¿El fraude de la quimioterapia?

Senador Juan Dalmau

Senador Juan Dalmau, del Partido Independentista Puertorriqueño

Hace tres días, todos los puertorriqueños recibimos una gran noticia que nos llenó de mucha alegría. El Senador del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), Juan Dalmau Ramírez, compartió este tuit con sus seguidores:

Gabo padecía de leucemia linfoblástica, que fue erradicada, gracias a la quimio y al personal del Hospital Pediátrico. Aun con todo, siempre vale la cautela, de estar siempre atentos a que no regrese de alguna manera. Un chequeo periódico siempre será pertinente. Conozco personalmente al senador desde hace años, sé la calidad de persona que es, e infiero, a partir de ahí, la clase de padre que debe ser. Creo que la valía de su familia, incluyéndolo a él, debe servir de ejemplo de lo más hermoso que existe en nuestro pueblo. Le deseamos todo lo mejor a Gabo.

Antes que él, otra persona que admiro mucho, el Rev. Michael Dowd, también pasó por la quimio. No solo le salvó la vida, sino que hoy vive para contarlo y para continuar diseminando el evangelio de la evolución.

No obstante esto, en las redes sociales y en los ciertos círculos críticos de la medicina convencional, se suele pensar que la quimioterapia sencillamente no funciona. Esta convicción toma diferentes vertientes. En una en particular, se afirma que la quimioterapia disemina el cáncer en el cuerpo. Otros afirman que el 75% de los oncólogos jamás se someterían a la quimioterapia. En otros casos, se afirma que el porciento de éxito de la quimio es extremadamente bajo; al contrario, que el tratamiento fracasa el 97% de los casos. Este último alegato se diseminó debido a este vídeo de Peter Glidden haciendo unas declaraciones sorprendentes, hasta el punto en que se volvió viral:

Veamos las razones por la que se da tratamiento con quimioterapia y, después, vamos a explorar cada uno de estos alegatos.

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¿Para qué se utiliza la quimioterapia?

David Gorski, M.D.

David Gorski, M.D. Foto cortesía de él, CC-BY-SA 4.0.

Según el médico, David Gorski, el tratamiento de la quimio se puede utilizar con varios fines, dependiendo del caso.

  • Tiene un fin curativo. Este acercamiento se utiliza en los casos de leucemia y limfomas (como es el caso de Gabo, el hijo del Senador Dalmau).

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  • Puede ser una quimioterapia adyuvante. Después de alguna cirugía u operación, se administra quimio con el propósito de reducir la probabilidad de una nueva instancia del mal. Según estudios recientes, nos dice Gorski, este tipo de tratamiento ha ayudado a reducir las muertes por cáncer de mamas por un 30%.

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  • Puede ser una quimioterapia neoadyuvante. En este caso, se administra la quimio antes de la operación o la cirugía, sea para achicar el tumor, facilitando así su remoción, o sea para cirugía para conservación de algún órgano (por ejemplo, para achicar algún tumor y sacarlo para evitar una mastectomía).

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  • Puede ser una quimioterapia paliativa. En la etapa IV de la enfermedad, la quimio ayuda a alargar la vida del paciente.

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Alegatos contra la quimioterapia

1. La quimio ayuda a diseminar el cáncer en el cuerpo

En este caso, usualmente se utilizan dos estudios para fomentar este miedo al público. El primero es este estudio, que muestra cómo algunos tratamientos de quimioterapia, en vez de curar al paciente, empeoran su condición (Sun et al., 2012). En particular, lo que afirma es que hombres que se han tratado por cáncer de la próstata, han dado señales de que sus células saludables afectadas secretan la proteína WNT16B.  Cuando se daña el ADN de estas, generan la proteína que, inesperadamente, crea resistencia de las cancerosas al tratamiento.

Sin embargo, lo que muchas personas pasan por alto es que esto no aplica a todo tipo de quimioterapia, sino aquellas que son extremadamente agresivas hasta el punto de dañar las células saludables. En tales casos, el estudio señala que este tipo de tratamiento puede retardar la cura del cáncer por las razones indicadas.

Por otro lado, lo que usualmente no se dice en las redes sociales y en los lugares de la mal llamada “medicina alternativa”, es que los mismos autores afirman que esta evidencia sugiere un nuevo curso de acción para futuros tratamientos. Por ejemplo, se podría inyectar un anticuerpo para la WNT16B durante el tratamiento con quimio y, de esa manera, impedir que los tumores crezcan a causa de la proteína. Efectivamente, algunos años después, se publicó otro artículo en que mostraba que esta estrategia funcionaba (Sun et al., 2016).

El segundo estudio que se utiliza, y que fue publicado el año pasado, es este, en el que se descubrió que una quimio neoadyuvante, puede inducir a metástasis en casos de cáncer de seno (Karagiannis et al., 2017). Es decir, que una quimio administrada antes de una cirugía de seno, podría estimular a empeorar la situación de la paciente que padezca de cáncer. Sin embargo, lo que nos revela el estudio, es algo distinto. Como una revisión científica nos deja saber, la quimio neoadyuvante tiene la misma tasa de supervivencia que el adyuvante, pero la primera tiene más éxito en la preservación del seno que la segunda (Mieog, Hage, & Velde, 2007). Lo que procura indagar el estudio que exploramos es, más bien, la manera de mejorar algunos problemas potenciales de los tratamientos con quimio neoadyuvantes, en este caso, del cáncer de seno.

Kariagiannis et al. (2017) nos dice que aun con lo señalado, es posible que, bajo algunas circunstancias de cáncer de mamas, ciertas formas de quimioterapia neoadyuvante estimulen a los macrófagos y estos creen algunas aperturas en tejidos por los cuales las células cancerosas puedan salir e invadir el cuerpo. El estudio es una publicación de los resultados experimentales que corroboran esta hipótesis.

Sin embargo, lo que a los críticos de la quimioterapia se les olvida cuando utilizan este artículo, es que el estudio incluye también maneras de evitar ese desenlace durante la quimio.  Los autores diseñaron una efectiva estrategia de bloqueo de las células cancerosas para que no se diseminaran por la corriente sanguínea. Aquí, David Gorski nos da más detalles de ese proceso.

Conclusión: Los médicos se acercan a un caso de cáncer como estratega militar, buscando cómo acorralar y terminar al enemigo de la manera más efectiva posible. Todo esto involucra cálculo de riesgo, cálculo costo-beneficio y mucha sabiduría. Hemos visto que, a medida que se cometen errores, se sigue aprendiendo cómo opera el cáncer y los efectos de la quimio, para entonces proponer mejores remedios mucho más efectivos. Sin embargo, en balance neto, a pesar de las inherentes limitaciones del conocimiento médico de algo tan complicado como el cáncer, la quimio funciona en muchísimos casos, especialmente cuando se incorporan nuevas estrategias para liquidar células cancerosas.

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2. La quimio no es efectiva en el 97% de las ocasiones

Botellas de químicos para la quimioterapia

Botellas de químicos para la quimioterapia. Imagen cortesía de la National Cancer Institute.

El alegato contra el tratamiento, se vio alentado por un estudio que concluía que este procedimiento no funciona el 97% de las veces. En años recientes, se presentó el vídeo en que un médico “confesaba” que ese era el caso (lo mostramos al comienzo de este escrito). Para sustanciar su afirmación, muestran dos “estudios”.

Uno de ellos no es un estudio, sino una monografía, que ya es obsoleta debido a que sus conclusiones no son válidas. La monografía fue escrita por Hardin Jones en el año 1956. Desde entonces hasta ahora, su contenido ha perdido vigencia porque la situación de la medicina ha cambiado radicalmente. El asunto se agrava cuando uno se da cuenta de que las fuentes en las que el Dr. Jones basaba sus conclusiones son todas mucho más obsoletas (i.e. una de 1926, otra de 1937, sin dar referencias).

El otro estudio que se menciona es el aludido por Peter Glidden en su vídeo (que mostramos arriba), especialmente dando el año equivocado: el estudio al que se refiere se publicó en el 2004, no en 1994, y la revista se llama Clinical Oncology, no Journal of Clinical Oncology (Morgan, Ward & Barton, 2004). En las ciencias, la supervivencia se mide en un periodo de 5 o de 10 años después del tratamiento de cáncer, dependiendo de lo que se quiera inquirir. En el estudio en cuestión, se observó el nivel de supervivencia de pacientes que habían pasado por quimioterapia y llegó a la conclusión de que solo sobrevivían entre el 2 al 3% de los pacientes de cáncer en Australia y en Estados Unidos. Desde entonces, este artículo se ha convertido en la bandera de la llamada “medicina alternativa” en contra de la quimioterapia.

Sin embargo, un artículo publicado no es palabra de Dios ni adquiere un estatus de infalibilidad. Sí, fue revisado por pares antes de la publicación, pero la crítica continuó aun después. Una carta al editor de la revista Clinical Oncology, dejó saber que el escrito tenía unas serias deficiencias hasta el punto de invalidar sus resultados (Mileshkin et al., 2005). He aquí un puñado de sus objeciones:

  • El estudio no establece una distinción entre varios tipos de cáncer ni los distintos tipos de tratamiento de quimioterapia. Eso lleva a serios problemas en cuanto a las conclusiones (aquí menciono solo unas cuantos de todos los que señalan):
    • El estudio subestima la eficacia de la quimioterapia, ya que en algunos casos, el cáncer de mamas (que tuvieron en consideración) vuelve aparecer más allá de los 5 años. La quimio adyuvante puede alargar el periodo de vida a 10 años para mujeres más jóvenes de 50 años (un 7%) y las que hayan padecido de ganglios positivos (un 11%). El periodo en 5 años (como hace el estudio) daría unos datos de 3% y 6.8% correspondientemente.

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    • El estudio omite, inexplicablemente, los casos de leucemias, instancias en los que la quimio tiene un alto porcentaje de éxito (en la primera ronda del tratamiento, entran en remisión el 70 a 80% en el caso de aquellos más jóvenes de 60 años; entre el 35 al 40% de estos pacientes estarán completamente curados. Döhner et al., 2010; Döhner, Weisdorf & Bloomfield, 2015).

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    • No hace distinción entre distintos tipos de linfomas, algunos son de alta probabilidad de cura con quimio (e.g. el linfoma Burkitt).

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  • Tampoco el estudio mira la evidencia de cómo ciertas dosis de la quimio han ayudado alargar el lapso de vida del paciente y le añade un grado de calidad de vida.

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  • La quimioterapia también es costoefectiva, ya que representa un ahorro  cuando se le compara con la inversión en medicamentos en etapas avanzadas.

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  • El estudio también altera resultados de otros. Por ejemplo, en el caso del cáncer de la cabeza y del cuello, el estudio cita mal a un metaanálisis cuando dice que la contribución al beneficio que hacía la quimioterapia en conjunto con la radioterapia era 4%, cuando en realidad era 8%.

Conclusión: Por estas y otras muchas razones, los oncólogos no le dan crédito a la aseveración de que la tasa de supervivencia de los tratados con quimio es de 2 a 3%.

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3. El 75% de los médicos rechazaría la quimioterapia

Doctora con su tableta

Doctora con su tableta – Foto cortesía de George Holdan.

Otra afirmación que procede de la “dimensión desconocida” es el dato falso de que el 75% de los médicos oncólogos rechazaría la quimioterapia.  Este factor proviene de una encuesta que se hizo en 1985, para la revista Oncology. En aquel momento, lo que se preguntaba, en el caso del cáncer del pulmón, era en relación con un producto de quimioterapia particular, cisplatin. Nótese que esta encuesta no trataba en general del tema de la quimio, ni se refería a la totalidad de los tratamientos. En aquel momento, el cisplatin era una droga nueva en el mercado y muchos oncólogos tenían dudas de su efectividad para el cáncer pulmonar.

Sin embargo, los que dan ese dato se les olvida que esa misma revista hizo otro sondeo en 1997, que ha sido publicado y está disponible al público. ¿Resultado? El 64.5% de los oncólogos y hematólogos, además del 67% de las enfermeras, dijeron que sí se tratarían con la quimioterapia (Smith, Desch, & Somerfield, 1998).

Admitidamente, esta es una muestra limitada de oncólogos, médicos en general y enfermeros. Hubo otro sondeo al respecto, distinto al que discutimos hace poco y, para sorpresa de muchos la respuesta es variada de cada tipo de cáncer. Por ejemplo, para la etapa IV de Hodgkin, el 98% de los oncólogos estaba dispuesto a tratarse con quimioterapia. En el caso de las etapas III y IV del linfoma histiocítico difuso, el 94%, el mismo resultado que el linfoma limfocítico agudo y el mieloma múltiple. Ese no fue el caso de cáncer de colon resecable, 8% (Lind et al., 1991, p. 392).

Conclusión: No hay un solo tipo de cáncer, como no hay un remedio de quimioterapia, como no todas las víctimas tienen el mismo estado de salud. La opinión de los oncólogos de si se someterían a la quimio varía por caso, pero es falsa la convicción de que la mayoría (el 75%) de los médicos se opondrían a este tratamiento en general.

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La quimio sí funciona

Si el caso de Gabo, el hijo del Sen. Dalmau, o el caso del Rev. Michael Dowd no son suficientes, la evidencia muestra que hay vida después de la quimio. En el Reino Unido, sobrevive el 50% por 10 años o más, una mejora de 1970 en el que el porcentaje de supervivencia era de 24%. La quimioterapia y las mejoras de su administración, ciertamente tuvieron mucho que ver con eso. En Estados Unidos ha habido un decrecimiento sustancial de incidencias de cáncer, al igual que una disminución de un 25% de muertes de pacientes con la condición.

Las tendencias de incidencias y mortandad por cáncer por sexo.

Las tendencias de incidencias y mortandad por cáncer por sexo (Siegel, Miller, & Jemal, 2017, p. 12).

Lo mismo se está viendo en Canadá.

La quimioterapia envenena el cuerpo, como muchos opositores dicen constantemente, pero recordemos que todo depende de la dosis y de la estrategia escogida por el médico para lidiar con el caso de cáncer que corresponda. Para todos los efectos, dependiendo del caso, de la edad del paciente y de la terapia a tomar, se tiene una mayor o menor probabilidad de sobrevivir al cáncer.

Ciertamente, se tiene mucha mayor probabilidad de vencer cuando se lucha, que cuando no se hace nada. Sin embargo, cada vez que le decimos a nuestros seres queridos que padecen este mal, que no tomen la quimio porque solo funciona un 2.5%, con toda probabilidad, estamos efectivamente condenándole a muerte.

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Muchas gracias.

Referencias

Döhner, H., Estey, E., Amadori, S.,  Appelbaum, F. R., Büchner, T, Burnett, … Bloomfield, C. D. (2010).  Blood, 115, 453-474. doi: 10.1182/blood-2009-07-235358.

Döhner, H., Weisdorf, D. J., & Bloomfield, C. D. (17 de septiembre de 2015). Acute myeloid leukemia. The New England Journal of Medicine373, 1136-1152. doi: 10.1056/NEJMra1406184.

Gorski, D. (17 de julio de 2017). Does chemotherapy cause cancer to spread? Science-Based Medicinehttps://sciencebasedmedicine.org/does-chemotherapy-cause-cancer-to-spread/.

Jones, H. B. (1956). Demographic consideration of the cancer problem. Transactions of the New York Academy of Sciences18(4), 298-333. doi: 10.1111/j.2164-0947.1956.tb00453.x.

Karagiannis, G. S., Pastoriza, J. M., Wang, Y., Harney, A. S., Entenberg, D., Pignatelli, J. … Oktay, M. H. (5 de julio de 2017). Neoadjuvant chemotherapy induces breast cancer metastasis through a TMEM-mediated mechanism. Science Translational Medicine, 9(397), eaan0026. doi: 10.1126/scitranslmed.aan0026.

Lind, S. E., DelVecchio Good, M.-J., Minkovitz, C. S, & Good., B. J. (agosto de 1991). Oncologists vary in their willingness to undertake anti-cancer therapies. British Journal of Cancer, 64, 391-395.

Mieog, J. S. D., Hage, J. A. van der,  Velde, C. J. H. van de. (octubre de 2007). Neoadjuvant chemotherapy for operable breast cancer. British Journal of Surgery, 94(10), 1189-1200. doi: 10.1002/bjs.5894.

Mileshkin, L., Rischin, D., Prince, H. M., & Zalcberg, J. (junio 2005). The contribution of cytotoxic chemotherapy to the management of cancer. Cancer Oncology, 17(4), 294. doi: 10.1016/j.clon.2005.02.012.

Miller, K. D., Siegel, R. L., Lin, C. C., Mariotto, A. B., Kramer, J. L., Rowland, J. H., Stein, K. D. … Jemal, A. (julio/agosto 2016). Cancer treatment and survivorship statistics, 2016. CA. Cancer Journal for Clinicians, 66(4), 271-289. doi: 10.3322/caac.21349.

Morgan, G., Ward, R., & Barton, M.  (diciembre de 2004). The contribution of cytotoxic chemotherapy to 5-year survival in adult malignancies. Clinical Oncology, 16(8), 549–560. doi: 10.1016/j.clon.2004.06.007.

Siegel, R. L., Miller, K. D., & Jemal, A. (enero/febrero 2017). Cancer statistics, 2017. CA. Cancer Journal for Clinicians, 67(1), 7–30. doi: 10.3322/caac.21387.

Smith, T. J., Desch, C. E., & Somerfield, M. R. (1 de marzo de 1998). Would oncologists want chemotherapy if they had non-small-cell lung cancer? Oncology, 12(3). http://www.cancernetwork.com/lung-cancer/would-oncologists-want-chemotherapy-if-they-had-non-small-cell-lung-cancer.

Sun, Y., Campisi, J., Higano, C., Beer, T. M., Porter, P., Coleman, I. … Nelson, P. S. (5 de agosto de 2012). Treatment-induced damage to the tumor microenvironment promotes prostate cancer therapy resistance through WNT16B. Nature Medicine, 18, 1359–1368. doi: 10.1038/nm.2890.

Sun, Y., Zhu, D., Chen, F., Qian, M., Wei, H., Chen, W., & Xu, J. (18 de agosto de 2016). SFRP2 augments WNT16B signaling to promote therapeutic resistance in the damaged tumor microenvironment. Oncogene, 35, 4321–4334. doi: 10.1038/onc.2015.494.

 

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Cuando revistas predatorias retiran estudios antivacunas fatulos …

Vacunación contra la tifoidea

Dr. Schreiber de San Agustín, California, inoculando contra la tifoidea.

En el portal de Science-Based Medicine, David Gorski nos informa de la retirada de dos estudios (que en el fondo eran uno solo) que pretendían demostrar que las vacunas efectivamente enferman a los vacunados. Esto tiene que ver con el famoso seudoestudio de Andrew Wakefield publicado en The Lancet, que supuestamente vinculaba la vacuna triple vírica (MMR) con el autismo y con el aumento del trastorno del espectro autista (TEA).

Sin embargo, queremos recalcar que las revisiones científicas y metaanálisis que incluyen a más de 1.2 millones de niños no muestran relación alguna entre la vacuna triple vírica y el llamado “aumento” del TEA, supuesto incremento que ya hemos desmentido. Aun así, el sector antivacunas insiste en avanzar con su causa.

Al igual que muchos de los científicos antitransgénicos o negacionistas del cambio climático en general, aquellos que son antivacunas suelen publicar en revistas predatorias o desprestigiadas para dar la apariencia de que se ha dado a conocer información importante en alguna revista “científica arbitrada”. Hemos escrito ya sobre el serio problema de las revistas predatorias y el enorme problema que han creado en términos de política pública.

David Gorski, M.D.

David Gorski, M.D. Foto cortesía de él, CC-BY-SA 4.0.

Gorski nos habla de lo que él denomina “estudios zombis”, es decir, estudios que han sido retirados por revistas, pero que “resurgen” del ámbito de los muertos y aparecen en una segunda revista de peor prestigio. Un ejemplo de ello fue el caso del estudio de Gilles Éric Séralini (del que hablaremos la semana que viene) en que supuestamente mostraba una asociación causal entre alimentos transgénicos con glifosato y unos tumores de unas ratas. El estudio fue retirado por serias deficiencias, pero volvió a publicarse en otra revista de peor prestigio y sin arbitrar. Además, Séralini sigue publicando artículos —incluyendo en revistas predatorias— utilizando ese como base, a pesar de que en la segunda vez que publicó el artículo en cuestión concluyó que de los datos no podía derivarse nada.

Otro ejemplo es el que nos trajo Gorski con su artículo, esta vez dirigido al público antivacunas. El autor principal es Anthony R. Mawson, perteneciente a la causa antivacunas y que llevó a cabo una colecta en línea para financiar el estudio. Una vez se llegó a la cifra deseada, él y otros autores publicaron el estudio en una editorial predatoria de la que hablamos casi un año atrás, una revista de Frontiers. He aquí la ficha del escrito:

Mawson, A. R., Ray, B. D., Bhuiyan, A. R., & Jacob, B. (21 de noviembre de 2016). Vaccination and health outcomes: A survey of 6- to 12-year-old vaccinated and unvaccinated children based on mothers’ reports. Frontiers in Public Health, 4, 270. doi: 10.3389/fpubh.2016.00270.

Cuando Frontiers retiró el artículo, el enlace cibernético asignado a este dejó de funcionar y da error. Aquí se encuentra el PDF de la versión provisional.

El estudio en sí consistía en la administración de un cuestionario a madres voluntarias para saber si sus niños mostraron síntomas de enfermedad después de la vacunación de sus hijos.  El portal desmitificador, Snopes.com, mencionó los varios  factores principales de cómo se llevó a cabo el estudio y su eventual publicación:

  1. Hay un notorio conflicto de intereses debido a la manera en que se financió. Prácticamente la totalidad del dinero provenía de los grupos antivacunas.
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  2. Los autores en cuestión ya tenían una opinión formada al respecto. Esto en sí no es nada malo siempre y cuando el diseño del experimento fuera lo suficientemente riguroso para no inclinar los datos a los prejuicios formados.
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  3. El diseño del experimento era fatal, ya no se hizo una selección azarosa de distintas poblaciones de madres para administrar el cuestionario. Al contrario, se seleccionaron a varias madres que practicaban “homeschooling” y cuyo parecer en torno a las vacunas ya estaba formado.
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  4. Se publicó en una revista altamente cuestionada por la comunidad científica. El artículo fue arbitrado por un quiropráctico, profesión cuya comunidad en general es hostil a las vacunaciones.

Para mayores detalles en torno a las fallas, pueden leer este artículo y el publicado por Gorski en Science-Based Medicine. Varios científicos y un sector del público lo consideró este estudio chatarra y la editorial Frontiers fue el blanco de múltiples críticas al respecto. Por eso, Frontiers tuvo que hacer una declaración pública vía Twitter.

Como resultado, se retiró el estudio y el acontecimiento fue reportado en Retraction Watch.

Sin embargo, a pesar de su súbita desaparición, el estudio “revivió” en otra revista, esta vez publicada por una editorial de mucha peor calidad, Open Access Text. Esta es su ficha:

Mawson, A. R., Ray, B. D., Bhuiyan, A. R., & Jacob, B. (24 de abril de 2017). Pilot comparative study on the health of vaccinated and unvaccinated 6- to 12-year-old U.S. children. Journal of Translational Science, 3, 3. doi: 10.15761/JTS.1000186.

Sus datos fueron publicados también en un artículo aparte en la misma revista predatoria:

Mawson, A. R., Ray, B. D., Bhuiyan, A. R., & Jacob, B. (24 de abril de 2017). Preterm birth, vaccination and neurodevelopmental disorders: a cross-sectional study of 6- to 12-year-old vaccinated and unvaccinated children. Journal of Translational Science, 3, 3. doi: 10.15761/JTS.1000187.

La razón de por qué tengo que proveer los estudios como archivos en nuestro portal y no en la fuente original es que los dos artículos en cuestión no se encuentran en las direcciones cibernéticas asignadas por la revista (un mal típico de las editoriales predatorias). Como los artículos se publican bajo una licencia de Creative Commons (aunque es curioso que no digan cuál de todas es), no se comete violaciones a derechos de autor el proveerlos en este blog.

Tal vez la ausencia de dichos artículos se explica por el señalamiento hecho por Retraction Watch de que Open Access Text parece haber retirado ambos artículos.

Breve reflexión

Aunque este asunto de los artículos zombis pueda sonar jocoso, en realidad es un asunto muy serio.

Estos son estudios fatulos publicados en revistas en el mejor de los casos desprestigiadas, en el peor se dedican a explotar a científicos y lectores. Su contenido carente de material científico y datos falsos se convierten en criterio para decidir política pública. Todo gobierno tiene un panel de expertos en torno a estos temas que saben mucho mejor en cuáles publicaciones confiar y en cuales no. Sin embargo, la población en general no goza de la misma sabiduría. Cuando estos asuntos se convierten en movimientos políticos ruidosos, el público tiende a hacerles caso y a exigir a sus gobernantes (electoralmente comprometidos) a que ignoren a los expertos.

Estos artículos como los de Andrew Wakefield y otros, tenidos como mártires de “Gran Farma”, han sido responsables de que en Estados Unidos se hayan desatado brotes de enfermedades que se pensaban que no se verían más en ese país, tales como el sarampión. Personas tales como Robert F. Kennedy, Jr. y Robert De Niro quienes financian estos grupos no mejoran la situación.

La publicación de estos artículos fatulos ha afectado las políticas en torno al calentamiento global, en cuanto a ingeniería genética, la provisión de vacunas y medicamentos, entre otros asuntos. El hecho de que la prensa frecuentemente descanse sus reportajes en estudios preliminares, en vez de revisiones científicas, metaanálisis y estudios rigurosamente controlados, revela una seria deficiencia de ese campo aun en el ámbito de reporteros especializados en divulgar sobre las ciencias.

En otras palabras, las revistas predatorias y la falta de literacia científica se han convertido en la era cibernética en una genuina amenaza para la salud pública. Por ende, los gobiernos y las Naciones Unidas deberían formar sus respectivos comités con científicos conocedores de estos asuntos y otros expertos para figurar alguna manera viable de contrarrestar estos males sin socavar la libertad de expresión ni los derechos humanos en general.

Sobre este tema, véase también los artículos de David Gorski, M.D. en su blog:

Referencias

Hawkes, D. (14 de junio de 2016). Calls by alternative medicine practitioners for vaccinated vs unvaccinated studies is not supported by evidence. Vaccines, 34, 28, 3223-3224. doi: 10.1016/j.vaccine.2015.12.031.

Taylor, L. E.,  Swerdfeger, A. W., & Eslick, G. D. (17 de junio de 2014). Vaccines are not associated with autism: An evidence-based meta-analysis of case-control and cohort studies. Vaccines, 32, 29, 3623–3629. doi: 10.1016/j.vaccine.2014.04.085.

Wakefield, A. J., Murch, S. H., Anthony A., et al. (28 de febrero de 1998). Ileal-lymphoid-nodular hyperplasia, non-specific colitis, and pervasive developmental disorder in children. Lancet 351, 9103, 637–41. doi: 10.1016/S0140-6736(97)11096-0.