El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 2

La serie: parte 1

En nuestra entrada anterior, dejamos claro los criterios de historicidad de los acontecimientos relatados en los evangelios, a saber: el criterio de desemejanza o de discontinuidad, el criterio de dificultad o incomodidad, el criterio de testimonio múltiple y el criterio de coherencia. Enfatizamos el hecho de que cada uno de estos  criterios es útil, pero bajo muchas circunstancias pueden ser problemáticos y su uso tiene que pasar necesariamente por el crisol de la discusión y el debate entre expertos.

Nota aparte:  Me parece que la serie para el público en torno a este tema de Antonio Piñero y Fernando Bermejo, me parece la más seria y completa que he visto hasta ahora. El valor que le damos a esta serie es debido a que es visible para el público hispanoparlante. Aquí está el artículo principal de Fernando Bermejo y aquí está la serie de artículos por Antonio Piñero: 1, 2, 3, 4, 5, 6. 7

Teniendo esto en cuenta, procedamos a nuestro segundo artículo que dará un panorama muy general (y sin entrar en demasiados detalles) en torno a las enseñanzas y actos de Jesús que le llevaron a la crucifixión.

La predicación del Reino de Yahveh por Juan el Inmersor

Juan bautizando a Jesús - Jacopo Tintoretto (s. XVI)

Juan bautizando a Jesús – Jacopo Tintoretto (s. XVI)

En su fabulosa obra Un judío marginal, John P. Meier afirma muy acertadamente que no podemos comprender a Jesús sin echarle una ojeada a Juan el Inmersor (el Bautista) (II/1: 34, 51, 139). Según los expertos, son los evangelios sinópticos (los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas) los que nos proveen la versión más veraz en torno al Inmersor. Ni tan siquiera el historiador Flavio Josefo, que nos brinda información valiosa sobre él, llega a ese nivel de fiabilidad. Josefo presenta a un Juan que era famoso por “enseñar las virtudes” y llevar una buena vida, casi como si fuera un filósofo helenístico, para después decirnos que Herodes Antipas (rey vasallo que gobernaba a Galilea y Perea) le temía y le había arrestado por alguna posible rebelión.

Cualquiera que tenga dos dedos de frente se preguntaría por qué un cuasi-filósofo-helenístico-que-enseña-virtudes sería una amenaza para Antipas. Podemos buscar la respuesta en vano en la narración de Josefo, pero sí se halla en los evangelios sinópticos donde las fuentes primarias que usamos (en este caso Marcos y Q) nos revelan bastante del mensaje apocalíptico de Juan (Marcos 1:1-8; Q{Lucas 3:7-9 // Mateo 3:7-10}; Q{Lucas 3:16b-17 // Mateo 3:11-12}). Allí se nos dice que Juan predicaba la pronta llegada de alguien al que denominaba “el más fuerte” y que juzgaría a todas gentes que rehusaran cambiar sus vidas y “enderezar lo torcido” ante Yahveh. El hecho de que su predicación fuera en el Río Jordán no es un accidente: ese es el lugar donde afirma la Biblia Hebrea que Josué y los hebreos entraron a la Tierra Prometida (Josué 3-4).

Los hijos de Israel cruzando el Río Jordán - Gustave Doré

Los hijos de Israel cruzando el Río Jordán – Gustave Doré (1883).

La perspectiva de Juan se comprende mejor desde una antropología judía, bien distinta a la que nuestra cultura juzga desde nuestra herencia helenística (i.e. la separación de alma y cuerpo). Para los judíos el alma designa la vida interior de una persona y, dependiendo de la vertiente judía que se favoreciera, era inseparable del cuerpo.  En otros casos, el alma terminaba en el sheol, un ámbito subterráneo y frío donde ellas dormían en lo que esperaban su eventual resurrección. El pecado no solo afectaba al alma, sino también al cuerpo mismo. Por eso es que en la lectura nos enfrentamos a ocasiones en que aparece la gente preguntándose qué pecado ha cometido alguien para terminar enfermo (e.g. Juan 9:1-3) o un Jesús que afirmaba que debemos desmembrar esa parte de nuestro cuerpo que “caiga” para entrar puros al Reinado de Yahveh (Mateo 5:29-30). La preparación de la llegada del nuevo orden mundial presto a llegar exige cumplir con lo que dispone la Torah: confesar que se pecó, arrepentirse de los pecados, limpiarse (bautizarse o sumergirse) en las aguas del Jordán para la purificación física del cuerpo, además de un compromiso de llevar una vida de acuerdo a la Torah. Al salir de las aguas del Jordán, el creyente podía formar parte del Reino de Yahveh, del nuevo Israel pronto a llegar. Aquellos que no aceptaran el mensaje del profeta, iban a ser arrojados al fuego “que nunca se apaga”. Aquellos que aceptaran la transformación íntegra de sus vidas, recibirían de “el más fuerte” su inmersión en el Espíritu de Yahveh (“Espíritu de santidad”).

Como dijimos en nuestra entrada anterior, usando el criterio de dificultad, además del de testimonio múltiple y coherencia, podemos tener relativa seguridad de que Jesús fue discípulo de Juan, que se comprendía a sí mismo como pecador, que confesó sus pecados, se arrepintió y fue inmerso.

De hecho, por el mismo criterio de dificultad podemos también aseverar que, contrario a lo alegado por los evangelios Mateo y Juan, el Inmersor no sabía del carácter mesiánico de Jesús, ya que una de nuestras fuentes (Q) nos dejan claro que cuando supo de lo que Jesús estaba haciendo, Juan envió desde la cárcel a sus discípulos a preguntarle (tal vez con alguna nota de sarcasmo), “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?” (Q{Lucas 7:19 // Mateo 11:3}). Esta ignorancia del mesianismo de Jesús se confirma con el hecho de que tenía discípulos que no conocían del mesianismo jesuano y, como han resaltado investigaciones recientes, los cristianos y ellos sostuvieron agrias disputas acerca de ese mismo tema.

¿Quién era Jesús?

Una vez Juan fue arrestado, Jesús comenzó su predicación del Reino de Yahveh con independencia del movimiento del Inmersor, pero llevando una variante de su mensaje a áreas tales como Galilea, Perea, Decápolis, con especial centro en Cafernaúm. Durante todo ese tiempo, parece haberse concentrado en las aldeas y pueblos rurales en vez de las grandes ciudades como Séforis.

Al principio se le debió haber conocido por Yeshúa bar Yosef (Jeshúa [יֵשׁוּעַ] hijo de José). Su nombre es una variante de Yehoshua [יְהוֹשֻׁעַ] (Josué) que significa “Yahveh salva”. En griego, se debió haber pronunciado aproximadamente “Iesús” [Ἰησοῦς]. Debido a su proveniencia de Nazaret, en aquel momento una pequeña aldea rural de no más de 50 casas, probablemente se le conoció como “Yeshúa Ha-Notzri” [יֵשׁוּעַ הַנָּצְרִי] (Jesús de Nazaret). Debido al carácter fantástico de los relatos de la infancia de los evangelios de Mateo y Lucas, su incompatibilidad mutua y su falta de correspondencia con la historia, además de su motivación cristológica, todo parece indicar que el dato de que nació en Belén tiene origen puramente apologético. Por los criterios de coherencia y de dificultad, parece mucho más probable que haya nacido en Nazaret, ya que una de las protestas que se le presentaban a los cristianos era la dificultad de que un Mesías rey proviniera de un lugar tan insignificante como Nazaret (e.g. Juan 1:45-46). Puede ser que el apodo “de Nazaret” haya tenido inicialmente la mala intención de señalar a Jesús como una persona que pretendía profetizar, pero que provino de un lugar tan nimio. Se sabe que probablemente el apodo con el que al principio se conocían a los cristianos, “nazoreos” (en griego “Ναζωραῖος”) o “nazarenós” (en griego “Ναζαρηνός”), pudo ser también originalmente peyorativo.

