Refuntando a “Ocho simples razones por las cuales Jesús nunca existió”

En los rumbos de Facebook, en sectores recónditos del ateísmo y el anticristianismo, se levantan muertos con mayor esmero que los “ceros” de la reciente creada serie de Netflix, Resident Evil. Son aserciones ultrarrefutadas por la virtual unanimidad de los historiadores a nivel mundial, pero que como el virus t-Veronica y el COVID-19, vuelve a infectar la mente ideológica de mucha gente. Esto fuerza a volver a diseminar refuerzos de la vacuna de la sensatez, a ver si este mal se subsana de alguna manera.

Esta vez, el responsable de haber soltado a los perros zombis para que infecten a la gente es el portal de un grupo de Facebook cuyo nombre refleja la “objetividad” de los mantenedores: “La estafa de Jesús de Nazaret, el Cristianismo y la Biblia”. Ya con eso, sabemos el tono con que se escribió una de sus entradas. Aquí está:

Reproduzco aquí el contenido de la postal:

Ocho simples razones por las que Jesús nunca existió

La única fuente que menciona la vida de Jesús es el Nuevo Testamento, la gente se enteró de él a través de esa obra dentro de un medio religioso, sea una iglesia o congregación – lugares que pretenden impartir historia incluso ciencia, sin el mínimo criterio académico. Es decir, proviene del adoctrinamiento o lavado de cerebro, ya que no es un tema que se estudie de manera natural y profesional como se hace con cualquier otro personaje histórico. Eso representa una distorsión cuando se trata de distinguir entre la realidad y la fantasía. Aplicando estrictas metodologías se exponen 8 breves puntos por los cuales no se puede aceptar a Jesús como una persona real.

01) La historia de la vida de Jesús es paralela a la de otros seres míticos como para ser real. Cualquier persona que haya mínimamente leído el Nuevo Testamento se habrá dado cuenta de la increíble historia de Jesús. Fue concebido y nació en un establo de una virgen, escapó de la muerte a manos del tirano Herodes en su infancia, fue un niño precozmente sabio, comenzó su ministerio depredicación [sic.] antes de ofrecerse a sí mismo para ser sacrificado, resucitó después de la muerte y dio lugar a un nuevo pacto para la remisión de los pecados.

Esta mitología se encuentra en muchos personajes anteriores como Dionisio, Attis [sic.], Apolonio de Tiana, Osiris, etc. Tema estudiado hasta el cansancio. Incluso los filólogos e historiadores que aprueban la vida de Jesús (cuestionable), lo primero que hacen es quitar todo atributo milagroso de ese tipo.

Los rasgos suprahumanos son recurrentes en los textos cristianos, es lo que se conoce como cristianismo mágico o fantasioso.

02) La ciudad de Nazaret no existió durante el tiempo en que se supone que Jesús estaba vivo. Jesús era conocido como el Nazareno, posiblemente porque tiene fama de haber sido de Nazaret sin [sic.] embargo, hay varios problemas con este lugar. El historiador Josefo enumera todas las ciudades de Galilea de alrededor de ese tiempo y Nazaret no está en la lista. Lo único que han encontrado excavaciones actuales son evidencias de una necrópolis para albergar muertos y no una aldea en sí. En términos llanos era un panteón.

03) No hay pruebas materiales vinculadas a Jesús. Se han documentado grandes fraudes de arqueólogos cristianos, su modo de operar es tomar un templo pagano del siglo I y datarlo de acuerdo a su decoración como cristiano, con el objetivo de mostrar presencia cristiana en tiempos donde no existía. Otras investigaciones ha publicado las tumbas, en una de ellas, bajo estricto rigor arqueológico declararon que son del siglo IV, y es imposible saber si los restos de Jesús se encuentran alli [sic.]. Posteriormente se retractaron de esa afirmación, lo que nos lleva a concluir que no hay nada al día de hoy.

04) No existe evidencia histórica de un eclipse, terremoto o desgarro del velo en el templo que supuestamente sucedió en el momento de la muerte del supuesto Jesús. Las únicas fuentes para vincular un eclipse (o escombros volcánicos) son cristianas, tratando claramente de establecer un vínculo entre la supuesta muerte de Jesús y lo divino. Eventos de gran calibre como terremotos y eclipses habrían sido registrados en detalle por los historiadores contemporáneos y un terremoto lo suficientemente severo como para explotar las tumbas habría sido escrito tanto por la corte judía como por los administradores romanos. No hay archivos seculares en absoluto de los esfuerzos de socorro enviados a Jerusalén o de cualquier obra de reconstrucción. Finalmente, el velo en el templo era extremadamente precioso y cualquier daño al mismo habría sido motivo de difusión.

