¿Es el Papa el sucesor de Pedro? – 3: Pedro en los evangelios

Los cuatro evangelistas
Los cuatro evangelistas de Rubens (ca. 1614).

Partes de la serie: 1, 2

Nuestra discusión anterior dejó claro el panorama y trasfondo de la época en la que se escribieron los evangelios. Difícilmente se puede argumentar que hubo un solo parecer, más o menos homogéneo, entre las comunidades o congregaciones del movimiento de Jesús. Sin embargo, lo que está muy claro es que Pablo de Tarso marcó el cristianismo de una manera muy significativa, especialmente cuando el número de seguidores de la diáspora rivalizaba al de los de Palestina. La destrucción del Templo de Jerusalén en el 70 e.c. impactó tanto al cristianismo como al judaísmo, agravando la relación entre ambas corrientes hermanas, apartándolas cada vez más a través de la historia.

Durante esta época, tenemos constancia documental —al menos en las cartas auténticas de Pablo— que Pablo, Pedro, y un tal Apolo circulaban enseñanzas en torno a Jesús por el oriente del Mediterráneo, en el mundo helenístico. Unos predicaban en las sinagogas, otros enseñaban en las congregaciones reunidas en las casas. Cuando murieron Pedro y Pablo, probablemente bajo el gobierno de Nerón, los únicos escritos de los que tenemos constancia son las cartas auténticas paulinas. Lo más misterioso y discutido hasta hoy día en relación con ellas es el hecho de que Pablo nos dice muy poco sobre los hechos y dichos de Jesús. Nos dice que fue nacido de mujer (Gálatas 4:4), que fue descendiente de David (Romanos 1:3), que prohibió el divorcio (1 Corintios 7:10), que ordenó que se viviera de la generosidad de los que recibieran el buen anuncio [el evangelio] (1 Cor. 9:14-15a), que llevó a cabo una cena en la noche en que fue “entregado” (1 Corintios 11: 23) y que fue crucificado (1 Cor 1:23).

Esto es particularmente grave porque cuando Pablo escribió estas cartas, él no tenía la más remota idea de que terminarían siendo compiladas por algún discípulo en un grupo de siete epístolas y que posteriormente se convertirían para muchos escritura con autoridad. Estas primeras “sagradas escrituras” dejan un notorio vacío de información en torno a Jesús en cuanto a lo que dijo e hizo. Todo lo que nos dejaba Pablo era su buen anuncio (su evangelio). Jesús murió crucificado para la salvación de todos aquellos que tuvieran fe en Yahveh vía su hijo, los gentiles no tenían que velar el sábado, someterse a la dieta kosher o circuncidarse. El pospaulinismo llevaría esto a sus últimas consecuencias: la muerte de Cristo crucificado sustituía los sacrificios del Templo, de una vez y para siempre; la Ley de Moisés ya no era válida; la fe es la que salvaba, no las obras. Por ende, la cruz tiene un rol centralísimo en el paulinismo y mucho más en el pospaulinismo.

Allí es donde entran en nuestra discusión los evangelios canónicos del Nuevo Testamento (y otros más), cuya función es la de llenar el vacío de información dejado por Pablo. En todos ellos, hay unas respuestas a los planteamientos de Pablo, pero no todos son idénticos. Aquí no vamos a evaluar la historicidad de lo que dicen ellos, pero sí es pertinente ver cuál es la actitud que tienen ellos en torno al personaje de nuestro interés: Pedro Apóstol.

Una biografía antipetrina de la vida de Jesús: El Evangelio de Marcos

Marcos
El evangelista Marcos según representado por el manuscrito de los Evangelios de Lindisfarne (s. VII).

El consenso abrumador de virtualmente todos los exégetas del Nuevo Testamento es que el Evangelio de Marcos fue el primero en escribirse. Aunque su estilo es torpe y el griego no es tan sofisticado como el de los otros evangelistas, es un texto muy bien estructurado de acuerdo a una visión teológica del autor. No sabemos a ciencia cierta quién lo escribió, por lo que se trata de una obra anónima (Ehrman 2020, 103; Piñero 2009, 340-341). Aunque es bastante popular la opinión de que el escrito se forjó en Roma, la realidad es que tampoco se sabe a ciencia cierta dónde se formó. No obstante, la evidencia interna puede sugerir que se creó en algún lugar en oriente, tal vez Siria (Collins 2007, 7-10; Marcus 2010, 47-56; Piñero 2009, 342). Algunos pasajes del Evangelio de Marcos pueden señalar al hecho de la destrucción del Templo como motivo para escribirlo, razón por la que la mayoría de los expertos se inclina a datarlo alrededor del año 70 e.c. o un poco después. Esta apreciación se basa en el discurso apocalíptico del capítulo 13 parece conocer la situación de la Primera Guerra Judía, del 66 al 75 e.c. (Marcus 2010, 56-58; Piñero 2009, 328; Puente Ojea 1998, cap. 5).

El título de la obra no es el “Evangelio según Marcos”, porque este texto comenzó a circular anónimamente. La obra se da a conocer como “… el buen anuncio [evangelio] de Jesús, el Cristo, Hijo de Dios” (Marcos 1:1). Este punto parecería trivial, pero no lo es. Desde el mismo comienzo, el escrito se identifica con la palabra griega “euangélion“, buen anuncio. Como observamos en nuestro artículo previo, este es un término fuertemente asociado a Pablo. Sospechamos que él no fue el único en utilizarlo en su tiempo, ya que él denunciaba la existencia de “otros buenos anuncios” que rivalizaban con el de él (Gálatas 1:6-9). Sin embargo, cuando se miran los textos neotestamentarios, notamos algo muy curioso. En la sección de las epístolas, la palabra solo aparece en las cartas auténticas de Pablo y en las pseudopaulinas, de 60 a 76 ocurrencias y en el Evangelio de Marcos hay 8 ocurrencias (si incluimos el final añadido, Marcos 16:9-20). Aunque parezca increíble, el término no aparece en ninguna otra parte del Nuevo Testamento con excepción de tres ocasiones del Evangelio de Mateo y dos veces en Hechos de los Apóstoles (Mateo 4:23; 9:35; 24:14; Hechos 15:7; 20:24). El Evangelio de Mateo habla del “buen anuncio [evangelio] del Reino de los Cielos”, que sospechamos que tiene un significado muy distinto al “buen anuncio” paulino y marcano. Las razones para pensarlo las explicaremos más abajo cuando discutamos este evangelio. Por otro lado, los pasajes de Hechos, el “buen anuncio” se asocia marcadamente con la predicación a los gentiles.

