¿Los orígenes impíos de la Biblia?

Biblia abierta

Biblia abierta. Fotografía cortesía de Petr Kratochvil.

David Sloan Wilson, ateo como muchos otros, ha expresado reparos en torno a ciertas figuras del ateísmo militante cuando, dentro de su activismo, se alían a ciertas ideas y narrativas que son convenientes desde un punto de vista ideológico a expensas de la realidad. En tales casos, el ateísmo se vuelve en lo que llamó una “religión disimulada” (stealth religion). Como toda religión, es funcional en cuanto a que logra agrupar a unas personas de ideales y sentimientos afines para moverlos a actuar de alguna manera ventajosa. Sin embargo, tienen como subproducto el adoptar una visión que se escapa de la realidad.

En cuanto al humanismo, ateísmo y agnosticismo militante, no he visto un mejor ejemplo de lo anterior que el de la Biblia.  Los agnósticos y ateos suelen ganar argumentos contra los religiosos en lo que concierne a la irracionalidad de muchos pasajes bíblicos, su carencia de apego a la historia, su cosmovisión totalmente distorsionada, la inmoralidad de Yahveh y sus profetas, los errores del mismo Jesús y sus discípulos, entre otros asuntos relatados en ese texto sagrado.  Sin embargo, cuando se trata de aspectos importantes de la erudición bíblica y de la historiografía del cristianismo primitivo, muchos no creyentes caen en pura ideología a veces incorporando las perspectivas más marginales (fringe) de esas disciplinas.

El asunto es más grave todavía si se incluyen elementos que ningún historiador o erudito con dos ojos de frente defendería en serio públicamente.  Este es el caso del artículo “The Bible’s Ungodly Origins” (Los orígenes impíos de la Biblia) publicado primero en el World Union of Deists y reproducido en el portal de Church and State. Aquí vamos a presentar un contraste histórico con el contenido de ese escrito.

Típicos malentendidos en torno al Emperador Constantino

Estatua de Constantino

Pedazo de la Estatua de Constantino. Dicha estatua se forjó presentando a Constantino como el dios Sol Invictus. Foto cortesía de Jean-Christophe Benoist. CC-BY-SA 2.5.

El artículo muestra una de las tendencias generalizadas a nivel popular en este tipo de discusiones: la idea de que Constantino era cristiano y que oficializó el cristianismo en el Imperio. Lo segundo es falso por razones que diremos más adelante. En cuanto a lo primero, este se ha convertido en un asunto contencioso entre los eruditos y su consenso es que Constantino probablemente mezcló sus convicciones en torno a la deidad Sol Invictus con ciertos aspectos del cristianismo (Tollinchi 425). Aun así, esto no es del todo claro.  El sector más conservador de los expertos en cuanto a este tema argumenta que hubo una trancisión (no del todo teológicamente sofisticada) de esa religión pagana al cristianismo (Olson y Miesel 138-139). El sector más escéptico de su supuesta conversión a esta religión en esta etapa temprana de su imperium argumenta que la naturaleza sincrética del culto a Sol Invictus era favorable para que el emperador reconceptuara al dios cristiano como una manifestación de Sol Invictus, por lo que este gobernante se consideraba favorecido por este dios (Kee 20-22).

El asunto en cuestión es difícil en el debate entre historiadores por las siguientes razones:

  • Aun en la obra de Eusebio (Historia eclesiástica y Vida de Constantino), los historiadores han mostrado una notoria falta de referencia a Cristo en sus documentos y en sus discursos. De hecho, en la Vida de Constantino, solo hay dos claras referencias a Cristo en los discursos de Constantino: uno en que apelaba a la unión entre los cristianos  como conclusión del Concilio de Nicea y el otro cuando se bautizó al final de su vida, acontecimiento que algunos historiadores han puesto en duda (Castillo).  En todos los demás casos habla en términos mucho más ambiguos de “Dios”, “Señor” y de la “Iglesia de Dios” (III:18; IV:62).
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  • Constantino nunca estableció el cristianismo como la religión oficial del Imperio, sino que lo legalizó, al igual que otras religiones mediante el Edicto de Milán.  Fue con el Emperador Teodosio Magno, con su Edicto de Tesalónica de 380 d.C., que el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano.
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  • La mayoría de los hallazgos arqueológicos apuntan a la devoción constantiniana a Sol Invictus: Eusebio de Cesarea atribuye el triunfo de Constantino en la Batalla del Puente Milvio a su devoción cristiana, pero en su Arco de Triunfo no hay vestigio alguno de ello; al contrario hay referencias claras a Sol Invictus.
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    Sol Invictus en el Arco de Constantino

    Sol Invictus en el Arco de Constantino. (Foto cortesía de MM en Wikimedia Commons. CC-BY-SA 3.0).

    También hay referencias claras en otros artefactos tales como monedas alusivas al dios Sol (y a otras deidades paganas), su estatua (como Sol Invictus) y legislaciones (contrario a lo afirmado por Eusebio de Cesarea, en el Código Teodosiano aparece la legislación constantiniana en torno al domingo como día de fiesta en honor al dios Sol; Imperatori Theodosiani Codex 2.8.1).

    Moneda de Constantino

    Moneda acuñada en la época de Constantino. En el reverso aparece Sol Invictus y dice: SOLI INVICTO COMITI (Sol Invicto, mi ministro). Foto cortesía del Classical Numismatic Group, CC-BY-SA 3.0 Unported.

    La única instancia en que aparecería un símbolo cristiano (el chi-rho: ☧) es esta moneda.

    Moneda de Constantino

    Moneda de Constantino acuñada en el 337 d.C. que celebra su triunfo sobre Licinio (Ramskold 19). Ahí aparece el lábaro con el símbolo chi-rho ☧. Palabras al reverso SPES PVBLICA (“esperanza del pueblo”), CONS (acuñado en Constantinopla) (Foto cortesía del Classical Numismatic Group, CC-BY-SA 3.0 Unported).

    Aun así se despiertan interrogantes.  Comencemos indicando que en la primera ocasión en que aparece el chi-rho en las monedas ocurre en un contexto claramente pagano, en las que el rey Ptolomeo III acuñaba la cabeza del dios Zeus-Amón (Amón-Ra era un dios solar egipcio en esta época) y en su reverso el águila con el chi-rho.
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    En segundo lugar, esto aparece brevemente antes de la muerte del emperador, cuando historiadores sospechan que se convirtió al cristianismo y se dejó bautizar.
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    En tercer lugar, esta moneda en particular es tan extremadamente rara, que ya han aparecido especialistas cuestionando ciertas monedas SPES PVBLIC que se han comprado en el mercado actual y que parecen haber sido falsificadas.
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    En cuarto lugar, aun con todo, el símbolo chi-rho no es claramente cristiano en la época constantiniana. Eso se debe a que a pesar del testimonio de Eusebio (que no es fiable) y el del historiador cristiano Lactancio (que relata un sueño del emperador en que vio el chi-rho), el emperador mismo mantuvo explícitamente y en público que vio una aparición de Sol Invictus junto a la diosa Victoria (esto se relata en una parte del documento conocido como el Panegyrici Latini; la parte que lo relata se escribió para el 310 d.C. Ver el texto en latín; leer traducción de J. G. Sang). Esta última deidad le entregó un par de coronas que significaban larga vida. Este relato parece corresponder a una medalla constantiniana acuñada para el 320 d.C. (después de su supuesta conversión en el 312 d.C.) en que Sol Invictus le corona (Angelova 117, 120-121). Esta interpretación lo confirma la Gemma Constantiniana del 315 d.C. en que aparece Victoria en gesto de coronar a Constantino.
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    Hoy día algunos historiadores piensan que tanto Lactancio como Eusebio basaron sus versiones cristianas en esta visión pagana. Lactancio describe cómo en sueños Constantino vio el chi-rho como un “signo celeste” (XLIV). Eusebio en particular utilizaba el lenguaje solar para describir el chi-rho y el lábaro. (I:28-36; Bardill 170). A la luz de esto, es posible que el chi-rho originalmente pudiera haber sido un símbolo solar y que indicaba su relación particular con el dios Sol (Kee 20-22, 117-118, 141-152). Puede ser también que el cristianismo se apropiara de este símbolo por que la “P” y la “X” juntas pueden interpretarse como un monograma con las dos primeras letras de Cristo en griego. Aun así, se sabe que en el siglo IV los cristianos representaron en un momento dado a Cristo como el dios sol, tal como lo muestra un mosaico en la tumba de los Julios. De hecho, en vida de Constantino, aparece una moneda tesalonicense con una representación solar curiosamente semejante al chi-rho (319 d.C.) (Bardill 171-172). Por ahora, el consenso entre los expertos en torno a este monograma parece ser que su presencia en medallas y monedas es un signo de victoria (especialmente tras vencer a Licinio), pero su supuesto significado cristiano en la época del emperador es discutible (Bruun; Ramskold 20-21).
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  • Constantino sí intervino en la vida cristiana, especialmente convocando los concilios (e.g. Concilio de Arlés y el Primer Concilio de Nicea). Excepto por el hecho de que por primera vez el poder imperial irrumpe de esa manera en la esfera del cristianismo, es menester indicar que esto no era nada nuevo en el Imperio. Desde la época de Octavio Augusto César, al emperador se le consideraba pontífice máximo, la suma autoridad religiosa del imperio. De hecho, lo único que hacía como emperador era favorecer al sector cristiano que fue leal a él (al que llamaba “Iglesia de Dios”).  Por ejemplo, en el norte de África, fue partidario de la “Iglesia de Dios” contra los donatistas, ya que este último sector cristiano era antiimperial.

Todo lo indicado arriba es que lo más que tenía Constantino en su mente era la unificación de su imperio, NO la doctrina cristiana. Si quieren muestra, tomen por ejemplo cuando explotaron los conflictos entre los cristianos por la llamada “herejía de Arrio”. Debido a que el llamado “debate” amenazaba con resquebrajar su imperio, envió una carta a Arrio y a Alejandro (el obispo de Alejandría) en el que describía la disputa en torno a la naturaleza de Cristo en los siguientes términos: “… es irrelevante … los fomenta la charlatanería de un ocio baldío … dogmas en demasía abstrusos … locuacidad incontinente … cosas nimias e ínfimas … mezquinas y hueras disputas verbalísticas … algo que rezuma vulgaridad, y en vez de acordar con la sensatez de sacerdotes y hombres prudentes, armoniza más con las tonterías propias de chiquillos …” etc. (Vida de Constantino, II:63-72).

¿Fue Constantino el que forjó la Biblia?

La respuesta corta a esa pregunta es: No. Contrario a nociones simplistas de ambos lados del seudodebate (el creyente y el no creyente), el Nuevo Testamento se compiló mediante todo un proceso altamente complejo.

Este proceso comenzó en el año 50 d.C. con la carta de Pablo de Tarso a los tesalonicenses (1 Tesalonicenses). Él escribió de 10 a 14 cartas distintas que sobreviven todavía en nuestras Biblias. Durante la década del 60 d.C. después de la muerte de Pablo, alguien (no se sabe quién) tomó sus epístolas, las alteró para que sumaran siete cartas (siete es número sagrado) y comenzó a circularlas en el Mediterráneo (probablemente con Éfeso y Roma como epicentros). Así que ya para mediados de la década del 60 d.C., tenemos las siete cartas paulinas circulando: Romanos, Gálatas, 1 Tesalonicenses, Filipenses, 1 y 2 Corintios y Filemón. Debido a que se basan en los escritos genuinos paulinos, frecuentemente los eruditos se refieren a ellas como las “auténticas”.

Simultáneamente, probablemente se forjaron  distintas tradiciones en torno a Jesús mezcladas con relatos y enseñanzas de origen judeohelenista que se comenzaron a concretar durante el último tercio del siglo I con los cuatro evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Por cierto, cada uno de estos libros tuvo sus correspondientes procesos de compilación y edición por parte de sus autores o editores.  Quien haya escrito el Evangelio de Lucas probablemente publicó también dos ediciones de los Hechos de los Apóstoles (tal vez una de las ediciones data su autoría del 110 d.C.)

Durante toda esa evolución de los escritos, el conjunto de epístolas paulinas fue creciendo en la medida que se añadieron otras cartas: 2 Tesalonicenses, Colosenses y Efesios (las cartas deuteropaulinas).  No solo eso, sino que aparte de ese conjunto, un autor desconocido que escribió a nombre de Pablo, publicó las llamadas “cartas pastorales”:  Tito y 1-2 Timoteo (tritopaulinas).  También es menester mencionar que después del 70, tal vez como resultado de la persecución de Nerón y la destrucción de Jerusalén, un autor cristiano desconocido escribió una homilía de consuelo que hoy se conoce como la Carta a los Hebreos, erróneamente atribuida a Pablo.

Otros cristianos, mayoría judeohelenista durante el periodo del 80 al 110 d.C. escribieron las llamadas “cartas universales”: Santiago, 1 y 2 Pedro, 1, 2, y 3 Juan y Judas.  Por último, al final del siglo I, se publicó el Apocalipsis de Juan.

Podemos constatar que los cristianos empezaron a utilizar algunos de estos escritos como parte de sus liturgias o como autoridades. Eso se puede ver ya claramente desde principios del siglo II en adelante en varios escritos. También empezaron a circular otros tipos de literatura cuya autoridad se disputaba en la época, mayormente falsificaciones atribuidas a varios apóstoles o figuras vinculadas a Jesús (en una ocasión a Jesús mismo): el Evangelio de Tomás, la Carta de Bernabé, 1 Clemente, el Protoevangelio de Santiago, el Pastor de Hermas, el Apocalipsis de Pedro, las Seudoepístolas clementinas, etc.  Sin embargo, no fue la Iglesia “ortodoxa” (por ponerle un nombre) la que estableció el primer canon, sino más bien un pensador heterodoxo llamado Marción de Sinope (85 – 160 d.C.). Él utilizó las cartas paulinas que se estaban circulando en el Mediterráneo (las diez cartas: siete auténticas y las tres deuteropaulinas), las alteró y las juntó con una versión alterada del Evangelio de Lucas. Este canon data aproximadamente de la cuarta década del siglo II.

Canon Muratori

La última página del Canon Muratori según publicada por Samuel Prideaux Tragelles (1868).

Más adelante encontramos el llamado Canon Muratori, manuscrito encontrado por L. A. Muratori y que data del siglo VIII d.C., pero que expertos datan su contenido al siglo II o III (mucho antes de Constantino). Allí aparecen los cuatro evangelios que conocemos, Hechos de los Apóstoles, están ya 13 epístolas atribuidas a Pablo (las 7 auténticas, las 3 seudopaulinas y las pastorales), además de Santiago, 1 y 2 Juan, Apocalipsis de Juan, el Pastor de Hermas, Sabiduría de Salomón y el Apocalipsis de Pedro. Esto es consistente con las aserciones de Ireneo de Lyon que fijaba la autoridad de los evangelios en los cuatro conocidos.

Finalmente, llegamos a la famosa compilación hecha bajo la época de Constantino. Contrario a lo alegado por el autor del artículo “The Bible’s Ungodly Origins”, el Concilio de Nicea no tuvo rol alguno en todo este proceso. Ni tan siquiera se discutió remotamente el asunto de la canonicidad. Nos reiteramos en que a Constantino no le importaba la doctrina cristiana, sino más bien su alianza política con el cristianismo. Ante las divisiones políticas de los cristianos debido a asuntos doctrinales, Constantino quiso remediar la situación mediante dos recursos:  su poder de sumo pontífice para convocar el Concilio de Nicea (325 d.C.) para que arreglaran su asunto doctrinal (él era indiferente ante un lado de la discusión o el otro); y en el 332 d.C., quiso delegar en Eusebio de Cesarea la compilación de aquellos libros que fueran comunes para los cristianos.  Nótese que dicha colección no era el Nuevo Testamento que nosotros tenemos hoy.  Por ejemplo, allí se incluían los cuatro evangelios, Hechos de los Apóstoles, el corpus paulinum (incluyendo a Hebreos), 1 Juan, 1 Pedro, la Carta de Bernabé, el Pastor de Hermas y el Apocalipsis de Juan. Parece que fue esta edición la que integró la Carta de Hebreos para que el corpus paulinum sumara 14 (7+7).

Hay que señalar que la necesidad de esta compilación se debió a la plaga de textos (falsificaciones) atribuidos a los apóstoles, sosteniendo posturas totalmente dispares y que eran motivo de división entre los cristianos: el Evangelio de Judas, el Evangelio de la Verdad, el Evangelio Copto de Pedro, el Evangelio de María Magdalena, etc. Por ende, la selección de los libros arriba mencionados tenía la función de ver cuál era el denominador común de las liturgias cristianas del imperio como factor crucial para su armonización.  Sin embargo, Constantino mismo no escogió esos libros. Toda la evidencia indica que Eusebio y compañía fueron los que escogieron aquellos que eran bastante tradicionales en todas las iglesias cristianas del Imperio.

No fue hasta el obispo de Alejandría, Atanasio, que apareció el primer canon del Nuevo Testamento como lo conocemos hoy día (367 d.C.). Más adelante, en Roma se celebró un sínodo adoptando ese mismo canon neotestamentario y los libros de la Septuaginta para las liturgias de iglesias romanas (382 d.C.).  Finalmente los concilios de Hipona (393 d.C.) y Cartago (397 d.C.) siguieron esa misma ruta.

Así que, en todo caso, el rol que jugó Constantino en cuanto al canon neotestamentario fue históricamente uno marginal.

Otros errores …

Ya con lo expuesto arriba, podemos ver claramente que el autor del artículo “The Bible’s Ungodly Origins” está desinformado e históricamente desorientado.  Con esto no quiero decir que ahora todos debemos afirmar que la Biblia es “palabra divina”.  Sin embargo, parece que sus orígenes radican en unos niveles de complejidad más serios (aquí he presentado un “crash course” de la formación del canon; para más detalles, recomiendo el libro de Bruce Metzger, The Canon of the New Testament y el de Antonio Piñero, Guía para entender el Nuevo Testamento).  Sin embargo, hay otros errores adicionales en el artículo que criticamos:

  • El texto hace referencia a John Dominic Crossan, erudito distinguido miembro del Jesus Seminar. Sí es cierto que de acuerdo con él, Constantino quería crear una compilación neotestamentaria para ayudarle a unificar el imperio.  Sin embargo, él jamás estaría de acuerdo con el resto de lo que el artículo alega. La falla del autor de no decir dónde es que termina la opinión de Crossan puede llevar a los lectores a unas serias confusiones.
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  • Menciona la refutación de Brian Show de que el Concilio de Nicea no tuvo nada que ver con el canon neotestamentario.  Sin embargo, el autor continúa empecinándose de que Constantino fue el que aprobó el canon, algo que es manifiestamente falso.
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  • Cita a H. G. Wells en torno al Concilio de Nicea … y es irrelevante, ya que dicho sínodo cristiano no discutió absolutamente nada en torno al canon.
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  • Cita a Thomas Paine.  Las citas son genuinas, pero irrelevantes al tema en cuestión, ya que Paine ni vivió en la época de Constantino ni tuvo los recursos historiográficos en torno al emperador o al canon que tenemos hoy día. Solo se utiliza con propósitos retóricos para afirmar el deísmo. No tenemos nada en contra del deísmo per se, pero no tiene nada que ver con el mal uso de información presumiblemente histórica.

