la comunidad científica en cuanto al glifosato

Hay más de 2,700 estudios en torno al glifosato. Aquellos de cohorte debidamente controlados, las revisiones científicas y los metaanálisis de esta literatura coinciden en que no hay evidencia alguna de que el glifosato sea genotóxico, (vean también este artículo de 1999, este del 2008este del 2012, este de 2015, este de 2016,  este del 2017 y el más reciente estudio de cohorte independiente publicado el año pasado), convicción que comparten prácticamente todas las agencias de seguridad alimentaria del mundo (no solo la Agencia de Protección Ambiental federal) que han llevado a cabo muchas de estas revisiones (e.g. la EFSA con su estudio, la Agencia de Químicos Europea,  el Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania y Health Canada).

Para colmo del asunto, la OMS no está de acuerdo con su rama, la IARC. Según el informe conjunto del 2016 de la OMS y de la Organización de Alimentos y Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), no hay evidencia alguna de que el glifosato sea genotóxico.

Los activistas antitransgénicos apelan constantemente (como un mantra) al famoso experimento de G.-E. Séralini en que “demuestra” que la ingestión de glifosato y OGMs le produjo tumores a ratas Sprague-Dawley®. Los científicos en general no estuvieron impresionados. ¿Por qué? Aquí lo explico con más detalles.

La ciencia en este caso, es sólida, pero esto no significa que no hayan habido malas mañas de ambos lados en este combate.
.

Trasfondo de la controversia

Logo Roundup Ready Corn

Logotipo del maíz Roundup Ready, distribuido por la compañía Monsanto.

El glifosato ha sido objeto de disputas por mucho tiempo. Varias razones se han esgrimido, pero podemos simplificarlas a dos:

  • Su asociación con la empresa Monsanto, tanto la antigua como la nueva. Aunque no fue la compañía la que descubrió el glifosato, sí fue la dueña de su patente por muchos años, beneficiándose de su venta. No solo eso, cuando se fue convirtiendo en una agroindustria y descubrió las bacterias que descomponían el glifosato en el suelo, logró descubrir el material genético que hacía propicia esa característica y, vía transgénesis, pudo generar cultivos resistentes a glifosato; de ahí las semillas Roundup Ready®.
    .
  • Ciertos estudios preliminares con animales, incluyendo algunos hechos por Monsanto, parecían indicar que el glifosato era cancerígeno (1985). Cuando la Agencia de Protección Ambiental (EPA) federal se retractó de ello, muchos comenzaron a sospechar de la influencia de Monsanto en cuanto a esta decisión. Cuando la IARC publicó su monografía, proliferaron relatos de cómo Monsanto persuadió a dicha agencia a “suprimir” esta información importante. Esta narrativa fue impulsada por el grupo Food Democracy Now. Varias otras organizaciones antitransgénicas se basaron en ella (aquí está su informe).

.

La revisión de la EPA de 1985

Nuestra saga no comienza en el año 2015, sino en 1985, cuando la EPA evaluó dos experimentos hechos con ratas Sprague Dawley® y ratones CD-1® y concluyó que había evidencia muy limitada de que el glifosato causaba cáncer. No podemos exponer aquí todos los detalles de los experimentos en cuestión, pero resumiremos los resultados y la interpretación de los científicos de la EPA  en cuanto al experimento que nos concierne. El estudio, que involucraba una muestra 198 ratones CD-1®, detectó un aumento significativo de cáncer especialmente intestinal y en otros órganos.

Sin embargo, contrario a lo que han hecho recientemente otros científicos, la EPA tuvo en cuenta que la dosis de glifosato dada a ellos era inadecuada para el estudio (4,500 mg/kg/día). Los tumores renales que se veían en las ratas podían provenir de otras toxinas no carcinógenas presentes en sus órganos y concluyó (contra la interpretación de Monsanto) que había evidencia muy limitada de que el glifosato aumentara ligeramente las incidencias de cáncer en ratas machos. Por ello, la EPA había clasificado al glifosato como Grupo C (es decir, posible cancerígeno).

Sin embargo, al año siguiente, tras consultar con varios expertos, la EPA determinó que no había asociación alguna entre el glifosato y las incidencias de cáncer en las ratas.  Tras experimentos adicionales (por ejemplo, véase el informe de 1990) y varias algunas revisiones (véase esta de 1991), la EPA concluyó que al glifosato había que clasificarlo en el Grupo E (es decir, no había evidencia clara de que fuera carcinógeno). Experimentos y revisiones subsiguientes han apoyado estas conclusiones (Williams et al. 2016, pp. 3-4). Esto incluyó tanto a la Comisión Europea como a agencias de salud canadienses y la OMS (EPA, 1993, 2013; European Commission, 2002; Health and Welfare Canada, 1991; Health Canada, 2015; WHO, 1994).

Ahora bien, se podría argumentar que la interacción de Monsanto con la EPA influyó en el proceso decisional de dicha agencia. El problema con este argumento es que ya para entonces, el hecho de que hubiera agencias internacionales de reputación que apuntaban en la misma dirección demostraba la mayor probabilidad de que la EPA había llegado a la conclusión correcta.

A pesar de ello, esto se ha interpretado por los activistas y grupos antiOGM como “evidencia” de cuan lejos pueden llegar los tentáculos de la empresa Monsanto.
.

Informes y metaanálisis desde el 2000 y el 2016

En el año 2000, se publicó un informe (Williams et al., 2000) en torno a los efectos del glifosato sobre los seres humanos. Entre otras cosas, el estudio hace toda una revisión científica de la literatura y encuentró lo siguiente:

  • No hay preocupación alguna en cuanto a la toxicidad del glifosato para los seres humanos.
  • La absorción del glifosato por parte del sistema digestivo humano es ninguno y su totalidad es expulsada por el cuerpo humano.
  • Los mejores experimentos con animales han demostrado repetidas veces que el glifosato no se bioacumula.
  • El glifosato por sí solo o en combinación con los demás químicos del Roundup® no daban señal alguna de ser genotóxicos.
  • No hay evidencia alguna de su impacto en la reproducción y desarrollo de los seres humanos y animales cuando se consideran las dosis presentes en los alimentos.
  • Varios experimentos han mostrado que no es disruptor endocrino.
  • Roundup® no constituye amenaza alguna al ser humano.

Sin embargo, los grupos antiOGM cuestionaron este informe. Su objeción principal era la presencia y las actividades de uno de los autores, Gary M. Williams, del Departamento de Patología del  New York Medical College, Valhalla. Su nombre aparece en los Papeles de Monsanto, que son particularmente valiosos para ambos grupos (a favor y en contra de los OGMs) como veremos en otro artículo. Sin embargo, sí revela algo que es muy importante para los consumidores y es la intención de Monsanto en el 2015 de “escribir informes” para que científicos llamados “independientes” los publicaran a favor del glifosato.

De esta discusión, no hay lugar a dudas. Véase el intercambio de mensajes electrónicos en este documento, página 203, donde un ejecutivo de Monsanto decía lo siguiente:

An option would be to add Greim and Kier or Kirkland to have their names on the publication, but we would be keeping the cost down by us doing the writing and they would just sign their names so to speak. Recall this is how we handled Williams Kroes & Munro 2000. (Mi énfasis)

Esto también parece lanzar sombra en torno a la revisión científica del 2016 en la que él participó (Williams et al., 2016).

Aunque esto puede ser considerado por algunos “a smoking gun” de que Monsanto escribió un informe en el que Williams (y compañía) le pusieron la firma, se puede dudar este alegato. El colegio de medicina donde Williams labora afirma que llevó a cabo una indagación al respecto y no encontró evidencia de que Monsanto escribiera el informe del 2000. Por razones de privacidad, el colegio ha decidido no divulgar los detalles de la investigación.

Aunque tal medida es comprensible, esta falta de divulgación y el que Williams rehúse hablarle a la prensa, crea duda en la opinión pública sobre la integridad de dicha investigación. Esta preocupación del público no es irrazonable. Por otro lado, en lo que concierne a la revisión científica del 2016, Williams no fue el único que participó, también estuvo acompañado de otros científicos independientes y formó parte de uno de cuatro paneles de expertos que ponderaron en torno a los resultados de la IARC en relación con el glifosato, y muchos de ellos no están ligados a Monsanto financieramente. Es extremadamente dudoso que el artículo en cuestión sea casi una copia al carbón de algo escrito por la corporación.

Otro científico que fue mencionado en los Papeles (y que citamos) es David J. Kirkland, toxicólogo que participó en William et al., 2016 y quien niega rotundamente haber sido pagado o sometido algún estudio escrito por la compañía. Según él, no pondría en juego su prestigio llevando a cabo tal movida a favor de una corporación. No obstante sus negaciones, también quedó manchado ante la opinión pública.

Finalmente, está Dr. William Heydens y otros expertos de Monsanto, que dijeron haber participado en la redacción de Williams et al., 2000. Sin embargo, Heydens describió el proceso de la siguiente manera:

I made some minor editorial contributions to that 2000 paper that do not mount to the level of a substantial contribution or an intellectual contribution and, thus, I was only recognized in the acknowledgements and not as an author, and that was appropriate for the situation. …It was things like editing relatively minor things, editing for formatting, just for clarity, really just for overall readability to make it easier for people to read in a more organized fashion.

Esta caracterización es algo muy lejos de “ghostwriting“, pero con testimonios como ese, persisten las dudas. La compañía publicó un comunicado negando que sus empleados hayan escrito sustancialmente el documento.

Otro nombre que apareció, pero en relación con otro trabajo escrito, fue el de Ellen Chang:

Per our phone call with John the other day, the next two most important things that we need to do are the Meta-analysis publication and the Ag Health Study Follow-up publication, assuming we can get our hands on the data in a reasonable timeframe. I feel confident that we will have organizational support for doing these projects, so I think we need to start setting them up now.

For the meta-analysis, please contact Elizabeth, let her know we would like her/Ellen to do this, and get a cost estimate from her.

Efectivamente, Chang publicó el metaanálisis en el 2016. El problema con este señalamiento es que tanto Chang como su colega Elizabeth Detzell fueron honestas en la declaración de conflictos de intereses: el metaanálisis fue financiado por Monsanto, las dos han laborado contratadas como un servicio de consulta, y que la inclusión de las sugerencias de la corporación quedaba a discreción de ellas. En ningún momento alegaban que el estudio era independiente. Su reputación, pues, queda incólume y la aceptación del metaanálisis por parte de la comunidad científica puede ser testimonio de su imparcialidad. De hecho, el metaanálisis no se mantuvo oculto y se publicó en una revista académica arbitrada, libremente disponible y a la vista del público. Allí incluye la metodología utilizada, los criterios para filtrar los artículos bajo escrutinio, su discusión, etc. Su conclusión es plenamente consistente con revisiones científicas hechas por gobiernos y por científicos independientes de todo el mundo.

Es interesante que los objetores del glifosato no hayan combatido el contenido mismo de este escrito, sino más bien su financiación. Contrario a la malicia de cierta gente, no deberíamos empezar preguntándonos quién financió un estudio, sino buscando las fallas en un artículo. Por ejemplo, algunos científicos han publicado estudios en contra de una antropogénesis del cambio climático, se han mostrado las fallas notables de sus análisis y entonces se interrogó sobre quiénes los financiaron (la industria petrolera). La financiación no determina que un estudio “en principio” está mal, sino solo indica la posible motivación de la aparición de ciertas fallas claves para llegar a una conclusión equivocada.

Finalmente, tenemos que incluir otras aserciones de miembros dentro de la misma empresa. Este es el caso de la toxicóloga de Monsanto, Donna Farmer. Ella es la persona de la empresa que se encarga de estudios de seguridad y toxicidad de sus productos. En los Papeles aparece ella diciendo las siguientes palabras:

… you cannot say that Roundup does not cause cancer-we have not done carcinogenicity studies with “Roundup”.

Logo de Monsanto

Logotipo actual de Monsanto

Parecería que no hay nada más qué decir en torno al tema y que Monsanto nunca hizo los estudios de genotoxicidad del glifosato. Esta aseveración se convirtió en el “Field Day” en la prensa estadounidense y de otros países. Sin embargo, los Papeles también incluyen una entrevista que se le hizo en torno a esta aserción. Ella señala allí que no estaba hablando del glifosato, este solo es un ingrediente del producto Roundup®, sino de una serie de sulfactantes que acompañan el controversial químico. Monsanto no había hecho los estudios pertinentes en torno a los sulfactantes, por lo que no podía decir a ciencia cierta que Roundup® no fuera de alguna manera carcinógeno. Sin embargo, nos dice que ella no creía que los sulfactantes lo fueran.

Por otro lado, en los mensajes electrónicos, ella reconoció que los sulfactantes no eran biodegradables (aunque el glifosato sí lo fuera) y que la recomendación de la Comisión Europea para su probición no se debía a problemas de seguridad, sino a asuntos políticos en Europa (véase páginas 85-94 de este documento). En este último caso, el alegato es plenamente plausible, ya que la Comisión Europea se ha visto varias veces confirmando la seguridad de los alimentos transgénicos, convicción que ha sido ignorada por el Parlamento Europeo y varios de los países miembros por razones puramente políticas (véase nuestra discusión al respecto aquí). La posibilidad es bien fuerte de que la Comisión haya recomendando su prohibición por razón de presiones políticas, no de evidencia científica.

Esta controversia con Monsanto tampoco no es el único. Tras la publicación de los Papeles y la posible intervención indebida de la compañía en el quehacer científico, esta acusación de “ghostwriting” tuvo peso a la hora de la decisión de un juez de Fresno de autorizarle al estado de etiquetar productos transgénicos tratados con glifosato. Eso se debe a que aparentemente vio que un regulador de la EPA fue convencido de la falta de toxicidad del químico debido al documento de Williams et al., 2000.

Toda esta saga todavía no ha terminado en California.
.

La controversia continúa con acusaciones de plagio

El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania

Logotipo de El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania

El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania (BfR) se vio “embarrado” también con el tema, especialmente gracias al artículo de Williams et al., 2000. Esto se debe a que es hoy día, la institución es sospechosa de haber plagiado de la solicitud a la EFSA por parte de Monsanto para el relicenciamiento de su producto RoundUp®, específicamente las secciones del informe del BfR:

  • B.6.4.8
  • B.6.5.3
  • B.6.6.12

Según un analista experto en plagio, Stefan Weber, parece que su informe rendido a la EFSA, para relicenciar el glifosato para su uso de Europa, plagió datos en cada una de estas secciones, ya que citó directamente del texto de Monsanto y el artículo en discusión sin hacer la debida atribución. Esto violenta la normativa misma de la agencia europea de regulación de alimentos. Según Weber, esto puede indicar que BfR podría estar ocultando el verdadero origen de los datos. He aquí su análisis.

Esto ha causado el revuelo esperado en un caso tan contencioso como este. El 22 de septiembre del año pasado (2017), la EFSA lanzó un comunicado reafirmando la calidad del informe rendido. Afirma que estos pasajes alegadamente plagiados son parte de un dossier que contiene una revisión y evaluación del producto hechos por la compañía, combinados con los artículos arbitrados pertinentes (entre ellos Williams et al., 2000). Según es uso y costumbre, el texto del dossier es el punto de partida de la revisión y evaluación hecha por los organismos reguladores tales como la EFSA y deben aparecer en el informe. De hecho, la EFSA señala que es en la revisión del organismo público evaluador incluye tachaduras, modificaciones y comentarios, evaluación que se lleva a cabo de manera independiente de la compañía solicitante.

Por otro lado, el BfR también negó la acusación de plagio, diciendo lo siguiente:

Both in Europe and worldwide, it is a standard and recognised practice in assessment procedures not only in the area of plant protection products for assessment authorities to also integrate relevant passages from submitted documents in their assessment reports following critical review. The subdocuments of the assessment report therefore also contain text passages of this kind from publicly available literature sources that were submitted by the applicants as part of the legally required literature research. This is also evident from the headings of the various chapters and sections.

En otras palabras, el BfR hizo lo que siempre se ha hecho en estos casos y es partir del dossier de la compañía y evaluarlo críticamente. Esto implica el rechazo de ciertas partes del dossier (cuando aparece con tachaduras) y la introducción de artículos adicionales en torno al tema en cuestión (tal como indica Weber). Este procedimiento que es entendido como estándar en la comunidad científica, no constituye plagio porque es un entendido en la comunidad científica en torno a la práctica.
.

Reflexión

Todo este relato conlleva la discusión de un tema serio y es la interacción entre la industria con la academia y las ciencias. Bajo cualquier estándar, en muchos sentidos, hoy el proceso de discusión científica en todos los campos es más transparente que en cualquier momento en el pasado. Sin embargo, eso no implica que se hayan desterrado completamente las oscuridades de antaño.

Lo que esta experiencia nos demuestra es que, ante la opinión pública, parece que ocurrió una intervención indebida y antiética de parte de Monsanto en la discusión y debates científicos en torno al glifosato. La evidencia disponible lo sugiere muy fuertemente y dada la negativa de algunas de las personas implicadas a aclarar los asuntos, el público queda en la oscuridad de información en torno a lo acontecido. Una corporación no debe preparar documentos que se presenten como independientes, y aquel científico que diga que dicho documento es suyo, compromete muy seriamente su credibilidad. Eso no significa que no se consulte debidamente en ocasión de aclarar algunos puntos importantes, que es lo que alegan Monsanto y Kirkland.

Ahora bien, aun asumiendo lo peor, que hubo una intervención indebida hasta el punto de un “ghostwriting“, ¿quiere decir esto que los datos ofrecidos en estos estudios son malos? Nadie se ha detenido a pensar esta pregunta. ¿Es que Monsanto intentó “ocultar” la verdadera información en torno al glifosato como carcinógeno? La evidencia que muestra USRTK con sus Papeles es rotundamente negativa. La intervención indebida de la compañía, si ocurrió como alega USRTK, se debió a una preocupación por su marca comercial RoundUp® y sus productos transgénicos resistentes a glifosato. Sin embargo, en vez de “ocultar” información, lo que demuestran los Papeles es un esfuerzo de mayor exposición de los datos genuinos en torno al producto y que fueran aceptados por la comunidad científica. Véase las páginas 88-90 del PDF que hemos discutido y en el que USRTK no ha hecho el debido énfasis (mis comentarios entre corchetes[]):

I didn’t find anything on the Australian site either …however take this question S. It is not Roundup that is taken up it is glyphosate. It stops the synthesis of 3 amino acids (they are used to make proteins) and this “process” is also found in microbes and fungi. (p. 88)

[Esto es 100 % correcto, lo que hace el glifosato es detener la síntesis de tres aminoácidos en ciertas plantas: la fenilalanina, la tirosina y el triptófano.]

Thanks Neil. Honi has already have pointed out the flaws in the studies, but there can’t be any harm in doing so again. Studies on the safety of Roundup is a good approach, but I believe there are also some on glyphosate’s benefits for the environment (even if the surfactant is not biodegradable). It’s a shame the Scott’s guy is blaming us too!! (p. 89)

[Como ya indicamos, ellos indican que no hay estudios sobre los sulfactantes como posibles cancerígenos y resaltan que el glifosato es biodegradable y beneficioso al ambiente, aunque los sulfactantes no lo sean.]

