Estudio de viabilidad de energía nuclear y reacciones irracionales

Logo de The Nuclear Alternative Project
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Recientemente la organización Nuclear Alternative Project (NAP), con la que colaboro, obtuvo el visto bueno del Departamento de Energía y un “grant” del Departamento de Energía de los Estados Unidos para hacer un estudio de viabilidad para el establecimiento de alguna planta nuclear modular o microreactora en Puerto Rico. De hecho, el jueves pasado, el 10 de octubre, tuve la fortuna de asistir a la actividad de NAP. Me honra el que me hayan invitado para este acontecimiento del lanzamiento del estudio de viabilidad. También fue invitada Eva Quiñones, de Humanistas de Puerto Rico para que acompañara al grupo en la actividad.

  • Jesabel Rivera Guerra
  • Jesabel Rivera Guerra
  • Actividad del Nuclear Alternative Project.
  • Panel de lanzamiento del estudio de viabilidad del NAP.
  • Luis Reyes dirigiéndose al público.

Por supuesto, las reacciones no se hicieron esperar. Desde antes de esta actividad, un distinguido colega de la Universidad de Puerto Rico escribió un artículo de opinión en El Nuevo Día que contribuyó al miedo al tema. Este escrito de opinión se reprodujo también en el portal Ciencia Puerto Rico, del que el profesor es miembro. Le respondí a sus planteamientos lo más respetuosamente posible y con detalles. Otros también hicieron lo mismo.

No obstante eso, otra cosa que está ocurriendo es la diseminación de una noticia reciente en torno a desperdicios nucleares que se están colando a los océanos y que están creando problemas ecológicos. Los portales y páginas antinucleares en las redes sociales han compartido la noticia en el contexto de la discusión en Puerto Rico.

Reportaje del LA Times en Facebook
Reportaje del LA Times en Facebook

Dado el ambiente acalorado de la discusión, aunque la noticia sea genuina, se usa para desviarla del tema central del debate, a algo que no tiene nada que ver. Se da la impresión de que los desperdicios nucleares de los reactores en Estados Unidos son inseguros y este sarcófago de elementos radioactivos lo demuestra.

Solo que hay un problema: este sarcófago no tiene nada que ver con reactores que producen energía.

Domo de Runit, Islas Marshall
Domo de Runit, Islas Marshall. Foto cortesía del Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

Como bien se sabe, durante la Guerra Fría, muchas potencias hicieron un caudal de pruebas con armas nucleares en el Océano Pacífico. Estados Unidos comenzó a adoptar protocolos para enterrar los desperdicios nucleares —mayormente plutonio— de esas pruebas hechas de 1946 al 1958 bajo una estructura conocida como el Domo de Runit, ya que está localizada en la Isla de Runit, en las Islas Marshall. Creada de 1977 a 1980, los restos han descansado en el lugar por décadas.

A pesar de esa construcción, han habido sospechas de que ha habido un coladero de material radiactivo alrededor del Domo y que está contaminando el océano. Recientemente, esas sospechas se confirmaron este año con la publicación de un artículo científico al respecto. He aquí la ficha:

Abella, Maveric K. I. L., Molina, M. R., Nikolić-Hughes, I., Hughes, E. W., & Ruderman, M. A. (15 de julio de 2019). Background gamma radiation and soil activity measurements in the northern Marshall Islands. Proceedings from the National Academy of Sciences, 116(31), 15425–15434. doi: 10.1073/pnas.1903421116.

A raíz de este estudio, el L. A. Times, Forbes y otras fuentes, dejaron saber sobre este alarmante suceso.

No entraré en el debate que se ha formado al respecto, sobre si las muestras están bien interpretadas o no. Lo que me interesa es discutir cómo esto conecta —o mejor dicho, no conecta— con los reactores nucleares propuestos para Puerto Rico y con la manera en que se manejan los desperdicios nucleares en Estados Unidos y en otros países.

La evidencia científica es clara. No hay ningún coladero de desperdicio nuclear de reactores en ninguna parte del mundo. El problema de exposición a material radiactivo no procede de restos nucleares de reactores, sino de otras áreas que son mucho menos reguladas: industria, restos militares (e.g. el Domo de Runit), agricultura, medicina y la academia.

Unidades de almacenamiento nuclear.
Unidades de almacenamiento nuclear. Foto cortesía de la Comisión Reguladora Nuclear (NRC).

Los desperdicios nucleares provenientes de reactores que proveen energía se colocan en contenedores como los que pueden ver aquí arriba. Estos recipientes han sido sometidos a todas clases de pruebas, desde choques de trenes, caídas de lo alto, además son resistentes a impactos por avión y otras mañas asociadas al terrorismo internacional.

Contrario a la impresión dada por los Simpsons y ciertas campañas opositoras a la energía nuclear, este desperdicio no es “líquido” sino sólido. Una vez se extrae la energía que se utiliza del combustible, este se enfría en una piscina de agua por un número de años (el número varía dependiendo del caso) y luego se coloca en una unidad de almacenamiento de cemento y acero inoxidable. Posteriormente, se guarda en un área adyacente al reactor, o se transporta a un edificio o lugar donde se guarda y se vigila todos los días para asegurarse de que no haya exposición radiactiva de ninguna índole. En caso de que se necesiten transportarse a un área de desperdicios, estos podrían ser uno de los siguientes varios estados de la Unión, entre ellos Carolina del Sur, Tejas, Wáshington o Utah. ¿Qué significa esto para Puerto Rico? Probablemente, que los desperdicios nucleares no se guardarían en nuestro archipiélago, sino en Estados Unidos.

¿Cuánto desperdicio produce la energía nuclear? Ya hemos llegado al nivel tecnológico de que la cantidad de desperdicio nuclear generado en una vida completa promedio de un ser humano, sea del tamaño de una lata de refrescos. Esto es sustancialmente menor al tipo de desperdicio que antes se generaba —y se suelen generar todavía— en plantas de segunda generación en los Estados Unidos. Aun en este caso, se han creado plantas de cuarta generación que servirán para reciclar los restos radioactivos de estos reactores viejos. Los desperdicios resultantes serían diminutos y su vida radiactiva sería de un lapso aproximado de 300 años.

En cuanto a los microreactores o reactores modulares propuestos para Puerto Rico, tenemos información de cómo ellos serían más eficientes a la hora del manejo de desperdicios. Por ejemplo, la planta Xe-100 de la compañía X-Energy, no necesita un proceso de enfriamiento después de su uso. Esto se debe a la manera en que el combustible se contiene en las esferas de cerámica y grafito. La compañía NuScale, mediante pruebas hechas con un prototipo de su reactor, ha calculado que el combustible duraría aproximadamente 12 años para su uso sin necesidad de cambiarlo y después, se colocaría en recipientes de concreto y acero inoxidable. El microreactor eVinci, de Westinghouse, tendría una vida promedio de diez años, sin necesidad de cambiar el combustible, por lo que su residuo sería extremadamente pequeño. Por cierto, todos los reactores mencionados, tienen seguridad pasiva: si ocurriera cualquier accidente, pérdida de electricidad, entre otros, sencillamente por física, estos reactores se apagarían y no pondrían a nadie en peligro.

Por ende, no nos confundamos en torno a los desperdicios nucleares. Investiguemos seriamente si los datos que nos ofrecen las noticias y artículos de opinión se fundamentan en la evidencia científica, no en propaganda, sea a favor o en contra de la energía nuclear. Por eso, para saber si es posible este tipo de tecnología en Puerto Rico, hace falta un estudio de viabilidad. Eso es lo que quiere hacer el grupo del NAP y es algo consistente con el quehacer científico. Finalmente, desde un punto de vista de ética social, sería irresponsable implementar o rechazar tajantemente una tecnología sin un estudio de viabilidad. Informarnos al respecto, sería una base fundamental para tomar decisiones sobre nuestro futuro.

PD – Para los interesados en cuanto a la presentación que se dio el 10 de octubre, pueden acceder aquí a todo el material presentado y repartido aquí. Va acompañado de un vídeo de ese evento. Muchas gracias al grupo NAP.

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