Cuando revistas predatorias retiran estudios antivacunas fatulos …

Vacunación contra la tifoidea

Dr. Schreiber de San Agustín, California, inoculando contra la tifoidea.

En el portal de Science-Based Medicine, David Gorski nos informa de la retirada de dos estudios (que en el fondo eran uno solo) que pretendían demostrar que las vacunas efectivamente enferman a los vacunados. Esto tiene que ver con el famoso seudoestudio de Andrew Wakefield publicado en The Lancet, que supuestamente vinculaba la vacuna triple vírica (MMR) con el autismo y con el aumento del trastorno del espectro autista (TEA).

Sin embargo, queremos recalcar que las revisiones científicas y metaanálisis que incluyen a más de 1.2 millones de niños no muestran relación alguna entre la vacuna triple vírica y el llamado “aumento” del TEA, supuesto incremento que ya hemos desmentido. Aun así, el sector antivacunas insiste en avanzar con su causa.

Al igual que muchos de los científicos antitransgénicos o negacionistas del cambio climático en general, aquellos que son antivacunas suelen publicar en revistas predatorias o desprestigiadas para dar la apariencia de que se ha dado a conocer información importante en alguna revista “científica arbitrada”. Hemos escrito ya sobre el serio problema de las revistas predatorias y el enorme problema que han creado en términos de política pública.

David Gorski, M.D.

David Gorski, M.D. Foto cortesía de él, CC-BY-SA 4.0.

Gorski nos habla de lo que él denomina “estudios zombis”, es decir, estudios que han sido retirados por revistas, pero que “resurgen” del ámbito de los muertos y aparecen en una segunda revista de peor prestigio. Un ejemplo de ello fue el caso del estudio de Gilles Éric Séralini (del que hablaremos la semana que viene) en que supuestamente mostraba una asociación causal entre alimentos transgénicos con glifosato y unos tumores de unas ratas. El estudio fue retirado por serias deficiencias, pero volvió a publicarse en otra revista de peor prestigio y sin arbitrar. Además, Séralini sigue publicando artículos —incluyendo en revistas predatorias— utilizando ese como base, a pesar de que en la segunda vez que publicó el artículo en cuestión concluyó que de los datos no podía derivarse nada.

Otro ejemplo es el que nos trajo Gorski con su artículo, esta vez dirigido al público antivacunas. El autor principal es Anthony R. Mawson, perteneciente a la causa antivacunas y que llevó a cabo una colecta en línea para financiar el estudio. Una vez se llegó a la cifra deseada, él y otros autores publicaron el estudio en una editorial predatoria de la que hablamos casi un año atrás, una revista de Frontiers. He aquí la ficha del escrito:

Mawson, A. R., Ray, B. D., Bhuiyan, A. R., & Jacob, B. (21 de noviembre de 2016). Vaccination and health outcomes: A survey of 6- to 12-year-old vaccinated and unvaccinated children based on mothers’ reports. Frontiers in Public Health, 4, 270. doi: 10.3389/fpubh.2016.00270.

Cuando Frontiers retiró el artículo, el enlace cibernético asignado a este dejó de funcionar y da error. Aquí se encuentra el PDF de la versión provisional.

El estudio en sí consistía en la administración de un cuestionario a madres voluntarias para saber si sus niños mostraron síntomas de enfermedad después de la vacunación de sus hijos.  El portal desmitificador, Snopes.com, mencionó los varios  factores principales de cómo se llevó a cabo el estudio y su eventual publicación:

  1. Hay un notorio conflicto de intereses debido a la manera en que se financió. Prácticamente la totalidad del dinero provenía de los grupos antivacunas.
    .
  2. Los autores en cuestión ya tenían una opinión formada al respecto. Esto en sí no es nada malo siempre y cuando el diseño del experimento fuera lo suficientemente riguroso para no inclinar los datos a los prejuicios formados.
    .
  3. El diseño del experimento era fatal, ya no se hizo una selección azarosa de distintas poblaciones de madres para administrar el cuestionario. Al contrario, se seleccionaron a varias madres que practicaban “homeschooling” y cuyo parecer en torno a las vacunas ya estaba formado.
    .
  4. Se publicó en una revista altamente cuestionada por la comunidad científica. El artículo fue arbitrado por un quiropráctico, profesión cuya comunidad en general es hostil a las vacunaciones.

Para mayores detalles en torno a las fallas, pueden leer este artículo y el publicado por Gorski en Science-Based Medicine. Varios científicos y un sector del público lo consideró este estudio chatarra y la editorial Frontiers fue el blanco de múltiples críticas al respecto. Por eso, Frontiers tuvo que hacer una declaración pública vía Twitter.

Como resultado, se retiró el estudio y el acontecimiento fue reportado en Retraction Watch.

Sin embargo, a pesar de su súbita desaparición, el estudio “revivió” en otra revista, esta vez publicada por una editorial de mucha peor calidad, Open Access Text. Esta es su ficha:

Mawson, A. R., Ray, B. D., Bhuiyan, A. R., & Jacob, B. (24 de abril de 2017). Pilot comparative study on the health of vaccinated and unvaccinated 6- to 12-year-old U.S. children. Journal of Translational Science, 3, 3. doi: 10.15761/JTS.1000186.

Sus datos fueron publicados también en un artículo aparte en la misma revista predatoria:

Mawson, A. R., Ray, B. D., Bhuiyan, A. R., & Jacob, B. (24 de abril de 2017). Preterm birth, vaccination and neurodevelopmental disorders: a cross-sectional study of 6- to 12-year-old vaccinated and unvaccinated children. Journal of Translational Science, 3, 3. doi: 10.15761/JTS.1000187.

La razón de por qué tengo que proveer los estudios como archivos en nuestro portal y no en la fuente original es que los dos artículos en cuestión no se encuentran en las direcciones cibernéticas asignadas por la revista (un mal típico de las editoriales predatorias). Como los artículos se publican bajo una licencia de Creative Commons (aunque es curioso que no digan cuál de todas es), no se comete violaciones a derechos de autor el proveerlos en este blog.

Tal vez la ausencia de dichos artículos se explica por el señalamiento hecho por Retraction Watch de que Open Access Text parece haber retirado ambos artículos.

Breve reflexión

Aunque este asunto de los artículos zombis pueda sonar jocoso, en realidad es un asunto muy serio.

Estos son estudios fatulos publicados en revistas en el mejor de los casos desprestigiadas, en el peor se dedican a explotar a científicos y lectores. Su contenido carente de material científico y datos falsos se convierten en criterio para decidir política pública. Todo gobierno tiene un panel de expertos en torno a estos temas que saben mucho mejor en cuáles publicaciones confiar y en cuales no. Sin embargo, la población en general no goza de la misma sabiduría. Cuando estos asuntos se convierten en movimientos políticos ruidosos, el público tiende a hacerles caso y a exigir a sus gobernantes (electoralmente comprometidos) a que ignoren a los expertos.

Estos artículos como los de Andrew Wakefield y otros, tenidos como mártires de “Gran Farma”, han sido responsables de que en Estados Unidos se hayan desatado brotes de enfermedades que se pensaban que no se verían más en ese país, tales como el sarampión. Personas tales como Robert F. Kennedy, Jr. y Robert De Niro quienes financian estos grupos no mejoran la situación.

La publicación de estos artículos fatulos ha afectado las políticas en torno al calentamiento global, en cuanto a ingeniería genética, la provisión de vacunas y medicamentos, entre otros asuntos. El hecho de que la prensa frecuentemente descanse sus reportajes en estudios preliminares, en vez de revisiones científicas, metaanálisis y estudios rigurosamente controlados, revela una seria deficiencia de ese campo aun en el ámbito de reporteros especializados en divulgar sobre las ciencias.

En otras palabras, las revistas predatorias y la falta de literacia científica se han convertido en la era cibernética en una genuina amenaza para la salud pública. Por ende, los gobiernos y las Naciones Unidas deberían formar sus respectivos comités con científicos conocedores de estos asuntos y otros expertos para figurar alguna manera viable de contrarrestar estos males sin socavar la libertad de expresión ni los derechos humanos en general.

