Otra evidencia contra la tesis de la crux simplex …

En uno de los artículos sobre Jesús de Nazaret se resaltó la evidencia contra la creencia de los testigos de Jehová de que la crucifixión que padeció históricamente el Nazareno era en una crux simplex. Según ellos, el uso de la crux immissa como aquella en la que murió Jesús provino del emperador Constantino en el siglo IV. Sin embargo, mostramos el famoso Alexamenos Graffitto en la que se representa a Jesús como un hombre con cabeza de asno crucificado en una crux immissa y que esta era una evidencia temprana de que para los cristianos Jesús no murió en una crux simplex.

Alexamenos graffitti

Graffitti del siglo III d.C. que se burla de un cristiano. Dice en griego: “Αλεξαμενος ςεβετε Θεον” (Alexamenos adora a su dios).

Sin embargo, la revista cibernética Bible History Daily llamó la atención recientemente a otro tipo de evidencia, esta vez por escrito, de un papiro conocido como P75 en la que se constata el uso de un “staurograma” (⳨), un símbolo que combina las letras “tau” (T) y “rho” (P) en griego. Se abrevia la palabra griega para crucifixión “stauron” (σταυρον) de la siguiente manera (Ϲ⳨ΟΝ) con un ligamento sobre esta palabra.

P._Bodmer_XIV-XV,_staurogram

P75 es un papiro mucho más temprano (s. II) que el Alexámenos Graffitto (s. III). Una vez más, esto es evidencia de que los cristianos estaban bien claros en el tipo de cruz que ellos creían que había muerto Jesús.

El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 5

¿Quién era Poncio Pilatos?

¿Qué es la verdad? - por Nicolai Ge (1890)

¿Qué es la verdad? – por Nicolai Ge (1890)

Si alguien me preguntara cuánto tardó el interrogatorio del prefecto romano, Poncio Pilatos a Jesús, les podría decir que no más de cinco minutos. El diálogo debió haber sido algo así:

—Dicen los sacerdotes del Sanedrín que tú te has autodenominado Rey de los Judíos. ¿Qué tienes que decir al respecto? ¿Aceptas las acusaciones? ¿Eres el Rey de los Judíos?— diría Pilatos

— Tú lo dices.

— ¡Crucifíquenlo!

Ese sería el final del relato. Pienso que algo bien parecido fue lo que realmente ocurrió. Contrario a nuestra cultura de derechos, el Imperio Romano no tenía tal cosa como derecho a un juicio, a un abogado, un jurado de sus pares, etc.

¿Qué clase de persona fue Poncio Pilatos? Una tal vez muy distinta a la que vemos en los evangelios y en otros escritos cristianos. Para ilustrarlo, vean el siguiente pasaje de las Antigüedades judías de Flavio Josefo:

Pilato provocó otra revuelta al gastar el Tesoro Sagrado, que se llama Corbán, en la construcción de un acueducto para traer el agua desde una distancia de cuatrocientos estadios. El pueblo se indignó ante este proceder y, como Pilato se hallaba entonces en Je­rusalén, rodeó su tribuna dando gritos en su contra. Sin embargo Pilato, que había previsto ya este motín, distribuyó entre la multitud soldados armados, vestidos de civil, y les dio la orden de no hacer uso de las espadas, sino de golpear con palos a los sublevados. Desde su tribuna él dio la señal
convenida. Muchos judíos murieron a golpes y otros mu­chos pisoteados en su huida por sus propios compatriotas. La muchedumbre, atónita ante esta desgraciada matanza, quedó en silencio (II:175-177).

¡Ahí tienen a Poncio Pilatos! Era un hombre con una actitud férrea, sin misericordia. Es difícilmente el tipo de persona que hubiera pensado dos veces la pena de crucifixión ante una admisión explícita de un tal Jesús de que se consideraba Rey de los Judíos.

Hoy día la pena de muerte a una sola persona le cuesta miles, a veces millones, de dólares para los procedimientos judiciales. Sin embargo, en la Antigüedad y ante el Imperio Romano, especialmente contra rebeldes antirromanos, la vida era bien barata. Cuando la Guerra Judía terminó con la destrucción de Jerusalén, el hijo del emperador Vespasiano, Tito, mandó a crucificar a tanta gente, que se les acabó la leña a los romanos (Ehrman, Jesus 223-224).

