María, la madre de Jesús vista desde la crítica del Evangelio de Marcos (revisado)

Imagen de María
Imagen popular de María con el Niño Jesús.

Nota de revisión: Dos personas del grupo de Facebook “JESÚS HISTÓRICO” hicieron sendas críticas a este escrito que considero que son válidas. Una de ellas tiene que ver con el nivel de rechazo que tuvo “Marcos” hacia María en particular, que no fue al grado de “demonización”. El otro tiene que ver con el argumento de la primogenitura de Jesús contra la aserción de que el padre de Jesús tuviera hijos de un matrimonio anterior. El problema radica en que la primogenitura se determina por madre. En ese sentido, elimino ese argumento del artículo. Les agradezco a los amigos por la corrección.

4 de enero de 2022

I. Introducción

Anteayer fue el primer día del año 2022. Como es usual en el calendario católico, se celebra solemnemente el día de María, Madre de Dios. Fue el octavo día después del de Navidad del 2021, y usualmente es considerado uno de los pocos días de guardar.

La imagen que tenemos de María, la madre de Jesús es una especie de apoteosis que se mantuvo a la par con el proceso de deificación de su hijo, Jesús. El Concilio de Éfeso del 430 decide que Jesús era tan divino como humano sin contradicción alguna, razón por la que María podía considerarse sin reservas como “Θεοτόκος” (theotókos), la paridora de Dios, la madre de la Segunda Persona de la Trinidad. Aun con esta maternidad divina, ella es considerada un ser humano, estrictamente hablando. Pero fue y es una criatura muy especial, merecedora de hiperdulía, y persona que algunos católicos como Luis María Grignion de Montfort consideran mediadora de todas las gracias. De la misma manera que ella medió para hacer posible un milagro en las bodas de Caná, ella le pide a su Hijo todos los días la concesión de las gracias que pidamos.

La mayoría de estas creencias sobre ella se confeccionan a partir de tres evangelios: el de Mateo, el de Lucas y el de Juan. Sin embargo, existe poquísima reflexión en la mariología católica —especialmente la expuesta al público creyente— en relación con la figura de María en el Evangelio de Marcos. Hay ciertos miembros de la feligresía y del clero que piensan que la brevedad de los relatos que involucran a María no tienen suficiente sustancia mariológica como para prestarles atención.

No obstante la brevedad de estos pasajes, estos no deben subestimarse. En tan poco, se dice muchísimo, especialmente cuando se tiene en cuenta el motivo de la redacción de su autor. Aquí vamos a hacer un análisis de la figura de María en el Evangelio de Marcos y la explicación histórica dada por expertos católicos conservadores para ver cómo se sostienen a nivel crítico e histórico, y cuán compatible es el retrato de Marcos con el que sostiene la Iglesia Católica. Para el fin de presentar la argumentación católica, utilizo el comentario escrito por Mary Healy, de la serie de comentarios Catholic Commentary on Sacred Scripture. Espero ser justo con la exposición de Healy, y cualquier persona que dude de mi exposición de sus comentarios, los cito para que los lectores puedan cotejar lo que digo.

Nota técnica: Las citas bíblicas del Nuevo Testamento son todas del libro recientemente publicado y editado por Antonio Piñero (Piñero 2021) y se han modificado según la terminología que utilizo en este artículo.

II. María en el Evangelio de Marcos

Marcos evangelista
Marcos evangelista por Giuseppe Caletti (ca. 1660).

II.1. El trasfondo paulino del Evangelio de Marcos

El Evangelio de Marcos fue con toda probabilidad el primer evangelio escrito. Healy parece fecharlo para antes del 70 e.c., pero parece haber una mayoría de eruditos que piensa que fue en una fecha posterior, como el 72 o 73 e.c. Eso se debe a que uno de los sándwiches marcanos (ver más adelante) usan el relato de la higuera y el ataque de Jesús a los cambistas del Templo para aludir a la destrucción del recinto sagrado como señal de que la era presente estaba próxima a terminar (Marcos 11:12-21;13:28-31). La presencia de este sándwich tiene mejor sentido si suponemos que la destrucción de Jerusalén ha ocurrido.

Healy da por buena la tradición de que el autor se llamaba “Marcos”, que corresponde a un “Juan Marcos” del que habla Hechos de Apóstoles y que fue compañero de Pedro. Además de eso, toma esta tradición confirmada por 1 Pedro, cuya autoría supone que fue la del Apóstol mismo (Healy 2008, intro., “Who Is Mark?”). Aquí hemos discutido a saciedad y con lujo de detalles por qué es históricamente inverosímil la convicción de que Pedro escribió o mandó a un secretario a redactar una carta por él. Como admite Healy, el Evangelio de Marcos fue publicado anónimamente, así que no tenemos idea alguna de quién pudo haberlo escrito. Aquí le llamaremos “Marcos” entre comillas como manera conveniente para referirnos a él.

El propósito de “Marcos” parece haber sido resolver un problema que existía en la cristiandad de la época. Los únicos escritos que estaban circulando en el momento era probablemente las cartas auténticas de Pablo: 1 Tesalonicenses, Gálatas, 1 y 2 Corintios, Filipenses, Filemón y Romanos (Piñero 2015, 21, 25-26; Vidal 2012,15-16). Cualquiera que haya leído las cartas de Pablo conoce el problema principal de ellas, que no contiene casi ningún detalle en torno a Jesús fuera de uno que otro dicho, su muerte por crucifixión y su resurrección. La inmensa mayoría de lo que vemos en ella es un esbozo de la teología paulina, que podríamos resumir de la siguiente manera:

  • Jesús nació como un ser humano (“nacido de mujer”) descendiente de David (Romanos 1:3-4; Gálatas 4:4).
  • Fue un ser angelical o celeste que se hizo ser humano (Gálatas 4:14; Filipenses 2:7)
  • Se humilló a sí mismo “hasta la muerte de cruz” (Filipenses 2:8)
  • La crucifixión de Jesús le convirtió en una maldición desde la perspectiva de las Escrituras, razón por la que los gentiles (también malditos por las Escrituras) tenían las puertas abiertas para la salvación mediante la confianza en Yahveh mediante el Mesías (Deuteronomio 21:22-23; Gálatas 13:8-14,23-20).
  • La crucifixión fue un sacrificio vicario, un derramamiento de sangre en paga por los pecados de muchos. Con esta muerte, Cristo venció el pecado. Con la resurrección de los muertos, Cristo venció a la muerte (Gálatas 2:17-21; Romanos 3:21-26; 5-6).
  • Con esto se cumple la promesa de Yahveh a Abraham, de que sería el padre de múltiples naciones. De esa manera, mediante la confianza en Yahveh y en su hijo Jesucristo, se integrarían gentiles a los judíos en la reconstitución de Israel al final de los tiempos (Romanos 2:17-21;9-11).
  • Tras su resurrección, Cristo fue adoptado por Dios como su hijo y heredó el poder de señorío sobre el cosmos (Romanos 1:3-4; Filipenses 2:8-11).

Esto resume lo que Pablo llamaba “mi buen anuncio”, el evangelio (εὐαγγέλιον) paulino (Gómez Segura 2020, 223-266; Piñero 2015, 55, 57, 61-65, 97-108, 119-129, 178-200, 446-448, 451-453). En las cartas paulinas y pseudopaulinas, la ocurrencia de la palabra griega “εὐαγγέλιον” para referirse al evangelio paulino ocurre de unas 76 veces (Mason 2009). Con la sola excepción del segundo punto arriba, para todos los efectos Marcos incorpora esta teología de Pablo y le provee sustancia en la forma de relatos tradicionales en torno a Jesús. Configura toda la narrativa desde la adopción de Jesús como hijo de Yahveh y prepara al lector para su eventual muerte redentora y la resurrección, que está en el corazón del evangelio paulino. Como saben los eruditos, de entre los evangelios, la palabra griega “εὐαγγέλιον” (buen anuncio, evangelio), utilizada por Pablo para describir su mensaje, aparece el mayor número de veces en el Evangelio de Marcos (Mason 2009).

  • Evangelio de Marcos: 8 ocurrencias (incluyendo el final añadido de Marcos)
  • Evangelio de Mateo: 4 ocurrencias
  • Evangelio de Lucas: 0 ocurrencias (Hechos de Apóstoles: 2 ocurrencias)
  • Evangelio de Juan: 0 ocurrencias

De hecho, el Evangelio de Marcos explícitamente comienza de la siguiente manera:

Comienzo del buen anuncio [εὐαγγέλιον] de Jesús el Mesías.

Marcos 1:1

“Marcos” comienza el relato con la adopción de Jesús como hijo de Dios en el momento de su bautismo. Ese es el momento en el que el Espíritu Santo invade a un Jesús perfectamente humano, y le convierte en fuente de sabiduría y realización de prodigios. Utilizando tipología grecorromana y simultáneamente tipos que encontramos en la Biblia Hebrea, se predice que eventualmente Jesús sería entregado y moriría crucificado, pero que resucitaría. Para todos los efectos, “Marcos” forja una teología paulina narrada mediante una biografía grecorromana forjada con perícopas entretejidas que conducen a un “destino”, la muerte y resurrección (Bond 2020, 47-53; Collins 2007, 15-23; Marcus 2010, 99-106; Marcus 2014; Nelligan 2015, 44-48; Puente Ojea 1992, 14). Healy reconoce que el enfoque del evangelio es paulino, pero no mediante este extenso análisis (Healy 2008, intro, “Theological Themes”).

Esto no es irrelevante para nuestro tema. El evangelio paulino tenía sus opositores. Uno de ellos parece haber sido el liderato o de aquellos allegados a Jacobo, el hermano de Jesús. Pablo había llegado a un acuerdo con Jacobo, Pedro y Juan en Jerusalén, de que a los gentiles podían ser miembros del movimiento de Jesús sin requerírseles la circuncisión, siempre y cuando mostraran solidaridad enviando alguna colecta para los pobres de la congregación jerusalemita (Gálatas 2:1-10). Sin embargo, en Antioquía, Pablo denunció a Pedro y se opuso a algunos de los enviados de Jerusalén por, aparentemente, requerirle a los jesuanos judíos que no se sentaran junto a los gentiles. Tal vez involucró velar por el kosher, que es una de las obras de la Torah que, según Pablo, no debía requerírsele a los gentiles conversos. Esto iba en contra del mismo evangelio paulino en el que tanto judíos como gentiles se encontraban en plena igualdad de condiciones gracias a la confianza en el Mesías (Gálatas 2:11-14). Pablo también protestó contra una aparente doble vara que se le quería aplicar a los predicadores de los gentiles como Bernabé y él. Los apóstoles como Pedro y los hermanos de Jesús podían llevar consigo a sus esposas, pero ellos no. Los familiares de Jesús no lucen bien en las cartas paulinas.

Sin duda, esta realidad de hostilidad del sector paulino y pospaulino se refleja en el Evangelio de Marcos, especialmente en todos los pasajes que se refieren a los familiares de Jesús. Eso incluye a su madre.

II.2. ¿Qué dice el sándwich?

Imagen de un sándwich
Imagen en el dominio público.

Uno de los recursos narrativos que utiliza el Evangelio de Marcos es lo que se ha llegado a conocer informalmente como un “sándwich marcano” (Edwards 1989; Shepherd 1993). Este es un recurso en el que Marcos emplea una tradición que ha recibido, la divide en dos (como el pan) e introduce “el jamón” de otra tradición en el medio (e.g. Marcos 3:20-35; 5:21-43; 6:7-30; 11:12-25; 13:5-26; 14:1-11,18-25, 53-72). Uno de esos famosos sándwiches tiene que ver con los familiares de Jesús. Lo citaremos aquí completo, pero pondremos en negrillas unas tradiciones relacionadas y en itálicas la otra no relacionada:

[Jesús fue] a una casa y se congregó de nuevo la multitud, de modo que no podían ni comer. Y los suyos, al oírlo, salieron para llevárselo por la fuerza, pues decían: ¡Está fuera de sí!