El sermón de la montaña por Carl Bloch (1876)

El sermón de la montaña por Carl Bloch (1876)

Es menester señalar que Jesús no era muy seguido durante su predicación en Galilea. Al contrario, parece que su familia –madre y hermanos– inicialmente rechazaba su doctrina y pensaba que se había vuelto loco y, como respuesta, Jesús se alejaba de su familia para escoger a sus discípulos y oyentes como su nueva familia (Marcos 3:20-21,31-34). De hecho, aunque abogaba por la Torah y su mandamiento de honrar padre y madre, en ocasiones afirmaba que había que poner al Reino de Yahveh por encima de la familia, por lo que era de esperarse divisiones familiares en el proceso (Marcos 10:19,29-31; Q{Lucas 9:59-60 // Mateo 8:21-22}; Q{Lucas 14:26 // Mateo 10:37}; Q{Lucas 12:49,51,53 // Mateo 10: 34-36}). Contrario a lo que muchos sostienen hoy día, Jesús no era exactamente “profamilia” en relación con la pronta llegada del Reino y su aproximación a la gente es lo que hoy podríamos considerar “sectárea”. Sencillamente, el Reino de Yahveh era tan importante, que había que dejarlo todo, incluyendo a la familia, para poder participar de él.

Para empeorar la situación, tampoco su mensaje caló hondo en su villa natal, Nazaret (Marcos 6:1-6). En general, tenemos noticias de continuos rechazos y fracasos de su predicación en Galilea (incluyendo a Cafernaúm) y regiones adyacentes (Marcos 6:11; 8:12,38; 9:19; Q{Lucas 10:10-12 // Mateo 10:14-15}; Q{Lucas 10:13-15 // Mateo 11:21-24}). Eventualmente, tras mucho tiempo de predicación, y tras la amenaza de arresto y ejecución por parte de Antipas (Lucas 13:31-33), Jesús decidió ir a predicar a Judea.

La predicación jesuana del Reino de Yahveh

Al igual que Juan el Inmersor, Jesús sotenía una escatología de la restauración de las doce tribus de Israel en la Tierra al final de los tiempos. La selección de doce discípulos cercanos a él no era puro accidente. Jesús esperaba la pronta llegada de un ser del ámbito celeste llamado “el Hijo del Hombre” del cual hablaba el libro de Daniel en la Biblia Hebrea (Daniel 7). En aquella época, el “Hijo del Hombre” no era un título mesiánico, sino más bien el nombre del supremo juez quien, a nombre de Yahveh, acogerá a los que ingresarán al nuevo Israel y condenará a aquellos que no estuvieran preparados física (por inmersión) y espiritualmente (moral) para la llegada del Reino de Yahveh. De hecho, a pesar de que los evangelistas continuamente intentan identificar a Jesús con el Hijo del Hombre de diversas maneras, se cuelan versos o pasajes completos en los que Jesús habla del Hijo del Hombre como si fuera alguien distinto a sí mismo (e.g. Marcos 8:38; Marcos 13:24-27; Q {Lucas 12:8-9 // Mateo 10:32-33}; Q {Lucas 17:23-24 // Mateo 24:26-27}; Mateo 25:31-32; Lucas 21:34-36). Así como Juan decía que “el más fuerte” llegaría en cualquier momento, Jesús sostenía que el Hijo del Hombre vendría “como un ladrón en la noche”, en la ocasión  menos esperada (Q{Lucas 12:39-40 // Mateo 24:43-44}) o como un repentino rayo en el firmamento (Q{Lucas 17:23-24 // Mateo 24:26-27}).

Para Jesús, hay diversos signos de que el Reino de Yahveh se estaba acercando: los exorcismos que llevaban a cabo a nombre del Hijo del Hombre y de Yahveh, las numerosas curaciones milagrosas que (para los testigos) estaban ocurriendo ante sus ojos y la transformación personal de numerosos “pecadores” desde publicanos hasta prostitutas, quienes eran los llamados a la conversión. Su mensaje estaba dirigido principalmente a los marginados de la sociedad, un factor común que podemos hallar como múltiples testimonios en todas nuestras fuentes: Marcos, Q, M, L y Juan (Marcos 1:40-45; 2:1-12; 3:1-12; 5:1-43; 7:24-30; 8:22-26; 9:14-29; 10:46-52; Q {Lucas 7:1-10 // Mateo 7:28a; 8:5-10,13}, {Lucas 7:18-19,22-23 // Mateo 11:2-6}, {Lucas 11:14-15.17-20 // Mateo 9:32-34; 12:25-28}, {Lucas ; Lucas 7:36-50; 15:1-2; Mt. 21:31; Juan 4:46-53).

Contrario al régimen vigente, Jesús predicaba con todas sus fuerzas, un Reino de Yahveh que fuera justo para los oprimidos, donde todos eran invitados a participar —como en una gran cena— (Q {Lucas 14:15-24 // Mateo 22:2-6,9-10}). En tal caso, como difícil es para un rico entrar al Reino de Yahveh, serían los marginados los más grandes afortunados. De ahí su dicho: “todo el que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado” (Q{Lucas 14:11 // Mateo 23:12}). En el fondo, hallamos este mensaje en las famosas “bienaventuranzas”:

Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.

Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados.

Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis.

Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo por causa del hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataron sus antepasados a los profetas (Q{Lucas 20-23 // Mateo 5:3,5-6,10-11}).

Otra nueva costumbre jesuana es la de referirse a Yahveh como padre. Esto debe comprenderse dentro de su concepción de salvación, no individual, sino colectiva. Al final de los tiempos, irrumpirá Yahveh en la historia desde el cielo y el colectivo de Israel se salvará y se restablecerá en la Tierra como potencia dominante. Desde la perspectiva del judaísmo de su época, Israel es el primogénito de Yahveh, por ende, su hijo con derecho a gobierno sobre las naciones (Éxodo 4:22). Es de esa manera que debemos comprender lo que aparenta ser la versión original del Padre Nuestro:

Padre,

santificado sea tu Nombre,

venga tu Reino,

danos cada día nuestro pan cotidiano,

y perdónanos nuestros pecados,

porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe,

y no nos dejes caer en tentación (Q{Lucas 11:2b-4 // Mateo 6:9-13).

Desde esta perspectiva, todo creyente en Jesús debía considerarse hijo de Yahveh.

Finalmente, hay que aclarar que Jesús se consideraba a sí mismo seguidor de la Torah entera. Contrario a lo que muchos han supuesto, Jesús nunca devaluó la ley mosaica ni pensaba que había de ser superada, sino que se veía en todo momento observante de ella. Hay pasajes en que Jesús afirmaba que ni una yod (la letra más pequeña del hebreo, “י”) se caería de la Torah. Al contrario, su misión era llevarla a la culminación (Q{Lucas 16:17 // Mateo 5:18}). Sin embargo, como muchos de los rabinos de su época, su interpretación de la Torah podía ser distinta a la de los demás rabinos de su época. Para sorpresa de muchos, Jesús era afín al pensamiento fariseo y, como era costumbre en su época, debatía continuamente en torno a cómo interpretar el escrito mosaico para que fuera práctico para los pobres y marginados. Lo que no cabe duda es que para Jesús, el corazón de la Torah es el amor: amor a Yahveh y su Reino sobre cualquier otra cosa o persona; y el amor al prójimo como un igual. No solo esta apreciación aparece atestiguada en todas nuestras fuentes independientes evangélicas, sino también fuera de los evangelios (Marcos 12:28-34; Gálatas 5:14; Romanos 5:8,9b-10; Santiago 2:8; Juan 15:12).