Una vez más, lo peor que pueden hacer ciertos no creyentes para intentar refutar las religiones en general (en particular el cristianismo) es crear toda una red de creencias falsas con escasos fundamentos históricos.  Los no creyentes también estamos sujetos a parcialidad y prejuicios personales, por lo que siempre tenemos que guiarnos por las mejores investigaciones disponibles hoy día.

 

Referencias

Angelova, Diliana N. Sacred Founders: Women, Men, and Gods in the Discourse of Imperial Founding, Rome through Early Byzantium. U California P, 2015.

Brown, Raymond. Introducción al Nuevo Testamento. 2 vols, Trotta, 2002.

Bardill, Jonathan. Constantine, Divine Emperor of the Christian Golden Age. Cambridge UP, 2011.

Bruce, F. F. The Canon of Scripture. InterVarsity, 1988.

Bruun, Patrick. “The Christian Signs on the Coins of Constantine.” Arctos, ser. 2, vol. 3, 1962, pp. 5-35.

Castillo, Pepa.  Año 312. Constantino: emperador, no cristiano. E del Laberinto, 2010.

Conzelmann, Hans. Hermeneia: Acts of the Apostles. Fortress, 1988.

Ehrman, Bart D. Forgery and Counterforgery. The Use of Literary Deceit in Early Christian Polemics.  Oxford UP, 2013.

Epp, Eldon Jay. The Theological Tendency of Codex Bezae Cantabrigiensis in Acts. Wipf & Stock, 1966.

Eusebio de Cesarea. Historia eclesiástica. Texto bilingüe, traducido por Argimiro Velasco-Delgado, Biblioteca de Autores Cristianos, 2008.

—. Vida de Constantino. Traducido por Martín Gurruchaga, Gredos, 1994.

Evans, Craig A. y Emanuel Tov, editores. Exploring the Origins of the Bible: Canon Formation in Historical, Literary, and Theological Perspective. Baker Academic, 2008.

Gamble, Harry Y. Books and Readers in the Early Church: A History of Early Christian Texts Yale UP, 1997.

Kee, Alistair. Constantine versus Christ. SCM P, 1982.

Lactancio. Sobre la muerte de los perseguidores. Traducido por Ramón Teja, Gredos, 1982.

Metzger, Bruce M. The Canon of the New Testament: Origins, Development, and Significance. Clarendon, 1997.

Olson, Carl E. y Sandra Miesel. The Da Vinci Hoax, Exposing the Errors in The Da Vinci Code. Ignatius, 2004.

Piñero, Antonio. Guía para entender el Nuevo Testamento. Trotta, 2011.

Piñero, Antonio y Jesús Peláez. El Nuevo Testamento: Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos. El Almendro / Fundación Epsilon, 1995.

Ramskold, Lars. “Highly Deceptive Forgeries of Constantine’s SPES PVBLIC Coinage.” The Celator, dic. de 2009, pp. 18-32.

Ruiz Bueno, Daniel. Padres apostólicos. Biblioteca de Autores Cristianos, 1993.

Tollinchi, Esteban. La metamorfosis de Roma. E de la U de Puerto Rico, 1998.

Vidal, Senén. Las cartas auténticas de Pablo. Mensajero, 2012.

Zuntz, Günter. The Text of the Epistles: A Disquisition Upon the Corpus Paulinum. Wipf & Stock, 2007.

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 6

La serie, partes 1, 2, 34 y 5

La noche de Gólgota -- por Vasily Petrovich Vereshchagin (1869)

La noche de Gólgota — por Vasily Petrovich Vereshchagin (1869)

La tradición más antigua de sepultura y resurrección

Uno de los elementos que hacen más valiosas las cartas auténticas paulinas es que Pablo frecuentemente nos cita las tradiciones más antiguas con las que contamos en torno al tema de la muerte y resurrección de Jesús.

En primer lugar os transmití lo que por mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas {Pedro} y luego a los Doce; que después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los que todavía la mayor parte viven, aunque otros ya murieron. Luego se apareció a Jacobo {el hermano de Jesús}; más tarde, a todos los apóstoles (1 Cor. 15:3-7).

¿Cómo sabemos que esto proviene de una tradición ajena a la de Pablo? Si tomamos los versos del 3b al 5, obtenemos una estructura inconfundible tradicional que contrasta la muerte y sepultura con la resurrección y su aparición a Pedro. Compárese los versos (a), (b) (c) y (d) de la primera estrofa con los correspondientes de la segunda:

1(a) Cristo murió
1(b) por nuestros pecados
1(c) según las Escrituras
1(d) que fue sepultado

2(a) que {Cristo} resucitó
2(b) al tercer día
2(c) según las Escrituras
2(d) que se le apareció a Cefas

Todos los relatos que vemos en torno a su sepultura y tumba vacía en los evangelios son relatos posteriores a esta tradición. Algunos disputan la historicidad de este contenido. Otros afirman que es perfectamente consistente con el primero de nuestros evangelios (el de Marcos) muy a pesar de que los recuentos evangélicos se contradigan entre sí. ¿Acaso Jesús no se les apareció a las mujeres primero? O, como afirmaría Ehrman en su obra How Christ Became God, tal vez la carencia de mención de José de Arimatea como contraste literario al nombre de Cefas es señal que no hubo un tal personaje y que, en definitiva, a lo mejor Jesús no fue sepultado.

Veamos este asunto más a fondo.

La sepultura

Es verosímil que la crucifixión haya tomado lugar antes de la Pascua, incluso el día antes (en relación con esto, el Evangelio de Juan —como diríamos los puertorriqueños— “la pegó”, aunque por razones puramente teológicas). Recordemos que la cronología evangélica es inverosímil y que todo este proceso de juicio a Jesús hasta que llegó a manos de Poncio Pilatos pudo haber tomado días, pero ciertamente no de un día para otro. Sin embargo, puede ser posible que Pilatos atendiera su caso dos días antes o el día antes de la Pascua. En primer lugar, el juicio romano se dio en Jerusalén, no en Cesarea Maritima en las costas de Samaría, la sede de su autoridad. Como hemos dicho en otros artículos, la presencia romana en la Ciudad de David incrementaba debido a los exabruptos nacionalistas que solían ocurrir de vez en cuando durante esa temporada. Nadie como Pilatos para garantizar el orden.

Jesús fue condenado a la crucifixión y murió ese mismo día después de haber pasado (posiblemente) algunos días de prisión y maltrato por parte de los soldados. Después de un desangrado considerable y del espantoso dolor que debió haber pasado en la Cruz, podía ser que para velar por el día de Pascua (recuerden que para los judíos de esa época, “el día siguiente” comenzaba a las 6:00 de la tarde, no a la medianoche) el Sanedrín solicitara que se descolgara a los muertos en la cruz, ya que no debían estar expuestos en esa noche de fiesta.

En cuanto a este punto, hay un debate muy interesante entre eruditos del Nuevo Testamento. John Dominic Crossan y Bart D. Ehrman (este último de manera más cualificada) piensan que los romanos no hicieron excepción alguna en cuanto a la crucifixión y que probablemente dejaron los cuerpos a la interperie para que fueran depredados por animales. La razón de ello es que fuera de unos casos constatados por Filón de Alejandría y Josefo, no habría motivo alguno para que los romanos respetaran las formalidades culturales locales. La idea de que Pilatos ayudara a guardar las formalidades de la Pascua sería bien improbable. Ya hemos visto cómo solía tratar a la población en caso que se resistiera por razón alguna. A él le importaba muy poco este asunto. La crucifixión tenía la intención de humillar a los rebeldes, ¿qué razón tendría Pilatos para permitir que se les descolgara de la cruz en la temporada más nacionalista de Jerusalén?

Del otro lado de la discusión, se encuentra prácticamente el consenso de los historiadores y exégetas del Nuevo Testamento. ¿Por qué discuto a Crossan y Ehrman? Porque el peso de sus argumentos en este caso es importante. Sin embargo, en el otro lado, aunque predominen algunos estudiosos conservadores y confesionales, esto no significa en absoluto que todos ellos tengan un cociente de inteligencia bajo (y si creen que sí, les invito cordialmente a estudiar hebreo, arameo, griego koiné y copto, mas paleografía, historiografía antigua, filología, filosofía antigua, escritos apócrifos, etc. …  se pasarán toda una vida estudiando …  como ellos lo han pasado). Al contrario, son brillantes eruditos y a ellos le debemos gran parte de lo que discutimos en artículos previos. ¿Qué tienen que decir ellos al respecto?

En primer lugar, debemos comprender la relación entre Roma y Judea para entender cómo Pilatos tenía que relacionarse con los judíos. Judea es para todos los efectos una de las provincias de las excepciones. Contrario a lo que nos indican las películas de Jesucristo, los romanos no estaban paseando todo el tiempo por Jerusalén en grandes números para intimidar al público todos los días. Su presencia incrementaba para el periodo de Pascua, pero el resto del tiempo, la guardia estaba bajo la supervisión del Sumo Sacerdote (en este caso, Caifás). Por otro lado, Pilatos gobernaba desde un lugar más pacífico, Cesarea Maritima en las costas de Samaría. Con contadas excepciones, los romanos también solían respetar las tradiciones judías del Templo y de todas partes de sus dominios, siempre y cuando pagaran el tributo debido al Imperio. Este era el acuerdo que habían establecido con los sacerdotes saduceos y, por tal motivo, esta casta era odiada por fariseos, esenios y otros sectores sociales. Pero, ¿por qué Roma no forzaba el estilo de vida romano o actividades típicas de su cultura o, al menos, la tan admirada helenística? En primer lugar, Antíoco Epífanes intentó hacerlo primero y fracasó ante una guerra de guerrillas nacionalista bajo los Macabeos.

En segundo lugar, debemos recurrir de nuevo a lo que nos tiene que decir el historiador Flavio Josefo. ¿Se acuerdan que Pilatos masacró a un número de personas en una multitud por utilizar el Dinero Sagrado para un acueducto?  Pues, antes de eso ocurrió este incidente:

Cuando Pilato fue enviado por Tiberio como procurador {error histórico: fue prefecto} a Judea, llevó de noche a escondidas a Jerusalén las efigies de César, que se conocen por el nombre de estandartes. Este hecho produjo al día siguiente un gran tumulto entre los judíos. Cuando lo vieron los que se encontraban allí, se quedaron atónito porque habían sido profanadas sus leyes, que prohíben la presencia de estatuas en la ciudad. Además, un gran número de gente del campo acudió también allí ante la indignación que esta situación había provocado entre los habitantes de la ciudad. Se dirigieron a Cesarea y pidieron a Pilato que sacara de Jerusalén los estandartes y que observara las leyes tradicionales judías. Pero como Pilato se negó a ello, los judíos se tendieron en el suelo, boca abajo, alrededor de su casa y se quedaron allí sin moverse durante cinco días y sus correspondientes noches.

Al día siguiente Pilato tomó asiento en la tribuna de un gran estadio y convocó al pueblo como si realmente desease darles una respuesta. Entonces hizo a los soldados la señal acordada para que rodearan con sus armas a los judíos. Estos se quedaron estupefactos al ver inesperadamente la tropa romana formada en tres filas a su alrededor. Mientras, Pilato les dijo que les degollaría, si no aceptaban las imágenes de César y dio a los soldados la señal de desenvainar sus espadas. Pero los judíos, como si se hubiesen puesto de acuerdo, se echaron al suelo todos a la vez con el cuello inclinado y dijeron a gritos que estaban dispuestos a morir antes que no cumplir sus leyes. Pilato, que se quedó totalmente maravillado de aquella religiosidad tan desmedida, mandó retirar enseguida los estandartes de Jerusalén (Josefo, La guerra II:169-174).

En otras palabras, había una razón por la que Roma pensaba que era más eficiente respetar las leyes judías y cobrar el Tributo que imponerles costumbres romanas.  Pilatos pensaba que él era el hombre para lograrlo y claramente se equivocó.

No solo eso, la masacre que llevó a cabo en Jerusalén fue un caso excepcional debido a que, contrario a los estandartes, el acueducto pudo haber sido una genuina necesidad con la que no se contaba con los recursos económicos, así que utilizó el recurso disponible en manos de los sacerdotes saduceos. Fuera de este episodio de los estandartes y el de años más tarde la imposición de las estatuas de Calígula, Roma mantenía una política de “manos afuera” en relación con Jerusalén: que el Sumo Sacerdote mantuviera el orden y que se observaran las leyes mosaicas, siempre y cuando ese orden no fuera contrario al dominio romano y al pago tributario. Además, se les solicitaba que ofrecieran sacrificios y oraciones por el bienestar del emperador. Tanto Josefo como Filón de Alejandría nos dejan constancia de que en muchas ocasiones los judíos le solicitaban a Pilatos velar por sus leyes patrias como lo habían hecho muchos reyes y emperadores hasta ese momento.

Craig A. Evans, exégeta protestante bien respetado en su campo, nos informa que la Torah dice bien explícitamente que debían sepultar los cadáveres antes de la puesta de sol (Deuteronomio 21:22-23), algo que recordaba con mucho énfasis la comunidad de Qumrán (11Q19 64:7-13a). Él trae a colación el hecho de que Josefo narraba cómo durante la Guerra Judía, varios judíos bajaban a crucificados para sepultarlos, tal como exigía la Torah. Ehrman no estuvo de acuerdo con su argumento, específicamente por la falta de cualificaciones a las aserciones de Josefo.

Nota personal e inexperta: Los diez argumentos que numera Ehrman rozan un poco con el hiperescepticismo, aunque no son en ellos mismos irrazonables. Aun subrayando mi carencia de expertise en cuanto a este tema y que, tal vez, no tenga suficiente información al respecto, me parece que tampoco hay razones de peso para poner en duda que Pilatos respetaba al menos algunas tradiciones judías. De otra manera, los judíos estarían en perpetua queja ante el Imperio. Aquí está el enlace de su blog en el que responde a este planteamiento de Evans.  (Si no pueden ver todo el artículo, únanse a su blog por un costo módico de $7.95 cada tres meses. El dinero completo se dona a Médicos Sin Fronteras y CARE, entre otras organizaciones sin fines de lucro. A cambio de ello, tienen acceso a las opiniones de uno de los exégetas más respetados de Estados Unidos).  Pueden ver más de sus respuestas a Evans aquí  (tampoco me convence mucho) y aquí (nope).

Sin embargo, el análisis de Evans también falla significativamente en algunos puntos. Por ejemplo, muestra como evidencia el hallazgo de Yeojanan (del que hablamos en nuestro artículo anterior), cuyas piernas fueron quebrantadas por los romanos para que muriera más rápido. Él afirma que probablemente se debió a que no estaba muriéndose “a tiempo” (por así decirlo) y los romanos tomaron medidas al respecto. ¿Por qué razón sería? Lo más probable porque tenían que bajar su cadáver de la cruz antes del atardecer. Una observación muy importante que hace Ehrman es que este condenado pertenecía aparentemente a una élite judía y sus familiares pudieron haber influenciado la decisión del gobernador para enterrarlo. Ese no era el caso de Jesús, quien no era pudiente y cuya familia no se encontraba en Jerusalén, sino en Galilea. ¿Por cuánto tiempo estuvo Yeojanan crucificado? ¿Cuáles crímenes cometió?  No tenemos constancia de ello. Es más, la persona que hizo el análisis de los huesos —Joe Zias— afirma que su quebrantamiento ocurrió después de su muerte.

Finalmente, Evans argumenta que se han encontrado clavos de crucifixión en varios osuarios, lo que indica que se solían sepultar honrosamente a cadáveres de crucificados, en vez de dejarlos a la interperie por mucho tiempo. Sin embargo, como bien señala Ehrman —respaldado por la autoridad de un experto en el tema— estos clavos no se guardaban porque los cadáveres fueran de crucificados, sino porque eran más bien una especie de talismanes: específicamente se pensaba que dichos clavos espantaban a los espíritus malignos. El clavo que ilustra Craig en su artículo es del osuario de Caifás (quien jamás fue crucificado).

Este fascinante debate continúa, sin embargo, en mi —muy inexperta— opinión (y, por favor, tómenla cum granus salis) es que sí se descolgó el cadáver de Jesús después de haber muerto y que fue enterrado por un tal José de Arimatea. En ese aspecto, estoy de acuerdo con la mayoría de los historiadores y exégetas. La razón de ello la explica el erudito James G. McGrath en su libro electrónico (muy didáctico) The Burial of Jesus, donde explica “en arroz y habichuelas” lo que expondremos ahora.

El relato cepa de los demás sinópticos proviene de Marcos y nos dice lo siguiente:

Ya al atardecer, como era la Preparación, es decir: la víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro respetable del Consejo {Sanedrín}, que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. Se extrañó Pilato de que ya estuviese muerto y, llamando al centurión, le preguntó si había muerto hacía tiempo; informado por el centurión, concedió el cuerpo a José. Este compró una sábana y lo descolgó de la cruz; lo envolvió luego en ella y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en una roca. Finalmente hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de Josés se fijaron dónde lo ponían (Marcos 15:42-47)

Otros evangelios hicieron de José un seguidor de Jesús, algo que realmente no está claro en este texto, ya que Jesús no era el único que predecía la “llegada del Reino de Yahveh” sino uno de muchos apocalipticistas de su tiempo. Sobre si José era o no seguidor de Jesús, el texto es admitidamente ambiguo, lo que nos lleva a pensar que a lo sumo era un apocalipticista del Sanedrín que no era seguidor de Jesús. El otro dato que parece ser significativo es que a Pilatos se le dio la información que “hacía tiempo” Jesús había fallecido.

Nótese en cuanto a todo esto, que los discípulos habían huído y no podían solicitar un entierro honorable a Jesús.  Sus familiares parecen haber estado en Galilea en el momento, por lo que tampoco lo solicitaron. Sin embargo, el interés de José de Arimatea parecía ser estrictamente jurídico-religioso (no quería que hubiera un cadáver colgando antes del atardecer, ya que había que cumplir con la normativa de Moisés). Nótese que en ningún momento Marcos nos dice lo que otros evangelios alegaban: que la sábana estaba “limpia” y que el sepulcro era “nuevo” (Mateo 27:60; Juan 19:40-41); o que era acompañado de Nicodemo (Juan 19:39); o que envolvió al cadáver con dulces aromas según la tradición judía de sepultar (Juan 19:40-41).

En otras palabras, sale a relucir de nuevo el criterio de incomodidad o dificultad, de que los evangelistas posteriores han intentado embellecer el relato original sobre José de Arimatea para que parezca que Jesús fue sepultado por un discípulo respetuoso de su Maestro … y no como el miembro de un Sanedrín que buscaba velar por la ley patria que sepultó a Jesús con una sábana (si limpia o no, no sabemos) en un sepulcro común y corriente. Es más, contrario a lo alegado por el Evangelio de Juan, todo indica que se le sepultó sin los debidos rituales judíos de honor; es decir, se le estaba tratando como a un criminal.

¿Cómo sabemos que fue así?  Sencillo, porque según Marcos, Jesús fue preparado para la muerte en vida. Este es el relato de la “unción” en Betania, en la que Jesús decía que ese perfume era para prepararlo para la muerte. ¿Por qué añadiría Marcos este relato inverosímil? Porque sabe que José de Arimatea no le lavó ni le ungió; así que apologéticamente Marcos narraba un “acontecimiento” en el que sí se le ungió para la muerte para una sepultura digna y honrosa donde José nunca se la dio (Marcos 14:3-9). No solo eso, Marcos también incluye el relato de las mujeres que fueron el domingo (el tercer día) para limpiarlo según la normativa judía … ¿y qué sucedió? Lo que ellas jamás se esperaban …

La proclamación de la resurrección

Aparición de Cristo a María Magdalena -- por Alexander Andreyevich Ivanov (1835)

Aparición de Cristo a María Magdalena — por Alexander Andreyevich Ivanov (1835)

¡OK, mis queridos lectores sabiondos!  Ustedes se deben acordar que les di una asignación. Les pregunto otra vez: Contrario a lo que alega la película The Case for Christ, ¿por qué el criterio de testimonio múltiple no aplicaba a los relatos de la resurrección en los evangelios?

