¿Cómo sabemos que la Tierra no apareció hace 6,000 años o 10,000 años?

En Puerto Rico, tenemos la desgracia de que todavía nuestras clases de ciencias en Puerto Rico adolecen de ciertas deficiencias. Aunque en este momento no recuerdo en qué fecha ocurrió (aunque sí sé que fue hace algunos años durante este cuatrienio), en una entrevista con Julio Rivera Saniel, un radiooyente llamó a su programa para preguntarle al presente Secretario de Educación, Rafael Román Meléndez, en torno a si se enseñaba creacionismo o evolución en las escuelas públicas. La respuesta no pudo ser más decepcionante: afirmaba que el Departamento de Educación estaba abierto a todas formas de pensamiento al respecto.

La separación de iglesia y estado es una disposición constitucional por la que debe regirse el Departamento de Educación. En la Carta de Derechos de la Constitución del ELA dice muy claramente:

No se aprobará ley alguna relativa al establecimiento de cualquier religión ni se prohibirá el libre ejercicio del culto religioso. Habrá completa separación de la iglesia y el estado. (Art. II. Secc. 3).

Esta disposición es una formulación explícita de la primera enmienda de la Carta de Derechos de la Constitución de Estados Unidos:

El Congreso no aprobará ley alguna por la que adopte una religión oficial del estado o prohíba el libre ejercicio de la misma, o que restrinja la libertad de expresión o de prensa, o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a pedir al gobierno la reparación de agravios.

¿Qué significa separación de iglesia y estado? Significa que el estado no impondrá de manera alguna creencia religiosa o cosmovisión (sea cristiana, judía, agnóstica o atea) a sus ciudadanos. Esto no significa que la religión debe suprimirse. Al contrario, es para garantizar la libertad de cualquier persona a creer lo que así le parezca.

Contrario a lo que algunos religiosos piensan, las ciencias naturales no sostiene una cosmovisión atea o estrictamente materialista, sino que mantiene un método por el cual se busca la mejor explicación posible dentro el marco de un naturalismo metodológico. Este tiene como objetivo explicar los fenómenos del universo desde la naturaleza misma, sin sostener la existencia o inexistencia de una entidad o entes sobrenaturales. Dicho método no implica necesariamente la adopción de una filosofía naturalista, aunque sí es plenamente consistente con ella. Sin embargo, una concepción deísta podría ser consistente con esta perspectiva también.

GodfreyKneller-IsaacNewton-1689

Isaac Newton (1642-1723), explicó desde un naturalismo metodológico el movimiento de la Tierra, los astros y los demás cuerpos celestes

Hay una razón para adoptar el naturalismo metodológico: porque ha probado ser más fructífero para el conocimiento de la naturaleza que los supuestos sobrenaturalistas. Para ilustrar nuestro punto, veamos la evolución del pensamiento científico de Galileo a Newton. Galileo solía pensar que la Tierra y los planetas giraban alrededor del sol debido a una fuerza divina que así lo impulsaba. ¿Qué hubiera pasado si un pensador de la categoría de Isaac Newton hubiera adoptado tal supuesto en su investigación filosófica? Sencillamente, al Newton pensar que toda órbita planetaria era de fuerza divina, no hubiera descubierto que la fuerza gravitacional (¡natural!) del sol y de los planetas juega un rol principalísimo a la hora de explicar el movimiento de esos cuerpos. Tampoco hubiera formulado sus leyes de movimiento ni la ley de gravitación.  Ni hubiera formulado una teoría gravitacional capaz de explicar tanto el movimiento de los cuerpos celestes como las mareas, el comportamiento de la luna, entre otros.

Otro ejemplo que nos sirve de ejemplo, es la convicción decimonónica de que el calor del sol era producido por la potencia de Dios porque, de otra forma, no se podía explicar por qué su fuego no había terminado de quemar su combustible. No fue hasta el descubrimiento de la radiación (¡natural!) que se pudo explicar por qué el “combustible solar” no se consumía con la rapidez esperada.

Desde esta perspectiva, el naturalismo metodológico parece obtener muchos mejores resultados y permite la formulación de cuerpos teoréticos y leyes que pueden predecir o explicar el comportamiento de los objetos naturales. No hay postura sobrenaturalista que sea tan efectiva en este sentido tan importante. Esto no impide que a nivel subjetivo haya personas o, incluso, científicos que adopten una cosmovisión o convicción espiritual o religiosa consistente con estos hallazgos científicos, pero ciertamente la incorporación del sobrenaturalismo en las ciencias impiden la operación científica y su progreso en el sentido ya expuesto.

Las formulaciones teoréticas de las ciencias son falibles. En un sentido real, son productos creativos de la mente de los científicos que buscan las mejores explicaciones posibles a unos fenómenos naturales. Sin embargo, como diría el filósofo Edmund Husserl, los cuerpos teoréticos formulados en las ciencias son “ficciones cum fundamento in re” es decir, con fundamento en las cosas mismas. Son las cosas mismas mas unos criterios de reglas de juego lógica y racionalmente fundadas que nos dirigen a las mejores teorías posibles.

Esto no significa que los antiguos no conocían un poco de este tipo de conocimiento. La teoría primigenia de muchos antiguos acádicos, babilonios, cananeos y ugaríticos sostenía una cosmovisión de que la Tierra era plana. Esa era la mejor explicación que tenían en esa época. Los mismos antiguos israelitas coincidieron esta perspectiva en las mismas escrituras de la Biblia Hebrea, tal como se ilustra aquí:

Cosmología de los antiguos israelitas.

Cosmología de los antiguos israelitas. (c) 2016. Pedro M. Rosario Barbosa. CC-BY-SA 4.0. Ver detalles al final del artículo.

Para más detalles sobre cómo los eruditos llegaron a este modelo, véase nuestro primer artículo en torno al Arca de Noé.

Aun así, los fenicios, quienes dominaron el comercio mediterráneo por muchos siglos, notaron variaciones en la estrella polar (referente del norte) que parecían más consistentes con la visión de una Tierra esférica. Además, esta era una convicción sostenida por muchos antiguos mesopotámicos y los mejores sabios del Imperio Romano.

De todos los antiguos, fue Eratóstenes, un matemático libio, el que pudo fundamentar esta convicción de la redondez terrestre científicamente usando unos principios muy elementales de geometría. Como los principios de esta disciplina eran ampliamente compartidos entre los cosmólogos de la época, sus conclusiones fueron sólidas aun cuando no se tenían los medios de observar la esfera terrestre desde el espacio como lo podemos hacer hoy día.

Es por ello y por muchos otros argumentos que durante el Medioevo la esfericidad de la Tierra se daba como un hecho en el ámbito culto e intelectual. Tenemos afirmaciones contundentes de Agustín de Hipona, Hugo de San Victor, Anselmo de Canterbury, Hildegarda de Bingen, Tomás de Aquino y Dante Alighieri al respecto. A Dios se le solía representar en el Medioevo con una esfera en sus manos o a sus pies como creador del cosmos. Los manuscritos medievales atestiguan el hecho de que esta era una convicción muy bien compartida en esa época.

Cosmovisión medieval de la esfericidad de la Tierra

Representaciones medievales de la Tierra esférica (presione para versión agrandada). En la parte superior izquierda, tenemos una ilustración de hombres caminando alrededor de la Tierra (Manuscrito: Imagen del Mundo por Gossuin de Metz, s. XIV); en la parte superior derecha una ilustración de las estaciones y la Tierra esférica en un libro de Hildegarda de Bingen (Liber divinorum operum, s. XII); en la parte inferior una representación de pérdida de línea de visión de un barco debido a la esfericidad de la Tierra (De sphaera mundi, s. XIII). A la derecha, la cosmovisión de Dante en La divina comedia.

Hoy día, tenemos evidencia abundante y hasta visual  de que la cosmovisión de la Tierra plana es sencillamente falsa. Sin embargo, antes del viaje al espacio, teníamos relativa certeza de esto. ¿Por qué? Porque toda la evidencia (especialmente la matemática) apuntaba en esa dirección y esta evidencia era objetiva.

¿Qué queremos decir que era “objetiva”? Sencillamente que era aceptada como válida por la comunidad intelectual o científica con base en la experiencia. De eso es que se trata la ciencia.

Aun con todo esto hay algunos charlatanes que con espíritu negacionista prentenden popularizar la idea de que la Tierra es plana hoy día (véase este caso, este y este).

¿Realmente sugiere el señor Secretario de Educación que debería enseñarse la “teoría” de la Tierra plana a los estudiantes de escuelas pública?s ¡A fin de cuentas, tenemos que estar absolutamente abiertos a enseñar todas las perspectivas en la clase de ciencias! ¿Verdad?
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¿Cómo sabemos que la Tierra es más antigua que hace 10,000 años?

La evidencia de que la Tierra es más antigua que lo nos dice la Biblia Hebrea se desprende indirectamente de los datos disponibles, así como los antiguos y medievales infirieron la redondez de la Tierra con base en  criterios objetivamente adoptados por la comunidad científica, la comunidad del conocimiento, con base en la experiencia.

Una de las evidencias actuales para conocer la edad de la Tierra tiene que ver con lo que ya conocemos en relación con las fuerzas del universo. Hay cuatro tipo de fuerzas interactivas en el cosmos:

  • La fuerza gravitacional
  • La fuerza electromagnética
  • La fuerza nuclear fuerte
  • La fuerza nuclear débil

Para propósitos de la discusión solo me concentraré en las dos últimas.

Cada elemento se identifica con su número atómico, es decir, el número de protones que tiene cada átomo de dicho elemento. Sin embargo, también encontramos que los neutrones (partículas de carga neutral) se encuentran en el núcleo atómico. La masa atómica es la suma de la masa de los protones y neutrones en un átomo. Por ejemplo, el átomo de hidrógeno, que usualmente solo tiene un proton, tiene una masa atómica de 1, mientras que el helio normalmente tiene dos protones y dos neutrones, por lo que tiene una masa atómica de 4.

La fuerza que mantiene a los protones y los neutrones unidos en el átomo se conoce como fuerza nuclear fuerte. Sin embargo, el número de neutrones de cada elemento puede variar. Por ejemplo, todos los átomos de carbono tienen seis protones, pero algunos pueden tener seis neutrones, otros siete y otros ocho: a cada una de estas variantes se les llama isótopos. Teniendo consideración a su masa atómica, se les llama carbono 12, carbono 13 y carbono 14 correspondientemente.

Dependiendo del número de neutrones, puede ser que haya una inestabilidad nuclear que lleva al decaimiento de ese átomo debido a otra fuerza conocida como fuerza nuclear débil. En tal caso, el átomo emite radiación. Una sustancia rica en un tipo de isótopos que decaen suele ser radioactiva. Como resultado, el carbono 14, que tiene un exceso de dos neutrones, es radioactivo. Cuando decae un isótopo inestable, usualmente se estabiliza convirtiéndose en otro elemento. Por ejemplo, el carbono 14 decae en nitrógeno 14.

Decaimiento alfa

Decaimiento alfa, un isótopo inestable emite una partícula alfa (el núcleo atómico de helio).

Lo que es interesante de este asunto es que ningún isótopo se tarda en decaer el mismo periodo que otro. Aquí es donde entra el concepto de vida media nuclear, es decir, el tiempo que toma en que decaiga la mitad de los isótopos de ese elemento en una sustancia. El tiempo de este decaimiento es exacto y perfectamente predecible: no importa las condiciones del tiempo, la exposición a agua o a fuego, etc., la vida media de un isótopo inestable siempre será la misma. Por eso, podemos saber cuál es la vida media de los isótopos inestables que encontramos en la naturaleza o de los que se producen en laboratorio. Al medir su decaimiento, sabemos que la vida media de unos isótopos pueden ser de unas horas, de unos días, de años, de millones de años, o billones de años.

