Jesús de Nazaret: Al César lo que es de César, ¿separación de iglesia y estado?

Anacronismos contemporáneos

En tiempos en que se supone que la protección de los derechos fundamentales sea un imperativo social, algunos grupos desean erosionar la separación de iglesia y estado.  Para mantener nuestras libertades, entre ellas, las de pensamiento y expresión, el estado no debe privilegiar de manera alguna a uno o más sectores religiosos o no religiosos a expensas de otros. En la Constitución de Puerto Rico, en términos muy claros, está estipulada la completa separación de iglesia y estado (art. 2, sec. 3).

¿Cuáles son las raíces de dicha disposición? Ese es otro tema largo. Sin embargo, en cuanto a lo que nos compete, no faltan autoridades legales y abogados que afirmen que puede trazarse esta noción al mismísimo Jesús de Nazaret, o al menos, a los Evangelios.  “Dad al César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”. Esa es la frase atribuida a este profeta de Galilea.

Es una frase que, en la mente de muchos, expresa con claridad prístina alguna versión de la separación de iglesia y estado. Sin embargo, tal perspectiva no pasa de ser un anacronismo. A lo sumo, lo que puede decirse es que esta visión puede basarse en una interpretación particular de esta frase. Lo que aquí argumentaremos es que el  “Jesús de la historia”, la construcción historiográfica que quiere rescatar lo que Jesús actualmente dijo e hizo, quiere decir exactamente lo contrario: que lo mejor para Israel es una teocracia.

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Jesús de Galilea y su mensaje

Palestina del primer siglo

Palestina del primer siglo. Imagen cortesía de rowanwindwhistler y Duende en Wikimedia Commons (CC-BY-SA 2.5)

Actualmente, la inmensa mayoría de los eruditos (los no apologistas, por supuesto) son del parecer que Jesús nació y vivió en Nazaret, una pequeña aldea rural en Galilea. La información más confiable que nos ha llegado es que provino de esa población. En fin, vemos, en múltiples lugares, que la designación más común de Jesús en dichos documentos es la de “Jesús de Nazaret” y que de allá era que procedía (Marcos 1:9; Mateo 4:13; Lucas 4:16; Juan 1:45; Hechos 3:6). Jesús tenía como padres a José y a María y, como hermanos a Jacob (Santiago), Josés, Judas y Simón, además de unas hermanas (Mateo 1-2; Lucas 1-2; Marcos 6:3, Juan 6:42; Gálatas 1:18-2:10; 1 Corintios 9:5; 15:7). (Borg y Crossan 11-79; Brown, et al. 79-160; Casey 143-170; Ehrman, Jesus 96-101; Meier, t. 1 201-222, 243-338; Sanders 101-114).

Estos datos no son triviales. Nazaret queda en Galilea, cuya mayoría vivía en áreas rurales, en pequeñas comunidades y aldeas, de mayoría judía, dominado por un rey que era nominalmente judío (Herodes Antipas). Aun lugares como Séforis, que era más cosmopolita, era predominantemente judío y observante de la Torah (la Ley de Moisés; Chancey; Crossan y Reed 72-82; Reed). A esto se añade que este era un lugar de nacionalismo judío importante en el siglo I, ya que de allí salió una de las rebeliones más significativas de ese siglo, la de Judas de Gamala o Judas el Galileo, al que Josefo atribuye haber iniciado la “cuarta escuela”, es decir, el movimiento zelote antirromano. (Antigüedades t. II 1077-1088; Las guerras t. II 265) Antipas arrestó a Juan el Bautista, profeta apocalipticista que operaba en esa región. Finalmente, existen reportajes de rabinos galileo que tuvieron que salir huyendo de la persecución romana por criticar su dominio, tal como el caso de Simeón bar Yochai.

José, el padre de Jesús, nombró a sus hijos de acuerdo a varios de los patriarcas de renombre:  Josué, Jacob, Judá, José y Simeón, además que escogió como mujer a María, nombre que proviene de “Miriam”, la hermana de Moisés.  Meier ve esto, especialmente los nombres de los cuatro últimos (cuatro nombres de patriarcas fundadores de tribus), como una fuerte señal de sentimiento nacional en el contexto galileo de resistencia romana (t. I 200; ver también Casey 143).

Jesús fue discípulo de Juan el Bautista, de eso hay prácticamente muy pocas dudas. El mensaje del Bautista era claramente apocalipticista: predicaba la llegada del “más fuerte” para juzgar a las naciones. En ese glorioso momento, separará a los seguidores de Yahveh de aquellos que no acepten una conversión y purificación de su vida, y a estos últimos los enviará al “fuego que nunca se apagará” (Marcos 1:1-8; Q{Lucas 3:7-9 // Mateo 3:7-10}; Q{Lucas 3:16b-17 // Mateo 3:11-12}).