Los escribas, los que habían bajado de Jerusalén decían:

—Tiene a Beelzebul y por el príncipe de los demonios expulsa a los demonios.

Él, llamándolos junto a sí, les decía en parábolas:

—¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo ese reino no puede mantenerse. Y si una casa está dividida contra sí misma esa casa no puede mantenerse. Si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido no puede subsistir, sino que está llegando a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear sus bienes si primero no ata al fuerte; entonces podrá saquear su casa.

En verdad os digo: todo se perdonará a los hombres, los pecados y las blasfemias, cualesquiera que digan. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tiene jamás perdón, sino que es reo de pecado eterno.

Porque decían: ¡Tiene un espíritu inmundo!

Llegaron su madre y sus hermanos, y quedándose fuera lo mandaron a llamar. Mucha gente estaba sentada a su alrededor y le dijeron:

—¡Mira! Tu madre, tus hermanos y tus hermanas te buscan fuera.

Él les respondió:

—¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?

Y mirando fijamente a los que estaban sentados en corro a su alrededor, dijo:

—He aquí mi madre y mis hermanos. Pues el que haga la voluntad de Dios ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.

Marcos 3:20-35

Healy reconoce que estos pasajes se tratan de un sándwich marcano, pero su análisis añade cierta información. Como buena católica, señala que cuando Marcos se refiere a los “hermanos de Jesús”, se debe suponer que se trata de tíos o primos de Jesús que estaban acompañando a María. Esto seguramente procede de la interpretación tradicional católica que supone el dogma de la virginidad perpetua de la madre de Jesús. Nuestra comentarista afirma correctamente que la primera perícopa (el primer “pan” del sándwich) nos muestra unos familiares, incluyendo a María, que no entienden de manera debida a Jesús. Nos dice Healy que ella, la madre de Jesús, continuaba intentando comprender los misterios de las acciones de su hijo (Healey 2008, “A New Israel and a New Family”, “Jesus Is Misunderstood by His Own (3:20-21)”).

Ahora bien, Healey también nos provee un trasfondo para comprender la actitud de la familia, su deseo de arrestar a Jesús diciendo que estaba “fuera de sí”. En aquella época, el individuo no era una persona independiente de su familia, sino una extensión de ella. Una sociedad patriarcal como la judía esperaba que Jesús asumiera una responsabilidad familiar para proveer sustento y cuidado a una madre que, de acuerdo con Healy, había quedado viuda por la muerte de su marido. Las acciones de Jesús se adherían socialmente a la reputación de la familia.

Aun con todo, Healy aclara que este dicho de que él estaba “fuera de sí” no provenía de los familiares, sino que parece indicar que los demás presentes lo estaban alegando. Hubo un rumor entre los presentes de que las actividades de Jesús se debían a que estaba endemoniado de alguna forma (Healy 2008, “A New Israel and a New Family”, “Jesus Is Misunderstood by His Own (3:20-21)”).

Nos parece que esta interpretación es marcadamente apologética y no corresponde al sentido original del texto, al menos de acuerdo a la estructura del sándwich. Abundaremos más sobre ello en la sección IV de este escrito.

II.3. La visita de Jesús a Nazaret

Jesús leyendo en la sinagoga en Nazaret
Jesús leyendo en la sinagoga en Nazaret, por James Tissot (1894).

Nos dice el Evangelio de Marcos:

… [Jesús] vino a su patria y lo siguieron sus estudiantes. Llegado el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y muchos de sus oyentes se admiraban y decían:

—¿De dónde le vienen a este tales cosas? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos portentos realizados por sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María y el hermano de Jacobo, Joseto, Judas y Simón? ¿No están sus hermanas aquí entre nosotros?

Y se escandalizaron por ello. Jesús les decía:

—Un profeta no es deshonrado sino en su patria, entre sus parientes y en su casa.

No podía hacer allí ningún portento, sino que curó unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe.

Marcos 6:1-6

Lo llamativo de lo narrado es que parece implicar que previo a su bautismo e invasión interna por el Espíritu Santo, Jesús era un varón común y corriente. Sus sabias enseñanzas eran totalmente inesperadas, porque de la manera que le conocían, no solía enseñar de esa manera profética. Lo que llama la atención es que implícitamente tenemos otra instancia en que Jesús denuncia no solo a sus vecinos, sino a su familia: “Un profeta no es deshonrado sino en su patria, entre sus parientes y en su casa.”

Healy menciona el hecho de que los vecinos de Nazaret se sorprendían de la predicación de Jesús. Sin embargo, no explica la sorpresa, solo la reconoce. El verso que menciona a su familia ciertamente cumple la función literaria de enfatizar que los habitantes les conocían perfectamente bien, que conocían muy bien a Jesús, y que no esperaban de él este nivel de sabiduría. Healy supone que el motivo de la sorpresa es que los vecinos de Nazaret esperaban que Jesús volviera a sus labores familiares como tektón (ella traduce “carpintero”, pero este término puede designar una amplia gama de labores manuales). Al escucharle hablar de la nueva predicación del Reino de Dios, los vecinos se “escandalizaron” de él. No obstante, en este caso particular, no ilustra esta instancia como parte del tema literariamente recurrente en este evangelio, que Jesús no era comprendido por familiares, vecinos o sus propios estudiantes. Tampoco hace referencia alguna a que los “parientes” de Jesús (mencionados explícitamente en la perícopa, algunos por nombre) rechazaban a los profetas, implicando que lo mismo le ocurría a él (Crossan 1973, 98-105).

II.4. Las mujeres contemplando la muerte y sepultura de Jesús … a lo lejos

Crucifixión - Gustave Doré
Crucifixión de Jesús, grabado de Gustave Doré (1867).

