El(Los) relato(s) del diluvio universal – 3

Las aguas menguando, pintura por Thomas Cole (1829)

Las aguas menguando, pintura por Thomas Cole (1829). Imagen cortesía del Smithsonian American Art Museum.

Artículos de esta serie: 1 y 2

En nuestros artículos hemos visto que en el libro del Génesis hay dos historias del diluvio mezcladas en un solo relato: la historia de un autor yahvista (J) y la otra de un autor sacerdotal (P). En la segunda parte de la serie presentamos solamente la versión J, en esta tercera hablaremos la narración de P.
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El relato de P

Esta es la historia de Noé:

Noé fue el varón más justo y cabal de su tiempo. Noé andaba con Elohim. Noé engendró tres hijos: Sem Cam y Jafet.

La tierra estaba corrompida en la presencia de Elohim: la tierra se había llenado de violencias. Elohim miró a la tierra y vio que estaba viciada: todas las criaturas tenían una conducta viciosa sobre la tierra.

Dijo, pues, Elohim a Noé: “He decidido acabar con todo ser viviente, porque la tierra está llena de violencias por culpa de ellos. Por eso, he decidido exterminarlos de la tierra. Hazte un arca de maderas resinosas. La haces de cañizo y calafateas por dentro por dentro y por fuera con betún. Así es como la harás: su longitud será de trescientos codos; su anchura de cincuenta codos; y su altura, de treinta codos. Harás al arca una cubierta y a un codo la rematarás por encima: pondrás la puerta del arca en su costado, y harás un primer piso, un segundo y un tercero.

“Por mi parte, voy a traer el diluvio, las aguas sobre la tierra, para exterminar todo viviente que tiene hálito de vida bajo el cielo: todo cuanto existe en la tierra perecerá. Pero contigo estableceré mi alianza: Entrarás al arca junto con tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos. Meterás al arca una pareja de cada ser viviente para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra. De cada especie de aves, de cada especie de ganados y de cada especie de reptiles entrarán contigo sendas parejas para sobrevivir. Tú mismo procúrate toda suerte de víveres y hazte acopio para que os sirvan de comida a ti y a ellos.”  Así lo hizo Noé. Ejecutó todo lo que le había mandado Elohim.

De los animales puros, de los animales que no son puros, de las aves y de todo lo que repta, sendas parejas de cada especie entraron con Noé en el arca, machos y hembras, como había mandado Elohim a Noé.

El año seiscientos de la vida de Noé, el mes segundo, el día diecisiete del mes, se hendieron todas las fuentes de las profundidades, y las compuertas del cielo se abrieron.

Aquel mismo día entró Noé en el arca con sus hijos, Sem, Cam y Jafet, su mujer y las tres mujeres de sus hijos. Con ellos entraron los animales de cada especie, los ganados de cada especie, los reptiles de cada especie que reptan sobre la tierra y las aves de cada especie: toda clase de pájaros y seres alados. Entraron, pues, con Noé en el arca sendas parejas de todos los vivientes en los que hay aliento de vida. Y los que iban entrando eran macho y hembra de cada especie, como Elohim se lo había mandado.

Pereció todo ser viviente: lo que repta por la tierra, junto con aves, ganados, animales y todo lo que pulula sobre la tierra, así como toda la humanidad. Las aguas inundaron la tierra por espacio de ciento cincuenta días.

Se acordó Elohim de Noé y de todos los animales y ganados que estaban con él en el arca. Elohim hizo que un viento azotara la tierra, y las aguas decrecieron. Se cerraron las fuentes del abismo y las compuertas del cielo.

Al cabo de ciento ciento cincuenta días, las aguas habían menguado; y al día diecisiete del mes séptimo varó el arca sobre los montes de Ararat. Las aguas siguieron menguando paulatinamente hasta el mes décimo, y el día primero del décimo mes asomaron las cumbres de los montes.