The reporter has printed the correct information that “Glyphosate is biodegradable but the surfactant is not”. However, then she goes into a sensationalism mode quoting “studies” that suggest Roundup is not safe, which is probably derived from her interview of the Fremantle activist. I feel the response to FH needs to reiterate that her statement on biodegradability is correct, reiterate that Roundup is safe (and
provide references), and if there are flaws in any of the studies quoted, point out these flaws. (p. 89)

[En otras palabras, estos empleados de Monsanto no están diciendo que es cierto que el glifosato no es biodegradable y que RoundUp es carcinógeno. Lo que están diciendo es que el reportaje al que se refieren tenía información correcta, pero tenía mala información en cuanto unos estudios que cita dicho artículo. Una vez más, en ningún momento vemos que el personal de Monsanto está “ocultando” información.]

En otras palabras, los empleados de Monsanto creen en su producto. No quieren diseminar información incorrecta al público.

Entonces, ¿por qué tanta planificación de respuesta a un artículo de periódico? La respuesta es sencilla. Es una mezcla entre paranoia y relaciones públicas. No sería una exageración decir que Monsanto es la compañía más demonizada del mundo. No perdamos de perspectiva que, como toda corporación, su fin es maximizar sus ganancias al menor costo posible. Desde esta perspectiva, la compañía deseaba salvar su marcas comerciales RoundUp® y RoundUp Ready®, especialmente cuando este último es su mayor fuente de ingresos debido a la venta de transgénicos. Por ende, quiere atajar la publicación de los resultados científicos en torno a su producto RoundUp®, especialmente en relación con el glifosato, que es el ingrediente activo del yerbicida. Insistimos, los datos son genuinamente científicos y veraces, el medio para hacerlos públicos es la fuente de nuestras dudas.

Estrategias como esta y otros tipos de interacción entre el mundo comercial y el científico deben ser temas discutidos constantemente en el ámbito de la bioética y la ética empresarial. Aunque en este caso particular, el propósito de Monsanto de diseminar información correcta en torno al glifosato era buena, el medio escogido para ello no lo fue. Además, en el futuro, esta y otras corporaciones podrían decidir diseminar información incorrecta e inconveniente para sí.

Hay un aspecto que debe tenerse en cuenta también en cuanto a lo que concierne a Monsanto y al BfR. El mundo ha cambiado debido al desarrollo del ciberespacio, eso significa varias cosas:

  1. Ya no se puede continuar asumiendo que los textos científicos van a permanecer detrás de una muralla solo para la torre de marfil de los expertos. Hoy día, hay que suponer que el público va a leer los informes en cuestión. Eso significa que tanto los propulsores como detractores de la tecnología, sean conocedores de las ciencias o no —estos últimos grandes manipuladores de la opinión pública, como veremos más adelante—, van a acceder de una forma u otra a estos tipos de informes.
    .
  2. La comunidad científica, especialmente las editoriales de revistas académicas, deben discutir muy seriamente cómo publicar estudios haciendo las debidas advertencias al público y a la prensa.  Por ejemplo, si sale un comunicado de prensa sobre un estudio preliminar, resaltar el carácter preliminar de dichos estudios y no tomarlos como evidencia firme. En casos como las publicaciones del BfR, se debe orientar a los lectores en torno al proceso de evaluación de los dossier corporativos para que no ocurran malentendidos.
    .
  3. Aun con todo lo mencionado, siempre va a haber gente que por razones financieras o ideológicas falsee la opinión científica. En tales casos, es menester que hayan científicos disponibles para la prensa, que se dediquen una parte sustancial de su tiempo exclusivamente para mantenerse al día en torno a temas controversiales y hacerse disponibles para el público: prensa, conferencias, entre otros. También tienen que ir acompañados de un fondo que les provea defensa legal de algunos intereses, especialmente de los asociados a defender a los divulgadores científicos de ataques de organizaciones anticientíficas. Gente como Jeffrey Beall o David Gorski, o blogs como Science-Based Medicine y otros han tenido que enfrentarse a todo tipo de demandas debido a ello.

Sobre este último punto, no puedo hacer mayor énfasis. Necesitamos que los científicos salgan de sus laboratorios y que interactúen con el público y la prensa. La labor informativa de las mejores voces que la ciencia debe ofrecer tiene que estar lo más accesible posible al público y este lo va a agradecer. Tres grandes ejemplos de ello han sido Kevin Folta (blog y podcast) y Kenneth R. Miller en los Estados Unidos y José Miguel Mulet en España e Hispanoamérica.

Ya se han ido para siempre los días en que los académicos podíamos encerrarnos en nuestra torre de marfil (o peor, nuestro archipiélago de marfil). No es suficiente publicar en revistas académicas, sino también en blogs, vlogs, vídeos, charlas, libros, publicidad, etc. y de una manera que el público pueda entender.

Si no se tienen cuenta estos puntos bien importantes, sucede como ocurrió con la monografía del IARC del 2015 y su abuso por parte de grupos antitransgénicos. En nuestro próximo artículo, evaluaremos críticamente una sección de ese escrito y por qué la comunidad científica se indignó ante su evaluación del glifosato hasta el punto en que el organismo madre, la OMS, rehusó hacerle caso.

Esa sección  involucra, no solamente una intervención indebida de una industria en el quehacer científico, sino también conflictos de intereses y, muy especialmente,  falseamiento del panorama del cúmulo de la evidencia científica. La falta del sector antiOGM es mucho mayor que la de Monsanto en relación con el tema del glifosato.
.

Referencias

Andreotti, G., Koutros, S., Hofmann, J. N., Sandler, D. P., Lubin, J. H., Lynch, C. H., Lerro, C. C., De Roos, A. J., Parks, C. G., Alavanja, M. C., Silverman, D. T., & Beane Freeman, L. E. (9 de noviembre de 2017). Glyphosate use and cancer incidence in the Agricultural Health Study. Journal of the National Cancer Institute, djx233. doi: 10.1093/jnci/djx233. Recuperado de: https://academic.oup.com/jnci/article/doi/10.1093/jnci/djx233/4590280.

BfR. (20 de septiembre de 2017). Glyphosate assessment: BfR rejects plagiarism accusations. Recuperado de: http://www.bfr.bund.de/en/press_information/2017/34/glyphosate_assessment__bfr_rejects_plagiarism_accusations-201890.html

Chang, E. T., & Delzell, E. (2 de junio de 2016). Systematic review and meta-analysis of glyphosate exposure and risk of lymphohematopoietic cancers. Journal of Environmental Science and Health. Part B., 51, 6, 402–434. doi: 10.1080/03601234.2016.1142748.

Chang, E. T., & Delzell, E. (agosto de 2017). Glyphosate toxicity and carcinogenicity: a review of the scientific basis of the European Union assessment and its differences with IARC. Archives of Toxicology, 91, 8, 2723–2743. doi: 10.1007/s00204-017-1962-5.

Cornwall, W. (23 de marzo de 2017). Update: After quick review, medical school says no evidence Monsanto ghostwrote professor’s paper. Science. doi: 10.1126/science.aal0940.

Cressey, D. (24 de marzo de 2015). Widely used herbicide linked to cancer. Nature. doi: 10.1038/nature.2015.17181. Recuperado de: https://www.nature.com/news/widely-used-herbicide-linked-to-cancer-1.17181.

Guyton, K. Z., Loomis, D., Grosse, Y., El Ghissassi, F., Benbrahim-Tallaa, L., Guha, N., Scoccianti, C., Mattock, H., & Straif, K. — International Agency for Research on Cancer Monograph Working Group, IARC, Lyon, France (mayo de 2015). Carcinogenicity of tetrachlorvinphos, parathion, malathion, diazinon, and glyphosate. The Lancet — Oncology, 16, 5, 490–491. doi: 10.1016/S1470-2045(15)70134-8.

EFSA. (12 de noviembre de 2015). Conclusion on the peer review of the pesticide risk assessment of the active substance glyphosate. EFSA Journal, 13, 11, 4302. doi: 10.2903/j.efsa.2015.4302.

EFSA. (marzo de 2008). Safety and nutritional assessment of GM plants and derived food and feed: The role of animal feeding trials. Food and Chemical Toxicology, 46, 1, S2-S70. doi: 10.1016/j.fct.2008.02.008.

EPA. (1993). Reregistration Eligibility Decision (RED): glyphosate. Washington (DC): U.S. Environmental Protection Agency (US EPA), Office of Prevention, Pesticides, and Toxic Substances (EPA 738-R-93-014). Recuperado de: http://www3.epa.gov/pesticides/chem_search/reg_actions/reregistration/red_PC-417300_1-Sep-93.pdf.

EPA. 2013. Glyphosate pesticide tolerances; Final rule (40 CFR Part 180) [EPA–HQ–OPP–2012–0132; FRL–9384–3]. Fed Regist (US). 78:25396–25401. Recuperado de: http://www.regulations.gov/#%21documentDetail;D=EPA-HQ-OPP-2012-0132-0009.

European Commission. 2002. Review report for the active substance glyphosate. Finalised in the Standing Committee on Plant Health at its meeting on 29 June 2001 in view of the inclusion of glyphosate in Annex I of Directive 91/414/EEC. Brussels (Belgium): European Commission (EC), Health and Consumer Protection Directorate General (6511/VI/99-Final). Available from: http://ec.europa.eu/food/fs/sfp/ph_ps/pro/eva/existing/list1_glyphosate_en.pdf.

Food Democracy Now & The Detox Project. Glyphosate: unsafe in any plate. Recuperado de: https://s3.amazonaws.com/media.fooddemocracynow.org/images/FDN_Glyphosate_FoodTesting_Report_p2016.pdf.

Greim, H., Saltmiras, D., Mostert, V., & Strupp, C. (26 de febrero de 2015). Evaluation of carcinogenic potential of the herbicide glyphosate, drawing on tumor incidence data from fourteen chronic/carcinogenicity rodent studies. Critical Reviews in Toxicology, 45, 3, 185-208. doi: 10.3109/10408444.2014.1003423.

Health Canada. (2015). Proposed re-evaluation decision PRVD2015-01, glyphosate. Ottawa (ON): Health Canada, Pest Management Regulatory Agency (PMRA). Recuperado de: http://www.hc-sc.gc.ca/cps-spc/pest/part/consultations/_prvd2015-01/prvd2015-01-eng.php

Health and Welfare Canada. (1991). Preharvest application of glyphosate (Roundup) herbicide. Ottawa (ON): Health and Welfare Canada, Pest Management Regulatory Agency (PMRA), Plant Industry Directorate. Pesticide Information Division (Pesticides Directorate Discussion Document, Vol. 91, Iss. 1, 92.

Markard C. 2014. Ergebnisse der Vorstudie HBM von Glyphosat. Dessau-Roßlau (Germany): Federal Environmental Agency (UBA), Umweltprobenbank des Bundes [Informe no publicado] Berlin (Germany): German Federal Institute for Risk Assessment (BfR).

Mink, P. J., Mandel, J. S., Sceurman, B. K., & Lundin, J. I. (agosto de 2012). Epidemiologic studies of glyphosate and cancer: a review. Regulatory Toxicology and Pharmacology, 63, 3, 440-452. doi: 10.1016/j.yrtph.2012.05.012.

Portier, C. J. et al. (3 de marzo de 2016). Commentary: Differences in the carcinogenic evaluation of glyphosate between the International Agency for Research on Cancer (IARC) and the European Food Safety Authority (EFSA). Journal of Epidemiology & Community Health. doi: 10.1136/jech-2015-207005. Recuperado de: http://jech.bmj.com/content/early/2016/03/03/jech-2015-207005.full. Versión más reciente: http://jech.bmj.com/content/70/8/741.

Weber, S. (30 de septiembre de 2017). Expert opinion on adherence to the rules of good scientific practice in the subsections “B.6.4.8 Published data (released since 2000)”,
“B.6.5.3 Published data on carcinogenicity (released since 2000)” and “B.6.6.12 Published data (released since 2000)” in the report “Final addendum to the Renewal Assessment Report. Risk assessment […] for the active substance GLYPHOSATE […]”, October 2015, 4322 pages.  Recuperado de: https://www.global2000.at/sites/global/files/Expert%20Opinion%20Glyphosat%20Plagiarism%20English.pdf.

Williams, G. M., Kroes, R. & Munro,  I. C. (abril de 2000). Safety evaluation and risk assessment of the herbicide Roundup and its active ingredient, glyphosate, for humans. Regulatory Toxicology and Pharmacology, 31, 2, 117-165. doi: 10.1006/rtph.1999.1371.

Williams G. M. et al. (septiembre de 2016). A review of the carcinogenic potential of glyphosate by four independent expert panels and comparison to the IARC assessment. Critical Reviews in Toxicology, 46, sup. 1, 3-20. doi: 10.1080/10408444.2016.1214677.

WHO. (1994). Glyphosate. Geneva: World Health Organization (WHO)/International Programme on Chemical Safety (IPCS)/United Nations Environment Program (UNEP) (Environmental Health Criteria, núm. 159). Recuperado de: http://www.inchem.org/documents/ehc/ehc/ehc159.htm.

Advertisements

Respuesta al Dr. Fernando Cabanillas en torno al glifosato y la ingeniería genética de los alimentos

Non GMO

Etiqueta de que cierto alimento no contiene ingredientes OGM.

El domingo pasado, el Dr. Fernando Cabanillas publicó un artículo en El Nuevo Día titulado “Alimentos `non-GMO’: ¿moda o inquietud legítima?” Contrario a otros escritos en la prensa que tratan el tema, el contenido de la opinión es más equilibrado que lo usual con un genuino intento de exponer al público su convicción médica en torno a los famosos Organismos Genéticamente Modificados (OGMs) y la interrogante sobre si debería consumirse productos de OGMs (o GMOs por sus siglas en inglés) o si todo es una moda producto de una engañosa mercadotecnia.

Antes de comenzar con nuestra crítica, quisiera enfatizar que nuestra exposición es respetuosa hacia un médico al que los puertorriqueños deberían escuchar en cuanto a muchos otros asuntos en relación con la medicina. No solamente estamos ante un experto que tiene los conocimientos científicos para llevar a cabo su labor, sino que también es un ser humano que verdaderamente ama al pueblo y que quiere lo mejor para su bienestar. Nada de lo que digamos aquí representa un demérito a su gran labor y obra.

Para mostrar la buena fe en esta discusión, comencemos por lo bueno que nos brinda su publicación. En primer lugar, podemos percatarnos que en cuanto a la seguridad de los OGMs en sí mismos, el distinguido médico está muy bien orientado. Es un consenso abrumador en la comunidad científica que los OGMs (es decir, los transgénicos y los alimentos modificados por ARNi) son seguros. Esto llega hasta el punto en que 110 laureados del Premio Nóbel han solicitado a Greenpeace que cese sus actividades en contra del arroz dorado. A la luz de esto, el Dr. Cabanillas nos dice muy acertadamente:

El primer punto que debe quedar claro es que, contrario a lo que muchos piensan, ingerir los genes alterados de un GMO no nos causará problemas. No se nos caerá un brazo ni nos crecerá una planta en la oreja. No nos dará cáncer ni nos convertiremos en “Mutant Ninja Turtles”. Greenpeace está indisputablemente equivocada en su postura en contra de todos los GMO. No hay evidencia científica que pruebe que su postura es correcta.

No obstante ello, entra en el tema de la controversia actual en torno al glifosato, una de las sustancias que más están asociadas a los OGMs y a la multinacional Monsanto (hoy, propiedad de Bayer). A su vez, el glifosato está asociado al producto de dicha corporación, el yerbicida Roundup®.

Logo de Roundup

Logotipo del yerbicida Roundup

El Dr. Cabanillas describe con exactitud cuál es el uso de esta tecnología que contiene al glifosato como ingrediente activo. Sin embargo, en cuanto a la dicusión del tema, él comete un error factual bastante común cuando trae a colación este delicado tema: que, según él, en el 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró al glifosato “probablemente cancerígeno”. Este dato no es correcto. Fue una rama de la OMS la que lo hizo, a saber, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC por sus siglas en inglés, véase aquí su monografía).

Puede ser que se argumente que por ser parte de la OMS, eso automáticamente cuenta como opinión de dicho cuerpo internacional. El problema es que la opinión del IARC no es la de la OMS. De acuerdo con este último, no hay evidencia alguna de que el glifosato sea cancerígeno. Esto lo dejó muy claro en un informe escrito junto a la Organización de Alimentos y Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) y dado a conocer en el 2016, es decir, después de la publicación de los hallazgos del IARC (aquí se encuentra el escrito).

En medio de su artículo, el buen doctor nos dice que es extraño que la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y el IARC llegaron a conclusiones distintas. Él dice, muy acertadamente que han habido ciertas cuestiones planteadas en cuanto a los intereses de algunos miembros de la agencia de cáncer internacional.

Es imperativo preguntar sobre las intenciones de la industria al respecto y también en cuanto al cambio que hubo en varias agencias alrededor del mundo de máximo de consumo de 0.1 mg/kg a 20 mg/kg de glifosato, especialmente cuando no medió estudio nuevo al respecto. Sin embargo, la pregunta que debería hacerse la gente es si hacían falta nuevos datos para tal incremento en este límite de seguridad. El nivel de toxicidad del glifosato es extremadamente bajo (LD50 de 5600 mg/kg en ratas) y en las cantidades que usualmente aparecen en los alimentos, es prácticamente inofensivo. Se ha observado que se puede alimentar a una rata 31 mg/kg de glifosato al día y no se observan efectos adversos; se puede alimentar a un perro 500 mg/kg al día sin observar efecto adverso alguno. Tal incremento de presencia de glifosato por las agencias gubernamentales no debería alarmar a los seres humanos. Otros reportes de cantidades “alarmantes” de glifosato en alimentos como Cheerios o comida para bebés han exagerado la nota. Según unos “estudios” que andan circulando por ahí, se sugiere que una caja de Cheerios puede tener hasta un máximo de 1,125.3 por billón (de glifosato). Ese número parece impresionante hasta que nos damos cuenta de que para al menos empezar a sentir los efectos tóxicos del glifosato, un adulto debería haberse servido 1270 platos al día y un niño 635 platos al día.

Nota para los lectores:  LD50 es un indicador de toxicidad, usualmente medido en miligramos por kilogramos. LD50 indica la dosis letal por la que perece la mitad (50%) de los animales del laboratorio. Mientras más alto el número, menos tóxica es la sustancia. Mientras más bajo el número, más tóxica. Para que tengan idea de la toxicidad del glifosato, compárese el número dado arriba con el nivel de toxicidad de la fructosa (4,000 mg/kg), de la sal de mesa (3,000 mg/kg),  y el de la cafeína (192 mg/kg).

Edificio del IARC

Edificio del IARC en Francia. Foto cortesía de Rystheguy de Wikimedia Commons. CC-BY-SA 3.0.

A partir de las disímiles conclusiones de la EPA y del IARC, debemos preguntarnos legítimamente cómo sabemos  quién tiene la razón. A esto, nos dice el Dr. Cabanillas:

Solo se puede determinar a través de estudios epidemiológicos de personas expuestas, comparándolas con los que nunca han estado expuestos. El único estudio prospectivo, el Agricultural Health Study, patrocinado por el Instituto Nacional de Cáncer de EE. UU., sugirió que este producto no causa cáncer, mientras que otros seis estudios concluyeron que está asociado con linfoma, mieloma y tricoleucemia. Siete estudios adicionales determinaron que no existe relación estadísticamente significativa. El tema se complica porque hay una correlación entre el número de días de exposición al glifosato y el riesgo de desarrollar cáncer. Cuando esto se toma en consideración, la relación con estos trastornos se fortalece. También preocupa que el proceso de desarrollar cáncer es lento. Puede tomar décadas antes de que aparezca, por tanto, las conclusiones de algunos estudios puede que sean prematuras.

