¿Qué sabemos históricamente del nacimiento de Jesús? – 8

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Imagen de nacimiento
Imagen de nacimiento. Foto original de Gerhard Gellinger en Pixabay.

El nacimiento como un Diatessaron

En Estados Unidos, durante los años 80, se publicó famoso un libro de Johnston Chancey llamado, La vida de Jesús en estéreo. Bajo este título interesante, el autor se propuso lograr un proyecto particular y que parecía innovador: el de reconciliar los evangelios de una manera que presentara la vida de Jesús coherentemente, pero sin negar la facticidad del contenido de los textos. La idea es que cada evangelio presentaba una manera distinta de presentar los hechos, así como en el estéreo, una de las bocinas emite unos sonidos y la otra, otros y, en su conjunto, terminan armonizándose en música.

¿Cómo Chancey solía reconciliar estos escritos? Por ejemplo, tomemos las negaciones de Pedro. En uno de los textos, el Evangelio de Marcos, Pedro negó a Jesús tres veces antes de que el gallo cantara dos veces y así ocurrió. (Mc. 14:26-31,66-72) Pero en el de Mateo, Jesús le adivirtió a Pedro de que antes que el gallo cantara [¡punto!], le negaría tres veces. (Mt. 26:30-35;69-75) ¿Cómo se podía resolver esta discrepancia? Haciendo que Pedro negara a Jesús seis veces, tres de ellas antes de que el gallo cantara una vez y otras tres antes de que cantara dos veces. Uno no puede dejar de levantar una ceja escéptica ante una solución tan creativa como esa.

Esto no es nada nuevo en el cristianismo. Piénsese en las llamadas siete palabras de Jesús en la cruz que varias denominaciones cristianas suelen recitar o recordar. Algunas de las “palabras” o, mejor dicho, frases aparecen en los evangelios de Marcos y Mateo. Lucas aporta una visión estoica de Jesús, por lo que eliminó o minimizó todo el contenido marcano que presentaba un Mesías sufriente, colocó otras escenas y puso otras palabras en boca de Jesús. Finalmente, el Evangelio de Juan nos muestra un salvador en su momento de gloria, por lo que se elimina totalmente toda alusión a agonía y sufrimiento; el Mesías estuvo en control pleno de todo lo acontecido hasta el final, por lo que coloca otras palabras de Jesús. Combinen, pues, todas las frases que encontramos en todos los evangelios y obtenemos las siete palabras … que no se encuentran completas en ninguno ellos. (Ehrman, Misquoting Conclusion)

Al igual que hoy, en la Antigüedad, muchos devotos cristianos notaron las discrepancias factuales de estos textos. Uno de ellos, llevó a cabo lo que podríamos considerar la versión más antigua de La vida de Jesús en estéreo. Esta obra fue escrita por Taciano el Sirio (ca. 120-180 EC), llamada Diatessaron (Concordancias) (ca. 170 EC). Este escrito, publicado en griego y sirio, se volvió tan popular que en algunas congregaciones sustituyó la lectura de los evangelios mismos.

Sin embargo, hubo varios diatessarones visuales artísticos y populares para recordar todos los pasajes relacionados al nacimiento de Jesús. El más visible, el invento de Francisco de Asís, los nacimientos. Veamos:

  1. El pesebre: no se encuentra en el Evangelio de Mateo, sí en el de Lucas
  2. La adoración de los pastores: no se encuentra en el Evangelio de Mateo, sí en el de Lucas
  3. La estrella de Belén: no se encuentra en el Evangelio de Lucas, sino en el de Mateo
  4. La adoración de los Magos: no se encuentra en el Evangelio de Lucas, sino en el de Mateo
  5. El anuncio público de los ángeles: no se encuentra en el Evangelio de Mateo, sí en el de Lucas

No obstante eso, hay unos elementos de los nacimientos que no aparecen en ninguno de los evangelios. Por ejemplo, los Magos son tres reyes. La mula y el buey manteniendo caliente al Niño con su aliento. En algunos nacimientos católicos y en algunas imágenes de José, se muestra sosteniendo una vara o un cayado florido. ¿De dónde salieron estos detalles? Pues, de otros textos.

Los textos apócrifos

El encuentro de Joaquín y Ana
El encuentro de San Joaquín y Santa Ana en el arco dorado, por Vittorio Carpaccio. Imagen cortesía de la Galería de la Academia de Venecia (CC-BY SA 4.0).

El divulgador español Antonio Piñero, suele decir que los capítulos 1 y 2 del Evangelio de Mateo y el 1 y 2 de Lucas pueden decirse que son, propiamente hablando, los primeros evangelios apócrifos del cristianismo temprano. Aunque no nos suscribimos a esta perspectiva, entendemos su punto. Estos capítulos fueron el comienzo de toda una serie de literatura que buscaba rellenar unos vacíos de la historia de Jesús. (Piñero, “Los evangelios apócrifos” 413-415) Podemos mencionar muchos de estos apócrifos dedicados a la infancia de Jesús:

  • El Protoevangelio de Jacobo (ca. 150 EC): Este escrito, atribuido a Jacobo, el hermano de Jesús, relata las infancias de María y Jesús.
  • El Evangelio de la Infancia, de Tomás (ca. 150 EC): Atribuido a un tal “Tomás el Israelita”, relata acontecimientos de la infancia de Jesús, teniendo como base narrativa los capítulos 1 y 2 del evangelio lucano. Es bastante entretenido, ya que presenta al Niño Jesús casi como un clon de Dennis the Menace. No solo hacía travesuras a los adultos y niños, sino que también llegó a matar a uno … y lo resucitó.
  • El Evangelio Árabe de la Infancia (ca. 390 EC): Este texto contienen elementos de los cuatro evangelios. En este escrito, una vez Jesús ha nacido, él le hablaba a su madre describiéndose como el Verbo Encarnando. A su vez, asocia varios eventos de la infancia que prefigurarían lo que le ocurriría durante el ministerio y la muerte de Jesús. Además, presentaba al Jesús adolescente como un filósofo y científico helenístico, quien discutía con los sabios judíos de su época.
  • La Vida de Juan el Bautista (390 EC): Esta es una expansión considerable de la vida de Juan el Bautista. Su autor, Serapión, el obispo de Tmuis, utilizó como referentes el Evangelio de Lucas y el Protoevangelio de Jacobo.
  • El Evangelio de Pseudo Mateo (ca. 600-625 EC): Reproduce el relato del Protoevangelio de Jacobo con elementos de los evangelios de Mateo y de Lucas, pero añadiendo mucho más material.
  • La Historia de José el Carpintero (ca. siglos VI y VII EC): En este libro, Jesús se encontraba con sus discípulos en el Huerto de los Olivos y les habló de la virginidad de su madre, María, el rol de su padre, José y de sus cuatro hermanos (Judas, Justo, Jacobo y Simón) y sus dos hermanas (Asia y Lidia). Se basaba fundamentalmente en el Protoevangelio de Jacobo.

Para propósitos de nuestra discusión, nos concentraremos exclusivamente en el Protoevangelio de Jacobo y en el de Pseudo Mateo.

El Protoevangelio de Jacobo

El Protoevangelio de Jacobo se divide en dos partes: la primera se concentra en el nacimiento y adolecencia de María. La otra se enfoca en el nacimiento de Jesús. Los especialistas en estos textos antiguos afirman que este escrito puede considerarse el segundo texto que idealiza a María, la madre de Jesús. Ya hemos visto cómo el Evangelio de Lucas presentaba a María como una profetisa, recipiente de la bendición divina de ser la madre de Jesús por intervención del Espíritu Santo e intentaba suavizar los pasajes marcanos referentes a las tensiones entre el Mesías y su familia. El Protoevangelio es una continuación de ese proceso. Mientras que en Lucas se acentuaba la concepción virginal de Jesús, este escrito apócrifo enfatizaba el nacimiento virginal. Todas las citas provienen de la edición hecha por Piñero en la publicación, Todos los evangelios.

La historia comienza con una pareja de ancianos, Joaquín y Ana. Devotos judíos dedicados a Yahveh, no habían tenido hijos. Tras lamentos y oraciones, Ana recibió un anuncio:

“Ana, Ana, el Señor ha escuchado tu plegaria. Concebirás y darás a luz, y se hablará de tu descendencia en toda la tierra.”

[Luego le dijo a Joaquín:] “Joaquín, Joaquín, el Señor Dios ha escuchado tu plegaria. Baja aquí, pues he aquí que Ana, tu mujer, va a concebir en su vientre”. (Protoevangelio 4:1,2)

Se dio el milagro y, a los nueve meses, nació María, momento de regocijo para su pareja. Sus padres celebraron sus seis meses (cuando ella dio sus primeros siete pasos) y el año cumplido, presentándole Joaquín su hija a los sacerdotes y escribas. En cuanto a esta ocasión, Ana compuso un cántico enalteciendo el hecho de que Dios le había levantado de su humillación. Más adelante, a los tres años, ella fue presentada en el Templo de Jerusalén, donde fue recibida por los sacerdotes. Uno de ellos la bendijo, más adelante, se sentó en el tercer peldaño de los escalones del altar y bailó. Fue, pues, dedicada a Dios y se le trató con cariño “en la casa de Israel”.

Cuando fue a cumplir los doce años, los sacerdotes se preocuparon por que ya estaba en la etapa en que comenzaría sus periodos mensturales y no querían que, por causa de ella, hubiera algo impuro en presencia del Templo. Un ángel le reveló al sacerdote Zacarías que ya era hora de ponerle en manos de un buen hombre:

Zacarías, Zacarías, sal y convoca a los viudos del pueblo; que cada uno traiga una vara y aquel sobre quien el Señor manifieste un prodigio, con él se casará. (Protoevangelio 8:3)

Llegaron los viudos convocados para ver quién podía ser candidato a custodiar a María, llevando consigo sus respectivas varas. Milagrosamente, al desenvolver la varande José, salió volando de ella una paloma. José describió su situación de la siguiente manera:

Tengo hijos y soy anciano, mientras ella es una jovencita; no vaya a convertirme en motivo de risa ante los hijos de Israel. (Protoevangelio 9:2)

A los dieciséis años, tuvo la revelación relatada por el Evangelio de Lucas mientras estaba llenando un cántaro con agua. Llena de regocijo, visitó a Isabel con quien se quedó por tres meses.

Por otro lado, José quiso repudiar a María tras saber que estaba embarazada, ya que era objeto de sospecha por parte del sacerdocio jerusalemita de haber violado una virgen. Se le apareció un ángel tranquilizándole, de que ella había concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.

Los sacerdotes no querían creerle el embarazo milagroso de María, por lo que les dio a beber, a José y a María, “las aguas de la prueba del Señor” para mostrar sus pecados. (Protoevangelio 16:1) Ambos permanecieron sanos, señal de que estaban diciendo la verdad.

Debido al censo del emperador Augusto, José se veía en la necesidad de registrarse él y a María. Por motivo del embarazo, tenían que utilizar una cueva que servía en ese momento como pesebre. Como ella estaba a punto de dar a luz, José salió a buscar una comadrona. Tras encontrarla, José le contó todos los milagros que le acontecieron. No sorprende, pues, que la ella se resistiera a tal noticia. Cuando los dos regresaron a la cueva, el lugar estaba rodeado de una nube luminosa. Al retirarse el fenómeno, había aparecido el Niño Jesús recién nacido. La comadrona le avisó del prodigio a otra, llamada Salomé, quien se expresó también con suma incredulidad. Para comprobar lo dicho, Salomé … “metió su dedo en la naturaleza de María” (Protoevangelio 20:1), comprobando que lo alegado era correcto. Jesús había nacido mientras María había permanecido virgen. Sin embargo, en el momento que lo hizo, fue castigada por su incredulidad. A pesar de ello, se sanó tras arrodillarse y recibir al bebé Jesús en sus brazos.

Finaliza el Protoevangelio con el recibimiento de los Magos de Oriente, la huida de la familia a Egipto a raíz del aviso de una futura persecución por parte de Herodes y el asesinato de Zacarías por parte de los agentes del rey, tras haber escondido a su hijo Juan.

El Evangelio de Pseudo Mateo

José, el padre de Jesús
Según el Evangelio de Pseudo Mateo, José, el padre de Jesús, fue un anciano muy entrado en edad que fue escogido por Dios cuando, en una prueba del Sumo Sacerdote del Templo, la vara que tenía su nombre, había florecido. Esto era señal que debía casarse con la bien jovencita Virgen María. Pintura de Juspe de Ribera (1603). Cortesía del Museo de Brooklyn.

Las bases del Protoevangelio de Jacobo fueron, sin duda los primeros capítulos de los evangelios de Mateo y Lucas. Su autor quiso armonizar ambos relatos en uno, idealizar el rol de María y aumentar su contenido dramático.

Sobre la base de este texto se erigiría otro muy popular en el cristianismo varios siglos después, el Evangelio de Pseudo Mateo. Como podrán sospechar, el escrito alega tener como autor al apóstol Mateo. El texto hace algunas variantes significativas que cuajaron profundamente en el espíritu del cristianismo europeo medieval hasta nuestros días.

No entraremos en su contenido con lujo de detalles, pero sí enfatizaremos algunas de las variantes pertinentes para nuestro tema. He aquí algunas de ellas:

  • Tras ser notificados por el ángel de Dios, Joaquín y Ana se encontraron ante el arco dorado del Templo de Jerusalén.
  • Hay una idealización mucho mayor de María como una niña madura en su dedicación en la oración. Teniendo tres años, se dedicaba como alguien de treinta. Se entregaba también a su industria textil, al conocimiento de la Ley de Moisés, a la recitación de los Salmos y a la caridad. Por ello, era considerada superior a las demás vírgenes del Templo de Jerusalén.
  • María hizo en su infancia un voto de virginidad perpetua ante los sacerdotes.
  • A los catorce años (no a los doce), los sacerdotes habían preparado una estrategia de casarla con un viudo de la tribu de Judá que la custodiara. Se convocó a unos cuantos para que llevaran varas en donde grabaran sus nombres, para colocarlas en el Santo de los Santos. Milagrosamente, la vara de José había florecido, señalándole como el elegido por Dios para que se casara con María.
  • La primera comadrona tiene el nombre de Zelomí.
  • A los tres días del nacimiento de Jesús, salió María de la cueva y entró en un establo, colocando a su bebé en el pesebre. Allí, un buey y un asno le adoraron. Esto se hizo para que se cumpliera la profecía de Isaías: “Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo; pero Israel no conoce, mi pueblo no discierne.” (Is. 1:3)

Este evangelio también relata la circuncisión de Jesús en el Templo, su presentación a Simeón y Ana, la manifestación a los Magos de Oriente, la huída a Egipto y otros relatos de la infancia. Estos últimos se inspiran en el Evangelio de la Infancia de Tomás, donde incorpora muchas de la travesuras del Salvador.

Recapitulación: La dimensión histórica de todas las antiguas narraciones de la Navidad

Lo que podemos determinar históricamente de Jesús y Juan el Bautista

Los resultados de la crítica que hemos hecho en esta serie, podemos determinar como históricos los siguientes puntos:

  1. El padre y la madre de Jesús se llamaban José y María respectivamente. Probablemente, ambos pertenecieron a la tribu de Judá.
  2. José trabajó como un tipo de artesano (tekton), pudo haber sido carpintero.
  3. Lo más verosímil es que Jesús fuera el primogénito y que tuvo hermanos y hermanas —que no fueron “primos”— sino hijos de la pareja. De estos hermanos, los nombres que se nos dan son Jacobo, Josés, Judas y Simón. No conocemos en absoluto los nombres de las hermanas. Dado que Jesús era el primogénito de José, es muy dudoso que sus hermanos fueran hijos de un matrimonio anterior.
  4. La información más temprana que tenemos de Jesús fue que vivió en Nazaret, algo que reconocen todos los evangelistas. Ante la suma improbabilidad de que la pareja viviera en Belén, o viajara a allí para que naciera Jesús, lo más probable es que naciera en Nazaret.
  5. El silencio que tenemos de las fuentes más tempranas en torno a la infancia de Jesús tambié sugiere muy fuertemente que su nacimiento no fue nada extraordinario y que su familia entera no estaba enterada de que él era el Mesías. Esto se atestigua por la información incómoda de la noticia marcana de que sus hermanos y su madre pensaban que Jesús se había vuelto loco. También se corrobora este hecho cuando tenemos en cuenta que Jacobo, solo se volvió apóstol tras haber tenido una experiencia revelatoria de la resurrección de su hermano.
  6. Juan y Jesús no estaban emparentados. Históricamente, Jesús comenzó siendo discípulo de Juan y este, a su vez, desconocía por completo el carácter mesiánico de aquel.

Todo lo anterior, lo discutimos de lleno en la primera entrada de esta serie.

¿Cuáles noticias pueden ser verosímiles, pero que podemos afirmar con menos seguridad que lo anterior?

  1. Jesús es descendiente de David, información que aparece primero en una de las cartas paulinas. De las genealogías que aparecen en los evangelios de Mateo y Lucas, ninguna es fiable.
  2. Zacarías e Isabel parecen haber sido los verdaderos nombres de los padres de Juan el Bautista.
  3. Ambos eran de la tribu de Leví, descendientes de Aarón, lo que refuerza el hecho de que Jesús y Juan no eran parientes. José no era de esa tribu sacerdotal y, con toda probabilidad, tampoco lo era María.
  4. Aunque se debe tomar con pinzas, tanto Mateo como Lucas afirman que Juan y Jesús nacieron en la época en que Herodes todavía estaba vivo. Esto coloca la fecha del nacimiento de Jesús aproximadamente del 7 al 4 AEC.

Todo lo demás que encontramos en los evangelios de Mateo y Lucas es puramente legendario.

¿Unas tradiciones tempranas en torno a la infancia de Jesús?

No obstante las enormes diferencias entre los evangelios de la infancia, Mateo y Lucas, hay unas semejanzas que no han escapado del ojo de los expertos del Nuevo Testamento.

  • Los padres están comprometidos a casarse, pero todavía no han convivido ni han llevado a cabo acto sexual alguno. (Mt. 1:18; Lc. 1:27,34)
  • José es de ascendencia davídica. (Mt. 1:16,20; Lc. 1:27,32; 2:4)
  • Hay alguna anunciación angélica del futuro nacimiento del Mesías. (Mt. 1:20-23; Lc. 1:30-35)
  • La concepción virginal de Jesús. (Mt. 1:20, 23, 25; Lc. 1:34)
  • La concepción es por obra del Espíritu Santo. (Mt. 1:18,20; Lc. 1:35)
  • El ángel dice que el hijo sería llamado Jesús. (Mt. 1:21; Lc. 1:31)
  • El ángel afirma que Jesús será el Salvador. (Mt. 1:21; Lc. 2:11)
  • El nacimiento de Jesús se dio cuando José y María empezaron a convivir. (Mt. 1:24-25; Lc. 2:5-6)
  • El nacimiento tuvo lugar en Belén. (Mt. 2:1; Lc. 2:4-6)
  • El nacimiento se asociaba a los días de Herodes el Grande. (Mt. 2:1; Lc. 1:5)
  • Jesús se crió en Nazaret. (Mt. 2:23; Lc. 2:39) (Brown, El nacimiento 29)

Estas semejanzas se han utilizado, en ocasiones, como atestiguamiento múltiple de que Jesús debió haber nacido en Belén y no en Nazaret. Sin embargo, esa posición es minoritaria, ya que el criterio de múltiple atestiguamiento pierde su fuerza ante la inverosimilitud histórica de ambos relatos. Ante el hecho de su casi total improbabilidad y su interés apologético de presentar a Jesús como nacido en la ciudad de su ancestro, no hay razón alguna para pensar que Jesús nació en otro lugar que no fuera Nazaret.

No obstante esta objeción, las diferencias entre los evangelios de Mateo y Lucas es lo suficiente como para afirmar que ninguno de los autores leyó al otro. Por otro lado, las semejanzas son suficientes para poder señalar una tradición previa que es imposible de reconstruir actualmente. Como hemos visto, algunos elementos que tienen en común son o pueden ser históricos, pero esta tradición primitiva de la infancia de Jesús debe haber sido legendaria. Pudo haberse originado entre el 60 y el 80 EC, ya que no se menciona nada de ellos en las cartas de Pablo ni en las fuentes del Evangelio de Marcos, los textos cristianos más antiguos que tenemos. (Brown, El nacimiento 29-33)

¿Aportación histórica de los apócrifos?

El compromiso matrimonial de José y María, un fresco del pintor Giotto di Bondone. José sostiene una vara florida con una paloma, recordando los escritos del Protoevangelio de Jacobo y el Evangelio de Pseudo Mateo.

Hoy día, fuera de estudiosos católicos y ortodoxos sumamente conservadores, la posición unánime de todos los expertos es que es muy improbable, a un nivel casi convergente a cero, que estos textos aporten información histórica alguna que sea fiable. La historia de los padres de María, Joaquín y Ana, se adapta a las famosas historias que hemos discutido, de la pareja infértil, que Dios milagrosamente le otorga hijos, llegan a ser grandes figuras: el caso de Abraham y Sara, los padres de Sansón, los padres de Samuel, los padres de Juan el Bautista y los padres de Jesús. Debido a lo tardías de las fuentes y la notable falta de datos sobre la ascendencia de María en el primer siglo, es casi imposible que un autor sepa los nombres reales de sus padres. Irónicamente, a pesar de esta ahistoricidad de su relato, hoy la Iglesia Católica venera ambos en los días en que se les conmemora.

Es más, integra otros aspectos legendarios que se inspiran en relatos de la Biblia Hebrea. La historia de la selección de José como esposo o custodio de María no pasa de ser una versión del mismo relato que vemos en el libro de Números, de cómo Yahveh mostró su favor a Aarón ante los príncipes patriarcas de las tribus de Israel utilizando varas. (Núm. 17:16-26)

Tampoco podemos tomar como histórica la edad avanzada de José, dato que ciertamente se dirige a afianzar la creencia de que José y María no pudieron haber tenido acto sexual alguno debido a la ancianidad del primero. En otras palabras, lo que se quiere defender en el caso del Protoevangelio de Jacobo era el nacimiento virginal de Jesús y en el caso del Evangelio de Pseudo Mateo, la virginidad perpetua de María. Estos y otros textos tuvieron un impacto significativo en la gradual idealización de María en lo que evolucionó en un culto mariano en el cristianismo. Estos cultos marianos continúan en la tradición católica romana y las orientales hasta hoy día.

Además de estos textos, hay información adicional por parte de varios historiadores, como Tertuliano, que también afectaron la tradición de la Navidad al pensar que los Magos de Oriente eran reyes. Su razonamiento es resultado de la fuerte sugerencia implícita de Mateo, de que los Magos cumplían con la entrega de los obsequios al Niño, como se predecía que harían los Reyes de la tierra. Gradualmente, esto evolucionó a la visita de Tres Reyes de distintas naciones, que adoptaron distintos nombres dependiendo de la tradición. En la que nos ha llegado, sus nombres fueron Gaspar, Melchor y Baltasar. Por supuesto, ninguna de estas figuras es histórica.

Conclusión y reflexión

En suma, es muy poco lo que podemos considerar histórico de las narraciones de la Navidad. El 99% de los relatos no nos dicen nada del nacimiento e infancia de Jesús que sea históricamente fiable.

En esta etapa, podemos escuchar a varios amigos creyentes decir que esto en sí no importa, son sólo parábolas. El problema es que los evangelios nunca nos dicen en ningún momento. Hay cierta posibilidad de considerar al relato de la infancia mateano como un midrash haggadah, ya que tiene una estructura narrativa que se asemeja a muchas tradiciones en torno a Moisés y que el autor aplicaba a Jesús. En tal caso, un lector de la época podría reconocerlo como un relato que reinterpretaba la Biblia Hebrea.

Por otro lado, eso no es lo que encontramos en el de Lucas. De hecho, su autor adoptaba el estilo de los historiadores, nos dice que consultó documentos fiables, nos afirma claramente que interactuó con los testigos oculares, puso indicadores históricos, ciertos acontecimientos claves del pasado de Judea, entre otros. “Lucas” intentaba convencer al lector de que todo lo que decía de los relatos era correcto. No hay estructura ni contenido de un midrash. Al contrario, él nos afirma que todo lo que escribía habí sido debidamente verificado. Sin embargo, su relato no es históricamente plausible, está cargado de su interés teológico y su consulta a testigos oculares (especialmente la madre de Jesús) no es creíble. Si alguien dijera que “Lucas” intentaba engañar al lector, esa sería una inferencia perfectamente razonable, porque él no quería que entendiéramos su relato como una parábola. Si hay alguna razón de por qué muchos cristianos de buena fe creen en su narración, se debe precisamente a que el autor hizo todo lo posible para hacer creer que su evangelio era puramente producto de su labor investigativa y que respetaba en todo momento los hechos acontecidos. Un examen crítico de los textos, como el que hemos hecho en esta serie, revela que no fue así.

En cuanto a su aportación literaria, ambas narraciones sirven como obertura de sus respectivos evangelios. En la versión mateana, vemos una cosmovisión judeohelenilística, de un Jesús que evidencia su estatus de Mesías, cumpliendo las profecías de la Biblia Hebrea. Simultáneamente, los personajes recuerdan los comienzos de Israel, pero con un giro a favor de los gentiles. En la narrativa lucana. observamos el tema recurrente de cómo el Mesías salvaría a Israel y establecería como prioridad a los pobres, humildes y marginados del mundo. “Lucas” nos presenta una visión del futuro Reino de Dios en uno de plena justicia y compasión, tanto para los judíos cristianos como para los gentiles convertidos.