Y [Noé] soltó un cuervo, que estuvo saliendo y volviendo hasta que se secaron las aguas sobre la tierra.

El año seiscientos uno de la vida de Noé, el día primereo del primer mes, se secaron las aguas de encima de la tierra. El día veintisiete del segundo mes quedó seca la tierra.

Habló entonces Elohim a Noé en estos términos: “Sal del arca con tu mujer y tus hijos y las mujeres de tus hijos. Saca contigo todos los animales de toda especie que te acompañan, aves, ganados y todos los reptiles que reptan sobre la tierra. Que pululen sobre la tierra y sean fecundos y se multipliquen sobre ella.” Salió, pues, Noé con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos. También salieron del arca, por familias, todos los animales, todos los ganados, todas las aves y todos los reptiles que reptan sobre la tierra.

Elohim bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: “Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra. Infundiréis temor y miedo a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo, a todo lo que repta por el suelo y a todos los peces del mar. Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde. Solo dejaréis de comer la carne con su vida, es decir, con su sangre. Yo os prometo reclamar vuestra propia sangre; la reclamaré a todo animal y al hombre a todos y a cada uno reclamaré la vida humana.

Quien vertiere sangre de hombre,
por otro hombre será su sangre vertida,
porque a imagen de Elohim
hizo Él al hombre.

Vosotros, pues, sed fecundos y multiplicaos: extendeos por la tierra y dominad en ella.

Dijo Elohim a Noé y a sus hijos: “He pensado establecer contigo mi alianza con vosotros y con vuestra futura descendencia, y también con todo ser vivo que os acompaña: las aves, los ganados y todas las alimañas que hay con vosotros, con todo lo que ha salido del arca, todos los animales de la tierra. Establezco mi alianza con vosotros: nunca más volverá a seer aniquilada la vida por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.”

Dijo Elohim: “Esta es la señal de la alianza que establezco para futuras generaciones entre yo y vosotros y todo ser vivo que os acompaña: Pongo mi arco en las nubes, que servirá de señal de la alianza entre yo y la tierra. Cuando yo anuble con nubes la tierra, entonces se verá el arco en las nubes y me acordaré de la alianza que media entre yo y vosotros y todo ser vivo. Ya no habrá más aguas diluviales que exterminen la vida. Pues en cuanto aparezca el arco en las nubes, yo lo veré y me acordaré de la alianza perpetua entre Elohim y todo ser vivo, toda la vida que existe sobre la tierra.”

Reiteró Elohim a Noé: “Esta es la señal de la alianza que he establecido entre yo y toda la vida que existe sobre la tierra.”

(Gén. 6:9-22; 7:8-9,11,13-16a,21,24; 8:1-2a,3b-5,7,13a,14-19;9:1-17).
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Comentarios

Como sabe cualquier erudito especialista en la Biblia Hebrea, el estilo del autor P es muy árido y repetitivo, algo compensado frecuentemente con su obsesión con las medidas físicas y temporales y exponiendo ciertos objetos significativos con todo con lujo de detalles. Notemos que solo utiliza la palabra “Elohim” para referirse a Dios y que en ningún momento lo llama “Yahveh”, consistencia que mantendrá hasta Éx. 6:2-3, donde Dios le revela su nombre a Moisés. Además, también la mente del autor P se fija en detalles concernientes a “la alianza” de Yahveh con ciertos personajes históricos y hace que la normativa que sea consistente con los demás textos compuestos por él. Por ejemplo, aquí encontramos la llamada “Alianza de Noé“, es decir, la alianza que Yahveh hace con Noé de no destruir la tierra mediante un diluvio, mientras que el ser humano se compromete a cierta normativa, específicamente en relación con los alimentos:

“Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde. Solo dejaréis de comer la carne con su vida, es decir, con su sangre” (Gén. 9:4).

