Estados Unidos se retira del Acuerdo de París y lo que eso significa

 

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Creado por mí a partir de la labor de L.tak de Wikimedia Commons.  © 2017, Pedro M. Rosario Barbosa. Disponible bajo la licencia CC-BY-SA 4.0.

Ayer, 1 de junio de 2017, Donald J. Trump hizo oficial su retiro del Acuerdo de París de 2015.

En un artículo hablamos de cómo a pesar de unas fallas de registro de datos de un satélite, todos los demás factores que se pudieron predecir del calentamiento global apuntaban claramente a que el fenómeno era antropogénico, es decir, distintivamente de origen humano, no natural. A principios de los años 90, ya las autoridades mundiales estaban convencidas de que este era un problema real y exigía un acuerdo global para lidiar con el problema del cambio climático. Para eso, se formó lo que se conoce como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en 1992 (CMNUCC).

Gracias a las actividades de concienciación por parte del CMNUCC  y los resultados de los informes del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), las naciones tomaron el asunto en serio, aunque el conjunto de intereses económicos y políticos de cada país produjeron un documento bastante aguado en cuanto a política global contra la emisión de gases de invernadero conocido como el Protocolo de Kioto de 1997 (he aquí el texto). De todos los países que firmaron, solo Canadá abandonó dicho protocolo y Estados Unidos no pudo ratificarlo en el Congreso. Esto es significativo, porque en aquel momento Estados Unidos era el país de mayor emisión de gases de invernadero, entre los que se destacan el bióxido de carbono y el metano.

Durante todo ese tiempo, debido al progreso del calentamiento global, se pueden mencionar algunos factores de impacto ambiental, tales como el derretimiento de la cubierta de hielo en Groenlandia y las capas en Antártica (este más lento de lo que originalmente se estimaba). Se piensa que el hielo del Ártico (que contribuye al enfriamiento del planeta al reflejar los rayos del sol al espacio) se habrá derretido casi completamente para el periodo entre el año 2020 y 2030 (Overland & Wang, 2013). El deshielo ya ha llegado a unos niveles en los que se proyecta una deformación significativa de la corteza terrestre (Nield et al., 2014).

Aunque este hecho contribuye significativamente al alza de los océanos a nivel mundial, el factor más importante es el calentamiento de los océanos debido a la expansión termal de las aguas. Esta variable aporta mucho más al aumento del nivel del mar (Albritton et al., 2001, p. 31; IPCC, 2013, 1137-1205).

Tendencias globales del alza del nivel del mar.

Tendencias globales del alza del nivel del mar. (Imagen cortesía de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA)).

El incremento de 6 metros de los océanos.

El incremento de 6 metros de los océanos para el año 2100, las áreas afectadas están en rojo (Imagen cortesía de la NASA).

Ante el aumento de la temperatura promedio de la Tierra, el peligro de que se vuelva irreversible, que redunde en inundaciones de terrenos bajos en diversos países del mundo, además de la falla de las expectativas del Protocolo de Kioto y el final del segundo periodo de dicho acuerdo en el 2020,  ciento noventaicinco países del mundo (con excepción de Siria y Nicaragua) firmaron el Acuerdo de París de 2015 (aquí está el texto).

El Presidente Barack Obama fue uno de los protagonistas de este proceso al comprometerse a que Estados Unidos redujera las emisiones de gases de invernadero por un 26% para el año 2025. Además, afirmaba que habría una repartición de cerca de $3 millardos para ayudar a otros países a encauzarlos a la energía verde. China prometió reducir sus emisiones por 20% para el año 2030.  Como ya hemos hecho referencia, Nicaragua se negó a firmar el Acuerdo debido a que no incluía mecanismos de penalización para aquellos países que rehusaran cumplirlo.  Esas aserciones fueron proféticas.

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Imagen cortesía de L.tak de Wikimedia Commons.

En el año 2016 ganó en las elecciones estadounidenses un candidato que para el 2012 había dicho lo siguiente:

Ayer, el presidente de Estados Unidos informó que se retiraba del Acuerdo de París entre otras razones por dos cosas: primero, porque supuestamente el acuerdo representaría una desventaja de Estados Unidos ante el resto del mundo y, en segundo lugar, porque hay un estudio del Massachusetts Institute of Technology (MIT) que indica que la contribución de dicho acuerdo internacional sería marginal para evitar las emisiones del cambio climático.

Este es el abstracto del estudio en cuestión:

Sokolov, A., Paltsev, S., Chen, H., & Monier, E. (2016). Climate Impacts of the Paris Agreement. Geophysical Research Abstracts, 18, EGU2016-8016.