Es sabido que ocurrieron movimientos telúricos en Jerusalén durante ese período, pero nada en el registro geológico puede señalar exactamente uno a la supuesta fecha y hora de la crucifixión. Si tomamos en cuenta que los evangelios fueron escritos en el siglo IV-no se acepta como datación las estimaciones hechas por el tipo de letra- resulta risible que pudieran calcular ese evento con tal precisión en tiempos donde no habia [sic.] tecnología.

05) El Nuevo Testamento fue diseñado para promover el cristianismo y no para documentar hechos históricos. No se puede extraer historia del siglo I de documentos que donde hay fallas, contradicciones, errores, anacronías [sic.], falacias, omisiones, literatura readaptada de otras culturas y sobre todo, por ser fuentes excesivamente tardías del siglo IV. El Nuevo Testamento y cualquier afirmación que haga sobre la vida de Jesus, no es más que un tratado propagandístico.

06) Los evangelios no fueron escritos por discípulos de Jesús. Los textos del canon se redactaron con una complejidad que no se puede entender por unos simples pescadores. Están hechos bajo simetrías internas, quiasmos en forma de anillo, contienen amplias referencias de la liada y la Odisea, junto a cuentos egipcios en hierático y demótico. Hablamos de un trabajo de filología que requería un gran nivel intelectual, además, supieron readaptar el resto de novelas cuando las integraron a Jesús y sus personajes; no hicieron un calca directo para evitar que se dieran cuenta del fraude. Otra característica, quizá la más importante, es que los originales en griego están firmados bajo una sucesión de palabras convertidas en números. La intención de haber colocado esas firmas es que el lector avezado observe que todo se trata de una mentira.

07) Todos los relatos posteriores de la vida de Jesús son rumores. Los cristianos, apretando los dientes siempre quieren mostrar las típicas “evidencias externas” que mencionan a Jesús, Plinio, Tácito, Josefo y Suetonio que conforman la llamada “Tetrarquía”. Para el cristianismo esto significa que son cuatro fuentes independientes mencionando un mismo punto, porlo [sic.] tanto son confiables. Para empezar son demasiado tardías, alrededor del año 110, y ya han sido ampliamente debatidas demostrando puntualmente en cada una, que son falsificaciones eusebianas [sic.].

No hay un registro contemporáneo de la vida de Jesús. De los aproximadamente 200 libros del siglo I por parte de intelectuales, pensadores, grammateos, filósofos e historiadores, sean griegos, judíos o latinos no hay uno solo que haga mención de Jesús ni de los personajes que giran en torno a sus aventuras. De haber hecho esos milagros tan impresionantes o alimentado a 5,000 mil personas como cuenta “Marcos”, hubiera captado la atención de alguno de ellos innegablemente.

No existe referencia de Jesús en los registros militareso [sic.] en los despachos a Roma, y es que, cualquiera que pudiese dirigir grandes concentraciones de individuos en una provincia potencialmente perturbadora, debería ser de interés para los soldados. Tampoco se encuentra ningún documento en los archivos del tribunal de Herodes ni se lo menciona en los del Templo ni por nadie de los Sacerdotes.

Seguramente si algunos creían que era un profeta y otros que era un falso profeta, debería haberse registrado alguna cita de los rumores que estaba causando en la sociedad cívica y religiosa de Judea. Todo el cristianismo es un fraude que se alimenta de la ignorancia de las masas.

Detalles

La historia que ignoras
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El cristianismo es inexistente en el siglo I
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Nunca existió el cristianismo que asegura la Iglesia católica en los siglos I y II.
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El engaño de los padres apostólicos y apologistas griegos I
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Las falsas fuentes extra biblicas que mencionan a “Jesús de Nazaret” Cimiento ridículo del Cristianismo.
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Los autores del nuevo testamento
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Lactancio, el hombre que inventó a Jesús de Nazaret Parte I
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La falsa arqueología paleo cristiana I
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Constantino ordenó la redacción de los textos canónicos cristianos
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El cristianismo se inventó para la plebe.
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No existe ningún documento del siglo I que mencione la vida, obra, milagros, juicio, crucifixión y resurrección de un tal “Jesús de Nazaret”. https://www.facebook.com/101147025871263/posts/122029977116301/

Cuando un investigador niega la existencia de Jesús de Nazaret y otro la aprueba, significa que uno de los dos está mintiendo.
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Los eruditos que defienden la historicidad de Jesús
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Catedrático ignorante
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¿Cómo cuestionar a un erudito que defiende la existencia de Jesús histórico?
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Los emperadores pro cristianos jamás fueron cristianos
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El Vía Crucis de Jesús es un pasaje copiado de Filón de Alejandría, In Flaccum.
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Originalmente, no tenía el menor deseo de responder a esta postal, debido a que he querido invertir mi tiempo en cosas más meritorias y productivas: escribir más sobre el telescopio James Webb, hablar un poco de la física cuántica, comentar el libro de J. M. Mulet sobre la verdadera ecología, desmitificar ciertas aserciones que se repiten en torno a la teoría del caos, etc.