Respuesta a la asignación (Spoilers!):

Si han leído los cuatro relatos de la resurrección podrán concluir que en el caso de los sinópticos, los tres son muy parecidos (con pequeñas variantes), lo que sugiere que los tres tienen una fuente común. En este caso, Mateo y Lucas están copiando de la misma fuente: Marcos.  Así que en el caso de los sinópticos, no vale el criterio de testimonio múltiple, ya que el relato cepa cuenta solo como un testimonio. En el caso de Juan, el relato es tan distinto al de los de los sinópticos y tan impregnado de la teología del autor que no es fiable históricamente. Aunque proceda en última instancia de una fuente distinta, ha sido bien alterado para descansar históricamente en ella y contarla para un testimonio múltiple (asunto todavía debatido entre los eruditos). Además, hay elementos que indican que la aparición a María Magdalena está atada a la glorificación corporal de Jesús y al relato sinóptico de la incredulidad de los discípulos a las mujeres.

El más temprano de los evangelios, el de Marcos, nos dice lo siguiente…  y, por favor, manténgase atentos hasta el final:

Pasado el Sábado, María Magdalena, María la de Jacobo y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarlo. Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, fueron al sepulcro. Se decían unas a otras: “¿Quién nos retirará la piedra del sepulcro?” Pero, al alzar la mirada, vieron que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande. Al entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dijo: “No os asustéi; sé que buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Pero ha resucitado, ya no está aquí. Ved el lugar donde lo pusieron. Id, sin embargo, a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea: allí lo veréis, como os dijo.” Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo (Marcos 16:1-8).

¡Punto!  Créanlo o no, ese es el final del Evangelio de Marcos. Todos los exégetas reconocen que los versos que siguen fueron una interpolación posterior, probablemente de algún copista cristiano que deseaba concluir el relato con algo más satisfactorio. Nótese que en este texto, Jesús no se le aparece en lo absoluto a las mujeres. Nos dice, por otro lado, que Jesús se les aparecería a los discípulos en Galilea. Eso coincide completamente con la narrativa más temprana que tenemos sobre la resurrección de Jesús … la de Pablo. ¿Se acuerdan de la cita que mencionamos al principio?  Jesús se le apareció resucitado primero a Pedro y después a los demás.

¿Es histórica esta visita de las mujeres al sepulcro?  Es difícil saberlo, aunque personalmente me inclino a que no. ¿Por qué? Porque de principio a final está demasiado apegado al motif literario del autor. Como afirmamos en varios artículos, Marcos intentaba explicar cómo Jesús nunca se autoproclamó Mesías (al menos en público), además de que resaltaba la incomprensión por parte de los discípulos y otros en torno a sus verdaderas intenciones y su mensaje, de que sus oyentes hacían todo lo contrario a lo solicitado, a veces llegando al punto de su continua irritación (Marcos 1:25,34,41; 3:2,13; 7:6-12,18-20,27,36; 8:11-12,16-21,26,29-30 … etc). El incidente del sepulcro vacío es la culminación de dicha incompresión de los discípulos por el hecho de haber huído, porque fueron las mujeres, no los varones más cercanos al Maestro, las primeras en recibir la noticia … Y para colmo, ellas tampoco entendían lo que pasó porque, con su temor, ni se calmaron ni le dijeron nada a nadie (todo lo opuesto a lo que les solicitaba el hombre).

Además, hay muchas sospechas en torno al relato mismo del sepulcro vacío. En todo caso, Jesús parece haber indicado que después de la resurrección los cuerpos serían como los de los ángeles (Mc. 12:24a,25). Esto se confirma con el hecho de que la doctrina más temprana que tenemos de la resurrección aparece en las cartas de Pablo. Una vez más, comprendiendo la doctrina jesuana desde un marco judeohelenístico, lo sumerge en una teoría muy curiosa de la dualidad carne-espíritu. Para Pablo, la resurrección sería sin lugar a dudas fisica, pero su sustancia cambiaría: dejaría de ser un cuerpo material (carnal) para convertirse en uno espiritual. De hecho, para él, la resurrección de Jesús fue en un cuerpo espiritual, al igual como el del primer hombre antes de pecar contra Yahveh, al igual que el de los ángeles (cuya naturaleza era espiritual, no carnal) (1 Tes. 4:15-18; 1 Cor. 15:42-55).

Podría ser que originalmente para los discípulos, el “cuerpo carnal” de Jesús quedara sepultado, mientras que fue resucitado en uno espiritual. O podría ser que los discípulos sostuvieron que su Maestro se les aparecía con un cuerpo glorificado, totalmente renovado del físico. Todos los evangelios coinciden que él se les apareció con algunas propiedades sobrenaturales (traspasaba paredes, aparecía y desaparecía, nadie le reconocía, etc.)

¿Qué hay de los 500 testigos?

Una de las cosas de la película de The Case for Christ que hizo que mi quijada cayera al suelo es el que el periodista, Lee Strobel, no le pusiera signos de interrogación a esa información y diera el dato por bueno. ¿En serio? ¿No conoce el fenómeno humano, desgraciadamente frecuente, de la exageración?

Sabemos que antes de Pablo, hubo algunos que experimentaron tal visión se consideraron enviados por Jesús para el anuncio del Reino. A estos se les conocieron como “Apóstoles”, del griego “apóstolos” (ἀπόστoλος) que significa “emisario” o “enviado”. Este título no se le confiere solo a los Doce discípulos más cercanos, sino también probablemente a otros como José Bernabé, Andrónico y Junia (Rom. 16:7), entre otros. Ahora bien, ¿500 personas?, ¡muy dudoso! Eso suena al mismo tipo de exageración que vemos en Hechos de los Apóstoles cuando nos dice que en Pentecostés convirtieron los Doce a tres mil personas en Jerusalén (Hechos 2:41).

El Martirio de San Pedro -- por Caravaggio (1601)

El Martirio de San Pedro — por Caravaggio (1601). Este cuadro evoca a la ocasión en que Pedro había solicitado ser crucificado cabeza abajo.

La tradición que vimos al principio afirma que los Doce discípulos experimentaron apariciones de su parte. Sin embargo, hay tradiciones de la incredulidad de algunos (Lucas 24:38-43; Juan 20:24-29; Hechos 1:3). Puede ser que Pedro y otros más hayan tenido visiones de Jesús y el resto respondiera al principio con escepticismo. Lo próximo que podemos saber con relativa seguridad es que dichas visiones tuvieron lugar en Galilea (dato que nos ofrece Marcos) que era donde probablemente huyeron los discípulos una vez fracasado el proyecto jesuano. Sin embargo, su experiencia de la resurrección (fuera por visiones o por alguna otra razón), les motivó para establecer su centro de operaciones en Jerusalén, lugar donde comenzaría la restauración de Israel eventualmente, al mando de Jacobo (el hermano de Jesús), de Pedro y de Juan (Gál. 2:9). ¿Qué ocurrió con los demás? Probablemente Jacobo el hijo de Zebedeo y hermano de Juan murió bajo el gobierno de Herodes Agripa (Hechos 12:1-2). Después de la reunión que se dio en Jerusalén (el llamado “Concilio de Jerusalén”) parece que Juan murió martirizado, según aparece un vaticinium ex-eventu en uno de los evangelios que les anunciaba la manera que habrían de morir (Marcos 10:39).  Sobre el resto no tenemos información fiable alguna excepto, tal vez, el martirio de Pedro (probablemente en Roma) crucificado bajo Nerón (Juan 21:17-19).

Se forjaron congregaciones bajo su supervisión y fuera de ella (como muchas de las que se establecieron en la gentilidad), pero de alguna forma vinculadas a la comunidad jerosolimitana. Más tarde, en el Mediterráneo se fueron forjando distintas cristologías, visiones en torno a la ley patria judía (la Torah), la resurrección, la relación carne y espíritu, el sacrificio vicario del Mesías, el Reino de Dios, etc. La muerte de Jacobo, el hermano de Jesús, bajo las autoridades judías y la destrucción de Jerusalén marcaron el final de esa congregación y solo quedaron algunas pocas fieles a sus raíces judías en la gentilidad, pero el resto gravitó más al pensamiento helenístico, especialmente por obra de las congregaciones paulinas. Así, todo el movimiento apocalíptico de corte nacionalista, radicado en la Torah, en la restauración de las doce tribus de Israel, en un Hijo del Hombre que iba a someter a todos los enemigos paganos a la merced de la gran potencia israelita, pasó gradualmente a uno no apocalíptico, que tenía una comprensión platónica y estoica de la llegada de Jesús y del Reino de Dios y bien antijudía.

¿Cómo ocurrió esto con lujo de detalles? Pues, queridos lectores, ese es un tema para otra ocasión.

Bibliografía

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 5

La serie, partes 1, 2, 3 y 4

¿Quién era Poncio Pilatos?

¿Qué es la verdad? - por Nicolai Ge (1890)

¿Qué es la verdad? – por Nicolai Ge (1890)

Si alguien me preguntara cuánto tardó el interrogatorio del prefecto romano, Poncio Pilatos a Jesús, les podría decir que no más de cinco minutos. El diálogo debió haber sido algo así:

—Dicen los sacerdotes del Sanedrín que tú te has autodenominado Rey de los Judíos. ¿Qué tienes que decir al respecto? ¿Aceptas las acusaciones? ¿Eres el Rey de los Judíos?— diría Pilatos

— Tú lo dices.

— ¡Crucifíquenlo!

Ese sería el final del relato. Pienso que algo bien parecido fue lo que realmente ocurrió. Contrario a nuestra cultura de derechos, el Imperio Romano no tenía tal cosa como derecho a un juicio, a un abogado, un jurado de sus pares, etc.

¿Qué clase de persona fue Poncio Pilatos? Una tal vez muy distinta a la que vemos en los evangelios y en otros escritos cristianos. Para ilustrarlo, vean el siguiente pasaje de las Antigüedades judías de Flavio Josefo:

Pilato provocó otra revuelta al gastar el Tesoro Sagrado, que se llama Corbán, en la construcción de un acueducto para traer el agua desde una distancia de cuatrocientos estadios. El pueblo se indignó ante este proceder y, como Pilato se hallaba entonces en Je­rusalén, rodeó su tribuna dando gritos en su contra. Sin embargo Pilato, que había previsto ya este motín, distribuyó entre la multitud soldados armados, vestidos de civil, y les dio la orden de no hacer uso de las espadas, sino de golpear con palos a los sublevados. Desde su tribuna él dio la señal
convenida. Muchos judíos murieron a golpes y otros mu­chos pisoteados en su huida por sus propios compatriotas. La muchedumbre, atónita ante esta desgraciada matanza, quedó en silencio (II:175-177).

¡Ahí tienen a Poncio Pilatos! Era un hombre con una actitud férrea, sin misericordia. Es difícilmente el tipo de persona que hubiera pensado dos veces la pena de crucifixión ante una admisión explícita de un tal Jesús de que se consideraba Rey de los Judíos.

Hoy día la pena de muerte a una sola persona le cuesta miles, a veces millones, de dólares en procedimientos judiciales. Sin embargo, en la Antigüedad y ante el Imperio Romano, especialmente contra rebeldes antirromanos, la vida era bien barata. Cuando la Guerra Judía terminó con la destrucción de Jerusalén, el hijo del emperador Vespasiano, Tito, mandó a crucificar a tanta gente, que se les acabó la leña a los romanos (Ehrman, Jesus 223-224).

Lo que encontramos en los evangelios es otra cosa.  Vemos a un Pilatos que vacilaba ante los alegatos de los sacerdotes, que se resignaba ante las autoridades judías y se lavaba las manos o que se los entregaba a los líderes judíos para que fueran ellos los que le crucificaran (¡!¿? – Juan 19:15-16). Además, según estos escrito, era tan difícil el problema para él, que consultó a las multitudes a ver si soltaban a Jesús o a un sedicioso llamado Barrabás, porque y cito:

Cada Fiesta [Pilatos] les concedía la libertad de un preso, el que pidieran (Marcos 15:6).

Esto era impensable para los romanos, dado que todo sedicioso era condenado a la crucifixión sin otras consideraciones. Además, tampoco hay evidencia alguna en ninguna de nuestras demás fuentes de que existiera esta costumbre.

Aunque los evangelios, Flavio Josefo y el historiador Tácito nos dicen que Pilatos era procurador de Judea, en realidad era un prefecto. ¿Cómo lo sabemos? Se ha encontrado una inscripción con el nombre de Poncio Pilatos que así lo establece.

Inscripción de Poncio Pilatos

Inscripción de Poncio Pilatos. Foto cortesía de Marion Doss.

La inscripción, que aparece parcial, dice lo siguiente:

[DIS AVGUSTI]S TIBERIEVM
[…PO]NTIVS PILATVS
[…PRAEF]ECTVS IVDA[EA]E
[…FECIT D]E[DICAVIT]

El divino Augusto Tiberio
… Poncio Pilatos
Prefecto de Judea
… ha dedicado

Como casi siempre ocurre, la evidencia arqueológica debe privilegiarse por encima de la evidencia documental.

Desgraciadamente, de un Poncio Pilatos inmisericorde, los cristianos fueron exonerándolo más a él y culpando más a los judíos de la muerte de Jesús. Tanto es así que hoy día, hay iglesias cristianas que han canonizado a Pilatos. ¿Qué explica tal exoneración?

  • La destrucción de Jerusalén fue el mayor detonador de las tensiones más agresivas entre judíos y cristianos gentiles. Solo quedaron los fariseos y los cristianos como ramas del judaísmo. Desde mucho antes, algunas de las sinagogas judías estaban expulsando a cristianos y castigándoles con 39 golpes con varas (apaleamiento), como ocurrió con Pablo de Tarso (2 Cor. 11:24).
    .
  • El número de cristianos era mucho mayor en la gentilidad, en áreas dominadas por Roma que en Judea. Esto significó que dada la hostilidad de ambos (judíos y romanos), sentirían la presión social de ser mejores personas ante las autoridades romanas.
    .
  • En la región romana de Palestina, el cristianismo era una forma de resistencia judía antirromana, pero en la medida que en la gentilidad siguió integrando a miembros de todos los estratos sociales, se percibían cada vez menos como judíos y no tan antirromanos.
    .
  • Esto último llevó a una teología paulina mal entendida. Contrario a Pablo, quien afirmaba que la Torah estaba vigente y que los judíos estaban obligados a observarla, varias vertientes paulinas después de su muerte comenzaron a decir que la Torah había sido abolida. Que la muerte de Jesús había nulificado la Ley mosaica y que los judíos (quienes los expulsaban y maltrataban en las sinagogas) habían traicionado a su Mesías, debido a que sus autoridades lo habían mandado a matar.
    .
  • Finalmente, el contenido apocalíptico de los evangelios fue menguando a medida que pasaron los años:  en Marcos y Mateo hay un fuerte apocalipticismo, que se reduce considerablemente en Lucas y casi desaparece por completo en Juan. Igual con varias de las cartas pospaulinas.
    .

Este fue el inicio de un odio cada vez mayor a los judíos y, en particular, a los fariseos. Los fariseos llevaron a cabo unas reformas religiosas que probablemente incluían el expulsar a cristianos, movida que aumentaba a medida que pasaba el tiempo. Ya ustedes tienen la contestación de por qué en Juan (el evangelio más tardío de de los cuatro, 95-100 d.C.) no son los saduceos, sino los fariseos los que siempre quieren matar a Jesús y los que participaron de su muerte.

Como manera de simpatizar con los romanos y culpar más a los judíos, apareció el relato de Barrabás, la exoneración gradual de Poncio Pilatos y la cada vez mayor demonización de los judíos en los escritos cristianos.

La crucifixión

Cristo crucificado -- por Diego Velázquez (1632)

Cristo crucificado — por Diego Velázquez (1632)

La crucifixión era un proceso nada fácil para el condenado a muerte y la inmensa mayoría de los crucificados moría. Contrario a la impresión que quiere dar la película The Case for Christ (¡no se me ha olvidado!) hubo casos de supervivencia a un proceso de crucifixión, como por ejemplo, tres conocidos de Flavio Josefo que fueron crucificados por las autoridades romanas. Después de que mediara por ellos, fueron bajados de la cruz con vida (Josefo, Autobiografía 75).

Lo que sí se puede decir es que en el caso particular de Jesús, es altamente improbable que hubiera quedado con vida. En primer lugar, los evangelios nos cuentan verosímilmente que Jesús fue latigado, coronado con espinas y burlado por los soldados romanos. La latigación solamente podía dejar a una persona débil. El látigo era el flagrum romano, que consiste en una serie de flagelos de cuero con bolas de plomo al final, que tenían la función de arrancar la carne del flagelado con cada golpe que se le diera. Muchos se podían desangrar en el proceso o desmayarse del dolor.

Contrario a las usuales imágenes en las que se representa a Jesús cargando la cruz entera, en realidad parece que debió haber cargado lo que se conoce como el patibulum, es decir, la pieza horizontal de la cruz. Una vez el condenado llegaba al lugar de la crucifixión, se colocaba en un árbol o una columna de madera que ya estaba colocada en el lugar donde iba a ser colgado. El patibulum podía colocarse encima de la columna para formar una T (crux commissa) o un poco más abajo como usualmente se representa a Jesús (crux immissa).

Los testigos de Jehová suelen argumentar que la cruz en la que se colgó Jesús fue una crux simplex (es decir, solo con la columna vertical) y que la idea de que fue crucificado en una crux immissa provino del Emperador Constantino.

Representación de la crux simplex

Representación de la crux simplex en la obra De Cruce Libri Tres de Justus Lipsius (1629)

Esete alegato se debe a que los evangelios utilizaban la palabra griega “staurós” (σταυρός) para designar a  una columna en la que se coloca a un condenado o castigado.  El problema es que antes de la costumbre de la crucifixión romana, este significado era preciso. Sin embargo, como ocurre lingüísticamente, cambió de significado. En textos como los de Josefo en comparación con los reportes que encontramos en la obra latina del filósofo Séneca, se desprende que “staurós” también adquirió otros significados para referirse a distintas formas de crucifixión. Esto se debe a que usualmente tenía la constante de colgarlo en una especie de columna o un árbol. De esa manera, en griego, staurós se convirtió en un término referente a distintas formas de crucifixión en una columna. Aparentemente, si seguimos el testimonio del mismo Séneca, los romanos eran muy creativos: algunos de los condenados eran crucificados al revés, otros en forma de X, otros en forma de Y, etc. (Séneca, Sobre la consolación, 6.20.3)

Lo segundo que tenemos que señalar es que es falso que Constantino, por su devoción a Sol Invictus, haya inventado que Jesús murió en la crux immissa. Contrario a lo alegado, tenemos evidencia de que los cristianos veneraban la cruz cristiana como la conocemos hoy y toma la forma de un graffitti (el Alexamenos Graffitto):

Alexamenos graffitti

Graffitti del siglo III d.C. que se burla de un cristiano. Dice en griego: “Αλεξαμενος ςεβετε Θεον” (Alexamenos adora a su dios).

