¿Qué sabemos históricamente del nacimiento de Jesús? – 3

Serie: 1, 2

Artículo revisado y modificado el 1 de diciembre de 2019.

San Mateo
San Mateo, representado con un hombre alado, según una ilustración en miniatura, Grandes Heures de Ana de Bretaña, Reina consorte de Francia. (1477-1514).

Como hemos visto en la entrada pasada, el Evangelio de Mateo tiene unas características particulares que nos revelan bastante de la cosmovisión de su autor anónimo, al que hemos denominado “Mateo” (entre comillas) y al público judeohelenista al que se dirigía.

Repasemos en torno al tema:

  • “Mateo” sostenía una visión de la salvación muy parecida a la de Pablo. Los dos pensaban que la salvación se extendería a los gentiles y que, junto a los israelitas como colectivo, se restauraría Israel con sus doce tribus, bajo el reinado del Mesías (el Reino “de los cielos”).
  • Aun así, hizo una variante de esa soteriología: los gentiles convertidos del paganismo al judaísmo vía la rama cristiana sustituirían a los judíos que no aceptaran a Jesús como su Mesías.
  • Como resultado de la Reunión de Jamnia y el incremento de tensión entre el fariseísmo y el cristianismo, “Mateo” comenzó a establecer narrativamente una asociación más cercana entre las autoridades del judaísmo y el fariseísmo.
  • “Mateo” culpaba de la destrucción de Jerusalén (70 c.e.) a las autoridades y la población judía que no aceptaba a Jesús como su Mesías.
  • El evangelio que escribió aspiraba a convencer a los judíos de la diáspora de que Jesús era el Mesías.
  • El escrito también quiere demostrar que Jesús llevó la Ley Mosaica a su culminación.

Dado este panorama, es menester señalar que “Mateo” va mucho más allá que estos puntos mencionados:

  1. Jesús cumple con todas las profecías referentes al Mesías. “Mateo” citaba de la Biblia griega, la Septuaginta, entre otras versiones griegas, o las parafraseaba o las interpretaba. De todos los Evangelios, él era el que más citaba la Biblia Hebrea. De las citas, 12 de estas las trataba como profecías, de las cuales, algunas aparecen en la narración de la infancia de Jesús (Mt. 1:22-23; 2:5-6,15,17-18,23).
  2. “Mateo” también deseaba presentar a Jesús como mejor que cualquier otro patriarca o figura insigne del Antiguo Israel, específicamente, Moisés. En un caso específico, reunía varios dichos de Jesús que encontramos en el Evangelio de Marcos y en el documento Q, en el llamado “Sermón de la Montaña”. Recordando que en el Monte Sinaí, Yahveh legisló la Torah vía Moisés, en el Evangelio de Mateo, Jesús hacía continuas referencias a la Ley Mosaica para “llevarla a la culminación” desde el monte. (Mt. 5-7)

Todo este trasfondo nos ayudará a entender qué es lo que se “Mateo” nos presentará el significado profundo de su relato del nacimiento de Jesús.

La Navidad según el Evangelio de Mateo

El final de una genealogía

Comenzamos nuestro análisis por un final, el de la genealogía, la que discutimos en nuestra entrada anterior. Como allá señalamos, de Abiud hasta José, no podemos asegurar la historicidad de los nombres mencionados. (Mt. 1:13-16). En el verso 16, se rompe el patrón de “X engendró a Y” y nos dice lo siguiente:

… Jacob, engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. (Mt. 1:16)

No es casualidad que Jacob sea el nombre del padre de José y abuelo de Jesús. Sin embargo, en este verso se asoma la trama a la que nos prepara el narrador: Jesús era hijo adoptivo de José, porque María era su esposa. Aun si se hubiera dado ese milagro (¡lo dudamos!), el hecho de que José adoptara a Jesús por hijo, le daba instantáneamente a este último,  el potencial derecho a su herencia al trono de David y podía considerarse su descendiente. Contrario a lo que se pensaría hoy, en la época de Jesús, todo hijo adoptado heredaba todos los derechos que le correspondía por ser parte integral de una familia. En algunos casos, podía tener mayores derechos que los hijos de sangre. Este fue el caso de Octavio Augusto César cuando fue adoptado por Julio César; cuando este murió, heredó todos los derechos por parte de su padre adoptivo. Por otro lado, Cesarión, producto del acto sexual entre Cleopatra y el gran dictador popular, no heredó ninguno de esos derechos. (Peppard 31-85)

Por otro lado, nos insinúa el evangelista, que María, la madre de Jesús, quedó embarazada por obra de Dios.