Jesús se dejó bautizar por Juan, suceso que indicaba fuertemente que se veía a sí mismo como un judío que quería confesar que había pecado, que debía purificarse y convertirse a una nueva vida bajo el régimen de la Torah. El ministerio de Juan en el Jordán tenía el objetivo de renovar a Israel completo para su restauración. Aparentemente, fue con el arresto de Juan, que Jesús comenzó con su ministerio (Marcos 1:14). (Casey 171-198 ; Ehrman, Jesus 137-139; Meier, t. II/1; Pagola 73-91; Vidal 15-72)

Jesús predicando - Rembrandt

Jesús predicando – Rembrandt Harmensz. van Rijn (1652)

Cuando Jesús comenzó su predicación, el mensaje era muy claro:

El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios ha llegado; conviértanse y crean en la Buena Noticia (Marcos 1:15).

Para todos los efectos, Jesús continuaba predicando el ministerio de Juan, bautizando más allá del Jordán. El Reino de Dios, prometido por los profetas, estaba pronto a llegar. Según él, vendría de los cielos, montado en las nubes, el “Hijo del Hombre”, un sumo juez que separará a los favorecidos por Yahveh de los futuros condenados a terminar torturados en el fuego de la “gehena” (en el valle de Hinom). Después, se establecería un Reino aquí en la Tierra, en el que se restauraría en su totalidad el Pueblo de Israel con sus doce tribus. Estas tribus estarían regidas por sus doce discípulos más cercanos y el Mesías se sentaría en su trono de mando para regir a Israel completo (Jesús mismo). Este Reino sería uno de igualdad entre los miembros que aceptaran su mensaje, en el que los pobres y oprimidos serían felices, mientras que se derribarían de sus puestos a los poderosos: el poder de Roma, sus reyes vasayos, los ricos que se beneficiaban del statu quo y aquellas figuras religiosas privilegiadas por la intromisión pagana. Al final de esa era, Yahveh terminaría rigiendo a su pueblo vía el Mesías, bajo el dominio y cumplimiento pleno de la Torah (sobre el Hijo del Hombre – Marcos 8:38; Marcos 13:24-27; Q {Lucas 12:8-9 // Mateo 10:32-33}; Q {Lucas 17:23-24 // Mateo 24:26-27}; Mateo 25:31-32; Lucas 21:34-36 | Sobre el Reinado de Dios – Marcos 1:40-45; 2:1-12; 3:1-12; 5:1-43; 7:24-30; 8:22-26; 9:14-29; 10:46-52; Q {Lucas 7:1-10 // Mateo 7:28a; 8:5-10,13}, {Lucas 7:18-19,22-23 // Mateo 11:2-6}, {Lucas 11:14-15.17-20 // Mateo 9:32-34; 12:25-28}, {Lucas 7:36-50; 15:1-2; Mt. 21:31; Juan 4:46-53 | Sobre la Torah – Marcos 12:28-34; Q{Lucas 16:17 // Mateo 5:18}).

Es decir, Jesús favorecía una teología de la restauración, dominada por Yahveh y su Torah. En otras palabras, Jesús favorecía una teocracia cuya normativa fuera un documento religioso. Como muchos apocalipticistas de su época (los fariseos, los esenios y los zelotes), su perspectiva era la de un dominio nacional de Israel. En la situación presente, la potencia romana una otorgada por demonios (deidades menores o ángeles enemigos de Yahveh), por lo que su fuerza política era demoniaca. Aun así, sus días estaban contados, porque la justicia de Yahveh prevalecería al final de los tiempos que, por cierto, podría ser en un año, un día o dentro de cinco minutos, cuando menos se esperara (Q{Lucas 12:39-40 // Mateo 24:43-44}; Q{Lucas 17:23-24 // Mateo 24:26-27}). (Ehrman 141-181; Guevara; Meier, t. II/1 293-692; Pagola 93-123; Sanders 191-227; Vidal 94-140)

Dado este perfil del Jesús histórico que, fuera de los fundamentalistas y ciertos estudiosos muy conservadores, constituye el consenso abrumador de los especialistas, ¿puede alguien pensar en serio que Jesús favorecía algo parecido, aunque fuera remotamente, a una separación de iglesia y estado?

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Poniendo la enseñanza de Jesús sobre el denario en contexto

Denario

Denario en el que aparece el Emperador Tiberio (César). Cara: TI[berivs] CAESAR DIVI AVG[vsti] F[ilivs] AVGVSTS (Tiberio César Divino Augusto, Hijo del Divino Augusto; Reverso: PONTIF[ex] MAXIM[us] (Sumo Pontífice o Máximo Puente). Imagen cortesía de DrusMAX de Wikimedia Commos (CC-BY-SA 3.0 Unported).