Este graffitti se creó cuando la práctica de la crucifixión estaba vigente y como una burla a un cristiano llamado “Alexámenos”. En espíritu satírico se representa a Jesús como un asno. Lo que llama la atención en este caso es que tenemos evidencia contundente de que varias décadas o un siglo antes de Constantino, los cristianos pensaban que Jesús había muerto en una crux immissa, no en una simplex.

Sin embargo, eso no indica que la representación que se hace en las iglesias sea exacta. Es muy probable que se crucificara a Jesús en una columna o en un árbol de la siguiente manera:

Jesús crucificado en una cruz immissa

Jesús crucificado en una crux immissa — Imagen cortesía de Roberto Betanzo S.

Muy probablemente, Jesús fue clavado en las muñecas (concebidas en aquella época como parte de la mano) ya que fue entre huesos que podían sujetar el peso del condenado. Es muy probable que se le crucificara, no exactamente arriba de los pies, sino por los talones. La razón por la que se piensa eso es que hace décadas atrás se descubrió un osuario con los huesos de un condenado a la cruz llamado Yeojanan ben Ha-galgula. Aparentemente, esta víctima fue sujetada por los brazos y clavada por los talones.  Entre los huesos, se encontró el del talón atravesado por un clavo. Puede ser que hubiera alguna especie de “asiento” de madera para que el crucificado descansara.

Contrario a lo que mucha gente pensaría (por Hollywood o las estampas religiosas) no se colocaban las cruces en lugares aislados, sino en localizaciones estratégicas para que el público pudiera verlas. El punto de la crucifixión es el humillar de la forma más denigrante al condenado, mientras que se le recuerda al público lo que sucedería si se atreven rebelarse contra Roma o violentar el orden establecido (especialmente en el caso de los esclavos).  Tampoco las columnas eran altas, lejanas del suelo. Al contrario, eran lo suficientemente cercanas como para que los chacales y las aves de rapiña comieran de los cadáveres una vez murieran de sofocación.

Se nos dice que las mujeres que solían seguir a Jesús (María la Madre de Jacobo, María Magdalena y Salomé), quienes le auspiciaban económicamente (Lucas 8:1-3), le estaban mirando de lejos (Marcos 15:40-41), no a los pies de la cruz, como reclamaba el evangelio de Juan (19:25-27). El reporte más temprano que tenemos de lo que allí aconteció nos dice que los romanos se burlaban de él, al igual que los dos ladrones crucificados con él (Marcos 15:27-32). Ninguno de los dichos de Jesús en la cruz en los evangelios puede tomarse con certeza como histórico debido a que coinciden demasiado con la teología de los autores. Por ejemplo, cuando Marcos afirma que gritaba: “Eloí, Eloí, lama sabactaní” (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?), se estaba evocando al Salmo 2, cuyo tema central tenía que ver precisamente con un tipo de maltrato injusto parecido al de Jesús. Es perfectamente posible que haya gritado esta frase como recuerdo de dicho pasaje bíblico, pero no lo podemos conocer con certeza. Los demás dichos atribuidos a Jesús parecen también teológicamente motivados.

Sobre la hora que murió, tampoco sabemos, debido a que el Evangelio de Juan basa su momento de muerte en su cristología de Jesús como el Cordero de Yahveh que se sacrificaba a las 3:00pm en la tarde anterior a la Pascua.

¿Qué pasó después de ello? Veremos más sobre este tema en nuestro próximo artículo.

Continuará …

Bibliografía

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El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 4

La serie, partes 1, 2 y 3

La agonía del Huerto de los Olivos

La agonía en el jardín (1898) por Frans Schwartz

La agonía en el jardín (1898) — por Frans Schwartz

Uno de los episodios más conmovedores en la literatura neotestamentaria es la famosa agonía en el Huerto de los Olivos en Getsemaní. Marcos nos relata lo siguiente:

Fueron a una propiedad, llamada Getsemaní, y dijo a sus discípulos:  “Sentaos aquí, mientras yo hago oración.” Tomó consigo a Pedro, Jacobo y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Les dijo entonces:  “Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad.” Él se adelantó un poco, cayó en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora. Decía: “¡Abbá, Padre!, todo es posible para ti: aparta de mi esta copa, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.” Volvió después y los encontró dormidos. Dijo entonces a Pedro: “Simón, ¿ya estás dormido?, ¿ni una hora has podido velar?  Velad y orad, para que no caigáis en la tentación; que el espíritu está pronto; pero la carne es débil.” Y alejándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras. Volvió otra vez y los encontró dormidos, poues sus ojos estaban cargados. Ellos no sabían qué contestarle. Volvió por tercera vez y les dijo: “Ahora ya podéis dormir y descansar: Basta ya. Llegó la hora. Sabed que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores (Marcos 14:32-41).

El primer problema con el que nos enfrentamos con este pasaje es que, según el texto, los discípulos estaban dormidos cuando Jesús se había alejado a orar. No había manera alguna de que ellos se enteraran de lo que él le había implorado a Yahveh. Es más, el problema de la oración es que parece asumir la copa (de la sangre de Jesús) como símbolo de la acción vicaria por la que él estaba a punto de pasar. Como afirmamos en nuestro artículo pasado, esto es sumamente improbable porque el pensamiento del derramamiento de sangre por otros era ajeno al judaísmo y, muy probablemente, bien alejado de la mente de Jesús. Las palabras de Jesús a sus discípulos también son problemáticas, ya que suponen la dualidad helenística entre carne y espíritu como oposiciones: el primero como problema para el segundo. No se excluye que haya algún nucleo histórico al respecto, ya que hay expresiones parecidas (no idénticas) en algunos textos judíos. Además, también hay otras indicaciones del origen semítico del relato, hay expresiones en los textos de Qumrán (e.g. 1 QH 8, 32)) como la del “alma estar triste hasta la muerte”. También lo muestra la palabra aramea “Abbá“, para referirse a Yahveh como su Padre.

A medida que avanza el tiempo de redacción de los evangelios, ellos van a recurrir a un patrón que es lo que los exégetas llaman “pasión sin pasión” (en inglés “passionless passion“). Por ejemplo, en Lucas, aparece la escena en que Jesús suda gotas como sangre y llega un ángel a consolarlo (Lucas 22:43-44). El problema es que hoy día se reconoce que esos versos fueron un añadido posterior a dicho libro del Nuevo Testamento. Cuando se sacan y se vuelven a leer el episodio de la “agonía de Jesús” junto al resto de la historia de la Pasión, vemos que él no se postra, sino que se arrodilla y su actitud es estoica desde que le ora a Yahveh hasta que muere en la cruz. Le pide a Dios que “si quiere”, le remueva la copa. En ningún momento se percibe que “sufre” y es objeto de compasión de Poncio Pilatos, de las mujeres que se encuentran con él de camino al Gólgota y finalmente de uno de los dos criminales crucificados con él. Una vez más, la teología de Lucas no es la de derramamiento vicario o de sufrimiento de parte de Jesús, sino que está interesado en presentar un Jesús estoico, modelo de una muerte noble. Con ella, Jesús atraería a todos los gentiles a donde él, en contraposición a los judíos, quienes terminaron alejándose de él.

En el Evangelio de Juan, hay menos pasión todavía, ya que no es Jesús el que se postra, sino los soldados en el momento en que Jesús anuncia su carácter divino (“Yo soy” – Juan 18:5-9). De hecho, en un momento dado en ese evangelio, Jesús niega que vaya a solicitarle a Yahveh escapar de la Cruz (Juan 12:27).  Es más, en el texto, él está tan en control de toda la situación, que cuando expira dice: “Todo se ha cumplido” (Juan 19:30). Esto se debe a que su autor quiere ver en la crucifixión un momento de glorificación del Mesías, para él el Logos (Palabra) de Dios (Juan 1:1-3; 3:14-15).

En los tres casos (Marcos, Lucas y Juan) debemos tener cuidado, debido a que todos estos relatos descansan en el supuesto de que Jesús sabía lo que iba a ocurrir y estos escritores pudieron haber redactado lo que los estudiosos llaman “vaticinium ex eventu“, es decir, que forjaron un relato que puede tener algún núcleo factual, pero cambiando los acontecimientos de tal manera en que el Mesías ya conociera por adelantado lo que iba a ocurrir.

El rol de Judas

La traición de Judas

Judas traiciona a Jesús con un beso, mientras que Pedro levanta la espada y Judas se ahorca (1504) — Iluminación del manuscrito Peniarth 482D (Imagen cortesía de la Biblioteca Nacional de Gales)

Uno de los problemas más discutidos en el ámbito de la erudición del Nuevo Testamento es el rol que tuvo Judas a la hora de traicionar a Jesús. No parece verosímil que Jesús supiera quién le iba a traicionar con antelación a su arresto. Por tal razón, no debemos tomarlo como histórico.

¿Por qué Judas entregó a Jesús? Todavía no se sabe a ciencia cierta. Pudo haber sido por dinero, porque según los relatos, recibió 30 monedas de plata. Sin embargo, muy poco se puede sacar a nivel histórico de este relato porque parece haber sido modelado a la luz de dos pasajes, uno en el Génesis, en el que se presenta la venta de José por parte de sus hermanos a unos ismaelitas (Génesis 37:25-28) y otro en Zacarías, en el que el profeta personifica a Yahveh y representa su reproche a Israel y que incluye la paga de treinta siclos de plata como jornal (Zacarías 11:7-14).

Los dos relatos de su muerte discrepan significativamente y son igualmente inverosímiles. En el Evangelio de Mateo se nos dice lo siguiente:

Entonces Judas, el que lo entregó, viendo que había sido condenado, fue presa del remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos. Les dijo: “He pecado entregando sangre inocente.” Ellos respondieron: “A nosotros , ¿qué? Tú verás.” Judas tiró las monedas en el Santuario. Después se retiró  y fue y se ahorcó. Los sumos sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: “no es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre.” Después de deliberar; compraron con ellas el Campo del Alfarero, para dar sepultura en él a los forasteros. Por esta razón ese campo se llamó “Campo de Sangre” (Mateo 27:3-8).

Mateo procede a citar a Zacarías 11:12-13, aunque por alguna razón le atribuye la cita a Jeremías. Todos los eruditos reconocen que la historia se modeló según el relato de Ajitófel cuando traicionó al rey David (2 Samuel 15:1-37; 17:23).

El segundo relato de la muerte de Judas aparece en Hechos de los Apóstoles, donde se nos dice lo siguiente por boca de Pedro:

[Judas] era uno de los nuestros y había obtenido un puesto en este ministerio. Pero, tras haber comprado un campo con el dinero que le dieron por su crimen, cayó de cabeza, reventó por medio y todas sus entrañas se esparcieron. Todos los habitantes de Jerusalén se enteraron de lo ocurrido, hasta el punto que llamaron a quel terreno Haqueldamá, que en su lengua quiere decir “Campo de Sangre” (Hechos 1:18-19).

El problema con este pasaje no es solo que suena fantástico que sus entrañas se hubieran esparcido al caer “de cabeza”, sino porque también parece inspirarse en el Segundo libro de los Macabeos en torno a la muerte de Antíoco IV Epífanes (2 Macabeos 9:8-10; véase también Jeremías 32:9 y Sabiduría 4:19).

A nivel histórico no tenemos idea alguna de sus motivaciones para entregar a Jesús o de qué manera Judas Iscariote estaba vinculado al famoso “Campo de Sangre”. Se sabe que probablemente hubo alguna relación, pero parece que permanecerá debajo de las arenas del pasado. Lo que sí podemos saber con relativa seguridad es que Judas besó a Jesús como indicador para los soldados prenderlo esa noche. Lo que extraña mucho es cómo salieron a arrestarlo:

… cuando de pronto se presentó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo armado con espadas y palos. Venían de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y ancianos (Marcos 14:43).

Este pasaje no debe pasar inadvertido, ya que si Jesús y sus discípulos hubieran sido pacíficos, no habría necesidad de capturarlo con espadas y palos. Para algunos exégetas esta es una fuerte señal de que Jesús y sus discípulos eran mucho más que unos meros apocalipticistas predicadores.

Hay otros factores que son interesantes:

  • No es creíble el alegato de uno de los evangelios: que en el arresto participaron fariseos (Juan 18:3). Históricamente la autoridad política y religiosa de Jerusalén estaba en manos de los saduceos. Una vez más, este error histórico se explica en que el texto está dejando entrever una tensión entre cristianos primitivos y fariseos al final del siglo I.
    .
  • Parece que hubo un conflicto entre los discípulos de Jesús y los guardias armados, debido a que hubo un incidente en que uno de ellos le cortó la oreja al siervo del Sumo Sacerdote con una espada (tardíamente se le atribuiría este acto a Pedro). Esto confirma una vez más que los discípulos no eran meros predicadores, sino también tenían toda la intención de combatir armados. Sin embargo, con excepción de Pedro y uno que otro discípulo, al final terminan huyendo y dejando solo a su Maestro (Marcos 14:50).
    .
  • El Evangelio de Marcos nos incluye un episodio extrañísimo del intento de un arresto por parte de las autoridades a un hombre envuelto en una sábana que se escapó de sus manos y salió corriendo desnudo (Marcos 14:51-52). Hay quienes ven en este hombre a aquel que les anunció a las mujeres que Jesús había resucitado (Marcos 16:5). No se sabe si la existencia de este hombre en el Getsemaní sea histórica o algún recurso literario para contrastarlo con la noticia de la resurrección, aunque usualmente los historiadores no toman su aparición en el sepulcro vacío de Jesús como algo ocurrido.

El juicio ante el Sanedrín

Osuario de Caifás

Osuario de Caifás. A la derecha, aparece la inscripción “Kaifa” (קפא) (Foto cortesía del Museo de Israel y a Deror Avi). Se hace disponible esta imagen bajo la licencia CC-BY-SA 3.0.

El Sanedrín de sacerdotes saduceos tenían una cabeza política y religiosa sumamente poderosa: Caifás. Recordemos que muchos veían a dicho sector como marionetas de los romanos. Fue escogido para su puesto por el prefecto de Judea, Valerio Grato, como sustituto de Eleazar (18 d.C.). Permaneció en su posición para la época en que gobernó el siguiente prefecto, Poncio Pilatos.

¿Qué pasó específicamente en el juicio?  No sabemos, debido a que los diálogos contienen elementos que no parecen ser factuales. Sabemos que probablemente algunas de las acusaciones son correctas, como vimos en el segundo artículo de nuestra serie. Puede ser que haya sido arrestado por el incidente con los cambistas en el Templo, es decir la dramatización jesuana de su futura destrucción, cuyo significado se tomaría como una amenaza a nivel institucional.

Cristo ante Caifás -- por Mattias Stom (1630)

Cristo ante Caifás — por Mattias Stom (1630)

Sin embargo, empañan los lentes de la historia el que los evangelios nos digan que en el Sanedrín se le acusó a Jesús de blasfemia por autodenominarse Mesías y decir que “el Hijo del Hombre estaba pronto a llegar en las nubes”. El problema radica es que dicha autodesignación  “Mesías” no caía en aquella época bajo leyes de blasfemia. Ante los ojos del Sanedrín (el consejo de sacerdotes) podría ser una falsedad, pero no propiamente una blasfemia (Marcos 14:62-64).

Lo otro que debemos señalar es la inverosimilitud de un juicio llevado a cabo durante la noche de Pascua o la anterior. Todo apunta en que fue en un momento cercano y anterior a dicha fiesta. Durante la Pascua habría bastante ajetreo por su labor ritual y sacrificial para atender a 150,000 o 200,000 personas ese día. Sencillamente, era imposible llevar a cabo un juicio y menos de un día al otro.

Finalmente, debido al dominio romano en la región, aun si los sacerdotes hubieran encontrado alguna falta grave, a ellos no les correspondía la pena de muerte. Presumiblemente, tras obtener la información de que Jesús prohibía a sus seguidores pagar el impuesto debido a Roma y que Jesús andaba autoproclamandose Mesías y “Rey de los Judíos”, lo llevaron a la autoridad correspondiente que  podía condenarle a muerte: el prefecto romano, Poncio Pilatos.

Continuará …

Bibliografía

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¿Cómo sabemos que la Tierra no apareció hace 6,000 años o 10,000 años?

En Puerto Rico, tenemos la desgracia de que todavía nuestras clases de ciencias en Puerto Rico adolecen de ciertas deficiencias. Aunque en este momento no recuerdo en qué fecha ocurrió (aunque sí sé que fue hace algunos años durante este cuatrienio), en una entrevista con Julio Rivera Saniel, un radiooyente llamó a su programa para preguntarle al presente Secretario de Educación, Rafael Román Meléndez, en torno a si se enseñaba creacionismo o evolución en las escuelas públicas. La respuesta no pudo ser más decepcionante: afirmaba que el Departamento de Educación estaba abierto a todas formas de pensamiento al respecto.

La separación de iglesia y estado es una disposición constitucional por la que debe regirse el Departamento de Educación. En la Carta de Derechos de la Constitución del ELA dice muy claramente:

No se aprobará ley alguna relativa al establecimiento de cualquier religión ni se prohibirá el libre ejercicio del culto religioso. Habrá completa separación de la iglesia y el estado. (Art. II. Secc. 3).

Esta disposición es una formulación explícita de la primera enmienda de la Carta de Derechos de la Constitución de Estados Unidos:

El Congreso no aprobará ley alguna por la que adopte una religión oficial del estado o prohíba el libre ejercicio de la misma, o que restrinja la libertad de expresión o de prensa, o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a pedir al gobierno la reparación de agravios.

¿Qué significa separación de iglesia y estado? Significa que el estado no impondrá de manera alguna creencia religiosa o cosmovisión (sea cristiana, judía, agnóstica o atea) a sus ciudadanos. Esto no significa que la religión debe suprimirse. Al contrario, es para garantizar la libertad de cualquier persona a creer lo que así le parezca.

Contrario a lo que algunos religiosos piensan, las ciencias naturales no sostiene una cosmovisión atea o estrictamente materialista, sino que mantiene un método por el cual se busca la mejor explicación posible dentro el marco de un naturalismo metodológico. Este tiene como objetivo explicar los fenómenos del universo desde la naturaleza misma, sin sostener la existencia o inexistencia de una entidad o entes sobrenaturales. Dicho método no implica necesariamente la adopción de una filosofía naturalista, aunque sí es plenamente consistente con ella. Sin embargo, una concepción deísta podría ser consistente con esta perspectiva también.

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Isaac Newton (1642-1723), explicó desde un naturalismo metodológico el movimiento de la Tierra, los astros y los demás cuerpos celestes

Hay una razón para adoptar el naturalismo metodológico: porque ha probado ser más fructífero para el conocimiento de la naturaleza que los supuestos sobrenaturalistas. Para ilustrar nuestro punto, veamos la evolución del pensamiento científico de Galileo a Newton. Galileo solía pensar que la Tierra y los planetas giraban alrededor del sol debido a una fuerza divina que así lo impulsaba. ¿Qué hubiera pasado si un pensador de la categoría de Isaac Newton hubiera adoptado tal supuesto en su investigación filosófica? Sencillamente, al Newton pensar que toda órbita planetaria era de fuerza divina, no hubiera descubierto que la fuerza gravitacional (¡natural!) del sol y de los planetas juega un rol principalísimo a la hora de explicar el movimiento de esos cuerpos. Tampoco hubiera formulado sus leyes de movimiento ni la ley de gravitación.  Ni hubiera formulado una teoría gravitacional capaz de explicar tanto el movimiento de los cuerpos celestes como las mareas, el comportamiento de la luna, entre otros.

