El caso de Yeshúa bar Yusef – Una verdadera investigación – 1

Después de escribir un artículo para este blog en torno a la situación de la Universidad de Puerto Rico, no me olvidaba de que al otro día iba a comenzar la Semana Santa con el Domingo de Ramos. Tampoco se me escapaba el final de la movida de la Cámara de Representantes y los municipios de utilizar su poder político para fomentar los ayunos y oraciones durante 40 días, violentando así la total separación de iglesia y estado. Quería dedicarle aunque fuera parte de este blog a la ocasión del tema central de la Semana Santa: una visión escéptica e histórica de la Pasión, muerte y proclamación de la resurrección de Jesús.

Boleto para _The Case for Christ_

Mi boleto para ver _The Case for Christ_. Hago disponible esta imagen para dominio público.

En momentos como este —¡claro está!— permean las películas dedicadas al tema religioso en el cine y en la televisión. En Caribbean Cinemas hay dos:  una era The Shack y la otra era The Case for Christ. En lo personal, no tengo ningún problema con películas religiosas en general, siempre y cuando no se lo introduzcan a uno por ojo, boca, nariz y otros lugares … como el … el oído. Sí resiento esas películas que son asquerosas y ofensivas, como las de God’s Not Dead, que desde mi perspectiva como no creyente, sus dos películas me parecen harto malvadas y tienen una visión demasiado laxa de la frase “basada en hechos reales”. Y sí … merecen tener peor puntaje en Rotten Tomatoes que Twilight y Fifty Shades of Grey (¡y ODIO esas películas!) Desgraciadamente no hay un infierno en que no se queman todas ellas juntas por los siglos de los siglos.

Como mi punto de interés es puramente  histórico, decidí ver The Case for Christ. No voy a dar aquí una reseña de la película, pero es muchísimo mejor que las dos películas de God’s Not Dead y cuenta la historia de cómo Lee Strobel se convirtió de un periodista ateo a un converso cristiano debido a su investigación del tema de la resurrección de Jesús. Para él, la evidencia llegó a ser tan abrumadora que no podía negar la realidad de la resurrección de Jesús. Hay elementos de la película que son de criterio histórico y científico, pero, para el no especialista en historiografía del Nuevo Testamento cristiano, parece que no hay brinco alguno de lógica u omisión alguna de información. Al contrario, hubo muchísimos casos de ambas instancias.  La película en sí es relativamente buena y no es tan insultante como God’s Not Dead y otras semejantes, aunque sí intenta implicar que los ateos y no creyentes en general lo son porque tuvimos problemas con nuestros padres. Sin embargo, el único problema que tuve con mi padre era que murió cuando yo tenía 5 años, el resto de mis recuerdos de él son buenos. Es más, durante la mayoría de mi vida yo era un católico devoto (de ir a misa de todos los días) y mi cambio de parecer se debió a que en un momento dado nada del relato cristiano me tenía sentido. Mi padre no tenía nada que ver con eso. Podríamos mencionar al caso de Bart Ehrman, quien (hasta donde sé) nunca tuvo problemas significativos con su padre. Por otro lado, he sabido de cristianos que viven todos los días en familias plenamente disfuncionales. Una cosa no tiene nada que ver con la otra.

En cuanto a la supuesta “evidencia” de la resurrección de Jesús, sí muestra uno de los criterios historiográficos para determinar qué del Nuevo Testamento pudo haber ocurrido y qué no. Afirma la película muy acertadamente, que si fueran verdaderos los relatos en torno a la resurrección de Jesús, entonces deberían presentar contradicciones. Los múltiples evangelios que nos narran el evento se parecen a la manera en que varios testigos frecuentemente se contradicen entre sí ante la policía.  La película muestra cómo este señalamiento le ayudó a Strobel a resolver el caso de John Hicks. Este es el famoso criterio de múltiple testimonio y que es bien usado en el ámbito de la erudición bíblica. Sin embargo, no pude más que sonreír escépticamente cuando lo mencionó en el contexto de la resurrección de Jesús, ya que dicho criterio no aplica a ese caso. ¿Por qué? Tendrán que esperar a la última parte de nuestra serie investigativa para averiguar.