Sobre este tema, véase también los artículos de David Gorski, M.D. en su blog:

Referencias

Hawkes, D. (14 de junio de 2016). Calls by alternative medicine practitioners for vaccinated vs unvaccinated studies is not supported by evidence. Vaccines, 34, 28, 3223-3224. doi: 10.1016/j.vaccine.2015.12.031.

Taylor, L. E.,  Swerdfeger, A. W., & Eslick, G. D. (17 de junio de 2014). Vaccines are not associated with autism: An evidence-based meta-analysis of case-control and cohort studies. Vaccines, 32, 29, 3623–3629. doi: 10.1016/j.vaccine.2014.04.085.

Wakefield, A. J., Murch, S. H., Anthony A., et al. (28 de febrero de 1998). Ileal-lymphoid-nodular hyperplasia, non-specific colitis, and pervasive developmental disorder in children. Lancet 351, 9103, 637–41. doi: 10.1016/S0140-6736(97)11096-0.

No ha habido incremento significativo de casos de autismo

Campaña de concienciación sobre el autismo

Campaña de concienciación sobre el autismo

En años recientes se ha desatado una campaña de concienciación en cuanto al tema del autismo. Esta noción de “autismo” ha evolucionado por décadas y hoy es conocido por el nombre de “trastorno del espectro autista” (TEA en castellano o ASD por sus siglas en inglés). Hoy día podemos entender que no hay un solo tipo de manifestación de “autismo”, sino que hay distintas formas de mostrarse en los niños. Según el portal “Espectro Autista“, podemos citar a la siquiatra Lorna Wing cuando nos dice que el TEA…

…abarca desde las personas más profundamente retrasadas, tanto física como mentalmente… hasta las personas más capaces, realmente inteligentes pero con grandes dificultades sociales como su única y sutil discapacidad. Se superpone con las dificultades de aprendizaje y se difumina en la excéntrica normalidad.

¿Qué es el TEA exactamente? Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH por sus iniciales en inglés), le caracteriza de la siguiente manera:

El ASD es un trastorno neurológico y del desarrollo complejo que se manifiesta en la infancia y afecta cómo una persona actúa e interactúa con otras, se comunica y aprende. El ASD afecta la estructura y el funcionamiento del cerebro y el sistema nervioso. Dado que afecta el desarrollo, el ASD se considera un trastorno del desarrollo. El ASD puede estar presente durante toda la vida de una persona.

Las personas con este trastorno tienen:

  • problemas para comunicarse e interactuar con otras personas;
  • intereses restringidos y conductas repetitivas.

Diferentes personas con autismo pueden tener síntomas diferentes. Por este motivo, el autismo se conoce como un trastorno espectral, es decir, que hay una gama de características similares en personas diferentes con el trastorno. En este sitio web se utilizan “ASD” y “autismo” con el mismo significado.

El autismo constituye uno de los más grandes temores de los países industrializados del siglo XXI, junto al cáncer, la obesidad, la diabetes, la alergia al gluten, la celiaquía, la quimiofobia, entre otros. El miedo al TEA no es uno que sea necesariamente irracional. Uno no quiere que su hijo o hija, hermano o hermana, amigo o amiga viva en una dificultad para convivir socialmente, desenvolverse y poder laborar normalmente.

No obstante ello, existen los recursos científicos para ayudar a aquellos padres que deseen lidiar con este problema singular. Sin embargo, los medios de comunicación y la sociedad en general han sido las cómplices (sabiéndolo o no) de la explotación de estos miedos y, muy especialmente, de estos niños autistas. En Francia, algunos sicoanalistas los utilizan para confirmar las versiones más descabelladas propuestas en ese campo, a expensas de lo que se ha descubierto en torno al tema a nivel clínico y experimental.

En otros casos, podemos encontrar la iglesia Genesis II, promotora del MMS (creada por un exseguidor de la Iglesia de la Cienciología, Jim Humble), que le vende a los padres la idea de curar a los niños autistas mediante un enema de cloro. La más grande propulsora de este tipo de actividad es Kerri Rivera, quien ahora anda fugitiva en México debido a unas causas para arresto  por diseminar dicho mensaje altamente perjudicial para los niños autistas. Muchos ya han sido víctimas, con consecuencias en ocasiones letales.

Por cierto, no podemos olvidar que el movimiento March Against Monsanto en Estados Unidos solía promover este tipo de remedios para los niños autistas como alternativa a “Big Pharma” y (¡obviamente!) “Monsanto” (¡acuérdense que Monsanto tiene que estar metido en todo, aunque realmente no lo esté!). Agradecemos que eventualmente se diera cuenta del error irresponsablemente cometido para terminar su promoción. Sin embargo, gracias a su apoyo temporero mediante su diseminación por las redes sociales, ahora la iglesia del MMS está explotando a los pobres de Uganda, de donde proceden falsos reportes de alegadas curaciones.

March Against Monsanto y la Iglesia MMS

March Against Monsanto promocionando en Facebook a Kerri Rivera y los enemas de cloro para los niños autistas.

En este blog también hemos denunciado la utilización de los niños autistas y de los temores sociales al autismo para fomentar causas anticientíficas y que desembocarán en mayores males. Este ha sido el caso de personas como Stephanie Seneff, quien se especializa en publicar artículos de dudosa validez científica, prácticamente todos ellos fundamentados en recopilaciones de datos —lo que se conoce en inglés como p-hacking—  con el propósito de establecer correlaciones donde muy probablemente no hay relaciones causales. Personas como Seneff y sus colegas, se dedican a emitir comunicados de prensa que tienen la intención de impresionar al público para que piense que estos datos implican una fuerte correlación entre ciertos químicos y diversas enfermedades, aunque ellos no hayan hecho los experimentos requeridos para poner a prueba la posible causación. Usando la metodología de Seneff, podemos establecer el altísimo nivel de correlación entre la cantidad de personas que han muerto al caerse de sus camas en Estados Unidos y la cantidad de abogados en Puerto Rico. Evidentemente, se quiere dar la impresión de un nexo causal, pero la correlación es pura coincidencia estadística.

Correlación espúrea

Gráfica por Tyler Vigen (http://www.tylervigen.com/spurious-correlations), CC-BY 4.0

De la misma manera, se podría argumentar que la cantidad de glifosato que se aplica al maíz y la soya transgénicos se puede correlacionar (casi perfectamente) con el aumento de TEA en la población estadounidense, tal y como sugieren Stephanie Seneff y sus colegas al implicarlo con la siguiente gráfica:

Glifosato & autismo

Correlación entre el aumento del uso de glifosato y las incidencias de autismo. Fuente: Swanson et al., 2014, p. 27.

Sin embargo, como discutimos en otra entrada de nuestro blog, este tipo de correlación puede ser engañoso si no se hacen las debidas cualificaciones. No obstante ello, se sigue alegando de que el aumento del TEA a nivel mundial puede darse parcialmente por el aumento del uso del glifosato como herbicida en cultivos de transgénicos. Seneff, abusando el prestigio del Massachusetts Institute of Technology (MIT), nos predice que para el año 2025, la mitad de los niños estadounidenses será autista por ello.

Igualmente ocurre en días recientes, en parte gracias a la elección del empresario Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, un negacionista de la seguridad de las vacunas. Con él, se abre de nuevo la discusión del tema seudoproblemático de la vinculación entre las vacunas MMR y el TEA. Podemos señalar a los protagonistas actuales de la esfera pública en este seudodebate en Estados Unidos, a saber: Robert Kennedy, Jr., Robert De Niro y la misma Seneff. Trump parece haberle sugerido a Kennedy que forme parte de una comisión para estudiar “el caso”.

Robert Kennedy, Jr., Robert De Niro y Stephanie Seneff

Robert Kennedy, Jr. (foto cortesía de R. Kennedy, Jr.), Robert De Niro (foto cortesía de Georges Biard) y Stephanie Seneff (foto cortesía de Inner Eye).

Seneff ha añadido el elemento de la vacunación como contribuyente al llamado “aumento” del TEA. Robert Kennedy, Jr. y Robert De Niro han suscrito el trabajo descreditado y desprestigiado de Andrew Wakefield  que pretendía argumentar que el timerosal enlaza a la vacuna MMR con el TEA (Wakefield, et al, 1998).  En el caso particular de De Niro, promovió el documental conspiracionista Vaxxed: From Cover-Up to Catastrophe para que se presentara en el Sundance Film Festival.

