La homosexualidad y Pablo el Apóstol

En miras a la marcha LGBTI que se celebrará este fin de semana, pensaba dedicarle hoy a la otra parte de la Biblia que se utiliza constantemente contra los homosexuales, las cartas de Pablo el Apóstol.

Todas las citas que utilizaré serán de la traducción provista por Senén Vidal en su reciente publicado libro Nuevo Testamento. Para mayor lujo de detalles en cuanto a este tema, les refiero al capítulo 10 de mi libro, Pablo el Emisario: Odiado e incomprendido. Este artículo supone la lectura de “La homosexualidad y la Biblia Hebrea“.
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Antes que nada: ¿quién fue Pablo de Tarso?

Pablo el Apóstol es uno de los personajes más interesantes de la historia del cristianismo primitivo. Sin embargo, su memoria ha quedado teñida por la opinión de algunos falsificadores de sus cartas y de la historia que se encuentra en el libro neotestamentario, Hechos de los Apóstoles.

Hoy día, virtualmente todos los eruditos están de acuerdo de que el contenido genuino de la obra paulina se encuentran en siete de las catorce cartas del Nuevo Testamento atribuidas a él, a saber: Romanos, Gálatas, 1 Tesalonicenses, Filipenses, 1 y 2 Corintios y Filemón. También se han descubierto que varias de estas cartas son, en realidad, compilaciones de dos o más. Por ejemplo, los eruditos en general están de acuerdo de que 2 Corintios se compone de al menos dos cartas distintas: los capítulos 10 al 13 no provienen de la misma carta que los capítulos 1 al 9. Algunos expertos van más allá y han identificado hasta un máximo de cinco cartas distintas en 2 Corintios. Observaciones similares se han hecho de Romanos, Filipenses y 1 Corintios. Especulan los estudiosos del Nuevo Testamento que es altamente probable que después de la muerte de Pablo (probablemente durante el 59-64 d.C.), alguna persona editó las cartas que tenía de Pablo para que sumaran siete (número sagrado en el cristianismo) y las comenzó a circular de esa manera.

Hay otras cartas en el Nuevo Testamento que se atribuyen a él, pero hoy día la inmensa mayoría de los eruditos las consideran “seudónimas” o “falsificaciones”. Sobre este tema recomiendo la lectura de dos libros del erudito Bart Ehrman: uno destinado al público en general, Forged; el otro es académico, Forgery and Counterforgery. La carta Hebreos es seudónima, pero no es una falsificación. Su autor no declara ser Pablo, pero se sospecha que algún escriba cristiano de la antigüedad alteraró el texto al final para hacerle parecer como si autoria fuera de este Apóstol para justificar el intento de añadirlo al corpus paulinum y el total de cartas sumaran catorce, es decir, 7+7 (Heb.13:22-25). Las demás cartas son falsificaciones: 2 TesalonicensesColosensesEfesios1 y 2 TimoteoTito. Por lo tanto, ellas no cuentan para nuestra comprensión del Apóstol.

Conversión de San Pablo por Caravaggio

Conversión de San Pablo por Caravaggio (1600-1601).

Pablo es famoso porque supuestamente era un fariseo funcionario del sacerdocio de Jerusalén que perseguía a los cristianos en esa región. En un momento dado, el liderato sacerdotal le pide que enviara una carta a las sinagogas en Damasco para el arresto de cristianos en esa área y su procesamiento en la capital de Judea. Finalmente, en el camino a Damasco, Jesús se le aparece a Pablo, suceso que eventualmente le “convierte” al cristianismo.  A pesar de que las artes narrativas del autor de Hechos ha sido sumamente poderosa, lamentablemente nada de lo que ha dicho es cierto. Es imposible que el sacerdocio de Jerusalén ordenara el arresto y la persecución de cristianos en Damasco (es decir, en Siria) donde claramente no tenía jurisdicción. Y aun si lo hubieran hecho, el Imperio Romano lo hubiera impedido, ya que no era exactamente entusiasta de persecuciones entre sectores religiosos en su imperio.  ¿Qué sucedió entonces?

Por ahora, los mejores estudios al respecto nos revelan que Pablo era un judío helenista, es decir, un judío de la diáspora criado en un ambiente helenístico en el que predominaba el griego como lingua franca. Nació en Tarso y en algún momento dado de su vida se fue a vivir a Damasco, probablemente adoptando la labor de curtidor (Hch. 18:1-3). Su educación refleja un conocimiento de la Biblia Hebrea en griego al citar constantemente la Septuaginta (o la versión de “los LXX”), una edición de la Biblia Hebrea traducida al griego y que era altamente utilizada por la diáspora en aquella época. Pablo sí perseguía a los cristianos en Damasco, probablemente incitando a que fueran castigados con 39 latigazos y su eventual expulsión de las sinagogas. No se excluye que también pudo haber organizado gangas para lincharlos cuando menos se lo esperaran los cristianos (Gál. 1:13-14; 1 Cor. 15:8). Él sí alegaba en sus cartas que Jesús se le había aparecido en varias ocasiones predicándole una “buena noticia” y dándole la labor de diseminarla entre los “gentiles” o las “naciones” no judías (Gál. 1:15-24; 1 Cor. 9:1; 15:8).