Aquí vamos a llevar a cabo una mejor labor de periodismo que el que llevó a cabo Strobel para investigar quién fue Jesús desde un punto de vista estrictamente histórico. Este análisis de los textos del Nuevo Testamento se hace con el mayor respeto a la Semana Santa, pero afirmando asertivamente lo que pudo haber sucedido y lo que no pudo haber pasado.

El problema de la cualificación de la evidencia evangélica

Octavio Augusto César

Octavio Augusto César en calidad de Pontifex Maximus

Es bien popular en la cultura escéptica y de los no creyentes en general a designar como pura fantasía los evangelios: ¿quién va a creer que Jesús nació en Belén de una virgen, que caminó sobre las aguas, cumplió todas las profecías de la Biblia Hebrea, se transfiguró en el Monte Tabor, resucitó y ascendió al cielo? Desgraciadamente, tal aproximación no tiene en cuenta que era una tendencia usual en todas partes del Imperio Romano y del judaísmo elaborar sucesos fantásticos con motifs literarios conocidos alrededor de personajes que realmente existieron. Por ejemplo, en el caso de Julio César, el poeta Ovidio (en su Metamorfosis) elaboró toda una mitología de divinización y ascenso, manifestándose el dictador popular como cometa en el firmamento. De esa manera, Octavio Augusto (adoptado como hijo por César) se convirtió estrictamente hablando en “hijo de Dios”, a su vez descendiente de Eneas, el hijo del príncipe de Anquises y de la diosa Venus (o Afrodita). Asimismo, el nacimiento de Augusto era visto en términos fantásticos y milagrosos y se decía que era el “Salvador del Mundo”. Si esto se parece demasiado al cristianismo, no es accidente. Los mismos títulos eran atribuidos a Jesús precisamente como respuestaresistencia a la Roma imperial. Es como si los cristianos dijeran: “Augusto no era el hijo de Dios, salvador del mundo; Jesús lo era”.

Por otro lado, no podemos caer en el literalismo bíblico que incluye los elementos fantásticos arriba descritos. La historiografía, como ciencia, también parte del naturalismo metodológico como mecanismo de conocimiento factual del mundo, aunque esto de por sí no excluya a priori que hayan ocurrido sucesos extraordinarios y sobrenaturales. Sin embargo, la experiencia histórica (y científica en general) es que la perspectiva naturalista es mucho más fructífera y, como dice el mismo Jesús de Nazaret, “por sus frutos los reconoceréis” (Q {Mateo 7:15-20 // Lucas 6:43-45}). Por ende, tanto conservadores más moderados y exégetas liberales piensan que sí hubo un Jesús histórico que actuó y dijo muchas de las cosas según descritas (con las debidas matizaciones) por los evangelios, aunque los sucesos no hayan ocurrido literalmente como aparece en los evangelios.

Fuera del Testimonium Flavianum (debidamente cualificado de acuerdo a los manuscritos disponibles y crítica literaria), los evangelios y las cartas genuinas cartas de Pablo de Tarso (Romanos, Gálatas, 1 Tesalonicenses, Filipenses, 1 y 2 Corintios y Filemón) son las únicas fuentes para conocer a Jesús.

Nota aparte: Sobre el textus receptus del Testimonium Flavianum, véase la brillante exposición de Fernando Bermejo en su serie sobre este tema: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15 y “De nuevo”. Véase también los dos artículos académicos de él sobre este tema en la bibliografía.

Averiguar quién fue Jesús a partir de unos documentos con información sumamente cuestionable es difícil, pero no imposible. Existen puntos de mayoría de opinión y de consenso entre los eruditos: con toda probabilidad Jesús nació y se formó en Nazaret de Galilea; hablaba arameo y conocía bien las escrituras sagradas hebreas; adoptó una cosmovisión apocalíptica; se convirtió al mensaje de Juan el Inmersor (Bautista); tras el arresto de Juan, predicó la pronta llegada del Hijo del Hombre como sumo juez que separaría a los que serían y no serían los miembros del futuro Reinado de Yahveh; que Jesús tenía una perspectiva particular de la Torah y se consideraba a sí mismo como su seguidor; que el Reino sería la restauración de Israel en la Tierra con sus doce tribus juzgadas por doce de los discípulos que acompañaban a Jesús; que en un momento dado Jesús creyó que era el rey de ese nuevo Reino como “descendiente de David”; que celebró una cena en la noche que fue entregado; que fue crucificado; que sus discípulos proclamaron su resurrección y que creyeron que le fue conferido por Dios en señorío del cosmos. Hoy día hay poquísimas discrepancias con este perfil histórico de Jesús.