Sin embargo, esta postal se ha distribuido tanto en las redes que amistades (dentro y fuera de los movimientos ateos y humanistas) que se me ha pedido repetidamente que opine al respecto. Así que responderé brevemente a estos alegatos, pero he aquí un resumen de mi opinión: la postal es un conjunto de heces depositadas por parte del sector macho del ganado vacuno.

Alegato 1: El paralelismo de la biografía y hechos de Jesús con otros dioses o héroes míticos significa que Jesús no existió

Banner de Conferencia de Existencia de Jesús
© 2021, Pedro M. Rosario Barbosa. Licencia: CC-BY 4.0+.

Es correcto decir que hay unos ciertos paralelismos entre Jesús como se relata en los evangelios y el Nuevo Testamento en general con dioses o héroes míticos, tanto judíos como grecorromanos. Aunque históricamente ha habido una cierta resistencia a admitirlo, la crítica en general ya lo acepta de manera un poco tímida. Uno de los grandes contribuyentes a mirar este lado literario del Nuevo Testamento ha sido Dennis MacDonald, quien ha visto en muchas narraciones evangélicas una mímesis homérica. También tenemos las investigaciones de eruditos de renombre como Bart Ehrman, Tryggve Mettinger, Antonio Piñero, Eugenio Gómez Segura, M. David Litwa y Robyn Faith Walsh, cada uno de ellos aportando a esta realidad de los paralelismos, que en algunos de ellos son más bien motifs y otros son más de patrones. Curiosamente, ninguno de ellos concluye que Jesús no existió.

El problema en sí no es la admisión de estos llamados “paralelismos”, que están innegablemente ahí. El problema es el razonamiento que es un non sequitur: porque estos paralelismos existen con Jesús, se infiere que este no existió. ¿Por qué es un non sequitur? Les voy a dar un ejemplo bien sencillo:

Había una vez un hombre que llegó a ser dios. Es más, llegó a llamársele “hijo del divino”. Tuvo como padre a un varón que llevó a su ciudad y sus dominios al culmen de la gloria y, como premio, fue transformado en un ser divino. Su alma se convirtió en cometa, como tal se apareció en los cielos tras su vil asesinato. Por ende, este hombre del que hablamos tenía una estirpe de primera categoría. Era descendiente del gran héroe Eneas de Troya, a su vez hijo de la divina Venus y el humano Anquises. De allí descendió una virgen vestal, que a su vez fue violada por el dios Marte. Ahí no se detiene la historia, sino que la leyenda también cuenta que la madre de este hombre se quedó dormida mientras se bañaba en el templo de Apolo. El dios del templo, al desearla, se convirtió en serpiente y la inseminó, quedando embarazada de este insigne caballero.

Ahora bien, si ustedes miran todas estas descripciones y utilizan el razonamiento mitista de este primer alegato, ustedes dirán que estoy hablando de un personaje puramente legendario y que nunca existió.

Pero el hecho es que SÍ existió: Octavio Augusto César.

Estatua de Octavio Augusto César.
Estatua de Augusto César en pose de triunfo.

Durante su gobierno imperial, se resaltaba que fue hijo adoptivo de Julio César: eso le hacía heredero de todos los derechos de los Julios, incluyendo sus ancestros. A su vez, para legitimar su poder, y gracias a literatos de primera como Virgilio, Ovidio y otros, creó todo un enjambre legendario a su alrededor, haciéndose hijo de Eneas, descendiente de la virgen vestal Rea Silvia, por ende, también descendiente de Rómulo (el fundador de Roma), mientras que a su vez era descendiente de los dioses Júpiter, Venus, Marte y Apolo. A su vez, se autodenominó “hijo del divino” Julio César, quien tras su asesinato fue endiosado (apoteosis). Ovidio describe cómo el alma de César se había convertido en una nueva estrella, en un cometa, para rondar en las esferas divinas celestes. De esa manera, Augusto vendió hábilmente la idea de que era descendiente de los dioses. Simultáneamente era visto como un dios y sumo puente entre las divinidades y la humanidad. Muchas de estas afirmaciones religiosas tenían paralelos con otros relatos, e incluso otros personajes que sabemos que fueron históricos: se decía que Alejandro Magno fue concebido de una manera muy similar a la de Augusto.

Como pueden ver, aunque de innegable valor cultural, todo lo legendario es pura propaganda político religiosa. Esto era típico del mundo antiguo. Esto no se hacía meramente con emperadores, sino también con maestros de renombre, como Pitágoras, Sócrates, Platón o Apolonio de Tiana. Era una tendencia de muchos estudiantes realzar y endiosar a su maestro.

