Una mirada crítica a Lo siento mucho, pero … Jesús nunca existió de Ricardo Alonso Zavala Toia – 2(3)

1ra. parte de la serie ; 2da. parte de la serie (1, 2)

Errores en relación con la historia del cristianismo y la Iglesia Católica

Retrato de la Basílica de San Pedro
Retrato del interior de la Basílica de San Pedro. Fotografía cortesía de James Bromberger (CC-BY-SA 3.0)

Estamos ya en la fase final de nuestra crítica al libro de Ricardo Alonso Zavala Toya, Lo siento mucho, pero … Jesús nunca existió. En la serie, hemos visto errores metodológicos y equivocaciones a partir de confusiones y malentendidos sobre diversos temas. Ahora nos concentraremos en los asuntos que conciernen a la iglesia primitiva y a la Iglesia Católica. Algunas de las conclusiones no sorprenderán a los lectores de esta serie, ya que se derivan de asuntos discutidos otras entradas. Otras conclusiones se desprenden de la suma de otros errores adicionales que aparecen en el libro.

Equivocaciones en torno a la matriz social palestinense

En el primer capítulo de la quinta parte de su libro, Zavala hace algo que me gustó mucho, que es intentar presentar el rico trasfondo de la vida en Galilea y Judea. Muy correctamente, él caracteriza estas regiones geográficas como una rica intersección de cultura egipcia, helenística y judía.

Por otro lado, hay ciertos elementos que empobrecen su análisis. La primera es que habla de “actores humanos” en cuanto a este tema. No es claro qué quiere decir con este término. Él nos habla de Pitágoras, Sócrates, Platón, Epicuro, los Terapeutas, Filón de Alejandría, la comunidad del mar Muerto y los gnósticos. En la época del siglo I EC, ni Pitágoras, ni Sócrates, ni Platón ni Epicuro pueden contarse como “actores humanos” en Palestina. Todos ellos nacieron antes de esa época y no estuvieron nunca por esa región. La mención de Epicuro es particularmente extraña en esta discusión. Si por “actores humanos” se refiere a posibles influencias en la región palestinense, esto no es nada extraordinario y un asunto mucho más complejo que las personas que ha nombrado. Como hemos indicado también en la entrada pasada, los gnósticos tampoco fueron influyentes, ya que el gnosticismo fue un fenómeno del siglo II. Si continuamos la pauta de Piñero, Montserrat Torrents y García Bazán, lo que existió en esta época es, a lo sumo, una diversidad de corrientes que ellos denominan “gnosis judía” y no más de eso.

En cuanto a otros “actores”, comete otros errores. Por ejemplo, afirma que los terapeutas se organizaron jerárquicamente con cargos eclesiásticos y episcopado, contaban con su propio “evangelio” y “apóstoles”. (Zavala Toia 192) No sé de dónde procede su convicción. Nuestra fuente de conocimiento sobre los terapeutas es Filón de Alejandría. No sé dónde, en su De vita contemplativa, alega eso. Zavala también caracteriza a Filón de Alejandría como el que “helenizó” el judaísmo. (192-193) Esto hay que tomarlo con pinzas. La helenización del judaísmo fue un proceso, no un acto de una sola persona. El recurso que mejor helenizó al judaísmo fue la fuente de referencia de los judíos de la diáspora, la Septuaginta. Todo lo que hizo Filón fue darle un marco filosófico platónico a los libros que la componen, para presentar la Ley de Moisés como una manifestación del Intelecto Divino, específicamente del Logos. Además de Filón, había toda una gama de creencias en el mundo judeohelenístico y no todos compartieron las mismas cosmovisiones y perspectivas teológicas. Por ejemplo, hay unas diferencias muy grandes entre Filón, Pablo de Tarso y los Oráculos Sibilinos.

También vale señalar que la comunidad de Qumrán, que él menciona en el listado de “actores humanos”, sí tenía cena comunal, un baño ritual y una creencia en la futura resurrección. Sin embargo, cabe señalar que muchas de esas prácticas eran compartidas por la generalidad del judaísmo, lo único que los qumranitas les daban un giro particular hacia su contexto comunitario. Lo otro que hay que decir es que su cena comunal es muy distinta en carácter a la Eucaristía cristiana, ya que la práctica original cristiana parece haber adoptado la forma de kiddush y su motivo era recordar al Mesías en un acto comunal hasta el final de los tiempos; más adelante fue helenizada por judeohelenistas, tal vez Pablo. El bautismo también es marcadamente distinto en carácter, ya que se basaba en las enseñanzas de Juan el Bautista, no en la comunidad esenia. (Es interesante que Zavala no incluya al Bautista como “actor humano”, ya que su historicidad no ha sido cuestionada). La convicción de la resurrección de los muertos al final de los tiempos era compartida por cristianos, fariseos, zelotes y otros sectores sociales palestinenses, no era única de los esenios.

Posteriormente, Zavala empieza a discutir al Apóstol Pablo como el “primer cristiano”. Después de afirmar erradamente que Pablo escribió medio siglo antes de los Evangelios —la última carta de Pablo puede datarse del 55 EC al 61 EC, es decir ocho a quince años antes del Evangelio de Marcos (ca. 70 EC)— nos dice él que este misionero cambió el perfil del Jesús “caudillo militar” al Jesús “místico”. (Zavala Toia 195). Esta aserción no tiene sentido histórico alguno a la luz de otras cosas que dice en su libro. Zavala parte de la premisa de que Jesús era una deidad solar, uno de muchos “cristos” (mesías) de esa época. Sabemos también que Pablo tuvo una cierta tensión con Jacobo, el hermano de Jesús, y Pedro. (e.g. Gál. 1-2) Según su modelo histórico, ¿cómo se puede dar cuenta de ello, ya que no existe evidencia alguna en Palestina —ni en ningún otro lugar— de que un “cristo” o un “mesías” debía ser una deidad solar y, simultáneamente, un “caudillo militar”? Si el mesías postulado por los cristianos era una deidad solar, ¿cómo es posible que cambiara la noción mesiánica a “mística” si, según el mismo Zavala, era mística de buenas a primeras, al menos en calidad de dios solar? Al contrario, este cambio de “caudillo militar” al Jesús “místico” solo tiene sentido si el Mesías (o “Cristo”) venerado por la comunidad palestinense originalmente se concebía como “caudillo” (si militar o no es debatible), que fue crucificado y cuya resurrección era señal del final de los tiempos, pero que Pablo después mistificó; es decir, de un Jesús que actuó históricamente como un caudillo, fue humillado por la crucifixión, pero que los discípulos —como resolución a su disonancia cognitiva— proclamaron su resurrección y exaltación, como señal del final de los tiempos, que luego Pablo mistificaría más. De hecho, Zavala sustancia esta última posición que he expresado —¡contra la suya!— al citar a Paola Flores d’Arcais, quien afirmaba que Jesús era un profeta apocalíptico, que fue discípulo de Juan el Bautista y fue crucificado.

Aquí, me place citar al mismo Zavala:

Lo más probable es que el Cristianismo Primitivo hecho [sic.] mano a uno de estos “cristos” y lo “adornó” con las otras características que, poco a poco, fue incorporando para atraer al mundo pagano y convertirse finalmente en la organización político-criminal que ha detentado el poder en el mundo en los últimos dos milenios.

198

¡Ah! ¡Tengo una idea! ¿Qué tal si uno de estos “cristos” se llamaba Jesús, que provenía de Nazaret, que fue discípulo del Bautista, que predicó en Galilea, etc.? ¿No sería, pues, plausible el Testimonium Flavianum? ¿No derrotaría la tesis principal del libro? ¿No sería esta la explicación más sencilla de lo que Zavala dice más adelante, que el cristianismo es la “única religión que sostiene que … Jesús fue un personaje histórico” (202)? [Por cierto, los fervientes paganos de la época creían en la facticidad —y por ende historicidad— de sus dioses o héroes. Aun así, si esta posición de Zavala fuera correcta, entonces que Jesús fue histórico sería la explicación más sencilla de tal creencia cristiana en la época en que emergió].

Sin entrar de nuevo en el tema ya discutido en nuestra entrada anterior, Pablo no fue el “primer cristiano” ni quiso fundar una iglesia nueva. Al contrario, para él, la práctica del cristianismo era la praxis del judaísmo. Pablo nunca dejó de ser judío. Solo desarrolló un “evangelio suyo” en el que los gentiles podían salvarse si adoraban al dios hebreo por un acto de fe en su Mesías. Su adopción de lenguaje mistérico no es porque quería transformar el cristianismo en una secta iniciática, sino que quiso proveer ese sector del judaísmo como una alternativa a los cultos misterios. El culto cristiano nunca se convirtió en uno misterio, muy a pesar de lo que quieren insinuar ciertos mitistas.

La visión “romántica” de la iglesia primitiva

Pintura de una cena cristiana
Pintura de una cena cristiana en la Catacumba de Priscila en Roma, Italia.

Nos dice Zavala Toia en su libro:

Los Hechos de los Apóstoles nos presentan grupos de comunidades cristianas que hicieron eco del mensaje básico del Evangelio: de lo “mío” pasaron a los [sic.] “nuestro”, a lo comunitario, entendieron que los valores espirituales están por encima de los valores materiales, y que la humildad, el amor al prójimo, la solidaridad y la justicia social son las bases de la coexistencia fraternal y el desarrollo humano. El desprendimiento de los primeros cristianos se explica, en parte, por el carácter apocalíptico del nuevo culto.

Originalmente, se trató de un movimiento totalmente diferente al de otras religiones, lo que resultó atractivo dentro del mundo pagano, y también explica en parte su crecimiento. Se reunían en sus propios domicilios, y cuando comenzaron a utilizar templos, dichos recintos eran totalmente sencillos, pues no tenían imágenes, estatuas ni crucifijos.

Pienso, que esta fue la única etapa rescatable del Cristianismo, independientemente a si Jesús fue o no un personaje histórico, los primeros cristianos practicaron e hicieron realidad el mensaje de Jesús de los cientos de Evangelios que circulaban por estos días.

Zavala Toia 199-200

Es menester señalar que esta manera de ilustrar al cristianismo primitivo como algo “totalmente nuevo” al panorama religioso de la época contradice lo que Zavala dice después:

Que el cristianismo no aportó nada nuevo al desarrollo moral, ético o escatológico de la humanidad …

202

Ahora bien, lo otro es que, ante los ojos de los expertos biblistas, esta visión cuasi utópica del cristianismo primitivo en Hechos de los Apóstoles, en la que vivían los mejores principios del mensaje jesuano no pasa de ser pura fantasía del autor, pero con un granito de verdad.

Me explico. Uno de los mensajes de Jesús, según perfilado por diversos historiadores, es que debido a la cercanía del final del orden temporal y el establecimiento definitivo del Reino de Dios, se debía comenzar a vivir este Reino desde “ahora“. La cena comunitaria y la repartición de bienes en las congregaciones se modeló de acuerdo con estas expectativas de sanar enfermos, trato igual entre los mismos judíos, la incorporación y atención a los marginados sociales, etc. (Ehrman, Jesus 141-162, 171-176) Esto es lo que vemos precisamente en Hechos. Esto también vale para Pablo, que estableció congregaciones de carácter carismático, en los que la vida congregacional debía ser una plenamente igualitaria entre sus miembros, no importa que fueran judíos o gentiles, hombres o mujeres, esclavos o libres. Al igual que Jesús y sus discípulos, Pablo concibió las congregaciones como primicia de la implementación del Reino de Dios que se daría de manera inminente. (Gál. 3:26-29) De hecho, Pablo fue más radical que Jesús en el sentido de que quiso incorporar gentiles no circuncidados en la misma condición de igualdad que los judíos de sus congregaciones. Jesús y sus discípulos solo veían la igualdad entre los judíos, dejando a los gentiles aparte. (Mc. 7:24-30; Mt. 10:5-10; Hch. 6:1-4) Parte de las tensiones entre Pablo y algunos judíos palestinenses, incluyendo Jacobo y Pedro, se debía precisamente a esa posición tan radical del un Reino futuro de Dios que pusiera a los gentiles bautizados, pero no circuncidados, a la misma altura de los judíos. (Gál. 2:11-14)

Por esta misma razón que acabo de decir, ningún biblista serio —exceptuando fundamentalistas y algunos muy conservadores— cree que la vida de las primeras congregaciones palestinenses era tan cuasi utópica y pacífica. Detrás de estas aserciones reiteradas de Hechos, de paz, alegría y “besos en el cutis”, se esconde información histórica de serias tensiones dentro de las congregaciones palestinenses y judeohelenistas. Compárese los siguientes pasajes. El primero describe la visita de representantes de Jacobo, el líder de la congregación jerusalemita, a Antioquía para llevar el decreto de esta iglesia en torno a los gentiles:

Entonces decidieron los apóstoles y presbíteros, de acuerdo a toda la iglesia, elegir de entre ellos algunos hombres y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Enviaron en concreto a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, que eran dirigentes entre los hermanos. … Ellos, después de despedirse, bajaron a Antioquía, reunieron la asamblea y entregaron la carta. La leyeron y se llenaron de alegría al recibir aquel aliento. Judas y Silas, que eran también profetas, exhortaron con un largo discurso a los hermanos y los confrontaron. Pasado algún tiempo, fueron despedidos en paz por los hermanos, para que volviesen junto a los que los habían enviado.

Pablo y Bernabé se quedaron en Antioquía enseñando y anunciando, en compañía de otros muchos, la Buena Nueva, la palabra del Señor.

Hch. 15:22, 30-35 (Biblia de Jerusalén)

Ante tanta alegría, se nos presenta una pregunta. ¿Judas y Silas tuvieron que “confrontar” a los antioquenos? ¿Cómo y por qué? Nunca se nos dice. Esta situación pacífica contrasta con lo que Pablo tuvo que decir al respecto:

Pero cuando vino Cefas [Pedro] a Antioquía, me enfrenté a él, porque su actitud era censurable. Resulta que antes que llegaran algunos de parte de Jacobo, comía en compañía de los gentiles, pero una vez aquellos llegaron, empezó a evitarlos y a apartarse de ellos por miedo a los circuncisos. Y los demás judíos disimularon como él, hasta el punto de que el mismo Bernabé se vio arrastrado a la hipocresía.

Pero en cuanto vi que no procedían rectamente, conforme a la verdad del Evangelio, dije a Cefas en presencia de todos: “Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a que vivan como judíos?”

Gál. 2:11-14 (Biblia de Jerusalén), mi modificación

Por ende, toda aserción de pacifismo de la iglesia primitiva que haga Hechos debe tomarse cum granus salis. Como hemos explicado en otra entrada, el criterio de dificultad es suficiente para descubrir las tensiones históricas. En un lugar tan cosmopolita como Jerusalén, judíos palestinenses de todo lugar, entre los que se encontraban los mismos discípulos de Jesús, llevaban a cabo sus actividades de observación cúltica en el Templo, pero también lo visitaban judíos de la diáspora. Los discípulos “pilares”, Jacobo, el hermano de Jesús, Pedro y Juan, tal vez algunos otros, establecieron su centro de operaciones allí, ya que el Reino de Dios se iba a establecer justo en ese lugar. Como resultado de la interacción con los visitantes de Jerusalén, atrajeron judíos palestinenses a su causa y a judíos helenistas con gentiles simpatizantes. Hechos denominaba a ambos grupos “hebreos” y “helenistas” correspondientemente. Una vez estos dos grupos comenzaron a “compartir”, empezaron las tensiones. Los “helenistas” debían comer en mesas aparte de los “hebreos”. Las viudas de los “helenistas” debían ser atendidas aparte de las de los “hebreos”. Las primeras empezaron a quejarse por la falta de atención debida de los “hebreos”. (Hch. 6:1-2) Ese es el verdadero dato histórico, no el presunto compartir “pacífico”. (Fitzmyer I: 467-482; Fredricksen, When Christians 144-162; Lüdeman, The Acts cap. 17; Vidal, Hechos cap. 1; Wedderburn 54-71, 74-100) Bajo el criterio de dificultad, también identificamos otras tensiones comunitarias (e.g. Hch. 5:1-11)

¿Por qué esta tensión? Se ha conjeturado bastante al respecto. Mi parecer —tómese como opinión inexperta— es que, los llamados grupos “helenistas” no le exigían la observancia de la Ley Mosaica a los gentiles para participar en algunas de sus actividades religiosas fuera del Templo. Esto puede explicar por qué Hechos presenta a Esteban como un gentil acusado de haber hablado “contra la Ley de Moisés” tal vez un eco de lo que realmente propuso. Explica también por qué los “helenistas” tuvieron que salir huyendo de Jerusalén y los “hebreos” no, quizás por algún miedo a ser castigados por el sector palestinense. También explica la razón de por qué Pablo persiguió a los cristianos de la diáspora: “[por] el celo por las tradiciones de mis antepasados”. (Gál. 1:14) Probablemente, él pensaba que la sugerencia a los gentiles de no seguir la Ley de Moisés era una traición a la tradición judía que él tanto defendía. Por supuesto, cambió de parecer cuando tuvo su experiencia revelatoria, por la que desarrolló toda una teología —su evangelio— para justificar esta convicción dentro del mensaje cristiano.

De hecho, estamos hablando solamente de los comienzos del cristianismo. En el capítulo siguiente del libro de Zavala —capítulo 2 de la 5ta. parte—, él cubre razonablemente bien lo que debería haber inferido como una dramatización del proceso divisivo del cristianismo primitivo. Afortunadamente, debido a que se basa en Piñero y Ehrman, esta discusión no contiene errores significativos. Solo daña el capítulo con la discusión del asunto de la “idolatría” y de la mariología. En cuanto a lo primero, no entraré porque le toca a los católicos defender ese punto; en cuanto a lo último, lo discutiré más adelante.

La concepción conspiracionista de la Iglesia Católica

Un ejemplo de distorsión de un texto del Nuevo Testamento: ¿Jesús se “compadeció” o se “encolerizó”?

Jesús cura a un leproso
Jesús cura a un leproso. Mosaico bizantino.

Uno de los casos cambio escriturístico es el incidente en el que Jesús curó a una persona que estaba enferma de la piel, usualmente descrita como un “leproso”. El relato marcano que uno se encuentra en la Biblia dice lo siguiente:

Se le acercó un leproso que, puesto de rodillas le decía suplicante: “Si quieres, puedes limpiarme.” Compadecido, extendió su mano, lo tocó y le dijo: “Quiero. Queda limpio.” Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio. Le [echó del lugar] al instante prohibiéndole severamente: “Mira, no digas nada a nadie. Pero vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.” Pero él, así que fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ningún pueblo, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. y acudían a él de todas partes.

Mc. 1:40-45

Si ustedes miran el 99.99% de los manuscritos, el pasaje será más o menos este mismo. Muy pocos saben que este pasaje tan conocido tiene una variante en el Códice Beza y que es atestiguada por tres manuscritos latinos. En estos escritos, donde dice “compadecido” (slangnistheis) dice “encolerizado” (orgistheis). Parecería que “compadecido” tiene mejor sentido. ¿Por qué Jesús se enfurecería contra el leproso? Sin embargo, un número cada vez mayor de eruditos piensa que lo más probable es que el texto original es “encolerizado”. ¿Por qué? Veamos sus razones:

  • Sin lugar a dudas, hubo un cambio de un término a otro. ¿Quiénes reprodujeron estos manuscritos neotestamentarios? Monjes en monasterios. ¿Qué es más probable: que un monje cambiara el término de “compadecido” a “encolerizado”, o de “encolerizado” a “compadecido”? Pues, parecería que un monje cristiano estaría motivado a la última opción. Este es el criterio, Lectio difficilior potior, la lectura más difícil es la que debe preferirse.
  • Cuando se investigan las versiones paralelas en Mateo (8:2-4) y Lucas (5:12-16), llama la atención que ambos autores omitieron la palabra. No es verosímil que los autores de estos evangelios hubieran removido el término “compadecido”, que es perfectamente cónsono con su perfil de Jesús. Esto indica fuertemente que ellos omitieron la palabra “encolerizado” por ser inconsistente con su concepción de Jesús.
  • La palabra “encolerizado” armoniza mejor con el texto. Si Jesús se hubiera “compadecido”, no se explica por qué Jesús le “echó” del lugar y le amonestó “severamente”.
  • Finalmente, el Jesús marcano es de carácter muy fuerte. Él se enfurece en varias ocasiones en el texto. (Mc. 3:5; 10:14) En cada uno de estos casos, los autores de los Evangelios de Mateo y Lucas cambiaron el texto en sus relatos paralelos. (Ehrman, Misquoting Jesus 132-138)

Ahora entramos al problema principal, ¿por qué el monje copista cambió el texto de acuerdo con Zavala? Aunque él no se haya referido a este caso en su libro, se puede inferir muy fácilmente de su lectura: porque la Iglesia estaba ocultando la verdad. Esta podría ser una instancia de lo que él podría catalogar como un “manoseo” por parte de la Iglesia, para “ocultar la verdad”. (Zavala Toia 191) Es cierto que en el caso de Erasmo de Rotterdam, de su manipulación de 1 Juan, puede contarse como una distorsión deshonesta de parte de la Iglesia. (30)

Pero, ¿qué hay de este caso? La realidad no es demasiado siniestra. Con las mejores intenciones del mundo, a un copista cristiano no le tenía mucho sentido que Jesús se enfureciera con un leproso y pensó que el texto original decía “compadecido”. ¿Por qué? La respuesta es obvia. Si ustedes leyeran el relato por primera vez con la palabra “encolerizado”, ¿les tendría sentido? Por supuesto que no. Así que un monje creyó, con toda honestidad, que el texto original era “compadecido”. Otros copistas, con la mejor fe, pensaron que reproducir ese texto era mejor que copiar el de los otros que decían “encolerizado”. Con eso, tenemos en blanco y negro, una explicación totalmente sencilla y sin postular malvados obispos tras bastidores, que quisieran “ocultar la verdad” de que el texto original decía “encolerizado”.

Por cierto, la inmensa mayoría de los añadidos, remociones y variantes significativas que se encuentran en nuestros manuscritos neotestamentarios, ocurrieron en el siglo I, II y III EC. ¿Qué significa esto? Muy sencillo. No fue que “la” Iglesia editó el Nuevo Testamento como una manera de controlar su contenido. Al contario, durante estos siglos no hubo una “iglesia” cristiana unificada. Las variantes y ediciones se dieron en una época en que la reproducción de estos textos no estaba controlada. En otras palabras, los copistas en ese periodo histórico “estaban por la libre”. (Ver esta parte de un debate con Ehrman)

Este detalle nos lleva al próximo tema.

La selección de los textos del Nuevo Testamento por “la Iglesia”

Códice Vaticanus
Códice Vaticanus exhibido en Varsovia. Imagen cortesía de Leszek Jańczuk. (CC-BY-SA 4.0)

Muchas de las afirmaciones conspiracionistas de “la Iglesia” que hace Zavala están más bien relacionadas al tema de la selección de libros sagrados como parte del Nuevo Testamento.

En la primera entrada de esta serie vimos que él no conoce bien lo que es un “evangelio” como categoría literaria. Al afirmar que hay como cincuenta y tres evangelios (Zavala Toia 47), aun cuando dice después que circulaban “cientos” en aquel tiempo (200), dice que “la Iglesia” decidió ocultar los evangelios apócrifos, quedándose con los cuatro canónicos que conocemos. Describe el proceso de la siguiente manera:

… Contienen otra versión de los hechos, que contradicen la doctrina oficial de la Iglesia y, por lo tanto, cuando en el 325 d.C. se inventa el Cristianismo, los jerarcas de la nueva religión, entre otras cosas, deciden confiscar dichos evangelios y borrar cualquier otra huella que pudiera conducir a la verdad, declarando hereje a aquel que los tuviera en su poder o tuviera una posición distinta a la oficial, con lo que se propiciaron las grandes quemas de libros que, lamentablemente incluyó a la gran biblioteca de Alejandría que fue deliberadamente incendiada. No solo se confiscaron los libros “herejes” sino que se impuso la nueva religión a sangre y fuego, iniciándose la más denigrante era de la humanidad, llamada la noche de la historia, del oscurantismo y persecución, que duró más de 1600 años….

… ¿Qué derecho tuvieron cuatro sórdidos personajes, de dudosa trayectoria y malas costumbres, para haberse arrogado el derecho a determinar cuáles evangelios eran “verdaderos” y cuáles apócrifos? …

Estuvo muy mal que la Iglesia se arrogara el derecho a escoger, como “inspirados”, solo cuatro de los más de 50 evangelios que se escribieron sobre hechos que son materia de nuestro estudio…

… Cuando en el debate jurídico, un litigante oculta parte de las pruebas, su conducta es apreciada por el juez y va en detrimento de su caso. Esto es así no solamente en los tribunales; también menoscaba la buena fe que debería ser la piedra angular del debate, especialmente de quienes dicen representar a dios [sic.] en la tierra.

Zavala Toia 49-51

En torno a la alusión a la Edad Media como la “Edad Oscura”, esta visión de mundo ha sido abandonada por los especialistas medievales hace ya muchas décadas. Esta convicción no pasa de ser una leyenda urbana del anticatolicismo decimonónico que persiste en los círculos ateos, librepensadores y humanistas como una especie de credo secular. A mis amistades ateas que se creen que la Edad Media era una época de puro atraso “debido al cristianismo” les he aconsejado leer el libro Misconceptions About the Middle Ages, editado por Stephen J. Harris y Bryon L. Grigsby. Esta no es la única leyenda urbana que se sostiene en nuestras comunidades no creyentes. Para neutralizar otras, recomiendo la lectura, Galileo Goes to Jail and Other Myths About Science and Religion, editada por Ronald L. Numbers. Si no creen ninguna de estas referencias, vean al ateo Terry Jones explicárselos en arroz y habichuelas.

Nótese que la Edad Media es un periodo Occidental, parte de la caída del Imperio Romano en Occidente y pasó por un proceso extremadamente convulso de reinados de tribus germánicas, invasiones de todo tipo y luchas por territorios. Este estado de violencia previno el desarrollo intelectual europeo. No es que el cristianismo no haya intervenido en el proceso, pero no fue la causa principal. En fin, la Biblioteca de Alejandría parece haber sido destruida más por los continuos ataques y saqueos sufridos bajo el Imperio Romano que bajo los cristianos. Además, que no solo los cristianos, sino en muchas otras ocasiones y en otros lugares se han quemado libros. (Dendle; Lindberg; Raiswell; Shank) No nos olvidemos tampoco de que el catolicismo nunca se opuso a la educación y el desarrollo cultural durante los dos grandes oasis de la primera parte del Medioevo, los gobiernos de Carlomagno y de Otón el Grande. También la Iglesia Católica fue un agente importante en el establecimiento de universidades en toda Europa Occidental. Sin esos cimientos, no hubiera habido un Renacimiento ni Modernidad.

En cuanto al tema que nos compete, no sé de dónde Zavala saca la información de que cuatro personas determinaron cuáles evangelios se escogerían para el Nuevo Testamento. ¿A cuáles cuatro “sórdidos personajes” se refiere? ¿A los evangelistas? Aquí se equivoca totalmente. Durante el periodo del 70 al 100 EC, hasta donde sabemos, solo hubo cuatro evangelios propiamente hablando, tal vez con el escrito Q y un escrito preevangélico de la Pasión de Jesús, ambos desaparecidos. Los demás “cientos de evangelios” a los que se refiere Zavala se escribieron posteriormente. De hecho, cada autor evangélico, al escribir su propia versión de lo acontecido, descartaba a los demás. Los autores de los Evangelios de Mateo y de Lucas no estaban de acuerdo con el de Marcos en cuanto a su manera de presentar a Jesús y su mensaje. El autor del Evangelio de Juan no estuvo de acuerdo con ninguno de los demás evangelistas. Esto explica por qué los evangelios se contradicen entre sí.

Si no fueron ellos, ¿quiénes fueron los que “escogieron” los libros? Respuesta: los cristianos mismos. Günter Zuntz ha demostrado que para principios del siglo II EC, un conjunto de cartas paulinas (las siete auténticas junto a 2 Tesalonicenses, Efesios y Colosenses) circulaban entre los cristianos. (Metzger cap. 2; Piñero, Guía Pablo 21; Vidal, Las cartas auténticas 15-17) Otros biblistas han señalado que ya desde la primera mitad del siglo II, se circulaba un grupo de los cuatro evangelios conocidos, aunque no bajo los nombres que les conocemos hoy. La atribución a Mateo, Marcos, Lucas y Juan fue probablemente hecha por Ireneo de Lyon, uno de los Padres de la Iglesia. Sabemos de esta colección de los canónicos ya que Taciano intentó armonizarlos con su Diatessaron en el 160 EC. Esto significa que los cuatro canónicos fueron utilizados extensamente por los cristianos tanto en calidad de referencias en torno a Jesús como para propósitos litúrgicos. Además, estos eran citados por los mismos Padres y son aludidos por los evangelios apócrifos y otros escritos del siglo II en adelante. (Metzger caps. 3 y 5) Desde ese momento, los cuatro canónicos han aparecido consistentemente como los evangelios principales de los cristianos en general. Esto incluye el famoso “Canon Muratori” (ca. 200 EC), en el que hay un protolistado de lo que más adelante se convertiría en el Nuevo Testamento que conocemos hoy. Actualmente, sabemos que los libros que hoy constituyen esa sección de la Biblia se adoptaron en Alejandría por primera vez en el 367 EC para las iglesias de la región, después en Roma en el 382 EC se adoptó el canon y se confirmó para las iglesias africanas en el Concilio de Hipona (393 EC) y Cartago (397 EC). Finalmente, fue en el siglo XVI que la Iglesia Católica oficializó el canon actual del Nuevo Testamento en el Concilio de Trento.

¿Y qué hay de los otros evangelios? Zavala tiene una idea muy ingenua de la “exclusión” de los evangelios apócrifos del canon. En primer lugar, no todos los evangelios o escritos que él cita contradijeron la protoortodoxia o la ortodoxia cristiana. Por ejemplo, el Protoevangelio de Jacobo no contradice para nada lo que sostenía la mayoría del liderato cristiano de esa época, como tampoco lo hicieron el Pastor de Hermas o la Carta de Bernabé. Estos escritos no se incluyeron en el canon durante el siglo IV por la sencilla razón de que o eran demasiado fantásticos o no eran muy populares. En ese caso, se utilizaban como lectura religiosa devocional, pero no como parte de la liturgia.

Otros escritos se excluyeron, no porque “la Iglesia” pensara que “debían ocultar la verdad”. Es al revés. Era porque genuinamente pensaban que eran mentiras y que podrían descarriar a muchos fieles de la verdad. Muchos creyentes sostenían que para prevenir esta “malvada” influencia de los docetas, gnósticos, maniqueos o herméticos había que sacar estos libros de circulación. Este es el caso de libros tales como el Evangelio de María, el Evangelio de Felipe, el Apócrifo de Juan, el Evangelio de la Verdad o el Himno de la Perla ¿Es una barbaridad esta censura y hasta destrucción de textos? Definitivamente, uno de los legados más oscuros del cristianismo históricamente. … PERO, esos evangelios del siglo II al VIII EC no tenían ningún chance de entrar en el canon, dado que los cristianos consistentemente utilizaban los mismos cuatro evangelios desde el siglo II, aun en una época en la que no hubo una iglesia, sino una diversidad de congregaciones que miraron a casi los mismos conjuntos de libros como autoritativos.

¿Conspiración mariológica?

Diego Velázquez - Coronación de la Virgen María
La coronación de la Virgen María por Diego Velázquez, en el Museo del Prado.

Durante su libro, Zavala cae continuamente en la equivocación de que solamente el cristianismo reclamaba que su dios era real e histórico y que las religiones paganas no afirmaban que sus dioses fueran reales (e.g. 172). Esto incluye, según él, una enorme cantidad de deidades que nacieron el 25 de diciembre, nacieron de una virgen, tuvieron 12 apóstoles, etc. Ya hemos refutado ese alegato. Lo que él no se da cuenta es que, al contrario, la inmensa mayoría de los religiosos paganos sí sostenía la existencia real de esas deidades. Para muestra, un botón basta: el Emperador le requería sus provincias que sus autoridades religiosas le rindieran honor a sus dioses para conseguir de ellos su favor al Imperio. (Ehrman, The Triumph cap. 2)

También hemos indicado que Zavala confunde la doctrina de la inmaculada concepción con la de la concepción virginal de Jesús. Ya señalado el malentendido, procedo a otras críticas en lugares donde aparece el equívoco. Según él, muchos dioses habían nacido de vírgenes, al igual que Jesús de María. Nos dice:

Para los judíos, el nacimiento de una virgen no es un requisito que debía tener el Mesías. Cabe entonces preguntarse ¿Por qué los cristianos tuvieron que fabricar una profecía sobre un nacimiento de una virgen? La respuesta es muy clara: ante el rechazo del pueblo judío de la figura de Jesús como el Mesías, porque las varias precondiciones de la era del Mesías no se habían cumplido, los creadores del Cristianismo no tuvieron otra alternativa que tratar de atraer a la nueva religión a los gentiles paganos, para lo cual eran necesarias dos cosas: establecer que un cristiano ya no tenía que seguir obedeciendo las Leyes judías (Hechos 15), e introducir —en la nueva religión cristiana— varios mitos paganos. Uno de esos mitos se refería a la concepción inmaculada [i.e. la concepción virginal] del hijo de dios. En esos tiempos convivían en Roma diferentes comunidades religiosas que, entre otros dioses, adoraban a Mitra, Atis, Dionisos, etc., quienes de acuerdo a sus respectivos mitos habían sido concebidos inmaculadamente [i.e. habían nacido de vírgenes]. Entonces, para poder introducir con éxito el nuevo producto religioso, el flamante hijo de dios no podía un linaje o categoría menor a los ya existentes, por lo que tuvo que fabricarse una profecía en el Tanaj en la que el Mesías sería concebido inmaculadamente [i.e. nacería de una virgen].

Zavala Toia 237-238

En primer lugar, reafirmamos que la idea de eximir a los gentiles —no a los judíos— de la observancia de la Torah (parte del Tanaj) fue una medida paulina con el propósito de atraerlos para que le rindieran culto al dios Yahveh. Sin embargo, como se desprende de Gál. 4:4, él no sostuvo nunca que Jesús había nacido de una virgen, al igual que el primer evangelio, el de Marcos (aquí discuto ese problema).

Ahora bien, una vez más, aquí Zavala ignora la literatura más reciente en torno a los relatos de la concepción virginal de Jesús en los relatos de los evangelios de Mateo y Lucas. En el caso del primero, el propósito del relato del nacimiento de Jesús parece no haber tenido como objetivo el “paganizar” al Mesías judío. Es al revés. El propósito de “Mateo” era el de confirmar ante los judeohelenistas de su comunidad que Jesús era el Mesías judío prometido por las Escrituras judías. El problema del evangelista es que era grecoparlante y la fuente con la que contaba era … la Septuaginta. Este es un elemento que Zavala no tiene en consideración en su cuarto anejo. La profecía de Isaías 7:14, que aparecía en la versión hebrea describía a la madre de “Emmanuel” como “mujer joven” (`almah), pero se tradujo mal por la Septuaginta como “virgen” (parthenos). Como Mateo deseaba probar que Jesús era el Mesías, inventó un midrash en el que Jesús nació de una virgen para que se cumpliera la profecía. Aquí hago el análisis al respecto.

En el caso del Evangelio de Lucas, la motivación es distinta. Hoy día se piensa que los capítulos 1 y 2 de ese texto se escribieron después del texto principal —parece que originalmente “Lucas” pensaba comenzar por donde comienza el capítulo 3—. En este caso, el evangelista sí está compitiendo explícitamente con ciertos mitos de la época, especialmente los asociados al Emperador Augusto y al del fundador de Roma, Rómulo. Como bien se sabe, Rómulo y Remo fueron concebido del acto sexual entre el dios Marte y una virgen vestal. Señalo esto porque, como se puede ver, Rómulo no nació de una virgen, sino de un acto sexual. Algunas leyendas decían que fue resultado de una violación por parte del dios. También hay mitos en los que Atia, la madre de Augusto, fue violada por un dios en forma de serpiente cuando dormía. “Lucas” forjó su relato de la concepción milagrosa de Jesús de manera que fuera algo moralmente mucho más aceptable para sus lectores gentiles: Jesús fue un semidiós (o un ser divino) que fue concebido en el vientre de María por acto milagroso, no por un acto sexual, y con su consentimiento, no por violación. En ese sentido, para “Lucas”, la concepción de Jesús era la antítesis del comportamiento de los dioses paganos. Aquí también hago un análisis de ese relato.

¿Por qué es María “virgen”? Los dos autores nos dan dos razones distintas. Por supuesto, ninguna de ellas es histórica. Sin embargo, como se desprende de nuestra discusión, ninguno de ellos estuvo movido por un deseo de copiar relatos paganos de “nacimientos virginales”. Esto nos lleva a otro tema.

Quizás uno de los elementos más graves de esta discusión es que Zavala y muchos mitistas caen en la falsedad de que una buena parte de los dioses, semidioses o héroes nacieron de “vírgenes”. Zavala incluye aquí a Mitra, Atis y Dionisio. El problema es que Mitra no nació de una virgen. Es más, según las representaciones grecorromanas de Mitra, él no nació de mujer alguna. Aparentemente, los mitraístas sostenían que había nacido de una roca.

Mitra naciendo de una roca.
Mitra naciendo de una roca (180-192 EC)

Por cierto, hay muchas historias de nacimientos prodigiosos, pero los relatos de nacimientos virginales son escasos. Sí podemos incluir a Atis como un caso de nacimiento “virginal”, porque este personaje procede de una almendra puesta en el vientre de su madre, Agdistis. Sin embargo, esto no es cierto de Dionisio, quien es producto del acto sexual entre Zeus y Perséfone (o Zeus y Deméter). Tampoco es cierto de Buda, ya que su madre, Maya, no era virgen; ni de Krishna, que era hijo de Devaki y del Rey Vaduseva; ni de Horus, ya que emergió de un acto sexual de Isis con el cadáver de Osiris. Sí, todos estos casos son de nacimientos prodigiosos, pero en ninguno de estos se trata de un nacimiento virginal. La fuente principal de Zavala para incluir a todas estas mujeres como vírgenes parece ser Thomas Douane. Le aconsejo encarecidamente que reconsidere su uso como autoridad, ya que nadie de la academia hoy día lo reconoce.

De hecho, el judaísmo no está exento de relatos de nacimientos prodigiosos. Este fue el caso de los nacimientos de Isaac, Sansón, Samuel y Juan el Bautista. Realmente, si queremos ver si la inspiración del relato es puramente gentil, tengamos en cuenta que, aunque la versión lucana sí hace alusión —indirecta— a los nacimientos míticos de Rómulo y César Augusto, la historia del nacimiento de Jesús se modela de acuerdo al relato del de Juan el Bautista, que a su vez se forma a partir de las historias de la concepción de Isaac, Sansón y Samuel. Aquí y aquí hemos hecho el análisis.

Si no fuera suficiente todo lo dicho anteriormente, Zavala se basa en Pepe Rodríguez y Hellen Ellerbe. ¿Cuáles son las credenciales de ambos autores? Pepe Rodríguez es psicólogo, no experto en estos temas. De Hellen Ellerbe no tengo dato alguno que me provea su trasfondo académico o como autoridad en el tema. Zavala cita a Ellerbe como una manera de demostrar cómo el cristianismo utilizó la devoción mariana como una especie de sustituto de las diosas paganas para atraer a los feligreses. Según ella y Rodríguez, durante los primeros siglos, María no recibió culto alguno. De hecho, era más despreciada que los mismos mártires.

Estas aserciones hay que tomarlas con pinzas. No siempre ella fue despreciada. En el Protoevangelio de Jacobo (ca. 150 EC), utilizando el modelo de la concepción de Samuel por Ana, el relato de la concepción de Juan el Bautista y la concepción de Jesús, su autor recreó toda una historia sobre los padres de María —Joaquín y Ana— quienes fueron agraciados con la concepción milagrosa de la madre de Jesús y de su cría por los sacerdotes del Templo de Jerusalén. Aquí se nos presenta a María como la cristiana perfecta y muy agraciada por Dios, debido a que iba a ser la madre de Cristo. Esta no era todavía una época en la que se le rendía le rendía culto. Durante el segundo siglo, también Ireneo de Lyons se refirió a María como “la segunda eva” —dado que, según Pablo, Jesús era el primer Adán—. Más adelante, alrededor del 250 EC, tenemos evidencia del primer himno dedicado a ella, el “Sub tuum praesidium” (Bajo tu protección). Para ese mismo siglo, ya había comenzado la devoción mariana en Egipto. Orígenes, el gran pensador cristiano, había comenzado a referirse a ella como “la Madre de Dios”. En el siglo V, se debatió el asunto de la maternidad divina de María, pero como resultado de una tensión con los nestorianos en torno a la ontología divina de Jesús. Si Jesús era parte divino y parte humano, María solo podía ser madre de su parte humana … ergo, no sería “Madre de Dios”. El otro lado de la discusión argumentaba que Jesús, además de ser humano, era totalmente Dios, en cuyo caso, sí valdría ese título para María. Las iglesias occidentales y la orientales adoptaron esta última posición a raíz del Concilio de Calcedonia (451 EC).

Virgen María con el Niño Jesús
Virgen María con el Niño Jesús pintados en una catacumba romana del siglo IV EC.

Sobre si el culto mariano debería ser devoción católica o no, me da igual. Eso es asunto de los católicos. Sin embargo, reconozco con Zavala, que eventualmente el catolicismo, para todos los efectos prácticos, sustituyó la adoración a las diosas paganas con la devoción mariana. También reemplazó las deidades patronas de familias, clanes y naciones por devociones a ángeles y santos, que se volvieron “patronos de la agricultura” o de la “los carpinteros” o de Francia. Ahora bien, hay que aclarar que, al menos, a nivel doctrinal, el catolicismo sostiene que a María se le rinde veneración, no propiamente adoración —algo solo reservado a Dios—. Esta veneración toma la forma de “hiperdulía“, que es un culto inferior al de una adoración dedicada a Dios, pero superior en valor al de los demás santos. A pesar de esta salvedad de la doctrina católica, en mi opinión, las diversas maneras en que se practica la hiperdulía a María, no se distingue mucho de actos de adoración dentro y fuera de esa denominación cristiana.

El Concilio de Niscea y el 25 de diciembre

Ilustración del Concilio de Niscea y la quema de libros arrianos por Constantino (s. IX EC)
Ilustración del Concilio de Niscea y la quema de libros arrianos por Constantino (s. IX EC)

De acuerdo con Zavala, fue en el año 325 EC que se creó el cristianismo (49). Esto contradice un poco la aserción de que Pablo, que vivió en el siglo I fue el primer cristiano. (195) ¿Qué ocurrió en el 325 EC para tal aserción? Una sola respuesta, el Concilio de Niscea. De acuerdo con Zavala, los jerarcas de la Iglesia determinaron en ese año varias cosas:

  1. “… deciden confiscar … [los] evangelios [apócrifos] y borrar cualquier otra huella que pudiera llevar a la verdad, declarando hereje a aquel que los tuviera en su poder o tuviera una posición distinta a la oficial, con lo que se propiciaron las grandes quemas de libros que, lamentablemente, incluyó a la gran biblioteca de Alejandría que fue deliberadamente incendiada”. (49) Ya hemos hablando de la Biblioteca de Alejandría, así que no “lloveremos sobre lo mojado”. Sin embargo, la tendencia dentro del cristianismo de llamar “hereje” a discrepantes de alguna posición no era nada nueva para el 325 EC. Al contrario, era el modus operandi de las iglesias —de todas las tendencias teológicas, protoortodoxas y heterodoxas— desde que apareció la “heresiología” con Ireneo de Lyon. Y nadie se engañe, los gnósticos, arrianos, y otros también le devolvían el favor a los que discreparan de ellos. Sin embargo, en el Concilio no hubo ninguna decisión de la índole que describe Zavala, solamente se limitó a declarar la doctrina arriana una herejía. Eso es todo.
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  2. “El primer gran acuerdo del Concilio fue declarar que Jesús había sido Dios desde el mismo momento de su nacimiento”. (291) Eso es incorrecto. La determinación del Concilio era que Jesús era el Logos divino que era Dios desde mucho antes de su nacimiento. Es más, era Dios desde toda la eternidad, engendrado de Dios Padre, no creado. Por otro lado, Arrio también decía que Cristo existía desde mucho antes de su nacimiento, pero era una divinidad creada por Dios Padre, no engendrada. En ese sentido, para él, Jesús era una deidad de menor grado, no tenía estatus de igualdad con el Padre. Por lo tanto, para uno y otro lado del conflicto, el tema del nacimiento de Jesús era irrelevante.
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  3. Tras la decisión contra Arrio, “el Papa Julio I optó por precipitar la designación de una fecha para la celebración del nacimiento de “Niño-Dios”, con lo cual los fieles se acostumbrarían a pensar que Jesús era Dios desde su nacimiento”. (291) En realidad, no tenemos documentación alguna de por qué se tomó la determinación de celebrar el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre. Una muy buena parte de los expertos opina que podría ser como una forma de sustituir los festejos de la Saturnalia, no tiene nada que ver con el Concilio de Niscea. Otro problema es que la primera celebración documentada del 25 de diciembre como la Navidad en Roma ocurrió en el año 336, un año antes del comienzo del papado de Julio I (337 EC).
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  4. “La siguiente [decisión … ¿del Concilio?] fue tomar como fecha del nacimiento del Jesús cristiano la misma fecha del nacimiento del “Sol Invicto”, con lo que a su vez se terminaría de captar para el Cristianismo el resto del mundo “pagano” que seguía adorando al Dios Sol. Si bien se trató de otro gran plagio y apropiación ilícita, en el fondo lo único que hicieron sus autores fue reconocer que el recién creado Dios Cristiano Jesús no era otra cosa que el mismo dios solar que la humanidad venía venerando varios milenios atrás.” (291)

Sobre este último punto, Zavala habla de “apropiación ilícita”. ¿Conoce él alguna ley de la época que hacía ilegal la celebración del nacimiento de Jesús el 25 de diciembre? Si no me puede citar ninguna ley, entonces no es “ilícita” a nivel legal. Sin embargo, puede argüirse de que está hablando a nivel moral. Solo que hay un problema, todas las religiones de la época tomaron préstamos de otras, este es el carácter sincrético de la cultura. ¿Por qué, desde un punto de vista ético, el cristianismo no podía celebrarlo ese día? No sé. Se puede hablar de “paganización del cristianismo”, como insisten Zavala y los autores que él cita. Sin embargo, también se puede hablar de la “cristianización del paganismo”.

Sobre si la selección de la fecha del 25 de diciembre se debió a la adopción de la celebración del nacimiento de Sol Invictus, esta es una alternativa seria y viable. Sin embargo, habiendo visto ya que el Jesús histórico o el Jesús mitologizado no representa para nada una deidad solar, la hipótesis que cabe en este caso es que las autoridades intentaron cristianizar un día festivo pagano. Sin embargo, esta fecha tiene poco o nada que ver con el Concilio de Niscea, ya que en dicha reunión no se discutió para nada el asunto del nacimiento de Jesús.

Conclusiones

En cuanto al modelo histórico aproximado de lo sostenido por historiadores hoy día

Pues, de nuestra crítica a Zavala, se desprende que su modelo no es viable porque o no está sustanciado con evidencia o sencillamente la contradice. Además es inconsistente e incoherente. Por ende, ¿cuál es el modelo aproximado que sostiene la mayoría de los eruditos, críticos biblistas e historiadores profesionales hoy?

La mala noticia para los amigos mitistas es que los modelos que parten de la premisa de que Jesús no existió fallan de maneras muy importantes, en particular, porque se ven en la necesidad de complicar más su teoría para hacerla viable en relación con aquellos muchos modelos que sí suponen que Jesús existió. También necesitan dejar fuera cierta evidencia fuerte de la existencia de Jesús e inventarse pretextos para su exclusión. A manera de ejemplo, tenemos el testimonio de Pablo de que conoció a Jacobo, el hermano de Jesús. (Gál. 1:9; 2) Si se toma la interpretación más directa del texto de Gálatas, esto significaría que Jesús existió, ya que tenemos una fuente que atestigua las actividades de “su hermano”. En tal caso, los mitistas tienen que recurrir a ciertas tácticas:

  • Citan a uno que otro erudito que propone alguna tesis marginal de que el lugar donde menciona a Jacobo como hermano de Jesús fue una interpolación posterior en las cartas paulinas. (Gál. 1:19)
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  • Tienen que postular una estructura adicional de la iglesia jerosolimitana llamada “hermanos del Señor”, pero sin ninguna corroboración por parte de fuentes independientes (e.g. las fuentes evangélicas, Hechos de los Apóstoles, cartas postpaulinas, Padres de la Iglesia, Eusebio, fuentes no cristianas, etc.)
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  • La tercera estrategia es sencillamente decir que por “hermanos del Señor” Pablo se refería a otros cristianos, dejando así sin explicar por qué se vio en la necesidad de contrastar entre los “hermanos del Señor” y Pedro, o los “hermanos del Señor” y los apóstoles. (Gál. 1:19; 1 Cor. 9:5)

Las tres hipótesis son complicaciones innecesarias que se dirigen a una sola meta, sostener que Jesús no existió. Esta es una instancia de lo que hablé en otra ocasión de “salvar la teoría” en vez de “salvar el fenómeno”. Navaja de Ockam, la explicación más sencilla posible y que da cuenta plenamente de toda la evidencia es que Jacobo y otros eran efectivamente hermanos de Jesús, lo que implica que Jesús sí existió. Esto está corroborado en las fuentes evangélicas tempranas, Flavio Josefo en Antigüedades judías, los evangelios apócrifos que lo entendieron así (e.g. Protoevangelio de Jacobo), Hegesipo, Epifanio y otros autores citados en la obra de Eusebio. Hechos, a su vez, también atestigua la existencia de “hermanos de Jesús” en la vida de la congregación jerusalemita. (Hch. 1:14)

Necesitan creer que el Testimonium Flavianum en su totalidad es una falsificación, lo que no daría cuenta de la cita de versiones más escépticas o negativas de Jesús por parte de ciertos autores o manuscritos. Quieren ver el cristianismo como otra instancia de cultos misterios, haciendo la doctrina primitiva sobre Jesús como una que se ajusta a la categoría extremadamente elástica, resbaladiza, débil desde un punto de vista explicativo (¿y conveniente para los mitistas?) de “dioses que mueren y resucitan”. En casos extremos, se utiliza la versión decimonónica de este concepto, como fue formulado por James George Frazer, junto a aserciones de los que no hay evidencia alguna: que hubo dioses que nacieron el 25 de diciembre, que fueron bautizados, que nacieron de vírgenes y otros sinsentidos. Les conviene que Pablo sea gnóstico, a pesar de que toda la evidencia nos indica que el gnosticismo es posterior a él. Les conviene que el mitraísmo practicara el taurobolium como una especie de bautismo desde antes del cristianismo, aunque evidencia de ello brille por su ausencia. Quieren que la Eucaristía se haya originado en los cultos misterios grecorromanos, ignorando convenientemente evidencia de una base judía atestiguada en el Evangelio de Lucas y en la Didajé. Quieren que Jesús sea una repetición de los mitos de Homero, aunque sea una postura forzada, e ignore las formas narrativas de la Septuaginta y la identificación de fuentes judeopalestinenses.

El mitismo como se ha desarrollado hoy día pertenece a la categoría de pseudohistoria. Esto tiene todas las características equivalentes a la de una pseudociencia: tiende a ignorar el trabajo de los demás historiadores y críticos biblistas, selecciona modelos más complicados y con menos potencial explicativo que otros, utiliza las categorías menos rigurosas posibles, presenta los escenarios objetivamente menos probables como si fueran los más probables, tiende a introducir conceptos o hipótesis solo dirigidos a “salvar la teoría” (hipótesis ad hoc), utiliza a inexpertos como autoridades, apela a posiciones marginales, entre otros vicios. (Bunge, Las pseudociencias; Seudociencia e ideología 63-79; Lakatos 9-16; Popper 15-40) Por estas y otras razones, el valor historiográfico de los modelos mitistas presentados hasta ahora, aun los académicos, no tienen valor alguno para el resto de los especialistas.

Ahora bien, esto no significa que no sea posible un modelo mitista que sea mejor que el historicista. Sin embargo, el mitista que quiera tratar en serio el tema, debe velar por no caer en los vicios de la pseudohistoria. Por otro lado, esto tampoco significa que el lado historicista tenga alguna “prueba” (rigurosamente hablando) de que Jesús haya existido. Sin embargo, los modelos que suponen su existencia funcionan mucho mejor y dan mejor cuenta de la evidencia que tenemos disponible. Veamos el modelo aproximado favorecido hoy día.

  • Jesús fue un profeta apocalíptico, nacido en Nazaret de la región de Galilea. Fue probablemente el primogénito de varios hermanos y hermanas. Su vida era ordinaria como artesano o carpintero, sin diferenciarse de mucho de los judíos campesinos que laboraban en las áreas rurales de la región.
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  • La vida activa de Jesús como profeta comenzó cuando adoptó como suyo el proyecto de Juan el Bautista, haciéndose bautizar por este y convirtiéndose en su discípulo.
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  • Una vez Juan fue aprisionado por Antipas, Jesús escogió como discípulos a otros seguidores del Bautista, de entre los cuales se destacaron doce en particular. Él preveía la llegada de un Reino de Dios, en que se restaurarían las doce tribus de Israel y en los que sus doce discípulos serían sus coregentes. Él se vio a sí mismo como futuro rey de los judíos.
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  • Durante la mayoría de su predicación, se concentró en zonas rurales de Galilea y regiones adyacentes. Muchas de las parábolas reflejaban una realidad fundamentalmente rural y muchas de las noticias de su taumaturgia y milagros son típicas de ese tipo de ambiente. Solo predicó en la urbanidad por muy poco tiempo cuando fracasó su proyecto en Galilea y movió sus actividades en Jerusalén.
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  • Por su predicación antirromana y sediciosa, Jesús fue arrestado y mandado a crucificar por Poncio Pilatos.
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  • Algunos de sus discípulos y hermanos, tal vez por disonancia cognitiva, desesperación y extrema pena por lo ocurrido, dijeron haber visto a Jesús resucitado y que fue exaltado en los cielos a rango de Señor. Afirmaban que Dios le había adoptado como Hijo, por lo que heredaba el título de “Señor”, convirtiéndose él rey del cosmos. De esta manera, Jesús se convertía en la figura del Hijo del Hombre predicho por Daniel, que vendría en las nubes a juzgar a Israel y las naciones.
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  • La predicación de los discípulos se inició en Galilea y luego establecieron un centro de operaciones en Jerusalén, donde interactuaban judíos palestinenses y judeohelenistas. En Jerusalén, probablemente el sector cristiano estuvo liderado por Pedro, Juan y Jacobo, el hermano de Jesús. Debido a que Jacobo había visto a Jesús resucitado, él contaba como apóstol. (1 Cor. 15:7) Aun cuando no fue seguidor de su hermano en vida, él era el segundo hijo de José y María, haciéndole en cierta medida el siguiente en línea para “regir” a la iglesia de Jerusalén hasta que “el rey de los judíos”, Jesús, finalmente “regresara”.
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  • Debido a influencias a partir de la región geográfica de Galilea —donde Jesús predicó y los discípulos comenzaron su apostolado— y de los grupos judeohelenistas en varias regiones, se empezaron a establecer congregaciones en lugares como Damasco donde Pablo vivía. Por todo esto y lo anterior, el cristianismo pasó de ser de un movimiento nacido de la ruralía a uno que adoptó una perspectiva y vida urbana.
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  • Debido a que algunos cristianos judeohelenista promovían la menor observancia de la Ley de Moisés, Pablo comenzó a perseguirlos. Tras la experiencia revelatoria que experimentó (tal vez una experiencia epiléptica), empezó a predicar “su evangelio” que justificaba el que los gentiles no observaran ciertas prescripciones de la Ley Mosaica.
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  • Pablo y otros predicadores judeohelenistas empezaron a adoptar lenguajes y estructuras que fueran más “gentile-friendly” con el objetivo de atraer gentiles al judaísmo (en la forma de cristianismo) y abandonaran el culto a los dioses paganos. Esto llevó a que forjara un lenguaje más cercano al de los misterios y versiones vulgares de filosofías como el estoicismo y platonismo. Esto explica el uso de términos afines a estos movimientos cuando Pablo hablaba del bautismo, la eucaristía y la vida comunitaria
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  • Por el acuerdo con las autoridades jerusalemitas, no se le requirió a estos gentiles conversos la circuncisión, pero esto se permitía a cambio de unas aportaciones económicas a la congregación de Jerusalén.
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  • Empezó una seria crisis en Roma y en Judea. El Emperador Claudio ordenó y después suspendió una orden de expulsión de los judíos de Roma. Más adelante, creció la tensión entre los judíos y autoridades romanas y otros sectores de la sociedad en la región palestinense. Jacobo, el hermano de Jesús, murió injustamente a manos de las autoridades judías. Se piensa que Pablo murió bajo Nerón durante el periodo del 58 al 62 EC. Puede ser que Pedro muriera en Roma cuando se desató la persecución de Nerón en el 64 EC, pero no tenemos absoluta certeza de ello.
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  • En este periodo, parece que hubo una crisis del modelo carismático establecido por Pablo en sus congregaciones gentiles. (Bek de Goede)
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  • Más adelante se desató la Primera Guerra Judía (66-75 EC). La destrucción del Templo fue devastadora (ca. 70 EC). Quedaron eliminados del panorama los saduceos, los esenios de Qumrán y el cristianismo palestinense. Por ello, sobrevivió el cristianismo judeohelenista, cuya mayoría era paulino.
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  • De la vida carismática original de las comunidades pasaron a una jerarquización como manera de supervivencia del cristianismo. Es en esta etapa posterior que se destacan los ancianos (presbíteros) y supervisores (obispos) de las diversas iglesias. Esta estructura se fue consolidando a medida que pasaron los siglos en la estructura que conocemos hoy.
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  • Como reacción a los sucesos de la Guerra Judía, se empiezan a escribir y circular los evangelios con una fuerte influencia paulina. “Marcos” escribió el suyo a partir de fuentes que tenía a su disposición, además de su propia inventiva. La muerte de Jacobo, el hermano de Jesús, parece haber sido el modelo narrativo de “Marcos” o del texto de la Pasión utilizado por este. “Mateo” y “Lucas”, por sus desacuerdos con la teología y perspectiva de él; utilizando el evangelio marcano, el texto Q, sus propias fuentes (M y L respectivamente) y su propia imaginación escribieron cada uno su propio evangelio (ca. 80-90 EC). “Juan” (por “Juan” entiéndase múltiples editores), tenía otras fuentes y sostenía una perspectiva distinta, de ahí que editó su evangelio. Finalmente, “Lucas” escribió Hechos aproximadamente por los años 100 al 115 EC.
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  • Durante dos terceras partes del siglo I EC, hemos visto también un desarrollo e interacción de varias posiciones cristológicas: la original parece haber sido que Jesús fue hecho “Señor” del cosmos en el momento de su resurrección; posteriormente, otros vieron esa adopción en el momento del bautismo (Marcos); otros creyeron que Jesús era “Hijo de Dios” desde su nacimiento (Mateo, Lucas); otros sostuvieron que Jesús era originalmente un ser divino —¿un ángel?— que se encarnó, murió, resucitó y que terminó en una posición divina superior a la de antes (Pablo); otros veían a Jesús como una expresión de la Sabiduría Divina (Mateo) o la encarnación de la Sabiduría misma creada por Dios antes de la existencia del cosmos (Colosenses); otros veían a Jesús como la Palabra Divina (Logos), una hipóstasis que era expresión de Dios mismo … por lo tanto, era Imagen perfecta de Dios Padre, que existía desde toda la eternidad (Juan). Aun otros, decían que Jesús solo parecía estar en el mundo y parecía tener un cuerpo humano, pero que como ente divino, no podía estar mezclado con la materia decadente. (Docetas del siglo II, marcionistas y algunos grupos gnósticos)
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  • De las posiciones cristológicas, triunfaron aquellas que divinizaron a Jesús, mientras que mantuvieron simultáneamente su humanidad. Esto no ocurrió de la noche a la mañana, sino que fue un largo proceso de mistificación que comenzó en el siglo I y que culminó en el siglo IV con el Concilio de Niscea. Al principio, parece que estas cristologías se nutrieron de relatos de encarnación de dioses y de exaltación de seres humanos —presentes en la mitología grecorromana y en las sagradas escrituras judías—, junto a la convicción popular en algunos círculos judíos de la existencia de una segunda potencia divina. (Barker; Ehrman, How Jesus; Segal) Más adelante, hubo movidas más fuertes por parte de pensadores cristianos que contribuyeron a concepciones platónicas sobre Jesús y su doctrina que afectaron al cristianismo protoortodoxo y a varios otros grupos como los gnósticos.
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  • Del siglo II en adelante, empezaron a aparecer una serie de evangelios, cartas y escritos falsamente atribuidos a Jesús o a algunos de sus apóstoles, todos presentando perspectivas divergentes. Esto movió a los grupos a escoger la colección de las cartas de Pablo y los evangelios canónicos como escritos básicos adoptados por las iglesias.
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  • La legalización del cristianismo bajo Constantino el Grande (313 EC) y como religión oficial bajo Teodosio (380 EC) significó un proceso mucho más acelerado de los procesos centralizadores de poder en todo el cristianismo en unos focos de poder: Roma, Corinto, Alejandría, Éfeso, Antioquía, Constantinopla, y algunos otros. A partir de ahí, conocemos la historia del catolicismo romano y del cristianismo oriental.

No alego que todos los eruditos estén de acuerdo con todos los detalles traídos por estos puntos. Sin embargo, la literatura en general propone un modelo bastante cercano a este. Recuerdo que este es uno tentativo y que puede ser que, tal vez en algunas décadas, se modifique con refinamiento historiográfico y los métodos de la crítica bíblica.

Si el mitismo no está de acuerdo con ello, le toca presentar un mejor modelo. Por ahora, no he visto ninguno.

En cuanto al libro, Lo siento mucho, pero … Jesús nunca existió

Portada
Portada del libro, Lo siento mucho, pero … Jesús nunca existió de Ricardo Alonso Zavala Toia.

Quiero indicar que los errores mencionados en esta serie no son los únicos. Hay muchísimos más, pero por falta de tiempo, no podré extenderme en ellos. Con todo lo discutido, los lectores ya tienen suficiente para identificar la inmensa mayoría de ellos.

Ahora bien, cuando leo el libro Lo siento mucho, pero … Jesús nunca existió, siento que es menos sobre el asunto de la existencia de Jesús y más sobre un intento de desacreditar al cristianismo en general y a la Iglesia Católica en particular. Las páginas del libro de Zavala Toia despiden una fuerte pasión anticristiana, particularmente anticatólica. Quiero dejar claro que el autor no tenía malas intenciones al escribirlo ni quería engañar al público con su publicación. Al contrario, pienso que honestamente intentó presentar una obra que, desde su perspectiva, desmitificaría el cristianismo y sacaría a los feligreses de un profundo engaño.

Ahora bien, desde un punto de vista histórico y de erudición bíblica, el libro deja mucho qué desear. Lo que hace es reproducir lo que en su mayoría es pura propaganda anticristiana sin la menor sustancia histórica que lo sostenga. Estos son errores propagados desde el siglo XVIII y XIX que se continúan elaborando y desarrollando en el siglo XX y XXI por autores diversos como Thomas Douane, Gerald Massey, Peter Joseph, Acharya S. (D. M. Murdock), René Salm, Frank Zindler, Robert Price, Richard Carrier y muchos más en sus distintas variantes, del lado más descabellado de las propuestas mitistas hasta las propuestas más calibradas. El hecho de que Zavala haya recurrido a estas personas como autoridades se debe a que carece totalmente de instrucción en las diversas áreas que desea criticar. Será muy buen abogado, pero en cuanto a la labor historiográfica, no tiene el menor sentido de metodología, consistencia ni coherencia de argumentación.

Como dije en la primera parte de esta serie, parece que el único hilo conductor de la obra es su odio visceral —y yo diría que hasta ciego— al cristianismo. No niego que durante su historia, muchos sectores cristianos en general le han dado la espalda a los mejores principios de las enseñanzas que aparecen en el Nuevo Testamento. Muchos de ellos han promovido el odio al “otro”, la mentira, la misoginia, la codicia, la corrupción, la avaricia, el genocidio, las cruzadas, las persecuciones, el heterosexismo y toda clase de males a nombre de Cristo. Sin embargo, aun con todo, el cristianismo promovió redes de asistencia a los pobres, convirtió a los monasterios en centros de conocimiento, lo que llevó a la Iglesia misma a la creación de las universidades. Fomentó la literatura, la filosofía, las artes, el drama, los avances de la arquitectura, de la pintura y de la escultura. Además, le ha dado razón de ser a mucha gente buena y solidaria que capta los mejores valores del Evangelio y trata de vivirlos todos los días. Esto no fue consistente en todo lugar y en todo momento, pero el cristianismo no es la “organización” más criminal de la historia, aunque tampoco está cerca de ser la más inocente.

Puedo coincidir con Zavala que la Iglesia Católica en particular es corrupta y tiene mucho qué pagar por sus crímenes. De hecho, puedo estar de acuerdo que tiene un legado escrito en sangre y que, aun con todo lo bueno que ha hecho —que no lo niego—, no se aleja mucho de la manera en que operan los círculos corruptos de poder terrenales. Su continua marginación de las mujeres y de la comunidad LGBT+ le hace una estructura despreciable. La indignación que debemos sentir todos ante la violación y el maltrato de niños y niñas por sacerdotes y monjas nos hace exclamar como el filósofo Michael Ruse, quien concluye que la Iglesia Católica, como está constituida actualmente, merece ser erradicada, especialmente ante la tímida acción que se ha hecho al respecto. La reciente carta de la Congregación para la Educación Católica titulada Varón y mujer los creó me parece una verdadera desgracia que ilustra que, aun bajo el Papa Francisco, la Iglesia Católica no ha adelantado un milímetro a valores genuinamente contemporáneos y continúa atascado en el peso de su estructura totalitaria y anacrónica. (Boff 63-90; Cox; Küng) Le toca a los hermanos y las hermanas de la Iglesia Católica cambiar esa institución de manera que sea más ética y humana.

Digo estas palabras con indignación, pero no en calidad de odio. Como excatólico y alguien que continúa interactuando con algunas personas dentro de la Iglesia, he visto y continúo viendo sus luces y sus sombras. Sin embargo, el deber de denunciarla no puede convertirse en pretexto para suscribir cuanta teoría anticristiana o anticatólica le caiga en las manos a uno.

Como filósofo y humanista que valora la verdad, la ciencia y la historia, no puedo, en buena conciencia, recomendar el libro de Zavala. No lo sugiero como guía para conocer la historia, ni tan siquiera el lado negativo del cristianismo. Al señor Zavala y a los queridos lectores, les sugiero que lean las referencias que he citado en esta serie para orientarse mejor en torno a estos temas complejos. Siempre sean críticos, porque sus autores no son infalibles, pero tengan certeza de que conocen mucho mejor el campo y aportan genuino conocimiento independientemente de si son cristianos, judíos o ateos.

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Muchas gracias.

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