Sin embargo, enumerar estudios y mencionar que algunos han asociado el glifosato con ciertos males no es señal de que exista relación alguna, especialmente si las estadísticas no tienen en cuenta otros factores. Se pueden tener estudios de cohorte que sigan a agricultores por un largo periodo de tiempo (como el que recientemente se ha dado a conocer este mes y que no refleja aumento significativo de cáncer tras el uso del glifosato). Las revisiones científicas y metaanálisis hechos por científicos independientes, por empresas y agencias gubernamentales son pertinentes (ejemplos, este y este). Es necesario indicar que no solo la EPA, sino también la EFSA, Health Canada, la Agencia de Químicos Europea,  el Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania, entre otros han adoptado la posición de que no hay evidencia de genotoxicidad por parte del glifosato. Para todos los efectos, el IARC está solo en cuanto a su interpretación de los datos. Es más, aun cuando el Dr. Cabanillas hace la pregunta perfectamente válida sobre la carencia de nuevos estudios para ciertas determinaciones de la EPA, es menester apuntar al hecho de que la IARC también había dicho en años anteriores que el glifosato no era cancerígeno y que la monografía del 2015 no incluyó datos nuevos para su conclusión. Los defectos de la monografía son hartos conocidos en la comunidad científica (no solo Monsanto) y hasta algunos científicos han creado vídeos al respecto.

Además, el IARC tenía un texto borrador que inicialmente proponía que el glifosato no era genotóxico o carcinógeno. Una investigación de Reuters revela que dicho borrador pasó por una serie de ediciones claves para cambiar su posición.

Esto no significa que Monsanto sea un santo (aunque tampoco apoyaremos la actitud fanática y de dogma de fe de ciertos sectores sociales de que no hay “nada santo sobre Monsanto”). Documentos confidenciales dados a conocer a la luz recientemente revelan que posiblemente escribieron informes bajo la firma de científicos (en un caso particular, la investigación no encontró evidencia de ello), además de influenciar indebidamente en estudios que supuestamente eran independientes. A pesar de ello, de esos mismos documentos se desprende claramente que sus miembros creen firmemente que el glifosato no es cancerígeno, lo que confirma nuestra convicción. Ellos creen en su producto. Sin embargo, en un momento dado discutieron cómo no habían hecho los estudios de genotoxicidad de los sulfactantes usados por Roundup®, por lo que se sugirió que no se podría decir que ese yerbicida no fuera genotóxico (esto ocurrió en el 2003). De hecho, tampoco hay evidencia alguna de incremento de cáncer en humanos por el uso de los sulfactantes. Sobre todo esto y más hablaré en futuras entradas en este blog bien pronto.

A pesar de esto, la evidencia por el momento es clara de que el glifosato no debería ser objeto de alarma de parte del público. Esto es así, no solo porque aun si el glifosato fuera cancerígeno, el riesgo de terminar con cáncer es ínfimo, dada su escasa presencia en los alimentos. Debemos recordar también que todo el tiempo ingerimos sustancias altamente tóxicas y cancerígenas como, por ejemplo, ácido caféico (que se encuentra en el café que ingerimos todas las mañanas, salsa de manzana y vino tinto), el alcohol (cerveza, whisky, etc.), entre otros. El 99.99% de los pesticidas y carcinógenos que ingerimos es provisto por la naturaleza misma.

A la luz de lo ya expuesto, no hace falta cundir el pánico por el incremento de la presencia de glifosato en nuestro sistema. La evidencia es consistente de que no bioacumula y es excretado por el cuerpo humano. Llamar a etiquetar productos que contengan glifosato, como sugiere el Dr. Cabanillas, no mejorará la calidad de salud de los puertorriqueños. Es más, tendría consecuencias nefastas para los agricultores que dependen de este producto y cuya prohibición implicaría el uso de yerbicidas muchísimo más tóxicos. Simultáneamente, conllevaría la presencia en el mercado de alimentos con sustancias más tóxicas. En este sentido muy importante, la escasísima cantidad de glifosato en los alimentos es sencillamente inocua.

Respetamos al distinguido médico, pero por estas y otras razones diferimos de su opinión.

 

Recomendación: La izquierda Feng-Shui

La izquierda Feng-Shui por Mauricio José Schwarz

La izquierda Feng-Shui por Mauricio José Schwarz

Mauricio-José Schwarz es un periodista, escritor y fotógrafo mexicano que se destaca a nivel internacional por su defensa de la razón y de las ciencias, cofundador de  Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica y del Círculo Escéptico en España. Hoy día publica en sus blogs No que importe y  El retorno de los charlatanes y publica vídeos en su canal de YouTube, El rey va desnudo.

El título del libro La izquierda Feng-Shui establece muy bien el tono del escrito.  He aquí la ficha:

Schwarz, Mauricio-José. La izquierda Feng-Shui. Cuando la ciencia y la razón dejaron de ser progres. Ariel, 2017.

Schwarz hace una crítica necesaria a la izquierda, no solo la española o la mexicana, sino también en todos los lugares. De hecho, me atrevería a decir que todo lo mencionado en el libro es aplicable a la izquierda puertorriqueña. Antes la izquierda política representaba lo mejor de los valores de la Ilustración y su empeño en utilizar la razón y las ciencias como mecanismos para cambiar el mundo a uno más justo. Sin embargo, desde el siglo XX para acá, un cierto sector de la izquierda ha abrazado ciertas falsas creencias, sean religiosas o seculares, para someterse a la sinrazón y a ciertos ideales puristas.

Este es un libro de excelente labor periodística —viniendo de Schwarz, es de esperarse— en donde hace dos cosas muy importantes. En primer lugar, nos lanza en un viaje al pasado para tener una visión más clara de dónde proceden muchas de estas creencias irracionales ponderadas por un sector actual de la izquierda. En segundo lugar, se encarga de refutar muchas de estas creencias con base en la historia y las ciencias.

Aunque no necesariamente un servidor comparta su convicción de que la izquierda debería rechazar las religiones en general (marginaría políticamente a religiosos que sí queremos luchar por una genuina justicia con los instrumentos de la razón y de las ciencias), todas las críticas deben tomarse en serio. El libro es una introspección muy importante que se deben hacer los sectores más vociferantes para ver si realmente están creando un mundo de justicia o si están agravando la situación de los pobres.

Hubo dos grandes sorpresas en la lectura.  Primeramente, no sabía cuán empotradas están las creencias de Helena Blavatsky en muchas de las creencias religiosas orientalistas que se han puesto de moda en Occidente. Schwarz deja bien claro el hecho de que muchas de las visiones valorizadas hoy día por los que rechazan las religiones occidentales tienen su raíz en esta persona que se destacó mucho por crear un mundo esotérico ficticio del pasado.

Otra cosa que me dejó perplejo personalmente es su denuncia al pensador Iván Illich, que fue por años amigo de mi familia. Illich fue un sacerdote católico austriaco que fue famoso en Puerto Rico  (y a nivel mundial) por denunciar ciertas posturas del Vaticano en torno a varios temas, entre ellos el de los contraceptivos, mientras era rector de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico. Dicho caso estuvo a la par en fama con el que se llevó a cabo contra Hans Küng y Leonardo Boff. No obstante mi afecto por Illich, Schwarz tiene toda la razón a la hora de denunciarlo por hacer un mal diagnóstico de la sociedad moderna y de la resolución de sus “problemas”.  Su libro Némesis médica aportó a que personalmente este servidor rechazara la medicina contemporánea en un momento dado y sé de varios que les ha inspirado lo mismo. Aun con la fama de La desescolarización de la sociedad, es menester señalar que la desescolarización es precisamente una malísima solución a cualquier problema pedagógico del mundo moderno. De hecho, contrario a lo que pensaba él, la tecnología actual podría cambiar por completo algunos aspectos de la escolarización tradicional (especialmente con la presencia del mundo virtual). Tanto la medicina como la tecnología han mejorado para bien al mundo.

En cuanto al texto, hace la debida crítica a la tesis de que “todo lo natural es bueno”, además de fijar unos términos que deberíamos utilizar más frecuentemente en nuestras discusiones de política pública, tales como “el principio de la purísima concepción”: el mandato de que toda propuesta que se haga no conlleve problema alguno a ningún nivel bajo ninguna circunstancia. Otra palabra fabulosa que debería emplearse de aquí en adelante es la “neofobia” (fobia a lo nuevo).

Tampoco falta en la discusión su correcta crítica al llamado “posmodernismo” y las posturas de constructivismo social extremo que adoptan muchos de sus partidarios. En general, ellos tienden a rechazar las nociones de verdad y objetividad, no solo en las ciencias sino también en la ética.

En cuanto a aspectos negativos, son poquísimos los que voy a criticar, insignificantes y no modifican para nada el resto de la lectura.  Algunos son de naturaleza técnica: por ejemplo, dice que dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno forman la molécula de H2O. En realidad, son dos átomos de hidrógeno y el de oxígeno (capítulo 4). Lo otro es en cuanto a la historia de Monsanto, en la que no distingue (al menos a nivel jurídico) el antiguo Monsanto (la corporación que trabajaba con ingeniería química) y la actual Monsanto (la corporación que trabaja en la agroindustria).

Como es de esperarse, habla de todo lo concerniente a lo esotérico, las vacunas, los transgénicos, la medicina contemporánea, las toxinas, Monsanto, la Coca-Cola, el Reiki, el pensamiento positivo, entre otros temas. Al final, nos deja con varias preguntas para el futuro, para este servidor, las más difíciles son las concernientes a la tensión entre el respeto a las diversas culturas (especialmente las indígenas) y la necesidad de proveerles los medicamentos y la tecnología que necesitan para vivir y persistir en esta época.

La izquierda Feng-Shui es un libro extraordinario que sorprenderá mucho al lector con el manjar de información que tiene que ofrecernos. Además, el prólogo escrito por J. M. Mulet es refrescante y muy pertinente, especialmente cuando este mismo año publicó su libro (también extraordinario) Transgénicos sin miedo.

La propaganda antiOGM y las revistas de pobre reputación

En varios artículos de este blog (incluyendo uno de nuestra serie sobre los OGMs), hemos tratado ad nauseam el tema de cómo en general el movimiento antitransgénico descansa casi exclusivamente en revistas predatorias, de muy bajo impacto o de muy mala reputación.

Hace algunos días se llegó a aprobar para publicación un artículo revisado por pares al respecto, aunque todavía no se ha publicado en la revista en cuestión. Este artículo no es independiente, pero su revisión científica ha sido respaldada por los expertos en el campo de la biotecnología. He aquí su ficha:

Sánchez, M. A., Parrott, W. A. (15 de julio de 2017). Characterization of scientific studies usually cited as evidence of adverse effects of GM food/feed. Plant Biotechnology Journal (publicado en línea). doi: 10.1111/pbi.12798.

El primer autor, M. A. Sánchez, es miembro de la Asociación Gremial ChileBio CropLife, organización chilena financiada por compañías que trabajan en biotecnología. El segundo autor  trabaja en el sector público, en el Departamento de Ciencias de Cultivo y Suelos de la Universidad de Georgia e invierte parte de su tiempo para la divulgación científica junto a las organizaciones  International Food Biotechnology Committee y CropLife International.

Estudio retirado

Estudio de G. E. Séralini retirado (2012).

En este artículo se expone el hecho de que de todas las publicaciones que concluyen daños por parte de los cultivos OGMs constituyen cerca del 5% de lo publicado en este área. Los autores cuestionan el hecho de que en la opinión pública se echa una sombra sobre todos los OGMs en general, aunque sean muy pocos estudios. Ese bajo porcentaje se publica usualmente en revistas fraudulentas o de muy bajo impacto (ocasionalmente sin ningún impacto) y en general con errores metodológicos que descalifican la validez de su texto. Varios escritos también se publican informalmente en línea sin arbitraje por pares. En otras ocasiones no se han podido reproducir los resultados. En unos casos en que sí se han publicado artículos desfavorables a los OGMs en revistas serias, un buen número de ellas los han retirado. En contraste con ese 5%, el otro 95% constituye el corazón del consenso científico en cuanto a los OGMs. Esto significa que después de más de 20 años de siembra de este tipo de cultivos, no hay literatura que realmente refute el hecho de que son tan seguros como los convencionales.

Para ambos autores, el seudodebate en torno a los OGMs está guiado más bien por consideraciones ideológicas y políticas que genuinamente científicas. En general, la discusión hace un juicio sobre todos los OGMs en vez de un acercamiento más racional, el casuístico, es decir, debe verse por caso. Al final, mencionan los artículos más citados en el seudodebate y el problema científico que tiene cada uno.

He aquí otros problemas comunes con los escritos:

  • Usualmente los escriben los mismos autores y utilizan como pilar aquellos estudios del mismo círculo antiOGM.
    .
  • Algunos reclamaban no tener conflictos de intereses, aunque un vistazo a sus credenciales o su trasfondo los delataba.
    .
  • Algunos no mencionaban sus fuentes de financiación.
    .
  • Aquellos que sí lo hacían, estaban siendo sufragados por organizaciones notorias por su oposición a los OGMs.
    ,
  • Los errores metodológicos no son meros accidentes de ciertos estudios, sino que violan la normativa o la convención más elemental para mantener la calidad de los estudios.
    .
  • Algunos de los más citados no hicieron experimento alguno, sino que especulan.
    .
  • Algunos no aclaran cuáles variedades de cultivo OGM se están examinando.
    .
  • Usualmente los experimentos no están debidamente controlados y tampoco hay un buen uso de razonamiento estadístico.

Estos y otros errores más nos dan una idea de por qué no debemos tomar seriamente los estudios emblemáticos del movimiento antiOGM.

Recomendación: Transgénicos sin miedo (y Comer sin miedo)

Transgénicos sin miedo

Portada de Transgénicos sin miedo de J. M. Mulet.

Hay un chiste que a veces le digo a mis amistades en las redes sociales. Quiero escribir una serie de libros de divulgación de las ciencias (esa parte no es broma, es verdad).  El primer libro será sobre la evolución, en cuyo caso mis amistades religiosas se enojarán conmigo.  El segundo será sobre el cambio climático, lo que enfurecerá a mis amistades de la derecha política.  El tercero será sobre la energía nuclear, que enojará a mis amistades de izquierda. El cuarto será sobre organismos genéticamente modificados (OGMs), la cual será rechazada por mis amistades en el ámbito verde. El quinto será una sobre la existencia histórica de Jesús, lo que enojará a bastante de mis amistades incrédulas y ateas.  Al final de la serie estaré bieeeeeen solito.

(¡Nah!…   mis amistades son un amor, pero sé que ellos tendrán problemas con lo que diré sobre estos temas).

José Miguel Mulet Salort

José Miguel Mulet, 2016. Foto cortesía de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV Radiotelevisión-YouTube) CC-BY 4.0+.

Sin embargo, hay un libro de esa serie que estoy pensando que tal vez no haga falta escribir, el de los OGMs. ¿Por qué? Porque uno ha sido escrito y creo que es suficiente.  Este año, la Editorial Planeta publicó el libro más reciente de José Miguel Mulet, Transgénicos sin miedo.  Este no es su primer texto, Planeta también ha publicado Comer sin miedo, Medicinas sin engaños y La ciencia en la sombra. Además, había escrito un libro de la serie “¡Vaya timo!” titulado: Los productos naturales … ¡vaya timo!. Mulet es bioquímico y doctor en biología molecular de la Universidad Politécnica de Valencia. Además de ser un excelente expositor de las ciencias, especialmente en cuanto al asunto de los OGMs, tiene un sentido del humor particular que permea todo lo que escribe.

Comer sin miedo

Portada de Comer sin miedo por J. M. Mulet

Podría decir que entre Comer sin miedoTransgénicos sin miedos se obtiene una obra divulgativa que no he visto en ningún otro lugar en español ni en inglés. No he encontrado libro alguno dirigido al público que sea más completo, más claro, más conciso y más ameno (¡tremenda combinación!) sobre el tema de los OGMs. De hecho, esperaba que en Transgénicos sin miedo dijera mucho menos y el Dr. Mulet excedió por mucho todas mis expectativas. Entra de lleno en la historia de la agricultura, la historia de los transgénicos (su origen y desarrollo como parte de la ingeniería genética), cómo contribuyen a la salud, al medio ambiente, al bienestar de los agricultores, entre otros asuntos interesantes. También dedica bastante de su tiempo a desmontar los alegatos hechos por ambientalistas militantes y partidarios de los alimentos orgánicos (en España “ecológicos”) que están en contra de los OGMs y demuestra cómo su denuncia ha hecho más mal que bien a los agricultores, a la humanidad y al medio ambiente que ellos dicen defender. Junto a Comer sin miedo, creo que esta obra debe estar en manos de toda aquella persona que quiera aproximarse al tema muy seriamente sin lenguaje técnico y sin falsedades.

Debemos agradecer mucho al Dr. Mulet porque esto hacía muchísima falta en el contexto social de un público y una prensa nacional e internacional muy desinformada. Él dice que goza de escribir y ese estado de ánimo se nota en cada una de sus páginas. No hay nada mejor que un científico que disfrute el divulgar la ciencia al público. Cuando puedan, suscríbanse a su blog, Tomates con genes y lean los artículos que publicó en su blog anterior, Los productos naturales…¡vaya timo!

La ciencia de los OGMs – 4: Patentes, ¿suicidios o mejor calidad de vida?

Serie – “La ciencia de los OGMs” — Partes: 1, 2 y 3

Declaración de conflicto de intereses: Ningún artículo de esta serie fue financiado por empresa pública o privada alguna. A tono con lo que decimos en la sección del “Propósito del portal“, no hay conflictos de intereses asociados a estos artículos.

¿Qué rayos son las patentes y cómo funcionan?

mamyths

Campaña Marcha Contra Mitos. http://www.mamyths.org/

Uno de los grandes dolores de cabeza es la frase “propiedad intelectual”, porque más que aclarar los conceptos que caen bajo esta noción, oscurece en la mente del público los asuntos que abarca. Por ejemplo, la gente confunde derechos de autor (en el sentido de copyright) con las patentes. La gente no sabe que cuando una persona escribe un documento en su procesador de palabras (e.g. MS Word) y le da “Save”, esa persona ya tiene automáticamente su derecho de autor (copyright) sobre ese documento. Eso es algo distinto del registro de derechos de autor que se hace en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos o el Departamento de Estado en Puerto Rico. El derecho de autor es válido con o sin registro del documento, pero para propósitos legales es siempre conveniente tener el registro. Los derechos de autor se hacen sobre expresiones en medios tangibles (medio tangible incluye: papel, DVD, videocintas, documentos en PDF, pistas de MP3, vídeos en MP4 y otros formatos, etc.) Finalmente, la ley federal dispone que los derechos de autor en general duren la vida del autor mas 70 años. También dispone que existe lo que se conoce como “uso justo” (fair use) de material bajo derechos de autor: por ejemplo, el uso de porciones de películas para satirizarlas (YouTube está repleto de eso), citar una porción de un libro o ensayo que se quiere discutir (esto lo valoramos mucho en la academia), el uso de música para fines no publicitarios o comerciales, entre otros usos.