Por esta razón, el hecho de que haya paralelismos entre lo que los evangelios dicen de la vida de Jesús y de otras figuras míticas no hace al instante al predicador galileo inexistente. Al contrario, si Jesús existió y tuvo seguidores a su alrededor, la apoteosis típica de la época es perfectamente comprensible, al igual que la atribución de hechos fantásticos.

Alegato 2: Nazaret no existió cuando presuntamente Jesús estaba vivo

Lo que se dice aquí es lo que se ha repetido ad nauseam por parte de un sector mitista que escucha lo que dice René Salm, el ideólogo detrás de todo esto. Quisiera aquí citar las autoridades (los arqueólogos) que son especialistas específicamente en Nazaret:

La evaluación personal de las vasijas que hace Salm, que ensaya en su libro El mito de Nazaret, refleja su carencia de expertise en el área al igual que su falta de investigación seria en las fuentes. Al ignorar o descartar evidencia sólida cerámica, numismática y literaria por la existencia de Nazaret durante el periodo Helenístico Tardío y Romano Temprano, parecería que el análisis que René Salm incluye en su reseña, y su reciente libro debería, en sí mismo, estar relegado al ámbito de “mito”, Salm mismo ha creado un mito.

Pfann y Rapuano 2008, 108.

Salm muestra una falta de comprensión del proceso convencional de la publicación [académica] arqueológica … los sistemas del campo son notoriamente difíciles de fechar usando la evidencia arqueológica, y esto no hace más creíble el argumento de Salm a favor de un asentamiento de Nazaret durante la fecha posterior al Segundo Templo.

Dark 2008b, 110, 111.

René Salm no es arqueólogo ni ha sido entrenado de manera alguna en el campo. Al contrario, fue formado en la música y es pianista de profesión.

Con ese tipo de introducción, ya sabemos que el autor de la postal de Facebook comienza con cimientos débiles, aunque más apropiadamente puede describirse como arena movediza. Ya la labor de Yardenna Alexandre y su equipo indica que Nazaret estaba habitado precisamente en el período que Salm dice que no lo estaba. Ellos descubrieron evidencia numismática, monedas que correspondían al período Helenístico-Tardío y Romano-Temprano (Alexandre et al. 2012, 107-120).

Hace dos años, se publicaron tres trabajos muy importantes que atemperan nuestra información sobre Nazaret, a saber:

  • El artículo de Yardenna Alexandre, “The Settlement History of Nazareth in the Iron Age and Early Roman Period.”
  • El libro de Ken Dark, Roman-Period and Byzantine Nazareth and Its Hinterland.
  • El otro libro de Ken Dark. The Sisters of Nazareth Convent. A Roman-Period, Byzantine, and Crusader Site in Central Nazareth.

Todas estas obras desmienten los alegatos de René Salm y otros. Es más, los dos libros de Dark tienen secciones donde él le responde directamente a Salm. No solo se discuten en todas estas publicaciones que hay evidencia arqueológica de lo que Salm niega. También la casa que ha sido atribuida a la familia de Jesús está fechada para el periodo que cubre el siglo I e.c. y es consistente con el tipo de hogar donde viviría un tektón (alguien dedicado a algún tipo de construcción).

La realidad arqueológica revela que la región de Nazaret fue sin duda habitada en la época de Jesús (el Periodo Romano Temprano). Para cuando Jesús vivía, probablemente estaba habitada por cerca de mil personas, un número típico de poblados rurales en Galilea (ver también Reed 2006, 109-110).

En el ámbito de la arqueología, nadie duda de los hallazgos. Podría alegarse que a lo mejor el “Nazaret” donde se han hecho los hallazgos no es el lugar que los evangelios llaman Nazaret. Pero lo que no se puede alegar es fraude por parte de los arqueólogos. El procedimiento para fechar todos estos artefactos y la casa en cuestión no están en controversia.

Estos asuntos están solamente en controversia en la mentes de ideólogos que quieren “probar” que Jesús no existió.

Alegato 3: No hay pruebas arqueológicas de que Jesús existió, por lo tanto, no existió

Este es otro non-sequitur. Nosotros no tenemos la evidencia arqueológica del 99.99999 % de la población antigua. Solo tenemos evidencia arqueológica de gente usualmente de muy alto estatus, que llevaron a cabo edificaciones en su nombre o participaron en sucesos militares y otros tipos de actividades que dejaron restos sobre su persona. Igual las tumbas eran de aquellos que tenían familiares que podían pagar por ello, o eran financiadas por el sector social en que pertenecía la persona: por ejemplo, la tumba de Caifás.