Una de las razones de la virulencia de ciertos sectores contra el dominio romano es que los judíos  estaban obligados a hacer transacciones con monedas romanas. Yahveh había prohibido en la Torah la creación o uso de cualquier cosa que fuera una imagen de un ser humano o de cualquier animal (Éxodo 20:4; Deuteronomio 4:8). No solo eso, sino que el emperador era considerado en sus dominios como descendiente de un dios, Octavio Augusto César, hijo a su vez del divinizado Julio César y descendiente del héroe Eneas y su madre, la diosa Venus. El emperador era considerado también el sumo pontífice o máximo puente entre los dioses y los hombres.  Sin duda, los judíos palestinenses rechazaban todas estas ideas.

Esta es la razón por la que, a la hora de comprar o vender dentro de las inmediaciones del Templo de Jerusalén, los devotos tenían que cambiar las monedas romanas por equivalentes sin imágenes. Ese era el rol de los cambistas del Templo. ¿Hasta qué punto se oponían estos a la imagen del emperador y la simbología del dominio romano? Josefo nos cuenta sobre una ocasión en que el prefecto, Poncio Pilatos se vio obligado por presión social a quitar unas efigies romanas que había colocado en un momento dado. Ni su amenaza de arresto, ejecución o medidas punitivas convenció a la población de su manifestación contra los estandartes y efigies (Josefo, Las guerras t. II 291-292)

Para los profetas apocalipticistas, el asunto era mucho más grave, porque el poder de Roma se derivaba de los demonios (los dioses que ellos adoraban), por lo que era necesaria toda oposición a los hijos de la oscuridad en tierra entregada por Yahveh a su pueblo escogido. Los esenios se oponían llevando a cabo una vida de ascetismo y purificación en Qumrán, en las cercanías al Mar Muerto. Los maestros fariseos, los más populares, discutían entre sí la interpretación debida de la Torah. Los zelotes llevaban a cabo revueltas al respecto.

Toda esta cosmovisión judía está relacionada con el pago tributario. En la mentalidad apocalipticista, pagar impuestos es entregarle el poder debido de los judíos al poder invasor de Roma. Por eso, cuando se dio un censo en Judea bajo el dominio del gobernador, P. Sulpicio Quirino (6 d.C.), se dio la gran revuelta de Judas de Gamala. (Josefo, Las guerras t. II 278-279)

Por lo tanto, en la sociedad judía, el pago del tributo era un asunto muy serio. Algunos sectores, como los saduceos, se adaptaron a la situación, especialmente tras tener la autoridad política y sacerdotal otorgada por el poder romano. Los profetas y maestros adversarios no.  Jesús era uno de estos rabinos altamente insatisfechos con la situación.

¿Cómo lo sabemos? Apologéticamente, el autor del Evangelio de Lucas parece querer apartar a Jesús de la acusación (semejante a la de otros sediciosos de Galilea) de haber incitado a la gente a no pagarle tributo a César. Esto se debe a que quiere presentar a Jesús como un estoico civil respetable (Lucas 23:2). ¿No será que Jesús solía promover la idea de que no debía pagarse el tributo a César?

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¿”Dar tributo” a César o “devolverle el denario”?

La moneda de César - Peter Paul Rubens (1612)

La moneda de César – Peter Paul Rubens (1612)

He aquí el relato de lo que Marcos afirma le ocurrió a Jesús.

Enviaron entonces donde él algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Al llegar, le dijeron: “Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa de nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?” Mas él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: “¿Por qué me tientan? Tráiganme un denario, que lo vea.” Cuando se lo trajeron, les preguntó: “¿De quién son esta imagen y la inscripción?” Ellos respondieron: “Del César.” Jesús les dijo entonces: “Lo del César, devuélvanselo a César, y lo de Dios, a Dios.” Y se maravillaban de él (Marcos 12:13-17).

Este pasaje es uno de difícil interpretación para algunos estudiosos. En primer lugar, hay que tomar con pinzas el reporte de que los fariseos fueron cómplices de esto. Este texto de Marcos se da dentro del contexto de la narrativa de la planificación de la muerte de Jesús por parte de las autoridades judías (Marcos 11:15-12:17). El incidente constituye un esfuerzo de ello.