Cuando los gentiles se estaban convirtiendo al cristianismo en el siglo I  d.C. debido a la actividad de Bernabé y Pablo de Tarso, una de las solicitudes que se les hizo desde la iglesia de Jerusalén era que se siguiera la Alianza de Noé (Hch. 15:29), ya que era una exigencia de Yahveh a todos los seres humanos como descendientes de Noé, no solo a su pueblo escogido, Israel.

Otra cosa que podemos ver es que P hace una muy fuerte alusión a la cosmología de su tiempo. Utilicemos la ilustración que presentamos en el primer artículo de nuestra serie.

Cosmología de los antiguos israelitas.

Cosmología de los antiguos israelitas. (c) 2016. Pedro M. Rosario Barbosa. CC-BY-SA 4.0. Ver detalles al final del artículo.

Aquí utiliza dos aspectos importantes para dar cuenta del diluvio: el mismo Yahveh abrió y cerró las fuentes (manantiales) de la Tierra y las “compuertas” del cielo para la inundación. Esto es algo que no encontramos en el relato J, ya que este solo nos habla de la “lluvia” provocada por Yahveh.

También vemos unos interesantísimos paralelismos entre las dimensiones del arca dictadas por Yahveh y las que dio en torno al Tabernáculo (mishkán), una estructura que supuestamente era transportada por los antiguos hebreos durante su travesía por el desierto en su éxodo desde Egipto (Éx.25-27; El texto E le llamaba “Tienda de la Reunión” (‘ohel mo`ed) (Éx.33:7-10)). Parece que ambas instrucciones tienen en consideración las proporciones dimensionales de la una y la otra. También parece aludir bastante en el vocabulario al Arca de la Alianza. Este portal presenta estos paralelismos muy bien, aunque aclaro que no suscribo su interés apologético religioso. Estos paralelismos son muy importantes, no solo porque reflejan la consistencia narrativa del autor P, sino porque, como bien muestra Richard Elliott Friedman, el Tabernáculo está relacionado con la estructuración del primer Templo de Jerusalén, el construido por Salomón y del que el autor de P participaba como parte del liderato sacerdotal de ese entonces.

Sabemos que P propuso su historia como una alternativa al relato J debido a que no estaba conforme religiosamente con el conjunto tradicional JED (el texto con el que contaba en el siglo VII y VI a.C.). Su versión intenta corregir deficiencias de la narración J: por ejemplo, intenta corregir el número de animales que entraron al arca. Si fuera el caso que Noé salvó solo a los animales que iba a sacrificar o devorar más tarde, no se comprendería la preservación de todos los animales que existen hoy día. La solución de P era la de salvar a una pareja de cada especie de animal en la Tierra. Nótese también que en J, solo la humanidad era perversa. Sin embargo, para P, no solo la humanidad sino todas las criaturas eran perversas. Esto explica la necesidad de exterminarlas.

Una vez más, el estudio de estos relatos son una ventana para que la luz del análisis racional de estos textos nos lleven a comprender la mentalidad de las castas sacerdotales del pasado. Además, muestran la ahistoricidad de ambos relatos y la falacia de pensar que este evento haya ocurrido como acontecimiento histórico como quiere insistir Ken Ham con su réplica del arca de Noé.

Espero que hayan disfrutado esta breve travesía al pasado mediooriental.
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Bibliografía

Arens, Eduardo. La Biblia sin mitos: Una introducción crítica. Lima, Perú: Asociación Hijas de San Pablo / Centro de Estudios y Publicaciones, 2014.

Biblia de Jerusalén. Bilbao, España: Desclée de Brower, 2009.

Friedman, Richard Elliott. Who Wrote the Bible? US: HarperOne, 1997.

El(Los) relato(s) del diluvio universal – 1

the-dove-sent-forth-from-the-ark-1866¿Sucedió realmente el diluvio universal como nos lo relata la Biblia? Lo dudamos mucho. Todos los estudios que se han llevado a cabo han determinado que es una imposibilidad arqueológica, genética, climática, física en todos los sentidos posibles. El National Center for Science Education ha publicado un artículo, una selección de lectura de un texto sobre el tema, que provee más allá de toda duda la ahistoricidad de tal acontecimiento.