Desde esta perspectiva, la carencia de historicidad de los relatos del nacimiento de Jesús no debe convertirse en un pretexto para rechazar de plano la Navidad como hermosa época de celebración de los puertorriqueños. Sin creer en ellos, los nacimientos recogen de los evangelios el mensaje de la esperanza justicia para los pobres, aspiración a realizarlo mueve a todos los que nos consideramos humanistas. Este es un momento de amor familiar y de compartir dentro de nuestro contexto cultural de cristiano. Aprovechemos un tiempo tan importante para estar inmersos en alegría, especialmente en un momento tan difícil como este. Tampoco rechacemos los tesoros de la literatura castellana (pensemos en el Auto de los Reyes Magos), de las artes o de la música basados en estos relatos. Forman parte de nuestra herencia cultural y como tal deben ser atesorados y expresados en estas ocasiones muy especiales.

Con ese espíritu, les deseamos feliz Navidad, un buen año 2019 y muchas bendiciones el día de Reyes.

Los tres reyes y la bandera de PUerto Rico

Referencias

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La confusión de ciertos mitistas: ¿qué son fuentes independientes?

Santiago (Jacobo) el Justo y Pablo de Tarso
A la izquierda, una representación bizantina de Santiago (Jacobo) el Justo, a la derecha, un ícono de Pablo el Apóstol.

Escribo esto casi como un desahogo ante un error que se repite una y otra vez cuando argumento con la mayoría de los mitistas (personas que piensan que Jesús no existió) y con ciertos ateos y humanistas en general en las redes sociales y fuera del ciberespacio.

Uno de los argumentos que me convencen de manera decisiva a favor de la historicidad de Jesús es la presentada por muchísimos eruditos. He aquí el argumento:

Tenemos a nuestra disposición varias fuentes independientes que atestiguan la existencia de Jesús. Algunas de ellas son externas a los textos cristianos. Una de ellas, es la obra del historiador Flavio Josefo, que contiene el Testimonium Flavianum y un brevísimo relato de la muerte de Santiago el Justo (o, mejor dicho, Jacobo el hermano de Jesús), considerados fuentes independientes. [De estos dos pasajes, hablaré eventualmente el año que viene … ¡va de calle!] Encontramos también la breve información ofrecida por el historiador, Tácito, en torno a Jesús y su muerte, una fuente independiente no sujeta a lo que afirman los diversos textos del Nuevo Testamento. (Bermejo 25-26; Ehrman, Did Jesus 44-45) Estos dos son los mejores testimonios independientes externos al Nuevo Testamento.

Otros historiadores del siglo II, que hacen una vaga o una más directa referencia a Jesús, parecen derivar su información de las fuentes evangélicas o confesionales cristianas o situaciones relacionadas con los cristianos, por lo que no pueden considerarse testimonios independientes sobre Jesús. (Bermejo 25-29; en ese sentido difiero de Ehrman, Did Jesus 40-45)

Otras fuentes independientes internas que persisten en nuestro Nuevo Testamento, tales como las cartas auténticas de Pablo, donde él nos dice que conoció personalmente a Jacobo, el hermano de Jesús. Si conoció al hermano de Jesús, entonces, es razonable inferir que Jesús debió haber existido. Finalmente, hay un gran número de fuentes que atestiguan dichos y hechos de Jesús. Aunque no pueden tomarse la mayoría de ellas como históricas, algunas son inconsistentes con las diversas cosmovisiones y cristologías de los evangelistas y son plenamente consistentes con lo que conocemos en el contexto social de Galilea, Samaría y Judea en el siglo I.

Como respuesta, casi siempre se argumenta (usualmente con tono burlón u hostil) que las cartas paulinas no pueden considerarse independientes, sea porque son libros que aparecen en el Nuevo Testamento (lo que a priori sería, para ellos, automáticamente información dudosa), sea por ser puramente confesionales, o sea por contener un número de interpolaciones.

Este artículo no lo escribo para argumentar a favor de la existencia o inexistencia de Jesús (aunque mi posición es clara de que coincido con el abrumador consenso entre los especialistas — el 99.99% de ellos— de que sí existió). El propósito de esta entrada en el blog es la de hacer el “debate” público más transparente, aclarando qué se quiere decir en historiografía de la Antigüedad de que estas son “fuentes independientes”.

Durante de la discusión, me referiré una y otra vez al biblista Bart D. Ehrman, dado que bastante de estos debates a nivel público giran alrededor de lo que ha dicho en sus libros, su blog y en las respuestas que ha recibido de una variedad de mitistas.

¿Qué es una fuente independiente?

Una fuente documental independiente es una que recoge información oral o histórica, que ofrece unos datos y que no dependen de otros escritos. Es decir, el autor que ofrece los datos en cuestión no depende de otra fuente escrita.

Fuentes independientes en el Nuevo Testamento

Recordemos que el Nuevo Testamento, o la Biblia en general, no es un libro, sino un conjunto de distintos libros que se originaron por diversos autores, con diferentes cosmovisiones y con distintas fuentes. La visión de mundo que tiene el Evangelio de Lucas, no es la misma que la que encontramos en la de Marcos, las cartas paulinas auténticas o el Apocalipsis. Al contrario, el Nuevo Testamento es un conjunto de documentos del primer siglo y, tal vez, dos o tres del siglo II y que representan una sopa repleta de distintas cristologías y cosmovisiones que existieron durante esos años del cristianismo primitivo.

Las cartas auténticas de Pablo son fuentes independientes (Romanos, 1 y 2 Corintios, Filipenses, Gálatas, 1 Tesalonicenses y Filemón). Pablo no estaba basándose en otros escritos para narrar los diversos acontecimientos que nos relata. Eso no quiere decir, que toda esa información forme parte de una fuente independiente unitaria. Al contrario, las cartas paulinas, como las tenemos hoy, son composiciones de varias cartas genuinas que alguien editó y reunió en siete (un número significativo para los cristianos). Otra cosa que debemos convenir es que, a veces, Pablo utilizaba escritos o tradiciones que deben considerarse, fuentes independientes. Aquí tenemos tres ejemplos, de muchos que podríamos mencionar:

  • Una tradición semítica en torno a Jesús como hijo de David, que fue hecho Hijo de Dios en el momento de la resurrección (Rom. 1:3-4)
  • El poema de cómo Jesús fue un ente divino que se encarnó, murió crucificado y fue exaltado (Flp. 2:6-11)
  • Una tradición de la resurrección de Jesús y cómo se apareció a distintas personas (1 Cor. 15:3-8)

Ninguno de estos textos es original de Pablo. Lo sabemos porque él mismo afirma que son tradiciones recibidas por él, contienen semitismos no típicos de él o tienen rasgos que no son consistentes con el texto en que aparecen, pero que el apóstol consideró útiles en su línea de argumentación.

Los Evangelios mismos contienen lo que podemos considerar fuentes independientes. Por ejemplo, el Evangelio de Marcos no es en sí mismo una fuente independiente plenamente unitaria y depende de una variedad de textos y tradiciones escritas que su autor tenía a su disposición. Por ejemplo, hoy existe un consenso entre los eruditos de que el relato de la Pasión de Jesús en esta obra, fundamentalmente depende de un escrito premarcano. Esto lo sabemos porque el autor del Evangelio se dedica a comentar ese texto durante su narración de los hechos. Pues, ese escrito es una fuente independiente o puede estar basado en otra más simple y que se ha perdido. (Brown, La muerte 91-104; Piñero 137-144)

Además de las fuentes de Marcos, también tenemos otro conjunto de fuentes independientes de los demás evangelistas. Una conocida es el famoso documento hipotético Q, que se nutre de diversos dichos que, por tradición, se atribuyen a Jesús. Esos dichos se consideran fuentes independientes.

Por cierto, ciertos especialistas han logrado identificar algunos fragmentos de Q que encontramos de manera modificada en Marcos y en otras obras. Veamos los siguientes casos, teniendo en mente que Q no dependía de Marcos:

  • En cuanto a juzgar a otros (Robinson et al. 116-117):

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Pues con el juicio con que juzguéis seréis juzgados; y con la medida con que midáis se medirá para vosotros (Lc./Q 6:37-38)

Atended a lo que oís; con la medida con que medís se medirá y se añadirá para vosotros. (Mc. 4:24)

[Pablo citando a Jesús indirectamente]: Dejemos, pues, de juzgarnos los unos a los otros. (Rom. 14:13)

  • En cuanto a lo que deberían llevar los discípulos durante la predicación (Robinson et al. 135-138):

No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias, ni bastón. Y no saludéis a nadie por el camino (Lc./Q 10:4)

[Y Jesús] les mandó a que no tomaran nada para el camino, sino solo un bastón: ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja; pero calzando sandalias; “y no vistáis dos túnicas” (Mc. 6:8-9)

  • Estar a favor o en contra de Jesús (Robinson et al. 144-145):

El que no está conmigo está contra mí. Y el que no recoge conmigo desparrama (Lc./Q 11:23)

Pues el que no está en contra de nosotros, está a favor de nosotros (Mc. 9:40)

  • En cuanto a escoger entre la familia y el evangelio de Jesús (Robinson et al. 180-181):

El que no menosprecia al padre y a la madre, no puede ser discípulo mío, y el que no menosprecia al hijo y a la hija no puede ser discípulo mío. (Lc./Q 14:26)

De verdad os digo: no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos, por causa de mí y por causa del evangelio … (Mc. 10:29)

… y así por el estilo.

Estas tradiciones de las que salen los dichos que comparten Q y Marcos de forma semejante, deben ser consideradas fuentes independientes de las cuales se basan estos versos.

No debemos olvidar que las fuentes que no proceden de Marcos y Q, es decir, las fuentes de Mateo (M) y las de Lucas (L), también se componen parcialmente de tradiciones primitivas, igual que las primeras ediciones del Evangelio de Juan, cuyo contenido no encontramos en Marcos, Q, M y L. (Bartolomé 46-49; Brown, El Evangelio 16-20; para un análisis exhaustivo de los estratos redaccionales del Evangelio de Juan, véase Vidal, Evangelio)

Por ende, desde un punto de vista puramente historiográfico, tenemos a nuestra disposición múltiples fuentes independientes internas. Esto es lo que quiere decir Bart D. Ehrman en sus debates contra los mitistas, de que hay muchísimas fuentes independientes y que un gran número de evidencia independiente, atestigua que Jesús existió. Estas fuentes independientes se rescatan mediante examen crítico, utilizando criterios exegéticos e historiográficos adoptados por historiadores de la Antigüedad.

Lo que la abundancia de fuentes independientes no significa

Ahora bien, se podrá argumentar que la abundancia de fuentes no significa nada en torno a la existencia de Jesús, ya que estos pudieron ser compuestos fantasiosamente por diversos autores cristianos por décadas antes de la redacción de los Evangelios como los conocemos. Estos dichos y hechos no pasan de ser acumulaciones de leyendas rurales y urbanas.

Tal argumento es un punto ciertamente válido y, sin lugar a dudas, la inmensa mayoría de lo que se dice de Jesús en los Evangelios es altamente legendario. La evidencia de eso es enorme, pero hace falta cualificarla científica, histórica y críticamente. La serie que estamos escribiendo de Navidad da luz al hecho de que se entretejió en la vida de Jesús un sinnúmero de afirmaciones que no tienen validez histórica alguna. Voy más allá, en cuanto a la misma Pasión de Jesús, también hay mucho contenido altamente legendario, aunque conserva en él un núcleo información que es históricamente valioso. (Bermejo 78-93; Piñero 144-159)

Es más, la inmensa mayoría de los dichos de Jesús no pueden considerarse históricas y los exégetas lo tienen muy en cuenta. Para darles una idea de ello, tomemos la obra voluminosa de John P. Meier, sacerdote católico, titulada, Un judío marginal. En años recientes, publicó un volumen dedicado exclusivamente a las parábolas que aparecen en los Evangelios. ¿Cuántas parábolas en total hay en los cuatro evangelios (especialmente los sinópticos)? Treintaisiete. ¿Cuántos de esas, Meier ha podido establecer con razonable probabilidad que podrían remitirse a Jesús? Cuatro (Meier, V: 257-388):

  • El grano de mostaza (Mc. 4:30-32)
  • Los viñadores perversos (Mc. 12:1-11)
  • La gran cena (Lc./Q 14:16-18,¿19-20?,21,23)
  • Las minas // Los talentos (Lc./Q 19:12-13,15-24,26 // Mt. 25:14-30)

Nos falta decir que la inmensa mayoría de lo que afirma Jesús en el Evangelio de Juan (específicamente, los monológos) responde a la visión teológica y estilo de los redactores finales. En el caso de los milagros, Meier plantea la cuestión de su historicidad y descarta todos casos, aun después de clasificarlos y examinarlos uno por uno. Parte de su conclusión se debe a que la noción de “milagro” es inherentemente improbable y esencialmente ajeno a los criterios historiográficos. (Meier II/2)

Sin embargo, algo que no argumentaré aquí, pero que los eruditos también tienen en mente, es que debemos tener en cuenta el pensar judeohelenístico de los evangelistas y su hostilidad hacia el cristianismo y judaísmo (fariseo) palestinense. ¿Por qué es esto importante? Porque aun, cuando muchos dichos y acciones de Jesús le pueden servir a los ideales helenistas de los autores, inconvenientemente no pueden escapar del hecho de que se basan en tradiciones anteriores y que son compartidas por su comunidad. Por tal razón, de vez en cuando, se les cuelan genuinos elementos de judaísmo apocalipticista palestinense, plenamente consistente con la época y situación histórica de Jesús, pero plenamente inconsistente con la realidad, situación y cosmovisión judeohelenistas de los escritores.

Finalmente, algo crucial: las cartas auténticas de Pablo en las que él reporta situaciones específicas de lo que le ocurrió a él y sus congregaciones, no son dependientes de ningún otro texto, ni leyenda elaborada, ni mistificación de lo que le ocurrió. Tales narraciones en sus epístolas son originalísimas en todo el sentido del término. Podemos razonablemente confiar en la información que nos proveen estas epístolas cuando nos dice Pablo que conoció a Jacobo, el “hermano de Señor”, la primera vez que fue a Jerusalén, que tuvo que reunirse con él, Pedro (Kefas) y Juan, para atender un asunto controversial en Antioquía y que, en un momento dado, se enfrentó a Pedro y los enviados de Jacobo, quienes intentaban “judaizar” a los gentiles cristianos. (Gál. 1:19; 2:1-14)

Malentendidos de muchos mitistas

1. Fuente independiente = No estar en el Nuevo Testamento = Fuente externa al Nuevo Testamento

Este malentendido es, tal vez, el más irritante en cualquier “debate” en torno al tema del mitismo. No conozco a ningún historiador profesional que tenga una aproximación tan notablemente sesgada como esta con ningún texto. Ciertamente, la situación siempre es mejor si algún papiro escrito o descubrimiento arqueológico corrobora lo que dice un texto, pero no es un sine qua non de historicidad. Lo que arriba señalo, de examen crítico de textos antiguos, no es solo usual en crítica bíblica, sino también cuando se examinan otros textos tipos antiguos. Este malentendido toma tres formas distintas:

a. Los libros del Nuevo Testamento no son independientes porque están prejuiciados a favor del cristianismo y no intentan ser neutrales.

La derrota de Vercingétorix por Lionel Noel Royer.
La derrota de Vercingétorix, por Lionel Noel Royer (1899). Imagen cortesía del Musée Crozatier de Puy-en-Velay, Francia.

Definitivamente, ninguno de los libros del Nuevo Testamento ha de considerarse histórico, en el sentido de que ellos no se esmeran en relatar lo ocurrido, sino que se elaboraron para propagandizar ciertos puntos de vista cristianos. Aun en el caso del autor del Evangelio de Lucas y Hechos de los Apóstoles, este adopta un estilo narrativo típico de los historiadores, pero su contenido dista muchísimo de la práctica historiográfica, aun en relación con los estándares de su tiempo, cuando la escritura de la historia era mucho menos sofisticada que hoy día. (Pervo)

Aun con eso, los diversos textos que encontramos en el Nuevo Testamento sí pueden considerarse independientes. Su identificación es solo un primer paso. El segundo, es la cualificación crítica e historiográfica de esos escritos.

Todo esto es válido aun en casos en los que los historiadores han podido confirmar acontecimientos arqueológicamente. Por ejemplo, tenemos muchísima evidencia arqueológica de las Guerras de la Galia, llevadas a cabo por Julio César contra los galos. Eso significa que podemos creer todo lo que dice César en su libro en sus Comentarios sobre la Guerra de la Galia, ¿verdad? ¡No!

Aun en casos en que tenemos abundante evidencia arqueológica, el texto de César debe pasar por el escrutinio crítico literario para ver dónde las aserciones de César coinciden y divergen de lo que es verosímil históricamente. De la misma manera ocurre en la erudición bíblica. El comediante Terry Jones puso estas cuestiones en contexto histórico en una serie de televisión (véase también más detalles al respecto con sus fuentes documentales en: Jones y Ereira pte. I). Tras un examen atento de ese texto, en conjunto con la evidencia arqueológica y otros tipos de datos disponibles, muchos historiadores han llegado a la conclusión de que, aunque el Comentario provee información muy importante, César escondió sus verdaderos motivos para invadir la Galia utilizando muchos recursos retóricos, no decía la verdad en relación con algunos acontecimientos, exageró otros, omitió convenientemente información y era marcadamente prejuiciado en su actitud romanocéntrica contra los galos.

Esto no solo vale para el caso de César, todos y cada uno de los historiadores antiguos, aun los más profesionales, muestran una serie de prejuicios que permean todas sus obras, razón por la que los historiadores contemporáneos tienen que hacerles un examen crítico. Esto es verdad de Flavio Josefo, Herodoto, Tucídides, Calístenes, Catón el Viejo, Tácito y muchos otros más. No importa cuán profesionales fueran estos historiadores, siempre mostraban su inclinación política, ideales religiosos, buena o mala fe a la hora de escribir, entre otros vicios. Si descartáramos los documentos neotestamentarios con base en que son prejuiciados y fuéramos aplicar ese principio al resto de los textos históricos, tendríamos que descartarlos todos, algo que ningún historiador contemporáneo serio aceptaría.

Por esa y otras razones, el hecho de que las fuentes neotestamentarias se identifiquen como “independientes”, no implica que todos los académicos las consideran automáticamente fiables. Al contrario, la confianza en ellas (o la falta de esta) es fruto de un proceso altamente arduo, meticuloso y en constante discusión y revisión en la medida que los expertos sofistican sus criterios, tienen en cuenta nuevas perspectivas sobre documentos antiguos internos y externos al Nuevo Testamento y se instruyen sobre los varios descubrimientos noveles de la arqueología. No obstante eso, estos documentos independientes identificados, reproducidos en los Evangelios, atestiguan las acciones y dichos de Jesús antes de una generación posterior a su muerte. Esto es muy cercano a los hechos narrados y cualquier historiador los consideraría meritorio para un examen crítico en virtud de su cercanía temporal a lo que narran.

Si vemos las cartas auténticas de Pablo, su testimonio llega hasta casi los mismos comienzos de la diseminación del movimiento de Jesús en Galilea, en Judea y en la diáspora. Hoy día, los expertos en Pablo colocan los inicios de su predicación en el 33 EC, casi tres años después de la muerte de Jesús, que se calcula tentativamente alrededor del 30 EC.

Por otro lado, esta es una enorme dificultad que tienen muchos autores mitistas a la hora de dar cuenta de la enorme cantidad de relatos independientes si Jesús no existió, algo que Bart Ehrman argumentaba muy bien en su debate con Robert Price. No es imposible argumentar la inexistencia de Jesús a la luz de fuentes de este tipo, pero, una vez cualificadas historiográfica y críticamente, se vuelve difícil justificar esa posición.

Sí, es correcto que el primero de los evangelios se escribió de tres a cuatro décadas después de que Jesús muriera. Sin embargo, muchas de las fuentes independientes de las que hablamos arriba son anteriores a esos evangelios. Algunas son, sin duda, palestinenses, ya que tienen rasgos lingüísticos semíticos que fueron expresados en griego y que, de vez en cuando, los evangelistas tuvieron que explicar a sus lectores. Una vez más, aun estos tienen que pasar por escrutinio y crítica literaria, pero presentan un buen panorama de las tradiciones sobre Jesús que circulaban entre los cristianos palestinenses y judeohelenistas. De estas, muchas son legendarias, pero algunas tienen muy buenos visos de ser históricas.

b. Los libros del Nuevo Testamento han sido manipulados por la Iglesia, no podemos confiar en nada de su contenido

Bart D. Ehrman
Fotografía de Bart D. Ehrman. Cortesía de Ehrman, CC-BY 4.0

Esta aserción toma diversas formas, en un espectro desde lo más históricamente razonable a lo más absurdo (usualmente teorías conspiratorias). Usualmente, apelan al libro Ehrman, Misquoting Jesus (versión española, Jesús no dijo eso) y en los debates que ha participado. En su controversial obra, él nos recuerda el momento en que John Mill formó un aparatus de lecturas en las que encontró, de cien manuscritos antiguos, cerca de 30,000 variantes. Hoy contamos con cerca de 5,600 manuscritos antiguos, ¿cuántas variantes hay entre ellos? Pueden ser 300,000 o 400,000. Es decir, su número es mayor que el de palabras en el Nuevo Testamento, que tiene aproximadamente 140,000. (Ehrman, Misquoting cap. 3) El erudito, Eldon Jay Epp, nos dice que puede haber cerca de 750,000 variantes. (419) Eso es evidencia concluyente de que la Iglesia ha cambiado la totalidad de la Biblia, ¿verdad?

Este es un caso de lectura o memoria selectiva. Aun cuando Ehrman afirma lo anterior, todos lo que razonan de esta manera suelen olvidar la parte en que él dice inequívocamente que la inmensa mayoría de estas variantes no son problemáticas en absoluto y que solo demuestran, no una mega-súper-dúper-ultra conspiración de la Iglesia, sino que la inmensa mayoría de los escribas se equivocaban por razones totalmente inofensivas. Según, Ehrman, lo único que demuestra es que una buena parte de los escribas cristianos en la Antigüedad no sabían deletrear mejor que muchos estudiantes universitarios hoy día. En calidad de profesor de filosofía y humanidades, concurro con él un 100%. (Ehrman, Misquoting cap. 3)

Si comparamos el número de variantes, sin cualificarlas, con el número de palabras que tiene el Nuevo Testamento, entonces se verá una corrupción inaudita de los textos. Sin embargo, tras el debido examen, ¿cuántas variantes significativas e importantes hay entre los textos? Descubrimos que el 5% de ellas fueron intencionales y modifican significativamente el texto. Cuando se excluyen las que los eruditos han determinado “no viables”, es decir, que se sabe que no pertenecían al texto original, ¿cuántas de las variantes restantes nos quedan? Solo un 1% de ellas son significativas y viables, es decir, que cambian el significado del texto y que, actualmente, se debaten en torno a si pertenecían al texto original o no (Komoszewski et al. 60).

Por ende, aun cuando no se quiera creer en su contenido, el 99% de los textos que vemos en nuestro Nuevo Testamento (especialmente en las traducciones y comentarios profesionales) parecen pertenecer al texto original. ¿Podemos utilizar esta evidencia para fines históricos, haciendo las debidas cualificaciones? La respuesta es afirmativa.

c. Hay interpolaciones en las cartas de Pablo, ¿y si los textos que citas de Gálatas referentes al “hermano del Señor” son interpolaciones posteriores?

Las interpolaciones en las cartas auténticas paulinas son harto conocidas por los expertos. Aquí están las que, en general, se piensan que están presentes en esos escritos:

Interpolaciones en las cartas paulinas auténticas
Vidal, Las cartas auténticas 27-28.

Además de ellas, hay otras partes de las cartas, cuya autenticidad se están cuestionando legítimamente en la actualidad. Por ejemplo, Gál. 2:7b-8 tiene un estilo no típico de Pablo. (Walker).

¿Con qué bases se puede cuestionar la autenticidad de unos versos de las cartas auténticas? En muchos casos, una perícopa interrumpe la fluidez de un texto principal, contradice lo que el texto principal ha establecido o adopta un estilo y pensamiento que no es típico del autor. Un ejemplo de ello es, 1 Cor. 14:33b-36, que se piensa que originalmente se escribió en forma de un comentario inspirado en una de las llamadas “cartas pastorales” (1 Tim. 2:11-15) y que terminó insertándose en el texto. (Ehrman, Misquoting cap. 7; Vidal, Nuevo Testamento 883) En otras palabras, hay razones internas del texto para excluir un pasaje como interpolación no paulina. Por otro lado, también hay razones externas, puede ser que el texto cuestionado se encuentre ausente en varios manuscritos importantes. En el ejemplo que discutimos, esta interpolación se ha encontrado en distintos manuscritos, en diversos lugares del texto.

Dado el panorama, ¿podría ser que los textos en los que aparece Jacobo, “el hermano del Señor” sean interpolados? Podría ser posible, pero, ¿es probable? No. Por ejemplo, algunos mitistas han cuestionado Gál. 1:18-19, que dice lo siguiente:

Después, pasados tres años, subí a Jerusalén, para conocer a Kefas [Pedro], y permanecí con él quince días. No vi a ningún otro de los apóstoles, a no ser a Jacobo, el hermano del Señor.