La actividad subversiva de Jesús

A pesar de que los evangelios nos presentan en general a un Jesús manso con discípulos que todo lo que les interesa es desentrañar las enseñanzas de su rabino, hay indicios de que era algo más que eso y que muchas de sus acciones y predicaciones le llevaron eventualmente a su muerte. Su mensaje de un gobierno de Israel por encima de las demás naciones era de facto mensaje sospechoso para los romanos y sus aliados, pero era más o menos usual en Galilea y Judea.

La manera en que podemos aproximarnos a este tema es viendo las acusaciones que se formularon en su contra para poder ver exactamente dónde radicaba el problema para las autoridades judías y las romanas. Aclaro que lo que sigue es mi perfil particular de Jesús basándome en lo que ciertos expertos han teorizado y que bastante de estos asuntos todavía se hallan bajo un intenso debate.

Que no se le pagara tributo a César

La moneda de tributo - por Tiziano (1515)

La moneda de tributo – por Tiziano (1515)

Hay una acusación que solo aparece en Lucas y que puede iluminarnos en cuanto a las actividades de Jesús. Cuando el profeta apocalíptico está ante el prefecto, Poncio Pilatos, nos dice Lucas:

Comenzaron a acusarle, diciendo: “Hemos encontrado a este alborotando a nuestro pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es el Mesías rey” (Lucas 23:2).

¿Por qué es esto extraño? Porque si se lee el evangelio lucano, uno tendrá la impresión de un Jesús pacífico y ejemplar en cuanto a temperamento y relación con los gentiles. Puede ser que tal esfuerzo del autor de ese evangelio por proyectar esa imagen sea en parte respuesta a dicha acusación.

¿Prohibía Jesús el pago tributario?  Lo interesante es que la respuesta a esa pregunta parece proceder del Evangelio de Marcos, que nos narra el siguiente acontecimiento que parece haber ocurrido en Galilea:

Enviaron entonces donde él a algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Al llegar, le dijeron:

“Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa de nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?”

Mas él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo:

“¿Por qué me tentáis?  Traedme un denario, que lo vea.”

Cuando lo trajeron, les preguntó:

“¿De quién son esta imagen y la inscripción? ”

Ellos respondieron:

“Del César.”

Jesús les dijo entonces: “Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios” (Marcos12:13-17)

Muchos han visto en esta enseñanza como un endoso jesuano a la separación de Iglesia y estado. Personalmente, me encantaría que fuera así, pero dicha perspectiva no pasa de ser un anacronismo. Se debe tener en cuenta que era inconcebible en esa época separar la política de la fe. El Reino de Yahveh que deseaba Jesús era uno claramente teocrático.

Si no significa eso, ¿entonces que quiere decir? Si hubo fariseos tras esta trampa es algo que debemos poner entre signos de interrogación, ya que el evangelio se produjo en una época de gradual tensión entre diversos sectores del judaísmo (70 d.C.), en particular el fariseísmo y el cristianismo. El texto puede reflejar un cierto desprecio que siente el autor hacia el sector fariseo.  Sin embargo, puede tomarse como noticia el hecho de que aparecieran herodianos para tenderle la trampa a Jesús:  si él alegaba que debía pagarse el tributo a César, entonces traicionaba su mensaje del Reino de Dios y a Yahveh mismo; si alegaba que no debía pagarse impuestos a Roma, entonces era condenable por sedición ante las autoridades romanas. Jesús astutamente cambió el tema del tributo a la moneda. De esa manera, le podía decir a sus oyentes que la moneda se le podía devolver (no dar … no entregar … no pagar … sino devolver) al César y que, por otro lado, a Yahveh hay que devolverle lo suyo. Dentro del contexto de su mensaje apocalíptico, ¿qué habría que devolverle a Dios? Sencillo: las tierras palestinenses, su pueblo y su lealtad, es decir, al Israel renovado (Puente Ojea, El Evangelio 114-121).

Más adelante, puede ser que el Evangelio de Marcos o alguna fuente helenística del evangelista, tradujo el “devolved” arameo por un término técnico de pago tributario “apodídomi” (aquíἀποδίδωμι), que parecía implicar que, para Jesús, lo que correspondía hacer era pagar el debido tributo al César en lo que llegaba el Reino de Dios. Véase este asunto con más lujo de detalles aquí.

Otros pasajes podrían abonar a esta interpretación. Por ejemplo, el teólogo Porfirio Miranda aportó al tema en su famoso librito El comunismo en la Biblia, cuyo contenido se intepreta a todas luces desde un sesgo ideológico notable y no teniendo mucho cuidado desde el punto de vista de la exégesis del Nuevo Testamento. Eso no quita que pudo haber llegado a la conclusión correcta en cuanto a este tema y que coincide perfectamente con la acusación que estamos inquiriendo (Miranda, El comunismo 68-72).  Después de reflexionar sobre el incidente del tributo a César, Miranda nos dice:

Antes del incidente en cuestión, Jesús ya había proclamado: “Nadie puede servir a dos señores, porque o bien odiará a uno y amará al otro, o se adherirá al uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero {Mammón} (Q {Lucas 16:13 // Mateo 6:24}). Quien ha enseñado eso de manera tan categórica, no puede después salirnos con que hay que reconocer y cumplir con el emperador y al mismo tiempo con Dios. Cuando dice “no podéis servir a Dios y al dinero”, toda la fuerza está en el “y”…. Pero el dato más importante para la interpretación de la frase sobre César es que la autoridad civil está presentemente encarnada en un dinero que Jesús pide que le muestren…. La sentencia “no podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6,24) fue pronunciada utilizando el verbo arameo `abad, que significa tanto servir como adorar … (71-72, mi énfasis).

Que el Templo de Jerusalén sería destruido

Cristo expulsa a los cambistas del Templo, por Nicolas Colombel (1681)

Cristo expulsa a los cambistas del Templo, por Nicolas Colombel (1681)

Una de las más importantes acusaciones se hizo ante el Sanedrín judío y nos dice Marcos:

Algunos, levantándose, dieron contra él este falso testimonio: “Nosotros le oímos decir: `Yo destruiré este Santuario {el Templo de Jerusalén} hecho por hombres y en tres días edificaré otro no hecho por hombres'” (Marcos 14:57).

¿Es esta acusación factual? El autor del evangelio marcano dice que es falso. Sin embargo, otro escrito parece diferir y trataba de explicar esta acusación tomada muy en serio, no como un falso testimonio (Juan 2:19-20). Si seguimos la pista dejada por el Evangelio de Juan, parecería que Jesús dijo esto durante el ataque que llevó a cabo contra los cambistas del Templo y de la que tienen testimonio todos los evangelios.

Una vez fracasa su actividad en Galilea, Jesús decide ir a Jerusalén. De su famosa entrada, hablaremos en la tercera parte de esta serie. Después de su “entrada triunfal”, Jesús decide atacar a los vendedores y cambistas del Templo.

Llegaron a Jerusalén: Una vez allí, entró Jesús en el Templo y comenzó a echar fuera a los vendedores y compradores, volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedoresde palomas, y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba diciendo:

“¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración [para todas las gentes]? ¡Pero vosotros la tenéis hecha una cueva de bandidos!”

Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas, que buscaban la forma de poder matarle. Y es que tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina (Marcos 11:15-18).

Hoy se sabe que la frase entre corchetes “para todas las gentes” fue un añadido posterior al evangelio. Tampoco es creíble que impidió la dinámica de todo el Templo, un recinto demasiado grande para que lo controlaran solo 13 hombres. Sin embargo, sí es creíble que ocurrió algo de menor grado.