Esto se debe a que cuando se escribieron los evangelios, ya existía una tensión bien formada entre el judaísmo palestinense y el cristianismo (palestinense y helenístico). Los fariseos se oponían a la semiapertura palestinense a la actividad cristiana helenística y no simpatizaban con el mensaje paulino de exención de los gentiles de la Torah. Cuando se dio la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C., fueron exterminadas las sectas de los saduceos y los esenios, quedando solamente los fariseos y los cristianos. Posteriormente, los primeros fueron expulsando a los cristianos de sus sinagogas. Como respuesta, los cristianos acusaban a los fariseos de haber sido cómplices de la muerte de Jesús. Esto es un problema adicional para el relato que nos concierne, porque en la época de Jesús, los fariseos no tenían el poder político alguno, los saudceos sí. Fueron los saduceos los que maniobraron para querer capturar a Jesús en violación a alguna ley romana por sedición.   Por tanto, existe un fuerte consenso entre los biblistas de que si ocurrió la discusión del pago del denario, los fariseos no pudieron haberse beneficiado de él (Gnilka, t. 2 172).

Sobre los “herodianos”, no sabemos nada, ya que Marcos no elabora sobre su identidad. Fuera de los evangelios, no aparecen mencionados en ningún otro documento antiguo (Marcos 3:6; 12:13; Mateo 22:15). Dentro del contexto político en que aparecen, lo más probable es que el término se refiriera a los sirvientes o funcionarios de Herodes Antipas. El pasaje que acabamos de citar  tiene sentido si es este el caso. Los herodianos son fieles a Antipas, rey de Galilea, que a su vez era vasallo de Roma.  Jesús era un discípulo de Juan el Bautista, al que él se opuso y ejecutó. Probablemente, por paranoia, le tenía bajo vigilancia para que se le acusara de sedición. Lucas reporta que amenazaba veladamente a Antipas cuando sus espías intentaban ahuyentarlo y le llamaba “zorra” (tal vez el sentido original era el de “chacal”, animal devorador de cadáveres; Lucas 13:32; Casey 96-97, 114). No olvidemos que, aunque Jesús nunca proclamó públicamente ser Mesías, sí parecía haber utilizado signos que daban a entender a la multitud que iba a ser el futuro rey de los judíos, algo que representaba una amenaza al mismo Antipas (Meier, t. 3 572-577).

Sobre la frase de Jesús, “devuelve al César lo que es de César y a Dios, lo de Dios”, voy a presentar dos posiciones, la del consenso y la de una minoría de expertos (posición que he asumido).  Solo quiero indicar que en ninguno de los dos casos, hay respaldo para la noción de que Jesús apoyaba algo semejante a una separación de iglesia y estado.

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Posición del consenso de expertos

Ahora bien, si los herodianos fueron a tenderle una trampa a Jesús, esta no funcionó.

¿Qué quiso decir Jesús con devolverle a César lo que es de César y a Dios lo de Dios? Aparentemente, debido a su convicción de la inminencia de la llegada del Reino de Dios, le era indiferente  si se le pagaba a César o no. Para todos los efectos, el poder de Roma era ínfimo ante el poder de Yahveh. (Bornkamm 126-129; Ehrman 202-203; Malley 129) Esta interpretación descansa en el hecho de que la palabra griega “ἀποδίδωμι” como término técnico para pagar tributo. (Gnilka, t. 2 173)

La moneda de tributo - por Tiziano (1515)

La moneda de tributo – por Tiziano (1515)

Otros afirman que podría ser una enseñanza atribuida a Jesús en el tiempo de Marcos, cuando la esperanza del regreso del Mesías, había menguado. En esa situación, los cristianos empezaron a ver que el deber civil no estaba  reñido con el deber a Dios (Malley 129).

Otros conceptúan el dicho dentro de la enseñanza misma de Jesús, en la que rechaza la posibilidad de serle fiel a Dios y al dinero simulteaneamente (Q{Mateo 6:24/Lucas 16:13}). Teniendo en cuenta el contexto judío de repudio al dominio de Roma y sus imágenes, esta resistencia tiene perfecto sentido apocalipticista. Aquí, perciben ellos, una tensión doctrinal en Jesús: se debe rechazar el dinero romano, pero debe tributarse y cumplir con los deberes civiles para mantenerse “de buenas” con el régimen, en lo que llega el Reino de Dios. (Theissen y Merz 169).

Es decir, de acuerdo con el consenso de los eruditos, para Jesús, no se le debería pagar el impuesto a César, pero que por un tiempo, debía pagársele en lo que llegaba pronto, “como un ladrón en la noche”, el Reino. Aquí no hay “separación de iglesia y estado”. Al contrario, Jesús pensaba que el pago inmediato del impuesto era una estrategia provisional en lo que el Hijo del Hombre llegaba para terminar el gobierno malvado de Roma de una vez y por todas.