Si tenemos en cuenta que los autores de los evangelios de Mateo y Lucas utilizaron a Marcos, y que probablemente los editores del Evangelio de Juan también, entonces tenemos el fenómeno de que, con excepción de “Mateo”, los demás evangelistas estaban evitando el uso de la palabra. Esto se deba a que probablemente, debido a la circulación de los escritos de Pablo, el término griego “euangélion” terminó siendo asociado fuertemente con la visión paulina que, por razones diversas, rechazaron para sus propios textos (Mason 2009).

Si tenemos en cuenta los puntos que Pablo tenía en relación con las autoridades judías, su fricción con el jesuanismo palestinense, con los mismos apóstoles Jacob y Pedro, etc., veremos que Marcos fuertemente se posiciona del lado paulino. Por ejemplo, ¿cómo trata “Marcos” a la familia de Jesús? No muy favorablemente. He aquí lo que tiene que decir sobre ellos:

De vuelta a casa, se aglomeró otra vez la muchedumbre, de modo que no podían comer. Sus parientes, al enterarse, fueron a hacerse cargo de él, pues pensaban que estaba fuera de sí…. Llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, mandaron llamarle. Había mucha gente sentada a su alrededor: Le dijeron: “¡Oye!, tu madre y tus hermanos y tus hermanas, están fuera y te buscan.” Él les respondió: “¿Quién es mi madre y mis hermanos?” Y, mirando a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos, pues quien cumpla la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.”

Marcos 3:20-21,31-35 (mi énfasis)

La situación no mejora para nada cuando se trata de los conocidos de Jesús en Nazaret:

… [Jesús] se dirigió a su patria, seguido por sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle quedaba maravillada, y se preguntaba: “¿De dónde le viene esto? ¿Quién le ha dotado de esta sabiduría? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es este el artesano, el hijo de María y hermano de Jacob, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí, entre nosotros?” Y se escandalizaban a causa de él. Jesús les dijo: “Un profeta solo carece de prestigio en su patria, entre sus parientes y en su casa.” Y no pudo hacer allí ningún milagro, a excepción de la curación de unos pocos enfermos a quienes sanó imponiéndoles las manos. Jesús se quedó asombrado de su falta de fe.

Marcos 6:1-6, mi énfasis

Si tomamos en consideración de que este evangelio se escribió después de la muerte de Jacob, quien era visto por los palestinenses como la máxima autoridad jesuana, y que, según Eusebio, fue sucedido por Simón, “hijo de Cleofás” un primo de Jesús (¿o quizás sea el hermano de Jesús mencionado por Marcos?), el mensaje enviado por el Evangelio de Marcos es clarísimo y contundente: los hermanos de Jesús no le acompañaron en su misión y le consideraron un loco.

Tal vez podríamos añadir otro pasaje más, que tiene que ver con las mujeres viendo de lejos a Jesús crucificado:

Había también unas mujeres mirando de lejos, entre ellas María Magdalena, María la madre de Jacob el menor y de Joset, y de Salomé, que le seguían y le servían cuando estaba en Galilea, y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.

Marcos 15:40-41, mi énfasis

Es curioso que los nombres de los “hijos de María” coincidan perfectamente con los primeros nombres del listado de hermanos de Jesús en Marcos 6:1-6. Algunos autores han llegado a pensar que al mencionarla en segundo lugar y al no señalarla como madre de Jesús, el evangelista parecía estar negando el parentesco de María con su hijo (Bütz 2005, cap. 3, “James in Jerusalem”; cap. 9, “Splitting Up the Family”; Painter 1999, 18-19; Tabor 2006, cap. 4, “The Mystery of the ‘Other Mary'”).

Para todos los efectos, “Marcos” hacía todo lo posible por socavar la presunta autoridad de los parientes de Jesús como soportes de su labor palestinense, incluyendo la de Jacob el hermano de Jesús.

Estas no son las únicas señales de paulinismo. Prácticamente, a “Marcos” le gusta todo lo que Pablo favorece, pero rechaza todo lo que Pablo denuncia:

  • El texto se estructura las tradiciones que conocía alrededor de la crucifixión como centro de la discusión y destino ineludible del Mesías (una mezcla interesante con elementos de literatura helenística). El autor mira a la crucifixión de manera paulina: sería una muerte vicaria con la que se rescataría a los que creyeran en el buen anuncio (Marcos 10:45) (Montserrat Torrents 2005, 216-217).
  • Tema recurrente: el evangelio no es favorable a los discípulos de Jesús porque no entienden lo que dice y tienen falta de fe (Marcos 4:13,40-41; 7:17-22; 8:14-21,32; 9:19,32,38; 10:13-16; 14:19-20), tienen ansias de poder (Marcos 9:33-34; 10:35-40), los principales no pudieron quedarse en vela (Marcos 14:37-42), casi todos salieron huyendo del lugar cuando su maestro fue arrestado (Marcos 14:50), el único de ellos que se mantuvo siguiéndole a distancia le negó tres veces (Marcos 14:66-72) y otros de ellos le traicionó (Marcos 14:10, 21,43-46).
  • Al igual que Pablo, Jesús afirma que el buen anuncio, el evangelio, sería predicado a todas las gentes (Marcos 13:9).
  • Los anunciantes serían rechazados y torturados por autoridades judías (Marcos 13:9-13). Son culpables de un pecado imperdonable, de malentender la fuerza del espíritu de Dios como fuerzas del demonio (Marcos 3:29). De hecho, fueron estas autoridades quienes planificaron su muerte, su arresto, su juicio y su entrega a Pilato (Marcos 3:16; 14:47,53-65).
  • El relato de la Última Cena se forja según el relato de la Eucaristía narrado por Pablo en sus cartas (Marcos 14:22-24; cf. 1 Corintios 11:23-25; Maccoby 1991, 90-128; Nelligan 2015, 118-147; Piñero 2015, 301-308; Puente Ojea 1998, cap. 12).
  • Hay una interpretación de los hechos de Jesús por parte de “Marcos” que reduce la autoridad de la Ley de Moisés (2:23-28; 3:1-6; 7:1-23).

Esto nos da ya lo suficiente para entender la actitud del Evangelio de Marcos en relación con Pedro en particular (Montserrat Torrents 2005, 216; Piñero 2009, 335-339). En cuanto al primer punto, todas las flaquezas de los discípulos de Jesús aplican a Pedro, pero este se destaca de entre los discípulos por ser el que más erró.

  • Pedro fue el primero en confesar que Jesús era el Mesías, pero acto seguido, cuando Jesús anunció su futura Pasión, el maestro reprendió a su discípulo llamándole “Satanás” (Marcos 8:31-33).
  • De todos los discípulos, después del arresto de Jesús, Pedro observaba de lejos a su maestro, pero cuando fue reconocido por varias personas, negó a su maestro tres veces (Marcos 14:66-72).
  • Finalmente, después de Jesús haber resucitado, un joven le dice a las mujeres discípulas de él que fueran “a donde Pedro” y los demás discípulos para que le esperaran en Galilea. Sin embargo, las mujeres salieron corriendo y no le dijeron nada a nadie porque tenían miedo (Marcos 16:1-8).