¿Cuál era esta “buena noticia”? Básicamente, Pablo afirmaba que aun cuando fuera una obligación para los judíos continuar siguiendo las disposiciones de la Ley judía (la Torah), a los gentiles se les otorgó la gracia de no tener que obedecer la totalidad de las minucias normativas, sino que se les eximía de fundamentalmente tres cosas: la circuncisión, de la dieta kosher y de la observancia del Sábado. Esto no significaba que no se les obligaría a continuar obrando según las disposiciones morales de la Torah y que están contenidas en el Decálogo. Así, el nacido judío seguía obligado a obedecer la totalidad de la Torah como judío, pero que gracias a que Jesucristo redimió a la humanidad mediante su derramamiento de sangre (sacrificio vicario) y resurrección de la muerte, es la fe en este Salvador la que cuenta para brindar la gracia del Espíritu de Yahveh a judíos y gentiles por igual (Gál. 3:5-4:11; 5:1-3; Rom. 6-8).

Es pertinente señalar que la llamada “conversión” de Pablo al cristianismo no es tal. Primero, porque el cristianismo no existía todavía como religión separada del judaísmo. Pablo interpretó su vida cristiana como una continuación de su vida judía. El cristianismo primitivo era una rama del judaísmo, tal como lo eran los fariseos, los saduceos y los esenios. Por ende, su mentalidad debe comprenderse desde el marco del judaísmo, pero que es influenciado por la matriz social helenística donde él se desenvolvía y llevaba a cabo sus actividades. También debemos tener en cuenta que él era un apocalipticista obsesivo y que, como cristiano, esperaba el pronto regreso del Mesías para establecer en el cielo, de una vez y por todas, el Reino de Yahveh (1 Tes. 2:12; 4:15-18; 5:1-21; 1 Cor. 1:9; 3:13-15; 15:23-28; 2 Cor. 4:14; Rom. 8:11; 11:23-28).
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La mentalidad profundamente igualitaria de Pablo

Lo que sí sorprende de Pablo es su pensamiento profundamente igualitario a pesar de su herencia judía que, en aquel momento, no era tan igualitaria como en sus comienzos. En un pasaje de Gálatas, Pablo nos dice que tras el bautismo de judíos, de griegos, de hombres y de mujeres hay una igualdad absoluta.

Al llegar la fe, ya no estamos bajo ningún guardián [refiriéndose a la Torah]:

Pues todos sois hijos de Dios,
por la fe,
en Cristo Jesús.

Pues cuantos fuisteis bautizados
para pertenecer a Cristo
fuisteis revestidos de Cristo.

No hay judío ni griego;
no hay esclavo ni libre;
no hay varón ni mujer.

Pues todos vosotros sois uno
en Cristo Jesús (Gál. 3:25-28)

Probablemente, en este pasaje, Pablo estaba reproduciendo un himno bautismal de las congregaciones cristianas en la diáspora. Para efectos de las congregaciones, todos tenían que tratar a todos como iguales. Nadie podía considerarse superior a otro.

Y sí, contrario a lo que muchos han supuesto, Pablo sostenía la total igualdad entre hombres y mujeres en las congregaciones. Por ejemplo, tomemos los pasajes en los que Pablo le da una serie de consejos a las vírgenes y a los casados dentro de su visión escatológica apocalipticista:

Acerca de lo que escribisteis,

es bueno que el hombre no toque a una mujer

pero, por razón de los peligros de la inmoralidad, que cada uno tenga su mujer y que cada una tenga su propio marido; que el marido pague la deuda a la mujer, e igualmente, también la mujer al marido. La mujer no dispone de su propio cuerpo, sino el marido, e igualmente, tampoco el marido dispone de su propio cuerpo, sino la mujer. No os privéis mutuamente, a no ser de común acuerdo por un tiempo limitado, para dedicaros a la oración y de nuevo convivid juntos, para que no os tiente Satanás por razón de la incontinencia.