Tan reciente como ayer, Kennedy y De Niro publicaron un comunicado de prensa en el que ofrecen una cierta cantidad de dinero ($ 100,000) para la persona que demuestre que las vacunas son seguras. A los dos se les olvida que nadie puede probar con absoluta certeza de que alguna medida de política pública sea 100% segura. Lo que sí puede hacerse es un análisis de riesgos para tomar aquellas medidas que sean las más seguras para el público en aras de evitar un riesgo mayor. El riesgo de enfermedad por la vacunas MMR es ínfimo, casi inexistente, en relación con el genuino peligro letal que representan enfermedades como la gripe o el polio. De hecho, este es un seudoproblema en otro sentido muy importante: a pesar de que no hay evidencia alguna de que las vacunas con timerosal causen autismo, dicha sustancia ha estado ausente de las vacunas MMR desde hace algunas décadas (desde 1992 en Dinamarca, desde el 2001 en Estados Unidossin impacto alguno sobre el aumento de incidencias de TEA.

Si este es el caso, entonces la pregunta es, ¿qué causa el TEA?

Posibles causas del TEA

Por lo pronto, nadie sabe con absoluta certeza todos los elementos del complejo de causas del TEA. Sin embargo, ya se ha podido demostrar que una gran parte de la causa parece ser genética. Una de las primeras señales de ello se pudieron observar en estudios de casos de gemelos separados al momento de nacer. Cuando uno de los gemelos era autista, aumentaba significativamente la probabilidad de que el otro también lo fuera (véase también este estudio). Hoy día, la evidencia científica parece indicar fuertemente que son múltiples genes los responsables del fenómeno del TEA (e.g. este estudio y este).

Pueden haber diversos factores prenatales y ambientales que posibilitan el autismo que van de la diabetes materna, la edad de los padres, la exposición a ciertos químicos, entre otros. No se ha podido demostrar la vinculación entre la vacunación y el incremento gradual del TEA a través de los años. Una de las más recientes revisiones científicas que se hizo de la literatura al respecto, que da cuenta del análisis de 1.26 millones de casos de niños investigados, concluye que no hay tal nexo.

Sin embargo, a pesar de todos estos factores cabe preguntarse, a qué se debe entonces el aumento del TEA que se ha estado reportando durante las últimas décadas. Varios estudios comparativos y revisiones científicas parecen indicar que la razón de ello se debe a lo que este servidor llama un “espejismo estadístico”. Parece ser que el aumento dramático se debe a una mera reclasificación de otras enfermedades mentales al TEA (véase también este artículo y este). En tal caso, el aumento de la tasa de incidencia de TEA puede ser ínfimo o inexistente.

Girirajan_graph_7-2015

Imagen cortesía de la Penn State University.

Un estudio hizo un estudio ejemplar en Dinamarca y encontró que el aumento de más del 60% de las incidencias del TEA reportados se debe a dicha reclasificación.

Finalmente, hace 3 años atrás, salió a la luz un estudio que hace un análisis comparativo en torno a la pregunta de si realmente ha habido un aumento significativo de la tasa de incidencias del TEA una vez aclarado el factor de la reclasificación. Su resultado indica que no es así. Al contrario, dicha tasa ha permanecido estable durante los últimos 20 años (7.5 por cada 1000 personas desde el 1990 hasta el 2010). Steve Novella explica más al respecto.

Conclusión

Contrario a lo que se ha propagandizado por muchos partidarios antivacunas, antitransgénicos, antiglifosato, anti … de todo, no ha habido aumento alguno de la tasa de población autista en el mundo. El aparente crecimiento de incidencias del TEA es solo eso, un espejismo, el número de personas que caen bajo el espectro autista ha permanecido estable, el resto es más bien producto de un proceso de reclasificación de otras enfermedades mentales a TEA. Todo lo demás no es otra cosa que pura histeria fomentada por personas mal informadas o por sociópatas que se lucran de explotar a los autistas, especialmente a los niños.

.

Referencias

American Academy of Pediatrics. (2016, April 30). Aerial spraying to combat mosquitoes linked to increased risk of autism in children: New study finds a community’s use of airplanes to spread pesticide each summer may pose a greater risk of autism spectrum disorder and developmental disorders among children born in the area. ScienceDailyhttps://www.sciencedaily.com/releases/2016/04/160430100405.htm.

Baxter, A. J., Brugha, T. S., Erskine, H. E., & Scheurer, R. W. (2015, feb.). The epidemiology and global burden of autism spectrum disorders. Psychological Medicine, 45, 3, 601-613. doi: https://doi.org/10.1017/S003329171400172X.

Chaste, P., & Leboyer, M. (2012). Autism risk factors: genes, environment, and gene-environment interactions. Dialogues in Clinical Neuroscience,  14, 3, 281-292.

Doja, A. & Roberts, W. (2006, Nov.). Immunizations and autism: a review of the literature.  Canadian Journal of Neurological Sciences, 33, 4, 341-346. doi: 10.1017/S031716710000528X.

Freitag, C. M., Staal, W., Klauck, S. M., Duketis, E., & Waltes, R. (2010). Genetics of autistic disorders: review and clinical implications. European Child & Adolescent Psychiatry, 19, 3, 169–178. doi: 10.1007/s00787-009-0076-x.

Gardener, H., Spiegelman, D.,  & Buka,  S. L. Perinatal and neonatal risk factors for autism: a comprehensive meta-analysis. Pediatrics, 128, 2, 344–355. doi: 10.1542/peds.2010-1036.

Hansen, S. N.,  Schendel, D. E., & Parner, E. T. (2015, Ene.). Explaining the Increase in the Prevalence of Autism Spectrum Disorders: The Proportion Attributable to Changes in Reporting Practices. JAMA Pediatrics, 169, 1, 56-62. doi: 10.1001/jamapediatrics.2014.1893.

Hviid, A., Stellfeld, M., Wohlfahrt, J.,  et al. (2003) Association between thimerosal-containing vaccine and autism. Journal of the American Medical Association, 290, 13, 1763-1766. doi: 10.1001/jama.290.13.1763.

Losh, M., Sullivan, P. F., Trembath, D., & Piven, J. (2008, Sept.). Current developments in the genetics of autism: from phenome to genome. Journal of Neuropathology & Experimental Neurology, 67, 3,  829-837. doi: 10.1097/NEN.0b013e318184482d.

Madsen, K. M., Lauritsen, M. B.,  Pedersen, C. B., et al. (2003, Sept.). Thimerosal and the occurrence of autism: negative ecological evidence from Danish population-based data.  Pediatrics, 112, 3, 604-606. doi:  10.1542/peds.112.3.e174.

Polyak, A., Kubina, R. M., & Girirajan, S. (2015, 22 jul.). Comorbidity of intellectual disability confounds ascertainment of autism: implications for genetic diagnosis. American American Journal of Medical GeneticsPart B, 168B, 600–608. doi: 10.1002/ajmg.b.32338.

Rutter, M. (2000, Feb.). Genetic studies of autism: from the 1970s into the millennium. Journal of Abnormal Child Psychology, 28, 1, 3-14. doi: 10.1023/A:1005113900068.

Rutter, M. (2005, Ene.). Incidence of autism spectrum disorders: Changes over time and their meaning. Acta Paediatrica, 94, 2-15. doi: 10.1111/j.1651-2227.2005.tb01779.x.

Rutter, M., Macdonald, H., Le Couteur, A., et al. (1990, Ene.). Genetic factors in child psychiatric disorders—II. Empirical findings. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 31, 1, 39-83. doi: 10.1111/j.1469-7610.1990.tb02273.x.

Samsel, A. & Seneff, S. (2013, Abril 18). Glyphosate’s Suppression of Cytochrome P450 Enzymes and Amino Acid Biosynthesis by the Gut Microbiome: Pathways to Modern Diseases. Entropy, 15, 1416-1463. doi: 10.3390/e15041416.