El biólogo de células, Kennet R. Miller, nos invita a mirar a ciertos isótopos inestables que sabemos que han existido en la Tierra desde el mismo principio y que no son producto de degradación de otros isótopos o producidos en laboratorio:

Vanadio-50 —- Vida media: 6.0 x 10¹⁵ años (i.e. … 6,000,000,000,000,000 años)
Neodimio-144 —- Vida media: 2.5 x 10¹⁵ años (i.e. … 2,500,000,000,000,000 años)
Hafnio-174 —- Vida media: 2.0 x 10¹⁵ años (i.e. … 2,000,000,000,000,000 años)
Platino-192 —- Vida media: 1.0 x 10¹⁵ años (i.e. … 1,000,000,000,000,000 años)
Indio-115 —- Vida media: 6.0 x 10¹⁴ años (i.e. … 600,000,000,000,000 años)
Gadolinio-152 —- Vida media: 1.1 x 10¹⁴ años (i.e. … 110,000,000,000,000 años)
Telurio-123 —- Vida media: 1.2 x 10¹³ años (i.e. … 12,000,000,000,000 años)
Platino-190 —- Vida media: 6.9 x 10¹¹ años (i.e. … 690,000,000,000 años)
Lantano-138 —- Vida media: 1.12 x 10¹¹ años (i.e. … 112,000,000,000 años)
Samario-147 —- Vida media: 1.06 x 10¹¹ años (i.e. … 106,000,000,000 años)
Rubidio-87 —- Vida media: 4.88 x 10¹⁰ años (i.e. … 48,800,000,000 años)
Renio-187 —- Vida media: 4.3 x 10¹⁰ años (i.e. … 43,000,000,000 años)
Lutencio-176 —- Vida media: 3.5 x 10¹⁰ años (i.e. … 35,000,000,000 años)
Torio-232 —- Vida media: 1.4 x 10¹⁰ años (i.e. … 14,000,000,000 años)
Uranio-238 —- Vida media: 4.47 x 10⁹ años (i.e. … 4,470,000,000 años)
Potasio-40 —- Vida media: 1.25 x 10⁹ años (i.e. … 1,250,000,000 años)
Uranio-235 —- Vida media: 7.04 x 10⁸ años (i.e. … 704,000,000 años)
Plutonio-244 —- Vida media: 8.2 x 10⁷ años (i.e. … 82,000,000 años)

Aunque estos datos parezcan insignificantes, Miller nos señala que tienen muy fuertes consecuencias. Como por ejemplo, ¿hay isótopos inestables naturales que sean más jóvenes que el plutonio 244? Pudieron haber existido, pero no están presentes.

Esto es lo que implican estos datos:

  • La Tierra no es infinitamente antigua, de otra manera ya todos estos isótopos hubieran decaído y se hubieran convertido en otros elementos.
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  • La Tierra no es joven (10,000 o 6,000 años). Si este hubiera sido el caso, entonces hubiéramos encontrado isótopos inestables más jóvenes que 80,000,000 años (como el hafnio 182 o el plomo 205).
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  • La Tierra no es más joven que 80,000,000 de años.

Esto ya es refutación de cualquier reclamo de una Tierra joven. Según todas las investigaciones hechas hasta ahora, esto es perfectamente consistente con el señalamiento de que la Tierra tiene 4.4 mil millones de años de antigua.
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Conclusiones

Con base en la evidencia, la teoría de la Tierra joven se hace insostenible. Aun así, vale preguntarse si este asunto debería sostenerse en el salón de clases de ciencias en una escuela pública. Por más que un sector bíblico literalista alegue lo contrario, la visión bíblica hebrea responde a una cosmovisión antigua que ya no tiene vigencia. Esto no solamente vale para la teoría de la Tierra plana o de la Tierra joven, sino que también se extiende a la teoría creacionista o de designio inteligente.

Eso no significa que los estudiantes no desarrollen una cosmovisión religiosa o espiritual consistente con la teoría de la evolución o la teoría de la Tierra antigua. Sin embargo, no todas las cosmovisiones y convicciones religiosas coinciden con las ciencias. Independientemente de las protestas de los padres, de los pastores o de los mismos estudiantes, las clases de ciencias en las escuelas públicas tienen el deber de atenerse estrictamente a lo que sostiene el consenso científico en torno al tema: acuerdo derivado de la evidencia, teorías cum fundamento in re, y de criterios objetivos y racionales.

Si el estudiante quiere atemperar su vida espiritual a las mejores teorías científicas, primero debe informarse qué es lo que realmente sostiene la comunidad científica en general. A fin de cuentas, el mismo Kenneth R. Miller es científico y católico romano. Si el estudiante no desea hacerlo, es su libertad religiosa que debe ser respetada por el estado. Aun en este caso, el estado tiene la obligación de darle a conocer las mejores teorías científicas.

Esa es la función de las escuelas públicas de una sociedad secular donde vale la separación de iglesia y estado.
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Referencia

Miller, Kenneth. Finding Darwin’s God: A Scientist’s Search for Common Ground Between God and Evolution. New York: Harper Perennial, 2007.
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Sobre la imagen de la cosmovisión antigua hebrea

La imagen utilizada para este artículo se publica bajo la siguiente licencia de Creative Commons: Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional. Pueden descargar los archivos en dos formatos de compresión que pueden descomprimir con el programa 7zip:

El(Los) relato(s) del diluvio universal – 3

Las aguas menguando, pintura por Thomas Cole (1829)

Las aguas menguando, pintura por Thomas Cole (1829). Imagen cortesía del Smithsonian American Art Museum.

Artículos de esta serie: 1 y 2

En nuestros artículos hemos visto que en el libro del Génesis hay dos historias del diluvio mezcladas en un solo relato: la historia de un autor yahvista (J) y la otra de un autor sacerdotal (P). En la segunda parte de la serie presentamos solamente la versión J, en esta tercera hablaremos la narración de P.
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El relato de P

Esta es la historia de Noé:

Noé fue el varón más justo y cabal de su tiempo. Noé andaba con Elohim. Noé engendró tres hijos: Sem Cam y Jafet.

La tierra estaba corrompida en la presencia de Elohim: la tierra se había llenado de violencias. Elohim miró a la tierra y vio que estaba viciada: todas las criaturas tenían una conducta viciosa sobre la tierra.

Dijo, pues, Elohim a Noé: “He decidido acabar con todo ser viviente, porque la tierra está llena de violencias por culpa de ellos. Por eso, he decidido exterminarlos de la tierra. Hazte un arca de maderas resinosas. La haces de cañizo y calafateas por dentro por dentro y por fuera con betún. Así es como la harás: su longitud será de trescientos codos; su anchura de cincuenta codos; y su altura, de treinta codos. Harás al arca una cubierta y a un codo la rematarás por encima: pondrás la puerta del arca en su costado, y harás un primer piso, un segundo y un tercero.

“Por mi parte, voy a traer el diluvio, las aguas sobre la tierra, para exterminar todo viviente que tiene hálito de vida bajo el cielo: todo cuanto existe en la tierra perecerá. Pero contigo estableceré mi alianza: Entrarás al arca junto con tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos. Meterás al arca una pareja de cada ser viviente para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra. De cada especie de aves, de cada especie de ganados y de cada especie de reptiles entrarán contigo sendas parejas para sobrevivir. Tú mismo procúrate toda suerte de víveres y hazte acopio para que os sirvan de comida a ti y a ellos.”  Así lo hizo Noé. Ejecutó todo lo que le había mandado Elohim.

De los animales puros, de los animales que no son puros, de las aves y de todo lo que repta, sendas parejas de cada especie entraron con Noé en el arca, machos y hembras, como había mandado Elohim a Noé.

El año seiscientos de la vida de Noé, el mes segundo, el día diecisiete del mes, se hendieron todas las fuentes de las profundidades, y las compuertas del cielo se abrieron.

Aquel mismo día entró Noé en el arca con sus hijos, Sem, Cam y Jafet, su mujer y las tres mujeres de sus hijos. Con ellos entraron los animales de cada especie, los ganados de cada especie, los reptiles de cada especie que reptan sobre la tierra y las aves de cada especie: toda clase de pájaros y seres alados. Entraron, pues, con Noé en el arca sendas parejas de todos los vivientes en los que hay aliento de vida. Y los que iban entrando eran macho y hembra de cada especie, como Elohim se lo había mandado.

Pereció todo ser viviente: lo que repta por la tierra, junto con aves, ganados, animales y todo lo que pulula sobre la tierra, así como toda la humanidad. Las aguas inundaron la tierra por espacio de ciento cincuenta días.

Se acordó Elohim de Noé y de todos los animales y ganados que estaban con él en el arca. Elohim hizo que un viento azotara la tierra, y las aguas decrecieron. Se cerraron las fuentes del abismo y las compuertas del cielo.

Al cabo de ciento ciento cincuenta días, las aguas habían menguado; y al día diecisiete del mes séptimo varó el arca sobre los montes de Ararat. Las aguas siguieron menguando paulatinamente hasta el mes décimo, y el día primero del décimo mes asomaron las cumbres de los montes.

Y [Noé] soltó un cuervo, que estuvo saliendo y volviendo hasta que se secaron las aguas sobre la tierra.

El año seiscientos uno de la vida de Noé, el día primereo del primer mes, se secaron las aguas de encima de la tierra. El día veintisiete del segundo mes quedó seca la tierra.

Habló entonces Elohim a Noé en estos términos: “Sal del arca con tu mujer y tus hijos y las mujeres de tus hijos. Saca contigo todos los animales de toda especie que te acompañan, aves, ganados y todos los reptiles que reptan sobre la tierra. Que pululen sobre la tierra y sean fecundos y se multipliquen sobre ella.” Salió, pues, Noé con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos. También salieron del arca, por familias, todos los animales, todos los ganados, todas las aves y todos los reptiles que reptan sobre la tierra.

Elohim bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: “Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra. Infundiréis temor y miedo a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo, a todo lo que repta por el suelo y a todos los peces del mar. Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde. Solo dejaréis de comer la carne con su vida, es decir, con su sangre. Yo os prometo reclamar vuestra propia sangre; la reclamaré a todo animal y al hombre a todos y a cada uno reclamaré la vida humana.

Quien vertiere sangre de hombre,
por otro hombre será su sangre vertida,
porque a imagen de Elohim
hizo Él al hombre.

Vosotros, pues, sed fecundos y multiplicaos: extendeos por la tierra y dominad en ella.

Dijo Elohim a Noé y a sus hijos: “He pensado establecer contigo mi alianza con vosotros y con vuestra futura descendencia, y también con todo ser vivo que os acompaña: las aves, los ganados y todas las alimañas que hay con vosotros, con todo lo que ha salido del arca, todos los animales de la tierra. Establezco mi alianza con vosotros: nunca más volverá a seer aniquilada la vida por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.”

Dijo Elohim: “Esta es la señal de la alianza que establezco para futuras generaciones entre yo y vosotros y todo ser vivo que os acompaña: Pongo mi arco en las nubes, que servirá de señal de la alianza entre yo y la tierra. Cuando yo anuble con nubes la tierra, entonces se verá el arco en las nubes y me acordaré de la alianza que media entre yo y vosotros y todo ser vivo. Ya no habrá más aguas diluviales que exterminen la vida. Pues en cuanto aparezca el arco en las nubes, yo lo veré y me acordaré de la alianza perpetua entre Elohim y todo ser vivo, toda la vida que existe sobre la tierra.”

Reiteró Elohim a Noé: “Esta es la señal de la alianza que he establecido entre yo y toda la vida que existe sobre la tierra.”

(Gén. 6:9-22; 7:8-9,11,13-16a,21,24; 8:1-2a,3b-5,7,13a,14-19;9:1-17).
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Comentarios

Como sabe cualquier erudito especialista en la Biblia Hebrea, el estilo del autor P es muy árido y repetitivo, algo compensado frecuentemente con su obsesión con las medidas físicas y temporales y exponiendo ciertos objetos significativos con todo con lujo de detalles. Notemos que solo utiliza la palabra “Elohim” para referirse a Dios y que en ningún momento lo llama “Yahveh”, consistencia que mantendrá hasta Éx. 6:2-3, donde Dios le revela su nombre a Moisés. Además, también la mente del autor P se fija en detalles concernientes a “la alianza” de Yahveh con ciertos personajes históricos y hace que la normativa que sea consistente con los demás textos compuestos por él. Por ejemplo, aquí encontramos la llamada “Alianza de Noé“, es decir, la alianza que Yahveh hace con Noé de no destruir la tierra mediante un diluvio, mientras que el ser humano se compromete a cierta normativa, específicamente en relación con los alimentos:

“Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde. Solo dejaréis de comer la carne con su vida, es decir, con su sangre” (Gén. 9:4).

Cuando los gentiles se estaban convirtiendo al cristianismo en el siglo I  d.C. debido a la actividad de Bernabé y Pablo de Tarso, una de las solicitudes que se les hizo desde la iglesia de Jerusalén era que se siguiera la Alianza de Noé (Hch. 15:29), ya que era una exigencia de Yahveh a todos los seres humanos como descendientes de Noé, no solo a su pueblo escogido, Israel.