Hay otros aspectos de consenso sobre lo que no hizo o dijo: Por ejemplo, él nunca se autodenominó en público “Hijo de Dios” (esas fueron modificaciones apologéticas de las enseñanzas jesuanas por cristianos, ya que una de las fuentes evangélicas más primitivas con la que contamos, el Evangelio de Marcos, explícitamente lo niega); nunca se autodenominó “Hijo del Hombre” en el sentido de la entidad vista por el profeta Daniel (de hecho, el título “Hijo del Hombre” no era un título mesiánico en aquella época; una vez más, los cristianos apologéticamente se lo aplicaron a Jesús, véase una instancia de eso cuando Lucas cita a Q referente al “Hijo del Hombre”, pero Mateo cambia por completo el sentido del pasaje original (Lucas 12:8-9 / Mateo 10:32-33)); no dijo prácticamente casi todo lo que aparece en el Evangelio de Juan (son palabras que el autor le pone en boca a Jesús, el estilo del autor así lo delata, además de que algunos de los diálogos funcionan solo en griego, no en el arameo que hablaba Jesús en su época); entre otros.

Hay mayor discrepancia entre los expertos en relación con otros detalles aquí y allá: de si hizo o no hizo x, si dijo o no dijo y, si dijo algo parecido a z o no… etc. Por ende, lo que presentaré en esta serie es una interpretación de quién fue Jesús y qué fue lo que históricamente hizo, con un fuerte énfasis de lo que ocurrió al final de su vida y los elementos que le llevaron a la crucifixión y a la proclamación de su resurrección.

He aquí las fuentes independientes con las que contamos para dicha discusión:

  1. El Evangelio de Marcos: hoy día se discute su presunta unidad de contenido (aunque haya una unidad literaria), porque parece haber evidencia de que la información allí contenida se elaboró en varios estratos distintos (se han identificado 3), el más temprano proveniente probablemente de la comunidad de Jerusalén. Lo que está fuera de toda duda es que los evangelios de Mateo y Lucas copiaron extensamente de Marcos y, en ocasiones, modificaron y ajustaron su contenido a sus respectivas cosmovisiones teológicas.
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  2. Hoy día se acepta que existió otra fuente de la que Mateo y Lucas copiaron, pero que o no se encuentran en Marcos o se encuentran versiones parecidas en dicho evangelio (e.g. Q {Mateo 10:32-33 // Lucas 12:8-9} y Marcos 8:38). A este escrito se le ha denominado “Q“, por la palabra alemana Quelle, que significa “fuente”.
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  3. Hay material que aparece en el Evangelio de Mateo, pero no en Marcos ni en Q. A ese material se le ha denominado “M“.
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  4. Hay material que aparece en el Evangelio de Lucas, pero no en Marcos ni en Q. Se le ha denominado “L“.
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  5. Finalmente, está el material provisto por el Evangelio de Juan. Hay que hacer la salvedad de que como fuente histórica, dicho escrito es muy pobre, ya que es el más teológicamente cargado de los demás evangelios. Sin embargo, en algunas ocasiones puede ofrecer datos que permiten comprender mejor los datos ofrecidos por las demás fuentes que hemos mencionado. Esto se debe a que por debajo de toda la elaboración teológica hay un núcleo de tradiciones que, en algunos casos, puede remitirse indirectamente a los hechos de Jesús.

Criterios de historicidad

Por ahora, resumimos los criterios de historicidad que los eruditos del Nuevo Testamento. Antes de exponerlos, nótese que cada uno de ellos tiene defectos y límites muy comprendidos a saciedad por los biblistas. Sin embargo, debidamente aplicados y debatidos en la historiografía del Nuevo Testamento, pueden ayudar a construir un perfil histórico de quién pudo haber sido Jesús. Aquí están enumerados los criterios de historicidad.

