Darle gracias a Dios …

Para un no es creyente en Dios, podemos quedarnos perplejos al escuchar a la gente agradeciéndole por todas las cosas buenas que suceden. Esta es una perspectiva providencial en el que la deidad parece encauzar los procesos causales del mundo para que eso bueno ocurra. Esta convicción florece en su esplendor en el llamado “Día de Acción de Gracias”.

squanto_1En los anales de la historia, conocemos un incidente que lanzó para el futuro un día de fiesta a celebrarse anualmente. Un grupo de peregrinos llegaron en una embarcación llamada The Mayflower a un área al que llamaron Plymouth. Para recibirles, apareció un wampanoag llamado Samoset, quien les sorprendió con la palabra “Welcome!”

Sí, un nativo les habló en inglés de buenas a primeras …

El lector se preguntaría cómo es posible que supiera un idioma extraño para él si estamos hablando de los comienzos de la colonización inglesa en norteamérica. ¿Y los nativos conocían el inglés antes de que llegaran los ingleses?

La historia de Plymouth Rock es parte de ese comienzo, pero no fue el comienzo. Por más de un siglo, la Corona británica se había rezagado ante España en cuanto a su dominio de territorio americano. Desde 1603 se llevaron a cabo expediciones exploratorias y no fue hasta 1607, mucho después de 1492, en que aparecieron compañías interesadas en establecerse en el Nuevo Mundo, la primera en lograrlo fue la Virginia Company que fundó la primera colonia inglesa en norteamérica llamada Jamestown, nombre dado en honor al Rey James I. Esta colonia había interactuado por primera vez con una entidad política avanzada ya establecida en el Nuevo Mundo, la Confederación Powhatán. Este tenía su sede en el territorio hoy conocido como Virginia  y estaba compuesto por alrededor de 30 tribus que le pagaban tributo a los Powhatán. Este tipo de arreglo político no era ajeno a los nativos de norteamérica. También estaban los Haudenosauni (hoy mejor conocidos como los Iroquois) una federación de seis naciones que forjó lo que parece ser la primera “constitución” de norteamérica: la Gran Ley de la Paz.

El mercenario John Smith (sí, el de Pocahontas, con quien probablemente sostuvo una “amistad” aunque dudamos de algún romance porque estaba muy lejos de ser tan guapo como Colin Farrell en The New World), llevó a cabo una expedición en 1614 en la que una patuxet conocido como Squanto (Tisquantum) fue capturado y vendido como esclavo en España, de ahí fue librado, pasó a Inglaterra y después regresó a su hogar.  En 1620, quedó totalmente espantado al encontrar cadáveres por todos lados, los patuxets del área habían caído víctima de alguna enfermedad que hoy sigue siendo un misterio (tal vez la viruela), pero que probablemente lo transmitieron pescadores y exploradores ingleses del área. Samoset conoció uno de ellos y de allí su conocimiento del inglés.

De esta manera, de acuerdo a las crónicas relatadas por el Mourt’s Relation, los inmigrantes razonaron de esta manera:

He [Samoset] told us the place where we now live is called Patuxet, and that about four years ago all the inhabitants died of an extraordinary plague, and there is neither man, woman, nor child remaining, as indeed we have found none, so as there is none to hinder our possession, or to lay claim unto it.

Esto cobraba sentido a la luz del salmo 2:8

… Si me lo pides, te daré en herencia las naciones, en propiedad la inmensidad de la tierra.

Los peregrinos le habían pedido a Dios nuevas tierras. Estas aparecieron “milagrosamente” … tras un exterminio por una epidemia. Esta interpretación se confirma años después cuando el gobernador John Winthrop declaró las tierras como legalmente baldías, ya que los indios no la habían subyugado y, por ende, era derecho natural el reclamarlas para sí; la plaga que había azotado a los patuxets no era menos que un verdadero milagro de Dios:

… But for the natives in these parts, God hath so pursued them, as for 300 miles space the greatest part of them are swept away by the smallpox which still continues among them. So as God hath thereby cleared our title to this place, those who remain in these parts, being in all not 50, have put themselves under our protection…

El ministro Increase Mather también exclamó:

God ended the controversy [over the lands] by sending the small pox amongst the Indians.