Szatmari, P. (1999, Mar.). Heterogeneity and the genetics of autism. Journal of Psychiatry and Neuroscience, 24, 2, 159–165. PMID: 10212560.

Samsel, A. & Seneff, S. (2013, Dic.). Glyphosate, Pathways to Modern Diseases II:
Celiac Sprue and Gluten Intolerance. Interdisciplinary Toxicology, 6, 159-184. doi: 10.2478/intox-2013-0026.

Swanson N. L., Leu, A., Abrahamson, J., & Wallet, B. (2014). Genetically engineered crops, glyphosate and the deterioration of health in the United States of America. Journal of Organic Systems, 9, 2. http://www.organic-systems.org/journal/92/abstracts/Swanson-et-al.html.

Taylor, B. (2006, 9 ago.). Vaccines and the changing epidemiology of autism. Child: Care, Health and Development, 32, 5, 511-519. doi: 10.1111/j.1365-2214.2006.00655.x.

Taylor, L. E., Swerdfeger, A. L., & Eslick, G. D. (2014, 17 jun.). Vaccines are not associated with autism: An evidence-based meta-analysis of case-control and cohort studies. Vaccines, 32, 29, 3223-3224. doi: 10.1016/j.vaccine.2014.04.085.

Wakefield, A. J., Murch, S. H., Anthony A., et al. (1998, 28 feb.). Ileal-lymphoid-nodular hyperplasia, non-specific colitis, and pervasive developmental disorder in children. Lancet 351, 9103, 637–41. doi: 10.1016/S0140-6736(97)11096-0.

Fumigación de mosquitos y autismo: Dos estudios

En las redes sociales he estado notando la circulación de una noticia de un estudio que parece vincular a la fumigación de mosquitos con incidencias de autismo. Quería dedicarle un poco de palabras a esto ya que quiero contrastar este y otro estudio con el artículo que escribimos en torno a una supuesta relación causal entre el glifosato y el autismo.
.

Un contraste

En aquel artículo sobre el glifosato y el autismo, vimos el caso de Stephanie Seneff y cómo ella alega que sus datos muestran más allá de toda duda que el glifosato causa autismo además de toda una serie de enfermedades modernas. Por ahora, todo lo que Seneff y sus allegados han mostrado en el mejor de los casos que hay correlación, pero que no hay causación y que estas asociaciones son más bien producto de “minería de datos” sin la debida cualificación de la evidencia y sin tomar en consideración el hecho de que un buen número de esos artículos en los que se basaba podrían estar equivocados.

John P. A. Ionnidis

John P. A. Ioannidis. Investigaciones Oncologicas de Madrid el 15 de junio de 2012. Foto cortesía de SINC.

También allí discutimos el problema muy serio de la utilización de artículos de estudios preliminares como fundamento de estudios sólidos o, incluso, de política pública. Cerca del 85% de todos los estudios preliminares están rotundamente equivocados, tal como han mostrado muy aptamente Steve GreenbergJohn P. A. Ioannidis. ¿Por qué es esto así en las ciencias? La respuesta es bien compleja y tomaría mucho tiempo tomar en cuenta todos los factores, pero uno en particular parece ser el principal: sencillamente porque los estudios preliminares son de naturaleza exploratoria, ya que indagan en torno a ideas nuevas en las ciencias. Como es una etapa de tanteo, la inmensa mayoría de estas nuevas ideas son desacertadas. Esto es parte del proceso científico y es perfectamente normal, aun cuando se esté procurando una reducción sustancial de estos estudios que llegan a conclusiones falsas. Esta es la razón principal por la que la “minería por datos o estudios” sin la debida cualificación frecuentemente lleva a resultados erróneos, como vimos en el caso de Seneff y colegas.

Para conocer más sobre este fascinante tema y otros relacionados, vean este vídeo de la conferencia de John Ioannidis en Talks at Google:

Los estudios preliminares constituyen la base de una pirámide de investigaciones científicas, la parte de mucha menor fortaleza científica. Las conclusiones de un estudio preliminar deben ponerse a prueba, sus métodos deben ser replicados, deben también ser puestos a prueba comparativamente con la literatura científica y controlando para una diversidad de variables. Más adelante, tienen que pasar por un filtro riguroso, formar parte de revisiones científicas y metaanálisis hasta que finalmente se pueda saber con mucha mayor fiabilidad si estas conclusiones originales son correctas o no. La inmensa mayoría de estas investigaciones pueden tomar de 10 a 20 años y no es un proceso fácil.

Esto llama a la humildad de la comunidad científica donde se llevan a cabo estos estudios preliminares y debería ser una advertencia a muchos periodistas que suelen publicar noticias sobre estos artículos a la menor provocación sin considerar que, aunque sean arbitrados por pares (peer-review), lo más probable es que estén equivocados.
.

El primer estudio

En las redes sociales se empezó a alegar que la fumigación con naled está vinculada al autismo. Como escéptico  comencé a cuestionar dicha asociación, ya que a nivel público se sostiene que todo (literalmente cualquier cosa) da autismo: las vacunas, la leche vacuna, el glifosato, Pokemon, etc.,  etc., etc. Finalmente, después de semanas de buscar la fuente en que se basaban, encontré el estudio en cuestión. La razón por la que tardé tanto en encontrarlo es porque siempre buscaba en torno a la asociación de naled y el autismo, no la de fumigación aérea y el autismo. El resumen del artículo no menciona el naled como componente asperjado. Puede ser que el estudio per se lo haga, pero no sabremos hasta que se publique el artículo en cuestión.

Este estudio no se ha publicado todavía en calidad de artículo en una revista académica, sino que se presentó en una reunión del 2016 del Pediatric Academic Societies. Los autores diseñaron un modelo estadístico por el que veían ciertas áreas de Nueva York donde se sabe que se hacen fumigaciones periódicas para controlar la población de mosquitos (utilizaron para ello código postales residenciales). Con base en ello buscaron alguna correlación entre las fumigaciones y el número de incidencias de autismo. Los resultados reflejan que las zonas de Nueva York que son fumigadas periódicamente tienen una tasa de incidencia inusualmente mayor de autismo que aquellas que no han sido fumigadas.

Hay algunos aspectos que tienen que tomarse en cuenta en cuanto al resumen del estudio:

  • Correlación no significa causación, algo que hemos visto en el otro artículo sobre el glifosato y el autismo.
    .
  • Este es un estudio preliminar, por lo tanto, tiene una alta probabilidad de haber llegado a la conclusión equivocada. Esto no lo sabremos con seguridad hasta que el artículo en cuestión esté disponible y cuando se haya examinado por la comunidad científica de la manera que describimos.
    .
  • Las sustancias estudiadas son los piretroides. El naled no es un piretroide, sino un organofosfato.
    .
  • Se estudian fumigaciones aéreas periódicas (cada año), algo que es ajeno a la realidad puertorriqueña. La última vez que se fumigó por vía aérea con naled fue en 1987. Las demás fumigaciones en Puerto Rico han sido por camiones que asperjan insecticidas.
    .
  • Puede ser que no se tengan en consideración otras variables. Como veremos en breve, esto es algo que los autores reconocen.

Ahora bien, ¿cuál es la actitud de los autores en torno a su propia investigación? Es bastante modesta. De hecho, en una entrevista a uno de ellos en la versión cibernética de la revista Time afirma en relación con las implicaciones en torno a la política pública de fumigación:

“Cities and states should not stop spraying based on this data alone,” says [Steve] Hicks. “This study needs to be replicated in other regions of the country that use similar spraying methods.”

“In the meantime,” he adds, “communities should continue to warn residents to stay indoors, cover gardens and cover children’s play equipment during periods of spraying, which most already do. It would be important to know what percentage of residents are actually receiving and following these recommendations from their local department of health.” (Mi énfasis)

En otras palabras, ellos saben que su estudio es preliminar y que hay unas variables que no pudieron tener en cuenta (e.g. saber si los residentes actúan según las recomendaciones de sus respectivos departamentos de salud).