Los autores del estudio difieren de su opinión. Según la noticia, la diferencia entre lo que quiere conseguir el Acuerdo de París y un escenario donde no hay política global ante el cambio climático sería de 0.6⁰C a 1.1⁰C para el año 2100. Aunque la diferencia parezca una minucia, en realidad no lo es. Cada incremento de la temperatura promedio de la Tierra impacta un número de factores climáticos que agravan el problema. Sin la ejecución del Acuerdo, afirman nuestros autores, puede ser que el aumento de temperatura fuera de 5⁰C, algo que sería catastrófico para el planeta.

Hay algunos comentaristas tales como Bjørn Lomborg, el llamado “Ambientalista Escéptico” y presidente del think tank Copenhagen Consensus Center, que ve en este retraimiento de Estados Unidos un paso de esperanza para que empresarios y gobiernos se muevan en direcciones más efectivas que el Acuerdo de París. Al igual que el Protocolo de Kioto, Lomborg piensa que carece de garras para ejecutar políticas necesarias para lidiar con el problema del cambio climático. Aunque estamos de acuerdo con su frustración por la inefectividad del Protocolo de Kioto, la atención restringida a ciertas alternativas renovables y la falta de instrumentos jurídicos internacionales para poner el Acuerdo en vigor, en este debate, estoy más de acuerdo con la Baronesa Bryony Worthington de que Lomborg es demasiado optimista.

Lo que se pierde de perspectiva es que el presidente de los Estados Unidos es visto ante los ojos internacionales como una persona sumamente caprichosa, egocéntrica en el sentido más riguroso de ese término, con una visión de mundo infantil, sumamente descuidado con la inteligencia doméstica e internacional y cuyas perspectivas no corresponden a la realidad como ha sido presentada por las ciencias. Aquí no se trata de si ahora se abren nuevas puertas para intentar medidas más eficientes para remediar los problemas más apremiantes en cuanto al calentamiento global. El punto es que el Pres. Trump desea eliminar ciertas restricciones comerciales que él entiende, son injustas para Estados Unidos y volver a las épocas doradas de antaño de la mítica bonanza de la industria estadounidense gracias a la minería del carbón y la producción de combustibles fósiles. Como bien previó Nicaragua, la falta de penalización en el Acuerdo hace que no haya consecuencias comerciales o políticas dirigidas a los Estados Unidos por retractarse de su compromiso.

A partir todo lo que hemos mencionado, desde una perspectiva ambiental, la cosa no pinta bien para Puerto Rico como territorio de los Estados Unidos.

 

Referencias

Albritton, D. L. et al. (2001). Technical summary: A report accepted by Working Group I of the IPCC but not approved in detail. Recuperado en  http://www.mct.gov.br/upd_blob/0006/6662.pdf.

Hansen, J., Sato, M., Hearty, P., Ruedy, R., Kelley M., Masson-Delmotte, V., Russell, G. , Tselioudis, G., Cao, J., Rignot, E., Velicogna, I., von Shuckmann, Kharecha, P., Legrande, A. N., Bauer, M., & Lo, K.-W. (2016). Ice melt, sea level rise and superstorms: evidence from paleoclimate data, climate modeling, and modern observations that 2⁰C global warming is highly dangerous. Atmospheric Chemistry and Physics, 16, 6, 3761-3812. doi: 10.5194/acp-16-3761-2016. Recuperado en http://www.atmos-chem-phys.net/16/3761/2016/.

IPCC. (2013). Climate change 2013: The physical science basis. Recuperado en https://www.ipcc.ch/report/ar5/wg1/.

Nghiem, S. V.,  Rigor, I. G., Clemente-Colón, P., Neumann, G., & Lia, P. P. (agosto de 2016). Geophysical constraints on the Antarctic sea ice cover. Remote Sensing of Environment, 181, 281–292. doi: 10.1016/j.rse.2016.04.005. Recuperado en http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0034425716301481.

Nield, G. A., Barletta, V. R.,  Bordonic, A., Kinge, M. A., Whitehousef, P. L., Clarkea, P. J., Domackg, E., Scambosh, T. A., & Berthieri, E. (1 de julio de 2014). Rapid bedrock uplift in the Antarctic Peninsula explained by viscoelastic response to recent ice unloading. Earth and Planetary Science Letters, 397, 32–41. doi: 10.1016/j.epsl.2014.04.019. Recuperado en http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0012821X14002519.

Overland, J. E. & Wang, M. (28 de mayo de 2013). When will the summer Arctic be nearly sea ice free? Geophysical Research Letters, 40, 10, 2097–2101. doi: 10.1002/grl.50316. Recuperado en http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/grl.50316/full.

Sokolov, A., Paltsev, S., Chen, H., & Monier, E. (2016). Climate Impacts of the Paris Agreement. Geophysical Research Abstracts, 18, EGU2016-8016. Recuperado en http://meetingorganizer.copernicus.org/EGU2016/EGU2016-8016.pdf.