A pesar de ello, Ken Ham, el pastor literalista que mantiene el portal creacionista de Answers in Genesis, recientemente fabricó su versión del arca de Noé en Estados Unidos con el objetivo de convencer a la gente de que una embarcación como esa pudo haber sido real. Sin embargo, el arca como tal no flotaría nunca (es más un museo que un arca( y no podría enjaular a dinosaurios. Sí, él presenta figuras de dinosaurios enjaulados en el arca. Para estas y otras observaciones, lean este artículo por Erik Ortiz y vean los vídeos correspondientes.

Lo que sí quiero hacer aquí es otra aproximación al problema del relato bíblico, específicamente su origen y cómo puede dar cuenta del relato del diluvio en el libro del Génesis. Como cualquiera puede darse cuenta de una lectura cuidadosa del texto, no todos los detalles del relato cuadran bien. A prima facie nos encontramos a veces con dos notorias contradicciones, por ejemplo (los textos citados son de la Biblia de Jerusalén del 2009):

  1. No estamos seguros cuántas parejas de animales entraron al arca de Noé:

Dijo, pues, Dios a Noé: “… Meterás en el arca una pareja de cada ser viviente para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra. De cada especie de aves, de cada especie de ganados y de cada especie de reptiles entrarán contigo sendas parejas para sobrevivir” (Gén. 5:13a,19-20).

Yahveh dijo a Noé: “… De todos los animales puros tomarás para ti siete parejas, macho y hembra, y de todos los animales que no son puros, una pareja, macho y hembra. Asimismo de las aves del cielo, siete parejas, machos y hembras para que sobreviva su casta sobre la faz de la tierra” (Gén. 7:1a,2-3)

  1. No se sabe el número de días que duró el diluvio.

El diluvio descargó sobre la tierra durante cuarenta días (Gén. 7:17).

Las aguas inundaron la tierra por espacio de ciento cincuenta días (Gén 7:24).

Poco a poco retrocedieron las aguas sobre la tierra. Al cabo de ciento cincuenta días, las aguas habían menguado (Gén. 8:3).

Al cabo de cuarenta días, abrió Noé la ventana que había hecho en el arca … (Gén. 8:9).

Usualmente los no creyentes se burlan de las contradicciones bíblicas, pero lo que resulta más fascinante es descubrir por qué están allí. ¿Por qué razón aparecen esas contradicciones en el relato del diluvio?
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La creación del Pentateuco (la Torah)

El Pentateuco (los primeros cinco libros de la Biblia Hebrea: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) no fue escrito por un solo autor ni en una sola época. Es en realidad un cúmulo de tradiciones que se fueron forjando a medida que avanzaba el tiempo. Veamos cada una de ellas brevemente:

  • Tradición yahvista (J): Parece haberse originado entre los siglos X y IX a.C. Se destaca porque desde el mismo principio del Génesis se refiere a Dios con el nombre de “Yahveh”.
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  • Tradición elohísta (E): Difiere de la yahvista en que en el Génesis se refiere a Dios con el nombre de “Elohim” (literalmente “dioses”, para referirse a la multiplicidad de potencias divinas en una sola deidad) hasta que Dios le revela su nombre a Moisés en Éxodo 3:14-15. Se piensa que se originó en la época de los reyes Jeroboam (del norte) y de Roboam (del sur) durante el siglo X a.C.
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  • Tradición deuteronómica (D): Para el siglo VII a.C., por circunstancias históricas, parece que existía un texto que juntó las dos tradiciones anteriores (JE) y surgió en la corte del Rey Josías una tercera denominada “deuteronómica”, ya que es responsable en gran parte del libro del “Deuteronomio” y de su código legal. El texto claramente se concibe como una continuación de JE y fue el que adoptó el Rey Josías para sus reformas religiosas.
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  • Tradición sacerdotal (P): La mayoría de los biblistas piensa que la tradición sacerdotal tuvo lugar durante el exilio de los judíos a Babilonia durante el siglo VI a.C. Esta tradición llama también a Dios “Elohim” en el Génesis hasta la revelación de su nombre a Moisés en Éxodo 6:2-3. Esta tradición se caracteriza por su estilo altamente repetitivo, su legalismo, su concepción distante de Dios y su énfasis en los aspectos rituales de la religión judía. Además, crea su propia versión de la inmensa mayoría de las mismas historias que vemos en el texto JED.