NADA de lo que acabo de decir aplica al ámbito de las patentes. Una patente es un monopolio temporero sobre una idea implementable tecnológicamente, no sobre expresiones. Para distinguir entre ideas y expresiones, utilizo el siguiente ejemplo:  dos libros de preálgebra de séptimo grado por dos editoriales distintas usualmente  contienen las mismas ideas, pero no la misma manera de expresarlas. Por eso es que ambos textos tienen dos derechos de autor distintos sobre sus respectivos libros. Es decir, cuando hablamos de patentes, estamos hablando de algo más abstracto: puedo tener una patente sobre una idea, lo que significa que cualquier otra empresa que la implemente tecnológicamente , independientemente de cómo lo haga, tiene que pagarme regalías, a menos que le otorgue una licencia especial liberándole de esa obligación. Allí entran las famosas negociaciones de licencias entre empresas: tu me permites a acceder a tu idea y yo permito que accedas a la mía.

Documento de otorgación de patente por la USPTO

Documento de otorgación de patente por la Oficina de Patentes y Marcas Comerciales de los Estados Unidos

Para obtener una patente se tiene que registrar la idea. Se llena una forma que luego se envía a la oficina de patentes (en nuestro caso, la Oficina de Patentes y Marcas Comerciales de los Estados Unidos)  que, después de un proceso de evaluación, la otorga o deniega. Cuando se otorga, se hace por un periodo no renovable de veinte años, tras la cual, la idea pasa al dominio público. Por ejemplo, la compañía Monsanto había patentado en 1996 los mecanismos de transgénesis e implementación para hacer la soya resistente a glifosato (la primera generación de soya Roundup Ready®). Ya han pasado 20 años, la patente ha expirado y ahora los agricultores pueden sembrar este tipo de soya cuando quieran y guardar las semillas si así desean.

Otro de los asuntos que incumben a las patentes es que no existe tal cosa como “uso justo” de ideas patentadas. Una patente sobre cualquier idea es un monopolio absoluto. Cualquier persona que utilice una idea sin licencia, está a merced de la persona o compañía que la ostenta. Usualmente, lo que hace el dueño de la patente es demandar al violador de su licencia, en cuyo caso el asunto se resuelve en los tribunales.

Desde un punto de vista de ética pública, ¿cuál debería ser el propósito de las patentes? En cuanto a este tema, adoptamos una posición teleológica, es decir, una que contempla a las patentes como un medio con un propósito o fin particular, en cuyo caso es el bienestar social y del planeta. Toda política pública en torno a patentes debería tener eso como criterio y, de hecho, los padres de la Constitución de Estados Unidos lo veían de esa manera.

Noten que, contrario al discurso trillado de la “propiedad intelectual”, esa carta magna no contempla a los derechos de autor y las patentes como “derechos inalienables de los autores o inventores”. Usted no lo encuentra la disposición en la Carta de Derechos, sino dentro de las facultades del Congreso. Dice la Constitución:

Congress shall have the power … To promote the Progress of Science and useful Arts, by securing for limited Times to Authors and Inventors the exclusive Right to their respective Writings and Discoveries (Artículo I, Sección 8).

En otras palabras, las patentes existen para promover las ciencias y el bienestar social. Si las patentes fallaran en esa tarea, entonces el Congreso tendría la facultad de revocarlas. Hay áreas donde el uso de patentes es bien cuestionable, como en el área de software (véase este artículoeste artículo, esta conferencia de Richard M. Stallman y las declaraciones del Deutsche Bank). Ahora bien, una cosa es implementar un ámbito ideal y abstracto de las matemáticas y la lógica en el software y otra cosa es trabajar con la crudeza de la materia, algo que en el ámbito científico suele ser costoso.

En ese sentido, patentar tecnologías que involucran la ingeniería química, la genética, etc. parecería ser perfectamente legítimo, ya incluyen procesos para crear nuevas sustancias sintéticas útiles o nuevas expresiones genéticas vía métodos de modificación genéticas (recordemos lo que dijimos en nuestro primer artículo de esta serie: esto cubre selección artificial, hibridización, mutagénesis inducida, transgénesis, ARNi, y ahora la edición de material genético mediante CRISPR).

Claro, para mantener estas patentes, Monsanto tiene que hacerlas valer al solicitarles a los agricultores que cumplan con unos contratos para sembrar las semillas OGMs.  ¿Es esta práctica aceptable para los agricultores? El asunto es complicado, no es claro para todos los casos, así que desde la perspectiva teleológica de las patentes parece que la aproximación más racional en torno a este asunto es casuístico, es decir, veamos cada asunto por caso.

Por ejemplo, parece que en los Estados Unidos la inmensa mayoría de los agricultores no tiene problema alguno con firmar estos contratos y comprar las semillas todas las temporadas. Los agricultores en cuestión no se sienten “esclavos de Monsanto”, algo que ellos contemplan como una sublime exageración de parte de los activistas. De hecho, uno de estos agricultores presenta el texto del contrato en cuestión, lo explica desde su perspectiva como agricultor y por qué no tiene problemas firmándolo. He aquí el testimonio de otro agricultor. Ellos entienden que Monsanto invierte una enorme cantidad de dinero ($2.6 millones al día en investigación y desarrollo) para darles las mejores semillas posibles y no todas ellas transgénicas. Pues, los agricultores gustosamente quieren pagar más por ellas siempre, cuando les rindan más y representen mayores ingresos.

¿Pero qué hay de todas las demandas de Monsanto a los agricultores?

Claro, si se utilizan las semillas de Monsanto ilegalmente y se les sacas provecho, inevitablemente va a haber un choque con la corporación. Esa es la realidad grotesca de las patentes. ¿Es eso cierto en el caso de Monsanto? Una vez más, no estamos aquí para defender una compañía, sino presentar la evidencia como está disponible. La empresa tiene todos sus recursos para defenderse a ella sola (y ahora que es Bayer, más todavía).

Cuando se examina toda la discusión en torno a este asunto en los Estados Unidos, parece que prevalece la visión de que Monsanto demanda a agricultores a diestra y siniestra porque las semillas pueden caer accidentalmente en terreno de algún agricultor que inocentemente pensaba que sus tierras no contenían semillas transgénicas. En realidad este tipo de reclamos parecen ser exagerados. La evidencia claramente señala que al menos en Estados Unidos este no es un problema. Según la compañía, desde 1997 hasta el 2016, Monsanto ha demandado a 147 personas, en ninguno de los casos por contaminación accidental con semillas transgénicas. Para el 2012, había cerca de 2.2 millones de granjas, eso haría del número de demandas cerca de un .007 % de los granjeros y agricultores. Solo ocho de estos casos terminaron en los tribunales y en todos los casos el jurado le ha dado la razón a Monsanto. Es más, hay una política bien establecida por la compañía de que si alguna semilla transgénica cae accidentalmente en cultivos ajenos, entonces estará dispuesta a remover esos intrusos accidentales sin costo alguno para el agricultor.

Percy Schmeiser

Percy Schmeiser (Foto cortesía de José Lozano CC-BY-SA 3.0).

Entonces, ¿de dónde proviene esta convicción de que Monsanto demanda a los agricultores? Aparentemente todo se origina en el caso de Percy Schmeiser, un agricultor canadiense productor de canola. De acuerdo con Schmeiser, Monsanto le quería demandar porque sus semillas transgénicas, que se sembraban en otros terrenos, terminaron accidentalmente en el suyo. Dado a que se encontró canola transgénica en sus tierras, la compañía decidió tomar medidas contra él. Desde entonces, Schmeiser se ha convertido en el ícono de esta causa contra Monsanto.

Monsanto Canada, Inc. v Percy Schmeiser

Monsanto Canada, Inc. v Percy Schmeiser

Es bien curioso entonces que cuando la demanda de Schmeiser a Monsanto llegó ante al Tribunal Supremo de Canadá (Monsanto Canada Inc. v Schmeiser [2004] 1 S.C.R. 902, 2004 SCC 34), dicha instancia decidiera en contra de Schmeiser y a favor de Monsanto. El texto de la decisión deja meridianamente claros los hechos acontecidos y aquí se lo dejo para su lectura.  Resumo la verdadera historia de Schmeiser de la siguiente manera:

  • Schmeiser había notado que alguna de la canola transgénica había caído accidentalmente en su granja. Lo supo porque estaba utilizando glifosato para despejar áreas que estuvieran libres de canola, pero la canola no moría. Por ende, pensaba él, que esta era la canola resistente a glifosato.
    .
  • Él guardó esas semillas, teniendo plena conciencia de que estaba violando la ley y las disposiciones de licencia de Monsanto.
    .
  • Sembró esas semillas en violación a la ley de patentes. ¿Cómo lo sabemos? Porque el 95 al 98% de la canola sembrada por él en su terreno de 1,000 hectáreas era transgénica. Eso no ocurre por accidente.

En otras palabras, este ícono de las “víctimas de Monsanto por contaminación accidental”, en realidad había violado la ley.

¿Y saben cuál es la parte más interesante de todo esto? Que después de que él forjó la causa contra Monsanto por ser su “víctima”, su granja decidió volver a la siembra de canola transgénica.

He aquí la discusión de este y otros casos más.

Para aquellos que quieran saber qué tiene que decir la compañía sobre casos como estos, consulten su página creada para ello.

Pregunta: Si eliminamos todos los OGMs del mercado, ¿se dejarían de patentar las semillas?

La respuesta: No.

Explicación: Una vez más, como dijimos en la primera entrada de esta serie, la ingeniería genética procede aun sin transgénesis artificial o uso de ARNi. Están la hibridización, la selección artificial, la mutagénesis inducida y el CRISPR. El uso de todos estos procedimientos también es costoso y las empresas patentizan sus semillas igual. Antes de los transgénicos, las compañías ya tenían la práctica de patentizar y, en muchas ocasiones, las demandas entonces y ahora por parte de ellas no tienen necesariamente con OGMs. Tómese este caso de la BASF cuando los agricultores tuvieron que pagar por la siembra ilegal de arroz registrado por esa compañía sin la debida licencia.

Trivia: ¿Sabía usted que en la agricultura orgánica también se compran semillas registradas y patentadas? Sí. La agricultura orgánica tampoco resuelve el llamado “problema” de las patentes de las semillas. Recuerden, que la industria orgánica es en la práctica muy parecida a la convencional.

Ahora bien, en casos de los cultivos en los que Monsanto no está interesada y hay algún tipo de necesidad, por razones también científicas, la compañía permite el uso de algunas de sus patentes para investigación y explotación económica siempre y cuando se cumplan unos acuerdos de no explotar la tecnología para otros cultivos que los acordados o que se exporten las semillas a otros países.  Este ha sido el caso de Bangladesh en el que las autoridades de su gobierno llegaron a un acuerdo similar con la multinacional. Gracias a la Universidad de Cornell, se sacó ventaja de la tecnología que permitía la producción de Bt, pero esta vez con berenjenas (es decir, berenjenas Bt). El insecticida Bt se utiliza para matar ciertas orugas  –en este caso, la Leucinodes orbonalis— que plagan esos tipos de cultivos. Inicialmente los ecologistas habían dicho que los agricultores condenaban a Monsanto por ello,  lo que realmente dijeron los agricultores fue …

…umm….

…. Ahora pensándolo bien, ¿quién soy yo para decir algo sobre eso?  Voy a dejar que los agricultores mismos hablen por su cuenta:

Los agricultores de berenjena Bt ahora invierten 80% menos en pesticidas, se han reducido sus problemas de salud y han aumentado sus ingresos casi un 100%. Véanse otros testimonios aquí. Resultados semejantes se han visto también en las Filipinas, donde se ha experimentado con otras variedades de berenjenas.

¿Suicidios por transgénicos?

Stop_Farmer_Suicide

Foto cortesía de Jan Satyagraha (2012), GFDL.

Muy bien, parece que en países como Estados Unidos y Canadá todo funciona bien, pero ¿qué tal en países como la India? Se habla mucho de que los altos costos de las semillas que Monsanto vende y cómo han llevado a muchos agricultores a terminar sus vidas.

La promotora de esta noticia desde ya hace tiempo se llama Vandana Shiva, Ph.D., una filósofa que es activista antiOGM. Quiero subrayar que ella no es física (ni tan siquiera física nuclear como alguien alegó una vez).  Su obra académica es puramente filosófica (MA y Ph.D.) y que en cuanto a física solo ha trabajado en teoría cuántica en su dimensión filosófica, Los físicos no la ven como una autoridad en el campo ni ha hecho experimentación de índole alguna en algún laboratorio. Ella es filósofa de las ciencias, mi campo.

En vez de dedicarse a las ciencias, ella gasta su tiempo en la propaganda antiOGM. ¿Cómo lo sé? A medida que avancemos, se hará evidente. Shiva es una que constantemente habla de cómo Monsanto obtuvo la tecnología “Terminator” para que las semillas dejaran de germinar después de una temporada de cosecha. Ella quiere evitar que se diseminen estas semillas “terminator” en la naturaleza. Hay dos cosas que hacen a este alegato un disparate:

  1. Monsanto se ha comprometido dos veces (en 1999 bajo la antigua Monsanto y otra bajo el nuevo Monsanto 2008) de no usar semillas de esa clase en el mercado y hasta hoy ha cumplido con su compromiso.
    .
  2. Cualquier persona con un conocimiento de escuela superior de biología sabría al instante que es imposible que las semillas estériles se diseminen en la naturaleza y en los campos. Para diseminarse, necesitan reproducirse, algo que impide la tecnología en cuestión.

Además, como hemos dejado bien establecido en nuestro primer artículo de la serie, la transgénesis (transferencia horizontal de ADN) es algo que existe en la naturaleza y que ocurre todo el tiempo. Así que cuando ella dice …

Aserción descabellada de Vandana Shiva

Aserción descabellada de Vandana Shiva

… ustedes pueden concluir que ella no sabe de lo que está hablando.

Quiero dejar meridianamente claro que sí han habido suicidios en la India, es algo bien desafortunado. Sin embargo, tras la estridencia de Shiva y sus seguidores, hubo un grupo de científicos dispuestos a explorar el asunto. Investigadores del Instituto Internacional de Investigación de Política Alimentaria (IFPRI por sus siglas en inglés) inquirieron en el asunto y publicaron un informe al respecto. En primer lugar, lo que muestra es que hay una tasa de suicidios que es alarmante, pero que es mayor en las ciudades que en el campo.

Suicidios en la India

Comparación entre los suicidios de agricultores en la India comparados con los de la totalidad (Gruère et al., 2008, p. 5).

Ahora bien, fue en el 2002 que se legalizó el algodón Bt, que es la manzana de la discordia. Este algodón transgénico creado por Monsanto y distribuido por la subsidiaria Mahyco, impide que las orugas devoradoras de los capullos de algodón afecten los cultivos. La pregunta que hay que hacerse es si hay alguna correlación entre el comienzo de los cultivos del algodón Bt y los suicidios.

Suicidios vs. cultivos de algodón Bt

Suicidios vs. cultivos de algodón Bt (Gruère et al., 2008, p. 27).

Se puede observar muy claramente que la compra y siembra del algodón se disparó después del 2002 y que, simultáneamente hubo una desaceleración de la tasa de suicidio entre los agricultores. Por cierto, esta adopción de algodón Bt puso a la India como una de las más grandes potencias (rivalizada por China) de algodón a nivel mundial. Esto es fácilmente apreciable usando los datos de la Organización de Alimentos y Agricultura de las Naciones Unidas (FAO) (ver también Gruère, et al., 2008, p. 13):

chart_india

De casi dos millones de toneladas al año, India pasó a producir cerca de 6.2 millones de toneladas al año. Eso se debe en gran medida por el impedimento a que prosperara la plaga de orugas que se solían perder anualmente las cosechas. Esto creaba a su vez, no un mejor rendimiento estrictamente hablando, sino una mayor disponibilidad de algodón para su venta y exportación.

Entonces, ¿mejoraron o empeoraron las condiciones de los agricultores? La verdad es que debido a la patente de la idea usada con este transgénico, el precio de las semillas se cuadruplicó. Sin embargo, lo sorprendente es que en muchos estados de la India, hubo reducción marcada de suicidios.

Suicidios vs. incremento en cultivos de algodón Bt

Suicidios vs. incremento en cultivos de algodón Bt (Gruère et al., 2008, p. 49)

Suicidios vs. incremento en cultivos de algodón Bt

Suicidios vs. incremento en cultivos de algodón Bt (Gruère et al., 2008, p. 49)

En el caso particular de los demás estados, se encuentra el de Mahashtra, en el que las lluvias monsónicas se han vuelto más inestables: periodos largos de sequía o periodos largos con demasiada lluvia e inundaciones. De aquí es que Shiva saca muchos relatos anecdóticos de suicidios de agricultores que compraron las semillas de algodón Bt a un alto precio y endeudándose. Una vez las cosechas se arruinaron por factores ambientales (no porque el cultivo fuera ineficaz), no pudieron pagar su deuda y ante la pérdida que ello conllevaba, se quitaron la vida.

No obstante esto, por más trágica que hubiera sido la situación, surgen interrogantes en torno al costo y el beneficio social. Antes de que haya gente airada que me escriba y pregunte emocionalmente cómo es posible plantear el nivel “costo-beneficio”, les recuerdo que todo en la vida es riesgo. Se podría argumentar que sin el algodón Bt, ese agricultor no se hubiera quitado la vida. Eso es estrictamente cierto, pero no debemos prescindir de una tecnología solo porque alguien murió por ella. Todos nosotros escuchamos todos los días reportajes de accidentes de tránsito; estrictamente hablando, ello no se hubiera producido si no existieran los carros. ¿Qué diremos? ¿Hay que terminar con los carros para que la gente no muera? Esa sería una respuesta absurda. Si adoptamos dicha tecnología porque nos beneficia todos los días. Los beneficios exceden por mucho los perjuicios y mejoran nuestra calidad de vida. Lo mismo ocurre con el algodón Bt.

Una vez más, ¿cuánto beneficia el algodón Bt a los agricultores? ¿Qué tipo de diferencia representa en sus vidas? Esto se ha cuantificado y he aquí los resultados ya a la altura del 2013, veamos (ojo: esto proviene de un estudio independiente):

Adopción de algodón Bt

Adopción de algodón Bt (Fuente: Qaim & Kouser, 2013, p. 2).

En India reina un sistema de libre mercado, por el cual los agricultores son libres de mantener las semillas tradicionales o de adoptar nuevas con Bt.  La evidencia señala que los agricultores libremente adoptan el algodón Bt, algo consistente con los datos que vimos en cuanto a la producción de este cultivo.

Agricultores de algodón Bt vs. los de algodón no-Bt

Agricultores de algodón Bt vs. los de algodón no-Bt (Fuente: Qaim & Kouser, 2013, p. 2).

Aquí podemos ver varios factores: los agricultores que adoptaron el algodón Bt parecen tener mayor ventaja que los que no lo han adoptado: Los primeros, aunque tengan menor tamaño de terreno en promedio y tengan el mismo promedio de edad que los otros, tienen mayores oportunidades de educación, tiene más acceso a comida, tienen mayores oportunidades de trabajar fuera de su labor agrícola, pueden tener un hogar mejor y mayor seguridad en su vida doméstica.

Aun en el caso de estudios en torno al tema por parte de escépticos al entusiasmo en torno a los OGMs en general y aun tomando los artículos más conservadores al respecto, se reconoce que ha habido un aumento de producción y de ingreso para los indios, mientras que ha habido un notable decrecimiento de la administración de insecticidas para los cultivos, algo que ha mejorado sus condiciones de salud (Stone, 2011). El decrecimiento de la administración de pesticidas se ha reducido por un 54.7 % según los números más conservadores (Stone, 2011, pp. 387, 391, 395). No solo eso, sino que los más escépticos (pero serios) que investigan la dinámica en torno a los transgénicos en la India proceden a decir también que de donde se originan más engaños es en el sector antiOGM que rehúsa debatir en el ámbito de las ciencias y la academia (Stone, 2011, pp. pp. 387, 388-389, 394, 395).