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Economía y criminalidad: ¿qué nos dicen los datos sobre la inmigración ilegal?

Desde hace algunos años, se viene alegando en Estados Unidos que la inmigración ilegal ha contribuido significativamente al aumento de la criminalidad. Muchos de estos se hacen en ocasiones con bases anecdóticas y su razonamiento sigue más o menos el siguiente esquema:

La inmigración ilegal contribuye a la criminalidad porque X cometió un crimen y X es inmigrante ilegal. X no hubiera cometido crimen alguno si se le hubiera … arrestado, devuelto a su lugar de origen, etc.

Aunque parte de este razonamiento es una perogrullada (e.g. “Que X era inmigrante ilegal y X cometió un crimen, por lo tanto sin inmigración ilegal no se hubiera cometido el crimen”) cuando se va al plano social y de política pública, no es así exactamente.

Muchos de los inmigrantes ilegales provienen o de países vilmente explotados por potencias económicas mundiales e industrializadas, producto de serios conflictos internos, o países víctimas de la extrema pobreza. Podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que los inmigrantes ilegales en su mayoría no van a Estados Unidos “para cometer crímenes”. Al contrario, tienen ideales perfectamente nobles: mejorar su condición de vida y proveerle mejores recursos económicos para sus parientes, sea en el país donde desean vivir o siendo una fuente económica para aquellos de sus parientes que continúan viviendo en el país de origen.

Una de las más grandes preocupaciones en torno la criminalidad es la del terrorismo. El mes pasado, el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió emitir una orden ejecutiva para detener el viaje de provenientes de aquellos países que “fomentan el terrorismo”. La razón de ello, alega el Presidente, es la siguiente:

Numerous foreign-born individuals have been convicted or implicated in terrorism-related crimes since September 11, 2001, including foreign nationals who entered the United States after receiving visitor, student, or employment visas, or who entered through the United States refugee resettlement program. Deteriorating conditions in certain countries due to war, strife, disaster, and civil unrest increase the likelihood that terrorists will use any means possible to enter the United States. The United States must be vigilant during the visa-issuance process to ensure that those approved for admission do not intend to harm Americans and that they have no ties to terrorism.

Pres. Donald Trump

El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump (Foto cortesía de Gage Skidmore, CC-BY-SA 2.0).

Aparentemente,  el Presidente Trump firma esta orden como “una reacción” al ataque de Orlando, aunque nos parece que es más bien una movida política dirigida al sector antinmigrante de los Estados Unidos.  Sin embargo, se le olvida por completo que el atacante era un ciudadano estadounidense con unos serios trastornos mentales y que aparentemente no tenía lazos con organización terrorista alguna. Se le olvida también que el CATO Institute, un think tank notoriamente conservador, llevó a cabo un análisis de riesgos en torno al terrorismo por parte de inmigrantes de dichos países y su conclusión es que aun si incluimos acontecimientos como los del 9/11 y otros, la probabilidad de dicho ataque por parte de los inmigrantes es de 1 en 3,609,709 al año.  Procede también a indicar lo siguiente:

For 30 of those 41 years, no Americans were killed on U.S. soil in terrorist attacks caused by foreigners or immigrants. Foreign-born terrorism is a hazard to American life, liberty, and private property, but it is manageable given the huge economic benefits of immigration and the small costs of terrorism.

De los refugiados sirios en particular, ninguno de ellos ha llevado a cabo un ataque terrorista fatal en los Estados Unidos (véase también este artículo). Al contrario, es notable el hecho de que Arabia Saudita no fue incluida en la lista de países, dado que los atacantes del 9/11 fueron mayormente sauditas.

Sin que esto sea suficiente, los republicanos que favorecen estas políticas presidenciales afirman que estas son sistémicas y que las ejercía el expresidente Barack Obama. Cabe preguntarse, entonces, ¿por qué hacía falta una orden ejecutiva para ello si ya el sistema estaba haciendo la labor?  A fin de cuentas, no es de la manera ejecutada por Trump que funciona sus mecanismos estatales. Hay que acalarar que bajo el Pres. Obama sí se hizo un listado de países donde hay mayor riesgo de emigración de terroristas con la intención de atacar a los Estados Unidos. Lo que resulta una falsedad es decir que él hizo exactamente lo mismo que Trump en cuanto a esta materia. Los países en la lista fueron: Irán, Irak, Libia, Somalia, Siria, Sudán y Yémen.