Esto lo digo como condescendencia, no como mandato. Mi deseo es que todos fueran como yo [célibe], pero cada uno tiene su propio don de parte de Dios: uno, este y el otro, aquel. (1 Cor. 7:1-7)

Acerca de “las vírgenes”, no tengo ningún mandato del Señor. Pero os doy mi parecer, como quien ha sido agraciado por el Señor de ser fiable. Pienso, pues, que por razón del agobio presente, es bueno para el hombre estar así [es decir, célibe]: ¿estás ligado a una mujer?, no busques desligarte; ¿estás desligado de mujer?, no busques mujer. Si te casas, no pecas; y si la virgen se casa, no peca. Pero esos tales tendrán aflicción de la carne y yo quisiera ahorrárosla.

Esto os digo, hermanos:  El tiempo se ha acortado. Por lo demás,

que los que tienen mujeres
estén como si no las tuvieran,

y los que lloran,
como si no lloraran,

y los que están alegres
como si no lo estuvieran,

y los que compran,
como si no poseyeran,

y los que usan el mundo
como si no se aprovecharan de él.

Pues pasa la apariencia de este mundo.

Quiero que estéis libres de preocupaciones. El soltero se preocupa de lo del Señor, de cómo agradar al Señor; pero el casado se preocupa de la mujer, y está dividido. Y la mujer soltera y la virgen se preocupan de lo del Señor, para ser santa en el cuerpo como en el espíritu; pero la casada se preocupa de lo del mundo, de cómo agradar al marido. Os digo esto para vuestro provecho, no para echaros un lazo, sino para la honestidad y la atención al Señor sin distracción alguna (1 Cor. 9:23-35)

Igualmente podemos decir que, con excepción de la dimensión de la indumentaria –específicamente si la mujer debería o no llevar un velo en su cabeza– también ellas podían participar en profecía y predicación. Afirma Pablo claramente en 1 Corintios, que cuando las mujeres profetizaran, que usaran un velo (1 Cor. 11:1-16). Aun con eso, no supo cómo defender ese punto desde su perspectiva igualitaria cuando decía:

Sin embargo, en el Señor, ni la mujer [existe] sin el varón, ni el varón sin la mujer. Pues así como la mujer procede del varón, así también el varón existe por medio de la mujer, y todo procede de Dios (1. Cor. 11:11-12).

La Epíscopa Teodora

La Epíscopa Teodora en la Basílica de Santa Prassede, Roma (siglo IX)

Pero, ¿y qué hay de esos pasajes donde Pablo dice explícitamente que las mujeres se callaran en las asambleas? Sencillo: Pablo no escribió esos pasajes. El primer pasaje en cuestión aparece en 1 Timoteo que, como ya vimos, es una carta que no escribió Pablo (1 Tim. 2:8-15). El segundo pasaje aparece en 1 Corintios y, aunque sí fue una carta escrita por Pablo, no necesariamente el fragmento que ordena callar a las mujeres fue escrito por él (1 Cor. 14:33b-36). Prácticamente todos los estudiosos están de acuerdo de que el pasaje es una interpolación posterior que se fundamenta en el de 1 Timoteo. Parte de la razón para pensarlo es precisamente que en esa misma carta, como acabamos de ver, Pablo aprobaba la predicación de las mujeres en asambleas, siempre y cuando usaran un velo. Además, hay testimonios abundantes de que Pablo favorecía el servicio, la predicación y el liderato de las mujeres en las congregaciones cristianas (1 Cor. 1:11; 9:2-6; Flp. 4:2; Rom 16:1-5,7,12-15). En una ocasión hasta ensalzó la labor de una mujer apóstol llamada Junia (Rom. 16:7).

Lo mismo abogaba por que los judíos cristianos trataran con igualdad a los gentiles y que no se les forzara a “judaizarse” (Gál. 2:14; Rom. 14). En una ocasión abogó por un esclavo llamado Onésimo quien, aparentemente, recibía maltratos de su amo, Filemón. El primero parece haberle robado al último. Onésimo le sirvió a Pablo mientras estaba en prisión y este Apóstol le escribió una hermosísima carta en que le informaba a Filemón que ya Onésimo había sido bautizado y que era su obligación moral tratarle como un igual, como un hermano en Cristo (Fil.)

Dados estos datos, tenemos lo suficiente para comprender el rechazo de Pablo a las actividades homosexuales.
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Maldición a las actividades homosexuales

Pablo no era amable en lo absoluto para los que sostenían actividades homosexuales de diverso tipo. Mientras leamos los siguientes pasajes, tengamos en mente que Pablo era judío y, como tal, odiaba las costumbres paganas y detestaba todo tipo de actividad homosexual (herencia del pasado de la Torah). Recordemos también que él estaba basandose en la Septuaginta cuya versión de Levítico decía lo siguiente en griego:

No yacerás con varón {ársen} como se yace en la cama {koíten} con una mujer (Lev. 18:22).

Si un hombre yace con varón {ársen} como se yace en la cama {koíten} con una mujer, ambos han cometido una abominación (Lev. 20:13).