En resumen, con el algodón Bt, los agricultores comen bien, tienen mejor estado de salud y tienen mejor calidad de vida. Eso refuta el alegato de Shiva de que un agricultor orgánico tiene diez veces mayores ingresos que un agricultor de algodón Bt. Los testimonios personales de los agricultores indios son consistentes con estos hallazgos.

Esto no quiere decir que todo está bien. Como ocurre con los pesticidas, pueden aparecer orugas resistentes al Bt y ha ocurrido, esta vez, la oruga rosada. Esto ocurre especialmente debido a que ciertos agricultores no aplican las mejores prácticas para evitar resistencias. Monsanto ha diseñado otras variedades de algodón Bt, pero con mayor costo, poniendo en riesgo el acceso de los agricultores indios a esta tecnología. Además, también entró en conflicto con otras empresas indias que le debían dinero por concepto de regalías. Bajo esa situación, el gobierno de la India decidió caminar por otro rumbo. Gracias a la Universidad de Agricultura de Punjab (PAU) se ha desarrollado, con fondos públicos, la primera variedad de algodón  Bt para hacerlas disponiblesa un precio más barato para los agricultores de la India mientras que se les permite guardar las semillas si así lo desean.

¡Qué bonito sería si, en vez de “Marchas Contra Monsanto” y en vez de eliminar los OGMs porque provienen de una empresa foránea, nosotros utilicemos a la Universidad de Puerto Rico para crear variedades transgénicas y de cualquier otro tipo que atiendan la necesidad de nuestros agricultores y exportarlas para que eso represente ingreso para la academia! ¡Ah!… recordemos que mañana, en medio de una crisis universitaria, se prefiere “Marchar Contra Monsanto”.

Y mañana… nosotros seguimos Marchando Contra los Mitos.

Apéndice: ¿Por qué se suicidaban los agricultores indios?

La respuesta a la pregunta es sumamente compleja, pero todo parece indicar que el alza en suicidios empezó a ocurrir a mediados de los años 90 durante la fiebre neoliberal, cuando se liberalizó el sector financiero y bancario. Como se sabe, se dio una combinación de dos cosas, préstamos a agricultores cuyas tasas de intereses se convirtieron en demasiado onerosas para pagarlas o la denegación de dichos préstamos, lo que llevó a muchos agricultores a los préstamos informales (con todo lo que ello implica). En ambos casos, el resultado de ello ha sido fatal y parece que la situación sigue siendo la misma, especialmente en relación con los bancos. La introducción del algodón Bt en la ecuación fue un alivio a la situación de los agricultores, como muestra la evidencia disponible.

Por cierto, ¿dónde estaba la izquierda cuando se suicidaban los agricultores? Dejaron de fijarse en la liberalización del sector bancario y, con Vandana Shiva, intentaron impedir la siembra de algodón Bt, el mismo que majoraba la calidad de vida de los pobres agricultores. ¡Ironías de la vida!

Referencias

Bravo, A., Gill, S. S. & Soberón, M. (15 de marzo de 2007). Mode of action of Bacillus thuringiensis cry and cyt toxins and their potential for insect control. Toxicon, 49, 4, 423-435. Recuperado de http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0041010106004387.

Behere, P. B. & Behere, A. P. (abril-junio de 2008). Farmers’ suicide in Vidarbha region of Maharashtra state: A myth or reality? Indian Journal of Psychiatry, 50, 2, 124-127. doi: 10.4103/0019-5545.42401. Recuperado de http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2738339/.

Choudhary, B., Nasiruddin, K. M., & Gaur, K. (2014). ISAAA Brief 47: The Status of Commercialized Bt Brinjal in Bangladesh. International Service for the Acquisition of Agri-biotech Applications (ISAAA). Recuperado en http://www.isaaa.org/resources/publications/briefs/47/.

Gruère, G. & Sengupta, D. (febrero de 2011). Bt cotton and farmer suicides in India: an evidence-based assessment. Journal of Development Studies, 47, 2, 316-337. doi: 10.1080/00220388.2010.492863. Recuperado de http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/00220388.2010.492863.

Gruère, G. P., Mehta-Bhatt, P. & Sengupta, D. (octubre de 2008). IFPRI discussion paper 00808. Bt cotton and farmer suicides in India: reviewing the evidence. International Food Policy Research Institute. Recuperado de http://cdm15738.contentdm.oclc.org/utils/getfile/collection/p15738coll2/id/14501/filename/14502.pdf.

Hautea, D. M.,  Taylo, Masanga, A. P. L, Sison, M. L. J., Narciso, J. O., Quilloy, R. B., Hautea, R. A., Shotkoski, F. A., & Shelton, A. M. (20 de junio de 2016). Field performance of Bt eggplants (Solanum melongena L.) in the philippines: cry1Ac expression and control of the eggplant fruit and shoot borer (Leucinodes orbonalis Guenée). PLoS ONE. doi: 10.1371/journal.pone.0157498. Recuperado en: http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371%2Fjournal.pone.0157498.

Jayaraman, K. S. (14 de febrero 2012). India investigates Bt cotton claims. Nature. doi: 10.1038/nature.2012.10015. Recuperado de http://www.nature.com/news/india-investigates-bt-cotton-claims-1.10015.

Kathage, J. & Qaim, M. (15 de mayo de 2012). Economic impacts and impact dynamics of Bt (Bacillus thuringiensis) cotton in India.  Proceedings of the National Academy of Sciences, 109 (29), 11652-11656. doi: 10.1073/pnas.1203647109. Recuperado de http://www.pnas.org/content/109/29/11652.full.

Kennedy, J. & King, L. (2014). The political economy of farmers’ suicides in India: indebted cash-crop farmers with marginal landholdings explain state-level variation in suicide rates.Globalization and Health, 10, 16. doi: 10.1186/1744-8603-10-16. Recuperado de http://www.globalizationandhealth.com/content/10/1/16.

Kloor, K. (invierno de 2014).  The GMO-Suicide myth. Issues in Science and Technology, 65-70. Recuperado de   http://blogs.discovermagazine.com/collideascape/files/2014/01/GMOsuicidemyth.pdf.

Meherunnahar, M. & Paul, D. N. R. (2009).  Bt brinjal: introducing genetically modified brinjal (eggplant/aubergine) in Bangladesh. Falls Church, VA: Bangladesh Development Research Center. Recuperado de http://www.bangladeshstudies.org/files/WPS_no9.pdf.

New evidence of suicide epidemic among India’s ‘marginalised’ farmers. (17 de abril de 2014). Research. Recuperado de http://www.cam.ac.uk/research/news/new-evidence-of-suicide-epidemic-among-indias-marginalised-farmers.

Paarlberg, R. (2008). Starved for science: How biotechnology is being kept out of Africa. [Kindle]. US: Harvard University Press.

Panagariya, A. (2008). India: The Emerging Giant. Oxford: Oxford University Press.

Patel, V., Ramasucdarahettige, C., Vijayakumar, L., Thakur, J. S., Gajalakshmi, V., Gururaj, G., Suraweera, W. & Jha, P. (junio de 2012). Suicide mortality in India: a nationally representative survey. The Lancet, 379 (9834), 2343-2351. doi: 10.1016/S0140-6746(12)60606-0. Recuperado de http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(12)60606-0/abstract.

Pigott, C. R. & Ellar, D. J. (enero de 2007). Role of receptors in Bacillus thuringiensis crystal toxin activity. Microbiology and Molecular Biology Reviews, 71, 2, 255-281. doi: 10.1128/MMBR.00034-06. Recuperado de http://mmbr.asm.org/content/71/2/255.full.pdf.

Plewis, I. (febrero de 2014). Indian farmer suicides. Is GM cotton to blame? Significance, 14-18. doi: 10.1111/j.1740-9713.2014.00719.x. Recuperado de http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1740-9713.2014.00719.x/full.

Qaim, M. & Kouser, S. (5 de junio de 2013). Genetically modified crops and food security. PLoS ONE, 8, 6, e64879. doi: 10.1371/journal.pone.0064879. Recuperado de http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0064879.

Rai, N. P., Rai, G. K., Kumar, S., Kumar, N. & Singh, M. (noviembre de 2013). Shoot and fruit borer resistant transgenic eggplant (Solanum melongena L.) expressing cry1Aa3 gene: Development and bioassay. Crop Protection, 53, 37-45. doi: 10.1016/j.cropro.2013.06.005. Recuperado de http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S026121941300152X.

Sadashivappa, P. & Qaim, M. (2009). Bt cotton in India: development of benefits and the role of government seed price interventions. AgBioForum, 12, 2, 172-183. Recuperado de http://www.agbioforum.org/v12n2/v12n2a03-sadashivappa.htm.

Shantharam, S., Bullia, S. B. & Swamy, G. S. (2008). Peer review contestations in the era of transgenic crops. Current Science, 95, 2, 167-68.

Sheridan, C. (2009). Doubts surround link between Bt cotton failure and farmer suicide. Nature Biotechnology, 27, 9-10. doi: 10.1038/nbt0109-9. Retrieved from http://www.nature.com/nbt/journal/v27/n1/full/nbt0109-9.html.

Stone, G. D. (2011). Field versus farm in Warangal: Bt cotton, higher yields, and larger questions. World Development, 39, 3, 387-398. doi: 10.1016/j.worlddev.2010.09.008. Recuperado de http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0305750X10001737.

Stone, G. D. (22 de septiembre de 2012). Constructing facts: Bt cotton narratives in India. Economic & Political Weekly, 57, 38, 61-70. Recuperado de http://www.epw.in/special-articles/constructing-facts.html.

Tian, J.-C., Long, L.-P., Wang, X.-P.,  Naranjo, S. E., Romeis, J., Hellmich, R. L., Wang, P. & Shelton, A. M. (2014). Using resistant prey demonstrates that Bt Plants producing cry1Ac, cry2Ab, and cry1F have no negative effects on Geocoris punctipes and Orius insidiosus, 43 (1), 242. doi: 10.1603/EN13184. Retrieved from http://www.crossref.org/iPage?doi=10.1603%2FEN13184.

Vaidyanathan, G. (3 de julio de 2012). Genetically modified cotton gets high marks in India. Nature. doi: 10.1038/nature.2012.10927. Recuperado de http://www.nature.com/news/genetically-modified-cotton-gets-high-marks-in-india-1.10927.

VIB (Flemish Institute for Biotechnology). (enero de 2013). Facts series: Bt cotton in India: a success story for the environment and local welfare. Ghent: VIB. Recuperado de http://www.vib.be/en/about-vib/plant-biotech-news/Documents/BackgroundReport_BT_Cotton.pdf.

La ciencia de los OGMs – 2: Ratas, tumores y el fiasco de Séralini

Serie – “La ciencia de los OGMs” — Parte 1

Declaración de conflicto de intereses: Ningún artículo de esta serie fue financiado por empresa pública o privada alguna. A tono con lo que decimos en la sección del “Propósito del portal“, no hay conflictos de intereses asociados a estos artículos.

ADVERTENCIA: Este artículo contiene las imágenes fuertes de ratas albinas con tumores. El lector o la lectora ya lo sabe de antemano.

mamyths

Campaña Marcha Contra Mitos. http://www.mamyths.org/

Si ustedes han leído el primer artículo de nuestra serie, se habrán topado con nuestra referencia a la revisión de los mejores estudios hechos en torno a animales por un periodo de 29 años (Van Eenennaam et al., 2014). Sabemos que habrá uno que otro que se habrá rascado un poco la cabeza o levantado una ceja escéptica debido a que sí han habido noticias de que los OGMs impregnados con glifosato son cancerígenos y que se ha demostrado en laboratorios.  Si escuchan la radio, a lo mejor ustedes alcanzan escuchar a algunos nutricionistas “expertos” en el tema que afirman categóricamente que es así, debido a que un científico en Francia, Gilles-Éric Séralini, pudo mostrar ante todo el mundo la “verdad detrás de los transgénicos”, que Monsanto nos está matando, que el incremento de cáncer durante todos estos años se debe entre otras al consumo de transgénicos con partículas de un “cancerígeno” (el glifosato). Hay personas quienes pronuncian el nombre “Séralini”  en casi cada respiro cada vez que se habla de los transgénicos y del glifosato.

¡Tal vez a los autores de Eenennam et al, 2014, que incluían a 100 millardos de animales se les escapó un caso! De hecho, no se les deslizó de sus manos. Al contrario, mencionan algunos “estudios” (en un sentido BIEN laxo) al respecto entre los que se incluye el que vamos a discutir (Van Eenennaam et al, 2012, pp. 4262-4263).

He escrito una versión mucho más detallada de todo este incidente (conocido en inglés como el “Séralini affair“). Como se dijo en mi primer artículo de esta serie, aquí solamente nos vamos a atener estrictamente a lo que dicen los científicos profesionales en torno al tema y por qué el estudio en cuestión no convenció a nadie en la comunidad científica, ni tan siquiera mucha de la minoría de aquellos científicos que son escépticos de los OGMs en general.

El “incidente de Séralini” (“Séralini affair“)

Gilles-Éric Séralini

Gilles-Éric Séralini (2013). Foto cortesía de Thomas Jouanneau. CC-BY-SA 4.0.

Gilles-Éric Séralini es profesor de biología molecular de la Universidad de Caen y que desde algún tiempo se ha dedicado al tema de los transgénicos, destacándose por estudios diseñados para poner en duda su seguridad. Aquí no cuestionaremos en lo absoluto la legitimidad de la posición de escepticismo en relación con los transgénicos. Es y seguirá siendo una posición legítima en un mundo en que también hay científicos que tienen una confianza ciega en ello. La dialéctica entre estos dos sectores y las diversas posiciones intermedias son necesarias para el quehacer científico. Lo que sí cuestionamos es tomar por absolutamente ciertos aquellos experimentos que tienen notorias fallas. En algunos casos, se cuestionaría si varias de estas existen a propósito para que un experimento tenga un resultado predeterminado, asunto que rayaría en la deshonestidad. Este cuestionamiento se profundiza si tal procedimiento se hizo con el propósito de persuadir al público de que los resultados obtenidos son fiables y, por consiguiente, manipula a la sociedad para que se creen políticas públicas cuyos fundamentos científicos son tan firmes como la arena movediza.

Una vez más, no nos interesan las intenciones de Séralini, sino la calidad del experimento, cómo se proyectaron sus resultados ante el público y la reacción de la comunidad científica y las autoridades gubernamentales ante su divulgación.

Breve exposición de lo ocurrido en el experimento (en “arroz y habichuelas”)

Esta sección es para aquellos interesados en estos detalles que son tanto más técnicos. Para aquellos lectores que quieran saber de lleno el meollo del problema, siéntanse en la libertad de brincar esta sección.

El experimento se centra en el consumo de maíz transgénico junto a ciertas dosis del yerbicida marca Roundup® de la compañía Monsanto, cuyo ingrediente potente es el glifosato. Séralini y su equipo utilizaron para ello 200 ratas Sprague-Dawley™ albinas: 100 machos y 100 hembras. Cada grupo se subdividía en diez:

  • El grupo control: Este es un grupo de 10 ratas (5 machos y 5 hembras) a las que se les dio agua sin Roundup® y maíz no transgénico sin Roundup®.
    .
  • Hay a su vez 60 ratas a las que se les administraron diferentes porcentajes de maíz transgénico de Monsanto (Roundup Ready®):
    .

    • Veinte (20) de esas ratas consumieron alimentos con 11% de maíz transgénico: 10 lo consumió con Roundup® y 10 no.
      .
    • Otras 20 ratas consumieron maíz en que el 22% era transgénico: 10 de esas ratas lo consumirían con Roundup® y 10 no.
      .
    • Las restantes 20 ratas consumieron maíz en el que el 33% era transgénico: 10 de esas ratas lo consumirían con Roundup® y 10 no.
      .
  • A los últimos tres grupos de 10 se les dio maíz no transgénico, pero bebieron agua con distintas concentraciones de Roundup®.
    • 10 con agua cuya concentración de Roundup® era 1.1 x 10⁻⁸ %
    • 10 con agua con una concentración de Roundup® era 0.09 %
    • 10 con agua con una concentración de 0.5%

El tiempo de duración del experimento era de dos años (Séralini et al., 2012, pp. 4221, 4222-4223).

He aquí los resultados:

  • Cerca del 50% de las ratas machos y 70% de las hembras murieron prematuramente debido a los tumores (Séralini et al., 2012, p. 4223).
    .
  • Solo el 20% de las ratas machos y el 30% de las hembras del grupo control murieron prematuramente debido a los tumores (Séralini et al., 2012, p. 4223).
    .
  • Muchas de las ratas terminaron con tumores cuyos tamaños alcanzaban a ser el 25% de su peso corporal (Séralini et al., 2012, p. 4223).
    .
  • Otros de los resultados de presentaron de manera confusa y la mayoría no mostraba correlación alguna entre la salud de las ratas y la cantidad de maíz transgénico consumido por ellos (Séralini et al., 2012, pp. 4223-4228).

La publicación del estudio incluía el retrato de las ratas con tumores.

Retratos de tres de las ratas con tumores

Retratos de tres de las ratas con tumores según aparecen Séralini et al., 2014, p. 11, CC-BY 4.0 (la segunda vez que se publico el estudio en cuestión). En el estudio original se utilizaron estas mismas imágenes en un orden distinto (Séralini et al., 2012, p. 4226).

En la misma página en que aparece la imagen, también se mostraban fotografías de los tumores en sí y de sus células (Séralini et al., 2012, pp. 4226-4227), además de unas gráficas que no incluiremos aquí debido a que sería demasiado complicado y extenso el explicarlas (aun para muchos de los científicos que leyeron el estudio, las gráficas eran tremendamente confusas) (Séralini et al., 2012, pp. 4224-4225).

Un procedimiento inusual de la publicación de los datos

Los que sean científicos y que estén leyendo sobre este experimento, probablemente ya se hayan preguntado por qué se incluyen fotos semejantes. Como todo profesional sabe, ninguna de estas imágenes aporta información alguna que sea pertinente al estudio. Además, al tomar fotografías solamente de las ratas que ingirieron maíz transgénico o Roundup® (ninguno del grupo control) puede tener el efecto de impresionar al lector quitando de esa forma el énfasis debido en los datos y el diseño del experimento. El presentar estudios sin imágenes es algo usualmente ajeno a la experiencia del público que suele ver en las revistas de divulgación (Muy InteresanteScientific American, etc.) muchísimas imágenes precisamente diseñadas para impresionar (positivamente) a sus lectores. En las ciencias es distinto. El añadir imágenes con el objetivo de impresionar, pero que no aportan ninguna información científica alguna a a un artículo de una revista académica científica es muy mal visto.

Sin embargo, algunos han sospechado que el blanco de los retratos de las ratas y los tumores no es la comunidad científica, sino el público promedio. ¿Cómo lo sabemos? Pues el equipo de Séralini decidió hacer una conferencia de prensa, es decir, quería anunciar a la prensa y al público los “hallazgos” del estudio. Esto no es lo usual cuando se publica un estudio. Instancias como estas son extremadamente raras.

No solo eso, sino que también Séralini hizo algo que era más insólito: le solicitó a los miembros de la prensa que firmaran acuerdos de confidencialidad para que pudieran acceder al artículo antes de que se publicara, obviamente para que vieran las imágenes en cuestión. La prensa inexperta evidentemente se impresionó ante las imágenes (Arjó et al., 2013, pp. 256, 265, 268; Butler, 2012).