Sin lugar a dudas, esta medida era totalmente irracional. La orden no detenía meramente a potenciales terroristas, sino también la inmensa mayoría de las personas provenientes de estos países que entraban a Estados Unidos legalmente y con propósitos legítimos, además de personas que traían ya consigo una tarjeta verde o tenían una ciudadanía dual. Entre varios de ellos se encontraban prestigiosos científicos,  estudiantes universitarios de diversas disciplinas y hackers y programadores profesionales que trabajaban benignamente en distintas compañías que laboraban sin problema alguno . Afortunadamente, se dejó sin efecto tal orden ejecutiva gracias a una determinación judicial, lo que ha desatado una cadena de ataques del Presidente a miembros de la rama judicial federal vía Twitter.

A pesar de toda esta tragicomedia política, siempre aparecen momentos de humanidad como reacción a estas medidas. Por ejemplo, algunos científicos hicieron disponibles sus laboratorios para aquellos que no pudieron viajar debido a esta política migratoria. El Vaticano ha estado estimulando la reunión de diversos movimientos populares a favor de políticas de protección al inmigrante y la Iglesia Unitaria Universalista de Estados Unidos está ofreciendo sus templos como albergues para inmigrantes ilegales que busquen refugio.

Otros aspectos de la política migratoria del Presidente continúan, como la búsqueda y deportación de inmigrantes ilegales, medida que ha tomado por sorpresa al sector agrícola estadounidense que emplea a dicha mano de obra. Lo que es extraordinario de todo esto es que años antes hubo un análisis que demostraba el potencial daño económico que implicaría unas políticas migratorias extremas. No … no provino de algún sector liberal o progresista, sino de unas organizaciones conocidas por su visión conservadora y republicana,  el  Partnership for a New American Economy y el Center for Global Development de Michael Bloomberg y Rupert Murdoch. Estos grupos sometieron un informe en el 2013 en torno a la mano de obra inmigrante y su aportación económica a la agricultura de Carolina del Norte. Entre otras cosas, este documento afirma lo siguiente:

  1. There is virtually no supply of native manual farm laborers in
    North Carolina:

In 2011, there were on average 489,000 unemployed people in North Carolina and approximately 6,500 available farm jobs offered through the North Carolina Growers Association. Despite the fact that each of these jobs was in or next to a county with over 10 percent unemployment, only 268 of the nearly 500,000 unemployed North Carolinians applied for these jobs. More than 90 percent of those applying (245 people) were hired, but just 163 showed up for the first day of work. A month in, more than half had quit. Only 7 native workers – or 3 percent of US workers hired – completed the entire growing season. By contrast, roughly 90 percent of all Mexican farm workers at the NCGA complete the growing season. In any given week, native farm workers are 30 times more likely to leave the job than Mexican farm workers. With 6,500 job openings, the 7 native workers who completed the season filled only
one-tenth of one percent of the jobs offered by the NCGA.

  1. No matter how bad the economy becomes, native workers do not take
    farm jobs:

Increasing unemployment has no impact at all on the number of native workers who complete the growing season with the NCGA, although it does correspond with a slight increase in the number who apply for farm jobs. The study shows that if unemployment rose from 2 percent to 14 percent, which would put hundreds of thousands of new people out of work, only about 100 more US workers would apply for NCGA jobs each year – just a sliver of the roughly 6,500–7,000 placements needed in recent years. Still, this spike in unemployment rate would not make US workers any more likely to finish a growing season at all.

  1. The North Carolina Growers Association spends more money to comply
    with the immigration laws designed to protect American workers than it
    does on salaries for all its American farm workers combined:

The North Carolina Growers Association spent more than $100,000 to advertise farm jobs and comply with immigration laws in 2011, while it paid out just $87,000 in wages to the seven native workers who completed the season working on the farm.

Esto refuta de manera decisiva uno de los argumentos más esgrimidos por el discurso antinmigrante: que los inmigrantes le “roban los empleos” a los nativos. Nada más lejos de la verdad. No importa cuan bien pague el patrono, no importa cuánto se intente proyectar el proletarismo agrícola como un trabajo digno, ni cuan “mala esté la economía”, sencillamente dicha labor no tiene demanda efectiva entre los estadounidenses, aunque así lo sea en el caso del inmigrante mexicano.

Lo otro que muestra son las implicaciones de la política migratoria de Trump:  el deportar a inmigrantes ilegales de Estados Unidos tendría un efecto devastador en la agricultura estadounidense.

The example of the North Carolina Growers Association affirms how deeply American farms depend on foreign labor, and how fundamental foreign labor is to making the agriculture industry run. Immigration policies can and should protect native employment, but should also not ignore economic reality. About two-thirds of hired farm workers in America today are foreigners, and America’s farms are depending steadily more on hired help and less on family members: according to the 2007 Census of Agriculture, paid employees made up about 60 percent of all farm workers, a substantial rise from the 40 percent share they made up in the 1990s (correspondingly, unpaid family members constituted 60 percent of farm workers nationally in the 1990s but only 40 percent today).