Cuando Jesús fue crucificado, el Evangelio de Marcos menciona que unas mujeres eran testigos de ello:

Había también mujeres que estaban mirando desde lejos, y entre ellas estaban María Magdalena y María, la de Jacobo el menor y madre de Joseto [traducción más plausible: “María, la madre de Jacobo el menor y Joseto”], y Salomé, quienes cuando estaba en Galilea, lo seguían y servían, y muchas otras que habían subido con él a Jerusalén.

Marcos 15:40-41

María Magdalena y María de Joseto observaban donde había sido puesto [sepultado].

Marcos 15:47

Debido a la inercia cultural, muchos de nosotros crecimos con la imagen de las mujeres “a los pies” de la cruz. Sin embargo, esa imagen proviene del evangelio más tardío, el de Juan. En Marcos, nuestra fuente más temprana en torno al tema de la Pasión, las mujeres que acompañaban a Jesús veían tanto su muerte como sepultura de lejos. Para el evangelio, el conocimiento del lugar de entierro por parte de las mujeres es un recurso literario como preparación para la noticia de la resurrección, narración que discutiremos más tarde en esta sección.

Lo que sí llama la atención es la referencia a una de las mujeres como “María, la de Jacobo el menor y madre de Joseto”. Es extraño que este “Jacobo” y “Joseto” aparezcan aquí en el mismo orden que aparecen los primeros dos hermanos de Jesús en el relato de Nazaret. ¿No sería esta María la madre de Jesús? En tal caso, ¿por qué no se refiere a esta María como “madre de Jesús”?

Healy nos da la respuesta católica a esta interesante coincidencia en el pasaje. En primer lugar, ella correctamente nos señala que es la primera ocasión que se mencionan a las mujeres. Esto puede tener un motivo: sirven de contraparte presencial a los discípulos Pedro, Jacobo (hijo de Zebedeo) y Juan, quienes salieron huyendo. En segundo lugar, la María “madre de Jacobo y Joseto” no es la madre de Jesús, sino otra María, alguna tía de Jesús, madre de sus primos, ambos de ellos nombrados previamente en el relato de Nazaret. Esto se justifica debido a que en el Evangelio de Juan, presentes en la crucifixión hay una “María esposa de Clopás” que no es la madre de Jesús (Juan 19:25). De esta manera, no solo Jacobo y Joseto, sino Judas y Simón deben verse como primos de Jesús (Healy 2008, “The Crucifixion”, “The Death of Jesus”).

Una vez más, tenemos dudas con esta respuesta católica. En primer lugar, no contamos solo con el relato de Marcos, sino también de Mateo y Lucas, quienes toman el material marcano y en ocasiones lo corrigen. Aun en el caso del Evangelio de Lucas, que ensalza la figura de María en sus dos primeros capítulos, la madre de Jesús no es mencionada en la narración de la crucifixión, aunque hacemos la salvedad que “Lucas” añade a unos “conocidos” entre los presentes (Lucas 23:49). Hoy día está emergiendo un nuevo consenso de que los redactores del evangelio de Juan efectivamente conocían mínimo el evangelio de Marcos (Becker, Bond & Williams 2021). Actualmente, hay algunos eruditos como Mark Goodacre, Gonzalo Fontana y Antonio Piñero que han llegado a la conclusión de que “Juan” conocía los tres evangelios sinópticos (Piñero 2021, “Evangelio de Juan”, intro.). El significado de la escena de las mujeres a los pies de la cruz va más allá del tema que nos compete, pero lo he discutido más a fondo en este artículo. En suma, si asumimos que “Juan” estuvo familiarizado con los demás evangelios, la hipótesis más viable que explica el texto es que esa escena de las mujeres y el estudiante amado a los pies de la cruz es una ficción narrativa que tiene como fin legitimar la posición del estudiante innominado como superior a la autoridad de los familiares de Jesús. Por ende, el uso de Juan debe ser cuestionado a la hora de identificar quién fue “María, la madre de Jacobo y Joseto” en el Evangelio de Marcos.

II.5. El relato de la resurrección

Las mujeres visitando la tumba
Las mujeres visitando la tumba por James Tissot (1894). Cortesía del Museo de Brooklyn.

Y pasado el sábado, María Magdalena, María la de Jacobo y Salomé compraron especias para ir a ungirlo. Muy temprano por la mañana, en el primer día de la semana, fueron a la tumba después de salir el sol. Y se decían unas a otras:

—¿Quién nos hará rodar la piedra de la puerta del sepulcro?

Pero al levantar la vista, vieron que había sido ya apartada, pues era muy grande.

Y tras entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, cubierto con una vestimenta blanca, y se asombraron mucho.

Él les dijo:

—No os asombréis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el Crucificado? Ha resucitado; no está aquí. Ved el lugar donde lo colocaron. Pero id, decid a sus estudiantes, y a Pedro, que va delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, tal como os dijo.

Mas ellas salieron y huyeron de la tumba, pues el temor y el asombro se había apoderado de ellas. Y a nadie dijeron nada, porque tenían miedo.

Marcos 16:1-8

Este último verso se considera el verdadero final del Evangelio de Marcos, los versículos subsiguientes son considerados universalmente por los expertos como unos añadidos posteriores. Existe entre muchos creyentes (y no creyentes) la idea de que las mujeres les reportaron a los Doce la resurrección de Jesús. Sin embargo, eso no se encuentra tan siquiera en la versión original del evangelio de Marcos. Al contrario, el escrito termina con su tema recurrente: ni los familiares, ni los vecinos, ni los estudiantes … ni tan siquiera las mujeres que le acompañaban, entendieron lo ocurrido. Un varón joven (no especifica que fuera un ángel) les dice a las mujeres que no temieran, que fueran a donde sus estudiantes y les notificara al respecto. Sin embargo, no solo temieron, sino que salieron huyendo y no le dijeron nada a nadie. Algunos expertos piensan que se perdió una página del texto original, porque es inverosímil que el evangelio hubiera terminado de manera tan abrupta. Si tal página existió, hoy día no se puede recuperar. Todo esto es reconocido explícitamente por Healy en su comentario, aunque supone que el joven era un ángel (Healy 2008, “The Resurrection”).

La posición católica en relación con las mujeres es la misma de la misma de la subsección anterior. Por lo tanto, para ella, María no formó parte de ese grupo de mujeres que rehusó seguir las instrucciones del joven.

III. El problema de los hermanos de Jesús en el catolicismo

Esta sección consiste en una versión modificada de lo que discutí en una sección de este otro artículo.

El catolicismo sostiene oficialmente el dogma de la virginidad perpetua de María: ella permaneció virgen antes, durante y después de dar a luz a Jesús. Este dogma tiene sus raíces primordiales en los relatos de los evangelios de Mateo y Lucas (el “antes y durante”), y en textos apócrifos el siglo II, cuando se empezaba a defender que María fue virgen después de parir a Jesús.

En el siglo II, cuando comenzó a defenderse la idea de una virginidad perpetua de María (como en el Protoevangelio de Jacobo), se presentaba al padre de Jesús, José, como un anciano, viudo, con hijos suyos (los hermanos de Jesús) que fue escogido por Dios para ser esposo de María.  En algunas denominaciones cristianas en el mundo, todavía se defiende que el padre de Jesús había estado casado  y que era anciano, como manera de defender la idea de que María nunca tuvo hijos después de dar a luz al Mesías. El problema principal de este argumento es que los evangelios de Mateo y Lucas, que son anteriores al Protoevangelio de Jacobo y reducen los elementos hostiles de Marcos, no tienen tal información en sus respectivas narraciones de la infancia. Esto nos lleva a pensar que este presunto dato, de que José tuvo un matrimonio anterior, aparece en el Protoevangelio para salvar la idea de que María siempre se mantuvo virgen y no dio a luz a los hermanos de Jesús.

La segunda idea para defender, de alguna manera, la virginidad perpetua de María, es que los hermanos de Jesús eran, en realidad, otros tipos de parientes tales como primos de él. Esta ciertamente la posición del catolicismo romano defendido por Mary Healy en su comentario. Esta convicción no apareció durante los primeros tres siglos del cristianismo hasta que fue formulada por primera vez por Jerónimo en el siglo IV, es decir, casi cuatrocientos años después de la vida de Jesús.

Se presentan varios argumentos para sostener esta posición. Tenemos varios casos en la Biblia Hebrea en que los llamados “hermanos” en ese texto, en realidad, eran de relación tío-sobrino o primos. Un caso del primero, es la relación de Lot con su tío, Abraham (Génesis 11:26-32; 13:8) Un ejemplo del último podemos encontrarlo en una genealogía en 1 Crónicas, en la que se dicen “hermanos” personas que son claramente primas. (1 Crónicas 23:21-23) Lo mismo vale para el arameo, idioma que hablaba Jesús en su tiempo. Todo esto suena muy bien, pero los evangelios y las cartas paulinas no fueron escritas en hebreo o arameo, sino en griego, idioma en el que no solo existe la palabra griega adelfós (ἀδελφός) para “hermano”, sino anepsiós (ανεψιός) para “primo”.

Se podría argumentar que los evangelistas o personas en los que dependían su información, tradujeron directamente la palabra “hermanos” en arameo a griego, creando la confusión. Esta explicación se derrumba cuando nos percatamos que, cuando Pablo hablaba de Jacobo, “el hermano del Señor”, no estaba reproduciendo ningún otro texto, sino que estaba componiendo cuando hablaba de cómo le conoció e interactuó con él en Jerusalén (Gálatas 1:19-2:14) Tenemos como evidencia del conocimiento de este tipo de relaciones familiares en una carta falsamente atribuida a Pablo, Colosenses, donde el autor se refiere a un tal “Marcos” como primo (anepsiós) de Bernabé (Colosenses 4:10). Peor todavía, existe otra fuente externa al Nuevo Testamento que habla de Jacobo como “el hermano [no primo] de Jesús, el llamado “Cristo’”, Flavio Josefo, cuando narraba en griego su ejecución (Antigüedades judías XX:9,1). 

Para darle un respiro final a la suposición de que los “hermanos” de Jesús eran, en realidad, primos, usualmente se apela al hecho de que los nombres “Jacobo” y “Joseto” (especialmente este último) están asociados a otra María, que no era la madre de Jesús, es decir, la María que estaba a los pies de la cruz. (Marcos 15:40) Para muchos, la terminación “Joseto” debería establecer dicho vínculo con esa María. El problema con esta explicación es que se le da un apodo de ese Jacobo, “el pequeño” (el menor), algo no aparece en toda la literatura referente al hermano de Jesús durante el primer siglo. Aun con eso, como veremos más adelante, el orden de “Jacobo y Joseto” hace que coincida con los primeros dos nombres de los hermanos de Jesús mencionados durante la visita de Jesús a Nazaret. Algunos apologetas católicos piensan que Jacobo se trataba del hijo de Alfeo (¿o Clopás?) y que formó parte de los Doce. (Marcos 3:18; Juan 19:25) Sin embargo, la tradición primitiva es clara de que el Jacobo que es hermano de Jesús es distinto a los dos Jacobos de los Doce (e.g. la tradición que afirma que Jesús se le apareció resucitado a los “Doce” y después a Jacobo, su hermano, 1 Corintios 15:5,7).

El sacerdote y experto en el Jesús histórico, John P. Meier, en su laboriosa obra exegética sobre el histórico Jesús, llega a la conclusión de que las diversas explicaciones para defender la virginidad perpetua de María se hunden ante los criterios estrictamente historiográficos. Por ende, adoptando estos en cuenta, no queda de otra que concluir que los llamados “hermanos” de Jesús, se refieren efectivamente a los hermanos consanguíneos provenientes del mismo vientre de la madre de él. Este representa, por ahora, el consenso de los eruditos del Nuevo Testamento. Todos los esfuerzos para otra cosa, son de naturaleza puramente religiosa y apologética para defender un dogma de fe (Meier 1998, 325-342).