¿Es esta una interpolación? Algunos mitistas, que encuentran este pasaje sumamente inconveniente, lo argumentan. Afirman que no está en la edición marcionista de las cartas paulinas y que la frase “ningún otro” no aparece en los textos de Ireneo. El problema con todo esto es que sí aparece en todos nuestros mejores manuscritos. Además, la ausencia de la mención de Jacobo en el texto de Marción puede deberse a que ese dato es inconveniente para él, que era un doceta. Es decir, el marcionismo sostenía que Jesús era un ente espiritual, no carnal.

Hay otras hipótesis más locas flotando por foros mitistas, de que un interpolador “católico” antimarcionista quería establecer una vaguedad mayor al introducir la frase “Jacobo, hermano del Señor” (en vez del “hermano de Jesús”), para defender la virginidad de María. Esto sería plausible si no fuera por un problema serio, la Iglesia Católica no existía institucionalmente en aquella época. No había una sola entidad organizada con una sola cristología obligante para todos los creyentes. Dado este panorama, vale decir que la mayoría de las congregaciones cristianas de esa época pensaban que Jacobo era hermano de Jesús, fuera Jesús y él nacieran de la misma madre, o porque el apóstol fuera fruto de un matrimonio anterior de José. Nadie en esa época, excepto los docetas, pensaba que Jesús carecía hermanos biológicos.

Hoy día, un experto que dude de la autenticidad de Gál. 1:18-19 es una extrema rareza y debe considerarse muy marginal a la opinión fundada de la inmensa mayoría de los estudiosos de las cartas paulinas. Este pasaje coincide con el estilo y pensamiento de Pablo, lo que significa que es muy probable que Gál. 1:18-19 sí cualifique como fuente integrada a un texto independiente.

Sobre cómo se interprete la frase “hermano del Señor”, muy a pesar de Richard Carrier, está muy bien establecido que, en las cartas paulinas, la palabra “Señor” significaba muy claramente “Jesús el Cristo”, quien había sido enaltecido a ese rango. (1 Cor. 8:6) En este sentido, podemos notar que cada vez que Pablo utiliza la frase “hermano del Señor” está contrastando a Jacobo y otros con Pedro, con los Doce y con los demás apóstoles. (Gál. 1:18-19; 1 Cor. 9:4-6; 15:3-8) Por ende, no puede ser lo que trata de indicar Carrier, que la frase “hermano del Señor”, en el sentido que se le aplica a Jacobo, signifique lo mismo que cuando Pablo utiliza la palabra “hermano” para referirse a todos los bautizados.

Como he afirmado arriba, no es mi objetivo argumentar sobre la historicidad de Jesús. Sin embargo, el texto de Gál. 1:18-19 es a todas luces, auténtico y su sentido prácticamente no está en disputa por casi ningún experto.

2. ¿Qué me garantiza que Pablo (o alguien que se hace pasar por Pablo) no inventó lo que describe en Gálatas?

Dos ancianos disputando, por Rembrandt (1628)
Dos ancianos disputando, por Rembrandt (1628). Se piensa que los dos ancianos representan a Pedro y Pablo discutiendo. Imagen cortesía de la Galería Nacional de Victoria, Australia.

Esta interrogante no pasa de ser un caso de hiperescepticismo. Hoy día, hasta donde sé, el único erudito bíblico (y resalto de nuevo, EL ÚNICO) que cuestiona la autoría de todas las cartas paulinas es Robert Price, especialmente, utilizando argumentos obsoletos del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX. Sobre su obra, trataremos en otra ocasión. Baste indicar que ni tan siquiera Richard Carrier (al que considero, tal vez, el más “serio” de los mitistas) va tan lejos como eso. Ahora bien, esta postura hiperescéptica fue planteada por Reginald Vaughn Finley Sr. (el “Infidel Guy”) a Bart Ehrman en una entrevista. Tengo que confesar que, en redes sociales, uno que otro mitista me ha planteado algo en líneas semejantes y merece algún tipo de respuesta.

Las siete cartas auténticas de Pablo las determinamos como auténticas (perdonando la redundancia) debido a muchos factores. Entre ellos, mencionaremos cuatro:

  1. Una característica de ellas es que tiene rasgos propios de sectas en estado embrionario y en proceso de formalizarse en algo mucho más maduro internamente.
  2. Las situaciones a los que el autor alude en estas cartas coinciden muy bien con acontecimientos históricos que son conocidos por historiadores. Ejemplo de ello, es que él fue perseguido por agentes del Rey Aretas IV en Damasco, lo que le llevó a escapar del lugar. (2 Cor. 11:32-33) Esto está perfectamente de acuerdo con el récord histórico que tenemos de Aretas, quien ocupó el territorio de Damasco, en Siria, creándole problemas al Imperio Romano.
  3. Además, aparecen en un contexto no idealizado, distinto a como aparecen las idealizaciones o situaciones sospechosas en Hechos de los Apóstoles. Por ejemplo, Pablo presenta una pequeña reunión entre los representantes de Antioquía y Jerusalén, cuando Hechos nos habla de la reunión de unas multitudes (¿concilio?). (Gál. 2:1-10; cf. Hch. 15:1-29); o las cartas auténticas presentan tensiones y disputas cuando Hechos nos presenta una situación de suma armonía. (Gál. 2:11-15; cf. Hch. 15:30-35)
  4. El autor de las cartas auténticas es sumamente apasionado en sus posturas y atiende situaciones concretas en su comunidad, muchas de las que son muy inconvenientes para su predicación y su mensaje.

Voy a abundar un poco sobre este último punto. Pablo reclamaba ser un apóstol, es decir, alguien que fue enviado por Jesús resucitado para predicar el evangelio. (1 Cor. 15:8) Sin embargo, él predicaba una variante del evangelio que era ajena a lo que predicaban los palestinenses: que la fuente de la salvación colectiva e individual de los creyentes es por la fe en el Mesías vicariamente crucificado y resucitado, razón por la que los judíos debían continuar observando la Ley de Moisés, pero por la gracia del Espíritu Santo, mientras que a los gentiles se les eximía de algunos de sus requerimientos (la circuncisión, el kashrut o kosher y la observancia del Sábado). A esta convicción es lo que él llamaba, “mi evangelio”. (Rom. 2:16; 16:25; 1 Cor. 3:10)

Este “evangelio paulino” chocaba de frente con la convicción de muchos cristianos palestinenses, de que los gentiles estaban obligados a observar la normativa mosaica, lo que les llevó a ambas partes a una agria disputa. Pablo llamaría a estos cristianos extremistas, “falsos hermanos”, porque rehusaban aceptar el trato a los gentiles cristianos, pero no circuncidados, como sus iguales.

Pablo nos dice que, por revelación, necesitaba conversar con aquellos que conocieron a Jesús terrenalmente, a saber, las autoridades de Jerusalén: Jacobo, el “hermano del Señor”, Pedro y Juan. Ahí, se estableció un acuerdo entre Jerusalén y Antioquía de que le darían el visto bueno al evangelio paulino, al menos en cuanto a ciertas exenciones de requerimiento de la circuncisión a los gentiles, a cambio de una colecta a favor de “los pobres” de la congregación jerusalemita. (Gál. 2: 1-10) Esto es lo que el documentalista, Robert Orlando, llamaba un soborno amigable (a polite bribe).

Varios meses más adelante, Pablo y Bernabé recibieron a Pedro en Antioquía. El discípulo más cercano a Jesús, invitado de la congregación, empezó a tratar a los gentiles no circuncisos como sus iguales, sentándose en la misma mesa con ellos. Desafortunadamente, los representantes de Jacobo llegaron después y le persuadieron a él y a Bernabé de que no comieran junto a los gentiles, aun cuando aceptaban que los gentiles no fueran obligados a circuncidarse. Puede ser que les requiriera observar la dieta kosher como requisito para compartir una misma mesa. Esto fue interpretado por Pablo como una coerción de tipo social, para persuadir a los gentiles a “judaizarse”. El silencio que guardaba Pablo sobre el resultado de esa confrontación con Pedro y los representantes de Jerusalén, nos sugiere fuertemente que perdió la viva discusión que se suscitó al respecto.

Como resultado, Pablo se lanzó a una predicación independiente, desvinculado de Antioquía. Entre sus logros estuvo el de fundar o predicar a iglesias de galos, quienes (según Pablo), le trataron como un ángel o como a Cristo mismo. A pesar de esta hermosa experiencia, tras él, le seguían los “falsos hermanos”, difamándolo, acusándole de ser un falso apóstol, de no seguir el acuerdo entre ambas congregaciones y de haber retado la autoridad de Pedro y Jacobo en Antioquía. En Gálatas, Pablo quería aclarar el récord a las congregaciones de galos en Asia Menor: los “falsos hermanos” querían judaizarles, que era un rechazo a “su evangelio” y que si se circuncidaban, iban a privarse de la gracia especial otorgada por el Mesías a los gentiles. El hecho de que no volvemos a saber más nada de los galos en sus cartas auténticas o pseudoepígrafas, es una fuerte evidencia de que Pablo terminó siendo rechazado por estas congregaciones.

Si la epístola a los gálatas no fue escrita por Pablo, ¿qué sacaría el autor de ofrecer tantos detalles, tanto de lo ocurrido en Jerusalén y Antioquía, como detalles de dentro de las congregaciones gálatas y que fácilmente sería desmentido por sus congregaciones? Si el autor de la carta estuviera mintiendo, nos imaginamos a algún gálata diciendo: “¿Y cuándo Pablo estuvo aquí? Nosotros no reconocemos la autoridad de un ‘Pablo’ que nunca nos ha visitado.” Como lo que busca todo autor es convencer a sus lectores, es difícil pensar que Gálatas sea una falsificación.

Contrástese Gálatas (o cualquiera de las cartas auténticas) con las que sabemos que no son auténticas (e.g. Colosenses, Efesios, 1 y 2 Timoteo). Estas suelen ser mucho más desapasionadas, notablemente más genéricas, que parecen más tratados de teología, dando recomendaciones abstractas sin aludir a incidentes específicos dentro o fuera de sus comunidades.

Dado este panorama, no es razonable dudar la autoría de las cartas auténticas. La mejor explicación de lo que contienen es que, efectivamente, fueron escritas por Pablo.

La historia importa

Ruinas de la villa de Betsaida.
Ruinas de la villa de Betsaida, Israel (2011). Foto cortesía de Petr Brož. (CC-BY 3.0 Unported)

Una vez más, el propósito de este escrito no es tratar el problema de la historicidad de Jesús, sino, más bien, cómo algunos mitistas malentienden la noción de “fuentes independientes”. Detrás de ese malentendido, hemos visto que se esconde una visión errada de cómo los historiadores forjan la historia y cuáles son los criterios que verdaderamente se utilizan a la hora de identificar testimonios independientes. Noten que no he acusado a todos los mitistas de este problema, sino a muchos de los que pululan por las redes sociales o que no son profesionales en historia, pero que diseminan mala información entre círculos ateos, agnósticos y humanistas.

Un ejemplo claro de ello es Mythicists Milwakee, tal vez uno de los centros ateos y mitistas más conocidos. No hay disputa alguna en torno a la loabilidad ética de sus principios, pero se arruina cuando se apoyan en la autoridad de personas como Acharya S. (D. M. Murdock). Esta organización se estableció inspirada por un vídeo mal investigado, disparatero y con información fraudulenta, el primer vídeo de Zeitgeist, de Peter Joseph.

El hecho de que el Comité de Investigación Escéptica (CSI), del Centro para la Investigación (CFI), en un momento dado, escogiera a Robert Price para enseñar a sus miembros crítica bíblica es preocupante. Según Price admite abiertamente, él no coincide en nada, con sus pares (lo dijo una, otra y otra vez). En cualquier otro caso (como en el caso del designio inteligente, como en el del negacionismo del cambio climático, etc.), esto levantaría una bandera roja muy grande en la mente de los escépticos más profesionales. Sin embargo, por alguna razón, permiten esa excepción. Aclaro, que soy miembro y apoyo muy activamente los esfuerzos del CFI en general, pero no por esto, dejo de denunciar que algo que está mal en el mundo escéptico.

Nota adicional: Durante el debate entre Bart Ehrman y Robert Price, me llamó la atención que este último dijera que nadie sabe por qué hay un consenso sobre cualquier tema en la erudición bíblica. Esto me sorprendió. Personalmente, no soy biblista y, en cualquier caso, sería erudito bona fide (o, al menos, amateur), pero, todo lo que tiene que hacer alguien para saber la postura general consensuada o mayoritaria en torno a un tema y las razones para ello es leer los comentarios profesionales actualizados. Un comentario responsable hace una revisión de la literatura en general sobre frases o versos bíblicos. Otra manera, es leer introducciones profesionales muy bien elaboradas del Nuevo Testamento o libros de la Biblia y allí tendrán un panorama de lo que ocurre. Esto no es nada difícil y cualquier persona suficientemente instruida en la academia lo puede hacer.

Cada vez que se circulan documentales totalemente descabellados (que Jesús fue una fabricación del Imperio Romano, que Jesús era Horus, etc.) por organizaciones ateas, humanistas o escépticas, estamos abonando a la pseudociencia, específicamente en la forma de pseudohistoria. Aunque no todos los mitistas acepten las posturas más absurdas, en general, el público adolece de ignorancia en torno a cómo funciona el proceso historiográfico de la Antigüedad y del bíblico en particular. El no tener, al menos, alguna idea de tales procedimientos, hace que mucha gente del público reciban versiones del mitismo o variantes ingenuas del historicismo con los brazos abiertos.

Aun así, recibo de muchos ateos, agnósticos y humanistas la siguiente respuesta: “… pero eso no importa. ¿Hace alguna diferencia si Jesús existió o no?” Esta pregunta, en extremo ingenua, se olvida de algo que suele decir el mantra Sam Harris: “Las ideas tienen consecuencias”. Al igual que el movimiento del designio inteligente con la biología, el hecho de que existan movimientos mitistas (no son círculos académicos), ya crea una fuerza social que, sea por presión de grupos o por diseminación en los medios, promueve el ignorar por completo los valiosos trabajos arduos de miles de eruditos del pasado y del presente, para prestarle atención a dos o tres “autoridades”. Estos poquísimos académicos (Robert Price y Richard Carrier) o pseudoacadémicos (Acharya S, Frank Zindler, Timothy Freke, Peter Gandy y Tom Harpur) que se ven con excesivo beneplácito, en la mente de mucha gente, les da el visto bueno ideológico para desdeñar y, en ocasiones, denigrar a aquellos que favorecemos el historicismo … que, da la casualidad, es lo que favorece el 99.99% de los expertos en el campo. En algunos casos, se tiene la impresión errónea de que, para ser escéptico, hay que adoptar el mitismo (algo que, afortunadamente, algunos mitistas aclaran que no es correcto). Si los mitistas desean ganar su argumento, tiene que ser en la discusión académica y las revistas debidamente arbitradas y de prestigio, no en la opinión de un público que ignora todas las complejidades de la historiografía.

Esta entrada en el blog, no tiene la intención de afirmar que toda forma de mitismo es ilegítima. Algunas parecen viables, pero no la inmensa mayoría. Para poder discutir las versiones más serias, se requiere, al menos nivelar la discusión pública (en la academia prácticamente no hay debate alguno en cuanto al tema). Esa es la intención de esta entrada en el blog. Trata específicamente del problema de qué es lo que significa una “fuente independiente” y por qué el Nuevo Testamento, con sus virtudes y serios defectos, sí nos puede proveer varias de esas fuentes independientes y ver cómo se identifican y cómo proceden a cualificarse.

Una vez se equilibre el llamado “debate” en relación con este asunto, podemos sentar las bases para una mejor discusión del tema.

Referencias

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Bermejo Rubio, Fernando. La invención de Jesús de Nazaret. Historia, ficción, historiografía. Ed. Google Books, Siglo XXI, 2018.

Brown, Raymond. El Evangelio y las cartas de Juan. Desclée de Brower, 2010.

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Ehrman, Bart D. Did Jesus Exist? The Historical Argument for Jesus of Nazareth. HarperCollins, 2012.

—. Jesús no dijo eso. Los errores y falsificaciones de la Biblia. Crítica, 2007.

—. Misquoting Jesus. The Story Behind Who Changed the Bible and Why. Ed. Kindle, Harper Collins, 2005.

Epp, Eldon Jay. “Why Does New Testament Textual Criticism Matter? Refined Definitions and Fresh Directions”. Expository Times, vol. 125 no. 9 2014, pp. 417-431. doi: 10.1177/0014524614530796.

Jones, Terry y Alan Ereira. Terry Jones’ Barbarians. Ed. Kindle, BBC, 2007.

Komoszewski, J. Ed, M. James Sawyer y Daniel B. Wallace. Reinventing Jesus. How Contemporary Skeptics Miss the Real Jesus and Mislead Popular Culture. Kregel, 2006.

Meier, John P. Un judío marginal. Verbo Divino, 2010. 5 vols.

Orlando, Robert. Apostle Paul. A Polite Bribe. Cascade, 2014.

Pervo, Richard I. The Mystery of Acts. Polebridge, 2008.

Piñero, Antonio. “El relato de la Pasión de Jesús. Historia y leyenda”. En Piñero y Segura, pp. 137-162.

Piñero, Antonio y Eugenio Gómez Segura. La verdadera historia de la Pasión según la investigación y el estudio histórico. EDAF, 2008.

Price, Robert M. The Amazing Colossal Apostle: The Search for the Historical Paul. Signature, 2012.

Robinson, James, Paul Hoffman y John Kloppenborg. El documento Q. Sígueme, 2002.

Vidal, Senén. Las cartas auténticas de Pablo. Mensajero, 2012.

—. Evangelio y cartas de Juan. Mensajero, 2013.

—, traductor. Nuevo Testamento. Sal Terrae, 2015.

Walker, William O. “Galatians 2:7b-8 as a Non-Pauline Interpolation”. The Catholic Biblical Quarterly, vol. 65, núm. 4, octubre de 2003, pp. 568-587

¿Qué sabemos históricamente del nacimiento de Jesús? – 1

Nacimiento de Jesús - Gerard van Honthorst
La adoración de los pastores (1622), por Gerard van Honthorst.

No hay temporada del año que amen más los puertorriqueños que la de Navidad. Entre la música que escuchamos, hay muchas que se inspiran en lo más hermosos aspectos nuestro trasfondo cultural cristiano: El villancico yaucano, Caminan las nubes, Mi burrito sabaneroEl Niño Jesús de Tony Croatto, De mi voz nació la luz de Danny Rivera y los Cantores de San Juan, entre otros clásicos de nuestro pueblo y Latinoamérica.

Además de eso, entre los adornos de esta preciosa expresión cultural, encontramos los pesebres. Están José, María y el Niñito Jesús en una especie de “casita de madera y paja” o cueva, que están siendo calentados por la mula y el buey, con una estrella en el cielo, anunciando el nacimiento del Salvador, que está siendo adorado por pastores y los Reyes Magos. En Occidente, se acostumbra presentar esa conmovedora escena desde 1223, cuando Francisco de Asís montó esta viva representación visual, con la que quería llevar a Cristo los corazones de los devotos.

Sin embargo, ¿de dónde realmente procede esta historia? La manera que ilustramos el nacimiento de Jesús no concuerda con lo que afirman los evangelios, como veremos en esta serie. Al contrario, intenta reunir distintos elementos que encontramos de distintos escritos, dentro y fuera de los evangelios canónicos y del Nuevo Testamento, para dicha representación.

¿Qué es lo que realmente sabemos de la Navidad históricamente? Es decir, ¿qué podemos saber de lo que realmente ocurrió en aquel acontecimiento que ayudó a formarnos culturalmente en diversas partes del mundo? Si adoptamos los recursos historiográficos, ¿cómo se vería el resultado en torno al tema? El propósito de esta serie es desarrollar con un mínimo de formalidad una exposición sencilla de lo que los historiadores y biblistas han podido saber de ese evento significativo culturalmente para nosotros.

Quisiera aclarar que el ánimo de esta serie no es el de “arruinarle” a nadie su celebración navideña. Al contrario, es el de enriquecerla con conocimiento histórico. Toda manifestación cultural, como cualquier pieza de literatura, se puede mirar desde varios puntos de vista. El histórico es uno.  

Nuestras fuentes

Como siempre, tenemos que considerar primero nuestras fuentes de información. Las primordiales se encuentran en el Nuevo Testamento, es decir, en los escritos aceptados como canónicos por el catolicismo, el protestantismo y otras denominaciones cristianas desde tiempos de Ambrosio de Milán (367 EC).

 Nota: Entiendo que ya es tiempo de utilizar las siglas “AEC” (antes de la era común) y “EC” (era común) como sustitutos razonables de “antes de Cristo” y “después de Cristo” por dos razones: la primera, es que ayuda a mantener la neutralidad de la labor histórica y, la segunda, que ya se está convirtiendo lentamente en un estándar en el mundo hispánico. La Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española las aceptan oficialmente.

Del Nuevo Testamento, solamente utilizaremos aquellos textos que son pertinentes a nuestra discusión, específicamente tres tipos de escritos:

  • Los evangelios: Aunque los relatos del nacimiento de Jesús son notables solamente en los evangelios de Mateo y Lucas, es evidente que Marcos y Juan nos proveen pizcas de información para matizar los relatos de la natividad. Además, tampoco debemos olvidarnos del escrito que los eruditos conocen como “Q”, el material compartido por Mateo y Lucas que no encontramos en Marcos.
  • Las cartas auténticas de Pablo: Las cartas auténticas de Pablo (c. 50-62 EC), son los textos cristianos más tempranos que tenemos disponible y que proveen información en torno a Jesús. Las epístolas que hoy no se disputan su autenticidad son siete: 1 Tesalonicenses, Filipenses, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Filemón y Romanos. Las demás que encontramos en el Nuevo Testamento, o se atribuyen erradamente a Pablo (Hebreos), o son disputadas (2 Tesalonicenses, Colosenses) o no se consideran auténticas ya por la inmensa mayoría de los historiadores (Efesios, 1 y 2 Timoteo, Tito).
  • Otros textos: Aunque su aportación es poca, es importante la información que ofrece el segundo volumen del autor que escribió el Evangelio de Lucas y que conocemos como Hechos de los Apóstoles. También contaremos con otra importante de historiadores como Flavio Josefo y otros, que nos dan un panorama de los sucesos que ocurrieron en la época del nacimiento de Jesús. 

Nota: De aquí en adelante, las citas del Nuevo Testamento serán de la traducción de Senén Vidal y las de la Biblia Hebrea o de la Septuaginta serán de la Biblia de Jerusalén.  Mis modificaciones se harán entre corchetes y proveeré una nota al calce para justificarlas.

La información más temprana

Las cartas paulinas

Pablo escribiendo sus epístolas - Valentin de Boulogne
Pablo escribiendo sus epístolas, probablemente de Valentin de Boulogne (1618-1620)

Nuestra información más temprana en torno a Jesús procede, irónicamente, del que menos habló de su vida, Pablo de Tarso. Esto se debe a que, durante sus cartas, él nos dejó saber alguna información que circulaba en sus congregaciones gentiles y las de las palestinenses.

El primer pasaje que exploraremos es el de Gálatas 4:4, escrito ca. 52-54 EC:

Dios envió a su Hijo,

nacido de mujer,

nacido bajo la ley

Este pasaje es parte de una confesión bautismal del cristianismo judeohelenista y gentil, en el que se afirma que Jesús se encarnó y se sometió a la Ley Mosaica (la Torá) como manera de liberar a los sometidos a ella y hacerse hijos de Dios, lo que llevaría a los creyentes a exclamar “Padre”, en arameo, Abbá. (Gál. 4:4-7)

La parte de esta confesión que nos interesa es la frase “nacido de mujer / nacido bajo la ley”.  Lo que sorprende para muchos de nosotros que nos criamos inmersos culturalmente en el relato del nacimiento virginal de Jesús es lo ordinaria que resulta esta perícopa. Con “nacido de mujer”, Pablo solo desea resaltar el hecho de que Jesús (como ente divino) se hizo un vulnerable ser humano, como cualquiera de nosotros. “Nacido de mujer” era una expresión muy común para indicar la humanidad de alguien. (Brown et al. 52) También, Pablo enfatiza que “nació bajo la Ley” de Moisés, es decir, era judío y cumplidor cabal de los mandatos de lo consignado en su normativa. (Véase Flp. 2:6-11) Pablo intentaba justificar esta parte de la vida de Jesús desde su teología: el Mesías, un ente divino que se encarnó, se sometió por completo a la Ley, para librar a los cristianos (específicamente aquellos gentiles) de ella, de tal manera que sus acciones fueran puramente por impulso del Espíritu de Dios, no por someterse a una norma. (Brown et al. 50-53; Piñero, Guía Pablo 214-216; Vidal, Las cartas 506-507)

Pablo parece desconocer por completo el nacimiento virginal de Jesús. Esto es significativo a la hora de llegar a nuestras conclusiones preliminares más abajo en este artículo. Extraña esto porque Pablo estaba “mercadeando” (en el buen sentido del término) su evangelio sobre Jesús, estableciéndolo como una alternativa a los cultos mistéricos y otros paganos. (Piñero, Guía Pablo 304-313) Virtualmente, todos estos incluyen nacimientos en los que se involucran poderes de deidades o el resultado de su acto sexual con seres humanos. De ser conocido por Pablo, el nacimiento milagroso de Jesús hubiera sido una información muy valiosa para solidificar la fe de sus seguidores gentiles. ¿Por qué nunca lo enfatizó? La explicación más sencilla parece sugerir que o no existía tal información en esos momentos, o estaba circulando entre cristianos con los que Pablo no tenía contacto. Esta última alternativa parece altamente improbable, ya que Pablo comenzó a predicar desde los mismos comienzos del movimiento de Jesús (ca. 33 EC) y conoció personalmente a Jacobo, el hermano de Jesús, y al discípulo más cercano, Pedro. (Gál. 1:18-19; 2:1-14) Seguramente, hubiera incorporado un dato tan útil en el contexto de su misión, pero no fue así. Además, el cristianismo era un movimiento muy pequeño en sus inicios, es improbable que Pablo desconociera lo que proclamaban otros. (Brown, El nacimiento 543)

Todo esto nos indica que el dato de los relatos de la virginidad de la madre de Jesús se comenzaron diseminar tardíamente o posterior a la muerte de Pablo.