Esto ha llevado a no pocos sectores agrícolas que le llevaron al poder a vivir atemorizados ante la pérdida de mano de obra y podría generar una inflación causada por un posible aumento repentino del costo de alimentos, incluyendo aquel de ganado, sin hablar de la necesidad ulterior de descansar en mayores importaciones.

Ahora bien, debemos adentrarnos también en el asunto de la criminalidad. Desgraciadamente, el patrón social que acompaña a casi todo inmigrante ilegal es el grado de pobreza al que se enfrenta una vez pone su pie en el país anfitrión. Según algunos, esto condena a dicho territorio a la criminalidad. Desde un punto de vista científico social, este es un alegato empírico.

Marcha proinmigración

Marcha por la reforma migratoria estadounidense en 2006, San José, California (Foto cortesía de z2amiller, CC-BY-SA 2.0)

Una vez más, toda decisión de política pública debe tener buen fundamento empírico que dirija cualquier curso de acción. ¿Qué nos revela la evidencia?

Este año se publicó un artículo en la revista académica Journal of Ethnicity in Criminal Justice donde recoge los mejores datos disponibles en torno a la inmigración y su correlación con la criminalidad y demuestra que, contrario a lo que frecuentemente se supone, la tendencia de los inmigrantes (legales o ilegales) no es la de cometer crímenes. Al contrario,  dichas personas son las que menos riesgo implican para la sociedad en dichos términos. Steve Novella, en Neurologica Blog, llama la atención al hecho de que esto confirma un estudio publicado hace diez años que demostraba que un inmigrante, aunque fuera ilegal, tenía 20% de probabilidad de terminar en la cárcel cuando se le compara con un estadounidense. La razón de ello parece serque un inmigrante tiene mucho menos probabilidad de cometer un crimen que un nativo porque le presta mayor atención a las restricciones legales y sus correspondientes penalidades. Novella señala que es bien importante tener en cuenta de que ambos estudios tienen fallas significativas, por lo que sus resultados hay que cualificarlos y tomarlos cum granus salis.

Parece ser que la primera generación de estos inmigrantes, es decir, los inmigrantes acabados de llegar (legales o no), tienen una baja tasa de participación en actividades criminales o ilegales (excepto, por supuesto, su estancia ilegal). Sin embargo, la siguiente generación (los primeros hijos de los inmigrantes), a medida que se asimilan, tienden a aumentar su actividad criminal o ilegal, más o menos a la misma tasa que los nativos. Tampoco parece alterar en lo absoluto la tasa de criminalidad en las ciudades donde aspiran a vivir.

Esto contrasta marcadamente con los alegatos de Donald Trump durante su discurso de aceptación de su candidatura a la presidencia de Estados Unidos:

“[Undocumented immigrants] are being released by the tens of thousands into our communities with no regard for the impact on public safety or resources…We are going to build a great border wall to stop illegal immigration, to stop the gangs and the violence, and to stop the drugs from pouring into our communities.”

Toda la evidencia que se ha colectado desde los años 30, unay otra y otra vez hasta hoy demuestra exactamente lo contrario. Es más, de acuerdo con algunos estudios, la inmigración en las ciudades ha ayudado a reducir la tasa de la criminalidad. En el peor de los casos, ciertos estudios hechos con rigor (antes del publicado este año) mostraban que no hay base alguna para decir que los inmigrantes (fueran ilegales o no) son más propensos al crimen que los nativos.

Ciertamente, al mostrar todo esto no queremos implicar que la política pública correcta sea la de invitar a cualquier persona, incluyendo terroristas y conocidos criminales, a Estados Unidos o cualquier otro país. Al contrario, se deben continuar con ciertas políticas migratorias que realmente garanticen la seguridad y salud pública estadounidense. Sin embargo, lo que nos parece incorrecto es que la política aislacionista actual para terminar con el NAFTA, la creación de la muralla trumpeana para impedir la entrada de ilegales a los Estados Unidos mas su deportación masiva son varias de las decisiones desafortunadas contrarias a la economía estadounidense que el Presidente pudo haber tomado, sin hablar de la inhumanidad de lo que ello implica para los que buscan una vida mejor. En este hecho pueden estar de acuerdo conservadores, liberales y progresistas, a pesar de que el Presidente Trump haya hecho triunfar la ideología sobre la evidencia.

Referencias

Adelman, R., Reid, L. W., Markle, G., Weiss, S., & Jaret, C. (2017). Urban crime rates and the changing face of immigration: Evidence across four decades. Journal of Ethnicity in Criminal Justice, 15, 1, 52-77. doi: 10.1080/15377938.2016.1261057.