El relato mateano

Los sueños de José

El sueño de José, por Rembrandt (1645-1646).
El sueño de José, por Rembrandt (1645-1646). Imagen cortesía del Gemäldegalerie, en Berlín, Alemania.

Comienza el relato propiamente:

El nacimiento de Jesucristo fue así. Habiendo sido desposada María, su madre, con José, antes de convivir ellos se encontró encinta del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla públicamente, decidió repudiarla secretamente. Pero, considerando él estas cosas, he aquí que un ángel del Señor se le apareció en un sueño, diciendo:

—José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, pues lo que fue engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, pues él salvará a su pueblo de sus pecados. (Mt 1:18-20)

Esto recuerda fuertemente a José, el patriarca, quien había recibido mensajes de Yahveh en sueños. El hecho de que José haya sido hijo de Jacob (al final de la genealogía), refuerza este recuerdo; el patriarca José era hijo del patriarca Jacob. (Gén. 35:24; 37:2-11) ¿Qué significa esto? Que “Mateo” está modelando el relato de la infancia a los patrones que encontró en la Biblia Hebrea.

No solo eso, como indicamos recientemente, también modela el relato de tal manera que Jesús cumpliera ciertas profecías. Eso es lo que vemos en el siguiente pasaje:

Todo esto ha sucedido para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, al decir:

He aquí que la virgen estará encinta

    y dará a luz un hijo,

y le pondrán por nombre Emmanuel

—que significa: Dios con nosotros—. (Mt. 1:22-23)

Es decir, que Jesús fue concebido milagrosamente en el vientre de María para que se cumpliera una profecía del libro de Isaías (7:14). Para “Mateo”, Jesús nació de una virgen, porque así lo dijo Isaías en tiempos antiguos.

Quisiera señalar dos cosas. En primer lugar, aquí, el autor del Evangelio quiere contrastar el nombre “Emmanuel” con el de “Jesús”. El ángel de Dios da la instrucción a José de que nombrara “Jesús” al bebé que María daría a luz, porque “salvará al pueblo de sus pecados”. (Mt. 1:21) En las palabras del ángel,  tenemos la típica teología vicaria paulina en el Evangelio de Mateo. El nombre “Jesús” que encontramos en nuestras Biblias es la forma castellanizada de “Jesous” (Ἰησοῦς) en griego, o “Yeshua`” (יֵשׁוּעַ‬) en hebreo. “Yeshua`” es una contracción del nombre hebreo “Yehoshua`” (יְהוֹשֻׁעַ), la forma hebrea de nuestro “Josué” en castellano y que significa “Yahveh salva” o “Yahveh es ayuda”. (Brown, El nacimiento 143; Luz I: 136; Nolland 98)  “Mateo” estaba aprovechando el nombre muy común en el siglo primero e.c. en la región de Palestina, para darle un giro mesiánico y vicario.

Lo segundo que hay que indicar es que Isaías no dijo originalmente que el Mesías nacería de una virgen. En hebreo, la profecía original nos dice lo siguiente:

Volvió Yahveh a hablar [al rey] Ajaz en estos términos … [por boca de Isaías] “Escucha, pues, heredero de David: ¿Os parece poco cansar a los hombres, que cansáis también a mi Dios? Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: Mirad, una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, al que pondrá por nombre Emmanuel. Comerá cuajada y miel hasta que sepa rehusar lo malo y elegir lo bueno. Porque antes que sepa el niño rehusar lo malo y elegir lo bueno, será abandonado el territorio de esos dos reyes que tanto temes. Pero Yahveh atraerá sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre días como no los hubo desde aquel en que se apartó Efraín de Judá. (Is. 7:10,13-17)

Hoy día se sabe que la palabra hebrea para “doncella” o “mujer joven”, “`almah” (עַלְמָה), no significa “virgen”. En este caso, “doncella” quiere decir una joven recién casada, pero no nos dice nada de su estatus de virginidad. El contexto del pasaje nos ayuda a entender la profecía. El rey Ajaz, rey de Jerusalén, tenía que lidiar con el problema del sitio de parte de dos ejércitos, uno de Aram y otro de Israel. Ellos deseaban forzar a Judá a aliarse con ellos contra la amenaza que representaba Asiria. Cuando Isaías hablaba de una doncella encinta, no estaba refiriéndose al Mesías, sino al  hijo del rey, que sería Ezequías. Eventualmente, como se sabe históricamente, este llevaría a Jerusalén a una victoria contra los Asirios. El nombre “Emmanuel” es simbólico para denotar la presencia de Dios entre su pueblo. (Isaías 7-8; 2 Re. 18-19; 2 Cro. 28-32) Partiendo de esa perspectiva, la doncella que estaba embarazada no era otra que la esposa del rey con la que acababa de casarse.

¿De dónde, pues, viene la convicción mateana de que la profecía de Isaías hablaba de “virgen”? De un equívoco a la hora de traducir al griego. La versión de la Septuaginta tradujo “`almah” al griego, usando el término “parthénos” (παρθένος), que significa “doncella”, pero también quiere decir “virgen”. En el tiempo de “Mateo”, “parthénos” solo quería indicar a una joven que nunca ha llevado a cabo el acto sexual.

Acordémonos que uno de sus objetivos con su Evangelio: convencer a los demás judeohelenistas de que Jesús era el Mesías, porque él cumplió con todas las profecías referentes a esta figura escatológica. Desgraciadamente, para él, eso no es lo que dice el texto en hebreo y se dejó llevar por su comprensión griega, su contexto social y el significado cotidiano de la palabra “parthénos“. (Brown, El nacimiento 143-153; Nolland 98-101)

Antes de continuar, quisiera volver brevemente al orden Jacob-José, de la genealogía. Ya hemos visto que esta relación genealógica se modela según el orden de los patriarcas del Génesis. Ahora bien, tenemos una pregunta, después de José (el patriarca), ¿cuál fue la siguiente figura máxima después de la muerte? Respuesta: Moisés. Y eso es lo que nos va a dejar ver “Mateo”. Jesús es el nuevo Moisés.

Finalmente, quisiera comentar algunos aspectos del contenido del pasaje citado. Cuando afirma que José era “justo”, lo que significa es que era un hombre recto, cuya conducta general era plenamente consistente con lo requerido por la Ley de Moisés y cuyas motivaciones eran benignas en relación con María, su prometida. José genuinamente pensaba que ella había cometido adulterio, por lo que traicionaba su arreglo prenupcial de fidelidad que se esperaba de ella, pero deseaba repudiarla “en secreto”.

Este episodio refleja ciertas tradiciones sobre Moisés que existían en la época de “Mateo”. Encontramos una de estas, en una obra conocida como Antigüedades bíblicas, atribuida falsamente a Filón (por lo que, usualmente, se le llama Pseudo-Filón). Según este, Amram, padre de Moisés, rehusaba rechazar a su exposa, Yoquébed, a pesar de las amenazas del faraón de matar a niños hebreos (véase Éx. 1:8-16). Por eso, Dios, le recompensó con la protección de sus hijos. También le  reveló en sueños a Miriam (la hermana de Moisés) que su hermano por nacer sería lanzado al río en una canasta, pero salvado de las aguas. Hay otra versión, en las Antigüedades judías de Flavio Josefo, en la que Amram le rogaba a Dios que le protegiera a su familia ante la amenaza del faraón. Dios le consoló al revelarle que tuvieran el niño. (Flavio Josefo I: 108-110, II:210-216) Sin embargo, hay otras versiones populares, que aparecen en ciertos targumim (textos que traducían y ampliaban versos de la Biblia Hebrea) y midrashim (textos que interpretaban la Biblia Hebrea), en los que parece que Amram había repudiado a su esposa, debido a su temor a las amenazas del faraón, pero que Dios le había exortado a unirse a ella otra vez. Esto es así en el Targum de Pseudo-Jonatán (ca. siglos IV-IX e.c.), un texto que recoge varias tradiciones antiguas, algunas de ellas que, probablemente, circulaban en la época de “Mateo” (Borg y Crossan 107-112; Luz I: 136-138; Nolland 98-99)

En otras palabras, al adoptar tradiciones asociadas a Moisés, la estructura y el contenido de esta narración nos preparan para presentar a Jesús como un segundo Moisés.

Herodes el Grande y los Magos de Oriente

La adoración de los magos, por Giotto di Bondone.
La adoración de los magos, por Giotto di Bondone (1304). La estrella de Belén está representada por un cometa, probablemente inspirada probablemente por ver al Cometa Halley en 1301. Por esta razón, inspirándose en esta pintura, la Agencia Espacial Europea le llamó “Giotto” a uno de los satélites destinados a estudiar el cometa en 1986. 

Acto seguido, nos dice el Evangelio de Mateo que, unos “magos” llegaron a Jerusalén desde “Oriente”, diciendo que el “Rey de los Judíos” había nacido, que habían visto su “estrella” y querían “postrarse ante él”. (Mt. 2:1-2)

¿Quiénes eran “magos”? No son reyes de distintas partes del mundo, como suele pensarse. Recordando que “Mateo” escribe en un ambiente helenístico, desde esa perspectiva, ellos eran, más bien, unos sabios persas, seguidores del zoroastrianismo que interpretaban los astros y practicaban la adivinación. Hay dos razones para que “Mateo” introdujera este extraño episodio. En primer lugar, en vez de anunciar el nacimiento del Mesías a los judíos o al mismo rey Herodes, Dios decidió revelárselo primero a los gentiles, a los paganos. El hecho de que siguieran a una estrella desde Oriente, hace alusión a un texto del libro de Números:

de Jacob avanza una estrella,

un cetro surge de Israel. (Núm. 24;17)

Herodes le preguntaba a los “sacerdotes jefes y letrados”,  dónde se suponía que nacería el Mesías, a lo que respondieron, Belén de Judea. Sus conclusiones se basaban en la siguiente profecía:

Y tú, Belén, tierra de Judá,

     de ningún modo eres la más pequeña

          entre los príncipes de Judá.

     Pues de ti saldrá un jefe,

          que pastoreará a mi pueblo Israel. (Mt. 2:6)

Estos versos son una mezcla de dos pasajes distintos: 2 Sam. 5:2 y Miq. 5:1, una fusión que, sin duda, llevó a cabo el autor del Evangelio de Mateo.  En otras palabras, para él, Jesús debía nacer en Belén por ser la Ciudad de David, su ancestro por vía paterna, porque era el nuevo David, futuro Rey de los judíos. Herodes, comprendiendo muy bien la situación, envió a los Magos a Belén con el objetivo último de encontrar al niño y matarlo.

Ellos fueron conducidos por la estrella a la casa de José, María y Jesús y le presentaron oro, incienso y mirra. Este acontecimiento recuerda a dos pasajes, uno del Trito-Isaías y el otro, del Cantar de los Cantares:

¡Álzate y brilla, que llega tu luz, la gloria de Yahveh amanece sobre ti! … Caminarán naciones a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora…. Un sinfín de camellos te cubrirá, jóvenes dromedarios de Madián y Efá. Todos ellos vienen de Sabá trayendo oro e incienso y pregonando alabanzas a Yahveh. (Is. 60:1,3,6)

¿Qué es eso que sube del desierto, parecido a columna de humo, sahumado de mirra y de incienso, de polvo de aromas exóticos?

Es la litera de Salomón, escoltada por sesenta valientes, la flor de los valientes de Israel… (Ca. 3:6-7)

En otras palabras, “Mateo” deseaba dramatizar el cumplimiento del hecho de que, desde la misma infancia de Jesús, los paganos han reconocido al futuro Rey de Israel. Gracias a los Magos, se cumplía la expectativa apocalíptica de que, al final de los tiempos, los pueblos peregrinarían a ofrecer al Rey de ascendencia davídica y salomónica, oro, incienso y mirra. Este es el sentido de la visita de los Magos y sus dones, según nos lo narra el evangelio. (Luz I: 136-137)

La matanza de los inocentes

La masacre de los inocentes, de Nicolás Poussin.
La masacre de los inocentes, por Nicolás Poussin (ca. 1626-1627). Imagen cortesía del Petit Palais, París, Francia.

Los Magos son advertidos en sueños desviarse de su camino para no ir a Jerusalén a donde Herodes. Esta decepción llevó al rey a llevar a cabo una de las más famosas masacres conocidas, el llamado “asesinato de los inocentes”.

Un ángel le exortó a José, en sueños, que se levantara y huyera con su familia a Egipto, ya que Herodes planificaba matar al niño. Nos dice “Mateo” que la familia se quedó allí hasta que Herodes murió. Eso cumplía la profecía.

Desde Egipto llamé a mi hijo. (Mt. 2:15)

Este pasaje cita al profeta Oseas (Os. 11:1), refiriéndose, no al Mesías, sino al pueblo de Israel.

Dándose cuenta de la decepción de los Magos, Herodes ordenó a matar a todos los niños de Belén de dos años para abajo. Esto se hizo para que se cumpliera una profecía de Jeremías (Jer. 31:15):

Una voz se oyó en Ramá,

     mucho llanto y lamento:

Raquel llorando a sus hijos,

     y no quería ser consolada,

          porque no existen. (Mt. 2:18)

Esto recuerda mucho a la matanza del faraón a los niños hebreos, en su época de cautiverio en Egipto y del que se salvó Moisés. (Éx. 1:8-22) Sin embargo, aquí entran de nuevo las tradiciones judías populares de la época de “Mateo” y que están documentados muchos siglos más tardes en el obras tales como el Targum de Pseudo-Jonatán. En esta versión, el faraón tuvo un sueño que indicaba, según sus consejeros “magos”, el nacimiento de algún niño que representaría una amenaza a Egipto, por lo que mandó a matar a los niños. Evidencia de que este tipo de historias se estaba circulando, la encontramos en la obra de Flavio Josefo, contemporáneo a “Mateo”, que nos presenta otra versión de este mismo relato:

Cuando nuestros antepasados se encontraban en esta situación, sobrevino un motivo del siguiente tenor que incitó aun más a los egipcios a llevar a cabo el aniquilamiento de nuestra raza: uno de los escribas sagrados (pues estos son duchos en atinar la verdad de lo que vaya a acontecer en el futuro) anunció al rey que por aquellas fechas nacería entre los israelitas un niño que, de adulto, reduciría el poderío de los egipcios y elevaría el de los israelitas, y que superaría a todos en virtud y se granjearía una fama imperecedera. El rey cogió miedo y, por consejo del escriba, mandó aniquilar a todos los niños varones nacidos entre los israelitas arrojándolos al río, y para ello ordenó a las comadronas egipcias que vigilaran de cerca a las mujeres hebreas parturientas y que estuvieran atentas a sus partos. (Flavio Josefo I: 107; II:205-206)

Cabe señalar que, a pesar de que Josefo menciona a Herodes el Tetrarca en sus obras, se mantiene extrañamente silente con relación a una matanza tan impactante como la de los niños en Belén. El hecho de que no recuerde un evento que esperaríamos memorable, señala que este relato no es histórico: no hay testimonio independiente de los Evangelios que corrobore la matanza de los inocentes y todo indica que el autor del texto estaba basándose en variantes del relato del nacimiento de Moisés que eran bien conocidas en aquella época. (Borg y Crossan 139-140)

De Belén, vía Egipto, a Nazaret

La huida a Egipto, por 
Adam Elsheimer.
La huida a Egipto, por Adam Elsheimer (1609). Imagen cortesía del  Alte Pinakothek, en Múnich, Alemania.

La selección de Egipto como lugar de escape para la familia de Jesús, refuerza su asociación con el relato de Moisés. Sin embargo, esta huida de la familia es al revés de la del gran levita. El Evangelio de Mateo pone a Jesús y su familia huyendo hacia Egipto, cuando Moisés tuvo que salir huyendo de Egipto. Ocurre la masacre de los inocentes y, poco después, muere Herodes, por lo que José es informado en sueños de que podía regresar a “Israel”. Sin embargo, al darse cuenta de que uno de los hijos de Herodes, Arquelao gobernaba Judea, decidió terminar en Nazaret. (Mt. 2:19-23) Esto ocurrió para que se cumpliera una profecía:

Será llamado nazareno. (Mt. 3:23b)

La pregunta es, ¿dónde se encuentra profecía en la Biblia Hebrea o, en particular, la Septuaginta?  Muy buena pregunta, nadie sabe. Algunos exégetas piensan que “Mateo” se estaba refiriendo a un pasaje en Jueces en torno a la dedicación de Sansón al nazireato. (Jue 13:5,7)  Sin embargo, ser “nazireo” no es lo mismo que ser “nazareno”. Como indicamos en la primera parte de esta serie, el nazireato era una forma de dedicación a Yahveh (Núm. 6), una que Jesús no asumió, dado que él llevó a cabo actividades prohibidas para los nazireos (e.g. beber vino). A pesar de esta explicación apologética y bien forzada por parte de “Mateo” de explicar por qué Jesús vivió a allí, la razón por la que Jesús era llamado “Nazareno” era porque provenía de Nazaret.

¿Cuál es el propósito de este relato? Bien sencillo. Así como Moisés huyó de su pueblo para salvarse y, poco después, regresó para rescatarlo, Jesús huyó a Egipto para salvarse, pero regresó a “Israel” para salvarle. Sin embargo, “Mateo” sabía que Jesús creció y vivió en Nazaret, no en Belén. ¿Cómo resolvemos este problema? Regresando a “Israel” vía Galilea, en la aldea de Nazaret, usando como argumento que un hijo de Herodes, Arquelao, estaba gobernando Judea. Esto ignoraba por completo, muy convenientemente, que en Galilea estaba gobernando Antipas, otro hijo del monarca. Así, a pesar de este detalle, en la narrativa, “Mateo” se resuelven dos problemas con una “solución”: explica por qué Jesús no volvió a Belén a pesar de que el evangelista insistía que había nacido allí, y por qué terminó viviendo en Nazaret.

Observaciones adicionales de la narración del Evangelio de Mateo

De lo que hemos observado, se puede ver de manera concluyente que el relato de la Navidad provisto por el Evangelio de Mateo es producto de la imaginación.

Aun así, ¿puede darnos alguna información histórica? Muy poca. Partiendo de los detalles que nos da, podemos sacar una fecha tentativa del nacimiento de Jesús. Estos acontecimientos supuestamente ocurrieron en las postrimerías del gobierno de Herodes el Grande, quien murió en el año 4 a.e.c. Por otro lado, él mandó a matar a los niños de “dos años para abajo”, lo que puede indicar que Jesús pudo haber nacido entre el periodo del 7 al 6 a.e.c. Esta fecha será importante en nuestra discusión de la versión lucana de la Navidad. Por lo pronto, es imposible asegurar que esta haya sido la fecha aproximada del nacimiento de Jesús, dado el contenido altamente legendario e históricamente inverosímil de la narración mateana.

El consenso entre los expertos del Nuevo Testamento es que todo esto representa un problema histórico enorme:

  • Antes de Mateo, no hay testimonios independientes (cartas de Pablo, el Evangelio de Marcos, Q, entre otros) que corroboren el nacimiento de Jesús en Belén. Parece ser que este fue el resultado de un recurso literario para vincular a José y su familia con su ancestro, el rey David, para reforzar la idea de que Jesús era un segundo David.
  • De acuerdo con el texto, cuando los Magos llegaron a Belén, se estremeció Herodes “y toda Jerusalén” con él. Sin embargo, no hay fuentes independientes que puedan confirmar este acontecimiento, a pesar de haber sorprendido a toda una ciudad.
  • Es inverosímil que Herodes hubiera enviado a los Magos a ver al recién nacido “rey de los judíos” sin que los acompañara también algún espía. 
  • No es verosímil que Herodes hubiera llevado a cabo el asesinato de los inocentes sin que, al menos, Flavio Josefo registrara tal acto. Sí, es verdad de que el monarca sería capaz de hacerlo (como argumentan algunos apologistas), Josefo nos cuenta de cómo Herodes mismo asesinó a algunos de sus hijos por intentar derrocarle. Es más probable que “Mateo” modeló su relato según las narraciones que circulaban sobre Moisés en su tiempo.
  • Aunque sea obvio señalarlo, partiendo de un naturalismo metodológico en la historia, es genéticamente imposible que María hubiera quedado embarazada de un hijo varón, sin haber llevado a cabo un acto sexual con un varón. Alguien tuvo que aportar el cromosoma Y. 

Como indiqué al comienzo del primer artículo de esta serie, hay errores constantes en los nacimientos que colocamos en Navidad, al menos desde tiempos de Francisco de Asís. Vean este y adivinen cuál.

Un nacimiento
Imagen obtenida de este portal. Desconozco su autoría.

¿Lo ven?

Si no lo logran ver, aquí están algunos errores:

  • Los Magos aparecen como “reyes” de distintas naciones, que se distinguen entre sí por el color de su piel y su indumentaria.
  • Los “reyes” son tres, se cuentan solo por los dones al niño Jesús.
  • La estrella de Belén se posa sobre un pesebre.
  • Los “reyes” visitan a la familia en un pesebre. 
  • En “Mateo” no hay ovejas, ni pastores ni anuncios angelicales.

El Evangelio de Mateo no menciona en absoluto un “pesebre”, el que lo hace es el Evangelio de Lucas que, como veremos, no menciona los Magos de Oriente. Para “Mateo”, originalmente, la familia de Jesús vivía en Belén y tenían una casa allí.

Finalmente, llama poderosamente la atención que la narración gira alrededor de José, quien, por homonimia, es asociado al patriarca. Sin embargo, María queda relegada como persona y solo tiene dos funciones: para cumplir una profecía y para ser madre de Jesús. Por objetivos puramente literarios, fuera de estos dos aspectos, “Mateo” no tiene interés alguno por ella. Esto contrasta marcadamente con el relato lucano (Nolland 93)

Valor literario

El hecho de que no sea histórico en algún sentido, no significa que no tenga valor literario o religioso. Nuestra misión principal en esta serie es buscar aquí lo que es rigurosamente histórico. Por otro lado, como humanista (en el sentido de las Humanidades), no debemos pasar por alto la riqueza literaria y artística de esta obra.

Desde nuestra entrada pasada hasta ahora, hemos visto cómo “Mateo” (quien sea que haya sido) utilizó diversos recursos literarios, tales como el constante uso de números durante la narración. El catorce evoca el aspecto real de Jesús como descendiente de David y futuro Mesías que gobernará a Israel y las demás naciones. Además, hay cinco sueños que tiene José y cinco cumplimientos de profecías. El número cinco se asocia a la Ley Mosaica, la Torah, que componen actualmente los cinco primeros libros de la Biblia Hebrea. Esto alude muy bien al hecho de que la Torah se cumple con Jesús y que este se presenta como un segundo Moisés. (Borg y Crossan 48-49) Como hemos visto, la adopción de las estructuras y temas narrativos de targumim y midrashim, refuerzan esta misma idea.

El futuro establecimiento del “Reino de los cielos” (como “Mateo” le llama) en Israel y el tributo que le darán las naciones de la Tierra se prefiguran en la historia de los magos de Oriente. También adopta la posición pospaulina de que los gentiles serán integrados a la salvación y que aquellos judíos que no aceptaran a Jesús, no.

En suma, muchos exégetas han preferido ver los primeros dos capítulos del Evangelio de Mateo como un nuevo midrash hagádico (no en su sentido rabínico posterior pleno). Es decir, estos relatos son una especie de “fábula” o “parábola” muy creativa, inspirada en la Biblia Hebrea, que expande, le da sentido a la historia de Israel, y orienta al lector al contenido del resto del escrito y su mensaje. Otros eruditos no están tan seguros de que “Mateo” deseara que sus lectores interpretaran su narración de la Navidad como un relato ficticio. En cualquier caso, las narraciones son una introducción (o como dirían Marcus Borg y John D. Crossan, una obertura) al mensaje mateano según hemos expuesto. (Borg y Crossan 36-56; Pagola 49)

Eso no significa que un hombre o mujer de fe busque un significado espiritual de estos textos, de la misma manera que en que inquirimos en textos de historia científica o ficticia para extraer de ellos un eidos, unos valores  o alguna moraleja que nos oriente cotidianamente. En la humanidad, necesitamos mitos (relatos que proveen significado) para nutrir una cosmovisión que nos permita interactuar con la realidad desde las múltiples dimensiones de nuestro ser. Sin embargo, cuando llegamos al campo de la historia, que procura el mejor conocimiento de lo realmente ocurrido en el pasado, el Evangelio de Mateo no nos lo puede proveer en su relato del nacimiento e infancia de Jesús.

Continuaremos …

Referencias

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Meier, John. Un judío marginal. Verbo Divino, 1998 – 2017, 5 tomos.

Nolland, John. The Gospel of Matthew: A Commentary on the Greek Text. W. B. Eerdmans, 2005. 

Pagola, José Antonio. Jesús. Aproximación histórica. PPC, 2013.

Peppard, Michael. The Son of God in the Roman World: Divine Sonship in its Social and Political Context. Oxford UP, 2012. 

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