El segundo pasaje al que exploramos es el que describe a Jesús de la siguiente manera:

descendiente de David

según la carne

constituido Hijo de Dios con poder

según el Espíritu de santidad

por la resurrección de los muertos. (Rom. 1:3-4)

Esta es una confesión de origen semita, prepaulina, que fue traducida del arameo al griego (tal vez con la excepción de la frase “con poder”) y que confiesa que Jesús se convirtió en Hijo de Dios en el momento de su resurrección. Probablemente, Pablo añadió la frase “con poder” para armonizarla a su cristología. (Ehrman, How Jesus cap. 6)

Lo que nos importa de este pasaje es el dato de que Jesús era “hijo de David, según la carne”, es decir, descendiente de David. Debemos acercarnos a esta información cautelosamente, ya que muchas personas suelen decir que, basándose en las genealogías de Jesús que encontramos en los evangelios, alguien de esa época tuvo acceso a algún listado de la ascendencia de Jesús. En una futura entrada, pondremos esa convicción en duda. Sin embargo, de lo que no hay interrogante es del hecho de que, por lo menos, la familia de Jesús debió haberse considerado miembro de la tribu de Judá. De otra manera, no hubiera sido plausible para muchos judíos que Jesús fuera descendiente de David. Finalmente, puede ser que la familia de Jesús, por parte de padre, se viera descendiente de ese monarca, aun cuando no conservara su genealogía. (Brown et al. 44-49)

Además, una vez más, este credo es silente ante el asunto de la concepción milagrosa de Jesús sin intervención de varón. En ninguna parte, tampoco se infiere que él fuera considerado descendiente de David por adopción por parte de José.

Finalmente, hay un dato más que tenemos que tener en consideración: Pablo está perfectamente consciente de que Jesús tenía más de un hermano, aunque solo nombra a uno de ellos, Jacobo (“יעקב” en hebreo, “Ἰάκωβος” en griego). Contrario a lo que dicen ciertos autores mitistas, el término “hermano”, en el sentido usado por Pablo, designa en este caso, a unas personas distintas a los apóstoles o los creyentes en el Mesías. Se refiere a sus hermanos cosanguíneos. (Gál. 1:19; 1 Cor. 9:5; Gerd y Theissen 148)

Es evidente, pues, que, para Pablo, Jesús fue un personaje histórico y real, que tuvo hermanos. A pesar de eso, a Pablo no le interesaba en lo absoluto, el nacimiento de Jesús. (Borg y Crossan 29-30)

El Evangelio de Marcos

Representación del evangelista Marcos
Representación del evangelista Marcos en el Manuscrito de Lindisfarne (ca. 700 EC). Imagen cortesía de Pat Alexander (CC-BY 3.0 Unported).

Después de las cartas de Pablo, el siguiente material que nos ofrece los datos más tempranos sobre Jesús es el Evangelio de Marcos. Este libro, se presenta como “el evangelio [buena noticia] de Jesucristo, Hijo de Dios”. (Mc. 1:1) Se publicó anónimamente, pero la tradición cristiana posterior, ha llevado a algunos a atribuirlo a Marcos. Se piensa que se compuso a raíz de la Guerra Judía sucedida entre el 66 y el 75 CE. Además, la posible alusión del texto a la destrucción del Templo de Jerusalén, colocaría la redacción final del Evangelio (como lo conocemos) durante el periodo 70-75 CE. (Mc. 12:9; 13:1-2; 15:38; Gnilka, I: 38-42).  

Es bueno indicar que el contenido del Evangelio no se escribió “de una sentada”. Fue un proceso en que el autor reunió muchas tradiciones diversas que, antes de él, estaban circulando en congregaciones cristianas; muchas de ellas se remiten a relatos jerosolimitanos y palestinenses. Esto se sabe, porque, en el texto, el evangelista intentaba “embellecer” un poco o explicar algunos pasajes, como si estuviera reproduciendo otro texto, en donde introducía algunos comentarios. Hay algunos eruditos, tales como Josep Rius-Camps, que, a partir del Códice Beza, dicen identificar diversas ediciones, que pueden indicar una edición primordial muy cercana a la época del ministerio de Jesús.

El primer dato que nos brinda Marcos no es el nacimiento de Jesús. Es más, lo ignora. La natividad no juega rol alguno en el Evangelio de Marcos. La primera ocasión en que se refiere a él, nos habla de su proveniencia de Nazaret de Galilea. (Mc. 1:9) En ningún momento, se hace referencia a Belén ni le interesa el tema. (Borg y Crossan 30) 

Más adelante, el evangelio nos describe la actitud de la familia de Jesús en relación con él:

Y viene a casa, y se reúne de nuevo la gente, de modo que no pueden ni comer el pan. Y al oírlo sus allegados [familiares], salieron a apoderarse de él, pues decían:

—Está fuera de sí. (Mc. 3:20-21)

Y viene su madre y sus hermanos, y, estando ellos fuera, enviaron a llamarlo. Y estaba sentada en torno a él gente, y le dicen: 

—Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas te buscan fuera.

Y respondiéndoles, dice:

—¿Quién es mi madre y mis hermanos?

Y, mirando en derredor a los que estaban sentados en círculo en torno a él, dice:

—He aquí mi madre y mis hermanos. Pues quien haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre. (Mc. 3:31-35)

Estos pasajes indican que la actitud de los familiares hacia Jesús era casi de tratarle como alguien demente, que se creía inspirado por Dios para predicar un mensaje apocalipticista. El texto no deja lugar a dudas que Jesús rechazaba a sus familiares y la sustituía por sus seguidores (“los que hacen la voluntad de Dios”). Esto lo debemos matizar, debido a que la narrativa típica marcana era que Jesús era incomprendido por la gente más cercana a él. 

Sin embargo, el hecho de que sus hermanos no le seguían parece confirmado en las cartas de Pablo, debido a que Jacobo no fue discípulo de Jesús. Al contrario, solo se volvió parte de su movimiento tras él haber proclamado la aparición de su hermano resucitado, dato que nos lo da Pablo, citando una vieja confesión tradicional. (1 Cor. 15:7)

Jesus y Jacob
Iconografía representando a Jesús y Jacob como gemelos.

Lo anterior significa que, durante su etapa de predicación, los familiares de Jesús no formaban parte de su movimiento. Esto es pertinente para nuestro tema, porque si hubiera ocurrido lo que nos narran los relatos del nacimiento de Jesús en los evangelios de Mateo y Lucas, se esperaría la credulidad de su familia, especialmente de su madre. Sin embargo, esto tampoco es lo que ocurre.

Llama la atención que el padre de Jesús se halle ausente de este incidente y en los relatos posteriores, algo que fuertemente sugiere que ya había muerto antes de que Jesús comenzara a predicar su buena noticia.

Más adelante, cuando Jesús proclama su evangelio en Nazaret, recibe un gran rechazo. Lo interesante es que esta repulsa por su mensaje  se hace por parte del público, cuestionando su conocimiento del contenido y sabiendo de qué familia provenía. En el proceso, mencionan la profesión de Jesús, el nombre de su madre y sus hermanos y hace referencia a sus hermanas.

Y salió de allí y va a su patria, y lo siguen sus discípulos. Y, al llegar el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y muchos que lo escuchaban estaban asombrados diciendo:

—¿De dónde le vienen a este esas cosas, y cuál es la sabiduría que se le ha dado y tales obras poderosas efectuadas por sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María y el hermano de Jacobo, de Josés, de Judas y de Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí, con nosotros? Y se escandalizaban de él. (Mc. 6:1-3)

Los eruditos en general piensan que esta contraposición entre sabiduría y milagros, por un lado, y la incredulidad de sus oyentes, por el otro, es parte de la manera que tiene el evangelista de presentar el tema recurrente de la incomprensión de Jesús por parte de personas cercanas a él o por parte del público. Sin embargo, ahí se muestra un núcleo histórico del acontecimiento en el que Jesús se frustró ante la incredulidad de sus compatriotas de Nazaret. (Gnilka I: 262-273)

En cuanto al tema que nos concierne, Jesús tenía varios hermanos, interpretados en el texto como hijos de la pareja de su padre y María: Jacobo, Josés, Judas, Simón y las hermanas, no nombradas en la perícopa.

Algunas objeciones del sector católico romano

José, el padre de Jesús
Según el Evangelio de Pseudo Mateo, José, el padre de Jesús, fue un anciano muy entrado en edad que fue escogido por Dios cuando, en una prueba del Sumo Sacerdote del Templo, la vara que tenía su nombre, había florecido milagrosamente. Esto era señal que debía casarse con la bien jovencita Virgen María. Pintura de Juspe de Ribera (1603). Cortesía del Museo de Brooklyn.

A pesar de lo ya discutido, pueden emerger algunas objeciones por parte de católicos que sigan la línea doctrinal de la iglesia en torno a la perpetua virginidad de María, la convicción de que ella permaneció virgen antes, durante y después del parto de Jesús. Esta idea fue defendida desde el siglo II, en el Protoevangelio de Jacobo (150 EC) y el Evangelio de Pseudo Mateo (600-625 EC), que presentaban a José como viudo de un matrimonio anterior y padre de los hermanos y hermanas de Jesús mencionados por los evangelios. En algunas denominaciones cristianas en el mundo, todavía se defiende que el padre de Jesús había estado casado  y que era anciano, como manera de defender la idea de que María nunca tuvo hijos después de dar a luz al Mesías. 

El problema con esta explicación para sostener la idea de que María no tenía hermanos inmediatos, es que uno de los evangelios nos brinda el dato de que Jesús era el primogénito de José. (Lc. 2:7) Por ende, los hermanos de Jesús no pudieron haber sido hijos de un primer matrimonio, en cuyo caso, Jacobo hubiera sido el primogénito.

La segunda idea para defender, de alguna manera, la virginidad perpetua de María, es que los hermanos de Jesús eran, en realidad, primos de él. Esta convicción fue compartida por Jerónimo y muchos otros teólogos. De buenas a primeras, esta explicación suena plausible en el contexto del catolicismo. Tenemos varios casos en la Biblia hebrea en que los llamados “hermanos” en ese texto, en realidad, eran de relación tío-sobrino o primos. Un caso del primero, es la relación de Lot con su tío, Abraham. (Gén. 11:26-32; 13:8) Un ejemplo del último podemos encontrarlo en una genealogía en 1 Crónicas, en la que se dicen “hermanos” personas que son claramente primas. (1 Cro. 23:21-23) Lo mismo vale para el arameo, idioma que hablaba Jesús en su tiempo.

Todo esto suena muy bien, pero los evangelios y las cartas paulinas no fueron escritas en hebreo o arameo, sino en griego, idioma en el que no solo existe la palabra griega adelfós (ἀδελφός) para “hermano”, sino anepsiós (ανεψιός) para “primo”. Se podría argumentar que los evangelistas o personas en los que dependían su información, tradujeron directamente la palabra “hermanos” en arameo a griego, creando la confusión. 

Esta explicación se derrumba cuando nos percatamos que, cuando Pablo hablaba de Jacobo, “el hermano de Jesús”, no estaba reproduciendo ningún otro texto, sino que estaba componiendo cuando hablaba de cómo le conoció e interactuó con él en Jerusalén. (Gál. 1:19-2:14) Evidencia de que, en aquel momento, se conocía bien quién era “primo” de quién es una carta atribuida a Pablo, la Epístola a los Colosenses, donde el autor se refiere a un tal Marcos como primo (anepsiós) de Bernabé. (Col. 4:10) Peor todavía, existe otra fuente externa al Nuevo Testamento que habla de Jacobo como “el hermano [no primo] de Jesús, el llamado `Cristo'”, Flavio Josefo, cuando hablaba de su ejecución (II: 1234; XX: 9,1). 

Para darle un respiro final a la suposición de que los “hermanos” de Jesús eran, en realidad, primos, usualmente se apela al hecho de que los nombres “Jacobo” y “Josés” (especialmente este último) están asociados a otra María, que no era la madre de Jesús, es decir, la María que estaba a los pies de la cruz. (Mc. 15:40) Para muchos, la terminación “Josés” debería establecer dicho vínculo con esa María. El problema con esta explicación es que se le da un apodo de ese Jacobo, “el pequeño” (el menor), algo no aparece en toda la literatura referente al hermano de Jesús durante el primer siglo. Algunos apologetas católicos piensan que Jacobo se trataba del hijo de Alfeo (¿o Cleofás?) y que formó parte de los Doce. (Mc. 3:18; Jn. 19:25) Sin embargo, la tradición primitiva es clara de que el Jacobo que es hermano de Jesús es distinto a los dos Jacobos de los Doce (e.g. la tradición que afirma que Jesús se le apareció resucitado a los “Doce” y después a Jacobo, su hermano, 1 Cor. 15:5,7).

El sacerdote y experto en el Jesús histórico, John P. Meier, en su laboriosa obra exegética sobre el histórico Jesús, llega a la conclusión de que las diversas explicaciones para defender la virginidad perpetua de María se hunden ante los criterios estrictamente historiográficos. Por ende, adoptando estos en cuenta, no queda de otra que concluir que los llamados “hermanos” de Jesús, se refieren efectivamente a los hermanos cosanguíneos provenientes del mismo vientre de la madre de él. Este representa, por ahora, el consenso de los eruditos del Nuevo Testamento. Todos los esfuerzos para otra cosa, son de naturaleza puramente religiosa y apologética (Bornkamm 56; Casey 143-145; Ehrman, Jesus 99; Gnilka I: 271-273; Meier I: 325-342; Piñero, Guía Nuevo Testamento 174-176)

Otros asuntos interesantes

Vista panorámica de Nazaret
Vista panorámica de Nazaret.

Muy a pesar de los evangelios de Mateo y Lucas, las demás fuentes parecen sostener que Jesús provenía de Nazaret, Galilea. La primera ocasión que aparece mencionado el lugar de origen Jesús en cualquiera de los evangelios, es en Marcos, cuando nos dice que él provenía de ese lugar. (Mc. 1:9) En el caso del Evangelio de Juan, el más tardío de todos, no solo se desconoce también el nacimiento de Jesús en Belén, sino resalta el hecho de que, para muchos judíos, era inconcebible que el Mesías hubiera salido de una aldea tan insignificante como Nazaret. (Jn. 1:46)

El apodo “Nazareno”, que adquirió un sentido despectivo entre los judíos para designar a Jesús, está vinculado a que, precisamente, provenía de este humilde poblado rural. Este título no se explica por alguna posible consagración suya al nazireato. El documento “Q”, redactado en su forma final ca. 60-70 CE, nos reporta que Jesús tenía fama de “comilón y bebedor de vino”. (Lucas/Q 7:34) Sin embargo, la entrega de un judío al nazireato, precisamente prohíbe el consumo de vino. (Núm. 6:3) Además, durante los primeros dos siglos, a los cristianos se les denominaba “nazarenos”. La primera que nos reporta esto es Hechos de los Apóstoles, que relata cómo a Pablo se le juzgó como si fuera un “nazareno” (Ναζωραίος). La segunda, es la terminología judía de los primeros siglos, notzri (נוֹצְרִי), para referirse a esta secta de Jesús.

En otras palabras, todas las fuentes pertinentes dentro y fuera del Nuevo Testamento, parecen indicar que la explicación del término “nazareno” para Jesús y los cristianos, durante los primeros siglos, se debe a que su maestro provenía de Nazaret, no de Belén. Por ende, históricamente hablando, lo más probable es que nació y se crió en Nazaret.  (Ehrman, Jesus 97-99; Bornkamm 55-56; Meier I: 222-263; Pagola 49; Sanders 101-119)

Conclusiones para la futura discusión

De lo anterior, podemos ya establecer, con criterios históricos, lo siguiente:

  1. De los primeros escritos cristianos se desprende un total desconocimiento del nacimiento de Jesús en Belén. Todo parece indicar que los primeros cristianos pensaban que Jesús procedía de Nazaret, que su familia procedía y vivía en ese lugar desde hacía mucho tiempo y que eran bien conocidos.
  2. Parece haber un total desconocimiento por parte de las fuentes más tempranas de alguna concepción virginal de Jesús o algún evento milagroso asociado a su nacimiento o infancia.
  3. La tensión entre Jesús y su familia (incluyendo a su madre) es probablemente histórica, algo que resulta extraño si se tomara como hecho los relatos de la natividad que encontramos en los Evangelios de Mateo y Lucas. Al menos, María debió haber sabido que la misión de su hijo no era una demencia, sino un mandato sobrenatural.
  4. Todo lo anterior significa que tanto el nacimiento de Jesús como su infancia y su adolescencia, transcurrieron normalmente, sin nada que indicara que Jesús fuera sobrenaturalmente alguien especial. 
  5. Todo parece indicar que las tradiciones de la concepción milagrosa de Jesús, su nacimiento en Belén y lo demás, surgieron después de la muerte de Pablo (58 o 64 CE) y, tal vez de la de Pedro (64 CE) y Jacobo, el hermano de Jesús (62 CE). Es más, puede ser que tales relatos de la natividad se elaboraran después de la redacción final del Evangelio de Marcos (ca. 70 CE), ya que su narrador los desconoce por completo. Esto hace a los sucesos milagrosos del nacimiento de Jesús como productos significativamente tardíos del imaginario cristiano, más que información proveniente de sus familiares o discípulos. 

Como veremos, el alegato de que Jesús había nacido en Belén, se debe a razones apologéticas de los evangelistas de los textos de Mateo y Lucas. Lo que agrava el asunto es que los relatos de ambos textos neotestamentarios son totalmente incompatibles unos con otros.

Bibliografía

Biblia de Jerusalén. 4ta. ed. Desclée de Brower, 2009.

Borg, Marcus J. y John Dominic Crossan. La primera Navidad. Lo que los evangelios enseñan realmente acerca del nacimiento de Jesús. Verbo Divino, 2007.

Bornkamm, G. Jesús de Nazaret. Sígueme, 1975.

Bovon, François. El Evangelio de Lucas. Sígueme, 1995, 2 vols.

Brown, Raymond. El Evangelio de Juan. Cristiandad, 1999, 2 vols.

—. El nacimiento del Mesías. Cristiandad, 1982.

Brown, Raymond et al. María en el Nuevo Testamento. Sígueme, 1986.

Casey, Maurice. Jesus of Nazareth. T & T Clark, 2010.

Ehrman, Bart. How Jesus Became God. The Exaltation of a Jewish Preacher from Galilee. Ed. Kindle, HarperOne, 2014.

—. Jesus. Apocalyptic Prophet of the New Millenium. Oxford UP, 1999.

Fitzmyer, Joseph. El Evangelio de Lucas. Cristiandad, 2005, 4 vols.

Flavio Josefo. Antigüedades judías. Akal, 1999, 2 vols.

Gnilka, Joachim. El Evangelio según San Marcos. Sígueme, 1999, 2 vols.

Luz, Ulrich. El Evangelio según San Mateo. Sígueme, 1993, 4 vols.

Meier, John. Un judío marginal. Verbo Divino, 1998 – 2010, 5 vols.

Pagola, José Antonio. Jesús. Aproximación histórica. PPC, 2013.

Piñero, Antonio. Año I. Israel y su mundo cuando nació Jesús. Laberinto, 2008.

—. Guía para entender el Nuevo Testamento. Trotta, 2011.

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Puente Ojea, Gonzalo. El Evangelio de Marcos. Del Cristo de la fe al Jesús de la historia. Siglo XXI, 1998.

Rius-Camps, Josep. El evangelio de Marcos: etapas de su redacción. Redacción jerosolimitana, refundición a partir de Chipre, redacción final en Roma o Alejandría.  Verbo Divino, 2008.

Robinson, James, Paul Hoffman y John S. Kloppenborg. El documento Q. Sígueme, 2002.

Sanders, E. P. La figura histórica de Jesús. Verbo Divino, 2000.

Theissen, Gerd y Annette Metz. El Jesús histórico. Sígueme, 1999.

Vidal, Senén. Las cartas auténticas de Pablo. Mensajero, 2012.

—. Jesús el Galileo. Sal Terrae, 2006.

 —. Nuevo Testamento. Sal Terrae, 2015.

Jesús de Nazaret: Al César lo que es de César, ¿separación de iglesia y estado?

Anacronismos contemporáneos

En tiempos en que se supone que la protección de los derechos fundamentales sea un imperativo social, algunos grupos desean erosionar la separación de iglesia y estado.  Para mantener nuestras libertades, entre ellas, las de pensamiento y expresión, el estado no debe privilegiar de manera alguna a uno o más sectores religiosos o no religiosos a expensas de otros. En la Constitución de Puerto Rico, en términos muy claros, está estipulada la completa separación de iglesia y estado (art. 2, sec. 3).

¿Cuáles son las raíces de dicha disposición? Ese es otro tema largo. Sin embargo, en cuanto a lo que nos compete, no faltan autoridades legales y abogados que afirmen que puede trazarse esta noción al mismísimo Jesús de Nazaret, o al menos, a los Evangelios.  “Dad al César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”. Esa es la frase atribuida a este profeta de Galilea.

Es una frase que, en la mente de muchos, expresa con claridad prístina alguna versión de la separación de iglesia y estado. Sin embargo, tal perspectiva no pasa de ser un anacronismo. A lo sumo, lo que puede decirse es que esta visión puede basarse en una interpretación particular de esta frase. Lo que aquí argumentaremos es que el  “Jesús de la historia”, la construcción historiográfica que quiere rescatar lo que Jesús actualmente dijo e hizo, quiere decir exactamente lo contrario: que lo mejor para Israel es una teocracia.

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Jesús de Galilea y su mensaje

Palestina del primer siglo

Palestina del primer siglo. Imagen cortesía de rowanwindwhistler y Duende en Wikimedia Commons (CC-BY-SA 2.5)

Actualmente, la inmensa mayoría de los eruditos (los no apologistas, por supuesto) son del parecer que Jesús nació y vivió en Nazaret, una pequeña aldea rural en Galilea. La información más confiable que nos ha llegado es que provino de esa población. En fin, vemos, en múltiples lugares, que la designación más común de Jesús en dichos documentos es la de “Jesús de Nazaret” y que de allá era que procedía (Marcos 1:9; Mateo 4:13; Lucas 4:16; Juan 1:45; Hechos 3:6). Jesús tenía como padres a José y a María y, como hermanos a Jacob (Santiago), Josés, Judas y Simón, además de unas hermanas (Mateo 1-2; Lucas 1-2; Marcos 6:3, Juan 6:42; Gálatas 1:18-2:10; 1 Corintios 9:5; 15:7). (Borg y Crossan 11-79; Brown, et al. 79-160; Casey 143-170; Ehrman, Jesus 96-101; Meier, t. 1 201-222, 243-338; Sanders 101-114).

Estos datos no son triviales. Nazaret queda en Galilea, cuya mayoría vivía en áreas rurales, en pequeñas comunidades y aldeas, de mayoría judía, dominado por un rey que era nominalmente judío (Herodes Antipas). Aun lugares como Séforis, que era más cosmopolita, era predominantemente judío y observante de la Torah (la Ley de Moisés; Chancey; Crossan y Reed 72-82; Reed). A esto se añade que este era un lugar de nacionalismo judío importante en el siglo I, ya que de allí salió una de las rebeliones más significativas de ese siglo, la de Judas de Gamala o Judas el Galileo, al que Josefo atribuye haber iniciado la “cuarta escuela”, es decir, el movimiento zelote antirromano. (Antigüedades t. II 1077-1088; Las guerras t. II 265) Antipas arrestó a Juan el Bautista, profeta apocalipticista que operaba en esa región. Finalmente, existen reportajes de rabinos galileo que tuvieron que salir huyendo de la persecución romana por criticar su dominio, tal como el caso de Simeón bar Yochai.

José, el padre de Jesús, nombró a sus hijos de acuerdo a varios de los patriarcas de renombre:  Josué, Jacob, Judá, José y Simeón, además que escogió como mujer a María, nombre que proviene de “Miriam”, la hermana de Moisés.  Meier ve esto, especialmente los nombres de los cuatro últimos (cuatro nombres de patriarcas fundadores de tribus), como una fuerte señal de sentimiento nacional en el contexto galileo de resistencia romana (t. I 200; ver también Casey 143).

Jesús fue discípulo de Juan el Bautista, de eso hay prácticamente muy pocas dudas. El mensaje del Bautista era claramente apocalipticista: predicaba la llegada del “más fuerte” para juzgar a las naciones. En ese glorioso momento, separará a los seguidores de Yahveh de aquellos que no acepten una conversión y purificación de su vida, y a estos últimos los enviará al “fuego que nunca se apagará” (Marcos 1:1-8; Q{Lucas 3:7-9 // Mateo 3:7-10}; Q{Lucas 3:16b-17 // Mateo 3:11-12}).