Una vez se publicó el estudio, se mostraron los retratos de las ratas con tumores, los retratos de los tumores y el movimiento antitransgénico hizo fiesta contra de Monsanto. La inmensa mayoría de la comunidad científica a nivel mundial respondió airada. Como respuesta, los antitransgénicos recurrieron al ejercicio de una falacia (que en su caso, desgraciadamente, es demasiado frecuente) a la que llamaremos Reductio ad Monsantum:

Definición de Reductio ad Monsantum: Es el acto de un antiOGM de acusar de ser comprado por Monsanto (o la compañía que se desea demonizar) a un científico, miembro de la prensa o a un divulgador cuando llega a una conclusión que a ese antiOGM no le gusta, no importa si dicha conclusión es científicamente válida y respaldada por la evidencia.

Pero, ¿por qué la reacción adversa de parte de los expertos en este campo?  ¡Veamos!

Los problemas fatales del experimento

Todas las objeciones en torno al experimento radican en el diseño. El lector de nuestro blog no tiene que leer todas las objeciones en cuestión. Con la primera bastará, pero para el curioso añadiremos más después de esa. Veamos:

  1. Las ratas seleccionadas para el experimento son notablemente propensas a tumores.

Las inmensa mayoría de las ratas Sprague Dawley™ albinas desarrollan numerosos tumores durante un periodo corto de dos años. Esto ha sido estudiado a saciedad por la comunidad científica. Por ejemplo,  en un experimento que se llevó a cabo en los años 50, se descubrió que la tasa de incidencias de tumores de ratas hembras bajo situación control (es decir, sin someterlas a ninguna variable que normalmente llevaría a cualquier otro animal a una mayor propensidad a tumores) es cerca del 56 %. En el caso de otras, una dieta especial rica en grasas llevó a que el 80% de ellas desarrollara tumores, un número aproximado al que obtuvo Séralini.

En otro experimento llevado a cabo en los años 70, solo se midió la propensidad a tumores en un periodo de un año y seis meses. ¿Su resultado? El 45 % de las ratas habían desarrollado tumores y en una proporción semejante a la reportada por Séralini: las ratas hembras tenían el doble de tumores que los machos.

En otro experimento que se llevó a cabo en esa década y se publicó en 1979, donde se revelaba que el 81 % de las ratas Sprague Dawley albinas terminaron con tumores en un lapso de tiempo de 2 años.

Esto no es nada sorprendente para los toxicólogos y oncólogos que han trabajado con estas ratas. Hay una amplia literatura de sus distintas incidencias de tumores bajo diversas circunstancias.

¿Qué significa esto? Pues, algo muy sencillo: que en el mejor de los casos, el experimento no es concluyenteNO demuestra que los transgénicos y el Roundup® sean cancerígenos. Es más, este resultado es consistente con otros estudios que demuestran que no hay mayor incidencia estadística de cáncer en animales de laboratorio cuando ingieren transgénicos con o sin Roundup® (véase este artículo y este metaanálisis).

El asunto es todavía peor. Una de las gráficas del artículo parecería indicar que si una rata macho ingiere agua con Roundup®, alargaría su tiempo de vida. Obviamente, este resultado es absurdo, pero demuestra cuan mal diseñado estaba el experimento. No solamente los datos reflejan este patrón, hay otras anomalías (e.g. que mientras más maíz transgénico ingerían las ratas, menor era el tamaño de sus tumores).

Pero si este es el hecho, entonces, ¿por qué no se tiene en cuenta que el grupo control tuvo menos incidencias de tumores que en los demás casos? El problema es que con tantas variables examinadas en el experimento, el tamaño de las muestras para cada caso era demasiado pequeño para establecer una diferencia significativa estadística entre los grupos. Además, dentro del contexto de los demás estudios en torno a las ratas Sprague Dawley albinas, se puede sostener que el Roundup® y el maíz transgénico no conllevaron incremento alguno estadístico en cuanto a las incidencias de tumores.

Aun con todo esto, Séralini concluyó que la evidencia parecía indicar que el maíz transgénico y el Roundup® aumentaban las incidencias de tumores en las ratas (¡!) (Séralini et al., 2012, p. 4230).

Por eso, se señaló que los datos del experimento estaban mal analizados y mal evaluados y que obviamente la conclusión era estaba errada.

El que esté satisfecho con esta explicación para descartar este experimento como genuino, siéntase en la libertad de saltar a la próxima sección. Los que se quieran quedarse para conocer cuáles son las demás objeciones del llamado “estudio”, pueden quedarse un ratito más:

  1. Séralini no siguió la guía europea (de la OECD) para establecer grupos controles adecuados, algo que, como hemos visto, vició el experimento desde punto de vista de su diseño.
    .
  2. En su aviso de declaración de conflictos de intereses, a Séralini se le olvidó señalar que CRIIGEN y la Fundación para el Progreso Humano, dos organizaciones antitransgénicas, financiaron su estudio.
    .
  3. Algunos han planteado que Séralini y su equipo pudieron haber cometido distintas faltas de código de ética en relación con las ratas, debido a que (¿por motivos puramente publicitarios?) dejó crecer sus tumores hasta el extremo y sin ponerlas a dormir en un cierto tiempo razonable. Esto es cruel por infligir sufrimiento innecesario para dichos animales de laboratorio (véase Arjó et al., 2013).

Más reacciones …

No solo los científicos se molestaron, sino también la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA por sus siglas en inglés) tronó contra el artículo publicado y expresó lo siguiente:

The assessments of Member States and EFSA revealed an overall agreement. The study as reported by Séralini et al. was found to be inadequately designed, analysed and reported. The authors of Séralini et al. provided a limited amount of relevant additional information in their answer to critics published in the journal Food and Chemical Toxicology. Taking into consideration Member States’ assessments and the authors’ answer to critics, EFSA reaches similar conclusions as in its first Statement (EFSA 2012). The study as described by Séralini et al. does not allow giving weight to their results and conclusions as published. Conclusions cannot be drawn on the difference in tumour incidence between treatment groups on the basis of the design, the analysis and the results as reported. Taking into consideration Member States’ assessments and the authors’ answer to critics, EFSA finds that the study as reported by Séralini et al. is of insufficient scientific quality for safety assessments. EFSA concludes that the currently available evidence does not impact on the ongoing re-evaluation of glyphosate and does not call for the reopening of the safety evaluations of maize NK603 and its related stacks. EFSA’s evaluation of the Séralini et al. article is in keeping with its role to review relevant scientific literature for risk assessment on an ongoing basis to ensure that the advice it provides is up-to-date.

Ante todas las objeciones presentadas por científicos expertos, por la EFSA y otros, la revista Food and Chemical Toxicology procedió a retirar el artículo.

Estudio retirado

Estudio retirado

Obviamente, los movimientos antitransgénicos respondieron con su usual Reductio ad Monsantum.

De muerto a zombi

Como frecuentemente ocurre en el movimiento antiOGM y otros bien característicos de algunas seudociencias, no importa cuan malos hayan sido estos experimentos y se hayan demostrado su falsedad a saciedad, pueden convertirse en la bandera de alguna causa. Lo otro que ocurre es que suelen convertirse en lo que el médico David Gorski llama “estudios zombis“, es decir, unos “estudios” hartamente refutados que “reviven” después de muertos.

Séralini y su equipo no se dieron por vencidos. Lo que hicieron fue hacer unas modificaciones cosméticas al estudio para volverlo a publicar en otra revista académica, en esta ocasión en la Environmental Sciences Europe.  Lo que es extraño es que en esta ocasión se dio a conocer sin arbitraje por pares (peer-review), algo que no es usual. El argumento que esgrimió la junta editorial de la revista es que no lo necesitaba porque ya había sido arbitrado por Food and Chemical Toxicology. Lo otro que llama la atención, es que en esta segunda ocasión, Séralini corrigió su conclusión y afirmaba que sus resultados no eran concluyentes. Desgraciadamente, llega a la convicción correcta cuando el daño social vía los medios ya está hecho y el estudio previo con sus conclusiones incorrectas se ha convertido en un estandarte de los militantes antiOGMs.

Desde entonces, Séralini y otros han utilizado este mismo estudio para sustanciar otros alegatos en torno a los OGMs y Roundup®.

A pesar de que hoy día algunos científicos utilizan el artículo de Séralini para mostrar cómo no llevar a cabo un experimento, alguna gente en Puerto Rico y en el mundo siguen pregonando a su favor como si hubiera sido (como dirían en inglés) el “smoking gun” contra Monsanto y el daño que “representan” los OGMs.

Lo más triste es que algunos partidos políticos de Puerto Rico y varios grupos ecologistas están bien conformes con un experimento rechazado por la inmensa mayoría de los científicos a nivel mundial. Sin lugar a dudas, esta actitud es un genuino ejercicio del negacionismo contra las ciencias.

Referencias

Academic Review. (24 de septiembre de 2012). The Academic Review’s editorial standpoint on Seralini’s paper. Recuperado de http://academicsreview.org/2012/09/scientists-smell-a-rat-in-fraudulent-study/.

Arjó, G., Portero, M., Piñol, C., Viñas, J., Matias-Guiu, X., Capell, T., Bartholomaeus, A., Parrott, W. & Christou, P. (22 de febrero de 2013). Plurality of opinion, scientific discourse and pseudoscience: an in depth analysis of the Séralini et al. study claiming that Roundup™ Ready corn or the herbicide Roundup™ cause cancer in rats. Transgenic Research, 22, 255-267. doi: 10.1007/s11248-013-9692-9. Recuperado de http://link.springer.com/article/10.1007%2Fs11248-013-9692-9.

Berry, C. (marzo de 2013). Letter to the editor. Food and Chemical Toxicology, 53, 445-446. doi: 10.1016/j.fct.2012.10.053. Recuperado de  http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0278691512007983.

Butler, D. (10 de octubre de 2012). Hyped GM maize study faces growing scrutiny. Nature, 490, 158. doi: 10.1038/490158a. Recuperado de http://www.nature.com/news/hyped-gm-maize-study-faces-growing-scrutiny-1.11566.

Casassus, B. (28 de noviembre de 2013). Study linking GM maize to rat tumours is retracted. Nature. doi: 10.1038/nature.2013.14268. Retrieved from http://www.nature.com/news/study-linking-gm-maize-to-rat-tumours-is-retracted-1.14268.

CNRS. (27 de septiembre de 2012). Pour un débat raisonné sur les OGM. Recuperado de http://www.cnrs.fr/fr/une/actus/2012/20120927-debat-ogm.html.

Davis, R. K., Stevenson, G. T., & Busch, K. A. (marzo de 1956). Tumor incidence in normal Sprague-Dawley female rats. Cancer Research16, 3, 194-197. Recuperado en http://cancerres.aacrjournals.org/content/16/3/194.full-text.pdf.

Dunklee, D. D. (marzo de 2014). Letter to the editor. Food and Chemical Toxicology, 65, 393. doi: 10.1016/j.fct.2014.01.005. Recuperado en http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0278691514000064.

Durbin, P. W., Williams, M. H., Jeung, N. & Arnold, J. S., Parrott, M. W. & Davis, T. (marzo de 1966). Development of spontaneous mammary tumors over the life-span of the female Charles River (Sprague-Dawley) rat: the influence of ovariectomy, thyroidectomy, and adrenalectomy-ovariectomy. Cancer Research, 26, 1, 400-411. Retrieved from http://cancerres.aacrjournals.org/content/26/3_Part_1/400.full.pdf.

EFSA. (2012). Final review of the Séralini et al. (2012a) publication on a 2-year rodent feeding study with glyphosate formulations and GM maize NK603 as published online on 19 September 2012 in Food and Chemical Toxicology. EFSA Journal, 10, 11, 2986. doi: 10.2903/j.efsa.2012.2986. Recuperado de http://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/2986.htm.

Folta, K. (3 de enero de 2013). Letter to the editor. Foood and Chemical Toxicology, 65, 392. doi:10.1016/j.fct.2014.01.004. Recuperado de http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0278691514000052.

Landgridge, P. (marzo de 2013). Letter to the editor. Food and Chemical Toxicology, 53, 441. doi: 10.1016/j.fct.2012.10.056. Recuperado de http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0278691512008010.

Le Tien, D. & Le Huy, H. (marzo de 2013). Comments on “Long term toxicity of a Roundup herbicide and a Roundup-tolerant genetically modified maize”. Food and Chemical Toxicology, 53, 443-444. doi: 10.1016/j.fct.2012.10.054. Recuperado de http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0278691512007995.

Nakazawa, M., Tawaratani, T., Uchimoto, H., Kawaminami, A., Ueda, M., Ueda, A., Shinoda, Y., Iwakura, K., Kura, K. & Sumi, N. (2001). Spontaneous neoplastic lesions in aged Sprague-Dawley rats. Experimental Animals, 50, 2, 99-103. doi: 10.1538/expanim.50.99. Recuperado de https://www.jstage.jst.go.jp/article/expanim/50/2/50_2_99/_article.

Narbonne, J. F. (21 de septiembre de 2012). Lacunes, résultats inexplicables: l’étude anti-OGM sur la sellette. The Huffington Post. Recuperado de http://www.huffingtonpost.fr/jeanfrancois-narbonne/lacunes-resultats-suprenants-et-inexplicables-letude-anti-ogm-sur-la-sellette_b_1902634.html.

Ng. A. (24 de septiembre de 2012). Genetically modified corn and cancer – what does the evidence really say? The Conversation. Recuperado de http://theconversation.com/genetically-modified-corn-and-cancer-what-does-the-evidence-really-say-9746.

Ollivier, L. (marzo de 2013). A Comment on “Séralini, G.-E., et al., Long term toxicity of a Roundup herbicide and a Roundup-tolerant genetically modified maize. Food Chem. Toxicol. (2012),” http://dx.doi.org/10.1016/j.fct.2012.08.005. Food and Chemical Toxicology, 53, 458. Recuperado de http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0278691512007909.

Oransky, I. (16 de enero de 2014). Journal editor defends retraction of GMO-rats study while authors reveal some of paper’s history. Retraction Watch. Recuperado de http://retractionwatch.com/2014/01/16/journal-editor-defends-retraction-of-gmo-rats-study-while-authors-reveal-some-of-papers-history/.

Prejean, J. D., Peckham, J. C., Casey, A. E., Griswold, D. P., Weisburger, E. K. & Weisburger, J. H. (noviembre de 1973). Spontaneous tumors in Sprague-Dawley rats and Swiss mice. Cancer Research, 33, 2768-2773. Recuperado de http://cancerres.aacrjournals.org/content/33/11/2768.

Power, M. (29 de junio de 2013). Drinking Roundup herbicide makes men live longer. Myles Power [Blog]. Recuperado de http://mylespower.co.uk/2013/06/29/drinking-roundup-herbicide-makes-men-live-longer/.

Sakamoto, Y., Tada, Y., Fukumori, N., Tayama, K., Ando, H., Takahashi, H., Kubo, Y., Nagasawa, A., Yano, N., Yuzawa, K. & Ogata, A. [A 104-week feeding study of genetically modified soybeans in F344 rats]. (agosto de 2008). Shokuhin Eiseigaku Zasshi, 49, 4, 272-82. Recuperado de http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/18787312.

Schorsch, F. (marzo de 2013). Letter to the editor:  Serious inadequacies regarding the pathology data presented in the paper by Séralini et al. (2012). Food and Chemical Toxicology, 53, 465-466. doi: 10.1016/j.fct.2012.10.043. Retrieved from http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0278691512007880.

Science Media Centre. (19 de septiembre de 2012). Expert reaction to GM maize and tumours in rats. Retrieved from http://www.sciencemediacentre.org/expert-reaction-to-gm-maize-causing-tumours-in-rats/.

Science Media Centre. (25 de enero de 2014). Controversial GM study republished – experts respond. Recuperado de http://www.sciencemediacentre.co.nz/2014/06/25/controversial-gm-study-republished-experts-respond/.

Séralini, G.-E., Clair, E., Mesnage, R., Gress, S., Defarge, N., Malatesta, M., Hannequin, D. & Spiroux de Vendômois, J. (noviembre de 2012). Long term toxicity of a Roundup herbicide and a Roundup-tolerant genetically modified maize (Retracted). Food and Chemical Toxicology, 50, 11, 4221-4231. doi: 10.1016/j.fct.2012.08.005. Recuperado de http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0278691512005637.

Séralini, G.-E., Clair, E., Mesnage, R., Gress, S., Defarge, N., Malatesta, M., Hannequin, D. & Spiroux de Vendômois, J. (enero de 2013). Retraction notice to “Long term toxicity of a Roundup herbicide and a Roundup-tolerant genetically modified maize” [Food Chem. Toxicol. 50 (2012) 4221–4231]. Food and Chemical Toxicology, 63, 244. doi: 10.1016/j.fct.2013.11.047. Recuperado de http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0278691513008090.

Séralini, G.-E., Clair, E., Mesnage, R., Gress, S., Defarge, N., Malatesta, M., Hannequin, D. & Spiroux de Vendômois, J. (14 de junio de 2014). Republished study: long-term toxicity of a Roundup herbicide and a Roundup-tolerant genetically modified maize. Environmental Sciences Europe, 26, 14. Recuperado de http://www.enveurope.com/content/26/1/14.

Snell, C., Bernheim, A., Bergé, J.-B., Kuntz, M., Pascal, G., Paris, A. & Ricroch, A. E. (marzo-abril de 2012). Assessment of the health impact of GM plant diets in long-term and multigenerational animal feeding trials: a literature review. Food and Chemical Toxicology, 50, 3-4, 1134-1148. Recuperado de http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0278691511006399.

de Souza, L. & Oda, L. M. (marzo de 2013). Letter to the editor. Food and Chemical Toxicology, 53, 440. doi: 10.1016/j.fct.2012.10.057. Recuperado de http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0278691512008022.

Suzuki, H., Mohr, U. & Kimmerle, G. (octubre de 1979). Spontaneous endocrine tumors in Sprague-Dawley rats. Journal of Cancer Research and Clinical Oncology, 95, 2, 187-196. Recuperado de http://link.springer.com/article/10.1007%2FBF00401012.

Tester, M. (marzo de 2013). Letter to the editor. Food and Chemical Toxicology, 53, 457. Recuperado de http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0278691512007910.

Trewavas, A. (marzo de 2013). Letter to the editor. Food and Chemical Toxicology, 53, 449. doi: 10.1016/j.fct.2012.10.050. Recuperado de http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0278691512007958.

Tribe, D. (marzo de 2013). Letter to the editor. Food and Chemical Toxicology, 53, 467-472. Recuperado de http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0278691512007879.

Van Eenennaam, A. L. & Young, A. E. (20 de noviembre de 2014). Prevalence and impacts of genetically engineered feedstuffs on livestock populations. Journal of Animal Science, 92, 10, 4255-4278. doi: 10.2527/jas.2014-8124. Recuperado en https://www.animalsciencepublications.org/publications/jas/articles/92/10/4255.

La ciencia de los OGMs – 1: Consenso científico a favor de los OGMs

Consenso sobre OGMs

Una porción del número de organizaciones que afirman que los alimentos modificados vía ingeniería genética en el presente son seguros. (Imagen creada por este servidor y que libero para el dominio público).

Declaración de conflicto de intereses: Ningún artículo de esta serie fue financiado por empresa pública o privada alguna. A tono con lo que decimos en la sección del “Propósito del portal“, no hay conflictos de intereses asociados a estos artículos.