Butcher, K. F., & Piehl, A. M. (2007, jul.). “Why are immigrants’ incarceration rates so low? Evidence on selective immigration, deterrence, and deportation.” The National Bureau of Economic Research. doi: 10.3386/w13229. http://www.nber.org/papers/w13229.

Clemens, Michael A. (2013). International harvest. A case study of how foreign workers help American farms grow crops – and the economy. Partnership for a New American Economy
and the Center for Global Development.  http://www.renewoureconomy.org/sites/all/themes/pnae/nc-agr-report-05-2013.pdf.

National Commission on Law Observance and Enforcement. (1931). Report on Crime and the Foreign Born. Washington, D.C.: Government Printing Office.  https://www.ncjrs.gov/pdffiles1/Digitization/44548NCJRS.pdf.

Ousey, G. C.,  & Kubrin, C. E. (2009). Exploring the connection between immigration and violent crime rates in U.S. cities, 1980–2000. Social Problems56, 3, 447-473. doi: 10.1525/sp.2009.56.3.447.

Ousey, G. C., & Kubrin, C. E. (2014, sept.). Journal of Quantitative Criminology, 30, 3,  453-483. doi: 10.1007/s10940-013-9210-5.

Reid, L. W., Weiss, H. E.,  Adelman, R. M. & Jaret, C. (2005, Dec.) The immigration–crime relationship: Evidence across US metropolitan areas. Social Science Research34, 4, 757–780. doi:  10.1016/j.ssresearch.2005.01.001.

Taft, D. R. (1933, 1 oct.). Does immigration increase crime? Social Forces, 12, 1,  69-77. doi: 10.2307/2570119.

El impacto de las elecciones sobre las ciencias

Donald Trump y Ricardo Rosselló

A la izquierda, Donald Trump. Foto cortesía de Michael Vadon CC-BY-SA 2.0 / A la derecha, Ricardo Rosselló Nevárez. Foto cortesía de Edgardo Colón CC-BY-SA 4.0.

Los resultados de las elecciones del 2016 de Estados Unidos y Puerto Rico son noticias devastadoras en lo que concierne al ámbito de las ciencias, la lucha por los derechos humanos y la educación.
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Primera parada: Puerto Rico

En Puerto Rico, los resultados de las candidaturas a la gobernación no sorprendieron a nadie. Lo que sí dejó perplejos a algunos analistas políticos es el grado de insatisfacción que siente la población puertorriqueña con los partidos tradicionales. Más aun, fue refrescante la noticia de que una candidata independiente Alexandra Lúgaro, quien se autodefinió como atea, independentista y a favor del canabis (asunto del que hablaremos en otro artículo), haya obtenido el favor de una porción significativa de los votantes boricuas. Además, por primera vez en mucho tiempo, ningún candidato a la gobernación ganó por más del 42% de los votos. El Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y el Partido del Pueblo Trabajador (PPT) juntos no lograron llegar ni al 3% de los votos.  El Prof. Bernabe decidió no volver a postularse para el próximo cuatrienio como candidato a la gobernación, mientras que el PIP comienza el ya el acostumbrado ritual de “autoevaluación” para concluir que el resto del mundo está mal excepto el partido y así reinscribirse (mi predicción, espero estar equivocado).

Esto lanza varias señales. Una de ellas es que ya los puertorriqueños están perdiéndole el miedo a candidatos que se autodenominan públicamente ateoso que no profesan creencia alguna en alguna religión formalizada. Es más, me consta personalmente que han habido políticos agnósticos o ateos en la legislatura, pero que aun así no lo expresaron públicamente. Ya es tiempo para ellos “salir del closet“.

No debemos perder de vista que hubo un alto nivel de abstención en Puerto Rico. Sin embargo, es importante mencionar el hecho de que la cifra de 45% de los electores es algo inflada. No olvidemos que el Tribunal Supremo de Puerto Rico determinó que se incluyeran a aquellos que no votaron en las elecciones pasadas. Para este año, ya algunos de ellos habían abandonado nuestro archipiélago.

Dadas estas circunstancias, hay que señalar que Rosselló debe estar conciente de que, como cabeza de la rama ejecutiva, él no tiene un mandato fuerte para la estadidad o su programa de gobierno, ya que el PNP obtuvo votos muy por debajo de la mayoría absoluta y casi a la par con el PPD. Sin embargo, sus planes parecen girar en torno a esa propuesta de estatus y ese va a ser el grueso de la discusión durante los próximos años, además de su impotencia ante la todopoderosa Junta de Control Fiscal.

Además, las semillas de ciertos contribuyentes a su candidatura empezaron a dar frutos. El predicador evangélico Jorge Raschke se reunió con Rosselló para felicitarle por su triunfo.