Jesús se dejó bautizar por Juan, suceso que indicaba fuertemente que se veía a sí mismo como un judío que quería confesar que había pecado, que debía purificarse y convertirse a una nueva vida bajo el régimen de la Torah. El ministerio de Juan en el Jordán tenía el objetivo de renovar a Israel completo para su restauración. Aparentemente, fue con el arresto de Juan, que Jesús comenzó con su ministerio (Marcos 1:14). (Casey 171-198 ; Ehrman, Jesus 137-139; Meier, t. II/1; Pagola 73-91; Vidal 15-72)

Jesús predicando - Rembrandt

Jesús predicando – Rembrandt Harmensz. van Rijn (1652)

Cuando Jesús comenzó su predicación, el mensaje era muy claro:

El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios ha llegado; conviértanse y crean en la Buena Noticia (Marcos 1:15).

Para todos los efectos, Jesús continuaba predicando el ministerio de Juan, bautizando más allá del Jordán. El Reino de Dios, prometido por los profetas, estaba pronto a llegar. Según él, vendría de los cielos, montado en las nubes, el “Hijo del Hombre”, un sumo juez que separará a los favorecidos por Yahveh de los futuros condenados a terminar torturados en el fuego de la “gehena” (en el valle de Hinom). Después, se establecería un Reino aquí en la Tierra, en el que se restauraría en su totalidad el Pueblo de Israel con sus doce tribus. Estas tribus estarían regidas por sus doce discípulos más cercanos y el Mesías se sentaría en su trono de mando para regir a Israel completo (Jesús mismo). Este Reino sería uno de igualdad entre los miembros que aceptaran su mensaje, en el que los pobres y oprimidos serían felices, mientras que se derribarían de sus puestos a los poderosos: el poder de Roma, sus reyes vasayos, los ricos que se beneficiaban del statu quo y aquellas figuras religiosas privilegiadas por la intromisión pagana. Al final de esa era, Yahveh terminaría rigiendo a su pueblo vía el Mesías, bajo el dominio y cumplimiento pleno de la Torah (sobre el Hijo del Hombre – Marcos 8:38; Marcos 13:24-27; Q {Lucas 12:8-9 // Mateo 10:32-33}; Q {Lucas 17:23-24 // Mateo 24:26-27}; Mateo 25:31-32; Lucas 21:34-36 | Sobre el Reinado de Dios – Marcos 1:40-45; 2:1-12; 3:1-12; 5:1-43; 7:24-30; 8:22-26; 9:14-29; 10:46-52; Q {Lucas 7:1-10 // Mateo 7:28a; 8:5-10,13}, {Lucas 7:18-19,22-23 // Mateo 11:2-6}, {Lucas 11:14-15.17-20 // Mateo 9:32-34; 12:25-28}, {Lucas 7:36-50; 15:1-2; Mt. 21:31; Juan 4:46-53 | Sobre la Torah – Marcos 12:28-34; Q{Lucas 16:17 // Mateo 5:18}).

Es decir, Jesús favorecía una teología de la restauración, dominada por Yahveh y su Torah. En otras palabras, Jesús favorecía una teocracia cuya normativa fuera un documento religioso. Como muchos apocalipticistas de su época (los fariseos, los esenios y los zelotes), su perspectiva era la de un dominio nacional de Israel. En la situación presente, la potencia romana una otorgada por demonios (deidades menores o ángeles enemigos de Yahveh), por lo que su fuerza política era demoniaca. Aun así, sus días estaban contados, porque la justicia de Yahveh prevalecería al final de los tiempos que, por cierto, podría ser en un año, un día o dentro de cinco minutos, cuando menos se esperara (Q{Lucas 12:39-40 // Mateo 24:43-44}; Q{Lucas 17:23-24 // Mateo 24:26-27}). (Ehrman 141-181; Guevara; Meier, t. II/1 293-692; Pagola 93-123; Sanders 191-227; Vidal 94-140)

Dado este perfil del Jesús histórico que, fuera de los fundamentalistas y ciertos estudiosos muy conservadores, constituye el consenso abrumador de los especialistas, ¿puede alguien pensar en serio que Jesús favorecía algo parecido, aunque fuera remotamente, a una separación de iglesia y estado?

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Poniendo la enseñanza de Jesús sobre el denario en contexto

Denario

Denario en el que aparece el Emperador Tiberio (César). Cara: TI[berivs] CAESAR DIVI AVG[vsti] F[ilivs] AVGVSTS (Tiberio César Divino Augusto, Hijo del Divino Augusto; Reverso: PONTIF[ex] MAXIM[us] (Sumo Pontífice o Máximo Puente). Imagen cortesía de DrusMAX de Wikimedia Commos (CC-BY-SA 3.0 Unported).

Una de las razones de la virulencia de ciertos sectores contra el dominio romano es que los judíos  estaban obligados a hacer transacciones con monedas romanas. Yahveh había prohibido en la Torah la creación o uso de cualquier cosa que fuera una imagen de un ser humano o de cualquier animal (Éxodo 20:4; Deuteronomio 4:8). No solo eso, sino que el emperador era considerado en sus dominios como descendiente de un dios, Octavio Augusto César, hijo a su vez del divinizado Julio César y descendiente del héroe Eneas y su madre, la diosa Venus. El emperador era considerado también el sumo pontífice o máximo puente entre los dioses y los hombres.  Sin duda, los judíos palestinenses rechazaban todas estas ideas.

Esta es la razón por la que, a la hora de comprar o vender dentro de las inmediaciones del Templo de Jerusalén, los devotos tenían que cambiar las monedas romanas por equivalentes sin imágenes. Ese era el rol de los cambistas del Templo. ¿Hasta qué punto se oponían estos a la imagen del emperador y la simbología del dominio romano? Josefo nos cuenta sobre una ocasión en que el prefecto, Poncio Pilatos se vio obligado por presión social a quitar unas efigies romanas que había colocado en un momento dado. Ni su amenaza de arresto, ejecución o medidas punitivas convenció a la población de su manifestación contra los estandartes y efigies (Josefo, Las guerras t. II 291-292)

Para los profetas apocalipticistas, el asunto era mucho más grave, porque el poder de Roma se derivaba de los demonios (los dioses que ellos adoraban), por lo que era necesaria toda oposición a los hijos de la oscuridad en tierra entregada por Yahveh a su pueblo escogido. Los esenios se oponían llevando a cabo una vida de ascetismo y purificación en Qumrán, en las cercanías al Mar Muerto. Los maestros fariseos, los más populares, discutían entre sí la interpretación debida de la Torah. Los zelotes llevaban a cabo revueltas al respecto.

Toda esta cosmovisión judía está relacionada con el pago tributario. En la mentalidad apocalipticista, pagar impuestos es entregarle el poder debido de los judíos al poder invasor de Roma. Por eso, cuando se dio un censo en Judea bajo el dominio del gobernador, P. Sulpicio Quirino (6 d.C.), se dio la gran revuelta de Judas de Gamala. (Josefo, Las guerras t. II 278-279)

Por lo tanto, en la sociedad judía, el pago del tributo era un asunto muy serio. Algunos sectores, como los saduceos, se adaptaron a la situación, especialmente tras tener la autoridad política y sacerdotal otorgada por el poder romano. Los profetas y maestros adversarios no.  Jesús era uno de estos rabinos altamente insatisfechos con la situación.

¿Cómo lo sabemos? Apologéticamente, el autor del Evangelio de Lucas parece querer apartar a Jesús de la acusación (semejante a la de otros sediciosos de Galilea) de haber incitado a la gente a no pagarle tributo a César. Esto se debe a que quiere presentar a Jesús como un estoico civil respetable (Lucas 23:2). ¿No será que Jesús solía promover la idea de que no debía pagarse el tributo a César?

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¿”Dar tributo” a César o “devolverle el denario”?

La moneda de César - Peter Paul Rubens (1612)

La moneda de César – Peter Paul Rubens (1612)

He aquí el relato de lo que Marcos afirma le ocurrió a Jesús.

Enviaron entonces donde él algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Al llegar, le dijeron: “Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa de nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?” Mas él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: “¿Por qué me tientan? Tráiganme un denario, que lo vea.” Cuando se lo trajeron, les preguntó: “¿De quién son esta imagen y la inscripción?” Ellos respondieron: “Del César.” Jesús les dijo entonces: “Lo del César, devuélvanselo a César, y lo de Dios, a Dios.” Y se maravillaban de él (Marcos 12:13-17).

Este pasaje es uno de difícil interpretación para algunos estudiosos. En primer lugar, hay que tomar con pinzas el reporte de que los fariseos fueron cómplices de esto. Este texto de Marcos se da dentro del contexto de la narrativa de la planificación de la muerte de Jesús por parte de las autoridades judías (Marcos 11:15-12:17). El incidente constituye un esfuerzo de ello.

Esto se debe a que cuando se escribieron los evangelios, ya existía una tensión bien formada entre el judaísmo palestinense y el cristianismo (palestinense y helenístico). Los fariseos se oponían a la semiapertura palestinense a la actividad cristiana helenística y no simpatizaban con el mensaje paulino de exención de los gentiles de la Torah. Cuando se dio la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C., fueron exterminadas las sectas de los saduceos y los esenios, quedando solamente los fariseos y los cristianos. Posteriormente, los primeros fueron expulsando a los cristianos de sus sinagogas. Como respuesta, los cristianos acusaban a los fariseos de haber sido cómplices de la muerte de Jesús. Esto es un problema adicional para el relato que nos concierne, porque en la época de Jesús, los fariseos no tenían el poder político alguno, los saudceos sí. Fueron los saduceos los que maniobraron para querer capturar a Jesús en violación a alguna ley romana por sedición.   Por tanto, existe un fuerte consenso entre los biblistas de que si ocurrió la discusión del pago del denario, los fariseos no pudieron haberse beneficiado de él (Gnilka, t. 2 172).

Sobre los “herodianos”, no sabemos nada, ya que Marcos no elabora sobre su identidad. Fuera de los evangelios, no aparecen mencionados en ningún otro documento antiguo (Marcos 3:6; 12:13; Mateo 22:15). Dentro del contexto político en que aparecen, lo más probable es que el término se refiriera a los sirvientes o funcionarios de Herodes Antipas. El pasaje que acabamos de citar  tiene sentido si es este el caso. Los herodianos son fieles a Antipas, rey de Galilea, que a su vez era vasallo de Roma.  Jesús era un discípulo de Juan el Bautista, al que él se opuso y ejecutó. Probablemente, por paranoia, le tenía bajo vigilancia para que se le acusara de sedición. Lucas reporta que amenazaba veladamente a Antipas cuando sus espías intentaban ahuyentarlo y le llamaba “zorra” (tal vez el sentido original era el de “chacal”, animal devorador de cadáveres; Lucas 13:32; Casey 96-97, 114). No olvidemos que, aunque Jesús nunca proclamó públicamente ser Mesías, sí parecía haber utilizado signos que daban a entender a la multitud que iba a ser el futuro rey de los judíos, algo que representaba una amenaza al mismo Antipas (Meier, t. 3 572-577).

Sobre la frase de Jesús, “devuelve al César lo que es de César y a Dios, lo de Dios”, voy a presentar dos posiciones, la del consenso y la de una minoría de expertos (posición que he asumido).  Solo quiero indicar que en ninguno de los dos casos, hay respaldo para la noción de que Jesús apoyaba algo semejante a una separación de iglesia y estado.

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Posición del consenso de expertos

Ahora bien, si los herodianos fueron a tenderle una trampa a Jesús, esta no funcionó.

¿Qué quiso decir Jesús con devolverle a César lo que es de César y a Dios lo de Dios? Aparentemente, debido a su convicción de la inminencia de la llegada del Reino de Dios, le era indiferente  si se le pagaba a César o no. Para todos los efectos, el poder de Roma era ínfimo ante el poder de Yahveh. (Bornkamm 126-129; Ehrman 202-203; Malley 129) Esta interpretación descansa en el hecho de que la palabra griega “ἀποδίδωμι” como término técnico para pagar tributo. (Gnilka, t. 2 173)

La moneda de tributo - por Tiziano (1515)

La moneda de tributo – por Tiziano (1515)

Otros afirman que podría ser una enseñanza atribuida a Jesús en el tiempo de Marcos, cuando la esperanza del regreso del Mesías, había menguado. En esa situación, los cristianos empezaron a ver que el deber civil no estaba  reñido con el deber a Dios (Malley 129).

Otros conceptúan el dicho dentro de la enseñanza misma de Jesús, en la que rechaza la posibilidad de serle fiel a Dios y al dinero simulteaneamente (Q{Mateo 6:24/Lucas 16:13}). Teniendo en cuenta el contexto judío de repudio al dominio de Roma y sus imágenes, esta resistencia tiene perfecto sentido apocalipticista. Aquí, perciben ellos, una tensión doctrinal en Jesús: se debe rechazar el dinero romano, pero debe tributarse y cumplir con los deberes civiles para mantenerse “de buenas” con el régimen, en lo que llega el Reino de Dios. (Theissen y Merz 169).

Es decir, de acuerdo con el consenso de los eruditos, para Jesús, no se le debería pagar el impuesto a César, pero que por un tiempo, debía pagársele en lo que llegaba pronto, “como un ladrón en la noche”, el Reino. Aquí no hay “separación de iglesia y estado”. Al contrario, Jesús pensaba que el pago inmediato del impuesto era una estrategia provisional en lo que el Hijo del Hombre llegaba para terminar el gobierno malvado de Roma de una vez y por todas.

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Una interpretación alternativa

Una minoría de eruditos ha adoptado una propuesta que lleva circulando bastante tiempo y es la que interpreta este pasaje como un rechazo velado al pago de impuestos. El argumento va de la siguiente manera:

La palabra griega “ἀποδίδωμι” sí es un término técnico de pago tributario, pero también significa “devolver” en su sentido propio. Aquí se revela en el pasaje en griego una ambigüedad de Marcos en relación con el sentido real que quería expresar Jesús. Dentro del contexto del mensaje jesuano, que quiere favorecer una teología de la restauración, lo que afirma es: esta moneda no se debe pagar en tributo sino que debe devolvérsela a Roma; por otro lado, se debe devolverle a Dios, es decir, la tierra de Israel y la riqueza generada por ella, a quien le pertenece: a Yahveh y sus hijos. (Brandon 199, 226-227, 249, 264, 323; Maccoby 100; Puente Ojea 114-117)

¿Cuál es el problema con esta manera de ver las cosas? Esta perspectiva, favorecida por S. F. G. Brandon, Hyam Maccoby y otras figuras respetables. Aunque han aportado significativamente a la erudición bíblica, formularon unas tesis que parecen ser más extremas de la subversividad de Jesús. Según ellos, Jesús era un zelote, o alguien cercano a actuar como el partido zelote, que iba a llevar a cabo una revolución armada antirromana. Esta tesis ha sido debidamente refutada por los expertos y muy pocas personas hoy día se suscriben a esta hipótesis, aunque son propuestas zombis que resucitan de vez en cuando, como en el libro de Reza Aslan sobre Jesús, véase también las respuestas de Bart Ehrman a su libro (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 / Nota: para poder leer la información hay que ser miembro de su blog, ¡vale la pena!)

De hecho, Aslan se suscribe a una versión algo extraña de esta posición del “devolver al César” y Ehrman se ha expresado de manera no muy afable a esta perspectiva. Otros, como Antonio Piñero, adoptan una posición un poco más moderada. Me parece que no hace falta suscribirse a la tesis extrema del Jesús zelote o guerrillero, a mi juicio insensata, para adoptar una postura mejor contextualizada y más equilibrada del “devolver al César”. He aquí mis razones:

  1. Es mucho más consistente con las convicciones sostenidas por el Jesús histórico, según el perfil que hemos descrito y que ha sido aceptada por el consenso de expertos. Irónicamente, su interpretación consensuada sobre el pasaje que discutimos es más inconsistente con ese perfil consensuado..
  2. Hay tres pasajes en que Jesús habla del tema del tributo. El del pago al César es uno. Otro aparece en Lucas, en la que los acusadores de Jesús le atribuyen haber prohibido pagar tributo a César y que hemos discutido brevemente. La tercera aparece en Mateo, que es el asunto sobre el pago del impuesto al Templo de Jerusalén (Mateo 17:24-27). Jesús era de la convicción, compartida por muchos apocalipticistas, de que el Templo sería destruido. Demostró dramáticamente esa convicción en el famosa acción contra los cambistas, por lo que daba a entender que no se sentía ligado al edificio. Aunque el relato per se de Mateo del tributo al Templo tiene aspectos legendarios, la decisión tomada por Jesús de pagar lo debido al centro religioso jerosolimitano es plenamente consistente con su insistencia de guardar las formas y el contenido de la Torah. Por tanto, aun si le fuéramos a otorgar alguna sustancia histórica detrás del pasaje, estos hechos no constituyen la misma situación que la del pago al César (algo no requerido por la Torah)..
  3. La presencia de los herodianos, en la versión más temprana que tenemos (la del evangelio de Marcos) no es explicable si el incidente no hubiera sido histórico. Dada la tensión que había entre los cristianos y fariseos en las décadas del 60 y 70 y la tendencia creciente de los evangelistas de involucrar a los fariseos en la muerte de Jesús, hubiera sido más plausible la invención de un relato en que los fariseos solos fueran los protagonistas de esta oposición a Jesús (como ocurre en un derivado del incidente que encontramos en Lucas (20:19-26))..
  4. Añade a la historicidad la preocupación típica judía en torno a la imagen que encontramos en el denario, no muy típica de un autor helenístico y desconocedor de muchos aspectos de las costumbres judías, como lo era el autor del Evangelio de Marcos..
  5. Esta interpretación alternativa es perfectamente cónsona con la perspectiva apocalipticista detrás de las palabras de Jesús en torno a servir a “dos señores”, a Dios y al dinero, donde se ha grabado la efigie del dios “wannabe“, Tiberio César..
  6. Se podría argumentar que en este caso, hay alusión literaria de Marcos a la rebelión de Judas de Galilea por el asunto del tributo. Sin embargo, los rasgos de historicidad que tiene el relato ponen en duda la posibilidad de la total ahistoricidad del pasaje. Por otro lado, aun tomado como acontecimiento histórico, la vinculación con la rebelión de Judas de Galilea es innegable..
  7. “Si el río suena, es porque agua trae”. Los herodianos no solo estaban movidos por una preocupación de una potencial insurrección como la del guerrillero de Gamala. Si emergió la pregunta del pago del tributo para entramparle, muy probablemente se dio porque ya habían empezado a rondar las noticias de que Jesús invitaba a sus seguidores a no pagar el tributo al emperador. La pregunta que los herodianos le hicieron a Jesús era fríamente calculada.

La percatación jesuana de que el cuestionamiento de los herodianos tenía como fin la acusación de sedición, Jesús hizo un truco retórico: cambiar el tema del tributo a la moneda, para, entonces hacer una declaración ambigua: ante los herodianos, Jesús queda como que  parece favorecer el tributo a César; ante sus seguidores, adopta un sentido muy distinto, el de no pagar el tributo a César sino a Dios y su pueblo, Israel. Su truco, funcionó. Su aserción ante los herodianos no era suficiente para arrestarle por sedición, pero pareció responder su cuestionamiento (véase también Casey 423).

Por tanto, lejos de afirmar la separación de iglesia y estado, Jesús está afirmando que Israel debe ser regido por un dios distinto al romano. Ese es el mensaje de “devolver a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”.

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Nota final

Quiero terminar diciendo que si mis lectores se preguntan cuál de las posturas adoptar en torno al tema, les digo que, como todo homo sapiens, creo que tengo la razón. Por otro lado no soy biblista profesional. El consenso entre los eruditos debe pesar mucho más que mi opinión. No soy Richard Carrier. No pretendo adoptar su odiosa costumbre de llamar “incompetentes” a académicos que han trabajado esto con muchísima más profundidad que este servidor. Tampoco deseo que me sufraguen estudios universitarios para irme en contra de la opinión del resto del campo investigativo del Nuevo Testamento. Por otro lado, al menos deseo exponer las razones para sostener mi opinión. Mañana, siempre puedo cambiar de parecer ante evidencia que, tal vez, no he tenido en consideración por ignorancia.

Loque  sí quiero dejar claro que, no importa cuál de las interpretaciones se escoja, “devolver a César lo que es de César y a Dios lo de Dios” no es un protoendoso, ni tan siquiera provisional, a la separación de iglesia y estado. Tal atribución no pasa de ser una proyección de problemas contemporáneos a una mente apocalíptica judía del siglo I.


Nada de esto significa que no debamos maximizar esfuerzos por separar la iglesia y el estado, según dispone nuestra Constitución. Contribuyamos, pues, a organizaciones en Puerto Rico y Estados Unidos que luchan contra el esfuerzo de ciertos políticos de imponer la religión a los demás la cosmovisión sostenida por algunos grupos. Aquí ofrezco una lista:

Separación de Iglesia y Estado

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Muchas gracias.

Referencias

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Vidal, Senén. Jesús el Galileo. Sal Terrae, 2006.

Pronto: La noción de salvación redentora por la Cruz

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En la Semana Santa del Año pasado presentamos un perfil de quién era Jesús según las investigaciones más recientes de diversos sectores de la erudición bíblica, la historiografía de la Antigüedad y la arqueología de las regiones correspondientes a lo que hace dos mil años eran Galilea, Samaría y Judea.  Para aquellos que quieran repasar la exposición, aquí se encuentran los enlaces:

Sin embargo, todavía nos queda mucha discusión. Ahora que vuelve pronto a la conmemoración de la pasión y muerte de Jesús de Nazaret, debemos preguntarnos cómo hemos llegado a una imagen de la Cruz como redención de los pecados.

Esta creencia que es distintiva dle cristianismo es sumamente curiosa.  En primer lugar, como veremos en la serie, no existe nada semejante en el judaísmo palestino. Fuera del cristianismo judeohelenístico, solamente tenemos una sola ocasión de un sacrificio vicario de este tipo en escrituras judías, pero es en un escrito proveniente del ámbito judeohelenístico y es también del siglo I. Además, como veremos, no todo el cristianismo primitivo abrazó esta convicción. Por ejemplo, los evangelios de Marcos, Mateo y Juan la suscriben, no así el Evangelio de Lucas ni Hechos de los Apóstoles.

Los cristianos actuales en general, creyentes en la divinidad de Jesús, Segunda Persona de la Santísima Trinidad, ven en este sacrificio vicario un acto de amor y entrega por parte de Dios. Las palabras del Evangelio de Juan son fundamento de esta perspectiva:

… tanto amó Dios al mundo,
que entregó a su Hijo unigénito,
para que todo el que crea en él
no perezca, sino que tenga vida eterna (Juan 3:16)

Nadie tiene mayor amor
que el que da la vida por sus amigos (Juan 15:13).

Por el otro lado está la visión que sostienen en general ateos militantes como Sam Harris, que cuestiona de fondo la “sabiduría” y la moralidad de un Dios todopoderoso que no tiene mejor idea para redimir a la humanidad del pecado que entregar a su Hijo para ser asesinado por fanáticos religiosos e intereses políticos.

No obstante estos puntos, debemos indicar que los primeros cristianos no tuvieron algo así como un credo niceno-constantinopolitano. En el contexto del judaísmo palestino de la época, la vicaridad del Mesías es una noción extraña. Sin embargo, el tipo del héroe vicario que entrega su vida por otros aparece en la matriz cultural grecorromana. Pablo de Tarso la tiene como el corazón de su enseñanza de la salvación de los gentiles por la fe sin necesidad de practicar algunos requerimientos de la Torah judía. ¿Qué fue lo que pasó?

La exposición no se posicionará en torno al tema en términos de cosmovisión (aunque la mía es más cercana de Harris que a la cristiana). ¿Cómo fue que los cristianos llegaron a creer en algo que hoy inspira a millones de personas alrededor del mundo, hasta el punto de sostener el instrumento de sacrificio de su héroe como su signo distintivo? ¿Qué ideal fue el que llevó a millones de personas a apreciar una película tan grotesca como The Passion of the Christ?

Exploraremos estas y otras preguntas en la serie que se empezará a publicar pronto.

Otra evidencia contra la tesis de la crux simplex …

En uno de los artículos sobre Jesús de Nazaret se resaltó la evidencia contra la creencia de los testigos de Jehová de que la crucifixión que padeció históricamente el Nazareno era en una crux simplex. Según ellos, el uso de la crux immissa como aquella en la que murió Jesús provino del emperador Constantino en el siglo IV. Sin embargo, mostramos el famoso Alexamenos Graffitto en la que se representa a Jesús como un hombre con cabeza de asno crucificado en una crux immissa y que esta era una evidencia temprana de que para los cristianos Jesús no murió en una crux simplex.

Alexamenos graffitti

Graffitti del siglo III d.C. que se burla de un cristiano. Dice en griego: “Αλεξαμενος ςεβετε Θεον” (Alexamenos adora a su dios).

Sin embargo, la revista cibernética Bible History Daily llamó la atención recientemente a otro tipo de evidencia, esta vez por escrito, de un papiro conocido como P75 en la que se constata el uso de un “staurograma” (⳨), un símbolo que combina las letras “tau” (T) y “rho” (P) en griego. Se abrevia la palabra griega para crucifixión “stauron” (σταυρον) de la siguiente manera (Ϲ⳨ΟΝ) con un ligamento sobre esta palabra.

P._Bodmer_XIV-XV,_staurogram

P75 es un papiro mucho más temprano (s. II) que el Alexámenos Graffitto (s. III). Una vez más, esto es evidencia de que los cristianos estaban bien claros en el tipo de cruz que ellos creían que había muerto Jesús.