El texto final del Pentateuco mezcló las cuatro tradiciones en cinco libros y probablemente apareció después del regreso de los judíos a tierra Palestina en el 539 a.C. Los judíos empezaron a considerar a estos cinco libros como la “Torah” o la “Ley de Moisés”.

Este proceso de edición explica en gran medida el fenómeno de los dobletes en el Pentateuco, es decir, cuando el texto repite dos o más veces el mismo relato o dos o más versiones del mismo acontecimiento. Esto explica las contradicciones en el relato del diluvio. No estamos tratando con un relato coherente sobre el arca de Noé sino probablemente de dos que fueron mezclados en uno más extenso. Por ejemplo, un relato sostendría que el diluvio duró cuarenta días y el otro ciento cincuenta. Hoy día se piensa que el texto presenta dos versiones distintas: la de J y la de P.
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La cosmología de los antiguos hebreos

Una cosa que se desconoce mucho a la hora de evaluar los textos bíblicos, incluyendo los del diluvio universal, es la cosmología de los antiguos hebreos. Utilizaré la siguiente ilustración para la discusión:

Cosmología de los antiguos israelitas.

Cosmología de los antiguos israelitas. (c) 2016. Pedro M. Rosario Barbosa. CC-BY-SA 4.0. Ver detalles al final del artículo.

En el ámbito del antiguo medio oriente, los israelitas compartían más o menos la misma cosmología que los acadios y babilonios de la época. Esto se confirma con las muchas descripciones que hace la Biblia en torno a la estructura misma del mundo:

  • División entre el océano celeste y el océano terrestre mediante un firmamento, es decir, una superficie firme (sólida) que mantiene las aguas del cielo alejadas de la tierra y los océanos terrestres. De hecho, Dios camina por el firmamento de vez en cuando (Gén. 1:6-8; Amós 9:6; Job. 22:13 ; 37: 18; Sal. 148:1; Prov. 8:27-28).
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  • Dios hace que llueva abriendo las compuertas del firmamento (Gén. 7:11; 8:2; Amós 9:6; Sal. 78:23).
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  • De allí aparece la tierra como superficie seca que sobresale del océano terrestre y está rodeado por este (Gén. 1:9).
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  • El océano tiene un círculo de contención (Job 26:10).
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  • La tierra es plana (el horizonte es la frontera entre la luz y la oscuridad) y se ve circular ante los ojos de Dios en los cielos (Job 26:10; Prov. 8:27).
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  • Hay pilares de la tierra que la sostienen en su lugar sobre las aguas de las profundidades (1 Sam. 2:8; Job. 38:4,6; Sal. 104:15; Sal. 136:6).
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  • Hay aguas encima de los cielos (del firmamento) y debajo de la tierra, en “las profundidades” (Gén. 7:11; 8:2; Éx. 20:4; Is. 14:15; Prov. 8:28).
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  • Las fuentes y manantiales existen porque hay conductos desde las aguas de las profundidades hasta la superficie. Estas también tienen compuertas que se abren y se cierran (Gén. 7:11; 8:2).
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  • Existen pilares que sostienen al firmamento en su lugar (2 Sam. 2:28; Job. 26:11).
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  • Existen seres debajo de la tierra, en el sheol, el inframundo, donde habitan los muertos (Is. 14:15; Flp. 2:8; Apoc. 5:2-3).
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  • Existe un ámbito divino, un “tercer cielo”, donde habita Yahveh y otros seres divinos (Gén. 1:26; 3:22; Job. 22:13; Sal 82:1; 2 Cor. 12:2). Para los antiguos israelitas, estos seres divinos eran otros dioses, para el judaísmo del siglo I y II d.C. ángeles, tal vez concebidos como deidades menores (“hijos de Dios”) o criaturas divinas bajo el mandato de Yahveh y que rigen el cosmos y las naciones (Gén. 3:24; 6:2; Deut. 32:8; Job 1:9-12; Sal. 80:1; Apoc. 4-6; 12:7-9).