Por otro lado, Jesús y sus estudiantes eran judíos rurales de galilea que se dedicaron a predicar. ¿Qué tipo de evidencia arqueológica serviría para corroborar la existencia de algún individuo particular perteneciente a estas esferas sociales? No la hay. Tenemos nombres de personas que sabemos que existieron de las que no existe rastro arqueológico alguno: Judas de Galilea y el sacerdote Sadoc. ¿Quiere decir que porque nosotros no hayamos encontrado sus tumbas o evidencia arqueológica no existieron?

Por tanto, la falta de evidencia arqueológica no demuestra que Jesús no existió.

Alegato 4: No hay evidencia de los acontecimientos geológicos o astronómicos durante la Pasión y muerte de Jesús reportados por los evangelios, por tanto, Jesús no existió

Crucifixión - Gustave Doré
Crucifixión de Jesús, grabado de Gustave Doré (1867).

Desgraciadamente, esto no pasa de ser otro non-serquitur. El hecho de que no haya rastro alguno corroborable, sea vía documental, o evidencia astronómica o geológica, de los acontecimientos asociados a la muerte de Jesús tampoco indica que este no haya existido.

Todos los expertos en el tema, incluyendo a muchos conservadores, están plenamente conscientes de que los evangelios son esencialmente documentos propagandísticos, más o menos a la par con otras obras a las que hemos hecho referencia, a saber, la Eneida de Virgilio o La metamorfosis de Ovidio, que son obras de gran valía cultural, pero son puramente propagandísticos a favor del emperador Augusto. Los evangelios son literatura grecorromana, en un ambiente grecorromano, y como tal, debemos juzgarlos de esa manera. Por otro lado, también son escritos que se inspiran en los escritos judíos. De allí se toman muchos de estos portentos de Dios tras la muerte de Jesús.

Para dar un ejemplo, la oscuridad “sobre toda la tierra” es fuertemente reminiscente a una de las plagas de Egipto, la oscuridad (Éxodo 10:21-29; ver Marcus 2010, 2:1215). Asimismo, el incidente recuerda al profeta Amós cuando Dios hablaba de que habría una ocasión en que se pondría el sol al mediodía y que las fiestas se tornarían en luto (Amós 8:9-10; Marcus 2010, 2:1225). Dentro del contexto del Evangelio de Marcos, esto es una señal de abandono de Jesús por parte de Dios, así que tiene un significado teológico. Lucas añade un eclipse solar como explicación de la oscuridad y así, tratando de darle crédito al relato (Lucas 23:45). El problema es que los eclipses solares se pueden dar durante luna nueva, época que no coincidía con el periodo de la Pascua (Marcus 2010, 2:1215).

¿Y qué hay de los terremotos? Sucede que esto es reportado en un solo lugar, en el Evangelio de Mateo. Su autor era fanático de los terremotos, tanto así que cuando Jesús estaba dormido en la embarcación de sus seguidores, un terremoto (seysmós) fue lo que levantó los vientos (Mateo 8:23-27; las traducciones no son usualmente claras en este detalle importante). La razón de por qué el autor quiere insertar terremotos (e incluso que resuciten muertos) es porque en la literatura judía, estas eran las señales del cercano fin de los tiempos. Al usar este recurso literario, el escritor desea enfatizar la mesiandad de Jesús y el pronto fin del régimen presente (Marcus 2016).

¿Quiere esto decir que Jesús no existió? Difícilmente. Los expertos en literatura grecorromana reconocerían aquí un motif que no es exclusivo del judaísmo, sino también de la literatura pagana. Por ejemplo, cuando murió Julio César —persona que sabemos que existió— el poeta Virgilio relata cómo se oscurecía el sol en lo que describió como “era atea” —es decir, el abandono de los dioses—, y cómo la penumbra y la noche parecían ser eternas (Marcus 2010, 2:1224-1225).

Como podemos ver, todos estos recursos literarios no solamente se utilizaban con personajes que no existieron, sino también con las que SÍ existieron. Una vez más, esto lo hace cualquier literatura de índole propagandística y de por sí no decide la existencia o la inexistencia de alguien.

Alegato 5: El Nuevo Testamento fue diseñado para promover el cristianismo y no para documentar hechos históricos, por ende, Jesús no existió

Como se podrán imaginar, señalo que aquí hay otro non-sequitur. Todos los especialistas, cristianos y no cristianos, están de acuerdo de que los evangelios son literatura propagandística. Eso no significa que no contengan elementos históricos, o que ese mero hecho haga que Jesús no haya existido. ¿Quiere decir entonces que Julio César no existió porque Virgilio escribió La eneida como propaganda? Pues no. De hecho, cualquier análisis literario de la obra descubre lo que sucede en otra literatura de la época, incluyendo las más legendarias: muchas de estas leyendas se basan en sucesos genuinamente históricos. La eneida nos narra cómo Eneas conoció a Dido, la reina de Cartago. Pero a su vez revela la predicción de que Cartago sería rival del Lacio (de Roma). Aun cuando sabemos que el encuentro es puramente legendario, sí tiene como base histórica la alianza inicial que tenían Roma y Cartago en un momento dado, y cómo se volvieron hostiles durante las Guerras Púnicas.