Lo que encontramos en los evangelios es otra cosa.  Vemos a un Pilatos que vacilaba ante los alegatos de los sacerdotes, que se resignaba ante las autoridades judías y se lava las manos o que se los entregaba para que fueran ellos los que le crucificaran (¡!¿? – Juan 19:15-16). Además, según estos escrito, era tan difícil el problema para él, que consultó a las multitudes a ver si soltaban a Jesús o a un sedicioso llamado Barrabás, porque y cito:

Cada Fiesta [Pilatos] les concedía la libertad de un preso, el que pidieran (Marcos 15:6).

Esto era impensable para los romanos, dado que todo sedicioso era condenado a la crucifixión sin otras consideraciones. Además, tampoco hay evidencia alguna en ninguna de nuestras demás fuentes de que existía esta costumbre.

Aunque los evangelios, Flavio Josefo y el historiador Tácito nos dicen que Pilatos era procurador de Judea, en realidad era un prefecto. ¿Cómo lo sabemos? Se ha encontrado una inscripción con el nombre de Poncio Pilatos que así lo establece.

Inscripción de Poncio Pilatos

Inscripción de Poncio Pilatos. Foto cortesía de Marion Doss.

La inscripción, que aparece parcial, dice lo siguiente:

[DIS AVGUSTI]S TIBERIEVM
[…PO]NTIVS PILATVS
[…PRAEF]ECTVS IVDA[EA]E
[…FECIT D]E[DICAVIT]

El divino Augusto Tiberio
… Poncio Pilatos
Prefecto de Judea
… ha dedicado

Como casi siempre ocurre, la evidencia arqueológica debe privilegiarse por encima de la evidencia escrita.

Desgraciadamente, de un Poncio Pilatos inmisericorde, los cristianos fueron exonerándolo más a él y culpando más a los judíos de la muerte de Jesús. Tanto es así que hoy día, hay iglesias cristianas que han canonizado a Pilatos. ¿Qué explica tal exoneración?

  • La destrucción de Jerusalén fue el mayor detonador de las tensiones más agresivas entre judíos y cristianos gentiles. Solo quedaron los fariseos y los cristianos como ramas del judaísmo. Desde mucho antes, algunas de las sinagogas judías estaban expulsando a cristianos y castigándoles con 39 golpes con varas (apaleamiento), como ocurrió con Pablo de Tarso (2 Cor. 11:24).
    .
  • El número de cristianos era mucho mayor en la gentilidad, en áreas dominadas por Roma que en Judea. Esto significó que dada la hostilidad de ambos (judíos y romanos), sentirían la presión social de ser mejores personas ante las autoridades romanas.
    .
  • En la región romana de Palestina, el cristianismo era una forma de resistencia judía antirromana, pero en la medida que en la gentilidad siguió integrando a miembros de todos los estratos sociales, se percibían cada vez menos como judíos y no tan antirromanos.
    .
  • Esto último llevó a una teología paulina mal entendida. Contrario a Pablo, quien afirmaba que la Torah estaba vigente y que los judíos estaban obligados a observarla, varias vertientes paulinas después de su muerte comenzaron a decir que la Torah había sido abolida. Que la muerte de Jesús había nulificado la Ley mosaica y que los judíos (quienes los expulsaban y maltrataban en las sinagogas) habían traicionado a su Mesías, debido a que sus autoridades lo habían mandado a matar.
    .
  • Finalmente, el contenido apocalíptico de los evangelios fue menguando a medida que pasaron los años:  en Marcos y Mateo hay un fuerte apocalipticismo, que se reduce considerablemente en Lucas y casi desaparece por completo en Juan. Igual con varias de las cartas pospaulinas.
    .