Este último punto sorprende a muchos creyentes, ya que usualmente se sostiene que los antiguos israelitas eran monoteístas estrictos. La verdad que no era hasta el siglo II d.C. que se podía hablar de un judaísmo monoteísta en sentido estricto.

En el comienzo, parece ser que en el Medio Oriente antiguo, en el ámbito cananeo previo a la existencia del Antiguo Israel, se veneraba a un Dios llamado El y que se interpretaba como la divinidad suprema que se sentaba en el trono de los demás dioses. Estos últimos se concebían como dioses nacionales. Esto no es algo extraño en el mundo antiguo. Al contrario, en el caso de los griegos tenemos tipos similares, en el que Zeus es el dios supremo, mientras que, por ejemplo, Atenea era la diosa de Atenas, o Roma era la diosa protectora de la ciudad con el mismo nombre. Muchos eruditos piensan que originalmente Yahveh, como dios nacional, era originalmente un “hijo de El”, o una deidad subordinada al régimen de El. Más adelante, después del surgimiento del primitivo Israel, mediante un proceso sincrético, El y Yahveh se volvieron en uno y el mismo dios nacional promovido por la casta sacerdotal levita y, especialmente, por los reyes durante la época de la monarquía. Desde entonces, al dios nacional se le conoció como “Yahveh Elohim”, supremo dios que se encuentra por encima de los demás dioses (Éx. 6:2-3). Más adelante, los demás dioses se convertirían en deidades menores o en ángeles.

Es en este contexto cosmológico que debemos entender los dos relatos del diluvio en el Génesis. En los próximos dos artículos, redactaré las dos historias del diluvio. La primera, la de la tradición J, es la versión más temprana; la de la P es la más elaborada y tardía.

Bibliografía

Arens, Eduardo. La Biblia sin mitos: Una introducción crítica. Lima, Perú: Asociación Hijas de San Pablo / Centro de Estudios y Publicaciones, 2014.

Baker, Margaret. The Great Angel: A Study of Israel’s Second God. Louisville, KY: Westminster John Knox Press, 1992.

Biblia de Jerusalén. Bilbao, España: Desclée de Brower, 2009.

Dever, William G. What Did the Biblical Writers Know & When Did They Know It?–What Archaeology Can Tell Us about the Reality of Ancient Israel. MI: William B. Eeerdman, 2011.

—. Who Were the Early Israelites and Where Did They Come From? MI: William B. Eerdmans, 2003.

Friedman, Richard Elliott. Who Wrote the Bible? US: HarperOne, 1997.

Garrett, Susan R. No Ordinary Angel: Celestial Spirits and Christian Claims about Jesus. New Haven, CT: Yale University Press, 2008.

Hurtado, Larry W. One God, One Lord: Early Christian Devotion and Ancient Jewish Monotheism. London: SCM Press, 2015.

Piñero, Antonio. Guía para entender a Pablo de Tarso: Una interpretación del pensamiento paulino. Madrid, España: Editorial Trotta, 2015.

Segal, Alan F. Two Powers in Heaven: Early Rabbinic Reports about Christianity. Waco, TX: Baylor University Press, 2012.

Sicre, José Luis. Introducción al Antiguo Testamento. Estrella, España: Editorial Verbo Divino 2011.

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