Por años, dicho ataque fue un enigma para los exégetas del Nuevo Testamento. Los cambistas cambiaban la moneda con la efigie de César y otros tipos de imágenes (prohibido para los judíos dentro del Templo) por una aceptable para la ofrenda del Templo. Los vendedores proporcionaban la manera más eficiente de proveer animales para los sacrificios, difícil de llevar a cabo de otra manera. Entonces, ¿por qué el ataque?¿De dónde procede la acusación de ser bandidos? Los cambistas cobraban por el cambio, pero eso es normal para toda labor en aquel momento. No hacerlo, sería disfuncional.

El gran erudito E. P. Sanders señala que todo cae en su sitio cuando se tiene en consideración que Jesús era un apocalipticista que miraba al sacerdocio del Templo como cómplice del orden establecido de los Romanos. Mientras Poncio Pilatos estaba en la región de Samaría, en Cesarea Maritima, le tocaba al Sanedrín, dominado por los saduceos, dirigir los asuntos de Jerusalén y guardaba el orden social en alianza con el Imperio Romano. Desde esa perspectiva, el significado del Templo dedicado a Yahveh ha sido profanado por los saduceos, a los que Jesús no les tenía el mínimo aprecio. Varios apocalipticistas veían al Templo como una institución impura y contaminada por dichas relaciones políticas. Por ejemplo, los de Qumrán veían al Templo como profanado por un “Sacerdote Malvado”, presumiblemente por un sacerdote favorecido por la dinastía asmonea y quien le robaba a los pobres sus posesiones (1 QpHab 11:7; 12:8ss; CD 4:6-8). Los fariseos eran marginados de la autoridad del Templo, precisamente porque eran apocalipticistas que rehusaban participar de dicha relación política. El vuelco de las mesas y la violencia con la que se manifestó Jesús dramatizaban (simbólicamente) el hecho de que el Hijo del Hombre y, con él, el Reino de Yahveh, estaba bien cerca y que el Templo edificado por Herodes sería destruido. El orden que regía el Templo terminaría, se purificaría de todos los elementos profanos y se reedificaría una vez fuera restaurado Israel (Sanders, Jesus and Judaism 174-211).

También es un poco enigmático el hecho de que nadie lo arrestara en el momento. Lo que sospechan Fernando Bermejo y Antonio Piñero es que probablemente los mismos discípulos de Jesús estaban armados y con las armas protegían a su rabino mientras él atacaba a las mesas de los animales y cambistas. El que pudieran tener armas no sorprende mucho, dado que el evangelio lucano nos revela que algunos de ellos habían comprado armas y Marcos nos dice que uno de ellos tenía una espada cuando arrestaron a Jesús (Lucas 22:35-38; Marcos 14:47).

Jesús Nazareno: Rey de los Judíos

La tercera acusación con la que coinciden todas nuestras fuentes es que de alguna manera, Jesús se había autodenominado rey. En ninguna instancia Jesús lo negaba. Algunos han sugerido que Jesús preparó su entrada a Jerusalén para que se viera que cumplía la profecía de Zacarías, que decía que el rey de Jerusalén entraría montado en un borrico, hijo de un asna (Zacarías 9:9). Por razones que explicaremos en la siguiente entrada, parece que esto no era suficiente para prenderle.

Dado que Jesús nunca se autoproclamó rey ni Mesías en público (nuestra fuente más temprana, Marcos, así lo establece: que Jesús mandaba a callar y mantener silencio al respecto), inevitablemente nos lleva a la conclusión de que Jesús debió haberlo revelado en privado. Que, según él, el Hijo del Hombre le pondría en el trono como suma autoridad real bajo el beneplácito de Yahveh; que sería rey israelita de todos los judíos.

Uno de los discípulos (Judas Iscariote), desilusionado con Jesús por razones que permanecerán oscuras para la historia, decidió reunirse con funcionarios del Sanedrín en privado y revelar el secreto. Eso y el incidente del Templo fueron suficientes para que las autoridades judías le arrestaran, especialmente para prevenir algún incidente durante la Pascua. La acusación de hablar contra el tributo a César mas la autoproclamación de rey, ante la negativa de Jesús de defenderse, fueron suficientes para que el liderato judío llevara a Jesús ante Poncio Pilatos y este a su vez le condenara a la crucifixión.

Continuaremos mañana nuestra discusión …

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—. Los tres proyectos de Jesús y el cristianismo naciente. Sígueme, 2003.

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 1

Después de escribir un artículo para este blog en torno a la situación de la Universidad de Puerto Rico, no me olvidaba de que al otro día iba a comenzar la Semana Santa con el Domingo de Ramos. Tampoco se me escapaba el final de la movida de la Cámara de Representantes y los municipios de utilizar su poder político para fomentar los ayunos y oraciones durante 40 días, violentando así la total separación de iglesia y estado. Quería dedicarle aunque fuera parte de este blog a la ocasión del tema central de la Semana Santa: una visión escéptica e histórica de la Pasión, muerte y proclamación de la resurrección de Jesús.

Boleto para _The Case for Christ_

Mi boleto para ver _The Case for Christ_. Hago disponible esta imagen para dominio público.

En momentos como este —¡claro está!— permean las películas dedicadas al tema religioso en el cine y en la televisión. En Caribbean Cinemas hay dos:  una era The Shack y la otra era The Case for Christ. En lo personal, no tengo ningún problema con películas religiosas en general, siempre y cuando no se lo introduzcan a uno por ojo, boca, nariz y otros lugares … como el … el oído. Sí resiento esas películas que son asquerosas y ofensivas, como las de God’s Not Dead, que desde mi perspectiva como no creyente, sus dos películas me parecen harto malvadas y tienen una visión demasiado laxa de la frase “basada en hechos reales”. Y sí … merecen tener peor puntaje en Rotten Tomatoes que Twilight y Fifty Shades of Grey (¡y ODIO esas películas!) Desgraciadamente no hay un infierno en que no se queman todas ellas juntas por los siglos de los siglos.

Como mi punto de interés es puramente  histórico, decidí ver The Case for Christ. No voy a dar aquí una reseña de la película, pero es muchísimo mejor que las dos películas de God’s Not Dead y cuenta la historia de cómo Lee Strobel se convirtió de un periodista ateo a un converso cristiano debido a su investigación del tema de la resurrección de Jesús. Para él, la evidencia llegó a ser tan abrumadora que no podía negar la realidad de la resurrección de Jesús. Hay elementos de la película que son de criterio histórico y científico, pero, para el no especialista en historiografía del Nuevo Testamento cristiano, parece que no hay brinco alguno de lógica u omisión alguna de información. Al contrario, hubo muchísimos casos de ambas instancias.  La película en sí es relativamente buena y no es tan insultante como God’s Not Dead y otras semejantes, aunque sí intenta implicar que los ateos y no creyentes en general lo son porque tuvimos problemas con nuestros padres. Sin embargo, el único problema que tuve con mi padre era que murió cuando yo tenía 5 años, el resto de mis recuerdos de él son buenos. Es más, durante la mayoría de mi vida yo era un católico devoto (de ir a misa de todos los días) y mi cambio de parecer se debió a que en un momento dado nada del relato cristiano me tenía sentido. Mi padre no tenía nada que ver con eso. Podríamos mencionar al caso de Bart Ehrman, quien (hasta donde sé) nunca tuvo problemas significativos con su padre. Por otro lado, he sabido de cristianos que viven todos los días en familias plenamente disfuncionales. Una cosa no tiene nada que ver con la otra.