Es interesante ver que la primera preocupación del nuevo ejecutivo como política pública no es comenzar el proceso de solicitar la estadidad al Congreso (de hecho, tiene la visión equivocada de que el Presidente es el que la concede … o algo parecido). No, la primera gestión es la de cambiar algunos aspectos de la carta circular en torno a la enseñanza con perspectiva de género en las escuelas públicas. Obviamente activistas feministas, como María Dolores Fernós reaccionaron ante este tipo de declaraciones afirmando muy correctamente que el Dr. Rosselló no entiende mucho del tema y que de lo que se trata la carta circular es el énfasis en la igualdad de dignidad de todo ser humano independientemente de su sexo o género. Nada de esto debe extrañar al público, ya que en su campaña Rosselló se comprometió ideológicamente como “católico cristiano” (whatever that means) a estar en contra de la enseñanza con perspectiva de género.

En cuanto a las ciencias como campo, no creemos que Rosselló vaya a afectar las ciencias mediante sus visiones ideológicas. Sin embargo, existe una gran preocupación en cuanto al estatus de la Universidad de Puerto Rico bajo la supervisión de la Junta. Se podría afectar el acceso a fondos estatales o federales para los fines de la investigación científica.

Seguro que los grupos de derechos humanos y otros tendrán mucho que luchar en los próximos 4 años, pero nada … NADA … se compara con el problema inmenso que representa la elección de Donald Trump en Estados Unidos.
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Segunda parada: Los Estados Unidos

El triunfo de Donald Trump fue prácticamente inesperado para el mundo entero, no solo para los Estados Unidos. Debido al sistema vigente, pero anacrónico y obsoleto, de los colegios electorales, la candidata demócrata Hillary Clinton ganó el voto popular, pero perdió el de los electores. Esta sería la cuarta ocasión que un presidente gana por colegio electoral a pesar del favor de la mayoría de la población estadounidense. Algunos están hablando de fascismo y dictadura, pero el Prof. Ángel Rosa nos recuerda que estas racciones son un tanto exageradas. Aun con un Congreso republicano, es muy improbable que Trump haga “lo que le dé la gana”.

No obstante la matización, no podemos bajar la guardia ante esta novel situación política. Tan pronto fue electo, Trump comenzó el proceso de selección de la gente que le acompañará en el ejecutivo y su lista no es nada agradable.

Durante su campaña política, él intentó desacreditar el carácter antropogénico del cambio climático. En ocasiones, hizo alegatos extraños e ignorantes como los siguientes:

Aunque algunos tenían esperanza de que no hiciera buena su promesa, Trump comenzó por escoger a Myron Ebell como director de transición de poder en la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Las voces de la comunidad científica no se hicieron esperar. La versión cibernética de la revista divulgativa Scientific American publicó un artículo al respecto, señalando que Ebell es un llamado “escéptico” de la antropogénesis del cambio climático y miembro del Center for Energy and Environment, un tanque ideológico conservador en torno a temas del ambiente.

Eso no es todo. Aunque parezca increíble, Trump considera nominar a su exrival de primarias Ben Carson para liderar el Departamento de Educación federal. Carson es un neurocirujano procedente de un sector fundamentalista protestante en los Estados Unidos, quien ha dedicado sus energías al combate de la enseñanza de la teoría de la evolución neodarwiniana en las clases de ciencias en las escuelas públicas de Estados Unidos. También niega explícitamente la antropogénesis del cambio climático o la mera existencia de este. No solo eso, sino que en una predicación, fue tan lejos como para postular la hipótesis de que las pirámides probablemente fueron construidas por el patriarca hebreo José para guardar los granos que necesitaba Egipto para los siete años de sequía…

… y que Satanás inventó la teoría de la Gran Explosión (Big Bang).

Tengamos eso en cuenta cuando pensemos que Ben Carson puede ser que termine a cargo de la educación de los niños estadounidenses a nivel nacional.

Lo mismo se puede decir del vicepresidente electo Mike Pence, quien no solo sostiene perspectivas semejantes a las mencionadas, sino que las ha defendido abiertamente en el Congreso de los Estados Unidos.

Además, Pence tampoco cree que fumar tabaco o cigarrillo sea dañino a la salud. Para el horror de la comunidad LGBTI, también favorece las desacreditadas “terapias” de conversión de homosexuales a heterosexuales.

Hay otras noticias que parecen indicar que la presidencia de Trump va a estar caracterizada en parte por un intento de crear una teocracia republicana.

Ante este panorama, el futuro cuatrienio se ve difícil tanto en los ámbitos de las ciencias como de los derechos humanos. Esto implica que activistas bien orientados en cuanto a estos temas tenemos que salir a la calle a defender la razón y las ciencias en estos tiempos en los que se asoma de nuevo la oscuridad racional, intelectual y espiritual.