Dice Pablo a la congregación corintia, quienes tenían miembros que practicaban rituales paganos en la forma de actividades homosexuales:

¿Se atreve algunos de vosotors, el tener un pleito contra otro, a llevarlo a juicio ante los injustos [i.e. gentiles paganos], y no ante los santos [cristianos]? … Si es que tenéis procesos de la vida cotidiana, ¡sentad como jueces precisamente a los despreciados en la congregación! Para vuestra vergüenza os lo digo … ¿Es que no sabéis que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No os engañéis: ni inmorales, ni idólatras, ni adúlteros, ni los malakoí, ni los arsenokoĩtai, ni ladrones, ni avaros, ni borrachos, ni difamadores, ni usurpadores heredarán el REino de Dios (1 Cor. 6:1,4-5a,9-19).

Pablo abunda más sobre este tema en Romanos:

Se revela en efecto, la ira de Dios desde el cielo sobre toda impiedad e injusticia de los hombres que tienen oprimida la verdad por la injusticia. Porque lo que puede conocer de Dios está patente a ellos, ya que Dios mismo se lo ha manifestado. Pues desde la creación del mundo la mente puede descubrir en las obras creadas lo invisible de Dios, esto es su poder eterno y su ser divino. De este modo, no tienen ninguna excusa. Porque, conociendo a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias como a Dios, sino que se envanecieron en sus disquisiciones y se entenebreció su insensato corazón: proclamándose sabios, se convirtieron en necios, y sustituyeron la gloria de Dios incorruptible por imágenes con figura de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

Por eso, Dios los entregó a la impureza, por las apetencias de sus corazones, para envilecer sus propios cuerpos, en cuanto que sustituyeron la verdad de Dios por la mentira y veneraron y adoraron a la criatura en lugar del creador, que es bendito por siempre. Amén. Dios los entregó a pasiones envilecedoreas:  Pues, sus mujeres cambiaron la relación sexual natural por la antinatural, y de igual modo, también los varones, abandonando la relación natural con la mujer, ardieron de ansia los unos por los otros, cometiendo actos desvergonzados varones con varones. Y así recibieron en sí mismos el pago que merecía su aberración.

Y como no se dignaron reconocer a Dios, el mismo Dios los entregó a una mente indigna, para practicar lo indecente: repletos de todo tipo de injusticia, de perversidad, de avaricia, de maldad, llenos de envidia, de asesinatos, de riñas, de fraudes, de malicia, detractores, calumniadores, blasfemos, opresores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a los padres, irracionales, no fiables, sin corazón, despiadados. Esos, conociendo el decreto de Dios que declara merecedores de la muerte a los que realizan tales cosas no solo las hacen, sino que incluso dan su aprobación a los que las realizan (Rom. 1:18-32).

Hay bastante qué comentar sobre estos pasajes. En primer lugar, todavía hay debate en la comunidad exégeta del Nuevo Testamento en cuanto a lo que significan los términos “malakoí” y “arsenokoĩtai“. El último probablemente sucede como una especie de neologismo a partir del pasaje griego de Levítico que ya vimos. “Ársen” significa varón, “koítes” significa camas. “Arsenokoĩtai” significa literalmente “varón camas”.

El erudito E. P. Sanders es de la opinión de que en la época de Pablo todavía persistían prácticas homoeróticas desde el punto de vista de desigualdad social. El pasaje de Levítico habla de los que “actúan en la cama” con otro varón como si este último fuera una mujer. Por ende, puede ser que el neologismo paulino o judeohelenístico “arsenokoĩtai” se refiriera en realidad a personas que actuaban como o hacían cosas semejantes al erastes griego. Muchos han traducido malakoí como “afeminados”, pero este término puede ser engañoso si evoca al concepto actual de “afeminado”. En realidad se puede referir a las personas que asumían un rol como el de o semejante al de erómenos, que hacían las veces de “mujer” para un erastes antes de los 18 años.  Por lo tanto, Pablo estaba condenando tanto a los varones que en la actividad homosexual penetran como a los que reciben la penetración.

Nótese que esta es una posición de desigualdad y, en la mente de Pablo, de injusticia. La desigualdad para él es inaceptable en una congregación cristiana. Sin embargo, debemos atemperar lo que significa el término “justicia” en su tiempo. Como dijimos en nuestro artículo sobre la homosexualidad y la Biblia Hebrea, la aspiración a la justicia es más o menos clara en el tiempo de los profetas: se rechaza la opulencia, la opresión al pobre, la opresión a la viuda, etc. Sin embargo, en la epoca de Isaías y la de Ezequiel no existía la Torah como la conocemos hoy. Para un judío como Pablo, la parte moral de la Torah es medida de justicia. Para el judaísmo de esa época, todo aquel que no cumpliera con la Torah era injusto. En la teología paulina, esto se modifica solamente  para que a los gentiles se designaran como justos en la medida que cumplieran el lado moral de la Torah, sin necesidad de cumplir con la circuncisión, el kosher y la observancia del Sábado.

Por otro lado, Pablo creció en un ámbito helenístico que influenció su pensamiento y su visión de mundo. En aquel mundo de la diáspora, se adoptaron perspectivas vulgares del platonismo y el estoicismo. Vemos en sus escritos apelación a la naturaleza según el orden divino y la oposición entre carne y espíritu. Pablo no era exactamente fanático de la filosofía. Si leen los pasajes con cuidado, denunciaba a unos “sabios” (los filósofos) que los describía como “necios” (desde la perspectiva cristiana primitiva). Sin embargo, en el mundo helenístico, residuos vulgares de las filosofía platónica y estoicista permeaban aquel medio ambiente. Sin querer, él adoptó algunas perspectivas vulgares de esta “filosofía de gente” del ámbito helenístico. Los paganos se dejaban guiar por las pasiones de la carne, mientras que los judíos y los gentiles eran movidos por el Espíritu de Dios.

Pablo utilizó el concepto estoicista vulgar de “naturaleza” como argumento del orden divino. Decía él que los gentiles no crecen conociendo la Ley (la Torah), pero Dios les había puesto las disposiciones morales de la Ley en sus corazones (esto recuerda a la teoría platónica de las ideas innatas). Simultáneamente, todo ser humano que abriera su mente, se percataría del orden natural de las cosas y se daría cuenta de la existencia de la Divinidad (argumento parecido al estoicismo). Desde esta perspectiva, todas las acciones de los gentiles paganos (es decir, de los gentiles que no profesan el judaísmo ni el cristianismo), que fueran contrarias a la parte moral de la Torah y a su verdad revelada eran injustos. De ahí la “impureza” de los gentiles paganos (noten el lenguaje distintivo del judaísmo). Los paganos no quisieron darse cuenta de lo que es “evidente ante sus ojos”, se dejaron guiar por las pasiones de la carne, adoraron a otros dioses y, por ello, estaban llenos de pecado.

Entre esas acciones impuras se encuentra precisamente el actuar contra la naturaleza establecida por Dios: las mujeres rechazaron su naturaleza para llevar a cabo actos antinaturales con otras mujeres y, muy especialmente, los varones con otros varones. Por eso, para Pablo, ninguno de los malakoí ni de los arsenokoĩtai ni de las que llevan a cabo actos lésbicos vería el Reino de Dios. Para él, todas estas personas eran injustas.
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Reflexiones

Pablo predica en Damasco

Pablo predica en Damasco (siglo XII). Mosaico en la Escuela Bizantina en Sicilia, Italia

Pablo era un hombre de su tiempo representativo del judeohelenismo del primer siglo, pero influenciado por una nueva secta cristiana. A partir de unas apariciones de Jesús, pensaba que era su deber difundir el cristianismo y convertir gentes de otras naciones para Jesús antes de la llegada triunfante del Mesías para el establecimiento del Reino de Dios. Por un lado, quería contribuir a la vivencia carismática del Reino en las congregaciones cristianas que fundaba. Sin embargo, vivía en la gentilidad, donde la inmensa mayoría de sus habitantes desconocían las disposiciones judías.

Pablo no era un hombre del siglo XXI. No era sociólogo, sicólogo evolucionista, científico cognitivo, filósofo ni antropólogo. Tampoco tenía acceso a todos los conocimientos esenciales para comprender las diferencias culturales y, especialmente, religiosas entre judíos y gentiles. No podemos culpar a Pablo enteramente por haber escrito en contra de actividades homosexuales. Es un hijo de su tiempo.

Sin embargo, hoy día hemos avanzado en la filosofía y lo fácil que es identificar la falacia naturalista. Sabemos también que los asuntos éticos en torno a la sexualidad son mucho más complejos que las soluciones formuladas por la Biblia Hebrea y el Nuevo Testamento cristiano. En gran parte, esto es gracias a la información provista por las ciencias. Hoy sabemos que los seres humanos evolucionamos como resultado de un proceso evolutivo que nos hermana con todos los demás seres vivientes genética, relacional y materialmente. Es más, sabemos que la homosexualidad es un fenómeno tan natural que los científicos tienen constancia del comportamiento homosexual detectado en cerca de 1,500 especies. La homosexualidad humana forma parte del mundo natural.

Aun así, muchos insisten en sostener y aplicar las teologías y visiones de mundo de Pablo, un personaje del siglo I, a una realidad social del siglo XXI. ¿Cuál de los padres puertorriqueños estaría de acuerdo a que su hijo fuera atendido por un dentista del siglo I? Si no estarían dispuesto a hacerlo, entonces ¿por qué ignorar el conocimiento más certero de las ciencias y atendemos los consejos de alguien que evidentemente conocía mucho menos del mundo que nosotros?

¿Y qué hay de la responsabilidad ética de los cristianos que, contrario a Pablo, no tienen excusas para conocer el mundo más certeramente vía la razón y las ciencias?
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Bibliografía

Ehrman, Bart. Forged: Writing in the Name of God–Why the Bible’s Authors Are Not Who We Think They Are.   NY: HarperOne, 2012.

—. Forgery and CounterforgeryThe Use of Literary Deceit in Early Christian Polemics. Oxford: Oxford University Press, 2013.

Friedman, Richard Elliott. Who Wrote the Bible? US: HarperOne, 1997.

Meeks, Wayne A. Los primeros cristianos urbanos. Salamanca: Ediciones Sígueme, 2012.

Piñero, Antonio. Guía para entender a Pablo de Tarso: Una interpretación del pensamiento paulino. Madrid: Trotta, 2015.

Sanders, E. P. Paul: The Apostle’s Life, Letters, and Thought. Minneapolis: Fortress Press, 2016.

Vidal, Senén. Las cartas auténticas de Pablo. Bilbao: Mensajero, 2012.

—. Nuevo Testamento. Santander: Sal Terrae, 2015.

El fraude del Evangelio de la Esposa de Jesús

En el año 2012, la erudita Karen King, de la Escuela de Divinidad de Harvard, anunció al mundo el descubrimiento de un fragmento que parecía indicar que algunos cristianos antiguos o medievales pensaban que Jesús tenía una esposa.

Fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús

Fragmento al que se le denominado “Evangelio de la Esposa de Jesús” (Cortesía de Karen King, Harvard & AP)

El pedazo de papiro pertenecía a un anónimo al que King respetaba su deseo de mantener su identidad secreta. No explicaré los detalles de este fragmento, ya que los he presentado en mi blog personal. Baste señalar que aun si fuera genuino, la misma King nos dice que todo lo que podría decirse de seguro es que un sector del cristianismo solía sostener que Jesús tuvo una esposa. Este fragmento jamás podría probar de una vez y por todas que Jesús se hubiera casado en vida.
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¿Se casó Jesús en algún momento de su vida?

La inmensa mayoría de los expertos en la Antigüedad y los eruditos del Nuevo Testamento de todas las posiciones ideológicas y religiosas han estipulado como altamente probable la existencia histórica de Jesús. El consenso actual entre ellos en cuanto a la vida marital de Jesús es que parece que este nunca se casó porque compartía las convicciones apocalipticistas de su época: no hay tiempo para una vida familiar, ya que el Reino de Yahveh estaba a punto de llegar. Otros argumentan que si se casó, entonces comenzó su ministerio después de enviudar.

Aquellos que argumentan que sí vivía en un matrimonio durante su ministerio porque a él se le denominaba “Rabí” (maestro) y que solo se podía ser rabino si se era casado pierden de perspectiva de que esa disposición forma parte de una normativa rabínica del siglo II en adelante, décadas después de la muerte de Jesús. Además, Jesús no formaba parte de la oficialidad rabínica farisea (como no lo eran tampoco Juan el Bautista ni los esenios) ni era sacerdote saduceo.

Es más, es curioso que en los evangelios y en las cartas auténticas paulinas se hable de la madre y el padre de Jesús, de sus hermanos y hermanas, de su tensión con su familia, pero jamás de su mujer e hijos. Dentro de su mentalidad apocalipticista, Jesús no era exactamente el mejor amigo de la dinámica familiar, al menos como lo piensan muchos creyentes hoy día (Mt. 8:21-22; 10:37; 12:46-50; Mc. 3:20-21,31-35; Lc. 8:19-21; 9:59-62; 14:26).

Algunos conspiracionistas sospechan que la Iglesia Católica cambió los textos para eliminar cualquier referencia a esposas e hijos. Si ]fuera cierto, es extraño que esos pasajes “eliminados por la Iglesia” no aparezcan en escritos neotestamentarios que se escribieron y conservaron fuera del dominio del catolicismo medieval. En fin, los eruditos cuentan con cerca de los 2,500 manuscritos más antiguos del Nuevo Testamento de todas partes del mundo europeo, mediooriental y africano, muchos de ellos guardados por iglesias de diversas tendencias doctrinales, adversas al catolicismo e históricamente fuera del dominio del Vaticano. No hay ni un solo documento  de los 2,500 que afirme que Jesús era casado.

Muchos inspirados en los libros de Holy Blood, Holy Grail (en español El enigma sagrado) y El código Da Vinci sugieren que María Magdalena era la esposa de Jesús. Sin embargo, todo lo que nos dicen los evangelios de ella era que auspiciaba económicamente la labor de Jesús, que este la exorcisó de siete demonios y que fue testigo de la tumba vacía (Lc. 8:2-3; Mc. 16:1-8; Mt. 28:1-10; Lc. 24:1-11). Todos los demás reportajes de que Jesús besaba a María Magdalena (Evangelio de Felipe) o que le revelaba secretos (Evangelio de María Magdalena) proceden de escritos gnósticos posteriores (siglos II y III) y que no merecen credibilidad histórica alguna. Este último punto también es consenso de todos los expertos en este tema.

Si este es el caso, entonces ¿en qué ha parado el tema del fragmento en discusión?
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Veredicto final:  Un fraude

La historia del descubrimiento del fraude se dio dentro y fuera del ciberespacio. Algunos ponían en duda el fragmento al notar que algunos de sus contornos parecen haber sido cortados a tijera.

Otro problema parece haber sido la prueba de Carbono-14 al que se sometió la tinta usada para escribir el fragmento. Sí, la prueba mostraba que la tinta databa del siglo VIII, pero lo que no se conoce mucho es que este fue el resultado de la segunda prueba. La primera indicaba que la tinta era del 400 al 200 a.C. (¡!)

Otros señalaban que era bien extraño que este fragmento se obtuviera y se revelara justo en el momento en que perduraba la fiebre por la película (malísima) y la novela (aburridísima y mal informada) de El código Da Vinci. La respuesta general de los expertos era de un gran escepticismo, muy a pesar del optimismo de Karen King. A pesar de que ella había consultado con dos coptólogos expertos que opinaban que el documento aparentaba ser auténtico, no todos los coptólogos estaban convencidos. De hecho, la mayoría se mostraba extremadamente escéptica.

Sin embargo, hubo otros criterios muchos más fuertes de inautenticidad. Daniel B. Wallace, estudioso del Seminario Teológico de Dallas, mencionaba los siguientes:

  • Es extraño que el texto esté escrito en un copto sahídico bastante antiguo (como del siglo III), pero que aparece en un documento del siglo VIII.
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  • El papiro se utilizaba como medio de escritura hasta, a más tardar, el siglo VII. Las pruebas de Carbono-14 lo colocan en el siglo VIII.
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  • El fragmento pone a la vista el nombre de “Jesús” en dos ocasiones mediante las iniciales “IC” (iota sigma). En la segunda ocasión (en la cuarta línea), está justo en el medio del fragmento.
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  • La palabra “mi esposa” aparece a propósito en los labios de Jesús, de manera que es inconfundible que él estuviera hablando de su esposa.
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  • Parece que el escriba no utilizó un stilus, sino más bien una “brocha” pequeña, algo que no es característico de los escritos coptos conocidos de todas las épocas.
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  • Las frases que aparecen en este fragmento también aparecen en el Evangelio de Tomás, un evangelio gnóstico del siglo II, escrito en copto sahídico y encontrado en Nag Hammadi a mediados del siglo XX.

En cuanto a este último punto, Francis Watson de la Universidad de Durham llevó a cabo un análisis al respecto y publicó un resumen de sus hallazgossu análisis y otros señalamientos. Él demuestra más allá de toda duda que con excepción de la frase “mi esposa”, todo lo demás proviene de distintos versos del Evangelio de Tomás. Es más, no proceden ni tan siquiera de versos cercanos, sino que es un “collage” de versos de dicho libro gnóstico.

Sin embargo, lo que parece haber revelado más allá de toda duda que el fragmento era un fraude era un cierto tipo de errores gramaticales. Algunos expertos ya habían señalado el problema y cómo el que escribió el papiro refleja muy poco conocimiento del copto. Sin embargo, Andrew Bernhard de la Universidad de Oxford encontró que en la línea 6 del escrito hay una falta gramatical que indica que el autor estaba dependiendo en otro escrito que contiene la misma falla: la traducción interlinear al inglés de Michael Grodin del Evangelio de Tomás y que está disponible en línea. Aparentemente, el falsificador copió la falta ortográfica y después intentó corregirla por encima.

La otra evidencia del fraude no provino de ese fragmento, sino de uno ajeno y que también era del mismo dueño. Aparentemente, la misma persona que suplió nuestro texto en discusión a King, quiso proveer un fragmento del Evangelio de Juan a otra institución años antes.

Fragmento del Evangelio de Juan.

Fragmento del Evangelio de Juan asociado al del Evangelio de la “Esposa de Jesús”.

Para los expertos, no hay lugar a dudas que este fragmento es una falsificación. Entre algunos factores que siguieron arrojando serias dudas, podemos mencionar los descubiertos por por Christian Askeland:

  • El estilo, la tinta y el instrumento de escritura de este fragmento del Evangelio de Juan son exactamente los mismos de los del fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús.
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  • El nuevo fragmento del Evangelio de Juan depende de otro texto, una réplica exacta de cada dos versos del Códice Qau de Cambridge, editado por Herbert Thompson. De hecho, este fragmento es de una variante de copto distinta a la del Evangelio de la Esposa de Jesús. En el caso de este último, se basa justo en la variante del copto del Evangelio de Tomás, mientras que el del Evangelio de Juan se basa en el copto del Códice Qau.
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  • La variante del copto usado en el fragmento del Evangelio de Juan había desaparecido para el siglo VI d.C. Sin embargo, las pruebas de Carbono-14 hechas a este texto indican que es del siglo VIII d.C.

Estos señalamientos fueron confirmados por Alin Suciu de la Academia de Ciencias y Humanidades de Göttingen y felicitó a Askeland por la prueba tipo “smoking gun“.

Si lo anterior no fuera suficiente, la señal más llamativa y elemental la mencionó el egiptólogo Joost L. Hagen  y se encuentra en la lacuna (agujero) principal. A pesar de que otras letras disimulan “atravesar” el agujero,  en un momento dado, el falsificador intentó escribir una “N” (ny) y el “T” (tau) justo debajo para darle la vuelta.

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Por tanto, si este fragmento del Evangelio de Juan fue provisto por la misma persona, tiene la misma letra, el mismo instrumento de escritura, la misma tinta y muestra el patrón de depender de documentos contemporáneos, es lógico pensar que el fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús es también una falsificación y así lo han dejado saber en CNN los eruditos Michael Peppard, de la Universidad de Fordham, Joel S. Baden, de la Escuela de Divinidad de Yale, y Candida Moss, de la Universidad de Notre Dame en South Bend, Indiana.

Para una crónica completa de esta travesía detectivesca, invito al lector a que vaya al blog NT Blog de Mark Goodacre, de la Universidad de Duke.

En esta etapa, ya para finales del 2014, prácticamente todos los expertos alrededor del mundo vieron que estos dos fragmentos eran falsificaciones. El falsificador compró un papiro antiguo (algo que se puede hacer hasta por eBay), preparó un tinte a partir de sustancias antiguas y, utilizando transcripciones y traducciones recientes en códice y en línea, produjo la falsificación. ¡El Carbono-14 no necesariamente es evidencia decisiva en estos casos!

Ahora la pregunta pertinente es ¿quién los fabricó?
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¡Última hora! … (o más bien ¡última semana!)

En esta semana, salió un artículo de Ariel Sabar para The Atlantic, en el que revela que el dueño de los fragmentos en discusión no es otro que Walter Fritz. Askeland había sospechado de él el año pasado, ya que por labor inquisitiva encontró la página de la esposa de Fritz (Nefer Art), en donde algunas imágenes que presentaba se parecían sospechosamente a la escritura y estilo que encontramos en el fragmento del Evangelio de Juan. Al leer el artículo se dio cuenta de que en 1982, Fritz estudiaba egiptología en la misma institución donde se “verificó” precisamente ese escrito.

Fritz le mintió a King, algo que ahora ella reconoce, al proveerle una falsa información de dónde obtuvo el fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús, especialmente haciendo alusión a personas que para el momento de la presentación de King ya habían fallecido. Convenientemente, los muertos no pueden desmentir la información.

Sabar llevó a cabo una investigación de todas las personas supuestamente involucradas en la conservación del fragmento, para entonces descubrir que no podía corroborar ningún aspecto de los alegatos de Fritz. Al contrario, todo parecía indicar que su historia era un engaño. Aunque él alegaba no haber estudiado egiptología, Sabar pudo confirmar que sí había cursado en ese campo en la Universidad Libre de Berlín y que, de acuerdo con los que le conocieron, desapareció en un momento dado. En 1993 se estableció en Florida y en 1995 creó el portal cibernético de Nefer Art, donde ofrecía toda una variedad de servicios artísticos. Más adelante, en el 2003, lanzó un portal pornográfico que contenía vídeos de su esposa teniendo sexo con otros hombres y la promocionaba como “America’s #1 Slut Wife”. Todos estos portales cerraron durante el 2014 y el 2o15. Inspirados por El código Da Vinci, la esposa comenzaba a alegar que Dios y el Arcángel Miguel hablaban mediante ella.

¿Y qué pasó cuando Sabar confrontó a Fritz con la información que obtuvo? Eso lo tendrán que leer ustedes.

Por lo pronto, creo que ya no hay duda alguna en la mente de nadie en la Tierra (fuera de dos o tres enajenados) en cuanto a la naturaleza fraudulenta de este fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús.