¿Son este blog y su autor “cientificistas”?

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El término “cientificismo” se ha vuelto uno muy popular en décadas recientes, especialmente cuando hablamos de los famosos “debates” entre religiosos y científicos. Es una etiqueta que se lanza libremente para acusar a cualquier persona que apoye a las ciencias sobre las convicciones religiosas o cosmovisiones sostenidas por diversos grupos, pertenezcan o no a una religión formalizada.

Ya este servidor está encontrándose con esa palabra como una acusación porque, por razones científicas, no le doy la razón a ciertos alegatos. Como se sabe, rechazamos (por el momento) la convicción de que el glifosato es cancerígeno, de que el creacionismo o el designio inteligente provean conocimiento genuino del pasado, de que la teoría cientológica de la mente es viable o de que hay una conspiración global que cumple con un propósito malévolo hacia la humanidad. Todo esto lo rechazo porque privilegio la evidencia científicamente evaluada y comprendida de acuerdo a las teorías mejor corroboradas y validadas. ¿Cuándo debemos cambiar nuestro parecer? Cuando aparezca evidencia buena y contundente de que estas creencias son correctas. Si esto es lo que significa la acusación de “cientificismo”, entonces me declaro culpable. Pero no se me podrá acusar de soberbia o arrogancia, ya que siempre estoy dispuesto a cambiar de parecer. Al contrario, le corresponde a mis acusadores que cualquier otra aproximación al mundo en estas materias es mejor que la científica … algo que ninguno de ellos ha podido argumentar con mucho éxito.

Esto no va a ser suficiente para persuadir a nuestros acusadores. ¿Qué es exactamente el “cientificismo”? ¿Cuál es la teoría filosófica sostenida por este servidor? Aquí responderé a esas interrogantes.

¿Qué es el “cientificismo?

Hoy día los términos “cientificismo” y “cientificista” se han convertido en lo que Iván Illich y Uwe Pörksen llamaban “palabras amebas” o “palabras plásticas”, pero con el objetivo de acusar a alguien por alguna posición afín a las ciencias. Las palabras plásticas tienen la característica de que, pero que por razones sociales se utiliza el mismo término para adoptar cada vez más significados diversos. Desde esta perspectiva es bien difícil definir lo que es el “cientificismo”.

En Wikipedia encontramos la siguiente descripción del “cientificismo” (scientism):

Scientism is a belief in the universal applicability of the scientific method and approach, and the view that empirical science constitutes the most “authoritative” worldview or the most valuable part of human learning—to the exclusion of other viewpoints.

En el mismo artículo, cita al filósofo Tom Sorell al respecto, quien lo define de esta manera:

Scientism is a matter of putting too high a value on natural science in comparison with other branches of learning or culture.

Otras definiciones mencionadas en ese artículo pueden ser equívocas, como la que postula la inducción como el único método de conocimiento. Aquellos que somos falsacionistas afirmamos las ciencias, pero rechazamos la visión clásica de la inducción. Otros hablan del rechazo a la metafísica como una forma de cientificismo, tal como sostenía el positivismo lógico. Como bien fue señalado por sus críticos, los supuestos antimetafísicos de dicho movimiento eran en sí metafísicos y no legitimados por la ciencia empírica.

Con el propósito de llegar a una definición funcional del término “cientificismo” vemos los siguientes factores comunes:

  • Las definiciones que sostienen diversos autores parecen establecer el centro de la controversia en las ciencias naturales.
  • Se habla de un establecimiento de las ciencias naturales como fundamento de todas las demás disciplinas.
  • Hay una especie de intromisión no deseada de las ciencias naturales en áreas en las que parece no tener autoridad.
  • Se establece a las ciencias naturales como fundamento de las actitudes existenciales de los seres humanos.

A partir de estos factores, definiremos el cientificismo funcionalmente de la siguiente manera:

El cientificismo es una postura metafísica y epistémica que estipula que las ciencias naturales son las únicas proveedoras de conocimiento, premisa que le permite transgredir su frontera de competencia a otros campos de conocimiento y de otra índole (en filosofía la llamamos “metábasis” por la frase en griego “μετάβασις εἰς ἄλλο γένος”, una transgresión a un género ajeno).

Con base en esta definición, ¿soy cientificista? ¿Es esa la postura de este blog?

Áreas de no competencia de las ciencias naturales

En la exposición siguiente, establezco la relación entre las ciencias en general de la siguiente manera:

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Admito que es un diagrama que sobresimplifica un poco la relación entre estos campos de investigación, pero es lo suficientemente detallado para nuestra discusión.

Ciencias formales y otras ciencias eidéticas

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A la izquierda, G. W. Leibniz; a la derecha, David Hume.

Creo que en esta sección es suficiente para refutar las acusaciones de cientificismo. Aquí hablamos de áreas de conocimiento que son externas a las ciencias naturales. No puedo presentar todos los argumentos al respecto, pero esto han sido debidamente atendidos en varias obras filosóficas bien importantes, algunas que se han pasado por alto por muchos pensadores. Recomiendo la lectura de las siguientes obras al respecto:

El factor común de estas obras es que se basan en una distinción hecha por G. W. Leibniz entre verdades de razón y verdades de hecho, o la hecha por David Hume relations of ideasmatters of fact. Para ambos filósofos, las verdades de razón (o relations of ideas) se fundamentan solamente con la razón sin apelación alguna a la experiencia. Es decir, estas verdades son a priori y solo pueden justificarse de esa manera.

Las ciencias formales en general (la lógica formal y las matemáticas formales) son todas a priori. El teorema que nos dice que la raíz cuadrada de dos es un número irracional solo apela a principios (axiomas) matemáticos, sin ser corroborado o verificado por la experiencia. El Metateorema Henkin-Hasenjaeger solo utiliza como fundamento los axiomas lógicos, matemáticos y de teoría de modelos. No hay rastro alguno de nada empírico en él, todo es derivado a priori. Igual la geometría euclidiana o no euclidiana formalizada, teoría de conjuntos, etc.

Estas materias formales son genuinamente ciencias –en el sentido auténtico de la palabra alemana “Wissenschaft“–, es decir, proveedoras de conocimiento. Los teoremas de incompletud de Kurt Gödel proveyeron conocimiento decisivo y certero en torno al hecho de que si tomamos a las matemáticas como un todo, un sistema axiomático matemático consistente no puede derivar todas las verdades matemáticas posibles ni tampoco puede probarse que es consistente dentro del sistema. Ese conocimiento estableció de una vez y por todas (tal como confirmó George Boolos) lo que puede o no esperarse del ámbito matemático.

Lo mismo puede ocurrir en casos de materias no formalizadas, pero que son eidéticas, como en el caso de la geometría clásica. Estas parten de conceptos materiales de espacio que se tratan de manera abstracta a nivel matemático y que en sí parten de axiomas. Los demás teoremas y corolarios se desprenden de ellos.

Otra ciencia que puede considerarse eidética (aunque hay debate en cuanto a este punto) es la filosofía, ya que trabaja a nivel abstracto conceptual a la hora de interrogar racional y rigurosamente en torno a los conceptos usados en las demás ciencias, el significado del lenguaje utilizado en la cotidianidad, la adopción de principios lógicos para el encuentro de falacias, entre muchos otros. Ningunos de estos principios metafísicos y lógicos es reducible o fundamentables en las ciencias naturales.

En este sentido, una modalidad de cientificismo es la intromisión indebida (metábasis) de las ciencias naturales (que son ciencias a posteriori) a las ciencias eidéticas formales y materiales (ciencias a priori). Es más, como se ha podido demostrar en la filosofía una y otra vez, las ciencias a priori proveen la infraestructura formal y material de las ciencias naturales. Es al revés de lo que propone esta modalidad cientificista: Las ciencias eidéticas jamás apelan a las leyes cientificas o a los hechos del mundo, pero las ciencias fácticas si apelan a las ciencias formales y eidéticas para poder forjar sus teorías científicas sobre el mundo.

La ética y las ciencias naturales

Entre estas ciencias eidéticas de la filosofía se encuentra la ética. En este blog, hemos adoptado una posición deontológica moderada. La deontología fue sistematizada por primera vez por Immanuel Kant quien correctamente pudo notar el hecho de que la normativa ética no se puede derivar de manera alguna de los hechos.

G. E. Moore

George Edward Moore, el primer eticista en tratar rigurosamente el tema de la falacia naturalista.

El mismo David Hume, antes de Kant, pudo notar correctamente que los valores no pueden derivarse de los matters of facts –es decir, de los hechos–. A este reconocimiento se le conoce como la guillotina de Hume: hay una separación esencial entre valores y hechos, que no se puede derivar el “deber ser” a partir del “ser” (de los hechos). Contrario a los minerales o a las flores, los valores éticos no son acumulables, ni medibles, ni percibidos sensiblemente por experiencia. No es algo perteneciente a “allá fuera” en el mundo externo, sino que es captable por el entendimiento y la razón. A la falacia –una falla de razonamiento– en la que se cae al querer derivar los valores a partir de los hechos, o el “deber ser” a partir del “ser”, se conoce como falacia naturalista y que fue muy bien elaborada y tratada por el filósofo G. E. Moore en su Principia Ethica.

Esta falacia no es meramente una elucubración abstracta de unos filósofos sin nada más qué hacer, sentados bajo un árbol, mirando al cielo para preguntarse si el vaso está medio lleno o medio vacío. La falacia naturalista impacta la historia, muchas veces de manera catastrófica y es promovida en diferentes momentos y para distintos fines por todo el espectro de ideologías políticas. El darwinismo social y las formas más inhumanas de la eugenesia tuvieron como base una forma de falacia naturalista que conocemos como la “falacia de la apelación a la naturaleza“. El darwinismo social, según propuesto por Herbert Spencer y otros, postula que los avances de la sociedad son posibles gracias a la competencia, algo que “se puede constatar en la naturaleza”. En el caso de las formas más cuestionables de eugenesia, se utiliza indebidamente la genética para hablar de herencias fenotípicas “puras” o “impuras”, lo que lleva a la cuestionable catalogación de ciertas propiedades fenotípicas y sicológicas como “deseables” o “indeseables”. Ciertas modalidades del darwinismo social eran favorecidas por muchos en la derecha política a principios del siglo XX, mientras que la eugenesia fue respaldada por muchos en la izquierda como manera de rechazar el darwinismo social.

Hoy día, la falacia de la apelación a la naturaleza es lo que mueve a la industria orgánica cuando alega que su tipo de agricultura es “natural”, que solo utiliza fertilizantes “naturales” y que no emplea el uso de pesticidas (al menos esa es la impresión que tiene demasiadas personas). En primer lugar, la agricultura no es una actividad natural –por más que la gente sienta que lo es–. Al contrario, toda actividad agrícola, sea convencional u orgánica, supone a nivel práctico la destrucción del ecosistema existente del terreno donde se quiera sembrar para que el agricultor imponga el suyo. Gran parte de la destrucción de los hábitats en la naturaleza se debe a la agricultura y al ganado. Es más, debido a muchas de las serias deficiencias e ineficiencias de la producción orgánica —algo que reconoce la Organización de Alimentos y Agricultura de las Naciones Unidas (FAO)–, si se generalizara la agricultura orgánica al nivel que esta industria desea para alimentar el mundo, tendríamos que arrasar con áreas muy significativas que reducirían dramáticamente la biodiversidad a nivel mundial. Si los agricultores de trigo de la India no hubieran adoptado la tecnología de la Revolución verde de 1960 a 1966, durante ese periodo hubieran necesitado 44 millones de hectáreas adicionales (casi el área de California) para proveer la misma cantidad de ese cereal que produjo durante ese mismo periodo. En parte, ha habido una reforestación de casi el 72% de las tierras estadounidenses en parte gracias a las tecnologías de la Revolución verde. La industria orgánica no puede garantizar este grado de eficiencia. Además, como ya saben los científicos a saciedad, las mejores revisiones y metaanálisis científicas han demostrado más allá de toda duda que los alimentos orgánicos no son significativamente más nutritivos que los convencionales (ver esta revisión esta). Contrario a lo que muchos creen, la industria orgánica produce y usa pesticidas y ese factor usted lo puede comprobar yendo a su tienda preferida de mejoramiento del hogar y que encontrará con su debida rotulación de que son tóxicos. Estas sustancias son en su mayoría naturales, aunque bajo algunas circunstancias pueden ser artificiales y, en muchos casos, puede ser más dañina al ambiente y a la salud humana que muchos de los pesticidas sintéticos. Aunque se intenta demonizar a los alimentos transgénicos porque es “dañino a los seres humanos” aunque tenga una tasa de incidencia de perjuicio a nuestra especie que es exactamente 0%, podemos ver que en el año 2011 la disponibilidad de un producto orgánico llevó a la llamada “crisis del pepino“, en la que murieron 50 personas y se enfermaron cerca de 4,000 personas por E. coli., una estadística muy cercana a la de las cifras oficiales de las víctimas de Chernobyl. Esto significa que esta falacia de la apelación a la naturaleza  le cuesta muchísimo al bolsillo de los consumidores, que a su vez representa unas ventas que sumaban $43.3 mil millones en el 2015. Todo se basa en definiciones arbitrarias de lo que es “natural” y “artificial”, todo basado en un tipo de falacia naturalista.

Muy a pesar de Sam Harris y otros, es simplemente imposible derivar la ética de las ciencias. Lo que sí le corresponde a la ética es fundar y descubrir los valores y normativas éticas a priori. Pertenece al ámbito de las verdades de razón. Contrario al ámbito de los hechos, dichos valores o normativas no se encuentran en el mundo físico, sino en la evaluación crítica y racional de las propuestas filosóficas de acción y de las normativas sociales.  La ética responde a la pregunta de “¿Por qué actuar de esta manera?”, mientras que las ciencias naturales nos dicen “¿Cómo se puede hacer?”. En ese sentido, las ciencias naturales no sostienen los valores y normativas éticas (eso sería cientificismo), pero sí instruye en cuanto a la vía para cumplir con dichos valores y normativas.

Por eso, todo eticista responsable tiene en cuenta valores y la normativa ética como principios de acción y utiliza a las ciencias naturales (y sociales) como bases fácticas para la acción individual o colectiva.

Las ciencias naturales y las ciencias sociales

Las ciencias naturales son ciencias fácticas, cuyo conocimiento es a posteriori, es decir, cuyos referentes y fundamentos son los hechos según son experimentados y evaluados por científicos individuales o, muy especialmente, una colectividad de científicos. Las ciencias naturales pertenecen a una de dos ciencias fácticas, la otra siendo las ciencias sociales –sicología, historia, sociología, economía, política, la antropología, entre otras ciencias–.

Todo lo dicho para las ciencias naturales también vale para las ciencias sociales. Cualquier reducción de las ciencias eidéticas formales o materiales, incluyendo la ética, a las ciencias sociales sería otra forma de cientificismo. Sin embargo, ¿qué ocurriría si se intenta reducir las ciencias sociales a las ciencias naturales? Es nuestro parecer que ocurriría también el mismo problema cientificista.

Por ejemplo, la pertinencia de una ciencia específica depende de su objeto de estudio. Todo lo que es el ser humano tiene como fundamento los procesos creativos físicos, de los que emergen todos lo demás. La conciencia es un acto emergente de la mente y esta a su vez de los procesos computacionales del cerebro. De la interacción de mentes vía las conciencias, emergen las sociedades con todas sus expresiones culturales (“cultura” en sentido amplio). En estos niveles culturales, surgen problemas que les son propios y que no se resuelven a un más bajo nivel. El problema del estatus de subordinación de Puerto Rico a Estados Unidos es resultado de este proceso de emergencia natural a partir de las moléculas físicas que nos componen. Sin embargo, sería totalmente absurdo intentar resolver ese problema a nivel atómico. El puertorriqueño promedio sonreiría ante la sugerencia de que el estatus es producido por el cambio climático o por el grado de conversión de hidrógeno y oxígeno en agua. La política es posible debido a diferentes grados de relaciones sociales (económicos, culturales, jurídicos, etc.) y que no son reducibles a asuntos puramente físicos o  naturales. Esto no excluye en lo absoluto la pertinencia del entendimiento de procesos naturales que frecuentemente intervienen en asuntos políticos (e.g. la Pequeña Edad de Hielo o la libido del Presidente Bill Clinton). Sin embargo, tampoco se pueden reducir ciertas complejidades culturales a procesos físicos o biológicos. Estos últimos son base física y orgánica de aquellos, pero aquellos no son reducibles a estos. De otra manera, implicaría la reducción de las ciencias políticas (que estudia relaciones políticas) a las ciencias naturales, una sugerencia claramente ridícula.

Las ciencias fácticas o de los matters of fact

¿Cuál es entonces el lugar de las ciencias naturales? Edmund Husserl solía decir que las ciencias fácticas en general formulan ficciones (hipótesis, leyes, teorías) cum fundamento in re, es decir, las ciencias fácticas en general se dedican a formular cuerpos teoréticos que procuran explicar los hechos. Toda teoría científica fáctica intenta fundarse y a la vez explicar los matters of fact (como diría Hume).

En el caso de las ciencias naturales en particular, su intento es el de formular las mejores teorías que expliquen los fenómenos materiales y constituyentes de los seres vivos (biología) y no vivos (química, física, etc.) de acuerdo a unos criterios racionales (la lógica, las matemáticas, el naturalismo metodológico, la navaja de Ockam, etc.). Las ciencias naturales en general son las únicas que cuentan con las herramientas para el conocimiento del universo. Fuera de esto no hay otra manera de hacerlo.

Los grupos, sean religiosos o seculares, que sostengan una cosmovisión reñida con esta elemental convicción necesitan demostrar que su punto de vista es correcto. En esto, ellos han fallado enormemente. Desde los creacionistas hasta los grupos políticos verdes quieren ignorar las teorías científicas más sólidas y fructíferas para aferrarse a una cosmovisión que les conviene, sea por razones estéticas, por autoridad o por coerción social. De otra manera, se sienten compelidos a lanzar etiquetas por doquier cuando el consenso científico les reta a cambiar su parecer.

Deep-Thought-300pxLa adopción del escepticismo como actitud y filosofía de vida es un reconocimiento explícito de los mecanismos de engaño y autoengaño que existen en todo individuo y sociedad. Las ciencias en general proveen los mecanismos para atemperar nuestras actitudes y liberarnos de falsos prejuicios. Ese fue mi caso en el caso de los transgénicos. Creía todo lo que la maquinaria propagandística de la izquierda verde y orgánica afirmaba. Me familiaricé con lo que los estudios científicos tenían que decir al respecto y lentamente me di cuenta de que prácticamente nada de lo que sostenía era correcto. No puedo describir el dolor y el esfuerzo enorme que conlleva el cambio de parecer, desde perder valiosas amistades hasta chocar frecuentemente con muchos queridos amigos que siguen pensando de la misma manera que lo solía hacer. Sin embargo, vivir en integridad significa vivir de acuerdo a un compromiso de humildad intelectual ante la evidencia y una interacción espiritual con otros seres humanos y con el planeta Tierra con base en valores racionales éticos y en la información científica. Lo único que podría cambiar mi parecer es la evidencia misma científicamente evaluada. Como ser humano, siempre puedo estar equivocado. Como religioso naturalista así lo sostengo.

Hay cosas que usted no va a ver en este blog (al menos no por el futuro previsible):

  • Intentos de derivar las ciencias eidéticas de las ciencias naturales
  • Intentos de derivar la ética de las ciencias naturales
  • Intentos de derivar las ciencias sociales de las naturales

Ahora le pregunto a usted, ¿es este blog “cientificista”?

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