Otro ejemplo que nos sirve de ejemplo, es la convicción decimonónica de que el calor del sol era producido por la potencia de Dios porque, de otra forma, no se podía explicar por qué su fuego no había terminado de quemar su combustible. No fue hasta el descubrimiento de la radiación (¡natural!) que se pudo explicar por qué el “combustible solar” no se consumía con la rapidez esperada.

Desde esta perspectiva, el naturalismo metodológico parece obtener muchos mejores resultados y permite la formulación de cuerpos teoréticos y leyes que pueden predecir o explicar el comportamiento de los objetos naturales. No hay postura sobrenaturalista que sea tan efectiva en este sentido tan importante. Esto no impide que a nivel subjetivo haya personas o, incluso, científicos que adopten una cosmovisión o convicción espiritual o religiosa consistente con estos hallazgos científicos, pero ciertamente la incorporación del sobrenaturalismo en las ciencias impiden la operación científica y su progreso en el sentido ya expuesto.

Las formulaciones teoréticas de las ciencias son falibles. En un sentido real, son productos creativos de la mente de los científicos que buscan las mejores explicaciones posibles a unos fenómenos naturales. Sin embargo, como diría el filósofo Edmund Husserl, los cuerpos teoréticos formulados en las ciencias son “ficciones cum fundamento in re” es decir, con fundamento en las cosas mismas. Son las cosas mismas mas unos criterios de reglas de juego lógica y racionalmente fundadas que nos dirigen a las mejores teorías posibles.

Esto no significa que los antiguos no conocían un poco de este tipo de conocimiento. La teoría primigenia de muchos antiguos acádicos, babilonios, cananeos y ugaríticos sostenía una cosmovisión de que la Tierra era plana. Esa era la mejor explicación que tenían en esa época. Los mismos antiguos israelitas coincidieron esta perspectiva en las mismas escrituras de la Biblia Hebrea, tal como se ilustra aquí:

Cosmología de los antiguos israelitas.

Cosmología de los antiguos israelitas. (c) 2016. Pedro M. Rosario Barbosa. CC-BY-SA 4.0. Ver detalles al final del artículo.

Para más detalles sobre cómo los eruditos llegaron a este modelo, véase nuestro primer artículo en torno al Arca de Noé.

Aun así, los fenicios, quienes dominaron el comercio mediterráneo por muchos siglos, notaron variaciones en la estrella polar (referente del norte) que parecían más consistentes con la visión de una Tierra esférica. Además, esta era una convicción sostenida por muchos antiguos mesopotámicos y los mejores sabios del Imperio Romano.

De todos los antiguos, fue Eratóstenes, un matemático libio, el que pudo fundamentar esta convicción de la redondez terrestre científicamente usando unos principios muy elementales de geometría. Como los principios de esta disciplina eran ampliamente compartidos entre los cosmólogos de la época, sus conclusiones fueron sólidas aun cuando no se tenían los medios de observar la esfera terrestre desde el espacio como lo podemos hacer hoy día.

Es por ello y por muchos otros argumentos que durante el Medioevo la esfericidad de la Tierra se daba como un hecho en el ámbito culto e intelectual. Tenemos afirmaciones contundentes de Agustín de Hipona, Hugo de San Victor, Anselmo de Canterbury, Hildegarda de Bingen, Tomás de Aquino y Dante Alighieri al respecto. A Dios se le solía representar en el Medioevo con una esfera en sus manos o a sus pies como creador del cosmos. Los manuscritos medievales atestiguan el hecho de que esta era una convicción muy bien compartida en esa época.

Cosmovisión medieval de la esfericidad de la Tierra

Representaciones medievales de la Tierra esférica (presione para versión agrandada). En la parte superior izquierda, tenemos una ilustración de hombres caminando alrededor de la Tierra (Manuscrito: Imagen del Mundo por Gossuin de Metz, s. XIV); en la parte superior derecha una ilustración de las estaciones y la Tierra esférica en un libro de Hildegarda de Bingen (Liber divinorum operum, s. XII); en la parte inferior una representación de pérdida de línea de visión de un barco debido a la esfericidad de la Tierra (De sphaera mundi, s. XIII). A la derecha, la cosmovisión de Dante en La divina comedia.

Hoy día, tenemos evidencia abundante y hasta visual  de que la cosmovisión de la Tierra plana es sencillamente falsa. Sin embargo, antes del viaje al espacio, teníamos relativa certeza de esto. ¿Por qué? Porque toda la evidencia (especialmente la matemática) apuntaba en esa dirección y esta evidencia era objetiva.

¿Qué queremos decir que era “objetiva”? Sencillamente que era aceptada como válida por la comunidad intelectual o científica con base en la experiencia. De eso es que se trata la ciencia.

Aun con todo esto hay algunos charlatanes que con espíritu negacionista prentenden popularizar la idea de que la Tierra es plana hoy día (véase este caso, este y este).

¿Realmente sugiere el señor Secretario de Educación que debería enseñarse la “teoría” de la Tierra plana a los estudiantes de escuelas pública?s ¡A fin de cuentas, tenemos que estar absolutamente abiertos a enseñar todas las perspectivas en la clase de ciencias! ¿Verdad?
.

¿Cómo sabemos que la Tierra es más antigua que hace 10,000 años?

La evidencia de que la Tierra es más antigua que lo nos dice la Biblia Hebrea se desprende indirectamente de los datos disponibles, así como los antiguos y medievales infirieron la redondez de la Tierra con base en  criterios objetivamente adoptados por la comunidad científica, la comunidad del conocimiento, con base en la experiencia.

Una de las evidencias actuales para conocer la edad de la Tierra tiene que ver con lo que ya conocemos en relación con las fuerzas del universo. Hay cuatro tipo de fuerzas interactivas en el cosmos:

  • La fuerza gravitacional
  • La fuerza electromagnética
  • La fuerza nuclear fuerte
  • La fuerza nuclear débil

Para propósitos de la discusión solo me concentraré en las dos últimas.

Cada elemento se identifica con su número atómico, es decir, el número de protones que tiene cada átomo de dicho elemento. Sin embargo, también encontramos que los neutrones (partículas de carga neutral) se encuentran en el núcleo atómico. La masa atómica es la suma de la masa de los protones y neutrones en un átomo. Por ejemplo, el átomo de hidrógeno, que usualmente solo tiene un proton, tiene una masa atómica de 1, mientras que el helio normalmente tiene dos protones y dos neutrones, por lo que tiene una masa atómica de 4.

La fuerza que mantiene a los protones y los neutrones unidos en el átomo se conoce como fuerza nuclear fuerte. Sin embargo, el número de neutrones de cada elemento puede variar. Por ejemplo, todos los átomos de carbono tienen seis protones, pero algunos pueden tener seis neutrones, otros siete y otros ocho: a cada una de estas variantes se les llama isótopos. Teniendo consideración a su masa atómica, se les llama carbono 12, carbono 13 y carbono 14 correspondientemente.

Dependiendo del número de neutrones, puede ser que haya una inestabilidad nuclear que lleva al decaimiento de ese átomo debido a otra fuerza conocida como fuerza nuclear débil. En tal caso, el átomo emite radiación. Una sustancia rica en un tipo de isótopos que decaen suele ser radioactiva. Como resultado, el carbono 14, que tiene un exceso de dos neutrones, es radioactivo. Cuando decae un isótopo inestable, usualmente se estabiliza convirtiéndose en otro elemento. Por ejemplo, el carbono 14 decae en nitrógeno 14.

Decaimiento alfa

Decaimiento alfa, un isótopo inestable emite una partícula alfa (el núcleo atómico de helio).

Lo que es interesante de este asunto es que ningún isótopo se tarda en decaer el mismo periodo que otro. Aquí es donde entra el concepto de vida media nuclear, es decir, el tiempo que toma en que decaiga la mitad de los isótopos de ese elemento en una sustancia. El tiempo de este decaimiento es exacto y perfectamente predecible: no importa las condiciones del tiempo, la exposición a agua o a fuego, etc., la vida media de un isótopo inestable siempre será la misma. Por eso, podemos saber cuál es la vida media de los isótopos inestables que encontramos en la naturaleza o de los que se producen en laboratorio. Al medir su decaimiento, sabemos que la vida media de unos isótopos pueden ser de unas horas, de unos días, de años, de millones de años, o billones de años.

El biólogo de células, Kennet R. Miller, nos invita a mirar a ciertos isótopos inestables que sabemos que han existido en la Tierra desde el mismo principio y que no son producto de degradación de otros isótopos o producidos en laboratorio:

Vanadio-50 —- Vida media: 6.0 x 10¹⁵ años (i.e. … 6,000,000,000,000,000 años)
Neodimio-144 —- Vida media: 2.5 x 10¹⁵ años (i.e. … 2,500,000,000,000,000 años)
Hafnio-174 —- Vida media: 2.0 x 10¹⁵ años (i.e. … 2,000,000,000,000,000 años)
Platino-192 —- Vida media: 1.0 x 10¹⁵ años (i.e. … 1,000,000,000,000,000 años)
Indio-115 —- Vida media: 6.0 x 10¹⁴ años (i.e. … 600,000,000,000,000 años)
Gadolinio-152 —- Vida media: 1.1 x 10¹⁴ años (i.e. … 110,000,000,000,000 años)
Telurio-123 —- Vida media: 1.2 x 10¹³ años (i.e. … 12,000,000,000,000 años)
Platino-190 —- Vida media: 6.9 x 10¹¹ años (i.e. … 690,000,000,000 años)
Lantano-138 —- Vida media: 1.12 x 10¹¹ años (i.e. … 112,000,000,000 años)
Samario-147 —- Vida media: 1.06 x 10¹¹ años (i.e. … 106,000,000,000 años)
Rubidio-87 —- Vida media: 4.88 x 10¹⁰ años (i.e. … 48,800,000,000 años)
Renio-187 —- Vida media: 4.3 x 10¹⁰ años (i.e. … 43,000,000,000 años)
Lutencio-176 —- Vida media: 3.5 x 10¹⁰ años (i.e. … 35,000,000,000 años)
Torio-232 —- Vida media: 1.4 x 10¹⁰ años (i.e. … 14,000,000,000 años)
Uranio-238 —- Vida media: 4.47 x 10⁹ años (i.e. … 4,470,000,000 años)
Potasio-40 —- Vida media: 1.25 x 10⁹ años (i.e. … 1,250,000,000 años)
Uranio-235 —- Vida media: 7.04 x 10⁸ años (i.e. … 704,000,000 años)
Plutonio-244 —- Vida media: 8.2 x 10⁷ años (i.e. … 82,000,000 años)

Aunque estos datos parezcan insignificantes, Miller nos señala que tienen muy fuertes consecuencias. Como por ejemplo, ¿hay isótopos inestables naturales que sean más jóvenes que el plutonio 244? Pudieron haber existido, pero no están presentes.

Esto es lo que implican estos datos:

  • La Tierra no es infinitamente antigua, de otra manera ya todos estos isótopos hubieran decaído y se hubieran convertido en otros elementos.
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  • La Tierra no es joven (10,000 o 6,000 años). Si este hubiera sido el caso, entonces hubiéramos encontrado isótopos inestables más jóvenes que 80,000,000 años (como el hafnio 182 o el plomo 205).
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  • La Tierra no es más joven que 80,000,000 de años.

Esto ya es refutación de cualquier reclamo de una Tierra joven. Según todas las investigaciones hechas hasta ahora, esto es perfectamente consistente con el señalamiento de que la Tierra tiene 4.4 mil millones de años de antigua.
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Conclusiones

Con base en la evidencia, la teoría de la Tierra joven se hace insostenible. Aun así, vale preguntarse si este asunto debería sostenerse en el salón de clases de ciencias en una escuela pública. Por más que un sector bíblico literalista alegue lo contrario, la visión bíblica hebrea responde a una cosmovisión antigua que ya no tiene vigencia. Esto no solamente vale para la teoría de la Tierra plana o de la Tierra joven, sino que también se extiende a la teoría creacionista o de designio inteligente.

Eso no significa que los estudiantes no desarrollen una cosmovisión religiosa o espiritual consistente con la teoría de la evolución o la teoría de la Tierra antigua. Sin embargo, no todas las cosmovisiones y convicciones religiosas coinciden con las ciencias. Independientemente de las protestas de los padres, de los pastores o de los mismos estudiantes, las clases de ciencias en las escuelas públicas tienen el deber de atenerse estrictamente a lo que sostiene el consenso científico en torno al tema: acuerdo derivado de la evidencia, teorías cum fundamento in re, y de criterios objetivos y racionales.

Si el estudiante quiere atemperar su vida espiritual a las mejores teorías científicas, primero debe informarse qué es lo que realmente sostiene la comunidad científica en general. A fin de cuentas, el mismo Kenneth R. Miller es científico y católico romano. Si el estudiante no desea hacerlo, es su libertad religiosa que debe ser respetada por el estado. Aun en este caso, el estado tiene la obligación de darle a conocer las mejores teorías científicas.

Esa es la función de las escuelas públicas de una sociedad secular donde vale la separación de iglesia y estado.
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Referencia

Miller, Kenneth. Finding Darwin’s God: A Scientist’s Search for Common Ground Between God and Evolution. New York: Harper Perennial, 2007.
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Sobre la imagen de la cosmovisión antigua hebrea

La imagen utilizada para este artículo se publica bajo la siguiente licencia de Creative Commons: Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional. Pueden descargar los archivos en dos formatos de compresión que pueden descomprimir con el programa 7zip:

El(Los) relato(s) del diluvio universal – 3

Las aguas menguando, pintura por Thomas Cole (1829)

Las aguas menguando, pintura por Thomas Cole (1829). Imagen cortesía del Smithsonian American Art Museum.

Artículos de esta serie: 1 y 2

En nuestros artículos hemos visto que en el libro del Génesis hay dos historias del diluvio mezcladas en un solo relato: la historia de un autor yahvista (J) y la otra de un autor sacerdotal (P). En la segunda parte de la serie presentamos solamente la versión J, en esta tercera hablaremos la narración de P.
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El relato de P

Esta es la historia de Noé:

Noé fue el varón más justo y cabal de su tiempo. Noé andaba con Elohim. Noé engendró tres hijos: Sem Cam y Jafet.

La tierra estaba corrompida en la presencia de Elohim: la tierra se había llenado de violencias. Elohim miró a la tierra y vio que estaba viciada: todas las criaturas tenían una conducta viciosa sobre la tierra.

Dijo, pues, Elohim a Noé: “He decidido acabar con todo ser viviente, porque la tierra está llena de violencias por culpa de ellos. Por eso, he decidido exterminarlos de la tierra. Hazte un arca de maderas resinosas. La haces de cañizo y calafateas por dentro por dentro y por fuera con betún. Así es como la harás: su longitud será de trescientos codos; su anchura de cincuenta codos; y su altura, de treinta codos. Harás al arca una cubierta y a un codo la rematarás por encima: pondrás la puerta del arca en su costado, y harás un primer piso, un segundo y un tercero.

“Por mi parte, voy a traer el diluvio, las aguas sobre la tierra, para exterminar todo viviente que tiene hálito de vida bajo el cielo: todo cuanto existe en la tierra perecerá. Pero contigo estableceré mi alianza: Entrarás al arca junto con tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos. Meterás al arca una pareja de cada ser viviente para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra. De cada especie de aves, de cada especie de ganados y de cada especie de reptiles entrarán contigo sendas parejas para sobrevivir. Tú mismo procúrate toda suerte de víveres y hazte acopio para que os sirvan de comida a ti y a ellos.”  Así lo hizo Noé. Ejecutó todo lo que le había mandado Elohim.

De los animales puros, de los animales que no son puros, de las aves y de todo lo que repta, sendas parejas de cada especie entraron con Noé en el arca, machos y hembras, como había mandado Elohim a Noé.

El año seiscientos de la vida de Noé, el mes segundo, el día diecisiete del mes, se hendieron todas las fuentes de las profundidades, y las compuertas del cielo se abrieron.

Aquel mismo día entró Noé en el arca con sus hijos, Sem, Cam y Jafet, su mujer y las tres mujeres de sus hijos. Con ellos entraron los animales de cada especie, los ganados de cada especie, los reptiles de cada especie que reptan sobre la tierra y las aves de cada especie: toda clase de pájaros y seres alados. Entraron, pues, con Noé en el arca sendas parejas de todos los vivientes en los que hay aliento de vida. Y los que iban entrando eran macho y hembra de cada especie, como Elohim se lo había mandado.

Pereció todo ser viviente: lo que repta por la tierra, junto con aves, ganados, animales y todo lo que pulula sobre la tierra, así como toda la humanidad. Las aguas inundaron la tierra por espacio de ciento cincuenta días.

Se acordó Elohim de Noé y de todos los animales y ganados que estaban con él en el arca. Elohim hizo que un viento azotara la tierra, y las aguas decrecieron. Se cerraron las fuentes del abismo y las compuertas del cielo.

Al cabo de ciento ciento cincuenta días, las aguas habían menguado; y al día diecisiete del mes séptimo varó el arca sobre los montes de Ararat. Las aguas siguieron menguando paulatinamente hasta el mes décimo, y el día primero del décimo mes asomaron las cumbres de los montes.

Y [Noé] soltó un cuervo, que estuvo saliendo y volviendo hasta que se secaron las aguas sobre la tierra.

El año seiscientos uno de la vida de Noé, el día primereo del primer mes, se secaron las aguas de encima de la tierra. El día veintisiete del segundo mes quedó seca la tierra.

Habló entonces Elohim a Noé en estos términos: “Sal del arca con tu mujer y tus hijos y las mujeres de tus hijos. Saca contigo todos los animales de toda especie que te acompañan, aves, ganados y todos los reptiles que reptan sobre la tierra. Que pululen sobre la tierra y sean fecundos y se multipliquen sobre ella.” Salió, pues, Noé con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos. También salieron del arca, por familias, todos los animales, todos los ganados, todas las aves y todos los reptiles que reptan sobre la tierra.

Elohim bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: “Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra. Infundiréis temor y miedo a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo, a todo lo que repta por el suelo y a todos los peces del mar. Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde. Solo dejaréis de comer la carne con su vida, es decir, con su sangre. Yo os prometo reclamar vuestra propia sangre; la reclamaré a todo animal y al hombre a todos y a cada uno reclamaré la vida humana.

Quien vertiere sangre de hombre,
por otro hombre será su sangre vertida,
porque a imagen de Elohim
hizo Él al hombre.

Vosotros, pues, sed fecundos y multiplicaos: extendeos por la tierra y dominad en ella.

Dijo Elohim a Noé y a sus hijos: “He pensado establecer contigo mi alianza con vosotros y con vuestra futura descendencia, y también con todo ser vivo que os acompaña: las aves, los ganados y todas las alimañas que hay con vosotros, con todo lo que ha salido del arca, todos los animales de la tierra. Establezco mi alianza con vosotros: nunca más volverá a seer aniquilada la vida por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.”

Dijo Elohim: “Esta es la señal de la alianza que establezco para futuras generaciones entre yo y vosotros y todo ser vivo que os acompaña: Pongo mi arco en las nubes, que servirá de señal de la alianza entre yo y la tierra. Cuando yo anuble con nubes la tierra, entonces se verá el arco en las nubes y me acordaré de la alianza que media entre yo y vosotros y todo ser vivo. Ya no habrá más aguas diluviales que exterminen la vida. Pues en cuanto aparezca el arco en las nubes, yo lo veré y me acordaré de la alianza perpetua entre Elohim y todo ser vivo, toda la vida que existe sobre la tierra.”