Otra cosa que podemos ver es que P hace una muy fuerte alusión a la cosmología de su tiempo. Utilicemos la ilustración que presentamos en el primer artículo de nuestra serie.

Cosmología de los antiguos israelitas.

Cosmología de los antiguos israelitas. (c) 2016. Pedro M. Rosario Barbosa. CC-BY-SA 4.0. Ver detalles al final del artículo.

Aquí utiliza dos aspectos importantes para dar cuenta del diluvio: el mismo Yahveh abrió y cerró las fuentes (manantiales) de la Tierra y las “compuertas” del cielo para la inundación. Esto es algo que no encontramos en el relato J, ya que este solo nos habla de la “lluvia” provocada por Yahveh.

También vemos unos interesantísimos paralelismos entre las dimensiones del arca dictadas por Yahveh y las que dio en torno al Tabernáculo (mishkán), una estructura que supuestamente era transportada por los antiguos hebreos durante su travesía por el desierto en su éxodo desde Egipto (Éx.25-27; El texto E le llamaba “Tienda de la Reunión” (‘ohel mo`ed) (Éx.33:7-10)). Parece que ambas instrucciones tienen en consideración las proporciones dimensionales de la una y la otra. También parece aludir bastante en el vocabulario al Arca de la Alianza. Este portal presenta estos paralelismos muy bien, aunque aclaro que no suscribo su interés apologético religioso. Estos paralelismos son muy importantes, no solo porque reflejan la consistencia narrativa del autor P, sino porque, como bien muestra Richard Elliott Friedman, el Tabernáculo está relacionado con la estructuración del primer Templo de Jerusalén, el construido por Salomón y del que el autor de P participaba como parte del liderato sacerdotal de ese entonces.

Sabemos que P propuso su historia como una alternativa al relato J debido a que no estaba conforme religiosamente con el conjunto tradicional JED (el texto con el que contaba en el siglo VII y VI a.C.). Su versión intenta corregir deficiencias de la narración J: por ejemplo, intenta corregir el número de animales que entraron al arca. Si fuera el caso que Noé salvó solo a los animales que iba a sacrificar o devorar más tarde, no se comprendería la preservación de todos los animales que existen hoy día. La solución de P era la de salvar a una pareja de cada especie de animal en la Tierra. Nótese también que en J, solo la humanidad era perversa. Sin embargo, para P, no solo la humanidad sino todas las criaturas eran perversas. Esto explica la necesidad de exterminarlas.

Una vez más, el estudio de estos relatos son una ventana para que la luz del análisis racional de estos textos nos lleven a comprender la mentalidad de las castas sacerdotales del pasado. Además, muestran la ahistoricidad de ambos relatos y la falacia de pensar que este evento haya ocurrido como acontecimiento histórico como quiere insistir Ken Ham con su réplica del arca de Noé.

Espero que hayan disfrutado esta breve travesía al pasado mediooriental.
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Bibliografía

Arens, Eduardo. La Biblia sin mitos: Una introducción crítica. Lima, Perú: Asociación Hijas de San Pablo / Centro de Estudios y Publicaciones, 2014.

Biblia de Jerusalén. Bilbao, España: Desclée de Brower, 2009.

Friedman, Richard Elliott. Who Wrote the Bible? US: HarperOne, 1997.

El(Los) relato(s) del diluvio universal – 2

Los animales entrando al arca.

Cuadro de Leandro Bassano. Los animales entrando al arca.

Vamos ahora a ver cuál es el relato del diluvio universal como lo presenta la tradición yahvista (J) (utilizo la traducción de la Biblia de Jerusalén del 2009). Tengamos en cuenta que el texto J fue editado por un autor afín a la tradición sacerdotal (P), por lo que aparecen algunos vacíos de información en el relato.
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El relato de J

Cuando la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas, vieron a los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran atractivas, y tomaron por mujeres a las que prefirieron de entre todas ellas. Entonces dijo Yahveh: “No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne, que sus días sean ciento veinte años.” Los nefilim aparecieron en la tierra por aquel entonces (y también después), cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y estas les dieron hijos: estos fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos.

Viendo Yahveh que la maldad del hombre cundía en la tierra y que todos los proyectos de su mente eran puro mal de continuo, le pesó a Yahveh de haber creado al hombre en la tierra, y se indignó en su corazón. Así pues, dijo Yahveh: “Voy a exterminar de sobre la faz del suelo al hombre que he creado —desde el hombre hasta los ganados, los reptiles, y hasta las aves del cielo—, porque me pesa haberlos hecho.” Pero Noé halló gracia ante los ojos de Yahveh.

[Se omite la narración de las órdenes de Yahveh para la creación del arca y el proceso de fabricación del arca.]

Yahveh dijo a Noé: “Entra en el arca con toda tu familia, porque tú eres el único justo que he visto en esta generación. De todos los animales puros tomarás para ti siete parejas, macho y hembra, y de todos los animales que no son puros, una pareja, macho y hembra. Asimismo de las aves del cielo, siete parejas, machos y hembras para que sobreviva su casta sobre la faz de toda la tierra. Porque dentro de siete días haré llover sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré de sobre la faz del suelo todos los seres que hice.” Noé ejecutó todo lo que le había mandado Yahveh.

Noé entró al arca, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hjos, para salvarse de las aguas del diluvio. A la semana, las aguas del diluvio se precipitaron sobre la tierra y estuvo descargando la lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. Yahveh cerró la puerta detrás de Noé.  El diluvio descargó sobre la tierra durante cuarenta días. Crecieron las aguas y levantaron el arca, que se alzó de encima de la tierra. Las aguas arreciaron y crecieron mucho sobre la tierra, mientras el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. Las aguas arreciaron muchísimo sobre la tierra, hasta el punto que los montes más altos que hay debajo del cielo quedaron cubiertos. El nivel de las aguas sobrepasó quince codos, quedando cubieros los montes. Todo cuanto respira hálito vital, todo cuanto existe en tierra firme murió. Yahveh exterminó todo ser que había sobre la faz del suelo, desde el hombre hasta los ganados, incluidos los reptiles y las aves del cielo: todos fueron exterminados de la tierra. Solo quedaron Noé y los que con él estaban en el arca.

Y cesó la lluvia del cielo. Poco a poco retrocedieron las aguas de sobre la tierra. Al cabo de cuarenta días, abrió Noé la ventana que había hecho en el arca y soltó a la paloma, para ver si habían menguado las aguas de la superficie terrestre. La paloma, no hallando donde posar el pie, tornó donde él, al arca, porque aún había agua sobre la superficie de la tierra. Así que alargó su mano, la tomó y la metió consigo en el arca. Esperó otros siete días y volvió a soltar la paloma fuera del arca. la paloma regresó al atardecer trayendo en el pico un ramo verde de olivo, por donde conoció Noé que había menguado las aguas de encima de la tierra. Aún esperó otros siete días y volvió a soltar la paloma, que ya no regresó donde él. Se secaron las aguas de encima de la tierra.

[Omisión del relato del desembarco de Noé, su familia y los animales]

Noé construyó un altar a Yahveh, tomó de todos los animales puros y de todas las aves puras y ofreció holocaustos en el altar. Al aspirar Yahveh el calmante aroma, dijo para sí: “Nunca más volveré a maldecir el suelo por causa del hombre, porque las trazas del corazón humano son malas desde su niñez, ni volveré a destruir a los seres vivientes, como he hecho.

“Mientras dure la tierra,
sementera y siega,
frío y calor,
verano e invierno,
día y noche
no cesarán.”

(Gén. 6:1-8; 7:1-5,7,10,12,16b-20,22-23; 8:2b-3a,6,8-12,13b,20-22)
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Discusión

Este es el texto más temprano que tenemos en torno al diluvio y vemos muchas ideas muy afines a las diversas mitologías del Mediterráneo. Por ejemplo, los “hijos de Dios” o las divinidades supramundanas se involucraron sexualmente con mujeres terrestres, generando los “nefilim” (probablemente traducidos como “gigantes”) famosos héroes de la antigüedad. Para aquellos instruidos en literatura griega y romana antigua, esto les recordará a la manera en que Zeus y otros dioses sostenían actos sexuales con mujeres humanas y ellas daban a luz a héroes: Hércules es un ejemplo de ello.

Este es el relato más corto y cambia un poco el giro que se solía tener en torno a historias similares en el Medio Oriente. En el poema mesopotámico, La épica de Gilgamesh (2100 a.C.), los dioses no destruyen a la humanidad por razones relacionadas con el comportamiento moral de los seres humanos. Al contrario, de lo que se quejaban los dioses era de que estas “nuevas criaturas” prácticamente hacían demasiado ruido. Lo que sí es una característica muy distintiva del autor J y que parece haber sido novel en el Antiguo Medio Oriente es la idea de que Yahveh destruyó a la humanidad debido a la maldad humana, mientras que salvó a los justos de dicha aniquilación. Algo semejante ocurre en el relato J de Sodoma y Gomorra: se destruye a Sodoma mientras que los ángeles de Yahveh salvan a Lot y su familia.

Lo que resulta curioso del relato es que, de acuerdo con J, Dios aniquiló a todos los seres vivos de la tierra, excepto los del arca. Sin embargo, como hemos visto, el número de animales que sobrevivió fue bastante limitado. ¿Qué hizo Noé después de desembarcar del arca? Sacrificar a animales de todos los puros que trajo consigo en el arca. ¿Cómo sobrevivieron entonces? ¿Cómo se da cuenta de la supervivencia de los demás animales a partir de unos poquitos?

No obstante estas preguntas, el relato permite asomarnos a la mentalidad de los israelitas antiguos en particular en relación con la mitología que se desarrollaba a su alrededor.

¿Cómo compara esto con el relato P? Veremos en nuestro próximo artículo.

 

El(Los) relato(s) del diluvio universal – 1

the-dove-sent-forth-from-the-ark-1866¿Sucedió realmente el diluvio universal como nos lo relata la Biblia? Lo dudamos mucho. Todos los estudios que se han llevado a cabo han determinado que es una imposibilidad arqueológica, genética, climática, física en todos los sentidos posibles. El National Center for Science Education ha publicado un artículo, una selección de lectura de un texto sobre el tema, que provee más allá de toda duda la ahistoricidad de tal acontecimiento.

A pesar de ello, Ken Ham, el pastor literalista que mantiene el portal creacionista de Answers in Genesis, recientemente fabricó su versión del arca de Noé en Estados Unidos con el objetivo de convencer a la gente de que una embarcación como esa pudo haber sido real. Sin embargo, el arca como tal no flotaría nunca (es más un museo que un arca( y no podría enjaular a dinosaurios. Sí, él presenta figuras de dinosaurios enjaulados en el arca. Para estas y otras observaciones, lean este artículo por Erik Ortiz y vean los vídeos correspondientes.

Lo que sí quiero hacer aquí es otra aproximación al problema del relato bíblico, específicamente su origen y cómo puede dar cuenta del relato del diluvio en el libro del Génesis. Como cualquiera puede darse cuenta de una lectura cuidadosa del texto, no todos los detalles del relato cuadran bien. A prima facie nos encontramos a veces con dos notorias contradicciones, por ejemplo (los textos citados son de la Biblia de Jerusalén del 2009):

  1. No estamos seguros cuántas parejas de animales entraron al arca de Noé:

Dijo, pues, Dios a Noé: “… Meterás en el arca una pareja de cada ser viviente para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra. De cada especie de aves, de cada especie de ganados y de cada especie de reptiles entrarán contigo sendas parejas para sobrevivir” (Gén. 5:13a,19-20).

Yahveh dijo a Noé: “… De todos los animales puros tomarás para ti siete parejas, macho y hembra, y de todos los animales que no son puros, una pareja, macho y hembra. Asimismo de las aves del cielo, siete parejas, machos y hembras para que sobreviva su casta sobre la faz de la tierra” (Gén. 7:1a,2-3)

  1. No se sabe el número de días que duró el diluvio.

El diluvio descargó sobre la tierra durante cuarenta días (Gén. 7:17).

Las aguas inundaron la tierra por espacio de ciento cincuenta días (Gén 7:24).

Poco a poco retrocedieron las aguas sobre la tierra. Al cabo de ciento cincuenta días, las aguas habían menguado (Gén. 8:3).