Este fue el inicio de un odio cada vez mayor a los judíos y, en particular, a los fariseos. Los fariseos llevaron a cabo unas reformas religiosas que probablemente incluía el expulsar a cristianos, movida que aumentaba a medida que pasaba el tiempo. Ya ustedes tienen la contestación de por qué en Juan (el más evangelio más tardío de de los cuatro, 95-100 d.C.) no son los saduceos, sino los fariseos los que siempre quieren matar a Jesús y los que participaron de su muerte.

Como manera de simpatizar con los romanos y culpar más a los judíos, apareció el relato de Barrabás, la exoneración gradual de Poncio Pilatos y la cada vez mayor demonización de los judíos en los escritos cristianos.

La crucifixión

Cristo crucificado -- por Diego Velázquez (1632)

Cristo crucificado — por Diego Velázquez (1632)

La crucifixión era un proceso nada fácil para el condenado a muerte y la inmensa mayoría de los crucificados moría. Contrario a la impresión que quiere dar la película The Case for Christ (¡no se me ha olvidado!) hubo casos de supervivencia a un proceso de crucifixión, como por ejemplo, tres conocidos de Flavio Josefo que fueron crucificados por las autoridades romanas. Después de que mediara por ellos, fueron bajados de la cruz con vida (Josefo, Autobiografía 75).

Lo que sí se puede decir es que en el caso particular de Jesús, es altamente improbable que hubiera quedado con vida. En primer lugar, los evangelios nos cuentan verosímilmente que Jesús fue latigado, coronado con espinas y burlado por los soldados romanos. La latigación solamente podía dejar a una persona débil. El látigo era el flagrum romano, que consiste en una serie de flagelos de cuero con bolas de plomo al final, que tenían la función de arrancar la carne del flagelado con cada golpe que se le diera. Muchos se podían desangrar en el proceso o desmayarse del dolor.

Contrario a las usuales imágenes en las que se representa a Jesús cargando la cruz entera, en realidad parece que debió haber cargado lo que se conoce como el patibulum, es decir, la pieza horizontal de la cruz. Una vez el condenado llegaba al lugar de la crucifixión, se colocaba en un árbol o una columna de madera que ya estaba colocada en el lugar donde iban a ser colgados. El patibulum podía colocarse encima de la columna para formar una T (crux commissa) o un poco más abajo como usualmente se representa a Jesús (crux immissa).

Los testigos de Jehová suelen argumentar que la cruz en la que se colgó Jesús fue una crux simplex (es decir, solo con la columna vertical) y que la idea de que fue crucificado en una crux immissa provino del Emperador Constantino.

Representación de la crux simplex

Representación de la crux simplex en la obra De Cruce Libri Tres de Justus Lipsius (1629)

Esete alegato se debe a que los evangelios utilizaban la palabra griega “staurós” (σταυρός) para designar a  una columna en la que se coloca a un condenado o castigado.  El problema es que antes de la costumbre de la crucifixión romana, este significado era preciso. Sin embargo, como ocurre lingüísticamente, cambió de significado. En textos como los de Josefo en comparación con los reportes que encontramos en la obra latina del filósofo Séneca, se desprende que “staurós” también adquirió otros significados para referirse a distintas formas de crucifixión. Esto se debe a que usualmente tenía la constante de colgarlo en una especie de columna o un árbol. De esa manera, en griego, staurós se convirtió en un término referente a distintas formas de crucifixión en una columna. Aparentemente, si seguimos el testimonio del mismo Séneca, los romanos eran muy creativos: algunos de los condenados eran crucificados al revés, otros en forma de X, otros en forma de Y, etc. (Séneca, Sobre la consolación, 6.20.3)

 

Lo segundo que tenemos que señalar es que es falso que Constantino, por su devoción a Sol Invictus, haya inventado que Jesús murió en la crux immissa. Contrario a lo alegado, tenemos evidencia de que los cristianos veneraban la cruz cristiana como la conocemos hoy y toma la forma de un graffitti (el Alexamenos Graffitto):

Alexamenos graffitti

Graffitti del siglo III d.C. que se burla de un cristiano. Dice en griego: “Αλεξαμενος ςεβετε Θεον” (Alexamenos adora a su dios).