IV. El verdadero mensaje de “Marcos”

Ante lo que acabamos de concluir, debemos retroceder un poco para mirar el panorama en su conjunto y ver el mensaje de “Marcos” en relación con los familiares de Jesús, en particular su madre, María.

Tenemos en el Evangelio de Marcos muchas instancias del llamado “secreto mesiánico”, en el que sus familiares y allegados en su labor evangelizadora le rechazan o no entienden su mensaje. La familia de Jesús tiene la peor tajada de todas. Al menos los estudiantes formaron parte de la “nueva familia” de Jesús. Sin embargo, el sándwich marcano que hemos visto deja a su “antigua familia” en una peor posición.

Existe un debate actual sobre si la primera y tercera perícopa que compone el sándwich son una o dos tradiciones distintas. Sin embargo, lo que las unifica es un denominador común son los familiares de Jesús. La primera tradición (de los “panes del sándwich”) consiste en un relato sobre una tensión que hubo entre Jesús y su familia: su madre, hermanos y hermanas. La familia de Jesús (“los suyos”) decía que estaba “fuera de sí”. En la antigüedad era usual explicar como obra demoníaca los problemas que actualmente vemos como mentales.

¿De qué se trata el segundo relato (el “jamón del sándwich”? De cómo Jesús expulsaba a los demonios porque “estaba poseído por Beelzebul, el príncipe de los demonios”. El segundo pasaje modifica el sentido original del primero. Al adscribir el poder de Jesús a un demonio, y no al Espíritu Santo, los escribas cometieron un pecado contra el Espíritu Santo que habitaba y actuaba en él.

Esto tiene serias implicaciones para los familiares que se reflejan en el tercer relato del sándwich (el otro “pan”), cuando sus familiares le buscaban. Lo que Jesús les dijo a los escribas, en el contexto creado por “Marcos”, se implicaba que sus familiares cometieron una blasfemia contra el Espíritu Santo, por tanto jamás serían perdonados. Como resultado, el tercer relato presenta a Jesús rechazando a su familia, y cambiándola por una nueva: sus estudiantes y seguidores. Con el contexto paulino de Marcos, y Jesús como transmisor del buen anuncio paulino, el mensaje es obvio: aquellos que sigan el mensaje paulino son la verdadera familia de Jesús; los familiares de sangre del Mesías no cuentan, porque al declararle “fuera de sí”, blasfemaron contra el Espíritu Santo (o algo cercano a eso) (Crossan 1973, 85-98; Marcus 2010, 306-308, 315-327).

No sé si lo que ahora diré se haya propuesto antes, pero sostengo que en este episodio en particular, cuando Jesús señala a su “nueva familia”, “Marcos” literariamente hace que Jesús rompa el vínculo familiar con sus hermanos (mencionados por nombre) y madre, María. Esto se confirma cuando Jesús visitó a Nazaret se quejó de que un profeta como él era rechazado por sus parientes.

Esto nos deja con un problema restante, la presencia de una María “madre de Jacobo y Joseto”. La explicación oficial del catolicismo de que el listado de hermanos de Jesús en Marcos 6:3 se asocia a esta María se hace para defender un dogma de fe, con criterios totalmente ajenos a la historiografía científica. Aun con todo, no deja de molestar el hecho de varios factores:

  • En el pasaje de la visita de Jesús a Nazaret, la madre y los hermanos son mencionados por nombre, pero no las hermanas.
  • Los nombres de los hijos de la María “madre de Jacobo y Joseto” coincide con dos de los cuatro nombres de los hermanos de Jesús mencionados en el evangelio, y aparecen exactamente en el mismo orden.

No hace falta ser católico para ver aquí algún tipo de asociación. Puede ser que no se nos den los nombres de las hermanas de Jesús precisamente porque los nombres de los hermanos servirían para identificar como la madre de Jesús a la María “madre de Jacobo y Joseto”. Se mencionan a Judas y Simón porque estos dos nombres parecen asociados al liderato jerosolimitano en tiempos del redactor del evangelio. Señal de esto es que hubo dos autores autor que se hicieron pasar por “Judas”, el autor de la Carta de Judas —que encontramos en nuestros Nuevos Testamentos— y el autor del Evangelio de Tomás, atribuido a “Judas Tomás Dídimo”. Según Eusebio de Cesarea, una vez murió Jacobo, el hermano de Jesús, le sucedió un Simeón primo de Jesús, cuyo nombre sospechosamente es semejante al de Simón, el hermano de Jesús (Historia eclesiástica III,11). En una época del siglo II al IV, en la que hubo intentos de desvincular cada vez más a los hermanos de Jesús de su filiación con María, esta noticia debe tomarse con pinzas.

Es una hipótesis sostenida por algunos estudiosos que esta María, “madre de Jacobo y Joseto” no es otra que la madre de Jesús. Debido a los intereses pospaulinos de “Marcos”, y debido a que la “antigua familia” de Jesús ya había sido sustituida, el autor del evangelio ya no ve la necesidad de establecer esta vinculación materno-filial. Solo avisa que es ella al llamarle “la de Jacobo y madre de Joseto”, “la de Joseto” o “la de Jacobo”. No solamente eso, sino que es degradada en el evangelio, porque se la menciona en segundo lugar después de María Magdalena, quien no era familia consanguínea de Jesús (Bütz 2005, cap. 2; Crossan 1973, 105-110; Painter 1999, 23; Tabor 2006, cap. 4, “The Mystery of the ‘Other’ Mary”).

Si esto es correcto, entonces lo lógicamente esto nos lleva a una peor conclusión: que la madre de Jesús, junto a María Magdalena y Salomé, fue notificada de la resurrección de su hijo, pero desobedeció a la orden del joven que les anunció el evento. Obviamente, tal perspectiva choca con la visión católica de una María siempre obediente y dispuesta a cumplir la voluntad de Dios (Crossan 1973, 109-110).

V. La historicidad de los relatos marcanos

Para propósitos de no extendernos demasiado en este artículo, voy a usar el paradigma indiciario propuesto por Fernando Bermejo Rubio que consiste en:

  1. Patrones recurrentes: Este método difiere significativamente de la criteriología en que no se enfoca en la historicidad de perícopas individuales que encontramos de los evangelios, sino datos que aparecen de manera recurrente después de haber llevado a cabo una crítica apropiada de los textos. La teoría de este criterio está relacionada con la perspectiva de memoria social que conservan las culturas: usualmente lo que se sostiene a nivel general y a grandes rasgos suele ser más o menos fiel a los hechos acontecidos. Este método es uno usado por Dale C. Allison, Chris Keith, Fernando Bermejo, entre otros.
  2. Indicio de dificultad: Esta es una versión más debilitada del criterio de dificultad. El énfasis indiciario es que, contrario a los llamados “criterios de autenticidad”, se toma como indicio (no como absoluta certeza o autenticidad) aquellos datos que se explican mejor si resultan embarazosos o difíciles para los autores, llevándoles a buscar su giro apologético que explique dichos acontecimientos aparentemente ampliamente aceptados por ciertos (Bermejo Rubio 2018, 53-62).

En cuanto a la historicidad de estas relaciones familiares, se podría argumentar por indicio de dificultad que esta tensión entre Jesús y su familia existía. Sin embargo, esto debe matizarse al enfatizar que hay un interés de “Marcos” de erosionar la autoridad de los hermanos de Jesús y su familia en su tiempo: tanto de Jacobo como de sus sucesores en Jerusalén. Asimismo, existe un patrón literario que permea en todo el evangelio, de que los familiares, vecinos, seguidores y estudiantes de Jesús nunca llegaron a entenderle plenamente. Parte de la razón de ello es que “Marcos” implícitamente declara su superioridad de la comprensión del Mesías sobre la de los mismos apóstoles galileos y los familiares de Jesús. No solo eso, debemos tener en cuenta que el mero hecho de que los familiares de Jesús llegaran a participar del liderato de la congregación jerusalemita pone en duda el extremo que les coloca “Marcos” en su texto.

Por otro lado, como Healy nos recuerda, históricamente un individuo era considerado miembro de una familia. Por ende, lo que llegaba a hacer una persona se reflejaba en el colectivo familiar. En ese sentido, es históricamente verosímil que los familiares de Jesús le buscaran para arrestarle una vez comenzó su ministerio —y abandonó sus deberes familiares—. Además, tenemos en Marcos, Mateo y Lucas unos dichos muy importantes atribuidos a Jesús que no son exactamente “a favor de la familia”.

Os aseguro que nadie hay que haya dejado casa, o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o campos por mi causa y por la buena noticia, que no reciba el céntuplo ahora, en este tiempo, en casas, hermanos, hermanas, madre, hijos, campos, con persecuciones, y en la nueva era por venir, la vida eterna.

Marcos 10:29-30

No penséis que vine a traer paz en la tierra; no he venido a traer paz, sino espada; porque vine a enfrentar al hombre “con su padre y a la hija con su madre y a la nuera con su suegra y los enemigos del hombre serán los de su casa”. El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí, y el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí.

Mateo 10:34-38

Si uno viene a mí y no odia a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas y hasta a sí mismo, no puede ser mi estudiante.

Lucas 14:26

La tensión de Jesús con su familia, el tardío ingreso de Jacobo a las filas del movimiento de Jesús y estos dichos muestran un patrón recurrente. Los familiares de Jesús no creyeron en él, no favorecían su labor misionera. En cambio, Jesús dejaba entrever de manera muy consecuente que él estaba dispuesto a dejar su familia para llevar a cabo su labor misionera.

Existen dudas razonables de que en principio Jesús estuviera en principio en contra de las relaciones familiares como se practicaban en su época en Galilea. El abandono de la familia tenía que ver con su perspectiva apocalíptica de la pronta llegada del Reino de Yahveh. Las labores familiares eran una distracción ante el inminente cambio de orden político, religioso y cósmico. Esto le impulsó a tomar unas actitudes genuinamente sectáreas: el sometimiento incondicional a su mensaje o la destrucción del fuego de la gehena; por tanto, había que abandonarlo todo, incluyendo la familia (“odiar” a los familiares), porque el Reino de Dios se establecería pronto (Ávalos 2015, 50-89).

Hay indicios también de datos históricos, como por ejemplo, que María estuviera entre el grupo de familiares que buscaba a Jesús y la ausencia del padre. Eso significa que probablemente que su padre había muerto.

Existía un rumor —que algunos expertos sostienen como posibilidad histórica— que Jesús era hijo ilegítimo de un soldado llamado Pantera. Orígenes nos cita esta acusación por parte de un pensador anticristiano llamado Celso quien decía:

… cómo la madre de Jesús encinta, fue echada de casa por el carpintero que la había desposado, convicta de adulterio, y cómo dio a luz un hijo habido de cierto soldado de nombre Pantera.

Orígenes, Contra Celso I:32

Hay declaraciones semejantes en el Talmud. Pero esa acusación es muy posterior y tiene visos de ser derivado del alegado nacimiento virginal de Jesús. El nombre “Pantera” es demasiado cercano a la palabra griega “παρθένος” (parthénos) que significa “virgen” (Borg y Crossan 2007, 105-106).

El otro argumento a favor de la ilegitimidad filial de Jesús es un verso que aparece en el Evangelio de Juan en el que sus oponentes dicen:

Nosotros no hemos nacido de la prostitución, tenemos un solo Padre, Dios.

Juan 8:41

Esto toma el tono como si los adversarios le dijeran a Jesús: “Nosotros no hemos nacido de la prostitución, pero tú sí.” Sin embargo, al ver el verso completo, ya empezamos a ver un problema. Los judíos (que son los adversarios de Jesús en este texto) estaban argumentando que ellos eran hijos legítimos de Abraham e hijos de Dios. Ser “hijo de la prostitución” siempre fue una frase que se empleó para aquellos que rompieran la Alianza con Yahveh y adoraran a otros dioses. La figura de una prostituta aparece asociada en el judaísmo a una relación adúltera o de filiación con Dios. Citaré el pasaje para que observemos el verso mejor en contexto:

Contestaron [los judíos] diciéndole:

—Nuestro padre es Abraham.