Reiteró Elohim a Noé: “Esta es la señal de la alianza que he establecido entre yo y toda la vida que existe sobre la tierra.”

(Gén. 6:9-22; 7:8-9,11,13-16a,21,24; 8:1-2a,3b-5,7,13a,14-19;9:1-17).
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Comentarios

Como sabe cualquier erudito especialista en la Biblia Hebrea, el estilo del autor P es muy árido y repetitivo, algo compensado frecuentemente con su obsesión con las medidas físicas y temporales y exponiendo ciertos objetos significativos con todo con lujo de detalles. Notemos que solo utiliza la palabra “Elohim” para referirse a Dios y que en ningún momento lo llama “Yahveh”, consistencia que mantendrá hasta Éx. 6:2-3, donde Dios le revela su nombre a Moisés. Además, también la mente del autor P se fija en detalles concernientes a “la alianza” de Yahveh con ciertos personajes históricos y hace que la normativa que sea consistente con los demás textos compuestos por él. Por ejemplo, aquí encontramos la llamada “Alianza de Noé“, es decir, la alianza que Yahveh hace con Noé de no destruir la tierra mediante un diluvio, mientras que el ser humano se compromete a cierta normativa, específicamente en relación con los alimentos:

“Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde. Solo dejaréis de comer la carne con su vida, es decir, con su sangre” (Gén. 9:4).

Cuando los gentiles se estaban convirtiendo al cristianismo en el siglo I  d.C. debido a la actividad de Bernabé y Pablo de Tarso, una de las solicitudes que se les hizo desde la iglesia de Jerusalén era que se siguiera la Alianza de Noé (Hch. 15:29), ya que era una exigencia de Yahveh a todos los seres humanos como descendientes de Noé, no solo a su pueblo escogido, Israel.

Otra cosa que podemos ver es que P hace una muy fuerte alusión a la cosmología de su tiempo. Utilicemos la ilustración que presentamos en el primer artículo de nuestra serie.

Cosmología de los antiguos israelitas.

Cosmología de los antiguos israelitas. (c) 2016. Pedro M. Rosario Barbosa. CC-BY-SA 4.0. Ver detalles al final del artículo.

Aquí utiliza dos aspectos importantes para dar cuenta del diluvio: el mismo Yahveh abrió y cerró las fuentes (manantiales) de la Tierra y las “compuertas” del cielo para la inundación. Esto es algo que no encontramos en el relato J, ya que este solo nos habla de la “lluvia” provocada por Yahveh.

También vemos unos interesantísimos paralelismos entre las dimensiones del arca dictadas por Yahveh y las que dio en torno al Tabernáculo (mishkán), una estructura que supuestamente era transportada por los antiguos hebreos durante su travesía por el desierto en su éxodo desde Egipto (Éx.25-27; El texto E le llamaba “Tienda de la Reunión” (‘ohel mo`ed) (Éx.33:7-10)). Parece que ambas instrucciones tienen en consideración las proporciones dimensionales de la una y la otra. También parece aludir bastante en el vocabulario al Arca de la Alianza. Este portal presenta estos paralelismos muy bien, aunque aclaro que no suscribo su interés apologético religioso. Estos paralelismos son muy importantes, no solo porque reflejan la consistencia narrativa del autor P, sino porque, como bien muestra Richard Elliott Friedman, el Tabernáculo está relacionado con la estructuración del primer Templo de Jerusalén, el construido por Salomón y del que el autor de P participaba como parte del liderato sacerdotal de ese entonces.

Sabemos que P propuso su historia como una alternativa al relato J debido a que no estaba conforme religiosamente con el conjunto tradicional JED (el texto con el que contaba en el siglo VII y VI a.C.). Su versión intenta corregir deficiencias de la narración J: por ejemplo, intenta corregir el número de animales que entraron al arca. Si fuera el caso que Noé salvó solo a los animales que iba a sacrificar o devorar más tarde, no se comprendería la preservación de todos los animales que existen hoy día. La solución de P era la de salvar a una pareja de cada especie de animal en la Tierra. Nótese también que en J, solo la humanidad era perversa. Sin embargo, para P, no solo la humanidad sino todas las criaturas eran perversas. Esto explica la necesidad de exterminarlas.

Una vez más, el estudio de estos relatos son una ventana para que la luz del análisis racional de estos textos nos lleven a comprender la mentalidad de las castas sacerdotales del pasado. Además, muestran la ahistoricidad de ambos relatos y la falacia de pensar que este evento haya ocurrido como acontecimiento histórico como quiere insistir Ken Ham con su réplica del arca de Noé.

Espero que hayan disfrutado esta breve travesía al pasado mediooriental.
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Bibliografía

Arens, Eduardo. La Biblia sin mitos: Una introducción crítica. Lima, Perú: Asociación Hijas de San Pablo / Centro de Estudios y Publicaciones, 2014.

Biblia de Jerusalén. Bilbao, España: Desclée de Brower, 2009.

Friedman, Richard Elliott. Who Wrote the Bible? US: HarperOne, 1997.

El(Los) relato(s) del diluvio universal – 2

Los animales entrando al arca.

Cuadro de Leandro Bassano. Los animales entrando al arca.

Vamos ahora a ver cuál es el relato del diluvio universal como lo presenta la tradición yahvista (J) (utilizo la traducción de la Biblia de Jerusalén del 2009). Tengamos en cuenta que el texto J fue editado por un autor afín a la tradición sacerdotal (P), por lo que aparecen algunos vacíos de información en el relato.
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El relato de J

Cuando la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas, vieron a los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran atractivas, y tomaron por mujeres a las que prefirieron de entre todas ellas. Entonces dijo Yahveh: “No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne, que sus días sean ciento veinte años.” Los nefilim aparecieron en la tierra por aquel entonces (y también después), cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y estas les dieron hijos: estos fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos.

Viendo Yahveh que la maldad del hombre cundía en la tierra y que todos los proyectos de su mente eran puro mal de continuo, le pesó a Yahveh de haber creado al hombre en la tierra, y se indignó en su corazón. Así pues, dijo Yahveh: “Voy a exterminar de sobre la faz del suelo al hombre que he creado —desde el hombre hasta los ganados, los reptiles, y hasta las aves del cielo—, porque me pesa haberlos hecho.” Pero Noé halló gracia ante los ojos de Yahveh.

[Se omite la narración de las órdenes de Yahveh para la creación del arca y el proceso de fabricación del arca.]

Yahveh dijo a Noé: “Entra en el arca con toda tu familia, porque tú eres el único justo que he visto en esta generación. De todos los animales puros tomarás para ti siete parejas, macho y hembra, y de todos los animales que no son puros, una pareja, macho y hembra. Asimismo de las aves del cielo, siete parejas, machos y hembras para que sobreviva su casta sobre la faz de toda la tierra. Porque dentro de siete días haré llover sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré de sobre la faz del suelo todos los seres que hice.” Noé ejecutó todo lo que le había mandado Yahveh.

Noé entró al arca, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hjos, para salvarse de las aguas del diluvio. A la semana, las aguas del diluvio se precipitaron sobre la tierra y estuvo descargando la lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. Yahveh cerró la puerta detrás de Noé.  El diluvio descargó sobre la tierra durante cuarenta días. Crecieron las aguas y levantaron el arca, que se alzó de encima de la tierra. Las aguas arreciaron y crecieron mucho sobre la tierra, mientras el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. Las aguas arreciaron muchísimo sobre la tierra, hasta el punto que los montes más altos que hay debajo del cielo quedaron cubiertos. El nivel de las aguas sobrepasó quince codos, quedando cubieros los montes. Todo cuanto respira hálito vital, todo cuanto existe en tierra firme murió. Yahveh exterminó todo ser que había sobre la faz del suelo, desde el hombre hasta los ganados, incluidos los reptiles y las aves del cielo: todos fueron exterminados de la tierra. Solo quedaron Noé y los que con él estaban en el arca.

Y cesó la lluvia del cielo. Poco a poco retrocedieron las aguas de sobre la tierra. Al cabo de cuarenta días, abrió Noé la ventana que había hecho en el arca y soltó a la paloma, para ver si habían menguado las aguas de la superficie terrestre. La paloma, no hallando donde posar el pie, tornó donde él, al arca, porque aún había agua sobre la superficie de la tierra. Así que alargó su mano, la tomó y la metió consigo en el arca. Esperó otros siete días y volvió a soltar la paloma fuera del arca. la paloma regresó al atardecer trayendo en el pico un ramo verde de olivo, por donde conoció Noé que había menguado las aguas de encima de la tierra. Aún esperó otros siete días y volvió a soltar la paloma, que ya no regresó donde él. Se secaron las aguas de encima de la tierra.

[Omisión del relato del desembarco de Noé, su familia y los animales]

Noé construyó un altar a Yahveh, tomó de todos los animales puros y de todas las aves puras y ofreció holocaustos en el altar. Al aspirar Yahveh el calmante aroma, dijo para sí: “Nunca más volveré a maldecir el suelo por causa del hombre, porque las trazas del corazón humano son malas desde su niñez, ni volveré a destruir a los seres vivientes, como he hecho.

“Mientras dure la tierra,
sementera y siega,
frío y calor,
verano e invierno,
día y noche
no cesarán.”

(Gén. 6:1-8; 7:1-5,7,10,12,16b-20,22-23; 8:2b-3a,6,8-12,13b,20-22)
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Discusión

Este es el texto más temprano que tenemos en torno al diluvio y vemos muchas ideas muy afines a las diversas mitologías del Mediterráneo. Por ejemplo, los “hijos de Dios” o las divinidades supramundanas se involucraron sexualmente con mujeres terrestres, generando los “nefilim” (probablemente traducidos como “gigantes”) famosos héroes de la antigüedad. Para aquellos instruidos en literatura griega y romana antigua, esto les recordará a la manera en que Zeus y otros dioses sostenían actos sexuales con mujeres humanas y ellas daban a luz a héroes: Hércules es un ejemplo de ello.

Este es el relato más corto y cambia un poco el giro que se solía tener en torno a historias similares en el Medio Oriente. En el poema mesopotámico, La épica de Gilgamesh (2100 a.C.), los dioses no destruyen a la humanidad por razones relacionadas con el comportamiento moral de los seres humanos. Al contrario, de lo que se quejaban los dioses era de que estas “nuevas criaturas” prácticamente hacían demasiado ruido. Lo que sí es una característica muy distintiva del autor J y que parece haber sido novel en el Antiguo Medio Oriente es la idea de que Yahveh destruyó a la humanidad debido a la maldad humana, mientras que salvó a los justos de dicha aniquilación. Algo semejante ocurre en el relato J de Sodoma y Gomorra: se destruye a Sodoma mientras que los ángeles de Yahveh salvan a Lot y su familia.

Lo que resulta curioso del relato es que, de acuerdo con J, Dios aniquiló a todos los seres vivos de la tierra, excepto los del arca. Sin embargo, como hemos visto, el número de animales que sobrevivió fue bastante limitado. ¿Qué hizo Noé después de desembarcar del arca? Sacrificar a animales de todos los puros que trajo consigo en el arca. ¿Cómo sobrevivieron entonces? ¿Cómo se da cuenta de la supervivencia de los demás animales a partir de unos poquitos?

No obstante estas preguntas, el relato permite asomarnos a la mentalidad de los israelitas antiguos en particular en relación con la mitología que se desarrollaba a su alrededor.

¿Cómo compara esto con el relato P? Veremos en nuestro próximo artículo.

 

El(Los) relato(s) del diluvio universal – 1

the-dove-sent-forth-from-the-ark-1866¿Sucedió realmente el diluvio universal como nos lo relata la Biblia? Lo dudamos mucho. Todos los estudios que se han llevado a cabo han determinado que es una imposibilidad arqueológica, genética, climática, física en todos los sentidos posibles. El National Center for Science Education ha publicado un artículo, una selección de lectura de un texto sobre el tema, que provee más allá de toda duda la ahistoricidad de tal acontecimiento.

A pesar de ello, Ken Ham, el pastor literalista que mantiene el portal creacionista de Answers in Genesis, recientemente fabricó su versión del arca de Noé en Estados Unidos con el objetivo de convencer a la gente de que una embarcación como esa pudo haber sido real. Sin embargo, el arca como tal no flotaría nunca (es más un museo que un arca( y no podría enjaular a dinosaurios. Sí, él presenta figuras de dinosaurios enjaulados en el arca. Para estas y otras observaciones, lean este artículo por Erik Ortiz y vean los vídeos correspondientes.

Lo que sí quiero hacer aquí es otra aproximación al problema del relato bíblico, específicamente su origen y cómo puede dar cuenta del relato del diluvio en el libro del Génesis. Como cualquiera puede darse cuenta de una lectura cuidadosa del texto, no todos los detalles del relato cuadran bien. A prima facie nos encontramos a veces con dos notorias contradicciones, por ejemplo (los textos citados son de la Biblia de Jerusalén del 2009):

  1. No estamos seguros cuántas parejas de animales entraron al arca de Noé:

Dijo, pues, Dios a Noé: “… Meterás en el arca una pareja de cada ser viviente para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra. De cada especie de aves, de cada especie de ganados y de cada especie de reptiles entrarán contigo sendas parejas para sobrevivir” (Gén. 5:13a,19-20).

Yahveh dijo a Noé: “… De todos los animales puros tomarás para ti siete parejas, macho y hembra, y de todos los animales que no son puros, una pareja, macho y hembra. Asimismo de las aves del cielo, siete parejas, machos y hembras para que sobreviva su casta sobre la faz de la tierra” (Gén. 7:1a,2-3)

  1. No se sabe el número de días que duró el diluvio.

El diluvio descargó sobre la tierra durante cuarenta días (Gén. 7:17).

Las aguas inundaron la tierra por espacio de ciento cincuenta días (Gén 7:24).

Poco a poco retrocedieron las aguas sobre la tierra. Al cabo de ciento cincuenta días, las aguas habían menguado (Gén. 8:3).

Al cabo de cuarenta días, abrió Noé la ventana que había hecho en el arca … (Gén. 8:9).

Usualmente los no creyentes se burlan de las contradicciones bíblicas, pero lo que resulta más fascinante es descubrir por qué están allí. ¿Por qué razón aparecen esas contradicciones en el relato del diluvio?
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La creación del Pentateuco (la Torah)

El Pentateuco (los primeros cinco libros de la Biblia Hebrea: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) no fue escrito por un solo autor ni en una sola época. Es en realidad un cúmulo de tradiciones que se fueron forjando a medida que avanzaba el tiempo. Veamos cada una de ellas brevemente:

  • Tradición yahvista (J): Parece haberse originado entre los siglos X y IX a.C. Se destaca porque desde el mismo principio del Génesis se refiere a Dios con el nombre de “Yahveh”.
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  • Tradición elohísta (E): Difiere de la yahvista en que en el Génesis se refiere a Dios con el nombre de “Elohim” (literalmente “dioses”, para referirse a la multiplicidad de potencias divinas en una sola deidad) hasta que Dios le revela su nombre a Moisés en Éxodo 3:14-15. Se piensa que se originó en la época de los reyes Jeroboam (del norte) y de Roboam (del sur) durante el siglo X a.C.
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  • Tradición deuteronómica (D): Para el siglo VII a.C., por circunstancias históricas, parece que existía un texto que juntó las dos tradiciones anteriores (JE) y surgió en la corte del Rey Josías una tercera denominada “deuteronómica”, ya que es responsable en gran parte del libro del “Deuteronomio” y de su código legal. El texto claramente se concibe como una continuación de JE y fue el que adoptó el Rey Josías para sus reformas religiosas.
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  • Tradición sacerdotal (P): La mayoría de los biblistas piensa que la tradición sacerdotal tuvo lugar durante el exilio de los judíos a Babilonia durante el siglo VI a.C. Esta tradición llama también a Dios “Elohim” en el Génesis hasta la revelación de su nombre a Moisés en Éxodo 6:2-3. Esta tradición se caracteriza por su estilo altamente repetitivo, su legalismo, su concepción distante de Dios y su énfasis en los aspectos rituales de la religión judía. Además, crea su propia versión de la inmensa mayoría de las mismas historias que vemos en el texto JED.

El texto final del Pentateuco mezcló las cuatro tradiciones en cinco libros y probablemente apareció después del regreso de los judíos a tierra Palestina en el 539 a.C. Los judíos empezaron a considerar a estos cinco libros como la “Torah” o la “Ley de Moisés”.

Este proceso de edición explica en gran medida el fenómeno de los dobletes en el Pentateuco, es decir, cuando el texto repite dos o más veces el mismo relato o dos o más versiones del mismo acontecimiento. Esto explica las contradicciones en el relato del diluvio. No estamos tratando con un relato coherente sobre el arca de Noé sino probablemente de dos que fueron mezclados en uno más extenso. Por ejemplo, un relato sostendría que el diluvio duró cuarenta días y el otro ciento cincuenta. Hoy día se piensa que el texto presenta dos versiones distintas: la de J y la de P.
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La cosmología de los antiguos hebreos

Una cosa que se desconoce mucho a la hora de evaluar los textos bíblicos, incluyendo los del diluvio universal, es la cosmología de los antiguos hebreos. Utilizaré la siguiente ilustración para la discusión:

Cosmología de los antiguos israelitas.

Cosmología de los antiguos israelitas. (c) 2016. Pedro M. Rosario Barbosa. CC-BY-SA 4.0. Ver detalles al final del artículo.

En el ámbito del antiguo medio oriente, los israelitas compartían más o menos la misma cosmología que los acadios y babilonios de la época. Esto se confirma con las muchas descripciones que hace la Biblia en torno a la estructura misma del mundo:

  • División entre el océano celeste y el océano terrestre mediante un firmamento, es decir, una superficie firme (sólida) que mantiene las aguas del cielo alejadas de la tierra y los océanos terrestres. De hecho, Dios camina por el firmamento de vez en cuando (Gén. 1:6-8; Amós 9:6; Job. 22:13 ; 37: 18; Sal. 148:1; Prov. 8:27-28).
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  • Dios hace que llueva abriendo las compuertas del firmamento (Gén. 7:11; 8:2; Amós 9:6; Sal. 78:23).
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  • De allí aparece la tierra como superficie seca que sobresale del océano terrestre y está rodeado por este (Gén. 1:9).
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  • El océano tiene un círculo de contención (Job 26:10).
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  • La tierra es plana (el horizonte es la frontera entre la luz y la oscuridad) y se ve circular ante los ojos de Dios en los cielos (Job 26:10; Prov. 8:27).
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  • Hay pilares de la tierra que la sostienen en su lugar sobre las aguas de las profundidades (1 Sam. 2:8; Job. 38:4,6; Sal. 104:15; Sal. 136:6).
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  • Hay aguas encima de los cielos (del firmamento) y debajo de la tierra, en “las profundidades” (Gén. 7:11; 8:2; Éx. 20:4; Is. 14:15; Prov. 8:28).
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  • Las fuentes y manantiales existen porque hay conductos desde las aguas de las profundidades hasta la superficie. Estas también tienen compuertas que se abren y se cierran (Gén. 7:11; 8:2).
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  • Existen pilares que sostienen al firmamento en su lugar (2 Sam. 2:28; Job. 26:11).
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  • Existen seres debajo de la tierra, en el sheol, el inframundo, donde habitan los muertos (Is. 14:15; Flp. 2:8; Apoc. 5:2-3).
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  • Existe un ámbito divino, un “tercer cielo”, donde habita Yahveh y otros seres divinos (Gén. 1:26; 3:22; Job. 22:13; Sal 82:1; 2 Cor. 12:2). Para los antiguos israelitas, estos seres divinos eran otros dioses, para el judaísmo del siglo I y II d.C. ángeles, tal vez concebidos como deidades menores (“hijos de Dios”) o criaturas divinas bajo el mandato de Yahveh y que rigen el cosmos y las naciones (Gén. 3:24; 6:2; Deut. 32:8; Job 1:9-12; Sal. 80:1; Apoc. 4-6; 12:7-9).