Este graffitti se creó cuando la práctica de la crucifixión estaba vigente y como una burla a un cristiano llamado “Alexámenos”. En espíritu satírico se representa a Jesús como un asno. Lo que llama la atención en este caso es que tenemos evidencia contundente de que varias décadas o un siglo antes de Constantino, los cristianos pensaban que Jesús había muerto en una crux immissa, no en una simplex.

Sin embargo, eso no indica que la representación que se hace en las iglesias sea exacta. Es muy probable que se crucificara a Jesús en una columna o en un árbol de la siguiente manera:

Jesús crucificado en una cruz immissa

Jesús crucificado en una crux immissa — Imagen cortesía de Roberto Betanzo S.

Muy probablemente, Jesús fue clavado en las muñecas (concebidas en aquella época como parte de la mano) ya que fue entre huesos que podían sujetar el peso del condenado. Es muy probable que se le crucificara, no exactamente arriba de los pies, sino por los talones. La razón por la que se piensa eso es que hace décadas atrás se descubrió un osuario con los huesos de un condenado a la cruz llamado Yeojanan ben Ha-galgula. Aparentemente, esta víctima fue sujetada por los brazos y clavada por los talones.  Entre los huesos, se encontró el del talón atravesado por un clavo. Puede ser que hubiera alguna especie de “asiento” de madera para que el crucificado descansara.

Contrario a lo que mucha gente pensaría (por Hollywood o las estampas religiosas) no se colocaban las cruces en lugares aislados, sino en localizaciones estratégicas para que el público pudiera verlas. El punto de la crucifixión es el humillar de la forma más denigrante al condenado, mientras que se le recuerda al público lo que sucedería si se atreven rebelarse contra Roma o violentar el orden establecido (especialmente en el caso de los esclavos).  Tampoco las columnas eran altas, lejanas del suelo. Al contrario, eran lo suficientemente cercanas como para que los chacales y las aves de rapiña comieran de los cadáveres una vez murieran de sofocación.

Se nos dice que las mujeres que solían seguir a Jesús (María la Madre de Jacobo, María Magdalena y Salomé), quienes le auspiciaban económicamente (Lucas 8:1-3), le estaban mirando de lejos (Marcos 15:40-41), no a los pies de la cruz, como reclamaba el evangelio de Juan (19:25-27). El reporte más temprano que tenemos de lo que allí aconteció nos dice que los romanos se burlaban de él, al igual que los dos ladrones crucificados con él (Marcos 15:27-32). Ninguno de los dichos de Jesús en la cruz en los evangelios puede tomarse con certeza como histórico debido a que coinciden demasiado con la teología de los autores. Por ejemplo, cuando Marcos afirma que gritaba: “Eloí, Eloí, lama sabactaní” (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?), se estaba evocando al Salmo 2, cuyo tema central tenía que ver precisamente con un tipo de maltrato injusto parecido al de Jesús. Es perfectamente posible que haya gritado esta frase como recuerdo de dicho pasaje bíblico, pero no lo podemos conocer con certeza. Los demás dichos atribuidos a Jesús parecen también teológicamente motivados.

Sobre la hora que murió, tampoco sabemos, debido a que el Evangelio de Juan basa su momento de muerte en su cristología de Jesús como el Cordero de Yahveh que se sacrificaba a las 3:00pm en la tarde anterior a la Pascua.

¿Qué pasó después de ello? Veremos más sobre este tema en nuestro próximo artículo.

Continuará …

Bibliografía

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 4

La agonía del Huerto de los Olivos

La agonía en el jardín (1898) por Frans Schwartz

La agonía en el jardín (1898) — por Frans Schwartz

Uno de los episodios más conmovedores en la literatura neotestamentaria es la famosa agonía en el Huerto de los Olivos en Getsemaní. Marcos nos relata lo siguiente:

Fueron a una propiedad, llamada Getsemaní, y dijo a sus discípulos:  “Sentaos aquí, mientras yo hago oración.” Tomó consigo a Pedro, Jacobo y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Les dijo entonces:  “Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad.” Él se adelantó un poco, cayó en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora. Decía: “¡Abbá, Padre!, todo es posible para ti: aparta de mi esta copa, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.” Volvió después y los encontró dormidos. Dijo entonces a Pedro: “Simón, ¿ya estás dormido?, ¿ni una hora has podido velar?  Velad y orad, para que no caigáis en la tentación; que el espíritu está pronto; pero la carne es débil.” Y alejándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras. Volvió otra vez y los encontró dormidos, poues sus ojos estaban cargados. Ellos no sabían qué contestarle. Volvió por tercera vez y les dijo: “Ahora ya podéis dormir y descansar: Basta ya. Llegó la hora. Sabed que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores (Marcos 14:32-41).