En cuanto a la supuesta “evidencia” de la resurrección de Jesús, sí muestra uno de los criterios historiográficos para determinar qué del Nuevo Testamento pudo haber ocurrido y qué no. Afirma la película muy acertadamente, que si fueran verdaderos los relatos en torno a la resurrección de Jesús, entonces deberían presentar contradicciones. Los múltiples evangelios que nos narran el evento se parecen a la manera en que varios testigos frecuentemente se contradicen entre sí ante la policía.  La película muestra cómo este señalamiento le ayudó a Strobel a resolver el caso de John Hicks. Este es el famoso criterio de múltiple testimonio y que es bien usado en el ámbito de la erudición bíblica. Sin embargo, no pude más que sonreír escépticamente cuando lo mencionó en el contexto de la resurrección de Jesús, ya que dicho criterio no aplica a ese caso. ¿Por qué? Tendrán que esperar a la última parte de nuestra serie investigativa para averiguar.

Aquí vamos a llevar a cabo una mejor labor de periodismo que el que llevó a cabo Strobel para investigar quién fue Jesús desde un punto de vista estrictamente histórico. Este análisis de los textos del Nuevo Testamento se hace con el mayor respeto a la Semana Santa, pero afirmando asertivamente lo que pudo haber sucedido y lo que no pudo haber pasado.

El problema de la cualificación de la evidencia evangélica

Octavio Augusto César

Octavio Augusto César en calidad de Pontifex Maximus

Es bien popular en la cultura escéptica y de los no creyentes en general a designar como pura fantasía los evangelios: ¿quién va a creer que Jesús nació en Belén de una virgen, que caminó sobre las aguas, cumplió todas las profecías de la Biblia Hebrea, se transfiguró en el Monte Tabor, resucitó y ascendió al cielo? Desgraciadamente, tal aproximación no tiene en cuenta que era una tendencia usual en todas partes del Imperio Romano y del judaísmo elaborar sucesos fantásticos con motifs literarios conocidos alrededor de personajes que realmente existieron. Por ejemplo, en el caso de Julio César, el poeta Ovidio (en su Metamorfosis) elaboró toda una mitología de divinización y ascenso, manifestándose el dictador popular como cometa en el firmamento. De esa manera, Octavio Augusto (adoptado como hijo por César) se convirtió estrictamente hablando en “hijo de Dios”, a su vez descendiente de Eneas, el hijo del príncipe de Anquises y de la diosa Venus (o Afrodita). Asimismo, el nacimiento de Augusto era visto en términos fantásticos y milagrosos y se decía que era el “Salvador del Mundo”. Si esto se parece demasiado al cristianismo, no es accidente. Los mismos títulos eran atribuidos a Jesús precisamente como respuestaresistencia a la Roma imperial. Es como si los cristianos dijeran: “Augusto no era el hijo de Dios, salvador del mundo; Jesús lo era”.

Por otro lado, no podemos caer en el literalismo bíblico que incluye los elementos fantásticos arriba descritos. La historiografía, como ciencia, también parte del naturalismo metodológico como mecanismo de conocimiento factual del mundo, aunque esto de por sí no excluya a priori que hayan ocurrido sucesos extraordinarios y sobrenaturales. Sin embargo, la experiencia histórica (y científica en general) es que la perspectiva naturalista es mucho más fructífera y, como dice el mismo Jesús de Nazaret, “por sus frutos los reconoceréis” (Q {Mateo 7:15-20 // Lucas 6:43-45}). Por ende, tanto conservadores más moderados y exégetas liberales piensan que sí hubo un Jesús histórico que actuó y dijo muchas de las cosas según descritas (con las debidas matizaciones) por los evangelios, aunque los sucesos no hayan ocurrido literalmente como aparece en los evangelios.

Fuera del Testimonium Flavianum (debidamente cualificado de acuerdo a los manuscritos disponibles y crítica literaria), los evangelios y las genuinas cartas de Pablo de Tarso (Romanos, Gálatas, 1 Tesalonicenses, Filipenses, 1 y 2 Corintios y Filemón) son las únicas fuentes para conocer a Jesús.

Nota aparte: Sobre el textus receptus del Testimonium Flavianum, véase la brillante exposición de Fernando Bermejo en su serie sobre este tema: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15 y “De nuevo”. Véase también los dos artículos académicos de él sobre este tema en la bibliografía.

Averiguar quién fue Jesús a partir de unos documentos con información sumamente cuestionable es difícil, pero no imposible. Existen puntos de mayoría de opinión y de consenso entre los eruditos: con toda probabilidad Jesús nació y se formó en Nazaret de Galilea; hablaba arameo y conocía bien las escrituras sagradas hebreas; adoptó una cosmovisión apocalíptica; se convirtió al mensaje de Juan el Inmersor (Bautista); tras el arresto de Juan, predicó la pronta llegada del Hijo del Hombre como sumo juez que separaría a los que serían y no serían los miembros del futuro Reinado de Yahveh; que Jesús tenía una perspectiva particular de la Torah y se consideraba a sí mismo como su seguidor; que el Reino sería la restauración de Israel en la Tierra con sus doce tribus juzgadas por doce de los discípulos que acompañaban a Jesús; que en un momento dado Jesús creyó que era el rey de ese nuevo Reino como “descendiente de David”; que celebró una cena en la noche que fue entregado; que fue crucificado; que sus discípulos proclamaron su resurrección y que creyeron que le fue conferido por Dios en señorío del cosmos. Hoy día hay poquísimas discrepancias con este perfil histórico de Jesús.

Hay otros aspectos de consenso sobre lo que no hizo o dijo: Por ejemplo, él nunca se autodenominó en público “Hijo de Dios” (esas fueron modificaciones apologéticas de las enseñanzas jesuanas por cristianos, ya que una de las fuentes evangélicas más primitivas con la que contamos, el Evangelio de Marcos, explícitamente lo niega); nunca se autodenominó “Hijo del Hombre” en el sentido de la entidad vista por el profeta Daniel (de hecho, el título “Hijo del Hombre” no era un título mesiánico en aquella época; una vez más, los cristianos apologéticamente se lo aplicaron a Jesús, véase una instancia de eso cuando Lucas cita a Q referente al “Hijo del Hombre”, pero Mateo cambia por completo el sentido del pasaje original (Lucas 12:8-9 / Mateo 10:32-33)); no dijo prácticamente casi todo lo que aparece en el Evangelio de Juan (son palabras que el autor le pone en boca a Jesús, el estilo del autor así lo delata, además de que algunos de los diálogos funcionan solo en griego, no en el arameo que hablaba Jesús en su época); entre otros.

Hay mayor discrepancia entre los expertos en relación con otros detalles aquí y allá: de si hizo o no hizo x, si dijo o no dijo y, si dijo algo parecido a z o no… etc. Por ende, lo que presentaré en esta serie es una interpretación de quién fue Jesús y qué fue lo que históricamente hizo, con un fuerte énfasis de lo que ocurrió al final de su vida y los elementos que le llevaron a la crucifixión y a la proclamación de su resurrección.

He aquí las fuentes independientes con las que contamos para dicha discusión:

  1. El Evangelio de Marcos: hoy día se discute su presunta unidad de contenido (aunque haya una unidad literaria), porque parece haber evidencia de que la información allí contenida se elaboró en varios estratos distintos (se han identificado 3), el más temprano proveniente probablemente de la comunidad de Jerusalén. Lo que está fuera de toda duda es que los evangelios de Mateo y Lucas copiaron extensamente de Marcos y, en ocasiones, modificaron y ajustaron su contenido a sus respectivas cosmovisiones teológicas.
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  2. Hoy día se acepta que existió otra fuente de la que Mateo y Lucas copiaron, pero que o no se encuentran en Marcos o se encuentran versiones parecidas en dicho evangelio (e.g. Q {Mateo 10:32-33 // Lucas 12:8-9} y Marcos 8:38). A este escrito se le ha denominado “Q“, por la palabra alemana Quelle, que significa “fuente”.
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  3. Hay material que aparece en el Evangelio de Mateo, pero no en Marcos ni en Q. A ese material se le ha denominado “M“.
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  4. Hay material que aparece en el Evangelio de Lucas, pero no en Marcos ni en Q. Se le ha denominado “L“.
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  5. Finalmente, está el material provisto por el Evangelio de Juan. Hay que hacer la salvedad de que como fuente histórica, dicho escrito es muy pobre, ya que es el más teológicamente cargado de los demás evangelios. Sin embargo, en algunas ocasiones puede ofrecer datos que permiten comprender mejor los datos ofrecidos por las demás fuentes que hemos mencionado. Esto se debe a que por debajo de toda la elaboración teológica hay un núcleo de tradiciones que, en algunos casos, puede remitirse indirectamente a los hechos de Jesús.

Criterios de historicidad

Por ahora, resumimos los criterios de historicidad que los eruditos del Nuevo Testamento. Antes de exponerlos, nótese que cada uno de ellos tiene defectos y límites muy comprendidos a saciedad por los biblistas. Sin embargo, debidamente aplicados y debatidos en la historiografía del Nuevo Testamento, pueden ayudar a construir un perfil histórico de quién pudo haber sido Jesús. Aquí están enumerados los criterios de historicidad.

  1. Criterio de discontinuidad o desemejanza: Este criterio es solo válido en el caso en relación con el cristianismo primitivo. Cuando aparecen enseñanzas de Jesús que no parecen coincidir con la cosmovisión de las iglesias primitivas y muy especialmente con las perspectivas del autor del evangelio, puede tomarse como probablemente histórico. Por ejemplo, para el cristianismo primitivo, la figura del “Hijo del Hombre” (del libro de Daniel) es idéntica a la de Jesús. Sin embargo, hay instancias en los Evangelios en que Jesús parece referirse al Hijo del Hombre como alguien distinto a sí mismo (Marcos 8:38; Marcos 13:24-27; Q {Lucas 12:8-9 // Mateo 10:32-33}; Q {Lucas 17:23-24 // Mateo 17:22-24}; Mateo 25:31-32; Lucas 21:34-36). Igualmente representa un problema el dicho de Jesús de que el Hijo del Hombre pondría a los 12 discípulos suyos a juzgar las doce tribus de Israel, debido a que choca de frente con el hecho de que uno de ellos le traicionó (Mateo 19:28; Lucas 22: 28-30).
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  2. Criterio de dificultad o incomodidad: Esta es una vertiente del criterio de discontinuidad. Si una información se muestra incómodamente cuando choca con la visión cristológica del autor y del cristianismo de esa época en general, probablemente es porque es auténtica y bien conocida. Por ejemplo, el bautismo de Jesús le creó ciertas dificultades al cristianismo primitivo debido a que la inmersión en agua practicada por Juan el Inmersor era una de confesión de pecados y arrepentimiento. Ello implicaría que Jesús era un pecador arrepentido que buscaba ser discípulo de Juan. Esto era notoriamente incómodo para los cristianos, por lo que Marcos procuraba convertirlo en un equivalente a la unción de Jesús como Mesías (literalmente “ungido”) en la que, como en el caso de David, fue adoptado como “Hijo de Dios” (Marcos 1:9-11).  Mateo hace un intento fallido de explicar este acontecimiento haciendo que Jesús señale que es “voluntad de Dios” que se llevara a cabo (Mateo 3:13-15).  En Lucas, Juan es arrestado antes de la inmersión de Jesús, removiendo así el problema cuando Jesús fue inmerso (aunque no especifica por quién) (Lucas 3:19-22). En el Evangelio de Juan, el problema ya está resuelto en principio: el Inmersor no le bautiza en ningún momento, sino que es él (y no Jesús) el que ve al Espíritu Santo declarando a Jesús “inmersor del Espíritu Santo” (Juan 1:19-34). Como se puede ver, la manera en que los evangelistas manejaron ese asunto irritante delata su historicidad (sin suponer los elementos fantásticos ya mencionados).
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  3. Fragmento P52

    Fragmento P 52, parte de una página de un códice del Evangelio de Juan (18:31-33). La película The Case for Christ se refirió a este trozo de papiro del siglo II.

    Criterio de testimonio múltiple:  Si una información aparece en más de una fuente independiente de las que mencionamos, probablemente puede ser tomada por histórica. Por ejemplo, Marcos como Q, M, L y Juan nos dicen que Jesús provino de Nazaret de Galilea, por lo que muy probablemente el dato sea correcto. Según cuatro de las cinco fuentes independientes (Marcos, M, L y Juan) entre otras (cartas de Pablo) afirman la crucifixión de Jesús. Nótese que escenas como el ataque a los vendedores del Templo de Jerusalén no permiten afirmar su historicidad bajo el criterio de testimonio múltiple. Esto se debe a que el Evangelio de Mateo (21:12-13) y Lucas (19:45-46) lo copian de Marcos (11:15-19) y hay fuertes sospechas de que el Evangelio de Juan conocía el relato y que, por su cosmovisión cristológica, lo desconecta del relato de la Pasión (Juan 2:13-22). Las versiones de este relato en Mateo, Lucas y Juan no son independientes, sino que son todas ellas dependientes del de Marcos. Por ende, aquí no hay, estrictamente hablando “testimonios múltiples”, sino un solo testimonio … el de Marcos.
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  4. Criterio de coherencia: Son más fiables los relatos y los dichos de Jesús que sean más afines a lo que se conoce de la región Palestina a nivel histórico en cuanto a contexto económico, político y social. El mensaje apocalítptico de Jesús es mucho más cercano al tipo de convicciones sostenidas durante su época: un futuro Reino de Yahveh en la Tierra con un Israel restaurado dominador del resto de las naciones. Es más, la existencia de Jesús cae como anillo al dedo en una época en que pululaban rebeldes, profetas, predicadores y mesías de todo tipo (7 a.C. – 125 d.C.). Su proveniencia de Galilea se confirma también con este criterio debido a que esa región era un hervidero de apocalipticistas que no dejaron de darle dolores de cabeza a los Romanos y a Herodes Antipas (e.g. Judas de Galilea, sus hijos Jacobo y Simón, Juan el Bautista, entre otros). Una versión más moderada del relato de la “limpieza del Templo” por parte de Jesús y la predicción de su destrucción es verosímil (e.g. Marcos 14:58), ya que tales predicciones eran populares entre apocalipticistas de su época, que denunciaba a su clase sacerdotal por ser cómplices del mal (i.e. del dominio pagano de los romanos). La crucifixión sí existió y era utilizada para cualquier pretendiente a ser un rey o mesías no vasallo de Roma. No obstante ello, el criterio de coherencia representa un problema serio para muchos de los dichos que encontramos en el Evangelio de Juan en que Jesús describe un reino y una pertenencia en el cielo, o una adopción de un punto de vista filosófico más característico del judeohelenismo. La ponderación de los judíos para que Pilatos soltara o a Barrabás o a Jesús es históricamente improbable, rayando en imposible.

Toda nuestra exposición en adelante tiene estos cuatro criterios en cuenta. En el siguiente artículo exploraremos las razones que llevaron a Jesús a ser crucificado.

¡Alerta lector! Una asignación …

¡Hey! Soy profesor de la Universidad de Puerto Rico y hay una huelga universitaria … ¿Qué se supone que haga? Tengo que darle asignación a alguien, ¿verdad? He aquí la asignación:

Conteste la siguiente pregunta — Contrario a lo alegado por The Case for Christ, ¿por qué el criterio de testimonio múltiple no aplica a los relatos de la resurrección de los distintos Evangelios?

Al que acierte le voy dar esta estrellita de Belén: ∗

¡Vamos! Ustedes pueden hacerlo. En este artículo nada más, les di suficiente para que contesten la pregunta.

Continuaremos …

Referencias

Arens, Eduardo. La Biblia sin mitos: una introducción crítica. Asociación de Hijas de San Pablo & Centro de Estudios y Publicaciones, 2004.

Bermejo, Fernando. “La naturaleza del texto original del Testimonium Flavianum. Una crítica de la propuesta de John P. Meier.” Estudios Bíblicos, vol. 72, 2014, pp. 257-292. Disponible en Academia.edu aquí.

—. Was the Hypothetical Vorlage of the Testimonium Flavianum a “Neutral” Text? Challenging the Common Wisdom on Antiquitates Judaicae XVIII 63-64.” Journal for the Study of Judaism, vol. 45, 2014, pp. 326-365. Disponible en Academia.edu aquí.

Biblia de Jerusalén. 4ta. ed. Bilbao: Desclée de Brower, 2009.

Casey, Maurice. Jesus of Nazareth. An Independent Historian’s Account of
His Life and Teaching. T & T Clark, 2010.

—. The Solution to the ‘Son of Man’ Problem. T & T Clark, 2007.

Crossan, John Dominic. The Historical Jesus: The Life of a Mediterranean Jewish Peasant. HarperCollins, 2010.

Ehrman, Bart D. How Jesus Became God. The Exaltation of a Jewish Preacher from Galilee. HarperOne, 2014.

—. Jesus. Apocalyptic Prophet of the New Millenium. Oxford UP, 1999.

MacGrath, James F. The Burial of Jesus: History and Faith. BookSurge, 2008.

Meier, John P. Un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico. 4 vols. Verbo Divino, 1998-2010.

O’Collins, Gerald. Christology: A Biblical, Historical, and Systematic Study of Jesus. Oxford UP, 2009.

Pagola, José Antonio. Jesús: aproximación histórica. PPC, 2013.

Piñero, Antonio, editor. ¿Existió Jesús realmente? Raíces, 2008.

—. Guía para entender el Nuevo Testamento. Trotta, 2011.

Piñero, Antonio y Jesús Peláez. El Nuevo Testamento: Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos. El Almendro / Fundación Épsilon, 1995.

Puente Ojea, Gonzalo. La existencia histórica de Jesús: las fuentes cristianas y su contexto judío. Siglo Veintiuno, 2008.

Rius-Camps, Josep. El Evangelio de Marcos: etapas de su redacción. Verbo Divino, 2008.

Robinson, James McConkey, Paul Hoffmann y John S. Kloppenborg. El documento Q. Sígueme, 2004.

Sanders, E. P.  The Historical Figure of Jesus. Penguin, 1993.

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Vermes, Geza. The Religion of Jesus the Jew. SCM, 1993.

Vidal, Senén. El documento Q: Los primeros dichos de Jesús. Sal Terrae, 2011.

—. Jesús el galileo. Sal Terrae, 2006.

—. Los tres proyectos de Jesús y el cristianismo naciente. Sígueme, 2003.

El fraude del Evangelio de la Esposa de Jesús

En el año 2012, la erudita Karen King, de la Escuela de Divinidad de Harvard, anunció al mundo el descubrimiento de un fragmento que parecía indicar que algunos cristianos antiguos o medievales pensaban que Jesús tenía una esposa.

Fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús

Fragmento al que se le denominado “Evangelio de la Esposa de Jesús” (Cortesía de Karen King, Harvard & AP)

El pedazo de papiro pertenecía a un anónimo al que King respetaba su deseo de mantener su identidad secreta. No explicaré los detalles de este fragmento, ya que los he presentado en mi blog personal. Baste señalar que aun si fuera genuino, la misma King nos dice que todo lo que podría decirse de seguro es que un sector del cristianismo solía sostener que Jesús tuvo una esposa. Este fragmento jamás podría probar de una vez y por todas que Jesús se hubiera casado en vida.
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¿Se casó Jesús en algún momento de su vida?

La inmensa mayoría de los expertos en la Antigüedad y los eruditos del Nuevo Testamento de todas las posiciones ideológicas y religiosas han estipulado como altamente probable la existencia histórica de Jesús. El consenso actual entre ellos en cuanto a la vida marital de Jesús es que parece que este nunca se casó porque compartía las convicciones apocalipticistas de su época: no hay tiempo para una vida familiar, ya que el Reino de Yahveh estaba a punto de llegar. Otros argumentan que si se casó, entonces comenzó su ministerio después de enviudar.

Aquellos que argumentan que sí vivía en un matrimonio durante su ministerio porque a él se le denominaba “Rabí” (maestro) y que solo se podía ser rabino si se era casado pierden de perspectiva de que esa disposición forma parte de una normativa rabínica del siglo II en adelante, décadas después de la muerte de Jesús. Además, Jesús no formaba parte de la oficialidad rabínica farisea (como no lo eran tampoco Juan el Bautista ni los esenios) ni era sacerdote saduceo.

Es más, es curioso que en los evangelios y en las cartas auténticas paulinas se hable de la madre y el padre de Jesús, de sus hermanos y hermanas, de su tensión con su familia, pero jamás de su mujer e hijos. Dentro de su mentalidad apocalipticista, Jesús no era exactamente el mejor amigo de la dinámica familiar, al menos como lo piensan muchos creyentes hoy día (Mt. 8:21-22; 10:37; 12:46-50; Mc. 3:20-21,31-35; Lc. 8:19-21; 9:59-62; 14:26).

Algunos conspiracionistas sospechan que la Iglesia Católica cambió los textos para eliminar cualquier referencia a esposas e hijos. Si ]fuera cierto, es extraño que esos pasajes “eliminados por la Iglesia” no aparezcan en escritos neotestamentarios que se escribieron y conservaron fuera del dominio del catolicismo medieval. En fin, los eruditos cuentan con cerca de los 2,500 manuscritos más antiguos del Nuevo Testamento de todas partes del mundo europeo, mediooriental y africano, muchos de ellos guardados por iglesias de diversas tendencias doctrinales, adversas al catolicismo e históricamente fuera del dominio del Vaticano. No hay ni un solo documento  de los 2,500 que afirme que Jesús era casado.

Muchos inspirados en los libros de Holy Blood, Holy Grail (en español El enigma sagrado) y El código Da Vinci sugieren que María Magdalena era la esposa de Jesús. Sin embargo, todo lo que nos dicen los evangelios de ella era que auspiciaba económicamente la labor de Jesús, que este la exorcisó de siete demonios y que fue testigo de la tumba vacía (Lc. 8:2-3; Mc. 16:1-8; Mt. 28:1-10; Lc. 24:1-11). Todos los demás reportajes de que Jesús besaba a María Magdalena (Evangelio de Felipe) o que le revelaba secretos (Evangelio de María Magdalena) proceden de escritos gnósticos posteriores (siglos II y III) y que no merecen credibilidad histórica alguna. Este último punto también es consenso de todos los expertos en este tema.

Si este es el caso, entonces ¿en qué ha parado el tema del fragmento en discusión?
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Veredicto final:  Un fraude

La historia del descubrimiento del fraude se dio dentro y fuera del ciberespacio. Algunos ponían en duda el fragmento al notar que algunos de sus contornos parecen haber sido cortados a tijera.

Otro problema parece haber sido la prueba de Carbono-14 al que se sometió la tinta usada para escribir el fragmento. Sí, la prueba mostraba que la tinta databa del siglo VIII, pero lo que no se conoce mucho es que este fue el resultado de la segunda prueba. La primera indicaba que la tinta era del 400 al 200 a.C. (¡!)

Otros señalaban que era bien extraño que este fragmento se obtuviera y se revelara justo en el momento en que perduraba la fiebre por la película (malísima) y la novela (aburridísima y mal informada) de El código Da Vinci. La respuesta general de los expertos era de un gran escepticismo, muy a pesar del optimismo de Karen King. A pesar de que ella había consultado con dos coptólogos expertos que opinaban que el documento aparentaba ser auténtico, no todos los coptólogos estaban convencidos. De hecho, la mayoría se mostraba extremadamente escéptica.