Descalificar todo el contenido de una obra por ser propagandística sin molestarse en hacer un análisis con recursos historiográficos no es la manera más sensata de pretender conocer la historia.

Alegato 6: Los evangelios no fueron escritos por discípulos de Jesús, por lo tanto, Jesús no existió

Este es otro non-sequitur. El hecho de que los evangelios no fueran escritos por los estudiantes de Jesús no quiere decir que no ofrecen algún tipo de información en torno a él, o que sus leyendas no se basaron en un personaje real existente. Por supuesto, hemos examinado en otro lugar la evidencia en torno a la improbabilidad de que los estudiantes de Jesús como Pedro hayan sido alfabetizados.

Aun así, no vemos cómo eso hace que Jesús no exista. Como dice bien Robyn Faith Walsh (y dice el autor de la postal), los evangelios fueron probablemente escritos por gente de la élite cultural grecorromana que se había convertido al cristianismo, o asumió su membresía en ese sector en el ámbito del judeohelenismo de la diáspora. Lo más que se podría decir es que los evangelios no son históricamente fiables, y que no debe tomarse la información por verdadera a prima facie. Pero eso no significa que los evangelios no tengan datos qué ofrecer si se aplicaran criterios historiográficos de rigor, y menos quiere decir que Jesús no existió.

Alegato 7: Todos los relatos posteriores de la vida de Jesús son rumores, por ende, Jesús no existió

Flavio Josefo
Un grabado en madera de Flavio Josefo (1817), ilustrado por William Whiston en sus traducciones del historiador judío.

Aquí el autor de la postal se acoge al repetidísimo y trillado argumento de que no tenemos evidencia alguna sobre Jesús en los archivos romanos. A veces, hay algunos mitistas que creen que en los archivos romanos existió documentación que se refería a cada suspiro, a cada vez que Tiberio se rascaba la cabeza, o cada vez que Acia peinaba a Octavia, o a la hora que Nerón defecó una noche. O sea, algunos de estos grupos mitistas exageran la nota de cuánta información realmente guardaban los archivos de Roma para el uso de los historiadores de la época. La razón de por qué Jesús no aparece en los archivos romanos es por una razón bien sencilla: porque hoy no tenemos los documentos de esos archivos. Por supuesto, existían en aquella época, pero se han perdido para la historia. La crítica de que si Jesús hubiera existido, entonces aparecería en los archivos romanos se cae como un argumento vacío. Esto vale también para los supuestos “archivos de Herodes” y los “archivos del Templo”, esos documentos no existen hoy. La creatividad del autor de la postal no me deja de impresionar en este aspecto.

Como un disco rayado, vuelve a insistir en un argumento zombi: de que ningún historiador contemporáneo a Jesús lo mencionó. Exclaman: “¡Tantos escritores, tantos filósofos, y tantos historiadores en Roma, y no dijeron nada sobre Jesús!” Solamente que hay un problema minúsculo. No solamente los historiadores romanos contemporáneos no hablaron de Jesús, sino que no hablaron de ningún suceso relacionado con el Levante (lo que conocemos como la región de Palestina) del siglo I… nada … cero. No tenemos expresión alguna de historiadores romanos en torno al prefecto de Judea en la época de Jesús, Poncio Pilatos. Tampoco contamos con referencia alguna en fuentes romanas del siglo I al sumo sacerdote Caifás. Si no me creen, les invito cordialmente a que busquen cualquier historiador romano de la época sobre cualquiera de estos dos personajes, cuya historicidad y existencia están bien cimentadas (especialmente vía la arqueología). Es más, búsquense cualquier documento de los historiadores romanos del siglo I en torno a la destrucción de Jerusalén por parte de Tito en el 70 e.c., un suceso que ha dejado amplísima evidencia arqueológica y monumental. ¡Nada! ¡Cero!… Todo lo que sabemos de ellos históricamente y de los acontecimientos proviene de la literatura judía (Flavio Josefo y Filón de Alejandría). A los romanos les importó un comino lo que pasaba en Galilea o Judea porque nunca lo consideraron relevante.

Si los historiadores romanos ni se molestaron por hablar de las figuras o los acontecimientos del Levante más importantes del siglo I, ¿esperan ustedes que hablaran de un profeta excéntrico rural de la época?

Finalmente, tenemos que responder a la exageradísima fantasía de que todas las referencias a Jesús en Plinio, Tácito, Josefo y Suetonio son “falsificaciones eusebianas” (es decir, falsificaciones de Eusebio de Cesarea en el siglo IV). Ningún erudito llega tan lejos como para decir ese monstruoso disparate.