Jesús les replicó:

—Si fueseis hijos de Abraham, haríais las obras de Abraham; pero ahora buscáis matarme a mí, el que os ha dicho la verdad que oí a Dios; eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.

Entonces le dijeron:

—Nosotros no hemos nacido de prostitución; tenemos un solo Padre, Dios.

Les respondió Jesús:

—Si Dios fuese vuestro padre, me amaríais, pues yo vine y estoy aquí de parte de Dios; porque no vine por mí mismo, sino que él me envió. ¿Por qué no conocéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros tenéis por padre al Diablo y queréis los deseos de vuestro padre.

Juan 8:39-44

En otras palabras, el asunto la paternidad terrenal de Jesús no es problematizada en ningún lugar, sino solo su alegato de ser “hijo de Dios”. El texto cuestiona la paternidad reclamada por los judíos adversarios de Jesús, en cuyo caso les dice él que su padre no era Dios, sino el Diablo.

El otro problema que tengo con esta propuesta es que nuestro dato más temprano en torno al grupo de hijos de María es que Jesús era el primogénito, como vimos en la sección III. Si Jesús fue hijo de un soldado romano y nunca María tuvo un esposo, ¿de dónde vinieron los hermanos de Jesús? No vemos en la literatura más temprana del cristianismo una especie de defensa o apología de la filiación legítima de Jacobo, por dar un ejemplo.

Aunque la posibilidad no debe excluirse, todo esto apunta a que la acusación a Jesús como hijo ilegítimo es tardía, rumor que fue producto de las discusiones de los relatos de la virginidad de María que aparecen en los evangelios de Mateo y Lucas. Si a lo anterior añadimos que ni Pablo ni Marcos presentaban a Jesús como milagrosamente nacido de una “virgen”, entonces debemos concluir que las tradiciones de Jesús como hijo de una virgen fueron igualmente tardías: Mateo lo “infirió” por crear un relato de la infancia de Jesús para que se cumpliera una profecía que encontró en una versión griega de la Biblia Hebrea que traducía el “‘almah” hebreo (mujer joven, doncella) de Isaías 7:14 como “parthénos” (virgen) (Vean nuestro artículo sobre ello aquí y aquí). Lucas, probablemente inspirado en el Evangelio de Mateo, añade dos capítulos a su evangelio previo (que comenzaba originalmente en el capítulo 3) y produjo una narrativa relativamente independiente de la de Mateo por razones distintas (Vean nuestro artículo sobre ello aquí, aquí, aquí y aquí).

Nota técnica: Los que hayan leído esa última oración probablemente se sorprendan que alegue que “Lucas” conociera el Evangelio de Mateo. En estos últimos meses, en la medida que he podido, he estado leyendo la obra de Mark Goodacre, Ken Olson, John Kloppenborg, Antonio Vargas Machuca, Senén Vidal, Antonio Piñero, Santiago Guijarro y otros en torno al llamado “problema sinóptico”. He llegado a la conclusión (no final y firme, pero me inclino a ello) de que “Lucas” usó de alguna manera el Evangelio de Mateo para la confección de su texto. Podría escribir sobre ello más adelante en el blog este año.

VI. Conclusión

Debido al pospaulinismo del Evangelio de Marcos y su polémica con la familia de Jesús y su liderato en Jerusalén, no se presenta a María de la mejor manera. Al contrario, todo indica que la madre de Jesús fue explícitamente despreciada por “Marcos”. Aparentemente, mediante un sándwich marcano, le involucraba en una acusación familiar de que su hijo estaba fuera de sí, insinuando que estaba endemoniado. Esto era una blasfemia contra el Espíritu Santo, un pecado imperdonable, razón para que Jesús rompiera sus lazos ella y sus hermanos, para adoptar como su nueva familia a los seguidores del mensaje pospaulino marcano. Y aunque estuviera presente en la muerte y viera su sepultura, cuando un joven le avisó sobre la resurrección y le dio unas instrucciones rehusó llevarlas a cabo por miedo. En otras palabras, “Marcos” tenía el propósito de degradar a los familiares de Jesús, y en el proceso, su hostilidad salpicó a María, la madre. En los demás evangelios, especialmente en el de Mateo, Lucas, se suavizaría mucho más esta hostilidad hacia ella.

Ahora bien, a nivel histórico, todo esto debe tomarse con sumo cuidado. Sabemos por indicio de incomodidad y patrones recurrentes que hubo alguna tensión entre Jesús y sus familiares (tal vez su madre). Esto es consecuente con la actitud sectaria que sostenía Jesús en relación con los familiares de los creyentes. Sin embargo, el sesgo tan marcado del Evangelio de Marcos y el hecho de que los familiares de Jesús hayan liderado la congregación de Jerusalén nos deben mantener cautelosos. De María no sabemos mucho históricamente, fuera de que fue la madre de Jesús, que vivió en Nazaret, que tuvo múltiples hijos, entre otros detalles más.

La visión marcana sobre ella y la María histórica difieren mucho de la perspectiva católica aceptada por los dogmas de la Iglesia. Las explicaciones de Healy que sin duda aportan un poco al tema, nos deja insatisfechos en este sentido. Lo triste es que el católico promedio no conoce esta información proveniente de la crítica y la historia. Su retrato de la Virgen María está muy marcado por la mitología en torno a ella elaborada por tres evangelios (Mateo, Lucas y Juan). Asimismo, no ponen en tela de juicio los dogmas de fe que constituyen los lentes con los que se leen estos textos sin poderlos mirar críticamente.

Imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro.
Imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro.

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Muchas gracias.

Referencias

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Bermejo Rubio, Fernando. 2018. La invención de Jesús de Nazaret. Historia, ficción, historiografía. Madrid: Siglo XXI de España. Google Books (paginación de la versión PDF).

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