Sin embargo, hubo otros criterios muchos más fuertes de inautenticidad. Daniel B. Wallace, estudioso del Seminario Teológico de Dallas, mencionaba los siguientes:

  • Es extraño que el texto esté escrito en un copto sahídico bastante antiguo (como del siglo III), pero que aparece en un documento del siglo VIII.
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  • El papiro se utilizaba como medio de escritura hasta, a más tardar, el siglo VII. Las pruebas de Carbono-14 lo colocan en el siglo VIII.
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  • El fragmento pone a la vista el nombre de “Jesús” en dos ocasiones mediante las iniciales “IC” (iota sigma). En la segunda ocasión (en la cuarta línea), está justo en el medio del fragmento.
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  • La palabra “mi esposa” aparece a propósito en los labios de Jesús, de manera que es inconfundible que él estuviera hablando de su esposa.
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  • Parece que el escriba no utilizó un stilus, sino más bien una “brocha” pequeña, algo que no es característico de los escritos coptos conocidos de todas las épocas.
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  • Las frases que aparecen en este fragmento también aparecen en el Evangelio de Tomás, un evangelio gnóstico del siglo II, escrito en copto sahídico y encontrado en Nag Hammadi a mediados del siglo XX.

En cuanto a este último punto, Francis Watson de la Universidad de Durham llevó a cabo un análisis al respecto y publicó un resumen de sus hallazgossu análisis y otros señalamientos. Él demuestra más allá de toda duda que con excepción de la frase “mi esposa”, todo lo demás proviene de distintos versos del Evangelio de Tomás. Es más, no proceden ni tan siquiera de versos cercanos, sino que es un “collage” de versos de dicho libro gnóstico.

Sin embargo, lo que parece haber revelado más allá de toda duda que el fragmento era un fraude era un cierto tipo de errores gramaticales. Algunos expertos ya habían señalado el problema y cómo el que escribió el papiro refleja muy poco conocimiento del copto. Sin embargo, Andrew Bernhard de la Universidad de Oxford encontró que en la línea 6 del escrito hay una falta gramatical que indica que el autor estaba dependiendo en otro escrito que contiene la misma falla: la traducción interlinear al inglés de Michael Grodin del Evangelio de Tomás y que está disponible en línea. Aparentemente, el falsificador copió la falta ortográfica y después intentó corregirla por encima.

La otra evidencia del fraude no provino de ese fragmento, sino de uno ajeno y que también era del mismo dueño. Aparentemente, la misma persona que suplió nuestro texto en discusión a King, quiso proveer un fragmento del Evangelio de Juan a otra institución años antes.

Fragmento del Evangelio de Juan.

Fragmento del Evangelio de Juan asociado al del Evangelio de la “Esposa de Jesús”.

Para los expertos, no hay lugar a dudas que este fragmento es una falsificación. Entre algunos factores que siguieron arrojando serias dudas, podemos mencionar los descubiertos por por Christian Askeland:

  • El estilo, la tinta y el instrumento de escritura de este fragmento del Evangelio de Juan son exactamente los mismos de los del fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús.
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  • El nuevo fragmento del Evangelio de Juan depende de otro texto, una réplica exacta de cada dos versos del Códice Qau de Cambridge, editado por Herbert Thompson. De hecho, este fragmento es de una variante de copto distinta a la del Evangelio de la Esposa de Jesús. En el caso de este último, se basa justo en la variante del copto del Evangelio de Tomás, mientras que el del Evangelio de Juan se basa en el copto del Códice Qau.
    .
  • La variante del copto usado en el fragmento del Evangelio de Juan había desaparecido para el siglo VI d.C. Sin embargo, las pruebas de Carbono-14 hechas a este texto indican que es del siglo VIII d.C.

Estos señalamientos fueron confirmados por Alin Suciu de la Academia de Ciencias y Humanidades de Göttingen y felicitó a Askeland por la prueba tipo “smoking gun“.

Si lo anterior no fuera suficiente, la señal más llamativa y elemental la mencionó el egiptólogo Joost L. Hagen  y se encuentra en la lacuna (agujero) principal. A pesar de que otras letras disimulan “atravesar” el agujero,  en un momento dado, el falsificador intentó escribir una “N” (ny) y el “T” (tau) justo debajo para darle la vuelta.

ni

Por tanto, si este fragmento del Evangelio de Juan fue provisto por la misma persona, tiene la misma letra, el mismo instrumento de escritura, la misma tinta y muestra el patrón de depender de documentos contemporáneos, es lógico pensar que el fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús es también una falsificación y así lo han dejado saber en CNN los eruditos Michael Peppard, de la Universidad de Fordham, Joel S. Baden, de la Escuela de Divinidad de Yale, y Candida Moss, de la Universidad de Notre Dame en South Bend, Indiana.

Para una crónica completa de esta travesía detectivesca, invito al lector a que vaya al blog NT Blog de Mark Goodacre, de la Universidad de Duke.

En esta etapa, ya para finales del 2014, prácticamente todos los expertos alrededor del mundo vieron que estos dos fragmentos eran falsificaciones. El falsificador compró un papiro antiguo (algo que se puede hacer hasta por eBay), preparó un tinte a partir de sustancias antiguas y, utilizando transcripciones y traducciones recientes en códice y en línea, produjo la falsificación. ¡El Carbono-14 no necesariamente es evidencia decisiva en estos casos!

Ahora la pregunta pertinente es ¿quién los fabricó?
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¡Última hora! … (o más bien ¡última semana!)

En esta semana, salió un artículo de Ariel Sabar para The Atlantic, en el que revela que el dueño de los fragmentos en discusión no es otro que Walter Fritz. Askeland había sospechado de él el año pasado, ya que por labor inquisitiva encontró la página de la esposa de Fritz (Nefer Art), en donde algunas imágenes que presentaba se parecían sospechosamente a la escritura y estilo que encontramos en el fragmento del Evangelio de Juan. Al leer el artículo se dio cuenta de que en 1982, Fritz estudiaba egiptología en la misma institución donde se “verificó” precisamente ese escrito.

Fritz le mintió a King, algo que ahora ella reconoce, al proveerle una falsa información de dónde obtuvo el fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús, especialmente haciendo alusión a personas que para el momento de la presentación de King ya habían fallecido. Convenientemente, los muertos no pueden desmentir la información.

Sabar llevó a cabo una investigación de todas las personas supuestamente involucradas en la conservación del fragmento, para entonces descubrir que no podía corroborar ningún aspecto de los alegatos de Fritz. Al contrario, todo parecía indicar que su historia era un engaño. Aunque él alegaba no haber estudiado egiptología, Sabar pudo confirmar que sí había cursado en ese campo en la Universidad Libre de Berlín y que, de acuerdo con los que le conocieron, desapareció en un momento dado. En 1993 se estableció en Florida y en 1995 creó el portal cibernético de Nefer Art, donde ofrecía toda una variedad de servicios artísticos. Más adelante, en el 2003, lanzó un portal pornográfico que contenía vídeos de su esposa teniendo sexo con otros hombres y la promocionaba como “America’s #1 Slut Wife”. Todos estos portales cerraron durante el 2014 y el 2015. Inspirados por El código Da Vinci, la esposa comenzaba a alegar que Dios y el Arcángel Miguel hablaban mediante ella.

¿Y qué pasó cuando Sabar confrontó a Fritz con la información que obtuvo? Eso lo tendrán que leer ustedes.

Por lo pronto, creo que ya no hay duda alguna en la mente de nadie en la Tierra (fuera de dos o tres enajenados) en cuanto a la naturaleza fraudulenta de este fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús.