Comunicado de Humanistas Seculares de PR

Humanistas Seculares de Puerto RicoRecientemente salió en El Nuevo Día un comunicado de sectores religiosos denunciando al gobernador Ricardo Rosselló de no haber cumplido su compromiso político con ellos. A esto, Humanistas Seculares de Puerto Rico (HUSE) responde con su comunicado que aquí reproducimos:

[Comunicado de Prensa – Para divulgación inmediata]
Humanistas Seculares de Puerto Rico – @HumanistasPR

La organización Humanistas Seculares de Puerto Rico condena, deplora y se opone enérgicamente al contenido del comunicado publicado hoy en el periódico El Nuevo Día, donde unos grupos fundamentalistas amenazan públicamente al gobernador Ricardo Rossello por, alegadamente y al igual que su padre, el ex gobernador Pedro Rosello, de “malabarismos de satisfacer dos grupos esencialmente encontrados”, “imponer la conducta homosexual” y de no cumplir con los concordatos con sectores teocráticos formados durante la campaña electoral del 2016 de que eliminaría el memorando del Departamento de Educación donde se establece la enseñanza con perspectiva de género, entre otras disposiciones de corte teocrático. Insultan además a varias funcionarias, por su sexualidad o por su “ineptitud crasa”, suponemos que, por proponer ideas de igualdad, equidad o inclusión, de corte moderno y racional. El comunicado también desinforma en cuanto a que acusan a Johanne Vélez de ser parte de un caso para “forzar el matrimonio homosexual en Puerto Rico”, cuando el caso que decidió que las parejas del mismo sexo se podían casar ya se decidió en el Tribunal Supremo de Estados Unidos, y ella no fue parte de él. Se llama Overgefell v. Hodges, del 2015, de completa aplicación en nuestra isla. También la tildan de ser una “super secretaria” nombrada por el gobernador, para “adelantar la agenda de convencer a los puertorriqueños de que la conducta homosexual es normal y digna”.

El nefasto comunicado establece que en PR hay tensiones ideológicas entre las iglesias protestantes y la católica, e invita a las distintas denominaciones cristianas a ser enemigas, recordándonos que, históricamente, cuando las iglesias han tomado control de los gobiernos, las otras religiones han sido pisoteadas y desprestigiadas. Las guerras que han sido peleadas por diferencias religiosas han dejado un saldo de millones de muertos, de hostilidades insalvables y de sociedades destruidas por los soldados de una religión en particular, que buscan el poder, y sigue siendo así hoy en día.

El comunicado es, esencialmente, una amenaza al gobernador de que se comporte en violación a las mejores costumbres de inclusión y decencia hacia todos los ciudadanos, promover pugnas entre católicos y protestantes, oponerse irracionalmente a una planta que lejos de causar daño, causa procesos judiciales innecesarios y encarcelamientos por delitos no violentos que no afectan a terceros. Le recuerdan que cumpla con unos acuerdos inconstitucionales de promover unas agendas teocráticas, mientras felicitan a una Cámara de Representantes que en vez de preocuparse por la buena gobernanza de todos los ciudadanos y de ser inteligentes en la creación de leyes que nos ayuden a salir de la debacle fiscal, se preocupan por crear más privilegios para ciertas iglesias, que a fin de cuentas salen del bolsillo de todos los demás contribuyentes y ciudadanos. Los suscribientes pretenden, abusivamente, hablar en nombre de los todos los creyentes, cuando no todas las iglesias en Puerto Rico buscan tratar como inferiores a otros ciudadanos por su sexualidad, por el uso de una planta, ni por no creer en dioses o religiones. Los suscribientes tienen pretensiones de poder que están en clara violación de nuestra Constitución que además de decir que habrá libertad de culto, dice que habrá completa separación entre iglesias y estado.

Le hacemos un llamado al gobernador de que le ponga freno a estos religiosos con aspiraciones de poder político y que recuerde que nuestra isla tiene diversidad de creencias religiosas, cultos y un número de personas sin creencias religiosas que cada día aumenta más. Nuestra constitución es el documento magno que debe regir no solo las actuaciones del pueblo ante sus líderes políticos, sino sus obligaciones inquebrantables hacia TODOS LOS CIUDADANOS.

Finalmente, le recordamos a los teócratas que LA BIBLIA ES PARA ALGUNOS, PERO LA CONSTITUCIÓN ES PARA TODOS.

Humanistas Seculares de Puerto Rico es una organización que reúne ateos, agnósticos y librepensadores, que promueve la separación de iglesia y estado, la lógica, razón, ciencia, derechos humanos y los valores universales del humanismo secular. Para mas información, visite http://www.humanistaspr.org.

 

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Recomendación: El mito de la persecución cristiana

Libro: The Myth of Persecution

Candida R. Moss, The Myth of Persecution. How Early Christians Invented a Story of Martyrdom. HarperOne, 2013.

En una época como esta, en la que el gobierno de Puerto Rico promueve activamente actividades de ayuno durante la temporada de Cuaresma, logra forjar iglesias-escuela e intenta darle la vuelta a la legalización del matrimonio homosexual por parte del Tribunal Supremo federal, se hace pertinente la lectura de un libro como el de Candida MossThe Myth of Persecution (El mito de la persecución).  En el fondo, lo que mueve a muchos de los intereses religiosos puertorriqueños a que senadores y representantes legislen de esta manera es la ideología del sacrificio y la persecución.  Según algunos cristianos, Puerto Rico ha renegado de Cristo y está persiguiendo a los cristianos cada vez que se saca a Dios de la esfera pública.  El problema es que esto no es persecución.

Jesús de Nazaret murió en la Cruz como subversivo y desde tiempos de los primeros cristianos, definió ese retrato de muerte como un ideal. Desde la muerte (genuinamente histórica) de Pablo de Tarso y, muy probablemente, los apóstoles, Jacob hijo de Zebedeo, Juan su hermano, Pedro y Jacob el hermano de Jesús, los cristianos se fueron aferrando cada vez más a una ideología que buscaba imitar el destino del Maestro. De ahí en adelante, la Iglesia (especialmente la católica) nos narra la historia de muchos testigos de la religión cristiana que murieron por su fe valientemente ante las atroces persecuciones que desataron los diversos emperadores sobre estas iglesias….

Sin embargo, como muestra Moss en su obra The Myth of Persecution, ninguno de estos relatos expresa lo que históricamente sucedió. ¿Realmente Roma lanzó una campaña de siglos de persecución contra los cristianos en todos los lugares del imperio?  Moss pone en duda esa mentalidad atribuida a sus gobiernos. Parecería más bien que en la mayoría de los casos en que ocurrió algo parecido a lo alegado, la razón de los arrestos o persecución no eran exactamente por la fe. De hecho, ante la carencia de persecución, a veces quedaban totalmente defraudados. En una ocasión, un grupo de cristianos se agolpaban a la puerta del gobernador de Asia Cneo Arrio Antonino exigiéndole que los arrestara y los condenara a muerte. Ante tal solicitud extraña, les envió un mensaje diciendo que afuera podían brincar de un precipicio o podían usar sogas con las que podían ahorcarse ellos mismos.

En otros casos, hay dudas en torno a las verdaderas intenciones de la legislación romana cuestionada. En otros, las narraciones fueron totalmente ficticias. Hubo algunas que copiaron tradiciones sobre otras figuras insignes, como la de Siddharta Gautama.

Este pasado ficticio de mártires de la fe, que mueve el corazón de los cristianos de hoy para sentirse perseguidos (aunque realmente no lo estén), se desmitifican en The Myth of Persecution.

Es muy poco en lo que estoy en desacuerdo con Moss.  Mi único reparo ante sus aserciones radican en la figura del Emperador Nerón. Ella presenta dudas serias en torno a la caracterización hecha de él por un historiador posterior.  Sin embargo, otros textos cristianos (como el Apocalipsis de Juan) dejan claro que el ideal de martirio estaba ya bastante vivo ante la persecución desatada por los Romanos y, en un momento dado de la historia, los judíos en tierra palestina.

Recomiendo encarecidamente este libro para comprender mejor la mentalidad de algunos cristianos que en vez de investigar seriamente si verdaderamente hay o no una persecución, lo que hacen es añorar por esos tiempos ficticios, aun dentro un contexto político actual que en ocasiones se ha mostrado indiferente a sus reclamos.

También recomiendo otras obras de Moss que van por la misma línea, tales como:  Ancient Christian Martyrdom: Diverse Practices, Theologies, and TraditionsThe Other Christs: Imitating Jesus in Ancient Christian Ideologies of Martyrdom.

Otra evidencia contra la tesis de la crux simplex …

En uno de los artículos sobre Jesús de Nazaret se resaltó la evidencia contra la creencia de los testigos de Jehová de que la crucifixión que padeció históricamente el Nazareno era en una crux simplex. Según ellos, el uso de la crux immissa como aquella en la que murió Jesús provino del emperador Constantino en el siglo IV. Sin embargo, mostramos el famoso Alexamenos Graffitto en la que se representa a Jesús como un hombre con cabeza de asno crucificado en una crux immissa y que esta era una evidencia temprana de que para los cristianos Jesús no murió en una crux simplex.

Alexamenos graffitti

Graffitti del siglo III d.C. que se burla de un cristiano. Dice en griego: “Αλεξαμενος ςεβετε Θεον” (Alexamenos adora a su dios).

Sin embargo, la revista cibernética Bible History Daily llamó la atención recientemente a otro tipo de evidencia, esta vez por escrito, de un papiro conocido como P75 en la que se constata el uso de un “staurograma” (⳨), un símbolo que combina las letras “tau” (T) y “rho” (P) en griego. Se abrevia la palabra griega para crucifixión “stauron” (σταυρον) de la siguiente manera (Ϲ⳨ΟΝ) con un ligamento sobre esta palabra.

P._Bodmer_XIV-XV,_staurogram

P75 es un papiro mucho más temprano (s. II) que el Alexámenos Graffitto (s. III). Una vez más, esto es evidencia de que los cristianos estaban bien claros en el tipo de cruz que ellos creían que había muerto Jesús.

El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 6

La serie, partes 1, 2, 34 y 5

La noche de Gólgota -- por Vasily Petrovich Vereshchagin (1869)

La noche de Gólgota — por Vasily Petrovich Vereshchagin (1869)

La tradición más antigua de sepultura y resurrección

Uno de los elementos que hacen más valiosas las cartas auténticas paulinas es que Pablo frecuentemente nos cita las tradiciones más antiguas con las que contamos en torno al tema de la muerte y resurrección de Jesús.

En primer lugar os transmití lo que por mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas {Pedro} y luego a los Doce; que después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los que todavía la mayor parte viven, aunque otros ya murieron. Luego se apareció a Jacobo {el hermano de Jesús}; más tarde, a todos los apóstoles (1 Cor. 15:3-7).

¿Cómo sabemos que esto proviene de una tradición ajena a la de Pablo? Si tomamos los versos del 3b al 5, obtenemos una estructura inconfundible tradicional que contrasta la muerte y sepultura con la resurrección y su aparición a Pedro. Compárese los versos (a), (b) (c) y (d) de la primera estrofa con los correspondientes de la segunda:

1(a) Cristo murió
1(b) por nuestros pecados
1(c) según las Escrituras
1(d) que fue sepultado

2(a) que {Cristo} resucitó
2(b) al tercer día
2(c) según las Escrituras
2(d) que se le apareció a Cefas

Todos los relatos que vemos en torno a su sepultura y tumba vacía en los evangelios son relatos posteriores a esta tradición. Algunos disputan la historicidad de este contenido. Otros afirman que es perfectamente consistente con el primero de nuestros evangelios (el de Marcos) muy a pesar de que los recuentos evangélicos se contradigan entre sí. ¿Acaso Jesús no se les apareció a las mujeres primero? O, como afirmaría Ehrman en su obra How Christ Became God, tal vez la carencia de mención de José de Arimatea como contraste literario al nombre de Cefas es señal que no hubo un tal personaje y que, en definitiva, a lo mejor Jesús no fue sepultado.

Veamos este asunto más a fondo.

La sepultura

Es verosímil que la crucifixión haya tomado lugar antes de la Pascua, incluso el día antes (en relación con esto, el Evangelio de Juan —como diríamos los puertorriqueños— “la pegó”, aunque por razones puramente teológicas). Recordemos que la cronología evangélica es inverosímil y que todo este proceso de juicio a Jesús hasta que llegó a manos de Poncio Pilatos pudo haber tomado días, pero ciertamente no de un día para otro. Sin embargo, puede ser posible que Pilatos atendiera su caso dos días antes o el día antes de la Pascua. En primer lugar, el juicio romano se dio en Jerusalén, no en Cesarea Maritima en las costas de Samaría, la sede de su autoridad. Como hemos dicho en otros artículos, la presencia romana en la Ciudad de David incrementaba debido a los exabruptos nacionalistas que solían ocurrir de vez en cuando durante esa temporada. Nadie como Pilatos para garantizar el orden.

Jesús fue condenado a la crucifixión y murió ese mismo día después de haber pasado (posiblemente) algunos días de prisión y maltrato por parte de los soldados. Después de un desangrado considerable y del espantoso dolor que debió haber pasado en la Cruz, podía ser que para velar por el día de Pascua (recuerden que para los judíos de esa época, “el día siguiente” comenzaba a las 6:00 de la tarde, no a la medianoche) el Sanedrín solicitara que se descolgara a los muertos en la cruz, ya que no debían estar expuestos en esa noche de fiesta.

En cuanto a este punto, hay un debate muy interesante entre eruditos del Nuevo Testamento. John Dominic Crossan y Bart D. Ehrman (este último de manera más cualificada) piensan que los romanos no hicieron excepción alguna en cuanto a la crucifixión y que probablemente dejaron los cuerpos a la interperie para que fueran depredados por animales. La razón de ello es que fuera de unos casos constatados por Filón de Alejandría y Josefo, no habría motivo alguno para que los romanos respetaran las formalidades culturales locales. La idea de que Pilatos ayudara a guardar las formalidades de la Pascua sería bien improbable. Ya hemos visto cómo solía tratar a la población en caso que se resistiera por razón alguna. A él le importaba muy poco este asunto. La crucifixión tenía la intención de humillar a los rebeldes, ¿qué razón tendría Pilatos para permitir que se les descolgara de la cruz en la temporada más nacionalista de Jerusalén?

Del otro lado de la discusión, se encuentra prácticamente el consenso de los historiadores y exégetas del Nuevo Testamento. ¿Por qué discuto a Crossan y Ehrman? Porque el peso de sus argumentos en este caso es importante. Sin embargo, en el otro lado, aunque predominen algunos estudiosos conservadores y confesionales, esto no significa en absoluto que todos ellos tengan un cociente de inteligencia bajo (y si creen que sí, les invito cordialmente a estudiar hebreo, arameo, griego koiné y copto, mas paleografía, historiografía antigua, filología, filosofía antigua, escritos apócrifos, etc. …  se pasarán toda una vida estudiando …  como ellos lo han pasado). Al contrario, son brillantes eruditos y a ellos le debemos gran parte de lo que discutimos en artículos previos. ¿Qué tienen que decir ellos al respecto?

En primer lugar, debemos comprender la relación entre Roma y Judea para entender cómo Pilatos tenía que relacionarse con los judíos. Judea es para todos los efectos una de las provincias de las excepciones. Contrario a lo que nos indican las películas de Jesucristo, los romanos no estaban paseando todo el tiempo por Jerusalén en grandes números para intimidar al público todos los días. Su presencia incrementaba para el periodo de Pascua, pero el resto del tiempo, la guardia estaba bajo la supervisión del Sumo Sacerdote (en este caso, Caifás). Por otro lado, Pilatos gobernaba desde un lugar más pacífico, Cesarea Maritima en las costas de Samaría. Con contadas excepciones, los romanos también solían respetar las tradiciones judías del Templo y de todas partes de sus dominios, siempre y cuando pagaran el tributo debido al Imperio. Este era el acuerdo que habían establecido con los sacerdotes saduceos y, por tal motivo, esta casta era odiada por fariseos, esenios y otros sectores sociales. Pero, ¿por qué Roma no forzaba el estilo de vida romano o actividades típicas de su cultura o, al menos, la tan admirada helenística? En primer lugar, Antíoco Epífanes intentó hacerlo primero y fracasó ante una guerra de guerrillas nacionalista bajo los Macabeos.

En segundo lugar, debemos recurrir de nuevo a lo que nos tiene que decir el historiador Flavio Josefo. ¿Se acuerdan que Pilatos masacró a un número de personas en una multitud por utilizar el Dinero Sagrado para un acueducto?  Pues, antes de eso ocurrió este incidente:

Cuando Pilato fue enviado por Tiberio como procurador {error histórico: fue prefecto} a Judea, llevó de noche a escondidas a Jerusalén las efigies de César, que se conocen por el nombre de estandartes. Este hecho produjo al día siguiente un gran tumulto entre los judíos. Cuando lo vieron los que se encontraban allí, se quedaron atónito porque habían sido profanadas sus leyes, que prohíben la presencia de estatuas en la ciudad. Además, un gran número de gente del campo acudió también allí ante la indignación que esta situación había provocado entre los habitantes de la ciudad. Se dirigieron a Cesarea y pidieron a Pilato que sacara de Jerusalén los estandartes y que observara las leyes tradicionales judías. Pero como Pilato se negó a ello, los judíos se tendieron en el suelo, boca abajo, alrededor de su casa y se quedaron allí sin moverse durante cinco días y sus correspondientes noches.

Al día siguiente Pilato tomó asiento en la tribuna de un gran estadio y convocó al pueblo como si realmente desease darles una respuesta. Entonces hizo a los soldados la señal acordada para que rodearan con sus armas a los judíos. Estos se quedaron estupefactos al ver inesperadamente la tropa romana formada en tres filas a su alrededor. Mientras, Pilato les dijo que les degollaría, si no aceptaban las imágenes de César y dio a los soldados la señal de desenvainar sus espadas. Pero los judíos, como si se hubiesen puesto de acuerdo, se echaron al suelo todos a la vez con el cuello inclinado y dijeron a gritos que estaban dispuestos a morir antes que no cumplir sus leyes. Pilato, que se quedó totalmente maravillado de aquella religiosidad tan desmedida, mandó retirar enseguida los estandartes de Jerusalén (Josefo, La guerra II:169-174).

En otras palabras, había una razón por la que Roma pensaba que era más eficiente respetar las leyes judías y cobrar el Tributo que imponerles costumbres romanas.  Pilatos pensaba que él era el hombre para lograrlo y claramente se equivocó.

No solo eso, la masacre que llevó a cabo en Jerusalén fue un caso excepcional debido a que, contrario a los estandartes, el acueducto pudo haber sido una genuina necesidad con la que no se contaba con los recursos económicos, así que utilizó el recurso disponible en manos de los sacerdotes saduceos. Fuera de este episodio de los estandartes y el de años más tarde la imposición de las estatuas de Calígula, Roma mantenía una política de “manos afuera” en relación con Jerusalén: que el Sumo Sacerdote mantuviera el orden y que se observaran las leyes mosaicas, siempre y cuando ese orden no fuera contrario al dominio romano y al pago tributario. Además, se les solicitaba que ofrecieran sacrificios y oraciones por el bienestar del emperador. Tanto Josefo como Filón de Alejandría nos dejan constancia de que en muchas ocasiones los judíos le solicitaban a Pilatos velar por sus leyes patrias como lo habían hecho muchos reyes y emperadores hasta ese momento.

Craig A. Evans, exégeta protestante bien respetado en su campo, nos informa que la Torah dice bien explícitamente que debían sepultar los cadáveres antes de la puesta de sol (Deuteronomio 21:22-23), algo que recordaba con mucho énfasis la comunidad de Qumrán (11Q19 64:7-13a). Él trae a colación el hecho de que Josefo narraba cómo durante la Guerra Judía, varios judíos bajaban a crucificados para sepultarlos, tal como exigía la Torah. Ehrman no estuvo de acuerdo con su argumento, específicamente por la falta de cualificaciones a las aserciones de Josefo.

Nota personal e inexperta: Los diez argumentos que numera Ehrman rozan un poco con el hiperescepticismo, aunque no son en ellos mismos irrazonables. Aun subrayando mi carencia de expertise en cuanto a este tema y que, tal vez, no tenga suficiente información al respecto, me parece que tampoco hay razones de peso para poner en duda que Pilatos respetaba al menos algunas tradiciones judías. De otra manera, los judíos estarían en perpetua queja ante el Imperio. Aquí está el enlace de su blog en el que responde a este planteamiento de Evans.  (Si no pueden ver todo el artículo, únanse a su blog por un costo módico de $7.95 cada tres meses. El dinero completo se dona a Médicos Sin Fronteras y CARE, entre otras organizaciones sin fines de lucro. A cambio de ello, tienen acceso a las opiniones de uno de los exégetas más respetados de Estados Unidos).  Pueden ver más de sus respuestas a Evans aquí  (tampoco me convence mucho) y aquí (nope).

Sin embargo, el análisis de Evans también falla significativamente en algunos puntos. Por ejemplo, muestra como evidencia el hallazgo de Yeojanan (del que hablamos en nuestro artículo anterior), cuyas piernas fueron quebrantadas por los romanos para que muriera más rápido. Él afirma que probablemente se debió a que no estaba muriéndose “a tiempo” (por así decirlo) y los romanos tomaron medidas al respecto. ¿Por qué razón sería? Lo más probable porque tenían que bajar su cadáver de la cruz antes del atardecer. Una observación muy importante que hace Ehrman es que este condenado pertenecía aparentemente a una élite judía y sus familiares pudieron haber influenciado la decisión del gobernador para enterrarlo. Ese no era el caso de Jesús, quien no era pudiente y cuya familia no se encontraba en Jerusalén, sino en Galilea. ¿Por cuánto tiempo estuvo Yeojanan crucificado? ¿Cuáles crímenes cometió?  No tenemos constancia de ello. Es más, la persona que hizo el análisis de los huesos —Joe Zias— afirma que su quebrantamiento ocurrió después de su muerte.

Finalmente, Evans argumenta que se han encontrado clavos de crucifixión en varios osuarios, lo que indica que se solían sepultar honrosamente a cadáveres de crucificados, en vez de dejarlos a la interperie por mucho tiempo. Sin embargo, como bien señala Ehrman —respaldado por la autoridad de un experto en el tema— estos clavos no se guardaban porque los cadáveres fueran de crucificados, sino porque eran más bien una especie de talismanes: específicamente se pensaba que dichos clavos espantaban a los espíritus malignos. El clavo que ilustra Craig en su artículo es del osuario de Caifás (quien jamás fue crucificado).

Este fascinante debate continúa, sin embargo, en mi —muy inexperta— opinión (y, por favor, tómenla cum granus salis) es que sí se descolgó el cadáver de Jesús después de haber muerto y que fue enterrado por un tal José de Arimatea. En ese aspecto, estoy de acuerdo con la mayoría de los historiadores y exégetas. La razón de ello la explica el erudito James G. McGrath en su libro electrónico (muy didáctico) The Burial of Jesus, donde explica “en arroz y habichuelas” lo que expondremos ahora.

El relato cepa de los demás sinópticos proviene de Marcos y nos dice lo siguiente:

Ya al atardecer, como era la Preparación, es decir: la víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro respetable del Consejo {Sanedrín}, que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. Se extrañó Pilato de que ya estuviese muerto y, llamando al centurión, le preguntó si había muerto hacía tiempo; informado por el centurión, concedió el cuerpo a José. Este compró una sábana y lo descolgó de la cruz; lo envolvió luego en ella y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en una roca. Finalmente hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de Josés se fijaron dónde lo ponían (Marcos 15:42-47)

Otros evangelios hicieron de José un seguidor de Jesús, algo que realmente no está claro en este texto, ya que Jesús no era el único que predecía la “llegada del Reino de Yahveh” sino uno de muchos apocalipticistas de su tiempo. Sobre si José era o no seguidor de Jesús, el texto es admitidamente ambiguo, lo que nos lleva a pensar que a lo sumo era un apocalipticista del Sanedrín que no era seguidor de Jesús. El otro dato que parece ser significativo es que a Pilatos se le dio la información que “hacía tiempo” Jesús había fallecido.

Nótese en cuanto a todo esto, que los discípulos habían huído y no podían solicitar un entierro honorable a Jesús.  Sus familiares parecen haber estado en Galilea en el momento, por lo que tampoco lo solicitaron. Sin embargo, el interés de José de Arimatea parecía ser estrictamente jurídico-religioso (no quería que hubiera un cadáver colgando antes del atardecer, ya que había que cumplir con la normativa de Moisés). Nótese que en ningún momento Marcos nos dice lo que otros evangelios alegaban: que la sábana estaba “limpia” y que el sepulcro era “nuevo” (Mateo 27:60; Juan 19:40-41); o que era acompañado de Nicodemo (Juan 19:39); o que envolvió al cadáver con dulces aromas según la tradición judía de sepultar (Juan 19:40-41).

En otras palabras, sale a relucir de nuevo el criterio de incomodidad o dificultad, de que los evangelistas posteriores han intentado embellecer el relato original sobre José de Arimatea para que parezca que Jesús fue sepultado por un discípulo respetuoso de su Maestro … y no como el miembro de un Sanedrín que buscaba velar por la ley patria que sepultó a Jesús con una sábana (si limpia o no, no sabemos) en un sepulcro común y corriente. Es más, contrario a lo alegado por el Evangelio de Juan, todo indica que se le sepultó sin los debidos rituales judíos de honor; es decir, se le estaba tratando como a un criminal.

¿Cómo sabemos que fue así?  Sencillo, porque según Marcos, Jesús fue preparado para la muerte en vida. Este es el relato de la “unción” en Betania, en la que Jesús decía que ese perfume era para prepararlo para la muerte. ¿Por qué añadiría Marcos este relato inverosímil? Porque sabe que José de Arimatea no le lavó ni le ungió; así que apologéticamente Marcos narraba un “acontecimiento” en el que sí se le ungió para la muerte para una sepultura digna y honrosa donde José nunca se la dio (Marcos 14:3-9). No solo eso, Marcos también incluye el relato de las mujeres que fueron el domingo (el tercer día) para limpiarlo según la normativa judía … ¿y qué sucedió? Lo que ellas jamás se esperaban …

La proclamación de la resurrección

Aparición de Cristo a María Magdalena -- por Alexander Andreyevich Ivanov (1835)

Aparición de Cristo a María Magdalena — por Alexander Andreyevich Ivanov (1835)

¡OK, mis queridos lectores sabiondos!  Ustedes se deben acordar que les di una asignación. Les pregunto otra vez: Contrario a lo que alega la película The Case for Christ, ¿por qué el criterio de testimonio múltiple no aplicaba a los relatos de la resurrección en los evangelios?

Respuesta a la asignación (Spoilers!):

Si han leído los cuatro relatos de la resurrección podrán concluir que en el caso de los sinópticos, los tres son muy parecidos (con pequeñas variantes), lo que sugiere que los tres tienen una fuente común. En este caso, Mateo y Lucas están copiando de la misma fuente: Marcos.  Así que en el caso de los sinópticos, no vale el criterio de testimonio múltiple, ya que el relato cepa cuenta solo como un testimonio. En el caso de Juan, el relato es tan distinto al de los de los sinópticos y tan impregnado de la teología del autor que no es fiable históricamente. Aunque proceda en última instancia de una fuente distinta, ha sido bien alterado para descansar históricamente en ella y contarla para un testimonio múltiple (asunto todavía debatido entre los eruditos). Además, hay elementos que indican que la aparición a María Magdalena está atada a la glorificación corporal de Jesús y al relato sinóptico de la incredulidad de los discípulos a las mujeres.

El más temprano de los evangelios, el de Marcos, nos dice lo siguiente…  y, por favor, manténgase atentos hasta el final:

Pasado el Sábado, María Magdalena, María la de Jacobo y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarlo. Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, fueron al sepulcro. Se decían unas a otras: “¿Quién nos retirará la piedra del sepulcro?” Pero, al alzar la mirada, vieron que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande. Al entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dijo: “No os asustéi; sé que buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Pero ha resucitado, ya no está aquí. Ved el lugar donde lo pusieron. Id, sin embargo, a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea: allí lo veréis, como os dijo.” Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo (Marcos 16:1-8).

¡Punto!  Créanlo o no, ese es el final del Evangelio de Marcos. Todos los exégetas reconocen que los versos que siguen fueron una interpolación posterior, probablemente de algún copista cristiano que deseaba concluir el relato con algo más satisfactorio. Nótese que en este texto, Jesús no se le aparece en lo absoluto a las mujeres. Nos dice, por otro lado, que Jesús se les aparecería a los discípulos en Galilea. Eso coincide completamente con la narrativa más temprana que tenemos sobre la resurrección de Jesús … la de Pablo. ¿Se acuerdan de la cita que mencionamos al principio?  Jesús se le apareció resucitado primero a Pedro y después a los demás.

¿Es histórica esta visita de las mujeres al sepulcro?  Es difícil saberlo, aunque personalmente me inclino a que no. ¿Por qué? Porque de principio a final está demasiado apegado al motif literario del autor. Como afirmamos en varios artículos, Marcos intentaba explicar cómo Jesús nunca se autoproclamó Mesías (al menos en público), además de que resaltaba la incomprensión por parte de los discípulos y otros en torno a sus verdaderas intenciones y su mensaje, de que sus oyentes hacían todo lo contrario a lo solicitado, a veces llegando al punto de su continua irritación (Marcos 1:25,34,41; 3:2,13; 7:6-12,18-20,27,36; 8:11-12,16-21,26,29-30 … etc). El incidente del sepulcro vacío es la culminación de dicha incompresión de los discípulos por el hecho de haber huído, porque fueron las mujeres, no los varones más cercanos al Maestro, las primeras en recibir la noticia … Y para colmo, ellas tampoco entendían lo que pasó porque, con su temor, ni se calmaron ni le dijeron nada a nadie (todo lo opuesto a lo que les solicitaba el hombre).

Además, hay muchas sospechas en torno al relato mismo del sepulcro vacío. En todo caso, Jesús parece haber indicado que después de la resurrección los cuerpos serían como los de los ángeles (Mc. 12:24a,25). Esto se confirma con el hecho de que la doctrina más temprana que tenemos de la resurrección aparece en las cartas de Pablo. Una vez más, comprendiendo la doctrina jesuana desde un marco judeohelenístico, lo sumerge en una teoría muy curiosa de la dualidad carne-espíritu. Para Pablo, la resurrección sería sin lugar a dudas fisica, pero su sustancia cambiaría: dejaría de ser un cuerpo material (carnal) para convertirse en uno espiritual. De hecho, para él, la resurrección de Jesús fue en un cuerpo espiritual, al igual como el del primer hombre antes de pecar contra Yahveh, al igual que el de los ángeles (cuya naturaleza era espiritual, no carnal) (1 Tes. 4:15-18; 1 Cor. 15:42-55).

Podría ser que originalmente para los discípulos, el “cuerpo carnal” de Jesús quedara sepultado, mientras que fue resucitado en uno espiritual. O podría ser que los discípulos sostuvieron que su Maestro se les aparecía con un cuerpo glorificado, totalmente renovado del físico. Todos los evangelios coinciden que él se les apareció con algunas propiedades sobrenaturales (traspasaba paredes, aparecía y desaparecía, nadie le reconocía, etc.)

¿Qué hay de los 500 testigos?

Una de las cosas de la película de The Case for Christ que hizo que mi quijada cayera al suelo es el que el periodista, Lee Strobel, no le pusiera signos de interrogación a esa información y diera el dato por bueno. ¿En serio? ¿No conoce el fenómeno humano, desgraciadamente frecuente, de la exageración?

Sabemos que antes de Pablo, hubo algunos que experimentaron tal visión se consideraron enviados por Jesús para el anuncio del Reino. A estos se les conocieron como “Apóstoles”, del griego “apóstolos” (ἀπόστoλος) que significa “emisario” o “enviado”. Este título no se le confiere solo a los Doce discípulos más cercanos, sino también probablemente a otros como José Bernabé, Andrónico y Junia (Rom. 16:7), entre otros. Ahora bien, ¿500 personas?, ¡muy dudoso! Eso suena al mismo tipo de exageración que vemos en Hechos de los Apóstoles cuando nos dice que en Pentecostés convirtieron los Doce a tres mil personas en Jerusalén (Hechos 2:41).

El Martirio de San Pedro -- por Caravaggio (1601)

El Martirio de San Pedro — por Caravaggio (1601). Este cuadro evoca a la ocasión en que Pedro había solicitado ser crucificado cabeza abajo.

La tradición que vimos al principio afirma que los Doce discípulos experimentaron apariciones de su parte. Sin embargo, hay tradiciones de la incredulidad de algunos (Lucas 24:38-43; Juan 20:24-29; Hechos 1:3). Puede ser que Pedro y otros más hayan tenido visiones de Jesús y el resto respondiera al principio con escepticismo. Lo próximo que podemos saber con relativa seguridad es que dichas visiones tuvieron lugar en Galilea (dato que nos ofrece Marcos) que era donde probablemente huyeron los discípulos una vez fracasado el proyecto jesuano. Sin embargo, su experiencia de la resurrección (fuera por visiones o por alguna otra razón), les motivó para establecer su centro de operaciones en Jerusalén, lugar donde comenzaría la restauración de Israel eventualmente, al mando de Jacobo (el hermano de Jesús), de Pedro y de Juan (Gál. 2:9). ¿Qué ocurrió con los demás? Probablemente Jacobo el hijo de Zebedeo y hermano de Juan murió bajo el gobierno de Herodes Agripa (Hechos 12:1-2). Después de la reunión que se dio en Jerusalén (el llamado “Concilio de Jerusalén”) parece que Juan murió martirizado, según aparece un vaticinium ex-eventu en uno de los evangelios que les anunciaba la manera que habrían de morir (Marcos 10:39).  Sobre el resto no tenemos información fiable alguna excepto, tal vez, el martirio de Pedro (probablemente en Roma) crucificado bajo Nerón (Juan 21:17-19).

Se forjaron congregaciones bajo su supervisión y fuera de ella (como muchas de las que se establecieron en la gentilidad), pero de alguna forma vinculadas a la comunidad jerosolimitana. Más tarde, en el Mediterráneo se fueron forjando distintas cristologías, visiones en torno a la ley patria judía (la Torah), la resurrección, la relación carne y espíritu, el sacrificio vicario del Mesías, el Reino de Dios, etc. La muerte de Jacobo, el hermano de Jesús, bajo las autoridades judías y la destrucción de Jerusalén marcaron el final de esa congregación y solo quedaron algunas pocas fieles a sus raíces judías en la gentilidad, pero el resto gravitó más al pensamiento helenístico, especialmente por obra de las congregaciones paulinas. Así, todo el movimiento apocalíptico de corte nacionalista, radicado en la Torah, en la restauración de las doce tribus de Israel, en un Hijo del Hombre que iba a someter a todos los enemigos paganos a la merced de la gran potencia israelita, pasó gradualmente a uno no apocalíptico, que tenía una comprensión platónica y estoica de la llegada de Jesús y del Reino de Dios y bien antijudía.

¿Cómo ocurrió esto con lujo de detalles? Pues, queridos lectores, ese es un tema para otra ocasión.

Bibliografía

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 5

La serie, partes 1, 2, 3 y 4

¿Quién era Poncio Pilatos?

¿Qué es la verdad? - por Nicolai Ge (1890)

¿Qué es la verdad? – por Nicolai Ge (1890)

Si alguien me preguntara cuánto tardó el interrogatorio del prefecto romano, Poncio Pilatos a Jesús, les podría decir que no más de cinco minutos. El diálogo debió haber sido algo así:

—Dicen los sacerdotes del Sanedrín que tú te has autodenominado Rey de los Judíos. ¿Qué tienes que decir al respecto? ¿Aceptas las acusaciones? ¿Eres el Rey de los Judíos?— diría Pilatos

— Tú lo dices.

— ¡Crucifíquenlo!

Ese sería el final del relato. Pienso que algo bien parecido fue lo que realmente ocurrió. Contrario a nuestra cultura de derechos, el Imperio Romano no tenía tal cosa como derecho a un juicio, a un abogado, un jurado de sus pares, etc.

¿Qué clase de persona fue Poncio Pilatos? Una tal vez muy distinta a la que vemos en los evangelios y en otros escritos cristianos. Para ilustrarlo, vean el siguiente pasaje de las Antigüedades judías de Flavio Josefo:

Pilato provocó otra revuelta al gastar el Tesoro Sagrado, que se llama Corbán, en la construcción de un acueducto para traer el agua desde una distancia de cuatrocientos estadios. El pueblo se indignó ante este proceder y, como Pilato se hallaba entonces en Je­rusalén, rodeó su tribuna dando gritos en su contra. Sin embargo Pilato, que había previsto ya este motín, distribuyó entre la multitud soldados armados, vestidos de civil, y les dio la orden de no hacer uso de las espadas, sino de golpear con palos a los sublevados. Desde su tribuna él dio la señal
convenida. Muchos judíos murieron a golpes y otros mu­chos pisoteados en su huida por sus propios compatriotas. La muchedumbre, atónita ante esta desgraciada matanza, quedó en silencio (II:175-177).

¡Ahí tienen a Poncio Pilatos! Era un hombre con una actitud férrea, sin misericordia. Es difícilmente el tipo de persona que hubiera pensado dos veces la pena de crucifixión ante una admisión explícita de un tal Jesús de que se consideraba Rey de los Judíos.

Hoy día la pena de muerte a una sola persona le cuesta miles, a veces millones, de dólares en procedimientos judiciales. Sin embargo, en la Antigüedad y ante el Imperio Romano, especialmente contra rebeldes antirromanos, la vida era bien barata. Cuando la Guerra Judía terminó con la destrucción de Jerusalén, el hijo del emperador Vespasiano, Tito, mandó a crucificar a tanta gente, que se les acabó la leña a los romanos (Ehrman, Jesus 223-224).

Lo que encontramos en los evangelios es otra cosa.  Vemos a un Pilatos que vacilaba ante los alegatos de los sacerdotes, que se resignaba ante las autoridades judías y se lavaba las manos o que se los entregaba a los líderes judíos para que fueran ellos los que le crucificaran (¡!¿? – Juan 19:15-16). Además, según estos escrito, era tan difícil el problema para él, que consultó a las multitudes a ver si soltaban a Jesús o a un sedicioso llamado Barrabás, porque y cito:

Cada Fiesta [Pilatos] les concedía la libertad de un preso, el que pidieran (Marcos 15:6).

Esto era impensable para los romanos, dado que todo sedicioso era condenado a la crucifixión sin otras consideraciones. Además, tampoco hay evidencia alguna en ninguna de nuestras demás fuentes de que existiera esta costumbre.

Aunque los evangelios, Flavio Josefo y el historiador Tácito nos dicen que Pilatos era procurador de Judea, en realidad era un prefecto. ¿Cómo lo sabemos? Se ha encontrado una inscripción con el nombre de Poncio Pilatos que así lo establece.

Inscripción de Poncio Pilatos

Inscripción de Poncio Pilatos. Foto cortesía de Marion Doss.

La inscripción, que aparece parcial, dice lo siguiente:

[DIS AVGUSTI]S TIBERIEVM
[…PO]NTIVS PILATVS
[…PRAEF]ECTVS IVDA[EA]E
[…FECIT D]E[DICAVIT]

El divino Augusto Tiberio
… Poncio Pilatos
Prefecto de Judea
… ha dedicado

Como casi siempre ocurre, la evidencia arqueológica debe privilegiarse por encima de la evidencia documental.

Desgraciadamente, de un Poncio Pilatos inmisericorde, los cristianos fueron exonerándolo más a él y culpando más a los judíos de la muerte de Jesús. Tanto es así que hoy día, hay iglesias cristianas que han canonizado a Pilatos. ¿Qué explica tal exoneración?

  • La destrucción de Jerusalén fue el mayor detonador de las tensiones más agresivas entre judíos y cristianos gentiles. Solo quedaron los fariseos y los cristianos como ramas del judaísmo. Desde mucho antes, algunas de las sinagogas judías estaban expulsando a cristianos y castigándoles con 39 golpes con varas (apaleamiento), como ocurrió con Pablo de Tarso (2 Cor. 11:24).
    .
  • El número de cristianos era mucho mayor en la gentilidad, en áreas dominadas por Roma que en Judea. Esto significó que dada la hostilidad de ambos (judíos y romanos), sentirían la presión social de ser mejores personas ante las autoridades romanas.
    .
  • En la región romana de Palestina, el cristianismo era una forma de resistencia judía antirromana, pero en la medida que en la gentilidad siguió integrando a miembros de todos los estratos sociales, se percibían cada vez menos como judíos y no tan antirromanos.
    .
  • Esto último llevó a una teología paulina mal entendida. Contrario a Pablo, quien afirmaba que la Torah estaba vigente y que los judíos estaban obligados a observarla, varias vertientes paulinas después de su muerte comenzaron a decir que la Torah había sido abolida. Que la muerte de Jesús había nulificado la Ley mosaica y que los judíos (quienes los expulsaban y maltrataban en las sinagogas) habían traicionado a su Mesías, debido a que sus autoridades lo habían mandado a matar.
    .
  • Finalmente, el contenido apocalíptico de los evangelios fue menguando a medida que pasaron los años:  en Marcos y Mateo hay un fuerte apocalipticismo, que se reduce considerablemente en Lucas y casi desaparece por completo en Juan. Igual con varias de las cartas pospaulinas.
    .

Este fue el inicio de un odio cada vez mayor a los judíos y, en particular, a los fariseos. Los fariseos llevaron a cabo unas reformas religiosas que probablemente incluían el expulsar a cristianos, movida que aumentaba a medida que pasaba el tiempo. Ya ustedes tienen la contestación de por qué en Juan (el evangelio más tardío de de los cuatro, 95-100 d.C.) no son los saduceos, sino los fariseos los que siempre quieren matar a Jesús y los que participaron de su muerte.

Como manera de simpatizar con los romanos y culpar más a los judíos, apareció el relato de Barrabás, la exoneración gradual de Poncio Pilatos y la cada vez mayor demonización de los judíos en los escritos cristianos.

La crucifixión

Cristo crucificado -- por Diego Velázquez (1632)

Cristo crucificado — por Diego Velázquez (1632)

La crucifixión era un proceso nada fácil para el condenado a muerte y la inmensa mayoría de los crucificados moría. Contrario a la impresión que quiere dar la película The Case for Christ (¡no se me ha olvidado!) hubo casos de supervivencia a un proceso de crucifixión, como por ejemplo, tres conocidos de Flavio Josefo que fueron crucificados por las autoridades romanas. Después de que mediara por ellos, fueron bajados de la cruz con vida (Josefo, Autobiografía 75).

Lo que sí se puede decir es que en el caso particular de Jesús, es altamente improbable que hubiera quedado con vida. En primer lugar, los evangelios nos cuentan verosímilmente que Jesús fue latigado, coronado con espinas y burlado por los soldados romanos. La latigación solamente podía dejar a una persona débil. El látigo era el flagrum romano, que consiste en una serie de flagelos de cuero con bolas de plomo al final, que tenían la función de arrancar la carne del flagelado con cada golpe que se le diera. Muchos se podían desangrar en el proceso o desmayarse del dolor.

Contrario a las usuales imágenes en las que se representa a Jesús cargando la cruz entera, en realidad parece que debió haber cargado lo que se conoce como el patibulum, es decir, la pieza horizontal de la cruz. Una vez el condenado llegaba al lugar de la crucifixión, se colocaba en un árbol o una columna de madera que ya estaba colocada en el lugar donde iba a ser colgado. El patibulum podía colocarse encima de la columna para formar una T (crux commissa) o un poco más abajo como usualmente se representa a Jesús (crux immissa).

Los testigos de Jehová suelen argumentar que la cruz en la que se colgó Jesús fue una crux simplex (es decir, solo con la columna vertical) y que la idea de que fue crucificado en una crux immissa provino del Emperador Constantino.

Representación de la crux simplex

Representación de la crux simplex en la obra De Cruce Libri Tres de Justus Lipsius (1629)

Esete alegato se debe a que los evangelios utilizaban la palabra griega “staurós” (σταυρός) para designar a  una columna en la que se coloca a un condenado o castigado.  El problema es que antes de la costumbre de la crucifixión romana, este significado era preciso. Sin embargo, como ocurre lingüísticamente, cambió de significado. En textos como los de Josefo en comparación con los reportes que encontramos en la obra latina del filósofo Séneca, se desprende que “staurós” también adquirió otros significados para referirse a distintas formas de crucifixión. Esto se debe a que usualmente tenía la constante de colgarlo en una especie de columna o un árbol. De esa manera, en griego, staurós se convirtió en un término referente a distintas formas de crucifixión en una columna. Aparentemente, si seguimos el testimonio del mismo Séneca, los romanos eran muy creativos: algunos de los condenados eran crucificados al revés, otros en forma de X, otros en forma de Y, etc. (Séneca, Sobre la consolación, 6.20.3)

Lo segundo que tenemos que señalar es que es falso que Constantino, por su devoción a Sol Invictus, haya inventado que Jesús murió en la crux immissa. Contrario a lo alegado, tenemos evidencia de que los cristianos veneraban la cruz cristiana como la conocemos hoy y toma la forma de un graffitti (el Alexamenos Graffitto):

Alexamenos graffitti

Graffitti del siglo III d.C. que se burla de un cristiano. Dice en griego: “Αλεξαμενος ςεβετε Θεον” (Alexamenos adora a su dios).

Este graffitti se creó cuando la práctica de la crucifixión estaba vigente y como una burla a un cristiano llamado “Alexámenos”. En espíritu satírico se representa a Jesús como un asno. Lo que llama la atención en este caso es que tenemos evidencia contundente de que varias décadas o un siglo antes de Constantino, los cristianos pensaban que Jesús había muerto en una crux immissa, no en una simplex.

Sin embargo, eso no indica que la representación que se hace en las iglesias sea exacta. Es muy probable que se crucificara a Jesús en una columna o en un árbol de la siguiente manera:

Jesús crucificado en una cruz immissa

Jesús crucificado en una crux immissa — Imagen cortesía de Roberto Betanzo S.

Muy probablemente, Jesús fue clavado en las muñecas (concebidas en aquella época como parte de la mano) ya que fue entre huesos que podían sujetar el peso del condenado. Es muy probable que se le crucificara, no exactamente arriba de los pies, sino por los talones. La razón por la que se piensa eso es que hace décadas atrás se descubrió un osuario con los huesos de un condenado a la cruz llamado Yeojanan ben Ha-galgula. Aparentemente, esta víctima fue sujetada por los brazos y clavada por los talones.  Entre los huesos, se encontró el del talón atravesado por un clavo. Puede ser que hubiera alguna especie de “asiento” de madera para que el crucificado descansara.

Contrario a lo que mucha gente pensaría (por Hollywood o las estampas religiosas) no se colocaban las cruces en lugares aislados, sino en localizaciones estratégicas para que el público pudiera verlas. El punto de la crucifixión es el humillar de la forma más denigrante al condenado, mientras que se le recuerda al público lo que sucedería si se atreven rebelarse contra Roma o violentar el orden establecido (especialmente en el caso de los esclavos).  Tampoco las columnas eran altas, lejanas del suelo. Al contrario, eran lo suficientemente cercanas como para que los chacales y las aves de rapiña comieran de los cadáveres una vez murieran de sofocación.

Se nos dice que las mujeres que solían seguir a Jesús (María la Madre de Jacobo, María Magdalena y Salomé), quienes le auspiciaban económicamente (Lucas 8:1-3), le estaban mirando de lejos (Marcos 15:40-41), no a los pies de la cruz, como reclamaba el evangelio de Juan (19:25-27). El reporte más temprano que tenemos de lo que allí aconteció nos dice que los romanos se burlaban de él, al igual que los dos ladrones crucificados con él (Marcos 15:27-32). Ninguno de los dichos de Jesús en la cruz en los evangelios puede tomarse con certeza como histórico debido a que coinciden demasiado con la teología de los autores. Por ejemplo, cuando Marcos afirma que gritaba: “Eloí, Eloí, lama sabactaní” (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?), se estaba evocando al Salmo 2, cuyo tema central tenía que ver precisamente con un tipo de maltrato injusto parecido al de Jesús. Es perfectamente posible que haya gritado esta frase como recuerdo de dicho pasaje bíblico, pero no lo podemos conocer con certeza. Los demás dichos atribuidos a Jesús parecen también teológicamente motivados.

Sobre la hora que murió, tampoco sabemos, debido a que el Evangelio de Juan basa su momento de muerte en su cristología de Jesús como el Cordero de Yahveh que se sacrificaba a las 3:00pm en la tarde anterior a la Pascua.

¿Qué pasó después de ello? Veremos más sobre este tema en nuestro próximo artículo.

Continuará …

Bibliografía

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 4

La serie, partes 1, 2 y 3

La agonía del Huerto de los Olivos

La agonía en el jardín (1898) por Frans Schwartz

La agonía en el jardín (1898) — por Frans Schwartz

Uno de los episodios más conmovedores en la literatura neotestamentaria es la famosa agonía en el Huerto de los Olivos en Getsemaní. Marcos nos relata lo siguiente:

Fueron a una propiedad, llamada Getsemaní, y dijo a sus discípulos:  “Sentaos aquí, mientras yo hago oración.” Tomó consigo a Pedro, Jacobo y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Les dijo entonces:  “Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad.” Él se adelantó un poco, cayó en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora. Decía: “¡Abbá, Padre!, todo es posible para ti: aparta de mi esta copa, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.” Volvió después y los encontró dormidos. Dijo entonces a Pedro: “Simón, ¿ya estás dormido?, ¿ni una hora has podido velar?  Velad y orad, para que no caigáis en la tentación; que el espíritu está pronto; pero la carne es débil.” Y alejándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras. Volvió otra vez y los encontró dormidos, poues sus ojos estaban cargados. Ellos no sabían qué contestarle. Volvió por tercera vez y les dijo: “Ahora ya podéis dormir y descansar: Basta ya. Llegó la hora. Sabed que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores (Marcos 14:32-41).

El primer problema con el que nos enfrentamos con este pasaje es que, según el texto, los discípulos estaban dormidos cuando Jesús se había alejado a orar. No había manera alguna de que ellos se enteraran de lo que él le había implorado a Yahveh. Es más, el problema de la oración es que parece asumir la copa (de la sangre de Jesús) como símbolo de la acción vicaria por la que él estaba a punto de pasar. Como afirmamos en nuestro artículo pasado, esto es sumamente improbable porque el pensamiento del derramamiento de sangre por otros era ajeno al judaísmo y, muy probablemente, bien alejado de la mente de Jesús. Las palabras de Jesús a sus discípulos también son problemáticas, ya que suponen la dualidad helenística entre carne y espíritu como oposiciones: el primero como problema para el segundo. No se excluye que haya algún nucleo histórico al respecto, ya que hay expresiones parecidas (no idénticas) en algunos textos judíos. Además, también hay otras indicaciones del origen semítico del relato, hay expresiones en los textos de Qumrán (e.g. 1 QH 8, 32)) como la del “alma estar triste hasta la muerte”. También lo muestra la palabra aramea “Abbá“, para referirse a Yahveh como su Padre.

A medida que avanza el tiempo de redacción de los evangelios, ellos van a recurrir a un patrón que es lo que los exégetas llaman “pasión sin pasión” (en inglés “passionless passion“). Por ejemplo, en Lucas, aparece la escena en que Jesús suda gotas como sangre y llega un ángel a consolarlo (Lucas 22:43-44). El problema es que hoy día se reconoce que esos versos fueron un añadido posterior a dicho libro del Nuevo Testamento. Cuando se sacan y se vuelven a leer el episodio de la “agonía de Jesús” junto al resto de la historia de la Pasión, vemos que él no se postra, sino que se arrodilla y su actitud es estoica desde que le ora a Yahveh hasta que muere en la cruz. Le pide a Dios que “si quiere”, le remueva la copa. En ningún momento se percibe que “sufre” y es objeto de compasión de Poncio Pilatos, de las mujeres que se encuentran con él de camino al Gólgota y finalmente de uno de los dos criminales crucificados con él. Una vez más, la teología de Lucas no es la de derramamiento vicario o de sufrimiento de parte de Jesús, sino que está interesado en presentar un Jesús estoico, modelo de una muerte noble. Con ella, Jesús atraería a todos los gentiles a donde él, en contraposición a los judíos, quienes terminaron alejándose de él.

En el Evangelio de Juan, hay menos pasión todavía, ya que no es Jesús el que se postra, sino los soldados en el momento en que Jesús anuncia su carácter divino (“Yo soy” – Juan 18:5-9). De hecho, en un momento dado en ese evangelio, Jesús niega que vaya a solicitarle a Yahveh escapar de la Cruz (Juan 12:27).  Es más, en el texto, él está tan en control de toda la situación, que cuando expira dice: “Todo se ha cumplido” (Juan 19:30). Esto se debe a que su autor quiere ver en la crucifixión un momento de glorificación del Mesías, para él el Logos (Palabra) de Dios (Juan 1:1-3; 3:14-15).

En los tres casos (Marcos, Lucas y Juan) debemos tener cuidado, debido a que todos estos relatos descansan en el supuesto de que Jesús sabía lo que iba a ocurrir y estos escritores pudieron haber redactado lo que los estudiosos llaman “vaticinium ex eventu“, es decir, que forjaron un relato que puede tener algún núcleo factual, pero cambiando los acontecimientos de tal manera en que el Mesías ya conociera por adelantado lo que iba a ocurrir.

El rol de Judas

La traición de Judas

Judas traiciona a Jesús con un beso, mientras que Pedro levanta la espada y Judas se ahorca (1504) — Iluminación del manuscrito Peniarth 482D (Imagen cortesía de la Biblioteca Nacional de Gales)

Uno de los problemas más discutidos en el ámbito de la erudición del Nuevo Testamento es el rol que tuvo Judas a la hora de traicionar a Jesús. No parece verosímil que Jesús supiera quién le iba a traicionar con antelación a su arresto. Por tal razón, no debemos tomarlo como histórico.

¿Por qué Judas entregó a Jesús? Todavía no se sabe a ciencia cierta. Pudo haber sido por dinero, porque según los relatos, recibió 30 monedas de plata. Sin embargo, muy poco se puede sacar a nivel histórico de este relato porque parece haber sido modelado a la luz de dos pasajes, uno en el Génesis, en el que se presenta la venta de José por parte de sus hermanos a unos ismaelitas (Génesis 37:25-28) y otro en Zacarías, en el que el profeta personifica a Yahveh y representa su reproche a Israel y que incluye la paga de treinta siclos de plata como jornal (Zacarías 11:7-14).

Los dos relatos de su muerte discrepan significativamente y son igualmente inverosímiles. En el Evangelio de Mateo se nos dice lo siguiente:

Entonces Judas, el que lo entregó, viendo que había sido condenado, fue presa del remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos. Les dijo: “He pecado entregando sangre inocente.” Ellos respondieron: “A nosotros , ¿qué? Tú verás.” Judas tiró las monedas en el Santuario. Después se retiró  y fue y se ahorcó. Los sumos sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: “no es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre.” Después de deliberar; compraron con ellas el Campo del Alfarero, para dar sepultura en él a los forasteros. Por esta razón ese campo se llamó “Campo de Sangre” (Mateo 27:3-8).

Mateo procede a citar a Zacarías 11:12-13, aunque por alguna razón le atribuye la cita a Jeremías. Todos los eruditos reconocen que la historia se modeló según el relato de Ajitófel cuando traicionó al rey David (2 Samuel 15:1-37; 17:23).

El segundo relato de la muerte de Judas aparece en Hechos de los Apóstoles, donde se nos dice lo siguiente por boca de Pedro:

[Judas] era uno de los nuestros y había obtenido un puesto en este ministerio. Pero, tras haber comprado un campo con el dinero que le dieron por su crimen, cayó de cabeza, reventó por medio y todas sus entrañas se esparcieron. Todos los habitantes de Jerusalén se enteraron de lo ocurrido, hasta el punto que llamaron a quel terreno Haqueldamá, que en su lengua quiere decir “Campo de Sangre” (Hechos 1:18-19).

El problema con este pasaje no es solo que suena fantástico que sus entrañas se hubieran esparcido al caer “de cabeza”, sino porque también parece inspirarse en el Segundo libro de los Macabeos en torno a la muerte de Antíoco IV Epífanes (2 Macabeos 9:8-10; véase también Jeremías 32:9 y Sabiduría 4:19).

A nivel histórico no tenemos idea alguna de sus motivaciones para entregar a Jesús o de qué manera Judas Iscariote estaba vinculado al famoso “Campo de Sangre”. Se sabe que probablemente hubo alguna relación, pero parece que permanecerá debajo de las arenas del pasado. Lo que sí podemos saber con relativa seguridad es que Judas besó a Jesús como indicador para los soldados prenderlo esa noche. Lo que extraña mucho es cómo salieron a arrestarlo:

… cuando de pronto se presentó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo armado con espadas y palos. Venían de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y ancianos (Marcos 14:43).

Este pasaje no debe pasar inadvertido, ya que si Jesús y sus discípulos hubieran sido pacíficos, no habría necesidad de capturarlo con espadas y palos. Para algunos exégetas esta es una fuerte señal de que Jesús y sus discípulos eran mucho más que unos meros apocalipticistas predicadores.

Hay otros factores que son interesantes:

  • No es creíble el alegato de uno de los evangelios: que en el arresto participaron fariseos (Juan 18:3). Históricamente la autoridad política y religiosa de Jerusalén estaba en manos de los saduceos. Una vez más, este error histórico se explica en que el texto está dejando entrever una tensión entre cristianos primitivos y fariseos al final del siglo I.
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  • Parece que hubo un conflicto entre los discípulos de Jesús y los guardias armados, debido a que hubo un incidente en que uno de ellos le cortó la oreja al siervo del Sumo Sacerdote con una espada (tardíamente se le atribuiría este acto a Pedro). Esto confirma una vez más que los discípulos no eran meros predicadores, sino también tenían toda la intención de combatir armados. Sin embargo, con excepción de Pedro y uno que otro discípulo, al final terminan huyendo y dejando solo a su Maestro (Marcos 14:50).
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  • El Evangelio de Marcos nos incluye un episodio extrañísimo del intento de un arresto por parte de las autoridades a un hombre envuelto en una sábana que se escapó de sus manos y salió corriendo desnudo (Marcos 14:51-52). Hay quienes ven en este hombre a aquel que les anunció a las mujeres que Jesús había resucitado (Marcos 16:5). No se sabe si la existencia de este hombre en el Getsemaní sea histórica o algún recurso literario para contrastarlo con la noticia de la resurrección, aunque usualmente los historiadores no toman su aparición en el sepulcro vacío de Jesús como algo ocurrido.

El juicio ante el Sanedrín

Osuario de Caifás

Osuario de Caifás. A la derecha, aparece la inscripción “Kaifa” (קפא) (Foto cortesía del Museo de Israel y a Deror Avi). Se hace disponible esta imagen bajo la licencia CC-BY-SA 3.0.

El Sanedrín de sacerdotes saduceos tenían una cabeza política y religiosa sumamente poderosa: Caifás. Recordemos que muchos veían a dicho sector como marionetas de los romanos. Fue escogido para su puesto por el prefecto de Judea, Valerio Grato, como sustituto de Eleazar (18 d.C.). Permaneció en su posición para la época en que gobernó el siguiente prefecto, Poncio Pilatos.

¿Qué pasó específicamente en el juicio?  No sabemos, debido a que los diálogos contienen elementos que no parecen ser factuales. Sabemos que probablemente algunas de las acusaciones son correctas, como vimos en el segundo artículo de nuestra serie. Puede ser que haya sido arrestado por el incidente con los cambistas en el Templo, es decir la dramatización jesuana de su futura destrucción, cuyo significado se tomaría como una amenaza a nivel institucional.

Cristo ante Caifás -- por Mattias Stom (1630)

Cristo ante Caifás — por Mattias Stom (1630)

Sin embargo, empañan los lentes de la historia el que los evangelios nos digan que en el Sanedrín se le acusó a Jesús de blasfemia por autodenominarse Mesías y decir que “el Hijo del Hombre estaba pronto a llegar en las nubes”. El problema radica es que dicha autodesignación  “Mesías” no caía en aquella época bajo leyes de blasfemia. Ante los ojos del Sanedrín (el consejo de sacerdotes) podría ser una falsedad, pero no propiamente una blasfemia (Marcos 14:62-64).

Lo otro que debemos señalar es la inverosimilitud de un juicio llevado a cabo durante la noche de Pascua o la anterior. Todo apunta en que fue en un momento cercano y anterior a dicha fiesta. Durante la Pascua habría bastante ajetreo por su labor ritual y sacrificial para atender a 150,000 o 200,000 personas ese día. Sencillamente, era imposible llevar a cabo un juicio y menos de un día al otro.

Finalmente, debido al dominio romano en la región, aun si los sacerdotes hubieran encontrado alguna falta grave, a ellos no les correspondía la pena de muerte. Presumiblemente, tras obtener la información de que Jesús prohibía a sus seguidores pagar el impuesto debido a Roma y que Jesús andaba autoproclamandose Mesías y “Rey de los Judíos”, lo llevaron a la autoridad correspondiente que  podía condenarle a muerte: el prefecto romano, Poncio Pilatos.

Continuará …

Bibliografía

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 3

La serie: partes 1 y 2

Recapitulando …

Una vez tenemos claro el mensaje de Jesús, podemos tener un perfil más o menos fiable de quién fue, según los criterios de historicidad de las que hablamos en la parte 1 de nuestra serie:

  • Jesús probablemente nació y se formó en Nazaret de Galilea, región bajo el dominio del rey vasallo Herodes Antipas. Esta zona conocía por ser un lugar muy propicio para el surgimiento de guerrilleros, profetas y apocalipticistas que predicaban la pronta llegada del Reino de Yahveh. Este mensaje era profundamente antirromano. Entre estos se encontraban Judas de Galilea, sus hijos, Juan el Inmersor y el mismo Jesús de Nazaret.
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  • Cuando comenzó a asociarse con estas corrientes, Jesús se conmovió ante el mensaje de Juan, confesó que pecó, se arrepintió, se hizo bautizar por él y se convirtió en su discípulo.
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  • Cuando Antipas arrestó al Inmersor, Jesús comenzó a predicar su mensaje del Reino de Yahveh, que era concebido según una teología de restauración: en la culminación de los tiempos vendría el Hijo del Hombre a juzgar a las naciones y a reestablecer a Israel con sus doce tribus.
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  • Jesús probablemente pensaba que el Hijo del Hombre le pondría en el trono como rey de los judíos y que a sus doce discípulos cercanos se establecerían como jueces de las doce tribus.
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  • Esta concepción del Reino de Yahveh era uno de justicia: de amor a Dios sobre todas las cosas y personas; y amor en igualdad de condiciones para todos sus miembros. Su mensaje era profundamente nacionalista y la observancia de la Torah (la Ley de Moisés) era central. Sin embargo, la Torah debía ser interpretada de tal manera que respondiera mejor al mandato del amor, que es lo que realmente entrañaba. De allí que el Decálogo fuera importante, asimismo la observancia del Sábado y el kosher, siempre y cuando fuera para servicio de los hijos de Israel, no al revés.
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  • Jesús predicaba abiertamente el rechazo al pago de impuestos a gobiernos foráneos como el Imperio Romano, ya que la primera lealtad era al padre de todos los israelitas, Yahveh, y a su pueblo.

Así, pues, tenemos ya todos los elementos básicos para entender los últimos hechos de Jesús.

Los últimos días (¿o meses?) de Jesús

Problema con el periodo de tiempo

Una de los agudas tensiones entre los eruditos contemporáneos es el problema del tiempo que tomó la llamada “última semana” de Jesús: una serie de acontecimientos que llevó eventualmente a su arresto y ejecución. Por ejemplo, tomemos tres asuntos conocidos:

  1. Hay contradicciones en nuestras fuentes en torno a cuándo se llevó a cabo la Última Cena y la crucifixión. Por ejemplo, Marcos nos dice que la Última Cena, presentada como una cena pascual, ocurrió “el primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual” (14:12). Sin embargo, esto es errado, porque se supone que el cordero se sacrificaba el día anterior al de los ázimos.Si vamos al Evangelio de Juan, el asunto es todavía mucho más confuso. La cena tomó lugar uno o dos días antes de la Pascua. ¿Por qué sería eso? Si se estudia este libro, podremos ver que se centra en la noción vicaria de Jesús como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). ¿Cuándo muere Jesús? Al día siguiente de la cena, a las 3:00 de la tarde el día antes de la Pascua. ¿Por qué? Porque a esa hora es que se sacrificaba el cordero. En otras palabras, el tiempo fijado por ese evangelio está teológicamente motivado.Entonces, ¿es más veraz el recuento de Marcos a pesar de su error?  No. No hay manera alguna que el Sanedrín llevara a cabo un juicio contra Jesús en un momento ajetreado para los sacerdotes ante la concurrencia a nivel internacional de judíos que iban a ese lugar a celebrar la Pascua (se calcula de unos 150,000 a unas 200,000 personas). En otras palabras, estamos ante unas serias dificultades para determinar el momento en que se llevó a cabo la Última Cena y la crucifixión de Jesús.
    .
  2. Según los evangelios sinópticos (Marcos, Mateo, Lucas) y Juan, Jesús llevó a cabo su “entrada triunfal” al comienzo de la semana Pascual o en un momento cercano (tal como conmemoramos cada Domingo de Ramos). Más tarde discutiremos el pasaje con lujo de detalles, pero en cuanto al tiempo se refiere, es sumamente inverosímil que este hecho como está relatado en los evangelios haya ocurrido de esa manera. Si Jesús hubiera sido recibido como rey por parte de sus seguidores en Jerusalén en temporada cercana a la Pascua, los soldados romanos le hubieran arrestado allí mismo. Ese periodo de tiempo era uno en el que Roma estaba en alerta, debido a que el sentir nacionalista se exacerbaba y solían haber manifestaciones de resistencia antirromana.
    .
  3. No es verosímil tampoco que se le hubiera llevado a cabo dos juicios a Jesús (uno ante el Sanedrín y otro ante Poncio Pilatos) de un día para otro y menos en la época de Pascua.

En otras palabras, toda la supuesta semana en que ocurrieron todos estos acontecimientos a la vez, no pudo haber ocurrido en ese periodo tan corto de tiempo. En vez de una semana, tal vez estemos hablando de varias semanas o … ¡meses! Hay indicaciones de que Jesús entró a Jerusalén meses antes de ser arrestado y ejecutado.

La entrada triunfal en Jerusalén

La entrada de Jesús a Jerusalén - por Giotto de Bondone (1305)

La entrada de Jesús a Jerusalén – por Giotto de Bondone (1305)

Bastante se ha escrito en torno a este acontecimiento, especialmente cuándo ocurrió. El relato primitivo con el que contamos es el de Marcos y dice:

Cuando se aproximaban a Jerusalén cerca ya de Betfagé y Betania, al pie del monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos con este encargo: “Id al pueblo que tenéis enfrente y, no bien hayáis entrado en él, encontraréis un pollino atado, sobre el que no ha montado todavía ningún hombre. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: `¿Por qué hacéis eso?’, decid: `El Señor lo necesita, pero lo devolverá en seguida’.” Fueron y encontraron el pollino atado junto a una puerta, fuera, en la calle, y lo desataron. Algunos de los que estaban allí les dijeron: “¿Qué hacéis desatando el pollino?” Ellos les contestaron según les había dicho Jesús y les dejaron.  Llevaron el pollino ante Jesús, echaron encima sus mantos y se sentó sobre él. Muchos extendieron sus mantos por el camino; otros, follaje cortado de los campos. Los que iban delante y los que le seguían, gritaban: “¡Hossana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!” Jesús entró en Jerusalén, en el Templo, y, después de observar todo su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania (11:1-11).

Lo primero que salta a la vista es lo inverosímil que es el relato desde el comienzo hasta el final. Imagínense que de repente se daña mi carro y necesito transportación. Como ayuda, mis amistades (con toda su sabiduría) se presentan a un dealer de automóviles, toman las llaves de un Toyota para llevárselo diciéndole al dueño del negocio: “¡No se preocupe! ¡Es que nuestro amigo [sin mencionar nombre] lo necesita! Se lo devolveremos más tarde”, sin especificar quiénes son ellos, si me conoce el dueño, etc.

Lo otro que hay que destacar es que la necesidad del pollino radica en el cumplimiento de la profecía de Zacarías (9:9). Aquí se muestra el interés de Marcos (y con él los demás evangelistas) de que Jesús entrara en Jerusalén como todo un rey. El asunto se agrava con el hecho de que este episodio tiene una función literaria de contrastar la manera cómo es tratado Jesús como “rey” por una población que después decidirá condenarle como pretendiente a ser rey a la hora de escoger contra él ante Pilatos.

Finalmente, es altamente improbable que un público en Jerusalén que no conocía bien a Jesús le recibiera con tanta algarabía y recitando al Salmo 118 (v. 25). Una vez más, si este hubiera sido el caso, sin vacilación alguna, Jesús habría sido arrestado allí mismo por parte de los soldados romanos.

¿Qué ocurrió entonces? El relato puede tener una base histórica, pero menos grandiosa que lo que nos presenta Marcos. Insistimos, esto no pudo haber ocurrido en temporada de Pascua o en la semana anterior. Eso no excluye que hubiera ocurrido durante otra festividad. El uso de palmas y ramas en todos los relatos evangélicos parecen apuntar a que la “entrada triunfante” a Jerusalén ocurrió durante la Fiesta de los Tabernáculos (el Sukkot, סֻכּוֹת). Hasta el día de hoy, se acostumbra el uso de palmas y ramas traídas desde el Jordán hasta Jerusalén. La frase del Salmo 118:25 también forma parte de dicho festejo. Los evangelios citan de Zacarías (9:9), donde también aparecen versos alusivos a la celebración del Sukkot (14:4,16)  (Brown, El Evangelio 787).

El Evangelio de Juan así lo niega, presentando con argumentos que Jesús no podía subir a Judea todavía para esa celebración porque “los judíos lo querían matar” (Juan 7:1-13). Sin embargo, esto no es verosímil. El único momento en ese evangelio en que Jesús hizo algo en Jerusalén que fuera causante de resentimiento fue la expulsión de los mercaderes del Templo (Juan 1) que sucede al principio de ese escrito, mucho antes de la “entrada triunfal”. Los sinópticos nos dicen, más verosímilmente, que ocurrió después de la entrada de Jesús a Jerusalén. Para el evangelista Juan, el suceso de la “purificación del Templo” es el motivo por el que “los judíos quieren matarle”. Desde un punto de vista histórico, no es creíble tal animosidad, dado que Jesús todavía no había llevado a cabo actividad subversiva alguna en el Templo.

¿Qué significa todo esto? Probablemente el evangelista tiene información de que el momento en que Jesús entró a Jerusalén fue, durante el festejo del Sukkot, algo a todas luces inconveniente para su cristología, que necesitaba literariamente que Jesús entrara a Jerusalén cinco días antes de la Pascua, para que muriera como cordero sacrificado el día antes de esta (Juan 12:1,12).

Ahora bien, ¿qué es el Sukkot? Es una celebración de 7 días que se da en el mes de Tishrei (alrededor de septiembre-octubre) y que recuerda el tiempo en que el pueblo hebreo estuvo vagando en el desierto por 40 años hasta llegar a Tierra Santa. Se llama “Fiesta de los Tabernáculos” porque la población solía salir de las casas a crear tiendas o tabernáculos de palma o de ramas de árboles. Si este es el caso, Jesús entró a Jerusalén meses antes de la Pascua.

Nota aparte: Cuando veo discutido el tema, a veces frustra ver a los exégetas diciendo “no podemos probarlo” o “no podemos estar seguros” de que fuera durante el  Sukkot. Sin olvidar que bajo el criterio de desemejanza, el de dificultad y el de coherencia esta propuesta es viable …  muchas veces en la historia de la Antigüedad no podemos “probar” o mostrar evidencia fuerte del 95% de lo que se sostiene, debido a la inherente escasez de evidencia de las narrativas que se forjan para explicar los fenómenos de los que se trata de dar cuenta. Todo lo que podemos hacer por el momento es adoptar aquellas hipótesis históricas que parezcan más sensatas y verosímiles ante lo que conocemos del pasado. Dado ese hecho, parecería que la hipótesis de que Jesús entró en Jerusalén el día del Sukkot es más viable que aquella que supone que ocurrió en un momento cercano a la Pascua con todas las dificultades explicativas y de coherencia histórica que ello supone.  ¿Navaja de Ockam?

Volviendo al tema, ¿por qué un pollino? Puede ser que Jesús lo utilizara en su viaje a Jerusalén (nada raro en esa época). Puede ser que entrara montado en un pollino porque quería cumplir con la profecía de Zacarías —asociado al Sukkot, como ya hemos discutido— o sencillamente necesitaba un animal de transporte a la hora de entrar a la Gran Ciudad de David en medio de la multitud.

No importa cuál haya sido la motivación, el recuerdo de este acontecimiento se distorsionó por alguna razón. Como conocen los científicos cognitivos, muchas veces la mente tiene la tendencia de acercar dos eventos relativamente disociados por el tiempo o el espacio haciendo que parezcan mucho más cercanos de lo que realmente eran. A esto se le llama el efecto telescopio y, en este relato, vemos una posible instancia de un “efecto telescopio progresivo” (en el que se acercan dos o más acontecimientos temporalmente), ajustado por razones cristológicas al acontecimiento de la Pascua. Quien haya escrito la tradición más primitiva donde radica la que conocemos del primer evangelio, probablemente la redactó después de tres años de ocurrido como mínimo, ya que así es como suele ocurrir el efecto telescopio progresivo (Janssen et al.). Es más, sostenemos lo mismo de todo el relato de la Pasión que vemos en Marcos por las razones expuestas por la subsección anterior.

La Última Cena

La Última Cena - por William Blake (1799)

La Última Cena – por William Blake (1799). Hecho con témpera, esta es una de las rarísimas instancias en que se representa visualmente la manera en que los judíos solían cenar en el siglo I. Se sale del estereotipo artístico tipo Da Vinci en que doce discípulos y un maestro se sientan de un lado de una mesa para 26 personas con el propósito de posar para el lienzo.

Prácticamente todos los exégetas están de acuerdo que de que el incidente de la “purificación del Templo” debió haber ocurrido en algún momento cercano al arresto de Jesús y que, muy probablemente, fue el motivo por el que las autoridades jerosolimitanas le arrestaron días después y con ayuda de Judas Iscariote.

Tal vez la motivación de ello sería que durante todos sus meses en Jerusalén, se sintió frustrado por no haber convertido a muchas personas a su mensaje. Hay un vivo recuerdo de las palabras proféticas de Jesús contra esa ciudad:

¡Jerusalén, Jerusalén!, la que asesina a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina a su pollada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, vuestra casa va a quedar desierta (Q{Lucas 13:34-35a // Mateo 23:37-38a}).

Pues, Jesús era inteligente y estaba perfectamente consciente de que su aventura en el Templo contra los cambistas y vendedores podría traerle consecuencias nefastas para él y sus discípulos.  Sin embargo, como era característico de Jesús, como la posible dramatización su realeza al entrar a Jerusalén en el festejo del Sukkot, la de la destrucción del Templo al atacar ese recinto, ahora quería dramatizar otra cosa:  dramatizar un banquete mediante la celebración de una cena.

¡Ojo! La Última Cena no fue un Séder de Pascua. ¿Cómo lo sabemos? Sencillo: en ninguno de los relatos aparecen los elementos rituales para la Pascua. ¿Dónde está el cordero sacrificado? No se nos dice. ¿El pan sin levadura? ¿Las hierbas amargas? ¿Las cuatro copas de vino? No se nos dice nada.

Entonces, ¿de qué es la cena? Probablemente esto nos lo revelan los evangelios sinópticos cuando afirma Jesús:

Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba, nuevo, en el Reino de Dios (Marcos:14:28 // Mateo 26:29 // Lucas 22:16).

Este detalle indica que aquí Jesús está utilizando la cena para dramatizar el festejo y el banquete que habría cuando llegara el Reino de Yahveh. Para comprender esto, hay que señalar que a él le gustaba comparar al futuro Reino de Dios con un gran banquete donde todos estaban invitados a unirse (Q{Lucas 14:15-24 // Mateo 22:1-14; Lc. 22:29-30}). Es decir, la cena vivía ese momento del Reino de Yahveh, que estaba tan pronto a llegar, y que Jesús afirmaba que no  volvería a beber vino con sus discípulos hasta el momento de la renovación de Israel. En esencia se trata de una cena de despedida.

¿Qué fue lo que ocurrió en esa cena? La versión más primitiva nos llega de una de las cartas de Pablo, 1 Corintios, escrita para la década del 50 (20 años antes del Evangelio de Marcos) y que es fundamento de todos los relatos sinópticos. Nos dice Pablo de Tarso:

Porque yo recibí del Señor lo que os transmití: que el Señor, la noche en que fue entregado, tomó pan, dio gracias, lo partió y dijo: “Este es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.” Asimismo, tomó el cáliz después de cenar y dijo: “Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en memoría mía” (1 Cor. 11:23-27).

En cuanto a este relato, le siguen muy de cerca los evangelios de Marcos y Mateo.  Hay graves dificultades con este panorama y es que un acontecimiento así es impensable en el judaísmo, por dos razones:

  • Incluye una perspectiva vicaria del derramamiento de sangre por el sacrificio de Jesús, un pensamiento realmente ajeno a la cultura judía y muy característica de la mentalidad pagana. Por muerte vicaria entendemos lo siguiente:

… aquella muerte deliberadamente buscada o aceptada, que debe ser incondicional y al mismo tiempo dirigirse explícitamente —o interpretarse a posteriori como dirigida— a garantizar la salvación de otro u otros del destino o de la muerte presente o venidera” (Versnel, “Making Sense” 226-227; “La muerte” 41).

Usualmente se utilizan tres argumentos para apoyar la idea de que el judaísmo favorecía esta noción. El primero es el poema del Siervo Sufriente (específicamente Isaías 53). Sin embargo, en la cultura judía de aquella época, solo aquel que haya cometido el pecado puede arrepentirse, sufrir y morir por ello (Éxodo 32:30–33, Deuteronomio 24:16; 2 Reyes 14:6; 2 Crónicas 25:4).  No vale un sustituto de la persona y este poema es consistente con esa convicción. El Siervo Sufriente no es una persona distinta a los pecadores que va a rescatar, sino que es Israel mismo, quien carga sus culpas, sufre y finalmente será restaurado (Isaías 44:1,2,21; 48:20b; 49:3).  Se utiliza también como argumento el Salmo 22 como evidencia de pensamiento vicario, dado que Yahveh salvará al que sufre después de su tormento. Sin embargo, se cae en el mismo error que en el caso del Siervo Sufriente, ya que más bien habla de cómo Yahveh hará justicia por la injusticia cometida contra un inocente. Finalmente, se utiliza como evidencia de muerte vicaria a 2 Macabeos, debido a que se dice que los héroes judíos murieron por su patria. En verdad, si nos fijamos en los detalles, se nos dice que los Macabeos murieron por la normativa sagrada de la patria, no como sustitutos de los miembros de esa patria misma (2 Macabeos 6:28; 7:9,37-38) (Piñero, Guía para entender a Pablo 118; Versnel “La muerte” 43-55).

Aunque este asunto sigue siendo debatido, advierten algunos eruditos que no es imposible que haya una influencia gentil y pagana en un lugar como Jerusalén, que era cosmopolita y sujeto a influencias provenientes de judeohelenistas. A fin de cuentas, la primera posible instancia que podemos ver de muerte vicaria en la literatura judía es en 4 Macabeos, un documento influenciado por el pensamiento helenístico, que  contiene un pasaje de muerte vicaria (4 Macabeos 17:20-22). Sin embargo, es más probable que el pensamiento helenístico pagano influenció el cristianismo primitivo judeohelenístico de la diáspora y que de alguna manera modificó el recuerdo de la Última Cena y de la muerte de Jesús hasta el punto de que se convirtió en una perspectiva dominante del actual cristianismo: la comprensión de Jesús inspirada por Isaías 53 (entendido vicariamente) en la que el Mesías se convertía en el Siervo Sufriente que, como cordero al degüello, padece y muere para rescate de otros.

  • Más decisivo todavía es el enorme problema del lenguaje de “beber sangre”, sea entendido literal o metafóricamente. Esto era un fuerte tabú para el judaísmo del primer siglo, especialmente por los diversos pasajes en que se prohíbe terminantemente la ingestión de sangre, “porque es vida” (Lev. 17). Es más, en su nacionalismo, el judaísmo mantenía el rechazo a los sacrificios humanos como un gran distintivo en relación con el ámbito pagano (véase Cahill). De hecho, hay evidencia bien fuerte de que algunos cristianos y los judíos en general rechazaron tajantemente la mera idea (aunque fuera simbólica) de “comer carne” y “beber sangre” (Esto se puede ver en Juan 6:52,60,66; Brown, La comunidad 44, 51, 66, 70; El Evangelio 577).

Como si no fuera suficiente, hay otro problema más: el orden en que se presentan el pan y el vino … se hace al estilo grecorromano, no el judío. En el relato paulino, el pan se presenta antes del vino. Un buen número de eruditos (especialmente los confesionales) lo ven como una manera de Jesús de romper con la “alianza previa” para establecer una nueva. Sin embargo, hasta ahora hemos visto cómo Jesús siempre reafirmaba la Torah y se veía observante de ella.  No tiene ninguna intención de romper con ella y menos instaurar “otra alianza”. Sencillamente, no tiene sentido que él tomara la iniciativa de llevar a cabo esa maroma.

Sin embargo, una cosa que se ha mencionado en cuanto a este tema, especialmente planteado por John Dominic Crossan, Hyam Maccoby, entre otros y rescatado por Antonio Piñero en el mundo hispanoparlante: hay dos tradiciones distintas de la ceremonia de la Eucaristía practicada por los cristianos primitivos. Una de ellas es recordada por Pablo y los evangelios de Marcos y Mateo. La otra aparece en un documento cristiano del siglo II llamado Didajé y en el Evangelio de Lucas. Veamos a este último primero (porque “los últimos serán los primeros”  😉 ).

Bart D. Ehrman señala que el Evangelio de Lucas y Hechos de los Apóstoles —provenientes del mismo autor— no se suscriben a la perspectiva vicaria judeohelenista, sino más bien una teología en la que Jesús muere como manera de atraer conversos (Ehrman, The Orthodox 187-211). Debemos tener el cuenta también el hecho de que la versión lucana que está en nuestras Biblias tiene un segmento ausente en algunos de nuestros mejores manuscritos (Lucas 22:19b-20; Ehrman, The Orthodox 198-209). Por ambas razones, se piensa que el texto original lucano de la Última Cena nos dice:

Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles y les dijo:

“Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer; porque os digo que ya no volveré a comerla que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.”

Tomó luego la copa, y dio gracias y dijo: “Tomad esto y repartidlo entre vosotros; porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.”

Tomó luego el pan, dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: “Este es mi cuerpo” (Lucas 22:14-19a)

Los versos 19b-20 fueron un añadido posterior por algún copista cristiano.

En otras palabras, Lucas toma el texto marcano y lo invierte para que se presente la copa del vino primero sin hacer referencia alguna a derramamiento de sangre vicario.

La Didajé o la Enseñanza de los Doce Apóstoles es un texto del siglo II, cuyo contenido sobre la Eucaristía es muy iluminador, ya que se presenta el vino primero y el pan despuéssin hacer referencia alguna a la muerte vicaria de Jesús, ni nada que tenga que ver con el pan como cuerpo y el vino como sangre.

Un shékel de plata representando el cáliz de Kiddush

Un shékel de plata representando el cáliz de Kiddush (66-73 d.C.) – Imagen cortesía del Forum Ancient Coins.

Antonio Piñero (basado en la obra de Hyam Maccoby) sostiene que la ceremonia de la Eucaristía en la Didajé y en Lucas adquiere la estructura de un Kiddush (קדוש), ritual que se suele celebrar en el Sábado o en algún día de fiesta en el que se bendice a la copa de vino primero y al pan después (Maccoby 90-128; Piñero, “¿La verdadera?” 181-193). John Dominic Crossan también destaca que en la Eucaristía de la Didajé, después de comer (y hartarse de comida) se pronuncian unas palabras de acción de gracias que se parecen mucho a las del Birkat Ha-Mazon (ברכת המזון), que usualmente los judíos hacen después de las comidas (The Historical Jesus cap.14). De hecho, esta interpretación de la Didajé goza del amplio consenso de los expertos en este documento. Parece ser que Lucas invirtió el orden en que se presentaban el pan y el vino porque quería ajustarlo a lo que practicaba su congregación, una Eucaristía parecida al Kiddush sin el contenido de sacrificio vicario. Tal vez su práctica pudo haber sido parecida a la que nos presenta la Didajé.

No obstante la versión paulina de los acontecimientos de la Última Cena, parece que Pablo también conoce el orden ritual del Kiddush para la conmemoración de la cena del Señor. Crossan apunta a los siguientes dos pasajes (presten atención al orden en que mencionan el pan y el vino):

La copa que bedecimos, ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Entonces, si el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? (1 Corintios 10:16-17)

No podeis beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios (1 Corintios 10:21) (The Birth of Christianity 438-439).

Por ende, parece ser que lo que celebró Jesús con sus discípulos fue un Kiddush judío de despedida como una manera de anunciar y dramatizar el banquete que existiría bajo el Reino de Dios, con él como Rey y sus discípulos como los jueces de las tribus de Israel. Todo indica que esto se hizo sin alusión alguna al pan como su cuerpo y menos a su sangre derramada vicariamente. Parece ser que la tradición expuesta por Pablo tiene origen judeohelenístico debido a su marcado trasfondo grecorromano. En opinión de unos pocos exégetas, el origen pudo ser de Pablo mismo. Esa es una discusión para otra ocasión.

Continuaremos con nuestra discusión, esta vez los pormenores del arresto, juicio y muerte de Jesús …

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 2

La serie: parte 1

En nuestra entrada anterior, dejamos claro los criterios de historicidad de los acontecimientos relatados en los evangelios, a saber: el criterio de desemejanza o de discontinuidad, el criterio de dificultad o incomodidad, el criterio de testimonio múltiple y el criterio de coherencia. Enfatizamos el hecho de que cada uno de estos  criterios es útil, pero bajo muchas circunstancias pueden ser problemáticos y su uso tiene que pasar necesariamente por el crisol de la discusión y el debate entre expertos.

Nota aparte:  Me parece que la serie para el público en torno a este tema de Antonio Piñero y Fernando Bermejo, me parece la más seria y completa que he visto hasta ahora. El valor que le damos a esta serie es debido a que es visible para el público hispanoparlante. Aquí está el artículo principal de Fernando Bermejo y aquí está la serie de artículos por Antonio Piñero: 1, 2, 3, 4, 5, 6. 7

Teniendo esto en cuenta, procedamos a nuestro segundo artículo que dará un panorama muy general (y sin entrar en demasiados detalles) en torno a las enseñanzas y actos de Jesús que le llevaron a la crucifixión.

La predicación del Reino de Yahveh por Juan el Inmersor

Juan bautizando a Jesús - Jacopo Tintoretto (s. XVI)

Juan bautizando a Jesús – Jacopo Tintoretto (s. XVI)

En su fabulosa obra Un judío marginal, John P. Meier afirma muy acertadamente que no podemos comprender a Jesús sin echarle una ojeada a Juan el Inmersor (el Bautista) (II/1: 34, 51, 139). Según los expertos, son los evangelios sinópticos (los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas) los que nos proveen la versión más veraz en torno al Inmersor. Ni tan siquiera el historiador Flavio Josefo, que nos brinda información valiosa sobre él, llega a ese nivel de fiabilidad. Josefo presenta a un Juan que era famoso por “enseñar las virtudes” y llevar una buena vida, casi como si fuera un filósofo helenístico, para después decirnos que Herodes Antipas (rey vasallo que gobernaba a Galilea y Perea) le temía y le había arrestado por alguna posible rebelión.

Cualquiera que tenga dos dedos de frente se preguntaría por qué un cuasi-filósofo-helenístico-que-enseña-virtudes sería una amenaza para Antipas. Podemos buscar la respuesta en vano en la narración de Josefo, pero sí se halla en los evangelios sinópticos donde las fuentes primarias que usamos (en este caso Marcos y Q) nos revelan bastante del mensaje apocalíptico de Juan (Marcos 1:1-8; Q{Lucas 3:7-9 // Mateo 3:7-10}; Q{Lucas 3:16b-17 // Mateo 3:11-12}). Allí se nos dice que Juan predicaba la pronta llegada de alguien al que denominaba “el más fuerte” y que juzgaría a todas gentes que rehusaran cambiar sus vidas y “enderezar lo torcido” ante Yahveh. El hecho de que su predicación fuera en el Río Jordán no es un accidente: ese es el lugar donde afirma la Biblia Hebrea que Josué y los hebreos entraron a la Tierra Prometida (Josué 3-4).

Los hijos de Israel cruzando el Río Jordán - Gustave Doré

Los hijos de Israel cruzando el Río Jordán – Gustave Doré (1883).

La perspectiva de Juan se comprende mejor desde una antropología judía, bien distinta a la que nuestra cultura juzga desde nuestra herencia helenística (i.e. la separación de alma y cuerpo). Para los judíos el alma designa la vida interior de una persona y, dependiendo de la vertiente judía que se favoreciera, era inseparable del cuerpo.  En otros casos, el alma terminaba en el sheol, un ámbito subterráneo y frío donde ellas dormían en lo que esperaban su eventual resurrección. El pecado no solo afectaba al alma, sino también al cuerpo mismo. Por eso es que en la lectura nos enfrentamos a ocasiones en que aparece la gente preguntándose qué pecado ha cometido alguien para terminar enfermo (e.g. Juan 9:1-3) o un Jesús que afirmaba que debemos desmembrar esa parte de nuestro cuerpo que “caiga” para entrar puros al Reinado de Yahveh (Mateo 5:29-30). La preparación de la llegada del nuevo orden mundial presto a llegar exige cumplir con lo que dispone la Torah: confesar que se pecó, arrepentirse de los pecados, limpiarse (bautizarse o sumergirse) en las aguas del Jordán para la purificación física del cuerpo, además de un compromiso de llevar una vida de acuerdo a la Torah. Al salir de las aguas del Jordán, el creyente podía formar parte del Reino de Yahveh, del nuevo Israel pronto a llegar. Aquellos que no aceptaran el mensaje del profeta, iban a ser arrojados al fuego “que nunca se apaga”. Aquellos que aceptaran la transformación íntegra de sus vidas, recibirían de “el más fuerte” su inmersión en el Espíritu de Yahveh (“Espíritu de santidad”).

Como dijimos en nuestra entrada anterior, usando el criterio de dificultad, además del de testimonio múltiple y coherencia, podemos tener relativa seguridad de que Jesús fue discípulo de Juan, que se comprendía a sí mismo como pecador, que confesó sus pecados, se arrepintió y fue inmerso.

De hecho, por el mismo criterio de dificultad podemos también aseverar que, contrario a lo alegado por los evangelios Mateo y Juan, el Inmersor no sabía del carácter mesiánico de Jesús, ya que una de nuestras fuentes (Q) nos dejan claro que cuando supo de lo que Jesús estaba haciendo, Juan envió desde la cárcel a sus discípulos a preguntarle (tal vez con alguna nota de sarcasmo), “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?” (Q{Lucas 7:19 // Mateo 11:3}). Esta ignorancia del mesianismo de Jesús se confirma con el hecho de que tenía discípulos que no conocían del mesianismo jesuano y, como han resaltado investigaciones recientes, los cristianos y ellos sostuvieron agrias disputas acerca de ese mismo tema.

¿Quién era Jesús?

Una vez Juan fue arrestado, Jesús comenzó su predicación del Reino de Yahveh con independencia del movimiento del Inmersor, pero llevando una variante de su mensaje a áreas tales como Galilea, Perea, Decápolis, con especial centro en Cafernaúm. Durante todo ese tiempo, parece haberse concentrado en las aldeas y pueblos rurales en vez de las grandes ciudades como Séforis.

Al principio se le debió haber conocido por Yeshúa bar Yosef (Jeshúa [יֵשׁוּעַ] hijo de José). Su nombre es una variante de Yehoshua [יְהוֹשֻׁעַ] (Josué) que significa “Yahveh salva”. En griego, se debió haber pronunciado aproximadamente “Iesús” [Ἰησοῦς]. Debido a su proveniencia de Nazaret, en aquel momento una pequeña aldea rural de no más de 50 casas, probablemente se le conoció como “Yeshúa Ha-Notzri” [יֵשׁוּעַ הַנָּצְרִי] (Jesús de Nazaret). Debido al carácter fantástico de los relatos de la infancia de los evangelios de Mateo y Lucas, su incompatibilidad mutua y su falta de correspondencia con la historia, además de su motivación cristológica, todo parece indicar que el dato de que nació en Belén tiene origen puramente apologético. Por los criterios de coherencia y de dificultad, parece mucho más probable que haya nacido en Nazaret, ya que una de las protestas que se le presentaban a los cristianos era la dificultad de que un Mesías rey proviniera de un lugar tan insignificante como Nazaret (e.g. Juan 1:45-46). Puede ser que el apodo “de Nazaret” haya tenido inicialmente la mala intención de señalar a Jesús como una persona que pretendía profetizar, pero que provino de un lugar tan nimio. Se sabe que probablemente el apodo con el que al principio se conocían a los cristianos, “nazoreos” (en griego “Ναζωραῖος”) o “nazarenós” (en griego “Ναζαρηνός”), pudo ser también originalmente peyorativo.

El sermón de la montaña por Carl Bloch (1876)

El sermón de la montaña por Carl Bloch (1876)

Es menester señalar que Jesús no era muy seguido durante su predicación en Galilea. Al contrario, parece que su familia –madre y hermanos– inicialmente rechazaba su doctrina y pensaba que se había vuelto loco y, como respuesta, Jesús se alejaba de su familia para escoger a sus discípulos y oyentes como su nueva familia (Marcos 3:20-21,31-34). De hecho, aunque abogaba por la Torah y su mandamiento de honrar padre y madre, en ocasiones afirmaba que había que poner al Reino de Yahveh por encima de la familia, por lo que era de esperarse divisiones familiares en el proceso (Marcos 10:19,29-31; Q{Lucas 9:59-60 // Mateo 8:21-22}; Q{Lucas 14:26 // Mateo 10:37}; Q{Lucas 12:49,51,53 // Mateo 10: 34-36}). Contrario a lo que muchos sostienen hoy día, Jesús no era exactamente “profamilia” en relación con la pronta llegada del Reino y su aproximación a la gente es lo que hoy podríamos considerar “sectárea”. Sencillamente, el Reino de Yahveh era tan importante, que había que dejarlo todo, incluyendo a la familia, para poder participar de él.

Para empeorar la situación, tampoco su mensaje caló hondo en su villa natal, Nazaret (Marcos 6:1-6). En general, tenemos noticias de continuos rechazos y fracasos de su predicación en Galilea (incluyendo a Cafernaúm) y regiones adyacentes (Marcos 6:11; 8:12,38; 9:19; Q{Lucas 10:10-12 // Mateo 10:14-15}; Q{Lucas 10:13-15 // Mateo 11:21-24}). Eventualmente, tras mucho tiempo de predicación, y tras la amenaza de arresto y ejecución por parte de Antipas (Lucas 13:31-33), Jesús decidió ir a predicar a Judea.

La predicación jesuana del Reino de Yahveh

Al igual que Juan el Inmersor, Jesús sotenía una escatología de la restauración de las doce tribus de Israel en la Tierra al final de los tiempos. La selección de doce discípulos cercanos a él no era puro accidente. Jesús esperaba la pronta llegada de un ser del ámbito celeste llamado “el Hijo del Hombre” del cual hablaba el libro de Daniel en la Biblia Hebrea (Daniel 7). En aquella época, el “Hijo del Hombre” no era un título mesiánico, sino más bien el nombre del supremo juez quien, a nombre de Yahveh, acogerá a los que ingresarán al nuevo Israel y condenará a aquellos que no estuvieran preparados física (por inmersión) y espiritualmente (moral) para la llegada del Reino de Yahveh. De hecho, a pesar de que los evangelistas continuamente intentan identificar a Jesús con el Hijo del Hombre de diversas maneras, se cuelan versos o pasajes completos en los que Jesús habla del Hijo del Hombre como si fuera alguien distinto a sí mismo (e.g. Marcos 8:38; Marcos 13:24-27; Q {Lucas 12:8-9 // Mateo 10:32-33}; Q {Lucas 17:23-24 // Mateo 24:26-27}; Mateo 25:31-32; Lucas 21:34-36). Así como Juan decía que “el más fuerte” llegaría en cualquier momento, Jesús sostenía que el Hijo del Hombre vendría “como un ladrón en la noche”, en la ocasión  menos esperada (Q{Lucas 12:39-40 // Mateo 24:43-44}) o como un repentino rayo en el firmamento (Q{Lucas 17:23-24 // Mateo 24:26-27}).

Para Jesús, hay diversos signos de que el Reino de Yahveh se estaba acercando: los exorcismos que llevaban a cabo a nombre del Hijo del Hombre y de Yahveh, las numerosas curaciones milagrosas que (para los testigos) estaban ocurriendo ante sus ojos y la transformación personal de numerosos “pecadores” desde publicanos hasta prostitutas, quienes eran los llamados a la conversión. Su mensaje estaba dirigido principalmente a los marginados de la sociedad, un factor común que podemos hallar como múltiples testimonios en todas nuestras fuentes: Marcos, Q, M, L y Juan (Marcos 1:40-45; 2:1-12; 3:1-12; 5:1-43; 7:24-30; 8:22-26; 9:14-29; 10:46-52; Q {Lucas 7:1-10 // Mateo 7:28a; 8:5-10,13}, {Lucas 7:18-19,22-23 // Mateo 11:2-6}, {Lucas 11:14-15.17-20 // Mateo 9:32-34; 12:25-28}, {Lucas ; Lucas 7:36-50; 15:1-2; Mt. 21:31; Juan 4:46-53).

Contrario al régimen vigente, Jesús predicaba con todas sus fuerzas, un Reino de Yahveh que fuera justo para los oprimidos, donde todos eran invitados a participar —como en una gran cena— (Q {Lucas 14:15-24 // Mateo 22:2-6,9-10}). En tal caso, como difícil es para un rico entrar al Reino de Yahveh, serían los marginados los más grandes afortunados. De ahí su dicho: “todo el que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado” (Q{Lucas 14:11 // Mateo 23:12}). En el fondo, hallamos este mensaje en las famosas “bienaventuranzas”:

Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.

Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados.

Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis.

Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo por causa del hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataron sus antepasados a los profetas (Q{Lucas 20-23 // Mateo 5:3,5-6,10-11}).

Otra nueva costumbre jesuana es la de referirse a Yahveh como padre. Esto debe comprenderse dentro de su concepción de salvación, no individual, sino colectiva. Al final de los tiempos, irrumpirá Yahveh en la historia desde el cielo y el colectivo de Israel se salvará y se restablecerá en la Tierra como potencia dominante. Desde la perspectiva del judaísmo de su época, Israel es el primogénito de Yahveh, por ende, su hijo con derecho a gobierno sobre las naciones (Éxodo 4:22). Es de esa manera que debemos comprender lo que aparenta ser la versión original del Padre Nuestro:

Padre,
santificado sea tu Nombre,
venga tu Reino,
danos cada día nuestro pan cotidiano,
y perdónanos nuestros pecados,
porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe,
y no nos dejes caer en tentación (Q{Lucas 11:2b-4 // Mateo 6:9-13).

Desde esta perspectiva, todo creyente en Jesús debía considerarse hijo de Yahveh.

Finalmente, hay que aclarar que Jesús se consideraba a sí mismo seguidor de la Torah entera. Contrario a lo que muchos han supuesto, Jesús nunca devaluó la ley mosaica ni pensaba que había de ser superada, sino que se veía en todo momento observante de ella. Hay pasajes en que Jesús afirmaba que ni una yod (la letra más pequeña del hebreo, “י”) se caería de la Torah. Al contrario, su misión era llevarla a la culminación (Q{Lucas 16:17 // Mateo 5:18}). Sin embargo, como muchos de los rabinos de su época, su interpretación de la Torah podía ser distinta a la de los demás rabinos de su época. Para sorpresa de muchos, Jesús era afín al pensamiento fariseo y, como era costumbre en su época, debatía continuamente en torno a cómo interpretar el escrito mosaico para que fuera práctico para los pobres y marginados. Lo que no cabe duda es que para Jesús, el corazón de la Torah es el amor: amor a Yahveh y su Reino sobre cualquier otra cosa o persona; y el amor al prójimo como un igual. No solo esta apreciación aparece atestiguada en todas nuestras fuentes independientes evangélicas, sino también fuera de los evangelios (Marcos 12:28-34; Gálatas 5:14; Romanos 5:8,9b-10; Santiago 2:8; Juan 15:12).

La actividad subversiva de Jesús

A pesar de que los evangelios nos presentan en general a un Jesús manso con discípulos que todo lo que les interesa es desentrañar las enseñanzas de su rabino, hay indicios de que era algo más que eso y que muchas de sus acciones y predicaciones le llevaron eventualmente a su muerte. Su mensaje de un gobierno de Israel por encima de las demás naciones era de facto mensaje sospechoso para los romanos y sus aliados, pero era más o menos usual en Galilea y Judea.

La manera en que podemos aproximarnos a este tema es viendo las acusaciones que se formularon en su contra para poder ver exactamente dónde radicaba el problema para las autoridades judías y las romanas. Aclaro que lo que sigue es mi perfil particular de Jesús basándome en lo que ciertos expertos han teorizado y que bastante de estos asuntos todavía se hallan bajo un intenso debate.

Que no se le pagara tributo a César

La moneda de tributo - por Tiziano (1515)

La moneda de tributo – por Tiziano (1515)

Hay una acusación que solo aparece en Lucas y que puede iluminarnos en cuanto a las actividades de Jesús. Cuando el profeta apocalíptico está ante el prefecto, Poncio Pilatos, nos dice Lucas:

Comenzaron a acusarle, diciendo: “Hemos encontrado a este alborotando a nuestro pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es el Mesías rey” (Lucas 23:2).

¿Por qué es esto extraño? Porque si se lee el evangelio lucano, uno tendrá la impresión de un Jesús pacífico y ejemplar en cuanto a temperamento y relación con los gentiles. Puede ser que tal esfuerzo del autor de ese evangelio por proyectar esa imagen sea en parte respuesta a dicha acusación.

¿Prohibía Jesús el pago tributario?  Lo interesante es que la respuesta a esa pregunta parece proceder del Evangelio de Marcos, que nos narra el siguiente acontecimiento que parece haber ocurrido en Galilea:

Enviaron enconces donde él a algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Al llegar, le dijeron:

“Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa de nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?”

Mas él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo:

“¿Por qué me tentáis?  Traedme un denario, que lo vea.”

Cuando lo trajeron, les preguntó:

“¿De quién son esta imagen y la inscripción? ”

Ellos respondieron:

“Del César.”

Jesús les dijo entonces: “Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios” (Marcos12:13-17)

Muchos han visto en esta enseñanza como un endoso jesuano a la separación de Iglesia y estado. Personalmente, me encantaría que fuera así, pero dicha perspectiva no pasa de ser un anacronismo. Se debe tener en cuenta que era inconcebible en esa época separar la política de la fe. El Reino de Yahveh que deseaba Jesús era uno claramente teocrático.

Si no significa eso, ¿entonces que quiere decir? Si hubo fariseos tras esta trampa es algo que debemos poner entre signos de interrogación, ya que el evangelio se produjo en una época de gradual tensión entre diversos sectores del judaísmo (70 d.C.), en particular el fariseísmo y el cristianismo. El texto puede reflejar un cierto desprecio que siente el autor hacia el sector fariseo.  Sin embargo, puede tomarse como noticia el hecho de que aparecieran herodianos para tenderle la trampa a Jesús:  si él alegaba que debía pagarse el tributo a César, entonces traicionaba su mensaje del Reino de Dios y a Yahveh mismo; si alegaba que no debía pagarse impuestos a Roma, entonces era condenable por sedición ante las autoridades romanas. Jesús astutamente cambió el tema del tributo a la moneda. De esa manera, le podía decir a sus oyentes que la moneda se le podía devolver (no dar … no entregar … no pagar … sino devolver) al César y que, por otro lado, a Yahveh hay que devolverle lo suyo. Dentro del contexto de su mensaje apocalíptico, ¿qué habría que devolverle a Dios? Sencillo: las tierras palestinenses, su pueblo y su lealtad, es decir, al Israel renovado (Puente Ojea, El Evangelio 114-121).

Otros pasajes podrían abonar a esta interpretación. Por ejemplo, el teólogo Porfirio Miranda aportó al tema en su famoso librito El comunismo en la Biblia, cuyo contenido se intepreta a todas luces desde un sesgo ideológico notable y no teniendo mucho cuidado desde el punto de vista de la exégesis del Nuevo Testamento. Eso no quita que pudo haber llegado a la conclusión correcta en cuanto a este tema y que coincide perfectamente con la acusación que estamos inquiriendo (Miranda, El comunismo 68-72).  Después de reflexionar sobre el incidente del tributo a César, Miranda nos dice:

Antes del incidente en cuestión, Jesús ya había proclamado: “Nadie puede servir a dos señores, porque o bien odiará a uno y amará al otro, o se adherirá al uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero {Mammón} (Q {Lucas 16:13 // Mateo 6:24}). Quien ha enseñado eso de manera tan categórica, no puede después salirnos con que hay que reconocer y cumplir con el emperador y al mismo tiempo con Dios. Cuando dice “no podéis servir a Dios y al dinero”, toda la fuerza está en el “y”…. Pero el dato más importante para la interpretación de la frase sobre César es que la autoridad civil está presentemente encarnada en un dinero que Jesús pide que le muestren…. La sentencia “no podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6,24) fue pronunciada utilizando el verbo arameo `abad, que significa tanto servir como adorar … (71-72, mi énfasis).

Que el Templo de Jerusalén sería destruido

Cristo expulsa a los cambistas del Templo, por Nicolas Colombel (1681)

Cristo expulsa a los cambistas del Templo, por Nicolas Colombel (1681)

Una de las más importantes acusaciones se hizo ante el Sanedrín judío y nos dice Marcos:

Algunos, levantándose, dieron contra él este falso testimonio: “Nosotros le oímos decir: `Yo destruiré este Santuario {el Templo de Jerusalén} hecho por hombres y en tres días edificaré otro no hecho por hombres'” (Marcos 14:57).

¿Es esta acusación factual? El autor del evangelio marcano dice que es falso. Sin embargo, otro escrito parece diferir y trataba de explicar esta acusación tomada muy en serio, no como un falso testimonio (Juan 2:19-20). Si seguimos la pista dejada por el Evangelio de Juan, parecería que Jesús dijo esto durante el ataque que llevó a cabo contra los cambistas del Templo y de la que tienen testimonio todos los evangelios.

Una vez fracasa su actividad en Galilea, Jesús decide ir a Jerusalén. De su famosa entrada, hablaremos en la tercera parte de esta serie. Después de su “entrada triunfal”, Jesús decide atacar a los vendedores y cambistas del Templo.

Llegaron a Jerusalén: Una vez allí, entró Jesús en el Templo y comenzó a echar fuera a los vendedores y compradores, volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedoresde palomas, y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba diciendo:

“¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración [para todas las gentes]? ¡Pero vosotros la tenéis hecha una cueva de bandidos!”

Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas, que buscaban la forma de poder matarle. Y es que tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina (Marcos 11:15-18).

Hoy se sabe que la frase entre corchetes “para todas las gentes” fue un añadido posterior al evangelio. Tampoco es creíble que impidió la dinámica de todo el Templo, un recinto demasiado grande para que lo controlaran solo 13 hombres. Sin embargo, sí es creíble que ocurrió algo de menor grado.

Por años, dicho ataque fue un enigma para los exégetas del Nuevo Testamento. Los cambistas cambiaban la moneda con la efigie de César y otros tipos de imágenes (prohibido para los judíos dentro del Templo) por una aceptable para la ofrenda del Templo. Los vendedores proporcionaban la manera más eficiente de proveer animales para los sacrificios, difícil de llevar a cabo de otra manera. Entonces, ¿por qué el ataque?¿De dónde procede la acusación de ser bandidos? Los cambistas cobraban por el cambio, pero eso es normal para toda labor en aquel momento. No hacerlo, sería disfuncional.

El gran erudito E. P. Sanders señala que todo cae en su sitio cuando se tiene en consideración que Jesús era un apocalipticista que miraba al sacerdocio del Templo como cómplice del orden establecido de los Romanos. Mientras Poncio Pilatos estaba en la región de Samaría, en Cesarea Maritima, le tocaba al Sanedrín, dominado por los saduceos, dirigir los asuntos de Jerusalén y guardaba el orden social en alianza con el Imperio Romano. Desde esa perspectiva, el significado del Templo dedicado a Yahveh ha sido profanado por los saduceos, a los que Jesús no les tenía el mínimo aprecio. Varios apocalipticistas veían al Templo como una institución impura y contaminada por dichas relaciones políticas. Por ejemplo, los de Qumrán veían al Templo como profanado por un “Sacerdote Malvado”, presumiblemente por un sacerdote favorecido por la dinastía asmonea y quien le robaba a los pobres sus posesiones (1 QpHab 11:7; 12:8ss; CD 4:6-8). Los fariseos eran marginados de la autoridad del Templo, precisamente porque eran apocalipticistas que rehusaban participar de dicha relación política. El vuelco de las mesas y la violencia con la que se manifestó Jesús dramatizaban (simbólicamente) el hecho de que el Hijo del Hombre y, con él, el Reino de Yahveh, estaba bien cerca y que el Templo edificado por Herodes sería destruido. El orden que regía el Templo terminaría, se purificaría de todos los elementos profanos y se reedificaría una vez fuera restaurado Israel (Sanders, Jesus and Judaism 174-211).

También es un poco enigmático el hecho de que nadie lo arrestara en el momento. Lo que sospechan Fernando Bermejo y Antonio Piñero es que probablemente los mismos discípulos de Jesús estaban armados y con las armas protegían a su rabino mientras él atacaba a las mesas de los animales y cambistas. El que pudieran tener armas no sorprende mucho, dado que el evangelio lucano nos revela que algunos de ellos habían comprado armas y Marcos nos dice que uno de ellos tenía una espada cuando arrestaron a Jesús (Lucas 22:35-38; Marcos 14:47).

Jesús Nazareno: Rey de los Judíos

La tercera acusación con la que coinciden todas nuestras fuentes es que de alguna manera, Jesús se había autodenominado rey. En ninguna instancia Jesús lo negaba. Algunos han sugerido que Jesús preparó su entrada a Jerusalén para que se viera que cumplía la profecía de Zacarías, que decía que el rey de Jerusalén entraría montado en un borrico, hijo de un asna (Zacarías 9:9). Por razones que explicaremos en la siguiente entrada, parece que esto no era suficiente para prenderle.

Dado que Jesús nunca se autoproclamó rey ni Mesías en público (nuestra fuente más temprana, Marcos, así lo establece: que Jesús mandaba a callar y mantener silencio al respecto), inevitablemente nos lleva a la conclusión de que Jesús debió haberlo revelado en privado. Que, según él, el Hijo del Hombre le pondría en el trono como suma autoridad real bajo el beneplácito de Yahveh; que sería rey israelita de todos los judíos.

Uno de los discípulos (Judas Iscariote), desilusionado con Jesús por razones que permanecerán oscuras para la historia, decidió reunirse con funcionarios del Sanedrín en privado y revelar el secreto. Eso y el incidente del Templo fueron suficientes para que las autoridades judías le arrestaran, especialmente para prevenir algún incidente durante la Pascua. La acusación de hablar contra el tributo a César mas la autoproclamación de rey, ante la negativa de Jesús de defenderse, fueron suficientes para que el liderato judío llevara a Jesús ante Poncio Pilatos y este a su vez le condenara a la crucifixión.

Continuaremos mañana nuestra discusión …

Bibliografía

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 1

Después de escribir un artículo para este blog en torno a la situación de la Universidad de Puerto Rico, no me olvidaba de que al otro día iba a comenzar la Semana Santa con el Domingo de Ramos. Tampoco se me escapaba el final de la movida de la Cámara de Representantes y los municipios de utilizar su poder político para fomentar los ayunos y oraciones durante 40 días, violentando así la total separación de iglesia y estado. Quería dedicarle aunque fuera parte de este blog a la ocasión del tema central de la Semana Santa: una visión escéptica e histórica de la Pasión, muerte y proclamación de la resurrección de Jesús.

Boleto para _The Case for Christ_

Mi boleto para ver _The Case for Christ_. Hago disponible esta imagen para dominio público.

En momentos como este —¡claro está!— permean las películas dedicadas al tema religioso en el cine y en la televisión. En Caribbean Cinemas hay dos:  una era The Shack y la otra era The Case for Christ. En lo personal, no tengo ningún problema con películas religiosas en general, siempre y cuando no se lo introduzcan a uno por ojo, boca, nariz y otros lugares … como el … el oído. Sí resiento esas películas que son asquerosas y ofensivas, como las de God’s Not Dead, que desde mi perspectiva como no creyente, sus dos películas me parecen harto malvadas y tienen una visión demasiado laxa de la frase “basada en hechos reales”. Y sí … merecen tener peor puntaje en Rotten Tomatoes que Twilight y Fifty Shades of Grey (¡y ODIO esas películas!) Desgraciadamente no hay un infierno en que no se queman todas ellas juntas por los siglos de los siglos.

Como mi punto de interés es puramente  histórico, decidí ver The Case for Christ. No voy a dar aquí una reseña de la película, pero es muchísimo mejor que las dos películas de God’s Not Dead y cuenta la historia de cómo Lee Strobel se convirtió de un periodista ateo a un converso cristiano debido a su investigación del tema de la resurrección de Jesús. Para él, la evidencia llegó a ser tan abrumadora que no podía negar la realidad de la resurrección de Jesús. Hay elementos de la película que son de criterio histórico y científico, pero, para el no especialista en historiografía del Nuevo Testamento cristiano, parece que no hay brinco alguno de lógica u omisión alguna de información. Al contrario, hubo muchísimos casos de ambas instancias.  La película en sí es relativamente buena y no es tan insultante como God’s Not Dead y otras semejantes, aunque sí intenta implicar que los ateos y no creyentes en general lo son porque tuvimos problemas con nuestros padres. Sin embargo, el único problema que tuve con mi padre era que murió cuando yo tenía 5 años, el resto de mis recuerdos de él son buenos. Es más, durante la mayoría de mi vida yo era un católico devoto (de ir a misa de todos los días) y mi cambio de parecer se debió a que en un momento dado nada del relato cristiano me tenía sentido. Mi padre no tenía nada que ver con eso. Podríamos mencionar al caso de Bart Ehrman, quien (hasta donde sé) nunca tuvo problemas significativos con su padre. Por otro lado, he sabido de cristianos que viven todos los días en familias plenamente disfuncionales. Una cosa no tiene nada que ver con la otra.

En cuanto a la supuesta “evidencia” de la resurrección de Jesús, sí muestra uno de los criterios historiográficos para determinar qué del Nuevo Testamento pudo haber ocurrido y qué no. Afirma la película muy acertadamente, que si fueran verdaderos los relatos en torno a la resurrección de Jesús, entonces deberían presentar contradicciones. Los múltiples evangelios que nos narran el evento se parecen a la manera en que varios testigos frecuentemente se contradicen entre sí ante la policía.  La película muestra cómo este señalamiento le ayudó a Strobel a resolver el caso de John Hicks. Este es el famoso criterio de múltiple testimonio y que es bien usado en el ámbito de la erudición bíblica. Sin embargo, no pude más que sonreír escépticamente cuando lo mencionó en el contexto de la resurrección de Jesús, ya que dicho criterio no aplica a ese caso. ¿Por qué? Tendrán que esperar a la última parte de nuestra serie investigativa para averiguar.

Aquí vamos a llevar a cabo una mejor labor de periodismo que el que llevó a cabo Strobel para investigar quién fue Jesús desde un punto de vista estrictamente histórico. Este análisis de los textos del Nuevo Testamento se hace con el mayor respeto a la Semana Santa, pero afirmando asertivamente lo que pudo haber sucedido y lo que no pudo haber pasado.

El problema de la cualificación de la evidencia evangélica

Octavio Augusto César

Octavio Augusto César en calidad de Pontifex Maximus

Es bien popular en la cultura escéptica y de los no creyentes en general a designar como pura fantasía los evangelios: ¿quién va a creer que Jesús nació en Belén de una virgen, que caminó sobre las aguas, cumplió todas las profecías de la Biblia Hebrea, se transfiguró en el Monte Tabor, resucitó y ascendió al cielo? Desgraciadamente, tal aproximación no tiene en cuenta que era una tendencia usual en todas partes del Imperio Romano y del judaísmo elaborar sucesos fantásticos con motifs literarios conocidos alrededor de personajes que realmente existieron. Por ejemplo, en el caso de Julio César, el poeta Ovidio (en su Metamorfosis) elaboró toda una mitología de divinización y ascenso, manifestándose el dictador popular como cometa en el firmamento. De esa manera, Octavio Augusto (adoptado como hijo por César) se convirtió estrictamente hablando en “hijo de Dios”, a su vez descendiente de Eneas, el hijo del príncipe de Anquises y de la diosa Venus (o Afrodita). Asimismo, el nacimiento de Augusto era visto en términos fantásticos y milagrosos y se decía que era el “Salvador del Mundo”. Si esto se parece demasiado al cristianismo, no es accidente. Los mismos títulos eran atribuidos a Jesús precisamente como respuestaresistencia a la Roma imperial. Es como si los cristianos dijeran: “Augusto no era el hijo de Dios, salvador del mundo; Jesús lo era”.

Por otro lado, no podemos caer en el literalismo bíblico que incluye los elementos fantásticos arriba descritos. La historiografía, como ciencia, también parte del naturalismo metodológico como mecanismo de conocimiento factual del mundo, aunque esto de por sí no excluya a priori que hayan ocurrido sucesos extraordinarios y sobrenaturales. Sin embargo, la experiencia histórica (y científica en general) es que la perspectiva naturalista es mucho más fructífera y, como dice el mismo Jesús de Nazaret, “por sus frutos los reconoceréis” (Q {Mateo 7:15-20 // Lucas 6:43-45}). Por ende, tanto conservadores más moderados y exégetas liberales piensan que sí hubo un Jesús histórico que actuó y dijo muchas de las cosas según descritas (con las debidas matizaciones) por los evangelios, aunque los sucesos no hayan ocurrido literalmente como aparece en los evangelios.

Fuera del Testimonium Flavianum (debidamente cualificado de acuerdo a los manuscritos disponibles y crítica literaria), los evangelios y las genuinas cartas de Pablo de Tarso (Romanos, Gálatas, 1 Tesalonicenses, Filipenses, 1 y 2 Corintios y Filemón) son las únicas fuentes para conocer a Jesús.

Nota aparte: Sobre el textus receptus del Testimonium Flavianum, véase la brillante exposición de Fernando Bermejo en su serie sobre este tema: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15 y “De nuevo”. Véase también los dos artículos académicos de él sobre este tema en la bibliografía.

Averiguar quién fue Jesús a partir de unos documentos con información sumamente cuestionable es difícil, pero no imposible. Existen puntos de mayoría de opinión y de consenso entre los eruditos: con toda probabilidad Jesús nació y se formó en Nazaret de Galilea; hablaba arameo y conocía bien las escrituras sagradas hebreas; adoptó una cosmovisión apocalíptica; se convirtió al mensaje de Juan el Inmersor (Bautista); tras el arresto de Juan, predicó la pronta llegada del Hijo del Hombre como sumo juez que separaría a los que serían y no serían los miembros del futuro Reinado de Yahveh; que Jesús tenía una perspectiva particular de la Torah y se consideraba a sí mismo como su seguidor; que el Reino sería la restauración de Israel en la Tierra con sus doce tribus juzgadas por doce de los discípulos que acompañaban a Jesús; que en un momento dado Jesús creyó que era el rey de ese nuevo Reino como “descendiente de David”; que celebró una cena en la noche que fue entregado; que fue crucificado; que sus discípulos proclamaron su resurrección y que creyeron que le fue conferido por Dios en señorío del cosmos. Hoy día hay poquísimas discrepancias con este perfil histórico de Jesús.

Hay otros aspectos de consenso sobre lo que no hizo o dijo: Por ejemplo, él nunca se autodenominó en público “Hijo de Dios” (esas fueron modificaciones apologéticas de las enseñanzas jesuanas por cristianos, ya que una de las fuentes evangélicas más primitivas con la que contamos, el Evangelio de Marcos, explícitamente lo niega); nunca se autodenominó “Hijo del Hombre” en el sentido de la entidad vista por el profeta Daniel (de hecho, el título “Hijo del Hombre” no era un título mesiánico en aquella época; una vez más, los cristianos apologéticamente se lo aplicaron a Jesús, véase una instancia de eso cuando Lucas cita a Q referente al “Hijo del Hombre”, pero Mateo cambia por completo el sentido del pasaje original (Lucas 12:8-9 / Mateo 10:32-33)); no dijo prácticamente casi todo lo que aparece en el Evangelio de Juan (son palabras que el autor le pone en boca a Jesús, el estilo del autor así lo delata, además de que algunos de los diálogos funcionan solo en griego, no en el arameo que hablaba Jesús en su época); entre otros.

Hay mayor discrepancia entre los expertos en relación con otros detalles aquí y allá: de si hizo o no hizo x, si dijo o no dijo y, si dijo algo parecido a z o no… etc. Por ende, lo que presentaré en esta serie es una interpretación de quién fue Jesús y qué fue lo que históricamente hizo, con un fuerte énfasis de lo que ocurrió al final de su vida y los elementos que le llevaron a la crucifixión y a la proclamación de su resurrección.

He aquí las fuentes independientes con las que contamos para dicha discusión:

  1. El Evangelio de Marcos: hoy día se discute su presunta unidad de contenido (aunque haya una unidad literaria), porque parece haber evidencia de que la información allí contenida se elaboró en varios estratos distintos (se han identificado 3), el más temprano proveniente probablemente de la comunidad de Jerusalén. Lo que está fuera de toda duda es que los evangelios de Mateo y Lucas copiaron extensamente de Marcos y, en ocasiones, modificaron y ajustaron su contenido a sus respectivas cosmovisiones teológicas.
    .
  2. Hoy día se acepta que existió otra fuente de la que Mateo y Lucas copiaron, pero que o no se encuentran en Marcos o se encuentran versiones parecidas en dicho evangelio (e.g. Q {Mateo 10:32-33 // Lucas 12:8-9} y Marcos 8:38). A este escrito se le ha denominado “Q“, por la palabra alemana Quelle, que significa “fuente”.
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  3. Hay material que aparece en el Evangelio de Mateo, pero no en Marcos ni en Q. A ese material se le ha denominado “M“.
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  4. Hay material que aparece en el Evangelio de Lucas, pero no en Marcos ni en Q. Se le ha denominado “L“.
    .
  5. Finalmente, está el material provisto por el Evangelio de Juan. Hay que hacer la salvedad de que como fuente histórica, dicho escrito es muy pobre, ya que es el más teológicamente cargado de los demás evangelios. Sin embargo, en algunas ocasiones puede ofrecer datos que permiten comprender mejor los datos ofrecidos por las demás fuentes que hemos mencionado. Esto se debe a que por debajo de toda la elaboración teológica hay un núcleo de tradiciones que, en algunos casos, puede remitirse indirectamente a los hechos de Jesús.

Criterios de historicidad

Por ahora, resumimos los criterios de historicidad que los eruditos del Nuevo Testamento. Antes de exponerlos, nótese que cada uno de ellos tiene defectos y límites muy comprendidos a saciedad por los biblistas. Sin embargo, debidamente aplicados y debatidos en la historiografía del Nuevo Testamento, pueden ayudar a construir un perfil histórico de quién pudo haber sido Jesús. Aquí están enumerados los criterios de historicidad.

  1. Criterio de discontinuidad o desemejanza: Este criterio es solo válido en el caso en relación con el cristianismo primitivo. Cuando aparecen enseñanzas de Jesús que no parecen coincidir con la cosmovisión de las iglesias primitivas y muy especialmente con las perspectivas del autor del evangelio, puede tomarse como probablemente histórico. Por ejemplo, para el cristianismo primitivo, la figura del “Hijo del Hombre” (del libro de Daniel) es idéntica a la de Jesús. Sin embargo, hay instancias en los Evangelios en que Jesús parece referirse al Hijo del Hombre como alguien distinto a sí mismo (Marcos 8:38; Marcos 13:24-27; Q {Lucas 12:8-9 // Mateo 10:32-33}; Q {Lucas 17:23-24 // Mateo 17:22-24}; Mateo 25:31-32; Lucas 21:34-36). Igualmente representa un problema el dicho de Jesús de que el Hijo del Hombre pondría a los 12 discípulos suyos a juzgar las doce tribus de Israel, debido a que choca de frente con el hecho de que uno de ellos le traicionó (Mateo 19:28; Lucas 22: 28-30).
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  2. Criterio de dificultad o incomodidad: Esta es una vertiente del criterio de discontinuidad. Si una información se muestra incómodamente cuando choca con la visión cristológica del autor y del cristianismo de esa época en general, probablemente es porque es auténtica y bien conocida. Por ejemplo, el bautismo de Jesús le creó ciertas dificultades al cristianismo primitivo debido a que la inmersión en agua practicada por Juan el Inmersor era una de confesión de pecados y arrepentimiento. Ello implicaría que Jesús era un pecador arrepentido que buscaba ser discípulo de Juan. Esto era notoriamente incómodo para los cristianos, por lo que Marcos procuraba convertirlo en un equivalente a la unción de Jesús como Mesías (literalmente “ungido”) en la que, como en el caso de David, fue adoptado como “Hijo de Dios” (Marcos 1:9-11).  Mateo hace un intento fallido de explicar este acontecimiento haciendo que Jesús señale que es “voluntad de Dios” que se llevara a cabo (Mateo 3:13-15).  En Lucas, Juan es arrestado antes de la inmersión de Jesús, removiendo así el problema cuando Jesús fue inmerso (aunque no especifica por quién) (Lucas 3:19-22). En el Evangelio de Juan, el problema ya está resuelto en principio: el Inmersor no le bautiza en ningún momento, sino que es él (y no Jesús) el que ve al Espíritu Santo declarando a Jesús “inmersor del Espíritu Santo” (Juan 1:19-34). Como se puede ver, la manera en que los evangelistas manejaron ese asunto irritante delata su historicidad (sin suponer los elementos fantásticos ya mencionados).
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  3. Fragmento P52

    Fragmento P 52, parte de una página de un códice del Evangelio de Juan (18:31-33). La película The Case for Christ se refirió a este trozo de papiro del siglo II.

    Criterio de testimonio múltiple:  Si una información aparece en más de una fuente independiente de las que mencionamos, probablemente puede ser tomada por histórica. Por ejemplo, Marcos como Q, M, L y Juan nos dicen que Jesús provino de Nazaret de Galilea, por lo que muy probablemente el dato sea correcto. Según cuatro de las cinco fuentes independientes (Marcos, M, L y Juan) entre otras (cartas de Pablo) afirman la crucifixión de Jesús. Nótese que escenas como el ataque a los vendedores del Templo de Jerusalén no permiten afirmar su historicidad bajo el criterio de testimonio múltiple. Esto se debe a que el Evangelio de Mateo (21:12-13) y Lucas (19:45-46) lo copian de Marcos (11:15-19) y hay fuertes sospechas de que el Evangelio de Juan conocía el relato y que, por su cosmovisión cristológica, lo desconecta del relato de la Pasión (Juan 2:13-22). Las versiones de este relato en Mateo, Lucas y Juan no son independientes, sino que son todas ellas dependientes del de Marcos. Por ende, aquí no hay, estrictamente hablando “testimonios múltiples”, sino un solo testimonio … el de Marcos.
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  4. Criterio de coherencia: Son más fiables los relatos y los dichos de Jesús que sean más afines a lo que se conoce de la región Palestina a nivel histórico en cuanto a contexto económico, político y social. El mensaje apocalítptico de Jesús es mucho más cercano al tipo de convicciones sostenidas durante su época: un futuro Reino de Yahveh en la Tierra con un Israel restaurado dominador del resto de las naciones. Es más, la existencia de Jesús cae como anillo al dedo en una época en que pululaban rebeldes, profetas, predicadores y mesías de todo tipo (7 a.C. – 125 d.C.). Su proveniencia de Galilea se confirma también con este criterio debido a que esa región era un hervidero de apocalipticistas que no dejaron de darle dolores de cabeza a los Romanos y a Herodes Antipas (e.g. Judas de Galilea, sus hijos Jacobo y Simón, Juan el Bautista, entre otros). Una versión más moderada del relato de la “limpieza del Templo” por parte de Jesús y la predicción de su destrucción es verosímil (e.g. Marcos 14:58), ya que tales predicciones eran populares entre apocalipticistas de su época, que denunciaba a su clase sacerdotal por ser cómplices del mal (i.e. del dominio pagano de los romanos). La crucifixión sí existió y era utilizada para cualquier pretendiente a ser un rey o mesías no vasallo de Roma. No obstante ello, el criterio de coherencia representa un problema serio para muchos de los dichos que encontramos en el Evangelio de Juan en que Jesús describe un reino y una pertenencia en el cielo, o una adopción de un punto de vista filosófico más característico del judeohelenismo. La ponderación de los judíos para que Pilatos soltara o a Barrabás o a Jesús es históricamente improbable, rayando en imposible.

Toda nuestra exposición en adelante tiene estos cuatro criterios en cuenta. En el siguiente artículo exploraremos las razones que llevaron a Jesús a ser crucificado.

¡Alerta lector! Una asignación …

¡Hey! Soy profesor de la Universidad de Puerto Rico y hay una huelga universitaria … ¿Qué se supone que haga? Tengo que darle asignación a alguien, ¿verdad? He aquí la asignación:

Conteste la siguiente pregunta — Contrario a lo alegado por The Case for Christ, ¿por qué el criterio de testimonio múltiple no aplica a los relatos de la resurrección de los distintos Evangelios?

Al que acierte le voy dar esta estrellita de Belén: ∗

¡Vamos! Ustedes pueden hacerlo. En este artículo nada más, les di suficiente para que contesten la pregunta.

Continuaremos …

Referencias

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Bermejo, Fernando. “La naturaleza del texto original del Testimonium Flavianum. Una crítica de la propuesta de John P. Meier.” Estudios Bíblicos, vol. 72, 2014, pp. 257-292. Disponible en Academia.edu aquí.

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La homosexualidad y Pablo el Apóstol

En miras a la marcha LGBTI que se celebrará este fin de semana, pensaba dedicarle hoy a la otra parte de la Biblia que se utiliza constantemente contra los homosexuales, las cartas de Pablo el Apóstol.

Todas las citas que utilizaré serán de la traducción provista por Senén Vidal en su reciente publicado libro Nuevo Testamento. Para mayor lujo de detalles en cuanto a este tema, les refiero al capítulo 10 de mi libro, Pablo el Emisario: Odiado e incomprendido. Este artículo supone la lectura de “La homosexualidad y la Biblia Hebrea“.
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Antes que nada: ¿quién fue Pablo de Tarso?

Pablo el Apóstol es uno de los personajes más interesantes de la historia del cristianismo primitivo. Sin embargo, su memoria ha quedado teñida por la opinión de algunos falsificadores de sus cartas y de la historia que se encuentra en el libro neotestamentario, Hechos de los Apóstoles.

Hoy día, virtualmente todos los eruditos están de acuerdo de que el contenido genuino de la obra paulina se encuentran en siete de las catorce cartas del Nuevo Testamento atribuidas a él, a saber: Romanos, Gálatas, 1 Tesalonicenses, Filipenses, 1 y 2 Corintios y Filemón. También se han descubierto que varias de estas cartas son, en realidad, compilaciones de dos o más. Por ejemplo, los eruditos en general están de acuerdo de que 2 Corintios se compone de al menos dos cartas distintas: los capítulos 10 al 13 no provienen de la misma carta que los capítulos 1 al 9. Algunos expertos van más allá y han identificado hasta un máximo de cinco cartas distintas en 2 Corintios. Observaciones similares se han hecho de Romanos, Filipenses y 1 Corintios. Especulan los estudiosos del Nuevo Testamento que es altamente probable que después de la muerte de Pablo (probablemente durante el 59-64 d.C.), alguna persona editó las cartas que tenía de Pablo para que sumaran siete (número sagrado en el cristianismo) y las comenzó a circular de esa manera.

Hay otras cartas en el Nuevo Testamento que se atribuyen a él, pero hoy día la inmensa mayoría de los eruditos las consideran “seudónimas” o “falsificaciones”. Sobre este tema recomiendo la lectura de dos libros del erudito Bart Ehrman: uno destinado al público en general, Forged; el otro es académico, Forgery and Counterforgery. La carta Hebreos es seudónima, pero no es una falsificación. Su autor no declara ser Pablo, pero se sospecha que algún escriba cristiano de la antigüedad alteraró el texto al final para hacerle parecer como si autoria fuera de este Apóstol para justificar el intento de añadirlo al corpus paulinum y el total de cartas sumaran catorce, es decir, 7+7 (Heb.13:22-25). Las demás cartas son falsificaciones: 2 TesalonicensesColosensesEfesios1 y 2 TimoteoTito. Por lo tanto, ellas no cuentan para nuestra comprensión del Apóstol.

Conversión de San Pablo por Caravaggio

Conversión de San Pablo por Caravaggio (1600-1601).

Pablo es famoso porque supuestamente era un fariseo funcionario del sacerdocio de Jerusalén que perseguía a los cristianos en esa región. En un momento dado, el liderato sacerdotal le pide que enviara una carta a las sinagogas en Damasco para el arresto de cristianos en esa área y su procesamiento en la capital de Judea. Finalmente, en el camino a Damasco, Jesús se le aparece a Pablo, suceso que eventualmente le “convierte” al cristianismo.  A pesar de que las artes narrativas del autor de Hechos ha sido sumamente poderosa, lamentablemente nada de lo que ha dicho es cierto. Es imposible que el sacerdocio de Jerusalén ordenara el arresto y la persecución de cristianos en Damasco (es decir, en Siria) donde claramente no tenía jurisdicción. Y aun si lo hubieran hecho, el Imperio Romano lo hubiera impedido, ya que no era exactamente entusiasta de persecuciones entre sectores religiosos en su imperio.  ¿Qué sucedió entonces?

Por ahora, los mejores estudios al respecto nos revelan que Pablo era un judío helenista, es decir, un judío de la diáspora criado en un ambiente helenístico en el que predominaba el griego como lingua franca. Nació en Tarso y en algún momento dado de su vida se fue a vivir a Damasco, probablemente adoptando la labor de curtidor (Hch. 18:1-3). Su educación refleja un conocimiento de la Biblia Hebrea en griego al citar constantemente la Septuaginta (o la versión de “los LXX”), una edición de la Biblia Hebrea traducida al griego y que era altamente utilizada por la diáspora en aquella época. Pablo sí perseguía a los cristianos en Damasco, probablemente incitando a que fueran castigados con 39 latigazos y su eventual expulsión de las sinagogas. No se excluye que también pudo haber organizado gangas para lincharlos cuando menos se lo esperaran los cristianos (Gál. 1:13-14; 1 Cor. 15:8). Él sí alegaba en sus cartas que Jesús se le había aparecido en varias ocasiones predicándole una “buena noticia” y dándole la labor de diseminarla entre los “gentiles” o las “naciones” no judías (Gál. 1:15-24; 1 Cor. 9:1; 15:8).