  1. Criterio de discontinuidad o desemejanza: Este criterio es solo válido en el caso en relación con el cristianismo primitivo. Cuando aparecen enseñanzas de Jesús que no parecen coincidir con la cosmovisión de las iglesias primitivas y muy especialmente con las perspectivas del autor del evangelio, puede tomarse como probablemente histórico. Por ejemplo, para el cristianismo primitivo, la figura del “Hijo del Hombre” (del libro de Daniel) es idéntica a la de Jesús. Sin embargo, hay instancias en los Evangelios en que Jesús parece referirse al Hijo del Hombre como alguien distinto a sí mismo (Marcos 8:38; Marcos 13:24-27; Q {Lucas 12:8-9 // Mateo 10:32-33}; Q {Lucas 17:23-24 // Mateo 17:22-24}; Mateo 25:31-32; Lucas 21:34-36). Igualmente representa un problema el dicho de Jesús de que el Hijo del Hombre pondría a los 12 discípulos suyos a juzgar las doce tribus de Israel, debido a que choca de frente con el hecho de que uno de ellos le traicionó (Mateo 19:28; Lucas 22: 28-30).
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  2. Criterio de dificultad o incomodidad: Esta es una vertiente del criterio de discontinuidad. Si una información se muestra incómodamente cuando choca con la visión cristológica del autor y del cristianismo de esa época en general, probablemente es porque es auténtica y bien conocida. Por ejemplo, el bautismo de Jesús le creó ciertas dificultades al cristianismo primitivo debido a que la inmersión en agua practicada por Juan el Inmersor era una de confesión de pecados y arrepentimiento. Ello implicaría que Jesús era un pecador arrepentido que buscaba ser discípulo de Juan. Esto era notoriamente incómodo para los cristianos, por lo que Marcos procuraba convertirlo en un equivalente a la unción de Jesús como Mesías (literalmente “ungido”) en la que, como en el caso de David, fue adoptado como “Hijo de Dios” (Marcos 1:9-11).  Mateo hace un intento fallido de explicar este acontecimiento haciendo que Jesús señale que es “voluntad de Dios” que se llevara a cabo (Mateo 3:13-15).  En Lucas, Juan es arrestado antes de la inmersión de Jesús, removiendo así el problema cuando Jesús fue inmerso (aunque no especifica por quién) (Lucas 3:19-22). En el Evangelio de Juan, el problema ya está resuelto en principio: el Inmersor no le bautiza en ningún momento, sino que es él (y no Jesús) el que ve al Espíritu Santo declarando a Jesús “inmersor del Espíritu Santo” (Juan 1:19-34). Como se puede ver, la manera en que los evangelistas manejaron ese asunto irritante delata su historicidad (sin suponer los elementos fantásticos ya mencionados).
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  3. Fragmento P52

    Fragmento P 52, parte de una página de un códice del Evangelio de Juan (18:31-33). La película The Case for Christ se refirió a este trozo de papiro del siglo II.

    Criterio de testimonio múltiple:  Si una información aparece en más de una fuente independiente de las que mencionamos, probablemente puede ser tomada por histórica. Por ejemplo, Marcos como Q, M y L nos dicen que Jesús provino de Nazaret de Galilea, por lo que muy probablemente el dato sea correcto. Según tres de las cuatro fuentes independientes (Marcos, M y L) afirman la crucifixión de Jesús. Nótese que escenas como el ataque a los vendedores del Templo de Jerusalén no permiten afirmar su historicidad bajo el criterio de testimonio múltiple. Esto se debe a que el Evangelio de Mateo (21:12-13) y Lucas (19:45-46) lo copian de Marcos (11:15-19) y hay fuertes sospechas de que el Evangelio de Juan conocía el relato y que, por su cosmovisión cristológica, lo desconecta del relato de la Pasión (Juan 2:13-22). Las versiones de este relato en Mateo, Lucas y Juan no son independientes, sino que son todas ellas dependientes del de Marcos. Por ende, aquí no hay, estrictamente hablando “testimonios múltiples”, sino un solo testimonio … el de Marcos.
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  4. Criterio de coherencia: Son más fiables los relatos y los dichos de Jesús que sean más afines a lo que se conoce de la región Palestina a nivel histórico en cuanto a contexto económico, político y social. El mensaje apocalítptico de Jesús es mucho más cercano al tipo de convicciones sostenidas durante su época: un futuro Reino de Yahveh en la Tierra con un Israel restaurado dominador del resto de las naciones. Es más, la existencia de Jesús cae como anillo al dedo en una época en que pululaban rebeldes, profetas, predicadores y mesías de todo tipo (7 a.C. – 125 d.C.). Su proveniencia de Galilea se confirma también con este criterio debido a que esa región era un hervidero de apocalipticistas que no dejaron de darle dolores de cabeza a los Romanos y a Herodes Antipas (e.g. Judas de Galilea, sus hijos Jacobo y Simón, Juan el Bautista, entre otros). Una versión más moderada del relato de la “limpieza del Templo” por parte de Jesús y la predicción de su destrucción es verosímil (e.g. Marcos 14:58), ya que tales predicciones eran populares entre apocalipticistas de su época, que denunciaba a su clase sacerdotal por ser cómplices del mal (i.e. del dominio pagano de los romanos). La crucifixión sí existió y era utilizada para cualquier pretendiente a ser un rey o mesías no vasallo de Roma. No obstante ello, el criterio de coherencia representa un problema serio para muchos de los dichos que encontramos en el Evangelio de Juan en que Jesús describe un reino y una pertenencia en el cielo, o una adopción de un punto de vista filosófico más característico del judeohelenismo. La ponderación de los judíos para que Pilatos soltara o a Barrabás o a Jesús es históricamente improbable, rayando en imposible.

Toda nuestra exposición en adelante tiene estos cuatro criterios en cuenta. En el siguiente artículo exploraremos las razones que llevaron a Jesús a ser crucificado.

¡Alerta lector! Una asignación …

¡Hey! Soy profesor de la Universidad de Puerto Rico y hay una huelga universitaria … ¿Qué se supone que haga? Tengo que darle asignación a alguien, ¿verdad? He aquí la asignación:

Conteste la siguiente pregunta — Contrario a lo alegado por The Case for Christ, ¿por qué el criterio de testimonio múltiple no aplica a los relatos de la resurrección de los distintos Evangelios?

Al que acierte le voy dar esta estrellita de Belén: ∗

¡Vamos! Ustedes pueden hacerlo. En este artículo nada más, les di suficiente para que contesten la pregunta.

Continuaremos …

Referencias

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Bermejo, Fernando. “La naturaleza del texto original del Testimonium Flavianum. Una crítica de la propuesta de John P. Meier.” Estudios Bíblicos, vol. 72, 2014, pp. 257-292. Disponible en Academia.edu aquí.

—. Was the Hypothetical Vorlage of the Testimonium Flavianum a “Neutral” Text? Challenging the Common Wisdom on Antiquitates Judaicae XVIII 63-64.” Journal for the Study of Judaism, vol. 45, 2014, pp. 326-365. Disponible en Academia.edu aquí.

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—. Jesus. Apocalyptic Prophet of the New Millenium. Oxford UP, 1999.

MacGrath, James F. The Burial of Jesus: History and Faith. BookSurge, 2008.

Meier, John P. Un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico. 4 vols. Verbo Divino, 1998-2010.

O’Collins, Gerald. Christology: A Biblical, Historical, and Systematic Study of Jesus. Oxford UP, 2009.

Pagola, José Antonio. Jesús: aproximación histórica. PPC, 2013.

Piñero, Antonio, editor. ¿Existió Jesús realmente? Raíces, 2008.

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Piñero, Antonio y Jesús Peláez. El Nuevo Testamento: Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos. El Almendro / Fundación Épsilon, 1995.

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Vidal, Senén. El documento Q: Los primeros dichos de Jesús. Sal Terrae, 2011.

—. Jesús el galileo. Sal Terrae, 2006.

—. Los tres proyectos de Jesús y el cristianismo naciente. Sígueme, 2003.

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