En nuestro primer artículo en relación con el naled hablamos del tema del riesgo y cómo no solo la aplicación del naled puede ser riesgoso, sino que también su falta de aplicación (sin otras medidas) puede serlo. Steve Hicks afirma:

“Other studies have already shown that pesticide exposure might increase a child’s risk for autism spectrum disorder or developmental delay,” said lead investigator Steven Hicks, MD PhD. “Our findings show that the way pesticides are distributed may change that risk. Preventing mosquito-borne encephalitis is an important task for public health departments,” he said. “Communities that have pesticide programs to help control the mosquito population might consider ways to reduce child pesticide exposure, including alternative application methods.”

.

El segundo estudio

Ahora bien, esto no significa que esto agota los estudios de asociación entre pesticidas y autismo o problemas de desarrollo neuronal.

Un estudio que podría confirmar algún tipo de vínculo entre algo similar al naled y el autismo y otros problemas de desarrollos congénitos es el siguiente:

Shelton, J. F., Geraghty, E. M., Tancredi, D. J., Delwiche, L.D., Schmidt, R. J., Ritz, B., Hansen, R. L., Hertz-Picciotto, I. (2014). Neurodevelopmental disorders and prenatal residential proximity to agricultural pesticides: the CHARGE study. Environmental Health Perspectives, 112, 10, 1103-1109. doi: 10.1289/ehp.1307044.

Este artículo estudia el nivel de exposición prenatal a una serie de pesticidas comunmente utilizados en la agricultura, entre ellos los organofosfatos (del que naled es un tipo) y los piretroides. El estudio utilizó como muestras a personas que vivían en Sacramento cerca de zonas agrícolas donde se suele asperjar periódicamente estos insecticidas. Las sustancias bajo estudio son neurotóxicas, como se ha podido mostrar en animales de laboratorio.

De los organofosfatos, es interesante observar que no se evaluó el naled, sino el clorpirifos (p. 1105). Para los demás, se desarrollaron modelos de dispersión de las toxinas bajo evaluación, ninguna de ellas es el naled. Sus datos parecen indicar que hay un vínculo entre incidencias de exposición prenatal a estos pesticidas y a las incidencias de autismo y problemas de desarrollo de recién nacidos.

Este estudio confirma un cúmulo de literatura que parece indicar una relación entre pesticidas neurotóxicos y las incidencias de autismo. Aun así, hay que hacer varias observaciones:

  • El mismo equipo que llevó a cabo la investigación dice que hacen falta más estudios al respecto, en parte porque la mayoría de aquellos que vinculan los pesticidas a los problemas de desarrollo prenatal son en animales no humanos.
    .
  • Aparentemente, el uso de cloripirifos parece estar vinculado a un aumento de incidencias de autismo (un 14%) (p. 1107).
    .
  • Una vez más, se estudian fumigaciones periódicas.
    .
  • El mismo proceso de investigación confrontó varios problemas de logística (p. 1104).
    .
  • Una dificultad del estudio no es precisamente un problema de los autores, sino a causa del proceso de reclasificación de ciertos males mentales como autismo (p. 1108).
  • El estudio reconoce que no ha estudiado todos los factores potenciales (incluyendo otras sustancias tóxicas) que pudieran causar autismo (p. 1108).

.

Conclusiones

Ninguno de estos estudios tienen que ver con el naled o el problema que eso potencialmente podría crear a la población puertorriqueña en términos de su posible asociación con el autismo. Por lo pronto, no parece haber evidencia científica fuerte de la fumigación aeréa con naled y el autismo. La opinión de las autoridades federales por el momento es que la fumigación con naled en bajas dosis es relativamente seguro. El último estudio que discutimos puede servir para reforzar la idea de que los organofosfatos pueden estar asociados al autismo, pero todavía preserva las dudas sobre el uso de naled en específico en bajas dosis (una onza por acre).

La prensa puertorriqueña y los comentaristas políticos deben tener mucho cuidado a la hora de evaluar ciertos estudios en torno al autismo y su asociación con otros factores. Sean escépticos con los estudios preliminares (aunque esto no necesariamente implique que sean falsos). En la medida que puedan, vean las virtudes y las fallas de los estudios y pónganlos en el contexto amplio de la literatura científica. No olviden examinar si el artículo se publica en una revista de reputación, o una de bajo impacto o una revista predatoria o fraudulenta. Miren si el estudio tiene que ver con el tema que se quiere investigar y no se vean impulsados a publicar noticias solamente porque “un estudio lo dice”.

Sencillamente, si no hay una serie de estudios rigurosos, revisiones científicas o metaanálisis que vinculen el naled con el autismo, es sencillamente un error establecer esa asociación en público apelando en abstracto a estudios que afirman que “hay una vinculación entre fumigaciones aéreas y el autismo” sin la debida cualificación.

¿El glifosato vinculado al autismo y todas las enfermedades modernas?

Stephanie Seneff

Stephanie Seneff. Foto cortesía de Inner Eye. CC-BY 3.0 Unported.

En nuestro segundo artículo de este blog, respondí a unos planteamientos en torno a la relación de Hillary Clinton con Monsanto. Allí hice una breve referencia a los estudios de Stephanie Seneff, a la  que las agrupaciones antitransgénicos en general han abrazado acríticamente.

Aunque no pensaba escribir nada al respecto esta semana (y descansar del tema de los OGMs y concentrarme en el tema de la neurología y la Parguera), un muy querido amigo me señaló ese estudio, un artículo extenso que intentaba vincular el glifosato con toda una serie de enfermedades tales como el Parkinson, el autismo, la diabetes, el cáncer, entre otros.

Para cierto sector del público, estos estudios adoptan casi el carácter de “prueba irrefutable” de que el glifosato debe ser prohibido en Puerto Rico y en otros lugares del mundo. Esta ha sido la posición de María de Lourdes Santiago en el Senado y el PIP como partido, al igual que el de otros grupos políticos tales como el PPT, algunos en el PPD y, sospecho, que en el PNP. Todas las denuncias descansan exclusivamente en estos estudios. Hay otros artículos que “confirman” los de Seneff, aunque podrían describirse mejor como unos reciclados más elegantes que han sido publicados en revistas de pobrísima reputación.

Seneff ha escrito mucho, pero prácticamente todos sus artículos tienen exactamente los mismos defectos. No podemos analizarlos todos, así que en nuestra exposición haremos un análisis de dos de ellos y descubriremos por qué nadie (como diría el Lic. Ignacio Rivera, es “NADIE” con acento en la “N” de “ŃADIE“) en la comunidad científica le da el menor crédito (con excepción tal vez de dos o tres científicos activistas). También descubriremos por qué hasta una periodista anti Monsanto poco le faltaba para caracterizar a uno de los estudios de Seneff como “ciencia basura”. Lo siguiente que voy a presentar ha sido expuesto ya por científicos competentes (a los que citaré o enlazaré), pero intentaré exponer sus argumentos aquí lo mejor posible en “arroz y habichuelas” para beneficio del público.
.

La ficha del primer artículo bajo evaluación

Comencemos con la ficha del artículo:

Samsel, A. & Seneff, S. (2013, April 18). Glyphosate’s Suppression of Cytochrome P450 Enzymes and Amino Acid Biosynthesis by the Gut Microbiome: Pathways to Modern Diseases. Entropy, 15, 1416-1463. doi: doi:10.3390/e15041416.

Se puede acceder en esta página del portal de la revista Entropy:  http://www.mdpi.com/1099-4300/15/4/1416.
.

Los primeros problemas del artículo

¿Quiénes son Anthony Samsel y Stephanie Seneff? El primero se identifica como un científico independiente y consultor sobre contaminación industrial. Datos que están disponibles en el ciberespacio nos revelan que él se jubiló aparentemente en el 2012, aunque parece seguir contribuyendo con su asesoría a grupos ambientales. Seneff se identifica como académica que trabaja en el Laboratorio de Ciencias Computacionales e Inteligencia Artifical en el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Seneff en particular no es especialista en toxicología.

Acto seguido, la misma editorial de la revista Entropy nos lanza esta advertencia:

Note added by the Publisher: The editors of the journal have been alerted to concerns over potential bias in opinions and bias in the choice of citation sources used in this article. We note that the authors stand by the content as published. Since the nature of the claims against the paper concern speculation and opinion, and not fraud or academic misconduct, the editors would like to issue an Expression of Concern to make readers aware that the approach to collating literature citations for this article was likely not systematic and may not reflect the spectrum of opinions on the issues covered by the article. Please refer to our policy regarding possibly controversial articles.