Al cabo de cuarenta días, abrió Noé la ventana que había hecho en el arca … (Gén. 8:9).

Usualmente los no creyentes se burlan de las contradicciones bíblicas, pero lo que resulta más fascinante es descubrir por qué están allí. ¿Por qué razón aparecen esas contradicciones en el relato del diluvio?
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La creación del Pentateuco (la Torah)

El Pentateuco (los primeros cinco libros de la Biblia Hebrea: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) no fue escrito por un solo autor ni en una sola época. Es en realidad un cúmulo de tradiciones que se fueron forjando a medida que avanzaba el tiempo. Veamos cada una de ellas brevemente:

  • Tradición yahvista (J): Parece haberse originado entre los siglos X y IX a.C. Se destaca porque desde el mismo principio del Génesis se refiere a Dios con el nombre de “Yahveh”.
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  • Tradición elohísta (E): Difiere de la yahvista en que en el Génesis se refiere a Dios con el nombre de “Elohim” (literalmente “dioses”, para referirse a la multiplicidad de potencias divinas en una sola deidad) hasta que Dios le revela su nombre a Moisés en Éxodo 3:14-15. Se piensa que se originó en la época de los reyes Jeroboam (del norte) y de Roboam (del sur) durante el siglo X a.C.
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  • Tradición deuteronómica (D): Para el siglo VII a.C., por circunstancias históricas, parece que existía un texto que juntó las dos tradiciones anteriores (JE) y surgió en la corte del Rey Josías una tercera denominada “deuteronómica”, ya que es responsable en gran parte del libro del “Deuteronomio” y de su código legal. El texto claramente se concibe como una continuación de JE y fue el que adoptó el Rey Josías para sus reformas religiosas.
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  • Tradición sacerdotal (P): La mayoría de los biblistas piensa que la tradición sacerdotal tuvo lugar durante el exilio de los judíos a Babilonia durante el siglo VI a.C. Esta tradición llama también a Dios “Elohim” en el Génesis hasta la revelación de su nombre a Moisés en Éxodo 6:2-3. Esta tradición se caracteriza por su estilo altamente repetitivo, su legalismo, su concepción distante de Dios y su énfasis en los aspectos rituales de la religión judía. Además, crea su propia versión de la inmensa mayoría de las mismas historias que vemos en el texto JED.

El texto final del Pentateuco mezcló las cuatro tradiciones en cinco libros y probablemente apareció después del regreso de los judíos a tierra Palestina en el 539 a.C. Los judíos empezaron a considerar a estos cinco libros como la “Torah” o la “Ley de Moisés”.

Este proceso de edición explica en gran medida el fenómeno de los dobletes en el Pentateuco, es decir, cuando el texto repite dos o más veces el mismo relato o dos o más versiones del mismo acontecimiento. Esto explica las contradicciones en el relato del diluvio. No estamos tratando con un relato coherente sobre el arca de Noé sino probablemente de dos que fueron mezclados en uno más extenso. Por ejemplo, un relato sostendría que el diluvio duró cuarenta días y el otro ciento cincuenta. Hoy día se piensa que el texto presenta dos versiones distintas: la de J y la de P.
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La cosmología de los antiguos hebreos

Una cosa que se desconoce mucho a la hora de evaluar los textos bíblicos, incluyendo los del diluvio universal, es la cosmología de los antiguos hebreos. Utilizaré la siguiente ilustración para la discusión:

Cosmología de los antiguos israelitas.

Cosmología de los antiguos israelitas. (c) 2016. Pedro M. Rosario Barbosa. CC-BY-SA 4.0. Ver detalles al final del artículo.

En el ámbito del antiguo medio oriente, los israelitas compartían más o menos la misma cosmología que los acadios y babilonios de la época. Esto se confirma con las muchas descripciones que hace la Biblia en torno a la estructura misma del mundo:

  • División entre el océano celeste y el océano terrestre mediante un firmamento, es decir, una superficie firme (sólida) que mantiene las aguas del cielo alejadas de la tierra y los océanos terrestres. De hecho, Dios camina por el firmamento de vez en cuando (Gén. 1:6-8; Amós 9:6; Job. 22:13 ; 37: 18; Sal. 148:1; Prov. 8:27-28).
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  • Dios hace que llueva abriendo las compuertas del firmamento (Gén. 7:11; 8:2; Amós 9:6; Sal. 78:23).
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  • De allí aparece la tierra como superficie seca que sobresale del océano terrestre y está rodeado por este (Gén. 1:9).
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  • El océano tiene un círculo de contención (Job 26:10).
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  • La tierra es plana (el horizonte es la frontera entre la luz y la oscuridad) y se ve circular ante los ojos de Dios en los cielos (Job 26:10; Prov. 8:27).
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  • Hay pilares de la tierra que la sostienen en su lugar sobre las aguas de las profundidades (1 Sam. 2:8; Job. 38:4,6; Sal. 104:15; Sal. 136:6).
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  • Hay aguas encima de los cielos (del firmamento) y debajo de la tierra, en “las profundidades” (Gén. 7:11; 8:2; Éx. 20:4; Is. 14:15; Prov. 8:28).
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  • Las fuentes y manantiales existen porque hay conductos desde las aguas de las profundidades hasta la superficie. Estas también tienen compuertas que se abren y se cierran (Gén. 7:11; 8:2).
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  • Existen pilares que sostienen al firmamento en su lugar (2 Sam. 2:28; Job. 26:11).
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  • Existen seres debajo de la tierra, en el sheol, el inframundo, donde habitan los muertos (Is. 14:15; Flp. 2:8; Apoc. 5:2-3).
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  • Existe un ámbito divino, un “tercer cielo”, donde habita Yahveh y otros seres divinos (Gén. 1:26; 3:22; Job. 22:13; Sal 82:1; 2 Cor. 12:2). Para los antiguos israelitas, estos seres divinos eran otros dioses, para el judaísmo del siglo I y II d.C. ángeles, tal vez concebidos como deidades menores (“hijos de Dios”) o criaturas divinas bajo el mandato de Yahveh y que rigen el cosmos y las naciones (Gén. 3:24; 6:2; Deut. 32:8; Job 1:9-12; Sal. 80:1; Apoc. 4-6; 12:7-9).

Este último punto sorprende a muchos creyentes, ya que usualmente se sostiene que los antiguos israelitas eran monoteístas estrictos. La verdad que no era hasta el siglo II d.C. que se podía hablar de un judaísmo monoteísta en sentido estricto.

En el comienzo, parece ser que en el Medio Oriente antiguo, en el ámbito cananeo previo a la existencia del Antiguo Israel, se veneraba a un Dios llamado El y que se interpretaba como la divinidad suprema que se sentaba en el trono de los demás dioses. Estos últimos se concebían como dioses nacionales. Esto no es algo extraño en el mundo antiguo. Al contrario, en el caso de los griegos tenemos tipos similares, en el que Zeus es el dios supremo, mientras que, por ejemplo, Atenea era la diosa de Atenas, o Roma era la diosa protectora de la ciudad con el mismo nombre. Muchos eruditos piensan que originalmente Yahveh, como dios nacional, era originalmente un “hijo de El”, o una deidad subordinada al régimen de El. Más adelante, después del surgimiento del primitivo Israel, mediante un proceso sincrético, El y Yahveh se volvieron en uno y el mismo dios nacional promovido por la casta sacerdotal levita y, especialmente, por los reyes durante la época de la monarquía. Desde entonces, al dios nacional se le conoció como “Yahveh Elohim”, supremo dios que se encuentra por encima de los demás dioses (Éx. 6:2-3). Más adelante, los demás dioses se convertirían en deidades menores o en ángeles.

Es en este contexto cosmológico que debemos entender los dos relatos del diluvio en el Génesis. En los próximos dos artículos, redactaré las dos historias del diluvio. La primera, la de la tradición J, es la versión más temprana; la de la P es la más elaborada y tardía.

Bibliografía

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Friedman, Richard Elliott. Who Wrote the Bible? US: HarperOne, 1997.

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Piñero, Antonio. Guía para entender a Pablo de Tarso: Una interpretación del pensamiento paulino. Madrid, España: Editorial Trotta, 2015.

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Sicre, José Luis. Introducción al Antiguo Testamento. Estrella, España: Editorial Verbo Divino 2011.

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Sobre la imagen

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La homosexualidad y Pablo el Apóstol

En miras a la marcha LGBTI que se celebrará este fin de semana, pensaba dedicarle hoy a la otra parte de la Biblia que se utiliza constantemente contra los homosexuales, las cartas de Pablo el Apóstol.

Todas las citas que utilizaré serán de la traducción provista por Senén Vidal en su reciente publicado libro Nuevo Testamento. Para mayor lujo de detalles en cuanto a este tema, les refiero al capítulo 10 de mi libro, Pablo el Emisario: Odiado e incomprendido. Este artículo supone la lectura de “La homosexualidad y la Biblia Hebrea“.
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Antes que nada: ¿quién fue Pablo de Tarso?

Pablo el Apóstol es uno de los personajes más interesantes de la historia del cristianismo primitivo. Sin embargo, su memoria ha quedado teñida por la opinión de algunos falsificadores de sus cartas y de la historia que se encuentra en el libro neotestamentario, Hechos de los Apóstoles.

Hoy día, virtualmente todos los eruditos están de acuerdo de que el contenido genuino de la obra paulina se encuentran en siete de las catorce cartas del Nuevo Testamento atribuidas a él, a saber: Romanos, Gálatas, 1 Tesalonicenses, Filipenses, 1 y 2 Corintios y Filemón. También se han descubierto que varias de estas cartas son, en realidad, compilaciones de dos o más. Por ejemplo, los eruditos en general están de acuerdo de que 2 Corintios se compone de al menos dos cartas distintas: los capítulos 10 al 13 no provienen de la misma carta que los capítulos 1 al 9. Algunos expertos van más allá y han identificado hasta un máximo de cinco cartas distintas en 2 Corintios. Observaciones similares se han hecho de Romanos, Filipenses y 1 Corintios. Especulan los estudiosos del Nuevo Testamento que es altamente probable que después de la muerte de Pablo (probablemente durante el 59-64 d.C.), alguna persona editó las cartas que tenía de Pablo para que sumaran siete (número sagrado en el cristianismo) y las comenzó a circular de esa manera.

Hay otras cartas en el Nuevo Testamento que se atribuyen a él, pero hoy día la inmensa mayoría de los eruditos las consideran “seudónimas” o “falsificaciones”. Sobre este tema recomiendo la lectura de dos libros del erudito Bart Ehrman: uno destinado al público en general, Forged; el otro es académico, Forgery and Counterforgery. La carta Hebreos es seudónima, pero no es una falsificación. Su autor no declara ser Pablo, pero se sospecha que algún escriba cristiano de la antigüedad alteraró el texto al final para hacerle parecer como si autoria fuera de este Apóstol para justificar el intento de añadirlo al corpus paulinum y el total de cartas sumaran catorce, es decir, 7+7 (Heb.13:22-25). Las demás cartas son falsificaciones: 2 TesalonicensesColosensesEfesios1 y 2 TimoteoTito. Por lo tanto, ellas no cuentan para nuestra comprensión del Apóstol.

Conversión de San Pablo por Caravaggio

Conversión de San Pablo por Caravaggio (1600-1601).

Pablo es famoso porque supuestamente era un fariseo funcionario del sacerdocio de Jerusalén que perseguía a los cristianos en esa región. En un momento dado, el liderato sacerdotal le pide que enviara una carta a las sinagogas en Damasco para el arresto de cristianos en esa área y su procesamiento en la capital de Judea. Finalmente, en el camino a Damasco, Jesús se le aparece a Pablo, suceso que eventualmente le “convierte” al cristianismo.  A pesar de que las artes narrativas del autor de Hechos ha sido sumamente poderosa, lamentablemente nada de lo que ha dicho es cierto. Es imposible que el sacerdocio de Jerusalén ordenara el arresto y la persecución de cristianos en Damasco (es decir, en Siria) donde claramente no tenía jurisdicción. Y aun si lo hubieran hecho, el Imperio Romano lo hubiera impedido, ya que no era exactamente entusiasta de persecuciones entre sectores religiosos en su imperio.  ¿Qué sucedió entonces?

Por ahora, los mejores estudios al respecto nos revelan que Pablo era un judío helenista, es decir, un judío de la diáspora criado en un ambiente helenístico en el que predominaba el griego como lingua franca. Nació en Tarso y en algún momento dado de su vida se fue a vivir a Damasco, probablemente adoptando la labor de curtidor (Hch. 18:1-3). Su educación refleja un conocimiento de la Biblia Hebrea en griego al citar constantemente la Septuaginta (o la versión de “los LXX”), una edición de la Biblia Hebrea traducida al griego y que era altamente utilizada por la diáspora en aquella época. Pablo sí perseguía a los cristianos en Damasco, probablemente incitando a que fueran castigados con 39 latigazos y su eventual expulsión de las sinagogas. No se excluye que también pudo haber organizado gangas para lincharlos cuando menos se lo esperaran los cristianos (Gál. 1:13-14; 1 Cor. 15:8). Él sí alegaba en sus cartas que Jesús se le había aparecido en varias ocasiones predicándole una “buena noticia” y dándole la labor de diseminarla entre los “gentiles” o las “naciones” no judías (Gál. 1:15-24; 1 Cor. 9:1; 15:8).

¿Cuál era esta “buena noticia”? Básicamente, Pablo afirmaba que aun cuando fuera una obligación para los judíos continuar siguiendo las disposiciones de la Ley judía (la Torah), a los gentiles se les otorgó la gracia de no tener que obedecer la totalidad de las minucias normativas, sino que se les eximía de fundamentalmente tres cosas: la circuncisión, de la dieta kosher y de la observancia del Sábado. Esto no significaba que no se les obligaría a continuar obrando según las disposiciones morales de la Torah y que están contenidas en el Decálogo. Así, el nacido judío seguía obligado a obedecer la totalidad de la Torah como judío, pero que gracias a que Jesucristo redimió a la humanidad mediante su derramamiento de sangre (sacrificio vicario) y resurrección de la muerte, es la fe en este Salvador la que cuenta para brindar la gracia del Espíritu de Yahveh a judíos y gentiles por igual (Gál. 3:5-4:11; 5:1-3; Rom. 6-8).

Es pertinente señalar que la llamada “conversión” de Pablo al cristianismo no es tal. Primero, porque el cristianismo no existía todavía como religión separada del judaísmo. Pablo interpretó su vida cristiana como una continuación de su vida judía. El cristianismo primitivo era una rama del judaísmo, tal como lo eran los fariseos, los saduceos y los esenios. Por ende, su mentalidad debe comprenderse desde el marco del judaísmo, pero que es influenciado por la matriz social helenística donde él se desenvolvía y llevaba a cabo sus actividades. También debemos tener en cuenta que él era un apocalipticista obsesivo y que, como cristiano, esperaba el pronto regreso del Mesías para establecer en el cielo, de una vez y por todas, el Reino de Yahveh (1 Tes. 2:12; 4:15-18; 5:1-21; 1 Cor. 1:9; 3:13-15; 15:23-28; 2 Cor. 4:14; Rom. 8:11; 11:23-28).
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La mentalidad profundamente igualitaria de Pablo

Lo que sí sorprende de Pablo es su pensamiento profundamente igualitario a pesar de su herencia judía que, en aquel momento, no era tan igualitaria como en sus comienzos. En un pasaje de Gálatas, Pablo nos dice que tras el bautismo de judíos, de griegos, de hombres y de mujeres hay una igualdad absoluta.

Al llegar la fe, ya no estamos bajo ningún guardián [refiriéndose a la Torah]:

Pues todos sois hijos de Dios,
por la fe,
en Cristo Jesús.

Pues cuantos fuisteis bautizados
para pertenecer a Cristo
fuisteis revestidos de Cristo.

No hay judío ni griego;
no hay esclavo ni libre;
no hay varón ni mujer.

Pues todos vosotros sois uno
en Cristo Jesús (Gál. 3:25-28)

Probablemente, en este pasaje, Pablo estaba reproduciendo un himno bautismal de las congregaciones cristianas en la diáspora. Para efectos de las congregaciones, todos tenían que tratar a todos como iguales. Nadie podía considerarse superior a otro.

Y sí, contrario a lo que muchos han supuesto, Pablo sostenía la total igualdad entre hombres y mujeres en las congregaciones. Por ejemplo, tomemos los pasajes en los que Pablo le da una serie de consejos a las vírgenes y a los casados dentro de su visión escatológica apocalipticista:

Acerca de lo que escribisteis,

es bueno que el hombre no toque a una mujer

pero, por razón de los peligros de la inmoralidad, que cada uno tenga su mujer y que cada una tenga su propio marido; que el marido pague la deuda a la mujer, e igualmente, también la mujer al marido. La mujer no dispone de su propio cuerpo, sino el marido, e igualmente, tampoco el marido dispone de su propio cuerpo, sino la mujer. No os privéis mutuamente, a no ser de común acuerdo por un tiempo limitado, para dedicaros a la oración y de nuevo convivid juntos, para que no os tiente Satanás por razón de la incontinencia.

Esto lo digo como condescendencia, no como mandato. Mi deseo es que todos fueran como yo [célibe], pero cada uno tiene su propio don de parte de Dios: uno, este y el otro, aquel. (1 Cor. 7:1-7)

Acerca de “las vírgenes”, no tengo ningún mandato del Señor. Pero os doy mi parecer, como quien ha sido agraciado por el Señor de ser fiable. Pienso, pues, que por razón del agobio presente, es bueno para el hombre estar así [es decir, célibe]: ¿estás ligado a una mujer?, no busques desligarte; ¿estás desligado de mujer?, no busques mujer. Si te casas, no pecas; y si la virgen se casa, no peca. Pero esos tales tendrán aflicción de la carne y yo quisiera ahorrárosla.

Esto os digo, hermanos:  El tiempo se ha acortado. Por lo demás,

que los que tienen mujeres
estén como si no las tuvieran,

y los que lloran,
como si no lloraran,

y los que están alegres
como si no lo estuvieran,

y los que compran,
como si no poseyeran,

y los que usan el mundo
como si no se aprovecharan de él.

Pues pasa la apariencia de este mundo.

Quiero que estéis libres de preocupaciones. El soltero se preocupa de lo del Señor, de cómo agradar al Señor; pero el casado se preocupa de la mujer, y está dividido. Y la mujer soltera y la virgen se preocupan de lo del Señor, para ser santa en el cuerpo como en el espíritu; pero la casada se preocupa de lo del mundo, de cómo agradar al marido. Os digo esto para vuestro provecho, no para echaros un lazo, sino para la honestidad y la atención al Señor sin distracción alguna (1 Cor. 9:23-35)

Igualmente podemos decir que, con excepción de la dimensión de la indumentaria –específicamente si la mujer debería o no llevar un velo en su cabeza– también ellas podían participar en profecía y predicación. Afirma Pablo claramente en 1 Corintios, que cuando las mujeres profetizaran, que usaran un velo (1 Cor. 11:1-16). Aun con eso, no supo cómo defender ese punto desde su perspectiva igualitaria cuando decía:

Sin embargo, en el Señor, ni la mujer [existe] sin el varón, ni el varón sin la mujer. Pues así como la mujer procede del varón, así también el varón existe por medio de la mujer, y todo procede de Dios (1. Cor. 11:11-12).

La Epíscopa Teodora

La Epíscopa Teodora en la Basílica de Santa Prassede, Roma (siglo IX)

Pero, ¿y qué hay de esos pasajes donde Pablo dice explícitamente que las mujeres se callaran en las asambleas? Sencillo: Pablo no escribió esos pasajes. El primer pasaje en cuestión aparece en 1 Timoteo que, como ya vimos, es una carta que no escribió Pablo (1 Tim. 2:8-15). El segundo pasaje aparece en 1 Corintios y, aunque sí fue una carta escrita por Pablo, no necesariamente el fragmento que ordena callar a las mujeres fue escrito por él (1 Cor. 14:33b-36). Prácticamente todos los estudiosos están de acuerdo de que el pasaje es una interpolación posterior que se fundamenta en el de 1 Timoteo. Parte de la razón para pensarlo es precisamente que en esa misma carta, como acabamos de ver, Pablo aprobaba la predicación de las mujeres en asambleas, siempre y cuando usaran un velo. Además, hay testimonios abundantes de que Pablo favorecía el servicio, la predicación y el liderato de las mujeres en las congregaciones cristianas (1 Cor. 1:11; 9:2-6; Flp. 4:2; Rom 16:1-5,7,12-15). En una ocasión hasta ensalzó la labor de una mujer apóstol llamada Junia (Rom. 16:7).

Lo mismo abogaba por que los judíos cristianos trataran con igualdad a los gentiles y que no se les forzara a “judaizarse” (Gál. 2:14; Rom. 14). En una ocasión abogó por un esclavo llamado Onésimo quien, aparentemente, recibía maltratos de su amo, Filemón. El primero parece haberle robado al último. Onésimo le sirvió a Pablo mientras estaba en prisión y este Apóstol le escribió una hermosísima carta en que le informaba a Filemón que ya Onésimo había sido bautizado y que era su obligación moral tratarle como un igual, como un hermano en Cristo (Fil.)

Dados estos datos, tenemos lo suficiente para comprender el rechazo de Pablo a las actividades homosexuales.
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Maldición a las actividades homosexuales

Pablo no era amable en lo absoluto para los que sostenían actividades homosexuales de diverso tipo. Mientras leamos los siguientes pasajes, tengamos en mente que Pablo era judío y, como tal, odiaba las costumbres paganas y detestaba todo tipo de actividad homosexual (herencia del pasado de la Torah). Recordemos también que él estaba basandose en la Septuaginta cuya versión de Levítico decía lo siguiente en griego:

No yacerás con varón {ársen} como se yace en la cama {koíten} con una mujer (Lev. 18:22).

Si un hombre yace con varón {ársen} como se yace en la cama {koíten} con una mujer, ambos han cometido una abominación (Lev. 20:13).

Dice Pablo a la congregación corintia, quienes tenían miembros que practicaban rituales paganos en la forma de actividades homosexuales:

¿Se atreve algunos de vosotors, el tener un pleito contra otro, a llevarlo a juicio ante los injustos [i.e. gentiles paganos], y no ante los santos [cristianos]? … Si es que tenéis procesos de la vida cotidiana, ¡sentad como jueces precisamente a los despreciados en la congregación! Para vuestra vergüenza os lo digo … ¿Es que no sabéis que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No os engañéis: ni inmorales, ni idólatras, ni adúlteros, ni los malakoí, ni los arsenokoĩtai, ni ladrones, ni avaros, ni borrachos, ni difamadores, ni usurpadores heredarán el REino de Dios (1 Cor. 6:1,4-5a,9-19).

Pablo abunda más sobre este tema en Romanos:

Se revela en efecto, la ira de Dios desde el cielo sobre toda impiedad e injusticia de los hombres que tienen oprimida la verdad por la injusticia. Porque lo que puede conocer de Dios está patente a ellos, ya que Dios mismo se lo ha manifestado. Pues desde la creación del mundo la mente puede descubrir en las obras creadas lo invisible de Dios, esto es su poder eterno y su ser divino. De este modo, no tienen ninguna excusa. Porque, conociendo a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias como a Dios, sino que se envanecieron en sus disquisiciones y se entenebreció su insensato corazón: proclamándose sabios, se convirtieron en necios, y sustituyeron la gloria de Dios incorruptible por imágenes con figura de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

Por eso, Dios los entregó a la impureza, por las apetencias de sus corazones, para envilecer sus propios cuerpos, en cuanto que sustituyeron la verdad de Dios por la mentira y veneraron y adoraron a la criatura en lugar del creador, que es bendito por siempre. Amén. Dios los entregó a pasiones envilecedoreas:  Pues, sus mujeres cambiaron la relación sexual natural por la antinatural, y de igual modo, también los varones, abandonando la relación natural con la mujer, ardieron de ansia los unos por los otros, cometiendo actos desvergonzados varones con varones. Y así recibieron en sí mismos el pago que merecía su aberración.

Y como no se dignaron reconocer a Dios, el mismo Dios los entregó a una mente indigna, para practicar lo indecente: repletos de todo tipo de injusticia, de perversidad, de avaricia, de maldad, llenos de envidia, de asesinatos, de riñas, de fraudes, de malicia, detractores, calumniadores, blasfemos, opresores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a los padres, irracionales, no fiables, sin corazón, despiadados. Esos, conociendo el decreto de Dios que declara merecedores de la muerte a los que realizan tales cosas no solo las hacen, sino que incluso dan su aprobación a los que las realizan (Rom. 1:18-32).

