Netflix y la necesidad de la blasfemia

Quiero hablarles de una película que encuentro personalmente insultante. Está dirigida contra un grupo específico que sostiene perspectivas que no son mayoritarias en una sociedad como la nuestra. Según muchos estudios, uno de ellos discutido en este blog, las personas pertenecientes a este grupo son muchas veces demonizadas por la sociedad que los circunda por pensar de manera distinta a la mayoría. Esto les lleva a no pocos conflictos con su familia, sus vecinos o amistades. En otros países, nada más por proclamar sus convicciones públicamente, ellas son perseguidas, encarceladas y condenadas a muerte.

Netflix se ha hecho cómplice de mostrar este tipo de películas en su portal. De hecho, ahora mismo está disponible la parte más reciente de una serie de filmes que muestran a individuos de este grupo como perversos. La primera película de esta serie, la que considero personalmente insultante, mostraba a un profesor universitario de filosofía que le exigía a sus estudiantes, por escrito, a renunciar a su fe y a la creencia de que Dios no existía. El que no lo hiciera, en un claro caso de acoso, estaba obligado argumentar a favor de la existencia de Dios. No solo eso, sino que el profesor de filosofía parecía no conocer ningún otro texto filosófico que no fueran los de Richard Dawkins —que, por cierto, no es filósofo, ni es el ateo o agnóstico que los filósofos más consultamos en este tipo de discusiones—. Por supuesto, la película a la que me refiero es God’s Not Dead (2014).

Anuncio de la película God's Not Dead
Anuncio de la película, God’s Not Dead (2014)

Esta basura de producción tuvo un muy bien merecido 13% de favorecimiento de parte de los críticos en Rotten Tomatoes. En el mejor de los casos, solo reafirmó la fe de los creyentes, pero presentó un retrato grotesco de los ateos y librepensadores como personas emocionalmente indiferentes o perdedores ante los azares de la vida. Mientras escribo esto, Netflix ha hecho disponible la versión más reciente, God’s Not Dead: A Light in Darkness, que, una vez más, es otro desperdicio propagandístico en contra de la aspiración a una política pública laica y secular.

Como humanista y no creyente, me molesta la presencia de este tipo de vídeos en Netflix o en cualquier otra plataforma, sea Amazon Prime, Tubi o en el darkweb. ¿Qué haré al respecto? Mi solución: absolutamente nada. No lanzaré campañas de boicot, ni me interesa impedir la exhibición de estos en los teatros de Puerto Rico. Como humanista, estoy muy comprometido con la libertad de expresión mediante documentales y películas altamente cuestionables, maliciosas, incluyendo parodias y sátiras. La única medida que he tomado contra la serie de películas God’s Not Dead es, excepto en casos en que deba criticarlas, no verlas ni promoverlas . Prefiero disfrutar y estimular el consumo de otras cosas. De hecho, de los sectores humanistas, ateos, agnósticos o librepensadores, no hemos visto campaña alguna para prohibir su presentación al público.

Ahora muchos cristianos se han lanzado en una campaña contra Netflix por haber auspiciado una comedia baratísima llamada, La primera tentación de Cristo (2019), una película brasileña de un poco más de cuarenta minutos. A esta hora, en Change.org, una de las peticiones logró cerca de 171,000 firmas, pidiéndole a Netflix que removiera la “película blasfema”. En otros lugares del mismo portal, han logrado acumular más de 2 millones de firmas. En Brasil, su Congreso le ha exigido explicaciones a Netflix por la producción de la película. Según la noticia en infoCatólica:

La Comisión de Ciencia y Tecnología, Comunicación e Informática del Congreso basándose en el artículo 208 del Código Penal califica a la producción como un «vilipendio al culto religioso». … «Es una agresión a los valores cristianos», justificó el diputado Julio César, del partido Republicanos …

Fuente: http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=36539

Estas medidas representan un verdadero peligro para hacer valer algo tan valioso como el de disentir de la convicción religiosa de las mayorías.

La importancia de la parodia, la sátira y la blasfemia

Para muchos creyentes, la película auspiciada por Netflix “cruzó la raya”. Sin embargo, muy pocos cuestionan la legitimidad de colocar esa “raya”. Mientras que las películas de God’s Not Dead no son parodias o sátiras, puedo apostar a que ninguno de los que protestan contra esta plataforma se ha rasgado las vestiduras por la presentación tan insensible del cristiano filme. De hecho, ninguno de los no creyentes nos hemos autotorturado, lloriqueando por las calles sobre ese problema. Sí nos hemos reído de la serie God’s Not Dead (e.g. por ejemplo aquí o aquí), porque lo que presenta es ridículo. Sí, nos ofende porque presenta a los no creyentes como puros materialistas que nos importa un bledo el bienestar de los demás. A pesar de eso, nos reímos de los largometrajes de la serie y continuamos con nuestras vidas sin quitarle a nadie su derecho a verlos.

Ahora bien, seamos francos, la película La primera tentación de Cristo se hizo para ofender a los cristianos, especialmente a los católicos. No nos hagamos los ingenuos. No solo Jesús es presentado como un homosexual, sino que afirma que nació de un acto sexual entre Dios y María, presenta a María como prostituta, y a un José que no tuvo más remedio que aceptar que su esposa le “pegara cuernos” con Dios. Esta sátira no es una comedia “inocente” … pero es eso, una comedia. No hay ninguna afirmación de que la película se basa en hechos verídicos, que consultó con historiadores para mostrar lo ocurrido lo mejor posible o que se basa en un escrito apócrifo escondido en el Vaticano. Al contrario, parecería más bien que la intención de los productores es que no se tome en serio lo que aparezca en pantalla. Es una cuestión de si a la gente le gusta o no ese tipo de comedia. Si a la gente no le gusta, el remedio más efectivo es no verla y optar por ver otra cosa.

Sin embargo, la sátira y la parodia, especialmente las blasfemas, tienen un lugar importante a la hora de cuestionar la fe aceptada a nivel social. Tienen la virtud de que ilustran prístinamente el problema de la irracionalidad de ciertas creencias tan defendidas sentimental y emocionalmente por el público creyente. Aunque no soy muy afín a andar burlándome de las personas religiosas —como unitario universalista quiero tender puentes, independientemente de la fe de la gente—, sí hay parodias y sátiras blasfemas muy bien hechas que le invitan al público a pensar críticamente.

Un ejemplo de ello es mi canal favorito DarkMatter2525 de YouTube, que, mediante animación, presenta los problemas inherentes de la narración bíblica o de ciertas creencias sostenidas por el público. Uno de los episodios que más erosionó mi fe católica fue mirar el vídeo en torno a Job. Sí, se exagera la nota con un humor negro y caricaturiza los acontecimientos relatados en la Biblia Hebrea, pero en los asuntos esenciales es bastante fiel al significado del texto bíblico en torno a un tema bien serio: la solución del libro de Job al problema de la existencia del sufrimiento y la existencia de un Dios omnipotente y bondadoso. Les invito cordialmente a ver este episodio:

El libro de Job, canal DarkMatter2525

Aunque todo esto literalmente se burla de un libro bíblico, el planteamiento es más que serio. Tan serio es, que su visión del asunto no dista mucho de la conclusión del rabino Harold Kushner en su libro, Cuando a la gente buena le pasan cosas malas. La presentación de Kushner es mucho más analítica en torno al libro de Job, pero expresada en un tono respetuoso. DarkMatter2525 es irreverente, pero, por eso, es tan o más efectivo que Kushner a la hora de ilustrar el profundo problema de sostener la solución del libro de Job al problema de la teodicea.

Invito también a los amigos lectores a que vean la perspectiva de DarkMatter2525 en torno a la “otra vida” como solución al problema existencial presente. Sin entrar en demasiado análisis filosófico, plantea muy acertadamente que tal forma de pensar conduce lógicamente a un regreso al infinito: debe haber una vida después de la muerte para dar sentido a la vida presente; pero, una vez se pasa a esa otra vida, ¿qué le daría sentido?, pues la solución estándar propondría otra vida después de esa vida… de otra manera no tendría sentido, y así sucesivamente. Es una ridiculización burlona de la noción de “vida después de la muerte para dar sentido a la vida presente”, pero es muy efectiva a la hora de mostrar por qué esta solución no funciona desde una perspectiva racional. Nótese que los argumentos usados por los personajes para justificar su creencia en una supravida son las típicas respuestas de los creyentes a las objeciones de los no creyentes.

La vida después de la muerte sin significado sin una vida después de la vida después de la muerte, DarkMatter2525

Hay otra razón por la que las blasfemias son importantes a nivel social: irónicamente pueden informar al público sobre sus propias religiones. En tales casos, todo lo que tienen que hacer los artistas es representar, tal vez con mucha exactitud, lo que dice la Biblia, el Corán o cualquier otro libro que vaya a ser ilustrado. Un ejemplo de ello, es el famoso libro de Robert Crumb, The Book of Genesis, donde representa artísticamente todo lo hermoso y grotesco del libro del Génesis. Este libro no es blasfemo per se, pero tales ilustraciones incluyen aspectos muy embarazosos de un libro cuyos pasajes desagradables suelen ser omitidos por las escuelas bíblicas o la catequesis.

La otra razón por la que hace falta la blasfemia es para hacer lo que los cómics hacen en todo su esplendor, la exploración moral de mundos alternativos. ¿Qué tal si Jesús fue “gay”? ¿Qué tal si Mahoma lo fuera? ¿Y si Dios fuera mujer, o transgénero? Algunas obras de este tipo de producción artística o literaria tienen el fin de abrir la puerta a discusiones en torno a asuntos morales y sociales: el problema del racismo, de las clases sociales, de la discriminación por orientación sexual, etc. El propósito de estas “blasfemias” es sacar a los religiosos del comfort zone de su propia cosmovisión.

Además, el propósito de la mayoría de las “blasfemias” es restarle importancia a las religiones. Este tipo de parodia y sátira son esencialmente una falta de respeto. De hecho, el argumento de los que no creemos es que podemos burlarnos o faltarle el respeto a las ideas. Para los humanistas y los que pertenecemos a religiones de alianza (que enfatizamos en las buenas obras en vez de las creencias), debemos un respeto a la integridad de las personas, pero las ideas no están en una posición de sacralidad ni de la dignidad del ser humano. Al contrario, apelar a la supuesta “sacralidad” de ciertas ideas no es otra cosa que la falacia del trato especial injustificado hacia ellas.

Para intentar justificar la “raya” que supuestamente nadie debería cruzar, usando el argumento de la “sacralidad”, siempre se recurre a esta pregunta:

¿Te gustaría a ti que alguien se burlara de tus creencias públicamente? Ergo, las creencias no deberían ser tocadas por nadie.

Una vez más, el sector creyente no tiene problema alguno cuando demoniza a otras religiones o intentan denigrar a los no creyentes. Como ya afirmamos, respetamos el derecho de cualquiera de criticar y burlarse de las convicciones de los ateos y humanistas … sujeto al hecho de que tenemos también el derecho a satirizar o pariodiar las de nuestros oponentes. Esto lo vemos necesario como parte de la convivencia social y el libre intercambio de ideas, independientemente si lo que se dice “gusta” o no.

Pienso que la mejor respuesta a ese planteamiento la llevó a cabo la artista Nina Paley, de la que hemos hablado en este blog. Ella creó un muy buen filme animado llamado Sita Sings the Blues, que, en parte, parodiaba el Ramayana. La película animada enfureció a muchos indios, hasta el punto de protestar su presentación en varios teatros estadounidenses. Uno de sus adversarios le preguntó a Paley, ante el hecho de que ella era de ascendencia judía, que cómo se sentiría si alguien se burlaba de su cultura. Siendo consecuente con esa sugerencia, ella publicó otra animación llamada Seder Masochism, donde ella satirizaba y parodiaba el relato del Éxodo y varias de las costumbres judías, donde las presentaba como manifestaciones de la violencia patriarcal típica de las religiones abrahámicas y resaltaba la obsesión sanguinaria por Israel como la tierra escogida de Dios.

Seder Masochism, película completa.

He aquí dos segmentos de esta película que se volvieron virales en la red:

Sin embargo, mi segmento favorito es este vídeo, porque ilustra tan bien cómo muchos religiosos son conducidos por sus creencias a hacer lo objetivamente malvado.

Tabernaculous! por Nina Paley

Nótese que en todos estos casos, el cálculo de Paley era ser lo más ofensiva posible. Ahora bien, dentro de su sátira, muchos en la comunidad judía reconocieron su obra porque levantaba unas inquietudes muy serias en ese sector que tenían que ver con sus denominaciones religiosas y su cultura. Además, la mayoría de los expectadores, independientemente de convicciones religiosas, han reconocido la brillante capacidad artística de esta animadora.

En torno a La primera tentación de Cristo

Anuncio de Netflix de La Primera Tentación de Cristo
Anuncio de Netflix de La primera tentación de Cristo

No elaboraré aquí una reseña de La primera tentación de Cristo porque, con toda honestidad, es un tipo de comedia que a mí no me gusta. Me pareció muy vulgar y barata, hecha con todo el ánimo de ofender y burlarse de ciertas figuras religiosas, presentándolas en versiones extremas. Aun así, este es un juicio de gusto. Sin duda, habrá gente que le encantará ver ese vídeo.

Lo que sí puedo decir es que hacer una campaña mundial de boicot a Netflix por esta comedia que raya con lo infantil, me parece extremadamente desproporcionado a la luz de lo que ahí se presenta. Si a usted no le gusta ver ese tipo de comedia, entonces … ¡no la vea! ¡La vida es tan sencilla!

El mismo Netflix que produjo La primera tentación de Cristo fue exactamente el mismo que produjo Los dos Papas, por cierto, una excelente producción. ¡Vea esa!

También Netflix le provee al público creyente una muy buena variedad de películas y documentales religiosos (unos mejores que otros). Ahora mismo pueden encontrar:

  • The Gospel of Matthew
  • The Gospel of Mark
  • The Gospel of Luke
  • The Gospel of John
  • The Case for Christ
  • Left Behind
  • Samson
  • Joseph: King of Dreams
  • God’s Not Dead: A Light in the Darkness
  • God Bless the Broken Road
  • La Rosa de Guadalupe
  • The Book of Eli
  • Evan Almighty
  • Father Brown (la serie detectivesca basada en la obra de G. K. Chesterton)
  • Come Sunday
  • I’m in Love with a Church Girl
  • An Interview with God
  • Christian Mingle
  • Jesus: Countdown to Calvary
  • Highway to Heaven

Estos no son todos, pero creo que es suficiente para notar que, aun para los devotos cristianos, hay opciones.

Lo que ha hecho la guerra irracional contra Netflix por una comedia, en vez de prevenir que se vea, ha estimulado al público a averiguar de qué se trata. En mi caso particular, nunca la habría visto, ni me hubiera enterado de ella, si no hubiera sido por la campaña de firmas en su contra. En este momento, el valor de las acciones de Netflix aumentaron un 11% después de afianzado este movimiento en su contra.

No puedo juzgar el corazón de muchas personas que están objetando a una comedia barata. Sin embargo, en algunos casos, da la impresión de que, bajo el argumento de “pasarse de la raya por tocar lo intocable sagrado” se halla un terror de que un creyente se enfrente a una situación en la que, viendo una parodia o sátira antireligiosa, reconozca que bastante de su cosmovisión es absurda. Somos animales mucho más emocionales que racionales, y muchas de nuestras motivaciones no tienen nada que ver con verse en ese espejo de las consecuencias absurdas de algunas de nuestras creencias. Cambiar de cosmovisión es un proceso doloroso, porque es a partir de él que definimos nuestra identidad y nuestra aproximación a la realidad. Además, negar la cosmovisión heredada de nuestras familias, sostenidas por prestigio social o por tradición, frecuentemente corren el riesgo real de un rompimiento con ellas. Estas son básicamente las razones para que en tantos países se penalice la blasfemia: se quiere defender con la fuerza bruta algo que no se apoya sobre los más elementales principios racionales. La historia de muchas religiones, especialmente las abrahámicas, ha estado plagada de sangre por esa misma razón.

Asentir, aunque sea inconscientemente, al planteamiento racional detrás de una “blasfemia” significa conceder que hace falta replantearse toda una perspectiva de vida y acercamiento al mundo. No es fácil. Pero, si nuestro compromiso es con la verdad —no con lo que “nos gustaría pensar que las cosas son”— debemos defender la blasfemia como algo que juega un rol importante en cualquier sociedad que aspire genuinamente a ser verdaderamente libre.

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