¿Cuál era esta “buena noticia”? Básicamente, Pablo afirmaba que aun cuando fuera una obligación para los judíos continuar siguiendo las disposiciones de la Ley judía (la Torah), a los gentiles se les otorgó la gracia de no tener que obedecer la totalidad de las minucias normativas, sino que se les eximía de fundamentalmente tres cosas: la circuncisión, de la dieta kosher y de la observancia del Sábado. Esto no significaba que no se les obligaría a continuar obrando según las disposiciones morales de la Torah y que están contenidas en el Decálogo. Así, el nacido judío seguía obligado a obedecer la totalidad de la Torah como judío, pero que gracias a que Jesucristo redimió a la humanidad mediante su derramamiento de sangre (sacrificio vicario) y resurrección de la muerte, es la fe en este Salvador la que cuenta para brindar la gracia del Espíritu de Yahveh a judíos y gentiles por igual (Gál. 3:5-4:11; 5:1-3; Rom. 6-8).

Es pertinente señalar que la llamada “conversión” de Pablo al cristianismo no es tal. Primero, porque el cristianismo no existía todavía como religión separada del judaísmo. Pablo interpretó su vida cristiana como una continuación de su vida judía. El cristianismo primitivo era una rama del judaísmo, tal como lo eran los fariseos, los saduceos y los esenios. Por ende, su mentalidad debe comprenderse desde el marco del judaísmo, pero que es influenciado por la matriz social helenística donde él se desenvolvía y llevaba a cabo sus actividades. También debemos tener en cuenta que él era un apocalipticista obsesivo y que, como cristiano, esperaba el pronto regreso del Mesías para establecer en el cielo, de una vez y por todas, el Reino de Yahveh (1 Tes. 2:12; 4:15-18; 5:1-21; 1 Cor. 1:9; 3:13-15; 15:23-28; 2 Cor. 4:14; Rom. 8:11; 11:23-28).
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La mentalidad profundamente igualitaria de Pablo

Lo que sí sorprende de Pablo es su pensamiento profundamente igualitario a pesar de su herencia judía que, en aquel momento, no era tan igualitaria como en sus comienzos. En un pasaje de Gálatas, Pablo nos dice que tras el bautismo de judíos, de griegos, de hombres y de mujeres hay una igualdad absoluta.

Al llegar la fe, ya no estamos bajo ningún guardián [refiriéndose a la Torah]:

Pues todos sois hijos de Dios,
por la fe,
en Cristo Jesús.

Pues cuantos fuisteis bautizados
para pertenecer a Cristo
fuisteis revestidos de Cristo.

No hay judío ni griego;
no hay esclavo ni libre;
no hay varón ni mujer.

Pues todos vosotros sois uno
en Cristo Jesús (Gál. 3:25-28)

Probablemente, en este pasaje, Pablo estaba reproduciendo un himno bautismal de las congregaciones cristianas en la diáspora. Para efectos de las congregaciones, todos tenían que tratar a todos como iguales. Nadie podía considerarse superior a otro.

Y sí, contrario a lo que muchos han supuesto, Pablo sostenía la total igualdad entre hombres y mujeres en las congregaciones. Por ejemplo, tomemos los pasajes en los que Pablo le da una serie de consejos a las vírgenes y a los casados dentro de su visión escatológica apocalipticista:

Acerca de lo que escribisteis,

es bueno que el hombre no toque a una mujer

pero, por razón de los peligros de la inmoralidad, que cada uno tenga su mujer y que cada una tenga su propio marido; que el marido pague la deuda a la mujer, e igualmente, también la mujer al marido. La mujer no dispone de su propio cuerpo, sino el marido, e igualmente, tampoco el marido dispone de su propio cuerpo, sino la mujer. No os privéis mutuamente, a no ser de común acuerdo por un tiempo limitado, para dedicaros a la oración y de nuevo convivid juntos, para que no os tiente Satanás por razón de la incontinencia.

Esto lo digo como condescendencia, no como mandato. Mi deseo es que todos fueran como yo [célibe], pero cada uno tiene su propio don de parte de Dios: uno, este y el otro, aquel. (1 Cor. 7:1-7)

Acerca de “las vírgenes”, no tengo ningún mandato del Señor. Pero os doy mi parecer, como quien ha sido agraciado por el Señor de ser fiable. Pienso, pues, que por razón del agobio presente, es bueno para el hombre estar así [es decir, célibe]: ¿estás ligado a una mujer?, no busques desligarte; ¿estás desligado de mujer?, no busques mujer. Si te casas, no pecas; y si la virgen se casa, no peca. Pero esos tales tendrán aflicción de la carne y yo quisiera ahorrárosla.

Esto os digo, hermanos:  El tiempo se ha acortado. Por lo demás,

que los que tienen mujeres
estén como si no las tuvieran,

y los que lloran,
como si no lloraran,

y los que están alegres
como si no lo estuvieran,

y los que compran,
como si no poseyeran,

y los que usan el mundo
como si no se aprovecharan de él.

Pues pasa la apariencia de este mundo.

Quiero que estéis libres de preocupaciones. El soltero se preocupa de lo del Señor, de cómo agradar al Señor; pero el casado se preocupa de la mujer, y está dividido. Y la mujer soltera y la virgen se preocupan de lo del Señor, para ser santa en el cuerpo como en el espíritu; pero la casada se preocupa de lo del mundo, de cómo agradar al marido. Os digo esto para vuestro provecho, no para echaros un lazo, sino para la honestidad y la atención al Señor sin distracción alguna (1 Cor. 9:23-35)

Igualmente podemos decir que, con excepción de la dimensión de la indumentaria –específicamente si la mujer debería o no llevar un velo en su cabeza– también ellas podían participar en profecía y predicación. Afirma Pablo claramente en 1 Corintios, que cuando las mujeres profetizaran, que usaran un velo (1 Cor. 11:1-16). Aun con eso, no supo cómo defender ese punto desde su perspectiva igualitaria cuando decía:

Sin embargo, en el Señor, ni la mujer [existe] sin el varón, ni el varón sin la mujer. Pues así como la mujer procede del varón, así también el varón existe por medio de la mujer, y todo procede de Dios (1. Cor. 11:11-12).

La Epíscopa Teodora

La Epíscopa Teodora en la Basílica de Santa Prassede, Roma (siglo IX)

Pero, ¿y qué hay de esos pasajes donde Pablo dice explícitamente que las mujeres se callaran en las asambleas? Sencillo: Pablo no escribió esos pasajes. El primer pasaje en cuestión aparece en 1 Timoteo que, como ya vimos, es una carta que no escribió Pablo (1 Tim. 2:8-15). El segundo pasaje aparece en 1 Corintios y, aunque sí fue una carta escrita por Pablo, no necesariamente el fragmento que ordena callar a las mujeres fue escrito por él (1 Cor. 14:33b-36). Prácticamente todos los estudiosos están de acuerdo de que el pasaje es una interpolación posterior que se fundamenta en el de 1 Timoteo. Parte de la razón para pensarlo es precisamente que en esa misma carta, como acabamos de ver, Pablo aprobaba la predicación de las mujeres en asambleas, siempre y cuando usaran un velo. Además, hay testimonios abundantes de que Pablo favorecía el servicio, la predicación y el liderato de las mujeres en las congregaciones cristianas (1 Cor. 1:11; 9:2-6; Flp. 4:2; Rom 16:1-5,7,12-15). En una ocasión hasta ensalzó la labor de una mujer apóstol llamada Junia (Rom. 16:7).

Lo mismo abogaba por que los judíos cristianos trataran con igualdad a los gentiles y que no se les forzara a “judaizarse” (Gál. 2:14; Rom. 14). En una ocasión abogó por un esclavo llamado Onésimo quien, aparentemente, recibía maltratos de su amo, Filemón. El primero parece haberle robado al último. Onésimo le sirvió a Pablo mientras estaba en prisión y este Apóstol le escribió una hermosísima carta en que le informaba a Filemón que ya Onésimo había sido bautizado y que era su obligación moral tratarle como un igual, como un hermano en Cristo (Fil.)

Dados estos datos, tenemos lo suficiente para comprender el rechazo de Pablo a las actividades homosexuales.
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Maldición a las actividades homosexuales

Pablo no era amable en lo absoluto para los que sostenían actividades homosexuales de diverso tipo. Mientras leamos los siguientes pasajes, tengamos en mente que Pablo era judío y, como tal, odiaba las costumbres paganas y detestaba todo tipo de actividad homosexual (herencia del pasado de la Torah). Recordemos también que él estaba basandose en la Septuaginta cuya versión de Levítico decía lo siguiente en griego:

No yacerás con varón {ársen} como se yace en la cama {koíten} con una mujer (Lev. 18:22).

Si un hombre yace con varón {ársen} como se yace en la cama {koíten} con una mujer, ambos han cometido una abominación (Lev. 20:13).

Dice Pablo a la congregación corintia, quienes tenían miembros que practicaban rituales paganos en la forma de actividades homosexuales:

¿Se atreve algunos de vosotors, el tener un pleito contra otro, a llevarlo a juicio ante los injustos [i.e. gentiles paganos], y no ante los santos [cristianos]? … Si es que tenéis procesos de la vida cotidiana, ¡sentad como jueces precisamente a los despreciados en la congregación! Para vuestra vergüenza os lo digo … ¿Es que no sabéis que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No os engañéis: ni inmorales, ni idólatras, ni adúlteros, ni los malakoí, ni los arsenokoĩtai, ni ladrones, ni avaros, ni borrachos, ni difamadores, ni usurpadores heredarán el REino de Dios (1 Cor. 6:1,4-5a,9-19).

Pablo abunda más sobre este tema en Romanos:

Se revela en efecto, la ira de Dios desde el cielo sobre toda impiedad e injusticia de los hombres que tienen oprimida la verdad por la injusticia. Porque lo que puede conocer de Dios está patente a ellos, ya que Dios mismo se lo ha manifestado. Pues desde la creación del mundo la mente puede descubrir en las obras creadas lo invisible de Dios, esto es su poder eterno y su ser divino. De este modo, no tienen ninguna excusa. Porque, conociendo a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias como a Dios, sino que se envanecieron en sus disquisiciones y se entenebreció su insensato corazón: proclamándose sabios, se convirtieron en necios, y sustituyeron la gloria de Dios incorruptible por imágenes con figura de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

Por eso, Dios los entregó a la impureza, por las apetencias de sus corazones, para envilecer sus propios cuerpos, en cuanto que sustituyeron la verdad de Dios por la mentira y veneraron y adoraron a la criatura en lugar del creador, que es bendito por siempre. Amén. Dios los entregó a pasiones envilecedoreas:  Pues, sus mujeres cambiaron la relación sexual natural por la antinatural, y de igual modo, también los varones, abandonando la relación natural con la mujer, ardieron de ansia los unos por los otros, cometiendo actos desvergonzados varones con varones. Y así recibieron en sí mismos el pago que merecía su aberración.

Y como no se dignaron reconocer a Dios, el mismo Dios los entregó a una mente indigna, para practicar lo indecente: repletos de todo tipo de injusticia, de perversidad, de avaricia, de maldad, llenos de envidia, de asesinatos, de riñas, de fraudes, de malicia, detractores, calumniadores, blasfemos, opresores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a los padres, irracionales, no fiables, sin corazón, despiadados. Esos, conociendo el decreto de Dios que declara merecedores de la muerte a los que realizan tales cosas no solo las hacen, sino que incluso dan su aprobación a los que las realizan (Rom. 1:18-32).

Hay bastante qué comentar sobre estos pasajes. En primer lugar, todavía hay debate en la comunidad exégeta del Nuevo Testamento en cuanto a lo que significan los términos “malakoí” y “arsenokoĩtai“. El último probablemente sucede como una especie de neologismo a partir del pasaje griego de Levítico que ya vimos. “Ársen” significa varón, “koítes” significa camas. “Arsenokoĩtai” significa literalmente “varón camas”.

El erudito E. P. Sanders es de la opinión de que en la época de Pablo todavía persistían prácticas homoeróticas desde el punto de vista de desigualdad social. El pasaje de Levítico habla de los que “actúan en la cama” con otro varón como si este último fuera una mujer. Por ende, puede ser que el neologismo paulino o judeohelenístico “arsenokoĩtai” se refiriera en realidad a personas que actuaban como o hacían cosas semejantes al erastes griego. Muchos han traducido malakoí como “afeminados”, pero este término puede ser engañoso si evoca al concepto actual de “afeminado”. En realidad se puede referir a las personas que asumían un rol como el de o semejante al de erómenos, que hacían las veces de “mujer” para un erastes antes de los 18 años.  Por lo tanto, Pablo estaba condenando tanto a los varones que en la actividad homosexual penetran como a los que reciben la penetración.

Nótese que esta es una posición de desigualdad y, en la mente de Pablo, de injusticia. La desigualdad para él es inaceptable en una congregación cristiana. Sin embargo, debemos atemperar lo que significa el término “justicia” en su tiempo. Como dijimos en nuestro artículo sobre la homosexualidad y la Biblia Hebrea, la aspiración a la justicia es más o menos clara en el tiempo de los profetas: se rechaza la opulencia, la opresión al pobre, la opresión a la viuda, etc. Sin embargo, en la epoca de Isaías y la de Ezequiel no existía la Torah como la conocemos hoy. Para un judío como Pablo, la parte moral de la Torah es medida de justicia. Para el judaísmo de esa época, todo aquel que no cumpliera con la Torah era injusto. En la teología paulina, esto se modifica solamente  para que a los gentiles se designaran como justos en la medida que cumplieran el lado moral de la Torah, sin necesidad de cumplir con la circuncisión, el kosher y la observancia del Sábado.

Por otro lado, Pablo creció en un ámbito helenístico que influenció su pensamiento y su visión de mundo. En aquel mundo de la diáspora, se adoptaron perspectivas vulgares del platonismo y el estoicismo. Vemos en sus escritos apelación a la naturaleza según el orden divino y la oposición entre carne y espíritu. Pablo no era exactamente fanático de la filosofía. Si leen los pasajes con cuidado, denunciaba a unos “sabios” (los filósofos) que los describía como “necios” (desde la perspectiva cristiana primitiva). Sin embargo, en el mundo helenístico, residuos vulgares de las filosofía platónica y estoicista permeaban aquel medio ambiente. Sin querer, él adoptó algunas perspectivas vulgares de esta “filosofía de gente” del ámbito helenístico. Los paganos se dejaban guiar por las pasiones de la carne, mientras que los judíos y los gentiles eran movidos por el Espíritu de Dios.

Pablo utilizó el concepto estoicista vulgar de “naturaleza” como argumento del orden divino. Decía él que los gentiles no crecen conociendo la Ley (la Torah), pero Dios les había puesto las disposiciones morales de la Ley en sus corazones (esto recuerda a la teoría platónica de las ideas innatas). Simultáneamente, todo ser humano que abriera su mente, se percataría del orden natural de las cosas y se daría cuenta de la existencia de la Divinidad (argumento parecido al estoicismo). Desde esta perspectiva, todas las acciones de los gentiles paganos (es decir, de los gentiles que no profesan el judaísmo ni el cristianismo), que fueran contrarias a la parte moral de la Torah y a su verdad revelada eran injustos. De ahí la “impureza” de los gentiles paganos (noten el lenguaje distintivo del judaísmo). Los paganos no quisieron darse cuenta de lo que es “evidente ante sus ojos”, se dejaron guiar por las pasiones de la carne, adoraron a otros dioses y, por ello, estaban llenos de pecado.

Entre esas acciones impuras se encuentra precisamente el actuar contra la naturaleza establecida por Dios: las mujeres rechazaron su naturaleza para llevar a cabo actos antinaturales con otras mujeres y, muy especialmente, los varones con otros varones. Por eso, para Pablo, ninguno de los malakoí ni de los arsenokoĩtai ni de las que llevan a cabo actos lésbicos vería el Reino de Dios. Para él, todas estas personas eran injustas.
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Reflexiones

Pablo predica en Damasco

Pablo predica en Damasco (siglo XII). Mosaico en la Escuela Bizantina en Sicilia, Italia

Pablo era un hombre de su tiempo representativo del judeohelenismo del primer siglo, pero influenciado por una nueva secta cristiana. A partir de unas apariciones de Jesús, pensaba que era su deber difundir el cristianismo y convertir gentes de otras naciones para Jesús antes de la llegada triunfante del Mesías para el establecimiento del Reino de Dios. Por un lado, quería contribuir a la vivencia carismática del Reino en las congregaciones cristianas que fundaba. Sin embargo, vivía en la gentilidad, donde la inmensa mayoría de sus habitantes desconocían las disposiciones judías.

Pablo no era un hombre del siglo XXI. No era sociólogo, sicólogo evolucionista, científico cognitivo, filósofo ni antropólogo. Tampoco tenía acceso a todos los conocimientos esenciales para comprender las diferencias culturales y, especialmente, religiosas entre judíos y gentiles. No podemos culpar a Pablo enteramente por haber escrito en contra de actividades homosexuales. Es un hijo de su tiempo.

Sin embargo, hoy día hemos avanzado en la filosofía y lo fácil que es identificar la falacia naturalista. Sabemos también que los asuntos éticos en torno a la sexualidad son mucho más complejos que las soluciones formuladas por la Biblia Hebrea y el Nuevo Testamento cristiano. En gran parte, esto es gracias a la información provista por las ciencias. Hoy sabemos que los seres humanos evolucionamos como resultado de un proceso evolutivo que nos hermana con todos los demás seres vivientes genética, relacional y materialmente. Es más, sabemos que la homosexualidad es un fenómeno tan natural que los científicos tienen constancia del comportamiento homosexual detectado en cerca de 1,500 especies. La homosexualidad humana forma parte del mundo natural.

Aun así, muchos insisten en sostener y aplicar las teologías y visiones de mundo de Pablo, un personaje del siglo I, a una realidad social del siglo XXI. ¿Cuál de los padres puertorriqueños estaría de acuerdo a que su hijo fuera atendido por un dentista del siglo I? Si no estarían dispuesto a hacerlo, entonces ¿por qué ignorar el conocimiento más certero de las ciencias y atendemos los consejos de alguien que evidentemente conocía mucho menos del mundo que nosotros?

¿Y qué hay de la responsabilidad ética de los cristianos que, contrario a Pablo, no tienen excusas para conocer el mundo más certeramente vía la razón y las ciencias?
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Bibliografía

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—. Forgery and CounterforgeryThe Use of Literary Deceit in Early Christian Polemics. Oxford: Oxford University Press, 2013.

Friedman, Richard Elliott. Who Wrote the Bible? US: HarperOne, 1997.

Meeks, Wayne A. Los primeros cristianos urbanos. Salamanca: Ediciones Sígueme, 2012.

Piñero, Antonio. Guía para entender a Pablo de Tarso: Una interpretación del pensamiento paulino. Madrid: Trotta, 2015.

Sanders, E. P. Paul: The Apostle’s Life, Letters, and Thought. Minneapolis: Fortress Press, 2016.

Vidal, Senén. Las cartas auténticas de Pablo. Bilbao: Mensajero, 2012.

—. Nuevo Testamento. Santander: Sal Terrae, 2015.