Hay bastante qué comentar sobre estos pasajes. En primer lugar, todavía hay debate en la comunidad exégeta del Nuevo Testamento en cuanto a lo que significan los términos “malakoí” y “arsenokoĩtai“. El último probablemente sucede como una especie de neologismo a partir del pasaje griego de Levítico que ya vimos. “Ársen” significa varón, “koítes” significa camas. “Arsenokoĩtai” significa literalmente “varón camas”.

El erudito E. P. Sanders es de la opinión de que en la época de Pablo todavía persistían prácticas homoeróticas desde el punto de vista de desigualdad social. El pasaje de Levítico habla de los que “actúan en la cama” con otro varón como si este último fuera una mujer. Por ende, puede ser que el neologismo paulino o judeohelenístico “arsenokoĩtai” se refiriera en realidad a personas que actuaban como o hacían cosas semejantes al erastes griego. Muchos han traducido malakoí como “afeminados”, pero este término puede ser engañoso si evoca al concepto actual de “afeminado”. En realidad se puede referir a las personas que asumían un rol como el de o semejante al de erómenos, que hacían las veces de “mujer” para un erastes antes de los 18 años.  Por lo tanto, Pablo estaba condenando tanto a los varones que en la actividad homosexual penetran como a los que reciben la penetración.

Nótese que esta es una posición de desigualdad y, en la mente de Pablo, de injusticia. La desigualdad para él es inaceptable en una congregación cristiana. Sin embargo, debemos atemperar lo que significa el término “justicia” en su tiempo. Como dijimos en nuestro artículo sobre la homosexualidad y la Biblia Hebrea, la aspiración a la justicia es más o menos clara en el tiempo de los profetas: se rechaza la opulencia, la opresión al pobre, la opresión a la viuda, etc. Sin embargo, en la epoca de Isaías y la de Ezequiel no existía la Torah como la conocemos hoy. Para un judío como Pablo, la parte moral de la Torah es medida de justicia. Para el judaísmo de esa época, todo aquel que no cumpliera con la Torah era injusto. En la teología paulina, esto se modifica solamente  para que a los gentiles se designaran como justos en la medida que cumplieran el lado moral de la Torah, sin necesidad de cumplir con la circuncisión, el kosher y la observancia del Sábado.

Por otro lado, Pablo creció en un ámbito helenístico que influenció su pensamiento y su visión de mundo. En aquel mundo de la diáspora, se adoptaron perspectivas vulgares del platonismo y el estoicismo. Vemos en sus escritos apelación a la naturaleza según el orden divino y la oposición entre carne y espíritu. Pablo no era exactamente fanático de la filosofía. Si leen los pasajes con cuidado, denunciaba a unos “sabios” (los filósofos) que los describía como “necios” (desde la perspectiva cristiana primitiva). Sin embargo, en el mundo helenístico, residuos vulgares de las filosofía platónica y estoicista permeaban aquel medio ambiente. Sin querer, él adoptó algunas perspectivas vulgares de esta “filosofía de gente” del ámbito helenístico. Los paganos se dejaban guiar por las pasiones de la carne, mientras que los judíos y los gentiles eran movidos por el Espíritu de Dios.

Pablo utilizó el concepto estoicista vulgar de “naturaleza” como argumento del orden divino. Decía él que los gentiles no crecen conociendo la Ley (la Torah), pero Dios les había puesto las disposiciones morales de la Ley en sus corazones (esto recuerda a la teoría platónica de las ideas innatas). Simultáneamente, todo ser humano que abriera su mente, se percataría del orden natural de las cosas y se daría cuenta de la existencia de la Divinidad (argumento parecido al estoicismo). Desde esta perspectiva, todas las acciones de los gentiles paganos (es decir, de los gentiles que no profesan el judaísmo ni el cristianismo), que fueran contrarias a la parte moral de la Torah y a su verdad revelada eran injustos. De ahí la “impureza” de los gentiles paganos (noten el lenguaje distintivo del judaísmo). Los paganos no quisieron darse cuenta de lo que es “evidente ante sus ojos”, se dejaron guiar por las pasiones de la carne, adoraron a otros dioses y, por ello, estaban llenos de pecado.

Entre esas acciones impuras se encuentra precisamente el actuar contra la naturaleza establecida por Dios: las mujeres rechazaron su naturaleza para llevar a cabo actos antinaturales con otras mujeres y, muy especialmente, los varones con otros varones. Por eso, para Pablo, ninguno de los malakoí ni de los arsenokoĩtai ni de las que llevan a cabo actos lésbicos vería el Reino de Dios. Para él, todas estas personas eran injustas.
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Reflexiones

Pablo predica en Damasco

Pablo predica en Damasco (siglo XII). Mosaico en la Escuela Bizantina en Sicilia, Italia

Pablo era un hombre de su tiempo representativo del judeohelenismo del primer siglo, pero influenciado por una nueva secta cristiana. A partir de unas apariciones de Jesús, pensaba que era su deber difundir el cristianismo y convertir gentes de otras naciones para Jesús antes de la llegada triunfante del Mesías para el establecimiento del Reino de Dios. Por un lado, quería contribuir a la vivencia carismática del Reino en las congregaciones cristianas que fundaba. Sin embargo, vivía en la gentilidad, donde la inmensa mayoría de sus habitantes desconocían las disposiciones judías.

Pablo no era un hombre del siglo XXI. No era sociólogo, sicólogo evolucionista, científico cognitivo, filósofo ni antropólogo. Tampoco tenía acceso a todos los conocimientos esenciales para comprender las diferencias culturales y, especialmente, religiosas entre judíos y gentiles. No podemos culpar a Pablo enteramente por haber escrito en contra de actividades homosexuales. Es un hijo de su tiempo.

Sin embargo, hoy día hemos avanzado en la filosofía y lo fácil que es identificar la falacia naturalista. Sabemos también que los asuntos éticos en torno a la sexualidad son mucho más complejos que las soluciones formuladas por la Biblia Hebrea y el Nuevo Testamento cristiano. En gran parte, esto es gracias a la información provista por las ciencias. Hoy sabemos que los seres humanos evolucionamos como resultado de un proceso evolutivo que nos hermana con todos los demás seres vivientes genética, relacional y materialmente. Es más, sabemos que la homosexualidad es un fenómeno tan natural que los científicos tienen constancia del comportamiento homosexual detectado en cerca de 1,500 especies. La homosexualidad humana forma parte del mundo natural.

Aun así, muchos insisten en sostener y aplicar las teologías y visiones de mundo de Pablo, un personaje del siglo I, a una realidad social del siglo XXI. ¿Cuál de los padres puertorriqueños estaría de acuerdo a que su hijo fuera atendido por un dentista del siglo I? Si no estarían dispuesto a hacerlo, entonces ¿por qué ignorar el conocimiento más certero de las ciencias y atendemos los consejos de alguien que evidentemente conocía mucho menos del mundo que nosotros?

¿Y qué hay de la responsabilidad ética de los cristianos que, contrario a Pablo, no tienen excusas para conocer el mundo más certeramente vía la razón y las ciencias?
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Bibliografía

Ehrman, Bart. Forged: Writing in the Name of God–Why the Bible’s Authors Are Not Who We Think They Are.   NY: HarperOne, 2012.

—. Forgery and CounterforgeryThe Use of Literary Deceit in Early Christian Polemics. Oxford: Oxford University Press, 2013.

Friedman, Richard Elliott. Who Wrote the Bible? US: HarperOne, 1997.

Meeks, Wayne A. Los primeros cristianos urbanos. Salamanca: Ediciones Sígueme, 2012.

Piñero, Antonio. Guía para entender a Pablo de Tarso: Una interpretación del pensamiento paulino. Madrid: Trotta, 2015.

Sanders, E. P. Paul: The Apostle’s Life, Letters, and Thought. Minneapolis: Fortress Press, 2016.

Vidal, Senén. Las cartas auténticas de Pablo. Bilbao: Mensajero, 2012.

—. Nuevo Testamento. Santander: Sal Terrae, 2015.

El fraude del Evangelio de la Esposa de Jesús

En el año 2012, la erudita Karen King, de la Escuela de Divinidad de Harvard, anunció al mundo el descubrimiento de un fragmento que parecía indicar que algunos cristianos antiguos o medievales pensaban que Jesús tenía una esposa.

Fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús

Fragmento al que se le denominado “Evangelio de la Esposa de Jesús” (Cortesía de Karen King, Harvard & AP)

El pedazo de papiro pertenecía a un anónimo al que King respetaba su deseo de mantener su identidad secreta. No explicaré los detalles de este fragmento, ya que los he presentado en mi blog personal. Baste señalar que aun si fuera genuino, la misma King nos dice que todo lo que podría decirse de seguro es que un sector del cristianismo solía sostener que Jesús tuvo una esposa. Este fragmento jamás podría probar de una vez y por todas que Jesús se hubiera casado en vida.
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¿Se casó Jesús en algún momento de su vida?

La inmensa mayoría de los expertos en la Antigüedad y los eruditos del Nuevo Testamento de todas las posiciones ideológicas y religiosas han estipulado como altamente probable la existencia histórica de Jesús. El consenso actual entre ellos en cuanto a la vida marital de Jesús es que parece que este nunca se casó porque compartía las convicciones apocalipticistas de su época: no hay tiempo para una vida familiar, ya que el Reino de Yahveh estaba a punto de llegar. Otros argumentan que si se casó, entonces comenzó su ministerio después de enviudar.

Aquellos que argumentan que sí vivía en un matrimonio durante su ministerio porque a él se le denominaba “Rabí” (maestro) y que solo se podía ser rabino si se era casado pierden de perspectiva de que esa disposición forma parte de una normativa rabínica del siglo II en adelante, décadas después de la muerte de Jesús. Además, Jesús no formaba parte de la oficialidad rabínica farisea (como no lo eran tampoco Juan el Bautista ni los esenios) ni era sacerdote saduceo.

Es más, es curioso que en los evangelios y en las cartas auténticas paulinas se hable de la madre y el padre de Jesús, de sus hermanos y hermanas, de su tensión con su familia, pero jamás de su mujer e hijos. Dentro de su mentalidad apocalipticista, Jesús no era exactamente el mejor amigo de la dinámica familiar, al menos como lo piensan muchos creyentes hoy día (Mt. 8:21-22; 10:37; 12:46-50; Mc. 3:20-21,31-35; Lc. 8:19-21; 9:59-62; 14:26).

Algunos conspiracionistas sospechan que la Iglesia Católica cambió los textos para eliminar cualquier referencia a esposas e hijos. Si ]fuera cierto, es extraño que esos pasajes “eliminados por la Iglesia” no aparezcan en escritos neotestamentarios que se escribieron y conservaron fuera del dominio del catolicismo medieval. En fin, los eruditos cuentan con cerca de los 2,500 manuscritos más antiguos del Nuevo Testamento de todas partes del mundo europeo, mediooriental y africano, muchos de ellos guardados por iglesias de diversas tendencias doctrinales, adversas al catolicismo e históricamente fuera del dominio del Vaticano. No hay ni un solo documento  de los 2,500 que afirme que Jesús era casado.

Muchos inspirados en los libros de Holy Blood, Holy Grail (en español El enigma sagrado) y El código Da Vinci sugieren que María Magdalena era la esposa de Jesús. Sin embargo, todo lo que nos dicen los evangelios de ella era que auspiciaba económicamente la labor de Jesús, que este la exorcisó de siete demonios y que fue testigo de la tumba vacía (Lc. 8:2-3; Mc. 16:1-8; Mt. 28:1-10; Lc. 24:1-11). Todos los demás reportajes de que Jesús besaba a María Magdalena (Evangelio de Felipe) o que le revelaba secretos (Evangelio de María Magdalena) proceden de escritos gnósticos posteriores (siglos II y III) y que no merecen credibilidad histórica alguna. Este último punto también es consenso de todos los expertos en este tema.

Si este es el caso, entonces ¿en qué ha parado el tema del fragmento en discusión?
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Veredicto final:  Un fraude

La historia del descubrimiento del fraude se dio dentro y fuera del ciberespacio. Algunos ponían en duda el fragmento al notar que algunos de sus contornos parecen haber sido cortados a tijera.

Otro problema parece haber sido la prueba de Carbono-14 al que se sometió la tinta usada para escribir el fragmento. Sí, la prueba mostraba que la tinta databa del siglo VIII, pero lo que no se conoce mucho es que este fue el resultado de la segunda prueba. La primera indicaba que la tinta era del 400 al 200 a.C. (¡!)

Otros señalaban que era bien extraño que este fragmento se obtuviera y se revelara justo en el momento en que perduraba la fiebre por la película (malísima) y la novela (aburridísima y mal informada) de El código Da Vinci. La respuesta general de los expertos era de un gran escepticismo, muy a pesar del optimismo de Karen King. A pesar de que ella había consultado con dos coptólogos expertos que opinaban que el documento aparentaba ser auténtico, no todos los coptólogos estaban convencidos. De hecho, la mayoría se mostraba extremadamente escéptica.

Sin embargo, hubo otros criterios muchos más fuertes de inautenticidad. Daniel B. Wallace, estudioso del Seminario Teológico de Dallas, mencionaba los siguientes:

  • Es extraño que el texto esté escrito en un copto sahídico bastante antiguo (como del siglo III), pero que aparece en un documento del siglo VIII.
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  • El papiro se utilizaba como medio de escritura hasta, a más tardar, el siglo VII. Las pruebas de Carbono-14 lo colocan en el siglo VIII.
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  • El fragmento pone a la vista el nombre de “Jesús” en dos ocasiones mediante las iniciales “IC” (iota sigma). En la segunda ocasión (en la cuarta línea), está justo en el medio del fragmento.
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  • La palabra “mi esposa” aparece a propósito en los labios de Jesús, de manera que es inconfundible que él estuviera hablando de su esposa.
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  • Parece que el escriba no utilizó un stilus, sino más bien una “brocha” pequeña, algo que no es característico de los escritos coptos conocidos de todas las épocas.
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  • Las frases que aparecen en este fragmento también aparecen en el Evangelio de Tomás, un evangelio gnóstico del siglo II, escrito en copto sahídico y encontrado en Nag Hammadi a mediados del siglo XX.

En cuanto a este último punto, Francis Watson de la Universidad de Durham llevó a cabo un análisis al respecto y publicó un resumen de sus hallazgossu análisis y otros señalamientos. Él demuestra más allá de toda duda que con excepción de la frase “mi esposa”, todo lo demás proviene de distintos versos del Evangelio de Tomás. Es más, no proceden ni tan siquiera de versos cercanos, sino que es un “collage” de versos de dicho libro gnóstico.

Sin embargo, lo que parece haber revelado más allá de toda duda que el fragmento era un fraude era un cierto tipo de errores gramaticales. Algunos expertos ya habían señalado el problema y cómo el que escribió el papiro refleja muy poco conocimiento del copto. Sin embargo, Andrew Bernhard de la Universidad de Oxford encontró que en la línea 6 del escrito hay una falta gramatical que indica que el autor estaba dependiendo en otro escrito que contiene la misma falla: la traducción interlinear al inglés de Michael Grodin del Evangelio de Tomás y que está disponible en línea. Aparentemente, el falsificador copió la falta ortográfica y después intentó corregirla por encima.

La otra evidencia del fraude no provino de ese fragmento, sino de uno ajeno y que también era del mismo dueño. Aparentemente, la misma persona que suplió nuestro texto en discusión a King, quiso proveer un fragmento del Evangelio de Juan a otra institución años antes.

Fragmento del Evangelio de Juan.

Fragmento del Evangelio de Juan asociado al del Evangelio de la “Esposa de Jesús”.

Para los expertos, no hay lugar a dudas que este fragmento es una falsificación. Entre algunos factores que siguieron arrojando serias dudas, podemos mencionar los descubiertos por por Christian Askeland:

  • El estilo, la tinta y el instrumento de escritura de este fragmento del Evangelio de Juan son exactamente los mismos de los del fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús.
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  • El nuevo fragmento del Evangelio de Juan depende de otro texto, una réplica exacta de cada dos versos del Códice Qau de Cambridge, editado por Herbert Thompson. De hecho, este fragmento es de una variante de copto distinta a la del Evangelio de la Esposa de Jesús. En el caso de este último, se basa justo en la variante del copto del Evangelio de Tomás, mientras que el del Evangelio de Juan se basa en el copto del Códice Qau.
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  • La variante del copto usado en el fragmento del Evangelio de Juan había desaparecido para el siglo VI d.C. Sin embargo, las pruebas de Carbono-14 hechas a este texto indican que es del siglo VIII d.C.

Estos señalamientos fueron confirmados por Alin Suciu de la Academia de Ciencias y Humanidades de Göttingen y felicitó a Askeland por la prueba tipo “smoking gun“.

Si lo anterior no fuera suficiente, la señal más llamativa y elemental la mencionó el egiptólogo Joost L. Hagen  y se encuentra en la lacuna (agujero) principal. A pesar de que otras letras disimulan “atravesar” el agujero,  en un momento dado, el falsificador intentó escribir una “N” (ny) y el “T” (tau) justo debajo para darle la vuelta.

ni

Por tanto, si este fragmento del Evangelio de Juan fue provisto por la misma persona, tiene la misma letra, el mismo instrumento de escritura, la misma tinta y muestra el patrón de depender de documentos contemporáneos, es lógico pensar que el fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús es también una falsificación y así lo han dejado saber en CNN los eruditos Michael Peppard, de la Universidad de Fordham, Joel S. Baden, de la Escuela de Divinidad de Yale, y Candida Moss, de la Universidad de Notre Dame en South Bend, Indiana.

Para una crónica completa de esta travesía detectivesca, invito al lector a que vaya al blog NT Blog de Mark Goodacre, de la Universidad de Duke.

En esta etapa, ya para finales del 2014, prácticamente todos los expertos alrededor del mundo vieron que estos dos fragmentos eran falsificaciones. El falsificador compró un papiro antiguo (algo que se puede hacer hasta por eBay), preparó un tinte a partir de sustancias antiguas y, utilizando transcripciones y traducciones recientes en códice y en línea, produjo la falsificación. ¡El Carbono-14 no necesariamente es evidencia decisiva en estos casos!

Ahora la pregunta pertinente es ¿quién los fabricó?
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¡Última hora! … (o más bien ¡última semana!)

En esta semana, salió un artículo de Ariel Sabar para The Atlantic, en el que revela que el dueño de los fragmentos en discusión no es otro que Walter Fritz. Askeland había sospechado de él el año pasado, ya que por labor inquisitiva encontró la página de la esposa de Fritz (Nefer Art), en donde algunas imágenes que presentaba se parecían sospechosamente a la escritura y estilo que encontramos en el fragmento del Evangelio de Juan. Al leer el artículo se dio cuenta de que en 1982, Fritz estudiaba egiptología en la misma institución donde se “verificó” precisamente ese escrito.

Fritz le mintió a King, algo que ahora ella reconoce, al proveerle una falsa información de dónde obtuvo el fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús, especialmente haciendo alusión a personas que para el momento de la presentación de King ya habían fallecido. Convenientemente, los muertos no pueden desmentir la información.

Sabar llevó a cabo una investigación de todas las personas supuestamente involucradas en la conservación del fragmento, para entonces descubrir que no podía corroborar ningún aspecto de los alegatos de Fritz. Al contrario, todo parecía indicar que su historia era un engaño. Aunque él alegaba no haber estudiado egiptología, Sabar pudo confirmar que sí había cursado en ese campo en la Universidad Libre de Berlín y que, de acuerdo con los que le conocieron, desapareció en un momento dado. En 1993 se estableció en Florida y en 1995 creó el portal cibernético de Nefer Art, donde ofrecía toda una variedad de servicios artísticos. Más adelante, en el 2003, lanzó un portal pornográfico que contenía vídeos de su esposa teniendo sexo con otros hombres y la promocionaba como “America’s #1 Slut Wife”. Todos estos portales cerraron durante el 2014 y el 2o15. Inspirados por El código Da Vinci, la esposa comenzaba a alegar que Dios y el Arcángel Miguel hablaban mediante ella.

¿Y qué pasó cuando Sabar confrontó a Fritz con la información que obtuvo? Eso lo tendrán que leer ustedes.

Por lo pronto, creo que ya no hay duda alguna en la mente de nadie en la Tierra (fuera de dos o tres enajenados) en cuanto a la naturaleza fraudulenta de este fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús.

La homosexualidad y la Biblia Hebrea: Orígenes

Lot escapa de Sodoma

“Lot escapa de Sodoma” por Gustave Doré

En mi artículo anterior, mencioné el hecho de que hay un elemento particular de odio a la homosexualidad en las religiones abrahámicas: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Lo que inició este tipo de deprecio a actividades homosexuales fueron ciertos pasajes en la Biblia Hebrea que se escribieron en un contexto histórico que todavía permanece mayormente desconocido para nosotros. Sin embargo, gracias a la arqueología y al estudio intensivo de las civilizaciones que se formaron en el Medio Oriente y en el Mediterráneo, algunos eruditos ya tienen una idea del sentido original de estos textos. La respuesta puede sorprender a muchos.

Lo que haré en este artículo es exponer la teoría que muchos de los expertos en la Antigüedad sostienen hoy día. Noten que en este caso, el análisis será estrictamente histórico, no teológico ni religioso. Para una discusión con mayor lujo de detalles con sus referencias, léase los capítulos 8 y 10 de mi libro Pablo el Emisario: Odiado e incomprendido. Todos los pasajes bíblicos citados aquí provienen de la Biblia de Jerusalén (2009).
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La sociedad que originó al Antiguo Israel

Es sabido por la mayoría de los arqueólogos y eruditos de la Biblia Hebrea que ciertos eventos de la magnitud relatada por los libros de Éxodo y de Josué nunca ocurrieron. No hubo una invasión masivamente genocida de hebreos contra pueblos enteros por parte de israelitas nómadas. No hay rastro alguno de un gran éxodo de esclavos de Egipto dirigidos por un príncipe egipcio, Moisés, desde antes del Mar de las Cañas hasta las afueras del Río Jordán. Los historiadores y especialistas en la Biblia Hebrea se hallan hoy divididos en torno a si realmente hubo algún tipo de éxodo de esclavos, aunque hay un fuerte consenso de que no hubo una travesía de millones de personas hasta Tierra Santa por cuarenta años en la época de Moisés y Josué (1275-1208 a.C.). Los que piensan que pudo haber habido un éxodo usualmente lo atribuyen a un grupo pequeño de guerreros, fuertemente influenciados por la cultura egipcia, que se familiarizó con la religión de un pueblo conocido como los shasu en Madián, donde adoraban al dios Yaju, o Yahveh. Más adelante se integraron a la sociedad cananea, adoradora del dios El, lo que llevó gradualmente a un proceso sincrético para que ambas deidades se volvieran una: Yahveh Elohim (Éx. 6:2-3).

Sin embargo, los arqueólogos han evaluado los artefactos que han encontrado y han puesto en duda el modelo de invasión de Canaán por parte de los antiguos hebreos bajo el mando de Moisés y Josué. La evidencia sugiere que es imposible que hayan invadido y derrotado Négueb, Sijón, Jericó, Ay y Jasor (Núm. 12:1-3, 21-32; Jos. 6-11). De lo que sí hay abundante evidencia arqueológica en tierra cananea es de una rebelión contra las monarquías vasallas de Egipto y las castas altas. Una vez eliminado el dominio de estos reyes, las diversas tribus cananeas de la Era de Hierro I (1200-1000 a.C.) fueron extendiendo su población por todo el territorio norte de lo que después se conocería como Israel.

Lo que llama la atención –y que es sumamente pertinente a nuestro tema– tiene que ver con el nuevo estilo de vida adoptado por los cananeos al denominar como “Israel” a este nuevo territorio. Cuando se examina la evidencia arqueológica de las casas y las villas que datan de esta época, los expertos notan que no hay estructuras arquitectónicas de autoridad política. Para todos los efectos, las tribus israelitas establecieron una sociedad igualitaria. El libro de Jueces confirma esta dimensión de la vida israelita, ya que en ese texto se nota un periodo de tiempo en el que Israel carecía de reyes. Al contrario, en momentos difíciles y de hostilidad (especialmente por su tensión con los filisteos), los israelitas escogían a un jefe militar temporero, un “juez”, para defenderse contra fuerzas enemigas. Por cierto, el libro de Jueces atribuye la unificación de las tribus en una “nación”, Israel, a una mujer juez llamada Déborah, a la que un himno le denominaba “Madre de Israel” (Jue. 4-5).