Este último punto sorprende a muchos creyentes, ya que usualmente se sostiene que los antiguos israelitas eran monoteístas estrictos. La verdad que no era hasta el siglo II d.C. que se podía hablar de un judaísmo monoteísta en sentido estricto.

En el comienzo, parece ser que en el Medio Oriente antiguo, en el ámbito cananeo previo a la existencia del Antiguo Israel, se veneraba a un Dios llamado El y que se interpretaba como la divinidad suprema que se sentaba en el trono de los demás dioses. Estos últimos se concebían como dioses nacionales. Esto no es algo extraño en el mundo antiguo. Al contrario, en el caso de los griegos tenemos tipos similares, en el que Zeus es el dios supremo, mientras que, por ejemplo, Atenea era la diosa de Atenas, o Roma era la diosa protectora de la ciudad con el mismo nombre. Muchos eruditos piensan que originalmente Yahveh, como dios nacional, era originalmente un “hijo de El”, o una deidad subordinada al régimen de El. Más adelante, después del surgimiento del primitivo Israel, mediante un proceso sincrético, El y Yahveh se volvieron en uno y el mismo dios nacional promovido por la casta sacerdotal levita y, especialmente, por los reyes durante la época de la monarquía. Desde entonces, al dios nacional se le conoció como “Yahveh Elohim”, supremo dios que se encuentra por encima de los demás dioses (Éx. 6:2-3). Más adelante, los demás dioses se convertirían en deidades menores o en ángeles.

Es en este contexto cosmológico que debemos entender los dos relatos del diluvio en el Génesis. En los próximos dos artículos, redactaré las dos historias del diluvio. La primera, la de la tradición J, es la versión más temprana; la de la P es la más elaborada y tardía.

Bibliografía

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Sobre la imagen

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La homosexualidad y Pablo el Apóstol

En miras a la marcha LGBTI que se celebrará este fin de semana, pensaba dedicarle hoy a la otra parte de la Biblia que se utiliza constantemente contra los homosexuales, las cartas de Pablo el Apóstol.

Todas las citas que utilizaré serán de la traducción provista por Senén Vidal en su reciente publicado libro Nuevo Testamento. Para mayor lujo de detalles en cuanto a este tema, les refiero al capítulo 10 de mi libro, Pablo el Emisario: Odiado e incomprendido. Este artículo supone la lectura de “La homosexualidad y la Biblia Hebrea“.
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Antes que nada: ¿quién fue Pablo de Tarso?

Pablo el Apóstol es uno de los personajes más interesantes de la historia del cristianismo primitivo. Sin embargo, su memoria ha quedado teñida por la opinión de algunos falsificadores de sus cartas y de la historia que se encuentra en el libro neotestamentario, Hechos de los Apóstoles.

Hoy día, virtualmente todos los eruditos están de acuerdo de que el contenido genuino de la obra paulina se encuentran en siete de las catorce cartas del Nuevo Testamento atribuidas a él, a saber: Romanos, Gálatas, 1 Tesalonicenses, Filipenses, 1 y 2 Corintios y Filemón. También se han descubierto que varias de estas cartas son, en realidad, compilaciones de dos o más. Por ejemplo, los eruditos en general están de acuerdo de que 2 Corintios se compone de al menos dos cartas distintas: los capítulos 10 al 13 no provienen de la misma carta que los capítulos 1 al 9. Algunos expertos van más allá y han identificado hasta un máximo de cinco cartas distintas en 2 Corintios. Observaciones similares se han hecho de Romanos, Filipenses y 1 Corintios. Especulan los estudiosos del Nuevo Testamento que es altamente probable que después de la muerte de Pablo (probablemente durante el 59-64 d.C.), alguna persona editó las cartas que tenía de Pablo para que sumaran siete (número sagrado en el cristianismo) y las comenzó a circular de esa manera.

Hay otras cartas en el Nuevo Testamento que se atribuyen a él, pero hoy día la inmensa mayoría de los eruditos las consideran “seudónimas” o “falsificaciones”. Sobre este tema recomiendo la lectura de dos libros del erudito Bart Ehrman: uno destinado al público en general, Forged; el otro es académico, Forgery and Counterforgery. La carta Hebreos es seudónima, pero no es una falsificación. Su autor no declara ser Pablo, pero se sospecha que algún escriba cristiano de la antigüedad alteraró el texto al final para hacerle parecer como si autoria fuera de este Apóstol para justificar el intento de añadirlo al corpus paulinum y el total de cartas sumaran catorce, es decir, 7+7 (Heb.13:22-25). Las demás cartas son falsificaciones: 2 TesalonicensesColosensesEfesios1 y 2 TimoteoTito. Por lo tanto, ellas no cuentan para nuestra comprensión del Apóstol.

Conversión de San Pablo por Caravaggio

Conversión de San Pablo por Caravaggio (1600-1601).

Pablo es famoso porque supuestamente era un fariseo funcionario del sacerdocio de Jerusalén que perseguía a los cristianos en esa región. En un momento dado, el liderato sacerdotal le pide que enviara una carta a las sinagogas en Damasco para el arresto de cristianos en esa área y su procesamiento en la capital de Judea. Finalmente, en el camino a Damasco, Jesús se le aparece a Pablo, suceso que eventualmente le “convierte” al cristianismo.  A pesar de que las artes narrativas del autor de Hechos ha sido sumamente poderosa, lamentablemente nada de lo que ha dicho es cierto. Es imposible que el sacerdocio de Jerusalén ordenara el arresto y la persecución de cristianos en Damasco (es decir, en Siria) donde claramente no tenía jurisdicción. Y aun si lo hubieran hecho, el Imperio Romano lo hubiera impedido, ya que no era exactamente entusiasta de persecuciones entre sectores religiosos en su imperio.  ¿Qué sucedió entonces?

Por ahora, los mejores estudios al respecto nos revelan que Pablo era un judío helenista, es decir, un judío de la diáspora criado en un ambiente helenístico en el que predominaba el griego como lingua franca. Nació en Tarso y en algún momento dado de su vida se fue a vivir a Damasco, probablemente adoptando la labor de curtidor (Hch. 18:1-3). Su educación refleja un conocimiento de la Biblia Hebrea en griego al citar constantemente la Septuaginta (o la versión de “los LXX”), una edición de la Biblia Hebrea traducida al griego y que era altamente utilizada por la diáspora en aquella época. Pablo sí perseguía a los cristianos en Damasco, probablemente incitando a que fueran castigados con 39 latigazos y su eventual expulsión de las sinagogas. No se excluye que también pudo haber organizado gangas para lincharlos cuando menos se lo esperaran los cristianos (Gál. 1:13-14; 1 Cor. 15:8). Él sí alegaba en sus cartas que Jesús se le había aparecido en varias ocasiones predicándole una “buena noticia” y dándole la labor de diseminarla entre los “gentiles” o las “naciones” no judías (Gál. 1:15-24; 1 Cor. 9:1; 15:8).

¿Cuál era esta “buena noticia”? Básicamente, Pablo afirmaba que aun cuando fuera una obligación para los judíos continuar siguiendo las disposiciones de la Ley judía (la Torah), a los gentiles se les otorgó la gracia de no tener que obedecer la totalidad de las minucias normativas, sino que se les eximía de fundamentalmente tres cosas: la circuncisión, de la dieta kosher y de la observancia del Sábado. Esto no significaba que no se les obligaría a continuar obrando según las disposiciones morales de la Torah y que están contenidas en el Decálogo. Así, el nacido judío seguía obligado a obedecer la totalidad de la Torah como judío, pero que gracias a que Jesucristo redimió a la humanidad mediante su derramamiento de sangre (sacrificio vicario) y resurrección de la muerte, es la fe en este Salvador la que cuenta para brindar la gracia del Espíritu de Yahveh a judíos y gentiles por igual (Gál. 3:5-4:11; 5:1-3; Rom. 6-8).

Es pertinente señalar que la llamada “conversión” de Pablo al cristianismo no es tal. Primero, porque el cristianismo no existía todavía como religión separada del judaísmo. Pablo interpretó su vida cristiana como una continuación de su vida judía. El cristianismo primitivo era una rama del judaísmo, tal como lo eran los fariseos, los saduceos y los esenios. Por ende, su mentalidad debe comprenderse desde el marco del judaísmo, pero que es influenciado por la matriz social helenística donde él se desenvolvía y llevaba a cabo sus actividades. También debemos tener en cuenta que él era un apocalipticista obsesivo y que, como cristiano, esperaba el pronto regreso del Mesías para establecer en el cielo, de una vez y por todas, el Reino de Yahveh (1 Tes. 2:12; 4:15-18; 5:1-21; 1 Cor. 1:9; 3:13-15; 15:23-28; 2 Cor. 4:14; Rom. 8:11; 11:23-28).
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La mentalidad profundamente igualitaria de Pablo

Lo que sí sorprende de Pablo es su pensamiento profundamente igualitario a pesar de su herencia judía que, en aquel momento, no era tan igualitaria como en sus comienzos. En un pasaje de Gálatas, Pablo nos dice que tras el bautismo de judíos, de griegos, de hombres y de mujeres hay una igualdad absoluta.

Al llegar la fe, ya no estamos bajo ningún guardián [refiriéndose a la Torah]:

Pues todos sois hijos de Dios,
por la fe,
en Cristo Jesús.

Pues cuantos fuisteis bautizados
para pertenecer a Cristo
fuisteis revestidos de Cristo.

No hay judío ni griego;
no hay esclavo ni libre;
no hay varón ni mujer.

Pues todos vosotros sois uno
en Cristo Jesús (Gál. 3:25-28)

Probablemente, en este pasaje, Pablo estaba reproduciendo un himno bautismal de las congregaciones cristianas en la diáspora. Para efectos de las congregaciones, todos tenían que tratar a todos como iguales. Nadie podía considerarse superior a otro.

Y sí, contrario a lo que muchos han supuesto, Pablo sostenía la total igualdad entre hombres y mujeres en las congregaciones. Por ejemplo, tomemos los pasajes en los que Pablo le da una serie de consejos a las vírgenes y a los casados dentro de su visión escatológica apocalipticista:

Acerca de lo que escribisteis,

es bueno que el hombre no toque a una mujer

pero, por razón de los peligros de la inmoralidad, que cada uno tenga su mujer y que cada una tenga su propio marido; que el marido pague la deuda a la mujer, e igualmente, también la mujer al marido. La mujer no dispone de su propio cuerpo, sino el marido, e igualmente, tampoco el marido dispone de su propio cuerpo, sino la mujer. No os privéis mutuamente, a no ser de común acuerdo por un tiempo limitado, para dedicaros a la oración y de nuevo convivid juntos, para que no os tiente Satanás por razón de la incontinencia.

Esto lo digo como condescendencia, no como mandato. Mi deseo es que todos fueran como yo [célibe], pero cada uno tiene su propio don de parte de Dios: uno, este y el otro, aquel. (1 Cor. 7:1-7)

Acerca de “las vírgenes”, no tengo ningún mandato del Señor. Pero os doy mi parecer, como quien ha sido agraciado por el Señor de ser fiable. Pienso, pues, que por razón del agobio presente, es bueno para el hombre estar así [es decir, célibe]: ¿estás ligado a una mujer?, no busques desligarte; ¿estás desligado de mujer?, no busques mujer. Si te casas, no pecas; y si la virgen se casa, no peca. Pero esos tales tendrán aflicción de la carne y yo quisiera ahorrárosla.

Esto os digo, hermanos:  El tiempo se ha acortado. Por lo demás,

que los que tienen mujeres
estén como si no las tuvieran,

y los que lloran,
como si no lloraran,

y los que están alegres
como si no lo estuvieran,

y los que compran,
como si no poseyeran,

y los que usan el mundo
como si no se aprovecharan de él.

Pues pasa la apariencia de este mundo.

Quiero que estéis libres de preocupaciones. El soltero se preocupa de lo del Señor, de cómo agradar al Señor; pero el casado se preocupa de la mujer, y está dividido. Y la mujer soltera y la virgen se preocupan de lo del Señor, para ser santa en el cuerpo como en el espíritu; pero la casada se preocupa de lo del mundo, de cómo agradar al marido. Os digo esto para vuestro provecho, no para echaros un lazo, sino para la honestidad y la atención al Señor sin distracción alguna (1 Cor. 9:23-35)

Igualmente podemos decir que, con excepción de la dimensión de la indumentaria –específicamente si la mujer debería o no llevar un velo en su cabeza– también ellas podían participar en profecía y predicación. Afirma Pablo claramente en 1 Corintios, que cuando las mujeres profetizaran, que usaran un velo (1 Cor. 11:1-16). Aun con eso, no supo cómo defender ese punto desde su perspectiva igualitaria cuando decía:

Sin embargo, en el Señor, ni la mujer [existe] sin el varón, ni el varón sin la mujer. Pues así como la mujer procede del varón, así también el varón existe por medio de la mujer, y todo procede de Dios (1. Cor. 11:11-12).

La Epíscopa Teodora

La Epíscopa Teodora en la Basílica de Santa Prassede, Roma (siglo IX)

Pero, ¿y qué hay de esos pasajes donde Pablo dice explícitamente que las mujeres se callaran en las asambleas? Sencillo: Pablo no escribió esos pasajes. El primer pasaje en cuestión aparece en 1 Timoteo que, como ya vimos, es una carta que no escribió Pablo (1 Tim. 2:8-15). El segundo pasaje aparece en 1 Corintios y, aunque sí fue una carta escrita por Pablo, no necesariamente el fragmento que ordena callar a las mujeres fue escrito por él (1 Cor. 14:33b-36). Prácticamente todos los estudiosos están de acuerdo de que el pasaje es una interpolación posterior que se fundamenta en el de 1 Timoteo. Parte de la razón para pensarlo es precisamente que en esa misma carta, como acabamos de ver, Pablo aprobaba la predicación de las mujeres en asambleas, siempre y cuando usaran un velo. Además, hay testimonios abundantes de que Pablo favorecía el servicio, la predicación y el liderato de las mujeres en las congregaciones cristianas (1 Cor. 1:11; 9:2-6; Flp. 4:2; Rom 16:1-5,7,12-15). En una ocasión hasta ensalzó la labor de una mujer apóstol llamada Junia (Rom. 16:7).

Lo mismo abogaba por que los judíos cristianos trataran con igualdad a los gentiles y que no se les forzara a “judaizarse” (Gál. 2:14; Rom. 14). En una ocasión abogó por un esclavo llamado Onésimo quien, aparentemente, recibía maltratos de su amo, Filemón. El primero parece haberle robado al último. Onésimo le sirvió a Pablo mientras estaba en prisión y este Apóstol le escribió una hermosísima carta en que le informaba a Filemón que ya Onésimo había sido bautizado y que era su obligación moral tratarle como un igual, como un hermano en Cristo (Fil.)

Dados estos datos, tenemos lo suficiente para comprender el rechazo de Pablo a las actividades homosexuales.
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Maldición a las actividades homosexuales

Pablo no era amable en lo absoluto para los que sostenían actividades homosexuales de diverso tipo. Mientras leamos los siguientes pasajes, tengamos en mente que Pablo era judío y, como tal, odiaba las costumbres paganas y detestaba todo tipo de actividad homosexual (herencia del pasado de la Torah). Recordemos también que él estaba basandose en la Septuaginta cuya versión de Levítico decía lo siguiente en griego:

No yacerás con varón {ársen} como se yace en la cama {koíten} con una mujer (Lev. 18:22).

Si un hombre yace con varón {ársen} como se yace en la cama {koíten} con una mujer, ambos han cometido una abominación (Lev. 20:13).

Dice Pablo a la congregación corintia, quienes tenían miembros que practicaban rituales paganos en la forma de actividades homosexuales:

¿Se atreve algunos de vosotors, el tener un pleito contra otro, a llevarlo a juicio ante los injustos [i.e. gentiles paganos], y no ante los santos [cristianos]? … Si es que tenéis procesos de la vida cotidiana, ¡sentad como jueces precisamente a los despreciados en la congregación! Para vuestra vergüenza os lo digo … ¿Es que no sabéis que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No os engañéis: ni inmorales, ni idólatras, ni adúlteros, ni los malakoí, ni los arsenokoĩtai, ni ladrones, ni avaros, ni borrachos, ni difamadores, ni usurpadores heredarán el REino de Dios (1 Cor. 6:1,4-5a,9-19).

Pablo abunda más sobre este tema en Romanos:

Se revela en efecto, la ira de Dios desde el cielo sobre toda impiedad e injusticia de los hombres que tienen oprimida la verdad por la injusticia. Porque lo que puede conocer de Dios está patente a ellos, ya que Dios mismo se lo ha manifestado. Pues desde la creación del mundo la mente puede descubrir en las obras creadas lo invisible de Dios, esto es su poder eterno y su ser divino. De este modo, no tienen ninguna excusa. Porque, conociendo a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias como a Dios, sino que se envanecieron en sus disquisiciones y se entenebreció su insensato corazón: proclamándose sabios, se convirtieron en necios, y sustituyeron la gloria de Dios incorruptible por imágenes con figura de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

Por eso, Dios los entregó a la impureza, por las apetencias de sus corazones, para envilecer sus propios cuerpos, en cuanto que sustituyeron la verdad de Dios por la mentira y veneraron y adoraron a la criatura en lugar del creador, que es bendito por siempre. Amén. Dios los entregó a pasiones envilecedoreas:  Pues, sus mujeres cambiaron la relación sexual natural por la antinatural, y de igual modo, también los varones, abandonando la relación natural con la mujer, ardieron de ansia los unos por los otros, cometiendo actos desvergonzados varones con varones. Y así recibieron en sí mismos el pago que merecía su aberración.

Y como no se dignaron reconocer a Dios, el mismo Dios los entregó a una mente indigna, para practicar lo indecente: repletos de todo tipo de injusticia, de perversidad, de avaricia, de maldad, llenos de envidia, de asesinatos, de riñas, de fraudes, de malicia, detractores, calumniadores, blasfemos, opresores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a los padres, irracionales, no fiables, sin corazón, despiadados. Esos, conociendo el decreto de Dios que declara merecedores de la muerte a los que realizan tales cosas no solo las hacen, sino que incluso dan su aprobación a los que las realizan (Rom. 1:18-32).

Hay bastante qué comentar sobre estos pasajes. En primer lugar, todavía hay debate en la comunidad exégeta del Nuevo Testamento en cuanto a lo que significan los términos “malakoí” y “arsenokoĩtai“. El último probablemente sucede como una especie de neologismo a partir del pasaje griego de Levítico que ya vimos. “Ársen” significa varón, “koítes” significa camas. “Arsenokoĩtai” significa literalmente “varón camas”.