En otras palabras, ya de entrada la misma editorial nos dice que los “hallazgos” de Samsel y Seneff no llegan a nivel fraude, pero en el mejor de los casos son “speculation and opinion“, así que no estamos hablando del resultado de experimentación que realmente se llevó a cabo. Es más, nos dice que los lectores tienen que tener en cuenta que el estudio muestra una posición prejuiciada y que NO fue sistemático a la hora de citar la literatura científica.

Esto no es nuevo en el caso de Stephanie Seneff. En otra ocasión publicó otro artículo en Entropy donde establecía el vínculo entre ciertas vacunas y el autismo, aun cuando las mejores revisiones científicas y metaanálisis han refutado este alegato. Esto también atrajo mucha crítica de los científicos en general y la editorial MDPI puso también este mismo aviso de alerta. Para todos los efectos, la comunidad científica la ve más como una propulsora de seudociencia que otra cosa.

Y hablando de editoriales, ¿dónde se publicó este estudio? En la revista Entropyuna publicación en línea que es de libre acceso y provista por la editorial MDPI. Muchos académicos alrededor del mundo han tenido serias dudas sobre la reputación de la editorial y de la revista en particular. En un momento dado, Jeffrey Beall incluyó a esta editorial como “posible, probable o potencial editorial predatoria”, aunque se vio forzado a retirarlo por una demanda de MDPI.  Desgraciadamente, Entropy tiene la característica de ser una revista cuya temática cubre demasiados temas totalmente dispares, lo que impide un arbitraje por pares (peer-review) efectivo. Tal vez por ello, Seneff ha publicado 6 otros artículos allí además de los dos que hemos mencionado. No sorprende que este artículo de Seneff se haya utilizado como un ejemplo de cómo detectar revistas académicas fraudulentas o de pobre arbitraje por pares.

Ahora, piensen en lo siguiente: Una revista académica de muy pobre calidad dice que el artículo publicado es de muy baja calidad…  ¡Se necesita ser realmente de MUY pobre calidad para llegar a ese nivel!
.

El argumento principal del artículo

Glifosato

Representación de la molécula del glifosato.

El artículo se centra en el glifosato y sus efectos inmediatos en el sistema digestivo. Se sabe que esta sustancia inhibe ciertas enzimas necesarias para el metabolismo de las plantas. Esto se conoce bien a nivel molecular y la información sobre ello está libremente disponible al público. Esto lo hace un gran herbicida con un nivel de toxicidad bien bajo en relación con otros pesticidas en el mercado (LD50 = 5,600 mg/kg en el caso de ratas de laboratorio). Algunos han ido más allá y han dicho que esta sustancia es lo más cercano a un “herbicida ideal“.

Sin embargo, lo que llama la atención es que Samsel y Seneff estipulan que las propiedades del glifosato van más allá del mero efecto del metabolismo de las plantas y que también inhibe una enzima conocida como citocromo P450 o CIP 450, una proteína que se pueden hallar en un gran número de bacterias, incluyendo a algunas que se encuentran en nuestro sistema digestivo (pp. 1417-1418, 1425-1427).

¿Llevaron a cabo algún experimento que así lo demuestre? Para sorpresa del lector, realmente no hay ninguno. Se puede buscar en vano todas las páginas del estudio por algún experimento u ofrecimiento de datos nuevos para una discusión científica. No hay ninguno. Solamente se basa en un estudio científico (del que hablaremos más tarde).

No obstante este vacío, los autores alegan que tal inhibición afecta el metabolismo xenobiótico al prevenir que la flora intestinal limpie del sistema ciertas toxinas, particularmente los xenobióticos. En general el hígado humano remueve estas sustancias tóxicas y son expulsadas vía la exhalación, el sudor, la orina y las heces. Según Samsel y Seneff, la inhibición del P450 permite la proliferación de xenobióticos y crea un efecto cascada de intoxicación del cuerpo humano.

En el resumen del texto encontramos la introducción del neologismo “entropía semiótica exógena” (exogenous semiotic entropy). Este término hizo que muchos expertos en el mundo levantaran su ceja escéptica simultáneamente. Mis queridos lectores, ¿no han escuchado ustedes ese término? ¡No se preocupen! Antes de este artículo, ningún científico lo había escuchado antes. Esto levanta en principio serios cuestionamientos en relación con la aserción de que el glifosato es un caso “textbook” de “entropía semiótica exógena”. Habría que preguntar a cuál libro de texto se refieren … antes de este estudio no ha habido libro de texto en el mundo que hablara de ese concepto. ¿De dónde sacan que es un “textbook case“? La frase en sí misma es un sin sentido y se sospecha que probablemente se pensaba utilizar el término “entropía biosemiótica exógena”, es decir, la degradación de señales biológicas por sustancias externas al sistema bioquímico del cuerpo. Sin embargo, por alguna razón, definen el término así:

… the disruption of homeostasis by environmental toxins.

No abunda más en ello y en todo el artículo no aparece elaboración alguna en torno a este concepto de “entropía semiótica exógena”, aunque sí hace varias referencias a la “biosemiótica”.
.

El estudio en el que se fundamenta

Si no llevaron a cabo experimento alguno, habría que preguntarse si ha habido alguno que haya demostrado la inhibición del P450 por el glifosato. Aquí nuestros autores se basan solamente en uno (pp. 1426, 1453):

Abass, K., Turpeinen, M. & Pelkonen, O. (2009, Aug.). An evaluation of the cytochrome P450 inhibition potential of selected pesticides in human hepatic microsomes. Journal of Environmental Science and Health, Part B, 44, 6, 553-63. doi:10.1080/03601230902997766. Puede acceder el estudio aquí (no es de libre acceso).

De todas las cientos de referencias que utilizan Samsel y Seneff, esta es la única que ha puesto a prueba experimentalmente el efecto del glifosato con el P450. De acuerdo con este estudio, el glifosato no inhibió ninguna enzima CIP con excepción de la 2c9. Sin embargo, cuando se tiene en cuenta la cantidad tan extremadamente ínfima que es consumida por los seres humanos en los alimentos diariamente, sencillamente no es plausible que el glifosato llegue al nivel de inhibir sustancialmente el CIP2C9. Así lo ha dejado saber bioquímico Derek Lowe.
.

El truco: La evidencia de correlación, pero no de causación

Cómo minar datos

Antes de continuar con el tema principal, creo que deberíamos discutir otro experimento que algunos investigadores llevaron a cabo para descubrir unos problemas en los que podrían caer inadvertidamente los científicos si no tienen cuidado.

Hubo un estudio bien particular de Steve Greenberg donde hace una indagación en el tema de lo que se conoce como “el prejuicio del investigador” (researcher bias). Este autor formuló una hipótesis ridícula cuya falsedad no se ha puesto en duda por nadie en la comunidad científica:

La β-amiloide es producida por y hiere a los músculos esqueletales de los pacientes con inclusión de miositis corporal.

No se preocupen por el significado de estos términos, todo lo que tienen que saber es que la comunidad médica sabe que esto es 100% falso.

A pesar de ello, Greenberg demuestra que se puede escoger prejuiciadamente estudios preliminares en revistas académicas (cuya inmensa mayoría está totalmente equivocada) y que, irónicamente, pueden servir de soporte para esta implausible hipótesis.

¿Cómo logró escoger los estudios convenientes? Se pueden identificar cuatro factores que cualquier investigador puede manipular convenientemente:

  1. Las variables a observarse
  2. La selección del momento en que se dejan de colectar los datos
  3. La selección de las comparaciones a llevarse a cabo
  4. La selección del tipo de análisis estadístico

Con la manipulación de estos factores, se pueden minar datos y estudios y con los que puede apoyarse cualquier hipótesis, por más descabellada, ridícula e implausible que sea. De hecho, Matthew Schragg y su equipo encontraron que esto era efectivamente lo que había ocurrido en muchos de los estudios de la enfermedad de Alzheimer que llegaban a manos de los investigadores. Este punto lo presenta de manera bien clara el neurólogo y escéptico Steven Novella.

Mediante esta actividad de minería de estudios y de datos, se pueden establecer una variedad de correlaciones con dudosa vinculación causal. Un gran número de estas son espúreas. De hecho, se ha publicado un libro con gráficas de correlaciones espúreas de este tipo como las siguientes:

Correlación espúrea

Gráfica por Tyler Vigen (http://www.tylervigen.com/spurious-correlations), CC-BY 4.0

Correlación espúrea

Gráfica por Tyler Vigen (http://www.tylervigen.com/spurious-correlations), CC-BY 4.0

Correlación espúrea

Gráfica por Tyler Vigen (http://www.tylervigen.com/spurious-correlations), CC-BY 4.0

Les recuerdo que la razón de por qué Samsel y Seneff recibieron un alerta de la editorial era porque precisamente ellos llevaron a cabo una minería de datos y estudios para establecer lo que ante la comunidad científica son correlaciones espúreas entre el aumento del uso del glifosato en la agricultura y varias enfermedades crónicas.

Por cierto, da la mera casualidad que todas las enfermedades crónicas mencionadas en el estudio son exactamente las que le preocupa al público contemporáneo en los países industrializados: la enfermedad de Alzheimer, obesidad, diabetes, cáncer, enfermedades del corazón, depresión, autismo, infertilidad, entre otros.

O sea que la obesidad y la diabetes no se deben al excesivo consumo de azúcar, grasa, poco ejercicio y una vida sedentaria … No. ¡Se debe al glifosato! La depresión no se debe a razones neuronales, psicológicas o sociales. ¡Se debe al glifosato! El glifosato parece ser una sustancia extraordinaria, ¡el único compuesto que da de todo! ¡¿Quién lo diría?!

Debido a que Seneff y otros hacen todo tipo de correlaciones, por falta de espacio y tiempo nos ocuparemos solo de algunas.
.

Correlaciones espúreas

El glifosato y las abejas

De acuerdo con Samsel y Seneff, las abejas sufren mundialmente lo que se ha conocido como el desorden del colapso de colonias de abejas (CCD por sus siglas en inglés). Todas las fuentes están de acuerdo de que la incidencia más reciente se comenzó a reportar en el 2006. Samsel y Seneff están de acuerdo (pp. 1426-1427). Sin embargo, no hay correlación alguna entre el incremento del uso del glifosato y el CCD, aun cuando ellos dicen que la hay. Por ahora utilizaré la siguiente imagen que se basa en el estudio de Samsel y Seneff, para ilustrar mi punto.

Glifosato & autismo

Correlación entre el aumento del uso de glifosato y las incidencias de autismo. Fuente: Swanson et al., 2014, p. 27.

Para el presente caso, solo prestaremos atención a la línea roja que indica el incremento del uso de glifosato en la agricultura. (No se preocupen, hablaremos de la supuesta correlación entre el autismo y el glifosato más adelante). Noten que está constantemente aumentando. Si hay una relación causal entre el glifosato y el CCD, deberíamos ver un descenso significativo de colmenas correlacionado con el ascenso del uso del glifosato.  Veamos los datos de la Organización de Alimentos y Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) en cuanto a la fluctuación del número de colmenas en Estados Unidos.

Colmenas en Estados Unidos

Número de colmenas en Estados Unidos. Fuente: FAOSTAT

¿Dónde está la supuesta correlación entre el aumento del glifosato y el descenso del número de colmenas? Simplemente no existe.
.

El glifosato y las incidencias de los trastornos de espectro autista

¿Y qué sucede donde sí hay correlación?

Una vez más, veamos la gráfica que correlaciona el aumento del uso del glifosato con autismo. La correlación es indudable, pero ¿establece causación? Samsel y Seneff utilizan un estudio que establece una vinculación entre el autismo y los procesos metabólicos (pp. 1421-1425, 1434-1435). Sin embargo, una buena parte de la literatura científica señala que el autismo parece un fenómeno más vinculado a factores genéticos que a otros factores, como se puede apreciar en los estudios de gemelos separados al momento de nacer (por ejemplo, véase este artículo académico y la página del National Institutes of Health): si un niño sufre de algún tipo de autismo es más probable que su gemelo idéntico también lo padezca.

Además, desde hace algunos años se ha ido acumulando evidencia de que el aumento dramático de los casos de autismo parece ser una ilusión estadística. Hay una fuerte sospecha de que una parte significativa de dicho incremento se debe a la reclasificación de ciertas enfermedades mentales. Por ejemplo, un estudio descubrió que en Estados Unidos, hubo un efecto estadístico cuando los problemas de incapacidad intelectual se reclasificaron como trastornos de espectro autista (TEA).

Girirajan_graph_7-2015

Imagen cortesía de la Penn State University.

Se llevó a cabo un estudio similar en Dinamarca y se descubrió que la reclasificación de otras condiciones mentales a TEA daba cuenta del 60% del incremento de incidencias de autismo en ese país. Dado estos y muchos otros factores, la correlación entre el incremento del uso del glifosato y el aumento de incidencias de autismo no pasa de ser una coincidencia estadística. No hay ninguna evidencia de relación causal entre el glifosato y el aumento de incidencias de autismo.

No obstante todos estos estudios que totalmente refutan sus aserciones, Seneff se ha hecho famosa por “calcular” que para el año 2025, la mitad de la población infantil estadounidense será autista. ¡Sublime exageración a la luz de lo que acabamos de presentar! Si fuéramos igual que ella, cosa que no somos, hubiéramos advertido al público en torno a la correlación entre el aumento de TEA y el de la venta y consumo de alimentos orgánicos.

organic_autism

.

El glifosato y el cáncer

Samsel y Seneff también pretendieron vincular el glifosato con las incidencias de cáncer. No sorprende que el estudio haciera alusión al famoso artículo de Guilles-Eric Séralini que en aquel momento era recién publicado (p. 1417). En este experimento, Séralini y su equipo utilizaron ratas Sprague-Dawley para administrarles distintas cantidades  maíz  transgénico con glifosato, maíz sin glifosato y agua con distintas dosis de glifosato. No haré aquí todo el análisis, ya que lo he hecho en otro lugar.

Lo único que indicaré son los factores claves de por qué nadie (otra vez, ŃADIE) le creyó a Séralini y su artículo tuvo que ser retirado de la revista académica original donde se publicó:

  • Séralini escogió un tipo de rata albina (Sprague-Dawley) que es particularmente propensa a tumores. En un espacio de dos años,  cerca del 50% de las ratas machos y 70% de las hembras que ingirieron transgénicos y glifosato murieron debido a tumores, algunos que alcanzaban el 25% de la masa corporal de los roedores. Sin embargo, esto no dista de la tasa de incidencias que suelen obtener de este tipo de ratas sin ingerir glifosato durante ese mismo periodo de tiempo. Véase este estudio sobre un experimento en el que murieron el 81% de las ratas Sprague-Dawley por tumores desarrollados durante un periodo de más de dos años.  Vean también este otro estudio en el que en un periodo mucho más corto, un año y seis meses, el 45% ya padecía de tumores: la tasa de incidencia de tumores en las hembras era el doble de la de los machos. En un estudio específico, se advierte que su incidencia de tumores varía dependiendo de sus fuentes comerciales y debe tenerse sumo cuidado a la hora de usarse para fines de investigaciones relacionadas con cáncer.
    .
  • En su conferencia de prensa, a Séralini se le olvidó mencionar que ciertas ratas del grupo control (es decir, el grupo que no consumió ni transgénicos ni glifosato) también tuvieron tumores y, curiosamente, no mostró su fotografía en el artículo. (Por cierto, las fotografías no añadían ninguna información científica adicional; Séralini puso las que le convenía para impresionar a los lectores, al público y a los periodistas durante su conferencia de prensa.)
    .
  • Aun cuando la tasa de incidencia de tumores en el grupo control fue menor (20% machos y 30% hembras), el número de variables trabajadas por el equipo de Séralini era tan grande que, para todos los efectos, la cantidad de sus muestras de ratas era extremadamente baja para que los resultados fueran estadísticamente significativos. Es obvio que ignoró por completo las guías de la OECD al respecto.