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Una interpretación alternativa

Una minoría de eruditos ha adoptado una propuesta que lleva circulando bastante tiempo y es la que interpreta este pasaje como un rechazo velado al pago de impuestos. El argumento va de la siguiente manera:

La palabra griega “ἀποδίδωμι” sí es un término técnico de pago tributario, pero también significa “devolver” en su sentido propio. Aquí se revela en el pasaje en griego una ambigüedad de Marcos en relación con el sentido real que quería expresar Jesús. Dentro del contexto del mensaje jesuano, que quiere favorecer una teología de la restauración, lo que afirma es: esta moneda no se debe pagar en tributo sino que debe devolvérsela a Roma; por otro lado, se debe devolverle a Dios, es decir, la tierra de Israel y la riqueza generada por ella, a quien le pertenece: a Yahveh y sus hijos. (Brandon 199, 226-227, 249, 264, 323; Maccoby 100; Puente Ojea 114-117)

¿Cuál es el problema con esta manera de ver las cosas? Esta perspectiva, favorecida por S. F. G. Brandon, Hyam Maccoby y otras figuras respetables. Aunque han aportado significativamente a la erudición bíblica, formularon unas tesis que parecen ser más extremas de la subversividad de Jesús. Según ellos, Jesús era un zelote, o alguien cercano a actuar como el partido zelote, que iba a llevar a cabo una revolución armada antirromana. Esta tesis ha sido debidamente refutada por los expertos y muy pocas personas hoy día se suscriben a esta hipótesis, aunque son propuestas zombis que resucitan de vez en cuando, como en el libro de Reza Aslan sobre Jesús, véase también las respuestas de Bart Ehrman a su libro (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 / Nota: para poder leer la información hay que ser miembro de su blog, ¡vale la pena!)

De hecho, Aslan se suscribe a una versión algo extraña de esta posición del “devolver al César” y Ehrman se ha expresado de manera no muy afable a esta perspectiva. Otros, como Antonio Piñero, adoptan una posición un poco más moderada. Me parece que no hace falta suscribirse a la tesis extrema del Jesús zelote o guerrillero, a mi juicio insensata, para adoptar una postura mejor contextualizada y más equilibrada del “devolver al César”. He aquí mis razones:

  1. Es mucho más consistente con las convicciones sostenidas por el Jesús histórico, según el perfil que hemos descrito y que ha sido aceptada por el consenso de expertos. Irónicamente, su interpretación consensuada sobre el pasaje que discutimos es más inconsistente con ese perfil consensuado..
  2. Hay tres pasajes en que Jesús habla del tema del tributo. El del pago al César es uno. Otro aparece en Lucas, en la que los acusadores de Jesús le atribuyen haber prohibido pagar tributo a César y que hemos discutido brevemente. La tercera aparece en Mateo, que es el asunto sobre el pago del impuesto al Templo de Jerusalén (Mateo 17:24-27). Jesús era de la convicción, compartida por muchos apocalipticistas, de que el Templo sería destruido. Demostró dramáticamente esa convicción en el famosa acción contra los cambistas, por lo que daba a entender que no se sentía ligado al edificio. Aunque el relato per se de Mateo del tributo al Templo tiene aspectos legendarios, la decisión tomada por Jesús de pagar lo debido al centro religioso jerosolimitano es plenamente consistente con su insistencia de guardar las formas y el contenido de la Torah. Por tanto, aun si le fuéramos a otorgar alguna sustancia histórica detrás del pasaje, estos hechos no constituyen la misma situación que la del pago al César (algo no requerido por la Torah)..
  3. La presencia de los herodianos, en la versión más temprana que tenemos (la del evangelio de Marcos) no es explicable si el incidente no hubiera sido histórico. Dada la tensión que había entre los cristianos y fariseos en las décadas del 60 y 70 y la tendencia creciente de los evangelistas de involucrar a los fariseos en la muerte de Jesús, hubiera sido más plausible la invención de un relato en que los fariseos solos fueran los protagonistas de esta oposición a Jesús (como ocurre en un derivado del incidente que encontramos en Lucas (20:19-26))..
  4. Añade a la historicidad la preocupación típica judía en torno a la imagen que encontramos en el denario, no muy típica de un autor helenístico y desconocedor de muchos aspectos de las costumbres judías, como lo era el autor del Evangelio de Marcos..
  5. Esta interpretación alternativa es perfectamente cónsona con la perspectiva apocalipticista detrás de las palabras de Jesús en torno a servir a “dos señores”, a Dios y al dinero, donde se ha grabado la efigie del dios “wannabe“, Tiberio César..
  6. Se podría argumentar que en este caso, hay alusión literaria de Marcos a la rebelión de Judas de Galilea por el asunto del tributo. Sin embargo, los rasgos de historicidad que tiene el relato ponen en duda la posibilidad de la total ahistoricidad del pasaje. Por otro lado, aun tomado como acontecimiento histórico, la vinculación con la rebelión de Judas de Galilea es innegable..
  7. “Si el río suena, es porque agua trae”. Los herodianos no solo estaban movidos por una preocupación de una potencial insurrección como la del guerrillero de Gamala. Si emergió la pregunta del pago del tributo para entramparle, muy probablemente se dio porque ya habían empezado a rondar las noticias de que Jesús invitaba a sus seguidores a no pagar el tributo al emperador. La pregunta que los herodianos le hicieron a Jesús era fríamente calculada.