En cuanto a este último punto, hay una alusión bien interesante a la visión que tuvo Pedro de Jesús resucitado, pero aquí le quita la primera noticia a él (como nos dice la confesión paulina en 1 Corintios) y se la otorga a las mujeres, que nunca le dijeron nada a nadie.

Es claro que en todo momento, “Marcos” intenta socavar la autoridad de los discípulos de Jesús y de su familia, y la situación no es distinta en ningún momento por Pedro.

Para el Evangelio de Marcos, la autoridad y comprensión correcta del buen anuncio de Jesús no yacía en Pedro.

Pedro en el Evangelio de Juan: la supremacía del “discípulo amado”

La Última Cena por Carl Heinrich Bloch
La Última Cena por Carl Heinrich Bloch (siglo XIX). Aquí se presenta al Apóstol Juan inclinando su cabeza sobre Jesús para preguntarle quién le traicionaría.

El Evangelio de Juan se destaca por ser el más elevado y espiritual de los cuatro, escrito según el legado del “discípulo amado”, frecuentemente identificando al autor con el Apóstol Juan. Jesús tenía a tres discípulos cercanos a él. Además de Pedro, estaban los dos hijos de Zebedeo, Jacob y Juan. Sabemos que Jacob fue muerto bajo el mandato de Herodes, aunque Hechos de los Apóstoles sospechosamente nunca nos dice por qué (Hechos 12:1-2). En nuestro previo artículo hablamos de cómo Juan era considerado una de las “columnas” de Jerusalén, pero su paradero histórico se desvanece por completo después de eso. Las cartas de Pablo no aluden a él en lo absoluto. El Evangelio de Marcos nos da pistas de que probablemente murió martirizado como su hermano (Marcos 10:39; cf. 14:36). En el Evangelio de Juan, se distingue el “discípulo amado” de Pedro. Pues, lógicamente, esto nos lleva que Juan era el “discípulo amado”.

Sin embargo, hay serias objeciones a esta interpretación. Primero, como hemos dicho, hay indicios de que Juan fue martirizado, pero no sabemos cuándo ni dónde. Ciertas tradiciones le hacen viviendo muchos años hasta finales del siglo I, pero ellas se basan en un error de identificación del autor del Apocalipsis de Juan, atribuido erróneamente al apóstol por homonimia. El Apocalipsis se escribió precisamente a finales del siglo I. Por ende, todas estas tradiciones son altamente legendarias. El texto revela que fue forjado en varias etapas de redacción con base en unas colecciones de tradiciones previas y escritos que estaban circulando en el cristianismo. Según Senén Vidal, la primera etapa (E1) fue la compilación de tradiciones y fuentes propias en un solo texto, probablemente su origen en algún momento cercano al año 80 e.c. Este texto evangélico original fue alargado considerablemente por algún redactor en una segunda etapa (E2), que probablemente llevó a cabo su labor durante las décadas del 80 al 90 e.c., en la última parte del siglo I. En E2 encontramos la inmensa mayoría de los discursos de Jesús. Después, hubo una última etapa (E3), donde se añadieron textos del evangelio (el famoso prólogo, el epílogo, glosas explicativas y el alargamiento de los discursos de Jesús). Esta última etapa culminó a finales del siglo I o principios del siglo II (Vidal 2013, 11-28; ver también Brown 1999, 29-47; Ehrman 2020, 179-182; Montserrat Torrents 2006, 244).

Por un gran periodo de tiempo, los expertos pensaban que el evangelista “Juan” (no conocemos su nombre, pero le llamaremos así por conveniencia) no conocía a los demás evangelios, una posición que todavía mantiene aun la mayoría de los expertos por razones de crítica redaccional (Brown 1999, 53-58; Ehrman 2020, 177-182; Gardner-Smith 2011). Sin embargo, hoy día la opinión ha ido cambiando y cada vez más hay un número creciente de eruditos que piensa que el autor o los redactores de este evangelio probablemente tuvieron que conocer como mínimo el Evangelio de Marcos. De hecho, la opinión de estos expertos es que “Juan” o los redactores recrearon y reelaboraron creativamente material del Evangelio de Marcos como referente literario y puede ser que también hayan tomado material de los demás sinópticos (Bond 2021; Goodacre 2021; Keith 2021; Piñero 2009, 389-390; Williams 2021). De hecho, como veremos más adelante, en los asuntos que nos competen, el Evangelio de Juan muestra mucha afinidad con el de Marcos. También se solía suponer que detrás del evangelio había una “comunidad juánica” y que este revelaba la evolución de estas comunidades (Brown 1991; Ehrman 2020, 182-184; Montserrat Torrents 2005, 244; Vidal 2013, 48-51, 58-60, 67). Esto se ha cuestionado recientemente debido a que la suposición de dichos grupos no parece ser necesario para dar cuenta de la redacción evangélica. Autores recientes sostienen que es muy probable que aunque el epílogo hable del “discípulo amado” en tercera persona, probablemente sea el autor (tal vez el redactor final) quien se identifica con esa etiqueta sin revelar su nombre (Méndez 2020).

El contenido teológico del evangelio juánico (como nos ha llegado hasta hoy) revela una concepción de Jesús pospaulina, pero notablemente espiritualizada, en la que la crucifixión es el momento de la glorificación de Jesús como el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, una concepción claramente vicaria paulina. Vemos que “Juan” tuvo algunos problemas con varios grupos cristianos y no cristianos:

  • Tiene problemas con los discípulos de Juan el Bautista, ya que se ve precisado a indicar que “Juan no era la luz” y que no era el Mesías o Elías. Por cierto, el Bautista no sumergió a Jesús en ningún momento en ese evangelio y fue testigo del mesianismo de Jesús, algo que no ocurre en la mayoría de los Sinópticos (Juan 1:6-8, 19-34; cf. Marcos 1:10-11; Lucas 3:19-20; 7:18-19). Por otro lado, según el evangelista, los discípulos del Bautista no entendieron a su maestro ni la misión de Jesús como Mesías (Juan 3:22-26).
  • Tiene problemas con “los judíos”, probablemente refiriéndose a las autoridades judías. El evangelio lleva al colmo el conflicto con los judíos poniendo en la boca de Jesús el alegato de que ellos tenían como padre al diablo (Juan 8:43-44-47). Pilato llegó a la conclusión de que Jesús era inocente, pero por presión de “los judíos”, él les entregó a Jesús para que ellos fueran quienes le crucificaran (Juan 19:16). Para la época de la última década del siglo I, era evidente que los cristianos estaban siendo maltratados y expulsados de las sinagogas, algo que se refleja en el texto evangélico (Juan 16:2).
  • Tiene problemas con los mismos familiares de Jesús, particularmente sus hermanos, quienes se burlaban de él y no le reconocían como Mesías (Juan 7:1-8). María es tratada con el enigmático término “mujer”, algo que establece distancia entre Jesús y su madre (Juan 2:4; 19:26). De hecho, para el evangelista, el “discípulo amado” prevalece sobre los hermanos de Jesús a la hora de cuidar a la madre de Jesús. En cierto sentido, por declaración de Jesús, el “discípulo amado” es más hermano de Jesús que sus propios parientes (Juan 19:25-27; ver también Brown 1999, 73-74).
  • Tiene problemas con cristianos que no aceptaban aspectos de la teología juánica. Por ejemplo, la adopción de la Eucaristía entendida desde sus raíces paulinas (comer carne o beber sangre de Jesús) causó el rechazo de discípulos judíos de Jesús (Juan 6:22-66; ver Brown 1991, 72-73).

¿Y qué sucede con Pedro en particular? Claramente, él aparece como un cierto “portavoz” de los discípulos de Jesús, y aparece de una manera más positiva que en el Evangelio de Marcos. Para el evangelista, Pedro era un discípulo leal, pero que no comprendía bien a su maestro, aunque se guiaba por un evidente amor por él y sus enseñanzas (Juan 6:67-69; 13:6-11). Negó a Jesús tres veces (Juan 18:15-18,25-27), pero fue rehabilitado posteriormente cuando Jesús resucitado habló con él:

Después de haber comido, preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?” Respondió él: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero.” Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos.” Volvió a preguntarle por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Respondió él: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero.” Le dijo Jesús: “Apacienta mis ovejas.” Insistió por tercera vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez ‘¿Me quieres?’ y le dijo: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.” Le dijo Jesús: “Apacienta mis ovejas.”

Juan 21:15-17

Efectivamente, esto presenta a Pedro como líder indiscutible del movimiento de Jesús, al menos desde el momento de la resurrección. Probablemente, se refiere a la dirección inicial de la congregación de Jerusalén y su posterior predicación misional en las sinagogas de la diáspora (Brown 1999, 2:1573-1574).

Sin embargo, cuando uno lee el evangelio con cuidado, uno se percata de que la autoridad máxima en cuanto a la comprensión de lo que Jesús hizo o dijo no se halla en Pedro, sino más bien el “discípulo amado”. La cercanía al maestro en todos los sentidos la tiene el “discípulo amado”. Consideren lo siguiente:

  • Cuando Jesús revela que alguien le traicionaría, Pedro tiene que recurrir al “discípulo amado” para que este descanse en el pecho de su maestro y hacerle la pregunta que quién le traicionaría (Juan 13:23-26).
  • Pedro necesita del “discípulo amado” para poder entrar al recinto del Sumo Sacerdote. Contrario a Pedro, el “discípulo amado” nunca niega a Jesús (Juan 18:15-27).
  • El “discípulo amado” estaba a los pies de la cruz, Pedro no. Este había huído (Juan 16:32; 19:26-27).
  • Cuando se enteraron del sepulcro vacío, tanto Pedro como el “discípulo amado” salieron corriendo al lugar, y este llegó primero (Juan 20:2-10).
  • Cuando Jesús se aparece resucitado a las orillas del Mar Tiberíades, fue el “discípulo amado” quien le reconoció primero y le dijo a Pedro quién era (Juan 21:20-23).
  • Jesús predijo que Pedro moriría antes del “discípulo amado”, quien posiblemente se quedaría hasta que (quizás) el Mesías “volviera” (Juan 21:20-23).

En otras palabras, para el Evangelio de Juan, el “discípulo amado” fue mejor testigo que Pedro y entendió mucho mejor a Jesús. Sin duda, reconoce el liderato que Pedro ejerció en los albores del movimiento de Jesús, pero su fe era imperfecta y la autoridad doctrinal del “discípulo amado” (quien sea que haya sido) era indudablemente superior. Ni tan siquiera los hermanos de sangre de Jesús superan al “discípulo amado” en cuanto a su parentesco, por más que hayan sido líderes en Jerusalén. ¡Qué hubiera pensado Jacob el hermano de Jesús si hubiera leído algo así!

Pedro en Lucas-Hechos

Pedro le predica a la familia de Cornelio
Pedro le predica a la familia de Cornelio (1873).

No sabemos a ciencia cierta quién escribió el Evangelio de Lucas y todavía se discute su proceso de redacción. Muchos eruditos piensan que el plan original del evangelio era comenzar por donde empieza nuestro capítulo 3. He explicado las razones para pensarlo aquí, así que no voy a llover sobre lo mojado (Bovon 1:71, 73; Fitzmyer 2:45, 51-57; ver también esta entrada en el blog de Bart Ehrman). Si esto es correcto, entonces hubo algún redactor posterior que forjó los primeros dos capítulos del Evangelio de Lucas y probablemente creó el libro de Hechos como una especie de segundo volumen que continuaba la obra anterior. La inmensa mayoría de los eruditos considera que el redactor final fue probablemente el mismo evangelista, quien quería reelaborar su obra para sus propios fines teológicos (Fitzmyer 2003, 92-95). Hay otras personas (una minoría de eruditos) que con base en análisis de todo tipo, incluyendo análisis estadísticos de los textos a computadora afirman que el autor del evangelio y el autor de Hechos debieron ser dos personas distintas, aunque compartían fundamentalmente su visión teológica (Walters 2009). En años recientes, el divulgador y filólogo Antonio Piñero se ha hecho partidario de esta perspectiva y Fernando Bermejo ha recordado la fragilidad de asumir que Lucas-Hechos fue una obra de un solo autor. Para simplificar la discusión y porque esto es un asunto todavía discutido y cuyo consenso entre expertos se inclina a lo contrario, asumiré que el Evangelio de Lucas y Hechos fueron escritos por la misma persona.

No solo eso, sino que también se ha fechado el Evangelio de Lucas para la década del 80 e.c. y Hechos para el 90 o el 100 e.c. (Fitzmyer 2003, 1:95-100; Fitzmyer 2005, 1:100-108; Montserrat Torrents 2005, 230; Piñero 2009, 377-378). Sin embargo, en años recientes, se ha cuestionado tal convicción, especialmente teniendo en cuenta que posiblemente el Evangelio de Lucas y Hechos incorporan información probablemente obtenida por Flavio Josefo. Esto ha llevado a cada vez más autores a fechar Hechos más tardíamente. Algunos proponen del año 115 e.c. al año 130 e.c. (Pervo 2006; ver también Mason 1992, 204-225, aunque no necesariamente llega a esta conclusión).