Divulgación reciente: La aportación de los inmigrantes a la economía

People Are Not Illegal

Protesta “People Are Not Illegal” en la Universidad de North Park. Foto por Bradley Siefert. CC-BY-NC-ND 2.0.

En medio de la contienda política presidencial en los Estados Unidos, se ha desatado un acalorado debate en cuanto al tema de los inmigrantes. De acuerdo con el candidato republicano, Donald Trump, se puede construir una muralla entre Estados Unidos y México y hacer que este último sea el que lo financie … algo que ha caído muy mal en todos los sectores de la sociedad mexicana en ambos lados de la frontera. Trump ha sido bastante enfático en que sin la inmigración ilegal no habría tanta criminalidad, no habría tantos violadores (no que todos los mexicanos eran violadores) ni podrían quitarle a tanto trabajo a los nativos estadounidenses. Además, para él, debería impedirse la entrada de musulmanes con una retórica que hasta el mismo Benjamin Natanyahu (of all people) le saca el cuerpo. No en balde, ha recibido la gran mayoría del sector hispano es hostil a su mensaje, mientras que los racistas, nacionalistas blancos y xenofóbicos le han recibido con los brazos abiertos. Esta simpatía por este tipo de extremistas ha desembocado en una hemorragia de líderes conservadores del Partido Republicano dispuestos a votar por su rival, Hillary Clinton.

Sin embargo, a raíz de este “debate” (si es que se le puede llamar así), cabe preguntar: ¿Están perjudicando la economía los inmigrantes? ¿Le roban los inmigrantes a los nativos sus oportunidades de empleo? Recientemente, la prestigiosa agrupación Academias Nacionales de las Ciencias, Ingeniería y Medicina en Estados Unidos aportó su grano de arena a la discusión cuando publicó un informe titulado “The Economic and Fiscal Consequences of Immigration“. Sus catorce autores incluyen a reconocidos sociólogos, demógrafos, economistas, entre otros expertos.

Señalan que, a pesar de que una cuarta parte de la población estadounidense es inmigrante o hijos de inmigrantes, no encontraron ninguna evidencia de que la inmigración haya creado un impacto negativo sobre la disponibilidad de empleos para los nativos estadounidenses. Sí hay evidencia de que la llegada de oleadas de inmigrantes puede afectar la estructura salarial en Estados Unidos, especialmente en relación con otros inmigrantes y nativos con poca o ninguna educación. Sin embargo, esta es una etapa transitoria (p. 204), ya que usualmente la tecnología ayuda a mejorar las condiciones de vida y los nativos suelen moverse a empleos más competitivos. No solo eso, sino que también ayudan a los nativos al incrementar sus salarios (p. 148). La evidencia muestra que la situación de los inmigrantes mejora a la larga (p. 205).

Todo esto varía, depende cuándo y dónde esté disponible el capital para ello. Además, muchos factores económicos relacionados con los inmigrantes no pueden medirse debido a la complejidad de la dinámica de la economía. Aun así, los modelos apuntan a que el impacto negativo de los inmigrantes sobre los nativos es muy pequeña (pp. 203-204). El peso mayor contra los nativos no educados o desertores escolares y las minorías es mayor que contra aquellos que son educados (p. 204).

Tampoco se puede perder de perspectiva el hecho de que los inmigrantes formados, educados, adiestrados y expertos aportan sustancialmente a la economía (pp. 205-206, p. 243). Los inmigrantes adiestrados en cuido de niños, construcción, jardinería, entre otras labores reducen los costos de bienes y servicios, por lo que benefician a los consumidores y les facilita la vida de los nativos en muchos aspectos (p. 243). Los que son educados, aportan capital  intelectual al utilizar sus talentos para la innovación y el mercado de patentes. El informe reconoce que sin esa aportación, Estados Unidos no estaría bien posicionado en el mercado actualmente (p. 243). De acuerdo con el informe, a los gobiernos estatales y federales les cuesta los inmigrantes de primera generación. Aun así, los de segunda y tercera generación parece aportar significativamente más al ingreso de las arcas gubernamentales (pp. 404-405). Esto desmitifica la impresión errada de que este tipo de inversión del estado en inmigrantes es dinero perdido y no aporta nada a la economía.

Nunca podemos dejar a un lado el factor humano y es imperativo reconocer que hay un deber ético de hacer lo posible por ayudar a aquellos que huyen de una realidad mucho más grave que la que se vive en Estados Unidos. Con todo y eso, visto desde un punto de vista puramente económico, este informe desmitifica muchas de las convicciones que sostiene mucha gente en torno a cuan dañinos son supuestamente los inmigrantes (legales o ilegales) a la economía en general.