El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 6

La serie, partes 1, 2, 34 y 5

La noche de Gólgota -- por Vasily Petrovich Vereshchagin (1869)

La noche de Gólgota — por Vasily Petrovich Vereshchagin (1869)

La tradición más antigua de sepultura y resurrección

Uno de los elementos que hacen más valiosas las cartas auténticas paulinas es que Pablo frecuentemente nos cita las tradiciones más antiguas con las que contamos en torno al tema de la muerte y resurrección de Jesús.

En primer lugar os transmití lo que por mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas {Pedro} y luego a los Doce; que después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los que todavía la mayor parte viven, aunque otros ya murieron. Luego se apareció a Jacobo {el hermano de Jesús}; más tarde, a todos los apóstoles (1 Cor. 15:3-7).

¿Cómo sabemos que esto proviene de una tradición ajena a la de Pablo? Si tomamos los versos del 3b al 5, obtenemos una estructura inconfundible tradicional que contrasta la muerte y sepultura con la resurrección y su aparición a Pedro. Compárese los versos (a), (b) (c) y (d) de la primera estrofa con los correspondientes de la segunda:

1(a) Cristo murió
1(b) por nuestros pecados
1(c) según las Escrituras
1(d) que fue sepultado

2(a) que {Cristo} resucitó
2(b) al tercer día
2(c) según las Escrituras
2(d) que se le apareció a Cefas

Todos los relatos que vemos en torno a su sepultura y tumba vacía en los evangelios son relatos posteriores a esta tradición. Algunos disputan la historicidad de este contenido. Otros afirman que es perfectamente consistente con el primero de nuestros evangelios (el de Marcos) muy a pesar de que los recuentos evangélicos se contradigan entre sí. ¿Acaso Jesús no se les apareció a las mujeres primero? O, como afirmaría Ehrman en su obra How Christ Became God, tal vez la carencia de mención de José de Arimatea como contraste literario al nombre de Cefas es señal que no hubo un tal personaje y que, en definitiva, a lo mejor Jesús no fue sepultado.

Veamos este asunto más a fondo.

La sepultura

Es verosímil que la crucifixión haya tomado lugar antes de la Pascua, incluso el día antes (en relación con esto, el Evangelio de Juan —como diríamos los puertorriqueños— “la pegó”, aunque por razones puramente teológicas). Recordemos que la cronología evangélica es inverosímil y que todo este proceso de juicio a Jesús hasta que llegó a manos de Poncio Pilatos pudo haber tomado días, pero ciertamente no de un día para otro. Sin embargo, puede ser posible que Pilatos atendiera su caso dos días antes o el día antes de la Pascua. En primer lugar, el juicio romano se dio en Jerusalén, no en Cesarea Maritima en las costas de Samaría, la sede de su autoridad. Como hemos dicho en otros artículos, la presencia romana en la Ciudad de David incrementaba debido a los exabruptos nacionalistas que solían ocurrir de vez en cuando durante esa temporada. Nadie como Pilatos para garantizar el orden.

Jesús fue condenado a la crucifixión y murió ese mismo día después de haber pasado (posiblemente) algunos días de prisión y maltrato por parte de los soldados. Después de un desangrado considerable y del espantoso dolor que debió haber pasado en la Cruz, podía ser que para velar por el día de Pascua (recuerden que para los judíos de esa época, “el día siguiente” comenzaba a las 6:00 de la tarde, no a la medianoche) el Sanedrín solicitara que se descolgara a los muertos en la cruz, ya que no debían estar expuestos en esa noche de fiesta.

En cuanto a este punto, hay un debate muy interesante entre eruditos del Nuevo Testamento. John Dominic Crossan y Bart D. Ehrman (este último de manera más cualificada) piensan que los romanos no hicieron excepción alguna en cuanto a la crucifixión y que probablemente dejaron los cuerpos a la interperie para que fueran depredados por animales. La razón de ello es que fuera de unos casos constatados por Filón de Alejandría y Josefo, no habría motivo alguno para que los romanos respetaran las formalidades culturales locales. La idea de que Pilatos ayudara a guardar las formalidades de la Pascua sería bien improbable. Ya hemos visto cómo solía tratar a la población en caso que se resistiera por razón alguna. A él le importaba muy poco este asunto. La crucifixión tenía la intención de humillar a los rebeldes, ¿qué razón tendría Pilatos para permitir que se les descolgara de la cruz en la temporada más nacionalista de Jerusalén?

Del otro lado de la discusión, se encuentra prácticamente el consenso de los historiadores y exégetas del Nuevo Testamento. ¿Por qué discuto a Crossan y Ehrman? Porque el peso de sus argumentos en este caso es importante. Sin embargo, en el otro lado, aunque predominen algunos estudiosos conservadores y confesionales, esto no significa en absoluto que todos ellos tengan un cociente de inteligencia bajo (y si creen que sí, les invito cordialmente a estudiar hebreo, arameo, griego koiné y copto, mas paleografía, historiografía antigua, filología, filosofía antigua, escritos apócrifos, etc. …  se pasarán toda una vida estudiando …  como ellos lo han pasado). Al contrario, son brillantes eruditos y a ellos le debemos gran parte de lo que discutimos en artículos previos. ¿Qué tienen que decir ellos al respecto?

En primer lugar, debemos comprender la relación entre Roma y Judea para entender cómo Pilatos tenía que relacionarse con los judíos. Judea es para todos los efectos una de las provincias de las excepciones. Contrario a lo que nos indican las películas de Jesucristo, los romanos no estaban paseando todo el tiempo por Jerusalén en grandes números para intimidar al público todos los días. Su presencia incrementaba para el periodo de Pascua, pero el resto del tiempo, la guardia estaba bajo la supervisión del Sumo Sacerdote (en este caso, Caifás). Por otro lado, Pilatos gobernaba desde un lugar más pacífico, Cesarea Maritima en las costas de Samaría. Con contadas excepciones, los romanos también solían respetar las tradiciones judías del Templo y de todas partes de sus dominios, siempre y cuando pagaran el tributo debido al Imperio. Este era el acuerdo que habían establecido con los sacerdotes saduceos y, por tal motivo, esta casta era odiada por fariseos, esenios y otros sectores sociales. Pero, ¿por qué Roma no forzaba el estilo de vida romano o actividades típicas de su cultura o, al menos, la tan admirada helenística? En primer lugar, Antíoco Epífanes intentó hacerlo primero y fracasó ante una guerra de guerrillas nacionalista bajo los Macabeos.

En segundo lugar, debemos recurrir de nuevo a lo que nos tiene que decir el historiador Flavio Josefo. ¿Se acuerdan que Pilatos masacró a un número de personas en una multitud por utilizar el Dinero Sagrado para un acueducto?  Pues, antes de eso ocurrió este incidente:

Cuando Pilato fue enviado por Tiberio como procurador {error histórico: fue prefecto} a Judea, llevó de noche a escondidas a Jerusalén las efigies de César, que se conocen por el nombre de estandartes. Este hecho produjo al día siguiente un gran tumulto entre los judíos. Cuando lo vieron los que se encontraban allí, se quedaron atónito porque habían sido profanadas sus leyes, que prohíben la presencia de estatuas en la ciudad. Además, un gran número de gente del campo acudió también allí ante la indignación que esta situación había provocado entre los habitantes de la ciudad. Se dirigieron a Cesarea y pidieron a Pilato que sacara de Jerusalén los estandartes y que observara las leyes tradicionales judías. Pero como Pilato se negó a ello, los judíos se tendieron en el suelo, boca abajo, alrededor de su casa y se quedaron allí sin moverse durante cinco días y sus correspondientes noches.

Al día siguiente Pilato tomó asiento en la tribuna de un gran estadio y convocó al pueblo como si realmente desease darles una respuesta. Entonces hizo a los soldados la señal acordada para que rodearan con sus armas a los judíos. Estos se quedaron estupefactos al ver inesperadamente la tropa romana formada en tres filas a su alrededor. Mientras, Pilato les dijo que les degollaría, si no aceptaban las imágenes de César y dio a los soldados la señal de desenvainar sus espadas. Pero los judíos, como si se hubiesen puesto de acuerdo, se echaron al suelo todos a la vez con el cuello inclinado y dijeron a gritos que estaban dispuestos a morir antes que no cumplir sus leyes. Pilato, que se quedó totalmente maravillado de aquella religiosidad tan desmedida, mandó retirar enseguida los estandartes de Jerusalén (Josefo, La guerra II:169-174).

En otras palabras, había una razón por la que Roma pensaba que era más eficiente respetar las leyes judías y cobrar el Tributo que imponerles costumbres romanas.  Pilatos pensaba que él era el hombre para lograrlo y claramente se equivocó.

No solo eso, la masacre que llevó a cabo en Jerusalén fue un caso excepcional debido a que, contrario a los estandartes, el acueducto pudo haber sido una genuina necesidad con la que no se contaba con los recursos económicos, así que utilizó el recurso disponible en manos de los sacerdotes saduceos. Fuera de este episodio de los estandartes y el de años más tarde la imposición de las estatuas de Calígula, Roma mantenía una política de “manos afuera” en relación con Jerusalén: que el Sumo Sacerdote mantuviera el orden y que se observaran las leyes mosaicas, siempre y cuando ese orden no fuera contrario al dominio romano y al pago tributario. Además, se les solicitaba que ofrecieran sacrificios y oraciones por el bienestar del emperador. Tanto Josefo como Filón de Alejandría nos dejan constancia de que en muchas ocasiones los judíos le solicitaban a Pilatos velar por sus leyes patrias como lo habían hecho muchos reyes y emperadores hasta ese momento.

Craig A. Evans, exégeta protestante bien respetado en su campo, nos informa que la Torah dice bien explícitamente que debían sepultar los cadáveres antes de la puesta de sol (Deuteronomio 21:22-23), algo que recordaba con mucho énfasis la comunidad de Qumrán (11Q19 64:7-13a). Él trae a colación el hecho de que Josefo narraba cómo durante la Guerra Judía, varios judíos bajaban a crucificados para sepultarlos, tal como exigía la Torah. Ehrman no estuvo de acuerdo con su argumento, específicamente por la falta de cualificaciones a las aserciones de Josefo.

Nota personal e inexperta: Los diez argumentos que numera Ehrman rozan un poco con el hiperescepticismo, aunque no son en ellos mismos irrazonables. Aun subrayando mi carencia de expertise en cuanto a este tema y que, tal vez, no tenga suficiente información al respecto, me parece que tampoco hay razones de peso para poner en duda que Pilatos respetaba al menos algunas tradiciones judías. De otra manera, los judíos estarían en perpetua queja ante el Imperio. Aquí está el enlace de su blog en el que responde a este planteamiento de Evans.  (Si no pueden ver todo el artículo, únanse a su blog por un costo módico de $7.95 cada tres meses. El dinero completo se dona a Médicos Sin Fronteras y CARE, entre otras organizaciones sin fines de lucro. A cambio de ello, tienen acceso a las opiniones de uno de los exégetas más respetados de Estados Unidos).  Pueden ver más de sus respuestas a Evans aquí  (tampoco me convence mucho) y aquí (nope).

Sin embargo, el análisis de Evans también falla significativamente en algunos puntos. Por ejemplo, muestra como evidencia el hallazgo de Yeojanan (del que hablamos en nuestro artículo anterior), cuyas piernas fueron quebrantadas por los romanos para que muriera más rápido. Él afirma que probablemente se debió a que no estaba muriéndose “a tiempo” (por así decirlo) y los romanos tomaron medidas al respecto. ¿Por qué razón sería? Lo más probable porque tenían que bajar su cadáver de la cruz antes del atardecer. Una observación muy importante que hace Ehrman es que este condenado pertenecía aparentemente a una élite judía y sus familiares pudieron haber influenciado la decisión del gobernador para enterrarlo. Ese no era el caso de Jesús, quien no era pudiente y cuya familia no se encontraba en Jerusalén, sino en Galilea. ¿Por cuánto tiempo estuvo Yeojanan crucificado? ¿Cuáles crímenes cometió?  No tenemos constancia de ello. Es más, la persona que hizo el análisis de los huesos —Joe Zias— afirma que su quebrantamiento ocurrió después de su muerte.

Finalmente, Evans argumenta que se han encontrado clavos de crucifixión en varios osuarios, lo que indica que se solían sepultar honrosamente a cadáveres de crucificados, en vez de dejarlos a la interperie por mucho tiempo. Sin embargo, como bien señala Ehrman —respaldado por la autoridad de un experto en el tema— estos clavos no se guardaban porque los cadáveres fueran de crucificados, sino porque eran más bien una especie de talismanes: específicamente se pensaba que dichos clavos espantaban a los espíritus malignos. El clavo que ilustra Craig en su artículo es del osuario de Caifás (quien jamás fue crucificado).

Este fascinante debate continúa, sin embargo, en mi —muy inexperta— opinión (y, por favor, tómenla cum granus salis) es que sí se descolgó el cadáver de Jesús después de haber muerto y que fue enterrado por un tal José de Arimatea. En ese aspecto, estoy de acuerdo con la mayoría de los historiadores y exégetas. La razón de ello la explica el erudito James G. McGrath en su libro electrónico (muy didáctico) The Burial of Jesus, donde explica “en arroz y habichuelas” lo que expondremos ahora.

El relato cepa de los demás sinópticos proviene de Marcos y nos dice lo siguiente:

Ya al atardecer, como era la Preparación, es decir: la víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro respetable del Consejo {Sanedrín}, que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. Se extrañó Pilato de que ya estuviese muerto y, llamando al centurión, le preguntó si había muerto hacía tiempo; informado por el centurión, concedió el cuerpo a José. Este compró una sábana y lo descolgó de la cruz; lo envolvió luego en ella y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en una roca. Finalmente hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de Josés se fijaron dónde lo ponían (Marcos 15:42-47)

Otros evangelios hicieron de José un seguidor de Jesús, algo que realmente no está claro en este texto, ya que Jesús no era el único que predecía la “llegada del Reino de Yahveh” sino uno de muchos apocalipticistas de su tiempo. Sobre si José era o no seguidor de Jesús, el texto es admitidamente ambiguo, lo que nos lleva a pensar que a lo sumo era un apocalipticista del Sanedrín que no era seguidor de Jesús. El otro dato que parece ser significativo es que a Pilatos se le dio la información que “hacía tiempo” Jesús había fallecido.

Nótese en cuanto a todo esto, que los discípulos habían huído y no podían solicitar un entierro honorable a Jesús.  Sus familiares parecen haber estado en Galilea en el momento, por lo que tampoco lo solicitaron. Sin embargo, el interés de José de Arimatea parecía ser estrictamente jurídico-religioso (no quería que hubiera un cadáver colgando antes del atardecer, ya que había que cumplir con la normativa de Moisés). Nótese que en ningún momento Marcos nos dice lo que otros evangelios alegaban: que la sábana estaba “limpia” y que el sepulcro era “nuevo” (Mateo 27:60; Juan 19:40-41); o que era acompañado de Nicodemo (Juan 19:39); o que envolvió al cadáver con dulces aromas según la tradición judía de sepultar (Juan 19:40-41).

En otras palabras, sale a relucir de nuevo el criterio de incomodidad o dificultad, de que los evangelistas posteriores han intentado embellecer el relato original sobre José de Arimatea para que parezca que Jesús fue sepultado por un discípulo respetuoso de su Maestro … y no como el miembro de un Sanedrín que buscaba velar por la ley patria que sepultó a Jesús con una sábana (si limpia o no, no sabemos) en un sepulcro común y corriente. Es más, contrario a lo alegado por el Evangelio de Juan, todo indica que se le sepultó sin los debidos rituales judíos de honor; es decir, se le estaba tratando como a un criminal.

¿Cómo sabemos que fue así?  Sencillo, porque según Marcos, Jesús fue preparado para la muerte en vida. Este es el relato de la “unción” en Betania, en la que Jesús decía que ese perfume era para prepararlo para la muerte. ¿Por qué añadiría Marcos este relato inverosímil? Porque sabe que José de Arimatea no le lavó ni le ungió; así que apologéticamente Marcos narraba un “acontecimiento” en el que sí se le ungió para la muerte para una sepultura digna y honrosa donde José nunca se la dio (Marcos 14:3-9). No solo eso, Marcos también incluye el relato de las mujeres que fueron el domingo (el tercer día) para limpiarlo según la normativa judía … ¿y qué sucedió? Lo que ellas jamás se esperaban …

La proclamación de la resurrección

Aparición de Cristo a María Magdalena -- por Alexander Andreyevich Ivanov (1835)

Aparición de Cristo a María Magdalena — por Alexander Andreyevich Ivanov (1835)

¡OK, mis queridos lectores sabiondos!  Ustedes se deben acordar que les di una asignación. Les pregunto otra vez: Contrario a lo que alega la película The Case for Christ, ¿por qué el criterio de testimonio múltiple no aplicaba a los relatos de la resurrección en los evangelios?

Respuesta a la asignación (Spoilers!):

Si han leído los cuatro relatos de la resurrección podrán concluir que en el caso de los sinópticos, los tres son muy parecidos (con pequeñas variantes), lo que sugiere que los tres tienen una fuente común. En este caso, Mateo y Lucas están copiando de la misma fuente: Marcos.  Así que en el caso de los sinópticos, no vale el criterio de testimonio múltiple, ya que el relato cepa cuenta solo como un testimonio. En el caso de Juan, el relato es tan distinto al de los de los sinópticos y tan impregnado de la teología del autor que no es fiable históricamente. Aunque proceda en última instancia de una fuente distinta, ha sido bien alterado para descansar históricamente en ella y contarla para un testimonio múltiple (asunto todavía debatido entre los eruditos). Además, hay elementos que indican que la aparición a María Magdalena está atada a la glorificación corporal de Jesús y al relato sinóptico de la incredulidad de los discípulos a las mujeres.

El más temprano de los evangelios, el de Marcos, nos dice lo siguiente…  y, por favor, manténgase atentos hasta el final:

Pasado el Sábado, María Magdalena, María la de Jacobo y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarlo. Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, fueron al sepulcro. Se decían unas a otras: “¿Quién nos retirará la piedra del sepulcro?” Pero, al alzar la mirada, vieron que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande. Al entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dijo: “No os asustéi; sé que buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Pero ha resucitado, ya no está aquí. Ved el lugar donde lo pusieron. Id, sin embargo, a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea: allí lo veréis, como os dijo.” Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo (Marcos 16:1-8).

¡Punto!  Créanlo o no, ese es el final del Evangelio de Marcos. Todos los exégetas reconocen que los versos que siguen fueron una interpolación posterior, probablemente de algún copista cristiano que deseaba concluir el relato con algo más satisfactorio. Nótese que en este texto, Jesús no se le aparece en lo absoluto a las mujeres. Nos dice, por otro lado, que Jesús se les aparecería a los discípulos en Galilea. Eso coincide completamente con la narrativa más temprana que tenemos sobre la resurrección de Jesús … la de Pablo. ¿Se acuerdan de la cita que mencionamos al principio?  Jesús se le apareció resucitado primero a Pedro y después a los demás.

¿Es histórica esta visita de las mujeres al sepulcro?  Es difícil saberlo, aunque personalmente me inclino a que no. ¿Por qué? Porque de principio a final está demasiado apegado al motif literario del autor. Como afirmamos en varios artículos, Marcos intentaba explicar cómo Jesús nunca se autoproclamó Mesías (al menos en público), además de que resaltaba la incomprensión por parte de los discípulos y otros en torno a sus verdaderas intenciones y su mensaje, de que sus oyentes hacían todo lo contrario a lo solicitado, a veces llegando al punto de su continua irritación (Marcos 1:25,34,41; 3:2,13; 7:6-12,18-20,27,36; 8:11-12,16-21,26,29-30 … etc). El incidente del sepulcro vacío es la culminación de dicha incompresión de los discípulos por el hecho de haber huído, porque fueron las mujeres, no los varones más cercanos al Maestro, las primeras en recibir la noticia … Y para colmo, ellas tampoco entendían lo que pasó porque, con su temor, ni se calmaron ni le dijeron nada a nadie (todo lo opuesto a lo que les solicitaba el hombre).

Además, hay muchas sospechas en torno al relato mismo del sepulcro vacío. En todo caso, Jesús parece haber indicado que después de la resurrección los cuerpos serían como los de los ángeles (Mc. 12:24a,25). Esto se confirma con el hecho de que la doctrina más temprana que tenemos de la resurrección aparece en las cartas de Pablo. Una vez más, comprendiendo la doctrina jesuana desde un marco judeohelenístico, lo sumerge en una teoría muy curiosa de la dualidad carne-espíritu. Para Pablo, la resurrección sería sin lugar a dudas fisica, pero su sustancia cambiaría: dejaría de ser un cuerpo material (carnal) para convertirse en uno espiritual. De hecho, para él, la resurrección de Jesús fue en un cuerpo espiritual, al igual como el del primer hombre antes de pecar contra Yahveh, al igual que el de los ángeles (cuya naturaleza era espiritual, no carnal) (1 Tes. 4:15-18; 1 Cor. 15:42-55).

Podría ser que originalmente para los discípulos, el “cuerpo carnal” de Jesús quedara sepultado, mientras que fue resucitado en uno espiritual. O podría ser que los discípulos sostuvieron que su Maestro se les aparecía con un cuerpo glorificado, totalmente renovado del físico. Todos los evangelios coinciden que él se les apareció con algunas propiedades sobrenaturales (traspasaba paredes, aparecía y desaparecía, nadie le reconocía, etc.)

¿Qué hay de los 500 testigos?

Una de las cosas de la película de The Case for Christ que hizo que mi quijada cayera al suelo es el que el periodista, Lee Strobel, no le pusiera signos de interrogación a esa información y diera el dato por bueno. ¿En serio? ¿No conoce el fenómeno humano, desgraciadamente frecuente, de la exageración?

Sabemos que antes de Pablo, hubo algunos que experimentaron tal visión se consideraron enviados por Jesús para el anuncio del Reino. A estos se les conocieron como “Apóstoles”, del griego “apóstolos” (ἀπόστoλος) que significa “emisario” o “enviado”. Este título no se le confiere solo a los Doce discípulos más cercanos, sino también probablemente a otros como José Bernabé, Andrónico y Junia (Rom. 16:7), entre otros. Ahora bien, ¿500 personas?, ¡muy dudoso! Eso suena al mismo tipo de exageración que vemos en Hechos de los Apóstoles cuando nos dice que en Pentecostés convirtieron los Doce a tres mil personas en Jerusalén (Hechos 2:41).

El Martirio de San Pedro -- por Caravaggio (1601)

El Martirio de San Pedro — por Caravaggio (1601). Este cuadro evoca a la ocasión en que Pedro había solicitado ser crucificado cabeza abajo.

La tradición que vimos al principio afirma que los Doce discípulos experimentaron apariciones de su parte. Sin embargo, hay tradiciones de la incredulidad de algunos (Lucas 24:38-43; Juan 20:24-29; Hechos 1:3). Puede ser que Pedro y otros más hayan tenido visiones de Jesús y el resto respondiera al principio con escepticismo. Lo próximo que podemos saber con relativa seguridad es que dichas visiones tuvieron lugar en Galilea (dato que nos ofrece Marcos) que era donde probablemente huyeron los discípulos una vez fracasado el proyecto jesuano. Sin embargo, su experiencia de la resurrección (fuera por visiones o por alguna otra razón), les motivó para establecer su centro de operaciones en Jerusalén, lugar donde comenzaría la restauración de Israel eventualmente, al mando de Jacobo (el hermano de Jesús), de Pedro y de Juan (Gál. 2:9). ¿Qué ocurrió con los demás? Probablemente Jacobo el hijo de Zebedeo y hermano de Juan murió bajo el gobierno de Herodes Agripa (Hechos 12:1-2). Después de la reunión que se dio en Jerusalén (el llamado “Concilio de Jerusalén”) parece que Juan murió martirizado, según aparece un vaticinium ex-eventu en uno de los evangelios que les anunciaba la manera que habrían de morir (Marcos 10:39).  Sobre el resto no tenemos información fiable alguna excepto, tal vez, el martirio de Pedro (probablemente en Roma) crucificado bajo Nerón (Juan 21:17-19).

Se forjaron congregaciones bajo su supervisión y fuera de ella (como muchas de las que se establecieron en la gentilidad), pero de alguna forma vinculadas a la comunidad jerosolimitana. Más tarde, en el Mediterráneo se fueron forjando distintas cristologías, visiones en torno a la ley patria judía (la Torah), la resurrección, la relación carne y espíritu, el sacrificio vicario del Mesías, el Reino de Dios, etc. La muerte de Jacobo, el hermano de Jesús, bajo las autoridades judías y la destrucción de Jerusalén marcaron el final de esa congregación y solo quedaron algunas pocas fieles a sus raíces judías en la gentilidad, pero el resto gravitó más al pensamiento helenístico, especialmente por obra de las congregaciones paulinas. Así, todo el movimiento apocalíptico de corte nacionalista, radicado en la Torah, en la restauración de las doce tribus de Israel, en un Hijo del Hombre que iba a someter a todos los enemigos paganos a la merced de la gran potencia israelita, pasó gradualmente a uno no apocalíptico, que tenía una comprensión platónica y estoica de la llegada de Jesús y del Reino de Dios y bien antijudía.

¿Cómo ocurrió esto con lujo de detalles? Pues, queridos lectores, ese es un tema para otra ocasión.

Bibliografía

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 5

La serie, partes 1, 2, 3 y 4

¿Quién era Poncio Pilatos?