Aun antes que zarpara el Mayflower en Holanda, el Rey James I de Inglaterra había exclamado:

Almighty God in his great goodness and bounty towards us [for sending] this wonderful plague among the savages …

Esta manera tan grotesca de entender la Providencia Divina expresa el propósito de estos peregrinos. Ellos eran puritanos que estaban en desacuerdo con el anglicanismo en cuanto a su mantenimiento de las formas y sacramentos católicos. El rompimiento debía ser más radical. Debido a una persecución, terminaron refugiados en Holanda, no en Plymouth. No quisieron quedarse allí debido a que dicho país era demasiado liberal para sus gustos. La expedición puritana al Nuevo Mundo no se debía a una mera huída, sino a un proyecto que era simultáneamente de corte religioso y político: el establecimiento de una teocracia en la que sus súbditos retornarían a los fundamentos cristianos totalmente purgados de la teología católica y basándose exclusivamente en las Sagradas Escrituras. En este sentido, no estamos ante unos religiosos pacíficos que buscaban refugio en nuevas tierras, sino ante unos extremistas que tenían un programa muy bien establecido y que eventualmente se implementaría al darle tiempo al tiempo. Ellos se veían como el pueblo de Israel en el desierto, conducido por la luz de Dios en camino hacia la Tierra Prometida, donde brotaría leche y miel.

Sus expectativas de encontrar una nueva tierra se cumplieron, razón por la que se veían favorecidos por el Creador. Sin embargo, esto no es lo que funda la conmemoración del Día de Acción de Gracias. Como es bien conocido los ingleses se las vieron negras en el invierno, por lo que los Wampanoag decidieron ayudarles. La razón de ello tampoco es por puro altruismo, sino por una posible solidaridad. En primer lugar, para abastecerse y sobrevivir, algunos colonos le robaban a los wampanoag, especialmente los restos sepultados en las tumbas de sus ancestros. Esto se mezcló con otros factores, los wampanoags estaban en un momento crítico en relación con varias naciones enemigas a su alrededor, por lo que veían a los inmigrantes como unos potenciales aliados. Sin la asistencia de Squanto y los wampanoags, los peregrinos no hubieran sobrevivido los primeros dos años de su estancia.

thanksgiving

Como resultado, los peregrinos y los wampanoags celebraron este encuentro, en la que se le agradeció a Dios. Lo que sí sabemos es que tanto los puritanos como los Wampanoag habían desarrollado históricamente sus plegarias y rituales en gratitud por todo lo obtenido como fruto de un esfuerzo. En el caso de los indígenas, estos rituales se habían llevado a cabo hacía siglos. El festín duró tres días completos, no solo para compartir los alimentos (entre los cuales no había pavo) sino también bailes y juegos de tiro al blanco.

De aquí partió el mito de la dimensión fundacional de una gran nación, Estados Unidos, con todas sus virtudes y defectos. La paradoja de muchos mitos es que son relatos que de alguna manera soon ficticios y productos de la imaginación, pero que tratan de decir una verdad profunda. Por un lado, el mito fundacional de que Plymouth Rock fue el comienzo de la nación estadounidense es factualmente falso, pero eso no quiere decir que el valor de compartir y de solidaridad (por más temporera que haya sido) no sea algo que nos invite a reflexionar. La idealización de este acontecimiento revela que esto es algo valioso para los corazones de muchos estadounidenses y es una parte muy querida de su cultura nacional. Sin embargo, mitos que se toman como pura realidad esconden lo que realmente ocurrió y se ponen al servicio de la mentira: no podemos olvidar el dolor y sufrimiento que este encuentro entre nativoamericanos y europeos significó en años subsiguientes.

Además, el relato histórico (ya no me refiero al mítico) también trae a colación un problema cuando se habla de agradecer a Dios. A nivel mítico, podemos denominar Dios al Todo existente, a la Realidad Última de todo lo que existe y, aunque no sea una entidad personal, sí nos permite relacionarnos espiritualmente con Él y así reverenciar todos los procesos cósmicos que hicieron posible todo lo que existe. En el caso de los naturalistas religiosos, este Cosmos despierta en nosotros el gran sentimiento de lo numinoso, como diría Rudolf Otto. Este es exactamente el mismo sentimiento que compartimos con el astrofísico Neil DeGrasse Tyson y que expresa en un lenguaje mítico.

En este sentido, nuestro ser expresa una gratitud muy distinta a la que tiene mucha gente que creen un dios todopoderoso, bueno, omnisciente y omnipresente, tal como el dios judeocristiano, o a algún otro Dios tal como se conciba en estos términos. En un universo en que Él, como persona, exista, sería un enigma por qué permitiría tanta desgracia, sufrimiento y dolor. ¿Merecería agradecimiento un Dios que enviara una plaga para que pereciera toda una población de patuxets para que sus tierras los habitaran puritanos? ¿Es ese el “plan” de un Dios “bueno”?

Mucha gente agradece a Dios todos los días por las cosas buenas que les pasa. Sus plegarias periódicas se hacen con la mejor de las intenciones. En medio de una conversación con una persona en la calle con un rostro de felicidad, raras veces falla en decir: “A la verdad que Dios es tan grande que …” Pero fíjense en lo que usualmente dicen después:

“A la verdad que Dios es tan grande que una persona de Vivienda me consiguió un apartamento donde puedo estar después del huracán.”

“… una persona llegó con suministros y los repartió en el hogar para ancianos.”

“… un amigo me llamó para decirme que había un empleo en FEMA.”

“… la iglesia presbiteriana organizó una actividad para los diambulantes en Río Piedras.”

“Dios me puso a esta persona en el camino para que …”

Hay mucho por lo que hay que agradecer, pero ¿estamos agradeciendo a la persona correcta? ¿Debemos agradecer a este tipo de Dios? ¿O más bien debemos agradecer al empleado de Vivienda, al que repartió lo suministros, al amigo o a la comunidad de la iglesia presbiteriana de la esquina? ¿Y por qué Dios pondría a una persona en el camino de alguien, pero no la pondría en el camino de otra persona que a lo mejor la necesita más?

Por lo pronto, saquemos al Dios judeocristiano (o al menos al que es totalmente bueno, todopoderoso, omnisciente, etc.) y todo lo sobrenatural para que entonces nuestra comprensión de la Realidad caiga en su sitio. No existe un “master plan” de un ente sobrenatural merodeando sobre nuestras cabezas. Existen los azares y las casualidades en la vida. Esto permite que ocurran desgracias y grandes fortunas. También existe gente mala y perversa, pero también gente hermosa y buena que con un noble corazón quiere ayudar a otros.

Pues, agradezcámosle a ellos:  a la gente que en solidaridad limpian las calles de los escombros; a los empleados (bomberos, policías, electricistas, plomeros, entre otros) que con sentido de deber y, tras horas en vela, continúan su labor con escasos minutos de descanso; a personas de todas creencias (cristianos, judíos, budistas, entre otros) y no creencias (ateos y humanistas) que repartieron suministros; a los médicos y enfermeras que atendieron a enfermos bajo condiciones adversas …¡Hay tanta gente linda a la que debemos agradecer! ¡Tantas situaciones que son ocasión de sonreír, tantas oportunidades para el regocijo!

Y, es más, hay que agradecer el hecho de que la naturaleza nos ha dado a cada uno la capacidad de bendecir la vida de los demás, a veces de maneras insospechadas. La evolución nos ha brindado todos los dones necesarios para comprender la Realidad de tal manera que podamos usarla para ayudar a los demás. Como diría el cosmólogo Brian Swimme, eso nos convierte en el corazón del universo mismo. En un lenguaje mitista, pero naturalista, podríamos decir que aquello que hacemos por entrega y bienestar a los demás nos vuelven en los latidos del amor de Dios, de la Totalidad de la Realidad, en cuyos procesos causales vivimos, nos movemos y existimos. Un abrazo, un beso, una sonrisa, un saludo, un regalo, una expresión de cariño nos hace luz en medio de esta oscuridad. ¡Gracias a la Realidad por eso!

Así que desde el punto de vista de la razón y de la compasión, junto al gran filósofo Daniel C. Dennett, demos gracias a la bondad y nuestro conocimiento de la Realidad.

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