El erudito E. P. Sanders es de la opinión de que en la época de Pablo todavía persistían prácticas homoeróticas desde el punto de vista de desigualdad social. El pasaje de Levítico habla de los que “actúan en la cama” con otro varón como si este último fuera una mujer. Por ende, puede ser que el neologismo paulino o judeohelenístico “arsenokoĩtai” se refiriera en realidad a personas que actuaban como o hacían cosas semejantes al erastes griego. Muchos han traducido malakoí como “afeminados”, pero este término puede ser engañoso si evoca al concepto actual de “afeminado”. En realidad se puede referir a las personas que asumían un rol como el de o semejante al de erómenos, que hacían las veces de “mujer” para un erastes antes de los 18 años.  Por lo tanto, Pablo estaba condenando tanto a los varones que en la actividad homosexual penetran como a los que reciben la penetración.

Nótese que esta es una posición de desigualdad y, en la mente de Pablo, de injusticia. La desigualdad para él es inaceptable en una congregación cristiana. Sin embargo, debemos atemperar lo que significa el término “justicia” en su tiempo. Como dijimos en nuestro artículo sobre la homosexualidad y la Biblia Hebrea, la aspiración a la justicia es más o menos clara en el tiempo de los profetas: se rechaza la opulencia, la opresión al pobre, la opresión a la viuda, etc. Sin embargo, en la epoca de Isaías y la de Ezequiel no existía la Torah como la conocemos hoy. Para un judío como Pablo, la parte moral de la Torah es medida de justicia. Para el judaísmo de esa época, todo aquel que no cumpliera con la Torah era injusto. En la teología paulina, esto se modifica solamente  para que a los gentiles se designaran como justos en la medida que cumplieran el lado moral de la Torah, sin necesidad de cumplir con la circuncisión, el kosher y la observancia del Sábado.

Por otro lado, Pablo creció en un ámbito helenístico que influenció su pensamiento y su visión de mundo. En aquel mundo de la diáspora, se adoptaron perspectivas vulgares del platonismo y el estoicismo. Vemos en sus escritos apelación a la naturaleza según el orden divino y la oposición entre carne y espíritu. Pablo no era exactamente fanático de la filosofía. Si leen los pasajes con cuidado, denunciaba a unos “sabios” (los filósofos) que los describía como “necios” (desde la perspectiva cristiana primitiva). Sin embargo, en el mundo helenístico, residuos vulgares de las filosofía platónica y estoicista permeaban aquel medio ambiente. Sin querer, él adoptó algunas perspectivas vulgares de esta “filosofía de gente” del ámbito helenístico. Los paganos se dejaban guiar por las pasiones de la carne, mientras que los judíos y los gentiles eran movidos por el Espíritu de Dios.

Pablo utilizó el concepto estoicista vulgar de “naturaleza” como argumento del orden divino. Decía él que los gentiles no crecen conociendo la Ley (la Torah), pero Dios les había puesto las disposiciones morales de la Ley en sus corazones (esto recuerda a la teoría platónica de las ideas innatas). Simultáneamente, todo ser humano que abriera su mente, se percataría del orden natural de las cosas y se daría cuenta de la existencia de la Divinidad (argumento parecido al estoicismo). Desde esta perspectiva, todas las acciones de los gentiles paganos (es decir, de los gentiles que no profesan el judaísmo ni el cristianismo), que fueran contrarias a la parte moral de la Torah y a su verdad revelada eran injustos. De ahí la “impureza” de los gentiles paganos (noten el lenguaje distintivo del judaísmo). Los paganos no quisieron darse cuenta de lo que es “evidente ante sus ojos”, se dejaron guiar por las pasiones de la carne, adoraron a otros dioses y, por ello, estaban llenos de pecado.

Entre esas acciones impuras se encuentra precisamente el actuar contra la naturaleza establecida por Dios: las mujeres rechazaron su naturaleza para llevar a cabo actos antinaturales con otras mujeres y, muy especialmente, los varones con otros varones. Por eso, para Pablo, ninguno de los malakoí ni de los arsenokoĩtai ni de las que llevan a cabo actos lésbicos vería el Reino de Dios. Para él, todas estas personas eran injustas.
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Reflexiones

Pablo predica en Damasco

Pablo predica en Damasco (siglo XII). Mosaico en la Escuela Bizantina en Sicilia, Italia

Pablo era un hombre de su tiempo representativo del judeohelenismo del primer siglo, pero influenciado por una nueva secta cristiana. A partir de unas apariciones de Jesús, pensaba que era su deber difundir el cristianismo y convertir gentes de otras naciones para Jesús antes de la llegada triunfante del Mesías para el establecimiento del Reino de Dios. Por un lado, quería contribuir a la vivencia carismática del Reino en las congregaciones cristianas que fundaba. Sin embargo, vivía en la gentilidad, donde la inmensa mayoría de sus habitantes desconocían las disposiciones judías.

Pablo no era un hombre del siglo XXI. No era sociólogo, sicólogo evolucionista, científico cognitivo, filósofo ni antropólogo. Tampoco tenía acceso a todos los conocimientos esenciales para comprender las diferencias culturales y, especialmente, religiosas entre judíos y gentiles. No podemos culpar a Pablo enteramente por haber escrito en contra de actividades homosexuales. Es un hijo de su tiempo.

Sin embargo, hoy día hemos avanzado en la filosofía y lo fácil que es identificar la falacia naturalista. Sabemos también que los asuntos éticos en torno a la sexualidad son mucho más complejos que las soluciones formuladas por la Biblia Hebrea y el Nuevo Testamento cristiano. En gran parte, esto es gracias a la información provista por las ciencias. Hoy sabemos que los seres humanos evolucionamos como resultado de un proceso evolutivo que nos hermana con todos los demás seres vivientes genética, relacional y materialmente. Es más, sabemos que la homosexualidad es un fenómeno tan natural que los científicos tienen constancia del comportamiento homosexual detectado en cerca de 1,500 especies. La homosexualidad humana forma parte del mundo natural.

Aun así, muchos insisten en sostener y aplicar las teologías y visiones de mundo de Pablo, un personaje del siglo I, a una realidad social del siglo XXI. ¿Cuál de los padres puertorriqueños estaría de acuerdo a que su hijo fuera atendido por un dentista del siglo I? Si no estarían dispuesto a hacerlo, entonces ¿por qué ignorar el conocimiento más certero de las ciencias y atendemos los consejos de alguien que evidentemente conocía mucho menos del mundo que nosotros?

¿Y qué hay de la responsabilidad ética de los cristianos que, contrario a Pablo, no tienen excusas para conocer el mundo más certeramente vía la razón y las ciencias?
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Meeks, Wayne A. Los primeros cristianos urbanos. Salamanca: Ediciones Sígueme, 2012.

Piñero, Antonio. Guía para entender a Pablo de Tarso: Una interpretación del pensamiento paulino. Madrid: Trotta, 2015.

Sanders, E. P. Paul: The Apostle’s Life, Letters, and Thought. Minneapolis: Fortress Press, 2016.

Vidal, Senén. Las cartas auténticas de Pablo. Bilbao: Mensajero, 2012.

—. Nuevo Testamento. Santander: Sal Terrae, 2015.

El fraude del Evangelio de la Esposa de Jesús

En el año 2012, la erudita Karen King, de la Escuela de Divinidad de Harvard, anunció al mundo el descubrimiento de un fragmento que parecía indicar que algunos cristianos antiguos o medievales pensaban que Jesús tenía una esposa.

Fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús

Fragmento al que se le denominado “Evangelio de la Esposa de Jesús” (Cortesía de Karen King, Harvard & AP)

El pedazo de papiro pertenecía a un anónimo al que King respetaba su deseo de mantener su identidad secreta. No explicaré los detalles de este fragmento, ya que los he presentado en mi blog personal. Baste señalar que aun si fuera genuino, la misma King nos dice que todo lo que podría decirse de seguro es que un sector del cristianismo solía sostener que Jesús tuvo una esposa. Este fragmento jamás podría probar de una vez y por todas que Jesús se hubiera casado en vida.
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¿Se casó Jesús en algún momento de su vida?

La inmensa mayoría de los expertos en la Antigüedad y los eruditos del Nuevo Testamento de todas las posiciones ideológicas y religiosas han estipulado como altamente probable la existencia histórica de Jesús. El consenso actual entre ellos en cuanto a la vida marital de Jesús es que parece que este nunca se casó porque compartía las convicciones apocalipticistas de su época: no hay tiempo para una vida familiar, ya que el Reino de Yahveh estaba a punto de llegar. Otros argumentan que si se casó, entonces comenzó su ministerio después de enviudar.

Aquellos que argumentan que sí vivía en un matrimonio durante su ministerio porque a él se le denominaba “Rabí” (maestro) y que solo se podía ser rabino si se era casado pierden de perspectiva de que esa disposición forma parte de una normativa rabínica del siglo II en adelante, décadas después de la muerte de Jesús. Además, Jesús no formaba parte de la oficialidad rabínica farisea (como no lo eran tampoco Juan el Bautista ni los esenios) ni era sacerdote saduceo.

Es más, es curioso que en los evangelios y en las cartas auténticas paulinas se hable de la madre y el padre de Jesús, de sus hermanos y hermanas, de su tensión con su familia, pero jamás de su mujer e hijos. Dentro de su mentalidad apocalipticista, Jesús no era exactamente el mejor amigo de la dinámica familiar, al menos como lo piensan muchos creyentes hoy día (Mt. 8:21-22; 10:37; 12:46-50; Mc. 3:20-21,31-35; Lc. 8:19-21; 9:59-62; 14:26).

Algunos conspiracionistas sospechan que la Iglesia Católica cambió los textos para eliminar cualquier referencia a esposas e hijos. Si ]fuera cierto, es extraño que esos pasajes “eliminados por la Iglesia” no aparezcan en escritos neotestamentarios que se escribieron y conservaron fuera del dominio del catolicismo medieval. En fin, los eruditos cuentan con cerca de los 2,500 manuscritos más antiguos del Nuevo Testamento de todas partes del mundo europeo, mediooriental y africano, muchos de ellos guardados por iglesias de diversas tendencias doctrinales, adversas al catolicismo e históricamente fuera del dominio del Vaticano. No hay ni un solo documento  de los 2,500 que afirme que Jesús era casado.

Muchos inspirados en los libros de Holy Blood, Holy Grail (en español El enigma sagrado) y El código Da Vinci sugieren que María Magdalena era la esposa de Jesús. Sin embargo, todo lo que nos dicen los evangelios de ella era que auspiciaba económicamente la labor de Jesús, que este la exorcisó de siete demonios y que fue testigo de la tumba vacía (Lc. 8:2-3; Mc. 16:1-8; Mt. 28:1-10; Lc. 24:1-11). Todos los demás reportajes de que Jesús besaba a María Magdalena (Evangelio de Felipe) o que le revelaba secretos (Evangelio de María Magdalena) proceden de escritos gnósticos posteriores (siglos II y III) y que no merecen credibilidad histórica alguna. Este último punto también es consenso de todos los expertos en este tema.

Si este es el caso, entonces ¿en qué ha parado el tema del fragmento en discusión?
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Veredicto final:  Un fraude

La historia del descubrimiento del fraude se dio dentro y fuera del ciberespacio. Algunos ponían en duda el fragmento al notar que algunos de sus contornos parecen haber sido cortados a tijera.

Otro problema parece haber sido la prueba de Carbono-14 al que se sometió la tinta usada para escribir el fragmento. Sí, la prueba mostraba que la tinta databa del siglo VIII, pero lo que no se conoce mucho es que este fue el resultado de la segunda prueba. La primera indicaba que la tinta era del 400 al 200 a.C. (¡!)

Otros señalaban que era bien extraño que este fragmento se obtuviera y se revelara justo en el momento en que perduraba la fiebre por la película (malísima) y la novela (aburridísima y mal informada) de El código Da Vinci. La respuesta general de los expertos era de un gran escepticismo, muy a pesar del optimismo de Karen King. A pesar de que ella había consultado con dos coptólogos expertos que opinaban que el documento aparentaba ser auténtico, no todos los coptólogos estaban convencidos. De hecho, la mayoría se mostraba extremadamente escéptica.

Sin embargo, hubo otros criterios muchos más fuertes de inautenticidad. Daniel B. Wallace, estudioso del Seminario Teológico de Dallas, mencionaba los siguientes:

  • Es extraño que el texto esté escrito en un copto sahídico bastante antiguo (como del siglo III), pero que aparece en un documento del siglo VIII.
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  • El papiro se utilizaba como medio de escritura hasta, a más tardar, el siglo VII. Las pruebas de Carbono-14 lo colocan en el siglo VIII.
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  • El fragmento pone a la vista el nombre de “Jesús” en dos ocasiones mediante las iniciales “IC” (iota sigma). En la segunda ocasión (en la cuarta línea), está justo en el medio del fragmento.
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  • La palabra “mi esposa” aparece a propósito en los labios de Jesús, de manera que es inconfundible que él estuviera hablando de su esposa.
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  • Parece que el escriba no utilizó un stilus, sino más bien una “brocha” pequeña, algo que no es característico de los escritos coptos conocidos de todas las épocas.
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  • Las frases que aparecen en este fragmento también aparecen en el Evangelio de Tomás, un evangelio gnóstico del siglo II, escrito en copto sahídico y encontrado en Nag Hammadi a mediados del siglo XX.

En cuanto a este último punto, Francis Watson de la Universidad de Durham llevó a cabo un análisis al respecto y publicó un resumen de sus hallazgossu análisis y otros señalamientos. Él demuestra más allá de toda duda que con excepción de la frase “mi esposa”, todo lo demás proviene de distintos versos del Evangelio de Tomás. Es más, no proceden ni tan siquiera de versos cercanos, sino que es un “collage” de versos de dicho libro gnóstico.

Sin embargo, lo que parece haber revelado más allá de toda duda que el fragmento era un fraude era un cierto tipo de errores gramaticales. Algunos expertos ya habían señalado el problema y cómo el que escribió el papiro refleja muy poco conocimiento del copto. Sin embargo, Andrew Bernhard de la Universidad de Oxford encontró que en la línea 6 del escrito hay una falta gramatical que indica que el autor estaba dependiendo en otro escrito que contiene la misma falla: la traducción interlinear al inglés de Michael Grodin del Evangelio de Tomás y que está disponible en línea. Aparentemente, el falsificador copió la falta ortográfica y después intentó corregirla por encima.

La otra evidencia del fraude no provino de ese fragmento, sino de uno ajeno y que también era del mismo dueño. Aparentemente, la misma persona que suplió nuestro texto en discusión a King, quiso proveer un fragmento del Evangelio de Juan a otra institución años antes.

Fragmento del Evangelio de Juan.

Fragmento del Evangelio de Juan asociado al del Evangelio de la “Esposa de Jesús”.

Para los expertos, no hay lugar a dudas que este fragmento es una falsificación. Entre algunos factores que siguieron arrojando serias dudas, podemos mencionar los descubiertos por por Christian Askeland:

  • El estilo, la tinta y el instrumento de escritura de este fragmento del Evangelio de Juan son exactamente los mismos de los del fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús.
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  • El nuevo fragmento del Evangelio de Juan depende de otro texto, una réplica exacta de cada dos versos del Códice Qau de Cambridge, editado por Herbert Thompson. De hecho, este fragmento es de una variante de copto distinta a la del Evangelio de la Esposa de Jesús. En el caso de este último, se basa justo en la variante del copto del Evangelio de Tomás, mientras que el del Evangelio de Juan se basa en el copto del Códice Qau.
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  • La variante del copto usado en el fragmento del Evangelio de Juan había desaparecido para el siglo VI d.C. Sin embargo, las pruebas de Carbono-14 hechas a este texto indican que es del siglo VIII d.C.

Estos señalamientos fueron confirmados por Alin Suciu de la Academia de Ciencias y Humanidades de Göttingen y felicitó a Askeland por la prueba tipo “smoking gun“.

Si lo anterior no fuera suficiente, la señal más llamativa y elemental la mencionó el egiptólogo Joost L. Hagen  y se encuentra en la lacuna (agujero) principal. A pesar de que otras letras disimulan “atravesar” el agujero,  en un momento dado, el falsificador intentó escribir una “N” (ny) y el “T” (tau) justo debajo para darle la vuelta.

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Por tanto, si este fragmento del Evangelio de Juan fue provisto por la misma persona, tiene la misma letra, el mismo instrumento de escritura, la misma tinta y muestra el patrón de depender de documentos contemporáneos, es lógico pensar que el fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús es también una falsificación y así lo han dejado saber en CNN los eruditos Michael Peppard, de la Universidad de Fordham, Joel S. Baden, de la Escuela de Divinidad de Yale, y Candida Moss, de la Universidad de Notre Dame en South Bend, Indiana.

Para una crónica completa de esta travesía detectivesca, invito al lector a que vaya al blog NT Blog de Mark Goodacre, de la Universidad de Duke.

En esta etapa, ya para finales del 2014, prácticamente todos los expertos alrededor del mundo vieron que estos dos fragmentos eran falsificaciones. El falsificador compró un papiro antiguo (algo que se puede hacer hasta por eBay), preparó un tinte a partir de sustancias antiguas y, utilizando transcripciones y traducciones recientes en códice y en línea, produjo la falsificación. ¡El Carbono-14 no necesariamente es evidencia decisiva en estos casos!

Ahora la pregunta pertinente es ¿quién los fabricó?
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¡Última hora! … (o más bien ¡última semana!)

En esta semana, salió un artículo de Ariel Sabar para The Atlantic, en el que revela que el dueño de los fragmentos en discusión no es otro que Walter Fritz. Askeland había sospechado de él el año pasado, ya que por labor inquisitiva encontró la página de la esposa de Fritz (Nefer Art), en donde algunas imágenes que presentaba se parecían sospechosamente a la escritura y estilo que encontramos en el fragmento del Evangelio de Juan. Al leer el artículo se dio cuenta de que en 1982, Fritz estudiaba egiptología en la misma institución donde se “verificó” precisamente ese escrito.

Fritz le mintió a King, algo que ahora ella reconoce, al proveerle una falsa información de dónde obtuvo el fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús, especialmente haciendo alusión a personas que para el momento de la presentación de King ya habían fallecido. Convenientemente, los muertos no pueden desmentir la información.

Sabar llevó a cabo una investigación de todas las personas supuestamente involucradas en la conservación del fragmento, para entonces descubrir que no podía corroborar ningún aspecto de los alegatos de Fritz. Al contrario, todo parecía indicar que su historia era un engaño. Aunque él alegaba no haber estudiado egiptología, Sabar pudo confirmar que sí había cursado en ese campo en la Universidad Libre de Berlín y que, de acuerdo con los que le conocieron, desapareció en un momento dado. En 1993 se estableció en Florida y en 1995 creó el portal cibernético de Nefer Art, donde ofrecía toda una variedad de servicios artísticos. Más adelante, en el 2003, lanzó un portal pornográfico que contenía vídeos de su esposa teniendo sexo con otros hombres y la promocionaba como “America’s #1 Slut Wife”. Todos estos portales cerraron durante el 2014 y el 2015. Inspirados por El código Da Vinci, la esposa comenzaba a alegar que Dios y el Arcángel Miguel hablaban mediante ella.

¿Y qué pasó cuando Sabar confrontó a Fritz con la información que obtuvo? Eso lo tendrán que leer ustedes.

Por lo pronto, creo que ya no hay duda alguna en la mente de nadie en la Tierra (fuera de dos o tres enajenados) en cuanto a la naturaleza fraudulenta de este fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús.