Cartas sobre Albizu y Barbosa discutidas en La voz del Centro

Pedro Albizu Campos hablando en un mitin nacionalista (sin fecha). Foto cortesía de Center for Puerto Rican Studies, Hunter College, CUNY.
Pedro Albizu Campos hablando en un mitin nacionalista (sin fecha). Foto cortesía de Center for Puerto Rican Studies, Hunter College, CUNY.

Este artículo es solo mi reacción personal en torno al programa del domingo pasado, 24 de febrero de 2019, de La voz del Centro, moderado por Ángel Collado Schwarz. Esto no representa de manera alguna la opinión de la familia Barbosa.

En el programa del domingo pasado de La voz del Centro, se discutió un par de cartas que salieron a la luz recientemente, en las que se hacía referencia a un encuentro que hubo entre el joven, Pedro Albizu Campos y el ya mayor, José Celso Barbosa. El investigador que descubrió esta correspondencia fue Fray Mario Rodríguez León.

Rodríguez tuvo en sus manos la documentación de un nacionalista, Juan Jaca Hernández. El militante independentista le entregó una carpeta que le hizo la Policía de Puerto Rico (las infames carpetas de subversivos), donde había dos cartas, una del 30 de noviembre de 1961 dirigida a su hermana, Bernarda Jaca y otra dirigida a su hijo, Juan Alberto Jaca, fechada el 21 de enero de 1962. Según ambas, se hace referencia al encuentro que hemos mencionado.

En aquella época, Barbosa estaba viviendo en el Viejo San Juan y tenía unos 61 años, mientras que Albizu tenía unos 24 años. Este último militaba en la facción independentista del Partido Unión y no era todavía muy conocido en esos círculos ni el líder nacionalista con el que estamos familiarizados hoy.

José Celso Barbosa y Alacán
Fotografía de José Celso Barbosa y Alacán

Según la correspondencia, Barbosa le invitó a Albizu a su casa con el objetivo de hablar de la posibilidad de la fundación de un partido en pro de la independencia de Puerto Rico. Además, las cartas revelan que era el deseo de Albizu que esta reunión no se diera a conocer al público hasta que el País fuera independiente. Jaca le dio a conocer esta información a su hermana e hijo, porque, muy a pesar de la petición del líder nacionalista, se debía dar a conocer quién era realmente José Celso Barbosa. La segunda carta es especialmente enfática, de que Barbosa y Albizu habían acordado que, tras regresar Albizu a la Isla de sus estudios de derecho en Harvard, se debía fundar un nuevo partido político que abogara por la independencia de Puerto Rico. Desafortunadamente, cuando había regresado Albizu de su instrucción académica en los Estados Unidos, ya Barbosa había muerto en 1921.

Además de lo anterior, las cartas también nos revelan que Juan Barbosa, el hijo de José Celso, y Albizu eran tan cercanos, que se consideraban hermanos. Rodríguez nos dice que no sabía nada de la relación tan cercana entre ambos.

Reacción

Los que hayan leído mi entrada sobre José Celso Barbosa saben más o menos qué voy a decir e indicar. Solo hay dos aspectos de esta revelación que me sorprenden. Uno es que no sabía en absoluto de esta reunión entre Barbosa y Albizu, algo que dudo que conozca la familia Barbosa. La pregunta pertinente, y que ha sido formulada por Rodríguez, ¿qué vio Barbosa en Albizu que habló con él de la creación de un partido político independentista? Lo otro es que yo no sabía que uno de los hijos de Barbosa fuera tan cercano a Albizu.

En cuanto a lo que afirma Juan Alberto Jaca en sus cartas, debemos tener unas cosas en mente a la hora de cualificar estos documentos históricos. En primer lugar, dudamos que Jaca o Albizu se inventaran una información que tiene tan profundas implicaciones históricas, especialmente cuando se mantuvo en secreto por mucho tiempo y que, supuestamente, no se daría a la luz pública hasta que Puerto Rico fuera independiente.

Por otro lado, lo que se dice aquí depende de dos cosas: de la memoria y comunicación de palabra. En cuanto a la memoria se refiere, refuerzo el debido cuidado que se necesita a la hora de tomar los alegatos verbatim, ya que, como han demostrado los psicólogos cognitivos, el cerebro es experto en el sublime, inconciente arte de modificación de recuerdos. Por otro lado, la transmisión de información por palabra tampoco es un proceso fiable, algo que se puede constantar fácilmente con un experimento tan elemental como el juego de teléfono. Ambos elementos podrían indicar que, puede ser posible, que la noticia se haya exagerado un poco.

Ahora bien, en caso de que el contenido de estas cartas sean 100% correctas, ¿debería sorprendernos? De hecho, no. El que conozca a Barbosa sabe que fue un autonomista toda su vida. Él concebía la estadidad, no como una disolución de una nación soberana en otro país distinto. Al contrario, la manera en que describía la estadidad era casi como una independencia en la que Puerto Rico retendría una soberanía plena, pero en unión federada con los demás estados de la Unión. Como describí en mi artículo sobre él, su posición en torno a la soberanía bajo la estadidad era ingenua, incluso bajo los estándares de aquel tiempo.

Lo otro que debemos tener en cuenta es que, para 1918, Barbosa estaba desilusionado con la política de Estados Unidos a Puerto Rico. Por un lado, tras la aprobación de la Ley Jones en el Congreso, se impuso una ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños, pero que para nada alteraba la relación de subordinación con la metrópoli ni tampoco involucraba una futura promesa de estadidad. Era, para todos los efectos, la perpetuidad del coloniaje. Otra razón de su decepción era que se llevó a cabo una expansión de un puñado de corporaciones azucareras, que enajenaron sustancialmente de los puertorriqueños su oportunidad de forjar capital nativo. A los abogados de estas empresas, Barbosa les llamaba “hijos ajenos”. Finalmente, la independencia siempre estuvo en su mente en caso de que la estadidad no se concediera a Puerto Rico.

No creo que Barbosa fuera nacionalista al final de su vida. Nunca lo fue. Tampoco pienso que se convirtiera a la independencia al final de su vida, él murió con la convicción de que la estadidad era posible. Sin embargo, conjeturo que sí tenía en mente el hecho de que la independencia debía ser una opción para el pueblo de Puerto Rico, si Estados Unidos le negaba la estadidad. Por supuesto, él no era creyente del coloniaje, sea bajo la Ley Jones, ni tampoco apoyaría el contemporáneo, bajo la forma del llamado “Estado Libre Asociado”.

Lo que sí sospecho es que, si hay información que corrobore lo establecido en esa carta, puede ser que datos adicionales se pueden encontrar en el archivo de Pilar Barbosa. Personalmente sostengo que si él viera con la claridad prístina de hoy, que el gobierno federal le resta sustancialmente los poderes a los estados de la Unión, él dejaba de creer en la estadidad. Si viviera hoy día, ciertamente no sería estadoísta. (Una vez más, este es mi parecer personal).

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