  • Las referencias de Plinio son generalmente vistas en la academia como auténticas. El problema es que no vale como fuente independiente que corrobore la existencia de Jesús, porque Plinio recibe la información de parte de los cristianos que estaba torturando. Hoy día, no hay ningún debate en cuanto a este tema.
  • La referencia de Suetonio es ambigua porque se refiere a un judío de nombre “Chrestos”, pero no podemos asegurar que este Chrestos sea “Cristo”; por tanto, tampoco cuenta como fuente independiente fiable. No obstante, el pasaje tiene visos de ser plenamente auténtico y no hay controversia alguna sobre eso.
  • Hoy día casi nadie en la academia (fuera de algunos autores mitistas como Richard Carrier, o historicistas como, hoy día, Antonio Piñero) duda que el pasaje de Tácito referente a un “Christus” (asociado a “los que el vulgo llama ‘chrestianos'”) sea auténtico. Y aun en el caso de los que dudan de su autenticidad, no llegan tan lejos como postular que Eusebio de Cesarea falsificó ese pasaje.

Esto nos deja con las referencias a Jesús que hace Flavio Josefo. En Antigüedades judías, su textus receptus (el texto como lo hemos recibido) hace dos menciones de Jesús.

  1. El Testimonium Flavianum
  2. El llamado “pasaje de Jacobo” o “pasaje de Santiago”

La controversia mayor gira en torno al Testimonium Flavianum, un pasaje que muestra señales claras de inserción textual cristiana o de manoseo textual. Hoy día, el consenso abrumador es que el texto como está definitivamente no estuvo (al menos de esa forma) en Antigüedades judías. Ahora bien, las opiniones en torno al tema se dividen actualmente en dos:

  • El Testimonium fue un invento total por parte de algún cristiano. Esta posición representa una minoría entre los expertos en Josefo.
  • El Testimonium tiene una base en lo que Josefo escribió originalmente, pero que fue alterado por alguna mano cristiana. Esta visión representa actualmente la mayoría de los expertos en Josefo.

En cuanto a los estudiosos que piensan que fue un invento total, se encuentra Ken Olson. Él ha estudiado profundamente el pasaje y dice que hay rastros del estilo de Eusebio. Pero noten que Olson solo se limita al Testimonium. No extiende su convicción al pasaje de Jacobo, ni a la carta de Plinio el Joven, ni al pasaje de Tácito, ni al de Suetonio. Hoy día, la posición de Olson se considera una muy seria y es discutida en los círculos de especialistas en Josefo, aunque la mayoría no está de acuerdo con él.

Si eso es así, se preguntarán, ¿por qué la mayoría de los eruditos piensa en un texto base original que fue modificado? Por una sencilla razón: porque hay partes del pasaje que tienen el estilo de Josefo. Un procedimiento que es usual entre los expertos es eliminar los pasajes que dan señales de ser cristianos, y usualmente lo que queda es algo plenamente consecuente con el estilo de Josefo. Otros autores, muy notablemente Fernando Bermejo (aunque no es el único), afirman que hay indicadores de que Josefo tenía un texto negativo sobre Jesús, ya que la selección de frases en el escrito son típicas de cuando el distinguido historiador se refiere a subversivos, sediciosos o alborotadores. También ha sido uno de los que ha resaltado que, en un manuscrito de Historia eclesiástica de Eusebio, hay un pronombre griego “tís” que añade una nota de escepticismo en torno a Jesús. Así, en vez de decir, “Por estas fechas vivió Jesús ,,,” dice, “por estas fechas vivió un cierto Jesús …”. Esto no parecería del todo impresionante si no fuera porque existe también una versión eslava del Testimonium esta vez inserta en La guerra judía y de evidente composición cristiana. Sin embargo, lo que la hace interesante es que comienza con una frase que contiene las palabras “muži nĕkij” que significa “un cierto hombre” (aner tís en griego). Una vez más, este “tís” es un término empleado por Josefo cuando se refiere a sediciosos y alborotadores.

La adopción de este lenguaje desfavorecedor de Jesús es contrario al interés cristiano, por tanto, es menos plausible que un cristiano haya inventado todo el pasaje. A esto se añade que el padre de la Iglesia Orígenes afirma categóricamente que Josefo no era cristiano, y parece aludir al Testimonium cuando lo dice. Ahora bien, es muy posible que Eusebio haya modificado el texto para convertirlo en lo que es hoy día, una posibilidad contemplada por el querido amigo Dave Allen, cuyo interesante artículo en torno al tema será de pronta publicación.

Alegato 8: ¿¿¿¿¿?????

O la persona que escribió la postal omitió un alegato, o no sabe contar. Se nos dijo que se darían ocho razones para pensar que Jesús no existió, pero solo nos ha dado siete.

Observaciones adicionales

Pensadora

Una cosa que debe llamar a la reflexión, al menos para nosotros los escépticos, es que no solo se esgrimen argumentos zombis, sino que es típico de este tipo de postal el no añadir las fuentes donde se pueda encontrar información fiable y académicamente validada. La sección de “Detalles” de la postal ofrece una serie de enlaces a la misma página de Facebook que, para todos los efectos, es un ejercicio de autocitarse … algo considerado cuestionable en ámbitos académicos si estas fuentes no están sostenidas por información sólida. Quiero recalcar que no toda forma de mitismo hace esto. Por ejemplo, Robert Price, Hermann Detering o Richard Carrier utilizan fuentes académicas y teorizan sobre esas bases. Sobre si sus conclusiones son sólidas, eso ya es otro cantar.

Por lo pronto, tenemos evidencia de que Jesús existió … no tanta como quisiéramos, pero es la razón por la que el 99.99% de los especialistas de la antigüedad, cristianismo primitivo, especialistas del Nuevo Testamento, entre otros historiadores, no importa que sean cristianos o no, piensan que muy probablemente Jesús realmente existió. La posición mitista (que Jesús no existió) es una ínfima minoría entre los expertos. He presentado la evidencia de la historicidad de Jesús además de proveer un perfil del personaje y su endiosamiento en una serie de conferencias, a las que ustedes pueden acceder vía mi nube aquí:

https://drive.proton.me/urls/YGF1YAZMZ8#IdZ7eDD18ASR

Ahora bien, si queremos ver aunque sea un poco de evidencia, vamos a los documentos más tempranos del cristianismo, las cartas auténticas de Pablo: 1 Tesalonicenses, Gálatas, Filipenses, 1 Corintios, 2 Corintios, Filemón y Romanos. Hoy día, existe un fuerte consenso de que estas cartas fueron sustancialmente escritas por Pablo en la década del 50 e.c.

Ahora bien, una de esas epístolas se dirige a los gálatas, y allí, Pablo narra lo siguiente:

Luego, tres años después, subí a Jerusalén para conocer a Cefas [Pedro] y permanecí con él quince días. A ningún otro apóstol vi salvo a Jacobo, el hermano del Señor.

Gálatas 1:18-19. Trad. Piñero 2022.

También Pablo nos habla de la actividad de los hermanos de Jesús en el cristianismo primitivo:

¿Acaso no tenemos derecho a comer y beber? ¿Acaso no tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer hermana en la fe como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas?

1 Corintios 9:5. Trad. Piñero 2022.

En otras palabras, tenemos testimonio de Pablo de la existencia de los hermanos de Jesús y al menos pudo constatar personalmente la existencia de uno llamado Jacobo. Este familiar de Jesús también está atestiguado fuera del Nuevo Testamento, en Antigüedades judías de Josefo. El historiador judío nos relata:

Pues bien, Anán, dado su carácter, como creyó disponer de una ocasión pintiparada por haber muerto Festo y encontrarse Albino todavía en camino, instituyó un consejo de jueces, y tras presentar ante él al hermano de Jesús, llamado “Cristo”, de nombre Jacobo, y a algunos otros, presentó contra ellos la falsa acusación de que habían transgredido la ley y, así, los entregó a la plebe para que fueran lapidados. Pero los que parecían ser los más moderados de los habitantes de la ciudad y los más escrupulosos cumplidores de las normas legales apenas soportaron esta acción.

Antigüedades judías XX:200.

Este dato en particular de la existencia del hermano de Jesús decide el tipo de modelo que escogen los historiadores.

Al igual que en las ciencias, la historia formula teorías o modelos que parecen dar mejor cuenta de la evidencia disponible. En cuanto a la existencia de Jesús, tenemos dos modelos posibles: el primero, supone que Jesús fue una ficción creada por un grupo de cristianos a partir de motivos, ideas, patrones e inspiraciones míticas de la época; el segundo supone un Jesús que existió, pero que a su alrededor se le creó toda una frondosa leyenda por parte de los creyentes de la época.

Dados los pasajes sobre Jacobo como el hermano de Jesús, y el hecho de que uno de ellos es de un testigo presencial, lo más razonable es suponer que el hermano del hermano de Jesús (es decir, Jesús) muy probablemente existió. Pues, el modelo adoptado por la mayoría de los expertos supone su existencia en el pasado. Todos los relatos fantásticos, milagrosos y apoteósicos que vemos en los evangelios no son otra cosa que un tejido frondoso de leyendas que se crearon alrededor de un personaje que realmente existió.

Es por esta razón, que mencionar leyendas, paralelismos míticos, entre otros, no es suficiente para que la inmensa mayoría de los especialistas piense que Jesús no existió.

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Muchas gracias.

Referencias

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