BIENVENIDOS a una nueva serie de este blog en ocasión a dos acontecimientos, la Marcha contra Monsanto planificada para llevarse a cabo pronto y una actividad que se presentará en el Recinto de Ciencias Médicas que sospecho fuertemente que demonizará a los alimentos transgénicos.

mamyths

Campaña Marcha Contra Mitos. http://www.mamyths.org/

Esta serie no va a ser un ataque ni una defensa de los OGMs, sino que presentará estrictamente lo que la comunidad científica a nivel mundial (comunidad compuesta de conservadores y liberales políticos, gente de toda ideología política) tiene que decir en torno al tema. ¿Cuál es el consenso de la comunidad científica en cuanto a los OGMs? ¿Qué tienen que decir los expertos sobre el asunto del experimento de G. E. Séralini (caso icónico contra los OGMs y Monsanto)? ¿Qué tienen que decir los científicos en cuanto a la relación entre OGMs, la salud humana y el medio ambiente?

He aquí lo que NO haremos en esta serie:

  • “Defender” a Monsanto. Como siempre, si una empresa cualquiera hace algo bueno, se le aplaude; cuando haga algo malo, se le condena. Si discutimos algo en que Monsanto sale bien parado, así lo dejamos constar. Aclaramos que, como cualquier otra empresa, Monsanto solo procura ganar dinero para sus accionistas y, como en el caso de todas las compañías, ese afán de lucro puede coincidir con el bien público (creando bienes y servicios valiosos) o perjudicarlo (externalidades negativas). Inevitablemente hablaremos de sus aportaciones y problemas que ha causado.
    .
    A pesar de ello dejo constar que el enfoque de esta serie es exponer los hechos científicos en relación con una tecnología y lo que significa para nuestro futuro, independientemente de si Monsanto existe o deja de existir. Vamos a discutir asuntos importantes que trascienden la tan demonizada compañía.
    .
  • No basaré este escrito en documentales ni evidencia pobre. Usualmente la respuesta que recibo de muchas personas, especialmente en el área de ciencias, no es la de presentar evidencia fuerte, sino la de recurrir a documentales que se encuentran en YouTube (¡por favor!) o evidencia extremadamente débil (artículos publicados en revistas predatorias, desprestigiadas o estudios preliminares). Aquí nos atendremos a la evidencia fuerte: buenos artículos rigurosamente controlados, experimentos clínicos, revisiones científicas o metaanálisis en buenas revistas académicas y organizaciones merecedoras de entero crédito. No solo eso, como es costumbre de este blog, se enlazarán las afirmaciones principales del blog con el estudio o el conjunto de estudios que las sustancian. Si se quiere diferir y alegar que lo sostenido es falso, le toca al oponente presentar SU evidencia fuerte.
    .
  • Contrario a las voces de histeria o de epítetos personales, nos atendremos exclusivamente al rigor de una discusión civilizada. Si se quiere comentar para cualquier artículo, por favor, repasen nuestras reglas de juego. No se permitirá contenido difamatorio, insultos o epítetos al autor ni a otros comentaristas.

Ya que tenemos claro nuestro proceder, pasemos de lleno a la discusión.

¿Qué son los organismos genéticamente modificados (OGMs)?

Sucede que en ciencias no existe una definición formal de “organismos genéticamente modificados” (OGMs). Este no es un término de origen científico sino más bien político. Como tal, está muy mal definido y es marcadamente ambiguo por las siguientes razones:

  • Porque desde una perspectiva neodarwiniana, todos somos organismos genéticamente modificados de especies anteriores y por selección natural.
    .
  • Aun así, se quiere hacer la equivalencia entre OGMs y aquellos organismos que son transgénicos. ¿Qué es un transgénico? Es un organismo que recibe una porción de código genético de otro organismo. Definir los OGMs de esta manera también es problemático por las siguientes razones:
    .

    • En la naturaleza también hay organismos transgénicos. Usualmente los antiOGMs piensan que la transgénesis es algo perverso de origen humano y que “violenta las leyes de la naturaleza”. Cada vez que escucho este último alegato, me pregunto a cuáles leyes se refieren: ¿a las tres leyes de la termodinámica?, ¿a las leyes del electromagnetismo, ¿a la ley gravitacional? Si violara las leyes de la naturaleza, entonces la transgénesis no sería posible.
      .
      Al contrario, en la naturaleza existe lo que se conoce como transferencia horizontal de código genético, por ejemplo, cuando una bacteria transfiere una porción de su ADN a otro organismo, sea bacteria, protozoario, planta o animal. Hoy día se sabe que los seres humanos y los demás seres vivos llegamos a existir porque hace millones de años, las bacterias primitivas solían intercambiar su código genético constantemente, lo que posibilitó la aparición de organismos que podían adaptarse mejor a su medio ambiente.

      Transferencia horizontal entre especies de bacterias y otros organismos.

      Transferencia horizontal entre especies de bacterias y otros organismos. © 2005, Nature Publishing Group (reproducido aquí con fines educativos). Fuente: Smets & Barkay, 2005.

      Desde esta perspectiva, todos somos organismos transgénicos. Otro ejemplo lo podemos ver en animales multicelulares. Vean, por ejemplo, esta imagen:

      Elysia chlorotica

      Una imagen de la Elysia chlorotica. Fuente: Pellentreau et al., 2014.

      Aunque parece una hojita flotando en el agua, en realidad se trata de un molusco. Este se dedica a consumir algas y, por razones que hasta hace poco eran extrañas, adquiere los cloroplastos de las algas (algo conocido como kleptoplastía, que significa “robo de plastos”) y gracias a eso, literalmente se tiende para tomar el sol. ¿Por qué? Porque necesita que la clorofila en los cloroplastos pueda convertir la luz del sol en alimento. Lo que se preguntaban todos los científicos era por qué el cuerpo del molusco no rechazaba los cloroplastos, lo que usualmente sucede cuando un órgano ajeno es asumido por un organismo. En el año 2014, un equipo de científicos dio con la respuesta: porque cuando el molusco ingería las algas, había transgénesis o transferencia horizontal del ADN de las algas al molusco, e incluía la porción del código genético que le permite tolerar los cloroplastos y sacarles ventaja.

      Es más, si usted quiere conocer más de cerca a un organismo transgénico, mírese en el espejo. ¿Sabía usted que tiene empotrado en su ADN el código de un ancestro del HIV (el virus del sida)? ¡En serio! Aquí está el estudio. Así que la naturaleza es la inventora de los organismos transgénicos. Pero eso no es exactamente lo que la sociedad quiere decir con el término “OGM”.
      .

    • El otro problema de hacer la equivalencia entre OGMs y transgénicos es que en la jerga en que se utiliza esta palabra, también se incluyen otros métodos que no son transgénesis, tales como el uso de ácido ribonucleico interferente (ARNi). Además del ácido desoxirribonucleico (ADN) que es el que se encuentra en el núcleo de las células, existe el ácido ribonucleico (ARN) que es una molécula que envía la información provista por el ADN para la síntesis de proteínas, que son los bloques de construcción de todos nosotros, los seres vivos. El ARNi tiene la función de interferir en la producción de ciertas proteínas y es algo que se utiliza hoy día en la ingeniería genética. Por ejemplo, las papas Innate® de la compañía Simplot son producto de ese proceso, ya que el ARNi impide la producción de 4 proteínas distintas. Entre ellas hay una que contiene el aminoácido asparagina que cuando se fríen las papas se convierte en acrilamida, una neurotoxina y posible cancerígeno. De esa manera, aquella persona que consuma papas Innate® fritas, tiene menor riesgo de ser víctima de cáncer. Hay que hacer la salvedad de que las cantidades de acrilamida que se encuentran en las papas ordinarias que consumimos es muy inferior al nivel requerido para la neurotoxicidad, pero su ausencia en las Innate® es una contribución, aunque sea pequeña.  Sin embargo, la campaña contra los OGMs condenan también a estas papas y se les demoniza. (¡¿Por qué?!  No sé …  Esa actitud escapa a toda razonabilidad).
      .

      .
  • Finalmente, se quiere hacer la equivalencia entre OGMs y los alimentos producidos por ingeniería genética. Aunque esto suene plausible, en realidad no lo es.  La humanidad ha llevado a cabo ingeniería genética de los alimentos desde que empezó a existir la agricultura. La persona promedio piensa que todos los alimentos que ve en el supermercado (incluyendo en los orgánicos) son puramente naturales. Esto es falso, no hay alimento procedente de seres vivos (sea hongo, planta o animal) que sea natural. Desde la primera época agrícola hasta hoy, los seres humanos de todas partes del mundo, desde la Antigua Mesopotamia, pasando por los imperios azteca e inca, hasta la Revolución Verde, han modificado a su voluntad las características de sus alimentos (mejor color, sabor, olor, etc.) Como todas las características de cualquier organismo son dictadas por su código genético, esa actividad de selección artificial y de hibridación no es otra cosa que ingeniería genética de nuestros alimentos. Veamos un ejemplo (de los millones que podemos dar).
    Antoine Duchesne

    Antoine Duchesne (1747-1827)

    Las fresas que se compran en el supermercado no son naturales sino que algunas de ellas fueron el resultado experimental de la hibridación de dos fresas naturales como la Fragaria chiloensis (de Chile) con la Fragaria virginiana (de Virginia, Estados Unidos)  para producir la Fragaria ananasa, la fresa que usualmente se vende. Esta fresa fue creada por primera vez en Francia en el siglo XVIII por Antoine Duchesne. Desde entonces se han llevado a cabo un número de combinaciones de selección artificial e hibridaciones para alcanzar la gran variedad de fresas que existen en el mercado. Lo mismo los demás alimentos (véase nuestro artículo donde discutimos un poco más detalladamente ese tema).

    Vale añadir que existe otra manera de hacer ingeniería genética en el siglo XX, la mutagénesis inducida. Bajo tal procedimiento, se somete a los alimentos a químicos cancerígenos o radiación (literalmente se les induce cáncer, se les “maltrata” —por así decirlo— su ADN) para cambiar su código genético y, mediante experimentación, conseguir alguna característica que sea provechosa para los agricultores o el público. A lo mejor se consigue un grano más grande, un fruto más jugoso o un alimento con mayor rendimiento, resistencia a ciertos pesticidas, etc. Volviendo al ejemplo de las fresas, el “fresón de Douglas” se produjo de esta misma manera y los expertos dietistas de 1985 afirmaban que era el mejor en el mercado. Estos alimentos se admiten hoy día dentro de la categoría de alimentos orgánicos cuando se producen bajo las especificaciones de la USDA.
    .
    Pues virtualmente todos los alimentos que vemos en el supermercado (aun en los que venden comida orgánica) son resultado de miles de años de ingeniería genética de los seres humanos, con particular intensificación durante el siglo XX. Así que no podemos definir a los OGMs como organismos modificados por ingeniería genética.

En otras palabras, el término OGM es marcadamente ambiguo, por lo que muchos científicos prefieren no utilizarlo. Para efectos de nuestra discusión, definiremos funcionalmente (y torpemente) a los OGMs de la siguiente manera:

Con el término “organismos genéticamente modificados” (OGMs) nos referiremos a aquellos alimentos producidos mediante la modificación artificial de su código genético por vía de la transgénesis, del ARNi o ambos.

¿Qué piensa la comunidad científica en torno a los OGMs?

El consenso abrumador de la comunidad científica es que los OGMs (al menos los que están ahora en el mercado) son tan seguros como los convencionales y no representan mayor peligro para la humanidad.

Al final de este artículo ofrezco una lista no exhaustiva (tenemos corto de tiempo) de organizaciones científicas de los cinco continentes que lo afirman.  Sin embargo, sin duda, algunas personas con genuino espíritu inquisitivo presentarán algunas objeciones, veamos algunas de ellas:

  1. No existe tal consenso. Hay un artículo que demuestra que dicho consenso no existe.

Esta es la ficha del artículo que usualmente se utiliza para afirmar que no existe tal consenso:

Hilbeck, A., Binimelis, R., Defarge, N., Steinbrecher, R., Székács, A., Wickson, F., Antoniou, M., Bereano, P. L., Clark, E. A., Hansen, M., Novotny, E., Heinemann, J., Meyer, H., Shiva, V. & Wynne, B. (2015). No scientific consensus on GMO safety. Environmental Sciences Europe, 27, 4. doi: 10.1186/s12302-014-0034-1.

Antes de proceder, quiero invitar al lector (si así lo desea, sino, continúe leyendo nuestro artículo) que haga un pequeño ejercicio. Como todos sabemos (tal vez con excepción de dos o tres) hay un consenso abrumador en torno al tema de la antropogénesis del cambio climático. Vean o descarguen el artículo que así lo corrobora. No se preocupen por entender los números y las gráficas … pero noten lo más elemental … hay números y gráficas. ¿Por qué? Porque si usted quiere saber si hay un consenso en el tema que sea, no hay de otra alternativa que recurrir a los números: cuando hay consenso, hay mayoría abrumadora (yo diría que más del 75 o el 80 %), así que es una cuestión numérica. El artículo examina el número de artículos y de científicos que respaldan la posición de que el cambio climático se debe a la actividad humana y confirma el consenso.

Comparen ese artículo, con el que alega que no hay consenso en la comunidad científica en torno al tema de los OGMs (Hilberck et al.). Uno busca en vano los números que actualmente miden la opinión de la comunidad científica. ¡No los hay! Sí, el artículo presenta una serie de argumentos de por qué los autores (y 300 más) tienen reparos en relación con la seguridad de los OGMs … pero no demuestra que no haya consenso. No hace ese ejercicio numérico.

Compárese los números de científicos que respaldan este artículo mal hecho con, por ejemplo, los 3,400 científicos que firmaron una declaración redactada por la AgBioWorld Foundation y que incluía a 25 premios nóbeles. ¿Cómo compara el número de premios nóbeles que respaldan el artículo antiOGM (es decir, cero premios nóbeles) con la cantidad de premios nóbeles que le solicitaron a Greenpeace que dejara de destruir los cultivos del arroz dorado, un tipo de arroz transgénico (110 premios nóbeles)? (Aquí hablamos más al respecto).  Es más, ¿cuántas organizaciones de prestigio a nivel mundial respaldan la posición antiOGM en comparación con el listado que ofrecemos al final del artículo?

¡OJO!  Esto no necesariamente significa que un consenso esté en lo correcto. Es perfectamente legítimo que un científico difiera del consenso por razones de peso. Los científicos, seres humanos al fin, también pueden equivocarse. Puede ser que los argumentos que presentan los antiOGM en dicho artículo sean puntos válidos de preocupación. Sin embargo, lo que no pueden negar es que  hay consenso en torno al grado de seguridad de los OGMs.

  1. En Europa, donde gobierna el principio de precaución, hay una oposición fehaciente a los OGMs en general por ser inseguros. Si se oponen, por algo será.

Si se oponen, es por razones puramente políticas, no científicas. Desde la Comisión Europea, pasando por la Royal Society, incluyendo las de los países más opositores como Francia y Alemania y llegando a la Academia Pontificia de las Ciencias, todas las instituciones europeas de prestigio afirman categóricamente que hasta el presente, los alimentos producidos mediante ingeniería genética artificial por transgénesis y ARNi que se encuentran en el mercado son tan seguros como los convencionales.

Sí, es cierto que en Europa hay mayor conocimiento científico a nivel popular que en Estados Unidos en cuanto a unos temas pertinentes (e.g. la cosmología, la evolución y el cambio climático). Sin embargo, su desconocimiento sobre genética básica deja mucho que desear. Una vez se llevó a cabo una encuesta en la que se le preguntaba a los europeos si era cierta o falsa la siguiente aserción:

Los tomates ordinarios no contienen genes, mientras que los genéticamente modificados sí.

Solo el 36 % de los encuestados contestó correctamente la pregunta, en Estados Unidos fue el 57 %.

Este desconocimiento de genética básica (de escuela superior) por parte de la mayoría de los europeos era notoria en relación con los Estados Unidos:

eu_v_us

Fuente: Hallman et al., 2003, p. 8.

El uso, o mejor dicho el abuso, del principio de precaución es solo un producto de la actividad política vigorosa de parte de los grupos antiOGMs. Desgraciadamente, cuando una opinión pública desorientada se vuelve bastante ruidosa, la tendencia en las democracias es la de ignorar la voz de los expertos que sí conocen bien el tema. Europa no es una excepción a esta regla.

  1. Los científicos que favorecen los OGMs y sus organizaciones están comprados por Monsanto (o … [incluya su compañía favorita que desee demonizar])

En las ciencias sí existe un historial de que las compañías han “comprado” la conciencias de científicos para que produzcan artículos que favorecen sus productos. Eso pasó por mucho tiempo con la industria del tabaco. Lo mismo hemos visto en el caso de Exxon Mobile y su intento de influenciar para que los científicos negaran la antropogénesis del cambio climático.

Sin embargo, lo que a muchos militantes antiOGMs se les olvida es que en estos casos, la porción de la comunidad científica que apoyaba a la industria era casi siempre una minoría (en el caso del tabaco véase Cummings et al., 2007; sobre el asunto del cambio climático, véase Cook et. al., 2013). En casos en que hubo error en el consenso, las ciencias utilizaron los mejores experimentos controlados como fundamento para desbancar esas opiniones prevalecientes, como lo ha sido en el caso del uso de varias drogas a la venta en el mercado.

En el caso de los OGMs, estamos hablando de la mayoría, no solo científicos que trabajan en la industria de biotecnología, sino también científicos independientes cuyo salario es de origen público y que tienen permanencia (ninguna compañía puede amenazarles de removerlos de su puesto o de los beneficios que ello conlleva). De hecho, el portal Biology Fortified creó un listado de una colección de artículos en torno a los OGMs, la mitad de ellos son independientes. Además, contrario a otros temas, los OGMs (especialmente los transgénicos) han sido los objeto de estudio más intensos de la historia de las ciencias. Todos los mejores estudios clínicos y controlados en torno a los OGMs demuestran su seguridad.

Es más, uno de los estudios independientes más importantes es una revisión científica que explora el estatus de la evidencia de posibles daños de los OGMs a los animales de granja, cubre a cerca de un billón (en inglés trillion) de comidas a cien mil millones (en inglés billion) de animales de granjas cubriendo un periodo de 29 años. ¿Resultado? De los mejores estudios no se ha reportado un solo caso en que los OGMs hayan enfermado o que hayan sido letales. ¿Y que hay de los seres humanos? Un grupo de científicos en Italia también llevó a cabo una revisión científica al respecto, consultando más de 1,700 estudios al respecto que cubría el consumo de OGMs por un periodo de 10 años y no encontró caso alguno de animal no humano o ser humano que haya sido perjudicado por el consumo de OGMs. Si no fuera poco, la Comisión Europea también se empeñó en hacer una revisión al respecto, esta vez por un periodo de 10 años. ¿Conclusión? Que los OGMs son tan seguros como los convencionales.

Una vez más, al final de nuestro artículo noten la cantidad de organizaciones de prestigio que corroboran o están totalmente de acuerdo con esos hallazgos. Monsanto podría comprar la conciencia de unos cuantos científicos, pero no de la inmensa mayoría a nivel internacional.  (Vean la lista abajo, ¿creen ustedes que comprar a toda esta gente sería económicamente viable?)

Y es más, aun suponiendo que lo haya hecho … ¡vaya! ¿por qué ExxonMobil, que tiene ingresos que son 27 veces mayores que los de Monsanto, no ha podido convencer a los científicos a nivel mundial de que el cambio climático no es antropogénico? ¿Cuál es el secreto? ¿Puede alguien explicarlo?