El primer problema con el que nos enfrentamos con este pasaje es que, según el texto, los discípulos estaban dormidos cuando Jesús se había alejado a orar. No había manera alguna de que ellos se enteraran de lo que él le había implorado a Yahveh. Es más, el problema de la oración es que parece asumir la copa (de la sangre de Jesús) como símbolo de la acción vicaria por la que él estaba a punto de pasar. Como afirmamos en nuestro artículo pasado, esto es sumamente improbable porque el pensamiento del derramamiento de sangre por otros era ajeno al judaísmo y, muy probablemente, bien alejado de la mente de Jesús. Las palabras de Jesús a sus discípulos también son problemáticas, ya que suponen la dualidad helenística entre carne y espíritu como oposiciones: el primero como problema para el segundo. No se excluye que haya algún nucleo histórico al respecto, ya que hay expresiones parecidas (no idénticas) en algunos textos judíos. Además, también hay otras indicaciones del origen semítico del relato, hay expresiones en los textos de Qumrán (e.g. 1 QH 8, 32)) como la del “alma estar triste hasta la muerte”. También lo muestra la palabra aramea “Abbá“, para referirse a Yahveh como su Padre.

A medida que avanza el tiempo de redacción de los evangelios, ellos van a recurrir a un patrón que es lo que los exégetas llaman “pasión sin pasión” (en inglés “passionless passion“). Por ejemplo, en Lucas, aparece la escena en que Jesús suda gotas como sangre y llega un ángel a consolarlo (Lucas 22:43-44). El problema es que hoy día se reconoce que esos versos fueron un añadido posterior a dicho libro del Nuevo Testamento. Cuando se sacan y se vuelven a leer el episodio de la “agonía de Jesús” junto al resto de la historia de la Pasión, vemos que él no se postra, sino que se arrodilla y su actitud es estoica desde que le ora a Yahveh hasta que muere en la cruz. Le pide a Dios que “si quiere”, le remueva la copa. En ningún momento se percibe que “sufre” y es objeto de compasión de Poncio Pilatos, de las mujeres que se encuentran con él de camino al Gólgota y finalmente de uno de los dos criminales crucificados con él. Una vez más, la teología de Lucas no es la de derramamiento vicario o de sufrimiento de parte de Jesús, sino que está interesado en presentar un Jesús estoico, modelo de una muerte noble. Con ella, Jesús atraería a todos los gentiles a donde él, en contraposición a los judíos, quienes terminaron alejándose de él.

En el Evangelio de Juan, hay menos pasión todavía, ya que no es Jesús el que se postra, sino los soldados en el momento en que Jesús anuncia su carácter divino (“Yo soy” – Juan 18:5-9). De hecho, en un momento dado en ese evangelio, Jesús niega que vaya a solicitarle a Yahveh escapar de la Cruz (Juan 12:27).  Es más, en el texto, él está tan en control de toda la situación, que cuando expira dice: “Todo se ha cumplido” (Juan 19:30). Esto se debe a que su autor quiere ver en la crucifixión un momento de glorificación del Mesías, para él el Logos (Palabra) de Dios (Juan 1:1-3; 3:14-15).

En los tres casos (Marcos, Lucas y Juan) debemos tener cuidado, debido a que todos estos relatos descansan en el supuesto de que Jesús sabía lo que iba a ocurrir y estos escritores pudieron haber redactado lo que los estudiosos llaman “vaticinium ex eventu“, es decir, que forjaron un relato que puede tener algún núcleo factual, pero cambiando los acontecimientos de tal manera en que el Mesías ya conociera por adelantado lo que iba a ocurrir.

El rol de Judas

La traición de Judas

Judas traiciona a Jesús con un beso, mientras que Pedro levanta la espada y Judas se ahorca (1504) — Iluminación del manuscrito Peniarth 482D (Imagen cortesía de la Biblioteca Nacional de Gales)

Uno de los problemas más discutidos en el ámbito de la erudición del Nuevo Testamento es el rol que tuvo Judas a la hora de traicionar a Jesús. No parece verosímil que Jesús supiera quién le iba a traicionar con antelación a su arresto. Por tal razón, no lo debemos tomarlo como histórico.

¿Por qué Judas entregó a Jesús? Todavía no se sabe a ciencia cierta. Pudo haber sido por dinero, porque según los relatos, recibió 30 monedas de plata. Sin embargo, muy poco se puede sacar a nivel histórico de este relato porque parece haber sido modelado a la luz de dos pasajes, uno en el Génesis, en el que se presenta la venta de José por parte de sus hermanos a unos ismaelitas (Génesis 37:25-28) y otro en Zacarías, en el que el profeta personifica a Yahveh y representa su reproche a Israel y que incluye la paga de treinta siclos de plata como jornal (Zacarías 11:7-14).

Los dos relatos de su muerte discrepan significativamente y son igualmente inverosímiles. En el Evangelio de Mateo se nos dice lo siguiente:

Entonces Judas, el que lo entregó, viendo que había sido condenado, fue presa del remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos. Les dijo: “He pecado entregando sangre inocente.” Ellos respondieron: “A nosotros , ¿qué? Tú verás.” Judas tiró las monedas en el Santuario. Después se retiró  y fue y se ahorcó. Los sumos sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: “no es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre.” Después de deliberar; compraron con ellas el Campo del Alfarero, para dar sepultura en él a los forasteros. Por esta razón ese campo se llamó “Campo de Sangre” (Mateo 27:3-8).

Mateo procede a citar a Zacarías 11:12-13, aunque por alguna razón le atribuye la cita a Jeremías. Todos los eruditos reconocen que la historia se modeló según el relato de Ajitófel cuando traicionó al rey David (2 Samuel 15:1-37; 17:23).

El segundo relato de la muerte de Judas aparece en Hechos de los Apóstoles, donde se nos dice lo siguiente por boca de Pedro:

[Judas] era uno de los nuestros y había obtenido un puesto en este ministerio. Pero, tras haber comprado un campo con el dinero que le dieron por su crimen, cayó de cabeza, reventó por medio y todas sus entrañas se esparcieron. Todos los habitantes de Jerusalén se enteraron de lo ocurrido, hasta el punto que llamaron a quel terreno Haqueldamá, que en su lengua quiere decir “Campo de Sangre” (Hechos 1:18-19).

El problema con este pasaje no es solo que suena fantástico que sus entrañas se hubieran esparcido al caer “de cabeza”, sino porque también parece inspirarse en el Segundo libro de los Macabeos en torno a la muerte de Antíoco IV Epífanes (2 Macabeos 9:8-10; véase también Jeremías 32:9 y Sabiduría 4:19).

A nivel histórico no tenemos idea alguna de sus motivaciones para entregar a Jesús o de qué manera Judas Iscariote estaba vinculado al famoso “Campo de Sangre”. Se sabe que probablemente hubo alguna relación, pero parece que permanecerá debajo de las arenas del pasado. Lo que sí podemos saber con relativa seguridad es que Judas besó a Jesús como indicador para los soldados prenderlo esa noche. Lo que extraña mucho es cómo salieron a arrestarlo:

… cuando de pronto se presentó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo armado con espadas y palos. Venían de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y ancianos (Marcos 14:43).

Este pasaje no debe pasar inadvertido, ya que si Jesús y sus discípulos hubieran sido pacíficos, no habría necesidad de capturarlo con espadas y palos. Para algunos exégetas esta es una fuerte señal de que Jesús y sus discípulos eran mucho más que unos meros apocalipticistas predicadores.

Hay otros factores que son interesantes:

  • No es creíble el alegato de uno de los evangelios: que en el arresto participaron fariseos (Juan 18:3). Históricamente la autoridad política y religiosa de Jerusalén estaba en manos de los saduceos. Una vez más, este error histórico se explica en que el texto está dejando entrever una tensión entre cristianos primitivos y fariseos al final del siglo I.
    .
  • Parece que hubo un conflicto entre los discípulos de Jesús y los guardias armados, debido a que hubo un incidente en que uno de ellos le cortó la oreja al siervo del Sumo Sacerdote con una espada (tardíamente se le atribuiría este acto a Pedro). Esto confirma una vez más que los discípulos no eran meros predicadores, sino también tenían toda la intención de combatir armados. Sin embargo, con excepción de Pedro y uno que otro discípulo, al final terminan huyendo y dejando solo a su Maestro (Marcos 14:50).
    .
  • El Evangelio de Marcos nos incluye un episodio extrañísimo del intento de un arresto por parte de las autoridades a un hombre envuelto en una sábana que se escapó de sus manos y salió corriendo desnudo (Marcos 14:51-52). Hay quienes ven en este hombre a aquel que les anunció a las mujeres que Jesús había resucitado (Marcos 16:5). No se sabe si la existencia de este hombre en el Getsemaní sea histórica o algún recurso literario para contrastarlo con la noticia de la resurrección, aunque los historiadores usualmente toman su aparición en el sepulcro vacío de Jesús como algo ocurrido.

El juicio ante el Sanedrín

Osuario de Caifás

Osuario de Caifás. A la derecha, aparece la inscripción “Kaifa” (קפא) (Foto cortesía del Museo de Israel y a Deror Avi). Se hace disponible esta imagen bajo la licencia CC-BY-SA 3.0.

El Sanedrín de sacerdotes saduceos tenían una cabeza política y religiosa sumamente poderosa: Caifás. Recordemos que muchos veían a dicho sector como marionetas de los romanos. Fue escogido para su puesto por el prefecto de Judea, Valerio Grato, como sustituto de Eleazar (18 d.C.). Permaneció en su posición para la época en que gobernó el siguiente prefecto, Poncio Pilatos.

¿Qué pasó específicamente en el juicio?  No sabemos, debido a que los diálogos contienen elementos que no parecen ser factuales. Sabemos que probablemente algunas de las acusaciones son correctas, como vimos en el segundo artículo de nuestra serie. Puede ser que haya sido arrestado por el incidente con los cambistas en el Templo, dramatizando así su futura destrucción, por la predicción misma que se tomaría en todo caso como una amenaza a nivel institucional.

Cristo ante Caifás -- por Mattias Stom (1630)

Cristo ante Caifás — por Mattias Stom (1630)

Sin embargo, empañan los lentes de la historia el que los evangelios nos digan que en el Sanedrín se le acusó a Jesús de blasfemia por autodenominarse Mesías y decir que “el Hijo del Hombre estaba pronto a llegar en las nubes”. El problema radica es que dicha autodesignación  “Mesías” no caía en aquella época bajo leyes de blasfemia. Ante los ojos del Sanedrín (el consejo de sacerdotes) podría ser una falsedad, pero no propiamente una blasfemia (Marcos 14:62-64).

Lo otro que debemos señalar es la inverosimilitud de un juicio llevado a cabo durante la noche de Pascua o la anterior. Todo apunta en que fue en un momento cercano y anterior a dicha fiesta. Durante la Pascua habría bastante ajetreo por su labor ritual y sacrificial para atender a 150,000 o 200,000 personas ese día. Sencillamente, era imposible llevar a cabo un juicio y menos de un día al otro.

Finalmente, debido al dominio romano en la región, aun si los sacerdotes hubieran encontrado alguna falta grave, a ellos no les correspondía la pena de muerte. Presumiblemente, tras obtener la información de que Jesús prohibía a sus seguidores pagar el impuesto debido a Roma y que Jesús andaba autoproclamandose Mesías y “Rey de los Judíos”, lo llevaron a la autoridad correspondiente que  podía condenarle a muerte: el prefecto romano, Poncio Pilatos.

Continuará …

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