La percatación jesuana de que el cuestionamiento de los herodianos tenía como fin la acusación de sedición, Jesús hizo un truco retórico: cambiar el tema del tributo a la moneda, para, entonces hacer una declaración ambigua: ante los herodianos, Jesús queda como que  parece favorecer el tributo a César; ante sus seguidores, adopta un sentido muy distinto, el de no pagar el tributo a César sino a Dios y su pueblo, Israel. Su truco, funcionó. Su aserción ante los herodianos no era suficiente para arrestarle por sedición, pero pareció responder su cuestionamiento (véase también Casey 423).

Por tanto, lejos de afirmar la separación de iglesia y estado, Jesús está afirmando que Israel debe ser regido por un dios distinto al romano. Ese es el mensaje de “devolver a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”.

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Nota final

Quiero terminar diciendo que si mis lectores se preguntan cuál de las posturas adoptar en torno al tema, les digo que, como todo homo sapiens, creo que tengo la razón. Por otro lado no soy biblista profesional. El consenso entre los eruditos debe pesar mucho más que mi opinión. No soy Richard Carrier. No pretendo adoptar su odiosa costumbre de llamar “incompetentes” a académicos que han trabajado esto con muchísima más profundidad que este servidor. Tampoco deseo que me sufraguen estudios universitarios para irme en contra de la opinión del resto del campo investigativo del Nuevo Testamento. Por otro lado, al menos deseo exponer las razones para sostener mi opinión. Mañana, siempre puedo cambiar de parecer ante evidencia que, tal vez, no he tenido en consideración por ignorancia.

Loque  sí quiero dejar claro que, no importa cuál de las interpretaciones se escoja, “devolver a César lo que es de César y a Dios lo de Dios” no es un protoendoso, ni tan siquiera provisional, a la separación de iglesia y estado. Tal atribución no pasa de ser una proyección de problemas contemporáneos a una mente apocalíptica judía del siglo I.


Nada de esto significa que no debamos maximizar esfuerzos por separar la iglesia y el estado, según dispone nuestra Constitución. Contribuyamos, pues, a organizaciones en Puerto Rico y Estados Unidos que luchan contra el esfuerzo de ciertos políticos de imponer la religión a los demás la cosmovisión sostenida por algunos grupos. Aquí ofrezco una lista:

Separación de Iglesia y Estado

Imagen cortesía de CLATSOP

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Muchas gracias.

Referencias

Biblia de Jerusalén. 4ta. ed., Desclée de Brower, 2009.

Brandon, S. G. F. Jesus and the Zealots : A Study of the Political Factor in Primitive Christianity. Scribner, 1967.

Borg, Marcus J. y John Dominic Crossan. La primera Navidad. Lo que los Evangelios enseñan realmente acerca del nacimiento de Jesús. Verbo Divino, 2007.

Bornkamm, Günther. Jesús de Nazaret. Sígueme, 1975.

Brown, Raymond. Introducción al Nuevo Testamento. 2 tomos, Trotta, 2002.

Brown, Raymond, Joseph A. Fitzmyer y Roland E. Murphy, directores. “Comentario bíblico `San Jerónimo'”. 5 tomos, Cristiandad, 1971.

Brown, Raymond et al. María en el Nuevo Testamento2da. ed., Sígueme, 1986.

Casey, Maurice. Jesus of Nazareth. An Independent Historian’s Account of His Life and Teaching. T & T Clark, 2010.

Chancey, Mark A. The Myth of a Gentile Galilee. Cambridge UP, 2002.

Crossan, John Dominic y Jonathan L. Reed. Jesús desenterrado. Crítica, 2003.

Ehrman, Bart. Jesus. Apocalyptic Prophet of the New Millennium. Oxford UP, 1999.

Gnilka, Joachim. El Evangelio según San Marcos. Sígueme, 2001.

Guevara, Hernando. Ambiente político del pueblo judío. Cristiandad, 1985.

Josefo, Flavio. Antigüedades judías. Traducido por José Vara Donado, Akal, 1997.

—. La guerra de los judíos. 4 tomos, traducido por Jesús María Nieto Ibáñez, Gredos, 1997.

Maccoby, Hyam. Revolution in Judaea. Taplinger, 1980.

McKenzie, John L. “Evangelio según San Mateo”. En Brown, Fitzmyer y Murphy, tomo 3, pp. 163-293.

Mally, Edward. “Evangelio según San Marcos”. En Brown, Fitzmyer y Murphy, tomo 3, pp. 59-161.

Meier, John P. Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico. 5 tomos, Verbo Divino, 1998.

Pagola, José Antonio. Jesús. Aproximación histórica. 12ma. ed., PPC, 2013.

Puente Ojea, Gonzalo. El Evangelio de Marcos. Del Cristo de la fe al Jesús de la historia. Siglo XXI, 1998.

Reed, Jonathan L. El Jesús de Galilea. Aportaciones desde la arqueología. Sígueme, 2006.

Sanders, E. P. La figura histórica de Jesús. Verbo Divino, 2000.

Theissen, Gerd y Annette Merz. El Jesús histórico. Sígueme, 1999.

Vidal, Senén. Jesús el Galileo. Sal Terrae, 2006.

3 thoughts on “Jesús de Nazaret: Al César lo que es de César, ¿separación de iglesia y estado?

  1. Según lo aquí leído hasta ahora, no me queda excesivamente claro lo que postulaban (hasta el presente) los “cristianos”, que, al parecer, se basan en una falacia histórica de proporciones  megalocrípticas y conspiratorias sin remisión. 
    Nos cuentan en los textos que Yeshua bar Judas, Jesús de Nazaret (o de Gamala o de Palestina o de… quién sabrá dónde) era un personaje (he llegado a leer que fue el primer “terrorista” de la Historia) que pretendía “Independizarse” del Imperio Romano, para establecer su propio imperio donde el único “Dirigente” fuese él apoyado por una especie de “nomenklatura” y donde todo aquel que no fuese “obediente” sería echado a la “Gehena” , o sea, una especie de “crematorio estilo Hitler” y además la “Igualdad” consistiría en “igualar  por debajo de la Dirigencia” al pueblo al más puro estilo “Stalin”.   

    Todo esto me suena muy familiar y hasta  “Polpotiano” (me refiero a Pol Pot), e incluso al estilo “maoísta” donde la sociedad china es tan “igualitaria” que los chinos han pasado largas décadas de uniformidad absoluta, con la excepción del líder Mao, que iba también con “uniformes” pero de otra categoría y realizados con las mejores telas de algodón, cosidos, entretelados y bordados  por las (también chinescas) manos más expertas y hábiles del vasto territorio de milenarios millones de esclavos-“ciudadanos”-“compañeros revolucionarios”, óiganme señores del arroz Jon Chí (Chí que crece, Chí que sabe y Chí que le va a gustar).

    La separación “Iglesia-Estado” creo que existe desde hace mucho tiempo. Creo que las “Teocracias” también siguen existiendo (véase Irán, Pakistán y buena parte de países “musules”, o musulmanes, como guste llamárseles). 

    En la actualidad tenemos un buen número de países bajo la égida de regímenes totalitarios, donde, indistintamente, “Iglesia y Estado” están o no están “divorciados o separados”, “son o no son pareja de hecho, matrimonio religioso, unión civil,  amancebamiento o concubinato de género “indefinido”, “menguante”, “mangante”, o “gollejeante” y un larguísimo ” 
    “toturrevolutum” impresentable, pero, definitivamente, “machacante” con ideas malas, peores, regulares y mediocres. 

    Espero que no tome a mal mi forma un tanto frívola de carcajearme de todo y de todos, porque a mis 94 años he visto y oído tantas cosas que todo me da risa y me lo tomo con mucho sentido del humor, que es el mejor de los sentidos y el que menos se desgasta con el paso del tiempo, porque los demás sentidos se van perdiendo con los años. Ah, y del “sexo” mejor no hablar,  porque ya no sabemos si somos o no somos sexuales o asexuados y con la edad la cosa empeora de forma lastimosa y definitivamente “pañalesca”. En cuanto al sentido del gusto, pues, ¿qué le voy a contar cuando vamos con las postizas y tenemos que tomar antiácidos?

    Un cordial saludo desde esta mi Ex-paña (porque de España queda poca, casi nada, mire “usté”). 

    Doña Urraca 

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    • Gracias por su comentario. La postura de la mayoría de los historiadores expertos en Jesús es que muy probablemente se llamaba “Yeshúa bar Yusef” (Jesús, hijo de José) y que en un momento dado llegó a conocerse como “Jesús el Nazareno”, es decir, proveniente de Nazaret de Galilea. El consenso actual de dichos historiadores es que él era un profeta apocalipticista, es decir, sostenía los siguientes puntos de vista:

      * Una división entre fuerzas benignas lideradas por Yahveh y fuerzas malignas, los demonios: Esta postura, adoptada por influencia persa, veían el mundo en los polos de los buenos y los malos. Yahveh y sus ángeles serían los buenos y los malos serían los demonios (fuerzas o ángeles malignos). Esta maldad del mundo se manifestaba en el dominio de imperios que adoraban a dioses paganos que, desde la perspectiva judía, no eran otra cosa que demonios.

      * Una perspectiva restauracionista: Esta postura que fue forjándose desde tiempos de David y que culminó en el mesianismo de los siglos III AEC -II AEC, es que en el momento el pueblo de Israel estaba siendo dominado por fuerzas malignas paganas (demonios), que se manifestaban en diversos imperios antagónicos a los judíos. En el caso de Jesús, este imperio era el romano. A pesar de ellos, los profetas apocalípticos preveían que al final de los tiempos, Yahveh (el dios hebreo) intervendría para derrocar al imperio presente y establecería el dominio de Israel sobre las demás naciones. En el proceso, Israel sería restaurado en sus doce tribus.

      * Una perspectiva mesiánica: Una vez restaurado Israel, se establecería un reino, denominado Reino de Dios. ¿Quién sería este monarca? No hay acuerdo entre los judíos al respecto. Algunos pensaban que Yahveh en persona sería el que reinaría (El Libro de los Jubileos). Otros afirmaban que habría un ungido sacerdote (mesías de Aarón) y un ungido guerrero (mesías rey) (se puede apreciar la literatura de los dos mesías en los Rollos del Mar Muerto). Otros pensaban que solo habría un mesías, el rey. Sin embargo, el denominador común es que habría “alguien” que reinaría en el Israel restaurado.

      Como profeta apocalipticista, Jesús no optó por la “independencia” de Roma, como intentaron hacer los Macabeos. Lo que Jesús predicaba era la llegada de una figura enigmática (que aparece en el libro de Daniel) llamada “un hijo de hombre”, que vendría en las nubes a juzgar a los seres humanos. Los miembros de Israel que actuaran bien y observaran la Ley Mosaica con integridad, se salvarían participando del nuevo Reino de Dios en la tierra, mientras que los condenados serían enviados a la Gehena. Una vez el Hijo del Hombre terminara el juicio, se restablecería Israel como potencia dominadora de todas las demás naciones.

      Sin embargo, la estrategia de Jesús no era la opción militar, sino la de predicar su evangelio, que el final de los tiempos se aproximaba y estaba pronto a establecerse el Reino de Dios. Este llamado era fundamentalmente uno de conversión. Eso no significa que él fuera total y absolutamente manso, sino que mostró resistencia ante la presencia de los romanos de diversas maneras, esto se puede ver en muchas aserciones que aparecen en los evangelios y que son inconsistentes con la visión de los evangelistas. Hay también visos de planes de resistencia en el huerto de Getsemaní, donde las autoridades judías le arrestaron. También parece haberse declarado futuro rey de los judíos en privado. Presumiblemente Judas reportó eso a las autoridades. Ante Poncio Pilatos, parece que Jesús admitió que él se había declarado rey de los judíos, lo que automáticamente le aplicaba el cargo de sedición y se le dio la pena correspondiente, la crucifixión.

      Posteriormente, el cristianismo helenizado iría espiritualizando cada vez más su mensaje, hasta el punto en que se hablaba, no de la tierra, sino del cielo; no de esta vida, sino la vida después de la muerte, etc.

      Quisiera diferir de la opinión de que siempre ha habido separación de Iglesia y Estado. Al contrario, esta noción es moderna (a partir de la Ilustración en adelante). No existía tal separación en la Antigüedad y era inconcebible tanto para judíos como para los paganos en general. Por ejemplo, el ateísmo en la Antigua Grecia y la Antigua Roma era un delito muy grave. La separación de Iglesia y Estado lo que postula es que el estado no puede imponerle a nadie una cosmovisión religiosa. En la antigüedad, tal imposición estaba a la orden del día. Se le exigía a los ciudadanos, no solo creer en al menos un dios, sino también estaba obligado a rendirle culto. Si no se le rendía culto, entonces (desde la perspectiva social y política) el dios podía desfavorecer al estado. En ese sentido, un ateo era una amenaza al estado. Muchos judíos y cristianos fueron acusados (irónicamente) de ateos. ¿Por qué? Porque rehusaban rendirle culto a los dioses paganos y al emperador, lo que les llevó a que fueran perseguidos por el estado. Domiciano y Diocleciano fueron dos de estos emperadores que querían solidificar el culto imperial, al que los cristianos se negaban. Eso les llevó a ser perseguidos por “ateísmo”. En el Medioevo tampoco hubo separación de Iglesia y Estado. Solo se empezó a hablar de eso durante la Ilustración y se estableció por primera vez (pero de manera muy rudimentaria y no bien formada) con la creación de los Estados Unidos de América.

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  2. Pingback: El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 2 | Razón y política pública

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