¿Qué es la verdad? - por Nicolai Ge (1890)

¿Qué es la verdad? – por Nicolai Ge (1890)

Si alguien me preguntara cuánto tardó el interrogatorio del prefecto romano, Poncio Pilatos a Jesús, les podría decir que no más de cinco minutos. El diálogo debió haber sido algo así:

—Dicen los sacerdotes del Sanedrín que tú te has autodenominado Rey de los Judíos. ¿Qué tienes que decir al respecto? ¿Aceptas las acusaciones? ¿Eres el Rey de los Judíos?— diría Pilatos

— Tú lo dices.

— ¡Crucifíquenlo!

Ese sería el final del relato. Pienso que algo bien parecido fue lo que realmente ocurrió. Contrario a nuestra cultura de derechos, el Imperio Romano no tenía tal cosa como derecho a un juicio, a un abogado, un jurado de sus pares, etc.

¿Qué clase de persona fue Poncio Pilatos? Una tal vez muy distinta a la que vemos en los evangelios y en otros escritos cristianos. Para ilustrarlo, vean el siguiente pasaje de las Antigüedades judías de Flavio Josefo:

Pilato provocó otra revuelta al gastar el Tesoro Sagrado, que se llama Corbán, en la construcción de un acueducto para traer el agua desde una distancia de cuatrocientos estadios. El pueblo se indignó ante este proceder y, como Pilato se hallaba entonces en Je­rusalén, rodeó su tribuna dando gritos en su contra. Sin embargo Pilato, que había previsto ya este motín, distribuyó entre la multitud soldados armados, vestidos de civil, y les dio la orden de no hacer uso de las espadas, sino de golpear con palos a los sublevados. Desde su tribuna él dio la señal
convenida. Muchos judíos murieron a golpes y otros mu­chos pisoteados en su huida por sus propios compatriotas. La muchedumbre, atónita ante esta desgraciada matanza, quedó en silencio (II:175-177).

¡Ahí tienen a Poncio Pilatos! Era un hombre con una actitud férrea, sin misericordia. Es difícilmente el tipo de persona que hubiera pensado dos veces la pena de crucifixión ante una admisión explícita de un tal Jesús de que se consideraba Rey de los Judíos.

Hoy día la pena de muerte a una sola persona le cuesta miles, a veces millones, de dólares en procedimientos judiciales. Sin embargo, en la Antigüedad y ante el Imperio Romano, especialmente contra rebeldes antirromanos, la vida era bien barata. Cuando la Guerra Judía terminó con la destrucción de Jerusalén, el hijo del emperador Vespasiano, Tito, mandó a crucificar a tanta gente, que se les acabó la leña a los romanos (Ehrman, Jesus 223-224).

Lo que encontramos en los evangelios es otra cosa.  Vemos a un Pilatos que vacilaba ante los alegatos de los sacerdotes, que se resignaba ante las autoridades judías y se lavaba las manos o que se los entregaba a los líderes judíos para que fueran ellos los que le crucificaran (¡!¿? – Juan 19:15-16). Además, según estos escrito, era tan difícil el problema para él, que consultó a las multitudes a ver si soltaban a Jesús o a un sedicioso llamado Barrabás, porque y cito:

Cada Fiesta [Pilatos] les concedía la libertad de un preso, el que pidieran (Marcos 15:6).

Esto era impensable para los romanos, dado que todo sedicioso era condenado a la crucifixión sin otras consideraciones. Además, tampoco hay evidencia alguna en ninguna de nuestras demás fuentes de que existiera esta costumbre.

Aunque los evangelios, Flavio Josefo y el historiador Tácito nos dicen que Pilatos era procurador de Judea, en realidad era un prefecto. ¿Cómo lo sabemos? Se ha encontrado una inscripción con el nombre de Poncio Pilatos que así lo establece.

Inscripción de Poncio Pilatos

Inscripción de Poncio Pilatos. Foto cortesía de Marion Doss.

La inscripción, que aparece parcial, dice lo siguiente:

[DIS AVGUSTI]S TIBERIEVM
[…PO]NTIVS PILATVS
[…PRAEF]ECTVS IVDA[EA]E
[…FECIT D]E[DICAVIT]

El divino Augusto Tiberio
… Poncio Pilatos
Prefecto de Judea
… ha dedicado

Como casi siempre ocurre, la evidencia arqueológica debe privilegiarse por encima de la evidencia documental.

Desgraciadamente, de un Poncio Pilatos inmisericorde, los cristianos fueron exonerándolo más a él y culpando más a los judíos de la muerte de Jesús. Tanto es así que hoy día, hay iglesias cristianas que han canonizado a Pilatos. ¿Qué explica tal exoneración?

  • La destrucción de Jerusalén fue el mayor detonador de las tensiones más agresivas entre judíos y cristianos gentiles. Solo quedaron los fariseos y los cristianos como ramas del judaísmo. Desde mucho antes, algunas de las sinagogas judías estaban expulsando a cristianos y castigándoles con 39 golpes con varas (apaleamiento), como ocurrió con Pablo de Tarso (2 Cor. 11:24).
    .
  • El número de cristianos era mucho mayor en la gentilidad, en áreas dominadas por Roma que en Judea. Esto significó que dada la hostilidad de ambos (judíos y romanos), sentirían la presión social de ser mejores personas ante las autoridades romanas.
    .
  • En la región romana de Palestina, el cristianismo era una forma de resistencia judía antirromana, pero en la medida que en la gentilidad siguió integrando a miembros de todos los estratos sociales, se percibían cada vez menos como judíos y no tan antirromanos.
    .
  • Esto último llevó a una teología paulina mal entendida. Contrario a Pablo, quien afirmaba que la Torah estaba vigente y que los judíos estaban obligados a observarla, varias vertientes paulinas después de su muerte comenzaron a decir que la Torah había sido abolida. Que la muerte de Jesús había nulificado la Ley mosaica y que los judíos (quienes los expulsaban y maltrataban en las sinagogas) habían traicionado a su Mesías, debido a que sus autoridades lo habían mandado a matar.
    .
  • Finalmente, el contenido apocalíptico de los evangelios fue menguando a medida que pasaron los años:  en Marcos y Mateo hay un fuerte apocalipticismo, que se reduce considerablemente en Lucas y casi desaparece por completo en Juan. Igual con varias de las cartas pospaulinas.
    .

Este fue el inicio de un odio cada vez mayor a los judíos y, en particular, a los fariseos. Los fariseos llevaron a cabo unas reformas religiosas que probablemente incluían el expulsar a cristianos, movida que aumentaba a medida que pasaba el tiempo. Ya ustedes tienen la contestación de por qué en Juan (el evangelio más tardío de de los cuatro, 95-100 d.C.) no son los saduceos, sino los fariseos los que siempre quieren matar a Jesús y los que participaron de su muerte.

Como manera de simpatizar con los romanos y culpar más a los judíos, apareció el relato de Barrabás, la exoneración gradual de Poncio Pilatos y la cada vez mayor demonización de los judíos en los escritos cristianos.

La crucifixión

Cristo crucificado -- por Diego Velázquez (1632)

Cristo crucificado — por Diego Velázquez (1632)

La crucifixión era un proceso nada fácil para el condenado a muerte y la inmensa mayoría de los crucificados moría. Contrario a la impresión que quiere dar la película The Case for Christ (¡no se me ha olvidado!) hubo casos de supervivencia a un proceso de crucifixión, como por ejemplo, tres conocidos de Flavio Josefo que fueron crucificados por las autoridades romanas. Después de que mediara por ellos, fueron bajados de la cruz con vida (Josefo, Autobiografía 75).

Lo que sí se puede decir es que en el caso particular de Jesús, es altamente improbable que hubiera quedado con vida. En primer lugar, los evangelios nos cuentan verosímilmente que Jesús fue latigado, coronado con espinas y burlado por los soldados romanos. La latigación solamente podía dejar a una persona débil. El látigo era el flagrum romano, que consiste en una serie de flagelos de cuero con bolas de plomo al final, que tenían la función de arrancar la carne del flagelado con cada golpe que se le diera. Muchos se podían desangrar en el proceso o desmayarse del dolor.

Contrario a las usuales imágenes en las que se representa a Jesús cargando la cruz entera, en realidad parece que debió haber cargado lo que se conoce como el patibulum, es decir, la pieza horizontal de la cruz. Una vez el condenado llegaba al lugar de la crucifixión, se colocaba en un árbol o una columna de madera que ya estaba colocada en el lugar donde iba a ser colgado. El patibulum podía colocarse encima de la columna para formar una T (crux commissa) o un poco más abajo como usualmente se representa a Jesús (crux immissa).

Los testigos de Jehová suelen argumentar que la cruz en la que se colgó Jesús fue una crux simplex (es decir, solo con la columna vertical) y que la idea de que fue crucificado en una crux immissa provino del Emperador Constantino.

Representación de la crux simplex

Representación de la crux simplex en la obra De Cruce Libri Tres de Justus Lipsius (1629)

Esete alegato se debe a que los evangelios utilizaban la palabra griega “staurós” (σταυρός) para designar a  una columna en la que se coloca a un condenado o castigado.  El problema es que antes de la costumbre de la crucifixión romana, este significado era preciso. Sin embargo, como ocurre lingüísticamente, cambió de significado. En textos como los de Josefo en comparación con los reportes que encontramos en la obra latina del filósofo Séneca, se desprende que “staurós” también adquirió otros significados para referirse a distintas formas de crucifixión. Esto se debe a que usualmente tenía la constante de colgarlo en una especie de columna o un árbol. De esa manera, en griego, staurós se convirtió en un término referente a distintas formas de crucifixión en una columna. Aparentemente, si seguimos el testimonio del mismo Séneca, los romanos eran muy creativos: algunos de los condenados eran crucificados al revés, otros en forma de X, otros en forma de Y, etc. (Séneca, Sobre la consolación, 6.20.3)

Lo segundo que tenemos que señalar es que es falso que Constantino, por su devoción a Sol Invictus, haya inventado que Jesús murió en la crux immissa. Contrario a lo alegado, tenemos evidencia de que los cristianos veneraban la cruz cristiana como la conocemos hoy y toma la forma de un graffitti (el Alexamenos Graffitto):

Alexamenos graffitti

Graffitti del siglo III d.C. que se burla de un cristiano. Dice en griego: “Αλεξαμενος ςεβετε Θεον” (Alexamenos adora a su dios).

Este graffitti se creó cuando la práctica de la crucifixión estaba vigente y como una burla a un cristiano llamado “Alexámenos”. En espíritu satírico se representa a Jesús como un asno. Lo que llama la atención en este caso es que tenemos evidencia contundente de que varias décadas o un siglo antes de Constantino, los cristianos pensaban que Jesús había muerto en una crux immissa, no en una simplex.

Sin embargo, eso no indica que la representación que se hace en las iglesias sea exacta. Es muy probable que se crucificara a Jesús en una columna o en un árbol de la siguiente manera:

Jesús crucificado en una cruz immissa

Jesús crucificado en una crux immissa — Imagen cortesía de Roberto Betanzo S.

Muy probablemente, Jesús fue clavado en las muñecas (concebidas en aquella época como parte de la mano) ya que fue entre huesos que podían sujetar el peso del condenado. Es muy probable que se le crucificara, no exactamente arriba de los pies, sino por los talones. La razón por la que se piensa eso es que hace décadas atrás se descubrió un osuario con los huesos de un condenado a la cruz llamado Yeojanan ben Ha-galgula. Aparentemente, esta víctima fue sujetada por los brazos y clavada por los talones.  Entre los huesos, se encontró el del talón atravesado por un clavo. Puede ser que hubiera alguna especie de “asiento” de madera para que el crucificado descansara.

Contrario a lo que mucha gente pensaría (por Hollywood o las estampas religiosas) no se colocaban las cruces en lugares aislados, sino en localizaciones estratégicas para que el público pudiera verlas. El punto de la crucifixión es el humillar de la forma más denigrante al condenado, mientras que se le recuerda al público lo que sucedería si se atreven rebelarse contra Roma o violentar el orden establecido (especialmente en el caso de los esclavos).  Tampoco las columnas eran altas, lejanas del suelo. Al contrario, eran lo suficientemente cercanas como para que los chacales y las aves de rapiña comieran de los cadáveres una vez murieran de sofocación.

Se nos dice que las mujeres que solían seguir a Jesús (María la Madre de Jacobo, María Magdalena y Salomé), quienes le auspiciaban económicamente (Lucas 8:1-3), le estaban mirando de lejos (Marcos 15:40-41), no a los pies de la cruz, como reclamaba el evangelio de Juan (19:25-27). El reporte más temprano que tenemos de lo que allí aconteció nos dice que los romanos se burlaban de él, al igual que los dos ladrones crucificados con él (Marcos 15:27-32). Ninguno de los dichos de Jesús en la cruz en los evangelios puede tomarse con certeza como histórico debido a que coinciden demasiado con la teología de los autores. Por ejemplo, cuando Marcos afirma que gritaba: “Eloí, Eloí, lama sabactaní” (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?), se estaba evocando al Salmo 2, cuyo tema central tenía que ver precisamente con un tipo de maltrato injusto parecido al de Jesús. Es perfectamente posible que haya gritado esta frase como recuerdo de dicho pasaje bíblico, pero no lo podemos conocer con certeza. Los demás dichos atribuidos a Jesús parecen también teológicamente motivados.

Sobre la hora que murió, tampoco sabemos, debido a que el Evangelio de Juan basa su momento de muerte en su cristología de Jesús como el Cordero de Yahveh que se sacrificaba a las 3:00pm en la tarde anterior a la Pascua.

¿Qué pasó después de ello? Veremos más sobre este tema en nuestro próximo artículo.

Continuará …

Bibliografía

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 4

La serie, partes 1, 2 y 3

La agonía del Huerto de los Olivos

La agonía en el jardín (1898) por Frans Schwartz

La agonía en el jardín (1898) — por Frans Schwartz

Uno de los episodios más conmovedores en la literatura neotestamentaria es la famosa agonía en el Huerto de los Olivos en Getsemaní. Marcos nos relata lo siguiente:

Fueron a una propiedad, llamada Getsemaní, y dijo a sus discípulos:  “Sentaos aquí, mientras yo hago oración.” Tomó consigo a Pedro, Jacobo y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Les dijo entonces:  “Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad.” Él se adelantó un poco, cayó en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora. Decía: “¡Abbá, Padre!, todo es posible para ti: aparta de mi esta copa, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.” Volvió después y los encontró dormidos. Dijo entonces a Pedro: “Simón, ¿ya estás dormido?, ¿ni una hora has podido velar?  Velad y orad, para que no caigáis en la tentación; que el espíritu está pronto; pero la carne es débil.” Y alejándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras. Volvió otra vez y los encontró dormidos, poues sus ojos estaban cargados. Ellos no sabían qué contestarle. Volvió por tercera vez y les dijo: “Ahora ya podéis dormir y descansar: Basta ya. Llegó la hora. Sabed que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores (Marcos 14:32-41).

El primer problema con el que nos enfrentamos con este pasaje es que, según el texto, los discípulos estaban dormidos cuando Jesús se había alejado a orar. No había manera alguna de que ellos se enteraran de lo que él le había implorado a Yahveh. Es más, el problema de la oración es que parece asumir la copa (de la sangre de Jesús) como símbolo de la acción vicaria por la que él estaba a punto de pasar. Como afirmamos en nuestro artículo pasado, esto es sumamente improbable porque el pensamiento del derramamiento de sangre por otros era ajeno al judaísmo y, muy probablemente, bien alejado de la mente de Jesús. Las palabras de Jesús a sus discípulos también son problemáticas, ya que suponen la dualidad helenística entre carne y espíritu como oposiciones: el primero como problema para el segundo. No se excluye que haya algún nucleo histórico al respecto, ya que hay expresiones parecidas (no idénticas) en algunos textos judíos. Además, también hay otras indicaciones del origen semítico del relato, hay expresiones en los textos de Qumrán (e.g. 1 QH 8, 32)) como la del “alma estar triste hasta la muerte”. También lo muestra la palabra aramea “Abbá“, para referirse a Yahveh como su Padre.

A medida que avanza el tiempo de redacción de los evangelios, ellos van a recurrir a un patrón que es lo que los exégetas llaman “pasión sin pasión” (en inglés “passionless passion“). Por ejemplo, en Lucas, aparece la escena en que Jesús suda gotas como sangre y llega un ángel a consolarlo (Lucas 22:43-44). El problema es que hoy día se reconoce que esos versos fueron un añadido posterior a dicho libro del Nuevo Testamento. Cuando se sacan y se vuelven a leer el episodio de la “agonía de Jesús” junto al resto de la historia de la Pasión, vemos que él no se postra, sino que se arrodilla y su actitud es estoica desde que le ora a Yahveh hasta que muere en la cruz. Le pide a Dios que “si quiere”, le remueva la copa. En ningún momento se percibe que “sufre” y es objeto de compasión de Poncio Pilatos, de las mujeres que se encuentran con él de camino al Gólgota y finalmente de uno de los dos criminales crucificados con él. Una vez más, la teología de Lucas no es la de derramamiento vicario o de sufrimiento de parte de Jesús, sino que está interesado en presentar un Jesús estoico, modelo de una muerte noble. Con ella, Jesús atraería a todos los gentiles a donde él, en contraposición a los judíos, quienes terminaron alejándose de él.

En el Evangelio de Juan, hay menos pasión todavía, ya que no es Jesús el que se postra, sino los soldados en el momento en que Jesús anuncia su carácter divino (“Yo soy” – Juan 18:5-9). De hecho, en un momento dado en ese evangelio, Jesús niega que vaya a solicitarle a Yahveh escapar de la Cruz (Juan 12:27).  Es más, en el texto, él está tan en control de toda la situación, que cuando expira dice: “Todo se ha cumplido” (Juan 19:30). Esto se debe a que su autor quiere ver en la crucifixión un momento de glorificación del Mesías, para él el Logos (Palabra) de Dios (Juan 1:1-3; 3:14-15).

En los tres casos (Marcos, Lucas y Juan) debemos tener cuidado, debido a que todos estos relatos descansan en el supuesto de que Jesús sabía lo que iba a ocurrir y estos escritores pudieron haber redactado lo que los estudiosos llaman “vaticinium ex eventu“, es decir, que forjaron un relato que puede tener algún núcleo factual, pero cambiando los acontecimientos de tal manera en que el Mesías ya conociera por adelantado lo que iba a ocurrir.

El rol de Judas

La traición de Judas

Judas traiciona a Jesús con un beso, mientras que Pedro levanta la espada y Judas se ahorca (1504) — Iluminación del manuscrito Peniarth 482D (Imagen cortesía de la Biblioteca Nacional de Gales)

Uno de los problemas más discutidos en el ámbito de la erudición del Nuevo Testamento es el rol que tuvo Judas a la hora de traicionar a Jesús. No parece verosímil que Jesús supiera quién le iba a traicionar con antelación a su arresto. Por tal razón, no debemos tomarlo como histórico.

¿Por qué Judas entregó a Jesús? Todavía no se sabe a ciencia cierta. Pudo haber sido por dinero, porque según los relatos, recibió 30 monedas de plata. Sin embargo, muy poco se puede sacar a nivel histórico de este relato porque parece haber sido modelado a la luz de dos pasajes, uno en el Génesis, en el que se presenta la venta de José por parte de sus hermanos a unos ismaelitas (Génesis 37:25-28) y otro en Zacarías, en el que el profeta personifica a Yahveh y representa su reproche a Israel y que incluye la paga de treinta siclos de plata como jornal (Zacarías 11:7-14).

Los dos relatos de su muerte discrepan significativamente y son igualmente inverosímiles. En el Evangelio de Mateo se nos dice lo siguiente:

Entonces Judas, el que lo entregó, viendo que había sido condenado, fue presa del remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos. Les dijo: “He pecado entregando sangre inocente.” Ellos respondieron: “A nosotros , ¿qué? Tú verás.” Judas tiró las monedas en el Santuario. Después se retiró  y fue y se ahorcó. Los sumos sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: “no es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre.” Después de deliberar; compraron con ellas el Campo del Alfarero, para dar sepultura en él a los forasteros. Por esta razón ese campo se llamó “Campo de Sangre” (Mateo 27:3-8).

Mateo procede a citar a Zacarías 11:12-13, aunque por alguna razón le atribuye la cita a Jeremías. Todos los eruditos reconocen que la historia se modeló según el relato de Ajitófel cuando traicionó al rey David (2 Samuel 15:1-37; 17:23).

El segundo relato de la muerte de Judas aparece en Hechos de los Apóstoles, donde se nos dice lo siguiente por boca de Pedro:

[Judas] era uno de los nuestros y había obtenido un puesto en este ministerio. Pero, tras haber comprado un campo con el dinero que le dieron por su crimen, cayó de cabeza, reventó por medio y todas sus entrañas se esparcieron. Todos los habitantes de Jerusalén se enteraron de lo ocurrido, hasta el punto que llamaron a quel terreno Haqueldamá, que en su lengua quiere decir “Campo de Sangre” (Hechos 1:18-19).

El problema con este pasaje no es solo que suena fantástico que sus entrañas se hubieran esparcido al caer “de cabeza”, sino porque también parece inspirarse en el Segundo libro de los Macabeos en torno a la muerte de Antíoco IV Epífanes (2 Macabeos 9:8-10; véase también Jeremías 32:9 y Sabiduría 4:19).

A nivel histórico no tenemos idea alguna de sus motivaciones para entregar a Jesús o de qué manera Judas Iscariote estaba vinculado al famoso “Campo de Sangre”. Se sabe que probablemente hubo alguna relación, pero parece que permanecerá debajo de las arenas del pasado. Lo que sí podemos saber con relativa seguridad es que Judas besó a Jesús como indicador para los soldados prenderlo esa noche. Lo que extraña mucho es cómo salieron a arrestarlo:

… cuando de pronto se presentó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo armado con espadas y palos. Venían de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y ancianos (Marcos 14:43).

Este pasaje no debe pasar inadvertido, ya que si Jesús y sus discípulos hubieran sido pacíficos, no habría necesidad de capturarlo con espadas y palos. Para algunos exégetas esta es una fuerte señal de que Jesús y sus discípulos eran mucho más que unos meros apocalipticistas predicadores.

Hay otros factores que son interesantes:

  • No es creíble el alegato de uno de los evangelios: que en el arresto participaron fariseos (Juan 18:3). Históricamente la autoridad política y religiosa de Jerusalén estaba en manos de los saduceos. Una vez más, este error histórico se explica en que el texto está dejando entrever una tensión entre cristianos primitivos y fariseos al final del siglo I.
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  • Parece que hubo un conflicto entre los discípulos de Jesús y los guardias armados, debido a que hubo un incidente en que uno de ellos le cortó la oreja al siervo del Sumo Sacerdote con una espada (tardíamente se le atribuiría este acto a Pedro). Esto confirma una vez más que los discípulos no eran meros predicadores, sino también tenían toda la intención de combatir armados. Sin embargo, con excepción de Pedro y uno que otro discípulo, al final terminan huyendo y dejando solo a su Maestro (Marcos 14:50).
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  • El Evangelio de Marcos nos incluye un episodio extrañísimo del intento de un arresto por parte de las autoridades a un hombre envuelto en una sábana que se escapó de sus manos y salió corriendo desnudo (Marcos 14:51-52). Hay quienes ven en este hombre a aquel que les anunció a las mujeres que Jesús había resucitado (Marcos 16:5). No se sabe si la existencia de este hombre en el Getsemaní sea histórica o algún recurso literario para contrastarlo con la noticia de la resurrección, aunque usualmente los historiadores no toman su aparición en el sepulcro vacío de Jesús como algo ocurrido.

El juicio ante el Sanedrín

Osuario de Caifás

Osuario de Caifás. A la derecha, aparece la inscripción “Kaifa” (קפא) (Foto cortesía del Museo de Israel y a Deror Avi). Se hace disponible esta imagen bajo la licencia CC-BY-SA 3.0.

El Sanedrín de sacerdotes saduceos tenían una cabeza política y religiosa sumamente poderosa: Caifás. Recordemos que muchos veían a dicho sector como marionetas de los romanos. Fue escogido para su puesto por el prefecto de Judea, Valerio Grato, como sustituto de Eleazar (18 d.C.). Permaneció en su posición para la época en que gobernó el siguiente prefecto, Poncio Pilatos.

¿Qué pasó específicamente en el juicio?  No sabemos, debido a que los diálogos contienen elementos que no parecen ser factuales. Sabemos que probablemente algunas de las acusaciones son correctas, como vimos en el segundo artículo de nuestra serie. Puede ser que haya sido arrestado por el incidente con los cambistas en el Templo, es decir la dramatización jesuana de su futura destrucción, cuyo significado se tomaría como una amenaza a nivel institucional.

Cristo ante Caifás -- por Mattias Stom (1630)

Cristo ante Caifás — por Mattias Stom (1630)

Sin embargo, empañan los lentes de la historia el que los evangelios nos digan que en el Sanedrín se le acusó a Jesús de blasfemia por autodenominarse Mesías y decir que “el Hijo del Hombre estaba pronto a llegar en las nubes”. El problema radica es que dicha autodesignación  “Mesías” no caía en aquella época bajo leyes de blasfemia. Ante los ojos del Sanedrín (el consejo de sacerdotes) podría ser una falsedad, pero no propiamente una blasfemia (Marcos 14:62-64).

Lo otro que debemos señalar es la inverosimilitud de un juicio llevado a cabo durante la noche de Pascua o la anterior. Todo apunta en que fue en un momento cercano y anterior a dicha fiesta. Durante la Pascua habría bastante ajetreo por su labor ritual y sacrificial para atender a 150,000 o 200,000 personas ese día. Sencillamente, era imposible llevar a cabo un juicio y menos de un día al otro.