Tomado como una sola obra planificada Lucas-Hechos tiene una narrativa cuyo protagonista es el Espíritu Santo (Lucas 1:35; Hechos 2:1-13) y su centro de acción es Jerusalén, pero que gradualmente se mueve cada vez más al mundo pagano, terminando en Roma. Aunque es evidente que Pablo es el héroe de “Lucas”, es menester apuntar que en muchos aspectos su teología no es paulina. Lucas-Hechos comparte con Pablo la predicación del buen anuncio a los gentiles, pero no abraza la noción de sufrimiento vicario de Jesús, de su derramamiento de sangre como paga para rescatar la humanidad. El Evangelio de Lucas utiliza como base el orden narrativo del Evangelio de Marcos, pero la crucifixión se convierte en una ocasión que mueve a los gentiles para entrar en las filas de la conversión al verdadero Dios. Toda referencia a derramamiento de sangre de Jesús por paga o por sufrimiento se omite en el evangelio (Ehrman 1993, 187-211; Ehrman 2020, 159-166).

También Lucas-Hechos tiene una dimensión a la que denomino “fractal”, cuando se mira la estructura de las narraciones en micro, se ve la misma estructura a nivel macro: primero, como un buen pensador estoico Jesús predicó a los suyos y fue modelo de la noble muerte, pero los “judíos” le rechazaron, su centro de acción es Jerusalén; después, vendría Pablo quien le predicaría a los gentiles, quienes sí aceptarían su mensaje, y el centro terminó siendo la capital de la gentilidad: Roma. Y vemos pequeñas narraciones en Lucas y Hechos de cómo los judíos fueron rechazando el mensaje de Jesús, pero los gentiles lo aceptaron.

La actitud en relación con los familiares de Jesús es mucho más positiva que en los evangelios que hemos discutido. En primer lugar, el Evangelio de Lucas presenta positivamente tanto a José como a María, los padres de Jesús. También intentó suavizar el episodio en el que los familiares de Jesús le buscaban. Omitió decir que ellos alegaban que estaba “fuera de sí”. Los relatos de la anunciación y nacimiento de Jesús tienen el efecto literario de cambiar el contexto de la relación entre él, su madre y sus hermanos (Lucas 8:19-21). En Hechos, tanto la madre como los hermanos de Jesús aparecen como parte del grupo que estaba esperando la infusión del Espíritu Santo en Pentecostés, y Jacob aparece como dirigente de la congregación de Jerusalén, siempre positivamente (Hechos 1:14; 12:17; 15:13-21; 23:17-26).

¿Y qué hay de Pedro? Recordemos que el Evangelio de Lucas recoge material del de Marcos. Es evidente a partir de muchos ejemplos que Lucas omite o modifica material desfavorable para Pedro para hacerle lucir mejor:

  • Es Pedro el primero en hacer una confesión de fe (Lucas 9:18-20).
  • Lucas omite por completo la parte en que Jesús llamó a Pedro “Satanás” después de su primer anuncio de la Pasión (Lucas 9:27; cf. Marcos 8:31).
  • Si Pedro decía algo no muy inteligente debido al asombro, el evangelio se limita a decir que no sabía lo que decía (Lucas 9:33).
  • Jesús le anunció a Pedro que le negaría, pero que también rogaba de que su fe no desfalleciera para que la confirmara a los demás discípulos (Lucas 22:31-34).
  • Hay un versículo cuya autenticidad se debate, Lucas 24:12 (e.g. a favor de su autenticidad, Bovon 1995, 605-606; en contra, Ehrman 1993, 212-217). No voy a entrar con lujos de detalles al respecto. Solo me limitaré a decir que en caso de ser auténtico, el pasaje mejora la imagen de Pedro: cuando las mujeres fueron a informarle a los discípulos que Jesús había resucitado, ellos se volvieron escépticos, pero fue Pedro quien salió corriendo a verlo con sus ojos.

En Hechos, el autor utiliza fuentes propias en torno a la congregación jerusalemita primitiva y coloca a Pedro como cabeza del movimiento. Las cartas de Pablo parecen corroborar este dato importante. Asimismo, Pedro se vuelve modelo de predicador persistente en la fe, quien fue víctima de “los judíos”, más tarde fue encarcelado, pero liberado milagrosamente de las manos de Herodes. Tomó una posición clara a favor de lo que Pablo le solicitaba a la “multitud” en la reunión de Jerusalén —una elaboración y magnificación de “Lucas” de la información de Gálatas 2:1-10 (Pervo 2006, 79-100)— y Jacob habló después para confirmar esa decisión e imponer condiciones (Hechos 15).

Sin embargo una vez termina el relato de la reunión de Jerusalén, Pedro sencillamente desaparece del texto de Hechos. ¿Por qué? Tiene que ver con la narrativa. Pedro es utilizado como una figura literaria de transición del mensaje cristiano judío al mensaje a los gentiles. Esto corresponde al patrón “fractal” de que los judíos rechazaron el mensaje, pero los gentiles lo aceptaban:

  • En varias ocasiones, Pedro predicaba el mensaje jesuano a “los judíos”, es arrestado y maltratado (Hechos 3:11-4:22; 5:12-39).
  • Pedro tuvo una visión en el que Dios le ordenaba a sacrificar y comer animales impuros diciéndole: “No llames profano a lo que yo he purificado” (Hechos 10:14). Esto lleva al relato de cómo Pedro convirtió a unos paganos, Cornelio (un centurión) y su familia (Hechos 10:22-48). Para el autor de Hechos, estos fueron los primeros paganos conversos.
  • El rol de Pedro culmina con la asamblea de Jerusalén, en la que argumentaba que no debían imponérsele más cargas a los gentiles conversos y que deberían bautizarse sin necesidad de circuncidarse (Hechos 15).

De ahí en adelante, Pedro se desvanece del texto para dar paso a Pablo y la conversión de los gentiles. Es más, Hechos jamás relata de un viaje de Pedro a Roma, sino de Pablo a la capital del imperio (Hechos 27-28). Es interesante que, al menos literariamente hablando, el discípulo de Jesús Pedro pasa de primera autoridad en torno al movimiento jesuano a un segundo lugar cuando Pablo continuó la labor y terminó predicando en Roma.

El Evangelio de Mateo: Pedro y “las llaves del Reino”

Pedro intenta caminar sobre las aguas, pintura de François Boucher (1766).
Pedro intenta caminar sobre las aguas, pintura de François Boucher (1766).

De todos los evangelios discutidos, tal vez el de Mateo sea el de mayor interés para nosotros, ya que es aquí donde se encuentra un famoso pasaje que ha sido un pilar que sostiene el papado romano actual. Por eso, aunque sabemos que probablemente el Evangelio de Mateo fue el segundo evangelio en escribirse, decidí dejar la discusión de este texto a lo último.

Como en los demás casos, no tenemos idea alguna de quién haya podido ser el autor, pero se piensa que lo escribió para la década del 80 e.c. y en respuesta al Evangelio de Marcos que ya estaba en circulación (Piñero 2009, 354). Sin duda, utilizó a Marcos como una de sus fuentes, adoptó la estructura marcana que estaba trazada según la teología paulina. La cruz y la resurrección continuaron siendo el centro de la visión mateana. También abrazó la noción vicaria paulina de la muerte y derramamiento de sangre del Mesías como rescate de los creyentes. Abundó más en la hostilidad a los judíos, particularmente a los fariseos, grupo religioso que habían tomado la dirección del judaísmo en las sinagogas después del 70 e.c. y que incrementaron su oposición violenta a los cristianos. Asimismo, ve con beneplácito la conversión de gentiles, quienes eventualmente sustituirían a aquellos judíos que se negaran a convertirse al mensaje de Jesús (Mateo 8:10-12).

Aun con todo, en muchos aspectos, este evangelio es antipaulino, especialmente en lo que respecta a la Torah, la Ley de Moisés (Sim 2002). De hecho, para Mateo, Jesús era un segundo Moisés, algo que he explicado en este lugar. Recordando a Moisés desde el Monte Sinaí, donde Yahveh le dio las tablas de la Ley, Jesús sube a una montaña y habla precisamente sobre la Torah. Sin lugar a dudas, para Mateo, Jesús no vino a abolir la Ley o superarla, como el Evangelio de Marcos intentaba promover, sino al contrario, la observancia de la Ley … TODA la Ley … es obligada:

No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolirlos, sino a darles cumplimiento. Os aseguro que, mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una yod ni una tilde de la Ley hasta que todo esto suceda. Por tanto, el que no dé importancia a uno de estos mandamientos más pequeños y así los enseñe a la gente, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ese será grande en el Reino de los Cielos.

Mateo 5:17-19

Para el Jesús mateano, la observancia de la Torah debía ser superior a la de los expertos de la Ley y los fariseos. Es más, hay que incluso superar las exigencias mínimas de la Ley:

Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás, pues el que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo que todo aquel que se encolerice contra su hermano será reo ante el tribunal

Mateo 5:21-22

Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pues yo os digo que todo el que mira con deseo a una mujer ya cometió adulterio en su corazón.

Mateo 5:27-28

También se dijo: El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio. Pero yo os digo que todo aquel que repudia a su mujer —excepto en caso de unión ilegítima— la hace ser adúltera; y el que se case con la repudiada comete adulterio.

Mateo 5:31-32

… Y así por el estilo. “Mateo” deja bien establecido que la Ley de Moisés no había pasado y que había que cumplirla entera. Y, contrario a lo que predicaba Pablo, los gentiles tenían que observar la Ley también, según se implica al final del texto (Mateo 28:18-20). Probablemente, el Evangelio de Mateo proceda de algunos de los grupos de segunda generación de unos anteriores adversarios de Pablo que misionaban para los gentiles, pero que les exigían la observancia de la Ley (Martyn 1985). Desde esta perspectiva, “Mateo” recogió el concepto de “buen anuncio” paulino y marcano, y lo redefinió como el “buen anuncio [evangelio] del Reino de los Cielos” en un sentido antipaulino.

Pero, si esta era la actitud de “Mateo” en relación con la Torah, ¿cuál sería el trato a los familiares de Jesús, teniendo en mente que Jacob y los suyos abogaban por la observancia de la Ley? Pues, “Mateo” ve a los familiares de Jesús positivamente. José y María sin duda tuvieron fe ante las adversidades del momento para que naciera y se criara Jesús (Mateo 1-2). Aunque “Mateo” basa bastante de su relato en el de Marcos, omite toda referencia negativa a los familiares de Jesús. Por ejemplo, omite la parte en la que los familiares alegaban que Jesús estaba “fuera de sí”, y dado el contexto de los primeros dos capítulos del evangelio, es obvio que los familiares de Jesús cumplían la voluntad divina (Mateo 12:46-50). Cuando Jesús visita a su patria Nazaret y la población le rechaza, Jesús responde:

“Un profeta solo carece de prestigio en su patria y entre los suyos”.

Mateo 13:57

Aquí Mateo cambió el texto original de Marcos: que un profeta carecía de prestigio “entre sus parientes y en su casa“.

Los discípulos de Jesús también lucen mejor en el evangelio. Por ejemplo, ¿se acuerdan que en Marcos había una lucha de poder, de quién iba a ser el primero? Según Marcos, Jacob y Juan, los hijos de Zebedeo, le pidieron a Jesús que cuando llegara el Reino, que uno se sentara a la izquierda y otro a la derecha de Jesús (Marcos 10:35-37). Sin embargo, en Mateo, es la mamá de los hijos del Zebedeo quien le hace esa solicitud … ¡porque sabemos cómo son las madres! (Mateo 20:20-21) Mateo también omite la mayoría de las respuestas enérgicas y malhumoradas de Jesús ante la falta de comprensión de los discípulos. Le dice a sus discípulos que tenían el poder de “atar y desatar”, es decir, declarar la enseñanza autorizada o desautorizada (Mateo 18:18). Las mujeres sí le notifican a los discípulos de la resurrección y recibieron sus últimas instrucciones por parte de Jesús cuando se les apareció en Galilea (Mateo 28).

De aquí se desprende que el Evangelio de Mateo implícitamente respeta a los familiares de Jesús —ergo reconoce la autoridad y perspectiva nomocéntrica de Jacob el hermano de Jesús— y también de los discípulos. Aun así, Mateo tiene una dimensión muy peculiar en torno a esta discusión, se dedica más de lleno a la persona de Pedro que cualquier otro evangelio.

Ahora bien, la manera en que Pedro es mostrado en el evangelio casi nunca es halagadora. Se muestra a un Pedro falto de fe.

  • La llamada de Jesús a él y su hermano Andrés diciendo que serían “pescadores de personas” (Mateo 4:18-19).
  • Jesús sanó a la suegra de Pedro (Mateo 8:14-15).
  • Mateo elabora el relato marcano en que los discípulos ven a Jesús caminar sobre las aguas (Marcos 6:45-52), pero añade una parte en la que Pedro le pide a su maestro caminar hacia donde él, cuando Pedro lo intenta hacer se hunde por falta de fe (Mateo 14:22-33).
  • Pedro profesa su fe en Jesús como el Mesías y este le declara “roca” sobre la que edificaría su iglesia (Mateo 16:13-20).
  • Mateo retiene el relato de Jesús en el que anuncia su Pasión y termina reprendiendo a Pedro por hacerle desistir de esa idea: “¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Solo me sirves de escándalo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!” (Mateo 16:21-23). Esto es irónico porque de “roca” de edificación de iglesia en el relato previo, Pedro pasó a ser “piedra de tropiezo” (escándalo). Esto se debe a que la perícopa anterior y esta forman una estructura quiástica que las relacionan literariamente (Luz 1993, 2:594-595).
  • En el momento de la transfiguración, sin comprender lo que había ocurrido, Pedro expresa su deseo de formar tres chozas para Moisés, Elías y él (Mateo 17:1-6).
  • Pedro pregunta en torno al pago del tributo al Templo y obedece a su maestro para pagar un estáter (Mateo 17:24-27).
  • Pedro le pregunta a Jesús cuántas veces hay que perdonar, Jesús responde que setenta veces siete (Mateo 18:21-22).
  • Pedro, junto a los hijos de Zebedeo quedaron dormidos en el Huerto de los Olivos (Mateo 26:36-46).
  • Pedro promete que no negaría a Jesús, pero termina haciéndolo y terminó llorando amargamente (Mateo 26:30-35, 69-75).

¿Por qué esta fijación con Pedro? ¿Por qué señalar su liderato, pero simultáneamente mostrar que durante la vida de Jesús tenía falta de fe? Tal vez la clave de esto se encuentre en el famoso pasaje en el que el papado se basa para su autoridad:

Tras llegar Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos respondieron: “Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.” Él les preguntó: “Pero vosotros ¿quién decís que soy yo?”

Simón Pedro contestó: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.” A esto replicó Jesús: “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro [griego: Pétros] y que sobre esta piedra edificaré mi Iglesia [griego: ekklesía], y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.”

Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.

Mateo 16:13-20, mi énfasis

Este pasaje evidentemente tiene como base el texto paralelo de Marcos, que es fundamentalmente el mismo excepto el fragmento que hemos resaltado en negrillas (Marcos 8:27-30). Esto ya nos abre la puerta a varios problemas. Muchos ven en este pasaje el origen del cambio del nombre de Simón a “Pedro” por parte de Jesús. Sin embargo, hay algunos indicios de que “Pedro” era un nombre que ya Simón había sido conocido a estas alturas. El evangelista parece indicarnos, aunque no con seguridad, que a Simón era conocido como “Pedro” en el momento en que Jesús le llamó para que le siguiera (Mateo 4:18). El Evangelio de Juan también nos brinda una pista al ofrecernos un dato —más creíble que los sinópticos— que Simón procedía del discipulado de Juan el Bautista (de donde históricamente también salió Jesús). Que fue en esa etapa, en que Jesús le cambió su nombre al arameo Kefa (Cefas) o Pedro (Juan 1:35-42). Algunos estudiosos afirman que no necesariamente “Pedro” o “Cefas” signifique que Simón tenía el liderato, sino que pudo haber sido una referencia a su carácter duro o fuerte. En tal caso, lo que hace “Mateo” en este pasaje es reinterpretar el significado del nombre “Pedro” y probablemente desde una realidad grecoparlante (Luz 1993, 2:601).

Jesús le entrega las llaves del Reino a Pedro
Jesús le entrega las llaves del Reino a Pedro (1598) por Giovanni Battista Castello. Cortesía del Museo del Louvre.

El otro aspecto es que el pasaje que hemos resaltado no parece proceder del Jesús histórico. En primer lugar, es extraño para Jesús tener la expresión “mi Iglesia” en sus labios, esto no ocurre en ninguna otra ocasión en ninguno de los evangelios. Por supuesto, los apologistas argumentarán que “Iglesia” proviene del griego “ekklesía” y se refiere a la “asamblea” del Pueblo de Dios que existiría en el futuro, simbolizada por los doce discípulos cercanos. El problema con esta línea de discusión es que lo más típico para referirse a este tipo de agrupación es “la asamblea de Dios” no “mi asamblea” (Luz 1993, 2:598-599).

Si seguimos la criteriología para identificar las probables palabras o hechos Jesús histórico, tampoco podemos reconocer la historicidad de este pasaje:

  • Criterio de atestación múltiple: La parte de la entrega de las llaves del Reino, lo de atar y desatar, lo de edificar la Iglesia sobre él como una roca no aparece testimoniado en ninguna otra fuente independiente: ni en Marcos, ni en Q, ni en L, ni en el Evangelio de Juan, ni en las cartas de Pablo ni en ningún otro escrito considerado independiente. Se podría argumentar que lo de atar y desatar está testimoniado también en las fuentes del Evangelio de Juan, ya que se menciona cuando Jesús se le apreció resucitado a sus discípulos (Juan 20:23). Sin embargo, este argumento se erige en la arena. Como hemos visto, hoy día muchos expertos piensan que “Juan” conocía a los Sinópticos (Becker, Bond y Williams 2021; Piñero 2009, 389). Además, la expresión de “atar y desatar pecados” se le da a todos los discípulos, no solo a Pedro.
  • Criterio de discontinuidad: El pasaje no es discontinuo con la visión del evangelista. Mateo 18:18 habla de los demás discípulos con la capacidad de “atar y desatar”. Esta expresión aparece únicamente en el Evangelio de Mateo. Para todos los efectos, con Mateo 16:13-20, Jesús le otorga una primacía a Pedro sobre los demás discípulos, pero ellos también podían “atar y desatar” (Davis y Allison 2004, 269-271).
  • Criterio de dificultad: No hay señal alguna de embarazo o dificultad de este pasaje para el evangelista.

Si seguimos el paradigma indiciario:

  • Patrón de recurrencia: es posible establecer un patrón recurrente del liderato de Pedro, pero no podemos indicar este pasaje como histórico.
  • Indicio de dificultad: Como ya hemos visto, no aplica.

En suma, el pasaje que hemos resaltado no puede tenerse como histórico. En otras palabras, el papado católico se funda en un pasaje que no es históricamente fiable.

Lo único que podemos inferir de este pasaje es que, a pesar de la posición tan ambivalente del evangelista en relación con Simón Pedro, es que su liderato sobre los apóstoles es importante para él (Luz 1993, 2:613). ¿Por qué sería?

La respuesta probablemente se halle en el probable lugar de composición. Por supuesto, esto es un asunto muy debatido, pero la mayoría de los eruditos se inclina a que fue escrito en Antioquía. He aquí algunas de las razones (Brown y Meier 2004, 18-27; Davies y Allison 2004, xiii; Luz 1993 1:102-103; Piñero 2009, 353):

  • La patrística no localiza el origen del evangelio en Italia, Grecia, o Asia Menor.
  • Pedro mismo está asociado históricamente más a Antioquía que a cualquier otro lugar en la diáspora. El mismo Pablo documenta su presencia allí (Gál. 2:11-14). Existe una tradición del liderato de Pedro en ese lugar y que ha sido la base del actual Patriarcado de Antioquía.También hay un día festivo en su santoral, el del 22 de febrero, en el que se celebra la Cátedra de Pedro de Antioquía.
  • Las tendencias a favor de la rigurosidad de la observancia de la Torah sugieren que el autor provenía de una comunidad judía de la diáspora. Antioquía tenía una nutrida comunidad judía en esa época.
  • Sabemos que en Antioquía convivían grupos paulinos y otros que exigían la observancia de la Torah. El Evangelio de Mateo refleja muy bien esta tensión al insistir en el cumplimiento de las normas mosaicas.
  • Antioquía era uno de los primeros y más importantes centros de predicación jesuana de comienzos del cristianismo. Esto y el punto anterior explican por qué abogaba por la observancia de la ley de Moisés, pero veía con buenos ojos la predicación a los gentiles.
  • El Evangelio de Mateo parece haberse diseminado muy rápido. Esto sugiere que su lugar de composición se halla en un lugar con vías de comunicación muy concurridas. Antioquía las tenía.
  • El Evangelio de Mateo es utilizado por primera vez e indirectamente por el supervisor de Antioquía, Ignacio de Antioquía (ca. 100-110 e.c.) en sus cartas a los filipenses, los esmirneanos y los efesios.
  • En uno de los relatos, se nos dice que un estáter valía dos didracmas (Mateo 17:24,27). De lo que conocemos, esta equivalencia existía en dos lugares: Damasco y Antioquía.

Por supuesto, ninguno de estos argumentos es decisivo. No importa el lugar que se escribió, probablemente tuvo a Pedro como una autoridad a respetar, pero en cierto sentido en estatus equivalente con los demás discípulos. En el Evangelio de Mateo, aunque resalta la figura de Pedro, Jesús les otorga conocimiento del Reino y les da el poder de “atar y desatar” (Mateo 13:11; Mateo 18:18).

Aun con todo, es bien interesante que los estudios de este pasaje nos indican a Antioquía (mi inclinación), a alguna congregación siria rural u otra localización oriental … pero no establece relación alguna entre la “autoridad” petrina y Roma.

Conclusión de nuestros hallazgos

Papado cuestionado

Ahora que nos concentramos exclusivamente en los evangelios, las conclusiones de nuestros hallazgos son los siguientes:

  • En todos los evangelios, de una manera positiva o negativa, se destaca el hecho de que entre los discípulos Pedro era el más sobresaliente. Esto puede deberse a que aparentemente fue uno de los tres discípulos más cercanos de Jesús y el primero en tener una experiencia revelatoria según nos dicen Pablo en 1 Corintios e implica el Evangelio de Marcos. Esto haría a Pedro el primer apóstol y, ciertamente, el primer líder del movimiento de Jesús.
  • La actitud de los evangelistas hacia Pedro diverge significativamente, aunque la mayoría le reconoce implícitamente como líder del movimiento jesuano.
    • “Marcos” ve en términos negativos a todos los personajes asociados al liderato de Jerusalén, a saber la familia de Jesús, Pedro, Jacob el hijo de Zebedeo y su hermano Juan. Esto parece responder a su continuación de las actitudes de las congregaciones paulinas para la década del 70 e.c. y su rivalidad con las asociadas al judaísmo palestinense.
    • “Mateo” ve a Pedro con ambivalencia. Reconoce que sobresale en autoridad sobre los demás discípulos de Jesús y reduce significativamente la negatividad marcana contra los familiares de Jesús (que promovían la observancia de la Torah), pero mantiene y compone más historias que presentan a Pedro de forma no muy positiva.
    • “Lucas” también reduce la negatividad marcana tanto contra Pedro como los familiares de Jesús. Sin embargo, este evangelio se enmarca en un plan literario de dos partes, en el que Pedro prevalece como líder indiscutible del movimiento jesuano, pero desaparece cuando Pablo toma su lugar como protagonista y diseminador del mensaje cristiano a la gentilidad. “Lucas” no habla de líneas de sucesión apostólica, ni relaciona a Pedro con la congregación de Roma.
    • En el Evangelio de Juan, Pedro aparece como un portavoz de los discípulos quienes no parecen comprender plenamente lo que ocurre y tienen una desventaja ante la figura más significativa para su autor, el llamado “discípulo amado”. Parece ser que para Juan, Pedro era el líder del movimiento jesuano, pero el que tenía la mejor comprensión y cercanía a las enseñanzas de Jesús era el discípulo amado. Por ende, el “discípulo amado” se presenta en ese evangelio como superior a Pedro y a los familiares de Jesús en cuanto a las enseñanzas del Maestro.

Estas actitudes dispares señalan que no veían a Pedro ni a los familiares de Jesús como autoridades absolutas. No se ve en ninguno de ellos un sentido de lealtad a una doctrina o estructura mantenida por “sucesores de Pedro”. La divergencia teológica, eclesiológica y cristológica de estos evangelios revela también que no hubo una sola doctrina cristiana, sino una diversidad de teologías. Por eso, muchos expertos no prefieren hablar del movimiento cristiano a finales del siglo I, sino más bien de los cristianismos de la época. Esta sería una diversidad que se acrecentaría a medida que pasara el tiempo durante los siglos II y III.

Más al punto: no hay señal alguna en ninguno de los evangelios de que el liderato petrino estuviera asociado a la congregación romana. Este punto se refuerza con el hecho de que cuando Pablo escribió su epístola a los Romanos, él nunca saludó a Pedro. Aun cuando se quiera decir que en el Evangelio de Mateo Jesús le “entregó las llaves del Reino” a Pedro, hemos visto que el pasaje no es histórico y que, muy probablemente, sea eco del reconocimiento de su liderato probablemente en Antioquía, no en Roma. Igualmente, el pasaje en el que Jesús le dijo a Jesús “apacienta a mis corderos” tiene unos intereses apologéticos del Evangelio de Juan (por ende, no pasa el criterio de discontinuidad) y supuestamente ocurrió después de la resurrección de Jesús, un suceso históricamente inverosímil. Además, no está testimoniado en otras fuentes independientes ni aplica el criterio de dificultad. Por ende, este suceso tampoco cuenta como histórico.

Una vez más, nos encontramos ante un enorme —y a mi juicio insuperable— obstáculo para afirmar la fe en el papado. Sencillamente, no tiene ninguna base evangélica.

En nuestra próxima parte de la serie, discutiremos las dos cartas de Pedro en nuestro Nuevo Testamento, que son documentos que el catolicismo mira como las primeras “encíclicas papales”.

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