Demás está decir que no solo hubo una tormenta de críticas al estudio, sino que la Autoridad de Seguridad Alimentaria Europea (la EFSA) condenó enérgicamente el experimento y algunos han planteado un cierto quebrantamiento de normativa ética. Séralini volvió a publicar el artículo (inexplicablemente sin arbitraje), esta vez con la conclusión correcta: que del experimento no se podía derivar ninguna conclusión en torno a los transgénicos o al glifosato.

Por cierto, a Séralini también le gusta publicar en revistas predatorias y de muy baja reputación. En uno de sus episodios más recientes, publicó en la revista Scholarly Journal of Agricultural Sciences publicada por Scholarly Journals International (considerada por Beall editorial predatoria) y desapareció justo el día después de que un artículo de Séralini fuera publicado allí. ¿Razón de ello? La revista no había pagado los costos de su dominio. Pueden leer sobre este episodio aquí.

Así que Samsel y Seneff quisieron utilizar a Séralini como indicio de que el glifosato provoca cáncer. Ellos se basaron en una variedad de estudios que hoy día se contemplan como prejuiciados a la luz de la evidencia acumulada por revisiones científicas extensas y metaanálisis. Estos mismos análisis desmienten aserciones de que el glifosato esté vinculado al cáncer, como por ejemplo, este reciente artículo publicado el mes pasado. Aunque no es independiente porque fue financiado por Monsanto, está en total acuerdo con la literatura científica más sólida en cuanto a este tema y coincide con las revisiones científicas hechas por la FAO y la Organización Mundial de la Salud. Y aunque una rama de esta última, la IARC, haya clasificado al glifosato como “probablemente cancerígeno” (2A), esto se hizo a pesar de las objeciones de muchos especialistas a nivel mundial, especialmente del Instituto Federal de Evaluación de Riesgos de Alemania. Algunos científicos han cuestionado el compromiso ideológico y la ética de algunos de sus miembros (véase también esta condena). Por lo pronto, el consenso científico en relación con el glifosato es que no es cancerígeno.

En resumen, no se ha podido establecer vínculo alguno entre el incremento de uso del glifosato y el aumento de cáncer en la población estadounidense.

.

El glifosato y la enfermedad celíaca

En otro artículo que Samsel y Seneff publicaron posteriormente (y que algunos sospechan que fue autoplagiado), utilizaron la siguiente imagen para demostrar la correlación entre el incremento del uso del glifosato y el aumento de incidencias de celiaquía.

Incidencethousands-jpg

La ficha de este nuevo artículo es la siguiente:

Samsel, A. & Seneff, S. (2013). Glyphosate, Pathways to Modern Diseases II:
Celiac Sprue and Gluten Intolerance. Interdisciplinary Toxicology, 6, 159-184. doi: 10.2478/intox-2013-0026

Antes de continuar con este artículo, quisiera preguntar, ¿dónde lo publicaron? Se hizo disponible en la revista Interdisciplinary Toxicology, considerada una revista predatoria de malísima reputación. ¡Wow! ¡Qué talento tienen Samsel y Seneff para seguir publicando en revistas de mala calidad!

En cuanto a la relación que ellos establecen entre el glifosato y la celiaquía y la intolerancia al gluten, prácticamente se apoyan en un solo estudio (Senapati et al., 2009) al que el público puede acceder aquí. La razón de por qué los científicos no toman el estudio de Senapati en serio se explica con lujo de detalles aquí, pero resumimos las objeciones en los siguientes puntos:

  • El equipo de Senapati expuso a los peces a relativamente altas dosis de glifosato (4 mg/L). Estas no son las dosis a las que un pez se expone en la realidad, ya que suelen ser mucho más bajas.
    .
  • El glifosato tiene la cualidad de degradación, incluso si cae en el agua. Sin embargo, en el experimento, a los peces se les cambiaba el agua con la misma dosis de glifosato.
    .
  • La sustancia usada por Senapati no era puro glifosato diluido en agua, sino un producto conocido como Mera-71, desarrollado en la India. No solo contiene glifosato sino también tensoactivos o sulfactantes.
    .
  • Los síntomas sufridos por los peces son consistentes con los tensoactivos, no con el glifosato. De hecho, el Mera-71 se usa para lidiar con malezas terrestres y se desalienta su uso en el agua, precisamente debido a que los tensoactivos perjudican la salud de los peces.
    .
  • A pesar de todo lo anterior, los peces sobrevivieron.

En su usual actividad de minería y selección prejuiciada de datos, Samsel y Seneff pasaron por alto el dato de los tensoactivos y decían que los síntomas sufridos por el sistema digestivo de los peces “recordaba” a la celiaquía, por lo que alegaban que los síntomas fueron producidos exclusivamente por el glifosato (p. 159).

Peter Ollins, en un artículo publicado en su ya difunto blog (UltimateGlutenFree.com), pero rescatado por GMO Answers, explica por qué el estudio no demuestra que el glifosato causa celiaquía. La gráfica de las incidencias de enfermedad celíaca que vimos hace poco es engañosa. Ollins entra en detalle sobre los diversos problemas del “estudio”, pero he aquí quiero destacar algunos de los más importantes:

  • En primer lugar, Samsel y Seneff no proveen las fuentes de sus datos para la gráfica, lo que hace prácticamente imposible verificarlos (Paul K. Strode también se queja de ello).
    .
  • En segundo lugar, las barras amarillas representan el número de personas con celiaquía que fueron dadas de alta en los hospitales. Ese número no representa la tasa de incidencia de esa enfermedad en los Estados Unidos (una señal más de minería de datos).
    .
  • En el caso de la celiaquía y de intolerancia al gluten, ellos dicen que su incidencia es del 5%, cuando en realidad la de la intolerancia es de 0.6% y la de celiaquía, el 0.71%, muy semejantes a las que encontramos en Europa.
    .
  • En ningún momento se trata el problema de exposición de la población al glifosato como tal y cómo eso puede correlacionarse con la incidencia de celiacos y de personas intolerantes al gluten. Dado a que la celiaquía no es un problema que se desarrolla en un instante, sino que toma años, la tasa de exposición al glifosato y la de incidencias de celiaquía no deberían ser los mismos simultáneamente. Los síntomas de celiaquía deberían aparecer años después de la exposición. Debido a esto, si la gráfica en cuestión fuera correcta, lo que precisamente implicaría es que el glifosato no es causante de la celiaquía en la población estadounidense y que la correlación es coincidencia estadística.

Ollins también expresa una cierta sorpresa por la carencia de profesionalismo científico que muestra en todo el artículo.
.

Conclusión

Debido a falta de tiempo y espacio, no he podido atacar todos los alegatos de Stephanie Seneff y algunos de los académicos que han publicado con ella.  No se excluye con 100% de seguridad que el glifosato no cause estos males, pero la evidencia que ellos han mostrado hasta el día de hoy es ninguna. Sus trabajos publicados han sido ampliamente rechazados por la inmensa mayoría de los científicos a nivel mundial y muestran un prejuicio contra una sustancia.

Aunque el glifosato sí es tóxico, su nivel de toxicidad es extremadamente bajo y no es una razón de preocupación para el consumidor ni para el público en general. Esto no quiere decir que el uso excesivo de glifosato no cree problemas (como las mal llamadas “supermalezas”). Sin embargo, el no desarrollar una normativa de uso prudente de esta sustancia y proceder a prohibirla completamente utilizando los trabajos de Seneff como fundamento de política pública son medidas sumamente insensatas.
.

Referencias

Swanson N. L., Leu, A., Abrahamson, J., & Wallet, B. (2014). Genetically engineered crops, glyphosate and the deterioration of health in the United States of America. Journal of Organic Systems, 9, 2.

Senapati, T., Mukerjee, A. K., & Ghosh, R. (2009). Observations on the effect of glyphosate based herbicide on ultra structure (SEM) and enzymatic activity in different regions of alimentary canal and gill of Channa plunctatus (Bloch). Journal of Crop and Weed, 5, 1, 236-245.