Finalmente, debido al dominio romano en la región, aun si los sacerdotes hubieran encontrado alguna falta grave, a ellos no les correspondía la pena de muerte. Presumiblemente, tras obtener la información de que Jesús prohibía a sus seguidores pagar el impuesto debido a Roma y que Jesús andaba autoproclamandose Mesías y “Rey de los Judíos”, lo llevaron a la autoridad correspondiente que  podía condenarle a muerte: el prefecto romano, Poncio Pilatos.

Continuará …

Bibliografía

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 3

La serie: partes 1 y 2

Recapitulando …

Una vez tenemos claro el mensaje de Jesús, podemos tener un perfil más o menos fiable de quién fue, según los criterios de historicidad de las que hablamos en la parte 1 de nuestra serie:

  • Jesús probablemente nació y se formó en Nazaret de Galilea, región bajo el dominio del rey vasallo Herodes Antipas. Esta zona conocía por ser un lugar muy propicio para el surgimiento de guerrilleros, profetas y apocalipticistas que predicaban la pronta llegada del Reino de Yahveh. Este mensaje era profundamente antirromano. Entre estos se encontraban Judas de Galilea, sus hijos, Juan el Inmersor y el mismo Jesús de Nazaret.
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  • Cuando comenzó a asociarse con estas corrientes, Jesús se conmovió ante el mensaje de Juan, confesó que pecó, se arrepintió, se hizo bautizar por él y se convirtió en su discípulo.
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  • Cuando Antipas arrestó al Inmersor, Jesús comenzó a predicar su mensaje del Reino de Yahveh, que era concebido según una teología de restauración: en la culminación de los tiempos vendría el Hijo del Hombre a juzgar a las naciones y a reestablecer a Israel con sus doce tribus.
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  • Jesús probablemente pensaba que el Hijo del Hombre le pondría en el trono como rey de los judíos y que a sus doce discípulos cercanos se establecerían como jueces de las doce tribus.
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  • Esta concepción del Reino de Yahveh era uno de justicia: de amor a Dios sobre todas las cosas y personas; y amor en igualdad de condiciones para todos sus miembros. Su mensaje era profundamente nacionalista y la observancia de la Torah (la Ley de Moisés) era central. Sin embargo, la Torah debía ser interpretada de tal manera que respondiera mejor al mandato del amor, que es lo que realmente entrañaba. De allí que el Decálogo fuera importante, asimismo la observancia del Sábado y el kosher, siempre y cuando fuera para servicio de los hijos de Israel, no al revés.
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  • Jesús predicaba abiertamente el rechazo al pago de impuestos a gobiernos foráneos como el Imperio Romano, ya que la primera lealtad era al padre de todos los israelitas, Yahveh, y a su pueblo.

Así, pues, tenemos ya todos los elementos básicos para entender los últimos hechos de Jesús.

Los últimos días (¿o meses?) de Jesús

Problema con el periodo de tiempo

Una de los agudas tensiones entre los eruditos contemporáneos es el problema del tiempo que tomó la llamada “última semana” de Jesús: una serie de acontecimientos que llevó eventualmente a su arresto y ejecución. Por ejemplo, tomemos tres asuntos conocidos:

  1. Hay contradicciones en nuestras fuentes en torno a cuándo se llevó a cabo la Última Cena y la crucifixión. Por ejemplo, Marcos nos dice que la Última Cena, presentada como una cena pascual, ocurrió “el primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual” (14:12). Sin embargo, esto es errado, porque se supone que el cordero se sacrificaba el día anterior al de los ázimos.Si vamos al Evangelio de Juan, el asunto es todavía mucho más confuso. La cena tomó lugar uno o dos días antes de la Pascua. ¿Por qué sería eso? Si se estudia este libro, podremos ver que se centra en la noción vicaria de Jesús como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). ¿Cuándo muere Jesús? Al día siguiente de la cena, a las 3:00 de la tarde el día antes de la Pascua. ¿Por qué? Porque a esa hora es que se sacrificaba el cordero. En otras palabras, el tiempo fijado por ese evangelio está teológicamente motivado.Entonces, ¿es más veraz el recuento de Marcos a pesar de su error?  No. No hay manera alguna que el Sanedrín llevara a cabo un juicio contra Jesús en un momento ajetreado para los sacerdotes ante la concurrencia a nivel internacional de judíos que iban a ese lugar a celebrar la Pascua (se calcula de unos 150,000 a unas 200,000 personas). En otras palabras, estamos ante unas serias dificultades para determinar el momento en que se llevó a cabo la Última Cena y la crucifixión de Jesús.
    .
  2. Según los evangelios sinópticos (Marcos, Mateo, Lucas) y Juan, Jesús llevó a cabo su “entrada triunfal” al comienzo de la semana Pascual o en un momento cercano (tal como conmemoramos cada Domingo de Ramos). Más tarde discutiremos el pasaje con lujo de detalles, pero en cuanto al tiempo se refiere, es sumamente inverosímil que este hecho como está relatado en los evangelios haya ocurrido de esa manera. Si Jesús hubiera sido recibido como rey por parte de sus seguidores en Jerusalén en temporada cercana a la Pascua, los soldados romanos le hubieran arrestado allí mismo. Ese periodo de tiempo era uno en el que Roma estaba en alerta, debido a que el sentir nacionalista se exacerbaba y solían haber manifestaciones de resistencia antirromana.
    .
  3. No es verosímil tampoco que se le hubiera llevado a cabo dos juicios a Jesús (uno ante el Sanedrín y otro ante Poncio Pilatos) de un día para otro y menos en la época de Pascua.

En otras palabras, toda la supuesta semana en que ocurrieron todos estos acontecimientos a la vez, no pudo haber ocurrido en ese periodo tan corto de tiempo. En vez de una semana, tal vez estemos hablando de varias semanas o … ¡meses! Hay indicaciones de que Jesús entró a Jerusalén meses antes de ser arrestado y ejecutado.

La entrada triunfal en Jerusalén

La entrada de Jesús a Jerusalén - por Giotto de Bondone (1305)

La entrada de Jesús a Jerusalén – por Giotto de Bondone (1305)

Bastante se ha escrito en torno a este acontecimiento, especialmente cuándo ocurrió. El relato primitivo con el que contamos es el de Marcos y dice:

Cuando se aproximaban a Jerusalén cerca ya de Betfagé y Betania, al pie del monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos con este encargo: “Id al pueblo que tenéis enfrente y, no bien hayáis entrado en él, encontraréis un pollino atado, sobre el que no ha montado todavía ningún hombre. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: `¿Por qué hacéis eso?’, decid: `El Señor lo necesita, pero lo devolverá en seguida’.” Fueron y encontraron el pollino atado junto a una puerta, fuera, en la calle, y lo desataron. Algunos de los que estaban allí les dijeron: “¿Qué hacéis desatando el pollino?” Ellos les contestaron según les había dicho Jesús y les dejaron.  Llevaron el pollino ante Jesús, echaron encima sus mantos y se sentó sobre él. Muchos extendieron sus mantos por el camino; otros, follaje cortado de los campos. Los que iban delante y los que le seguían, gritaban: “¡Hossana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!” Jesús entró en Jerusalén, en el Templo, y, después de observar todo su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania (11:1-11).

Lo primero que salta a la vista es lo inverosímil que es el relato desde el comienzo hasta el final. Imagínense que de repente se daña mi carro y necesito transportación. Como ayuda, mis amistades (con toda su sabiduría) se presentan a un dealer de automóviles, toman las llaves de un Toyota para llevárselo diciéndole al dueño del negocio: “¡No se preocupe! ¡Es que nuestro amigo [sin mencionar nombre] lo necesita! Se lo devolveremos más tarde”, sin especificar quiénes son ellos, si me conoce el dueño, etc.

Lo otro que hay que destacar es que la necesidad del pollino radica en el cumplimiento de la profecía de Zacarías (9:9). Aquí se muestra el interés de Marcos (y con él los demás evangelistas) de que Jesús entrara en Jerusalén como todo un rey. El asunto se agrava con el hecho de que este episodio tiene una función literaria de contrastar la manera cómo es tratado Jesús como “rey” por una población que después decidirá condenarle como pretendiente a ser rey a la hora de escoger contra él ante Pilatos.

Finalmente, es altamente improbable que un público en Jerusalén que no conocía bien a Jesús le recibiera con tanta algarabía y recitando al Salmo 118 (v. 25). Una vez más, si este hubiera sido el caso, sin vacilación alguna hubiera sido arrestado allí mismo por parte de los soldados romanos.

¿Qué ocurrió entonces? El relato puede tener una base histórica, pero menos grandiosa que lo que nos presenta Marcos. Insistimos, esto no pudo haber ocurrido en temporada de Pascua o en la semana anterior. Eso no excluye que hubiera ocurrido durante otra festividad. El uso de palmas y ramas en todos los relatos evangélicos parecen apuntar a que la “entrada triunfante” a Jerusalén ocurrió durante la Fiesta de los Tabernáculos (el Sukkot, סֻכּוֹת). Hasta el día de hoy, se acostumbra el uso de palmas y ramas traídas desde el Jordán hasta Jerusalén. La frase del Salmo 118:25 también forma parte de dicho festejo. Los evangelios citan de Zacarías (9:9), donde también aparecen versos alusivos a la celebración del Sukkot (14:4,16)  (Brown, El Evangelio 787).

El Evangelio de Juan así lo niega, presentando con argumentos que Jesús no podía subir a Judea todavía para esa celebración porque “los judíos lo querían matar” (Juan 7:1-13). Sin embargo, esto no es verosímil. El único momento en ese evangelio en que Jesús hizo algo en Jerusalén que fuera causante de resentimiento fue la expulsión de los mercaderes del Templo (Juan 1) que sucede al principio de ese escrito, mucho antes de la “entrada triunfal”. Los sinópticos nos dicen, más verosímilmente, que ocurrió después de la entrada de Jesús a Jerusalén. Para el evangelista Juan, el suceso de la “purificación del Templo” es el motivo por el que “los judíos quieren matarle”. Desde un punto de vista histórico, no es creíble tal animosidad, dado que Jesús todavía no había llevado a cabo actividad subversiva alguna en el Templo.

¿Qué significa todo esto? Probablemente el evangelista tiene información de que el momento en que Jesús entró a Jerusalén fue durante el festejo del Sukkot, algo a todas luces inconveniente para su cristología, que necesitaba literariamente que Jesús entrara a Jerusalén cinco días antes de la Pascua, para que muriera como cordero sacrificado el día antes de esta (Juan 12:1,12).

Ahora bien, ¿qué es el Sukkot? Es una celebración de 7 días que se da en el mes de Tishrei (alrededor de septiembre-octubre) y que recuerda el tiempo en que el pueblo hebreo estuvo vagando en el desierto por 40 años hasta llegar a Tierra Santa. Se llama “Fiesta de los Tabernáculos” porque la población solía salir de las casas a crear tiendas o tabernáculos de palma o de ramas de árboles. Si este es el caso, Jesús entró a Jerusalén meses antes de la Pascua.

Nota aparte: Cuando veo discutido el tema, a veces frustra ver a los exégetas diciendo “no podemos probarlo” o “no podemos estar seguros” de que fuera durante el  Sukkot. Sin olvidar que bajo el criterio de desemejanza, el de dificultad y el de coherencia esta propuesta es viable …  muchas veces en la historia de la Antigüedad no podemos “probar” o mostrar evidencia fuerte del 95% de lo que se sostiene, debido a la inherente escasez de evidencia de las narrativas que se forjan para explicar los fenómenos de los que se trata de dar cuenta. Todo lo que podemos hacer por el momento es adoptar aquellas hipótesis históricas que parezcan más sensatas y verosímiles ante lo que conocemos del pasado. Dado ese hecho, parecería que la hipótesis de que Jesús entró en Jerusalén el día del Sukkot es más viable que aquella que supone que ocurrió en un momento cercano a la Pascua con todas las dificultades explicativas y de coherencia histórica que ello supone.  ¿Navaja de Ockam?

Volviendo al tema, ¿por qué un pollino? Puede ser que Jesús lo utilizara en su viaje a Jerusalén (nada raro en esa época). Puede ser que entrara montado en un pollino porque quería cumplir con la profecía de Zacarías —asociado al Sukkot, como ya hemos discutido— o sencillamente necesitaba un animal de transporte a la hora de entrar a la Gran Ciudad de David en medio de la multitud.

No importa cuál haya sido la motivación, el recuerdo de este acontecimiento se distorsionó por alguna razón. Como conocen los científicos cognitivos, muchas veces la mente tiene la tendencia de acercar dos eventos relativamente disociados por el tiempo o el espacio haciendo que parezcan mucho más cercanos de lo que realmente eran. A esto se le llama el efecto telescopio y, en este relato, vemos una posible instancia de un “efecto telescopio progresivo” (en el que se acercan dos o más acontecimientos temporalmente), ajustado por razones cristológicas al acontecimiento de la Pascua. Quien haya escrito la tradición más primitiva donde radica la que conocemos del primer evangelio, probablemente la redactó después de tres años de ocurrido como mínimo, ya que así es como suele ocurrir el efecto telescopio progresivo (Janssen et al.). Es más, sostenemos lo mismo de todo el relato de la Pasión que vemos en Marcos por las razones expuestas por la subsección anterior.

La Última Cena

La Última Cena - por William Blake (1799)

La Última Cena – por William Blake (1799). Hecho con témpera, esta es una de las rarísimas instancias en que se representa visualmente la manera en que los judíos solían cenar en el siglo I. Se sale del estereotipo artístico tipo Da Vinci en que doce discípulos y un maestro se sientan de un lado de una mesa para 26 personas con el propósito de posar para el lienzo.

Prácticamente todos los exégetas están de acuerdo que de que el incidente de la “purificación del Templo” debió haber ocurrido en algún momento cercano al arresto de Jesús y que, muy probablemente, fue el motivo por el que las autoridades jerosolimitanas le arrestaron días después y con ayuda de Judas Iscariote.

Tal vez la motivación de ello sería que durante todos sus meses en Jerusalén, se sintió frustrado por no haber convertido a muchas personas a su mensaje. Hay un vivo recuerdo de las palabras proféticas de Jesús contra esa ciudad:

¡Jerusalén, Jerusalén!, la que asesina a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina a su pollada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, vuestra casa va a quedar desierta (Q{Lucas 13:34-35a // Mateo 23:37-38a}).

Pues, Jesús era inteligente y estaba perfectamente consciente de que su aventura en el Templo contra los cambistas y vendedores podría traerle consecuencias nefastas para él y sus discípulos.  Sin embargo, como era característico de Jesús, como la posible dramatización su realeza al entrar a Jerusalén en el festejo del Sukkot, la de la destrucción del Templo al atacar ese recinto, ahora quería dramatizar otra cosa:  dramatizar un banquete mediante la celebración de una cena.

¡Ojo! La Última Cena no fue un Séder de Pascua. ¿Cómo lo sabemos? Sencillo: en ninguno de los relatos aparecen los elementos rituales para la Pascua. ¿Dónde está el cordero sacrificado? No se nos dice. ¿El pan sin levadura? ¿Las hierbas amargas? ¿Las cuatro copas de vino? No se nos dice nada.

Entonces, ¿de qué es la cena? Probablemente esto nos lo revelan los evangelios sinópticos cuando afirma Jesús:

Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba, nuevo, en el Reino de Dios (Marcos:14:28 // Mateo 26:29 // Lucas 22:16).

Este detalle indica que aquí Jesús está utilizando la cena para dramatizar el festejo y el banquete que habría cuando llegara el Reino de Yahveh. Para comprender esto, hay que señalar que a él le gustaba comparar al futuro Reino de Dios con un gran banquete donde todos estaban invitados a unirse (Q{Lucas 14:15-24 // Mateo 22:1-14; Lc. 22:29-30}). Es decir, la cena vivía ese momento del Reino de Yahveh, que estaba tan pronto a llegar, y que Jesús afirmaba que no  volvería a beber vino con sus discípulos hasta el momento de la renovación de Israel. En esencia se trata de una cena de despedida.

¿Qué fue lo que ocurrió en esa cena? La versión más primitiva nos llega de una de las cartas de Pablo, 1 Corintios, escrita para la década del 50 (20 años antes del Evangelio de Marcos) y que es fundamento de todos los relatos sinópticos. Nos dice Pablo de Tarso:

Porque yo recibí del Señor lo que os transmití: que el Señor, la noche en que fue entregado, tomó pan, dio gracias, lo partió y dijo: “Este es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.” Asimismo, tomó el cáliz después de cenar y dijo: “Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en memoría mía” (1 Cor. 11:23-27).

En cuanto a este relato, le siguen muy de cerca los evangelios de Marcos y Mateo.  Hay graves dificultades con este panorama y es que un acontecimiento así es impensable en el judaísmo, por dos razones:

  • Incluye una perspectiva vicaria del derramamiento de sangre por el sacrificio de Jesús, un pensamiento realmente ajeno a la cultura judía y muy característica de la mentalidad pagana. Por muerte vicaria entendemos lo siguiente:

… aquella muerte deliberadamente buscada o aceptada, que debe ser incondicional y al mismo tiempo dirigirse explícitamente —o interpretarse a posteriori como dirigida— a garantizar la salvación de otro u otros del destino o de la muerte presente o venidera” (Versnel, “Making Sense” 226-227; “La muerte” 41).

Usualmente se utilizan tres argumentos para apoyar la idea de que el judaísmo favorecía esta noción. El primero es el poema del Siervo Sufriente (específicamente Isaías 53). Sin embargo, en la cultura judía de aquella época, solo aquel que haya cometido el pecado puede arrepentirse, sufrir y morir por ello (Éxodo 32:30–33, Deuteronomio 24:16; 2 Reyes 14:6; 2 Crónicas 25:4).  No vale un sustituto de la persona y este poema es consistente con esa convicción. El Siervo Sufriente no es una persona distinta a los pecadores que va a rescatar, sino que es Israel mismo, quien carga sus culpas, sufre y finalmente será restaurado (Isaías 44:1,2,21; 48:20b; 49:3).  Se utiliza también como argumento el Salmo 22 como evidencia de pensamiento vicario, dado que Yahveh salvará al que sufre después de su tormento. Sin embargo, se cae en el mismo error que en el caso del Siervo Sufriente, ya que más bien habla de cómo Yahveh hará justicia por la injusticia cometida contra un inocente. Finalmente, se utiliza como evidencia de muerte vicaria a 2 Macabeos, debido a que se dice que los héroes judíos murieron por su patria. En verdad, si nos fijamos en los detalles, se nos dice que los Macabeos murieron por la normativa sagrada de la patria, no como sustitutos de los miembros de esa patria misma (2 Macabeos 6:28; 7:9,37-38) (Piñero, Guía para entender a Pablo 118; Versnel “La muerte” 43-55).

Aunque este asunto sigue siendo debatido, advierten algunos eruditos que no es imposible que haya una influencia gentil y pagana en un lugar como Jerusalén, que era cosmopolita y sujeto a influencias provenientes de judeohelenistas. A fin de cuentas, la primera posible instancia que podemos ver de muerte vicaria en la literatura judía es en 4 Macabeos, un documento influenciado por el pensamiento helenístico, que  contiene un pasaje de muerte vicaria (4 Macabeos 17:20-22). Sin embargo, es más probable que el pensamiento helenístico pagano influenció el cristianismo primitivo judeohelenístico de la diáspora y que de alguna manera modificó el recuerdo de la Última Cena y de la muerte de Jesús hasta el punto de que se convirtió en una perspectiva dominante del actual cristianismo: la comprensión de Jesús inspirada por Isaías 53 (entendido vicariamente) en la que el Mesías se convertía en el Siervo Sufriente que, como cordero al degüello, padece y muere para rescate de otros.

  • Más decisivo todavía es el enorme problema del lenguaje de “beber sangre”, sea entendido literal o metafóricamente. Esto era un fuerte tabú para el judaísmo del primer siglo, especialmente por los diversos pasajes en que se prohíbe terminantemente la ingestión de sangre, “porque es vida” (Lev. 17). Es más, en su nacionalismo, el judaísmo mantenía el rechazo a los sacrificios humanos como un gran distintivo en relación con el ámbito pagano (véase Cahill). De hecho, hay evidencia bien fuerte de que algunos cristianos y los judíos en general rechazaron tajantemente la mera idea (aunque fuera simbólica) de “comer carne” y “beber sangre” (Esto se puede ver en Juan 6:52,60,66; Brown, La comunidad 44, 51, 66, 70; El Evangelio 577).

Como si no fuera suficiente, hay otro problema más: el orden en que se presentan el pan y el vino … se hace al estilo grecorromano, no el judío. En el relato paulino, el pan se presenta antes del vino. Un buen número de eruditos (especialmente los confesionales) lo ven como una manera de Jesús de romper con la “alianza previa” para establecer una nueva. Sin embargo, hasta ahora hemos visto cómo Jesús siempre reafirmaba la Torah y se veía observante de ella.  No tiene ninguna intención de romper con ella y menos instaurar “otra alianza”. Sencillamente, no tiene sentido que él tomara la iniciativa de llevar a cabo esa maroma.

Sin embargo, una cosa que se ha mencionado en cuanto a este tema, especialmente planteado por John Dominic Crossan, Hyam Maccoby, entre otros y rescatado por Antonio Piñero en el mundo hispanoparlante: hay dos tradiciones distintas de la ceremonia de la Eucaristía practicada por los cristianos primitivos. Una de ellas es recordada por Pablo y los evangelios de Marcos y Mateo. La otra aparece en un documento cristiano del siglo II llamado Didajé y en el Evangelio de Lucas. Veamos a este último primero (porque “los últimos serán los primeros”  😉 ).

Bart D. Ehrman señala que el Evangelio de Lucas y Hechos de los Apóstoles —provenientes del mismo autor— no se suscriben a la perspectiva vicaria judeohelenista, sino más bien una teología en la que Jesús muere como manera de atraer conversos (Ehrman, The Orthodox 187-211). Debemos tener el cuenta también el hecho de que la versión lucana que está en nuestras Biblias tiene un segmento ausente en algunos de nuestros mejores manuscritos (Lucas 22:19b-20; Ehrman, The Orthodox 198-209). Por ambas razones, se piensa que el texto original lucano de la Última Cena nos dice:

Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles y les dijo:

“Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer; porque os digo que ya no volveré a comerla que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.”

Tomó luego la copa, y dio gracias y dijo: “Tomad esto y repartidlo entre vosotros; porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.”

Tomó luego el pan, dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: “Este es mi cuerpo” (Lucas 22:14-19a)

Los versos 19b-20 fueron un añadido posterior por algún copista cristiano.

En otras palabras, Lucas toma el texto marcano y lo invierte para que se presente la copa del vino primero sin hacer referencia alguna a derramamiento de sangre vicario.

La Didajé o la Enseñanza de los Doce Apóstoles es un texto del siglo II, cuyo contenido sobre la Eucaristía es muy iluminador, ya que se presenta el vino primero y el pan despuéssin hacer referencia alguna a la muerte vicaria de Jesús, ni nada que tenga que ver con el pan como cuerpo y el vino como sangre.

Un shékel de plata representando el cáliz de Kiddush

Un shékel de plata representando el cáliz de Kiddush (66-73 d.C.) – Imagen cortesía del Forum Ancient Coins.

Antonio Piñero (basado en la obra de Hyam Maccoby) sostiene que la ceremonia de la Eucaristía en la Didajé y en Lucas adquiere la estructura de un Kiddush (קדוש), ritual que se suele celebrar en el Sábado o en algún día de fiesta en el que se bendice a la copa de vino primero y al pan después (Maccoby 90-128; Piñero, “¿La verdadera?” 181-193). John Dominic Crossan también destaca que en la Eucaristía de la Didajé, después de comer (y hartarse de comida) se pronuncian unas palabras de acción de gracias que se parecen mucho a las del Birkat Ha-Mazon (ברכת המזון), que usualmente los judíos hacen después de las comidas (The Historical Jesus cap.14). De hecho, esta interpretación de la Didajé goza del amplio consenso de los expertos en este documento. Parece ser que Lucas invirtió el orden en que se presentaban el pan y el vino porque quería ajustarlo a lo que practicaba su congregación, una Eucaristía parecida al Kiddush sin el contenido de sacrificio vicario. Tal vez su práctica pudo haber sido parecida a la que nos presenta la Didajé.

No obstante la versión paulina de los acontecimientos de la Última Cena, parece que Pablo también conoce el orden ritual del Kiddush para la conmemoración de la cena del Señor. Crossan apunta a los siguientes dos pasajes (presten atención al orden en que mencionan el pan y el vino):

La copa que bedecimos, ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Entonces, si el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? (1 Corintios 10:16-17)

No podeis beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios (1 Corintios 10:21) (The Birth of Christianity 438-439).

Por ende, parece ser que lo que celebró Jesús con sus discípulos fue un Kiddush judío de despedida como una manera de anunciar y dramatizar el banquete que existiría bajo el Reino de Dios, con él como Rey y sus discípulos como los jueces de las tribus de Israel. Todo indica que esto se hizo sin alusión alguna al pan como su cuerpo y menos a su sangre derramada vicariamente. Parece ser que la tradición expuesta por Pablo tiene origen judeohelenístico debido a su marcado trasfondo grecorromano. En opinión de unos pocos exégetas, el origen pudo ser de Pablo mismo. Esa es una discusión para otra ocasión.

Continuaremos con nuestra discusión, esta vez los pormenores del arresto, juicio y muerte de Jesús …

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