Listado de las organizaciones que se han expresado a favor de los OGMs

Este es el listado de organizaciones prestigiosas internacionales que están de acuerdo con lo que es el consenso de la comunidad científica, a saber:

  • Que los OGMs son tan seguros como los convencionales.
  • Que, como en el caso de cualquier alimento nuevo (producto de selección artificial, hibridación o mutagénesis inducida) siempre la comunidad científica tiene que estar alerta en caso de que algún OGM pueda causar daño.
  • Los riesgos de la ingeniería genética vía transgénesis y ARNi son ínfimos.
  • Que no hay evidencia alguna de que los OGMs causen o estén causando daño a los seres humanos o los animales no humanos.

He aquí la lista y se enlazará el nombre de la organización al documento de la declaración o expresión en torno al tema para que el público pueda accederla fácilmente. Por favor, tengan en mente que esta lista está incompleta. Si les parece demasiado larga la lista, imagínense cuántas instituciones más favorecen esta biotecnología.

Trivia: ¿Sabían que Cuba  experimenta con transgénicos, a pesar de que se le declaró en contra? Sí … muy a pesar de que el gobierno oficialista había declarado a los transgénicos como “el genocidio de nuestro tiempo” (¿?) Pueden corroborar la información aquí (originalmente en Granma), aquí y aquí. Existe el Centro de Habana de Ingeniería Genética y Biotecnología de la Habana, donde se experimenta para el cultivo de tomates y maíz genéticamente modificados y producir peces genéticamente modificados, entre otros.

Referencias

Albertes, B., Beachy, R., Baulcombe, D., Blobel, G., Datta, S., Fedoroff, Kennedy, D., Khush, G. S., Peacock, J., Rees, M., & Sharp, P. (20 de septiembre de 2013). Standing up for GMOs. Science, 341, 6152, 1320. doi: 10.1126/science.1245017. Recuperado de http://www.sciencemag.org/content/341/6152/1320.full.

Cook, J., Nuccitelli, D., Green, S. A., Richardson, M., Winkler, B., Painting, R., Way, R., Jacobs, R., & Skuce, A. (15 de mayo de 2013). Quantifying the consensus on anthropogenic global warming in the scientific literature. Environmental Research Letters, 8, 2. doi: 10.1088/1748-9326/8/2/024024.

Cummings K. M., Brown A., & O’Connor R. (junio de 2007). The cigarette controversy. Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention, 16, 6, 1070-1076. doi: 10.1158/1055-9965.EPI-06-0912.

Hallman, W. K., Hebden, W. C., Aquino, H. L., Cuite, C. L., & Lang, J. T. (2003). Public Perceptions of Genetically Modified Foods: A National Study of American Knowledge and Opinion. NJ: Food Policy Institute. Recuperado en http://foodpolicy.rutgers.edu/docs/pubs/2003_Public_Perceptions_of_Genetically_Modified_Foods.pdf.

Nicolia, A., Manzo, A., Veronesi, F. & Rosellini, D. (16 de septiembre de 2013). An overview of the last 10 years of genetically engineered crop safety research. Critical Reviews in Biotechnology. doi: 10.3109/07388551.2013.823595.

Pellentreau, K. N., Weber, A. P. M., Weber, K. L., & Rumpho, M. E. (mayo de 2014). Lipid accumulation during the establishment of kleptoplasty in Elysia chlorotica. PLoS ONE, 9, 5, e97477. doi: 10.1371/journal.pone.0097477. Recuperado de http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0097477.

Schwartz, J. A., Curtis, N. E., & Pierce, S. K. (1 de diciembre de 2014). FISH labeling reveals horizontally transferred algal (Vaucheria litorea) nuclear gene on a sea slug (Elysia chlorotica) chromosome. The Biological Bulletin, 227, 3, 300-312. Recuperado de  http://www.biolbull.org/content/227/3/300.full.

Smets, B. F. & Barkay, T. (septiembre de 2005). Horizontal gene transfer: perspectives at a crossroads of scientific disciplines. Nature Reviews Microbiology 3, 675-678. doi: 10.1038/nrmicro1253. Recuperado de: http://www.nature.com/nrmicro/journal/v3/n9/full/nrmicro1253.html.

Van Eenennaam, A. L. & Young, A. E. Prevalence and impacts of genetically engineered feedstuffs on livestock populations. Journal of Animal Science, 92, 10, 4255-4278. doi: 10.2527/jas.2014-8124. Recuperado en https://www.animalsciencepublications.org/publications/jas/articles/92/10/4255.

Yang, J., Bogerd, H. P., Peng, S., Wiegand, H., Truant, R., & Cullen B. R. (1999). An ancient family of human endogenous retroviruses encodes a functional homolog of the HIV-1 Rev protein. Proceedings of the National Academy of Sciences, 96, 23, 13404-13408. doi: 10.1073/pnas.96.23.13404. Recuperado en http://www.pnas.org/content/96/23/13404.long.

Monsanto culpable de ecocidio … gracias a un tribunal de embuste

¿Juicio a Monsanto?

Imagen que hago disponible al dominio público.

El año pasado se constituyó en la Haya un tribunal para juzgar a la empresa multinacional Monsanto por crímenes contra la humanidad y ecocidio.  En esta semana, alcanzó una determinación en torno a Monsanto y que pudimos predecir, sin guille alguno de ser síquicos, que Monsanto iba a salir culpable.

¡Claro!  Una de las cosas que revelan el nivel de  “seriedad” y “objetividad” de todo el proceso que se llevó a cabo es el hecho de que se le invitó a personal de la compañía a testificar… ante un panel que estaba bajo un cartel que decía “Mon$anto” con signo de dólar y utilizando la letra “Comic Sans” (algo que es más apropiado para Pre-Kinder o para la empresa creadora de crayolas para niños, pero no para un tribunal que pretende ser serio).

Logotipo del

Logotipo del “Mon$anto Tribunal”

La empresa Monsanto hizo muy bien al decidir no participar en lo que a todas luces era una farsa.

Lo triste es que esta es una de las muchas instancias en que hay una lucha entre industrias que solo quieren dinero, pero se disfrazan de “justicia social”. La industria orgánica, que es prácticamente la que organizó este fraude, lucha muy bien y efectivamente mediante la explotación de la falacia de la apelación a lo natural. Obviamente, no están juzgando a Monsanto, sino a la ficción que dichas empresas han forjado y que a todas luces “confirmó” en dicho juicio en La Haya.

No se movió un solo dedo para al menos ofrecer un mínimo de evidencia positiva de alguna contribución ambiental por parte de la empresa. Por ejemplo, la venta de productos transgénicos que producen Bt y que protegen a los cultivos de ciertos insectos es una instancia. Esto ha ayudado a reducir considerablemente el uso de insecticidas, lo que simultáneamente, ha impedido mayores emisiones de bióxido de carbono al medio ambiente. El uso del glifosato, una sustancia degradable, de muy baja toxicidad y no carcinógena, ha sustituido una enorme cantidad de herbicidas de igual o mayor grado de toxicidad para los cultivos y la salud humana (para mayores detalles véase el artículo del Credible Hulk al respecto).

El impacto de la adopción de transgénicos por los agricultores.

El impacto de la adopción de transgénicos por los agricultores. Los resultados se refieren a los cultivos genéticamente modificados incluyendo a los tolerantes a herbicidas y resistentes a insectos. *** indica significación estadística al nivel de un 1 % (Fuente: Klümper & Qaim, 2014).

Reducción del uso de Alachlor

Reducción del uso de Alachlor para maíz y soya (Fuente: US Geological Survey — Departamento del Interior de Estados Unidos).

Reducción del uso de Fluazifop

Reducción del uso de Fluazifop para la soya y el algodón (Fuente: US Geological Survey – Departamento del Interior de los Estados Unidos)

Reducción del uso de Metolachlor para el maíz y la soya

Reducción del uso de Metolachlor para el maíz, pasto y paja (Fuente: US Geological Survey – Departamento del Interior).

La reducción temporera del uso de Metribuzín

La reducción temporera del uso de Metribuzín para soya, vegentales y frutas (Fuente: US Geological Survey – Departamento del Interior de Estados Unidos)

Reducción del uso de Nicosulfuron

Reducción del uso de Nicosulfuron para el maíz (Fuente: US Geological Survey – Departamento del Interior de Estados Unidos)

Uno de los pocos herbicidas cuyo consumo no se ha reducido, desgraciadamente, es el del atrazín, que es considerado por la EPA un posible cancerígeno y que se degrada muy lentamente.

La reducción considerable del uso de pesticidas en general (especialmente en el caso de los insecticidas), el poquísimo esfuerzo que se requiere para utilizar el glifosato y las técnicas de no talado han posibilitado la remoción de cerca de 22.4 mil millones de kilogramos de gases de invernadero que de otra forma estarían presentes por el sector agrícola.  Eso sería el equivalente a remover las emisiones de 10 millones de carros por un año entero (Brookes & Barfoot, 2016, 123-124, 126-128, 148-149). A la misma vez, se evita la erosión de los suelos, aumenta la producción en menos área de terreno, lo que implica a su vez la conservación de ecosistemas naturales que no serán impactados por la agricultura.

En otras palabras, los productos de Monsanto (y, vale decir, de otras compañías) han prevenido un desastre ambiental que ciertamente hubiera ocurrido sin la presencia de las diversas tecnologías hoy utilizadas en la agricultura.

Aclaramos que eso no significa, que Monsanto alcanzó un nivel de autosostenibilidad que necesita la agricultura. En el presente no existe ninguna agricultura que sea autosostenible y a la vez permanezca a la par con la aspiración de la reducción de pobreza a nivel mundial dentro del contexto de una población mundial en constante aumento. Por ello, todavía hace falta maximizar los recursos provistos por la ingeniería química, la ingeniería genética y fomentar ciertas técnicas agrícolas para conservar el terreno y reducir el uso de abono y agua para los cultivos. Ciertamente, como ya hemos indicado, la agricultura orgánica está muy lejos de llegar al nivel de satisfacción del mercado de la llamada “agricultura convencional” ya que su rendimiento es marcadamente bajo y, en algunos casos, empeora la situación del empobrecimiento de los suelos y agrava otros problemas mediantes pesticidas orgánicos  (como el uso del cobre como fungicida en viñeros orgánicos) o insecticidas orgánicos que amenazan a los polinizadores (como el pyrethrin, la rotenona, el azadirachtin y el spinosad).

Ahora bien, al mal llamado “Monsanto Tribunal” no le importa en absoluto todos estos estudios que corroboran los hechos mencionados arriba, aun cuando provengan de gobiernos y fuentes independientes. No podemos decir que Monsanto jamás haya afectado al medio ambiente. La antigua Monsanto fue una de las compañías que ayudó a la creación del agente naranja (aunque el mayor responsable de ello fuera el Departamento de Defensa de Estados Unidos). y sintetizó el químico Alachlor, mercadeado bajo la marca “Lasso”, que se usó en la agricultura en Europa hasta que  fue prohibida debido a efectos tóxicos.

Sin embargo, ¿de allí a un ecocidio?  ¡Por favor!  Hay empresas a nivel mundial que han hecho peor que Monsanto … miles de veces peor.  Por ejemplo, las empresas relacionadas con las computadoras han fomentado el tipo de minería de extracción de metales pesados y sustancias tóxicas que  han matado a personas o las ha sometido a la esclavitud o han utilizado servidumbre infantil. No hemos visto tribunales (aunque sean de mentiras) contra ellas … tal vez porque el tener computadoras, tabletas y móviles es demasiado conveniente para esas personas “amantes de la naturaleza”. La empresa Exxon ha fomentado el negacionismo de la autoría humana del cambio climático, promoviendo cuando puede el consumo de carbón a nivel mundial. Nótese que tampoco ha habido un “Exxon Tribunal” para esa empresa, a pesar de que bastante prueba de sus actividades anticientíficas han salido a relucir durante esta y la pasada década. Las consecuencias de lo que ha hecho esta empresa han sido nada menos que nefastas, especialmente en un momento como el actual en el que el cambio climático es un asunto que necesita atenderse con urgencia.

Lamentablemente, todo este espectáculo del “Mon$anto Tribunal” no es otra cosa que una manera de decirle al público que en “La Haya” se condenó a Monsanto por crímenes contra la humanidad. Así, se confunde a los oyentes cuando dichas cabecillas aleguen que “Se encontró culpable a Monsanto de ecocidio y crímenes contra la humanidad en un tribunal de La Haya”, sin decirle que dicho suceso no fue en el Tribunal Internacional de la Haya.

Y mientras se gastan energías en esa pérdida de tiempo y dinero, en Tanzanía se quemó toda una siembra de maíz resistente a la sequía, por la sencilla razón de que era transgénico. Esa acción garantiza que ni en África ni en California se siembre algo que podría representar mayores ingresos a los agricultores y así aliviar el problema del hambre en temporada de sequía. De paso, ayudaría a reducir considerablemente el enorme consumo de agua por el sector agrícola. Todavía en Uganda se sigue luchando contra la marchitez del guineo, del que sí existen remedios vía la transgénesis artificial para lidiar con el problema.

Una vez más, los “verdes” pueden comer bien mientras condenan a mucha gente a que siga pasando hambre.

¡Qué desgracia!

Referencias

Brookes, G. & Barfoot, P. (2015).  Environmental impacts of genetically modified (GM) crop use 1996–2013: Impacts on pesticide use and carbon emissions. GM Crops &
Food, 6 (2), 103-133. doi: 10.1080/21645698.2015.1025193.

Brookes, G. & Barfoot, P. (2016, mayo). GM crops: global socio-economic and environmental impacts 1996-2014. UK: PG Economics. http://www.pgeconomics.co.uk/pdf/2016globalimpactstudymay2016.pdf.

Klümper, W. & Qaim, M. (2014, Nov. 3). A meta-analysis of the impacts of genetically modified crops. PLoS ONE, 9 (11), e111629. doi:10.1371/journal.pone.0111629. http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0111629. (Estudio independiente).

110 ganadores del Premio Nóbel vs. Greenpeace

nobelvgreen

En estas últimas semanas ha salido a relucir una carta de 107 ganadores del Premio Nóbel solicitando a Greenpeace que termine con su guerra contra los cultivos transgénicos, especialmente en lo que concierne al arroz dorado (aquí se encuentra una versión en español). A esta carta se añadieron tres más, lo que totaliza un número de 110, lo que es prácticamente casi todos los ganadores científicos y médicos que todavía están vivos.

Los organismos científicos y reguladores de todo el mundo han concluido de manera repetida y consistente que los cultivos y alimentos mejorados mediante la biotecnología son tan seguros, si no más seguros, que los derivados de cualquier otro método de producción. Nunca ha habido un solo caso confirmado de un efecto negativo derivado de su consumo sobre la salud de los seres humanos o de los animales. Se ha mostrado en repetidas ocasiones que son menos perjudiciales para el medio ambiente y una gran ayuda para la biodiversidad global.

Greenpeace ha encabezado la oposición al arroz dorado, que tiene el potencial de reducir o eliminar gran parte de las muertes y de las enfermedades causadas por una deficiencia en vitamina A (DVA), con mayor impacto en las personas más pobres de África y el Sudeste de Asia.

La Organización Mundial de la Salud estima que 250 millones de personas sufren de DVA, incluyendo el 40% de los niños menores de cinco años en los países subdesarrollados. Las estadísticas de UNICEF muestran que entre uno y dos millones de muertes prevenibles ocurren cada año como resultado de la DVA ya que esta afecta negativamente al sistema inmunológico, exponiendo a los menores a un gran riesgo. La DVA es la principal causa de ceguera infantil a nivel mundial y afecta a entre 250.000 y 500.000 niños cada año. La mitad mueren en los siguientes 12 meses tras perder su vista.

Tras esto, los signatarios de la carta solicitan a Greenpeace el cese de sus ataques a los OGMs en general y, muy especialmente, al arroz dorado en particular.

La respuesta de Greenpeace suena un poco como un dar “palos a ciegas” después de un golpe tan contundente de la comunidad científica. Afirma que Greenpeace no tiene culpa alguna de la “guerra contra el arroz dorado”, sino que este transgénico no ha salido al mercado porque todavía no está listo. Esto es parcialmente correcto: el arroz dorado no está listo para salir al mercado, pero no es por falta de esfuerzo de los científicos para ello. El retraso se debe a dos frentes:

  • Las destrucciones de campos de experimentación con arroz dorado (véase este caso en las Filipinas).
    .
  • Actividades y cabildeo para impulsar a las agencias gubernamentales a una moratoria en diversos países con experimentación con arroz dorado y otros transgénicos.

Greenpeace añade una serie de referencias de manera engañosa para “demostrar” que el arroz dorado ha sido un fracaso, entre ellas, ciertos enlaces al Instituto Internacional de la Investigación de Arroz (IRRI por sus siglas en inglés):

  1. En cuanto al primer enlace, Greenpeace nos dice que para IRRI el arroz dorado no está disponible. Cuando vamos al enlace de IRRI, nos dice efectivamente que el arroz dorado no está disponible para el público, es decir, no se ha comercializado con arroz dorado. Eso es cierto, pero eso no desmiente de manera alguna que la razón de por qué no se ha comercializado es por las campañas antitransgénicas de las que participa la organización Greenpeace.
    .
  2. Greenpeace afirma que los resultados de experimentos iniciales indican que hace falta más investigación y colocan este enlace. Aparentemente Greenpeace no leyó el escrito que enlaza, donde dice que el arroz dorado  ayudaría a reducir considerablemente la mortandad de personas con VAD y que hay que seguir investigando para que mejoren aquellas variedades de arroz en las que el rendimiento no es lo suficientemente alto.
    .
  3. También dice Greenpeace que se ha demostrado que el arroz dorado es ineficiente para la producción de vitamina A en los seres humano y coloca un enlace de IRRI al respecto. O Greenpeace no se leyó ese enlace o está engañando al público. IRRI dice muy claramente, “en arroz y habichuelas”, que las revisiones científicas sobre experimentaciones con arroz dorado han mostrado inequívocamente su éxito en la provisión de vitamina A para los seres humanos. IRRI reafirma esos resultados aquí. Donde único hay dudas es si la provisión de arroz disponible para los pobres será suficiente como para aliviar algunos problemas tales como la ceguera nocturna. Para eso hace falta más investigaciones … que están siendo saboteadas por antitransgénicos, entre ellos Greenpeace.

En otra de las referencias de Greenpeace, se basaron en un artículo arbitrado de Glenn Davis Stone y Dominic Glover, ambos académicos de reputación. Sin embargo, ya varios científicos, incluyendo a uno citado por Stone y Glover, han respondido a algunos de sus alegatos indicando que muy especialmente por vía jurídica se ha impedido bastante de la investigación del arroz dorado, especialmente por la actividad y el cabildeo de los grupos antiOGM. Lo que parece algo increíble es que aunque ambos autores sean escépticos a los beneficios de la biotecnología, uno de ellos ya había expresado mayor escepticismo hacia los grupos antitransgénicos, porque los datos no cuadran con sus alegatos y debido a que  la inmensa mayoría de ellos se niega a participar de los estudios científicos y de publicaciones arbitradas en revistas de ciencias de buena reputación.

En otras palabras, ante los premios Nóbel, Greenpeace no tiene nada que decir. Algunos otros vocales aliados a los grupos antitransgénicos han intentado responder a los alegatos de estos prestigiosos investigadores, pero, como bien afirma J. M. Mulet, las respuestas parecen más puños tirados al azar y a ciegas después de un knockout.