Aun así, la sociedad israelita antigua no era totalmente igualitaria. No obstante Déborah como la “Madre de Israel”, estas tribus relegaban a las mujeres a un rol bajo. En primer lugar, la poligamia era una práctica hartamente permitida en esas sociedades. Aquellos hombres que fueran pudientes, podían tener más de una esposa, siempre y cuando pudiera cuidar de ellas. Es más, el arreglo matrimonial de una joven al hijo de otra familia o el concubinato permitían estrechar lazos entre familias, clanes o reinos (los “dominios” de David y Salomón fueron realmente influencias de poder vía lazos con varios reinos y tribus). En segundo lugar, a las mujeres y a las hijas se les trataba en términos prácticos como propiedad, lo que llevó a muchos autores de la Torah a estipular provisiones para evitar ciertos abusos y elevarlas más de un rango de simple pertenencia (e.g. Éx. 21:7-11; Núm. 27:4; 30:11-16; Deut. 21:10-14; 22:23-27).
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Funcionarios y sacerdotes forjan las Sagradas Escrituras

Debido a la inestabilidad de una sociedad igualitaria, las tribus decidieron optar por una monarquía. La primera fue la de Saúl, a la que le sucedería eventualmente la de David y su hijo Salomón, reyes que unificaron a las tribus del norte y las del sur. Durante este proceso se afianzaron los sacerdocios de Siló (probablemente musitas) y de Jerusalén (aarónidas), ambos levitas. De estos dos sacerdocios se derivaron tres de las cuatro tradiciones que compusieron la Torah hebrea (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) entre otros libros sagrados. La primera tradición en formarse fue la yahvista (J), producida probablemente por funcionarios de la monarquía davídica o, lo más probable, la salomónica. Sin embargo, las otras tres, las levíticas, fueron la elohísta (E), la deuteronomista (D) y la sacerdotal (P), de acuerdo al orden que aparecieron según el modelo mayoritariamente adoptado por los especialistas de la Biblia Hebrea.

Es en este contexto que debemos entender los pasajes usualmente más citados para condenar la conducta homosexual por parte de los religiosos conservadores y fundamentalistas.
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Sodoma y Gomorra

Hombres de Sodoma se agolpan frente a la puerta de Lot.

Hombres de Sodoma se agolpan frente a la puerta de Lot. Imagen por Phillip Medhurst. Cortesía de la Colección del Revdo. Philip De Vere en la Corte de St. George’s, Kidderminster, Inglaterra. CC-BY-SA 3.0.

En cuanto a los textos bíblicos relacionados con el tema actual de la homosexualidad, tenemos el relato de Sodoma y Gomorra (Gén. 19), compuesto por algún autor J. En él, se nos cuenta que Yahveh había determinado destruir la ciudad de Sodoma debido a que “su pecado es gravísimo” (Gén. 18:19). Del diálogo entre Yahveh y Abraham se desprende que la ciudad completa (con la excepción de Lot y su familia) estaba inmersa en maldad. La deidad decidió enviar a dos ángeles para avisarle a Lot y a su familia que debían abandonar Sodoma lo más pronto posible, ya que iba a ser destruida. Cuando los ángeles fueron recibidos, nos dice el Génesis:

No bien [Lot y los ángeles] se habían acostado [para comer], cuando los hombres de la ciudad, los sodomitas, rodearon la casa, desde el mozo hasta el viejo, todo el pueblo sin excepción. Llamaron voces a Lot y le dijeron: “¿Dónde están los hombres que han venido adonde ti esta noche? Sácalos, para que abusemos de ellos.”

Hay que aclarar que en este caso, por el término “hombres” (más bien “multitud” {’anašim}) debe entenderse en hebreo indistintamente como varones y mujeres. Como respuesta a la amenaza, Lot ofreció a su hija para que fuera abusada, en vez de los “forasteros”. Ante la negativa de la ciudad, los ángeles salieron y cegaron a la multitud. Después, la familia huyó con las instrucciones angelicales de que no miraran atrás durante la destrucción de la ciudad. Desobedeciendo a las órdenes de Yahveh, la esposa de Lot se transformó en una estatua de sal.

¿Cómo debemos entender esta narración? Pues, contrario a lo que muchos religiosos conservadores sostienen, de lo que menos se trata este texto es de la homosexualidad. Al contrario, el tema principal es el de la injusticia al forastero. El abuso sexual a los extranjeros era bastante común en aquella época, porque –como explicaremos más adelante– se les consideraba inferiores a los habitantes de la ciudad. El texto bíblico nunca afirma que la multitud era “homosexual” sino más bien malvada. Así lo comprendieron por mucho tiempo los profetas más importantes de la Biblia Hebrea y que fueron contemporáneos con muchos de los escritos de la Torah. Tomemos la comparación que hace Isaías de un Israel malvado con Sodoma y Gomorra:

De no haberme dejado Yahveh Sebaot un residuo minúsculo,
seríamos como Sodoma,
parecidos a Gomorra.

Escuchad la palabra de Yahveh,
regidores de Sodoma;
oíd la torah [ley] de nuestro Elohim [Dios],
pueblo de Gomorra.

Vuestras manos están llenas de sangre:
lavaos, purificaos,
apartad vuestras fechorías de mi vista,
desistid de hacer el mal
y aprended a hacer el bien:
buscad lo justo,
reconoced los derechos del oprimido,
haced justicia al huérfano,
abogad por la viuda
(Is. 1:9-10,15b-17).

Otro profeta que lo entendió de la misma manera era Ezequiel:

Por mi vida –oráculo de Adonay Yahveh–, que tu hermana Sodoma y sus hijas no obraron como habéis obrado tú y tus hijas. El crimen de tu hermana Sodoma y sus hijas fue: orgullo, voracidad, indolencia nacida de una vida placentera; no socorrieron al pobre y al indigente, se enorgullecieron y cometieron abominaciones ante mí. Por eso las hice desaparecer, como tú has visto (Ez. 16:48-50).

Finalmente, debemos señalar que en una historia paralela en el libro de Jueces, se presenta otra situación en la que unos hombres de una ciudad deseaban abusar a un extranjero, el anfitrión ofrece a su esposa y a la concubina del extranjero para su abuso, lo que efectivamente estos perversos llevaron a cabo (Jue 19:15-27). Si estos hombres eran abusadores “homosexuales”, ¿por qué abusaron a las mujeres? Una vez más, el tema subyacente es el de una injusticia que se quería llevar contra el forastero por ser considerado inferior en el contexto de esa población.
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Los pasajes de Levítico

Los otros pasajes que usualmente se citan para condenar las actividades homosexuales en general provienen del libro de Levítico, cuyo texto es casi completamente de la tradición P. Veamos:

No te acostarás con varón como con mujer: es una abominación (Lev. 18:22).

Si un varón se acuesta con otro varón, como se hace con una mujer, ambos han cometido una a abominación y deben morir. Su sangre caerá sobre ellos (Lev. 20:13).

Estos dos pasajes se han asociado erróneamente como una confirmación del sentido del relato de Sodoma y Gomorra. Sin embargo, como cualquier erudito en la Biblia Hebrea puede señalar, la narración de las dos ciudades malvadas fue escrita por un narrador J, mientras que estas prohibiciones fueron escritas por un autor P siglos más tarde.

Antes de proceder, debemos poner en perspectiva estos fragmentos dado el contexto social que hemos discutido. Por ejemplo, en Levítico se prohíbe explícitamente el acto sexual entre varones, pero buscamos en vano cualquier pasaje en ese documento o en la Biblia Hebrea en el que se condenen actos sexuales entre mujeres. Esto se debe, una vez más, a una sociedad poligámica, en la que los varones no solamente gozaban de tener actos sexuales con más de una mujer, sino también de participar y disfrutar del acto sexual entre ellas. En relación con esto último, lo único que encontramos en Levítico es lo siguiente:

No tomarás por esposa a una mujer y a su hermana cuando todavía vive la primera: harías a la segunda rival de la primera al descubrir también su desnudez (Lev. 18:18).

Fuera de eso, no hay ninguna otra prohibición de actos lésbicos.

¿Por qué a las mujeres se les permite, pero a los varones no? La respuesta es sencilla: la penetración.
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El significado de la penetración en la Antigüedad

El problema de citar estos pasajes sin tener en cuenta su debido contexto lleva a toda una serie de confusiones. Los pasajes de Levítico no explican en lo absoluto el razonamiento o las justificaciones detrás de los mandatos de Yahveh. Dado este panorama, no tenemos de otra que recurrir a textos extrabíblicos y descubrimientos arqueológicos en áreas cercanas a la región palestina para tener una mejor idea de a cuál realidad estaban respondiendo los antiguos israelitas.

Erastes y Erómenos

Un erastes en un acto pederasta con un erómenos. Dibujo en una ánfora ateniense del siglo V a.C., ahora en las Colecciones Estatales de Antigüedades en Münich, Alemania. Foto cortesía de Haiduc, de Wikimedia Commons. CC-BY-SA 3.0.

Cuando miramos a las prácticas sexuales de diferentes sociedades del Medio Oriente de aquella época y del Mediterráneo podemos encontrar un tema común: los varones que penetran (los activos) son privilegiados o se encuentran en un estrato superior a los que son penetrados (los pasivos), quienes no son privilegiados o que son de estrato inferior. Las mujeres no penetran, los hombres lo hacen. En parte esa puede ser una razón por la que a las mujeres se les veía históricamente como inferiores.

Podemos ver ejemplo de ello en la mitología egipcia, especialmente la relación tensa entre Horus y Set, en la que este último engañó al joven Horus para violarlo; abuso clásico de un adulto (posición privilegiada) a un joven (inferior). Podemos ver también esto en la práctica pederasta en la Antigua Grecia. Los maestros podían tener relaciones pederastas con sus discípulos, lo mismo que ciertos adultos que llevaban actos sexuales con jóvenes con “su consentimiento”. Al activo se le conocía como “erastes” y al pasivo “erómenos“. Este tipo de relaciones cesaban cuando los jóvenes cumplían los dieciocho años, es decir, la edad en que ya se podían considerar adultos y, por ende, iguales a los demás adultos. Es importante señalar que durante la relación de pederastía no se suponía que al joven varón le gustara el ser penetrado, porque tal placer era mal visto. Es más, si no cesaban la pederastía con su antiguo erastes e insistía el erómenos en ser penetrado, esto se veía como una degradación y, ante la sociedad, el mismo estatus del de una mujer. De allí que a veces se les consideraran “afeminados”. También hemos visto cómo los libros de Génesis y de Jueces nos hablan del deseo de abuso de una multitud a unos forasteros precisamente porque se les veía como inferiores, algo que el texto bíblico claramente condena como una injusticia. La violación siempre fue en todas las épocas, y más en el contexto bélico de la Antigüedad, un instrumento de guerra. La violación no solo es un golpe moral contra el penetrado o la penetrada, sino también una señal de derrota.

Cuando vemos los mandatos de Levítico podemos considerarlos como únicos en el mundo mediooriental. No había otro lugar en el Medio Oriente o en el Mediterráneo que condenara la actividad homosexual de varones. Sin embargo, hay otra cosa que hacía a los antiguos israelitas únicos en esa matriz social: su sociedad igualitaria. En otras palabras, rechazaban las actividades homosexuales entre varones porque, en el contexto de aquella época, significaba una distinción entre ellos por estratos sociales, algo que los israelitas consideraban intolerable e injusto. Esta convicción se conservó aun cuando posteriormente empezaron a aparecer monarcas y sectores más privilegiados de esa sociedad, algo que los mismos profetas israelitas condenaban.
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Conclusión

La Biblia Hebrea ha sido la que ha llevado a las religiones abrahámicas en general a su tendencia a condenar las actividades homosexuales. Sin embargo, sus orígenes no han sido comprendidos adecuadamente debido a nuestra propia ignorancia del contexto social de esa época. Irónicamente, las actividades homosexuales entre varones tienen poco que ver con la homosexualidad como se entiende hoy día ni tiene que ver con el asunto del matrimonio homosexual. Tiene más que ver con una percepción de injusticia cuando varones en una sociedad igualitaria asumían roles sexuales típicos de sociedades desiguales.

Obviamente, la historia en torno a la condena de las actividades homosexuales no termina aquí. En algunos artículos posteriores hablaremos del tema de la homosexualidad en el Nuevo Testamento de la Biblia Cristiana.
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Bibliografía

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